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E s t a r t e p.

ftcajillo 6?
M Num.
(2) HISTORIA
DE LA VIDA,

HECHOS Y ASTUCIAS SUTILISIMAS

DEL

RUSTICO BERTOLDO
L A DE BERTOLDINO

SU HIJO,

Y LA DE CACASENO

SU NIETO.

OBRA D E G R A N DIVERSION Y D E SU AI A MORALI-


DAD, DONDE HALLARÁ EL SABIO MUCHO
Q U E ADMIRAR, Y E L I G N O R A N T E INFI-
NITO Q U E APRENDER.

TRADUCIDA DEL IDIOMA TOSCANO AL C A S T E L L A N O

POR DON JCAN BARTOLOME, AGENTE DE LA

REFACCION DEL SERENÍSIMO SEÑOR

INFANTE CARDENAL, &C.

FILADELFIA :
SE ESPENDE E N MEXICO E N L A L I B R E R I A DE HIPÓLITO
EEG U IN, P O R T A I , DE M E R C A D E R E S , NO. 4.
»

Cam y gente de Bertoldo.


PROLOGO A L LECTOR.

B E N I G N O y querido lector mió, 110 te contaré el


juicio de Páris, ni el rapto de Elena, ni el incendio
de Troya, ni el paso de Eneas, ni los grandes errores
de Ulises, ni las indignas operaciones de Circe, ni la
destrucción de Cartago, ni el ejército de Gerges, ni
las victorias de Alejandro, ni la fortaleza de Pirro, ni
los triunfos de Mário, ni las loadas mesas de Luculo,
ni los grandes hechos de Scipion, ni las victorias de
César, ni la fortuna de Octaviano, que de semejantes
' hechos la historia dará al que leyere individual noticia
de todo. Y solo ahora será el tema la explicación de
la rara figura de un hombre rústico, criado entre
asperezas de montaña, y en un todo ageno de la
habitación y comunion racional; pero ademas de ser
cuasi monstruo de naturaleza, era al mismo tiempo
tan perspicaz y sutilísimo que lo profundo de su en-
tendimiento, y lo ingenioso de sus agudezas disimu-
laban con tan airoso desempeño lo ridículo de su es-
traña figura, que parecía 110 era posible hallarle se-
gundo en aquellos tiempos; pues cotejando lo ex-
trínsico de su feísima apariencia con lo frondoso y
fructífero de sus talentos, era como un amenísimo
jardin, guarnecido ó resguardado de espinas y cam-
broneras estériles, en cuyo interior se dejan registrar
las mas exquisitas flores, y árboles frondosos y fructí-
feros, cuyas aromáticas fragancias atraen á su recreo
FONDO HISTORICO aun á la mas estragada voluntad, la que espero te
RICARDO COVARRUBJAS conmueva el imán de las sentencias, agudezas, astu-

156262 1*
cias, refranes y estratagemas, de que usó dentro y
fuera de la corte, con suma presteza y gracia ; pues
te aseguro, amado lector mio, que luego que vi esta
historia en idioma estraño, me dediqué á su traduc-
HISTORIA
ción al nuestro con el fin de complacerte, y darte en
que diviertas los ratos de ociosidad : y si midieses tu
DE LA VIDA, HECHOS,
gusto con el con que yo te he deseado servir, colmarás
Y A S T U C I A S SUTILISIMAS '
en un todo la medida de mi deseo. No te haga nove-
dad el que no me haya valido de conceptos delicados, DEL
pues mi fin no ha sido otro, que hacer sin etimologías
una traducción para todos : pues como enseña la re- RUSTICO BERTOLDO.
montada pluma del águila de la Iglesia san Agustin,
lo especial de los escritores no está en hacer vo- TRATADO PRIMERO.
lúmenes abultados, sí en adornarlos de dulzura para
el gusto, y de utilidad para el gobierno de la república.
En las frases rústicas de este volumen hallarás,
INTRODUCCION.
mirándolas por defuera, suma complacencia al gusto,
sin que te estrague la voluntad en su recreo ; pero si EN el tiempo que Albuino, Rey de los
te introduces á lo interior de su moralidad, hallarás, Longobardos, era cuasi dueño de* toda la
que no tiene palabra, aun de las mas ridiculas sim- Italia, teniendo su solio Real en la hermosa
plezas, que no se dirija á tu común provecho y eco- ciudad de Verona, llegó un dia á palacio un
nómico gobierno. Y así, lector discreto, te encargo paisano, el cual tenia por nombre Bertoldo :
lo leas con cuidado, paraque no te se desperdicie el era hombre disforme y de feo aspecto; pero
fruto que en él se encierra, suplicándote procures donde faltaba la perfección de su persona,
suplir la duplicación de términos que encontrares; suplia la sutileza y vivacidad de su ingenio,
pues el idioma toscano muchas veces es variable á la pues era muy agudo y pronto en responder
lengua española y solo me ha llevado el deseo de tu á cualquier asunto. Ademas de lo dicho, era
diversión, como lo puedes ver en el afecto con que te
también sumamente malicioso y de natural
ofrezco mi tarea. VALE.
melancólico, como por la mayor parte suele
acontecer con toda gente rústica y campe-
sina. L a estatura y fisonomía se explica tal
cual como era.
cias, refranes y estratagemas, de que usó dentro y
fuera de la corte, con suma presteza y gracia ; pues
te aseguro, amado lector mio, que luego que vi esta
historia en idioma estraño, me dediqué á su traduc-
HISTORIA
ción al nuestro con el fin de complacerte, y darte en
que diviertas los ratos de ociosidad : y si midieses tu
DE LA VIDA, HECHOS,
gusto con el con que yo te he deseado servir, colmarás
Y A S T U C I A S SUTILISIMAS '
en un todo la medida de mi deseo. No te haga nove-
dad el que no me haya valido de conceptos delicados, DEL
pues mi fin no ha sido otro, que hacer sin etimologías
una traducción para todos : pues como enseña la re- RUSTICO BERTOLDO.
montada pluma del águila de la Iglesia san Agustin,
lo especial de los escritores no está en hacer vo- TRATADO PRIMERO.
lúmenes abultados, sí en adornarlos de dulzura para
el gusto, y de utilidad para el gobierno de la república.
En las frases rústicas de este volumen hallarás,
INTRODUCCION.
mirándolas por defuera, suma complacencia al gusto,
sin que te estrague la voluntad en su recreo ; pero si EN el tiempo que Albuino, Rey de los
te introduces á lo interior de su moralidad, hallarás, Longobardos, era cuasi dueño de* toda la
que no tiene palabra, aun de las mas ridiculas sim- Italia, teniendo su solio Real en la hermosa
plezas, que no se dirija á tu común provecho y eco- ciudad de Verona, llegó un dia á palacio un
nómico gobierno. Y así, lector discreto, te encargo paisano, el cual tenia por nombre Bertoldo :
lo leas con cuidado, paraque no te se desperdicie el era hombre disforme y de feo aspecto; pero
fruto que en él se encierra, suplicándote procures donde faltaba la perfección de su persona,
suplir la duplicación de términos que encontrares; suplía la sutileza y vivacidad de su ingenio,
pues el idioma toscano muchas veces es variable á la pues era muy agudo y pronto en responder
lengua española y solo me ha llevado el deseo de tu á cualquier asunto. Ademas de lo dicho, era
diversión, como lo puedes ver en el afecto con que te
también sumamente malicioso y de natural
ofrezco mi tarea. VALE.
melancólico, como por la mayor parte suele
acontecer con toda gente rústica y campe-
sina. L a estatura y fisonomía se explica tal
cual como era.
La fatal figura de Bcrto/do.
Audacia de Bertoldo.
E r a sumamente pequeño de cuerpo; la
cabeza muy gorda y redonda, á modo de En fin, despues que nuestro Bertoldo llegó
bola; la frente muy arrugada; los ojos muy á palacio, se introdujo en las primeras ante-
colorados, brotando fuego; las cejas muy cámaras, y prosiguiendo adelante, se internó
largas y cerdudas; las orejas eran borrica- en donde estaban todos los grandes, validos
les ; la boca grande y un poco tuerta, con el y ministros; pasó por medio de todos, hasta
labio de abajo colgando, á modo del de los poder ver al R e y ; y sin quitarse el sombrero
caballos; la barba bermeja, tan larga, que le ni hacer el menor acto de cortesía, se fué á
caia al pecho, y al último hacia una punta, asentar junto la Real persona, quien, como
que imitaba á la del macho; las narices muy era benigno y piadoso, y que su gusto le te-
agudas y enfaldadas hacia arriba, siendo nia en ver semejantes figuras, se imaginó que '
largas en extremo; los dientes le salían de este hombre seria de ingenio gracioso y bu-
la boca á modo de colmillos de jabalí, con fon, contemplando que muchas veces suele
tres ó cuatro papadas en la garganta, que infundir la naturaleza con algunos dones par-
hacían tal ruido cuando hablaba, que pare- ticulares, que no á todos se les concede, una
cían ollas que cocian á la lumbre; tenia las gracia tan especial. El Rey, sin dar mues-
piernas cabrunas, á manera de nigromántico; tras de enfado, ni alterarse, le empezó cari-
los pies muy largos; el cuerpo sumamente ñosamente á preguntar diciendo:
belludo, que todo él le cubría como un pellejo
de oso; las medias que llevaba eran de lana
muy gruesa, y todas remendadas, á manera* Preguntas y respuestas entre el Rey y
de tapices viejos; los zapatos muy gruesos, Bertoldo.
y á proporcion los tacones muy altos. De
este hombre se puede decir que "era todo al Rey. Quién eres tú 1 Cuándo naciste ? Y
revés de Narciso. de qué tierra eres ?
Bert Y o soy uri hombre, nací cuando
mi madre me parió, y mi tierra es este
mundo.
Rey. Quién son tus ascendientes y descen- Rey. Qué cosa es la mas de notar, y de-
dientes? lito mas enorme, que se pueda hallar en un
' Bert. Las Judías en la olla; porque cuan- mercader ?
do cuecen suben y bajan; y comiéndolas yo, Bert. L a mentira.
vienen á parar en mí. Rey. Cuál es aquella gata^que por delante
te lame, y por detras te araña ?
Rey. Tienes padre y madre, hermanos y
Bert. L a muger ramera.
hermanas ? Rey. Cuál es el mayor fuego de una
Bert Los tengo; pero todos han muerto.
Rey. Pues cómo los tienes, si dices que se casa
han muerto ? Bert. L a muger viciosa y la lengua de un
Bert Porque cuando salí de mi casa los criado.
dejé á todos durmiendo, y por eso digo que Rey. Cuáles son las enfermedades incura-
todos han muerto; pues uno que duerme, está bles?
como si lo fuera: y yo hallo tan poca dife-
Bert L a locura, la verídica gangrena, y
rencia del uno al otro, que creo evidentemen-
lasRey.
deudas del es
Quién tramposo.
el hijo, que quema la lengua
te, que el sueño es hermano carnal de la
muerte. á su madre ?
Rey. Cuál es la cosa mas veloz del Bert. El pábilo de la vela.
Rey. Cómo me traerás tú aquí una criba
mundo?
de agua, sin verterla?
Bert. El pensamiento.
Rey. Cuál es el mejor vino que hay 1 Bert. Esperaría á que helase, y congelada
Bert. Aquel que uno bebe en casa agena. la traeria, sin verterse.
Rey. Cuál es aquel mar, que nunca se lle- Rey. Qué cosas son las que el hombre
busca, y no las quisiera hallar ?
na?
Bert. L a codicia en el avariento. Bert Los animales inmundos que se ha-
Rey. Cuál es la cosa mas fea, que se puede llan en la camisa, los puntos en las medias,
dar en un mozo ? y el bañado infecto. .
Bert. L a desobediencia. Rey. Cómo cogerias una liebre sin perro
Rey. Cuál es la cosa, que se puede notar Bert. Esperaría que estuviese cocida, y
mas en un viejo ? entonces la cogería.
Rey. T ú tienes buenos sesos, si se vieran.
Bert. L a lascivia.
Bert. El creer yo, que un Rey fuese mas
Bert. Y tú mejor humor, si no comie-
grande, que los demás hombres, con diferen-
ras. cia de diez ó doce pies mas alto que ellos, y
Rey. Ea, pídeme todo lo que tú quisieres, que sobrepujase sobre todos los campanarios
que yo estoy pronto para darte todo lo que y tejados; pero ahora veo que eres un hom-
pidieses. bre ordinario, como los demás, y que no
Bert. Quien no tiene nada suyo, mal pue- tienes mas diferencia, fuera de ser Rey.
de dar á otros. Rey. Así es verdad. Y o confieso soy hom-
Rey. Pues por qué yo no te puedo dar lo bre, como los demás en la estatura; pero
que tú pidas ? de poder y de riqueza sobrepujo, no solo diez
Bert. Porque yo ando buscando felicidad, pies sobre los demás; pero mas de mil varas
y tú no la tienes; y así no me la puedes dar. y ahora solo deseo, que me digas, qué te"
Rey. Para que sepas si soy feliz, no te motiva para hacer semejante discurso ?
basta el verme sentado sobre este alto Bert. El borrico de tu factor.
trono 1 Rey. Qué tiene que ver el asno de mi fac-
Bert. Aquel que mas alto se sienta, está tor con la grandeza de mi corte 1
mas peligroso á caer y precipitarse. Bert. T e diré: Primero que tú vinieras al
Rey. Mira cuántos señores y caballeros mundo, ni tu corte se instituyera, el asno y a
andan al rededor de mí para obedecer mis rebuznaba, y aun cuatro mil años antes.
órdenes. Rey. A , á, á : Lindo asunto, para reír, has
Bert. También los hormigones andan al propuesto.
rededor del árbol, y le roen la corteza. Bert Siempre la risa abunda en la boca
Rey. Pues yo luzco en mi corte, como de los locos.
brilla el sol entre las mas lucidas estre- Rey. T ú eres un rústico malicioso.
llas. Bert. Mi naturaleza lo permite.
Bert. T ú tienes razón; pero yo veo mucha Rey. Y o te mando, que luego al instante
obscuridad con la adulación. te quites de mi presencia, y si no te haré
Rey. Concluyamos: Quieres quedarte en echar con tu daño, riesgo y vergüenza.
la corte t Bert Y o me iré; pero advierte, que son
Bert. Aquel que se halla en libertad, no las moscas de una calidad y naturaleza tan
debe buscar la esclavitud. porfiada, que aunque las echen, vuelven lue-
Rey. Quién te movió á venir aquí 1 2

-TÍ?., I
g o ; y así, si tú me mandas echar, tengo de
volver de nuevo á importunarte.
Rey. Pues vete; y si no vuelves delante
de mí, como dices hacen las moscas, te
tengo de hacer cortar la cabeza.
ALEGORIA PRIMERA.
La Ciencia en todo género de personas es
amable, y aunque resida en un hombre
rústico y mal parecido, y que su aspecto
f demuestre ser inculto de potencias, no hay
duda que es de apreciar para todos; y si
sucede que tal vez suele ser amenazada de
grandes, no por eso se espanta, y es siem-
pre fácil al hombre sabio huir de todos los
peligros, que le pueden suceder.

Astucias de Bertoldo.
Partióse: fuese á su casa, y se montó en
un borrico muy viejo que tenia, todo desolla-
do y lleno de mataduras, y cuasi comido de
moscas, y se volvió de nuevo á palacio,
acompañado de millares de moscas y de
tábanos al olor de semejante carniza, que
todos juntos hacian un nublado, que apenas
se le divisaba; y llegando á la presencia del
Rev, así le dice:
Bert Y a me tienes aquí, Rey mío.
Rey. No te dije yo, que si no volvias de-
lante de mí, como las moscas, que te haria
dividir la cabeza del cuerpo 1
Bert. Las moscas no van sobre las mata-
duras 1
Rey. Sí, es cierto, así van.
Bert. Pues ya me ves volver sobre esta
matadura gangrenada y llena de moscas,
2*
que al borrico y á mí cuasi nos tienen comi- vengo á tu presencia, para que, 501110 Rey
dos, que es lo que yo te he prometido. y Señor justo, hagas justicia.
Rey. Desde luego te califico por hombre Lis. Señor, 110 es cierto lo que dice, que
de grande ingenio; anda, que yo te perdono. yo ha muchos dias que lo compré con mi
Ola, criados, llevadle, y dadle de comer al regaladísimo dinero; y no sé como esta pi-
punto. cara tenga atrevimiento semejante de pedir
Bert. No come aquel, que aun no ha aca- aquello que no es suyo.
bado la obra empezada. Aur. Justísimo Señor, no des crédito á las
Rey. Pues tienes tú que decirme otra falsas reames de esta muger, porque es una
cosa? ladrona pública, que no tiene conciencia; y
Bert Aun todavía no he empezado. sepa Y . Mag., que si no fuera cierto lo que
Rey. Ea, quita de ahí esa peste; y tú digo, y o no me hubiera movido á pedir lo
retírate luego de mi presencia, porque veo que no fuera mió por todo el oro del mundo.
venir dos mugeres, y es muy dable que ven- Lis. A y , qué conciencia de beata! Qué
gan á que les dé audiencia, que después que bien sabe'ella fingir, para que todos la crean,
las haya despachado, podrás volver aquí. y juzguen tiene razón: ah, hermana, no sa-
Bert. Y a me retiro; pero advierte, que bias otras escusas mas á propósito ? Con lo
des la sentencia justa. que me consuelo, es, que estamos delante de
un juez, que conocerá mi buena conciencia,
y tu grande falsedad.
Pleito de las dos mugeres.
Aur. Tierra, cómo no te abres, y tragas
Llegaron las dos mugeres delante del Rey, aquesta infame, que con tanta desvergüenza
y una de ellas había hurtado un espejo á la me.niega lo que es mió, y con suma picardía
otra: la dueña del espejo se llamaba Aure- finge, que ella sola tiene razón, intentando
lia, y la que lo había hurtado se llamaba me tengan por embustera? A y Dios mío!
Lisa, y tenia en la mano el espejo. Aurelia, Descubre tú la verdad de este caso.
querellándose al Rey, así le dice :
Aw\ Señor, has de saber, que esta muger
entró á noche en mi cuarto, y me hurtó aquel Justa Sentencia del Rey.
espejo que tiene en la mano; yo muchas Vamos despacio, aquiétense, que ahora
veces le he suplicado me lo restituya/ y ella quedarán contentas. Tomad el espejo, dijo
me lo niega, sin querer volvérmelo; y así el Rey á uno de los presentes, rompedle en
pedazos muy menudos; y repartidlos entre
sabio y justo: yo quedo pidiendo al cielo, que
las dos eñ partes iguales, que de este modo
te guarde, y te dé las mayores prosperidades,
quedarán ambas contentas.
que para mí deseo.
Lis. Y o consiento en que se rompa el
Rey. Yéte en hora buena, procura de ser
espejo, y de esta manera se acabará nuestro
pleito. muger de biep. En verdad, que se conocia
ciertamente que el espejo era de esta pobre
Aur. Y o no, Señor, mas presto permitiré
de que se lo lleve ella todo, que romperlo, cuitada.
pues no tengo ánimo para ver romper un Riendose Bertoldo de la sentencia, del Rey,
espejo tan hermoso; y ademas de esto, siem- que habia estado escuchando, dice así:
pre tengo esperanzas de rescatarlo algún
dia, estando entero; pues puede suceder la Bert Rey mió, tú no tienes conocimiento.
remuerda la conciencia, y me lo restituya: Rey. Pues por qué no lo tengo 1
con que yo permito, que se lo lleve ella á su Bert. Porque te crees de lágrimas de
casa, y acábese nuestro pleito. muge res.
Lis. L a sentencia del Rey me ha gustado: Rey. Pues por que no tengo de creerlas r
hágase pedazos, que con esto no tendrémos Bert. No sabes tú, que su llanto es enga-
mas motivo de reñir; vamos al hecho. ñoso, y que cada cosa, que ellas hacen ó
dicen, es todo hecho con artificio; pues aun-
Prudencia grande del Rey. que parece que lloran con los ojos, rien con
Rey. Verdaderamente conozco, que el el corazon, suspiran delante de ti, y por detras
espejo es de esta, que no quiere que se rom- hacen burla: hablan al reves de lo que pien-
pa, pues con el llanto y súplicas que hace, san, y derramar lágrimas, repelarse, mor-
muestra con señales evidentes y claras, que derse, mudar de rostro, todos son fraudes y
es la dueña propia; y que esta otra es la que engaños, que se los dictan sus insaciables
lo hurtó: désele el espejo á esta, y á esa otra deseos y pasiones mugeriles.
échenla de aquí ignominiosamente.
Aur. Piadosísimo Rey mió, yo te doy in- Alabanza que hace el Rey á faverr de las
finitas gracias de este favor, pues como mugeres.
benigno y justo, con tu gran prudencia has Rey. Tanta bondad tienen en sí las mu-
conocido la malicia de esa infame ; y por lo geres de juicio y prudencia, que es todo muy
mismo has dado la sentencia, como juez tan al reves de cuanto tú les atribuyes; porque
si alguna peca, es por descuido, ó por su Bert. Bien se conoce, que tú amas mucho
mala fortuna ó fragilidad femenil; y por las mugeres; pues de ellas has hecho un
esto mas dignas son de compasion, que de elogio de palabras, tan elegante á su favor,
castigo,-por ser mas débiles y flacas, que los que parece imposible poder elogiarlas mas;
hombres: pero díme la verdad, á uno que no obstante, ¿ qué me darás, si antes que te
estuviese separado de este sáco, no le con- acuestes mañana á la noche te hiciese yo
• templarías como á muerto 1 L o primero, la desdecir de todo lo que has dicho á su
muger ama al marido, gobierna los hijos, favor ?
los cria, los educa, los mantiene y enseña Rey. Cuando yo me desdiga de lo dicho,
buena doctrina: la muger cuida de la casa, diré que eres el hombre mas sagaz del mun-
mantiene la hacienda; cuida de la familia, do ; y solo te advierto, que si no lo cumples,
solicita que las criadas cumplan con su obli- te he de mandar ahorcar al punto.
gación, y evita los desórdenes, que pueden Bert. E a pues, hasta mañana á la noche,
suceder en una casa; la muger es apreciable que ya nos verémos.
para la vista de los mozos, consuelo de los Luego que anocheció, se retiró el Rey á
viejos, f alegría de los niños, claridad cierta su cuarto; y Bertoldo, despues que había
de dia y reposo de la noche; ama con fide- cenado, se fué á dormir á la caballeriza, dis-
lidad, es dulce para tratar, noble en su con- curriendo entre sí hallar camino, para hacer
versación, clara en cualquier contrato, dis- que el Rey se desdijese de las alabanzas que
creta para mandar, pronta en el obedecer, habia hecho á favor de las mugeres; y
honesta en sus razones, modesta en sus pro- habiéndole ocurrido una buena astucia, se
cederes, moderada en la comida, parca en acostó, esperando que amaneciese para
la bebida, agradable con los de casa y tra- ponerla en obra.
table con los de afuera; en suma, la muger
junto al hombre, se puede decir que es una
Astucia de Bertoldo.
piedra oriental, engastada en el oro mas fino;
y no porque alguna caiga en un frenesí ó Así que amaneció, se levantó Bertoldo, y
extravagancia, se debe culpar á todas; por- fué á buscar á aquella muger, á quien el Rey
que hay millares al contrario de esta, que le habia dado la sentencia en su favor; y
son mugeres de bien y sumamente aprecia- así le dice.
bles; y así la sentencia, que y o he dado, Bert. No sabes tú lo que el Rey ha de-
estoy seguro que es muy justa. terminado 1
Aur. Si tú no me lo dices, yo nada sé.
si esto es aun peor, por las desgracias que
Bert. Pues ha dicho, que se rompa el
resultarán en las casas con tantas mugeres
espejo, como lo sentenció, y que á cada una
de vosotras se os dé la mitad de él; pues la juntas.
otra apeló de la sentencia, que el Rey dió á Aur. Qué dices? Con qué el Rey quiere,
tu favor: con que, por no oir mas quejas, que cada hombre tenga siete mugeres
quiere que se divida, y se satisfaga á en- Esto sí, que es mucho peor que si hiciera
trambas. romper todos los espejos de la ciudad ; pero
Aur. Con qué el Rey ha determinado que qué diablos de locura se le ha metido en la
mi espejo se rompa? Pues cómo va eso? cabeza ?
Despues de haber sentenciado que se me Bert. Y o no te puedo decir mas; lo que se
restituya entero y bueno! Haces tú burla de es, que todo lo que te he dicho, se lo he oído
mí ? Anda, quítate de mi presencia. decir sobre el asunto: ahora es tiempo, que
Bert. No hago burla; antes te aseguro vosotras os defendáis, antes que el mal pase
con verdad, que de su misma boca se lo he adelante. Dejándolas con este enredo albo-
oído decir. rotadas, volviéndose á palacio, esperó en él,
Aur. A y de mí! Qué es lo que oigo? antes que anocheciera, la resulta del suceso.
Puede ser que lo haga para dar satisfacción Tumulto de las mugeres con la falsa voz di-
á aquella infame muger. O, qué sentencias vulgada.
tan justas, y qué acciones tan nobles de un Despidióse Bertoldo, y Aurelia creyó fuese
R e y ! O pobre justicia, qué bien administrada verdad la invención de este enredo, y preci-
estás! Ahora conozco y creo, que se da mas pitadamente se fué á buscar sus amigas y
crédito á la mentira, que á la verdad. O vecinas, y les contó por estenso cuanto había
desdichada de mí! Paciencia, pues esto me oido decir á Bertoldo. Ellas, que oyeron
convendrá. E s posible que te vea yo hecho tan nunca oida novedad, se enfadaron de tal
mil pedazos, espejo querido mió! Ah, ah, ah! suerte, que como perras rabiosas, y feroces
Bert. No quisiera, que te sucediese algo leonas, echaban fuego por los ojos y dardos
peor, que esto. por la boca; de manera, que se divulgó en
Aur. Pues qué peor me puede suceder á mí ? breve esta noticia por la ciudad; de suerte,
Bert. Que el R e y ha promulgado una ley, que se juntaron millares de mugeres, que to-
en que manda, que cada hombre pueda das hablaban á un tiempo sobre el caso: y
casarse con siete mugeres; con que mira tú habiendo tratado bastante del asunto, resol-
3
vieron ir todas juntas á ver al Rey, y confun-
pintadas? Qué demonios teneis? Decid
dirle á fuerza de gritos y batahola de voces,
luego cuál es el motivo de este alboroto.
para obligarle á que se desdijese, y no tuvie-
Mugeres. Venimos, dijeron todas juntas,
se efecto la ley, que habia determinado pro-
á saber lo que contra nosotras has publicado,
mulgar. En efecto, como ellas lo pensaron
y de qué ha dimanado la locura tan extrema,
y lo trataron, llenas de rabia y despecho, se
que se te ha puesto en la cabeza. Gritó otra
tuéron á palacio, y amotinadas se introduje-
en sola voz de las mas descaradas y rabiosa,
ron hasta los mismos cuartos de la Real per-
diciendo: Qué frenesí te ha dado tan raro
sona, en donde empezaron á meter tan gran-
contra toda ley divina y humana, para man-
de ruido y gritería, que parecía un infierno ó
dar que á cada hombre le sea permitido de
la torre de Babilonia, como si todas las mu-
casarse con siete mugeres ? A y , y qué con-
geres del mundo estuviesen dentro de ella;
sideración tan prudente ha hecho V . M.!
de tal modo, que el Rey nunca pudo enten-
mas yo le aseguro con certidumbre, que no
der palabra do semejantes alborotos, sí solo
saldrá con una opinion tan bárbara y teme-
estaba aturdido y confuso, no sabiendo la
raria.
causa de un tan excesivo tumulto, deseando
Rey. Locas, qué es lo que decís ? Hablad
saber cual seria el motivo de aquel estrépito;
claro, paraque yo os entienda, á fin de que
pero faltándole la paciencia y sufrimiento
os pueda responder al asunto.
por tal insolencia, temeridad, gritería y alga-
Mug. Señoras, dijo una de ellas, vamos
zara, tomó el arbitrio de la seriedad y del
poco á poco, callen por Dios, y déjennos en-
enfado, y lleno de cólera y severidad de ros-
tender. Digo, Señor, en nombre de todas,
tro, en alta voz así les dijo.
que mereces bien que te echen ó te derriben
del trono en que estás sentado, y aunque te
El Rey enfadado, y Bertoldo riendo. sacasen los ojos ignominiosamente; pues
bien te lo tienes merecido, por la ley que has
Volvióse el R e y á ellas con rostro coléri- publicado.
co, diciéndoles: Qué novedad es esta? Qué Rey. Qué afrentas ó qué injurias os he he-
es lo que oigo? Qué motivo habéis tenido cho yo? Hablad claro, no me tengáis sus-
para hacer una sublevación como esta? penso, deponed vuestra rabia y enfado.
Quién os ha puesto en tal desorden? De
Mug. N o te lo habernos ya dicho bien cla-
qué ha nacido vuestro bullicio ? A qué fin
son todos estas exclamaciones? Estáis es- ro otra vez?
Rey. No os he entendido muy bien, vol- traiciones; es un barro infernal, que por él se
vedlo á decir segunda vez. oyen continuamente llantos y lamentos de
Mug. No hay peor sordo, que aquel que los pobres maridos; ellas son ruina de los
no quiere oír, nosotras volvemos á decir, que padres y tormento de las madres, desgracia
no se puede cometer error mas grande, co- de los hermanos, vergüenza de los parientes
mo el que tú has cometido en imponer una y destrucción de las casas; en suma, ellas
ley nueva, de que cada hombre pueda tener "sirven de pena y aflicción á todo el género
siete mugeres: mucho mejor seria, que cui- humano. Quitaos delante de mí, y no vol-
dáras de tu reino, y de tantos negocios ar- váis mas á mi presencia, espíritus infernales.
duos, en que estás por Rey constituido; y no O, válgame Dios! Qué fatigado me tienen
meterte en lo que nada te importa: lo has con tanto ruido estos diablos de mugeres!
entendido ahora ? Pues mira, si eso intentas, Pero si yo llego á saber el inventor de este
has de permitir también, que cada muger chasco, aseguro que le he de hacer castigar,
tenga siete maridos. Qué partido es el que según su merecido. Y a se han ido estas in-
tomas? Resuélvete; que en eso venimos solentes ; gracias á Dios que me veo libre de
empeñadas, y deseamos saber tu resolución. ellas! Pues no ha faltado mucho, paraque
entre todas no me hayan sacado los ojos.
El Rey echa enhoramala las mugeres, blasfe-
mando de semejante sexo. Despues que se fueron las mugeres, se templó
el Rey. Ber'toldo, que habia estado escon-
Rey. Ah, sexo ingrato y descortes! dido, escuchando toda la bulla, y como
Quién os ha dicho, que yo he impuesto ley habia logrado su designio, se puso delante
semejante ? Apartaos de mi presencia, idos del Rey, y le dijo:
muy enhoramala, rebeldes, importunas, desa-
tentas y temerarias; pues ahora conozco lo Bert. Qué dices á esto, Rey mío ? No te
que quiere decir muger: quien dice muger, dije, que antes que anocheciese habías de
dice engaño, maldad, zizaña, daño, discordia, leer el libro al reves de CQmo ayer lo leíste
no hay casa ó lugar, donde entran y salen, en alabanza de las mugeres ? Y a discurro
que no lleven consigo, arrastrando como quedarás desengañado de lo que ellas son.
rastrillo, todas estas malas propiedades, si- Rey. No se puede creer, ni imaginar seme-
guiéndolas el fuego dé sus propias pasiones: jante impostura; pues han fingido, que yo he
muger quiere decir un caos de engaños y de mandado que cada hombre pueda tener siete
3*
mugeres á un tiempo: cosa que hasta ahora contraría; añadí, que habías mandado, que
no se lo ha imaginado el mismo diablo, ni á cada hombre pudiese tener siete mugeres:
mí me ha pasado por la imaginación, ni el motivo por el cual se han amotinado en
pensamiento. O, qué mala semilla y vil número tan crecido, y han hecho tan gran-
canalla! des estremos, como has visto, y hablado
Bert. Tú no te acuerdas del convenio que tantos desatinos, como has escuchado.
hemos hecho entre los dos ?
Rey. Digo que has salido con la tuya, y
El Rey pesaroso del mal que había dicho de
que tienes mucha razón; y pues has ganado,
las mugeres, vuelve de nuevo á alabarlas.
en pago quiero que te sientes conmigo en mi
Real trono. Rey. T ú has sido mayor inventor de en-
Bert. No pueden cuatro nalgas caber en redos, que el mismo Merlín; y así, tanto por
un trono solo. tu malicia, como por el desorden que has
Rey. No importa, que yo haré hacer otro causado, has incurrido en delito gravísimo.
junto al mió, te sentarás en él, y darás Ahora digo, que las infelices han tenido mil
audiencia conmigo. razones de mostrarse contra mí tan iracun-
» Bert. El enamorado, ni la señoría, no de- das : no podia yo creer, que el sexo mugeríl
sea compañía; y así gobierna tú solo, pues pudiese estar tan privado de juicio, que
iú eres el señor y dueño. cometiese tantos desórdenes sin grandísimo
Rey. Y o creo, que habrás sido tú el autor motivo; y á la verdad, no podia ser mayor
de aqueste enredo: es verdad ? Dímelo. que este para irritarse conmigo. Y pues tú
Bert. T ú lo has adivinado, y no me pue- has dado ocasion de decir mal de ellas (cosa
des castigar, en virtud de la palabra que me que ya no quisiera haber dicho por todo el
diste. oro del mundo) por lo que siento, desde
Rey. Supuesto que ha sido esta invención luego me desdigo y me arrepiento, y de
de tu ingenio, y o te perdono; pero quiero nuevo vueh'o á decir, que el hombre sin la
primero que me digas, cómo has tramado muger es como la viña sin podar, jardin sin
este enredo. fuente, rio sin barca, prado sin yerba, monte
Bert Y o fui á buscar aquella muger á sin leña, espiga sin grano, árbol sin fruto,
quien tú favoreciste en el pleito del espejo; ciudad sin plaza, fortaleza sin guarnición,
hícela creer nuevamente, que tú querías palacio sin balcones, torre sin escaleras, rosa
hacer romper el espejo, y dar la mitad á su sin olor, sortija sin piedras, pino sin sombra,
rio sin pesca, selva sin árboles; en suma,
todo aquel que se halla privado de tan deli-
ciosa compañía, se puede decir, que es espejo La reina envia un recado, preguntando al
sin azogue, un diamante sin brillo; y en fin... Rey por Bertoldo, porque deseaba verle.
Bert. Un borrico sin cabeza. En el mismo tiempo que el Rey y Ber-
Rey. Gran bestia eres. toldo estaban hablando, llegó un criado de
Bert. T ú me has conocido el primero: ya parte de la Reina, el cual dijo, que deseaba
veo que tú proteges mucho las mugeres, no su Mag. ver á Bertoldo; y así le suplicaba
quiero que hablemos mas de ellas; y así lo le enviase á su cuarto, porque habia sabido
pasado pasado. tenia sumo gusto en chasquear á las mugeres.
Rey. Todo aquel que quiere ser amigo L a Reina tenia intención de hacerle dar una
mió, no diga mal de las mugeres, pues ellas buena tunda de palos; y el Rey, luego que
no ofenden á nadie, no llevan armas, ni bus- oyó la súplica de la Reina, se volvió á Ber-
can quimeras; son de naturaleza muy dóci- toldo, y le dijo:
les, plácidas y benignas, quietas, amables, y Rey. Bertoldo, la Reina dice que te quiere
de toda buena correspondencia; en suma, ver, aquí está el mensagero, y así véte luego
están adornadas de todas las virtudes, y con él, que estará impaciente.
decoradas de santas costumbres; y así te Bert. Los mensageros tanto suelen tener
aseguro, que no me incitarás con motivo de bueno, como de malo.
alguno de provocarme á ira contra ellas, Rey. A l hombre melancólico siempre su
pues si tal me sucediera, y segunda vez tú lo conciencia le remuerde.
intentaras, te habia de castigar severamente. Bert. L a risa de palacio no es gustosa, y
Bert. No tocaré mas las cuerdas de esa mas tiene de falsa, que de verdadera y sen-
guitarra; pero espero darte otro chasco, y cilla.
con todo eso hemos de ser amigos. Rey. El que está inocente, siempre pasa
Rey. Dice el refrán, que no porfíes con el seguro entre las bombas.
hombre potente, porque estarás léjos del Bert. L a muger airada, el público encen-
agua corriente. dido, y la sartén agugereada, son tres cosas
Bert. También el hombre que calla, dicen, de gran perjuicio á una casa.
que es agua mansa. Rey. El hombre melancólico á menudo se
acuerda de aquello mismo que teme.
Bert. Muchas veces el cangrejo salta de
la sartén por librarse de ella, y cae en las tan monstruosa figura, se irritaron mas con-
ascuas. tra él; y la Reina dijo:
Rey. Quien siembra infamias, recoge Rein. Jesús, qué figura de mico!
culpas. Bert. Díjole la zorra al lobo, qué haces,
Bert. También debajo del sombrero se bobo?
esconde la asquerosa tifia. Rein. Cómo te llamas ?
Rey. Quien ha enredado la tela, que Bert. Y o no llamo á nadie, y cuando me
desenrede. llaman respondo. '
Bert Mal se puede desenredar, cuando Rein. Cómo te apelas ?
las cabezas están añudadas. Bert. Y o no me acuerdo, que jamas me
Rey. Quien siembra espinas, no ande des- hayan pelado.
calzo. Mientras que la Reina preguntaba á Ber-
Bert. Contra el estímulo es dificultoso toldo, una de las criadas venia preparada
oponerse. con un jarro de agua para mojarle por de-
Rey. No temas, que nadie te ultrajará. tras; pero advertido, por no haber faltado
Bert. A l confortador no le duele la cabeza. persona que lo avisara, intentó nueva in-
Rey. Díme, yo creo que tú temes que la dustria, para librarse del chaparrón; no
Reina te dé alguna pesadumbre. obstante prosiguió su conversación con la
Bert. Muger iracunda, mar con espuma. Reina, sin darse por entendido de nada.
Rey. Pues mira, que la Reina desea muy
ansiosa el verte, anda gustoso, y no dudes Astucia de Bertoldo, para librarse de que no
que serás bien recibido. cayera el diluvio sobre su cabeza.
Rein. Dime, quién te ha enseñado tantas
Llevan á Bertoldo delante de la Reina. astucias, que pareces adivino ?
Presentaron á Bertoldo delante de la Reina, Bert. Digo, que y o conozco y adivino
la cual estaba noticiosa de la burla que habia cuanto hay y puede haber: si acaso alguna
hecho á las mugeres el dia antecedente: muger ha cometido algún delito, si está ena-
habia hecho aprontar algunos garrotes, y morada, si no es casta ó tiene otro género
ordenó á las criadas le encerraran en un de flaqueza, inmediatamente daré individual
cuarto, y le sacudiesen bien el polvo, á dis- noticia de todo, ó si hubiese alguna que me
creción; pero luego que ellas le vieron de quisiese mojar á traición, y o no'me detendré
en decir lo que de ella sé, pues es cosa misma Reina; con que volviendo cada una á
que no me puedo contener en semejantes poner su palo de donde lo habia tomado, que-
ocasiones. dó Bertoldo ileso en la cruel batalla de tan
furiosas leonas.
Bertoldo se libra del diluvio.
Insiste la reina, en que Bertoldo sea castigado4
Una de las criadas, que llevaba el agua L a Reina, á quien aun duraba el enfado
para mojarle, oyendo semejantes razones, contra Bertoldo, determinó que se le diese la
volvióse por donde habia venido con todo tunda de palos. Envió un recado á los guar-
disimulo, paraque no la viese Bertoldo; por- dias paraque al tiempo que saliese de palacio,
que tuvo miedo no adivinase, ó descubriese descargasen sobre Bertoldo todos de manco-
algún pecadillo, que tenia oculto, ni tampoco mún con sus palos, y que no tuviesen con-
de5las demás compañeras se atrevió ninguna miseración. Salió pues, haciéndole acom-
á seguir el chasco, porque cada una por sí pañar de cuatro criados, paraque le conocie-
tenia su trapito metido en lejía; pero como sen ; y estos mismos trajesen la noticia de lo
la Reina estaba quemándose de cólera con- sucedido.
tra Bertoldo, ordenó á todas, que cada una
de por sí buscase un palo, y le apaleasen á Astucias paraque ninguno de los guardias
toda su satisfacción. Con semejante órden llegase á él
arremetieron contra él con grande furor y
rabia, como quien deseaba complacer y dar Cuando vió Bertoldo que no habia arbitrio
gusto á su señora. Viéndose el pobre Ber- de poder escaparse de órden tan estrecha,
toldo en tan grande peligro, recurrió de nue- consultó con su entendimiento; y volviéndose
vo á sus acostumbradas astucias, y les dijo: á la Reina, con grande humildad, le hace la
Bert. Cualquiera de vosotras, que haya siguiente súplica: Señora, ya que conozco
sido la que ha dispuesto dar veneno al Rey tan claramente que es tu voluntad el que yo
en su mesa, yo estaré contento con que tome sea castigado y apaleado de tus guardias, te
el palo, y me rompa los huesos. ruego me concedas una gracia, que es muy
Empezaron todas á mirarse unas á otras fácil, y está en tu mano la concesion de ella,
diciendo: Y o no he pensado en cosa seme- y por ningún motivo te puede ser difícil de
jante. Respondía la otra: Ni yo tampoco; darme el. sí; baste solo que tu voluntad se
v así todas fueron respondiendo, aun hasta la cumpla en que vo quede apaleado: lo que te
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pido es, que mandes á tus criados, que me vieron á la Reina, la cual habiendo sabido
han de acompañar, que digan á los guardias, que Bertoldo se habia escapado y librado
que descarguen la furia de los palos; pero con una tan impensada astucia, y que en lu-
con la condicion de que no toquen á la cabe- gar de haber sido apaleado, lo quedaron sus
za, y que á lo demás descarguen con ímpetu criados; mas encendida de cólera se puso
furioso, como quisieren. contra Bertoldo, jurando por su persona, que
L a Reina no entendió el énfasis, y mandó se habia de vengar de tal infamia; pero que
á los criados dijesen á los guardias que no no obstante por algunos dias propuso disimu-
tocáran á la cabeza, y que á lo demás des- lar su enfado, hasta la primera ocasión que
cargasen como cada uno pudiese: los criados se proporcionase, ínterin que hacia curar los
iban detras de Bertoldo hácia el cuerpo de criados, habiendo vuelto los pobres trasqui-
guardias, los que tenian y a prontos los palos lados, sin haber buscado lana.
en las manos para servirle, según la órden.
Bertoldo se adelantó al acompañamiento á Vuelve Bertoldo á ver al Rey, en donde hace
gran distancia; y los que le acompañaban una buena.burla á un palaciego.
vieron los guardias y a formados, y llegando
Bertoldo á ellos, los criados empezaron in- E l dia siguiente se llenó la antecámara de
mediatamente á decir, que no tocasen á la ca- grandes, señores y caballeros de todas clases,
beza, y que á lo demás apretasen fuertemen- según la costumbre de palacio; y no faltando
te, que esta era la intención de la Reina. Bertoldo á su obligación en hacerse presente,
vióle el Rey, y llamó, diciéndole públicamen-
te:
Los criados fueron los apaleados en lugar de
Rey. Y bien, cómo te ha ido con la Reina 1
Bertoldo.
Bert. A y Señor! Que entre la alpargata
Los guardias viendo á Bertoldo, que venia y el zapato hay muy poca diferencia.
delante de los demás, pensando que él era Rey. Estaba el mar muy alborotado"?
cabeza de ellos, dejáronle pasar sin hacerle Bert. Quien sabe navegar bien, cualquier
daño alguno; pero cuando llegaron los cria- golfo pasa seguro.
dos fue tal el nublado de palos, que cayó so- Rey. El cielo amenazaba tempestad ?
bre los pobres, que casi les rompieron los Bert Sí que amenazaba; pero se descar-
brazos; en suma, no les quedó hueso sano. gó sobre otros.
Viéndose tan maltratados y molidos, se vol-
DEL RUSTICO BERTOLDO. 41
Rey. Concibes tú el que y a se haya sere-
desde donde sale la luna á los baños de
nado.
Arnedillo ?
Bert. Y o lo dudo, porque al cielo lo dejé
Bert Y cuántas pones tú desde la caldera
muy nublado. de tu calva á la caballeriza?
Fag. Y díme, por qué causa la gallina
Burla desvergonzada de un palaciego entre-
negra pone el huevo blanco ?
metido á chistoso.
Bert. Y por qué motivo el látigo del Rey
Hallábase un palaciego presente, que an- te pone las nalgas negras ?
daba diariamente inmediato á la Real perso- Fag. Cuál es el mayor número, el de los
na, el cual solo servia de hazmereir, ó de turcos, ó el de los judíos?
bufón del R e y : su nombre era Fagoto, de Bert. Cuántos son mas, los que tienes en
estraña estatura; pues ademas de ser suma- la camisa ó en la barba?
mente pequeño, era muy gordo y despropor- Fag. E l rústico y el borrico nacieron de
cionado de facciones; tenia la cabeza tan des- un parto ?
poblada, que parecia calavera. Llegóse al Bert. El puerco y el cuervo comen los
Rey, y le dijo: Señor, te pido me hagas una dos en una artesa ?
especial gracia, y es, darme permiso paraque Fag. Cuánto ha que no has comido nabos 1
y o examine á este salvage rústico, pues le Bert. L o que ha que á tí no te han echado
quiero enseñar cómo ha de tratar lugares raiduras.
tan respetuosos, y cómo se debe hablar en Fag. Eres tú búfalo ú oveja?
palacio. Respondióle el Rey, y le dijo: Por Bert. No metas en danza tus parientes.
mí haz tú lo que quisieres, y o me holgaré Fag. Cuándo dejarás de usar de tus astu-
mucho de eso; pero te encargo mires no te cias?
suceda como acaeció á aquel que se llamaba Bert Cuando tu dejares de lamer los
Bien-venido, pues fué á raer, y fue raido. platos.
No, n o ; respondió Fagoto, no tengo miedo Fag. También dice el refrán, que al villa-
de él, ni de ninguno; y volviéndose á Bertol- no no hay que darle vara en mano.
do, con un gesto muy alocado, le dijo: Bert, También se dice, que al puerco y á
Fag. Qué dices tú, pollo caido del nido ? la rana no hay que sacarles del lodo.
Bert. Y con quién hablas tú, grajo pelado ? Fag. El cuervo nunca trae buenas nuevas.
Fag. Ven acá, díme cuántas leguas hay Bert. También el milano anda al rededor
de la carniza.
Fag. Y o te digo que soy hombre de bien, en efecto lo quería ejecutar, á no haberle
y mejor educado. detenido todos los circunstantes.
Bert. Quien se loa, se enloda. Bertoldo como habia hablado tanto, tenia
Fag. Todo hombre rústico es animal muy la boca llena de saliva, y no sabiendo donde
malo. escupir, por estar la sala toda alfombrada,
Bert. Y el adulador es un bruto mons- y las paredes colgadas de tapicerías muy
truoso. ricas, se volvió al Rey, y le preguntó:
Fag. No se puede hallar un villano sin Adonde quieres que escupa 1 Escupe, le dice,
malicia. en la plaza. Entonces se volvió Bertoldo á
Bert. Tampoco se ha podido hallar gallo Fagoto, el cual y a dijimos era calvo, y le
sin cresta, ni palaciego sin adulación. encajó en medio de la cabeza una buena
Fag. Mira que tus zapatos están con la porcion de saliva. Viéndose afrentado de
boca abierta. esta suerte, querellóse al Rey de la injuria
Bert. Se rien de tí, porque eres un bestia. recibida, y al mismo tiempo dice Bertoldo
Fag. Las medias las tienes llenas de re- en voz alta: El R e y me ha dado licencia
miendos. paraque escupa en la ,plaza, y no creo que
Bert. Mejor es tenerlas remendadas, que se halle mayor plaza, que tu cabeza. No se
tener la cara llena de costurones, como tú llama la cabeza calva plaza de piojos ? Pues
la tienes. ahora te harás el cargo, que no he cometido
Tenia Fagoto muchas señales en la cara, delito en lo que he ejecutado.
que en diversas ocasiones le habían hecho Todos los de la corte dieron la razón á
con mucha razón, y lo tenia bien merecido, Bertoldo. Fagoto se quedó muy avergon-
por las muchas insolencias que habia usado; zado y corrido; pero determinó usar de
mas como vió que le tocaban al vivo, tra- prudencia, y sufrir lo pasado con paciencia,
gando saliva, ya no hallaba palabra que asegurando, que hubiera tomado con mas
responder, y se puso mas encendido que gusto haberse quedado sin comer, que ha-
unas llamas por verse avergonzado y corrido berse puesto á pullas y refranes con Bertoldo.
entre tantos señores, los que soltaron la risa Todos los que estaban presentes quedaron
de ver los gestos que hacia, y de verle tan gustosísimos de que Fagoto hubiera quedado
inquieto, de suerte, que el pobre hubiera vencido, porque este se tenia en concepto de
tomado á mejor partido el escaparse, como uno de los primeros ingenios del mundo, y á
todos les contaba mil fábulas y desatinos;
Bert. M i padre es hacedor de un daño:
pero despues no se atrevía á levantar los mi madre hace á una vecina suya aquello
ojos del suelo, de la vergüenza que le causaba que no lo volverá á hacer mas: mi hermano
el haber sido tan ultrajado; de suerte, que cuantos halla tantos mata; y mi hermana
cuasi llegó á términos de ahorcarse. está llorando lo que ha reido todo le año.
Siendo ya cuasi de noche, y estando el Rey. Descíframe esos enigmas, que no los
Rey ocupado con la audiencia de unos se- entiendo.
ñores, le dijo á Bertoldo, que volviese á su Bert Has de saber, que mi padre está en
presencia el dia siguiente; pero que habia el campo cercando una senda, y cerrándola
de venir, ni bien vestido, ni bien desnudo. con espinos, con que aquellos que solían pasar
por medio de la senda, pasan ahora unos de
Graciosa astucia de Bertoldo para volver de- una parte, y otros de la otra de los espinos;
lante del Rey como se lo habia mandado. de manera, que antes no habia mas de una
senda, y ahora con la continuación de tantos
L a mañana siguiente pareció Bertoldo pasageros se han hecho dos. Mi madre
delante del Rey envuelto en una red de pes- cierra los ojos á una vecina suya, que se
cados ; pero no llevaba mas ropa que la red; acaba de morir, cosa que no volverá á hacer
y viéndole de aquel modo el Rey, le dice: mas. M i hermano está al sol, matando los
Rey. Cómo te pones delante de mí en piojos de su camisa. Mi hermana cuasi
forma tan indecente ? todo el año se le ha pasado riendo, y ahora
Bert Pues no me mandaste, que hoy por está con los dolores de parto.
la mañana me pusiera delante de tí; pero Rey. Cuál es el dia mas largo que hay?
que fuese, ni vestido, ni desnudo ? Bert Aquel en que uno se queda sin comer.
Rey. Sí, es verdad. Rey. Cuál es el hombre mas loco ?
Bert Pues ya me tienes de la misma for- Bert. Aquel que se alaba de discreto.
ma que mandaste, porque con esta red cubro Rey. Por qué motivo nacen mas presto las
parte de mi cuerpo, y la otra queda desnuda. canas en la cabeza, que en la barba ?
Rey. Díme, dónde has estado hasta ahora ? Bert. Porque el cabello nace primero que
BerU Donde he estado ya no estoy, y la barba.
donde estoy ahora, y a no puede estar ningu- Rey. Cuál es aquel hijo, que pela la barba
no mas que yo. á su madre ?
Rey. Y qué hace tu padre, tu madre, tu Bert. El huso.
hermano y hermana ?
Rey. Qué yerba es la que hasta el ciego
la conoce ? Astucia ingeniosa de Bertoldo para librarse
Bert L a hortiga. del castigo.
Rey. Quién es aquella hembra, que siem-
pre está en el agua, y nunca se lava los pies? Buscó Bertoldo un cubo de leche, y sin
que nadie le viera lo llevó al cuarto del Rey,
Bert. L a barca.
y aunque era medio dia, cerró todas las ven-
Rey. Quién es aquel que se aprisiona por
su gusto ? tanas y puertas por donde podia comunicarse
alguna luz: entró el Rey en el cuarto, y
Bert. El gusano de la seda.
como no veia, tropezó en el cubo de la leche;
Rey. Cuál es la flor mas triste?
vertióle por el suelo, y nada faltó paraque
Bert. E l vino que sale de la cuba, cuando
cayera de cabeza, y se hiciese gran daño en
se acaba.
su persona. Empezó á gritar, diciendo: Ola,
Rey. Cuál es la cosa mas atrevida y des- vengan aquí, y abran estos balcones. Acu-
vergonzada que hay ?
dieron al ruido, abrieron las ventanas, y
Bert. El viento, pues este se entra debajo como vió todo el cuarto lleno de leche, y el
de los vestidos de las mugeres. cubo donde habia tropezado, con grande
Rey. Cuál es aquella cosa que nadie quiere enfado preguntaba, quién habia sido el agre-
en su casa.
sor de semejante delito.
Bert L a culpa. Rey. No hay ninguno que diga quién es ó
Rey. Quién es aquel torcido, que corta las ha sido el que ha tenido la desvergüenza de
piernas á todos los derechos ? haber puesto en mi cuarto este cubo de leche,
Bert L a hoz de segar trigo y cebada. cerrando todas las ventanas paraque yo tro-
Rey. Cuántos años tienes ? pezase ?
Bert. Quien cuenta los años, cuenta la Bert. Y o he sido; y lo he hecho paraque
muerte. te desengañes mas claramente de tus porfías,
Rey. Y cuál es la cosa mas clara que hav ? y confieses, que el dia es mas claro que la
Bert El dia. ' leche; pues si fuera mas clara la leche que
Rey. Mas que la leche ? el dia, ella te hubiera alumbrado, y no hu-
Bert. Mas que la leche y la nieve. bieras tropezado en el cubo.
Rey. Si tu no me hicieres ver claramente Rey. Eres un astuto villano, y á cada cosa
lo que dices, te tengo de hacer castigar. hallas salida con facilidad; pero quién es
Bert O, y qué infelicidad es la corte! . este que aquí viene ?
Bert. Parece que es un criado de la Reina, cerlas partícipes de todo; pues es cosa intole-
que trae una carta en la mano. rable, que solo los hombres tengan el dominio
Rey. Apártate un poco de aquí, que quiero en todo, y nosotras no tengamos mando algu-
oirle. no ; á que añadimos: Que prometemos ser tan
Bert. Y a me voy, mas á la verdad temo sigilosas en todo género de cosas de importan-
que sea alguna mala embajada contra mí. cia, que excedamos en eso á los hombres.
Esperamos que V. Mag. como muger, recomen-
dará. con toda eficacia esta súplica.
Idea fantástica, que se les puso en la cabeza
á las ciudadanas de aquel pueblo. Leyó el Rey la carta, y se hizo cargo de
la pretensión tan desatinada; y no sabiendo
Llegó el mensagero á la presencia del Rey, qué resolución tomar, se volvió á Bertoldo,
y haciendo su debido acatamiento, le presen- y le reveló todo el contenido de la carta, al
tó una carta que traia; y su contenido era cual dió tal gana de reir, que no se pudo
del tenor siguiente: contener; pero el Rey, viéndole reir, le dice
Señora: Hacemos presente á V. Mag. (pura- con mucho enfado:
que interceda con el Rey) las justas razones Rey. Por qué te ries, majadero ?
de todas las nobles de la ciudad. Deseamos Bert. Me rio, y quien no se riera, merece-
y pedimos al Rey con rendimiento, que nos ría que le sacaran los dientes.
conceda el poder asistir en los consejos y go- Rey. Pues por qué?
bernar la ciudad, oir querellas, sentenciar, Bert. Porque estas mugeres creen que tú
como es concedido á los hombres, y tener man- eres majadero, y no Rey Albuino; por esto
do en él gobierno, como le tiene el Senado y te han hecho esta súplica tan disparatada.
primados de la ciudad. Para esto alegamos: Rey. A ellas les toca el pedir, y á mí el
'! i
Que ha habido ejemplares de muchas muge- servirlas.
res, que han mandado y gobernado imperios Bert Infeliz es el perro, que se deja agar-
y reinos con tanta prudencia, y aun mas que rar de la cola.
algunos reyes y emperadores; habiendo tam- Rey. Habla de manera, que te pueda en-
bién salido armadas á campaña, defendiendo \
tender.
sus reinos, estados y señoríos tan valerosamen-
Bert Desdichadas las casas, en que can-
te, como los mas valientes soldados, y así por
tan las gallinas, y calla el gallo.
estos motivos no debe despreciar el Rey la sú-
Rey. T ú eres' como el sol de marzo, que
plica ; antes bien aceptar la instancia, y ha-
conmueve y no resuelve.
5
Bert. A l buen entendedor pocas palabras
le bastan. Astucia preciosa de Bertoldo, para quitar de
Rey. Explícame lo que dices, y sácame de la cabeza de las mugeres el capricho ó tema
la duda. referido.
Bert. Quien quisiere tener la casa limpia,
no tenga pollos, ni palómas. Se fué Bertoldo á la plaza, compró un pa-
jarillo, y lo metió dentro de una cajita, la
Rey. Vamos, acaba, qué dices ?
que llevó al Rey, y le dijo: Que enviase aque-
Bert. Quien lo entiende, quien no lo en-
lla caja cerrada á la Reina, y que su Mag.
tiende, y otros que no lo quieren saber.
de su parte la enviase á las pretendientas ;
Rey. A todo aquel que cuece la comida
pero con el precepto de que ninguna la abrie-
con paja, el caldo le saldrá ahumado.
se, bajo de penas rigurosas; y que á la ma-
Bert En suma, quiero saber lo que me
ñana siguiente viniesen á palacio, y trajesen
quieres.
lá cajita en la misma forma que se les entre-
Rey. Quiero que en esta ocasion me dea
gaba, que luego inmediatamente el Rey les
luz con un prudente consejo.
concedería la gracia que pretendían. Tomó
Bert. Mala señal es, cuando la hormiga
el mensagero la caja, la llevó á la Reina, la
pide pan á la chicharra.
que entregó á las mugeres, que estaban espe-
Rey. Y o sé que para todo hallas buena rando en su cuarto la resulta de su preten-
salida; y pues estás colmado de inventivas sión ; y entregándosela á todas en general,
y de astucias, quiero fiarte la resolución de les dijo de parte del Rey : Que su voluntad
este negocio. era, que por ningún motivo se abriese aque-
Bert. Como tú te fies de mí, no dificultes lla caja; añadiendo: Que el dia siguiente la
que yo te sacaré muy presto de toda dificul- trajesen de la misma suerte que se la entre-
tad, y conseguiré el que no te vuelvan á mo- gaba, que les prometía despachar conforme
lestar sobre su pretensión. su pretensión. Despidiéronse de la Reina
Rey. Pues ingeníate con tu maña, y des- muy gozosas y consoladas, por la palabra que
páchalas cuanto antes puedas. les había dado tan favorable á su deseo.

Curiosidad de mugeres que consigo, por na-


turaleza, trae semejante sexo.
Luego que se fuéron, y se vieron léjos de
la presencia de la Reina, las dominó tal cu-
riosidad de saber lo que en aquella caja se Pesadumbre que recibieron las mugeres por
encerraba, que empezó á decir una á otra: habérseles escapado el pajarillo.
Quieres que veamos lo que hay aquí dentro? Habiendo sabido la Reina el caso, se en-
Respondían otras: No hagamos cosa seme- tristeció de tal modo, que no sabia qué ha-
jante, porque tenemos precepto de no abrir blar, ni qué hacer, porque temia un gran dis-
esta caja, y tal vez puede suceder, que haya gusto ; pero con todo eso se animó, y con la
dentro de ella alguna cosa de importancia comitiva de las mugeres se presentó delante
para el Rey. Replicaban las mas curiosas, del R e y ; entraron tímidas y aturdidas, con
y decian: Pues qué puede haber ? Decia la su cabeza baja, y llenas de confusion. L a
otra: No, no, que no sabrémos cerrarla del Reina saludó al Rey, quien le correspondió
mismo modo que ella está. Habló otra con con mucha alegría; y haciéndola sentar
mas resolución, y dijo: Sí, sí, abrámosla, y junto á sí, le pregunta : Qué novedad la traia
haya dentro lo que hubiere. á su presencia con tanto número de mugeres
(que se componía de mas de trescientas) ?
Resuélvense las mugeres á abrir la caja.
La reina refiere al Rey la fuga del pajarillo.
A l fin, despues de muchos debates que Y o vengo delante de V. Mag., con estas
hubo entre ellas, se resolvieron á abrirla, nobles matronas, por la respuesta de la sú-
como en efecto la abrieron, y apénas quita- plica, que tienen hecha, para entrar en los
ron la tapa, cuando voló el pajarillo con mismos oficios, empleos y encargos, que
tanta velocidad, que se quedaron suspensas, tienen los Senadores: y habiéndolas man-
confusas y apesadumbradas, por no haber dado entregar esta caja con orden expresa
podido ver qué señales tenia, ni si era gil- de que por ningún motivo la abriesen, y en-
guero, pajarillo ó ruiseñor; pues si hubieran cargándoles la devolviesen, como se les ha-
visto qué especie de ave era, lo hubieran bia entregado, la casualidad ha permitido,
podido remediar, poniendo otra semejante, y que una mas curiosa que. las otras, tuvo im-
con las propias señales y así se hubiera disi- pulsos de ver lo que en ella se encerraba;
mulado, llevando al dia siguiente la cajita de abrióla, no creyendo se encerrase en ella el
la misma forma que se les habia entregado, pájaro, el cual voló sin poderlo remediar,
y no les hubiera sucedido una pesadumbre con que todas las demás están tan condoli-
tan grande. das, que no se atreven de vergüenza á mi-
5 *
5 4

rarte, por haber quebrantado^ tu Real pre- vuestra naturaleza os tiene constituidas; cui-
cepto ; y así, Señor, ya que tú siempre has dad de vuestras familias y casas, con todas
sido benigno y clemente para todos, te supli- las demás circunstancias que se requieren
co las perdones, pues no lo han hecho con para el aseo de ellas, que ese es vuestro em-
motivo de desobediencia á tu persona; sí pleo propio, y dejad el gobierno de la ciudad
solo por una leve curiosidad de su frágil á los hombres, pues si recayera el gobierno
naturaleza: esta solo ha sido la causa de en vuestras manos, todo caminaría sin pies,
haber incurrido en tal yerro; y así, pues ni cabeza: no hubiera cosa, por mas oculta,
aquí las tienes delante de tí arrepentidas y ni secreta que fuese, que dentro de una hora
humildes, te suplico las perdones; y así lo no estuviese pública por toda la ciudad:
espero de tu clemencia y benignidad. levantáos, que ya os perdono; idos á vues-
tras casas, y os aconsejo, que no se os ponga
Finge el Rey estar en fadado y hace una re- jamas en la cabeza semejante frenesí. De
prensión á, las mugeres de su pecado, del allí á un rato despidió á la Reina, cuasi en
que las absuelve, y las envia á sus casas la misma conformidad que á las demás, ha-
libres. ciéndola acompañar á su cuarto de muchos
El Rey, fingiéndose muy enojado, se vol- caballeros. Se fuéron las pobres mugeres
vió hácia ellas con rostro airado, y les dice: tan sumamente desconsoladas, que nunca
Sois vosotras las que habéis dejado escapar mas volvieron á tocar la especie de preten-
el pajarillo, que estaba dentro de la caja"! der ascender á consejeras, quedando bien
Ah, mugeres locas! Y qué poco juicio os escarmentadas con lo que les dijo el R e y :
comunicó vuestra débil naturaleza! Y teneis entonces el astuto y sutilísimo Bertoldo se
aliento para pretender entrar en los consejos volvió al Rey con grande risa, y viéndole el
secretos de mi corte ? Decidme, cómo pu- Rey, le dijo:
diérades guardar un secreto de entidad que Rey. Esta ha sido una bellísima invención,
importára á mi reino y mis estados, y defen- v nos ha salido muy bien.
der, castigar y disponer sobre la vida de los Bert. Bien va la cabra coja, como el lobo
hombres, si no habéis sido capaces por sola no la coja.
una hora de haber tenido cerrada una caja,
Rey. Pues por qué dices tú esto?
encargándoos tanto que no la abrierais?
Bert. Porque muger y fuego hallan lugar
Volved á vuestras casas, y ejercitad vues-
luego.
tros oficios mugeriles, aquellos digo, en que
Rey. Quien se sienta en la hortiga, alguna
vez le pica la hormiga.
Bert Quien al aire escupe, en la cara le Rey. L o que te digo es, que no tienes
cae. cortesía, y estás muy mal criado y peor
Rey. Quien orina en la nieve, luego la acostumbrado.
deshace. Bert Y qué se te da á tí, que yo esté mal
Bert. Quien lava la cabeza al asno, pierde criado, y peor acostumbrado ?
jabón y tiempo. Rey. Mucho se me da: porque delante de
Rey. Lo dices esto por mí ? mí estás con grande indecencia.
Bert Por tí hablo, y no por otro. Bert L a causa quiero saber.
Rey. Pues qué motivo tienes para quejarte Rey. Pues es, que cuando vienes á mi
de mí? presencia, nunca te quitas el sombrero, ni
Bert Y o no me puedo quejar de tí ? me bajas la cabeza.
Rey. Pues en qué te he agraviado yo ? Bert El hombre nunca debe de bajarla á
Bert. T e lo diré: Y o he sido tu coadjutor otro hombre.
en una cosa de tanta importancia como esta; Rey. Según sea la clase de los hombres,
y tú, en lugar de asegurarme la vida, me se debe usar de atención y cortesía.
das cordelejo, dándome á entender, que al- Bert. Has de hacerte el cargo de que to-
guna vez tengo de caer en la trampa, pagán- dos somos de tierra, tú eres tierra, yo soy
dolas todas juntas. tierra, y todos nos habernos de volver tierra;
Rey. No soy yo tan ingrato, que no co- con que la tierra no debe, ni puede bajarse á
nozca tus méritos. la tierra.
Bert. El conocerlos es nada; pero cono- Rey. Dices bien, en que todos somos de
cerlos con justicia es mucho. tierra; pero hay mucha diferencia entre las
Rey. No dudes, que luego te quiero re- tierras, pues de una misma tierra se ve que
munerar de todo; pero con el con que siem- se fabrican varias cosas de vidriados esqui-
pre estés á pies juntos. sitos, y sucede, que en los unos se ponen y
Bert. También los ahorcados se quedan á guardan licores preciosos y odoríferos, y
pies juntos. otros se emplean, y sirven para cosas muy
Rey. T ú lo interpretas todo al reves. viles é indecentes: yo soy uno de aquellos,
Bert Quien dice mal, cuasi siempre en los cuales se encierran todo género de
acierta. bálsamos, nardos, claveles, rosas, inciensos
Rey. Tú dices, y haces muy mal. y otras cosas varias de licores preciosos: y
Bert Pues qué mal hago en tu corte ? tú eres uno de aquellos indecentes, en donde
se encierra todo género de inmundicias; no dentro, la bajase al Rey al tiempo de entrar,
obstante que uno y otro estamos formados cumpliéndose así el deseo de que le hiciese
de una misma tierra, y de la misma mano. la reverencia, y quedar victorioso con su
Bert, E s verdad, no te lo niego; pero tema; y así esperando estaba el Rey por
también te digo, que tan frágil es el uno, instantes de que llegase la hora.
como el otro, y cuando los dos se rompen,
igualmente se arrojan los pedazos á la calle, Astucia de Bertoldo para no bajar al Rey la
y ni del uno, ni del otro se hace caso, ni cabeza.
aprecia Volvió á la mañana siguiente el astuto
Rey. Tienes razón; pero sea como fuere, Bertoldo, y reparó en la puerta, conoció la
tú me has de hacer una reverencia. máxima del Rey para obligarle á bajar la
Bert. No la haré; y así paciencia. cabeza al tiempo de entrar; pero el gran
Rey. Pues por qué no 1 socarron, en lugar de bajar la cabeza, se
Bert. Porque he comido asadores, y no volvió de espaldas, y le honró con el fiador:
quiero que se me rompan, al tiempo de ba- conoció el Rey su gran sutileza, y al mismo
jarme, las tripas. tiempo tuvo gran gusto de ver la salida, que
Rey. Ah, villano! Aunque rebientes me tuvo con semejante agudeza; no obstante
has de hacer una cortesía, si vuelves á mi fingióse algo enfadado contra él, y le dijo:
presencia. Rey. Idiota, rústico y descortes, quién te
Bert. Todo puede ser; pero se me hace ha enseñado entrar en mi cuarto de esa
muy dificultoso el creerlo. manera 1
Rey. Por la mañana verémos la resulta; Bert. Quién! El cangrejo.
ínterin, por esta noche, te puedes ir á tu casa. Rey. Pues de qué manera te ha enseñado
el cangrejo 1
El Rey hizo bajar la pieria de su cuarto,
paraque cuando viniese Bertoldo, bajase la Fábula del Cangrejo y de la Langosta, que
cabeza al tiempo de entrar. Bertoldo cuenta al Rey.
Has de saber, Señor, que mi padre tenia
Se despidió Bertoldo, y aquella noche hizo
diez hijos, y era sumamente pobre, como me
el Rey bajar la puerta de su gabinete de tal
suerte, que cualquiera que hubiese de entrar, sucede á mí muy á menudo; era muy regu-
era menester que bajase bien la cabeza, solo lar que aun el pan nos faltaba para cenar,
con el fin de que cuando Bertoldo entrase y en lugar de darnos algún alimento para
00 HISTORIA DE LA VIDA
DEL RUSTICO B E R T O L D O . 61

poder dormir, nos solia contar algunas fábu-


de los erizos, los cuales á la sazón estaban
las y cuentecillos, paraque nos quedásemos
ocupados en una grandísima guerra contra
dormidos; sucedía lo mismo que deseaba,
los murciélagos, cuyos términos eran inme-
pues entre la hambre y el sueño, cuando la
diatos y confinantes, por una sospecha de
primera no se satisfacia, se daba entrada al
traiciones, y otras causas, que unos y otros
sueño, y así lograba lo que quería, hasta el
alegaban. 'Llegaron pues estos dos compa-
dia siguiente, que la providencia asistía en la
ñeros al primer lugar, y fueron descubiertos
mayor estrechez. Entre una de las muchas
por una de las guardias avanzadas; creyen-
cosas, que le oí contar, se me quedó en la
do ó sospechando que fuesen dos espías, los
cabeza la que te voy á referir; y si me das
prendieron, y los condujeron atados de pies
audiencia, con quietud y reposo, oirás una
y manos delante de su capitan, el cual así
cosa, que será muy de tu gusto, pues es muy
que los vió, los examinó por estenso del fin
á propósito y del caso.
de su venida; y no habiendo hallado en ellos
Rey. Y a te permito que la refieras, pues mas malicia, ni ínteres, que el deseo de
no dudo será muy gustosa. caminar y ver mundo, se aquietó al punto;
Berl, Mi padre decía, que cuando habla- ellos dijeron, que la casualidad los habia
ban los animales y las lechuzas tejian man- llevado á aquella tierra, y que como eran
teles, el cangrejo y la langosta eran amigos forasteros, no estaban enterados del pais, ni
estrechos. Dispusieron pues, el ir á ver de lo que en él sucedía; que solo deseaban
mundo, y ver cómo se vivia en las demás se les pusiese en libertad para volverse á su
tierras: el cangrejo caminaba entonces ade- tierra; y si esto no se pudiese lograr por
lante, como los demás animales, y lo mismo razones de estado, ó por política bélica, pe-
sucedía á la langosta, que no andaba de dían se les diese partido en la tropa para
medio lado, como ahora camina: en fin, servir de soldados, dándoles el sueldo igual-
habiendo salido de casa de sus padres, mente como á los demás, y que de este
caminaron mucho tiempo por el mundo, modo servirían fielmente y muy gustosos en
llegaron al pais de los saltones, despues aquella guerra. Luego que el capitan oyó
pasaron al de los gusanos de luz, el cual con- tal proposicion, los mandó desatar, pare-
finaba con el de las mariposas; de suerte, ciéndole que eran bestias de muchas accio-
que corrieron todas aquellas tierras, y vieron nes, por la gran cantidad de patas y brazos
varias costumbres entre aquellos anímales; que tenían, haciendo que los pusieran en lista
internáronse mas adentro, llegaron á la tierra con todos los demás. Sucedió pues que ha-
6
biendo mandado al cangrejo fuese á espiar sentar al juego. Luego que volvió en sí el
todo lo que pasaba en el campo del enemigo, desgraciado cangrejo, no pudiendo cuasi
como el pobre era nuevo en aquel pais, y levantar la cabeza, por el gran golpe que
caminaba con tanto silencio, y escondiéndose habia recibido, juró y protestó no volver á
la cabeza debajo de su cola, se presumió no entrar en parte alguna con la cabeza ade-
seria conocido tan fácilmente. No obstante lante, procurando entrar siempre y caminar
caminaba animosamente al campo del ene- al contrario; pues así, si le sucedía otro
migo, y llegando, halló las guardias dormi- semejante lance, mas quería le diesen en el
das, pasó adelante, hasta llegar á la Real espinazo, que en la cabeza. Volvióse al
tienda de la comadreja, pensando que tam- I campo, hizo una relación individual de todo
bien durmiesen las guardias; pero el pobre lo acaecido, notició como las centinelas dor-
infeliz tuvo tan mala fortuna y encuentro, mían ; pero que en la Real tienda de la coma-
que estaban todos dispiertos. Divertíanse dreja se velaba. Oyendo esto el capitan,
las guardias al juego de paro y pinta, con hizo armar muy secretamente el tercio de
que al tiempo que el cuitado fue á meter la las ardillas, y determinó con ellas dar un
cabeza dentro, para ver lo que pasaba, le vió | asalto al enemigo: así fue, pues hallándolos
uno de aquellos soldados, el cual se levantó todos juntos en la tienda Real, no dejó á
del juego poco á poco, de manera que el ninguno libre, ni dió cuartel: á todos pasó á
cangrejo no le viese, y tomando un palo se cuchillo, tomando venganza del infeliz apa-
lo tiró con tan buen aire y destreza, que le leado cangrejo, el que dijo á la langosta, des-
dió en la cabeza; de suerte, que lo dejó como pues de todo este suceso, marchemos de este
muerto con la violencia y fortaleza del golpe, pais, que no quiero verme en otro semejante
y á no tener las armas que le dió la natura- empeño, pues veo que la guerra no es buena
leza, los sesos se los hubiera echado al aire: para nosotros. Dices bien; pero cómo nos
el soldado, que le tiró, no sabia que era espía, escaparemos, respondió la langosta, que es
antes bien creia que hubiese llegado allí por muy posible que nos vean, y nos descubran
casualidad, y especialmente, viéndole de fi- por las pisadas ? Respondió el cangrejo: T ú
gura tan r a r a : quién habia de sospechar caminarás de lado, y yo andaré hácia atrás,
cosa semejante? No obstante, creyendo le y así saldrémos de toda dificultad. L a deter-
habia muerto, le tomó por las hastas, y le minación le gustó mucho á la langosta, y
tiró á una laguna de agua, que estaba allí poniéndose luego en puntillas de los pies,
inmediata, y sin mas novedad, se volvió á empezó á caminar de lado con tanta ligereza,
que apenas la podia alcanzar el cangrejo, y
de esta suerte se pudieron escapar del campo
por un parage escabroso. Llegaron á sus
casas bien mortificados, por los peligros tan
grandes en que se habian hallado: y á la
hora de su muerte dejaron dicho en sus testa-
mentos, que todos sus descendientes, en lo
venidero, caminasen del mismo modo que
ellos lo habian hecho, cuando volvieron á sus
casas, y que este mandato se observase rigu-
rosamente, pues así era su última voluntad,
y así, que desde entonces, en cumplimiento
de lo ordenado por el cangrejo, caminan to-
dos sus descendientes, como lo dejó mandado.
\ yo, conservando en la memoria este caso
al tiempo de entrar en este cuarto, he tenido
por conveniente imitar al cangrejo; pues si
alguno me descargaba algún golpe, era mejor
que lo padeciese el trasero, que la cabeza.
Ahora quiero saber, qué te parece ? Y qué
me respondes? Aunque yo discurro, que
habrá sido de tu gusto la fabulilla.
Rey. Es cierto que lo es: con ella me has
divertido, y íne has dado entera satisfacción,
y ahora véte á tu casa; pero has de volver
mañana delante de mí en tal conformidad,
que te vea y no te vea, y me has de traer al
mismo tiempo una huerta, una caballeriza y
un molino.
Bert. Adivínala, grillo: y a me voy, y bus-
caré el modo de satisfacerte. A Dios.
ALEGORIA SEGUNDA.
Los grandes, ó por amor, ó por fuerza, quie-
ren ser reverenciados, y cuasi adcn-ados de
los inferiores; pero muchas veces también
un rústico jruede humiUar la altivez de un
soberbio. Las mugeres son vehementísimas
en la ira, particularmente en el tiempo que
se les toca en sus pasiones mas delicadas,
que son la vanidad y la soberbia.

Astucia de Bertoldo, para parecer delante del


Rey en el modo que se ha dicho.
El (lia siguiente mandó á su madre, que
le hiciese una torta de acelgas, manteca, re-
quesón y queso, con bastante abundancia de
harina por defuera, tomó despues un harnero,
s e le puso por delante del rostro, y con la
torta en la mano volvió de esta suerte á la
presencia del R e y : viéndole parecer en tan
estraña figura, empezó á reir, y de esta suer-
te le dijo:
Rey. Qué significa ese harnero que traes
delante del rostro 1 . .
Bert. Pues no me mandaste que viniese
delante de tí, de modo que me vieses y no
me vieses 1
Rey. E s cierto.
Bert. Pues ya me ves, y no me ves, pol-
los agujeros de este harnero.
Rey. Y a veo yo, que sales de todo bien
con tus gracias y sutilezas; pero díme, dón-
de está la huerta, caballeriza y molino, que
te mandé me trajeses? 1 un palo para sacudirle, y le dijo con enfado:
Bruto, insolente, véte á la cuadra donde es-
r. J e r Í ' , A q U Í 6 S t á í o d o e n e s t a t o r t a ' en la tan los asnos, mas racionales que tu, y otro
las I P I C o m P r e h e n d Í d a s l a s t r e s cosas: dia no te atrevas á desvergüenza semejante
^ s a c e l g a S significan la huerta: la manteca, en palacio, y cuasi delante del Rey, si no
no es n , v ? q U e S O n c a b a l l e r i z a ' 7 & harina quieres que te rompa las costillas con este pa-
no es otra cosa mas que el molino.
lo. Volvióse entonces Bertoldo a el, y le dice:
t a d o e l S % C i e r t ° qUG n ° h e vist0' ni h e Bert. Hermano, véte poco á poco, y no
tuvo- v ? T T u m a S P e r S P Í C a z <1™ e ) seas tan pronto, ni te hagas tan zeloso; ad-
cuanto y n„1 f ^ h ° y e n a d e l a n t e p''deme vierte, que también las moscas, que vuelan
Í Trv J J ' Y tG d ° y P e r m i s o ' P l a q u e sobre las cabezas de los tinosos, se ponen so-
bre la Real mesa, y se ensucian en la propia
te sirvas de mi corte en todas tus necesidades. taza del Rey, y no obstante come la sopa sin
escrúpulo ninguno, sin reparar en una cosa
Alegría de Bertoldo. tan sumamente asquerosa; pues si esto es
tó S 1 1 ^ °?rta' e l R e y I e hizo, se apar- así, cómo reparas en que yo haga en el sue-
e baiVHa« ? S t a n t e ' E n d o s e á un pítio, lo esta cosa tan precisa, siendo tan necesa-
se bajo las bragas, y fingió querer hacer al r i a ' Fuera de que, si el Rey me manda
C f e S * ^ d VcaLhnenteo vó que en mis necesidades me sirva de su corte,
S t S , ^ ' y * * « * > fuertemente qué mas necesidad me puede suceder, que la
ha f e ? ? EeStÍa' ÍnCapaz' e s 10 vas á presente, para aprovecharme de ella j lor
esta acción entendió el Rey la cifra de Ber-
tu corle enu2° ^ qUG me sirva X o ¿e toldo ; y sacándose del dedo una sortija, se
pZ p , m i s necesidades ? volvió á él, y le dijo: .
lo deda vo n ^' q U G 10 h e d i c h 0 •• Pero no Rey, Toma esta sortija por premio: y tu,
tesorero, tráeme aquí mil escudos, que quie-
ro hacer luego un presente á Bertoldo.
has o L T d T o ^ r m e h a s d i c h 0 ' y m e lo Bert. Y o no quiero que tú me interrumpas
descamar pl' q s e r v i ™ e de la oferta, y
el sueño. ,
tre q T m e E f 0 q f e» el v i e i í Rey. Pues por qué motivo te lo tengo de
interrumpir?
frirlo mas g mucho ' ? 110 Puedo su- Bert. Porque si yo tengo esta sortija con
biendo esto uno de aquellos guardias, alzó tanto dinero, no descansaré jamas, pues me
70 HISTORIA DE LA VIDA
D E L RUSTICO BERTOLDO. 71
estare imaginando y alambicando los sesos
continuamente, y no podré hallar sosiego de el pasado: por este motivo estaban tan
ningún modo; pues regularmente he°oido rabiosas contra él, que si le hubieran podido
decir, que quien de otro toma, á sí mismo se agarrar entre las uñas, le hubieran desollado
echa la maroma: á mí la naturaleza me hizo vivo. El Rey, habiendo leido la carta, y
libre, y libre quiero conservarme. dando crédito á su contenido, se volvió á
Rey. Pues qué te podré yo dar para gra- Bertoldo, y le dijo:
tificarte ? ° Rey. Nuevamente me suplica la Reina,
que te dé licencia para ir á su cuarto, por-
beneficioDemasiado P a g a quien conoce el que quiere divertirse con tus gracias, á causa
de hallarse algo indispuesta; quiere que va-
Rey. No basta conocerlo solamente, tam-
yas un rato á divertirla y quitarle' el mal
bién es menester para el reconocimiento ha-
cer alguna gratificación. humor de su gran melancoiía.
Bert. También las zorras fingen algunas
Bert L a buena intención es bastante paga
para el hombre de bien. s veces que están enfermas, para poder mejor
agarrar los pollos.
Rey. El superior no debe ceder al subdito
en generosidad. Rey. A qué intento dices esto 1
Bert Tampoco debe el subdito aceptar Bert. L a práctica me sirve de libro.
nada, que corresponda á mas de lo que é\ se Rey. Enfado demuger noble presto se pasa.
merece. ^ Bert. Las ascuas cubiertas mantienen mu-
cho tiempo la ceniza caliente.
La reina nuevamente insta al Rey paraque Rey. No oyes el fin por qué te llama 1
la envíe á Bertoldo. Bert. Buenas palabras y malos hechos,
En el tiempo que estaba hablando, llegó engañan los locos y los cuerdos.
un criado de parte de la Reina con una Rey. E a pues, al que se ha de ir, aviarle,
que el agua pasada no es espada.
f í w Z C U a l s u P l i c a b a a l Rey le enviase Bert. El que una vez se quemó con las so-
m-o- pues quería divertirse con sus pas, para otra vez las sopla, aunque esten frías.
gracias, y el motivo era hallarse bastante- Rey. Y a y a , que de corsario á corsario no
pues tenia •' 6ra todo fic^on, hay mas pérdida que los toneles vacíos.
E - 1 » P f S a m i e n t ° d e h a c e r l e q^tar la Bert. También piensa el borracho una
Ida-,a e f ' a movia haber sabido, que por cosa, y otra el tabernero.
Rev nnjf f a b i a n r f i b i d 0 l a s de •Rey. Pues por hacer un gusto, nunca se
•Key una afrenta y disgusto tan grande como
pierde nada.
Beii. Gusto que causa daño, Dios te dé
mal año.
Rey. Estando tú en mi corte, no tengas
miedo de nada.
Beii. Mas vale ser pájaro de campo, que
de jaula.
Rey. V é al punto, no te hagas desear mas,
porque cosa muy rogada, suele ser poco
agradecida.
Bert. Infeliz de aquel que da ejemplo á
otro. :
Rey. Aquel que está mas, mas quisiera estar.
Bert. Quien empuja el navio á la mar, está
mas espuesto al peligro.
Rey. Acaba, vé y no temas.
Bert. Cuando va el buey al matadero, suda
por delante, y tiembla por atras.
Rey. Revístete con un ánimo de león, y
entra descaradamente.
Bert. N o puede tener ánimo de león, aquel
que tiene el corazon de oveja.
Rey. Anda seguro, que la Reina no tiene
mas enfado contra tí, pues la burla pasada
se le ha convertido en risa.
Bert. Risa de señor, serenidad de invierno,
sombrero de loco y trote de muía vieja, ha-
cen una primera de pocos puntos.
Rey. No hagas que te esperen, pues toda
tardanza es enfadosa.
Bert. En fin, voy porque tú me lo mandas,
salga lo que saliere, ó vaya como quisiere;
porque de cualquier modo es menester entrar,
sea por la puerta ó la cerradura.
ALEGORIA TERCERA.

El dar audiencia á los subditos es virtud y


obligación de Príncipes .magnánimos y
justos, siendo preciso escuchar hasta los
pleitos de menos entidad, indagándolo todo
por menudo, aunque sean ridiculeces feme-
niles ; pues es el medio mas proporcionado
para satisfacer al vulgo: y así cada uno,
que se halla constituido en tal obligación,
debe usar de la política, en ocasiones de
ver y no ver; diré, no hacer caso de unas,
y atender á otras de mayor entidad. Al
cortesano avisado, recatado y prudente, no
le falta medio ó arte para comprehender
los preceptos de su Soberano, que aunque
los manden con rebozo, es prudencia ejecu-
tarlos.

Con una buena industria se defiende Bertoldo


del primer ímpetu de la Reina.
Luego que Bertoldo se encaminó al cuarto
de la Reina, al ir á entrar oyó casualmente
como habia dado órden á los que cuidaban
de los perros, que inmediatamente que le
viesen entrar en su cuarto, los soltáran to-
dos, paraque por este medio quedase de ellos
bien castigado (es cierto, que es a cuanto
puede llegar la crueldad). Aque día acci-
dentalmente, cuando venia á palacio, pasó
por la plaza: tenia un hombre una liebre viva, Rein. Pues á tí te toca esta vez.
y la compró: llevábala oculta debajo de su Bert No hay mas engaño sino para aquel
capa, y subiendo arriba para cumplir con la que se fia.
órden, al llegar cerca del ante-cámara de la Rein. Prometer y no dar, es gran locura.
Reina, le soltaron los perros, que iban deses- Bert. Aquel que faltase, pague la res.
perados á acometerle; y es cierto que le Rein. El que no lo juega, lo malgasta.
hubieran hecho pedazos á dentelladas, si él, Bert, A quien le va bien, está en concepto
viéndose en tan gran peligro, inmediatamente de hombre prudente.
no soltára la liebre, la que apenas vieron los
Rein. Ir bestia, y volver bestia, es la mis-
perros, empezaron á seguirla con tanta pre-
cipitación, que dejaron libre á Bertoldo, lle- ma cosa.
vándolos mas la afición de la liebre, propio BerU No entremos, dijo la zorra a! lobo.
impulso de su inclinación natural á la caza. Rein. Pero no obstante, yo he logrado
Bertoldo quedó ileso de las crueles morde- que tú hayas entrado, aun con toda tu mali-
duras que le esperaban. A l mismo tiempo, cia, y preciándote de astuto.
que se celebraba la fiesta de la liebre con los Bert. Paciencia, dijo el lobo al borrico;
perros, entró, y se presentó delante de la tales andan las bodas, que no me llaman á
Reina, quien al verle se quedó sumamente la mesa.
admirada, pues ya habia consentido que le Rein. Su tiempo le llegará á aquel que lo
habrían hecho pedazos los perros; y así con espera.
gran cólera y enojo le dijo: Bert. Ventura me dé Dios, que el saber
Rein. T ú estás aquí, embustero, asesino ? poco me vale.
BerU Ojalá no estuviera como estoy. Rein. Detras del trueno viene la tempestad.
Rein. Pues cómo te has escapado de los Bert. Es verdad, porque el pescado grande
dientes de mis perros fieros y crueles dogos? se come al chico.
Bert. L a providencia ha provisto el caso. Rein. No todos los gallos conocen las
Rein. Calla, que no se rie siempre la
habas.
muger del ladrón.
Bert. Toda sierpe guarda el veneno en la
Bert. Quien va al molino, preciso es que
se empolvorice. cola; pero la muger airada lo tiene esparci-
do por todo el cuerpo.
Rein. Quien lleva el primero, no va vacío.
Rein. Y o te aseguro, que esta vez no te
üert. Aquel que le toca, es el que lleva.
escaparás, aunque intentes las mas sutiles
malicias, de que te vales: yo te aseguro, que.
7 *
ahora no te has de ir alabando de que has
hecho burla: veamos si tus estratagemas
contra las mugeres te valen siempre. Agudísima astucia de Bertoldo, para esca-
Bert A l que no le toca una, le pilla la parse del saco.
otra: el que camina mas presto, engaña al Viéndose el pobre Bertoldo encerrado y
compañero: solo te pido, que ya que estás atado en el saco, y con la guardia de un
empeñada en castigarme, sea cuanto antes, alguacil al mismo tiempo, se le ocurrió una
para salir del susto de una vez, y salga como nueva burla, y fue fingir el hablar consigo
saliere.
mismo. Empezó á suspirar y á quejarse,
diciendo: " O , maldita fortuna, y cómo te
La Reina hace meter & Bertoldo en un saco. alegras y te gozas de mortificar tanto á los
pobres, como á los ricos! O, maldita hacien-
L a Reina muy enfadada le hizo prender da, en el estado en que me has puesto!
y atar fuertemente de pies y manos: mandó Mejor hubiera sido para mí, y mas felicidad
le llevasen á un cuarto cerca del suyo; por- tendría, si mi padre me hubiera dejado pobre
que de nada se fiaba, temiendo no se esca- mendigo, pues de esta forma no me hallaría
pase, como habia hecho otras muchas en tan infeliz conflicto! Ahora me desenga-
veces, valiéndose de sus sutiles astucias; ño de que de nada me ha servido el disfra-
para mayor seguridad le hizo meter dentro zarme, ni vestirme de este grueso sayal,
de un saco, haciéndole atar paraque no pu- dando á entender con mi vestido, que era un
diese sacar la cabeza: púsole un alguacil pobre infeliz, no bastando mi humildad, ni
por centinela, paraque tuviese cuidado hasta abandonar todos mis bienes, paraque con
la siguiente mañana, en que su intención era todo esto no me hayan descubierto y cono-
mandarle arrojar en la corriente de un rio, cido por hombre rico ! Ellos de hecho no se
privándole de esta suerte el que volviese á han engañado: pluguiese á Dios no lo fuese!
dar mas chascos, y usase de sus industrias. No otra cosa, sino la avaricia de gozar mi
Quedó pues nuestro Bertoldo atado de hacienda, les hace querer emparentar con-
pies y manos en el saco, y nunca consintió migo! Ello bien puedo padecer trabajos;
en su fin, ni tuvo mas miedo á la muerte, pero yo nunca consentiré, ni admitiré la
que en esta ocasion; pero en medio de tanto proposicion de casarme con ella; pues sien-
susto pensó una nueva astucia para librarse do yo (aunque con riquezas) un hombre todo
del saco, y le salió del modo que lo pensó. contrahecho y feo, tengo por seguro, que la
novia tendrá tentaciones de no serme fiel;
Bert Peor.
así, si la Reina insiste en que me case con
Alg. Tormento?
ella, contra todo mi gusto, ya me imagino
Bert Mucho peor.
perdido, y sin saber en semejante lance qué
Alg. Echarte á galeras ?
hacer, ni cómo escapar de tal violencia."
Bert. Tres veces peor.
Alg. Ahorcarte y descuartizarte ?
El alguacil desea saber lo que entre sí habla Bert Todavía peor.
Berloldo. Alg. Quieren quemarte ?
Bert Mil veces peor.
El ministro, oyendo las palabras de Ber-
Alg. Pues qué te pueden hacer, que sea
toldo, llevado de la curiosidad de saber la
peor?
razón de semejante discurso, movido tam-
Bert Me quieren casar.
bién á compasion, le pregunta á Bertoldo:
Alg. Hombre ó diablo, es peor eso, que
•Alg. Hombre, qué conversación ó qué dis- todo lo que se ha dicho ? Y o creia, que eras
curso estás haciendo? Díme, infeliz, porqué hombre de entendimiento; pero ahora veo
te han metido en este saco ? que eres un bestia: pues yo juzgué en tí un
Bert. Ah, hermano mió! Déjame," que estraordinario delito, y veo sales con esa rara
nada te importa á tí el saber mis cuitas: estra vagancia, digna de risa mucho mas que
solo te suplico, que no me toques, ni pregun- de lástima.
tes ese asunto: déjame quejar de mi des- Bert Amigo, no digo y o que el casarse
gracia, y cumple con tu oficio. sea peor que todo lo que se ha dicho, lo peor
Alg. Advierte, que aunque yo soy algua- consiste en el modo con que lo quieren ejecu-
cil, soy hombre humano y compasivo, v me tar, y para mi genio te aseguro me ha de
mueven á lástima las calamidades del" pró- costar mas dificultad y trabajo, que todas
jimo ; y si y o no pudiese ayudarte en el las cosas dichas.
trabajo, que ahora padeces, porque mis fuer- Alg. Pues qué modo es ese ? Esplícate mas
zas no lo alcanzan, á lo menos te daré algún claro, paraque pueda entenderte.
consuelo, que te sirva de alivio.
Bert Ninguno, solo que no quisiera que
Bert. Poco consuelo me puedes dar, por- me oyera nadie, pues sé claramente que
que el término es muy breve para todo lo acabarían conmigo.
que conmigo se ha de ejecutar. Alg. Nadie hay mas que yo, habla con
•Alg. Pues qué te quieren dar doscientos? toda seguridad.
Bert. T e suplico y ruego que no me seas citan por el amor que me tenga la novia, m
despues traidor.
tampoco me puedo persuadir la haya lleva-
Alg. No te presumas de mí tal cosa; y do la pasión de mi figura, porque discurro le
así bien puedes hablar con toda seguridad,
ciega solamente el Ínteres de mi hacienda,
que te guardaré secreto, y te seré segura-
me he resistido, sin dar oidos á pretensión
mente fiel.
semejante; y pienso que antes quisiera verme
Bert. Yo, en fin, me fio de tí; pues en el ahorcado, que casado con ella."
modo de tu trato racional se conoce eres Alg. Con que tú eres tan rico ?
hombre de bien; y así espero y tengo con- Bert. Sí por cierto, tanto en raices, como
fianza no faltarás á tu palabra. en bienes muebles me ha dado mucho el cielo.
Alg. E a pues, empieza á contarme todo Alg. Y cuánto tendrás de renta ?
el caso, que yo te escucharé atentamente. Bert. Un año con otro, hago cuenta, que
Bert. " H a s de saber, que yo me hallaba tendré seis mil escudos de renta, antes mas
con abundancia de bienes, á que se juntaba que menos, y limpios de polvo y paja.
el lustre de un honroso nacimiento, dotes Alg. Ciruelas! muchos marqueses hay,
ambos con que quiso adornarme el cielo; que no tienen tanta renta: y díme, ese ca-
pero como todo no puede ser cabal en el ballero, que tú dices, es muy rico?
mundo, he tenido la desgracia de nacer muy Bert Está bastante acomodado; pero á
al contrario de la regular figura de todos los correspondencia de mi caudal es pobre.
demás hombres; pues soy tan sumamente Alg. No obstante, cuánto tendrá de renta?
disforme y monstruoso de cuerpo, que no se Bert. Tiene muy cerca de mil escudos.
hallará segundo en el mundo. Con el motivo Alg. No es tan pobre como tú dices: y
de ausencia, dejé mis poderes á un caballero díme, es bien nacido ?
de mi patria para cuidar de mi hacienda: Bert. Eso sí, es caballero muy conocido.
este caballero tiene una hija muy bonita, y Alg. Y no te quiere dar algo en dote ?
llevado de mis muchas riquezas ha determi- Bert. Sí por cierto: espera, que te lo he
nado (aunque y o soy tan feo, como te digo) de contar todo, supuesto que deseas saberlo:
que me case con su hija; muchas veces son pero te aseguro, que no puedo hablar dentro
las que me ha rogado, varios sugetos me de este saco, si no le desatas la boca un
han instado sobre el asunto, procurando tanto, paraque y o pueda sacar la cabeza
reducirme á que consienta; y yo, conside- fuera, y referírtelo sin tanto trabajo. Desata,
rando que todas estas diligencias no se ejer- que despues tú lo volverás á cerrar en ha-
biendo pido mi historia, que es bien pere-
grina.
Alg. Con mucho gusto lo haré. E a pues,
y a está desatado, habla ahora á tu gusto:
pero qué cara tan fea que tienes! Solo con
ella puedes espantar una corrida de toros;
y si lo demás del cuerpo corresponde á tu
maldita fisonomía, serás un animal muy
horrendo.
Bert. Sácame del todo fuera del saco, y
verás mi persona, que bien plantada que está.
Alg. Y o lo haré; pero es menester que te
vuelvas á meter dentro luego que hayas aca-
bado.
Bert Quedemos de acuerdo en lo que me
dices, y no te receles de nada, pues soy
caballero, y basta.
ALEGORIA CUARTA.

El cortesano no debe parecer en la corte, ni


muy profano, ni muy pobre, ni muy podero-
so, ni muy humilde, ni sabio, ni ignorante,
por no exponerse á la envidia, ni al despre-
cio. Quien no sabe guardar un secreto, no
es apto para ningún negocio; siendo este el
alma y lo mas endeble en las mugeres. El
solo artificio no sirve á la fuerza, sino
para salvar á otros de la ira de los pode-
rosos.

El Alguacil saca á Bertoldo fuera del costal.


Alg. Vamos, sal afuera.
Bert. Aquí me tienes: qué te parece esta
prosopopeya 1
Alg. E s cierto que eres un bello caballero!
A y Dios mió! N o he visto en mi vida mas
horrorosa figura de bestia! Díme, te habia
visto la novia por ventura 1
Bert. Nunca me ha visto, y paraque ella
no me vea me han encerrado en este saco,
y quieren traerla aquí á este cuarto paraque
yo me despose sin luz, y despues de estar
desposado me desatarán, y me haré presente
á su vista y será forzoso que ella se contente
por fuerza, que así lo tienen todo dispuesto;
y á mí me darán luego dos mil doblones de
oro, los que pagará la Reina, pues así lo
tiene ofrecido. otro mundo; y así, si tú quieres entrar en
Alg. Cierto que es una buena ventura. Ay, este saco en mi lugar, y o te haré dueño de
y qué niño tan hermoso y gracioso ! O, qué una fortuna tan grande y mucho mas di-
hacienda tan mal empleada! Cuántos po- chosa, que la que podías esperar en tu
bres hombres y mugeres de bien se conten- vida.
tarían con la tercera parte! Miren á este Alg. Cáscara! Para el picaro, que hicie-
salvage, monstruo infernal, que por tener ha- ra tal locura! Ponerme yo á que despues
cienda, y ser caballero, tiene á mucha fortu- que me desataran, y vieran que no eras tú,
na el emparentar con él una de las primeras me hicieran contrapesar un nudo por el pes-
casas y mas distinguidas familias. Por esto cuezo, y dar el salto mortal? Eso no.
dice bien aquel refrán, que el Ínteres obliga Bert. No receles de nada, porque luego
á estar al tiñoso asomado al balcón. Q u e á que estés desposado, y conozcan que no hay
mí, que soy pobre, y no soy monstruo como remedio, tendrán paciencia, aunque lo sien-
este pollino no me venga tal fortuna! Pero tan ; fuera de que tú eres buen mozo y agra-
maldita sea la hacienda, que sirve para ciado, y acaso se alegrarán, haciéndose car-
guerra de los hombres. go de mi grande fealdad. Una vez hecho,
ya no lo podrán deshacer; con esto te entre-
Bert Si tú fueras hombre de bien, esta garán los dos mil doblones de oro, entrarás
noche yo te hiciera hombre muy rico. en posesion de toda mi hacienda y de la suya;
A/g. De qué suerte ? porque su padre es ya viejo, y y a poco tiem-
Bert Mira, y o estoy resuelto á 110 casar- po puede vivir, según la edad en que se ha-
me con ella, aunque mas fuerza me hagan; lla: en adelante podrás vivir con honra y
porque sabiendo y o que es tan hermosa como grande esplendor, sin ejercitar el bajo oficio
el sol, y adornada de todas las habilidades y que tienes, tan vituperable, infame y aborre-
gracias, envidiada de muchos, estoy cavilan- cido del pueblo.
do y sospechando, que ella no será para mí Alg. E l negocio tú lo facilitas muy bien ;
solo: ademas de esto, en viéndome ella tan pero yo té digo, que no quiero ponerme en
leo y contrahecho, temo no la tiente el dia- semejante riesgo, y así vuélvete á entrar en
blo, y me dé algún bocadito sabroso, com- el saco.
puesto con el nombre del gran turco Solimán,
Bert. Ah, cuitado! Pues no sabes que al
y en pocas horas me haga dar un brinco al
hombre audaz le sale bien tentar fortuna?
8*
Qué mal te puede resultar de este negocio ?
Quieres tú, una vez desposado con ella, que
su padre te haga mal ninguno ? L a modes- El Alguacil empieza á caer en el anzuelo.
tia de la novia, una vez"" hecho, temes que
Ello es cierto, que tú me lo has pintado
ponga dificultad, y que diga que no te quiere ?
tan bien, que cuasi cuasi estoy determinado
Pues la Reina siendo tan liberal, que llega al
á arriesgarme, hecho cargo de lo que se sue-
extremo de pródiga, piensas que ponga difi-
le decir, que quien no se arriesga no gana :
cultad en desembolsar el dinero? No lo hará
de ningún modo, por ser quien es, y por no i quién puede saber los secretos del cielo, y
parecer avarienta. Y o te aseguro, que todos lo que me tendrá destinado en semejante
se conformarán y conocerán que es permisión avéntura ?
«
clara del cielo, y lo llevarán con la debida
prudencia, y tú vivirás despues muy regala- Berloldo se hace del sordo y desentendido;
do y contento con tu muger, servido de mu- pone dificultades al alguacil, paraque no
chos criados, sin tener que envidiar á nadie entre en el saco; y de este modo consigue
en este mundo. E a pues, reflexiona bien esta hacerle venir mas en deseo.
gran fortuna, que te depara el cielo, que no Bert Y o no entiendo de bachillerías, solo
se proporcionan cada dia ocasiones como sé que aquel que no disfruta su fortuna,
estas. E a pues, vamos, entra en el saco, y cuando se le viene rodada á la mano, suele
no lo pienses mas; porque si hubiera algún suceder despues, que cuando la busca, a
peligro, que te sirviese de riesgo, no te move- encuentra en el rio: pues y a que el cíe o
ría yo á que ejecutases cosa que te pudiera quiere concederte esta dicha, para que tu la
ser perjudicial; ni tampoco has de pensar de desprecias? Y o sé muy bien, que si tú co-
mí que te engaño y finjo lo que te he dicho. nocieras mi sinceridad, no pondrías tantas
Mañana, antes de comer, experimentarás lo dificultades: en fin, hermano mió, haz lo que
mucho que y o te quiero; hágome cargo te pareciere, que yo no quiero cansarme mas
de tus méritos, y eso me mueve á hacer en persuadirte tu bien: ya me entro y o en
esto. el saco, ven á cerrar, que te aseguro no te
tengo de decir nada mas por todo el oro del
mundo; pues no quiero ser porfiado, que
fuera ya necedad.
áÉk

• é » *
Alg. Aguárdate un poquito, que bastante
esta gracia, aunque es verdad que me has
tiempo hay para meterme en el saco.
hecho no poco enfadar con tu timidez: entra
Bert. Quien tiene tiempo, no espere tiem-
en el saco, y no hables mas; solo lo que te
po : ya considero que desprecias tu fortuna,
advierto es, que tengas cuidado, y esperes
y así no quiero fatigar mas mi cabeza; á la
lo que te ha de venir: por la mañana cono-
verdad que loco es aquel que quiere hacer
cerás la obra tan buena, que yo he hecho
bien á otros, con perjuicio de sí mismo.
por tí.
Alg. Si y o no hubiera formado concepto
El alguacil se determina á entrar en el saco. de que eres hombre de bien, no me hu-
biera reducido á encerrarme dentro de este
Alg. Y a conozco que tus persuasiones na-
saco.
cen solo del mucho amor que me tienes:
Bert Y a te he dicho, que no tienes que
también veo lo mucho que te has inquietado
desconfiar, ni sospechar: mete bien dentro
por mí; y así no quiero abusar de un bien,
ese otro brazo, y baja un poco la cabeza,
como el que me ofreces: ya me tienes con-
porque eres mas alto que yo, y no podré atar
vencido, y estoy resuelto á entrar en el saco,
la boca del saco bien, si no te encoges: me
y hacer todo lo que me has dicho, sin faltar
entiendes 1
á la mas mínima cosa; pues despues de des-
Alg. A y ! Que me desnuco, y el pescuezo
posado, forzoso será que quede señor y dueño
se me tuerce! Aguarda un poco: ata ahora
de todo, y que todos tengan paciencia, y con
como quisieres, que yo juzgo no estaré aquí
lo hecho se conformen.
mucho tiempo, porque no tardará en llegar
Bert. Ea, vén, cierra este saco, que yo el lance de mi fortuna, según lo que me has
me quiero meter dentro.
referido.
Alg. Aguárdate un poco mas, no entres tan Bert Dentro de dos ó tres horas, á lo mas,
presto, pues y a estoy resuelto á entrar.
discurro estarás y a despachado. E a pues,
Bert. No quiero hablar mas sobre eso, vén y a estás atado: estáte quieto, y no hables
acá, y atarás la boca del saco. palabra alguna; no sea que te conozcan, y
Alg. Detente, amigo, no me quites una se eche todo á perder.
dicha tan grande, como la que espero; suplí- Alg. Y o prometo no hablar mas; pero ar-
cote no rae quites mi fortuna. rímame á la pared, porque me cansaré de
Bert. E a pues, no quiero dejar de hacerte estar en pie tanto tiempo.
94 HISTORIA D E LA VIDA

Bert Válgate Barrabás, y lo que pesas!


ya estás arrimado::: Estás bien ?
Alg. Muy bien.
Bert. Pues estáte en un profundo silencio,
que eso es lo que importa, hasta que el lance
se logre.
Alg. Y o no hablaré; pero estáte tú tam-
bién quieto, hasta que llegue la novia.
ALEGORIA QUINTA.
El sabio que se halla en medio de los peligros,
ó fonadamente los encuentra, ó con destre-
za huye de ellos: en las cortes es antigua
costumbre el salvarse á sí mismo con la
ruina y precipicio del prójimo: el ínteres y
el amor profano corrompen la prudencia de
los hombres, y los exponen & gravísimos
riesgos.

Escapase Berloldo, dejando en el saco al


pobre alguacil.
Despues que Bertoldo puso al Alguacil
dentro del saco, dejándole bien asegurado,
determinó escapar, y no esperar la tempes-
tad que le estaba amenazando. Determinóse
á salir por la mañana temprano; pero siendo
preciso pasar por los cuartos de la Reina,
recelaba el poder ser descubierto; no obs-
tante se determinó, acechando antes muchas
veces, inclinando el oido á la cerradura de
la puerta, por si acaso oia algún ruido, y no
oyendo á nadie por todos aquellos cuartos
(porque estaban en el mas profundo sueno),
abrió con tiento la puerta del cuarto en don-
de dormia la Reina, y acercándose a la cama
con gran silencio, observó que estaba dor-
mida; y aquí imaginó pegarle otro nuevo
chasco: púsolo en ejecución, pues tomando
sus vestidos, se los vistió; y así disfrazado todia, pensó entre sí que el guardia habia
de muger, pasó por todos los otros cuartos sido el ladrón de los vestidos. Tan furiosa
en donde dormian las damas, y cogiendo to- se puso, que aseguró que si le cogia, ó podia
das las llaves, que estaban colgadas cerca de haberle á las manos, habia de mandarlo
la cama de la portera, abrió todas las puertas ahorcar al momento; no obstante el enfado,
con gran presteza, y se vió bien presto fuera se arrimó al saco, y le dijo: Y bien (pensan-
del recinto de palacio: acaeció que habia do hablar con Bertoldo), estás ahora de tan
nevado en aquella noche; y temiendo ser buen humor como el que siempre has gas-
descubierto por las pisadas, quitóse los zapa- tado?
tos, y se los puso al reves, de suerte que las Alg. Señora, yo estoy ya dispuesto para
pisadas denotaban ser de alguno que habia desposarme con ella, cuanto antes pueda
venido á palacio, y no de quien hubiese sali- ser.
do. En ninguna parte le parecía estaba se- Rein. Pues qué es lo que quieres cuanto
guro, hasta que al fin halló detrás de la mu- antes ? alguna purga ?
ralla de la ciudad un horno, en el que me- Alg. La habéis ya dispuesto ?
tiéndose dentro, se aseguró del temor que le Rein. N o ; pero haremos que luego al
tenia asustado. punto se disponga.
Alg. Cuanto mas antes sea, lo estimaré
mucho; porque quiero despachar con ello.
La Reina no hallando sus vestidos, culpa al Rein. No pasará mucho tiempo, sin que
Alguacil de que los habia hurtado; y cre- quedes consolado.
yendo hablar con Bertoldo, habla con el Alg. Mucha es el ansia que tengo de al-
Alguacil metido en el saco. canzar esta dicha; y así haz que despachen,
Por la mañana entraron las damas á ves- y venga luego sin dilación.
tir á la Reina, y no hallando los vestidos, que Rein. Digo que dentro de un poco te lle-
habían dejado allí la noche antes, se queda- varán donde ella está, y con eso estarás con-
ron admiradas y confusas, y no pudiendo tento y gustoso.
encontrarlos, mandó la Reina que le trajesen Alg. Pues si el concierto ha sido de que
otros: levantóse tan sumamente enfadada, ella venga á este cuarto, y que aquí nos he-
que inmediatamente se fué adonde habia de- mos de desposar en secreto, y cobrar yo los
jado á Bertoldo en el saco, y no viendo el dos mil doblones, cómo es eso de ir yo donde
centinela, que habia puesto para segura cus- ella está ? Procura que la traigan aquí sin
tardanza, que yo estoy pronto á cumplir lo Queda el pobre Alguacil muy apaleado, vuél-
contratado. venle á poner dentro del saco, y le manda
Rein. Qué desatinos está hablando aquí la Reina echar en el rio.
este bestia! Qué dice de la esposa y de do-
blones? Sacadle la cabeza del saco, que Rein. Espera un poco, que luego haré
quiero verle la cara. traer el dinero, pues es muy justo el que yo
cumpla el contrato, y que sea a tu costa
El Alguacil sale fuera del saco en lugar de muy cutí piído.
Bertoldo, y la Reina confusa le dice: Alg. Y a estoy pronto; y aseguro, que
%
cada hora se me hace un siglo para contar
Rein. Hombre, quién te ha puesto en este el dinero; pero te advierto, que los doblones
saco ? han de ser, para recibirlos, de peso.
Alg. Aquel que habia de ser novio me Rein. Primero los contarás; y si no fue-
puso, quien no queriendo por esposa aquella ren de peso, vo te los haré cambiar, y mien-
que tú le querías dar, ha renunciado en mí tras tanto empieza á contar. Habiendo di-
esta fortuna: y así desde luego puedes man- cho esto llamó cuatro criados, los que vinie-
dar que la conduzcan aquí, juntamente con ron con un buen garrote en la mano, y em-
los doblones que tú en dote le ofreciste, que pezaron á descargar con tal aire sobre el
y o aquí estoy pronto para todo cuanto con pobre Alguacil, que viéndose maltratar, em-
él estaba tratado. pezó á gritar, y á pedir á voces perdón;
Rein. Qué esposa, ni qué doblones ? Ha- pero no sirvió de nada, pues con mas denue-
bla mas claro, paraque pueda entenderte. do le sacudian; de suerte, que le dejaron en
Alg. L a esposa y los doblones, que tú que- el suelo como muerto. Aun no fue suficien-
rías dar á aquel rústico, es lo que espero. te para la Reina este solo castigo, sino que
Rein. A y ! a y ! y a veo que aquel astuto también mandó, que en el saco cerrado,
le ha engañado. como estaba, lo tirasen por el rio. De este
Alg. Digo, que me aseguró cuanto he di- modo cobró el pobre infeliz los dos mil do-
cho, y paraque hiciera sus veces, me hizo blones, á la verdad bien pesados, y en ugar
entrar en este saco; y si se ha escapado, ha de la ofrecida novia, fue el rio su sepultura.
sido paraque no le obliguen á casar con vio- 9 *
lencia ; y así vamos al instante á celebrar el
desposorio, pues yo estoy pronto á hacer
gustoso lo que él haría obligado.
Manda la Reina que busquen por toda la
ciudad 6. Bertoldo.
Despues de la infeliz tragedia del Algua-
cil, se hicieron las mas vivas diligencias para
encontrar á Bertoldo; pero como las pisadas
de la nieve las veian al reves, no podian
presumir de que hubiese salido fuera de pa-
lacio; la Reina insistía en que se buscase
con las mas vivas diligencias por todas par-
tes, con ánimo resuelto y firme, de que si le
prendían, fuese ahorcado sin dilación alguna,
intentando vengar las dos burlas de llevarle
los vestidos, y dejar al Alguacil encerrado
en el saco.
ALEGORIA SEXTA.
Cuando está en nuestro arbitrio el poder esca-
par de un daño, es loco aquel que se le
apropia contra sí mismo, no obstante que
nuestro libre alvedrío es aquel, que entre
todas nuestras pasiones voluntariamente
escoge una, y que despues sirve esta de tor-
mento & nuestra alma y un continuo mar-
tirio: aquel que muere mas de cuando
nació, muere muy glorioso ; pero el hombre
cristiano y prudente debe disponerse pre-
ventivamente para cuando llegue este caso :
el sabio debe de hacerse útil para el públi-
co, aun despues de muerto, dejando su
buen ejemplo, y dejando una buena doc-
trina.

Bertoldo es descubierto en el horno, habién-


dole visto por casualidad una vieja: divul-
góse por toda la ciudad, que la Reina es-
taba en el horno.
Estando pues Bertoldo metido en el horno,
oia á los que pasaban en su busca preguntar,
si le habían visto, y cada clamor de estos
era una saeta que le atravesaba el corazon;
y de hecho nunca tuvo tanto miedo á la
muerte, como en este lance, hallándose su-
mamente arrepentido de lo que habia ejecu-
tado, y mucho mas de haberse familiarizado
106 HISTORIA D B L A VIDA
D E L RUSTICO BERTOLDO. 107
en palacio, abandonando la libertad de su
aldea: en medio de tanta confusion y penas
que le cercaban, no se atrevía á salir fuera Duda el Rey si Berloldo habia conducido á
del horno por no ser descubierto, temiendo la Reina á aquel horno, y va en persona
que le prendieran y castigaran, sabiendo ya para desengañarse del caso.
por la experiencia la mala voluntad y grande Oyendo el Rey semejante novedad, creyó
aversión que la Reina le tenia; y mucho que Bertoldo hubiese hecho una burla tan
mas precediendo la burla del Alguacil y el pesada, como era la de llevar á la Reina á
hurto de los" vestidos, y así temblaba, y con un lugar tan indecente, y como le tenia tan
razón, no le mandase ahorcar al punto. Su- conocido, sabia muy bien que era capaz para
cedió pues, que como los vestidos le venian cometer semejante exceso y muchos mas,
largos, no habiéndolos recogido bien dentro especialmente habiéndole jugado las estrata-
del horno, se quedó fuera un pedazo de la gemas pasadas; fuése luego al cuarto de la
bata: quiso su poca fortuna que pasó una Reina, y la encontró tan furiosa y tan colé-
vieja, é inclinando la vista hácia la boca del -rica, que parecía una arpía, refirióle la burla
horno, vió las faldas, y conociendo los ribetes de los vestidos, ponderó el atrevimiento, au-
y guarniciones de la basquina y la bata, co- dacia y poco respeto; entonces el Rey hizo
noció que aquellos vestidos eran de la Reina, que le enseñaran el horno, y asomándose,
y certificándose mas empezó á publicar, que vió á Bertoldo, que estaba vestido con los
la Reina estaba escondida en el horno; fué vestidos de la Reina, hízole sacar fuera, y le
á su casa, y lo contó á una vecina suya, ase- juró, que solo con la muerte habia de pagar
gurándole que la Reina estaba en un horno semejante atrevimiento y desvergüenza;
metida: fué la vecina con ella para desen- quitáronle los vestidos, y se quedó con sus
gañarse mejor, y viendo y conociendo los trapos, tan sumamente fatal, que ademas de
vestidos, tuvo mas fundamento para decír- ser tan feo de nacimiento, como se llenó la
selo á otra: fue pasando la voz de una en cara del negro tizne del horno, parecía un
otra, de tal suerte, que á la mañana siguiente verdadero retrato y figura del demonio.
ya se hablaba públicamente por toda la ciu-
dad, que la Reina estaba escondida dentro
de un horno, detras de las murallas de la Sacan arrastrando á Bertoldo fuera del hor-
ciudad. no, y el Rey muy encolerizado le dice:

Rey. No obstante, villano infame, tus as-


tucias, ya te he cogido; y te aseguro, que
esta vez no te escaparás, aunque te vuelvas Rey. Dejemos áparte estas disputas, y lo
demonio. verás. Ola, ministros, llevad á este hombre,
BerL Aquel que no está, no entra; y el y luego, luego, colgadle de un árbol; y lo
que está, no se arrepiente. que os encargo, es, que no atendais á sus
Rey. Quien hace lo que no debe, le sucede ' palabras, ni súplicas, porque es un villano,
lo que él no cree. infame, desvergonzado y atrevido; tan sagaz
BerL El que no va, no cae; y aquel que y astuto, que es imposible no tenga el diablo
cae, no se levanta limpio. en su cuerpo: vamos presto, conducidle sin
Rey. Quien rie el viérnes, llora el domingo. detención, y ejecutad con brevedad lo man-
BerL Desahorca al ahorcado, que él te dado.
ahorcará despues á tí. BerL Señor, mirad, que las cosas hechas
Rey. Entre la carne y la mentira ninguno de priesa nunca salen bien.
iguala. Rey. Muy grave ha sido el ultraje que has
BerL Quien es defectuoso, es sospechoso. hecho á la Reina.
Rey. L a lengua está sin hueso, y rompe el BerL Quien tiene menos razón, grita mas
seso. alto; pero á lo menos te pido, que me dejes
BerL L a verdad ha de quedar encima. dar mis escusas, y alegar mis razones. ^
Rey. También la verdad se calla algunas Rey. A las tres va la vencida, y tú has
veces. cometido mas de cuatro, y todas han sido
BerL No se debe hacer aquello, que no se con grave ultraje de la magestad Real; y
quiere se diga de uno. así no quiero escucharte.
Rey. Quien se viste de lo ageno, en breve BerL Por haber dicho la verdad, he de
le desnudan. padecer la muerte1? Ah, señor! no seas tan
BerL Mejor es dar la lana que la oveja. cruel contra mí: mira que de corazon te su-
Rey. Pecado viejo, penitencia nueva. plico me atiendas.
BerL Quien mea claro, mata al médico. Rey. T ú sabes bien lo que dice aquel re-
Rey. El jugar de manos, hasta á los pio- frán : Oir, ver y callar, quien del mundo ha
jos disgusta. de gozar. Y quien quiere bien al amo, ha de
BerL Y menear los pies también disgusta venerar al ama. Y a te digo, que no he de
á los que echan de una horca abajo. escucharte, porque se ha de ejecutar sin re-
Rey. Dentro de poco tú serás uno de ellos. misión el castigo que mereces; y así llevadle,
BerL Antes ciego que adivino. y cumplid mi orden al punto.
10
y obediencia resignada, en un paso en que
Exclamaciones de Bertoldo por la sentencia nada puede valer sino la conformidad. Y
del Rey, que contra él pronunció. pues ya no hay redención, aquí, Rey y señor
mió, estoy pronto paraque se ejecute en mí
Qué he de hacer ? paciencia! Pues ya no todo cuanto has ordenado; pero, señor, antes
hay remedio, preciso es morir para obedecer. que y o muera, te pido me concedas una gra-
Qué bien dice aquel proverbio! O sirve como cia, que por ser la última, espero de tu pie-
siervo, ó corre como ciervo; y el otro que dad recibirla.
dice: Los ciervos con hastas no se sacan Rey. Di, que estoy pronto para concederte
unos á otros los ojos, y nuestros parientes lo que me pidas; y así despacha, que ya que
nos ven llevar á la horca; pero ellos no se mueras, no quiero ser tan cruel, que me nie-
ahorcan: con todo eso no es todo oro lo que gue á lo que por último me suplicas.
reluce, y el que no ejecuta no y e r r a : pala- Bert. Pues lo que te ruego es que mandes
bra dicha y piedra tirada, no puede volver á tus ministros, que no me ahorquen mien-
atras una carrera de caballo: tengo la boca tras que yo no halle y señale un árbol que
de risa, y en el interior la rabia; pues por lo sea de mi gusto, donde se haga el castigo;
que veo, es mejor una onza de libertad, que pues siendo así, yo iré á morir muy conten-
diez libras de oro; y por eso se dice: Que to y muy gustoso.
un lobo á otro no se muerden; y lo mismo se Rey. Si mas no pides, desde luego te con-
cuenta del cuervo, que por cantar perdió el cedo esta gracia. Ea, llevadle, y no le ahor-
queso, como á mí me ha sucedido, que por quéis, sino del árbol que él señaláre. Así lo
haberme burlado, me veo ahora con el lazo mando, y así lo habéis de cumplir: quieres
al cuello, de que no me librarán las alas de mas?
Dédalo; pues el Rey ha dado ya la sentencia; Bert No pido mas; y por el favor que me
y su palabra, como de Rey, es preciso que se haces, te doy las debidas gracias.
cumpla; pero también se dice, que quien pue- Rey. Ten paciencia, que es forzoso hacer
de hacer, puede deshacer. justicia.
%

Ultima astucia de Bertoldo para librarse de


la muerte.
Bert. E a pues, Bertoldo, en este lance es
preciso tener ánimo, y mostrar generosidad
diciéndole ya estaba perdonado de todo:
este fue el recado del R e y ; pero él respon-
Berloldo no halla árbol que sea de su gusto, y dió : Que le dijeran, que berzas recalentadas,
enfadados los que le conducían, le dejan y amor de segunda vez, nunca se tuvieron
en libertad. por buenos, y que no habia tesoro, que pagase
El Rey no entendió la metáfora de Ber- la libertad. Viendo el Rey, que era imposi-
toldo, y conduciéndole los ministros á un ble reducirle á que viniese, fué en persona á
bosque muy frondoso, poblado de varios ár- buscarle, y despues de muchas súplicas, al
boles, viendo que no habia árbol alguno que fin (aunque contra su voluntad) le trajo á
le gustase, le llevaron despues á otro cerca- palacio, mandó se le pusiese en uno de los
no ; preguntáronle, si habia allí alguno que l<j cuartos mas inmediatos al de la persona de
agradase? No por cierto. Pues cuál ha de la Reina, facilitando antes de esto que le per-
ser? Respondía: De todos estos ninguno. donara : hízose muy confidente, de suerte que
L e llevaron á otros muchos, y nunca pudie- todos le cortejaban como á privado; y lo que
ron hallar alguno que le gustase. Enfadados se vió fue que con su consejo, mientras es-
los ministros de viage tan dilatado, fatigados tuvo en palacio, todas las cosas caminaban
y cansados, y conociendo su astucia y su con rectitud; pero como nada en este mundo
grande picardía, le desataron y dejaron en es perpetuo, por entregarse á la variedad de
libertad; y volviendo á dar cuenta al Roy de manjares regalados y licores exquisitos, y
cuanto habia sucedido, se quedó absorto de estar él acostumbrado solo á comer yerbas
tal astucia y sutileza de ingenio, admirando gruesas, frutas y manjares silvestres, le dió
que cupiese en hombre de tal clase tan sutil una enfermedad tan grave, que en pocos
entendimiento. dias fué la causa de su muerte, con suma
tristeza de Rey y Reina; los cuales despues
por mucho tiempo no podian olvidarle, echan-
Manda el Rey buscar á Berloldo, y habiéndole do menos sus chistes, su agudeza y buen
encontrado, no quiere venir á ver al Rey, consejo.
quien va en -persona donde estaba, y con 10*
promesas y ruegos le hace volver á palacio.

Despues que al Rey se le pasó el enfado,


mandó nuevamente buscar á Bertoldo; y
hallado, que volviese á palacio al punto,
Muerte de Bertoldo. EPITAFIO DE BERTOLDO.
Los médicos, no conociendo su complexión, Aquí yace en esta nueva tumba
le aplicaban remedios propios solos á los ca- Un rústico villano y un portento,
balleros y señores palaciegos; pero como él Que teniendo de bruto la figura.,
sabia mejor su naturaleza, que aquellos que Tuvo el alma con noble entendimiento.
le asistían, muchas veces les rogó dejasen Fue Bertoldo su nombre, y asegura
semejantes medicinas, y le trajesen una buena En la gracia del Rey su valimiento;
hortera de judías cocidas ó guisadas, con sus Pero esta pompa le acortó los dias,
ajos y cebollas, ú otros alimentos silvestres, Pues le privó de nabos y judías.
pues él sabia que con tales alimentos en dos
dias se pondria bueno del todo; pero los mé-
dicos nunca quisieron darle este gusto, y con Dichos sentenciosos, que Bertoldo escribió
este deseo acabó su vida Bertoldo: hombre antes de su muerte.
que le comparaban, y todos llamaban segun- Quien está acostumbrado á comer nabos,
do Esopo, el oráculo del reino: lloráronle no coma pasteles.
generalmente todos los de la corte, y el Rey Quien está hecho á la azada, no tome
le hizo enterrar con grande honor, fausto y
lanza.
pompa. Los médicos, que le asistieron, se
El que es campesino, no vaya á la corte.
arrepintieron de no haber condescendido
El que vence su apetito, es gran capitan.
en cuanto él pidió, y conocieron que había
El que no come de todo, no es buena mona.
muerto por no haberle saciado su apetito.
Del que mira al sol, y no estornuda, guár-
El Rey, para perpetua memoria de tan
date de él.
grande hombre, hizo esculpir sobre la losa
Aquel que todos los dias se viste de nuevo,
de su sepulcro, con letras de oro, los siguien-
á cada hora tiene quimeras con el sastre.
tes versos, en forma de epita.io, é hizo vestir
Quien deja sus negocios por hacer los de
toda la corte de luto, como si uno de la casa
otros, no tiene juicio.
Real hubiera muerto.
* Quien quiere saludar á todos, presto rompe
su sombrero.
El que castiga á su muger, da que mur-
murar á los vecinos.
Quien gasta según su hacienda, nunca será
mendigo. Quien dé el mando de la casa á la muger,
hallará siempre alfileres á la puerta.
Quien rasca la sarna de otros, refresca la
Quien no puede con su pellejo, es una in-
suya.
feliz oveja.
El que promete en el campo, debe cumplir
Quien goza la hacienda mal ganada, á la
la palabra en poblado.
muerte verá sus partidas.
Quien tiene miedo á los pájaros, no siem-
Aquel que alaba á otro sin conocerle,
bre alpiste.
muchas veces miente.
Aquel que imita al rico, estará seguro en
Quien da pan á perros de otros, los suyos
casa.
le ladrarán.
Quien v a de viage, lleve el palo en la
Quien no paga el sudor del pobre, no da
mano, y el pan en el seno.
señales de hombre justo.
El que cree en sueños, funda su pensa-
Quien come á gusto de otros, no come ja-
miento en la niebla.
mas cosa que le haga buen provecho.
Quien funda su esperanza en la tierra, se
Quien oculta su saber, suele ser mas eru-
aleja del cielo.
dito.
El que fuese zeloso de sus manos, no vaya
Quien quiere corregir á otros, dé buen
al tinte.
ejemplo de sí mismo.
Aquel que te aconseja, pudiendo ayudarte,
Quien huye de las delicias de la tierra,
no es buen amigo.
solo gusta de los regalos del cielo.
Cuando se castiga la perra, señal que el
Aquel que no tiene amigos, es como cuer-
perro está lejos.
po sin alma.
Quien imita á la hormiga en el verano, no
Quien adelanta la lengua al pensamiento,
tendrá que pedir pan prestado en el invierno.
no es hombre de juicio.
Quien tira la piedra al cielo, en la cabeza
Quien al salir de casa piensa en lo que ha
le cae.
de hacer, cuando vuelve ya tiene acabada
Quien va á un festin, y no sabe bailar, no su obra.
sirve de nada, y ocupa lugar.
Quien da luego lo que promete, da dos
El marido que se casa con muger por IÍL veces.
hacienda, traerá la bolsa del dinero y no la
Quien peca, y hace pecar á otros, de una
muger.
vez le verás dos penitencias.
El que para sí mismo no es bueno, menos unos papeles escritos, los que sin dilación se
lo será para otros. los presentaron al Rey, quien despues de
Quien quisiera seguir la virtud, destierre desdoblar una infinidad de ellos, al último
primero el vicio. encontró el testamento, que Bertoldo habia
Quien desea aquello que no espera tener, hecho muchos dias antes de morir; y no ha-
á sí propio se niega la gracia. biéndolo comunicado á nadie, es de creer,
Quien tiene buen vino en casa, tiene la que seria la causa el que nadie supiese de
bota á la puerta. su generación, ni donde habia nacido; pues
Quien elige armas, quiere reñir con ventaja. de un hombre tan estravagante todo se pue-
El que navega en el mar de la sensualidad, de creer. Mandó el Rey que llamáran lue-
se desembarca en el puerto de las miserias. go á un Notario, paraque lo leyese en su
Quien se melancoliza del bien de otro, presencia: llamaron al mismo que lo habia
otros se rien de su mal. hecho, y pareció al punto; y haciendo la
Quien tiene la virtud por gracia, va se- debida reverencia, le dice al R e y :
guro en su viage. Not. Aquí me tiene Y . M. para obedecer
sus mandatos, con la mayor veneración.
Testamento de Berloldo, que se halló debajo Rey. Decidme, habéis hecho el testamen-
to de Bertoldo ?
de las almohadas de su cama, despues de
Not. Sí señor, yo lo he hecho.
su muerte.
Rey. Y cuánto tiempo ha que lo habéis
Todas estas sentencias las hizo el Rey hecho ?
imprimir con letras de oro, y las hizo poner Not. Habrá tres meses, á lo mas.
sobre la puerta principal de palacio, á fin de Rey. Pues aquí está, tomadle y leedlo, que
que todos pudiesen verlas y leerlas: era im- esta letra notaresca y cifras estravagantes,
ponderable el desconsuelo de Rey y Reina, que vosotros acostumbráis hacer en los ins-
experimentando la pérdida de un hombre trumentos, yo no las entiendo.
tan capaz, agudo y universal. Sucedió pues, Not Pues, señor, no sé como no lo enten-
que aquellas personas que asistían á Bertol- deis, porque yo no uso aquellas frases de que
do, al ir á quitar la cama donde murió, ha- sesuelen valer otros de mi profesión, sin enten-
llaron debajo de las almohadas un envolto- der lo que en ellas quieren decir; porque co-
rio de trapos; moviólos la curiosidad á desa- mo solo sirvo para las contiendas y diferen-
tarlos, y despues de mucha trapería, hallaron cias de estos pobres rústicos y aldeanos, yo
me entiendo, y ellos con mis términos me vido hacer este mi testamento y mi última
entienden también. voluntad, que es como sigue.
Rey. Decidme, cómo es vuestro nombre? Al maestro Bortola, zapatero de viejo, le
JVoL Y o me llamo Cerfollo de los villanos. dejo mis zapatos gordos de cuatro suelas, y
Rey. Cierto que teneis buen nombre, y ocho cuartos de moneda corriente, en me-
también el apellido os corresponde; pero á moria de haber tenido siempre conmigo una
mi parecer os estará mejor el nombre de buena correspondencia, y haberme hecho la
embrollo, porque los de vuestro oficio em- fineza algunas veces de prestarme la lesna
brollan el mundo entero. Leed pues, Cer- para agujerear los tacones, y coserlos con
follo, alto y claro, paraque se pueda enten- algunos cabos, y otros infinitos gastos cor-
der lo que'dice el testamento. respondientes á mis urgencias.
Item, al maestro Ambrosio, barrendero de
palacio, le mando diez cuartos, por haberme
El Señor Cerfollo lee en-públicoel testamento. llevado muchas veces el braguero á compo-
En el nombre del buen comenzamiento y ner, y otros infinitos recados.
á la buena ventura, salga lo que saliere ; y Item, á Barba de Saúco, el hortelano, le
pues deseo sea con el mayor acierto y gozo dejo mi sombrero de paja, por haberme re-
de mis herederos, y para el mayor descargo galado, tal cual vez por la mañana, con al-
de mi conciencia, digo: Que viendo y cono- gún manojo de puerros, comida muy de mi
ciendo ser y o Bertoldo, hijo de Bertolazo, gusto, mas que los regalos de palacio.
hijo que fué de Bertuzo de Bertin, y de Ber- Item, al maestro Alegría, cordelero, le
tolina de Bretaña, conociendo que todos so- mando mi correa larga y mi hortera, por
mos mortales, y que somos semejantes á las habérmela llenado de berzas y nabos cada
vejigas hinchadas, á quienes á la mas peque- vez que yo tenia necesidad, y otros muchos
ña punzada se escapa el aire: estando ya favores.
en los setenta años de edad, como á cosa de Item, al maestro Martin, el cocinero, le
las once y media, estando para dar las doce, mando mi cuchillo, con su vaina, por haber
quiero disponer mis cosas en la mejor forma usado la atención conmigo de haberme asa-
posible, haciendo un poco de testamento, do en el rescoldo muchos nabos, comida de
para satisfacer á mis parientes y amigos, a todo mi gusto, y haberme compuesto algu-
los que y o declaro serles muy agradecido; y nos potages de judías, con sus cebollas, co-
así ruego al señor Notario Cerfollo sea ser- mida correspondiente á mi complexión, mu-
11
122 HISTORIA DE LA VIDA

cho mas que si fueran faisanes, tórtolas y para parecer delante de gentes, y especial-
perdices. mente en unos lugares como estos; pero
Item, á la tia Pandura, la lavandera, le teniendo algunas alnajuelas de que disponer,
mando mi jergón, sobre el cual yo duermo, doy poder á Marcolfa, mi cara muger, para-
con dos sillas rotas, y tres varas de estopa, que disponga de todo hasta que mi hijo tenga
paraque se haga dos delantales; y esto es veinte y cinco años; pues entonces es mi
en pago de haberme lavado muchas veces voluntad, que sea el dueño absoluto de todo,
la camisa, y limpiádome la cátedra nece- con condicion, de que si se casa, procure no
saria. sea con muger que sea mas que él.
Item, dejo mandado al muchacho de pala- Que no sea llano con sus mayores.
cio, que se llama Fiqueto, veinte y cinco Que no haga daño á sus vecinos.
zurriagazos, y que sea con un buen látigo, Que coma cuando lo tenga, y que trabaje
en pena de la burla que ha hecho de mí mu- cuando pueda.
chas veces, ya por haberme agujereado el Que no tome consejos de gentes perdidas.
orinal, por cuya causa he puesto las sábanas Que no se deje curar de médico enfermo.
hechas un rio de agua, y también por haber Que no se deje sangrar de barbero que le
colgado un cencerro por debajo de la cama, tiemble el pulso.
con ánimo de asustarme; sin otras muchas Que pague á todos los que debiere.
burlasqueomito, por no gastarpapel en referir Que sea vigilante en sus negocios.
picardigüelas propias de un muchacho inso- Que no se inquiete por lo que no le va, ni
lente ; y así mando, y deseo, que sea ejecu- le viene.
tado cuanto mas antes este mi legado, para Que no se haga mercader de aquello que
escarmiento de picaros, taimados y redo- no entienda; y sobre todo, que se contente
mados. con su estado, y no desee mas de lo que le
da su suerte: que considere, que tan presto
Rey. Proseguid adelante, Cerfollo, que á va el cordero como la oveja; pues la muerte
eso se dará el debido cumplimiento. nunca deja la guadaña de las manos para
Not. Item, digo: Que cuando yo vine cortar igualmente la vida á los mozos, como
aqn.í, dejé á Marcolfa, mi muger, con un á los viejos; y deseo que se le impresionen
hijo, que se llama Bertoldino, que al presente estos documentos en la memoria, pues ha-
tendrá como hasta diez años, y jamas quise ciendo á menudo conmemoracion de ellos,
avisarles en donde me hallaba, á fin que no no errará en cosa que le sea de daño para
vinieran tras de mí, por no tener fisonomía
el cuerpo, ni perjudicial para el alma, y ten- Tener la balanza justa, tanto para el pobre,
drá un buen fin si los guarda bien. como para el rico.
Item, declaro no haber querido aceptar Examinar los procesos muy por menudo,
jamas cosa de mi R e y ; el cual no ha falta- antes que llegue el fallo de la sentencia.
do á persuadirme que tomase de su mano No dar audiencia nunca á uno que esté
sortijas, joyas, dineros, vestidos, caballos y
colérico.
otros ricos presentes, por considerar, que tal Hacerse bien quisto de todos sus pueblos.
vez con semejantes riquezas no hubiera po- Premiar siempre á los hombres de mérito
dido sosegar, y acaso haberme ensoberbe- y eruditos.
cido, haber cometido mil infamias, y ser Castigar á los verdaderos reos.
aborrecido de todos, como suele suceder á Desterrar á los perversos aduladores y
infinitos, que siendo de una esfera ruin y las lenguas maldicientes, que son los incen-
baja de nacimiento, y que por su fortuna diarios de palacios y cortes.
ascienden á grados eminentes y sublimes, sin No agraviar á sus súbditos.
hacerse cargo de que con tanta dignidad no Proteger á las viudas, patrocinar á los
pueden salir del lodo en que fueron amasa- pueblos, y defender sus causas.
dos, se pierden por su altivez y soberbia, y Hacer que se despachen los pleitos, pues
así yo estoy contento con morir pobre, y de la falta de despacho viene el dejar en
con que sepan, que jamas he usado yo de cueros á los pobres litigantes; de suerte, que
adulación con mi Rey, antes bien siempre le el que consigue, queda en camisa; y el que
he aconsejado fielmente en cualquiera oca- pierde el pleito, sin ella.
sion que me ha llamado, hablándole clara- Si todas estas insinuaciones las observare,
mente, sin que en mí reinase pasión particu- vivirá quieto y contento, será grande Rey
lar, sino siempre con la mira hácia el públi- para todos, y señor justo, amado y temido
co, y el mejor gobierno de sus estados: y de sus vasallos; y con esto concluyó el tes-
para dar á entender en este último fin el tamento.
grande amor que le tengo, le dejo en escritos Habiéndolo oido el Rey, y viendo los
estos breves documentos, los que discurro no grandes documentos que le dejaba, sin poder
despreciará, antes bien confio los aceptará y contenerse, en los ojos demostraba con la
observará, aunque salen de la boca de un ternura el gran sentimiento que tenia de una
villano: son los siguientes. pérdida tan grande, reflexionando la gran
prudencia, amor y fidelidad que le habia
11*
profesado durante su vida, y aun despues de
su muerte. Mandó que diesen cincuenta
ducados al notario Cerfollo, y le despacho SE
contento. Así como Alejandro Magno con-
servó entre las mas queridas joyas las (liadas
de Homero, así hizo poner este Rey el testa- BERTOLDINO,
mento entre las mas ricas y preciosas piedras
que tenia. Empezó despues a mdagar y
hacer diligencias para buscar donde habitaba HIJO DEL SUTIL Y ASTUTO
el hijo de Bertoldo, llamado Bertoldino junta-
mente con su madre, intitulada Marcolfa;
mandando que saliesen á buscarlos, y los BERTOLDO,
condujesen á la ciudad, porque quena tener-
los en su casa para memoria de Bertoldo. Y
Envió algunos caballeros á buscarlos por los
bosques y montañas, advirtiéndoles antes de
su partida, que no diesen vuelta a a corte,
si no venían con ellos. Con esta orden mar- LAS AGUDAS RESPUESTAS
charon los caballeros, y tanto anduvieron
buscando y registrando por todas aquellas DK
sierras, que por fin los encontraron; pero lo
que les sucedió se verá en el secundo tratado.
Mientras tanto, amigo lector, á Dios. M A R C O L F A , SU M A D R E .

OBRA D E T O D A DIVERSION Y DE SUMA


MORALIDAD.

\UEVAMENTE TRADUCIDA DEL IDIOMA


ITALIANO AL ESPAÑOL POR EL
MISMO AUTOR.
profesado durante su vida, y aun despues de
su muerte. Mandó que diesen cincuenta
ducados al notario Cerfollo, y le despacho SE
contento. Así como Alejandro Magno con-
servó entre las mas queridas joyas las (liadas
de Homero, así hizo poner este Rey el testa- BERTOLDINO,
mento entre las mas ricas y preciosas piedras
que tenia. Empezó despues a mdagar y
hacer diligencias para buscar donde habitaba HIJO DEL SUTIL Y ASTUTO
el hijo de Bertoldo, llamado Bertoldino junta-
mente con su madre, intitulada Marcolfa;
mandando que saliesen á buscarlos, y los BERTOLDO,
condujesen á la ciudad, porque quena tener-
los en su casa para memoria de Bertoldo. Y
Envió algunos caballeros á buscarlos por los
bosques y montañas, advirtiéndoles antes de
su partida, que no diesen vuelta a a corte,
si no venían con ellos. Con esta orden mar- LAS AGUDAS RESPUESTAS
charon los caballeros, y tanto anduvieron
buscando y registrando por todas aquellas DK
sierras, que por fin los encontraron; pero lo
que les sucedió se verá en el secundo tratado.
Mientras tanto, amigo lector, á Dios. M A R C O L F A , SU M A D R E .

OBRA D E T O D A DIVERSION Y DE SUMA


MORALIDAD.

\UEVAMENTE TRADUCIDA DEL IDIOMA


ITALIANO AL ESPAÑOL POR EL
MISMO AUTOR.
RIDICULAS SIMPLEZAS
DE

B E R T O L D I N O .
T R A T A D O SEGUNDO.

INTRODUCCION.

Todo árbol, toda planta y todo género de


raiz produce su fruto según su especie, y no
se apartará un punto de todo cuanto ha dis-
puesto la naturaleza científica, maestra de
todas las cosas; solo la planta del hombre es
la que se muda y se adultera con el tiempo,
no cumpliendo lo que su natural le ha ordena-
do, lo cual la esperiencia nos lo enseña ; pues
varias veces se ve, que de un padre de buena
presencia nace un hijo contrahecho, mons-
truoso, feo y horroroso: otras veces de un
hombre docto nace un ignorante, necio é in-
capaz de poderle limar los sentidos y poten-
cias : me preguntarán la causa, y yo respon-
do, que este punto no es paraque yo lo dis-
pute, hable por mí quien lo entiende, porque
yo no soy escolástico, ni erudito para poder
decidir en semejantes materias; y así, omi-
tiendo el dar razón á la duda, voy á mi
asunto, que es referirte la vida de Bertoldino,
hijo de nuestro Bertoldo, tan diferente en todo
de su padre, cuanto hay de diferencia entre
los quilates del oro y la bajeza del plomo;
RIDICULAS SIMPLEZAS

pues, como viste, Bertoldo era de grande


urbanidad, su muger Marcolfa de un enten-
dimiento elevado; pues ¿ á quién no admira,
que de dos plantas tan sublimes hubiese naci-
do un fruto tan simple, como en adelante
veremos? Muchas cosas se cuentan, que se
suelen' tener por simplezas. Del hijo de
Migdone se dice, que solia pasar todo un dia
á las orillas del mar, intentando contar á
punto fijo el número de las ondas. De otro
se escribe, que se levantaba antes de la
aurora, para observar, y ver crecer una hi-
guera que tenia en su jardin; pero de estas
cosas no leerás en este reducido cuaderno,
sino la vida y hechos de un simple y bárbaro
idiota; pero al mismo tiempo muy dichoso,
habiéndole asistido siempre la fortuna muy
propicia, porque esta siempre es favorable á
os tontos, así nos lo esplica Ariosto, dicien-
do : Mala es la fortuna, cuando á los tontos
no ayuda ; y nada mas comunmente se ve,
que mostrarse contraria á los hombres capa-
ces y sabios, como claramente se experimenta
todos los dias. V o y pues ya á referir, como
tengo ofrecido, las simplicidades de un idiota
bárbaro y rústico, aunque gracioso. Y mien-
tras tanto, amigo lector, te ruego tengas pa-
ciencia : solo te pido lo leas con reflexión:
pues si desmenuzas cosa por cosa, estas que
parecen tonterías y chufletas, ademas de la
diversión del ánimo, yo te aseguro sacarás
mucha utilidad y provecho. Dios sea contigo.
ALEGORIA PRIMERA.

En las Selvas y bosques igualmente nacen los


hombres sabios, como los fatuos; pero como
á los primeros cuasi siempre les fallan oca-
siones de mostrar sus talentos y genio; tam-
bién á los segundos, no obstante que están
compuestos de la misma organización cor-
pórea, está, mal proporcionada á recibir y
conservar.

El Rey albuino manda buscar el hijo y la


muger de Bertoldo.
Despues de la muerte del gran Bertoldo
como se quedó el Rey privado de un hom-
bre de tan raro entendimiento, de cuya boca
no salian mas que sentencias, y que con su
prudencia habia librado á su corte de mu-
chos y muy estraños peligros, juzgó que le
era imposible poder vivir, sin tener quien le
aconsejase en sus dudas, como lo habia eje-
cutado Bertoldo: acordábase de sus chistes
y gracias, con los que olvidaba sus disgustos;
y así andaba entre sí pensando inquirir si ha-
bia quedado alguno de su familia, conten-
tándose con que fuese su pariente, aunque no
le asistiesen todas las circunstancias que
asistían á Bertoldo, pues pensaba que á lo
menos tendría una apariencia de su seme-
12
RIDICULAS SIMPLEZAS

janza y su genio, para tenerle mas en memo- Marchan los criados del Rey para ejecutar
ria. Estando pues con estas cavilaciones, sus órdenes.
acordóse que en el testamento habia hecho
mención Bertoldo de su muger y su hijo Habiendo recibido Herminio la orden que
Bertoldino, dejándole heredero universal de le dió el Rey, no se detuvo un punto, y mon-
toda su hacienda; pero al mismo tiempo se tando á caballo, en compañía de los demás
acordó, que no habia declarado en dónde, ni caballeros, por todos los lugares iban pre-
en qué lugar habitaban; no obstante estuvo guntando á cuantos encontraban, por si les
conjeturando, y juzgó, que sin duda seme- podían dar razón de las gentes que buscaban,
jantes gentes no serian habitadoras de una y no hallando á nadie que les diese noticia,
ciudad, sino personas rústicas, criadas en estaban cuasi desesperados, acordándose del
alguna montaña, pues así lo daba á entender precepto tan estrecho y riguroso, que el Rey
su lenguage y rústico trage. Determinó en- les habia impuesto, de que no volviesen á su
viar algunas gentes por aquellas montañas y presencia si no los conducían consigo. Ulti-
aldeas, paraque indagasen y viesen si los po- mamente, despues de muchos y malos tratos
dían encontrar. Hecha la determinación, que se dieron, determinaron subir por una
llamó á uno de sus domésticos de palacio, el penosa cuesta á la cumbre de la montaña,
cual se llamaba Herminio, y le encargó esta la mas áspera que habia en toda la cordi-
diligencia, mandándole que no omitiese ni la llera: no era imaginable que allí pudiesen
mas leve, mirando, observando y preguntan- habitar gentes, siendo mas propia la situa-
do por todo aquel país, sin dejar villa, ni al- ción de animales indómitos y de fieras, que
dea, que no mirase, hasta hallar al hijo y la de racionales; pues no se veia otra cosa mas
muger de Bertoldo; y hallados, los condu- que peñas amenazando ruina. Estando en
jese consigo con la afabilidad y cariño posi- aquella situación tan alta de la montaña, se
ble, para obligarlos mas con este modo á arrepintieron mucho de haber subido; y vol-
que viniesen con gusto, espresándoles el mu- viendo las riendas á sus caballos para volver
cho amor que él habia tenido á su marido y hácia atras, hallaron al bajar una llanada y
su padre, y que en pago de buena correspon- una vereda, la cual guiaba á un bosque:
dencia y de lo bien servido, que se halló de marcharon por ella, y la hallaron bastante-
él, era su voluntad el que viniesen sin dila- mente trillada de gentes y de animales:
ción á gozar de su palacio, y de las ameni- fueron mas adelante, y llegaron á la mitad
dades, cortejos y grandezas de su corte. del bosque, que estaba situado de la parte
del septentrión, dominado de muchos y muy no quiso usar de ninguna hostilidad, antes
altos robles, y de la parte del mediodía bas- bien llamándola con muchos ruegos, le su-
tantemente abierto, pero circundado de plicaba abriese la puerta, asegurándole que
grandísimas peñas, las cuales servían de for- ellos no habian venido allí para hacerles nin-
taleza á todo el sitio: en medio del bosque gún daño, antes bien habian ido por su pro-
habia una infeliz y pobre choza, hecha de vecho. Asomóse Marcolfa á una ventana
tierra y ramas, cubierta con algunas pocas pequeña, que tenia la choza, y les dijo:
tablas: llegaron á ella, y vieron delante de Marc. Qué es lo que buscáis por estos de-
la puerta sentada una muger, tan sumamen- siertos ?
te disforme, que no se puede ponderar bas- Herm. Señora, abrid la puerta, que noso-
tantemente su fealdad : estaba con su rueca tros no venimos aquí sino para haceros un
hilando, y tomando el sol. Viendo ella lle- beneficio muy grande.
gar tanta tropa de gentes, se levantó de su Marc. No puede hacer beneficio á nadie,
asiento, y se metió en su choza con gran quien está fuera de su casa.
priesa, cerrando la puerta, como se suele Herm. Aunque estamos fuera de nuestra
decir, a piedra y lodo, con gran temor, por- casa te podemos hacer bien: venid acá
que no estaba acostumbrada á ver gentes, y fuera, que tenemos que hablaros.
mas personages semejantes en tal lugar: Marc. Quien desea sacarme de mi casa,
tomó una tranca, y por dentro de la puerta mas procura matarme, que darme gusto; y
se fortificaba, temblando que fuesen algunos así véte á la tuya, que ese será el mayor
que intentaran hacerle gran daño: esta era gusto que me puedes hacer.
la muger de Bertoldo, la cual con su hijo Herm. Decid, señora mia, teneis marido ?
Bertoldino vivia entre aquellas espesuras, Marc. Quien desea saber los intereses de
siendo todo su ejercicio apacentar cabras otros, es señal que cuida poco de sí mismo.
por aquellos bosques y fragosas montañas. Herm. Esto es bueno. Y o te pregunto por
favor, me digas si tienes marido ó no ?
Marc. Y o le tendría, si él no hubiera co-
Herminio llama á Marcolfa y le suplica con
buenos modos que le abra la puerta. mido.
Herm. Pues eso á qué propósito viene?
Viendo Herminio, que esta muger se ha- Cómo le tendrías, si él no hubiera comido ?
bia fortificado dentro de su casa, aunque de Marc. Si él no hubiera comido pavos, per-
una puñada se podia echar la puerta al suelo, dices, faisanes, tórtolas y otros manjares
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delicados, contrarios á su complexión y natu- siste en la virtud, prendas y buenos proce-
raleza, y á mí me hubiese creído, que le deres de la persona: hay hombres hermosos,
dije, que no comiese mas que castañas, y las los cuales tienen en sí cualidades abomi-
demás viandas con que se habia criado, aun nables, horribles y mal parecidas: como al
viviría; pero y a está muerto. contrario, hay otros muy feos, que no lo
Herm. Pues, decidme, quién era vuestro pueden negar á la vista, y estos tienen en sí
marido 1 propios ciertos dones, y tales gracias dispen-
More. El hombre mas de bien de todo el sadas del cielo, que por ellas se hacen ama-
mundo, y el mas hermoso de todos. bles, atractivos y graciosos á quien los trata,
Herm. Y cómo era su nombre ? como se experimentaba en Bertoldo, mi que-
Marc. Y a que tanto deseas saberlo, te di- rido y amado consorte.
go, que se llamaba Bertoldo. Herm. Tienes razón; pero díme, tienes tú
Herm. De cierto era Bertoldo vuestro de él algún hijo ?
marido 1 Marc. Tengo uno, y no le tengo.
Marc. Sí señor. Herm. Pues cómo se puede entender te-
Herm. A y , qué buena noticia para noso- nerle y no tenerle 1
tros! Y Bertoldo era el mas hermoso de Marc. Cuando está en casa, puedo decir
todo el mundo 1 que le tengo; pero ahora, que no está, puedo
Marc. Sí señor, y á mis ojos él parecía decir que no le tengo.
un Narciso, pues á la muger honrada le debe Herm. Y adonde está ahora 1
gustar mas su marido, que todos los demás Marc. Preguntádselo á sus zapatos, que
del mundo. son los que andan con él.
Herm. Y te amaba mucho 1 Herm. E s cierto, que para ser muger
Marc. Tanto me amaba, que me zelaba criada en lo inculto de una montaña, mues-
en estremo. tras no poca agudeza.
Herm. Y con razón, pues cada uno es pre- Marc. Educóme un maestro muy sabio,
ciso apetezca y ame su semejanza; y á la bueno y capaz.
verdad tenia mucha razón para ser zeloso, Herm. Así lo creo; pero, señora mia, de-
porque ciertamente en vos hay partidas para jando esto á un lado, debo deciros, que el
ser apetecida. Rey nuestro señor os llama á los dos; por-
Marc. E s muy cierto que la hermosura ha que habiendo sido tan grande el cariño que
de estar en el rostro; pero mucho mas con- siempre tuvo á Bertoldo vuestro marido, an-
hela y desea teneros inmediatos á su persona Herm. E s cierto que se conoce en el modo
á vos y vuestro hijo; así con toda segundad con que habíais, que habéis sido discípula de
podéis salir, á fin de que podamos hablar Bertoldo, que jamas echó por su boca pala-
con mas comodidad. bra, que no fuese una sentencia; pero díme,
Marc. Y a salgo::: Aquí estoy, qué me cómo lograrémos el poder ver á tu hijo ?
quereis 1 , . Marc. Abrid los ojos cuando él venga, que
Herm. Ante todas cosas, que tienes que si no sois ciegos, le veréis sin duda.
podamos comer? Herm. Pues mientras viene, hacednos el
Marc. Quien desea saber lo que hay en a gusto de darnos de beber, llevándonos á vues-
olla agena da á entender que está limada la tra bodega, pues venimos muy fatigados,
suya. .. . tanto de andar á caballo, como de subir y
Herm. Muger, eres sumamente maliciosa, bajar por estos montes, y no hemos podido
aunque discreta. hallar en tanto tiempo parte en donde poder
Marc. Como los aires son tan sutiles, los beber.
que aquí habitan no es mucho tengan el en- Marc. Venid conmigo, que deseo serviros
tendimiento agudo; pero y a que deseas saber con sumo gusto.
lo que tengo que comer, te lo diré: No se en-
cierra en mi olla mas que unas yerbecillas Marcolfa los lleva á, un manantial de agua
silvestres, y estas sin sal. , muy cristalina, que distaba de allí muy po-
Herm. Yerbas sin sal? Pues como las cos pasos.
puedes comer sin sazonar ? Marc. Honrados caballeros y señores mios,
Marc. El buen apetito es la mejor salsa aquí teneis mi bodega, esta es la que usamos
de todo lo comestible, y te aseguro, que nues- mi hijo y yo, aquí venimos todos los dias á
tra mesa es mas suntuosa y de mas provecho apagar la sed con todos nuestros ganados;
que la que tiene vuestro R e y ; porque en estos y supuesto que teneis sed, bebed todo lo que
montes silvestres la hambre es correspon- os diese gana, pues nuestras cubas siempre
diente á la digestión, el ejercicio provoca al están provistas, aunque las dejamos abiertas
apetito, la dieta hace la comida sabrosa, sir- de noche y de dia: beba quien quisiere, y si
viendo todo de mucho nutrimento y prove- bebierais tres dias continuos de este licor, no
cho ; y finalmente las aguas que aquí hay hay miedo que os alterase los sentidos, ni
son tan dulces y sabrosas, que nunca son no- que os viniese la gota, ni perlesía, como con-
civas á nuestra complexión.
tinuamente sucede á aquellos, que cargan en Herm. También nosotros nos componemos,
abundancia el estómago con vinos regalados según las ocasiones én que nos vemos; pero
y licores fuertes, sin proporcion, ni medida: díme, quién es aquel que viene con unas ca-
estos sí, que privan del entendimiento al hom- bras hácia este sitio ?
bre, siendo causa de muchos accidentes y Marc. Aquel es Bertoldino, mi hijo.
desgracias, pues cuando al hombre se le ca- Herm. Es cierto Bertoldino ? Buena no-
lientan los cascos, fácilmente se vence para ticia me has dado; ven adelante, hijo mió.
ejecutar las cosas mas ilícitas, y de poca es-
timación contra su persona y de todos sus
dependientes, dando que reir generalmente á Bertoldino se asombra de ver tanta gente á
todo el vulgo, y hacer llorar á todos los de caballo, lo que en su vida habia visto, y
su casa: esto es lo que acarrea el vicio de la dice:
embriaguez en todos los racionales, pues de Bert. Madre, qué gentes ó qué bestias son
lo poco se pasa á lo mas, y de lo mas á lo estas, que están aquí ?
mucho, y de lo mucho al exceso, y de esto Herm. Buenos habernos quedado. Este
dimana la perdición; pero quien bebiese de salvage á la primera salutación nos trata de
este licor estará siempre su juicio muy cabal, bestias.
y no dará que reir. Marc. Señal es, que no os ha conocido:
Herm. E s cierto, que es muy noble vues- ven mas adelante, hijo mió, que estos caballe-
tra bodega, y contesto con lo mismo que tú ros te quieren hablar.
dices: no hay miedo que ninguno venga á Bert. A y ! con qué los caballeros son me-
espiarte las cubas; pero á lo menos no ten- dio hombres y medio caballos?
drás por ahí algún vaso para beber? Herm. Una tras de otra; con que somos
Marc. Aquí no tenemos barros, ni vasos,, medio hombres y medio bestias ?
ni escudillas, y por lo general siempre bebe- Marc. No quiere decir eso; y lo que ha
mos con la taza que nos dió la naturaleza; y dicho solo es, porque os ve montados sobre
paraque me entiendas, esta taza son las ma- esos caballos, siendo cosa que en su vida la
nos, que nos sirven para beber, sin buscar ha visto en estos lugares hasta ahora, y ha
mas artificio; y si tú quieres beber, no hay creido que vosotros y el caballo que teneis
mas remedio que usar de la taza, que te he debajo, sois una misma cosa.
dicho, que verás te sirve de conveniencia, y Herm. Nada importa que así lo juzgue, y
si no te quedarás sin beber. v así hacedle que venga aquí.
Berl. A y ! y las piernas que tienen, que á Herm. V a vestida de oro, plata y piedras
preciosas; y tú también serás ricamente
cada uno "ya les he contado seis; zape, y
vestido como ella; tratarás con las señoras
cómo corretón! de mas distinción, y con lo^caballeros mas
Marc. Calla tonto, que las cuatro que tocan principales, de quienes estarás muy favore-
en el suelo, son las de los caballos, y las otras cido, reconociéndote por caballero, y esti-
dos, que cuelgan de los lados, son las de los mándote todos en la corte, por estar en la
que están encima montados. mayor estimación del R e y .
Bert. Digo, no mira como estos animales
Bert. Y podré llevar mis cabras á la sala
se están comiendo el hierro ? Y o creo que
del Rey, cuando y o quisiere?
sus tripas serán de plomo.
Herm. Sí, sí, todo lo que tú quisieres y
Herm. Sí, que las tienen de estaño. O,
gustases. Y tú, señora, dínos, cuál es tu
qué estupendo salvage! N o se parece este á nombre ?
su padre; pues aquel era astuto y agudo, y
Marc. Marcolfa me llamo. •
este da muestras de ser un tonto; qué gusto
Herm. Pues, Marcolfa, si quieres venir,
podrá tener el R e y con este gran majadero'!
empieza á disponer tus cosas, cuanto mas
Pero no obstante, no haremos poco si pode- antes, paraque marchemos sin detención.
mos llevarle. Vamos, Bertoldino, prevente,
Marc. T a n fácil será el que y o deje mi
porque es preciso que te vengas con nosotros.
choza, aunque ella sea de-palos y tierra,
Bert. Y dónde me queréis llevar ? cuanto es fácil el que los rústicos destierren
Herm. A la corte de nuestro R e y . sus malicias; y lo que deseo es, que cuanto
Bert. Y qué tengo y o de hacer allá? Seré antes te vayas de aquí, porque el clima de
caballero lacayo ? estas montañas es muy diferente del de la
Herm. A y , ay, qué simple, qué mentecato! corte; y al mismo tiempo te suplico, que no
Bert. Y di me, esa corte, que decís, es me prives de la vista de este hijo, porque si
macho ó hembra; está en alto ó está en tú me le llevas; puedes creer ciertamente
bajo ? que no viviré cuatro dias. Ademas de esto,
Herm. Como tú quisieres estará. Vénte la mayor razón es, que aunque soy madre, á
con nosotros, que tú serás muy dichoso, y te quien podia engañar la pasión, conozco que
espera una muy buena ventura. el muchacho es maternal, rústico é ignorante;
Bert De qué ropa va vestida la buena de suerte, que si le llevaseis, seria el hazme-
ventura, paraque y o la pueda conocer cuan- reir de la corte; y bien sabéis, que en las
13
do la vea ?
cortes no se admiten figurillas ridiculas y Bert. Y hay allá también padres de vacas?
estravagantes, sino gentes astutas, entendi- Herm. Sí, y en mayor número que aquí.
das, y que sepan la aguja de navegar, cosa Vámonos, que es lo que mas nos importa.
que á mí y á él nos costará no poca difi- Bert, Y a estoy determinado á dejarlas, y a
cultad. que por allá dices que no faltan otras. E a
Herm. Nó importa, que aquello que no su- pues, madre mia, reciba mis cabras la vecina,
piere se le enseñará: no faltarán maestros y despachémonos luego.
que le educarán y le enterarán en las buenas Marc. Sin tardar dispondré todo lo preci-
costumbres, la cortesía y política, déjale que so, paraque al punto marchemos.
venga con nosotros, y no dificultes en nada. Marcolfa pasó luego á la casa de su veci-
Marc. Qué dices, tú Bertoldino? Quieres na á entregarle el cuidado de su casa, hasta
la vuelta; y luego cogiendo un poco de es-
ir ó no á la corte ?
topa, cuatro husos y un par de zapatos vie-
Bert. Si vienes tú también, me resolveré;
jos, tomó la gata y una gallina que tenia, y
pero si no vienes, no quiero salir de aquí. enfaldando en las sayas lo que pudo, mar-
charon con los caballeros hácia la corte, los
Marcolfa se determina á ir á la corte con que queriendo poner á caballo á Bertoldino,
Bertoldino. no pudieron lograr hacerle abrir las piernas,
Marc. Y a yo estoy determinada á ir con- y tomaron á mejor partido el ponerle atra-
tigo, paraque" puedas por este medio lograr vesado encima de la silla, como si fuera un
la fortuna que te aguarda; pero antes que fardo ó tercio de peso. Puestos todos á ca-
y o parta, quiero encargar mi casa á una ballo, y marchando á buen paso, dejaron ir
vecina, que vive de aquí muy cerca, paraque á Marcolfa á pie, por darle gusto. Arriba-
de ella me cuide, hasta que vuelva, si Dios ron á la ciudad, y llegando la noticia al Rey,
me lo permitiere. les salió al encuentro con la mayor parte de
Bert. Y á quién dejaré mis cabras"? su corte; y viendo un bulto atravesado en
Marc. A ella también se las entregarás. un caballo, se empezó á reir, y despues le
Bert. No, no, que me las quiero llevar de- dice á Herminio.
Rey. Qué envoltorio ó qué talego es ese
lante de mí.
que traes á caballo ?
Marc. No es necesario que lleves ni las Herm. Señor, este que ves es Bertoldino, •
cabras, 'ni los machos, pues allá bastantes hijo de Bertoldo, al cual le habernos hallado
hay.
Herm. Su nombre es Bertoldino, y aquella
entre unos montes en un lugar tan suma-
que viene es su madre, quien dice, que se
mente intransitable y silvestre, que aun para
llama Marcolfa; y aseguro á V . Mag. que
lobos es pais inaccesible: también pongo en
es muger perspicaz y tan aguda, que es para
vuestra noticia, que viene su madre con él;
maravillarse el hombre mas entendido; lo
y discurro no tardará mucho en llegar, por-
que no tiene este pedazo de atún que en eso
que camina á un buen paso de andadura,
es al reves dtl padre y de la madre, que lo
sin haberla podido vencer á que viniese á
engendraron.
caballo.
Rey. Pues cómo no viene montado á ca-
ballo? Saluda Marcolfa al Rey.
Herm. Porque no ha sido posible; pues Marc. Serenísimo señor, el cielo te salve,
con los mayores esfuerzos, que hemos hecho mantenga tus estados, y te aumente cada
para montarlo en la silla, nunca ha querido hora en mayor grandeza.
abrir las piernas, y nos hemos visto precisa- Rey. Y á tí te conceda cuanto puedas de-
dos á traerle de esto modo atravesado. Yo sear. Marcolfa, vienes cansada ?
juzgo, señor, que hubiera hecho mejor V. M. Marc. Si no hubiera caminado, estaría
en dejarle en su rincón; porque ademas de mas cansada.
ser muy puerco, es tan tonto, que con facili- Rey. Qué es lo que dices ? Si no hubieras
dad se le hará creer, que los borricos vuelan: caminado estarías mas cansada? Esplícate,
tan necio es, que se le puso en la cabeza, pues como hablas equívocamente, no es posi-
que habia de traer sus cabras á la corte; y ble entenderte.
¡ qué no nos ha costado sacarle de sus gaz- Marc. Me esplicaré. Aquel que camina
pachos y migas! Pues estaba lo bastante para obedecer á su superior (como yo hago)
tenaz en no querer salir de su choza. nunca se cansa. Aquel que no sirve con
Rey. Todo eso se puede dar por bien em- buena voluntad se cansa, aunque vaya poco
pleado : bajadle del caballo, y no le hagais á poco; la causa es, porque ya tiene cansado
mal, sea con tiento, pues como no está acos- el pensamiento y la voluntad antes que se
tumbrado, es muy natural que le haya hecho ponga en camino.
novedad el haber venido á caballo. No se Rey. Señal verídica es la que me das de
puede negar, al ver su rara figura, el que es que has sido muger de mi apasionado Ber-
hijo de Bertoldo. Y cómo ha dicho que se toldo ; pues apénas has llegado, cuando has
llama? 13*
dicho una gravísima sentencia. Ea* pues, otra cosa que malicias, y como vulgarmente
haced vosotros que luego al punto se les dis- se suele decir, todo su estudio ha sido solo la
ponga alojamiento; y se los vista ricamente, gramática parda; y por esperiencia se ve,
según el uso de la corte, y despues condu- que hallándose en lo alto de la fortuna, no la
cidlos paraque los vea la Reina. saben sostener, y se precipitan con sus pro-
Marc. Solo, serenísimo señor, espero que pias ignorancias; y así no nos mandes des-
me concedáis una gracia. nudar, pues si nosotros dejamos nuestros
Rey. Di lo que quieres, que lo haré muy vestidos, puede ser que nos suceda lo que
gustoso y muy contento. llevo referido: al contrario será teniéndolos
Marc. Pues, señor, se reduce mi súplica á á la vista, cada instante meditaremos en
que no nos hagas quitar nuestros trapos, á nuestra pobreza, nos conservaremos humil-
los cuales estamos tan acostumbrados, que des, contemplando que nacimos para servir,
si nos despojan de ellos, nos sucederá lo que y no para ser servidos.
al árbol, á quien se le desnuda de su antigua Rey. Sentencias muy grandes y dignas de
corteza, que no solamente no produce mas reflexión has pronunciado, y muestras muy
fruto, sino que al mismo tiempo luego al ins- claramente la sinceridad de tu ánimo: co-
tante se seca. Si tú, señor, nos adornas de nozco que el cielo te ha adornado de sus
telas ricas de oro y plata, infundirá en noso- gracias; pero no me instes sobre eso, que
tros una grande vanidad; y viéndonos con quiero andes adornada de ricos vestidos, y
tanta gala, es preciso se engañe el mundo, que seas servida como mereces.
creyendo que somos personas de grande Marc. Señor, te suplico que me escuches
clase y distinción, de que se seguirá, ademas una gustosa burla, que aunque bien conozco
de esto, que nos olvidarémos inmediatamente que no viene ahora muy al caso, me la contó
de nuestra baja esfera, y reinará en nuestras mi marido Bertoldo, de feliz memoria, una
pasiones una soberbia grande, acompañada de las noches largas de invierno.
de todos los demás vicios, que siguen á esta, Rey. Cuéntala, que la escucharé con gusto.
y nos harémos aborrecibles de todos, y al Marc. Me dijo pues que habia oido contar
último vendrán á parar todas nuestras vani- á su abuelo, que habiendo pasado en una
dades en quedarnos hechos escarnio de to- ocasion por las tierras de Trapisonda, en
dos. Señor, la gente villana, puesta en zan- donde se suelen desembarcar las patas de
cos, es muy mala; no se puede hallar gente las anguilas ahumadas, habia allí un asno
mas indómita; no se halla en su sabiduría muy grande: viendo este un dia ciertos ca-
ballos de regalo, con sus sillas guarnecidas
demás atavíos, no habrá ninguno que me
de oro y plata, los frenos con rosetas y
conozca por asno: así haced que venga lue-
broches dorados, gualdrapas y tapafundas
go el herrador, y que cuanto antes me corte
bordadas, se le puso en la cabeza, que tam-
las orejas. El amo por complacerle se las
bién á él se le debia guarnecer en la misma
hizo cortar: aplicáronsele los conducentes
forma, y alegaba sus razones, diciendo: Que
remedios para curarle ; y despues que estaba
aquello no se hacia por la nobleza del ca-
bueno, le hizo ricas guarniciones, de la mis-
ballo, pues también habia nacido para servir,
ma forma que á los caballos: como era tan
y habia sido destinado como las demás bes-
grande, todos creían fuese un caballo de re-
tias del mundo; y que si era por antigüedad,
galo, y anduvo de esta suerte muchos días
no cedia él á ninguna otra cualesquiera bes-
sin ser conocido; pero como la naturaleza
tia en lo antiguo. A semejantes razones el
vence siempre, el infeliz animal vió pasar
amo le respondió de esta suerte: asno mió,
una burra por la calle, é inmediatamente
no conoces que lo que dices es un grande
abandonando la compañía de los caballos,
desatino? Has de saber, que cuando se
echó á correr tras de la burra, con tan la-
criaron las bestias, á cada una se le atribuyó
mentables y fuertes rebuznos, que no habia
su oficio; v. gr. el buey se crió para la car-
persona que lo pudiese detener; tiró al suelo
reta, el gato para coger ratones, el caballo
la silla y gualdrapa, rompió el freno, come-
para la silla, y el asno (que eres tú) para los
tiendo otros mil males, y como se quedó sin
palos y la c a r g a : no ascenderás á mas,
los ricos aparejos, descubrió al punto que era
aunque tuvieses todo el oro del mundo, siem-
un borrico vil y bajo de nacimiento; con
pre serás conocido por asno, y aunque mu-
que todos los que le habian tenido en el buen
cho te adornases, como tienes las orejas tan
concepto de caballo, en los rebuznos y otras
largas, nunca podrías ocultar tu figura de
gracias, muy propias solo de un asno, reco-
asno, dedicada para sufrir la carga y el palo.
nocieron su engaño. Por último, le cogie-
A estos cargos respondió el asno: Si las
ron, y le llevaron á la caballeriza, en donde,
orejas han de descubrir que soy burro, pres-
despues de una buena tunda de palos, le vol-
to se puede poner el remedio, y es hacérme-
vieron á su primer oficio de llevar cargas,
las cortar á la medida de las que tienen los
que es para lo que nació solamente.
caballos, verás como entonces yo pareceré
Serenísimo Rey mió, este ejemplo puede
como ellos, y despues que me halle sano de
servir para nosotros. Si nos haces adornar
las heridas, poniéndome la gualdrapa y los
con ricos vestidos, y que nos acompañemos
con las personas principales de la corte, to- con los cortesanos, aprenderá poco a poco
dos nos honrarán y tendrán en buena opinion el modo, la atención y cortesía: así se le irá
mientras estemos callando; pero en oyén- limando el entendimiento; y cuando se halle
donos hablar, nos tendrán por dos majaderos, mas capaz, yo dispondré se le enseñen algunas
rústicos, villanos y tontos, y todo lo que al habilidades. Ea, Herminio, llévalos á des-
principio tengamos de aprecio y estimación, cansar á su cuarto, procura que les hagan
despues parará en hacer chanza y mofa de los vestidos del paño mas fino que se encon-
nosotros, cuyo chasco es forzoso que lo sien- trare, y que nada les falte de todo lo necesa-
tas ; con que mas vale que nos dejes con rio : despues que hayan descansado, los lle-
nuestros pobres vestidos: y ya que tu volun- varás paraque los vea la Reina, quien los
tad es el vestirnos, manda que los hagan sin está esperando muy ansiosa.
que tengan oro, ni seda, pues para nosotros Herm. Serás, señor, prontamente obedeci-
no son buenos vestidos los sobresalientes, y do. "Vamonos, Marcolfa, y trae contigo á
mucho menos para este hijazo, que Dios me tu hijo.
dió, tan desproporcionado y feo, tan ridículo Bert. Adónde nos quieres llevar 1
y monstruoso. Herm. No tengas miedo, venid, que os
Rey. Me has contado una fábula senten- llevo al cuarto mismo de tu padre.
ciosa y ejemplar, y confieso tienes razón en Bert. Mi padre está debajo de tierra, y
no asentir á mi intento: conozco me has y o creo que tú nos quieres sepultar con él.
convencido con las justas razones, que tan A y madre mia ! volvamos á nuestra casa.
bien ha sabido ponderar tu grande entendi-' Marc. Salvage, no dice eso, sino que va-
miento: quien te oyere, yo aseguro que no mos á los cuartos mismos donde se alojaba
te tenga en concepto de muger ordinaria; tu padre, cuando vivia.
pues aunque los vestidos y la vil corteza que Bert Con qué según eso mi padre tenia
te cubren lo demuestra, es muy al contrario posada.
de lo que por fuera se mira; y no te aflijas, Marc. Sí, eso dudas ?
aunque Bertoldino alguna vez haga ó hable Bert E s que como oí que íbamos donde
alguna cosa, que parezca impertinente; por- alojaba mi padre, pensé que habia sido posa-
que bien sé que será menester perdonarle por dero.
inocente, escusarle por ser fatuo, y solamente Marc. Quiere decir donde habitaba. ¡ A y
acostumbrado á tratar con gentes de su jaez; desdichada de mí, y qué bien lo dije yo, que
pero con todo eso, tratando y comunicando aquí me habia de volver loca con este bestia!
Pluguiese al cielo, que me hubiera quedado
en mi casa. Sast Cómo quieres que yo le ahorque,
Herm. Vamos, ven conmigo, y no te dé siendo mi señor y mi Rey ?
pena alguna. Bert Pues por qué tú me ahorcas á mí,
Herminio los llevó á un cuarto muy rica- si no le has ahorcado jamas á él ?
mente adornado de tapicería, cortinages de Sast Cómo ó cuándo yo te ahorco ? Qué
es lo que hago para ahorcarte ?
tisú, y dos camas con la colgadura de bro-
cado de oro, los.cielos de realce, pirámides Bert E s que tanto me estrechas la gar-
ganta, que no puedo respirar.
y remates adornados con flejo correspon-
diente, colchas de seda con bordados muy Sast No adviertes que es el vestido, que
debe de ser así cerrado, estrecho y ajustado
suntuosos, y otras diferentes alajas de esqui-
á la garganta, y por esto te parece que te
sito y grande valor: hizo venir despues al
ahogo.
sastre para vestirlos con la decencia que el
Rey habia mandado: hiciéronles sus vestidos Bert. Mira, si tú me aprietas un poco mas,
no lo he de poder sufrir, pues y a siento que
con la mayor brevedad, y al otro dia vino
del estómago me van subiendo á la garganta
el sastre para probar á Bertoldino su vestido,
unas puches, que comí poco tiempo ha: mira,
y al tiempo de ajustarle el jubón, se-le tiró
mira que suben sin poderlo remediar.
un poco hácia arriba, tropezándole en la
garganta; y como estaba acostumbrado á
llevar vestidos anchos, viendo lo que el sas- Provoca Bertoldino en la cara del sastre las
tre le apretaba, comprehendió su ignorancia 1 puches, y muy enfadado dice:

que le quería a h o g a r ; y empezando á gritar


Sast Habrá mas fiero animal! Mal toro-
con voces descompuestas, decia:
zon te dé Dios, puerco de todos los diablos!
Bert. No sé por qué motivo el Rey me ha Mira bien como me has puesto la c a r a ;
mandado ahorcar. puede darse semejante porquería? No reven-
Sasl. Qué es lo que dices de ahorcar? tarás? Amen. ,
Qué es lo que hablas ? Bert No te avisé que yo no podia mas;
Bert. Pues no eres tú el verdugo ? por qué me apretabas tanto ? Déjame con
Sast. No soy verdugo," que soy el sastre mis vestidos viejos y holgados, que y o no
del Rey. quiero que me encajes por fuerza en ese saco
Bert Y tú le has ahorcado á él alguna apretado.
vez ? Sast En fin el villano, ó en ciudad ó en
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villa, siempre dará á conocer la muestra del nosotros, lo que os voy á referir. Decia esta
paño, y por mas que se haga, nunca sacarán buena vieja, la que tendría como cosa de sus
á la rana de estar entre el lodo: toma tus ciento y veinte años, que á estos animales
vestidos, y vístete á tu gusto, porque para tí siempre les ha gustado e! vivir sobre los cam-
el ponerte estos vestidos, es lo mismo que po- panarios, como se ve en nuestros tiempos:
ner la silla á un cerdo. determináronse una vez á subir á la torre de
El sastre con el hocico emplastado de las Babilonia, desde cuya eminencia empezaron
puches se fué gruñendo á su casa, por la in- á notar todos los sucesos del mundo: desde
decencia de tan gran majadero, se lavó muy allí observaban como unos engañaban á
bien, y despues se fué al Rey, á quien hizo otros; conocían á todos los arbitristas men-
relación de todo lo que le habia sucedido: tirosos, los amos desconocidos, los criados
oyendo semejante cosa el Rey, reventaba de poco fieles, las criadas inobedientes, las ma-
dres nada modestas, los padres'disolutos, los
risa, considerando la inocencia del uno y la
hijos viciosos, las viudas escandalosas, los
formalidad del otro: dió orden paraque vinie-
cortesanos vanos, los validos aduladores y
se otro sastre, el cual le hizo otro vestido
lisonjeros, los bufones descarados, los jueces
mas ancho, como él quería, y á Marcolfa al injustos, las rameras falsas, los terceros mal-
mismo tiempo le hizo una zamarra de paño vados ; en fin veian todo el mundo revuelto
fino; y despues que estaban vestidos los lle- y enredado, notando desde allí los hechos de
varon á que los viese la Reina, quien miran- cada uno; advertian referirse unos á otros el
do aquellas dos caras tan ridiculas y contra- modo, que tenian para vivir, engañando al
hechas, no pudo contener la risa: viendo prójimo; veian llegaba á tal estremo la des-
Marcolfa esta mofa, despues de haberle he- confianza de los unos y los otros, que ya na-
cho la cortesía á su estilo aldeano, le dijo de die se fiaba aun de sí mismo: todos los nego-
este modo: cios andaban de mala fe, y cada cosa siem-
pre peor; vieron los hombres públicos mu-
chos de sus delitos ocultos. Descubrieron
Fábulas que cuenta Marcolfa á la Reina con-
que estos pájaros eran los que los habian pu-
tra los tontos, que quieren establecerse en la blicado, citáronlos delante de la Reina de
corte. los pájaros, acusándolos del delito enorme de
Marc. Serenísima Reina, una vez oí con- su gran curiosidad, y de haber descubierto
tar á una cierta vieja, allá arriba en mi mon-
taña, en tiempo que los grajos hablaban como
los vicios de unos y las malas costumbres de aron despues algunos mercaderes de las In-
otros, y que por su causa el mundo se halla-
ba notablemente infamado. L a Reina, oyen-
f ias con un crecido número de nueces de es-
pecia, trayéndolas con el fin de cambiarlas
do tan bien fundadas quejas, llamó á los gra- con otra cantidad igual de higos secos: ha-
jos, reprehendiólos agriamente, y bajo la llándose un dia cansados del largo viage, se
grave pena de ser con agua hirviendo pela- pusieron á descansar debajo de una encina,
das sus cabezas, les privó que hablasen lo que estaba en medio de un verde prado, en
que habian visto desde la torre: los grajos donde se quedaron dormidos, apretados del
desde entonces, con el precepto que se les demasiado sueño y cansancio: mientras dor-
puso de que no hablasen, callan, y solo van mian llegó una manada de jabalíes, y acer-
continuamente gritando crás, crás,crás, que cándose á los sacos, los rompieron á hocica-
quiere decir mañana, mañana, mañana, y es das, y se comieron las nueces; pero bien pa-
que de dia eri dia están esperando que se les garon la pena, pues como estaban acostum-
conceda la facultad de poder hablar: si se les brados á la bellota, luego que las hubieron
da libertad, ellos dirán muchas cosas, que comido, se les movió tal inquietud en el vien-
ahora oculta la malicia solapada; pero al tre que no solo las vomitaron, sino que todas
mismo tiempo, que contándome esta fábula las tripas echaban al mismo tiempo. Des-
la buena vieja me tenia embelesada; me con- pertaron los mercaderes, y hallando los sacos
tó otra, que yo referiré, si gustas de eso, y rotos, y su mercancía comida, quedaron su-
me das permiso: una y otra juzgo que son á mamente afligidos, mas no por esto quisieron
propósito de nuestro intento. dejar de proseguir su viage, y caminando
mas adelante, hallaron unos pellejos de ardi-
llas, y los destinaron para regalar al Rey de
Fábula de las ardillas y ratones de los higos las tencas fritas; y pasando por la ciudad
secos. donde estaba, le hicieron el regalo, el que
Marc. Dijeron, pues, estos pájaros, que apreció mucho, remunerándolos con un gran
en aquel tiempo, que los caracoles tenian presente, que'fue una buena porción de cria-
pellejos, se hallaron en la ciudad de las san- dillas de tierra: con este regalo pasaron á la
guijuelas algunos ratones, que hacían mer- ciudad de las sanguijuelas, en donde vieron,
cancía de higos secos, y estos tenian provis- que por falta de segadores se vieron obliga-
ta la ciudad y los lugares comarcanos: lle- das ellas mismas á segar aquel año los cam-
1 4 *
pos: allí tuvieron forma de hacer negocio, y tortas escrementicias de buey; quedándose
cambiaron las criadillas por higos secos, y tan sumamente confusos, que no sabían qué
aun les dieron ademas una partida de hongos responder ni decir, al mirarse tan burlados,
salados: embarcáronse, y llegaron al puerto resultando de esto que fue tal el alboroto que
de las lagartijas, y abordaron en pocos dias se levantó de palmadas, silbidos y risotadas,
en otro, que se llamaba el puerto de los esca- que los pobres estuvieron cuasi para ahor-
rabajos : hallándose bastantemente cansados carse de vergüenza, y corridos y avergonza-
y molestados de la mar, se resolvieron desem- dos se escaparon de la plaza: volviéronse á
barcar y descansar en aquella ciudad algu- su aldea, en donde habían nacido, y cayendo
nos dias: hicieron llevar los barriles á la en una gran melancolía, por caso tan impen-
Aduana, y pagaron su entrada, como es cos- sado, se murieron desesperados en pocos días,
tumbre. Los mercaderes se fiaron de los que sin poder tener consuelo.
estaban en la Aduana, de los que fueron ven- Esta fábula me contó, señora, la vieja, y
didos, porque cuando los escarabajos vieron viene pintada á nuestro intento. El Rey nos
los barriles de los higos, idearon un chasco mandó buscar, y nos sacó de nuestro centro,
pesado, y de hecho lo ejecutaron, y fue el de que son las montañas y selvas, creyendo sin
vaciar los higos, y llenar los barriles de es- duda que nosotros seríamos domestica bles,
cremento de los bueyes. Volvieron á com- aptos y muy á propósito para vivir en la
poner los barriles, diéronles sus pasaportes, corte, "y cada dia estoy temiendo le suceda
y se marcharon, y en pocos dias llegaron á lo que á los pobres mercaderes, teniendo
su país. Luego que los vieron acudió la muchos sonrojos, viendo que hacen todos
mayor parte de la ciudad á darles el para- mofa de la mercancía conducida, pues en
bien de haber vuelto á su patria con felicidad. lugar de barriles de higos dulces y sabrosos,
Deseaban ver todas las mercancías que ha- se descubren otros de mercancía asquerosa,
bían conducido, y les instaron que abriesen como lo somos nosotros, quienes imagino
algún barril: acudió tanta multitud de gentes, que en poco tiempo enfadarémos á todo el
y era tanta la confusion de los que querían mundo, como y a por la esperiencia lo hemos
empezado á ver; siendo la causa las grandes
comprar higos, que cuasi estaban sitiados, y
ignorancias y tontadas de Bertoldino, que
se hallaron en peligro de ser ahogados; al
cada dia caminan mas en aumento; con que
fin, como pudieron, abrieron los barriles, y
mejor hubiera hecho el Rey en dejarnos pa-
en lugar de hallar higos, encontraron con las
cíficos en nuestra casa, que habernos hecho pusieron cuando la desposaron con su ma-
venir á ser mofa de palacio: pero ya que su rido : á mí solo me basta saber que puedo
voluntad es esta, así sea, que y o estoy pron- agradarte.
ta para obedecer con todo rendimiento su Rein. Pues qué te podré yo dar, que ser
gusto. pueda de tu gusto?
Marc. T ú nada tienes que poderme dar
La Reina se maravilla de la elocuencia de á mí, pues mas necesitas de un todo que yo.
Marcolfa: Rein. Y o nada he menester, pues coipo
Reina de toda la Italia me hallo con tantos
Rein. Querida Marcolfa, no pudiera creer tesoros y riquezas, que en la tierra no cedo
(sino te hubiera oido) tu grande elocuencia, á nadie en grandeza.
y los ejemplos tan adecuados que has traido Marc. A h ! Tantas cosas te faltan, seño-
al intento. No puedo creer que hayas na- ra, que::::
cido en una desierta montaña, donde todo es Rein. Qué me falta? Deseo que me lo
rustiquez: tu cultura, elocuencia, retórica y digas.
culto modo de hablar, no pueden ser hijos de Marc. No he de salir de esta corte, ó no
los montes y desiertos, sino de alguna popu- he de ser yo quien soy, si no te hago confe-
losa ciudad, donde sin duda debiste de nacer sar que necesitas de muchas cosas; y como
y criarte, tratando con hombres doctos, y á la necesidad se sigue la pobreza; has de
empleada en leer curiosos libros, y si tu ma- confesar que eres mas pobre que yo.
rido, mientras vivió en esta corte, la hizo Rein. Cuando tú me desengañes, y me
maravillar con las sutiles astucias y doctas hagas ver lo que dices, diré que eres la mu-
sentencias, que á cada paso le salian de su ger mayor de todo el mundo. Llevadla
boca, tú no solo haces maravillar, sino que vosotros" á su cuarto paraque descanse; y tú
confundes á los ingenios mas grandes que te Bertoldino, vendrás á menudo á visitarme.
oyen en mi corte; y para señal de mi amor Bert. Qué quiere decir visitar?
y cariño que te tengo, toma este anillo, pón- Rein. Quiere decir que vengas á verme
tele en el dedo, y tráele en señal de lo mu-
todos los dias.
cho que te estimo.
Bert. Pues acaso soy yo algún mendrugo ?
Marc. Una muger viuda no debe llevar Marc. N o lo dije yo, señora? No veis
otro anillo en el dedo, mas que aquel que le este majadero como interpreta vuestro so-
berano mandato ?
Rein. No importa, que en las cortes no Bert. Sí, sí. Y a lo verás, si ella se sube
hacen novedad estas ignorancias, y si no encima de tí, si te da gana de reir ó de
hubiera de todas especies de hombres dentro llorar.
de ellas, no serian divertidas: es, véte á dor- Marc. Calla, babieca, que no sé a quien
mir y descansar, Marcolfa, y lleva contigo á te pareces, pues no puedo creer que de un
tu hijo. hombre de tan elevado ingenio, como era
el de tu padre, haya salido un zoquete seme-
Conversación de Bertoldino y la madre den- jante !
tro de su cuarto. Bert. Y pregunto, quién nació primero, yo
ó mi padre ?
Habiéndolos acompañado á su cuarto, que
Marc. Válgame Dios! Qué mameluco tan
estaba maravillosamente compuesto, y ha-
grande! Cómo quieres tú haber nacido pri-
biéndolos surtido de todo lo necesario, traba-
ron los dos conversación, diciendo Bertoldino mero que tu padre 1 A y pobre de mí! Que
á su madre: yo haya venido á la corte con este gran po-
BerL Madre mia, yo he oido decir, que la llino !
Reina quiere estar sobre todas las demás Bert. Díme, madre mia, al Rey se le da
mugeres, seria muy bien hecho que cuanto el tratamiento de maestro ó de señor 1
mas antes nos volviéramos á nuestra casa; Marc. Y o discurro, que aquel que tú le
porque si ella se pone encima de tí, te ha de des será muy bueno, pues de cualquiera
hacer echar las tripas por la boca, porque es suerte que tú hables, siempre te esplicarás
mas gorda, que la vaca que tenemos en nues- peor. Pero no obstante, si tú quieres que no
tra casa: vámonos de aquí, porque si no se rian de tí, te aconsejo que no abras jamas
verás como te hace reventar. • la boca.
,Bert. Y si se me ofrece bostezar?
Marc. Mira, tonto, que cuando se dice
Marc. Ea, pues, ábrela cuando quisieres,
que le Reina es sobre todas las mugeres, no
que de cualquier suerte la corte ya te ha
es lo que tú entiendes de subirse encima de
conocido por un simplón, dando que reir á
ellas, sino que como señora y dueña absoluta
todos; y lo peor es, que siempre te sucederá
de todas, es mayor que todas, y como tal
lo mismo, pues tus bestiadas irán prosiguien-
debe ser venerada y reverenciada de jus-
do á mas.
ticia.
BerL Con qué las cortes se rien? Y dónde
tienen la boca 1
Marc. Calla que viene gente, y me parece estar dentro de la ciudad; y así me ha pare-
que el Rey viene entrando á nuestro cuarto. cido conveniente el que te diviertas en esta
Bert. Y qué nos quiere á nosotros ese casa de campo, disfrutes de la hacienda que
señor 1 hay en ella, y goces de sus recreos, por lo
Marc. Calla, cierra la boca, y no digas cual te hago donacion de todo lo que en sí
nada ahora. encierra; pero te advierto, que ha de ser
con la obligación de que Bertoldino me venga
Bert. Y a la cierro, mírame bien como la
á ver á mi palacio, á lo menos una vez cada
tengo cerrada. dia. Ea, entrad dentro, y hallareis la casa
Marc. Sí, sí. Tenia bien cerrada, hasta compuesta de todo lo necesario, y si faltare
que yo diga que hables. alguna cosa, haré que luego se os traiga, y
provea de todo cuanto pidiereis.
El Rey cede á Bertoldino y á su madre una Marc. Y o te doy millones de gracias, y
•posesion, que tenia fuera de las murallas agradezco, señor, tu magnanimidad gene-
de la ciudad, para su recreo. rosa ; y o conozco que no tengo ningún méri-
to para tanta honra, siendo yo, señor, una
Todo el tiempo que estuvieron hablando muger criada en rústicos pañales, nacida en
Bertoldino y su madre, el Rey les estuvo países silvestres: no hallo en mi persona
escuchando "con grandísimo gusto y regocijo, circunstancia para habitar en unos sitios
y a por ver la inocencia de Bertoldino, y y a Reales como estos; me convendría mejor,
por la agudeza y talento grande de Marcolfa: según mi clase, vivir en los montuosos llanos
llamólos el Rey, y los condujo en su coche de fieras entre cuevas y peñascos, donde no
fuera de la ciudad á una casa de campo, en habitan, ni la riqueza, ni la cortesía: mirad
la que habia hermosos jardines, fuentes, bos- que á mí no me conviene tanta grandeza, ni
ques y viñas, y un bellísimo estanque de á este bestia, el cual y o no sé si es de madera
peces, con otros varios recreos; y estando ó de y e s o ; pues es tan ignorante y necio,
allí, habló á Marcolfa de esta suerte: que no sirve de nada en este mundo, sino de
Rey. Conociendo yo, y haciéndome el hacer reir á todo el vulgo. Y o , señor, vivo
cargo que estás acostumbrada á tu libertad, aquí avergonzada y corrida de ver que sirve
y sirviéndote solo de recreo el vivir en el de irrisión á todos; y cada dia mas pasmada
campo, no dudo que te servirá de cárcel de que de una agua tan clara y dulce haya
15
salido un pescado tan amargo; de un padre, Bert. Y o quisiera que se fuese de aquí
digo, tan entendido y sentencioso como Ber- cuanto antes.
toldo, haya salido un hijo tan rudo y simple, Marc. Ah, picaro ingrato! Son estas pa-
de quien es tanta su ignorancia, que pregunta labras decentes para decirlas á nuestro dueño
cuando se levanta de la cama, que cuál es lo y señor, despues que nos ha hecho tantos y
primero que se ha de poner en el suelo, si tan grandes beneficios? Por qué quieres tú
los pies ó la cabeza ? Que es á cuanto puede que se vaya?
llegar la ignorancia. Bert. Porque mientras está aquí, no puedo
Rey. Es verdad esto, Bertoldino ? No res- irme á merendar.
pondes ? Porqué tienes cerrada la boca ? Marc. Admirable cortesía! T e parece,
Marc. E s que le he puesto precepto de necio, que es buen modo de usar de tan
que la tenga cerrada. villana descortesía ? Señor, V . Mag. no haga
Rey. Y por qué ? caso de este necio: yo os doy las gracias
Marc. Porque me ha preguntado la mayor duplicadas por tanto bien como nos hacéis,
necedad, que se pueda oir, y es, qué trata- que no soy ingrata como ese bruto, que
miento se le da á vuestra Real personal y desea que os vayais de aquí, con el fin solo
yo le he dicho, que de cualquier modo siem- de saciar su apetito desordenado.
pre hablará bien, como no abra la boca. Rey. Tiene muchísima razón en lo que ha
Rey. Y o discurría que hubiese dicho otro dicho, y ahora digo que no es tan tonto como
desatino mayor; y así no es razón privarle le hacen: ya me voy, quédate en paz, y no
del habla que Dios le dió, antes bien me caen se te olvide de venirme á ver todos los dias:
en gusto estos genios, naturalmente inocentes haslo entendido ?
de nacimiento y no aquellos que se hacen Bert Sí, señor maestro; pero pregunto
tontos con artificio. Ea, Bertoldino, habla, cuál es el dia mas grande, el de la ciudad ó
que yo te doy licencia: qué dices ? Abre la de la villa ?
boca. Rey. Tan grande es el uno como el otro:
Bert. Si mi madre no quiere, y dice que ea, cuidado; no se te olvide lo que te
dig0"
yo la tenga cerrada.
Marc. Habla pues, que ya te doy licencia ; Marc. Y a escampa, y á cántaros llovía;
pero mira lo que dices, reflexiona que estás miren, qué discreta pregunta! Válgame Dios,
delante del Rey. qué jumento! Señor, no faltaré yo á en-
viarie todos los dias por complacer vuestro
gusto.
Rey. Ten cuidado de Bertoldino, Marcol-
fa ; y á Dios, hasta la primera vista.
Marc. El cielo te dé buen viage, señor, y
todo lo que desea mi gratitud.
ALEGORIA SEGUNDA.
Los discursos de los hombres sabios dan sumo
placer y fruto, y al contrario los ignorantes,
que nos divierten exteriormente; pero de
ninguna utilidad, y siempre suele ser muy
velisroso el acostumbrarse con ellos mucho -
tiempo, ó porque corresponden ingratos &
los beneficios, ó bien porque los disipan
inútilmente.

Ridicula simpleza de Bertoldino con las ranas


que estaban en el estanque.
Luego que se fué el Rey, quedaron Mar-
colfa y Bertoldino hechos dueños propieta-
rios de la casa de recreo, en fuerza de la
cesión que el Rey les hizo: estaba adornada
la casa de todo lo necesario para vivir en
ella con las conveniencias, que pudiesen de-
searse, y entre los recreos deliciosos de los
jardines habia un estanque, que contenía
gran diversidad de pesca; pero entre ella,
como es natural, se criaban ranas. Sucedió
que un dia que Bertoldino estaba asomado
en el borde del estanque, divirtiéndose mi-
rando los peces, que corrian y saltaban en
el agua, reparó que al mismo tiempo nada-
ban°y cantaban muy recio un gran número
de ranas; y como el modo de su canto es
tan particular, que parece que dicen cuatro,
cuatro, Bertoldino creyendo que le decían Marc. Te han interrumpido con su grite-
que el Rey no le había dado mas que cuatro ría el sueño ?
escudos; habiéndole dado mil, fi.ése cor- Bert. Mucho peor es lo que me ha suce-
riendo a casa muy enfadado, v tomó el co- dido.
frecillo en donde estaban los 'escudos, con Marc. Pues qué te han hecho? Acaba,
que el Rey le habia regalado; los llevó al
dílo.
estanque, y tomando puñados de ellos, los
tiró hacia donde las ranas cantaban, dicién- Bert, No te acuerdas que el Rey nos ha
doles al mismo tiempo: Tomad, animales de regalado con un cofrecito lleno de escudos ?
Barrabas, contad el dinero, y vereis si son Marc. Sí me acuerdo; pero por qué dices
mas de cuatro ; pero como con todo esto las eso?
ranas no callaban, antes hien redoblaban Bert, Pues has de saber, que dieron en de-
mas su grito, tomando mas puñados, que la cir aquellas malditas bestias, que no nos ha-
vez primera decía: Tomad, canallas, y ve. bia dado mas que cuatro, y y o oyendo una
reís como el Rey nos ha dado aun mas de mil mentira tan grande, paraque se desengaña-
escudos . C o n t i n u ó con los puñados, y acabó ran, les eché un buen puñado; pero con todo
con el dinero; pero no bastando aun todo esto proseguían en decir cuatro, cuatro;
esto para aquietar su canto, se llenó de ira, echéles el segundo puñado, y siguiendo con
y con grande enfado tiró al agua el cofrecillo su tema, me vi precisado á arrojárselos to-
de los escudos; y diciéndoles muchos opro- dos, y no obstante siempre metían mas al-
bios, se volvió a casa muy colérico, que pa- gazara sin salir de sus cuatro: viendo yo la
recía un tigre furioso. H P obstinación de semejante canalla, me enco-
lericé, y les tiré también el cofrecillo, para-
Despues de la locura que habia ejecutado, su que de este modo contasen la cantidad, y
madre le preguntó de este modo: quedasen desengañadas de la porcion que el
«^traes'BertoIdino' R e y nos ha dado; la cual ahora ellas volve-
rán á poner todo en el cofre, é iré yo allá
paraque me lo entreguen, y lo volveré á traer
Bert. Estoy colérico con las ranas del á casa con todo el dinero dentro, pues son
estanque.
gentes muy seguras, y no faltará un escudo.
Madre mia, qué dices de esto ? No he obrado
dañoT' PUeS P°r qUé 1 Te han hecho a]gün
como hombre de bien, para desengañar aque-
Bert. Ellas lo saben muy bien. llas bestias ?
Marc. Con que has arrojado los escudos quiero ir allá, y echar sobre ellas toda esta
casa. .
en el estanque?
Marc. A y pobre de mí! A donde vas í
Bert. Si ellas decian que no eran mas que
Bert. Pues haced que se estén quietas, y
cuatro, he hecho muy bien en desengañarlas
que callen; porque si no::::
de que son mas de cuatro, y aun de cuatro
Marc. Aquiétate tú, que yo haré que los
cientos, los escudos.
pescadores con cierto bocadito las cojan ; y
Marc. Ah pobre de mí! Ah desdichada
así no te darán mas enfado : espérame aquí
Marcolfa! Salvage, loco incapaz, no sé
en casa, que quiero ir á la ciudad para ver
como no te ahogo entre mis uñas! Qué dirá
si los encuentro: yo haré que las cojan to-
el Rey cuando tenga noticia de semejante
das, ya que has dado en esa tema: no te
locura ? E s natural que se irrite y nos des-
apartes de casa, paraque no nos roben lo
pid i > or tu culpa, gran bestiaza. Si en sa-
que hay en ella.
biéndolo te echase á una galera, seria bien
merecido. ¡ Qué loco en su mayor manía
pudiera hacer locura tan desatinada! Bertoldino hizo pedazos todo el pan que habia
Bert. Su Maestranza diga lo que quisiere, en casa, y lo arrojó en el estanque.
él tiene la culpa, tuviera él enseñadas sus Despues que se fué Marcolfa, hizo Bertol-
ranas á que supiesen los escudos que él re- dino otro desatino, y por mejor decir, otros
galaba : y lo peor de todo ha de ser, que si dos aun mayores, que el primero. Habiendo
prosiguen ellas en gritar, me enfadarán de oido decir á su madre, que las ranas se co-
tal suerte, que les tiraré todos cuantos trastos gían con un bocado, imaginó que á fuerza
y muebles halláre en casa; yo espero que lo de bocaditos de pan lo conseguiría antes que
verás, como prosigan en marearme la cabe- volviese su madre: oyó que cantaban de la
za, pues de este modo yo les enseñaré á que misma forma, y no pudiéndose contener de
no hagan mofa de mí; y cuidado conmigo, lo encolerizado que estaba, fuése adonde es-
que soy y o mas bestia que todas ellas. taba el pan, lo partió todo en bocados, y
Marc. En tu vida has dicho mayor ver- llenó un saco de mendrugos: fues-e al estan-
dad ; y si cabe, eres mayor bestia que todas que, y todo lo echó dentro de golpe: al caer
las bestias juntas. en el agua, todas las ranas se bajaron al
Bert. Venid conmigo, y oiréis su maldita hondo, y los peces se subieron arriba con el
obstinación, pues ahora hacen mas ruido: cebillo del pan; pero como eran los peces
180 RIDICULAS SIMPLEZAS

muchos, tropezaban los unos con los otros,


de suerte que parecia que tenían una batalla
muy sangrienta entre ellos. En fin, en muy
poco tiempo dieron fin al socorro de los
mendrugos: viendo Bertoldino que se habían
comido el pan, y que las ranas no las podia
coger, pensó en vengar en quitar la vista á
los peces, porque se habian comido todo el
pan: fuese á casa muy rabioso, cargó con
un saco de harina, con el fin de echársela en
los ojos, y según fuesen subiendo arriba ce-
garlos: trajo el saco, y con una pala iba
echando harina sobre los peces, creyendo el
pobre inocente, que con este arbitrio los de-
jaría todos ciegos; pero como ellos estaban I
debajo del agua, no los ofendía, ya se ve,
semejante industria. Con este disparate echó
en el estanque todo el saco de la harina;
volvióse á casa muy contento y satisfecho
de que habia tomado venganza por sus ma-
nos, dejando los peces ciegos.
ALEGORIA TERCERA.

Los hombres insípidos y bufones, músicos y


farsantes reducen á algunos locos á un tan
grande y deplorable estado, que despues
aunque caven y fomenten lo poco que les ka
quedado, quedan hechos á lo último una
tortilla. La prudencia ó el juicio, tarde ó
nunca se recupera, sino con solo un don
puro particular del cielo, que se le conceda
para remediarse.

Bertoldino se mete dentro de un cestón, en


donde habia una gallina clueca, y en lugar
de ella se sienta él sobre los huevos.

Habiendo hecho Bertoldino la bobada re-


ferida, volvió á casa, y reparó que en un rin-
cón habia una gallina clueca en un cestón,
empollando unos huevos, fuese á ella, quitóla
de encima de ellos, y él se encajó dentro de
la cesta, poniéndose en acción de empollar-
los; pero lo mismo fué sentarse sobre los
huevos, que romperlos todos, y la lástima
fué que estaban ya cuasi para empezar á
nacer los pollitos. Estándose metido en la
cesta, llegó Marcolfa, quien no habia ido á
la ciudad á buscar los pescadores, como le
habia dicho al salir, sino que con este motivo
fué á ver á la Reina, y á darle un rato de madre, la cual como lo vió tan pringado por
diversión y de gusto, que le tenia muy grande detras de las claras y las yemas de los hue-
cada vez que veia á Marcolfa; llegó á casa, vos, que habia roto, muy indignada empezó
y llamó á la puerta, pero no le respondía; á gritar, diciendo:
volvió segunda vez á llamar, y lo mismo;
Marc. Ah picaro, traidor, infame, qué has
golpeó tercera vez, y llamándole por su nom-
bre, empezó á dar voces, diciendo: hecho ?
Marc. Bertoldino, Bertoldino, vén, hijo, y Bert. Qué tienes? De qué te alborotas!
ábreme la puerta. Marc. Grandísimo bestia, qué quieres que
Bert. Y o no puedo ir á abrirte. tenga ? No ves qué buena hacienda que has
hecho? Puerco, mira c o m o estás pringado !
Marc. Por qué no puedes venir? Qué
ahora voy corriendo á pedir al Rey licencia,
haces ?
paraque me deje volver á la montaña, pues
Bert. Estoy metido en la cesta de la
con los desatinos y brutalidades tuyas no es
clueca.
posible poder vivir mas entre gentes; ahora
Marc. Y qué haces dentro del cesto ?
conozco la prudencia de que usó tu padre,
Bert Estoy sacando los pollitos.
en no querer revelar á nadie que tenia hijos,
Marc. T ú sacar pollos? A y desdichada
pues bien previsto tenia, que tú no le ser-
de mí! que habrá quebrado todos los hue-
virías mas que de sonrojo y vergüenza. Qué
vos. Ea, ven, abre la puerta.
bestia hubiera hecho tal desatino, como rom-
Bert. Y a he dicho que no puedo ir, por-
per los huevos, y ahogar los pollos, que
que empiezan á nacer ahora, y siento ya que
empezaban á nacer ? Fuera de esto, mírate
uno me está picando en las posaderas.
bien, qué limpio estás. Qué dirá el Rey
Marc. Hay muger mas infeliz! Qué haré
cuando te llame y te pregunte por qué estás
yo con este bruto? O nunca yo hubiera
tan poco limpio y tan indecente? Y qué
venido aquí con este tonto! Bertoldino, Ber-
responderás tú á eso?
toldino, ábreme.
Bert. Diréle que yo he hecho una tortilla
Bert. Madre, poquito á poco, que la clueca en mis asentaderas.
me está mirando, y no quiere apartarse del Marc. O ! Qué respuesta tan decente, muy
cesto. propia de tu grande discreción! Ea, quítate
Marc. Ven hijo mió, y ábreme la puerta. al punto esas medias, pónte otras, y vamos
Bert. Espera un poco, que y a voy. á comer, que es preciso ir los dos á la ciu-
Salió Bertoldino de la cesta, y abrió á su dad.
DE BERTOLDIIÍO.

Bert. Y qué has de comer, si en casa no el pan de las ranas, tomé el saco de harina,
hay un bocado de pan ? y todo se lo he tirado á los ojos.
Mure. Cómo, qué no hay pan? No dejé Marc. Y para qué has hecho eso ?
yo mucho de sobra al salir ? Bert. Con ánimo de cegarlos, y yo discur-
Bert. Es verdad. ro que muchos habrán cegado, y no verán
Mcirc. Pues adonde lo has echado ? mas* luz en su vida, pues á paladas les tiraba
Bert. No me dijiste que las ranas se co- la harina sobre los ojos.
gian con un bocado ? Marc. Válgame Dios, qué locura! Ojalá
Marc. Sí dije; y qué quieres decir con yo te hubiera ahogado al tiempo que te parí!
eso? O Bertoldo mió! Sí tú vieras esto, qué dirías?
Bert. Pues en esa inteligencia todo el pan T ú que eras un manantial de sentencias, qué
que habia en casa, lo he echado en el estan- harías al oir tales y tan estravagantes sim-
que en bocados, para poder coger las ranas; plezas! Ea, vamos, disponte para ir á la
pero los malditos peces acudieron luego al ciudad, porque el Rey te quiere ver.
pan, y se lo comieron todo, de suerte que no Bert. Y por qué no viene él acá, si tiene
han dejado á las ranas el mas pequeño boca- gusto de verme?
do : pero no te dé cuidado, que despues les Marc. Sí por cterto, mas razón era que el
he hecho una burla, que> has de reir mucho Rey te viniese á ver á tí. L a merced, que
con ella: empieza á reir, ríete con Barra- me has de hacer, es callar, cerrar la boca,
bás. y no la abras, hasta que vuelvas á casa, y
Marc. Qué yo me ria! Ah, infame, buena no sea como otras veces, que no obstante el
cosa has hecho para hacerme reir; mas habértelo mandado, no me has obedecido.
seguro es el que con tus tonterías me hagas Bert. Y si el Rey me pregunta alguna
llorar. Veamos qué burla ó qué chasco les cosa, si no puedo abrir la boca, cómo quieres
has pegado? Dílo que bien discurro será que le responda?
otra locura mayor que la antecedente. Marc. Calla tú, y deja eso á mi cuidado,
Bert No sabes que habia un costal de ha- que yo hablaré por los dos.
rina en casa ? Bert. Pues ya la cierro, mira si está bien
Marc. Sí, y a lo sé; qué será esta segunda cerrada.
locura ? Marc. Así la has de tener, y no la abras,
Bert. Pues como yo estaba tan enfadado hasta que yo te lo mande, si no quieres pa-
con los peces, por ver que se habian comido garlo bien, cuando volvamos á casa.
Despues de todos estos debates, Marcolfa según lo ponderas, das á entender ha come-
y Bertoldino se fueron á la ciudad, y luego tido algún delito gravísimo ? Dílo presto, y
que los llegó á ver el Rey, les hizo muchas no te aflijas, que aunque sea el mas grave y
demostraciones de cariño: preguntó á Ber- mas enorme, que se pueda cometer, yo le
toldino cómo estaba ? pero él, con su boca perdono al instante.
cerrada, no respondía. Entonces el Rey se Marcolfa contó al Rey todo lo que habia
volvió á Marcolfa, y le dijo: sucedido con Bertoldino, lo de los escudos, y
Rey. Por qué no responde á lo que yo le el pan arrojado en el estanque á las ranas, y
pregunto? Ha perdido acaso el habla? ó le la harina a los peces; y por último la saca-
ha dado algún accidente, que le impida poder dura de los pollos, con todos los demás de-
hablar ? satinos que habia ejecutado. El Rey, en
Marc. Mejor hubiera sido, señor, que hu- lugar de reprenderle, empezó á reir de tal
biera nacido mudo, que de esa suerte no forma, que se vió obligado, por no poder
hablara tan enormes desatinos, ni hiciera mas, á tirarse sobre la cama, hasta mucho
tales locuras, como las que ahora acaba de tiempo despues, que se levantó como pudo;
ejecutar, miéntras yo me salí fuera de casa. aunque disimulando la risa, y vuelto á Mar-
Rey. Qué es lo que ha hecho? Se ha colfa, le dijo:
meado acaso en la cama ? Rey. Son estas las culpas tan graves, que
Marc. Señor, es mucho peor. me querías decir? Y o imaginaba que fuese
Rey. Se le ha movido ó aflojado el vientre? cosa de mas entidad; ántes ha hecho muy
Marc. Mil veces peor. bien de enseñar á las ranas como han de
Rey. Pues qué cosa peor puede haber he- hablar: no te aflijas, que no te faltará dinero,
cho? No sé qué cosas sean mas sucias y ni pan, ni cosa de todo cuanto hubieres me-
mas indecentes que estas. nester.
Marc. Señor, cuando te lo diga, yo sé que Marc. Señor, ya que á tí te gusta y te
te has de enfadar, y con muy justa razón, y complaces de todo lo sucedido, por lo que á
así te vuelvo á decir, que hubiera sido mejor mí loca, no hablaré ya mas palabra: yo,
que nos hubieras dejado en nuestras monta- viendo que este ignorante no tiene aquel res-
ñas, y no conducirnos aquí, donde sean cono- peto y comedimiento á V. M. debido, le he
cidas de todo el mundo las tontadas de este puesto precepto de que no abra la boca, hasta
necio. la vuelta de casa, porque tiemblo no pro-
Rey. Pues qué ha hecho este pobre, que rumpa en tonterías indignas de tu prudencia.
RIDICULAS SIMPLEZAS

Bert. Y o seria burro, si tú fueras mi mu-


Rey. Pues yo nuevamente le doy licencia
ger, pues hablando con verdad, tu presencia
panqué abra la boca, y que hable cuanto
es solo de burra vieja.
quisiere; llevádle al cuarto de la Reina, pa-
Libr. Si me quito la chinela, te la he de
raque tenga un rato de gusto, y se divierta
tirar á la cara, villano, puerco, grosero y
con su inocencia. Y tú, Bertoldino, aunque
desatento con las mugeres; quién te ha dado
haya delante damas y señores, habla como
libertad para ser tan descortes con una mu-
quisieres con toda libertad, y lo que te pa-
ser de mis circunstancias y de mi esfera?
rezca, sin miedo, reparo, ni sujeción.
Vete á tu aldea, villano, á guardar^cabras
montesas, que es mas propio para tí, que el
Bertoldino arma una quimera con una de las tratar con racionales.
doncellas de la Reina, que se llamaba Li- Bert. Y o no espero ver mejor cabra que
brada. tú, pues te pareces á ellas hasta en el rumiar,
cuando se" comen la sal.
Entraron Marcolfa y Bertoldino en el
Libr. Guárdate de mí, insolente, que si te
cuarto de la Reina, la cual los recibió con
cojo, te he de romper ese hocico de le-
mucho agrado, haciéndoles muchas espre-
cho n.
siones de cariño; y como el Rey había dicho
Bert. Si tú me rompes los hocicos, yo
á Bertoldino que hablase con libertad, inter-
también he de aplanarte con mi zapato esa
pretó este término con el nombre de una de
nariz de lechuza.
las doncellas de la Reina, que se llamaba
Librada; hallábase esta presente cuando el Rein. Calla, Bertoldino, y díme, quién te
entró, y en lugar de llamarla por su nombre, ha mandado que digas semejantes picardías
empezó á saludarla con los mayores dispa- á mi doncella ?
rates v desvergüenzas, que su corto entendi- Bert. El Rey me lo mandó, y si no pre-
miento le dictaba; y con términos muy rús- gúntaselo á mi madre, que ella dirá como es
ticos, y en estremo chavacanos le dijo: cierto.
Rein. E s cierto esto, Marcolfa ?
Berl. Libertada, cuánto darias tú por ser
Alare. Serenísima señora, yo varias veces
bien apaleada?
tengo hechas mis protestas, he dicho al Rey
Libr. Y por qué habia yo de ser apalea- que este muchacho no conviene dentro de la
da? Los palos se emplean mejor en los bur- corte, y que puede ser perjudicial en alguna
ros como tú.
ocasion, y y a tiene enfadados á muchos;
pues no todos se hacen el cargo, ni re- mas con sus damas, que mirase muy bien lo
flexionan el que está fatuo: yo, porque no que hacia, si no quería como descortes y
dijese algún desatino delante del Rey, le puse desatento, esperimentar un riguroso castigo:
precepto de que tuviese la boca cerrada, que se agarrase de la modestia, que esa era
hasta que volviese á casa; pero no solo le en la corte la mejor prenda. Bertoldino, ca-
ha dado licencia vuestro esposo paraque llando á todo, correspondió con una gran
hable, sino que permitió que hablase como lo cortesía al uso de la montaña, prometiendo
pareciera y con toda libertad; y como este á la Reina hacer lo que le mandaba, y así se
Druto todo lo entiende como suena, y al partieron á su casería.
reves; habiendo oido llamar vuestra doncella
con el nombre de Librada, ha pensado el Bertoldino por las palabras que la Reina le
gran salvage, que el Rey le había dicho que dijo, se agarra á los guardapieses de la
le dijese lo que se le viniese á la boca: este muger del Hortelano, que se llamaba Mo-
es el motivo de haberla tratado con la des- destia.
cortesía que has visto.
Habiendo llegado á su casería, como Ber-
toldino llevaba en su memoria lo que la Rei-
El Rey regala segunda vez & Berloldino con na le habia dicho, y prometido el ejecutarlo,
cincuenta escudos. comprendió al reves según su rudo entendi-
i
miento, y fue, que se encontró con la muger
Cuando la Reina oyó semejante tontería del hortelano, que se llamaba Modestia: él
echó á reir de tal forma, que no habia modo creyó que le habian dicho que aquella era la
de poder contener la risa: llegó el Rey en modestia, y sin decir nada se tiró á ella, su-
este punto, y preguntó el motivo, diéronle jétándola de los guardapieses de tal suerte,
noticia de todo lo sucedido: renovóse la risa que la llevaba tras de sí, dándole muchos
en el Rey, y despues que se aquietó, le hizo tirones, con tal fuerza, como cuando un lobo
regalar (qué fortuna en un villano indiscreto) tira de una pobre oveja: era tal el esfuerzo
con cincuenta escudos de oro, y se volvió á y la inquietud con que la traia, que cuasi la
su casa; pero ¿ntes que se despidiese, la tiró las faldas sobre la cabeza: viéndose ar-
Reina le dió una buena reprensión, dicién- rastrar de ese loco, que así es bien que se le
dole: Que en adelante no se desvergonzara trate, empezó á gritar de tal forma, que lle-
17
gándola á oir su marido, acudió prontamente gaba le dijese, si había sido su voluntad el
con un buen palo en la mano, y viendo que que Bertoldino cometiese tal infamia, como
arrastraban á su muger de aquel modo, iba la que habia ejecutado de llevar arrastrando
á tirarle el garrote á la cabeza; mas por á su muger públicamente, levantándole los
respetos de lo que el Rey le queria, dejó de vestidos sobre la cabeza, con otras muchas
hacer en sus costillas lo que merecía; pero - indecencias, dignas de callarse: la Reina le
agarrándole, aunque con harto trabajo, se la respondió, que tal cosa no le habia mandado,
quitó de las manos, y despues le dijo así: ántes bien le habia predicado, á fin de que
Horí. Bestia, incapaz, quién te ha enseña- aprendiese el modo y la cortesía de que ha-
do á usar con las mugeres una acción tan bia de usar para vivir en la corte, y que
rústica y tan villana como esta ? tuviese siempre presente la buena correspon-
Bert. L a Reina. dencia, para lo cual le seria muy útil el
Hort L a Reina! Qué mal ha hecho á la abrazarse con la modestia, pues este seria
Reina mi muger, para mandarla arrastrar el camino verdadero paraque todo el mundo
de esta suerte 1 le tuviese en buen concepto; pero yo, ni le
jBert V é tú á preguntárselo, que ella te lo he dicho ni le he mandado, ni me ha pasado
dirá ; despáchate luego, y vuelve. por el pensamiento, que se agarre con tu
Hort. Y a voy con deseo de averiguar esta muger, ni se abrace con otra cualquiera de
infamia. ^ la ciudad.
Bert Anda, vé y vuelve presto, paraque Hort. A y , señora, que mi muger se llama
yo pueda aprender cortesía, pues también Modestia!
me dijo la Reina que la estudiase. Rein. Modestia se llama tu muger ?
Hort. Sí señora.
Marcha el hortelano á la ciudad, para verifi- Rein. Y a comprendo bien lo que es, lo
car si la Reina era el motivo de la acción mismo que sucedió con mi camarera Libra-
de Bertoldino. da ha hecho con tu muger, él lo ha interpre-
tado al contrario; pues le dijo el Rey que
Despues de todo lo acaecido, sin detenerse, hablase con libertad, y pensó el majadero
marchó el hortelano, ciego de cólera y rabia, tener licencia para desvergonzarse con ella;
y se echó á los pies de la Reina, refiriéndole de tal suerte, que ha sido menester valerse de
el caso sucedido, y al mismo tiempo le ro- la fuerza para apartarle de ella.
Hort. Esto ha sido mayor bestialidad, y nester de ninguna otra persona de este mun-
siento que el nombre de mi muger haya sido do, como te necesito y o ahora.
la causa de tal desorden en este idiota: bien Marc. El haber de menester, nace de la
me hice cargo, que una señora de vuestras necesidad; la necesidad viene de la pobreza;
prendas, y de prudencia tan grande no habia y la pobreza viene de aquello que se carece:
de haber mandado una acción tan indecente ; y habiéndome tú menester, vienes á ser mas
y así, si me dais vuestra licencia, me volve- pobre que y o ; pues no teniendo yo necesidad
ré al punto á casa, pues estoy con alguna in- de tí, ni de tu riqueza, claramente te he pro-
quietud, no sea el diablo que haga algo peor bado, que por grande y poderoso que sea uno,
aquel bestia, que lo pasado. siempre ha menester á otro.
Rein. Véte, y di á Marcolfa que venga á Rein. E s verdad; y con una razón tan
verme cuanto ántes, que tengo precisión de concluyente me lo has probado, que te ase-
hablar con ella. guro, que nunca mas me alabaré que soy tan
Hort Señora, voy al punto para obedecer feliz, que no tenga en este mundo de nadie
tus órdenes. necesidad; pues como tú dices, ahora que te
Marchó el Hortelano á su casa, y encerró he menester, vengo á ser mas pobre que tú,
á su muger en un cuarto, temiendo que co- que no me has menester á mí: pero dejemos
metiese alguna otra picardía aquel salvage: por ahora este discurso, y vamos á lo que
le aplacaron su enojo; y se aquietó el alboro- mas me importa, y es, el que me ayudes en
to, sin haber sucedido daño alguno. El hor- una cosa mia de bastante importancia.
telano avisó á Marcolfa, paraque fuese á ver Marc. Como sea cosa que pertenezca y
á la Reina, encargándole fuese cuanto mas sea decente á tu persona, aquí me tienes pron-
ántes pudiese: ella, sin perder tiempo, se fué ta para servirte.
á la corte, y se presentó delante de la Reina; Rein. Si no fuera decente y correspondien-
haciéndole su cortesía muy humilde y obse- te, no te hubiera hecho venir con tanta ins-
quiosa: la Reina la recibió con cariño; y tancia. Has de saber que esta noche pasa-
haciéndola sentar junto á sí, con sumo amor da la tuvimos divertida, con una gran músi-
y apacible rostro, le dijo: ca, cantando y bailando, con grande alegría
Rein. Querida Marcolfa, yo tengo preci- y regocijo, y al último se determinó hacer
sión de tu persona, y necesito de tí: en tanto un juego entre todas las damas y caballe-
grado, que no creo haya jamas habido me- ros, en que el que perdia pagaba una prenda;
1 7 *
y para rescatarlas, se mandaban varias peni- Rein. Cómo es posible? Y la tengo y o
tencias : á unos se les hacia representar: á por una cosa tan dificultosa !
otros se les mandaba, que echasen una déci- Marc. Y o te la descifraré al instante.
ma de repente: á otros, que dijesen versos Rein- Me será de sumo gusto.
heroicos: y á otros, que escribiesen cartas Marc. El enigma se descifra, diciendo:
amorosas; en suma, á unos una cosa y á otros Que es el molinero, el cual se halla en un
otra, según el parecer de aquel que tenia las molino de aquellos que no tienen agua bas-
prendas: y habiéndome también á mí tocado tante para moler; este, como no muele, no
pagar una prenda, he dado una sortija con puede ganar para poder comprar vino, y así
un diamente, y me han dado un enigma, para- le es preciso beber agua por necesidad, por-
que le esplique esta-noche, y miéntras que no que si tuviera agua para moler, entonces ten-
lo acierte, no me volverán mi prenda : el enig- dría dinero para comprar vino, y no le seria
ma es este: No tengo agua, y bebo agua; y si preciso beber agua. Esta es la esplicacion
yo tuviera agua, bebería vino. Siendo tan del enigma; estáis ya enterada de ella ?
difícil, despues de haberme quebrado la ca- Rein. Y a quedo'hecha cargo; y verdade-
beza mucho tiempo, no lo he podido adivinar; ramente conozco, que esta es su interpreta-
y cuanto mas pienso en ello, mucho ménos ción, la que yo nunca hubiera adivinado; y
acierto, y mi diamante corre peligro, si no ahora estoy asegurada de que cobraré mi
descifro lo que significa la pregunta. Esta prenda: y así sigamos en hablar de otra ma-
es la precisión que tengo de tu persona; sé teria, para divertirme en mi melancolía, pues
muy bien que Dios te dió un ingenio agudo con tu conversación me olvido de ella.
y sutil, y me acuerdo, que me dijiste en una Marc. Mala c o s t e s cuando el rio sale de
ocasion lo que queria decir este misterioso madre; pero mucho peor cuando están de
enigma, pero á mí no se me acuerda la es- mal humor el hombre y la muger poderosa.
plicacion: y así en este lance es menester Rein. Pues por qué ?
que recorras la memoria, paraqué yo pueda Marc. Porque el rio espanta solamente á
acertar, y cobrar así mi prenda. los campos que están vecinos á él; pero el
- Marc. Si no es mas que esto, por mi cuen- hombre poderoso, que se halla con mal hu-
ta queda el que quedeis con lucimiento; esta mor, espanta á todos sus estados y atemoriza
es cosa que la saben los pastores en mi mon- á sus subditos.
taña. Rein. E s verdad; pero eso seria cuando
el humor procediese de algún estraño pensa-
salido de unos padres tan agudos un hijo tan
miento, ó de alguna vaga imaginación, ó de
falto de juicio.
haber recibido algún ultraje, con deseos de
Marc. Y a sabéis, señora, que cuando las
aspirar á la venganza, ó por deseo de alguna
mugeres estamos embarazadas se nos anto-
empresa, y no poderla lograr; pero mi hu-
jan cosas muy estrañas, y ha sucedido el
mor no procede de ninguna de estas cosas,
antojársele á una el comer sesos de liebre y
ni tampoco te puedo decir cuál sea el motivo
mollejas de mosquitos, de suerte que unas
de este mal humor que me aflige.
desean cosas muy fáciles, y otras las mas
Marc. Quien tiene humor, no tiene sabor. difíciles y estrañas, según á su imaginación
Rein. No te entiendo. se les previene ; y hay mugeres tan antoja-
Marc. Hablaré de manera que me en- dizas, que apetecen cuanto ven: quiero, pues,
tiendas. El agua por qué se dice que es esplicarte lo que á mí me sucedió, cuando
húmeda 1 me hallaba embarazada de este zángano. Se
Rein. Porque es un humor que moja, hu- me antojaron unos sesos de una ánade, y
medece y ablanda por donde pasa. como el antojo fué nacido de mi aprehensión
Marc. Dices bien; pero cuando se bebe, y delirio en la cabeza, este la ha sacado
qué sabor deja en la boca 1 igual á la del mosquito, con unos sesos de
Rein. Ninguno, porque es insípida. ánade, que es uno de los animales mas ton-
Marc. Pues ved ahí claramente porque tos, que Dios crió en este mundo; siendo tan
aquel que está de mal humor no tiene sabor privado de instinto, que por la noche no sabe,
alguno, porque no da gusto á aquel que le ni halla su cama ó nido, en que acostumbra
comunica, y suele causar enfado á todos los á dormir: este es el motivo y causa de que
que le tratan; aunque es verdad que hay sea Bertoldino tan necio, siendo tan agudo
humores diferentes, alegres, melancólicos, su padre, y yo tan tonta como él.
pacíficos, gustosos, enfadosos, falsos, ligeros, Rein. Marcolfa, es preciso tener pacien-
simples y tontos, como se ve patentemente cia, que otros hay que son peores que él, y
en mi hijo Bertoldino, el cual, por ser tan yo no veo que haga cosas tan insufribles,
gran bestia, tiene entre todos los tontos el que no se puedan tolerar: basta por ahora:
primer lugar su simpleza. véte, y dale de merendar, que ya discurro
Rein. Ño me admira á mí el que sea ton- será hora para él.
to : lo que mas me maravilla es, que haya Marc. Voime á mi casa al'momento: yo
ALEGORIA CUARTA.
Un genio rústico y villano trata indistintamente
á las libres, y viciosas, como á las virtuosas
y modestas. La ignorancia va siempre unida
de la presunción y espanto, y muchas veces
seguida con la confusion, y la vergüenza, por
lo cual el hombre de juicio se sirve de otros
vicios para dar mas brillo á su sabiduría, y
ganar ó conquistar mas honor, y ser alabado.

Bertoldino vuela con las grullas.


Interin que la Reina estaba hablando con Mar-
colfa, Bertoldino se habia ido á casa, y entrando
en el corral, vió volar una infinidad de grullas, y
al punto imaginó que las podria coger con grande
facilidad; pues habia reparado que bajaban al
suelo á beber en una artesa, que habia para el
uso del ganado; discurrió varios arbitrios, y no
halló otro mas fácil, que el de ver como las habia
de emborrachar, como de hecho así lo ejecutó:
fuése á la bodega, y tomó un barril de vino muy
especial, con que el Rey habia regalado á su
madre, y cargando con él, lo echó dentro de la
artesa: despues se escondió en un rincón para
ver beber las grullas, y qué efecto les causaba;
apénas lo ejecutó, cuando bajaron todas al olor
de tan buen vino: cercaron toda la artesa, empe-
zaron á gustar de una tan dulce bebida: tanto
bebieron, que llegaron de tal suerte á emborra-
charse, que cayeron todas, unas por un lado, y
otras por otro; de modo que parecía al que las
veía, que todas se habian quedado muertas:
viendo Bertoldino tal espectáculo, fué corriendo
18
con grande alegría, y una por una las fué cogien-'
do, y poniéndolas al rededor del cinto ó ceñidor
que tenia llevándolas todas ensartadas por los
pescuezos: determinó salir así á recibir á su ma-
dre cuando viniese, creyendo haber ganado un
gran trofeo; luego que vió á lo lejos á su madre,
saltaba de alegría y gritaba diciendo: Mira las
grullas, mira las grullas. Sucedió la fatalidad que
con su inquietud tan continua, y el haber pasado
algún tiempo, habiendo las grullas digerido el
vino, empezaron á sentir la opresion del cinto; y
viéndose oprimidas con mortales y terribles an-
gustias, empezaron á sacudir las alas, esforzán-
dose para ver si podian escaparse de aquel lazo :
de tal suerte apretaron los vuelos, que como eran
muchas, no pudo resistir con su fuerza á la de las
grullas, y consiguieron levantarle en alto, lleván-
doselo hasta una muy distante altura. Venia de
la ciudad á su casa Marcolfa, y reparó que Ber-
toldino andaba levantado en el aire, y no sabiendo
el motivo de una cosa tan estraña, toda trémula,
confusa y afanada, empezó á gritar, diciendo:

Marc. A y pobre de mí, qué es lo que veo! Ah,


Bertoldino, qué es lo que te ha sucedido? Dímelo.
Adonde vas ?
Bert. Voy á cenar con las grullas: sosiégate,
que yo volveré muy presto.
Marc. Desdichada de mí! Bertoldino? Bertol-
dino?
Bert. Ya no soy Bertoldino, que goy grulla.
Marc. A y de mí, que las grillas se llevan á
mi hijo! Dios sabe si le volveré á. ver mas, vén
muerte, y acaba conmigo, que no quiero estar
mas en este mundo; vén, y con esto me quitarás
tantos disgustos como paso.
ALEGORIA QUINTA.
Todo aquel que desea ensalzarse con plumas
y con el sudor de otros, ordinariamente
fabrica su precipicio, y da compasion á los
hombres capaces y juicios, os que de antema-
no ya lo tienen previsto; y á otros les causan
gusto sus propios males, que le acaecen ; y
por no privarse de esta loca delicia, se
encierran y fian de los medios de la razón,
esperando que se les serán subministrados
para librarse de todo riesgo.

Vuelven las grullas el vuelo hácia el sitio donde


habían bebido: rómpese el cinto á Bertol-
dino, y cae en el estanque.
Mientras Marcolfa se quejaba de su des-
dicha, las grullas habían levantado ya á Ber-
toldino á una altura muy bastante: volvieron
el vuelo hácia el sitio donde habían bebido,
y casualmente sucedió la desgracia, de que
atravesando por encima de un estanque de
agua, en donde habia bastante pesca, se
rompió el cinto con que ellas estaban sujetas,
V el pobre, á imitación del infeliz Icaro, cayó
de cabeza, con las piernas hácia arriba,
dando con todo su cuerpo un terrible golpe
dentro del agua; de tal suerte, que con el
18*
estruendo toda la pesca se salió á la orilla; pan tan mal empleado el que comes! Vamos
pero como la fortuna está guardada solo á casa, te quitarás ese vestido, y te pondrás
para los tontos, despues de haberse zambulli- otro enjuto. Qué bien dice aquel prover-
do muchas veces en el agua salió fuera sin bio : A •los locos no se les da nada, aunque se
lesión alguna; llegó Marcolfa en este tiem- hundan todas las estrellas del cielo! Mírese
po, y viéndole hecho una sopa de agua, le por esperiencia en este: el peligro tan grande
preguntó lo sucedido, diciendo: en que se ha hallado, y él lo toma por modo
Marc. Pobrecito mió, díme, cómo te lle- de juguete: yo no sé lo que me haga con
vaban por el aire la grullas? este grande jumento; pues cada día hace
Bert. Las emborraché con aquel barril de mas horribles disparates. Ea, marcha á
vino, que nos envió el Rey de regalo. casa.
Marc. A y desdichada de mí! Qué has Bert. No quiero ir, que aquí me secaré al
hecho, majadero, infame, tonto ? sol: anda tú, y tráeme aquí un cesto, que
Bert. No hice mas que vaciarlo dentro de quiero llenarlo de aquellos peces, que han
la artesa del ganado, bajaron las grullas al salido fuera del agua cuando yo me caí den-
olorcillo, y se lo bebieron todo: despues que tro, pues quiero hacer un regalo al Rey, que
estaban embriagadas cayeron en el suelo yo creo que lo apreciaría y mas cuando yo
como muertas: yo que las vi así, las fui le cuente la estratagema de que me he valido
cogiendo, y metiendo sus cabezas entre mi para cogerlos; yo sé que ha de reir bien con
cinto: de este modo iba á salir á recibirte; esta moda de pescar.
pero cuando yo llegaba cerca de la puerta, Marc. Es cierto que reirá: simplón, no
empezaron á volver de su letargo, dando con conoces que has perdido el juicio, y que no
tal fuerza continuas aletadas, que pudieron tienes mas sesos, que los que tiene una mosca 1
mas que yo, y me levantaron en el aire lo Bert. Así lo tuvieras tú, y cuantos hay en
que viste: mi desgracia quiso que se rom- el mundo; pues yo aseguro sucederían mejor
piese el cinto, que si no yo volaba como todas las cosas: y así, díme, cuándo tú me
ellas, y quería que me llevaran á la casa de hiciste estaba yo presente 1
la luna, y desde allí al pais de Guticolonia, Marc. Quítateme de delante, que ya no
que es una tierra en donde son hembras puedo sufrir tan amontonadas simplezas y
todas las mugeres. tan grandes ignorancias; y otra vez te vuel-
Marc. No, que serán machos. Bruto, qué vo á decir que vayas á casa al punto.
BerU Y a te he dicho que quiero coger los
peces, y que me traigas una cesta; y si no
me los pondré por dentro de los calzones, y
se los llevaré así al R e y : lo has entendido ya?
Marc. A y infeliz de mí! Pues ello no tiene
mas; que este bruto, conforme lo dice, lo
hará: espera, te traeré la cesta y el vestido,
que quiero darte ese gusto.
ALEGORIA SEXTA.

Es propiedad de ionios lisongearse, y de


querer desechar de sí mismos una pasión,
que combate con otra mayor, y esta tal vez
suele acontecer, que es mas perjudicial que
la primera. La razón y el conocimiento no
deja de hacernos presente el verdadero
remedio; pero si este llega tarde, no sirve,
al enfermo, y ofende al médico.

Tiene Bertoldino una batalla grande y cruel


con las moscas.
Mientras que Marcolfa fué á buscar la
cesta y el vestido, Bertoldino se puso en
cueros, y puso á secar su vestido al sol, y
como era en lo mas ardiente del mes de julio,
y la hora de mediodía, se le empezaron á
pegar las moscas de tal suerte, que le acri-
billaban sin poderse librar de su furor; una
le picaba en una espalda; otra en un brazo;
otras en el pescuezo; y en suma, unas de un
lado, y otras de otro, le dieron tal asalto por
todo el cuerpo, que llegó á enfadarse tan de
veras, que cogiendo un manojo de mimbres
y otro de cambroneras, compuso dos mano-
jos, á modo de escobas, y las empezó á
desafiar á una muy sangrienta batalla; pero
como ellas se pegaban al cuerpo de Bertol-
dino, daba encima, y ellas saltaban de un
lado á otro, y él asegundaba con furia en muerto acáso Bertoldino, que parece que
cuantas partes se le pegaban; tanto se sacu- vienes muy angustiada ?
dió con las cambroneras y mimbres, que se Marc. Señora de mi vida, para mi sena
llenó de llagas; mas viendo que no se podia grande suerte el que se me hubiera muerto.
librar de una plaga tan grande, empezó á ° Rein. Por g i é ? Qué te ha hecho?
llamar á su madre paraque Te viniera, á de-
fender, diciendo á las moscas: Esperad, que
Marcolfa cuenta á la Reina todo lo que había
ahora vendrá mi madre, y os dará el pago
que mereceis: madre, corre, que las moscas sucedido á Bertoldino, y despues de haber
me quieren comer: á estas voces salió de reido con grande exceso, le dice:
casa Marcolfa, creyendo que le hubiese su- Rein. Digo que tienes mucha razón, y o
cedido alguna desgracia; y viendo que con siento infinito tus desazones; pero díme,
tan blandos algodones se desollaba vivo, se donde le has dejado, cuando saliste de casa.
los quitó de las manos, cubriéndole sus san- Marc. L o he dejado en la cama todo mo-
grientas carnes: púsole en la cama, porque lido, y hecho pedazos; pues con la fuerza
110 podia ya estar en pie, ya por la caida en que ha hecho, por defenderse de las moscas,
el estanque, y a por lo desangrado que estaba, se ha dado un golpe (entre los muchos) muy
y ya por haber estado tanto tiempo sufriendo fuerte.
el rigor del sol; de suerte, que estaba tan Rein. E s menester que vaya el médico
fatigado, y tenia tan dolorido y sangriento para que recete lo necesario, pues estando
todo el cuerpo, que era un lastimoso espectá- en el estado que dices, será preciso, ó que le
culo.' Fué Marcolfa al punto á buscar un echen unas ventosas sajadas, ó sangrarle, ú
médico, y de camino pasó á ver á la Reina; otro remedio perteneciente á su mal; vayan
entró en su cuarto, saludándola como acos- á buscar al médico, y que sin dilación venga
tumbraba ; pero la Reina, haciéndole nove- á visitar á Bertoldino y le ponga luego en
dad que viniese á verla á hora tan intempes- cura, pues importa mucho el restablecimiento
tiva, le dijo: de su salud. Y tú, Marcolfa, véte antes,
Rein. Qué buena suerte te trae, Marcolfa, paraque cuando el médico llegue, estés pronta
á estas horas y con este calor ? para ver lo que ordenare. Consuélate, que
Marc. No es muy buena suerte, sino mala yo espero no sea cosa de cuidado; todo lo
la que aquí me trae ahora. que se te ofreciere se aprontará al momento;
Rein. Pues qué te ha sucedido? Se ha con que así no te congojes, que los golpes
gistrarle bien, y despues te diré lo que has
de los muchachos hacen poca impresión en
ellos; cuando el R e y lo sepa, ha de tener un & Marc.' Despierta, Bertoldino, Bertoldino,
buen rato de gusto, aunque según le quiere
ha de sentir verlo malo. no oyes?
Marc. Y a sé, señora, q u i l o s locos dan Bert. No puedo despertar.
gusto y divierten á los estraños; pero no sir- Marc. Por $ué no puedes ?
ven de diversión á los que son de su casa. Bert Pues no sabes que estoy durmiendo r
Y o me v o y ; pero mucho dificulto que quiera Marc. V a y a , despierta: mira, que si no,
permitir que el médico se le acerque, porque te tiraré de la cama al suelo.
es tan fatal cabeza, que creerá que le va á Bert. A n d a a hilar, y no me enfades; por
matar; mas con todo eso quisiera que no de- cierto que nos vienes ahora con buena Ires-
jase de ir, que una vez que yo le registre, á c a : estoy durmiendo á mas dormir, y quieres
mí me dirá despues lo que se ha de ejecutar, ^ ^ d ^ A y ^ v á l g a m e D i o s ! Esto es bueno; está
y yo por mí lo haré, pues de ese modo nada
hablando, y dice que está durmiendo! INo
se recelará; y así, señora, quedad con Dios.
he oido mayor tontada en mi vida.
Rein. Anda en paz. Bert. Quién es ese hombre barbaro que
está contigo? E s algún capador? _Pero no
Va el medico á ver á Bertoldino, y entre los importa, que á tí no te capara. Señor figu-
dos hay grandes coloquios. ra, quítese delante de m i ; porque.... Agra-
dece el que estoy durmiendo, que si no, me
Despues que Marcolfa se fué y llegó á su habia deq levantar, y te habia de dar tantos
casa, entro en el cuarto de Bertoldino, el cual palos como puede llevar un borneo de yesero.
estaba durmiendo, y abriendo el balcón, se V Méd. Solo esto me faltaba; v a y a duerme,
fué hácia la c a m a : llamóle diversas veces; duerme, que es cierto que para mi es¡fortuna
pero como estaba en la mayor fuerza de su el que tú no estés despierto. Marcolfa y a he
dormir, no respondía: en este tiempo llegó conocido la enfermedad; yo te enviaré^crnco
el médico, y acercándose á la cama, le des- pildoras capitales con las que se le descama-
cubrió un poquito para ver como estaba de rá la cabeza: quisiera que le echaras; una la-
sus heridas, y hallándole bastante maltratado, vativa; pero veo que será dificultoso el po-
y en especialidad de la caida, dijo á Marcolfa: derlo c o n s e g u í : y así para ^ a s facilidad le
Méd. Mira si le puedes despertar para re- pondrás una cala y por tres mananas conse-
cutivas le darás un poco de cañafístola en con el ungüento de altea, y verás como con
pedacitos, que con esto espero que en pocos esto te quedas al punto bueno.
dias se pondrá bueno, y no hay que tener Bert Qué has dicho? Qué yo me coma
cuidado, que todo esto no será nada; y á una casa? que se la coma por mí el médico,
Dios, hasta otra vez. si tiene hambre.
Marc. El te acompañe, y agradezco tus Marc. No digo una casa, tonto, sino casia;
favores, y perdona mi desatención, en no tómatela en bocaditos; y si no te gustase así,
haber mandado que te saquen de beber, por- te la daré en la caña, ó" desleída en el vino,
que las grullas se bebieron todo el vino. ú de otro cualquier modo, que te pueda ha-
Méd. Mucho estimo tu atención; pero yo cer provecho.
de nada necesito. A Dios; y déjale dormir Bert Cómo quiere ese bárbaro, que yo
lo que quisiere. pueda tragar una casa y cañas enteras?
Despidióse el médico, riendo de la gran Mejor hubiera sido el que hubiera recetado
simpleza de tan grande majadero, que aun se que me hicieras unas puches. Sin duda que
quedaba gruñendo, y decia que dormia: lle- el tal médico es grandísimo ignorante.
gó á palacio, refirió á la Reina el suceso, la Marc. Y o te haré las puches, despues de
cual echó á reir con tan buenas ganas, que tomar las medicinas, y si no quieres la casia,
por mucho tiempo no fue posible dejarlo; su- tomarás esas cuatro pildoras, y despues te
cediendo lo mismo con el Rey, quien mandó pondré esta cala, que esto solo te descargará
que al punto llevasen los medicamentos, y se la cabeza.
los entregasen á Marcolfa, la que luego que Bert Bien está, haré lo que tú quisieres,
los recibió se fué con ellos á la cama de con el con que me hagas las puches.
Bertoldino, diciendo: Marc. Doíte palabra de que yo te las haré:
Marc. Duermes todavia simplón? toma las pildoras ahora, y trágalas presto,
Bert. Sí duermo; qué me quieres ? paraque vayan abajo, que esta cala te la
Marc. T e quiero dar un medicamento, que pondré yo despues.
te ha recetado el médico, y con él ha dicho Bert. No, no: dámelo todo á mí, que y a
que luego te pondrás bueno. estoy hecho cargo de lo que me dices, y lo
Bert. Y o duermo: yo duermo. Tómale tú ejecutaré como mandas.
por mí. Marc. V a y a , pues tómalo todo, y esfuér-
Marc. Vamos, siéntate, tomarás un poco zate á echarías presto abajo. Ea, hijo, buen
de casia, y despues te untaré las espaldas ánimo, ten esfuerzo.
12»
pedimento que tenia en ella. El pobre me-
dico no se pudo apartar con tiempo, y con
Berlohlino se traga la cala, y las pildoras se la fuerza le tiró todo el vómito en los ojos;
las aplica en el orificio, y Marcolfa le dice: tuvo bastante trabajo para limpiarse: mar-
Marc. Qué haces, bestia? Espera, que chó á su casa furioso y colérico, maldiciendo
eso no va bien de este modo: desdichada de y renegando de los locos, y de quien le había
mí! Lo que ha de tomar por arriba se lo enviado á visitar tan gran bruto.
aplica por abajo; todo lo hace al contrario.
Bert Déjame que bien lo entiendo: pien- Marcolfa p-egunta á Berioldino cómo se halla ?
sas tú que yo soy algún lerdo ? T ú eres la Y la respuesta que le da es decir que quiere
que no has entendido al médico. Quieres puches.
que yo me ponga por abajo este tarugo,
Marc. Y bien, Bertoldino, cómo estás?
estando bañado en miel ? Eso seria bueno
Bert. Bueno, y estaré mejor, despues que
para un tonto: esto se ha de tomar por la
me hayan traido las puches, que me ofreciste.
boca, y estas balas por abajo, no creas que
Marc. Es cierto que por tu habilidad las
sea yo tan falto de conocimiento.
mereces, pues has dejado cuasi ciego al po-
Marcolfa, por mas gritos que le dió, ya no
bre médico con la cala, que le arrojaste con
lo pudo remediar, porque la cala y a se la
tal fuerza, como si hubiera sido una bala.
había tragado; y las pildoras hacia todos sus
Bert. Para él ha sido el daño, y es razón
esfuerzos para encajárselas por la parte pos-
que quien tiene la culpa, pague la pena, pues
terior. Bien le pesó al desdichado la toma-
yo no lo he llamado.
dura de la c a l a ; pues como estaba tan en-
Marc. Y a sé que tú no le llamaste; pero
melada, se le atarugó en la garganta, de tal
tampoco podias, porque tenias con la cala
suerte, que no habia modo de pasarla, y lle-
impedida la garganta para hablar.
gó cuasi á términos de ahogarse, causando
á un tiempo lástima y risa el ver los visages Bert. Mejor estaba y o cuando tenia aquel
y gestos que hacia. Viendo Marcolfa este bocado en la garganta, pues con él no me
lastimoso suceso, envió luego al punto á lla- habia de morir de hambre, como ahora me
mar al médico, el que vino prontamente con sucede; y si quieres darme vida, hazme lue-
la órden de la Reina: vióle y hallándole con go una grande artesa de puches, porque me
temblores convulsivos, le dió un vómito, con siento tan debilitado, que no puedo hablar de
el cual 1c hizo arrojar de la garganta el im- hambre.
Marc. V o y á hacerlas al momento, ya Bert. Las que hacen son las vacas, que
que mi desgracia así lo quiere. están preñadas, y no yo, señora Reina.
Bert. Despáchate presto para sacarme de Rein. Di me, te sientes mas aliviado de tus
aflicción y desmayo. indisposiciones, pues he tenido noticia que
has estado enfermo ?
Marcolfa hizo una buena porcion de puches, Bert. Hasta ahora yo no he salido de casa,
las que se comió Bertoldino, y con el peso con que mira tú cómo puedo haber estado
de ellas, se fue debajo de un olmo para en el infierno, ni tampoco tengo noticias de
aligerarse, y allí se quedó dormido. Noti- donde está: lo que te estimaré es, que me
cioso el Rey le envió á buscar en un coche, digas si es algún palomar ó pajar ese in-
y al verle, le dijo así: fierno ?
Rein. Sí, sí, palomar es: díme, qué se ha
Rey. Cómo estás Bertoldino ?
hecho tu madre ?
. Bert. Y o estoy de pie derecho.
Bert. Cuando yo la dejé en casa, quedaba
Rey. Y a lo veo; pero quiero decir, cómo
dando de beber á los hijos de nuestra clueca,
te sientes?
Bert. Y o siento tocar las campanas. que ha parido hasta unos treinta hijitos.
Rey. Lo que te digo es, si te sientes malo Rein. Pues tu clueca pare hijos ?
ó bueno ? Bert. Y cómo que los pare ! Y por qué no
haces tú lo mismo? T e falta por ventura
Bert. Pues si ya he dicho que siento tocar
algún buen gallo ?
las campanas, no siento bien ?
Rein. Soy yo gallina, para qué necesite
Rey. Te parece que son adecuadas esas
de gallo ?
respuestas? Ea, pues no quiere responder,
Bert. Mi madre dice, que si nuestras ga-
conducidle al cuarto de la Reina, porque
llinas no tuvieran un buen gallo, que nunca
quiero que le vea.
tendrían hijos. Pues díme, las gallinas no
Bert Traédmela aquí donde estoy.
son hembras como tú ? Pues si deseas tener
No queria ir, pero le llevaron paraque la
hijos, yo te buscaré un buen gallo; y si no te
Reina le viese; y luego que estuvo en su
prestarémos el nuestro: mira si le quieres,
presencia, con grande risa le dijo:
te le traeré al instante.
Rein. O ! Aquí tenemos á Bertoldino! Y
qué se hace Marcolfa ? Rein. Y o no he menester gallo alguno, y
te doy las gracias por el cuidado. Ola, cria-
dos, venga uno, y lleve á merendar este cui-
tado.
226 RIDICULAS SIMPLEZAS

Bert. Te suplico, antes de merendar, que ranza, en la que acaban, sin mas ascenso que
me hagas el gusto de mandar que me lleven su miseria: cada uno corre con ansia, y
á hacer mis necesidades, que es lo que mas afana por la corte, y en ella se hallan cortas
me importa, y necesito al presente. recompensas, y muy dilatados los deseos; y
Rein. Tienes sobrada razón. Filandro, si estos no vivieran con esperanza, mas pres-
vén presto. to correrían á buscar su muerte, que pasar
FU. Señora, aquí estoy, qué me mandais 1 acelerados á la corte: entre los muchos soy
Rein. Lleva este pobrecillo donde él te yo uno de estos; pues habiendo servido en
diga, y sea cuanto antes, no le suceda algún ella tantos años, con la mayor fidelidad y
trabajo. zelo correspondiente, no he recibido jamas
FU. Dónde quieres que te lleve 1 de su mano el mas mínimo reconocimiento;
Bert. A hacer aguas mayores. y ahora, para mi mayor desgracia, me veo
FU Y o creo que este descomulgado ha de reducido á llevar á descomer á este bruto:
soltar la carga, antes que llegue al lugar co- buen pago por cierto, despues de tantos ser-
mún. Ea, vamos, vén conmigo. Qué brava vicios, hallarme reducido á un ejercicio tan
caña de pescar me han entregado! Y o no bajo y tan indecoroso 1 O pobre Filandro!
sé qué gustos tan raros tienen estos príncipes Vamos, descomulgado.
en permitir junto á sí esta casta de bufones, Bert. Dónde me quieres llevar?
y mas este, que es un bruto: ello, lo que ve- FU, T e llevo al cántaro, paraque hagas tu
mos es, que hoy dia mas se aprecian, prote- menester.
gen y patrocinan semejantes gentes, que un Bert. Y o no quiero cantar ahora; y asi
hombre erudito, cansado de quemarse las llévame al campo, y despues déjame á mí.
cejas en los estudios; estos no se premian, y Fil. Vamos, que yo te llevaré donde tú
á este bruto todos los dias le hacen vestidos gustes; ya que mi fortuna así lo quiere, ten-
ricos, y regalos esquisitos, sin ninguna eco- dré paciencia. Por esta vez me han pillado;
nomía, sucediendo todo al contrario con los pero para otra muy dificultoso será.
hombres hábiles, como sucede en palacio con Condújole Filandro á lo último del jardin,
muchos criados antiguos y envejecidos en el donde hizo su precisión y luego le llevó á la
servicio, sin haber tenido jamas la mas pe- despensa: le dió pan y un pedazo de salchi-
queña gratificación, en atención á sus dila- chón, con un buen trago de vino; y despues
tados méritos; manteniéndose solo estos po- que merendó, le llevó adonde estaba la
bres con el humo, la sombra y vana espe- Reina, quien le preguntó:
Rein. Has merendado bien ? de manera, que volvió de nuevo la risa: y
BerU Sí señora. como se divulgó en todo palacio, general-
Rein. Y qué te han dado de bueno ? mente reian todos; duró la fiesta todo aquel
dia, y mucho despues: á todos se les habían
quedado tan impresas en la memoria las cin-
En cinco veces no pudo acertar Bertoldino ú
co palabras de lamaso, samalo, malaso, lasa-
decir que habia comido salchichón.
mo y masallo, que cuando llegaba la ocasion
Bert. Pan y lasamo. de poner en cualquier mesa algún salchichón,
Rein. Qué? ninguno acertaba á llamarle por su nombre
Bert. No he dicho que samalo ? propio, sino con los nombres estravagantes
Rein. No te entiendo. ya dichos: mandó finalmente la Reina que
Bert Quiero decir malaso. llevasen á Bertoldino á su casa; pero que
Rein. Peor que peor. pusieran un coche, porque era su gusto fuera
Bert Ahora sí que lo diré: te digo que he con esta decencia, y así que llegó, le pre-
comido lamaso; ya discurro me habrás en- guntó Marcolfa:
tendido, pues bien claro me he esplicado: Marc. Qué has visto en la ciudad de tu
vuelvo á decir, que se llama masallo: esta gusto?
vez me habrás entendido mejor. Bert. L a olla que hay en la cocina del
Rein. Qué desatinos estás diciendo ? Qué
infiernos de nombres son estos que tú dices Marc. Qué particularidad tiene la olla de
del lasamo, samalo, malaso, lamaso y masa- la cocina del Rey ?
llo ? No entiendo lo que tú quieres decir:
Bert. Que caben en ella mas de mil tazas
dime tú, Filandro, qué es lo que le has dado
de sopas; porque es muy alta, y tiene una
á merendar? Porque este majadero no lo
ha de acertar á decir. gran barriga.
^ FU. Señora, quiere decir salchichón; vea Marc. Reniego de tí, que [siempre estas
V. M. qué buena cabeza tiene, pues de cinco pensando en comer.
veces no lo ha acertado á nombrar, como si Bert. Quien no piensa en comer, no piensa
esto fuera un punto de dificultosa gramática. en vivir; y si yo no comiera, me moriria.
Marc. És mucha verdad; pero ahora
El lector podrá presumir lo que la Reina
quiero que me digas, qué es lo que has
reiria con semejante paso. Llegó el Rey á
aprendido de bueno en la corte ?
la sazón, y le contaron el y a referido lance;
RIDICULAS SIMPLEZAS

Bert. El andar subiendo y bajando esca-


leras por mi gusto.
Marc. E s cierto que eres gran sugeto, y
das muestra de tus grandes talentazos.
Bert Pregunto. Y los gansos son ánades 1
Marc. Bueno va. Sí, sí. Porque me dejes.
Berí. Una cosa te queria preguntar, y se
me ha olvidado.
Marc. T a l seria ella.
Bert. Y a , y a me acuerdo. Díme, cuando
tú me engendraste estabas presente 1
Marc. A y pobre de mí! Y a te he dicho,
que no me rompas mas la cabeza con tus
grandes desatinos; pues con tus tontadas me
das tanto enfado, que ya te tengo aborreci-
miento.
Bert. No te enfades. Escúchame, y te
contaré una gracia, que yo he observado. Es-
tando en el cuarto de la Reina, he visto que
no tiene mas que dos piernas : cosa que me
ha maravillado, porque nuestra vaca tiene
cuatro; qué te parece'? Responde.
Marc. Qué quieres que responda ? Digo
que cuando te hice, hubiera sido mejor el
haber hecho una torta.
Bert. Mejor hubiera sido; pues con eso á
mí me hubieras dado un pedazo.
ALEGORIA SEPTIMA.
En esta novela van metafóricamente compren-
didos los verdaderos remedios para vivir
sano: abstenerse todo lo mas posible de
medicamentos, y dejar obrar la naturaleza
por sí sola-, divertirse honestamente, comer
con moderación, no matarse por saber mas
de lo que alcanza y puede llevar nuestro
entendimiento: desechar y alejarse de todo
vicio, y no dar lugar que reine ninguna
pasión particular en nuestro corazon; por-
que estas son también debilidades, que crian
malas consecuencias.

Marcolfa se va á la ciudad: le queda encar-


gado á Bertoldino el cuidado de los pollos,
y los deja llevar á un gavilán.
En esta conversación llegó la hora de irse
á acostar. Por la mañana temprano se
levantaron, y Marcolfa dijo que tenia que
pasar á la ciudad á comprar ciertas cosas
precisas para la casa. Encargó á Bertoldino
el cuidado de ella, y sobre todo con los polli-
tos, que quedaban sueltos en el corral, que
zelase no se los llevara el gavilan. Fuese
Marcolfa, y como si le hubiera dicho que se
los entregara al gavilan, así lo hizo, pues
tomó todos los pollos, y los fue atando uno
por uno por un pie, haciendo una sarta de
todos juntos; y uno de ellos, que era todo
20*
blanco, le ató en una punta paraque fuese el Marc. S í : prosigue.
primero; y de este modo los subió al tejado, Bert Pues le he pegado un gran chasco
y luego los dejó allí, y se bajó á un sobra- al gavilan.
dille, desde donde estaba observando lo que Marc. El cielo me ampare! Y qué chasco
habia de suceder; y lo logró en breve tiempo, es 1 Dilo presto.
pues un gavilan, que de continuo revoloteaba Bert. Los he atado todos juntos en una
al rededor de la casa, como los vió en el te- sarta y ha venido el gavilan, y todos se los
jado, bajó poco á poco, y se tiró sobre ellos; llevó una vez; pero no te puedo ponderar el
y como el blanco era el primero de todos, trabajo, que le ha costado el llevarlos, pues
empezó á picarle, levantándole en el aire con aunque yo le gritaba que agarrase primero
todos los demás, que estaban asidos á él. al blanco, pues con eso mas fácilmente lle-
Entónces empezó á reir Bertoldino, y con varía los demás, no me entendía; pero al
grande bulla decia: al blanco, al blanco, tira último se erforzó, y ejecutó lo mismo que yo
bien del blanco, y llevarás los demás. Así le decia. Si lo hubieras visto, te habías de
sucedió, pues los llevó, sin dejar ni uno. haber tendido de risa, de ver que aquel pa-
Cuando volvió Marcolfa de la ciudad, la salió jaron tan grande apénas podia llevar una
á recibir Bertoldino, dando muchas carcaja- manada de pollos: díme, no le he pegado
das de risa, y su madre le preguntó: buen petardo á aquel pajaron 1
Marc. Qué tienes, que tanto te ries? H a y Marc. T ú eres el pajaron, bestia indómita:
alguna cosa de nuevo 1 no sé como me detengo, pues me están dan-
Bert. A y madre mia, que he tenido un do impulsos de agarrarte por el pescuezo, y
gusto muy grande; y te aseguro, que cuando ahogarte entre mis uñas. Ah, Rey Alburno!
sepas el motivo, tú también has de reir sin Y a no te tengo en elevado y grande concep-
consuelo. to, viendo que te pagas, entretienes y com-
Marc. Y o discurro que será una de las places con los desatinos de este loco, que no
tuyas: díme el gusto y gozo tan grande que tiene ni aun visos de racional: es cierto, que
has tenido. cada uno en este mundo tiene su ramito de
Bert. T e suplico, que te empieces á reir. A y ! locura; pero con tal exceso ya es insufrible,
Y qué gusto ? No se puede dar mas grande. ni hay para tanto paciencia: pero qué reme-
Marc. Salvage, por qué quieres que me dio tiene, ni cómo ha de dejar de cometer in-
ria, si no me dices el motivo 1 solencias, si cuando sepa el Rey el desatino,
Bert. No me encargaste los pollos 1 que ha hecho, en lugar de reprehenderle, y
RIDICULAS SIMPLEZAS

hacerle castigar, lo celebrará por gran gra-


cia, y despues le hará algún regalo en pre-
mio? Á y pobres filósofos? Aprended con este
ejemplo, aplicaos, sudad, trabajad, perdiendo
la vida en los estudios, que por mas que ha-
gais, pobres viviréis,^ pobres moriréis; pues
en esta corte mas protegido está, y mejor
premiado un loco, ignorante y simple, que
cien hombres eruditos, aunque estén llenos
de méritos: paciencia, que este pago acos-
tumbra dar el mundo. Y díme, bruto, la
gallina donde está ?
Bert. L a tengo cerrada en el gallinero,
con el fin de que no impidiera al gavilan el
poder llevar los hijos: entiendes tú que yo
soy tonto ?
Marc. Paciencia: á lo hecho buen pecho.
Entra en casa, que y a estoy satisfecha de
que eres un mozo muy discreto. Pero díme,
si esto llega á los oidos del Rey, qué te parece
que dirá? No podrá menos de darle sumo
enfado, teniéndote por un necio, ignorante y
mentecato.
Berl. Y quién quieres tú que se lo diga al
Rey?
Marc. T e parece á tí, que no hay orejas por
aquí al rededor, que todo lo están oyendo ?
BerL Pues yo no veo otras que las del burro
del hortelano; y ciertamente me parece que
está aquí cerca para observar y oir lo que se
pasa, repárale bien, y verás como las tiene
tiesas: pues yo te aseguro, que ahora, ahora
tomaré yo la providencia debida.
ALEGORIA OCTAVA.
El oir negocios de otros es cosa muy descartes
y de mal criado, y merece castigo; y no
obstante los principes y grandes remuneran,
mantienen y engordan bestias de tan mala
raza. Quien se pone á ejercer un oficio,
que no sabe, se espone á su daño y riesgo
vergonzoso.

Bertoldino corta las orejas al borrico del


hortelano.
Mure. Espera, qué vas á hacer ?
Bert. V o y á cortar las orejas á este po-
llino, que está escuchando todo cuanto ha-
blamos los dos, y ha de pagar la curiosidad,
porque aprenda á ser cortés.
Marc. A y infeliz de mí-! Y a cortó las ore-
jas al borrico del hortelano! Qué dirá ahora?
Esta es la ocasion, en que si él va delante
del Rey á querellarse de nosotros, nos ha de
enviar enhoramala, y tendrá muy justa ra-
zón. Ah, traidor!
Bert. El picaro traidor es el borrico, que
se emplea en ir á contar lo que pasa entre
nosotros; pero yo le aseguro que y a no oirá
mas en su vida.
Marc. Ea, ya viene aquí el hortelano, y a
que su borrico no oye, tú oirás lo que no
quisieras, y le sobrará la razón para obligarte
á que se lo pagues; pues sin orejas no se Hort. Serenísimo señor y Rey mió, aquí
querrá mas servir de él. estoy.
Hort. Quién ha cortado las orejas á mi Rey. Cuál es la queja que traes 1
borrico 1 Hort. Señor, que este majadero me ha
Bert. Y o he sido. estropeado mi borrico, y vengo á pediros
Hort, Por qué motivo 1 justicia.
Bert. Porque estaba escuchando lo que Rey. E s verdad esto, Bert oíd ino 1
parlábamos. Bert. E s verdad, porque el asno, señor::::
Hort. Aquí no necesitamos de bufones, Rey. T ú eres el asno, prosigue.
págame al punto mi borrico; y si no, me Bert. Estaba con las orejas tiesas para
voy á dar querella de tí al Rey, paraque me escuchar lo que hablámos mi madre y y o ;
haga justicia. y porque no oyera jamas negocios de otros
Marc. Escucha, aguarda no vayas á dar le he cortado las orejas; y paraque te enteres
querella, que y o te satisfaré el valor de tu de la verdad, míralas aquí, que las he traído
borrico; y déjalo á mí, que yo lo compondré conmigo; tómalas, y llama quien se las
todo. ponga de nuevo, que mi madre pagará des-
Hort. No, no. Quiero que el Rey lo sepa: pues lo que costase de ponérselas.
pues también el otro dia sucedió lo que sabes
con mi muger: no quiero dar lugar á que A estas razones se puso el Rey á. reir, de modo
algún dia se le antoje hacer otra locura
que no podia respirar y despues que se so-
mayor, que me pese mucho mas, si tanto se
segó, dijo:
tolera; y así voíme corriendo á la ciudad á
quejarme ante el Rey. Rey. Hortelano, y a sabes que Bertoldino
es hombre honrado y de bien, y si te ha
estropeado el borrico, no quiere quedar deu-
El hortelano da querella al Rey contra Ber-
dor tuyo; toma tu alhaja, que son las orejas
toldino, al cual luego envió à llamar : viene
del asno; y mando ademas, para escarmiento
con las orejas del burro en el pecho, y el
y castigo 'de tal delito, que Bertoldino monte
Rey le dice :
en el borrico desorejado, acompañándole tú
Rey. Ven hácia acá, Bertoldino. hasta su casa. Díme, hortelano, te gusta esta
Bert. Aquí estoy, señor maestrísimo. sentencia dada contra Bertoldino ?
Rey. Ponte aquí mas adelante, hortelano.
Hort. Señor, este es un castigo, que mas es
en detrimento mió que suyo; lo que pido es, El borrico tira al suelo á Bertoldino, y de la
que se me satisfaga lo que me costó el bor- caida tan grande que dio, se rompió una
rico, y despues monte quien quisiere en él, costilla. Marcolfa se va á la ciudad á ver
que yo solo deseo lo justo ; pero no será ra- Rey y Reina, cuéntales una novela, y logra
zón que pierda lo que me ha costado. el real permiso para volverse & vivir de
Rey. Dices bien. Cuánto quieres por tu asiento á su casa ó choza de su montaña.
asno ? Luego que llegó Marcolfa á la ciudad, fué
Hort. Y o señor, no quiero ganar, ni per- á visitar á los Reyes, y los halló ambos jun-
der nada; lo que aseguro con toda verdad tos, que aun estaban riendo de la simplicidad
es, que el año pasado me costó ocho duca- de Bertoldino: el Rey, luego que la vió, le
dos. , . dijo:
Rey. Muy bien está, se te pagaran al Rey. Querida Marcolfa, qué buena ven-
punto. Herminio, vén acá. tura es la que te trae por acá ?
Herm. Señor, aquí estoy. Marc. No tengo ventura buena, pues nin-
Rey. Paga luego á este hombre ocho duca- guna me es propicia.
dos ; y tú, Bertoldino, toma el borrico, que Rey. Por qué? T e ha sucedido algún tra-
quiero regalarte con él, paraque te vayas á bajo?
casa. Ea, pues, marchad juntos, y corres-
Marc. Qué ha de ser! A Bertoldino le ha
pondéos como buenos vecinos y amigos.
dejado caer el borrico, y se ha quebrado una
Hort. Así lo harémos, señor. Vamos Ber-
costilla; vengo á buscar una bizma para cu-
toldino, monta; y volvamos á casa, arre,
rarle ; y miéntras que me despachan, tendré
chó, qué diablos haces, que te vas cayendo
tiempo para contaros una novela, que viene
de la otra parte ?
muy adecuada al suceso; si me dais permiso
Bert. Es, que me pesa mas la cabeza que
y gustáis de escucharla, os la contaré breve-
el tafanario, y por esto me caigo del otro
mente.
lado; tén bien, só, chó, trú, toma, arre alia,
Rey. Sea muy enhorabuena: empieza, que
hombre de los diablos, déjame á mí la brida,
para nosotros será de mucho placer el oírla,
arrfe, va, camina; á Dios, señor.
pues todas tus conversaciones nos son muy
gustosas y apreciables.
Marc. En aquel tiempo en que los hormi-
244 RIDICULAS SIMPLEZAS

gones iban á caza de cinches preñadas, ha- diendo resistir á su amoroso incendio, pensó
llándose en la ciudad de Berlinches una en ver como podia facilitar el subir por la
mosca viuda, á causa de haber muerto á su tapia, para entrar por la ventana: púsolo en
marido pocos dias habia una homicida lom- obra, y empezó á subir, llevando consentido
briz con una vara larga de torear, que habia que era alguna de las que ya usted me en-
quitado á un moscon de campo, que mar- tiende : prosiguió su empresa hacia el balcón,
chaba á la conquista de la miel de la Alcar- con el ánimo de, despues de haber él logrado
ria, año muy señalado, porque se vieron mu- su fin, el cual esperaba de ella alcanzar, vol-
chos alcarreños en aquella tierra: sucedió verse por el mismo camino á la calle: con
que pasando en derechura á la casa de la estas cuentas, que se iba haciendo consigo,
viuda mosca una araña macho de corpu- subia muy alegre mi buen enamorado, cuan-
lencia muy grande, vió asomada á la ven- do ella se asomó al mismo tiempo, y viendo
tana la mosca, que como era domingo se atrevimiento y desvergüenza tan grande,
habia compuesto y lavado, y tenia la cabeza pareciéndole poco atento, presuntuoso y nada
puesta, como se suele decir, de veinte y cortes, fué corriendo á buscar una caldera
cinco alfileres; tan bonita le pareció al ara- de lejía, que tenia pronta para cocer en ella
ño, que enamorado de su hermosura, le hizo unos calzones de un piojo opilado, que tema
una guiñadita á la ventana donde estaba, y en su casa de huésped; y apenas vio que
como le habia tocado en el corazon la flecha echaba las garras al balcón para entrar den-
de Cupido, empezó á pasear la calle arriba y tro, le encajó toda la caldera de lejía cocien-
abajo, haciendo de petimetre, y alzándose en do sobre la cabeza, á fin de pelarle bien y
puntillas, se paseaba con mucha ligereza por castigar su osadía; pero el araño era muy
la calle: la desdeñosa viudilla conoció la in- picaro, y conoció la intención, y para res-
tención de su enamorado, y haciéndose des- guardo se puso un yelmo de una cáscara de
entendida, se retiraba hácia dentro, escon- nuez: luego que vió el diluvio de agua hir-
diéndose, como suelen hacer las viudillas viendo sobre sí, se puso para recibirla de tal
zalameras: una vez se asomaba, y le hacia suerte, que si le cayese algo fuese sobre a
un gestillo; otra vez una guiñada, todo con cabeza, de lo que no se le daba nada, por la
el fin de chasquearle y darle poste; de ma- prevención del yelmo que le defendió mucho,
nera, que el pobre arañon se dejó llevar de y fue poco el daño que recibió: libróse con
su cariño, quedando abrasado con tanto fue- esta prevención del primer golpe de esta
go, como sentía en su pecho; pero no pu- desgracia; pero como duró algo mas tiempo
21*
RIDICULAS SIMPLEZAS D E EERTOLD1NO. 247

el chorreo del agua aun mas de lo que él de cumplir la sentencia de mi marido Ber-
gastó para caer en el suelo, le sucedió la toldo (de feliz memoria), que dijo: Que el
fatalidad de que con el golpe, que dió en que esté acostumbrado ó, cebollas, no busque
tierra, se le cayó el yelmo, y le cogió la ca- ¡pasteles; y así, siendo nosotros nacidos y
beza el agua; de suerte, que se le cocieron criados en lugares rústicos é incultos, no
los sesos, y se pasaron de la mollera á otra debemos pretender, ni es razón salir fuera de
parte, y desde entonces hasta ahora han nuestro centro: en la corte el cortesano, y
tenido siempre las arañas los sesos atras; en la aldea el aldeano.
por lo que hicieron juramento de vengarse Rein. Has dicho muy bien, Marcolfa:
de un hecho tan afrentoso: y así se ve al pero quien ha bebido en el mar, bien puede
presente, que las arañas andan siempre á también beber en un rio: yo te aseguro, que
caza de moscas, por venganza del ultrage que bastante siento la simplicidad" de Bertoldino;
recibieron de la viudilla; y por esto en todos pero al mismo tiempo pienso, que estando
los desvanes, rincones y agujeros tienden sus mas en la corte, conversando con las gentes,
redes como homicidas, y toman venganza de puede suceder llegue á lograr mas juicio del
ellas; y es muy común, cuando prenden á que tiene, y así no hay que desesperar de su
una, arrancarle la cabeza y el resto lo dejan curación.
libre: esto mismo creo que le ha sucedido á Marc. Quien nació loco, no sanó nunca.
mi hijo, al cual le aconteció, que una vez que Rein. Quien mal baila, bien enfada.
iba corriendo detras de una cabra por una Marc. Quien tiene vicio desde su infancia,
cuesta arriba, se cayó hácia atras y rodando hasta el sepulcro le alcanza.
como venia, dió con la cabeza en un tronco Rein. El que no tiene juicio, tenga piernas.
de sahuco, de lo que desde entónces le sobre- Marc. A un mal mortal, no vale ni médi-
vino habérsele escapado el juicio á la parte co, ni medicina.
posterior, y por esto ha quedado tan ligero Rein. Mas vale un pájaro en la mano, que
de cabeza como el sahuco, y desde entónces ciento volando.
también anda siempre cogiendo y matando Marc. Mas vale ser pájaro en el campo,
moscas. Esta es la causa del poco juicio que estar regalado en .la jaula.
que tiene, con que así vuestras magestades Rein. Todo derecho tiene su reves.
harian una acción muy loable en darnos Marc. Todas las cabezas suelen tener
licencia para volvernos á nuestra choza; pelo; pero no todas tienen sesos.
porque yo, si no me engaño, creo que se ha
Rein. Todas las cosas se pueden suportar, encima el rocío del mes de abril, estaba mu-
excepto el mal tiempo. cho mas lustrosa y bella. Sucedió, pues, que
en aquella misma noche la vió el caracol,
Marc. Nunca jamas se hizo lejía, que no
diéronse palabra de esposos, y se la condujo
lloviese. á su casa, le hizo un suntuoso banquete, y
Rein. Una hora de buen sol seca mil lejías. concurrieron á él y al sarao todos los deudos
Marc. Quien no tuerce bien la ropa, no la y amigos: entre el concurso tan grande eran
secará en tres dias. muchas las habilidades que habia, y en es-
Rein. Habla mas claro, que no te en- pecial la que tenian cuatro cangrejos de muy
tiendo. buen porte, y mejor traza en tocar viola:
Marc. No hay peor sordo, que aquel que seguíase á estos un galápago, que tocaba e\
no quiere oir. arpa con perfección; sonaron un poco, ín-
Rein. Prosigue, que ya te escucho: y terin llegaba la hora de la cena, y despues
como cuentes otra fábula adecuada al asun- de ella se volvió á la diversión de la música,
to, que me persuada con razones concluyen- y una mariposa cantó unas tonadillas gra-
tes, yo daré licencia paraque os retireis á ciosas con la guitarra; pero como estaba un
vuestra aldea, dándoos palabra, como quien poco resfriada, no pudo dar al auditorio toda
soy, de no hacer oposicion, ni impedirlo la satisfacción y gusto que deseaba: despues
(aunque lo siento de corazon) ; y os ofrezco de esto se determinó saliesen algunos, que
daros con que toda la vida seáis ricos, y lo tenian habilidad á bailar: se hizo la seña, y
paséis bien en las montañas. en un instante los instrumentos todos á un
tiempo empezaron á sonar: empezóse el
Marcolfa refiere otra gustosa fábula.
baile, siendo los primeros un gálapago y una
Marc. Y a que vuestras magestades me mariposa, los que hicieron un baile muy pre-
prestan atención, habrán de saber, que en cioso y muy estraño, por las diferencias
tiempo que los gusanos de luz eran merca- raras y nunca vistas-de que usaron; pero los
deres de linternas, habia un caracolazo, de segundos, que salieron, que fueron un grillo
los que tienen cuatro hastas: este se enamoró blanco y una chicharra, hicieron, como se
de una de aquellas caracolillas, que suelen suele decir, raya, pues bailaron la españoleta
andar sin cáscara al rededor de las fuentes: con la mayor destreza, de suerte, que hicie-
era esta de muy buena vista, y en un todo ron maravillar á todos los concurrentes:
muy graciosa; y habiéndole caido una noche acabaron el baile, y molidos y cansados se
pusieron á hacer juegos, y dieron el mando pues y a no habéis de sacar ningún gusto, ni
paraque los gobernase á una pulga, que era del uno, ni del otro, pues aunque Bertoldino
muy decidora y jocosa; aceptó el encargo, sea mi hijo, razón no quita conocimiento.
sin hacerse de rogar, inventó varios y bellísi- Rey. Marcolfa, nosotros deseamos el com-
mos juegos de prendas, y para la restitución placerte, pues es cierto que nos dejas muy
de ellas imponiendo al que perdia peniten- pagados y satisfechos: todo el tiempo, que
cias, que eran todas muy agudas y discretas has estado en la cosíe, hemos estado gusto-
sentencias, varios motes, preguntas y res- sos con tu agudeza, la cual es tal, que ver-
puestas muy elegantes, de modo, que la fiesta daderamente no se puede creer que seas
duró mucho tiempo con general diversión de muger rústica ni silvestre, ántes bien te se
todos; pero la mayor imperfección, y falta puede llamar un oráculo, que bien mereciste
que tuvo esta diversión, fué haber sido tan estar empleada con un hombre de las mayo-
dilatada y larga, que muchos de cansados se res circunstancias, como lo era Bertoldo, de
fueron quedando dormidos, y otros se fueron quien sus sentencias las tengo esculpidas con
molidos: pues así somos nosotros, que con letras de oro encima de la puerta principal
nuestra fiesta se ha pasado muy bien este de mi palacio, para perpetra memoria de
tiempo, pero nuestro juego, no solamente no una sabiduría tan sublime, como era la suya;
se acaba, pero cada dia se va dilatando mas, pero pues es preciso darte licencia, por con-
con que es cierto, que si dura mas el juego, descender á tus deseos, que tanto has en-
Bertoldino se quedará cada dia mas dormi- carecido ; Herminio, vé á mi cuarto, y toma
do ; y así, señores, será mejor el que mude-- aquel cofrecito cubierto de terciopelo negro,
mos de clima, que puede ser suceda que le en donde hay dos mil escudos de oro; y
haga despertar el aire de la montaña, aun- traémele aquí para dárselo á Marcolfa, y
que bien difícil es: ademas de esto, siempre despues pasarás en casa de algún mercader
oí decir que todo pájaro canta mejor en su de paños, y le dirás que te entregue cuatro
nido, que en el ageno; y así deseo volver á piezas de paño fino, y doscientas varas de
este pájaro en su nido; y por lo tocante á lienzo para camisas y sábanas, y harás que
mí, deseo el vivir en mi cabana, del modo luego dispongan una litera, en la que han de
que mas me convenga, sin que yo sirva de llevar á estos á su lugar con el mayor cui-
tedio á humana persona; y así, Serenísimos dado, y luego les enviarás hasta doce sacos
señores,.os suplicamos con toda veneración, de harina, con doce barriles de vino, y en
nos concedáis para irnos vuestra licencia, suma, todo cuanto pidiesen se les ha de dar
252 RIDICULAS SIMPLEZAS

al instante; de suerte, que no les haga falta y humildemente postrada á vuestros reales
nada para su viage, y para vivir con quietud pies, pidiéndoos perdón de todo, y si por
y descanso en su albergue. E a pues, Mar- ignorancia hubiese incurrido en alguna cul-
eolia, ya la gracia te se ha concedido de pa, ó con palabras ú obras, ó en algún otro
poder volver á tu casa, y vivir en ella á tu modo que haya faltado con poco respeto y
gusto; pero si gustases, aunque sea de tarde reverencia, os" pido me perdoneis ; y así con
en tarde, de venir á vernos, será para noso- vuestra licencia iré á disponer mis trastos, y
tros de gran complacencia y gusto; y yo ya voy con el consuelo de que siempre me tendré
te he significado el sentimiento que tenemos por vuestra humilde sierva y vasalla.
la Reina y yo de tu partida; pero como no Con las espre'siones y razones tan humil-
deseamos mas de lo que tú deseas, no que- des de Marcolfa, el Rey y la Reina no pu-
remos impedírtelo como pudiéramos. dieron contenerse, ni disimular la ternura de
las lágrimas, y luego que se despidió se reti-
raron á sus gabinetes, en donde tuvieron
Marcolfa da las gracias á Rey y Reina por suma tristeza y melancolía por la ausencia
los beneficios recibidos. de Marcolfa, la que se partió con su Bertol-
dino, cargada de escudos y otras muchas
Marc. Magnánimos señores. Me falta
dádivas. Los condujeron en la litera hasta
lengua para daros las debidas gracias por
que los dejaron en la infeliz choza de su na-
tantos favores, como he recibido de las pia-
cimiento : á su llegada acudieron todos los
dosas clemencias de vuestras magesiades, y
vecinos muy alegres á darles la bienvenida,
así suplico encarecidamente, y espero que
y se hicieron muchas fiestas y alborozos
en todo cuanto hubiésemos faltado, y en
rústicos por algunos dias en aquellas sierras,
adelante podamos faltar, lo supliréis con
de que resultó el que se pegase fuego á dos
vuestra innata piedad. Mi deseo es, de que
montes ó bosques cercanos de pura alegría.
os conceda Dios gracia para conservaros en
Todo se acaba en esta vida, y también se
vuestro reino con paz y sosiego, y con la
acabaron los festejos de aquellos villanos;
mayor felicidad; valor y fuerzas contra
pero los dos cortesanos vivieron en la mon-
vuestros enemigos: que veáis cumplidos to-
taña muy gustosos lo restante de su vida
dos vuestros deseos: que os dé el mayor
quietos y tranquilos, sin tener nada que de-
gusto á uno y á otro; y en suma sin cesar
sear ; y Bertoldino entre los patanes ó palur-
pediré á Dios, que os galardone con la biena-
dos era el hombre mas discreto y político:
venturanza : y ahora aquí me teneis rendida
22
en fin, como hombre ya práctico en la DE

corte, pegó diversos chascos á aquellas pobres


agrestes gentes; pero como en aquellas aspe-
rezas no íiabia ninguno que supiese escribir,
C A C A S E N O,
no se puede hacer mención de ellos, ni de lo
que despues sucedió: no obstante por raros HIJO DEL SIMPLE
caminos se supo, que cuando Bertoldino llegó
á la edad de treinta años, le habia vuelto un BERTOLDINO,
entendimiento tan perspicaz, discreto y agu-
do que no daba muestras de haber sido tan
gran tonto, como queda referido; pero por OBRA MUY GUSTOSA
io que á mí toca, se me hace muy dificultoso
el creerlo, porque aunque Dios puede hacer-
Y DIVERTIDA,
lo, también sé, que vulgarmente hablando, se
dice que tres cosas son muy difíciles de
curarse, las que son: la locura de un tonto, ABUNDANTE D E R E F R A N E S SENTENCIOSOS, CON
las deudas de un tramposo y la gangrena MUCHAS Y AGUDAS RESPUESTAS.
declarada.
AÑADIDA

PIN DEL TRATADO SEGUNDO. P O R E L Sr. C A M I L O SCALLIGERI.

. TRADUCIDA DEL IDIOMA ITALIANO AL CASTE-


LLANO POR EL MISMO AUTOR

DON JUAN BARTOLOME.

TRATADO TERCERO.
en fin, como hombre ya práctico en la DE

corte, pegó diversos chascos á aquellas pobres


agrestes gentes; pero como en aquellas aspe-
rezas no íiabia ninguno que supiese escribir,
C A C A S E N O,
no se puede hacer mención de ellos, ni de lo
que despues sucedió: no obstante por raros HIJO DEL SIMPLE
caminos se supo, que cuando Bertoldino llegó
á la edad de treinta años, le habia vuelto un BERTOLDINO,
entendimiento tan perspicaz, discreto y agu-
do que no daba muestras de haber sido tan
gran tonto, como queda referido; pero por OBRA MUY GUSTOSA
io que á mí toca, se me hace muy dificultoso
el creerlo, porque aunque Dios puede hacer-
Y DIVERTIDA,
lo, también sé, que vulgarmente hablando, se
dice que tres cosas son muy difíciles de
curarse, las que son: la locura de un tonto, ABUNDANTE D E R E F R A N E S SENTENCIOSOS, CON
las deudas de un tramposo y la gangrena MUCHAS Y AGUDAS RESPUESTAS.
declarada.
AÑADIDA

PIN DEL TRATADO SEGUNDO. P O R E L Sr. C A M I L O SCALLIGERI.

. TRADUCIDA DEL IDIOMA ITALIANO AL CASTE-


LLANO POR EL MISMO AUTOR

DON JUAN BARTOLOME.

TRATADO TERCERO.
VIDA DE CACASENO,
HIJO D E L SIMPLE

I i i O .1 o f Jl 4 B E R T O L D I N O .
c ¡j r j p n : jjf T R A T A D O TERCERO.
i
INTRODUCCION

El astuto Bertoldo y la sagaz Marcolfa,


lili! su muger, no obstante de haber nacido y
1 criádose en lo inculto de la montaña, con
jj» sus dichos, sentencias morales y agudas res-
i 11 puestas, no solo hicieron maravillar á los
: i !
particulares que los oian ; sí también al mis-
¡ :f*'"S1} mo Rey Albuino y á su muger la Reina Ipsi-
cratea, de quien estos rústicos eran vasallos,
|!§ y por esta causa recibieron de sus Soberanos
muchos favores y dádivas, correspondientes
á su grandeza. Tuvieron estos la felicidad
rJBI de lograr el fruto matrimonial, concediéndo-
les el cielo la sucesión en un hijo: eran gran-
Ibiií: des las alegrías que tenian los dos esposos por
i?« muchos motivos, y el mayor de ellos era, por-
Hli : que presumían que este nuevo infante se pare-
cería á su padre Bertoldo, y paraque hasta
en el nombre le pareciese, tomaron la nomi-
il nación paterna, y le pusieron por nombre
Bertoldino: pero la esperanza que fundaron
! i
salió vana, pues despues de grandecito, si
11 Bertoldo era agudo y sagaz, este otro era tan
22*
simple, aturdido y bruto, que desdecia de su
nacimiento. El pobre padre, viendo tal con-
trariedad, se ausentó, y se fué á la corte, no
pudiendo sufrir las tontadas de su hijo, don-
de, como vimos, acabó y dió fin á su vida.
Quedó Marcolfa viuda con Bertoldino: tuvo
noticia de ellos el R e y , y con curiosidad de
ver y saber, hizo venir á la corte á Marcolfa
con su hijo; y creyendo esta pobre hallar
en el Rey algún enfado, ó ser llamada por
mal fin, le sucedió muy al contrario; pues
Bertoldino con sus inocencias dió tanto gusto
en la corte, que cuando se retiró de ella, el
Rey le mandó dar dos mil escudos de oro,
con otras innumerables coses de sumo valor
y precio. Todas estas alhajas las vendió Mar-
colfa, y con el dinero compró tierras y raices
para vivir el resto de sus dias. Bertoldino
se casó, y tuvo un hijo, que se llamó Caca-
seno, de quien referirémos su graciosa vida
DI CACASENO, 2151

ALEGORIA PRIMERA.
Es providencia divina que también las fami-
lias de los rústicos y pastores estén tan aptas
á la propagación, como cosa tan necesaria
para el vivir humano y bien de las repúbli-
cas. Las mugeres muchas veces se abstie-
nen del ejercicio de alguna habilidad, que
las adorna, por temor de no manifestar sus
defectos naturales.

Marcolfa bien hallada con la quietud de su


montaña, dispuso que le hicieran habitación
decente, pues tenia bien con que pasar.
Despues de algunos años va un criado del
Rey por aquella montaña: visita á Mar-
colfa, de lo que se regocija, por llevarle al
Rey alguna buena nueva.
r
Herminio, de quien ya hablámos, era cria-
do del Rey Alburno: este con orden del Rey,
acompañado de un criado suyo, recorrió por
muchos dias todos los pueblos que incluia
una Provincia de la Corona, para hacer dife-
rentes negocios particulares de la corte:
accidentalmente pasó por la falda de una
montaña, sobre la cual habitaba la memo-
rable Marcolfa, con el célebre y nunca bien
alabado Bertoldino: juzgó hacer una cosa
muy grata y de mérito, si llevase noticia á
los Reyes de ellos, y así determinó el ver-
262 HISTORIA D E LA VIDA

los: subió á la montaña, y cuando estuvo en Herminio á Marcolfa.


la eminencia, observó la buena situación del
país, y una casa allí inmediata, hecha de Herm. Díme, Marcolfa, dónde está Ber-
fábrica muy decente: llamó á la puerta, se toldino y su hijo ? f

asomó á la Ventana Marcolfa, bajó abajo, y Marc. Han ido aquí cerca á la choza de
conociendo á Herminio, le hizo entrar con un pastor nuestro, y discurro que no podrán
grande alegría, bulla y regocijo: hízole mu- tardar en volver, y a se acerca la hora de ir
chos agasajos y espresiones, y entre los mu- á amasar.
chos asuntos que se le ofrecieron, le contó Herm. Y el hijo que me dices, cómo se
como su hijo Bertoldino habia casado muy llama?
bien con el dinero y alhajas que le habían Marc. Su nombre propio es Arsenio; pero
dado los Reyes, aunque cuando iueron ellos como estos montañeses siempre inventan y
á la corte ya tenian algunos pocos bienes y añaden y quitan nombres, los nombres pro-
muebles para poder pasar: añadió mas, que pios no suelen servir, y así te pondré un
Bertoldino, despues que pasó los años de su ejemplo. Entre nosotros se llama uno Anto-
juventud, habia dado tal vuelta, que no le nio ; y este si es de estatuía crecida, le lla-
conocerian, con la discreción que se le habia man toñon; si es de baja, toño; si es de mas
infundido, y que vivían con suma alegría y diminuta, toñeto; si es pequeño y gordo, le
tranquilidad, no molestándolos mas que una llaman toñolo; y si es pequeño y flaco, toñi-
cosa, y era, que despues de tanto tiempo que no; de modo que reducen el nombre de An-
habia" que Bertoldino se habia casado, no tonio en tantas piezas, que no se conoce y a
tenia mas que un hijo el cual ya se hallaba el primer nombre que tuvo, como al presente
en la edad de siete años cumplidos, y con el sucede á mi nieto, que llamándose Arsenio,
desconsuelo de haber salido mas simple y como es pequeño y un poco simple, le han
necio que su padre. Tuvo Herminio un gran puesto el ridículo nombre de Cacaseno.
gozo con esta conversación, y determinó a Herminio cuando oyó el nombre tan ridí-
toda priesa llevar noticias á los Reyes de culo de Cacaseno, le dió sumo gusto, y se le
cuanto habia escuchado; y así le dijo: encendió mucho ma§ el deseo de conducirle
á la corte: miéntras echaba sus líneas del
modo que habia de usar para llevársele, oyó
en la calle á Dominga, muger de Bertoldino,
que venia cantando esta coplilla:
Dom. Ciertamente que no puedo, y ahora
Así que acabó de cantar Dominga, le dijo no me acuerdo de ninguna.
Herminio á Cacaseno: Marc. Despáchate: quieres hacerte de
rogar, y dejar desairado este caballero ?
Herm. Niño hermoso, qué haces ? Berl. No hacen mas las grandes músicas,
Cae. En este instante acabo de almorzar. que se hacen de rogar mucho tiempo, y
Herm. Buen principio. Di me, cómo es tu cuando llegan á cantar, y a tienen enfadado
nombre ? el auditorio. Ea, Dominguita, canta, canta.
Cae. No, señor, no soy hombre, que soy Dom. Por lo mismo que tiras á sonrojar-
muchacho. me, no quiero cantar.
Herm. No pregunto si eres hombre; te Herm. No te enfades, Dominguita, que tu
digo, cómo te llamas? marido se chancea contigo.
Marc. Canta, hija, que parece mal el ha-
Cae. Cuando uno me llama, yo le respon-
cerse tanto de rogar.
do. Dom. Y o lo haré; pero no aquí.
Herm. Y si yo te hubiese de llamar, como Herm. Como tú cantes, sea donde quisieres.
tengo de decir ? Miéntras que Domingo fue á cantar, Mar-
Cae. Di como tú quisieres; pero cuidado, colfa y Bertoldino se despidieron de Hermi-
ten las manos quietas, que parece me quie- nio, porque iban á disponer su comida; al
res sacar los ojos, y no me enfades, de suer- mismo tiempo llegó Cacaseno, que venia de
te, que te sacuda en la cabeza con este gar- almorzar, y Herminio le agarró de la mano.
rote, pues no me conoces aun quien soy.
E s menester advertir, que Herminio, mien- ESTRAMBOTE.
tras hablaba con él, hacia varios movimien-
tos y ademanes con las manos: Cacaseno Si te vienes conmigo, prenda mia,
creyó que le queria sacar los ojos, se enfadó, A caballo vendrás en mi pollino.
alzó el palo, y le quiso dar en la cabeza; pero Verás hecha un espejo mi alquería,
Marcolfa llegó al punto, y le sacudió un buen Todo su ajuar el gallo y el cochino:.
bofeton, con que le hizo muy presto bajar el Del gilguero la acorde melodía
palo; empezó á gritar Cacaseno, que parecía Oirás entre las plumas que previno,
un becerro, ó por mejor decir un lechon Y tendrás el contento duplicado,
cuando le degüellan, corrió Dominga, y le Tordos cazando, y mirlos en el prado.
llevó un gazpacho para aquietarle, y dice: 23
HISTORIA DE LA VIDA

ESTRAMBOTE

Todos me dicen soy tan linda y bella,


Que de algún gran señor hija parezco:
Uno me llama de Diana estrella;
Otro que amor flechero ser merezco:
Todo el lugar me dijo sin querella,
Que en mi frente las flores reverdezco;
Y un mancebo ante ayer al verme clama;
Por qué no hay de estas pulgas en mi cama ?
En este tiempo vino Bertoldino, y despues
Dominga y Cacaseno con manojos de es-
párragos, "fresas y requesones, que todo
esto traian de su corte; hiciéronse muchos
cumplimientos unos y otros, y Herminio
dijo:

Herminio, Marcolfa, Bertoldino y Dominga.


Herm. Eres tú aquella mocita que can-
tabal
Dom. No, señor, que era una pastora
nuestra.
Marc. Ha embustera! Mira que no parece
bien decir mentiras. Sí señor, ella era, y
sabe cantar muchas coplillas graciosas.
Herm. Dominguita, házme el favor de
volverla á cantar, ú otra cosa que sea de tu
agrado.
Dom. De veras no puedo cantar, porque
estoy ronca. . , »
Bert. Vamos, canta; de qué tienes miedo .
ALEGORIA SEGUNDA.
Un hombre que está ricamente vestido, y con aire
de cortesano, ordinariamente vence la soberbia
de las mugeres, porque lisongea su vanidad ;
pero despues de tantas veces, á estos les suelen
acontecer cien chascos y mil desgracias.

Dominga, Cacaseno y Herminio.


Dom. Q u é tienes tú, Cacaseno mió, que tanto
chillas ?
Cae. U , ú, ú, la abuela me ha pegado, porque
me he defendido, ú, ú , ú , de este hombre que me
quería sacar los ojos con los dedos, á, á, á.
Dom. Calla, Cacasenito mió, qué hemos de
hacer que la abuela v a y a descalza á la cama, sí ?
sí ? hijo mío 1 E a , escupe, y verás como la casco.
Herm. N o es cierto lo que dice, de que le
quería sacar los o j o s ; vamos, hijo mío, toma un
tres, y hagamos las amistades. Viendo Cacaseno
pl tres, ó por mejor decir el cuarto, se sosegó, y
al mismo tiempo Dominga le dice, h a z un besa-
manos á este señor, y besa la mano á la abuela.
Herminio estuvo observando los movimientos que
hacia, no pudiendo contener la risa, en considerar
el gusto que tendrían los R e y e s de verle, porque
era de estravagante figura; pues era sumamente
gordo de cintura, la frente m u y baja, los ojos m u y
saltados, las cejas l a r g a s y cerdudas, las narices
chatas, y la boca tan aguzada, que parecía gato
montés. A s í que llegó la hora de comer, todos se
23*
lavaron las manos, y se sentaron á la mesa. Y
aquí dejo á la consideración del curioso lector el
sufrimiento de la risa que padecería el pobre Her-
minio, durante la comida, y después de concluida.

Herminio, Dominga, Marcolfa y Bertoldino.

Herm. Habéis de saber, que l a otra mañana el


comprador de palacio, estando en la plaza com-
prando unos cabritos de u n montanes de estas
sierras (discurro será conocido vuestro) estuvo
contando de la suerte que os tratabais, dando
noticia de vuestro C a c a s e n o ; llegó esta v o z a los
oidos del R e y , y m e h a mandado que venga per-
sonalmente paraque y o le lleve á su vista, esta
m u y ansioso de v e r l e , con que estáis en la obli-
gación, por cortesanía, agradecimiento y obliga-
cion precisa, de darle gusto en una cosa tan fácil,
que solo pende de vuestra buena voluntad y fiel
afecto al Soberano.
Dom. Q u é se entiende! no, señor, no puede
ser, porque mi hijo es tan simple y tan bruto, que
estoy m u y cierta' que si v a á la corte, le ha de
suceder algún trabajo.
Marc. N u e r a querida hija mia, no tengáis
miedo por eso, que y o iré e n su compañía, y has
de estar entendida, que los brazos de los Sobera-
nos son m u y largos, y llegan á lo mas dilatado
del m u n d o ; y considerando esto, es menester
obedecerlos con precepto, ó sin é l ; y sobre todo
por obligación, e n la cual estamos constituidos.
Bert. Y con especialidad al R e y Albuino, á
quien debemos todo lo que t e n e m o s ; con que asi,
D o m i n g a , sosiégate, que esta es nuestra fortuna.
DI CACASENO.

ALEGORIA TERCERA.
Los hijos naturalmente siempre siguen las
huellas y la índole de los padres, por lo que
cada hombre, por vil que sea, debe imitar
las operaciones de sus mayores, siendo siem-
pre las costumbres de la edad pasada me-
nos depravadas, que de los modernos. Tam-
bién en las aldeas y chozas procura cada
uno conservar la memoria de la honradez y
gloria de sus abuelos.

Marcolfa consigue de Dominga, su nuera, que


le permita llevar á, Cacasefao d palacio: pé-
nenle sus vestidos buenos, y dan inmedia-
tamente principio á la jornada.
Con las razones de Marcolfa y Bertoldino,
no replicó palabra Dominga: vistió á su hijo
con el vestido de los dias de fiesta: se lo en-
tregó á su abuela Marcolfa: hiciéronse
aquellos agasajos y cariños paternos, que es
natural con un hijo; y se despidieron quedán-
dose Bertoldino y Dominga para cuidar de
la casa. Herminio con el criado, Marcolfa
y Cacaseno bajaron la montaña, y tomaron
el camino de la corte. Herminio, así que
llegó á la primera posada, hizo desmontar á
su criado del caballo, y le hizo dar una posta,
paraque diese noticia á sus Soberanos de lo
que le habia sucedido: despidióse, y quedó el
274 HISTORIA DE LA VIDA

caballo del criado sin ginete. Herminio se


volvió á Marcolfa, que llevaba á Cacaseno,
y le dijo:

Herminio, Marcolfa y Cacaseno.

Herm. Marcolfa, me parece mas conve- »TOO.:


niente, que Cacaseno monte á caballo, ya que H<p :iy .ÍJlÍBl
estamos en llanura, que de este modo no se ¿a -a»
cansará en el viage.
Marc. Dices muy bien, y has hallado un
arbitrio muy prudente, pues y a que está de
vacío ese caballo, mejor será que le ocupe
Cacaseno. Vamos, te montaré encima de él.
Cae. No quiero, que tengo miedo de que
me muerda.
Marc. Y por qué te ha de morder >
Cae. Y a te he dicho que no lo quiero; no
ves como me está enseñando los dientes?
Herm. Espera, Marcolfa, y me apearé,
que yo le pondré de suerte que vaya bien:
ea, vamos, no tengas miedo, abre bien las
piernas, y siéntate encima de la silla. Ah,
qué bravo mozo! Toma la brida en la mano,
y déjale que siga á mi caballo; y ahora por
mi cuenta va, si te cayeres.
ALEGORIA CUARTA.
La escuela y el ejercicio son dos cosas, que
hacen al hombre perfecto en toda especie
de profesion, y con razón le sale mala aquel,
que quiere seguir un arte que no aprendió;
ni tampoco á todo rústico le sale bien hacer
por fuerza oficio de caballero.

Pone Herminio á Cacaseno sobre el caballo;


adviértele tenga sujetas las riendas, y las
oprime en tanto estremo, que le hace poner
en dos pies; y diciéndole que aflojara, soltó
la brida, y desbocándose arrojó á Cacaseno.
Herminio, ántes que volviese á montar
sobre su caballo, le advirtió á Cacaseno, que
tuviese las riendas en la mano bien sujetas;
de modo, que él comprendió, que le habia
dicho las tirase: así lo ejecutó, y empezando
á tirar de ellas, el caballo se enarboló, y se
puso en dos pies, con lo que tomó tanto mie-
do, que gritaba, diciendo: Ay, que me mata !
No hay quién me favorezca? Porque esta
bestia me quiere llevar por los aires, y rom-
perme los cascos. A los gritos que daba, se
volvió Herijjinio, y le empezó á decir á
voces: Afloja, afloja las riendas. El pobre
Cacaseno, que no entendía lo que le decian,
las soltó del todo, por lo que el caballo se
desbocó, y le dejó caer de un gran golpe en
el suelo; pero tuvo la fortuna de que díó en
un arenal, motivo por el cual no se hizo daño
24
HISTORIA DE L A VIDA

particular. Marcolfa se sorprendió, creyendo


le hubiese acontecido alguna desgracia, y
empezó á llorar, y á decir:

Marcolfa, Herminio y Cacaseno.

Marc. A y desdichada de mí! Que este


muchacho se ha estropeado: bajad presto.
Herm. Aquí estoy; qué es esto, tacase-
no 1 T e has hecho mal 1
Cae. O bien ó mal, yo quiero volverme a
mi casa. ,
Herm. Vamos, hijo, vuelve a montar a
caballo, que yo te pondré la brida en la ma-
no y tú le dejarás caminar como quisiere. _
Cae. Si quisieres que yo vaya, déjame a
mí montar de la forma que yo he visto que
tú montas. , , , , „ ,
Herm. M u y bien, yo tendré el caballo, y
paraque llegues mejor á los estribos, súbete
encima de esta piedra, y montaras con mas
conveniencia. ,
Montó Herminio á caballo, encargó a
Marcolfa tuviese las riendas de el de su
nieto; pero Cacaseno se adelantó, y puso el
pie izquierdo en el estribo derecho, quedán-
dose montado con la cara á fas ancas del
caballo. Herminio cuando se volvio, y ie-
paró en tal disparate, no se podia aquietar
con la pasión de la risa: hacíale vanas in-
stancias paraque se apease; pero no lúe po-
sible de ningún modo, respondiendo que
aquella era la forma de cabalgar.
DE CACASEN0.

ALEGORIA QUINTA.
La serenidad, acompañada de aspereza, no
siempre conviene á la debilidad de nuestra
humanidad: algunas veces es lícito diver-
tirse y gozar de gustos honestos; y como la
naturaleza, así como entre los animales
crió & las monas, entre los pájaros el buho,
ó bien mochuelo y la lechuza; también en-
tre los pescados crió á los delfines paraque
sirviesen de recreo á todos los demás de su
especie: así parece que también ha criado
ciertos hombres, que nacen para servir de
instrumento de nuestra risa y diversión.
O, y cuántos hay!

Herminio y Cacaseno.

Herm. Bájate, que has montado al reves.


Cae. Nunca podré y o estar mejor de lo
que estoy. No me has dicho tú que el Rey
te ha enviado paraque me conduzcas 1
Herm. Es verdad que lo he dicho: pero
qué es lo que tú infieres de esto ?
Cae. Pues mira; toma tú la brida del ca-
ballo, y condúceme, que de esta suerte obe-
decerás á tu amo; y yo de esta manera no
veré los peligros que tengo de pasar.
Herm. Buena compra hemos hecho: y a
he llegado á ser lazarillo de caballo, en lugar
24*
serlo de un ciego; no es buena la fresca
de este marmoto, con figura de camueso ! Rey, Marcolfa y la Reina.
Pasó accidentalmente un paisano, que iba Rey. Marcolfa, seas bien venida, que des-
á la corte, llamóle Herminio, y le mandó que pues de tanto tiempo no juzgábamos vivieses.
llevase de las riendas el caballo de Caca- Marc. Y o para servir á V . Mag. vivo, y
seno, y que fuése de aquel modo hasta la cuanto viva seré su esclava.
misma puerta de palacio, y allí le esperase, Rein. Marcolfa, no me conoces? No te
y fue con orden de que al entrar fuesen con acuerdas de mí ?
él soldados para su resguardo, temiendo que Marc. Señora, son tantas las obligaciones,
los muchachos no apedreasen á Cacaseno, y gracias, mercedes, favores y dádivas, que
á buen librar le tiráran de naranjazos. Apre- tengo recibidas de vuestra generosa mano,
tó el caballo Herminio, llegó á palacio, y miéntras estuve en esta corte con mi hijo
halló los Reyes á un balcón, esperando ver Bertoldino, que tengo siempre delante de mis
la entráda de Polan, que con la relación del ojos las imágenes de los dos; y no lo digo
criado de Herminio habian tenido; mientras por adulación; pues, aunque pobre monta-
este les daba noticias de las aventuras, que le ñesa, nunca la gasté, diciendo siempre la
habian sucedido por el camino con Cacaseno, verdad desnuda. Y este modo de portarme,
llegó en este mismo tiempo lo que tanto de- y el ser agradecida, lo aprendí de un hombre
seaban, y vieron venir á Marcolfa, al pai- como Bertoldo, agudo y sentencioso en sus
sano que conducía el caballo de Cacaseno, y proverbios, que bien entendidos, pueden servir
él montado al reves: traia tal confusion de de mucha doctrina al que atento los leyere.
populacho tras sí, unos con silbdos, y otros Muchos dijo, y entre los muchos que'le oí
con gritos, que parecia dia de carnestolen- decir, me gustaron estas sentencias:
das con máscaras ridiculas. Cayó tanto en
gracia de los Reyes toda esta bulla, que no El pobre que es soberbio, es veneno acerbo.
se puede ponderar. Llegaron á palacio, los El pobre que se humilla, es sincera avecilla.
hicieron subir, y Marcolfa entró delante, y El pobre que es tramposo, es peor que el oso.
despues de hacer una grande reverencia, el El pobre verdadero, es como el cordero.
R e y le dijo:
Rein. E s cierto que son dignas de re-
flexión ; pero dejando esto por ahora, adónde
está Cacaseno ?
Marc. Señora, conmigo venia; pero no le
Rey. Sí, suéltala.
veo: ay pobre de mí, adonde se habrá que-
Cae. Puerta, y a te suelto, que el dueño de
dado! Pues juntos veníamos.
la casa te da licencia; marcha, marcha, que
Oyendo esto alzó un criado ima cortina, é y a pesas demasiado, y no te puedo sostener;
hizo entrar á Cacaseno, que traia una puerta obedece, puerta, que sino te cascará el amo
arrastrando: el Rey y Reina comenzaron á de casa.
reir de ver tan buena entrada, sin saber el Con semejante simpleza llegó Marcolfa
motivo de tal estravagancia: pero el mismo muy enfadada, y se la quitó, mandándole que
criado la descifró, por haberse hallado pre- hiciese una cortesía á Rey y Reina, y pos-
sente, y sin poder contener la risa, dijo: trándose de rodillas, besase las manos á
entrambos: obedeció Cacaseno; pero fué
Rey, Criado y Cacaseno. poniéndose en cuatro pies, boca abajo, y así
puesto empezó á decir:
Criad. Sepan vuestras magestades, que
al tiempo de subir la escalera de palacio,
miéntras Marcolfa entraba en la sala, este Cacaseno y Marcolfa.
salvaje le dijo á un criado que tenia gana de Cae. Oh, señores mios! Y a veis mi cor-
hacer aguas; lo llevó á un lugar destinado tesía tan reverente, tirándome por el suelo,
para este fin, y así que entró, le dijo: Cuan- como mi abuela me lo ha mandado; ya no
do vuelvas á salir, tráete la puerta hácia á falta mas de que me metáis el dedo en la
tí: y el gran bruto así lo ha hecho, que la boca para besaros la mano: venid, que os
ha desgoznado, y la lleva arrastrando tras estoy aguardando.
sí, y de esta suerte le traemos paraque le Marc. Qué haces, jumento, de esa suerte?
veáis. No quieres besar la mano?
Rey. Díme, Cacaseno, para qué traes ar- Cae. Pues no me has dicho que les haga
rastrando esa puerta ? la cortesía, y que de rodillas bese la mano á
Cae. Y qué se te da á .,'.? los dos ? E a pues, ya estoy con las rodillas
Rey. Mucho se me da, que como dueño en el suelo, díles que vengan, se las besaré,
de casa quiero saberlo. que ya tengo ganas de merendar.
Cae. Con que si eres el dueño de casa, Los Reyes celebraron mucho una senci-
será tuya esta puerta, y tú me dirás lo que llez tan grande, y le mandaron levantar, y
tengo de hacer con ella. llamando á un criado, que se llamaba Atilio,
le ordenaron le llevase á merendar. Interin Rein. E s cierto lo que me dices de Ber-
se quedó Marcolfa disculpando al inocente toldino ?
Cacaseno. Marc. Verdad es lo que os he dicho; pues
y o diría una mentira á mi Rey y señor, aun-
que me costára la vida! Y si no os causa
Marcolfa, Rey y Reina.
enfado, quisiera contaros un caso de aquellos
Marc. Serenísimos señores, habéis de con- que referia Bertoldo, mi marido, al intento;
templar, que Cacaseno no es nada menos y es de uno, que diciendo una mentira á su
ignorante que su padre Bertoldino; en fin, príncipe perdió mil pesos por eso.
tal cual es el árbol, así ha salido el fruto, por Rey. Refiérelo, que para mí será de espe-
lo que os ruego no estrañeis sus simplezas: cialísimo gusto.
yo le he conducido á la corte muy gustosa, Marc. Habia un príncipe, y este tenia un
para dar á conocer que soy obediente á los criado muy querido: sucedió, que un hidal-
mandatos de mis Soberanos; pero espero al go, viendo la familiaridad que tenia con su
mismo tiempo licencia para volverme cuanto amo, buscó modo de comunicarle una pre-
ántes á mi casa, siendo de vuestro real agra- tensión, y esperando por este medio alcan-
do, al que süÜo por complacer he venido. zarla, en premio le ofreció mil pesos si la
Rey. Está bien. Y Bertoldino vive toda- lograba: el sonido de tan apetecible me-
tal abrió las puertas de su avaricia, prome-
vía?
tiéndole que haria todo lo posible paraque se
Marc. Está vivo y sano, y despues que
le despachase á su favor la pretensión que
llegó á nMs crecida edad, empezó á tener
deseaba. No dilató mucho tiempo hacer la
razón y juicio, cosa que parece fabulosa;
súplica el familiar, quien luego recurrió al
pero así es: despues de algún tiempo se casó,
príncipe, y le pidió le concediese la gracia;
y de este matrimonio ha nacido Cacaseno;
y para lograrla mas fácilmente, añadió una
y os aseguro, que no hubiéramos podido
mentira, diciendo, que el favor que suplicaba
suportar los gastos de la boda y otros infini-
era para la persona de un hermano suyo.
tos, si no hubiera sido por las dádivas con
El príncipe respondió, que se veria en ello,
que las piedades de vuestras reales personas
consultándolo con el ministro de su inspec-
nos han favorecido; y aun despues de todo
ción, y que despues de resuelto, se le daria
nos ha quedado lo muy bastante para vivir
la respuesta. Como las mentiras no tienen
medianamente, según nuestro estado, para
alas, y el embustero necesita de una gran
toda nuestra vida.
memoria, despues de algunos dias el príncipe todos los años hubiéramos tenido el gusto de
se acordó que en cierta ocasion le habia regalarte.
dicho su criado que no tenia hermano al- Marc. Indiscreta es toda persona que no
guno, con que para aclarar la verdad quitóse se contenta con lo preciso : bastante hemos
de cuentos, y secretamente hizo llamar al disfrutado de la magnanimidad de vuestras
hidalgo pretendiente; llegó d la audiencia, y reales personas con tantas dádivas, como
el príncipe )e dice: T ú me has de decir la nos disteis al tiempo de nuestra partida: con
verdad, y si no quedarás privado de mi gra- lo que habernos sacatio de sus valores, he-
cia. L e respondió el hidalgo: Que sin difi- mos comprado muchas tierras y posesiones,
cultad daría noticia de lo que se le pregun- de suerte que con todo lo que gozamos,
tase. Entónces le interrogó el príncipe: podemos vivir mejor que otros de mayor
Díme, fulano es hermano tuyo ? Respondió esfera.
el hidalgo que no. L e volvió á replicar; pues Rey. Por qué no te has vestido de aquel
por qué te ha prometido y facilitado la pre- paño fino y lienzo delgado que llevaste ?
tensión que deseas ? El hidalgo respondió: Marc. Porque nuestra infeliz montaña re-
Señor, le he prometido y asegurado darle de quiere vestidos toscos, el pan mezclado con
gracias mil pesos. Dijo nuevamente el prín- centeno, y beber continuamente agua; y con
cipe : Pues dame á mí los mil pesos, que la esta comida se mantienen los cuerpos con la
gracia y o te la concedo; y te mando, que mayor robustez y sanidad.
no hagas ningún recurso á tu amigo. El Rey. El que se contenta con su estado es
familiar ó criado, 110 hallándose sabedor de feliz; pero me parece una gran simplicidad
lo que habia pasado con su mano y el hidal- mantenerse de misturas, y beber agua, pu-
go, un dia viéndole de buen semblante, le diendo comer bien, y beber mejor.
hizo memoria de la gracia que le habia su- Marc. No, señor, que es muy malo beber
plicado para su hermano; y el príncipe en- vino aquel que no está acostumbrado, y es la
tonces con grande agudeza le dijo: Bien peor cosa para la salud; y para prueba de
puedes buscar otro hermano, porque aquel eso, quiero contar un suceso, acaecido á un
que tú pensabas, que era tuyo, lo es mió. caballero aleman, que me acuerdo que lo
contaba mi marido por cosa cierta; y ya
Rey. Una respuesta fué muy pronta y una que viene á propósito, de aquellos á quienes
invención muy graciosa; pero volviendo á les gusta el vino, si me prestáis atención, le
nuestro primer discurso, por qué motivo has contaré brevemente.
omitido darnos noticias de tu persona? Pues
HISTORIA D E L A VIDA

Rey. Estamos prontos, y así puedes em- tanta demasía, que le sobrevino una sufoca-
pezar. ción tan repentina, que en pocas horas le
Marc. Un caballero alemán determinó sa- llevó la mala trampa. El criado, que iba
lir de su patria para ir á ver la maravillosa adelante, haciendo el alojamiento del buen
ciudad de Roma, y reconocer el delicioso vino para su amo, le avisaron del suceso;
reino de Nápoles; púsose en camino con un volvióse atras sumamente melancólico ion
criado de toda su mayor confianza, práctico tan funesta noticia: pasó á participarla á los
en tales países: llegarán á Bolonia, y el ca- parientes de su amo y á todos sus amigos,
ballero mandó al criado que se adelantase, y los cuales preguntándole de qué había muerto
que en todas las ciudades, villas, lugares y su amo, así les respondía:
aldeas que hallase por el camino real, parase
en todas las tabernas, y probase si había EST, EST, EST.
buen vino ; y cuando lo hallase, para señal Propter nimiurn EST,
de que era bueno, escribiese sobre la puerta Dominus meus martuus est.
de la taberna una cláusula latina que dijese
est, que quería decir, aquí hay buen vino. El Con que aplicando el cuento, vuelvo á de-
criado cumplió con el precepto, y cuando el cir, que el vino es muy nocivo, engendra in-
amo llegaba, si veia est, se paraba allí un finitos desórdenes y enfermedades; lo que
dia, tanto por la curiosidad de ver aquella no nos sucede á nosotros en la montaña, en
poblacion, como para gustar de tan deliciosa donde nadie lo bebe, ni aun les gusta, pues
bebida. Fueron caminando por la Romanía: mas apetecemos nuestras aguas cristalinas,
llegó el criado á un lugar de Toscana, situa- que con dulce ruido se despeñan de los cón-
do entre Florencia y Siena, que se llama cavos de las fuentes, las que cuando las be-
Pogíbonce, se paró en una hostería, que la bemos, llegan tan delicadas y gustosas, que
llaman de las Llaves, halló en ella de tres- nos libran de todo género de indigestiones.
géneros de vinos, moscatel, verdéa y trevia- Rey. E s cierto que ha sido muy graciosa
110; con tan buen hallazgo el criado puso el la historia y muy adecuada; pero por cuanto
letrero tres veces est, est, est: llegó su amo, me hago cargo de que estarás muy cansada
tendió su rancho, y mandó que le sacaran de con el motivo del viage, te mando y es mi
todos los tres vinos; bebió de ellos, y cada gusto que vayas á descansar, y despues vol-
uno le gustó á cual mejor: se detuvo allí verás con Cacaseno.
tres dias, sin saciarse de beber, y llegó á El Rey llamó al mayordomo, y le mandó,
292 HISTORIA DE LA VIDA

que á Marcolfa la condujese al cuarto que rados de semejante ignorancia, y al mismo


se le había destinado; entró y vió á Cacase- tiempo se maravillaban de la memoria tan
no tendido en el suelo gritando: feliz que conservaba Marcolfa de todos los
Cae. A y , ay, a y ! dichos de Bertoldo. Volviendo de nuevo á
Criad. No le puedo hacer callar. hacer conmemoracion de la inocencia de
Cacaseno, cuando se puso boca abajo, espe-
rando que le diesen la mano para besarla,
MarcoJfa preguntó el motivo al criado.
retazándoles el impulso de la risa una sen-
Marc. Qué es lo que ha sucedido ? cillez tan rara, como querer también subirse
Criad. Has de saber, que despues que al cielo de la cama; redoblando la risa, ha-
merendó, me dijo que quería dormir : yo ciéndole volver á contar la historia, y siem-
juzgando que no fuese tan simple, le dije que pre la celebraban con mucho mas gusto: el
se subiese sobre esa cama, y el se agarró Rey le mandó que volviese á ver lo que
con manos y pies de una de las colunas de pasaba, y cuanto mas antes le diese noticia
ella, que cuando llegó al remate no se pudo de las novedades que sobreviniesen con el
sostener la coluna, con que se rompió, y él inocente Cacaseno. Miéntras que estaba
dió en tierra con todo su cuerpo, como durmiendo, Marcolfa, cansada del viage, y
le ves. ct>mo habia comido bien, se fué á descansar;
Marc. No te maravilles de esto, porque en pero cuando estaba en lo mejor de su sueño,
nuestra montaña, como no se usan camas de la dispertó un gran golpazo, que dió Cacase-
esta moda, se ha imaginado que el cielo de no de la cama abajo.
ella era en donde él se había de echar á dor-
mir ; y creedme, que este ha sido el motivo. Cacaseno y Marcolfa.
A y desdichada de mí! Qué es lo que veo?
El no habla. Cacaseno? Cacaseno? Cae. A y de mí! A y infeliz de mí! Dónde
Cae. Déjame, no me despiertes, que estoy estoy ?
durmiendo. . Marc Qué ruido es este? Qué te ha su-
Marcolfa le levantó del suelo hecho un cedido?
cesto de sueño, y le tendió sobre la cama, cer- Cae. Qué ha de ser? Que me he caído
ró las ventanas, y le dejó durmiendo. En este de la cama, y se me han saltado los ojos del
casco.
intermedio el criado fué á dar cuenta a los 2á*
Reyes del suceso, los que se quedaron admi-
294 HISTORIA D E LA VIDA

More. Habrá muger mas desventurada viniese ella sola, dejando á Cacaseno en el
que yo? Qué dirá Bertoldino y Dominga cuarto: obedeció el mandato; dió el recado
cuando sepan que estás ciego? Adónde á Marcolfa, y ella dice á Cacaseno:
estás ?
Cae. Si estoy ciego, cómo quieres que te Marcolfa y Cacaseno.
vea?
Marc. Espera, abriré las ventanas. Marc. Cacaseno, me precisa el ir á ver á
Cae. Alegría, alegría, abuelita, que ya me la Reina, y me ha enviado á decir que vaya
han vuelto los ojos. sola, con que así tú te quedarás aquí, hasta
Marc. Salvage, cómo puede ser que estu- que yo vuelva.
vieses ciego 1 Seria el motivo el que las ven- Cae. Y o también quiero ir allá, porque
tanas estaban cerradas: levántate de ahí: te tengo miedo de quedarme aquí solo, y puede
has hecho mal ? suceder que vuelva á perder los ojos otra vez.
Cae. Bastante, porque siento un gran do- Marc. De qué tienes miedo ? Calla, que no
lor en las ancas; pero este no me da mucho sucederá este caso; quédate, que yo seré
cuidado y se puede dar por bien empleado breve lo mas que pueda.
por el hallazgo de mis ojos. Marcolfa cerró la puerta con gran priesa,
Estando Marcolfa y Cacaseno en estas á fin de que Cacaseno no se escapase tras
ignorantes razones, el criado á quien habia de ella: empezó á gritar de tal modo, que
enviado su amo paraque supiese lo que suce- parecía un becerro; y hasta que encontró
día, se estuvo escondido todo este tiempo unos juguetes con que divertirse, no hubo
detras de una mampara, y despues que vió forma de callar: llegó Marcolfa delante de
todo lo dicho, sin poder contenerse de risa, la Reina, y dice:
marchó con gran priesa á dar noticia al Rey
de todo lo que habia oido, y lo de la pérdida Marcolfa y la Reina.
de los ojos de Cacaseno; fué estremada la
risa, - y mas, que el criado lo contaba con Marc. Serenísima señora, aquí me tienes
suma individualidad y bufonada: díjole la pronta para obedecer tus preceptos.
Reina al criado, que llevase un recado á Rein. Querida Marcolfa,.yo me acuerdo
Marcolfa de que tenia precisión de hablarle; que cuando estuviste la otra vez en la corte
que era cosa sobre dependencia suya, que con Bertoldino, me descifraste ciertas dudas
no permitía pérdida de tiempo, y que se enigmáticas, acaecidas en un juego, en que
HISTORIA DE LA VIDA DE CACASEXO.

yo me hallé con unas damas y caballeros; sagrada ? No se diga esto de mí. Soy muy
y como yo tengo mañana á la noche otra agradecida, y como dije poco tiempo hace
diversión semejante, quisiera que me ense- en la presencia del Rey, siendo yo una pobre
ñáras un juego bueno y de todo gusto, pero infeliz, tengo presente, que con tus dádivas
es preciso que yo le mande; y estoy muy he llegado á gozar grandezas, á correspon-
bien persuadida, que eres capaz para inven- dencia de la calidad de mi tierra y de mi
tarle, y que sabrás algunos, que sean de tu persona.
gusto y ae diversión. Rein. Este es el fruto que producé el mun-
" Marc. A y señora, que las plantas silves- do, el que un pobre se ponga rico, y al con-
tres nunca crian fruto doméstico. Y yo, que trario en otros, que de rico pase á pobre.
vivo en una montaña, mal puedo inventar No sabes tú aquel proverbio, que dice:
cosa digna, que corresponda á la persona de Este mundo es escalera,
una Reina como V . Mag. Los que sé, dis- que uno acierta y otro yerra ?
curro no serán como y o quisiera.
Rein. No importa, díme uno, que yo estoy Marc. Mi marido Bertoldo solia decir,
contenta y satisfecha, siendo tuyo. figurando el mundo:
Marc. En un todo debo obedecer y dar La carne en el garabato
gusto á V . Mag., y no obstante que os diga huele el perro, y mahuUa el gato.
cosa que en mí será común y muy ordinaria;
Y para decirlo mas claro, unos arriba y
pero saliendo de vuestra boca se apreciará y
otros abajo; y á este propósito se me pre-
se celebrará infinito, y la esperiencia nos lo
viene una moralidad de la zorra y el oso.
e-iseña, pues aunque los grandes señores di-
Rein. Deseo que la refieras, y despues
gan algún desatino, le abrazan los demás
volverémos á nuestro discurso.
tan placenteros, como si saliera de la boca
de un oráculo, y le interpretan por una sen- Marc. Accidentalmente pasando un dia la
tencia muv docta; no obstante deseo que me picara y astuta de la zorra por un patio de
deis tiempo para claros el enigma del juego cierto caballero, se subió sobre una cisterna,
que me pedis. la que estaba con muy poca agua por una
#
sequedad grande que se padecía: casual-
Rein. Una persona tan capaz, como tu, mente se puso la zorra á mirar á lo hondo
pide tiempo para pensarlo? Y o creo qus de ella, y descubrió una gran cantidad de
haces burla de mi. pesca, que se mantenía con la poca humedad
Marc. Y o hacer burla de una persona tan
íjue habia quedado; llevada de su apetito de Querido, amado y pariente mió, sabes por
gula, pensó su astucia en bajar abajo; vio qué me quejo ? E s por el caldo que está de-
que habia una cadena con dos cubos, se aba- masiado gordo, quiero decirte, que he venido
lanzó á uno de ellos, y con el peso de ella aquí abajo, he comido tantos peces, que estoy
prontamente bajó á abajo, y se hartó de pes llena hasta los ojos. Replicó el oso: y por
ca, como se suele decir, hasta la garganta: eso te quejas ? Añadió la zorra: No me
despues que se vió saciada, se acordó cómo quejo de lo que he comido; pero me pesa
se habia bajado, y se persuadió que seria .lo mucho de lo ;¡ue dejo. Dijo el oso entonces:
mismo para subir arriba; pero el juicio le Hay muchos ? Y muy pronta dijo la zorra:
saüó muy al contrario, porque no pudo subir Se pueden cargar mas de diez acémilas.
de ningún modo: hallándose en esta aflicción, Oyendo el oso esto, dijo: Quiero yo también
empezó á quejarse amargamente consigo bajar, y darme una buena panzada, y sacar
misma. A y infeliz de mí, decia, y lo qué he mi barriga de mal año; díme, de qué modo
hecho! Creí hacer una cosa buena, y me lia has bajado tú ? L a zorra le enseñó, diciendo:
salido muy mala: desgraciada de mí! Qué Haz lo mismo que yo hice, agárrate á ese
haré? Quién me librará de este cautiverio! cubo, y bajarás con ligereza; pero mira no
Sí los dueños vienen, y por desgracia me sueltes las manos. Tan presto y liberal fue
hallan aquí, sin duda dirán que me he comi- para agarrarse con el .consejo de la zorra,
do la pesca, y me la harán echar á palos del que con la misma ligereza cayó abajo, sin
cuerpo, como suelen decir, que el que se co- considerar su fin. A l mismo tiempo se me-
mió las velas, vomite los pábilos; y si por tió ella en el cubo que estaba abajo, y como
desgracia vienen á limpiar la cisterna, y me el oso era mas pesado con mas violencia su-
hallan aquí, pereceré sin duda. bió arriba, la cual viéndose arriba puesta en
salvo; dijo al oso su pariente: A Dios, ami-
Mientras que la zorra hacia todos estos
go, hasta la vista que discurro que 110 me
estreñios, pasó por allí un oso su pariente, la
verás ya mas. Por esto se puede decir con
conoció en la voz, acercóse, y se asomó á la
certeza que unos suben y otros bajan; con
cisterna, V viéndola allá abajo, le dijo: Poi-
que aplicando^el cuento, moralizándole, digo,
qué te quejas ? te has caido, ó go puedes su-
que tal vez cuando una persona se halla en
bir? Cuéntame lo que te ha sucedido, que
la mayor pobreza, asciende á las felicidades
deseo ayudarte en tan gran necesidad. En-
mayores, como sucedió á la zorra, que des-
tonces estuvo pronta á la astucia la mali-
pues de haber saciado su apetito, quedó con-
ciosa zorra, y en estos términos se esplica:
300 HISTORIA D E L A VIDA DE CACASENO. 301

tenta y victoriosa, burlándose del mundo; y


á otros les sucede lo mismo, que esperimentó JUEGO Y NOMBRES D E LOS INSTRUMENTOS.
el pobre oso que dejándose engañar y llevar
de una vil golosina, acaban su vida en nece- Primero La Espineta.
sidad estrema. Segundo Arclúlaud.
Tel"cero Guitarra.
Rein. Me has dado sumo gusto y conten- Cuarto Violin.
to con la fábula que has referido, y solo tu Quinto Bajón.
agudeza pudiera traer las cosas tan prontas, Sexto Chirimía.
Séptimo Trompeta.
adecuadas y al caso; pero dejando esto, y Octavo Tambor.
volviendo á nuestro asunto antecedente, lo Nono Corneta.
que quiero es, que me enseñes un juego de Décimo Flauta.
prendas, en que el que perdiese la pague, y Undécimo , Viola.
Duodécimo Trompan.
para volverla á cobrar, se le ha de dar la
penitencia de descifrar alguna cosa dificulto- Aquel que hiciese el juego, dirá, por ejem-
sa, ó un equívoco, y en suma otras muchas plo, dirindin con tu espineta. El de la espi-
penitencias muy discretas que h a y ; y si no neta responderá con su instrumento y despues
lo aciertan, suele haber un rato de fiesta, de tocará uno del de los otros, el que le pare-
pasatiempo y de chanza. ciere, y dirá de esta suerte:
Mure. Pues quiero enseñarte uno, que yo Dirindin con mi espineta y trapatá con tu
espero será muy aplaudido de todos los con- tambor: el que tuviese el tambor responderá
currentes ; y es juego que vió Bertoldo hacer al instante.
á unos caballeros, cuyo título es
I. Dirindin la rnia 6 tu espineta.
II. Tronc, tronc el mió ó tu archilaud.
L A MUSICA INSTRUMENTAL. III. Trine, trine la mia ó tu guitarra.
D E C L A R A C I O N D E L JUEGO. IV. Si, ri, si, si, ri, si el mió ó (u violin.
V. Virivi, virivi el mío ó tu bajón.
Los jugadores y jugadoras no han de ser
VI. Tarantan, tarantan la mia ó tu chirimía.
mas que doce, y cuando menos ocho ; cada VII. Taró,tari , . .la mia ó tu trompeta.
uno ha de tomar uno de los infrascritos instru- VIII. Trapatá el mió ó tu tambor.
IX. Curici el mió ó tu corneta.
mentos, y aquel que escogiese, le ha de imi-
X. Fis, J¡s,Jis el mió ó tu flauta.
tar con la boca y con las manos, y despues XI. Vion, vion, vi la mia ó tu viola.
que le haya imitado con su instrumento, te- XII. Fu, fu, fu el mió ó tu trompon.
mará otro de los compañeros.
DE CACASELO. 303
302 HISTORIA DE LA VIDA

seguirá con las demás condiciones, que me


Todo aquel que faltase pagará sus prendas has dicho, las cuales conservaré en mi me-
del modo que se advierte. moria. Pero si por acaso yo llegase á ser
uno de los vencedores, quisiera que me ense-
Cuando le llamasen, si no responde presto ñaras una dificultad para mandar descifrar
con su instrumento, pierde; es á saber, si fal- al dueño de la prenda.
ta en cantar el verso, y si dice luyo en lugar
Mure. Está bien. Cómo haria Y . Mag.
de decir mió; y cuando no se imita con las
para partir veinte en cinco partes, y que
manos su instrumento ó del compañero; ad-
cada partida quedase en número desigual, ó
virtiendo, que si los instrumentos son de voz
por mejor decir en nones 1
acruda, se imitará con su voz sutil, y los de
Rein. Y Q t a m b i é n h e e s t u d i a d o un p o c o
las voces gruesas, se han de imitar á corres-
d e A r i t m é t i c a ; e s p e r a que h a g a el c ó m p u t o ,
pondencia ; y el que faltase á esto, pagará
á v e r si m e s a l e b i e n : 1 3 5 7 , s o b r a n 4 ; no
una prenda: y por esto dice el proverbio, que s a l e : 3333, sobran 8 ; p e o r : 3573, sobran 2 ;
todo cansa en este mundo, y que todo juego tampoco. C u a t r o v e c e s cinco veinte, que
tanto mas gustoso es, cuanto tenga de mas son p a r t e s : no e s p o s i b l e p a r t i r e n c i n c o p a r -
breve. Según cada uno va poniendo su pren- tes, y q u e q u e d e n en n o n e s .
da, saldrá del juego; y cuando los jugadores
Marc. Véase con qué facilidad lo he de
tengan perdidas seis prendas, estas se las da-
poner en claro, y partir veinte en cinco
ráná los vencedores, y para hacérselas cobrar,
partes, y que queden en el número de nones:
despues que haya salido del juego, es preciso
háse de partir la palabra en esta forma:
que otro le llame á su instrumento, y este
torna al juego, y recupera su prenda; y aquel
VENTI.
que ha errado, depone la prenda, y sale del
juego.
Rein. Quedo muy enterada; y paraque NOTA.
veas si es cierto, me esplicaré según mi pa- Quédase en idioma italiano la palabra
recer. Aquel que guia el juego, debe cantar V E N T I , por dejar el enigma perfecto; el
con la boca, y con las manos imitar el instru- que no lo estaría si se pusiera en nuestro cas-
mento ; y los "del juego, á aquello que oigan tellano, por ser en él mas abundante de letras
p r o n u n c i a r , responderán presto con su ins-
dicho término; y cmio rigurosamente ha de
trumento, v aquel mismo ha de proponer quedar en cinco partes, es necesario dejarle
otro el que le pareciere; y de esta manera sa
en el, italiano V E N T I , que equivale á nues-
tro V E I N T E castellano.
Y a está desatada la dificultad, y discurro
que es bastante enigmática.
Rein. Es que es muy discreta, y me ha
gustado; y quedo enterada, persuadiéndome
que saldré" con aplauso de mi empresa, y que
te daré las gracias: y ahora, pues no hay
mas que hacer, véte á ver á Cacaseno, por-
que el pobrecillo te estará esperando impa-
ciente.
ALEGORIA SEXTA.

La gula y la Codicia reducen al hombre bru-


tal: la razón grita, y lo reprueba la pru-
dencia de (Aro; por ¡o que siempre es pre-
ciso echar futra estos sugetos de las con-
versaciones de los hombres.

Marcolfa se fué para su casa, en la que /la-


bia dejado á Cacaseno: este se lleva la
cara de cola: un criado le ve : da cuenta
al Rey de lo que está haciendo, y le inunda
que se le lleven á. palacio, que le quería ver.
Con la mayor veneración y respeto, que
Marcolfa usaba, se despidió de la Reina.
Volviendo á Cacaseno, como su abuela le
habia dicho, cuando se fué á v e r á la Reina,
que se entretuviese hasta que volviera; un
criado, viendo que estaba solo, se escondió
en un lugar ocuito del cuarto, para observar
todo lo que hacia, manteniéndose allí hasta
que le vió hacer una de las suyas, y sin po-
der contenerle, fué corriendo á dar cuenta
al Rev, y como supo que estaba solo, man-
dó al criado que se lo trajese. Volvió, y le
saca • del cuarto con el protesto de qué le
llevaba á beber, siendo engaño; pues se
halló delante del Rey, y mirándole la cara,
que la traia toda engrudada, le preguntó á
Afilio, que así se llamaba el criado:
308 HISTORIA DE LA VIDA

Rey. Qué le ha sucedido al pobre Caca- Cae. Es, que he merendado, y se me ha-
seno, que trae la cara tan engrudada y brá pegado alguna grasa, y quisiera solo que,
puerca ( me hicieras el gusto de mandar dar á este
Criad. Señor, habéis de saber, que un veinte y cinco palos muy bien dados; porque
mozo de la repostería puso á la lumbre un el Rey le ha mandado que me lleve á beber,
perol de cola para pegar los cristales de los y él no ha querido obedecer; y así manda
ramilletes, y pareciéndole cosa á propósito tú que traigan de beber, porque me siento
para comer, agarró el perol, y se le puso en- tan hinchado como una vejiga de puerco.
tre piernas, y comió alguna porcion de cola, Rein. A decir la verdad', te pareces á él
y despues se debe de haber estregado la en un todo, y tu cara no es de otra cosa, que
cara con ella; de suerte, que yo dificulto que de lo que has dicho tú mismo.
Barrabás le pueda limpiar, ni quitarla. Mandó que le refiriesen el suceso, y lo
Rey. Díme, Cacaseno, has comido de la celebró infinito, y despues ordenó que le
cola ? llevaran á beberá Llegó Marcolfa á su
Cae. Si mi abuela me dijo, cuando se fué, cuarto, y no hallando á Cacaseno, se inquietó
que me entretuviese; y yo, como no hallé de tal modo, que iba á salir á buscarle suma-
otra cosa, me he divertido con aquel perol mente enfadada; pero al mismo punto llegó
de puches, y esta cara de judío me ha traido Atilio con Cacaseno, y despues que supo el
delante de tí, en lugar de llevarme á beber. suceso, empezó á esclamar, diciendo: Pobre
El Rey, oyendo razones tan inocentes, y de mí! Este bruto tiene lá cuipa de verme
mirandosu cara detan malísima figura seechó avergonzada en esta corte! Procuró lavarle;
á reír, y mandó al criado que le llevara á pero eran vanas todas diligencias, pues tan
beber; pero como deseaba que la Reina dura y tan tenaz estaba la cola, que no habia
fuese sabedora de tal simplicidad, le hizo una fuerzas humanas para podérsela despegar de
seña, paraque le llevase á su cuarto, lo que la cara y manos; y fué preciso poner agua
obedeció puntualmente. á cocer, para podérsela quitar. Enfadada
de sus bestialidades, y desesperanzada de su
enmienda, determinó el ir á pedir licencia á
La Reina y Cacaseno.
los Reyes, para retirarse á su montaña: los
Rein. Cómo vienes con esa cara engru- halló juntos, y con una reverencia humilde y
dada? profunda así les dijo:
Rey. Y o te confieso que tal vez con mu-
Marcolfa, Rey y Reina.
chos suele suceder lo que dices; pero conti-
Marc. Serenísimos y piadosos señores: go, á quien conocemos tan prudente y tan
Y a que es tanta mi fortuna en haberos halla- formal en todas tus cosas, no nos habíamos
do aquí juntos, acaeciéndome lo que muchas de privar de la prudencia, cometiendo tan
veces suele suceder al cazador que pone la mala correspondencia con una muger de tu
red para un pájaro, y coge dos á un tiempo mérito y circunstancias; pero supuesto que
mismo; con el mayor rendimiento vengo á estás en ánimo de marchar, por lo que á mí
suplicaros me concedáis licencia y libertad toca, yo te concedo la licencia, con condi-
para volverme á casa; y así espero esta ción de que sea con agrado de la Reina.
gracia de vuestra real clemencia. Rein. Y o le concedo licencia; pero con
Rey. Conozco que es perjudicial á tus in- la obligación, que ha de venir con Cacaseno
tereses y al gobierno de tu casa la ausencia cada año una vez á verme; y si no me hi-
de tu persona, y así te concedo la licencia y ciera cargo del perjuicio, que se puede seguir
permisión, cuando fuese tu voluntad; pero á tu casa estando ausente, seria mi mayor
te aseguro, que para nosotros seria de mayor gusto de que te quedáras á vivir en la corte;
gusto el que tú te quedases á nuestra vista. pues contigo tendria una vida contenta y
Marc. .En todo asunto, oracion, argumen- muy gustosa.
to y disfrutar favores de otros, siempre se Marc. Piadosísima Reina, hablo con cla-
gus'ta de la brevedad; ademas de esto, no ridad, y con verdad me puedes creer. Si yo
parece bien que un súbdito se familiarice dejára'los aires puros de mi montaña, y me
con su Príncipe largo tiempo; porque tal faltasen aquellas aguas sutiles, el comer de
vez, cuando ménos se piense, no le hallará aquellas viandas tan gruesas, y me quedase
de gracia, y le sucederá lo que al ratón con en la corte, con esquisito vino, viandas rega-
el gato, que despues de jugar con él largo ladas, y otras cosas delicadas, que allí no se
tiempo, se cansa, y le deshace la cabeza, acostumbran, en breve tiempo pienso que me
para concluir su alegría. Mi marido solia moriría; esta es mi primera dificultad: la _
decir, que la amistad de un Príncipe es de la segunda, es cierto que habitando en la corte
calidad del fuego; y así es menester preca- á título de muger, que procedo en un todo
verse, v no acercarse demasiado, ni tanto, con claridad, y sin poder lisonjear, no había
que uno se queme, ni alejarse tanto, que no de poder sufrir algunos preciados de corte-
se caliente, sino en un buen medio. sanos, siendo solo "interesados y aduladores,
312 HISTORIA DE LA VIDA

cuyas complexiones son como las de los No será don Simón, sí simonía.
abestruces. Al virtuoso, si á medrar se aplica,
Rein. Los conoces tú á estos tales 1 Que es muy difícil se le significa:
Mure. Los conozco por unos versos que Su esperanza desde hoy pasa á mañana,
he leido, hechos de mi marido, que notó en Y por mucho que estudie, siempre afana.
el tiempo que trató la corte, que por raro Al ambicioso, en todo entremetido,
modo los he visto, y los tengo impresos en Con falsa adulación, labio fingido,
la memoria. Si en la lisonja funda la alabanza,
Rey. Pues quiero que los digas. Siempre la corte da buena esperanza.
Rein. Y o también, que discurro serán Corre pronto al halago, al fingimiento,
como suyos. Y es mas aleve, cuando mas atento;
Marc. Y o los diré; pero quisiera que se Pues con la risa falsa en sus razones,
quedáran impresos para siempre en vuestra Corre bellaco á las sublevaciones.
memoria. Oye uno de estos á su dueño acaso,
Que tiene hambre, ya está la mesa al paso
CAPITULO Si ya no tiene gana, lo mejora,
Del virtuoso cortesano, y del ambicioso. Pues le dice muy presto, no, no es hora.
Si á otro dia á aquel punto está presente,
PAREADOS.
Y el valedor con gana no se siente,
En vez de la corte puso la voz muerte Le responde con mucha cortesía:
Un poeta, y no es mucha la ignorancia; No es tiempo de comer, no es mediodía.
Porque de' corte á muerte, si se advierte, Si el patrón dice, ola; ya está listo,
Es muy poca, ó ninguna la distancia. Ligereza mayor jamas se ha visto,
O ya á la muerte, pues, ó ya á la corte, Y bien que sea tarde ó bien temprano,
Regulando á su modo, trage y porte, Se presenta el sombrero ya en la mano.
Concurre el virtuoso: Si acaso escupe, como esté delante,
A este, opuesto, le sigue un ambicioso. Va, y con el pie lo limpia en un instante;
De ceremonias viene prevenido, Pero basta. L a hoja aquí doblemos,
Con su hebilla y zapato presumido: Y el discurso á otro asunto le mudemos,
Don Simón ser pretende el que llegáre, Que un útil pensamiento en esto se halla,
Pero un tonto será el que así lo usare; Y es quitar de la oreja tal canalla.
Porque en su trato y en su vil porfía 27
HISTORIA DE LA VIDW.

Marc. Estos son los versos que escribió que á un hombre erudito y aplicado, que se
Bertoldo, bien enterado de lo que es la corte; mata y se descalabra el entendimiento para
y dejar de hablarles claro á estos, no fuera dedicarse, y perfeccionar con inmenso tra-
en mi mano, con lo que era preciso ser mal bajo una obra, y despues de tanto desvelo la
vista. presenta con el fin de tener algún ascenso, y
Rey. No hay duda que merecen atención lo que saca de su afán, es que ni aun le dan
estos dichos, porque tienen mucha moralidad; las gracias. Mírese qué esperanzas pueden
pero volviendo á lo que íbamos, te digo, que tener los eruditos y doctos despues de tan
tu conversación nunca nos puede servir de malos ratos y trabajosos estudios!
tedio. Miéntras que fueron á tomar el dinero, en-
Rein. Díme, no me has ofrecido de que vió la órden al literero, paraque á la mañana
volverás á vernos? siguiente al romper el alba estuviese pronto
Marc. Si la vida me lo permite, no tendré para conducir los dos grandes personages á
dificultad en cumplir con una obligación tan su tierra: en este intermedio Marcolfa hizo
debida. á los Reyes sus cumplidos de despedida, en
El Rey llamó al mayordomo, y le mandó esta forma:
que trajese doscientos escudos para entregar Marc. Ahora conozco que vuestras ma-
á Marcolfa, disponiendo al mismo tiempo, gestades son nuestros amos y señores, y ami-
que por la mañana temprano hiciese apron- gos ciertos.
tar una litera para conducirla á la montaña: Rey. T ú dices que nos reconoces por cier-
el mayordomo se apartó para obedecer la tos amigos. Pues dime, qué entiendes tú en
órden que se le había dado, pero de tan mala esta palabra ciertos ?
gana, echando tantos entripados y juramen- Marc. Señor, es que también hay amigos
tos, como el marinero en tempestad, hacien- inciertos.
do muchos gestos, dando palmadas, y enco- Rey. Pues declárame esa diferencia.
giéndose de hombros iba diciendo: O, qué Marc. Escucha, y atiéndelo en esta
sinceridad es la que tienen algunos señores
en apoyar desatinos, proteger tontos, y dar OCTAVA.
alas á bufones, como al presente se ve con
este señor, que manda dar doscientos escu- Tanto me sirve el bien que no aprovecha,
dos á estos monos, irrisiones de la corte. Cuanto el mal que no daña. Ola, cuidado,
Mas presto premiarán á semejantes gentes, De amigos de promesa hay gran cosecha,
316 HISTORIA DE L A VIDA DE CACASE.VO. 317

Que el bolsillo te ofrecen con agrado: da, y en su interior reserva el veneno; y así,
Mas si á la prueba vienes, la desecha, lo mejor es, queíiinguno se. mezcle, ni se pon-
Que es chachara y parola le ha mostrado; ga en lo que no le toca, pues nunca saldrá
Solo es amigo el que en grandeza suma bien, y se arriesga á muchas contingencias;
Favorece al de mísera fortuna. y como yo no tengo tedio, ni odio con perso-
na alguna, quiero decir á vuestras magosta-
Rey. Pues cómo se ha de gobernar el dos uña moralidad, que viene adecuada á
hombre para ganarse los amigos verdaderos? nuestro asunto.
Marc. Las amistades verdaderas son las Rey. Refiérela, la que escucharemos con
que están fundadas en las acciones de cari- grande gusto y atención, miéntras que viene
dad y costumbres virtuosas; pero aquellas, el mayordomo con los doscientos escudos.
que tienen los cimientos del vicio, duran muy Marc. Habéis de saber, que en el año que
poco; pues estos se convierten de amigos en las gallinas hilaban lana, para tejer paño para
pérfidos enemigos: las amistades que uno lle- hacer calzones á los gallos, refiere Esopo y
g a á conocer que son perjudiciales, se debe otros diversos autores, que hablaban entonces
huir de ellas para no caer en el peligro, si- todos los animales y por consiguiente tenían
guiendo despues el precipicio, y así es prác- entre ellos sus amistades, quimeras y pleitos,
tica conocida, que si un hombre dócil trata trataban y contrataban en todo aquello que
de continuo con otro que sea de malas cos- les era preciso para vivir.
tumbres, se apropia y gana la ruin fama del • En el mismo año se hallaban las zorras
compañero; vulgarmente se suele decir: odiadas generalmente, por haber engañado
díme con quien andas, te diré quien eres: y á todo el mundo con sus astucias y malicio-
también dicen que las malas compañías des- sos ladronicios. Hallándose sin amigos, y
nucan al hombre, y por lo general semejan- perseguidas con estremo, casualmente un dia
tes amistades suelen ocasionar de tan grande una se encontró con un perro mastín el cual
amor, doblado, tenaz é intenso odio; de suer- así que la vió, se tiró á ella para matarla:
te, que aunque pase mucho tiempo, y se ha- ella con el sobresalto y sospechas de su cor-
gan amigos, nunca llega á aquella amistad ta vida, procuró ponerse en salvo, como en
tan familiar como ántes, pues el vicio del efecto lo consiguió; y fué su suerte, que ha-
odio es de tan mala inclinación, que el ven- llando un agujero, se escondió dentro de él;
gativo en lo esterior parece que perdona; de modo que el perro 110 era posible pudiese
pero es muy al contrario, que nunca so olvi- entrar, y legrar su intento: no obstante vién-
27*
318 HISTORIA D E LA VIDA

dose asediada, y siempre con el mismo peli- ren dar, que no sirve para nadie, y esto te ha
gro si salia de allí, ideó una nueva astucia, y de servir de sustento; y despues los ascensos
fué de esta manera: Empezó á hablar al per- son trabajar, y no descansar de dia, ni de
ro con unas palabritas muy dulces, diciendo: noche; ántes bien muy al contrario, pues es
Di me, hermoso, querido, amado perro mió, preciso velar y mas velar; pobrecito mío. te
por qué me quieres matar? Sabrás que yo aseguro, que se me parte el corazón de dolor
venia deseosa de hallarte, y conferir contigo y compasion que te tengo; y así te vuelvo á
un pensamiento y arbitrio, que ha de red"r¡- decir, estoy arrepentida de todas mis iniqui-
dar en tu favor; depon á un lado tu enojo, y dades, y solo me falta para ser buena de aquí
te suplico que me escuches. Oyéndose ala- adelante una buena compañía, por lo que de-
bar y tratar con tanta melosidad, y con el seo tener amistad contigo, y de este modo,
ínteres de que habia de tratar un negocio fa- llevándome en tu compañía, te aliviaré en
vorable á sus intereses, respondió el perro algún modo de tanta sujeción como tienes, y
que la escucharía muy gustoso; añadió la haré la centinela como tú en casa de tu amo :
zorra : Y a sé, perro mío, que tienes noticias tú harás la guardia de dia, y yo la haré de
de todas mis picardías en que he delinquido noche, y con esto empezaré á hacer mérito,
hasta el dia presente; pero te prometo (por ínterin que tú te empeñes con el amo, insi-
vida de lo que soy) de tratar la enmienda; nuándole que me reciba para mayor seguri-
ya estoy arrepentida, de tal modo, que desde dad y útil de su casa, teniendo guardias con-
hoy en adelante viviré sin hacer mal á nadie, federadas y de buena correspondencia.
y así yo te vengo á buscar, porque estoy per- Entonces el buen perro, cuadrándole tan
suadida, que entre todas las bestias del mun- suaves proposiciones, sin considerar que la
do tú soío tienes el nombre de fidelidad, en práctica y amistad de una bestia tan infame
quien espero que la uses, y seas piadoso con- se le habia de convertir en daño y perjuicio,
migo ; lo que y o no dudo; y ya que tengo la hasta su muerte, le dijo: Sal fuera de este
fortuna de decirte mi parecer, le digo que no agujero, que yo te daré la pesuña de bestia
te puedo espresar la grande lástima que me honrada, y la palabra de no ofenderte, y de
causa un estado tan infeliz como en el que hablar á mi amo paraque te reciba en mi
estás destinado; tanto de dia, como de noche, compañía para guardia de su casa y su ga-
te precisa estar vigilante en la casa de tu amo, nado : salió fuera la zorra, bajo su palabra
para cumplir con tu obligación, y vivir con honrada; y va que juntos estaban estos dos
ia miseria del Ínteres de aquello que te quie- nuevos .a©igos, marcharon á casa del perro:
el dueño así que vió la zorra, tornó una esta- como verdadero amigo, de escucharte, y de
II ca, y fué corriendo para matarla: la zorra, vivir unánimemente contigo, sin que yo re-
con grande mansedumbre, no quiso huir; vele á nadie el secreto; con que en este su-
antes bien se tendió panza arriba con grande puesto bien puedes libremente descubrir tu
humildad: el perro viendo acción semejante,' pecho sin la mas mínima sospecha. Replicó
se compadeció, y se puso en medio, paraque la zorra: perro mió, tú ya puedes considerar
el amo no la quitase le vida, insinuándole nuestro miserable estado (no lo digo por el
(jiie la recibiese en su casa para mayor go- amo, pues no dudo que cumplirá con todo lo
bierno y seguridad de ella: el amo condes- que me ha prometido), mira de la suerte que
cendió á las súplicas, y prometió al perro nos hemos puesto, despues que nos dan á
de mantenerlos á los dos, consignándoles comer este pan de mezcla, pues estamos fla-
cuatro panes todos los dias para cada uno, cos como dos linternas, y negros como sar-
una artesa de agua, huesos y las demás re- tenes ; y no es porque tú seas feo, ántes bien
galías y emolumentos que se proporciona- eres galan y hermoso, pero la falta de carne
sen : quedó hecho el pacto: por dos ó tres te afea mucho. Ah pobrecito! si tú te vie-
dias caminó con satisfacción el amo del per- ras, te habías de contar las costillas! Y así,
ro, y de la zorra malicioso animal, que quisiera que te aprovecháras ahora que es
estando acostumbrado á comer gallinas, po- tiempo, y tomáras mi consejo: mira que yo
llos y capones hurtados por sus uñas de los sé muy bien, que tú eres práctico en esta
gallinetos, no se podia acostumbrar á comer villa, pues cuando sales fuera con el amo,
aquel pan negro, mezclado de centeno y sal- tienes conocidas todas las casas de los veci-
vado, que se usa hacer para los perros; pensó nos ; de suerte, que tú no ignoras las entra-
una industria, y fué, que hallándose un dia das y las salidas de todas ellas; y si acaso
en conversador? con el perro, le empezó á tuvieses poca práctica de algunas, las puedes
decir: perro mió, fiel compañero, querido, recorrer de dia, y hacerte cargo de todas, y
amigo de mi vida, ya que estamos solos, de noche, mientras que el amo duerme, po-
quisiera decirte cuatro palabritas, las que te demos ir, hoy á una casa, y mañana á otra,
aseguro redundarán á favor nuestro; pero á buscar un par de gallinas, que enseñán-
con el pacto, que me has de dar palabra y dome tú el gallinero, te quedarás para guar-
mano de no oponerte á mis arbitrios y pro- darme las espaldas, y yo con gran destreza
posiciones, tan ventajosas á nuestro mayor ejecutaré el tiro, y despues nos irémos á un
útil. Respondió el perro: yo te doy palabra, pajar que no falta en cada casa de estos lu-
HISTORIA DE LA VIDA

gares, y de este-modo cada noche mudare- zorra, que no podia acostumbrarse al pan de
mos de bisiesto, viviendo alegremente mu- perro, halló otra nueva astucia. Iba por la
chos dias, sin que ninguno lo conozca; por- noche al gallinero de su amo, y se comía
que tú no eres persona sospechosa: de dia una gallina, perseverando en esta infamia,
irás tú á descubrir terreno, y por la noche hasta unos seis dias, y haciéndose sus cuen-
iremos despues á pegar fuego á la mina ga- tas de lo que podia resultar, dijo : Y a no es
llinesca. El perro lé dió palabra, consin- tiempo de estarnos con las manos metidas en
tiendo á sus malditas astucias, dejándose ha- la faltriquera, porque si el amo hace revista
cer la mamola con las falsas proposiciones de sus gallinas, á mí me ha de echar la cul-
de la zorra: pusiéronlo en ejecución, y jun- pa, de lo que resultará gravísimo riesgo á mi
tos de dia y de noche se regalaron á costa vida.
de los vecinos del lugar; pues de cada uno Despues que se hizo sus cuentas, se fué al
lo pagaba su gallinero. Despues de algunos amo, y le dice: Señor, es cierto que estoy
dias, las mugeres del lugar estando en con- muy satisfecha de los muchos favores y del
versación, dijo una: amigas, no sabéis que buen trato que me habéis hecho, y yo como
esta noche me han hurtado un par de galli- tan agradecida, vengo á descubriros una in-
nas ? Respondió otra: pues á mí me ha su- famia, que se hace todas las noches en tu
cedido lo propio la noche antecedente; y así gallinero. Preguntó el amo: Qué infamia
una despues de otra, todas fueron refiriendo es la que se comete ? Respondió la zorra:
lo mismo; de lo que resultó, que determina- El picaro de vuestro perro, de quien tanta
ron poner una trampa en uno de los galline- confianza Hacéis, es el ladrón, y cada ncche
ros, y estar á la vista, por ver si se podia hurta una gallina; lo que hace con el.hurtó
descubrir el agresor. yo no lo se. Replicó el amo: Es verdad lo
Miéntras se determinaba esto entre ellas, que. me dices ? Señoi', es muy cierto, y si
el perro, que andaba rondando, y espiando la quieres desengañarle, véte al gallinero, y haz
caza, oyó los preparativos que disponían revista de las gallinas, y conocerás la. falta;
contra ellos: fué corriendo á dar aviso á la y para mas seguridad y desengaño luyó,
zorra, á la cual dijo: amiga, y a que nuestra esta noche te enseñaré eí perro con el hurto
fortuna ha querido, que nos hayamos puesto en las manos.
gordos, no volvamos mas á hurtar (sin duda El amo airado contra el perro, quedó de
el perro miraba primero por la vida, que por acuerdo con la zorra de desengañarse vién-
!a golosina de su gula); pero la viciosa dolo por sí mismo: se despidió la zorra del
HISTORIA DE L A VIDA

amo, y llamó al perro, y con gran secreto le de las gallinas; discurro tendrás conocida la
dijo: Amigo, es tanto el amor que te pro- gran confianza, que yo siempre he hecho de
feso, que no puedo estar un instante sin tu persona, mi deseo es que tú sirvas de per-
verte; y así te digo, que esto de andar en ro. Con gran solapa replicó la zorra: Con
los gallineros no es muy bueno, pues puede mucho gusto obedeceré lo que me mandas;
suceder, que un dia ú otro caigamos en la pero quiero que desuelles el perro, y adobes
trampa, y lo pague nuestro pellejo; pero no el pellejo, y despues por parte de noche me
obstante te aseguro, que me hallo con unas lo pondrás al rededor del cuerpo, que de este
ganas de que nos comamos un par de galli- modo creerán los ladrones que soy el perro,
nas... Preguntó el perro.: De las del amo? y tendrán miedo de mí; aunque yo no hago
Sí, de las mismas; yo las mataré, y tú las animo de ladrar, que será lo mas acertado;
sacarás fuera de casa, y las esconderás en pues dice el proverbio: Perro ladrador, nun-
un barranco, que allí las comeremos despues. ca es buen cazador; y de este modo daré
color á esta' invención, y quedarán engaña-
El perro hizo alguna repugnancia á tan
dos, creyendo que soy tu perro, y tu casa
depravada proposicion; pero la zorra lo en-
estará guardada y libre de todo insulto.
redó de tal modo, que consintió, y quedaron
determinados á hacerlo; en efecto, por la A l amo le pareció el partido mas seguro:
noche hizo ver á el amo la verdad, pues vió compuso el pellejo como se lo habia pro-
pasar al perro con las gallinas en la boca, é puesto la zorra, y se le puso al rededor, fin-
indignándose de ver tal infamia, al dia si- giéndose perro; pero la infame, maldita y
guiente le halló durmiendo, y le mató. Cuan- maliciosa bestia, cuando vió toda la casa en
do vió la zorra tal castigo, se hizo la cuenta silencio, á media noche, se fué al gallinero, y
de aquel refrán, que dice: Cuando la barba se comió dos gallinas, y con el pellejo del
de tu vecino vieres pelar, & c . y así le pare- perro encima de sus lomos se escapó disfra-
ció, que no le tenia mucha cuenta el estar zada fuera del lugar á otra parte. Se levan-
en semejante tierra, temblando no le suce- tó por la mañana el amo, y no hallando la
zorra, y viendo la falta de las gallinas, des-
diese á ella lo mismo que al perro. Todos
cubrió la estratagema de tal dicho; por lo
estos juicios los fundaba bien, pero hallaba
que dijo en alta v o z : Me está muy bien em-
difícil el escaparse del lugar; no obstante
pleado, y yo me lo merezco todo lo que me
halló un nuevo modo, y fué, que viniendo el lia sucedido: esto acontece á todos aquellos
amo á casa, le dijo: Ahora ya te he quitado que lidian con gente viciosa, que estos hacen
el perro de tu compañia, siendo él el ladrón 4 28
perder á todos los que tratan; estoy cierto, por obligación y respeto; y así, os suplico
que el pobre perro ha muerto inocente, y su notéis estas sentencias pastoriles:
desgracia ha dimanado de la comunicación
Quien delante te alaba magestuoso
que ha tenido con la maliciosa zorra. Este
En ausencia te vende acelerado.
es el fin de la fábula, que he prometido con-
Con el ánimo infiel y escandaloso
tar á vuestras magestades.
Te afecta su cariño desalmado.
Rey. No hay duda, que la fábula no solo Si á sus gustos triunfas dadivoso,
es gustosa; pero de grandísima utilidad para Te coronan por hombre celebrado;
todos aquellos que se unen con malas com- Y si de estos le libras con bonanza,
pañías, y tratan con gente soez, metida en No fundes mas en ellos tu esperanza.
el vicio, los cuales hacen verídica aquella
sentencia, que dice, que las malas compañías Llegó el mayordomo, y entregó á Mar-
conducen al hombre al degüello, "i ahora colfa los doscientos escudos, y la Reina se
volviendo á lo pasado, digo, que ya vendrá quitó del dedo una sortija de esmeraldas, y
el mayordomo y te entregará doscientos se la dió, paraque en su nombre la regalase
escudos, con que quiero regalarte, y te en- á Dominga ó Menguina, que así la llamaban
cargo, que vuelvas á vernos, como lo has en su lugar. Despues que recibió todo lo
prometido. Mañana temprano marcharás espresado la astuta Marcolfa, dijo á los
en la litera, que y a tienes prevenida, que de Reyes así:
esa suerte irás con mas conveniencia á tu Serenísimos y piadosísimos Señores, ha-
casa, en donde y o creo te estarán esperando béis de saber, que entre las muchas y lindas
con grande ansia Bertoldino y su muger. cosas que contaba mi marido, me parece
Dejó de hablar el R e y ; y la Reina, que ha- adecuadísima á lo presente esta que referia.
bia callado, alabando la fábula, le dijo: Decia de Alejandro Magno, que un día re-
Rein. L a fábula es müy graciosa, y puede galó una grande porcion de oro á un Filóso-
servir de mucho gobierno, particularmente á fo, y este rehusó admitirlo (fué esta una ac-
la gente jóven, y solo deseo saber una cosa, ción sumamente alabada de todos; no lo fué
y es de qué procede que los Príncipes tienen de todos la de Alejandro, ántes estas prodi-
tantos amigos"? galidades muchos se las desaprobaron, por-
Marc. A los grandes todos se muestran que los bienes y riquezas, que Dios concede
amigos, unos por el Ínteres, otros por adula- á los Reyes, no deben usar de ellas prodiga-
ción, y otros por miedo, y los mas sencillos mente, pues no han de servir mas que para
inmediatos habitadores de su cortijo; pero
las urgencias precisas, pagar lo que es de mucha mas alegría, dice, que tuvo Bertol-
obligación á los vasallos; y lo que sobrare dino, cuando oyó el sonido de los escudos,
de esto, practicar actos de caridad, que será como también Dominga con el regalo de la
lo mas útil y grato á los ojos de Dios): el esmeralda (que este punto que toca á recibir
Filósofo, pues, esquivándose para no admitir es una cosa tan buena, que aun á los tontos
la dádiva, determinó injuriar á Alejandro, les agrada). Y con doblada alegría no se
tomando á mejor partido el quedarse en su saciaba de hacer infinitos cariños á su es-
miseria, que recibir la oferta: no obstante timado Cacaseno.
esto, yo doy á vuestras magestades las mas Como Marcolfa sabia leer y escribir, al
debidas gracias por los favores tan grandes, tiempo que el literero iba á marchar, le en-
que os habéis servido hacerme, de lo que yo tregó una carta, paraque se la diese al Rey.
quedo siempre esclavizada y reconocida; y Llegó á palacio, presentó el pliego á su
solo ahora espero me deis vuestras últimas Magestad, quien pasó inmediatamente al
órdenes, deseando tengáis una larga vida, cuarto de la Reina, participándole como ha-
colmada de las mayores felicidades, y que bía recibido carta de Marcolfa: la abrieron
siempre logre vuestro Reino de la mayor con grande ansia y mayor gusto, y su con-
tranquilidad, para sosiego de vuestros áni- tenido decia así:
mos reales.
Los Reyes se quedaron maravillados de la
elocuencia de Marcolfa, porque en el con- Carta que escribió Marcolfa á Rey y Reina
cepto común no era de muger nacida entre desde su montaña.
montes, ántes bien al contrario de muger tan " Mis señores: Siendo tan debido el obe-
sagaz, que podia vender discreción á todos; decer los preceptos de vuestras magestades,
si bien bastaba el haber sido muger de Ber- me obliga á participar mi arribo á esta su
toldo, hombre tan celebrado en el mundo. humilde choza: por no omitirlo mi obliga-
Por la mañana temprano marcharon en ción, se vale de la ocasion del retorno del
su litera: siguieron su viage hasta su casa, literero á esa corte: añadiendo á vuestras
y á la vuelta el literero dió noticia á sus magestades, hemos sido recibidos con gran-
Magestades de la grande alegría, que mos- dísimo aplauso de Bertoldino y Dominga,
traron Bertoldino y Dominga de verlos: habiéndoseles aumentado mucho el alborozo
añadió mas, que les hicieron grandes rego- con los regalos con que nos habéis honrado,
cijos, juntándose todos aquellos montañeses 28*
330 HISTORIA D E LA VIDA D E CJICASENO. 331

de lo que os damos todos juntos muy rendi-


das gracias. No escribo, cosa particular de TABLA
Cacaseno, porque el literero sale hoy por la
DE LO QUE SE CONTIENE EN ESTA HISTORIA.
mañana muy temprano, y él todavía está en
la cama; y así estamia servirá de un pequeño
reconocimiento, mientras y o y toda mi fa- T R A T A D O I.
milia deseamos á vuestras magestades las
mayores felicidades." Introducción á l a o b r a Fo1 ' 7

F a t a l figura de B e r t o l d o 8

A u d a c i a de B e r t o l d o 9

P r e g u n t a s y r e s p u e s t a s entre el R e y y Ber-
toldo 9

ALEGORIA PRIMERA.
'¿'¿SÍ . I I V J T - I 2ÈSS.V5 A s t u c i a s de Bertoldo 1 7

vr Pleito de las m u g e r e s 1 8

Justa sentencia del R e y 1 9

Prudencia g r a n d e del R e y en el pleito de las


mugeres
D i s p u t a de B e r t o l d o c o n el R e y sobre la
sentencia q u e dió •• 2 1

E l R e y a l a b a á l a s m u g e r e s en presencia de
Bertoldo 2 1

A s t u c i a ingeniosa de Bertoldo, p a r a hacer


que el R e y d i g a m a l de ellas 23

¡a T u m u l t o de las m u g e r e s c o n t r a el R e y , na-
cido de l a a s t u c i a de Bertoldo 25
E l R e y se e n f a d a c o n las m u g e r e s 26
E l R e y e c h a e n h o r a m a l a las m u g e r e s . . . . 28
Disputa de B e r t o l d o c o n el R e y , regociján-
dose de haber s a l i d o con su intento . . . . 29
330 HISTORIA D E LA VIDA D E CJACASENO. 331

de lo que os damos todos juntos muy rendi-


das gracias. No escribo, cosa particular de TABLA
Cacaseno, porque el literero sale hoy por la
DE LO QUE SE CONTIENE EN ESTA HISTORIA.
mañana muy temprano, y él todavía está en
la cama; y así esta mía servirá de un pequeño
reconocimiento, mientras y o y toda mi fa- T R A T A D O I.
milia deseamos á vuestras magestades las
mayores felicidades." Introducción á l a o b r a Fo1 ' 7

F a t a l figura de B e r t o l d o 8

A u d a c i a de B e r t o l d o 9

P r e g u n t a s y r e s p u e s t a s entre el R e y y Ber-
toldo 9

ALEGORIA PRIMERA.
'¿'¿SÍ . U V J , , 3È»..«
A s t u c i a s de Bertoldo 1 7

vr Pleito de las m u g e r e s 1 8

Justa sentencia del R e y 1 9

Prudencia g r a n d e del R e y en el pleito de las


mugeres
D i s p u t a de B e r t o l d o c o n el R e y sobre la
sentencia q u e dió •• 2 1

E l R e y a l a b a á l a s m u g e r e s en presencia de
Bertoldo . . 2 1

A s t u c i a ingeniosa de Bertoldo, p a r a hacer


que el R e y d i g a m a l de ellas 23

¡a T u m u l t o de las m u g e r e s c o n t r a el R e y , na-
cido de l a a s t u c i a de Bertoldo 25
E l R e y se e n f a d a c o n las m u g e r e s 26
E l R e y e c h a e n h o r a m a l a las m u g e r e s . . . . 28
Disputa de B e r t o l d o c o n el R e y , regociján-
dose de haber s a l i d o con su intento . . . . 29
Descúbrese la astucia de Bertoldo, y el Rey injusta pretensión, con una carta al in-
vuelve á decir bien de las mugeres 31 tento 4S
La Reina concibe enojo contra Bertoldo, y El Rey por no condescender con la preten-
con engaño pregunta al Rey por él, di- sión de las mugeres, pide consejo á Ber-
ciendo que se le envie 33 toldo: discreta astucia de este paraque el
El Rey hafce que Bertoldo vaya á ver á la Rey quede bien 51
Reina 34 Manda el Rey entregar una caja á las mu-
Astucias de Bertoldo para librarse de que no geres, y en ella el secreto inventado por
cayera el diluvio sobre su cabeza 35 Bertoldo: curiosidad de mugeres en re-
Bertoldo se libra del diluvio 36 gistrar lo que habia dentro 51
La Reina insiste en que se castigue á Ber- Resuélvense las mugeres á abrir la caja . . . 52
toldo 37 Pesadumbre que recibieron las mugeres por
Astucia de Bertoldo para librarse del castigo. 37 .habérseles escapado el pajarillo 53
Otra astucia de Bertoldo paraque castiguen La Reina refiere al Rey la fuga del pajarillo. 53
á los criados de la Reina, y á él le dejen El Rey reprehende á las mugeres, y les con-
libre 38 cede su pretendida absolución 54
Bertoldo vuelve á visitar al Rey, y en su pre- Quiere el Rey que Bertoldo le haga una re-
sencia hace una buena burla á un Pala- verencia, y para ellp dispone bajar la
ciego 39 puerta de su cuarto 58
Burla desvergonzada de un Palaciego entre- Astucia de Bertoldo muy graciosa para no
metido á chistoso 40 hacer al Rey la reverencia 59
El Rey manda á Bertoldo que le visite otro Graciosa fábula del cangrejo y la langosta,
dia, ni bien vestido, ni bien desnudo; gra- que refiere Bertoldo 59
ciosa invención de Bertoldo para cumplir
ALEGORIA IT.
lo mandado 44
El Rey procura que Bertoldo sea castigado, El Rey manda á Bertoldo que le traiga una
y astucia ingeniosa suya para librarse del huerta, una caballeriza y un molino; y
castigo ' 47 astucia graciosa de Bertoldo para satisfa-
Fantástica ¡dea de las ciudadanas, para una cerle 67
dos de la Reina, y se los pone para salir
Premia el Rey á Bertoldo, y alegría suya
de palacio
por el premio 68
La Reina habla al alguacil, juzgando que es
Insta la Reina de nuevo al Rey, paraque le
Bertoldo: le hace que se asome, y al verle
envíe á Bertoldo 70
se maravilla
ALEGORIA III.
Manda la Reina apalear al alguacil, y des-
pues hace que le echen en el rio, metido
Defiéndese Bertoldo con una buena industria en el saco 101
del primer ímpetu de la Reina 75
La Reina hace que busquen á Bertoldo por
Manda la Reina meter á Bertoldo en un saco,
para castigarle; y astucia agudísima para la corte 102

salirse de él, y librarse del castigo 78 ALEGORIA VI.


Hace Bertoldo que el alguacil, que le deja-
ron por guardia, se meta en el saco, y le Bertoldo es hallado, descubriéndole una vieja
castiguen 79 por los vestidos de la Reina; y caso gra-
El alguacil desea saber lo que entre sí habla cioso que sucedió 105
Bertoldo. 80 151 Rey duda si Bertoldo ha metido á la Rei-
na en el horno, y va en persona para
ALEGORIA IV. desengañarse I07
El alguacil saca á Bertoldo fuera del costal. 87 Colérico el Rey contra Bertoldo, hace que
El alguacil empieza á caer en el anzuelo.. 91 le saquen arrastrando del horno, y le sen-
Bertoldo se hace del sordo y desentendido; tencia á muerte 107
pone dificultades al alguacil, paraque no Aclamaciones de Bertoldo por la sentencia
entre en el saco, y de este modo consigue del Rey n 0

el hacerle venir mas en deseo 91 Ultima astucia de Bertoldo para librarse de


El alguacil se determina á entrar en el saco. 92 la muerte 110

El Rey le concede que le ahorquen donde él


ALEGORIA V. qu:era, y no hallando árbol á su gusto,
Prosigue el chasco que le pegó al alguacil.. 97 enfadados los ministros le dejan en liber-
Sálese Bertoldo del cuarto, y coge los vesti- tad I12

/
El Rey hace buscar á Bertoldo, él no quiere
El Rey los manda vestir á uso de la corte, y
venir á visitarle, y va en persona por él. 112
Bertoldino provoca en la cara del Sastre. 157
Muerte de Bertoldo 114
Fábula contra los tontos que procuran es-
Epitafio que mandó poner el Rey en su se-
tablecerse en la corte 158
pulcro 115
Otra fábula de las ardillas y ratones de los
Dichos sentenciosos, que Bertoldo escribió higos secos 1®0
al tiempo de su muerte 115 Maravíllase la Reina de la elocuencia de
Testamento de Bertoldo 118 Marcolfa 164
El señor Cerfollo lee en público el testa- Conversación de Bertoldino y su madre den-
mento 120 tro del cuarto 166

El Rey les cede una posesion para su recreo. 168

TRATADO II. ALEGORIA II.

ALEGORIA I. Ridicula simpleza de Bertoldino con las ra-


ñas 175
El Rey manda buscar el hijo y la muger de
Despues de la locura, que habia Bertoldino
Bertoldo 133
ejecutado, echa la harina á las ranas, á
Los criados del Rey los hallan, y cosas que
fin de cegarlas I?®
allí pasaron 135
Bertoldino echa en el estanque todo el pan
Determínase Marcolfa de ir á la corte con
que habia en casa 179
su hijo 136
Marcolfa los lleva á un manantial de agua ALEGORIA III.

muy cristalina que distaba de allí muy Bertoldino se mete en un cestón para empo-
pocos pasos 141 llar los huevos, que en él habia 183
Bertoldino se asombra de ver tanta gente á Quimera de Bertoldino con una doncella de
caballo, lo que en su vida no habia visto. 143 la Reina 190
Marcolfa se determina á irá la corte con Ber- El Rey regala segunda vez á Bertoldino con
toldino 146 cincuenta escudos 192
Marcolfa saluda al Rey luego que llega á la Graciosa burla de Bertoldino con la muger
corte 149 del hortelano 193
29
Marcha el hortelano á la ciudad, para verifi- de la casa á Bertoldino, y deja llevar los
car si la Reina era el motivo de la acción pollos al gavilan : graciosa invención que
deBertoldino 194 para esto hizo 233
ALEGORIA IV. ALEGORIA VIII.

Bertoldino emborracha á las grullas para co- Corta Bertoldino las orejas á un borrico,
gerlas : átaselas al cinto : vuelven en sí: porque no oyera su conversación 239
cogen vuelo, y llévanselo por el aire . . . 205 El hortelano da querella al Rey contra Ber-
toldino al cual luego envió á llamar, quien
ALEGORÍA v.
viene con las orejas del burro en el pecho 240
Quiébrasele el cinto á Bertoldino, y cae en El Rey satisface al dueño lo que le costó el
un estanque de agua 209 borrico; y despues se le da á Bertoldino. 241
ALEGORIA VI. El borrico tira al suelo á Bertoldino, y de la
caida tan grande, que dió, se rompió una
Batalla de Bertoldino con las moscas 215
costilla. Marcolfa se va á la ciudad á ver
Disputa de Marcolfa con la Reina 217
Rey y Reina; cuéntales una novela, y
Coloquio entre el médico y Bertoldino 218
logra el real permiso para volverse á vivir
Gracioso modo de Bertoldino en aplicarse las
de asiento á su casa ó choza de su mon-
medicinas que le mandó el médico 222
taña v 243
Razonamiento entre Marcolfa y su h i j o . . . . 223
Fábula gustosa que refiere Marcolfa 248
Marcolfa hizo una buena porcion de puches,
Gracias que da Marcolfa á Rey y Reina,
las que se comió Bertoldino, y con el peso
ántes de partirse á la montaña 252
de ellas se fué debajo de un olmo para
aligerarse, y allí se quedó dormido. No-
ticioso el Rey le envió á buscar en un TRATADO III.

coche 224 ALEGORIA I.


De cinco veces no acierta á decir lo que ha Restituida Marcolfa á su montaña, hace ha-
merendado 228 bitación decente: pasa por allí un criado
ALEGORIA VII. del Rey, y la visita : gustosa conversación
que allí tuvieron 261 -
Marcolfa se fué á la ciudad, queda el cuidado
TABLA,

ALEGORIA H.

Prosigue la misma historia 2

Dispone el criado del Rey llevar á Cacaseno


r o
á palacio
ALEGORIA III.

Llevan á Cacaseno á que el Rey le vea, y


sucesos que en el camino pasaron '
ALEGORIA IV.

Prosigue lo mismo -
ALEGORIA V.

Llegan á palacio: raros sucesos que pasa-


ron antes de visitar al Rey y Reina . . . .
Marcolfa visita á Rey y Reina: dichos sen-
tenciosos que allí pasaron
ALEGORIA VI.

Marcolfa se vuelve á su montaña: festejos


que allí tuvieron
Capítulo del virtuoso cortesano, y del ambi-
cioso. Pareados
Graciosa y discreta fábula que cuenta Mar-
colfa de la zorra y el perro
Carta que escribió Marcolfa á Rey y Reina
desde su montaña

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