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¿Qué lugar para el practicante entre varios?

EVA PÉREZ BUGNONE

“El psicótico nos enseña a no esperar un funcionamiento normativizado, estandarizado, pero nos enseña también mucho a
confiar en que él sabe sin saberlo aún. El analista (…) lo mejor es que sepa no saber y su correlato, con el psicótico, ir siempre
un paso más atrás”.1

Si el psicoanálisis consiste en el tratamiento de lo Real mediante lo Simbólico 2, es pertinente


valerse del discurso analítico también en la práctica institucional.
El dispositivo creado por el Dr. Antonio Di Ciaccia en Bruselas -y denominado posteriormente
por J-A. Miller como “práctica entre varios”- demuestra su eficacia operativa ya que ofrece a cada sujeto
la ocasión de ser escuchado, procurando un espacio que respeta su singularidad.
Lacan3, en el “Pequeño discurso a los psiquiatras” de Sainte Anne, sitúa el encuentro con el
psicótico como angustiante. El loco, el hombre verdaderamente libre que tiene el objeto en el bolsillo,
no puede más que causar la división del Otro. El que se postula en presencia del loco está
irreductiblemente concernido, lo sienta así o no. La experiencia clínica en una institución que aloja a
pacientes psicóticos testimonia sobre una práctica angustiante que provoca di versas respuestas en el
practicante que escucha. Por este motivo, es importante recordar modalidades de intervención ancladas
en los principios psicoanalíticos extraídos de la pluma de Freud y de la enseñanza de Lacan.

El presente texto pretende analizar las condiciones de trabajo precisas que ha de asumir el
practicante entre varios, es decir, ubicar qué posición ocupa y de qué manera debe intervenir en una
institución regida por los principios del psicoanálisis aplicado.

Saber no saber

A la hora de insertarse en la institución, es fundamental que el practicante tenga claro que se


encuentra permanentemente en falta. Siendo un partenaire que actúa como secretario del alienado,
como escriba del testimonio del paciente, debe estar vaciado de todo saber, lo cual implica estar
expectante para que cada acto pueda mantenerse como un enigma, y así sea el sujeto quien construya
su propia significación. Esto corresponde, como enuncia Virginio Baio 4, a ser dóciles ante la enunciación
del sujeto, para permitir que despliegue su construcción singular, sin que esta sea taponada por un
saber proveniente del practicante.

1 Palomera, V. (2008) “La conversación con el psicótico. Tres preguntas a Vicente Palomera ”. NODVS. L'aperiòdic
virtual de la Secció Clínica de Barcelona . Disponible en
http://www.scbicf.net/nodus/contingut/article.php?art=271&pub=4&rev=37&idarea=6..

2 Lacan, J. (1995) El Seminario. “Los cuatro conceptos fundamentales ” Libro 11.Ed. Paidós. Bs.As.

3 Lacan, J. (1967) “Breve discurso a los psiquiatras”. En el Cercle Psychiatrique H. Ey, Sainte Anne. Disponible en:
http://www.lacanterafreudiana.com.ar/2.5.1.12%20%20BREVE%20DISCURSO%20A%20LOS%20PSIQUIATRAS,%
201967.pdf

4 Baio, V. & Kusnierek, M. (1996) “Trabajar entre varios”, en Una clínica en Institución, Publicación del Equipo 111:
Centro de día terapéutico- Educativo. Rosario, Argentina.
Di Ciaccia5, plantea que el trabajo se sostiene en una palabra -simbólica ciertamente-
agujereada con respecto al exceso de goce. Esto implica que el practicante sea capaz de revestirse de un
semblante conectado al Otro del lenguaje, de la palabra, pero a una palabra limitada con respecto al
goce para que permita la emergencia de un acto de enunciación propio del sujeto.

Un Otro destituido

Como explica Kusnierek 6, la Práctica entre Varios es una acción, es un trabajo que se realiza
entre varios en la institución. Por ello, el sujeto psicótico ya no tiene que vérselas también allí con un
gran Otro, sino con un “partenaire pluralizado”. El propósito de esta pluralización consiste en
descompletar al Otro absoluto y gozador del sujeto, y operar para que no tenga que vérselas con un
exceso, sino más bien con un vacío encarnado en varios practicantes.

Esto se lograría mediante una destitución del Otro en tres niveles, según Kusnierek 7. En primer
lugar, una destitución en cuanto al saber. El practicante debe descompletarse. Es el sujeto psicótico el
que cuenta con la certeza, y al partenaire algo se le escapa. En segundo lugar, una destitución en cuanto
a la demanda. Los pacientes están sometidos a la constante demanda del Otro. El hecho de ser varios
permite aliviar, reducir esta sumisión. Y por último, una destitución en cuanto a la presencia. El signo de
la presencia se manifiesta a través de la voz y la mirada, que pueden volverse invasivas y persecutorias.
Por lo tanto, es inherente a la posición del practicante colocarse como tercero para abolir la dualidad y
encarnar a un Otro regulado, privado del goce mortífero. El tercero está siempre convocado, a través de
otro practicante, o a través de un Otro ausente (directivos, normas institucionales, etc.) pero hecho
presente.

Asimismo, podríamos pensar la reunión general como otra estrategia de destitución del Otro en
el trabajo con la Psicosis. Al momento de exponer sus maniobras frente al equipo, los practicantes
consienten ser marcados por los demás miembros. Se trata de hacer partícipe al equipo de sus
intervenciones o estrategias de trabajo para que no se cristali cen como un saber definitivo. El saber que
el practicante cree haber obtenido queda así en suspenso. Este movimiento implica una destitución que
concierne a su práctica. El practicante se deja marcar por la posición de los otros, instituyendo al mismo
tiempo un “no-saber” en relación a sus intervenciones. En palabras de Baio8 “La reunión general apunta
a la institución de la destitución permanente”.

Una cuestión ética

Las leyes y políticas públicas que regulan el sistema de salud actual están orientadas por un
discurso que apunta al bienestar y el equilibrio de los individuos, con ideales de supuesta adaptación a

5 Di Ciaccia, A. (2006) “La pratique à plusieurs.” En Habitar el Discurso. México. Disponible en:
www.apol.org.mx/img/habitar%20el%20discurso%20word.doc

6 Baio, V. & Kusnierek, M. (1996) “Trabajar entre varios”, en Una clínica en Instituci ón, Publicación del Equipo 111:
Centro de día terapéutico- Educativo. Rosario, Argentina (Pág. 2)

7 Baio, V. & Kusnierek, M. (1996) “Trabajar entre varios”, en Una clínica en Instituci ón, Publicación del Equipo 111:
Centro de día terapéutico- Educativo. Rosario, Argentina.

8 Baio, V. & Kusnierek, M. (1996) “Trabajar entre varios”, en Una clínica en Institución, Publicación del Equipo 111:
Centro de día terapéutico- Educativo. Rosario, Argentina
un funcionamiento eficaz que tienden a borrar al sujeto que sufre. Las instituciones reproducen, pero
sobre todo, legitiman intervenciones que parten del uso de diagnósticos descriptivos, con un saber
cerrado sostenido en una pretendida universalización que excluye toda singularidad.

En cambio, una institución atravesada por el discurso analítico, contribuye a consolidar una
clínica que responde a una ética precisa. Los principios que guían la práctica psicoanalítica interpelan
incesantemente a la ciencia y al discurso del amo. El trabajo con la psicosis orientado por el modelo d e
práctica entre varios se rige por estos principios.

En este sentido, Virginio Baio 9 plantea que la operación a realizar en el trabajo con la psicosis no
parte del amor, ni de los ideales, ni del furor de curar. El practicante inserto en una institución acorde a
la ética del psicoanálisis no debe partir del amor, ya que esto podría llevar al paciente a situarse en una
posición erotomaníaca respecto de él. No debe guiarse por los ideales, porque esto implica ocupar una
posición de saber qué es lo ideal para el sujeto, lo que coincide con el discurso del amo. Asimismo, el
practicante debe evitar lo que Freud denomina como “furor curandis”, ya que la lógica de la práctica
entre varios constata efectos terapéuticos que vienen por añadidura.

El acto del practicante consiste en ofrecer un vacío, una posición que permita al sujeto
desplegar su producción. Se trata de guiarse por las construcciones mismas del sujeto psicótico, lo que
constituye una estrategia para posibilitar efectos de sujeto.

Los tres pilares freudianos: formación, supervisión y la experiencia de un análisis personal son
herramientas necesarias a la hora de practicar el psicoanálisis. Esto permite civilizar el propio goce para
poder actuar sin la fijeza del fantasma y del síntoma, así como predisponerse para la sorpresa continua
que ofrece la clínica. Eric Laurent llama a los practicantes idóneos “analizantes civilizados”, sujetos
advertidos de su singular modo de funcionamiento.

Interrogar la posición del practicante nos obliga entonces a indagar acerca de la ética que nos
orienta y los principios que fundamentan nuestra praxis, condiciones ineludibles para llevar adelante
una clínica responsable por fuera del dispositivo analítico clásico.

9 Baio, V. (1994) “L´Antenne 110, entre la organización y la terapia ”, en Una clínica en Institución, Publicación del
Equipo 111: Centro de día terapéutico- Educativo. Rosario, Argentina.