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CRISIS EN VENEZUELA

La ayuda humanitaria se atasca en la frontera de Venezuela


Más de 60 miembros de las Fuerzas Armadas desertan en una violenta jornada que deja al
menos cuatro muertos y decenas de heridos

Caracas 24 FEB 2019 - 17:18 CET

Manifestantes se preparan para intentar el paso de los camiones con la ayuda humanitaria sobre el
puente Simón Bolívar. En vídeo, la ayuda humanitaria no llega a Venezuela.

en Venezuela disparó este sábado la tensión entre la oposición a Nicolás Maduro y el chavismo. La
jornada estuvo marcada por violentos disturbios y más de 60 deserciones de militares en la frontera
con Colombia. Al menos cuatro personas murieron en la frontera con Brasil y hubo decenas de
heridos. El intento de Guaidó, impulsado por Estados Unidos y Colombia, pretendía acorralar al
régimen. Pero se topó con el blindaje de las fronteras, lo que impidió la entrada de los
camiones cargados con medicinas y alimentos.

Los venezolanos vivieron otro punto de inflexión en el choque institucional entre el Parlamento y el
Gobierno. El envío de ayudas buscaba abrir un nuevo escenario al margen del resultado de la
convocatoria. Los cargamentos quedaron finalmente atascados debido al control policial y si pasaron
algunos envíos, como anunció la oposición, fue de forma simbólica.

Las autoridades chavistas se emplearon repeler la entrada de medicinas y alimentos dirigidos a


300.000 ciudadanos en situación de riesgo. Maduro rechaza de forma tajante la llegada de la ayuda
través de la frontera, que interpreta como una injerencia de EE UU. Esta pugna desató, durante horas,
el caos en las proximidades de los puentes de Tienditas y Simón Bolívar, principal paso fronterizo
entre Venezuela y Colombia.

Al menos dos personas murieron en medio de enfrentamientos en Santa Elena de Uairén, junto al
Estado brasileño de Roraima. Y en San Antonio, que linda con la ciudad colombiana de Cúcuta, se
produjeron choques entre las fuerzas de seguridad, la población y los seguidores de Guaidó, quien
lideró el operativo desde Colombia tras cruzar la frontera pese a tenerlo prohibido por la justicia
venezolana. Los agentes intentaron dispersar a los manifestantes con gases lacrimógenos y balazos.
Decenas de personas resultaron heridas en medio de episodios de violencia. A la batalla campal
atribuida por los opositores a los colectivos de paramilitares chavistas se añadió la represión de los
uniformados, aunque el chavismo culpó de todo a los seguidores de Guaidó.

El operativo diseñado por la Asamblea Nacional, que había movilizado a miles de simpatizantes en
las fronteras, no logró en cualquier caso lo que se proponía. La dinámica de la entrega, pese a ser
complicada, nunca estuvo clara y se quedó en un instrumento de carácter político para debilitar al
chavismo. Guaidó se parapetó en el apoyo de los presidente conservadores Iván Duque (Colombia),
Sebastián Piñera (Chile) y Mario Abdo (Paraguay) que, junto al secretario general de la OEA, Luis
Almagro, estuvieron presentes en Cúcuta. En medio de la confusión se produjeron excesos y algunas
brigadas de voluntarios aprovecharon el respaldo de decenas de organismos y Gobiernos extranjeros
para apropiarse de símbolos que no les corresponden. Por ejemplo, los emblemas del Comité
Internacional de Cruz Roja, como denunció la propia organización.

Lo que se vio, en definitiva, además de la urgencia de responder a una emergencia humanitaria en


Venezuela, se enmarca en una estrategia de quebrar la unidad de los militares. La situación forzó al
menos 60 deserciones en la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía Nacional e incluso en las temidas
fuerzas especiales conocidas como FAES. Agentes y oficiales, que en algunos casos se encontraban
de servicio cerca de la frontera, se entregaron a las autoridades de Migración de Colombia y pidieron
refugio en el país vecino.

Mientras miles de voluntarios seguían intentando la entrada de los cargamentos de ayudas,


procedentes en su mayoría de Estados Unidos y trasladados hasta la frontera en camiones, en Caracas
decenas de miles de opositores se dirigían hacia la base aérea de La Carlota. Llegaron a rodearla al
mediodía entre gritos de “soldado, escucha, únete a la lucha”. La imagen estaba en las antípodas de
las que se produjeron en la frontera, ya que la movilización transcurrió de forma pacífica sin apenas
presencia policial.

El respaldo de las Fuerzas Armadas es clave para alcanzar el poder en Venezuela, donde el aparato
estatal está profundamente militarizado, y Guaidó lleva semanas apelando a la conciencia de su
cúpula y sus bases para convencerles de que ha llegado el momento de dar la espalda a Maduro. El
sábado se reunió en Cúcuta con algunos de esos desertores. “Los soldados con quienes he hablado
han respondido a su deseo de vida y futuro para sus hijos que el usurpador no les garantiza. Soldado
venezolano, el mensaje es claro. Haz lo que te manda la Constitución. Habrá amnistía y garantías para
quienes se pongan del lado del pueblo”, les recordó. También lanzó un mensaje a las bases chavistas
aún fieles al expresidente fallecido en 2013 y cada vez más insatisfechas con la insostenible situación
económica que les obliga a vivir bajo el yugo de la hiperinflación.

La intención es incorporar al chavismo en un proceso de transición y por eso insistió en que su pulso
“es de todos los venezolanos”. “Llamamos a todo el pueblo chavista. Hoy Venezuela los necesita,
nos necesita a todos reunidos. Amigos del pueblo chavista, y los que estuvieron cerca, el momento es
ahora”, dijo animándolos a alejarse del Gobierno, que logra mantener el lazo y el apoyo electoral a
través de un sistema de subsidios y entrega de bolsas de comidas de los Comités Locales de
Abastecimiento y Producción (CLAP).

Movilización chavista

Muchos de esos chavistas también salieron a la calle para apoyar a Maduro, que sigue en el poder y
controla la maquinaria del Estado. El oficialismo buscó una instantánea de exhibición de fuerza, como
viene siendo habitual para contraprogramar los actos de la oposición. El mandatario compareció junto
al palacio presidencial de Miraflores. Se esforzó en demostrar que 30 días después, en referencia a la
proclamación de Guaidó, “el golpe de Estado ha fracasado”. Al mismo tiempo, le lanzó una
advertencia. “Habrá justicia en Venezuela. Para que haya paz habrá justicia”, dijo. Aludía Maduro al
incumplimiento de la orden expresa, emitida por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), de no
abandonar Venezuela.

En suma, el chavismo recurrió a su manual habitual, acusando a los opositores de montar un


espectáculo en la frontera y provocar los incidentes. “Han perturbado la vida llevando la guarimba [en
referencia la protesta] al pueblo de San Antonio. Quemaron un autobús. Un show para perturbarles la
vida y la tranquilidad a los hermosos pueblos de la frontera. Ayer [por el viernes] me vi obligado a
cerrar los puentes fronterizos hasta nuevo aviso y estoy evaluando qué hacer. Ustedes saben que yo
no le temo a nada”, dijo antes de llamar a los militares y a los cientos de miles de milicianos armados
por el Gobierno a levantarse en caso de que le pasara algo. El canciller, Jorge Arreaza, acusó a EE
UU y Colombia de violar la carta de la ONU. “La comunidad mundial los observa y en el seno de la
ONU se tomarán las acciones que correspondan”.