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TÉCNICAS DEIl'n'ES'l1GACIÓlf ClJAUTA1tVAS

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MañlaB.IoI6 Miauel y CriIliIta·~ (ed)
l~.~ 1A·1tistoritl 0I'0l.~ ~)'.~. . ~ . ~

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Dtllliel &.>rIOUX

Por4~.,
pa~ 1"
.iIl• • sobre tOdo cuestiones metodolÓgiCas que preocu*
W . . . . .OfU deseosos de experimentar la perspectiva biográfi­
ca;)" . q~l. respuesta a estas cuestiones no se encuentra apenas en
la aiteratura, mepareee útil abordarlas, aunque nada más fuera para rea­

. 1\UflWI,alJMnOi,.,..toque mpecta al objeto sociológíco d~ la investígación (Bertaux.


1916). VoIW:relftCH Ubre em.pudto. .
• La~ dutripdvay.analkica deJas «,randes autobiograflas indlgenlSll, que. a
Irav~ de la I'.l3toría de ilna vida, dan .• cOlloe~r toda Ulla cultura, (1 un medio $oeial parC'~'~
co~tradeclr lo que preeede.lplmcnte. si resultara exacto que lo poco que sabemos ell
Occ:idente sobre él fultCÍOftalDieJltl'l tQJ de las relaciolleJl ~oe¡ates "1oví!ticas.. nos ha llegado
por medio de 8Ulobiopúiu (It,avcltenko. 1947; Guin~bur" 1%1; Soljenitsin. 1963:
Pliouchtch. 1917; Lyuenko, 1980), habria que tratar de ex.pllc:itar lo que constitu~'t el valo!
de estos testimonios individuales. De esto trataremos más tllrde. Por el contrario. retenga­
mos que El llrchiplilllgo GuJag. redactado por Soljenítsin. se basa en unos doscientos testi·
monios. Reeordemos iJUalmente que la riqueza informativa de los testimonios ~ propor·
cional a nuestra ignorancia previa.
firmar la inanidad de una <H11etodologím) elaborada sin referencia a los.
contenidos sociológicos. en la que conscientemente ha intentado diversf{icar al máximo sus infor­
Hay, al menos, siete cuestiones que vuelven una y otra vez en los deba­ mantes.
tes .1. Estas cuestiones enumeradas en el orden de su aparición so bre el La saturación es un proceso que se opera no en el plano de la observa­
terreno (pero cuyas respuestas, claro está, están vinculadas entre sí) son las ción, sino en el de la representación que el equipo investigador construye
siguientes: poco a poco de su objeto de indagación: «la culturan de un grupo en el
sentido antropológico, el subconjunto de relaciones estructurales, relacio­
- ¿A quién preguntar? nes sociosimbólicas, etcétera.
¿Cuántos? (tamaño de la muestra). Así pues, no nos podemos content'ar con una primera elaboración de
¿Hay que ser directivo o no directivo? esta representación. Ésta descansa, efectivamente, en representaciones
¿Hay que procurar recoger relatos completos o incompletos? parciales de la primera serie de sujetos encontrados; por ello es susceptible
¿Cómo transcribirlos? de ser destruida por otros sujetos situados en el mismo subconjunto de
¿Cómo analizarlos? relaciones socioestructurales, pero en lugares diferentes. Por ejemplo. la
- ¿Cómo publicarlos? primera representación de relaciones socioestructurales que soportan la
existencia y el funcionamiento cotidiano de cuarenta mil panaderos arte­
Sería fácil, y poco comprometedor, responder que todo depende del sanos nos venía a partir de los años de investigación con los dhreros de la
objeto que se trata .de comprender; y acabamos .de entrever la gran diver­ panadería. Cuando empezamos a encontrarnos con artesanos y patronos
panaderos, esta representación no se vio enriquecida únicamente con la
sidad de objetos sociológicos susceptibles de ser estudiados de esta mane­
ra... N o deja de tener interés tampoco señalar que la mayor parte de las dimensión comercial 1iga.d a al estatuto de artesano; sino que, al descubrir
cuestiones formuladas aquí lo son a partir de un punto de vista cuyo ori­ que muchos de los panaderos eran antiguos obreros que se habían estable­
gen no se puede fácilmente revelar: es la epistemología neopositivista que cido por su cuenta, nos vimos obligados a transformar profundamente
nuestras hipótesis.
no deja de impregnar nuestros espíritus mientras que el sentido profundo
de la perspectiva biográfica es precisamente el de cuestionarla. ¿Pero qué Otro ejemplo fue citado en Uppsala por Lena lnowlocki y Charles
Kaplan (1978). La inmensa mayoría de los trabajos contemporáneos sobre
hacer? La constancia con la que estas cuestiones surgen muestra bastante
bien que son por el momento insoslayables. la toxicomanía se basan en el estudio de heroinómanos que están «engan­
chados»; sin embargo, existen muchos otros que llevan una vida normal.
sin contacto alguno con diversas instituciones represivas o desintoxica­
¿A quién preguntar y cuánto? ción. Constituyen otros tantos «casos negativos) que cuestionan las hipó­
De una manera u otra, quienquiera que oye hablar de una investiga­ tesis extraídas de la observación de toxicómanos oficialmente reconocidos
ción llevada a cabo por medio de relatos de vida, no tarda en plantear la como tales 42.
cuestión de su número. Cuántos. De la respuesta depende un juicio implí­ Por ello la saturación es más difícil de alcanzar de lo que parece a
cito sobre la validez de la investigación primera vista. Pero, a la inversa, cuando se alcanza. confiere una base
La clave de este pr0blema del nú mcro me parece que reside al menos muy sólida a la generalización: a este respecto cumple, por lo que hace a la
en parte en el concepto de saturación. El principio ha sido expuesto más perspectiva biográfica, exactamente la misma función que la representati­
arriba y no añadiré aquí más que una precisión esencial: el investigador no vidad de la muestra para la investigación mediante cuestionarios.
puede estar seguro de haber alcanzado la saturación más que en la medida

41 Desde 1976, el Grupo de Estudio de la P~rspectiva Biográfica en sociOlogía, afiliado a ¿ Directivo. no dfreclivo?
la Maison <les Sciences de I'HomlUe, viene organizando casi anualmente un taller de trabajo Sin duela es la autobiografía escrita la que constituye la forma óptima
de una semana. Cad:; taller está centrado en la aportación de los relatos ue vida a una del relato de vida, porque la escritura lleva a la construcción de una con­
cuestión sociológ¡ca particular. Los talleres pré'cedentes han tenido lugar en Paris (MSH,
marzo 1976), (Quebec. octubre 1977, sobre la identidad), Varsovia (agosto de /978, sobre la
ciencia reflexiva en el narrador.
tradición polaca), Rennes (julio, 1980, sobre las sociedades campesinas y la desruralización;
véase Bertaux y Elegoet, 1980). Los talleres son igualmente el momento de hacer balance 42 El principio de la investigación sistemática del «caso negativo» que cuestionaría las
sobre la metodología. hipótesis anteriores ha sido formulado por Lindesmith (1947). a propósito de su magnífica
investigación sobre la toxicomanía, realizada con relatos de vida.

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Los relatos de vida Qrales nunca serán sino una aproximación; pero mantes. Incluso es necesario que las preguntas no se destruyan unas a
dicho esto, son, en la práctica, mucho más fáciles de suscitar 4~. otras, que no se rompa prematuramente, por una nueva pregunta, el es­
Como los relatos de vida orales se recogen en situaciones de entrevista, fuerzo del sujeto por responder a la pregunta anterior.
existe la tentación de remitirse a la inmensa literatura relativa al compor­ La actitud directiva corresponde aquí a la búsqueda de informaciones
tamiento en las entrevistas. Sin embargo, hay que ser consciente de la generales; es un tanto nociva para el desarrollo de los relatos. pero es
diferencia profunda que existe entre la orientación general de esta literatu­ prácticamente inevitable. Sin embargo, a medida que se avanza, los mar­
ra, surgida del campo de la psicología social:y la orientación aquí preco­ cos sociales se van destácando poco a poco; esto se presiente en las repeti­
nil.ada, que tiene que ver mucho más con el proceso etnográfico. Los psi­ ciones, de una entrevista a otra. de la evocación de las mismas constric­
cosociótogos se interesan por las actitudes, por las ideologías encarnadas, ciones ex.teriores. El investigador comienza a saber qu~ es lo que vuelve y
y han concebido la entrevista desde este punto de vista. Si, por el contra­ modifica en consecuencia su cuestionamiento. Podemos eliminar numero­
rio, uno considera a su interlocutor como un informante, y se interesa no sas cuestiones de orden general (pues ahora ya conocemos las respuestas)
por aquello que éste cree, sino por lo que sabe (por haberlo vivido direc­ y resulta más interesante desplazar la atención, por una parte hacia el
tamente), la perspectiva cambia. Así. una de las condiciones para que un nivel de lo simbólico (valores, representaciones y emociones), y por otra, y
relato de vida se desarrolle plenamente es que el interlocutor sea captado sobre todo, hacia el nivel de lo concreto particular (la historia personal,
por su deseo de contarse, y que se haga cargo él mismo de la dirección de como organización específica de situaciones, de proyectos y de actos).
la entrevista Y que llegue, por consiguiente, a lo que el psicosociólogo Únicamente así se puede captar el nivel de la praxis, síntesis de los niveles
menos directivo trata precisamente de evitar. precedentes en los que los hombres y las mujeres, pero también las fami­
Entonces ¿hay que ser no directivo? Si uno se interesa por un objeto lias, los grupos sociales reales, en tanto que actores ((hacen -parafrasean­
del tipo «relaciones sociosimbólicas». es quizá la actitud más recomenda­ do a Sartre (1960)- algo con lo que se ha hecho de ellos».
ble. Pero yo no tengo experiencia de ese tipo de investigación (ver Catani, Aquí resulta indispensable una escucha atenta. Atenta pero no pasiva,
1980). Si, por el contrario, se trata de conocer las relaciones socioestructu­ pues la explor.ación de las lógicas contradictorias que han transcurrido en
rales, lo que conviene es una combinación de escucha atenta y de cuestio­ el curso de una vida se hará mejor entre dos. El papel de informante que el
namiento. ¿Pero cuál? sujeto tiene se modifica, él mismo se añade un papel de expresión de una
En realidad, la significación misma de la actitud no directiva cambia a ideología particular, así como un papel de investigación: pues el sujeto no
lo largo de la investigación; y también la actitud directiva. Al comienzo de recita su vida, reflexiona sobre ella al mismo tiempo que la cuenta.
la investigación se da prioridad a la adquisición de conocimientos acerca Al hilo de la investigación, el sociólogo habrá de ser unas veces directi­
de los marcos sociales (por ejemplo. rt"laciones de producción, división del vo. otras no directivo; y, esencialmente. en la medida en que tenga una
trabajo. mecanismos de distribución de las personas en estas relaciones; conciencia clara de lo que ya sabe y de lo que todavía está buscando, debe
normas profesionales, normas cuitura\es. etc.). Por tanto, el investiga­ saber cómo logrará plantear buenas preguntas, relanzarlas o callarse a
dor se verá impulsado a bombardear con preguntas a sus primeros infor­ sabiendas.

4.1 A este respecto. una consigna inicial C\1mO .. Bueno. entonces voy a pedirle que me
Cilen!e usted su vida" curre' el riesgo muy e\ ident~ dc cerrar la entrevista aun ames úe Notas sohre la transcripción

I
comenzarl". Habrá 'lue esforzarse. pues. por encontrar una entrada en materia un poco
menos brutal, aunque se pongan las cartas encima de la mesa. Las grabaciones son poco manejables, y evidentemente es necesario
En nuestra investigación sobre la panadería arte,anal, hemos utilizado una consigna del transcribirlas. Pero esto plantea nuevos problemas.
tipo «Quisiéramos saber cómo llega uno a ser panadero .. (u obrero de panadería); .Usted. No voy a volver aquí sobre las distancias entre tI relato oral y su trans­
por ejemplo, qué nos puede contar..... EstJ con,;igna ha fl!ncionado muy hien en el Cf.Jílit'.W; cripción escrita en bruto (su organización para publicarlo es otro asunto
de síwal'iones de I!ll1re\'Üla construidas l'acielll"t1!entl!, es decir cuando veníamos de parle
completamente distinto) 44. Quisiera simplemente Señllll1f un error que he­

I
de tlna persona muy concreta. Y orie:;tub;\ d~ ~dDe ía entrevista ha;:;:: la parte pmfesional,
lo 'lue supone que !la tengamos apena, m~teriale, acerca de la vida privada. opiniones mos cometido y que nos ha costado tiempo y energía.
políticas, etc. Pero como esta consigna expre5aba nuestra problemática. nos ha permitido Claramente hemos tendido a efectuar las entrevistas por racimos com-
saber lo que queríamos.
No podia aplicarse lal cual a las pamldera5. P~ro al preguntarles «en qué consiste con­
cretamente la vida de una panadera ... obtu"imo5 le) 'lue buscábamos. Véase Berta':lx y Ber­ 44 Se puede consultar, por ejemplo, Juneau (1978) o «Forme orale, forme écrite», ij1
taux-Wiame (1980. 1981) Y Bertaux-Wiam<" (i'~~üL p. 373-378, en Bertaux y Bertaux-Wiame (1980).

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.'
pletos- bien porque un contexto, después de muchos preparativos, nos re~ Pero si la segmentación que actúa sobre la r.ealidad misma debe ser
sultaba por fin accesible, bien porque estábamos trabajando fuera de nues~ reconocida como tal, e incluida en el principio mismo de la recogida de los
tro arl'biente y deseábamos engranar el máximo de entrevistas posibles. relatos de vida, hay otro proceso (ortogonal. a la segmentación) que tam­
Aplaz.~bamos la transcripción, y consiguientemente el estudio atento de bién está actuando: se trata del proceso por el cual, tras la separación
los relatos, para más tarde. Tiempo después nos dimos cuenta de que ha­ domicilioj trabajo consecutiva al desarrollo del personal:asalariado, hay
bíamds planteado muchas veces, en entrevistas sucesivas, cuestiones cuya un número cada vez más elevado de personas impelido a vivir vidas' para­
respu\'Psta nos había sido dada ya. de forma indirecta, en las primeras en­ lelas, una en er trabajo, otra en familia, y a veces una tercera en una
trevistas. Y, por el contrario, no habíamos prestado atención a determina­ actividad correspondiente a una invenoión personal. Millones de existen­
dos p(ocesos, evocados en las primeras entrevistas pero de manera dema­ cias:están. por decirlo así, serradas a lo largo por la destrucción de las
siado tangencial como para que nos diéramos cuenta de ello en el comunidades locales y la especialización de los campos sociales en las me"
momel'lto. Si hubiéramos planteado de frente, aún más de lo que lo ha­ trópolis 46.
bíamd~ hecho, la recogida de entrevistas y su estudio. habríamos ganado, Recordar los efectos de los procesos de segmentación y de ((serrado a
a la pPstre, en todos los sentidos. lo largm) no significa que estos procesos resulten, en todo tiempo y lugar.
p(jt eso el camino ideal parece ser la transcripción inmediata de las victoriosos. Se puede postular que, en realidad, quienes se ven sometidos a
entrevistas, su examen en caliente y la totalización del saber sociológico a ellos, se resisten. Guy Barbichon y sus colaboradores (1972, 1974) han
medida que se va acumulando. El nivel de cuestiona miento mejora mucho puesto de relieve que las esferas del trabajo. de la familla..y de la residencia
y perdlite, sin duda, hacer aparecer más pronto la saturación 4S. (en el sentido de la movilidad geográfica) se condicionan mutuamente.
Uno puede, por ejemplo, mudarse por un trabajo mejor, o cambiar de
trabajo para «volver a su tierra)). Pero no es menos cierto que las diferen­
Carácfer incompleto de los relatos de \'ida tes formas de movilidad (geográfica, .p,r.ofesional, movilidad de modo de
M~chos investigadores, influidos por los relatos de vida publicados,
vida) se acentúan. No es necesari0 intentar abrazar la totalidad de las
que se presentan casi siempre como relatos autobiográficos completos. que existencias .. A menos que uno las tome precisamente como objeto. Cosa
cúbre¡1 todos los aspectos de la existencia y toda su duración, deploran el
que conduce a la búsqueda de tra,vectarias, signos de flujos colectivos·.y
carácter incompleto de los relatos que ellos mismos recogen. Esto provie­ relatos de vida que permitan captar las razones de los diferentes tip.os de
ne ·se~ún creemos, de una confusión entre el esfuerzo sociológico y el
desplazamientos (geográficos, pero igualmente profesionales, familiares,
esiue~1.o literario, que nunca está ausente cuando se trata de una publi­ culturales, sociales), y la emergencia de la praxis individual y sobre todo
cación' familiar (Balan y Jelin, 1980; Thompson, 1980).
Si t!\ objeto sociológico explorado es del tipo «relaciones socioestructu­
Si. por el contrario•. el objeto de la investigación es talo cual tipo de
rales», el segmento de la vida que interesa al sociólogo es el que ha sido relaciones sociosimb6licas. puede ser esencial conocer la totalidad de la
vivido en el marco de tales relaciones. Si un obrero de la panadería aban­ existencia (es el punto de vista de Catani, 1980). Pero p,recisamente lo que
dona ~u oficio para convertirse en guardia, en CRS (se ha dado el caso), interesa al sociólogo, en este caso, no es la vida como totalidad concreta.
((se saje de campan. Sólo la decisión de abandonar el oficio es pertinente sino la sifmmcacián que se le da posteriormente.
para ¿tuien estuJia la paiii1dt::rí~; por lo demás, se trata de un universo
Esta «totalidad», por lo demás, no es una, fragmentada por completo y
distinfo. Lejos de fetichizar la biografía entera como historia única de un dividida como está por el juegQ de circunstancias, de fuerzas sociales in­
indiviPUO único portador de la inefable condición humana, la perspectiva controlables, de acontecimientos colectivos que invaden la vida indepen­
biogr~fica debe criticar la (ideología biográfica)) y reconocer, por el con­
dientemente de nosotros (guerra o paz, crecimiento o crisis). Por.·el con­
trario. que cada \ez más, en las sociedade5 <¡ue anima el movimiento ince­
sante del capital. los hombres y las mujeres tienden a ser desplazados
4~ En este sentido, Jean PeneIT (1979) indica muy claramente que los obreros mi¡¡tan:~s
como Ileones, trasladados de una región a otla de las relaciones de pl'O­
que !e han contado su vida apenas han hablado de .u vida familiar. No se trala sólo de un
duccibll, (lel territorio, del medio sociocuitural, etc. (Bertaux, 1976). renejo de pudor, ni siquiera del «efecto del canal>, que hemos señalado en otro lugar (Ber­
laux y Bertaux-Wiame, (980) y que hace referencia a que anles de que se produ7ca el
~edaClar notas inmediatamente después d.:: la entrevista, así como llevar un diario de encuentro,el canal a través del que el informante ha sido comactado (el sindicato CGT. en
campo, no pueden suplir más que parcialment<- la ausencia de transcripciones que permiten el caso de Reneff) orienta profundamente el relato de vida. Más allá de estos dosfenóme­
la totalílación del saber. De todos modos. estas do; prácticas son muy recomendables. nos. hay una separación real que se instaura en la existencia misma.

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trario, resulta del maxlmo interés saber cómo cada uno y cada una se simbólico difícilmente puede prescindir del procedimiento hermenéutico.
esfuerza en contar la historia de una serie de contingencias como historia Resulta igualmente cIaro que cuando se trata, como hacen Maurice Catani
de un desarrollo unitario. En describir una línea rota por fuerzas exterio­ (1980, 1981) o Martine Burgos ( 1979, 1980), de hallar el sentido no en los
res como un itinerario querido y elegido desde el interior. En comprender contenidos manifiestos o latentes, sino en la forma misma de los relatos, el
cómo los seres humanos hacen para construir una unidad de sentidos de la amílisis en profundidad de cada relato es indispensable. Si es exacto, por
que su vida real ha sido desprovista. Sabemos que hacer el relato de la ejemplo. que muchas mujeres no emplean el «yO» (en el sentido de suj~to
propia vida no es vaciar una crónica de (acontecimientos vividos, sino es­ de un acto conscientemente planteado) para contar su vida, como lo han
forzarse por dar un sentido al pasado, y por ello mismo a la situación señalado NocHe Bisseret (1974) e Isabelle Bertaux-W.iame (1979), las con­
presente, incluso en lo que contiene de proyectos. Los sutiles mecanismos secuencias potenciales de esto son considerables.
de esta «semantizacióm) están muy poco explorados. Se trata, por regla Concluyamos, pues, que los problemas de análisis de 10 socioestructu­
general, de bricolajes personales que utilizan como materiales de base ele­ ral y de lo sociosimbólico no son los mismos, y que requieren procedi­
mentoS de sentido, o sernas, tomados del universo sociosimbólico que nos mientos diferentes. Pero no reiriquemos esta división de 10 simbólico y lo
rodea 47. estructural, ya que no son sino dos aspectos del mismo fenómeno social
La exploración de este universo, apenas esbozada -ver en particular
total. que a su vez es también totalmente histórico.
Dumont (1976), Catani (1980)-, podría proporcionar un gran beneficio a

la recopilación de relatos de vida concebidos como operaciones de seman­

tizaciÓn.
Recogida versus publicación
De entre los centenares de autobiografías o de historias de vida «indí­
genas)), suscitadas y recogidas por antropólogos o sociólogos desde hace
El problema del análisis un siglo.'algunas son obras maestras. El texto brota como agua de manan­
Todo lo dicho anteriormente converge hacia el rechazo de la concep­ tial. la transferencia del lector hacia el narrador no tarda en darse. y aquél
ción neopositivista del análisis como data analysis, como una fase poste­ se ve sumergido en un universo a la vez desconocido y próximo, que des­
rior a la recopilación. El procedimiento que se va aplicando progresiva­ cubre a la vez que el narrador. Uno sale de estos largos relatos enriquecido
mente se parece más al de los antropólogos de campo que al de los ... :"¡, con una nueva experiencia.
sociólogos que se sirven de investigaciones mediante cuestionarios. El ' El investigador puede entonces caer en la tentadón-de imitar a sus
«análisis» se va haciendo a lo largo de toda la investigación, y consiste en ilustres predecesores. Y aquí es donde está la trampa.
construir progresivamente llna representación del objeto sociológico. En Las grandes autobiografías indígenas se leen como si fueran relatos
esto se invierte un máximo de reflexión sociológica y un mínimo de pro­ espontáneos, realizados por un hombre o una mujer sin especiales cuali­
cedimientos técnicos. Al elegir a lós informantes, al cambiar el cuestiona­ dades, que cuenta ia historia de su vida. Y uno entonces se extraña y se
miento de un informante a otro (al revés de lo que ocurre con el cuestio­ desespera por no encontrar nunca en la realidad algún hombre o alguna
nario estándar), en la habilidad para descubrir los indicios que le mujer que posea ese talento de cuentista que parece tan natural. Ocurre
encaminan a uno hacia procesos hasta entonces desapercibidos, y al orga­ aquí como en literatura: para alcanzar 10 natural hace falta un arte consi­
nizar los elementos de información en una representación coherente es derable.
donde se juega la calidad del análisis. Cuando la representación está esta­ Señalemos en primer lugar, con Maurice Catani (\975), que la mayoría
bilizada, el análisis ha terminado. de los relatos de vida que acceden al estadio de publicación no tienen un
Estamos en el polo opuesto a la tradición hermenéutica. en la que uno
autor. sino dos: el narrador, pero también el investigador. Leo Simmons
se aplica, por el contrario, a descubrir. a través de múitiples iecturas de un
redujo a una cuarta parte la autobiografía (escrita a cambio de una retri­
mismo texto, significaciones subyac<:'ntes (Colin, 1978, 1981). Pero la con­
bución) de Don Talayesva. Oscar Lewis escribió él mismo Los hijos de
tradicción no es sino aparente. Resulta c!aro que el estudio de lo socio­ Sánd¡ez a partir de las transcripciones ... Por el contrario, cuando un lexto
en bruto es publicado tal cual. o, peor. cuando es escrito por un periodista
47 Por ejemplo. parece dificil hoy en día construir la significación de toda una existencia

sin gran talento. la alquimia literaria fracasa; por más que sea el narrador
en torno al sentido del honor, que, sin embargo. ha tenido un papel tan enorme en la época

feudal. Este valor. que se distingue del sentido d~ la honestidad. ya no forma parte del
inicial un indio o un campesino.
universo sociosimbólico contemporáneo.
El papel del investigador es, pues. esenciaL A menudo es él quien im­

164 165
. . ..
pone la forma autobiográfica a lo que no es inicialmente más que una prenda y se desarrolle el relato de vida es necesario que la postura auto­
serie de evocaciones de escenas. Se podría avanzar la hipótesis extrema de biográfica haya sido interiorizada. Que uno se tome como objeto, y que se
que la autobiografía es una forma de expresión que no pertenece sino a la mire a sí mismo a distancia, que se forme una conciencia reflexiva que
cultura occidental. Ú njca cultura en la historia que ha desgajado el yo, el trabaje sobre el recuerdo, que la memoria misma se convierta en acción.
individuo, del tejido social comunitario, que ha erigido al hombre como Entonces todo es posible.
medida de todas las cosas y lo ha puesto como sujeto de su propia existen­ Para crear esta conciencia reflexiva no hay nada como el acto de es­
cia. Esta hipótesis me parece personalmente demasiado esquemática, y cribir y el diálogo íntimo que pone en marcha. Por lo que sé de las <ime­
prefiero un examen atento de lo que Althusser llama (das formas históricas marias» recogidas en concursos públicos entre campesinos y obreros pola­
de la individuaciófi). Pero constituye un excelente punto de partida para cos, creo comprender que es la calidad de esta conciencia reflexiva (y no la
romper con la ideología biográfica. calidad del lenguaje o el carácter excepcional de la experiencia vivida) lo
Bastantes antropólogos franceses -Claude Karnooh respecto a Tran­
que los jueces evalúan, al final, como calidad de una autobiografía. Por
silvania, Philippe Sagant en cuanto a los limbu del Nepal- han mencio­
eso la entrevista de a dos no puede reemplazar el esfuerzo de escritura.
nado que la mayoría de los campesinos a quienes habían sugerido contar
Porque no le deja a la conciencia reflexiva el tiempo de formarse. Creo
su vida respondían en otros términos. Describiendo, por ejemplo la vida
que ésta es la razón profunda por la cual los investigadores reescriben los
del pueblo en otro tiempo. O multiplicando las anécdotas de éste. En la
relatos de vida orales antes de su publicación. Esta reescritura se suele
narración de estas anécdotas ponían además todo su talento de cuentistas.
justificar por la «supresión de las repeticiones» y trivialidades de ese tipo.
Algunos de estos relatos alcanzan una gran calidad de expresión: no son
Si nuestra tarea fuera suscitar grandes biografías indígenas permane­
relatos de vida, porque esta forma de expresión, en rigor, no tiene sentido
ciendo fieles al documento recogido, la situación sería casi desesperada.
en tales culturas. Por el contrario. contar historias, escenificar caracteres
Pero no es ése nuestro objetivo. Si los relatos de vida (y, claro está, las
(con sus particularidades, sus ridículos) produce efectos dramáticos. Eso
autobiografías) nos interesan, no es porque sean historias personales (con
sí. Eso lo saben hacer y les gusta hacerlo (Sagant, 1980). ¿Por qué pues
las que no tenemos nada que hacer), sino porque estas historias «persona­
imponer la forma autobiográfica? ¿No es una herejía? les» no son sino el pretexto para describir un universo social desconocido.
Se puede ir más lejos aún: hay muchos indicios de que tanto en las Esto significa que, una vez adquirida, la postura autobiográfica debe
sociedades campesinas europeas como incluso entre los obreros, los em­ transformarse; que la mirada «autobiográfica» debe transformarse en mi­
pleados y la mayoría de las mujeres, la autobiografia na circula fácilmen­ rada etnográfica. Y para eso, paradójicamente, la interiorización de la cul­
te. Cuando Armel H uet le pregunta a un viejo campesino bretón por su tura occidental y de su expresión «burguesa» constituyen un pesado hán­
familia y le pide contar su vida. el hombre descrihe con un cuidado y una dicap. No hay nada más aburrido y vacío que esas memoria... de personajes
precisión extraordinarios la historia de las diferentes casas del pueblo. que no hablan más que de ellos mismos (salvo que lo hagan con un arte
Hay personas que pueden contar la guerra del 14, tal como la han vivido, consumado). A través de los ojos del narrador, no es a él a quien quere­
pero contar el resto eS como los trabajos y los días (Elegoet, 1978). Jean mOs mirar, .sino al mundo; o, con más precisión, a su mundo. Queremos
Peneff (1979) subraya justamente que la mayoría de las autobiografías servirnos de él como un periscopio, y que sea lo más transparente posible.
obreras publicadas hasta el presente tienen como autor un individualista, a Pero esta metáfora no vale sino a medias. No sólo mirando. sino ante
menudo un anarquista, que ha terminado por salir de la condición obrera, todo multiplicando las experiencias es como un ser humano aprende a
y que ya no es obrero en el momento en que escrihe. Otro tanto se puede comprender el mundo que le rodea. Para el sociólogo, el narrador ideal es
decir de la condición campesina de las hermosísimas autobiografías de aquel que funciona como un periscopio cenestésico.
Pierre Caese!las (1975) o de Gabino Ledda (1977). A fin de cuentas, ¿no Los relatos de vida, por ser al fin y al cabo relatos de experiencia.
sería la autobiografía una forma no sólo occidental. sino «burguesa», o, al llevan una carga significante capaz de interesar a un tiempo a los investi­
meno~. una forma que no tiene sentido fllera de la cllliura del humanismo gadOres y a los simples lectores. Y como ia experiencia es interacción entre
clásico'! el yo y el mundo, revela a la vez al uno y al otro, al uno por el otro.
Dejaremos en suspenso esta cuestión. Sin embargo, hay que saber que, Los investigadores se interesan na por el yo, un yo particular, sino por
para que tenga eSlilo (adecuación de la forma al contenida), una historia el mundo (y éste comprende no sólo relaciones socioestructurales, sino
tiene que haber sido contada muchas veces (Sagant, 1980). La cultura lo~ igualmente, en el plano sociosimbólico, una forma de individuación espe­
cal es la que determina el tipo de hisll'irias que se cuentan ... Y para que cífica de ese mundo. que se revela a través de la formación de un yo

166 167
-, .
particular). El simple lector, por su parte. incluido el investigador que lee ¿Cómo no darse cuenta, a medida que uno se desprende de ella, de la
por placer, se cor;npromete en el descubrimiento de otro mundo distinto al formidable coherencia -coherencia profunda, enmascarada por las luchas
suyo en ía medida en que es conducido por un guía concreto, el narrador. constantes entre teóricos y empiristas, estructuralistas y posítivistas- de
Que esto dependa de nuestra forma de cultura, en la que toda novela este doble imperialismo? Por un lado, los maestros del cuestionario. que
presupone un héroe, o que corresponda a una necesidad mucho más pro­ no juran sino por las relaciones estadísticas. Por otro, los maestros de la
funda, la de un intercambio simbólico entre hermanos, humanos, lo inne­ teoría, afirmando que no se puede pedir a la gente que haga su propia
gable es que la legibilidad de una autobiograf1a es mucho mayor, y sobre sociología (BoUtdlet1 y otros, 1968). Teóricos y empiristas, más allá de sus
todo cualitativamente diferente de la de un tratado de etnología o de so­ divisiones, estaban unidos en lo esencial: en que. la sociología tenía la vo­
ciología sobre talo cual formación social. cación de convertirse en una ciencia exacta. Para que este proyecto se
Todo está basado en una diferencia deforma. Nada prueba que los lograra, era necesario evidentemente vaciar al hombre común de toda ca­
contenidos del tratado y los de la gran autobiografía indígena sean sustan­ pacidad de iniciativa imprevisible y, por tanto, de toda capacidad de
cialmente diferentes. Su diferencia de contenido no es, en todo caso, una conciencia crítica y de voluntad de acción sobre lo socioestructural. Era
diferencia entre lo particular y lo universal. Pues es, y se ha dicho muy a preciso también vaciar el orden social de toda contradicción profunda,
menudo, a través de lo particular como se encuentra el camino hacia lo pensarlo como un organismo, un sistema, una estructura. De ahí el pen­
universal. samiento unidimensional del funcionalismo, del estructuralismo, invistien­
Pero en descarga de los tratados sesudos conviene añadir que detrás de do toda su libido en una investigación plagada de coherencia y de cientifi­
cada gran autobiograf1a indigená se encuentra un antropólogo; y que es de cidad. De ahí, igualmente, la extraila práctica de los empiristas. que se
él de quien proviene sin duda (pues las pruebas se han borrado antes de la convirtieron en los monos de imitación de los físicos de la época de Gali­
publicación) la calidad de la mirada etnográfica de la que hablábamos más leo y de Newton: puesto que para los sabios la observación consistía en
arriba. Leo Simmons conocía la cultura hopi y estaba en contacto conti­ medir algunas magnitudes físicas de un mismo objeto (peso, velocidad,
nuo con Don Talayesva. Osear Lewis dijo que había planteado «centena­ trayectoria; o longitud y temperatura), y analizar las relaciones entre ellas,
res de preguntas)) a los hijos de Sánchez. P.-J. Helias trabajaba ya en las ellos harían lo mismo: establecer, en objetos humanos, valores tomados
múltiples formas de la cultura campesina bretona mucho antes de pensar mediante algunas magnitudes variables (empleo, renta, edad, opiniones) y
en redactar su autobiografía, que se vio enriquecida con aquella experien­ esforzarse en deducir de ellos relaciones de causalidad. El conductismo
cia. Este trabajo subterráneo de los investigadores, oculto y disimulado en vino a proporcionar, en un momento dado, la filosofía adecuada a esta
la espontaneidad aparente de las grandes autobiografías publicadas, es sin práctica. Los seres humanos quedaban reducidos al estado de objetos para
embargo el que les da su valor etnológico y sociológico. permitir a las ciencias humanas convertirse en objetivas.
Desmitificados de esta manera, estos textos magníficos pueden culti­ En relación con esta doble postura (e impostura) epistemológica, es
vamos e inspirarnos. Pero no deben servirnos de modelo. Aunque nada como se puede comprender la subversión fundamental que implica la deci­
más sea porque arrastran, quiérase o no. la ideología biográfica. Las for­ sión de reconocer a los saberes indigenas un valor sociológico. Tratar al
mas de publicación correspondientes a la perspectiva biográfica están aún hombre común ya no como un objeto que observar, que medir, sino como
muy lejos de ser inventadas. un informador, y por definición como un informador mejor informado
que el sociólogo que le pregunta, supone cuestionar nue.stro monopolio
institucional sobre el saber sociológico, y abandonar la pretensión de la
Valor sociológico de la experiencia humana sociología de convertirse en una ciencia exacta; monopolio y pretensión
sobre los que descansa la legitimidad de la sociología como instit'Jdón.
En la época del doble imperialismo del estructural-funcionalismo y de De ahí las reacciones espontáneas de la sabia ciudad de los sociólogos,
la survey research, los relatos de vida ersli considerados como carentes de en su gran época cientificista, frente a los relatos de vida, y, más en gene­
interés sociológico. Se les concedía una cit!rta aptitud para captar lo ((viví­ r ral, frente a toda perspectiva que se arriesgase a destacar la cualidad socio­
do», la forma «psicológicID) en la que el hombre corriente podía sentir los lógica de la experiencia humana, y, en último término, la cualidad huma­
fenómenos sociales, productos de estructuras rígidas cuya comprensión se na de la experiencia sociohistprica. Además del relegamiento en el olvido
le escapaba por completo. No eran sino la calderilla de lo social, sin inte­ casi completo de los relatos de vida, otros indicios vienen a apoyar esta
rés alguno para una sociología científica, interpretación. Por ejemplo, el aislamiento de Ch. Wright Mills tras la

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aparición de La imaginación sociológica (1960), admirable trabajo crítico cuenta años es una experiencia humana. Primero vivida, después reflexio­
del cientificismo en sociología. Así, a contrario, el cientificismo que brota nada. Ya sea personal o cercana.
en cada página de ese notabilísimo breviario de sociología profesional: El Pero éste no es más que uno de los aspectos de la cuestión. El otro es
oficio del sociólogo (Bourdieu y otros, (968), síntesis lograda de estructu­ que si es cierto que la experiencia humana es portadora de &aber socioló­
ralismo y positivismo, que por lo demás ha contribuido no poco a mi gico (y si no, poca sabiduría habría en este bajo mundo), estamos 'Viviendo
propia formación. en medio de un océano de saberes indígenas, del que sin embargo no que­
y sin embargo, si la sociología. a ejemplo de la 'antropología, recono­ remos saber nada. 'No pretendO' que sea un conocimiento puro y perfecto
ciera a la experiencía humana -de la que los relatos de vida no son sino (¿qué sociólogo lo tiene?); ni que esté repartido por igual, pues se da,
una de las formas posibles de expresión- un valor cognitivo, ganaría mu­ precisamente, en función de la experiencia. Pero no hay duda de que es­
cho con ello. Pero esto exigiría una revisión desgarradora. tamos asentados sobre inmensos yacimientos sociológicos de una riqueza
En Pftmer lugar, la sociología se aproximaría a la etnología, que desde inaudita, y que bastarían múltiples sondeos para hacerlos subir a la super­
hace múcho tiempo ha admitido que obtenía lo esencial de sus saberes ficie. Y no es que vayan a poder ser utilizados tal cual, salvo excepción:
concretos, incluso una gran parte de sus interpretaciones, de los informa­ también el petróleo en bruto pide ser refinado.·
dores hallados sobre el terreno. Si la etnología puede admitirlo sin poner Si fuese ése el caso, las tareas de la sociología se habrían transformado.
en peligro su estatuto científico, es porque la distancia entre una disciplina A la captación por encuesta, totaliz.ación y expresión concentrada de sabe­
y su objeto, que parece ser en la ideología occidental una dimensión cons­ res preexistentes se añadiria la tarea de reinsertar los procesos sociales
titutiva del estatuto científico, le viene en forma de miles de desarrollos locales así explicitados en el conjunto global sociohistórico. Raro es que la
divergentes, y de manera accesoria, en miles de kilómetros. Esta distancia experiencia humana sobrepase los límites locales. Su campo privilegiado
que la historia encuentra en el alejamiento temporal (incluso en las sospe­ es el de las mediaciones (Sartre, 1960) de todas las cadenas interconectadas
chas respecto de la historia inmediata), que la psicología ha buscado pri­ de procesos mesosociológicos, que constituyen la carne de lo social-histó­
mero en la experimentación con animales y después ha encontrado en el rico. Pero también es, o debería ser, el campo de una sociología historÍza­
concepto de inconsciente; esta distancia que la economía ex política en­ da y concreta. La diferencia proviene de las vías de aproximación: allí
cuentra completamente dada en la apropiación por algunos de los medios donde la experiencia humana se esfuerza en elevarse de lo particular a lo
de producción colectivos, en la separación entre el trabajo que es el lote general, la teoría sociológica parte de lo general (historizado) para anali­
común y la acumulación-inversión que estudia, separación que ella misma zar las formas concretas y siempre renovadas de actualización. Pero la
reifica para perpetuar su propia existencia; esta distancia, la sociología ha meta es la misma, es la elucidación del movimiento social-histórico.
tenido una enorme dificultad en construirla. Pero, al construirla, ha en­ Finalmente, puesto que la experiencia humana es concreta, es expe­
contrado sus fundamentos; por eso se comprende que dude en cuestio­ riencia de las contradicciones, de las incertidumbres de la lucha, de la
narlas. praxis de la historia; tomarla en serio es situarse en posición de captar no
Así pues, ¿de dónde vienen estos fundamentos, de dónde vienen las sólo las relaciones sociales (socioestructurales y sociosimbólicas) sino
intuiciones más ajustadas de nuestros grandes teóricos, sino en primer lu­ igualmente su dinámica o, mejor dicho, su dialéctica. Aquí no puedo hacer
gar de su experiencia persona!, amplísimamente enriquecida con la expe­ nada mejor que remitirme a George Gurvitch. quien vivió, comprendió
riencia de sus próximos? ¿De dónde vienen iñícialmente los destellos de expresó esto mejúr que nadie (Gurvitch, 1953-1962; Balandier, 1968-1972,
genio de un Tocqueville, de un Saint-Simon, de un Proudhon, de un e, igualmente, Verhaegen, 1974). Es sabido que su pensamiento, tan inten­
Marx, de un Durkheim, de un Gurvitch, sino de los viajes del primero, las samente dialéctico, se ha olvidado en la era de la hegemonía estructuralis­
relaciones y el compromiso del seguudo y del tercero; de la amistad de tao Ha llegado el momento de redescubrirlo.
Marx con un industrial, Engels; de la educación religiosa de Durkheim; de Todo esto pediría un desarrollo más amplio. Pues no es asunto peque­
la participación en la revolución rusa de Gurvitch... ? Harían falta cerebros ño superar hábitos de pensamiento profundamente interiorí7:ados para
ágiles y formados para absorber ia quintaesencia de la experiencia vivida, construir una i!inosociología dialéctica. histórica y concreta. fundada so­
para ponerla a una distancia crítica; y sobre todo para darle una forma de bre la riqueza de la experiencia humana. Pero el objeto de este artículo era
expresión escrita. Pero decididamente apostaría, a la espera de que se in­ más modesto. Trataba simplemente de hacer entrever esta posibilidad.
tente demostrarlo. a que la fuente de los principales conceptos que han
constituido la fuerza del pensamiento sociológico desde hace ciento cín­

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