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MEMORIAS DE UN
ROMÁNTICO EN LA CAPITAL
LONDINENSE

JESÚS FRAGA CID

ENGLAND LONDON
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“Memorias de un romántico en la
capital londinense” es una obra
literaria escrita por Jesús Fraga Cid
en la que narra en primera persona
las vivencias, paradojas y anécdotas
acaecidas durante su estancia
relativamente larga en Londres. Por
una parte, el libro es una narrativa
que cuenta las experiencias del
propio autor en la ciudad; y por otra
parte, es como una guía didáctica de
viaje en la que el autor se adentra en
los rasgos históricos y culturales de
que cada lugar visitado, siempre
enfocándolo bajo su propio contexto
personal en la ciudad. Es un libro en
parte culto y documentado, en el
que el escritor intenta evitar el
disfrazar la realidad de sus propias
experiencias, al igual que busca
hacer una especie de autocrítica constructiva que le sirva de lección de cara al
futuro.
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MEMORIAS DE UN ROMÁNTICO EN LA
CAPITAL LONDINENSE

JESÚS FRAGA CID


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Impresión y encuadernación
en “Puga Papelerías”
C/ Avda. Habana, 34
320003 Ourense

© 1ª Edición: mayo del 2007

Impreso en España. Printed in Spain

I.S.B.N.: 84-611-5396-1
Depósito Legal: OU-38/2007

Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto


en el artigo 270 del Código Penal vigente, podrán ser castigados
con penas de multa y privación de libertad, quienes
reprodujeran o plagiaran, en todo o en parte, una obra literaria,
artística o científica fijada en cualquier tipo de soporte sin la
preceptiva autorización de los titulares de los correspondientes
derechos de propiedad intelectual.
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Jesús Fraga Cid es un escritor novel


nacido en el municipio de Allariz,
provincia de Ourense, el día 12 de
febrero del año 1977. Desde los
primeros años de su infancia sentiría
una especial afinidad y vocación por el
idioma inglés y todo lo relacionado con
la cultura anglosajona y
estadounidense, empezando el estudio
del mencionado idioma a través de
algún cómic, cintas de casete,
fascículos y revistas. Después de unos
años de titubeo en los estudios durante
su adolescencia, acabaría consiguiendo
el título de Técnico Especialista en
Administrativo en un instituto
ourensano y el de Diplomado en
Relaciones Laborales por la Facultad de
Ciencias Jurídicas y del Trabajo de la
Universidad de Vigo. Fruto de su creciente interés por lectura, es una
persona iniciada en el estudio de la antropología de la religión, la filosofía y
las religiones comparadas, y ampliamente formada en el estudio de la
Sindonología, Tanatología y Parapsicología. También posee unos
conocimientos a nivel iniciático en astrofísica o Nueva Física, Psicología
Transpesonal, Neuroteología y Neurología Cuántica. Es autor de la obra
“Dios, ciencia y lacras sociales” –Una mirada humana, ética y espiritual a los
grandes interrogantes sobre la naturaleza humana- (ensayo
multidiciscplinar). Por otra parte, es importante mencionar que a raíz del
testimonio sobre una asombrosa y fascinante Experiencia Cercana a la
Muerte (ECM) vivida por un pariente suyo tras sufrir un infarto cerebral,
empezaría una larga y apasionante investigación periodística de más de 8
años de duración sobre la eterna y más primordial cuestión de la condición
humana, apoyándose documentalmente a través de la lectura de libros,
artículos de Internet y documentos videográficos sobre las ramas de la
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parapsicología y la tanatología. Esta larga y apasionante investigación le


llevo a la publicación de una segunda obra: “Un puente entre ciencia y
espiritualidad” –Análisis científico en torno a la experiencias cercanas a la
muerte (ECM)- (ensayo). Completaría su formación cultural realizando un
proyecto de investigación sobre la Santa Síndone de Turín durante 2 años
por su cuenta, documentándose a través del análisis, contraste y verificación
de información obtenida en 25 páginas web de Internet aproximadamente, 5
DVD, 4 libros, 28 diapositivas y 2 artículos extensos redactados por él
mismo sobre esta incomparable y crucial reliquia. Profesionalmente
hablando, realizaría prácticas de empresa en una entidad bancaria y en una
compañía de seguros y se emplearía temporalmente en el sector de la
hostelería, en una empresa forestal, de publicidad, en una inmobiliaria y en
una compañía de realización de encuestas. Finalmente, a la edad de 25 años
tomaría la firme y valiente decisión de emigrar de manera temporal de
Galicia para establecer contacto directo con la capital del Reino Unido y de
este modo conocer en primera persona su cultura, lengua y costumbres. A
raíz de su estancia en la capital británica escribió y publicó su tercer y
último libro “Memorias de un romántico en la capital londinense” (biografía-
ensayo) en el que narra desde un punto de vista didáctico y biográfico sus
vivencias en dicha ciudad. Actualmente está realizando un “Máster Oficial
en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología” por la Universidad de
Salamanca (Especialidad: Periodismo Científico y Comunicación
Tecnocientífica).
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ÍNDICE

Dedicatorias
Prólogo

1ª PARTE
MI SITUACIÓN PERSONAL Y PROFESIONAL EN LA CIUDAD:

1º Mi primer contacto con la capital del Támesis


2º Mi segunda etapa en la ciudad del Cockney
3º Mi vida social y las grandes amistades
4º La marcha nocturna londinense
5º Mi adaptación a la ciudad, su cultura y sus costumbres

2ª PARTE
MIS VISITAS TURÍSTICAS Y CULTURALES A LOS GLAMOUROSOS
LUGARES EMBLEMÁTICOS:

6º El Londres monumental de los fascinantes lugares emblemáticos


7º El Londres imperial de los majestuosos palacios y parques
8º El Londres artístico de sus descomunales museos y teatros.
9º El Londres cosmopolita de sus concurridos distritos y mercadillos.
Epílogo
Bibliografía
Agradecimientos
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DEDICATORIAS

Quisiera dedicar este libro a


toda esa gente que conozco, que
me ha apoyado
incondicionalmente en el
importante reto de vivir en una
de las ciudades más importantes
y prestigiosas del mundo, como
es Londres. Además, quiero
agradecer el apoyo recibido por
parte de dicha gente en mi
meditada y enérgica decisión de
emprender el proyecto de escribir
un libro que narrase mis
experiencias vividas en dicha
ciudad. En particular, quiero
dedicar esta obra a mi
compañero canadiense José
Pérez, Rubén Conde, Carlos
Alonso, David Pérez, Javier
Santos, Miguel Calvo, Pablo
Calvo, Abraham Herrero, Leanne Rivera, Victoria Cabrera, Diana
Prieto, Sandra Vázquez, a mis amigas londinenses Sandra y Vanesa
Fernández y, finalmente, a Marie Claire Pilkering (es la chica inglesa de
la foto que aparece arriba junto a mí). Por supuesto, no puedo
olvidarme en mis dedicatorias de mi familia (especialmente de mi
madre Pura, de mis hermanos Emilio, Rosa y José Antonio y de mi
cuñado Benjamín), a pesar del tímido apoyo recibido por parte de ella,
y principalmente de mis colegas Miguel y Jorge Barbosa, quienes me
han permitido la publicación de algunas de sus fotos en este
interesante e inédito libro (ver web en Internet de Jorge Barbosa:
http://www.doutorxurxo.blogspot.com). Espero y deseo que esta obra
literaria colme las expectativas depositadas en mí por toda esa buena
gente que finalmente me ha respaldado.
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PRÓLOGO
Como escritor novel propiamente reconocido, el cual hasta ahora he
escrito una serie de artículos sobre temas de interés y preocupación
actual, no he querido dejar pasar la importante e interesante
oportunidad de plasmar en este libro todas las experiencias, anécdotas
y paradojas que he experimentado en mi propia carne durante mi
estancia larga, relativamente hablando, de 7 meses en una de las
capitales más fascinantes, cosmopolitas y multiculturales del mundo:
Londres. Esta ciudad, capital británica y de Irlanda del Norte (Reino
Unido), ha sido para mí desde mi infancia, reforzado en gran parte por
mi pasión y afinidad hacia la cultura anglosajona y «yanqui», mi
objeto de deseo (Nueva York es otra ciudad que desearía conocer).
Debo decir que en mi opinión mi estancia en Londres fue positiva,
aunque no del todo, ya que en toda experiencia humana siempre hay
un lado positivo y un lado negativo, y en el que uno necesariamente
tiene que quedarse con lo positivo, y aprender y analizar
meticulosamente los aspectos negativos para que nos valgan de lección
de cara al futuro. De todas maneras, sea cual fuese la valoración final
real de mi experiencia en Londres, e independientemente de que sea
positiva o negativa en términos globales, debo decir que el mero hecho
de vivir en Londres por ser, objetivamente hablando, una de las tres
ciudades más importantes, prestigiosas e influyentes del mundo, bien
se merece escribirle un libro, al igual que hicieron muchos escritores y
artistas consagrados con mucho talento y renombre internacional. Yo,
a través de mi humildad, inexperiencia y sencillez, intentaré
afanosamente hacerme un pequeño hueco en el mundo de los artistas
que han escrito alguna vez una historia que mereciese realmente la
pena contar y plasmarla en un libro.

Considero que escribir este libro es un proyecto ambicioso y el


hecho de hacerlo se ajusta mucho a mi carácter como persona
emprendedora, soñadora e impulsiva. Sin embargo, las tres razones
determinantes que motivaron el que decidiera emprender este proyecto
literario son: primero, porque escribir un libro es un reto importante y
a mí me gustan los retos importantes; segundo, mi afición al
periodismo me llevó a escribir varios artículos relacionados con temas
de actualidad, consiguiendo publicar algunos de ellos, por lo que
consideré que eses artículos eran mis «primeros pinitos» que me
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servirían como ensayo general para después escribir este libro, ya que
al hacerlo, me reconocerían como escritor, o lo que es lo mismo, como
artista; la tercera razón es sentirme autorrealizado al ver que cumplo el
sueño de escribir un libro que trata sobre una etapa inédita de mi vida
en Londres, y al mismo tiempo que exploto una de mis mayores
potencialidades ocultas: la escritura. Estas eran las tres razones
fundamentales y decisivas que han propiciado emprender esta
«singladura», que espero que llegue a buen puerto.
Continuando este prólogo, debo mencionar que dos de las
finalidades principales al escribir este libro son: en primer lugar, para
que le sirva al lector de guía o carta de navegación por la gran
metrópoli londinense y, de este modo, sepa qué es lo que se va a
encontrar, por si alguna vez se decide a emprender un viaje a esta
ciudad; y en segundo lugar, para que conozca las ventajas o privilegios
que tiene el disfrutar de una ciudad eminentemente capitalista, en
parte conservadora y al mismo tiempo dinámica, arraigada en sus
tradiciones, fastuosa y monumental en palacios, parques, museos,
teatros, avenidas, catedrales y un sin fin de lugares realmente
interesantes y cautivadores. A pesar de que también tiene aspectos
negativos, como lo excesivamente caro que está la vida allí o el
irritable clima, mi conclusión final es que merece la pena visitarla,
aunque sólo sea por un par de días, porque una vez que te «sumerges»
allí, casi nada te dejará indiferente. Al fin y al cabo, eso es lo más
importante.
Para finalizar mi primer prólogo como escritor, es oportuno que
señale que esta obra tiene la ventaja de reunir al menos tres
componentes: un primer componente claramente narrativo y
autobiográfico en el que, como autor, relato mis experiencias y
vivencias personales en la capital inglesa; un segundo componente,
claramente también, de tipo didáctico o divulgativo, al escribir sobre
Londres como ciudad; y finalmente, un componente de tipo científico,
al escribir a título personal un largo comentario sobre el objeto de
cultura más sorprendente e insigne de la historia de la civilización
occidental: la Santa Síndone de Turín.
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1ª PARTE

MI SITUACIÓN PERSONAL Y PROFESIONAL EN LA CIUDAD


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1º MI PRIMER CONTACTO CON LA CAPITAL DEL TÁMESIS


Mi primer contacto con la capital del Reino Unido se produjo el 22
de octubre del año 2002, partiendo el día anterior de mi aldea natal,
Vilaboa, situada en el municipio de Allariz (Ourense) con destino a
Londres, debiendo coger el tren de RENFE a medianoche en Ourense,
para que me llevase hasta la estación de tren y metro de Chamartín,
Madrid. Una vez allí, debería usar el metro para llegar hasta Nuevos
Ministerios, cambiando en esta estación de línea para que de esta
manera pudiese llegar al aeropuerto de Madrid-Barajas. En el propio
aeropuerto, debería de embarcar en avión de la compañía AirEuropa
con destino al aeropuerto de Gatwick (Londres). El precio del billete de
avión se elevó tan sólo a 120 euros, ida y vuelta, tasas incluidas, gracias
a la oferta del tijeretazo que valía a mitad de precio (la gestión la hice
por medio de la agencia “Halcón Viajes”).

La verdad es que tenía muy claras las instrucciones a seguir desde


mi partida de Galicia hasta mi llegada a Londres, aunque con ello no
pretendo insinuar que en la práctica sea sencillo y fácil seguirlas, ni
mucho menos, ya que hay que tener en cuenta que para llegar a mi
lugar de destino, deberían darse todo un cúmulo de circunstancias a mi
favor. Circunstancias, como, por ejemplo, no bajarse en una estación
equivocada durante mi trayecto en tren hasta Madrid, espabilarme a la
hora de coger el metro y hacer el cambio de línea para poder llegar con
tiempo al aeropuerto, ya en el mismo aeropuerto debería buscar mi
terminal y puerta de embarque. Esto último era algo complicado para
mí, porque no tenía ninguna experiencia a la hora de viajar en avión.
Eso en España, pero en Inglaterra los obstáculos eran más grandes, ya
que debía tener los ojos muy abiertos para que no me robasen o
perdiese alguna mochila, el dinero o la documentación, y poder llegar
antes del cierre de la agencia Euroagency, la cual me asignaría mi
nueva residencia. Ello también me había preocupado bastante antes de
mi partida, ya que no tenía mucho tiempo de margen para llegar a
dicha agencia antes de su cierre una vez que pisase tierras inglesas,
planteándome seriamente la alternativa de dormir en un hotel en caso
de que llegase tarde, con el serio inconveniente de tener que cargar con
las mochilas por las calles de Londres, deambulando sin un rumbo fijo.
Por eso, quiero hacer hincapié que esas responsabilidades y
obligaciones no son tan sencillas como a simple vista parecen, y que
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muchas veces hay que ponerse en lugar de esa persona para


comprender lo que realmente supone. Hay que tener en cuenta,
además, que yo pertenezco a un pequeño municipio que no supera los
7.000 habitantes y que mi meta era llegar a Londres, la ciudad más
cara, con mayor nivel de vida y más poblada de Europa, con más de 10
millones de habitantes, suponiendo, sin ningún género de dudas, un
salto cualitativo muy importante, por no decir abismal.

Prosiguiendo mi relato, debo mencionar algo relevante y es que las


instrucciones que debería seguir al pie de la letra sin ninguna
equivocación en tierras británicas, las recibí de una agencia española
con la que contraté, con domicilio social en Madrid llamada
Angloschola, para que me ayudara y tramitara la búsqueda de un
alojamiento y un trabajo (más bien tenía las entrevistas de trabajo
concertadas). Éste era el mejor modo de tener cubierto mis espaldas
para prevenir cualquier tipo de imprevistos, puesto que yo no quería de
ninguna manera viajar a un país con una cultura y costumbres
totalmente diferentes a la española, siendo la primera vez que viajaba
al extranjero, sin saber lo que me iba a deparar el destino allí. Esta
decisión inteligente de contratar a una agencia me ahorraría muchos
problemas, preocupaciones e incertidumbres. Gracias a ello me sentiría
mucho más seguro, respaldado y confiado en mis planes y objetivos
una vez en la gran urbe. Los gastos de gestión de búsqueda de trabajo y
alojamiento ascendieron a 400 euros, de los cuales la mitad eran de
previo pago, y el resto una vez que llegase y me asignase la otra
agencia, citada anteriormente (Euroagency), el alojamiento en Londres.

Llego a la capital londinense al mediodía con un tiempo horroroso.


Desde el aeropuerto tuve que coger el tren regional Gatwick Express,
cuyo precio ascendió, a £10 hasta Victoria Station, y una vez allí cogí el
autobús hasta la mítica plazoleta de Piccadilly Circus. Me bajé del
autobús en Piccadilly y miré el mapa que me había enviado la agencia
para poder localizar la calle Haymarket, en la cual se encontraba la
otra agencia, Euroagency, adscrita a la primera agencia con la que me
había puesto en contacto, que en este caso era Angloschola. Esta
agencia de Londres, Euroagency, «reclutaba» a gente de todas las
nacionalidades que querían vivir y trabajar en esa ciudad, y les
facilitaba alojamiento y entrevistas de trabajo. Recuerdo que sentía
durante el trayecto hasta la capital británica el fuerte cansancio
acumulado de dos días casi sin dormir nada por el miedo y la
incertidumbre a lo que me depararía el futuro allí, analizando las
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ventajas e inconvenientes sobre la conveniencia o no de mi decidido y


valiente viaje. Un viaje que me planteaba todo tipo de preocupaciones,
entre ellas estaba el riesgo de que las cosas no me ocurriesen de la
manera a como las tenía planeado, teniendo que sortear todo tipo de
dificultades y escollos, sin tener a ningún familiar o conocido en caso
de extrema necesidad. Quiero aprovechar para señalar que traté que mi
viaje fuese lo menos parecido a una aventura, razón por la que contraté
una agencia. Ya estaba en Londres y ya no había modo alguno de dar
marcha atrás. Sólo deseaba que Dios me diese salud y suerte, porque
las iba a necesitar de verdad.
Debo decir que me impactó bruscamente el radical cambio de
ambiente, al ver por las calles una marea impresionante de gente
apresurada, andando a un ritmo verdaderamente frenético, gente de lo
más variopinta. Nunca había vista nada igual. Parecía un enjambre
humano de todas las razas, creencias, lenguas. La verdad es que yo en
el fondo, a pesar del cansancio, sentía una profunda satisfacción de
haber llegado a Londres, y me sentía muy motivado e ilusionado de
explorar ese nuevo mundo, con la esperanza de conseguir aquello que
tenía tan minuciosamente programado antes de mi partida al Reino
Unido.
Después de tener varias dificultades para encontrar la calle y el
portal de la agencia Euroagency, conseguí felizmente encontrarla. Me
atendió un chico italiano muy cortésmente en una oficina y me dio un
mapa para poder localizar el nuevo alojamiento temporal, momento
después en el que le entrego el dinero pendiente de pago. Salí de la
agencia dispuesto a llegar lo más pronto posible a mi nuevo hogar,
siguiendo las nuevas instrucciones que me entregaron. Después de
esperar unos minutos impacientemente en la parada, conseguí acceder
a un autobús y me dirigí a mi nueva residencia situada en el distrito de
Camberwell Green, zona 2 de Londres (más adelante os hablaré de las
zonas en que se divide la ciudad). Durante el camino mi vista se recreó,
para mi deleite y un tanto emocionado e impresionado, en los
maravillosos paisajes, en los monumentos de la ciudad y en las
viviendas de estilo victoriano y georgiano.
A la zona de Camberwell, un lugar, por cierto, donde prodigaba la
gente de color, de clase más bien obrera, llegué con impaciencia y
cansancio. Después de soportar el incompasivo calor y fatiga,
provocado en gran parte por el fuerte peso que tenía que aguantar por
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culpa de las mochilas, conseguí finalmente encontrar la residencia. Se


llamaba Brooke Hall, pero no era tan bonito y agradable si nos
guiamos por su nombre (aquello más bien parecía «shit hall»). Era
como si antiguamente fuera una cárcel, un lugar sin duda hostil en
cuanto a las condiciones de sus instalaciones. Si hay algo que no llegué
a comprender, era pagar tanto dinero a la agencia por la búsqueda de
alojamiento, y aparte cada semana por hospedaje (eran £60 para una
habitación compartida con 2 personas más, es decir, el equivalente a
90€), para que después me asignen un lugar inhabitable, como era mi
residencia. Aunque debo reconocer que contraté una de las agencias
más baratas que había y que existían otras agencias mejores, algo más
caras, pero que probablemente me darían la opción de tener mejor
alojamiento y puestos de trabajo (mi agencia en general concertaba
entrevistas para el sector de la hostelería). Debido a que no tenía un
margen de liquidez suficiente como para contratar a una buena
agencia, decidí finalmente contratar una más barata y asequible a mi
bolsillo. Al final, el resultado no fue lo que yo esperaba en ciertos
aspectos, como fue en este caso el tipo de residencia que me fue
asignada (yo quería convivir en una casa con una familia de habla
inglesa para aprender mejor el idioma inglés). Por eso mismo, a veces
es bueno hacer algo de autocrítica para rectificar y aprender de los
errores cometidos, a la vez que nos sirvan de lección para el futuro.
Prosiguiendo mi narrativa, debo decir que recuerdo como aquella
primera noche nada más ver el baño, la cocina y mi habitación de la
residencia, con la que tenía que compartir con otra gente, en su
mayoría de nacionalidad francesa, sufrí el primero de los variados
«bajones» de ánimo. Me hice muchas preguntas a mí mismo, como,
por ejemplo, por qué estoy aquí, por qué no he dado prioridad en
finalizar mis estudios, si mi familia estará muy preocupada, si me
adaptaré a la ciudad y a la residencia, si aguantaré en el trabajo. Este
último pensamiento era bastante persistente, porque para mí no sólo se
trataba de haber llegado a la ciudad, que ya era mucho, sino que debía
mantenerme en ella y dejar el listón bien alto.

Fueron de todo tipo las sensaciones y preocupaciones que surgían en


mi mente confusa esa primera noche. Confusión agravada por el mero
hecho de no haber descansado bien en los días precedentes. Pero, de
entre todos esos sentimientos y preocupaciones, debo resaltar la
extraña sensación de «vértigo» que corría por mis venas, al ser
consciente de que me encontraba muy lejos de mi hogar natal, en una
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ciudad enormemente poblada, solo, sin nadie conocido a quien recurrir


en caso de extrema necesidad. Sin embargo, afortunadamente, todas
esas latentes dudas y preocupaciones que irrumpían de golpe en mi
mente durante los primeros días de mi estancia en la ciudad, se fueron
desvaneciendo como absurdas burbujas en el flujo del cambio con el
paso del tiempo.
Al día siguiente de mi llegada a Londres tenía que acudir a la oficina
de empleo English Free Job, adscrita a la agencia Euroagency, para que
me facilitasen entrevistas de trabajo. Allí dentro había varios
«despachos» ocupados por diferentes coordinadoras de tres
nacionalidades (francesa, italiana y española) para atender, según
corresponda su nacionalidad, a los distintos demandantes de empleo. A
mí me correspondía lógicamente la coordinadora española, que era
curiosamente gallega, aunque de origen parisina. Con esta
coordinadora he tenido una bonita y estrecha amistad, reforzada en
parte por ser de la misma tierra y residir en Londres en la misma
residencia que la mía. La coordinadora, llamada Anabel, me facilitó
una entrevista para «porter» (portero) en un hotel situado en la zona 3.
Me dio un mapa de metro para poder localizar el trabajo. Así que me
apresuré, y esa misma tarde fui a la entrevista, con el deseo de poder
conseguir el trabajo en mi primera oportunidad, pudiendo hacer uso de
la expresión «llegar y besar el santo». Me acuerdo que me había
perdido al tratar de encontrar el dichoso hotel. Gracias a la generosidad
e interés de un ciudadano británico conseguí llegar al punto de destino.
Quisiera aprovechar el momento para romper una lanza a favor de los
británicos, alegando que el estereotipo que se les impone a ellos como
gente de carácter arrogante, egocéntrica y fría no se ajusta por
completo a la realidad. Personalmente, el trato que he recibido por
parte de los británicos, tanto en los trabajos que desempeñé como la
gente que conocí en la calle, ha sido del todo exquisito y no tengo casi
nada que reprocharles. Bien es cierto que también ayuda el que yo
respete y sienta afinidad y admiración por su cultura, sus tradiciones,
sus instituciones reales, sus universidades, etc.

Llego al hotel con unos minutos de retraso y allí espero sentado en


un sofá situado en recepción para tener la entrevista con el manager.
Cuando llegó, mantuvimos una breve conversación en privado,
hablando sobre mi experiencia laboral y para comprobar si yo tenía
suficiente nivel de inglés para desempeñar el puesto de trabajo
solicitado. Desgraciadamente, la entrevista resultó un verdadero fiasco,
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ya que requerían tener experiencia en hoteles y fluidez a la hora de


entender y hablar el inglés (mi nivel de inglés es muy bueno en cuanto
a la escritura y lectura, tengo muy buena pronunciación y,
curiosamente, con cierto acento inglés, sin embargo, fallo bastante al
hablarlo y entenderlo). Después de este frustrado intento de encontrar
trabajo en mi primera entrevista, entendible hecho, ya que no siempre
se consiguen las metas a las primeras de cambio, sino que
frecuentemente se requiere mucho sacrificio, confianza y perseverancia
para lograrlas, no decaí en mi búsqueda activa de un empleo. Así pues,
tras sufrir un pequeño «bajón» anímico momentáneo, levanté los
hombros y la cabeza, y traté de mirar el futuro con más optimismo,
quitándole hierro al asunto y me mentalicé para intentar superar con
éxito la siguiente entrevista laboral, que sería al día siguiente. El
trabajo era en una factoría italiana llamada L`aquila, situada en Park
Royal (zona 3), para ocupar el puesto de «packer», es decir, como peón
de fábrica para empaquetar comida típica italiana, etiquetarla,
embalarla, etc. Afortunadamente, logré superar la entrevista y me
contrataron para empezar un lunes (la entrevista fue un jueves). Las
condiciones de trabajo eran bastante asequibles, ya que tenía que
trabajar de lunes a viernes (fines de semana libres, que ya era raro
encontrarlo), desde las ocho y media de mañana hasta las cinco y
media de la tarde, incluyendo una hora de «break» (descanso). En
total tenía que trabajar unas 8 horas diarias, con un sueldo neto de
£155 a la semana, que al cambio serian unos 225€, más vacaciones de
Navidad pagadas. Es preciso mencionar que el gobierno británico
descuenta un porcentaje sobre el salario bruto en concepto de tasas y
seguro nacional –National Insurance– y que el propio contribuyente
podrá reclamar su devolución, si corresponde, realizando una solicitud
formal por medio del formulario P45. Yo, por supuesto, lo he hecho y
me han devuelto íntegramente la cantidad aportada en concepto de
tasas.

La verdad es que el sueldo que tenía en la fábrica era bastante


inferior en comparación con el sueldo mensual bruto que por término
medio tiene un ciudadano corriente en Londres, el cual es superior a
los 3.000 euros. Sin embargo, debo reseñar que mi sueldo me llegaba lo
suficiente como para autofinanciarme la estancia, ya que entre
alojamiento, manutención, metro, etc., disponía de un margen de
liquidez y ahorros suficientes como para vivir dignamente y
permitirme, sin excesos, algunos caprichos.
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Había conseguido mis tres mayores propósitos: llegar a Londres,


tener un alojamiento y haber conseguido muy pronto un puesto de
trabajo, sin tener que fundirme los ahorros que me daban para pagar la
estancia de tres semanas como máximo. El recorrido que tenía que
hacer todos los días laborables desde la residencia hasta la factoría era
el siguiente: me levantaba a las 7 de la mañana, después de desayunar
rápido salía a casi a todo correr hasta la parada del autobús situada en
Camberwell New Road para coger el autobús que me llevaría hasta la
estación de metro de Oval. Dentro de la misma estación, debía coger la
línea Northern hasta Leicester Square, para después cambiarme a la
Piccadilly Line, que me llevaría hasta Park Royal y después sólo tendría
que andar 300 metros más o menos. En total me llevaría
aproximadamente una hora y media hasta la fábrica, que ya no es poco
tiempo, si tenemos en cuenta que sólo está en la zona 3 y que Londres
tiene 6 zonas que abarcan un radio de 40 kilómetros, o lo que es lo
mismo, la desproporcionada superficie de 1600 Km 2. En cuanto al
coste del metro, me resultaba caro si compraba tickets sueltos por día y
de largo recorrido que incluyeran varias zonas del área metropolitana.
Sin embargo, la manera más económica de usar el metro era
comprando bonos semanales conocidos como «travelcard», que van
desde la zona 1 hasta la 6. De hecho, yo usaba la 7 Day Travelcard para
las zonas 2 y 3, ya que vivía en la zona 2 y trabajaba en la 3. El precio
ascendía a £12.50 semanales, con el inconveniente de que no podía
acceder a la zona más interesante y monumental de Londres, que es la
zona 1. De todas maneras, los dos primeros meses de mi estancia en
esta ciudad usaba incluso la zona 1. Las dos principales ventajas de
viajar en metro eran su puntualidad y comodidad, aunque no
compensaba por lo costoso que suponía utilizarlo, y por lo monótono y
estresante que podía llegar a ser. Estresante por la asombrosa cantidad
de gente que lo utiliza (The British Tourist Authority estima que
diariamente lo utilizan unos 3 millones de habitantes) cada jornada
laboral, o incluso no laboral, que provoca muchas colas, empujones y
apretujones, tanto fuera como en el interior del propio tren, sobre todo
en las horas punta del día. Por contra, la alternativa al estresante y
costoso metro, sino me confundo el más caro de Europa, es comprando
bonos semanales de autobús, cuyo precio asciende a ₤8.50, sirviendo
por lo menos para las primeras 4 zonas de Londres, con la gran ventaja
de que se puede contemplar todos los paisajes, plazas, monumentos,
etc. y, en definitiva, conocer cómo funciona el corazón de la ciudad.
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Sin irme por las ramas, volveré a lo que estaba comentando: mi


trabajo en la factoría. Allí trabajé prácticamente durante 4 meses. He
tenido muy buenos y buenas compañeras de trabajo. Conocí a gente de
diferentes nacionalidades, como de la India, Indonesia, la antigua
Yugoslavia, de Italia, Inglaterra, de Gales y cómo no, de España (más
concretamente de Madrid y Valencia). Como es obvio, no desaproveché
la oportunidad de mejorar mi nivel de inglés. De mi estancia en la
factoría hay tres días que tengo un fuerte recuerdo.
El primero de ellos fue cuando nevó en todo Londres después de
Navidades. La nevada había cubierto casi toda la carretera de un espeso
manto de nieve, por lo que resultaba peligroso para la circulación no
sólo de autobuses, coches, peatones, sino que también se cerraron
incluso varias estaciones de metro debido a su peligrosidad y riesgo de
descarrilamiento. El caso es que ese día que había nevado, tuve que ir
igual a trabajar (durante mi estancia invernal en Londres nevó en dos
ocasiones). Recuerdo esos momentos con perfecta nitidez en el que
podía maravillarme al contemplar el blanco de las calles, de los tejados
de las viviendas y los árboles, como si fuese copiada de una bella postal
navideña.
El segundo día que tengo muy grabado en mi mente durante mi
intensa y grata estancia profesional en esta factoría, fue cuando se
divulgó en casi todos los medios de comunicación de Londres, en
primera plana, incluyendo diferentes rotativos prestigiosos de tirada
nacional e internacional, así como la archifamosa BBC, el naufragio del
petrolero Prestige en la costa atlántica gallega. Mi primera sensación
nada más conocer la noticia a través de un periódico local,
concretamente el del metro, fue de incredulidad y estupor. Después, al
ser más consciente del alcance de la tragedia, mis sentimientos se
tornaron en abatimiento, indignación y resignación. La verdad es que
me sentía como viviendo algo irreal, como metido en una nube o una
burbuja de cristal. Me costaba asimilar lo que estaba pasando en
Galicia. Yo estaba a más de mil kilómetros de distancia de mi tierra,
pero sentía como si la desgracia hubiese tocado a mi propia puerta. No
era para menos, ya que se trataba de mi tierra, de mi querida y añorada
patria gallega (aunque la marea negra también tuvo efecto en otras
partes de España), quien estaba atravesando una catástrofe
medioambiental sin precedentes. La verdad es que las consecuencias
del naufragio fueron de dimensiones desproporcionadas, afectando a
muchos colectivos, sobre todo a los pescadores y al turismo, creando un
21

gran revuelo en el ámbito político, con el fin de depurar


responsabilidades, originando una movilización social pocas veces vista
hasta el momento en nuestro país y convirtiéndose en el fenómeno
mediático del año en España. Un fenómeno, principalmente potenciado
por diferentes organizaciones y asociaciones no sólo ecologistas, como
fue el caso de la plataforma ciudadana “Nunca Máis”. El caso fue que,
paradójicamente, algunos de mis compañeros de trabajo, quienes no
sabían en dónde se encontraba geográficamente Galicia, al contemplar
y leer los rotativos esos días en que tuvo efecto esa dramática noticia,
averiguaron de manera triste y paradójica en dónde se hallaba Galicia.
La verdad es que es un poco esperpéntico si lo miramos con frialdad. El
tema es que eso ocurrió de verdad. Curiosamente, yo que soy una
persona altruista y sensibilizada por las causas justas, entre ellas con el
tema del ecologismo y del pacifismo, era por aquel entonces socio de
Greenpeace, razón por la que el impacto de la noticia fue mayor para
mí. Por cierto, hablando de Galicia, es bien sabido por todos los
gallegos que la bandera de Galicia es blanca con un línea diagonal azul
celeste, que atraviesa desde ángulo superior izquierdo hasta el ángulo
inferior derecho. La franja celeste simboliza el mar limpio, azul y puro
de Galicia. También es sabido que el escudo de Galicia está compuesto
por 7 cruces recortadas de plata, las cuales simbolizan las 7 capitales
gallegas del Antiguo Reino de Galicia (Santiago, Lugo, Ourense, Tui,
Mondoñedo, Betanzos y A Coruña), una corona real, un cáliz de oro y
una hostia de plata. Ése es a grandes rasgos el escudo de Galicia, sin
entrar en detalles descriptivos. Ahora bien, ¿a que muchos ignoran en
qué está inspirado la simbología del cáliz y de la hostia? Pues tiene
origen en una leyenda celta datada en el año 1300 en el municipio
lucense de Piedrafita do Cebreiro, según la cual un clérigo se
encontraba en la iglesia de Santa María la Real oficiando la Santa Misa,
sin la presencia de ningún fiel en tal acto litúrgico, y un vecino del
pueblo, muy devoto, lidiando contra las inclemencias atmosféricas de
ese día, entre tempestades, nieve y frío, acudió a la iglesia como de
costumbre para oír la misa. Cuando ese pobre hombre entra en el
santuario, el clérigo, que estaba realizando el acto de la consagración
en la eucaristía, le recrimina diciéndole lo siguiente, según algunas
fuentes documentadas: “Pobre hombre, venir con este tiempo de tan
lejos, fatigosamente y exponiéndose a morir por el camino, sólo para
postrarse y probar un poco de pan y de vino” (la cita original está en
gallego). Un instante después, este clérigo de carne mortal y pecadora,
quien dudaba de la presencia real de Cristo en la eucaristía, se
22

sobresaltó al observar que la rodaja blanca de pan se volvía en rubia,


convirtiéndose finalmente en sangrante carne humana que se
asemejaba recién cortada de un cuerpo vivo; y el vino del cáliz se
espesaba, adquiriendo un tono más rojizo, oliendo a sangre. La
tremenda emoción que embargaba al clérigo hizo que éste cayera de
rodillas al pie del altar y, posteriormente, se desplomara sobre las
gradas. El vecino que estaba presente en la iglesia fue a todo correr a
socorrer al párroco, pero cuando le trató de incorporar, el pobre clérigo
había fallecido. El vecino de la parroquia dio parte de los sucesos a
todos los demás vecinos, testimoniando el milagro eucarístico acaecido,
adquiriendo y extendiéndose la fama de este pueblo como la pólvora
por todo Europa sobre esos presuntos hechos milagrosos, siendo
portada en varios rotativos de aquellos tiempos. El santuario sería
visitado en 1486 por los Reyes Católicos en su peregrinaje a Santiago.
Por cierto, hay otra leyenda que narra que momentos después de
producirse el milagro eucarístico en esa iglesia de Piedrafita do
Cebreiro, la imagen de la Virgen situada en un lateral del Altar Mayor
se postraría de rodillas para adorar el Cuerpo y la Sangre de Nuestro
Redentor. Los restos de la reliquia fueron analizados por algunos
científicos, dictaminando que la sagrada hostia estaba compuesta por
tejido humano de miocardio y el vino estaba compuesta por partículas
de sangre humana del grupo AB, casualmente el grupo sanguíneo más
común entre los hebreos y que, curiosamente, coincide con el tipo de
sangre hallada en el Sudarium de Oviedo y en la Santísima Síndone de
Turín que presuntamente cubrió el cadáver desmaterializado y
glorificado de Jesús de Nazaret. (Hay otro presunto milagro
extraordinariamente asombroso, acaecido en un lugar que en este
momento no recuerdo, según el cual de una hostia consagrada
emanaba partículas de sangre constantemente y sin explicación
racional alguna, siendo analizada la sangre por científicos, quienes
dictaminaron que efectivamente era sangre humana del grupo AB y
que el ADN de sus células estaban compuestas de 23 cromosomas,
cuando bien es sabido por la ciencia que el género humano tiene 46,
confirmando la concepción divina de Jesús por Obra y Gracia del
Espíritu Santo en el seno de la Virgen María). Este tipo de reliquia, del
que se presumen que existen otras reliquias idénticas a la de Piedrafita
do Cebreiro en otras partes del mundo, es conocida mundialmente
como el Santo Grial y ha servido de inspiración para crear muchas
películas y novelas, como “Indiana Jones”, “El nombre de la rosa”, “El
Código Da Vinci”, “El Enigma Sagrado” ( Holy Blood, Holy Grial), etc.
23

Después de transcurrir bastantes siglos desde que acaeció ese milagro,


la Sangre Sagrada contenida en el cáliz, el cual se encuentra en una
vitrina de una capilla de la iglesia de Santa María la Real, sigue
milagrosamente fresca y sin coagular, convirtiéndose este pueblo de
Lugo en paso obligado de muchos peregrinos que realizan el Camino
de Santiago, llegados de todos los rincones del planeta. Terminando mi
comentario sobre esta leyenda celta, decir que el Santo Grial de
Piedrafita do Cebreiro sirvió de inspiración como símbolo religioso en
el escudo de Galicia. Una reliquia que está considerada como uno de
los vestigios más cotizados de la Cristiandad, junto con la tumba del
Apóstol Santiago situada en la Catedral de Santiago de Compostela, la
tumba de San Pedro ubicada en el interior de la Basílica del Vaticano
(Roma), los Papiros del Mar Muerto, el Santo Sepulcro localizado en
Jerusalén y la Santa Síndone de Turín, entre otros vestigios.
Sin perder el hilo de este libro, seguiré mi comentario sobre Londres,
diciendo que el tercer y último día que recuerdo profundamente de mi
estancia profesional en la factoría de Park Royal, fue el día de mi
despedida. Sin duda, fue realmente emotivo y triste para mí, porque
ninguno de mis compañeros de trabajo, sobre todo con los que más
relación tuve, quería que retornase a mi país. Aparte de eso, el trato
hacia mí durante todo el tiempo que conviví con ellos en el trabajo ha
sido del todo justo, respetuoso y en un ambiente de buen «feeling».
Recuerdo que la celebración de mi marcha fue un viernes y
anecdóticamente coincidía con un hecho histórico para todos los
ingleses fanáticos del fútbol, que era el derrumbe del legendario estadio
de Wembley. Lugar donde, paradójicamente, ganó el Fútbol Club
Barcelona una de sus 2 Copas de Europa logradas hasta el momento
por este club de fútbol (la otra la consiguió en mayo del 2006 en estadio
de Saint Denis de París contra un equipo curiosamente londinense),
coincidiendo precisamente con el año de sus Olimpiadas. Hablando de
Olimpiadas, Londres se convertirá en la única ciudad del mundo que
celebrará por tercera vez unos Juegos Olímpicos, tras imponerse contra
todo pronóstico a las otras ciudades candidatas: Moscú, Madrid, Nueva
York y, sobre todo París, la gran favorita. La verdad es que esta
decisión tomada por el COI (Comité Olímpico Internacional) en
Singapur ha levantado una gran expectación en todo el mundo por
conocer cuál sería la ciudad ganadora, porque estaba en juego, en mi
opinión, no sólo un proyecto olímpico, sino que además esas ciudades
se jugaban su prestigio, reconocimiento y credibilidad a la hora de
celebrar un evento de tal calibre.
24

Volviendo a lo de mi fiesta de despedida, decir que yo mismo compré


la comida y invité a todos mis «camaradas» (es la unas de las mejores
formas de describir la buena y sana confianza que tenía con los
empleados de la empresa), disfrutando del momento a través de
cánticos, riéndonos, gastando bromas, fuera de la tensión y seriedad de
otros días de trabajo. Finalmente, acabé inmortalizando dicho
acontecimiento entrañable y nostálgico con fotos que saqué con una
cámara desechable. Minutos antes de finalizar mi última jornada
laboral en la factoría, les di a todos un sentido abrazo y saqué algunas
fotos más de recuerdo. Recuerdo que lo llevaré para siempre en mi
corazón. Una vez fuera de la factoría me dirigí, cómo no, hacia el lugar
del histórico derrumbe de Wembley (curiosamente yo trabajaba muy
cerca de ese estadio), llegando algo tarde, porque el trabajo mandaba y
allí, ya era de noche, contemplé parte de la estructura de sus gradas y
torres derribadas. Además, tuve el privilegio de observar el Wembley
Arena, lugar de grandes conciertos de grupos de resonancia,
reconocido prestigio y fama internacional, como el de los Rollings
Stones, Mariah Carey, Mike Oldfield, Bob Dylan, Lenny Kravitz, Bruce
Springsteen, etc. La verdad es que hubiese sido un sueño para mí haber
presenciado un concierto en un lugar de tanto renombre internacional,
como es el Wembley Arena, y en una de las ciudades más especiales y
cautivadoras del mundo, como es Londres. Sin embargo, todo no se
puede ver y disfrutar, ya que sale caro, y Londres no es precisamente
para gastar en trivialidades y lujos. Entre eses lujos están el viajar en
limosina, subirme al London Eye, entrar en uno de sus numerosos
estadios de fútbol para ver un partido, coger el metro todos los días,
cenar en un lujoso restaurante como el Ritz o alojarse una noche en el
Hilton, comprarme una vajilla de regalo en Harrods para mis
familiares, viajar en catamarán desde Westminster hasta Greenwich,
entre otros privilegios. En función de mi nivel económico o de ahorros
que tenía en Londres, he llegado a disfrutar en gran medida de las
maravillas, comodidades y privilegios que ostentaba la ciudad. Aunque
también he tenido que privarme de ciertas libertades, como salir
regularmente de marcha por las noches los fines de semana, comer
mejor comida (decir que la comida inglesa es bastante pésima y algo
cara) y tener menos ocio.
Para concluir mi crónica sobre mi primer contacto con la capital
inglesa, decir que antes de mi vuelta a España, que se produjo a
mediados de febrero, he comprado, cómo no, varios artículos de regalo
para mis seres queridos y familiares en los almacenes archifamosos y
25

lujosos Harrods, propiedad del magnate multimillonario Mohamed


Alfayed (al igual que es propietario de cadena de hoteles Ritz). Cada
año una estrella hollywoodiense aparece promocionando la imagen de
estos almacenes, además de tener fama de ser visitado al menos dos
veces al año por la Reina de Inglaterra Isabel II. Por cierto, hablando de
la Reina ¿sabéis quién es la mujer más rica del Reino Unido?. No es lo
que muchos estáis pensando. Es ni más ni menos que la escritora
Joanne Kathleen Rowling, la creadora de los cuentos mágicos de Harry
Potter, quien supera según varios medios, entre ellos la prestigiosa
revista Forbes y el rotativo londinense The Sunday Times, en riqueza a
la mismísima Reina Isabel II. Sus seis libros escritos por esta talentosa
y imaginativa mujer se llegaron a vender como la pólvora, superando
los 270 millones de ejemplares vendidos (de los cinco primeros libros),
a la espera de la séptima parte que se espera que también bata récords
de ventas. Se ha convertido esta novela fantástica en un verdadero
fenómeno cultural y mediático gracias a esta gran personalidad,
convirtiéndose, dicho sea de paso, en la escritora más rica del mundo.
Aunque debo recordar que el libro más vendido y traducido de la
historia sigue siendo la Sagrada Biblia, con más de 6 mil millones de
copias vendidas por todo el mundo durante toda la historia. Un libro, la
Biblia, que ha sido la única obra catalogada por la UNESCO como
Patrimonio de la Humanidad.
Para acabar este capítulo, es sensato decir que las fotos en las que
aparece Londres las realicé el último fin de semana con un tiempo
verdaderamente desapacible y soso. La verdadera razón de mi vuelta a
Galicia era para tratar de finalizar mis estudios universitarios de
Relaciones Laborales y quedar de esta manera libre mentalmente y sin
ataduras una vez de regreso al Reino Unido. Sin embargo, eso no fue lo
que pasó. Volví de nuevo a Inglaterra, sin haber finalizado todavía, y
para mi pesar, mis estudios.
26

A la izquierda se puede apreciar a mis compañeros de trabajo en la factoría de Park Royal en mi fiesta despedida. A
la derecha otra imagen de mis compañeros de trabajo entre bromas.

A la izquierda aparezco yo con una compañera de mi trabajo llamada Liliana en la factoría L`aquila. A la derecha
se puede apreciar a mi derecha mi compañero de trabajo José y a mi izquierda a mi jefe Keith.
27

2º MI SEGUNDA ETAPA EN LA CIUDAD DEL COCKNEY

Día de partida: 12 de junio del 2003. Compañía aérea: Iberia.


Destino: Santiago – Londres (vía Madrid). Hora de llegada: 15,30 (hora
londinense). Aeropuerto de salida – llegada: Lavacolla – Heathrow.
Después de mi repetida llegada a Londres, sólo tenía que seguir de
nuevo las instrucciones que me envió la agencia en la que tenía que
localizar nuevamente, y para mi desánimo, la residencia de mi primera
etapa, con la diferencia que al aterrizar en Heathrow, me bastaría con
coger en el metro la Piccadilly Line hasta Leicester Square y una vez
allí, cambiarme a la línea Northern hasta Oval. En esta parada de
metro debería salir del famoso «tube» e intentar coger un autobús para
dirigirme hasta Camberwell Green, el distrito donde se encontraba mi
anterior residencia. Llegué sin ningún problema, aunque cansado y
sudando por el fuerte calor bochornoso que hacía y la pesadez del viaje.
Una vez que logré acceder al interior de la residencia y dirigirme a la
ventanilla de recepción, pagué en metálico, tal como estaba estipulado
en el contrato con la agencia, que tenía efecto o validez por un año (de
ahí que no tuve que pagar de nuevo los gastos de tramitación para la
búsqueda de un nuevo trabajo y residencia), el alojamiento anticipado
de dos semanas. La primera semana correspondía al alquiler de una
habitación triple, cuyo precio ascendía a £60, y la otra semana, también
de £60, en concepto de fianza. Me instalé en mi nueva habitación con
mis dos nuevos compañeros, dos chicos jóvenes, uno de la república
checa y el otro francés, aunque de origen musulmán. Esa primera
noche en la residencia, después de mi vuelta a la gran metrópoli, fue
mucho más tranquila y relajada que la primera vez que llegara a la
ciudad en mi primer contacto. Al día siguiente a mi acoplamiento a la
ciudad acudiría a la oficina de empleo English Free Job para que me
asignaran una entrevista de trabajo y, cómo no, volví a reencontrarme
con mi coordinadora y amiga del alma Anabel, quien muy
gustosamente me facilitó el nombre, teléfono, dirección de la empresa y
el puesto a desempeñar. Era para trabajar en un restaurante italiano
como «waiter» (camarero) en el distrito de Kensington (zona 1). Llegué
a la entrevista puntualmente y mantuve una corta y directa
28

conversación con el manager, al cual, atendiendo con cortesía a su


petición, le facilité mi teléfono móvil para esperar noticias sobre el
resultado de la entrevista. Al día siguiente me llaman para que ocupe el
puesto mencionado anteriormente y yo, sin dudarlo, acepto. Ese mismo
día voy a trabajar, o mejor dicho, intentar ganarme el puesto de
trabajo, pero no lo consigo, ya que las condiciones de trabajo (horario,
horas de trabajo, sueldo y días libres) me resultaban demasiado duras y
rígidas. En otras palabras, se trataba de una explotación en toda regla.
Sin embargo, antes de haber decidido no continuar con el trabajo,
estuve reflexionando seriamente sobre los pros y contras de tal
decisión. Definitivamente, al no aceptarlo, lo que quería era pasar
página, es decir, «borrón y cuenta nueva», por esa misma razón no
decaí en mi fervoroso intento de obtener un nuevo puesto de trabajo en
la segunda ciudad con mayor nivel de vida del mundo. Mi siguiente
entrevista sería para trabajar en otro restaurante (inglés para mi
fortuna) situado en el rico, lujoso y mundialmente conocido distrito de
Chelsea como «kitchen porter» (ayudante de cocina) y a «part-time»
(tiempo parcial). Afortunadamente, consigo el puesto de trabajo y
empiezo dos días después. Las condiciones eran las siguientes: tenía
que trabajar entre 20 y 25 horas semanales en sistema de turnos, es
decir, que había unos días específicos que tenía que trabajar unas horas
determinadas y otros días que libraba, cambiando cada semana de
turno de trabajo, y el sueldo era de ₤4.50 brutas la hora (la comida o
cena corría por cuenta del restaurante). De ese salario habría que
descontarle un porcentaje en concepto de pago de tasas y de seguro,
cuotas que son recuperables, como ya dije previamente, al hacer la
solicitud formal al final de cada ejercicio fiscal. Aunque en el caso de la
aportación al National Insurance sólo es recuperable cuando se alcance
le edad legal de jubilación establecida por el gobierno del Reino Unido.
Debo mencionar que la razón fundamental por la que escogí un trabajo
a tiempo parcial, era para poder disponer de tiempo libre, y así poder
aprender inglés por mi cuenta y preparar un examen que iba a tener a
mediados de septiembre sobre una materia de mis estudios en Vigo. La
verdad es que el hecho insensato de querer abarcar tantas cosas en
poco tiempo, me provocó en ciertos momentos ansiedad, falta de
concentración y rendimiento en esos tres aspectos (trabajo, inglés y
estudios), hasta el punto que influyó decisivamente para que el
resultado final no fuese del todo positivo en cuanto a la consecución de
todos esos objetivos al mismo tiempo. Había cumplido mis expectativas
en cuanto a la consecución de elevar mi nivel de inglés y de mejorar
29

cualitativamente mi currículum profesional, eso sí, en perjuicio de mis


propios estudios universitarios, los cuales pasaban a un segundo plano.
Centrándome de nuevo en mi segundo trabajo de mi vuelta a
Londres, es preciso decir que en el restaurante llamado The Cross Keys
compartí empleo con compañeros de diferentes nacionalidades, como,
por ejemplo, con un letón, dos polacos, un sueco, una sudafricana,
cuatro franceses, un italiano, cuatro ingleses, una irlandesa, una rusa y
una ucraniana. Si hay un adjetivo calificativo que mejor pueda definir a
Londres, es, sin duda, el multiculturalismo y que, en el ejemplo que os
he puesto ahora mismo, demuestra de manera inequívoca e
incuestionable ese carácter multicultural y cosmopolita que tiene
Londres. Las tareas básicas en que se circunscribía mi puesto trabajo se
relacionaban con fregar y barrer los suelos, sacar la basura, ayudar de
vez en cuando en alguna tarea a los cocineros y, sobre todo, lavar
cacerolas, fuentes, sartenes, etc. Mi relación con el personal de la
empresa era en líneas generales aceptable, pero no en cambio con el
puesto de trabajo. He tenido serias dificultades para adaptarme a mi
puesto de trabajo, por la sencilla razón de que no me sentía lo
suficientemente autorrealizado y motivado en hacer un trabajo, para el
cual no tenía la mentalidad, predisposición y el ánimo para desarrollar.
Como consecuencia de esta falta de motivación e interés en el trabajo,
y que los propios managers percibieron en mí reiteradamente, tomaron
la dura decisión de despedirme, comunicándomelo gentilmente con
una semana de antelación. Esto último es una de las costumbres
británicas más formales y educadas de despedir a un empleado, para
que las consecuencias no sean tan drásticas y fatales, y tenga un
margen de maniobra que le permita no perder tiempo y dinero,
buscando mientras tanto un nuevo trabajo. Bien es cierto que también
me han explotado bastante en determinados momentos, y eso era algo
que bajo ningún pretexto iba a permitir. Por eso, en ciertos momentos
mi actitud no fue la más correcta e interesada para tratar de mantener
el trabajo. A pesar de que nunca he faltado el respeto a nadie, haberme
comportado responsable y honradamente y sin haber cometido
indisciplina alguna, la falta de rendimiento, adaptación y motivación
en el trabajo fue definitiva y determinante para que la compañía
adoptase la decisión de dar por rescindida la relación laboral.
Después de ese último mal sabor de boca, no he querido
desesperarme y «tirar la toalla», sino que me autoestimulé y mentalicé
en encontrar enseguida un nuevo puesto de trabajo y de esta manera
30

sobrevivir en la ciudad, de lo contrario no tendría más remedio que


preparar las mochilas y volverme para Galicia. Eso fue lo que hice. Fui
a la oficina English Free Job y me asignaron varias entrevistas de
trabajo en el intervalo de dos semanas, sin superarlas con éxito, aunque
después de esas dos semanas acabaría encontrando y aceptando de
nuevo otro trabajo, el último de mi estancia en la capital de las islas
británicas. Era para trabajar como «barback» (básicamente como
camarero) en una discoteca llamada The Loop, situada muy cerca de la
calle más concurrida del mundo, Oxford Street. La entrevista fue del
todo anecdótica, ya que me percaté después de cubrir el «application
form» (es una especie de formulario o solicitud en el que hay que
rellenar unos datos, haciendo constar tu formación académica y
experiencia profesional) que se encontraba mi compañero de
habitación, un chico pamplonés muy majo con el que tuve una buena
amistad, quien demandaba el mismo puesto de trabajo.
Afortunadamente, ambos superamos la entrevista y nos aceptaron para
trabajar a tiempo parcial en esa discoteca situada en el rico distrito de
Mayfair. Sólo teníamos que esperar a nuestro estreno en el trabajo, que
sería un jueves (la entrevista fue un lunes). Es paradójico el hecho de
que otro compañero de residencia, que tenía la entrevista en la misma
empresa que me aceptaron, aunque media hora más tarde, no lo
llegaron a contratar (se entendería que ya tenían personal suficiente
para el mismo puesto). Con esto llego a una conclusión: hay que estar
en lugar adecuado y en momento oportuno, de lo contrario, se corre el
riesgo de que las cosas salgan da la manera imprevista. Asimismo, es
cierto que la suerte también influye mucho, a veces de manera
determinante.

Las condiciones de mi puesto de trabajo eran las siguientes:


trabajaría tres días por semana (generalmente los jueves, viernes y
sábados), 8 horas cada jornada laboral, cuya distribución horaria era de
7 de la tarde hasta las 3 de la madrugada, añadiendo una hora más para
recoger la basura, cobrando ₤4.20 brutas la hora, corriendo los gastos
de la cena por mi cuenta. Las condiciones de trabajo a priori eran
satisfactorias. Empecé a trabajar y no tardé en tener mis primeras
dificultades de adaptación por el cambio de horario de trabajo, y
también diría en la perdida de la noción del tiempo. El local tenia tres
plantas: la primera era la cafetería, lugar donde la gente va a tomar su
café o refresco en un ambiente multicultural; un piso más abajo estaba
el pub, lugar de reunión de directivos de empresas y multinacionales
importantes, frecuentada por gente de clase más bien media-alta, gente
31

capitalista y «pija», en su gran mayoría de la «jet set», bien vestida y


elegante; y en el piso del fondo era la discoteca, lugar último donde se
congregaba todo la gente del local hasta las tres de la madrugada, hora
en que efectuaban el cierre. En este trabajo he tenido la oportunidad, y
para no variar, de conocer gente de diferentes naciones, como, por
ejemplo, de Nueva Zelanda, Australia, Polonia, Francia, Italia,
Inglaterra, República Dominicana, Hungría, etc. El trabajo era ameno
porque podía conocer a gente, al tener contacto directo con ella, me
permitía disfrutar de la música o beber cualquier refresco, que no
alcohol, y las horas se me pasaban bastante rápido. Por otra parte, era
algo pesado, en cuanto a que tenía que encargarme de recoger todos los
vasos, botellas y vidrios vacíos que había en el local, para lo cual
teníamos un programa establecido en el que cada «barback» o recoge
vasos le tocaba una o dos plantas diferentes, con intercambios
constantes de planta cada cierto tiempo con otros compañeros de
trabajo. Aparte de lo pesado que era en sí el trabajo, había que unirle
lo cargado que estaba el ambiente de gente de cualquier país, junto
con la dificultad de poder moverme y trabajar con soltura por todo el
local, causándome en determinados momentos cierta incomodidad,
cansancio y agobio. También para mi íntegra y natural adaptación y
bienestar no ayudaba el mero hecho de que toda la gente congregada
en el local estaba bailando, bebiendo, ligando y, en definitiva,
disfrutando, y que yo, contrariamente, tenía que soportar la crudeza y
amargura del trabajo, aguantando, además, el persistente y obsesivo
control y disciplina de los managers de la empresa. De hecho, por
momentos, debido a eso control represivo y autoritario, me sentía
utilizado y explotado, sin tener en cuenta que lo más importante que
hay un trabajo es tratar a los empleados como humanos que son, con
sus virtudes y defectos, para que se adapten de forma libre y natural,
se sientan cómodos y justamente valorados. Por eso opino que una de
las formas para que los trabajadores se adapten al trabajo, se sientan
autorrealizados y puedan explotar sus potencialidades, aparte de la
justicia y equidad en el trato, es delegando los superiores parte de su
autoridad y responsabilidad a los propios subordinados. Esta teoría
sobre la organización de empresas se aplicó poco o nulamente en esta
compañía en la que trabajaba. Sin duda, el abuso de control, autoridad
y órdenes por parte de los jefes y mis superiores, que no de los
subordinados o compañeros de trabajo, me han «tocado» por
momentos la moral, poniendo a prueba mi temperamento y mi
paciencia. De hecho, yo no era el único que se quejaba con justificada
32

razón, sino que varios de mis compañeros también lo hacían, entre


ellos estaba mi amigo y compañero de residencia pamplonés llamado
Pedro. De todas formas, no todo fue negativo, sino que también hay
aspectos positivos, como, por ejemplo, el simple hecho de haber tenido
la oportunidad de ver y conocer a gente de cualquier lugar. Aunque
esto último no fue del todo cierto, ya que mis superiores me prohibían
terminantemente intercambiar conversación con los clientes,
sintiéndome en parte reprimido en tener dicho contacto. Otros aspectos
positivos era el hecho de poder disfrutar de la buena música, en su gran
mayoría comercial, tener el privilegio de ver actuar a varios de los
mejores y conocidos «disc-jockeys» de la ciudad, recrear mi vista
gozosamente con la presencia y desfile «high-fashion» de mujeres con
una belleza, elegancia y glamour desbordantes, entre otras cosas. Pero
lo más positivo de todo era el hecho de haber trabajado en una de las
discotecas mejor reputadas, «pijas» y más ambientadas de la ciudad.

Mi estancia profesional en The Loop fue de un mes, es decir, desde


casi mediados de agosto hasta prácticamente mediados de septiembre,
momento en el cual tomé la firme decisión de finalizar voluntariamente
mi relación de trabajo y volver de nuevo a España. Volvería entonces a
mi tierra gallega para dedicarme en cuerpo y alma a aquello que había
dejado pendiente de terminar y que, en más de un momento, en tierras
inglesas me ha había provocado remordimientos de conciencia. Hablo
evidentemente de mis estudios universitarios.

El momento de mi vuelta a España fue a mediados de septiembre,


estando seriamente mentalizado para tratar con todos mis esfuerzos,
motivación e interés de acabar de una vez por todas mis dichosos
estudios que tantos quebraderos de cabeza me habían causado hasta el
momento. Con ello insinúo que como persona honesta, humilde y
emprendedora, he tratado honradamente de finalizar mi carrera, sin
perder el tiempo vagueando, comportándome en mi sincera opinión
responsable y formalmente ante el importante y difícil reto de poseer
una carrera universitaria. La verdad es que nunca me había planteado
el reto de conseguir un título universitario, y no precisamente porque
mi inteligencia brillara por su ausencia, ya que dentro de mi modestia
y humildad, me considero una persona suficientemente inteligente, que
intento explotar muchas de mis potencialidades interiores y que en
determinados campos o materias soy culta. Entre esas materias debo
destacar mi conocimiento sobre algunas de las diferentes religiones,
doctrinas y filosofías del mundo. En ese campo, la religión y la
33

filosofía, debo destacar a dos grandes personalidades: Juan Pablo II y el


Dalai Lama.
El primero de ellos, el Santo Padre Juan Pablo II 1, ya fallecido, se ha
convertido sin duda en el ser humano más mediático del último siglo.
Este gran personaje escribió más de 30 libros, redactó 14 encíclicas, 45
cartas apostólicas, se reunió con 1590 Jefes de Estado y Gobierno,
viajó a más de 129 países, dio más de 200000 discursos y 1160
audiencias en el Vaticano. Además, beatificó 1338 personas y canonizó
a otras 482. Se ha convertido su papado en el tercer pontificado más
largo de la historia. Es, sin ningún género de dudas, el personaje de los
récords. Un ser que ha conseguido muchos títulos y doctorados
«honoris causa». De su bibliografía debo reseñar su impresionante
libro que leí “Cruzando el umbral de la esperanza”. Este libro trata de
dar una respuesta esperanzadora y optimista sobre el verdadero sentido
de la existencia y sufrimiento humano, sobre el mensaje central de la
Salvación del hombre a través de la gloriosa Resurrección de Cristo y
sobre la visión de algunas religiones e ideologías que hay en el mundo.
Una obra que da respuesta a aquellas dudas metafísicas que se nos
plantean en la vida, entre ellas la importancia de creer en Dios en este
mundo cínico y descreído, dominado por el materialismo de los
grandes avances científicos y técnicos y de las grandes injusticias y
lacras sociales. Una personalidad, Juan Pablo II, que ha cambiado para
bien el mundo, que ha anunciado el Evangelio y el mensaje de Cristo a
todas las naciones, y que ha logrado que la juventud de nuestra era
sienta y viva el misterio divino que supone la Redención de la
humanidad entera.
En relación al segundo de ellos, Su Santidad el Dalai Lama (Tenzin
Gyatzo), mencionar que leí un libro suyo que presenta la tesis del
budismo tibetano, desde las 4 verdades nobles, pasando por la noción
de «karma» y rueda de la existencia cíclica (nacimiento, muerte, bardo
y renacimiento), importancia y técnicas de meditación, y finalmente,
sobre la teoría de los niveles de conciencia humana psíquica, sutil y
causal. Un personaje, líder político y espiritual de la religión budista
tibetana, el cual, gracias a su contribución en buscar una solución
pacífica y dialogante a la ocupación y genocidio chino contra los
tibetanos, se le fue otorgado el prestigioso título de Premio Nobel de la
Paz. Además, se le concedió sorprendentemente más 35 títulos de
Doctor Honoris Causa por diferentes universidades de todo el mundo.
Por si fuera poco, también ha influido decisivamente en la divulgación
34

de su cultura y filosofía desde Oriente hasta todo Occidente. Para los


tibetanos, el Dalai Lama representa el Buda de la Compasión, que se
reencarna en diferentes cuerpos humanos, hasta alcanzar el estado
final de Iluminación o Nirvana. Si bien es cierto que Buda representa la
mente iluminada, que eligió reencarnarse para servir y guiar a sus
adeptos, utilizando diversas técnicas, como la meditación, para que
éstos puedan desprenderse de sus propensiones «kármicas» y apegos
materialistas, de forma que puedan en su vida terrenal alcanzar la
Iluminación y prepararse mejor para afrontar, cuando llegue, el
proceso de la muerte. Finalmente, para acabar mi comentario sobre
este célebre personaje, decir que el actual Dalai Lama es la
reencarnación del Su Predecesor, el Décimo Tercer Dalai Lama.
Pero tampoco he dejado de leer libros sobre ciencia y razón, escritos
por excelentes y famosos científicos. Entres esos personajes ilustres
cabe citar al estadounidense Daniel Goleman, psicólogo, catedrático
por la Universidad de Harvard y redactor científico del New York
Times, quien escribió el best seller mundial sobre la “Inteligencia
Emocional”. Dicho libro se basa en que nuestro destino no está
predeterminado por el coeficiente intelectual que heredemos de
nuestros genes o que podamos potencialmente desarrollar durante
nuestra vida, sino que está determinado en gran medida por nuestra
inteligencia emocional (este tipo de inteligencia se basa en que
factores, como el autocontrol, la empatía, la compasión, la fe, la
esperanza, el optimismo, etc. son aspectos que determinan en gran
medida nuestro éxito o fracaso en nuestra vida personal, económica,
familiar, social y laboral).
Otro prestigioso científico que debo citar, es el astrofísico y físico
teórico londinense Stephen W. Hawking, sin la menor duda, uno de los
personajes más admirados y respetados del último siglo, considerado
por muchos como el heredero intelectual de Albert Einstein. Ganó
Hawking varios títulos honoríficos, entre ellos el premio Príncipe de
Asturias de la Concordia por su importante labor en el campo de la
ciencia. Su libro que leí, convertido en un best seller, “Historia del
Tiempo”, trata de dar una explicación científica, plausible y racional
sobre el origen del universo, sobre la naturaleza de los agujeros negros
y su teoría de relatividad del espacio y tiempo tetradimensional,
atreviéndose incluso a enfocar todo ello desde una óptica meramente
metafísica y teológica, al plantear la hipótesis de un Dios Creador.
35

No puedo olvidarme de la que es para mí la personalidad científica


más importante e influyente del último siglo: estoy hablando de la
científica norteamericana de origen suizo ya fallecida Elisabeth Kübler
Ross. Esta mujer, la cual poseía en su haber la escalofriante cifra de 28
títulos de Doctora Honoris Causa por diferentes universidades de todo
el mundo, se ha convertido seguramente en la única mujer en el
planeta que más doctorados honoríficos haya obtenido. Por si fuera
poco, posee además una infinidad de premios y honores recibidos de
prestigiosas empresas e instituciones públicas y privadas, incluyendo el
honor de haber sido incluida por la prestigiosa revista estadounidense
Time entre los 100 científicos y pensadores más importantes e
influyentes del siglo XX, aparte de haber formado parte de una gran
cantidad de consejos consultivos de gran resonancia mundial. Esta
excepcional persona se licenció en medicina y ejerció como psiquiatra
para tratar de ayudar de manera compasiva, cariñosa y respetuosa a
miles de enfermos terminales de diferentes hospitales repartidos por
todo el mundo, tratando de romper el «sistema establecido» en dichos
hospitales, para humanizar más el trato con esos moribundos. Además,
viajó por numerosos países europeos gracias a su colaboración con una
O.N.G. durante el holocausto nazi y ejerció como catedrática,
impartiendo conferencias sobre “la muerte y los moribundos” en las
más variadas y mejores universidades estadounidenses y de otros
países del mundo. No puedo dejar en el olvido, por supuesto, que ella
fue una gran escritora, convirtiendo sus cruciales libros en auténticos
best sellers internacionales. Muchos de esos libros son de obligada
consulta para médicos, especialistas y enfermeras de todo el mundo. Es
preciso mencionar que los libros que leí sobre esta mujer, son su best
seller mundial “La muerte: un amanecer” y su escalofriante,
incomparable y estremecedora biografía titulada “La rueda de la vida”
(este libro es una auténtica obra maestra de incalculable valor
científico, ético, humano y espiritual, siendo la mejor obra que he leído
hasta entonces con diferencia). Este último libro narra su intachable y
ejemplar vida, tratando con toda su entereza, carisma y talento de
cambiar los sistemas tan injustamente establecidos en los hospitales y
cárceles americanas en los que estaban recluidos los moribundos, para
que tuviesen un trato más humano y su muerte fuese más digna.
También intenta cambiar la visión errónea, plana y materialista que el
mundo moderno tiene sobre la vida, y arrojar más luz en el tema tabú
de la muerte y la vida después de la muerte. Todo su trabajo estuvo
enfocado desde una postura estrictamente científica, basándose en las
36

investigaciones realizadas y recopiladas por ella misma, en las que se


incluyen testimonios de pacientes narrando sus propias experiencias
extracorporales en situación de muerte clínica temporal, que han sido
posteriormente verificadas como muy exactas, detalladas y coherentes.
Además de ello, hay que resaltar las numerosas y variadas experiencias
místicas extraordinarias vividas por esta científica, que le han resultado
muy transformadoras y reveladoras. Su trabajo, investigaciones y,
sobre todo sus libros, abordan la eterna y más primordial cuestión de la
condición humana desde una postura rigurosamente científica, terrenal
y humana. Todo su trabajo le valió para convertirse en la mayor
autoridad mundial, junto con el famoso psiquiatra estadounidense
Raymond Moody, el prestigioso neuropsiquiatra británico Peter
Fenwick y el conocido psicólogo y neurofisiólogo también
estadounidense Kenneth Ring (éste último ex director de la Asociación
Internacional para el Estudio de las Experiencias Cercanas a la
Muerte), en materia de tanatología. Ella siempre con palabras de júbilo
no se cansaba en decirle al mundo que la muerte simplemente no
existe. Para lo cual utilizaba un bello y sobrecogedor símil que decía
que cuando la muerte llegase, será el momento en que el alma
abandone el cuerpo, al igual que la «mariposa abandona su capullo».
Entonces, será cuando el alma humana prosiga su viaje de crecimiento,
hasta alcanzar estados superiores de conciencia, niveles de existencia
más sutiles o, en definitiva, para formar parte de un plano de existencia
exclusivamente espiritual.
Es la doctora Ross el modelo o arquetipo de persona que todos
tenemos que tratar de imitar, sobre todo los máximos dirigentes de
cada país, para tratar cambiar los sistemas tan injustamente diseñados,
de modo que impere los valores morales y éticos basados en el amor, el
respeto, la solidaridad, la compasión, la justicia, etc. La inmensa
mayoría de la población, sin responsabilizar únicamente a los políticos,
debemos tomar nota y aprender mucho de esta mujer. Al fin y al cabo,
todos podemos llegar a ser «santos», si no lo proponemos.
Quisiera aprovechar el momento, después de este comentario sobre
Elisabeth Kübler-Ross, para aportar un breve apunte personal sobre el
tema que acabo de sacar a la luz: la existencia o no de vida después de
la vida.
Es indiscutible que el género humano ha buscado desde sus orígenes,
en lo más profundo de su corazón y de su ser, la respuesta a la eterna
37

pregunta: ¿Existe algún tipo de vida después de la muerte? o ¿hay


alguna dimensión esencial del ser humano que pueda sobrevivir al
destino fatal de la muerte corporal? Como no quiero profundizar en
este tema, aun sintiéndome, sin perder mi modestia y franqueza,
capacitado para escribir un libro sobre ello, quisiera apuntar tres cosas.

La primera de ellas es que las pruebas aducidas tanto por los


científicos materialistas y mecanicistas no partidarios de la
supervivencia, por una parte, como por los científicos que sí son
partidarios, por la otra, no son lo suficientemente concluyentes y
definitivas como para declinarse la balanza a favor de una postura u
otra. Si bien es cierto que cada vez hay un creciente número de
científicos de máximo prestigio y fama internacional, con un excelente
currículum académico y una dilatada experiencia profesional en el
campo de la ciencia, algunos de ellos ganadores de diferentes títulos
honoríficos, que reconocen sin tapujos que existen evidencias
científicas objetivas que demuestran de manera concluyente, rotunda e
irrefutable la existencia de una vida póstuma. Es más, gracias a los
trascendentales avances científicos acontecidos en las tres últimas
décadas del pasado siglo en el campo de la parapsicología, sobre todo
en la investigación de la Conciencia Humana, han presentado un
nuevo paradigma científico a favor de la Inmortalidad del alma. A
través de la aplicación de métodos empíricos experimentales de
laboratorio realizados por eminentes científicos de incuestionable
credibilidad y solvencia (algunos de esos experimentos llevados a cabo
con el patrocinio de instituciones públicas o privadas), han confirmado
la existencia de los fenómenos psíquicos o PES y otros fenómenos
esotéricos relacionados con la vida póstuma. Investigaciones llevadas a
cabo por reputados científicos como Raymond Moody, Peter Fenwick,
Elisabeth Kübler-Ross, William Crookes, Arthur Conan Doyle, Michael
Sabom, Kenneth Ring, Ian Stevenson, William Fletcher Barret,
Frederick Myers, Stanislav Grof, Charles Tart, Ken Wilber, Melvin
Morse, Charles Richet, Wilder Penfield, Bruce Greyson, Joseph Banks
Rhine, Carl Gustav Jung y otros muchos, han supuesto en su conjunto,
y sin ningún género de dudas, «un pequeño paso para el hombre, pero
un gran salto para toda la humanidad» en cuanto a la confirmación
científica de la existencia de una eventual vida post mortem.
La segunda es el hecho de que los representantes de la ciencia han
postulado desde sus principios un sin fin de teorías, muchas de las
cuales han tenido que ser redefinidas (tómese como ejemplo cuando
38

antiguamente se planteó erróneamente la tesis de que la Tierra era el


centro del universo o que su superficie era plana). Aunque la ciencia y
la tecnología han avanzado hasta límites insospechables, mejorando y
prologando la calidad y esperanza de vida de una parte importante de
la población mundial, le queda todavía un largo trecho por recorrer en
algunos campos, como el de la medicina, para prevenir y curar, en este
caso, graves enfermedades. Si bien es cierto que la respetada ciencia,
sobre todo en los últimos tiempos, ha jugado a ser Dios, al introducirse
en un terreno resbaladizo en algunos campos, como la genética o
biología, experimentando la clonación de embriones humanos para
fines terapéuticos o la fecundación in vitro, con el pertinente quebranto
de leyes naturales y morales impuestas por Nuestro Creador. No puedo
olvidarme, asimismo, que la ciencia sigue estando completamente
«huérfana» de conocimiento para explicar ciertos fenómenos
enigmáticos, como las ECM, PES, los fenómenos OVNI, las apariciones
espectrales, casos de presuntas reencarnaciones, sucesos mediúmnicos,
psicofonías, casos de teleplastia, etc., que se encuadrarían en la rama
de las ciencias ocultas o parapsicología. Esto me lleva a pensar lo
siguiente: “el hecho de que no halla una explicación científica para
demostrar la existencia de determinados fenómenos, no quiere decir
que dejen de existir”. Hay muchas cosas que ignoramos o que no
percibimos con nuestros medios sensoriales ordinarios, lo cual no
implica que no existan. El grado de conocimiento que tiene el hombre
actual en lo referente al origen del universo, de la especie humana, en
lo relativo a la posible existencia de vida inteligente en otros planetas o
sobre la muerte, es todavía de una ínfima parte. Por lo tanto, hay que
ser sensatos y no dar por sentadas muchas cosas, y más todavía cuando
hay hechos sobrenaturales que parecen desafiar las leyes físicas
conocidas. Para ello, sírvase como ejemplo casos reales de
estigmatización, levitación, desmaterialización, incorruptibilidad
corporal, bilocación, PES (telepatía, telequinesia, clarividencia y
precognición), entre otros casos, muchos de ellos bien documentados
por la Iglesia Católica.

Tercero y último, en esta lucha insaciable por defender su tesis entre


científicos creyentes y científicos materialistas no creyentes, la «carga
de la prueba» les corresponde por el momento a los científicos
escépticos, quienes se encuentran a la defensiva, dedicándose
erróneamente, hasta entonces, a desprestigiar ciertos fenómenos
inexplicables para la Ciencia. Entre esos fenómenos debo destacar las
Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), muy de moda actualmente,
39

vividas en las últimas décadas por casi 300 millones de personas de


cualquier lugar, edad, raza, clase social y creencia, en el que los
científicos materialistas han desmitificado y desacreditado
ilegítimamente dichas experiencias, aportando todo tipo de
explicaciones médicas o clínicas. Sin embargo, hay un hecho muy
determinante que debería de hacer reflexionar seriamente a todos los
científicos agnósticos y ateos en lo referente al fenómeno ya
mencionado de las ECM. Me refiero al hecho crucial de que la ciencia
hasta el momento no ha encontrado una explicación clínica
suficientemente satisfactoria, concluyente y coherente, tanto a nivel
farmacológico, psicológico, fisiológico o neurológico, a ciertas
experiencias de aproximación a la muerte. Para ello, tómese como
ejemplo los relatos de las ECM de personas ciegas, sordas o de
determinadas personas con un diagnóstico médico muy grave, que han
sido sometidas a operaciones quirúrgicas extremas (en este último caso
véase como ejemplo la asombrosa ECM de la artista americana Pam
Reynolds o del soldado George Ritchie, quien convenció al Dr.
Raymond Moody de la veracidad de esas experiencias) en las que toda
explicación clínica a esas experiencias escatológicas está fuera de lugar.
Finalmente, para aquellos curiosos que quieran cultivar su intelecto,
sabiduría y madurez, al mismo tiempo que conocer el verdadero
alcance de las ECM, deben visitar sin pensarlo dos veces la página web
de Internet de la Near Death Experience Research Foundation
(Fundación para la Investigación de las Experiencias Cercanas a la
Muerte) de Washington (EE.UU.) en la que encontrarán publicadas, sin
ánimo de lucro, cientos de casos de personas que han tenido una
experiencia mística al borde de la muerte. Experiencias de todo tipo,
incluyendo “ECM verificables” objetivamente, como “ECM de grupo”.
Además, se pueden conocer las últimas investigaciones y
experimentos, llevados a cabo con algunos de esos pacientes que han
tenido una ECM durante el estado de muerte clínica, realizados por
científicos de máximo prestigio y fama mundial para determinar la
verdadera naturaleza (biológica-natural o divina) de esas experiencias.
La página web es la siguiente: http://www. nderf.org
Después de mi comentario personal sobre la cuestión más primordial
del ser humano, quisiera seguir con este libro mencionando que aparte
de leer libros sobre esas personalidades citadas anteriormente, escribí
una obra en la que compilo una serie de artículos extensos sobre temas
de actualidad e investigación, redactados por mi cuenta, y
posteriormente estructurados en capítulos de libro. Dicha obra se titula
40

“Dios y la Ciencia en el contexto actual de las lacras sociales” (ocupa


unas 240 páginas aproximadamente, incluyendo algunas ilustraciones)
y está dividida en dos partes: una primera parte básicamente
periodística, en la que abordo temas de actualidad y preocupación
social, como son la guerra, el terrorismo, la biodegradación
medioambiental y la pobreza del Tercer Mundo; y una segunda parte
básicamente científica, filosófica y teológica, en la que abordo
cuestiones tan primordiales, como el amor, la felicidad, sobre la
autenticidad de la Sábana Santa de Turín, sobre la inmortalidad del
alma como hipótesis científica, sobre las huellas materiales sobre la
existencia y naturaleza divina de Jesús de Nazaret, sobre la veracidad y
autenticidad de las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), sobre la
teoría científica evolucionista contra la teoría teológica creacionista y,
finalmente, sobre los niveles de inteligencia humana (mental,
emocional y espiritual) y el «módulo de Dios» en el cerebro humano,
según la neuroteología. (Para aquellos que no lo sepan, la
neuroteología es una nueva disciplina acuñada por la comunidad
científica y médica a raíz de la investigaciones pioneras llevadas a cabo
por un grupo de científicos, entre ellos el neurocirujano Wilder
Penfield y el neuropsicólogo canadiense Michael Persinger, y que
relaciona la Wilder estimulación de ciertas áreas de la corteza cerebral,
concretamente en donde se localizan los lóbulos temporales, con las
experiencias místicas de tipo arquetípico, religioso o espiritual. Unas
investigaciones que han causado una profunda conmoción entre los
científicos por las tremendas implicaciones científicas, filosóficas,
teológicas y éticas que conllevaría el plantear y resolver el eterno
dilema de si el cerebro crea imaginariamente a Dios como resultado de
un largo proceso de evolución y como mecanismo de «supervivencia»
de la especie, o si, por el contrario, Dios existe realmente, dejando sus
«huellas» en nuestros cerebros para que podamos interrelacionarse con
Él, a modo de vínculo biológico con el universo espiritual). Como no
podía ser menos, he logrado publicar de manera independiente algunos
de esos artículos en Internet y un rotativo autonómico.

Sin irme más por las ramas y volviendo a mi narración sobre la que
viví en Londres, quiero finalizar mi comentario sobre mi segunda etapa
mencionando que ha sido mejor que la primera por diferentes razones.
Entre ellas, porque conocí a más gente, porque el verano es mejor
época casi para todo, me había familiarizado con la ciudad, y por lo
tanto, me sentía más seguro y confiado en ella, y por otras razones
secundarias.
41

3º MI VIDA SOCIAL Y LAS GRANDES AMISTADES


Si hay algo por lo que realmente merezca la pena recordar toda mi
vivencia en Londres, es, sin duda, por la vida social que allí tuve. En
Londres he tenido la oportunidad de conocer gente de cualquier
nación, raza, religión, lengua y, en definitiva, cultura. Durante mi
primer contacto de 4 meses en la ciudad he compartido habitación con
dos franceses de Lyón, con quienes tuve una fructuosa y grata amistad.
Fueron muchos momentos compartiendo con ellos mis tristezas, mis
inquietudes, mis ilusiones, mis alegrías. A aparte de esta bonita
amistad, necesaria y comprensible (no me hubiese hecho la idea de
tener que aguantar y adaptarme con gente mal educada, cerrada y rara
en la misma habitación que la mía), he conocido a más franceses, de
París, de Marsella, de la Bretaña francesa, etc., llegando a tener un gran
vínculo emocional con ellos. Por una parte, la amistad y simpatía que
tenía con ellos, se debía a mi afanoso interés de mejorar mi nivel de
inglés, comprensible en todo momento y, por otra parte, para que me
sirviese de «válvula de escape» a mis frecuentes y serios problemas de
adaptación con las pésimas instalaciones de la residencia, que no a la
ciudad y su cultura, cuya adaptación fue casi inmediata. Esas amistades
que tenía en mi residencia me valían para neutralizar todas esas
tensiones mentales que por momentos se apoderaban
incontroladamente de mí. Influyó mucho mi carácter extrovertido y
abierto para que yo tuviese muchos amigos, tanto franceses en los
primeros momentos de mi estancia como posteriormente con españoles
e italianos (y esporádicamente con algún checo o polaco), ampliándose
de esto modo cada día mi círculo de amistades y mi vida social. La
mayoría de la gente andaba relacionada en grupos según su
nacionalidad. Con el grupo español, con el cual evitaba estar
continuamente para no perder mi nivel de inglés que iba adquiriendo
con el transcurso del tiempo, he congeniado muy bien, siendo mi
integración y adaptación al propio grupo de forma rápida y natural.
Como breve apunte, debo decir que en esta residencia, aparte de
españoles, franceses e italianos, que era lo que más abundaba, también
había gente polaca, checa, sueca, alemana, e incluso canadiense o
estadounidense.
Continuando mi relato, mencionar que hubo momentos muy
entrañables con mis primeros amigos franceses, como las juergas que
42

hacíamos los fines de semana en la residencia. Normalmente hacíamos


«botellones» entre varias personas en una habitación y allí bebíamos,
fumábamos (debo decir que yo no me declaro fumador, aunque ello no
quiere decir que en algunos momentos esporádicos no lo llegara a ser).
También cantábamos, bromeábamos en un ambiente de concordia,
buen «feeling» y amistad. Pero no sólo en la residencia, también
salíamos de fiesta los fines semana por la noche para conocer la
marcha nocturna londinense, recorriendo varios pubs situados en la
misma zona en la que vivíamos, Camberwell. Una vez dentro de los
locales, mis amigos (la mayoría eran franceses, aunque también había
algún italiano o compatriota mío) y yo solíamos consumir cerveza,
conversar sobre mujeres, hobbies, fútbol y de cualquier otro tema,
menos de trabajo. Lógicamente, la razón primordial para salir de fiesta
era para divertirse y disfrutar al máximo, tratando de desconectar y
evadirse del estrés y las preocupaciones del día a día, suscitadas por el
trabajo u otras cosas, rompiendo al mismo tiempo la monotonía. Allí
tratábamos de divertirnos sanamente cantando, bailando, intentado
ligar con chicas, algunas veces con éxito y otras veces en las que nos
quedábamos a dos velas. Sin duda tengo un dulce recuerdo de todo ello
en mi mente.
En mi primera etapa en la ciudad, como he dicho anteriormente, he
conocido a compatriotas míos, con quienes he llegado a salir de juerga,
concretamente por zonas «okupas» de Londres. Antes, cómo no, para
animarnos un poco hacíamos «botellón» en alguna habitación de la
residencia entre bastante gente, mayoritariamente española, aunque
siempre se «infiltraba» algún francés o italiano, para beber, cantar,
bromear. Generalmente establecíamos por acuerdo unánime la hora
de salida de la residencia, que casi siempre era sobre la medianoche.
Una vez que hubiésemos acabado de cenar, de beber y de vestirse,
salíamos en busca de diversión y parranda, generalmente todos en
grupo (la mayoría de las veces el grupo no era inferior a 5 personas,
aunque hubo momentos en que salíamos en grupos unidos que
sumaban más de una docena de personas). La gran mayoría que iba en
grupo a estos lugares marginales era española, aunque también se
unían algunos franceses o italianos, incluyendo de ambos sexos. La
anécdota es que generalmente y antes de llegar a nuestro punto
destino, solíamos cantar en el autobús o gastar bromas, ante el asombro
y estupefacción de la gente que nos desconocía. La verdad es que por
cada sitio que pasábamos llamábamos la atención de la gente por
nuestro comportamiento acaparador, poco cohibido y algo informal,
43

que no violento o grosero. La mayoría de las veces cogíamos el autobús


desde Camberwell hasta Trafalgar Square, recorriendo parte del centro
turístico de Londres. En esta monumental plaza, el líder del grupo
(generalmente había uno o varios líderes que tomaban decisiones que
influían decisivamente en la conducta posterior de los demás miembros
del grupo) llamaba por teléfono móvil para tratar de localizar la
ubicación geográfica del local, utilizando al mismo tiempo como guía
varios mapas de Londres. Una vez comprobada y memorizada la ruta a
seguir, partíamos todos juntos de nuevo en busca de ese local. Ésta era
la manera habitual de salir por zonas «okupas» en Londres durante
mis primeras semanas de mi estancia.

Es preciso que el lector sepa que una de las razones fundamentales


que motivó el que yo decidiera acudir a finales de año a Londres, era,
sin duda, porque tenía el sueño de conocer las Navidades en esta
maravillosa ciudad. Mi valoración final de las fiestas y vacaciones
navideñas en esta ciudad han sido, en cierta manera, agridulces. Dulce,
porque era fantástico, cautivador y emocionante percibir el ambiente
festivo que se respiraba, ver la ciudad engalanada con luces, adornos,
mayoritariamente en los escaparates, con árboles de Navidad, belenes,
etc., haciendo que contemplar la Navidad en Londres se convirtiese en
un verdadero lujo y privilegio. Y agria, porque no estuve con mis
seres más queridos y por no haber disfrutado de las fiestas de la
manera que yo esperaba. Debo mencionar que aquí en Navidad se
desborda la actitud y fiebre consumista, materialista y derrochadora de
dinero. Paradójicamente, el concepto actual que tenemos los
occidentales sobre la Navidad es completamente erróneo y absurdo, ya
que se basa en aspectos puramente materialistas, superficiales y
consumistas (sobre todo de cosas superfluas), ignorando y
desentiéndase de aspectos más relevantes y trascendentales. Entre esos
aspectos están la oración y la reflexión, la solidaridad y generosidad, el
amor y el perdón, la paz y la justicia, etc. Valores que todos
deberíamos hacer realidad todos los días del año, y no sólo cuando es
Navidad, para hipocresía de muchos.

Las Navidades, las mejores fiestas del año para mí, se han convertido
en un verdadero negocio que reporta mucho dinero, sobre todo para las
grandes superficies comerciales, siendo al mismo tiempo una
importante fuente de gastos para las familias, repercutiendo de este
modo seriamente en la economía doméstica. Es, simplemente, puro
«marketing». De todas maneras, no quiero convertir mi comentario
44

sobre la noción que tenemos los occidentales hoy en día de la Navidad


en una crítica destructiva. Todo lo contrario. Lo que quiero es que sea
una crítica constructiva para que la gente medite seriamente sobre el
verdadero sentido y valor que supone la Navidad para los cristianos,
teniendo muy presente el trascendental hecho que supone el
nacimiento de Nuestro Redentor, Jesús de Nazaret.
Continuando mi relato sobre mis amistades en Londres y en relación
con lo anteriormente expresado, la Navidad en esta ciudad, voy aportar
alguna anécdota acaecida en esas fechas tan entrañables. Pero antes de
contarla, es preciso que os confiese que justo antes de coger mis
vacaciones navideñas estuve convaleciente a causa de una gripe. Dicha
convalecencia persistió hasta el mismo día de Navidad, perdiéndome la
cena especial de nochebuena (en Inglaterra se le llama a ese día
Christmas Eve), la cual había pagado previamente para poder cenar y
beber unas ₤20, que no me han servido para nada. Recuerdo que ese
mismo día de Christmas Eve me sentía bastante mal, agobiado y
desanimado, potenciado ese efecto al saber que todo el mundo se
divertía, menos yo, que desgraciadamente tenía gripe. Aun así, mis
compañeros de habitación que estaban celebrando la cena en una de las
cocinas de la residencia, me animaron para que les acompañase a su
fiesta y comiese algo de comida que ellos tenían preparada. Yo,
primeramente, me resistí a la sugerente tentación, pero pensé
interiormente que es absurdo comportarse como un aguafiestas esa
noche única en todo el año y de tanto fervor y devoción, que
finalmente me sumé a la fiesta a última hora, correspondiéndoles con
mi agradecimiento por su empatía, amistad e interés hacia mí. Esa
misma noche había diferentes cenas y fiestas en toda la residencia. Una
noche mágica que no lo fue para mí por culpa de la gripe.
Afortunadamente, no siempre me iba durar mi gripe, por lo que me
recuperé el mismo día de Navidad (ni que fuera un milagro, porque
llevaba más de una semana enfermo y pensé que no me iba a recuperar
mientras durasen las fiestas). Ese mismo día de Navidad lo pasé
levantado, viendo la televisión en la «Tv. room» de la residencia con
otra gente de diferentes países. Yo deseaba que llegase la noche de fin
de año lo más pronto posible para poder divertirme, al mismo tiempo
que desahogarme sanamente después de mi pasada convalecencia,
saliendo de marcha. Y así lo hice, el día de fin de año llegó a la misma
velocidad que un parpadeo de ojos. Yo esperaba mucho de ese día, en el
sentido de que se celebrase una gran cena como la de nochebuena y
cenásemos todos mis amigos juntos, en un ambiente festivo, de paz y
45

compañerismo. Pero un fue un tanto decepcionante, ya que cada uno


cenó por su cuenta la comida que se habían comprado para ese
señalado día. Yo no cené nada del otro mundo, en el sentido de que no
comí ningún manjar, sino que la cena fue de lo más normal, como si en
realidad no celebrase nada. Esto último me hizo seriamente reflexionar
y llegar a la conclusión de que la Navidad está hecha por y para la
familia, para disfrutarla de verdad con ella. Debo aclarar como persona
hogareña que durante toda mi estancia en Londres no un hubo un sólo
día en que dejase de pensar en mi familia, sobre todo en mi madre, por
sus preocupaciones por mi situación personal y profesional en esta
ciudad. Si ya no me olvidaba durante el resto del año de mi familia,
mucho menos en la Navidad, época en la que te sientes más arropado y
feliz con tus seres más queridos.

Continuando la crónica de mi celebración de Fin de Año, conocida


en términos lingüísticos anglosajones como New Year’s Eve, nos
reunimos todo el grupo (la gran mayoría eran españoles) en una
habitación de un amigo para beber, conversar, cantar y, en conclusión,
para divertirnos sanamente. Curiosamente, esa era la habitación en la
que se hospedaba un paisano mío, de Santiago de Compostela, quien
sabía tocar muy sutilmente la guitarra española. Esa noche, como es
lógico, también la tocó, alegrando y endulzando esos momentos
nostálgicos de fin de año. Después de un largo rato de celebración en la
habitación y justo antes de salir de marcha, decidimos por unanimidad
acudir a ver los mundialmente famosos fuegos artificiales en la Casa
del Parlamento, es decir, enfrente del Palacio de Westminster y el Big
Ben, lugar ideal para contemplar y sentir el éxtasis del este gran
acontecimiento cumbre. Sin duda, era el sitio perfecto para acabar el
año y comenzar el siguiente, con unas vistas nocturnas
verdaderamente esplendorosas, o cuanto menos impactantes y
cautivadoras, en las que podría recrearme gozosamente ante la
presencia de luces y adornos navideños que engalanaban los árboles y
edificios en ambas márgenes del río Támesis, aprovechando en
observar el reflejo en el agua del río de los fuegos artificiales. Además
me permitiría sentir la abrumación y estupefacción causada por el gran
ambiente multicultural que se respiraría, todo como telón de fondo el
Palacio de Westminster y el mítico Big Ben. Pero, desafortunadamente,
no fue así como realmente ocurrió, ya que llegamos lo suficientemente
tarde como para vivirlo y contarlo. La razón de nuestra fatal demora se
debió al sofocante tráfico que había por toda la ciudad. A pesar de ello,
todo el grupo, incluyéndome a mí, superó sin dificultad esa trivial
46

frustración y decepción. Digo trivial, ya que en el mundo ocurren cosas


más importantes que el mero hecho de ver unos fuegos artificiales,
aunque sean en una noche y en un lugar tan especial como es Londres,
sin desmerecer ni desprestigiar en absoluto lo grandioso que ello
supone para mucha gente, al igual que para mí. No dejamos, por tanto,
de celebrarlo por todo lo alto, bebiendo champán, comiendo las
tradicionales uvas, saltando, cantando, bromeando entre nosotros
(éramos más de 10 de personas), todo ello concretamente enfrente de
un monumento de acero, replica del Big Ben, pero en tamaño
miniatura, situado en la plaza de Victoria Station. Posteriormente a las
campanadas que sonaban desde el cercano Big Ben (sólo estábamos a
10 minutos andando desde nuestra ubicación hasta ese punto), nos
recorrimos todos juntos algunas de las zonas más emblemáticas de
Londres, empezando por Victoria Station, siguiendo por Piccadilly
Circus, Trafalgar Square y finalizando en el Palacio de Westminster,
respirando el ambiente divino de esa noche única en la ciudad. En
Westminster cogimos un autobús que nos llevó hasta nuestra zona de
residencia, Camberwell, para después disfrutar de la avanzada
madrugada en el único pub que entramos, y así poder bailar y
neutralizar nuestra sed bebiendo. Yo había bebido bastante, pero era
capaz de llegar por mi propio pie a la residencia. Y eso fue lo que
decidimos una hora después los pocos atrevidos e impetuosos que
habíamos aguantado casi hasta al amanecer del día siguiente sin
descansar y dormir, irnos de vuelta a la residencia para reponernos
físicamente de la agitada, intensa y emotiva noche. Sin embargo, para
mi asombro, aún había unos pocos rezagados con ganas de más juerga
que decidieron, casi a punto de amanecer, acudir en una de las
discotecas más famosas y caras de Londres, la Ministry of Sound. Me
trataron de convencer para que fuera con ellos, pero no lo
consiguieron, ya que casi no podía aguantar el fuerte e inclemente
cansancio que sentía por todo mi cuerpo, aparte de que no tenía la
moral suficiente como para gastar más dinero. El día siguiente lo pasé
casi enteramente durmiendo y tratando de recuperarme del
agotamiento y la resaca que tenía.
Para concluir mi crónica sobre lo que supuso para mí las navidades
en Londres, y respetando los diferentes puntos de vista que cada uno
pueda tener o interpretar sobre mi experiencia, es lógico y preciso
decir que las navidades allí fueron un poco decepcionantes y
frustrantes en determinados aspectos o hechos, pero grato, alegre y
nostálgico en otros, equilibrándose justamente la balanza.
47

Para continuar esta obra autobiográfica y didáctica, quisiera contar


tres de las muchas anécdotas que viví en Londres durante mi estancia.
La primera de ellas tuvo lugar en Victoria Station, en donde
presencié atónito a una persona sentada en una silla y con un
megáfono en la mano, en medio de la plaza, entre el alborozo y la
congestión de gente y vehículos que circulaban por la carretera,
leyendo algunos versículos de los Santos Evangelios. La verdad es que
esa escena me pareció bastante insólita y un tanto peculiar.
La segunda anécdota tuvo lugar en una de las calles de Londres,
concretamente en Oxford Street, en donde pude observar con cierto
asombro, en más de una ocasión, a gente británica con la camiseta del
Real Madrid puesta con el nombre y el número de David Beckham en
la espalda. La verdad es que tanto David Beckham como su mujer
Victoria Adams son posiblemente las dos celebridades más admiradas
y aclamadas entre la población británica. Si no me creen, basta con
observar la infinidad de portadas que acapara esta famosa pareja en los
distintos rotativos londinenses, convirtiéndose, a diferencia del común
de los mortales, en verdaderos ídolos de masas. El fichaje del jugador
estrella de la selección inglesa por el Real Madrid levantó mucha
expectación en el Reino Unido, sobre todo entre la gente fanática del
fútbol (diría que casi todos los ingleses sienten devoción por fútbol, ya
que ellos fueron quienes inventaron el que es hoy en día el deporte rey
por excelencia), y convirtiéndose dicho fichaje en uno de los
fenómenos mediáticos deportivos del momento en ese país. Esto no
hizo más que agrandar aún si cabe la intachable leyenda del Real
Madrid en su política de fichar a los mejores jugadores del mundo. Un
equipo que es en la actualidad el club más importante, universal y
prestigioso del mundo en toda la historia de este deporte. Yo tuve la
dicha como madridista de poder presenciar en Madrid su incomparable
y fascinante museo en el año 1999, observando con sumo detalle y con
cierta perplejidad cada uno de sus trofeos y títulos logrados por este
famoso club de fútbol a lo larga de su fantástica y gloriosa historia.
La otra anécdota me sucedió en el distrito de mi residencia,
Camberwell, al acudir a un banco, concretamente el Lloyds, para
efectuar una operación bancaria. Fui un día laborable y yo, como un
caballero de buenos modales, estuve una vez dentro esperando en la
cola hasta que llegase mi turno en ventanilla. Cuando me tocó, un
banquero de color me atendió y me pidió que le presentase el
48

pasaporte. Nada más entregárselo y leer mi nombre, el empleado del


banco se quedó totalmente sorprendido y perplejo, quien exclamó a
viva voz mi nombre, Jesús, preguntándome para cerciorarse si
realmente me llamaba así. Yo, ante esa situación embarazosa, lo
máximo que pude hacer era tratar de reconocer disimuladamente que
ese era mi nombre. No quería que pensase tanto él como la gente que
estaba esperando formalmente en la cola, que yo era la misma
Encarnación del Hijo de Dios. Después de ese breve momento de
confusión y apuro, salí lo más pronto posible del banco, dándole
vueltas a esa situación inédita y un tanto cómica. La verdad es que eso
no fue un casi aislado, ya que mucha gente en Inglaterra al escuchar mi
nombre se quedaba sorprendida y expectante ante mí, quien intentaba
de un modo u otro escabullirme de aquel embrollo y mal
entendimiento. Lo que pasó es que la mayoría de la gente extranjera
que me conoció en Londres, no sabía que mi nombre es muy común en
mi país, por eso, en numerosas ocasiones tuve que explicarme para
salir de esa confusión. Después de reflexionar en privado sobre todo
ello, he llegado a la firme conclusión de que cualquier nombre sagrado
que haga mención a un Dios, no debería de atribuirse a ninguna
persona normal. Concretamente Jesús es el nombre más sagrado y
especial para todos los ciudadanos cristianos del mundo, sobre todo los
occidentales, ya que pone de relieve el nombre de Nuestro Mesías,
Jesús de Nazaret. Por eso, mi idea de que mi nombre o del cualquier
persona que se llegase a llamar Alá, Krishna, Buda, etc., deberían estar
únicamente reservados para nombrar sólo a esos dioses, según su
religión y doctrinas.
Volviendo a cosas más terrenales, es preciso señalar que en mi
segunda etapa en Londres mi círculo de amistades fue algo más amplio,
pero con el inconveniente de que en vez de relacionarme más con
gente extranjera para poder practicar y mejorar mi nivel inglés, lo hice
con gente española, porque las circunstancias, ajenas a mi voluntad, se
dieron de ese modo. Algunas de mis primeras tardes antes de encontrar
un trabajo en Londres en mi segundo contacto las pasé jugando al
fútbol con varios compañeros de la residencia en un parque que había
muy cerca de mi lugar de hospedaje. Fueron las primeras amistades
que hice en Londres cuando llegué de vuelta a esta capital.
Prácticamente mi vida social en esta segunda etapa lo hacía con gente
de nacionalidad española, y como no podía ser menos, hicimos algunos
«botellones». Estas fiestas informales e íntimas en la residencia atraían
a mucha gente, sobre todo española, animosa de diversión y «buen
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rollo». Tan ambientados e interesantes eran estas «reuniones», que ya


no sería la primera vez que se llegase a congregar a más de una docena
de personas. Yo he sido miembro partícipe en esta clase de reuniones,
siempre bebiendo con moderación y divirtiéndome sanamente. Dicho
sea de paso para que nadie saque conclusiones precipitadas y no me
considere un alcohólico. Había muchas veces en que mis amigos se
reunían expresamente para beber, conversar y fumar juntos, siendo yo
invitado por ellos y sin que yo sintiese la necesidad de hacer lo que
ellos hacían, en el sentido de beber y fumar. A veces, por no ser un
aguafiestas, lo hacía.
Antes de mi marcha de la residencia Brooke Hall a principios de
agosto decidimos entre varios amigos y yo viajar a la ciudad de
Brighton para conocer su ambiente y disfrutar al máximo de un día de
verano en la playa. La decisión la tomamos entre 5 personas: un
malagueño, un valenciano, un ovetense, una barcelonesa y yo. Antes de
tomar dicha decisión estuvimos analizando pros y contras y
planificando correctamente nuestro viaje. Ante varios amagos de
renuncia en ir a dicha ciudad, finalmente acordamos ir todos, a
excepción de la barcelonesa que finalmente tenía que trabajar ese día
de fin de semana. Partimos un sábado del mes de julio muy temprano
por la mañana. Cogimos el autobús en Camberwell New Road hasta
Victoria Station, en donde nos bajamos para ir a pie hasta la estación
de autobuses de Victoria. Allí, a primera hora de la mañana, no
recuerdo la hora concreta, cogimos el autobús National Express con
destino a Brighton. El precio del billete de autobús ascendió sólo a £11,
ida y vuelta incluidas. Durante la hora y media de trayecto que nos
llevó hasta esa hermosa ciudad, estuvimos durmiendo una corta siesta
para reponernos del efecto del madrugón de esa mañana, y de ese
modo, estar más despejados y relajados durante nuestra estancia en
Brighton. Yo estaba entusiasmado e ilusionado con conocer esa
turística ciudad, la cual es la ciudad costera más popular de Inglaterra.
En mis venas corrían la impaciencia y la emoción de querer llegar a ese
lugar para poder desconectar de los agobios de la gran metrópoli y
disfrutar con mis amigos de la playa, del ambiente y su clima estival.
Nada más adentrarse el autobús por la ciudad, se podía percibir entre
los ocupantes del autobús murmullos de expectación y admiración al
presenciar los paisajes, avenidas y plazas de la ciudad. Entre todos esos
lugares, debo nombrar un espectacular palacio de estilo árabe en el
mismo centro de la ciudad, al cual tuve la oportunidad de poder
observar desde su exterior. Lamentablemente, no compré ninguna
50

cámara de fotos para poder inmortalizar mi visita a esa ciudad, aunque


el recuerdo lo tengo muy fresco y vivo en mi mente.
Antes de irnos a la playa estuvimos paseando por la ciudad, la cual
tiene aproximadamente 2500000 habitantes, para palpar su ambiente en
los distintos pubs, mercadillos y lugares más turísticos. Posteriormente,
nada más visitar uno de sus enormes muelles con sus diferentes
atracciones para los niños, nos fuimos a la playa que, curiosamente, no
era de arena, sino de piedras pequeñas, muy incómodas al tumbarse.
Después de despojarme de la ropa que llevaba puesta, a excepción del
bañador, me metí sin pensarlo dos veces en el agua del mar, el cual
estaba bastante gélida. Disfruté como un niño que aprende a nadar
mientras me bañaba. Decir que mis propios amigos no tuvieron el valor
de bañarse, ya que según ellos el agua estaba bastante fría. Después de
mi no corto chapuzón, me sequé con la toalla y me puse al sol durante
unos minutos. Al poco tiempo nos vestimos todos y fuimos comprar
comida para la merienda. Durante el camino yo no perdía el contacto
visual con la playa y su sensacional paseo marítimo. Después de
merendar, entramos en un pub para tomar algo, al mismo tiempo que
nos resguardábamos del tiempo plomizo que empezaba a levantarse a
última hora del atardecer. Serían sobre las ocho y media o nueve de la
tarde cuando cogimos de nuevo el autobús de vuelta a Londres. En la
cara de mis amigos y en la mía propia se podía atisbar la satisfacción y
entusiasmo de haber visitado ese día esa genuina y preciosa ciudad.
Una ciudad, a la que yo estaba barajando la posibilidad de trabajar en
verano, pero que finalmente decidí hacerlo de nuevo en Londres, quizás
por su renombre internacional y por haber mayor ofertas de empleo. La
hora de llegada a la residencia fue sobre las 11 de la noche
aproximadamente, momento en el cual decimos todos acostarnos para
reponernos del intenso y emotivo viaje a Brighton.

Eso todo me ocurrió mientras residía en la residencia de Brooke


Hall. Al mudarme de residencia para vivir en una casa situada en
Fulham, las cosas cambiarían mucho, en el sentido de que ya no
tendría los problemas de adaptación que tuve con las instalaciones de
mi antigua residencia. Todo lo contrario. Estaba encantado de la vida.
Era lo que en el fondo estaba buscando, un lugar habitable en donde
vivir, un lugar que me hiciera sentir como si estuviera en mi propia
casa. Ese cambio se produjo a mediados de agosto de mi segundo
contacto, es decir, a tan sólo un mes de mi marcha de Londres. Quizás
ese cambio llegó un poco tarde, siendo en cierta manera algo
51

circunstancial, pero no del todo, ya que he tenido la oportunidad a


través de agencias inmobiliarias de cambiarme a un piso o una casa
con gente de habla inglesa. El problema era que el servicio profesional
prestado por estas agencias resultaba excesivamente caro y mi débil
economía no estaba muy bien «saneada». Debo decir que la casa en la
cual me alojé con otras personas más, me dejó en alquiler una
agradable, respetuosa y atenta familia gallega, con quien tuve una muy
buena relación de amistad. El trato hacia mí fue del todo exquisito,
cordial y hospitalario. Esta familia tenía su propia casa, la cual era
alquilada para ser compartida con otra gente. Además, tenían otra
casa, de la cual no eran propietarios, sino que era realquilada por otra
gente. El precio de alquiler de una habitación compartida con otra
persona ascendía a £70 semanales, más otras £70 adicionales en
concepto de depósito. Para no perder dicho depósito debería
comunicarlo al menos con una semana de antelación. La verdad es que
las condiciones económicas exigidas en el alquiler eran bastante
razonables y asequibles para mi maltrecho bolsillo.

Allí, en mi residencia en Fulham, me alojé con otras personas, entre


ellas, dos hermanas de Santiago de Compostela, una chica zaragozana,
con chico y una chica de Barcelona, y una chica londinense llamada
Sandra, hija de la familia a la cual le alquilé la habitación.
Posteriormente acabaría alojándose aquí un buen amigo que tuve en mi
antigua residencia de Santa Cruz de Bezana (Santander) llamado
Nestor. Este fue mi mejor amigo en mi segunda etapa en Londres. Mi
amistad fue tan grande con él, que tuvo la grandiosa amabilidad de
ayudarme a cargar con las pesadas mochilas el día de mi marcha de la
ciudad en plena madrugada. Fue, sin duda, uno de los más bonitos
detalles que tuve de este chaval, y que no lo olvidaré jamás. Su
simpatía, interés y respeto hacia mí es digna de alabar. Pero no sólo
con él he tenido una estrecha amistad, sino que además tenía amistad
con mucha otra gente española en mi antigua residencia de
Camberwell procedentes de Málaga, Barcelona, Marbella, Oviedo,
Madrid, Valencia, y en definitiva, de cualquier parte de España
(también he tenido amigas francesas en mi segunda etapa). En mi
nueva casa en Fulham seguiría teniendo vida social, pero de otra
manera. Ya no nos reuníamos para celebrar los clásicos «botellones»,
sino que nos reuníamos para conversar en el jardín de la casa sobre
nuestros asuntos cotidianos en la ciudad. También nos juntábamos en
el salón para charlar o ver algún programa o película alquilada por
televisión. Una anécdota de mi estancia en esa casa fue el hecho de que
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conocí a una pareja de novios muy agradable, procedente de la


localidad de Xinzo de Limia, situada a tan sólo a 20 kilómetros de
distancia de mi municipio, Allariz. Resulta muy curioso ese hecho si
tenemos en cuenta que nos conocimos en Londres, una ciudad
abismalmente grande, en donde viven más de 10 millones de
habitantes. Eso me hace pensar que el mundo puede ser a veces un
pañuelo.

Con algunos de mis amigos de mi nueva residencia llegué a salir de


marcha por algunos pubs del distrito de Fulham. De todo ellos me
quedo con uno, cuyo nombre no recuerdo, del cual tengo un grato
recuerdo porque coincidió con los últimos momentos de mi estancia en
la capital londinense. Algo peculiar que se solía hacer en ese pub, era
que los camareros y camareras una vez subidos de tono por culpa del
alcohol, tenían por costumbre subirse a la barra y hacer como una
especie de «strip-tease» (digo esto porque no era un «strip-tease» en
toda regla, ya que sólo se quitaban parte de su ropa de cintura para
arriba) para asombro y admiración de la gente allí congregada. Parecía
como sacada de la película “El Bar Coyote”. Otra cosa que se me quedó
grabada en mi mente de ese pub, fue el hecho de que pusieran la mítica
canción de “La Bamba” de Richie Valens, una canción muy «spanish»
que hizo enloquecer y saltar a muchos de los presentes, la mayoría
ingleses. Sin duda para mí uno de los momentos álgidos de esa noche
hubiese sido si pusieran en el local la legendaria canción del artista
Mike Oldfield titulada “Moonlight Shadow”, a la cual siento una
especial debilidad y predilección. Por lo demás, la música era
comercial, es decir, la clase de música que siempre me ha
entusiasmado.

Como no quería enfriar el recuerdo que tenía en mi mente sobre esta


gente y mis vivencias allá, he querido inmortalizar con una cámara de
fotos tan entrañables y nostálgicos momentos para poder revivirlos
emocionalmente de vez en cuando a lo largo de mi vida. Sé que tengo
una «familia» en Londres que estaría dispuesta a prestarme su ayuda,
generosidad y afecto en el caso de que estuviese interesado en volver
de nuevo a esta ciudad. Ser consciente de ello, me llena de satisfacción
y alegría.
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A la izquierda aparecen mis amigos franceses de mi residencia de Brooke Hall. A la derecha se pueden observar otros
amigos franceses míos en una fiesta que hicimos.

A la izquierda se puede observa otros amigos míos en mi otra residencia situada en el distrito de Fulham. En la foto
de la derecha aparezco yo con mis amigos de mi residencia en Fulham.

A la izquierda aparecen mis amigos Jorge y Miguel Barbosa en un primer plano y en el plano de fondo el palacio y el
puente de Westminster. A la derecha aparezco yo junto con mi mejor amigo que conocí en Londres, Néstor, y
María, la madre de mis amigas Vanesa y Sandra, propietaria de la casa en la que habité en Fulham.
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55

4º LA MARCHA NOCTURNA LONDINENSE

Si hay algo que merezca la pena resaltar de Londres, aparte de su


belleza y riqueza artística, cultural y multiétnica, es, sin duda, el
ambiente nocturno que se respira en sus incontables pubs y discotecas
que se encuentran a lo largo y ancho de la ciudad, verdaderos
«santuarios» de la diversión, el entretenimiento, de reunión, de fiestas
privadas, etc. Yo mismo lo pude comprobar personalmente acudiendo a
bastantes de ellos. Ese ambiente nocturno en Londres es especial y
placentero. Te envenena la sangre, te enamora, te conquista. La
verdad es que no hay muchas formas para definirlo. Sin duda, hay un
gran abanico de posibilidades de ocio para el que vive en esta ciudad,
tanto si se busca diversión, ligue, cenar fuera, ir de conciertos, ir al
teatro. De hecho, en varias ocasiones he tenido la impresión de ver la
ciudad más saturada de gente un sábado noche que un día de semana
laborable en hora punta. Eso da fe de que la juerga nocturna los fines
de semana es una de las principales prioridades que tiene la gente en
esta ciudad, ya que esto fomenta el ocio, y por tanto, el desconectar de
las preocupaciones y la monotonía del día a día producidas por el
trabajo, estudios u otras cosas. Para mí, sin lugar a duda, ha sido una
de las principales razones que determinó el que yo viviese en la capital
británica, teniendo la privilegiosa oportunidad de explorar ese mundo
nocturno que se esconde en Londres. Dicha razón era tan fundamental,
que al día siguiente de mi llegada no me resistí a comprobarlo por mí
mismo. Es preciso mencionar que, al contrario de lo que ocurre en
España o Holanda, las leyes impuestas por el gobierno británico son lo
suficientemente duras, conservadoras y represoras en cuanto al
cumplimiento de la hora de apertura y clausura de locales de ambiente
nocturno, ya sean pubs, discotecas, night-clubs, cabarets.
Generalmente, en dichos locales la hora del cierre por la semana es
sobre las 11 y media de la noche, mientras los fines de semanas es
sobre las 3 o 4 de la madrugada, exceptuando algunos pocos locales,
como discotecas, que pueden estar abiertos hasta las 7 de la
madrugada. El severo, riguroso e intenso control de alcoholemia, unida
a su reducidísima tasa de alcohol permitida en la sangre por parte de la
policía metropolitana para detectar a los conductores borrachos, es una
barrera represiva que desalienta a la gente, sobre todo jóvenes, a salir
a veces de marcha, pero por encima de todo, a que puedan comportarse
a su «libre albedrío», metafóricamente hablando. Por si fuera poco, el
gobierno inglés, además, ha subido disparatadamente el precio del
tabaco y el alcohol, muy íntimamente vinculado con la diversión y la
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marcha nocturna en esta capital, al igual que ha influido en la notable


subida de los precios para acceder a la gran mayoría de los locales
privados de ambiente nocturno. Con todo ello, es odioso hacer
comparaciones entre el estilo o calidad de vida en España que de
Inglaterra, ya que probablemente el estilo de vida español sea más
liberal y alegre que en Inglaterra, comprensible en todo momento
porque tenemos a mi modo de ver mejor clima, mayor ocio, mejor
gastronomía, mejores paisajes naturales, y por supuesto, mejores
fiestas y romerías. También ayuda mucho a que tengamos un tipo de
gobierno más permisivo, progresista y liberal que en Inglaterra. Sin
embargo, el estilo de vida (o calidad de vida) no es lo mismo que el
nivel de vida, y en ese segundo aspecto nos superan los ingleses con
diferencia, ya que su renta per cápita por habitante es bastante más
elevada que la nuestra.
Pero centrándome en mi situación personal en Londres y la marcha
nocturna que allí experimenté, debo decir que lo que más disfruté en
esa ciudad fueron sin duda de los pubs1 (abreviatura de public bar), los
cuales son instituciones meramente inglesas, decorados elegante y
magistralmente, y que algunos de ellos bien merecían ser declarados
patrimonios artísticos. El pub cumple una función social en el sentido
puro de la palabra. Es un lugar al que se va para saciarse de beber, es
un punto de encuentro entre amigos y no amigos, un lugar de
conversación, discusión, de entretenimiento. Allí se baila, se bromea,
se juega a las cartas o a los dardos, se canta en sus karaokes, se intenta
ligar, y en definitiva, se trata de desconectar de las preocupaciones y
estrés suscitadas por la monotonía diaria del trabajo o estudios. Como
todo esto provoca cansancio, nada mejor que beber más rondas para
calmar la sed. Todo sea por la buena causa. En los pubs no es difícil
encontrarse con mujeres de cuerpo escultural y provocativo, la mayoría
de ellas bien maquilladas, vestidas y perfumadas, como también a
personas serias que conversan tranquila y armoniosamente, a familias
domingueras, o algún extraño viejo fumador de pipa que contempla
todo lo que ocurre en un su entorno, dándole vueltas a enigmáticos
pensamientos. Hay que entrar sin ningún tipo de complejos, aquí nadie
se fija en nadie, más bien todo el mundo acepta a todo el mundo. Lo sé
por mi propia experiencia. El pub en Londres suele tener como mínimo
dos salas: un «public bar», destinado desde sus principios a los clientes
de los niveles sociales bajos; y el «saloon bar». Mencionar que el pub
inglés es un «self-service» en el sentido literal de la palabra, ya que es
necesario ir a la barra si quieres consumir, pagando en metálico en el
57

mismo momento de pedir la consumación. ¿Qué se bebe? Normal y


mayoritariamente se consume cerveza, de cualquier marca, clase y
precio. La cerveza inglesa es muy genuina, ya que cabe diferenciar,
según su clase, entre cerveza amarga y poco espumada, «bitter», la
más sueva, «mild», y por último, la negra de un sabor dulce y de
espuma cremosa, que en inglés se conoce como «stout». Es
impresionante ver una gran variedad, a elección y gusto del
consumidor, de marcas y clases de cerveza, cada cual con un nombre
más peculiar. Hablando de cervezas, algo anecdótico fue el hecho de
que muy próximo a la factoría en la que trabajaba en mi primera etapa,
había una enorme fábrica que producía cerveza, la cual desprendía de
sus chimeneas un desagradable olor y que, por momentos, cuando
pasaba cerca de allí por cuestión del trabajo, me resultaba asfixiante
tener que respirarlo. Dicha fábrica destilaba cerveza de la marca
Guinnes, curiosamente la marca de cerveza que yo solía consumir en
Londres cuando salía de marcha. Siguiendo con el comentario de los
pubs, decir que también se dan comidas o cenas en estos lugares. Sin
embargo, el aspecto negativo de los pubs era su riguroso horario de
apertura y clausura, impuesto, como he dicho anteriormente, por el
gobierno británico. Sin embargo, recientemente el propio gobierno
aprobó una nueva ley que flexibilizará el horario de clausura de los
locales de ambiente nocturno, por lo que cualquiera de esos locales
podrá cerrar más tarde de las 11 y media de la noche.

Un rasgo singularmente británico es que frecuentemente, como si


fuera algo tradicional, 10 o 15 minutos de la hora fatídica del peche de
sus puertas, el patrón o responsables del pub avisan a sus clientes que
se apresuren a hacer, si quieren, un último pedido. Es en ese momento
cuando desaparecen todas las formalidades y modales que,
paradójicamente, habían observado y mantenido todos sus clientes
antes del sonar de la campana, dirigiéndose bruscamente a la barra,
empujándose y gritando para que les sirvan la última consumición.
Dije que en Londres casi nada os dejará indiferente, y creo que hay
más que pruebas suficientes que así lo demuestran.

Después de mi pequeña descripción del ambiente y vida que se


respiran en la gran mayoría de los pubs que he visitado, voy hacer
especial mención a uno de ellos llamado The Black Sheep, situado en
Camberwell New Road. Muchas noches grandiosas tengo pasado en
ese pub con mis compañeros de residencia, conversando, bebiendo
cerveza o sidra, bailando, tratando de divertirme, y en definitiva,
58

desfasando muchos fines de semana en esta ciudad. Aparte de este


local en el que ponían generalmente música comercial internacional,
también entré en otros pubs con una decoración y belleza exquisita,
como el Prince of Wales, el Silver Buckle y en algún otro más. Todos
ellos están situados en mi zona de residencia, Camberwell Green. La
verdad es que salir de marcha por estos locales era una forma de
evadirme de mis continuos problemas de acomodación a las
instalaciones de mi residencia, al igual que también me servía para
afianzar más mi amistad con los amigos que tenía. De todas las veces
que he salido de fiesta, recuerdo la vez en que conocí a dos chicas, una
francesa y otra belga, con quienes canté en uno de esos pubs que tenía
karaoke la bella canción titulada “Stand by me” de Ben E. King.
Curiosamente las conocí el mismo día en que aterrizaron en Londres y
gracias a que residían en la misma residencia que la mía. Por lo demás,
mencionar que esa noche me divertí escuchando y bailando al ritmo de
canciones legendarias y románticas, como “I think we are alone now”
de Pascal and Tiffany y “Last Christmas” de George Michael.

Sin embargo, los primeros fines de semana de estancia en Londres he


salido, como ya dije anteriormente, con muchos de mis primeros
compañeros de la residencia, en su gran mayoría españoles, por zonas
«okupas». Estos locales clandestinos son muy numerosos en Londres, y
cada día empiezan a proliferar más, para colmo de la degeneración, ya
que no me gustan casi nada. Este tipo de «tugurios», por llamarlo de
alguna manera, son frecuentados por gente y personajes variopintos,
desde el típico «pijo» vestido de traje y corbata, pasando por gente
pintoresca vestida de forma extravagante o de presencia informal,
usando piercings, tatuajes, pendientes en todos lados, con el pelo
teñido y peinados de mil maneras. También era fácil encontrarse con el
típico «rapero» afroinglés con los pantalones semicaídos y con
zapatillas deportivas e incluso, y esto es lo que me daba mala espina,
encontrarse con drogadictos y vagabundos vestidos con ropa muy
gastada, arrugada o sucia. La verdad es que estos lugares muy baratos
(no vale nada la entrada y el precio de cualquier consumición era muy
bajo en comparación con los lugares normales) en los que «pinchaban»
música house y tecno, me causaban una mala impresión y un
moderado pudor. Gran parte de ese pudor se debía a que la mayoría de
esos lugares eran fábricas abandonadas, en donde se hacían fiestas de
forma clandestina y, para mi opinión, ilegalmente, porque la gente
consumía sustancias prohibidas, ya sean blandas o duras,
especialmente de diseño. En ningún momento me sentí a gusto las dos
59

o tres ocasiones en que entré en estos lugares, y que más bien fueron
en contra de mi voluntad o bien por el efecto del alcohol, o por buscar
algo de diversión los fines de semana. A este tipo de ambiente íbamos
en grupos generalmente de no menos de 10 personas. La verdad es que
muchos de mis amigos y amigas disfrutaban en esos sitios, bien es
cierto que ayudados por el alcohol. Yo por el contrario me sentía raro,
incómodo y desencajado en esos ambientes. No entendía que hacía yo
ahí. Aun teniendo la posibilidad de gastar mucho menos dinero
saliendo de marcha por estos lugares «marginales», ni mucho menos
me planteé la idea de seguir haciéndolo. Así que me aparté poco a poco
de esas malas influencias que me transmitían mis primeros amigos, y
fui buscando gente formal y responsable, como mis compañeros de
habitación de nacionalidad francesa con quienes llegué a tener un
estrecho vínculo emocional y afectivo con ellos. Con estos compañeros,
junto con algunos italianos, algún checo y español, empecé a salir de
juerga por sitios más normales, como los mencionados The Black
Sheep, el Prince of Wales, Fabric, etc., todos ellos bellos y memorables
lugares y de gratos recuerdos. Eso todo sucedió en primer contacto con
esta ciudad que duró aproximadamente 4 meses.

En relación a mi segunda etapa de más de 3 meses en Londres, es


preciso comentar que ha sido bastante diferente a la hora de salir de
marcha que en mi primer contacto, ya que la gran mayoría de los fines
de semana trabajaba, por lo que he salido bastante menos por las
noches, limitando la mayoría de mis juergas a amenos y divertidos
«botellones» en la habitación de un amigo santanderino con quien hice
muy buenas migas. Probablemente, este chaval ha sido el mejor amigo
que tuve en Londres en toda mi estancia. También he compartido
noches de juerga con otras amigas y amigos españoles, además de dos
simpáticas chicas de la Bretaña francesa que poseían un físico
imponente. También llegamos hacer algún «botellón» en el jardín de la
residencia por las noches, generalmente entre mucha gente española,
aunque siempre se unía gente francesa, alemana o italiana. Algo bueno
que tenía la residencia, era que estaba situada, como ya comenté, al
lado de un parque en el que había varias instalaciones deportivas con
campos de tenis y fútbol, pasando, como ya relaté anteriormente,
algunas de mis primeras tardes de mi segunda etapa jugando al fútbol
con gente de mi residencia o de fuera de ella. En esta segunda etapa mi
círculo de amistades a la hora de salir de marcha por las noches se
restringió a gente básicamente española, frecuentando las zonas del
centro de la ciudad, en esos lugares donde más ambiente nocturno se
60

respiraba, como Piccadilly Circus, Leicester Square, el Soho o Mayfair.


En una de esas zonas, en un par de ocasiones, he sido testigo directo
del racismo y la xenofobia que manifestaban ante mis compañeros y a
mí algunos de los porteros de varios pubs, al no permitirnos la entrada
en dichos locales, alegando y justificando todo tipo de excusas o
razones incomprensibles y absurdas, con el fin de que no pudiésemos
entrar para divertirnos. Sin embargo, estos dos casos aislados eran la
excepción a la regla, no teniendo por mi parte nada que reprochar a los
ingleses, salvo algún caso muy rebuscado y sin mucha trascendencia.
En una de esas dos ocasiones en que tuvimos el citado incidente, nos
pasamos la noche dando más vueltas que en una noria para tratar de
localizar un local más o menos decente en el que pudiésemos entrar
para tomar algo como cualquier ciudadano normal que quiere
divertirse. Sin embargo, no lo encontramos, e incluso, de tanto
deambular de un lado para otro, acabamos sin darnos cuenta en uno de
los numerosos barrios «gays» que se encuentran por la ciudad. Eso ya
era la gota que colmaba el vaso. Yo no me sentía nada gusto en ese tipo
de ambientes, aun estando muy poco tiempo. En definitiva, esa noche
por no querer o poder gastar todos mucho dinero, ya que sí teníamos la
oportunidad de entrar en alguna discoteca, puesto que varias personas
que trabajaban como Relaciones Públicas nos vendían entradas por £10
cada una (15 euros al cambio) y sin derecho a consumición, acabamos
todos en un local español llamado Pepes. Después de haber esperado
impacientemente casi una hora, conseguimos acceder a su interior. Si
hablase con propiedad debería decir que aquello parecía un zulo repleto
de gente, la mayoría británica, aunque también había española. La
música que ponían era sevillanas y flamenco. La verdad es que
estuvimos no más de 20 minutos en el local. Con eso lo digo todo. Ya
os podéis imaginar como era. Prefiero reservarme de todo comentario.
En conclusión, tanto esperar para nada, para una noche aciaga. Como
dije anteriormente, esa noche fue la excepción a la regla, ya que la
mayoría de las veces que salí de marcha por las noches en esta ciudad
me divertí. Por si no fuera así y para compensar cualquier desventaja,
tenía el privilegio de vivir y ver muchas cosas insólitas y curiosas en
las noches veraniegas en Londres. Entre esas cosas, tuve la oportunidad
de presenciar en el centro del ambiente nocturno londinense un medio
de transporte muy singular, del estilo de un carruaje de tres ruedas,
pedaleado por un conductor para llevar a parejas que desean disfrutar
y recorrer la ciudad desde una manera más emotiva y original.
61

Si hay algo de lo que estoy arrepentido a la hora de disfrutar al


máximo de la marcha nocturna londinense, es de no haber entrado en
la famosa macrodiscoteca Ministry of Sound situado en
ElephantandCastle (zona 1). La razón fundamental que motivó el que
yo no entrara en ese sitio fue por culpa de su elevado precio que
superaba las £20, sin derecho a consumición, para mi pesar. En varias
ocasiones, entre mis amigos de residencia y yo, nos planteamos
seriamente la posibilidad de entrar en este prestigioso local, pero unos
movidos por su pereza y otros porque les parecía demasiado caro,
propició el que nadie se decidiese por entrar en dicho local. Quizás
algunos de mis gentiles lectores piense que por permitirme un capricho
no pasaba nada, y que esta vida es muy corta y efímera como para
desaprovechar oportunidades así. Sin embargo, para comprender bien
mi decisión tomada, es necesario que se pongan en mi lugar, teniendo
en cuenta mi bajo sueldo laboral, los pocos ahorros que tenía y lo
carísimo que está la vida allí, ya que de este modo se entenderá bien mi
comportamiento, justificado en todo momento. Así que, a lo dicho,
hecho, y a lo hecho, pecho.
Quisiera, ya para terminar mi comentario sobre el ambiente
nocturno de Londres, aconsejar varios de los locales de marcha
nocturna que he frecuentado, así como otros en los cuales no he
llegado a entrar, pero que son muy recomendables en cuanto a su fama,
tipo de ambiente, de música y, en definitiva, en su relación calidad-
precio.
Entre todos los pubs2 que hay en Londres debo recomendar
lógicamente los que he entrado: The Black Sheep, el Prince of Wales y
el Silver Buckle, situados todos ellos en el distrito de Camberwell. En
todos ellos no se cobra por la entrada y el precio de cualquier
consumición oscila generalmente desde las £2 en adelante. Son lugares
acogedores y ambientados, donde tienen sofás para sentarse, zonas
habilitadas para jugar al billar o a los dardos, se dan bebidas y comidas
en forma de tapas variadas, o incluso con karaoke , como es el caso del
Silver Buckle.
Otro lugar que debo recomendar y que he estado un sábado con
amigos franceses, es el Fabric. Este lugar, que antiguamente era una
carnicería, fue convertida en una discoteca metálica, con diferentes
salas y ambientes, donde pinchan diferentes DjsFabric, con su propio
sello discográfico y cuyas recopilaciones gozan de buena imagen.
62

Normalmente se cobra la entrada por el orden de £15, aparte las


consumiciones van por cuenta de sus visitantes. La verdad es que es
suficientemente cara como para ir todos los fines de semana, razón por
la que entré sólo una vez. Esta discoteca está cerca de la estación de
metro de Farringdon.

Si tengo que mencionar un lugar por su gran fama y prestigio


europeo, ese es la Ministry of Sound. Esta discoteca está situada cerca
de la estación de metro de Elephant and Castle. Es el lugar favorito
para los turistas, sobre todo extranjeros, que ven este lugar como un
verdadero «santuario» de la música electrónica, como son el tecno-
house y el dance, añadiendo a esas noches «urbanas» muy
ambientadas un tipo de música rapera como es el hip-hop. El precio de
la entrada alcanza las £20 y sin derecho a consumición. Normalmente
abren desde las 9 de la noche hasta las 5 de la madrugada. Como ya
comenté anteriormente, no entré en este lugar por su alto precio,
aunque espero, si algún día vuelvo a Londres, tener la oportunidad de
entrar en este local.

Uno de los locales que no me puedo olvidar es la discoteca The Loop,


situada en Dering Street, cerca de la estación de metro de Bond
(distrito de Mayfair). En este lugar he trabajado durante un mes y os
puedo decir que es un lugar «pijo», donde prodiga gente normalmente
capitalista y directivos de importantes compañías. El local abre todos
los días desde las 12 del mediodía hasta las 3 de la madrugada, a
excepción del lunes por descanso. El precio de la entrada es gratuita
antes de las 10 de la noche, a partir de esa hora se cobra £8 o £10,
dependiendo del día que se vaya. En este local se sirven todo tipo de
bebidas, las cuales resultan algo caras, con la peculiaridad de que los
jueves, si se entra antes de las 9 de la noche, todas las bebidas, ya sean
vinos, cervezas, champán, spirits, cocktails, etc. son a mitad de precio
(se le conoce como Happy Hour). Aquí se encuentran tres tipos de
ambientes, según en la planta en que nos situemos. La primera de ellas
es la cafetería, lugar para tomar cafés y refrescos relajadamente. La
segunda planta es lugar de reuniones, para celebrar fiestas y beber
generalmente bebidas alcohólicas o tomar pinchos, o si se prefiere, para
comer o cenar en su restaurante. Y la última planta es la discoteca en
donde acaba toda la gente congregada en el local hasta bien avanzada
la madrugada. La música del local es comercial, aunque a veces,
cuando actúan algunos DJs en la última planta, es de tipo dance o
house. Recomiendo este lugar porque, aparte de poner buena música,
63

se puede disfrutar de su especial ambiente cosmopolita y multicultural.


El único inconveniente es, como ya dije, el elevado precio de las
consumiciones.

Además de estos locales, quisiera aconsejar otros más y que son más
o menos del mismo estilo que The Loop. Entre esos locales cabe citar el
Oxigen, situado en Leicester Square, lugar donde se puede escuchar
música entremezclada, entre el pop, funky y dance; el Tiger Tiger,
ubicado en Haymarket, local para comer en su restaurante, beber todo
tipo de bebidas, desde cervezas hasta spirits y cocktails, con dos pistas
grandes de baile, con música funky y comercial; y finalmente The
Soho, es un night-club situado en la calle Greek Street, próximo a
Shaftesbury Avenue (distrito del Soho), local del mismo estilo al de los
anteriores, con la peculiaridad, al igual que The Loop, que entre las 5 y
las 7 de la tarde (Happy Hour) hay importantes reducciones en los
precios de sus consumiciones.

Además, existen algunos locales de música latina en donde se


pueden bailar salsa, merengue, rumba, e incluso tango. En uno de esos
locales llamado Habana, situado en el distrito de Fulham, he entrado
un par de veces para asistir a un curso de salsa con dos amigas, una
londinense y otra zaragozana. Con ambas he llegado compenetrarme
muy bien al poco tiempo de conocerlas. También he entrado en otro
local situado cerca de Oxford Street, en cuyo interior pude presenciar a
auténticos profesionales del merengue y la rumba bailando en parejas,
ante el asombro de algunos de los presentes, incluyéndome a mí. La
verdad es que lo latino está de moda en todo el mundo, sino basta con
viajar a Londres y averiguarlo en persona, sin tener que irse a los
EE.UU. en donde es más elocuente dicha afirmación.
64
65

5º MI ADAPTACIÓN A LA CIUDAD, SU CULTURA Y


COSTUMBRES

Mi adaptación a la capital inglesa en lo referente a sus paisajes,


costumbres, clima, lengua y, en definitiva, cultura, ha sido casi
inmediata, directa y de forma natural. Diría que en cuestión de 3
semanas, o incluso menos, me amoldé a la ciudad, siendo
paradójicamente mucho más rápida mi adaptación a su cultura,
hablando en términos generales, que tener que acomodarme
forzosamente a las pésimas y hostiles condiciones de las instalaciones
de mi residencia, en la cual he vivido para mi asombro 5 meses. Sin
embargo, hay que tener en cuenta que yo ya partía con una importante
ventaja, y es que ya conocía su cultura y lengua a través de las
enseñanzas que recibí del inglés, tanto en la escuela e instituto como
por mi propia cuenta a través de revistas, periódicos, en algún cómic, a
través de cintas de cassette (la mayoría son de la revista mensual
Speak Up), o algunas películas de la factoría Hollywood vistas en
versión original subtituladas en inglés. También no he escatimado
esfuerzos, dinero y tiempo por aprender este idioma, el más prestigioso
e internacional del mundo (el segundo es el español, seguido del
francés, aunque éste último goza de mayor importancia
diplomáticamente hablando) en una academia privada con profesores
nativos licenciados en la ciudad de Vigo. Lo que no todo el mundo sabe
es que el inglés, ya desde mi infancia, ha sido y seguirá siendo mi
primera gran pasión y vocación en esta vida. Siempre sentí una gran
identificación y afinidad por la cultura anglosajona (más
específicamente me atrae la cultura celta, sus paisajes costeros e
interiores, sus tradiciones y costumbres, tanto escoceses e irlandeses) y
también por la cultura estadounidense, aunque aquí seguramente
algunos de mis lectores discrepen y reaccionen molestamente por esa
afinidad. Sin embargo, debo aclarar que siempre he sentido afinidad y
fascinación por la cultura «yanqui», por sus ciudades y paisajes,
industria cinematográfica, sus artistas musicales, sus medios de
comunicación, o por sus pasmosos y vertiginosos avances científicos y
técnicos. Unos avances muy comprensibles que ocurran, ya que la
mayoría de las patentes se obtienen, impulsan y desarrollan
activamente en este país, como en el caso de la industria aeroespacial,
automovilística, de las telecomunicaciones, de la informática, o en
algunos campos de la ciencia que se relacionan con la medicina, la
66

biología, la parapsicología, etc. Por el contrario, siento una fuerte


repulsa, malestar e indignación por su política de gobernar prepotente,
avasalladora e imperialista, ensalzado con su patriotismo fogoso y
déspota, con la cual casi nunca he estado de acuerdo.
Londres en el aspecto cultural y artístico es posiblemente la ciudad
más ostentosa y rica del mundo, pues toda la ciudad rebosa de
monumentos, palacios, castillos, museos, teatros, etc. Todo ello
representa y evoca la larga historia esplendorosa del gran imperio
colonial inglés, muy probablemente uno de los tres imperios coloniales,
junto con el español y el francés, más importantes y hegemónicos del
mundo durante toda la historia de la civilización humana. La verdad es
que me he sentido seducido e impresionado desde el primer momento
por la gran historia gloriosa que representa cada rincón de esta ciudad,
al mismo tiempo que no podía creer como era posible que una única
ciudad pueda reunir, plasmar y «recopilar», por decirlo de alguna
manera, toda esa larga historia de tantos siglos de este país, Inglaterra.
En España no ocurre lo mismo con su capital, Madrid, ya que aun
siendo una ciudad brillante y cautivadora, es odiosamente comparable
con Londres, ya que los orígenes de la historia escrita de Madrid data
del siglo IX, en cambio Londres data del siglo I d. de J.C., cuando los
romanos empezaron a construir lo que por entonces se conocía como el
Londinium. No obstante, la larga y envidiable historia de España (o
Hispania como antiguamente se le conocía) está reflejada en sus
catedrales, mezquitas, monumentos, castillos, palacios, puentes, etc.,
que se encuentran a lo largo y ancho de toda su geografía y no en una
ciudad como ocurre con Londres. Bien es cierto que en otras partes de
Inglaterra existen restos históricos de gran interés artístico y cultural.
Incluso si lo comparamos con Nueva York, considerada por muchos
como la capital del mundo, no sería insensato decir que Londres es más
rica en sus rasgos históricos y culturales, ya que todo lo que simboliza
Nueva York abarca cerca de 2 siglos y medio. Una historia que
comienza cuando los colonos holandeses, después de aniquilar a las
tribus indias establecidas en esa parte de América, fundaron lo que por
aquel entonces era la Nueva Amsterdam, pasando posteriormente a
formar parte esta colonia holandesa a la propiedad de los ingleses con
el nombre actual que ostenta, Nueva York. Sin embargo, si analizamos
a Nueva York como ciudad estadounidense, hay que remontarse desde
el año 1777 en la que los americanos apoyados por Francia y España
derrotaron al imperio inglés en la famosa batalla de Saratoga (su
Declaración de Independencia fue redactada en año 1776). No
67

obstante, contrariamente a lo que representa Londres con su dilatada y


magnífica historia, Nueva York evoca y representa el vanguardismo y
el postmodernismo en el sentido etimológico de la palabra, que se ve
reflejado, sobre todo, en sus impresionantes y asombrosos rascacielos,
símbolo del poder americano en la era moderna. Entre eses rascacielos
hay que citar el Empire State Building, el Rockefeller Center, el Lincol
Center, etc. También se puede observar ese vanguardismo en la belleza
arquitectónica postmodernista de los edificios y construcciones en el
rico y famoso distrito de Manhattan, al igual que en sus numerosos
complejos deportivos, como son el Madison Square Garden, el estadio
de los Gigantes de Nueva York o en sus puentes, como el Brooklyn
Bridge. Y cómo no, no puede olvidarme de la Estatua de la Libertad, el
emblema actual que más define a la ciudad neoyorquina. Así pues,
Londres es un repaso de 20 siglos de historia de su país, es el
conservadurismo, el origen arraigado de sus tradiciones, costumbres e
instituciones; en cambio Nueva York es el vanguardismo, el
modernismo, que plasmado en sus edificios, calles, monumentos,
museos, los cuales simbolizan de manera elocuente el poder de Estados
Unidos en todo el mundo. Un poder que queda patente a través de sus
más depuradas e innovadoras tecnologías, que promueven importantes
avances científicos y tecnológicos hoy en día. Londres y Nueva York,
las dos caras de una misma moneda. Dos ciudades que, con sus mil y
un tópicos, representan dos «mundos» totalmente diferentes,
vinculados únicamente por su lengua, e incluso por su cultura. Digo
cultura porque Estados Unidos ha sido la principal colonia inglesa
durante muchos años, aunque también España colonizó parte de este
país, influyendo decisivamente para que la cultura y lengua hispana en
este congregado de 50 estados sea la segunda más importante, después
del inglés, tanto mediáticamente, como en la enseñanza que se imparte
en las universidades y en cualquier centro docente, o por el gran
número de artistas hispanos del mundo del cine o la música que se
consagran definitivamente en América. Un país considerado como «la
tierra de las oportunidades» y que, en muchos otros aspectos, también
es notable la cultura latina. Un dato elocuente que demuestra todo ello
lo tenemos precisamente con la ciudad de Nueva York, en la que más
de una cuarta parte de su población es de origen hispano. Pero el
motivo de la escritura de este libro es para escribir sobre Londres y no
precisamente de Nueva York, aunque no estaría mintiendo al decir que
si tuviese la oportunidad de vivir en esta última capital, mi ciudad
68

predilecta, no dudaría por un sólo instante de tratar de escribir otro


libro.
Antes de finalizar mi anterior comentario realizado a título personal
sobre la cultura «yanqui», quisiera decir que hay tres cosas que admiro
profundamente de EE.UU. como país más poderoso e influyente del
mundo actualmente en casi todos los aspectos (político, económico,
tecnológico, científico, militar, mediático, turístico.), y que son las
siguientes: la primera cosa que admiro es la unidad y cohesión entre
sus ciudadanos en los momentos de mayor necesidad y dificultad, sino
véase como ejemplo la asombrosa reacción que tuvo su población tras
los atentados terroristas suicidas islamistas del 11 de septiembre del
2001 en los que todos sus ciudadanos permanecieron unidos como una
piña en esos terribles momentos; la segunda cosa que admiro de los
norteamericanos es el sentido patriótico que tienen ellos con toda la
simbología relacionada con su país (su bandera, su escudo, su himno,
su tierra, sus tradiciones, sus instituciones, su cultura.), unidos todos
sus ciudadanos en un mismo sentimiento, que es la defensa de su
nación; la tercera y última cosa por la que siento una sentida
admiración e impresión, es por las firmes convicciones ideológicas y
religiosas arraigadas profundamente en el subconsciente colectivo de
su sociedad, principalmente la confianza en Dios, tal y como cita su
himno en una de sus frases, y que todos los estadounidenses cantan
con especial orgullo, entusiasmo y devoción. Eso es lo que admiro de
este país, EE.UU., considerado el país no sólo de las oportunidades,
sino de los grandes contrastes, en donde se entremezcla la riqueza con
la pobreza, el racismo con la tolerancia, el orden con el caos, la cultura
con la incultura, la libertad con la censura, etc. Del mismo modo, a
pesar de ser EE.UU. un país aparentemente inquebrantable,
pragmático, conciliador y «políticamente correcto», en el fondo
subyace en su sociedad otra realidad bien distinta basada, según
muchos detractores e hipercríticos de este país, en la hipocresía, la
prepotencia, la incultura, el puritanismo, la vanidad y la doble
moralidad. Personalmente, yo no voy a caer en el error de juzgar a los
ciudadanos de un país en el cual nunca he tenido la oportunidad de
poder vivir en él, aunque sí diré que EE.UU. siempre estará en el centro
de la polémica para la opinión pública, sea por la causa que fuere.
Acabando ya, si hay algo indiscutible es que EE.UU., ya sea por su
política internacional, por la forma de ser de su sociedad o por otros
motivos, no causa ninguna indiferencia ante los «ojos» del mundo.
69

Situándome en lo que he venido a hacer, escribir sobre Londres, es


significativo mencionar que sus instituciones monárquicas o reales
tienen muy buena reputación, siendo admiradas y respetadas por casi
todo el mundo. El ilustre sistema de educación, con sus prestigiosas
universidades, academias y colegios son un fiel reclamo para todos los
turistas que desean vivir, estudiar y formarse para mejorar su
currículum académico en esta ciudad. Londres es, además, una ciudad
muy respetada en el aspecto empresarial y financiero, siendo uno de
los centros bancarios y financieros más importantes de Europa, y la
tercera plaza bursátil del mundo. En el aspecto mediático, es decir, en
cuanto a sus medios de comunicación, como son la prensa y la
televisión, debo decir que son de sobra conocidos y admirados. De gran
prestigio y fama internacional gozan varios de sus rotativos, como son
el Financial Times, The Guardian, Daily Telegraph, The Times, o los
sensacionalistas The Sun, The Daily Mirror o el Evening Standard,
entre muchos otros. ¡Y qué decir de su cadena de televisión: la BBC!.
Esta importante cadena pública británica, fundada en el año 1927, está
considerada mundialmente como una de las cadenas que mejor imparte
las noticias, tanto de alcance nacional como mundial, en sus
informativos diarios gracias a su gran rigor, objetividad e
imparcialidad. Yo he tenido la suerte de poder observar en autobús su
enorme y elevado edificio situado cerca de la zona en que trabajé
durante mi primera etapa.

También es mundialmente conocida su policía metropolitana, el


New Scotland Yard1, la cual fue reorganizada con este nombre en el
año 1829, y cuya designación tiene origen en el hecho curioso de que
una de las dependencias de la policía británica antiguamente estaba
situada en la parte trasera de un castillo medieval propiedad de la
nobleza escocesa. Su buena reputación mundial se extendió como la
pólvora, debido en gran parte a su eficiente departamento de
investigaciones. Además, tienen otros servicios, como son la lucha
contra el tráfico de estupefacientes, el patrullaje o el control del tráfico
en la ciudad. Puede presumir esta policía metropolitana de ser de las
primeras en implantar un método novedoso y muy vanguardista de
lucha anticriminalista, como son los archivos de huellas dactilares. Fue
gracias al escritor, científico y espiritualista Sir Arthur Conan Doyle
quien, a través del célebre personaje de detectives llamado Sherlock
Holmes, hizo popularizar más si cabe a esta policía, Scotland Yard.
70

Una de las grandes instituciones británicas que más admiración y


respeto causan mundialmente, es su sistema de salud público el
National Health Service2 (NHS), el cual da cobertura de forma gratuita
a casi 60 millones de personas de todo el Reino Unido. Este Servicio
Nacional de Salud fue fundado en el año 1948, y es utilizado
prácticamente por toda la población británica. Hoy en día el NHS goza
de muy buena reputación internacionalmente por su cobertura
universal, por la elevada calidad de los servicios de atención primaria,
por su política estratégica de contención de gastos y por la alta
especialización y profesionalidad obtenida en los diferentes niveles de
servicio. Se ha convertido este sistema de salud en parte fundamental
para el bienestar personal y social de la población británica. Su
principio primordial es ofertar un servicio de salud íntegro de forma
gratuito a cualquier ciudadano del Reino Unido que lo solicite,
independientemente de su nivel de rentas e ingresos. Sin duda, la gran
calidad que posee el NHS, ha influido decisivamente para que la
esperanza de vida de los hombres británicos se sitúe en los 74 años y
en el caso de las mujeres en los 79 años. Un sistema de salud, cuyo
presupuesto anual alcanza los 75 mil millones de dólares, lo que
representa el 6,7 % del P.I.B. de Gran Bretaña.
Además, Londres tiene muy seguramente la mejor red de transportes
de toda Europa, ya que aquí hay cualquier medio para poder
desplazarse y viajar, bien por todo la ciudad, bien por todo el país o, si
hiciese falta, para dirigirse a cualquier parte del mundo. Un ejemplo
claro lo tenemos con sus 5 aeropuertos: Heathrow, Gatwick, Luton,
Stanstead y London City. La verdad es que uno se queda impresionado
por la gran cantidad de aeropuertos que tiene esta capital, y que da una
idea del tamaño desproporcionado que posee Londres, tanto en
habitantes como en superficie. Yo pude comprobar personalmente el
congestionado tráfico que circula por el espacio aéreo londinense
durante todo el día, aunque por las noches normalmente no suelen
circular. Desde mi residencia situada en el barrio de Camberwell Green
he podido contemplar con mucha atención y asombro el paso puntual
cada tarde, sobre las 18 horas, del Concorde de la compañía aérea
British Airways, que sigue la ruta entre Londres y Nueva York,
planeando a muy pocos metros de tierra y con el ruido verdaderamente
ensordecedor de sus motores. Ese ruido parecía como el sonido de un
fuerte relámpago. Sin embargo, tristemente, y al igual que hizo Air
France con su compañía de Concorde, British Airways seguirá el
mismo camino, dando por finalizados sus vuelos hasta América u otras
71

partes del mundo, debido a la baja demanda de gente que desea volar
en estos aviones, agravado por sus altísimos precios que producen
como consecuencia serios problemas económicos y financieros a la
hora de su mantenimiento. De todas maneras, no faltará algún
magnate excéntrico que quiera comprar ambas o una de las compañías
de Concorde para que, de esta manera, se mantengan a flote y al
mismo tiempo saciar sus ansias de ampliar su cuota de poder en el
mercado. Entre esas personas excéntricas está el multimillonario
Richard Branson, propietario del imperio Virgin, quien ha hecho varias
ofertas en vano a British Airwyas para poder adquirir su línea de
Concorde y, de esta manera, no cancelar el servicio regular de Londres
a EE.UU. (por si fuera poco, Virgin ya tenía una compañía aérea,
Virgin Atlantic, aunque parte de su patrimonio fue vendida a otra
compañía). Sin embargo, el presidente de Virgin no consiguió el apoyo
que demandaba del gobierno británico para poder amortizar los gastos
de mantenimiento de dichos viajes, por lo que definitivamente el
Concorde dejará de volar.

Es importante mencionar que desde Londres, por tener una


ubicación geográfica casi perfecta, se puede viajar a cualquier parte del
Reino Unido, Europa o del mundo a precios de ganga gracias a que el
sector aéreo no esta tan monopolizado, y al haber un gran abanico de
agencias que expiden los billetes a bajo coste, como son Ryanair,
Virgin Express e Easyjet, entre otras. Un dato que avale lo que acabe
de decir es que, actualmente, con la liberalización del sector aéreo se
están imponiendo tarifas de risa para viajar desde España a Londres,
valiendo incluso más las tasas que el propio vuelo.
¡Y qué decir de su metro, el «underground», conocido
popularmente como «The tube» por su forma perfectamente
cilíndrica!. La verdad es que parece una ciudad subterránea llena de
largos, anchos y profundos túneles y pasillos, provista de una gran
cantidad de escaleras, ascensores, torniquetes de acceso y puertas
automáticas, abundante en rótulos y tableros luminosos en los que se
expone, bien anuncios publicitarios o bien para consultar las diferentes
líneas de embarque. Un metro que está lleno de estaciones espaciadas y
que, como no podía ser menos, está excesivamente masificado de gente,
tanta que parece un hormiguero. Es como una ciudad debajo de otra
ciudad. Me sentí impresionado al ver como la mano del hombre ha
podido hacer estos túneles tan largos, cilíndricos y bien
acondicionados. Los grandes avances acaecidos en la era moderna en el
72

campo de la tecnología han supuesto el que hubiese mejores


infraestructuras de comunicación y transporte, y en el metro de
Londres vemos muy reflejado estos grandes avances, casi que
futuristas. Es el metro londinense, además, el decano de los metros del
mundo y es también, sin la menor duda, el mejor medio de transporte,
así como el más caro, aunque depende mucho también de las zonas y el
número de días que se use. El metro 3 consta de 10 líneas designadas por
su nombre. Es importante decir que el metro circula desde las 6 de la
mañana hasta las 12 de la noche de lunes a sábados, mientras los
domingos abren a las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche. Si se
viaja frecuentemente en metro sale más económico hacerse la tarjeta
Oyster Pre Pay, para la cual hay que registrarse primeramente y pagar
una fianza de £3, recuperable al finalizar su uso. Los precios de los
billetes de metro con esta tarjeta son muy módicos en relación con las
tarifas normales, reduciéndose más si se es menor de edad o estudiante.
Existen otros tipos de billetes combinados conocidas como Day
Travelcards, útiles para usar los 5 días laborables, tanto para metro
como para autobús, sirviendo para las zonas 1 y 2 de Londres por el
módico precio de £5,30, siendo inferior el precio según la hora de
embarque y si se es menor de edad o estudiante; para las zonas 1, 2 y 3
el precio se eleva hasta los £6.40, con las mismas reducciones que en el
caso anterior. También hay tarjetas específicas para los fines de de
semana, pero con tarifas algo más caras que las de semana. Una de las
tarjetas que recomiendo al turista que visite Londres, y que yo he
utilizado frecuentemente, es la tarjeta 7 Day Travelcard, válida para
cualquier hora durante 7 días seguidos de la semana al precio de £17
para la zona 1; de £20,20 para la 1 y 2; y de £23,80 para las zonas 1, 2 y
3, elevándose el precio si se utilizan más de 3 zonas. A estas tarifas se
aplicarán reducciones, dependiendo si se es menor de edad o
estudiante. Además de estas tarjetas, hay que señalar otras con tarifas
muy económicas para viajar en metro durante un mes, entre ellas está
la Monthly Travelcard, la cual no he llegado a utilizar, pero que me
hubiese valido, si lo supiera, para ahorrar bastante dinero en mis viajes
hasta mi puesto de trabajo. Es aconsejable hacerla si se va estar un
periodo algo largo de vacaciones en esta ciudad. Por último, cabe
señalar que existen otras más tarjetas a disposición de los ciudadanos
en las ventanillas de las estaciones de metro.

Es necesario comentar que yo en mi primera etapa utilizaba, aparte


del autobús, el metro frecuentemente siguiendo el buen estilo y
costumbres generacionales londinenses para ir a trabajar, incluso los
73

fines de semana, ya que usaba la travelcard de metro con la que podía


viajar toda la semana. Aunque ello implicaba dos inconvenientes:
primero, que resultaba demasiado caro los billetes; y segundo, no podía
ver los paisajes exteriores de la ciudad.
A parte del cómodo y rápido metro, existe otro medio de transporte
más barato. Hablo lógicamente de los autobuses, ya sean de dos pisos o
de uno sólo. Los precios son muy asequibles y razonables, sobre todo si
se utiliza el «Bus Pass» que dura para una semana entera, pudiendo
utilizar al menos las cuatro primeras zonas (su precio es de £8.50). En
cambio, si no se quiere comprar el «Bus Pass», también se puede pagar
por viaje al precio de £1.

Otro medio de transporte son los incontables taxis que circulan a la


largo y ancho de la enorme ciudad, a los cuales ni por asomo tuve la
más mínima intención de montar, ya que el precio por viaje suele ser
algo disparatado. ¡Y qué decir de las frecuentes limusinas que circulan
elegantemente por la capital!. Alguna vez que otra me ha picado el
gusanillo de saber si se encuentra alguna famosa estrella de Hollywood
o cantante en el interior de estos largos, glamourosos y admirados
vehículos. La verdad es que he pensado en varias ocasiones viajar en
esos vehículos para saber lo que siente en su interior, contemplando la
ciudad desde otra óptica más emocionante. Aunque, finalmente, no lo
he hecho, ya que su precio suele superar con facilidad las £10 por viaje,
eso sí, dependiendo de la distancia del trayecto a seguir, con cuanta
gente se monte y el tiempo que se esté viajando en dicho vehículo.
Si es cierto que la ciudad de Londres tiene una de las mejores redes
de transporte de Europa, también es cierto el hecho de ser bastante
caótica y masificada por la avalancha de gente que lo utiliza y lo
congestionado que está la ciudad de vehículos de todo tipo. Por eso, no
hace mucho tiempo, el gobierno británico aplicó una medida muy
revolucionaria para evitar en este caso los agitados atascos provocados
por el gran tráfico de vehículos privados para fomentar, de esta
manera, el uso de los transportes públicos, como los autobuses o los
taxis. Esta medida, aplicada en febrero del año 2003, se llama
«congestion charge» en la que los conductores tienen que pagar al
menos unas £5 al día en concepto de peaje cada vez que circulen por el
centro de la ciudad en determinadas horas. He dicho que Londres es
una ciudad muy cara y lujosa hasta para esto.
74

Además del metro, trenes regionales, los autobuses, los taxis,


limosinas (incluso taxis aéreos), también se puede ver la ciudad desde
otro punto de vista bajando el Támesis en barco. Yo, sinceramente, no
lo he hecho y la verdad es que estoy algo arrepentido de no haberlo
hecho, porque sí merecía realmente la pena probarlo. No sólo estoy
arrepentido de esto, también de no haber montado en la noria más
grande del mundo, el British Airways London Eye, desde la cual se
puede obtener una vista formidable, única y sobrecogedora de la
ciudad. Según la opinión de dos de mis mejores amigos, Jorge y Miguel
Barbosa, quienes subieron a esta trepidante atracción, la cual está
siempre saturada de gente, desde lo más alto de la noria se puede
divisar su infinito horizonte lleno de viviendas y edificios que pueden
llegar a abarcar un radio de 40 kilómetros, por lo que basta de todo tipo
de comentario.
Prosiguiendo mi comentario sobre la cultura anglosajona, debo
señalar que Londres es uno de los centros artísticos del mundo en
cuanto a la gran diversidad de formas artísticas, multiculturalismo y su
modernismo, plasmado todo ello en su gran número de museos y
teatros que posee. Son de una gran cantidad y calidad. Sus museos
como el British Museum, la National Gallery, el Madame Tussauds, el
Victoria and Albert Museum, etc., gozan de una gran reputación,
reconocido prestigio y fama internacional. No menos importantes son
sus salas de concierto y de teatro, como son el Royal Albert Hall,
Queen Elizabeth Hall y el Royal Festival Hall, visitados por miles de
turistas inmigrantes y londinenses, éstos últimos, orgullosos de su
patrimonio artístico, consideran a Londres como la capital mundial del
teatro, aunque quizás puede ser algo exagerado. Yo he visitado muchos
museos en Londres, casi todos gratuitos, en cambio no he entrado en
ningún teatro por la sencilla razón de que no me llaman la atención en
absoluto, pero sí me impresionaron sus sobrias fachadas.
No hace falta decir lo enormemente importante que es Londres
debido a su lengua, el inglés, el cual se ha convertido en el idioma más
internacional y prestigioso del mundo, siendo utilizado como primer
idioma en los medios de comunicación, en la diplomacia internacional
(ONU, OTAN, UNESCO, etc.) en el campo de las letras, de las ciencias,
o de las artes, siendo de obligado estudio en todas las escuelas,
academias o universidades de todo el mundo. Hoy en día, sin ir más
lejos, para poder tener un buen puesto de trabajo es necesario, además
de una buena titulación académica, másteres, doctorados, algo de
75

experiencia laboral, conocimientos de informática y, por supuesto, un


buen nivel del inglés, tanto hablado, de entendimiento y escrito.
Además del inglés como idioma oficial que hablan los nativos, tengo
que mencionar el hecho de que exista una gran variedad de gente
inmigrante procedente de todas las partes del globo y que enriquecen
lingüística y culturalmente la ciudad de Londres. Debo añadir como
apunte adicional que existe en esta ciudad una variedad dialéctica del
inglés conocido como Cockney, un argot local que utilizaba y sigue
utilizando la gente de clase baja, sobre todo obrera, de la zona del West
End, y que se ha extendido mucho por toda la ciudad.
Londres presume de ser la ciudad más cara de Europa y con el nivel
de vida más alto de nuestro continente. Eso es un dato corroborado
estadísticamente, así que no intento engañar a nadie. Yo lo sé por mi
propia experiencia. Es cierto que no he estado en todos los países y
ciudades del mundo para poder contrastarlo, y la verdad es que no lo
necesito, ya que estoy plenamente convencido de que hay muy pocas
ciudades en el mundo que puedan tener el mismo nivel de vida que
Londres, ya no digo que lo superen. La razón más determinante que
motiva el que la capital británica tenga un nivel de vida muy alto y sea
disparatadamente cara, es, sin duda, por su moneda, la libra esterlina.
Esta moneda es la más fuerte y de mayor cotización en el mundo, más
incluso que el dólar estadounidense, el euro y el yen. Es comprensible
que el Reino Unido no haya querido formar parte de la zona euro, aun
cumpliendo los criterios de convergencia del Tratado de Maastrich.
Ellos, aparte de «euroescépticos», no son tontos. Veían que si
aceptasen la unificación de la moneda les supondría un serio revés para
su economía, la cual es actualmente una de las más prósperas y
estables del mundo (se estima que el coste que le produce a Gran
Bretaña por ser país miembro de la Unión Europea es de un millón de
libras esterlinas a la hora). El gran valor que tiene la libra esterlina
repercute en todos los ámbitos: comercial, financiero, económico,
industrial, social. Como claro ejemplo de esa repercusión lo
encontramos en uno de los sectores más caros y de mayor inflación en
Londres, la vivienda, ya sea de compra (tanto casas, pisos,
apartamentos nuevos o usados), o de alquiler. Yo mismo he intentado
frustradamente en mi primera etapa en la capital mudarme de mi hostil
residencia a una de esas casas de estilo georgiano o victoriano para así
poder convivir con una familia de habla inglesa y progresar y mejorar
de una manera mucho más rápida, productiva y eficiente mi nivel de
inglés. Lamentablemente, eso no ocurrió en mi primera etapa porque
76

mis posibilidades económicas no estaban a la altura de los exagerados


precios impuestos tanto en su alquiler como para depositar una fianza.
Eso hablando estrictamente para alquilar una habitación compartida
con una o más personas, que no para alojarme yo solo en dicha
habitación. Sin embargo, mi suerte giró a mi favor, logrando en mi
segunda etapa encontrar una habitación compartida con otra persona
en una cómoda y habitable casa situada en el distrito de Fulham,
después de alquilársela a una entrañable y amable familia gallega, de la
cual he recibido un trato muy exquisito y cordial.

Si ya de por sí es poco menos que descabellado alquilar una


habitación compartida en un piso (o casa), mucho más es alquilar dicho
piso para una sola persona, aunque esto último nunca se me pasó por
la cabeza, sí en cambio compartirlo. Tanto en mi primera etapa como
en la segunda, he buscado y hojeado sin mucha convicción y fuerza de
voluntad varios periódicos, entre ellos el Loot, que anunciaban
alquileres de pisos y la verdad es que al ver sus precios me causaban
algunas náuseas y estupor. Normalmente, el precio para alquilar una
habitación compartida con una o dos personas más solía ascender a
unas £70 o £80 a la semana, reduciéndose su precio si el número de
personas a alojarse en la habitación es superior a 3 personas. También
el precio depende de la gente que ocupe ya no sólo la habitación, sino
el piso completo, y por supuesto, de la calidad y zona de ubicación del
piso. Generalmente alquilar una habitación para compartir con una o
más personas y en un piso compartido, situado en la zona 1 de Londres,
es decir, en la zona céntrica más monumental suele alcanzar las £100
semanales, superándolo con creces si se vive solo en el piso. De esa
última manera los precios superan con creces las £300 semanales.
Además, por si fuera poco, para alquilar una habitación de un piso
suelen exigir a la hora de firmar el contrato de arrendamiento el pago
previo de una cantidad de dinero en concepto de fianza, que en la
mayoría de los casos es equivalente a dos meses de alquiler. El
inconveniente que tiene esa forma de alquiler, aparte de su elevado
precio, es el hecho de que en caso de tener la intención de dejar el piso,
se tiene la obligación de comunicárselo al arrendador con un tiempo
mínimo de antelación, normalmente de un mes, o de lo contrario se
perdería todo o parte del derecho a recuperar la fianza depositada
previamente. Finalmente, y como es lógico, hay que pagar
periódicamente los gastos de comunidad, luz, agua y gas. Estas facturas
llamadas «bills» son muy útiles para hacer un «statement», un tipo de
declaración escrita que certifica la residencia y el estar al corriente del
77

pago de los recibos, y que en muchos casos es imprescindible a la hora


de querer abrir una cuenta bancaria o para otras gestiones
burocráticas.

Así que, en resumidas cuentas, invertir el dinero en el alquiler de


una habitación en un piso o mismo en una casa resulta en muchos
casos, más que una aventura, algo seriamente arriesgado, sobre todo si
no se tiene un sueldo y unos niveles de ahorro altos, y no se sabe con
cuánta gente compartirlo (o con quién compartirlo), o cuando no se
tiene muy claro el tipo de contrato de arrendamiento que se firma,
muchas veces por no leer todo el documento, incluyendo sus cláusulas
normativas. También los fallos de interpretación a la hora de leer el
contrato pueden ocasionar serios perjuicios, como, por ejemplo, el
perder toda la fianza depositada por no cumplir el tiempo mínimo de
duración del alquiler estipulado en el contrato o no comunicar con un
tiempo de antelación la voluntad de rescindir el contrato y dejar el piso
o casa. Por eso hay que andar con los ojos bien abiertos y estar
espabilado para no tener ningún tipo de percance relacionado con este
tema. Así que, como dice el refrán, «el que avisa no es traidor».
Siguiendo mi relato, debo decir que Londres es muy caro no sólo en
los precios de la vivienda o alojamiento, también lo es en otros
sectores, como, por ejemplo, el ocio y la cultura. La mayoría de los
cines, salas de juego, teatros, discotecas, algunos museos, etc.,
relacionados con el pasatiempo y la diversión, han implantado unos
precios verdaderamente «desorbitantes» que hacen menguar
seriamente la economía de la población, sobre todo inmigrante.
Además, el gobierno británico ha sido implacable la hora de fijar los
precios de determinados vicios, como el tabaco y el alcohol, alcanzando
precios sensiblemente disparatados, debido en gran medida a la elevada
carga impositiva aplicada, para que de esta manera la gente se
conciencie de los serios riesgos para la salud pública que conlleva el
consumo de este tipo de drogas blandas, todavía legales en este país.
Curiosamente, en algunos países sus gobiernos tomaron la dura
decisión de prohibir fumar no sólo en los centros de trabajo, sino que
además lo prohibieron en los lugares de ocio, como, por ejemplo, los
pubs, restaurantes y locales públicos cerrados. Una medida represiva
muy rígida que no deja de levantar controversia entre la población que
la sufre. Esta rígida medida se implantó en el Reino Unido
recientemente y en España, con la entrada del año 2006, acaba de
ponerse en funcionamiento. No es entonces difícil de comprender por
78

qué proliferan el contrabando en la venta de tabaco o alcohol en la


capital británica.
Si es cierto que precio del ocio y la cultura está por las nubes en
comparación con otros países como el mío, también es cierto, por el
contrario, que los bienes de primera necesidad como la alimentación y
la ropa tienen unos precios medianamente razonables y asequibles. Así
que no todo va a ser aspectos negativos, habiendo algún lado positivo,
como es en este caso a que si Londres es muy cara en muchos sentidos,
se debe a su alto nivel de vida que se ve reflejado en sus elevados
sueldos laborales que no suelen bajar de las £400 semanales (unos 600
euros a la semana) para aquellas personas que tengan un buen dominio
del inglés y ejerzan un puesto de trabajo decente. Por lo tanto, los
sueldos que allí hay son el mejor bálsamo para contrarrestar y
compensar su cara calidad de vida, soportada más por los propios
británicos que por los inmigrantes que, debido a la inexperiencia
laboral y al bajo o nulo nivel del inglés, a duras penas pueden
sobrevivir dignamente el día a día en esta ciudad.

Uno de los mayores inconvenientes que nos podemos encontrar ya


no sólo en Londres, sino en todo el Reino Unido, aparte de lo caro que
está la vida allí, es que bastantes empresas, ya sean fundaciones,
escuelas, universidades, servicios de transporte, etc., todas ellas de
carácter y dominio público, han sido y siguen siendo drásticamente
privatizadas, provocando que la renta personal o familiar decrezca
considerablemente. Esto hace que, por ejemplo, acudir a una
prestigiosa universidad o tener un buen servicio médico esté
selectamente reservado para aquella gente capitalista que gracias a su
riqueza les permiten determinados privilegios, comodidades y lujos.

Ya para finalizar mi comentario sobre la cultura británica, quiero


mencionar que Londres es centro de peregrinación, por decirlo de
alguna manera, de una gran cantidad de artistas famosos del mundo de
la moda, el cine, la música, los deportes, etc. Aquí, muchos de esos
artistas, como Madonna, Paris Hilton, Ribbie Williams, Nicole Kidman,
Gwyneth Paltrow, Huge Grant, David Beckham, Claudia Schiffer y una
infinidad de personajes célebres internacionalmente, han tenido o
siguen teniendo su residencia en la capital británica. No es muy difícil
encontrarse con algún famoso, bien paseando por la calle o en
cualquier otro lugar de incógnito, o bien cuando se produce algún
preestreno cinematográfico en sus infinitas Premieres que
79

frecuentemente se celebran en Leicester Square. Otra forma sería


presenciando grupos musicales a través de los diferentes conciertos que
se celebran casi todos los días de la semana en la capital. Una ciudad,
Londres, que tiene inmensas posibilidades lúdicas, educativas, de
entretenimiento y ocio, gracias a sus incontables centros y actividades
artísticas, culturales y deportivas.
80

Mapa del metro de Londres4. Fuente: “London Planner” British Tourist Authoriy. MFA Publications.
London (U.K.) 2003.
81
82

2ª PARTE
MIS VISITAS TURÍSTICAS Y CULTURALES A LOS
GLAMOUROSOS LUGARES EMBLEMÁTICOS
83
84

6º EL LONDRES MONUMENTAL DE LOS FASCINANTES


LUGARES EMBLEMÁTICOS

La principal razón por la que merece la pena visitar y recordar esta


importante y brillante ciudad es, sin duda, por sus ostentosos lugares
emblemáticos situados la mayoría de ellos en el centro de la capital, es
decir, en las zonas 1 y 2. Mundialmente famosos son el Big Ben, el
Palacio y la Catedral de Westminster, la Catedral de San Pablo, los
Palacios de Saint James y de Buckingham, la Abadía de Westminster,
Piccadilly Circus, Trafalfar Square, The Tower, Greenwich, etc. No
menos importantes y célebres son sus avenidas y calles, como Oxford
Street, Bond Street, Regent Street y Shaftesbury Avenue; y puentes,
como The Tower Bridge, London Bridge, Waterloo Bridge,
Westminster Bridge, entre otros. Tampoco uno se puede olvidar de dos
de las atracciones más importantes que más interés causan a los
turistas: los museos y los teatros. De reconocido prestigio y fama
internacional gozan museos como la National Gallery, el Wallace
Collection, la Tate Gallery, el Madame Tussauds (museo de cera), el
British Museum, The Natural History Museum, el Royal Obsevatory,
entre muchos otros.
Es oportuno resaltar sus míticos y divinos parques, como el de Hyde
Park, Kensington Gardens, Regents Park, Green Park, Saint James
Park, etc. No cabe la menor duda de que los parques londinenses, con
sus inmensas zonas verdes, sus enormes arboledas, sus esculturas y sus
cautivadoras fuentes y lagos, son lugares ideales para escapar del
bullicio y el ritmo estresante de la ciudad. Son una vía de escape para
relajarse, para practicar deportes, para hacer picnic entre amigos, para
pasear tranquilamente sintiendo el contacto directo con la naturaleza y
el aire limpio y sano, para disfrutar en pareja y para otros motivos. La
verdad es que hay muchas actividades sugerentes que se pueden
practicar en estos lindos parques. Debo decir que muchas de mis
primeras tardes en Londres las pasé visitando esos increíbles parajes
para desconectar y despreocuparme de mis asuntos cotidianos.

Por último, decir que muchos de sus distritos también tienen muy
buena imagen y reputación para la gente que los conoce. Barrios o
distritos como el de Chinatown, el Soho, Mayfair, Piccadilly, Notting
Hill, Chelsea, etc., causan un gran furor a aquellas almas que buscan
85

un ambiente multicultural y cosmopolita, encontrándose con


restaurantes de cualquier nacionalidad del mundo, tiendas de
souvenirs, cines, comercios y cadenas de comida rápida.

En conclusión, todos sus palacios, sus catedrales, parques, museos,


avenidas, puentes, teatros, castillos, etc., proporcionan un amplio
abanico de posibilidades a la hora de querer divertirse y disfrutar de la
ciudad en su estado más puro.

Para continuar mi crónica sobre los fascinantes lugares


emblemáticos de Londres, quiero centrarme en cada uno de ellos por
separado para que el lector tenga claro a qué lugar me estoy refiriendo
y para que, al adentrarme en sus rasgos históricos y culturales,
adquiera algo de conocimiento y cultura sobre todo ello. Ciñéndome a
las palabras, empezaré mi comentario sobre el primer sitio que he
visitado por ser el más representativo de Londres. Estoy hablando,
obviamente, del Westminster Palace (Palacio de Westminster) y el Big
Ben, más comúnmente conocido como la Casa del Parlamento.
Desde la margen contraria a la que se encuentra el Palacio de
Westminster1, justo bordeando el río Támesis, he conseguido en
algunos de mis paseos fluviales recrearme en las impresionantes
panorámicas de este palacio de estilo victoriano y de su puente, el
Westminster Bridge. Históricamente, el Palacio de Westminster era
antiguamente una isla en la que el rey Eduardo el Confesor edificó un
palacio antes de ser vencido por Guillermo el Conquistador, rey que
invadió Inglaterra en el siglo XI. Tras su victoria, Guillermo el
Conquistador reinaría allí posteriormente, siendo el citado palacio
ampliado y estableciéndose como residencia real. Sin embargo, un gran
incendio a principios del siglo XVI destruyó prácticamente todo este
palacio medieval y propició que se trasladara la residencia real al
distrito de Whitehall (actual ayuntamiento). A mediados de ese mismo
siglo y aún sin finalizar su reconstrucción, los Comunes se instalaron
en el palacio, convirtiéndose, de este modo, la antigua residencia de la
Corona Real en la sede del Parlamento. Si no fuera demasiado disgusto,
tendrían que superar otro fatídico incendio que volvería a destruir
nuevamente el palacio. La reconstrucción de la actual Casa del
Parlamento fue llevada a cabo por Charles Barry. Hoy en día el Palacio
de Westminster ocupa una superficie superior a 3 hectáreas. En su
interior se hallan 11 patios, 100 escaleras, 1100 salas de cualquier
tamaño y más de 3 kilómetros de pasillos. Sin duda, me he quedado
86

perplejo al contemplar el exterior de esta obra maestra, mezcla del


estilo gótico y victoriano, resaltando por encima de todo su
emblemático reloj, con sus 4 esferas de 7 metros de diámetro y en cuyo
interior se encuentra la campana, más popularmente conocida en todo
el mundo como el Big Ben. Una campana que hace sonar en toda la
ciudad los cambios de hora y que su peso llega alcanzar ni más ni
menos que 15 toneladas. Desde mi ubicación, en el lado opuesto al
palacio, la formidable perspectiva que me ofrecía el lugar me permitía
apreciar Victoria Tower, de 103 metros de altitud, y la Torre del Reloj,
de 98 metros. Normalmente la Union Jack, un tipo de bandera, ondea
en lo alto de Victoria Tower cuando la asamblea está reunida. En el
interior del palacio, al que desafortunadamente no llegué a acceder, se
diferencian dos lugares: la Cámara de los Comunes, con sede al norte
del palacio, y la Cámara de los Lores, situada al sur, ambas con su
propia sala de sesiones. Además de estas partes, visibles desde mi
ubicación, hay otras que se puede divisar desde otros lugares más
cercanos, más concretamente desde Parliament Square. Allí mismo,
desde su exterior, uno se puede sentir admirado por el majestuoso
diseño arquitectónico de la fachada del Pórtico de Saint Stephen que
conduce al Saint Stephen Hall y al Wesminster Hall. Este último lugar
es una enorme sala de 69 metros de longitud y 23 metros de anchura,
ideal para reuniones informales entre los políticos. En este sitio
también se celebran las honras fúnebres de los miembros de la realeza
y de importantes autoridades del imperio británico, además de ser un
tribunal de justicia. Ya por último, me pude encontrar rodeando la
plaza del Parlamento, la infravalorada Torre del Tesoro, un vestigio que
está separado del propio palacio, convertido en una especie de museo
en el que se custodiaban antiguamente las joyas de la Corona.
Siguiendo mi recorrido por la ciudad y sin perder de vista el Palacio
de Westminster, se encuentra la Westminster Abbey2 (Abadía de
Westminster), considerada un museo, santuario y necrópolis. Esta bella
iglesia anglicana, uno de los sitios más representativos y de mayor
importancia para la monarquía británica, es lugar de nupcias y
coronación de miembros de la familia real (desde Guillermo el
Conquistador hasta Isabel II todos los soberanos británicos se casaron
allí, a excepción de Eduardo VIII) y de honras fúnebres (la mayor parte
de los soberanos desde Heraldo I hasta Jorge II tienen sus sepulturas
reales en Westminster). Es un verdadero lugar de peregrinaje, en el que
uno se puede encontrar con cientos de turistas esperando
pacientemente para conseguir acceder al interior de la abadía,
87

soportando largas colas de gente y el saciable clima londinense. Dos


torres construidas por el arquitecto Christopher Wren coronan la
fachada de esta fastuosa iglesia, cuyo estilo es una mezcla diferentes
estilos, entre ellos el gótico y el flamígero. El precio de la entrada al
«santuario» es de £5. Ya en el interior de la abadía, cuya designación
oficial es “iglesia colegial de San Pedro de Westminster”, se pueden
divisar numerosos pórticos, claustros, monumentos, capillas y tumbas
reales, como las de San Eduardo el Confesor, Leonor de Castilla,
Enrique V, Enrique VII, Eduardo II, Ricardo I, Ricardo II y la de
Cromwell. Además, hay esculturas en memoria de otros personajes
célebres del mundo de las artes, como Lord Byron y William
Shakespeare, así como tumbas de otra gente importante (entre ellas
están la de los archifamosos científicos Isaac Newton y Charles
Darwin, ambos creyentes, postuladores de la ley de la gravedad y la
teoría de la evolución respectivamente). La verdad es que uno se queda
profundamente perplejo al ver tantas tumbas de gente tan relevante
que hubo en la historia de este país, Inglaterra.

Continuando mi visita turística y cultural por los lugares


emblemáticos de Londres, el tercer lugar de importancia que he visto
por su proximidad con la Abadía y el Palacio de Westminster es la
Westminster Cathedral3 (Catedral de Westminster). Este edificio de
ladrillo rojo, listado de piedra blanca, es una muestra de la arquitectura
neobizantina. En su fachada pude observar con asombro la asimetría de
sus torres y su campanario de 83 metros de alto (la catedral es de 110
metros de largo). Sus muros, pilares y bóvedas están decorados con
mármoles y mosaicos, y las cúpulas son de ladrillo sin revestir. En esta
catedral de culto católico me detuve en varias ocasiones para poder
contemplar y gozar de lo lindo desde más cerca de su impresionante
estructura arquitectónica. Como no podía ser menos, saqué una foto de
este lugar para tener el recuerdo de esta formidable catedral, y poder
rememorarlo mentalmente al ver dichas fotos con el paso del tiempo.

Mi siguiente visita de mayor interés es la imponente Saint Paul`s


Cathedral4 (Catedral de San Pablo). A este lugar accedí a su interior
por el módico precio de £6 y acompañado por una dulce amiga
francesa de confianza que tenía por entonces, a quien invité y pagué
con mucho gusto su entrada. Sin ninguna duda, la mera oportunidad de
ver desde el exterior de su cúpula, la cual es la más grande del mundo
después de la Basílica de San Pedro de Roma, el centro de la ciudad
bien se merecían pagar esas £6, aunque ello suponga tener que subir
88

unos 700 escalones hasta llegar al lugar deseado. Hablando sobre la


gigante y abrumadora catedral, es necesario mencionar que es una
obra maestra reconstruida por el arquitecto Wren después del gran
incendio de 1666 que destruyó dicha catedral, al igual que muchas
iglesias y viviendas. Su arquitectura pesada, impactante y fastuosa,
rematada en una cúpula de doble tambor de 37 metros de diámetro
alcanza los 111 metros de altura (incluyendo la cruz), reposando sobre
ocho pilares. De la panorámica exterior de la propia catedral pude
deleitarme, además de su asombrosa cúpula recubierta de plomo, en la
elegancia de los pórticos de columnas semicirculares de estilo corintio.
No puedo olvidarme de su sorprendente fachada trasera inspirada en el
barroco. En el interior de la catedral se puede apreciar una enorme
nave y el vacío central creado por la cúpula. Convertida es una especia
de panteón (se estima que en su cripta se albergan más de un centenar
de sepulturas), se consagran sobre todo los monumentos funerarios,
entre los cuales se encuentran dos de los enemigos implacables de
Napoleón: el duque de Wellington, situado en la nave lateral izquierda,
y almirante Lord Nelson, ubicado en la nave lateral derecha. Mi amiga
y yo nos sentimos intensamente anonadados al observar la gran
cantidad de tumbas que había en el interior de la nave, sobre todo en la
cripta, a la cual se accede por una escalera que parte de la nave lateral
derecha, reposando en un centenar de tumbas de personajes ilustres.
Entre esas tumbas están la de los pintores Reynolds, la del mencionado
duque de Wellington y la del almirante Nelson, cuyo ataúd, encerrado
en un sarcófago de mármol, fue construido con la madera de un barco
francés en las guerras napoleónicas. A lo alto de la cúpula accedimos
exhaustos después de subir unos 700 escalones, obteniendo como
recompensa una de las vistas más magníficas y bellas del centro de
Londres. También logramos acceder a su biblioteca, e incluso a la
Galería de los Murmullos, llamada así porque allí se pueden oír las
palabras intercambiadas de un lado al otro del muro. Una de las
mejores perspectivas que se pueden obtener de esta monumental
catedral la tenemos atravesando el Millennium Bridge, donde se puede
ver la gigante cúpula iluminada por completo durante las noches. Esta
catedral, inspirada exteriormente en la Basílica de San Pedro de Roma,
es la actual diócesis de la ciudad de Londres. Para finalizar mi
comentario sobre este fantástico lugar, debo resaltar que aquí se
casaron la malograda Diana de Gales y el Príncipe Carlos de
Inglaterra, siendo su boda en esta catedral la mejor carta de
presentación para promocionar su imagen en todo el mundo.
89

No es mentira decir que la plaza más monumental, turística y


famosa de Londres es Trafalgar Square5. Para poder llegar hasta este
lugar desde mi residencia en Camberwell sólo tenía que coger el
autobús y atravesar los distritos de Camberwell y Elephant and Castle,
llegando al distrito del Whitehall, lugar donde se encuentra al actual
ayuntamiento y el domicilio del Primer Ministro Británico,
concretamente en Downing Street. Entre este distrito y otros más es
donde se halla esta gran plaza, centro neurálgico de culturas y
manifestaciones, muy concurrida y saturada de tráfico y gentes de
todas las razas, creencias y lenguas del mundo. Trafalgar Square está
confluida por un gran número de calles que llegan y salen de esta
plaza. Es, sin duda, el pulmón de la ciudad, ya que está ubicado entre
los siguientes barrios: el Whitehall, centro político de la ciudad, el Mall,
lugar de celebración de importantes ceremonias de la Corona Real, y el
West End, barrio donde prodiga los grandes almacenes y los comercios
de mucho lujo. La reconstrucción de esta plaza fue llevada a cabo por el
arquitecto John Nash durante principios del siglo XIX. Incontables
veces recorrí y divisé este increíble lugar, bien a pie o en autobús,
sintiéndome en muchas ocasiones absorbido por la belleza y austeridad
de sus edificios, fuentes y esculturas, al igual que por su animado y
especial ambiente. No resulta difícil obtener una perspectiva amplia de
toda la zona si llegamos a la plaza desde el Whitehall, justo con su
confluencia con Trafalgar Square. Desde allí me recreé gustosamente
en las privilegiadas vistas del lugar, pudiendo observar en un primer
plano la columna de granito que conmemora al almirante Lord Nelson,
erigida en 1843, de 52 metros de altura, rematada por una estatua del
mismo almirante muerto en la batalla de Trafalgar. Es preciso hacer
recordar a mis ilustres lectores que en esa sangrienta batalla venció la
flota inglesa sobre la escuadra franco-española en el año 1805 y que
supuso alejar el peligro de invasión de Inglaterra por Napoleón. La
estatua de Nelson descansa sobre un pedestal decorado con 4
bajorrelieves, cuyo bronce curiosamente procede de los cañones
franceses rescatados en los campos de batalla de las guerras
napoleónicas. También pude apreciar fácilmente, y tocar una vez que
me acerqué, los 4 leones esculpidos en tamaño gigante, recostados al
pie de la columna de Nelson. En un segundo plano pude contemplar
varias fuentes decorativas, algunas esculturas, así como en el lateral
izquierdo la iglesia San Martin in the Fields y en el lateral derecho la
embajada de Canadá. Y en el plano de fondo pude divisar la fachada
del prestigioso The National Gallery. Algo curioso que presencié en
90

Trafalgar Square durante mis primeras Navidades en Londres, fue un


enorme abeto navideño que plantaron y que servía para engalanar,
adornar e iluminar la mítica plaza. Según la tradición, este abeto es
regalado cada año por Noruega en las fiestas navideñas.
Otro lugar llamativo que recuerde haber estado en un par de
ocasiones es la City6. Este importante lugar, de 2,5 km 2 cuadrados y
sólo 5000 habitantes, conforma una ciudad dentro de otra ciudad. Fue
construida en el antiguo Londres romano, destruida en gran parte por
la guerra nazi. La City tiene la singularidad de estar provista de sus
propias instituciones, su propia policía y sus costumbres. Es centro
histórico y financiero de Londres. Este distrito suele estar ambientado
por mucha gente los días laborables y desierto por las tardes y los fines
de semana. Esto último lo sé por mi propia experiencia, ya que las dos
veces que he estado en esta zona de la ciudad coincidió en fin de
semana. El epicentro de esta ciudad es, sin duda, la Bolsa. Esta parte de
Londres fue arrasada en dos ocasiones: en 1666 por el gran incendio y
durante la Segunda Guerra Mundial por las bombas del Blitz. A pesar
del transcurrir de los años, sus calles adyacentes a la Bolsa tienen estilo
medieval. Además de la Bolsa, podemos encontrarnos con uno de los
bancos más importantes y conocidos del mundo, el Bank of England,
llamado comúnmente The Bank, aparte de otros bancos bien reputados,
como el Lloyds y el Royal Exchange. No perdería la razón, pues, si
dijera que el distrito de la City londinense es análogo al área financiera
de Wall Street en Nueva York.
El Bank of England, que cubre cerca de una hectárea y media de
superficie, es un edificio neoclásico de finales del siglo XVIII, obra del
arquitecto John Soane. Además, en pocas hectáreas se hallan
concentradas las sedes de 200 bancos de depósito y banca de negocios,
así como las principales compañías de seguros. La Royal Exchange,
situada al frente del Bank of England, constituye la Bolsa Real y fue
edificada cerca de mediados del siglo XIX por William Tite. Este
«templo» también es de estilo neoclásico, resaltando de su fachada su
fenomenal pórtico de columnas de estilo corintio.

Uno de los lugares más atractivos, genuinos y acogedores que he


conocido de Londres es la mítica plaza de Piccadilly Circus7. Me ha
llamado mucho la atención este hermoso sitio por la gran afluencia de
gente de todas las culturas que aquí se congregan. Esta plaza, la
segunda más célebre de Londres después de Trafalgar Square, es una
91

encrucijada de calles y avenidas, todas ellas demasiado concurridas de


gente apresurada y de tráfico saturado de autobuses, taxis y coches. Es
éste un lugar en el que, tanto si se va en autobús como andando, uno se
siente «atrapado» por el barullo y el ritmo vertiginoso de la
muchedumbre al caminar, sin tener tan siquiera la oportunidad de
observar con atención las compañías multinacionales y edificios que se
encuentran en todo su entorno. Hablando de edificios, la mayoría de
ellos son casi imperceptibles por culpa de los enormes rótulos
luminosos de neón que hacen de esta plazoleta el punto neurálgico del
Londres nocturno y la gran atracción para los turistas llegados de todos
los rincones del planeta. Sería correcto decir que Piccadilly Circus es
como Times Square de Nueva York, pero a la británica. Bien es cierto
que Times Square es uno de esos lugares especiales que me gustaría
ver alguna vez en mi vida, sobre todo si es para celebrar el cambio de
año, en donde se llega a congregar en las calles de todo el distrito de
Manhattan la noche de fin de año hasta 3 millones de almas.
Yo en muchas ocasiones pasé por Piccadilly Circus, bien cuando me
coincidía para ir a una entrevista de trabajo, bien para ir de compras, o
bien para salir de marcha con mis amigos por las noches. En el medio
de la plaza se encuentra una bonita fuente rematada por una
decorativa estatua de bronce. El nombre de la estatua no es Eros, el
Dios del Amor, como muchos creen, sino que se trata de la efigie del
Ángel de la Caridad Cristiana, levantado en 1893 para homenajear la
gratitud del conde de Shaftesbury.
Continuando mi larga e insaciable visita turística por esta gran
capital, debo decir, sin duda, que dos de las atracciones que más me
impresionaron y me cautivaron durante mi «larga estancia» en
Londres fueron el castillo The Tower y el puente The Tower Bridge. Por
esta zona, si mal no recuerdo, pasé en tres ocasiones, observando desde
su exterior la preciosidad de la estructura del castillo, increíblemente
intacto después de transcurrir muchos siglos desde su construcción. Me
llevó cerca de media hora para dar la vuelta completa alrededor del
castillo. Debo reseñar que no llegué a entrar en dicho castillo porque
me resultaba algo cara la entrada (cerca de £15), aunque para mí ya era
suficiente privilegio el simple hecho de poder presenciar el encanto de
su estructura desde su exterior.
Adentrándome un poco sobre la historia del castillo The Tower8, es
preciso mencionar que en el año 100 d. de J.C. el Londinium (el nombre
92

de Londres tiene origen romano), convertida en una de las ciudades


más prósperas del imperio romano, fue rodeada por murallas. A pesar
de estas defensas, la ciudad fue tomada en el año 1060 por Guillermo el
Conquistador. Éste tomó la decisión de construir un castillo a orillas
del río, cerca del recinto fortificado, para proteger su nueva residencia
de cualquier ataque eventual enemigo que pudiese llegar desde el mar,
atravesando el Támesis. Se le llamó la Torre Blanca debido a la
deslumbrante blancura de la piedra de caliza que servía para erigirla.
Durante el reinado de Enrique III y posteriormente de Eduardo I, la
Torre Blanca fue rodeada por una gigante muralla doble muy bien
fortificada, convirtiéndose The Tower en una enorme y terrible
fortaleza. Sin embargo, simplemente se le llamó The Tower (“La
Torre”). Los miembros de la realeza le han asignado otras funciones:
como residencia y sobre todo como prisión. Dentro de ese castillo se
han llevado importantes y numerosas ejecuciones. Aquí fueron
prisioneros el Rey de Francia Juan el Bueno, Carlos de Orleáns, el Rey
Jacobo de Escocia y muchas más personalidades famosas. The Tower
no sólo ha tenido encerrado a muchas personas, sino que también se
encerraba una colección real de animales, sobre todo cuervos,
mantenidos a expensas de la Corona y que existía un gran interés en
mantenerlos, pues una leyenda afirmaba que la fortaleza desaparecería
si los cuervos llegasen a abandonar el propio castillo. Hoy en día The
Tower es un fortín militar provisto de arsenal y de soldados que
aseguran la protección de las joyas de la Corona expuestas en una de
las alas del cuartel de Waterloo, edificio construido a iniciativa del
duque de Wellington. Desde su exterior se puede contemplar la Torre
de Enmedio, una fortaleza destinada a salvaguardar el edificio principal
ubicado en su interior, la Wakefield Tower, lugar donde se guardaban
antiguamente las joyas de la Corona. También hay que citar por último
la Torre Blanca, una vasta fortaleza maciza convertida en un museo de
armas y en la que destacan exteriormente sus 4 torres situadas en las
esquinas, coronadas por sus respectivas cúpulas, al igual que sus
ventanas de estilo medieval.

Aun no habiendo entrado en dicho recinto, debo aportar como


información adicional que en su interior existe tres plantas: la planta
del cañón, la planta de los banquetes y la planta del consejo. Sin duda,
es conmovedor y emotivo ver todo el entramado arquitectónico que
componen el castillo The Tower junto al puente Tower Bridge
iluminados por las noches, reflejándose el puente en la superficie de las
aguas del Támesis. Hay que estar allá para comprenderlo y disfrutarlo.
93

El siguiente lugar que he visto es, evidentemente, el Tower Bridge9,


por su proximidad con el castillo The Tower. Es el último puente de
Londres antes de desembocar el Támesis en el mar. Es también el más
célebre de todos los que hay en la ciudad, que no son pocos la verdad,
constituyendo para muchos un verdadero emblema. Por este puente he
pasado en dos ocasiones, si mi memoria no me falla, y he podido
disfrutar desde la margen contraria de donde se encuentra el castillo
The Tower de la sobrecogedora panorámica que ofrecía todo su
entorno, abarcando el cercano Tower Bridge, el río Támesis y el lejano,
pero perfectamente visible, The Tower. Debo reseñar que tanto el
Tower Bridge como el castillo de The Tower han sido declarados por la
UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad. La verdad es
que son bonitas las vibraciones que corrían por mi cuerpo al ir
atravesando este famoso puente. Podía sentir la suave y dulce brisa
corriendo por mi cuerpo, respirando y observando desde el mismo
puente el fluir de las aguas del Támesis para que me sirviera de
antídoto mágico contra las preocupaciones diarias o la ansiedad que
por momentos he llegado a tener. Bajo este puente suelen pasar todo
tipo de barcos, incluyendo los más grandes, ya que el puente tienes
brazos basculantes que se elevan para dejar pasar a dichos barcos.
Introduciéndome en su interesante historia, debo apuntar que
antiguamente el London Bridge era el único modo que había para
poder atravesar el río Támesis. La ciudad creció drásticamente y se
construyeron numerosos puentes, todos ellos situados en la margen
oeste del propio London Bridge, al mismo tiempo que en la margen
este del puente se fue transformando en un puente muy confluido. Con
el paso del tiempo, debido al importante aumento de población, creció
la necesidad de levantar un puente al este del London Bridge, sufriendo
el gobierno numerosas presiones públicas que solicitaban su rápida
construcción. La Corporation of London, la autoridad responsable de
esa parte del Támesis, decidió realizar un concurso público en el cual se
llegaron a presentar más de 50 proyectos diferentes para dicha
construcción. Finalmente prosperó el de los arquitectos Harace Jones y
John Wolfe Barry. El proyecto se aprobó en el año 1884 y se iniciaron
las obras 2 años más tarde, finalizando en el año 1894. Para su
construcción se utilizaron más de 110000 toneladas de acero y dos
pilares sobre el lecho del río para mantener la estructura de las torres y
las pasarelas que posee. El puente está recubierto de granito de
Cornualles y piedra de Pórtland. En interior de estas torres se pueden
observar mapas sobre los diferentes proyectos presentados para la
94

construcción de este puente levadizo, así como sus motores que sirven
para elevar dicho puente ante el paso de cualquier barco de grandes
dimensiones. Yo no subí al interior de las torres ni tampoco atravesé su
pasarela, cosa de lo que estoy arrepentido, ya que si tuviera
conocimiento por aquel entonces de que se podía hacer, no lo hubiese
dudado ni por un instante.
Han sido muchos los lugares emblemáticos que he logrado ver. Entre
todos ellos destacan también por su extraordinariedad y belleza el
monumento Albert Memorial y la sala de espectáculos Royal Albert
Hall, situadas ambas atracciones en el distrito de Kensington. El Royal
Albert Hall10, con estilo imitación del renacimiento, tiene una planta
curvilínea que da apariencia de circo. En el interior de este recinto se
celebran conferencias, mítines e importantes conciertos, entre ellos los
famosos Promenade Concerts cada verano, además de otros actos
culturales. Esta sala puede llegar albergar hasta 8000 espectadores.

Aquellos curiosos que deseen conocer más a fondo todavía la


historia y cultura de Londres deben visitar el Castillo de Windsor11,
situado en la parte oeste de la ciudad, prácticamente a sus afueras. Una
de las mejores formas para poder llegar a este bello lugar desde el
centro de Londres es cogiendo en la estación de autobuses de Victoria
el National Express. Este imponente y señorial castillo, el más grande
de Europa, se empezó a construir por orden del rey Guillermo el
Conquistador en el siglo XI y se constituye como lugar de residencia de
los miembros de realeza inglesa desde hace unos cuantos siglos, con
enorme importancia para la historia de este país, Inglaterra. De su
interior hay que destacar la capilla de Saint George (San Jorge), de
estilo gótico, y que fue curiosamente el lugar donde se celebró la boda
religiosa entre el Príncipe Carlos de Inglaterra y Camila Parker Bowles,
convirtiendo a esta mujer, tal como establecía la Carta Magna inglesa,
en duquesa de Cornualles. Además, se encuentra el Mausoleo de los
Reyes, lugar donde fueron enterrados diferentes reyes que gobernaron
Inglaterra, al igual que sus aposentos. Es un enorme castillo de estilo
medieval que impresiona al cualquier turista por la belleza de su
estructura arquitectónica. Yo, desafortunadamente, no lo he visitado
por resultar algo lejano desde mi lugar de residencia, además de que
sale algo caro tener que desplazarse hasta allí. De todos modos,
siempre tendré la posibilidad de ver este bello sitio, si vuelvo a Londres
alguna vez.
95

Ahora que acabé de hacer mi comentario sobre el Castillo de


Windsor, permítanme, como licencia personal, hacer mención a otro
castillo londinense llamado Hampton Court, que ha adquirido fama
internacional por un hecho insólito que aconteció tan sólo unos meses
después de mi vuelta de Londres en mi segunda etapa, concretamente
en diciembre del año 2003. Me refiero al hecho espeluznante de que las
cámaras de seguridad de ese castillo captaron in situ unas imágenes
escalofriantes en las que se podía apreciar una figura fantasmagórica
ataviada de época abriendo una de las puertas de emergencia del
propio castillo. Esta noticia, de la que se han hecho eco la televisión
pública y algunos rotativos londinenses, así como diferentes medios de
comunicación, tanto escritos como audiovisuales, de numerosos países
europeos y del resto del mundo, algunos en primera plana, ha
mantenido en vilo a casi toda la población de la ciudad de Londres y a
parte del mundo. Según los testimonios de muchos turistas que han
visitado el castillo, en su interior se producían ciertos fenómenos
esotéricos que se relacionaban con sonidos de voces de ultratumba
(psicofonías), movimientos de objetos sin un motivo aparente,
accionamiento sin intervención humana de los sistemas de alarma,
repentinos cambios de temperatura (termogénesis), olores que surgían
de la nada (clariesencia) y otros fenómenos inexplicables, siendo
denunciados por eses testigos ante los guardias y responsables del
castillo. Se envió a un grupo de expertos «cazafantasmas» de la
Universidad de Hertfordshire para indagar sobre la verdadera
naturaleza de esos hechos, inspeccionando el interior del castillo,
examinado con mucho mimo las grabaciones de las cámaras de vídeo,
entrevistando a más de 400 turistas que visitaron el interior de dicho
castillo (más de la mitad, entre ellos muchos escépticos, declararon
haber sido testigos de ciertos sucesos paranormales) y a los propios
guardias de seguridad, éstos últimos negando rotundamente el que se
hubiese hecho cualquier tipo de montaje. Finalmente, los expertos han
llegado a la conclusión de que dichos sucesos eran provocados por
causas naturales, alegando que esos «susurros» y cambios de
temperatura eran debido a que el castillo o palacio se encontraba cerca
del río Támesis. Sean de orden natural o sobrenatural esos hechos, el
caso es que muchas turistas que han sido testigos directos de esos
sucesos, están completamente convencidos de que el castillo está
realmente poseído por fantasmas. Con relación al presunto espectro
aparecido, cuenta la leyenda que el espíritu de Catherine Howard
reaparecería de nuevo desde el «más allá» para vengarse de su cruel
96

esposo, el rey Enrique VIII de Inglaterra, por haberla decapitado por


adulterio en ese castillo en 1542.
Esos enigmáticos sucesos acaecidos en el Castillo de Hampton Court
me llevan a pensar que si Londres puede presumir de ser una ciudad
deslumbrante y asombrosa, también puede hacerlo por tener fama de
ser una ciudad encantada o mágica, por lo menos algunos de sus
recónditos lugares.

Ya para finalizar mi comentario sobre los lugares emblemáticos


londinenses, quiero hacer especial mención a una de las calles más
famosas y concurridas de la ciudad: Oxford Street. Es esta calle una
larga vía rectilínea de varios kilómetros que va desde Bloomsbury
hasta Hyde Park. Es, sin duda, la calle más transitada no sólo de
Londres, sino del mundo, según el British Tourist Authority. En ambas
aceras de la calle uno se queda impresionado por la gran marea de
gente variopinta, de cualquier cultura y nacionalidad que circulan a
paso rápido, provocando el que muchas ocasiones sea difícil caminar a
paso correcto debido a lo obstaculizado que está toda esta avenida. Por
si fuera poco, es fácil además ver los atascos típicos que hay en la
carretera, debido la mayoría de las veces a las largas colas de autobuses
urbanos. Es relevante comentar que Oxford Street es, en mi opinión, el
centro comercial por excelencia de toda la ciudad. ¿Por qué digo esto?
Sólo me bastó introducirme en esta calle para observar y comprobar la
multitud de compañías británicas, como Selfridges, Marks and Spencer,
Britannia Models, cadenas de comida rápida, como Café Nero, Burger
King o Pret A Manger, así como importantes multinacionales, como
Virgin, McDonalds o la firma gallega Zara, entre otras. Entre todas
esas compañías mencionadas quiero hacer un breve comentario sobre
dos de ellas: Virgin y Britannia Models.
La primera de ellas, Virgin, dueña del magnate Richard Branson, se
ha convertido en la mayor empresa privada del Reino Unido y la más
internacional, junto con la archifamosa Rolls Royce. También es la
marca más comercial de Gran Bretaña y con la que más se sienten
identificados los jóvenes británicos. La verdad es que me siento
fascinado y abrumado por todo lo que supone esta firma
extraordinariamente poderosa en todo el mundo. A pesar de que el
volumen de negocio del imperio Virgin es inferior a otras compañías,
sobre todo americanas, como, por ejemplo, al todopoderoso Microsoft
de Bill Gates, es seguramente la compañía que mejor marketing tiene
97

en el mundo en cuanto a la explotación de la imagen de sus productos


y la gran cantidad de marcas propias registradas. La cuota de mercado
de Virgin es muy amplia, ya que posee dos compañías aéreas, una de
trenes, una agencia de vestidos de novia, una operadora de telefonía
móvil, una discográfica, una agencia de viajes, grandes almacenes de
artículos variados, una cadena de radio, incluso una compañía de
limosinas, entre otras muchas secciones. Por si fuera poco, no hace
mucho tiempo, Richard Branson lanzó la noticia «bomba» del nuevo
milenio al llegar a un acuerdo con los fundadores de Mojave Aerospace
Ventures, Paul G. Allen y Burt Rutan, éste último creador también de
la nave espacial SpaceShipOne por encargo del propio Allen, para
diseñar la que será la firma más revolucionaria de la era moderna,
Virgin Galactic. Esta compañía será la primera operadora espacial
privada que permitirá a finales de esta década a aquellas personas ricas
y aventureras viajar al espacio, tener una imagen estremecedora de la
Tierra y conocer la gran sensación de la ingravidez. Este
multimillonario acuerdo puede convertir a la multinacional Virgin en
la compañía privada más universal y rica del mundo. ¡Pero qué decir de
su singular y carismático presidente, Sir Richard Branson!. Este
excéntrico adinerado posee una riqueza estimada en unos ₤2400
millones, en la cual se incluye una isla en el pacífico, una cadena de
más de 100 cines, algunos hoteles y haber dado la vuelta al mundo en
globo. La verdad es que leer todas estas cifras tan astronómicas me deja
helada la sangre. Aun respetando y admirando a esta importante
personalidad, sigo sin entender porque la riqueza está tan mal
repartida, en el sentido de que unos pocos afortunados lo tienen
absolutamente todo, mientras otras muchas personas desgraciadas
siguen sin tener aquellas cosas tan elementales para poder vivir
dignamente. Aunque esto último sería más bien plantear un debate, el
cual estaría fuera de lugar, ya que sólo me quiero limitar en relatar mis
experiencias en el Reino Unido.

La segunda compañía a la que querría hacer mención es la agencia


de modelos Britannia Models, situada también en Oxford Street. Acudí
a este lugar porque la moda es mundo que siempre me ha llamado
mucho la atención, ya que brinda la oportunidad de poder conocer a
mujeres de un físico desbordante, la posibilidad de ganar mucho dinero
de una manera muy amena, de poder viajar por ciudades muy
importantes del mundo e incluso, dependiendo de la suerte, conseguir
fama. Como soy un gran soñador y algo emprendedor, he querido
probar suerte en este mundillo. Para poder empezar a trabajar como
98

modelo para esta agencia primeramente requerían superar una prueba


de fotogenia, para la cual me harían una serie de 4 o 5 fotografías para
comprobar si, en efecto, era lo suficientemente fotogénico. Superada
dicha prueba, como fue mi caso, pasé a la segunda fase que consistía en
hacer el conocido «portfolio», o sea, me tenían que sacar otra serie de
fotografías en un estudio, después de haber sido maquillado y con el
vestuario oportuno, seleccionando las mejoras fotos para incorporarlas
a lo que sería el «book». En este libro aparecerían las mejoras fotos
mías que me servirían para promocionar mi imagen, de modo que
pudiese ser demandado por cualquier firma publicitaria o comercial. Yo
pagué para hacer la prueba de fotogenia la cifra de £20.
Posteriormente, y una vez que superé dicha prueba, tenía que pagar
£150 (£40 anticipadas en concepto de depósito y £110 adicionales en
concepto de realización de la sesión de fotos) para hacerme el «book»
que me daría derecho a que me maquillaran y me hicieran las
fotografías. Por lo demás, decir que la ropa la tenía que llevar por mi
cuenta para realizar la mencionada sesión de fotos en un estudio
situado en Ealing Broadway, zona 3 de Londres. Sin embargo, la suerte
se me truncó, en el sentido de que perdí el puesto de trabajo que tenía
en el restaurante inglés de Chelsea, por lo que, después de mucho
reflexionar y analizar pros y contras, decidí ponerme en contacto
telefónicamente con la agencia para cancelar la realización de la sesión
de fotos programada, muy a mi pesar. Me había hecho muchas
ilusiones y autoimpuesto elevadísimas expectativas. Me llevé, por
tanto, un gran chasco y me hizo, para colmo, perder las £40 del
depósito invertido en vano, al igual que las £20 que había pagado por la
prueba de fotogenia. Aun viéndolo por el lado positivo y buscando
razones que justificasen mi difícil decisión, cuando pienso en ello no
dejo de tener algunos remordimientos de conciencia por no tomar la
valiente decisión de arriesgarme en seguir adelante con dicho proyecto
y hacerme el dichoso «book» que me hubiese servido, porque no, para
convertirme en una «estrella». Pienso que para alcanzar grandes metas
y hacer realidad nuestras mayores ilusiones es necesario arriesgarse y
tentar a la suerte, ya que ella no viene sola sino se pone algo de
iniciativa propia y de afán. Por eso, cuando no haya nada que perder
intentándolo y mucho que ganar en caso de alcanzar el éxito, no se
debe vacilar en hacerlo. Yo tenía poco que perder al arriesgarme, ya
que tenía suficientes ahorros para seguir adelante con mi «reto», pero
mi incertidumbre a la hora de encontrar pronto un nuevo trabajo que
me hiciese autofinanciar mi estancia en la capital inglesa, fue lo que
99

determinó mi fatal decisión. Ahora recuerdo fríamente dicha


frustración y desengaño, algo que fue meramente circunstancial y
capricho del destino. También pienso que si hubiese ejercido de modelo
en Londres podría haber ganado mucho dinero, tanto como de 100 a
1000 libras por día trabajado (la agencia se hubiese quedado con el 20%
de dichos ingresos). Quisiera mencionar, además, para aquellas
personas que a lo mejor están interesadas en probar con una agencia
de modelos en Londres, que es la propia agencia la que selecciona, una
vez superada las dos primeras fases, tanto la prueba de fotogenia como
la realización del «book», al modelo para una determinada
especialidad, según su perfil. Entre esas especialidades están la de
poder desfilar como modelo en pasarelas, posar para revistas, participar
de extra en películas o series o para un determinado anuncio
publicitario.
Concluyendo mi comentario sobre esa agencia de modelos,
Britannia Models, debo decir que quizás quería ganar fama y riqueza
empezando por la cúspide, sin tener en cuenta que lo más importante
es empezar por abajo. De ahí mi decisión de inscribirme en una
agencia de modelos de mi ciudad, Ourense, para así tener experiencia
como modelo y de este modo, si alguna vez vuelvo a Londres, probar de
nuevo con Britannia Models o con otra, avalando mi experiencia en mi
país. Es lo que yo llamo desarrollar un «descontento inspirador», sino
¿cuántos famosos del mundo de los negocios y artistas habrán utilizado
esta técnica para alcanzar el éxito en su vida personal y profesional?
Una innumerable cantidad de personajes célebres.
100

En la foto de la izquierda se puede apreciar desde el London Eye el Palacio de Westminster y parte del «skyline»
londinense. En la foto de la derecha se aprecia una vista fabulosa del Palacio de Buckingham y su fuente el Queen
Victoria Memorial.

En la foto de la izquierda se observa la famosa y concurrida plaza de Trafalgar. En la foto de la derecha se pueda
contemplar la mítica plazoleta de Piccadilly Circus, centro neurálgico de la marcha nocturna londinense.

En la foto de la izquierda aparezco yo en un primer plano y en la imagen de fondo el sorprendente y espectacular


castillo de estilo medieval The Tower. En la foto de la derecha se observa The City, centro financiero de Londres.
101

A la izquierda se puede apreciar la fastuosa fachada de la Abadía de Westminster, considerado santuario, museo y
necrópolis. En el plano central se puede contemplar la monumental fachada del The Royal Court of Justice, sede del
Tribunal Supremo. En la imagen de la derecha se puede divisar la imponente Catedral de San Pablo, inspirada
exteriormente en la Basílica de San Pedro de Roma.

A la izquierda se puede contemplar la hermosa Catedral de Westminster, de culto católico y estilo neobizantino. En el
centro se puede observar parte de la fachada de Harrods, los almacenes más caros y prestigiosos de Londres. A la
izquierda se puede apreciar una vista aérea desde el London Eye de los edificios de la capital británica.
102

A la izquierda aparezco yo en un primer plano y el Wellington Arch en el plano de fondo. En el medio aparezco
yo en un primer plano y en la imagen de fondo el Albert Memorial en Kensington Gardens. En la fotografía de
la derecha se puede divisar en el plano de fondo la Columna de Nelson en Trafagar Square.

A la izquierda aparezco yo en un primer plano, y en el plano de fondo se pueda contemplar el llamativo Royal
Albert Hall, lugar de celebración de mítines, conciertos y otros actos culturales, situado en Kensington. A la
derecha se puede observar a mi amigo Jorge Barbosa en un primer plano y en el plano de fondo el puente más
emblemático de la capital londinense, el Tower Bridge.
103
104

7º EL LONDRES IMPERIAL DE LOS MAJESTUOSOS PALACIOS Y


PARQUES
Londres es más que una ciudad, es un lugar de ensueño, ideal para
recrear la vista en sus espléndidos y hermosos palacios y en sus
emotivos y divinos parques. Muchos de esos lugares son muy
conocidos mundialmente y que suponen, sin la menor duda, la mejor
carta de presentación para promocionar y persuadir a los turistas a que
conozcan de primera mano todo ese encanto que derrochan dichos
lugares.

Los palacios simbolizan la grandeza y poderío de la Realeza


británica. Entre esos palacios de enorme interés e importancia están el
Palacio de Westminster, el Palacio de Buckingham, el de Saint James y
el de Kensington.

Empezando por el primero de todos ellos que he visitado, el Palacio


de Westminster, sería correcto al haberlo comentado anteriormente no
ser reiterativo, por lo que considero que me centraré en el siguiente
palacio que tuve el privilegio de contemplar, el Palacio de Saint James.

El Palacio de Saint James1 se edificó a partir del año 1531 por orden
del rey Enrique VIII y pasó a pertenecer a la dinastía de los Tudor. Su
nombre fue dedicado a Saint James (San Jaime), que ocupaba una
leprosería en una sala del mismo palacio. Antiguamente, la Corona
Real residía en Palacio del Whitehall, pero un gran incendio arrasó
dicho palacio, motivando el cambio de residencia real al Palacio de
Saint James. También en este lugar es donde los heraldos proclaman el
ascenso al trono de los nuevos soberanos. El palacio sufrió varias
transformaciones, siendo la última remodelación llevada a cabo por el
prestigioso arquitecto John Nash. Es, además, el cuartel de los
Gentleman at Arms (son la guardia personal del soberano), de los
Yeomen of the Guard (son los soldados que usan la alabarda, una
especie de cuchillo transversal), del gran chambelán y de otras
personalidades. El edificio es de ladrillo con muros guarnecidos con
adornos y torres octogonales y está dividido en varias partes: la
Gatehouse, el Cuerpo de Guardia, la Royal Chapel, la Queen’s Chapel
and Clarance House y el cuartel de los Horse Guards.
La Gatehouse es la entrada principal del palacio y da acceso a uno
de sus cuatro patios. En uno de esos patios se puede acceder a la
Capilla Real.
105

El “Cuerpo de Guardia” es en donde se ubica la Sala del Trono y las


Salas de Tapices y de Armas.
La Royal Chapel fue el lugar en donde se celebraron los
casamientos de los reyes Jorge IV, Jorge V y Victoria.
La Queen’s Chapel and Clarance House ha sido lugar de residencia
de la Reina Madre y que además reúne algunos servicios de la
Commonwealth.
La última parte es el Cuartel de los Horse Guards, que hospeda a 40
guardias pertenecientes a la Guardia Real a caballo, encargados de
vigilar los palacios reales londinenses. Los Horse Guards están
divididos en dos regimientos: los Lige Guards, con guerrera roja, casco
con crin blanca y caballos con manta negra o blanca; y los Blues and
Royals, con guerrera azul, casco con crin roja y caballos con manta
negra.
Debo mencionar que yo no pude acceder al interior de la mansión,
ya que estaba prohibida la entrada a los turistas y al personal no
autorizado.

Otro de los palacios de gran prestigio es el Palacio de Kensington2,


situado cerca de Hyde Park y Kensington Gardens. El palacio fue
comprado en su día por el rey Guillermo III. La imagen actual del
palacete, propiedad de la Corona en todo momento, es obra del
arquitecto Christopher Wren. Aquí nació y vivió la reina Victoria,
residió la reina María, esposa de Jorge V, la princesa Margarita y la
Princesa Diana de Gales. Para finalizar mi breve comentario sobre este
palacio, al que lógicamente no pude acceder, es necesario mencionar
que en su interior existe la galería del Rey, un lugar rebosante de
cuadros pintados por personajes prodigiosos y consagrados del mundo
de la pintura, al igual que hay una colección de trajes de corte
pertenecientes a los últimos tres siglos.

El siguiente y último palacio, no de Londres, puesto que tiene


muchos de ellos, es por su enorme importancia y fama el Palacio de
Buckingham3. A este opulento palacio acudí en tres ocasiones para
conocer y observar personalmente su bello edificio y el gran ambiente
cosmopolita que de costumbre allí hay. Es actualmente la residencia de
la Realeza británica. Fue el arquitecto John Nash, con encargo de Jorge
IV, quien transformó esta antigua mansión en un palacio real, pero el
106

costo de las obras superaron el costo presupuestado por el gobierno por


lo que el palacio quedó sin terminar. Posteriormente, otro arquitecto
continuaría las tareas de remodelación arquitectónica. El autor de la
actual fachada, cuyo estilo es una mezcla entre el renacentista y el
clásico, es obra de Aston Webb. Es importante mencionar que entre las
plantas bajas y los dos pisos del cuadrángulo hay 690 cuartos
comunicados por 1 kilómetro de pasillos. En el ala norte del
cuadrángulo se encuentran los apartamentos de la Reina Isabel II. Los
apartamentos de Estado, obra también de Nash, ocupan las alas sur y
oeste, y disponen de dos galerías de pinturas que forman una vasta y
cara colección real (aquí hay colecciones de los reyes Enrique VIII,
Carlos I, Jorge III, Jorge IV, la reina Victoria, etc.). En el palacio hay un
comedor de gala con motivo de bailes oficiales, recepciones
diplomáticas y casamientos reales. La mesa de caoba que hay en el
comedor puede acoger un total de 60 comensales. Otra parte no menos
relevante es la Queen’s Gallery, lugar en donde se tiene por costumbre
realizar exhibiciones de cuadros y objetos de arte provenientes de las
colecciones reales. Por desgracia, las tres veces que visité el palacio no
me coincidió el que estuviese abierto, aunque debo decir que si
estuviese un poco más avispado lo hubiese visto por dentro, ya que
entre los meses de agosto y octubre de cada año está permitida la
entrada al interior del recinto. Visto el panorama, todos los curiosos,
incluido yo, tuvimos que conformarnos con contemplar esta fantástica
fortaleza desde su exterior y contentarnos con saber que, como manda
la tradición, la Reina de Gran Bretaña y de Irlanda del Norte (además
de ser Reina y Jefa de Estado de los 53 países que componen la British
Commonweath of Nations) estaba alojada en ese preciso momento en
el palacio porque la bandera británica ondeaba en su asta en lo alto del
mencionado palacio. Las colas de gente enfrente de las verjas del
exterior del palacio eran largas. Yo pude sentir el murmullo de
admiración de toda esa gente congregada, llegadas de todas partes del
mundo, que esperaban que la Reina saliese al balcón a saludarles y
poder sacar alguna foto en ese único y especial momento. Incluso, para
no desentonar, algunos patriotas británicos se atrevían a gritar y cantar
el God save the Queen (el “Dios salve a la Reina” es el título del himno
de Inglaterra). Sin embargo, la principal razón que hace reunir a tanta
gente enfrente de la entrada principal del palacio, es para presenciar el
impresionante Cambio de Guardia Real que se desarrolla aquí todos los
días a última hora de la mañana. En mi caso particular no conseguí
verlo, ya que había llegado tarde, aunque bien es cierto que podía ir
107

otro día con tiempo para poder presenciarlo, pero lo fui dejando pasar
día tras día que al final me quedé sin la experiencia de vivirlo en
persona. A pesar de eso, hice algo que siempre recordaré y que se hace
tradicionalmente cuando se va a visitar el Palacio de Buckingham. ¿A
qué me refiero?. Hablo de una fuente que hay en el exterior del Palacio
Real, justo enfrente. La hermosa y decorativa fuente, rematada con una
magistral escultura, se designa Queen Victoria Memorial, y es un lugar
donde la gente tiene por costumbre tocar sus cristalinas y limpias
aguas y echar monedas después de pedir un deseo. Yo, por no ser
menos, también lancé con toda mi ilusión una moneda al agua después
de pedir, eso sí, un deseo al que me reservo el desvelarlo.

LOS PARQUES
Pero Londres no es sólo descomunal gracias a la brillantez y
hermosura de sus palacios, también lo es por sus sensacionales,
enormes y extraordinarios parques y jardines, entre los que hay que
nombrar el de Hyde Park, Kensington Gardens, Green Park, Regents
Park, Richmond Park, etc. Estos lugares son la forma y el lugar
perfecto para desconectar y evadirse del ritmo de vida estresante y
vertiginosa de la gran metrópoli. «Sumergiéndose» en uno de esos
inmensos parques, el que los visita encuentra la armonía, tranquilidad
y paz suficiente gracias a ese contacto directo con la naturaleza, con el
ambiente saludable y por la gran cantidad de actividades deportivas y
recreativas que allí se dan. Es algo divino poder conocerlos en persona,
poder respirar su ambiente, poder contemplar y sentir su magia y
esplendor. Sinceramente, una de las primeras cosas que he hecho en
Londres nada más llegar y acoplarme a mi nueva residencia ha sido,
por supuesto, adentrarme en una de esas grandes «selvas» verdes que
allí hay para poder despejar y aclarar de esa manera mi mente confusa,
llena de todo tipo de dudas que se me planteaban las primeras horas y
días en Londres. Unas dudas provocadas en gran medida por la
inseguridad e incertidumbre de mi futuro allí. La verdad es que tengo
pocas palabras para describir la abrumación y el deleite que me
causaron los parques londinenses. Por eso prefiero ir narrando uno por
uno lo que allí vi y sentí, empezando por el parque más emblemático de
la capital, el de Hyde Park.

Hyde Park4 es el primero de los parques que he visto. La parada de


metro que le corresponde es Hyde Park Corner. Está situado en el
corazón de Londres, concretamente bordeando el distrito de Mayfair, y
108

es el parque real más grande, ya que alcanza un total de 310 hectáreas


de superficie verde (incluyendo Kensington Gardens). Hyde Park fue
abierto al público por el rey Carlos I en el siglo XVII y es un lugar muy
frecuentado por turistas llegados de todas las partes del globo. Es un
parque muy mundano y agitado. En este lugar es fácil encontrarse
gente tumbada en el césped relajándose y haciendo diferentes deportes,
como la equitación, el fútbol, el remo, críquet, etc., al igual que
comiendo en algunos de sus restaurantes que allí hay. También es lugar
de celebración de prestigiosos conciertos internacionales. Entre eses
conciertos hay que destacar el Live 8, realizado recientemente no sólo
en Londres, sino a escala planetaria, y que tenía como fin influir en la
cumbre del G-8 (grupo de 8 países más ricos del mundo) celebrada en
Escocia para que condonasen la deuda de los países más pobres del
Tercer Mundo. Una cumbre condicionada por los atroces y execrables
atentados terroristas suicidas acaecidos en varias estaciones del metro
londinense, así como en un autobús de dos pisos. Dicho atentado causó
varias decenas de víctimas mortales y cientos de heridos. La verdad es
que era más que previsible estos atentados en Londres, ya que durante
mi estancia en dicha ciudad había sólidos indicios, según Scotland
Yard, de un eventual ataque químico o bacteriológico en la capital,
sobre todo en el metro. De hecho, el día de mi vuelta a Galicia en mi
primera etapa estaba en el aeropuerto en donde iba a coger el avión de
regreso, en este caso en el aeropuerto de Heathrow, la policía
metropolitana vigilando e inspeccionando la zona para evitar cualquier
atentado terrorista. Unos terroristas que tratan de desestabilizar el
orden democrático y que atentan contra algunos de los principios más
fundamentales que tiene el ser humano. El fin que pretenden estos
delincuentes, no justifica sus medios. No hay ninguna «guerra santa»
que proclamar a los cuatro vientos. Ese término fue sacado de la manga
por algunos fanáticos religiosos para justificar su comportamiento
violento y sanguinario, y para crear más odio, rencor y división entre
Occidente y Oriente. O mejor dicho, para crear un conflicto ilegítimo
entre el Cristianismo y el Islamismo. Entramos en el nuevo milenio con
un nuevo enemigo llamado terrorismo. Una lacra que causa verdaderos
crímenes contra la humanidad. La verdad es que en el fondo no quiero
seguir escribiendo más sobre este tema abominable, porque si lo
hiciese, estaría dándoles la razón a los terroristas que intentan romper
con nuestra vida cotidiana y normalidad, para meternos, en definitiva,
el miedo en el cuerpo. Por eso, como la solución para acabar con esta
lacra no está en mis manos, sino de los políticos y máximos
109

gobernantes, seguiré mi crónica sobre mi estancia en Londres, no sin


decir que a pesar de la alarma social creada a nivel mundial debido al
terrorismo y, sobre todo, después de los atentados terroristas islamistas
acaecidos en esta ciudad, Londres es paradójicamente una de las
ciudades más controladas, vigiladas y seguras del mundo. ¿Por qué
digo esto? Sólo basta observar la gran cantidad de cámaras de circuito
cerrado implantadas a lo largo y ancho de la ciudad, tanto en las
estaciones de metro, en las paradas y en el interior de los autobuses, en
las calles más concurridas, en los organismos públicos, en los
complejos deportivos, en los centros culturales, etc., haciendo de esta
urbe como una especie de “Gran Hermano” en el que cada acto o
comportamiento sospechoso es captado por las cámaras, alertando a la
policía metropolitana ante un eventual atentado terrorista. Unas
imágenes captadas por esas cámaras de seguridad, las cuales están
conectadas a potentes ordenadores de gran memoria y que después de
escanear los rostros de los transeúntes, de cotejar sus huellas dactilares
y examinar si se ajusta al retrato robot que se encuentra registrado en
la base de datos de los ordenadores, en la cual se encuentran
registrados los terroristas más buscados por la policía metropolitana de
Scotland Yard, así como por la CIA, el FBI, la Interpol y otras
organizaciones, avisándoles de inmediato para evitar cualquier
atentado terrorista. Aparte de eses dispositivos de seguridad como son
las cámaras, bastantes de ellas inalámbricas, hay que citar la
combinación de otras vanguardistas tecnologías, como la biometría, el
archivo de datos y los bancos de ADN, que han servido para
perfeccionar y garantizar en todo momento la seguridad de los
ciudadanos que residen en Londres. Un dato muy elocuente que refleja
la fiebre que existe esta ciudad y en todo el país por la seguridad
ciudadana, lo tenemos en el hecho de que exista una cámara de
seguridad por cada 14 habitantes que se encuentren en la calle,
pudiendo ser captada una misma persona por esas cámaras unas 300
veces al día. Con eso lo digo todo.
Después de narrarles el grado de seguridad que existe en Londres,
seguiré mi comentario sobre Hyde Park diciendo que fue aquí donde se
celebró la primera gran exposición universal de productos
manufacturados de todos los países del mundo. El rey Jorge II hizo que
se añadiese el lago artificial de la Serpentina en el año 1730. La reina
Carolina influyó para que el proyecto de remodelación del parque se
llevase a cabo. Acabados los trabajos de construcción del nuevo lago, se
posibilitó la navegación de algunos barcos para el uso de la Familia
110

Real. El inmenso lago es el lugar perfecto para aquellos intrépidos que


quieran alquilar una barca e incluso bañarse allí. Algo muy curioso es
que, como costumbre ancestral, la gente se bañe el mismo día de
Navidad, aun teniendo que soportar las gélidas aguas del lago. Muy
cerca de allí se encuentra la Serpentine Gallery, lugar en donde se
realizan exposiciones de arte contemporáneas. Otro lugar célebre de
Hyde Park es Speakers Corner. Por este sitio pasé en varias ocasiones,
en una de ellas acompañado de varios amigos españoles de mi
residencia. Está situado es la esquina nordeste del parque, cerca de
Marble Arch. En este sitio, comúnmente denominado “el rincón de los
oradores”, se producen todo tipo de reuniones y mítines reivindicativos,
antiguamente prohibidos, sobre cualquier tema y que acoge a una gran
multitud de curiosos y simpatizantes.

Aparte de Speakers Corner, hay otros partes de gran interés en


Hyde Park, como es Aspley House, lugar de residencia del duque de
Wellington, famoso por su victoria en la guerra de Waterloo frente a
Napoleón en el año 1815. En esta casa se encuentra además el
Wellington Museum, en donde se exponen pinturas de grandes artistas,
como Rubens, Velázquez, Delacroix, etc.

Ya por último, otro sito para visitar en este importante parque que
frecuenté en muchas ocasiones, a veces solo y otras veces acompañado
de amigos, es el Rotten Row, lugar que antiguamente se le apodaba la
carretera del Rey y que cambió de designación por el nombre actual.
Fue de los primeros sitios en donde se decidió iluminar con farolas
puestas en sus árboles para persuadir e identificar a los vagabundos y
delincuentes que allí prodigaban. Esta mala fama hace que sea poco
recomendable visitar esta parte del parque durante la noche.

Si este parque es aconsejable visitarlo, no menos fama e


importancia se merece el parque que está al lado llamado Kensington
Gardens5. Este lugar era privado y pertenecía antiguamente a la
Corona Real. El rey Guillermo IV decidiría abrirlo al público,
acondicionando un paseo fluvial. Tiene la ventaja de ser un parque más
tranquilo, más aristocrático y familiar que muchos otros parques
londinenses. Por estos parajes hay varias esculturas y monumentos,
entre ellas están la de Peter Pan, personaje célebre de la factoría
Disney que hace atraer a muchos niños y ancianos a estos lugares, y el
espectacular Albert Memorial. Este monumento está ubicado en la
parte sur del jardín y fue erigido en homenaje al príncipe consorte
111

Albert, marido de la reina Victoria de Inglaterra. Es el Albert Memorial


un monumento victoriano protegido por una glorieta de estilo gótico
que supera los 50 metros de altitud. Por si fuera poco, este seductor
parque que he tenido el privilegio de conocer de primera mano, ofrece
al turista que lo visita el placer de poder recrear la vista en su bonito
estanque, el Round Pond. Este lago consigue atraer a multitud de
jóvenes que practican diferentes y variadas actividades deportivas y
recreativas, tanto en el propio lago como en sus alrededores.
Actividades como la navegación con veleros o barcas, la natación, los
picnics, la lectura, etc.
En definitiva, Kensington Gardens es un parque grande y bello que
ofrece muchas posibilidades a la hora de relajarse, disfrutar de la
naturaleza, evadirse del estrés, para recrearse y disfrutar del lugar
practicando diferentes actividades deportivas o recreativas, y un sin fin
de razones que hacen que sea probablemente el parque mejor reputado
de Londres. Así que, por mi propia experiencia, le aconsejo al lector
que no dude en visitarlo por un momento, si algún día decide
emprender un viaje a esta ciudad.
Otro parque que visité es el peculiar Regent’s Park6. Este enorme
parque abarca un total de 200 hectáreas de superficie. Está considerado
por mucha gente como unos de los parques más bellos, grandiosos y
acogedores de la ciudad. Antiguamente, este lugar pertenecía a la
Realeza que lo utilizaba para cazar. Fue el príncipe regente por aquel
entonces y futuro rey Jorge IV quien encomendó a John Nash
transformar el parque en un auténtico jardín. Curiosamente, el parque
se halla rodeado por una carretera circular (de ahí su forma
redondeada). En la parte norte del parque uno se puede encontrar con
un zoo, el Zoological Gardens, lugar que alberga cerca de 1200 especies
animales y en la que, además, hay una amplia biblioteca con decenas
de miles de libros expuestos para comprender y saber mejor las
costumbres de todas estas especies del mundo animal. Singularmente,
el parque además está lleno de alamedas, terrazas con sus
monumentales fachadas pertenecientes a la alta burguesía y estanques
de agua limpia y cristalina. También se pueden ver, cómo no, algunas
esculturas y otras muchas cosas interesantes que hacen de estos parajes
un verdadero jardín del Edén. De todos estos lugares que forman parte
del Regent’s Park, hay varios de ellos que resultan muy emotivos y son:
el Queen Mary’s Garden, rebosante de rosaledas; el Open Air Theater,
en donde se tiene por costumbre durante las estaciones estivales llevar
112

a cabo algunas representaciones de música clásica; y el Saint John’s


Lodge, una espléndida villa rodeada por un jardín cuidado con mucho
esmero. Por último, también hay un hospital y una mezquita
musulmana.
Uno de sus innumerables parques que más interés tuve en visitar,
después del Hyde Park y Kensignton Gardens, es el St. James’s Park7,
situado cerca del Palacio de Saint James. Este parque de 38 hectáreas es
el más antiguo de los parques Reales que hay en todo Londres. Es
también el que menos hectáreas ocupa y menos silvestre de todos ellos.
Fue a iniciativa del rey Enrique VIII quien creó en esta zona,
antiguamente pantanosa, un parque para utilizar como lugar de recreo
y pasatiempo para la Corona Real, entre los Palacios de St. James y el
de Whitehall. El paisaje del St. James’s Park fue remodelado en varias
ocasiones por varios arquitectos, entre ellos Nash. Fue por orden del
rey Carlos II quien decidió abrir estos jardines al público para que
gozasen y se deleitasen de su enorme encanto. Actualmente, en el
centro del parque hay un maravilloso lago conocido como “La isla de
los patos” por el que pasa un pequeño puente por encima del agua y en
donde, por costumbre, nadan elegantemente los cisnes en sus aguas.
Sin duda, es una hermosa estampita, ideal para grabar con una cámara
de vídeo o para inmortalizar sacando alguna foto, como las que yo
saqué de este lugar. No es para menos, ya que el conjunto paisajístico
que compone el parque es fenomenal. Toda su flora, incluyendo
además del lago, la gran cantidad de arbustos, senderos, flores, cipreses,
etc., así como su fauna repleta de animales, como ardillas, cisnes,
pelícanos, gaviotas, patos, pájaros o cualquier otro tipo de ave real
hacen que este lugar constituya una de las principales reservas
ornitológicas de todo Londres. Este perfecto lugar, al igual que lo son
otros parques londinenses, han servido y siguen sirviendo como fuente
de inspiración para poetas y artistas consagrados y conocidos, como
Oscar Wilde, Virginia Woolf y William Shakespeare, quienes han
escrito largos y bellos poemas que describen la vida y el encanto de
estos divinos parajes.

Ya para finalizar, debo detenerme en dos de los parques que, por ser
menos famosos y ambientados, no dejan de ser interesantes y
llamativos visitarlos. Estoy hablando de Green Park y Richmond Park.
El primero de ellos, Green Park, está situado al lado de los jardines
del Palacio de Buckingham y es de menor tamaño que el St. James’s
113

Park (concretamente tiene 22 hectáreas). Este parque es realmente


atractivo gracias a las grandes praderas verdes que hay, a sus diferentes
tipos de arbusto, a la presencia de alguna fuente y por sus largos y
anchos paseos peatonales. También es acogedor por ser un lugar muy
ambientado por gente que va montada en bicicleta, a caballo, paseando
en patines o a pie, o por parejas de enamorados que circulan felizmente
por el parque. Es, sin la menor duda, el escenario perfecto para
practicar diferentes actividades recreativas lúdicas y deportivas. Yo, en
un par de ocasiones, me he adentrado en este rejuvenecedor parque
para romper con la monotonía del día a día suscitada en gran parte por
el trabajo. También acudía para despejarme y revitalizarme
anímicamente en aquellos momentos contados en los que estaba algo
bajo de moral.

Ya para finalizar mi comentario sobre los parques londinenses, no


puedo olvidarme de otro de ellos por su gran peculiaridad, tamaño y
biodiversidad. Estoy hablando de Richmond Park8. Este vasto parque
público está situado al este de la ciudad, muy cerca precisamente de
Fulham, distrito en donde residí el último mes de mi estancia en la
capital en mi segunda etapa, antes de mi vuelta a Galicia. Este lugar, en
sus tiempos privado, estaba reservado para que la Realeza practicase la
caza. Tiene una superficie total de 951 hectáreas, lo que significa que es
el parque más grande con diferencia de todo Londres. En este inmenso
parque no podían faltar sus diferentes lagos que engrandecen más si
cabe este inédito lugar. También hay en sus bosques y valles una gran
variedad de tipos de arbusto, la mayoría robles de muchos siglos de
antigüedad y algunos estanques en los que frecuentemente se pueden
ver algunos cisnes y aves acuáticas nadando con mucho desparpajo.
Además, curiosamente, es el único parque londinense en donde uno
puede contemplar ciervos sueltos y al «libre albedrío» pastando y
corriendo por sus zonas verdes. También hay otros tipos de animales,
ya sean roedores, voladores o mamíferos, de ahí su biodiversidad en
cuanto a su variada fauna y flora. Por eso, este parque, más parecido a
una selva, nunca ha perdido ese encanto y poderío que posee, haciendo
las delicias del paladar a aquellas personas que buscan algo insólito,
único y diferente a lo generalmente establecido. Sin embargo, he de
confesar que desafortunadamente no he visitado este mágico lugar,
quizás porque creí que lo había visto todo de Londres y resulta que así
no fue. Todavía tengo un asunto pendiente que cumplir. Ese asunto
pendiente es, lógicamente, ver este parque, si algún día tengo la suerte
de volver a Londres.
114

A la izquierda aparezco yo en un primer plano y en la imagen de fondo el Palacio de Westminster, de estilo


victoriano. En la foto de la derecha me encuentro yo en un primer plano y en el plano fondo el fastuoso
Palacio de Buckingham.

En la foto de la izquierda aparezco yo en el plano de fondo en Saint James Park, lugar de inspiración para
muchos poetas. A la derecha se puede apreciar el inmenso lago de la Serpentine de Hyde Park y Kensington
Gardens.

A la izquierda aparece mi amigo Miguel con su novia inglesa Claire en Kensington Gardens. En la imagen
de la derecha aparezco yo en un primer plano y en la imagen de fondo se puede apreciar el parque de
Greenwich, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
115

A la izquierda se puede apreciar otra vista del espectacular Palacio de Buckingham. A la derecha se observa
el asombroso cambio de Guardia Real en el Palacio de Buckingham.

A la izquierda se puede observar parte del acogedor y ambientado parque de Hyde Park. A la derecha se
puede apreciar una ardilla en un árbol, lo cual refleja el contacto con la naturaleza y el mundo animal de los
parques londinenses.

A la izquierda aparezco yo en un primer plano y en la imagen de fondo el parque de Greenwich, la Queen`s


House y los edificios de Canary Wharf. A la derecha una escultura fenomenal de Sherlock Holmes.
116

8º EL LONDRES ARTÍSTICO DE LOS DESCOMUNALES MUSEOS


Y TEATROS
Una de las principales razones por las que quería vivir en Londres
durante un tiempo era porque deseaba entrar y observar
detenidamente cada una de sus imponentes museos que se encuentran,
sobre todo, en la zona centro de la ciudad. Estos recintos son
verdaderos «santuarios» artísticos y culturales que atraen todos los
años a millones de turistas de todo el mundo. Museos como la National
Gallery, Wallace Collection, British Museum, el Madame Tussauds,
Science Museum, etc., gozan de máximo prestigio y fama mundial,
siendo lugares de obligada visita para aquellos turistas que viajan a
esta ciudad. Cada museo es un mundo aparte en el que nada deja
indiferente a nadie, si uno se embulle en su interior. La verdad es que
casi no tengo palabras para expresar en su justa medida mi sentida
admiración y asombro que me han causado los museos de Londres.
Aunque sí podré decir que me resultó profundamente fascinante,
sorprendente y cautivador conocer y contemplar personalmente las
innumerables reliquias y restos artísticos expuestas en esos «templos».
La mayoría de los museos que he visitado han sido afortunadamente
gratuitos, aunque no todos. Además, debo decir que muchos de ellos
que he conseguido ver, he acudido yo solo por la sencilla razón de que
me gusta echar mi tiempo para observar con más detalle y atención
cada obra exhibida.

El primero de los museos que he visitado ha sido, cómo no, la


National Gallery1 (Galería Nacional), situada en Trafalgar Square. Este
museo es uno de los mejores del mundo en su género, comparable en
fama y prestigio a los museos del Louvre de París, al Prado de Madrid y
al MOMA (Museum of Modern Art) de Nueva York y el Guggenheim
de Bilbao. A este lugar acudí un fin de semana y entré yo solo gratis,
eso sí, no sin quedarme anonadado al observar desde su exterior su
impresionante fachada frontal de sus columnas de estilo corintio. Ya en
el interior del museo, fundado en el año 1824 y mantenido con fondos
públicos, se encuentra albergada una colección nacional de pintura
europea que alcanzan un total de 2300 lienzos realizados entre los años
1250 y 1900 por grandes artistas pertenecientes a las principales
escuelas pictóricas de Europa. Esta colección está repartida en interior
del museo por 4 alas correspondientes a diferentes periodos en función
de la época de datación de las obras (todo ello situado en la planta
117

principal). Las 4 alas son: el Ala Sainsbury, Ala Oeste, Ala Norte y Ala
Este.
En el Ala Sainsbury se encuentran cuadros pintados entre los años
1250 y 1500 pertenecientes a artistas como Piero della Francesca,
Botticcelli, Leonardo Da Vinci, Rafael, Giovanni Bellini, etc.

En el Ala Oeste se encuentran lienzos pintados entre los años 1500 y


1600 y han sido creados por Tizinano, Miguel Ángel, Holbein,
Veronose, El Greco, entre otros.
En el siguiente Ala, el Ala Norte, las obras se encuentran datadas
entre los años 1500 y 1700 y sus autores son Rubens, Van Dyck,
Caravaggio, Poussin, Velázquez, además de otros autores.

Ya por último, en el Ala Este, las obras pintadas están comprendidas


entre los años 1700 y 1900 y pertenecen a artistas también
consagrados, como Van Gogh, Monet, Renoir, Turner, Canaletto y
algunos otros más.

De todas esas salas, una de las que más caló hondo en mi mente fue
la sala de pintores renacentistas italianos en donde se exhibían cuadros
sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, el personaje
más importante, universal y representado de la historia. La verdad es
que se me ponía la piel de gallina al ser consciente del gran valor
económico de todos esos lienzos, y al saber que hay gente muy rica que
es capaz de pagar cantidades astronómicas por dichas obras. Yo lo
máximo que pude conseguir fue admirarlas personalmente desde muy
cerca, que ya no es poco.
El siguiente de los museos que he visto, siempre sin someterme a
una ruta marcada o preestablecida, ha sido el renombrado Wallace
Collection2 (Colección Wallace), situado en la zona centro de Londres,
más precisamente en Manchester Square. Allí acudí y entré yo solo
gratis un fin de semana. Una vez dentro pude presenciar un conjunto
de obras de arte reunidas en el siglo XIX por el adinerado Richard
Wallace y que posteriormente fueron donadas al gobierno británico el
siglo pasado. La colección está formada por cuadros, esculturas,
armaduras y objetos de distintas artes decorativas. Es una de las
colecciones más importantes de ámbito personal de su tiempo. Sir
Richard Wallace y su abuelo Hertfor consiguieron reunir muchos de
estos lienzos gracias a la descomposición de las familias pertenecientes
118

a la nobleza durante esos años. Después de la sangrienta y atroz guerra


franco-prusiana acaecida en los años 1870 y 1871, Wallace compró una
gran cantidad de armaduras. En esa misma época se trasladaría con su
familia de residencia para ubicarse en donde está actualmente el museo
que lleva como denominación su propio nombre, en homenaje a lo que
representó para este país este personaje.
De todas las obras allí exhibidas hay que resaltar de manera
significativa las obras francesas del siglo XVIII, con sus majestuosos
muebles de los mejores autores, bronces, porcelanas y pinturas de los
más importantes artistas. Como curiosidad, el mobiliario francés
perteneciente a ese siglo es de una enorme belleza y relevancia, puesto
que provenían de los palacios de Versalles y Fointaineblau. También
destacan una colección de cajas de oro expuestas en una de sus salas y,
en otra sala, de porcelanas. De origen francés hay también reliquias de
pintores del siglo XVII, como Poussin, Eugene Delacroix, Rousseau,
etc.
En cuanto a los pintores ingleses hay que nombrar entre otros a
Bonington y Turner, así como a retratistas del siglo XVIII, como
Reynolds y Gainsborough. Pero además hay artistas de otras
tendencias artísticas y escuelas, como, por ejemplo, los italianos
Andrea del Sarto, Tiziano y Canaletto. También hay algún artista
español, como Velázquez, y una gran cantidad adicional de pintores
flamencos y holandeses. De éstos últimos hay que mencionar a Rubens,
Van Dyck y Frans Hals.
De todos esos cuadros pertenecientes a distintos autores, épocas y
estilos, los que más me han calado hondo y maravillado son los cuadros
paisajísticos de Eugene Delacroix, el retrato de estilo renacentista de la
Virgen y el Niño Jesús con San Juan Bautista y los Ángeles del italiano
Andrea del Sarto, las vistas venecianas de Canaleto y Rubens con su
paisaje esplendoroso en el que plasmó un arco iris. Aparte de estos
cuadros, también me impresionaron algunos objetos miniaturas de
estilo isabelino, o en plan más decorativo, una campana irlandesa del
siglo VII con incrustaciones de piedras preciosas.

Si tengo que nombrar algún museo que más me halla causado una
grata impresión es, sin duda, el Royal Observatory of Greenwich3
(Observatorio Real de Greenwich) situado en el meridiano cero,
Greenwich. Este Observatorio, fundado en el año 1675 por el rey
119

Carlos II, se construyó con el propósito concreto de realizar trabajos


que ayudarían a solventar el problema de encontrar la longitud en el
momento en que se estuviese navegando lejos de la costa. En tierra era
fácil calcular la longitud utilizando instrumentos topográficos, pero en
el mar resultaba imposible, ya que su superficie no tenía ningún rasgo
distintivo. Para Gran Bretaña, una nación rodeada completamente por
mar, se le planteaba el dilema de encontrar un sistema que sirviese
para determinar la longitud desde el mar. Una ingeniosa solución a este
problema era utilizar las estrellas y el movimiento gravitatorio de la
Luna como si de un reloj enorme colgado se tratase. Fue entonces
cuando el rey Carlos II en el año 1675 nombró a John Flamsteed como
su astrónomo real. Este personaje recibió una estricta educación en
astronomía y cartografía para dedicarse con la mayor precisión y
sutileza a investigar los movimientos de las estrellas, los cometas y la
Luna, y para crear precisas tablas astronómicas que sirviesen para
descubrir la tan deseada longitud de cualquier lugar y perfeccionar la
navegación. Esto le valdría en el futuro a Gran Bretaña para
convertirse en el productor más importante de cartas marinas en los
siglos XVIII y XIX.

Hasta mediados del siglo XIX cada país usaba su propia fórmula
para la medición de la longitud. Sin embargo, con la necesidad de
implantar un sistema de longitud y cronometría aceptado
internacionalmente, se celebró a finales del siglo XIX un Congreso
Internacional en la capital de EE.UU., con la finalidad de abordar este
asunto. Tras un mes de deliberaciones entre más de 20 países, se
adoptó la importante decisión de declarar como Longitud 0º, meridiano
principal para todo el mundo, a Greenwich. También se decidió que la
longitud debería de medirse en dos direcciones desde el meridiano
principal: una sería longitud este, con signo positivo, y otra sería la
longitud oeste, con signo negativo.
Después de este pequeño repaso histórico del Observatorio,
necesario en todo momento para entender su significativa «leyenda»,
debo decir que antes de llegar al museo, el cual estaba situado en una
colina del parque de Greenwich, pocas veces me había sentido tan
absorto y abrumado por la hermosura del conjunto arquitectónico y
paisajístico que se encuentra en Greenwich, declarado recientemente
como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Conjunto formado
por The Old Royal Naval College (Antiguo Colegio Real Naval), la
Queen’s House (La Casa de la Reina), el National Maritime Museum
120

(Museo Nacional Marítimo) y el Royal Observatory (Observatorio


Real). Pero, como no podía faltar, también está el parque de Greenwich
con sus inmensas praderas verdes y sus robustas y antiquísimas
arboledas, haciendo que sea el lugar ideal para aquellos turistas que
buscan paz, relajación, contemplación y sobre todo armonía y contacto
directo con la naturaleza, fuera de los agobios cotidianos que causa la
ciudad. Es como vivir en el campo a cientos de kilómetros de la ciudad,
evadiéndose de los problemas y del mundanal ruido.
Algo que me llamó mucho la atención mientras iba de camino hasta
el Observatorio, fue el hecho de ver una ardilla juguetona que corría y
saltaba de un lado a otro sobre la hierba. Después de superar el
cansancio de mi caminata hasta lo alto de la colina, conseguí como
recompensa acceder gratis al interior del museo. El Observatorio está
dividido en tres edificios: el Courtyard, la Flamsteed House y el
Meridian Building.
En el Courtyard (Patio) se encuentra el Primer Meridiano del
mundo, que marca la frontera entre el hemisferio oeste y el hemisferio
este y que fue establecido como el meridiano de longitud 0º en una
conferencia, ya mencionada anteriormente, en Washington D.C., en
1884. En el Primer Meridiano se puede presenciar además una bola del
tiempo en lo alto de la torre este de la Casa de Flamsteed, que sirve
como instrumento para proporcionar una exacta señal a aquellos
marineros que podían utilizar sus cronómetros. También hay un
telescopio que permite ver el «skyline» de Londres y el Times
Certificate, una máquina que sirve para que aquellos turistas que lo
deseen, consigan un documento imprimido que certifica su estancia en
dicho lugar con su día y hora exacta. Ya por último, no puedo
olvidarme de algo que también me ha asombrado, la Cámara Obscura,
situado en un local pegado a la Casa de Flamsteed, en el que pude
obtener en su interior una visión panorámica de la vida y edificios de
Londres proyectada sobre una tabla.

En la segunda edificación, la Flamsteed House (Casa de Flamsteed),


hay también varias partes. En la primera de ellas pude contemplar una
exposición puesta en una galería referente a la historia de la
astronomía. Entre las reliquias expuestas me llamaron la atención por
su originalidad y peculiaridad algunas esferas, relojes de arena, algunas
maquetas y planos de barcos, al igual que algunos manuscritos y
documentos públicos muy antiguos. También había telescopios
121

pequeños, o el primer catálogo de astrología de este astrónomo inglés,


y otros objetos muy singulares y antiquísimos. En la segunda parte me
pude encontrar con los apartamentos de los Astrónomos Reales que
aquí vivieron antes de que fuese ocupada por Flamsteed. En la tercera
parte pude acceder al Cuarto Octogonal, un lugar hecho para el
entretenimiento y la contemplación del entorno paisajístico y que, en
su día, utilizando un preciso y complejo reloj, este lugar servía para
ayudar al mencionado astrónomo a determinar la velocidad de rotación
de la Tierra. También se exhibía a través de una pantalla de televisión
una imagen interactiva de la Tierra girando a sí misma, al igual que un
mapa digital con varias teclas con las principales ciudades del mundo y
que, pulsando cualquiera de esas teclas, se podía obtener la longitud y
hora exacta de esa ciudad en relación con el Meridiano 0°. Además,
había varios instrumentos científicos de cronometría y de astronomía
en este Cuarto. En la cuarta parte se encuentra la Galería de Harrison,
en la que se ilustran varios proyectos que pretendían solucionar el
problema de encontrar la longitud en el mar. Afortunadamente, dichos
proyectos que se relacionaban con la creación de varios relojes y
cronómetros marinos expuestos en su galería resultaron un éxito
gracias a la labor de este talentoso relojero, John Harrison. En la última
parte, la quinta, me encontré con la Galería del Tiempo, la cual resume
la historia del Tiempo en Greenwich.
La última edificación, el Meridian Building (Edificio Meridiano),
para no contrastar, también está divido en diferentes partes. La primera
de ellas es la Galería de Exhibición Temporal en la cual, como su
nombre indica, las exposiciones aquí exhibidas cambian
aproximadamente cada 6 meses, mostrando diferentes ópticas de la
colección del Museo Nacional Marítimo. En la segunda parte, el
Meridiano Halley, designada así en honor al segundo Astrónomo Real,
Edmond Halley, se encuentran dos cuartos murales muy aclamados en
los años 1725 y 1750. La tercera parte del Edificio Meridiano es el
Meridiano Bradley, definido en homenaje al tercer Astrónomo Real,
James Bradley, y que fue utilizado por el Servicio Estatal de Cartografía
usando el primer mapa oficial de Gran Bretaña a finales del siglo
XVIII. La cuarta parte, el Tubo de Transito de Airy, diseñado en el año
1851 por el séptimo Astrónomo Real, George Airy, es un instrumento
que fue usado para realizar aproximadamente unas 6000000
observaciones y que estuvo en uso durante más de 100 años. Además,
el mencionado instrumento sirve para tomar muy precisas medidas de
longitud, una de las razones decisivas para que finalmente el Primer
122

Meridiano del mundo fuese fijado en esta zona de Londres, Greenwich.


En la quinta parte, la Galería de Astronomía Moderna de Weller, se
puede presenciar un gran telescopio, una computadora para investigar
la astronomía de las estaciones, al igual que se puede apreciar un
aparato de espectroscopia que sirve para mostrar la composición de las
estrellas y cómo son estudiadas. La sexta parte, la Cúpula, en donde
está el Telescopio de 28 pulgadas, es un lugar, cuyo techo tiene forma
de cúpula, y en la que se encuentra el telescopio más largo de su estilo
en Gran Bretaña. También fue usado y sigue usándose en la actualidad
el sitio para observar estrellas y cometas. La séptima y penúltima parte
es el Edificio Altazimuth, un recinto usado originalmente para realizar
observaciones lunares y que, hoy en día, es la casa del renacimiento de
la fotoheliografía, un sofisticado aparejo utilizado para realizar
observaciones del Sol. Además, uno se puede encontrar con una veleta
de viento que representa el Cometa Halley. En la última parte se
encuentra el Edificio Sur y el Planetariaum, originalmente llamado el
Nuevo Laboratorio Físico y que, en la actualidad, se ha convertido en el
conservatorio y en el departamento de astronomía del Observatorio
Real. El Planetarium expone una gran variedad de modelos de cielos
nocturnos que tienen lugar durante el año.
En todo museo no podía faltar, además de sus exposiciones, como es
lógico, las típicas tiendas comerciales. El Observatorio Real no era la
excepción a la regla, ya que allí se vendían en The Star Shop una
amplia gama de artículos, singulares souvenirs, relojes de pared y de
muñeca, ropa, libros, postales, etc., que mucha gente compraba para
tener un recuerdo nostálgico de este fabuloso lugar. En cuanto a mí,
por no querer ser menos, saqué mi cámara de fotos e hice varias
instantáneas del museo y de todo el entramado monumental,
arquitectónico y paisajístico de Greenwich. Dichas fotos las tengo
reveladas y cada vez que las vuelvo a ver, me inspiran muy buenos
recuerdos y vibraciones. Por eso, en cierta manera, esas fotos
especiales las tengo guardadas no sólo en mi cajón, sino que además
las tengo muy grabadas en lo más profundo de mi corazón.

El siguiente museo que voy hablar es el National Maritime Museum4


(Museo Nacional Marítimo), situado también en Greenwich.
Lógicamente, para poder llegar a ese punto tuve que coger el metro en
la estación de Oval, la cual está muy cerca de mi residencia, cambiarme
en varias ocasiones de línea para llegar a mi última parada de metro, la
estación de Canary Wharf, perteneciente a la zona de los Docklands
123

(zona 2). En este lugar no sólo abundan los muelles y rascacielos de


estilo futurista y modernista, sino que además es una zona muy
financiera y capitalista. Ya en la estación de Canary Wharf, he tenido
que coger el tren de cercanías Docklands Light Railway hasta
Greenwich. En total, el viaje me llevó poco más de 50 minutos. Cabe
mencionar que a dicho museo acudí también solo y no porque tuviese
necesidad de amigos, pues ya los tenía bien «establecidos», sino porque
yo siempre he sido muy tozudo con el tema de ver los museos yo solo,
ya que es la única manera de disfrutar más a mi aire y en su plenitud
de su encanto y esplendor. Allí mismo, en Greenwich, hay un puerto
fluvial en el que se encuentran amarrados, aparte de varios yates y
barcas, el Cutty Surck, un barco de vela antiguo, famoso por ser una
marca de una bebida alcohólica escocesa.

Debo comentar antes de nada que yo no tenía planificado de


antemano visitar el National Maritime Museum y que, más bien, fue
mera casualidad o simple coincidencia haberlo visto. Yo había acudido
expresamente a Greenwich para ver el famoso Royal Observatory. El
verdadero motivo por el que decidí entrar en el National Maritime
Museum fue por mera curiosidad. Me había dicho a mí mismo: “si ya
estoy aquí, no tengo nada que perder viéndolo por dentro y máxime
cuando me pueda proporcionar una nueva experiencia positiva que me
sirva para crecer interiormente y ampliar mi cultura, madurez y
saber”. Así que, después de pensar eso, no dudé en entrar. Una vez que
conseguí acceder gratis a su interior, me encontré con una azafata que
me dio unos folletos en los que se mostraban varios mapas y planos
con las distintas secciones y características del museo. La anécdota es
que esa azafata que me atendió era paisana mía, una simpática gallega
de la ciudad de Vigo, con quien estuve un buen rato intercambiando
impresiones sobre su fácil adaptación a la vida y al trabajo en la capital
inglesa. Aunque, según ella, después de llevar más de 5 años viviendo
en Londres, todavía sentía por momentos aquella «morriña» por volver
a su nostálgica y legítima tierra gallega. Dentro del museo estuve no
más de una hora observando cada reliquia y obra que allí se exhibía.
Cabe señalar que, a pesar de que yo no lo hice, en el museo se pueden
contratar guías con dominio de diferentes idiomas (generalmente, este
servicio lo ofrecen todos los museos), los cuales conocen a la
perfección las distintas secciones y exposiciones que hay en el interior
del edificio. Las distintas galerías, que se distribuyen a lo largo y ancho
del museo, tienen diferentes designaciones, dependiendo, lógicamente,
de la temática a tratar.
124

Algunas de las galerías que hay que resaltar de este genuino museo,
son: la galería All ands (Toda la Tripulación), dedicada para los niños y
en la que se muestra las técnicas y tecnología del mar utilizadas en el
pasado y en el presente. Se incluye exhibiciones interactivas
relacionadas con la propulsión, artillería, submarinismo, etc., y en la
que uno se puede encontrar con una sala de actividades utilizada para
talleres y eventos; la galería de Art and the Sea (El Arte y el Mar) en la
que se muestran las distintas ópticas o visiones que tiene la cultura
europea sobre el mar; la galería de Future of the Sea (El Futuro del
Mar), una exhibición que proporciona una óptica global de los temas
cruciales a los que se enfrenta el hábitat marino en el nuevo milenio y
resalta la necesidad de preservar y mejorar este recurso; otra galería es
la de Hidden Treasures (Tesoros Escondidos) en la que se encuentra
una exposición de maquetas verdaderamente extraordinarias de barcos
y submarinos del propio Museo Marítimo que tienen una antigüedad
de 4 siglos; la dedicada a Nelson, haciendo un repaso a toda su
biografía, con diferentes lienzos sobre este personaje británico; otra
galería que mayor interés y expectación causa entre sus visitantes es la
de Explorers (Exploradores), la cual tiene como finalidad ofrecer a los
visitantes curiosos una visión informativa de la historia de la
exploración y sobre cómo esta ha dado forma a nuestro planeta. Esta
galería se refiere a los polinesios y vikingos, pasando por Cristóbal
Colón y los exploradores europeos del siglo XVI, o abordando historias
a veces dramáticas sobre la exploración británica de siglo XIX en la
que viajaban arriesgadamente a las aguas heladas de los polos; y
finalmente, la de Passangers (Pasajeros), la cual descubre los motivos
por los que la gente viajó por los océanos durante los siglos XIX y XX
y estudia los barcos que los transportaron. También trata, si mal no
recuerdo, sobre los grandes transatlánticos, y como no podía faltar,
también estaba la dedicada al prestigioso Titanic. En esa misma
galería, la del Titanic, he podido presenciar una vitrina en la que se
exhibía un pequeño reloj de agujas de bolsillo de uno de los pasajeros
del malogrado transatlántico, así como el pasaje de embarque de uno
de sus pasajeros. También había una pequeña pantalla televisiva en la
que mostraba un corto documental sobre el barco. La anécdota que viví
fue que conocí a una simpática y dulce australiana que estaba viendo la
galería (estábamos los dos solos) y me inspiró la suficiente confianza
para contarle en inglés la historia del Titanic que yo había memorizado
de un libro de texto, la cual recito con muy buena pronunciación y con
cierto acento inglés. Ella entendió prácticamente toda mi narración,
125

cosa que me entusiasmó mucho. Posteriormente me despediría de ella,


agradeciéndole su amabilidad y su conducta receptiva.
En definitiva, este Museo Nacional Marítimo, considerado el más
importante del mundo en su género, es un rico manantial de
conocimiento sobre la historia, el arte y cultura del mar.

De la gran calidad y variedad de museos que hay en la capital


londinense, no puedo olvidarme de uno los museos más interesantes y
atractivos: el Science Museum5. El horario de apertura de este Museo
de las Ciencias es desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde, de
lunes a sábados (domingos de 11 de la mañana hasta los 8 de la tarde).
A este recinto acudí acompañado con dos amigos franceses con
quienes compartía la misma habitación en la residencia de
Camberwell. El precio de la entrada fue gratuita. El museo fue
inaugurado en año 1857 y en él se exhibe la historia, evolución y
avances acaecidos en los campos de la ciencia, la medicina y la
tecnología desde finales del siglo XVII hasta la actualidad. Nada más
entrar en el recinto, el cual tiene 7 plantas, me pude encontrar con el
Péndulo de Foucault, cuyo nombre tiene origen en el físico Jean
Bernard Leon Foucault, y que sirve para mostrar la rotación del planeta
Tierra. También me pude encontrar desde máquinas motrices y
rudimentarios aparejos científicos usados en el siglo XVII, hasta
sofisticados instrumentos de geofísica, o el famoso Módulo del Apolo
X, el cual permitió el importante viaje hasta la órbita lunar en su
primera misión tripulada por astronautas. También pude divisar
diferentes vitrinas exhibiendo uniformes oficiales utilizados por
algunos astronautas de la todopoderosa NASA, al igual que diferentes
maquetas sobre lanzaderas espaciales y satélites reales en tamaño
miniatura. En una de sus grandes salas, situada en la planta principal
del edificio, me sentí maravillado por una lujosa exposición de coches,
carruajes y algún aeromodelismo a motor de una larga antigüedad y
una exquisita conservación. También existen otras muchas reliquias
expuestas de un gran valor científico y técnico. Además, es preciso
mencionar que de vez en cuando suelen concertarse interesantes
exhibiciones no gratuitas, como son la de James Bond o The Artefact
Exhibition, ésta última de un gran valor artístico y cultural, ya que se
puede ver una reproducción exacta de algunas partes del interior del
Titanic. Además, en esta exhibición del Titanic se puede obtener un
repaso cronológico de su historia y observar objetos y artefactos
personales rescatados del propio transatlántico, hundido en la
126

madrugada del 15 de abril de 1912, tras chocar con un iceberg en el


atlántico norte mientras hacía la ruta entre Southampton y Nueva
York. Su exposición brinda la posibilidad a cualquier turista curioso de
conocer más de cerca la historia trágica de este transatlántico. Por
cierto, que la tragedia del Titanic inspiró al director canadiense James
Cameron para dirigir la película titulada Titanic, convirtiéndose a la
postre en la película más recaudadora de la historia y una de las tres
producciones cinematográficas que más premios Oscar se la han
concedido. Asimismo, la banda sonora de la película, la romántica
balada titulada “My heart will go on”, interpretada por la cantante
también canadiense Celine Dion, se ha convertido en una de las
canciones más escuchadas de los últimos tiempos. Por lo demás y en
relación con Science Museum, decir que también se podía comprar
cualquier artículo de regalo relacionado con las exposiciones citadas
anteriormente gracias a sus tiendas de «merchandising» situadas muy
cerca de esas exhibiciones.
Recomiendo encarecidamente a cualquier persona que tenga la
intención de visitar Londres y que desee indagar y conocer directa y
personalmente algunas de los grandes descubrimientos y avances de la
ciencia y la tecnología que visite el Science Museum, ya que no les
decepcionará para nada.

Uno de los museos más peculiares que he presenciado en Londres ha


sido el Ecological Exhibition (Exhibición Ecológica), situado
precisamente al lado del Science Museum y del The Natural History
Museum. En este «museo», el cual se encontraba al aire libre, había
una sensacional exposición temporal de grandes fotografías, en su gran
mayoría sobrecogedoras, que se relacionaban con imágenes aéreas de
islas paradisíacas, sobre algunos de los picos más altos del mundo,
sobre dunas o desiertos, sobre profundidades marinas, sobre algún
volcán en erupción, de arrecifes de coral, etc. También se mostraban
imágenes fotográficas sobre la flora y la fauna de nuestro planeta
Tierra. De todas esas fotografías que he tenido el privilegio de poder
contemplar, la que más caló hondo en mi mente ha sido una que
mostraba las Torres Gemelas de Nueva York antes de haber sido
destruidas atrozmente el 11 de septiembre del 2001. Esta escalofriante
fotografía conmovía a cuantos acudían a ver la exhibición, quienes a
través de sus rostros no podían disimular su tristeza y malestar. Debo
decir antes de nada que acudí a visitar este museo en un par de
ocasiones, la segunda de ellas unos días después de cumplirse el
127

segundo aniversario de la caída del famoso y emblemático World


Trade Center. Unas Torres Gemelas que simbolizaban la supremacía
capitalista de EE.UU. en todo el mundo, el mayor orgullo patriótico de
los americanos. Me detuve enfrente de la fotografía durante unos
minutos y pude ver la segunda vez que acudí a dicha exhibición
algunos ramos de flores y mensajes escritos depositados que rezaban
“God bless America”, “Never again”, “We will never forget it”, entre
otros. Yo me sentí seriamente abatido y estremecido al irrumpir en mi
mente duros recuerdos e imágenes de aquellos brutales atentados
terroristas suicidas que causaron la muerte de cientos de personas de
cualquier nacionalidad. Imágenes desgarradoras que se emitieron por
todos los medios de comunicación y que dieron una y otra vez la vuelta
al mundo, provocando una fuerte conmoción, rabia e indignación a la
opinión pública mundial. Al observar esa fotografía, recordando al
mismo tiempo esos crueles sucesos en EE.UU., veo reflejada la
atrocidad, salvajismo e inhumanidad que pueden causar los humanos a
seres de la misma condición o naturaleza. Es una infamia y drama
humano compartido, que en el caso de los atentados perpetrados en
EE.UU., los cuales tenían tintes casi apocalípticos, fueron más allá de la
locura, la sin razón y el fanatismo sectario más que religioso. Un
fanatismo instrumentalizado erróneamente, ya que ninguna religión
ampara el derecho a quitarse la vida para matar a gente inocente que
encuentre a su alrededor. Yo mismo he rezado, pidiendo por todas esas
almas para que viesen la Salvación agraciada por nuestra Divina
Providencia. También recé por todas las almas que han sido y son
víctimas a causa del terrorismo, la guerra, la pobreza (por el mal
reparto de la riqueza), la corrupción, los malos tratos y asesinatos
domésticos y un sin fin de lacras. Ante ello, veo necesario que todo el
mundo, sobre todo los políticos y máximos dirigentes, hagamos una
seria reflexión interior sobre la gran cantidad de lacras e injusticias que
hay en el mundo, sin desentendernos, debido sobre todo a nuestra
indiferencia, de todas esas causas aparentemente ignoradas. A través
de esa reflexión actuaremos y podremos hacer de este mundo, en vez
de un «valle de lágrimas», en un lugar mejor en donde vivir, donde
imperen los valores morales y humanos más que los fines materialistas
y lucrativos. Sin embargo, mi intención última no es escribir un
artículo que sirva de alegato en pro de los valores humanos, ya que eso
no es mi trabajo, sino que consiste en seguir narrando mis experiencias
en la capital británica. Por eso seguiré mi narrativa, escribiendo sobre
128

otro de los museos más asombrosos y cautivadores: The Natural


History Museum.
The Natural History Museum6 (El Museo de Historia Natural) está
situado también al sur de Kensington, muy cerca del Science Museum
y abre al público de lunes a sábados, desde las 10 de la mañana hasta
casi las 6 de la tarde (los domingos abre desde las 11 horas hasta 17.50
horas). Debo mencionar que habitualmente se cobra por entrar en
dicho museo, aunque la vez que acudí yo afortunadamente no tuve que
pagar nada. Este museo, el cual se fundó con fondos del médico Sir
Hans Sloan (más tarde citaré de nuevo a este personaje), fue adquirido
por el Estado en 1753. Años más tarde acogería reliquias del Capitán
Cook y del naturalista británico Charles Darwin (curiosamente este
último científico nació el mismo día y el mismo mes que yo). El recinto
está considerado como uno de los más importantes y prestigiosos
museos del mundo en su género. En el interior del edificio hay 5 tipos
de colección que abordan las siguientes áreas: botánica, entomología,
mineralogía, paleontología y zoología. De esas áreas, la que más
interés y expectación causa es la de paleontología, en las que se pueden
observar en algunas de sus salas temáticas una colección de fósiles de
cientos de miles de años de antigüedad, que van desde restos
arqueológicos del hombre prehistórico, esqueletos de mamíferos y
réplicas de diferentes tipos de dinosaurios, entre ellos el tiranosaurio
rex. Por otra parte, en el área de zoología podemos hallarnos con una
exposición de colibríes disecados (son un tipo de ave de la familia de
los troquílidos, propio de la América Tropical). Existen también
exposiciones de otros animales muy bien conservados, en su gran
mayoría mamíferos disecados, como, por ejemplo, algún rinoceronte,
de un tigre, de un ciervo, un bisonte, etc. Además, mi mente asocia
haber visto una sala con varias vitrinas, en cuyo interior se
encontraban diferentes clases de restos reales de meteoritos caídos a la
Tierra.

Para acabar este breve comentario sobre el Natural History


Museum, cabe reseñar que me sentí deleitado en muchas ocasiones que
recorrí esta zona del sur de Kensington al contemplar su magistral
fachada de estilo neogótico. Merece la pena, pues, visitarlo, ya que
además de ser uno de los museos más grandes de su categoría, no
dejará nada indiferente al visitante al presenciar sus colecciones, sobre
todo si atraviesa su entrada en la que se puede apreciar una
129

reconstrucción idéntica del esqueleto de un enorme diplodocus en


tamaño real.
Antes de hacer mi comentario sobre el mejor museo que he visto, el
British Museum, quisiera hacer un brevísimo paréntesis para escribir
sobre uno de los museos más genuinos y curiosos de Londres, situado
en el distrito de Marylebone: estoy hablando del Madame Tussauds. El
precio de entrada a este museo, más popularmente conocido como el
museo de cera, se aproxima a las £20. En su interior, el turista que lo
visita no deja de quedar atónito y sorprendido por el realismo,
exactitud y la brillantez de los distintos personajes representados tan
sutil y fenomenalmente, que incluso el más lumbrera podría
confundirlo con personajes reales de carne y hueso. Aquí están
representados personajes mundialmente célebres, que aparecen en los
distintos medios de comunicación y que pertenecen al mundo del cine,
la música, la moda, el deporte. Entre esos personajes hay que citar a
David Beckham, Kylie Minogue, Tom Cruise, Britney Spears, Huge
Grant, Penélope Cruz, Brad Pitt, Jennifer Aniston y un largo etcétera
de archifamosos. Es un museo singular, que satisfará y sorprenderá
positivamente a aquellas personas que quieran ver algo diferente a lo
comúnmente establecido.
El último museo que quiero comentar es el British Museum por ser,
en mi opinión, el más importante, el más espectacular y famoso de
todos los museos que hay en Londres. Esas son las razones por las que
me reservé hasta al final para realizar dicho comentario. Es un museo
que rompe todos los moldes y esquemas preestablecidos. No es
exagerado decir que este «santuario» es el museo por excelencia de la
capital británica. Está considerado como uno de los 5 museos de arte
más importantes, prestigiosos y conocidos del planeta. Es un lugar
digno de admiración. La verdad es que son fantásticas las colecciones
que tiene. Pero antes de comenzar mi comentario sobre dichas
colecciones, quisiera mencionar que la vida está llena de paradojas y
anécdotas. ¿Por qué digo esto?. Porque yo no iba a tomar la inteligente
decisión de visitar este museo, sino que fue, por decirlo de alguna
manera, de rebote o mera casualidad. De todos modos, yo creo poco
que un hecho pueda ser casual, puesto que para mí, tanto la casualidad
como el destino, no están marcados, sino que se dan por una serie de
motivos, es decir, que dependen de las acciones y conductas
conscientes de cada individuo, que pueden desencadenar en un
resultado o hecho determinado (otros seguramente opinen que nuestro
130

destino es producto de la ley de la «causalidad» mencionada por


célebre filósofo Immanuel Kant). Fuese casualidad (o causalidad) o no,
el caso es que yo tenía como intención, antes de dejar tierras inglesas
en primera etapa, de visitar la zona del Covent Garden, pero resulta
que me perdí en una céntrica calle de la gran urbe, situada cerca de
Chinatown. Allí mismo estaba yo deambulando sin un rumbo fijo,
medio desorientado, soportando el incompasivo tiempo. Entonces tuve
el repentino deseo de preguntarle a alguien que paseaba por la calle
para que me pudiese orientar un poco sobre mi ubicación y saber la
situación exacta de mi lugar deseado, Covent Garden. Pero, como dije
antes, no sé si ha sido la casualidad, el caprichoso destino o la suerte,
que me topé con un compatriota mío, de Pamplona. Era un joven
chaval muy agradable y cortés, cuyo nombre no me acuerdo, porque no
tengo una «memoria fotográfica» para recordarlo todo, el cual había
llegado a Londres el día anterior para pasar unas cortas e intensas
vacaciones y que, curiosamente, él estaba también desorientado en la
ciudad en ese preciso momento. De hecho, para no perderse, él
utilizaba un gran mapa que mostraba el centro de Londres. Después de
mantener un brevísimo diálogo entre ambos, él me sugirió que le
acompañase para visitar los lugares céntricos esa misma mañana de fin
de semana. Durante ese corto tiempo que estuvimos juntos
intercambiando impresiones sobre la ciudad y de mi rápida adaptación
a su cultura, él me empezaba a inspirar más confianza y se iba ganando
mi simpatía, comenzando a soltarme y expresar más mis sentimientos
y vivencias en la ciudad, hablándole de los lugares que había visitado y
de sus museos. Entonces, este joven licenciado en historia y profundo
conocedor de la cultura griega (él había vivido en Grecia durante un
año), se mostró muy sorprendido por el mero hecho de que no hubiera
visitado el British Museum. Yo le dije para desairarle que era
consciente de la existencia del mencionado museo, pero que no tenía ni
la remota idea de que ese museo pudiese ser tan importante y
prestigioso. Fue entonces cuando decidí ir a verlo en persona esa
misma mañana, con la suerte de que el joven, en una actitud amistosa e
interesada, decidió acompañarme y hacer de guía turístico para mí en
el interior del mencionado lugar. Así fue como conseguí,
paradójicamente, ver el famoso British Museum antes de abandonar
tierras inglesas en mi primer contacto con la ciudad.

Después de esta largo preámbulo, voy a comentar sin más rodeos y


dilaciones lo que nos encontramos mi nuevo «guía» y yo dentro del
131

«santuario». Pero antes permítanme que aporte un pequeño referente


histórico del museo.
El origen del British Museum7 (Museo Británico) se remonta a la
época en que vivía un médico y naturalista llamado Sir Hans Sloane,
quien poseía una de las colecciones más importantes de minerales,
insectos, corales, pájaros y, sobre todo, miles de monedas y medallas.
Este personaje decidiría ceder su colección compuesta por un total
800000 objetos, su biblioteca y su herbario al Rey Jorge II de Inglaterra,
a cambio de una cifra verdaderamente astronómica para esos tiempos,
unas 200000 libras, para donarla a sus hijas. Momentos después de su
trágica muerte, el Gobierno Británico decidió organizar una lotería
pública, reuniendo el dinero suficiente para adquirir la propiedad de las
colecciones, al igual que los legados de algunas colecciones de
manuscritos de arte de dos condes de Oxford llamados Robert y
Edward Harley. A mediados del siglo XVIII se abriría al público el
museo, pero tendría que ser clausurado temporalmente a causa de las
dos Guerras Mundiales que hirieron el corazón del Viejo Continente,
siendo desalojadas la gran mayoría de las colecciones allí expuestas.
Hoy en día el British Museum se enorgullece de ser uno de los
museos más visitados del mundo, superando la cifra de 5 millones de
visitantes al año. Además, el museo es un claro referente para eruditos
y curiosos que ven este museo como un verdadero lugar de culto y que
provoca el deleite de todos ellos al descubrir el encanto de sus
colecciones y de su imponente biblioteca.
Después de este breve referente sobre su historia, justificable en
todo instante para conocer su contexto histórico, quiero empezar a
hablar de lo más importante, sus colecciones. Las colecciones están
repartidas en casi 100 galerías con sus diferentes secciones, que
engloban cerca de 6 millones de reliquias artísticas universales,
abarcando desde tiempos prehistóricos (paleolítico, mesolítico y
neolítico) hasta la actualidad.

La primera sección que hemos presenciado tanto mi acompañante


como yo ha sido la colección de la cultura egipcia, por ser la que se
encuentra en la primera planta, nada más cruzar la entrada principal.
Pero, previamente, quiero indicar que ambos conseguimos acceder al
interior del recinto de manera gratuita, eso sí, no antes de quedarnos
estupefactos al contemplar durante unos segundos la impresionante
132

fachada de este edificio neoclásico, adornado con un pórtico de


columnas de estilo jónico, obra del arquitecto Robert Smirke. Una vez
dentro, uno se puede recrear la vista en la gran cantidad de restos
arqueológicos pertenecientes al Antiguo Egipto, que están
comprendidos entre los años 4000 a. de J.C. hasta el siglo XII de
nuestra era. Las reliquias se relacionan con algunos sarcófagos de
momias egipcias, el hombre de Lidow, esfinges, algunos jeroglíficos,
como la admirada Piedra Roseta, la cual fue encontrada por soldados
napoleónicos en el delta del Nilo y que facilitó el que se pudiese
descifrar muchos jeroglíficos. Además, existe una reproducción exacta
de una pirámide de menor tamaño a las reales, algunas esculturas de
dioses y diosas egipcias, como Ra, el Dios del Sol, también había
mascaras mortuorias o funerarias, entre ellas la del faraón
Tutankamón, así como vasijas, utensilios agrícolas y de pesca, entre
otras sorprendentes reliquias. Cabe decir que muchos de estos restos
arqueológicos y artísticos egipcios han sido despojados a la fuerza por
los ingleses durante su expansión colonial, siendo actualmente
reclamados por el gobierno egipcio, que los considera de su legítima
propiedad.

Siguiendo el recorrido del museo sin un plan predeterminado, nos


adentramos en las colecciones de las culturas griegas y romanas. Las
reliquias griegas expuestas comprenden desde el IV milenio hasta el
año 400 a. de J.C. En dichas salas, dependiendo de su época de
datación, se pueden encontrar muestras de objetos correspondientes a
la Edad de Bronce, del arte prehelénico, una de las fachadas y los frisos
del templo de las Nereidas, así como el Mausoleo de Halicarnaso. Pero
la gran expectación que causaba entre los visitantes era, sin duda, las
esculturas que componían el Partenón de Atenas, conocidas también
como los mármoles de Sir Elgin. El motivo de esta designación se debe
a que este singular personaje expolió, con la autorización de un sultán
turco, numerosos fragmentos del Partenón de Atenas siendo embajador
de Inglaterra en Constantinopla en la primera década del siglo XIX.
Hoy estos restos reposan en el interior de este monumental museo de
Londres. Como es lógico y al igual que el gobierno egipcio, estos restos
griegos están siendo reclamados por Grecia para que sean devueltos a
su lugar original de procedencia.
En cuanto a las colecciones romanas son más pequeñas, pero no
menos interesantes. En sus salas temáticas nos pudimos encontrar con
diferentes y peculiares utensilios domésticos, cerámicas y reliquias de
133

uso cotidiano utilizados por los romanos hace miles de años y que
sirven para representar el modo de vida que tenían en aquella época.
También hay representado un atrio de una casa romana. Una de sus
obras de arte exhibidas que levantan mucha admiración y curiosidad es
el conocido Vaso de Pórtland, el cual tiene grabados pertenecientes al
siglo I a. de J.C.
En cuanto a las colecciones etnográficas de África hay que señalar
que en el British Museum se exhiben cerca de 2000000 objetos o
reliquias de la civilización africana, en las que se pone de relieve la
tremenda influencia en el mundo entero de la diversidad cultural,
artística y étnica de este continente. En sus siete secciones se pueden
encontrar cerámicas, peculiares esculturas de madera, máscaras,
objetos de metal forjados, objetos que evocan el estilo de vida cotidiana
que tenían algunas tribus indígenas, así como distintos tipos de
vestimenta utilizados por diferentes etnias africanas a lo largo de los
tiempos.
La verdad es que es tan inmenso e IMPRESIONANTE este museo,
que llevaría semanas para verlo y conocerlo en su más sublime
expresión. Es un mundo muy sorprendente hablar del British Musem.
Por eso mismo seguiré mi comentario sobre este museo, pero
limitándome a grandes rasgos en señalar las diferentes civilizaciones
que están aquí representadas, ya que si me adentrase en sus detalles
más pormenorizados, podría acabar escribiendo otro libro que hablase
única y exclusivamente del British Museum. De modo que seguiré mi
narrativa, tratando de finalizar mi no corto comentario sobre este
museo, refiriéndome, además de las mencionadas colecciones, que
existen otras muchas salas o departamentos etnográficos en los que se
exponen colecciones originales. Entre esas colecciones hay que citar,
además, las prehistóricas, medievales, romano-británicas,
renacentistas, de América y Oceanía, asirio-babilónicas, orientales,
colecciones pertenecientes al arte indio, al arte islámico y celta. No
quiero, como dije antes, introducirme en cada una de ellas, ya que
llevaría mucho tiempo hacerlo, pero sí que resaltaré el gran valor
artístico y cultural de todas esas colecciones de este incomparable
museo, uno de los mejores del mundo en su categoría. El mejor consejo
que puedo dar a mis lectores es que, si viajan a Londres, acudan sin
titubeos a ver y conocer todo lo que posee el British Museum, ya que
adquirirán un inmenso bloque de conocimiento, madurez e intelecto
134

sobre el arte y cultura de las distintas civilizaciones que han existido y


existen en el mundo entero.
Para acabar mi comentario sobre el British Museum, no puedo
olvidarme de uno de los lugares más sobrecogedores e impresionantes
situados en el interior del propio recinto, conocido como la British
Library, una biblioteca llena de estanterías recubiertas de miles de
libros sobre cualquier tema. Entre todos esos libros se encuentran
diferentes documentos, como son manuscritos, una de la Cartas
Magnas inglesas, así como diferentes textos bíblicos y evangélicos. Es
un lugar muy acogedor, ideal para que cualquier curioso visitante
pueda cultivar su intelecto, al mismo tiempo que maravillarse de su
imponente y apabullante cúpula que engrandece todo el conjunto que
compone esta biblioteca. De hecho, yo casi cojo tortícolis nada más
adentrarme en este increíble sitio y mirar su elevada y enorme cúpula.
Aunque sólo fuese por ver la biblioteca, bien se merece entrar y
disfrutar de este museo.
Es preciso que mencione que los museos londinenses y todas sus
reliquias y piezas de arte expuestas en cada uno de esos museos son de
lo mejorcito que existen en el mundo. Sin embargo, es oportuno señalar
que hay una pieza de arte INCOMPARABLE que no está en Londres ni
en ningún museo del planeta, la cual está ubicada en el interior de una
cámara de cristal y aluminio blindado de una catedral italiana, siendo
expuesta cada generación con ocasión del Jubileo de la Redención. Me
estoy refiriendo, como es obvio, al Santo Sudario de Turín 8. Se ha
convertido el manto de lino que presuntamente cubrió el cuerpo sin
vida de Jesús de Nazaret en la pieza de arte más universal, así como la
más importante, la más estudiada y controvertida de toda la historia de
la humanidad. Es un caso arqueológico único en el mundo en el que
hasta treinta disciplinas diferentes, incluyendo distintas ramas de la
ciencia, han estudiado y siguen estudiando minuciosamente cada
molécula o partícula del Sagrado Lienzo. Según la Comisión de
Expertos de Turín denominada STURP ( Shroud of Turin Research
Project, Proyecto de Investigación del Sudario de Turín), compuesta
por 36 eminentes científicos norteamericanos de las más variadas
especialidades y creencias, entre ellos varios miembros no católicos
vinculados a la NASA, todas sus investigaciones en el lienzo conducen
de manera rotunda, concluyente e irrefutable a favor de la
autenticidad. Es más, todas las disciplinas científicas y técnicas que
tomaron parte en dicha investigación (fotografía, electrónica, medicina,
135

física, bioquímica, arqueología, palinología, numismática, botánica,


paleografía, antropología, paleontología, etc.) se decantan
clamorosamente a favor de la autenticidad. Con todo, lo más
sorprendente de todo ello es que todas esas evidencias científicas en
favor de la autenticidad no otorgan ni el más mínimo resquicio para
aplicar el beneficio de la duda razonable. Sin embargo, en contra de
esas evidencias y pruebas científicas favorables a la autenticidad están
las controvertidas pruebas de datación efectuadas en 1988 por medio
de la técnica isotópica del carbono-14. Unas pruebas supervisadas
curiosamente por el British Museum, las cuales certificaban de manera
pública y oficial en todos los medios de comunicación del mundo que la
Sábana de Turín era una astuta falsificación medieval . Sin embargo,
recientemente aparecieron nuevas pruebas y evidencias que han dado
un comprensible vuelco a la situación, demostrando apabullantemente
la autenticidad del lienzo. Esto ha hecho que en los últimos Simposios
y Congresos Científicos Internacionales sobre la Santa Síndone, ante
centenares de ilustres congresistas, los propios científicos reconocieran
públicamente la invalidez de la cuestionada prueba del carbono-14.
Llegado a este punto, la cuestión que nos atañe es: ¿por qué se han
invalidado las pruebas de datación efectuadas en los laboratorios de
Oxford, Zúrich y Arizona? Una de las razones es debido a que los
propios científicos que hicieron las pruebas de datación no eran
conscientes de la contaminación biológica y química que había sufrido
el lienzo. Esta contaminación fue lo que adulteró los resultados finales
de dicha datación, sin poder tener un conocimiento exacto sobre la
fecha de origen de esta importante tela. Pero la razón de enorme
trascendencia es que el carbono-14 no tuvo en cuenta la radiación que,
según los físicos del STURP y los doctores en Ciencias Físicas de la
NASA americana John P. Jackson y Eric J. Jumper, emanó del cadáver
de ese «individuo» cuando estaba en situación de ingravidez (paralelo
a la gravedad). Ahora bien, la eterna incógnita es saber cuál es la
fuente de esa radiación y que según bastantes científicos eruditos y
honorables, entre ellos los propios técnicos de la NASA (a título
personal), lo atribuyeron al momento preciso en que tuvo lugar la
Resurrección de Nuestro Señor. No obstante, aun con la sabia opinión
de esos científicos, no existe oficialmente un pronunciamiento
científico en tal sentido, ni nunca lo habrá, ya que la Resurrección de
Jesucristo es un hecho histórico de naturaleza sobrenatural que jamás
podrá ser demostrado, en base a los parámetros en que se mueve la
ciencia, a través de un experimento de laboratorio. Como decía el
136

prestigioso científico estadounidense Ken Wilber 9, considerado el


«Albert Einstein de la Consciencia», en un libro serio y documentado
que leí: “la resurrección no es una hipótesis científica que deba ser
verificada mediante el «ojo de la razón», sino como una hipótesis
contemplativa que debe ser experimentada mediante el «ojo de la
contemplación»” (Ken Wilber, pag. 317). En cambio, sí hay un
pronunciamiento científico de que ese «cadáver» estaba en situación
horizontal e inmóvil en el sepulcro, con un pañuelo en la cabeza
(Sudarium de Oviedo), y que justo antes de su putrefacción al cabo de
unas 36 horas después de muerto emitió en un espacio infinitesimal de
tiempo una enigmática y portentosa radiación desconocida para la
ciencia, con unas características inexplicables desde el punto de vista
físico. La incandescencia de la mencionada radiación chamuscaría el
lienzo de lino, grabando a fuego las manchas de sangre, y el cadáver
que estaba en estado de levitación desaparecería, o mejor dicho, se
desmaterializaría literalmente hablando del sepulcro. Según la
comunidad científica, esa radiación fue la que proyectó en la Sábana la
imagen anatómicamente correcta de un «individuo», como un negativo
fotográfico, en imágenes tridimensionales perfectas y, para más
sangría, plasmando la estructura interna de su cuerpo como si se
tratase de una placa de rayos X. Esto desborda, sin duda, todo tipo de
explicación racional y máxime cuando no existe ningún método
conocido para reproducir la misma imagen con todas sus
características en cualquier tipo de tela. Ahora se preguntarán los más
curiosos, ¿cuáles son esas características en cuestión? A continuación
las enumero: “absoluta superficialidad, extrema pormenorización,
estabilidad térmica y química plenas, comprobada ausencia de
pigmentación de cualquier clase, estabilidad al agua, no
direccionalidad, negatividad, isotropia y tridimensionalidad”. Estas
características, quiero recalcarlo por su tremenda importancia, obligan
a descartar cualquier técnica conocida para reproducir la imagen:
“tintura, polvo, tinte, vaporigrafía, vapor, energía térmica, sudor,
contacto directo, contacto.” (Características del Sudario de Turín,
Carmen Porter, “La Sábana Santa”, pag.94-95).
Prosiguiendo mi comentario sobre la Sábana de Turín, decir que esos
científicos racionalistas, verdaderos lumbreras de la ciencia
ultramoderna, han utilizado la tecnología más sofisticada y avanzada
que existe en hoy en día para investigar el lienzo (véase abajo el listado
de disciplinas técnicas). De toda esa tecnología, en su gran mayoría
espacial, hay que destacar el famoso VP-8 Image Analyser, un aparato
137

muy vanguardista utilizado por la prestigiosa NASA en el programa


“Vikingo”, con el objetivo de analizar y descomponer las imágenes
orográficas que llegaban desde el planeta Marte. Curiosamente, el VP-
8, uno de los mayores orgullos de los «yanquis», fue el que descubrió a
través de potentes ordenadores el carácter tridimensional de la
Síndone, obteniéndose consecuentemente a partir de varías fotografías
de las huellas plasmadas en la tela, imágenes tanto en relieve como en
3D.
Veo conveniente presentar en este libro el listado de disciplinas
técnicas aplicadas a la Sábana Santa de Turín para que el lector tenga
una mínima idea de la tremenda importancia y exhaustivo estudio
realizado sobre esta inigualable reliquia, investigada por los mejores y
más competentes científicos de todo el mundo en sus respectivas
especialidades, usando la tecnología más vanguardista que existe en la
actualidad. Algunas de esas disciplinas técnicas son las siguientes:

- Fotografía: Visible, infrarrojos y ultravioleta (total: 5.000


fotografías)

- VP-8: Análisis de imagen. Ampliación de imagen computerizada.

- Análisis de la función de mapas. Imágenes topográficas.

- Análisis multiespectral.

- Análisis matemático de la imagen.

- Rayos X de baja energía: Fluorescencia de rayos X.

- Reflexión espectroscópica: Ultravioleta, visible e infrarrojos.

- Termografía: Microdensitómetro

- Macroscopia

- Microscopia: Polarización, fluorescencia, contraste de fase de


electrones.

- Bioestereometría: Espectroscopio RAMAN.

- Láser de prueba microlasérica.


138

- Espectroscopio de dispersión de la energía del electrón.

- Transmisión espectral microespectrofotométrica.

- Prueba química húmeda: Generación de purpurina fluorescente;


hemoglobina CYAN y test de hemocromógeno.

- Proteasa Lysis: Análisis químico de las proteasas.

- Inmunofluorescencia.

- Cámara endoscópica.

- Además de las anteriores disciplinas, hay que añadir la friolera


cifra de más de 1000 experimentos químicos para determinar la
naturaleza de la imagen, de las marcas de sangre, de la textura
del lino, de las marcas de agua, de las diferentes fibras, de las
partículas y detritus y la presencia de posibles pigmentos
orgánicos e inorgánicos, así como la experimentación de todos
los caminos humanos posibles para tratar de crear una imagen
igual a la de la Síndone de Turín. (Ver sus conclusiones arriba en
características del Sudario de Turín).
(Listado de disciplinas técnicas, Carmen Porter, “La Sábana Santa”,
pag. 94)
Quisiera aprovechar la ocasión para reseñar algo muy significativo y
elocuente que debería de hacer reflexionar muy profundamente y
replantear sus creencias a todos los detractores de la autenticidad de la
Sábana Santa. Me refiero al hecho simbólico de que el propio inventor
de la datación por medio del carbono-14, el doctor Williard Frank
Libby, ganador del Premio Nobel por haber inventado este método de
datación, afirmó premonitoria y públicamente antes de su muerte que
no se podía aplicar esta técnica al manto de Turín, ya que según él
“existen fuentes radiactivas en la Sábana que han recargado el
carbono-14 y que, por tanto, la han rejuvenecido”. Creo que esta
afirmación tendría que servir como lección de humildad para aquellos
detractores, quienes debido a su subjetivismo, arrogancia e ignorancia
en el tema, prejuzgan sobre cosas o hechos sin aportar la más mínima
demostración, veracidad y raciocinio. Argumentos pobres que se caen
por su propio peso y que se relacionan con considerar la efigie del
lienzo de Turín como simple pintura, como una obra maestra del
139

talentoso Leonardo Da Vinci, o quienes opinan que hoy en día se


puede reproducir la misma imagen con todas sus características, o que
es otra reliquia fraudulenta creada en acto de engaño por la Iglesia,
entre otras burdas afirmaciones. Si bien es cierto que parte de la culpa
en esta conspiración contra la autenticidad de la Síndone fue debido al
«bombardeo desinformativo» de los diferentes medios de
comunicación del mundo, los cuales proclamaron triunfalmente, antes
incluso de conocerse los resultados de la datación, que el lienzo era un
astuto fraude medieval. Una basura de desinformación ampliamente
difundida en 1988 por todos los medios seculares de comunicación,
tanto escritos como audiovisuales, que debido a la falta de objetividad,
ética profesional e imparcialidad, hizo desorientar a la opinión pública
mundial haciéndoles creer en algo que la propia realidad demostraba
diametralmente lo contrario. Hay otro motivo que me hace reafirmar
seriamente en la idea de una conspiración contra la autenticidad de la
Sábana Santa. Me refiero, aparte de las irregularidades en la
metodología y en el protocolo científico de la datación, al hecho de que
los propios analistas que fecharon la Sábana por medio del
radiocarbono, se limitaron con remitir por escrito un comunicado al
portavoz de la Santa Sede, el Cardenal Anastasio Ballestrero, para que
éste hiciera públicos sus resultados. En ese comunicado sólo se
especificaba que la Sábana Santa era una falsificación medieval,
comprendida entre los años 1260 y 1390, con una probabilidad de éxito
del 95%, sin dilucidar cómo se formó y cuál era la verdadera naturaleza
de la imagen impresa en el mencionado lienzo. Esto último sería como
si un científico competente en el tema se limitase con afirmar que la
ley de la relatividad postulada por el científico creyente Albert Einstein
es un principio universal de innegable existencia, sin aportar
explicación alguna de cómo se formula, por qué existe y qué
consecuencias conlleva. Por eso pienso que a la hora de formular
cualquier teoría no basta con exponer una simple afirmación
(científica, filosófica, teológica.), sino que además es necesario aportar
pruebas empíricas y objetivas, a ser posible de diferentes disciplinas,
que confirmen o refuten tal afirmación. Si extrapolamos ese principio o
norma básica y la aplicamos al caso particular del Sudario de Turín,
para determinar su autenticidad o no dependerá de lo que digan todas
las disciplinas que formaron parte en la investigación, siendo
insuficiente con exponer una simple afirmación científica según la cual
el manto de Turín es simplemente una falsificación, como dictaminó
el carbono-14. Además, en relación a la prueba de datación, creo que lo
140

más profesional y científico (en vez de pseudocientífico) sería que los


analistas comparecieran ante los medios de comunicación para que
explicaran al mundo entero, además del resultado de la datación, cómo
se llegó a formar la imagen y si ésta es de naturaleza natural o
sobrenatural, puesto que es el punto clave de la cuestión. Eso no lo han
hecho porque ninguna comisión científica o investigador
independiente que tomó parte en el estudio de la reliquia (a excepción
del microanalista forense Walter McCrone, expulsado de la Comisión
STURP, al plantear, sin presentar ningún tipo de prueba, la teoría de la
falsificación del Sudario de Turín, una teoría que no fue apoyada y
confirmada por ningún otro científico) encontró ni el menor indicio de
fraude alguno en la composición y formación de la imagen. Sin
embargo, afortunadamente, el golpe de gracia que sepultaría la prueba
del carbono-14 lo daría la supervalorada ciencia de la era espacial
(principalmente los científicos estadounidenses del STURP y de la
NASA) al demostrar a través de su complejo instrumental técnico la
autenticidad del manto de Turín. (No me cansaré de repetir hasta la
saciedad que todas las disciplinas científicas y técnicas, así como todas
las teorías formuladas por la comunidad científica respecto al Sudario
de Turín, han descartado de manera absoluta, rotunda y definitiva que
la imagen plasmada en dicho Sudario halla sido manufacturada o
creada por la mano del hombre. Igualmente, todas las hipótesis y
pruebas experimentales realizadas hasta el momento por los científicos
no han arrojado resultados lo suficientemente satisfactorios y
duraderos a la hora de reproducir la misma imagen de la Síndone con
todas sus características en cualquier tipo de tela, descartándose
prácticamente de manera definitiva que el origen de la formación de
imagen en el manto de Turín sea debido a un proceso natural y
planteando seriamente como una explicación alternativa posible que
todo sea causado, ante tal cúmulo de circunstancias extraordinarias y
enigmáticas, a un proceso de naturaleza sobrenatural aún desconocido
por el momento para la ciencia.)
Al hablar del lienzo de Turín es legítimo y adecuado señalar que el
Santo Sudario se ha convertido de un modo u otro en la evidencia
científica, empírica y objetiva, de la existencia de Dios, en uno de los
pilares más básicos en que se asienta la Iglesia, el cristianismo y la fe
en el dogma universal de la Resurrección. Es la Sábana Santa de Turín,
en definitiva, el «documento» histórico y científico más crucial legado
a la condición humana, ya que transmite a través de la simbólica
141

Resurrección de Jesús de Nazaret el trascendental mensaje de


Salvación para toda la humanidad.
Vivimos, pues, un momento único en la historia en el que todos
debemos congratularnos. Por primera vez la humanidad dispone de
evidencias nuevas en relación con la Santa Síndone independientes del
cristianismo que se desmarcan claramente de la tesis fraudulenta del
carbono-14 y que respaldan rotunda e incuestionablemente el que ha
sido, es y seguirá siendo a todas luces el mayor acontecimiento de
todos los tiempos. Tenemos actualmente evidencias médicas, científicas
y arqueológicas que demuestran más allá de cualquier duda razonable
la realidad de la crucifixión y resurrección del Cristo histórico. Por lo
tanto, la Santa Síndone como testigo mudo y elocuente de que Cristo
venció realmente a su propia muerte, demuestra sin exagerar la
veracidad de los Evangelios en cuanto al mensaje central de la
Salvación del género humano a través de la muerte y resurrección de
Jesucristo (es un hecho insoslayable que actualmente muchos
científicos cultos e intelectuales cataloguen a la Síndone como el 5º
Evangelio).
La verdad es que es todo un mundo hablar de Sábana Santa de Turín.
Me llevaría páginas y páginas de información sobre esta apasionante
reliquia vinculada, según muchos científicos eruditos, con el personaje
histórico de Jesús de Nazaret, el único hombre que ha dejado una
profunda huella imborrable en la conciencia colectiva de la sociedad
mundial, sobre todo occidental. He de confesar que estoy pensando en
recopilar algunos de sus artículos extensos que he escrito sobre este
lienzo, ampliarlos y luego incorporarlos a un tercer libro que tengo en
mente, cuyo título será “La Santa Síndone de Turín: espejo de
Salvación”. Ese es uno de mis proyectos que querría hacer realidad a
largo plazo. Lo quiero hacer porque aún estoy profundamente
conmovido y fascinado por la fuerza de atracción que posee este
enigmático Manto Sagrado. Una pieza de arte inigualable en la que se
hallan plasmadas las huellas materiales de una resurrección, vinculada,
en base a todas las pruebas científicas y técnicas, a excepción de la
prueba de datación por medio del carbono-14, con el personaje
histórico llamado Jesús de Nazaret. Este lienzo da fe del Sagrado
Testimonio legado al género humano, trasmitiendo la certeza total de
que el sepulcro no es la meta final de la existencia humana, pues todos
hemos sido invitados a alcanzar la Redención y la Vida Eterna.
142

Recomponiendo el puzzle, se podría afirmar que la existencia y


naturaleza divina de Jesús de Nazaret estaría atestiguada en diferentes
niveles:

1º A nivel teológico y religioso: lo atestiguan la Biblia cristiana, los


Santos Evangelios, y otros textos sagrados, como el Corán islámico, La
Torá judío, el Códice Alejandrinus, etc.
2º A nivel histórico: por las citas y referencias sobre este personaje
realizadas por algunos historiadores de aquellos tiempos, como Flavio
Josefo, Tácito, Plinio el Joven y Gayo Suetonio Tranquilo.

3º A nivel artístico: por las distintas representaciones artísticas,


como sucede en las pinturas antiguas bizantinas, griegas y románicas,
en las pinturas clásicas, en las medievales, en las renacentistas, etc.
sobre este personaje, poniendo de relieve, dada el contenido y la forma
de la iconografía de Cristo, su naturaleza divina (véase como ejemplo
el retrato de Cristo llamado Pantocrator de Santa Catalina del Monte
Sinaí, datado en siglo VI, y que según muchos científicos está inspirado
en la Sábana Santa de Turín, por lo que sería otro motivo para creer en
la autenticidad de ese sudario).
4º A nivel científico: Por la demostración científica de la
autenticidad de la Sábana Santa de Turín, poniendo en evidencia, dada
la verdadera naturaleza de la composición y de la formación de la
imagen, el carácter humano y divino de Cristo.
5º A nivel místico-escatológico: por los cruciales informes
documentados sobre decenas de millones de personas que han
atravesado y sobrevivido a una Experiencia Cercana a la Muerte
(ECM), en la que esos sujetos narran haber conectado con una
Inteligencia Divina que transmitía una paz, compasión, aceptación y
amor incondicional y arrolladores, sin juzgar ni condenar, y que
muchos, incluyendo a personas ateas y agnósticas, han identificado con
el personaje divino de Cristo.(Para aquellos lectores que lo ignoren, las
fases o parámetros secuenciales que de modo genérico acontecen
durante una ECM son: la autoscopia o proyección extracorporal, la
visión de un túnel, encuentros con seres queridos y/o amigos ya
fallecidos o con un ángel celestial que hace de guía durante ese proceso
de transición, encuentro con la Luz o con un Ser de Luz, ya sea Cristo,
Buda, Krishna, etc., en función del condicionamiento religioso y
143

cultural de cada individuo, revisión panorámica de la vida y viaje a los


cielos o estancias inferiores).
Pero sin perder de vista la senda trazada por este libro, seguiré mi
comentario sobre esta pieza de arte aportando en esta obra una breve
cronología general de las investigaciones llevadas a cabo por la ciencia
más ortodoxa, materialista y racionalista en lo referente al Santo
Sudario de Turín. Unas investigaciones iniciadas desde la primera
fotografía efectuada por el fotógrafo y abogado Secondo Pía en 1898, la
cual marcaría todo un siglo de investigación científica y en la cual se
convertiría esta reliquia en la más estudiada de toda la historia de la
humanidad. La cronología es la siguiente:

FECHA EVENTO DICTAMEN

1898 Primera fotografía realizada por Génesis


el abogado Secondo Pía

1900-1976 Academia de Ciencias de París Estudios


Comisión de expertos Preliminares

1977 Simposio Internacional de Londres Autenticidad


(NASA)

1978 Comisión STURP (EE.UU.) Autenticidad

1988 Datación Carbono 14 Refutación

1989-1992 Congreso Internacional de París Controversias

1993 Simposio Internacional de Roma Autenticidad

2002 Congreso Internacional de Río de Autenticidad


Janeiro

En este referente imprescindible a la Sábana Santa de Turín, veo


conveniente apuntar que la causa final de la muerte del «hombre» del
lienzo, es decir, de Jesús de Nazaret, fue debido, según la ciencia, a la
144

serie siguiente de condicionantes: hematidrosis, ayuno absoluto,


contusiones y fracturas, hemorragias, anemia secundaria,
deshidratación global, hemoconcentración, hiperpotasemia,
alteraciones de la termorregulación, pleuritis exudativo-hemorrágica,
contusión pulmonar, pericarditis, asfixia parcial y paroxismo por
crucifixión, síndrome de descondicionamiento y colapso ortostático.
Ese es la autopsia de la ciencia médica-forense de la causa de la muerte
de Jesús, en base a los rasgos plasmados en el Sudario de Turín. Un
personaje extraordinario y revolucionario que sufrió el brutal e
inhumano «rigor mortis» de la flagelación y la crucifixión.
Ya para concluir mi comentario sobre esta importante pieza de arte,
debo mencionar que la Santa Síndone de Turín es expuesta al público,
como dije antes, cada generación con ocasión del Jubileo de la
Redención. Su vital trascendencia para la humanidad ha hecho que sea
una de las piezas de arte más veneradas de toda la historia y que en
una de sus últimas ostensiones acudieron a visitarla en tan sólo 5
semanas la escalofriante cifra de 3 millones y medio de fieles de todo el
mundo, además de la friolera cifra de más de 600 operadores de
distintos medios de comunicación social (periodistas, corresponsales,
redactores, etc.) de diferentes países de todo el globo. Eso querría decir
que si la Santa Sede, propietaria de la reliquia, permitiese su exposición
al público todo el año, la ciudad de Turín se convertiría, sin la menor
duda, en la ciudad más turística del mundo por delante incluso de la
mismísima ciudad de Nueva York. Aunque el propio Vaticano no
permite, probablemente por cuestiones de seguridad y preservación,
una ostensión tan larga de tiempo.
Después de este obligado comentario sobre el Santo Sudario,
necesario en mi opinión, ya que estaba escribiendo en este capítulo
sobre los diferentes museos y la importancia de las distintas reliquias y
piezas de arte que existen en cada uno de esos museos de Londres. Por
eso, hacer caso omiso sobre el Sudario de Turín por ser objetivamente
hablando el «As» que Dios tiene guardado en la manga en favor de la
inmortalidad, me parecía ilegítimo, inoportuno e incorrecto. Ahora
bien, aunque este último comentario suene harto sensacionalista, he de
aclarar que si bien la Sábana Santa por si sola no demuestra la
inmortalidad del alma, sí es en cambio un poderosísimo argumento
muy convincente que ayuda a creer en dicha inmortalidad. Si a ese
importante argumento le sumamos otras disciplinas o fenómenos
paranormales (ECM, PES, psicofonías, casos de teleplastia, EEC,
145

declaración de los médiums, xenoglosia, las apariciones espectrales,


viajes astrales, ouija, los fenómenos poltergeist, termogénesis,
ectoplasmia, ideoplastia, clariaudiencia, raps, channeling, clariesencia,
principio de impregnación ambiental, fenómeno de transcomunicación
instrumental y un largo etcétera, incluyendo los presuntos milagros
documentados por la Iglesia Católica), obtendríamos como resultado
una evidencia científica objetiva, rotunda, irrefutable y concluyente de
la realidad de la inmortalidad o supervivencia. Por otra parte, he de
confesar que he sentido un fuerte anhelo que este comentario personal
sobre el Sudario de Turín, fruto de mis 2 años largos de intensa
investigación sobre esta apasionante reliquia, saliera a luz con la
publicación de este libro para que influya de manera positiva en el
curso de la vida de muchas personas y conozcan el misterio pascual de
la Pasión de quien por nosotros murió para redimirnos de nuestros
pecados, de manera que pudiésemos alcanzar después de la muerte la
Vida Eterna. Finalmente, después de ese inciso para hablar de la pieza
de arte más importante, y al mismo tiempo del fenómeno paranormal
más estudiado y crucial de la historia, seguiré hablando de lo que viví
en Londres durante esos largos e intensos 7 meses, pero esta vez
centrándome en los teatros londinenses.

LOS TEATROS
Si hay algo de lo que los londinenses sienten especial orgullo y
predilección son por sus innumerables teatros 10 que hay a lo largo y
ancho de la ciudad. Dichos recintos hacen que Londres sea para
muchos la capital mundial del teatro. Un lugar donde nacen nuevas
estrellas del mundo de la interpretación y que alcanzan la fama
rápidamente. Es, sin duda, el mejor escaparate para cualquier persona
intrépida y talentosa para poder lanzarse al estrellato y convertirse en
un personaje célebre. Hay una larga lista de actores y actrices
hollywoodienses que empezaron a realizar sus primeros pinitos en el
interior de algunos de estos teatros londinenses.
Los londinenses sienten especial debilidad por el teatro, los cuales lo
consideran como su hobby favorito. La evidencia de todo ello lo
encontramos en la gran cantidad de grupos teatrales marginales que
hay y que no están subvencionados por el gobierno, pero que se
mantienen a flote gracias al público que reciben. A parte de estas salas
146

conocidas como Fringe Theaters, situadas la gran mayoría en los


suburbios de la metrópoli, hay que citar, además, las salas comerciales
del West End (hay más de 100 salas de teatro en esta zona), que
mantienen normalmente sus programas, y los teatros subvencionados
por el Gobierno. Existen funciones teatrales todos los días de la
semana, exceptuando los domingos en el que los recintos se cierran por
descanso. Las entradas se compran en las taquillas de los teatros, a
veces sin anticipación, abriendo normalmente entre las 10 de la
mañana hasta las 8 de la tarde. Es posible reservarlo por teléfono,
pagando por tarjeta de crédito y recibir el ticket de entrada en el
propio teatro minutos antes de la sesión. Incluso para hacerlo más
rápido y cómodo existen agencias que hacen la gestión de compra de la
entrada, con la desventaja de que cobran una comisión a cargo de la
tarjeta de crédito. El precio de cada entrada depende del teatro al cual
se accede y de la obra que se vaya a ver. Es importante reseñar que
diariamente se ponen en venta entradas a mitad de precio en un
quiosco situado en Leicester Square, lugar donde precisamente se
celebran muy frecuentemente las conocidas Premieres, estrenos
cinematográficos que son visitados por famosos actores y actrices de
Hollywood para promocionar sus películas. El inconveniente es que
sólo se pueden comprar como máximo un total de 4 entradas de teatro
por persona y por día.
Hay una gran cantidad de teatros en Londres con sus diferentes
representaciones que el turista puede elegir y disfrutar. En cada uno de
ellos se conciertan diferentes tipos de representación, ya sean
musicales, dramas, comedias y otros tipos de actuación. De todos eses
tipos de actuación quisiera hacer especial mención a las
representaciones musicales, ya que son mucho más numerosas y
levantan mucha más expectación por sus visitantes. Entre esos
musicales hay que citar el de “Chicago”, situado en el Adelphi Theatre
(parada de metro Charing Cross); “The Full Monty” en el “Prince of
Wales Theatre” (parada de metro de Oxford Circus); el de “Les
Miserables”, ubicado en el “Palace Theatre” (estación de metro de
Leicester Square); y entre todos ellos no puedo olvidarme de uno de los
más aclamados por los británicos, el de “My Fair Lady”, localizado en
el “Theatre Royal Drury Lane”, cuya estación es Covent Garden.
Ya para terminar mi corto comentario sobre los teatros, quisiera
volver a expresar que yo no entré en ninguno de ellos, no por falta de
dinero, sino porque el teatro no es algo que me entusiasme o me llame
147

la atención. De todos modos, mi falta de interés por esta actividad


artística no era razón suficiente como para dejar de hablar de la gran
importancia de los teatros londinenses, los cuales gozan de una buena
imagen en todo el mundo por ser fuente de creación de muchas artistas
que se consagran en el mundo del cine, el teatro o la televisión.
148

En la izquierda se pude observar en la imagen de fondo la fastuosa fachada con su pórtico de columnas
de estilo corintio de la National Gallery, uno de los museos más importantes y prestigiosos del mundo
en su género. A la derecha, mi amigo Miguel Barbosa con su novia inglesa Claire en el exterior del
genuino y cautivador Royal Observatory de Greenwich.

A la izquierda, el telescopio más grande del mundo en su género ubicado en el interior del Royal
Observatory. A la derecha, otra imagen del interior del Planetariun del Royal Observatory de
Greenwich.

A la izquierda, la fachada del National Maritime Museum considerado el mejor museo del mundo en su
género. A la derecha, una brillante exposición de coches antiguos y algún aeromodelismo en el interior
del Science Museum.
149

A la izquierda, una fotografía estremecedora del World Trade Center de Nueva York antes de ser
destruido atrozmente el 11 de septiembre del 2001 a causa de unos atentados terroristas suicidas, los
cuales cambiarían el rumbo de la historia reciente de nuestro planeta. A la derecha, la fenomenal
fachada de estilo neogótico del Natural History Museum, uno de los mejores museos del mundo en su
género.

A la izquierda, una réplica de un esqueleto de un tipo de dinosaurio ubicado en una vitrina del Natural
History Museum. A la derecha se pueden observar también diferentes vitrinas con restos de fósiles de
miles de años de antigüedad de ciertos animales en el Natural History Museum de Kensington.
A la izquierda la esplendorosa fachada del Victoria and Albert Museum situada en Kensington. A la

derecha, la monumental fachada con su pórtico de columnas de estilo jónico obra del arquitecto
Robert Smirke del British Museum, considerado como un de los 5 museos más importantes y
prestigiosos del mundo en su género.
150

GALERÍA DE IMÁGENES DE LA PIEZA DE ARTE MÁS IMPORTANTE, INSIGNE Y CRUCIAL


DE LA HISTORIA

La Santa Síndone de Turín es el «As» que Dios tiene guardado en la manga en favor de la
Inmortalidad (a la izquierda, el negativo óptico11, y a la derecha, el positivo óptico12 del
negativo fotográfico).

A la izquierda, Su Santidad Juan Pablo II venerando antes de su fallecimiento la Santa


Síndone ubicada en una cámara acorazada en la capilla del Duomo de la Catedral de Turín13.
En el centro, el auténtico autorretrato de Jesucristo, lleno de una sublime pureza,
majestuosidad y divinidad, fotografiado por primera vez por el abogado Secondo Pía14. A la
derecha, una imagen escalofriante en tridimensional del Sagrado Rostro de la Santísima
Síndone «ventilada» por los científicos de la agencia espacial norteamericana NASA a
través del analizador de imagen VP-815.

Aa izquierda, una réplica de una de las dos monedas romanas detectadas por la NASA en los
parpados del «hombre» del lienzo datadas en siglo I de nuestra era. En el centro, una
presentación artística en pintura de cómo cubrió el manto de Turín el cadáver de Nuestro
Salvador, justo unas horas antes de proyectar su impronta en negativo fotográfico y en
código tridimensional en el momento preciso la Resurrección17. A la derecha, Mario
Trematore desalojando la Sábana Santa después de un incendio acaecido en la Catedral de
Turín18.
151

A la izquierda se puede apreciar algunos de los mejores científicos del mundo poniendo a prueba la Santa Síndone de
Turín19. Unos estudios científicos interdisciplinarios que han arrojado evidencias científicas a favor de su
autenticidad. A la derecha el inventor de la moderna técnica del carbono-14, Harry Gove20, haciéndose eco de la
contaminación biológica que sufrió la Sábana Santa, adulterando la fecha de origen del lienzo. Una prueba, carbono-
14, que fue invalidada finalmente por la comunidad científica debido a las contaminaciones de origen biológico,
químico y radiactivo. VER DOCUMENTAL DEL DISCOVERY CHANNEL SOBRE LA SÁBANA SANTA:
http://www.tu.tv/videos/el-misterio-de-la-sabana-santa

Las representaciones musicales teatrales21 son la gran atracción de millones de


turistas llegados de todos los rincones del mundo en Londres.
152

9º EL LONDRES COSMOPOLITA DE SUS CONCURRIDOS


DISTRITOS Y MERCADILLOS
No cabe la menor duda de que si la ciudad de Londres es muy
visitada por millones de turistas llegados de todos los rincones del
mundo cada año no es sólo por sus lugares emblemáticos, sus parques,
palacios, museos, teatros, etc., sino que además lo es por sus
concurridos y archifamosos barrios y mercadillos. Una ciudad, Londres,
capital del mayor imperio de la historia, que cuenta con 33 distritos
repartidos por las seis zonas en que se divide la ciudad, con una
población censada de más de 7 millones de personas, aunque bien es
cierto que si incluimos también la gente no censada, la ciudad alcanza
los 10 millones de habitantes, sobre todo en la época estival. De todos
modos, si hablamos estrictamente de su área metropolitana (englobaría
el Gran Londres), su población asciende espectacularmente, superando
los 13 millones de habitantes, siendo de este modo la metrópoli más
grande de Europa. Ahora bien, un dato elocuente es el hecho de que
casi el 40% de su población son de países extranjeros, sobre todo de
Europa, lo que representa estadísticamente más de 1 de cada 3
personas. De los 33 distritos o barrios que existen en Londres hay que
destacar algunos de ellos, como son el de Mayfair, el Soho, Chelsea,
Notting Hill y de Camden Town. Son lugares muy cosmopolitas y
multirraciales, rebosantes de gentes y restaurantes de todos los países,
llenas de tiendas de souvenirs, mercadillos y de todo tipo de
atracciones muy interesantes.
El primero de los distritos que quiero comentar es el de Mayfair1,
situado en la zona 1 de Londres. En este distrito trabajé como ayudante
de camarero en una discoteca durante un mes. Fue para mí una de las
zonas que más he frecuentado durante mi estancia. Mayfair es el
distrito más caro, rico y lujoso de Londres. Su nombre tiene origen en
las “ferias de mayo” que antiguamente se celebraban en esta zona de la
ciudad. El barrio limita al norte con Oxford Street, al sur con
Piccadilly, al este con Regent Street y al oeste con Hyde Park. Además,
el distrito se compone de dos zonas diferenciadas. La primera de ellas
gira alrededor de Bond Street, en donde predominan los comercios de
mucho lujo y los restaurantes caros y un tanto «pijos» (entre ellos está
la discoteca en la que trabajé). La otra zona es la que va en dirección a
Hyde Park, en donde predominan las lujosas viviendas residenciales,
los majestuosos palacios, los asombrosos entornos paisajísticos, etc.,
153

propiedad de grandes capitalistas y magnates del mundo de los


negocios, dueños de grandes fortunas y reyes, porque no, del petróleo.
Además, en Mayfair, siendo un barrio eminentemente aristocrático,
hay algo peculiar y es que la designación de sus calles se relaciona con
los nombres de muchos de estos aristócratas y capitalistas que por esta
zona residen. No es difícil, por tanto, el que se vean por las calles
circular lujosos y astronómicos coches clásicos, como Rolls Royce,
Bentley, Maserattis, o modernos deportivos, como son los típicos
Ferraris, Lamborghinis o Porches descapotables, entre otras marcas.
Sin embargo, bien es cierto que mucha de esta gente no lo importa
«hipotecar» unos pocos años de su vida para pagar un carísimo coche,
al contrario de lo que ocurre en España con los pisos en el que la
mayoría de la población se pasa una parte importante de su vida para
acabar de pagarlos, debido a los bajos sueldos que aquí hay y a la
drástica subida del precio de la vivienda. Sin embargo, sería cierto que
el mejor bálsamo para contrarrestar estas deudas que tienen los
londinenses es gracias a que los sueldos están por las nubes. No
obstante, como dije anteriormente, los inmigrantes que no tengan
sobre todo un buen dominio del inglés y experiencia laboral tienen
muy difícil equiparar, ya no digo superar, sus sueldos con la renta per
cápita que por término medio tiene un ciudadano corriente de Londres,
la cual se eleva 400000 euros brutos al año.
Entre todas sus avenidas, calles, plazas, restaurantes y, en definitiva,
lugares que hay en Mayfair hay que nombrar el Shepher Market,
mercado en donde abundan las tiendas de comestibles de alta calidad y
que rivalizan con los anticuarios y los pequeños restaurantes
cosmopolitas.

El siguiente distrito que quiero comentar es muy interesante, sobre


todo para aquellos que les gusten el ambiente y diversión nocturna. Me
estoy refiriendo evidentemente al Soho2. El distrito limita con Oxford
Street, Regent Street, Shaftesbury Avenue y Conventry Street. Este
animado barrio, lleno de cabarets, restaurantes, teatros, locales de
strip-tease, salones recreativos, etc., es una de las zonas intelectuales de
Londres, en el sentido de que aquí residieron y siguen haciéndolo
grandes escritores y filósofos. Su nombre tiene origen en el grito que
lanzaban los cazadores para llamar a sus perros. Fue lugar de asilo para
muchos franceses protestantes exiliados. Por eso, algunas de sus calles
se designan con nombres franceses, en homenaje a estos protestantes y
154

revolucionarios. La ola de inmigrantes franceses que ocupaban esta


parte de Londres era mayor con el paso del tiempo, debido en parte a la
Revolución Francesa, de esta forma, el barrio se llena a finales del siglo
XIX de aristócratas y monárquicos franceses. Sin embargo, los
franceses no fueron los únicos visitantes que poblaron este barrio, sino
que llegaron gentes de diferentes naciones, razas, lenguas y religiones.
Hoy en día no ha perdido ese encanto, fama y gran reputación que
siempre ha ostentado. Es, sin duda, en mi opinión, la expresión
máxima del cosmopolitismo. Sus restaurantes con su variada
gastronomía son de diferentes nacionalidades, como, por ejemplo,
españoles, franceses, italianos, chinos, hindúes, turcos, paquistaníes.
Conocer y visitar el Soho es un mundo muy sugerente y apetecible
para muchos visitantes.

Yo he salido en repetidas ocasiones por la noche por el distrito del


Soho y puedo decir que es un ambiente muy especial y bonito. Es un
lugar en el que casi nada deja indiferente. Pensar en el Soho hace
evocar a sus turistas placeres secretos y ocultos. En el barrio se pueden
diferenciar dos mundos: el mundo nocturno de los trasnochadores que
frecuentan sus locales eróticos, sus pubs, locales de strip-tease y
cabarets; el otro Soho es el diurno del trabajo, menos agitado y
saturado.

Pero además el Soho presume de tener una importante industria


audiovisual en la que se encuentran los mejores estudios de cine de
todo Londres y en el que muchos artistas se lanzaron al estrellato
después de haber pasado por estos estudios.

En el mismo distrito del Soho hay una plaza muy famosa, Leicester
Square. Este lugar es muy animado y frecuentado por turistas de todas
partes. Además, el sitio está a rebosar de restaurantes, cines, algún
teatro, tiendas de recuerdos, salas de juego y discotecas con sus
fachadas iluminadas. Es lugar de celebración de diferentes Premieres
que son visitadas por personajes famosos del mundo del cine. De
hecho, durante mi estancia en la capital londinense se han celebrado
preestrenos de diferentes producciones cinematográficas en estas
Premieres de Leicester Square, siendo visitadas por actores y actrices
de la talla de Richard Gere, Leonardo Dicaprio, Nicole Kidman,
Cameron Díaz, Renee Zellweger, entre otras celebridades de la factoría
Hollywood. Sin embargo, es oportuno que mencione que no he acudido
a ver ninguna de estas Premieres, ya que siempre me enteraba de su
155

celebración tarde, mal y nunca, aunque bien es cierto que si pusiera un


mínimo de interés por mi parte seguramente hubiese visto algunas de
esas aclamadas Premieres. En la zona de Leicester Square también hay
una hermosa iglesia llamada Notre-Dame-de France y un museo
llamado “Guinness World of Récords”, dedicado única y
exclusivamente a exponer muchos de los récords acaecidos y que están
contenidos el Libro de los Récords. En una de estas calles que
componen el distrito del Soho llegó a vivir el compositor Mozart.
Una calle conocida situada muy cerca de Leicester Square es
Carnaby Street, un lugar universalmente famoso durante la década de
los setenta del pasado siglo por sus comercios de moda. Pero no puedo
olvidarme, por supuesto, de dos calles que hay en el Soho, cuyo nombre
son Lisle Street y Gerrard Street. Estas dos calles están repletas de
comerciantes y vendedores asiáticos, especialmente de China, y que
han invadido esta parte del Soho, constituyendo el verdadero pulmón
del barrio chino, es decir, el Chinatown de Londres. Fieles a su
costumbre y cultura, sus calles están decoradas con todo tipo de
adornos típicos de Asia Oriental, sobre todo de China y Japón. Yo no
dudé por un instante en acercarme a este insólito lugar para presenciar
sus fachadas y calles adornadas, respirando su ambiente y el llamativo
olor de sus platos gastronómicos servidos en sus numerosos
restaurantes, algunos de ellos con mesas ubicadas al aire libre.
Siguiendo el recorrido turístico por la gran city debo hacer especial
mención a uno de los lugares más cautivadores, atractivos y
distinguidos de Londres: Notting Hill. Es famoso este distrito
principalmente porque en este lugar se rodó una película
hollywoodiense protagonizada por Julia Roberts y Huge Grant, y
también es conocido mundialmente por sus espectaculares Carnavales
que se celebran todos los veranos ahí. Yo he visitado esta parte de la
ciudad en más de una ocasión, algunas veces solo y otras veces
acompañado con mis amigos franceses de mi primera etapa (uno de
ellos trabajaba en esta zona en un «shop»), para respirar el dulce
ambiente de sus calles, plazas y zonas verdes. Hablando de los
Carnavales de Notting Hill, debo decir que por desgracia no pude
verlos, ya que estaba convaleciente debido a una gripe. De todos modos
y pesar de no vivirlos en persona, según varios amigos míos que han
presenciado en vivo y en directo esos desfiles carnavalescos por sus
calles, es muy recomendable verlos, aunque ello suponga tener que
viajar a Londres expresamente por los Carnavales de Notting Hill. La
156

buena reputación con que gozan estas fiestas hacen persuadir y


convencer a millones de turistas llegados de cualquier rincón del
mundo para ver, disfrutar y sacar algunas fotos de estas celebraciones y
poder guardarlas como grato recuerdo de su visita por esta ciudad.
Pero no sólo Notting Hill es famoso por sus carnavales o por su
película, también lo es por poseer uno de los mejores mercadillos de
Londres, situado en Portobello Road. En este lugar se venden todo tipo
de antigüedades, objetos de plata, cerámicas, ropa, souvenirs y todo
tipo artículos muy variados, sobre todo de decoración, vendidos al aire
libre en unos simples tenderetes o en algunos locales cerrados.
Hablando de mercadillos, uno de esos mercadillos que causan una
buena sensación es, sin duda, el de Camden Town. A ese lugar acudí
sólo una vez con varios amigos míos de mi residencia. Fue un fin de
semana cuando decidimos entre todos nosotros, de improviso, es decir,
sin un plan elaborado, visitar este singular mercadillo. Para llegar allí
tuvimos que coger todos (seríamos aproximadamente 7 u 8 personas)
un autobús en nuestra zona de residencia en Camberwell Green con
destino Camden Town. La duración aproximada del trayecto hasta el
mencionado lugar fue de 45 minutos. Como el recorrido del autobús
era por el centro de la ciudad, conseguimos matar rápidamente el
tiempo al recrearnos en las fantásticas vistas de la ciudad que
englobaban sus calles, monumentos, fachadas y su ambiente. Llegamos
todos con algo de impaciencia y ansiedad por ver el tan ilusionado
lugar. Esa zona recóndita de la ciudad prodigaba todo tipo de gente,
sobre todo hippie. Todos recorrimos el lugar unidos como si se tratase
de una buena y gran familia. La calle principal por donde transcurría el
mercadillo estaba llena de tiendas con tenderetes repletos de ropa
colocados al aire libre, había tiendas con todo tipo de antigüedades,
locales para grabarse tatuajes en la piel, puestos de comida y bebida
ambulante, etc. Todo aquel bullicio y animación me llamó mucho la
atención. Todo era verdaderamente curioso e interesante. La gente que
por aquí merodeaba pertenecía a cualquier nacionalidad, etnia, lengua
y creencias. Todo resulta muy pintoresco por este sitio, sobre todo la
gente que iba vestida desenfadadamente con ropa hippie o punki, gente
con grandes y llamativos tatuajes, con piercings en cualquier parte del
cuerpo, con el pelo teñido, rapado o peinado de cualquier forma. El
mercadillo era sensiblemente grande. Había donde olfatear y comprar
gracias a la gran variedad de artículos que se vendían. Nada me dejaba
indiferente. Todo lo contrario. De todo lo que vi en Camden Town, lo
157

que más me caló hondo fue el canal que allí había. Por ese estrecho
canal pasaba la gente montada en barcas. Era una bonita imagen como
sacada de una postal. La mayoría de mis amigos acabaron sacando
fotos del lugar, al igual que saciamos nuestros estómagos al beber
algunos refrescos en algunos chiringuitos ambulantes. Había una
impresionante marea de turistas visitando este mercadillo. Estuvimos
prácticamente desde el mediodía hasta bien avanzada la tarde. Antes
de que anocheciera fue cuando todos decidimos por unanimidad
regresar a la residencia para reponernos del intenso y ameno día. En el
rostro de mis amigos y en el mío propio se podía palpar una moderada
satisfacción por haber visitado este sitio y al mismo tiempo un poco de
melancolía y nostalgia por volver a visitarlo de nuevo algún otro día.
Finalmente, quiero concluir mi relato sobre los mercadillos y barrios
londinenses haciendo especial mención a uno de esos famosos y
ambientados barrios: Chelsea. En este distrito he estado trabajando
como ayudante de cocina en un restaurante durante un mes en verano.
Son innumerables las veces por las que pasé por este lugar en autobús,
bien para ir al trabajo, bien para regresar a mi nuevo hogar situado en
Fulham después de mis frecuentes visitas a mi antigua residencia en
Camberwell o para visitar el centro de Londres. No es de extrañar que
lo conozca casi como la palma de mi mano.

Chelsea3 parece una ciudad dentro de otra ciudad. Se extiende de


forma paralela al río Támesis. Es un mundo aparte. Cualquiera que
recorra estos lugares no le resultará difícil sentirse admirado y
absorbido por la hermosura e imponencia arquitectónica de las
fachadas de sus viviendas de estilo victoriano y georgiano. Es Chelsea
una encrucijada de calles estrechas y plazas apacibles. Es el distrito
más rico de Londres, junto con el de Mayfair. Aparte de eso, Chelsea
puede presumir de ser uno de los distritos más lujosos y prestigiosos de
todo el planeta, comparable en fama y riqueza a los distritos de
Beverlly Hills de Los Ángeles y el de Manhattan de Nueva York. Un
ejemplo claro y evidente que avale lo que acabo de decir lo
encontramos no únicamente en el precio de sus viviendas, sino en los
lujosos coches, tanto los modernos deportivos como los clásicos, que
circulan con frecuencia por sus calles con cierto aire de insinuación,
descaro y glamour. Por si fuera poco, el distrito tiene fama de haber
sido durante más de 4 siglos centro de apogeo de la vida cultural y
artística de Inglaterra.
158

Antiguamente Chelsea era un barrio humilde de pescadores,


convirtiéndose con el paso del tiempo en lugar de alojamiento de
personalidades pertenecientes a la corte. Acabaría con los años
adquiriendo fama de barrio tranquilo y apacible. A finales del siglo
XVIII se convirtió en el lugar predilecto por los londinenses
pertenecientes a cualquier clase social, raza y creencia. Pero
probablemente lo que consagró mundialmente a este distrito fue el
hecho de que a principios del siglo XIX una cantidad innumerable de
artistas e intelectuales, tanto británicos como de otros países, optaron
por vivir en este insólito lugar. Sin embargo, en muy poco tiempo pasó
de la buena a la mala reputación, debido a que la gente no apreciaba las
artes y costumbres de estos artistas. No obstante, en Chelsea no sólo
prodigaban los grandes artistas, sino que también había grandes
historiadores, filósofos y científicos.
Después de las dos Guerras Mundiales, el distrito de Chelsea
consiguió evolucionar positivamente. Surgieron las primeras obras
teatrales en los años 50 y 60 del pasado siglo. A partir de 1970 Chelsea
se convertiría en una especie de Meca para los jóvenes británicos y
lugar de paso para famosos grupos de música rock, como los Rolling
Stones, entre muchos otros. También sería el epicentro de la moda y de
sus desfiles.

Hoy en día Chelsea sigue siendo un barrio muy cargado, mundano y


vital, sin haber perdido la belleza arquitectónica de las fachadas de sus
viviendas y edificios, el encanto de sus calles, plazas y jardines, y la
atracción de sus comercios, restaurantes y pubs. Sigue siendo un
recóndito lugar hecho para ricos, aristócratas y famosos del mundo del
cine, la moda, las letras, la música, etc.
159

A la izquierda se puede apreciar Regent Street, una de las calles más famosas de Londres. A la derecha se observa la
Cúpula del Milenio en Greenwich4, más popularmente conocida como The Dome.

A la izquierda se pueda apreciar una elegante y glamourosa limusina circulando por Piccadilly Circus. A la derecha
se observa a mi amigo Jorge en la Premiere de Leicester Square visitada por la actriz australiana Nicole Kidman en el
preestreno de la película “La intérprete”.

A la izquierda, la firma multinacional Virgin5 en Times Square de Nueva York, la empresa británica más
internacional, prestigiosa y comercial del Reino Unido. A la derecha aparezco yo en un primer plano y en el plano de
fondo aparecen las calles y adornos en Chinatown, uno de los lugares más singulares y acogedores de Londres.
160

A la izquierda se puede ver una de la grandes atracciones de Londres, los autobuses de dos pisos, circulando por la
calle de Haymarket. A la derecha se puede ver la estación de tren de Victoria Station.

A la izquierda se puede apreciar en la imagen de fondo el Admiralty Arch situada en la zona del Mall. A la derecha
se puede apreciar Oxford Street, la calle más concurrida del mundo, según el British Tourist Authority.
161

EPÍLOGO
Encontraría infinitas razones para emprender el arduo proyecto de
escribir este libro que al principio se me antojaba harto difícil y ajeno a
mi capacidad literaria, pero que, con el paso del tiempo, a base de
talento, perseverancia y sacrificio, fue cogiendo forma y sentido para
acabar haciéndose realidad. He ido forjando el alma de este libro para
ir dándole carácter y vida propia. Si no tuviera una experiencia insólita
como la que tuve viviendo y trabajando en Londres, nada de todo esto
vería la luz. Me he sentido interiormente inspirado para trasmitir en
este libro todo lo que he sentido en Londres, tanto mis alegrías, mis
ilusiones, mis deseos, como también mis penas, mis preocupaciones y
mis desengaños. Creo que he intentado mantenerme a la altura de las
circunstancias, ya que vivir en una ciudad tan importante, tan
prestigiosa y descomunal, como es Londres, me impulsaba tomar la
importante decisión de escribir este libro, hablando de lo que realmente
es Londres y cómo fue mi situación personal y profesional en esa
ciudad. Para ello he tratado, por una parte, de no alejarme de la
realidad, evitando idealizar todo ello y, por otra parte, he intentado
hacer una especie de autocrítica constructiva que me sirviese de
lección de cara al futuro. No sé si he conseguido ambas cosas al mismo
tiempo en su justa medida, pero si tengo claro algo es que no decaí en
ese empeño laborioso.

Creo que nadie es perfecto, ni siquiera el mundo lo es, por eso


quiero mencionar que mis experiencias en Londres tampoco han sido
perfectas. Creo que si lo fuesen se perdería un grado de realismo,
humanidad y verosimilitud. Por eso he encontrado más razones para
escribir este libro, sin alejarse, como dije antes, de la realidad. Quizás
mi situación personal en la ciudad pudiese haber sido mejor de lo que
fue, en parte debido a mi exceso de responsabilidades (estudios
universitarios, trabajo e inglés). Probablemente he querido abarcar
muchos proyectos en tan poco tiempo y eso me ha llevado por
momentos a causarme falta de concentración, algo de preocupación y
estrés. Aunque el momento o contexto temporal de mi partida hacia
Londres no fue el idóneo, por lo que he comentado anteriormente, eso
no quiere decir que no halla merecido la pena haber visitado esta
ciudad. Ni mucho menos, sobre todo cuando lo que pude adquirir tiene
ver con ampliar horizontes, adquirir mayor madurez mental, tener otro
162

enfoque del mundo, capacidad de adaptarme a una cultura diferente,


mejorar más mi currículum profesional, etc.
Soy un escritor principiante que desde la sensatez y la humildad he
encontrado como surgido de la nada la vocación literaria de dedicarme
en algunos de mis momentos libres a la escritura, y este libro es la
mejor manera de refrendar pública y oficialmente dicha vocación. He
sentido un respaldo y apoyo incondicional por parte de mis amigos y
de la gente que conocía de mi entorno social en mi objetivo de vivir en
Londres, pero, como no podía faltar, he tenido también mis detractores,
sobre todo mis propios familiares, que al principio se oponían
ilegítimamente a que yo partiese a vivir y trabajar en la capital del
Reino Unido. Mi valiente decisión de irme a Londres no fue repentina,
fruto de la calentura o tomada de la noche a la mañana, sino que más
bien fue una decisión muy premeditada y calculada meticulosamente.
Una decisión, fruto de mis emociones, de lo que me decía el corazón,
como un deseo e impulso reprimido durante un largo periodo de
tiempo que abarca tempranamente desde mi infancia y que explotó un
buen día para tratar de hacerlo realidad. Mi vocación y pasión por el
inglés fue el detonante que motivó mi partida a tierras inglesas. Me
siento interiormente satisfecho y autorrealizado de haber cumplido uno
de los mayores sueños de mi vida que era «sumergirme» en un país
con una cultura y lengua con las que siempre me he sentido
identificado, sin renegar para nada de mis raíces vinculadas a mi
querida y orgullosa tierra gallega a la que, por momentos, he sentido
en Londres esa conocida «morriña». También se aprende a eso, a
valorar más lo que se tiene y a ser más conformista y autosuficiente.
¿Por qué Londres y no otra ciudad? Por la sencilla razón de que
Londres me proporcionaba a mí muchas ventajas, entre ellas estaba el
hecho de vivir en la segunda ciudad con mayor nivel de vida del
mundo, después de Nueva York, el sentirme identificado con su cultura,
paisajes y costumbres y por otras razones que tenían que ver con
adquirir mayor madurez mental o mejorar cualitativamente mi
currículum profesional. Sin embargo, también tenía sus inconvenientes
que eran lo suficientemente caro que estaba la vida allí como para vivir
con cierta comodidad y tranquilidad, y el hecho fatal de tener que vivir
muy lejos de mi hogar natal, del cariño de mis seres queridos y amigos.
Por muchas razones objetivas que existan para vivir en Londres, jamás
podrá reemplazar el valor que tiene de poder vivir cerca de mis
familiares y de la gente que realmente me aprecia, de modo que me
163

sirviese para cubrir el vacío interior que en algunos momentos he


llegado a sentir en la capital británica. Eso fue lo que me faltó a mí,
alguien de mi entorno familiar para expresar más íntimamente mis
ilusiones y mis alegrías, al igual que mis penas y desengaños. Es cierto
que tuve muchos amigos allí, sobre todo gracias a mi carácter
extrovertido y sociable, pero todo ello no es lo mismo, ya que no son
amigos cercanos con los que compartí mis primeros años de infancia y
posteriormente mi adolescencia, aunque con ello no insinúo que no
tuviese un estrecho e intenso vínculo emocional con ellos durante mi
estancia, que sí lo tuve realmente. El hecho de vivir lejos del afecto de
mis seres queridos y amigos me hacía reflexionar sobre lo duro que
puede ser la vida cuando uno viaja solo por el mundo adelante, en
busca de un futuro algo esperanzador, como le ha sucedido a cientos de
miles de emigrantes gallegos durante la Guerra Civil y el franquismo.
Eran tiempos de mucha pobreza y calamidades, tiempos que obligaban
a mucha gente, incluyendo a parientes míos, inexorablemente a tener
que emigrar como la única opción de poder seguir sobreviviendo más o
menos dignamente, aunque dicha elección significase el desposeerse
del tesoro más preciado: sus seres queridos más cercanos. Eran otros
tiempos, con un contexto político y socioeconómico diferente al que
me tocó a mí vivir. En mi caso particular, la decisión de emigrar de
Galicia temporalmente fue de manera legítima, voluntaria y leal a mi
afinidad por la cultura anglosajona, mientras que la mayoría de los
gallegos que emigraron en la época franquista tomaron una decisión
drástica y forzada como único camino de salvación ante la profunda
crisis económica y social de aquella época en España. Sin embargo,
algunas cuestiones de fondo están relacionadas mi situación en
Londres con aquella difícil época. ¿En qué cuestiones? Pues en el hecho
duro que suponía para mí tener que abandonar el lugar, los familiares y
los amigos de donde me crié y sustituirlo por otras cosas nuevas y
desconocidas que iría encontrar en Londres. También coincide en el
hecho de que, como emigrante, he tenido que agarrarme a cualquier
puesto de trabajo que se me ofertaba, aunque fuese el peor puesto
posible, ya que la gran mayoría de las personas que emigran a otro país
tienen que trabajar el doble para equiparar sus sueldos y nivel de vida
con los propios ciudadanos del país de destino. Es cierto que también
depende da la preparación académica y profesional, conocimientos de
idiomas y otros títulos que posea el individuo que emigra a otro país.
En la época de la dictadura franquista, debido al alto índice de
analfabetismo y pobreza, muchos de esos emigrantes tenían que
164

agarrarse a un clavo ardiendo para seguir adelante fuera de su país. Sin


embargo, hoy en día vivimos en un mundo globalizado, en el que
impera la era de la información, la comunicación, de los grandes
avances científicos y tecnológicos, donde la gran mayoría de la gente,
exceptuando la población del Tercer Mundo, está bien preparada a
nivel académico y profesional. Ante esa realidad, el nivel de vida que
pueda tener un emigrante fuera de su país dependerá en gran medida
de su estatus socioeconómico adscrito o adquirido. Siendo más
explícito y concretándolo en mi caso, quiero decir que si mi situación
en Londres no fue la más acorde fue precisamente porque no había
acabado de titularme de mis estudios universitarios y no poseía un
nivel de inglés suficientemente avanzado para ejercer un buen puesto
de trabajo en Inglaterra.

En cuanto a Londres, debo señalar que es una ciudad deslumbrante y


de ensueño por todos sus monumentos, plazas, avenidas, palacios,
parques, museos, etc. Es una ciudad que cautivará a cualquier persona
que se adentre en ella por las infinitas posibilidades artísticas,
culturales y recreativas que posee. Por eso mismo quiero recomendar
seriamente a cualquier persona que lea este libro, que se anime algún
día a visitar esta gran ciudad, ya que no defraudará a nadie en
absoluto. Yo he intentado lo mejor posible disfrutar de la ciudad en su
máximo esplendor, aunque bien es cierto que una ciudad tan grande
como es Londres, llevaría muchos años para conocerla muy de fondo,
por eso mismo he tenido que conformarme con conocerla a grandes
rasgos. No estoy arrepentido en absoluto de haber vivido y trabajado
en esta ciudad, aun cuando el contexto temporal de mi partida no fue el
idóneo debido a mi exceso de obligaciones. Sin embargo, sí estoy
arrepentido de no haber disfrutado más de la ciudad en algunos
aspectos, como, por ejemplo, subir al London Eye, bajar en catamarán
por el Támesis, viajar en limusina, ver un partido de fútbol en alguno
de sus numerosos estadios, entre otras cosas. De todos modos, espero y
deseo, si Dios quiere, en un futuro no muy lejano, volver a viajar hasta
esta ciudad para cumplir una de mis mayores expectativas que me
había marcado antes de mi partida a Londres, que era vivir al menos un
año en esta capital. Un año de estancia en Londres que me serviría
para perfeccionar su idioma, con el fin de obtener los títulos oficiales
de inglés de la prestigiosa Universidad de Cambridge (First Certificate,
Advanced y Profiency), mejorando de este modo sustancialmente mi
currículum académico. Así que solamente tengo que ponerme manos a
la obra para hacer realidad eses importantes objetivos.
165

Ya para finalizar este libro, fruto de 3 años y medio de arduo trabajo


mental e intelectual dedicado a escribir esta inédita obra, además de
realizar de manera paralela un «Master de Investigación en
Sindonología» por mi cuenta durante 2 años y centrarme en finalizar
mis estudios universitarios, quisiera a modo de conclusión reseñar
cuatro cosas más. La primera de ellas es que todo lo está escrito en esta
obra con relación a mi situación en la capital de las islas británicas y
después sobre Londres como ciudad, representa una ínfima parte de lo
que realmente viví. Segundo, este libro se ajusta prácticamente por
completo a la realidad, ya que he evitado disfrazar e idealizar dicha
realidad lo buenamente posible, aunque a veces al escribir sobre
Londres como ciudad he podido excederme en mis adjetivaciones. Sin
embargo, mal que pueda extrañar a más de uno, esta ciudad lo tiene
casi todo, sobre todo un altísimo nivel de vida, por lo que muchos de
mis adjetivos calificativos que describen esta ciudad son perfectamente
justificables. Tercero, mi situación en Londres ha sido sinceramente
agridulce. Agria porque me resultó por momentos bastante dura y
difícil mi estancia allí por mis problemas de adaptación a mi primera
residencia, a los dos últimos trabajos, el haber extrañado a mis
familiares y seres queridos, y por el exceso de responsabilidades que
tenía. Dulce porque he adquirido mucha madurez y conocimiento al
ver todo lo que hay en Londres, porque he vivido en un país con una
cultura con la que siempre me he identificado, y por último, porque he
hecho muchos amigos. Al fin y al cabo, las relaciones humanas son lo
que de verdad importa. Para finalizar, debo recalcar que me siento
bastante orgulloso y satisfecho de haber vivido en esta gran ciudad,
además de poder presumir por haber trabajado, aunque sólo fuese por
un mes en verano, en el que es probablemente el distrito más rico y
prestigioso del mundo: Chelsea.
166
167

BIBLIOGRAFÍA

1º PARTE
MI SITUACIÓN PERSONAL Y PROFESIONAL EN LA CIUDAD:

Cap. 2º: Mi segunda etapa en la ciudad del Cockney

 Información referida a Su Santidad Juan Pablo II1


Fuente: http://www.aciprensa.com/juanpabloii/

Cap. 4º: La marcha nocturna londinense


Información referida a la descripción de pubs1
Fuente: “Guías de Viaje Salvat” –Londres- Salvat Editores. Barcelona
1984

 Información referida a pubs, restaurantes y discotecas 2


Fuente: http://www.latenightlondon.co.uk/bars.asp

Cap. 5º: Mi adaptación a la ciudad, su cultura y costumbres


Información sobre el New Scotland Yard1
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Scotland_Yard


Información sobre el National Health Service2
Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/National_Health_Service


Información sobre tipos de tickets de metro3
Fuente:http://www.infoidiomas.com/paises/uk/ciudades/citylondres.asp


Mapa del metro de Londres4
168

Fuente: Guía “London Planner”. British Tourist Authority. MFA


Publications. London (U.K.) 2003

2ª PARTE
MIS VISITAS TURÍSTICAS Y CULTURALES A LOS GLAMOUROSOS
LUGARES EMBLEMÁTICOS:

Cap. 6º: El Londres monumental de los fascinantes lugares emblemáticos

 Información referida al Palacio de Westminster 1, Abadía de Westminster 2,


Trafalgar Square5, Piccadilly Circus7, Royal Albert Hall10 Fuente: “Guías
de Viaje Salvat” –Londres- Salvat Editores S.A. Barcelona 1984

Información sobre la Catedral de Westminster 3, la City6, de la Catedral de
San Pablo4 y The Tower8. Fuente1ª: “Guías de Viaje Salvat” -Londres-
Salvat Editores S.A. Barcelona 1984. Fuente2ª: “Londres” Acento Editorial.
Madrid 1993-1994


Información referida al Tower Bridge9
Fuente: http://www.towerbridge.org.uk/TowerBridge/
Spanish/BridgeHistory/

Información referida al Castillo de Windsor 11
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Castillo_de_Windsor

Cap. 7º :El Londres imperial de los majestuosos palacios y parques

 Información referida al Palacio de Saint James 1, al Palacio de


Kensington y al Palacio de Buckingham . Fuente1ª: “Guías de Viaje Salvat”
2 3

–Londres- Salvat Editores S.A. Barcelona 1984 Fuente2ª: “Londres”. Acento


Editorial. Madrid 1993-1994
169

 Información referida al Hyde Park 4, al Kensington Gardens5, al Regent´s


Park6, al Saint James Park7 y Richmond Park8 Fuente1ª: “Guías de Viaje
Salvat” –Londres- Salvat Editores S.A. Barcelona 1984 Fuente2ª: Guía
“Londres” Editorial Acento. Madrid 1993-1994

Cap. 8º: El Londres artístico de los descomunales museos y teatros


Información referida al National Gallery1
Fuentes: http://www.nationalgallery.org.uk/plan/information/galleries.htm
http://www.artehistoria.com/frames.htm?
http://www.artehistoria.com/genios/museos/3.htm

Información referida al Wallace Collection2
Fuente:http.//www.artehistoria.com/frames.htm?
http://www.artehistoria.com /genios/museos/350.htm

Información referida al Royal Observatory3
Fuente:http://www.nmm.ac.uk/server.php?
show=conWebDoc.134996&navId=0050000002

Información referida al National Maritime Museum4
Fuente: http://www.nmm.ac.uk/server/show/conWebDoc.529

 Información referida al Science Museum5 y The Natural History Museum6


Fuente1ª: “La Guía del Trotamundos” –Londres- (Serie Oro). Editorial
Gaesa. Madrid 1997.
Fuente2ª: http://www.sciencemuseum.org.uk/collections/index.asp
http://www.sciencemuseum.org.uk/

 Información referida al British Museum7


Fuente1ª: http://www.thebritishmuseum.ac.uk/ethno/ethhome.html
http://www.thebritishmuseum.ac.uk/spanish/colecciones.html
Fuente2ª: “La Guía del trotamundos” -Londres- (Serie Oro). Editorial
Gaesa. Madrid 1997.


Información referida al Santo Sudario de Turín8
Fuente1ª: http://www.aciprensa.com/sudario/estudios.htm
http://www.aciprensa.com/sudario/medicina.htm
http://www.corazones.org/jesus/turin_sudario/a_turin.htm
170

http://www.corazones.org/jesus/turin_sudario/turin_sudario2p.htm#Estudi
os%20científicos
http://www.sabanasanta.org
http://www.cilt.com.ar/home1.htm
http://www.degelo.com/colaboraciones/col8.htm
http://www.monografias.com/trabajos/sabanasanta/sabanasanta.shtml
http://mm2002.vtrbandaancha.net/sindone.html
Fuente2ª: DVD Discovery Channel “El misterio de la Sábana Santa” – Un
enigma al descubierto- (Título original “In Pursuit of the Shroud” EE.UU.
1998)
Fuente3ª: Colecciones de DVD “La Otra Realidad” de Fernando Jiménez del
Oso. Capítulo dedicado a la “Sábana Santa” Madrid 2003.
Fuente4ª: BENÍTEZ, J.J.: “El Enviado” Editorial Planeta DeAgostini.
Madrid 2000.
Fuente5ª: LORING, Jorge: “La autenticidad de la Sábana Santa” (Libro + 28
diapositivas) Ediciones Crespo. Madrid 1981.
Fuente6ª: PORTER, Carmen: “La Sábana Santa” -¿Fotografía de
Jesucristo?- Editorial Edaf. Madrid 2005.
Fuente7ª: Coleccionables “Cuarto Milenio” –El más allá nunca ha estado
tan cerca- (Libro + DVD) de Iker Jiménez. Capítulo dedicado al Santo
Sudario de Turín. Madrid 2007.
Fuente8ª: DVD de 160 minutos de “La Sábana Santa” (El fenómeno, la
película, el lienzo, las ostensiones y el arte). San Pablo Multimedia. Madrid
2006.


Cita del prestigioso científico estadounidense Ken Wilber 9
Fuente: AA.VV.: “¿Vida después de la muerte?” Editorial Kairós S.A.
Barcelona 1992. (Título original “What Survives?” EE.UU. 1990)


Información referida a los teatros10
Fuente: “La Guía del Trotamundos” –Londres- (Serie Oro). Editorial Gaesa.
Madrid 1997.


Fotografía de la Santa Síndone en negativo óptico11
Fuente: http://www.aciprensa.com/sudario/imagenes.htm


Fotografía de la Santa Síndone en positivo óptico12
Fuente:http://www.mundoparanormal.com/docs/enigmas/sabana_santa.ht
ml
171


Fotografía de Su Santidad Juan Pablo II venerando la Santa Síndone 13
Fuente: http://www.sabanasanta.org


Fotografía del autorretrato de Cristo14
Fuente: http://www.aciprensa.com/sudario/imagenes.htm


Fotografía del Sagrado Rostro en tridimensional15
Fuente:http://www.mundoparanormal.com/docs/enigmas/sabana_santa.ht
ml

Fotografía de una réplica de las monedas romanas datadas en siglo I de
nuestra era encontradas en los párpados del «hombre» el lienzo 16
Fuente: http://www.degelo.com/colaboraciones/col8.htm


Fotografía de una representación artística en pintura recreando cómo cubrió
el lienzo de Turín al cuerpo sin vida de Nuestro Salvador17
Fuente: http://www.aciprensa.com/sudario/imagenes.htm


Fotografía del bombero Mario Trematore desalojando el Santo Sudario
ubicado en un cofre blindado18:
Fuente: http://www.templotibidabo.org/Sindone/Sindone7.htm


Fotografía de los mejores científicos del mundo poniendo a prueba el Santo
Sudario19:
Fuente: http://www.sabanasanta.org


Fotografía del Dr. Harry Gove haciéndose eco de la contaminación
biológica que adulteró el resultado de la prueba del carbono-14 en el Santo
Sudario20:
Fuente: http://www.sabanasanta.org


Fotografía publicitaria de los musicales Chicago y The Full Monty 21
Fuente: Guía “London Planner” British Tourist Authority. MFA
Publications. London (U.K.) 2003.

Cap.9º: El Londres cosmopolita de sus concurridos distritos y mercadillos


Información referida a Mayfair1, el Soho2 y Chelsea3
Fuente1ª: “Guías de Viaje Salvat” -Londres- Salvat Editores S.A. Barcelona
1984. Fuente2ª: “Londres” Acento Editorial. Madrid 1993-1994
172


Fotografía de la Cúpula del Milenio4
Fuente: http://wwp.millennium-dome.co.uk (Foto Mike Goldwater. NMEC
Publications)


Fotografía de la multinacional Virgin 5 en Times Square de Nueva York
Fuente: http://www.virginmegamagazine.com/default.asp?vms=20

Portada y contraportada


Fotografía de la bandera de Inglaterra
Fuente: http://es.encarta.msn.com/media_12106210777/
Bandera_de_Inglaterra.html

Fotografía del escudo de Inglaterra
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:England_coa.gif


Fotografía del escudo de Londres
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:London_City_coa.png

Fotografía de la bandera del Reino Unido
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/
Imagen:Flag_of_the_United_Kingdom.svg
173
174

AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a las siguientes personas físicas y jurídicas por facilitarme la labor
a la hora de escribir esta obra, de la que yo soy autor en toda su extensión, haciendo
posible que este trabajo literario pudiese ver por fin la luz:

 José Pérez
 Miguel Barbosa
 Jorge Barbosa
 José Manuel Pacho
 José Antonio Fraga
 Sandra Vázquez
 Biblioteca Pública Nodal de Ourense
 Facultad de Derecho, Turismo y Ciencias Empresariales del Campus
Universitario de Ourense
 Facultad de Ciencias de la Educación y de Historia del Campus U. de Ourense
 Casa da Cultura de Allariz (Ourense)
 Puga Papelerías