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TAURINENSIS

BEATIFICATIONIS et CANONIZATIONIS
SERVAE DEI
MARGARITAE OCCHIENA vid. BOSCO
MATRISFAMILIAS
(1788-1856)

Decretum Super Virtutibus

"Una mujer perfecta, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas... sus hijos la llaman dichosa"
(Proverbios 31, 10.28)

Han transcurrido ya 150 años desde que Margarita Occhiena murió en su humilde habitación de Turín-
Valdocco. Hubo un sincero y profundo sentimiento de dolor por parte de los Salesianos y de los jóvenes, que
la habían querido como se quiere a una madre. Esta mujer se había entregado de tal forma a todos ellos que
unánimemente exclamaron: "¡Era una santa!".

El primero que lo dijo fue precisamente don Juan Bosco, su hijo santo, que al juzgarla iba mucho más allá de
los vínculos de la sangre. Inmediatamente se convirtió en una opinión común, no sólo dentro del círculo del
oratorio, sino también fuera de él.

Margarita Occhiena había nacido en Capriglio, provincia de Asti, el día 1 de abril de 1788. ese mismo día fue
bautizada en la iglesia parroquial. Permaneció en su pueblo hasta que se casó con Francisco Bosco, que había
quedado viudo a la edad de 27 años. Se trasladó con él a "I Becchi", circunscripción de Castelnuovo d'Asti. A
la muerte del marido, Margarita se encontró sola para sacar adelante a la familia en un momento de gran
carestía.

Tenía en su casa a la madre de Francisco (paralizada y necesitada de cuidados) a Antonio, hijo del primero
matrimonio de Francisco, y a sus dos hijos, José y Juan (el futuro Don Bosco).

Mujer fuerte y sabia, justa y firme en sus decisiones, Margarita puso en práctica un régimen de vida sobrio y
temperante. En la educación de sus hijos se muestra severa, dulce y razonable. De esta forma logra hacer
crecer a los tres muchachos, de carácter muy distinto; pero, no los compara entre sí y no mortifica a ninguno.

Obligada a tomar decisiones, hasta cierto punto dramáticas -como el alejamiento de casa del hijo menor para
salvar la paz de la familia y para permitirle que estudiara- apoya, con fe y esperanza, las tendencias
profesionales de los hijos, ayudándoles a crecer en la generosidad y a ser emprendedores.

Acompaña, con amor de madre, a Juan hacia el sacerdocio y , posteriormente, dejando su querida casa de "I
Becchi", lo sigue para estar con los jóvenes pobres abandonados de Turín. En esta ciudad, durante los diez
últimos años de su vida, Margarita se dedica, totalmente, a la misión de Don Bosco y a los comienzos de su
obra.

Es la primera y principal cooperadora salesiana; su caridad práctica se convierte en la inspiración materna del
Sistema Preventivo; es, verdaderamente, cofundadora de la Familia Salesiana, contribuyendo a educar a hijos
santos como Domingo Savio y Miguel Rúa.

Analfabeta; pero, llena de aquella sabiduría que viene de lo alto, es la ayuda de muchos pobres muchachos de
la calle, hijos de nadie. Siempre pone a Dios en primer lugar, entregándose por él a una vida de pobreza, de
oración y de sacrificio.

Muere a los 68 años, el 25 de noviembre de 1855. la acompañaron al cementerio muchos jóvenes, que
lloraban como se llora a una madre.

En definitiva, la gracia de Dios y el ejercicio de las virtudes han hecho de Margarita Occhiena una madre
heroica, educadora sabia y consejera del naciente carisma salesiano. Mamá Margarita es una persona sencilla,
y además forma parte de aquella aristocracia espiritual, que brilla dentro del extraordinario número de madres
santas que viven ante la presencia de Dios y en Dios, con una unión espiritual hecha de silenciosas y, al
mismo tiempo, continuas jaculatorias.

Con frecuencia se olvida uno de lo más sencillo. Lo "más sencillo" que Mamá Margarita repite
constantemente con el ejemplo de su vida es: que la santidad está al alcance de la mano, que es para todos, y
que se pone en práctica con la obediencia fiel a la vocación especifica que el Señor nos encomienda a cada
uno de nosotros.

La santidad, escribió el Sumo Pontífice, Juan Pablo II, es el "alto grado" de la vida cristiana ordinaria (Carta
Apostólica Novomillennio ineunte, 31): de la vida de cada día, aparentemente banal como las montañas de
ropa que Margarita remendaba y repasaba en sus largas jornadas de trabajo.

Mamá Margarita nos enseña que se puede y se debe "apuntar a lo alto" con valentía. Las pequeñas cosas de
cada día son el camino que nos lleva a la santidad.

La investigación diocesana sobre la fama de santidad se inició en Turín, en 1995. las correspondientes actas
llegaron a la Congregación para las Causas de los Santos, en 1996. La Positio super virtutibus (informe sobre
las virtudes) fue entregada en el año 2000 y ese mismo año superó, por unanimidad de votos, el examen de los
peritos historiadores.

El día 26 de mayo de 2006, la Reunión Especial de los Peritos Teólogos sobre la heroicidad de las virtudes
expresaron, por unanimidad, su aprobación. Finalmente los padres cardenales y los obispos, reunidos en la
sesión ordinaria, el 17 de octubre de este mismo año (siendo ponente de la causa el excelentísimo monseñor
Salvatore Boccaccio, Obispo de Frosinone-Veroli-Ferentino) reconocieron que la Sierva de Dios puso en
práctica, heroicamente, las virtudes teologales, cardinales, y las que de ella se derivan.

El abajo firmante, Cardenal Prefecto, ha realizado un esmerado informe de todas estas cosas al Sumo
Pontífice Benedicto XVI.

Su Santidad, acogiendo y ratificando los votos de la Congregación para las Causas de los Santos, ha
declarado, en la mañana de hoy: Consta que la Sierva de Dios Margarita" Occhiena viuda de Bosco, madre de
familia, ha ejercitado, heroicamente, las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, tanto hacia
Dios como hacia el prójimo; así como las virtudes cardinales de la prudencia, justicia y templanza, y otras
virtudes anejas a éstas.

El Sumo Pontífice ha aconsejado que este decreto fuera publicado y fuera recogido en las Actas de la
Congregación para las Causas de los Santos.

Dado en Roma,
El 23 de octubre de 2006.
José Card. Saraiva Martins
Prefecto

Edoardo Nowak
Arzobispo Tit. De Luni
Secretario