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2/3/2019 Doctrina

Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 60 - Numero 1 - Mes-Ano: 6_2018

El principio de favorecimiento de la acción (pro actione)


como subsanación de los defectos procesales a nivel de plazos
de presentación de las excepciones procesales
Raúl B. CANELO RABANAL*

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RESUMEN

El autor analiza la decisión adoptada en la Casación Nº 1260-2016-Arequipa, sobre la infundabilidad de una


excepción de caducidad dentro de un proceso de nulidad de cosa juzgada fraudulenta. Al respecto, comparte la
decisión adoptada por los magistrados de la Corte Suprema, pues considera que, atendiendo al principio pro actione,
que integra el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva, es conveniente flexibilizar los plazos a fin de tener un proceso
que se desarrolle con normalidad en aras de obtener una sentencia que solucione cabalmente el conflicto de
intereses.

MARCO NORMATIVO

Código Procesal Civil: arts. IX del TP, 178 y 446.

PALABRAS CLAVE: Cosa juzgada fraudulenta / Plazos / Caducidad, / Principio pro actione

Recibido: 20/04/2018

Aprobado: 25/04/2018

I. Estudio preliminar

Históricamente, los orígenes del Derecho Procesal se remontan a Roma, en esta civilización encontramos un primer
periodo donde el proceso se caracterizaba por ser “estricto” en el uso de formalismos para solucionar los conflictos de
intereses, hasta llegar a excesivos niveles ritualistas, nos referimos al periodo de las legis actiones, requiriendo por la
defensa de las partes, pronunciar debidamente ciertas palabras, y un mínimo error ocasionaba la pérdida del juicio.
Pero lo que usualmente pudo comenzar como un consuetudo, muchas veces en el mundo del Derecho puede
terminar como desuetudo. De este modo, el pueblo romano mostró poco a poco su rechazo, así nos dice el jurista
romano Gayo en sus famosas “Institutas”:

Pero todas estas legis actiones se volvieron odiosas en forma paulatina, pues a causa de la precisión exagerada de
los antiguos que en ese entonces crearon estos derechos, llegó esto a tal punto que el menor error hacía perder la
litis. Fue así que por la Ley Aebutia y las dos Iulias fueron abolidas estas legis actiones, permitiendo que litigáramos
por palabras redactas, es decir, por fórmulas. Es así que un mal pronunciamiento por alguna de las partes de las
fórmulas podía terminar en la pérdida del juicio. (Gayo, 1967, p. 280)

Con lo anteriormente anunciado, podemos precisar que el Derecho Procesal debe atender las necesidades del
ciudadano, salvaguardar sobre todo la finalidad que cumple este conocimiento jurídico, que es la solución del conflicto
de los hombres, promoviendo de este modo una sociedad de paz y justicia entre los sujetos que la integran. A lo que
podemos referirnos a modo de una máxima, que un proceso es más justo en la medida en que sea más flexible para
las partes. Con ello tampoco pretendemos afirmar ser enemigos del formalismo procesal, siempre y cuando el
formalismo cumpla dos requisitos esenciales: un fin y una garantía. Efectivamente, el formalismo es necesario, ya que
garantiza una mejor administración de los justiciables (Véscovi, 1999). Aunado a ello, en nuestro Código Procesal
Civil encontramos el principio de vinculación y formalidad procesal contemplado en el artículo IX del Título Preliminar.

De ello surge una cuestión: ¿cuáles son los límites de la ley procesal? En definitiva, una primera respuesta está
siempre vinculada al razonamiento del juez, el que usualmente es mal vinculado como “boca de la ley”, que no solo
sus razonamientos deben estar encerrados en la ley procesal, sino en la realidad que atañe a las partes involucradas
en el sistema judicial. Al mismo tiempo, debiendo garantizar la eficacia del mismo sistema, el cual se desencadena en
una sentencia más justa, lo que dará seguridad jurídica en toda la sociedad.

II. Descripción de la Cas. N° 1260-2016-Arequipa

Esta casación nos dará mayores luces en cuanto al problema expuesto. La accionante, Martha Esperanza Hualpa
Quispe, interpone demanda de nulidad de cosa juzgada fraudulenta contra el proceso seguido en el Noveno Juzgado
Especializado en lo Civil, el mismo que emitió una sentencia el 26 de abril de 2011, declarando fundada la demanda
planteada por Jesús Ramos viuda de Luque en contra de Cofopri.

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De este modo, doña Jesús Ramos viuda de Luque formula excepción de caducidad, pues alegó que la demanda se
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había entablado fuera del plazo previsto en el artículo 178 del Código Procesal Civil , y como señala la casación:

Habiéndose interpuesto demanda once días después de vencido el plazo de seis meses. Indica que la demandante
tomó conocimiento de la sentencia el veintidós de mayo de dos mil trece y que su demanda fue interpuesta el siete de
diciembre de dos mil doce, por lo que se ha generado el plazo de caducidad.

En primera instancia, el juez declara infundada la excepción de caducidad, precisando que, computado el plazo
desde el veintiocho de mayo de dos mil doce, la fecha límite para interponer la presente demanda era el 28 de
noviembre del mismo año. Pero en ese lapso de tiempo seguía en pie la huelga de trabajadores del Poder Judicial,
alza de protesta que terminó el 5 de diciembre de 2012, debiéndose agregar, además, el plazo de cinco días para
interponer recurso de apelación contra la sentencia, por tal motivo, el plazo para dicha interposición vencía el 10 de
diciembre de 2012, siendo interpuesta dentro del plazo establecido en el artículo 178 del Código Procesal Civil.

Al ser apelada por parte de Jesús Ramos viuda de Luque, indica que el plazo de caducidad no admite causal de
interrupción o suspensión alguna. Sostiene que “a la fecha de interposición de la demanda habían pasado seis meses
y once días, y que si bien se produjo la huelga de trabajadores judiciales, ella había sido anunciada con anticipación”.

Posteriormente, al ser elevados a Sala Superior, es revocada la resolución de primera instancia apelada,
reformándola, declara fundada la excepción de caducidad, nulo todo lo actuado y concluido el proceso.
Señalando de este modo que el plazo para interponer la presente demanda vencía el 22 de noviembre de 2012, y
“como quiera que se había suspendido el plazo durante la huelga judicial, al concluir esta el 5 de diciembre de 2012,
el día siguiente era el día límite para presentar la demanda de autos”. Agregándose al final que el plazo está
establecido en mes, por lo que al computarse el tiempo no debe ser en días.

A continuación, expondremos algunos alcances de la Sala Suprema sumado a nuestras observaciones con base en la
doctrina y la jurisprudencia.

III. Los principios de vinculación y formalidad procesal

De forma clara, encontramos estos principios en el artículo IX del Título Preliminar, segundo párrafo del Código
Procesal Civil de 1993, del siguiente modo: “Las normas procesales contenidas en este Código son de carácter
imperativo, salvo regulación permisiva en contrario. Las formalidades previstas en este Código son imperativas. Sin
embargo, el juez adecuará su exigencia al logro de los fines del proceso. Cuando no se señale la formalidad
específica para la realización de un acto procesal, este se reputará válido cualquiera sea la empleada”.

El primer párrafo apunta a dejar en claro la rigurosidad y firmeza que tiene la ley procesal, salvo regulación permisiva.
Así también, podemos afirmar que la atención plena del juez debe descansar en comprender la finalidad que tiene
que ser concretizada en el proceso, que quiere decir resolver el conflicto de intereses o eliminar alguna incertidumbre,
teniendo ambas una relevancia jurídica, y que siendo su finalidad abstracta la de lograr la paz social en justicia
(Castillo & Sánchez, 2014). El rango de paz que se pretende alcanzar con el proceso recae, en un primer momento,
en las partes y, en un segundo momento, en toda la colectividad social. Pero, punto aparte, deberíamos subrayar la
forma como conseguir tal paz social en justicia, para ello es necesario que los operadores judiciales tengan presente
que solo se pretenderá alcanzarla a través de la eficacia del proceso, que “se traduce en la actual preocupación por el
cabal rendimiento del servicio de la justicia; que solo es considerado eficaz cuando verdaderamente cumplimenta los
fines que de él se esperan” (Peyrano, 1995, p. 81). Entonces, el formalismo propugnado en el Código Procesal Civil
debe tener como valor superior la eficacia del sistema procesal, así como un adecuado servicio, el cual se materializa
con la expedición de la sentencia.

El proceso, como conjunto de actos, está sometido a ciertas formalidades. Según estas, los actos deben realizarse de
acuerdo con ciertas condiciones de tiempo y lugar, y de conformidad con cierto modo y orden. Es decir, que los actos
están sometidos a reglas: unas generales y otras especiales para cada uno en particular. Y esas formas y reglas
significan una garantía para la mejor administración de justicia y la aplicación del Derecho, especialmente para la
obtención de ciertos valores que este propone, tales como la seguridad y la certeza (Véscovi, 1997, p. 56)

IV. Sobre los plazos y las excepciones

Es indiscutible que en el proceso civil el tiempo es indispensable. Un exceso de tiempo para la presentación de la
demanda o el pronunciamiento de la sentencia generaría una idea de un sistema judicial caracterizado por su
[2]
lentitud . Y los plazos de tiempo breves un sentido contrario, un sistema precario. Entonces, llegamos a una
conclusión: el plazo debe ser un justo medio, que pueda responder a las necesidades del sistema, del trabajo de los
operadores judiciales y de las partes para la resolución de sus conflictos de intereses, incluso todo esto desencadena
lo que en el Derecho se conoce como el Derecho al plazo razonable. Sobre el concepto de plazo nos sugiere el
profesor Ossorio (2011):

Constituye un vocablo de constante uso en materia jurídica, porque significa el espacio de tiempo que la ley unas
veces, el juez en otras o las partes interesadas, fijan para el cumplimiento de determinados hechos jurídicos,
generalmente de carácter civil o procesal. Couture lo define como medida de tiempo señalada para la realización de
un acto o para la producción de efectos jurídicos. Dentro de este concepto tiene dos interpretaciones opuestas, por

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cuanto unas veces sirve para señalar el momento desde el cual una obligación puede ser exigida y otras, para
establecer la caducidad de un derecho o su adquisición. (p. 759)

Los efectos que traen la nulidad procesal, como nos manifiesta el profesor Zinny (1990), son:

[C]omo sanción, la nulidad es la invalidación del acto viciado. Esto significa hacer desaparecer los efectos producidos
e impedir que siga produciéndolos. Como consecuencia de la cesación de los efectos producidos, la anulación del
acto procesal trae aparejada la invalidación de todos los otros que sean consecuencia directa del declarado nulo (…).
(p. 172)

En definitiva, la parte afectada será la que presenta la demanda de nulidad procesal, pero atendiendo a los tiempos
para presentarla, ¿cuál debería ser un plazo adecuado?

Nos referimos a cosa juzgada fraudulenta como señala el profesor Gozaini (1992): “Se trata en este caso de ir contra
la cosa juzgada; un proceso cualquiera sustanciado y finiquitado que, en algún pasaje de su historia incurre en vicios
invalidantes advertidos después de dictada la sentencia” (p. 862). A ello, el artículo 178 del Código Procesal Civil, que
regula la nulidad de cosa juzgada fraudulenta, dispone que el lapso de tiempo para interponer la demanda es de seis
meses de ejecutada o adquirida la calidad de cosa juzgada y, en caso de que no pueda ser ejecutada, puede
demandarse “a través de un proceso de conocimiento de nulidad de una sentencia o la del acuerdo de las partes
homologadas por el juez que pone fin al proceso” (Castillo & Sánchez, 2014, p. 253).

Punto aparte debemos enfocarnos en cuanto a las excepciones procesales que están reguladas en el Título II de la
Sección Cuarta del Código Procesal Civil. Azula (2000) nos dice: “Se denomina excepciones a las circunstancias que
tienden a ponerle término al proceso o a subsanar las irregularidades existentes y con el objeto de que la actuación
siga su curso normal (…)” (p. 143). Por otra parte, el profesor Monroy (1987) sugiere que: “la excepción es un instituto
procesal a través del cual el emplazado ejerce su derecho de defensa denunciando la existencia de una relación
jurídica procesal inválida por omisión o defecto en algún presupuesto procesal o, el impedimento de pronunciarse
sobre el fondo de la controversia por omisión o defecto en una condición de la acción” (pp. 102-103).

Encontramos en el artículo 446 del Código Procesal Civil que el demandado solo puede proponer las siguiente
excepciones: incompetencia, incapacidad del demandante o de su representante, representación defectuosa o
insuficiente del demandante o del demandado, oscuridad o ambigüedad en el modo de proponer la demanda, falta de
agotamiento de la vía administrativa, falta de ilegitimidad para obrar del demandante o del demandado, litispendencia,
cosa juzgada, desistimiento de la pretensión, conclusión del proceso por conciliación o transacción, caducidad,
prescripción extintiva y convenio arbitral. De las anteriormente expuestas, la que es materia de la casación se refiere a
la excepción de caducidad que: “es el medio de defensa procesal orientado a denunciar que el derecho en que se
basa la pretensión reclamada en juicio a caducado, es decir, que ha vencido el plazo dentro del cual el interesado
podía exigir la satisfacción de la pretensión y, por ende, se ha extinguido el derecho y la acción correspondiente”
(Castillo & Sánchez, 2014, p. 420). La Sala Suprema en la referida casación plantea –punto que concordamos– que:

Desde un análisis que privilegie solo el silogismo, la excepción de caducidad debería ser declarada fundada,
siguiendo la línea trazada en los considerados precedentes. Sin embargo, este Tribunal considera que hay una razón
atendible para modificar la figura: el que el levantamiento de la huelga judicial se trata de una circunstancia que
estaba fuera de la esfera de atención absoluta del demandante. En efecto, tal acto es un tema cuyo conocimiento solo
atañe a las partes que realizan las tratativas laborales, siendo ignorado, incluso, por los propios trabajadores, quienes
suelen enterarse mucho más tarde, a veces por las noticias de los informativos locales, que tal acto de suspensión
laboral ha concluido. Si ello es así para los trabajadores, el asunto se hace más complicado para los litigantes,
quienes son los usuarios del sistema y quienes son afectados por la falta de recepción de sus escritos y demandas.

En este análisis la Sala Suprema hace un paréntesis a lo que señala el Código, con respecto a la excepción de
caducidad, que en sentido estricto podría aplicarse, pero que al entender que el Derecho no solo es norma, sino una
realidad, reformula la situación y siempre alineado a los principios para una sentencia debidamente motivada, además
que resalta el rol y el respeto del usuario del sistema judicial. Aplicando una observación hasta sociológica continúa:

[S]uponer que un ciudadano, por más diligente que sea, pueda estar al tanto a diario de los días del levantamiento de
una huelga judicial resultaría un exceso, más aún si técnicamente la atención en los locales judiciales es de
conocimiento del propio abogado y no de las partes. La razonabilidad impone interdictar la arbitrariedad y proponer
una solución justa que atienda todas las necesidades del caso.

En el fundamento décimo primero aclara sobre el principio pro actione que nosotros mismos también profundizaremos
en el tema.

V. El principio de favorecimiento de acción (pro actione) como base de una tutela jurisdiccional efectiva

Este principio es también conocido como favor procesum o “en favor del proceso”. Se presenta no solo a nivel del
proceso civil, sino en muchos casos de los procesos constitucionales, siendo una garantía del Derecho. Lo podemos
definir como el principio que se interpone a los juzgadores para que estos puedan “(…) interpretar los requisitos y
presupuestos procesales en el sentido más favorable a la plena efectividad del derecho a obtener en una resolución
válida sobre el fondo” (Roel, 2010, p. 117). Incluso encontramos una sentencia del Tribunal Constitucional del 2003,
similar al ocurrido en el presente caso:

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Por esta razón, si bien el Tribunal considera que los días transcurridos durante la huelga del Poder Judicial no deben
ser incluidos en el cálculo del plazo para la interposición de la demanda de amparo, en la hipótesis de una duda
interpretativa, puede igualmente ratificarse en dicho parecer, toda vez que, en virtud del principio pro homine, la
decisión igualmente debe dirigirse por la continuación del proceso y no por su extinción (STC Exp. N° 1049-2003-
PC/TC, f. j. 4)

Es así que en la presente casación en estudio sobre este principio menciona que: “[E]l principio pro actione que
permite que ante eventuales diferentes interpretaciones de un dispositivo legal (…) se opte por aquella interpretación
que conduzca a una alternativa lo menos limitadora de los derechos fundamentales”.

Al mismo tiempo, el argumento al cual se apega la Sala Suprema descansa en el derecho a la tutela jurisdiccional
efectiva; el mismo principio pro actione es la base para la realización del Derecho medular del proceso civil. Sobre
este punto, nos menciona el jurista Gonzáles (2001): “Es el derecho de toda persona a que se le haga justicia, a que
cuando pretenda algo de otra, esta pretensión sea atendida por un órgano jurisdiccional, a través de un proceso
mínimo de garantías mínimas” (p. 33). Por ello afirma la Sala Suprema que:

Es verdad que toda aplicación de principios podría originar desconciertos en torno a plazos cuya certeza se debe
tener, pero en este caso específico debe optarse por facilitar el proceso, debiendo añadirse que criterios como los
aquí asumidos deberán aplicarse de manera excepcional, ponderando siempre si debe primar la seguridad o el
derecho del accionante.

Finalmente, la casación solo da mayores argumentos a la sentencia de primera instancia, que declara infundada la
excepción de caducidad presentada por la parte demandada. Por nuestra parte, de lo anteriormente expuesto, solo
podemos decir que la Sala Suprema no falló guiada por lo que dice la ley procesal en sentido estricto, de esta manera
se dejó atrás una idea que hasta hoy podemos decir que mantiene fuerza en muchos sectores del mundo del
Derecho, esto es, lo expuesto por Montesquieu: “el juez solo es boca de la ley”. Sentencias como esta nos dan la
esperanza de que entre las sombras que pueda pasar el sistema judicial, aún existen jueces que son consecuentes
con la realidad que atañe a las partes involucradas en el proceso.

VI. Reflexiones finales

La Casación N° 1260-2016-Arequipa es un claro ejemplo de cómo el sistema judicial civil es seguidor de un claro
arquetipo de un proceso libertario, donde el juez no solo es un gran conocedor de las leyes y la doctrina, sino que
también debe ser una persona sensible a la realidad social. El acontecimiento de la huelga judicial, siendo una
respuesta a un conflicto laboral, afecta también a los usuarios del sistema. Pero, guiándose de un principio de
razonabilidad, no deben ser los usuarios afectados en cuanto a los plazos para la ejecución de los actos procesales,
sino que deben también ser flexibles ante los avatares inesperados, ajenos al proceso en sí mismo. Por ello podemos
augurar en sentencias como estas un futuro donde el Poder judicial pueda garantizar una eficacia del sistema como
una seguridad jurídica en las personas del país.

Referencias bibliográficas

Azula, J. (1995). Manual de Derecho Procesal (Vol. II). Santa Fe de Bogotá: Temis.

Castillo, M., & Sánchez, E. (2014). Manual de Derecho Procesal Civil. Lima: Jurista Editores.

Devis, H. (2004). Teoría general del proceso. Buenos Aires: Editorial Universidad.

Figueroa, C. (2010). Política criminal y crisis del sistema penal peruano. Lima: Fecat.

Gayo. (1967). Institutas. La Plata: Ediciones Librería Jurídica.

Gonzáles, J. (2001). El derecho a la tutela jurisdiccional (Tercera ed.). Madrid: Civitas.

Gozaini, O. (1992). Derecho Procesal Civil (Vols. II, Tomo I). Buenos Aires: Ediar.

Monroy, J. (1987). Temas de proceso civil. Lima: Studium.

Ossorio, M. (2011). Diccionario de ciencias jurídicas, políticas y sociales. Buenos Aires: Heliasta.

Peyrano, J. (1995). Derecho Procesal Civil. De acuerdo al CPC peruano. Lima: Ediciones Jurídicas.

Roel, L. (2010). El principio de elasticidad en los procesos constitucionales: concepto, alcances y límites a partir de la
jurisprudencia del Tribunal Constitucional. Tesis para optar el título de abogado, Pontificia Universidad Católica del
Perú, Lima.

Véscovi, E. (1999). Teoría general del proceso. Santa Fe de Bogotá: Temis.

Zinny, J. (1990). Sanciones procesales. Revista Jurídica, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, II (28).

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* Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Con estudios de doctorado en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y maestría en la PUCP. Profesor de las cátedras de Derecho Civil I y
Procesal Civil I en la UNMSM, así como en la Universidad de Lima. Integrante de la Comisión Revisora y Redactora
del Código Procesal Civil vigente y del Código de los Niños y Adolescentes.

[1]
Artículo 178.- Hasta dentro de seis meses de ejecutada o de haber adquirido la calidad de cosa juzgada, si no
fuere ejecutable puede demandarse, a través de un proceso de conocimiento la nulidad de una sentencia o la del
acuerdo de las partes homologado por el juez que pone fin al proceso, alegando que el proceso que se origina ha sido
seguido con fraude, o colusión, afectando el derecho a un debido proceso, cometido por una o ambas partes, o por el
juez o por este y aquellas.

Puede demandar la nulidad la parte o el tercero ajeno al proceso que considere directamente agraviado por la
sentencia, de acuerdo a los principios exigidos en este Título.

En este proceso solo se pueden conceder medidas cautelares inscribibles.

Si la decisión fuese anulada, se repondrán las cosas al estado que corresponda. Sin embargo, la nulidad no afectará
a los terceros de buena fe y título oneroso.

Si la demanda no fuera amparada, el demandante pagará las costas y costos doblados y una multa no menor de
veinte Unidades de Referencia Procesal.
[2]
De acuerdo a lo anunciado actualmente, el Poder Judicial se enfrenta a problemáticas propias de la institución,
como corrupción, escasa cantidad de magistrados, la carga procesal, la falta de personal auxiliar, escaso presupuesto
y mecanismos de simplificación procesal. Ver la obra de Figueroa (2010).

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