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La gran comisión significa compartir la historia de Cristo, no la tuya

Mateo 28:19-20.

A los evangélicos les encanta una buena historia. Nos encanta “compartir nuestros testimonios”,
“contar nuestras experiencias” y relatar nuestra “jornada espiritual”.

Este énfasis en la experiencia personal es uno de los puntos fuertes del evangelicalismo. Entendemos
la conversión como algo más que un mero asentimiento a la enseñanza del cristianismo y más que la
mera observancia de los ritos y rituales asociados con la iglesia. No es de extrañar que el compartir
nuestras historias es un aspecto principal de la identidad evangélica y la actividad evangelística.

Pero en esto un peligro sutil está al acecho. Debido al énfasis que hacemos en nuestras historias y
testimonios de conversión, sin querer podemos hacer que la gente piense que el evangelismo es lo
mismo que compartir su experiencia personal.

Interpretamos La Gran Comisión de “Vayan a hacer discípulos” como “Ve y dile tu historia.” No son
la misma cosa.

Jesús y la Gran Comisión

Cuando la mayoría de nosotros pensamos en la “Gran Comisión”, tenemos en mente la palabra “ir”.
La esencia del mandato de Cristo es que vayamos a todo el mundo y hagamos discípulos de todas las
naciones, bautizando y enseñando, ¿verdad?

Pero la versión de Mateo de la Comisión no comienza con “ir”. La comisión en sí misma está
intercalada entre dos declaraciones relacionadas con Jesucristo: la primera se refiere a Su autoridad, y
la segunda se refiere a Su presencia empoderadora.

El flujo del pasaje es el siguiente:

 Toda autoridad en el cielo y en la tierra ha sido dada a Jesús.


 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…
 Jesús promete estar siempre con Su pueblo.

La escena de la Comisión en Lucas lleva a esta misma verdad en una manera diferente. Para Lucas, el
foco está en el evangelio siendo llevado en el nombre de Jesús.

 La Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos apuntan a Jesús, cuya muerte y resurrección
cumplen la profecía del Antiguo Testamento.
 Testigos proclaman un mensaje de arrepentimiento y el perdón de pecados.
 Este mensaje es proclamado “en nombre de Jesús” a todas las naciones.

Para Lucas, el nombre de Jesús es la fuente de autoridad. En Hechos, este elemento no es enfatizado
en la escena de la Comisión misma, pero sí en el resto de la narración, donde el tema del nombre de
Jesús llevando el poder y la autoridad se convierte en un punto importante de la historia.
3 elementos del testimonio cristiano genuino

Tanto Lucas como Mateo infunden con verdad cristológica sus escenas de la Comisión. Así que, ¿cómo
los apóstoles, bajo la autoridad de Jesús, testificaron de la verdad? Note tres elementos:

1. Los eventos en el corazón del evangelio son el centro de su proclamación. Los sermones en
Hechos revelan cómo los apóstoles condujeron a sus oyentes a través de la historia de la vida
de Cristo, su muerte y resurrección.
2. Son testigos del carácter de Jesús en la forma en que ellos moldean su ministerio después de
sus milagros y muestran compasión a los necesitados.
3. Son testigos de su propia experiencia cristiana. El apóstol Pablo, por ejemplo, relata su
experiencia de conversión en dos ocasiones en Hechos 22:6-21 y 26:12-23.

Entonces, ¿qué significa esto para nosotros hoy?

1. Los acontecimientos del Evangelio —la vida de Cristo, su muerte y resurrección— deben ser
el centro de nuestra proclamación.
2. Lo que hacemos debe también dar testimonio de Cristo al seguir su ejemplo.
3. Nuestras experiencias de conversión deben respaldar nuestra proclamación del evangelio.

Si estas no están en armonía, disminuye nuestra eficacia en el cumplimiento de la Gran Comisión.

Por ejemplo, algunos cristianos pueden centrarse tanto en el segundo aspecto (lo que hacemos) que
dejan de proclamar verbalmente el evangelio (lo que Cristo ha hecho). Otro ejemplo: algunos cristianos
se centran tanto en el tercer aspecto (nuestra experiencia de la conversión) que dejan de proclamar
adecuadamente la vida y la obra de Cristo. Echemos un vistazo a este segundo peligro un poco más de
cerca.

La obra de Cristo en la historia vs. la obra de Cristo en tu vida

El significado de la palabra “testigos” en Lucas 24 y Hechos 1, así como a lo largo de la narración de


los Hechos, se refiere a aquellos que fueron testigos de la obra del Señor, y hablaban de ella a los
demás. El testimonio de los discípulos se centra en la vida y la obra de Cristo, visto con mayor claridad
en su muerte y resurrección.

Por lo tanto, vamos a tomar nota: el foco de la predicación apostólica en Hechos no es sobre las
experiencias de conversión de los discípulos, sino en la obra de Cristo que hace que la conversión sea
necesaria. Por esta razón, debemos asegurarnos de que nuestro testimonio de la obra de Cristo se centre
primordialmente en lo que Cristo hizo en la historia, no sólo lo que Cristo ha hecho en nuestra vida.

El lugar para testimonio personal

Dicho esto, hay un lugar para los testimonios de conversión personal. Después de todo, Pablo apeló a
su experiencia al testificar a su singularidad como apóstol. La mujer samaritana corrió a la ciudad y
habló de su conversación con Jesús. El ciego de nacimiento, después de ser sanado por Jesús, fue y
dijo a todos lo que le había sucedido.
No es que debemos dejar de dar testimonio personal! Ellos son poderosos. Debemos trabajar, sin
embargo, en asegurarnos de que estos testimonios respalden y apoyen el mensaje claro del evangelio
y no lo reemplacen en alguna manera. Lo que Jesús ha hecho por mí debe siempre estar conectado
únicamente con lo que Jesús ha hecho.

¿Qué sucede cuando el testimonio personal prevalece (sobre la predicación del evangelio)?

Enfocarse principalmente en nuestras propias experiencias con Cristo puede involuntariamente restar
importancia de los acontecimientos históricos sobre los cuales la fe cristiana se fundamenta.

Un evangelista que sólo habla de su experiencia personal con Jesús puede que se sorprenda al
encontrarse con otros que genuinamente hablan del mismo modo acerca de sus experiencias personales
en el Islam, el Budismo o el Hinduismo. El deseo inicial de comunicar nuestra experiencia personal
puede ser influenciado por el multiculturismo, lo que lleva a una presentación mutilada del evangelio,
perdiendo su base en la realidad histórica.

El papel de la experiencia personal en el testimonio de la obra de Cristo debe ser visto como una
evidencia adicional del poder del evangelio. No es el evangelio mismo, sino que da testimonio de su
poder.

En resumen: las presentaciones del evangelio que incluyen testimonios personales deben preocuparse
por hacer énfasis en el evangelio mismo (la noticia de la muerte y resurrección de Cristo), no
simplemente en nuestras experiencias personales de transformación de vida. Un cambio de corazón es
una demostración más del evangelio y debe ser utilizado en el evangelismo personal, siempre y cuando
el foco permanezca en obra objetiva de Cristo en la cruz.