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Jóvenes.

Un reto llamado adultez (Parte I)


Escrito por Jesús Andrés Vargas Gutiérrez

Vivimos en un mundo que incentiva a los jóvenes a alcanzar sus


metas a través del estudio. Y esta estrategia ha servido para que miles
de bachilleres-a diferencia de años atrás- decidan continuar con su
formación académica ya sea para alcanzar un título profesional, o un
título como tecnólogo.

Y lo hacen fundamentalmente para evitar quedarse rezagados dentro


del mercado laboral siguiendo la premisa de que “el que no estudia no
tiene los mejores puestos, ni las mejores oportunidades”.

Lejos quedaron los días en que ya era un gran logró graduarse


del colegio, ahora nunca será suficiente el hecho de tener un pregrado
en algo. La era de las especializaciones, maestrías y doctorados
impone su ley.

Es tan agresivo y poco agradecido el mercado laboral, que los perfiles


son cada vez más altos de alcanzar para cargos con asignaciones
salariales bastante mediocres.

Ya lo veíamos hace unos meses con el paro de los maestros, en


donde pudimos de primera mano darnos cuenta, cómo los educadores
recibían en contraprestación a su labor, un salario que no se
congraciaba con todos los estudios cursos y post-grados que debían
alcanzar para llegar allí.

Incluso las condiciones laborales de un trabajador joven hace unos


treinta o cuarenta años, parecieran ser mejores que ahora.

Es verdad, bastante se ha legislado con relación a los incentivos para


las empresas que contraten personal recién egresado, lo que se
conoce como ley del primer empleo, pero por otra parte, en materia
pensional a medida que pasa el tiempo y las semanas cotizadas
aumentan, la esperanza del trabajador joven en alcanzar una pensión
de jubilación se esfuman, solo quedan sus aportes listos para que el
sistema pensional (que cada vez se asemeja más a una pirámide) se
los apropie.
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Qué desafortunados son los jóvenes de ahora al no conocer los
distintos regímenes pensionales que existían antes de la ley 100 de
1993, en los cuales veinte años de trabajo arduo eran suficientes para
alcanzar una jubilación.

Luego, la mejor opción es buscar vertiginosamente mejores trabajos,


mejores ingresos, muchos se quedarán apoltronados en las
comodidades de un cargo que les alcance para poder disfrutar de los
fines de semana, otros pensarán en alcanzar la meta a través del
estudio y les sorprenderá lo costoso que es capacitarse en este país.

Y como todo lo anterior resulta de un problema que requiere solución,


lo primero que hay que hacer para encontrarla es identificar a los
culpables.

Por un lado, mayoritariamente la culpa es del mercado laboral


colombiano, que se ha obstinado en llenar de requisitos y condiciones
a los jóvenes que a falta de experiencia deben de tener miles de títulos
en su pared, de diplomados, cursos, talleres, simposios,
especializaciones y demás, cosa que no demuestran nada diferente a
que nuestra educación es de apariencias y no muchas veces de
calidad. A algunos les sorprendería saber que en países como
Estados Unidos o Inglaterra, la oferta de educación “post-grado” solo
ofrece dos posibilidades el MBA (LLM)-Maestría- o un PHD-doctorado-
y que aquellos que optan por hacerlas, lo hacen por una convicción
meramente académica y de superación personal sin que influya
considerablemente en su perfil laboral.

Concepto totalmente tergiversado en Colombia, puesto que acá, la


idea de un logro más en la hoja de vida está directamente relacionado
en como eso, va a hacer que mi salario aumente de dos millones a
dos millones cien mil pesos y no con el verdadero sentir de esta clase
de estudios que es por supuesto ahondar en conocimientos y por qué
no, generar conocimiento para futuras generaciones a través de
verdaderos documentos que tengan valor científico.

Solo a través de la educación, el joven encuentra las herramientas


necesarias para afrontar la adultez de manera adecuada, sobre todo
en el ámbito laboral, pero que no sea esta la excusa de algunos
sectores económicos del país para negar una oportunidad de trabajo

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digno a un joven que puede estar capacitado de muchas formas
diferentes a un diploma. Esa educación integral es la que debemos
buscar.