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2/3/2019 Doctrina

Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 60 - Numero 10 - Mes-Ano: 6_2018

A veces lo barato, sale caro. Aspectos a considerar al


momento de utilizar un contrato
Carlos MARTÍNEZ PAREDES*

[-]
RESUMEN

El autor critica una mala práctica efectuada comúnmente entre los sujetos que suscriben contratos: gestar un formato
único para todas las operaciones económicas que se pretenden realizar. Sostiene que el contenido del contrato debe
forjarse atendiendo a los particulares intereses de cada parte interviniente, es decir, no pueden pactarse, por ejemplo,
cláusulas propias de un contrato de obra en un contrato de locación de servicios, pues simplemente no tendrán
operatividad alguna, o de tenerla, funcionarían de manera ineficiente. Asimismo, incide en la importancia de la
reglamentación privada y específica de las instituciones de mora, cláusula penal y resolución por incumplimiento.

MARCO NORMATIVO

Código Civil: arts. 1333, 1428, 1429 y 1430.

PALABRAS CLAVE: Contrato / Mora / Cláusula penal / Resolución por incumplimiento

Recibido: 11/05/2018

Aprobado: 25/05/2018

Años atrás, la marca Scotch Brite sacó un comercial televisivo, en el cual, muestra la disyuntiva de una ama de casa
al momento de comprar un limpiavajillas. Por un lado, tenía el producto de Scotch Brite, el cual prometía limpiar mejor,
durar más y que estaba diseñado para todas las superficies, mientras que, por otro lado, tenía un limpiavajillas que, si
bien no prometía lo anterior, estaba diseñado para la misma función con la diferencia que costaba más barato.

El ama de casa optó por comprar el limpiavajillas más económico, pero, al momento de tratar de retirarlo del estante
donde estaba ubicado, lo retiró con tal fuerza que hizo que dicho estante se venga abajo, tumbándose consigo los
demás estantes de la tienda, causando un caos y desastre total en el supermercado.

Para aquellos que están en el negocio de brindar servicios legales, de seguro han atravesado por la eventualidad de
topar con clientes que, solo con la finalidad de abaratar sus gastos y no pagar la tarifa que correspondería, les han
solicitado que no se molesten en escuchar qué negocio desean desarrollar o regular, sino que, tan solo les alcancen
un modelo de contrato, el cual ellos luego usarán como formato para distintas situaciones.

El ordenamiento jurídico, en su complejidad, provee derechos y obligaciones que se aplican a cada individuo dentro
de una determinada jurisdicción. Como el contrato es el mecanismo ideal para ayudar al intercambio entre los
individuos, la ley permite que, a través de este, las partes regulen los derechos y deberes que las normas les
conceden, modificándolos o moldeándolos en función a sus necesidades. Asimismo, tomando en consideración que el
intercambio es una necesidad para la sociedad, la ley protege al contrato y le otorga un carácter vinculante, así como
también, brinda a las partes celebrantes determinadas figuras y remedios a utilizar, en caso cualquiera de ellas
incumpla las prestaciones que se comprometieron ejecutar.

Sin embargo, las partes que celebran un contrato deben ser muy cuidadosas al momento de regular sus intereses. Si
bien no existe el contrato perfecto, sí puede afirmarse que es tangible la necesidad que un contrato se anteponga a
las distintas vicisitudes que pueden presentarse durante el iter contractual. Si el contrato no lo hace, se aplicarán
supletoriamente las disposiciones del Código Civil, que, bien o mal, completan aquellos vacíos que las partes
omitieron regular.

Desafortunadamente, muchas de las normas supletorias que proveen los artículos del Código Civil, contienen
supuestos que no siempre están hechos a la medida de la situación concreta que las partes necesitan afrontar o
resolver. Claro está que también, algunas de las provisiones contractuales que las propias partes elaboran, para
regular o “resolver” una determinada situación, terminan complicando más el escenario que tranquilamente se hubiese
visto solucionado por una norma supletoria del Código Civil.

En el presente artículo me limitaré a comentar algunas cláusulas que, últimamente, estilan colocarse en distintos
contratos, pero que, sin embargo, por mala técnica de redacción (o de combinación con las disposiciones del Código
Civil), culminan generando serios problemas ante la aparición de una desavenencia entre las partes. Asimismo, me
permitiré criticar una mala práctica que está haciéndose frecuente en el entorno de servicios legales: utilizar un mismo
formato de contrato, para regular distintas relaciones contractuales, solo con la finalidad de eliminar costos, pero que,

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al final, por pretender ello, hacen que cobre sentido esa célebre frase del comercial televisivo de Scotch Brite: “A
veces lo barato, sale caro”.

Al momento de redactar un contrato y tratar de anteponerse a una situación de incumplimiento, tres figuras
importantes deberían tenerse siempre presente: i) interpelación (mora); ii) cláusula penal; y iii) resolución del contrato.

Todo administrador de contratos o asesor legal debe entender que, si en ninguna parte del contrato se ha establecido
que ante la inobservancia fáctica de alguna prestación (o su cumplimiento parcial, tardío o defectuoso), la parte en
falta incurrirá automáticamente en incumplimiento sin necesidad de requerimiento de subsanación alguno, ello
implicará que, jurídicamente, la parte en falta nunca estará en situación de incumplimiento hasta que se le requiera
que subsane dicha situación, esto es, hasta que la parte afectada realice la interpelación, salvo que, se esté delante
[1]
de alguno de los supuestos previstos en el artículo 1333 del Código Civil .

Por otro lado, también es importante que se tenga en consideración que, a fin que una cláusula penal se ejerza de
manera correcta, necesariamente, la parte que no ejecutó la prestación (o la ejecutó de manera parcial, tardía o
defectuosa), debe encontrarse jurídicamente en situación de incumplimiento, de lo contrario, no se le podría aplicar
[2]
penalidad alguna .

Lo mismo deberá considerarse cuando la parte afectada desea resolver el contrato por incumplimiento, además de
[3]
cumplirse con el requisito de gravedad del incumplimiento, así como ser parte fiel del contrato para hacerlo .

Teniendo en mente lo anterior, el primer caso que comentaré nació de una licitación privada realizada por una
empresa para proveerse del servicio de catering y hotelería para sus trabajadores en uno de sus campamentos. Los
que tienen experiencia concursando en licitaciones privadas conocen que es usual que la empresa que licita el
servicio imponga en las bases del concurso el formato de contrato que se deberá suscribir al momento de adjudicar el
servicio. Asimismo, quienes hayan estado del lado de la empresa licitante tienen conocimiento que, muchas veces, el
formato que imponen es casi siempre el mismo que se utiliza en casi todas las licitaciones, sea de servicios,
adquisición de bienes, construcción, u otros.

Tomemos como ejemplo, las cláusulas que regulaban el procedimiento de interpelación ante un incumplimiento, así
como las penalidades:

Cláusula de interpelación

“5.1 Disposiciones generales

El Contratista a) garantiza que es plenamente competente y posee la capacidad, conocimiento y experiencia


necesarios para prestar los servicios de conformidad con los más altos estándares existentes en la industria para tales
actividades y que prestará los servicios de acuerdo con los referidos estándares; b) prestará los servicios de
conformidad con los términos de este contrato; c) todos los materiales y equipo que suministre se ceñirán a las
especificaciones requeridas o, en su defecto, serán nuevos y de calidad estándar en la industria, a menos que se
acuerde otro modo en un documento escrito firmado por un representante debidamente autorizado de “Palmas”; d)
todos los servicios prestados deberán estar libres de mano de obra defectuosa; e) que tendrá un derecho de
propiedad o posesión válido y legalmente suficiente sobre todos los materiales y equipos suministrados en la fecha en
que la propiedad se transfiera a “Palmas”; y f) el contratista contará con la calificación, licencia, capacitación,
organización y capacidad financiera adecuados para prestar los servicios aquí contemplados.

Si, durante la prestación de los servicios o dentro del plazo de treinta (30) días calendarios de la ejecución final,
cualquier porción de los Servicios no cumpliera con lo precedente, “Palmas”, podrá optar por a) exigir al contratista
que corrija de inmediato el incumplimiento por cuenta del contratista; en caso que el contratista, a juicio de “Palmas”,
no fuera capaz de resolver o cumplir con lo precedente; b) contratar a un tercero para corregir el incumplimiento por
cuenta del contratista; o c) corregir el incumplimiento con el personal de “Palmas, por cuenta del contratista. “Palmas”
cursará al contratista una notificación escrita describiendo el incumplimiento y la elección de “Palmas” de alguno de
los recursos antes señalados dentro del plazo de treinta (30) días calendario del descubrimiento, así como cualquier
evaluación del incumplimiento que “Palmas” juzgue necesaria. En caso que “Palmas” optara por permitir que el
contratista corrija el incumplimiento, el contratista se movilizará en el plazo de veinticuatro (24) horas de recibida la
notificación. El contratista deberá corregir el incumplimiento durante el periodo de treinta (30) días calendario”.

Cláusula de penalidad (denominada “faltas y sanciones” en el contrato)

Faltas y sanciones:

Faltas leves: Son aquellas faltas que ocurren durante el servicio diario y pueden ser demostradas con documentos, e-
mails, fotos, actas, pruebas físicas, entre otros. Sanción: Carta de amonestación y, a decisión de “Palmas”, multa de 2
% del total de la facturación mensual.

Faltas moderadas: Son aquellas faltas leves que ya hayan sido sancionadas, reincidentes y/o no corregidas. Sanción:
Carta de amonestación y multa de 5 % del total de la facturación mensual.

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Faltas graves: Son aquellas faltas que atenten contra la salud y seguridad de las personas que presten servicios o se
hallan en tránsito en las instalaciones del campamento de “Palmas”, o aquellas faltas menos graves cometidas de
manera reincidente luego de haberse ejecutado alguna sanción sobre la misma, no importando el turno ni lugar del
servicio. Sanción: En el caso que se atente contra la salud o seguridad de las personas, que prestan servicio o se
hallan en tránsito en las instalaciones de “Palmas”, corresponderá carta de amonestación y multa de 10 % del total de
la facturación mensual.

Procedimiento:

Personal del área de Servicios Generales de “Palmas”, sobre la base de los registros e incumplimientos a las
disposiciones estipuladas en las presentes bases, solicitará al Área de Contratos de “Palmas” que se proceda con la
sanción que corresponda contra el contratista.

La notificación con la sanción al contratista se realizará por escrito, mediante carta o correo electrónico. Si la sanción
es monetaria, se aplicará en el estado de pago más próximo en que “Palmas” comunique la sanción.

El contratista podrá apelar a la decisión dentro de los dos días en que le fue comunicada, mediante carta dirigida a la
Gerencia de Contratos de “Palmas”, con copia a la Gerencia de RR. HH. y SS.GG y a la Jefatura de Servicios
Generales, adjuntando los antecedentes que sustenten su apelación.

Al analizar la cláusula de interpelación y de penalidades, las primeras preguntas que a cualquier lector se le vendría a
la mente serían: ¿en un contrato de catering y hotelería, qué obra se va a realizar que pueda ser defectuosa? ¿De
qué transferencia de propiedad están hablando? ¿A título de qué se coloca un procedimiento interno de “Palmas” en
el contrato con el contratista? ¿Por qué el contratista debe saber que el área de servicios generales enviaría las
inconformidades al área de contratos para que esta finalmente evalúe el enviar la carta de amonestación y la sanción
correspondiente?

Lo anterior, es solo una de las deficiencias de la necedad de usar el mismo formato para tipologías contractuales
distintas. Se debe evitar colocar disposiciones o frases innecesarias, que puedan prestarse a una interpretación que
conlleve más adelante a confusión. Esa, es una de las funciones principales del abogado que redacta o revisa el
contrato.

Por otro lado, al analizar el fondo de las cláusulas y ya proyectándonos al escenario o las situaciones que estas
deberán regular, la observación más importante sería que, si el alcance del servicio era de catering y hotelería, esto
es, la provisión de alimentos, limpieza de comedor, habitaciones y baños, ¿por qué se está estableciendo un
procedimiento para el requerimiento, así como un plazo de subsanación tan amplio? Es obvio que, si algún alcance de
este tipo de servicio se ejecuta inadecuadamente, al día siguiente, ya no será así, salvo que, el proveedor del servicio
repita el mismo error, lo cual es poco probable. Podrá servir para alguna que otra situación, pero no para la mayoría
que se suele presentar en este tipo de servicios.

Tan solo coloquémonos en los supuestos que, una mosca aparece en el desayuno de un trabajador, o que se haya
tendido mal la cama, o que se limpió mal un espejo del baño, o que se colocó una sola toalla en lugar de dos.
Sigamos ahora, el procedimiento del segundo párrafo de la cláusula bajo comentario ¿dentro de un plazo de treinta
días calendario, el proveedor del servicio recién sacará la mosca de la tasa de café del trabajador, limpiará bien el
espejo del cuarto, tenderá bien la cama, o adicionará la toalla faltante? El procedimiento establecido por “Palmas”,
indudablemente, no encaja para el tipo de servicio que se está regulando en el contrato.

Ahora, procedamos a analizar sistemáticamente las cláusulas. El lector notará que, ahora “Palmas” no solo deberá
enviar una comunicación requiriéndole que subsane, sino que, además, su área de contratos debe amonestar al
contratista y aplicarle la penalidad correspondiente, descontándole de la facturación más próxima, todo ello, ante la
solicitud del área de servicios generales de “Palmas”.

Podríamos graficar las etapas de ese proceso, de la siguiente manera:

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A primera vista, tal como se indicó anteriormente, es impracticable que, en este tipo de servicios, se otorgue treinta
(30) días de plazo para subsanar un incumplimiento, así como también, es casi inviable que se envíe una
comunicación por cada cuarto sin toalla, o cama mal tendida. ¿Qué debía entonces realizar el abogado de “Palmas?
Pactar que no se requerirá de interpelación para estar jurídicamente en situación de incumplimiento.

Puede que incluso el abogado discrepe de la posición doctrinaria que sugiere que, para este tipo de supuestos se
requiere de interpelación para estar en situación de incumplimiento. Sin embargo, si se conoce que existen dos
posiciones, lo diligente sería establecer que no se requeriría de interpelación y que se pueda aplicar la penalidad
indistintamente ante cualquier tipo de ejecución inexacta de la prestación. Ello, a fin de evitar que, al momento de
[4]
acudir a un arbitraje, la posición de los árbitros sea la interpretación que no les convenga .

El segundo caso que comentaré surge de un contrato de arrendamiento en un centro comercial. Aquellos colegas que
conocen el negocio de los malls saben que el arrendamiento de un local comercial no es un arrendamiento común y
corriente, sino que, existen pactos adicionales, tales como establecer como incumplimiento ciertas actividades, tales
como i) no retirar basura por la puerta principal, sino por la puerta trasera; ii) no cerrar el local comercial salvo los días
28 de julio, 25 de diciembre y 1 de enero; iii) no solicitar autorización previa para cerrar el local comercial a fin de
realizar alguna reparación; entre otros.

Resulta que, el contrato contenía una cláusula de resolución la cual se transcribe a continuación:

Cláusula Décima Quinta: Resolución

El presente contrato podrá ser resuelto por “el arrendador” en base al artículo 1429 del Código Civil, si “la
arrendataria” incurre en cualquiera de las siguientes causas:

- Incumple con el pago de la renta por más de dos meses y quince días consecutivos durante el plazo del contrato.

- Incurre en cualquier otro incumplimiento de las obligaciones contenidas en el presente contrato.

De igual forma, “la arrendataria” procederá a resolver el contrato en los términos del artículo 1429 del Código Civil si
“el arrendador” incumple cualquiera de las obligaciones asumidas por el presente contrato. La resolución surtirá
efectos si al vencimiento de los quince (15) días de ser requerida la subsanación de su incumplimiento “el arrendador”
no proceden con dicha subsanación a satisfacción de “la arrendataria”. Igualmente, será causal de resolución a favor
de “la arrendataria” si por cualquier carga, gravamen, medida judicial o extrajudicial o en general si por cualquier
causa no atribuible a “la arrendataria”, se impide o puede impedir el uso de “el inmueble” por parte de “la
arrendataria”.

Más allá del hecho de que en rigor es innecesario colocar en un contrato la figura de la resolución por autoridad del
acreedor contenida en el artículo 1429 del Código Civil, o si la redacción de esa cláusula es la forma correcta de
establecer causales de resolución, la pregunta que debemos realizar es: ¿este procedimiento resolutorio, es idóneo
para incumplimientos de prestaciones tales como no retirar basura por la puerta principal, sino por la puerta trasera, o
no cerrar el local comercial salvo días específicos, o solicitar autorización previa para cerrar el local comercial?

El escenario es casi el mismo que el del primer caso comentado. Si un trabajador comete el error de sacar la basura
por la puerta delantera hoy, mañana puede que no sea así. Resulta pues, que el arrendatario incurrió en algunas de
las prohibiciones establecidas en el contrato y, el arrendador envió una carta siguiendo el procedimiento resolutorio
establecido en aquella cláusula, señalando en la parte final lo siguiente:

Ahora bien, no obstante consideramos que los incumplimientos precisados imputables a vuestra parte resultan
insubsanables, pues no hay forma de retroceder en el tiempo con el objeto de que vuestro lado pueda cumplir con
mantener el local arrendado abierto todo el año a excepción del 28 de julio, 25 de diciembre y 1 de enero, toda vez
que el acto de incumplimiento y el daño en nuestra contra ya se concretaron. Así como, tampoco resulta posible que
vuestra parte pueda –a estas alturas– obtener autorización previa de nuestro lado respecto de las modificaciones
realizadas en el local arrendado; por la presente en cumplimiento de lo acordado en el contrato de arrendamiento
celebrado, le concedemos el plazo de 15 días para que subsanen los incumplimientos en que han incurrido, en
defecto de lo cual el contrato quedará resuelto automáticamente y de pleno derecho, dejando a salvo nuestro derecho
a reclamar los daños y perjuicios aplicables.

En orden a lo expresado, por la presente los conminamos a rectificar los incumplimientos denunciados imputables a
vuestra responsabilidad, bajo apercibimiento de que el contrato quede resuelto por autoridad del acreedor de la
obligación, en este caso de la recurrente.

No voy a pronunciarme sobre las formas de redacción de este extracto de la carta, sin embargo, lo que sí debemos
observar es el fondo de la misma: Si primero el arrendador indica que es imposible subsanar los incumplimientos,
¿cómo luego entonces otorga un plazo de quince días al arrendatario para que los subsane, bajo apercibimiento de
[5]
resolución? (¡!) Si ya estaba pactada una determinada gravedad en caso del incumplimiento de estas prestaciones
y, ante los repetidos incumplimientos el arrendador ya no estaba interesado en seguir con el vínculo contractual, lo
correcto hubiese sido que se resuelva el contrato al amparo del artículo 1428 del Código Civil.

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Volviendo al caso, al transcurrir los quince días señalados en la carta, el arrendador “dio por resuelto” el contrato y el
caso fue llevado al arbitraje, solo para discutir la pertinencia o no de este procedimiento resolutorio. Nuevamente, lo
anterior no hubiera ocurrido si es que el asesor legal del arrendador no hubiese permitido que se utilice el mismo
formato de contrato para situaciones especiales como esta, las cuales demandan cláusulas estructuradas de distinta
forma.

¿Qué pacto hubiera sido pertinente, si la intención era evitar resolver el contrato a través de un proceso judicial (o
arbitral)? Lo ideal hubiera sido pactar una cláusula resolutoria expresa que regule las prohibiciones específicas y, en
caso se presentase alguna situación de incumplimiento, el arrendador tendría un mecanismo para resolver el contrato
[6]
al amparo del artículo 1430 del Código Civil .

Los casos que he compartido, son tan solo con la finalidad que se entienda que cada contrato es una realidad distinta.
No puede pretenderse utilizar siempre los mismos modelos de cláusula, menos, el mismo formato de contrato para
regular distintos negocios. “Palmas” pagó caro el no invertir en la elaboración de un contrato específico, no solo tuvo
que invertir en defensa legal, sino también, en gastos administrativos del arbitraje, así como buen tiempo en recaudar
medios probatorios y designar fuerza de trabajo que supervise esta controversia. Lo mismo, para el caso del mall.

Para concluir, es importante recordar que el lenguaje que se utilice en los contratos debe ser claro, sin ambigüedades
y con una organización cohesiva. Asimismo, quien redacta un contrato no solo requiere una buena redacción y
habilidad de organización, sino también, debe tener comprensión del negocio, para así moldear sus intereses y
combinarlos adecuadamente con las normas que regulan el derecho de contratos.

Cada provisión de un contrato, resalta un aspecto importante del negocio, así como temas legales a considerar. Usar
y copiar cláusulas de manera estándar, como si fuesen provisiones generales que se cortan y pegan, solo con el fin
de ahorrar tiempo y otros costos, puede llevar a un desastre al momento de arribar al Poder Judicial o al arbitraje,
desastre que luego, hará que el gerente, administrador de contratos o asesor legal, finalmente coincida con aquella
reflexión que nos dejó el comercial de Scotch Brite, a veces lo barato, sale caro.

Referencias bibliográficas

De la Puente y Lavalle, M. (2001). El contrato en general (Vol. II). Lima: Palestra.

Miquel, J. L. (1986). Resolución de los contratos por incumplimiento. Buenos Aires: Depalma.

Ospina Fernández, G. (2008). Régimen general de las obligaciones. Bogotá: Temis.

Osterling Parodi, F. (s.f.). Obligaciones con cláusula penal. Obtenido de


http://www.osterlingfirm.com/Documentos/articulos/Obligaciones%20con%20clausula%20penal.pdf

________________________

* Abogado por la Universidad de Lima, con estudios de maestría con especialidad en Derecho Civil en la Pontificia
Universidad Católica del Perú. Asociado del Área Corporativa del Estudio Muñiz Olaya Meléndez Castro Ono Herrera
Abogados.

[1]
Artículo 1333.- Incurre en mora el obligado desde que el acreedor le exija, judicial o extrajudicialmente, el
cumplimiento de su obligación. No es necesaria la intimación para que la mora exista:

1. Cuando la ley o el pacto lo declaren expresamente.

2. Cuando de la naturaleza y circunstancias de la obligación resultare que la designación del tiempo en que había
de entregarse el bien, o practicarse el servicio, hubiese sido motivo determinante para contraerla.

3. Cuando el deudor manifieste por escrito su negativa a cumplir la obligación.

4. Cuando la intimación no fuese posible por causa imputable al deudor.


[2]
Al respecto, Osterling Parodi (s.f.) indica que:

Como hemos visto, la cláusula penal es la valuación anticipada de los daños y perjuicios por el incumplimiento de
la obligación. Su propósito es evitar las intrincadas cuestiones que surgen de la valorización de los daños y
perjuicios por el juez; esto es evitar la prueba del perjuicio y el arbitrio judicial en su estimación. Es por ello que la
cláusula penal solo puede exigirse cuando el deudor ha sido constituido en mora y cuando la inejecución de la
obligación obedece a dolo o a culpa del deudor.

Por su lado, Ospina Fernández (2008) sostiene que:

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[S]i la obligación principal es positiva no basta el solo retardo del deudor, sino que es necesario además que este
quede constituido en mora, o sea, que la mora marcar el momento en que ya se sabe cierto que se ha realizado la
condición suspensiva de la cual pende la exigibilidad de la pena.
[3]
De la Puente y Lavalle (2001) señaló que: “El requisito fundamental para que la parte fiel esté legitimada para
solicitar la resolución del contrato por incumplimiento de la otra parte, es que ella misma (la parte fiel) no sea también
incumplidora” (p. 384). En el mismo sentido, Miquel (1986):

El segundo de los presupuestos de la resolución por incumplimiento es, precisamente, el cumplimiento de la parte
que lo invoca. Se trate de una sanción, o de una defensa, según sea la posición adoptada respecto del fundamento
del instituto y su naturaleza jurídica, el mecanismo resolutorio solo puede ser ejecutado por quien ha cumplido con
las prestaciones que tenía a su cargo, o por quien ofrece cumplir prestaciones pendientes (sin hallarse en mora por
no ser aún exigibles), ante la inejecución de la contraparte. (pp. 123-124)
[4]
Tan solo tomemos como ejemplo una discusión que últimamente se ha venido dando con relación a los convenios
de accionistas ¿Es posible que los convenios de accionistas sean resueltos en virtud al artículo 1365 del Código Civil?

Los que indican que sí se puede, argumentarán que es perfectamente factible que a este tipo de convenios se les
aplique supletoriamente las normas del Código Civil, de conformidad a lo indicado por el artículo IX del Título
Preliminar del referido cuerpo normativo. Asimismo, argumentarán que el artículo 1365 del código no puede ser leído
de manera restringida, puesto que, para ellos esta disposición se extendería a todos los contratos de duración
(ejecución continuada y ejecución periódica), no admitiendo pacto en su contra por el tipo de intereses que regula el
referido artículo. La posición contraria podría argumentar que, si se lee detenidamente el referido artículo, este indica
de manera literal que aplica para los contratos de ejecución continuada, no para los de ejecución periódica y que, si
se lee detenidamente cada tipo de contrato regulado por el código, apreciaríamos por ejemplo que, en las
disposiciones del Código Civil sobre contrato de arrendamiento (contrato de ejecución continuada) no se ha previsto
un artículo para poner fin al contrato de arrendamiento a plazo indeterminado, lo cual sería entendible porque para el
legislador aplicaría el artículo 1365 del código. Sin embargo, si se revisa las disposiciones del Código Civil para el
contrato de suministro (contrato de ejecución periódica), encontramos el artículo 1613 que expresamente regula la
situación para resolver un suministro indeterminado. ¿Por qué el legislador haría esta distinción, si pretendía que el
1365 aplique para todos los contratos de duración?

Existen otros argumentos (a favor o en contra), sin embargo, independientemente de la posición que se adopte, si el
abogado que está redactando el convenio de accionistas conoce de esta discusión, la cual incluso ya ha sido materia
de arbitrajes distintos, con laudos en distinto sentido, lo correcto sería que se anticipe y pacte expresamente que la
duración del convenio estará vinculado a la duración de la sociedad, haciendo el plazo ya no indeterminado sino
determinable. De lo contrario, estaría arriesgándose a que, ante un eventual conflicto, un laudo salga en su contra tan
solo por no haber escrito un par de líneas.
[5]
Artículo 1428.- En los contratos con prestaciones recíprocas, cuando alguna de las partes falta al cumplimiento de
su prestación, la otra parte puede solicitar el cumplimiento o la resolución del contrato y, en uno u otro caso, la
indemnización de daños y perjuicios. A partir de la fecha de la citación con la demanda de resolución, la parte
demandada queda impedida de cumplir su prestación.
[6]
Artículo 1430.- Puede convenirse expresamente que el contrato se resuelva cuando una de las partes no cumple
determinada prestación a su cargo, establecida con toda precisión. La resolución se produce de pleno derecho
cuando la parte interesada comunica a la otra que quiere valerse de la cláusula resolutoria.

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