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… las circunstancias de nacimiento y geografía determinan en gran medida la

religión a la que pertenecemos. Hay muchas probabilidades de que los nacidos en Pakistán
sean musulmanes, hindúes los nacidos en la India, sintoístas los nacidos en Japón y
cristianos los nacidos en Italia. No sé qué hecho significativo se puede deducir de esto:
quizá que no deberíamos sucumbir con demasiada facilidad a la tentación de exclusividad y
a la pretensión dogmática de nuestra religión de tener el monopolio de la verdad.
Fácilmente podrías haber sido miembro de la religión a la que ahora denigras por el mero
hecho de haber nacido en el país donde esa religión es mayoritaria.1

Hemos de mantener tenazmente nuestras creencias particulares y peculiares, sin


pretender que todas las religiones son iguales, pues es evidente que no lo son. Hemos de
estar preparados para aprender unos de otros, sin pretender que solo nosotros tenemos toda
la verdad y que de alguna manera poseemos el monopolio de Dios.2

Ciertamente es bueno saber que Dios (en la tradición cristiana) nos creó a todos (no
solo a los cristianos) a su imagen, dotándonos así de valor infinito, y que Dios entró en una
relación de alianza con toda la humanidad, representada en la alianza con Noé, cuando Dios
prometió que no volvería a destruir su creación con el diluvio. Ciertamente podemos
alegrarnos de que la palabra eterna, el Logos de Dios, ilumine a todos, no solo a los
cristianos, sino a todo ser que viene a este mundo; que aquello que llamamos el Espíritu de
Dios no es exclusivo del cristianismo, ya que el Espíritu de Dios existió mucho antes de
que hubiera cristianos, e inspiró y orientó a mujeres y hombres en los caminos de la
santidad, realizando y llevando a término lo que era mejor en todo.3

Dios no necesita nuestra protección. Tal vez muchos de nosotros necesitemos


profundizar y ampliar nuestra noción de Dios. Se dice a menudo, medio en broma, que Dios
creó al hombre a su imagen y que el hombre se lo ha agradecido entristeciéndole con sus
prejuicios estrechos y sus exclusivismos, sus manías y rarezas temperamentales. Dios sigue
siendo Dios, tanto si tiene adoradores como si carece de ellos.4

Con demasiada frecuencia, sin embargo, nuestra conducta contradice nuestra


profesión de fe. Se supone que debemos proclamar al Dios del amor, pero como cristianos
hemos sido culpables de sembrar el odio y la sospecha. Proclamamos a aquel a quien
llamamos Príncipe de la Paz y, sin embargo, como cristianos hemos entablado más guerras
de las que podemos recordar. Hemos asegurado que somos una comunidad compasiva,
solícita y que comparte, pero como cristianos a menudo santificamos sistemas
sociopolíticos que lo niegan, donde los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres cada
vez más pobres, donde parece que santificamos una competitividad feroz y tan cruel como
la que existe en la selva.5

1
TUTU, Desmond. Dios no es cristiano. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012, pp.14.
2
TUTU, Desmond. Dios no es cristiano. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012, pp.14.
3
TUTU, Desmond. Dios no es cristiano. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012, pp.15.
4
TUTU, Desmond. Dios no es cristiano. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012, pp.15.
5
TUTU, Desmond. Dios no es cristiano. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012, pp.15-16.
Como monoteístas sostenemos, en relatos como los de Abrahán y Moisés, que
mucho antes de la economía salvífica cristiana fue posible tener una experiencia religiosa
auténtica en la que las personas se encontraron con Dios. Esto debe significar ciertamente
que tales personas pudieron de alguna manera, quizás inescrutable para algunos pero
claramente debida a la misericordia divina, llegar a Dios y tener una relación real y
profunda con él muchos siglos antes de la llegada de Cristo.6

Reivindicar a Dios exclusivamente para los cristianos es empequeñecerlo en exceso


y en un sentido real es blasfemo. Dios es mayor que el cristianismo y no cuida solamente de
los cristianos. Tiene que cuidar de todos los seres humanos, aunque solo sea por la sencilla
razón de que los cristianos han entrado bastante tarde en la historia universal. Dios ha
estado presente siempre, desde antes de la creación, es decir, desde hace mucho, mucho
tiempo.7

… se sirve mejor a la causa cristiana reconociendo gozosamente que Dios no es el


coto privado de los cristianos, sino que es el Dios de todos los seres humanos, a los que ha
concedido una revelación de su naturaleza, y que todos pueden tener con él un encuentro y
una relación real.8

6
TUTU, Desmond. Dios no es cristiano. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012, pp.20.
7
TUTU, Desmond. Dios no es cristiano. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012, pp.21.
8
TUTU, Desmond. Dios no es cristiano. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2012, pp.23.