You are on page 1of 8

De la sustancialidad aristotélica a la sustantividad holónica.

Sobre una crítica a la idea de substancia desde la teoría de los sistemas

La idea de substancia, en el devenir del saber, pareciera el supuesto más prometedor que pudiera
darse a la tarea toda búsqueda de conocimiento. De hecho ésta no ha pasado desapercibida como
problema fundamental desde Aristóteles, y según Zubiri, este problema desde entonces había
quedado incólume. La obra de éste autor es de una profundidad y complejidad considerable y bien
merecería un tratamiento exclusivo. Por otro lado, los intentos por parte del pensamiento
científico y divulgativo de ofrecer una “teoría de todo”, formulación general o pautas que sirvan
de suma han ido cobrando peso poco a poco, sin embargo no todas parecieran hondear el interés
filosófico y metafísico. De todas las propuestas corrientes a nosotros va interesar la de Ken Wilber,
pues parece estar perfilado estructuralmente para moverse en terminos de una metafísica
zubiriana. A Wilber le parecen inexactas aquellas propuestas que tratan de explicar las cosas como
el resultado de meros agregados de partes; pero también le resultarán insuficientes aquellas que
vean en las “abstracciones generalizadoras” de lo que en verdad fueran el quid de las cosas
mismas. Wilber va a decir que las cosas no son ni totalidades ni las cosas son partes; las cosas son
holones. Un holon, del griego “holos” totalidad y del sufijo “on” parte o protón, es aquello que
siendo dentro de un contexto una totalidad, es simultáneamente parte dentro de otro contexto.
Siendo las cosas holones o “totipartes” no habría un contexto último dónde éstas pudieran
descansar, sin que estas fueran envueltas por un contexto nuevo.

De hecho, Wilber relata un antiguo cuento de origen oriental, que cuenta que un día un rey visitó
a un sabio con no otra intención de preguntarle y probarle. En ese tenor el rey le pregunta “¿por
qué la Tierra no se cae?” El viejo sabio le contesta: “la Tierra se sostiene sobre un león”. El rey,
lógicamente, vuelve a la carga: “¿sobre que se sostiene el león que propones?”. “El león se
sostiene sobre un elefante,” responde el viejo. Pero la respuesta no satisface al rey que insiste:
“¿sobre que se sostiene el elefante?”. “El elefante se sostiene sobre una tortuga”. Y vuelve a la
carga el rey: “¿sobre que se sostiene...?”. Cansado, el viejo responde: “puede detenerse ahí
Majestad, todo es un infinito conjunto de tortugas hacia abajo”. Luego entonces hablar de holones
implica una recursividad que no deja el sistema tranquilo, de hecho implica hablar de relatos
dentro de relatos, partículas dentro de partículas, matriuskas dentro de matriuskas, incluso
comentarios entre paréntesis dentro de comentarios entre paréntesis, todo holones hacia abajo y
hacia arriba. Y del mismo modo, siendo las propiedades de una cosa holones, lo que se entendiera
por substancia tendría, entonces tambien que replantearse, ya como sustrato de accidentes, no
como una totalidad, ya no como un sujeto oculto en el sistema, ní tampoco como partes.

Wilber en Sexo, Ecología, Espiritualidad va a hacer un desarrollo detallado de lo que son los
holones, sus característica principales y sus principios. Nosotros por cuestión de tiempo nos
limitaremos a hacer un somera descripción de lo que creemos puede ayudar al desarrollo de ésta
ponencia entorno a la insuficiencia de sustancia y a favor de lo que sería la sustancialidad holónica.

Wilber sin dudarlo va a considerar que el carácter sistemático que tienen estas totalidades dentro
de otras es jerárquico. De hecho piensa que la noción de totalidad es fundamental para el saber y
el desarrollo de las ciencias sistémicas, teorías de la complejidad y ciencias de la conexión; al
punto de que decir que no puede haber totalidad sin jerarquía, porque a menos que las partes
compartan una pauta unificadora con un todo más abarcante tendremos acumulaciones, no
totalidades. Pero la de Wilber no es tampoco una teoría ingenua de las jerarquías, tambien éste se
ve advertido que lo enfermizo que en el nombre de éstas se ha llegado a actuar, sabe que en el
supuesto de ésta se ha actuado de manera abusiva, generando opresión e injusticia. Sin embargo
no es este el lugar para desarrollar su sentido más crítico. Baste decir que para éste, al igual que
para Howard Gardner, “una jerarquía es simplemente una escala de órdenes de sucesos de
acuerdo con su capacidad holística”. De hecho si las cosas son en efecto jerárquicas o no,
encontrarán resonancia con la idea de sustantividad holonica que más a delante desarrollaremos.

Resalta de Gardner Wilber:

“Cualquier cambio en un organismo afectará a todas las partes; no se puede alterar ningún
aspecto de una estructura sin afectarle en su totalidad; [a fortiori si] cada totalidad contiene
partes y es a su vez parte de una totalidad mayor”

Fin de la cita.

Por ejemplo, al considerar la frase “el aullido de un lobo”, la palabra aullido es una totalidad con
respecto a sus letras individuales, pero una parte respecto a la frase misma. Y el todo puede llegar
a determinar el sentido y la función de las partes de una palabra de la frase, por ejemplo amo es
diferente en las frases “es que yo la amo” y “obedece a su amo”.

Wilber sostiene que ser parte de un todo mayor implica que ese todo proporciona un principio
que no se encuentra en las partes aisladas; entonces las jerarquías convierten las acumulaciones
en totalidades.

Luego, en virtud de su carácter jerarquíco, estas totalidades son asimétricas, puesto que los
proceso ocurren en un sentido y no a la inversa. Las bellotas crecen hasta convertirse en robles ,
pero no al reves. Primero hay letras, luego palabras, después frases, parrafos, pero no al revés.
Los átomos se unen en moléculas pero no al revés. Es por éste no al revés, que el desarrollo de
éstas cosas se constituyen una inevitable categoría, jerarquía u orden de totalidades crecientes.
Parece serle evidente a Wilber que la naturaleza es jerárquica, dado que el desarrollo de éstas se
da en forma secuencial; primero tiene que haber uno, para que después pueda haber dos, y
despúes el tres y después el cuatro. No aparecen simultáneamente en conjunto, el crecimiento se
da por etapas, y estas, obviamente estan escalonadas atendiendo a algún principio trascendental.

En este proceso en que un holon queda dentro de otro, cualquiera que sea la secuencia evolutiva
o desarrollo, a medida que emerge un estadio u holon más abarcante, incluye las posibilidades,
pautas y funcionamientos de la etapa anterior, pero luego añade sus propias posibilidades nuevas.

Habría que comenzar diciendo que, en su tarea integrativa de ofrecer una teoría de todo, Wilber
va a proponer que si hay una pauta capaz de enhebrar todo en su teoría, esa tendría que aportarla
el devenir de las cosas, en tanto que holones. Entonces habría que saber qué es lo que las cosas
tienen en común respecto a estos para poder realizar está tarea integrativa efectivamente. En su
texto Wilber va a llamar a éstos los “veinte principios holónicos”, sin embargo en mor de la
simplicidad de éste texto, nos limitaremos a citar los que creemos pueden contribuir al ésta
propuesta.

Algunos de los veinte principios holónicos:


“Los holones comparten características o capacidades fundamentales”

a) Individualidad. Este carácter de todos los holones, tiene que ver con la capacidad de
preservar su propia totalidad o autonomía; de alguna manera u otra cada holon se las
arregla para seguir siendo él mismo a lo largo del tiempo.
b) Comunidad. Luego Wilber va a decir que un holón no solo depende de su capacidad
individual, sino tambien de su capacidad como parte de otro mayor, en su capacidad de
ser una parte deberá acomodarse a otros holones. Su capacidad de encajar, de registrar la
presencia de otros holones, de acomodarse en el entorno existente, son características de
su parcialidad como tal.
c) Trascendencia. La autotrascendencia, sería simplemente la capacidad que tiene un sistema
de ir más allá de lo establecido, y en cierta manera es la forma en que tienen las cosas de
introducir algo novedoso.
d) Disolución. Si un holon puede llegar a mantenerse en el mundo hasta el punto de poder
llegar a crear, tambien se puede destruir. Cuando un holon se disuelve tiende a hacer el
sentido opuesto a su realización.

“Los holones emergen”

Luego que se dan las condiciones necesarias para que se cumpla en cierto modo la
suficiencia de cada holon, ocurre una emergencia de nuevos holones. A éstos se les caracterizaría
por tener cualidades y propiedades que no pueden ser deducidas en forma estricta por sus
elementos. Los holones no constituyen de forma simple el entorno del holon, sino que estas
potencialmente están aunadas con lo que las demás serían en su devenir.

“Cada holón que emerge trasciende pero incluye a sus predecesores”

En éste, Wilber supondría que cada holon emergente preserva los holones previos, pero
niega su separación, soledad o aislamiento. Decir que “se trasciende y se incluye” implica que
todas las funciones y estructuras básicas son preservadas y llevadas a un contexto mayor, pero
toda separación o aislamiento , son sencillamente remplazadas por una unidad más profunda.

Luego, tambien Wilber desarrolla otros principios que por lo pronto solo haremos mención muy de
paso pero que nos resultan interesantes.

Desde aquellos que relacionan las probabilidades y las posibilidades:

“Lo inferior establece las posibilidades de lo superior y lo superior establece las probabilidades
de lo inferior”

O aquellos que relacionan la conciencia y lo extenso.

“El numero de niveles que comprende una jerarquía determina su profundidad y el numero de
holones determina su amplitud”

“Cada nuevo nivel emergente de la evolución tiene mayor profundidad y menos amplitud”

“Cuanto mayor será la profundidad de un holón, tanto mayor será su nivel de conciencia”

Tambien principios que mentan cierto ámbito ecológico.


“Si se destruye o desaparece un holon, tambien desaparecerán todos los holones superiores a él
conservándose únicamente los holones inferiores a él”

“Las holoarquías coevoluciónan

”Lo micro está en relación con lo macro en todos los niveles de su profundidad”

“La evolución es direccional”

Creemos que por ser ciertamente novedosa su teoría en terminos de holones, Wilber no ha tenido
el tiempo suficiente de poder desarrollar lo que ya Zubiri había entendido como ámbitos
metafísicos. Sin embargo al final de su obra “Sexo, Ecología, Espiritualidad” va a proponer lo que
serían meras adiciones. Si bien éstas no ocupan un lugar central en su teoría, son bien sugerentes
de la idea de sustantividad. Sobre todo lama nuestra atención la adición numero dos que dice.

“Los holones emiten un incierto o incompleto al Kosmos”

Wilber, se refiere a Hegel para decir que en toda cosa hay una contradicción inherente. El hecho
de que toda cosa sea totalidad y parte, implica una tensión implícita que pondría en evidencia una
oposición dicotómica.

Cito a Wilber;

“[Dado] que cada holon es simultáneamente una totalidad/parte. Sufre una tensión dual inherente
a su propia constitución. Como totalidad, debe alcanzar un grado de coherencia y consistencia
para poder seguir siendo la misma entidad a lo largo del tiempo”.

Fin de la cita.

Ser holon implica que cuanto más pueda ser parte una cosa, menos será totalidad respecto a las
demás. Y cuanto mas sea totalidad, menos parte. Es por ello que, según Wilber, habría tensiones
tanto en el ámbito de la lógica (véase las dualidades incompletud o inconsitencia), como en el
ámbitos de la física (dualidad onda/partícula), hasta en las practicas juridicas (dualidad juez/parte).
Si bien el abordaje de éste tema no le lleva a replantearse la idea de sustancia, para nosotros es
parte indispensable. Sin embargo hasta aquí la aportación holonica de Wilber.

Toca en lo siguiente ahora retomar la problemática de la substancia.

Ya decíamos que la raigambre filosófica de éste concepto podemos rastrearla desde los filósofos
griegos. Y si bien quien terminaría por desarrollar ésta idea es Aristoteles, ya viene heredada por
el pensamiento platónico. Aristoteles, a diferencia de Platón no creía que hubiera un principio
inteligible supremo separado de lo sensible. Porque si bien sostenía tal separación, éste pensaba
más bien que había un sustrato involucrado en el devenir de cada cosa; de eso trataría la teoría de
las substancias. Esta comenzaba suponiendo una filosofía enfocada a una sustancia primera
separada de las segundas; a saber ésta trataba del Theos. Sin embargo, no fue de ésta de la que
más se encargó, Aristoteles se encargaría de las sustancias físicas cuya conexión con las sustancias
primeras no explicaba con exactitud. Dicho sea de paso, este supuesto tambien ha sostenido un
dualismo entre el sentir y el pensar.
Lo cierto es que Aristoteles suponía que las cosas tendrían un “citus” dónde “estar”. Entendemos
que la tradición ontológica suponga que el conocimiento expresado por el logos sea un “ser”. Pero
nosotros estamos de acuerdo con la aclaración de Carlos Sierra, las cosas en tanto que
sustanciales antes que “ser”; “están”. El único principio del cual las cosas son subyacentes es que
estas o “estan” afectadas por otras cosas o “están” por ser substanciales. Luego entonces es en la
idea de “estancia” que las cosas en Aristoteles cobra su substancialidad. Las cosas son, para Carlos
Sierra “estantes” antes que ser “entes”

Refiriéndose a éste, Carlos Sierra dirá:

“… las cosas están por ser sustanciales, y aquello que no es sustancial depende de aquello que sí.
Es claro pues [que] lo estante está fundamentalmente debido a aquello que lo hace estar, que es
independiente de todo lo demás por ser precisamente ello lo más estante. (Lechuga, 2015) ”

Fin de cita.

Por sustancia, lo que los griegos -seguidos por los escolásticos- entendieron es lo que “está-ahí” -o
como mienta Carlos Lechuga “el ahí del estar”-, subsistiendo bajo otras realidades; en esta
medida, la sustancia es una realidad no dependiente, sino más bien “una de la que las otras
realidades dependen [y] aquello de lo que las cosas dependen la ”sustancia”. Luego, éste autor
hará mención al pensamiento de Tomás de Aquino sobre cuál sería el principio de las cosas. Pues
este decía que hay un principium en las cosas (aliqua) según el cual -gracias sólo a él- podría
conocérseles; es decir que conociendo, de la cosa, la sustancia (rei substantiam) de la cosa
intelegida nada excederá la razón humana. En este sentido, sustancia se entiende como la cosa; no
cosa cualquiera. Es la cosa presente, más presente; es la cosa más cosa, en virtud de la cual el
resto de la cosa esta precisamente delimitada como cosa.

Entonces, la substancia es también sustrato de accidentes. Si la substancia en realidad es lo que


“esta-ahí”, entonces la substancia es lo yaciente, y además estando por debajo de otras realidades
accidentales, es lo sub-yacente. “Lo sub-jectum es en esta medida una realidad no dependiente; y
así, lo substante deviene sub-yacente. (Lechuga, 2015) ”. La consecuencia inmediata de esta
operación era que aquello que suponía ser lo “más real”, para Aristóteles implicaba directamente
a dicha substancia, pero tambien al “estar en acto” habría de encontrarse otra que fuera la que
moviera a la primera. De esta manera nos encontramos que la idea de substancia fue emplazando
el problema sin punto de detención.

Creemos que resulta más fácil entender que el problema de la sustancia es el mismo problema de
los holones, pues solo es más válido decir que la sustancia es simultáneamente directa e
indirectamente si consideramos a la primera como totalidad implicada y la segunda como parte
del proceso en que se deviene tal. Si se nos permite, el haber considerado la substancia como el
quid de las cosas ha llevado nada más y nada menos que a la postergación de lo que fuera la
metafísica, la filosofía primera. Hasta aquí el problema de la sustancialidad es casí idéntico al
problema de la recursividad holonica.

Envueltos en el mismo problema, en la modernidad ocurrirá un ligero cambio, pues el centro de


atención principalmente se pondrá en la sustancia subjetiva.
La subjetividad como problema substancial.

En la modernidad no es la sustancia aquello que se predica, sino aquello de lo cual se predica,


entonces, a partir de ahí, ocurrirá un giro según el cual lo que termina caracterizando a las
substancias es propiamente el sujeto; entonces, quién intenta conocer las substancias es el sujeto
conocedor. En la modernidad la substancia puede ser tanto “subjetiva” (la res cogitans) como
puede ser “cósica” (la substantía) e incluso, como lo pensaría Spinoza, exclusiva de una divinidad.
Precisamente por estar puesta en frente, u opuesta, a partir de la modernidad la substancia
tenderá a buscar sustancias objetivas (ob-jectum), o como en el caso de Locke, Kant y Hume,
afirmará la imposibilidad de conocerlas. En todo caso, como dice Carlos Sierra L. “la substancia
subjetiva busca en las cosas sus substancias (las substancias objetivas), no sus accidentes”
(Lechuga, 2015) .

Tal vez sin reconocerlo del todo, busca de ellas lo que se considera más real y no aquello que,
frente al sujeto, parece no más que lo accidental. El haber considerado la substancia aquello de lo
que en realidad interesa al conocer ha llevado a la filosofía a resbalar en lo que conocemos como
idealismo. Con otros nombres el idealismo se ha apoyado en la idea de substancia para erigir
interesantes teorías que ora niegan el sujeto ora lo defienden, pero es este al fin de cuentas
implícito o explícito el leitmotiv de su inspiración.

Hasta aquí el problema de representación y el problema de una teoría de los sistemas, no como
holones, guardan algo en común.

Sobre la sustantividad zubiriana.

Entre todas las concepciones que ha acuñado Zubiri, hay una que es un importante punto de
apoyo en su obra; la idea de substantividad. Ya decíamos que la caracterización de la sustancia de
las cosas precisa de una abstracción de la que siempre dependen para su existencia. Pero que por
el hecho de suponer que esta resguarda más sentido que sus demás componentes terminan
extraviando la investigación. En este sentido, como pretendemos aclararnos, las cosas no son
cosas sin estar insertas en las demás y sin implicar otras.

Cito a Carlos Sierra:

“…las cosas están formalmente constituidas por propiedades, notas […] coherentes entre sí, cada
una en cuanto propiedad es propiedad de todas las demás, es “propiedad-de”. Es lo que con un
vocablo tomado de la gramática de las lenguas semíticas, llamo “estado constructo”. En el estado
constructo los vocablos entre si, y por lo tanto lo por ellos designado, constituye formalmente una
unidad intrínseca propia. Y esta unidad del estado constructo es lo que yo llamo sistema”.

Fin de cita.

Primeramente, las cosas aparecen constituidas en su unidad, sin escisión alguna entre su ser y su
parecer, entre su sustrato sustancial y ente la aditividad de sus accidentes; aparecen constituidas
de manera plena. La plenitud entitativa es la expresión de la sustantividad. Entonces, las cosas,
como mienta este autor, no aparecen como elementos aislados inadvertidos entre sí ni tampoco
aparecen como accidentes errantes girando en torno de un centro sustancial; las cosas aparecen
como sistemas, nosotros diremos que las cosas aparecen como holones. Carlos Sierra dirá que
cuando se estudia el organismo de un ser vivo, no hay en lo absoluto un elemento del cual todo lo
demás dependa, tan fundamental es el estómago como el cerebro, pues sin uno el otro no podría
hacer lo suyo, en virtud de esto por eso se llama organismo.

En cambio, la substancialidad es el resultado de un proceso de desdoble en el que el logos da


cuenta de algunas realidades posteriores a lo primariamente dado en dicha cosa, y en virtud de
ello es secundaria. Diría Carlos Sierra “La sustancia o sustancialidad podrá ser lo real que se quiera,
lo independiente etc., pero secundaria” (Lechuga, 2015) . El Nous, en cambio aprehende la cosa
presente, sistemática y simple y aquí no hay diferencia entre ser y parecer. Entonces, la cosa es
esta cosa precisamente por ser un sistema complejo constituido por la totalidad de sus notas.
“Este “está”, en que las cosas se nos hacen presentes, es un deíctico que nos habla de la unidad o
delimitación, de la suficiencia o ser por sí, y de su estar ya presente. (Lechuga, 2015) ” Tambien C.
Sierra dirá que las cosas no son tales por una realidad mayor implícita en ellas, sino por el modo
como todas sus notas (o “propiedades”) quedan estructuradas para constituirlas. No es por el
enseñoramiento de una de sus partes que son tales substantivamente, sino como forman parte de
la estructura del todo.

Cito a Zubiri:

“[La sustantividad] funcional no es forzosamente el resultado de una combinación de sustancias


que produjera una sustancia nueva. Tampoco es un mero agregado de sustancias, porque en tal
caso sólo tendríamos funciones aditivas. Es un acoplamiento de sustancias tal que todas ellas se
co-determinan mutuamente. Y esto es lo que hemos llamado estructura. La sustantividad está
determinada no siempre ni formalmente por sustancias, sino por estructura, y en esa unidad
coherencial primaria. Esta estructura es la esencia de la sustancialidad en cuestión. La suprema
forma de unidad metafísica de lo real, no es la unidad de sustancialidad, sino la unidad estructural.
(Zubiri, 1963) ”

Fin de cita.

Para ofrecer una idea de éste nuevo paradigma en que la substancia se torna substantividad.

Podríase pensar que el principio trascendental de las cosas, en tanto sistemas, supone un orden
que conjunte tal sistema cómo tal, sin embargo, esta codeterminación estructural, siempre
presente desde las unidades más antecedentes hace que las cosas, adquieran otra dimensión.
Siendo los holones el carácter de las cosas, estas son más que simples cosas. Ser totalidad y parte
a la vez implica que la cosa al ser totalidad queda abierta a lo que fueran todas y cada una de sus
partes y que, al ser parte ésta queda abierta a lo que fueran las demás totalidades abarcantes. Por
lo pronto, esté principio no solo hace de esta apertura en carácter de alguna clase de conjunción o
comunidad, sino que hace de esta apertura un sentido en que comunica a toda cosa con toda otra.

Sin principio de mediación, que suponía el criticismo, no basta con decir que cada holon comunica
“ya de por si” a todo holon, sino que les es inherente. No basta decir que cada cosa está
simplemente en cada otra cosa. Luego, esta apertura recursiva que suponen las cosas, no es una
apertura “ilimitada” de la realidad, sino que cada cosa remite de cierta manera especifica su modo
de estar en ésta, entonces no es un aspecto “inmanente”, pues para que algo sea inmanente
precisa que ésta tenga un “manere”, una manera de estar como tal. Las cosas en tanto que
contextos dentro de contextos, están “henchidas” de notas, tortugas dentro de tortugas. Las cosas
en tanto que totalidades/parte, “exceden de sí” y ésta “excedencia” en que estan “henchidas”
físicamente, es el carácter metafísico de toda realidad.

Cierro mí intervención con una cita de Zubiri:

“La realidad, trascendentalmente considerada, no se “contrae” en cada cosa a su realidad, sino


que el momento de realidad de cada cosa se “expande” [aprehensivamente] en realidad.”

Fin de cita.

Tal sería el carácter la apertura metafísica de la realidad, que podemos encontrar en la lectura
holonica de las cosas en tanto sustantividades.

Gracias por su atención.