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Fritzsche, De Hindenburg a Hitler

El bloque que eligió a Hitler ya se había congregado diez años antes para elegir a
Hinderburg. Las similitudes entre las campañas de Hinderburg y Hitler son
sorprendentes más allá de las diferencias de personalidad entre ambos. Hinderburg
no sólo había enfrentado a Hitler en las elecciones de 1932 sino que tuvo que
pugnar con él y, eventualmente, nombrarlo canciller. La elección de Hinderburg
representó una etapa importante en la gestación de la insurgencia nazi. Un examen
detallado de las elecciones de 1925 muestra que los votantes no buscaban volver a
los “buenos viejos tiempos” sino dar forma a un nacionalismo popular que Hitler,
siete años después, podía encarnar mejor que Hinderburg. La campaña de Hinderburg
en 1925 tuvo una gran semejanza con el trabajo cívico: coros, clubes atléticos,
sociedades de tiro al blanco, gremios. Uno de los elementos más importantes era el
grupo paramilitar, Stahlhelm, que distribuía panfletos en los barrios y en los
pueblos más alejados. Los ciudadanos se dejaron llevar por la pasión de la política
pública. Hinderburg era un candidato de ensueño por su papel como comandante de
supremo durante la 1° Guerra Mundial. Atraía a católicos y protestantes por igual.
Los burgueses partidarios de el se congregaron en público. Después del triunfo
electoral, los simpatizantes tomaron las calles seguros de que se había detenido el
avance del socialismo. La derecha alemana se encontraba rebosante de confianza. El
socialismo estaba en retirada.

La coalición que apoyaba a Hinderburg se disolvió una vez reanudada la política


parlamentaria. Las conmemoraciones para honrar al presidente fueron celebradas en
1925 y 1926, pero en 1927, cuando cumplió 80 años, los barrios burgueses estallaron
en un gran festejo. Los Stahlhelm fueron los núcleos alrededor de los cuales se
critalizó esa exuberante socialización nacionalista. La elección de Hinderburg
constituyó un admirable modelo para una exitosa movilización política. Los
Stahlhelm unían a los burgueses y enfrentaban a la izquierda socialista. A pesar de
su frenética actividad no pudieron organizar la creciente ola antiparlamentaria.
Siguieron siendo una fuerza auxiliar de la política parlamentaria. Como resultado
de esta situación se volvieron más reaccionarios. Para 1929 se habían acercado al
ala derechista del Partido Nacional Popular Alemán. A pesar de su fracaso lograron
transformar por completo los barrios alemanes.

La Revolución nazi

A fines de los años veinte, los barrios de clase media se hallaban en el centro de
una verdadera insurrección popular. Los movimientos políticos de todo tipo hacían
un uso efectivo de las calles. Los socialdemócratas y los Stahlhelm se confrontaban
como formaciones paramilitares armadas. Los partidos tradicionales se habían
derrumbado. Fue el Partido Nacional Socialista Alemán el que logró consolidar la
rebelión popular de los últimos años. Fueron los nazis quienes emergieron como el
partido más grande de Alemania en 1932-33.

Los partidos independientes y las campañas centradas en una sola temática no podían
evitar ser parte de la misma inmovilidad política que condenaban. Los
socialdemócratas, por ejemplo, fueron asociados cada vez más con las calamidades
económicos. De esta manera perdieron influencia y fuerza. Por el contrario, los
nazis, con sus manifestaciones masivas y su retórica apocalíptica, crearon un foro
político en el que la nación podía ser imaginada como un todo. Era un populismo que
prometía ir más allá de las instituciones liberales para recuperar una identidad
nacional esencial y poderosa. El énfasis que el partido ponía en la juventud, los
deportes y el trabajo comunitario parecía dejar lugar para que las mujeres
desempeñaran un papel importante en la revolución.

Los nazis también aprovecharon la política reaccionaria de los nacionalistas


alemanes y de la Sthalhelm. El partido había sabido ganarse el apoyo de los obreros
y de los empleados de comercio. La insistencia, después de la Gran Depresión, en
un cambio radical más que en la representación de intereses sectoriales parecía
razonable. Eso los llevó a buscar el apoyo de los trabajadores, quienes se
sintieron atraídos por el mensaje nazi de la solidaridad, la productividad
económica y las aspiraciones imperiales. Los nazis también aprovecharon los errores
estratégicos de los socialdemócratas quienes, durante la Gran Depresión, parecían
estar más interesados en proteger los beneficios de los trabajadores que en ofrecer
soluciones radicales para la crisis general. Los nazis supieron insertar el deseo
de una reforma social en el marco nacional. La gente joven, las amas de casa y los
obreros tenían la impresión de que se encontraban del lado de la justicia social.
Los socialdemócratas no supieron responder con propuestas propias y atrayentes. Los
nazis también prometieron terminar con el sistema “antidemocrático” y hacerlo con
un estilo político dinámico. Los nazis, de esta manera, pasaron a representar la
renovación, mientras que el resto del arco político la intransigencia y el retraso.
A fines de 1932 constituían la única opción viable para un amplio espectro de la
población. El 30 de enero de 1933 se transformaron en el partido más grande y
socialmente más diverso de Alemania. No obstante, tres culturas políticas se
mostraron resistentes: los socialdemócratas, los comunistas y el Partido Católico
de centro. A pesar de eso, nunca antes la historia moderna alemana había visto un
movimiento popular tan inmenso.

En contra de la creencia más sostenida, cuanto más rico era el distrito mayor fue
la cantidad de votos nazis. Parecían existir una serie de rasgos que caracterizaron
al voto: un antimarxismo exacerbado; una falta de confianza en el sistema
democrático; un sentimiento de que Alemania había sufrido un agravio en Versalles.
No obstante hay que destacar que otros rasgos de Hitler no fueron aceptados por
todos: su antisemitismo y el lenguaje racista de su darwinismo social. Lo que más
atraía de los nazis era su visión de una sociedad construida sobre el pueblo.