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Enorme vocación

Tal vez ya han escuchado esto sobre la vida de Thomas Alva Edison.
Cuando Tomás era un niño, el director de la escuela le entrego una carta y le dijo que se la
diera a su mamá. Al llegar a casa se la entrego y su mamá le dijo: Aquí dice que eres muy
especial y ya no pueden enseñarte nada más porque eres el más listo, así que tendré que ser
yo quien te instruya a partir de ahora.
Así que Thomas fue instruido por su madre toda su vida, y cuando ella falleció Thomas abrió
una maleta y ahí se encontraba la carta que le habían entregado de pequeño y al abrirla y
leerla, esta decía:
Estimada Sra. Edison, lamentamos decirle que su hijo es un pésimo estudiante y ha sido
expulsado de la escuela, por ello no podemos permitir que siga estudiando con nosotros,
lamentamos decirle que usted a partir de hoy deberá hacerse cargo.
Gracias a la verdadera torpeza intelectual del director del colegio Post Huron, Nancy Elliot
madre de Thomas, tomó las riendas de su educación y fue así que él invento el micrófono de
gránulos de carbón, la lámpara incandescente, y algunos inventos más.
Thomas Alva Edison decía “Soy el resultado de lo que una gran mujer quiso hacer de mi”
Cuando escuche por primera vez esta historia me conmovió mucho porque recordé cuando mi
hijo cursaba el primer año de primaria, y en la primera semana de clase me enviaron una carta
diciéndome que tenía que enviarlo a clases especiales porque se distraía mucho en clase.
Así comencé a llevarlo a unas clases especiales durante un mes tres veces por semana, yo
sentía que no le hacía falta, pero no podía hacer nada ante lo que la profesora me había
pedido e impuesto.
Pasado ese primer mes, la escuela hizo una junta para presentar a las maestras de Inglés y
español, cuando llegue a la junta, ellas se presentaron, llamo mucho mi atención una de ellas,
sentía que la conocía de tiempo atrás.
Cuando la junta terminó, me acerque a ella y me presente, y ella me dijo: Siento que ya nos
conocemos y yo le conteste, lo mismo siento yo, ella me pregunto: ¿En donde estudiaste?, al
responderle vi la sorpresa en su cara, ella y yo habíamos sido compañeras en la misma
escuela y en el mismo salón.
Fue entonces que ella me dijo: De haber sabido que era tu hijo nunca te hubiera enviado esa
carta.
Yo callé, pero sentí tanta tristeza de darme cuenta de las injusticias que se cometen por no
tener una vocación sólida, una entrega con disposición hacía los alumnos y amor por lo que se
hace.
A partir de ese momento ella le puso más atención a mi hijo y tuvo un año escolar brillante.
Esto es triste, porque cuando hay vocación todos los alumnos son importantes y aquel que
más cuesta trabajo representa un reto únicamente, no es un estorbo, es justamente cuando de
debe mostrar la verdadera vocación.
La vocación por hacer algo se adquiere en la vida, cuando uno se va conociendo y se va
entregando con amor a lo que está haciendo, no importa lo que esto sea.
Cada cosa que realizamos debemos hacerla con gran pasión, con entrega, con todo el
entusiasmo y siempre dando lo mejor de nosotros mismos. Hay que tener la vocación de servir
a los demás.
En cualquier área que te realices ya sea a dar clases, a atender al público, ser abogado,
arquitecto, jardinero, plomero, debemos prestar atención que tal vez te encuentres con
personas difíciles y estos son a los que más debes abocarte. Si no te entregas al servicio no
podrás resolver cualquier problema que se presente.
“El que no sirve para servir, no sirve para vivir”
Teresa de Calcuta
La vocación es la inclinación que sentimos para dedicarnos a algo y hacerlo nuestra forma de
vida, en nuestra vocación intervienen muchos aspectos: nuestros gustos e intereses, las cosas
que nos reconfortan y nos causan curiosidad, las habilidades que tenemos o que hemos
aprendido, así como nuestra personalidad, nuestra forma de ser y de actuar, de asumir y de
enfrentar las cosas.
No importa que profesión tengamos, la vocación nos viene por humanidad, por las ganas que
tenemos de ayudar, de que todo salga bien. El entusiasmo por dar, estar presente y esa
entrega que día a día va formándote a hacer las cosas mejor y de ahí aparece tu enorme
vocación.
Con cariño
Adela Gil

Las Tres Rejas:


24 comentarios / Cuentos para reflexionar / Por Paola
Las tres rejas:

El joven discípulo de un filósofo sabio


llega a casa de éste y le dice:
- Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia.....

- !Espera! - lo interrumpe el filosofo - ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas
a contarme?

- ¿Las tres rejas?

- Si. La primera es la verdad. ¿Estas seguro de que lo que quieres decirme es


absolutamente cierto?
- No. Lo oí comentar a unos vecinos.
- Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que
deseas decirme, ¿es bueno para alguien?.
- No, en realidad no. Al contrario...

- !Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que
tanto te inquieta?
- A decir verdad, no.

- Entonces, dijo el sabio sonriendo

- Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el


olvido.

Reflexión:
Creo que las rejas ejemplifican muy bien algunos de los aspectos clave que han
de considerarse para valorar si algo merece o no la pena que lo tomemos en
consideración. A veces sólo nos centramos en el mensaje, pero no atendemos a
su fiabilidad, a lo que implica para los demás o a su utilidad, a la hora de valorarlo.
Pasarlos por éstos filtros puede ser muy útil ¿no creeis? ¿se os ocurren ejemplos?
.. A mi me vienen unos cuantos a la cabeza.

Pedro y el hilo mágico:

Pedro era un niño muy vivaracho. Todos


le querían: su familia, sus amigos y sus maestros. Pero tenía una debilidad. -
¿Cual?
Era incapaz de vivir el momento. No había aprendido a disfrutar el proceso de
la vida. Cuando estaba en el colegio, soñaba con estar jugando fuera. Cuando
estaba jugando soñaba con las vacaciones de verano. Pedro estaba todo el día
soñando, sin tomarse el tiempo de saborear los momentos especiales de su vida
cotidiana.

Una mañana, Pedro estaba caminando por un bosque cercano a su casa. Al rato,
decidió sentarse a descansar en un trecho de hierba y al final se quedó dormido.
Tras unos minutos de sueño profundo, oyó a alguien gritar su nombre con voz
aguda.

Al abrir los ojos, se sorprendió de ver una mujer de pie a su lado. Debía de tener
unos cien años y sus cabellos blancos como la nieve caían sobre su espalda como
una apelmazada manta de lana. En la arrugada mano de la mujer había una
pequeña pelota mágica con un agujero en su centro, y del agujero colgaba un
largo hilo de oro.

La anciana le dijo: "Pedro, este es el hilo de tu vida. Si tiras un poco de él, una
hora pasará en cuestión de segundos. Y si tiras con todas tus fuerzas,
pasarán meses o incluso años en cuestión de días" Pedro estaba muy
excitado por este descubrimiento. "¿Podría quedarme la pelota?", preguntó. La
anciana se la entregó.
Al día siguiente, en clase, Pedro se sentía inquieto y aburrido. De pronto recordó
su nuevo juguete. Al tirar un poco del hilo dorado, se encontró en su casa jugando
en el jardín. Consciente del poder del hilo mágico, se cansó enseguida de ser un
colegial y quiso ser adolescente, pensando en la excitación que esa fase de su
vida podía traer consigo. Así que tiró una vez más del hilo dorado.

De pronto, ya era un adolescente y tenía una bonita amiga llamada Elisa. Pero
Pedro no estaba contento. No había aprendido a disfrutar el presente y a explorar
las maravillas de cada etapa de su vida. Así que sacó la pelota y volvió a tirar del
hilo, y muchos años pasaron en un solo instante. Ahora se vio transformado en un
hombre adulto. Elisa era su esposa y Pedro estaba rodeado de hijos. Pero Pedro
reparó en otra cosa. Su pelo, antes negro como el carbón, había empezado a
encanecer. Y su madre, a la que tanto quería, se había vuelto vieja y frágil. Pero el
seguía sin poder vivir el momento. De modo que una vez más, tiró del hilo mágico
y esperó a que se produjeran cambios.

Pedro comprobó que ahora tenía 90 años. Su mata de pelo negro se había vuelto
blanca y su bella esposa, vieja también, había muerto unos años atrás. Sus hijos
se habían hecho mayores y habían iniciado sus propias vidas lejos de casa. Por
primera vez en su vida, Pedro comprendió que no había sabido disfrutar de las
maravillas de la vida. Había pasado por la vida a toda prisa, sin pararse a ver todo
lo bueno que había en el camino.
Pedro se puso muy triste y decidió ir al bosque donde solía pasear de muchacho
para aclarar sus ideas y templar su espíritu. Al adentrarse en el bosque, advirtió
que los arbolitos de su niñez se habían convertido en robles imponentes. El
bosque mismo era ahora un paraíso natural. Se tumbó en un trecho de hierba y se
durmió profundamente.

Al cabo de un minuto, oyó una voz que le llamaba. Alzó los ojos y vio que se
trataba nada menos que de la anciana qu muchos años atrás le había regalado el
hilo mágico. "¿Has disfrutado de mi regalo?", preguntó ella. Pedro no vaciló al
responder: "Al principio fue divertido pero ahora odio esa pelota. La vida me
ha pasado sin que me enterase, sin poder disfrutarla.Claro que habría habido
momentos tristes y momentos estupendos, pero no he tenido oportunidad
de experimentar ninguno de los dos. Me siento vacío por dentro. Me he
perdido el don de la vida. "Eres un desagradecido, pero igualmente te concederé
un último deseo", dijo la anciana. Pedro pensó unos instantes y luego
respondió: "Quisiera volver a ser un niño y vivir otra vez la vida". Dicho esto
se quedó otra vez dormido.
Pedro volvió a oír una voz que le llamaba y abrió los ojos. ¿Quien podrá ser
ahora?, se preguntó. Cual no sería su sorpresa cuando vio a su madre de pie a su
lado. Tenía un aspecto juvenil, saludable y radiante. Pedro comprendió que la
extraña mujer del bosque le había concedido el deseo de volver a su niñez.

Ni que decir tiene que Pedro saltó de la cama al momento y empezó a vivir la vida
tal como había esperado. Conoció muchos momentos buenos, muchas alegrías y
triunfos, pero todo empezó cuando tomó la decisión de no sacrificar el presente
por el futuro y empezar a vivir en el ahora.

- Fragmento tomado de "El monje que vendió su Ferrari" Robin S. Sharma-

Reflexión:
Muchas veces descuidamos el presente por focalizarnos en los anhelos futuros.
En el mundo real por desgracia nunca tenemos una segunda oportunidad de vivir
la vida, no podemos volver a atrás como en el cuento. Es importante llenar nuestro
presente de momentos de calidad para poder construir nuestro futuro, no dejemos
pasar la vida soñándola y sin vivirla.
Nos convencemos de que la vida será mejor después de cumplir los 18 años,
después de casarnos, después de conseguir un mejor empleo, después de tener
un hijo, después que los hijos sean grandes... A veces nos sentimos frustrados
porque pensamos que las circunstancias no son las ideales, que no es el
momento perfecto, y pensamos que nos sentiremos felices cuando lo sea.
Recuerdo haber leído un artículo en el que una enfermera comentaba los
arrepentimientos más comunes que le transmitían los enfermos terminales
antes de morir, y éstos eran:
1. Haber tenido el coraje de hacer lo que realmente deseaba (y no lo
que otros esperaban de mi)
2. Haber dedicado menos tiempo al trabajo y más a la familia.
3. Haber dicho lo que realmente sentían.
4. Haber tenido más contacto con mis amigos
5. Haberme dedicado a ser más felíz
En definitiva: la gente se lamentaba de no haber vivido en plenitud, no
haber priorizado lo realmente importante, no haber disfrutado de su
tiempo con lo que le hacía feliz y con quienes amaba.
Esta perspectiva nos ayuda a ver que no hay camino a la felicidad: la
felicidad es el camino.
No actuar, no movilizarnos hacia nuestros sueños, no disfutar por esperar el
"momento oportuno"..hace que pase la vida sin ser vivida. Esperando hasta
terminar los estudios, hasta que las cosas mejoren, hasta bajar diez quilos, hasta
tener hijos, hasta que los hijos vayan a la escuela, hasta casarse, hasta que
separarse, hasta el viernes por la noche, hasta el domingo por la mañana, hasta
la primavera, el verano, el otoño o el invierno... no hay mejor momento
que éste para ser feliz. La felicidad es un trayecto, No un destino.

¿y tú? ¿vives tu vida? ¿o la dejas pasar esperando un "mejor


momento" para vivirla?

El Puente
15 comentarios / Cuentos para reflexionar / Por Paola
Había una vez dos hermanos, Tomás y Javier. Vivían uno al frente del otro en dos casas de
una hermosa campiña.

Por problemas pequeños, que al acumularse sin resolverse se fueron haciendo grandes con
el tiempo, los hermanos dejaron de hablarse. Incluso evitaban cruzarse en el camino.

Cierto día llegó a la casa de Tomás un carpintero y le preguntó si tendría trabajo para él.
Tomás le contestó:
—¿Ve usted esa madera que está cerca de aquel riachuelo? Pues la he cortado ayer. Mi
hermano Javier vive en frente y, a causa de nuestra enemistad, desvió ese arroyo para
separarnos definitivamente. Así que yo no quiero ver más su casa. Le dejo el encargo de
hacerme una cerca muy alta que me evite la vista de la casa de mi hermao.

Tomás se fue al pueblo y no regresó sino hasta bien entrada la noche.

Cuál no sería su sorpresa al llegar a su casa, cuando, en vez de una cerca, encontró que el
carpintero había construído un hermoso puente que unía las dos partes de la campiña.

Sin poder hablar, de pronto vio en frente suyo a su hermano, que en ese momento estaba
atravesando el puente con una sonrisa:

— Tomás, hermano mío, no puedo creer que hayas construído este puente, habiendo sido
yo el que te ofendió. Vengo a pedirte perdón. Los dos hermanos se abrazaron.

Cuando Tomás se dio cuenta de que el carpintero se alejaba, le dijo:

—Buen hombre, ¿cuánto te debo? ¿Por qué no te quedas?

—No, gracias —contestó el carpintero—. ¡Tengo muchos puentes que construir!

Reflexión:
Muchas veces frente a un conflicto entre dos personas solemos posicionarnos de una u otra
parte, nos sentimos incluso coaccionados para "elegir" de qué parte estamos.. ¿Por qué no
intentar construir puentes?

Este cuento refleja cómo un buen mediador puede ayudar a construir puentes que ayuden a
resolver un conflicto.

Nosotros también hemos de reflexionar sobre qué puentes podemos construir, cosas que
aceptar y perdonar para vivir en armonía. Sin muros, rencores, ni alimentando conflictos
que lo único que producen es más y más distancia y enemistad.

¿A quién le tenderías un puente?


La Vaca:

Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo
lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.

Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar


visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de
estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes,
una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa,
poco más que un cobertizo de madera...

Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este


lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco,
¿cómo hacen para sobrevivir? El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos
una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la
vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y
con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es
como vamos sobreviviendo.”

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió


y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la
vaca, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”

El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaca era el único medio
de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el
discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.

Empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en
la memoria de aquel joven durante muchos años.

Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había
aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había
sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.

Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles
floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el
jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde
familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue
recibido por un hombre muy simpático.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le
respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la
casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el
maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca): “¿Cómo hizo para
mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió:
“Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió. De ahí en
adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras
habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes
ver ahora.”

Reflexión:
¿Qué cosas son Vacas? Hay cosas que nos proporciona algún beneficio, pero que
a la larga nos hacen ser dependientes de ellas y no nos dejan avanzar. Nuestro
mundo se reduce a lo que la vaca nos brinda. Las vacas pueden ser desde un
trabajo que no nos motiva pero en el que seguimos porque "peor es nada" o "es
seguro" por ejemplo, son cosas que dependen de nosotros mismos y que no
cambiamos aunque nos gustaría mejorarlas, nos conformamos debido creencias
que nos frenan, miedos que nos llevan a acomodarnos, a estancarnos.. ¿Tenéis
vacas en vuestra vida? ¿cuáles son?
El Coleccionista de Insultos:
17 comentarios / Cuentos para reflexionar / Por Paola
Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el
budismo zen a los jóvenes.
A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier
adversario.
Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa
del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que el
adversario hiciera su primer movimiento, y, gracias a su inteligencia privilegiada
para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla.
Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar
aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la


idea, pero el anciano aceptó el desafío.
Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar
al viejo:
Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los
insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros.
Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo
permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven
guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y


provocaciones, los alumnos le preguntaron:

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun
sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante
todos nosotros?

El viejo samurai repuso:

-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el


regalo?
-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.

-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-.
Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Reflexión:
¿Qué pasaría si no cedemos a provocaciones, insultos e intentos de humillación?
No podemos cambiar la actitud de los demás, pero podemos elegir no entrar en el
juego, y no caer en la provocación. ¿se os ocurre algún ejemplo de vuestro día a
día en donde podáis aplicar las enseñanzas del maestro samurai? ...
El árbol de las preocupaciones:
15 comentarios / Cuentos para reflexionar / Por Paola
Un rico comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa
colonial. Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo
bajo control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día
en la casa, para ver cómo iban las obras.

Al final de la jornada, se dio cuenta de queel carpintero había trabajado mucho,


a pesar de que había sufrido varios contratiempos. Para completar el día de
mala suerte, el coche también se negó a funcionar así que el empresario se
ofreció para llevarle a casa.

El carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y


preocupado por todos los contratiempos que había tenido a lo largo del
día. Sin embargo, al llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar,
pero antes de abrir la puerta, se detuvo delante de un pequeño árbol y acarició
sus ramas durante pocos minutos.
Cuando abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía
un hombre feliz. La cena transcurrió entre risas y animada conversación. Al
terminar la velada, el carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando
pasaron por delante del árbol, este le preguntó:

- ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de entrar estabas enojado y


preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.

- Ese es el árbol de los problemas – le respondió el carpintero. – Soy consciente


de que no puedo evitar los contratiempos en el trabajo pero no tengo por qué
llevarme las preocupaciones a casa. Cuando toco sus ramas, dejo ahí las
preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente, cuando regreso al trabajo. Lo
interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para
preocuparme que los que dejé el día antes.

Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas
de su vida.

Reflexión:
Aprender a soltar las preocupaciones diarias puede parecer una habilidad difícil,
pero con práctica puede conseguirse y convertirse en un hábito que nos permitirá
disfrutar mejor de nuestra vida.

Las preocupaciones son como montar en una bicicleta estática: cansan pero no
llevan a ninguna parte. Cargar con la mochila de preocupaciones durante todo
el día genera estrés,angustia, ansiedad y gran malestar, creándose una bola
cada vez más grande que fomenta la irritabilidad y la negatividad... además de
impedirnos disfrutar del presente.
Pero lo bueno es que podemos practicar y fomentar habilidades que nos
permitan "soltar lastre" diariamente. podemos crear nuestro propio "árbol de las
preocupaciones": hacer deporte, practicar relajación, meditación, ejercicios
mentales, etc.
Plantemos nuestro arbol de las preocupaciones y recordemos abrazarlo
cada día.

El Papel Arrugado:
6 comentarios / Cuentos para reflexionar, Equilibrio Emocional / Por Paola
Contaba un predicador que, cuando era niño, su carácter impulsivo lo
hacía estallar en cólera a la menor provocación.

Luego de que sucedía, casi siempre se sentíaavergonzado y batallaba por pedir


excusas a quien había ofendido.

Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión de


ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevó al salón, le entregó una hoja de
papel lisa y le dijo:

—¡Arrúgalo! El muchacho, no sin cierta sorpresa, obedeció e hizo con el papel una
bolita. —Ahora —volvió a decirle el maestro— déjalo como estaba antes.
Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba. Por más que trataba, el papel
siempre permanecía lleno de pliegues y de arrugas.
Entonces el maestro remató diciendo:

—El corazón de las personas es como ese papel. La huella que dejas con tu
ofensa será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

Así aprendió a ser más comprensivo y más paciente, recordando, cuando está a
punto de estallar, el ejemplo del papel arrugado.

Reflexión:
Este cuento pone de manifestación la importancia de controlar la ira, saber
gestionar nuestras emociones y expresar nuestro desacuerdo y enfado
con asertividad.

No se trata de no enfadarse: sino de saber gestionarlo, y de saber expresar


nuestro malestar, disconformidad o enfado sin atacar al otro, siempre desde
el respeto, no recurrir nunca a la violencia pues es dañino tanto para los demás
como para nosotros mismos. Es importante saber gestionar las frustaciones o
nuestro enfado sin perder los papeles. Ser sincero o expresar nuestras emociones
no justifica hacerlo de cualquier modo, es importante fomentar la paciencia,
control de nuestras emociones y comunicación asertiva con los demás.
El respeto ha de ser un valor fundamental en nuestra vida: gracias al respeto nos
evitaremos ir por la vida arrugando papeles 😉
La Roca en el Camino
32 comentarios / Cuentos para reflexionar, psicología / Por Paola
En un reino lejano, hubo una vez un rey que colocó una gran roca en medio del
camino principal de entrada al reino, obstaculizando el paso. Luego se escondió
para ver si alguien la retiraba.
Los comerciantes más adinerados del reino y algunos cortesanos que pasaron
simplemente rodearon la roca. Muchos de ellos se quedaron un rato delante de la
roca quejándose, y culparon al rey de no mantener los caminos despejados,

pero ninguno hizo nada para retirar el obstáculo.


Entonces llegó un campesino que llevaba una carga de verduras. La dejó en el
suelo y estudió la roca en el camino observándola. Intentó mover la roca
empujándola y haciendo palanca con una rama de madera que encontró a un
lado del camino, después de empujar y fatigarse mucho, finalmente logró
apartar la roca. Mientras recogía su carga, encontró una bolsa, justo en el lugar
donde había estado la roca. La bolsa contenía una buena cantidad de monedas de
oro y una nota del rey, indicando que esa era la recompensa para quien
despejara el camino.
El campesino aprendió lo que los otros nunca aprendieron:
Cada obstáculo superado es una oportunidad para mejorar la propia
condición.

Reflexión:

Esta historia nos hace reflexionar sobre la importancia de afrontar los


obstáculos que la vida nos pone delante.

Esquivar los problemas, buscar "culpables" o


simplemente quejarnos no solucionará nada, y la "roca" seguirá estando allí.
Afrontar los obstáculos, actuar, esforzarse.. es lo que nos hará crecer como
persona.
Mover las "rocas" seguramente implicará esfuerzo, sufrimiento, capacidad de
análisis, constancia ..y todo ello nos hará más fuertes y sabios. Superar los
obstáculos nos hace mejorar nuestra condición, crecer, evolucionar.
La queja, y el evitar los problemas sin afrontarlos, nos estanca.

¿Tenéis alguna roca en vuestro camino por mover?