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2/3/2019 Doctrina

Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 60 - Numero 3 - Mes-Ano: 6_2018

Análisis de la Casación N° 1260-2016-Arequipa. La


flexibilización de los plazos procesales: excepciones a su
cumplimiento
Alexander RIOJA BERMÚDEZ*

[-]
RESUMEN

El autor considera válido el argumento expuesto por la Corte Suprema en la Cas. N° 1260-2016-Arequipa, al
flexibilizar el cumplimiento de plazos y dotar al tercero accionante de las garantías necesarias para que pueda acudir
al órgano juridicial en busca de tutela jurisdiccional efectiva. Afirma que, con este fallo, también se manifiesta el
principio pro actione, no permitiendo la configuración de la excepción de caducidad durante el periodo que persista la
huelga judicial.

MARCO NORMATIVO

Constitución Política del Perú: art. 139 incs. 3, 5 y 14.

Código Procesal Civil: arts. 127, 141, 146 y 178.

TUO de Ley Orgánica del Poder Judicial, Decreto Supremo Nº 017-93-JUS: arts. 124 y 247.

Código Civil: arts. 1994 inc. 8, 2005 inc. 2 y 2007.

PALABRAS CLAVE: Plazo perentorio / Tutela jurisdiccional efectiva / Caducidad / Prescripción

Recibido: 23/04/2018

Aprobado: 24/04/2018

Introducción

En el presente artículo se analiza el recurso de casación interpuesto por la demandante Martha Esperanza Hualpa
Quispe, contra la resolución de vista de fecha veintiocho de enero de dos mil dieciséis, que revoca la resolución de
primera instancia número treinta y uno que declara infundada la excepción de caducidad; reformándola, declararon
fundada la excepción de caducidad deducida, nulo todo lo actuado y por concluido el proceso.

Como bien sabemos, los plazos procesales son fijados por la ley; así, el artículo 146 del Código Procesal Civil
establece que “Los plazos previstos en este Código son perentorios. No pueden ser prorrogados por las partes con
relación a determinados actos procesales. La misma regla se aplica al plazo judicial. A falta de plazo legal, lo fija el
juez”.

Del mismo modo, el artículo 127 del mismo cuerpo normativo dispone que “El plazo se cuenta desde el día siguiente
de notificada la resolución que lo fija (...) No se consideran para el cómputo los días inhábiles (...)”; en tanto que el
artículo 141 señala que “(...) Son días hábiles los comprendidos entre el lunes y el viernes de cada semana, salvo los
feriados (...)”.

De otro lado concordante con las normas glosadas, el artículo 124 del TUO de la Ley Orgánica del Poder Judicial
prescribe que “Las actuaciones judiciales se practican en días y horas hábiles, bajo pena de nulidad (...). Son días
inhábiles aquellos en que se suspende el Despacho conforme a esta Ley”; y el artículo 247 del mismo cuerpo
normativo dispone que “No hay Despacho Judicial los días Sábados, Domingos y feriados no laborables y los de
duelo nacional y judicial. Asimismo por inicio del Año Judicial y por el día del juez”.

Por otra parte, aparece en la sentencia materia de análisis, la figura de la caducidad; su naturaleza jurídica se haya en
la causa operandí que es un hecho y no un acto. Así, Guasp (1948) escribe que “la caducidad, en cuanto tal, no debe
considerarse como un acto ni como un hecho procesal, sino simplemente como el resultado de ellos: el hecho
procesal no es la caducidad misma, sino su causa” (p. 1106), y añade: “Lo característico de la caducidad y lo que la
diferencia del resto de hipótesis de extinción del proceso es, en efecto, la causa a la que se debe dicha extinción. A
diferencia de la renuncia, desistimiento, allanamiento o transacción, que son verdaderos actos jurídicos, unilaterales o
plurilaterales de Derecho material o de Derecho procesal, la causa de la caducidad de la instancia no es un acto de
ninguna clase, sino un hecho: el transcurso del tiempo sin la realización de actos procesales, dentro de un proceso
pendiente o paralizado. Es evidente que dicho transcurso del tiempo no puede configurarse en modo alguno como un
acto, puesto que no es una modificación de la realidad producida por la intervención de la voluntad humana; ni
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tampoco puede considerarse como un acto, utilizando la figura del llamado acto omisivo o por omisión, la abstención
de las partes durante el tiempo señalado”.

I. Antecedentes

1. Demanda

Mediante escrito de fecha siete de diciembre de dos mil doce, Martha Esperanza Hualpa Quispe interpone demanda
de nulidad de cosa juzgada fraudulenta, contra el proceso seguido en el Noveno Juzgado Especializado en lo Civil,
Expediente N°1809-2008-9JC, en el que se emitió la sentencia N° 48-2011-9-JEC de fecha veintiséis de abril de dos
mil once, que declara fundada la demanda planteada por Jesús Ramos viuda de Luque en contra de Cofopri, a
efectos de que, reponiendo las cosas al estado anterior a la violación, se integre al proceso a la recurrente y se le
notifique el contenido de la demanda.

2. Excepción de caducidad

Jesús Ramos viuda de Luque formula excepción de caducidad, señalando que la demanda se entabló fuera del plazo
previsto por el artículo 178 del Código Procesal Civil, habiéndose interpuesto demanda once días después de vencido
el plazo de seis meses. Indica que la demandante tomó conocimiento de la sentencia el veintidós de mayo de dos mil
trece y que su demanda fue interpuesta el siete de diciembre de dos mil doce, por lo que se ha generado el plazo de
caducidad.

3. Resolución N° 31: declara infundada la excepción de caducidad formulada

El juez de primera instancia declara infundada la excepción de caducidad señalando que computado el plazo desde el
veintiocho de mayo de dos mil doce (fecha en que toma conocimiento del proceso anterior) el término para interponer
la presente demanda era el veintiocho de noviembre del mismo año. Agrega que en dicha fecha continuaba la huelga
de trabajadores del Poder Judicial, la que concluyó el cinco de diciembre del dos mil doce, conforme el Oficio N° 152-
2014-STPJ, debiéndose agregar, además, el plazo de cinco días para interponer recurso de apelación en contra de la
sentencia; en tal sentido, el plazo para la interposición de la presente demanda vencía el diez de diciembre de dos mil
doce y, siendo que la recurrente interpuso la demanda el siete de diciembre de dos mil doce, la interpuso dentro del
plazo establecido en el artículo 178 del Código Procesal Civil.

4. Apelación

La demandada Jesús Ramos viuda de Luque interpone recurso de apelación, indicando que el plazo de caducidad no
admite causal de interrupción o suspensión alguna, salvo la imposibilidad de comparecer válidamente ante tribunal
peruano. Sostiene que a la fecha de interposición de la demanda habían pasado seis meses y once días, y que si
bien se produjo la huelga de trabajadores judiciales, ella ya había sido anunciada con anticipación. Refiere, además,
que durante toda la huelga había atención restringida en el Centro de Distribución General.

5. Resolución de vista

Elevados los autos en virtud del recurso de apelación interpuesto, la Sala Superior mediante resolución de fecha
veintiocho de enero de dos mil dieciséis, revoca la resolución de primera instancia apelada, y reformándola, declara
fundada la excepción de caducidad, nulo todo lo actuado y concluido el proceso, señalando que el plazo de caducidad
para interponer la presente demanda vencía el veintidós de noviembre de dos mil doce, y comoquiera que se había
suspendido el plazo durante la huelga judicial, al concluir esta el cinco de diciembre de dos mil doce, el día siguiente
era el día límite para presentar la demanda de autos. Se agrega que el plazo es uno establecido en meses, por lo que
el cómputo no se puede realizar por días.

II. Recurso de casación

La Suprema Sala mediante la resolución de fecha once de noviembre de dos mil dieciséis ha declarado procedente el
recurso de casación interpuesto por la demandante Martha Esperanza Hualpa Quispe, por la infracción normativa de
los artículos 183, inciso 2); 1994, inciso 8); y, 2005 del Código Civil; e infracción del artículo 139, incisos 3, 5 y 14 de la
Constitución Política del Estado; al haber sido expuesta la referida infracción con claridad y precisión, señalándose
además la incidencia de ella en la decisión impugnada.

En ella declararon fundado el recurso de casación interpuesto por la demandante Martha Esperanza Hualpa Quispe;
en consecuencia, casaron la resolución de vista de fecha veintiocho de enero de dos mil dieciséis; y actuando en
sede de instancia: confirmaron la resolución de primera instancia del quince de junio de dos mil quince, que declara
infundada la excepción de caducidad presentada por la parte demandada. Dispusieron la publicación de la presente
resolución en el diario oficial El Peruano conforme a ley; en los seguidos con Jesús Ramos viuda de Luque y otros,
sobre nulidad de cosa juzgada fraudulenta; y los devolvieron. Intervino como ponente el señor juez supremo Calderón
Puertas. Por impedimento de la señora juez supremo Del Carpio Rodríguez, integra esta Sala Suprema el señor juez
supremo De La Barra Barrera.

III. Análisis de los fundamentos de esta Sala Suprema

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En el primer considerando la sala señala que, previamente a emitirse la decisión que corresponda, debe señalarse
que “se tienen como hechos no controvertidos los siguientes: 1. Ante el Noveno Juzgado Especializado en lo Civil de
Arequipa, en el Exp. N° 1809-2008-9JC, la demandada Jesús Ramos viuda de Luque interpuso demanda
contencioso-administrativa exclusivamente contra Cofopri, a pesar de haber mantenido con la demandante litigio
anterior sobre el área objeto de la pretensión que demandaba. 2. Habiéndose declarado fundada la demanda, se
ordenó notificar a la ahora accionante con fecha veintidós de mayo de dos mil doce. La notificación fue realizada el
veintiocho de mayo del mismo año. 3. La demanda de nulidad de cosa juzgada fraudulenta se presentó el siete de
diciembre de dos mil doce”.

Una figura que no es muy analizada y poco desarrollada en la práctica judicial es la relativa a los hechos no
controvertidos, es decir, a aquellas situaciones en las cuales las partes tanto demandante como demandado se
encuentran completamente de acuerdo y respecto de las cuales no se va a desarrollar discusión alguna al interior del
proceso; ya que el juez solamente se ha de limitar a fijar los llamados puntos controvertidos y respecto de ello si ha de
pronunciarse expresamente al momento de emitir su sentencia, razón por la que existe una etapa en el proceso por el
cual son las partes las que proponen sus puntos controvertidos y el juez con o sin su propuesta cumple con fijarlas.

Recordemos que por fijación de puntos controvertidos en la práctica judicial se entiende por la simple transcripción de
los argumentos de la parte demandante y demandada en la litis, sin embargo, conforme señala el profesor Cavani
(2016) “(…) esta práctica es equivocada, proponiendo que se lleve a cabo una actividad consistente en una auténtica
organización del proceso. Esta actividad comprende, a su vez, tres subactividades: la delimitación de los hechos
esenciales, la admisibilidad de los medios de prueba y la determinación de los fundamentos fáctico-jurídicos de las
partes” (p. 186). Y es que resulta un gran error no solamente evitar señalar los puntos no controvertidos que fueron
materia de pretensión y contrapretensión sino además que se fijen los llamados puntos controvertidos únicamente en
función de lo que proponen las partes haciendo una mera transcripción de ello en el auto correspondiente.

En su segundo considerando, la sala señala que “se ha declarado fundada la excepción de caducidad entablada por
la demandada, de forma tal que el tema en cuestión se ciñe a determinar si se ha computado debidamente el plazo
establecido en el artículo 178 del Código Procesal Civil para interponer la demanda de nulidad de cosa juzgada
fraudulenta”.

De tal manera, fija el punto respecto del cual ha de ser materia de pronunciamiento por parte del colegiado superior,
es decir analizar si efectivamente ha sido correcta por parte de la instancia inferior haber declarado fundada la
excepción de caducidad propuesta en autos.

La caducidad “es una especie de prescripción establecida por la necesidad de librar a los órganos judiciales de las
obligaciones y los inconvenientes de una litispendencia eterna, y que obedece a las mismas razones de aquella”
(Prieto, 1946, p. 370).

Gómez & Herce (1962) dicen lo siguiente: “La caducidad viene a ser una especie de prescripción: la prescripción
del juicio; hasta el punto de que puede decirse que la caducidad es a la instancia (juicio) lo que la prescripción es a la
acción. Pero así como esta puede ser adquisitiva y extintiva, la caducidad es siempre extintiva” (p. 371). Igualmente,
en Guasp (1948) puede leerse: “Como el transcurso del tiempo lleva consigo la extinción de los poderes concedidos a
las partes para realizar actos procesales, esta extinción o caducidad da nombre a toda la institución, aunque,
probablemente, el concepto de prescripción sería aquí más apropiado” (p. 1103).

En su tercer considerando se precisa que “En principio, la posibilidad que un tercero presente demanda de nulidad de
cosa juzgada fraudulenta está permitida por la ley, tal como se advierte de la lectura del segundo párrafo del artículo
178 del Código Procesal Civil. Que ello sea así, trae como consecuencia, dado que dicho tercero no fue parte del
proceso que cuestiona, que el inicio del cómputo para presentar la demanda se deba iniciar desde el momento en que
a este le es conocida la sentencia que pretende anular. Ello puede ocurrir con la notificación que se le efectúa en
ejecución de la resolución obtenida en el proceso que se dice fraudulento o mediante cualquier otro medio por el que
se le noticie del mismo”.

Se analiza la legitimidad para obrar, con base en la norma procesal, de quienes se encontrarían legitimados para
interponer la acción de nulidad de cosa juzgada fraudulenta, centrándose en la figura del tercero quien al no ser parte
del proceso judicial no ha tenido conocimiento de las actuaciones acaecidas en aquella litis que pretende cuestionar;
por ello, el cómputo de los plazos no podrá tener el mismo sustento que en el caso de quienes sí participaron de la
controversia judicializada. En este caso, precisa el colegiado, se ha de computar el plazo desde que toma
conocimiento mediante notificación con la ejecución de la resolución expedida en aquel proceso respecto del cual ha
de cuestionarlo vía acción.

En el cuarto considerando se señala que el artículo 178 del Código Procesal Civil establece un plazo de caducidad de
seis meses. Precisa que dicho plazo es uno de caducidad, dada la propia naturaleza del proceso caracterizado por
ser residual y extraordinario, en tanto controvierte resolución judicial que debería tener la calidad de inmutable. Del
mismo modo advierte que el dispositivo aludido establece una distinción, ya se trate de sentencia ejecutable o
sentencia declarativa. Y respecto de esta distinción remarca que, en el primer caso, el cómputo debe efectuarse
desde el inicio de la ejecución notificada; en el segundo supuesto, desde la declaración judicial puesta en
conocimiento del afectado. Lo que se trata de advertir es la extinción del derecho de quien lo detentaba y respecto del
cual lo podía ejercitar en un determinado lapso de tiempo que concede la norma pero que, sin embargo, lo dejó
transcurrir y perdió o se extinguió esa posibilidad.

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Conforme señala Eugenia Ariano, “el efecto extintivo parecería estar en la esfera de disponibilidad del sujeto pasivo
de la relación jurídica. Ello explica el que el juez no pueda ‘fundar sus fallos en la prescripción si no ha sido invocada’
–artículo 1992–; es decir, se precisa que la prescripción sea alegada por parte del interesado no solo para que el juez
se pronuncie, sino para que la extinción opere, con lo cual se evidencia uno de los ‘misterios’ de la prescripción: que
se trate de un supuesto extintivo que, para perfeccionarse, necesite necesariamente de la ‘voluntad’ del prescribiente,
pues caso contrario no se producirá ningún efecto”.

En el quinto considerando se señala que “en el presente caso se advierte que el proceso cuya nulidad se solicita es
uno de carácter declarativo, esto es, en el que se pide expresamente se declare la nulidad de una sentencia que
modifica los linderos de su propiedad. En tal sentido, siendo que la propia demandante expresa que conoció del
proceso, vía notificación y que recibió esta el veintiocho de mayo de dos mil doce, el cómputo debe iniciarse desde el
día siguiente de la referida notificación”.

Debemos tener en cuenta que por sentencia declarativa encontramos a aquella que tiene por objeto único determinar
la voluntad de la ley con relación al objeto deducido en el juicio por las partes, como son las que declaran la
paternidad de quien se encuentre en posesión de estado de hijo del presunto padre. La sentencia declarativa, en sí,
agota su contenido cuando determina la voluntad de la ley en el caso concreto, es decir, esta clase de sentencias no
da lugar a la ejecución forzosa como sucede con las de condena, por lo que si, posteriormente a la sentencia
declarativa mencionada, el propio sentenciador dictó auto por el que se requiere a una de las partes para que
comparezca al juzgado con la menor para el efecto de que en compañía del actuario se traslade al Registro Civil a fin
de que se asiente en forma legal y correcta su nacimiento, apercibiéndosele de que de no concurrir con la menor, se
le impondrá una medida de apremio, es claro que ese acto es violatorio de las garantías individuales del apercibido,
por tratar de imponerle una conducta determinada que no fue objeto de la sentencia, la cual fue declarativa y no de
condena. (López, 1971, p. 82)

Otro de los aspectos que desarrolla esta sentencia es el relativo a los plazos señalados por días y por meses en la
norma procesal, de tal forma que en el sexto considerando menciona que “(…) respecto del primero, se tienen en
cuenta los días hábiles; en cambio, en el segundo, el inicio y término del plazo se computa de fecha a fecha, lo que
implica que concluye el día igual al del mes con que se inició y, en el peor de los casos, al primer día siguiente hábil.
Ello fluye de lo señalado en el artículo 183 del Código Civil, numerales 2 y 5, lo que además ha sido recogido en el
artículo 139 de la Ley del Procedimiento Administrativo. Hay una razón para que ello sea así: los plazos por meses
son lo suficientemente extensos para que un ciudadano diligente pueda presentar su demanda de manera adecuada,
siendo que si se computaran los días inhábiles que pudieran existir, se complicaría el cómputo respectivo, creando un
estado de incertidumbre que provocaría inseguridad para realizar los actos procesales. Eso no acontece con los
plazos por días, que, por su propia brevedad, son factibles de ser contados con facilidad”.

Las reglas que contiene el Código Civil son las siguientes: a) El plazo se computa de acuerdo al calendario
gregoriano. b) El plazo señalado por días se computa por días naturales, salvo que la ley o el acto jurídico
establezcan que se haga por días hábiles. c) El plazo señalado por meses se cumple en el mes del vencimiento y en
el día de este correspondiente a la fecha del mes inicial. Si en el mes de vencimiento falta tal día, el plazo se cumple
el último día de dicho mes. d) El plazo señalado por años se rige por las reglas que establece el inciso 2. e) El plazo
excluye el día inicial e incluye el día del vencimiento. f) El plazo cuyo último día sea inhábil vence el primer día hábil
siguiente. Esta regla es de mucha utilidad a fin de poder determinar la vigencia de los derechos así como de los actos
jurídicos o la exigibilidad de una obligación.

En el séptimo considerando se procede a indicar que “el cálculo a efectuar deberá tener en cuenta lo siguiente: 1.
Como se trata de un plazo señalado por meses deberá estarse a lo preceptuado en el artículo 183.2, esto es, se
cumple en el mes de vencimiento y en el día de este correspondiente. 2. Si el referido día fuera inhábil, el plazo vence
el primer día siguiente hábil, conforme lo prescrito en el artículo 183.4. Esta inhabilidad debe ser una extraordinaria
que se coloque en el supuesto de los artículos 1994.8 y 2007 del Código Civil, es decir, cuando sea imposible recurrir
a tribunal peruano, ya sea, a guía de ejemplo, por causas naturales (terremotos, inundaciones), de conflicto interno o
externo, destrucción de la dependencia judicial o huelga. Ello regirá siempre y cuando no haya razones especiales
que impidan la presentación de demandas y recursos en los plazos aquí señalados. 3. Si el referido día fuera
ordinariamente inhábil, como por ejemplo en feriados establecidos con antelación o sábados o domingos, la
caducidad se producirá transcurrido el último día del plazo, aunque sea inhábil, tal como lo prescribe el artículo 2007
del Código Civil”.

Es decir, que se hace un análisis de aquellas circunstancias extraordinarias y excepcionales por las cuales existe la
suspensión de la prescripción, lo que implica que en el supuesto de producción de alguna de estas causales previstas
por la norma, posteriores al nacimiento de la acción, el conteo se suspende, y desparecida esta, el conteo continúa,
adicionándose el tiempo ya transcurrido. No debe confundirse ello con la interrupción de la prescripción, la cual
importa la cancelación del plazo transcurrido hasta que aparece la causal y el inicio de una nueva cuenta fijándose así
un nuevo término inicial para configurar el plazo.

En el octavo se precisa el hecho trascendente para la configuración luego de lo que se va a decidir o resolver; “lo
acontecido aquí es lo siguiente: la notificación que notició la sentencia que se dice fraudulenta ocurrió el veintiocho de
mayo de dos mil doce; la demanda se presentó el siete de diciembre de dos mil doce; el plazo, a su vez, es uno que
debe ser computado por meses, siendo el día de inicio el veintinueve de mayo de dos mil doce y el día final el
veintiocho de noviembre de dos mil doce”.

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En su noveno considerando se precisa el argumento que sostiene la postura de la parte demandante, así, se dice
que: “La recurrente expresa que en el intervalo hubo varios días en las que hubo suspensión del plazo (en los
términos señalados en el artículo 1994.8 del Código Civil) por huelga judicial. En efecto, ello es así, por lo que
atendiendo a las pautas descritas en el considerando anterior, debió presentar su demanda al primer día siguiente
hábil. No obstante, no lo hizo así, pues si bien no hubo atención al público por huelga judicial entre el quince de
noviembre al cinco de diciembre, si lo hubo a partir del seis de diciembre, que constituía el primer día siguiente hábil al
vencimiento de su plazo”.

El Tribunal Constitucional ha precisado que “(…) los días de huelga de los trabajadores del Poder Judicial no son
considerados inhábiles, por lo que tampoco suspenden los plazos procesales; empero, teniendo en cuenta la
imposibilidad física de ingresar a los juzgados durante el periodo de huelga, si el plazo conferido a los justificables
para la realización de determinado acto procesal venciera durante el desarrollo de dicha medida de fuerza, el término
[1]
final debe ser diferido para el primer día de labores, finalizada la huelga” .

En tal sentido, la Sala de la Corte Suprema aplica de manera correcta la aplicación de la norma sustantiva, la que es
corroborada por una decisión del Tribunal Constitucional al advertir que los días de huelga no pueden ser
considerados como días hábiles.

Respecto de los hechos acaecidos en el proceso, en su décimo considerando se precisa que la demanda fue
presentada el siete de diciembre. Desde un análisis que privilegie solo el silogismo, la excepción de caducidad
debería ser declarada fundada, siguiendo la línea trazada en los considerandos precedentes. Sin embargo, este
Tribunal considera que hay una razón atendible para modificar la figura: el hecho de que el levantamiento de la huelga
judicial se trate de una circunstancia que estaba fuera de la esfera de atención absoluta del demandante. En efecto,
tal acto es un tema cuyo conocimiento solo atañe a las partes que realizan las tratativas laborales, siendo ignorado,
incluso, por los propios trabajadores, quienes suelen enterarse mucho más tarde, a veces por las noticias de los
informativos locales, que tal acto de suspensión laboral ha concluido. Si ello es así para los trabajadores, el asunto se
hace más complicado para los litigantes, quienes son los usuarios del sistema y quienes son afectados por la falta de
recepción de sus escritos y demandas. En tal sentido, suponer que un ciudadano, por más diligente que sea, pueda
estar al tanto de los días del levantamiento de una huelga judicial, resultaría un exceso, más aún si técnicamente la
atención en los locales judiciales es de conocimiento propio del abogado y no de las partes. La razonabilidad impone
interdictar la arbitrariedad y proponer una solución justa que atienda todas las consideraciones del caso.

Resulta interesante el análisis de la Corte Suprema al establecer un razonamiento ciertamente correcto y acorde a la
realidad de los hechos como lo es conocer la fecha del levantamiento de una huelga judicial, más por quien no es
parte en un proceso judicial. Válido el argumento que busca dotarle al tercero accionante las garantías necesarias
para lograr acudir al órgano juridicial en busca de tutela.

En la STC Exp. Nº 2763-2002-AA/TC, el Tribunal Constitucional señaló que el derecho de acceso a la justicia tiene
base constitucional, puesto que se trata de un contenido implícito del derecho a la tutela jurisdiccional, este último
reconocido en el inciso 3) del artículo 139 de la Constitución. Como tal, garantiza que un particular tenga la
posibilidad, real y efectiva de acudir al juez, como tercero imparcial e independiente, con el objeto de encargarle la
determinación de sus derechos y obligaciones de orden laboral. Evidentemente, como sucede con todo derecho
fundamental, también el de acceso a la justicia es un derecho que puede ser limitado. Sin embargo, cualesquiera que
sean las restricciones o límites que se establezcan, la validez de estos depende de que no obstaculicen, impidan o
disuadan irrazonablemente el acceso del particular a un tribunal de justicia. Uno de los medios por virtud de los cuales
dicho derecho se restringe en materia de acceso a la justicia, es el establecimiento de plazos, más o menos extensos,
transcurrido el cual no es posible obtener una decisión sobre el fondo del tribunal competente. Como es obvio, su
fijación es una tarea que, en principio, la Constitución ha reservado al legislador ordinario, exigiendo de él la
necesidad de respetar su contenido esencial y, además, que la restricción misma satisfaga los principios de
razonabilidad y proporcionalidad.

En el fundamento décimo primero el Tribunal Supremo estima que “debe ampararse el recurso de casación
presentado; no hacerlo implicaría negar el principio pro actione que permite que ante eventuales diferentes
interpretaciones de un dispositivo legal (…) se opte por aquella interpretación que conduzca a una alternativa lo
menos limitadora posible de los derechos fundamentales”. En buena cuenta, hay una exigencia de administrar tutela
jurisdiccional efectiva y ello supone posibilitar que las partes obtengan decisión judicial que termine con la
controversia, sin exigencias formales irrazonables. Es verdad que toda aplicación de principios podría originar
desconciertos en torno a plazos cuya certeza se debe tener, pero en este caso específico debe optarse por facilitar el
proceso, debiendo añadirse que criterios como los aquí asumidos deberán aplicarse de manera excepcional,
ponderando siempre si debe primar la seguridad o el derecho del accionante.

Al respecto, el Tribunal Constitucional también ha señalado que: “El principio pro actione exige que la aplicación de
una disposición que anida una pluralidad de normas [significados interpretativos], todas ellas compatibles con la
Constitución, se realice conforme a aquella que mejor optimiza el ejercicio y goce del derecho fundamental de
[2]
naturaleza procesal que pueda estar en cuestión” .

Es en razón de los argumentos ya glosados y analizados que la Corte Suprema amparará el recurso formulado,
declarando infundada la excepción de caducidad formulada por la parte demandada, debiendo continuarse el proceso
según su estado. De esta manera se garantiza el derecho a la tutela jurisdiccional efectiva y se manifiesta también el

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principio pro actione permitiéndole al demandante (tercero) que cuestiona el proceso respecto del cual pretensiona la
nulidad de cosa juzgada fraudulenta puede interponer su demanda en razón de que se encuentra dentro de los plazos
que la norma fija para ello, no configurándose la excepción de caducidad declarada por la instancia de mérito.

Conclusiones

• La caducidad “es una especie de prescripción establecida por la necesidad de librar a los órganos judiciales de las
obligaciones y los inconvenientes de una litispendencia eterna, y que obedece a las mismas razones de aquella”
(Prieto, 1946, p. 370).

• Debemos tener en cuenta que por sentencia declarativa encontramos a aquella que tiene por objeto único
determinar la voluntad de la ley con relación al objeto deducido en el juicio por las partes, como son las que declaran
la paternidad de quien se encuentre en posesión de estado de hijo del presunto padre.

• Las reglas que contiene el Código Civil para la configuración de la caducidad son las siguientes: a) El plazo se
computa de acuerdo al calendario gregoriano. b) El plazo señalado por días se computa por días naturales, salvo que
la Ley o el acto jurídico establezcan que se haga por días hábiles. c) El plazo señalado por meses se cumple en el
mes del vencimiento y en el día de este correspondiente a la fecha del mes inicial. Si en el mes de vencimiento falta
tal día, el plazo se cumple el último día de dicho mes. d) El plazo señalado por años se rige por las reglas que
establece el inciso 2. e) El plazo excluye el día inicial e incluye el día del vencimiento. f) El plazo cuyo último día sea
inhábil vence el primer día hábil siguiente. Esta regla es de mucha utilidad a fin de poder determinar la vigencia de los
derechos, así como de los actos jurídicos o la exigibilidad de una obligación.

• Que los días de huelga no pueden ser considerados como días hábiles para configurarlos como días hábiles.

• Compartimos los argumentos ya glosados por la Corte Suprema para amparar el recurso formulado, declarando
infundada la excepción de caducidad formulada por la parte demandada.

Referencias bibliográficas

Cavani, R. (2016). Fijación de puntos controvertidos: una guía para jueces y árbitros. Revista de la maestría en
Derecho Procesal(6). pp. 179-200.

Gómez, O y Herce, V. (1962). Derecho Procesal Civil. Madrid: Artes gráficas.

Guasp, J. (1948). Comentarios a la Ley de Enjuiciamiento Civil. Madrid.

López, L.C. J. (1971). Semanario Judicial de la Federación. Sentencias declarativas.

Prieto, C. (1946). Derecho Procesal Civil. Zaragoza.

__________________________

* Abogado por la Universidad de San Martín de Porres. Docente de la Universidad Científica del Perú.

[1]
RTC N° 00054 2014-Q/TC, voto magistrada Marianella Ledesma Narváez.
[2]
STC Exp. N° 00649-2013-PA/TC.

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