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MEDIOS DE COMUNICACIÓN PROCESAL Y OTROS CONCEPTOS JURÍDICOS RELEVANTES

PARA EL EJERCICIO DE CARGO DE ACTUARIO

2.1. Notificación
Es el acto mediante el cual, de acuerdo con las formalidades legales preestablecidas, se hace saber
una resolución judicial o administrativa a la persona a quien se reconoce como interesado en su
conocimiento o se le requiere para que cumpla un acto procesal. [1]
A continuación se presentan criterios jurisprudenciales relacionados, en lo conducente, con el
concepto jurídico referido:
“NOTIFICACIONES. POR REGLA GENERAL SURTEN SUS EFECTOS EN EL MOMENTO EN EL
QUE SE PRACTICAN, SALVO DISPOSICIÓN LEGAL EXPRESA. La notificación es el acto
procesal mediante el cual el órgano jurisdiccional da a conocer a las partes algún acontecimiento
dentro del procedimiento y se materializa a través de la diligencia practicada por un funcionario con
fe pública, por lo que goza de presunción de legalidad y es eficaz desde su emisión; de ahí que como
acto público con fecha cierta, válidamente produce sus efectos desde que se practica, por lo que
para generar consecuencias distintas, es necesario que la ley disponga la forma en que deben
producirse sus efectos. En ese sentido, el surtimiento de efectos de la notificación se entiende como
la posibilidad de que dicha diligencia pueda incidir en la esfera de alguna de las partes, con la
finalidad de que conozca lo que acontece en el juicio y, en su caso, empiecen a correr los plazos
para hacer valer algún derecho. Así, aun cuando las normas no señalen expresamente en el capítulo
de notificaciones el momento en que surtirán sus efectos, debe entenderse que es aplicable la regla
general relativa a que ello acontece en el momento en el que se practican, de manera que los
cómputos inician a partir del día siguiente de haberse realizado, salvo disposición legal expresa.” [2]
“NOTIFICACIÓN DE LOS ACTOS IMPUGNADOS MEDIANTE RECLAMACIÓN EN EL TRÁMITE
DE LA REVISIÓN FISCAL. SURTE EFECTOS DESDE EL MOMENTO EN QUE SE HAYA
EFECTUADO A LAS AUTORIDADES. Acorde con el artículo 104, fracción III, de la Constitución
Federal, los Tribunales Colegiados conocerán de los recursos de revisión interpuestos contra las
resoluciones definitivas de los Tribunales de lo Contencioso Administrativo a que se refiere la fracción
XXIX-H del artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, entre otras, sólo
en los casos que señalen las leyes, y las revisiones de las que conozcan los Tribunales Colegiados
de Circuito se sujetarán a las reglas de los trámites que la Ley de Amparo fija para la revisión en
amparo indirecto. Así, tratándose de los aspectos relacionados con la notificación de resoluciones a
partir de la radicación de la revisión fiscal, cobran aplicación analógica los artículos 26, fracción II,
incisos a) y b), 28, fracción I y 31, fracción I, de la Ley de Amparo, que prevén que las notificaciones
que se hagan por oficio a las autoridades responsables y a las que tengan el carácter de terceras
interesadas en su domicilio, surtirán efectos desde el momento en que hayan quedado legalmente
hechas, de modo que si la revisión fiscal es un medio de defensa creado en favor de las autoridades
para que a través del titular de la unidad correspondiente defiendan un acto emitido con base en las
potestades públicas de las que se hallan investidas, se concluye que las notificaciones que se les
hagan a partir de la radicación del recurso deben realizarse por oficio y surten efectos en el momento
en que se practican, pues así lo establecen las disposiciones de la Ley de Amparo aplicables a las
autoridades, cualquiera que sea la calidad que les asista, esto es, como responsables o como
terceras interesadas. En congruencia con lo anterior, si contra los autos de trámite dictados por el
Presidente del Tribunal Colegiado de Circuito procede el recurso de reclamación, el cual debe
interponerse por escrito dentro del término de 3 días siguientes al en que surta efectos la notificación
de la resolución controvertida, debe estimarse que surte efectos en el momento en que se
practica.” [3]

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[1] FLORES GARCÍA, Fernando. Diccionario Jurídico Mexicano, Instituto de Investigaciones


Jurídicas de la UNAM. Ed. Porrúa, México, 1998, 11ª edición, vol. I-O, pág. 2103.
[2] Jurisprudencia P./J. 10/2017 (10a.), sustentada por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, materia(s): Común, visible en el Libro 42, Mayo de 2017, Tomo I, página 8, Décima Época
del Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, registro: 2014200.

[3] Jurisprudencia 2a./J. 104/2014, sustentada por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, visible en el Tomo I, pág. 1137, Noviembre de 2014, Décima Época del Semanario
Judicial de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 2007935.

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2.2. Emplazamiento
Es el llamado judicial que se hace para que dentro del plazo señalado, la parte demandada
comparezca a juicio para ejercer sus defensas, excepciones o reconvenciones.
La jurisprudencia siguiente, en una parte, ilustra dicho concepto:
“EMPLAZAMIENTO. PARA SU DILIGENCIACIÓN DEBEN SEGUIRSE LAS FORMALIDADES
ESTABLECIDAS EN EL ARTÍCULO 76 DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS CIVILES PARA EL
ESTADO DE VERACRUZ, CUANDO EL JUEZ ADVIERTA AL DEMANDADO LAS
CONSECUENCIAS POR NO CONTESTAR LA DEMANDA Y NO SEÑALAR DOMICILIO PARA
OÍR Y RECIBIR NOTIFICACIONES.- El artículo 76 del Código de Procedimientos Civiles para el
Estado de Veracruz, señala que la primera notificación se hará personalmente al interesado y que
de no encontrarse éste en el domicilio, una vez que el notificador tenga la certeza de que ahí vive,
aquélla se entenderá con la persona que se halle en el lugar y si ésta se negare a intervenir o
estuviese cerrada la casa, se le dejará instructivo con el vecino más inmediato o con el gendarme
de punto. Por su parte, el artículo 77 de dicho ordenamiento establece que tratándose de
requerimientos, no encontrándose a la primera busca la persona a quien deba hacerse, se le dejará
aviso para que espere al día siguiente a hora determinada, y si ésta no espera, se practicará la
diligencia con las personas mencionadas en el referido artículo 76. En este sentido, la notificación
del auto de emplazamiento a través del cual el juez advierte al demandado que de no contestar la
demanda se le tendrá por confeso y que de no señalar domicilio para oír y recibir notificaciones, las
subsecuentes, inclusive las de carácter personal, se realizarán por lista, debe realizarse conforme a
la formalidades que establece el citado artículo 76 del Código de Procedimientos Civiles para el
Estado de Veracruz, toda vez que el juzgador sólo se limita a advertir las consecuencias que se
derivarán si el demandado no realiza las mencionadas conductas, sin imponer alguna obligación al
demandado, en tanto que tales actuaciones son potestativas para las partes en el desarrollo del
proceso.”[1]

[1] Jurisprudencia 1a./J. 111/2007, emitida por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, visible en el Tomo XXVI, pág.27, Septiembre de 2007, Novena Época del Semanario
Judicial de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 171471.

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2.3. Citación
Es el acto de poner en conocimiento de alguna persona un mandato del juez o tribunal, para que
concurra a la práctica de una diligencia judicial, precisando día y hora para su desahogo.
A continuación se presentan jurisprudencias relacionadas con tal concepto jurídico:
“PRUEBA TESTIMONIAL EN MATERIA LABORAL. SI EL PATRÓN AFIRMA QUE LOS
TESTIGOS, QUE SON SUS TRABAJADORES, SE NIEGAN A PRESENTARSE A DECLARAR
VOLUNTARIAMENTE, LA JUNTA DEBE ORDENAR SU CITACIÓN.- En esta materia
ordinariamente corresponde al patrón la carga de presentar a sus trabajadores que ofrece como
testigos en el juicio por existir una relación jurídica entre ambos; sin embargo, en términos del artículo
813, fracción II, de la Ley Federal del Trabajo, si manifiesta que sus trabajadores se niegan a
comparecer, la Junta debe citarlos, incluso a través de medidas de apremio, en virtud de que el
patrón no tiene la atribución coercitiva para obligarlos a comparecer al juicio laboral, aun cuando
entre ellos exista subordinación por la relación de trabajo. Estimar lo contrario implicaría la restricción
de una de las formalidades esenciales del procedimiento, consistente en el derecho a ofrecer
pruebas con la consecuente posibilidad de lograr su desahogo, lo que no sería acorde, además, con
el principio general de que nadie está obligado a lo imposible.”[1]

[1] Jurisprudencia 2a./J. 105/2004, sostenida por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, visible en el Tomo XX, pág.416, Agosto de 2004, Novena Época del Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 180818.

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2.4. Requerimiento
Actuación judicial por la que se intima a una persona para que haga o deje de hacer algo.
En relación con los anteriores conceptos, resulta ilustrativa la tesis siguiente:
“EMPLAZAMIENTO, NOTIFICACIÓN, CITACIÓN Y REQUERIMIENTO. CONSTITUYEN MEDIOS
DE COMUNICACIÓN PROCESAL QUE TIENEN SIGNIFICADO DISTINTO.- Entre los medios de
comunicación que los jueces y los tribunales utilizan en el proceso para hacer saber a las partes las
resoluciones que dictan, se encuentran el emplazamiento, la notificación, la citación y el
requerimiento, los cuales poseen significado diverso, a saber: el emplazamiento es el llamado
judicial que se hace para que dentro del plazo señalado la parte demandada comparezca a juicio;
la notificación es el acto por el cual se hace saber a alguna persona, con efectos jurídicos, una
resolución judicial o cualquier otra cuestión ordenada por el juzgador; la citación es el acto de poner
en conocimiento de alguna persona un mandato del juez o tribunal para que concurra a la práctica
de alguna diligencia procesal; y el requerimiento es el acto de intimar a una persona en virtud de una
resolución judicial, para que haga o se abstenga de hacer la conducta ordenada por el juzgador.” [1]

[1] Tesis 1ª. LIII/2003, sustentada por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
visible en el Tomo XVIII, pág. 123, Noviembre 2003, Novena Época del Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta. IUS 2004, núm. reg.182843.

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2.5. Cédula e instructivo


Documentos mediante los cuales el actuario judicial notifica a las partes interesadas, en el domicilio
de éstas, una resolución judicial. Tales documentos siempre son entregados a personas distintas de
las partes, pues el supuesto para que proceda una notificación por estos medios se actualiza cuando
los interesados no son encontrados en el referido domicilio. En la práctica, algunos códigos emplean
el vocablo cédula y otros el de instructivo. Así por ejemplo, el Código de Procedimientos Civiles para
la Ciudad de México emplea el término cédula, en tanto que el Código Federal de Procedimientos
Civiles utiliza la voz instructivo.
Las jurisprudencias siguientes ilustran dicho concepto jurídico:
“EMPLAZAMIENTO EN JUICIO EJECUTIVO MERCANTIL. CUANDO SE PRACTICA
PERSONALMENTE CON EL DEMANDADO, LA EXIGENCIA DE DEJAR COPIA ÍNTEGRA
AUTORIZADA DE LA RESOLUCIÓN QUE SE NOTIFICA QUEDA SATISFECHA CON LA
ENTREGA DEL INSTRUCTIVO EN QUE OBRE SU TRANSCRIPCIÓN O INSERCIÓN
(LEGISLACIÓN MERCANTIL POSTERIOR AL DECRETO DE REFORMAS DE 13 DE JUNIO DE
2003). Es criterio judicial generalizado, respaldado por la doctrina, que el instructivo de notificación
se caracteriza por ser un medio de comunicación procesal consistente en un documento escrito de
carácter oficial en el que se contiene la transcripción o inserción íntegra de la resolución que se
notifica, por lo que resulta inconcuso que cuando el emplazamiento a juicio ejecutivo mercantil se
practica personalmente con el demandado y en la diligencia respectiva se le entrega "instructivo",
aunque no obre constancia de que además se le dejó copia íntegra autónoma, autorizada también
de manera autónoma, de la resolución que se notifica, tal circunstancia no contraviene el contenido
del artículo 310 del Código Federal de Procedimientos Civiles, de aplicación supletoria en materia
mercantil, excepto cuando el instructivo no contenga la transcripción o inserción íntegra de la
resolución judicial a notificar.” [1]
“EMPLAZAMIENTO. EL FEDATARIO JUDICIAL EN EL ACTA CORRESPONDIENTE DEBE
ASENTAR EXPRESAMENTE QUE EL DEMANDADO NO SE ENCONTRABA EN EL DOMICILIO
SEÑALADO AL EFECTO PARA QUE LA DILIGENCIA RELATIVA PUEDA PRACTICARLA CON
PERSONA DIVERSA (LEGISLACIÓN DEL DISTRITO FEDERAL). De la interpretación sistemática
de los artículos 114, 116 y 117, del Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, deriva
que el emplazamiento debe realizarse personalmente con el demandado y sólo en el caso de que
no se encuentre en el domicilio señalado, se hará la notificación por cédula, la cual se entregará a
los parientes, empleados o domésticos del interesado, o a cualquier otra persona que viva en el
domicilio, para lo cual el notificador, previamente a ello, deberá cerciorarse de que en el lugar vive
la persona que deba emplazarse, haciendo constar en la cédula los pormenores que prevé el citado
artículo 116, es decir, la fecha y hora en que se entregue la cédula, el nombre y apellido del
promovente, así como el nombre y apellido de la persona a quien le sea entregada la cédula, el juez
que manda a practicar la diligencia y la determinación que ordena efectuar la correspondiente
notificación. En esa virtud, una vez que el fedatario judicial se cerciora de que está en el domicilio
correcto y de que el demandado vive ahí, debe requerir su presencia y, únicamente en el caso de
que se le informe que no se encuentra, estará en aptitud legal de realizar el emplazamiento con una
persona que tenga alguna de las calidades establecidas en el citado artículo 117, lo que debe asentar
expresamente en la razón actuarial, porque si bien dichos artículos no prevén tal obligación para el
fedatario, lo cierto es que al constituir un presupuesto lógico y legal indispensable -que el demandado
no se encuentre en el domicilio y verificar que se siguió el orden de prelación que señala este
precepto-, se requiere que dicha particularidad quede asentada en el acta correspondiente, a fin de
salvaguardar las formalidades del procedimiento, pues a juicio de este alto tribunal, no basta que el
notificador se constituya en el domicilio buscado y entienda la diligencia con algún pariente,
empleado o doméstico del interesado, o alguna persona que viva en el domicilio señalado, pues la
diligencia debe practicarse directamente con la persona buscada, y sólo en el caso de que ésta no
se encuentre, podrá practicarse con diversa persona.”[2]

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[1] Jurisprudencia, 1a./J. 66/2012 (10a.), sustentada por la Primera Sala de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, materia(s): Civil, visible en el Libro XI, Agosto de 2012, Tomo 1, página: 287,
Décima Época del Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, número de registro: 2001313.
[2] Jurisprudencia 1a./J. 5/2011, emitida por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, visible en el Tomo I, pág. 575, Febrero de 2012, Décima Época del Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta, núm. reg. 2000222.

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2.6. Citatorio
Es el documento que el actuario entrega a los parientes, empleados o domésticos del interesado, o
a cualquier otra persona que viva o labore en el domicilio que aquél haya señalado para oír
notificaciones, en virtud de no haber encontrado al propio interesado en el momento de constituirse
en dicho domicilio y mediante el cual se cita a este último en hora fija para que espere en el
mencionado inmueble a fin de que le sea notificada una resolución judicial.
Enseguida se presentan jurisprudencias relacionadas con tal concepto jurídico:
“NOTIFICACIÓN PERSONAL EN MATERIA FISCAL. DEBE EFECTUARSE A LA HORA FIJADA
EN EL CITATORIO AL QUE HACE REFERENCIA EL ARTÍCULO 137 DEL CÓDIGO FISCAL DE
LA FEDERACIÓN, SIN PERJUICIO DE QUE EN EL ACTA RELATIVA SE HAGA CONSTAR,
ADEMÁS, LA DIVERSA EN QUE ÉSTA COMENZÓ A REDACTARSE. El artículo señalado
establece que cuando la notificación se efectúe personalmente y el notificador no encuentre a quien
deba notificar, le dejará citatorio para que lo espere en su domicilio a una hora fija del día hábil
siguiente. Ahora bien, de conformidad con el derecho a la seguridad jurídica reconocido en los
artículos 14 y 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el notificador debe
constituirse en el domicilio del gobernado en la hora asentada en el citatorio, sin que respecto de
dicha exigencia pueda optarse por una interpretación flexible que permita una actuación impuntual o
tardía, en tanto no es factible dejar a criterio de la autoridad el día y la hora en que podrá presentarse
a practicar la diligencia. Sin embargo, como el citatorio es un acto previo al acta de notificación,
puede distinguirse entre el cumplimiento que el notificador debe hacer respecto de la obligación
impuesta en aquél, consistente en constituirse en el domicilio indicado a la hora expresamente fijada
en él; y el momento diverso que se traduce en el levantamiento del acta de notificación, la cual deberá
cumplimentarse a través de la pormenorización de las razones y circunstancias observadas por el
notificador en el desahogo de la diligencia. Por tanto, es imperativo que en el acta se precise que la
diligencia comenzó a la hora fijada en el citatorio, sin perjuicio de que también quede asentada la
diversa en la que empezó a levantarse el acta de notificación.” [1]
“CITATORIO PREVIO A LA NOTIFICACIÓN PERSONAL DEL ACTO ADMINISTRATIVO. NO
REQUIERE QUE SE CIRCUNSTANCIE LA FORMA EN QUE EL NOTIFICADOR SE CERCIORÓ
DEL DOMICILIO Y LLEGÓ A TAL CONVICCIÓN. De la relación armónica de los artículos 134,
fracción I y 137 del Código Fiscal de la Federación, y de las jurisprudencias 2a./J. 15/2001, 2a./J.
40/2006, 2a./J. 101/2007 y 2a./J. 158/2007, de rubros: "NOTIFICACIÓN FISCAL DE CARÁCTER
PERSONAL. DEBE LEVANTARSE RAZÓN CIRCUNSTANCIADA DE LA DILIGENCIA
(INTERPRETACIÓN DEL ARTÍCULO 137 DEL CÓDIGO FISCAL DE LA FEDERACIÓN).",
"NOTIFICACIÓN PERSONAL. EL ARTÍCULO 137 DEL CÓDIGO FISCAL DE LA FEDERACIÓN, AL
PREVER LAS FORMALIDADES PARA SU PRÁCTICA, NO VIOLA LA GARANTÍA DE SEGURIDAD
JURÍDICA.", "NOTIFICACIÓN PERSONAL PRACTICADA EN TÉRMINOS DEL ARTÍCULO 137 DEL
CÓDIGO FISCAL DE LA FEDERACIÓN. EN EL ACTA RELATIVA EL NOTIFICADOR DEBE
ASENTAR EN FORMA CIRCUNSTANCIADA, CÓMO SE CERCIORÓ DE LA AUSENCIA DEL
INTERESADO O DE SU REPRESENTANTE, COMO PRESUPUESTO PARA QUE LA DILIGENCIA
SE LLEVE A CABO POR CONDUCTO DE TERCERO." y "NOTIFICACIÓN FISCAL DE CARÁCTER
PERSONAL. LA RAZÓN CIRCUNSTANCIADA DE LA DILIGENCIA DEBE ARROJAR LA PLENA
CONVICCIÓN DE QUE SE PRACTICÓ EN EL DOMICILIO DEL CONTRIBUYENTE
(INTERPRETACIÓN DEL ARTÍCULO 137 DEL CÓDIGO FISCAL DE LA FEDERACIÓN).",
respectivamente, se advierte que la diligencia de notificación personal del acto administrativo, entre
otros aspectos, debe proporcionar plena convicción de que se practicó en el domicilio del
contribuyente. Ahora bien, el citatorio previo a la notificación personal que debe formular el
notificador cuando no encuentre al visitado para que lo espere a una hora fija del día siguiente o para
que acuda a notificarse, constituye una formalidad diversa a la obligación que debe cumplirse en las
actas de notificación, en las que deben de asentarse todos los datos de circunstancia, incluyendo la
forma como el notificador se cercioró del domicilio de la persona que debe notificar y tuvo convicción
de ello, de acuerdo con los diversos elementos con los que cuente y según el caso concreto, de
manera que es innecesario que el notificador asiente de manera circunstanciada en el mencionado
citatorio previo, el modo en que se cercioró del domicilio correcto y llegó a tal convicción.” [2]
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[1] Jurisprudencia 2a./J. 46/2016 (10a.), emitida por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, materia(s): Común, Administrativa, visible en el Libro 30, Mayo de 2016, Tomo II,
página: 1214, Décima Época de la Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, número de
registro: 2011581.
[2] Jurisprudencia 2a./J. 60/2008, sostenida por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, visible en el Tomo XXVII, pág. 501, Abril de 2008, Novena Época del Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 169934

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2.7. Rotulón
Instrumento para notificar que consiste en un documento que debe contener el número de
expediente, nombre y apellidos de las partes, denominación y sello oficial del órgano jurisdiccional
que lo emite y síntesis de la resolución que se notifica. Dicho medio de comunicación debe fijarse en
el órgano jurisdiccional correspondiente, en un lugar visible y de fácil acceso al público en general.

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2.8. Lista
Documento que se fija en los órganos jurisdiccionales, en un lugar visible y de fácil acceso al público
en general, en el que se hace una relación de diversos asuntos en los que se dictó la resolución que
se ordena notificar por este medio. Los datos que debe contener son el número de juicio, incidente
o recurso en el que se emitió la resolución respectiva, fecha en que se publica, denominación del
órgano jurisdiccional correspondiente y nombre y firma del actuario responsable de su publicación.
La lista se diferencia del rotulón, en virtud de que este último se emplea para notificar la resolución
emitida en un solo asunto, en tanto que la lista es utilizada para notificar diversas resoluciones
dictadas en asuntos diferentes.

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2.9. Estrados
Lugar de un juzgado o tribunal donde, para conocimiento general, se colocan los avisos, edictos,
listas o notificaciones.

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2.10. Edictos
“...son medios de comunicación procesal (citatio edictalis) ordenados por el juez o tribunal, que deben
realizarse mediante publicaciones, para hacer saber a las partes o a terceros, resoluciones que
afectan o pueden afectar a sus intereses en un proceso determinado. Esta clase de actos de
comunicación, que puede comprender emplazamientos, notificaciones, citaciones, requerimientos,
etc., se realiza en los casos taxativamente señalados por la ley cuando no es posible llevarlos al
cabo mediante notificaciones personales a los destinatarios y sus efectos se equiparan a los de estas
últimas.” [1]
A la citada definición debe agregarse que las publicaciones de dicho medio de comunicación
procesal, generalmente se hacen en el Diario Oficial de la Federación y en uno de los periódicos de
mayor circulación nacional.
A continuación se cita una jurisprudencia relacionada con tal concepto jurídico:
“EMPLAZAMIENTO AL TERCERO PERJUDICADO. LA MODULACIÓN AL DERECHO HUMANO
DE ACCESO A LA JURISDICCIÓN PREVISTA EN EL ARTÍCULO 30, FRACCIÓN II, DE LA LEY
DE AMPARO, VIGENTE HASTA EL 2 DE ABRIL DE 2013, QUE IMPONE AL QUEJOSO LA
CARGA PROCESAL DE CUBRIR EL COSTO DE LA PUBLICACIÓN DE LOS EDICTOS, ES
CONSTITUCIONALMENTE VÁLIDA.- El citado artículo modula el derecho humano de acceso a la
jurisdicción al imponer la carga procesal al quejoso de cubrir el costo de la publicación de los edictos
(en el Diario Oficial de la Federación y en uno de los periódicos diarios de mayor circulación en la
República) para emplazar al tercero perjudicado cuyo domicilio no pudo conocerse o,
excepcionalmente, de que manifieste a la autoridad de amparo que carece de recursos para cubrir
la carga económica respectiva y servirse de los indicios que en tal sentido obren en autos para que
se le exima del pago de las publicaciones; destacando que la consecuencia procesal de la omisión
de cumplir con esa carga conduciría al eventual sobreseimiento en el juicio de amparo. Ahora bien,
la modulación del derecho humano de referencia, contenida en el artículo 30, fracción II, de la Ley
de Amparo, vigente hasta el 2 de abril de 2013, debe considerarse constitucionalmente válida, ya
que cubre satisfactoriamente el examen de admisibilidad, necesidad y proporcionalidad, por lo que
no es arbitraria, innecesaria, ni carente de razonabilidad, ya que, por un lado, debe estimarse
admisible, pues tiende a dar audiencia al tercero perjudicado en el juicio de amparo, formalidad que
tiene su origen en el deber constitucional de no privar de derechos a alguna persona sin previo juicio
en el que se sigan las formalidades esenciales del procedimiento, en congruencia con el artículo 14
de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; por otro, dicha medida también cuenta
con idoneidad y necesidad, pues constituye un instrumento legislativo que tiende a asegurar que,
desde el punto de vista jurídico procesal, se cumpla con la formalidad esencial de citar al juicio de
amparo al tercero perjudicado, sobre la base de que se agotaron los medios de los que disponía el
tribunal para investigar su domicilio; que el sistema de notificación mediante publicación de edictos
en medios de comunicación de amplia difusión, es el único instrumento terminal asequible a los
tribunales ante la imposibilidad material de practicar una notificación personal directamente con el
buscado; y porque es regla general que para que se lleven a cabo materialmente las publicaciones
de los edictos en medios de difusión de amplia circulación, alguien debe cubrir su costo. Por último,
la medida también es proporcional al fin perseguido por el legislador, pues no implica una afectación
desmedida para el quejoso, pues si bien le exige una conducta activa (cubrir el costo de la publicación
de los edictos para emplazar al tercero perjudicado, o excepcionalmente, manifestar a la autoridad
de amparo que carece de recursos para cubrir la carga económica respectiva), el correlativo derecho
constitucional que se busca preservar es la audiencia previa del tercero perjudicado, cuya
envergadura procesal es de alta importancia, ya que el emplazamiento constituye la actuación
procesal de mayor magnitud por su trascendencia en las demás formalidades del procedimiento.” [2]

[1] MEDINA LIMA, Ignacio, Diccionario Jurídico Mexicano, vol. D-H, pág. 1222.

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[2] Jurisprudencia 1a./J. 4/2014, sustentada por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, visible en el Tomo I, pág. 729, Abril de 2014, Décima Época del Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta, núm. reg. 2006232.

2.11. Requisitoria
“El oficio que un juez dirige a otro, mandándole (cuando es de inferior categoría el requerido) o
exhortándolo (si es de igual categoría), para que ejecute alguna resolución del tribunal que
requiere.”[1] En el primer caso se habla de despacho y en el segundo de exhorto.

2.11.1 Despacho
El oficio que un juez o tribunal libra a otro de inferior categoría a la suya, requiriéndolo para que
practique alguna notificación, embargo, o en general cualquier especie de diligencia judicial que deba
tener lugar dentro de la jurisdicción del juez requerido.

2.11.2 Exhorto
El oficio que un juez o tribunal libra a otro de igual categoría a la suya, mediante el cual le pide que
practique alguna notificación, embargo, o cualquier diligencia judicial que deba tener lugar dentro de
la jurisdicción del juez exhortado.
A continuación se presenta jurisprudencia relacionada con tal concepto jurídico:
“EXHORTO. SU LIBRAMIENTO NO CONSTITUYE UN ACTO DE EJECUCIÓN QUE DETERMINE
LA COMPETENCIA DE UN JUEZ DE DISTRITO PARA CONOCER DE UN JUICIO DE
GARANTÍAS. El exhorto que es girado concretamente con miras a lograr ejecutar lo ordenado en el
auto de exequendo, sólo constituye una actuación procesal por medio de la cual se establece un
vínculo de comunicación entre Jueces de distinta jurisdicción, pero de la misma jerarquía, que tiene
como finalidad solicitar el auxilio del Juez exhortado para que, en uso de las facultades legales que
puede desplegar en su jurisdicción, provea lo necesario, conforme a lo solicitado por el Juez
exhortante, a fin de ejecutar lo ordenado en el auto de exequendo. Por lo tanto, el exhorto en sí
mismo considerado, no constituye un acto de ejecución que sea útil para determinar la competencia
de un Juez de Distrito, para conocer de un juicio de garantías, pues atento a su naturaleza, se trata
únicamente de una actuación procesal, cuyo contenido esencial es una solicitud de apoyo que se
dicta en una fase previa a los actos propiamente de ejecución.” [2]

[1] PALLARES, Eduardo. Op. cit., pág. 712.


[2] Jurisprudencia 1a./J. 8/2004, emitida por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, visible en el Tomo XIX, pág. 339, Mayo de 2004, Novena Época del Semanario Judicial de
la Federación y su Gaceta, núm. reg. 181558.

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2.12. Acta
“Es un instrumento o pieza escrita, en la cual el redactor de la misma refiere circunstanciadamente
un hecho o acto jurídico, relatando la forma de su acontecimiento, el estado de las cosas o las
manifestaciones de voluntad de las personas que participaron en él.”[1]
A continuación se presentan jurisprudencias relacionadas, en lo conducente, con el concepto jurídico
referido:
“NOTIFICACIONES PERSONALES EN EL JUICIO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO
FEDERAL. DEBEN PRACTICARSE APLICANDO SUPLETORIAMENTE EL CÓDIGO FEDERAL
DE PROCEDIMIENTOS CIVILES. La Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo, en
el capítulo relativo a las notificaciones, no contiene reglas específicas sobre la forma de practicar las
de carácter personal; sin embargo, su artículo 1o. establece que a falta de disposición expresa se
aplicará supletoriamente el código Federal de Procedimientos Civiles. Así, tratándose de las
notificaciones personales en el juicio contencioso administrativo debe acudirse supletoriamente a los
artículos 310 a 313 del código referido, que prevén las formalidades que deben observarse, esto es:
1. La notificación se practicará con el interesado, su representante o procurador, en el lugar que para
ello se hubiere señalado, y si a la primera búsqueda no se encontrare a quien deba ser notificado,
se le dejará citatorio para que espere, en la casa designada, a hora fija del día siguiente, y si no
espera, se le notificará por instructivo, entregando las copias respectivas al hacer la notificación o
dejar éste; 2. El notificador elaborará el acta relativa en la que, en primer término, deberá registrar
que se cercioró si en el domicilio señalado para realizar la notificación, vive o tiene su domicilio la
persona que debe ser notificada y, después de ello, practicará la diligencia, de todo lo cual asentará
razón; y, 3. Cuando a juicio del notificador hubiera sospecha fundada de que injustificadamente se
niegue que la persona a notificar vive en la casa designada, le hará la notificación en el lugar en que
habitualmente trabaje, si la encuentra, o en cualquier lugar en que se halle, en cuyo caso deberá
certificar que la persona notificada es de su conocimiento personal o que la identificaron dos testigos
de su conocimiento, que firmarán con él, si supieren hacerlo.” [2]
“SENTENCIA DE AMPARO. NO EXISTE OBLIGACIÓN DEL JUZGADOR DE ORDENAR SU
NOTIFICACIÓN PERSONAL CUANDO SE DICTE EN LA MISMA FECHA EN QUE SE INICIÓ LA
AUDIENCIA CONSTITUCIONAL, AUNQUE SE HAYA CERRADO EL ACTA
CORRESPONDIENTE. Si se parte de la base de que conforme al artículo 124 de la Ley de Amparo,
la audiencia constitucional constituye una diligencia sin solución de continuidad que consta de tres
periodos, a saber, el de pruebas, el de alegatos y el de dictado de la sentencia, etapa última que,
por razones legales y prácticas, puede llevarse a cabo en la misma fecha o en una diversa, se
concluye que la acepción "sentencias dictadas fuera de la audiencia constitucional" contenida en el
artículo 26, fracción I, inciso e), de la citada ley, para efectos de los supuestos en que debe ordenarse
su notificación personal, debe entenderse referida a los casos en que la sentencia se hubiera dictado
en fecha diversa a aquella en que se levantó el acta de audiencia, interpretación relacionada con la
finalidad de las notificaciones personales de generar certeza jurídica a las partes, ya que si en el
mismo día no se concluye la audiencia constitucional por haberse dictado la sentencia en una fecha
diversa, sería injusto obligarlas a estar constante e indefinidamente pendientes en espera de la
resolución de su asunto. En cambio, cuando la sentencia se pronuncia en la misma fecha en que se
inició la audiencia constitucional, aun cuando el acta respectiva se cierre hasta antes del dictado de
la sentencia con las firmas de las partes que hubieran intervenido en la diligencia y el fallo se emita
en un documento diferente, no existe una razón que haga necesaria su notificación personal salvo
que el juzgador lo considere necesario y haga uso de la facultad que le otorga el inciso k) de la
fracción I del artículo 26 citado, pues si se notificó oportunamente a las partes la fecha en que tendría
verificativo la audiencia constitucional, la falta de conocimiento de dicha resolución sería imputable
a éstas y no al juzgador (máxime que en esta hipótesis no se les vincula a estar permanentemente
en espera de la resolución).”[3]

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[1] J. COUTURE, Eduardo. Vocabulario Jurídico, Ed. Depalma, Buenos Aires, 1997, Primera Edición,
Quinta Reimpresión, pág. 70.
[2] Jurisprudencia 2a./J. 99/2017 (10a.), emitida por la Segunda Sala de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, materia(s): (Administrativa), publicada el viernes 11 de agosto de 2017 10:19
h, visible en el Semanario Judicial de la Federación, Época: Décima Época, número de registro:
2014867.
[3] Jurisprudencia P./J. 22/2016, sostenida por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
visible en el Tomo I, pág. 36, Octubre de 2016, Décima Época del Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta, núm. reg. 2012801.

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2.13. Inspección judicial


Diligencia procesal practicada por un funcionario judicial, con la finalidad de obtener el conocimiento
directo y sensible de alguna cosa o persona, a través de su examen y observación, esto es, a través
de los sentidos. Tal cosa o persona debe tener relación con el asunto de que se trate. En el proceso
penal tradicional dicha diligencia procesal debe desahogarse en presencia del titular del órgano
jurisdiccional, pues de lo contrario carece de valor probatorio.
Ahora bien, con la entrada en vigor del Código Nacional de Procedimientos Penales sólo será prueba
aquella que se desahogue en presencia del Juez (se distingue entre dato de prueba, medio de
prueba y prueba). En ese sentido, ya no existirán funcionarios que den fe pública ni en la etapa de
investigación ni en el proceso penal.
A continuación se presenta una jurisprudencia relacionada, en lo conducente, con el concepto
jurídico referido:
“VIDEOGRABACIONES OFRECIDAS COMO PRUEBA EN EL PROCESO PENAL. NO DEBEN
DESAHOGARSE SIMPLEMENTE MEDIANTE LA CERTIFICACIÓN UNILATERAL DE SU
CONTENIDO, SINO REPRODUCIRSE BAJO LAS FORMALIDADES DE UNA INSPECCIÓN
JUDICIAL, DE LO CONTRARIO, SE VIOLAN LAS LEYES DEL PROCEDIMIENTO (LEGISLACIÓN
DEL DISTRITO FEDERAL). De acuerdo con los principios de inmediación, publicidad, contradicción
y equilibrio entre las partes, que derivan de los artículos 59, 69, 139 y 140 del Código de
Procedimientos Penales para el Distrito Federal, cuando se ofrecen videograbaciones como prueba
en el proceso penal, no deben desahogarse simplemente mediante la certificación unilateral de su
contenido pues, de acuerdo con la naturaleza de dicho medio de convicción, su reproducción debe
realizarse bajo las formalidades de una inspección judicial, ya que en esta diligencia el juzgador
estará en condiciones de percibir, por medio de los sentidos, los lugares, personas, objetos o hechos
registrados, en tanto que las partes podrán realizar al respecto las manifestaciones que a sus
intereses convengan; de lo contrario, se violan las leyes del procedimiento que afectan las defensas
del quejoso, en términos del artículo 173, fracciones I, II, V y XV, de la Ley de Amparo, al reproducirse
dichas videograbaciones de una forma distinta a la prevista en la ley.” [1]

[1] Jurisprudencia 1.8º.P. J/1, sustentada por el Octavo Tribunal Colegiado en materia Penal del
Primer Circuito, visible en el Tomo IV, pág. 2616, Septiembre de 2016, Décima Época del Semanario
Judicial de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 2012457.

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2.14. Objeto, instrumento o producto del delito


Por objeto del delito debe entenderse la cosa sobre la cual recae directamente la acción criminal, es
decir, es la materia misma de la conducta descrita en la norma penal. Así, por ejemplo, son objetos
del delito las armas de fuego, tratándose del ilícito de portación de arma de fuego sin licencia, previsto
y sancionado en la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos.
Son instrumentos del delito los elementos materiales de los que el autor de un ilícito se vale
intencionalmente para prepararlo, completarlo, consumarlo y encubrirlo. Verbigracia, el documento
apócrifo que es utilizado para cometer el delito de fraude.
Producto del delito es aquél que se origina directamente por la comisión del delito, es decir, es el
efecto proveniente del ilícito. Ejemplo de lo anterior, es el dinero que se obtiene en el caso de un
delito contra la salud en la modalidad de comercialización.
Enseguida se citan tres jurisprudencias relacionadas, en lo conducente, con los conceptos jurídicos
referidos:
“DESPOJO. PARA QUE SE ACTUALICE LA FURTIVIDAD, COMO ELEMENTO NORMATIVO DE
AQUÉL, ES IRRELEVANTE QUE EL OBJETO MATERIAL DEL DELITO ESTÉ O NO VIGILADO
POR SU PROPIETARIO O POSEEDOR. La doctrina penal, en general, acepta que la furtividad en
el delito de despojo consiste en una maniobra oculta o clandestina para ocupar o usar el objeto
material del delito, lo que implica que la conducta se realice cuando el propietario o poseedor se
encuentra ausente y el sujeto activo se aprovecha o se vale de dicha circunstancia, de lo que se
deduce que la furtividad utilizada por el sujeto activo del delito ocurre en función del sujeto pasivo
exclusivamente, de ahí que la actualización de tal elemento normativo sea independiente al hecho
de que alguna otra persona se entere de la conducta en cuestión; en tales condiciones, es evidente
que la circunstancia de que el objeto material del delito esté o no vigilado por su propietario o
poseedor, es irrelevante para la existencia de la furtividad.” [1]
“PORTACIÓN DE ARMA PROHIBIDA. PARA VERIFICAR LA CONFIGURACIÓN DE ESE DELITO
DEBE ATENDERSE A LAS CIRCUNSTANCIAS Y A LOS HECHOS QUE REVELEN LA
FINALIDAD DEL SUJETO ACTIVO, INDEPENDIENTEMENTE DE LA NATURALEZA DEL
INSTRUMENTO QUE SE PORTE (LEGISLACIÓN DE LOS ESTADOS DE QUERÉTARO Y
MORELOS). En estricto acatamiento al principio de exacta aplicación de la ley penal contenido en
el tercer párrafo del artículo 14 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se
advierte que los artículos 219 y 245 de los Códigos Penales para los Estados de Querétaro y Morelos,
respectivamente, al prever, entre otros, el delito de portación de arma prohibida, contienen los
mismos elementos del tipo penal en tanto que ambos sancionan "a quien porte, fabrique, importe o
acopie sin un fin lícito instrumentos que sólo puedan ser utilizados para agredir y que no tengan
aplicación en actividades laborales o recreativas". Así, la descripción típica exige un elemento
subjetivo específico consistente en que la conducta se realice "sin un fin lícito"; de ahí que
para determinar cuándo un instrumento sólo puede utilizarse para agredir, debe atenderse a la
finalidad ilícita de quien lo porta, es decir, a la intención de usarlo para agredir. En ese tenor, se
concluye que para verificar la configuración del delito de portación de arma prohibida debe atenderse
a los hechos y a las circunstancias de lugar, tiempo, modo y ocasión que revelen la finalidad del
sujeto activo, independientemente de la naturaleza objetiva y funcional del mencionado instrumento.
Lo anterior es así, porque cuando el tipo penal señala que los instrumentos no tengan aplicación en
actividades laborales o recreativas, se refiere a la forma en que se utilizan y no a la materialidad y al
objetivo con que fueron creados, pues independientemente de sus características y de que hayan
sido hechos para una actividad laboral o recreativa, pueden portarse con la finalidad de utilizarlos
para agredir, por lo que resulta relevante la aplicación que el sujeto activo del delito les dé, lo cual
ha de desprenderse de las circunstancias y de los hechos que rodean la conducta desplegada.” [2]

“EXTINCIÓN DE DOMINIO. RELEVANCIA DE LA PRUEBA DE LA PROCEDENCIA LÍCITA DEL


BIEN MATERIA DE LA ACCIÓN RELATIVA. El artículo 22, párrafo segundo, fracción II, de la
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Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos prevé diversos supuestos que pueden
originar la pretensión de la extinción de dominio, cuyos elementos a demostrar son diferentes en
cada caso. Así, cuando la acción relativa se ejerce sobre la base de que el bien es instrumento del
delito o utilizado en su comisión, la prueba de la procedencia lícita de los bienes, si bien no es inútil,
sí pierde relevancia, ya que no se cuestiona su procedencia, sino el uso que se le da. Ahora, a
diferencia de dicha hipótesis, cuando se asevera que el bien es "producto del delito", ello implica que
se adquirió con recursos obtenidos con la comisión del hecho ilícito, por lo que cobra mayor peso la
prueba sobre su adquisición con recursos de procedencia lícita y, en estos casos, el afectado tiene
la carga de demostrar un hecho concreto positivo: la procedencia lícita del bien. Asimismo, la prueba
de la procedencia lícita de los bienes es trascendente cuando existe una relación de confianza entre
una o varias de las personas a las que se les atribuye la comisión de los delitos a que se refiere el
artículo 22 citado (delincuencia organizada, delitos contra la salud, secuestro, robo de vehículos y
trata de personas) y quien aduce ser un "afectado de buena fe", en cuyo caso debe descartarse la
posible actualización de la hipótesis del inciso d), de la fracción II, del precepto referido, que regula
el caso de los prestanombres o testaferros.”[3]

[1] Jurisprudencia 1a./J. 15/2005, emitida por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, visible en el Tomo XXI, pág. 114, Marzo de 2005, Novena Época del Semanario Judicial de
la Federación y su Gaceta, núm. reg. 179045.
[2] Jurisprudencia 1a./J. 21/2008, sostenida por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, visible en el Tomo XXVII, pág. 287, Abril de 2008, Novena Época del Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 169833.
[3] Jurisprudencia 1a./J. 16/2015, sustentada por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, visible en el Tomo XXVII, pág. 346, Abril de 2015, Décima Época del Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 2008882.

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2.15. Embargo o secuestro


Institución procesal de naturaleza preventiva o ejecutiva, que consiste en la traba o retención de
bienes del demandado por mandamiento judicial o de autoridad competente, para garantizar
(preventivo) o llevar a término (ejecutivo) los efectos de la sentencia definitiva.
A continuación se cita una jurisprudencia relacionada con tal concepto jurídico:
“EMBARGO COACTIVO. ES JURÍDICAMENTE APTO PARA GARANTIZAR EL INTERÉS FISCAL
Y, POR ENDE, PARA DECRETAR LA SUSPENSIÓN DEL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO
DE EJECUCIÓN, EN TÉRMINOS DEL ARTÍCULO 144 DEL CÓDIGO FISCAL DE LA
FEDERACIÓN. De los artículos 141, 142, 144, 145 y 151 del Código Fiscal de la Federación, en
relación con el numeral 208 Bis del propio Código, en vigor hasta el 31 de diciembre de 2005, así
como de los artículos 66 de su Reglamento, vigente hasta el 7 de diciembre de 2009, y 28 de la Ley
Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo, se advierte que si la autoridad ejecutora
embargó bienes suficientes para garantizar el crédito fiscal, procede decretar la suspensión del
procedimiento administrativo de ejecución, sin que sea válido exigir el cumplimiento de los requisitos
previstos por el indicado artículo 66, en virtud de que la garantía del interés fiscal fue previamente
constituida ante la autoridad exactora a través del embargo trabado, sin perjuicio de que la ejecutora,
cuando estime que los bienes embargados son insuficientes para cubrir el crédito fiscal, proceda a
ampliarlo.”[1]

[1] Jurisprudencia 2a./J. 168/2012, emitida por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, visible en el Tomo 2, pág. 1003, Enero de 2013, Décima Época del Semanario Judicial de
la Federación y su Gaceta, núm. reg. 2002524.

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2.16. Depositario judicial


“La persona que recibe por orden judicial y mediante procedimientos judiciales, una cosa para su
guarda y conservación, y también a una persona para su debida custodia.- El depositario judicial
desempeña una función pública que consiste en conservar y cuidar de la cosa dada en depósito, a
fin de proteger los derechos del propietario del bien depositado, y del acreedor embargante. La
aceptación del depósito da lugar a un contrato de derecho público, porque las obligaciones y
responsabilidades que contrae el depositario no sólo afectan a intereses privados, sino a la función
que a aquél desempeña.”[1]

[1] PALLARES, Eduardo. Op. cit., pág. 235.

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2.17. Intervención
“Medida cautelar consistente en la designación por el Juez, en los casos autorizados por la ley, de
una persona a quien se asigna el cometido de vigilar o administrar un patrimonio, con el objeto de
proteger el derecho eventual que en el mismo pueda tener un litigante que justifica ser condómino,
socio o acreedor.” [1]

[1] J. COUTURE, Eduardo. Op. cit., pág. 346.

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2.18. Aseguramiento
Consiste en la orden de un juez o tribunal para que determinados bienes litigiosos u objetos,
instrumentos y productos del delito se resguarden, con la finalidad de impedir algún daño o fraude
sobre los mismos y preservar así la efectividad del fallo que eventualmente se emita. Por ejemplo,
en materia penal, tales medidas de aseguramiento se adoptan para impedir el deterioro, alteración
o desaparición de un vehículo considerado instrumento del delito contra la salud en la modalidad de
transportación.
Como se observa, la diferencia entre aseguramiento y embargo radica en la clase de bienes sobre
los que recaen y en su finalidad. En efecto, el embargo recae sobre bienes propiedad de la
demandada y no sobre bienes litigiosos u objetos del delito como acontece en el aseguramiento.
Asimismo, la finalidad del embargo es garantizar el pago de la suma por la que eventualmente se
llegue a condenar al demandado o para hacer efectiva la condena. En cambio, lo que se persigue
con el aseguramiento no es garantizar la efectividad de un adeudo, sino evitar un daño o fraude en
el objeto asegurado (materia del litigio) para que en la sentencia definitiva se determine su destino
final, el cual dependerá del procedimiento de que se trate. Por ejemplo, podría determinarse su
decomiso o destrucción (tratándose de un juicio penal), o su partición (tratándose de bienes de la
sociedad conyugal en caso de divorcio), entre otros.
A continuación se invoca una jurisprudencia relacionada con tal concepto:
“ASEGURAMIENTO DE BIENES PERTENECIENTES O EN POSESIÓN DE UN TERCERO AJENO
A LA CAUSA PENAL. PARA DECRETARLO NO ES NECESARIO QUE ÉSTE SEA
RESPONSABLE POR EL DELITO DE ENCUBRIMIENTO O QUE SE ENCUENTRE SUJETO A
PROCESO. El aseguramiento de bienes previsto en el artículo 181 del Código Federal de
Procedimientos Penales es una medida precautoria que sólo afecta provisionalmente los bienes
sobre los que recae, ya que no constituye un fin en sí mismo sino que pretende proteger los bienes
materia de la medida para garantizar un futuro y posible decomiso o la eventual reparación del daño,
así como asegurar la comprobación del cuerpo del delito y/o la probable responsabilidad del
inculpado, protegiendo la subsistencia de los posibles medios de prueba; de ahí que no prejuzga ni
tiene relación con la responsabilidad penal del poseedor o propietario del bien respectivo. Lo anterior
distingue dicha medida del decomiso, que es una pena, cuya afectación sobre el bien es definitiva y
se impone en razón de la responsabilidad penal del sentenciado, sea por el delito de la causa penal
o por el diverso de encubrimiento. En congruencia con lo anterior y en virtud de que, por un lado, el
referido artículo 181 sólo requiere que los bienes asegurados sean instrumentos, objetos o productos
del delito, o que contengan huellas o puedan tener relación con éste, sin exigir que el poseedor o
propietario se encuentre en alguna situación específica y, por el otro, que el artículo 40 del Código
Penal Federal no establece algún requisito al respecto, se concluye que para decretar el
aseguramiento de bienes pertenecientes o en posesión de un tercero ajeno a la causa penal, no es
necesario que éste sea responsable del delito de encubrimiento o que se encuentre sujeto a proceso,
sino que basta con atender a los extremos previstos en el indicado artículo 181.”[1]

[1] Jurisprudencia 1a./J. 31/2009, sostenida por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, visible en el Tomo XXIX, pág. 5, Junio de 2009, Novena Época del Semanario Judicial de
la Federación y su Gaceta, núm. reg. 167144.

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2.19. Representación
Facultad que tiene una persona de actuar, obligar y decidir en nombre y por cuenta de otra. La
representación se clasifica en directa o indirecta. La primera de ellas consiste en la actuación de una
persona en nombre y por cuenta de otra, produciendo una relación directa e inmediata entre
representado y tercero. Un ejemplo de esta representación es el poder que una persona le entrega
a otra, facultándola para llevar a cabo determinados actos.
Por otra parte, la representación es indirecta, cuando una persona actúa en nombre propio pero por
cuenta de un tercero, adquiriendo para sí los derechos y obligaciones del representado frente al
tercero. Un ejemplo de esta representación es el gestor de negocios. [1]

A continuación se invoca una jurisprudencia relacionada, en parte, con el concepto jurídico referido:
“PERSONALIDAD EN EL JUICIO DE AMPARO. NO ES DABLE TENERLA POR ACREDITADA,
CONFORME AL ARTÍCULO 12 DE LA LEY DE LA MATERIA, SI EL PODER FUE OTORGADO
CON POSTERIORIDAD A LA PRESENTACIÓN DE LA DEMANDA. Al ser la representación, en
sentido general, un fenómeno jurídico que implica que una persona llamada representante realice
actos jurídicos en nombre de otra llamada representado, en forma tal que el acto surte efectos
directamente en la esfera jurídica de este último, como si hubiera sido realizado por él, y partiendo
de la consideración de que el derecho atribuye efectos jurídicos a la voluntad humana en la medida
en que ésta es exteriorizada y se propone fines lícitos, que constituyen intereses jurídicamente
tutelados, debe concluirse que no puede tenerse por acreditada la personalidad del representante,
en términos del artículo 12 de la Ley de Amparo, con un poder general o carta poder otorgados con
posterioridad a la presentación de la demanda, pues dicha representación surte sus efectos
precisamente a partir de la fecha en que se otorgó.”[2]

[1] PÉREZ FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, Bernardo. Representación, Poder y Mandato, Prestación
de Servicios Profesionales y su Ética. Ed. Porrúa, México, 2001, 11ª edición, pág. 13 y sig.
[2] Jurisprudencia P./J. 91/2000, sustentada por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, visible en el Tomo XII, pág. 9, Septiembre de 2000, Novena Época del Semanario Judicial
de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 191109

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2.20. Litisconsorcio
Es una modalidad en el proceso que consiste en la pluralidad de actores o demandados. Así, hay
litisconsorcio cuando varias personas ejercen una acción en contra de un solo demandado (en este
caso se habla de litisconsorcio activo); cuando una persona demanda a varias (en este caso se habla
de litisconsorcio pasivo), y cuando dos o más personas demandan a dos o más sujetos.
El litisconsorcio puede ser voluntario o necesario. Es voluntario si se lleva a cabo en uso de la
facultad que otorga la ley para promoverlo. Es necesario, cuando el proceso no puede iniciarse
válidamente sino en la forma de litisconsorcio porque las cuestiones jurídicas que en él se ventilan
afectan a más de dos personas. Como ejemplo de este último, puede citarse el caso en que se
demanda la nulidad de un contrato de sociedad, pues en tal supuesto la acción se debe ejercer en
contra de todos los socios que suscribieron el correspondiente contrato. [1]
A continuación se presenta una jurisprudencia relacionada, en lo conducente, con el concepto
jurídico referido:
“ACCIÓN REIVINDICATORIA. PUEDEN EJERCITARLA TODOS LOS COPROPIETARIOS DEL
BIEN COMÚN, UNA PARTE DE ELLOS O UNO SOLO, PERO EL JUEZ DEBE LLAMAR A TODOS
AL JUICIO, ANTE LA EXISTENCIA DE UN LITISCONSORCIO ACTIVO NECESARIO
(LEGISLACIONES DE LOS ESTADOS DE MÉXICO Y SINALOA).- La copropiedad supone un
estado de indivisión en el que cada copropietario ejerce su derecho de goce, no sobre una parte
determinada de la cosa, sino respecto de toda ella. Ahora bien, si la acción reivindicatoria tiene por
objeto proteger el derecho de propiedad, es lógico reconocer en el copropietario la facultad de ejercer
dicha acción, sin que ello implique que sólo pueda ejercerla por una parte proporcional, pues su
derecho se extiende a toda la cosa común. De ahí que, en términos de los artículos 15 del Código
de Procedimientos Civiles para el Estado de Sinaloa y 2.12 del Código de Procedimientos Civiles del
Estado de México, al comunero o copropietario se le permite deducir las acciones relativas a la cosa
común, en calidad de dueño, sin necesidad de tener el consentimiento unánime de los demás
condueños, salvo pacto en contrario, en el entendido de que la autorización del ejercicio del derecho
de un copropietario no es sobre una parte determinada de la cosa común, sino respecto de toda ella,
en beneficio también de los demás copropietarios. En ese sentido, la acción reivindicatoria puede
ser ejercitada por todos los copropietarios, una parte de ellos, o uno solo, porque es principio
elemental del régimen de comunidad que el dominio de cada uno de los interesados sea en todo, de
forma que, al emitirse un fallo por el ejercicio de dicha acción, no obstante quien sea el actor,
favorezca a los demás copropietarios, sin que pueda afirmarse que el reivindicante carezca de
legitimación activa, porque al pedir la cosa uno de los comuneros, no actúa en representación de los
demás, como si fuese su apoderado y necesitara justificar la existencia del mandato, sino que lo
hace por su propio derecho, y si la sentencia favorece a todos, no es por algún fenómeno jurídico o
de gestión oficiosa, o de mandato expreso o ficto, sino por la imposibilidad de hecho de separar el
dominio del actor, del de quienes permanecieron en silencio, caso en el que debefavorecerse a
todos. Por ende, es inexacto sostener que un solo copropietario esté impedido para ejercer la acción
reivindicatoria por ser necesaria la concurrencia de todos los copropietarios, o bien, afirmar que
carece de legitimación activa, en virtud de que se actualiza la figura de litisconsorcio activo necesario.
Ahora bien, cuando se pretende demandar la reivindicación de un bien cuyo derecho de propiedad
deriva de una copropiedad, surge la existencia de un litisconsorcio activo necesario, en tanto que
todos los copropietarios están unidos por el mismo derecho de propiedad. Por tanto, ante la
existencia de éste, el juzgador debe llamar -oficiosamente- en cualquier etapa del juicio para que, al
igual que en el litisconsorcio pasivo, la sentencia que se dicte sea válida para todos los interesados
y comparezcan al procedimiento para deducir sus derechos, a fin de que lo que se decida en él, le
pare perjuicio a todos los copropietarios. Estimar lo contrario, esto es, la inexistencia de un
litisconsorcio activo necesario, sería tanto como que la sentencia que se dicte en el juicio
reivindicatorio intentado por uno de los copropietarios, no le pare perjuicio a los demás en la medida
que ellos no intentaron dicha acción, lo que implicaría que si el que ejercitó la acción y no tuvo el
éxito deseado, entonces otros copropietarios podrían hacerlo sucesivamente, sin que pueda
alegarse la cosa juzgada.”[2]

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[1] PALLARES, Eduardo. Op. cit., pág. 546.


[2] Jurisprudencia 1a./J. 8/2014, emitida por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, visible en el Tomo I, pág. 597, Abril de 2014, Décima Época del Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta, núm. reg. 2006094.

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2.21. Fe pública
Autoridad legítima atribuida a notarios, escribanos, agentes de cambio y bolsa, cónsules y
secretarios de juzgados, tribunales y otros institutos oficiales para que los documentos que autorizan
en debida forma sean considerados como auténticos y lo contenido en ellos sea tenido por verdadero
mientras no se haga prueba en contrario. [1]
A continuación se cita una jurisprudencia relacionada con tal concepto jurídico:
“DOCUMENTO PRIVADO. LA COPIA CERTIFICADA POR FEDATARIO PÚBLICO LO HACE DE
FECHA CIERTA A PARTIR DE QUE LO TUVO A LA VISTA PARA SU REPRODUCCIÓN Y,
ÚNICAMENTE, PARA EL EFECTO DE HACER CONSTAR QUE EXISTÍA EN ESE MOMENTO. La
Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido que la fecha cierta de un documento privado
es aquella que se tiene a partir del día en que tal instrumento se inscriba en un Registro Público de
la Propiedad; desde la fecha en que se presente ante un fedatario público, o a partir de la muerte de
cualquiera de los firmantes. De no darse alguno de esos supuestos, no puede considerarse que un
documento es de fecha cierta, y por ende, no puede tenerse certeza de la realización de los actos
que consten en tales documentos. Ahora bien, cuando ante un fedatario público se presenta un
instrumento privado para su reproducción y certificación, la fe pública y facultades de que está
investido permiten considerar que el instrumento reproducido existía en la fecha en que se realizó
tal reproducción y cotejo. Por lo que la fecha cierta se adquiere a partir de dicha certificación y no a
partir de la fecha que está asentada en el documento. Asimismo, tal certificación notarial no debe
equipararse con los efectos jurídicos de una certificación notarial de la autenticidad de las firmas ni
califica la legalidad del documento o de lo expresado en él.” [2]

[1] PALOMAR DE MIGUEL, Juan. Op. cit., pág. 681.


[2] Jurisprudencia 1a./J. 33/2010, sostenida por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de
la Nación, visible en el Tomo XXXII, pág. 314, Agosto de 2010, Novena Época del Semanario
Judicial de la Federación y su Gaceta, núm. reg. 164080.

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