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2/3/2019 Doctrina

Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 60 - Numero 5 - Mes-Ano: 6_2018

Hacia una flexibilización de los plazos procesales para los


justiciables en los procesos de familia. A propósito de los
alcances de la Casación N° 1260-2016-Arequipa
Hugo RIMACHI HUARIPAUCAR*

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RESUMEN

El autor comenta la Casación N° 1260-2016-Arequipa que resolvió un asunto puntual de naturaleza civil en función de
la existencia de una huelga indefinida. Concluye que, en forma excepcional, especialmente en asuntos de naturaleza
familiar, el juez debe despojarse de su concepción silogística y evitar el camino fácil de decirle al justiciable que su
plazo ha concluido, cuando sobre la base de una justificación razonable y principista puede excepcionalmente
flexibilizar dicho plazo en atención también a los derechos en juego. Empero, advierte que la excepcionalidad exigiría
una mayor motivación y una adecuada ponderación de derechos, a fin de no abrir las puertas a la arbitrariedad,
inseguridad y afectación de la celeridad procesal.

MARCO NORMATIVO

Código Procesal Civil: arts. III del TP y 228.

PALABRAS CLAVE: Plazos procesales / Celeridad procesal / Concepción silogística / Razonabilidad

Recibido: 23/04/2018

Aprobado: 24/04/2018

Introducción

En una reciente sentencia, la Sala Civil Permanente de la Corte Suprema, en la Casación N° 1260-2016 Arequipa,
sobre nulidad de cosa juzgada fraudulenta, declaró infundada una excepción de caducidad no obstante que
efectivamente se había vencido el plazo de seis meses para interponer la demanda, en esta decisión el Tribunal
Supremo hace referencia a las especiales circunstancias que impidieron al demandante interponer dentro del plazo su
demanda por motivos de una huelga indefinida, como es el caso de la incertidumbre que genera la fecha exacta del
levantamiento de dicha medida adoptada por los trabajadores judiciales, y que por motivos de razonabilidad se debe
evitar la arbitrariedad y proponer una solución justa que atienda todas las necesidades del caso, debiéndose hacer
valer el principio pro actione que permite una interpretación de un dispositivo legal que conduzca a una alternativa lo
menos limitadora posible de los derechos fundamentales, posibilitándose que las partes obtengan una decisión
judicial que termine con la controversia sin exigencias formales irrazonables, indicándose también que la decisión
tomada debe optarse para facilitar el proceso y de manera excepcional, ya que toda aplicación de principios podría
originar desconciertos en torno a plazos cuya certeza se debe tener.

Esta sentencia, si bien es cierto resuelve un asunto puntual de naturaleza civil en función de la existencia de una
huelga indefinida, nos lleva a pensar que en determinados escenarios y en función de la razonabilidad de cada caso
si se pueden flexibilizar los plazos procesales a favor de los justiciables, lo que en buena cuenta también implica
reflexionar sobre la obligatoriedad de que se establezcan plazos para los actos procesales de los justiciables y que se
vele por su cumplimiento, así como también que en determinados contextos ante la falta de inobservancia del plazo
se pueda analizar la necesidad de ponderar en forma excepcional la seguridad jurídica que nos otorga un plazo
legalmente establecido con los derechos que se pretenden hacer valer mediante un proceso judicial.

En ese sentido, considero muy importante abordar esta flexibilización del plazo en los procesos de familia, que por su
propia naturaleza y el carácter tuitivo puede resultar conveniente su utilización no solamente con base en el criterio
pro actione que utiliza la Corte de Casación en la sentencia bajo comentario, sino fundamentalmente sobre la base de
la aplicación de otros principios de igual o mayor trascendencia y que le son propios al Derecho Procesal de Familia,
conforme así lo ha establecido la propia Corte Suprema en su Tercer Pleno Casatorio Civil en donde ha establecido
como precedente vinculante la necesaria flexibilización de algunos principios y normas procesales como lo es, por
ejemplo, el de formalidad, eventualidad y preclusión procesal, en atención a la naturaleza de los conflictos que debe
solucionar, derivados de las relaciones familiares y personales, ofreciendo protección a la parte perjudicada, para lo
cual considero necesario previamente determinar la razón de ser de un plazo legalmente establecido, su necesaria
observancia en función de la seguridad jurídica y de igualdad provenientes del principio de legalidad procesal que
debe ser entendido como una regla, para luego analizarse su necesaria flexibilización en función de cada conflicto
familiar, siempre y cuando que para ello también se tenga la necesaria justificación en virtud de otros principios y

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criterios, la misma que deberá ser en forma excepcional para no incurrir en la incertidumbre, la arbitrariedad y la
complicidad sobre alguna inconducta procesal asumida por las partes dentro de un proceso judicial.

I. La necesidad de establecer un plazo legal para los actos procesales de las partes del proceso

Como es sabido, los plazos procesales delimitan temporalmente el ejercicio de las facultades de los magistrados y de
las partes dentro del proceso judicial. Así, López (2013) citando a Alsina lo define como “(...) el espacio de tiempo
dentro del cual debe ejecutarse un acto procesal”. Por tanto, como lo advierte el mismo autor, la eficacia de los actos
procesales depende de su producción en tiempo oportuno, de suerte que la inobservancia de un término puede
ocasionar la pérdida de un derecho y hasta la extinción del proceso; y agrega que “los plazos procesales también
tienen la función de regular el impulso procesal y de pautar temporalmente las distintas etapas del proceso, lo que
permite su desarrollo progresivo”. Por su parte, Palacio (2013) citado por López (2013), destaca que “el sistema de
plazos procesales responde básicamente a obvias razones de seguridad y certeza (…)”.

Estas razones incluso, se ven justificadas no solamente en función de la celeridad procesal, tutela judicial efectiva,
sino en términos de que el pronunciamiento judicial tiene que ser en tiempo oportuno, el debido proceso en función
del establecimiento de las reglas de juego para todos los justiciables en igualdad de condiciones y garantía de
igualdad procesal e igualdad ante la Ley. Al respecto, Redón (2017) nos refiere que “todos, los demandantes o
demandados en una acción judicial están regidas por las mismas normas. No hay excepciones. Ellas señalan con
claridad y precisión los plazos en que se debe realizar cada acto dentro del proceso (expediente), como es de
contestar la demanda, formular excepciones o defensas previas, contestar la demanda, llevar a cabo audiencias,
expedir sentencias, formular recursos de reconsideración, apelación y según el caso de nulidad o de casación. Por
ejemplo, si el demandante o el demandado consideran que debe apelar de la sentencia, debe presentar su recurso
dentro del término establecido en la norma procesal; pero si por cualquier motivo el último día del plazo no lo hace,
aunque su escrito lo presente al día siguiente, tal presentación está fuera de plazo y el juez –con toda majestad
haciendo cumplir la ley procesal– declara improcedente el recurso de apelación. ¿Por qué?, porque tanto el
demandante como el demandado están regidos por la misma norma procesal y sujetos a ella”. Como podrá apreciarse
la observancia obligatoria de los plazos procesales legalmente establecidos adquiere suma relevancia y debe ser
asumida como una regla por todos quienes participan en un proceso judicial, sin embargo, como es sabido toda regla
puede tener una excepción bajo determinadas circunstancias, conforme lo veremos más adelante.

II. La flexibilización del plazo como excepción en los procesos de familia

La sentencia casatoria, objeto del presente artículo, resuelve optando por flexibilizar el plazo en un proceso de
naturaleza civil con base en la razonabilidad del caso y por aplicación del principio pro actione; evidentemente es un
desafío para la judicatura nacional, que muchas veces realiza una aplicación silogística del plazo mediante el conteo
mecánico de los días hábiles y no hábiles de un calendario. En ese sentido, en asuntos referidos al Derecho de
Familia adquiere mayor relevancia este desafío en atención a la naturaleza de los conflictos en juego, para lo cual,
considero oportuno citar la Sentencia Dictada en el III Pleno Casatorio Civil realizado por las Salas Civiles
Permanente y Transitoria de la Corte Suprema - Cas. N° 4664-2010-Puno, al abarcar la función tuitiva del juez en este
tipo de procesos, indicándonos en el décimo primer fundamento:

El derecho procesal de familia se concibe como aquel destinado a solucionar con prontitud los conflictos que surjan
dentro de la esfera de las relaciones familiares y personales, ofreciendo protección a la parte perjudicada, ya sea que
se trate de hijos, padres, cónyuges, hermanos, etc., de allí que se diferencie del proceso civil en razón a la naturaleza
de los conflictos a tratar, y que imponen al juez una conducta conciliadora y sensible, que supere los formalismos y
las meras cuestiones técnicas, reservando la confrontación como última ratio, concluyéndose en su décimo
segundo fundamento, párrafo segundo: En consecuencia, la naturaleza del derecho material de familia, en sus
diversas áreas y en distintos grados, condiciona al legislador y al juez para regular y desarrollar procesos que
correspondan a aquella naturaleza, evitando el exceso de ritual y la ineficacia del instrumento procesal. Se comprende
por ello que, por un lado, el proceso tenga una estructura con componentes flexibles y, por otro lado, el juez de
familia tenga amplias facultades tuitivas, para hacer efectivos aquellos derechos (el resaltado es nuestro).

Comoquiera que en los procesos de familia también se encuentren regulados los actos procesales de los justiciables
en función de plazos perentorios, como por ejemplo tres días de plazo para subsanar la demanda de alimentos o su
contestación ante una posible omisión formal o sustancial que motivó su inadmisibilidad, un plazo para el ofrecimiento
de los medios probatorios en un caso de alimentos, tenencia de un niño o un régimen de visitas que es mediante la
presentación de la demanda o su contestación, tres días de plazo para efectuar una observación a una liquidación de
alimentos erróneamente efectuada o tres días para el cumplimiento de un requerimiento de pago por alimentos; sin
embargo, también se nos viene como interrogantes que pasaría por ejemplo si al cuarto día la madre de una niña
alimentista subsana las omisiones de su demanda justificando que le fue muy dificultoso y hasta gravoso conseguir la
partida de nacimiento en original de su niña, no obstante que ya había presentado la copia del documento nacional de
identidad de su hija alimentista en donde se encontraban debidamente consignados los datos de su padre
demandado, a contrario sensu un padre demandado por alimentos en el plazo para contestar la demanda no pudo
conseguir las partidas de nacimiento de sus otros cuatro hijos nacidos en lugares muy distantes al lugar de su
domicilio y que al sexto día o ya durante la audiencia única presenta los mismos ante el juez en presencia de su
contraparte; así también, si para promover una reducción o exoneración de alimentos el interesado luego de
habérsele observado la no acreditación de estar al día en el pago de los alimentos, presenta fuera del plazo de
subsanación el comprobante mediante la cual acredita en forma fehaciente el pago de todas las pensiones a contrario
sensu fuera del plazo para contestar la demanda, la madre del alimentista presenta en forma fehaciente que dichos
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pagos han sido por otro concepto y no precisamente por alimentos, o que ante un requerimiento de entrega de un
niño por tenencia o régimen de visitas este no lo cumple en el plazo previsto; sin embargo, fuera de dicho plazo el
requerido acredita que sí cumplió con la entrega al segundo día de vencido el plazo del requerimiento, comunicando
incluso que se ha restablecido un canal de diálogo entre los padres del niño; así como entre muchos supuestos.

Cada una de estas circunstancias evidentemente deberá merecer un tratamiento especial y tuitivo que priorice en
gran medida la resolución del fondo del conflicto y el restablecimiento de las relaciones familiares, debiéndose en
cada caso que sea necesario hacerlo, flexibilizar los plazos legalmente establecidos mediante una especial motivación
de las circunstancias que llevan al juez a flexibilizar dicho plazo en función de cada acto procesal, debiéndose valorar
las circunstancias específicas del porqué el justiciable no pudo realizar el acto procesal en el plazo previsto por ley, la
conducta procesal del justiciable, la importancia de lo que se pretende poner en conocimiento del juez y su incidencia
en la solución del conflicto, así como los principios procesales y sustanciales que se encuentran en juego, a efectos
de no incurrir en la arbitrariedad o ampararse conductas manifiestamente dilatorias o negligentes de los mismos
justiciables.

Al respecto, considero oportuno citar lo resuelto por el Tribunal Constitucional en el Expediente N° 04058-2012-
PA/TC-Huaura, en donde una madre de familia llegó con dos minutos de retraso a una audiencia única de alimentos y
la juez de la causa solo optó por el fácil camino de dar por concluido el proceso no obstante que la interesada había
justificado los motivos de su tardanza haciendo referencia a lo delicado del estado de salud de su hija mayor, ante lo
cual el supremo intérprete de la Constitución alega que:

(…) la juez de la causa indica que no se tuvo en cuenta la naturaleza especial del proceso de alimentos, habiendo
aplicado de forma tangencial las normas procesales, sin avizorar las implicancias en la menor alimentista, toda vez
que se trataba de derechos alimentarios en donde está en juego la vida y la subsistencia de la persona, más aún
tratándose de una infante, no habiéndose previsto los mecanismos de protección y adecuación de las actuaciones del
Estado en este caso en el ámbito jurisdiccional, a fin de dar pertinente y oportuna protección a la infante parte de
dicho proceso, en aplicación del interés superior del niño, siendo de mayor relevancia el que, aun cuando hubieran
sido imprecisas las justificaciones presentadas, el solo hecho de accionar un pedido a fin de que no se dé por
concluida la causa, evidencia una actitud diligente y protectora de la madre, quien tiene bajo su cuidado la
responsabilidad de la vida de su hija; cuanto más si se aprecia que hasta ese entonces no se había dado indicio
alguno de inactividad procesal por parte de la madre en sus actuaciones como representante legal (…).

III. La aplicación de principios de igual o mayor trascendencia para flexibilizar los plazos

Conforme se dijo, esta posibilidad de flexibilizar los plazos a la par de la razonabilidad del caso y la aplicación del
principio pro actione que tiene como fuente al principio pro homine, también debe tener un respaldo principista
adicional, no solamente a partir de las normas sustantivas o procesales de naturaleza civilista, sino especialmente a
las que atañen al Derecho de Familia, las que tienen una especial vinculación con el Derecho Constitucional y el
bloque de convencionalidad basado en el respeto de los derechos fundamentales, destacando entre ellos el interés
superior del niño, que comprende, entre otras cosas, una actuación tuitiva de parte de los operadores de justicia, a
quienes corresponde la adecuación y flexibilización de las normas y de la interpretación que de ellas se realice, a fin
de dar solución a la controversia reclamada, siendo de especial importancia este principio toda vez que en estos
asuntos se trata de niños, niñas y adolescentes, que tienen especial cuidado y prelación de sus intereses frente al
Estado, conforme así también lo reconoce el Tribunal Constitucional en la última sentencia in comento.

Asimismo, para este menester, el principio de socialización del proceso adquiere una especial importancia en los
procesos de familia, ya que se está promoviendo la igualdad material dentro del proceso, en contraposición de la
igualdad formal, principio que opera como instrumento para lograr una decisión objetiva y materialmente justa.

En los procesos de familia, en donde muchas veces una de las partes es notoriamente débil, la aplicación de este
principio resulta de vital trascendencia para evitar que las desigualdades puedan afectar el proceso, sea en su curso o
en la decisión final misma, por ejemplo, por lo general una madre de familia con varios menores hijos y en edad
escolar se encontrará más limitada de tiempo en el ejercicio de su derecho a la defensa respecto a un padre
demandado que es empresario y sin ninguna otra carga familiar.

Así también, se encuentra previsto el denominado principio de primacía del derecho sustancial sobre el procesal,
conforme así se desprende de los alcances del propio artículo III del Código Procesal Civil, mediante el cual “[e]l juez
deberá atender a que la finalidad concreta del proceso es resolver un conflicto de intereses o eliminar una
incertidumbre, ambas con relevancia jurídica, haciendo efectivos los derechos sustanciales, y que su finalidad
abstracta es lograr la paz social en justicia”; la que va de la mano con los postulados del Derecho Constitucional y
Procesal Constitucional y tratados internacionales de derechos humanos; como por ejemplo según el artículo 228 de
la Constitución colombiana: “La administración de justicia es función pública, sus decisiones son independientes, las
actuaciones serán públicas y permanentes con las excepciones que establezca la ley y en ellas prevalecerá el
derecho sustancial”. Entendiéndose de este modo que a la luz de este mandato superior es que se ordena interpretar
todo el ordenamiento procesal y precisamente el referido artículo III del título preliminar de nuestro Código Procesal
Civil que consagra: “Al interpretar la ley procesal el juez deberá tener en cuenta que el objeto de los procesos es la
efectividad de los derechos reconocidos por la ley sustancial”. Esta afirmación también implica establecer que si bien
es cierto el derecho sustancial tiene primacía en todo el ordenamiento jurídico; sin embargo, la magnitud de su
primacía hace que los elementos jurídicos de tipo procesal se desarrollen de forma correcta y oportuna para
garantizarla, vale decir que con el hecho de vincular de forma más profunda los procedimientos en pro de la

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realización del derecho sustancial, no solo se blinda y garantiza mejor este, sino que se le da una dignidad mayor al
procedimiento, pues este se eleva a una instancia más alta poniéndose al servicio de lo que está de base en el
Estado social de derecho, ya no se queda solo y vacío, ya no se sirve a sí mismo como fin último. Entiende, y así lo
debe entender el operador judicial en cada caso, que jamás puede una verdad jurídica evidente ceder ante la
exigencia desproporcionada de un procedimiento que pueda tornarse negatorio del derecho material; en ese sentido,
el colombiano Cifuentes (2013) acudiendo a las sentencias de la Corte Constitucional Colombiana (Sentencia C-131
del 2002, T-1306 del 2001 y T-052 del 2009), nos indica que:

Los jueces deben ser conscientes de la trascendental importancia que tiene el derecho procesal en cuanto a medio
garantizador de los derechos materiales dentro del marco de un debido proceso. En consecuencia, el actuar general
debe ser guiado por la coexistencia de estas manifestaciones normativas permitiendo que en un marco jurídico
preestablecido se solucionen los conflictos de índole material. Sin embargo, si el derecho procesal se torna en
obstáculo para la efectiva realización de un derecho sustancial reconocido expresamente por el juez, mal haría este
en darle prevalencia a las formas haciendo negatorio un derecho del cual es titular quien acude a la administración de
justicia y desnaturalizando a su vez las normas procesales cuya clara finalidad es ser medio para la efectiva
realización del derecho material (art. 228). De lo contrario se estaría incurriendo en una vía de hecho por exceso ritual
manifiesto que es aquel que se deriva de un fallo en el cual haya una renuncia consciente de la verdad jurídica
objetiva evidente en los hechos, por extremo rigor en la aplicación de las normas procesales convirtiéndose así en
una inaplicación de la justicia material.

Como podrá apreciarse, en los casos de familia, existe una consideración especial a la naturaleza de los conflictos, y
que bien puede motivar una excepcionalidad para el cumplimiento del plazo, incluso sobre la base de la condición
especial de los justiciables, como por ejemplo, su condición de vulnerabilidad en función de la edad, sexo, situación
de pobreza, la urgencia de su tutela y la prioridad de buscarse la solución de los conflictos y evitarse un excesivo culto
a las formas y ritualismos, y en señal de ello, también hemos sido testigos de que muchos demandados conscientes
de la búsqueda de una solución han renunciado al plazo que les concede la norma procesal y han buscado
soluciones consensuadas.

Conclusiones

• Es evidente que los plazos procesales responden a criterios de garantía de igualdad ante la Ley y de seguridad
jurídica, necesaria en todo Estado de derecho constitucional, debiéndose, por tanto, propender a su obligatorio
cumplimiento.

• Frente a determinados contextos en forma excepcional, especialmente en asuntos de naturaleza familiar, el juez
debe despojarse de su concepción silogística y evitar el camino fácil de decirle al justiciable su plazo ha concluido,
cuando con base en una justificación razonable y principista puede excepcionalmente flexibilizar dicho plazo en
atención también a los derechos en juego.

• Esta excepcionalidad evidentemente debe ser con una exigencia mayor de motivación por parte del juez en cada
caso y con una adecuada ponderación de derechos, a fin de no abrir las puertas a la arbitrariedad que genera una
falta de orden, inseguridad y afectación a que los procesos de familia se resuelvan con celeridad.

• Esta flexibilización del plazo procesal, que tiene como su fundamento a la flexibilización de las normas procesales en
su conjunto, se viene efectuando desde las iniciativas propias de la judicatura nacional y el Tribunal Constitucional a
través de sus múltiples decisiones, bajo la apuesta de buscar una tutela efectiva en función de los derechos en juego,
principalmente en el Derecho de Familia, habiendo sido fortalecida con convenios y tratados internacionales que
pregonan la aplicación de principios que tienen un tratamiento prioritario para la solución del conflicto y dar protección
a la parte más perjudicada en un proceso judicial, exigiéndose incluso al juzgador que sea más sensible a los
problemas humanos.

Referencias bibliográficas

Cifuentes. (2013). Principio de primacía del derecho sustantivo. Obtenido de:


http://freddyacg.blogspot.pe/2013/02/principio-de-primacia-del-derecho.html.

López, O. M. (2013). Los plazos (en el Derecho Civil, en el Derecho Procesal y en el Procedimiento Administrativo).
Obtenido de: http://www.unsta.edu.ar/wp-content/uploads/2013/04/Procedimiento-Administrativo-08-Plazos.

Palacio, L. E. (2013). Los plazos (en el Derecho Civil, en el Derecho Procesal Civil y en el Procedimiento
Administrativo). Obtenido de: http://www.unsta.edu.ar/wp-content/uploads/2013/04/Procedimiento-Administrativo-08-
Plazos.

Redón, V. (2017). Cumplimiento de los plazos procesales judiciales. Obtenido de:


https://puntodeencuentro.pe/columnistas/roberto-rend%C3%B3n-v%C3%A1squez/cumplimiento-de-los-plazos-
procesales-judiciales.html.

______________________

* Juez del Segundo Juzgado de Familia de Tarapoto y ex juez mixto y penal unipersonal del Distrito Judicial de San
Martín. Abogado por la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, con estudios de posgrado en Derechos
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del Niño y Políticas Públicas en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Conciliador extrajudicial en Familia.

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