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Tema 2:

Un texto es verosímil cuando tiene coherencia interna con sí mismo, es decir, cuando es
creíble, teniendo en cuenta que aceptamos las reglas del mundo posible que crea el autor. La
RAE también define verosímil como algo “que tiene apariencia de verdadero”, lo que quiere decir
que no es verdadero, pero aparenta serlo (disponible en ). Cervantes explicita en el prólogo que
El Quijote está escrito para ir en contra de los libros de caballería: “llevad la mira puesta a derribar
la máquina mal fundada de estos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de
muchos más; que, si esto alcanzásedes, no habríades alcanzado poco” (Q. Prólogo, p. 14). En
este texto hace esta crítica a los libros de caballería por encontrarlos poco creíbles, considerando
que aparentan ser realistas, pero en ellos ocurren situaciones que son imposibles.
El cura Pero Pérez representa la Iglesia, y esta es la más alta autoridad intelectual en el
tiempo de Cervantes, tiempo en que la inquisición debía aprobar todos los libros para estar
seguros de que lo que se leyese no fuera en contra de los dogmas que fomentaba la Iglesia. Por
esta razón, no sorprende que Cervantes introduzca gran parte de su opinión respecto a los libros
de caballería en palabras del cura, pues así logra elevar su opinión hasta ser casi indiscutible.
Por ejemplo, durante el escrutinio de la biblioteca de Don Quijote, uno de los libros que salva el
cura es Tirante al Blanco: “por su estilo, es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los
caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con
otras cosas de que todos los demás libros de este género carecen” (Q. I, p. 65-66). A Cervantes
le llama la atención que “Tirante al Blanco” cuenta con un héroe mucho más humano, que no
realiza acciones que son evidentemente imposibles, y que por lo tanto son verosímiles
considerando que ocurren dentro de un mundo ficticio, pero que pretende parecerse a la realidad.
Asimismo, habiendo terminado de leer la novela intercalada El Curioso Impertinente, dice el cura:
“No me puedo persuadir que esto sea verdad; y si es fingido, fingió mal el autor” (Q. I, p. 374).
Lo que el cura está diciendo, expresado en términos más pertinentes a este análisis es: dudo
que esto sea realidad, pero si es ficción, es poco verosímil.
En el capítulo 47, el canónigo da una opinión respecto a los libros de caballería:
“Y si a esto se me respondiese que los que tales libros componen los escriben como cosas de
mentira y que, así, no están obligados a mirar en delicadezas ni verdades, hía yo que tanto la
mentira es mejor cuanto más parece verdadera” (Q. I, p. 490-491). Nuevamente, Cervantes
está intentando decir que un relato de ficción es mejor mientras más verosímil sea. Este
argumento se ve sustentado por el comentario al texto de Francisco Rico que dice: “El
canónigo sin duda expresa aquí uno de los fundamentos de toda la teoría y práctica literaria de
Cervantes: la literatura busca provocar el interés del lector con ficciones sorprendentes e
incluso maravillosas, pero manteniéndolas sin embargo en el terreno de lo razonable, de modo
que vayan de la mano la fantasía y la verosimilitud” (Q. I, comentarios al texto n°45, p. 491). Un
poco más tarde en el texto, el autor vuelve a expresar su opinión a través del canónigo,
diciendo que cuando lee los libros de caballería, le pueden causar gracia si piensa que son
todos mentira, pero que finalmente da con ellos en la pared por ser falsos y por dar ocasión a
otros lectores a creer las mentiras que dicen (Q. I, p. 503-504).
Si analizamos algunos aspectos del libro, podemos notar los esfuerzos que hace el
autor para que su obra resulte verosímil. Cervantes no puede cometer los mismos errores que
cometen los que él está criticando. Don Quijote está inserto en un mundo realista (al igual que
los libros caballerescos), pero el autor logra hacer que su personaje cumpla con las reglas de
este tipo de mundo. Podemos ejemplificar esto en cuando el Caballero de la Triste Figura bebe
el Bálsamo de Fierabrás. Hubiera sido muy poco creíble que él se curase, por lo que ocurre el
efecto contrario, padece de vómitos y sudores, lo que es bastante más coherente,
considerando que Don Quijote no tenía conocimiento sobre cómo usar las hierbas medicinales
(Q. I, p. 148-156). También hubiera sido inverosímil que el narrador en el texto en cuestión
fuera omnisciente, porque eso supondría que la historia está escrita por una especie de dios
que lo sabe todo. Esto también lo plantea Antonio Barbagallo: “No hay omnisciencia ni
omnipotencia en la vida real, sólo Dios posee esos atributos, y por tanto un narrador
omnisciente, lejos de mostrar verdad y autoridad, mostraría falsedad” (Barbagallo, p.558). Para
solucionar este problema, el autor crea a Cide Hamete, un historiador de carne y hueso que se
enteró de las historias del Quijote y decidió escribirlas, lo que es perfectamente posible en un
mundo realista (Q. I, p. 84-88).
En conclusión, Cervantes cree que los libros de caballería son poco verosímiles y esta
crítica se va reflejando a través del Quijote, en las opiniones que dan algunos personajes como
el cura o el canónigo, y también en ciertos recursos que usa el autor para hacer su propio libro
más verosímil, ya que para él eso es sumamente importante. Cervantes cree que la coherencia
interna de los libros de caballería se rompe, pues muestran un mundo realista, en el que
ocurren un sinfín de imposibles, que terminan por engañar a los lectores, haciéndoles pasar por
realidad algo que es ficción.

BIBLIOGRAFÍA:
BARBAGALLO, ANTONIO: El Quijote: Verosimilitud en la ficción o la ficción de la verdad, Ed.
Antonio Bernat Vistarini, Lepanto, 2000.
CERVANTES, MIGUEL DE: Don Quijote de La Mancha, Ed. RAE, Brasil, 2004.
Diccionario de la Real Academia Española