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MEMORIAS DE UN
ROMÁNTICO EN LA
CAPITAL
LONDINENSE

JESÚS FRAGA CID


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“Memorias de un romántico en la
capital londinense” es una obra
literaria escrita por Jesús Fraga Cid
en la que narra en primera persona
las vivencias, paradojas y anécdotas
acaecidas durante su estancia
relativamente larga en Londres. Por
una parte, el libro es una narrativa
que cuenta las experiencias del
propio autor en la ciudad; y por otra
parte, es como una guía didáctica de
viaje en la que el autor se adentra
en los rasgos históricos y culturales
de que cada lugar visitado, siempre
enfocándolo bajo su propio contexto
personal en la ciudad. Es un libro en
parte culto y documentado, en el
que el escritor intenta evitar el
disfrazar la realidad de sus propias
experiencias, al igual que busca
hacer una especie de autocrítica constructiva que le sirva de lección de cara al
futuro.
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MEMORIAS DE UN ROMÁNTICO EN LA
CAPITAL LONDINENSE

JESÚS FRAGA CID


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Impresión y encuadernación
en “Puga Papelerías”
C/ Avda. Habana, 34
320003 Ourense

© 1ª Edición: mayo del 2007

Impreso en España. Printed in Spain

I.S.B.N.: 84-611-5396-1
Depósito Legal: OU-38/2007

Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto


en el artigo 270 del Código Penal vigente, podrán ser castigados
con penas de multa y privación de libertad, quienes reprodujeran
o plagiaran, en todo o en parte, una obra literaria, artística o
científica fijada en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva
autorización de los titulares de los correspondientes derechos de
propiedad intelectual.
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Jesús Fraga Cid es un escritor novel


nacido en el municipio de Allariz,
provincia de Ourense, el día 12 de
febrero del año 1977. Desde los
primeros años de su infancia sentiría
una especial afinidad y vocación por el
idioma inglés y todo lo relacionado con
la cultura anglosajona y
estadounidense, empezando el estudio
del mencionado idioma a través de
algún cómic, cintas de casete,
fascículos y revistas. Después de unos
años de titubeo en los estudios durante
su adolescencia, acabaría consiguiendo
el título de Técnico Especialista en
Administrativo en un instituto
ourensano y el de Diplomado en
Relaciones Laborales por la Facultad de
Ciencias Jurídicas y del Trabajo de la
Universidad de Vigo. Fruto de su creciente interés por lectura, es una persona
iniciada en el estudio de la antropología de la religión, la filosofía y las
religiones comparadas, y ampliamente formada en el estudio de la
Sindonología, Tanatología y Parapsicología. También posee unos
conocimientos a nivel iniciático en astrofísica o Nueva Física, Psicología
Transpesonal, Neuroteología y Neurología Cuántica. Es autor de la obra
“Dios, ciencia y lacras sociales” –Una mirada humana, ética y espiritual a los
grandes interrogantes sobre la naturaleza humana- (ensayo
multidiciscplinar). Por otra parte, es importante mencionar que a raíz del
testimonio sobre una asombrosa y fascinante Experiencia Cercana a la
Muerte (ECM) vivida por un pariente suyo tras sufrir un infarto cerebral,
empezaría una larga y apasionante investigación periodística de más de 8
años de duración sobre la eterna y más primordial cuestión de la condición
humana, apoyándose documentalmente a través de la lectura de libros,
artículos de Internet y documentos videográficos sobre las ramas de la
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parapsicología y la tanatología. Esta larga y apasionante investigación le


llevo a la publicación de una segunda obra: “Un puente entre ciencia y
espiritualidad” –Análisis científico en torno a la experiencias cercanas a la
muerte (ECM)- (ensayo). Completaría su formación cultural realizando un
proyecto de investigación sobre la Santa Síndone de Turín durante 2 años por
su cuenta, documentándose a través del análisis, contraste y verificación de
información obtenida en 25 páginas web de Internet aproximadamente, 5
DVD, 4 libros, 28 diapositivas y 2 artículos extensos redactados por él mismo
sobre esta incomparable y crucial reliquia. Profesionalmente hablando,
realizaría prácticas de empresa en una entidad bancaria y en una compañía
de seguros y se emplearía temporalmente en el sector de la hostelería, en una
empresa forestal, de publicidad, en una inmobiliaria y en una compañía de
realización de encuestas. Finalmente, a la edad de 25 años tomaría la firme y
valiente decisión de emigrar de manera temporal de Galicia para establecer
contacto directo con la capital del Reino Unido y de este modo conocer en
primera persona su cultura, lengua y costumbres. A raíz de su estancia en la
capital británica escribió y publicó su tercer y último libro “Memorias de un
romántico en la capital londinense” (biografía-ensayo) en el que narra desde
un punto de vista didáctico y biográfico sus vivencias en dicha ciudad.
Actualmente está realizando un “Máster Oficial en Estudios Sociales de la
Ciencia y la Tecnología” por la Universidad de Salamanca (Especialidad:
Periodismo Científico y Comunicación Tecnocientífica).
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ÍNDICE

Dedicatorias
Prólogo

1ª PARTE
MI SITUACIÓN PERSONAL Y PROFESIONAL EN LA CIUDAD:

1º Mi primer contacto con la capital del Támesis


2º Mi segunda etapa en la ciudad del Cockney
3º Mi vida social y las grandes amistades
4º La marcha nocturna londinense
5º Mi adaptación a la ciudad, su cultura y sus costumbres

2ª PARTE
MIS VISITAS TURÍSTICAS Y CULTURALES A LOS GLAMOUROSOS
LUGARES EMBLEMÁTICOS:

6º El Londres monumental de los fascinantes lugares emblemáticos


7º El Londres imperial de los majestuosos palacios y parques
8º El Londres artístico de sus descomunales museos y teatros.
9º El Londres cosmopolita de sus concurridos distritos y mercadillos.
Epílogo
Bibliografía
Agradecimientos
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DEDICATORIAS

Quisiera dedicar este libro a


toda esa gente que conozco, que
me ha apoyado
incondicionalmente en el
importante reto de vivir en una
de las ciudades más importantes
y prestigiosas del mundo, como es
Londres. Además, quiero
agradecer el apoyo recibido por
parte de dicha gente en mi
meditada y enérgica decisión de
emprender el proyecto de escribir
un libro que narrase mis
experiencias vividas en dicha
ciudad. En particular, quiero
dedicar esta obra a mi compañero
canadiense José Pérez, Rubén
Conde, Carlos Alonso, David
Pérez, Javier Santos, Miguel
Calvo, Pablo Calvo, Abraham
Herrero, Leanne Rivera, Victoria Cabrera, Diana Prieto, Sandra
Vázquez, a mis amigas londinenses Sandra y Vanesa Fernández y,
finalmente, a Marie Claire Pilkering (es la chica inglesa de la foto que
aparece arriba junto a mí). Por supuesto, no puedo olvidarme en mis
dedicatorias de mi familia (especialmente de mi madre Pura, de mis
hermanos Emilio, Rosa y José Antonio y de mi cuñado Benjamín), a
pesar del tímido apoyo recibido por parte de ella, y principalmente de
mis colegas Miguel y Jorge Barbosa, quienes me han permitido la
publicación de algunas de sus fotos en este interesante e inédito libro
(ver web en Internet de Jorge Barbosa:
http://www.doutorxurxo.blogspot.com). Espero y deseo que esta obra
literaria colme las expectativas depositadas en mí por toda esa buena
gente que finalmente me ha respaldado.
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PRÓLOGO
Como escritor novel propiamente reconocido, el cual hasta ahora he
escrito una serie de artículos sobre temas de interés y preocupación
actual, no he querido dejar pasar la importante e interesante
oportunidad de plasmar en este libro todas las experiencias, anécdotas y
paradojas que he experimentado en mi propia carne durante mi estancia
larga, relativamente hablando, de 7 meses en una de las capitales más
fascinantes, cosmopolitas y multiculturales del mundo: Londres. Esta
ciudad, capital británica y de Irlanda del Norte (Reino Unido), ha sido
para mí desde mi infancia, reforzado en gran parte por mi pasión y
afinidad hacia la cultura anglosajona y «yanqui», mi objeto de deseo
(Nueva York es otra ciudad que desearía conocer). Debo decir que en mi
opinión mi estancia en Londres fue positiva, aunque no del todo, ya que
en toda experiencia humana siempre hay un lado positivo y un lado
negativo, y en el que uno necesariamente tiene que quedarse con lo
positivo, y aprender y analizar meticulosamente los aspectos negativos
para que nos valgan de lección de cara al futuro. De todas maneras, sea
cual fuese la valoración final real de mi experiencia en Londres, e
independientemente de que sea positiva o negativa en términos
globales, debo decir que el mero hecho de vivir en Londres por ser,
objetivamente hablando, una de las tres ciudades más importantes,
prestigiosas e influyentes del mundo, bien se merece escribirle un libro,
al igual que hicieron muchos escritores y artistas consagrados con
mucho talento y renombre internacional. Yo, a través de mi humildad,
inexperiencia y sencillez, intentaré afanosamente hacerme un pequeño
hueco en el mundo de los artistas que han escrito alguna vez una
historia que mereciese realmente la pena contar y plasmarla en un libro.
Considero que escribir este libro es un proyecto ambicioso y el hecho
de hacerlo se ajusta mucho a mi carácter como persona emprendedora,
soñadora e impulsiva. Sin embargo, las tres razones determinantes que
motivaron el que decidiera emprender este proyecto literario son:
primero, porque escribir un libro es un reto importante y a mí me
gustan los retos importantes; segundo, mi afición al periodismo me llevó
a escribir varios artículos relacionados con temas de actualidad,
consiguiendo publicar algunos de ellos, por lo que consideré que eses
artículos eran mis «primeros pinitos» que me servirían como ensayo
general para después escribir este libro, ya que al hacerlo, me
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reconocerían como escritor, o lo que es lo mismo, como artista; la


tercera razón es sentirme autorrealizado al ver que cumplo el sueño de
escribir un libro que trata sobre una etapa inédita de mi vida en
Londres, y al mismo tiempo que exploto una de mis mayores
potencialidades ocultas: la escritura. Estas eran las tres razones
fundamentales y decisivas que han propiciado emprender esta
«singladura», que espero que llegue a buen puerto.
Continuando este prólogo, debo mencionar que dos de las finalidades
principales al escribir este libro son: en primer lugar, para que le sirva al
lector de guía o carta de navegación por la gran metrópoli londinense y,
de este modo, sepa qué es lo que se va a encontrar, por si alguna vez se
decide a emprender un viaje a esta ciudad; y en segundo lugar, para que
conozca las ventajas o privilegios que tiene el disfrutar de una ciudad
eminentemente capitalista, en parte conservadora y al mismo tiempo
dinámica, arraigada en sus tradiciones, fastuosa y monumental en
palacios, parques, museos, teatros, avenidas, catedrales y un sin fin de
lugares realmente interesantes y cautivadores. A pesar de que también
tiene aspectos negativos, como lo excesivamente caro que está la vida
allí o el irritable clima, mi conclusión final es que merece la pena
visitarla, aunque sólo sea por un par de días, porque una vez que te
«sumerges» allí, casi nada te dejará indiferente. Al fin y al cabo, eso es
lo más importante.
Para finalizar mi primer prólogo como escritor, es oportuno que
señale que esta obra tiene la ventaja de reunir al menos tres
componentes: un primer componente claramente narrativo y
autobiográfico en el que, como autor, relato mis experiencias y vivencias
personales en la capital inglesa; un segundo componente, claramente
también, de tipo didáctico o divulgativo, al escribir sobre Londres como
ciudad; y finalmente, un componente de tipo científico, al escribir a
título personal un largo comentario sobre el objeto de cultura más
sorprendente e insigne de la historia de la civilización occidental: la
Santa Síndone de Turín.
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1ª PARTE
MI SITUACIÓN PERSONAL Y PROFESIONAL EN LA CIUDAD
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1º MI PRIMER CONTACTO CON LA CAPITAL DEL TÁMESIS


Mi primer contacto con la capital del Reino Unido se produjo el 22 de
octubre del año 2002, partiendo el día anterior de mi aldea natal,
Vilaboa, situada en el municipio de Allariz (Ourense) con destino a
Londres, debiendo coger el tren de RENFE a medianoche en Ourense,
para que me llevase hasta la estación de tren y metro de Chamartín,
Madrid. Una vez allí, debería usar el metro para llegar hasta Nuevos
Ministerios, cambiando en esta estación de línea para que de esta
manera pudiese llegar al aeropuerto de Madrid-Barajas. En el propio
aeropuerto, debería de embarcar en avión de la compañía AirEuropa
con destino al aeropuerto de Gatwick (Londres). El precio del billete de
avión se elevó tan sólo a 120 euros, ida y vuelta, tasas incluidas, gracias
a la oferta del tijeretazo que valía a mitad de precio (la gestión la hice
por medio de la agencia “Halcón Viajes”).
La verdad es que tenía muy claras las instrucciones a seguir desde mi
partida de Galicia hasta mi llegada a Londres, aunque con ello no
pretendo insinuar que en la práctica sea sencillo y fácil seguirlas, ni
mucho menos, ya que hay que tener en cuenta que para llegar a mi
lugar de destino, deberían darse todo un cúmulo de circunstancias a mi
favor. Circunstancias, como, por ejemplo, no bajarse en una estación
equivocada durante mi trayecto en tren hasta Madrid, espabilarme a la
hora de coger el metro y hacer el cambio de línea para poder llegar con
tiempo al aeropuerto, ya en el mismo aeropuerto debería buscar mi
terminal y puerta de embarque. Esto último era algo complicado para
mí, porque no tenía ninguna experiencia a la hora de viajar en avión.
Eso en España, pero en Inglaterra los obstáculos eran más grandes, ya
que debía tener los ojos muy abiertos para que no me robasen o perdiese
alguna mochila, el dinero o la documentación, y poder llegar antes del
cierre de la agencia Euroagency, la cual me asignaría mi nueva
residencia. Ello también me había preocupado bastante antes de mi
partida, ya que no tenía mucho tiempo de margen para llegar a dicha
agencia antes de su cierre una vez que pisase tierras inglesas,
planteándome seriamente la alternativa de dormir en un hotel en caso
de que llegase tarde, con el serio inconveniente de tener que cargar con
las mochilas por las calles de Londres, deambulando sin un rumbo fijo.
Por eso, quiero hacer hincapié que esas responsabilidades y obligaciones
no son tan sencillas como a simple vista parecen, y que muchas veces
hay que ponerse en lugar de esa persona para comprender lo que
realmente supone. Hay que tener en cuenta, además, que yo pertenezco
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a un pequeño municipio que no supera los 7.000 habitantes y que mi


meta era llegar a Londres, la ciudad más cara, con mayor nivel de vida y
más poblada de Europa, con más de 10 millones de habitantes,
suponiendo, sin ningún género de dudas, un salto cualitativo muy
importante, por no decir abismal.
Prosiguiendo mi relato, debo mencionar algo relevante y es que las
instrucciones que debería seguir al pie de la letra sin ninguna
equivocación en tierras británicas, las recibí de una agencia española
con la que contraté, con domicilio social en Madrid llamada
Angloschola, para que me ayudara y tramitara la búsqueda de un
alojamiento y un trabajo (más bien tenía las entrevistas de trabajo
concertadas). Éste era el mejor modo de tener cubierto mis espaldas
para prevenir cualquier tipo de imprevistos, puesto que yo no quería de
ninguna manera viajar a un país con una cultura y costumbres
totalmente diferentes a la española, siendo la primera vez que viajaba al
extranjero, sin saber lo que me iba a deparar el destino allí. Esta
decisión inteligente de contratar a una agencia me ahorraría muchos
problemas, preocupaciones e incertidumbres. Gracias a ello me sentiría
mucho más seguro, respaldado y confiado en mis planes y objetivos una
vez en la gran urbe. Los gastos de gestión de búsqueda de trabajo y
alojamiento ascendieron a 400 euros, de los cuales la mitad eran de
previo pago, y el resto una vez que llegase y me asignase la otra agencia,
citada anteriormente (Euroagency), el alojamiento en Londres.
Llego a la capital londinense al mediodía con un tiempo horroroso.
Desde el aeropuerto tuve que coger el tren regional Gatwick Express,
cuyo precio ascendió, a £10 hasta Victoria Station, y una vez allí cogí el
autobús hasta la mítica plazoleta de Piccadilly Circus. Me bajé del
autobús en Piccadilly y miré el mapa que me había enviado la agencia
para poder localizar la calle Haymarket, en la cual se encontraba la otra
agencia, Euroagency, adscrita a la primera agencia con la que me había
puesto en contacto, que en este caso era Angloschola. Esta agencia de
Londres, Euroagency, «reclutaba» a gente de todas las nacionalidades
que querían vivir y trabajar en esa ciudad, y les facilitaba alojamiento y
entrevistas de trabajo. Recuerdo que sentía durante el trayecto hasta la
capital británica el fuerte cansancio acumulado de dos días casi sin
dormir nada por el miedo y la incertidumbre a lo que me depararía el
futuro allí, analizando las ventajas e inconvenientes sobre la
conveniencia o no de mi decidido y valiente viaje. Un viaje que me
planteaba todo tipo de preocupaciones, entre ellas estaba el riesgo de
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que las cosas no me ocurriesen de la manera a como las tenía planeado,


teniendo que sortear todo tipo de dificultades y escollos, sin tener a
ningún familiar o conocido en caso de extrema necesidad. Quiero
aprovechar para señalar que traté que mi viaje fuese lo menos parecido
a una aventura, razón por la que contraté una agencia. Ya estaba en
Londres y ya no había modo alguno de dar marcha atrás. Sólo deseaba
que Dios me diese salud y suerte, porque las iba a necesitar de verdad.
Debo decir que me impactó bruscamente el radical cambio de
ambiente, al ver por las calles una marea impresionante de gente
apresurada, andando a un ritmo verdaderamente frenético, gente de lo
más variopinta. Nunca había vista nada igual. Parecía un enjambre
humano de todas las razas, creencias, lenguas. La verdad es que yo en
el fondo, a pesar del cansancio, sentía una profunda satisfacción de
haber llegado a Londres, y me sentía muy motivado e ilusionado de
explorar ese nuevo mundo, con la esperanza de conseguir aquello que
tenía tan minuciosamente programado antes de mi partida al Reino
Unido.
Después de tener varias dificultades para encontrar la calle y el portal
de la agencia Euroagency, conseguí felizmente encontrarla. Me atendió
un chico italiano muy cortésmente en una oficina y me dio un mapa
para poder localizar el nuevo alojamiento temporal, momento después
en el que le entrego el dinero pendiente de pago. Salí de la agencia
dispuesto a llegar lo más pronto posible a mi nuevo hogar, siguiendo las
nuevas instrucciones que me entregaron. Después de esperar unos
minutos impacientemente en la parada, conseguí acceder a un autobús y
me dirigí a mi nueva residencia situada en el distrito de Camberwell
Green, zona 2 de Londres (más adelante os hablaré de las zonas en que
se divide la ciudad). Durante el camino mi vista se recreó, para mi
deleite y un tanto emocionado e impresionado, en los maravillosos
paisajes, en los monumentos de la ciudad y en las viviendas de estilo
victoriano y georgiano.
A la zona de Camberwell, un lugar, por cierto, donde prodigaba la
gente de color, de clase más bien obrera, llegué con impaciencia y
cansancio. Después de soportar el incompasivo calor y fatiga, provocado
en gran parte por el fuerte peso que tenía que aguantar por culpa de las
mochilas, conseguí finalmente encontrar la residencia. Se llamaba
Brooke Hall, pero no era tan bonito y agradable si nos guiamos por su
nombre (aquello más bien parecía «shit hall»). Era como si
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antiguamente fuera una cárcel, un lugar sin duda hostil en cuanto a las
condiciones de sus instalaciones. Si hay algo que no llegué a
comprender, era pagar tanto dinero a la agencia por la búsqueda de
alojamiento, y aparte cada semana por hospedaje (eran £60 para una
habitación compartida con 2 personas más, es decir, el equivalente a
90€), para que después me asignen un lugar inhabitable, como era mi
residencia. Aunque debo reconocer que contraté una de las agencias
más baratas que había y que existían otras agencias mejores, algo más
caras, pero que probablemente me darían la opción de tener mejor
alojamiento y puestos de trabajo (mi agencia en general concertaba
entrevistas para el sector de la hostelería). Debido a que no tenía un
margen de liquidez suficiente como para contratar a una buena agencia,
decidí finalmente contratar una más barata y asequible a mi bolsillo. Al
final, el resultado no fue lo que yo esperaba en ciertos aspectos, como
fue en este caso el tipo de residencia que me fue asignada (yo quería
convivir en una casa con una familia de habla inglesa para aprender
mejor el idioma inglés). Por eso mismo, a veces es bueno hacer algo de
autocrítica para rectificar y aprender de los errores cometidos, a la vez
que nos sirvan de lección para el futuro.
Prosiguiendo mi narrativa, debo decir que recuerdo como aquella
primera noche nada más ver el baño, la cocina y mi habitación de la
residencia, con la que tenía que compartir con otra gente, en su
mayoría de nacionalidad francesa, sufrí el primero de los variados
«bajones» de ánimo. Me hice muchas preguntas a mí mismo, como, por
ejemplo, por qué estoy aquí, por qué no he dado prioridad en finalizar
mis estudios, si mi familia estará muy preocupada, si me adaptaré a la
ciudad y a la residencia, si aguantaré en el trabajo. Este último
pensamiento era bastante persistente, porque para mí no sólo se trataba
de haber llegado a la ciudad, que ya era mucho, sino que debía
mantenerme en ella y dejar el listón bien alto.
Fueron de todo tipo las sensaciones y preocupaciones que surgían en
mi mente confusa esa primera noche. Confusión agravada por el mero
hecho de no haber descansado bien en los días precedentes. Pero, de
entre todos esos sentimientos y preocupaciones, debo resaltar la extraña
sensación de «vértigo» que corría por mis venas, al ser consciente de
que me encontraba muy lejos de mi hogar natal, en una ciudad
enormemente poblada, solo, sin nadie conocido a quien recurrir en caso
de extrema necesidad. Sin embargo, afortunadamente, todas esas
latentes dudas y preocupaciones que irrumpían de golpe en mi mente
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durante los primeros días de mi estancia en la ciudad, se fueron


desvaneciendo como absurdas burbujas en el flujo del cambio con el
paso del tiempo.
Al día siguiente de mi llegada a Londres tenía que acudir a la oficina
de empleo English Free Job, adscrita a la agencia Euroagency, para que
me facilitasen entrevistas de trabajo. Allí dentro había varios
«despachos» ocupados por diferentes coordinadoras de tres
nacionalidades (francesa, italiana y española) para atender, según
corresponda su nacionalidad, a los distintos demandantes de empleo. A
mí me correspondía lógicamente la coordinadora española, que era
curiosamente gallega, aunque de origen parisina. Con esta coordinadora
he tenido una bonita y estrecha amistad, reforzada en parte por ser de la
misma tierra y residir en Londres en la misma residencia que la mía. La
coordinadora, llamada Anabel, me facilitó una entrevista para «porter»
(portero) en un hotel situado en la zona 3. Me dio un mapa de metro
para poder localizar el trabajo. Así que me apresuré, y esa misma tarde
fui a la entrevista, con el deseo de poder conseguir el trabajo en mi
primera oportunidad, pudiendo hacer uso de la expresión «llegar y besar
el santo». Me acuerdo que me había perdido al tratar de encontrar el
dichoso hotel. Gracias a la generosidad e interés de un ciudadano
británico conseguí llegar al punto de destino. Quisiera aprovechar el
momento para romper una lanza a favor de los británicos, alegando que
el estereotipo que se les impone a ellos como gente de carácter
arrogante, egocéntrica y fría no se ajusta por completo a la realidad.
Personalmente, el trato que he recibido por parte de los británicos, tanto
en los trabajos que desempeñé como la gente que conocí en la calle, ha
sido del todo exquisito y no tengo casi nada que reprocharles. Bien es
cierto que también ayuda el que yo respete y sienta afinidad y
admiración por su cultura, sus tradiciones, sus instituciones reales, sus
universidades, etc.
Llego al hotel con unos minutos de retraso y allí espero sentado en un
sofá situado en recepción para tener la entrevista con el manager.
Cuando llegó, mantuvimos una breve conversación en privado,
hablando sobre mi experiencia laboral y para comprobar si yo tenía
suficiente nivel de inglés para desempeñar el puesto de trabajo
solicitado. Desgraciadamente, la entrevista resultó un verdadero fiasco,
ya que requerían tener experiencia en hoteles y fluidez a la hora de
entender y hablar el inglés (mi nivel de inglés es muy bueno en cuanto a
la escritura y lectura, tengo muy buena pronunciación y, curiosamente,
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con cierto acento inglés, sin embargo, fallo bastante al hablarlo y


entenderlo). Después de este frustrado intento de encontrar trabajo en
mi primera entrevista, entendible hecho, ya que no siempre se
consiguen las metas a las primeras de cambio, sino que frecuentemente
se requiere mucho sacrificio, confianza y perseverancia para lograrlas,
no decaí en mi búsqueda activa de un empleo. Así pues, tras sufrir un
pequeño «bajón» anímico momentáneo, levanté los hombros y la
cabeza, y traté de mirar el futuro con más optimismo, quitándole hierro
al asunto y me mentalicé para intentar superar con éxito la siguiente
entrevista laboral, que sería al día siguiente. El trabajo era en una
factoría italiana llamada L`aquila, situada en Park Royal (zona 3), para
ocupar el puesto de «packer», es decir, como peón de fábrica para
empaquetar comida típica italiana, etiquetarla, embalarla, etc.
Afortunadamente, logré superar la entrevista y me contrataron para
empezar un lunes (la entrevista fue un jueves). Las condiciones de
trabajo eran bastante asequibles, ya que tenía que trabajar de lunes a
viernes (fines de semana libres, que ya era raro encontrarlo), desde las
ocho y media de mañana hasta las cinco y media de la tarde,
incluyendo una hora de «break» (descanso). En total tenía que trabajar
unas 8 horas diarias, con un sueldo neto de £155 a la semana, que al
cambio serian unos 225€, más vacaciones de Navidad pagadas. Es
preciso mencionar que el gobierno británico descuenta un porcentaje
sobre el salario bruto en concepto de tasas y seguro nacional –National
Insurance– y que el propio contribuyente podrá reclamar su devolución,
si corresponde, realizando una solicitud formal por medio del formulario
P45. Yo, por supuesto, lo he hecho y me han devuelto íntegramente la
cantidad aportada en concepto de tasas.
La verdad es que el sueldo que tenía en la fábrica era bastante inferior
en comparación con el sueldo mensual bruto que por término medio
tiene un ciudadano corriente en Londres, el cual es superior a los 3.000
euros. Sin embargo, debo reseñar que mi sueldo me llegaba lo suficiente
como para autofinanciarme la estancia, ya que entre alojamiento,
manutención, metro, etc., disponía de un margen de liquidez y ahorros
suficientes como para vivir dignamente y permitirme, sin excesos,
algunos caprichos.
Había conseguido mis tres mayores propósitos: llegar a Londres,
tener un alojamiento y haber conseguido muy pronto un puesto de
trabajo, sin tener que fundirme los ahorros que me daban para pagar la
estancia de tres semanas como máximo. El recorrido que tenía que
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hacer todos los días laborables desde la residencia hasta la factoría era el
siguiente: me levantaba a las 7 de la mañana, después de desayunar
rápido salía a casi a todo correr hasta la parada del autobús situada en
Camberwell New Road para coger el autobús que me llevaría hasta la
estación de metro de Oval. Dentro de la misma estación, debía coger la
línea Northern hasta Leicester Square, para después cambiarme a la
Piccadilly Line, que me llevaría hasta Park Royal y después sólo tendría
que andar 300 metros más o menos. En total me llevaría
aproximadamente una hora y media hasta la fábrica, que ya no es poco
tiempo, si tenemos en cuenta que sólo está en la zona 3 y que Londres
tiene 6 zonas que abarcan un radio de 40 kilómetros, o lo que es lo
mismo, la desproporcionada superficie de 1600 Km2. En cuanto al coste
del metro, me resultaba caro si compraba tickets sueltos por día y de
largo recorrido que incluyeran varias zonas del área metropolitana. Sin
embargo, la manera más económica de usar el metro era comprando
bonos semanales conocidos como «travelcard», que van desde la zona 1
hasta la 6. De hecho, yo usaba la 7 Day Travelcard para las zonas 2 y 3,
ya que vivía en la zona 2 y trabajaba en la 3. El precio ascendía a £12.50
semanales, con el inconveniente de que no podía acceder a la zona más
interesante y monumental de Londres, que es la zona 1. De todas
maneras, los dos primeros meses de mi estancia en esta ciudad usaba
incluso la zona 1. Las dos principales ventajas de viajar en metro eran
su puntualidad y comodidad, aunque no compensaba por lo costoso que
suponía utilizarlo, y por lo monótono y estresante que podía llegar a ser.
Estresante por la asombrosa cantidad de gente que lo utiliza (The British
Tourist Authority estima que diariamente lo utilizan unos 3 millones de
habitantes) cada jornada laboral, o incluso no laboral, que provoca
muchas colas, empujones y apretujones, tanto fuera como en el interior
del propio tren, sobre todo en las horas punta del día. Por contra, la
alternativa al estresante y costoso metro, sino me confundo el más caro
de Europa, es comprando bonos semanales de autobús, cuyo precio
asciende a ₤8.50, sirviendo por lo menos para las primeras 4 zonas de
Londres, con la gran ventaja de que se puede contemplar todos los
paisajes, plazas, monumentos, etc. y, en definitiva, conocer cómo
funciona el corazón de la ciudad.
Sin irme por las ramas, volveré a lo que estaba comentando: mi
trabajo en la factoría. Allí trabajé prácticamente durante 4 meses. He
tenido muy buenos y buenas compañeras de trabajo. Conocí a gente de
diferentes nacionalidades, como de la India, Indonesia, la antigua
Yugoslavia, de Italia, Inglaterra, de Gales y cómo no, de España (más
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concretamente de Madrid y Valencia). Como es obvio, no desaproveché


la oportunidad de mejorar mi nivel de inglés. De mi estancia en la
factoría hay tres días que tengo un fuerte recuerdo.
El primero de ellos fue cuando nevó en todo Londres después de
Navidades. La nevada había cubierto casi toda la carretera de un espeso
manto de nieve, por lo que resultaba peligroso para la circulación no
sólo de autobuses, coches, peatones, sino que también se cerraron
incluso varias estaciones de metro debido a su peligrosidad y riesgo de
descarrilamiento. El caso es que ese día que había nevado, tuve que ir
igual a trabajar (durante mi estancia invernal en Londres nevó en dos
ocasiones). Recuerdo esos momentos con perfecta nitidez en el que
podía maravillarme al contemplar el blanco de las calles, de los tejados
de las viviendas y los árboles, como si fuese copiada de una bella postal
navideña.
El segundo día que tengo muy grabado en mi mente durante mi
intensa y grata estancia profesional en esta factoría, fue cuando se
divulgó en casi todos los medios de comunicación de Londres, en
primera plana, incluyendo diferentes rotativos prestigiosos de tirada
nacional e internacional, así como la archifamosa BBC, el naufragio del
petrolero Prestige en la costa atlántica gallega. Mi primera sensación
nada más conocer la noticia a través de un periódico local,
concretamente el del metro, fue de incredulidad y estupor. Después, al
ser más consciente del alcance de la tragedia, mis sentimientos se
tornaron en abatimiento, indignación y resignación. La verdad es que
me sentía como viviendo algo irreal, como metido en una nube o una
burbuja de cristal. Me costaba asimilar lo que estaba pasando en Galicia.
Yo estaba a más de mil kilómetros de distancia de mi tierra, pero sentía
como si la desgracia hubiese tocado a mi propia puerta. No era para
menos, ya que se trataba de mi tierra, de mi querida y añorada patria
gallega (aunque la marea negra también tuvo efecto en otras partes de
España), quien estaba atravesando una catástrofe medioambiental sin
precedentes. La verdad es que las consecuencias del naufragio fueron de
dimensiones desproporcionadas, afectando a muchos colectivos, sobre
todo a los pescadores y al turismo, creando un gran revuelo en el ámbito
político, con el fin de depurar responsabilidades, originando una
movilización social pocas veces vista hasta el momento en nuestro país
y convirtiéndose en el fenómeno mediático del año en España. Un
fenómeno, principalmente potenciado por diferentes organizaciones y
asociaciones no sólo ecologistas, como fue el caso de la plataforma
21

ciudadana “Nunca Máis”. El caso fue que, paradójicamente, algunos de


mis compañeros de trabajo, quienes no sabían en dónde se encontraba
geográficamente Galicia, al contemplar y leer los rotativos esos días en
que tuvo efecto esa dramática noticia, averiguaron de manera triste y
paradójica en dónde se hallaba Galicia. La verdad es que es un poco
esperpéntico si lo miramos con frialdad. El tema es que eso ocurrió de
verdad. Curiosamente, yo que soy una persona altruista y sensibilizada
por las causas justas, entre ellas con el tema del ecologismo y del
pacifismo, era por aquel entonces socio de Greenpeace, razón por la que
el impacto de la noticia fue mayor para mí. Por cierto, hablando de
Galicia, es bien sabido por todos los gallegos que la bandera de Galicia
es blanca con un línea diagonal azul celeste, que atraviesa desde ángulo
superior izquierdo hasta el ángulo inferior derecho. La franja celeste
simboliza el mar limpio, azul y puro de Galicia. También es sabido que
el escudo de Galicia está compuesto por 7 cruces recortadas de plata,
las cuales simbolizan las 7 capitales gallegas del Antiguo Reino de
Galicia (Santiago, Lugo, Ourense, Tui, Mondoñedo, Betanzos y A
Coruña), una corona real, un cáliz de oro y una hostia de plata. Ése es a
grandes rasgos el escudo de Galicia, sin entrar en detalles descriptivos.
Ahora bien, ¿a que muchos ignoran en qué está inspirado la simbología
del cáliz y de la hostia? Pues tiene origen en una leyenda celta datada en
el año 1300 en el municipio lucense de Piedrafita do Cebreiro, según la
cual un clérigo se encontraba en la iglesia de Santa María la Real
oficiando la Santa Misa, sin la presencia de ningún fiel en tal acto
litúrgico, y un vecino del pueblo, muy devoto, lidiando contra las
inclemencias atmosféricas de ese día, entre tempestades, nieve y frío,
acudió a la iglesia como de costumbre para oír la misa. Cuando ese
pobre hombre entra en el santuario, el clérigo, que estaba realizando el
acto de la consagración en la eucaristía, le recrimina diciéndole lo
siguiente, según algunas fuentes documentadas: “Pobre hombre, venir
con este tiempo de tan lejos, fatigosamente y exponiéndose a morir por
el camino, sólo para postrarse y probar un poco de pan y de vino” (la
cita original está en gallego). Un instante después, este clérigo de carne
mortal y pecadora, quien dudaba de la presencia real de Cristo en la
eucaristía, se sobresaltó al observar que la rodaja blanca de pan se volvía
en rubia, convirtiéndose finalmente en sangrante carne humana que se
asemejaba recién cortada de un cuerpo vivo; y el vino del cáliz se
espesaba, adquiriendo un tono más rojizo, oliendo a sangre. La
tremenda emoción que embargaba al clérigo hizo que éste cayera de
rodillas al pie del altar y, posteriormente, se desplomara sobre las
22

gradas. El vecino que estaba presente en la iglesia fue a todo correr a


socorrer al párroco, pero cuando le trató de incorporar, el pobre clérigo
había fallecido. El vecino de la parroquia dio parte de los sucesos a todos
los demás vecinos, testimoniando el milagro eucarístico acaecido,
adquiriendo y extendiéndose la fama de este pueblo como la pólvora por
todo Europa sobre esos presuntos hechos milagrosos, siendo portada en
varios rotativos de aquellos tiempos. El santuario sería visitado en 1486
por los Reyes Católicos en su peregrinaje a Santiago. Por cierto, hay
otra leyenda que narra que momentos después de producirse el milagro
eucarístico en esa iglesia de Piedrafita do Cebreiro, la imagen de la
Virgen situada en un lateral del Altar Mayor se postraría de rodillas
para adorar el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Redentor. Los restos de la
reliquia fueron analizados por algunos científicos, dictaminando que la
sagrada hostia estaba compuesta por tejido humano de miocardio y el
vino estaba compuesta por partículas de sangre humana del grupo AB,
casualmente el grupo sanguíneo más común entre los hebreos y que,
curiosamente, coincide con el tipo de sangre hallada en el Sudarium de
Oviedo y en la Santísima Síndone de Turín que presuntamente cubrió el
cadáver desmaterializado y glorificado de Jesús de Nazaret. (Hay otro
presunto milagro extraordinariamente asombroso, acaecido en un lugar
que en este momento no recuerdo, según el cual de una hostia
consagrada emanaba partículas de sangre constantemente y sin
explicación racional alguna, siendo analizada la sangre por científicos,
quienes dictaminaron que efectivamente era sangre humana del grupo
AB y que el ADN de sus células estaban compuestas de 23 cromosomas,
cuando bien es sabido por la ciencia que el género humano tiene 46,
confirmando la concepción divina de Jesús por Obra y Gracia del
Espíritu Santo en el seno de la Virgen María). Este tipo de reliquia, del
que se presumen que existen otras reliquias idénticas a la de Piedrafita
do Cebreiro en otras partes del mundo, es conocida mundialmente como
el Santo Grial y ha servido de inspiración para crear muchas películas y
novelas, como “Indiana Jones”, “El nombre de la rosa”, “El Código Da
Vinci”, “El Enigma Sagrado” (Holy Blood, Holy Grial), etc. Después de
transcurrir bastantes siglos desde que acaeció ese milagro, la Sangre
Sagrada contenida en el cáliz, el cual se encuentra en una vitrina de una
capilla de la iglesia de Santa María la Real, sigue milagrosamente fresca
y sin coagular, convirtiéndose este pueblo de Lugo en paso obligado de
muchos peregrinos que realizan el Camino de Santiago, llegados de
todos los rincones del planeta. Terminando mi comentario sobre esta
leyenda celta, decir que el Santo Grial de Piedrafita do Cebreiro sirvió
23

de inspiración como símbolo religioso en el escudo de Galicia. Una


reliquia que está considerada como uno de los vestigios más cotizados
de la Cristiandad, junto con la tumba del Apóstol Santiago situada en la
Catedral de Santiago de Compostela, la tumba de San Pedro ubicada en
el interior de la Basílica del Vaticano (Roma), los Papiros del Mar
Muerto, el Santo Sepulcro localizado en Jerusalén y la Santa Síndone de
Turín, entre otros vestigios.
Sin perder el hilo de este libro, seguiré mi comentario sobre Londres,
diciendo que el tercer y último día que recuerdo profundamente de mi
estancia profesional en la factoría de Park Royal, fue el día de mi
despedida. Sin duda, fue realmente emotivo y triste para mí, porque
ninguno de mis compañeros de trabajo, sobre todo con los que más
relación tuve, quería que retornase a mi país. Aparte de eso, el trato
hacia mí durante todo el tiempo que conviví con ellos en el trabajo ha
sido del todo justo, respetuoso y en un ambiente de buen «feeling».
Recuerdo que la celebración de mi marcha fue un viernes y
anecdóticamente coincidía con un hecho histórico para todos los
ingleses fanáticos del fútbol, que era el derrumbe del legendario estadio
de Wembley. Lugar donde, paradójicamente, ganó el Fútbol Club
Barcelona una de sus 2 Copas de Europa logradas hasta el momento por
este club de fútbol (la otra la consiguió en mayo del 2006 en estadio de
Saint Denis de París contra un equipo curiosamente londinense),
coincidiendo precisamente con el año de sus Olimpiadas. Hablando de
Olimpiadas, Londres se convertirá en la única ciudad del mundo que
celebrará por tercera vez unos Juegos Olímpicos, tras imponerse contra
todo pronóstico a las otras ciudades candidatas: Moscú, Madrid, Nueva
York y, sobre todo París, la gran favorita. La verdad es que esta decisión
tomada por el COI (Comité Olímpico Internacional) en Singapur ha
levantado una gran expectación en todo el mundo por conocer cuál
sería la ciudad ganadora, porque estaba en juego, en mi opinión, no sólo
un proyecto olímpico, sino que además esas ciudades se jugaban su
prestigio, reconocimiento y credibilidad a la hora de celebrar un evento
de tal calibre.
Volviendo a lo de mi fiesta de despedida, decir que yo mismo compré
la comida y invité a todos mis «camaradas» (es la unas de las mejores
formas de describir la buena y sana confianza que tenía con los
empleados de la empresa), disfrutando del momento a través de
cánticos, riéndonos, gastando bromas, fuera de la tensión y seriedad de
otros días de trabajo. Finalmente, acabé inmortalizando dicho
24

acontecimiento entrañable y nostálgico con fotos que saqué con una


cámara desechable. Minutos antes de finalizar mi última jornada laboral
en la factoría, les di a todos un sentido abrazo y saqué algunas fotos más
de recuerdo. Recuerdo que lo llevaré para siempre en mi corazón. Una
vez fuera de la factoría me dirigí, cómo no, hacia el lugar del histórico
derrumbe de Wembley (curiosamente yo trabajaba muy cerca de ese
estadio), llegando algo tarde, porque el trabajo mandaba y allí, ya era de
noche, contemplé parte de la estructura de sus gradas y torres
derribadas. Además, tuve el privilegio de observar el Wembley Arena,
lugar de grandes conciertos de grupos de resonancia, reconocido
prestigio y fama internacional, como el de los Rollings Stones, Mariah
Carey, Mike Oldfield, Bob Dylan, Lenny Kravitz, Bruce Springsteen, etc.
La verdad es que hubiese sido un sueño para mí haber presenciado un
concierto en un lugar de tanto renombre internacional, como es el
Wembley Arena, y en una de las ciudades más especiales y cautivadoras
del mundo, como es Londres. Sin embargo, todo no se puede ver y
disfrutar, ya que sale caro, y Londres no es precisamente para gastar en
trivialidades y lujos. Entre eses lujos están el viajar en limosina, subirme
al London Eye, entrar en uno de sus numerosos estadios de fútbol para
ver un partido, coger el metro todos los días, cenar en un lujoso
restaurante como el Ritz o alojarse una noche en el Hilton, comprarme
una vajilla de regalo en Harrods para mis familiares, viajar en
catamarán desde Westminster hasta Greenwich, entre otros privilegios.
En función de mi nivel económico o de ahorros que tenía en Londres, he
llegado a disfrutar en gran medida de las maravillas, comodidades y
privilegios que ostentaba la ciudad. Aunque también he tenido que
privarme de ciertas libertades, como salir regularmente de marcha por
las noches los fines de semana, comer mejor comida (decir que la
comida inglesa es bastante pésima y algo cara) y tener menos ocio.
Para concluir mi crónica sobre mi primer contacto con la capital
inglesa, decir que antes de mi vuelta a España, que se produjo a
mediados de febrero, he comprado, cómo no, varios artículos de regalo
para mis seres queridos y familiares en los almacenes archifamosos y
lujosos Harrods, propiedad del magnate multimillonario Mohamed
Alfayed (al igual que es propietario de cadena de hoteles Ritz). Cada año
una estrella hollywoodiense aparece promocionando la imagen de estos
almacenes, además de tener fama de ser visitado al menos dos veces al
año por la Reina de Inglaterra Isabel II. Por cierto, hablando de la Reina
¿sabéis quién es la mujer más rica del Reino Unido?. No es lo que
muchos estáis pensando. Es ni más ni menos que la escritora Joanne
25

Kathleen Rowling, la creadora de los cuentos mágicos de Harry Potter,


quien supera según varios medios, entre ellos la prestigiosa revista
Forbes y el rotativo londinense The Sunday Times, en riqueza a la
mismísima Reina Isabel II. Sus seis libros escritos por esta talentosa y
imaginativa mujer se llegaron a vender como la pólvora, superando los
270 millones de ejemplares vendidos (de los cinco primeros libros), a la
espera de la séptima parte que se espera que también bata récords de
ventas. Se ha convertido esta novela fantástica en un verdadero
fenómeno cultural y mediático gracias a esta gran personalidad,
convirtiéndose, dicho sea de paso, en la escritora más rica del mundo.
Aunque debo recordar que el libro más vendido y traducido de la
historia sigue siendo la Sagrada Biblia, con más de 6 mil millones de
copias vendidas por todo el mundo durante toda la historia. Un libro, la
Biblia, que ha sido la única obra catalogada por la UNESCO como
Patrimonio de la Humanidad.
Para acabar este capítulo, es sensato decir que las fotos en las que
aparece Londres las realicé el último fin de semana con un tiempo
verdaderamente desapacible y soso. La verdadera razón de mi vuelta a
Galicia era para tratar de finalizar mis estudios universitarios de
Relaciones Laborales y quedar de esta manera libre mentalmente y sin
ataduras una vez de regreso al Reino Unido. Sin embargo, eso no fue lo
que pasó. Volví de nuevo a Inglaterra, sin haber finalizado todavía, y
para mi pesar, mis estudios.
26

A la izquierda se puede apreciar a mis compañeros de trabajo en la factoría de Park Royal en mi fiesta despedida. A
la derecha otra imagen de mis compañeros de trabajo entre bromas.

A la izquierda aparezco yo con una compañera de mi trabajo llamada Liliana en la factoría L`aquila. A la derecha
se puede apreciar a mi derecha mi compañero de trabajo José y a mi izquierda a mi jefe Keith.
27

2º MI SEGUNDA ETAPA EN LA CIUDAD DEL COCKNEY


Día de partida: 12 de junio del 2003. Compañía aérea: Iberia. Destino:
Santiago – Londres (vía Madrid). Hora de llegada: 15,30 (hora
londinense). Aeropuerto de salida – llegada: Lavacolla – Heathrow.
Después de mi repetida llegada a Londres, sólo tenía que seguir de
nuevo las instrucciones que me envió la agencia en la que tenía que
localizar nuevamente, y para mi desánimo, la residencia de mi primera
etapa, con la diferencia que al aterrizar en Heathrow, me bastaría con
coger en el metro la Piccadilly Line hasta Leicester Square y una vez allí,
cambiarme a la línea Northern hasta Oval. En esta parada de metro
debería salir del famoso «tube» e intentar coger un autobús para
dirigirme hasta Camberwell Green, el distrito donde se encontraba mi
anterior residencia. Llegué sin ningún problema, aunque cansado y
sudando por el fuerte calor bochornoso que hacía y la pesadez del viaje.
Una vez que logré acceder al interior de la residencia y dirigirme a la
ventanilla de recepción, pagué en metálico, tal como estaba estipulado
en el contrato con la agencia, que tenía efecto o validez por un año (de
ahí que no tuve que pagar de nuevo los gastos de tramitación para la
búsqueda de un nuevo trabajo y residencia), el alojamiento anticipado
de dos semanas. La primera semana correspondía al alquiler de una
habitación triple, cuyo precio ascendía a £60, y la otra semana, también
de £60, en concepto de fianza. Me instalé en mi nueva habitación con
mis dos nuevos compañeros, dos chicos jóvenes, uno de la república
checa y el otro francés, aunque de origen musulmán. Esa primera noche
en la residencia, después de mi vuelta a la gran metrópoli, fue mucho
más tranquila y relajada que la primera vez que llegara a la ciudad en
mi primer contacto. Al día siguiente a mi acoplamiento a la ciudad
acudiría a la oficina de empleo English Free Job para que me asignaran
una entrevista de trabajo y, cómo no, volví a reencontrarme con mi
coordinadora y amiga del alma Anabel, quien muy gustosamente me
facilitó el nombre, teléfono, dirección de la empresa y el puesto a
desempeñar. Era para trabajar en un restaurante italiano como «waiter»
(camarero) en el distrito de Kensington (zona 1). Llegué a la entrevista
puntualmente y mantuve una corta y directa conversación con el
manager, al cual, atendiendo con cortesía a su petición, le facilité mi
teléfono móvil para esperar noticias sobre el resultado de la entrevista.
Al día siguiente me llaman para que ocupe el puesto mencionado
anteriormente y yo, sin dudarlo, acepto. Ese mismo día voy a trabajar, o
mejor dicho, intentar ganarme el puesto de trabajo, pero no lo consigo,
28

ya que las condiciones de trabajo (horario, horas de trabajo, sueldo y


días libres) me resultaban demasiado duras y rígidas. En otras palabras,
se trataba de una explotación en toda regla. Sin embargo, antes de haber
decidido no continuar con el trabajo, estuve reflexionando seriamente
sobre los pros y contras de tal decisión. Definitivamente, al no aceptarlo,
lo que quería era pasar página, es decir, «borrón y cuenta nueva», por
esa misma razón no decaí en mi fervoroso intento de obtener un nuevo
puesto de trabajo en la segunda ciudad con mayor nivel de vida del
mundo. Mi siguiente entrevista sería para trabajar en otro restaurante
(inglés para mi fortuna) situado en el rico, lujoso y mundialmente
conocido distrito de Chelsea como «kitchen porter» (ayudante de
cocina) y a «part-time» (tiempo parcial). Afortunadamente, consigo el
puesto de trabajo y empiezo dos días después. Las condiciones eran las
siguientes: tenía que trabajar entre 20 y 25 horas semanales en sistema
de turnos, es decir, que había unos días específicos que tenía que
trabajar unas horas determinadas y otros días que libraba, cambiando
cada semana de turno de trabajo, y el sueldo era de ₤4.50 brutas la hora
(la comida o cena corría por cuenta del restaurante). De ese salario
habría que descontarle un porcentaje en concepto de pago de tasas y de
seguro, cuotas que son recuperables, como ya dije previamente, al hacer
la solicitud formal al final de cada ejercicio fiscal. Aunque en el caso de
la aportación al National Insurance sólo es recuperable cuando se
alcance le edad legal de jubilación establecida por el gobierno del Reino
Unido. Debo mencionar que la razón fundamental por la que escogí un
trabajo a tiempo parcial, era para poder disponer de tiempo libre, y así
poder aprender inglés por mi cuenta y preparar un examen que iba a
tener a mediados de septiembre sobre una materia de mis estudios en
Vigo. La verdad es que el hecho insensato de querer abarcar tantas cosas
en poco tiempo, me provocó en ciertos momentos ansiedad, falta de
concentración y rendimiento en esos tres aspectos (trabajo, inglés y
estudios), hasta el punto que influyó decisivamente para que el resultado
final no fuese del todo positivo en cuanto a la consecución de todos esos
objetivos al mismo tiempo. Había cumplido mis expectativas en cuanto
a la consecución de elevar mi nivel de inglés y de mejorar
cualitativamente mi currículum profesional, eso sí, en perjuicio de mis
propios estudios universitarios, los cuales pasaban a un segundo plano.
Centrándome de nuevo en mi segundo trabajo de mi vuelta a
Londres, es preciso decir que en el restaurante llamado The Cross Keys
compartí empleo con compañeros de diferentes nacionalidades, como,
por ejemplo, con un letón, dos polacos, un sueco, una sudafricana,
29

cuatro franceses, un italiano, cuatro ingleses, una irlandesa, una rusa y


una ucraniana. Si hay un adjetivo calificativo que mejor pueda definir a
Londres, es, sin duda, el multiculturalismo y que, en el ejemplo que os
he puesto ahora mismo, demuestra de manera inequívoca e
incuestionable ese carácter multicultural y cosmopolita que tiene
Londres. Las tareas básicas en que se circunscribía mi puesto trabajo se
relacionaban con fregar y barrer los suelos, sacar la basura, ayudar de
vez en cuando en alguna tarea a los cocineros y, sobre todo, lavar
cacerolas, fuentes, sartenes, etc. Mi relación con el personal de la
empresa era en líneas generales aceptable, pero no en cambio con el
puesto de trabajo. He tenido serias dificultades para adaptarme a mi
puesto de trabajo, por la sencilla razón de que no me sentía lo
suficientemente autorrealizado y motivado en hacer un trabajo, para el
cual no tenía la mentalidad, predisposición y el ánimo para desarrollar.
Como consecuencia de esta falta de motivación e interés en el trabajo, y
que los propios managers percibieron en mí reiteradamente, tomaron la
dura decisión de despedirme, comunicándomelo gentilmente con una
semana de antelación. Esto último es una de las costumbres británicas
más formales y educadas de despedir a un empleado, para que las
consecuencias no sean tan drásticas y fatales, y tenga un margen de
maniobra que le permita no perder tiempo y dinero, buscando mientras
tanto un nuevo trabajo. Bien es cierto que también me han explotado
bastante en determinados momentos, y eso era algo que bajo ningún
pretexto iba a permitir. Por eso, en ciertos momentos mi actitud no fue
la más correcta e interesada para tratar de mantener el trabajo. A pesar
de que nunca he faltado el respeto a nadie, haberme comportado
responsable y honradamente y sin haber cometido indisciplina alguna,
la falta de rendimiento, adaptación y motivación en el trabajo fue
definitiva y determinante para que la compañía adoptase la decisión de
dar por rescindida la relación laboral.
Después de ese último mal sabor de boca, no he querido
desesperarme y «tirar la toalla», sino que me autoestimulé y mentalicé
en encontrar enseguida un nuevo puesto de trabajo y de esta manera
sobrevivir en la ciudad, de lo contrario no tendría más remedio que
preparar las mochilas y volverme para Galicia. Eso fue lo que hice. Fui a
la oficina English Free Job y me asignaron varias entrevistas de trabajo
en el intervalo de dos semanas, sin superarlas con éxito, aunque después
de esas dos semanas acabaría encontrando y aceptando de nuevo otro
trabajo, el último de mi estancia en la capital de las islas británicas. Era
para trabajar como «barback» (básicamente como camarero) en una
30

discoteca llamada The Loop, situada muy cerca de la calle más


concurrida del mundo, Oxford Street. La entrevista fue del todo
anecdótica, ya que me percaté después de cubrir el «application form»
(es una especie de formulario o solicitud en el que hay que rellenar unos
datos, haciendo constar tu formación académica y experiencia
profesional) que se encontraba mi compañero de habitación, un chico
pamplonés muy majo con el que tuve una buena amistad, quien
demandaba el mismo puesto de trabajo. Afortunadamente, ambos
superamos la entrevista y nos aceptaron para trabajar a tiempo parcial
en esa discoteca situada en el rico distrito de Mayfair. Sólo teníamos que
esperar a nuestro estreno en el trabajo, que sería un jueves (la entrevista
fue un lunes). Es paradójico el hecho de que otro compañero de
residencia, que tenía la entrevista en la misma empresa que me
aceptaron, aunque media hora más tarde, no lo llegaron a contratar (se
entendería que ya tenían personal suficiente para el mismo puesto). Con
esto llego a una conclusión: hay que estar en lugar adecuado y en
momento oportuno, de lo contrario, se corre el riesgo de que las cosas
salgan da la manera imprevista. Asimismo, es cierto que la suerte
también influye mucho, a veces de manera determinante.
Las condiciones de mi puesto de trabajo eran las siguientes: trabajaría
tres días por semana (generalmente los jueves, viernes y sábados), 8
horas cada jornada laboral, cuya distribución horaria era de 7 de la tarde
hasta las 3 de la madrugada, añadiendo una hora más para recoger la
basura, cobrando ₤4.20 brutas la hora, corriendo los gastos de la cena
por mi cuenta. Las condiciones de trabajo a priori eran satisfactorias.
Empecé a trabajar y no tardé en tener mis primeras dificultades de
adaptación por el cambio de horario de trabajo, y también diría en la
perdida de la noción del tiempo. El local tenia tres plantas: la primera
era la cafetería, lugar donde la gente va a tomar su café o refresco en un
ambiente multicultural; un piso más abajo estaba el pub, lugar de
reunión de directivos de empresas y multinacionales importantes,
frecuentada por gente de clase más bien media-alta, gente capitalista y
«pija», en su gran mayoría de la «jet set», bien vestida y elegante; y en
el piso del fondo era la discoteca, lugar último donde se congregaba todo
la gente del local hasta las tres de la madrugada, hora en que efectuaban
el cierre. En este trabajo he tenido la oportunidad, y para no variar, de
conocer gente de diferentes naciones, como, por ejemplo, de Nueva
Zelanda, Australia, Polonia, Francia, Italia, Inglaterra, República
Dominicana, Hungría, etc. El trabajo era ameno porque podía conocer a
gente, al tener contacto directo con ella, me permitía disfrutar de la
31

música o beber cualquier refresco, que no alcohol, y las horas se me


pasaban bastante rápido. Por otra parte, era algo pesado, en cuanto a
que tenía que encargarme de recoger todos los vasos, botellas y vidrios
vacíos que había en el local, para lo cual teníamos un programa
establecido en el que cada «barback» o recoge vasos le tocaba una o dos
plantas diferentes, con intercambios constantes de planta cada cierto
tiempo con otros compañeros de trabajo. Aparte de lo pesado que era en
sí el trabajo, había que unirle lo cargado que estaba el ambiente de gente
de cualquier país, junto con la dificultad de poder moverme y trabajar
con soltura por todo el local, causándome en determinados momentos
cierta incomodidad, cansancio y agobio. También para mi íntegra y
natural adaptación y bienestar no ayudaba el mero hecho de que toda la
gente congregada en el local estaba bailando, bebiendo, ligando y, en
definitiva, disfrutando, y que yo, contrariamente, tenía que soportar la
crudeza y amargura del trabajo, aguantando, además, el persistente y
obsesivo control y disciplina de los managers de la empresa. De hecho,
por momentos, debido a eso control represivo y autoritario, me sentía
utilizado y explotado, sin tener en cuenta que lo más importante que
hay un trabajo es tratar a los empleados como humanos que son, con
sus virtudes y defectos, para que se adapten de forma libre y natural, se
sientan cómodos y justamente valorados. Por eso opino que una de las
formas para que los trabajadores se adapten al trabajo, se sientan
autorrealizados y puedan explotar sus potencialidades, aparte de la
justicia y equidad en el trato, es delegando los superiores parte de su
autoridad y responsabilidad a los propios subordinados. Esta teoría
sobre la organización de empresas se aplicó poco o nulamente en esta
compañía en la que trabajaba. Sin duda, el abuso de control, autoridad y
órdenes por parte de los jefes y mis superiores, que no de los
subordinados o compañeros de trabajo, me han «tocado» por momentos
la moral, poniendo a prueba mi temperamento y mi paciencia. De
hecho, yo no era el único que se quejaba con justificada razón, sino que
varios de mis compañeros también lo hacían, entre ellos estaba mi
amigo y compañero de residencia pamplonés llamado Pedro. De todas
formas, no todo fue negativo, sino que también hay aspectos positivos,
como, por ejemplo, el simple hecho de haber tenido la oportunidad de
ver y conocer a gente de cualquier lugar. Aunque esto último no fue del
todo cierto, ya que mis superiores me prohibían terminantemente
intercambiar conversación con los clientes, sintiéndome en parte
reprimido en tener dicho contacto. Otros aspectos positivos era el hecho
de poder disfrutar de la buena música, en su gran mayoría comercial,
32

tener el privilegio de ver actuar a varios de los mejores y conocidos


«disc-jockeys» de la ciudad, recrear mi vista gozosamente con la
presencia y desfile «high-fashion» de mujeres con una belleza, elegancia
y glamour desbordantes, entre otras cosas. Pero lo más positivo de todo
era el hecho de haber trabajado en una de las discotecas mejor
reputadas, «pijas» y más ambientadas de la ciudad.
Mi estancia profesional en The Loop fue de un mes, es decir, desde
casi mediados de agosto hasta prácticamente mediados de septiembre,
momento en el cual tomé la firme decisión de finalizar voluntariamente
mi relación de trabajo y volver de nuevo a España. Volvería entonces a
mi tierra gallega para dedicarme en cuerpo y alma a aquello que había
dejado pendiente de terminar y que, en más de un momento, en tierras
inglesas me ha había provocado remordimientos de conciencia. Hablo
evidentemente de mis estudios universitarios.
El momento de mi vuelta a España fue a mediados de septiembre,
estando seriamente mentalizado para tratar con todos mis esfuerzos,
motivación e interés de acabar de una vez por todas mis dichosos
estudios que tantos quebraderos de cabeza me habían causado hasta el
momento. Con ello insinúo que como persona honesta, humilde y
emprendedora, he tratado honradamente de finalizar mi carrera, sin
perder el tiempo vagueando, comportándome en mi sincera opinión
responsable y formalmente ante el importante y difícil reto de poseer
una carrera universitaria. La verdad es que nunca me había planteado el
reto de conseguir un título universitario, y no precisamente porque mi
inteligencia brillara por su ausencia, ya que dentro de mi modestia y
humildad, me considero una persona suficientemente inteligente, que
intento explotar muchas de mis potencialidades interiores y que en
determinados campos o materias soy culta. Entre esas materias debo
destacar mi conocimiento sobre algunas de las diferentes religiones,
doctrinas y filosofías del mundo. En ese campo, la religión y la filosofía,
debo destacar a dos grandes personalidades: Juan Pablo II y el Dalai
Lama.
El primero de ellos, el Santo Padre Juan Pablo II1, ya fallecido, se ha
convertido sin duda en el ser humano más mediático del último siglo.
Este gran personaje escribió más de 30 libros, redactó 14 encíclicas, 45
cartas apostólicas, se reunió con 1590 Jefes de Estado y Gobierno, viajó
a más de 129 países, dio más de 200000 discursos y 1160 audiencias en el
Vaticano. Además, beatificó 1338 personas y canonizó a otras 482. Se
33

ha convertido su papado en el tercer pontificado más largo de la


historia. Es, sin ningún género de dudas, el personaje de los récords. Un
ser que ha conseguido muchos títulos y doctorados «honoris causa».
De su bibliografía debo reseñar su impresionante libro que leí
“Cruzando el umbral de la esperanza”. Este libro trata de dar una
respuesta esperanzadora y optimista sobre el verdadero sentido de la
existencia y sufrimiento humano, sobre el mensaje central de la
Salvación del hombre a través de la gloriosa Resurrección de Cristo y
sobre la visión de algunas religiones e ideologías que hay en el mundo.
Una obra que da respuesta a aquellas dudas metafísicas que se nos
plantean en la vida, entre ellas la importancia de creer en Dios en este
mundo cínico y descreído, dominado por el materialismo de los grandes
avances científicos y técnicos y de las grandes injusticias y lacras
sociales. Una personalidad, Juan Pablo II, que ha cambiado para bien el
mundo, que ha anunciado el Evangelio y el mensaje de Cristo a todas
las naciones, y que ha logrado que la juventud de nuestra era sienta y
viva el misterio divino que supone la Redención de la humanidad
entera.
En relación al segundo de ellos, Su Santidad el Dalai Lama (Tenzin
Gyatzo), mencionar que leí un libro suyo que presenta la tesis del
budismo tibetano, desde las 4 verdades nobles, pasando por la noción de
«karma» y rueda de la existencia cíclica (nacimiento, muerte, bardo y
renacimiento), importancia y técnicas de meditación, y finalmente,
sobre la teoría de los niveles de conciencia humana psíquica, sutil y
causal. Un personaje, líder político y espiritual de la religión budista
tibetana, el cual, gracias a su contribución en buscar una solución
pacífica y dialogante a la ocupación y genocidio chino contra los
tibetanos, se le fue otorgado el prestigioso título de Premio Nobel de la
Paz. Además, se le concedió sorprendentemente más 35 títulos de
Doctor Honoris Causa por diferentes universidades de todo el mundo.
Por si fuera poco, también ha influido decisivamente en la divulgación
de su cultura y filosofía desde Oriente hasta todo Occidente. Para los
tibetanos, el Dalai Lama representa el Buda de la Compasión, que se
reencarna en diferentes cuerpos humanos, hasta alcanzar el estado final
de Iluminación o Nirvana. Si bien es cierto que Buda representa la
mente iluminada, que eligió reencarnarse para servir y guiar a sus
adeptos, utilizando diversas técnicas, como la meditación, para que éstos
puedan desprenderse de sus propensiones «kármicas» y apegos
materialistas, de forma que puedan en su vida terrenal alcanzar la
Iluminación y prepararse mejor para afrontar, cuando llegue, el proceso
34

de la muerte. Finalmente, para acabar mi comentario sobre este célebre


personaje, decir que el actual Dalai Lama es la reencarnación del Su
Predecesor, el Décimo Tercer Dalai Lama.
Pero tampoco he dejado de leer libros sobre ciencia y razón, escritos
por excelentes y famosos científicos. Entres esos personajes ilustres cabe
citar al estadounidense Daniel Goleman, psicólogo, catedrático por la
Universidad de Harvard y redactor científico del New York Times, quien
escribió el best seller mundial sobre la “Inteligencia Emocional”. Dicho
libro se basa en que nuestro destino no está predeterminado por el
coeficiente intelectual que heredemos de nuestros genes o que podamos
potencialmente desarrollar durante nuestra vida, sino que está
determinado en gran medida por nuestra inteligencia emocional (este
tipo de inteligencia se basa en que factores, como el autocontrol, la
empatía, la compasión, la fe, la esperanza, el optimismo, etc. son
aspectos que determinan en gran medida nuestro éxito o fracaso en
nuestra vida personal, económica, familiar, social y laboral).
Otro prestigioso científico que debo citar, es el astrofísico y físico
teórico londinense Stephen W. Hawking, sin la menor duda, uno de los
personajes más admirados y respetados del último siglo, considerado
por muchos como el heredero intelectual de Albert Einstein. Ganó
Hawking varios títulos honoríficos, entre ellos el premio Príncipe de
Asturias de la Concordia por su importante labor en el campo de la
ciencia. Su libro que leí, convertido en un best seller, “Historia del
Tiempo”, trata de dar una explicación científica, plausible y racional
sobre el origen del universo, sobre la naturaleza de los agujeros negros y
su teoría de relatividad del espacio y tiempo tetradimensional,
atreviéndose incluso a enfocar todo ello desde una óptica meramente
metafísica y teológica, al plantear la hipótesis de un Dios Creador.
No puedo olvidarme de la que es para mí la personalidad científica
más importante e influyente del último siglo: estoy hablando de la
científica norteamericana de origen suizo ya fallecida Elisabeth Kübler
Ross. Esta mujer, la cual poseía en su haber la escalofriante cifra de 28
títulos de Doctora Honoris Causa por diferentes universidades de todo
el mundo, se ha convertido seguramente en la única mujer en el planeta
que más doctorados honoríficos haya obtenido. Por si fuera poco, posee
además una infinidad de premios y honores recibidos de prestigiosas
empresas e instituciones públicas y privadas, incluyendo el honor de
haber sido incluida por la prestigiosa revista estadounidense Time entre
35

los 100 científicos y pensadores más importantes e influyentes del siglo


XX, aparte de haber formado parte de una gran cantidad de consejos
consultivos de gran resonancia mundial. Esta excepcional persona se
licenció en medicina y ejerció como psiquiatra para tratar de ayudar de
manera compasiva, cariñosa y respetuosa a miles de enfermos
terminales de diferentes hospitales repartidos por todo el mundo,
tratando de romper el «sistema establecido» en dichos hospitales, para
humanizar más el trato con esos moribundos. Además, viajó por
numerosos países europeos gracias a su colaboración con una O.N.G.
durante el holocausto nazi y ejerció como catedrática, impartiendo
conferencias sobre “la muerte y los moribundos” en las más variadas y
mejores universidades estadounidenses y de otros países del mundo. No
puedo dejar en el olvido, por supuesto, que ella fue una gran escritora,
convirtiendo sus cruciales libros en auténticos best sellers
internacionales. Muchos de esos libros son de obligada consulta para
médicos, especialistas y enfermeras de todo el mundo. Es preciso
mencionar que los libros que leí sobre esta mujer, son su best seller
mundial “La muerte: un amanecer” y su escalofriante, incomparable y
estremecedora biografía titulada “La rueda de la vida” (este libro es una
auténtica obra maestra de incalculable valor científico, ético, humano y
espiritual, siendo la mejor obra que he leído hasta entonces con
diferencia). Este último libro narra su intachable y ejemplar vida,
tratando con toda su entereza, carisma y talento de cambiar los sistemas
tan injustamente establecidos en los hospitales y cárceles americanas en
los que estaban recluidos los moribundos, para que tuviesen un trato
más humano y su muerte fuese más digna. También intenta cambiar la
visión errónea, plana y materialista que el mundo moderno tiene sobre
la vida, y arrojar más luz en el tema tabú de la muerte y la vida después
de la muerte. Todo su trabajo estuvo enfocado desde una postura
estrictamente científica, basándose en las investigaciones realizadas y
recopiladas por ella misma, en las que se incluyen testimonios de
pacientes narrando sus propias experiencias extracorporales en
situación de muerte clínica temporal, que han sido posteriormente
verificadas como muy exactas, detalladas y coherentes. Además de ello,
hay que resaltar las numerosas y variadas experiencias místicas
extraordinarias vividas por esta científica, que le han resultado muy
transformadoras y reveladoras. Su trabajo, investigaciones y, sobre todo
sus libros, abordan la eterna y más primordial cuestión de la condición
humana desde una postura rigurosamente científica, terrenal y humana.
Todo su trabajo le valió para convertirse en la mayor autoridad mundial,
36

junto con el famoso psiquiatra estadounidense Raymond Moody, el


prestigioso neuropsiquiatra británico Peter Fenwick y el conocido
psicólogo y neurofisiólogo también estadounidense Kenneth Ring (éste
último ex director de la Asociación Internacional para el Estudio de las
Experiencias Cercanas a la Muerte), en materia de tanatología. Ella
siempre con palabras de júbilo no se cansaba en decirle al mundo que la
muerte simplemente no existe. Para lo cual utilizaba un bello y
sobrecogedor símil que decía que cuando la muerte llegase, será el
momento en que el alma abandone el cuerpo, al igual que la «mariposa
abandona su capullo». Entonces, será cuando el alma humana prosiga
su viaje de crecimiento, hasta alcanzar estados superiores de conciencia,
niveles de existencia más sutiles o, en definitiva, para formar parte de
un plano de existencia exclusivamente espiritual.
Es la doctora Ross el modelo o arquetipo de persona que todos
tenemos que tratar de imitar, sobre todo los máximos dirigentes de cada
país, para tratar cambiar los sistemas tan injustamente diseñados, de
modo que impere los valores morales y éticos basados en el amor, el
respeto, la solidaridad, la compasión, la justicia, etc. La inmensa
mayoría de la población, sin responsabilizar únicamente a los políticos,
debemos tomar nota y aprender mucho de esta mujer. Al fin y al cabo,
todos podemos llegar a ser «santos», si no lo proponemos.
Quisiera aprovechar el momento, después de este comentario sobre
Elisabeth Kübler-Ross, para aportar un breve apunte personal sobre el
tema que acabo de sacar a la luz: la existencia o no de vida después de la
vida.
Es indiscutible que el género humano ha buscado desde sus orígenes,
en lo más profundo de su corazón y de su ser, la respuesta a la eterna
pregunta: ¿Existe algún tipo de vida después de la muerte? o ¿hay
alguna dimensión esencial del ser humano que pueda sobrevivir al
destino fatal de la muerte corporal? Como no quiero profundizar en este
tema, aun sintiéndome, sin perder mi modestia y franqueza, capacitado
para escribir un libro sobre ello, quisiera apuntar tres cosas.
La primera de ellas es que las pruebas aducidas tanto por los
científicos materialistas y mecanicistas no partidarios de la
supervivencia, por una parte, como por los científicos que sí son
partidarios, por la otra, no son lo suficientemente concluyentes y
definitivas como para declinarse la balanza a favor de una postura u
37

otra. Si bien es cierto que cada vez hay un creciente número de


científicos de máximo prestigio y fama internacional, con un excelente
currículum académico y una dilatada experiencia profesional en el
campo de la ciencia, algunos de ellos ganadores de diferentes títulos
honoríficos, que reconocen sin tapujos que existen evidencias científicas
objetivas que demuestran de manera concluyente, rotunda e irrefutable
la existencia de una vida póstuma. Es más, gracias a los trascendentales
avances científicos acontecidos en las tres últimas décadas del pasado
siglo en el campo de la parapsicología, sobre todo en la investigación de
la Conciencia Humana, han presentado un nuevo paradigma científico a
favor de la Inmortalidad del alma. A través de la aplicación de métodos
empíricos experimentales de laboratorio realizados por eminentes
científicos de incuestionable credibilidad y solvencia (algunos de esos
experimentos llevados a cabo con el patrocinio de instituciones públicas
o privadas), han confirmado la existencia de los fenómenos psíquicos o
PES y otros fenómenos esotéricos relacionados con la vida póstuma.
Investigaciones llevadas a cabo por reputados científicos como
Raymond Moody, Peter Fenwick, Elisabeth Kübler-Ross, William
Crookes, Arthur Conan Doyle, Michael Sabom, Kenneth Ring, Ian
Stevenson, William Fletcher Barret, Frederick Myers, Stanislav Grof,
Charles Tart, Ken Wilber, Melvin Morse, Charles Richet, Wilder
Penfield, Bruce Greyson, Joseph Banks Rhine, Carl Gustav Jung y otros
muchos, han supuesto en su conjunto, y sin ningún género de dudas,
«un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para toda la
humanidad» en cuanto a la confirmación científica de la existencia de
una eventual vida post mortem.
La segunda es el hecho de que los representantes de la ciencia han
postulado desde sus principios un sin fin de teorías, muchas de las
cuales han tenido que ser redefinidas (tómese como ejemplo cuando
antiguamente se planteó erróneamente la tesis de que la Tierra era el
centro del universo o que su superficie era plana). Aunque la ciencia y la
tecnología han avanzado hasta límites insospechables, mejorando y
prologando la calidad y esperanza de vida de una parte importante de la
población mundial, le queda todavía un largo trecho por recorrer en
algunos campos, como el de la medicina, para prevenir y curar, en este
caso, graves enfermedades. Si bien es cierto que la respetada ciencia,
sobre todo en los últimos tiempos, ha jugado a ser Dios, al introducirse
en un terreno resbaladizo en algunos campos, como la genética o
biología, experimentando la clonación de embriones humanos para fines
terapéuticos o la fecundación in vitro, con el pertinente quebranto de
38

leyes naturales y morales impuestas por Nuestro Creador. No puedo


olvidarme, asimismo, que la ciencia sigue estando completamente
«huérfana» de conocimiento para explicar ciertos fenómenos
enigmáticos, como las ECM, PES, los fenómenos OVNI, las apariciones
espectrales, casos de presuntas reencarnaciones, sucesos mediúmnicos,
psicofonías, casos de teleplastia, etc., que se encuadrarían en la rama de
las ciencias ocultas o parapsicología. Esto me lleva a pensar lo siguiente:
“el hecho de que no halla una explicación científica para demostrar la
existencia de determinados fenómenos, no quiere decir que dejen de
existir”. Hay muchas cosas que ignoramos o que no percibimos con
nuestros medios sensoriales ordinarios, lo cual no implica que no
existan. El grado de conocimiento que tiene el hombre actual en lo
referente al origen del universo, de la especie humana, en lo relativo a la
posible existencia de vida inteligente en otros planetas o sobre la
muerte, es todavía de una ínfima parte. Por lo tanto, hay que ser
sensatos y no dar por sentadas muchas cosas, y más todavía cuando hay
hechos sobrenaturales que parecen desafiar las leyes físicas conocidas.
Para ello, sírvase como ejemplo casos reales de estigmatización,
levitación, desmaterialización, incorruptibilidad corporal, bilocación,
PES (telepatía, telequinesia, clarividencia y precognición), entre otros
casos, muchos de ellos bien documentados por la Iglesia Católica.
Tercero y último, en esta lucha insaciable por defender su tesis entre
científicos creyentes y científicos materialistas no creyentes, la «carga
de la prueba» les corresponde por el momento a los científicos
escépticos, quienes se encuentran a la defensiva, dedicándose
erróneamente, hasta entonces, a desprestigiar ciertos fenómenos
inexplicables para la Ciencia. Entre esos fenómenos debo destacar las
Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), muy de moda actualmente,
vividas en las últimas décadas por casi 300 millones de personas de
cualquier lugar, edad, raza, clase social y creencia, en el que los
científicos materialistas han desmitificado y desacreditado
ilegítimamente dichas experiencias, aportando todo tipo de
explicaciones médicas o clínicas. Sin embargo, hay un hecho muy
determinante que debería de hacer reflexionar seriamente a todos los
científicos agnósticos y ateos en lo referente al fenómeno ya
mencionado de las ECM. Me refiero al hecho crucial de que la ciencia
hasta el momento no ha encontrado una explicación clínica
suficientemente satisfactoria, concluyente y coherente, tanto a nivel
farmacológico, psicológico, fisiológico o neurológico, a ciertas
experiencias de aproximación a la muerte. Para ello, tómese como
39

ejemplo los relatos de las ECM de personas ciegas, sordas o de


determinadas personas con un diagnóstico médico muy grave, que han
sido sometidas a operaciones quirúrgicas extremas (en este último caso
véase como ejemplo la asombrosa ECM de la artista americana Pam
Reynolds o del soldado George Ritchie, quien convenció al Dr. Raymond
Moody de la veracidad de esas experiencias) en las que toda explicación
clínica a esas experiencias escatológicas está fuera de lugar. Finalmente,
para aquellos curiosos que quieran cultivar su intelecto, sabiduría y
madurez, al mismo tiempo que conocer el verdadero alcance de las
ECM, deben visitar sin pensarlo dos veces la página web de Internet de
la Near Death Experience Research Foundation (Fundación para la
Investigación de las Experiencias Cercanas a la Muerte) de Washington
(EE.UU.) en la que encontrarán publicadas, sin ánimo de lucro, cientos
de casos de personas que han tenido una experiencia mística al borde de
la muerte. Experiencias de todo tipo, incluyendo “ECM verificables”
objetivamente, como “ECM de grupo”. Además, se pueden conocer las
últimas investigaciones y experimentos, llevados a cabo con algunos de
esos pacientes que han tenido una ECM durante el estado de muerte
clínica, realizados por científicos de máximo prestigio y fama mundial
para determinar la verdadera naturaleza (biológica-natural o divina) de
esas experiencias. La página web es la siguiente: http://www. nderf.org
Después de mi comentario personal sobre la cuestión más primordial
del ser humano, quisiera seguir con este libro mencionando que aparte
de leer libros sobre esas personalidades citadas anteriormente, escribí
una obra en la que compilo una serie de artículos extensos sobre temas
de actualidad e investigación, redactados por mi cuenta, y
posteriormente estructurados en capítulos de libro. Dicha obra se titula
“Dios y la Ciencia en el contexto actual de las lacras sociales” (ocupa
unas 240 páginas aproximadamente, incluyendo algunas ilustraciones) y
está dividida en dos partes: una primera parte básicamente periodística,
en la que abordo temas de actualidad y preocupación social, como son la
guerra, el terrorismo, la biodegradación medioambiental y la pobreza del
Tercer Mundo; y una segunda parte básicamente científica, filosófica y
teológica, en la que abordo cuestiones tan primordiales, como el amor, la
felicidad, sobre la autenticidad de la Sábana Santa de Turín, sobre la
inmortalidad del alma como hipótesis científica, sobre las huellas
materiales sobre la existencia y naturaleza divina de Jesús de Nazaret,
sobre la veracidad y autenticidad de las Experiencias Cercanas a la
Muerte (ECM), sobre la teoría científica evolucionista contra la teoría
teológica creacionista y, finalmente, sobre los niveles de inteligencia
40

humana (mental, emocional y espiritual) y el «módulo de Dios» en el


cerebro humano, según la neuroteología. (Para aquellos que no lo sepan,
la neuroteología es una nueva disciplina acuñada por la comunidad
científica y médica a raíz de la investigaciones pioneras llevadas a cabo
por un grupo de científicos, entre ellos el neurocirujano Wilder Penfield
y el neuropsicólogo canadiense Michael Persinger, y que relaciona la
Wilder estimulación de ciertas áreas de la corteza cerebral,
concretamente en donde se localizan los lóbulos temporales, con las
experiencias místicas de tipo arquetípico, religioso o espiritual. Unas
investigaciones que han causado una profunda conmoción entre los
científicos por las tremendas implicaciones científicas, filosóficas,
teológicas y éticas que conllevaría el plantear y resolver el eterno dilema
de si el cerebro crea imaginariamente a Dios como resultado de un largo
proceso de evolución y como mecanismo de «supervivencia» de la
especie, o si, por el contrario, Dios existe realmente, dejando sus
«huellas» en nuestros cerebros para que podamos interrelacionarse con
Él, a modo de vínculo biológico con el universo espiritual). Como no
podía ser menos, he logrado publicar de manera independiente algunos
de esos artículos en Internet y un rotativo autonómico.
Sin irme más por las ramas y volviendo a mi narración sobre la que
viví en Londres, quiero finalizar mi comentario sobre mi segunda etapa
mencionando que ha sido mejor que la primera por diferentes razones.
Entre ellas, porque conocí a más gente, porque el verano es mejor época
casi para todo, me había familiarizado con la ciudad, y por lo tanto, me
sentía más seguro y confiado en ella, y por otras razones secundarias.

3º MI VIDA SOCIAL Y LAS GRANDES AMISTADES


Si hay algo por lo que realmente merezca la pena recordar toda mi
vivencia en Londres, es, sin duda, por la vida social que allí tuve. En
Londres he tenido la oportunidad de conocer gente de cualquier nación,
raza, religión, lengua y, en definitiva, cultura. Durante mi primer
contacto de 4 meses en la ciudad he compartido habitación con dos
franceses de Lyón, con quienes tuve una fructuosa y grata amistad.
Fueron muchos momentos compartiendo con ellos mis tristezas, mis
inquietudes, mis ilusiones, mis alegrías. A aparte de esta bonita
amistad, necesaria y comprensible (no me hubiese hecho la idea de tener
que aguantar y adaptarme con gente mal educada, cerrada y rara en la
41

misma habitación que la mía), he conocido a más franceses, de París, de


Marsella, de la Bretaña francesa, etc., llegando a tener un gran vínculo
emocional con ellos. Por una parte, la amistad y simpatía que tenía con
ellos, se debía a mi afanoso interés de mejorar mi nivel de inglés,
comprensible en todo momento y, por otra parte, para que me sirviese
de «válvula de escape» a mis frecuentes y serios problemas de
adaptación con las pésimas instalaciones de la residencia, que no a la
ciudad y su cultura, cuya adaptación fue casi inmediata. Esas amistades
que tenía en mi residencia me valían para neutralizar todas esas
tensiones mentales que por momentos se apoderaban
incontroladamente de mí. Influyó mucho mi carácter extrovertido y
abierto para que yo tuviese muchos amigos, tanto franceses en los
primeros momentos de mi estancia como posteriormente con españoles
e italianos (y esporádicamente con algún checo o polaco), ampliándose
de esto modo cada día mi círculo de amistades y mi vida social. La
mayoría de la gente andaba relacionada en grupos según su
nacionalidad. Con el grupo español, con el cual evitaba estar
continuamente para no perder mi nivel de inglés que iba adquiriendo
con el transcurso del tiempo, he congeniado muy bien, siendo mi
integración y adaptación al propio grupo de forma rápida y natural.
Como breve apunte, debo decir que en esta residencia, aparte de
españoles, franceses e italianos, que era lo que más abundaba, también
había gente polaca, checa, sueca, alemana, e incluso canadiense o
estadounidense.
Continuando mi relato, mencionar que hubo momentos muy
entrañables con mis primeros amigos franceses, como las juergas que
hacíamos los fines de semana en la residencia. Normalmente hacíamos
«botellones» entre varias personas en una habitación y allí bebíamos,
fumábamos (debo decir que yo no me declaro fumador, aunque ello no
quiere decir que en algunos momentos esporádicos no lo llegara a ser).
También cantábamos, bromeábamos en un ambiente de concordia, buen
«feeling» y amistad. Pero no sólo en la residencia, también salíamos de
fiesta los fines semana por la noche para conocer la marcha nocturna
londinense, recorriendo varios pubs situados en la misma zona en la que
vivíamos, Camberwell. Una vez dentro de los locales, mis amigos (la
mayoría eran franceses, aunque también había algún italiano o
compatriota mío) y yo solíamos consumir cerveza, conversar sobre
mujeres, hobbies, fútbol y de cualquier otro tema, menos de trabajo.
Lógicamente, la razón primordial para salir de fiesta era para divertirse
y disfrutar al máximo, tratando de desconectar y evadirse del estrés y
42

las preocupaciones del día a día, suscitadas por el trabajo u otras cosas,
rompiendo al mismo tiempo la monotonía. Allí tratábamos de
divertirnos sanamente cantando, bailando, intentado ligar con chicas,
algunas veces con éxito y otras veces en las que nos quedábamos a dos
velas. Sin duda tengo un dulce recuerdo de todo ello en mi mente.
En mi primera etapa en la ciudad, como he dicho anteriormente, he
conocido a compatriotas míos, con quienes he llegado a salir de juerga,
concretamente por zonas «okupas» de Londres. Antes, cómo no, para
animarnos un poco hacíamos «botellón» en alguna habitación de la
residencia entre bastante gente, mayoritariamente española, aunque
siempre se «infiltraba» algún francés o italiano, para beber, cantar,
bromear. Generalmente establecíamos por acuerdo unánime la hora de
salida de la residencia, que casi siempre era sobre la medianoche. Una
vez que hubiésemos acabado de cenar, de beber y de vestirse, salíamos
en busca de diversión y parranda, generalmente todos en grupo (la
mayoría de las veces el grupo no era inferior a 5 personas, aunque hubo
momentos en que salíamos en grupos unidos que sumaban más de una
docena de personas). La gran mayoría que iba en grupo a estos lugares
marginales era española, aunque también se unían algunos franceses o
italianos, incluyendo de ambos sexos. La anécdota es que generalmente
y antes de llegar a nuestro punto destino, solíamos cantar en el autobús
o gastar bromas, ante el asombro y estupefacción de la gente que nos
desconocía. La verdad es que por cada sitio que pasábamos llamábamos
la atención de la gente por nuestro comportamiento acaparador, poco
cohibido y algo informal, que no violento o grosero. La mayoría de las
veces cogíamos el autobús desde Camberwell hasta Trafalgar Square,
recorriendo parte del centro turístico de Londres. En esta monumental
plaza, el líder del grupo (generalmente había uno o varios líderes que
tomaban decisiones que influían decisivamente en la conducta posterior
de los demás miembros del grupo) llamaba por teléfono móvil para
tratar de localizar la ubicación geográfica del local, utilizando al mismo
tiempo como guía varios mapas de Londres. Una vez comprobada y
memorizada la ruta a seguir, partíamos todos juntos de nuevo en busca
de ese local. Ésta era la manera habitual de salir por zonas «okupas» en
Londres durante mis primeras semanas de mi estancia.
Es preciso que el lector sepa que una de las razones fundamentales
que motivó el que yo decidiera acudir a finales de año a Londres, era, sin
duda, porque tenía el sueño de conocer las Navidades en esta
maravillosa ciudad. Mi valoración final de las fiestas y vacaciones
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navideñas en esta ciudad han sido, en cierta manera, agridulces. Dulce,


porque era fantástico, cautivador y emocionante percibir el ambiente
festivo que se respiraba, ver la ciudad engalanada con luces, adornos,
mayoritariamente en los escaparates, con árboles de Navidad, belenes,
etc., haciendo que contemplar la Navidad en Londres se convirtiese en
un verdadero lujo y privilegio. Y agria, porque no estuve con mis seres
más queridos y por no haber disfrutado de las fiestas de la manera que
yo esperaba. Debo mencionar que aquí en Navidad se desborda la
actitud y fiebre consumista, materialista y derrochadora de dinero.
Paradójicamente, el concepto actual que tenemos los occidentales sobre
la Navidad es completamente erróneo y absurdo, ya que se basa en
aspectos puramente materialistas, superficiales y consumistas (sobre
todo de cosas superfluas), ignorando y desentiéndase de aspectos más
relevantes y trascendentales. Entre esos aspectos están la oración y la
reflexión, la solidaridad y generosidad, el amor y el perdón, la paz y la
justicia, etc. Valores que todos deberíamos hacer realidad todos los días
del año, y no sólo cuando es Navidad, para hipocresía de muchos.
Las Navidades, las mejores fiestas del año para mí, se han convertido
en un verdadero negocio que reporta mucho dinero, sobre todo para las
grandes superficies comerciales, siendo al mismo tiempo una importante
fuente de gastos para las familias, repercutiendo de este modo
seriamente en la economía doméstica. Es, simplemente, puro
«marketing». De todas maneras, no quiero convertir mi comentario
sobre la noción que tenemos los occidentales hoy en día de la Navidad
en una crítica destructiva. Todo lo contrario. Lo que quiero es que sea
una crítica constructiva para que la gente medite seriamente sobre el
verdadero sentido y valor que supone la Navidad para los cristianos,
teniendo muy presente el trascendental hecho que supone el nacimiento
de Nuestro Redentor, Jesús de Nazaret.
Continuando mi relato sobre mis amistades en Londres y en relación
con lo anteriormente expresado, la Navidad en esta ciudad, voy aportar
alguna anécdota acaecida en esas fechas tan entrañables. Pero antes de
contarla, es preciso que os confiese que justo antes de coger mis
vacaciones navideñas estuve convaleciente a causa de una gripe. Dicha
convalecencia persistió hasta el mismo día de Navidad, perdiéndome la
cena especial de nochebuena (en Inglaterra se le llama a ese día
Christmas Eve), la cual había pagado previamente para poder cenar y
beber unas ₤20, que no me han servido para nada. Recuerdo que ese
mismo día de Christmas Eve me sentía bastante mal, agobiado y
44

desanimado, potenciado ese efecto al saber que todo el mundo se


divertía, menos yo, que desgraciadamente tenía gripe. Aun así, mis
compañeros de habitación que estaban celebrando la cena en una de las
cocinas de la residencia, me animaron para que les acompañase a su
fiesta y comiese algo de comida que ellos tenían preparada. Yo,
primeramente, me resistí a la sugerente tentación, pero pensé
interiormente que es absurdo comportarse como un aguafiestas esa
noche única en todo el año y de tanto fervor y devoción, que finalmente
me sumé a la fiesta a última hora, correspondiéndoles con mi
agradecimiento por su empatía, amistad e interés hacia mí. Esa misma
noche había diferentes cenas y fiestas en toda la residencia. Una noche
mágica que no lo fue para mí por culpa de la gripe. Afortunadamente,
no siempre me iba durar mi gripe, por lo que me recuperé el mismo día
de Navidad (ni que fuera un milagro, porque llevaba más de una semana
enfermo y pensé que no me iba a recuperar mientras durasen las
fiestas). Ese mismo día de Navidad lo pasé levantado, viendo la
televisión en la «Tv. room» de la residencia con otra gente de diferentes
países. Yo deseaba que llegase la noche de fin de año lo más pronto
posible para poder divertirme, al mismo tiempo que desahogarme
sanamente después de mi pasada convalecencia, saliendo de marcha. Y
así lo hice, el día de fin de año llegó a la misma velocidad que un
parpadeo de ojos. Yo esperaba mucho de ese día, en el sentido de que se
celebrase una gran cena como la de nochebuena y cenásemos todos mis
amigos juntos, en un ambiente festivo, de paz y compañerismo. Pero un
fue un tanto decepcionante, ya que cada uno cenó por su cuenta la
comida que se habían comprado para ese señalado día. Yo no cené nada
del otro mundo, en el sentido de que no comí ningún manjar, sino que la
cena fue de lo más normal, como si en realidad no celebrase nada. Esto
último me hizo seriamente reflexionar y llegar a la conclusión de que la
Navidad está hecha por y para la familia, para disfrutarla de verdad con
ella. Debo aclarar como persona hogareña que durante toda mi estancia
en Londres no un hubo un sólo día en que dejase de pensar en mi
familia, sobre todo en mi madre, por sus preocupaciones por mi
situación personal y profesional en esta ciudad. Si ya no me olvidaba
durante el resto del año de mi familia, mucho menos en la Navidad,
época en la que te sientes más arropado y feliz con tus seres más
queridos.
Continuando la crónica de mi celebración de Fin de Año, conocida en
términos lingüísticos anglosajones como New Year’s Eve, nos reunimos
todo el grupo (la gran mayoría eran españoles) en una habitación de un
45

amigo para beber, conversar, cantar y, en conclusión, para divertirnos


sanamente. Curiosamente, esa era la habitación en la que se hospedaba
un paisano mío, de Santiago de Compostela, quien sabía tocar muy
sutilmente la guitarra española. Esa noche, como es lógico, también la
tocó, alegrando y endulzando esos momentos nostálgicos de fin de año.
Después de un largo rato de celebración en la habitación y justo antes
de salir de marcha, decidimos por unanimidad acudir a ver los
mundialmente famosos fuegos artificiales en la Casa del Parlamento, es
decir, enfrente del Palacio de Westminster y el Big Ben, lugar ideal para
contemplar y sentir el éxtasis del este gran acontecimiento cumbre. Sin
duda, era el sitio perfecto para acabar el año y comenzar el siguiente,
con unas vistas nocturnas verdaderamente esplendorosas, o cuanto
menos impactantes y cautivadoras, en las que podría recrearme
gozosamente ante la presencia de luces y adornos navideños que
engalanaban los árboles y edificios en ambas márgenes del río Támesis,
aprovechando en observar el reflejo en el agua del río de los fuegos
artificiales. Además me permitiría sentir la abrumación y estupefacción
causada por el gran ambiente multicultural que se respiraría, todo como
telón de fondo el Palacio de Westminster y el mítico Big Ben. Pero,
desafortunadamente, no fue así como realmente ocurrió, ya que
llegamos lo suficientemente tarde como para vivirlo y contarlo. La razón
de nuestra fatal demora se debió al sofocante tráfico que había por toda
la ciudad. A pesar de ello, todo el grupo, incluyéndome a mí, superó sin
dificultad esa trivial frustración y decepción. Digo trivial, ya que en el
mundo ocurren cosas más importantes que el mero hecho de ver unos
fuegos artificiales, aunque sean en una noche y en un lugar tan especial
como es Londres, sin desmerecer ni desprestigiar en absoluto lo
grandioso que ello supone para mucha gente, al igual que para mí. No
dejamos, por tanto, de celebrarlo por todo lo alto, bebiendo champán,
comiendo las tradicionales uvas, saltando, cantando, bromeando entre
nosotros (éramos más de 10 de personas), todo ello concretamente
enfrente de un monumento de acero, replica del Big Ben, pero en
tamaño miniatura, situado en la plaza de Victoria Station.
Posteriormente a las campanadas que sonaban desde el cercano Big Ben
(sólo estábamos a 10 minutos andando desde nuestra ubicación hasta
ese punto), nos recorrimos todos juntos algunas de las zonas más
emblemáticas de Londres, empezando por Victoria Station, siguiendo
por Piccadilly Circus, Trafalgar Square y finalizando en el Palacio de
Westminster, respirando el ambiente divino de esa noche única en la
ciudad. En Westminster cogimos un autobús que nos llevó hasta nuestra
46

zona de residencia, Camberwell, para después disfrutar de la avanzada


madrugada en el único pub que entramos, y así poder bailar y
neutralizar nuestra sed bebiendo. Yo había bebido bastante, pero era
capaz de llegar por mi propio pie a la residencia. Y eso fue lo que
decidimos una hora después los pocos atrevidos e impetuosos que
habíamos aguantado casi hasta al amanecer del día siguiente sin
descansar y dormir, irnos de vuelta a la residencia para reponernos
físicamente de la agitada, intensa y emotiva noche. Sin embargo, para
mi asombro, aún había unos pocos rezagados con ganas de más juerga
que decidieron, casi a punto de amanecer, acudir en una de las
discotecas más famosas y caras de Londres, la Ministry of Sound. Me
trataron de convencer para que fuera con ellos, pero no lo consiguieron,
ya que casi no podía aguantar el fuerte e inclemente cansancio que
sentía por todo mi cuerpo, aparte de que no tenía la moral suficiente
como para gastar más dinero. El día siguiente lo pasé casi enteramente
durmiendo y tratando de recuperarme del agotamiento y la resaca que
tenía.
Para concluir mi crónica sobre lo que supuso para mí las navidades
en Londres, y respetando los diferentes puntos de vista que cada uno
pueda tener o interpretar sobre mi experiencia, es lógico y preciso decir
que las navidades allí fueron un poco decepcionantes y frustrantes en
determinados aspectos o hechos, pero grato, alegre y nostálgico en
otros, equilibrándose justamente la balanza.
Para continuar esta obra autobiográfica y didáctica, quisiera contar
tres de las muchas anécdotas que viví en Londres durante mi estancia.
La primera de ellas tuvo lugar en Victoria Station, en donde presencié
atónito a una persona sentada en una silla y con un megáfono en la
mano, en medio de la plaza, entre el alborozo y la congestión de gente y
vehículos que circulaban por la carretera, leyendo algunos versículos de
los Santos Evangelios. La verdad es que esa escena me pareció bastante
insólita y un tanto peculiar.
La segunda anécdota tuvo lugar en una de las calles de Londres,
concretamente en Oxford Street, en donde pude observar con cierto
asombro, en más de una ocasión, a gente británica con la camiseta del
Real Madrid puesta con el nombre y el número de David Beckham en la
espalda. La verdad es que tanto David Beckham como su mujer Victoria
Adams son posiblemente las dos celebridades más admiradas y
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aclamadas entre la población británica. Si no me creen, basta con


observar la infinidad de portadas que acapara esta famosa pareja en los
distintos rotativos londinenses, convirtiéndose, a diferencia del común
de los mortales, en verdaderos ídolos de masas. El fichaje del jugador
estrella de la selección inglesa por el Real Madrid levantó mucha
expectación en el Reino Unido, sobre todo entre la gente fanática del
fútbol (diría que casi todos los ingleses sienten devoción por fútbol, ya
que ellos fueron quienes inventaron el que es hoy en día el deporte rey
por excelencia), y convirtiéndose dicho fichaje en uno de los fenómenos
mediáticos deportivos del momento en ese país. Esto no hizo más que
agrandar aún si cabe la intachable leyenda del Real Madrid en su
política de fichar a los mejores jugadores del mundo. Un equipo que es
en la actualidad el club más importante, universal y prestigioso del
mundo en toda la historia de este deporte. Yo tuve la dicha como
madridista de poder presenciar en Madrid su incomparable y fascinante
museo en el año 1999, observando con sumo detalle y con cierta
perplejidad cada uno de sus trofeos y títulos logrados por este famoso
club de fútbol a lo larga de su fantástica y gloriosa historia.
La otra anécdota me sucedió en el distrito de mi residencia,
Camberwell, al acudir a un banco, concretamente el Lloyds, para
efectuar una operación bancaria. Fui un día laborable y yo, como un
caballero de buenos modales, estuve una vez dentro esperando en la cola
hasta que llegase mi turno en ventanilla. Cuando me tocó, un banquero
de color me atendió y me pidió que le presentase el pasaporte. Nada más
entregárselo y leer mi nombre, el empleado del banco se quedó
totalmente sorprendido y perplejo, quien exclamó a viva voz mi nombre,
Jesús, preguntándome para cerciorarse si realmente me llamaba así. Yo,
ante esa situación embarazosa, lo máximo que pude hacer era tratar de
reconocer disimuladamente que ese era mi nombre. No quería que
pensase tanto él como la gente que estaba esperando formalmente en la
cola, que yo era la misma Encarnación del Hijo de Dios. Después de ese
breve momento de confusión y apuro, salí lo más pronto posible del
banco, dándole vueltas a esa situación inédita y un tanto cómica. La
verdad es que eso no fue un casi aislado, ya que mucha gente en
Inglaterra al escuchar mi nombre se quedaba sorprendida y expectante
ante mí, quien intentaba de un modo u otro escabullirme de aquel
embrollo y mal entendimiento. Lo que pasó es que la mayoría de la
gente extranjera que me conoció en Londres, no sabía que mi nombre es
muy común en mi país, por eso, en numerosas ocasiones tuve que
explicarme para salir de esa confusión. Después de reflexionar en
48

privado sobre todo ello, he llegado a la firme conclusión de que


cualquier nombre sagrado que haga mención a un Dios, no debería de
atribuirse a ninguna persona normal. Concretamente Jesús es el nombre
más sagrado y especial para todos los ciudadanos cristianos del mundo,
sobre todo los occidentales, ya que pone de relieve el nombre de Nuestro
Mesías, Jesús de Nazaret. Por eso, mi idea de que mi nombre o del
cualquier persona que se llegase a llamar Alá, Krishna, Buda, etc.,
deberían estar únicamente reservados para nombrar sólo a esos dioses,
según su religión y doctrinas.
Volviendo a cosas más terrenales, es preciso señalar que en mi
segunda etapa en Londres mi círculo de amistades fue algo más amplio,
pero con el inconveniente de que en vez de relacionarme más con gente
extranjera para poder practicar y mejorar mi nivel inglés, lo hice con
gente española, porque las circunstancias, ajenas a mi voluntad, se
dieron de ese modo. Algunas de mis primeras tardes antes de encontrar
un trabajo en Londres en mi segundo contacto las pasé jugando al fútbol
con varios compañeros de la residencia en un parque que había muy
cerca de mi lugar de hospedaje. Fueron las primeras amistades que hice
en Londres cuando llegué de vuelta a esta capital. Prácticamente mi vida
social en esta segunda etapa lo hacía con gente de nacionalidad
española, y como no podía ser menos, hicimos algunos «botellones».
Estas fiestas informales e íntimas en la residencia atraían a mucha
gente, sobre todo española, animosa de diversión y «buen rollo». Tan
ambientados e interesantes eran estas «reuniones», que ya no sería la
primera vez que se llegase a congregar a más de una docena de
personas. Yo he sido miembro partícipe en esta clase de reuniones,
siempre bebiendo con moderación y divirtiéndome sanamente. Dicho
sea de paso para que nadie saque conclusiones precipitadas y no me
considere un alcohólico. Había muchas veces en que mis amigos se
reunían expresamente para beber, conversar y fumar juntos, siendo yo
invitado por ellos y sin que yo sintiese la necesidad de hacer lo que ellos
hacían, en el sentido de beber y fumar. A veces, por no ser un
aguafiestas, lo hacía.
Antes de mi marcha de la residencia Brooke Hall a principios de
agosto decidimos entre varios amigos y yo viajar a la ciudad de Brighton
para conocer su ambiente y disfrutar al máximo de un día de verano en
la playa. La decisión la tomamos entre 5 personas: un malagueño, un
valenciano, un ovetense, una barcelonesa y yo. Antes de tomar dicha
decisión estuvimos analizando pros y contras y planificando
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correctamente nuestro viaje. Ante varios amagos de renuncia en ir a


dicha ciudad, finalmente acordamos ir todos, a excepción de la
barcelonesa que finalmente tenía que trabajar ese día de fin de semana.
Partimos un sábado del mes de julio muy temprano por la mañana.
Cogimos el autobús en Camberwell New Road hasta Victoria Station, en
donde nos bajamos para ir a pie hasta la estación de autobuses de
Victoria. Allí, a primera hora de la mañana, no recuerdo la hora
concreta, cogimos el autobús National Express con destino a Brighton.
El precio del billete de autobús ascendió sólo a £11, ida y vuelta
incluidas. Durante la hora y media de trayecto que nos llevó hasta esa
hermosa ciudad, estuvimos durmiendo una corta siesta para reponernos
del efecto del madrugón de esa mañana, y de ese modo, estar más
despejados y relajados durante nuestra estancia en Brighton. Yo estaba
entusiasmado e ilusionado con conocer esa turística ciudad, la cual es la
ciudad costera más popular de Inglaterra. En mis venas corrían la
impaciencia y la emoción de querer llegar a ese lugar para poder
desconectar de los agobios de la gran metrópoli y disfrutar con mis
amigos de la playa, del ambiente y su clima estival. Nada más
adentrarse el autobús por la ciudad, se podía percibir entre los
ocupantes del autobús murmullos de expectación y admiración al
presenciar los paisajes, avenidas y plazas de la ciudad. Entre todos esos
lugares, debo nombrar un espectacular palacio de estilo árabe en el
mismo centro de la ciudad, al cual tuve la oportunidad de poder
observar desde su exterior. Lamentablemente, no compré ninguna
cámara de fotos para poder inmortalizar mi visita a esa ciudad, aunque
el recuerdo lo tengo muy fresco y vivo en mi mente.
Antes de irnos a la playa estuvimos paseando por la ciudad, la cual
tiene aproximadamente 2500000 habitantes, para palpar su ambiente en
los distintos pubs, mercadillos y lugares más turísticos. Posteriormente,
nada más visitar uno de sus enormes muelles con sus diferentes
atracciones para los niños, nos fuimos a la playa que, curiosamente, no
era de arena, sino de piedras pequeñas, muy incómodas al tumbarse.
Después de despojarme de la ropa que llevaba puesta, a excepción del
bañador, me metí sin pensarlo dos veces en el agua del mar, el cual
estaba bastante gélida. Disfruté como un niño que aprende a nadar
mientras me bañaba. Decir que mis propios amigos no tuvieron el valor
de bañarse, ya que según ellos el agua estaba bastante fría. Después de
mi no corto chapuzón, me sequé con la toalla y me puse al sol durante
unos minutos. Al poco tiempo nos vestimos todos y fuimos comprar
comida para la merienda. Durante el camino yo no perdía el contacto
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visual con la playa y su sensacional paseo marítimo. Después de


merendar, entramos en un pub para tomar algo, al mismo tiempo que
nos resguardábamos del tiempo plomizo que empezaba a levantarse a
última hora del atardecer. Serían sobre las ocho y media o nueve de la
tarde cuando cogimos de nuevo el autobús de vuelta a Londres. En la
cara de mis amigos y en la mía propia se podía atisbar la satisfacción y
entusiasmo de haber visitado ese día esa genuina y preciosa ciudad. Una
ciudad, a la que yo estaba barajando la posibilidad de trabajar en verano,
pero que finalmente decidí hacerlo de nuevo en Londres, quizás por su
renombre internacional y por haber mayor ofertas de empleo. La hora
de llegada a la residencia fue sobre las 11 de la noche aproximadamente,
momento en el cual decimos todos acostarnos para reponernos del
intenso y emotivo viaje a Brighton.
Eso todo me ocurrió mientras residía en la residencia de Brooke Hall.
Al mudarme de residencia para vivir en una casa situada en Fulham, las
cosas cambiarían mucho, en el sentido de que ya no tendría los
problemas de adaptación que tuve con las instalaciones de mi antigua
residencia. Todo lo contrario. Estaba encantado de la vida. Era lo que en
el fondo estaba buscando, un lugar habitable en donde vivir, un lugar
que me hiciera sentir como si estuviera en mi propia casa. Ese cambio se
produjo a mediados de agosto de mi segundo contacto, es decir, a tan
sólo un mes de mi marcha de Londres. Quizás ese cambio llegó un poco
tarde, siendo en cierta manera algo circunstancial, pero no del todo, ya
que he tenido la oportunidad a través de agencias inmobiliarias de
cambiarme a un piso o una casa con gente de habla inglesa. El problema
era que el servicio profesional prestado por estas agencias resultaba
excesivamente caro y mi débil economía no estaba muy bien «saneada».
Debo decir que la casa en la cual me alojé con otras personas más, me
dejó en alquiler una agradable, respetuosa y atenta familia gallega, con
quien tuve una muy buena relación de amistad. El trato hacia mí fue del
todo exquisito, cordial y hospitalario. Esta familia tenía su propia casa,
la cual era alquilada para ser compartida con otra gente. Además, tenían
otra casa, de la cual no eran propietarios, sino que era realquilada por
otra gente. El precio de alquiler de una habitación compartida con otra
persona ascendía a £70 semanales, más otras £70 adicionales en
concepto de depósito. Para no perder dicho depósito debería
comunicarlo al menos con una semana de antelación. La verdad es que
las condiciones económicas exigidas en el alquiler eran bastante
razonables y asequibles para mi maltrecho bolsillo.
51

Allí, en mi residencia en Fulham, me alojé con otras personas, entre


ellas, dos hermanas de Santiago de Compostela, una chica zaragozana,
con chico y una chica de Barcelona, y una chica londinense llamada
Sandra, hija de la familia a la cual le alquilé la habitación.
Posteriormente acabaría alojándose aquí un buen amigo que tuve en mi
antigua residencia de Santa Cruz de Bezana (Santander) llamado Nestor.
Este fue mi mejor amigo en mi segunda etapa en Londres. Mi amistad
fue tan grande con él, que tuvo la grandiosa amabilidad de ayudarme a
cargar con las pesadas mochilas el día de mi marcha de la ciudad en
plena madrugada. Fue, sin duda, uno de los más bonitos detalles que
tuve de este chaval, y que no lo olvidaré jamás. Su simpatía, interés y
respeto hacia mí es digna de alabar. Pero no sólo con él he tenido una
estrecha amistad, sino que además tenía amistad con mucha otra gente
española en mi antigua residencia de Camberwell procedentes de
Málaga, Barcelona, Marbella, Oviedo, Madrid, Valencia, y en definitiva,
de cualquier parte de España (también he tenido amigas francesas en mi
segunda etapa). En mi nueva casa en Fulham seguiría teniendo vida
social, pero de otra manera. Ya no nos reuníamos para celebrar los
clásicos «botellones», sino que nos reuníamos para conversar en el
jardín de la casa sobre nuestros asuntos cotidianos en la ciudad.
También nos juntábamos en el salón para charlar o ver algún programa
o película alquilada por televisión. Una anécdota de mi estancia en esa
casa fue el hecho de que conocí a una pareja de novios muy agradable,
procedente de la localidad de Xinzo de Limia, situada a tan sólo a 20
kilómetros de distancia de mi municipio, Allariz. Resulta muy curioso
ese hecho si tenemos en cuenta que nos conocimos en Londres, una
ciudad abismalmente grande, en donde viven más de 10 millones de
habitantes. Eso me hace pensar que el mundo puede ser a veces un
pañuelo.
Con algunos de mis amigos de mi nueva residencia llegué a salir de
marcha por algunos pubs del distrito de Fulham. De todo ellos me quedo
con uno, cuyo nombre no recuerdo, del cual tengo un grato recuerdo
porque coincidió con los últimos momentos de mi estancia en la capital
londinense. Algo peculiar que se solía hacer en ese pub, era que los
camareros y camareras una vez subidos de tono por culpa del alcohol,
tenían por costumbre subirse a la barra y hacer como una especie de
«strip-tease» (digo esto porque no era un «strip-tease» en toda regla, ya
que sólo se quitaban parte de su ropa de cintura para arriba) para
asombro y admiración de la gente allí congregada. Parecía como sacada
de la película “El Bar Coyote”. Otra cosa que se me quedó grabada en mi
52

mente de ese pub, fue el hecho de que pusieran la mítica canción de “La
Bamba” de Richie Valens, una canción muy «spanish» que hizo
enloquecer y saltar a muchos de los presentes, la mayoría ingleses. Sin
duda para mí uno de los momentos álgidos de esa noche hubiese sido si
pusieran en el local la legendaria canción del artista Mike Oldfield
titulada “Moonlight Shadow”, a la cual siento una especial debilidad y
predilección. Por lo demás, la música era comercial, es decir, la clase de
música que siempre me ha entusiasmado.
Como no quería enfriar el recuerdo que tenía en mi mente sobre esta
gente y mis vivencias allá, he querido inmortalizar con una cámara de
fotos tan entrañables y nostálgicos momentos para poder revivirlos
emocionalmente de vez en cuando a lo largo de mi vida. Sé que tengo
una «familia» en Londres que estaría dispuesta a prestarme su ayuda,
generosidad y afecto en el caso de que estuviese interesado en volver de
nuevo a esta ciudad. Ser consciente de ello, me llena de satisfacción y
alegría.
53

A la izquierda aparecen mis amigos franceses de mi residencia de Brooke Hall. A la derecha se pueden observar
otros amigos franceses míos en una fiesta que hicimos.

A la izquierda se puede observa otros amigos míos en mi otra residencia situada en el distrito de Fulham. En la foto
de la derecha aparezco yo con mis amigos de mi residencia en Fulham.

A la

izquierda aparecen mis amigos Jorge y Miguel Barbosa en un primer plano y en el plano de fondo el palacio y el
puente de Westminster. A la derecha aparezco yo junto con mi mejor amigo que conocí en Londres, Néstor, y
María, la madre de mis amigas Vanesa y Sandra, propietaria de la casa en la que habité en Fulham.
54
55

4º LA MARCHA NOCTURNA LONDINENSE


Si hay algo que merezca la pena resaltar de Londres, aparte de su
belleza y riqueza artística, cultural y multiétnica, es, sin duda, el
ambiente nocturno que se respira en sus incontables pubs y discotecas
que se encuentran a lo largo y ancho de la ciudad, verdaderos
«santuarios» de la diversión, el entretenimiento, de reunión, de fiestas
privadas, etc. Yo mismo lo pude comprobar personalmente acudiendo a
bastantes de ellos. Ese ambiente nocturno en Londres es especial y
placentero. Te envenena la sangre, te enamora, te conquista. La verdad
es que no hay muchas formas para definirlo. Sin duda, hay un gran
abanico de posibilidades de ocio para el que vive en esta ciudad, tanto si
se busca diversión, ligue, cenar fuera, ir de conciertos, ir al teatro. De
hecho, en varias ocasiones he tenido la impresión de ver la ciudad más
saturada de gente un sábado noche que un día de semana laborable en
hora punta. Eso da fe de que la juerga nocturna los fines de semana es
una de las principales prioridades que tiene la gente en esta ciudad, ya
que esto fomenta el ocio, y por tanto, el desconectar de las
preocupaciones y la monotonía del día a día producidas por el trabajo,
estudios u otras cosas. Para mí, sin lugar a duda, ha sido una de las
principales razones que determinó el que yo viviese en la capital
británica, teniendo la privilegiosa oportunidad de explorar ese mundo
nocturno que se esconde en Londres. Dicha razón era tan fundamental,
que al día siguiente de mi llegada no me resistí a comprobarlo por mí
mismo. Es preciso mencionar que, al contrario de lo que ocurre en
España o Holanda, las leyes impuestas por el gobierno británico son lo
suficientemente duras, conservadoras y represoras en cuanto al
cumplimiento de la hora de apertura y clausura de locales de ambiente
nocturno, ya sean pubs, discotecas, night-clubs, cabarets.
Generalmente, en dichos locales la hora del cierre por la semana es
sobre las 11 y media de la noche, mientras los fines de semanas es sobre
las 3 o 4 de la madrugada, exceptuando algunos pocos locales, como
discotecas, que pueden estar abiertos hasta las 7 de la madrugada. El
severo, riguroso e intenso control de alcoholemia, unida a su
reducidísima tasa de alcohol permitida en la sangre por parte de la
policía metropolitana para detectar a los conductores borrachos, es una
barrera represiva que desalienta a la gente, sobre todo jóvenes, a salir a
veces de marcha, pero por encima de todo, a que puedan comportarse a
su «libre albedrío», metafóricamente hablando. Por si fuera poco, el
gobierno inglés, además, ha subido disparatadamente el precio del
tabaco y el alcohol, muy íntimamente vinculado con la diversión y la
56

marcha nocturna en esta capital, al igual que ha influido en la notable


subida de los precios para acceder a la gran mayoría de los locales
privados de ambiente nocturno. Con todo ello, es odioso hacer
comparaciones entre el estilo o calidad de vida en España que de
Inglaterra, ya que probablemente el estilo de vida español sea más
liberal y alegre que en Inglaterra, comprensible en todo momento
porque tenemos a mi modo de ver mejor clima, mayor ocio, mejor
gastronomía, mejores paisajes naturales, y por supuesto, mejores fiestas
y romerías. También ayuda mucho a que tengamos un tipo de gobierno
más permisivo, progresista y liberal que en Inglaterra. Sin embargo, el
estilo de vida (o calidad de vida) no es lo mismo que el nivel de vida, y
en ese segundo aspecto nos superan los ingleses con diferencia, ya que
su renta per cápita por habitante es bastante más elevada que la nuestra.
Pero centrándome en mi situación personal en Londres y la marcha
nocturna que allí experimenté, debo decir que lo que más disfruté en esa
ciudad fueron sin duda de los pubs1 (abreviatura de public bar), los
cuales son instituciones meramente inglesas, decorados elegante y
magistralmente, y que algunos de ellos bien merecían ser declarados
patrimonios artísticos. El pub cumple una función social en el sentido
puro de la palabra. Es un lugar al que se va para saciarse de beber, es un
punto de encuentro entre amigos y no amigos, un lugar de conversación,
discusión, de entretenimiento. Allí se baila, se bromea, se juega a las
cartas o a los dardos, se canta en sus karaokes, se intenta ligar, y en
definitiva, se trata de desconectar de las preocupaciones y estrés
suscitadas por la monotonía diaria del trabajo o estudios. Como todo
esto provoca cansancio, nada mejor que beber más rondas para calmar
la sed. Todo sea por la buena causa. En los pubs no es difícil encontrarse
con mujeres de cuerpo escultural y provocativo, la mayoría de ellas bien
maquilladas, vestidas y perfumadas, como también a personas serias que
conversan tranquila y armoniosamente, a familias domingueras, o algún
extraño viejo fumador de pipa que contempla todo lo que ocurre en un
su entorno, dándole vueltas a enigmáticos pensamientos. Hay que
entrar sin ningún tipo de complejos, aquí nadie se fija en nadie, más
bien todo el mundo acepta a todo el mundo. Lo sé por mi propia
experiencia. El pub en Londres suele tener como mínimo dos salas: un
«public bar», destinado desde sus principios a los clientes de los niveles
sociales bajos; y el «saloon bar». Mencionar que el pub inglés es un
«self-service» en el sentido literal de la palabra, ya que es necesario ir a
la barra si quieres consumir, pagando en metálico en el mismo momento
de pedir la consumación. ¿Qué se bebe? Normal y mayoritariamente se
57

consume cerveza, de cualquier marca, clase y precio. La cerveza inglesa


es muy genuina, ya que cabe diferenciar, según su clase, entre cerveza
amarga y poco espumada, «bitter», la más sueva, «mild», y por último,
la negra de un sabor dulce y de espuma cremosa, que en inglés se
conoce como «stout». Es impresionante ver una gran variedad, a
elección y gusto del consumidor, de marcas y clases de cerveza, cada
cual con un nombre más peculiar. Hablando de cervezas, algo
anecdótico fue el hecho de que muy próximo a la factoría en la que
trabajaba en mi primera etapa, había una enorme fábrica que producía
cerveza, la cual desprendía de sus chimeneas un desagradable olor y
que, por momentos, cuando pasaba cerca de allí por cuestión del trabajo,
me resultaba asfixiante tener que respirarlo. Dicha fábrica destilaba
cerveza de la marca Guinnes, curiosamente la marca de cerveza que yo
solía consumir en Londres cuando salía de marcha. Siguiendo con el
comentario de los pubs, decir que también se dan comidas o cenas en
estos lugares. Sin embargo, el aspecto negativo de los pubs era su
riguroso horario de apertura y clausura, impuesto, como he dicho
anteriormente, por el gobierno británico. Sin embargo, recientemente el
propio gobierno aprobó una nueva ley que flexibilizará el horario de
clausura de los locales de ambiente nocturno, por lo que cualquiera de
esos locales podrá cerrar más tarde de las 11 y media de la noche.
Un rasgo singularmente británico es que frecuentemente, como si
fuera algo tradicional, 10 o 15 minutos de la hora fatídica del peche de
sus puertas, el patrón o responsables del pub avisan a sus clientes que se
apresuren a hacer, si quieren, un último pedido. Es en ese momento
cuando desaparecen todas las formalidades y modales que,
paradójicamente, habían observado y mantenido todos sus clientes antes
del sonar de la campana, dirigiéndose bruscamente a la barra,
empujándose y gritando para que les sirvan la última consumición. Dije
que en Londres casi nada os dejará indiferente, y creo que hay más que
pruebas suficientes que así lo demuestran.
Después de mi pequeña descripción del ambiente y vida que se
respiran en la gran mayoría de los pubs que he visitado, voy hacer
especial mención a uno de ellos llamado The Black Sheep, situado en
Camberwell New Road. Muchas noches grandiosas tengo pasado en ese
pub con mis compañeros de residencia, conversando, bebiendo cerveza o
sidra, bailando, tratando de divertirme, y en definitiva, desfasando
muchos fines de semana en esta ciudad. Aparte de este local en el que
ponían generalmente música comercial internacional, también entré en
58

otros pubs con una decoración y belleza exquisita, como el Prince of


Wales, el Silver Buckle y en algún otro más. Todos ellos están situados
en mi zona de residencia, Camberwell Green. La verdad es que salir de
marcha por estos locales era una forma de evadirme de mis continuos
problemas de acomodación a las instalaciones de mi residencia, al igual
que también me servía para afianzar más mi amistad con los amigos que
tenía. De todas las veces que he salido de fiesta, recuerdo la vez en que
conocí a dos chicas, una francesa y otra belga, con quienes canté en uno
de esos pubs que tenía karaoke la bella canción titulada “Stand by me”
de Ben E. King. Curiosamente las conocí el mismo día en que
aterrizaron en Londres y gracias a que residían en la misma residencia
que la mía. Por lo demás, mencionar que esa noche me divertí
escuchando y bailando al ritmo de canciones legendarias y románticas,
como “I think we are alone now” de Pascal and Tiffany y “Last
Christmas” de George Michael.
Sin embargo, los primeros fines de semana de estancia en Londres he
salido, como ya dije anteriormente, con muchos de mis primeros
compañeros de la residencia, en su gran mayoría españoles, por zonas
«okupas». Estos locales clandestinos son muy numerosos en Londres, y
cada día empiezan a proliferar más, para colmo de la degeneración, ya
que no me gustan casi nada. Este tipo de «tugurios», por llamarlo de
alguna manera, son frecuentados por gente y personajes variopintos,
desde el típico «pijo» vestido de traje y corbata, pasando por gente
pintoresca vestida de forma extravagante o de presencia informal,
usando piercings, tatuajes, pendientes en todos lados, con el pelo teñido
y peinados de mil maneras. También era fácil encontrarse con el típico
«rapero» afroinglés con los pantalones semicaídos y con zapatillas
deportivas e incluso, y esto es lo que me daba mala espina, encontrarse
con drogadictos y vagabundos vestidos con ropa muy gastada, arrugada
o sucia. La verdad es que estos lugares muy baratos (no vale nada la
entrada y el precio de cualquier consumición era muy bajo en
comparación con los lugares normales) en los que «pinchaban» música
house y tecno, me causaban una mala impresión y un moderado pudor.
Gran parte de ese pudor se debía a que la mayoría de esos lugares eran
fábricas abandonadas, en donde se hacían fiestas de forma clandestina y,
para mi opinión, ilegalmente, porque la gente consumía sustancias
prohibidas, ya sean blandas o duras, especialmente de diseño. En ningún
momento me sentí a gusto las dos o tres ocasiones en que entré en estos
lugares, y que más bien fueron en contra de mi voluntad o bien por el
efecto del alcohol, o por buscar algo de diversión los fines de semana. A
59

este tipo de ambiente íbamos en grupos generalmente de no menos de


10 personas. La verdad es que muchos de mis amigos y amigas
disfrutaban en esos sitios, bien es cierto que ayudados por el alcohol. Yo
por el contrario me sentía raro, incómodo y desencajado en esos
ambientes. No entendía que hacía yo ahí. Aun teniendo la posibilidad de
gastar mucho menos dinero saliendo de marcha por estos lugares
«marginales», ni mucho menos me planteé la idea de seguir haciéndolo.
Así que me aparté poco a poco de esas malas influencias que me
transmitían mis primeros amigos, y fui buscando gente formal y
responsable, como mis compañeros de habitación de nacionalidad
francesa con quienes llegué a tener un estrecho vínculo emocional y
afectivo con ellos. Con estos compañeros, junto con algunos italianos,
algún checo y español, empecé a salir de juerga por sitios más normales,
como los mencionados The Black Sheep, el Prince of Wales, Fabric, etc.,
todos ellos bellos y memorables lugares y de gratos recuerdos. Eso todo
sucedió en primer contacto con esta ciudad que duró aproximadamente
4 meses.
En relación a mi segunda etapa de más de 3 meses en Londres, es
preciso comentar que ha sido bastante diferente a la hora de salir de
marcha que en mi primer contacto, ya que la gran mayoría de los fines
de semana trabajaba, por lo que he salido bastante menos por las
noches, limitando la mayoría de mis juergas a amenos y divertidos
«botellones» en la habitación de un amigo santanderino con quien hice
muy buenas migas. Probablemente, este chaval ha sido el mejor amigo
que tuve en Londres en toda mi estancia. También he compartido
noches de juerga con otras amigas y amigos españoles, además de dos
simpáticas chicas de la Bretaña francesa que poseían un físico
imponente. También llegamos hacer algún «botellón» en el jardín de la
residencia por las noches, generalmente entre mucha gente española,
aunque siempre se unía gente francesa, alemana o italiana. Algo bueno
que tenía la residencia, era que estaba situada, como ya comenté, al lado
de un parque en el que había varias instalaciones deportivas con campos
de tenis y fútbol, pasando, como ya relaté anteriormente, algunas de mis
primeras tardes de mi segunda etapa jugando al fútbol con gente de mi
residencia o de fuera de ella. En esta segunda etapa mi círculo de
amistades a la hora de salir de marcha por las noches se restringió a
gente básicamente española, frecuentando las zonas del centro de la
ciudad, en esos lugares donde más ambiente nocturno se respiraba,
como Piccadilly Circus, Leicester Square, el Soho o Mayfair. En una de
esas zonas, en un par de ocasiones, he sido testigo directo del racismo y
60

la xenofobia que manifestaban ante mis compañeros y a mí algunos de


los porteros de varios pubs, al no permitirnos la entrada en dichos
locales, alegando y justificando todo tipo de excusas o razones
incomprensibles y absurdas, con el fin de que no pudiésemos entrar para
divertirnos. Sin embargo, estos dos casos aislados eran la excepción a la
regla, no teniendo por mi parte nada que reprochar a los ingleses, salvo
algún caso muy rebuscado y sin mucha trascendencia. En una de esas
dos ocasiones en que tuvimos el citado incidente, nos pasamos la noche
dando más vueltas que en una noria para tratar de localizar un local
más o menos decente en el que pudiésemos entrar para tomar algo como
cualquier ciudadano normal que quiere divertirse. Sin embargo, no lo
encontramos, e incluso, de tanto deambular de un lado para otro,
acabamos sin darnos cuenta en uno de los numerosos barrios «gays»
que se encuentran por la ciudad. Eso ya era la gota que colmaba el vaso.
Yo no me sentía nada gusto en ese tipo de ambientes, aun estando muy
poco tiempo. En definitiva, esa noche por no querer o poder gastar todos
mucho dinero, ya que sí teníamos la oportunidad de entrar en alguna
discoteca, puesto que varias personas que trabajaban como Relaciones
Públicas nos vendían entradas por £10 cada una (15 euros al cambio) y
sin derecho a consumición, acabamos todos en un local español llamado
Pepes. Después de haber esperado impacientemente casi una hora,
conseguimos acceder a su interior. Si hablase con propiedad debería
decir que aquello parecía un zulo repleto de gente, la mayoría británica,
aunque también había española. La música que ponían era sevillanas y
flamenco. La verdad es que estuvimos no más de 20 minutos en el local.
Con eso lo digo todo. Ya os podéis imaginar como era. Prefiero
reservarme de todo comentario. En conclusión, tanto esperar para nada,
para una noche aciaga. Como dije anteriormente, esa noche fue la
excepción a la regla, ya que la mayoría de las veces que salí de marcha
por las noches en esta ciudad me divertí. Por si no fuera así y para
compensar cualquier desventaja, tenía el privilegio de vivir y ver
muchas cosas insólitas y curiosas en las noches veraniegas en Londres.
Entre esas cosas, tuve la oportunidad de presenciar en el centro del
ambiente nocturno londinense un medio de transporte muy singular, del
estilo de un carruaje de tres ruedas, pedaleado por un conductor para
llevar a parejas que desean disfrutar y recorrer la ciudad desde una
manera más emotiva y original.
Si hay algo de lo que estoy arrepentido a la hora de disfrutar al
máximo de la marcha nocturna londinense, es de no haber entrado en la
famosa macrodiscoteca Ministry of Sound situado en ElephantandCastle
61

(zona 1). La razón fundamental que motivó el que yo no entrara en ese


sitio fue por culpa de su elevado precio que superaba las £20, sin
derecho a consumición, para mi pesar. En varias ocasiones, entre mis
amigos de residencia y yo, nos planteamos seriamente la posibilidad de
entrar en este prestigioso local, pero unos movidos por su pereza y otros
porque les parecía demasiado caro, propició el que nadie se decidiese
por entrar en dicho local. Quizás algunos de mis gentiles lectores piense
que por permitirme un capricho no pasaba nada, y que esta vida es muy
corta y efímera como para desaprovechar oportunidades así. Sin
embargo, para comprender bien mi decisión tomada, es necesario que se
pongan en mi lugar, teniendo en cuenta mi bajo sueldo laboral, los
pocos ahorros que tenía y lo carísimo que está la vida allí, ya que de este
modo se entenderá bien mi comportamiento, justificado en todo
momento. Así que, a lo dicho, hecho, y a lo hecho, pecho.
Quisiera, ya para terminar mi comentario sobre el ambiente nocturno
de Londres, aconsejar varios de los locales de marcha nocturna que he
frecuentado, así como otros en los cuales no he llegado a entrar, pero
que son muy recomendables en cuanto a su fama, tipo de ambiente, de
música y, en definitiva, en su relación calidad-precio.
Entre todos los pubs2 que hay en Londres debo recomendar
lógicamente los que he entrado: The Black Sheep, el Prince of Wales y el
Silver Buckle, situados todos ellos en el distrito de Camberwell. En todos
ellos no se cobra por la entrada y el precio de cualquier consumición
oscila generalmente desde las £2 en adelante. Son lugares acogedores y
ambientados, donde tienen sofás para sentarse, zonas habilitadas para
jugar al billar o a los dardos, se dan bebidas y comidas en forma de
tapas variadas, o incluso con karaoke, como es el caso del Silver Buckle.
Otro lugar que debo recomendar y que he estado un sábado con
amigos franceses, es el Fabric. Este lugar, que antiguamente era una
carnicería, fue convertida en una discoteca metálica, con diferentes
salas y ambientes, donde pinchan diferentes DjsFabric, con su propio
sello discográfico y cuyas recopilaciones gozan de buena imagen.
Normalmente se cobra la entrada por el orden de £15, aparte las
consumiciones van por cuenta de sus visitantes. La verdad es que es
suficientemente cara como para ir todos los fines de semana, razón por
la que entré sólo una vez. Esta discoteca está cerca de la estación de
metro de Farringdon.
62

Si tengo que mencionar un lugar por su gran fama y prestigio


europeo, ese es la Ministry of Sound. Esta discoteca está situada cerca
de la estación de metro de Elephant and Castle. Es el lugar favorito para
los turistas, sobre todo extranjeros, que ven este lugar como un
verdadero «santuario» de la música electrónica, como son el tecno-
house y el dance, añadiendo a esas noches «urbanas» muy ambientadas
un tipo de música rapera como es el hip-hop. El precio de la entrada
alcanza las £20 y sin derecho a consumición. Normalmente abren desde
las 9 de la noche hasta las 5 de la madrugada. Como ya comenté
anteriormente, no entré en este lugar por su alto precio, aunque espero,
si algún día vuelvo a Londres, tener la oportunidad de entrar en este
local.
Uno de los locales que no me puedo olvidar es la discoteca The Loop,
situada en Dering Street, cerca de la estación de metro de Bond (distrito
de Mayfair). En este lugar he trabajado durante un mes y os puedo decir
que es un lugar «pijo», donde prodiga gente normalmente capitalista y
directivos de importantes compañías. El local abre todos los días desde
las 12 del mediodía hasta las 3 de la madrugada, a excepción del lunes
por descanso. El precio de la entrada es gratuita antes de las 10 de la
noche, a partir de esa hora se cobra £8 o £10, dependiendo del día que se
vaya. En este local se sirven todo tipo de bebidas, las cuales resultan
algo caras, con la peculiaridad de que los jueves, si se entra antes de las
9 de la noche, todas las bebidas, ya sean vinos, cervezas, champán,
spirits, cocktails, etc. son a mitad de precio (se le conoce como Happy
Hour). Aquí se encuentran tres tipos de ambientes, según en la planta
en que nos situemos. La primera de ellas es la cafetería, lugar para
tomar cafés y refrescos relajadamente. La segunda planta es lugar de
reuniones, para celebrar fiestas y beber generalmente bebidas
alcohólicas o tomar pinchos, o si se prefiere, para comer o cenar en su
restaurante. Y la última planta es la discoteca en donde acaba toda la
gente congregada en el local hasta bien avanzada la madrugada. La
música del local es comercial, aunque a veces, cuando actúan algunos
DJs en la última planta, es de tipo dance o house. Recomiendo este lugar
porque, aparte de poner buena música, se puede disfrutar de su especial
ambiente cosmopolita y multicultural. El único inconveniente es, como
ya dije, el elevado precio de las consumiciones.
Además de estos locales, quisiera aconsejar otros más y que son más
o menos del mismo estilo que The Loop. Entre esos locales cabe citar el
Oxigen, situado en Leicester Square, lugar donde se puede escuchar
63

música entremezclada, entre el pop, funky y dance; el Tiger Tiger,


ubicado en Haymarket, local para comer en su restaurante, beber todo
tipo de bebidas, desde cervezas hasta spirits y cocktails, con dos pistas
grandes de baile, con música funky y comercial; y finalmente The Soho,
es un night-club situado en la calle Greek Street, próximo a Shaftesbury
Avenue (distrito del Soho), local del mismo estilo al de los anteriores,
con la peculiaridad, al igual que The Loop, que entre las 5 y las 7 de la
tarde (Happy Hour) hay importantes reducciones en los precios de sus
consumiciones.
Además, existen algunos locales de música latina en donde se pueden
bailar salsa, merengue, rumba, e incluso tango. En uno de esos locales
llamado Habana, situado en el distrito de Fulham, he entrado un par de
veces para asistir a un curso de salsa con dos amigas, una londinense y
otra zaragozana. Con ambas he llegado compenetrarme muy bien al
poco tiempo de conocerlas. También he entrado en otro local situado
cerca de Oxford Street, en cuyo interior pude presenciar a auténticos
profesionales del merengue y la rumba bailando en parejas, ante el
asombro de algunos de los presentes, incluyéndome a mí. La verdad es
que lo latino está de moda en todo el mundo, sino basta con viajar a
Londres y averiguarlo en persona, sin tener que irse a los EE.UU. en
donde es más elocuente dicha afirmación.
64

5º MI ADAPTACIÓN A LA CIUDAD, SU CULTURA Y


COSTUMBRES
Mi adaptación a la capital inglesa en lo referente a sus paisajes,
costumbres, clima, lengua y, en definitiva, cultura, ha sido casi
inmediata, directa y de forma natural. Diría que en cuestión de 3
semanas, o incluso menos, me amoldé a la ciudad, siendo
paradójicamente mucho más rápida mi adaptación a su cultura,
hablando en términos generales, que tener que acomodarme
forzosamente a las pésimas y hostiles condiciones de las instalaciones de
mi residencia, en la cual he vivido para mi asombro 5 meses. Sin
embargo, hay que tener en cuenta que yo ya partía con una importante
ventaja, y es que ya conocía su cultura y lengua a través de las
enseñanzas que recibí del inglés, tanto en la escuela e instituto como por
mi propia cuenta a través de revistas, periódicos, en algún cómic, a
través de cintas de cassette (la mayoría son de la revista mensual Speak
Up), o algunas películas de la factoría Hollywood vistas en versión
original subtituladas en inglés. También no he escatimado esfuerzos,
dinero y tiempo por aprender este idioma, el más prestigioso e
internacional del mundo (el segundo es el español, seguido del francés,
aunque éste último goza de mayor importancia diplomáticamente
hablando) en una academia privada con profesores nativos licenciados
en la ciudad de Vigo. Lo que no todo el mundo sabe es que el inglés, ya
desde mi infancia, ha sido y seguirá siendo mi primera gran pasión y
vocación en esta vida. Siempre sentí una gran identificación y afinidad
por la cultura anglosajona (más específicamente me atrae la cultura
celta, sus paisajes costeros e interiores, sus tradiciones y costumbres,
tanto escoceses e irlandeses) y también por la cultura estadounidense,
aunque aquí seguramente algunos de mis lectores discrepen y
reaccionen molestamente por esa afinidad. Sin embargo, debo aclarar
que siempre he sentido afinidad y fascinación por la cultura «yanqui»,
por sus ciudades y paisajes, industria cinematográfica, sus artistas
musicales, sus medios de comunicación, o por sus pasmosos y
vertiginosos avances científicos y técnicos. Unos avances muy
65

comprensibles que ocurran, ya que la mayoría de las patentes se


obtienen, impulsan y desarrollan activamente en este país, como en el
caso de la industria aeroespacial, automovilística, de las
telecomunicaciones, de la informática, o en algunos campos de la
ciencia que se relacionan con la medicina, la biología, la parapsicología,
etc. Por el contrario, siento una fuerte repulsa, malestar e indignación
por su política de gobernar prepotente, avasalladora e imperialista,
ensalzado con su patriotismo fogoso y déspota, con la cual casi nunca he
estado de acuerdo.
Londres en el aspecto cultural y artístico es posiblemente la ciudad
más ostentosa y rica del mundo, pues toda la ciudad rebosa de
monumentos, palacios, castillos, museos, teatros, etc. Todo ello
representa y evoca la larga historia esplendorosa del gran imperio
colonial inglés, muy probablemente uno de los tres imperios coloniales,
junto con el español y el francés, más importantes y hegemónicos del
mundo durante toda la historia de la civilización humana. La verdad es
que me he sentido seducido e impresionado desde el primer momento
por la gran historia gloriosa que representa cada rincón de esta ciudad,
al mismo tiempo que no podía creer como era posible que una única
ciudad pueda reunir, plasmar y «recopilar», por decirlo de alguna
manera, toda esa larga historia de tantos siglos de este país, Inglaterra.
En España no ocurre lo mismo con su capital, Madrid, ya que aun
siendo una ciudad brillante y cautivadora, es odiosamente comparable
con Londres, ya que los orígenes de la historia escrita de Madrid data
del siglo IX, en cambio Londres data del siglo I d. de J.C., cuando los
romanos empezaron a construir lo que por entonces se conocía como el
Londinium. No obstante, la larga y envidiable historia de España (o
Hispania como antiguamente se le conocía) está reflejada en sus
catedrales, mezquitas, monumentos, castillos, palacios, puentes, etc., que
se encuentran a lo largo y ancho de toda su geografía y no en una
ciudad como ocurre con Londres. Bien es cierto que en otras partes de
Inglaterra existen restos históricos de gran interés artístico y cultural.
Incluso si lo comparamos con Nueva York, considerada por muchos
como la capital del mundo, no sería insensato decir que Londres es más
rica en sus rasgos históricos y culturales, ya que todo lo que simboliza
Nueva York abarca cerca de 2 siglos y medio. Una historia que comienza
cuando los colonos holandeses, después de aniquilar a las tribus indias
establecidas en esa parte de América, fundaron lo que por aquel
entonces era la Nueva Amsterdam, pasando posteriormente a formar
parte esta colonia holandesa a la propiedad de los ingleses con el
66

nombre actual que ostenta, Nueva York. Sin embargo, si analizamos a


Nueva York como ciudad estadounidense, hay que remontarse desde el
año 1777 en la que los americanos apoyados por Francia y España
derrotaron al imperio inglés en la famosa batalla de Saratoga (su
Declaración de Independencia fue redactada en año 1776). No obstante,
contrariamente a lo que representa Londres con su dilatada y magnífica
historia, Nueva York evoca y representa el vanguardismo y el
postmodernismo en el sentido etimológico de la palabra, que se ve
reflejado, sobre todo, en sus impresionantes y asombrosos rascacielos,
símbolo del poder americano en la era moderna. Entre eses rascacielos
hay que citar el Empire State Building, el Rockefeller Center, el Lincol
Center, etc. También se puede observar ese vanguardismo en la belleza
arquitectónica postmodernista de los edificios y construcciones en el
rico y famoso distrito de Manhattan, al igual que en sus numerosos
complejos deportivos, como son el Madison Square Garden, el estadio
de los Gigantes de Nueva York o en sus puentes, como el Brooklyn
Bridge. Y cómo no, no puede olvidarme de la Estatua de la Libertad, el
emblema actual que más define a la ciudad neoyorquina. Así pues,
Londres es un repaso de 20 siglos de historia de su país, es el
conservadurismo, el origen arraigado de sus tradiciones, costumbres e
instituciones; en cambio Nueva York es el vanguardismo, el
modernismo, que plasmado en sus edificios, calles, monumentos,
museos, los cuales simbolizan de manera elocuente el poder de Estados
Unidos en todo el mundo. Un poder que queda patente a través de sus
más depuradas e innovadoras tecnologías, que promueven importantes
avances científicos y tecnológicos hoy en día. Londres y Nueva York, las
dos caras de una misma moneda. Dos ciudades que, con sus mil y un
tópicos, representan dos «mundos» totalmente diferentes, vinculados
únicamente por su lengua, e incluso por su cultura. Digo cultura porque
Estados Unidos ha sido la principal colonia inglesa durante muchos
años, aunque también España colonizó parte de este país, influyendo
decisivamente para que la cultura y lengua hispana en este congregado
de 50 estados sea la segunda más importante, después del inglés, tanto
mediáticamente, como en la enseñanza que se imparte en las
universidades y en cualquier centro docente, o por el gran número de
artistas hispanos del mundo del cine o la música que se consagran
definitivamente en América. Un país considerado como «la tierra de las
oportunidades» y que, en muchos otros aspectos, también es notable la
cultura latina. Un dato elocuente que demuestra todo ello lo tenemos
precisamente con la ciudad de Nueva York, en la que más de una cuarta
67

parte de su población es de origen hispano. Pero el motivo de la


escritura de este libro es para escribir sobre Londres y no precisamente
de Nueva York, aunque no estaría mintiendo al decir que si tuviese la
oportunidad de vivir en esta última capital, mi ciudad predilecta, no
dudaría por un sólo instante de tratar de escribir otro libro.
Antes de finalizar mi anterior comentario realizado a título personal
sobre la cultura «yanqui», quisiera decir que hay tres cosas que admiro
profundamente de EE.UU. como país más poderoso e influyente del
mundo actualmente en casi todos los aspectos (político, económico,
tecnológico, científico, militar, mediático, turístico.), y que son las
siguientes: la primera cosa que admiro es la unidad y cohesión entre sus
ciudadanos en los momentos de mayor necesidad y dificultad, sino véase
como ejemplo la asombrosa reacción que tuvo su población tras los
atentados terroristas suicidas islamistas del 11 de septiembre del 2001 en
los que todos sus ciudadanos permanecieron unidos como una piña en
esos terribles momentos; la segunda cosa que admiro de los
norteamericanos es el sentido patriótico que tienen ellos con toda la
simbología relacionada con su país (su bandera, su escudo, su himno, su
tierra, sus tradiciones, sus instituciones, su cultura.), unidos todos sus
ciudadanos en un mismo sentimiento, que es la defensa de su nación; la
tercera y última cosa por la que siento una sentida admiración e
impresión, es por las firmes convicciones ideológicas y religiosas
arraigadas profundamente en el subconsciente colectivo de su sociedad,
principalmente la confianza en Dios, tal y como cita su himno en una de
sus frases, y que todos los estadounidenses cantan con especial orgullo,
entusiasmo y devoción. Eso es lo que admiro de este país, EE.UU.,
considerado el país no sólo de las oportunidades, sino de los grandes
contrastes, en donde se entremezcla la riqueza con la pobreza, el
racismo con la tolerancia, el orden con el caos, la cultura con la
incultura, la libertad con la censura, etc. Del mismo modo, a pesar de
ser EE.UU. un país aparentemente inquebrantable, pragmático,
conciliador y «políticamente correcto», en el fondo subyace en su
sociedad otra realidad bien distinta basada, según muchos detractores e
hipercríticos de este país, en la hipocresía, la prepotencia, la incultura, el
puritanismo, la vanidad y la doble moralidad. Personalmente, yo no voy
a caer en el error de juzgar a los ciudadanos de un país en el cual nunca
he tenido la oportunidad de poder vivir en él, aunque sí diré que EE.UU.
siempre estará en el centro de la polémica para la opinión pública, sea
por la causa que fuere. Acabando ya, si hay algo indiscutible es que
EE.UU., ya sea por su política internacional, por la forma de ser de su
68

sociedad o por otros motivos, no causa ninguna indiferencia ante los


«ojos» del mundo.
Situándome en lo que he venido a hacer, escribir sobre Londres, es
significativo mencionar que sus instituciones monárquicas o reales
tienen muy buena reputación, siendo admiradas y respetadas por casi
todo el mundo. El ilustre sistema de educación, con sus prestigiosas
universidades, academias y colegios son un fiel reclamo para todos los
turistas que desean vivir, estudiar y formarse para mejorar su
currículum académico en esta ciudad. Londres es, además, una ciudad
muy respetada en el aspecto empresarial y financiero, siendo uno de los
centros bancarios y financieros más importantes de Europa, y la tercera
plaza bursátil del mundo. En el aspecto mediático, es decir, en cuanto a
sus medios de comunicación, como son la prensa y la televisión, debo
decir que son de sobra conocidos y admirados. De gran prestigio y fama
internacional gozan varios de sus rotativos, como son el Financial
Times, The Guardian, Daily Telegraph, The Times, o los sensacionalistas
The Sun, The Daily Mirror o el Evening Standard, entre muchos otros.
¡Y qué decir de su cadena de televisión: la BBC!. Esta importante cadena
pública británica, fundada en el año 1927, está considerada
mundialmente como una de las cadenas que mejor imparte las noticias,
tanto de alcance nacional como mundial, en sus informativos diarios
gracias a su gran rigor, objetividad e imparcialidad. Yo he tenido la
suerte de poder observar en autobús su enorme y elevado edificio
situado cerca de la zona en que trabajé durante mi primera etapa.
También es mundialmente conocida su policía metropolitana, el New
Scotland Yard1, la cual fue reorganizada con este nombre en el año 1829,
y cuya designación tiene origen en el hecho curioso de que una de las
dependencias de la policía británica antiguamente estaba situada en la
parte trasera de un castillo medieval propiedad de la nobleza escocesa.
Su buena reputación mundial se extendió como la pólvora, debido en
gran parte a su eficiente departamento de investigaciones. Además,
tienen otros servicios, como son la lucha contra el tráfico de
estupefacientes, el patrullaje o el control del tráfico en la ciudad. Puede
presumir esta policía metropolitana de ser de las primeras en implantar
un método novedoso y muy vanguardista de lucha anticriminalista,
como son los archivos de huellas dactilares. Fue gracias al escritor,
científico y espiritualista Sir Arthur Conan Doyle quien, a través del
célebre personaje de detectives llamado Sherlock Holmes, hizo
popularizar más si cabe a esta policía, Scotland Yard.
69

Una de las grandes instituciones británicas que más admiración y


respeto causan mundialmente, es su sistema de salud público el National
Health Service2 (NHS), el cual da cobertura de forma gratuita a casi 60
millones de personas de todo el Reino Unido. Este Servicio Nacional de
Salud fue fundado en el año 1948, y es utilizado prácticamente por toda
la población británica. Hoy en día el NHS goza de muy buena
reputación internacionalmente por su cobertura universal, por la
elevada calidad de los servicios de atención primaria, por su política
estratégica de contención de gastos y por la alta especialización y
profesionalidad obtenida en los diferentes niveles de servicio. Se ha
convertido este sistema de salud en parte fundamental para el bienestar
personal y social de la población británica. Su principio primordial es
ofertar un servicio de salud íntegro de forma gratuito a cualquier
ciudadano del Reino Unido que lo solicite, independientemente de su
nivel de rentas e ingresos. Sin duda, la gran calidad que posee el NHS,
ha influido decisivamente para que la esperanza de vida de los hombres
británicos se sitúe en los 74 años y en el caso de las mujeres en los 79
años. Un sistema de salud, cuyo presupuesto anual alcanza los 75 mil
millones de dólares, lo que representa el 6,7 % del P.I.B. de Gran
Bretaña.
Además, Londres tiene muy seguramente la mejor red de transportes
de toda Europa, ya que aquí hay cualquier medio para poder desplazarse
y viajar, bien por todo la ciudad, bien por todo el país o, si hiciese falta,
para dirigirse a cualquier parte del mundo. Un ejemplo claro lo tenemos
con sus 5 aeropuertos: Heathrow, Gatwick, Luton, Stanstead y London
City. La verdad es que uno se queda impresionado por la gran cantidad
de aeropuertos que tiene esta capital, y que da una idea del tamaño
desproporcionado que posee Londres, tanto en habitantes como en
superficie. Yo pude comprobar personalmente el congestionado tráfico
que circula por el espacio aéreo londinense durante todo el día, aunque
por las noches normalmente no suelen circular. Desde mi residencia
situada en el barrio de Camberwell Green he podido contemplar con
mucha atención y asombro el paso puntual cada tarde, sobre las 18
horas, del Concorde de la compañía aérea British Airways, que sigue la
ruta entre Londres y Nueva York, planeando a muy pocos metros de
tierra y con el ruido verdaderamente ensordecedor de sus motores. Ese
ruido parecía como el sonido de un fuerte relámpago. Sin embargo,
tristemente, y al igual que hizo Air France con su compañía de
Concorde, British Airways seguirá el mismo camino, dando por
finalizados sus vuelos hasta América u otras partes del mundo, debido a
70

la baja demanda de gente que desea volar en estos aviones, agravado


por sus altísimos precios que producen como consecuencia serios
problemas económicos y financieros a la hora de su mantenimiento. De
todas maneras, no faltará algún magnate excéntrico que quiera comprar
ambas o una de las compañías de Concorde para que, de esta manera, se
mantengan a flote y al mismo tiempo saciar sus ansias de ampliar su
cuota de poder en el mercado. Entre esas personas excéntricas está el
multimillonario Richard Branson, propietario del imperio Virgin, quien
ha hecho varias ofertas en vano a British Airwyas para poder adquirir
su línea de Concorde y, de esta manera, no cancelar el servicio regular
de Londres a EE.UU. (por si fuera poco, Virgin ya tenía una compañía
aérea, Virgin Atlantic, aunque parte de su patrimonio fue vendida a otra
compañía). Sin embargo, el presidente de Virgin no consiguió el apoyo
que demandaba del gobierno británico para poder amortizar los gastos
de mantenimiento de dichos viajes, por lo que definitivamente el
Concorde dejará de volar.
Es importante mencionar que desde Londres, por tener una ubicación
geográfica casi perfecta, se puede viajar a cualquier parte del Reino
Unido, Europa o del mundo a precios de ganga gracias a que el sector
aéreo no esta tan monopolizado, y al haber un gran abanico de agencias
que expiden los billetes a bajo coste, como son Ryanair, Virgin Express
e Easyjet, entre otras. Un dato que avale lo que acabe de decir es que,
actualmente, con la liberalización del sector aéreo se están imponiendo
tarifas de risa para viajar desde España a Londres, valiendo incluso más
las tasas que el propio vuelo.
¡Y qué decir de su metro, el «underground», conocido popularmente
como «The tube» por su forma perfectamente cilíndrica!. La verdad es
que parece una ciudad subterránea llena de largos, anchos y profundos
túneles y pasillos, provista de una gran cantidad de escaleras,
ascensores, torniquetes de acceso y puertas automáticas, abundante en
rótulos y tableros luminosos en los que se expone, bien anuncios
publicitarios o bien para consultar las diferentes líneas de embarque. Un
metro que está lleno de estaciones espaciadas y que, como no podía ser
menos, está excesivamente masificado de gente, tanta que parece un
hormiguero. Es como una ciudad debajo de otra ciudad. Me sentí
impresionado al ver como la mano del hombre ha podido hacer estos
túneles tan largos, cilíndricos y bien acondicionados. Los grandes
avances acaecidos en la era moderna en el campo de la tecnología han
supuesto el que hubiese mejores infraestructuras de comunicación y
71

transporte, y en el metro de Londres vemos muy reflejado estos grandes


avances, casi que futuristas. Es el metro londinense, además, el decano
de los metros del mundo y es también, sin la menor duda, el mejor
medio de transporte, así como el más caro, aunque depende mucho
también de las zonas y el número de días que se use. El metro3 consta de
10 líneas designadas por su nombre. Es importante decir que el metro
circula desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche de lunes a
sábados, mientras los domingos abren a las 7 de la mañana hasta las 11
de la noche. Si se viaja frecuentemente en metro sale más económico
hacerse la tarjeta Oyster Pre Pay, para la cual hay que registrarse
primeramente y pagar una fianza de £3, recuperable al finalizar su uso.
Los precios de los billetes de metro con esta tarjeta son muy módicos en
relación con las tarifas normales, reduciéndose más si se es menor de
edad o estudiante. Existen otros tipos de billetes combinados conocidas
como Day Travelcards, útiles para usar los 5 días laborables, tanto para
metro como para autobús, sirviendo para las zonas 1 y 2 de Londres por
el módico precio de £5,30, siendo inferior el precio según la hora de
embarque y si se es menor de edad o estudiante; para las zonas 1, 2 y 3
el precio se eleva hasta los £6.40, con las mismas reducciones que en el
caso anterior. También hay tarjetas específicas para los fines de de
semana, pero con tarifas algo más caras que las de semana. Una de las
tarjetas que recomiendo al turista que visite Londres, y que yo he
utilizado frecuentemente, es la tarjeta 7 Day Travelcard, válida para
cualquier hora durante 7 días seguidos de la semana al precio de £17
para la zona 1; de £20,20 para la 1 y 2; y de £23,80 para las zonas 1, 2 y
3, elevándose el precio si se utilizan más de 3 zonas. A estas tarifas se
aplicarán reducciones, dependiendo si se es menor de edad o estudiante.
Además de estas tarjetas, hay que señalar otras con tarifas muy
económicas para viajar en metro durante un mes, entre ellas está la
Monthly Travelcard, la cual no he llegado a utilizar, pero que me
hubiese valido, si lo supiera, para ahorrar bastante dinero en mis viajes
hasta mi puesto de trabajo. Es aconsejable hacerla si se va estar un
periodo algo largo de vacaciones en esta ciudad. Por último, cabe
señalar que existen otras más tarjetas a disposición de los ciudadanos en
las ventanillas de las estaciones de metro.
Es necesario comentar que yo en mi primera etapa utilizaba, aparte
del autobús, el metro frecuentemente siguiendo el buen estilo y
costumbres generacionales londinenses para ir a trabajar, incluso los
fines de semana, ya que usaba la travelcard de metro con la que podía
viajar toda la semana. Aunque ello implicaba dos inconvenientes:
72

primero, que resultaba demasiado caro los billetes; y segundo, no podía


ver los paisajes exteriores de la ciudad.
A parte del cómodo y rápido metro, existe otro medio de transporte
más barato. Hablo lógicamente de los autobuses, ya sean de dos pisos o
de uno sólo. Los precios son muy asequibles y razonables, sobre todo si
se utiliza el «Bus Pass» que dura para una semana entera, pudiendo
utilizar al menos las cuatro primeras zonas (su precio es de £8.50). En
cambio, si no se quiere comprar el «Bus Pass», también se puede pagar
por viaje al precio de £1.
Otro medio de transporte son los incontables taxis que circulan a la
largo y ancho de la enorme ciudad, a los cuales ni por asomo tuve la
más mínima intención de montar, ya que el precio por viaje suele ser
algo disparatado. ¡Y qué decir de las frecuentes limusinas que circulan
elegantemente por la capital!. Alguna vez que otra me ha picado el
gusanillo de saber si se encuentra alguna famosa estrella de Hollywood
o cantante en el interior de estos largos, glamourosos y admirados
vehículos. La verdad es que he pensado en varias ocasiones viajar en
esos vehículos para saber lo que siente en su interior, contemplando la
ciudad desde otra óptica más emocionante. Aunque, finalmente, no lo he
hecho, ya que su precio suele superar con facilidad las £10 por viaje, eso
sí, dependiendo de la distancia del trayecto a seguir, con cuanta gente se
monte y el tiempo que se esté viajando en dicho vehículo.
Si es cierto que la ciudad de Londres tiene una de las mejores redes de
transporte de Europa, también es cierto el hecho de ser bastante caótica
y masificada por la avalancha de gente que lo utiliza y lo congestionado
que está la ciudad de vehículos de todo tipo. Por eso, no hace mucho
tiempo, el gobierno británico aplicó una medida muy revolucionaria
para evitar en este caso los agitados atascos provocados por el gran
tráfico de vehículos privados para fomentar, de esta manera, el uso de
los transportes públicos, como los autobuses o los taxis. Esta medida,
aplicada en febrero del año 2003, se llama «congestion charge» en la
que los conductores tienen que pagar al menos unas £5 al día en
concepto de peaje cada vez que circulen por el centro de la ciudad en
determinadas horas. He dicho que Londres es una ciudad muy cara y
lujosa hasta para esto.
Además del metro, trenes regionales, los autobuses, los taxis,
limosinas (incluso taxis aéreos), también se puede ver la ciudad desde
73

otro punto de vista bajando el Támesis en barco. Yo, sinceramente, no lo


he hecho y la verdad es que estoy algo arrepentido de no haberlo hecho,
porque sí merecía realmente la pena probarlo. No sólo estoy arrepentido
de esto, también de no haber montado en la noria más grande del
mundo, el British Airways London Eye, desde la cual se puede obtener
una vista formidable, única y sobrecogedora de la ciudad. Según la
opinión de dos de mis mejores amigos, Jorge y Miguel Barbosa, quienes
subieron a esta trepidante atracción, la cual está siempre saturada de
gente, desde lo más alto de la noria se puede divisar su infinito horizonte
lleno de viviendas y edificios que pueden llegar a abarcar un radio de 40
kilómetros, por lo que basta de todo tipo de comentario.
Prosiguiendo mi comentario sobre la cultura anglosajona, debo
señalar que Londres es uno de los centros artísticos del mundo en
cuanto a la gran diversidad de formas artísticas, multiculturalismo y su
modernismo, plasmado todo ello en su gran número de museos y teatros
que posee. Son de una gran cantidad y calidad. Sus museos como el
British Museum, la National Gallery, el Madame Tussauds, el Victoria
and Albert Museum, etc., gozan de una gran reputación, reconocido
prestigio y fama internacional. No menos importantes son sus salas de
concierto y de teatro, como son el Royal Albert Hall, Queen Elizabeth
Hall y el Royal Festival Hall, visitados por miles de turistas inmigrantes
y londinenses, éstos últimos, orgullosos de su patrimonio artístico,
consideran a Londres como la capital mundial del teatro, aunque quizás
puede ser algo exagerado. Yo he visitado muchos museos en Londres,
casi todos gratuitos, en cambio no he entrado en ningún teatro por la
sencilla razón de que no me llaman la atención en absoluto, pero sí me
impresionaron sus sobrias fachadas.
No hace falta decir lo enormemente importante que es Londres
debido a su lengua, el inglés, el cual se ha convertido en el idioma más
internacional y prestigioso del mundo, siendo utilizado como primer
idioma en los medios de comunicación, en la diplomacia internacional
(ONU, OTAN, UNESCO, etc.) en el campo de las letras, de las ciencias,
o de las artes, siendo de obligado estudio en todas las escuelas,
academias o universidades de todo el mundo. Hoy en día, sin ir más
lejos, para poder tener un buen puesto de trabajo es necesario, además
de una buena titulación académica, másteres, doctorados, algo de
experiencia laboral, conocimientos de informática y, por supuesto, un
buen nivel del inglés, tanto hablado, de entendimiento y escrito. Además
del inglés como idioma oficial que hablan los nativos, tengo que
74

mencionar el hecho de que exista una gran variedad de gente


inmigrante procedente de todas las partes del globo y que enriquecen
lingüística y culturalmente la ciudad de Londres. Debo añadir como
apunte adicional que existe en esta ciudad una variedad dialéctica del
inglés conocido como Cockney, un argot local que utilizaba y sigue
utilizando la gente de clase baja, sobre todo obrera, de la zona del West
End, y que se ha extendido mucho por toda la ciudad.
Londres presume de ser la ciudad más cara de Europa y con el nivel
de vida más alto de nuestro continente. Eso es un dato corroborado
estadísticamente, así que no intento engañar a nadie. Yo lo sé por mi
propia experiencia. Es cierto que no he estado en todos los países y
ciudades del mundo para poder contrastarlo, y la verdad es que no lo
necesito, ya que estoy plenamente convencido de que hay muy pocas
ciudades en el mundo que puedan tener el mismo nivel de vida que
Londres, ya no digo que lo superen. La razón más determinante que
motiva el que la capital británica tenga un nivel de vida muy alto y sea
disparatadamente cara, es, sin duda, por su moneda, la libra esterlina.
Esta moneda es la más fuerte y de mayor cotización en el mundo, más
incluso que el dólar estadounidense, el euro y el yen. Es comprensible
que el Reino Unido no haya querido formar parte de la zona euro, aun
cumpliendo los criterios de convergencia del Tratado de Maastrich.
Ellos, aparte de «euroescépticos», no son tontos. Veían que si aceptasen
la unificación de la moneda les supondría un serio revés para su
economía, la cual es actualmente una de las más prósperas y estables del
mundo (se estima que el coste que le produce a Gran Bretaña por ser
país miembro de la Unión Europea es de un millón de libras esterlinas a
la hora). El gran valor que tiene la libra esterlina repercute en todos los
ámbitos: comercial, financiero, económico, industrial, social. Como
claro ejemplo de esa repercusión lo encontramos en uno de los sectores
más caros y de mayor inflación en Londres, la vivienda, ya sea de
compra (tanto casas, pisos, apartamentos nuevos o usados), o de alquiler.
Yo mismo he intentado frustradamente en mi primera etapa en la
capital mudarme de mi hostil residencia a una de esas casas de estilo
georgiano o victoriano para así poder convivir con una familia de habla
inglesa y progresar y mejorar de una manera mucho más rápida,
productiva y eficiente mi nivel de inglés. Lamentablemente, eso no
ocurrió en mi primera etapa porque mis posibilidades económicas no
estaban a la altura de los exagerados precios impuestos tanto en su
alquiler como para depositar una fianza. Eso hablando estrictamente
para alquilar una habitación compartida con una o más personas, que
75

no para alojarme yo solo en dicha habitación. Sin embargo, mi suerte


giró a mi favor, logrando en mi segunda etapa encontrar una habitación
compartida con otra persona en una cómoda y habitable casa situada en
el distrito de Fulham, después de alquilársela a una entrañable y amable
familia gallega, de la cual he recibido un trato muy exquisito y cordial.
Si ya de por sí es poco menos que descabellado alquilar una
habitación compartida en un piso (o casa), mucho más es alquilar dicho
piso para una sola persona, aunque esto último nunca se me pasó por la
cabeza, sí en cambio compartirlo. Tanto en mi primera etapa como en la
segunda, he buscado y hojeado sin mucha convicción y fuerza de
voluntad varios periódicos, entre ellos el Loot, que anunciaban
alquileres de pisos y la verdad es que al ver sus precios me causaban
algunas náuseas y estupor. Normalmente, el precio para alquilar una
habitación compartida con una o dos personas más solía ascender a
unas £70 o £80 a la semana, reduciéndose su precio si el número de
personas a alojarse en la habitación es superior a 3 personas. También el
precio depende de la gente que ocupe ya no sólo la habitación, sino el
piso completo, y por supuesto, de la calidad y zona de ubicación del piso.
Generalmente alquilar una habitación para compartir con una o más
personas y en un piso compartido, situado en la zona 1 de Londres, es
decir, en la zona céntrica más monumental suele alcanzar las £100
semanales, superándolo con creces si se vive solo en el piso. De esa
última manera los precios superan con creces las £300 semanales.
Además, por si fuera poco, para alquilar una habitación de un piso
suelen exigir a la hora de firmar el contrato de arrendamiento el pago
previo de una cantidad de dinero en concepto de fianza, que en la
mayoría de los casos es equivalente a dos meses de alquiler. El
inconveniente que tiene esa forma de alquiler, aparte de su elevado
precio, es el hecho de que en caso de tener la intención de dejar el piso,
se tiene la obligación de comunicárselo al arrendador con un tiempo
mínimo de antelación, normalmente de un mes, o de lo contrario se
perdería todo o parte del derecho a recuperar la fianza depositada
previamente. Finalmente, y como es lógico, hay que pagar
periódicamente los gastos de comunidad, luz, agua y gas. Estas facturas
llamadas «bills» son muy útiles para hacer un «statement», un tipo de
declaración escrita que certifica la residencia y el estar al corriente del
pago de los recibos, y que en muchos casos es imprescindible a la hora
de querer abrir una cuenta bancaria o para otras gestiones burocráticas.
76

Así que, en resumidas cuentas, invertir el dinero en el alquiler de una


habitación en un piso o mismo en una casa resulta en muchos casos,
más que una aventura, algo seriamente arriesgado, sobre todo si no se
tiene un sueldo y unos niveles de ahorro altos, y no se sabe con cuánta
gente compartirlo (o con quién compartirlo), o cuando no se tiene muy
claro el tipo de contrato de arrendamiento que se firma, muchas veces
por no leer todo el documento, incluyendo sus cláusulas normativas.
También los fallos de interpretación a la hora de leer el contrato pueden
ocasionar serios perjuicios, como, por ejemplo, el perder toda la fianza
depositada por no cumplir el tiempo mínimo de duración del alquiler
estipulado en el contrato o no comunicar con un tiempo de antelación la
voluntad de rescindir el contrato y dejar el piso o casa. Por eso hay que
andar con los ojos bien abiertos y estar espabilado para no tener ningún
tipo de percance relacionado con este tema. Así que, como dice el
refrán, «el que avisa no es traidor».
Siguiendo mi relato, debo decir que Londres es muy caro no sólo en
los precios de la vivienda o alojamiento, también lo es en otros sectores,
como, por ejemplo, el ocio y la cultura. La mayoría de los cines, salas de
juego, teatros, discotecas, algunos museos, etc., relacionados con el
pasatiempo y la diversión, han implantado unos precios verdaderamente
«desorbitantes» que hacen menguar seriamente la economía de la
población, sobre todo inmigrante. Además, el gobierno británico ha sido
implacable la hora de fijar los precios de determinados vicios, como el
tabaco y el alcohol, alcanzando precios sensiblemente disparatados,
debido en gran medida a la elevada carga impositiva aplicada, para que
de esta manera la gente se conciencie de los serios riesgos para la salud
pública que conlleva el consumo de este tipo de drogas blandas, todavía
legales en este país. Curiosamente, en algunos países sus gobiernos
tomaron la dura decisión de prohibir fumar no sólo en los centros de
trabajo, sino que además lo prohibieron en los lugares de ocio, como,
por ejemplo, los pubs, restaurantes y locales públicos cerrados. Una
medida represiva muy rígida que no deja de levantar controversia entre
la población que la sufre. Esta rígida medida se implantó en el Reino
Unido recientemente y en España, con la entrada del año 2006, acaba de
ponerse en funcionamiento. No es entonces difícil de comprender por
qué proliferan el contrabando en la venta de tabaco o alcohol en la
capital británica.
Si es cierto que precio del ocio y la cultura está por las nubes en
comparación con otros países como el mío, también es cierto, por el
77

contrario, que los bienes de primera necesidad como la alimentación y


la ropa tienen unos precios medianamente razonables y asequibles. Así
que no todo va a ser aspectos negativos, habiendo algún lado positivo,
como es en este caso a que si Londres es muy cara en muchos sentidos,
se debe a su alto nivel de vida que se ve reflejado en sus elevados
sueldos laborales que no suelen bajar de las £400 semanales (unos 600
euros a la semana) para aquellas personas que tengan un buen dominio
del inglés y ejerzan un puesto de trabajo decente. Por lo tanto, los
sueldos que allí hay son el mejor bálsamo para contrarrestar y
compensar su cara calidad de vida, soportada más por los propios
británicos que por los inmigrantes que, debido a la inexperiencia laboral
y al bajo o nulo nivel del inglés, a duras penas pueden sobrevivir
dignamente el día a día en esta ciudad.
Uno de los mayores inconvenientes que nos podemos encontrar ya no
sólo en Londres, sino en todo el Reino Unido, aparte de lo caro que está
la vida allí, es que bastantes empresas, ya sean fundaciones, escuelas,
universidades, servicios de transporte, etc., todas ellas de carácter y
dominio público, han sido y siguen siendo drásticamente privatizadas,
provocando que la renta personal o familiar decrezca
considerablemente. Esto hace que, por ejemplo, acudir a una prestigiosa
universidad o tener un buen servicio médico esté selectamente
reservado para aquella gente capitalista que gracias a su riqueza les
permiten determinados privilegios, comodidades y lujos.
Ya para finalizar mi comentario sobre la cultura británica, quiero
mencionar que Londres es centro de peregrinación, por decirlo de
alguna manera, de una gran cantidad de artistas famosos del mundo de
la moda, el cine, la música, los deportes, etc. Aquí, muchos de esos
artistas, como Madonna, Paris Hilton, Ribbie Williams, Nicole Kidman,
Gwyneth Paltrow, Huge Grant, David Beckham, Claudia Schiffer y una
infinidad de personajes célebres internacionalmente, han tenido o
siguen teniendo su residencia en la capital británica. No es muy difícil
encontrarse con algún famoso, bien paseando por la calle o en cualquier
otro lugar de incógnito, o bien cuando se produce algún preestreno
cinematográfico en sus infinitas Premieres que frecuentemente se
celebran en Leicester Square. Otra forma sería presenciando grupos
musicales a través de los diferentes conciertos que se celebran casi todos
los días de la semana en la capital. Una ciudad, Londres, que tiene
inmensas posibilidades lúdicas, educativas, de entretenimiento y ocio,
78

gracias a sus incontables centros y actividades artísticas, culturales y


deportivas.
79

Mapa del metro de Londres4. Fuente: “London Planner” British Tourist Authoriy. MFA Publications.
London (U.K.) 2003.
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81

2ª PARTE
MIS VISITAS TURÍSTICAS Y CULTURALES A LOS
GLAMOUROSOS LUGARES EMBLEMÁTICOS
82
83

6º EL LONDRES MONUMENTAL DE LOS FASCINANTES


LUGARES EMBLEMÁTICOS
La principal razón por la que merece la pena visitar y recordar esta
importante y brillante ciudad es, sin duda, por sus ostentosos lugares
emblemáticos situados la mayoría de ellos en el centro de la capital, es
decir, en las zonas 1 y 2. Mundialmente famosos son el Big Ben, el
Palacio y la Catedral de Westminster, la Catedral de San Pablo, los
Palacios de Saint James y de Buckingham, la Abadía de Westminster,
Piccadilly Circus, Trafalfar Square, The Tower, Greenwich, etc. No
menos importantes y célebres son sus avenidas y calles, como Oxford
Street, Bond Street, Regent Street y Shaftesbury Avenue; y puentes,
como The Tower Bridge, London Bridge, Waterloo Bridge, Westminster
Bridge, entre otros. Tampoco uno se puede olvidar de dos de las
atracciones más importantes que más interés causan a los turistas: los
museos y los teatros. De reconocido prestigio y fama internacional
gozan museos como la National Gallery, el Wallace Collection, la Tate
Gallery, el Madame Tussauds (museo de cera), el British Museum, The
Natural History Museum, el Royal Obsevatory, entre muchos otros.
Es oportuno resaltar sus míticos y divinos parques, como el de Hyde
Park, Kensington Gardens, Regents Park, Green Park, Saint James Park,
etc. No cabe la menor duda de que los parques londinenses, con sus
inmensas zonas verdes, sus enormes arboledas, sus esculturas y sus
cautivadoras fuentes y lagos, son lugares ideales para escapar del
bullicio y el ritmo estresante de la ciudad. Son una vía de escape para
relajarse, para practicar deportes, para hacer picnic entre amigos, para
pasear tranquilamente sintiendo el contacto directo con la naturaleza y
el aire limpio y sano, para disfrutar en pareja y para otros motivos. La
verdad es que hay muchas actividades sugerentes que se pueden
practicar en estos lindos parques. Debo decir que muchas de mis
primeras tardes en Londres las pasé visitando esos increíbles parajes
para desconectar y despreocuparme de mis asuntos cotidianos.
Por último, decir que muchos de sus distritos también tienen muy
buena imagen y reputación para la gente que los conoce. Barrios o
distritos como el de Chinatown, el Soho, Mayfair, Piccadilly, Notting
Hill, Chelsea, etc., causan un gran furor a aquellas almas que buscan un
ambiente multicultural y cosmopolita, encontrándose con restaurantes
84

de cualquier nacionalidad del mundo, tiendas de souvenirs, cines,


comercios y cadenas de comida rápida.
En conclusión, todos sus palacios, sus catedrales, parques, museos,
avenidas, puentes, teatros, castillos, etc., proporcionan un amplio
abanico de posibilidades a la hora de querer divertirse y disfrutar de la
ciudad en su estado más puro.
Para continuar mi crónica sobre los fascinantes lugares emblemáticos
de Londres, quiero centrarme en cada uno de ellos por separado para
que el lector tenga claro a qué lugar me estoy refiriendo y para que, al
adentrarme en sus rasgos históricos y culturales, adquiera algo de
conocimiento y cultura sobre todo ello. Ciñéndome a las palabras,
empezaré mi comentario sobre el primer sitio que he visitado por ser el
más representativo de Londres. Estoy hablando, obviamente, del
Westminster Palace (Palacio de Westminster) y el Big Ben, más
comúnmente conocido como la Casa del Parlamento.
Desde la margen contraria a la que se encuentra el Palacio de
Westminster1, justo bordeando el río Támesis, he conseguido en algunos
de mis paseos fluviales recrearme en las impresionantes panorámicas de
este palacio de estilo victoriano y de su puente, el Westminster Bridge.
Históricamente, el Palacio de Westminster era antiguamente una isla en
la que el rey Eduardo el Confesor edificó un palacio antes de ser vencido
por Guillermo el Conquistador, rey que invadió Inglaterra en el siglo XI.
Tras su victoria, Guillermo el Conquistador reinaría allí posteriormente,
siendo el citado palacio ampliado y estableciéndose como residencia
real. Sin embargo, un gran incendio a principios del siglo XVI destruyó
prácticamente todo este palacio medieval y propició que se trasladara la
residencia real al distrito de Whitehall (actual ayuntamiento). A
mediados de ese mismo siglo y aún sin finalizar su reconstrucción, los
Comunes se instalaron en el palacio, convirtiéndose, de este modo, la
antigua residencia de la Corona Real en la sede del Parlamento. Si no
fuera demasiado disgusto, tendrían que superar otro fatídico incendio
que volvería a destruir nuevamente el palacio. La reconstrucción de la
actual Casa del Parlamento fue llevada a cabo por Charles Barry. Hoy
en día el Palacio de Westminster ocupa una superficie superior a 3
hectáreas. En su interior se hallan 11 patios, 100 escaleras, 1100 salas de
cualquier tamaño y más de 3 kilómetros de pasillos. Sin duda, me he
quedado perplejo al contemplar el exterior de esta obra maestra, mezcla
del estilo gótico y victoriano, resaltando por encima de todo su
85

emblemático reloj, con sus 4 esferas de 7 metros de diámetro y en cuyo


interior se encuentra la campana, más popularmente conocida en todo
el mundo como el Big Ben. Una campana que hace sonar en toda la
ciudad los cambios de hora y que su peso llega alcanzar ni más ni menos
que 15 toneladas. Desde mi ubicación, en el lado opuesto al palacio, la
formidable perspectiva que me ofrecía el lugar me permitía apreciar
Victoria Tower, de 103 metros de altitud, y la Torre del Reloj, de 98
metros. Normalmente la Union Jack, un tipo de bandera, ondea en lo
alto de Victoria Tower cuando la asamblea está reunida. En el interior
del palacio, al que desafortunadamente no llegué a acceder, se
diferencian dos lugares: la Cámara de los Comunes, con sede al norte
del palacio, y la Cámara de los Lores, situada al sur, ambas con su propia
sala de sesiones. Además de estas partes, visibles desde mi ubicación,
hay otras que se puede divisar desde otros lugares más cercanos, más
concretamente desde Parliament Square. Allí mismo, desde su exterior,
uno se puede sentir admirado por el majestuoso diseño arquitectónico
de la fachada del Pórtico de Saint Stephen que conduce al Saint Stephen
Hall y al Wesminster Hall. Este último lugar es una enorme sala de 69
metros de longitud y 23 metros de anchura, ideal para reuniones
informales entre los políticos. En este sitio también se celebran las
honras fúnebres de los miembros de la realeza y de importantes
autoridades del imperio británico, además de ser un tribunal de justicia.
Ya por último, me pude encontrar rodeando la plaza del Parlamento, la
infravalorada Torre del Tesoro, un vestigio que está separado del propio
palacio, convertido en una especie de museo en el que se custodiaban
antiguamente las joyas de la Corona.
Siguiendo mi recorrido por la ciudad y sin perder de vista el Palacio
de Westminster, se encuentra la Westminster Abbey2 (Abadía de
Westminster), considerada un museo, santuario y necrópolis. Esta bella
iglesia anglicana, uno de los sitios más representativos y de mayor
importancia para la monarquía británica, es lugar de nupcias y
coronación de miembros de la familia real (desde Guillermo el
Conquistador hasta Isabel II todos los soberanos británicos se casaron
allí, a excepción de Eduardo VIII) y de honras fúnebres (la mayor parte
de los soberanos desde Heraldo I hasta Jorge II tienen sus sepulturas
reales en Westminster). Es un verdadero lugar de peregrinaje, en el que
uno se puede encontrar con cientos de turistas esperando pacientemente
para conseguir acceder al interior de la abadía, soportando largas colas
de gente y el saciable clima londinense. Dos torres construidas por el
arquitecto Christopher Wren coronan la fachada de esta fastuosa iglesia,
86

cuyo estilo es una mezcla diferentes estilos, entre ellos el gótico y el


flamígero. El precio de la entrada al «santuario» es de £5. Ya en el
interior de la abadía, cuya designación oficial es “iglesia colegial de San
Pedro de Westminster”, se pueden divisar numerosos pórticos, claustros,
monumentos, capillas y tumbas reales, como las de San Eduardo el
Confesor, Leonor de Castilla, Enrique V, Enrique VII, Eduardo II,
Ricardo I, Ricardo II y la de Cromwell. Además, hay esculturas en
memoria de otros personajes célebres del mundo de las artes, como Lord
Byron y William Shakespeare, así como tumbas de otra gente
importante (entre ellas están la de los archifamosos científicos Isaac
Newton y Charles Darwin, ambos creyentes, postuladores de la ley de la
gravedad y la teoría de la evolución respectivamente). La verdad es que
uno se queda profundamente perplejo al ver tantas tumbas de gente tan
relevante que hubo en la historia de este país, Inglaterra.
Continuando mi visita turística y cultural por los lugares
emblemáticos de Londres, el tercer lugar de importancia que he visto
por su proximidad con la Abadía y el Palacio de Westminster es la
Westminster Cathedral3 (Catedral de Westminster). Este edificio de
ladrillo rojo, listado de piedra blanca, es una muestra de la arquitectura
neobizantina. En su fachada pude observar con asombro la asimetría de
sus torres y su campanario de 83 metros de alto (la catedral es de 110
metros de largo). Sus muros, pilares y bóvedas están decorados con
mármoles y mosaicos, y las cúpulas son de ladrillo sin revestir. En esta
catedral de culto católico me detuve en varias ocasiones para poder
contemplar y gozar de lo lindo desde más cerca de su impresionante
estructura arquitectónica. Como no podía ser menos, saqué una foto de
este lugar para tener el recuerdo de esta formidable catedral, y poder
rememorarlo mentalmente al ver dichas fotos con el paso del tiempo.
Mi siguiente visita de mayor interés es la imponente Saint Paul`s
Cathedral4 (Catedral de San Pablo). A este lugar accedí a su interior por
el módico precio de £6 y acompañado por una dulce amiga francesa de
confianza que tenía por entonces, a quien invité y pagué con mucho
gusto su entrada. Sin ninguna duda, la mera oportunidad de ver desde el
exterior de su cúpula, la cual es la más grande del mundo después de la
Basílica de San Pedro de Roma, el centro de la ciudad bien se merecían
pagar esas £6, aunque ello suponga tener que subir unos 700 escalones
hasta llegar al lugar deseado. Hablando sobre la gigante y abrumadora
catedral, es necesario mencionar que es una obra maestra reconstruida
por el arquitecto Wren después del gran incendio de 1666 que destruyó
87

dicha catedral, al igual que muchas iglesias y viviendas. Su arquitectura


pesada, impactante y fastuosa, rematada en una cúpula de doble tambor
de 37 metros de diámetro alcanza los 111 metros de altura (incluyendo
la cruz), reposando sobre ocho pilares. De la panorámica exterior de la
propia catedral pude deleitarme, además de su asombrosa cúpula
recubierta de plomo, en la elegancia de los pórticos de columnas
semicirculares de estilo corintio. No puedo olvidarme de su
sorprendente fachada trasera inspirada en el barroco. En el interior de la
catedral se puede apreciar una enorme nave y el vacío central creado
por la cúpula. Convertida es una especia de panteón (se estima que en
su cripta se albergan más de un centenar de sepulturas), se consagran
sobre todo los monumentos funerarios, entre los cuales se encuentran
dos de los enemigos implacables de Napoleón: el duque de Wellington,
situado en la nave lateral izquierda, y almirante Lord Nelson, ubicado en
la nave lateral derecha. Mi amiga y yo nos sentimos intensamente
anonadados al observar la gran cantidad de tumbas que había en el
interior de la nave, sobre todo en la cripta, a la cual se accede por una
escalera que parte de la nave lateral derecha, reposando en un centenar
de tumbas de personajes ilustres. Entre esas tumbas están la de los
pintores Reynolds, la del mencionado duque de Wellington y la del
almirante Nelson, cuyo ataúd, encerrado en un sarcófago de mármol,
fue construido con la madera de un barco francés en las guerras
napoleónicas. A lo alto de la cúpula accedimos exhaustos después de
subir unos 700 escalones, obteniendo como recompensa una de las vistas
más magníficas y bellas del centro de Londres. También logramos
acceder a su biblioteca, e incluso a la Galería de los Murmullos, llamada
así porque allí se pueden oír las palabras intercambiadas de un lado al
otro del muro. Una de las mejores perspectivas que se pueden obtener
de esta monumental catedral la tenemos atravesando el Millennium
Bridge, donde se puede ver la gigante cúpula iluminada por completo
durante las noches. Esta catedral, inspirada exteriormente en la Basílica
de San Pedro de Roma, es la actual diócesis de la ciudad de Londres.
Para finalizar mi comentario sobre este fantástico lugar, debo resaltar
que aquí se casaron la malograda Diana de Gales y el Príncipe Carlos de
Inglaterra, siendo su boda en esta catedral la mejor carta de
presentación para promocionar su imagen en todo el mundo.
No es mentira decir que la plaza más monumental, turística y famosa
de Londres es Trafalgar Square5. Para poder llegar hasta este lugar desde
mi residencia en Camberwell sólo tenía que coger el autobús y atravesar
los distritos de Camberwell y Elephant and Castle, llegando al distrito
88

del Whitehall, lugar donde se encuentra al actual ayuntamiento y el


domicilio del Primer Ministro Británico, concretamente en Downing
Street. Entre este distrito y otros más es donde se halla esta gran plaza,
centro neurálgico de culturas y manifestaciones, muy concurrida y
saturada de tráfico y gentes de todas las razas, creencias y lenguas del
mundo. Trafalgar Square está confluida por un gran número de calles
que llegan y salen de esta plaza. Es, sin duda, el pulmón de la ciudad, ya
que está ubicado entre los siguientes barrios: el Whitehall, centro
político de la ciudad, el Mall, lugar de celebración de importantes
ceremonias de la Corona Real, y el West End, barrio donde prodiga los
grandes almacenes y los comercios de mucho lujo. La reconstrucción de
esta plaza fue llevada a cabo por el arquitecto John Nash durante
principios del siglo XIX. Incontables veces recorrí y divisé este increíble
lugar, bien a pie o en autobús, sintiéndome en muchas ocasiones
absorbido por la belleza y austeridad de sus edificios, fuentes y
esculturas, al igual que por su animado y especial ambiente. No resulta
difícil obtener una perspectiva amplia de toda la zona si llegamos a la
plaza desde el Whitehall, justo con su confluencia con Trafalgar Square.
Desde allí me recreé gustosamente en las privilegiadas vistas del lugar,
pudiendo observar en un primer plano la columna de granito que
conmemora al almirante Lord Nelson, erigida en 1843, de 52 metros de
altura, rematada por una estatua del mismo almirante muerto en la
batalla de Trafalgar. Es preciso hacer recordar a mis ilustres lectores
que en esa sangrienta batalla venció la flota inglesa sobre la escuadra
franco-española en el año 1805 y que supuso alejar el peligro de
invasión de Inglaterra por Napoleón. La estatua de Nelson descansa
sobre un pedestal decorado con 4 bajorrelieves, cuyo bronce
curiosamente procede de los cañones franceses rescatados en los
campos de batalla de las guerras napoleónicas. También pude apreciar
fácilmente, y tocar una vez que me acerqué, los 4 leones esculpidos en
tamaño gigante, recostados al pie de la columna de Nelson. En un
segundo plano pude contemplar varias fuentes decorativas, algunas
esculturas, así como en el lateral izquierdo la iglesia San Martin in the
Fields y en el lateral derecho la embajada de Canadá. Y en el plano de
fondo pude divisar la fachada del prestigioso The National Gallery. Algo
curioso que presencié en Trafalgar Square durante mis primeras
Navidades en Londres, fue un enorme abeto navideño que plantaron y
que servía para engalanar, adornar e iluminar la mítica plaza. Según la
tradición, este abeto es regalado cada año por Noruega en las fiestas
navideñas.
89

Otro lugar llamativo que recuerde haber estado en un par de


ocasiones es la City6. Este importante lugar, de 2,5 km2 cuadrados y sólo
5000 habitantes, conforma una ciudad dentro de otra ciudad. Fue
construida en el antiguo Londres romano, destruida en gran parte por la
guerra nazi. La City tiene la singularidad de estar provista de sus
propias instituciones, su propia policía y sus costumbres. Es centro
histórico y financiero de Londres. Este distrito suele estar ambientado
por mucha gente los días laborables y desierto por las tardes y los fines
de semana. Esto último lo sé por mi propia experiencia, ya que las dos
veces que he estado en esta zona de la ciudad coincidió en fin de
semana. El epicentro de esta ciudad es, sin duda, la Bolsa. Esta parte de
Londres fue arrasada en dos ocasiones: en 1666 por el gran incendio y
durante la Segunda Guerra Mundial por las bombas del Blitz. A pesar
del transcurrir de los años, sus calles adyacentes a la Bolsa tienen estilo
medieval. Además de la Bolsa, podemos encontrarnos con uno de los
bancos más importantes y conocidos del mundo, el Bank of England,
llamado comúnmente The Bank, aparte de otros bancos bien reputados,
como el Lloyds y el Royal Exchange. No perdería la razón, pues, si
dijera que el distrito de la City londinense es análogo al área financiera
de Wall Street en Nueva York.
El Bank of England, que cubre cerca de una hectárea y media de
superficie, es un edificio neoclásico de finales del siglo XVIII, obra del
arquitecto John Soane. Además, en pocas hectáreas se hallan
concentradas las sedes de 200 bancos de depósito y banca de negocios,
así como las principales compañías de seguros. La Royal Exchange,
situada al frente del Bank of England, constituye la Bolsa Real y fue
edificada cerca de mediados del siglo XIX por William Tite. Este
«templo» también es de estilo neoclásico, resaltando de su fachada su
fenomenal pórtico de columnas de estilo corintio.
Uno de los lugares más atractivos, genuinos y acogedores que he
conocido de Londres es la mítica plaza de Piccadilly Circus7. Me ha
llamado mucho la atención este hermoso sitio por la gran afluencia de
gente de todas las culturas que aquí se congregan. Esta plaza, la segunda
más célebre de Londres después de Trafalgar Square, es una encrucijada
de calles y avenidas, todas ellas demasiado concurridas de gente
apresurada y de tráfico saturado de autobuses, taxis y coches. Es éste un
lugar en el que, tanto si se va en autobús como andando, uno se siente
«atrapado» por el barullo y el ritmo vertiginoso de la muchedumbre al
caminar, sin tener tan siquiera la oportunidad de observar con atención
90

las compañías multinacionales y edificios que se encuentran en todo su


entorno. Hablando de edificios, la mayoría de ellos son casi
imperceptibles por culpa de los enormes rótulos luminosos de neón que
hacen de esta plazoleta el punto neurálgico del Londres nocturno y la
gran atracción para los turistas llegados de todos los rincones del
planeta. Sería correcto decir que Piccadilly Circus es como Times
Square de Nueva York, pero a la británica. Bien es cierto que Times
Square es uno de esos lugares especiales que me gustaría ver alguna vez
en mi vida, sobre todo si es para celebrar el cambio de año, en donde se
llega a congregar en las calles de todo el distrito de Manhattan la noche
de fin de año hasta 3 millones de almas.
Yo en muchas ocasiones pasé por Piccadilly Circus, bien cuando me
coincidía para ir a una entrevista de trabajo, bien para ir de compras, o
bien para salir de marcha con mis amigos por las noches. En el medio de
la plaza se encuentra una bonita fuente rematada por una decorativa
estatua de bronce. El nombre de la estatua no es Eros, el Dios del Amor,
como muchos creen, sino que se trata de la efigie del Ángel de la
Caridad Cristiana, levantado en 1893 para homenajear la gratitud del
conde de Shaftesbury.
Continuando mi larga e insaciable visita turística por esta gran
capital, debo decir, sin duda, que dos de las atracciones que más me
impresionaron y me cautivaron durante mi «larga estancia» en Londres
fueron el castillo The Tower y el puente The Tower Bridge. Por esta
zona, si mal no recuerdo, pasé en tres ocasiones, observando desde su
exterior la preciosidad de la estructura del castillo, increíblemente
intacto después de transcurrir muchos siglos desde su construcción. Me
llevó cerca de media hora para dar la vuelta completa alrededor del
castillo. Debo reseñar que no llegué a entrar en dicho castillo porque me
resultaba algo cara la entrada (cerca de £15), aunque para mí ya era
suficiente privilegio el simple hecho de poder presenciar el encanto de
su estructura desde su exterior.
Adentrándome un poco sobre la historia del castillo The Tower8, es
preciso mencionar que en el año 100 d. de J.C. el Londinium (el nombre
de Londres tiene origen romano), convertida en una de las ciudades más
prósperas del imperio romano, fue rodeada por murallas. A pesar de
estas defensas, la ciudad fue tomada en el año 1060 por Guillermo el
Conquistador. Éste tomó la decisión de construir un castillo a orillas del
río, cerca del recinto fortificado, para proteger su nueva residencia de
91

cualquier ataque eventual enemigo que pudiese llegar desde el mar,


atravesando el Támesis. Se le llamó la Torre Blanca debido a la
deslumbrante blancura de la piedra de caliza que servía para erigirla.
Durante el reinado de Enrique III y posteriormente de Eduardo I, la
Torre Blanca fue rodeada por una gigante muralla doble muy bien
fortificada, convirtiéndose The Tower en una enorme y terrible
fortaleza. Sin embargo, simplemente se le llamó The Tower (“La Torre”).
Los miembros de la realeza le han asignado otras funciones: como
residencia y sobre todo como prisión. Dentro de ese castillo se han
llevado importantes y numerosas ejecuciones. Aquí fueron prisioneros
el Rey de Francia Juan el Bueno, Carlos de Orleáns, el Rey Jacobo de
Escocia y muchas más personalidades famosas. The Tower no sólo ha
tenido encerrado a muchas personas, sino que también se encerraba una
colección real de animales, sobre todo cuervos, mantenidos a expensas
de la Corona y que existía un gran interés en mantenerlos, pues una
leyenda afirmaba que la fortaleza desaparecería si los cuervos llegasen a
abandonar el propio castillo. Hoy en día The Tower es un fortín militar
provisto de arsenal y de soldados que aseguran la protección de las joyas
de la Corona expuestas en una de las alas del cuartel de Waterloo,
edificio construido a iniciativa del duque de Wellington. Desde su
exterior se puede contemplar la Torre de Enmedio, una fortaleza
destinada a salvaguardar el edificio principal ubicado en su interior, la
Wakefield Tower, lugar donde se guardaban antiguamente las joyas de
la Corona. También hay que citar por último la Torre Blanca, una vasta
fortaleza maciza convertida en un museo de armas y en la que destacan
exteriormente sus 4 torres situadas en las esquinas, coronadas por sus
respectivas cúpulas, al igual que sus ventanas de estilo medieval.
Aun no habiendo entrado en dicho recinto, debo aportar como
información adicional que en su interior existe tres plantas: la planta del
cañón, la planta de los banquetes y la planta del consejo. Sin duda, es
conmovedor y emotivo ver todo el entramado arquitectónico que
componen el castillo The Tower junto al puente Tower Bridge
iluminados por las noches, reflejándose el puente en la superficie de las
aguas del Támesis. Hay que estar allá para comprenderlo y disfrutarlo.
El siguiente lugar que he visto es, evidentemente, el Tower Bridge9,
por su proximidad con el castillo The Tower. Es el último puente de
Londres antes de desembocar el Támesis en el mar. Es también el más
célebre de todos los que hay en la ciudad, que no son pocos la verdad,
constituyendo para muchos un verdadero emblema. Por este puente he
92

pasado en dos ocasiones, si mi memoria no me falla, y he podido


disfrutar desde la margen contraria de donde se encuentra el castillo The
Tower de la sobrecogedora panorámica que ofrecía todo su entorno,
abarcando el cercano Tower Bridge, el río Támesis y el lejano, pero
perfectamente visible, The Tower. Debo reseñar que tanto el Tower
Bridge como el castillo de The Tower han sido declarados por la
UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad. La verdad es que
son bonitas las vibraciones que corrían por mi cuerpo al ir atravesando
este famoso puente. Podía sentir la suave y dulce brisa corriendo por mi
cuerpo, respirando y observando desde el mismo puente el fluir de las
aguas del Támesis para que me sirviera de antídoto mágico contra las
preocupaciones diarias o la ansiedad que por momentos he llegado a
tener. Bajo este puente suelen pasar todo tipo de barcos, incluyendo los
más grandes, ya que el puente tienes brazos basculantes que se elevan
para dejar pasar a dichos barcos.
Introduciéndome en su interesante historia, debo apuntar que
antiguamente el London Bridge era el único modo que había para poder
atravesar el río Támesis. La ciudad creció drásticamente y se
construyeron numerosos puentes, todos ellos situados en la margen
oeste del propio London Bridge, al mismo tiempo que en la margen este
del puente se fue transformando en un puente muy confluido. Con el
paso del tiempo, debido al importante aumento de población, creció la
necesidad de levantar un puente al este del London Bridge, sufriendo el
gobierno numerosas presiones públicas que solicitaban su rápida
construcción. La Corporation of London, la autoridad responsable de esa
parte del Támesis, decidió realizar un concurso público en el cual se
llegaron a presentar más de 50 proyectos diferentes para dicha
construcción. Finalmente prosperó el de los arquitectos Harace Jones y
John Wolfe Barry. El proyecto se aprobó en el año 1884 y se iniciaron
las obras 2 años más tarde, finalizando en el año 1894. Para su
construcción se utilizaron más de 110000 toneladas de acero y dos pilares
sobre el lecho del río para mantener la estructura de las torres y las
pasarelas que posee. El puente está recubierto de granito de Cornualles
y piedra de Pórtland. En interior de estas torres se pueden observar
mapas sobre los diferentes proyectos presentados para la construcción
de este puente levadizo, así como sus motores que sirven para elevar
dicho puente ante el paso de cualquier barco de grandes dimensiones.
Yo no subí al interior de las torres ni tampoco atravesé su pasarela, cosa
de lo que estoy arrepentido, ya que si tuviera conocimiento por aquel
entonces de que se podía hacer, no lo hubiese dudado ni por un instante.
93

Han sido muchos los lugares emblemáticos que he logrado ver. Entre
todos ellos destacan también por su extraordinariedad y belleza el
monumento Albert Memorial y la sala de espectáculos Royal Albert
Hall, situadas ambas atracciones en el distrito de Kensington. El Royal
Albert Hall10, con estilo imitación del renacimiento, tiene una planta
curvilínea que da apariencia de circo. En el interior de este recinto se
celebran conferencias, mítines e importantes conciertos, entre ellos los
famosos Promenade Concerts cada verano, además de otros actos
culturales. Esta sala puede llegar albergar hasta 8000 espectadores.
Aquellos curiosos que deseen conocer más a fondo todavía la historia
y cultura de Londres deben visitar el Castillo de Windsor11, situado en la
parte oeste de la ciudad, prácticamente a sus afueras. Una de las mejores
formas para poder llegar a este bello lugar desde el centro de Londres es
cogiendo en la estación de autobuses de Victoria el National Express.
Este imponente y señorial castillo, el más grande de Europa, se empezó
a construir por orden del rey Guillermo el Conquistador en el siglo XI y
se constituye como lugar de residencia de los miembros de realeza
inglesa desde hace unos cuantos siglos, con enorme importancia para la
historia de este país, Inglaterra. De su interior hay que destacar la
capilla de Saint George (San Jorge), de estilo gótico, y que fue
curiosamente el lugar donde se celebró la boda religiosa entre el
Príncipe Carlos de Inglaterra y Camila Parker Bowles, convirtiendo a
esta mujer, tal como establecía la Carta Magna inglesa, en duquesa de
Cornualles. Además, se encuentra el Mausoleo de los Reyes, lugar donde
fueron enterrados diferentes reyes que gobernaron Inglaterra, al igual
que sus aposentos. Es un enorme castillo de estilo medieval que
impresiona al cualquier turista por la belleza de su estructura
arquitectónica. Yo, desafortunadamente, no lo he visitado por resultar
algo lejano desde mi lugar de residencia, además de que sale algo caro
tener que desplazarse hasta allí. De todos modos, siempre tendré la
posibilidad de ver este bello sitio, si vuelvo a Londres alguna vez.
Ahora que acabé de hacer mi comentario sobre el Castillo de
Windsor, permítanme, como licencia personal, hacer mención a otro
castillo londinense llamado Hampton Court, que ha adquirido fama
internacional por un hecho insólito que aconteció tan sólo unos meses
después de mi vuelta de Londres en mi segunda etapa, concretamente en
diciembre del año 2003. Me refiero al hecho espeluznante de que las
cámaras de seguridad de ese castillo captaron in situ unas imágenes
escalofriantes en las que se podía apreciar una figura fantasmagórica
94

ataviada de época abriendo una de las puertas de emergencia del propio


castillo. Esta noticia, de la que se han hecho eco la televisión pública y
algunos rotativos londinenses, así como diferentes medios de
comunicación, tanto escritos como audiovisuales, de numerosos países
europeos y del resto del mundo, algunos en primera plana, ha
mantenido en vilo a casi toda la población de la ciudad de Londres y a
parte del mundo. Según los testimonios de muchos turistas que han
visitado el castillo, en su interior se producían ciertos fenómenos
esotéricos que se relacionaban con sonidos de voces de ultratumba
(psicofonías), movimientos de objetos sin un motivo aparente,
accionamiento sin intervención humana de los sistemas de alarma,
repentinos cambios de temperatura (termogénesis), olores que surgían
de la nada (clariesencia) y otros fenómenos inexplicables, siendo
denunciados por eses testigos ante los guardias y responsables del
castillo. Se envió a un grupo de expertos «cazafantasmas» de la
Universidad de Hertfordshire para indagar sobre la verdadera naturaleza
de esos hechos, inspeccionando el interior del castillo, examinado con
mucho mimo las grabaciones de las cámaras de vídeo, entrevistando a
más de 400 turistas que visitaron el interior de dicho castillo (más de la
mitad, entre ellos muchos escépticos, declararon haber sido testigos de
ciertos sucesos paranormales) y a los propios guardias de seguridad,
éstos últimos negando rotundamente el que se hubiese hecho cualquier
tipo de montaje. Finalmente, los expertos han llegado a la conclusión de
que dichos sucesos eran provocados por causas naturales, alegando que
esos «susurros» y cambios de temperatura eran debido a que el castillo
o palacio se encontraba cerca del río Támesis. Sean de orden natural o
sobrenatural esos hechos, el caso es que muchas turistas que han sido
testigos directos de esos sucesos, están completamente convencidos de
que el castillo está realmente poseído por fantasmas. Con relación al
presunto espectro aparecido, cuenta la leyenda que el espíritu de
Catherine Howard reaparecería de nuevo desde el «más allá» para
vengarse de su cruel esposo, el rey Enrique VIII de Inglaterra, por
haberla decapitado por adulterio en ese castillo en 1542.
Esos enigmáticos sucesos acaecidos en el Castillo de Hampton Court
me llevan a pensar que si Londres puede presumir de ser una ciudad
deslumbrante y asombrosa, también puede hacerlo por tener fama de ser
una ciudad encantada o mágica, por lo menos algunos de sus recónditos
lugares.
95

Ya para finalizar mi comentario sobre los lugares emblemáticos


londinenses, quiero hacer especial mención a una de las calles más
famosas y concurridas de la ciudad: Oxford Street. Es esta calle una
larga vía rectilínea de varios kilómetros que va desde Bloomsbury hasta
Hyde Park. Es, sin duda, la calle más transitada no sólo de Londres, sino
del mundo, según el British Tourist Authority. En ambas aceras de la
calle uno se queda impresionado por la gran marea de gente variopinta,
de cualquier cultura y nacionalidad que circulan a paso rápido,
provocando el que muchas ocasiones sea difícil caminar a paso correcto
debido a lo obstaculizado que está toda esta avenida. Por si fuera poco,
es fácil además ver los atascos típicos que hay en la carretera, debido la
mayoría de las veces a las largas colas de autobuses urbanos. Es
relevante comentar que Oxford Street es, en mi opinión, el centro
comercial por excelencia de toda la ciudad. ¿Por qué digo esto? Sólo me
bastó introducirme en esta calle para observar y comprobar la multitud
de compañías británicas, como Selfridges, Marks and Spencer, Britannia
Models, cadenas de comida rápida, como Café Nero, Burger King o
Pret A Manger, así como importantes multinacionales, como Virgin,
McDonalds o la firma gallega Zara, entre otras. Entre todas esas
compañías mencionadas quiero hacer un breve comentario sobre dos de
ellas: Virgin y Britannia Models.
La primera de ellas, Virgin, dueña del magnate Richard Branson, se
ha convertido en la mayor empresa privada del Reino Unido y la más
internacional, junto con la archifamosa Rolls Royce. También es la
marca más comercial de Gran Bretaña y con la que más se sienten
identificados los jóvenes británicos. La verdad es que me siento
fascinado y abrumado por todo lo que supone esta firma
extraordinariamente poderosa en todo el mundo. A pesar de que el
volumen de negocio del imperio Virgin es inferior a otras compañías,
sobre todo americanas, como, por ejemplo, al todopoderoso Microsoft de
Bill Gates, es seguramente la compañía que mejor marketing tiene en el
mundo en cuanto a la explotación de la imagen de sus productos y la
gran cantidad de marcas propias registradas. La cuota de mercado de
Virgin es muy amplia, ya que posee dos compañías aéreas, una de
trenes, una agencia de vestidos de novia, una operadora de telefonía
móvil, una discográfica, una agencia de viajes, grandes almacenes de
artículos variados, una cadena de radio, incluso una compañía de
limosinas, entre otras muchas secciones. Por si fuera poco, no hace
mucho tiempo, Richard Branson lanzó la noticia «bomba» del nuevo
milenio al llegar a un acuerdo con los fundadores de Mojave Aerospace
96

Ventures, Paul G. Allen y Burt Rutan, éste último creador también de la


nave espacial SpaceShipOne por encargo del propio Allen, para diseñar
la que será la firma más revolucionaria de la era moderna, Virgin
Galactic. Esta compañía será la primera operadora espacial privada que
permitirá a finales de esta década a aquellas personas ricas y
aventureras viajar al espacio, tener una imagen estremecedora de la
Tierra y conocer la gran sensación de la ingravidez. Este
multimillonario acuerdo puede convertir a la multinacional Virgin en la
compañía privada más universal y rica del mundo. ¡Pero qué decir de su
singular y carismático presidente, Sir Richard Branson!. Este excéntrico
adinerado posee una riqueza estimada en unos ₤2400 millones, en la
cual se incluye una isla en el pacífico, una cadena de más de 100 cines,
algunos hoteles y haber dado la vuelta al mundo en globo. La verdad es
que leer todas estas cifras tan astronómicas me deja helada la sangre.
Aun respetando y admirando a esta importante personalidad, sigo sin
entender porque la riqueza está tan mal repartida, en el sentido de que
unos pocos afortunados lo tienen absolutamente todo, mientras otras
muchas personas desgraciadas siguen sin tener aquellas cosas tan
elementales para poder vivir dignamente. Aunque esto último sería más
bien plantear un debate, el cual estaría fuera de lugar, ya que sólo me
quiero limitar en relatar mis experiencias en el Reino Unido.
La segunda compañía a la que querría hacer mención es la agencia de
modelos Britannia Models, situada también en Oxford Street. Acudí a
este lugar porque la moda es mundo que siempre me ha llamado mucho
la atención, ya que brinda la oportunidad de poder conocer a mujeres de
un físico desbordante, la posibilidad de ganar mucho dinero de una
manera muy amena, de poder viajar por ciudades muy importantes del
mundo e incluso, dependiendo de la suerte, conseguir fama. Como soy
un gran soñador y algo emprendedor, he querido probar suerte en este
mundillo. Para poder empezar a trabajar como modelo para esta agencia
primeramente requerían superar una prueba de fotogenia, para la cual
me harían una serie de 4 o 5 fotografías para comprobar si, en efecto,
era lo suficientemente fotogénico. Superada dicha prueba, como fue mi
caso, pasé a la segunda fase que consistía en hacer el conocido
«portfolio», o sea, me tenían que sacar otra serie de fotografías en un
estudio, después de haber sido maquillado y con el vestuario oportuno,
seleccionando las mejoras fotos para incorporarlas a lo que sería el
«book». En este libro aparecerían las mejoras fotos mías que me
servirían para promocionar mi imagen, de modo que pudiese ser
demandado por cualquier firma publicitaria o comercial. Yo pagué para
97

hacer la prueba de fotogenia la cifra de £20. Posteriormente, y una vez


que superé dicha prueba, tenía que pagar £150 (£40 anticipadas en
concepto de depósito y £110 adicionales en concepto de realización de la
sesión de fotos) para hacerme el «book» que me daría derecho a que me
maquillaran y me hicieran las fotografías. Por lo demás, decir que la
ropa la tenía que llevar por mi cuenta para realizar la mencionada
sesión de fotos en un estudio situado en Ealing Broadway, zona 3 de
Londres. Sin embargo, la suerte se me truncó, en el sentido de que perdí
el puesto de trabajo que tenía en el restaurante inglés de Chelsea, por lo
que, después de mucho reflexionar y analizar pros y contras, decidí
ponerme en contacto telefónicamente con la agencia para cancelar la
realización de la sesión de fotos programada, muy a mi pesar. Me había
hecho muchas ilusiones y autoimpuesto elevadísimas expectativas. Me
llevé, por tanto, un gran chasco y me hizo, para colmo, perder las £40
del depósito invertido en vano, al igual que las £20 que había pagado por
la prueba de fotogenia. Aun viéndolo por el lado positivo y buscando
razones que justificasen mi difícil decisión, cuando pienso en ello no
dejo de tener algunos remordimientos de conciencia por no tomar la
valiente decisión de arriesgarme en seguir adelante con dicho proyecto
y hacerme el dichoso «book» que me hubiese servido, porque no, para
convertirme en una «estrella». Pienso que para alcanzar grandes metas
y hacer realidad nuestras mayores ilusiones es necesario arriesgarse y
tentar a la suerte, ya que ella no viene sola sino se pone algo de
iniciativa propia y de afán. Por eso, cuando no haya nada que perder
intentándolo y mucho que ganar en caso de alcanzar el éxito, no se debe
vacilar en hacerlo. Yo tenía poco que perder al arriesgarme, ya que tenía
suficientes ahorros para seguir adelante con mi «reto», pero mi
incertidumbre a la hora de encontrar pronto un nuevo trabajo que me
hiciese autofinanciar mi estancia en la capital inglesa, fue lo que
determinó mi fatal decisión. Ahora recuerdo fríamente dicha frustración
y desengaño, algo que fue meramente circunstancial y capricho del
destino. También pienso que si hubiese ejercido de modelo en Londres
podría haber ganado mucho dinero, tanto como de 100 a 1000 libras por
día trabajado (la agencia se hubiese quedado con el 20% de dichos
ingresos). Quisiera mencionar, además, para aquellas personas que a lo
mejor están interesadas en probar con una agencia de modelos en
Londres, que es la propia agencia la que selecciona, una vez superada las
dos primeras fases, tanto la prueba de fotogenia como la realización del
«book», al modelo para una determinada especialidad, según su perfil.
Entre esas especialidades están la de poder desfilar como modelo en
98

pasarelas, posar para revistas, participar de extra en películas o series o


para un determinado anuncio publicitario.
Concluyendo mi comentario sobre esa agencia de modelos, Britannia
Models, debo decir que quizás quería ganar fama y riqueza empezando
por la cúspide, sin tener en cuenta que lo más importante es empezar
por abajo. De ahí mi decisión de inscribirme en una agencia de modelos
de mi ciudad, Ourense, para así tener experiencia como modelo y de
este modo, si alguna vez vuelvo a Londres, probar de nuevo con
Britannia Models o con otra, avalando mi experiencia en mi país. Es lo
que yo llamo desarrollar un «descontento inspirador», sino ¿cuántos
famosos del mundo de los negocios y artistas habrán utilizado esta
técnica para alcanzar el éxito en su vida personal y profesional? Una
innumerable cantidad de personajes célebres.
99

En la foto de la izquierda se puede apreciar desde el London Eye el Palacio de Westminster y parte del «skyline»
londinense. En la foto de la derecha se aprecia una vista fabulosa del Palacio de Buckingham y su fuente el Queen
Victoria Memorial.

En la foto de la izquierda se observa la famosa y concurrida plaza de Trafalgar. En la foto de la derecha se pueda
contemplar la mítica plazoleta de Piccadilly Circus, centro neurálgico de la marcha nocturna londinense.

En la foto de la izquierda aparezco yo en un primer plano y en la imagen de fondo el sorprendente y espectacular


castillo de estilo medieval The Tower. En la foto de la derecha se observa The City, centro financiero de Londres.
10

A la izquierda se puede apreciar la fastuosa fachada de la Abadía de Westminster, considerado santuario, museo y
necrópolis. En el plano central se puede contemplar la monumental fachada del The Royal Court of Justice, sede del
Tribunal Supremo. En la imagen de la derecha se puede divisar la imponente Catedral de San Pablo, inspirada
exteriormente en la Basílica de San Pedro de Roma.

A la izquierda se puede contemplar la hermosa Catedral de Westminster, de culto católico y estilo neobizantino. En el
centro se puede observar parte de la fachada de Harrods, los almacenes más caros y prestigiosos de Londres. A la
izquierda se puede apreciar una vista aérea desde el London Eye de los edificios de la capital británica.
10

A la izquierda aparezco yo en un primer plano y el Wellington Arch en el plano de fondo. En el medio aparezco
yo en un primer plano y en la imagen de fondo el Albert Memorial en Kensington Gardens. En la fotografía de
la derecha se puede divisar en el plano de fondo la Columna de Nelson en Trafagar Square.

A la izquierda aparezco yo en un primer plano, y en el plano de fondo se pueda contemplar el llamativo Royal
Albert Hall, lugar de celebración de mítines, conciertos y otros actos culturales, situado en Kensington. A la
derecha se puede observar a mi amigo Jorge Barbosa en un primer plano y en el plano de fondo el puente más
emblemático de la capital londinense, el Tower Bridge.
10
10

7º EL LONDRES IMPERIAL DE LOS MAJESTUOSOS PALACIOS Y


PARQUES
Londres es más que una ciudad, es un lugar de ensueño, ideal para
recrear la vista en sus espléndidos y hermosos palacios y en sus
emotivos y divinos parques. Muchos de esos lugares son muy conocidos
mundialmente y que suponen, sin la menor duda, la mejor carta de
presentación para promocionar y persuadir a los turistas a que conozcan
de primera mano todo ese encanto que derrochan dichos lugares.
Los palacios simbolizan la grandeza y poderío de la Realeza británica.
Entre esos palacios de enorme interés e importancia están el Palacio de
Westminster, el Palacio de Buckingham, el de Saint James y el de
Kensington.
Empezando por el primero de todos ellos que he visitado, el Palacio
de Westminster, sería correcto al haberlo comentado anteriormente no
ser reiterativo, por lo que considero que me centraré en el siguiente
palacio que tuve el privilegio de contemplar, el Palacio de Saint James.
El Palacio de Saint James1 se edificó a partir del año 1531 por orden
del rey Enrique VIII y pasó a pertenecer a la dinastía de los Tudor. Su
nombre fue dedicado a Saint James (San Jaime), que ocupaba una
leprosería en una sala del mismo palacio. Antiguamente, la Corona Real
residía en Palacio del Whitehall, pero un gran incendio arrasó dicho
palacio, motivando el cambio de residencia real al Palacio de Saint
James. También en este lugar es donde los heraldos proclaman el
ascenso al trono de los nuevos soberanos. El palacio sufrió varias
transformaciones, siendo la última remodelación llevada a cabo por el
prestigioso arquitecto John Nash. Es, además, el cuartel de los
Gentleman at Arms (son la guardia personal del soberano), de los
Yeomen of the Guard (son los soldados que usan la alabarda, una
especie de cuchillo transversal), del gran chambelán y de otras
personalidades. El edificio es de ladrillo con muros guarnecidos con
adornos y torres octogonales y está dividido en varias partes: la
Gatehouse, el Cuerpo de Guardia, la Royal Chapel, la Queen’s Chapel
and Clarance House y el cuartel de los Horse Guards.
La Gatehouse es la entrada principal del palacio y da acceso a uno de
sus cuatro patios. En uno de esos patios se puede acceder a la Capilla
Real.
10

El “Cuerpo de Guardia” es en donde se ubica la Sala del Trono y las


Salas de Tapices y de Armas.
La Royal Chapel fue el lugar en donde se celebraron los casamientos
de los reyes Jorge IV, Jorge V y Victoria.
La Queen’s Chapel and Clarance House ha sido lugar de residencia
de la Reina Madre y que además reúne algunos servicios de la
Commonwealth.
La última parte es el Cuartel de los Horse Guards, que hospeda a 40
guardias pertenecientes a la Guardia Real a caballo, encargados de
vigilar los palacios reales londinenses. Los Horse Guards están divididos
en dos regimientos: los Lige Guards, con guerrera roja, casco con crin
blanca y caballos con manta negra o blanca; y los Blues and Royals, con
guerrera azul, casco con crin roja y caballos con manta negra.
Debo mencionar que yo no pude acceder al interior de la mansión, ya
que estaba prohibida la entrada a los turistas y al personal no
autorizado.
Otro de los palacios de gran prestigio es el Palacio de Kensington2,
situado cerca de Hyde Park y Kensington Gardens. El palacio fue
comprado en su día por el rey Guillermo III. La imagen actual del
palacete, propiedad de la Corona en todo momento, es obra del
arquitecto Christopher Wren. Aquí nació y vivió la reina Victoria,
residió la reina María, esposa de Jorge V, la princesa Margarita y la
Princesa Diana de Gales. Para finalizar mi breve comentario sobre este
palacio, al que lógicamente no pude acceder, es necesario mencionar
que en su interior existe la galería del Rey, un lugar rebosante de
cuadros pintados por personajes prodigiosos y consagrados del mundo
de la pintura, al igual que hay una colección de trajes de corte
pertenecientes a los últimos tres siglos.
El siguiente y último palacio, no de Londres, puesto que tiene muchos
de ellos, es por su enorme importancia y fama el Palacio de
Buckingham3. A este opulento palacio acudí en tres ocasiones para
conocer y observar personalmente su bello edificio y el gran ambiente
cosmopolita que de costumbre allí hay. Es actualmente la residencia de
la Realeza británica. Fue el arquitecto John Nash, con encargo de Jorge
IV, quien transformó esta antigua mansión en un palacio real, pero el
costo de las obras superaron el costo presupuestado por el gobierno por
10

lo que el palacio quedó sin terminar. Posteriormente, otro arquitecto


continuaría las tareas de remodelación arquitectónica. El autor de la
actual fachada, cuyo estilo es una mezcla entre el renacentista y el
clásico, es obra de Aston Webb. Es importante mencionar que entre las
plantas bajas y los dos pisos del cuadrángulo hay 690 cuartos
comunicados por 1 kilómetro de pasillos. En el ala norte del
cuadrángulo se encuentran los apartamentos de la Reina Isabel II. Los
apartamentos de Estado, obra también de Nash, ocupan las alas sur y
oeste, y disponen de dos galerías de pinturas que forman una vasta y
cara colección real (aquí hay colecciones de los reyes Enrique VIII,
Carlos I, Jorge III, Jorge IV, la reina Victoria, etc.). En el palacio hay un
comedor de gala con motivo de bailes oficiales, recepciones diplomáticas
y casamientos reales. La mesa de caoba que hay en el comedor puede
acoger un total de 60 comensales. Otra parte no menos relevante es la
Queen’s Gallery, lugar en donde se tiene por costumbre realizar
exhibiciones de cuadros y objetos de arte provenientes de las
colecciones reales. Por desgracia, las tres veces que visité el palacio no
me coincidió el que estuviese abierto, aunque debo decir que si estuviese
un poco más avispado lo hubiese visto por dentro, ya que entre los
meses de agosto y octubre de cada año está permitida la entrada al
interior del recinto. Visto el panorama, todos los curiosos, incluido yo,
tuvimos que conformarnos con contemplar esta fantástica fortaleza
desde su exterior y contentarnos con saber que, como manda la
tradición, la Reina de Gran Bretaña y de Irlanda del Norte (además de
ser Reina y Jefa de Estado de los 53 países que componen la British
Commonweath of Nations) estaba alojada en ese preciso momento en el
palacio porque la bandera británica ondeaba en su asta en lo alto del
mencionado palacio. Las colas de gente enfrente de las verjas del
exterior del palacio eran largas. Yo pude sentir el murmullo de
admiración de toda esa gente congregada, llegadas de todas partes del
mundo, que esperaban que la Reina saliese al balcón a saludarles y
poder sacar alguna foto en ese único y especial momento. Incluso, para
no desentonar, algunos patriotas británicos se atrevían a gritar y cantar
el God save the Queen (el “Dios salve a la Reina” es el título del himno
de Inglaterra). Sin embargo, la principal razón que hace reunir a tanta
gente enfrente de la entrada principal del palacio, es para presenciar el
impresionante Cambio de Guardia Real que se desarrolla aquí todos los
días a última hora de la mañana. En mi caso particular no conseguí
verlo, ya que había llegado tarde, aunque bien es cierto que podía ir otro
día con tiempo para poder presenciarlo, pero lo fui dejando pasar día
10

tras día que al final me quedé sin la experiencia de vivirlo en persona. A


pesar de eso, hice algo que siempre recordaré y que se hace
tradicionalmente cuando se va a visitar el Palacio de Buckingham. ¿A
qué me refiero?. Hablo de una fuente que hay en el exterior del Palacio
Real, justo enfrente. La hermosa y decorativa fuente, rematada con una
magistral escultura, se designa Queen Victoria Memorial, y es un lugar
donde la gente tiene por costumbre tocar sus cristalinas y limpias aguas
y echar monedas después de pedir un deseo. Yo, por no ser menos,
también lancé con toda mi ilusión una moneda al agua después de pedir,
eso sí, un deseo al que me reservo el desvelarlo.
LOS PARQUES
Pero Londres no es sólo descomunal gracias a la brillantez y
hermosura de sus palacios, también lo es por sus sensacionales, enormes
y extraordinarios parques y jardines, entre los que hay que nombrar el
de Hyde Park, Kensington Gardens, Green Park, Regents Park,
Richmond Park, etc. Estos lugares son la forma y el lugar perfecto para
desconectar y evadirse del ritmo de vida estresante y vertiginosa de la
gran metrópoli. «Sumergiéndose» en uno de esos inmensos parques, el
que los visita encuentra la armonía, tranquilidad y paz suficiente
gracias a ese contacto directo con la naturaleza, con el ambiente
saludable y por la gran cantidad de actividades deportivas y recreativas
que allí se dan. Es algo divino poder conocerlos en persona, poder
respirar su ambiente, poder contemplar y sentir su magia y esplendor.
Sinceramente, una de las primeras cosas que he hecho en Londres nada
más llegar y acoplarme a mi nueva residencia ha sido, por supuesto,
adentrarme en una de esas grandes «selvas» verdes que allí hay para
poder despejar y aclarar de esa manera mi mente confusa, llena de todo
tipo de dudas que se me planteaban las primeras horas y días en
Londres. Unas dudas provocadas en gran medida por la inseguridad e
incertidumbre de mi futuro allí. La verdad es que tengo pocas palabras
para describir la abrumación y el deleite que me causaron los parques
londinenses. Por eso prefiero ir narrando uno por uno lo que allí vi y
sentí, empezando por el parque más emblemático de la capital, el de
Hyde Park.
Hyde Park4 es el primero de los parques que he visto. La parada de
metro que le corresponde es Hyde Park Corner. Está situado en el
corazón de Londres, concretamente bordeando el distrito de Mayfair, y
es el parque real más grande, ya que alcanza un total de 310 hectáreas
10

de superficie verde (incluyendo Kensington Gardens). Hyde Park fue


abierto al público por el rey Carlos I en el siglo XVII y es un lugar muy
frecuentado por turistas llegados de todas las partes del globo. Es un
parque muy mundano y agitado. En este lugar es fácil encontrarse gente
tumbada en el césped relajándose y haciendo diferentes deportes, como
la equitación, el fútbol, el remo, críquet, etc., al igual que comiendo en
algunos de sus restaurantes que allí hay. También es lugar de
celebración de prestigiosos conciertos internacionales. Entre eses
conciertos hay que destacar el Live 8, realizado recientemente no sólo
en Londres, sino a escala planetaria, y que tenía como fin influir en la
cumbre del G-8 (grupo de 8 países más ricos del mundo) celebrada en
Escocia para que condonasen la deuda de los países más pobres del
Tercer Mundo. Una cumbre condicionada por los atroces y execrables
atentados terroristas suicidas acaecidos en varias estaciones del metro
londinense, así como en un autobús de dos pisos. Dicho atentado causó
varias decenas de víctimas mortales y cientos de heridos. La verdad es
que era más que previsible estos atentados en Londres, ya que durante
mi estancia en dicha ciudad había sólidos indicios, según Scotland Yard,
de un eventual ataque químico o bacteriológico en la capital, sobre todo
en el metro. De hecho, el día de mi vuelta a Galicia en mi primera etapa
estaba en el aeropuerto en donde iba a coger el avión de regreso, en este
caso en el aeropuerto de Heathrow, la policía metropolitana vigilando e
inspeccionando la zona para evitar cualquier atentado terrorista. Unos
terroristas que tratan de desestabilizar el orden democrático y que
atentan contra algunos de los principios más fundamentales que tiene el
ser humano. El fin que pretenden estos delincuentes, no justifica sus
medios. No hay ninguna «guerra santa» que proclamar a los cuatro
vientos. Ese término fue sacado de la manga por algunos fanáticos
religiosos para justificar su comportamiento violento y sanguinario, y
para crear más odio, rencor y división entre Occidente y Oriente. O
mejor dicho, para crear un conflicto ilegítimo entre el Cristianismo y el
Islamismo. Entramos en el nuevo milenio con un nuevo enemigo
llamado terrorismo. Una lacra que causa verdaderos crímenes contra la
humanidad. La verdad es que en el fondo no quiero seguir escribiendo
más sobre este tema abominable, porque si lo hiciese, estaría dándoles la
razón a los terroristas que intentan romper con nuestra vida cotidiana y
normalidad, para meternos, en definitiva, el miedo en el cuerpo. Por eso,
como la solución para acabar con esta lacra no está en mis manos, sino
de los políticos y máximos gobernantes, seguiré mi crónica sobre mi
estancia en Londres, no sin decir que a pesar de la alarma social creada
10

a nivel mundial debido al terrorismo y, sobre todo, después de los


atentados terroristas islamistas acaecidos en esta ciudad, Londres es
paradójicamente una de las ciudades más controladas, vigiladas y
seguras del mundo. ¿Por qué digo esto? Sólo basta observar la gran
cantidad de cámaras de circuito cerrado implantadas a lo largo y ancho
de la ciudad, tanto en las estaciones de metro, en las paradas y en el
interior de los autobuses, en las calles más concurridas, en los
organismos públicos, en los complejos deportivos, en los centros
culturales, etc., haciendo de esta urbe como una especie de “Gran
Hermano” en el que cada acto o comportamiento sospechoso es captado
por las cámaras, alertando a la policía metropolitana ante un eventual
atentado terrorista. Unas imágenes captadas por esas cámaras de
seguridad, las cuales están conectadas a potentes ordenadores de gran
memoria y que después de escanear los rostros de los transeúntes, de
cotejar sus huellas dactilares y examinar si se ajusta al retrato robot que
se encuentra registrado en la base de datos de los ordenadores, en la
cual se encuentran registrados los terroristas más buscados por la
policía metropolitana de Scotland Yard, así como por la CIA, el FBI, la
Interpol y otras organizaciones, avisándoles de inmediato para evitar
cualquier atentado terrorista. Aparte de eses dispositivos de seguridad
como son las cámaras, bastantes de ellas inalámbricas, hay que citar la
combinación de otras vanguardistas tecnologías, como la biometría, el
archivo de datos y los bancos de ADN, que han servido para
perfeccionar y garantizar en todo momento la seguridad de los
ciudadanos que residen en Londres. Un dato muy elocuente que refleja
la fiebre que existe esta ciudad y en todo el país por la seguridad
ciudadana, lo tenemos en el hecho de que exista una cámara de
seguridad por cada 14 habitantes que se encuentren en la calle,
pudiendo ser captada una misma persona por esas cámaras unas 300
veces al día. Con eso lo digo todo.
Después de narrarles el grado de seguridad que existe en Londres,
seguiré mi comentario sobre Hyde Park diciendo que fue aquí donde se
celebró la primera gran exposición universal de productos
manufacturados de todos los países del mundo. El rey Jorge II hizo que
se añadiese el lago artificial de la Serpentina en el año 1730. La reina
Carolina influyó para que el proyecto de remodelación del parque se
llevase a cabo. Acabados los trabajos de construcción del nuevo lago, se
posibilitó la navegación de algunos barcos para el uso de la Familia
Real. El inmenso lago es el lugar perfecto para aquellos intrépidos que
quieran alquilar una barca e incluso bañarse allí. Algo muy curioso es
10

que, como costumbre ancestral, la gente se bañe el mismo día de


Navidad, aun teniendo que soportar las gélidas aguas del lago. Muy
cerca de allí se encuentra la Serpentine Gallery, lugar en donde se
realizan exposiciones de arte contemporáneas. Otro lugar célebre de
Hyde Park es Speakers Corner. Por este sitio pasé en varias ocasiones,
en una de ellas acompañado de varios amigos españoles de mi
residencia. Está situado es la esquina nordeste del parque, cerca de
Marble Arch. En este sitio, comúnmente denominado “el rincón de los
oradores”, se producen todo tipo de reuniones y mítines reivindicativos,
antiguamente prohibidos, sobre cualquier tema y que acoge a una gran
multitud de curiosos y simpatizantes.
Aparte de Speakers Corner, hay otros partes de gran interés en Hyde
Park, como es Aspley House, lugar de residencia del duque de
Wellington, famoso por su victoria en la guerra de Waterloo frente a
Napoleón en el año 1815. En esta casa se encuentra además el
Wellington Museum, en donde se exponen pinturas de grandes artistas,
como Rubens, Velázquez, Delacroix, etc.
Ya por último, otro sito para visitar en este importante parque que
frecuenté en muchas ocasiones, a veces solo y otras veces acompañado
de amigos, es el Rotten Row, lugar que antiguamente se le apodaba la
carretera del Rey y que cambió de designación por el nombre actual.
Fue de los primeros sitios en donde se decidió iluminar con farolas
puestas en sus árboles para persuadir e identificar a los vagabundos y
delincuentes que allí prodigaban. Esta mala fama hace que sea poco
recomendable visitar esta parte del parque durante la noche.
Si este parque es aconsejable visitarlo, no menos fama e importancia
se merece el parque que está al lado llamado Kensington Gardens5. Este
lugar era privado y pertenecía antiguamente a la Corona Real. El rey
Guillermo IV decidiría abrirlo al público, acondicionando un paseo
fluvial. Tiene la ventaja de ser un parque más tranquilo, más
aristocrático y familiar que muchos otros parques londinenses. Por estos
parajes hay varias esculturas y monumentos, entre ellas están la de
Peter Pan, personaje célebre de la factoría Disney que hace atraer a
muchos niños y ancianos a estos lugares, y el espectacular Albert
Memorial. Este monumento está ubicado en la parte sur del jardín y fue
erigido en homenaje al príncipe consorte Albert, marido de la reina
Victoria de Inglaterra. Es el Albert Memorial un monumento victoriano
protegido por una glorieta de estilo gótico que supera los 50 metros de
11

altitud. Por si fuera poco, este seductor parque que he tenido el


privilegio de conocer de primera mano, ofrece al turista que lo visita el
placer de poder recrear la vista en su bonito estanque, el Round Pond.
Este lago consigue atraer a multitud de jóvenes que practican diferentes
y variadas actividades deportivas y recreativas, tanto en el propio lago
como en sus alrededores. Actividades como la navegación con veleros o
barcas, la natación, los picnics, la lectura, etc.
En definitiva, Kensington Gardens es un parque grande y bello que
ofrece muchas posibilidades a la hora de relajarse, disfrutar de la
naturaleza, evadirse del estrés, para recrearse y disfrutar del lugar
practicando diferentes actividades deportivas o recreativas, y un sin fin
de razones que hacen que sea probablemente el parque mejor reputado
de Londres. Así que, por mi propia experiencia, le aconsejo al lector que
no dude en visitarlo por un momento, si algún día decide emprender un
viaje a esta ciudad.
Otro parque que visité es el peculiar Regent’s Park6. Este enorme
parque abarca un total de 200 hectáreas de superficie. Está considerado
por mucha gente como unos de los parques más bellos, grandiosos y
acogedores de la ciudad. Antiguamente, este lugar pertenecía a la
Realeza que lo utilizaba para cazar. Fue el príncipe regente por aquel
entonces y futuro rey Jorge IV quien encomendó a John Nash
transformar el parque en un auténtico jardín. Curiosamente, el parque
se halla rodeado por una carretera circular (de ahí su forma
redondeada). En la parte norte del parque uno se puede encontrar con
un zoo, el Zoological Gardens, lugar que alberga cerca de 1200 especies
animales y en la que, además, hay una amplia biblioteca con decenas de
miles de libros expuestos para comprender y saber mejor las costumbres
de todas estas especies del mundo animal. Singularmente, el parque
además está lleno de alamedas, terrazas con sus monumentales fachadas
pertenecientes a la alta burguesía y estanques de agua limpia y
cristalina. También se pueden ver, cómo no, algunas esculturas y otras
muchas cosas interesantes que hacen de estos parajes un verdadero
jardín del Edén. De todos estos lugares que forman parte del Regent’s
Park, hay varios de ellos que resultan muy emotivos y son: el Queen
Mary’s Garden, rebosante de rosaledas; el Open Air Theater, en donde
se tiene por costumbre durante las estaciones estivales llevar a cabo
algunas representaciones de música clásica; y el Saint John’s Lodge, una
espléndida villa rodeada por un jardín cuidado con mucho esmero. Por
último, también hay un hospital y una mezquita musulmana.
11

Uno de sus innumerables parques que más interés tuve en visitar,


después del Hyde Park y Kensignton Gardens, es el St. James’s Park7,
situado cerca del Palacio de Saint James. Este parque de 38 hectáreas es
el más antiguo de los parques Reales que hay en todo Londres. Es
también el que menos hectáreas ocupa y menos silvestre de todos ellos.
Fue a iniciativa del rey Enrique VIII quien creó en esta zona,
antiguamente pantanosa, un parque para utilizar como lugar de recreo y
pasatiempo para la Corona Real, entre los Palacios de St. James y el de
Whitehall. El paisaje del St. James’s Park fue remodelado en varias
ocasiones por varios arquitectos, entre ellos Nash. Fue por orden del rey
Carlos II quien decidió abrir estos jardines al público para que gozasen y
se deleitasen de su enorme encanto. Actualmente, en el centro del
parque hay un maravilloso lago conocido como “La isla de los patos” por
el que pasa un pequeño puente por encima del agua y en donde, por
costumbre, nadan elegantemente los cisnes en sus aguas. Sin duda, es
una hermosa estampita, ideal para grabar con una cámara de vídeo o
para inmortalizar sacando alguna foto, como las que yo saqué de este
lugar. No es para menos, ya que el conjunto paisajístico que compone el
parque es fenomenal. Toda su flora, incluyendo además del lago, la gran
cantidad de arbustos, senderos, flores, cipreses, etc., así como su fauna
repleta de animales, como ardillas, cisnes, pelícanos, gaviotas, patos,
pájaros o cualquier otro tipo de ave real hacen que este lugar constituya
una de las principales reservas ornitológicas de todo Londres. Este
perfecto lugar, al igual que lo son otros parques londinenses, han servido
y siguen sirviendo como fuente de inspiración para poetas y artistas
consagrados y conocidos, como Oscar Wilde, Virginia Woolf y William
Shakespeare, quienes han escrito largos y bellos poemas que describen
la vida y el encanto de estos divinos parajes.
Ya para finalizar, debo detenerme en dos de los parques que, por ser
menos famosos y ambientados, no dejan de ser interesantes y llamativos
visitarlos. Estoy hablando de Green Park y Richmond Park.
El primero de ellos, Green Park, está situado al lado de los jardines
del Palacio de Buckingham y es de menor tamaño que el St. James’s
Park (concretamente tiene 22 hectáreas). Este parque es realmente
atractivo gracias a las grandes praderas verdes que hay, a sus diferentes
tipos de arbusto, a la presencia de alguna fuente y por sus largos y
anchos paseos peatonales. También es acogedor por ser un lugar muy
ambientado por gente que va montada en bicicleta, a caballo, paseando
en patines o a pie, o por parejas de enamorados que circulan felizmente
11

por el parque. Es, sin la menor duda, el escenario perfecto para practicar
diferentes actividades recreativas lúdicas y deportivas. Yo, en un par de
ocasiones, me he adentrado en este rejuvenecedor parque para romper
con la monotonía del día a día suscitada en gran parte por el trabajo.
También acudía para despejarme y revitalizarme anímicamente en
aquellos momentos contados en los que estaba algo bajo de moral.
Ya para finalizar mi comentario sobre los parques londinenses, no
puedo olvidarme de otro de ellos por su gran peculiaridad, tamaño y
biodiversidad. Estoy hablando de Richmond Park8. Este vasto parque
público está situado al este de la ciudad, muy cerca precisamente de
Fulham, distrito en donde residí el último mes de mi estancia en la
capital en mi segunda etapa, antes de mi vuelta a Galicia. Este lugar, en
sus tiempos privado, estaba reservado para que la Realeza practicase la
caza. Tiene una superficie total de 951 hectáreas, lo que significa que es
el parque más grande con diferencia de todo Londres. En este inmenso
parque no podían faltar sus diferentes lagos que engrandecen más si
cabe este inédito lugar. También hay en sus bosques y valles una gran
variedad de tipos de arbusto, la mayoría robles de muchos siglos de
antigüedad y algunos estanques en los que frecuentemente se pueden
ver algunos cisnes y aves acuáticas nadando con mucho desparpajo.
Además, curiosamente, es el único parque londinense en donde uno
puede contemplar ciervos sueltos y al «libre albedrío» pastando y
corriendo por sus zonas verdes. También hay otros tipos de animales, ya
sean roedores, voladores o mamíferos, de ahí su biodiversidad en cuanto
a su variada fauna y flora. Por eso, este parque, más parecido a una
selva, nunca ha perdido ese encanto y poderío que posee, haciendo las
delicias del paladar a aquellas personas que buscan algo insólito, único y
diferente a lo generalmente establecido. Sin embargo, he de confesar que
desafortunadamente no he visitado este mágico lugar, quizás porque creí
que lo había visto todo de Londres y resulta que así no fue. Todavía
tengo un asunto pendiente que cumplir. Ese asunto pendiente es,
lógicamente, ver este parque, si algún día tengo la suerte de volver a
Londres.
11

A la izquierda aparezco yo en un primer plano y en la imagen de fondo el Palacio de Westminster, de estilo


victoriano. En la foto de la derecha me encuentro yo en un primer plano y en el plano fondo el fastuoso
Palacio de Buckingham.

En la foto de la izquierda aparezco yo en el plano de fondo en Saint James Park, lugar de inspiración para
muchos poetas. A la derecha se puede apreciar el inmenso lago de la Serpentine de Hyde Park y Kensington
Gardens.

A la izquierda aparece mi amigo Miguel con su novia inglesa Claire en Kensington Gardens. En la imagen
de la derecha aparezco yo en un primer plano y en la imagen de fondo se puede apreciar el parque de
Greenwich, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
11

A la izquierda se puede apreciar otra vista del espectacular Palacio de Buckingham. A la derecha se observa
el asombroso cambio de Guardia Real en el Palacio de Buckingham.

A la izquierda se puede observar parte del acogedor y ambientado parque de Hyde Park. A la derecha se
puede apreciar una ardilla en un árbol, lo cual refleja el contacto con la naturaleza y el mundo animal de los
parques londinenses.

A la izquierda aparezco yo en un primer plano y en la imagen de fondo el parque de Greenwich, la Queen`s


House y los edificios de Canary Wharf. A la derecha una escultura fenomenal de Sherlock Holmes.
11

8º EL LONDRES ARTÍSTICO DE LOS DESCOMUNALES MUSEOS


Y TEATROS
Una de las principales razones por las que quería vivir en Londres
durante un tiempo era porque deseaba entrar y observar detenidamente
cada una de sus imponentes museos que se encuentran, sobre todo, en la
zona centro de la ciudad. Estos recintos son verdaderos «santuarios»
artísticos y culturales que atraen todos los años a millones de turistas de
todo el mundo. Museos como la National Gallery, Wallace Collection,
British Museum, el Madame Tussauds, Science Museum, etc., gozan de
máximo prestigio y fama mundial, siendo lugares de obligada visita para
aquellos turistas que viajan a esta ciudad. Cada museo es un mundo
aparte en el que nada deja indiferente a nadie, si uno se embulle en su
interior. La verdad es que casi no tengo palabras para expresar en su
justa medida mi sentida admiración y asombro que me han causado los
museos de Londres. Aunque sí podré decir que me resultó
profundamente fascinante, sorprendente y cautivador conocer y
contemplar personalmente las innumerables reliquias y restos artísticos
expuestas en esos «templos». La mayoría de los museos que he visitado
han sido afortunadamente gratuitos, aunque no todos. Además, debo
decir que muchos de ellos que he conseguido ver, he acudido yo solo por
la sencilla razón de que me gusta echar mi tiempo para observar con
más detalle y atención cada obra exhibida.
El primero de los museos que he visitado ha sido, cómo no, la
National Gallery1 (Galería Nacional), situada en Trafalgar Square. Este
museo es uno de los mejores del mundo en su género, comparable en
fama y prestigio a los museos del Louvre de París, al Prado de Madrid y
al MOMA (Museum of Modern Art) de Nueva York y el Guggenheim de
Bilbao. A este lugar acudí un fin de semana y entré yo solo gratis, eso sí,
no sin quedarme anonadado al observar desde su exterior su
impresionante fachada frontal de sus columnas de estilo corintio. Ya en
el interior del museo, fundado en el año 1824 y mantenido con fondos
públicos, se encuentra albergada una colección nacional de pintura
europea que alcanzan un total de 2300 lienzos realizados entre los años
1250 y 1900 por grandes artistas pertenecientes a las principales
escuelas pictóricas de Europa. Esta colección está repartida en interior
del museo por 4 alas correspondientes a diferentes periodos en función
de la época de datación de las obras (todo ello situado en la planta
principal). Las 4 alas son: el Ala Sainsbury, Ala Oeste, Ala Norte y Ala
Este.
11

En el Ala Sainsbury se encuentran cuadros pintados entre los años


1250 y 1500 pertenecientes a artistas como Piero della Francesca,
Botticcelli, Leonardo Da Vinci, Rafael, Giovanni Bellini, etc.
En el Ala Oeste se encuentran lienzos pintados entre los años 1500 y
1600 y han sido creados por Tizinano, Miguel Ángel, Holbein, Veronose,
El Greco, entre otros.
En el siguiente Ala, el Ala Norte, las obras se encuentran datadas
entre los años 1500 y 1700 y sus autores son Rubens, Van Dyck,
Caravaggio, Poussin, Velázquez, además de otros autores.
Ya por último, en el Ala Este, las obras pintadas están comprendidas
entre los años 1700 y 1900 y pertenecen a artistas también consagrados,
como Van Gogh, Monet, Renoir, Turner, Canaletto y algunos otros más.
De todas esas salas, una de las que más caló hondo en mi mente fue
la sala de pintores renacentistas italianos en donde se exhibían cuadros
sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el personaje
más importante, universal y representado de la historia. La verdad es
que se me ponía la piel de gallina al ser consciente del gran valor
económico de todos esos lienzos, y al saber que hay gente muy rica que
es capaz de pagar cantidades astronómicas por dichas obras. Yo lo
máximo que pude conseguir fue admirarlas personalmente desde muy
cerca, que ya no es poco.
El siguiente de los museos que he visto, siempre sin someterme a una
ruta marcada o preestablecida, ha sido el renombrado Wallace
Collection2 (Colección Wallace), situado en la zona centro de Londres,
más precisamente en Manchester Square. Allí acudí y entré yo solo
gratis un fin de semana. Una vez dentro pude presenciar un conjunto de
obras de arte reunidas en el siglo XIX por el adinerado Richard Wallace
y que posteriormente fueron donadas al gobierno británico el siglo
pasado. La colección está formada por cuadros, esculturas, armaduras y
objetos de distintas artes decorativas. Es una de las colecciones más
importantes de ámbito personal de su tiempo. Sir Richard Wallace y su
abuelo Hertfor consiguieron reunir muchos de estos lienzos gracias a la
descomposición de las familias pertenecientes a la nobleza durante esos
años. Después de la sangrienta y atroz guerra franco-prusiana acaecida
en los años 1870 y 1871, Wallace compró una gran cantidad de
armaduras. En esa misma época se trasladaría con su familia de
residencia para ubicarse en donde está actualmente el museo que lleva
11

como denominación su propio nombre, en homenaje a lo que representó


para este país este personaje.
De todas las obras allí exhibidas hay que resaltar de manera
significativa las obras francesas del siglo XVIII, con sus majestuosos
muebles de los mejores autores, bronces, porcelanas y pinturas de los
más importantes artistas. Como curiosidad, el mobiliario francés
perteneciente a ese siglo es de una enorme belleza y relevancia, puesto
que provenían de los palacios de Versalles y Fointaineblau. También
destacan una colección de cajas de oro expuestas en una de sus salas y,
en otra sala, de porcelanas. De origen francés hay también reliquias de
pintores del siglo XVII, como Poussin, Eugene Delacroix, Rousseau,
etc.
En cuanto a los pintores ingleses hay que nombrar entre otros a
Bonington y Turner, así como a retratistas del siglo XVIII, como
Reynolds y Gainsborough. Pero además hay artistas de otras tendencias
artísticas y escuelas, como, por ejemplo, los italianos Andrea del Sarto,
Tiziano y Canaletto. También hay algún artista español, como
Velázquez, y una gran cantidad adicional de pintores flamencos y
holandeses. De éstos últimos hay que mencionar a Rubens, Van Dyck y
Frans Hals.
De todos esos cuadros pertenecientes a distintos autores, épocas y
estilos, los que más me han calado hondo y maravillado son los cuadros
paisajísticos de Eugene Delacroix, el retrato de estilo renacentista de la
Virgen y el Niño Jesús con San Juan Bautista y los Ángeles del italiano
Andrea del Sarto, las vistas venecianas de Canaleto y Rubens con su
paisaje esplendoroso en el que plasmó un arco iris. Aparte de estos
cuadros, también me impresionaron algunos objetos miniaturas de estilo
isabelino, o en plan más decorativo, una campana irlandesa del siglo VII
con incrustaciones de piedras preciosas.
Si tengo que nombrar algún museo que más me halla causado una
grata impresión es, sin duda, el Royal Observatory of Greenwich3
(Observatorio Real de Greenwich) situado en el meridiano cero,
Greenwich. Este Observatorio, fundado en el año 1675 por el rey Carlos
II, se construyó con el propósito concreto de realizar trabajos que
ayudarían a solventar el problema de encontrar la longitud en el
momento en que se estuviese navegando lejos de la costa. En tierra era
fácil calcular la longitud utilizando instrumentos topográficos, pero en el
11

mar resultaba imposible, ya que su superficie no tenía ningún rasgo


distintivo. Para Gran Bretaña, una nación rodeada completamente por
mar, se le planteaba el dilema de encontrar un sistema que sirviese para
determinar la longitud desde el mar. Una ingeniosa solución a este
problema era utilizar las estrellas y el movimiento gravitatorio de la
Luna como si de un reloj enorme colgado se tratase. Fue entonces
cuando el rey Carlos II en el año 1675 nombró a John Flamsteed como
su astrónomo real. Este personaje recibió una estricta educación en
astronomía y cartografía para dedicarse con la mayor precisión y
sutileza a investigar los movimientos de las estrellas, los cometas y la
Luna, y para crear precisas tablas astronómicas que sirviesen para
descubrir la tan deseada longitud de cualquier lugar y perfeccionar la
navegación. Esto le valdría en el futuro a Gran Bretaña para convertirse
en el productor más importante de cartas marinas en los siglos XVIII y
XIX.
Hasta mediados del siglo XIX cada país usaba su propia fórmula para
la medición de la longitud. Sin embargo, con la necesidad de implantar
un sistema de longitud y cronometría aceptado internacionalmente, se
celebró a finales del siglo XIX un Congreso Internacional en la capital
de EE.UU., con la finalidad de abordar este asunto. Tras un mes de
deliberaciones entre más de 20 países, se adoptó la importante decisión
de declarar como Longitud 0º, meridiano principal para todo el mundo,
a Greenwich. También se decidió que la longitud debería de medirse en
dos direcciones desde el meridiano principal: una sería longitud este,
con signo positivo, y otra sería la longitud oeste, con signo negativo.
Después de este pequeño repaso histórico del Observatorio, necesario
en todo momento para entender su significativa «leyenda», debo decir
que antes de llegar al museo, el cual estaba situado en una colina del
parque de Greenwich, pocas veces me había sentido tan absorto y
abrumado por la hermosura del conjunto arquitectónico y paisajístico
que se encuentra en Greenwich, declarado recientemente como
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Conjunto formado por
The Old Royal Naval College (Antiguo Colegio Real Naval), la Queen’s
House (La Casa de la Reina), el National Maritime Museum (Museo
Nacional Marítimo) y el Royal Observatory (Observatorio Real). Pero,
como no podía faltar, también está el parque de Greenwich con sus
inmensas praderas verdes y sus robustas y antiquísimas arboledas,
haciendo que sea el lugar ideal para aquellos turistas que buscan paz,
relajación, contemplación y sobre todo armonía y contacto directo con
11

la naturaleza, fuera de los agobios cotidianos que causa la ciudad. Es


como vivir en el campo a cientos de kilómetros de la ciudad,
evadiéndose de los problemas y del mundanal ruido.
Algo que me llamó mucho la atención mientras iba de camino hasta
el Observatorio, fue el hecho de ver una ardilla juguetona que corría y
saltaba de un lado a otro sobre la hierba. Después de superar el
cansancio de mi caminata hasta lo alto de la colina, conseguí como
recompensa acceder gratis al interior del museo. El Observatorio está
dividido en tres edificios: el Courtyard, la Flamsteed House y el
Meridian Building.
En el Courtyard (Patio) se encuentra el Primer Meridiano del mundo,
que marca la frontera entre el hemisferio oeste y el hemisferio este y
que fue establecido como el meridiano de longitud 0º en una
conferencia, ya mencionada anteriormente, en Washington D.C., en
1884. En el Primer Meridiano se puede presenciar además una bola del
tiempo en lo alto de la torre este de la Casa de Flamsteed, que sirve
como instrumento para proporcionar una exacta señal a aquellos
marineros que podían utilizar sus cronómetros. También hay un
telescopio que permite ver el «skyline» de Londres y el Times
Certificate, una máquina que sirve para que aquellos turistas que lo
deseen, consigan un documento imprimido que certifica su estancia en
dicho lugar con su día y hora exacta. Ya por último, no puedo olvidarme
de algo que también me ha asombrado, la Cámara Obscura, situado en
un local pegado a la Casa de Flamsteed, en el que pude obtener en su
interior una visión panorámica de la vida y edificios de Londres
proyectada sobre una tabla.
En la segunda edificación, la Flamsteed House (Casa de Flamsteed),
hay también varias partes. En la primera de ellas pude contemplar una
exposición puesta en una galería referente a la historia de la astronomía.
Entre las reliquias expuestas me llamaron la atención por su
originalidad y peculiaridad algunas esferas, relojes de arena, algunas
maquetas y planos de barcos, al igual que algunos manuscritos y
documentos públicos muy antiguos. También había telescopios
pequeños, o el primer catálogo de astrología de este astrónomo inglés, y
otros objetos muy singulares y antiquísimos. En la segunda parte me
pude encontrar con los apartamentos de los Astrónomos Reales que
aquí vivieron antes de que fuese ocupada por Flamsteed. En la tercera
parte pude acceder al Cuarto Octogonal, un lugar hecho para el
12

entretenimiento y la contemplación del entorno paisajístico y que, en su


día, utilizando un preciso y complejo reloj, este lugar servía para ayudar
al mencionado astrónomo a determinar la velocidad de rotación de la
Tierra. También se exhibía a través de una pantalla de televisión una
imagen interactiva de la Tierra girando a sí misma, al igual que un
mapa digital con varias teclas con las principales ciudades del mundo y
que, pulsando cualquiera de esas teclas, se podía obtener la longitud y
hora exacta de esa ciudad en relación con el Meridiano 0°. Además,
había varios instrumentos científicos de cronometría y de astronomía en
este Cuarto. En la cuarta parte se encuentra la Galería de Harrison, en
la que se ilustran varios proyectos que pretendían solucionar el
problema de encontrar la longitud en el mar. Afortunadamente, dichos
proyectos que se relacionaban con la creación de varios relojes y
cronómetros marinos expuestos en su galería resultaron un éxito gracias
a la labor de este talentoso relojero, John Harrison. En la última parte, la
quinta, me encontré con la Galería del Tiempo, la cual resume la
historia del Tiempo en Greenwich.
La última edificación, el Meridian Building (Edificio Meridiano), para
no contrastar, también está divido en diferentes partes. La primera de
ellas es la Galería de Exhibición Temporal en la cual, como su nombre
indica, las exposiciones aquí exhibidas cambian aproximadamente cada
6 meses, mostrando diferentes ópticas de la colección del Museo
Nacional Marítimo. En la segunda parte, el Meridiano Halley, designada
así en honor al segundo Astrónomo Real, Edmond Halley, se encuentran
dos cuartos murales muy aclamados en los años 1725 y 1750. La tercera
parte del Edificio Meridiano es el Meridiano Bradley, definido en
homenaje al tercer Astrónomo Real, James Bradley, y que fue utilizado
por el Servicio Estatal de Cartografía usando el primer mapa oficial de
Gran Bretaña a finales del siglo XVIII. La cuarta parte, el Tubo de
Transito de Airy, diseñado en el año 1851 por el séptimo Astrónomo
Real, George Airy, es un instrumento que fue usado para realizar
aproximadamente unas 6000000 observaciones y que estuvo en uso
durante más de 100 años. Además, el mencionado instrumento sirve
para tomar muy precisas medidas de longitud, una de las razones
decisivas para que finalmente el Primer Meridiano del mundo fuese
fijado en esta zona de Londres, Greenwich. En la quinta parte, la Galería
de Astronomía Moderna de Weller, se puede presenciar un gran
telescopio, una computadora para investigar la astronomía de las
estaciones, al igual que se puede apreciar un aparato de espectroscopia
que sirve para mostrar la composición de las estrellas y cómo son
12

estudiadas. La sexta parte, la Cúpula, en donde está el Telescopio de 28


pulgadas, es un lugar, cuyo techo tiene forma de cúpula, y en la que se
encuentra el telescopio más largo de su estilo en Gran Bretaña. También
fue usado y sigue usándose en la actualidad el sitio para observar
estrellas y cometas. La séptima y penúltima parte es el Edificio
Altazimuth, un recinto usado originalmente para realizar observaciones
lunares y que, hoy en día, es la casa del renacimiento de la
fotoheliografía, un sofisticado aparejo utilizado para realizar
observaciones del Sol. Además, uno se puede encontrar con una veleta
de viento que representa el Cometa Halley. En la última parte se
encuentra el Edificio Sur y el Planetariaum, originalmente llamado el
Nuevo Laboratorio Físico y que, en la actualidad, se ha convertido en el
conservatorio y en el departamento de astronomía del Observatorio
Real. El Planetarium expone una gran variedad de modelos de cielos
nocturnos que tienen lugar durante el año.
En todo museo no podía faltar, además de sus exposiciones, como es
lógico, las típicas tiendas comerciales. El Observatorio Real no era la
excepción a la regla, ya que allí se vendían en The Star Shop una amplia
gama de artículos, singulares souvenirs, relojes de pared y de muñeca,
ropa, libros, postales, etc., que mucha gente compraba para tener un
recuerdo nostálgico de este fabuloso lugar. En cuanto a mí, por no
querer ser menos, saqué mi cámara de fotos e hice varias instantáneas
del museo y de todo el entramado monumental, arquitectónico y
paisajístico de Greenwich. Dichas fotos las tengo reveladas y cada vez
que las vuelvo a ver, me inspiran muy buenos recuerdos y vibraciones.
Por eso, en cierta manera, esas fotos especiales las tengo guardadas no
sólo en mi cajón, sino que además las tengo muy grabadas en lo más
profundo de mi corazón.
El siguiente museo que voy hablar es el National Maritime Museum4
(Museo Nacional Marítimo), situado también en Greenwich.
Lógicamente, para poder llegar a ese punto tuve que coger el metro en
la estación de Oval, la cual está muy cerca de mi residencia, cambiarme
en varias ocasiones de línea para llegar a mi última parada de metro, la
estación de Canary Wharf, perteneciente a la zona de los Docklands
(zona 2). En este lugar no sólo abundan los muelles y rascacielos de
estilo futurista y modernista, sino que además es una zona muy
financiera y capitalista. Ya en la estación de Canary Wharf, he tenido
que coger el tren de cercanías Docklands Light Railway hasta
Greenwich. En total, el viaje me llevó poco más de 50 minutos. Cabe
12

mencionar que a dicho museo acudí también solo y no porque tuviese


necesidad de amigos, pues ya los tenía bien «establecidos», sino porque
yo siempre he sido muy tozudo con el tema de ver los museos yo solo,
ya que es la única manera de disfrutar más a mi aire y en su plenitud de
su encanto y esplendor. Allí mismo, en Greenwich, hay un puerto fluvial
en el que se encuentran amarrados, aparte de varios yates y barcas, el
Cutty Surck, un barco de vela antiguo, famoso por ser una marca de una
bebida alcohólica escocesa.
Debo comentar antes de nada que yo no tenía planificado de
antemano visitar el National Maritime Museum y que, más bien, fue
mera casualidad o simple coincidencia haberlo visto. Yo había acudido
expresamente a Greenwich para ver el famoso Royal Observatory. El
verdadero motivo por el que decidí entrar en el National Maritime
Museum fue por mera curiosidad. Me había dicho a mí mismo: “si ya
estoy aquí, no tengo nada que perder viéndolo por dentro y máxime
cuando me pueda proporcionar una nueva experiencia positiva que me
sirva para crecer interiormente y ampliar mi cultura, madurez y saber”.
Así que, después de pensar eso, no dudé en entrar. Una vez que conseguí
acceder gratis a su interior, me encontré con una azafata que me dio
unos folletos en los que se mostraban varios mapas y planos con las
distintas secciones y características del museo. La anécdota es que esa
azafata que me atendió era paisana mía, una simpática gallega de la
ciudad de Vigo, con quien estuve un buen rato intercambiando
impresiones sobre su fácil adaptación a la vida y al trabajo en la capital
inglesa. Aunque, según ella, después de llevar más de 5 años viviendo en
Londres, todavía sentía por momentos aquella «morriña» por volver a
su nostálgica y legítima tierra gallega. Dentro del museo estuve no más
de una hora observando cada reliquia y obra que allí se exhibía. Cabe
señalar que, a pesar de que yo no lo hice, en el museo se pueden
contratar guías con dominio de diferentes idiomas (generalmente, este
servicio lo ofrecen todos los museos), los cuales conocen a la perfección
las distintas secciones y exposiciones que hay en el interior del edificio.
Las distintas galerías, que se distribuyen a lo largo y ancho del museo,
tienen diferentes designaciones, dependiendo, lógicamente, de la
temática a tratar.
Algunas de las galerías que hay que resaltar de este genuino museo,
son: la galería All ands (Toda la Tripulación), dedicada para los niños y
en la que se muestra las técnicas y tecnología del mar utilizadas en el
pasado y en el presente. Se incluye exhibiciones interactivas
12

relacionadas con la propulsión, artillería, submarinismo, etc., y en la que


uno se puede encontrar con una sala de actividades utilizada para
talleres y eventos; la galería de Art and the Sea (El Arte y el Mar) en la
que se muestran las distintas ópticas o visiones que tiene la cultura
europea sobre el mar; la galería de Future of the Sea (El Futuro del Mar),
una exhibición que proporciona una óptica global de los temas cruciales
a los que se enfrenta el hábitat marino en el nuevo milenio y resalta la
necesidad de preservar y mejorar este recurso; otra galería es la de
Hidden Treasures (Tesoros Escondidos) en la que se encuentra una
exposición de maquetas verdaderamente extraordinarias de barcos y
submarinos del propio Museo Marítimo que tienen una antigüedad de 4
siglos; la dedicada a Nelson, haciendo un repaso a toda su biografía, con
diferentes lienzos sobre este personaje británico; otra galería que mayor
interés y expectación causa entre sus visitantes es la de Explorers
(Exploradores), la cual tiene como finalidad ofrecer a los visitantes
curiosos una visión informativa de la historia de la exploración y sobre
cómo esta ha dado forma a nuestro planeta. Esta galería se refiere a los
polinesios y vikingos, pasando por Cristóbal Colón y los exploradores
europeos del siglo XVI, o abordando historias a veces dramáticas sobre
la exploración británica de siglo XIX en la que viajaban
arriesgadamente a las aguas heladas de los polos; y finalmente, la de
Passangers (Pasajeros), la cual descubre los motivos por los que la gente
viajó por los océanos durante los siglos XIX y XX y estudia los barcos
que los transportaron. También trata, si mal no recuerdo, sobre los
grandes transatlánticos, y como no podía faltar, también estaba la
dedicada al prestigioso Titanic. En esa misma galería, la del Titanic, he
podido presenciar una vitrina en la que se exhibía un pequeño reloj de
agujas de bolsillo de uno de los pasajeros del malogrado transatlántico,
así como el pasaje de embarque de uno de sus pasajeros. También había
una pequeña pantalla televisiva en la que mostraba un corto documental
sobre el barco. La anécdota que viví fue que conocí a una simpática y
dulce australiana que estaba viendo la galería (estábamos los dos solos)
y me inspiró la suficiente confianza para contarle en inglés la historia
del Titanic que yo había memorizado de un libro de texto, la cual recito
con muy buena pronunciación y con cierto acento inglés. Ella entendió
prácticamente toda mi narración, cosa que me entusiasmó mucho.
Posteriormente me despediría de ella, agradeciéndole su amabilidad y su
conducta receptiva.
12

En definitiva, este Museo Nacional Marítimo, considerado el más


importante del mundo en su género, es un rico manantial de
conocimiento sobre la historia, el arte y cultura del mar.
De la gran calidad y variedad de museos que hay en la capital
londinense, no puedo olvidarme de uno los museos más interesantes y
atractivos: el Science Museum5. El horario de apertura de este Museo de
las Ciencias es desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde, de
lunes a sábados (domingos de 11 de la mañana hasta los 8 de la tarde). A
este recinto acudí acompañado con dos amigos franceses con quienes
compartía la misma habitación en la residencia de Camberwell. El
precio de la entrada fue gratuita. El museo fue inaugurado en año 1857
y en él se exhibe la historia, evolución y avances acaecidos en los
campos de la ciencia, la medicina y la tecnología desde finales del siglo
XVII hasta la actualidad. Nada más entrar en el recinto, el cual tiene 7
plantas, me pude encontrar con el Péndulo de Foucault, cuyo nombre
tiene origen en el físico Jean Bernard Leon Foucault, y que sirve para
mostrar la rotación del planeta Tierra. También me pude encontrar
desde máquinas motrices y rudimentarios aparejos científicos usados en
el siglo XVII, hasta sofisticados instrumentos de geofísica, o el famoso
Módulo del Apolo X, el cual permitió el importante viaje hasta la órbita
lunar en su primera misión tripulada por astronautas. También pude
divisar diferentes vitrinas exhibiendo uniformes oficiales utilizados por
algunos astronautas de la todopoderosa NASA, al igual que diferentes
maquetas sobre lanzaderas espaciales y satélites reales en tamaño
miniatura. En una de sus grandes salas, situada en la planta principal
del edificio, me sentí maravillado por una lujosa exposición de coches,
carruajes y algún aeromodelismo a motor de una larga antigüedad y una
exquisita conservación. También existen otras muchas reliquias
expuestas de un gran valor científico y técnico. Además, es preciso
mencionar que de vez en cuando suelen concertarse interesantes
exhibiciones no gratuitas, como son la de James Bond o The Artefact
Exhibition, ésta última de un gran valor artístico y cultural, ya que se
puede ver una reproducción exacta de algunas partes del interior del
Titanic. Además, en esta exhibición del Titanic se puede obtener un
repaso cronológico de su historia y observar objetos y artefactos
personales rescatados del propio transatlántico, hundido en la
madrugada del 15 de abril de 1912, tras chocar con un iceberg en el
atlántico norte mientras hacía la ruta entre Southampton y Nueva York.
Su exposición brinda la posibilidad a cualquier turista curioso de
conocer más de cerca la historia trágica de este transatlántico. Por
12

cierto, que la tragedia del Titanic inspiró al director canadiense James


Cameron para dirigir la película titulada Titanic, convirtiéndose a la
postre en la película más recaudadora de la historia y una de las tres
producciones cinematográficas que más premios Oscar se la han
concedido. Asimismo, la banda sonora de la película, la romántica
balada titulada “My heart will go on”, interpretada por la cantante
también canadiense Celine Dion, se ha convertido en una de las
canciones más escuchadas de los últimos tiempos. Por lo demás y en
relación con Science Museum, decir que también se podía comprar
cualquier artículo de regalo relacionado con las exposiciones citadas
anteriormente gracias a sus tiendas de «merchandising» situadas muy
cerca de esas exhibiciones.
Recomiendo encarecidamente a cualquier persona que tenga la
intención de visitar Londres y que desee indagar y conocer directa y
personalmente algunas de los grandes descubrimientos y avances de la
ciencia y la tecnología que visite el Science Museum, ya que no les
decepcionará para nada.
Uno de los museos más peculiares que he presenciado en Londres ha
sido el Ecological Exhibition (Exhibición Ecológica), situado
precisamente al lado del Science Museum y del The Natural History
Museum. En este «museo», el cual se encontraba al aire libre, había
una sensacional exposición temporal de grandes fotografías, en su gran
mayoría sobrecogedoras, que se relacionaban con imágenes aéreas de
islas paradisíacas, sobre algunos de los picos más altos del mundo, sobre
dunas o desiertos, sobre profundidades marinas, sobre algún volcán en
erupción, de arrecifes de coral, etc. También se mostraban imágenes
fotográficas sobre la flora y la fauna de nuestro planeta Tierra. De todas
esas fotografías que he tenido el privilegio de poder contemplar, la que
más caló hondo en mi mente ha sido una que mostraba las Torres
Gemelas de Nueva York antes de haber sido destruidas atrozmente el 11
de septiembre del 2001. Esta escalofriante fotografía conmovía a cuantos
acudían a ver la exhibición, quienes a través de sus rostros no podían
disimular su tristeza y malestar. Debo decir antes de nada que acudí a
visitar este museo en un par de ocasiones, la segunda de ellas unos días
después de cumplirse el segundo aniversario de la caída del famoso y
emblemático World Trade Center. Unas Torres Gemelas que
simbolizaban la supremacía capitalista de EE.UU. en todo el mundo, el
mayor orgullo patriótico de los americanos. Me detuve enfrente de la
fotografía durante unos minutos y pude ver la segunda vez que acudí a
12

dicha exhibición algunos ramos de flores y mensajes escritos


depositados que rezaban “God bless America”, “Never again”, “We will
never forget it”, entre otros. Yo me sentí seriamente abatido y
estremecido al irrumpir en mi mente duros recuerdos e imágenes de
aquellos brutales atentados terroristas suicidas que causaron la muerte
de cientos de personas de cualquier nacionalidad. Imágenes
desgarradoras que se emitieron por todos los medios de comunicación y
que dieron una y otra vez la vuelta al mundo, provocando una fuerte
conmoción, rabia e indignación a la opinión pública mundial. Al
observar esa fotografía, recordando al mismo tiempo esos crueles
sucesos en EE.UU., veo reflejada la atrocidad, salvajismo e inhumanidad
que pueden causar los humanos a seres de la misma condición o
naturaleza. Es una infamia y drama humano compartido, que en el caso
de los atentados perpetrados en EE.UU., los cuales tenían tintes casi
apocalípticos, fueron más allá de la locura, la sin razón y el fanatismo
sectario más que religioso. Un fanatismo instrumentalizado
erróneamente, ya que ninguna religión ampara el derecho a quitarse la
vida para matar a gente inocente que encuentre a su alrededor. Yo
mismo he rezado, pidiendo por todas esas almas para que viesen la
Salvación agraciada por nuestra Divina Providencia. También recé por
todas las almas que han sido y son víctimas a causa del terrorismo, la
guerra, la pobreza (por el mal reparto de la riqueza), la corrupción, los
malos tratos y asesinatos domésticos y un sin fin de lacras. Ante ello,
veo necesario que todo el mundo, sobre todo los políticos y máximos
dirigentes, hagamos una seria reflexión interior sobre la gran cantidad
de lacras e injusticias que hay en el mundo, sin desentendernos, debido
sobre todo a nuestra indiferencia, de todas esas causas aparentemente
ignoradas. A través de esa reflexión actuaremos y podremos hacer de
este mundo, en vez de un «valle de lágrimas», en un lugar mejor en
donde vivir, donde imperen los valores morales y humanos más que los
fines materialistas y lucrativos. Sin embargo, mi intención última no es
escribir un artículo que sirva de alegato en pro de los valores humanos,
ya que eso no es mi trabajo, sino que consiste en seguir narrando mis
experiencias en la capital británica. Por eso seguiré mi narrativa,
escribiendo sobre otro de los museos más asombrosos y cautivadores:
The Natural History Museum.
The Natural History Museum6 (El Museo de Historia Natural) está
situado también al sur de Kensington, muy cerca del Science Museum y
abre al público de lunes a sábados, desde las 10 de la mañana hasta casi
las 6 de la tarde (los domingos abre desde las 11 horas hasta 17.50
12

horas). Debo mencionar que habitualmente se cobra por entrar en dicho


museo, aunque la vez que acudí yo afortunadamente no tuve que pagar
nada. Este museo, el cual se fundó con fondos del médico Sir Hans
Sloan (más tarde citaré de nuevo a este personaje), fue adquirido por el
Estado en 1753. Años más tarde acogería reliquias del Capitán Cook y
del naturalista británico Charles Darwin (curiosamente este último
científico nació el mismo día y el mismo mes que yo). El recinto está
considerado como uno de los más importantes y prestigiosos museos del
mundo en su género. En el interior del edificio hay 5 tipos de colección
que abordan las siguientes áreas: botánica, entomología, mineralogía,
paleontología y zoología. De esas áreas, la que más interés y
expectación causa es la de paleontología, en las que se pueden observar
en algunas de sus salas temáticas una colección de fósiles de cientos de
miles de años de antigüedad, que van desde restos arqueológicos del
hombre prehistórico, esqueletos de mamíferos y réplicas de diferentes
tipos de dinosaurios, entre ellos el tiranosaurio rex. Por otra parte, en el
área de zoología podemos hallarnos con una exposición de colibríes
disecados (son un tipo de ave de la familia de los troquílidos, propio de
la América Tropical). Existen también exposiciones de otros animales
muy bien conservados, en su gran mayoría mamíferos disecados, como,
por ejemplo, algún rinoceronte, de un tigre, de un ciervo, un bisonte, etc.
Además, mi mente asocia haber visto una sala con varias vitrinas, en
cuyo interior se encontraban diferentes clases de restos reales de
meteoritos caídos a la Tierra.
Para acabar este breve comentario sobre el Natural History Museum,
cabe reseñar que me sentí deleitado en muchas ocasiones que recorrí
esta zona del sur de Kensington al contemplar su magistral fachada de
estilo neogótico. Merece la pena, pues, visitarlo, ya que además de ser
uno de los museos más grandes de su categoría, no dejará nada
indiferente al visitante al presenciar sus colecciones, sobre todo si
atraviesa su entrada en la que se puede apreciar una reconstrucción
idéntica del esqueleto de un enorme diplodocus en tamaño real.
Antes de hacer mi comentario sobre el mejor museo que he visto, el
British Museum, quisiera hacer un brevísimo paréntesis para escribir
sobre uno de los museos más genuinos y curiosos de Londres, situado en
el distrito de Marylebone: estoy hablando del Madame Tussauds. El
precio de entrada a este museo, más popularmente conocido como el
museo de cera, se aproxima a las £20. En su interior, el turista que lo
visita no deja de quedar atónito y sorprendido por el realismo, exactitud
12

y la brillantez de los distintos personajes representados tan sutil y


fenomenalmente, que incluso el más lumbrera podría confundirlo con
personajes reales de carne y hueso. Aquí están representados personajes
mundialmente célebres, que aparecen en los distintos medios de
comunicación y que pertenecen al mundo del cine, la música, la moda,
el deporte. Entre esos personajes hay que citar a David Beckham, Kylie
Minogue, Tom Cruise, Britney Spears, Huge Grant, Penélope Cruz, Brad
Pitt, Jennifer Aniston y un largo etcétera de archifamosos. Es un museo
singular, que satisfará y sorprenderá positivamente a aquellas personas
que quieran ver algo diferente a lo comúnmente establecido.
El último museo que quiero comentar es el British Museum por ser,
en mi opinión, el más importante, el más espectacular y famoso de todos
los museos que hay en Londres. Esas son las razones por las que me
reservé hasta al final para realizar dicho comentario. Es un museo que
rompe todos los moldes y esquemas preestablecidos. No es exagerado
decir que este «santuario» es el museo por excelencia de la capital
británica. Está considerado como uno de los 5 museos de arte más
importantes, prestigiosos y conocidos del planeta. Es un lugar digno de
admiración. La verdad es que son fantásticas las colecciones que tiene.
Pero antes de comenzar mi comentario sobre dichas colecciones,
quisiera mencionar que la vida está llena de paradojas y anécdotas. ¿Por
qué digo esto?. Porque yo no iba a tomar la inteligente decisión de
visitar este museo, sino que fue, por decirlo de alguna manera, de rebote
o mera casualidad. De todos modos, yo creo poco que un hecho pueda
ser casual, puesto que para mí, tanto la casualidad como el destino, no
están marcados, sino que se dan por una serie de motivos, es decir, que
dependen de las acciones y conductas conscientes de cada individuo,
que pueden desencadenar en un resultado o hecho determinado (otros
seguramente opinen que nuestro destino es producto de la ley de la
«causalidad» mencionada por célebre filósofo Immanuel Kant). Fuese
casualidad (o causalidad) o no, el caso es que yo tenía como intención,
antes de dejar tierras inglesas en primera etapa, de visitar la zona del
Covent Garden, pero resulta que me perdí en una céntrica calle de la
gran urbe, situada cerca de Chinatown. Allí mismo estaba yo
deambulando sin un rumbo fijo, medio desorientado, soportando el
incompasivo tiempo. Entonces tuve el repentino deseo de preguntarle a
alguien que paseaba por la calle para que me pudiese orientar un poco
sobre mi ubicación y saber la situación exacta de mi lugar deseado,
Covent Garden. Pero, como dije antes, no sé si ha sido la casualidad, el
caprichoso destino o la suerte, que me topé con un compatriota mío, de
12

Pamplona. Era un joven chaval muy agradable y cortés, cuyo nombre no


me acuerdo, porque no tengo una «memoria fotográfica» para
recordarlo todo, el cual había llegado a Londres el día anterior para
pasar unas cortas e intensas vacaciones y que, curiosamente, él estaba
también desorientado en la ciudad en ese preciso momento. De hecho,
para no perderse, él utilizaba un gran mapa que mostraba el centro de
Londres. Después de mantener un brevísimo diálogo entre ambos, él me
sugirió que le acompañase para visitar los lugares céntricos esa misma
mañana de fin de semana. Durante ese corto tiempo que estuvimos
juntos intercambiando impresiones sobre la ciudad y de mi rápida
adaptación a su cultura, él me empezaba a inspirar más confianza y se
iba ganando mi simpatía, comenzando a soltarme y expresar más mis
sentimientos y vivencias en la ciudad, hablándole de los lugares que
había visitado y de sus museos. Entonces, este joven licenciado en
historia y profundo conocedor de la cultura griega (él había vivido en
Grecia durante un año), se mostró muy sorprendido por el mero hecho
de que no hubiera visitado el British Museum. Yo le dije para desairarle
que era consciente de la existencia del mencionado museo, pero que no
tenía ni la remota idea de que ese museo pudiese ser tan importante y
prestigioso. Fue entonces cuando decidí ir a verlo en persona esa misma
mañana, con la suerte de que el joven, en una actitud amistosa e
interesada, decidió acompañarme y hacer de guía turístico para mí en el
interior del mencionado lugar. Así fue como conseguí, paradójicamente,
ver el famoso British Museum antes de abandonar tierras inglesas en mi
primer contacto con la ciudad.
Después de esta largo preámbulo, voy a comentar sin más rodeos y
dilaciones lo que nos encontramos mi nuevo «guía» y yo dentro del
«santuario». Pero antes permítanme que aporte un pequeño referente
histórico del museo.
El origen del British Museum7 (Museo Británico) se remonta a la
época en que vivía un médico y naturalista llamado Sir Hans Sloane,
quien poseía una de las colecciones más importantes de minerales,
insectos, corales, pájaros y, sobre todo, miles de monedas y medallas.
Este personaje decidiría ceder su colección compuesta por un total
800000 objetos, su biblioteca y su herbario al Rey Jorge II de Inglaterra, a
cambio de una cifra verdaderamente astronómica para esos tiempos,
unas 200000 libras, para donarla a sus hijas. Momentos después de su
trágica muerte, el Gobierno Británico decidió organizar una lotería
pública, reuniendo el dinero suficiente para adquirir la propiedad de las
13

colecciones, al igual que los legados de algunas colecciones de


manuscritos de arte de dos condes de Oxford llamados Robert y Edward
Harley. A mediados del siglo XVIII se abriría al público el museo, pero
tendría que ser clausurado temporalmente a causa de las dos Guerras
Mundiales que hirieron el corazón del Viejo Continente, siendo
desalojadas la gran mayoría de las colecciones allí expuestas.
Hoy en día el British Museum se enorgullece de ser uno de los
museos más visitados del mundo, superando la cifra de 5 millones de
visitantes al año. Además, el museo es un claro referente para eruditos y
curiosos que ven este museo como un verdadero lugar de culto y que
provoca el deleite de todos ellos al descubrir el encanto de sus
colecciones y de su imponente biblioteca.
Después de este breve referente sobre su historia, justificable en todo
instante para conocer su contexto histórico, quiero empezar a hablar de
lo más importante, sus colecciones. Las colecciones están repartidas en
casi 100 galerías con sus diferentes secciones, que engloban cerca de 6
millones de reliquias artísticas universales, abarcando desde tiempos
prehistóricos (paleolítico, mesolítico y neolítico) hasta la actualidad.
La primera sección que hemos presenciado tanto mi acompañante
como yo ha sido la colección de la cultura egipcia, por ser la que se
encuentra en la primera planta, nada más cruzar la entrada principal.
Pero, previamente, quiero indicar que ambos conseguimos acceder al
interior del recinto de manera gratuita, eso sí, no antes de quedarnos
estupefactos al contemplar durante unos segundos la impresionante
fachada de este edificio neoclásico, adornado con un pórtico de
columnas de estilo jónico, obra del arquitecto Robert Smirke. Una vez
dentro, uno se puede recrear la vista en la gran cantidad de restos
arqueológicos pertenecientes al Antiguo Egipto, que están
comprendidos entre los años 4000 a. de J.C. hasta el siglo XII de nuestra
era. Las reliquias se relacionan con algunos sarcófagos de momias
egipcias, el hombre de Lidow, esfinges, algunos jeroglíficos, como la
admirada Piedra Roseta, la cual fue encontrada por soldados
napoleónicos en el delta del Nilo y que facilitó el que se pudiese
descifrar muchos jeroglíficos. Además, existe una reproducción exacta
de una pirámide de menor tamaño a las reales, algunas esculturas de
dioses y diosas egipcias, como Ra, el Dios del Sol, también había
mascaras mortuorias o funerarias, entre ellas la del faraón Tutankamón,
así como vasijas, utensilios agrícolas y de pesca, entre otras
13

sorprendentes reliquias. Cabe decir que muchos de estos restos


arqueológicos y artísticos egipcios han sido despojados a la fuerza por
los ingleses durante su expansión colonial, siendo actualmente
reclamados por el gobierno egipcio, que los considera de su legítima
propiedad.
Siguiendo el recorrido del museo sin un plan predeterminado, nos
adentramos en las colecciones de las culturas griegas y romanas. Las
reliquias griegas expuestas comprenden desde el IV milenio hasta el año
400 a. de J.C. En dichas salas, dependiendo de su época de datación, se
pueden encontrar muestras de objetos correspondientes a la Edad de
Bronce, del arte prehelénico, una de las fachadas y los frisos del templo
de las Nereidas, así como el Mausoleo de Halicarnaso. Pero la gran
expectación que causaba entre los visitantes era, sin duda, las esculturas
que componían el Partenón de Atenas, conocidas también como los
mármoles de Sir Elgin. El motivo de esta designación se debe a que este
singular personaje expolió, con la autorización de un sultán turco,
numerosos fragmentos del Partenón de Atenas siendo embajador de
Inglaterra en Constantinopla en la primera década del siglo XIX. Hoy
estos restos reposan en el interior de este monumental museo de
Londres. Como es lógico y al igual que el gobierno egipcio, estos restos
griegos están siendo reclamados por Grecia para que sean devueltos a
su lugar original de procedencia.
En cuanto a las colecciones romanas son más pequeñas, pero no
menos interesantes. En sus salas temáticas nos pudimos encontrar con
diferentes y peculiares utensilios domésticos, cerámicas y reliquias de
uso cotidiano utilizados por los romanos hace miles de años y que sirven
para representar el modo de vida que tenían en aquella época. También
hay representado un atrio de una casa romana. Una de sus obras de arte
exhibidas que levantan mucha admiración y curiosidad es el conocido
Vaso de Pórtland, el cual tiene grabados pertenecientes al siglo I a. de
J.C.
En cuanto a las colecciones etnográficas de África hay que señalar
que en el British Museum se exhiben cerca de 2000000 objetos o reliquias
de la civilización africana, en las que se pone de relieve la tremenda
influencia en el mundo entero de la diversidad cultural, artística y étnica
de este continente. En sus siete secciones se pueden encontrar
cerámicas, peculiares esculturas de madera, máscaras, objetos de metal
forjados, objetos que evocan el estilo de vida cotidiana que tenían
13

algunas tribus indígenas, así como distintos tipos de vestimenta


utilizados por diferentes etnias africanas a lo largo de los tiempos.
La verdad es que es tan inmenso e IMPRESIONANTE este museo,
que llevaría semanas para verlo y conocerlo en su más sublime
expresión. Es un mundo muy sorprendente hablar del British Musem.
Por eso mismo seguiré mi comentario sobre este museo, pero
limitándome a grandes rasgos en señalar las diferentes civilizaciones
que están aquí representadas, ya que si me adentrase en sus detalles más
pormenorizados, podría acabar escribiendo otro libro que hablase única
y exclusivamente del British Museum. De modo que seguiré mi
narrativa, tratando de finalizar mi no corto comentario sobre este
museo, refiriéndome, además de las mencionadas colecciones, que
existen otras muchas salas o departamentos etnográficos en los que se
exponen colecciones originales. Entre esas colecciones hay que citar,
además, las prehistóricas, medievales, romano-británicas, renacentistas,
de América y Oceanía, asirio-babilónicas, orientales, colecciones
pertenecientes al arte indio, al arte islámico y celta. No quiero, como
dije antes, introducirme en cada una de ellas, ya que llevaría mucho
tiempo hacerlo, pero sí que resaltaré el gran valor artístico y cultural de
todas esas colecciones de este incomparable museo, uno de los mejores
del mundo en su categoría. El mejor consejo que puedo dar a mis
lectores es que, si viajan a Londres, acudan sin titubeos a ver y conocer
todo lo que posee el British Museum, ya que adquirirán un inmenso
bloque de conocimiento, madurez e intelecto sobre el arte y cultura de
las distintas civilizaciones que han existido y existen en el mundo
entero.
Para acabar mi comentario sobre el British Museum, no puedo
olvidarme de uno de los lugares más sobrecogedores e impresionantes
situados en el interior del propio recinto, conocido como la British
Library, una biblioteca llena de estanterías recubiertas de miles de libros
sobre cualquier tema. Entre todos esos libros se encuentran diferentes
documentos, como son manuscritos, una de la Cartas Magnas inglesas,
así como diferentes textos bíblicos y evangélicos. Es un lugar muy
acogedor, ideal para que cualquier curioso visitante pueda cultivar su
intelecto, al mismo tiempo que maravillarse de su imponente y
apabullante cúpula que engrandece todo el conjunto que compone esta
biblioteca. De hecho, yo casi cojo tortícolis nada más adentrarme en este
increíble sitio y mirar su elevada y enorme cúpula. Aunque sólo fuese
por ver la biblioteca, bien se merece entrar y disfrutar de este museo.
13

Es preciso que mencione que los museos londinenses y todas sus


reliquias y piezas de arte expuestas en cada uno de esos museos son de
lo mejorcito que existen en el mundo. Sin embargo, es oportuno señalar
que hay una pieza de arte INCOMPARABLE que no está en Londres ni
en ningún museo del planeta, la cual está ubicada en el interior de una
cámara de cristal y aluminio blindado de una catedral italiana, siendo
expuesta cada generación con ocasión del Jubileo de la Redención. Me
estoy refiriendo, como es obvio, al Santo Sudario de Turín8. Se ha
convertido el manto de lino que presuntamente cubrió el cuerpo sin vida
de Jesús de Nazaret en la pieza de arte más universal, así como la más
importante, la más estudiada y controvertida de toda la historia de la
humanidad. Es un caso arqueológico único en el mundo en el que hasta
treinta disciplinas diferentes, incluyendo distintas ramas de la ciencia,
han estudiado y siguen estudiando minuciosamente cada molécula o
partícula del Sagrado Lienzo. Según la Comisión de Expertos de Turín
denominada STURP (Shroud of Turin Research Project, Proyecto de
Investigación del Sudario de Turín), compuesta por 36 eminentes
científicos norteamericanos de las más variadas especialidades y
creencias, entre ellos varios miembros no católicos vinculados a la
NASA, todas sus investigaciones en el lienzo conducen de manera
rotunda, concluyente e irrefutable a favor de la autenticidad. Es más,
todas las disciplinas científicas y técnicas que tomaron parte en dicha
investigación (fotografía, electrónica, medicina, física, bioquímica,
arqueología, palinología, numismática, botánica, paleografía,
antropología, paleontología, etc.) se decantan clamorosamente a favor
de la autenticidad. Con todo, lo más sorprendente de todo ello es que
todas esas evidencias científicas en favor de la autenticidad no otorgan
ni el más mínimo resquicio para aplicar el beneficio de la duda
razonable. Sin embargo, en contra de esas evidencias y pruebas
científicas favorables a la autenticidad están las controvertidas pruebas
de datación efectuadas en 1988 por medio de la técnica isotópica del
carbono-14. Unas pruebas supervisadas curiosamente por el British
Museum, las cuales certificaban de manera pública y oficial en todos los
medios de comunicación del mundo que la Sábana de Turín era una
astuta falsificación medieval . Sin embargo, recientemente aparecieron
nuevas pruebas y evidencias que han dado un comprensible vuelco a la
situación, demostrando apabullantemente la autenticidad del lienzo.
Esto ha hecho que en los últimos Simposios y Congresos Científicos
Internacionales sobre la Santa Síndone, ante centenares de ilustres
congresistas, los propios científicos reconocieran públicamente la
13

invalidez de la cuestionada prueba del carbono-14. Llegado a este punto,


la cuestión que nos atañe es: ¿por qué se han invalidado las pruebas de
datación efectuadas en los laboratorios de Oxford, Zúrich y Arizona?
Una de las razones es debido a que los propios científicos que hicieron
las pruebas de datación no eran conscientes de la contaminación
biológica y química que había sufrido el lienzo. Esta contaminación fue
lo que adulteró los resultados finales de dicha datación, sin poder tener
un conocimiento exacto sobre la fecha de origen de esta importante tela.
Pero la razón de enorme trascendencia es que el carbono-14 no tuvo en
cuenta la radiación que, según los físicos del STURP y los doctores en
Ciencias Físicas de la NASA americana John P. Jackson y Eric J.
Jumper, emanó del cadáver de ese «individuo» cuando estaba en
situación de ingravidez (paralelo a la gravedad). Ahora bien, la eterna
incógnita es saber cuál es la fuente de esa radiación y que según
bastantes científicos eruditos y honorables, entre ellos los propios
técnicos de la NASA (a título personal), lo atribuyeron al momento
preciso en que tuvo lugar la Resurrección de Nuestro Señor. No
obstante, aun con la sabia opinión de esos científicos, no existe
oficialmente un pronunciamiento científico en tal sentido, ni nunca lo
habrá, ya que la Resurrección de Jesucristo es un hecho histórico de
naturaleza sobrenatural que jamás podrá ser demostrado, en base a los
parámetros en que se mueve la ciencia, a través de un experimento de
laboratorio. Como decía el prestigioso científico estadounidense Ken
Wilber9, considerado el «Albert Einstein de la Consciencia», en un libro
serio y documentado que leí: “la resurrección no es una hipótesis
científica que deba ser verificada mediante el «ojo de la razón», sino
como una hipótesis contemplativa que debe ser experimentada mediante
el «ojo de la contemplación»” (Ken Wilber, pag. 317). En cambio, sí hay
un pronunciamiento científico de que ese «cadáver» estaba en situación
horizontal e inmóvil en el sepulcro, con un pañuelo en la cabeza
(Sudarium de Oviedo), y que justo antes de su putrefacción al  cabo de
unas 36 horas después de muerto emitió en un espacio infinitesimal de
tiempo una enigmática y portentosa radiación desconocida para la
ciencia, con unas características inexplicables desde el punto de vista
físico. La incandescencia de la mencionada radiación chamuscaría el
lienzo de lino, grabando a fuego las manchas de sangre, y el cadáver que
estaba en estado de levitación desaparecería, o mejor dicho, se
desmaterializaría literalmente hablando del sepulcro. Según la
comunidad científica, esa radiación fue la que proyectó en la Sábana la
imagen anatómicamente correcta de un «individuo», como un negativo
13

fotográfico, en imágenes tridimensionales perfectas y, para más sangría,


plasmando la estructura interna de su cuerpo como si se tratase de una
placa de rayos X. Esto desborda, sin duda, todo tipo de explicación
racional y máxime cuando no existe ningún método conocido para
reproducir la misma imagen con todas sus características en cualquier
tipo de tela. Ahora se preguntarán los más curiosos, ¿cuáles son esas
características en cuestión? A continuación las enumero: “absoluta
superficialidad, extrema pormenorización, estabilidad térmica y química
plenas, comprobada ausencia de pigmentación de cualquier clase,
estabilidad al agua, no direccionalidad, negatividad, isotropia y
tridimensionalidad”. Estas características, quiero recalcarlo por su
tremenda importancia, obligan a descartar cualquier técnica conocida
para reproducir la imagen: “tintura, polvo, tinte, vaporigrafía, vapor,
energía térmica, sudor, contacto directo, contacto.” (Características del
Sudario de Turín, Carmen Porter, “La Sábana Santa”, pag.94-95).
Prosiguiendo mi comentario sobre la Sábana de Turín, decir que esos
científicos racionalistas, verdaderos lumbreras de la ciencia
ultramoderna, han utilizado la tecnología más sofisticada y avanzada
que existe en hoy en día para investigar el lienzo (véase abajo el listado
de disciplinas técnicas). De toda esa tecnología, en su gran mayoría
espacial, hay que destacar el famoso VP-8 Image Analyser, un aparato
muy vanguardista utilizado por la prestigiosa NASA en el programa
“Vikingo”, con el objetivo de analizar y descomponer las imágenes
orográficas que llegaban desde el planeta Marte. Curiosamente, el VP-8,
uno de los mayores orgullos de los «yanquis», fue el que descubrió a
través de potentes ordenadores el carácter tridimensional de la Síndone,
obteniéndose consecuentemente a partir de varías fotografías de las
huellas plasmadas en la tela, imágenes tanto en relieve como en 3D.
Veo conveniente presentar en este libro el listado de disciplinas
técnicas aplicadas a la Sábana Santa de Turín para que el lector tenga
una mínima idea de la tremenda importancia y exhaustivo estudio
realizado sobre esta inigualable reliquia, investigada por los mejores y
más competentes científicos de todo el mundo en sus respectivas
especialidades, usando la tecnología más vanguardista que existe en la
actualidad. Algunas de esas disciplinas técnicas son las siguientes:
- Fotografía: Visible, infrarrojos y ultravioleta (total: 5.000
fotografías)
13

- VP-8: Análisis de imagen. Ampliación de imagen computerizada.

- Análisis de la función de mapas. Imágenes topográficas.

- Análisis multiespectral.

- Análisis matemático de la imagen.

- Rayos X de baja energía: Fluorescencia de rayos X.

- Reflexión espectroscópica: Ultravioleta, visible e infrarrojos.

- Termografía: Microdensitómetro

- Macroscopia

- Microscopia: Polarización, fluorescencia, contraste de fase de


electrones.
- Bioestereometría: Espectroscopio RAMAN.

- Láser de prueba microlasérica.

- Espectroscopio de dispersión de la energía del electrón.

- Transmisión espectral microespectrofotométrica.

- Prueba química húmeda: Generación de purpurina fluorescente;


hemoglobina CYAN y test de hemocromógeno.
- Proteasa Lysis: Análisis químico de las proteasas.

- Inmunofluorescencia.

- Cámara endoscópica.

- Además de las anteriores disciplinas, hay que añadir la friolera


cifra de más de 1000 experimentos químicos para determinar la
naturaleza de la imagen, de las marcas de sangre, de la textura del
lino, de las marcas de agua, de las diferentes fibras, de las
partículas y detritus y la presencia de posibles pigmentos
orgánicos e inorgánicos, así como la experimentación de todos los
caminos humanos posibles para tratar de crear una imagen igual a
13

la de la Síndone de Turín. (Ver sus conclusiones arriba en


características del Sudario de Turín).
(Listado de disciplinas técnicas, Carmen Porter, “La Sábana Santa”,
pag. 94)
Quisiera aprovechar la ocasión para reseñar algo muy significativo y
elocuente que debería de hacer reflexionar muy profundamente y
replantear sus creencias a todos los detractores de la autenticidad de la
Sábana Santa. Me refiero al hecho simbólico de que el propio inventor
de la datación por medio del carbono-14, el doctor Williard Frank Libby,
ganador del Premio Nobel por haber inventado este método de datación,
afirmó premonitoria y públicamente antes de su muerte que no se podía
aplicar esta técnica al manto de Turín, ya que según él “existen fuentes
radiactivas en la Sábana que han recargado el carbono-14 y que, por
tanto, la han rejuvenecido”. Creo que esta afirmación tendría que servir
como lección de humildad para aquellos detractores, quienes debido a su
subjetivismo, arrogancia e ignorancia en el tema, prejuzgan sobre cosas
o hechos sin aportar la más mínima demostración, veracidad y
raciocinio. Argumentos pobres que se caen por su propio peso y que se
relacionan con considerar la efigie del lienzo de Turín como simple
pintura, como una obra maestra del talentoso Leonardo Da Vinci, o
quienes opinan que hoy en día se puede reproducir la misma imagen
con todas sus características, o que es otra reliquia fraudulenta creada
en acto de engaño por la Iglesia, entre otras burdas afirmaciones. Si
bien es cierto que parte de la culpa en esta conspiración contra la
autenticidad de la Síndone fue debido al «bombardeo desinformativo»
de los diferentes medios de comunicación del mundo, los cuales
proclamaron triunfalmente, antes incluso de conocerse los resultados de
la datación, que el lienzo era un astuto fraude medieval. Una basura de
desinformación ampliamente difundida en 1988 por todos los medios
seculares de comunicación, tanto escritos como audiovisuales, que
debido a la falta de objetividad, ética profesional e imparcialidad, hizo
desorientar a la opinión pública mundial haciéndoles creer en algo que
la propia realidad demostraba diametralmente lo contrario. Hay otro
motivo que me hace reafirmar seriamente en la idea de una
conspiración contra la autenticidad de la Sábana Santa. Me refiero,
aparte de las irregularidades en la metodología y en el protocolo
científico de la datación, al hecho de que los propios analistas que
fecharon la Sábana por medio del radiocarbono, se limitaron con remitir
por escrito un comunicado al portavoz de la Santa Sede, el Cardenal
13

Anastasio Ballestrero, para que éste hiciera públicos sus resultados. En


ese comunicado sólo se especificaba que la Sábana Santa era una
falsificación medieval, comprendida entre los años 1260 y 1390, con una
probabilidad de éxito del 95%, sin dilucidar cómo se formó y cuál era la
verdadera naturaleza de la imagen impresa en el mencionado lienzo.
Esto último sería como si un científico competente en el tema se
limitase con afirmar que la ley de la relatividad postulada por el
científico creyente Albert Einstein es un principio universal de
innegable existencia, sin aportar explicación alguna de cómo se formula,
por qué existe y qué consecuencias conlleva. Por eso pienso que a la
hora de formular cualquier teoría no basta con exponer una simple
afirmación (científica, filosófica, teológica.), sino que además es
necesario aportar pruebas empíricas y objetivas, a ser posible de
diferentes disciplinas, que confirmen o refuten tal afirmación. Si
extrapolamos ese principio o norma básica y la aplicamos al caso
particular del Sudario de Turín, para determinar su autenticidad o no
dependerá de lo que digan todas las disciplinas que formaron parte en la
investigación, siendo insuficiente con exponer una simple afirmación
científica según la cual el manto de Turín es simplemente una
falsificación, como dictaminó el carbono-14. Además, en relación a la
prueba de datación, creo que lo más profesional y científico (en vez de
pseudocientífico) sería que los analistas comparecieran ante los medios
de comunicación para que explicaran al mundo entero, además del
resultado de la datación, cómo se llegó a formar la imagen y si ésta es de
naturaleza natural o sobrenatural, puesto que es el punto clave de la
cuestión. Eso no lo han hecho porque ninguna comisión científica o
investigador independiente que tomó parte en el estudio de la reliquia (a
excepción del microanalista forense Walter McCrone, expulsado de la
Comisión STURP, al plantear, sin presentar ningún tipo de prueba, la
teoría de la falsificación del Sudario de Turín, una teoría que no fue
apoyada y confirmada por ningún otro científico) encontró ni el menor
indicio de fraude alguno en la composición y formación de la imagen.
Sin embargo, afortunadamente, el golpe de gracia que sepultaría la
prueba del carbono-14 lo daría la supervalorada ciencia de la era
espacial (principalmente los científicos estadounidenses del STURP y de
la NASA) al demostrar a través de su complejo instrumental técnico la
autenticidad del manto de Turín. (No me cansaré de repetir hasta la
saciedad que todas las disciplinas científicas y técnicas, así como todas
las teorías formuladas por la comunidad científica respecto al Sudario de
Turín, han descartado de manera absoluta, rotunda y definitiva que la
13

imagen plasmada en dicho Sudario halla sido manufacturada o creada


por la mano del hombre. Igualmente, todas las hipótesis y pruebas
experimentales realizadas hasta el momento por los científicos no han
arrojado resultados lo suficientemente satisfactorios y duraderos a la
hora de reproducir la misma imagen de la Síndone con todas sus
características en cualquier tipo de tela, descartándose prácticamente de
manera definitiva que el origen de la formación de imagen en el manto
de Turín sea debido a un proceso natural y planteando seriamente como
una explicación alternativa posible que todo sea causado, ante tal
cúmulo de circunstancias extraordinarias y enigmáticas, a un proceso de
naturaleza sobrenatural aún desconocido por el momento para la
ciencia.)
Al hablar del lienzo de Turín es legítimo y adecuado señalar que el
Santo Sudario se ha convertido de un modo u otro en la evidencia
científica, empírica y objetiva, de la existencia de Dios, en uno de los
pilares más básicos en que se asienta la Iglesia, el cristianismo y la fe en
el dogma universal de la Resurrección. Es la Sábana Santa de Turín, en
definitiva, el «documento» histórico y científico más crucial legado a la
condición humana, ya que transmite a través de la simbólica
Resurrección de Jesús de Nazaret el trascendental mensaje de Salvación
para toda la humanidad.
Vivimos, pues, un momento único en la historia en el que todos
debemos congratularnos. Por primera vez la humanidad dispone de

evidencias nuevas en relación con la Santa Síndone independientes del
cristianismo que se desmarcan claramente de la tesis fraudulenta del
carbono-14 y que respaldan rotunda e incuestionablemente el que ha
sido, es y seguirá siendo a todas luces el mayor acontecimiento de todos
los tiempos. Tenemos actualmente evidencias médicas, científicas y
arqueológicas que demuestran más allá de cualquier duda razonable la
realidad de la crucifixión y resurrección del Cristo histórico. Por lo
tanto, la Santa Síndone como testigo mudo y elocuente de que Cristo
venció realmente a su propia muerte, demuestra sin exagerar la
veracidad de los Evangelios en cuanto al mensaje central de la Salvación
del género humano a través de la muerte y resurrección de Jesucristo (es
un hecho insoslayable que actualmente muchos científicos cultos e
intelectuales cataloguen a la Síndone como el 5º Evangelio).
La verdad es que es todo un mundo hablar de Sábana Santa de Turín.
Me llevaría páginas y páginas de información sobre esta apasionante
14

reliquia vinculada, según muchos científicos eruditos, con el personaje


histórico de Jesús de Nazaret, el único hombre que ha dejado una
profunda huella imborrable en la conciencia colectiva de la sociedad
mundial, sobre todo occidental. He de confesar que estoy pensando en
recopilar algunos de sus artículos extensos que he escrito sobre este
lienzo, ampliarlos y luego incorporarlos a un tercer libro que tengo en
mente, cuyo título será “La Santa Síndone de Turín: espejo de
Salvación”. Ese es uno de mis proyectos que querría hacer realidad a
largo plazo. Lo quiero hacer porque aún estoy profundamente
conmovido y fascinado por la fuerza de atracción que posee este
enigmático Manto Sagrado. Una pieza de arte inigualable en la que se
hallan plasmadas las huellas materiales de una resurrección, vinculada,
en base a todas las pruebas científicas y técnicas, a excepción de la
prueba de datación por medio del carbono-14, con el personaje histórico
llamado Jesús de Nazaret. Este lienzo da fe del Sagrado Testimonio
legado al género humano, trasmitiendo la certeza total de que el
sepulcro no es la meta final de la existencia humana, pues todos hemos
sido invitados a alcanzar la Redención y la Vida Eterna.
Recomponiendo el puzzle, se podría afirmar que la existencia y
naturaleza divina de Jesús de Nazaret estaría atestiguada en diferentes
niveles:
1º A nivel teológico y religioso: lo atestiguan la Biblia cristiana, los
Santos Evangelios, y otros textos sagrados, como el Corán islámico, La
Torá judío, el Códice Alejandrinus, etc.
2º A nivel histórico: por las citas y referencias sobre este personaje
realizadas por algunos historiadores de aquellos tiempos, como Flavio
Josefo, Tácito, Plinio el Joven y Gayo Suetonio Tranquilo.
3º A nivel artístico: por las distintas representaciones artísticas, como
sucede en las pinturas antiguas bizantinas, griegas y románicas, en las
pinturas clásicas, en las medievales, en las renacentistas, etc. sobre este
personaje, poniendo de relieve, dada el contenido y la forma de la
iconografía de Cristo, su naturaleza divina (véase como ejemplo el
retrato de Cristo llamado Pantocrator de Santa Catalina del Monte
Sinaí, datado en siglo VI, y que según muchos científicos está inspirado
en la Sábana Santa de Turín, por lo que sería otro motivo para creer en
la autenticidad de ese sudario).
14

4º A nivel científico: Por la demostración científica de la autenticidad


de la Sábana Santa de Turín, poniendo en evidencia, dada la verdadera
naturaleza de la composición y de la formación de la imagen, el carácter
humano y divino de Cristo.
5º A nivel místico-escatológico: por los cruciales informes
documentados sobre decenas de millones de personas que han
atravesado y sobrevivido a una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM),
en la que esos sujetos narran haber conectado con una Inteligencia
Divina que transmitía una paz, compasión, aceptación y amor
incondicional y arrolladores, sin juzgar ni condenar, y que muchos,
incluyendo a personas ateas y agnósticas, han identificado con el
personaje divino de Cristo.(Para aquellos lectores que lo ignoren, las
fases o parámetros secuenciales que de modo genérico acontecen
durante una ECM son: la autoscopia o proyección extracorporal, la
visión de un túnel, encuentros con seres queridos y/o amigos ya
fallecidos o con un ángel celestial que hace de guía durante ese proceso
de transición, encuentro con la Luz o con un Ser de Luz, ya sea Cristo,
Buda, Krishna, etc., en función del condicionamiento religioso y cultural
de cada individuo, revisión panorámica de la vida y viaje a los cielos o
estancias inferiores).
Pero sin perder de vista la senda trazada por este libro, seguiré mi
comentario sobre esta pieza de arte aportando en esta obra una breve
cronología general de las investigaciones llevadas a cabo por la ciencia
más ortodoxa, materialista y racionalista en lo referente al Santo
Sudario de Turín. Unas investigaciones iniciadas desde la primera
fotografía efectuada por el fotógrafo y abogado Secondo Pía en 1898, la
cual marcaría todo un siglo de investigación científica y en la cual se
convertiría esta reliquia en la más estudiada de toda la historia de la
humanidad. La cronología es la siguiente:

FECHA EVENTO DICTAMEN

1898 Primera fotografía realizada por Génesis


el abogado Secondo Pía

1900-1976 Academia de Ciencias de París Estudios


Comisión de expertos Preliminares
14

1977 Simposio Internacional de Londres Autenticidad


(NASA)

1978 Comisión STURP (EE.UU.) Autenticidad

1988 Datación Carbono 14 Refutación

1989-1992 Congreso Internacional de París Controversias

1993 Simposio Internacional de Roma Autenticidad

2002 Congreso Internacional de Río de Autenticidad


Janeiro

En este referente imprescindible a la Sábana Santa de Turín, veo


conveniente apuntar que la causa final de la muerte del «hombre» del
lienzo, es decir, de Jesús de Nazaret, fue debido, según la ciencia, a la
serie siguiente de condicionantes: hematidrosis, ayuno absoluto,
contusiones y fracturas, hemorragias, anemia secundaria,
deshidratación global, hemoconcentración, hiperpotasemia, alteraciones
de la termorregulación, pleuritis exudativo-hemorrágica, contusión
pulmonar, pericarditis, asfixia parcial y paroxismo por crucifixión,
síndrome de descondicionamiento y colapso ortostático. Ese es la
autopsia de la ciencia médica-forense de la causa de la muerte de Jesús,
en base a los rasgos plasmados en el Sudario de Turín. Un personaje
extraordinario y revolucionario que sufrió el brutal e inhumano «rigor
mortis» de la flagelación y la crucifixión.
Ya para concluir mi comentario sobre esta importante pieza de arte,
debo mencionar que la Santa Síndone de Turín es expuesta al público,
como dije antes, cada generación con ocasión del Jubileo de la
Redención. Su vital trascendencia para la humanidad ha hecho que sea
una de las piezas de arte más veneradas de toda la historia y que en una
de sus últimas ostensiones acudieron a visitarla en tan sólo 5 semanas la
escalofriante cifra de 3 millones y medio de fieles de todo el mundo,
además de la friolera cifra de más de 600 operadores de distintos medios
de comunicación social (periodistas, corresponsales, redactores, etc.) de
diferentes países de todo el globo. Eso querría decir que si la Santa Sede,
propietaria de la reliquia, permitiese su exposición al público todo el
14

año, la ciudad de Turín se convertiría, sin la menor duda, en la ciudad


más turística del mundo por delante incluso de la mismísima ciudad de
Nueva York. Aunque el propio Vaticano no permite, probablemente por
cuestiones de seguridad y preservación, una ostensión tan larga de
tiempo.
Después de este obligado comentario sobre el Santo Sudario,
necesario en mi opinión, ya que estaba escribiendo en este capítulo
sobre los diferentes museos y la importancia de las distintas reliquias y
piezas de arte que existen en cada uno de esos museos de Londres. Por
eso, hacer caso omiso sobre el Sudario de Turín por ser objetivamente
hablando el «As» que Dios tiene guardado en la manga en favor de la
inmortalidad, me parecía ilegítimo, inoportuno e incorrecto. Ahora bien,
aunque este último comentario suene harto sensacionalista, he de
aclarar que si bien la Sábana Santa por si sola no demuestra la
inmortalidad del alma, sí es en cambio un poderosísimo argumento muy
convincente que ayuda a creer en dicha inmortalidad. Si a ese
importante argumento le sumamos otras disciplinas o fenómenos
paranormales (ECM, PES, psicofonías, casos de teleplastia, EEC,
declaración de los médiums, xenoglosia, las apariciones espectrales,
viajes astrales, ouija, los fenómenos poltergeist, termogénesis,
ectoplasmia, ideoplastia, clariaudiencia, raps, channeling, clariesencia,
principio de impregnación ambiental, fenómeno de transcomunicación
instrumental y un largo etcétera, incluyendo los presuntos milagros
documentados por la Iglesia Católica), obtendríamos como resultado
una evidencia científica objetiva, rotunda, irrefutable y concluyente de
la realidad de la inmortalidad o supervivencia. Por otra parte, he de
confesar que he sentido un fuerte anhelo que este comentario personal
sobre el Sudario de Turín, fruto de mis 2 años largos de intensa
investigación sobre esta apasionante reliquia, saliera a luz con la
publicación de este libro para que influya de manera positiva en el curso
de la vida de muchas personas y conozcan el misterio pascual de la
Pasión de quien por nosotros murió para redimirnos de nuestros
pecados, de manera que pudiésemos alcanzar después de la muerte la
Vida Eterna. Finalmente, después de ese inciso para hablar de la pieza
de arte más importante, y al mismo tiempo del fenómeno paranormal
más estudiado y crucial de la historia, seguiré hablando de lo que viví en
Londres durante esos largos e intensos 7 meses, pero esta vez
centrándome en los teatros londinenses.
14

LOS TEATROS
Si hay algo de lo que los londinenses sienten especial orgullo y
predilección son por sus innumerables teatros10 que hay a lo largo y
ancho de la ciudad. Dichos recintos hacen que Londres sea para muchos
la capital mundial del teatro. Un lugar donde nacen nuevas estrellas del
mundo de la interpretación y que alcanzan la fama rápidamente. Es, sin
duda, el mejor escaparate para cualquier persona intrépida y talentosa
para poder lanzarse al estrellato y convertirse en un personaje célebre.
Hay una larga lista de actores y actrices hollywoodienses que
empezaron a realizar sus primeros pinitos en el interior de algunos de
estos teatros londinenses.
Los londinenses sienten especial debilidad por el teatro, los cuales lo
consideran como su hobby favorito. La evidencia de todo ello lo
encontramos en la gran cantidad de grupos teatrales marginales que hay
y que no están subvencionados por el gobierno, pero que se mantienen a
flote gracias al público que reciben. A parte de estas salas conocidas
como Fringe Theaters, situadas la gran mayoría en los suburbios de la
metrópoli, hay que citar, además, las salas comerciales del West End
(hay más de 100 salas de teatro en esta zona), que mantienen
normalmente sus programas, y los teatros subvencionados por el
Gobierno. Existen funciones teatrales todos los días de la semana,
exceptuando los domingos en el que los recintos se cierran por descanso.
Las entradas se compran en las taquillas de los teatros, a veces sin
anticipación, abriendo normalmente entre las 10 de la mañana hasta las
8 de la tarde. Es posible reservarlo por teléfono, pagando por tarjeta de
crédito y recibir el ticket de entrada en el propio teatro minutos antes
de la sesión. Incluso para hacerlo más rápido y cómodo existen
agencias que hacen la gestión de compra de la entrada, con la
desventaja de que cobran una comisión a cargo de la tarjeta de crédito.
El precio de cada entrada depende del teatro al cual se accede y de la
obra que se vaya a ver. Es importante reseñar que diariamente se ponen
en venta entradas a mitad de precio en un quiosco situado en Leicester
Square, lugar donde precisamente se celebran muy frecuentemente las
conocidas Premieres, estrenos cinematográficos que son visitados por
famosos actores y actrices de Hollywood para promocionar sus
películas. El inconveniente es que sólo se pueden comprar como
máximo un total de 4 entradas de teatro por persona y por día.
14

Hay una gran cantidad de teatros en Londres con sus diferentes


representaciones que el turista puede elegir y disfrutar. En cada uno de
ellos se conciertan diferentes tipos de representación, ya sean musicales,
dramas, comedias y otros tipos de actuación. De todos eses tipos de
actuación quisiera hacer especial mención a las representaciones
musicales, ya que son mucho más numerosas y levantan mucha más
expectación por sus visitantes. Entre esos musicales hay que citar el de
“Chicago”, situado en el Adelphi Theatre (parada de metro Charing
Cross); “The Full Monty” en el “Prince of Wales Theatre” (parada de
metro de Oxford Circus); el de “Les Miserables”, ubicado en el “Palace
Theatre” (estación de metro de Leicester Square); y entre todos ellos no
puedo olvidarme de uno de los más aclamados por los británicos, el de
“My Fair Lady”, localizado en el “Theatre Royal Drury Lane”, cuya
estación es Covent Garden.
Ya para terminar mi corto comentario sobre los teatros, quisiera
volver a expresar que yo no entré en ninguno de ellos, no por falta de
dinero, sino porque el teatro no es algo que me entusiasme o me llame la
atención. De todos modos, mi falta de interés por esta actividad artística
no era razón suficiente como para dejar de hablar de la gran
importancia de los teatros londinenses, los cuales gozan de una buena
imagen en todo el mundo por ser fuente de creación de muchas artistas
que se consagran en el mundo del cine, el teatro o la televisión.
14

En la izquierda se pude observar en la imagen de fondo la fastuosa fachada con su pórtico de columnas
de estilo corintio de la National Gallery, uno de los museos más importantes y prestigiosos del mundo
en su género. A la derecha, mi amigo Miguel Barbosa con su novia inglesa Claire en el exterior del
genuino y cautivador Royal Observatory de Greenwich.

A la izquierda, el telescopio más grande del mundo en su género ubicado en el interior del Royal
Observatory. A la derecha, otra imagen del interior del Planetariun del Royal Observatory de
Greenwich.

A la izquierda, la fachada del National Maritime Museum considerado el mejor museo del mundo en su
género. A la derecha, una brillante exposición de coches antiguos y algún aeromodelismo en el interior
14

A la izquierda, una fotografía estremecedora del World Trade Center de Nueva York antes de ser
destruido atrozmente el 11 de septiembre del 2001 a causa de unos atentados terroristas suicidas, los
cuales cambiarían el rumbo de la historia reciente de nuestro planeta. A la derecha, la fenomenal
fachada de estilo neogótico del Natural History Museum, uno de los mejores museos del mundo en su
género.

A la izquierda, una réplica de un esqueleto de un tipo de dinosaurio ubicado en una vitrina del
Natural History Museum. A la derecha se pueden observar también diferentes vitrinas con restos de
fósiles de miles de años de antigüedad de ciertos animales en el Natural History Museum de
Kensington.

A la izquierda la esplendorosa fachada del Victoria and Albert Museum situada en Kensington.
A la derecha, la monumental fachada con su pórtico de columnas de estilo jónico obra del arquitecto
Robert Smirke del British Museum, considerado como un de los 5 museos más importantes y
prestigiosos del mundo en su género.
14

GALERÍA DE IMÁGENES DE LA PIEZA DE ARTE MÁS IMPORTANTE, INSIGNE Y CRUCIAL


DE LA HISTORIA

La Santa Síndone de Turín es el «As» que Dios tiene guardado en la manga en favor de la
Inmortalidad (a la izquierda, el negativo óptico11, y a la derecha, el positivo óptico12 del
negativo fotográfico).

A la izquierda, Su Santidad Juan Pablo II venerando antes de su fallecimiento la Santa


Síndone ubicada en una cámara acorazada en la capilla del Duomo de la Catedral de Turín 13.
En el centro, el auténtico autorretrato de Jesucristo, lleno de una sublime pureza,
majestuosidad y divinidad, fotografiado por primera vez por el abogado Secondo Pía 14. A la
derecha, una imagen escalofriante en tridimensional del Sagrado Rostro de la Santísima
Síndone «ventilada» por los científicos de la agencia espacial norteamericana NASA a
través del analizador de imagen VP-815.

Aa izquierda, una réplica de una de las dos monedas romanas detectadas por la NASA en
los parpados del «hombre» del lienzo datadas en siglo I de nuestra era. En el centro, una
presentación artística en pintura de cómo cubrió el manto de Turín el cadáver de Nuestro
Salvador, justo unas horas antes de proyectar su impronta en negativo fotográfico y en
código tridimensional en el momento preciso la Resurrección17. A la derecha, Mario
Trematore desalojando la Sábana Santa después de un incendio acaecido en la Catedral de
Turín18.
14

A la izquierda se puede apreciar algunos de los mejores científicos del mundo poniendo a prueba la Santa Síndone de
Turín19. Unos estudios científicos interdisciplinarios que han arrojado evidencias científicas a favor de su
autenticidad. A la derecha el inventor de la moderna técnica del carbono-14, Harry Gove20, haciéndose eco de la
contaminación biológica que sufrió la Sábana Santa, adulterando la fecha de origen del lienzo. Una prueba, carbono-
14, que fue invalidada finalmente por la comunidad científica debido a las contaminaciones de origen biológico,
químico y radiactivo. VER DOCUMENTAL DEL DISCOVERY CHANNEL SOBRE LA SÁBANA SANTA:
http://www.tu.tv/videos/el-misterio-de-la-sabana-santa

Las representaciones musicales teatrales21 son la gran atracción de millones de


turistas llegados de todos los rincones del mundo en Londres.
15

9º EL LONDRES COSMOPOLITA DE SUS CONCURRIDOS


DISTRITOS Y MERCADILLOS
No cabe la menor duda de que si la ciudad de Londres es muy visitada
por millones de turistas llegados de todos los rincones del mundo cada
año no es sólo por sus lugares emblemáticos, sus parques, palacios,
museos, teatros, etc., sino que además lo es por sus concurridos y
archifamosos barrios y mercadillos. Una ciudad, Londres, capital del
mayor imperio de la historia, que cuenta con 33 distritos repartidos por
las seis zonas en que se divide la ciudad, con una población censada de
más de 7 millones de personas, aunque bien es cierto que si incluimos
también la gente no censada, la ciudad alcanza los 10 millones de
habitantes, sobre todo en la época estival. De todos modos, si hablamos
estrictamente de su área metropolitana (englobaría el Gran Londres), su
población asciende espectacularmente, superando los 13 millones de
habitantes, siendo de este modo la metrópoli más grande de Europa.
Ahora bien, un dato elocuente es el hecho de que casi el 40% de su
población son de países extranjeros, sobre todo de Europa, lo que
representa estadísticamente más de 1 de cada 3 personas. De los 33
distritos o barrios que existen en Londres hay que destacar algunos de
ellos, como son el de Mayfair, el Soho, Chelsea, Notting Hill y de
Camden Town. Son lugares muy cosmopolitas y multirraciales,
rebosantes de gentes y restaurantes de todos los países, llenas de tiendas
de souvenirs, mercadillos y de todo tipo de atracciones muy
interesantes.
El primero de los distritos que quiero comentar es el de Mayfair1,
situado en la zona 1 de Londres. En este distrito trabajé como ayudante
de camarero en una discoteca durante un mes. Fue para mí una de las
zonas que más he frecuentado durante mi estancia. Mayfair es el distrito
más caro, rico y lujoso de Londres. Su nombre tiene origen en las “ferias
de mayo” que antiguamente se celebraban en esta zona de la ciudad. El
barrio limita al norte con Oxford Street, al sur con Piccadilly, al este con
Regent Street y al oeste con Hyde Park. Además, el distrito se compone
de dos zonas diferenciadas. La primera de ellas gira alrededor de Bond
Street, en donde predominan los comercios de mucho lujo y los
restaurantes caros y un tanto «pijos» (entre ellos está la discoteca en la
que trabajé). La otra zona es la que va en dirección a Hyde Park, en
donde predominan las lujosas viviendas residenciales, los majestuosos
palacios, los asombrosos entornos paisajísticos, etc., propiedad de
15

grandes capitalistas y magnates del mundo de los negocios, dueños de


grandes fortunas y reyes, porque no, del petróleo.
Además, en Mayfair, siendo un barrio eminentemente aristocrático,
hay algo peculiar y es que la designación de sus calles se relaciona con
los nombres de muchos de estos aristócratas y capitalistas que por esta
zona residen. No es difícil, por tanto, el que se vean por las calles
circular lujosos y astronómicos coches clásicos, como Rolls Royce,
Bentley, Maserattis, o modernos deportivos, como son los típicos
Ferraris, Lamborghinis o Porches descapotables, entre otras marcas. Sin
embargo, bien es cierto que mucha de esta gente no lo importa
«hipotecar» unos pocos años de su vida para pagar un carísimo coche,
al contrario de lo que ocurre en España con los pisos en el que la
mayoría de la población se pasa una parte importante de su vida para
acabar de pagarlos, debido a los bajos sueldos que aquí hay y a la
drástica subida del precio de la vivienda. Sin embargo, sería cierto que el
mejor bálsamo para contrarrestar estas deudas que tienen los
londinenses es gracias a que los sueldos están por las nubes. No
obstante, como dije anteriormente, los inmigrantes que no tengan sobre
todo un buen dominio del inglés y experiencia laboral tienen muy difícil
equiparar, ya no digo superar, sus sueldos con la renta per cápita que
por término medio tiene un ciudadano corriente de Londres, la cual se
eleva 400000 euros brutos al año.
Entre todas sus avenidas, calles, plazas, restaurantes y, en definitiva,
lugares que hay en Mayfair hay que nombrar el Shepher Market,
mercado en donde abundan las tiendas de comestibles de alta calidad y
que rivalizan con los anticuarios y los pequeños restaurantes
cosmopolitas.
El siguiente distrito que quiero comentar es muy interesante, sobre
todo para aquellos que les gusten el ambiente y diversión nocturna. Me
estoy refiriendo evidentemente al Soho2. El distrito limita con Oxford
Street, Regent Street, Shaftesbury Avenue y Conventry Street. Este
animado barrio, lleno de cabarets, restaurantes, teatros, locales de strip-
tease, salones recreativos, etc., es una de las zonas intelectuales de
Londres, en el sentido de que aquí residieron y siguen haciéndolo
grandes escritores y filósofos. Su nombre tiene origen en el grito que
lanzaban los cazadores para llamar a sus perros. Fue lugar de asilo para
muchos franceses protestantes exiliados. Por eso, algunas de sus calles
se designan con nombres franceses, en homenaje a estos protestantes y
15

revolucionarios. La ola de inmigrantes franceses que ocupaban esta


parte de Londres era mayor con el paso del tiempo, debido en parte a la
Revolución Francesa, de esta forma, el barrio se llena a finales del siglo
XIX de aristócratas y monárquicos franceses. Sin embargo, los franceses
no fueron los únicos visitantes que poblaron este barrio, sino que
llegaron gentes de diferentes naciones, razas, lenguas y religiones. Hoy
en día no ha perdido ese encanto, fama y gran reputación que siempre
ha ostentado. Es, sin duda, en mi opinión, la expresión máxima del
cosmopolitismo. Sus restaurantes con su variada gastronomía son de
diferentes nacionalidades, como, por ejemplo, españoles, franceses,
italianos, chinos, hindúes, turcos, paquistaníes. Conocer y visitar el
Soho es un mundo muy sugerente y apetecible para muchos visitantes.
Yo he salido en repetidas ocasiones por la noche por el distrito del
Soho y puedo decir que es un ambiente muy especial y bonito. Es un
lugar en el que casi nada deja indiferente. Pensar en el Soho hace evocar
a sus turistas placeres secretos y ocultos. En el barrio se pueden
diferenciar dos mundos: el mundo nocturno de los trasnochadores que
frecuentan sus locales eróticos, sus pubs, locales de strip-tease y
cabarets; el otro Soho es el diurno del trabajo, menos agitado y saturado.
Pero además el Soho presume de tener una importante industria
audiovisual en la que se encuentran los mejores estudios de cine de todo
Londres y en el que muchos artistas se lanzaron al estrellato después de
haber pasado por estos estudios.
En el mismo distrito del Soho hay una plaza muy famosa, Leicester
Square. Este lugar es muy animado y frecuentado por turistas de todas
partes. Además, el sitio está a rebosar de restaurantes, cines, algún
teatro, tiendas de recuerdos, salas de juego y discotecas con sus fachadas
iluminadas. Es lugar de celebración de diferentes Premieres que son
visitadas por personajes famosos del mundo del cine. De hecho, durante
mi estancia en la capital londinense se han celebrado preestrenos de
diferentes producciones cinematográficas en estas Premieres de
Leicester Square, siendo visitadas por actores y actrices de la talla de
Richard Gere, Leonardo Dicaprio, Nicole Kidman, Cameron Díaz, Renee
Zellweger, entre otras celebridades de la factoría Hollywood. Sin
embargo, es oportuno que mencione que no he acudido a ver ninguna de
estas Premieres, ya que siempre me enteraba de su celebración tarde,
mal y nunca, aunque bien es cierto que si pusiera un mínimo de interés
por mi parte seguramente hubiese visto algunas de esas aclamadas
15

Premieres. En la zona de Leicester Square también hay una hermosa


iglesia llamada Notre-Dame-de France y un museo llamado “Guinness
World of Récords”, dedicado única y exclusivamente a exponer muchos
de los récords acaecidos y que están contenidos el Libro de los Récords.
En una de estas calles que componen el distrito del Soho llegó a vivir el
compositor Mozart.
Una calle conocida situada muy cerca de Leicester Square es Carnaby
Street, un lugar universalmente famoso durante la década de los setenta
del pasado siglo por sus comercios de moda. Pero no puedo olvidarme,
por supuesto, de dos calles que hay en el Soho, cuyo nombre son Lisle
Street y Gerrard Street. Estas dos calles están repletas de comerciantes y
vendedores asiáticos, especialmente de China, y que han invadido esta
parte del Soho, constituyendo el verdadero pulmón del barrio chino, es
decir, el Chinatown de Londres. Fieles a su costumbre y cultura, sus
calles están decoradas con todo tipo de adornos típicos de Asia Oriental,
sobre todo de China y Japón. Yo no dudé por un instante en acercarme a
este insólito lugar para presenciar sus fachadas y calles adornadas,
respirando su ambiente y el llamativo olor de sus platos gastronómicos
servidos en sus numerosos restaurantes, algunos de ellos con mesas
ubicadas al aire libre.
Siguiendo el recorrido turístico por la gran city debo hacer especial
mención a uno de los lugares más cautivadores, atractivos y distinguidos
de Londres: Notting Hill. Es famoso este distrito principalmente porque
en este lugar se rodó una película hollywoodiense protagonizada por
Julia Roberts y Huge Grant, y también es conocido mundialmente por
sus espectaculares Carnavales que se celebran todos los veranos ahí. Yo
he visitado esta parte de la ciudad en más de una ocasión, algunas veces
solo y otras veces acompañado con mis amigos franceses de mi primera
etapa (uno de ellos trabajaba en esta zona en un «shop»), para respirar
el dulce ambiente de sus calles, plazas y zonas verdes. Hablando de los
Carnavales de Notting Hill, debo decir que por desgracia no pude verlos,
ya que estaba convaleciente debido a una gripe. De todos modos y pesar
de no vivirlos en persona, según varios amigos míos que han
presenciado en vivo y en directo esos desfiles carnavalescos por sus
calles, es muy recomendable verlos, aunque ello suponga tener que
viajar a Londres expresamente por los Carnavales de Notting Hill. La
buena reputación con que gozan estas fiestas hacen persuadir y
convencer a millones de turistas llegados de cualquier rincón del mundo
15

para ver, disfrutar y sacar algunas fotos de estas celebraciones y poder


guardarlas como grato recuerdo de su visita por esta ciudad.
Pero no sólo Notting Hill es famoso por sus carnavales o por su
película, también lo es por poseer uno de los mejores mercadillos de
Londres, situado en Portobello Road. En este lugar se venden todo tipo
de antigüedades, objetos de plata, cerámicas, ropa, souvenirs y todo tipo
artículos muy variados, sobre todo de decoración, vendidos al aire libre
en unos simples tenderetes o en algunos locales cerrados.
Hablando de mercadillos, uno de esos mercadillos que causan una
buena sensación es, sin duda, el de Camden Town. A ese lugar acudí
sólo una vez con varios amigos míos de mi residencia. Fue un fin de
semana cuando decidimos entre todos nosotros, de improviso, es decir,
sin un plan elaborado, visitar este singular mercadillo. Para llegar allí
tuvimos que coger todos (seríamos aproximadamente 7 u 8 personas) un
autobús en nuestra zona de residencia en Camberwell Green con
destino Camden Town. La duración aproximada del trayecto hasta el
mencionado lugar fue de 45 minutos. Como el recorrido del autobús era
por el centro de la ciudad, conseguimos matar rápidamente el tiempo al
recrearnos en las fantásticas vistas de la ciudad que englobaban sus
calles, monumentos, fachadas y su ambiente. Llegamos todos con algo
de impaciencia y ansiedad por ver el tan ilusionado lugar. Esa zona
recóndita de la ciudad prodigaba todo tipo de gente, sobre todo hippie.
Todos recorrimos el lugar unidos como si se tratase de una buena y gran
familia. La calle principal por donde transcurría el mercadillo estaba
llena de tiendas con tenderetes repletos de ropa colocados al aire libre,
había tiendas con todo tipo de antigüedades, locales para grabarse
tatuajes en la piel, puestos de comida y bebida ambulante, etc. Todo
aquel bullicio y animación me llamó mucho la atención. Todo era
verdaderamente curioso e interesante. La gente que por aquí merodeaba
pertenecía a cualquier nacionalidad, etnia, lengua y creencias. Todo
resulta muy pintoresco por este sitio, sobre todo la gente que iba vestida
desenfadadamente con ropa hippie o punki, gente con grandes y
llamativos tatuajes, con piercings en cualquier parte del cuerpo, con el
pelo teñido, rapado o peinado de cualquier forma. El mercadillo era
sensiblemente grande. Había donde olfatear y comprar gracias a la gran
variedad de artículos que se vendían. Nada me dejaba indiferente. Todo
lo contrario. De todo lo que vi en Camden Town, lo que más me caló
hondo fue el canal que allí había. Por ese estrecho canal pasaba la gente
montada en barcas. Era una bonita imagen como sacada de una postal.
15

La mayoría de mis amigos acabaron sacando fotos del lugar, al igual que
saciamos nuestros estómagos al beber algunos refrescos en algunos
chiringuitos ambulantes. Había una impresionante marea de turistas
visitando este mercadillo. Estuvimos prácticamente desde el mediodía
hasta bien avanzada la tarde. Antes de que anocheciera fue cuando
todos decidimos por unanimidad regresar a la residencia para
reponernos del intenso y ameno día. En el rostro de mis amigos y en el
mío propio se podía palpar una moderada satisfacción por haber
visitado este sitio y al mismo tiempo un poco de melancolía y nostalgia
por volver a visitarlo de nuevo algún otro día.
Finalmente, quiero concluir mi relato sobre los mercadillos y barrios
londinenses haciendo especial mención a uno de esos famosos y
ambientados barrios: Chelsea. En este distrito he estado trabajando
como ayudante de cocina en un restaurante durante un mes en verano.
Son innumerables las veces por las que pasé por este lugar en autobús,
bien para ir al trabajo, bien para regresar a mi nuevo hogar situado en
Fulham después de mis frecuentes visitas a mi antigua residencia en
Camberwell o para visitar el centro de Londres. No es de extrañar que lo
conozca casi como la palma de mi mano.
Chelsea3 parece una ciudad dentro de otra ciudad. Se extiende de
forma paralela al río Támesis. Es un mundo aparte. Cualquiera que
recorra estos lugares no le resultará difícil sentirse admirado y
absorbido por la hermosura e imponencia arquitectónica de las fachadas
de sus viviendas de estilo victoriano y georgiano. Es Chelsea una
encrucijada de calles estrechas y plazas apacibles. Es el distrito más rico
de Londres, junto con el de Mayfair. Aparte de eso, Chelsea puede
presumir de ser uno de los distritos más lujosos y prestigiosos de todo el
planeta, comparable en fama y riqueza a los distritos de Beverlly Hills
de Los Ángeles y el de Manhattan de Nueva York. Un ejemplo claro y
evidente que avale lo que acabo de decir lo encontramos no únicamente
en el precio de sus viviendas, sino en los lujosos coches, tanto los
modernos deportivos como los clásicos, que circulan con frecuencia por
sus calles con cierto aire de insinuación, descaro y glamour. Por si fuera
poco, el distrito tiene fama de haber sido durante más de 4 siglos centro
de apogeo de la vida cultural y artística de Inglaterra.
Antiguamente Chelsea era un barrio humilde de pescadores,
convirtiéndose con el paso del tiempo en lugar de alojamiento de
personalidades pertenecientes a la corte. Acabaría con los años
15

adquiriendo fama de barrio tranquilo y apacible. A finales del siglo


XVIII se convirtió en el lugar predilecto por los londinenses
pertenecientes a cualquier clase social, raza y creencia. Pero
probablemente lo que consagró mundialmente a este distrito fue el
hecho de que a principios del siglo XIX una cantidad innumerable de
artistas e intelectuales, tanto británicos como de otros países, optaron
por vivir en este insólito lugar. Sin embargo, en muy poco tiempo pasó
de la buena a la mala reputación, debido a que la gente no apreciaba las
artes y costumbres de estos artistas. No obstante, en Chelsea no sólo
prodigaban los grandes artistas, sino que también había grandes
historiadores, filósofos y científicos.
Después de las dos Guerras Mundiales, el distrito de Chelsea
consiguió evolucionar positivamente. Surgieron las primeras obras
teatrales en los años 50 y 60 del pasado siglo. A partir de 1970 Chelsea
se convertiría en una especie de Meca para los jóvenes británicos y
lugar de paso para famosos grupos de música rock, como los Rolling
Stones, entre muchos otros. También sería el epicentro de la moda y de
sus desfiles.
Hoy en día Chelsea sigue siendo un barrio muy cargado, mundano y
vital, sin haber perdido la belleza arquitectónica de las fachadas de sus
viviendas y edificios, el encanto de sus calles, plazas y jardines, y la
atracción de sus comercios, restaurantes y pubs. Sigue siendo un
recóndito lugar hecho para ricos, aristócratas y famosos del mundo del
cine, la moda, las letras, la música, etc.
15

A la izquierda se puede apreciar Regent Street, una de las calles más famosas de Londres. A la derecha se observa la
Cúpula del Milenio en Greenwich4, más popularmente conocida como The Dome.

A la izquierda se pueda apreciar una elegante y glamourosa limusina circulando por Piccadilly Circus. A la derecha
se observa a mi amigo Jorge en la Premiere de Leicester Square visitada por la actriz australiana Nicole Kidman en el
preestreno de la película “La intérprete”.

A la izquierda, la firma multinacional Virgin5 en Times Square de Nueva York, la empresa británica más
internacional, prestigiosa y comercial del Reino Unido. A la derecha aparezco yo en un primer plano y en el plano de
fondo aparecen las calles y adornos en Chinatown, uno de los lugares más singulares y acogedores de Londres.
15

A la izquierda se puede ver una de la grandes atracciones de Londres, los autobuses de dos pisos, circulando por la
calle de Haymarket. A la derecha se puede ver la estación de tren de Victoria Station.

A la izquierda se puede apreciar en la imagen de fondo el Admiralty Arch situada en la zona del Mall. A la derecha
se puede apreciar Oxford Street, la calle más concurrida del mundo, según el British Tourist Authority.
15

EPÍLOGO
Encontraría infinitas razones para emprender el arduo proyecto de
escribir este libro que al principio se me antojaba harto difícil y ajeno a
mi capacidad literaria, pero que, con el paso del tiempo, a base de
talento, perseverancia y sacrificio, fue cogiendo forma y sentido para
acabar haciéndose realidad. He ido forjando el alma de este libro para ir
dándole carácter y vida propia. Si no tuviera una experiencia insólita
como la que tuve viviendo y trabajando en Londres, nada de todo esto
vería la luz. Me he sentido interiormente inspirado para trasmitir en este
libro todo lo que he sentido en Londres, tanto mis alegrías, mis ilusiones,
mis deseos, como también mis penas, mis preocupaciones y mis
desengaños. Creo que he intentado mantenerme a la altura de las
circunstancias, ya que vivir en una ciudad tan importante, tan
prestigiosa y descomunal, como es Londres, me impulsaba tomar la
importante decisión de escribir este libro, hablando de lo que realmente
es Londres y cómo fue mi situación personal y profesional en esa
ciudad. Para ello he tratado, por una parte, de no alejarme de la
realidad, evitando idealizar todo ello y, por otra parte, he intentado
hacer una especie de autocrítica constructiva que me sirviese de lección
de cara al futuro. No sé si he conseguido ambas cosas al mismo tiempo
en su justa medida, pero si tengo claro algo es que no decaí en ese
empeño laborioso.
Creo que nadie es perfecto, ni siquiera el mundo lo es, por eso quiero
mencionar que mis experiencias en Londres tampoco han sido perfectas.
Creo que si lo fuesen se perdería un grado de realismo, humanidad y
verosimilitud. Por eso he encontrado más razones para escribir este
libro, sin alejarse, como dije antes, de la realidad. Quizás mi situación
personal en la ciudad pudiese haber sido mejor de lo que fue, en parte
debido a mi exceso de responsabilidades (estudios universitarios, trabajo
e inglés). Probablemente he querido abarcar muchos proyectos en tan
poco tiempo y eso me ha llevado por momentos a causarme falta de
concentración, algo de preocupación y estrés. Aunque el momento o
contexto temporal de mi partida hacia Londres no fue el idóneo, por lo
que he comentado anteriormente, eso no quiere decir que no halla
merecido la pena haber visitado esta ciudad. Ni mucho menos, sobre
todo cuando lo que pude adquirir tiene ver con ampliar horizontes,
adquirir mayor madurez mental, tener otro enfoque del mundo,
16

capacidad de adaptarme a una cultura diferente, mejorar más mi


currículum profesional, etc.
Soy un escritor principiante que desde la sensatez y la humildad he
encontrado como surgido de la nada la vocación literaria de dedicarme
en algunos de mis momentos libres a la escritura, y este libro es la mejor
manera de refrendar pública y oficialmente dicha vocación. He sentido
un respaldo y apoyo incondicional por parte de mis amigos y de la gente
que conocía de mi entorno social en mi objetivo de vivir en Londres,
pero, como no podía faltar, he tenido también mis detractores, sobre
todo mis propios familiares, que al principio se oponían ilegítimamente
a que yo partiese a vivir y trabajar en la capital del Reino Unido. Mi
valiente decisión de irme a Londres no fue repentina, fruto de la
calentura o tomada de la noche a la mañana, sino que más bien fue una
decisión muy premeditada y calculada meticulosamente. Una decisión,
fruto de mis emociones, de lo que me decía el corazón, como un deseo e
impulso reprimido durante un largo periodo de tiempo que abarca
tempranamente desde mi infancia y que explotó un buen día para tratar
de hacerlo realidad. Mi vocación y pasión por el inglés fue el detonante
que motivó mi partida a tierras inglesas. Me siento interiormente
satisfecho y autorrealizado de haber cumplido uno de los mayores
sueños de mi vida que era «sumergirme» en un país con una cultura y
lengua con las que siempre me he sentido identificado, sin renegar para
nada de mis raíces vinculadas a mi querida y orgullosa tierra gallega a la
que, por momentos, he sentido en Londres esa conocida «morriña».
También se aprende a eso, a valorar más lo que se tiene y a ser más
conformista y autosuficiente.
¿Por qué Londres y no otra ciudad? Por la sencilla razón de que
Londres me proporcionaba a mí muchas ventajas, entre ellas estaba el
hecho de vivir en la segunda ciudad con mayor nivel de vida del mundo,
después de Nueva York, el sentirme identificado con su cultura, paisajes
y costumbres y por otras razones que tenían que ver con adquirir mayor
madurez mental o mejorar cualitativamente mi currículum profesional.
Sin embargo, también tenía sus inconvenientes que eran lo
suficientemente caro que estaba la vida allí como para vivir con cierta
comodidad y tranquilidad, y el hecho fatal de tener que vivir muy lejos
de mi hogar natal, del cariño de mis seres queridos y amigos. Por
muchas razones objetivas que existan para vivir en Londres, jamás
podrá reemplazar el valor que tiene de poder vivir cerca de mis
familiares y de la gente que realmente me aprecia, de modo que me
16

sirviese para cubrir el vacío interior que en algunos momentos he


llegado a sentir en la capital británica. Eso fue lo que me faltó a mí,
alguien de mi entorno familiar para expresar más íntimamente mis
ilusiones y mis alegrías, al igual que mis penas y desengaños. Es cierto
que tuve muchos amigos allí, sobre todo gracias a mi carácter
extrovertido y sociable, pero todo ello no es lo mismo, ya que no son
amigos cercanos con los que compartí mis primeros años de infancia y
posteriormente mi adolescencia, aunque con ello no insinúo que no
tuviese un estrecho e intenso vínculo emocional con ellos durante mi
estancia, que sí lo tuve realmente. El hecho de vivir lejos del afecto de
mis seres queridos y amigos me hacía reflexionar sobre lo duro que
puede ser la vida cuando uno viaja solo por el mundo adelante, en busca
de un futuro algo esperanzador, como le ha sucedido a cientos de miles
de emigrantes gallegos durante la Guerra Civil y el franquismo. Eran
tiempos de mucha pobreza y calamidades, tiempos que obligaban a
mucha gente, incluyendo a parientes míos, inexorablemente a tener que
emigrar como la única opción de poder seguir sobreviviendo más o
menos dignamente, aunque dicha elección significase el desposeerse del
tesoro más preciado: sus seres queridos más cercanos. Eran otros
tiempos, con un contexto político y socioeconómico diferente al que me
tocó a mí vivir. En mi caso particular, la decisión de emigrar de Galicia
temporalmente fue de manera legítima, voluntaria y leal a mi afinidad
por la cultura anglosajona, mientras que la mayoría de los gallegos que
emigraron en la época franquista tomaron una decisión drástica y
forzada como único camino de salvación ante la profunda crisis
económica y social de aquella época en España. Sin embargo, algunas
cuestiones de fondo están relacionadas mi situación en Londres con
aquella difícil época. ¿En qué cuestiones? Pues en el hecho duro que
suponía para mí tener que abandonar el lugar, los familiares y los
amigos de donde me crié y sustituirlo por otras cosas nuevas y
desconocidas que iría encontrar en Londres. También coincide en el
hecho de que, como emigrante, he tenido que agarrarme a cualquier
puesto de trabajo que se me ofertaba, aunque fuese el peor puesto
posible, ya que la gran mayoría de las personas que emigran a otro país
tienen que trabajar el doble para equiparar sus sueldos y nivel de vida
con los propios ciudadanos del país de destino. Es cierto que también
depende da la preparación académica y profesional, conocimientos de
idiomas y otros títulos que posea el individuo que emigra a otro país. En
la época de la dictadura franquista, debido al alto índice de
analfabetismo y pobreza, muchos de esos emigrantes tenían que
16

agarrarse a un clavo ardiendo para seguir adelante fuera de su país. Sin


embargo, hoy en día vivimos en un mundo globalizado, en el que impera
la era de la información, la comunicación, de los grandes avances
científicos y tecnológicos, donde la gran mayoría de la gente,
exceptuando la población del Tercer Mundo, está bien preparada a nivel
académico y profesional. Ante esa realidad, el nivel de vida que pueda
tener un emigrante fuera de su país dependerá en gran medida de su
estatus socioeconómico adscrito o adquirido. Siendo más explícito y
concretándolo en mi caso, quiero decir que si mi situación en Londres
no fue la más acorde fue precisamente porque no había acabado de
titularme de mis estudios universitarios y no poseía un nivel de inglés
suficientemente avanzado para ejercer un buen puesto de trabajo en
Inglaterra.
En cuanto a Londres, debo señalar que es una ciudad deslumbrante y
de ensueño por todos sus monumentos, plazas, avenidas, palacios,
parques, museos, etc. Es una ciudad que cautivará a cualquier persona
que se adentre en ella por las infinitas posibilidades artísticas, culturales
y recreativas que posee. Por eso mismo quiero recomendar seriamente a
cualquier persona que lea este libro, que se anime algún día a visitar
esta gran ciudad, ya que no defraudará a nadie en absoluto. Yo he
intentado lo mejor posible disfrutar de la ciudad en su máximo
esplendor, aunque bien es cierto que una ciudad tan grande como es
Londres, llevaría muchos años para conocerla muy de fondo, por eso
mismo he tenido que conformarme con conocerla a grandes rasgos. No
estoy arrepentido en absoluto de haber vivido y trabajado en esta
ciudad, aun cuando el contexto temporal de mi partida no fue el idóneo
debido a mi exceso de obligaciones. Sin embargo, sí estoy arrepentido de
no haber disfrutado más de la ciudad en algunos aspectos, como, por
ejemplo, subir al London Eye, bajar en catamarán por el Támesis, viajar
en limusina, ver un partido de fútbol en alguno de sus numerosos
estadios, entre otras cosas. De todos modos, espero y deseo, si Dios
quiere, en un futuro no muy lejano, volver a viajar hasta esta ciudad
para cumplir una de mis mayores expectativas que me había marcado
antes de mi partida a Londres, que era vivir al menos un año en esta
capital. Un año de estancia en Londres que me serviría para
perfeccionar su idioma, con el fin de obtener los títulos oficiales de
inglés de la prestigiosa Universidad de Cambridge (First Certificate,
Advanced y Profiency), mejorando de este modo sustancialmente mi
currículum académico. Así que solamente tengo que ponerme manos a
la obra para hacer realidad eses importantes objetivos.
16

Ya para finalizar este libro, fruto de 3 años y medio de arduo trabajo


mental e intelectual dedicado a escribir esta inédita obra, además de
realizar de manera paralela un «Master de Investigación en
Sindonología» por mi cuenta durante 2 años y centrarme en finalizar
mis estudios universitarios, quisiera a modo de conclusión reseñar
cuatro cosas más. La primera de ellas es que todo lo está escrito en esta
obra con relación a mi situación en la capital de las islas británicas y
después sobre Londres como ciudad, representa una ínfima parte de lo
que realmente viví. Segundo, este libro se ajusta prácticamente por
completo a la realidad, ya que he evitado disfrazar e idealizar dicha
realidad lo buenamente posible, aunque a veces al escribir sobre Londres
como ciudad he podido excederme en mis adjetivaciones. Sin embargo,
mal que pueda extrañar a más de uno, esta ciudad lo tiene casi todo,
sobre todo un altísimo nivel de vida, por lo que muchos de mis adjetivos
calificativos que describen esta ciudad son perfectamente justificables.
Tercero, mi situación en Londres ha sido sinceramente agridulce. Agria
porque me resultó por momentos bastante dura y difícil mi estancia allí
por mis problemas de adaptación a mi primera residencia, a los dos
últimos trabajos, el haber extrañado a mis familiares y seres queridos, y
por el exceso de responsabilidades que tenía. Dulce porque he adquirido
mucha madurez y conocimiento al ver todo lo que hay en Londres,
porque he vivido en un país con una cultura con la que siempre me he
identificado, y por último, porque he hecho muchos amigos. Al fin y al
cabo, las relaciones humanas son lo que de verdad importa. Para
finalizar, debo recalcar que me siento bastante orgulloso y satisfecho de
haber vivido en esta gran ciudad, además de poder presumir por haber
trabajado, aunque sólo fuese por un mes en verano, en el que es
probablemente el distrito más rico y prestigioso del mundo: Chelsea.
16
16

BIBLIOGRAFÍA

1º PARTE
MI SITUACIÓN PERSONAL Y PROFESIONAL EN LA CIUDAD:

Cap. 2º: Mi segunda etapa en la ciudad del Cockney

 Información referida a Su Santidad Juan Pablo II1


Fuente: http://www.aciprensa.com/juanpabloii/

Cap. 4º: La marcha nocturna londinense



Información referida a la descripción de pubs1
Fuente: “Guías de Viaje Salvat” –Londres- Salvat Editores. Barcelona 1984

 Información referida a pubs, restaurantes y discotecas2


Fuente: http://www.latenightlondon.co.uk/bars.asp

Cap. 5º: Mi adaptación a la ciudad, su cultura y costumbres



Información sobre el New Scotland Yard1
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Scotland_Yard

Información sobre el National Health Service2
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/National_Health_Service

Información sobre tipos de tickets de metro3
Fuente:http://www.infoidiomas.com/paises/uk/ciudades/citylondres.asp

Mapa del metro de Londres4
Fuente: Guía “London Planner”. British Tourist Authority. MFA
Publications. London (U.K.) 2003
16

2ª PARTE
MIS VISITAS TURÍSTICAS Y CULTURALES A LOS GLAMOUROSOS
LUGARES EMBLEMÁTICOS:

Cap. 6º: El Londres monumental de los fascinantes lugares emblemáticos

 Información referida al Palacio de Westminster1, Abadía de Westminster2,


Trafalgar Square5, Piccadilly Circus7, Royal Albert Hall10 Fuente: “Guías de
Viaje Salvat” –Londres- Salvat Editores S.A. Barcelona 1984

Información sobre la Catedral de Westminster3, la City6, de la Catedral de
San Pablo4 y The Tower8. Fuente1ª: “Guías de Viaje Salvat” -Londres-
Salvat Editores S.A. Barcelona 1984. Fuente2ª: “Londres” Acento Editorial.
Madrid 1993-1994

Información referida al Tower Bridge9
Fuente: http://www.towerbridge.org.uk/TowerBridge/
Spanish/BridgeHistory/

Información referida al Castillo de Windsor11
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Castillo_de_Windsor

Cap. 7º :El Londres imperial de los majestuosos palacios y parques

 Información referida al Palacio de Saint James1, al Palacio de


Kensington y al Palacio de Buckingham . Fuente1ª: “Guías de Viaje Salvat”
2 3

–Londres- Salvat Editores S.A. Barcelona 1984 Fuente2ª: “Londres”. Acento


Editorial. Madrid 1993-1994

 Información referida al Hyde Park4, al Kensington Gardens5, al Regent´s


Park6, al Saint James Park7 y Richmond Park8 Fuente1ª: “Guías de Viaje
16

Salvat” –Londres- Salvat Editores S.A. Barcelona 1984 Fuente2ª: Guía


“Londres” Editorial Acento. Madrid 1993-1994

Cap. 8º: El Londres artístico de los descomunales museos y teatros



Información referida al National Gallery1
Fuentes: http://www.nationalgallery.org.uk/plan/information/galleries.htm
http://www.artehistoria.com/frames.htm?
http://www.artehistoria.com/genios/museos/3.htm

Información referida al Wallace Collection2
Fuente:http.//www.artehistoria.com/frames.htm?
http://www.artehistoria.com /genios/museos/350.htm

Información referida al Royal Observatory3
Fuente:http://www.nmm.ac.uk/server.php?
show=conWebDoc.134996&navId=0050000002

Información referida al National Maritime Museum4
Fuente: http://www.nmm.ac.uk/server/show/conWebDoc.529

 Información referida al Science Museum5 y The Natural History Museum6


Fuente1ª: “La Guía del Trotamundos” –Londres- (Serie Oro). Editorial
Gaesa. Madrid 1997.
Fuente2ª: http://www.sciencemuseum.org.uk/collections/index.asp
http://www.sciencemuseum.org.uk/

 Información referida al British Museum7


Fuente1ª: http://www.thebritishmuseum.ac.uk/ethno/ethhome.html
http://www.thebritishmuseum.ac.uk/spanish/colecciones.html
Fuente2ª: “La Guía del trotamundos” -Londres- (Serie Oro). Editorial Gaesa.
Madrid 1997.

Información referida al Santo Sudario de Turín8
Fuente1ª: http://www.aciprensa.com/sudario/estudios.htm
http://www.aciprensa.com/sudario/medicina.htm
http://www.corazones.org/jesus/turin_sudario/a_turin.htm
http://www.corazones.org/jesus/turin_sudario/turin_sudario2p.htm#Estudio
s%20científicos
http://www.sabanasanta.org
16

http://www.cilt.com.ar/home1.htm
http://www.degelo.com/colaboraciones/col8.htm
http://www.monografias.com/trabajos/sabanasanta/sabanasanta.shtml
http://mm2002.vtrbandaancha.net/sindone.html
Fuente2ª: DVD Discovery Channel “El misterio de la Sábana Santa” – Un
enigma al descubierto- (Título original “In Pursuit of the Shroud” EE.UU.
1998)
Fuente3ª: Colecciones de DVD “La Otra Realidad” de Fernando Jiménez del
Oso. Capítulo dedicado a la “Sábana Santa” Madrid 2003.
Fuente4ª: BENÍTEZ, J.J.: “El Enviado” Editorial Planeta DeAgostini. Madrid
2000.
Fuente5ª: LORING, Jorge: “La autenticidad de la Sábana Santa” (Libro + 28
diapositivas) Ediciones Crespo. Madrid 1981.
Fuente6ª: PORTER, Carmen: “La Sábana Santa” -¿Fotografía de Jesucristo?-
Editorial Edaf. Madrid 2005.
Fuente7ª: Coleccionables “Cuarto Milenio” –El más allá nunca ha estado tan
cerca- (Libro + DVD) de Iker Jiménez. Capítulo dedicado al Santo Sudario de
Turín. Madrid 2007.
Fuente8ª: DVD de 160 minutos de “La Sábana Santa” (El fenómeno, la
película, el lienzo, las ostensiones y el arte). San Pablo Multimedia. Madrid
2006.

Cita del prestigioso científico estadounidense Ken Wilber9
Fuente: AA.VV.: “¿Vida después de la muerte?” Editorial Kairós S.A.
Barcelona 1992. (Título original “What Survives?” EE.UU. 1990)

Información referida a los teatros10
Fuente: “La Guía del Trotamundos” –Londres- (Serie Oro). Editorial Gaesa.
Madrid 1997.

Fotografía de la Santa Síndone en negativo óptico11
Fuente: http://www.aciprensa.com/sudario/imagenes.htm

Fotografía de la Santa Síndone en positivo óptico12
Fuente:http://www.mundoparanormal.com/docs/enigmas/sabana_santa.html

Fotografía de Su Santidad Juan Pablo II venerando la Santa Síndone13
Fuente: http://www.sabanasanta.org

Fotografía del autorretrato de Cristo14
16

Fuente: http://www.aciprensa.com/sudario/imagenes.htm

Fotografía del Sagrado Rostro en tridimensional15
Fuente:http://www.mundoparanormal.com/docs/enigmas/sabana_santa.html

Fotografía de una réplica de las monedas romanas datadas en siglo I de
nuestra era encontradas en los párpados del «hombre» el lienzo16
Fuente: http://www.degelo.com/colaboraciones/col8.htm

Fotografía de una representación artística en pintura recreando cómo cubrió
el lienzo de Turín al cuerpo sin vida de Nuestro Salvador17
Fuente: http://www.aciprensa.com/sudario/imagenes.htm

Fotografía del bombero Mario Trematore desalojando el Santo Sudario
ubicado en un cofre blindado18:
Fuente: http://www.templotibidabo.org/Sindone/Sindone7.htm

Fotografía de los mejores científicos del mundo poniendo a prueba el Santo
Sudario19:
Fuente: http://www.sabanasanta.org

Fotografía del Dr. Harry Gove haciéndose eco de la contaminación biológica
que adulteró el resultado de la prueba del carbono-14 en el Santo Sudario20:
Fuente: http://www.sabanasanta.org

Fotografía publicitaria de los musicales Chicago y The Full Monty21
Fuente: Guía “London Planner” British Tourist Authority. MFA
Publications. London (U.K.) 2003.

Cap.9º: El Londres cosmopolita de sus concurridos distritos y mercadillos



Información referida a Mayfair1, el Soho2 y Chelsea3
Fuente1ª: “Guías de Viaje Salvat” -Londres- Salvat Editores S.A. Barcelona
1984. Fuente2ª: “Londres” Acento Editorial. Madrid 1993-1994

Fotografía de la Cúpula del Milenio4
Fuente: http://wwp.millennium-dome.co.uk (Foto Mike Goldwater. NMEC
Publications)
17


Fotografía de la multinacional Virgin5 en Times Square de Nueva York
Fuente: http://www.virginmegamagazine.com/default.asp?vms=20

Portada y contraportada

Fotografía de la bandera de Inglaterra
Fuente: http://es.encarta.msn.com/media_12106210777/
Bandera_de_Inglaterra.html

Fotografía del escudo de Inglaterra
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:England_coa.gif

Fotografía del escudo de Londres
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:London_City_coa.png

Fotografía de la bandera del Reino Unido
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/
Imagen:Flag_of_the_United_Kingdom.svg
17
17

AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a las siguientes personas físicas y jurídicas por facilitarme la labor a
la hora de escribir esta obra, de la que yo soy autor en toda su extensión, haciendo
posible que este trabajo literario pudiese ver por fin la luz:

 José Pérez
 Miguel Barbosa
 Jorge Barbosa
 José Manuel Pacho
 José Antonio Fraga
 Sandra Vázquez
 Biblioteca Pública Nodal de Ourense
 Facultad de Derecho, Turismo y Ciencias Empresariales del Campus
Universitario de Ourense
 Facultad de Ciencias de la Educación y de Historia del Campus U. de Ourense
 Casa da Cultura de Allariz (Ourense)
 Puga Papelerías