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ENSAYO SOBRE LA COMUNICACIÓN HUMANA

Daniel Perea Osorio.

Profesor

Alejandro Giraldo

Enfoques y tendencias en Psicología Sistémica

Universidad Cooperativa de Colombia, Sede Cali

Facultad de Psicología

28 de Octubre de 2017
LA COMUNICACIÓN HUMANA

La comunicación es sin duda una condición universal que la vemos evidenciada en


todas las especies, pues como se define desde lo planteado por Watzlawick, se
trata de un proceso de interacción.
Adentrándonos ya en la comunicación humana; y teniendo en cuenta la posibilidad
que esta nos ofrece como una dimensión adicional a las ya trabajadas por todos los
campos de la Psicología, para ayudar a entender conductas y comportamientos
incluso a nivel clínico y terapéutico; debo decir que comunicarse no es algo tan
simple como enviar y recibir un mensaje como se plantearía por muchos mirando
este fenómeno como un suceso unidireccional y lineal.
Debemos empezar por entender que la comunicación surge como una necesidad
evolutiva, pues era necesario el establecimiento de una vía que permitiera la
interacción clara y efectiva, que inicialmente estaba limitada a los gestos, pero que
luego de una serie de cambios y adaptaciones propias de esa carrera evolutiva,
permitieron la subsecuente consolidación el lenguaje. Lenguaje que permitió de
alguna manera minimizar algunos efectos adversos de esa comunicación gestual;
que podríamos decir que nos tenía sumidos en un estado de Incomunicación,
porque aunque existía una interacción, el nivel de claridad y eficacia no era el ideal.
También se hace necesario tener en cuenta que la comunicación como tal, es un
proceso complejo, donde juega un papel fundamental el contexto en el que se dé,
pues como lo plantea Castilla, en su texto llamado La Incomunicación, “cada época
tiene sus necesidades de comunicación” y en cada época y región, se manejan
verdades y paradigmas que de alguna manera determinan o influyen sobre la forma
de actuar de cada cual; y podríamos usar como ejemplo claro el hecho de que
algunos años atrás se creía que la tierra era plana y esto sin duda alguna era la
verdad que se comunicaba en ese entonces, al punto que determinaba las
conductas de los contemporáneos pues los navegantes evitaban llegar al borde de
la tierra por temor a caerse de la misma; pero hoy en día esa verdad ya no aplica y
dejo de movilizar nuestras acciones pues a diario hay seres humanos dándole la
vuelta al mundo sin ningún temor a caerse por una orilla.
Además del contexto y la época hay otros factores que pueden afectarla y entre
estos tenemos la subjetividad con que cada cual comunica lo que desea comunicar,
además de la subjetividad con que se recibe dicha comunicación, subjetividad que
de paso sea dicho, surge de las experiencias de cada quien y son estas mismas las
que de alguna manera determinan lo que cada cual desea comunicar o interpreta al
recibir una comunicación.
Para ayudarnos a comprender mejor el planteamiento que hace Watzlawick acerca
de la teoría de la comunicación humana, este nos presenta una serie de
características que se hacen necesarias para entender las implicaciones de la
comunicación en nuestra vida.
El primer axioma, según lo planteado por Watzlawick nos hace referencia a la
imposibilidad de no comunicar; lo cual nos lleva a entender que toda conducta es
comunicación, sea verbal, tonal, postural o de cualquier otra clase, y que aunque
trates de evitar comunicarte, en esa misma situación, asumes una conducta que
envía un mensaje que será recibido e interpretado por los demás como “no se me
acerquen que no quiero comunicarme”. Desde este punto de vista el autor afirma
que “actividad o inactividad, palabras o silencio, tienen siempre valor de mensaje”
pues de alguna manera generan influencias sobre los demás quienes a su vez
responden ante el mismo generando una nueva comunicación.
En el segundo axioma se plantea que toda comunicación implica un compromiso y
por ende define la relación, o sea que además de mandar cierta información, esta
impone conductas frente a la misma información. En otras palabras estaríamos
hablando de los aspectos referencial y conativo de la comunicación humana. El
primero hace referencia a la información que se entrega y el segundo habla de cómo
debe entenderse dicha comunicación, para lo cual se debe fijar en el tono, en el
lenguaje corporal, la forma de expresarlo, etc. O sea que esta información,
establece o impone conductas.
El tercer axioma, que han denominado la puntuación de la secuencia de los hechos,
se refiere a que la relación de la que hablábamos en el segundo axioma, viene a
depender de la organización que hagamos de estos hechos, entendiendo que, un
mensaje puede tornarse como un estímulo, como un refuerzo o tal vez como una
respuesta, hablando en términos conductistas, dependiendo de la postura que
asuma cada sujeto dentro de la interacción.
Otro axioma nos plantea que los seres humanos establecen dos tipos de
interacción, una simétrica donde los participantes tienden a igualar sus conductas
reciprocas por lo que generalmente existe una diferencia mínima entre estos, y la
otra complementaria que se fundamenta en dos posiciones distintas que llegan a
complementarse.
Ahora bien se hace necesario también entender que la comunicación humana tiene
dos facetas que son hablar y escuchar, y Echeverría en su texto “la ontología del
lenguaje” nos plantea la importancia de comprender la relevancia del escuchar en
el proceso comunicativo. Por considerar esta faceta como “pasiva” en el proceso de
interacción se ha tendido a menospreciar su valor y actualmente nos encontramos
con muchos casos donde relaciones y negocios fracasan por la imposibilidad de
escuchar.
A través del tiempo se ha creído que el proceso de escuchar y el oír son lo mismo,
o para ser más exactos, se ha creído que por el hecho de que nuestro cuerpo este
diseñado para recibir estímulos auditivos, esto conlleva a que el escuchar se de
como consecuencia a esta disposición natural y genética; pero la realidad es que
este pensamiento se queda en la falacia de creer que escuchar es solamente
percibir información por medio del oído. Realmente el escuchar está determinado
por los esquemas que hemos venido construyendo por medio de las experiencias y
que de alguna manera se convierten en los lentes con los que se visualiza e
interpreta la realidad, o en este caso, los audífonos con los que se percibe la misma.
Día a día se presentan situaciones que ratifican lo aquí planteado por Echeverría,
es muy común enterarse de interacciones en las cuales el emisor dice algo y el
receptor lo interpreta de una manera completamente diferente, guiado por sus
experiencias previas o por otras circunstancias que distorsionan por completo el
mensaje que el emisor deseaba entregar. Con esto podemos concluir que el
escuchar tiene su raíz biológica en el oír, pero que este es un fenómeno
perteneciente al dominio del lenguaje y por tanto implica comprensión, y se abre a
un panorama inmenso de interpretaciones.
Otra cuestión importante para tener en cuenta dentro de este proceso llamado
comunicación son los actos del habla, que según lo planteado por Echeverría, en
toda comunicación se diferencian 3 actos muy íntimamente relacionados.
Los actos Locucionarios, que no son más que la acción de articular las palabras que
decimos; los actos Ilocucionarios tienen relación con lo que se ejecuta al decir, y los
actos Perlocucionarios que tienen que ver con los efectos que resultan en el otro a
raíz de lo que se dijo. En este sentido, es necesario entender que toda comunicación
lleva implícita una intención lo que le da sentido a la misma.
De alguna manera todo lo aquí plasmado nos da una breve idea y nos genera los
interrogantes para seguir indagando sobre la importancia de la comunicación en la
vida humana, además de que nos permite comprender que un acto que puede
parecer tan simple como el de hablar con alguien tiene implícitos una serie de
procesos un tanto más complejos que al lograr identificarlos podemos dar cuenta
de muchas actitudes y comportamientos de las personas y que puede constituirse
en una herramienta fundamental en nuestra labor como psicólogos,
independientemente del sector en el que se nos queramos desarrollar.