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Institucionalidad que debemos construir en Republica Dominicana

La institucionalidad se define como la existencia de un orden político en el cual


se deben cumplir las leyes con respeto y en el que las instituciones
gubernamentales actúen en apego a la constitución. Observando lo que pasa a
diario considero que en el país no existe ese tipo de institucionalidad que definí
porque la clase política es corrupta. Las leyes existen pero solo se hacen
cumplir cuando es a favor de algún gobernante, para el pueblo la justicia no
existe.

La clase política utiliza la ley para sus propios fines, no para un bien común.
Por lo tanto no hay un orden institucional democrático, entonces no se están
respetando ni cumpliendo lo que dictan las normas. Se supone que las normas
que se desarrollan en un estado salen de las ideas políticas de quienes la han
creado o construido, por tanto si las clases políticas actuaran de forma correcta
existiera una democracia funcional en donde todos tendríamos los mismos
derechos, y por ende tendríamos un orden institucional que respondería para
todos.

Como todos sabemos en la mayoría de los países de América latina existe un


problema con la democracia y Republica Dominicana no es la excepción,
porque los políticos se muestran autoritarios, es decir, hay que hacer lo que
ellos ordenen o las cosas se hacen a su manera aunque no sea lo correcto. En
el país vemos la democracia con herencia autoritaria desde el gobierno de
Balaguer, el cual decían que era padre de la democracia pero su gobierno fue
autoritario.

Considero que para que exista un orden institucional correcto, en donde haya
democracia, se debe actuar de acuerdo a la ley. Para que la institucionalidad
mejore la clase política debería respetar y hacer cumplir las normas, que todos
seamos tratados por igual, que no haya impunidad con personas solo porque
tienen poder, que la corrupción desaparezca o disminuya y que la justicia
también sea para favorecer a todos los grupos sociales y no solo al que tenga
poder o por conveniencia.
Debemos entender que el problema fundacional no es algo solo del pasado,
sino que se mantiene siempre presente. La realidad de cualquier orden
institucional es que de una manera u otra se mantiene en constante cambio, y
consecuentemente varía tanto su contenido formal como el político. La
modificación o creación de nuevas leyes por parte del Congreso, la evolución
jurisprudencial del sistema judicial y la evolución de las políticas del ejecutivo,
suponen una institucionalidad que es transformada como parte de la misma
cotidianidad del Estado, y por tanto, en constante re-fundación.

De tal modo, que si bien en un momento podríamos crear un orden


democrático, este no se encuentra libre de una futura cooptación por parte de
nuevos grupos poderosos que surjan. No podemos aceptar de forma acrítica el
presente orden institucional como democrático, ya que no solo tiene un origen
autoritario, sino que sus últimos desarrollos han ocurrido en torno al control del
PLD de las distintas ramas del Estado.

Por estas razones, entiendo que se hace necesario en República Dominicana


discutir sobre la naturaleza de nuestra institucionalidad, y del significado de que
se utilice el cumplimiento del orden jurídico para negarle al pueblo sus
demandas. Creo, que es por este camino que Muñiz va en su artículo ‘Loma de
Miranda: los límites del constitucionalismo’. Creo también necesaria una
respuesta de parte de aquellos que sí piensan correcta y apegada a la ley la
decisión del Presidente Medina. Sin embargo, algunos de los argumentos que
asume Jorge Prats para defender su posición ‘institucional’ no contribuyen al
desarrollo de este debate.

Jorge Prats considera que Muñiz parte de un ‘populismo anti-constitucionalista’


comparable con el dictador Nazi de Adolfo Hitler. Esta comparación,
famosamente llamada por Levi Strauss ‘reductio ad hitlerum’, resulta en una
total negación de la ideas expuestas por Muñiz, llevándolas al borde de lo
ridículo y así evitando una profundización sobre el problema de la
institucionalidad en la República Dominicana. Por otro lado, Jorge Prats acoge
las ideas del filósofo Alemán Jürgen Habermas, sobre la necesidad del diálogo
y la deliberación para el desarrollo de la democracia, de una manera
demasiado abstracta y sin ningún nivel de problematización.