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GÁLATAS

INTRODUCCIÓN

Gálatas 1:1-2
“1 Pablo, apóstol (no de parte de hombres ni mediante hombre alguno, sino por medio de
Jesucristo y de Dios el Padre que le resucitó de entre los muertos), 2 y todos los hermanos que
están conmigo, a las iglesias de Galacia:”1

Observaciones

Los primeros versículos nos dicen que fue Pablo quien escribió esta carta, y que la escribió a la
iglesias de Galacia, o sea, a los creyentes que eran miembros de las iglesias en Galacia.
Comenzaremos nuestro tratado de esta epístola con un breve estudio del trasfondo de los
protagonistas principales, tanto el autor como los receptores de su correspondencia.

Pablo

Pablo fue uno de los Apóstoles, y así se identifica a sí mismo al comienzo de su carta a los gálatas.
Pero, ¿qué más sabemos acerca de Pablo? Lo siguiente es un breve resumen de hechos y
características acerca del Apóstol Pablo:

Nacido en Tarso
Sabemos que Pablo era de la región que ahora es Turquía. Específicamente, Pablo era de la
ciudad de Tarso en la región que entonces se conocía como Cilicia (Hechos 21:39). Tarso era una
ciudad muy prospera en los tiempos de Pablo. La localización geográfica de Tarso era en un
plano fértil donde se cultivaba lino que se usaba para hacer hilo para tejer. Otro prominente
producto del área era algo llamado “cilicium”, un material tejido con pelo de cabras del cual se
hacían coberturas diseñadas para proteger del frió y del agua. Este “cilicium” pudo ser el material
que Pablo utilizaba en su ocupación de hacer tiendas. Quien sabe, quizás Pablo también tejía el
material que usaba para hacer las tiendas.

Tarso también era conocida como un centro de estudio, pero a nivel local. Es decir, a pesar que
Tarso tenía mejores oportunidades académicas, gentes de otros lugares no viajaban a Tarso para
aprovechar estas oportunidades.

Tarso estaba localizado en la provincia romana de Cilicia. Cilicia había sido gradualmente
conquistada por los romanos, hasta que en el año 25 A. de C. la región oriental de Cilicia, que
incluía Tarso, fue unida con Siria, la cual se había convertido en una provincia romana bajo
Pompeyo en el año 64 A. de. C. No sería hasta el año 72 D. de C. que las regiones del oriente y del
occidente de Cilicia serían unificadas. Así que por toda la vida de Pablo, el área de Cilicia donde
él nació, fue parte de la provincia unida de Siria-Cilicia, algo que él nos indica en Gálatas
1:21.
Ciudadano Romano
Pablo no solamente era de una región de prestigio sino que también era ciudadano romano, y lo era
por nacimiento (Hechos 22:3). En esos tiempos el ser ciudadano romano llevaba mucho
prestigio y privilegios. No muy distinto como ahora el ser ciudadano de Estados Unidos provee
privilegios que el gobierno del país no les extiende a los que no son ciudadanos. Por ejemplo, en
los tiempos de Pablo, un ciudadano romano tenía el derecho a un juicio al ser acusado por algún
crimen, y es por eso que los magistrados de Filipos durante el primer viaje misionero de Pablo
tuvieron temor al saber que le habían violado este derecho a ciudadanos romanos, incluyendo a
Pablo (Hechos 16:22-24, 37-39). Los ciudadanos romanos también disfrutaban del derecho de
apelación al Emperador al ser acusados de algún crimen, y Pablo uso ese derecho (Hechos 25:11)
para aprovechar compartir el evangelio al Emperador (Hechos 9:15) y a la gente que lo rodeaban
(Filipenses 1:12-14).

Que Pablo era ciudadano romano por nacimiento quiere decir que su padre tenía que haber sido
ciudadano romano. La ciudadanía romana se otorgaba originalmente solamente a gente que nacían
en la ciudad de Roma, y que nacían siendo libres y no esclavos. Pero al extender Roma su control
sobre Italia y el resto del Mediterráneo, la ciudadanía romana también fue extendida a gente que no
eran romanos por nacimiento. Entonces, ¿cómo fue que una familia judía de Tarso obtuvo la
prestigiosa ciudadanía romana? Simplemente no se sabe. Hay distintas posibilidades pero son
solamente especulaciones. El hecho es que de cualquier modo por el cual la familia de Pablo
obtuvo la ciudadanía romana, sí la tenían, y Pablo era ciudadano romano por nacimiento. Es
posible que Pablo hasta andaba con sigo alguna prueba de su ciudadanía. Aunque esto es difícil
dado todas las tragedias por las que él paso (por ejemplo Hechos 27-28). Pero lo que sí sabemos es
que la gente no mentían tan fácilmente acerca de la ciudadanía romana. Tal mentira llevaba pena
capital y con segura y cruel tortura.

“Hebreo de Hebreos”
Para Pablo, quizás más importante que ser ciudadano romano, nacido en una ciudad
distinguida, era el hecho que él era hebreo, y no hebreo cualquiera (Filipenses 3:5-6), sino que
“hebreo de hebreos”. Pablo era judío de nacimiento. Él no solo sabía que era judío sino que
también sabía su linaje, que era de la tribu de Benjamín (Romanos 11:1). Que Pablo sabía su
linaje es impresionante y testifica de su devoción a las tradiciones de su ascendencia. El territorio
de la tribu de Benjamín fue originalmente localizado al norte del área más grande de Judá. La
ciudad de Jerusalén, a pesar de haber sido parte de la tierra de Benjamín, se formó como un
territorio enclavado entre Judá y Benjamín. Eventualmente estos territorios constituirían el reino
del sur, el reino de Judá. Siendo tan pocos, la gente de la tribu de Benjamín perdieron su
identificación como tribu, pero pocos se mantuvieron sabedores e informados de sus raíces, de su
linaje (Nehemías 11:7-8). Y es de estos de quienes probablemente Pablo fue descendiente.

Al decir que él era hebreo, Pablo aparentemente quería dar a entender algo más que
simplemente afirmar que era un israelita. Por ejemplo en Hechos 6:1 hay una distinción entre
hebreos helenistas y hebreos nativos.3 La distinción probablemente tenía que ver con el idioma y
la cultura que estos grupos de judíos usaban. Los hebreos de nacimiento se reunían en sinagogas
donde las actividades se conducían en hebreo y en su vida diaria estos hablaban arameo. Por otro
lado, los hebreos helenistas iban a sinagogas donde se enseñaba en griego y ellos hablaban griego
en sus hogares. Pablo hasta estudio bajo uno de los eruditos de los hebreos nativos, Gamaliel
(Hechos 22:3).

Fariseo
Gamaliel, bajo quien Pablo había estudiado, fue un prominente fariseo en su día. Los fariseos eran
judíos que seguían las tradiciones de sus ancianos con mucha disciplina, pensando que de
esa manera cumplían con la ley. Los fariseos seguían sus creencias con tanta devoción que se
separaban o se alejaban de todo lo que consideraban ceremonialmente sucio. Por eso se cree que
el término “fariseo” viene de la misma palabra hebrea de la que viene la palabra “separar”. Pablo
repetidamente se describe a sí mismo como un fariseo, y antes de su conversión su vida reflejaba el
tipo de disciplina que el partido de los fariseos tenía. Los fariseos deseaban obedecer
la ley basándose en la interpretación de sus ancianos y sus tradiciones; y lo hacían principalmente
por medio de ritos ceremoniales.

Es importante notar que fácilmente podríamos decir que los fariseos eran, más que nada, un
partido político. Constituían un partido unido por las creencias y tradiciones religiosas de sus
miembros. Fue por su devoción a las tradiciones de cómo cumplir con los mandatos de la ley que
Pablo se hizo en el mayor perseguidor de la iglesia, hasta que el Señor lo llamara a Su obra.

Creyente
En su afán por perseguir a los seguidores del “Camino” Pablo pidió y obtuvo permiso de las
autoridades religiosas en Jerusalén para aprender a estos seguidores del “Camino” y traerlos a
Jerusalén para ser juzgados, y posiblemente acecinados como Esteban. Pero el Señor tenía otros
planes para Pablo y lo llamó a Su servicio (Hechos 9:1-6; 22:6-11; 26:12-18; 1 Corintios 15:8).

Apóstol
Al ser llamado por Cristo, Pablo no solamente se convirtió en creyente del “Camino” que él había
tratado de destruir, sino que también fue hecho, o designado, un Apóstol por Dios mismo. Los
Apóstoles fueron creyentes a quienes Cristo les revelo directamente el mensaje del evangelio,
y quienes fueron dados el encargo de fundar la iglesia de Cristo (Efesios 2:19-22; 4:11-12; 1
Corintios 12:28-29). Estas son unas de las razones porque no hay apóstoles ahora. Es decir, la
revelación de Dios al hombre ya está completa en Su Palabra, en la Biblia (Apocalipsis 22:18-19);
y la iglesia ya fue fundada, y todos aquellos en quienes ahora habita el Espíritu Santo son sus
miembros (Efesios 4:1-6).

Los Apóstoles fueron hombres a quienes Dios les dio revelación especial, para que comunicaran,
tanto por hablado como por escrito, las cosas que Dios les reveló. Dios confirmó como autentico
el mensaje de los Apóstoles, o sea, como verdaderamente el mensaje que Dios les dio, por medio
de los milagros que ellos hicieron (Hechos 2:43; 2 Corintios 12:12).

Habiendo sido encargados directamente por Dios los Apóstoles tenían más autoridad (1
Tesalonicenses 2:6) al enseñar ya que ellos habían recibido el mensaje directamente de Jesús, así
como Pablo (Gálatas 1:1).
Evangelista y Misionero
El evangelizar a gente de todo trasfondo es la responsabilidad de todo creyente (Mateo 28:19-20),
incluyendo a Pablo. Pero el encargo apostólico que Cristo le dio a Pablo fue específicamente de
evangelizar a los gentiles (Gálatas 1:16; 2:8-9). Esto Pablo lo hizo ejemplarmente en su vida
cotidiana (Filipenses 1:13) y en sus viajes misioneros.

Miembro de Familia
Es interesante que la Biblia no nos dice mucho acerca de la familia de Pablo. En Hechos 23:16 hay
una oscura referencia a la hermana de Pablo y a un sobrino de Pablo, pero no hay mucho más
sobre sus parientes. Sabemos que Pablo no estaba casado por lo que él nos dice en 1
Corintios 7:1, 7-8. Unos han especulado que Pablo fue viudo ya que las tradiciones judías le
hubieran requerido que fuera casado antes de darle los cargos que los líderes fariseos le dieron. La
verdad es que la Palabra simplemente no nos dice.
Los Gálatas

Galacia fue establecida por los célticos en Asia Menor durante el tercer siglo A. de C, después de
que se disolviera el reino de Alejandro Magno. Los gálatas, como grupo étnico, se concentraron en
el área norte-central del moderno país de Turquía. Sin embargo después de ser conquistados por
los romanos, éstos usaron el nombre de Galacia para la provincia que incluía al área donde vivían
gálatas étnicos en el norte y el área donde no habían tantos al sur de Ancyra.

Dado el hecho que los gálatas étnicos se habían conglomerado alrededor de Ancyra, por muchos
años estudiantes de la Biblia habían pensado que fue a estos a quienes les escribió el Apóstol
Pablo. Pero desde el siglo pasado, estudio más detallado ha llevado a muchos al entendimiento que
Pablo les escribió a la gente que vivían en la provincia romana de Galacia, y no solamente a la
gente quienes eran gálatas étnicos. Hay varias razones muy sólidas en apoyo de este punto de
vista. Para empezar, Pablo típicamente usa los nombres romanos de provincias en sus epístolas. A
más de esto, las ciudades de Galacia que Pablo visitó se encuentran en la provincia romana de
Galacia pero no en el área donde se congregaron los gálatas étnicos. Es más, dada la evidencia
que la Epístola a los Gálatas fue escrita alrededor del año 48 D. de C., es prudente entender que
Pablo les escribió esta carta a las iglesias que él acababa de fundar durante su primer viaje
misionario, que tomo lugar en los años 46 y 47 D. de C.

El Marco de Gálatas

El mejor entendimiento es que el libro de Gálatas fue escrito por Pablo alrededor del año 48 D. de
C., muy pronto (Gálatas 1:6) después de regresar de las ciudades de Galacia donde fundó iglesias
durante su primer viaje misionero de los años 46 y 47. Las ciudades de la provincia romana de
Galacia que Pablo visito en su primer viaje misionero incluyeron Antioquía (Hechos
13:14-52, y 14:24), Iconio (Hechos 13:51-14:1-6, y 19-21), Listra (Hechos 14:6, 8-19, y 21-23), y
Derbe (Hechos 14:6, y 20-21).

Tabla 1: Itinerario del Primer Viaje Misionero de Pablo


Ciudad Provincia/Región Referencia en Hechos
Antioquía Siria 13:1-3
Seleucia Siria 13:4
Salamis Chipre 13:5
Pafos Chipre 13:6-12
Perge Licia (región de Panfilia) 13:13
Antioquía Galacia (región de Pisidia) 13:14-52
Iconio Galacia 14:1-6
Listra Galacia (región de Licaonia) 14:6, 8-19
Derbe Galacia (región de Licaonia) 14:6, 20-21
Listra Galacia (región de Licaonia) 14:21-23
Iconio Galacia 14:21-23
Antioquía Galacia (región de Pisidia) 14:24
Perge Licia (región de Panfilia) 14:24-25
Atalia Licia 14:25
Antioquía Siria 14:26-28
Observaciones Adicionales

Hemos visto quién fue el autor — Pablo. Y a quienes les escribió esta epístola — a las iglesias de
Galacia. También hemos considerado cuando es que Pablo escribió esta carta — posiblemente
alrededor de año 48 D. de C. Pero todavía no hemos visto detalladamente por qué fue que Pablo
les escribió. Encontraremos los detalles del por qué Pablo escribió esta epístola al estudiar el
resto del libro, pero en breve resumen encontraremos que:

•Pablo escribió para defenderse de ataques a la autoridad de su mensaje. Los ataques eran en
contra de su apostolado, o sea, ataques que negaban que él había sido encomendado por Dios.
•Pablo les escribió el libro de Gálatas a las iglesias de Galacia porque falsos maestros
estaban enseñándoles que el evangelio que él les había predicado no era suficiente para la
salvación ya que no incluía a la ley.
Pablo les escribió a las iglesias de Galacia porque éstos falsos maestros enseñaban erróneamente
que las obras de le la ley eran necesarias para vivir bien, para acercarse a Dios; y que sin la ley la
gente se deteriorarían a todo exceso y libertinaje.
SALUDOS

Gálatas 1:3-5
“3 Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo, 4 que se dio a sí mismo
por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de
nuestro Dios y Padre, 5 a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

En las epístolas del Apóstol Pablo vemos que él normalmente expresa deseos de gracia y de paz
para con la gente a quienes les escribe, pero también acostumbra expresar algún tipo de gratitud o
algún elogio a su audiencia (ver por ejemplo: Romanos 1:5-12; 1 Corintios 1:2-9; 2 Corintios 1:2,
7, 11, 13-14, 21-22, 24; fesios 1; Filipenses 1:1-11; 1 Tesalonicenses 1; 2 Tesalonicenses
1:1-5).

Sin embargo, en el caso de los gálatas, Pablo no expresa gratitud por ellos ni les da algún elogio.
Aún a los corintios, quienes quizás eran los hijos espirituales de Pablo que se habían quedado
más carnales que otros y que le dieron mucho que hacer por sus pecados, sí recibieron elogios de
parte de Pablo en sus cartas a ellos.

Lo que la ausencia de tales elogios nos indica es la seriedad de las faltas por las cuales Pablo les
estaba escribiendo a los gálatas. Ellos se habían dejado llevar a creer y practicar un evangelio
distinto al que Pablo les había enseñado. Los gálatas habían aceptado las enseñanzas de falsos
maestros quienes le habían agregado obras, las obras de la ley judía, al evangelio.

El ejemplo que Pablo nos da en cómo él trata con las distintas iglesias de su tiempo es algo muy
interesante, ya que él parece darle más importancia a la enseñanza que a las faltas o pecados de las
iglesias. Toda iglesia cristiana tendrá cosas que podremos reconocer como malas, cosas por las
que el mundo nos acusará de ser hipócritas. ¡Pero en realidad lo que somos es pecadores! Por
supuesto, el ser pecador no es algo de tolerar pero sí de reconocer y por medio de la Palabra de
Dios corregir (2 Timoteo 3:16-17). Por lo tanto, parece que lo principal para que Pablo le de
elogios a una iglesia no es que el pecado no exista en ella, ya que eso será imposible (Romanos
3:23), sino que la enseñanza sea sana y pura, donde la Palabra sea escudriñada (Hechos 17:10-
11). Ya que si la enseñanza es corrupta no hay modo de cómo combatir el pecado. Es mas, si la
enseñanza es corrupta tampoco habrá salvación ya que ésta sólo es por medio de la Palabra de
Jesús (Juan 14:16).

Pero veamos qué es exactamente lo que Pablo les dice a los gálatas. Para comenzar él les desea
“gracia,” o en griego “CHARIS.” La “gracia” de Dios es un favor sin merito. La “gracia” de Dios
nos da a entender el favor de Dios hacia nosotros que no merecemos recibir. Nos recuerda de la
posición del creyente ante Dios — salvados a pesar de no merecerlo. Era esta gracia, que Pablo
tanto deseaba para los gálatas, que estaba siendo atacada por las enseñanzas de los falsos maestros,
quienes querían agregarle obras a la gracia. Al agregar obras para poder recibir la gracia por la cual
somos salvados por medio de la fe estamos negando la intención y la eficacia de la gracia de Dios
(Efesios 2:8-9).

Pablo también les desea “paz,” o en griego “EIPENE,” el equivalente del común saludo hebreo
“SHALOM.” Es una expresión que indica un deseo de armonía entera. La “paz” nos da a
entender que no hay conflicto. Éste es el estado real de un creyente: que Dios ya no tiene
conflicto con él. Y el creyente puede llegar a este estado por la gracia, el favor de Dios
que nadie
se merece recibir pero que Dios le regala a los que son llamados conforme a Su propósito para que
hagan la voluntad de Dios (Romanos 8:28; Efesios 2:10).

Que Pablo dice que tanto esta gracia como esta paz son “de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo” nos indica la igualdad de Dios nuestro Padre y de Jesucristo nuestro Señor. La
divinidad de Jesús es parte del evangelio. La divinidad de Cristo es parte de la verdad que Dios
nos ha revelado. El negar esta verdad es negar el evangelio. Sin esta verdad no hay salvación.

Porque Jesús era Dios, Él nos hizo el favor de pagar por nuestros pecados voluntariamente. Él “se
dio a sí mismo por nuestros pecados.” Es importante notar que Jesús estuvo en control de su
muerte, ya que su vida no le fue quitada sino que fue Él quien entrego su espíritu al momento
predestinado: “Entonces Jesús, cuando hubo tomado el vinagre, dijo: ¡Consumado es! E
inclinando la cabeza, entregó el espíritu.” (Juan 19:30)

Que Jesús voluntariamente se dio a sí mismo como substituto nuestro por el pago de nuestros
pecados indica que la salvación que Él nos ofrece no es algo que nosotros nos ganamos ni
podríamos haber ganado por medio de nuestros esfuerzos o nuestras buena obras, por muy
buenas que éstas fueran o por muy sinceras que nuestras intenciones fueran. La salvación se
obtiene al confiar (o sea al creerle a Dios) que Él cumplirá con Su promesa de perdonar los
pecados de todo el que crea que lo que Jesús hizo por él en la cruz fue, es y será suficiente para
pagar por todos los pecados.

Es importante también notar que ésta fue la voluntad de Dios, o sea, que el ofrecer la salvación por
gracia por medio de la fe, fue tanto la voluntad de Dios el Padre como la voluntad de Jesús, Dios el
Hijo, también. Nadie forzó a Jesús a que muriera por nosotros, sino que es algo que Él quiso
hacer y que predestinó haría por sus elegidos desde antes de la creación. La voluntad de Jesús
siempre ha sido la voluntad de Dios porque Él es Dios (por ejemplo ver: Mateo 26:36-46; Lucas
22:39-46; Juan 18:11; Mateo 16:21-23; Romanos 11:7; 1 Corintios 1:27; Colosenses 3:12;
2 Tesalonicenses 2:13; 2 Timote 2:10; Tito 1:1; 1 Pedro 1:1-2).

¿Por qué se dio Jesús a sí mismo? Porque Él pagó “por nuestros pecados.” Y ¿por qué pagó por
nuestros pecados? Él pagó por nuestros pecados “para librarnos de este presente siglo malo.”

¿De qué nos libró Jesús? La palabra “librarnos” es traducida de la palabra griega “EXAIREO” que
indica un rescate de peligro. Jesús nos libró tanto del castigo que merecemos por nuestros pecados,
como de la esclavitud al pecado de la que sufrimos en la carne ahora (Marco 14:38), o sea, en “este
presente siglo malo.”

¿Qué es “este presente siglo malo”? La palabra traducida “siglo” aquí es la palabra griega
“AION”, pero aquí no se refiere a un definido periodo de tiempo sino que a un sistema
transitorio o pasadero que presentemente existe. En este caso se refiere a un “malo” sistema, al
sistema mundial satánico que ha dominado al mundo desde la caída de Adán y continuará
dominando al mundo hasta el regreso de Cristo en gloria.

Pablo concluye sus saludos con una breve doxología en el versículo 5: “a quien sea la gloria por
los siglos de los siglos. Amén.” La costumbre de Pablo era más de concluir sus cartas con una
muy importante: establece la centralidad de la preeminencia del Señor Jesucristo y Su obra en el
evangelio. Es a Él que se le dará gloria “por los siglos de los siglos,” o sea para siempre, por toda
la eternidad. Estamos pasando por un “siglo malo” ahora, por un tiempo; pero Dios será
glorificado siempre.

Resumen de la Introducción y los Saludos

En su comentario sobre el libro de Gálatas John MacArthur reconoce que Pablo en los primeros
cinco versículos, en su introducción y saludos, logra cubrir las cuatro etapas de la salvación del
hombre. MacArthur indica que estas etapas son:
1. El soberano decreto de Dios para salvar.
2. La muerte, o sea el sacrificio de Cristo por los pecados del hombre.
3. La designación de apóstoles por Dios para que testifiquen de la provisión divina de la
salvación.
4. El don de la gracia y la paz de Dios a los que creen en Jesús.

En cada una de estas etapas el Padre y el Hijo trabajan en conjunto porque Su voluntad y Sus obras
siempre son las mismas (Juan 5:30; 6:38; 10:30).

De hecho, Pablo establece desde el principio de esta carta que él defenderá su apostolado y la
pureza del evangelio. Es por su apostolado, o sea, por ser directamente encomendado a llevarles el
evangelio a los gentiles por Dios mismo, que Pablo predica su mensaje con autoridad. El mensaje
con el que él fue encomendado es el único evangelio y éste es que Jesús pagó por nuestros
pecados por completo y ya no hay qué se pueda o tenga que ser agregado a lo que Él ya hizo por
nosotros.

LA RAZÓN POR LA CUAL PABLO ESCRIBIÓ

Gálatas 1:6-10
“6 Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para
seguir un evangelio diferente; 7 que en realidad no es otro evangelio, sólo que hay algunos que os
perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo,
os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como hemos
dicho antes, también repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis,
sea anatema. 10 Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por
agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo
de Cristo.”

Como ya hemos notado, Pablo no les da elogios a los gálatas, y es aquí, después de los saludos,
que él normalmente lo hace en sus otras epístolas. Pero en el caso de la iglesias de Galacia, su
problema y su error era tan serio que Pablo comienza dirigiéndose más directamente al
problema.

Pablo dice, “me maravillo,” en griego “THAUMAZO,” o sea, “me sorprendo o me admiro de gran
manera.” Pablo no esperaba lo que estaba pasando en Galacia hubiera acontecido. Él de
verdad estaba sorprendido y entristecido por los acontecimientos. Pablo no sólo estaba
sorprendido por lo qué había pasado, sino que también por la rapidez con la que esto vino a pasar.

Cuando Pablo dice “que tan pronto,” indica que lo que pasó vino a pasar con mucha rapidez y con
mucha facilidad. Es mas, la palabra traducida “pronto” es la palabra griega “TACHEOS,” la cual
se puede traducir también como “fácil.” Cómo la usa Pablo aquí la palabra puede dar a entender
ambas ideas. De modo que Pablo estaba muy sorprendido por la rapidez y por la facilidad con la
que los gálatas estaban abandonado a Cristo.

La frase “hayáis abandonado” en español traduce la palabra griega “METATITHESTHE,” que es


mejor traducida “estáis abandonando,” ya que el verbo está en el tiempo presente. Por lo tanto, el
abandono, o la deserción de la que los gálatas eran culpables no estaba completa todavía y podía
aún ser parada y cambiada. No obstante, el “abandono” del que Pablo acusa a los gálatas sí es
algo serio; es el mismo tipo de abandono o de deserción por la cual un soldado sería merecedor de
pena capital, o sea de la ejecución. Éste abandono nos da la idea de una traición.

Algo que quizás haya contribuido bastante a la sorpresa de Pablo es que los gálatas estaban
abandonando a Cristo voluntariamente. Esto también se puede ver en la conjugación del verbo en
griego ya que está en la voz media, la cual indica que la acción del verbo está siendo hecha en o
por el sujeto. En otras palabras, los gálatas no eran inocentes en este asunto.

Pablo también les hace ver a los gálatas que por su conducta ellos no lo están abandonando a él,
sino que a Cristo, porque es Cristo quien los llamó. Si Pablo, que sólo fue el mensajero, está
disgustado con ellos, ¿cómo no lo va a estar el que les mandó el mensaje que ellos ahora estaban
rechazando?

El abandono había sido “para seguir un evangelio diferente; que en realidad no es otro evangelio.”
De nuevo, estudiando las palabras griegas que Pablo usa nos explica bastante de lo que está
pasando en este pasaje. La palabra “diferente” traduce la palabra griega “HETERON,” y la
palabra “otro” traduce la palabra griega “ALLO.” “HETERON” expresa una diferencia
cualitativa y denota otra cosa de un distinto tipo. Por otro lado, “ALLO” expresa una diferencia en
cantidad y denota otra cosa del mismo tipo. En otras palabras, aquí Pablo da énfasis al usar estas
palabras al hecho que sólo hay un evangelio.

Es probable que los falsos maestros que habían llegado a Galacia llamaban lo que estaban
enseñando “evangelio.” Dado que éstas enseñanzas eran diferentes a lo que Pablo les había
enseñado, él las llama un evangelio “diferente” (HETERON). Pero explica más detalladamente
que “en realidad no es otro (ALLO) evangelio,” ya que sólo hay un evangelio y no puede haber
otro del mismo tipo. Por tanto, lo que los falsos maestros estaban enseñando no era otro
evangelio, sino que enseñanza opuesta al único evangelio, el cual Pablo les había predicado.

Pablo les advierte a los gálatas que los falsos maestros “os perturban y quieren pervertir el
evangelio de Cristo.” Estos falsos maestros estaban alborotando y agitando a los gálatas. Y lo
hacían porque querían pervertir el evangelio. La palabra griega traducida “pervertir” aquí es
“METASTREPHO,” y da a entender la idea que la perversión era de cambiar algo convirtiéndolo
en lo que está completamente opuesto. Y esto era exactamente lo que los falsos
maestros estaban haciendo al agregarle obras a la gracia de Dios. ¡Al agregarle obras a la gracia,
la gracia deja de ser gracia! Al agregarle obras a la gracia — el favor de Dios no merecido por el
hombre — deja de ser un don y comienza a ser un merito. Si la salvación fuera por medio de
algún merito, llegaría a ser algo que nos mereceríamos. Si hay algo que nos merecemos,
entonces podríamos gloriarnos en esto. Claramente, este pensar era lo que los falsos maestros
estaban enseñando y lo que Pablo estaba combatiendo fuertemente. Es importante notar que lo que
estos falsos maestros estaban enseñando estaba completamente opuesto a lo que nos enseña
Efesios 2:8-9 acerca de qué sí es el evangelio.

En el versículo 8 Pablo les explica hipotéticamente lo que debería pasar si alguien, tanto él o aun
un ángel del cielo fuera a predicar un evangelio distinto. Él dice: “Pero si aun nosotros, o un
ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema.”

La palabra “anatema” es la transliteración de la palabra griega “ANATHEMA.” Esta palabra


frecuentemente se usa en el Septuagésimo (LXX) para traducir la palabra hebrea “CHEREM,” la
cual describe lo que es dedicado a Dios, como a Su servicio en el caso del sacrificio (Levíticos
27:28); o algo para ser destruido, como un ídolo (Deuteronomio 7:26), una ciudad (Josué 6:17).
Con el tiempo “ANATHEMA” llegó a obtener el sentido más general de la desaprobación de
Dios (Zacarías 14:11), que es como es más frecuentemente usada en el Nuevo Testamento.
“ANATHEMA” es usada para describir una sentencia declarada (Hechos 23:14); o el objeto
sobre el cual es puesta la sentencia de condena o de maldición. Es así como es usada en nuestro
pasaje. En otras palabras, Pablo está declarado de la forma más fuerte posible que el evangelio
que él predicó a los gálatas era el único evangelio, las únicas buenas noticias acerca de cómo la
salvación es ofrecida al hombre. Y la peor condena le espera al que predique lo opuesto.

En el versículo 9, Pablo repite algo que ya les había dicho a los gálatas cuando los visitó por
primera vez: “Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema.” Pero
en este caso Pablo no habla hipotéticamente, ya que alguien ya había enseñado algo diferente al
evangelio. Y la máxima condena es lo que Pablo expresa como la merecida recompensa por tal
maldad al decir que el que enseñe tales cosas “sea anatema.”

En el versículo 10, Pablo comienza la transición de explicar la razón por la que él escribió su
epístola a los gálatas a la defensa de su apostolado.

Dice Pablo, “Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por
agradar a los hombres?” Estas preguntas por supuesto son retóricas, ya que los gálatas deberían de
saber que Pablo no andaba buscado el favor o el agrado de los hombres. Pablo les explica lo
obvio: “Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo.” De
hecho, si alguien quiere ser amado por el mundo, si alguien quiere ser famoso o popular, el
evangelio de Pablo no es el camino a esa meta.