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CANTO DE ENTRADA

EXPOSICIÓN DEL SANTISIMO

Rito inicial por el Padre

MONICIÓN INICIAL

Por el Bautismo somos hijos de Dios y estamos llamados a una vida santa. Pero todos somos
pecadores: nuestra debilidad y las tentaciones del mal nos hacen a veces apartarnos del buen
camino.

Dios siempre perdona, Jesús nos invita a convertirnos y creer en el Evangelio. Él acogía siempre a
los pecadores y murió y resucitó para salvarnos a todos. En el Sacramento de la Penitencia o
Reconciliación la Iglesia nos acoge maternalmente y nos perdona en nombre del Señor. Hoy Jesús
nos invita a revisar nuestra vida, a arrepentirnos de nuestros pecados, a convertirnos y a cambiar
nuestro corazón y nuestra conducta.

Padre bueno y misericordioso, que nos invitas a vivir de acuerdo a nuestra dignidad de personas y
de hijos de Dios. Tú nos llamas a la santidad, nos ayudas y nos iluminas a ser discípulos y testigos del
Evangelio, nos comprendes y perdonas siempre. Con humildad y confianza quiero abrirte mi
corazón, reconocer mis pecados e invocar tu misericordia. Gracias porque eres el Buen Pastor que
busca y sana a la oveja perdida. Dame tu luz, tu perdón y tu paz. Amén

EVANGELIO Mt 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos;
Él se puso a hablar enseñándolos:

Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.


Felices los mansos y humildes, porque heredarán la tierra.
Felices los que lloran, porque ellos serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.
Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices ustedes cuando por causa mía, los maldigan, persigan y calumnien.
Alégrense y muéstrense contentos porque será grande su recompensa en el Cielo.

Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús

REFLEXIÓN INICIAL

Escucha a Jesús, con todo el amor y el respeto que se merece el Maestro. Permítele que te cuestione
con sus palabras, que te desafíe, que te interpele a un cambio real de vida. ¿Buscas la felicidad?
Jesús te invita a ser santo para ser feliz, siendo fiel a Dios, viviendo según su palabra, construyendo
el Reino de Dios, aunque sea caminando a contra corriente con respecto a lo que se hace y dice en
la sociedad.
La riqueza y las cosas materiales no pueden llenarnos el corazón; hay más gozo en dar que en recibir.
La soberbia y la violencia nos enfrentan con los demás y rompen la fraternidad. Aceptar el
sufrimiento, el trabajo y el dolor nos ayudan a encontrar el verdadero sentido de la vida. Los que
luchan por la justicia y combaten las injusticias construyen un mundo mejor. Dar y servir,
comprender y perdonar es estar cerca de Dios. Un corazón sencillo puro y limpio agrada a Dios y a
los demás. Los que trabajan por la paz siembran amistad y viven con serenidad y sensibilidad. La
mediocridad y la comodidad, sin esfuerzo ni creatividad, evitan conflictos, pero no enriquecen a las
personas ni a la sociedad.

La santidad cristiana es un don de Dios, no fruto de nuestro esfuerzo; no es algo sólo espiritual, sino
una manera distinta de vivir. ¿Crees en lo que Jesús vivió y enseñó? ¿Son estos tus criterios?
A la luz de la Palabra de Dios y de las enseñanzas del Papa Francisco, nos examinamos.

EXAMEN DE CONCIENCIA

REFLEXIÓN 1
Viendo la muchedumbre, Jesús subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando
la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el
Reino de los Cielos”.

Jesús es el modelo de pobreza de espíritu. Pablo explica que Jesús, siendo rico, se hizo
voluntariamente pobre para enriquecernos con su pobreza. Esto es la pobreza de espíritu. Es un
espíritu que abraza gustosamente la pobreza por caridad, por benevolencia, por misericordia.

El Hijo de Dios, igual al Padre, no se aferra a su condición divina, renuncia a lo que le es debido por
su naturaleza divina, pasa por un hombre cualquiera, no reclama ni exige honores que le eran
debidos, renuncia a sus derechos, se hace pequeño, humilde. Pero no sólo renuncia a gloria, honores
y riquezas, sino que se abraza con una muerte infamante, tras haber padecido calumnias y juicios
injustos. Siendo inocente pasa por criminal, permite que sean avasallados sus derechos. Él, como
hombre hijo de Dios, no viene a buscar su propia gloria sino la del Padre. Y así como le da gloria con
su humillación, se la da con la exaltación con que lo agracia el Padre, haciendo reconocer su señorío
y dándole el Reino, una dignidad que es reconocida en los cielos, la tierra y los infiernos. En una
palabra: por haberse hecho pobre de espíritu se le entrega el Reino de los Cielos.

Es por esto que, sólo aquel que conoce y reconoce su debilidad y pequeñez ante Dios, pone toda su
confianza en Él, espera todo de Él y busca su protección poderosa. En esa actitud de pobreza
espiritual se vacía de sí mismo. Y porque está abierto y disponible para Dios, hay lugar para la acción
divina.

Reflexionemos
¿Soy libre y estoy desapegado de los bienes terrenos? ¿Qué representa el dinero para mí? ¿Tomo en
serio el problema de la espantosa pobreza no elegida sino impuesta a tantos millones de hermanos
míos? ¿Tomo en serio el problema de la espantosa pobreza espiritual en mis hermanos?

Silencio 3 minutos
CANTO
REFLEXIÓN 2

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados

Jesús tú me dices “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os daré descanso (Mateo
11, 25-30)

En nuestros momentos de tristeza y debilidad ¿Dónde te busco Señor? ¿Cuáles son aquellos motivos
por los cuales me aflijo o incluso me dejo vencer? ¿Dónde he dejado Señor mi fe en los momentos de
tormenta y debilidad? ¿He puesto mi atención en ti o en lo que me aqueja? ¿Lloro más por mí que por
los demás, por mi cansancio, soledad, incomprensiones, problemas personales o del trabajo? ¿Acaso
olvido todas las bendiciones que tengo por mis problemas? Que allá donde haya tristeza yo ponga
alegría.

"Si quieres servir al Señor, prepara tu alma para la tribulación... porque en el fuego se purifica el oro y
los que aman a Dios en el horno de la humillación." (Eclesiástico 2, 1.5)

Tu me dices “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” mientras que el mundo me
grita acerca de la alegría, la diversión y el desenfreno para opacar mis sentimientos, el dolor o la
enfermedad… este mundo no quiere llorar, no quiere sentir. Sin embargo, tu anhelas llorar junto a mí,
consolarme. Tú quieres darme el Consuelo que viene del Padre y no de la carne”-

Jesús, en ti yo quiero confiar. "Dios me consolará, el Padre, el Espíritu Santo consolador, me consolará".
Jesús tú quieres para mi esa relación amorosa con el Padre para yo poder sentir el gozo y la paz, ese gozo
que se encuentra a través de la caridad y me hace fuerte en la tribulación

Tú me dices: “También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón
y nadie os podrá quitar vuestra alegría." (Juan 16, 21-22).

Confío Jesús que en Ti el consuelo llegará a mi vida y lo que me aturde…. Se irá.

Reflexionemos:
¿Considero la aflicción como una desgracia y un castigo, tal como lo hace la gente del mundo, o
como una oportunidad de parecerme a Cristo? ¿Cuáles son los motivos de mis tristezas?: los mismos
de Dios o los del mundo? ¡Trato de consolar a los demás o sólo ser consolado yo?

Silencio 3 minutos
CANTO

REFLEXIÓN 3

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra


Jesús dice: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón». La verdadera mansedumbre se
decide ahí. Es del corazón, dice, que proceden los homicidios, maldades, calumnias (Mc 7, 21-22),
como de las agitaciones internas del volcán se expulsan lava, cenizas y material incandescente. Las
mayores explosiones de violencia, como las guerras y conflictos, empiezan, como dice Santiago,
secretamente desde las «pasiones que se agitan dentro del corazón del hombre» (St 4, 1-2). Igual
que existe un adulterio del corazón, existe un homicidio del corazón: «El que odia a su propio
hermano –escribe Juan-, es un homicida» (1 Jn 3, 15).
No existe sólo la violencia de las manos; existe también la de los pensamientos. Dentro de nosotros,
si prestamos atención, se desarrollan casi continuamente «procesos a puerta cerrada». Un monje
anónimo tiene páginas de gran penetración al respecto

«Observa -dice-, aunque sea por un día, el curso de tus pensamientos: te sorprenderá la frecuencia
y la vivacidad de tus críticas internas con interlocutores imaginarios, y si no con los que te son
cercanos. ¿Cuál es habitualmente su origen? Éste: el descontento a causa de los superiores que no
nos quieren, no nos estiman, no nos entienden; son severos, injustos o demasiado cerrados con
nosotros o con otros “oprimidos”. Estamos descontentos de nuestros hermanos, “sin comprensión,
obstinados, bruscos, desordenados o injuriosos…”. Entonces en nuestro espíritu se crea un tribunal
en el que somos fiscal, presidente, juez y jurado; raramente abogado, más que en nuestro favor. Se
exponen los agravios; se pesan las razones; se defiende, se justifica; se condena al ausente. Tal vez
se elaboran planes de revancha o trampas vengativas… » [11].

Así pues, busquemos dentro de nuestros corazones aquello que nos impide ser más humildes y
mansos como Jesús.

Reflexionemos:
¿soy humilde? Hay una violencia de las acciones, pero también hay una violencia de las palabras y
de los pensamientos. ¿Domino la ira fuera y dentro de mí? ¿Soy amable y afable con quien está
cerca de mí?

Silencio 3 minutos
CANTO

REFLEXIÓN 4

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

En la corona gloriosa de los Mártires, Hérmogenes López, sacerdote y testigo de la fe, nos recuerda
como el Sanedrín se perpetúa en la historia y cómo muchos hoy son perseguidos, combatidos,
condenados, porque sus vidas, coherentes y firmes, son un escándalo para el mundo.

La voz de los mártires será siempre un cántico de esperanza. La voz de los Pastores que viven como
Jesús, seguirá mostrando a su rebaño el camino de la vida y de la esperanza; la voz de los que
mueren, por ser fieles a Jesús, es un eterno grito de esperanza y de bendición. El camino de Jesús
hacia el Calvario es un camino de sufrimiento y soledad que continúa en nuestros días. Él camina,
padece en tantos rostros que sufren la indiferencia satisfecha y anestesiante de nuestra sociedad,
sociedad que consume y que se consume, que ignora y se ignora en el dolor de sus hermanos.

Reflexionemos:
¿Soy humilde? Hay una violencia de las acciones, pero también hay una violencia de las palabras y
de los pensamientos. ¿Domino la ira fuera y dentro de mí? ¿Soy amable y afable con quien está cerca
de mí?

Silencio 3 minutos
CANTO
REFLEXIÓN 5

¿Qué se necesita para ir al cielo? ¿Acaso rezar mucho? ¿No faltar a los mandamientos? Pues resulta
que lo que Jesús nos pide es que seamos misericordiosos con Él; y lo somos si nos comportamos
misericordiosamente con los más necesitados.

Si deseo, pues, ir al cielo, más me vale que comience a preocuparme efectivamente por los prójimos
que necesitan de mí.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”

No necesitamos buscar a quién ayudar, la vida misma nos va presentando la oportunidad. Basta
tener los ojos abiertos y, más que los ojos, el corazón.

Hagamos de nuestras obras de misericordia una cuestión de familia en la que todos participemos,
cada quien de acuerdo con sus posibilidades y su edad.

Quizás no esté a nuestro alcance hacer una obra social que impacte a cientos o miles, pero sí lo está
el dar compañía a un solitario, el visitar a un enfermo, el ayudar a un estudiante a pasar un examen,
el conseguir trabajo a un amigo, el ser comprensivo con mis seres queridos... ¡tantas cosas que
podemos hacer! Y están a veces a un solo paso

Reflexionemos:
Ante la equivocación de un hermano, de un amigo, ¿reacciono con el juicio o con la misericordia?
Jesús sentía compasión por las multitudes: ¿y yo? ¿He sido también yo alguna vez el siervo
perdonado que no sabe perdonar?

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CANTO

REFLEXIÓN 6

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.

Jesús tú me dices: “No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? ´" (Jn 11, 39-40).

¿Creo verdaderamente en que a través de ti Jesús encontraré la verdadera gracia o aún sigo distraído
por mis tendencias, los vicios, mis pecados? ¿Sigo acaso resistiéndome talvez a las aspiraciones del
Espíritu Santo para formar una imagen tuya a mi conveniencia para optar por el mal uso de mi libertad y
caer en un corazón desamorado y guiado por la carne?

Permíteme Jesús renovar mi espíritu y mi corazón, permite encontrarte y serte fiel para no poseer un
corazón dividido, con rencores y pecados, con dolores y recuerdos que lo único que permiten es nublar
mi amor por ti.

¿Cómo estoy cuidando yo este cuerpo que es templo del Espíritu Santo? La pureza que más agrada a
Dios es la virginidad de espíritu, la castidad guardada en todos los estados según nuestras promesas.
¿Qué lugar ocupan en mi vida las revistas con mensajes obscenos, las conversaciones en doble sentido,
la pornografía en internet o televisión? ¿Estoy consciente en el fondo de mi corazón que esto lo único
que hace es dar gusto a mis pasiones, engañándome a mí mismo sabiendo que a Dios no se le engaña?
Jesús ven en mi auxilio, quiero y anhelo poder encontrarte en total pureza para que con mis manos vacías
pueda recibir el don de la gracia. Quiero alabarte y amarte, serte fiel y entregarme a ti.

Reflexionemos:
¿Soy puro de corazón? ¿Puro en las intenciones? ¡Digo sí y no como Jesús? Hay una pureza del
corazón, una pureza de los labios, una pureza de los ojos, una pureza del cuerpo…Lo opuesto más
directamente a la pureza de corazón es la hipocresía. ¡A quién me esfuerzo por agradar en mis
acciones: a Dios o a los hombres?

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CANTO

REFLEXIÓN 7

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios

«La paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Si bien es verdad que la paz entre los individuos y
los pueblos -la capacidad de vivir unos con otros, estableciendo relaciones de justicia y solidaridad-
supone un compromiso permanente, también es verdad, y lo es más aún, que la paz es un don de
Dios. En efecto, la paz es una característica del obrar divino, que se manifiesta tanto en la creación
de un universo ordenado y armonioso como en la redención de la humanidad, que necesita ser
rescatada del desorden del pecado. Creación y Redención muestran, pues, la clave de lectura que
introduce a la comprensión del sentido de nuestra existencia sobre la tierra» [1].

Se comprende entonces qué significa ser los que trabajan por la paz. No se trata de inventar o de
crear la paz, sino de transmitirla, de dejar pasar la paz de Dios y la paz de Cristo «que supera toda
inteligencia». «Gracia y paz de parte de Dios, Nuestro Padre, y de Jesucristo el Señor» (Rm 1, 7):
ésta es la paz que el Apóstol transmite a los cristianos de Roma.

Nosotros no debemos ni podemos ser fuentes, sino sólo canales de la paz. Lo expresa a la
perfección la oración atribuida a Francisco de Asís: «Señor, haz de mí un instrumento de tu paz»

Reflexionemos
¿soy agente de paz? ¡pongo paz entre las partes? ¡me esfuerzo por buscar solo el bien, y tener
palabras positivas, dejando caer el mal al vacío, los chismes, lo que puede sembrar discordia?
¿está la paz de Dios en mi corazón, y si no, por qué?

Silencio 3 minutos
CANTO
REFLEXIÓN 8

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos
Cuando sufrimos la humillación de las persecuciones y calumnias por practicar las
bienaventuranzas, es bueno hacer memoria de la Pasión y contemplar a Jesús el único Justo, el
crucificado. Jesús identifica la persecución por causa de la justicia y la persecución por su Nombre.
En el fondo la sed de justicia lleva al Señor a hacer la voluntad del Padre hasta las últimas
consecuencias y eso atrae sobre Él la persecución y la Cruz. Contemplamos, pues, al Señor
crucificado –manso y humilde de corazón- como el que restaura todas las cosas pacificando todo
en su sangre. A partir de él, sufrir por causa de la sed de justicia, es redentor.
Así lo afirma Pedro en su primera Carta:
“Es hermoso tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente. ¿Pues qué
gloria hay en soportar los golpes cuando uno ha faltado? Pero si obrando el bien soportan el
sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios. Pues para esto han sido llamados, ya que también Cristo
sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus huellas” (1 Pe 2, 13 ss.).

Reflexionemos
¿Estoy dispuesto a sufrir algo en silencio por el Evangelio? ¿cómo reacciono ante alguna ofensa o
desaire que recibo? ¡participo íntimamente en los sufrimientos de tantos hermanos que sufren
verdaderamente por la fe, o por la justicia social y la libertad?

Silencio 3 minutos
CANTO

ACTO DE CONTRICIÓN

Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y
me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente
acercarme al sacramento de la reconciliación y no volver a pecar. Y si ya lo he hecho te pido
derrames las gracias necesarias para vivir tu palabra con rectitud. Confío en que por tu infinita
misericordia me has de conceder el perdón de mis pecados, y me has de llevar a la vida eterna.

Amén.

BENDICIÓN DEL PADRE

SALIDA DE SANTISIMO

CANTO DE SALIDA