LA MUJER EN COMBATE

¿Necesidad operativa de nuestras Fuerzas Armadas o imperativo Político?

PATRICIO REYNOLDS AGUIRRE

2005

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“Nada es más necesario que la verdad y, con relación a ella, todo lo demás no tiene más que un valor de segundo orden. ”

Federico Nietzsche

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INDICE

I.- INTRODUCCION…………………………………………………………….. II.- RESUMEN HISTORICO……………………………………………………. III.- SITUACION ACTUAL

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A.- Una mirada al mundo: ……………………………………………………….. 14 1.-España 2.-Reino Unido 3.-Estados Unidos de América B.- Una mirada a nuestros vecinos:…………………………..….…………….. 49 1.-Argentina 2.-Perú 3.-Bolivia C.- Realidad Nacional – Antecedentes Históricos……………………………. 59 1.-Conquista e Independencia 2.-Ejército de Chile 3.-Armada de Chile 4.-Fuerza Aérea de Chile

IV.- PROCESOS DE INTEGRACION ……..………………………………… 75 1.- La integración de la mujer a las F.F.A.A. como imperativo político 2.- El impacto del control de la natalidad y la sociedad de consumo

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V.- EL CIRCULO INTIMO……………………………………………………….. A.- Condiciones biológicas: 1.-Características físicas 2.-Características fisiológicas B.- La familia C.- La sexualidad D.- El talento

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VI.- CONDICIONES LABORALES EN LAS FUERZAS ARMADAS……… 103 A.-Fuerzas en Tierra B.-Fuerzas Navales C.-Fuerzas del Aire VII.-ADAPTACION DE LAS FFAA A LA INTEGRACION FEMENINA…...... 122 A.- Fuerzas de Tierra B.- Fuerzas Navales C.- Fuerzas del Aire VII.- REFLEXIONES FINALES ...……………………………………………. 131 ANEXOS...…………………………………………………………………….… 133 GLOSARIO DE TERMINOS………………………………………………….. 138

FUENTES CONSULTADAS……….…………………………………………… 143 PAGINAS WEB…………………………………………………………..………. 147

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I.- INTRODUCCIÓN La dinámica acelerada de los cambios mundiales y regionales y el nuevo modo de hacer política, entendiéndose como el manejo de los asuntos públicos, que varió drásticamente con respecto a lo que rigió desde finales de la Segunda Guerra Mundial, colocan a nuestras autoridades frente a un desafío enorme. Esto, directamente relacionado con nuestro tema de interés: la Defensa. La experiencia de los años ochenta y noventa parecen no ser ya aplicables para indicar el camino a seguir. Nuestro país consolidó un sistema democrático de gobierno, el mundo dejo de ser multipolar, la globalización parece absorbernos, los enemigos ya no parecen serlo y los amigos tampoco. Los desafíos aparecen y desaparecen con igual velocidad. Dentro de este contexto, Chile se ha caracterizado por una política económica exitosa de Libre Mercado, abierta al mundo y con especial énfasis en integrarse económicamente a través de acuerdos de libre comercio. Esta situación, inevitablemente tiene efectos sobre los aspectos estratégicos y militares inherentes al posicionamiento del país en el sistema regional y especialmente en el cono sur; en términos de alterar sus tradicionales percepciones de amenazas externas, especialmente en cuanto a la forma como a la oportunidad en que éstas se materialicen. En los inicios del siglo XXI el escenario estratégico viene marcado por la aparición de nuevos riesgos y amenazas para la paz, la estabilidad y la seguridad nacional e internacional, los que se suman a los considerados tradicionales y que, hasta ahora, son combatidos por la fuerza militar. Este escenario está en continua evolución y emergen como riesgos principales los diferendos por motivos económicos (Agua, Gas, Capitales, Fondos Marinos, etc.), operaciones combinadas de guerra exterior1 y el terrorismo, tanto nacional como internacional, ya sea actuando con independencia o con la posible combinación de amenazas. De acuerdo a la Constitución Política del Estado, las instituciones llamadas a enfrentar estos nuevos desafíos son nuestras Fuerzas Armadas, a las que define claramente en su Capítulo XI, Artículo 101. “Las Fuerzas Armadas dependientes del Ministerio encargado de la Defensa Nacional están constituidas única y exclusivamente por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Existen para la defensa de la Patria y son esenciales para la seguridad nacional” Sin duda que para cumplir su misión requieren de los mejores hombres y mujeres de la nación, el entrenamiento constante y exigente, además del equipamiento adecuado. En los últimos tiempos hemos estado escuchando desde diversos sectores políticos, la importancia de incluir a nuestras mujeres en las fuerzas de combate. Las Fuerzas Armadas aparecen más abiertas que nunca a ellas. La parada militar es una buena muestra de ello. No
1 Se refiere a la participación de fuerzas militares en coalición con otros países por mandato de las Naciones Unidas o en apoyo a un país aliado.

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sólo son las más mostradas, sino que pareciera que existe una suerte de competencia entre las instituciones armadas por cuál les da mayor protagonismo. La discusión del tema se ha centrado en dos sectores relevantes. Por un lado, el gobierno y los partidos llamados “progresistas” de la Concertación, algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y grupos feministas menores. Al frente, han estado las Fuerzas Armadas. Algunas de las instituciones están muy abiertas al tema y otras permanecen más prudentes, con muchísimas dudas acerca del aporte real de la mujer en las fuerzas de combate. Pero… ¿qué hay de fondo en todo esto? ¿Es, acaso, necesario exponer a nuestras mujeres en las fuerzas de combate para lograr la misión específica que nuestra Constitución les asigna a las Fuerzas Armadas? ¿Es su presencia, en nuestras fuerzas de combate, un aporte para darles mayor capacidad a nuestras instituciones armadas y con esto disuadir en mejor forma a nuestros posibles adversarios o simplemente se trata de un imperativo político? Contestar estas preguntas es el objetivo de esta investigación. Un estudio en estas materias, choca contra una barrera difícil de superar. La información sobre los problemas de personal al interior de los cuerpos armados, no siempre está disponible para ser analizada. En las naciones europeas occidentales en las que el debate es abierto en todas las materias, incluso en el campo de la defensa, los problemas derivados de la incorporación femenina a las FF.AA. se han discutido en el parlamento y en la prensa, de modo que existe una abundancia relativa de información. En los EE.UU. hay disponibilidad de información por la tendencia de los norteamericanos a discutir sin mayores restricciones los problemas, aún los más delicados. No obstante, en todos estos casos, la información divulgada nunca es tan completa y fidedigna como se quisiera. Intereses políticos (nacionales o de grupos), cuestiones de seguridad, defensa de la privacidad de las personas involucradas, la confidencialidad necesaria para no afectar procesos judiciales en desarrollo, y otros argumentos, son algunas de las razones esgrimidas para mantener ciertos temas bajo reserva. En nuestra América hispana, marcada por las desconfianzas y las disputas territoriales entre países vecinos, los asuntos de la defensa no se resuelven en el debate público. La información que se puede obtener es la que se difunde para los efectos del reclutamiento y los contenidos de las leyes que se han dictado. Los eventuales problemas, los pro y los contra, se mantienen en reserva y los esfuerzos de algunos pequeños grupos por despertar el interés del público o de las esferas políticas para llevar el tema al debate abierto, logran escasos resultados. Informaciones que en otras regiones son difundidas sin restricción, en nuestro subcontinente son mantenidas en la más absoluta reserva, aún cuando su conocimiento público no represente riesgo alguno a la seguridad nacional o institucional.
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Una característica del debate que se ha suscitado sobre este tema, es que la mayor parte de la literatura publicada, se ha centrado en el problema de la incorporación de la mujer al sistema y de las adaptaciones que se deben realizar en los cuerpos armados para hacerla efectiva. Nada o casi nada se dice acerca de los beneficios que esta incorporación tiene o puede tener para la mejor gestión militar de los estados, tampoco se toca el punto relativo al aporte que las especiales características de la personalidad femenina pueden hacer al conjunto. Mucho menos se ha tratado el tema de la familia del militar y el impacto que en ella puede tener la presencia de mujeres en un mundo marcadamente masculino. Tampoco ha existido la disposición para analizar las experiencias reales de otros países, en torno a las incontables dificultades que han debido enfrentar las mujeres que se han unido a las FF.AA. en funciones de combate. El presente trabajo, aunque la mencionará frecuentemente, no se refiere a la presencia femenina en funciones de apoyo de tipo administrativo o logístico. Sea en tareas como escribiente, secretaria, médico, enfermera, abogada, telefonista u otras actividades en las que se pueden desempeñar indistintamente, hombres y mujeres. Nuestro objetivo, está dirigido a analizar la presencia de la mujer en las unidades operativas, como un combatiente más, en un plano de mayor o menor igualdad con el varón.

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II.- RESUMEN HISTÓRICO. Con la aparición del Cristianismo la historia de la mujer tiene un momento en que se marca un antes y un después. Sin duda que la concepción de “persona” de la nueva religión, en la que se iguala a varones y mujeres, revolucionó al mundo. En el pasado la mujer no estaba bajo ninguna circunstancia al mismo nivel del hombre. Era un ser inferior, puesto por la naturaleza al servicio del varón. La presencia de mujeres influyentes en la vida política, siempre se daba a la sombra de algún hombre o en apoyo a la labor de éste. Aunque las haya, las mujeres conduciendo los destinos de una nación son escasas y se las recuerda por ser pocas. En el pueblo judío antiguo la mujer carecía de todo derecho. Al extremo de que en caso de enviudar perdía todos los bienes del difunto, a los que accedía en virtud del matrimonio. Estos bienes naturalmente pertenecían sólo a los hijos varones, si los había, o tornaban a la familia del marido. La familia de la cual la mujer provenía, rara vez recibía de vuelta a la viuda. De allí la insistencia de Cristo, en cuanto a la práctica de la caridad, de dar especial atención a viudas y huérfanos. Así mismo, la opción de combatir era privilegio exclusivamente masculino, debido a que el combatiente tenía derecho al reparto del despojo de los vencidos, los que incluían en algunos casos, las mujeres y niños, quienes se convertían en esclavos o se sacrificaban a los dioses del vencedor. No hay un solo relato de veracidad demostrable que se refiera a alguna mujer combatiendo en las culturas egipcia, griega o latina. Sólo se tiene como antecedente, el mito de las amazonas, que habrían existido en las riberas del Mar Negro y que ha logrado fama, precisamente por su carácter de excepcional. Entre los griegos, así como entre los romanos, los dioses pueden ser masculinos o femeninos, pero ello no tiene su correlato en el plano de la vida humana. El hombre domina sin contrapeso en el mundo terrenal. En todo caso, los dioses masculinos están marcados por la fuerza y se imponen por lo general a las diosas, aunque éstas son indudablemente más virtuosas. A través de Aristóteles sabemos, que tanto Sócrates como Platón habían enseñado que la mujer debía recibir entrenamiento militar y luchar codo a codo con los hombres. Estas ideas no penetraron en la sociedad griega2. El mismo Platón señala que el hombre debe observar el ejemplo de los animales domésticos, como los perros, en los que el cuidado que las hembras dan a sus hijos, no las eximen de sus tareas en la protección del rebaño de la casa. Nada de ello cambió la condición femenina en el mundo griego. El filósofo no reconoce al hombre superioridad respecto de la mujer en lo intelectual, pero sí en lo físico. No obstante, que sólo las mujeres excepcionales son capaces de superar en todo a los hombres3.

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James M. Blythe, Los Argumentos De La Escolástica Y Las Imágenes Medievales De Las Mujeres Guerreras,www.imprint.co.uk Ibid.

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Un punto de dificultad para los filósofos griegos, se refería a una cuestión del pudor. La educación física, indispensable para la práctica de la cosa pública o del servicio militar, se llevaba a cabo en el gimnasio, en el que los atletas se ejercitaban desnudos, situación inaceptable para la mujer, custodia del pudor de la sociedad4. Pese a la enorme influencia que los filósofos ejercieron en la cultura griega, el tema de la presencia femenina en la política y en la guerra no experimentó cambio alguno en la gran civilización griega, ni en su heredera histórica, la cultura latina. Esparta, estado legendario por ser ejemplo de una sociedad absolutamente organizada con vistas a la guerra, daba a la mujer un rol muy definido. Atender la casa y educar a los hijos... para la guerra. De no mediar la influencia del cristianismo el mundo medieval habría recibido los escritos griegos y latinos, sin prestarles atención, al menos en estos asuntos. La noción de persona, es decir de individuo racional responsable de sus actos, da al ser humano una visión distinta de la relación entre varón y hembra, ya que ambos quedan igualados en su esencia racional. Aun cuando ello no ejerció mayor efecto en orden a cambiar la relación de dependencia de la mujer respecto del varón, le otorgó un reconocimiento que antes no tuvo. El culto a la Madre de Dios también ejerce su impacto, pues en Ella, la mujer alcanza un grado de excelencia que ningún varón puede pretender para sí. Sin embargo, San Pablo es claro en señalar que la mujer está sometida al varón en el matrimonio y en la jerarquía de la Iglesia. No obstante, esto no implica que la mujer no tenga un lugar de importancia, mientras el marido es cabeza de la mujer, ésta es el corazón del hombre5. La Iglesia también veló por el respeto que el marido debía a su mujer, recogido en la vieja fórmula nupcial del Misal Romano: “Mujer te doy, que no sierva”. La mujer quedaba subordinada al varón, pero no a su servicio. La salvación no hace distingos y eso es lo que finalmente cuenta. Para el cristiano, todo lo demás es sólo temporal. La historia de la Iglesia nos muestra a numerosas mujeres que ejercieron gran influencia en sus comunidades, ya sea promoviendo la fe, defendiendo a los perseguidos o compartiendo sus sacrificios, pero nunca asumiendo roles militares. Esto no significa que la función militar haya sido menospreciada por la nueva religión. El santo más popular en Chile, San Sebastián, era un soldado romano. Los pueblos germánicos contemporáneos de griegos y romanos, herederos de una tradición guerrera, desarrollaron una cultura cuyos valores fundamentales siguen siendo, hasta hoy, los

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Ver “Servicio militar” en Aclaraciones. La condición humana, definida en la expresión “dignidad del hombre”, que se alcanza en la medida que se conozca, se ame y se sirva a Dios, toca por igual a hombres y mujeres.

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propios de la vida militar; la lealtad como factor clave en las relaciones personales, el espíritu de sacrificio, la jerarquización de la sociedad y del derecho, etc. El ideal del germánico es morir en combate, para ir al paraíso. Allí tendrá por recompensa los insuperables favores de las valkirias. El germano viejo, incapaz de combatir, pierde el derecho a todo respeto y debe integrarse a las mujeres y los niños. La mujer en esta cultura carece de todo derecho, es un ser de segundo orden. No va a la guerra. La cultura occidental, que fragua en un primer paso, en lo que se conoce como Edad Media, viene a ser el receptáculo de todas las corrientes anteriores. Las componentes grecorromanas, fuertemente influidas por el cristianismo, han hecho a nuestra cultura un aporte esencialmente intelectual (incluido el espiritual), al tanto que la cultura germánica acusa su influencia en aspectos de índole práctica. En este ambiente, la mujer carece de igualdad de derechos (la sociedad es esencialmente estamental, es decir, fundada en derechos diferenciados o “privilegios”) frente al varón, pero puede asumir los derechos de éste, si no hay herederos varones o si éstos son menores de edad. La ley sálica, que niega a la hija el derecho de sucesión al trono habiendo heredero varón, es una prueba de ello. Hay diversos relatos y comentarios escritos por autores de renombre que señalan a las mujeres en posiciones de liderazgo, frente a las cuales, los varones se subordinaron sin inconvenientes. No siempre ellas combatieron, pero los hombres aceptaron ser conducidos a la guerra por sus señoras feudales6. Algunos autores no dudan en señalar que el hombre medieval estaba más dispuesto a aceptar la autoridad de una mujer, que el hombre contemporáneo7. En la polémica escolástica, el tema de la mujer en la vida militar también tuvo su espacio. A pesar de que muchas de las discusiones sobre el tópico repetían los argumentos de los filósofos griegos o latinos, es necesario reconocer que el catolicismo ejerció su impacto en el pensamiento escolástico en estas materias. Así, mientras se repetían las hazañas de las amazonas o de míticas guerreras vikingas, también se recurría a la Biblia, con sus Déboras y Judith. Gran parte de la discusión se centraba en el problema de los votos que profesaban quienes iban a Tierra Santa, principalmente con motivo de las Cruzadas, cuestión que preocupaba especialmente a los canonistas. Se aceptaba que las mujeres tomaran votos, pero no que los tomaran con la finalidad expresa de combatir, aunque ejercieran el mando de tropas que ellas mismas en su condición de señoras feudales aportaban a la empresa. Hay informes bien documentados, de que las mujeres en Tierra Santa no desdeñaron el uso de las armas, cuando el solo hecho de llevar indumentaria masculina era un acto de valentía8.

James M. Blythe, Los Argumentos De La Escolástica Y Las Imágenes Medievales De Las Mujeres Guerreras, ww.imprint.co.uk La mujer accedía al control del feudo bajo ciertas condiciones: viudez, menoría de edad de los hijos varones, etc. y en estos casos, debía cumplir con sus compromisos de fidelidad hacia su propio señor, aportando contingentes de caballeros y soldados, comandándolos en ocasiones, aunque rara vez combatiera. 8 Nicetas Choniates, O City of Byzantium, Annals of Nicetas Choniates, trad. Harry J. Magoulias (Detroit, 1994), 2.1.60, p. 35. Philippe Contamine, War in the Middle Ages, trad. Michael Jones (London, 1985), p. 241, y Steven Runciman, A History of the Crusades, Vol. 1 (Cambridge, 1954), p. 469.
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Obviamente que estos relatos se conservaron a causa de su condición excepcional. En realidad, la formación de un caballero se iniciaba en la infancia e implicaba un largo proceso, mientras que las niñas eran educadas en las labores del hogar. Así, mientras el hombre se preparaba para la guerra y la conducción política, la mujer se preparaba para el ejercicio de la economía doméstica y la educación de los hijos. La más famosa de las mujeres comandantes militares en la Edad Media, fue Santa Juana de Arco (1412-1431), de quien el caballero Thiband d’Armagnac, alguacil de Chartres, dijo: “Al margen de los asuntos de la guerra, era sencilla e ignorante. Pero en lo referente a la conducción de los ejércitos y en las artes de la guerra, en la disposición de las tropas para el combate y en dar aliento a los soldados, se comportaba como el más experimentado de los capitanes en el mundo y como si toda su vida hubiera estado dedicada a aprender el oficio de la guerra9.” Santa Juana, aun cuando comandaba efectivamente las fuerzas, no combatía. Su caso es especial, pues basaba su autoridad y talentos en un mandato divino recibido a través de las voces de San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita. Como sucedía con muchas otras mujeres medievales que lograron ser aceptadas al margen de lo que era considerado apropiado para su sexo y que argumentaban que Dios actuaba por su intermedio. Es la heroína francesa por antonomasia. La abundante literatura acerca de la mujer en la vida militar revela que el tema era de dominio común. No obstante, es también usual el temor de los autores de la época, al efecto deformador del orden social que podría sobrevenir por efecto de la presencia de la mujer en la vida militar como un hecho frecuente. Si bien no se puede poner en duda la calidad de la argumentación escolástica en el terreno metafísico, los argumentos de carácter fisiológico o médico son muy pobres. De todos estos argumentos, el único que parece sostenerse incólume es el de la menor robustez del físico femenino, que en la época era más determinante que hoy, debido a que todas las armas de entonces (arcos, lanzas, mazas, sables o espadas, catapultas, arietes y otros) consistían en alguna forma de aplicación de la fuerza física del soldado para lesionar al oponente. El más famoso e importante autor escolástico, Santo Tomás de Aquino (1225-1274), se limita a exponer que la mujer tiene su espacio propio en la administración de los bienes domésticos, lo que la aleja de la cosa pública10. No se trata de un pensamiento machista, sino que dar el debido reconocimiento a la familia, en un esquema de pensamiento en el que el reino doméstico es el pilar en torno al cual se estructura el edificio social.

9 Como se informa en Régine Pernoud, Joan of Arc. By Herself and Her Witnesses, trad. Edward Hyams (Nueva York, 1969; reeditado 1982), p. 62. 10 Santo Tomás de Aquino, en Libros Politicarum Aristotelis Expositio, en Opera Omnia, ed. R. Busa (Stuttgart-Bad Cannstatt, KG, 1980), 2.5.12. ‘Secundo mulieres dicit, quod Socrates dicebat, quod mulieres debebant eadem tractare cum viris, ut scilicet colerunt agros et pugnarent, et alia huiusmodi facerent sicut viri: et accipiebat parabolam, id est similitudinem a bestiis, in quibus feminae similia operantur masculis, sed Aristotelis istud dicit esse inconveniens, nec esse simile: quia bestiae nihil particibant de vita oeconomica, in qua quidem vita mulieres habent quaedam propria opera, quibus oportet eas intendere, et abstinere semper ab operibus civilibus.’ 2.6.2. ‘. . . Socrates existimavit quod opertebat mulieres bellare et alia similia facere viris’

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El maestro de Santo Tomás, San Alberto Magno (¿1193?-1280), plantea el tema de la incapacidad femenina para la guerra atendiendo a la naturaleza tímida de la mujer, lo que probablemente era cierto en su tiempo, en virtud de la educación que generalmente se les impartía11. En todos los casos, existe el genuino interés de los escolásticos por preservar el rol femenino con vistas a la persistencia de los valores y buen orden de la sociedad. El que se lograba por la directa participación de la mujer en la educación de los hijos. El bien común espiritual, encarnado en los valores de la cultura, prevalece en la mente escolástica por encima de hipotéticos derechos individuales, que tampoco despertaban el interés de sus eventuales beneficiarias. La influencia del pensamiento escolástico, que sigue teniendo importancia en muchos aspectos, se mantuvo muy sólida en cuanto al rol femenino en la sociedad hasta comienzos del siglo XX. En las culturas orientales la situación generalmente no ha sido distinta, si se las compara con el mundo clásico de griegos y romanos. Las hazañas militares de chinos, japoneses, indios, manchúes, mongoles y otros pueblos orientales, no mencionan a las mujeres. El asunto no deja de ser interesante dado que todas las culturas, salvo la occidental, han permanecido casi sin cambios por más de 2000 años. Durante la Segunda Guerra Mundial se enfrentaron las fuerzas japonesas con tropas de los EE.UU. sin que se conozcan relatos de mujeres japonesas capturadas o muertas en combate. Solamente se conoce de niponas habitantes de algunas islas conquistadas por los EE.UU., como Okinawa, que prefirieron el suicidio a entregarse al enemigo. Sus compatriotas las habían advertido que de caer prisioneras serían objeto de toda clase de abusos, deshonrándolas a ellas y a sus familias. Aún en tan extremas y desfavorables condiciones ellas no lucharon. Las culturas islámicas que han mantenido sus concepciones originales, recogen gran parte de lo vigente en el mundo del siglo VII. El esquema valórico del árabe musulmán tradicional, se resume en la expresión “mi fusil, mi camello y mi hijo”. Todo lo demás, incluida la mujer, es prescindible. La poligamia es un rasgo común de todos los pueblos mahometanos y es otro reflejo del valor de la mujer en esa cultura. Para la mujer, el campo laboral fuera del hogar está generalmente vedado. Sólo es posible encontrar mujeres en funciones públicas en las naciones musulmanas más influidas por el mundo occidental. En estos países, no tienen cabida en las FF.AA. como combatientes. Turquía, el país con mayoría musulmana más occidentalizado es entre los socios de la OTAN, después de Italia y Polonia, el de más baja presencia de mujeres en las FF.AA. Su representación alcanza a sólo el 3,95 % del total de sus efectivos y de ellas, ninguna está en
San Alberto Magno, Commentarium in Octo Libris Politicorum Aristotelis, en Opera Omnia (Londres, 1651), Vol. 4, Libro 2, cap. 3, pp. 78–9. ‘Deinde cum dicit “sed uxores quidem, etc.” subiungit de imperfecture legum Socratis circa uxores dicens: “sed uxores quidem existimat”, Socrates scilicit, oportere simul bellare cum viris, cum tamen hoc sit contra timiditatem sexus foeminei. Et addit, quod etiam pro lege dedit Socrates, et disciplina participare eadem mulieres munipicibus, id est, rectoribus civitatis. Cum tamen in Ethicis determinandum sit, quod si mulier principatum obtineat, hoc corruptio voluntatis est.’
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unidades de combate (Ver TABLA 1). El que combate es el varón y sus atributos tradicionales incluyen el fusil, el cuchillo o la cimitarra, armas fuera del alcance de la mujer.

TABLA 1.-

PORCENTAJE DE SOLDADOS FEMENINOS OTAN 2005

BE BU CA CZ DA FR GE GR HU IT LA LU

BELGICA BULGARIA CANADA REPUBLICA CHECA DINAMARCA FRANCIA ALEMANIA GRECIA HUNGRIA ITALIA LETONIA LUXEMBURGO

NL NO PL PO RO SK SN SP TU UK US

HOLANDA NORUEGA POLONIA PORTUGAL RUMANIA ESLOVAQUIA ESLOVENIA ESPAÑA TURQUIA REINO UNIDO ESTADOS UNIDOS

Fuente: OTAN 2005.

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III.- SITUACIÓN ACTUAL A.- UNA MIRADA AL MUNDO: 1.ESPAÑA

La historia española es un largo recuento de luchas armadas, varias de las cuales se libraron en el territorio peninsular y que, por lo tanto, implicaron de uno u otro modo a la mayor parte de la población. Destaca entre las mujeres que intervinieron en las luchas armadas, la reina Isabel la Católica, no por haber actuado como combatiente, sino por haber coronado con éxito la recuperación de Granada, lucha de ocho siglos por la expulsión de los moros. En el siglo XIX, España debió luchar una vez más por librarse de los invasores. A comienzos del siglo, las tropas napoleónicas ocuparon la península, para sostener el gobierno de José Bonaparte. Esta guerra, también llamada de Independencia, se libró en gran parte, por fuerzas irregulares12 y obligó a los civiles a tomar parte en ella. Entre tales civiles hubo muchísimas mujeres, de las cuales la historia y el folklore hispanos destacan a tres: Agustina de Aragón, Manuela Sancho Bonafonte y Casta Álvarez. (Ver Anexo A). Durante la primera mitad del siglo XIX, España se vio envuelta en frecuentes conflictos internos, en los que se enfrentaron las mismas corrientes conservadoras y liberales que habían colisionado en el siglo anterior en Francia. Nuevamente las mujeres combatieron en las barricadas codo a codo con los hombres. Sin embargo, el carácter ideológico que adquirieron tales confrontaciones, hace muy difícil separar los hechos individuales de la mitología ideológica que caracteriza a este tipo de conflictos. Lo mismo puede decirse de la Guerra Civil que azotó a España entre 1936 y 1939, con la diferencia de que a poco de iniciadas las operaciones militares el bando republicano, que antes había glorificado a las mujeres por su desempeño en combate, comenzó a retirarlas del frente. Un año después prácticamente ya no había combatientes mujeres en el frente. Se extendió la creencia de que las mujeres que combatían eran prostitutas y que por tal razón transmitían enfermedades venéreas a veces más peligrosas que el fuego enemigo. Por su parte, el bando nacional por estar conformado principalmente por fuerzas regulares, no contó con mujeres en sus filas, aunque ellas hayan combatido circunstancialmente. La Guerra Civil española no tuvo a la mujer como actor en combate, lo que no le impidió a éstas sufrir todo el rigor del enfrentamiento belico. Después de la Guerra Civil, bajo el gobierno del General Francisco Franco, España se mantuvo en una línea conservadora en lo referente a las FF.AA., las que aun cuando avanzaron en la modernización de su equipamiento, mostraron escaso interés por el debate que se desarrollaba en otros países acerca de la participación de la mujer en la defensa nacional. Sistemas tan antiguos como el del servicio militar obligatorio (conocido
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Ver “Fuerzas regulares e irregulares” en Aclaraciones

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popularmente como “la mili”), que en España no había experimentado cambios de importancia desde su creación, unos 200 años antes, permanecieron intactos, pese al evidente desprestigio en el que habían caído como consecuencia de lo injusto del proceso de selección. Con la muerte del General Francisco Franco, surgió muy pronto la discusión de los temas que habían dormido por décadas. Los dos primeros gobiernos de transición, Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo, no se involucraron mayormente. Luego el debate se tiñó ideológicamente. En primer lugar, el gobierno socialista de Felipe González veía en las FF.AA. un bastión del franquismo en el que se concentraba el núcleo más duro de las fuerzas conservadoras y centró sus esfuerzos en desmontar el esquema valórico que había marcado a los militares españoles. Sin embargo, los cambios introducidos en la estructura militar hispana, que consolidaron todas las aspiraciones socialistas no tocaron los temas de fondo. El servicio militar permaneció. Es cierto que sufrió modificaciones en cuanto a la incorporación de la objeción de conciencia y la creación del servicio alternativo, pero mantuvo el injusto sistema de sorteo para definir a los acuartelados, así como la posibilidad de eximirse de tales obligaciones, mediante el pago de una cierta cantidad de dinero. El único tema de real importancia en que se avanzó durante el régimen socialista, fue en el del ingreso limitado de las mujeres a las FF.AA. En 1988, por primera vez en la historia de España, ingresaban damas cadetes a la Academia Militar de Zaragoza. Fue el gobierno del Presidente Aznar el que consolidó los cambios más relevantes. En 1996, el Partido Popular, por motivos de negociación política, pactó con la Izquierda Unida una alianza, a cambio de introducir el concepto de FF.AA. profesionales, es decir, la eliminación del servicio militar obligatorio13. En esencia, el sistema adoptado es similar al norteamericano. Básicamente se trata de un núcleo de personal militar de carrera llamado “profesional”, más un contingente de voluntarios con bajos niveles de especialización, atraídos a prestar servicios durante un tiempo limitado, a cambio de un razonable nivel de ingresos y otros incentivos. Además existe la posibilidad de ingresar a los cuerpos profesionales de las FF.AA. o a los cuerpos paramilitares, como la Guardia Civil. El modelo dispuso el ingreso de las mujeres en las FF.AA., en igualdad de condiciones respecto de los varones, en virtud de las normas legales de absoluta igualdad ante la ley, es decir, sin ningún tipo de restricciones. En la realidad, existen algunas restricciones a las mujeres. Les está vedado el acceso a los submarinos y a ciertas fuerzas especiales. Aun cuando las mujeres habían ingresado ya como militares a las FF.AA. en 1988, la aplicación del modelo de FF.AA. profesionales supuso la definitiva consolidación de su presencia en los cuerpos armados. Los resultados de la primera convocatoria de mujeres para cubrir plazas como oficiales de las FF.AA., no fueron los esperados. Sólo se presentaron 55 postulantes y ninguna superó las pruebas de selección14. El modelo de soldado profesional, o más bien ocupacional, que supone un combatiente que lucha, no ya por la Patria, sino por un salario, no atrae a la juventud como se esperaba (Ver
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Diario La Razón, (España), 30 de diciembre de 2.003, www.belt.es/noticias/2004/enero/2/ejercito.htm María Luisa Barón, El Papel de la mujer en las Fuerzas Armadas.

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TABLA 2). Mantener una dotación de alrededor de los 100.000 hombres y mujeres que deberían constituir la fuerza efectiva de los Ejércitos (nombre genérico para designar a las FF.AA. españolas), ha supuesto un esfuerzo constante. La campaña publicitaria destinada a incentivar el ingreso de la mujer, no ha conseguido el acuartelamiento masivo de ellas, las que no superan el 14% del total de personal en servicio15 ( TABLA 3), lo que viene a revelar que pese a la poderosa propaganda que ha bombardeado a la sociedad hispana desde fines de los 70, las mujeres peninsulares no demuestran gran interés por ingresar a la milicia16. Las TABLAS 4 y 5 revelan que la presencia femenina en los procesos educacionales de mayor nivel, también es baja.

TABLA 2.¿Ser militar es una vocación, como ser sacerdote, o una profesión, como abogado o ingeniero?
Institucional de nuevo ingreso Institucional/ ocupacional Institucional/ socializado Ocupacional Desencantado Total

%C (n) Vocación Profesión Ns/Nc Total 72,67 (755) 26,66 (277) 0,67 (7) 100 (1.039)

%F %C (n) 49,15 31,02 24,14 42,27 52,17 (84) 45,34 (73) 2,48 (4) 100 (161)

%F 5,47 8,17 13,79 6,55

%C (n) 81,58 (505) 17,93 (111) 0,48 (3) 100 (619)

%F 32,88 12,43 10,34 25,18

%C (n) 29,55 (172) 68,21 (397) 2,23 (13) 100 (582)

%F 11,20 44,46 44,83 23,,68

%C (n) 35,09 (20) 61,40 (35) 3,51 (2) 100 (57)

%F 1,30 3,92 6,90 2,32

%C (n) 62,49 (1.536) 36,33 (893) 1,18 (29) 100 (2.458)

%F 100 100 100 100

%C= de la columna de la tabla %F= de la fila de la tabla
Fuente: Quiénes Son Y Qué Piensan Los Futuros Oficiales y Suboficiales Del Ejército Español, Rafael Martínez Martínez, © Fundació CIDOB, www2.ubu.es/derpri/ciepola

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Las cifras que se entregan discrepan considerablemente entre sí. La Diputada Asunción Oltra Torres, del Partido Popular decía, en sesión del Congreso, que las mujeres representaban el 20% del total de los efectivos de los Ejércitos españoles. Sin embargo, en el estudio Quiénes Son Y Qué Piensan Los Futuros Oficiales Y Suboficiales Del Ejército Español, su autor, el profesor Rafael Martínez califica la presencia de las mujeres en los centros de formación (escuelas matrices), de “testimonial”, al no superar el 6% del total del alumnado. El periódico ABC, el 24 de octubre de 2.002, en el artículo Las mujeres llegarán a general en un plazo de entre quince y veinte años, señalaba que el 10% de las fuerzas estaban integradas por mujeres.

16 El diario El País, el 30 de octubre de 1.998, en artículo firmado por Miguel González, cifraba el costo de la campaña publicitaria en 1.600 millones de pesetas.

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TABLA 3.Distribución de sexo por Ejército en España. Febrero 2006

Ejército Tierra Armada Aire Cuerpos Comunes % General Hombre 83,07 89,18 85,46 80,77 86,50

Sexo Mujer 16,93 10,82 14,54 19,23 13,50

Fuente: Comandante Begoña Armendaria . Fiscal de la sala Militar del Tribunal Supremo (www.es.news.yahoo.com)

Actualmente, las Fuerzas Armadas españolas cuentan con una dotación de 121.060 efectivos. De ellas 16.311 (13,5%) son mujeres y 121.060 (86,5%) son hombres. Para el Partido Socialista Español (actualmente en el gobierno) la meta es lograr la paridad de hombres y mujeres en los ejércitos17.

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Declaraciones del Ministro de defensa de España, José Bono. Febrero 2006.(es.news.yahoo.com)

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TABLA 4.Estadística de la Enseñanza Superior en España. Curso 2000-2001. Enseñanza militar grado medio. Alumnado matriculado por academia militar, curso y sexo. Unidades: Alumnado
Total Total TOTAL EJÉRCITO DE TIERRA Cuerpo Gral. De las Armas A. General Militar A. Infantería A. Caballería A. Artillería A. Ingenieros Cuerpo de la Guardia Civil Cuerpo de Especialistas Escuela Politécnica Otros Centros ARMADA Cuerpo General Militar Cuerpo de Inf. De Marina Cuerpo de Especialistas Escuela Naval Otros Centros EJÉRCITO DEL AIRE Cuerpo General Cuerpo de Especialistas A. General del Aire 378 235 64 35 11 3 7 8 140 31 17 14 83 32 16 35 14 21 60 42 18 18 Mujeres 3 1 1 1 1 1 1 Total 220 185 35 35 140 10 7 3 7 9 2 26 13 13 13 Primer curso Mujeres 1 1 1 108 50 29 11 3 7 8 21 10 11 29 9 6 14 14 29 24 5 5 Segundo curso Total Mujeres 2 1 1 1 1 Total 50 Tercer curso Mujeres -

45 16 9 21 21 5 5 -

Fuente: Ministerio de Defensa y Guardia Civil .

La presencia de la mujer en este nivel educacional, es tan reducida, que la representación en un gráfico de barras no alcanzaría a registrarla.

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TABLA 5.-

Estadística de la Enseñanza Superior en España. Curso 2000-2001.

Enseñanza militar grado superior. Alumnado matriculado por academias militares, curso y sexo. Unidades: Alumnado
Total Total 1.083 695 607 354 81 51 64 57 88 210 166 44 178 187 Mujeres 32 28 22 16 2 1 3 6 1 1 3 3 Primer curso Total 202 132 132 132 37 30 7 33 33 Nuevos inscritos en primer curso Mujeres Total Mujeres 6 200 6 6 130 6 6 130 6 6 130 6 37 30 7 33 33 Segundo curso Tercer curso Total 198 127 127 127 37 30 7 34 34 Mujeres 8 6 6 6 2 2 Total 198 126 95 95 31 39 31 8 33 33 Mujeres 6 5 4 4 1 1 1 Cuarto curso Total 237 150 120 44 9 34 33 30 47 36 11 40 40 Mujeres 4 4 2 1 1 2 Quinto curso Total 248 160 133 37 42 30 24 27 50 39 11 38 38 Mujeres 8 7 4 2 3 1 1

TOTAL EJÉRCITO DE TIERRA Cuerpo Gral. De las Armas A. Gral. Militar A. Infantería A. Caballería A. Artillería A. Ingenieros Cuerpo de la Guardia Civil ARMADA Cuerpo Gral. Militar Cuerpo de Inf. De Marina EJÉRCITO DEL AIRE A. Gral. Militar

Fuente: Ministerio de Defensa y Guardia Civil

La participación de la mujer en las FF.AA. españolas se ve también graficada en las siguientes cifras, correspondientes a los centros de formación (escuelas matrices): El 6% del total de alumnos corresponde a mujeres; de ellas, sólo el 28% se encuentra en los cuerpos combatientes (Cuerpos Generales e Infantería de Marina). En Ingenieros militan el 12% y en Intendencia, el 11%. Las demás, se encuentra en los llamados Cuerpos Comunes (nuestro equivalente a Servicios18, aunque en este caso, no pertenecen a un Ejército en especial), que incluye al personal no combatiente19 (ver GRÁFICO Nº 1). Al escaso interés de la mujer por ingresar a las FF.AA., se suma el hecho de que el grueso de las alumnas se orienta a áreas de desempeño alejadas de las tareas de combatiente. Las FF.AA. españolas no han avanzado en aspectos básicos relativos a la incorporación femenina, a pesar de que las normas adoptadas convierten a los Ejércitos, en las instituciones más “progresistas” en estas materias. No se han regulado apropiadamente cuestiones elementales, tales como el caso de las mujeres embarazadas (en relación con las exigencias

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Ver “Servicios” en Aclaraciones.

Rafael Martínez Martínez, Quiénes Son Y Qué Piensan Los Futuros Oficiales Y Suboficiales Del Ejército Español, Fundació CIDOB, CIDOB Barcelona , 2001, www2.ubu.es/derpri/ciepola.

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que deben cumplir), las disponibilidades de alojamientos segregados, las adaptaciones de las unidades navales para recibir tripulantes femeninos, establecimientos disciplinarios y penitenciarios separados. Tampoco se han dictado normas relativas al matrimonio entre miembros de las FF.AA. Los problemas de fondo que se han suscitado con la incorporación de la mujer al servicio de los ejércitos se presentan en el terreno de la disciplina. Las significativas diferencias fisiológicas entre el físico varonil y el femenino hacen realmente imposible de aplicar el principio de “no discriminación” (entiéndase por “justicia”), volviéndose en la práctica en una discriminación hacia los soldados varones, cuyas exigencias de desempeño no han sido modificadas debiendo asumir la carga que las mujeres no pueden absorber. Las normas disciplinarias iguales para ambos sexos, son más relajadas en su aplicación para ellas que para ellos, con el creciente malestar entre los hombres, que se ha traducido en una campaña de mensajes anónimos dando a conocer los casos más evidentes de la nueva forma de discriminación. Cuando las quejas de los miembros de los cuerpos armados se canalizan por vías clandestinas, es factible concluir que dichos cuerpos se encuentran cercanos a una crisis de disciplina y mando. Para la causa de los partidarios de la presencia irrestricta de la mujer en la vida militar, España no ha sido un buen ejemplo. Esto, debido a las razones esgrimidas para imponer esta presencia, por el carácter ideológico del debate en torno a la materia, por la improvisación con que se ha enfrentado el conjunto de cambios tan radicales que necesariamente hubo que realizar y por el hecho de que la aplicación del modelo vigente de FF.AA. sólo es el resultado de una transacción política de coyuntura. En ningún caso, el tema de la eficiencia de los Ejércitos, ha sido la causa real de los cambios que se implementaron. FIGURA 1.Fuente: Fundación CIDOB, Barcelona. 2001.

D istrib u ció n d e m u jeres en las escu elas m atrices (E sp añ a)
60 Porcentaje 50 40 30 20 10 0 1 Armas o Se rv icios C uerpos Grales e I.M. Ingenieros Intendenc ia C uerpos C om unes

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2.- REINO UNIDO En 1914 era toda una novedad ver a una mujer en uniforme militar. Sin embargo, durante la Primera Guerra Mundial unas 80.000 mujeres sirvieron al Imperio Británico en los cuerpos castrenses20. En la época muchos consideraban inapropiado el que la mujer combatiera como un soldado; más aún, fueron escasas las mujeres inglesas que usaron un arma de fuego en combate. La mujer ideal amamantaba y educaba a sus hijos y militaba en el pacifismo. Un popular panfleto, del que se vendieron unas 75.000 copias en tan sólo una semana, resumía el ideal femenino señalando que “las mujeres fueron creadas para dar la vida, los hombres para quitarla”21. La ternura femenina era retratada como una virtud que alcanzaba incluso a los heridos del bando alemán. Un libro acerca de la vida del soldado británico22 contrastaba los rudos relatos de los soldados sobre la cantidad de enemigos muertos, con la delicadeza de las inglesas para atender a los mismos enemigos heridos. Compartiendo codo a codo con sus contrapartes masculinos todos los rigores de la guerra, estas mujeres “no buscaban revancha ni alterar su buena disposición hacia toda vida humana”. “El peligro no les inspira a coger un arma y disparar contra el adversario”. En 1915, la feminista y pacifista Helen Mana Lucy Swanwick escribía que el apoyo que por entonces las mujeres daban a la causa de la guerra, se debía sólo a un profundo sentido de lealtad familiar. Obrar de otro modo, habría sido visto como un insulto a sus compañeros varones. Por muy diversas razones los grupos conservadores se unieron a las feministas, para argumentar en contra de la existencia de mujeres combatientes. Para ambos sectores, lo que estaba en juego era la influencia femenina en la vida social y los avances en el terreno político. El poder de la mujer de clase media, como árbitro moral y doméstico, se basaba en su distancia respecto del sórdido mundo de la ganancia monetaria y de la confrontación mortal. El argumento adquiría gran relevancia en esos años, debido a que muchísimas mujeres se encontraban librando la batalla por el derecho al voto. ¿Cómo podrían ellas responder al argumento de que sólo quienes luchan por la patria (léase hombres) tienen derecho al supremo obsequio de la ciudadanía, el voto? El periódico Woman’s Journal atacó este postulado publicando en su primera plana una caricatura que mostraba a una mujer con un bebé en brazos y exclamando: “Voto para las mujeres”. Junto a ella, un soldado fuertemente armado declaraba que “Las mujeres no pueden sostener armas”, a lo que una sufragista respondía: “¡No! Ellas sostienen a los ejércitos”. Dicho en otras palabras, las mujeres sostenían el esfuerzo bélico a través de la maternidad y, por lo tanto, eran dignas de acceder al voto.

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Joanna Bourke, Women and the Military during World War One, www.cgi.co.uk/history/war/wwone/women_combatants_01. Joanna Bourke es profesora de historia de la Universidad de Birkbeck College. A Little mother, 1916, citada por Joanna Bourke. Gleeson Arthur,Golden Lads (1916), citado por Joanna Bourke

21 22

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Sin embargo, las mujeres eran más que esposas, matriarcas y madres patrióticas. Durante la Primera Guerra Mundial, el espectro de posibilidades de trabajo que se abrió a las mujeres fue muy grande. Ingresaron a las fábricas, invirtieron en bonos de guerra, se hicieron cargo de las cosechas y cuidaron de las tropas en sus períodos de descanso. También se incorporaron en los cuerpos militares en un número aproximado de 80.000, aunque nunca como combatientes. Ejercieron presiones, no obstante, para recibir entrenamiento como fusileros23 y portar armas para la defensa del territorio metropolitano, sin alcanzar sus propósitos dentro de las fuerzas de defensa territorial, mayormente masculinas. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial los Voluntarios para la Defensa Local (Local Defence Volunteers o LDV), predecesora del Home Guard, empleó las habilidades de la mujer para entrenar a los hombres en el uso de armas de fuego, no obstante lo cual, no admitía miembros femeninos. Pese a todo, se crearon numerosas organizaciones femeninas cuyas metas eran preparar el frente interno para el combate, pues existía el riesgo de una invasión alemana. El Cuerpo Auxiliar Femenino de Defensa (Women's Defence Relief Corps) contó con el poderoso patrocinio de Lord Kitchener y Lord Roberts. Este último, era el Presidente de la Women's Rifle Associations. El cuerpo contaba con dos divisiones: la “Sección Civil”, que perseguía el reemplazo de los hombres en las tareas productivas, de modo de liberarles para el servicio armado y la “Sección Semi-militar o Sección de las buenas ciudadanas”, cuyas integrantes eran reclutadas para recibir instrucción en infantería doctrinal, señales, exploración y uso de armas de fuego. Cada mujer en esta sección no sólo era aleccionada para ser capaz de defenderse a sí misma, sino que también debía estar preparada para defender a sus seres queridos. Se daba por descontado que para muchas mujeres su deber era visto como una forma de convencer a los hombres que la deshonra era mucho peor que la muerte y, por lo tanto, debían apuntalar la fortaleza sicológica, cuando no militar de los hombres. En 1929, Virginia Woolf escribió en Un cuarto propio (A Room of One’s Own), que las mujeres servían como espejos amplificadores, “reflejando la figura del hombre al doble de su tamaño natural. Sin ese poder... las glorias de todas las guerras serían desconocidas”. Tales espejos, continúa “son esenciales en todo acto violento o heroico”. A pesar de encontrarse cercanas al frente trabajando como enfermeras, rara vez las mujeres británicas se vieron envueltas en el combate. Esto no es ninguna novedad, debido a que en los tiempos modernos el empleo de mujeres en el servicio directo de las armas y a gran escala había tenido lugar casi exclusivamente en las revoluciones y en las invasiones, lo que no ha sido el caso inglés, por lo que las mujeres sólo fueron capacitadas para defenderse a sí mismas y a su isla. No obstante su relativa ausencia del campo de batalla, la tecnología moderna fue reduciendo la distancia entre las trincheras y la periferia urbana a una velocidad creciente. Los bombardeos del territorio británico en la Primera Guerra Mundial causaron 1414 muertes civiles, cifra que se multiplicó por 60 en el siguiente conflicto. Este hecho provocó un gran trauma entre la población femenina, en particular en Londres y el área sud-oriental del Reino
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Ver “Fusilero” en Aclaraciones.

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Unido. Aun más traumático para ellas, fue el doloroso retorno de sus seres queridos de los campos de batalla, de los cuales cientos de miles presentaban algún tipo de lesión o mutilación. Sobre los hombros femeninos recayó la pesada carga de cuidar a esos hombres, sin olvidar que ellas debieron asumir la pérdida de padres, hermanos, novios, maridos e hijos. Para la mujer, la vida nunca volvería a ser lo mismo. Como ha ocurrido en otros países, en el Reino Unido se produjo el debate sobre la presencia femenina en las Fuerzas Armadas tras los grandes cambios sociales de los años 60 y 70. Lo que se discutía era el derecho de la mujer de participar de la vida militar en igualdad de condiciones con el varón, no si tal presencia contribuía o no a la eficacia operativa de las fuerzas. Hasta el día de hoy, el debate sigue siendo el mismo. Los partidarios de que la mujer se incorpore plenamente a la vida castrense, defienden el derecho femenino a ello, en tanto que los detractores, se centran en las mejoras o deterioros que pueda experimentar la calidad de la gestión militar. Sin embargo, entre partidarios y detractores hay diversos matices y argumentos, lo que ha revelado la existencia de un punto de equilibrio que tarde o temprano, se convertirá en la norma sobre la materia. El temor de los más equilibrados es que dicho punto sólo se alcance después de que un conflicto desnude las falencias de las actuales políticas acerca de la participación femenina en la milicia24. El desastre de los cruceros de batalla en Jutlandia, la retirada de Dunquerke y la pérdida del “Hood”, orgullo de la Flota británica, son sólo unos pocos ejemplos de que los supuestos con que se manejan los asuntos militares en tiempos de paz, pueden terminar rotundamente desmentidos por la realidad de la guerra. La Real Fuerza Aérea Británica (RAF), ha sido el cuerpo que más pronto abrió sus puertas a la mujer y lo hizo sin restricción alguna, salvo la legal que impide a la mujer entrar en combate. Inicialmente, hubo algunas dudas respecto de tener mujeres piloteando aviones de guerra y más respecto de operar helicópteros de apoyo. Al parecer, los mayores costos que implica la formación de un piloto (entrenar un piloto de un caza Tornado cuesta unos 6 millones de libras), son costos que no se retribuirían en la medida que las mujeres dejen el servicio para formar familia. Este argumento no ha pesado en la decisión, ya que los pilotos varones jóvenes presentan también, una alta tasa de deserción de las filas de la institución25. En realidad no se justifica la decisión de tener mujeres piloteando aviones o helicópteros de combate, si de acuerdo con la ley, ellas quedarían excluidas de participar en las acciones militares para las cuales se estarían entrenando. En el Ejército, las cosas han tenido un tinte más conservador, abriéndose los accesos a las áreas técnicas y de apoyo. La resistencia del Ejército se funda en dos aspectos fundamentales: por una parte, el oficio del soldado demanda un gran despliegue físico y resistencia a la fatiga y aunque se reconoce que algunas mujeres también podrían cumplir estas exigencias, en general ellas no están adaptadas físicamente para el trabajo militar; por otro lado, la cultura propia del Ejército, es un elemento que los mandos no quieren ignorar. El soldado británico no se muestra dispuesto a aceptar soldados mujeres, pese a que sí acepta
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Ver “Milicia” en Aclaraciones. Ver “Deserción” en Aclaraciones.

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camaradas varones de otras nacionalidades, religiones o culturas (y, consecuentemente, con otros valores diferentes a los suyos). Se dice que ellos están dispuestos a morir por una mujer, pero no a morir junto a ella. La Real Marina Británica (Royal Navy), ha adoptado una posición intermedia entre lo que piensa el Ejército y la RAF. Los mandos parecen dispuestos a abrir todos los accesos a la mujer, pero se han encontrado con un grave problema, que son las cónyuges de los marinos, que no desean ver a sus maridos conviviendo con mujeres en buques de guerra que permanecen largos períodos alejados de puerto. De entre todos los involucrados, partidarios y detractores, es interesante escuchar las opiniones de los que han debido trabajar con mujeres a bordo en las unidades aéreas o en el ejército. En relación a los problemas disciplinarios, especialmente a bordo, estos se han visto reducidos (lo cual es un efecto beneficioso de la presencia de la mujer en cualquier ambiente), aunque, en palabras de la prensa, su “sabor” ha cambiado bastante, por el hecho de convivir hombres y mujeres (casi todos jóvenes, con promedios de 20 a 30 años de edad) en espacios limitados, por períodos prolongados26. Aún cuando las estadísticas disponibles se refieren solamente a la estructura etárea de las FF.AA. norteamericanas, ellas reflejan en forma aproximada la realidad de cualquier cuerpo armado de países Occidentales ( TABLAS 6 y 7). Esta realidad nos indica que las dotaciones navales se cubren con gente muy joven, en la que los impulsos sexuales generalmente son muy fuertes, viéndose acrecentados en la medida que se prolongan los períodos de permanencia en el mar, que son de abstinencia carnal obligada. No es difícil intuir la situación en las unidades navales mixtas, en especial cuando en ellas confluyen hombres y mujeres que son liberales en materias sexuales. Más adelante, en otro capitulo, se ahondará más en el tema sexual. TABLA 6.EJÉRCITO ARMADA INF. DE MARINA FUERZA AÉREA TOTALES Oficiales Subalternos Oficiales Subalternos Oficiales Subalternos Oficiales Subalternos Oficiales Subalternos 25 menos 26 a 30 31 a 35 36 a 40 41 o más o 10.493 16.576 16.360 15.461 17.096 211.083 76.291 53.868 40.931 18.130 400.303 6.938 11.750 11.069 10.596 13.361 53.714 162.545 54.140 42.971 40.270 18.209 318.135 2.467 5.051 4.299 3.224 3.008 18.049 112.067 20.067 10.250 8.755 3.551 154.690 9.271 14.544 14.485 13.496 16.242 68.038 125.689 47.305 41.089 47.511 18.658 280.252 29.169 47.921 46.213 42.777 49.707 611.384 197.803 148.178 137.467 58.548

TOTALES 75.986

215.787 1.153.380

Edad del personal en servicio activo, FF.AA. de los EE.UU., septiembre de 2001.

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E. R. Hayman, Midshipman, FC (X), Women at Sea.

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TABLA 7.EDAD, EN AÑOS TOTALES EN % Oficiales 13,51 22,20 21,42 19,82 23,06 100 Subalternos 53,00 17,15 12,85 11,92 5,08 100 General 46,78 17,95 14,20 12,95 7,91 100

25 o menos 26 a 30 31 a 35 36 a 40 41 o más TOTALES

Fuente: Center 2001, Demographics report, Defense Manpower Data.

Hay informes que revelan que han mejorado las capacidades operativas de los buques mixtos, pues los hombres no quieren ser superados por sus pares femeninos y, se esfuerzan más que de costumbre. Pero también hay quejas por parte de los tripulantes. Las principales se refieren a que las mujeres no reaccionan adecuadamente ante situaciones de emergencia y, cuando se debe realizar trabajos pesados ellas rara vez participan, todo lo cual recarga el trabajo de los tripulantes varones. Es así como los principales detractores del sistema mixto, son los tripulantes de menor rango. Otro aspecto que ha entrado en la consideración de la Armada Real, es la exacerbación de las tensiones y emociones que se produce por efectos del virtual encierro a que se ve sometida la dotación de un buque en la mar. El efecto que se produce en los buques mixtos es significativamente más alto y dinámico que en los buques exclusivamente masculinos. A mayor sensación de encierro, mayor será el efecto en la tripulación, de donde se puede inferir lo que ocurriría en un submarino mixto. Esto trae a la mente una cuestión muy importante: ¿Qué razones existen para que no se haya evaluado, en la Royal Navy, la posibilidad de tripular un buque, sólo con mujeres? Actualmente, parece haberse iniciado un nuevo debate al interior de la marina Inglesa, acerca de la conveniencia de mantener buques mixtos o sencillamente desembarcar a todas las mujeres. La primera señal de advertencia apareció con la decisión de desembarcar a la mitad de las mujeres. La necesidad de embarcarlas surgió inicialmente como una forma de paliar la escasez de personal en determinadas áreas, escasez que habría sido superada, lo que haría innecesario mantener mujeres a bordo. El problema es bastante complejo. Sin dudas que se simplifica considerablemente el manejo del personal que se embarca, pues entre los hombres es baja la tendencia a desembarcarse por razones personales, mientras que esta tendencia es alta entre el personal femenino. Por otra parte, el dotar las reparticiones terrestres con el personal femenino desembarcado reduce considerablemente las oportunidades del personal embarcado para acceder a destinaciones en
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tierra, que son las únicas posibilidades que otorga el servicio naval para reponerse de los desgastadores períodos de embarco. Se ha detectado que cuando una mujer es destinada a bordo, generalmente se acoge a alguna de las franquicias que la normativa le concede en virtud de la maternidad para rechazar el trasbordo. Llama la atención la alta deserción femenina, lo que ha provocado que después de más de 20 años de su presencia en los escalafones regulares, no haya muchas esperanzas de que alguna mujer alcance el rango de Almirante en la próxima década. El debate acerca de la presencia femenina en los submarinos, que se ha presentado en todas las armadas que admiten mujeres embarcadas, se encuentra en pleno apogeo. Los temas en discusión son los mismos, más el factor médico27. Se argumenta que el ambiente de encierro del submarino con menor disponibilidad de oxígeno, afectaría a la mujer en una medida mucho mayor que al varón. También se ha manifestado la preocupación por el impacto que los bajos niveles de oxígeno tendrían en los bebés de las mujeres embarazadas. El tema no es irrelevante, afecta directamente a las tasas de permanencia de las mujeres en el servicio (retención). Otro punto de discusión surgió en la Inglaterra de los años 60. Las fuerzas armadas empezaron a experimentar una fuerte baja en la cantidad de reclutas, tanto para oficiales, como para personal subordinado. Se pensó que el principal problema era la falta de comodidades en cuarteles y buques. Se modificaron ambos, sin resultados satisfactorios. Después de un tiempo se pudo comprobar que los candidatos, antes de ingresar al servicio, no sabían cuáles eran las reales condiciones en que desempeñarían su trabajo. Más tarde se descubrió que el principal problema para reclutar y retener personal, son las bajas remuneraciones. Se pensó que la mujer no sufriría este problema, pues históricamente ha recibido más bajas rentas que el varón. Así, al contar con su presencia, se ayudaría a mejorar las tasas de reclutamiento. En el actual esquema las fuerzas armadas siguen sufriendo de la escasez de reclutas, ya que el interés femenino por la milicia sigue siendo bajo (12,4% de los reclutas y sólo el 8 % del personal de planta)28 (TABLAS 8 y 9). Además que la retención de personal femenino está por debajo del masculino, ya que ellas tienden a dejar el servicio para formar familia cuando aún son jóvenes y no han retribuido con su trabajo militar, el elevado costo de su formación, instrucción y entrenamiento29. Por otra parte, aun cuando las tasas de reclutamiento se han mantenido bajas, el tamaño de las fuerzas navales se ha reducido a tal punto que la justificación inicial para embarcar mujeres, esto es, la escasez de personal, ha perdido toda su vigencia. Esta realidad, podría variar, ya que las presiones norteamericanas por una Royal Navy más poderosa, asumiendo

Sir Timothy Garden, Woman in the Military, www.tgarden.demon.co.uk/writings/articles/2001/010201.html Ibid. 29 Aún cuando existe la percepción de que la mujer, en general, abandona el trabajo al casarse o al tener su primer hijo, la realidad indica otra cosa. Las altas tasas de divorcio y la presión por lograr mejores niveles de ingresos, han cambiado las condiciones, al punto que el retiro de las mujeres del mundo laboral ya no responde a tales causas; sin embargo, ello sigue siendo una norma entre las mujeres militares.
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mayores responsabilidades en el ámbito de la OTAN, hacen pensar en un incremento en la cantidad de unidades a flote. También se ha suscitado la cuestión de si las mujeres deben acceder a funciones o puestos que las conviertan en verdaderos combatientes, debido a que en la actualidad, la ley impide a la mujer acceder a esta opción.30 El tema se suma al citado debate acerca de la conveniencia de mantener a las mujeres embarcadas, pues como se verá más adelante, toda mujer a bordo, en una situación bélica, es necesariamente combatiente31.

30 The Council on Biblical Manhood and Womanhood, Britain’s Battle over Women in the Military, 13 de marzo de 2.001, www.cbmw.org/news/britishcombat.php 31 E.R.Hyman, Midshipman, FC(X), Women at Sea

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TABLA 8.-

Ingreso de personal proveniente de la vida civil, a las FF.AA del Reino Unido.

1992/93 Todos los servicios Varones Mujeres Total Armada Varones Mujeres Total Ejército Varones Mujeres Total Fuerza Aérea Varones Mujeres Total 890 270 1.160 10.290 1.100 11.390 1.890 380 2.270 13.070 1.750 14.820

1993/94

1994/95

1995/96

1996/97

1997/98

1998/99

1999/00

2000/01

200102

2002/03

10.620 1.330 11.950

11.150 1.850 13.010

15.500 2.180 17.670

19.230 2.940 22.160

20.190 3.340 23.520

22.560 3.440 26.000

22.390 3.160 25.550

20.410 2.610 23.020

20.950 2.700 23.650

23.040 3.240 26.280

1.280 260 1.540

960 340 1.300

2.010 350 2.360

3.400 560 3.960

3.970 630 4.600

4.110 660 4.770

4.250 700 4.950

3.990 630 4.620

4.270 740 5.010

4.420 800 5.220

8.760 810 9.580

9.490 1.190 10.680

11.510 1.380 12.890

13.580 1.940 15.520

13.390 2.010 15.400

15.010 1.980 16.990

14.750 1.750 16.500

13.450 1.320 14.770

13.620 1.240 14.850

15.060 1.550 16.610

580 260 840

700 320 1.020

1.980 450 2.420

2.250 430 2.680

2.830 700 3.530

3.450 800 4.250

3.380 710 4.100

2.980 660 3.630

3.070 720 3.780

3.550 890 4.450

Fuente: Defence Analytical Services Agency, www.dasa.mod.uk/

28

TABLA 9.-

Total de personal de Defensa, en el Reino Unido, por sexo.

Todos servicios 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de 2004

los Total de de de de de 2000 2001 2002 2003 2004 207.620 205.650 204.690 206.920 207.020

Oficiale s Total Varones 32.520 32.630 32.750 33.160 33.450 33.330 29.620 29.600 29.570 29.800 29.920 29.800

Otros rangos Mujeres 2.890 3.030 3.180 3.350 3.520 3.530 Total 175.100 173.020 171.940 173.770 173.580 171.060 Varones 161.440 159.370 158.080 159.200 158.710 156.310 Mujeres 13.660 13.650 13.860 14.560 14.870 14.760

agosto

de 204.400

Armada 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de 2004

de de de de de

2000 2001 2002 2003 2004

42.850 42.420 41.630 41.550 40.880

7.660 7.760 7.780 7.800 7.770 7.720

7.140 7.200 7.190 7.180 7.130 7.080

520 560 590 610 640 640

35.190 34.660 33.850 33.760 33.120 32.760

32.300 31.750 30.920 30.670 30.020 29.660

2.890 2.910 2.930 3.080 3.090 3.100

agosto

de 40.490

Ejército 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de abril 1 de 2004

de de de de de

2000 2001 2002 2003 2004

110.050 109.530 110.050 112.130 112.750

13.870 13.920 14.060 14.400 14.720 14.780

12.590 12.600 12.670 12.940 13.190 13.250

1.280 1.320 1.380 1.470 1.520 1.520

96.180 95.610 96.000 97.720 98.030 96.190

89.670 89.170 89.480 90.900 91.140 89.440

6.520 6.440 6.520 6.820 6.890 6.760

agosto

de 110.970

Fuerza Aérea 1 de abril de 1 de abril de 1 de abril de 1 de abril de 1 de abril de 1 de 2004

2000 2001 2002 2003 2004

54.720 53.700 53.000 53.240 53.390

10.990 10.960 10.920 10.950 10.960 10.830

9.890 9.800 9.710 9.680 9.600 9.470

1.100 1.160 1.210 1.270 1.360 1.360

43.730 42.740 42.090 42.290 42.430 42.110

39.480 38.440 37.680 37.630 37.540 37.210

4.250 4.300 4.410 4.660 4.880 4.900

agosto

de 52.940

Fuente: Defence Analytical Services Agency, www.dasa.mod.uk/

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Estudios médicos llevados a cabo entre las mujeres del Ejército32, con una muestra de 143 hombres y 121 mujeres, revelaron que las mujeres que no cuentan con un entrenamiento diferenciado por sexo habían sufrido fracturas y fisuras en los huesos de las extremidades inferiores, en una proporción tres veces mayor que en los varones (10,9% de las mujeres, contra el 3% de los hombres); también se observó que 17 reclutas mujeres presentaban fracturas pélvicas, frente a sólo 3 varones aquejados de la misma dolencia (14% y 2,1%, respectivamente). La conclusión del estudio es, que la mujer es más vulnerable a las fracturas durante el entrenamiento físico militar. Estos antecedentes han servido de argumento para quienes no desean ver a la mujer británica, en unidades de combate.

32

Alejandra Rodríguez, Diario El Mundo, 10 de enero de 1.999, Suplemento Salud, www.el-mundo.es/salud/1999/325/02157.html

30

3.- ESTADOS UNIDOS DE AMERICA. Alrededor de 33.000 mujeres sirvieron en las fuerzas armadas norteamericanas durante la Primera Guerra Mundial. Casi 500.000 lo hicieron en la Segunda; 120.000 vestían el uniforme militar en tiempos de la guerra de Corea, al tanto que el teatro de la guerra en Vietnam contó con la presencia de unas 7.000. En Tormenta del Desierto, el 7% de las fuerzas norteamericanas, eran miembros femeninos, alcanzando una cifra de 40.00033. Hacer un relato de la contribución de la mujer en la vida militar norteamericana, es interesante, pues su participación ha debido sortear todas las dificultades que es dable imaginar, en una medida como no se ha visto en ningún otro caso. Probablemente estos problemas que se detallarán someramente, hubiesen sido menores de no mediar el hecho de que en estas materias, los EE.UU. han llevado la delantera, gracias a que la mujer estadounidense más que en otras regiones, ha librado las batallas más encarnizadas por alcanzar el reconocimiento de los varones. Gran parte del discurso feminista contemporáneo se ha generado en los EE.UU., por lo que muchos de los argumentos esgrimidos por esta corriente, pudiendo ser aplicables a esa sociedad, no siempre pueden ser trasladados a otras realidades sociales. Muchos de los logros en materia de derechos de la mujer, han sido obtenidos gracias a la participación de la mujer en las FF.AA. Es así como hasta el presente, los grupos feministas de presión insisten en la igualdad de la mujer frente al hombre en la vida castrense. También los EE.UU. son el país que más ha documentado, investigado y publicado acerca de todos los temas que guardan relación con sus FF.AA. La abundancia de libros, artículos, informes, investigaciones, debates, etc., sobre la presencia de las mujeres en la vida castrense, es tan importante, que no resulta difícil estudiar el tema desde la perspectiva norteamericana. La amplitud de fuentes de información, así como la costumbre tan arraigada en ese país de discutir cualquier tema públicamente, sin importar el efecto que ello tenga en su propios intereses, asegura una visión más amplia, acerca de las posiciones que al respecto han ido tomando los diferentes estamentos sociales, a la vez que permite entrever los problemas que se han suscitado. Otro aspecto digno de destacar, es el hecho de que EE.UU. es uno de los pocos países que ha documentado la experiencia de fuerzas militares mixtas en combate, aunque la participación de la mujer en estas unidades estuvo prohibida por ley hasta 1994, año en que por la vía reglamentaria se eliminaron las restricciones34. En sus comienzos, la participación femenina en las actividades militares en los EE.UU. siguió el mismo patrón del resto de los países. Las mujeres tomaron parte en los combates de la guerra civil por la independencia o revolución, generalmente sólo cuando las
Captain Barbara A. Wilson, USAF (Ret.), www.userpages. aug.com/captbarb. Un estudio detallado acerca de la evolución de la participación femenina en unidades combate de las FF.AA. norteamericanas, se encuentra een el Report, april 2003, Why American Servicewomen are Serving at Greater Risk, WOMEN IN LAND COMBAT, When did the rules change?, www.cmrlink.org/CMR Notes/M38V8ccmrrpt16.pdf. Los antecedentes obtenidos de este informe, han sido empleados para tratar este punto.
34 33

31

circunstancias las pusieron en el trance de luchar o morir. Hubo, algunas que deliberadamente se incorporaron a la lucha, siempre de modo irregular. Una de ellas fue Deborah Samson, quien en octubre de 1778 ingresó al ejército disfrazada de hombre para servir como voluntaria, bajo el seudónimo de Robert Shirtliffe35. Rachel y Grace Martin, disfrazadas de hombres, se distinguieron asaltando un correo británico que viajaba escoltado por soldados armados. Capturaron de esta forma, importante documentación que pusieron en manos del General Greene. Probablemente la más famosa de las mujeres que combatieron o tomaron parte en la Revolución, fue Margaret Cochran Corbin (1751-¿1800?)36. (Ver Anexo B). También hay numerosos informes de mujeres actuando como espías, papel para el cual estaban especialmente capacitadas, ya que no eran personas de las que un soldado desconfiara en absoluto. En la guerra contra Inglaterra, en 1812, conflicto que casi no conoció otros enfrentamientos que los navales, se tiene noticias de 2 mujeres sirviendo como enfermeras a bordo del United States 37. Según el investigador Franck Moore, unas sesenta mujeres resultaron heridas o muertas durante la Guerra Civil o de Secesión. 38 Una joven, conocida sólo como Emily huyó de su casa en 1863 para incorporarse como tambor en un regimiento de Michigan. Herida mortalmente por un balín en Chattanooga y descubierta su identidad sexual, se negó a revelar su nombre, aunque sí accedió a enviar un telegrama a su madre pidiendo perdón por su fuga del hogar. Tras la batalla de Gettysburg, en julio de 1863, se encontró los cadáveres de dos mujeres confederadas vistiendo uniformes. Una mujer, portaestandarte de la Unión, fue muerta en una colina cerca de Picketts Charge. Otra mujer, Frances Day, murió mientras combatía bajo el alias de Franck Mayne, con el grado de sargento. Durante la Guerra Hispanoamericana, a fines del siglo XIX, el Ejército de los EE.UU. tuvo por primera vez mujeres incorporadas en sus filas como enfermeras. De ellas, 22 murieron en el frente aunque ninguna como consecuencia de heridas en combate, ya que todas ellas cayeron víctimas de enfermedades tropicales. La primera enfermera del Ejército muerta en suelo extranjero, fue Ellen Mary Tower y fue también la primera mujer sepultada con honores militares. En 1901, se creó el Cuerpo de Enfermeras del Ejército y en 1908, lo propio hizo la Armada, de modo que al iniciarse la Primera Guerra Mundial, las mujeres ya tenían oficialmente un

35 Ibid. La Capitana Wilson cita diversos autores y textos, entre ellos, Elizabeth F. Ellet, The Women of the American Revolutiont, NY, Baker and Scribner, 1848, Phebe A. Hanaford, Daughters of America, Boston, B.B. Russell, 1882; Niles, Principles and Acts of the Revolution, Mrs. Hales Biography of Distinguished Women. Daughters of America,1849 y Women of the Revolution 1882. 36 37 38

Ibid. Parte del texto está extractado de la página womenshistory.about.com/od/waramrevolution/

Women in the Military,,www.womensissues.about.com/library/weekly/aa092801a.htm Women's Military History, www.womenshistory.about.com/gi/dynamic/offsite.htm. Todos los datos referentes a las bajas sufridas por mujeres norteamericanas en los diferentes conflictos, han sido tomados de este artículo.

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sitio propio en las FF.AA. norteamericanas. En este conflicto, las mujeres se desempeñaron como enfermeras y como telefonistas39. El Ejército libró una larga e inútil batalla con el War Department para permitir el ingreso de las mujeres en el rol de secretarias y escribientes, con el fin de aumentar la disponibilidad de los varones para el combate. El asunto era importante, ya que el volumen de documentos que debía ser dactilografiado durante la guerra era enorme. Nunca se admitió a las mujeres en otro rol que el de enfermeras en el Ejército, en la condición de militares. La Armada, por su parte, no tuvo este problema (sencillamente ignoró los reparos del War Department) y admitió a las mujeres para las mismas funciones, con rango militar40, tanto en las reparticiones navales como en la Infantería de Marina y el Servicio de Guardacostas hasta el fin de la guerra, cuando fueron licenciadas41. Pese a la disputa ya mencionada, el Ejército norteamericano contrató unas 300 mujeres, para servir como operadoras bilingües de mesas telefónicas (las “Hello Girls”), ellas cubrían el enlace entre las tropas en las trincheras y los cuarteles generales de la retaguardia. Recibieron el grado equivalente al de teniente y el “privilegio” de comprar sus uniformes (que era entregado sin costo al personal masculino). Estaban sometidas a la reglamentación del Ejército, con 10 agregados específicos para ellas destinados a preservar la virtud femenina. Para el Departamento de Guerra eran civiles. De las 1.881 Medallas por Servicios Distinguidos entregadas durante la Primera Guerra, 24 fueron para miembros del Cuerpo de Enfermeras del Ejército y una para las “Hello Girls”42. Se estima, por muchos investigadores, que la mujer norteamericana alcanzó el derecho a voto esgrimiendo como argumento, el que ellas habían ido a la guerra: Si combates, votas. Recordemos que unas 500.000 mujeres prestaron servicio en las FF.AA. de los EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial. Esto revela que la mujer norteamericana no vaciló en ofrecer sus servicios a la causa de la guerra. A pesar de que la presencia femenina en las FF.AA. no era bien vista por la sociedad, ni por los hombres en el servicio. Un rol de primera importancia en el otorgamiento de la condición de militar de la mujer en el Ejército, le cupo a la Primera Dama, Eleonor Roosevelt43. A instancias de la señora Roosevelt y de la congresista Edith Nourse Rogers, el 28 de mayo de 1941, se presentó un proyecto de ley para la creación del Women's Army Auxiliary Corps (WAAC), para el Ejército. Sin embargo, pese a tan insigne promotora, el proyecto fue mutilado, retardado y cuestionado por largos meses, lográndose su aprobación en noviembre de 1941. Por tratarse

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Women in the Military,,www.womensissues.about.com/library/weekly/aa092801a.htm. Los antecedentes acerca de la evolución de las normas que regulan la participación femenina en las FF.AA. norteamericanas, han sido extraídos de este artículo, salvo que expresamente se indique otra fuente. 40 Ver “Rango militar” en Aclaraciones. 41 WWI: Thirty Thousand Women Were There, userpages.aug.com/captbarb/femvets4.html; otros antecedentes, relativos a la Armada, se obtuvieron de Department Of The Navy -- Naval Historical Center, World War I era Yeomen (F)-- Overview and Special Image Selection, www.history.navy.mil. 42 Los antecedentes acerca de las condecoraciones , proceden del sitio www.army:mil/cmh-pg 43 Captain Barbara A. Wilson, USAF (Ret.), www.userpages. aug.com/captbarb.

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de un cuerpo auxiliar, la ley negaba a sus miembros la condición de militares. El propio general Marshall intervino para avanzar en este sentido, sin éxito44. Debió ocurrir el ataque a Pearl Harbour para que las cosas cambiaran. Durante el combate, las mujeres dieron muestras de un valor y una capacidad extraordinarios, al atender, solo con los medios disponibles, a los 2.300 heridos que dejó el bombardeo. La Teniente 1º Annie G. Fox se convirtió en la primera de muchas mujeres enfermeras del Ejército en recibir un Corazón Púrpura y la Estrella de Bronce, como enfermera jefe en Hickam Field, blanco predilecto de los japoneses, después de los acorazados. Cuatro días después, las condiciones para el pleno reconocimiento del status militar de las mujeres en el Ejército habían cambiado radicalmente, aunque la ley que creó el WAAC sólo se promulgó en mayo de 1942. En todo caso, como se verá más adelante, no todas las mujeres que ingresaron al Ejército recibieron la condición de militar. Apenas iniciada la participación de los EE.UU. en la guerra, en 1942 la Armada creó las WAVES (Women Accepted for Volunteer Emergency Services), como parte de la reserva, pero sometidas en plenitud a las reglamentaciones navales. Aparte de las tareas de tipo administrativo, estas mujeres sirvieron generalmente como enfermeras, tanto en tierra, como en los buques hospital. El mismo año, las mujeres ingresaron al Marine Corps, recibiendo la misma denominación de Marines con que se conoce a los miembros varones del Cuerpo; también ese año, se creó el Coast Guard Women's Reserves. De este modo, la Marina continuó siendo, en los EE.UU. el servicio pionero en la incorporación femenina a las FF.AA. Finalmente, también en 1942, se crea el Women’s Auxiliary Ferrying Squadron (WAFS), integrado por 25 mujeres cuya función era pilotear los aviones recién salidos de las fábricas, hasta las bases desde las cuales el material sería desplegado a las unidades operativas, trabajo nada despreciable, considerando la gigantesca producción aeronáutica de la guerra. En la cabeza de playa de Anzio, donde las fuerzas norteamericanas permanecieron largo tiempo sin poder avanzar en la ocupación del territorio central italiano, seis enfermeras del Ejército murieron como consecuencia del bombardeo alemán, que alcanzó el hospital de campaña en que servían, al tanto que cuatro mujeres, en el mismo sitio y lugar, se hicieron acreedoras a la medalla Estrella de Plata, por su extraordinario coraje bajo el fuego enemigo. En el teatro del Pacífico, un kamikaze impactó en el buque hospital USS Comfort, dando muerte a 6 enfermeras, 5 oficiales de sanidad, ocho tripulantes de gente de mar y 7 pacientes e hiriendo a 4 enfermeras. La enfermera Aleda E. Lutz se convirtió en 1944, en la primera mujer militar de dotación del Ejército en morir en zona de combate, al caer el avión de evacuación médica en el que realizaba su misión de evacuación Nº 196. En plena guerra, se fundó el Women Airforce Service Pilots, WASP. Este es un cuerpo de mujeres que en el Ejército cumplió el mismo rol que el WAFS en la Armada, aunque tampoco recibieron su merecido reconocimiento, hasta 1977. Treinta y seis miembros de este
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Ya se esbozó muy someramente el tema de la condición de militar. En el caso norteamericano, esta condición, como se ha visto, no alcanza a todo el personal que labora en las FF.AA. y tiene un efecto directo en los beneficios que se otorga a los veteranos de guerra, que sólo se concede a los que ostentan la condición de militares.

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cuerpo cayeron en el cumplimiento de su deber, aunque no tuvieron ni siquiera el privilegio de un funeral con honores militares. Aparte al ya señalado caso del USS Comfort, las únicas mujeres que se menciona combatiendo, hechas prisioneras o caídas en acto de servicio a bordo de unidades a flote, se encontraban prestando servicios en buques mercantes, como enfermeras o camareras. El hecho de que en la guerra naval no hayan líneas del frente y de que toda unidad a flote sin importar su rol o condición jurídica, se transforma en un blanco para el enemigo, permite aseverar que las mujeres que servían a bordo de naves mercantes durante la guerra, eran realmente combatientes, aunque sólo lo fueran por encontrarse expuestas a la acción hostil del enemigo. En resumen, se sabe que unas 400 mujeres entregaron sus vidas al servicio de los EE.UU. durante la conflagración y aunque la información sólo muy lentamente ha sido dada a conocer, existen diversos testimonios de mujeres que fueron hechas prisioneras por los japoneses, especialmente a la caída de la fortaleza de Corregidor, en Filipinas. Al regresar McArthur a las Filipinas, entre los prisioneros que habían sido liberados y que le esperaban, se encontraban también las ex-prisioneras. Se asegura que las fotos tomadas en la ocasión fueron mutiladas o trucadas, para que las damas no aparecieran. En ningún caso se ha conocido de registros que indiquen que las mujeres hayan combatido tomando las armas, sin embargo, es de presumir que en un conflicto tan extenso en tiempo y en espacio, en el que se vivieron las más variadas circunstancias y con una participación tan masiva de la mujer, esta situación debe haberse presentado en innumerables oportunidades. Del total de distinciones entregadas durante la guerra, 1.619 correspondieron a enfermeras (medallas, citaciones o recomendaciones). Solo 16 mujeres recibieron el Corazón Púrpura y 565, la Estrella de bronce. 700 WACs fueron condecoradas o recibieron menciones honoríficas al término de la guerra45. Muchas mujeres estuvieron al servicio de los cuerpos armados, sin reconocimiento alguno, al menos hasta mucho después de finalizadas las hostilidades. Se les negó en muchos casos la condición de militares en servicio, lo que les impidió posteriormente, acceder a los beneficios otorgados a los veteranos de guerra. Tales situaciones sólo vinieron a ser corregidas en los años 70 y 8046. Los que sí manifestaron desde un principio su admiración por el trabajo femenino, fueron los más de 100.000 heridos que recibieron las atenciones de las enfermeras y gracias a las cuales muchos lograron sobrevivir. En 1948, se promulgó la Ley Pública 625, The Women's Armed Services Act, texto que abría las puertas de los cuarteles a las mujeres para todos los efectos, pero no para todos los fines. La importancia del documento radicaba en que impedía que los cuerpos castrenses
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Los antecedentes acerca de las condecoraciones , proceden del sitio www.army:mil/cmh-pg

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La cuestión del reconocimiento de la condición de militares, para las mujeres del Ejército es de enorme importancia, no sólo por los aspectos protocolares, como el derecho a un funeral con honores, sino por las franquicias que la ley otorga a los veteranos de guerra. Aun si sólo se tratara de cuestiones puramente formales, como los ya mencionados honores, es interesante destacar el hecho de que los militares sienten que su trabajo requiere de un reconocimiento en los mismos términos en los que ellos ejercen su oficio: la recompensa honorífica de la medalla, del entierro solemne, el monumento, etc., son parte del salario militar. Se lucha por los galardones de la gloria.

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licenciaran a las mujeres al término de los conflictos. Así, los organismos creados durante la guerra, adquirieron un carácter de permanente. La mujer se integraba al servicio, pero sin existir para ella escalafones u organismos exclusivos, con la excepción del WAC. Dos años después, cuando el número de mujeres en servicio alcanzaban el mínimo, propio de la post guerra, se desató el conflicto de Corea. Esta guerra no mostró mayores cambios en el terreno de la participación femenina, como tampoco los mostró en cuanto a los medios empleados en combate, con la sola excepción de la aparición de la Fuerza Aérea, creada a partir del Cuerpo Aéreo del Ejército en 1948. Con la Fuerza Aérea, la mujer tuvo un nuevo campo de desempeño militar, en los mismos roles que antes tuvo en el Ejército. En especial, la mujer adquirió un lugar importante en las unidades de evacuación aeromédica. De las 120.000 mujeres que sirvieron durante la guerra de Corea, 18 rindieron su vida. De ellas, 14 servían en la Armada, 1 en el Ejército y 3 en la Fuerza Aérea. También, las mujeres prestaron servicios en Japón y otros países del sudeste asiático, desde donde se apoyaba a las fuerzas combatientes. Vietnam marca un pronunciado descenso numérico en la presencia de mujeres en el teatro de la guerra. Sólo 7.000 miembros femeninos de las FF.AA. tomaron parte en el conflicto, siempre en los roles tradicionales. El precio en vidas humanas pagado por las mujeres en Vietnam también fue relativamente bajo: 9 pérdidas para el Ejército, una la Marina y una en la Fuerza Aérea. Además, se sabe de 4 mujeres tomadas como prisioneras de guerra, todas ellas desaparecidas en acción. De ellas, 3 han sido declaradas posteriormente muertas y una se mantiene como desaparecida en acción. Finalmente, el 5 de abril de 1975, tras el cese de las hostilidades y 2 años después de la retirada de las fuerzas norteamericanas un avión C-5 que evacuaba niños vietnamitas se estrelló, causando la muerte de 67 mujeres, 8 militares y 59 civiles al servicio de diversos organismos gubernamentales de los EE.UU. La llegada de la década del los 70 marcó el gran cambio para las FF.AA. norteamericanas en general y en particular para las mujeres militares. En 1970, las mujeres fueron admitidas en la Infantería de Marina y en 1975, por primera vez, recibieron destinaciones en unidades de la Fleet Marine Force, unidades que constituyen las fuerzas de despliegue inmediato. Sin embargo y pese a los avances anteriormente señalados, se les impide pertenecer a las unidades de armas de combate47 y artillería de campaña, de seguridad de equipos y armamento nuclear y de defensa antiterrorista de la flota. En 1973, después de la traumática experiencia de la guerra de Vietnam, se puso término al servicio militar obligatorio. Las FF.AA. pasaron a estar integradas sólo por voluntarios, sin
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Ver “Armas de combate y armas de apoyo de combate” en Aclaraciones.

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distinción de sexo. Ese año las mujeres representaban el 1,6% de las fuerzas; en 1980 alcanzaban el 8,5% y en 1989 el porcentaje subió a un 10,8%. Desde entonces, las cifras han experimentado cambios ubicando a la mujer actualmente, en alrededor de un 15%. Se mantiene también la limitante de que en ninguna unidad el número de mujeres puede exceder al de los varones. Las diversas intervenciones militares norteamericanas, con posterioridad al conflicto de Vietnam, tuvieron a las mujeres actuando en los nuevos roles que excluían de la participación en combate. No fue hasta la operación Tormenta del Desierto, en que las FF.AA. de los EE.UU. tuvieron que lamentar nuevamente la pérdida de mujeres militares. Más de 40.000 mujeres militares estuvieron en el teatro de la guerra, actuando en roles de apoyo de combate y logístico. 14 mujeres del Ejército fallecieron, 13 de ellas, por acción del fuego enemigo. La Marina sufrió una pérdida y la Guardia Nacional Aérea, otra, aunque ésta se produjo en un accidente en actividades relacionadas con Tormenta del Desierto, en territorio norteamericano. Dos mujeres fueron capturadas por fuerzas enemigas. Recordemos que la legislatura norteamericana intentó en 1988, impedir que las mujeres militares entraran en combate, pero sólo logró sus propósitos parcialmente al establecer que ninguna mujer podía ser obligada a tripular un avión o buque de combate (en otras palabras, sólo podrían hacerlo voluntariamente). En el caso del Ejército, entregó en manos del Departamento de Defensa, el determinar las limitaciones para el caso de las mujeres de las fuerzas de tierra, dejando en claro que la idea del Congreso era que las mujeres no participaran en combates terrestres48. El Departamento de Defensa promulgó ese mismo año, la Risk Rule (Regla del Riesgo), que establecía: “El criterio correcto para impedir el acceso de las mujeres a posiciones o unidades no combatientes, son el riesgo de combate directo, exposición al fuego hostil o la captura, cuando el tipo, la duración o el grado de dicho riesgo es igual o mayor que el que corren las

48 El tratamiento del tema de la Risk Rule y su evolución, ha sido extractado de Why American Servicewomen are Serving at Greater Risk. WOMEN IN LAND COMBAT. When Did the Rules Change?, informe elaborado por Center for Military Readiness, P.O. Box 51600, Livonia, MI 48151, organismo público, dedicado al estudio de temas relativos al personal militar. El informe se confeccionó empleando las siguientes referencias:

Jeanne Holm, Women in the Military: An Unfinished Revolution, Novato, CA: Presidio Press, 1982, pp. 118-119. General Accounting Office, New Opportunities for Women, 1998, Table 6.5, p. 91. Washington Times, Women in No Rush to Enter Combat, Sept. 29, 1998. www.cmrlink.org, bajo el título Issues/Women in Combat Datos entregados a varios servicios por DACOWITS en su reunión de la primavera del 2000, en, Washington D.C. Memorándum del Secretario Les Aspin, Direct ground Combat Definition and Assignment Rule, 13 de enero de 1994.

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unidades de combate a las que ellas estén asignadas en un determinado teatro de operaciones.” La nueva regla, aun cuando era imprecisa, reflejaba la opinión prevalente de que las mujeres no debían ser expuestas a los rigores del combate y, por otro lado, la opinión de las propias mujeres militares, que, según un estudio de la RAND recogido por la General Accounting Office, sólo en un 10% concordaban con la proposición de que “Las mujeres deben ser tratadas exactamente igual que los hombres y que deben servir en las armas de combate, como los varones”. Tras la Guerra del Golfo, una comisión estudió estas materias con la asesoría de expertos en el tema, consultas a los mandos y a personal militar de todos los estamentos, realizando numerosas visitas a terreno, efectuando estudios de fisiología, de normas legales, de sociología y otros. Las recomendaciones que formularon los miembros de la comisión eran simples: restablecer las restricciones para el combate aéreo y continuar con la Risk Rule. Las recomendaciones se aprobaron el mismo día que el presidente Bush perdió la reelección. A los pocos meses, la administración Clinton inició un programa destinado a terminar con todas las restricciones a la participación femenina en el combate aéreo, naval o terrestre en las FF.AA. Se dictó una nueva Regla, aprovechando la circunstancia de que el Departamento de Defensa contaba con la facultad para ello. Así, la nueva Risk Rule señala: “A.- Regla: El personal en servicio podrá ser asignado a cualquiera de las posiciones para las que se encuentra calificado, excepto las mujeres, que no serán asignadas a unidades de nivel inferior al de brigada, cuya misión principal es entrar en combate terrestre directo, como se define más abajo: B.- Definición: Combate terrestre directo es la interacción con el enemigo en el terreno, con armamento menor o mayor49, mientras se encuentra expuesto al fuego hostil y a una elevada probabilidad de contacto físico con el personal de las fuerzas adversarias. El combate terrestre directo tiene lugar, en la parte frontal del campo de batalla, mientras se determina la posición del enemigo y se acorta la distancia, para batirlo mediante el fuego, la maniobra o por efecto de choque.” Se establecieron algunas restricciones a la asignación de las mujeres a las fuerzas de combate: a) Cuando, a juicio del Service Secretary (Cargo que es una mezcla entre nuestro Ministro de defensa y el Subsecretario de Guerra, Marina o Aviación), la implementación para un alojamiento y privacidad adecuados, se haga prohibitiva en términos de costos. b) Cuando las unidades o posiciones deban ser mantenidas, por doctrina, en contacto permanente con unidades que participan en combate directo. c) Cuando las unidades deban desarrollar operaciones de reconocimiento de larga distancia o en misiones de Fuerzas Especiales; y
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En el texto original se emplea la expresión “individual or crew served weapons”

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d) Cuando los requerimientos de esfuerzo físico relacionados con el trabajo, excluyan necesariamente a la mayoría de las mujeres en servicio. Las normas eran bastante razonables, pero las activistas feministas querían más. Ignorando el juicio de los especialistas en cuestiones militares, presionaban por imponer su criterio de abrir los accesos a otras áreas. Pese a las limitaciones que el Congreso aprobó, a que el Departamento de Defensa introdujera nuevas modificaciones a lo ya acordado, en la práctica, y siguiendo una política de hechos consumados, las restricciones fueron sencillamente ignoradas y las instituciones comenzaron a asignar mujeres a unidades de combate (helicópteros de las fuerzas de caballería aerotransportada, ingenieros de combate, puestos de mando de unidades de artillería de campaña, de blindados e infantería), aun si tales estaciones pudieran verse eventualmente envueltas en situaciones de combate directo. La implementación de tales medidas es de consecuencias insospechadas y pueden tener un alto costo en las actuales operaciones, en escenarios tan complejos como Afganistán e Irak. Definitivamente en este tema se consideró solamente la opinión de los grupos de presión, sin tomar en cuenta lo que en estas materias piensan las propias mujeres militares. Lo interesante del tema radica en que durante las primeras operaciones en la invasión a Irak, tres mujeres cayeron en manos de los iraquíes, de ellas dos fueron posteriormente liberadas y repatriadas. La tercera mujer, la Private First Class Lori Piestawa, no tuvo tanta suerte, su cadáver fue encontrado en una tumba con claras evidencias de haber sido sometida a torturas y vejámenes que le ocasionaron la muerte. A Mayo del 2005, el número de mujeres militares muertas en Irak se elevaba a 35, además de 270 heridas.50 Estos penosos sucesos han reavivado la polémica en los EE.UU., en especial considerando que las decisiones que llevaron finalmente a que estas mujeres cayeran prisioneras, se tomaron ignorando las disposiciones que el propio Congreso había adoptado en uso de sus potestades legales y del juicio de los especialistas. No se puede desconocer que en estos casos hay una poderosa advertencia respecto de lo peligroso que resultan las propuestas de los grupos de presión (en este caso especifico, las feministas), que logran resultados favorables a sus posiciones, pese al juicio de la gente entendida en la materia51. Hacia 1990, más de 229.000 mujeres lucían el uniforme militar. El 15% de ellas tenían rango de oficial. El porcentaje es menor en la Infantería de Marina (alrededor del 10%). Las cantidades de mujeres eran entonces, las siguientes: Servicio de Guardacostas: 2.60052 Fuerza Aérea: 77.000
Agencia EFE, Mayo 22 del 2005. Las mujeres militares son las primeras en quejarse de que muchas decisiones que se adoptan en relación con su desempeño, son tomadas considerando las opiniones de quienes nunca han vestido el uniforme ni tomado parte en la vida militar. 52 El Servicio de Guardacostas dependió del Ministerio de Transporte desde 1967, pero su personal siempre ha sido considerado militar, por las funciones que desempeña. El 23 de febrero del 2003, el Servicio pasó a depender del recién creado Department of Homeland Safety, manteniendo su condición de organismo militar, así como los estrechos y tradicionales vínculos con la Armada.
51 50

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Armada: 57.000 Ejército: 86.000 Infantería de Marina: 10.000 El Servicio de Guardacostas permite el acceso de la mujer al 100% de los puestos; la Fuerza Aérea, al 97%; la Marina al 59%; el Ejército al 52% y la Infantería de Marina al 20%. Las diferentes circunstancias determinadas por el entorno cultural, marcan algunas divergencias entre los EE.UU. y nuestros países de raigambre hispana: así, mientras en estos las tasas de deserción escolar en las escuelas matrices de oficiales son notablemente distintas para varones que para mujeres, en West Point, ellas son de 79% y 75% respectivamente. Para el año 2000, el Ejército contaba con 10.505 oficiales y 59.650 soldados mujeres; mientras que la Armada, al año siguiente tenía 8.279 oficiales femeninos y 55.052 mujeres de gente de mar, representando dichas cifras alrededor del 14,5% del total de efectivos. Ver tabla 10, a continuación. TABLA 10.Dotación femenina de las FF.AA. de los Estados Unidos, año 2001 Al 31 de marzo del 2001, las mujeres en las FF.AA. (incluyendo al Servicio de Guardacostas), conformaban casi el 15% de total de las fuerzas efectivas. La Fuerza Aérea posee el más alto porcentaje de mujeres, la Infantería de Marina, el más bajo. El Ejército cuenta con el mayor porcentaje de mujeres afro-americanas; la Infantería de Marina, el más alto de mujeres de origen hispanoamericano. La Armada es el único servicio en el que las mujeres del rango de oficial representan un porcentaje mayor que en el rango de personal subalterno. Los datos reflejan adecuadamente la realidad de las fuerzas al año anterior.

Número Servicio y rango mujeres Total de fuerzas de la Secretaría de 199850 Defensa (1) Personal subalterno 168805 Oficiales Ejército Personal subalterno Oficiales Armada Personal subalterno Oficiales Infantería de Marina Personal subalterno Oficiales Fuerza Aérea Personal subalterno Oficiales Guardacostas Personal subalterno Oficiales 31045 72542 61871 10671 50771 43010 7761 10338 9387 951 66199 54537 11662 3538 2768 770

de Porcentaje del total del personal 14,7% 14,7% 14,5% 15,3% 15,5% 14,2% 13,9% 13,8% 14,7% 6,0% 6,1% 5,3% 19,0% 19,4% 17,2% 10,2% 10,0% 11,2%

(1): No considera las fuerzas del Servicio de Guardacostas.
Fuente: www.infoplease.com

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Después de más de 25 años de promover y facilitar la presencia femenina en el castrum norteamericano, los resultados no han sido mucho mejores que lo experimentado en otros países. Este caso parece señalar que la mujer no se interesa especialmente por la vida y la carrera militar. Las bajas cifras de mujeres revelan con mayor precisión este innegable desinterés, pues del total de las mujeres que sirven en las FF.AA., se debe descontar a las que no desempeñan funciones propiamente militares. Uno de cada diez soldados que invadieron Irak era mujer. Una de cada siete estaba entrenada para cualquier acción bélica. 300 mujeres pilotos de guerra realizaron misiones de abastecimiento y apoyo a sus tropas. Afganistán estrenó la primera mujer piloto que lanzó bombas desde su aeronave y los primeros aviones de abastecimiento y de apoyo totalmente tripulados por mujeres. Según el diario Miami Herald, la captura en Irak de la soldado estadounidense-panameña Shoshana Jhonson “refleja un nuevo ángulo bélico: mujeres peleando, matando y riéndose ante el enemigo”53. Si bien lo señalado por el diario no responde exactamente a la realidad, pues mujeres combatiendo ha habido siempre, los recientes conflictos en los que se han comprometido los EE.UU., nos muestran a las mujeres militares asumiendo cada vez con mayor intensidad, roles reservados antes exclusivamente a los varones, que las ponen directamente en contacto con el enemigo. Desgraciadamente, los informes no pueden hacer referencia al desempeño de las unidades de combate a flote, las que se han mantenido muy alejadas de las áreas de operaciones terrestres, de manera que no se tienen antecedentes de primera mano sobre el comportamiento de las mujeres embarcadas, sometidas a las tensiones particulares del combate naval. Tampoco parece haberse considerado en estos informes, que las FF.AA. mixtas han participado en dos conflictos muy particulares, en los que la abrumadora superioridad material, más que la calidad de los combatientes, marcaron las diferencias respecto al enemigo. Cómo se hubieran comportado las mismas fuerzas, en el conflicto somalí, en que las diferencias materiales quedaron sepultadas bajo el peso de las condiciones del campo táctico y de la composición y funcionamiento de las fuerzas adversarias, es una cuestión que aún no tiene respuesta54. No siempre en la guerra se dan los supuestos de los planificadores civiles ni de los estrategas militares. En realidad, rara vez se cumplen. Sería trágico, para los EE.UU. que tan pronto se hubieran olvidado las amargas lecciones de Vietnam. Entre tales lecciones se debe tener muy presente que no siempre se librará un “... tipo de guerra, en donde la victoria no dependerá principalmente de tener mejores armas o un mayor número de ellas, sino de la ‘astucia individual y la cohesión de pequeños grupos de elite’, cada persona en nuestras Fuerzas Armadas debe ser la real atención”55.
53 Ximena Bedregal, Empoderarse para matar: La feminización de los ejércitos ¿triunfo de la paridad o trampa del patriarcado?, www.creatividad feminista.org/articulos/desarr_2003_ejercitos.htm. 54

El tremendo impacto que causaron en la opinión pública, las imágenes de la TV que mostraban los ultrajes a los que se sometió a los cadáveres de los soldados norteamericanos caídos en combate en las calles de Mogadiscio, son reveladoras de la muy especial guerra que se libró en Somalía. 55 Stephanie Gutmann, Una Milicia más Benévola y Gentil, citada por Lee Bockhorn en Mujeres en las FF.AA., Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval, p 111.

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La mujer presenta niveles de escolaridad superiores al del varón al momento de incorporarse al servicio (también tiende a ingresar a una mayor edad). Mientras el 21% de los varones registra su paso por la universidad, el porcentaje entre las mujeres alcanza el 27%. A un mayor nivel de escolaridad se suma un menor rango de exigencias en otras áreas, poniendo por lo general a las mujeres a la cabeza de las promociones y, por consiguiente, ellas acceden a mejores oportunidades al momento de decidir las destinaciones de los reclutas56. Los principales problemas que han debido enfrentar las mujeres en la milicia norteamericana, están relacionados con su aceptación por sus pares masculinos y los incontables casos de hostigamiento y abusos de tipo sexual. Estos inconvenientes comienzan en las escuelas matrices de oficiales, en los que, como ocurre en todas las FF.AA. del mundo, la disciplina es ejercida por los alumnos más antiguos, que se resienten de la invasión femenina de los espacios que siguen considerando esencialmente masculinos. En la Academia de la Fuerza Aérea, durante el año 1993, se denunciaron 56 casos de violación o ataque sexual, según datos oficiales. Un informe emanado de la General Accounting Office, de enero de 1994 57, señalaba que entre el 50 y el 75% de las mujeres de las tres academias habían sufrido algún tipo de agresión sexual, al menos dos veces al mes. En el informe, se indica que en la Fuerza Aérea, el 59% de las alumnas denunciaron estos abusos, en la Armada, el 50% y en West Point (Ejercito), el 76%. Diez años después, en una encuesta realizada el año 2003, el 75% de las mujeres militares reportaron ser victimas de hostigamiento sexual58 Las tasas de denuncias de atentados sexuales, en las academias de las FF.AA. de los EE.UU., superan con creces a las observadas en los barrios más violentos de las grandes urbes del país del norte. En las restantes unidades y reparticiones militares, los índices parecen ser algo menores, pero siguen siendo inaceptablemente elevados si se comparan con el promedio en el mundo civil. Los abusos con algún tipo de connotación sexual, generalmente perseguían atemorizar, alarmar o abusar de las personas para lograr ventajas en el servicio. Investigaciones posteriores han revelado que las mujeres denunciantes han sido a veces sancionadas por formular tales acusaciones (generalmente muy difíciles de probar), por lo que se ha optado por poner los casos en manos de investigadores civiles. Los directores de las tres academias han sido relevados de sus funciones, por estimarse que su conducta, en el tratamiento de estos casos había sido, por lo menos, negligente. También se ha debido dictar nuevas directivas para dar seguridad a las mujeres y se les ha asignado a sectores de habitabilidad separados. Medida que pese a ser obvia, no había sido implementada en todas partes.

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Ximena Bedregal, Empoderarse para matar: La feminización de los ejércitos ¿triunfo de la paridad o trampa del patriarcado?, www.creatividad feminista.org/articulos/desarr_2003_ejercitos.htm. en este punto, cita datos del Women´s Research and Education Institute.

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GAO/NSIAD-94-6, de enero de 1994, citado en Discover the issue, history and current status of the investigations , www.womensissues.about.com/cs/militarywomen/a/aaairforcerapes.htm 58 Reuter health, Marzo 2003. USA.

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Los casos han alcanzado tal notoriedad, que el Secretario de Defensa debió intervenir personalmente, disponiendo diversas medidas correctivas, como la conformación de un panel de 7 civiles, que debe entregar un informe al propio Secretario y a los comités de Defensa del Senado y Cámara de Representantes. Los informes elaborados por comisiones especialmente conformadas para tratar el problema han revelado que la situación tiende a corregirse gradualmente, en la medida que las FF.AA. han ido adquiriendo experiencia en estos asuntos. Otro problema de frecuente ocurrencia, guarda relación con el tema de la igualdad entre hombres y mujeres. Se da por hecho que la mujer no tiene las mismas capacidades físicas del hombre, por lo tanto las exigencias físicas para ella, deben ser menores. El bajar las exigencias a la mujer, crea una discriminación que perjudica al varón, ante cuyos legítimos reclamos se ha optado en algunos casos, por igualar las exigencias para todos, con la consiguiente merma en las capacidades de los combatientes. Se habla de una feminización de las FF.AA59. En donde esta dificultad es más notoria, por la gravedad de las consecuencias, es en el caso de las mujeres pilotos de aviones de combate, cuando deben enfrentar emergencias que exigen una gran fortaleza física. Estas situaciones pueden ocurrir en actividades de entrenamiento, sin la presión del combate, de modo que la frecuencia con que se presentan depende de factores ajenos a la voluntad humana. También el problema se presenta a bordo. Diversas tareas que deben realizarse en un buque demandan del tripulante, un gran despliegue físico que pocas mujeres son capaces de realizar sin inconvenientes. Las quejas por esta causa son motivo de preocupación constante. Por una parte, revelan un recargo en el trabajo de los varones y por otro, acusan grietas en la disciplina, que pueden volverse en un aumento de las agresiones de que se hace víctima a las mujeres60. En las actuales circunstancias, el debate se centra en aquellas áreas en las cuales las mujeres aún no tienen posibilidad de operar. Es notoria la ausencia de mujeres embarcadas en la fuerza de submarinos. También se mantiene el debate en torno a las otras limitaciones para las mujeres, como las fuerzas especiales (Navy SEALS) e Infantería de Marina. Una mujer puede, en las actuales condiciones, ser comandante de un buque de combate de superficie, incluidos los portaviones, ser piloto de combate embarcado, pero no puede servir como marinero en un submarino61. El debate acerca de las limitaciones en las unidades submarinas ha adquirido nuevos bríos, a raíz de la incorporación de la clase de submarinos Virginia, cuyas unidades no contemplan
En este punto coinciden partidarios y detractores de la presencia femenina irrestricta en las FF.AA. De los autores consultados, tenemos a una feminista y pacifista, Ximena Bedregal (La feminización de los ejércitos ¿triunfo de la paridad o trampa del patriarcado?), una tradicionalista, como Marcela Cobo de Casarramona, corresponsal de "Despierta Chile" en Barcelona, España (Plan De Destrucción De Las Fuerzas Armadas Españolas Para Formar Un "Ejército Profesional", Dejando A España Practicamente Indefensa), www.despiertachile.cl/agosto2002/Opinión/Corresponsal, hasta una investigadora imparcial, como Stephanie Guttman (Una Milicia Más Benévola y Gentil). 60 Stephanie Guttman, Una Milicia Más Benvola y Gentil: ¿Pueden las Fuerzas de Combate de Género Neutral aún Ganar Guerras?, citada por Lee Bockhorn, en Mujeres en las FF.AA., serie Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval, extractado de www.policyreview.org/ang00/bockhorn.html 61 Captain Barbara A. Wilson, USAF (Ret.), www.userpages. aug.com/captbarb, New Debate on Submarine Duty for Women, www.armedforcescareers.com/articles/article18.html.
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en su diseño, ninguna facilidad para mujeres. Si esta clase de submarino no considera mujeres, desde su diseño, probablemente la presencia femenina en el Silent Service se retrase por una o varias décadas, dado que un submarino norteamericano se construye con un horizonte de servicio de 40 años62. A favor de permitir mujeres en los submarinos se muestra un poderoso círculo de miembros del Congreso y de grupos de presión ligados a estos congresales por razones de índole netamente política. Su interés principal está en la defensa de los derechos femeninos y en la igualdad de éstos con los de los varones. Las condiciones de vida en un submarino son duras, sin importar la calidad de los tripulantes. Si esto ha cambiado con la tecnología, ha sido para aumentar los niveles de exigencia, en especial en el plano psicológico, mientras que se han mantenido los requisitos de orden físico e intelectual. En un submarino convencional (de la segunda guerra mundial), aún había ocasiones en las que los tripulantes podían disfrutar de un momento de relajo en cubierta, aunque sólo fuera de noche y las comisiones duraban algunas semanas. En un submarino nuclear (la U.S. Navy ya no opera sumergibles de propulsión convencional), esas raras ocasiones de salir a cubierta simplemente ya no existen y la duración de las comisiones puede extenderse hasta por 6 meses, con muy escasas y breves permanencias en puerto63. Se argumenta que ya hay mujeres en los submarinos de varios países. Pero nada se dice en relación a que estos submarinos de otras armadas no están sometidos a las condiciones antes expuestas, debido a que se trata de unidades de relativa escasa autonomía. Además, estas experiencias no han sido evaluadas bajo presión de guerra ni tampoco se ha analizado las dificultades que se han presentado a bordo ni los beneficios operativos alcanzados. En estricta justicia, el submarino convencional moderno presenta muchas similitudes con el sumergible de propulsión nuclear, en lo referente a su autonomía y a las necesidades de aflorar a la superficie. El uso del schnorkel hace innecesaria la aflorada para la renovación del aire para la tripulación y la carga de las baterías, reduciendo las tasas de indiscreción y por consiguiente, mejorando las capacidades para permanecer sin ser detectado en el área de operaciones.64 En lo que respecta a la autonomía, no hay grandes diferencias entre ambos tipos de unidades, ya que este factor queda limitado a la capacidad de la dotación para permanecer ininterrumpidamente en la mar y a la disponibilidad de víveres65.

New Debate on Submarine Duty for Women, www.armedforcescareers.com/articles/article18.html. Todos los puntos acerca del tema de la mujer en los submarinos norteamericanos, han sido extractados de este artículo. 63 El sitio web www.chinfo.navy.mil/navpalib/news/navnews/nns03/nns030710.txt, oficial de la US Navy, para la difusión de noticias relacionadas con las actividades navales, informaba que el 10 de julio del 2004, el USS Montpellier , SSN 765, recaló de regreso en su puerto base, tras una comisión de 182 días, de los cuales 146 transcurrieron en la mar. De los 125 primeros días de la comisión, que incluyó su participación en la Operación Iraqi Freedom, el 94% fueron de navegación. La noticia fue proporcionada por Relaciones Públicas de la Comandancia de la Fuerza de Submarinos de la Flota del Atlántico. 64 La aparición de modernas tecnologías en la propulsión de submarinos, ha permitido la incorporación de unidades que cada vez son tanto o más discretas que las nucleares. Celdas de combustible, motores más eficientes, nuevos combustibles, torpedos y misiles más pequeños, métodos de recirculación y filtrado del aire y automatización de procesos que permiten reducir el tamaño de la dotación, caben en este acápite. El resultado de estos progresos es siempre el mismo: mayor autonomía, menor porte de los buques, más espacio para el armamento, mayor hacinamiento de las dotaciones. La autonomía de un submarino de la clase U-209, como los que posee Chile, es de unos 50 días en la mar, según www.wikipedia.org/wiki/Type_209_submarine. 65 Se sabe que una mujer ha comandado un submarino noruego. El argumento norteamericano se sostiene en todo su rigor, si se considera que éste y otros casos similares, se han presentado en armadas que operan submarinos que desarrollan misiones a corta distancia del puerto base, de poca autonomía, en los que las condiciones más difíciles de superar, son de menos cuantía. El caso del submarino noruego es mencionado por Omar Gutiérrez, citando a Sink or Swim, en la Revista Scanorama, noviembre de 1996

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En los más modernos submarinos de los EE.UU., la disponibilidad de espacio es tan escasa, que el único pasillo que une al buque de proa a popa, no permite el paso de dos personas simultáneamente, sin que al menos una de ellas se ponga de costado. En 120 metros de eslora, se hacinan 145 hombres por un lapso de 2 o más meses. Esto ocurre aún cuando el buque fue diseñado inicialmente para 108 tripulantes. El personal de gente de mar comparte solamente dos baños y el espacio entre litera y litera es tan estrecho, que es difícil darse vueltas estando acostado. Sólo el comandante y el segundo comandante poseen un pequeño camarote privado, el resto de la dotación comparte su espacio de habitabilidad con uno o más tripulantes. Si la necesidad obliga a aumentar el número eventual de tripulantes, se debe recurrir al ya conocido sistema de “camas calientes”, puesto que las posibilidades de incrementar el número de literas ya están agotadas, al ocuparse como espacios para el alojamiento compartimientos que disponían de sitios “ociosos”. Aunque el comandante disponga de su propio camarote, éste en realidad no es absolutamente privado. Algunos componentes de sistemas del buque, que por razones de diseño, han quedado ubicados en ese lugar obligan a que eventualmente, alguien deberá entrar allí, a realizar un determinado trabajo66. En estas condiciones, las mujeres embarcadas tendrían acceso a uno de los dos baños existentes, limitando la disponibilidad para todo el resto de la dotación, a un baño. Las mujeres con rango de oficial tendrían aun más problemas con su espacio de habitabilidad y con la disponibilidad de baños. Al mismo tiempo, las estrictas regulaciones establecidas para evitar el “acoso sexual”, harían muy difícil que las acusaciones por este tipo de faltas no se multiplicaran indefinidamente, con las consecuencias que son de prever en la cantidad de voluntarios disponibles para incorporarse a la fuerza de submarinos. En resumen, en el estrecho espacio de un submarino la habitabilidad queda determinada estrictamente por el escaso espacio libre que dejan los equipos y armas instaladas. Los submarinistas por generaciones han aceptado estas condiciones tan duras, como normales. Agreguemos que se trata del grupo social (dentro de la Armada) con mayor apego a la tradición y a las viejas costumbres navales, en las que la presencia femenina nunca ha tenido presencia. El doble estándar que se ha generado al interior de las FF.AA. norteamericanas en lo relativo al trato que se da a los militares en razón de su sexo, es un elemento altamente conflictivo cuya fuerza no ha sido analizada en profundidad por las autoridades castrenses y civiles. 67 En la práctica, numerosos mitos surgidos recientemente, en relación con la mística de los uniformados, han quedado al desnudo. Se ha sostenido frecuentemente en los EE.UU., que el ingreso y permanencia de las personas en las instituciones militares es una cuestión que debe ser abordada como cualquier otro oficio, como un trabajo más, de modo que para un joven, sea indiferente ingresar al mercado laboral civil o al mundo militar. La realidad se ha
La mayor parte de estas condiciones se presentan en nuestros submarinos. Con un agravante, el mayor riesgo por tratarse de unidades antiguas. 67 Stephanie Guttman, Una Milicia Más Benvola y Gentil: ¿Pueden las Fuerzas de Combate de Género Neutral aún Ganar Guerras?, citada por Lee Bockhorn, en Mujeres en las FF.AA., serie Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval.
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encargado de demostrar, una vez más, que las cosas no son así. El creciente aumento en las tasas de deserción en los grados más bajos de los escalafones, entre los varones, no responde a las expectativas económicas más halagüeñas del campo civil. Por el contrario, ello se atribuye a: La pérdida de la mística militar. La penetración de elementos distorsionadores de la cultura castrense. El sistemático deterioro de los niveles de entrenamiento para el combate, para adaptar este proceso a las reclutas femeninas. La pérdida de confianza en los mandos, ante la evidente discriminación que ahora perjudica a los soldados varones. La pérdida del sentido de “guerrero” que necesariamente debe empapar al oficio castrense68.

Pareciera ser que la profesión militar norteamericana, ya no se nutre en el desafío por lograr el título de “soldado”, de “marino” o de “aviador”, para luego mantenerlo con esfuerzo y convertirlo en el fundamento básico de la vida laboral. La participación femenina en las FF.AA. ha terminado con todo esto, pues frente a una mayor exigencia que una recluta mujer pudiera estimar como excesiva, el instructor corre el riesgo de ser acusado ante sus superiores y posteriormente sancionado por “abuso contra el recluta”. Tanto así, que las frecuentes lesiones experimentadas por las mujeres durante el entrenamiento han obligado a reducir sistemáticamente los niveles de rendimiento mínimo. Ya no se marcha rumbo al campo de entrenamiento, sino que se viaja en bus o camión y se regresa al cuartel de igual forma, perdiéndose la oportunidad de adquirir la necesaria resistencia a la fatiga y el temple del carácter que se logran con los frecuentes ejercicios de marcha. Luego que se aceptó la incorporación de la mujer a las FF.AA. como una forma de paliar la reducción de las bases de selección, también ha sido necesario para mantenerla, reducir sostenidamente las normas de selección en los procesos que tienen relación con la parte física de los postulantes. Con menor selección permanente, la calidad del personal militar necesariamente decae. El resultado es que los beneficios que se han logrado por una parte, han quedado anulados por otra. Otro aspecto en el que la incorporación de la mujer a la milicia ha causado un impacto negativo, es el relativo a las calificaciones. Puesta en el papel, a la mujer se la considera en perfecta igualdad frente al varón. Pero son tantas las excepciones que se ha debido introducir para compensar frente a las evidentes diferencias entre los sexos, que finalmente al momento de calificar al personal, las mayores exigencias que pesan sobre los hombres, les sitúan en el orden de mérito muy por debajo de las mujeres. Esto disminuye sus oportunidades de ascensos, traslados o de acceso a otros beneficios que se otorgan tradicionalmente en virtud de los méritos profesionales. El resultado es simple: descontento respecto de las condiciones del servicio, desconfianza hacia los mandos y sus mandos, pérdida del sentido del “guerrero” que marcó a generaciones de militares, desilusión y retiro prematuro69.
Ibid. Textualmente, señala: “En los campamentos de entrenamiento de reclutas de hoy, su ’esfuerzo’ es lo que cuenta, no su rendimiento.” 69 Ibid. En relación con las elevadas tasas de deserción, especialmente entre los oficiales de menor graduación, apunta: “Los jóvenes oficiales, el ‘mando medio’ que es tan vital para el alistamiento, están tan desalentados con la resistencia incompetente de las Fuerzas Armadas ante el ataque a su cultura que están abandonando en hordas”.
68

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La Infantería de Marina que también cuenta con mujeres entre sus filas, no ha cedido en aspectos simples, pero claves, para mantener el atractivo por ingresar en sus filas. Ellos, han recalcado el hecho de que ser un “marine” es una buena razón para vivir y no una forma más de ganarse la vida. La política de la Infantería de Marina ha dado sus frutos, si consideramos que el Cuerpo nunca ha tenido problemas para cumplir con sus cuotas de reclutamiento ni sufre del mal de los retiros prematuros de su personal, y esto, a pesar de que es ampliamente conocido que el servicio como “marine” impone condiciones bastante más severas que las del Ejército. Largos períodos de despliegue lejos de la base, niveles de bienestar material más reducidos, extensas y aburridas navegaciones en las unidades anfibias de la Armada, entrenamientos y operaciones en una amplia gama de climas y medios geográficos, etc.70. La expresión “semper fi”, abreviación del “Semper fideles”, lema del Cuerpo de Infantería de Marina es usada frecuentemente por los soldados del Ejército para demostrar que a diferencia de éste, la Infantería de Marina sigue siendo una fuerza militar aguerrida, motivada para el combate, compuesta de verdaderos guerreros71. El debate no ha terminado, pero se centra en aquellos puntos que unidos trazan el verdadero límite a las oportunidades profesionales de la mujer en las FF.AA. A los grupos que presionan por dar un mayor espacio para las mujeres, se unen ahora, la de aquellos que quieren volver atrás, impactados por la dramática experiencia de las tres militares capturadas por las fuerzas iraquíes y las más de 35 muertas que a la fecha se han reportado.

70 71

Ibid. Ibid.

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FIGURA 2.-

PARTICIPACION FEMENINA EN FF.AA. ESTADOS UNIDOS

Fuente: www.infoplease.com

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B.- UNA MIRADA A NUESTROS VECINOS: 1.ARGENTINA

La historia argentina, desde sus comienzos, muestra una activa participación de la mujer en las acciones militares. Sin embargo, la presencia de la mujer en las FF.AA. es bastante tardía en comparación con Chile. Sólo hay antecedentes de mujeres en el Ejército, desde 1960 y 20 años después, en la Armada72. Durante las campañas de la independencia, las mujeres tomaron parte en actividades castrenses, generalmente como consecuencia de su deseo de compartir las penurias con sus maridos. De este modo, su participación generalmente era como encargadas de elaborar la comida, lavar ropas y cuidar enfermos y heridos. Todo esto sin perjuicio de que espontánea o deliberadamente, hayan debido entrar en combate. Como se contaban numerosas atrocidades cometidas por las tropas leales a España, era natural que ellas estuvieran bien dispuestas a pelear por sus vidas, las de sus hijos (que ocasionalmente también marchaban con sus padres) y por sus bienes. Como en otros casos, la participación de la mujer en combate de forma deliberada, ocurrió. Pero siempre fue como casos de excepción. Al igual que en nuestro país, la ocupación del territorio del sur del país debió hacerse contra la firme oposición de la población nativa. Ello dio origen a una larga y dura campaña militar de exterminio en la que, una vez más, las mujeres tuvieron su parte. Conocidas como las fortineras, las mujeres que compartieron la guerra con los soldados, eran sus esposas, pero también habían simples prostitutas o amantes. Dependiendo de las circunstancias, estas mujeres debieron combatir, preparar la comida, cuidar enfermos, marchar, en fin, realizar innumerables tareas, sin derecho a pago alguno. Mientras duró la campaña, el ejército les proveyó con una pequeña ración alimenticia y en algunas contadas y excepcionales oportunidades, recibieron órdenes para asumir funciones propias de un militar. Oficialmente, carecían de todo vínculo con el ejército al que en la práctica estaban integradas. Como es natural, abundan las leyendas y los personajes femeninos legendarios, probablemente con fuertes visos de verosimilitud73. La ausencia de conflictos militares en la historia argentina del siglo XX, hasta 1982, no ha permitido a la mujer durante más de 100 años mostrar sus capacidades y aptitudes para el servicio castrense. No se conoce de mujeres militares argentinas tomando parte en las operaciones llevadas a cabo durante la guerra por las Islas Falklands.

Los antecedentes históricos están tomados www.ejercito.mil.ar/dirsan/La%20mujer/MujSanMil.htm
73

72

de

la

página

web

oficial

del

Ejército

argentino,

Tomado de Hembras bravas, LAS FORTINERAS, www.amanza.com.ar/amanda/Notas/Fortineras.htm

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La incorporación oficial de la mujer al Ejército se produjo en 1960, con la creación de la Escuela de Enfermeras del Hospital Militar. No tenían estado militar ni ostentaban jerarquía castrense. En 1982, el Ejército creó la escuela del Cuerpo Profesional Femenino. Su misión fue de reclutar, formar y perfeccionar al personal de oficiales y suboficiales, en las áreas que en Chile se denominan con el nombre genérico de servicios. Como ha sucedido en prácticamente todos los países del hemisferio occidental, a fines del siglo XX, fuertes presiones de los grupos políticos “progresistas”, así como feministas, lograron abrir parcialmente las puertas de la profesión castrense a la mujer. Durante estos años han logrado que ellas alcancen posiciones de mayor jerarquía a las que llegaban previamente sólo varones. Es así como la Asamblea Constituyente, abocada a la tarea de reformar la Constitución Nacional (1994) dio curso favorable a la propuesta de aceptación de los derechos de las mujeres, reconociendo la máxima jerarquía legal a la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, e incorporando otros artículos referentes al tema en los cuerpos legales, los que perseguían como objetivo garantizar la igualdad de oportunidades y de trato entre varones y mujeres74. El decreto firmado por el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de fecha 29 de agosto de 1994 puso en vigencia, el “Régimen para el Personal de Soldados Profesionales”.Fue una modificación legal muy amplia y que abrió a la mujer el acceso a los escalafones de línea, en las armas de apoyo75 y de especialidades. Cabe mencionar que ya el año anterior, se habían incorporado alumnas femeninas en lo que es hoy la Escuela de Suboficiales76. Los requisitos de ingreso no se diferencian respecto de los exigidos para los varones, pudiendo optar las mujeres a una carrera en las armas de artillería, ingenieros, comunicaciones y a las especialidades de músico, conductor motorista y enfermero general. Así también pueden acceder a un empleo en el Ejército como oficinista e intendencia, mecánico de aviación, mecánico de óptica y aparatos de precisión. Finalmente, en el área de la electrónica, la mujer puede elegir por desempeñarse como mecánico de equipos de campaña, mecánico de equipos fijos, mecánico de radar y mecánico de informática77. Como se puede apreciar, la incorporación de la mujer a las armas de combate (infantería y blindados), no está contemplado. En lo referente a las carreras para oficiales, el ingreso de la mujer se produjo en el año 1997, mediante su postulación e ingreso al Colegio Militar, equivalente a nuestra Escuela Militar, teniendo como requisitos de ingreso, los mismos que los varones se ven obligados a cumplir.

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La mujer en el Ejército, www.resdal.org.ar/Archivo/ejar-personal.htm. Ver “Armas de combate y armas de apoyo de combate” en Aclaraciones

Historia De La Escuela De Suboficiales Del Ejército "Sargento Cabral", www.esesc.ejercito.mil.ar. Las normas legales que abrieron el acceso de la mujer a las FF.AA. son la Ley Nº24.429 (Ley del Servicio Militar Voluntario, del 5 de enero de 1995) y su Reglamentación (Decreto Reglamentario 978, del 6 de julio de 1997)
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Historia De La Escuela De Suboficiales Del Ejército "Sargento Cabral", www.esesc.ejercito.mil.ar

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En el Ejército argentino, la mujer puede optar por las armas de Artillería, Comunicaciones e Ingenieros, además de las especialidades de Arsenales e Intendencia. Tampoco se contemplan oficiales mujeres en las armas de combate78. En la Escuela Militar de Oficiales de los servicios para apoyo de combate, se capacita a las aspirantes a oficiales de los servicios de sanidad, justicia, sistema de computación de datos y de la especialidad de técnico piloto. Actualmente del total de efectivos de oficiales, suboficiales, cadetes, aspirantes y soldados voluntarios, aproximadamente el 6% corresponde a personal femenino79. Probablemente las cifras de presencia femenina, que son relativamente más bajas comparadas con otros países, se deban al breve lapso transcurrido desde que se incorporó definitivamente a la mujer como parte integrante de la Fuerza. El objetivo es alcanzar entre un 10 y un 15% del total del personal. Dada la experiencia de otros ejércitos, las expectativas de presencia femenina son bastante razonables. Cabe hacer notar que tal como también ha ocurrido en otros casos, la intención de incorporar a la mujer en un pie de absoluta igualdad frente al varón, no se ha cumplido cabalmente. El Ejército ha debido introducir algunas restricciones. Con la promulgación de la Ley 24.429 (Ley del Servicio Militar Voluntario del 5 de enero de 1995) y su Reglamentación (Decreto Reglamentario 978, del 6 de julio de 1997), se contó con las bases jurídicas necesarias, que permitieron desarrollar el sistema de Servicio Militar voluntario en reemplazo del Obligatorio, en el que participan tanto varones como mujeres, cuya finalidad es contar con FF.AA. profesionales80. Este cambio se realizó teniendo presente los pobres resultados obtenidos con las tropas de conscripción que tomaron parte en la guerra de las Falklands, las que enfrentadas a un ejército profesional se vieron en serios problemas y fueron rápidamente derrotadas. La intención del Ejército es que un número significativo de los voluntarios se incorpore al Cuerpo, como soldados profesionales. Los resultados alcanzados han sido satisfactorios, en palabras de las propias autoridades militares. Además es importante mencionar el hecho de que los cambios referidos a la incorporación de la mujer a las funciones propiamente militares, tanto en el Ejército como en las demás ramas de la defensa, se llevó a cabo con relativa calma y sin grandes dificultades, entregándose a los mandos la oportunidad de evaluar las diferentes alternativas de solución a los problemas previstos. La nueva ley ha permitido que la mujer militar tenga acceso a los más altos niveles de la escala jerárquica. Sin embargo, en lo referente a la posibilidad de convertirse en combatiente, sólo les está permitido acceder a las armas de apoyo de combate. Como dato curioso se puede señalar que en la actualidad existe en el Ejército argentino una unidad que sólo cuenta con personal subalterno femenino: el Batallón de

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Colegio Militar, INCORPORACION DE CADETES, I. REQUISITOS GENERALES, www.colegiomilitar.mil.ar/español/ La mujer en el Ejército, www.resdal.org.ar/Archivo/ejar-personal.htm.

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Sin embargo, la implementación del Servicio Militar voluntario en Argentina, no es en sí, pionero en Sudamérica. Ya a fines de los años 70, esta modalidad fue incorporada en el Ejército de Chile, para las mujeres, como un complemento al Servicio Militar Obligatorio.

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Operaciones Electrónicas 60181. En la Fuerza Aérea argentina, el ingreso de las mujeres está normado con los mismos requisitos que ya existen para los varones, en virtud de que la legislación que rige para esta institución, es común para todos los cuerpos armados. Las primeras mujeres ingresaron a la Escuela de Aviación Militar el año 2001, de modo que aún no existen oficiales femeninos. Sus expectativas profesionales son las mismas que las de los varones, tanto en lo que respecta a las áreas de desempeño profesional, como al acceso a los más altos niveles jerárquicos82. En cuanto al personal de tropa, éste ingresa a la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea, creada en 1944. La mujer al igual que el varón, tiene acceso a las especialidades de mecánica aeronáutica, electrónica aeronáutica, telecomunicaciones, armamento y explosivos y seguridad y defensa. Las mujeres ingresaron por primera vez a la escuela en 1999. De esta manera, la Fuerza Aérea cuenta con mujeres en sus escalafones regulares de personal subalterno desde el año 200183. La integración femenina a esta institución parece haber marchado sin mayores inconvenientes. Se han alcanzado, según datos de sus propias autoridades, la cifra de 30% de mujeres entre los alumnos de esta escuela matriz. Esta cifra es mucho mayor a la ostentada por la Escuela de Aviación Militar84. El año 2002, la Escuela Naval Militar acogió a sus primeras alumnas, las que egresaron como oficiales al servicio en el año 2007. Es importante mencionar que desde el año 1980 los escalafones de Profesionales, equivalentes a los de nuestros Oficiales de los Servicios, contaban con damas en sus filas85. Al concurso de admisión se presentó un total de 181 mujeres. De los 270 cadetes ingresados, 42 eran mujeres. De ellos, ha desertado el 50% de los varones y el 66% de las mujeres (ver TABLA 11), lo que permite estimar que la cantidad de oficiales de línea femeninos en servicio será de alrededor del 10% del total, en los primeros años de la nueva modalidad. TABLA 11.Escuela Naval Militar (Argentina), año 2004. Ingresados 228 42 Actualmente 113 15 Función Comando 93.8 % 93.3 %

Cadetes Masculinos Cadetes Femeninos

Fuente: Instituto Universitario Naval (Argentina), Segundo Encuentro de Liderazgo “De la Teoría a la Práctica”. Ponencia sobre el liderazgo de la mujer, de Julio E. Sanguinetti.

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La mujer en el arma de comunicaciones, www.comunicaciones.ejercito.mil.ar/mujer/mujer.htm Escuela de Aviación Militar FUERZA AÉREA ARGENTINA, Condiciones de Ingreso, eam.iua.edu.ar/incorporacion.asp Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea www.primahost3.prima.com.ar/faa/incorporacion/indexincorporacion.html Ver “Línea” en Aclaraciones. Escuela Naval Militar, Ingreso e inscripción, www.escuelanaval.mil.ar/cap2.htm

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En la Armada, la carrera profesional para las oficiales les impide su acceso a submarinos, fuerzas especiales e infantería de marina. Para el personal subalterno, están vedadas las áreas de infantería de marina, electricidad y maquinistas de mar. La falta de experiencia de esta fuerza, en lo que a mujeres embarcadas se refiere, no permite evaluar el éxito de esta iniciativa. La tradicional reserva con que las fuerzas armadas trasandinas manejan sus asuntos internos evitando hacer declaraciones a la prensa, hace que se carezca de fuentes abiertas, con información de primera mano, sobre ésta y otras materias relativas al desempeño del personal femenino. Las cifras revelan que en Argentina ocurre algo similar a lo observado en otras naciones, la cantidad de mujeres interesadas en ingresar a las fuerzas armadas es muy baja en relación a los varones.

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2.-

PERÚ

En este país, la “rabona” es el arquetipo de la mujer ligada a la vida militar. El apodo de “rabona” deriva de su posición física tras las línea de combate, a la cola o rabo de las tropas, siguiendo a maridos, novios o amantes. En todos los conflictos, tanto internos como externos, las rabonas marcharon tras las tropas supliendo la carencia de medios logísticos orgánicos. Sirvieron informalmente como enfermeras, lavanderas, cocineras, etc., tal como las cantineras los hicieron en los ejércitos europeos o en Chile y las fortineras en Argentina. Por lo tanto, ellas compartieron con los varones, todos los rigores de la guerra. Cuando llegaba el momento del parto, sencillamente se detenían lo suficiente como para dar a luz y casi de inmediato retomaban la marcha con el nuevo hijo a sus espaldas. La guerra no les daba tregua, no las esperaba, sólo les exigía. El arte pictórico y la incipiente fotografía las han retratado en diversas oportunidades. La falta de elementos de aseo personal y las ropas desgastadas no han restado un ápice a la gallardía con que enfrentaron la azarosa existencia que les tocó vivir. Para algunos estudiosos del tema militar, la importancia de la rabona en el desempeño de las tropas no ha sido destacada ni estudiada suficientemente. Bien para atribuirle un fortalecimiento de la moral combativa de las tropas o para culparla de la “blandura” con que el soldado peruano se habría batido en la Guerra del Pacífico. Pero, en términos objetivos, la presencia de las mujeres en los campamentos militares de la época no puede ser vista como una ventaja ni como una desventaja, puesto que era una costumbre universalmente practicada y que sólo vino a desaparecer con la creación de los cuerpos de apoyo logístico que hoy conforman una parte importante de las fuerzas militares. Actualmente en estos cuerpos siguen militando mujeres, sólo que hoy lo hacen integradas en la orgánica militar, en tanto que ayer no tenían otro vínculo con el ejército, como no fuera el matrimonio o la relación amorosa informal con un soldado. País marcadamente tradicionalista, el Perú debió esperar la llegada de un gobernante liberal, como Alberto Fujimori, para introducir cambios drásticos en sus FF.AA. La Ley N° 26628 del 19 de junio de 1996, dictada bajo la administración de Fujimori, estableció la condición de Fuerzas Armadas mixtas en el Perú. Sin mediar más trámite, se materializó por la vía legislativa el ingreso de la mujer a los institutos armados peruanos, en pie de igualdad con el varón. De esta forma, a las FF.AA. no les quedó otra opción que adaptarse en los aspectos legales y reglamentarios en el breve plazo de 120 días. Hubo poco tiempo, considerando el gran cambio que produce una medida de esta magnitud en Instituciones tradicionalmente poco dadas a los cambios violentos. Las mujeres, al tenor de la ley, comenzaron a ingresar a las escuelas matrices en 1997. En diciembre del 2003 se alcanzaban las siguientes cifras de personal femenino en servicio activo a nivel de oficiales, según datos proporcionados por el Ministerio de Defensa: 86

86 Datos proporcionados por el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social, www.mimdes.gob.pe, no obstante, en el mismo artículo, el Comandante General del Ejército, General Roberto Chiabra, señala que se cuenta con 35 oficiales en el Ejército. El artículo está fechado el 2 de diciembre de 2003.

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Ejército: 152 oficiales, 96 cadetes. Las mujeres representan un poco menos del 10% de los alumnos y presentan tasas de deserción del orden del 30%. Marina de Guerra: 44 oficiales, 40 cadetes. Fuerza Aérea: 33 oficiales, 53 cadetes. No se ha encontrado cifras acerca de la realidad a nivel de personal subalterno. Los requisitos de ingreso a la Escuela Naval del Perú contemplan diferenciación en los exámenes de tipo físico. El resto de las exigencias son comunes para todos los cadetes. En cuanto al grado al que pueden acceder, en las tres ramas de las Fuerzas Armadas pueden alcanzar la jerarquía máxima87. Al igual que en la mayoría de los casos, las FF.AA. peruanas no permiten el acceso femenino a las armas de combate en el Ejército, a las unidades submarinas y de Infantería de Marina y fuerzas especiales de la Armada y a las fuerzas especiales de la Fuerza Aérea. Según declaraciones públicas de las instituciones la incorporación de la mujer a la vida militar no ha tenido contratiempos. Sin embargo, en una sociedad conservadora y con marcadas diferencias sociales como es la peruana, es difícil que los problemas que han tenido otros países, no se hayan presentado con tanta o incluso mayor intensidad y frecuencia. La experiencia personal me indica que el nivel social de las cadetes es notoriamente inferior al de los alumnos varones. Cuestión relevante en el establecimiento de las relaciones que deben vincular a compañeros de armas, sin considerar que en el futuro, estas mujeres deberán asumir la conducción de oficiales varones de menor rango y de personal subalterno, a cuyos ojos la posición social es muy importante para determinar la jerarquía dentro del conjunto. No se puede ignorar que en el Perú, las diferencias sociales son marcadas, determinantes y generalmente apreciables a simple vista. Probablemente esta cuestión es de escasa importancia a nivel de gente de mar femenino, que proviene de los mismos estratos sociales de sus pares masculinos. En todo caso es importante señalar que la sociedad peruana hace claras diferencias entre varones y mujeres, en la determinación de los roles de cada uno, por lo que la mujer deberá esforzarse fuertemente para imponerse en un medio tradicionalmente masculino. Las mujeres se embarcaron en las unidades navales recién el año 2002, tanto en la condición de oficiales como de personal subalterno, aunque éste estuvo en servicio desde mucho antes, ya que su formación demanda un proceso más breve. Es evidente que se hizo coincidir el embarco de ambos grupos para atenuar el impacto negativo entre los miembros varones de las dotaciones. La lentitud con que la Armada procedió a recibir mujeres en las unidades operativas responde a que la adaptación de los buques, para atender a este requerimiento, toma tiempo y mucho presupuesto. Es público que entre las unidades que se adaptaron, figura el crucero BAP Almirante Grau, junto a algunas fragatas de la clase Lupo. Se desconocen en detalle las dificultades que se han debido solucionar en las unidades a flote para recibir adecuadamente a los tripulantes femeninos y los resultados que su embarco ha
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tenido en la eficiencia operativa de las unidades. Se estima en un 2% la presencia femenina en las Fuerzas Armadas Peruanas a finales del año 200588. También durante el gobierno de Alberto Fujimori se consagró otro cambio importante; mediante la Ley Nº 27178 de Servicio Militar, se implanto un modelo de fuerzas armadas voluntarias, aunque no exclusivamente profesionales. En términos de la presencia de mujeres en las FF.AA., la ley no hace distingos entre varones y mujeres. Todos los peruanos están obligados a inscribirse en los registros militares y a concurrir a los llamados para la selección de los conscriptos, pero sólo se acuartelan los declarados aptos y que voluntariamente deseen enrolarse. Al igual que en otros casos, la ley contempla variados incentivos para acuartelarse voluntariamente, como capacitación laboral, eventual acceso a las dotaciones de planta de las FF.AA. y Policía, algunos beneficios al momento de optar a cargos públicos por oposición y derecho a recibir tierras en los territorios que el Estado considere oportuno colonizar. Es interesante notar en este caso, que si bien el servicio militar actualmente es voluntario, la inscripción en los registros militares es obligatoria, no otorgándose cédula de identidad a quienes no hayan cumplido con el trámite pertinente.

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3.-

BOLIVIA

No han faltado en nuestro vecino país las mujeres que se han destacado en la guerra. Bertolina Sisa, una indígena, es señalada por su muerte a manos de las autoridades españolas del siglo XVIII, en virtud de su participación activa en una rebelión de su pueblo. Es hoy, figura emblemática de los grupos indigenistas de todo el continente. Las mujeres bolivianas, como ha acontecido con sus similares de muchas partes del mundo, también acompañaron a sus maridos o amantes en las campañas militares que estos emprendieron. Al igual que en el Perú, recibieron el nombre algo despectivo, de “rabonas”. Lo anónimo de su labor no ha permitido, en la inmensa mayoría de los casos, que la historia guarde los recuerdos de sus sacrificios y lo meritorio de su actividad en medio de los azares de la guerra. Muy por encima de todas las mujeres que participaron de la vida militar, resalta la notable Juana Azurduy. (Ver Anexo C). No es de extrañar que tanto Bolivia como Argentina se “disputen” a la heroína. Una por su origen y la otra por su obra. Sin embargo, más parece pertenecer a Bolivia, pues en la época la región en que se desempeñó Juana, era parte del Alto Perú. Bolivia la ha honrado, dándole a una provincia, el nombre de Azurduy. De los escasos antecedentes que es posible reunir acerca de las FF.AA. del país del Altiplano, se ha podido concluir que la presencia femenina en los cuerpos armados es mínima. Aunque la Constitución Política en su artículo 213 establece la obligatoriedad de prestar el Servicio Militar, en la práctica, los cuadros de conscriptos son cubiertos sólo por los varones. La participación de la mujer en las FF.AA. está contemplada dentro del Servicio Premilitar, de acuerdo a los Decretos Supremos No. 24527/97 y 27057 del 30 de Mayo de 2003 y el Reglamento MD-DGTR-15389. El Servicio Premilitar, comprendido en la Ley del Servicio Nacional de Defensa es voluntario y está orientado a instruir y entrenar jóvenes varones y mujeres estudiantes del nivel secundario, para formar combatientes y ser empleados posteriormente en casos de desastres naturales o defensa nacional. La participación en el Servicio Premilitar implica la concurrencia esporádica de los jóvenes a los cuarteles en los que se imparte la instrucción correspondiente, es decir, no supone la permanencia del contingente, por un tiempo más o menos prolongado al interior de las guarniciones, como sucede en Chile, con los estudiantes que cumplen con su Servicio Militar bajo las condiciones especiales que para ellos contempla la ley. La situación de la mujer en las FF.AA. bolivianas presenta algunas curiosidades, que es interesante mencionar. La Constitución boliviana establece el principio de igualdad de géneros, o sea, entre varones
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La mujer en el Servicio Militar, www.mindef.gov.bo/servimil/articulos/mujeryelsm.php

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y mujeres. Sin embargo, la presencia de ellas es muy baja en las instituciones de la defensa. No obstante lo anterior, incluso la posibilidad de las mujeres cumplieran con el Servicio Premilitar debió ser reiterada por el Decreto Supremo No. 27057 del 30 de Mayo de 2003, que modificó el DS Nº 24527, que era del 17 de marzo de 1997. El Ejército acepto su ingreso en el año 1979 hasta el año 1984, cuando se interrumpió. Luego se reestableció el año 2002, pudiendo desempeñarse en todas las áreas de la Institución. Actualmente representan un 0,7 % de la fuerza. En el caso de la Armada y la Fuerza Aérea solo cumplen labores administrativas90. La otra curiosidad digna de mencionarse se refiere a una información aparecida en el diario “El Deber de Santa Cruz de la Sierra”, que a su vez cita al periódico “Los Tiempos de Cochabamba”. En la nota se consigna el hecho de que por primera vez en la historia, una mujer está al mando de una unidad del Ejército. Se trataría de la Teniente Coronel de 41 años de edad, Gina Reque Terán Gumucio, del arma de infantería. Dada la nula información oficial sobre el tema, es imposible comprobar la veracidad de lo publicado.

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C.- REALIDAD NACIONAL. ANTECEDENTES HISTORICOS. 1.- CONQUISTA E INDEPENDENCIA: Chile es un país cuya historia está determinada en gran medida por la presencia y la acción de los militares. El proceso de la conquista, iniciado por las huestes españolas de Valdivia y sus sucesores, es un largo y desgastador enfrentamiento entre conquistadores e indígenas. La poderosa influencia de la esencia militar del asentamiento hispano, llega al extremo de determinar la arquitectura tradicional del campo chileno. Otro tanto, ocurre con nuestros particulares giros idiomáticos, entre los cuales destaca el “al tiro”, con que se designa la necesidad de reaccionar a la mayor brevedad. El hecho de que el esfuerzo de ocupación del territorio se enmarcara en un ambiente de permanente lucha contra los aborígenes, además de la gran distancia que los separaba del territorio peninsular, determinó que pocas ibéricas se aventuraran a acompañar a sus maridos o padres. Es proverbial el hecho de que la casi total ausencia de mujeres de origen español, llevó a los conquistadores a unirse con mujeres oriundas del lugar. Creando así, una amplia base social mestiza, que es el origen de la actual población nacional, fundamentalmente en el área comprendida entre las regiones de Coquimbo y Concepción. La historia de Chile guarda en su memoria, la figura notable de doña Inés de Suárez (¿1507?1580). Oriunda de Placencia, España.91 A poco de casarse, enviudó y posteriormente en el año 1537 viajó a América. Se desconoce la forma cómo conoció a don Pedro de Valdivia, en cuya expedición de conquista tomó parte, siendo ella la única mujer de origen hispano. La encontramos en la recién fundada ciudad de Santiago, cuando ésta fue atacada por los indígenas el 11 de septiembre de 1541. Ausente Pedro de Valdivia, ella asumió un importante rol en su defensa. Señala Gerónimo de Bibar, que durante el ataque Inés tomó una espada y dirigiéndose hacia el recinto en que los españoles tenían a algunos caciques indígenas, les dio muerte. Según otra versión, Inés habría concurrido a aquel lugar y dado orden de matar a los prisioneros. El soldado Hernando de la Torre habría preguntado: "Señora: ¿de qué manera los mato?", a lo que ella habría respondido, desenvainando la espada, "De esta manera" y acto seguido los habría decapitado. Este hecho produjo el desconcierto y espanto de los atacantes, permitiendo a los españoles cargar contra los indios y hacerlos huir. Esta decidida acción le valió como recompensa la entrega de varias encomiendas indígenas. Fallece en Chile en 1580. Otro personaje femenino destacado fué la Monja Alférez. Quien en traje de soldado viajó al Nuevo Mundo y una vez allí combatió valerosamente. 92 Esta es la historia de Catalina de Erauso (o Erauzo) (¿1592?-¿?), quien en la víspera de tomar sus votos huyó del convento en el que permanecía desde niña, para enrolarse en una expedición de soldados dispuesta a pelear por su Señor, el rey de España, ocultando su sexo.
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La compañera de Valdivia. Inés Suárez: ¿1507?-1580, icarito.latercera.cl/biografias/1520-1599/bios/suarez.htm . Las citas están tomadas La Monja Alférez, www.memoriachilena.cl, sitio oficial de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.

del mismo artículo.
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De regreso a España, revelaría su identidad al escribir una crónica de las hazañas que le merecieron el rango de alférez. Esta obra, que tituló “Relación verdadera de las grandes hazañas y valerosos hechos que una monja hizo en veinte y cuatro años, que sirvió en el reyno de Chile y otras partes al Rey nuestro señor, en ábito de soldado y los honrosos oficios que tuvo ganados por las armas, sin que la tuvieran por tal mujer hasta que le fue fuerza el descubrirse”, es el único testimonio de la conquista de Chile y de la Guerra de Arauco escrito por una mujer que conoció la experiencia desde un rol protagónico. Paradójicamente, el relato de su ocultamiento la convirtió en celebridad, proliferando en la época los testimonios sobre su aguerrida y combativa personalidad. En el bando mapuche, las mujeres aparecen más frecuentemente. Sin embargo, valen dos acotaciones en relación con este tema. La primera es que todos los relatos sobre las glorias de los hijos de Arauco han sido escritos por pluma de sus enemigos, los españoles. La segunda, es que muchos de estos relatos se han escrito exaltando las hazañas de los indios para destacar los méritos de los conquistadores hispanos. Faltando en muchas ocasiones, un verdadero apego a la verdad. Probablemente ocurrió así, debido a la necesidad de rodear a los relatos, de una cierta aureola poética. El rol de la mujer mapuche, muy importante en el ámbito económico y cultural de su grupo familiar, no tiene ninguna relevancia en lo relativo a la guerra. En la comunidad, el rol más relevante cumplido por una mujer es el de “machi”, mezcla de sacerdotisa, curandera y consejera, que ejerce enorme influencia política, aunque no tiene funciones específicamente militares o de combate. En todo caso, en la organización de la comunidad mapuche en donde la poligamia es una forma normal de vida, es el varón quien ejerce la conducción. La mujer está excluida de los grupos que deliberan los asuntos más importantes, aunque en determinados momentos asesore o aconseje. Esto en ningún caso significa que ella se mantenga al margen de las acciones más representativas del grupo. Por esta razón, los relatos sobre las actuaciones militares de las mujeres mapuches contra los conquistadores ibéricos tienen un gran valor testimonial. Es así como para algunos historiadores Guacolda no sería más que un mito, un personaje literario creado por Alonso de Ercilla en su poema La Araucana. Otros cronistas coloniales en cambio, no ponen en duda su existencia93. Fray Diego de Ocaña, la religiosa Imelda Cano, el padre Rosales y, posteriormente, Benjamín Vicuña Mackenna coinciden en describir a Guacolda como una mujer muy bella, a quien sedujo el valor y el talento de Lautaro decidiéndose a seguirlo con lealtad y coraje94. Las crónicas también señalan que ella y Lautaro sirvieron en casas de españoles. Se dice que Lautaro sirvió al mismo Pedro de Valdivia, y que Guacolda se había criado en la casa de Pedro de Villagra. Cuando Lautaro dio por terminado su aprendizaje y partió a unirse a la sublevación de su pueblo, Guacolda se le unió, y ya no se separaron más. Lo acompañó en la toma de Concepción, en la batalla en las márgenes del Mataquito y en el asalto a Santiago.

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Guacolda. Erguida sobre brioso caballo, embiste contra ejército invasor , www.mujereschile.cl/comunicadas/historia/archivo

También se consultó Dos mujeres mapuche. Guacolda y Fresia ¿ ?, www.icarito.latercera.cl/biografias/1520-1599/bios/guacolda , tanto para los antecedentes de Guacolda como de Fresia.

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Mueren juntos durante la noche, en una emboscada que les tendió Villagra (batalla de Peteroa, en 1557). Ercilla imaginó en versos lo ocurrido en esa última noche de amor, en que ella intuyó el infortunado destino. La tradición, no obstante, señala que Villagra la apresó y llevó consigo, muriendo Guacolda al poco tiempo de pena por la pérdida del hijo de Tralcahueñu. El poeta Alonso de Ercilla cuenta en el canto XXXIII de La Araucana, que Fresia fue la mujer de Caupolicán y que acompañó a éste en todas las batallas en que participó. En el asalto de Cañete, al verlo rendirse y ser hecho prisionero, le enrostró su cobardía por no haberse dejado matar luchando y arrojándole el hijo de ambos a sus pies, le dijo: "Críale tú, que ese membrudo cuerpo, en sexo de hembra se ha trocado; que yo no quiero título de madre del hijo infame del infame padre". Tanto Guacolda como Fresia se mantienen como personajes de cuya existencia sólo Ercilla da cuenta. Janequeo fue una mujer lonco, de origen mapuche-pehuenche, esposa del lonco Huepután de Llifén95. Su preparación militar y cualidades de líder, hicieron que se ganara el apoyo de los estrategas militares de la nación mapuche. Con el patrocinio de su lof (comunidad) y el de su hermano Güechuntureo, el Consejo de Loncos la nombró a cargo de las tropas de la región. En un período difícil del curso de la guerra, atacó la fortaleza de Puchunqui y después de varias batallas rendidas durante el año 1587 derrotó a las tropas españolas. Se desconoce su destino tras su participación en la guerra de Arauco, siendo aceptado el hecho de que ella y su gente habrían muerto en la región de Villarrica a causa de una peste. Las campañas militares de la guerra de independencia dieron lugar a la participación femenina en diversas ocasiones. Esto debido a que las operaciones se desarrollaban en territorio poblado. Entre las mujeres, se guarda el recuerdo de las que militaron en el bando independentista. De ellas, quizás la más destacada, fue doña Paula Jaraquemada Alquízar (1768-1851)96. Nació en Santiago en junio de 1768 y murió en la misma ciudad, el 7 septiembre de 1851. Sus padres fueron Domingo de Jaraquemada y Cecilia de Alquízar. Su niñez y adolescencia deben haber transcurrido como la de todas las mujeres de fines del siglo XVIII, es decir, debió haber aprendido las primeras letras y recibido una educación sólida en aspectos morales y práctica en asuntos domésticos. En 1818, enterada de la Sorpresa de Cancha Rayada (19 de marzo), organizó militarmente a los inquilinos de su hacienda de Paine y le ofreció estas fuerzas al general José de San Martín. Junto a sus hombres, transformados ahora en soldados, Paula Jaraquemada concurrió a entrevistarse con San Martín, a quien proporcionó caballos, alimentos y pertrechos. Su hacienda se transformó en hospital de sangre, pues allí fueron remitidos los heridos en Cancha Rayada, y también sirvió de Cuartel General para San Martín.

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Janequeo, www.ciberokupa.cl/cuento1.htm Una patriota temeraria. Paula Jaraquemada Alquízar: 1768-1851, www.icarito.tercera.cl/biografias/1810-1830/bios/jaraquemada.htm

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2.-

EJÉRCITO DE CHILE

El Ejército de Chile contó entre sus filas, integrados oficialmente, con miembros femeninos desde sus comienzos. Durante la Guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana, las fuerzas chilenas fueron parcialmente reclutadas entre quienes se encontraban en territorio peruano. Uno de tales reclutas fue una notable mujer, que ha pasado a ser todo un símbolo de las armas chilenas. La Sargento Candelaria. (Ver Anexo D). No se sabe de otras mujeres combatiendo en el Ejército de Chile en este conflicto. Pero se puede suponer con buenas razones, que la Sargento Candelaria no fue la única.Tampoco sería la última. La Guerra del Pacífico nos trae a la memoria la actuación de algunas mujeres, en los cuarteles y en el combate. Numerosos testimonios dan cuenta de mujeres marchando con los soldados en las campañas libradas por nuestro Ejército. Entre ellas resalta con colores y brillos propios, Irene Morales Infante. (Ver Anexo E). Irene Morales representa junto a la Sargento Candelaria, a la mujer chilena simple y abnegada, que en las circunstancias extraordinarias que le tocó vivir, supo responder con coraje y decisión. Sabemos que junto a Irene Morales, hubo muchas otras mujeres en medio de las tropas chilenas en la Guerra del Pacífico. A las numerosas cantineras, se sumaron las “camaradas”, mujeres que acompañaron a los soldados por sus vínculos afectivos (esposas, amantes) o por su deseo de ayudar a la causa de la Patria. Dieron, junto a los hombres, su vida con generosidad sin igual. La participación de las mujeres en la Guerra del Pacífico, como hemos visto, fue activa y centrada en tres ámbitos fundamentales: el aporte económico, el cuidado de los enfermos y como cantineras marchando junto al Ejército. Vemos en el caso chileno, que el combate terrestre no ha sido un campo ajeno al sexo femenino. Ella esta presente desde los albores de la Patria con Valdivia y sus huestes guerreras, con Lautaro y sus conas, quienes luchaban ferozmente, sin saber que se encontraban forjando una nueva nación. La conducta de las mujeres, de uno u otro bando, siempre digna del mejor soldado, es una demostración de que cuando la necesidad lo ameritaba, allí estaba ella, dándose al combate con el mismo ardor con que hubiera cuidado de sus hijos. Sólo que en todos los casos, se trataba siempre de situaciones excepcionales, aunque adquirieran la condición de combatientes regulares. Nada hace suponer que en el futuro, si las circunstancias se presentan, las mujeres chilenas no estarán dispuestas a luchar junto a sus maridos, hermanos y camaradas, como nuevas Guacoldas o Sargentos Candelarias y, al igual que éstas, lo harán con la valentía tradicional y reconocida de la raza chilena. El Ejército, en relación con la presencia de mujeres en sus filas, al igual que otras ramas de la defensa ha contado con ellas desde hace muchos años. La diferencia, la ha marcado la reciente incorporación de la mujer en los escalafones de combatientes. En efecto, desde el año 1995 las mujeres han accedido a la Escuela Militar y de Suboficiales, para integrarse a los escalafones de Línea y de los Servicios, con excepción de las armas de
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infantería y caballería blindada. Veinte años antes, con la creación de la Escuela del Servicio Auxiliar Femenino del Ejército, las mujeres habían ingresado en funciones de tipo administrativo integradas en escalafones dotados de rango militar y vistiendo uniforme. El acceso de la mujer al Ejército fue paralelo con la creación de cupos para personal femenino en el Servicio Militar Obligatorio, tanto cronológicamente como en términos de funciones a desempeñar. Los requisitos de ingreso, permanencia, aprobación de estudios y de ascenso no presentan en nuestro Ejército diferencias con los de los varones. Sólo es importante mencionar que las exigencias físicas son menores para ellas. Al contrario de lo que ocurre en otros países, en el Ejército chileno, así como en las restantes instituciones de la Defensa Nacional, las mujeres tienen la condición de militares, de acuerdo con las disposiciones del Código de Justicia Militar. Esto en virtud de las disposiciones de la Ley de Servicio Militar Obligatorio o para prestar servicios en cualquiera otra condición. TABLA 12.Distribución de hombres y mujeres por grado en el Ejército de Chile. Año 2005.

Oficiales Grado Hombres Mujeres Coronel 297 Tte. Coronel 622 Mayor 605 Capitán 827 Teniente 604 Subteniente 407 Alférez 98

1 13 35 61 51 52 32

% Hombres % Mujeres 99,6 0,4 98 2 95 5 93 7 92 8 88 12 75 25

Cuadro Permanente Grado Hombres Mujeres % Hombres % Mujeres SOM. 272 6 98 SOF. 4632 88 98 SG. 1° 751 10 99 SG. 2° 971 0 100 CB. 1° 1378 23 98 CB 2° 3690 136 96 CBO. 4903 287 94

2 2 1 0 2 4 6

Fuente: Ministerio de Defensa Nacional: Separata de actualización del libro de la Defensa Nacional 2005.”Participación de la mujer en la Fuerzas Armadas”.

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CANTIDAD Y PORCENTAJE DE MUJERES EN RELACIÓN A LOS HOMBRES

Oficiales Sexo Masculino Femenino Total

Cantidad 3.408 213 3.621

% 94 6 100

Cuadro Permanente Sexo Cantidad Masculino 16.981 Femenino 568 Total 17.549

% 97 3 100

Fuente: Ministerio de Defensa Nacional: Separata de actualización del Libro de la Defensa Nacional 2005. “Participación de la mujer en las Fuerzas Armadas”.

FIGURA 3.-

Personal Total del Ejército de Chile

M asculino 87%

Femenino 13%

Fuente:Ministerio de Defensa Nacional:Separata de actualización del Libro de la Defensa Nacional 2005. “Participación de la mujer en la Fuerzas Armadas”

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3.-

ARMADA DE CHILE

La presencia femenina en la Armada97 ha sido una constante desde 1937, cuando se incorporaron las primeras enfermeras, al escalafón de los Servicios, entonces denominado “de Filiación Azul”. Actualmente las mujeres alcanzan al 13% de la fuerza humana, cifra nada despreciable, considerando que de los países miembros de la OTAN, el que mayor porcentaje de mujeres exhibe en sus fuerzas navales, son los EE.UU. con un 16%. Probablemente la participación de la mujer en la Armada ha pasado desapercibida, por el hecho de que hasta hace muy poco no vistió uniforme en la vía pública, ni desfilaron en las paradas militares. Hasta la década de 1970, las mujeres que se desempeñaban en las oficinas vestían un delantal que usaban sobre sus ropas de civil, de color azul con cuello blanco y adornado con dos anclas cruzadas al costado izquierdo. Después, sencillamente se dejó de usar el delantal, surgiendo la costumbre de que los diferentes organismos que contaban con mujeres en sus dotaciones las proveyeran con “uniformes”. Esta costumbre terminó con la imposición de una tenida uniforme, de falda o pantalón azul, con jumper de igual color. La misma es usada por empleados civiles, como por la gente de mar. El personal femenino de sanidad, en cambio, ha usado tradicionalmente como uniforme una bata blanca con toca. Este considera el uso de distintivos para los grados jerárquicos, coronados por una cruz, todo en rojo. Por ser ésta una tenida de trabajo, no se usa en la calle. A contar del año 2003 se reglamentó oficialmente el uso de uniforme para el personal de gente de mar femenino del área de Sanidad, así como para las oficiales de los servicios, que a contar del 1 de diciembre de ese año, se incorporaron a los escalafones de Justicia y de Sanidad. A diferencia de la mayor parte de los anteriores uniformes, el nuevo contempla el uso de distintivos de grado y especialidad similares a los de los varones. Estos cambios no han modificado las condiciones generales para el desempeño de la mujer en la fuerza naval, pues no se prevé que ellas se embarquen (los escalafones a los que acceden no necesariamente contemplan esta alternativa). En el caso de las oficiales de los servicios puede darse la circunstancia de contar en un futuro previsible, con alguna Almirante98. Otro aspecto en el que las cosas han experimentado variaciones, es en relación al plantel educacional al que se incorporan. Anteriormente, las que ingresaban a los escalafones de Gente de Mar de los Servicios realizaban sus primeros estudios en las Escuelas de Sanidad Naval y de Abastecimientos y Servicios. Ahora, se incorporan como alumnas de la Escuela de Grumetes, ya que las dos antes mencionadas dejaron de ser escuelas matrices. La Armada no desarrolla cursos segregados excepto en la Escuela de Grumetes, pues no cuenta con escalafones exclusivamente femeninos. Las etapas educacionales a que las mujeres deben someterse durante la carrera son comunes, dependiendo del escalafón y grado, pues tales instancias son, requisitos de ascenso.
Los antecedentes relativos a la presencia femenina en la Armada, han sido proporcionados por la Dirección General del Personal de la Armada, siendo complementados con los conocimientos personales del autor, obtenidos de su experiencia o de conversaciones con personal en servicio o en retiro. 98 Almirante: Señor de los mares.
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Aun cuando a los Empleados Civiles no les son exigidos estudios formales a lo largo de su carrera, las necesidades institucionales y la preocupación por contribuir al perfeccionamiento del personal, abren las oportunidades para que tanto varones como damas, puedan acceder a cursos de post título o post grado con apoyo o financiamiento de la Armada. Como Oficiales de los Servicios, las mujeres pueden ingresar a los escalafones de Sanidad Naval, de Sanidad Dental y de Justicia. Su carrera se rige por las mismas normas que regulan la vida profesional de sus colegas varones. Para las empleadas civiles, no hay restricción alguna respecto de los escalafones ni de las especialidades. Ingeniería, Arquitectura, Derecho, Hidrografía, Informática, son algunas de las que pueden optar. Para las mujeres de gente de mar de los servicios, las especialidades disponibles son: escribiente, sanidad naval, sanidad dental, abastecimiento y telefonista. Las postulaciones femeninas a la Escuela de Grumetes son menores que las masculinas, considerando como base, la relación postulante/cupo disponible (6,16 vs. 10,52) y la cantidad total (277 vs. 6.104). La explicación puede estar en el hecho de que las opciones ofrecidas a las damas son restringidas al área de la salud y a la administración, al tanto que para los varones, el espectro abarca un campo más amplio. Históricamente, la cantidad de postulantes varones, ha sido más que suficiente para asegurar una selección adecuada. En el rango de personal de gente de mar la Armada de Chile no sufre el problema de los bajos niveles de reclutamiento presentado en los países europeos. Probablemente el hecho de que las jóvenes de Sanidad Naval y Sanidad Dental vistan ahora uniforme en la vía pública y de que participen en los desfiles militares, contribuya en el futuro a que se incremente el interés por estas carreras entre las egresadas de la Educación Media. En términos de deserción escolar, las mujeres en la Escuela de Grumetes presentan los mismos niveles de los varones (12% para ambos casos). Por el hecho de que no existan escalafones exclusivamente femeninos, la mujer no tiene más limitaciones, en cuanto al grado que puede alcanzar que las que eventualmente puedan afectar al personal masculino de su misma condición99. No se cuenta con información respecto de la proporción de personal femenino de gente de mar que alcanza los grados jerárquicos más altos, en relación con el que ingresa. Por el hecho de que las oficiales de los servicios sólo ingresaron durante el año 2003, tampoco es posible determinar su nivel de retención laboral a lo largo de la carrera. El elevado porcentaje de mujeres en la dotación institucional que supera la media de varios países, en los que la campaña por la incorporación de la mujer a las instituciones de la defensa ha sido ampliamente publicitada, se ha conseguido sin más medidas que las
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En rigor, las especialidades de Gente de Mar de los Servicios de Auxiliar de Sanidad Naval y Auxiliar de Sanidad Dental son exclusivamente femeninas; la permanencia de algún varón en el escalafón correspondiente sólo se da circunstancialmente, cuando un Enfermero Naval, por diversas razones, no puede continuar sirviendo en el escalafón correspondiente, del Personal de Gente de Mar de Línea.

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adoptadas por las propias autoridades navales, siguiendo lo que se podría llamar un proceso de evolución natural. Si se comparan los niveles de participación femenina en la Armada con los de las instituciones castrenses de los países considerados en el estudio, se puede concluir que se ha alcanzado una cifra cercana a la media, que ronda el 15%. Para el año 2008 se ha previsto la eventual incorporación de oficiales mujeres en las áreas de Abastecimiento y del Litoral. Las TABLAS 14, A, B, C, D, E, F y G, grafican en números la presencia femenina en la Armada. (Fuente: Dirección General del Personal de la Armada). Sin dudas, que el reciente acceso femenino a los escalafones de Oficiales de los Servicios introducirá a futuro algunas modificaciones a los porcentajes de mujeres en ese segmento, pero ello no representará un cambio relevante en el panorama general. El primer llamado a postular al ingreso a los escalafones de Oficiales de los Servicios que incluyó damas candidatas, tuvo una base de selección de 101 varones y 74 damas. El resultado fue el acuartelamiento de 6 de éstas. Como en otros países, el interés femenino por la vida militar es menor que el masculino. Siendo probable que las cifras en futuros procesos de admisión se vean incrementadas, cuando las razonables inquietudes que pueden presentarse entre las eventuales interesadas, vayan siendo aclaradas por la experiencia de las pioneras. La situación entre los Empleados Civiles es también significativa, en el sentido de que más de la mitad de los escalafones integrados por profesionales universitarios, con la sola excepción de los afectos a la Ley Nº 15.076 (médicos), está conformado por mujeres. Es en estas áreas de desempeño profesional, menos “militares”, donde se consigue una mayor presencia de la mujer y donde ella puede competir de igual a igual con el varón, situación que es común a todos los casos ya descritos. Es evidente que la Armada no ha abierto las puertas al embarco de mujeres en las unidades a flote. Ello responde a diversos criterios, entre los cuales destaca la prudencia, que aconseja no innovar en aquello que ha funcionado bien por muchos años. Aún cuando el hombre de mar es un profesional que en el terreno tecnológico se muestra dispuesto a recibir los cambios y a hacerlos suyos al más breve plazo, no es menos cierto que por definición, es un hombre de tradición, de costumbre, poco dado a cambiar sus usos si no hay causa más que probada para ello. Buena prueba de esto último, es el tradicional uniforme naval, que nació en la época de la navegación a vela y se ha mantenido sin cambios significativos por más de un siglo. El buque de guerra es un fiel reflejo de la personalidad naval. Profesionalmente, marcada por la tecnología, pero fundada bajo el peso de la tradición y las costumbres marineras. El buque es, casa, cuartel y trinchera, pero también es un alarde de ingenio tecnológico, en el que cada equipo, cada mínimo componente ocupa un lugar definido cuidadosamente, pues el espacio a bordo es escaso y el peso influye en la estabilidad de la plataforma. Los costos de las transformaciones de las unidades para recibir mujeres, que son significativos, como se ha visto en la US Navy, pudiendo ser abordables por esa fuerza, lo son bastante menos en nuestra Armada, en razón de sus más bajos presupuestos.

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En lo que respecta a los problemas de integración de la mujer a las fuerzas, que con mayor o menor intensidad se han dado en todos los casos, ellos parecen no ser de mayor gravedad. Probablemente, por el cuidado que la Armada ha dado siempre a la formación valórica de su personal civil y militar y por los estrictos procesos de selección a los que son sometidos. Otro aspecto que puede incidir en esto, es que la mujer en la Armada de Chile no ha ocupado lugares en que la presencia femenina haya sido motivo de polémicas y controversias. En resumen, el tema de embarcar mujeres desde la perspectiva de la administración del recurso más valioso da la institución, el humano, plantea un desafío importante, sin que haya certezas de que los resultados que se puedan esperar sean realmente beneficiosos para la Marina y por ende para el país.

TABLA 14 A.Participación femenina en la Armada de Chile. Año 2003. Sexo Varones Mujeres Total Cantidad 22.292 3.300 25.592 Porcentaje 87,11% 12,89% 100%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

TABLA 14 B.Participación femenina en los escalafones de Oficiales de los Servicios. Año 2003. Escalafón Justicia Sanidad Naval Sanidad Dental Prácticos Servicio Religioso Bandas Total Total 36 65 37 12 10 1 161 Varones Cantidad 33 63 36 12 10 1 155 Mujeres Porcentaje Cantidad Porcentaje 91,67% 3 8,33% 96,92% 2 0,77% 97,30% 1 2,70% 100% 0 0% 100% 0 0% 100% 0 0% 96,27% 6 3,73%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

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TABLA 14 C.Participación femenina en los escalafones de Empleados Civiles de Planta. Año 2003. Escalafón Administrativos Técnicos Profesionales Ley Nº15.076 Total Total 104 97 363 209 773 Varones Mujeres Cantidad Porcentaje Cantidad Porcentaje 36 34,62% 68 65,38% 48 49,48% 49 50,52% 136 37,47% 227 62,53% 151 72,25% 58 27,75% 371 47,99% 402 52,01%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

TABLA 14 D.Participación femenina en los escalafones de Gente de Mar de los Servicios. Año 2003. Sexo Varones Mujeres Total Cantidad 3.175 1.149 4.324 Porcentaje 72,43% 26,57% 100%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

TABLA 14 E.Distribución del personal femenino en los escalafones de Gente de Mar de los Servicios. Año 2003. Escalafón Básico Medio Superior Fuera de escalafón Escalafones en extinción Total Total 675 435 203 19 2.831 4.163 Varones Mujeres Cantidad Porcentaje Cantidad Porcentaje 425 62,96% 250 37,04% 400 91,95% 35 8,05% 203 100,00% 0 0,00% 9 47% 10 53% 1.983 70% 848 30% 3.020 72,54% 1.143 27,46%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

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TABLA 14 F.Presencia femenina dentro del personal no perteneciente a la Planta. Año 2003.

Escalafón Fondos Propios Jornales Obreros a Trato A Contrata Profesores Civiles Total

Total 2.527 68 332 247 271 3.445

Varones Cantidad 1.262 62 139 155 222 1.840

Porcentaje 49,94% 91,18% 41,87% 62,75% 81,92% 53,41%

Mujeres Cantidad 1.265 6 193 92 49 1.605

Porcentaje 50,06% 8,82% 58,13% 37,25% 18,08% 46,59%

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

TABLA 14 G.Comparación entre postulantes masculinos y femeninos a la Escuela de Grumetes. Año 2003. Postulantes Cupos Relación P/C Cursos Grumetes Navales Grumetes IM Mantenimiento Chóferes Mayordomos Cocineros Sanidad Naval (femenino) Sanidad Dental (femenino) Total varones Total damas 4.065 905 804 180 26 124 210 67 6.104 277 380 100 44 15 25 16 35 10 580 45 10,70 9,05 18,27 12,00 1,04 7,75 6,00 6,70 10,52 6,16

(Fuente: Dirección General del Personal de la Armada).

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4.-FUERZA AÉREA DE CHILE100 En la historia de la aviación chilena, la mujer ha estado presente en los diversos campos que abarca el vuelo de las aeronaves. Algunas de ellas han alcanzado cierta notoriedad, como Margot Duhalde y las más recientes “abuelas aviadoras”, aunque, en rigor, ninguna ha conquistado sus laureles en el seno de nuestra Fuerza Aérea. Margot Duhalde, primera mujer piloto chilena, se integró a las fuerzas de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial, prestando sus servicios como piloto para el transporte de aviones desde las fábricas a las bases de despliegue. Su labor le hizo acreedora a la Legión de Honor. En marzo de 2004, las abuelas aviadoras, Madelaine Dupont y María Eliana Christen, realizaron un extenso raid aéreo que comenzó en Santiago y alcanzó a Ginebra, vía el Atlántico sur y que, en su viaje de regreso, cubrió Islandia, Groenlandia, y Norteamérica. Tras 76 días, las audaces damas retornaron a Chile. Aunque ellas no pertenecen a la Fuerza Aérea, su logro contó con el apoyo de la institución, que ha cumplido un rol importante en la difusión y promoción de la actividad aérea nacional. En el campo estrictamente militar, el 1º de noviembre de 1981, se integran 50 jóvenes conformando el primer contingente del servicio militar femenino de la FACH, con el fin de ser instruidas para desempeñarse en las áreas de administración y de salud. La necesidad de reclutarlas surgió del hecho de que la actividad educacional civil no satisfacía adecuadamente los requerimientos específicos de la institución en estas materias. La Escuela de Especialidades, en la Base Aérea El Bosque, fue la encargada de llevar a cabo el proceso de formación. El personal docente fue especialmente entrenado con el apoyo del Ejército. La necesidad de instructoras militares llevó a recurrir a mujeres reservistas del Ejército para suplir esta necesidad, las que fueron incorporadas a la FACH en el grado de Cabo 2º. La formación de estas reclutas se llevó a cabo en el Hospital de la Fuerza Aérea, pues sería allí donde prestarían sus servicios como auxiliares de enfermería. Para ello primero fue necesario habilitar las dependencias en las que las alumnas permanecerían en régimen de internado por dos años. El segundo contingente (1982-1984) cumplió su período de reclutas en el Ejército, antes de instalarse en el Hospital de la Fuerza Aérea. Tiempo después, la ciudadanía las vería en la Parada Militar desfilando tras el estandarte del Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina. Sesenta mujeres integraron el tercer contingente (1983-1985), que recibió toda su instrucción en las instalaciones de la FACH. Diez de ellas egresaron al servicio como Técnicos en Procesamiento de Datos, veinte en Protección de Personas y treinta como Auxiliares de Enfermería. Durante el año 1985 se seleccionó a dos de las seis instructoras militares provenientes del Ejército, para integrarlas al Curso Especial de Oficiales dictado en la Escuela de Aviación, con el fin de contar con instructoras militares del rango de oficial.

100 Los antecedentes acerca de la presencia de la mujer en la Fuerza Aérea, han sido proporcionados por el Sr. Secretario General de la Fuerza Aérea, Coronel de Aviación (A) don Hugo Tilly Ebensperger, mediante Carta Nº 20248-1, cuya gentileza agradecemos.

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Ese año, el Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina asume la tarea de formar instructoras militares, seleccionadas de entre el personal del segundo contingente de la FACH y de reservistas del Ejército. El programa se mantuvo hasta en funcionamiento hasta el 3 de noviembre de 1990. No obstante que la FACH calificó la experiencia como acertada, la educación privada había evolucionado lo suficiente como para no ser necesario realizar la preparación profesional de este personal femenino en el seno de la institución. El ingreso de la mujer en los escalafones de personal de cuadro permanente, para acceder a los escalafones regulares a través de la Escuela de Especialidades, es una materia que se encuentra en etapa de estudio, sobre la base de la experiencia con alumnas en la Escuela de Aviación. Sin embargo, la misma escuela ha dictado cursos especiales de Administración para mujeres. En los escalafones de cuadro permanente de los Servicios, la mujer puede optar por las especialidades de transporte terrestre, bandas, sanidad, alimentación y apoyo general. La formación profesional de este personal se realiza antes de incorporarse al servicio. Ingresan como cabos y pueden alcanzar el grado de suboficial. Como empleado civil, la mujer puede desempeñarse en áreas técnicas y administrativas, en igualdad de condiciones que los varones. En el año 2000 ingresaron a la Escuela de Aviación las primeras mujeres cadetes. Se convirtieron en las primeras mujeres oficiales de los escalafones de oficiales de línea durante el año 2003. Las especialidades a las que pueden optar son rama del aire (pilotos), ingeniería aeronáutica, ingeniería en administración, defensa antiaérea y telecomunicaciones e informática. Cabe mencionar que las oportunidades de las mujeres en estos escalafones son las mismas de los varones. Los escalafones de oficiales de los servicios también son campo abierto a la participación femenina, desde hace ya muchos años. Sanidad, sanidad dental y justicia, son a los que se ingresa en el grado de Capitán de Bandada y que tiene como tope, el de General de Brigada, a excepción de los dentistas, cuyo límite es el de Coronel de Aviación. Los escalafones de los servicios generales se conforman con los mismos profesionales anteriores, pero su carrera militar se limita al grado tope de Comandante de Grupo. Como en los casos anteriores, la institución no hace diferencias entre varones y damas, para el ingreso, permanencia y ascenso. La presencia femenina en la Fuerza Aérea, en cifras, se ve reflejada en las TABLAS 15A y 15 B. Al igual que lo observado en la Armada, se aprecia que un número alto de mujeres integra la fuerza laboral en espacios en los que puede competir razonablemente bien con sus pares masculinos. De acuerdo con informaciones disponibles, alrededor del 14% del total de la dotación de la FACH, es personal femenino, lo que sitúa a esta institución dentro de los rangos promedio observados en casi todos los casos.

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La experiencia de incorporar mujeres en los escalafones de oficiales de línea, aún muy fresca, no permite determinar el impacto numérico que tendrá en el conjunto, aunque no debiera tener una gran incidencia, dado que las cantidades de oficiales de línea son relativamente pequeñas. El efecto que la incorporación de mujeres a los escalafones regulares de personal de cuadro permanente (de línea) está en estudio, y podría tener en conjunto, en términos numéricos, más importancia. Sin embargo, nada puede asegurar que la FACH logre niveles de participación femenina distintos a los observados en otros países. Es interesante observar que en lo que respecta a la participación de mujeres en los procesos de admisión a la Escuela de Aviación, si bien se nota interés en las postulaciones, que han experimentado un importante crecimiento de 23% a 31%, también muestra un descenso en los niveles de ingreso de 34% a 28% (Ver tabla 15 B). Probablemente este descenso se deba a los ajustes que ha tenido el proceso, a medida que la Escuela va adquiriendo experiencia con las postulantes femeninas. La falta de antecedentes respecto de las cifras de egreso, que en definitiva son las que cuentan, no permite evaluar el real éxito de la mujer en su empeño por ingresar a las áreas operativas de la institución. El tiempo se encargará de emitir su juicio. También el tiempo será quien determine si las nuevas condiciones que la FACH ha establecido para el trabajo femenino, han tenido un efecto positivo en la calidad de la gestión aereo-militar de la nación. TABLA 15 A.Presencia femenina en la Fuerza Aérea de Chile. Año 2004. Porcentaje de mujeres en la dotación Oficiales: De Línea Justicia Sanidad Servicios Generales Cuadro Permanente: Sanidad Administración Otros Empleados Civiles: Sanidad Bienestar Social Administración Cadetes: Escuela de Aviación 1,20% 21% 37% 42% 43% 44% 20% 62% 18% 20% 22%

Fuente: Comando de Personal de la FACH.

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TABLA 15 B.Participación femenina en los procesos de admisión a la Escuela de Aviación “Capitán Ávalos”.

Año 2000 2001 2002 2003 2004

Postulantes (%) Mujeres Varones 23 77 23 77 25 75 25 75 31 69

Ingresados (%) Mujeres Varones 34 66 35 65 25 65 20 80 28 71

Fuente: Comando de Personal de la FACH.

FIGURA 4.-

Personal Total Fuerza Aérea de Chile

M asculino 85%

Femenino 15%

Fuente: Comando de Personal de la FACH.

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IV.- PROCESOS DE INTEGRACION

1.- LA INTEGRACIÓN DE LA MUJER A LAS FUERZAS ARMADAS COMO IMPERATIVO POLÍTICO. En un mundo marcado cada vez más por el igualitarismo, uno a uno han ido cayendo los bastiones exclusivamente masculinos. Cualquier diferencia que se haga, en razón del sexo, recibe una muy rápida y enérgica condena social, aun cuando tal diferencia responda a imperativos totalmente ajenos a la voluntad humana, como son los derivados de la fisiología. Uno de estos bastiones ha sido desde siempre, el mundo militar. La presencia femenina en las fuerzas armadas no es nueva, sólo que en algunas áreas no ha sido en un plano de igualdad con el varón, tanto en lo que se refiere a las funciones específicas, como en cuanto a las oportunidades de acceso a las posiciones jerárquicas más elevadas. Por lo general, el acceso de la mujer a la vida militar ha seguido al ingreso femenino a ciertas profesiones u oficios en la vida civil. Así, cuando se admitió el ingreso de mujeres en el campo de la abogacía o de la medicina, pronto las fuerzas armadas contaron con mujeres abogados o médicos en sus filas. Mucho antes, la aparición del oficio femenino clásico en la actividad económica, el de secretaria, evolución natural del aún más antiguo de dactilógrafa, había abierto las puertas del campo militar a la mujer. Pero sin duda, que la presencia de la mujer como enfermera en los ejércitos, antecede a todos los casos anteriores. No obstante, la existencia de ellas era un suceso que sólo ocurría durante las campañas bélicas101. Hasta la Primera Guerra Mundial, los cuerpos de enfermeras eran cubiertos principalmente por voluntarias, que recibían instrucción sólo cuando se presentaba la emergencia. Esta característica se mantuvo incluso en aquellas instituciones que al inicio de la Gran Guerra ya contaban con cuerpos de enfermeras. Terminado el conflicto, las damas retornaban a sus ocupaciones habituales. En los albores del siglo XX aparece en escena un nuevo fenómeno: el sufragismo. Tanto en Europa como en Estados Unidos, se desató una fuerte corriente que abogaba por el derecho femenino al voto. Con más o menos suerte, los diferentes movimientos fueron alcanzando sus metas, tras lo cual emprendieron una nueva campaña, consecuencia natural de la anterior: el derecho a ocupar cargos públicos, en especial cargos de elección popular. Como ya lo hemos mencionado, las dos guerras mundiales abrieron definitivamente el mundo laboral a la mujer, la que adquirió conciencia de que su número constituía un gran capital político. También los políticos captaron esta nueva realidad. Atender a las necesidades y demandas femeninas puede fácilmente modificar cualquier resultado en las urnas, con el agregado, de que muchas de tales necesidades y demandas no conocen barreras sociales ni políticas.

101

Las mujeres habían tomado parte informalmente, en muchísimas campañas militares, siguiendo a maridos, amantes o clientes, cumpliendo diversas funciones, entre las que destacaban las de enfermera, lavandera y cocinera; esta costumbre se mantuvo hasta que los ejércitos lograron crear cuerpos de apoyo logístico orgánicos.

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No es de extrañar entonces, que los grupos que abogan por mayores oportunidades para la mujer hayan logrado triunfos significativos, llegando a imponer criterios sociales que en muchas legislaciones han adquirido rango de ley. Tal es el caso de la así llamada “no discriminación sexual”, que consiste en no considerar ninguna diferencia entre hombre y mujer, en orden a acceder a derechos y beneficios de cualquier tipo. En los Estados Unidos, la legislación federal así como numerosas legislaciones estaduales, contemplan la existencia de organismos cuyo único fin es velar por la perfecta igualdad de derechos entre todos los ciudadanos, para ocupar puestos en los organismos fiscales o privados. Se ha llegado a fijar cuotas a ser cubiertas por cada grupo minoritario o “discriminado”. Así, el poder ser clasificado como miembro de un grupo “discriminado” es una buena forma de acceder a puestos a los que probablemente, por talento, no se podría postular con razonables probabilidades de éxito102. Como en toda corriente de pensamiento, hay extremos. En el caso de los partidarios del ingreso irrestricto de la mujer a las FF.AA., hay grupos que niegan la validez de cualquier restricción, incluso si esta surge de cuestiones totalmente ajenas a la voluntad humana. Si las limitaciones existen, ellas deben ser superadas. El costo material o los sacrificios que la adaptación exija, carecen de importancia. Tal corriente es la que se ha impuesto en nuestros vecinos Perú y Argentina, aunque evidentemente la aplicación de la idea ha debido aceptar la existencia de ciertos límites. La tendencia en Europa y EE.UU., es eliminar total y definitivamente las barreras. Las FF.AA. han debido adaptarse al cambio. La experiencia ha ido demostrando que no siempre es posible cumplir cabalmente con las directrices que emanan del estamento político y se han hecho oír voces que piden revisar las políticas adoptadas en materia de participación femenina en la milicia, en tanto que algunos estados han dejado que sean los propios mandos castrenses los que resuelvan estos asuntos. Sin duda, el feminismo ha hecho valer sus postulados actuando a través de los grupos influyentes en la política. Analizado con profundidad e imparcialidad, el feminismo no se diferencia mucho del machismo que dice combatir103. La pretensión de que hombre y mujer son “intercambiables” en todas las actividades, el criterio de que la mujer puede hacer todo lo que el varón, se ha traducido en que la mujer se comporta según el modelo masculino, despreciando lo que es propiamente femenino. Las antiguas condicionantes, que determinaban las tareas que podían ser asumidas por la mujer, han pasado a ser juzgadas como convencionalismos retrógrados. Nótese que el feminismo no menciona nunca los deberes femeninos, sino tan sólo los derechos. En el debate acerca de la presencia femenina en las FF.AA., el feminismo tampoco se detiene en la razón de ser de estas instituciones. Para esta corriente lo que cuenta no es la
Al respecto, la posición que empieza a imponerse es la de asignar a cada puesto, al más calificado, procurándose que las diferencias que anteriormente se calificaban como discriminatorias, sean simplemente eliminadas y no que jueguen de modo de producir nuevas discriminaciones que vengan a perjudicar a los que antes se vieron favorecidos. Tal es el parecer de la Baroness Symons of Vernham, Dean Minister for Defence Procurement (Reino Unido), según señala en PART OF MY JOB: EQUAL OPPORTUNITIES IN THE ARMED FORCES, RUSI Journal, octubre de 2000. 103 Romano Amerio, IOTA UNUM, Estudio sobre las transformaciones de la Iglesia Católica en el siglo XX, Riccardo Ricciardi Editore, Milán- Nápoles, 1985, ed. castellana, Salamanca, 1994, Capítulo IX La Iglesia y la mujer, 90. Crítica del feminismo. El feminismo como masculinismo, pp 153-154.
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necesidad de la defensa de la Patria, ni los costos que cambios tan radicales tienen para el Estado. Falta en el discurso feminista, una cuestión evidente: determinar el rol femenino en las FF.AA. No es igual que la mujer haga lo mismo que el hombre hace, que darle un papel que ella haga o en el cual el varón no logre igualarla o superarla. La corriente feminista pacifista cuya influencia en la vida política moderna es poco importante, aboga por la presencia irrestricta de la mujer en las FF.AA. Tan curiosa postura persigue la eliminación o anulación de las FF.AA., partiendo del supuesto de que sin cuerpos armados no habría guerras. Como no ha habido indicios de que los estados renuncien a contar con FF.AA., estos grupos buscan promover la presencia femenina en la milicia pues perciben que a través de la presencia masiva de la mujer en sus filas, las FF.AA. se feminizarían a tal punto que ya no serían capaces de combatir, lo que sería equivalente a no tener fuerzas militares104. No es difícil prever las ventajas que esta situación acarrearía a los países cuyas FF.AA. carecen de mujeres (el mundo islámico, por ejemplo) o limitan su presencia a los campos tradicionales. A su vez, las corrientes feministas pacifistas presentan algunas variantes. La más notable, es la que denuncia la incorporación de la mujer a la vida militar como un nuevo intento del poder político, considerado enclave masculino, para someter a la mujer. El mundo militar, instrumento de opresión, recurriría a la mujer para cumplir con sus propósitos, pero sin permitirle gozar de las prerrogativas castrenses reservadas a los varones. El feminismo se une con la izquierda política, en lo que ambos han venido a denominar el “progresismo”. Las feministas sienten que la izquierda, a través de las políticas de gobierno, ha demostrado que actúa beneficiosamente por medio de dos tipos de acciones: las acciones indirectas, porque al generalizar la educación, los servicios sociales, etc. beneficia a la mujer que parte de una situación de desigualdad. Y luego, por la acción directa: crear organismos específicos para luchar contra la discriminación de la mujer, como el caso del Instituto de la mujer, planes de igualdad, etc. El “progresismo” político partidista de izquierda a la vez hace suyas muchas de las banderas de lucha del feminismo, entre ellas, el tema de la mujer en combate. La mujer “debe” ser incorporada a las Fuerzas Armadas en “todos” los ámbitos, sin importar si ellas, o una parte importante de ellas, no lo desea. No interesan ni los altos costos, ni la tradición, ni tampoco la posible disminución en la eficiencia de las instituciones armadas. Sólo interesa el sentido de igualdad de géneros. Los sectores que se dicen marxistas y sus aliados políticos, ven la presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas como un problema en donde el género las une, pero la “clase” las divide105. Su visión de unas FFAA “Democráticas” en su estructura, en relación al acceso a las escuelas matrices, las que deben estar abiertas a toda la sociedad sin ningún tipo de distinciones, es lo que define claramente su posición sobre el tema106.

104 Stephanie Guttman, Una Milicia Más Benvola y Gentil: ¿Pueden las Fuerzas de Combate de Género Neutral aún Ganar Guerras?, citada por Lee Bockhorn, en Mujeres en las FF.AA., serie Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval. No sólo estas FF.AA. feminizadas serían menos capaces para la guerra, también serían más eficientes en la defensa de la paz, la que es sólo amenazada por las FF.AA. masculinas, que sólo desean la guerra. 105 Clase contra Clase. N.79, 4/09/2005. 106 Programa de gobierno Pacto“Juntos Podemos Más”.

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La gran mayoría “silenciosa” de las mujeres, que aboga por una presencia femenina limitada a los roles tradicionales, no da muchas señales de querer defender sus posiciones en estas materias, en la creencia de que la actual tendencia de abrir el terreno militar sin limitación alguna, es inevitable e irreversible. Es importante mencionar la aparición en algunos países desarrollados (europeos, especialmente) de movimientos neo-feministas, los que abogan por la vuelta al hogar de las mujeres. Este grupo, busca compatibilizar la vida familiar y profesional a través de empleos a medio tiempo o labores realizadas a distancia. En materia de independencia de los mandos militares para decidir estos asuntos, hay una gama muy variada, que va desde los políticos que imponen las medidas, sin considerar en absoluto la opinión y experiencia de los militares, hasta los que han dejado que sean ellos quienes decidan, pasando por todas las posiciones intermedias imaginables. Muchas normas que se dictan para el mundo civil, que dicen relación con la defensa y promoción de la mujer, tienen poca aplicación en el plano militar o requieren de complejas adaptaciones. Los militares se distinguen de los civiles en muchas cosas: el uso exclusivo de determinada vestimenta, la potestad para el uso de las armas, la renuncia voluntaria a derechos considerados sagrados para un no militar, el compromiso solemne y sancionado por la ley de cumplir con su deber al precio de la propia vida y otros, marcan una enorme diferencia107. En este sentido, los responsables de la conducción política deben comprender una realidad insoslayable: el mundo militar es especial y diferente al civil, cuyas peculiares características exigen de ellos, un conocimiento en profundidad.

Un militar puede ser juzgado y condenado a sanciones que, según la legislación, pueden ir desde la expulsión deshonrosa del servicio, pasando por el presidio, hasta la pena de muerte, por cometer acciones que en el mundo civil no merecerían más que una pérdida del empleo. En Chile, las faltas cometidas por los militares normalmente implican sanciones mucho más duras que las que se aplican a los miembros del Poder Judicial, por mencionar un campo laboral en el que las acciones punibles tienen tanta o mayor repercusión que en el mundo militar.

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2.- EL IMPACTO DEL CONTROL DE LA NATALIDAD Y DE LA SOCIEDAD DE CONSUMO Las políticas de control de la natalidad, así como la creciente presión social por acumular bienes de tipo material, tienen un fuerte impacto en la conformación de las fuerzas armadas en los países europeos y en los Estados Unidos, principalmente108. En nuestra América hispana, esta tendencia se ha ido haciendo más evidente en los últimos años, aunque atenuada por las elevadas tasas de desempleo que hacen más atractiva la opción laboral militar. Es así como la propensión a restringir la cantidad de hijos a uno o dos como máximo, reduce paulatinamente la disponibilidad de varones jóvenes para entrar a integrar los escalafones militares. Como solución para atender a la demanda de mano de obra de oficios considerados de menor rango social y económico, que requieren de poca o nula preparación académica, los países europeos han recurrido a inmigrantes de naciones con tasas de natalidad más elevadas e ingresos menores. Países como los de Europa oriental, los norteafricanos y, más recientemente, los hispanoamericanos han servido para paliar el problema. Para efectos militares estos candidatos, por diversas razones, no resultan del todo adecuados para el servicio, aun cuando por lo general su ingreso a las FF.AA. se ve restringido solamente por la normativa legal. España, país en el que las bajas tasas de reclutamiento han hecho crisis, han decidido la incorporación de extranjeros a las filas militares, en tanto que los EE.UU. hace mucho tiempo que los admite109. No puede ignorarse el hecho de que las FF.AA. son la expresión militar de la nacionalidad110. La incorporación de extranjeros en la milicia, necesariamente implica una notoria pérdida del sentido nacional en los cuerpos castrenses, cuyas consecuencias sólo podrán percibirse a cabalidad, en un conflicto bélico de mayor intensidad que los que actualmente se han librado por estas FF.AA. multinacionales bajo una sola bandera. Diversos países europeos han tomado conciencia del problema de las bajas tasas de natalidad, desarrollando políticas de protección a las familias numerosas. Medidas que de tener éxito, sólo mostrarán efectos perceptibles a mediano y largo plazo. Las Tablas 16 A y B nos muestran la realidad, también preocupante, de nuestro país al respecto. Su análisis nos indica la continua caída en la tasa de natalidad, con el agravante, que no existen políticas gubernamentales para revertir esta tendencia. Al contrario, las últimas décadas han sido marcadas por el apoyo gubernamental a políticas de control de la natalidad.

108 109

María Luisa Barón, El Papel de la mujer en las Fuerzas Armadas.

Las mujeres llegarán a general en un plazo de entre quince y veinte años, diario ABC (España), , entrevista al Subsecretario del Ministerio de Defensa, Víctor Torre de Silva. www.belt.es/noticias/2002/02_octubre/21_mujergeneral.htm.
110 Rafael Martínez Martínez, Quiénes Son Y Qué Piensan Los Futuros Oficiales Y Suboficiales Del Ejército Español, Fundació CIDOB, CIDOB Barcelona , 2001, www2.ubu.es/derpri/ciepola. El estudio revela que en un país, como España, en donde el sentimiento de nacionalidad ha sido apagado en beneficio de un fortalecimiento simultáneo de pertenencia a una “comunidad autónoma” y de adherencia a la Unión Europea, no ha hecho mella en el sentido nacional que se vive en las FF.AA.

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TABLAS 16 A y B.-

CHILE: Evolución de la tasa de natalidad, según quinquenios. 1950 - 2005 Período 1950 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 1955 1960 1965 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 2005 TN 4,95 5,49 5,44 4,44 3,63 2,80 2,67 2,65 2,55 2,21 2,00

CHILE: Proyección de la tasa de natalidad 2005 - 2050 Período 2000 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2045 2005 2010 2015 2020 2025 2030 2035 2040 2045 2050 TN 2,00 1,94 1,89 1,85 1,85 1,85 1,85 1,85 1,85 1,85

Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Boletín 2005

La pérdida de las colonias, antaño una fuente importante de mano de obra militar, impone la necesidad de restringir el reclutamiento a la población del territorio metropolitano. La famosa Legión Extranjera no es vista con buenos ojos entre la mayoría de los europeos, incluso en Francia, por nutrirse de mercenarios111. Muchos de los cuales son sencillamente indeseables que huyen de la justicia de sus países de origen. En las unidades de la Legión, la falta de un sentido nacional francés, es suplida hábilmente con el argumento de que la Patria
111

Ver “Mercenario” en Aclaraciones.

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del legionario es la Legión. Además, se les otorga la nacionalidad francesa para aquellos que cumplan una cierta cantidad de años en el servicio. El mercenario, que en tiempos medievales constituía el grueso de los ejércitos europeos, hoy sólo está incorporado en los ejércitos británico (Gurkas), español (Legión Extranjera) y francés (Legión extranjera), aunque limitado a determinadas unidades. El fenómeno de las campañas publicitarias promoviendo el ingreso a las fuerzas armadas, que en el pasado sólo se presentaba en tiempos de guerra, se ha tornado permanente. Es imperioso competir con todos los medios disponibles por un recurso cada vez más escaso: el humano. También, el envejecimiento de la población, otra consecuencia de los bajos índices de natalidad, incide poderosamente en las oportunidades de los servicios armados para reclutar personal. Como es natural, la función militar es propia de gente joven.

TABLA 17.-

CHILE: Población total por sexo y años calendario terminados en 0 y 5 al 30 de junio, según grupos quinqueniales de edad. 1985 - 2015

GRUPO DE EDAD Y SEXO TOTAL 0-4 5-9 10-14 15-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70-74 75-79 80+ 1985 12.102.174 1.323.066 1.170.644 1.243.270 1.251.432 1.285.305 1.118.991 895.476 752.259 647.161 520.521 466.479 405.154 320.667 259.199 193.451 136.240 112.859 1990 13.178.782 1.459.498 1.317.058 1.165.852 1.235.643 1.237.943 1.268.512 1.106.437 883.498 740.232 633.749 505.019 445.704 378.904 290.004 221.466 150.917 138.346 1995 14.394.940 1.487.544 1.461.367 1.321.302 1.170.027 1.240.689 1.242.813 1.272.062 1.107.665 881.377 734.101 622.864 489.157 422.191 347.322 252.131 177.237 165.091

Población y Años 2000 15.397.784 1.328.435 1.487.986 1.463.554 1.322.956 1.172.379 1.242.260 1.243.236 1.269.543 1.101.809 872.593 720.989 603.577 464.960 389.561 305.395 205.815 202.736 2005 16.267.278 1.237.463 1.328.126 1.488.498 1.463.158 1.322.128 1.171.107 1.239.874 1.239.003 1.261.636 1.090.382 857.796 700.924 577.002 432.884 348.283 256.350 252.664 2010 17.094.270 1.248.325 1.237.497 1.328.934 1.488.317 1.462.342 1.320.741 1.169.556 1.236.191 1.231.974 1.249.164 1.072.667 835.126 671.677 539.279 389.319 295.148 318.013 2015 17.865.185 1.259.507 1.247.912 1.237.791 1.328.427 1.486.755 1.459.635 1.317.682 1.165.611 1.228.946 1.220.001 1.229.337 1.045.250 801.793 629.844 487.591 332.591 386.512

Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Boletín 2005

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El envejecimiento de la población produce entre los jóvenes más y mejores oportunidades en la actividad económica. Frente a lo cual, las fuerzas armadas, generalmente remuneradas por debajo de la actividad productiva privada, no pueden competir. Este factor adquiere un grado de complejidad adicional, debido a que la sociedad occidental contemporánea ha hecho de la adquisición, posesión y goce de bienes materiales, el elemento de valoración social más importante. El pobre, a su carencia de recursos, debe agregar el sufrimiento de su menor consideración social. Los que han elegido la vida militar como su forma de vida, con la consiguiente restricción en la satisfacción de sus necesidades materiales, sufren ahora también la de una menor consideración social. La pertenencia a una rama de las fuerzas armadas hasta mediados del siglo XX, era considerada una cuestión de gran prestigio y aceptación social, para posteriormente pasar a ser una actividad atractiva sólo para los grupos sociales menos pudientes y, por lo tanto, menos valorados en la escala social. Con raras excepciones, la mujer aspira y obtiene niveles de renta inferiores a los del hombre, por lo tanto, las fuerzas armadas, con sus remuneraciones más reducidas, no constituyen una alternativa laboral menos atractiva para ella. Además, como en el servicio castrense los niveles de ingreso dependen del rango alcanzado y de la función desempeñada, las rentas no quedan determinadas por el sexo del funcionario, lo que pone a la mujer en un plano de igualdad frente al varón.

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TABLA 18.Crecimiento Económico PRODUCTO INTERNO BRUTO PER CAPITA 1984 - 2000 Año 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 Miles de Pesos de 1986 266,60 268,80 279,20 292,60 308,80 335,70 342,30 363,50 401,30 422,30 439,30 478,60 506,40 536,50 550,10 537,00 558,00 Crecimiento Promedio Anual (%) 1984 - 1989 1989 - 2000 4,70 4,70 Variación Anual (%)

0,80 3,90 4,80 5,50 8,70 2,00 6,20 10,40 5,20 4,00 8,90 5,80 5,90 2,50 -2,60 4,00

Fuente: Banco Central de Chile

La insuficiente cantidad de candidatos a ingresar a las fuerzas armadas, ha motivado a los gobiernos europeos a considerar dos tipos de medidas: en primer lugar, ofrecer mejores niveles de remuneraciones y segundo, el abrir más espacios a las mujeres, en los roles en que ellas no han sido admitidas. La primera de estas medidas, siempre encontrará el obstáculo de la escasez de recursos fiscales, los que con el término de la guerra fría resulta poco atractivo destinar a las fuerzas armadas. La segunda medida, parece encontrar mayor apoyo entre los políticos, por el hecho de que les permite captar más votos en el electorado feminista, a la vez que no les obliga a desembolsar más fondos públicos en la defensa, punto que les acarrea el favor de los grupos ecologistas y pacifistas. Volviendo al tema de los mejores niveles de remuneraciones, se ha planteado una nueva opción: el reclutamiento de jóvenes voluntarios por períodos de tiempo limitados (cuatro o cinco años), a cambio de becas de estudios u otros beneficios, al término del servicio en la milicia. Estos períodos de servicio pueden ser prorrogables y conducir a una carrera regular.
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Es una solución atractiva, pues resuelve el problema de la cantidad de personal reclutado, pero tiene un alto costo y no es adecuado para satisfacer las necesidades de personal de alta calificación técnica, cuya preparación es cara, tanto monetariamente como en términos del tiempo que demanda su formación práctica y teórica. Las FFAA. de los Estados Unidos han aplicado este esquema por años, y han podido conformar un vasto y bien entrenado cuerpo de reservistas, con los que ha atendido con éxito las necesidades de tropas para las campañas de Tormenta del Desierto, Afganistán e invasión de Irak. No obstante, el costo de mantener entrenadas a grandes fuerzas en la reserva, es alto y tiende a perjudicar las opciones de los reservistas para conservar sus empleos civiles. Esta posibilidad resulta interesante para las mujeres, en especial las que provienen de las capas sociales más bajas, que ven en esta opción la oportunidad para subir socialmente y mejorar sus ingresos. Finalmente, la alternativa del servicio militar obligatorio, implantada por primera vez en la Francia revolucionaria, hoy es considerada poco democrática112. Cuando se la mantiene está sujeta a numerosas limitaciones, como la objeción de conciencia, por muy diferentes causas. En todo caso, no es una solución adecuada, pues no resuelve el problema de fondo: la falta de población “en edad de portar armas”. En las fuerzas cuya naturaleza es esencialmente técnica, la conscripción sólo puede resolver una porción mínima de las necesidades de personal, en particular en los países con un bajo nivel de escolaridad o de desarrollo tecnológico incipiente113. Es importante hacer notar que los factores expuestos anteriormente se ven sometidos a esporádicas variaciones, como consecuencia de las vicisitudes a que está sometida la economía: cuando se viven períodos de estrechez, normalmente las fuerzas armadas no sufren de escasez de candidatos a servir en sus filas. En un escenario como el chileno actual, en el que la baja demanda de mano de obra genera un alto número de jóvenes desempleados, la opción por ingresar a las FF.AA. se hace cada vez más atractiva, lográndose mejores bases de selección, tanto para el ingreso a las escuelas matrices como para el servicio militar. Como puede apreciarse, la creciente carencia de varones jóvenes para el mercado laboral militar, sea por un descenso en la natalidad o por el bajo atractivo económico de las carreras militares, va abriendo sostenidamente el acceso femenino a las funciones castrenses. No obstante lo anteriormente aseverado, las actuales circunstancias políticas en el plano internacional, han experimentado variaciones que han hecho repensar la necesidad de reclutar mujeres para las fuerzas armadas. En esencia, con el término de la guerra fría, la
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El principio sobre el cual se sustentaba el reclutamiento forzoso, era que siendo el pueblo quien gobierna, el mismo pueblo debe asumir la defensa de la nación, que es una responsabilidad inherente al rol de gobernante. No se debe confundir el reclutamiento forzoso instaurado por la Francia revolucionario, con el practicado por los señores feudales, que reclutaban combatientes dentro de los siervos, pues ellos quedaban vinculados al servicio del señor, en virtud del juramento de mutua fidelidad que les unía de por vida. Se trataba de un servicio de tipo personal, al tanto que la conscripción moderna es un asunto impersonal, que vincula al individuo con el Estado y no con una persona en particular. 113 Algunos militares sostienen que la prisa con que se ha decidido en algunos países, terminar con la conscripción, ha impedido analizar las muchas alternativas que se podrían manejar para perfeccionar el sistema, como la postergación del acuartelamiento hasta el término de la educación superior, para captar reclutas con mayor calificación profesional o técnica, con la oportunidad de desarrollar una carrera como reservista, acuartelamiento por períodos breves, durante las vacaciones, etc. Muchas de estas opciones están contempladas en nuestra legislación, pero se les aplica muy poco.

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necesidad de contar con grandes contingentes de tropas preparadas para el combate, ha disminuido significativamente en los países de Europa Occidental, así como en los EE.UU. A esta menor demanda de mano de obra militar, se ha sumado un mayor esfuerzo de automatización de equipos y sistemas, que también incide en menores dotaciones para las fuerzas aéreas y navales, aunque sólo parcialmente en el caso de las terrestres. Naturalmente que estos procesos exigen del personal militar un mayor grado de perfeccionamiento técnico, para apoyar eficazmente a las fuerzas operativas. En este sentido, la mujer puede competir eficientemente con el varón, pues las disciplinas técnicas son campos en los que ella puede desenvolverse bien114. Sin embargo, las FF.AA. siempre serán más eficientes en sus tareas, si la función técnica y la propiamente militar, pueden ser atendidas por el mismo personal. Una cuestión importante es la relativa a los criterios de selección. Normalmente un cierto número de candidatos a los planteles militares es rechazado, por no cumplir con los patrones de selección. Razones académicas, por una parte e incapacidades físicas por otra, son las causas más relevantes de eliminación de candidatos. Pero no son los únicos, ya que también se fijan rangos de edad fuera de los cuales todo candidato es automáticamente rechazado, deformaciones físicas, etc. Las causales de tipo académico van desde el no contar con los niveles de escolaridad mínimos que se exigen, hasta el bajo puntaje logrado en los exámenes de admisión. Es natural y deseable que las FF.AA. decidan aceptar a los más idóneos. En el plano de las aptitudes físicas, las variables son numerosas y en ellas es posible distinguir ciertas áreas que merecen alguna discusión. El tema del pie plano es una de ellas. Los especialistas en medicina militar ya no están de acuerdo que este asunto sea realmente una patología. La distinción moderna entre pie plano flexible y pie plano rígido, hace recomendable revisar a fondo este tema, pues es muy probable que numerosos candidatos, con méritos académicos y otros, queden eliminados por esta causa que en definitiva, no les impide desarrollar las mismas actividades que las personas que poseen un pie “normal”. Incluso entre quienes poseen el pie plano rígido, sólo unos pocos pueden ser calificados realmente como casos patológicos. 115 Difícilmente, una mujer con pies “normales” es capaz de rendir físicamente más que un varón con pies planos, en las duras condiciones en que se desenvuelve la vida militar. Ciertas afecciones pueden ser tenidas como causales temporales de exclusión, pues su corrección es factible en condiciones normales. La falta de ciertas piezas dentales o la presencia de caries, por ejemplo, pueden decidir la eliminación de candidatos aptos, aunque sólo tengan incidencia en cuestiones odontológicas o estéticas menores.

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María Luisa Barón, El Papel de la mujer en las Fuerzas Armadas.

Para el tema del pie plano, se consultó, entre otras, las siguientes páginas web: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001262.htm, http://www.alemana.cl/not/not/not030626.html, www.saludhoy.com/htm/nino/articulo/pieplanl.html.

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Finalmente, la cuestión relativa a los rangos de edad es digna de estudio. Un candidato no es menos deseable, porque su edad exceda ciertos límites. Es cierto que no es lo mismo un cadete o grumete de 20 años, que uno de 25, que iniciará una carrera cerca de los 30. Pero también es cierto que es posible estructurar carreras en las que el postulante inicie su desempeño profesional contando con un título profesional y que ha cumplido con un programa de adoctrinamiento militar, mientras realiza sus estudios universitarios. Las FF.AA. norteamericanas han aplicado programas semejantes por décadas y el hecho de que tales programas se mantengan, es un indicativo del éxito alcanzado. El mismo esquema permitiría contar con una dotación calificada de reservistas. El tema de los criterios de selección es, en resumen, un punto en el que se debe reflexionar, pues es probable que la preocupación de las FF.AA. respecto de la escasez de candidatos aptos para la función militar, tenga en parte su origen en procesos de admisión excesivamente rigurosos, en aspectos de menor relevancia. Cabría preguntarse si, de acuerdo con los patrones de selección modernos, Napoleón Bonaparte, por su baja estatura, podría ingresar hoy al ejército al que él dio fama. Otros notables militares, como Julio César y Alejandro Magno, también sufrieron dolencias que hoy les dejarían fuera de cualquier proceso de admisión. Por consiguiente, el argumento de la menor disponibilidad de jóvenes en condiciones de portar armas para introducir a la mujer en la milicia, ha perdido su vigencia. Al menos para las fuerzas navales y aéreas.

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V.- EL CÍRCULO ÍNTIMO 1.- CONDICIONES BIOLOGICAS Definitivamente éste es uno de los temas más polémicos y manipulado por los sectores que defiende el ingreso de mujeres a las fuerzas de combate. A continuación efectuaré un análisis de algunos de estos aspectos. a.- Características Físicas: Es claro y aceptado por la ciencia que el hombre físicamente es más “grande” y “fuerte” que la mujer. El hombre y la mujer tienen las mismas proporciones de músculos y huesos, teniendo el hombre músculos más fuertes, más pesados y más grandes. Los huesos del hombre a su vez son más grandes y pesados que los de la mujer. Otras características comúnmente aceptadas es que el hombre es más alto, tiene brazos y piernas más largas, además, sus manos son más grandes. La mujer a su vez tiene caderas más anchas y hombros más angostos que el hombre. La masa corporal de la mujer y su estructura más pequeña inciden en la fortaleza del cuerpo116. Generalmente, debido a la estructura de su cuerpo la mujer tiene menor fuerza física que el hombre. Las diferencias de fortaleza son mayores en las extremidades superiores que en las inferiores. Aun cuando en ambos casos, en la generalidad, el hombre prácticamente duplica a la mujer.117 Veamos a continuación una tabla comparativa de características físicas del hombre y la mujer. TABLA 19.Características físicas Cuadro Comparativo Mujeres (Kgs.) 55,00 42,00 7,90 4,40 Hombres (Kgs.) 70,00 56,30 13,70 5,80

Peso Absoluto Peso Magro Peso Tejido Adiposo Peso Esqueleto

Nota: Hombre-mujer promedio 25 años de edad.
Fuente: La incorporación de la mujer a las F.F.A.A., Diferencial psico-fìsico. Coronel Bioquímica Dra. Gladys Ruiz de Pecci

116
117

Greenhorn y Stevenson “Fortaleza es la capacidad máxima de aplicar o resistir la fuerza”. Laubach, 1976.

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b.- Características Fisiológicas: En cuanto a las funciones propias del organismo del hombre y la mujer quisiera referirme en primer término a las que claramente los diferencian: a) El ciclo menstrual: Función fisiológica mensual propia del organismo de la mujer, cuya duración varía de entre los tres y los seis días dependiendo de cada organismo. Los efectos más comunes que producen los cambios hormonales registrados durante el ciclo menstrual están relacionados con migrañas, agotamiento físico y mental, dolores ováricos fuertes (especialmente entre mujeres solteras), irritabilidad, depresión sin causa aparente, celos referente a afectos o aspectos profesionales, y cambios de carácter118. Es importante mencionar que no todas las mujeres presentan los mismos síntomas antes mencionados, como también, es muy poco común que alguna mujer no presente más de uno de ellos durante su ciclo menstrual. No está demás agregar, que en general, el uso de artículos de protección femenino produce grados de incomodidad y de merma en la capacidad de movimiento de la mujer. b) Embarazo y Post-Natal: Período que se extiende normalmente por 12 meses en los cuales la mujer está sujeta a un sinnúmero de cambios físicos, fisiológicos y sicológicos119. En lo físico externo presentará un aumento constante de peso (entre 8 y 20 kilos), el volumen de su “panza” aumentará a contar del tercer mes de embarazo hasta que éste concluya. Durante el embarazo las glándulas mamarias se preparan para cumplir con su fin principal, la secreción de leche. Entre las 5 y 8 semanas es notorio el aumento de volumen de las mismas lo que se mantendrá hasta que el bebé deje de lactar. La gran revolución hormonal qué significa el embarazo podría afectar la piel en cuanto a su pigmentación y a manchas faciales. En el aspecto psicológico, algunos factores que afectan a la mujer durante el embarazo son los siguientes: Tendencia a sentirse única, a centrarse en sí misma (narcisismo primario). Tiene ganas de descansar, de hacer las cosas más tranquilas, de disfrutarlas. Se vuelve más sensible y aumenta su irritabilidad. Se siente ansiosa frente al parto que se avecina. Se dice también, que se produce un regreso a la infancia (antojos, ganas de salir a pasear, etc.). Las molestias más comunes que se producen en la mujer durante el embarazo pasan por posible sangramiento genital, dolor abdominal, pérdida de liquido amniótico, nauseas y mareos. Terminado el embarazo es común la llamada “depresión post parto” que lleva a la mujer a bajas anímicas, llantos, etc.

118 119

Este tema se consulto con más de 50 mujeres en edad de servir en las Fuerzas Armadas. .Las respuestas, en su mayoría, fueron concidentes.

http//miembarazo.cl 88

La mujer presenta algunas afecciones propias de su sexo y que por sus características afectarían su desempeño militar. Entre éstas podemos mencionar: infecciones urinarias, hongos, cistitis, hirsutismo, histerectomía, etc.120. En el aspecto fisiológico nos encontramos que una función fundamental para un combatiente es la resistencia, o la resistencia total a la fatiga. Entendiendo a la fatiga como un conjunto de manifestaciones traducidas por fenómenos de naturaleza subjetiva (apatía, angustia, etc.) y objetiva (disminución del rendimiento físico, alteraciones orgánicas, etc.) producidas por condiciones de trabajo que superan la capacidad de adaptación del organismo llevando a comprometer el desempeño. En este aspecto, se puede afirmar que la resistencia física del hombre supera a la de la mujer121. La tabla que a continuación se expone muestra las marcas logradas por los medallistas de oro en diversas especialidades. (Resultados obtenidos durante las Olimpíadas de Atenas 2004)122. Las consiguieron, mujeres y hombres altamente entrenados física y sicológicamente, dispuestos a dar lo mejor que su intelecto y su físico les permite. Claramente existe una marcada diferencia a favor de los varones en cuanto a rendimiento físico.

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www.mujeractual.com/salud/ginecologia. Lyons, 1997. Resultados Olímpicos Atenas 2004. Hombres y Mujeres.-

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TABLA 20.OLIMPIADAS ATENAS 2004
ATLETISMO 100 MTS 10,93 9,85 800 MTS 1.56,38 1.44,45 5000 MTS 14.45,65 13.14,39

MUJERES HOMBRES HALTEROFILIA MUJERES HOMBRES TIRO

242,50 K 325,00 K

(Peso 58 - 63 Kgs) (Peso 56 - 62 Kgs)

Pistola de aire comprimido MUJERES HOMBRES 483,30 690,00 Double trap MUJERES HOMBRES REMO Cuatro por pareja MUJERES HOMBRES 06'29''29''' 05'56''85''' Minutos Minutos 146,00 189,00 Puntos Puntos Puntos Puntos

Dos sin timonel MUJERES HOMBRES TRIATLON MUJERES HOMBRES PIRAGUISMO Slalom MUJERES HOMBRES 210,03 187,96 K K 02h04'43'' 01h51'07'' Minutos Minutos 07'06''55''' 06'30''76''' Minutos Minutos

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2.- LA FAMILIA Es un tema rara vez abordado en las discusiones acerca de la presencia femenina en la milicia, no obstante que la escala de valores del militar se resume en la expresión “Dios, Patria y Familia”. Cabe preguntarse, si en el caso de la mujer su escala de valores es exactamente igual o cambie a “Dios, Familia y Patria” lo que podría influir en decisiones importantes. La familia es un factor de gran relevancia en la vida castrense. Un militar que forma y mantiene una vida de hogar estable y ordenada, es claramente un individuo más capaz de afrontar los rigores del servicio. El orden observado en la casa familiar se traslada al cuartel o al buque, siendo un ejemplo para sus pares y subalternos. A su vez, ellos lo aplican en sus propias familias, conformando un círculo virtuoso. El militar cuyo cónyuge no maneje prudentemente el presupuesto doméstico, puede representar una seria falla en la seguridad, como lo prueban innumerables ejemplos que no son del caso recordar. La mujer, hoy como hace mil años, es la encarnación de la vida familiar. En la vida castrense también sucede lo mismo. Tras la carrera del militar siempre hay una mujer apoyándolo, instándolo a seguir adelante frente a cualquier dificultad que se presente. Manteniendo el control del hogar, dando a luz cuando el soldado o el marino se encuentran sirviendo a la Patria a muchos kilómetros de distancia, o sufriendo en la soledad la enfermedad de un hijo. Las esposas de los militares no hacen carrera, pero son parte de las FF.AA. La mujer del marino no ve con buenos ojos que su cónyuge comparta con mujeres en el limitado espacio del buque. Se espera que ello contribuya a desestabilizar una vida matrimonial ya tensionada naturalmente por las frecuentes ausencias del esposo123. La Armada no puede, por otra parte, sustraerse a las informaciones recibidas de sus similares de otras banderas, relacionados con los problemas generados a las familias de marinos debido a relaciones producidas a bordo. Interesante resulta tratar el tema del matrimonio entre miembros de las FF.AA., por sus curiosas implicancias. Es frecuente que muchos matrimonios se concierten entre miembros de un instituto castrense (ver TABLA 21). El contacto profesional entre solteros es naturalmente una buena oportunidad para ello. Comparten valores, aspiraciones y viven las mismas condiciones laborales. Además, muchos de estos jóvenes han emprendido la vida militar por provenir de familias de militares, de modo que también comparten estilos de vida semejantes.

123

El autor consulto sobre este tema con muchas esposas de militares y la respuesta fue siempre la misma.

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TABLA 21.Porcentaje de personal militar norteamericano, casado con otro miembro de las FF.AA. Año 2002.

Sexo Varón Mujer Total

Institución Ejército 3,40% 18,50% 5,70%

Armada 1,90% 13,10% 3,50%

Infantería de Fuerza Marina Aérea 2,20% 6,50% 26,80% 26,50% 3,70% 10,40%

Total de las fuerzas 3,60% 20,20% 6,10%

Fuente: Defense Manpower Data Center, 2002 Demographics Report, www.mfrc-dodqol.org/stat.cfm

La primera interrogante es acerca de cómo puede afectar a la vida matrimonial la jerarquía de los cónyuges. Por lo general, en ningún país se acepta que el marido posea un rango claramente inferior al de la mujer o viceversa. La vida social militar está muy determinada por el rango. No es ilegal, pero tampoco es aceptado de buena gana que el marido, un oficial, asista a una ceremonia o recepción con su mujer, cabo o sargento, debido a que pone al protocolo en duros aprietos124. En la realidad, sin salir del campo de lo normal, nada debería cambiar en la relación conyugal por causa de la diferencia jerárquica entre marido y mujer, salvo en la eventualidad de que ambos converjan en la misma unidad y deban mantener alguna relación de subordinación. Lo usual en estos casos, es que la institución se encargue de evitar las dificultades que eventualmente puedan aparecer, trasladando a uno de los dos a otro sitio. En una guarnición relativamente aislada, la separación de los cónyuges puede significar una buena cantidad de kilómetros de por medio, con la consiguiente alteración de la vida matrimonial y familiar. La ley, que en Chile obliga a mantener a los cónyuges en destinaciones cercanas cuando ambos son funcionarios del estado, es puesta a prueba cuando este caso se presenta. Si se traslada a uno, debe trasladarse también al otro, con todo lo que ello supone. Si ambos cónyuges se mantienen en servicio, es normal que uno de ellos no pueda optar por algunos traslados que le permitan acceder a mejores niveles de renta o que se reservan para los más capaces (para “hacer carrera”, como dicen los militares). La otra solución es simple, pero drástica: la mujer se retira del empleo y se dedica a las tareas del hogar o a otras actividades profesionales. La posibilidad de que se retire el varón es muy baja, pues sus opciones laborales dependerán siempre de las destinaciones de la mujer o deberá aceptar que su vida familiar se reduzca a breves y esporádicos encuentros.

124

Según Omar Gutiérrez (La Mujer y las Fuerzas Armadas), el caso de la Coronel del Ejército israelí, enamorada de su chofer, puso en dificultades a las autoridades militares, que optaron por trasladar al conscripto, hasta el término de su servicio militar.

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No es difícil pensar acerca de las dificultades de un matrimonio entre dos miembros de la Armada, cuya opción profesional considere el embarque simultáneo de ambos. La vida familiar en este caso sería virtualmente imposible, al menos mientras los hijos estén en edad preescolar. En las publicaciones acerca de la presencia femenina en la vida militar no se habla de estas situaciones, pero se deja ver la existencia de este problema en las altas tasas de retiro que presentan las mujeres cuando deben embarcarse o se prolongan los períodos de embarco125. Una complicación adicional se presenta cuando ambos cónyuges son militares, pero pertenecen a instituciones diferentes. Los traslados de uno, determinan en virtud de la ley, los del otro y ello muchas veces no es factible. La vida familiar se hace en estos casos, aun más difícil. El marido, miembro de la Armada es trasladado a Puerto Williams, lugar en el que no hay guarnición del Ejército, institución a la que pertenece su cónyuge. O el marido, miembro del Ejército, recibe una destinación a Calama, lejos de cualquier repartición naval donde podría prestar sus servicios la esposa, enrolada en la Armada. ¿En qué unidad cumple la destinación la mujer? ¿O sencillamente, deben ambos aceptar que la familia vivirá cierto tiempo separada? Estos casos suponen aumentar los problemas al ya complejo trabajo de conformar las dotaciones. Otro punto a tener presente en relación con los matrimonios entre miembros de las FF.AA. es el de las guardias. Si ambos cónyuges cubren algún rol de guardia, lo que es propio de una fuerza militar, deberán contar con la buena voluntad de sus respectivos mandos, para que las guardias de ambos no coincidan (poco factible en muchos casos) o bien recurrir a la bondad de un familiar que atienda a los hijos. El contar con una empleada en la casa, que no siempre es posible, es una solución a veces satisfactoria. Los hijos también deberán pagar su cuota de sacrificio. La existencia de las casas fiscales, colegios, jardines infantiles, hospitales, redes de centros recreativos o vacacionales, asistencia social, etc., que son un alivio para presupuestos familiares estrechos como los que deben manejar las mujeres de militares, son un claro reconocimiento por parte de las instituciones de la Defensa Nacional de que la familia es un componente de primer orden en el concierto de la vida castrense.

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E.R.Hyman, Midshipman, FC(X), Women at Sea. El 60% del personal femenino subalterno y el 90% de las oficiales indicaron que continuarían en servicio después de casarse, a diferencia del varón cuya opción por el matrimonio casi nunca es causa de retiro.

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3.-

LA SEXUALIDAD

Ningún análisis del tema que estudiamos puede ignorar la sexualidad y sus implicancias reales y prácticas. Más aun, si se considera que parte de los problemas que ha debido enfrentar la presencia femenina en el castrum, se sitúa dentro del espectro de lo sexual. Tratar el punto puede conducir a conclusiones que posibiliten una comprensión más cabal de la vida de la mujer en las FF.AA. Aunque ya casi no se oiga hablar de la “liberación femenina”, la proliferación de artículos, libros, foros y otras formas de expresión, que abordaron este tema en los años 60 y 70, dejó sus huellas profundas en la sociedad contemporánea. La temática acerca de la mujer oprimida por patrones machistas de conducta sexual, se integró con facilidad al discurso feminista que pretendía la obtención de derechos civiles y se extendió a terrenos en los que ya no venía al caso librar batalla alguna. Desde el momento en que la moral sexual experimentó un importante debilitamiento y coincidentemente la mujer se integró en forma masiva al mundo laboral, dejó de tener significación hablar de liberación femenina en el sentido de sustraer a la mujer del poder absoluto del varón. La tendencia moderna de discutir abiertamente cualquier tema, se basa en la premisa de que la libertad se manifiesta en el derecho a la libre expresión. Pero como la libertad no se limita a la simple manifestación verbal, se ha pasado a los hechos. No basta ya con expresarse, es necesario actuar. Estas circunstancias han llevado a la erradicación del tema de la sexualidad del terreno de la moralidad, con las innumerables consecuencias que ello ha traído consigo y que no son motivo de análisis en el presente trabajo, salvo en los aspectos que dicen relación con su impacto en la forma como hombres y mujeres interactúan en el medio social particular del mundo militar. Mientras la moral dictaba las pautas de la conducta sexual el comportamiento de hombres y mujeres estaba claramente diferenciado. Al varón, a quien se atribuía un rol activo, le correspondía tomar las iniciativas, mientras la mujer, asumía una actitud más bien pasiva o actuaba de un modo tal que así lo pareciera. El hecho de que la moral sancionara como ilícitas las relaciones sexuales fuera del matrimonio, decidía la forma como dichas relaciones eran percibidas por la sociedad, obligando a los amantes a una relación clandestina o a tener que tolerar la inevitable reprobación pública. Era natural que se prefiriera la clandestinidad al rechazo social, salvo que se gozara de una posición tal que este rechazo no representara problema alguno. Así, se conocieron casos de vida sexual extramarital, a veces adúlteros, entre personajes famosos, pero muy pocos entre las personas comunes y corrientes126. La percepción que la sociedad tiene respecto de estas cuestiones, ha cambiado radicalmente. Es evidente que la temática sexual ha adquirido tintes muy distintos a los de antaño, no sólo en lo que a la unión matrimonial se refiere, sino al sentido que se da a las relaciones
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En su momento, el caso de la actriz sueca Ingrid Bergman, que convivió con el director italiano Roberto Rosselini, estando ambos casados previamente, fue motivo para un notable escándalo. Otro tanto ocurrió con la relación entre la actriz Catharine Hepburn y Spencer Tracy, siendo éste, casado y católico. Hoy, un suceso similar no causaría gran revuelo.

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sexuales. Mientras la unión sexual era la culminación de la relación de afecto entre varón y mujer, aun cuando no tuviera lugar en el contexto del matrimonio ni con vistas a una posterior formalización, no se esperaba que toda relación afectiva terminara necesariamente en ello. Había algo de misterioso, muchas veces prohibido, que daba al sexo la condición de tema reservado sólo para los momentos íntimos y que no se ventilaba públicamente. El desprendimiento de lo sexual del campo de la moralidad ha modificado apreciablemente la forma como se aborda hoy el tema del sexo y sus implicaciones. Discutirlo públicamente, incluso si se trata de situaciones personales no puramente hipotéticas, es algo que no sólo no es reprensible, sino digno de elogio, señal de franqueza, de apertura, de espontaneidad. La libertad de expresión llevada a su más depurada manifestación. De igual manera se pasa de la expresión a la acción. Dejando a un lado los excesos como la pornografía o la prostitución, en muchos sectores sociales la relación sexual127 ya poco o nada tiene que ver con la afectividad humana y con sus consecuencias naturales, como la procreación y el fortalecimiento de los vínculos afectivos. Con creciente frecuencia las mujeres adoptan conductas de franca agresividad en el juego de la seducción, en las que lo misterioso del sexo opuesto no tiene ninguna participación. Simplemente se trata de dar satisfacción al impulso momentáneo, algo tenido tradicionalmente como un comportamiento exclusivo del varón, que era sancionado negativamente por la moral, aunque no tanto por el medio social. Esta conducta, practicada por la mujer, siempre fue reprobada por la moral y por la convención social. Actualmente ya no recibe la misma sanción, aunque todavía provoca algún estupor. Para muchas personas, hombres o mujeres, la actividad sexual es vista simplemente como una forma de entretención, de pasar un buen rato o como una manera más de quemar energías, junto al trote, la danza aeróbica o el ciclismo. La incorporación irrestricta de la mujer al mundo militar tiene muchas semejanzas con la nueva forma femenina de comportarse en el terreno sexual, en el sentido de que ya no se hace diferencias entre la conducta varonil y la femenina. En el mundo laboral esta nueva forma de comportamiento femenino se ha hecho cada vez más frecuente, dado que las oportunidades para contactar personas del sexo opuesto se han multiplicado. Cuando la presencia femenina en las FF.AA. se ha hecho masiva, el fenómeno se ha trasladado de la vida civil al cuartel, con las necesarias condicionantes que impone cada sociedad. La aparición de relaciones íntimas entre los compañeros de ocupación, muchas de ellas llevadas a cabo en horas de trabajo o en los puestos de guardia, con el consiguiente riesgo para la seguridad, es una realidad que afecta seriamente a las FF.AA. mixtas. La clandestinidad sexual constituye la norma, debido a que las reglamentaciones prohíben expresamente las relaciones sexuales en las unidades y reparticiones128. No han faltado bullados casos de miembros de unidades navales mixtas que se reúnen en sitios privados, en tierra, a celebrar fiestas de sexo, alcohol y drogas, para resarcirse de las restricciones que el servicio les impone durante las horas de trabajo129.
El término “relación sexual”, en este trabajo, se refiere única y exclusivamente a la relación en que los actores participan de dicha relación, de manera totalmente voluntaria. La violencia y el acoso sexual son asuntos tratados en otras partes del trabajo. Estas regulaciones existen, formal o informalmente, en todas las FF.AA. y muchas veces no tienen nada que ver con la moral, sino con la distorsión de la relación entre individuos militares y con la seguridad, al descuidarse las tareas en desarrollo 129 Al parecer, los problemas más serios en relación con la proliferación de las relaciones sexuales entre compañeros de trabajo, se da con mayor intensidad, en las dotaciones embarcadas. En las unidades en tierra, con mayores oportunidades para salir francos, la “urgencia “ por sostener un encuentro sexual, puede ser más fácilmente atendida en las horas libres, en otros sitios.
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En los EE.UU. el significativo incremento de mujeres embarazadas a bordo, 130 comienza a representar un problema para la administración del personal. Esta situación obliga a desembarcarlas en circunstancias que las unidades han alcanzado sus niveles de entrenamiento para ser desplegadas en las áreas de interés o ya se encuentran en dichas áreas, siempre alejadas del territorio metropolitano. Un reemplazo en tales circunstancias implica una baja importante en los niveles de rendimiento y un considerable costo en transporte de personal, repatriación, etc. Los cuidados médicos para estas mujeres también son causa de preocupación, pues las unidades a flote no siempre están en condiciones de darles la atención que su estado requiere. Terence P. Jeffrey en Human Events, revelaba el serio problema que para las fuerzas norteamericanas en Irak y Afganistán representan las mujeres embarazadas. Lamentablemente, los interesados en investigar el tema se han encontrado con la reticencia de las autoridades a dar a conocer antecedentes, aduciendo la necesidad de proteger a las personas y a las FF.AA131. En la primera mitad del año fiscal iniciado en octubre de 2003, 922 mujeres habían abandonado el Ejército por motivos de embarazo. Muchas de ellas son solteras. Las estadísticas del año fiscal 2002, señalan que la Armada debió desembarcar 2.159 mujeres embarazadas, las que representaban el 12,3% del total de tripulantes femeninos presentes a bordo. Según una investigadora, las FF.AA. se han convertido en el paraíso de las madres solteras, atendiendo a las garantías que el servicio otorga a las mujeres en esta condición. Otra arista del problema sexual en las FF.AA. es el uso del atractivo de la mujer o, directamente, de la actividad sexual, con el propósito de conseguir ciertos beneficios132. En realidad, este tema se toca muy poco pero es tan real como el de los abusos sexuales. De hecho, la información acerca de este punto casi no existe, pues tanto oferentes como demandantes, guardan un muy cauto silencio, por razones obvias. No obstante, en la vida militar sólo los planes de guerra son mantenidos en secreto. Todo cuanto ocurre en la unidad o el buque, tarde o temprano llega a conocimiento de todos, aun cuando la calidad de la información que circula extraoficialmente, siempre deja mucho que desear. La sola sospecha de la existencia de situaciones anómalas en las que pueda haber mujeres involucradas, llenará el ambiente de rumores y comentarios abiertamente maliciosos. A mayor estrechez de los espacios físicos y duración de los períodos de aislamiento o navegación, tanto más incómodo se volverá el ambiente. Es muy fácil deducir las consecuencias en la disciplina y en la moral. El hecho de conseguir algunos favores que por las vías regulares no se obtendrían, sea cual sea la moneda de cambio, es una grave ofensa a la disciplina, pues atenta contra la justicia, virtud clave en toda convivencia. Un beneficio otorgado de manera irregular siempre irá en
130 Stephanie Guttman, Una Milicia Más Benvola y Gentil: ¿Pueden las Fuerzas de Combate de Género Neutral aún Ganar Guerras?, citada por Lee Bockhorn, en Mujeres en las FF.AA., serie Temas Seleccionados, Academia de Guerra Naval, extractado de www.policyreview.org/ang00/bockhorn.html 131

Citado por Ángel Expósito Correa, La mujer-soldado: ¿Conquista o derrota de la civilización?, Revista ARBIL (España), Nº74, www.iespana.es/revista-arbil/(74)expo.htm

132 Un análisis profundo de este problema, nos muestra que el uso del atractivo sexual o el otorgamiento de favores sexuales, con el propósito de obtener ciertos beneficios, que pueden o no implicar el traspaso de dinero, no se diferencia en nada de la prostitución, salvo en lo que se refiere a la moneda de cambio, que en este caso no es dinero.

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desmedro de otro individuo con mejores derechos. De allí que en muchas partes, el uso de influencias para el logro de favores, sea perseguido como una forma de corrupción. Frente a este problema, nos encontramos con que en algunas oportunidades, los mandos pasan a ser tan víctimas como las mujeres que son sometidas a los acosos de sus superiores. Cuando la corrupción se introduce en los cuerpos armados, los resultados pueden ser desastrosos, debido a que despierta la desconfianza del personal hacia su mando, corroe la cohesión y genera el rechazo masivo del conjunto hacia quienes resultan injustamente beneficiados133. Se puede llegar al extremo de que el otorgamiento de cualquier regalía, incluso legítimamente obtenida, despierte las sospechas del grupo. El problema se convierte en un drama para las mujeres cuyo desempeño ha sido en todo momento correcto, ya que las sospechas de que también están incurriendo en prácticas reñidas con la moral, recaerán necesariamente sobre ellas. También se resiente la confianza que los mandos despiertan entre los subalternos. El sentimiento de rechazo hacia todas las mujeres, pasa a ser generalizado entre los varones. Los problemas referidos a la actividad sexual antes reseñados, están presentes en todas las ramas de las fuerzas armadas donde sirva personal femenino, debido a que en todas ellas se dan las condiciones propias de la vida de cuartel, marcadas por un alto nivel de enclaustramiento, escasos espacios para la intimidad individual, numerosas ocasiones y lugares donde se pueden producir encuentros furtivos, etc. La camaradería entre varones asume una forma muy diferente a la que se puede dar entre personas de distinto sexo134. Mientras entre varones militares la camaradería generalmente no tiende a ser selectiva, pues todos se dan a todos, entre hombres y mujeres tiende a ser selectiva. Cada uno busca “apropiarse” del otro, de modo más o menos exclusivo, generándose problemas de celos, y otros que no tienen relación con la cohesión necesaria entre combatientes135. En algunas legislaciones, es obligatorio el adoctrinamiento para evitar que el compañero del otro sexo, sea visto sólo o principalmente como un individuo marcado por la sexualidad. Es decir, se impone una enseñanza contraria a la naturaleza humana, que se traduce en la práctica, en que el varón no mira ni se relaciona con su compañera de armas femenina, a fin de evitar sanciones o malos entendidos. La camaradería resulta entonces, un producto escaso entre los integrantes de unidades mixtas136.
Lee Bockhorn señala que: “Además de los problemas prácticos, el doble estándar introducido por la integración del género ha tenido un efecto corrosivo en la moral. Un ejemplo de esto son los estándares “regulados por el género” en las pruebas físicas anuales. Un alto porcentaje de la prueba puede ser muy útil al momento de los ascensos; desafortunadamente, los estándares de las mujeres son lejos más bajos que los hombres, que naturalmente lleva a un gran resentimiento. Tal como un ex abogado le dice a Gutmann, ‘Es una de las grandes paradojas ... Por una parte, los ponemos a todos juntos diciendo que son todos iguales, y luego existe un millón de excepciones y reglas que dejan a las mujeres fuera y las tratan en forma especial’.” 134 Al respecto, Lee Bockhorn apunta en Mujeres en las FF.AA.: “La rapidez en colocar a las mujeres en las unidades de combate arruina la cohesión de la unidad, que Gutmann describe como un tipo de amor ‘en su más profundo y desinteresado sentido, Cristo lava los pies de los leprosos’ esto permite que los hombres acepten la responsabilidad de colocar sus vidas en las manos de los demás. Pero Gutmann señala, ‘el amor de hombre/mujer tiende a funcionar en forma diferente de los lazos de grupos de un solo sexo. ...Tiende a ser más selectivo, a ser más exclusivo ... Hombres y mujeres están conectados eléctricamente para ‘adherirse’, está bien, pero es una forma muy diferente de cohesión una que involucra aparearse, no unirse en una gran unidad. Simplemente no es posible en unidades de ambos sexos fomentar el tipo de unión invisible y cohesión de grupo que el combate requiere, mientras también se evita el tipo de cohesión que ‘estimula los celos, las disputas de amantes y a los niños’.” 135 La camaradería militar alcanza ribetes increíbles. Se ha llegado a desarrollar este sentimiento entre combatientes de bandos contrarios, tanto durante las acciones bélicas, como después de ellas. En Europa son frecuentes los encuentros entre combatientes de los bandos enfrentados durante la segunda guerra mundial, para rememorar las batallas en que lucharon. 136 Lee Bockhorn: “La escritora Gutmann se embarcó en el USS Stennis para ser testigo de la ‘Nueva Armada’ en acción, y encontró una Armada simultáneamente distraída y paralizada por el sexo. Muchos marinos, sujetos a una continua instrucción sobre el riesgo de los apremios sexuales están renuentes a hablar o incluso a mirar a sus compañeras cuando están de franco, por temor a sufrir cargos de acoso”.
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Los militares también tienen claro que estas situaciones representan un serio resquebrajamiento de la disciplina, pues se deforma el modo como deben relacionarse las personas sometidas al estricto régimen castrense, que se vinculan mediante la jerarquía y la subordinación. Los aspectos que se ven más seriamente afectados por el factor sexual, como la camaradería y la confianza hacia el superior, merecen una consideración especial. La camaradería ya ha sido analizada en su momento, de manera que nos enfocaremos en la confianza. La vida militar propone a quien la cultiva una cuestión de la máxima importancia. Al superior se le reconoce la potestad de enviar a sus subordinados a la muerte. De allí que al jefe le compete la difícil tarea de despertar un grado de adhesión casi absoluto, que en otras profesiones o circunstancias sería fácilmente asimilable con el fanatismo. Ese grado de adhesión no se consigue si no se cuenta con la firme confianza de que quien manda, sabe perfectamente lo que está haciendo y de que no expondrá las vidas de sus camaradas, por muy inferiores que sean en jerarquía, si no hay razones más que justificadas. Perdida la confianza en el mando, el entusiasmo de las tropas pierde el vigor que garantiza el éxito en la empresa bélica. La confianza no se gana por el simple expediente de contar con los atributos legales conferidos por el mando. Se gana con la autoridad que emana del conocimiento profesional, con la estrecha relación entre superiores y subordinados y con la justicia con que el jefe ejerce las funciones de mando137. Cuando en el mundo castrense el jefe adopta un patrón de conducta diferenciado, no en razón de la jerarquía o de las funciones desempeñadas sino del sexo de sus subalternos, las personas que se sienten discriminadas reaccionan negando a ese jefe la confianza de que éste debe gozar para el logro de sus cometidos. La ausencia de confianza en la relación militar, que necesariamente debe ser mutua, imposibilita definitivamente la creación del vínculo vital de la camaradería entre los hombres de armas. Otro aspecto interesante de la confianza guarda relación con la necesidad de que este sentimiento surja entre los pares. La creación de sentimientos de confianza entre compañeros, que se relaciona muy estrechamente con la existencia de un ambiente de sana competencia en la que no influyen más factores que el talento o el esfuerzo, es muy difícil de alcanzar en las FFAA mixtas. Esto, por las obvias diferencias que se deben aceptar para crear espacios femeninos. Entre los varones no puede surgir confianza respecto de una recluta que por tener exigencias físicas inferiores lleva todas las de ganar. A ella le basta con tener el “sexo correcto”. Un problema particularmente delicado, es el de las dificultades a que se ven sometidas las mujeres cuando son víctimas del llamado acoso sexual. La enorme cantidad de casos de acoso o de abuso sexual en los cuerpos armados que se denuncia en los tribunales civiles y militares, en particular en los Estados Unidos, habla a las claras de un problema que es
Adicionalmente, es necesario recordar que un varón puede ser acusado de acoso sexual por el solo hecho de mirar a los ojos a una mujer, por un lapso de 6 segundos o más. 137 El natural complemento de la confianza hacia el superior, es la que éste siente respecto de sus subordinados, pues es preciso que tenga la certeza de que cuanto se ordene, será cabalmente cumplido.

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gravísimo, tanto por su extensión y consecuencias, como por las dificultades que enfrentan los mandos militares para erradicarlo138. El tema ha sido ampliamente estudiado y difundido en los EE.UU. y en menor medida, en España. De allí que la mayor parte de la información que se conoce proviene del país del norte de nuestro continente. La disciplina, factor de primordial importancia en la eficiencia de las fuerzas armadas, es también víctima de estas situaciones. Estos abusos definitivamente dañan la cohesión al interior de las unidades castrenses, distorsionan la percepción de autoridad que debe reinar en las tropas y generan sentimientos de revancha, que pueden convertir al soldado propio en un enemigo en los momentos en que se deba enfrentar al adversario en combate. Un factor adicional, es el representado por la gran dificultad con que se enfrentan los mandos para poder probar efectivamente la comisión de estos atropellos. También se ha denunciado a los mismos mandos por su mínimo interés en resolver estos casos, ya que ellos también estarían condicionados por los prejuicios respecto de la mujer como miembro de las fuerzas armadas. Se puede alegar a su favor, que algunos casos denunciados pueden corresponder a intentos de las reclutas por desprestigiar a superiores estrictos en el cumplimiento de sus funciones de conducción de personal. Las situaciones denunciadas deben ser analizadas cuidadosamente antes de sancionar o sobreseer a los acusados. Es aquí donde se aprecia con mayor claridad la enorme distancia que media entre el mundo civil y el militar. Sin perjuicio de que se deben evitar y sancionar los excesos del mando, la función conductora de un superior no puede verse restringida por la amenaza permanente de una acción legal motivada por el malestar de un subordinado. El impacto que estas situaciones han causado en la sociedad norteamericana se ve claramente reflejado en internet, donde es muy fácil encontrar decenas de páginas dedicadas a tratar el tema. Generalmente bajo la forma de denuncias, algunas anónimas, otras a cara descubierta. Estas últimas, hechas en su mayoría por personal femenino en retiro. La televisión también ha tratado extensamente el tema, tanto mediante series, como a través de “talk shows” y documentales.

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Discover the issue, history and current status of the investigations, www.womensissues.about.com/cs/militarywomen/a/aaairforcerapes.htm, es un estudio acerca de la situación específica de los 56 casos denunciados en la Academia de la Fuerza Aérea de los EE.UU. (equivalente a nuestra Escuela de Aviación), desde 1993.

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4.- EL TALENTO “Pastelero, ¡a tus pasteles!”, sentencia la sabiduría popular, indicando que cada cual debe ocuparse de lo que es propio y dejar que el resto haga lo suyo. No todos hacemos lo mismo y no podemos hacer bien sino algunas cosas, dependiendo entre otros factores, del talento que a cada uno le ha tocado poseer y desarrollar. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define al talento como “la capacidad de entender”, así como “la capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación”139. El hecho de que se defina al talento como una capacidad para el ejercicio de una determinada ocupación, es señal de que un talento no sólo es intelectual, como lo sugiere la acepción de talento como conocimiento. Es conocimiento, pero abarca todas las potencialidades del ser humano, físicas, intelectuales y emocionales. Lo natural es que un determinado talento se nutra de elementos presentes en las tres categorías mencionadas. Tampoco el talento lo es todo. Como cualquier virtud, el talento requiere de cultivo. Siendo las personas idénticas en cuanto a la naturaleza, múltiples rasgos nos diferencian, de tal modo que no resulta difícil reconocer a un determinado individuo dentro de la muchedumbre. La apariencia física es la más notable de las diferenciaciones entre seres de la misma especie, pero también los rasgos de personalidad, las aptitudes y los gustos señalan diferencias. El género, diferencia a una mitad de la humanidad de la otra. El conjunto de rasgos particulares de cada individuo hace que no haya dos seres humanos iguales. De allí que para referirnos a los que comparten nuestra naturaleza humana, digamos “nuestros semejantes” y no “nuestros iguales”. Ni siquiera es posible la perfecta igualdad entre los gemelos. La dosis de aptitudes con que cada ser humano ha sido dotado, que llamamos talento, es el elemento que más nos distingue de nuestros semejantes. Y dado que en el conjunto de nuestras capacidades, la condición de varón o de mujer es un factor clave, no es de extrañar que el sexo juegue un rol importante en la ecuación de talentos con que cada uno de nosotros cuenta. Un varón no puede competir con la mujer en igualdad de condiciones en el cuidado que se debe a los recién nacidos. La ternura, el sentido innato para establecer qué necesita el bebé en un determinado momento, la capacidad para salir del sueño cuando el llanto infantil quiebra el silencio nocturno, etc., son parte de los talentos naturales en toda madre y que el hombre, aun el mejor dispuesto, sencillamente no desarrolla si se la compara con la que caracteriza a la mujer. Objetivamente, existe eso que llamamos “instinto materno”. A su vez, la mujer no es un competidor del varón cuando de realizar trabajos pesados se trata. Las antiguas ocupaciones de albañil o carpintero, por citar a algunas que se continúan practicando, exigen una fortaleza física en las que la mujer no puede competir con reales opciones de éxito.
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Del lat. talentum, y este del gr. ταλαντον, plato de la balanza, peso, www.rae.es

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Incluso, en los talentos de corte intelectual hay diferencias. No se trata de aseverar que haya superioridad de unos sobre otros, sino de la forma como se desarrolla el pensamiento. A la mujer se le reconoce una prevalencia en el pensamiento concreto por sobre el abstracto, mientras que el hombre inclina la balanza en el sentido contrario. Por lo general, las ocupaciones que exigen una mayor cuota de abstracción son servidas por varones, como la ingeniería. Pero cuando el pensamiento debe discurrir por senderos concretos, la mujer domina sin contrapeso: el servicio social, por ejemplo. La mujer posee mayor capacidad para atender a los detalles, mientras que el varón se maneja mejor en la apreciación de conjunto. Por algo, las mujeres sobresalen en los procesos de armado de componentes electrónicos, mientras que el varón ejerce mejor el rol de supervisor. También es notoria la ventaja del varón en la resolución de situaciones de peligro. Bajo la tensión de la amenaza, el hombre reacciona más racional que emocionalmente. ¿Y qué ocurre en el campo militar? ¿Es tan distinto el mundo castrense que sólo tenga ocupaciones donde prevalece el talento masculino? Las FF.AA. representan un campo laboral tan amplio, que en ellas hay cabida para todos. En relación con las profesiones llamadas universitarias, las necesidades de personal calificado para las FF.AA. van desde el dentista y el médico, hasta el abogado, pasando por el arquitecto, el ingeniero, el pedagogo, el asistente social y el psicólogo, sin pretender agotar la lista. En otros niveles de especialización, enfermeras, técnicos de todo tipo, chóferes, cocineros, mecanógrafos, programadores, músicos, y muchos otros. Todo esto, sin considerar los oficios propiamente militares que se forman en cada rama de la defensa, según sus necesidades específicas. Se puede afirmar que las FF.AA. dan una oportunidad a cada talento en particular. Sólo que a ellas se ingresa en la medida que haya talento, así como la aptitud moral para poner ese talento al servicio del bien común en un contexto laboral particular. Una parte del complejo campo de la administración del personal en los institutos castrenses, se consagra a destinar a cada uno según sus talentos individuales. Ciertas fuerzas militares son particularmente selectivas en la búsqueda de candidatos con talentos muy específicos, como las fuerzas especiales, los submarinos o los pilotos de combate. Nadie puede alegar derechos para incorporarse al mundo militar140. De allí que todas las FF.AA. del mundo sometan a los interesados a exámenes de admisión, a los que sigue un permanente y constante proceso de selección, de modo que los más aptos permanezcan y los demás vayan quedando en el camino. Pretender que la mujer tiene derecho a ingresar a las FF.AA. por el solo hecho de ser mujer, carece de racionalidad. Sí es legítimo que ingrese según la cuota de capacidades que cada persona en particular posee. Tampoco es razonable la pretensión de que no hay límites a las oportunidades laborales de una determinada persona, porque sí los hay. El primer límite lo
140 Tampoco se puede alegar el derecho a ser arquitecto o abogado, ni siquiera a poseer una licencia de conductor. Hay que demostrar que se cuenta con el talento y el conocimiento adecuados. Para ingresar a las FF.AA., además se debe superar a otros candidatos.

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ponen las exigencias específicas para cada ocupación. El segundo, el talento de los que compiten por el mismo puesto. En este sentido, la profesión militar, más que otras, es de constante selección. La experiencia indica que no todos los hombres y mujeres son aptos para desempeñar todos los oficios y que unos, más que otros, llenan mejor las expectativas del empleador. El conocimiento del contratante también tiene su parte en el asunto. Si históricamente, las necesidades de personal han sido cubiertas mediante la adopción y aplicación de ciertos criterios de selección, con resultados razonablemente buenos, el empleador no tiene necesidad alguna de cambiar dichos criterios, aún cuando tales normas parezcan poco objetivas. Los miembros de las brigadas Gurkas en el Ejército Británico son todos varones, nacidos en Nepal. Podrían ser indios o pakistanís, o una mezcla de muchas nacionalidades, pero sólo tienen cabida los nepaleses. Por cierto, no todos los nepaleses pueden ser miembros de las brigadas Gurkas Británicas. Hay un proceso de rigurosa selección. Y el sistema funciona bien. Ya hemos visto, al tratar el caso de las FF.AA. británicas, las quejas que formulan los tripulantes de los buques mixtos, en el sentido de que las mujeres no exhiben en las emergencias el comportamiento que de ellas se espera, es decir, el mismo de los tripulantes masculinos. Ante la situación de peligro, los tripulantes varones deben asumir su función y la de las mujeres. Ello no debe extrañar, pues en las situaciones de riesgo, la mujer espera naturalmente del varón, la respuesta adecuada a la amenaza, del mismo modo como el hombre sabe que su deber es enfrentar antes que nadie el peligro141. Otra es la conducta femenina frente al peligro, en ausencia de un varón. Allí, ella debe asumir todas las tareas y lo hace tan bien como el que más. Las heroicas acciones de las enfermeras, cumpliendo su deber, impasibles bajo el ataque del enemigo, dan cuenta de que la actitud de la que se quejan los marinos ingleses, no se debe a la falta de valor, sino a una conducta natural. Cuando nos preguntábamos el por qué la Marina Real no ha evaluado tripular buques con dotaciones únicamente femeninas, dejábamos entrever esta realidad, que es consecuencia natural de la diversidad de talentos que encontramos entre hombres y mujeres142. Tal vez debamos buscar la respuesta en el hecho objetivo de la incapacidad femenina para el desarrollo de trabajos pesados de que ya hemos hablado antes y que obliga a recurrir a los varones. Si tal es la realidad de la mujer inserta en la profesión militar, sería prudente evaluar sus aptitudes para el trabajo castrense a la luz de los talentos de que naturalmente se encuentra dotada la mitad femenina de la humanidad, con prescindencia de otros factores.

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Es posible adelantar otra explicación: el buque, territorio naturalmente varonil, inhibe a la mujer, tanto como los espacios predominantemente femeninos, coartan al varón y le vuelven torpe e inseguro. Ello nos lleva de regreso al viejo “¡Las mujeres y los niños, primero!”, cuando se hunde el buque. 185 Aun cuando se sabe de la existencia de ejemplos, como el Batallón 601de comunicaciones del Ejército argentino o los regimientos aéreos soviéticos exclusivamente femeninos en la Segunda Guerra Mundial, la posibilidad de tripular buques o conformar unidades terrestres sólo con mujeres, no aparece mencionada en ninguno de las publicaciones o artículos consultados, como opción deseable para dar cabida a la mujer en las unidades operativas. En las FF.AA. norteamericanas, dicha posibilidad está negada por las normas legales. La Baronesa Symons of Vernham, Dean Minister for Defence Procurement, (Part of My Job: Equal Opportunities in the Armed Forces), rechaza la idea.

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VI.- CONDICIONES LABORALES EN LAS FF.AA. Las condiciones en que se desenvuelve el trabajo humano ha sido siempre un aspecto importante a considerar cuando de selección de personal se trata. Como es natural, el entorno laboral debe permitir a los trabajadores un mínimo de elementos de bienestar, seguridad física, descanso, y otros, que son muy importantes a la hora de competir en el mercado por reclutar a los mejores individuos. También, las legislaciones imponen ciertas obligaciones a los empleadores que guardan relación con el bienestar del personal. Las leyes, casi universalmente han reconocido el derecho de las mujeres a gozar de permisos pre y post natal, inamovilidad laboral durante los períodos de lactancia, etc. Esta cuestión, es determinante en el hecho de que en el mundo laboral el trabajo femenino sea remunerado por debajo del nivel asignado al varón. Todos estos elementos jurídicos tienen su impacto en ciertas actividades productivas o de otro tipo, pues determinan la implementación de infraestructuras y servicios que no siempre son factibles de ofrecer. Así, por ejemplo, en Chile la legislación establece la necesidad de contar con salas cunas o jardines infantiles dentro de un cierto radio, cuando la empresa cuenta con una cantidad mínima de mujeres dentro de su nómina. Menos notoria, pero igualmente importante, es la necesidad de contar con servicios higiénicos, atención médica, lugares de descanso, alojamientos y otros, distintos para hombres y mujeres. En algunas legislaciones, es imperativo que los lugares de trabajo cuenten con estas facilidades aunque allí trabajen sólo hombres o sólo mujeres, en virtud de las normativas antidiscriminatorias. En el caso de las FF.AA., la situación no es muy diferente. A pesar de que la profesión militar demanda muchos sacrificios en lo relativo al confort, las necesidades de recursos para el bienestar son relevantes, aunque sean muy sencillas. La vida en una guarnición, muchas veces ubicada en lugares poco gratos para la vida humana, exige contar con algunas facilidades por muy austeras que ellas sean. Mientras la dotación sea exclusivamente masculina, las necesidades son menores. Cuando se incorporan las mujeres, el problema se complica. La infraestructura para habitabilidad debe duplicarse, se requiere contar con insumos adicionales, la alimentación debe sufrir adaptaciones, la atención médica debe abarcar nuevos campos, etc. A continuación se hará un análisis de cómo afecta este tema a cada una de las instituciones de la Defensa Nacional.

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1.- FUERZAS EN TIERRA Muchas de las consideraciones que se formulan en relación con las fuerzas propiamente terrestres son válidas para las restantes fuerzas. Esto, en virtud de que todas las instituciones castrenses desarrollan parte importante de sus quehaceres en establecimientos terrestres, que con algunas diferencias menores, son cuarteles o guarniciones con los rasgos propios de todo recinto militar. Escuelas, hospitales, cuarteles, talleres y otros, existen en todas o en la mayoría de las FF.AA. del mundo. De allí que para el título del presente párrafo, se haya escogido la expresión “fuerzas en tierra”, de connotación más amplia que la de “fuerzas terrestres”. En el caso del ejército, las instalaciones ubicadas generalmente próximas a lugares poblados no presentan mayores dificultades para la presencia de mujeres. Las adaptaciones de las instalaciones para recibir contingentes femeninos, son de implementación relativamente simple, siendo necesario básicamente, un esfuerzo de duplicación de servicios de alojamiento, higiénicos y sólo parcialmente, médicos. A mayor tamaño de las instalaciones, menores deberían ser los cambios para su adaptación. La participación de elementos femeninos en prácticas en terreno, tampoco reviste un grado de complejidad mayor. Ellas al igual que los varones deberán adaptarse a los rigores de la vida en campaña, con largos períodos de intensa actividad física, alternados con breves momentos de descanso, escasas o nulas condiciones de higiene, incomodidades para el servicio de comida, exposición a las inclemencias del tiempo, etc., circunstancias todas que deben estar presentes ineludiblemente en los períodos de entrenamiento. En el combate real, los soldados sufrirán éstas y otras penurias en mucha mejor forma si ya las han experimentado en tiempo de paz. La vida de cuartel no es igualitaria. La jerarquización, es un rasgo distintivo de todos los cuerpos armados. Sin jerarquía, un cuerpo social cualquiera carece de un orden que facilite el logro de los fines que le son propios, por eso, con mayor o menor formalidad, la jerarquía existe naturalmente en todas las organizaciones humanas. Con mayor razón existe en las FF.AA., donde la disciplina se ejerce por todos los miembros en virtud de la posición que cada uno ocupa en el conjunto, determinando la cuota de subordinación o de mando que a cada cual corresponde. La existencia de jerarquía no elimina de los cuerpos armados bien disciplinados, una convivencia armónica entre miembros de distintos estamentos militares. Convivencia que es parte indispensable de la vida entre hombres que se preparan para enfrentar, como un todo, los rigores de la guerra. La convivencia al interior del cuartel, adopta la forma conocida en el léxico castrense, como “vida de cámara” o “vida de casino”143. Tan importante es la vida de cámara, que ella es enseñada, fomentada y practicada, desde las escuelas matrices, de oficiales y de personal subalterno y constituye un elemento de juicio significativo en las calificaciones. Una actividad social en la cámara o casino dispuesta por el mando, es tan obligatoria para los miembros de la cámara, como cualquiera otra actividad de la unidad y de ella sólo se puede ausentar quien tenga razones estrictamente fundadas.
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Ver “Casino” en Aclaraciones.

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La convivencia en la cámara es en cierta manera un reflejo de la organización militar, pues ella se desarrolla según el rango de cada uno. También refleja bastante fielmente la estructura de la sociedad. No es igual la vida de cámara entre los oficiales, que entre los sargentos o suboficiales; los temas que se conversan, los asuntos que se discuten, así como la forma de relacionarse, señalan importantes diferencias. Esta realidad no es obstáculo para que bajo determinadas circunstancias, se compartan momentos de camaradería con la participación de todos los estamentos de la organización. En la vida de cámara, es posible observar niveles de camaradería que las diferencias sociales o de jerarquía hacen parecer imposibles a los ojos del mundo civil. Sin duda que la vida de cámara es distinta cuando en ella participan mujeres. La presencia femenina impone al varón un comportamiento más mesurado en su vocabulario, en los temas que se conversan y en la forma de celebrar los acontecimientos relevantes del quehacer de la unidad o de la tradición Esta situación, supone un proceso de adaptación muy complejo de todos los miembros varones del conjunto. La costumbre enseña que la vida de cámara es una actividad eminentemente viril, que si bien en parte es una copia del hogar en ocasiones lejano, es también el lugar de encuentro “secreto”, donde se superan las diferencias, se discuten los asuntos del servicio y se estrechan los lazos de camaradería, en la forma como los varones suelen hacerlo144. La sociabilidad y la camaradería son sellos que la profesión de las armas graba tan profundamente en el alma de sus cultores, que la práctica de estas virtudes se prolonga y proyecta en la vida civil del personal en retiro. Como muestra, la proliferación de organizaciones sociales en que éste participa activamente. Solamente en la Quinta Región se cuentan más de 36 de ellas. Es difícil encontrar un militar en retiro que no pertenezca a una o más de estas corporaciones. Es muy conocido el hecho de que la cámara es un fiel termómetro de la calidad de la disciplina que se practica en la unidad. En las unidades navales norteamericanas, en las que la ley seca de los años 20 aún sigue en vigor, la vida de cámara es más bien pobre, quedando en la práctica restringida casi exclusivamente a compartir la comida. No existe allí la posibilidad de “conversar un trago”, prolongar la sobremesa, etc. Los marinos, al salir franco adoptan un comportamiento que en otros países es visto como escandaloso y que se atribuye a que al interior del buque la vida social es escasamente practicada, no obstante que los elementos de bienestar son en las fuerzas armadas norteamericanas, sensiblemente mejores y más abundantes que los que puedan gozar los militares de los demás países. Por lo general, los excesos de los “gringos” no se presentan en nuestros militares, de los que la sociedad posee una percepción de sobriedad distintiva145.

144 Así como en la vida militar se producen ambientes en los que la presencia exclusiva de varones, es la norma, también existen instancias, en el ámbito civil, exclusivamente femeninas. No se tiene noticias acerca de reivindicaciones masculinas respecto de abrir estos espacios, a los varones. 145 Lee Bockhorn, una vez más, nos ilustra esta realidad: “Y cuando el buque no sirve, existen los francos en tierra. La Nueva Armada ha tomado medidas enérgicas contra los marinos que visitan sus tradicionales lugares de diversión (bares y clubes nocturnos) en los puertos, de tal forma que ahora las tripulaciones arman sus propias entretenciones como en el caso de un grupo de hombres y mujeres del USS Abraham Lincoln, quienes se escondieron en una habitación de un hotel de Hong Kong en 1998 para enredarse en los que la Armada describió como un ‘incidente sexual de grupo’ que involucraba ‘múltiples actos sexuales’.”

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La vida de cámara es un factor presente en todos los cuerpos armados, pero como es natural, existen diferencias significativas, que los miembros del mundo castrense pueden reconocer fácilmente y que se expondrán a continuación para ayudar a comprender mejor el impacto que la presencia de las mujeres tiene en ésta. En el caso de las fuerzas terrestres, la vida de cámara se lleva a cabo en el casino. Por lo general, ubicado en un sitio relativamente aislado del bullicio del trajín habitual, a veces fuera de los límites del recinto del cuartel, pero próximo al mismo. Cuenta con los espacios destinados al alojamiento de oficiales y dependiendo de las disponibilidades, de sargentos y suboficiales en sus respectivos casinos. En los sitios en que existe una gran cantidad de unidades o reparticiones, es común encontrar un solo casino para los miembros de esas unidades. Normalmente, cabos y soldados o marineros, duermen en recintos comunitarios, aunque también cuenten con un casino, donde a veces se sirve la comida, pero que normalmente sólo se destina a la recreación. Es común en nuestro país que en los comedores, al menos a la hora de las comidas, las mujeres sin distinción de grado militar se ubiquen en un sector específico, ya que sus conversaciones e intereses generalmente difieren con los de los varones. En las reparticiones navales, generalmente las mismas mujeres solicitan al mando que se les asigne un sector de uso exclusivo o, en subsidio, horarios de comidas diferidos. En otros casos, esta segregación surge espontáneamente y se mantiene incluso cuando en el mismo lugar se encuentran marido y mujer. La presencia de mujeres en los rangos de oficiales, suboficiales y sargentos, supone la existencia de casinos con áreas de alojamientos separados, para damas y varones, probablemente atendidas por personal femenino y masculino. En ciertas legislaciones, el acceso a cada uno de estos sectores está reservado exclusivamente a los militares del sexo correspondiente, quedándole vedado total o parcialmente incluso a los superiores del sexo contrario en funciones inspectivas. Es importante precisar que la vida de casino en las fuerzas terrestres es prioritariamente, vida de solteros. Al término de la jornada, los casados se van a sus casas y los solteros “se adueñan” del lugar. De esta manera, habiendo miembros de la cámara que sean mujeres, éste se transforma en un interesante lugar de encuentro para quien ande en busca de una pareja, en especial en aquellas guarniciones cuyo entorno urbano no ofrezca muchas opciones para atender a este tipo de intereses. Así, las hijas del coronel, antiguamente muy cotizadas entre los subtenientes, pueden verse desplazadas por la subteniente o alférez que alejada del control paterno y revestida del aura de la mujer profesional e independiente, resulta más atractiva y abordable y con la que se puede establecer relaciones más estrechas, sin mayores problemas. La vida de cámara tiene un producto muy cotizado en la profesión militar: la camaradería. Este sentimiento, que se estima indispensable entre quienes van a entrar en combate y que alcanza rasgos de hermandad en los veteranos de la guerra, se cultiva sólo en la medida que los miembros del grupo comparten experiencias y, por sobre todo, se ven sometidos a las mismas exigencias del servicio. Por eso, es natural que haya más camaradería entre los compañeros de la misma arma y que los vínculos más sólidos se producen entre los de jerarquía similar.
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La creciente tendencia observada entre las mujeres a comportarse como hombres y tratarse con ellos como si no existieran las obvias diferencias, elimina las barreras del respeto con que anteriores generaciones distinguieron a la figura femenina, pudiendo dar paso a una vida de cámara con las lamentables consecuencias que son de prever, en un ambiente en el que la promiscuidad atenta gravemente contra la estructura disciplinaria. Nunca estará de más recordar el peligro que para la sociedad representan unas FF.AA. disciplinariamente débiles146. También la diferencia de las exigencias a que es sometida la mujer afecta a la camaradería. Mientras que al subordinado varón se le llama generalmente por el apellido, a ella se la llama por su nombre de pila; la mujer queda normalmente excluida de las faenas pesadas, con el consiguiente recargo en la labor del varón. Se ha pretendido descalificar como un mito, el hecho de que las aptitudes físicas de hombres y mujeres son radicalmente diferentes, pero tal como ya se trató en otro capítulo, ello es una realidad insoslayable. Tampoco merece mayores análisis el argumento de que la vida militar ya no exige de sus cultores la participación en actividades o faenas pesadas, pues el soldado debe cargar abultadas piezas de armamento, cajas de munición, evacuar sobre sus hombros al compañero herido en combate, sin abandonar equipo ni armamento y todo ello, tras un largo período de dura actividad física, con mínimas oportunidades de descansar. Cuando la legislación impone el deber de igualar las exigencias, éstas han debido ser reducidas en los aspectos marcados por la fisiología, con el evidente desmedro en la preparación física para el combate y la consiguiente merma en la calidad del entrenamiento147. Todas estas consideraciones llevan a que la camaradería, vital en la vida castrense, no pueda desarrollarse plenamente en las fuerzas mixtas. El resentimiento que surge entre los varones ante la presencia de mujeres en el servicio, se traduce en una pérdida de las condiciones de convivencia en la cámara, la que se manifiesta en la segregación informal, pero real. El malestar consiguiente, es significativo entre el personal de bajo rango y tiende a disminuir según se asciende en la escala jerárquica, pues este ascenso significa un decrecer en la frecuencia de faenas pesadas en la agenda personal. La enseñanza de los oficiales para un correcto ejercicio del mando, se basa entre otras cosas, en la premisa de que quien manda, sabe qué está mandando, por qué lo hace y muy especialmente, sabe cómo se hace lo que se ha mandado y cuánto cuesta cumplirlo, porque él
Lee Bockhorn: “Si la experiencia de las mujeres... constituye una señal, el hecho de animar a que las mujeres más como hombres hace emular no sólo los aspectos positivos de la vida masculina, sino también los aspectos más groseros de ella. La escritora Gutmann dice que muchas mujeres militares se sienten obligadas a decir garabatos y escupir junto con los chicos para ser aceptadas, y nota que las oficiales “exhiben sus fines con bastante respeto en el departamento de la ‘embriaguez, libertinaje y vulgaridad’” en las antiguas convenciones Tailhook. Así también, Laura Brodie describe cómo las mujeres en el Instituto Militar de Virginia, luchando por tener un sentido mayor de inclusión, participan en “apilamientos” de cadetes y en otros aspectos de peloteras de adolescentes hombres, lo que no era exactamente lo que el movimiento feminista original tenía en mente. 147 Lee Bockhorn: “En el pasado, su temible sargento de entrenamiento habría hecho de su vida un infierno. Pero ahora que se pueden presentar cargos de ‘abuso contra el recluta’, éstos son separados en ‘grupos de habilidades’. Y si, incluso, las cosas se ponen demadiado duras, siempre se puede solicitar una ‘suspensión temporal del entrenamiento’. En los campamentos de entrenamiento de reclutas de hoy, su ’esfuerzo’ es lo que cuenta, no su rendimiento.”
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también lo ha hecho. En ello se funda una parte importante de su ascendiente. Más aún, no faltan situaciones en que el oficial también debe aportar su cuota de sudor al logro del objetivo, es decir, no sólo sabe hacer lo que él mismo ordena, sino que está en condiciones de hacerlo148. ¿Con qué autoridad una mujer puede disponer que su personal ejecute un trabajo pesado, en circunstancias que ella nunca lo ha realizado ni está en condiciones de hacerlo? Es un punto que no debe ser descuidado. Y no se trata sólo del caso de los oficiales, pues en los grados más elevados del personal subalterno, el ejercicio de la función de mando constituye la clave de su desempeño149. Así, la vida de cámara no puede producir los efectos beneficiosos que de ella se esperan, cerrándose un círculo vicioso150. En materia de riesgos laborales, la vida militar en las fuerzas terrestres presenta una característica marcada: la posibilidad de caer prisionero. Esta posibilidad es en tierra mayor que en el mar, pero a su vez, es más baja que entre las tripulaciones aéreas. ¿Está la sociedad dispuesta a exponer a sus mujeres (todas de escasos años, por lo que sería mejor llamarlas “jóvenes”), al riesgo de ser tomadas prisioneras y sometidas a las vejaciones a las que toda mujer se expone en manos de tropas enardecidas por el calor del combate? No es extraño que entre las mujeres se multipliquen las desaparecidas en acción, en cifras proporcionalmente superiores a las de los combatientes varones. Cometidos estos crímenes de guerra, particularmente crueles, lo más “seguro” para los violadores es deshacerse de los cuerpos de sus víctimas, lo que en condiciones de combate, no es difícil151. El cadáver de un combatiente ocasionalmente es sometido a autopsia y se le sepulta en cuanto se dispone de tiempo para ello. Las imágenes de los restos de los soldados norteamericanos desembarcados de un avión, no son una realidad en las restantes fuerzas armadas del mundo, en las que la abundancia de medios de apoyo logísticos, propia de los EE.UU., rara vez se podría conseguir. Los riesgos de caer prisionero de fuerzas adversarias incluyen el maltrato que se da al capturado, con el fin de obtener información (el clásico “tratamiento de prisioneros”). Los combatientes varones que se exponen a estos apremios, cuando entre los prisioneros hay

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La capacidad y la voluntad del superior para compartir todos los sacrificios y penurias de los subordinados, rasgo deseable en todo conductor militar, es uno de los motivos más poderosos para el fortalecimiento de la camaradería, entre estamentos muy lejanos jerárquicamente. La historia de la PT-109, hundida durante una patrulla, nos muestra a un comandante llamado John Kennedy, que se arriesgó noche tras noche, nadando largas distancias en busca de auxilio para su tripulación. 149 Independientemente de que la autoridad de un jefe militar descansa en su jerarquía, dicha autoridad se sustenta esencialmente en su dominio sobre las materias en las que ejerce el mando y en el ejemplo que irradia sobre los subalternos. Así, la autoridad militar se estructura en torno a tres pilares: jerarquía, conocimiento y ejemplo. Otros factores, como el “carisma” para lograr la adhesión, la simpatía, etc., pueden favorecer la acción conductiva, pero no suplen a los anteriores. Quien no haya pasado por la escuela del esfuerzo, carece de los requisitos básicos para ejercer el mando. Esta es la filosofía que ha llevado a muchas armadas, a mantener y operar buques escuela, donde los futuros oficiales desarrollan un actividad muy similar a la del personal subalterno. 150 En las reparticiones que carecen de acomodaciones para el alojamiento de las damas, éstas quedan generalmente excluidas de los roles de guardia, creando un claro desbalance de deberes respecto de los varones, que no sólo deben asumir una mayor carga de trabajo, sino que además, por su desempeño en las guardias, son calificados, en tanto que las mujeres, por este acápite sólo pueden ser evaluadas asumiendo un desempeño que en la práctica, no han tenido. 151 Ya se ha mencionado el caso de la soldado Piestawa, que tanto impactó a la sociedad norteamericana y que reabrió el debate acerca de la presencia de la mujer en las unidades de combate del Ejército.

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mujeres, son más propensos a revelar datos de valor, pues en ellos, existe una tendencia natural a evitar el sufrimiento a la mujer152. La existencia de tratados internacionales, no resuelven el problema. En el ardor del combate, las reacciones desmedidas no son fáciles de controlar por los mandos, también emocionalmente alterados. La muerte de un ser humano, en condiciones de normalidad, causará un impacto más o menos uniforme en todos los testigos, que podrá aumentar o disminuir dependiendo de las circunstancias que rodeen al suceso; pero si esa muerte ocurre en un combate entre fuerzas militares, la situación cambia radicalmente. La muerte de un soldado enemigo es percibida como la eliminación de un obstáculo al logro de la misión o de una amenaza a la vida propia. Por el contrario, presenciar la muerte de un compañero de armas a manos del enemigo, es una circunstancia dolorosa, que deja profundas huellas en el alma y que genera en ocasiones, sensaciones de culpa entre los sobrevivientes o desata sentimientos de venganza que mueven a actos de aparente heroísmo o de crueldad. La disciplina militar puede atenuar estos sentimientos, pero en el caos de la batalla, el autocontrol o el acatamiento de las órdenes pueden quedar superados por los hechos153. Los riesgos de caer en manos del enemigo no desaparecen por el hecho de asignar las mujeres sólo a las armas de apoyo. La moderna tecnología de las armas y las dinámicas condiciones en que se desenvuelven las operaciones militares, hacen que el combate se desarrolle a veces con tanta intensidad en la retaguardia, como en la primera línea de combate. Ante el avance del enemigo que ataca, la artillería, emplazada en la parte posterior del dispositivo, puede verse envuelta en el choque de las fuerzas de infantería. O el ataque centrarse en las unidades responsables del apoyo logístico. Los blancos que no alcanza la artillería, quedan expuestos al ataque aéreo, a kilómetros de la línea de combate. Hoy se habla de la “guerra de 360º”, para señalar esta característica de la guerra moderna154. La planificación respecto de las circunstancias en que se dará la batalla no pueden prever las innumerables alternativas que se presentan en el terreno, a la hora de enfrentar al adversario. En la guerra del Golfo, los misiles Scud iraquíes no cayeron sobre el dispositivo de combate de la coalición, sino sobre una unidad de apoyo logístico, muy lejos de los campos de batalla. La enorme diferencia de potenciales militares, tampoco exime a las fuerzas más poderosas del riesgo de caer en manos del enemigo. Frente a la inferioridad de medios, el adversario podrá recurrir al empleo de fuerzas especiales (comandos u otros) y también a irregulares operando a espaldas del dispositivo de batalla. La presión que estas fuerzas pueden ejercer sobre el ánimo de los adversarios, es significativa, sobre todo si han tomado prisioneros. Irak ha demostrado la validez de esta realidad, considerando que entre los prisioneros norteamericanos, había mujeres.

152 Lee Bockhorn: “Esto puede explicar el por qué las Nuevas Fuerzas Armadas sienten la necesidad de desensibilizar a los pilotos masculinos en el entrenamiento de prisioneros de guerra con los chillidos de sus colegas mujeres, para que la inclinación natural de los hombres honorables a compadecer a las mujeres por el sufrimiento, no sea usado por sus captores para hacerlos hablar...” 153 Incluso entre las fuerzas navales, que siempre se han distinguido por el trato humanitario que se da a los enemigos recogidos en la mar (más parecen ser atendidos como náufragos civiles que como adversarios), se han dado situaciones claramente reñidas con los usos de la guerra. Los deseos de venganza despertados entre los norteamericanos hacia los japoneses, durante la segunda guerra mundial, hicieron que en varias oportunidades, los náufragos nipones fueran muertos en cuanto eran izados a la cubierta del buque “rescatador”, sin que los oficiales opusieran objeción alguna. 154 Tanto en la Guerra del Golfo como en la más reciente invasión a Irak, las unidades de apoyo se vieron enfrentadas a fuerzas de combate adversarias, sin contar con más medios que el personal de apoyo, supuestamente no entrenado para el combate.

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Las dramáticas experiencias de los prisioneros norteamericanos en Corea, en Vietnam, y ahora de mujeres en Irak, es una llamada de alerta que no puede ser desatendida. El prisionero de guerra sufre las peores afrentas que puede sufrir el ser humano siendo varón. ¿Cuánto más deberá sufrir una mujer en idénticas condiciones? En definitiva, éste es un tema que hasta el momento no ha sido bien analizado. Las mujeres militares merecen que estas cuestiones sean tenidas en cuenta.

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2.- FUERZAS NAVALES Las fuerzas navales plantean circunstancias muy diferentes respecto del resto de las fuerzas militares. La especial condición de que el marino combate en su cuartel, con pocas oportunidades para recibir refuerzos del exterior y que debe ser capaz de proporcionarse todos los elementos necesarios para la supervivencia, conforman la estructuración de una forma de vida especial. Esto es lo que se denomina la “vida en el mar”. El incorporar mujeres a unidades de combate de la Armada requiere comenzar por adaptar las escuelas, sus instalaciones y sus normativas. Simultáneamente, se debe abordar la modificación de las unidades a flote, en las que se espera embarcar a las futuras navegantes. El cadete y el grumete, aun cuando realizan sus estudios en tierra, necesitan imperiosamente del contacto directo con la realidad de a bordo, contacto insustituible en la formación del marino. En estos aspectos, la profesión naval tiene peculiaridades respecto de las ramas terrestre y aérea de la defensa, que requieren de adaptaciones menos elaboradas. El buque, símbolo y medio del poder naval, salvo bajo especiales circunstancias, nunca deja de funcionar. Los equipos y sistemas destinados a mantener la vida de los tripulantes, que van desde los servicios higiénicos y sanitarios hasta la confección y distribución de la alimentación, no pueden detenerse. Y estos servicios dependen de los medios que la nave también debe proporcionarse, como la electricidad, el vapor, el agua de bebida o el aire acondicionado, por citar algunos y que al mismo tiempo permiten la operación de los equipos y sistemas de armas, comunicaciones y medios de detección155. Un buque de guerra es una máquina de gran complejidad, dotado de una enorme cantidad de equipos, que debe contar con una dotación capaz de mantenerla y operarla con eficacia. Todo esto, en un espacio generalmente muy reducido, debido a que el tamaño es un factor de extraordinaria importancia, determinante en sus capacidades marineras y militares. El hacinamiento es un factor que une al marino de hoy con el de hace 50 ó 1000 años. En estas condiciones, la intimidad prácticamente desaparece. Normalmente, sólo el comandante, el segundo comandante y dependiendo del tamaño del buque, algunos oficiales, son los únicos que gozan de cierto grado de privacidad. El resto normalmente comparte espacios de habitabilidad comunitarios, los que quedan determinados por la distribución del equipamiento de la nave. Los camarotes (dormitorios para uso de uno o dos ocupantes) sirven además como oficina, de modo que tampoco pueden llamarse espacios privados. Allí se recibe al personal para tratar asuntos relacionados con el servicio, se escucha las peticiones, se imparte justicia o se atiende los problemas particulares que aquejan a algún miembro de la unidad. En especial, los espacios bajo cubierta, más amplios y cómodos para la habitabilidad de la tripulación, son también los más o los únicos adecuados para la instalación de los sistemas del buque.

155 Los cuarteles militares, de ejército, fuerza aérea o armada, generalmente dependen, para la satisfacción de sus necesidades de servicios básicos, de los medios civiles, aun cuando cuenten con equipos para enfrentar emergencias. El buque, aun estando en puerto y pueda acceder a los servicios públicos, mantiene un alto grado de autonomía en estas materias.

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El diseño de una unidad de combate requiere de un gran esfuerzo, en el que las condiciones de vida de la dotación son sacrificadas en aras de un más eficiente desempeño operativo. Las necesidades del combate imponen férreamente sus leyes. La presencia de la mujer a bordo, complica aún más estos problemas. La evidente necesidad de espacios de habitabilidad separados para hombres y mujeres es un aspecto que no se puede obviar, al menos en nuestra cultura y que en definitiva, en unidades de menor tamaño, sencillamente no tiene solución. Múltiples aspectos de la estructura del buque hacen muy difícil que las mujeres puedan desenvolverse con naturalidad, manteniendo la necesaria privacidad. Los espacios de habitabilidad rara vez están libres de la presencia de equipos, de válvulas y de accesos a otros compartimientos en los que se trabaja regular o esporádicamente, de día o de noche. Las mismas reglas que impedirían al varón acceder a los espacios exclusivos de las damas, impedirían a éstas, el acceso a los espacios masculinos, los que generalmente son pasos obligados a otras dependencias de uso habitual. Ningún espacio está libre del escrutinio de la guardia en sus rondas habituales o al atender una emergencia. En combate, todos los departamentos del buque pueden y deben ser recorridos por las partidas de control de averías. Las cámaras se convierten en estaciones médicas, un entrepuente (dormitorio comunitario en la nomenclatura náutica), puede convertirse en una sala de heridos o en la central de control de averías, etc. Los daños causados por la acción del enemigo pueden hacer que todas las previsiones acerca del uso de cada espacio a bordo, sencillamente deban ser olvidadas. Por estas razones, el hacinamiento al que antes hicimos referencia se convierte en promiscuidad, en la que desaparece el natural respeto que varón y mujer se deben156. Lo anterior adquiere caracteres particularmente marcados en el caso de los submarinos, incluso en los grandes submarinos nucleares, ya sea de ataque o portadores de misiles nucleares. La Armada de los EE.UU., que ha abierto el acceso de las mujeres al servicio a flote, se ha negado a que ellas se integren a la flota del “servicio silencioso”, aduciendo que ello implicaría diseñar estos complejos navíos especialmente para llevar mujeres, con el agravante de que ello redundaría en una importante mengua en las capacidades militares de los buques. Las armadas mixtas no han podido ignorar las demandas, que en términos de facilidades para la vida a bordo, han planteado las mujeres. No sólo se requieren baños separados. Estos baños necesitan mayor ventilación y más disponibilidad de electricidad, pues ellas no prescinden de secadores de pelo y otros artefactos indispensables para mantener su buen aspecto. El buque de guerra posee algo de igualitario, casi diríamos democrático. Al hecho de que si se hunde, nadie es más o menos náufrago que otro, se agrega que determinados servicios no hacen distingos de ninguna especie, salvo las naturales del rango militar. No ocurre así cuando hay mujeres en el sistema a flote. Los equipos de lavandería a bordo prevén el lavado de ropa de trabajo, manchada con grasa o petróleo, tanto del personal subalterno como de
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Es significativo el silencio que sobre estos asuntos, mantienen las fuerzas navales de género neutro.

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oficiales. La ropa de mujer es necesariamente diferente. Se requieren programas o máquinas de lavado especiales para ropa más delicada, que tradicionalmente no han existido a bordo. Lo mismo ocurre con el planchado. Si bien es cierto que todo esto es objetivamente prescindible, en la práctica el hecho de que se hagan esfuerzos por atender a tales requerimientos indica que hombres y mujeres no quieren renunciar a lo que naturalmente son. Las marinas deben hacer estos esfuerzos para que ellas encuentren un ambiente a flote adecuado a sus necesidades particulares. El problema de fondo es que ninguno de estos cambios o implementaciones ha traído un beneficio en las capacidades operativas, sino un recargo en las capacidades de servicios del buque. Para que una unidad de combate naval sirva a los fines para los que ha sido creado es indispensable que mantenga su naturaleza espartana, de modo que su tripulación se endurezca en la paz, para enfrentar con ventajas, los rigores de la guerra. Esto supone que quien se embarca, acepte implícitamente las limitaciones a la satisfacción de ciertas necesidades personales, las que son propias de la vida a bordo y no que llegue imponiendo condiciones, como lo haría quien otorga favores157. Así mismo, cabe preguntarse de qué sirve realizar un duro proceso de educación tendiente a adaptar al futuro tripulante a la vida en el mar, si después de todo, termina resultando que el que se adapta es el medio y no el individuo. Universalmente, la vocación militar se anida en el corazón de hombres que están dispuestos de buena gana a renunciar a numerosas comodidades e incluso a determinados derechos básicos, como el de emitir una simple opinión. Son hombres que se sienten a gusto en un medio más que austero, propensos a servir más que a hacerse servir y que si es del caso, no vacilan en exponerse al peligro, a veces sin mediar orden alguna. La siempre creciente complejidad de las naves no ha terminado con el hecho de que el buque es un medio en el que las faenas pesadas prácticamente no han variado en casi 100 años. La arquitectura naval, siempre apremiada por los costos, ha rechazado automatizar equipos no fundamentales para el combate y cuyas prestaciones pueden ser suplidas satisfactoriamente por la mano de obra disponible a bordo. Mientras más pequeñas son las unidades navales, menos espacio poseen para equipos no esenciales para el combate. Muchos medios no esenciales, si hay tiempo, se desembarcan durante los procesos de preparar el buque para la guerra. Su carencia será suplida con mano de obra. La instalación de equipos no indispensables para el combate influye negativamente en las capacidades bélicas y demanda esfuerzos de mantenimiento necesarios en otras áreas. La automatización de los equipos a bordo ha simplificado muchas tareas antes atendidas sólo con el empleo de mano de obra, en especial en los procesos relativos a la adquisición, exposición y evaluación de la información relativa al campo táctico y al enemigo, así como al empleo del armamento. Sólo se ha producido dicha automatización en la medida que mejora las capacidades del buque para cumplir su rol como plataforma de armas, en términos de rapidez, precisión y volumen de datos manejados. No se concibe incorporar tales adelantos, en una nave de combate, sólo por cuestiones relativas al bienestar de la dotación.
157 Según Ricochet (Amazons at Sea), en la Royal Navy se habla del fenómeno “Love Boat”, aludiendo a la popular serie de televisión ambientada en un lujoso crucero de placer (El Crucero del Amor).

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Al contrario, ello demanda un mayor esfuerzo de preparación profesional, tanto para la operación como para el mantenimiento y la reparación de los sistemas. Un ejemplo claro lo constituye la instalación de sistemas de aire acondicionado. Estos adelantos no se implementaron para dar mejores condiciones de vida a la dotación, sino porque los complejos equipos electrónicos requieren de condiciones ambientales muy precisas, que no se consiguen con los antiguos sistemas de ventilación. El tratamiento de aire, para la dotación, persigue reducir los riesgos derivados del empleo de armas nucleares, biológicas o químicas y sólo secundariamente se ha buscado el bienestar. La automatización está ausente, por ejemplo, en los equipos destinados a algunas maniobras marineras, como las amarras; las que son operadas principalmente a mano, a veces en difíciles condiciones climáticas y siempre con gran despliegue físico, que la constitución física de la mujer no está en condiciones de prestar. Muchas tareas que normalmente son cumplidas por un solo hombre, requieren del concurso de dos o más mujeres o sencillamente deben ser cumplidas sólo por varones. Cargar un saco de harina o de papas en una faena de víveres, acarrear proyectiles en una faena de municiones, cobrar una espía, desmontar un motor, montar una maniobra de fortuna, operar la maniobra de fondeo, abrir o cerrar pesadas escotillas horizontales, manejar una manguera de incendio, izar o arriar embarcaciones, etc., trabajos habituales a bordo, están entre estas tareas. Otras labores, como el mantenimiento y el pintado del casco y de la superestructura, sencillas en términos de las habilidades requeridas para su cumplimiento, también son trabajos pesados y a veces riesgosos, no siempre apropiados para ser emprendidos por una mujer. Por otra parte, la creciente automatización en los sistemas de mando y control de armas y de la maquinaria principal y auxiliar, han reducido la cantidad de personal disponible a bordo, por lo que el trabajo pesado recae cada vez más en menos personal. La dotación debe ser capaz de atender todas las necesidades del buque, lo que implica el desarrollo de tareas que demandan un gran esfuerzo físico. Esta es una realidad con la que conviven los tripulantes de buques mixtos y que genera entre los hombres un profundo resentimiento hacia sus compañeras femeninas, que no pueden rendir de la misma manera cuando los exigencias físicas son altas. Si es difícil desarrollar un ambiente de camaradería entre personas que comparten exigencias y experiencias; mucho más difícil resulta alcanzar tal propósito, cuando las exigencias son diferentes. A bordo, donde conviven hombres cuyo desempeño habitual supone un desgaste más intelectual que físico, con otros en los que el esfuerzo físico es mayor que el intelectual, el desarrollar los lazos de unidad es un desafío que se supera sometiendo al conjunto a las condiciones severas de la vida marinera, en las faenas pesadas, en el aislamiento común a todos, en la austeridad y por sobre todo, haciendo de cada componente de la dotación, por humilde que parezca su función, un elemento indispensable, sin el cual el buque pierde algo de su capacidad para desempeñar su rol en la fuerza naval. Un miembro de la dotación que no calce en el esquema, es más una carga que un tripulante, es un factor de desunión, punto de fricción donde se desgasta la cadena común de la disciplina. La presencia de tripulantes que no van a ser capaces de cumplir con las demandas regulares de la vida a flote, al no ser un aporte al esfuerzo común, necesariamente atentarían
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contra el logro de la unidad de voluntades que hace de un grupo de personas un verdadero equipo de guerreros del mar. El logro de poner un buque en condiciones de cumplir correctamente los roles y las diferentes misiones que se le ordenen es la suma de los empeños individuales y de las relaciones estrechísimas que se forjan en los reducidos límites físicos del buque. Los marinos conocen perfectamente lo difícil que es alcanzar el nivel adecuado de rendimiento, y en especial, lo saben quienes han integrado la primera dotación de un buque recientemente puesto en servicio. El equipo tarda en consolidarse y por tal razón, los necesarios transbordos (en el léxico naval, equivalente a “destinaciones”), merman el rendimiento del conjunto o lo degradan a tal punto que al término de los períodos regulares de transbordos, de vacaciones o de reparaciones, el proceso de entrenamiento debe iniciarse desde cero, tomando meses alcanzar los niveles perdidos con los cambios o la inactividad. El proceso de afiatar la dotación es difícil y no siempre se consiguen alcanzar los niveles deseados de eficiencia, ni de fortaleza de los vínculos de camaradería que deben reinar en un grupo humano que se prepara para ir a la guerra. En lo que respecta a considerar a las mujeres sólo para tripular unidades auxiliares, para evitar el exponerlas a los rigores del combate, el servicio naval presenta una situación especial: en la guerra en el mar no hay una “línea del frente”158. Toda unidad a flote está expuesta a la acción del enemigo, aéreo o naval, de superficie o submarino. La unidad auxiliar es un petrolero, que navega junto o próximo a las unidades de combate o es el remolcador que traerá de vuelta a la base a la fragata inutilizada por el fuego adversario, o es el transporte anfibio que conducirá a las fuerzas de Infantería de Marina a la playa por conquistar o es el barreminas que debe buscar y destruir estos artefactos bélicos o finalmente, es el transporte atiborrado de munición y otros pertrechos que puede desintegrarse ante el impacto de una bomba o torpedo. En todos estos casos, el trabajo de la unidad auxiliar se hace bajo la permanente amenaza del enemigo. Por lo tanto, este rol no exime al buque de los riesgos de la guerra. Podría mencionarse el caso del buque hospital como una excepción, debido a que las convenciones internacionales le confieren un status especial de “santuario”. Sin embargo, el que se respete su condición de tal es una cuestión diferente. Los modernos sistemas de armas no requieren que el operador vea físicamente al blanco y su empleo se decide a gran distancia, cuando la identificación del objetivo es muy difícil o imposible. Más aún, es en las unidades auxiliares donde la demanda por personal capaz de realizar las faenas más pesadas, alcanza los niveles más elevados. La maniobra Logos a bordo del petrolero exige capacidad física para el trabajo pesado, tanto como para permanecer períodos largos de trabajo sin descanso. A diferencia de los buques de combate, la tarea de reabastecer a las restantes unidades no es algo esporádico, sino casi permanente, dependiendo del tamaño de las fuerzas.

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El equipo designado para estudiar las cuestiones relativas al embarco de mujeres en la Royal Navy, había recomendado embarcarlas sólo en unidades no destinadas al combate, pero pronto se vio que tal recomendación carecía de sentido, ya que en las fuerzas navales, no cabe hacer tal distinción. Citado por E.R. Hayman, en Women at Sea.

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La maniobra de remolque bajo condiciones de emergencia, también es una dura prueba para la dotación. La ausencia de complejos sistemas de armas en las unidades auxiliares, así como de sofisticados sistemas de mando y control, reduce la cantidad de personal. En las maniobras no hay excepciones, todos deben prestar su colaboración sin distinción de la función que cumple en razón de su cargo o especialidad. La dura vida a bordo de las unidades auxiliares chilenas en la región austral, la que se desarrolla en condiciones extremas, nos enseña que en estos buques el trabajo más rutinario adquiere características de verdadera epopeya. Lo anterior trae a la reflexión una realidad que muchos aficionados a estudiar los temas militares pocas veces evalúan. Cada país tiene, también en el campo militar, sus peculiaridades. A propósito de condiciones extremas. La Marina Real recibió de los hombres embarcados en buques mixtos una queja: al momento de presentarse la emergencia, la actitud natural de los hombres era hacer retirar a las mujeres del foco del problema y hacer entonces, el trabajo propio y el de ellas159. Así las cosas, las emergencias eran tratadas con menos medios humanos que lo planificado. Ante una avería que afecta a la estructura se recurre al “apuntalamiento”, otro trabajo pesado, que se ejecuta bajo la presión de la emergencia, donde no hay espacios para los que no sean capaces de mover grandes pesos u operar herramientas que exigen el uso de una buena dosis de fuerza física. En las marinas en las que existen mujeres embarcadas y que no pueden exponerlas al combate, se presenta un fenómeno inesperado: los tripulantes saben que su buque (que para todo marino es siempre el mejor buque), no podrá demostrar su valor ante el enemigo, al menos no en las mismas condiciones en que lo harán los buques tripulados sólo por varones. Ello afecta negativamente a la moral de esas dotaciones, probablemente tan capaces como el resto y las expone a las burlas constantes de sus compañeros. La destinación de las mujeres embarcadas a reparticiones terrestres en puestos habitualmente cubiertos por personal apto para el servicio de a bordo, práctica habitual en diversas marinas, ha acarreado un efecto no previsto: resta oportunidades al personal que sirve a bordo para acceder a dichos puestos con el consiguiente impacto en la moral de las dotaciones embarcadas. La falta de oportunidades para acceder a puestos en tierra, es un factor que incide en el crecimiento de las tasas de retiro de personal masculino altamente calificado, con pocos años de servicio160. El ambiente marino también impone sus reglas. La vida a bordo implica pasar muchas horas expuesto a las inclemencias del tiempo, realizando pesadas faenas. El frío, el cansancio y las ropas empapadas han sido compañeros inseparables del marino y ello no va a cambiar por el hecho de que se hayan desarrollado nuevas tecnologías. Que tales condiciones estén siempre presentes es un factor que no preocupa al marino, pues ellas contribuyen a fortalecer al futuro combatiente en la mar. Más aun, es deseable que el joven en sus etapas de formación profesional, sufra los rigores de la vida marinera. Así, como oficial, valorará mejor el trabajo
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Citado por Ricochet en Amazons at Sea. Ibid.

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de sus subalternos y ponderará más prudentemente los riesgos a los que eventualmente les expondrá y como marinero, podrá enfrentar los peligros con experiencia acumulada. No es de extrañar que la sabiduría popular haya acuñado el término “hombre de mar”, para referirse a quienes han hecho de estas difíciles condiciones, su forma de vida. El mar es un medio en donde el que no se adapta sencillamente fracasa. No todos pueden ser hombres de mar. La vida de cámara a bordo también asume ciertas peculiaridades. Mientras que en las unidades terrestres puede reducirse al personal soltero durante gran parte del año, a bordo, es parte de la vida cotidiana todo el año y toca a todos los miembros de la dotación, cada uno en su nivel, aunque se reduzca en el puerto base. La dura jornada de faenas y ejercicios da paso a la vida social, donde se comentan las actividades del día, se liman asperezas y se fortalecen los vínculos de camaradería. Pero aun cuando en la cámara se produce un cierto relajo, éste nunca es total. Las guardias en la mar o en puerto permiten a una parte de la dotación descansar, mientras otra parte conduce la navegación, ejecuta ciertos ejercicios, etc. Sin embargo, lo anterior, no exime del hecho de que surja la amenaza del enemigo o la emergencia propia de la navegación. Hasta en la más rutinaria de las navegaciones, el zafarrancho de combate se hace oír en el momento más inesperado. La misma expresión, zafarrancho, indica que en ese momento se interrumpe el descanso, la comida, la charla, todo, excepto lo necesario para enfrentar el combate o la emergencia. Por otra parte, no es posible que las cámaras a bordo, se encuentren en sitios apartados del ajetreo cotidiano. Su ubicación, tamaño y forma no siempre responden a criterios de mejor comodidad para sus ocupantes; muchas veces no alcanza a albergar simultáneamente a todos sus miembros. En este sentido, la cámara es un fiel reflejo de lo que el servicio naval exige a sus miembros, en orden a adaptarse a las condiciones que la profesión naval demanda, más que a exigir que tales condiciones se adapten a las necesidades de cada uno. Un factor adicional a las diferencias entre la profesión naval y el resto de las fuerzas militares, lo constituye el hecho de que en el buque, desde el comandante hasta el tripulante de menor rango, todos comparten los mismos riesgos. En el combate terrestre, el soldado de menor rango está objetivamente más expuesto a sufrir heridas o la muerte que el superior. En el combate aéreo, sólo intervienen las tripulaciones aéreas. En el combate naval todos son combatientes, corren más o menos los mismos riesgos y se exponen, en consecuencia, a las mismas vicisitudes. Si se hunde el buque, todos son igualmente náufragos, cuya supervivencia es posible en la medida que la disciplina, la unidad y el espíritu de sacrificio se mantengan intactos. La camaradería en estas circunstancias, no sólo es deseable, pasa a ser vital. No falta, en las mentes más agudas, la percepción de que el marino desarrolla por su buque un respeto semejante al que el militar siente hacia su cuartel, pero mucho más profundo: el marino sabe que su buque puede ser también su tumba. La tradición naval chilena impone normas, incluso respecto de la vida de cámara. Así, en la cámara del comandante, debe encontrarse un retrato del héroe de Chile, don Arturo Prat, en la de oficiales, el del teniente Ignacio Serrano y en las de suboficiales o sargentos, el del sargento Juan de Dios Aldea, modelos con los que los miembros de la cámara deben identificarse. La tradición también dicta el protocolo, que se respeta cuidadosamente.
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El problema se presenta con mujeres integradas en la vida de cámara a bordo, porque el protocolo se funda sobre la posición jerárquica, pero supone también atender a la condición de la mujer, que por ser tal, merece consideraciones especiales que no guardan en absoluto relación con la posición jerárquica. Si se desconoce la condición de mujer de un miembro de la cámara, tarde o temprano desaparecerán también el respeto y la consideración debida a todas las mujeres, militares o no. La mujer debe adaptarse a esta realidad, pero ello no siempre es posible. La experiencia en las marinas mixtas, indica que la prevalencia de cambios en las destinaciones entre las mujeres es alta, por las causas habituales: embarazo y lactancia y su rendimiento está sujeto a la ciclicidad de sus procesos fisiológicos. Los efectos en las capacidades operativas por estas circunstancias, son negativos en términos de alcanzar y mantener los niveles de entrenamiento. Esta “volatilidad” atenta contra la conformación de un equipo de combatientes, que debe adaptarse en alguna medida, ante cada reemplazo de miembros de la dotación. No es apropiado juzgar estas situaciones aduciendo que talvez se trate de trasbordos de personal de escasa importancia en el conjunto. En el buque, las labores más “humildes”, como sastrería, lavandería o zapatería, son atendidas por gente que realiza otras tareas, en las guardias o en el combate, ya sea sirviendo en una pieza de artillería, en una partida de control de averías, como camillero o telefonista, por citar unas pocas, todas las cuales demandan un entrenamiento individual y de conjunto. Existe la impresión de que bastaría con imponer normas que impidan a la mujer embarcada quedar embarazada, pero ello, además de ser contra la naturaleza, es ilegal y atenta contra la ética de las FF.AA., la que ha estado siempre por fortalecer la vida familiar. La opción de embarcar sólo a las solteras también ha sido evaluada, pero dado que tarde o temprano ellas se casarán, la posibilidad de continuar una carrera prolongada en la armada se ve bastante remota. Ello tampoco resuelve el problema causado por las solteras que queden embarazadas, situación de alta ocurrencia en las marinas mixtas, donde el porcentaje de embarazadas a bordo ha llegado a ser mayor que en tierra o en la vida civil161. Según datos proporcionados por organismos oficiales, la prevalencia de mujeres embarazadas a bordo de las unidades norteamericanas, ha sido mayor que en tierra, alcanzando cifras del orden del 31%162. Por otro lado, la situación de las mujeres en estas condiciones implicaría embarcarlas por un período tan breve de su carrera que cabría preguntarse si el esfuerzo y el costo de prepararlas como tripulantes de un buque de guerra, vale realmente la pena, sobre todo teniendo en cuenta que las dotaciones navales se conforman en un alto porcentaje con personal muy calificado técnicamente y la tendencia es que esta calificación sea cada vez mayor, en la medida que se automatizan las tareas de a bordo.

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Aunque es muy difundida la opinión de que la mujer que trabaja, abandona el empleo cuando se casa o tiene hijos, recientes estudios indican que sólo en contadas ocasiones es así, sin embargo, en el caso de las mujeres embarcadas o con opción de embarcarse, esta circunstancia es bastante frecuente. 162 Gutamann, Stephanie.Kinder, Gentler Military. Simon & Schuster, Canada.

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Las reflexiones anteriores adquieren mayor vigencia a medida que el tamaño de las fuerzas navales es menor, debido a que las organizaciones de las grandes potencias, poseen personal en abundancia como para afrontar relevos frecuentes y se ven favorecidas por la estandarización de unidades y equipos, lo que no ocurre tampoco en las marinas de menor tamaño.

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3.- LAS FUERZAS DEL AIRE 163 Las fuerzas del aire, en lo referente a las condiciones laborales, no ofrecen grandes diferencias respecto de las terrestres. La vida regular se desarrolla en cuarteles que aparte de las instalaciones necesarias para el mantenimiento y la operación de las aeronaves, muestran bastantes similitudes. La existencia de mujeres como miembros de las tripulaciones aéreas, implica la necesidad de contar en todas las bases aéreas a las que ellas pudieran arribar con medios adecuados a sus necesidades, aun cuando la cantidad de mujeres en estas tareas sea ínfima. Las tareas habituales sí son diferentes, debido a que los medios aéreos son equipos de gran complejidad técnica, de modo que el esfuerzo destinado al mantenimiento de los medios materiales absorbe un tiempo considerable de las energías del personal. Muchas de estas tareas pueden ser desempeñadas indistintamente por varones y damas, en campos específicos, como electrónica, aviónica y otros, en condiciones de razonable igualdad. En este sentido, la creación de vínculos de camaradería entre ellas y ellos se ve favorecida. Las fuerzas aéreas tienen su mayor diferencia con las terrestres, en el sentido de que mientras en éstas toda la unidad va al combate, en aquéllas sólo son verdaderamente combatientes las tripulaciones aéreas, grupo bastante reducido en relación con el total de la fuerza efectiva. Las unidades de defensa aérea no se distinguen mayormente de las fuerzas terrestres que cumplen funciones similares. Esto plantea un desafío muy particular para los oficiales de las fuerzas del aire, pues la forma de crear vínculos de camaradería con sus subalternos no puede darse por la vía de compartir las vicisitudes del combate, sino por el grado de dependencia que el tripulante de aeronave tiene, en sus capacidades de combate y de supervivencia, respecto de las habilidades técnicas del ingeniero y del mecánico que realizan el mantenimiento y entregan el apoyo logístico. Los oficiales que operan las aeronaves de combate sí generan entre ellos, vínculos de camaradería al estilo tradicional. Cuando a este grupo se integran mujeres, las cosas sufren algunos cambios, ya que se espera que el piloto de combate o de aeronave de apoyo, se mantenga en condiciones físicas e intelectuales aceptables para el vuelo en aviones que plantean elevadas exigencias al piloto, condiciones a las que el organismo femenino no siempre se adapta adecuadamente, en virtud de los ciclos a que se ve sometido con regularidad. Los períodos de embarazo y lactancia suponen una interrupción en el proceso de adquirir y mantener un nivel determinado de entrenamiento, en desmedro de la eficiencia del conjunto de la unidad y encarecen el esfuerzo de búsqueda del nivel exigido en la preparación para la guerra. Por lo general, el piloto de combate debe mantener un nivel mínimo de entrenamiento, que se pierde rápido cuando no se ejercita regularmente. En una mujer, expuesta a embarazos o períodos de lactancia, el nivel mínimo para conservar sus aptitudes de vuelo sufrirá interrupciones, debiendo repetir con mayor frecuencia que el varón, las
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Del mismo modo en que se eligió la expresión “fuerzas en tierra”, en lugar de “fuerzas terrestres”, se optó por “fuerzas del aire” en reemplazo de “fuerzas aéreas”, por cuanto algunas de las consideraciones que caben en este acápite, son aplicables a los medios aéreos del ejército o navales, siendo necesario un término de significado más amplio.

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etapas más básicas del entrenamiento. Esto tiene un costo adicional que en el caso de un piloto de combate es relevante. Esta diferencia entre varones y mujeres atenta contra el espíritu de cuerpo, debido a que no todos los miembros del equipo pueden rendir en la misma medida y es natural que haya que adoptar normas diferenciadas para hombres y mujeres, a fin de que las calificaciones puedan ser realizadas con justicia. El riesgo de que el avión sea derribado, va a la par con el de que la tripulación sea capturada. El problema de los riesgos a que se expone la mujer prisionera de guerra, ya fue mencionado en el caso de las fuerzas terrestres, por lo que valen aquí los mismos elementos de juicio de entonces; con el adicional de que los riesgos de ser hecha prisionera son significativamente más altos, pues la aeronave operará regularmente sobre el territorio bajo control del enemigo. Los pilotos derribados son expuestos a persecuciones sistemáticas por las fuerzas adversarias, muchas veces motivadas por el deseo de venganza ya que han debido soportar el ataque de la misma aeronave derribada. No es lo mismo ser objeto de la persecución del enemigo, cuando se está en la compañía de los camaradas, que cuando como el piloto derribado, debe enfrentar el peligro en la más completa soledad. Es de suponerse a qué situaciones se verá expuesta una mujer en tales circunstancias. Otro aspecto del riesgo de volar y ser derribado, es el de la eyección desde el avión. Sabido es que un piloto que es eyectado, experimenta aceleraciones brutales, del orden de los 20 G, debe soportar el impacto del viento a velocidades sumamente altas y, finalmente, debe absorber el violento contacto con el suelo, que muchas veces no se produce de manera controlada164. Rara vez un piloto sometido a esta situación se libra sin algún tipo de lesiones. No se han encontrado antecedentes respecto de la forma como las mujeres han soportado una eyección, sin embargo es de suponer que por tener una contextura menos robusta que la de los varones, las lesiones que sufren deben ser de mayor consideración. No hay mayores diferencias entre la vida de cámara de una guarnición aérea y la que se desarrolla en un cuartel del ejército, pues ambas comparten las mismas circunstancias. Solamente se diferencian en que es normal que las unidades aéreas se encuentren en la periferia de los centros poblados, donde las operaciones aéreas no importunen a la población. Ello implica una vida de casino más activa que en las unidades terrestres.

164 El paracaidismo deportivo, practicado por muchas mujeres, no es un buen punto de comparación. El deportista se lanza al vacío en condiciones bastante distintas que el piloto del aeronave derribada, ya que no ha sufrido lesiones antes del salto, opera desde aviones volando a velocidades bajas, lleva un equipo muy reducido (sin elementos de supervivencia) y posee un paracaídas con capacidades de control de vuelo que no están presentes en un paracaídas de emergencia.

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VII.- ADAPTACIÓN DE LAS FUERZAS A LA INTEGRACIÓN FEMENINA. Es evidente que en todas las instituciones castrenses que han debido recibir contingentes femeninos ha sido necesario realizar numerosas adaptaciones, en términos de reglamentación, de infraestructura, de modificación de las unidades a flote y otras. Históricamente, las fuerzas armadas de todo el mundo han funcionado de otra manera. Independiente del hecho de que los cuerpos armados siempre deben sufrir adecuaciones a diversas circunstancias de tiempo y lugar, lo que nunca ha cambiado es el hecho de que el recluta es el que debe adaptarse al medio165. El conocimiento, fruto de la experiencia de los militares, enseña que el proceso de adaptación toma su tiempo y requiere del sacrificio de reclutas e instructores, para que el recién ingresado se introduzca en un mundo en el que las cosas más sencillas, tienen sus peculiaridades que el hombre de armas debe dominar. El léxico militar, naval o aéreo, la forma de tratar al superior, al subalterno o incluso al compañero, la rígida rutina diaria, llena de pequeñas y grandes diferencias con la vida civil, la falta de privacidad y de comodidades que fuera del cuartel son tan desconocidas que ni siquiera se piensa en su existencia, etc. El “período de reclutas”166, primera etapa en el proceso de formación de un militar, apunta a entregar al novato los conocimientos básicos respecto de lo que el servicio espera de él, en orden a la conducta que debe observar y a los conocimientos mínimos que debe manejar. Es el primer paso en un largo proceso de adaptación, indispensable para un eficiente desempeño en el mundo militar. Es también la primera prueba a que se ve sometido, para aquilatar sus aptitudes con vistas a convertirse en guerrero. Con diversos nombres y modalidades, el período de reclutas es un uso universal e ineludible en las FF.AA., que en ocasiones alcanza al personal que no desarrollará funciones militares167. El hecho conocido, de las altas tasas de deserción en las escuelas matrices, es revelador de una realidad que en la boca de un militar puede sonar a soberbia, pero que es lejos de toda duda, incuestionable. No todos pueden ser militares y no es fácil llegar a serlo. En realidad, no todos pueden ser médicos, abogados o arquitectos. Ni es fácil lograr el título, pues cada oficio tiene sus propias exigencias de talento o de otro orden que sólo algunos individuos tienen, siendo labor de las universidades el seleccionar a los que son realmente capaces. En los llamados oficios, la necesidad de talentos especiales no es menor. Sólo algunos pueden ser carpinteros, albañiles o mueblistas. En todos los casos, el mercado laboral demuestra ser implacable. Sólo triunfan los más o los únicos capaces.

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Es costumbre entre las familias reales, que los hijos varones reciban formación militar, sin ninguna consideración especial en virtud de su rango nobiliario. Uno de los hijos de la Reina Isabel sirvió como piloto de helicóptero en la guerra por las Islas Falkland y su padre, el Príncipe Felipe, fue oficial de Marina embarcado durante la Segunda Guerra Mundial, como un oficial más. Estos y otros casos semejantes indican que el ingreso al servicio armado se realiza sin ningún tipo de consideraciones especiales. 166 Ver “Período de reclutas” en Aclaraciones. 167 La conocida película Reto al Destino, que lanzó a la fama al actor Richard Gere, ilustra precisamente el período de reclutas al que se somete a los futuros oficiales aviadores navales norteamericanos que no ingresan al servicio a través de la Academia Naval de Annapolis.

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La selección del personal no puede faltar en las FF.AA. Sin ella, se corre el riesgo de poner en peligro a la nación entera. La selección es y debe ser permanente, desde el primer día en que el joven cruza las puertas de la escuela o del cuartel, hasta que finalmente se acoge a retiro. La altura que cada cual alcanza en la carrera, es un buen reflejo de la aptitud de cada uno para el servicio castrense. Por esta razón, el hecho de que las FF.AA. deban adaptarse para recibir a un grupo específico no parece de ninguna lógica. Lo normal es que quien se introduce en el mundo militar, se adapte a las condiciones que este medio impone. Lo contrario implica necesariamente desvirtuar la esencia de la vida militar, que es de servicio y sacrificio para sus miembros. A continuación expondré algunas consideraciones respecto de las adaptaciones, separándolas según la naturaleza de las fuerzas armadas.

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1.- FUERZAS EN TIERRA Como ya se ha indicado, las adaptaciones de las fuerzas en tierra a la presencia femenina en términos de infraestructura, son relativamente sencillas. Las adaptaciones de tipo administrativo, no merecen ser mencionadas en un trabajo como el presente porque dependen exclusivamente de la voluntad humana. Donde las adaptaciones adquieren complejidad, es en los requisitos exigidos para que las unidades y sus integrantes sean declarados aptos para el combate. Las exigencias de orden intelectual no constituyen un problema, debido a que en este plano hombres y mujeres son semejantes. Sin perjuicio de que la aptitud moral, para enfrentar las situaciones de riesgo propias de la guerra es indispensable, las exigencias físicas para el combate, son primordiales. Un soldado requiere de una aptitud para el ejercicio físico intenso y prolongado, porque el combate así lo impone. No todos pueden ser soldados. La batalla no tiene horarios. Se come, se bebe, se duerme o se atiende a las necesidades físicas, sólo cuando y donde realmente se puede, si es que se puede. Al combate no se va con comedores, baños ni dormitorios, sino con una mochila cuyo contenido está cuidadosamente regulado en función de las necesidades operativas. En combate, las únicas oportunidades que tiene el soldado para descansar dependen de la llegada de un relevo, que muchas veces puede no llegar. Terminado el combate, el soldado debe convivir con los despojos de los muertos y los restos del material destruido, hasta que exista la posibilidad de que se sepulte a los caídos y se despeje el terreno de los escombros, tareas que él mismo debe emprender. En este punto, no hay adaptación posible. Es el combatiente el que se adapta o sencillamente debe ser retirado del frente, si antes el enemigo no ha acabado con él. Las capacidades físicas son tan importantes como las habilidades del soldado, en lo táctico o en el manejo del arma que se le ha entregado. Y es en las capacidades físicas, donde residen las principales diferencias entre el varón y la mujer168. No es cierto que en la vida militar haya una preeminencia del músculo por sobre el cerebro, por lo que pretender que ello puede ser revertido tampoco es acertado169. Lo que la guerra terrestre necesita es una adecuada conjunción de músculo y cerebro, como ocurre con toda actividad humana. Con la salvedad de que la vida militar implica una peculiar combinación de capacidades, habilidades y talentos, que no siempre es desarrollada por todas las personas170. La guerra moderna ha hecho aun más difícil el problema. Los ejércitos antiguos combatían mientras la luz natural lo permitía. Salvo en el caso de un asedio, durante las horas de oscuridad se corría el riesgo de atacar a los compañeros, por la incapacidad de reconocerlos.
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Baroness Symons of Vernham Dean, Minister for Defence Procurement, Part of My Job: Equal Opportunities in The Armed Forces, RUSI Journal Octubre de 2000. Entrevista. La pretendida supremacía de lo físico por sobre lo intelectual, ha sido por mucho tiempo, argumento destinado a desacreditar a los militares y, entre estos, para hacer bromas a sus camaradas empleados en funciones en las que los aspectos físicos son de mayor relevancia que en otros. 170 La primacía del intelecto se ve aún más claramente en el hecho de que al soldado se le exige una prestancia moral, que no reside en el músculo, sino en la mente.
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Las normas que emitían las autoridades eclesiásticas, imponían treguas por cuestiones de índole religiosa o humanitaria, que todos acataban. Se respetaba el derecho del enemigo a recoger a sus heridos y sepultar a sus muertos, pues todos ellos compartían la misma fe. En otras culturas, las condicionantes impuestas por la superstición o las premoniciones de los augures o astrólogos operaban de igual forma. Todo ello ha cambiado. Se combate de día y de noche, porque las circunstancias tácticas lo hacen aconsejable y porque se cuenta con los medios tecnológicos que hacen que la noche sea día. Si no se va a combatir de noche se aprovecha la oscuridad para desplegar o redesplegar las fuerzas, esperando combatir de día. La palabra “descanso” desaparece del lenguaje del soldado en combate, aunque pese dolorosamente en su mente. La historia recurre reiteradamente al término “sobrehumano”, para referirse a los esfuerzos increíbles que han realizado los soldados en incontables ocasiones, para cumplir con las misiones asignadas bajo el fuego del enemigo. La autoridad de la Iglesia ya no alcanza a imponer sus normas a las fuerzas militares, aunque la mayoría comparta el mismo credo. En lugar de dar facilidades al enemigo para recoger a sus muertos y atender a sus heridos, se busca quebrantar su moral impidiéndole realizar tales tareas. El compañero herido pidiendo auxilio, en medio de la “tierra de nadie”, afecta profundamente la moral de las tropas y puede provocar reacciones irracionales, que ponen en riesgo al resto de la fuerza o al cumplimiento de la misión. Muchos soldados han ganado sus condecoraciones de guerra precisamente por llevar a cabo rescates de compañeros heridos, todo ello bajo condiciones extremadamente difíciles. Nuevamente la realidad nos muestra que lo que se requiere, desde esta perspectiva, no es una adaptación de las fuerzas a la incorporación de la mujer, sino que ésta sea capaz de adaptarse. Es evidente que las armas militares se han diseñado pensando en operadores masculinos. Si bien es cierto que se han hecho esfuerzos por diseñar armas de uso personal más livianas, ello ha tenido por finalidad primordial, el que el soldado pueda llevar más munición u otros equipos y sólo secundariamente el reducir la fatiga. No se puede olvidar que el arma del infante, por ejemplo, requiere de cierta potencia que sólo se consigue alargando el cañón o empleando munición más potente, todo lo cual exige un conjunto más robusto. Si bien es cierto que las fuerzas especiales usan armas de menor tamaño y potencia, éstas no son eficientes en una unidad de infantería que dispara a mayor distancia y requiere de más precisión en el tiro. Además, la tendencia actual es dotar al combatiente con más equipos. Chalecos o tenidas antibalas, cascos capaces de soportar el impacto de un proyectil, calzado antiminas, visores nocturnos, equipos de comunicaciones individuales, navegadores satelitales, designadores e iluminadores de blancos para la aviación o la artillería y otros inimaginables hace pocos años. Ellos recargan al soldado en combate, demandándole esfuerzos extremos. Esta es una de las razones por las que los ejércitos de todo el mundo tienen exigencias de contextura física mínimas, que normalmente no son cumplidas por la mujer. Las adaptaciones que se han llevado a cabo en algunas fuerzas, consistentes en rebajar las exigencias de desempeño físico para recibir contingentes femeninos, redundan necesariamente en unidades militares menos aptas físicamente para el combate.
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Es generalmente aceptado que las mujeres sólo se integren, por estas razones, a las armas de apoyo. Artillería, Ingenieros de combate y telecomunicaciones, donde las exigencias físicas parecen ser menores (No en el caso de la artillería, en la cual las exigencias físicas no son menores). No obstante, no pueden adaptarse todas las circunstancias. Sin duda que una central de cálculo de tiro no se resentirá en su eficiencia, si es operada por mujeres, otro tanto ocurre con una central de comunicaciones. Pero un proyectil de artillería de 155 mm pesa alrededor de 50 Kg., el que es considerable para un varón y lo será más para una mujer, que como artillera, deberá cargar muchos durante un lapso de tiempo prolongado. Ella también deberá cargar la munición en el vehículo de transporte, emplazar el arma, operar manualmente los pesados mecanismos del cañón, etc. Todas estas tareas son realmente duras, aún para varones fornidos. En la guerra moderna, las posibilidades de que las unidades de apoyo que operan alejadas de las líneas del frente deban enfrentarse con unidades de combate, se han incrementado en la misma medida en que se ha perfeccionado el armamento y la movilidad de las tropas. En ninguna planificación militar puede descartarse el empleo por el enemigo, de medios aéreos, capaces de ofender precisamente los dispositivos logísticos, normalmente menos protegidos contra la amenaza aérea y por lo tanto, blancos más atractivos. Prácticamente no existen unidades de fuerzas especiales donde se desempeñen mujeres. En estas fuerzas, las exigencias físicas son aun mayores que en las unidades de servicio general. El combatiente especial depende aun más de sus propias capacidades individuales. Es un combatiente aislado, generalmente inserto en pequeños grupos, en acciones tras las líneas del enemigo, huérfano del apoyo de la artillería, de la aviación o del aparato logístico. Prácticamente sobrevive reduciendo al máximo la satisfacción de sus necesidades individuales. Las exigencias físicas de un combatiente especial sólo son cumplidas por muy pocos y escogidos varones, de modo que no todos los militares pueden acceder a ello. La adaptación es en este caso, muy poco viable, salvo que se haga al costo de reducir las capacidades físicas mínimas exigidas. En ninguno de los casos planteados puede decirse que no existan mujeres capacitadas para el trabajo militar. No obstante, las consideraciones que se puedan tener a la vista siempre deben evaluar la generalidad, no los casos particulares171.

171 Rambo y otros héroes y heroínas del cine y la televisión, han creado una falsa visión del mundo militar, en la que un cuerpo militar, aun bien entrenado, resulta sistemáticamente destruido por un solo individuo, superdotado, física, intelectual y moralmente. Tales héroes, no son más que hijos de la imaginación, capaces de llenar las salas de cine, pero no de realizar las hazañas que se exhiben en la pantalla.

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2.- FUERZAS NAVALES Las fuerzas navales han sido en todos los casos conocidos, las que más dificultades han presentado a la incorporación de mujeres. No es una simple casualidad. Pese a que el ingreso de la mujer a las Armadas ha precedido muchas veces al de las fuerzas terrestres, éstas se han diferenciado al ocupar plazas laborales en los planteles terrestres en los que puede desempeñarse eficientemente con sus pares masculinos o en los que definitivamente, no tiene competidor varón. El buque, medio de combate natural de la fuerza naval, hasta años muy recientes, no fue abordado por tripulantes femeninos. Las adaptaciones de una fuerza naval exigen cambios que afectan la estructura de las unidades a flote, los que a veces son simplemente irrealizables y que debieran hacerse sin menguar las capacidades bélicas del conjunto. Ya se han expuesto someramente las dificultades que debe abordar el equipo de ingenieros, arquitectos y constructores navales, para modificar un buque ya construido. El problema se simplifica en parte, cuando de diseñar un buque mixto se trata. Si no hay limitaciones en cuanto a los costos es posible lograr diseños apropiados, considerando que los porcentajes de mujeres de la dotación, serán constantes y probablemente en áreas específicas de desempeño. La Armada de los EE.UU. estima que modificar un portaaviones para recibir mujeres tiene un costo de US$ 4.000 por tripulante femenino, en tanto que en un submarino, dicha estimación sube a US$ 300.000172. Ya hemos visto que las dotaciones mixtas requieren de espacios de habitabilidad segregados, a la vez que las facilidades para las mujeres tienen requerimientos especiales en baños, lavandería, enfermería, etc. La experiencia indica también que la alimentación adecuada para el hombre sometido a esfuerzos físicos duros, no es apropiada para las mujeres, que tienden a subir rápidamente de peso, de modo que este aspecto también requiere de adaptaciones que en unidades menores, es muy difícil de satisfacer173. El problema, crítico en unidades de superficie, es prácticamente insoluble en los submarinos. En un sumergible es imposible crear espacios segregados para cada sexo, debido a que el hacinamiento es una norma de vida para el submarinista, hasta el punto que uno de los requisitos para ingresar y permanecer en el arma, es la capacidad sicológica para soportarlo por largos períodos. Lo que viene a agravar el problema con el paso del tiempo, es la creciente reducción de tripulantes en las unidades de combate, fruto de la automatización de los procesos de detección, traqueo174 y destrucción de los blancos, de las comunicaciones y de toma de decisiones, así como de los referidos al control y la operación de las plantas propulsoras y auxiliares, etc. Con menos personal a bordo, los trabajos que requieren grandes esfuerzos físicos no se han terminado. Por el contrario, son los mismos de antes pero ahora con menos personal para desarrollarlos. Probablemente un acorazado de la segunda guerra mundial, con 1.600 tripulantes, no se hubiera resentido apreciablemente con un 10% de la dotación compuesto de mujeres. Una fragata de 2.000 toneladas, con 120 tripulantes cuyo complejo

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New Debate on Submarine Duty for Women, www.armedforcescareers.com/articles/article18.html

El tema de la alimentación diferenciada para damas y varones aparece en Mujeres de alto vuelo, de fecha 12 de agosto de 2004, en www.mujereschile.cl, como una necesidad detectada en la Escuela de Aviación. 174 Ver “Traqueo” en Aclaraciones.

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equipamiento requiere de un constante y duro esfuerzo de mantenimiento, que no era tan exigente en el acorazado, dispone cada vez de menos manos para las tareas pesadas, de modo que todo el escaso personal disponible debe “apegar a la tira”175, según la expresión empleada en la jerga naval. No cabe duda de que es posible reducir la cantidad de trabajos pesados a bordo, pero ello se logra a costa de sacrificar el costoso espacio disponible, aumentar desmedidamente el peso del buque (lo que reduce la velocidad de la nave y su radio de acción) además de recargar la agenda de mantenimiento. En los buques auxiliares, la cantidad de trabajos pesados es mayor que en las unidades de combate, acorde con las labores que realiza. Se ha pretendido comparar a las unidades navales auxiliares con sus pares del mundo civil, sin considerar diferencias básicas entre ambas. La nave mercante, sea de transporte o un modesto remolcador, se concibe y opera bajo los criterios del costo de su operación, en el que tiene una fuerte incidencia el de la mano de obra. Esta razón lleva al armador a dotar al buque mercante del máximo de equipos automatizados, reduciendo o eliminando todo aquello que no sea absolutamente indispensable en el logro de sus metas comerciales. El mantenimiento que la tripulación ejecuta es mínimo, descansando fundamentalmente en el servicio que prestan los oferentes terrestres. El buque es programado minuciosamente en sus navegaciones, tanto para cumplir con sus compromisos con la clientela, como para efectuar el mantenimiento. Poco de esto es válido en el caso de las unidades navales. Si bien es cierto que los planes de mantenimiento demandan una planificación en el empleo operativo del buque, muchas veces éste debe operar bajo condiciones de emergencia, no planificadas, por su condición de bien de servicio a la comunidad. El inminente naufragio de una nave, civil o militar, la comunidad aislada en los fiordos australes afectada por los rigores del clima; la evacuación de un poblador que requiere inmediata atención médica y tantas otras situaciones, quiebran el más afinado plan de permanencia en puerto. La dotación por lo tanto, debe ser capaz de atender la mayor parte del mantenimiento con sus propios medios, sin perjuicio de que debe estar capacitada para prestar auxilio a otras naves. Es un buque auxiliar, pero también es un buque de guerra, lo que implica el desarrollo de otras actividades de tipo permanente desconocidas en una nave mercante, como el entrenamiento para cumplir su rol en la fuerza que se prepara para la guerra. El trabajo de mantenimiento también tiende a ser más pesado en un buque auxiliar. En un petrolero, el mantenimiento de equipos como grúas, plumas, maniobras para la transferencia de combustible, demandante de grandes esfuerzos físicos, es crítico para el cumplimiento de los roles del buque en su servicio a las unidades de combate. En estos buques, el trabajo normal de reabastecer de combustible en la mar, es también una tarea que causa gran desgaste físico, realizada frecuentemente en condiciones climáticas difíciles, que absorbe a la mayor parte del personal que no se encuentra cubriendo puestos en la operación normal de la unidad. La estrecha relación entre la vida de a bordo y el trabajo pesado no da mucho espacio a las adaptaciones necesarias para recibir tripulantes femeninos.

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Ver “Apegar a la tira” en Aclaraciones.

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En la Infantería de Marina, que en todas partes es una componente de las fuerzas navales, las condiciones de vida y de trabajo son una mezcla de las condiciones prevalecientes en las fuerzas terrestres y en las navales. El infante de marina combate en tierra, pero el desplazamiento a las áreas de operaciones se realiza navegando. También debe contar con las fuerzas navales, para el apoyo logístico. Todo esto implica que para que estas fuerzas se adapten a la presencia femenina, la fuerza naval debe hacerlo previamente, al menos en las unidades que se dediquen a las operaciones anfibias. Se debe recordar que en alguna medida, las fuerzas anfibias son semejantes a las fuerzas especiales del Ejército. Estas operan huérfanas de apoyo terrestre cercano, se organizan con una cierta autonomía logística, etc., todo lo cual impone al combatiente anfibio, una capacidad física excepcional. La experiencia con fuerzas anfibias, que se enriqueció extraordinariamente durante la segunda guerra mundial, indica que sufrían un porcentaje mucho más elevado de bajas que las fuerzas terrestres, gran parte de ellas causadas por la incapacidad del soldado regular por alcanzar la playa, bajo el gran peso de su equipo y sometido al fuego de los defensores. No debe ser simple casualidad que a la fecha, no se tiene conocimiento de mujeres en las fuerzas de combate de la infantería de marina de ningún país. Una adaptación indispensable, es la que debe sufrir la mentalidad del marino. Las experiencias que se conocen indican a las claras que tal adaptación no se ha producido casi en ninguna fuerza naval, por una razón nada despreciable: la tradición de siglos de vida marinera. Esta tradición supera fácilmente las barreras del idioma, de la cultura e incluso de antiguas enemistades. En muchas ocasiones es más fácil encontrar similitudes entre marinos de latitudes muy distantes, que entre marinos y militares de una misma bandera. Casi universalmente el uniforme naval es azul, los grados jerárquicos poseen nombres y distintivos similares y son fácilmente asimilables para efectos protocolares. Las costumbres marineras no conocen fronteras, por el contrario, crean vínculos en la medida que ellas revelan una hermandad muy particular y que todos son unánimes en respetar y preservar. También pesa en todo esto el hecho de que los marinos, más que otros hombres de armas, se relacionan frecuente y estrechamente con sus pares extranjeros. Los usos tradicionales también tienen importancia. Si durante mucho tiempo algo resultó exitoso, ¿por qué cambiarlo ahora? Cambiar una mentalidad tan apegada a formas y costumbres inmemoriales, es una tarea difícil y no se tiene ninguna certeza de que el cambio produzca efectos beneficiosos en la calidad de las fuerzas de mar, único argumento que debiera pesar al momento de decidir la puesta en práctica de cualquier modificación. A partir del análisis de lo que es la vida de cámara a bordo, que ya se ha tocado previamente, podemos concluir que el servicio a flote es un campo laboral en el que no caben adaptaciones a las necesidades de los individuos, sino que, por el contrario, son ellos, ya sea hombres o mujeres, los que deben adaptarse. Adaptar las unidades navales para que puedan acoger a tripulantes femeninos, es, en términos de lo que significa la vida en el mar, un contrasentido.

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3.- FUERZAS DEL AIRE Las fuerzas aéreas requieren escasas adaptaciones, casi todas ellas en términos de infraestructura de habitabilidad y eventualmente de medios de sanidad específicos para las damas. No existen diferencias derivadas de la fisiología, entre un hombre y una mujer, para pilotear una aeronave, salvo los períodos de menstruación, embarazo y lactancia y, como en otro momento se ha señalado, cuando se debe atender una emergencia en un avión de alto rendimiento. No es lo mismo una emergencia hidráulica en un avión de combate F-16 volando a mach 2,1 (aproximadamente 2.124 Km./h), que una falla en un avión de transporte militar volando a 740 Km./h o a la de un avión deportivo a 170 Km./h. Un factor importante en la adaptación, lo constituye la falta de una larga tradición “aérea”. Muchas de las fuerzas aéreas del mundo, nunca se han visto envueltas en acciones bélicas reales y ninguna puede ostentar una existencia de un siglo. La Armada de Chile había conquistado sus mayores glorias más de 50 años antes de que se creara nuestra Fuerza Aérea. Es sabido que las tradiciones militares tienen sus principales fuentes, en la experiencia bélica. La denominación de las unidades, por ejemplo, en la Armada y en el Ejército, evocan a héroes o acciones de guerra y sobrarían nombres para ello. Los nombres de las unidades aéreas, surgen de fuentes distintas: animales de carácter simbólico, la toponimia local, etc. y cuando se recurre a nombres propios, se trata de rememorar a figuras cuyos méritos son de tipo fundacional o que podrían ser, indistintamente, militares o civiles. La Escuela Naval lleva el nombre de su alumno más brillante, el mayor héroe nacional. La Escuela de Aviación en cambio, ostenta el nombre de su fundador176. Mientras hablamos de una tradición militar o naval que se ha forjado en el ámbito castrense, la tradición aérea en Chile no logra aun despegarse del mundo de la aviación civil. Los logros de los que nuestra Fuerza Aérea puede legítimamente enorgullecerse, son resultados que pudieron alcanzarse también por civiles, lo que no les resta méritos, pero que muy dificultosamente podrían calificarse de hazañas propiamente militares. La Fuerza Aérea Argentina, que cumplió un honroso papel en la reciente guerra por las islas Falklands, gracias a esta experiencia, ha logrado laureles en el terreno militar, en torno a los cuales ahora puede desarrollar una tradición aérea propiamente castrense que antes no tuvo. Si la tradición pesa al momento de imponer cambios, la falta de ella favorece los mismos en muchos ámbitos. Entre ellos, la presencia de mujeres en sus filas. Esta situación, debería permitir que la adaptación de las fuerzas aéreas a la incorporación femenina, sea la más sencilla de implementar. Siempre quedará presente, sin embargo, la cuestión de si las adaptaciones contribuyen o no a una mejor gestión del recurso aéreo militar.

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En sus comienzos, el Ejército y la Armada también recurrían a la toponimia o a nombres de pura leyenda, para denominar a sus unidades (Buín, Rancagua, en el caso del Ejército, Aquiles, Águila o Meteoro, en la Armada), pero pronto, los hechos y los héroes reemplazaron a los anteriores (Topáter, Chacabuco, Arica, Pisagua, Iquique, Yungay, Esmeralda, Carrera o Prat)

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VIII.- REFLEXIONES FINALES.No deja de ser paradójico que en los Estados Unidos, país que más experiencia práctica ha tenido en guerra durante los últimos 60 años, la legislación actual no permite que las mujeres participen del combate directo. Más aún, las 37 bajas femeninas en Irak, los ha llevado a que el Congreso exija una investigación de si se está cumpliendo el espíritu de la Ley. Mientras esto sucede en el país del Norte, en Chile, algunos sectores políticos y feministas presionan e insisten para incluirla. Definitivamente, falta experiencia práctica y tiempo. Mucho tiempo, antes que tengamos alguna claridad sobre el tema. En nuestro caso, debemos seriamente preguntarnos si vale la pena exponer a nuestras mujeres, a las Fuerzas Armadas y al país a una aventura en la cual no existe certeza de sus resultados y consecuencias. Aspectos como los morfológicos hacen naturalmente a la mujer menos fuerte y también menos resistente a la fatiga que el hombre. Las diferencias fisiológicas (menstruación), el embarazo y el parto complican la participación continua de la mujer en los entrenamientos y en el frente de combate. El matrimonio y los hijos restan disponibilidad a la mujer para su desarrollo profesional en las fuerzas operativas. Esto pasa a ser relevante en momentos de crisis, donde se requiere un 100% de disponibilidad de todas las fuerzas activas entrenadas. Otros factores a considerar son los costos de adecuación de la infraestructura militar y de los medios, especialmente en la Armada, que requiere la incorporación de la mujer a las unidades de combate, los que son, generalmente altos o muy altos. Si bien es cierto que existe una presión política continua por lograr el ingreso de la mujer a las fuerzas de combate, no es menos verdad que en los países donde tienen acceso a ellas, su participación no llega a más de un 1 ó 2%. Estos porcentajes corroboran la falta de vocación o interés que la mujer muestra por el tema militar operativo. También, se debe tener en cuenta que el medio militar en general no acepta de buena gana a la mujer en las unidades de combate. Esto debido a la falta de capacidad física para compartir los trabajos pesados, la dificultad para entablar una relación de verdaderos camaradas de armas y el trato diferente que se les otorga. Por otra parte, a la mujer del militar, en su mayoría, le complica la presencia de mujeres en las unidades de combate. Especialmente en aquellas donde las ausencias son prolongadas, en condiciones de falta de espacio y de comodidades, además de la promiscuidad natural que en éstas se produce. Si se busca justificar el ingreso de la mujer a las fuerzas de combate utilizando el concepto de “que todos somos iguales ante la ley”, es importante recordar que, en democracia, este concepto se refiere a la igualdad jurídica y no a una seudo igualdad total. No es igual la capacidad de unos y otros, tampoco las características físicas y fisiológicas, menos aún los intereses. Si no fuera así, no existiría la individualidad ni la competencia. Seriamos todos iguales, un producto industrial producido en línea.

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Pretender realizar estos cambios argumentando que “otros países lo han hecho” o que “es parte del proceso de modernidad del país”, no resiste análisis. Definitivamente, nuestra realidad social y militar es diferente a la de aquellos países que intentan involucrar a la mujer en combate. Además, la actual estructura de personal de nuestras Fuerzas Armadas ha demostrado ser eficiente y capaz de cumplir cabalmente su misión constitucional. Sin lugar a dudas que al gobierno recientemente asumido, le cabe una especial responsabilidad en esta materia. El, deberá velar porque las Fuerzas Armadas sean capaces de defender en forma eficiente nuestra seguridad en el difícil entorno en que estamos situados y no olvidar, que no hay política exterior exitosa sin unas Fuerzas Armadas competentes. Para finalizar, quisiera reiterar que la guerra es, en esencia, violencia, destrucción y muerte. La mujer en cambio, es fuente de vida. .

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ANEXOS.-

ANEXO A.

AGUSTINA DE ARAGON177(1786-1857): Su verdadero nombre era Agustina Raimunda María Saragossa Doménech, también conocida como La Artillera, es tal vez la heroína más popular del folklore español. El 15 de junio de 1808, los franceses forzaron las entradas a la ciudad por la zona de Casablanca, intentando penetrar en Zaragoza entre las puertas del Carmen y del Portillo en medio de un intenso ataque artillero, cerrando el cerco sobre la ciudad por diversos puntos. El gran asalto del 2 de julio se centró, entre otras zonas, en el Portillo, donde la batería allí dispuesta había ido perdiendo uno a uno sus defensores. Fue entonces cuando hizo aparición la heroína, que tomando la mecha de las manos de un moribundo artillero, disparó el cañón contra los atacantes, consiguiendo su retirada. Intervino en otros episodios de los Sitios de Zaragoza. Participó en la lucha por el convento de Jerusalén y también en el Sitio de Teruel. Su azarosa vida le llevará al Sitio de Tortosa, donde nuevamente fue capturada, escapándose más tarde.

MANUELA SANCHO BONAFONTE (1748-1863): Colaboró en las tareas de avituallamiento durante el primer sitio de Zaragoza en junio de 1808. Se destacó en el segundo sitio ante la feroz ofensiva del ejército francés, cuando tomó las armas con admirable resolución participando en la defensa del convento de San José. Esta acción le valió elogiosos comentarios del comandante de la plaza, el que le concedió el distintivo de la cinta escarlata y una pensión de 2 reales. En el combate, resultó herida de gravedad y se le dio por muerta, por encontrarse sepultada bajo las pilas de cadáveres de los defensores178.

CASTA ALVAREZ (1786-1846): Destacó en los asedios a Zaragoza por su patriotismo y valor, acompañando a los defensores en la batería de cañones de puerta Sancho y en los combates del barrio del Arrabal. Armada de una bayoneta sujeta al extremo del hombro a modo de lanza, que en ocasiones blandía amenazante hacia los franceses179. El general Palafox la condecoró con el escudo de los defensores, y el rey Fernando VII le concedió una pensión de cuatro reales diarios en 1815.
177 178 179

www.aragoneria.com/personajes/agustina.htm Nuria Marín, publicado en www.asociacionlossitios.com/manuelasancho.htm M. Salas, General de Ejército (España), Obelisco Histórico, www.asociacionlossitios.com/castaalvarez.htm

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ANEXO B.

MARGARET COCHRAN CORBIN180 (1751 - ¿1880?): Casada con John Corbin, quien se unió al Ejército Continental (o revolucionario). Acompañó a su marido, como lo hicieron muchas mujeres de soldados, y como éstas, preparaba la comida, lavaba las ropas y atendía a los heridos. También estas mujeres aprendieron bastante de los ejercicios militares de sus maridos, pues los observaban frecuentemente en sus prácticas. En noviembre de 1776, encontrándose en Fort Washington, la posición fue atacada por el enemigo. John Corbin servía como ayudante de artillero, en un cañón. Al caer muerto el artillero, y más tarde el ayudante, la mujer asumió el puesto y siguió cargando y disparando el arma, hasta que una esquirla la alcanzó en el hombro, mutilando su pecho y lesionando su quijada. Llevada a la retaguardia, recibió los primeros auxilios. El fuerte fue capturado pero los soldados heridos fueron liberados, bajo la promesa de no tomar nuevamente las armas, según se acostumbraba en esos tiempos. En 1779, se le otorgó una pensión equivalente a la mitad del sueldo de un soldado en servicio en premio a su valor. En el año 1783, al término de la guerra, ella continuaba perteneciendo a las listas del ejército. Muchos años después de su muerte, (ocurrida probablemente en 1800), sus restos fueron exhumados y desde 1926 se encuentran en la Old Cadets Chapel en West Point, academia donde también existe un monumento en su honor. La ciudad de Nueva York la ha honrado con una placa conmemorativa ubicada en el lugar de su heroica acción, donde se señala que se trata de “la primera mujer en desempeñarse como soldado en la Guerra por la Libertad”.

180

www.womenshistory.about.com/waramrevolution/

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ANEXO C. JUANA AZURDUY (1780 – 1862)181: Nacida en el cantón de Toroca en las cercanías de Chuquisaca, Alto Perú, en lo que hoy es Bolivia. Su infancia se desarrolla en un hogar de buen pasar económico y en las tareas propias de una niña de la época. A la muerte de sus padres su crianza quedara a cargos de sus tíos. Posteriormente es enviada al convento de Santa Teresa. Allí se revelara contra la rígida disciplina y es expulsada a los 8 meses de haber ingresado. Regresa a su región natal, donde conoce a Melchor Padilla, padre de su futuro esposo. Contrae matrimonio con Manuel Padilla el 8 de Marzo de 1805. Traen al mundo 4 hijos. Su esposo compartió con Juana sus conocimientos sobre la revolución Francesa, la republica, la lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad. Su vida militar se desarrolló en las provincias del actual noroeste argentino. Contribuyó a la independencia de este país organizando y conduciendo fuerzas guerrilleras compuestas principalmente por indios, en estrecha colaboración con su marido. Su azarosa existencia de combatiente irregular no conoció descanso ni comodidades. Perseguida por fuerzas superiores, perdió en rápida sucesión a sus cuatro hijos pequeños. En plena campaña, da a luz a su quinta hija, pero pronto pierde también a su marido, muerto tras la batalla de Viloma. El Ejército argentino le otorga el grado de Teniente Coronel, con todas las prerrogativas del caso. En 1824, se retira con su única hija a Chuquisaca donde podrá celebrar la independencia de su país, lograda un año después. Muere en 1862 a los 82 años de edad.

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www.rebelion.org/mujer

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ANEXO D.

CANDELARIA PEREZ182 (1810-1870 ): También llamada Sargento Candelaria. Nació en Santiago en el seno de una familia de artesanos. En 1832 se trasladó a Perú, con otra familia chilena de la cual más tarde se separaría. Ya independizada, estableció una posada para marineros en El Callao, denominada “Fonda Chilena”. Tras la llegada del Ejército chileno expedicionario comandado por Manuel Bulnes, Candelaria decidió enrolarse como soldado o cantinera. Su labor en el Ejército fue una mezcla de soldado, enfermera, espía y mensajera. Durante el bloqueo del Callao por la escuadra chilena a cargo del Almirante Simpson, sirvió de mensajera y correo para llevar noticias a bordo. Evitaba la vigilancia enemiga, por medio de su disfraz de marinero. No obstante su astucia, fue tomada prisionera y enviada a las casamatas (nombre con que se conocía a los fuertes del Callao)183, de donde logró salir gracias al triunfo chileno en la batalla de Portada de Guías. Una vez liberada se unió al Ejército Restaurador, como se llamó al Ejército chileno, en su retirada al Callejón de Huaylas. En el Ejército de Bulnes, Candelaria se distinguió como feroz soldado y táctica, indicando los puntos vulnerables del enemigo. Acompañó a la tropa durante toda la campaña demostrando ser un buen soldado y además de solícita enfermera que curaba las heridas y protegía a los caídos. El hecho que llevó a la fama a la humilde soldado fue el Asalto del Pan de Azúcar. Enrolada en el batallón Carampangue, se sumó a los 400 hombres que dirigidos por Bulnes rodearon el cerro y comenzaron a subir. Mientras desde arriba, arreciaban las piedras y las descargas bolivianas. De vez en cuando podían disparar, eliminando al enemigo que caía cerro abajo. En ese trance, Candelaria recibió en sus brazos el cuerpo ya sin vida del capitán del Carampangue, Guillermo Nieto. Con sus últimas fuerzas, ella terminó el ascenso del cerro junto a la mitad del contingente original y combatió mano a mano contra los soldados de la Confederación Perú-Boliviana. A las diez de la mañana, el sargento del batallón Valparaíso, José Segundo Alegría, clavaba la bandera chilena en lo más alto del cerro. El enemigo había sido totalmente diezmado. Posteriormente sufriría la derrota definitiva en la batalla de Yungay. En reconocimiento a sus servicios el gobierno la ascendió al grado de alférez, concediéndole una pensión de 17 pesos mensuales. Esto la convierte probablemente en la primera mujer en recibir el rango de oficial del Ejército chileno.

182 183

www.ejercito.cl/historia/héroes En algunos libros, se las designa como las Casas Matta o las Casas de Matta.

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ANEXO E.-

IRENE MORALES INFANTE184 (1865-1890): Nació en La Chimba el 1 de abril de 1865. Fue hija de Ventura y de Marta. Siendo muy joven perdió a su padre, debiendo trasladarse con su madre al puerto de Valparaíso, donde aprendió el oficio de costurera con el que se ganaría la vida. En 1877 y cuando Irene tenía sólo doce años, su madre la casó con un artesano mucho mayor en edad. Al poco tiempo debió sufrir la pérdida de su madre y de su esposo. Huérfana, viuda y sin familia, tomó rumbo a Antofagasta, donde a los catorce años volvió a casarse. El dolor no acabaría ahí. Su marido, envuelto en una riña con un soldado al que finalmente dio muerte, fue condenado y fusilado por ese delito. Corrían los días de la Guerra del Pacífico y la llegada de la Escuadra chilena a las costas del Norte, cambiaría su vida por completo. Su triste y solitaria existencia la llamó a servir a los demás y a su patria. Las penas que debió enfrentar aceraron su carácter, permitiéndole entrar a la historia de las mujeres de Chile. Irene Morales fue cantinera. Admitida en el Tercero de Línea (hoy, Regimiento de Infantería Nº 3 “Yungay”), disfrazada de hombre y pese a su condición de mujer lo que era una curiosidad, pero no una irregularidad, fue aceptada como “un soldado tercerino”. Participó en el desembarco de Pisagua (2 de noviembre de 1879) y en el combate de Dolores (el 19 del mismo mes). Allí se unió a los soldados fusil en mano, para después preocuparse de la atención de los enfermos. Doble era la fatiga de las cantineras. Pues primero combatían atendiendo a los soldados con cantimploras de agua y luego dedicaban sus energías a velar por heridos y enfermos. Si las circunstancias lo ameritaban, cogían el fusil y combatían como todo soldado. Su fama llegó a oídos del General Baquedano, quien en reconocimiento a sus méritos le otorgó el derecho a vestir el uniforme y le concedió el grado de Sargento 2º. Integrada a la Cuarta División se dedicó a lavandera, siendo partícipe de la batalla de Tacna, en que resultó levemente herida. En todas esas acciones, Irene se destacó por su entrega desinteresada y su valentía. La leyenda la sitúa entrando con las primeras tropas a la capital de Rímac, entre los jinetes del Regimiento Carabineros de Yungay. A diferencia de la Sargento Candelaria, Irene Morales no gozaría del reconocimiento de su país en vida. El 25 de agosto de 1930 muere en la sala común de un hospital. El coronel Enrique Phillips le dedicó un artículo publicado en El Mercurio. Allí, entre otras cosas, señaló: "Las Judith de Chile, fueron muchas en esa gloriosa jornada, pero ninguna superó en valor a Irene Morales, el tipo de la mujer chilena".

184

www.ejercito.cl/historia/héroes

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GLOSARIO DE TERMINOS.En el texto se han incorporado expresiones que, por tener varios significados, requieren de una aclaración acerca del sentido de su uso en esta investigación. También ha parecido necesario explicar algunos términos propios de la jerga militar, para facilitar la comprensión de los mismos, por quienes los desconocen.

-Apegar a la tira Expresión de la jerga marinera chilena, usada para indicar el deber de incorporarse a alguna tarea, en especial cuando de trata de faenas pesadas o de larga duración. El término tiene su origen en la cuerda que debe ser cobrada entre varias personas, para operar un aparejo, llamada “tira” o “halar”, por lo que denota a la vez, esfuerzo físico y trabajo de equipo. -Armas de combate y armas de apoyo de combate Se designa con el nombre de armas de combate, a las fuerzas de ejército que directamente se enfrentan al enemigo y que ocupan o defienden el espacio físico por conquistar o ya conquistado. Tradicionalmente, son armas de combate, la infantería, la caballería y los blindados; además, se tiende lentamente a considerar como tales, a los medios aéreos orgánicos del ejército, principalmente helicópteros, que complementan la actividad antes reservada exclusivamente a los medios blindados y que se ha comenzado a emplear masivamente. En algunos ejércitos, reciben esta denominación, las fuerzas especiales. Las armas de apoyo son aquellas que contribuyen a facilitar el accionar de las armas de combate o a mantener el contacto entre las fuerzas empeñadas en la acción entre sí y con los mandos. En relación con el enemigo, las armas de apoyo realizan la tarea contraria, esto es, de obstaculizar o impedir el accionar de las armas de combate adversarias. Se incluyen entre las armas de apoyo de combate, la artillería, los ingenieros de combate y las telecomunicaciones. -Casino En la nomenclatura militar chilena designa el recinto destinado al alojamiento, servicio de comida y esparcimiento de oficiales, suboficiales o sargentos, cada uno según su propio rango. Para el personal de menor graduación, el casino es normalmente sólo un sitio destinado a la recreación. En las reparticiones de tierra de la Armada, se denomina casino sólo si constituye un edificio o construcción independiente de otras edificaciones, al tanto que se le llama cámara, si es un recinto ubicado dentro de un cierto edificio. A bordo, la función del casino es cumplida por la cámara, con la diferencia de que el alojamiento no es parte de esta, salvo en algunos buques menores, donde la falta de espacio obliga a darle, un uso más amplio. En la nomenclatura náutica anglosajona, el nombre de la cámara de oficiales a bordo, es
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wardroom, es decir, “pabellón de operaciones”, aludiendo al uso que, en combate, se da tradicionalmente a este recinto. -Combatiente Persona que integra una fuerza que se enfrentará directamente con el enemigo, empleando algún tipo de armamento u operando los medios en los que se desplaza el armamento y desde los cuales se emplea. El combatiente terrestre integra las armas de combate, las armas de apoyo de combate y las fuerzas especiales, el combatiente aéreo es el tripulante de las aeronaves de combate y en la mar, todo tripulante de un buque de guerra es combatiente. - Deserción Aún cuando se emplea regularmente para designar el delito que consiste en dejar voluntaria e ilícitamente el ejercicio de la profesión u oficio militar, en el texto se usa para significar el abandono legítimo pero temprano de la función o profesión militar, es decir, con un sentido estrictamente laboral o escolar. -Espoteo Acción de observar la caída de los piques o explosión de los proyectiles de artillería, a fin de efectuar las correcciones del caso, para asegurar los impactos en el blanco. -Fuerzas Armadas El término se refiere a las organizaciones militares del Estado, encargadas de la defensa nacional contra amenazas externas, planteadas por otros estados o enemigos externos. Dependiendo de la legislación de cada país, las FF.AA. comprenden también a las fuerzas policiales, a veces sólo por cuestiones de orden administrativo. En ciertos lugares, la función policial marítima, es ejercida por la Armada, en tanto que en otros, está a cargo de un cuerpo especial, que puede o no integrarse a las FF.AA. en tiempos de guerra. Para los efectos de este trabajo, el término FF.AA. se refiere exclusivamente a las organizaciones militares responsables de la defensa nacional mediante el empleo de las armas. Los antecedentes estadísticos recopilados a veces especifican estas diferencias, en otros, no. En el texto, las expresiones “cuerpos armados”, “cuerpos castrenses” “servicios armados” y otros semejantes, se han empleado para significar también “Fuerzas Armadas”. -Fuerzas regulares e irregulares El término de fuerzas regulares, se da a los componentes militares de las FF.AA. subordinadas al poder estatal, en tanto que las fuerzas irregulares son aquellas organizadas por particulares, con o sin apoyo estatal, para emprender acciones militares. Tradicionalmente, las fuerzas irregulares han empleado las tácticas de guerrillas, para el
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logro de sus fines, por lo que muchas veces se denomina “guerrilla”, independientemente de los procedimientos bélicos que empleen en el logro de sus fines. -Fusilero Sinónimo de “infante”, es decir, el soldado cuya arma es el fusil (llamado a veces, “rifle”) y que combate a pie, integrando las unidades de Infantería. -Guardamancebo Trozo de cuerda que cuelga del badajo de la campana, que sirve para tañerla. En el servicio naval, se emplea adicionalmente un guardamancebo para ayudarse a pasar de la embarcación menor, a la plataforma de la escala real del buque. En la Armada de Chile, el guardamancebo es presentado, por el mensajero, a todos los oficiales del grado de Capitán de Corbeta o superior. Por cortesía, también se acostumbra presentarlo a las mujeres. -Línea Término que resume al de “línea del frente” y que, aplicado al status del personal, indica la condición de los que desarrollan en sus funciones habituales, labores ligadas al combate o a la conducción de las tropas de combate. En Chile, los oficiales de las Fuerzas Armadas se clasifican en Oficiales de Línea y de los Servicios y la misma denominación reciben los escalafones en los que se encuentran encuadrados. -Mercenario Combatiente que, sin contar con la nacionalidad de las fuerzas a las que se integra, combate a cambio de un sueldo o recompensa, durante un cierto plazo previamente pactado. -Periodo de reclutas Primera fase en el proceso de formación de todo militar. Comprende generalmente, la instrucción llamada doctrinal, es decir la adquisición de las destrezas necesarias para el manejo del arma individual y los ejercicios de marcha característicos de toda fuerza militar; también abarca aspectos relativos al conocimiento básico del militar respecto de la organización a la que se incorpora, de las tradiciones y costumbres distintivas, el uso del léxico particular y adquisición de las conductas básicas para desempeñarse adecuadamente en el medio. -Personal subalterno Se refiere al personal uniformado que no es oficial. En algunos casos, se le denomina suboficial (Argentina). La aclaración se hace necesaria, dado que la denominación de este
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personal varía de un país a otro e incluso, de una institución a otra. En Chile, el personal subalterno del Ejército y de la Fuerza Aérea se conoce como “Cuadro Permanente”, al tanto que en la Armada, es “Gente de Mar”. En Inglaterra, se les llama “Ratings”; en EE.UU: “Enlisted”. Se ha evitado las expresiones “tropa” o “marinería”, con que también se designa a este personal (en España, por ejemplo), por la significación peyorativa que adoptan en el lenguaje común, en cambio sí se ha empleado la expresión “tropas”, para referirse al conjunto de los elementos humanos de una fuerza militar, sin distinción de rangos o grados jerárquicos. -Ploting Expresión inglesa que designa la representación, en una mesa o un tablero especial, del campo táctico y la ubicación de las fuerzas contendientes, para contribuir a que el mando se forma una más cabal idea de lo que está sucediendo y adopte las medidas que estime necesario para el logro de su misión. Los operadores van agregando, quitando o moviendo las piezas que representan a las fuerzas, según van recibiendo la información pertinente. -Rango Militar Aun cuando algunas legislaciones, como la chilena, consideran a todo el personal perteneciente a una institución de la Defensa Nacional, como propiamente militar, aun si no ejerce funciones militares, en diversos países las normas hacen diferencias entre quienes ejercen labores técnicas o administrativas, sin usar uniforme u ostentar un grado militar y los que se ocupan directamente del servicio de las armas. En cada caso, se ha señalado la existencia de esta diferencia, cuando corresponde. -Servicio Militar Usado en el mismo sentido de MILICIA. Cuando se refiere al acuartelamiento forzoso de conscriptos, por un período de tiempo limitado, también conocido como conscripción, el texto lo aclara. -Servicios Generalmente, designa a los componentes de las FF.AA. cuyo rol es prestar apoyo logístico, técnico o administrativo. Entre las fuerzas terrestres, generalmente no combaten, aunque a veces se encuentran desplegados junto con los combatientes, como los capellanes. En las fuerzas navales, algunos servicios suponen la condición de combatiente, al estar embarcados (médicos y capellanes). Son servicios, los referidos a la atención médica, religiosa y veterinaria, los cuerpos de Intendencia y de Justicia, las unidades de material de guerra.

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-Traqueo Del inglés “track”, rastro o rastrear, seguir el rastro. Se refiere al proceso de detectar, ubicar, y determinar los movimientos de un “contacto”, mediante los diferentes sensores, como radares, sonares, equipos de apoyo electromagnético, la vista, etc., con el fin de dirigir, si corresponde, las armas, cuando el contacto resulta ser hostil. También se “traquean” los contactos de superficie, con el fin de realizar las maniobras destinadas a evitar colisiones en la mar.

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