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Revista Lationamericana de Estudios del Discurso

Revista Latinoamericana de Estudos do Discurso


editoras Asociación Latinoamericana de Estudios del Discurso
Adriana Bolívar Associação Latinoamericana de Estudos do Discurso
ALED es arbitrada y está indizada en Revencyt y
Martha Shiro Latindex. Se publica semestralmente bajo los auspicios de
Universidad Central de Venezuela la Asociación Latinoamericana de Estudios del Discurso
comité directivo
editores de reseñas
Denize Elena Garcia da Silva
Irene Fonte, Universidad Autónoma Metropolitana,
presidenta
México
Sírio Possenti, Universidade Estadual de Campinas, María Laura Pardo Gil
vicepresidenta
Brasil
Francisco Bolet
asistente editorial secretario
Ricardo Gualda
Judith Hoffnagel
Universidade Federal da Bahia tesorera

comité científico/consultivo Alicia Eugenia Carrizo


Roberto Leiser Baronas, Universidade Federal de argentina
São Carlos, Brasil Roberto Leiser Baronas
Francisco Bolet, Universidad Central de Venezuela brasil
Carmen Rosa Caldas-Coulthard, Universidade de Rosa María Gutiérrez
Florianapolis, Brasil chile
Alicia Eugenia Carrizo, Universidad de Buenos
Mireya Cisneros
Aires, Argentina
colombia
Patrick Charaudeau, Université de Paris XIII, Francia
Mireya Cisneros Estupiñán, Universidad Tecnológica Adrian Vergara Heidke
costa rica
de Pereira, Colombia
Cristina D´Avolio, Universidad Pedagógica Eva Salgado Andrade
Experimental Libertador, Venezuela méxico

Julio Escamilla Morales, Universidad del Atlántico, Celia Rubina Vargas


Colombia perú
Lars Fant, Universidad de Estocolmo, Suecia Doris Martínez
Rosa María Gutiérrez, Universidad Católica de puerto rico
Valparaíso, Chile Virginia Orlando
Ingedore Villaça Koch, Universidade Estadual de uruguay
Campinas, Brasil
Cristina D’Avolio
Irene Madfes, Universidad de la República, Uruguay
venezuela
Luisa Martín Rojo, Universidad Autónoma de
Madrid, España socios honorarios

Doris Martínez, Universidad de Puerto Rico, Río Teun van Dijk


Piedras, Puerto Rico Patrick Charaudeau
Lars Fant
Virginia Orlando, Universidad de la República,
Uruguay expresidentas de la aled

María Laura Pardo, CONICET, CIAFIC, Argentina Adriana Bolívar (1995-2003)


Marianne Peronard, Universidad Católica de Teresa Carbó (2003-2005)
Valparaíso, Chile Anamaría Harvey (2005-2009)
Neyla Pardo Abril (2009-2013)
Eva Salgado Andrade, CIESAS, México
Celia Rubina Vargas, Pontificia Universidad Católica ilustración de portada

del Perú, Perú Jorge Arreola Barraza. 2014. Marcha hacia los
Teun van Dijk, Universidad de Ámsterdam, Holanda sueños de Tina y Galvan dormido. Collage-
impresión digital. 35.5 X 23.7 cm
y Universidad Pompeu Fabra, España
Adrian Vergara Heidke, Universidad de Costa Rica, Versión electrónica en: http://www.comunidadaled.org
Costa Rica Dirección electrónica: revistaaled2004@yahoo.es
Depósito legal: 200102CS1090
diseño gráfico ISSN 1317-7389
Grafiweb Impresores y Publicistas Volumen 14, nº 1
Tiraje: 500 ejemplares
diagramacion Impresión editorial:
Odalis C. Vargas B. Thesaurus Editora de Brasília Ltda.
Impresso no Brasil
Re­vis­ta La­ti­noa­me­ri­ca­na
de Es­tu­dios del Dis­cur­so

vo­lu­men 14 nú­me­ro 1 2014

Su­ma­rio
editorial

Las categorías de análisis: el paso crucial en la investigación empírica


Martha Shiro 3

artículos

El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional


Patrick Charaudeau 7
Donde caben dos caben tres: la intertextualidad en la fotografía y la
pintura de Edward Weston, Tina Modotti y Diego Rivera
Dina Comisarenco Mirkin 23
El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz de las nociones de
ideología y los enfoques feministas actuales sobre la comunicación
Carolina Gutiérrez-Rivas 43
A esquerda na ditadura militar brasileira: formação discursiva,
memória e identidade
Israel de Sá y Vanice Sargentini 59
Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre análisis
del discurso y semiótica
Josefina Vilar Alcalde 77

reseñas

Pardo Abril, Neyla Graciela (2012). Discurso en la web:


pobreza en YouTube.
Reseñado por Luis Fernando García Núñez 95
Petri, Verli y Dias, Cristiane (2013). Análise do Discurso em
Perspectiva: teoria, método e análise.
Reseñado por Fernanda Correa Silveira Galli y Dantielli Assumpção Garcia 99
Indice Acumulado 105
editorial

Las categorías de análisis: el paso crucial


en la investigación empírica
MARTHA SHIRO

Uno de los momentos cruciales para la investigación en discurso es el de


la definición o identificación de categorías de análisis. Después de formular y
plantear el problema, y de escoger el enfoque teórico y metodológico que le
sirve de base, el investigador toma los datos, generalmente plasmados sobre
papel (o en formato digital en la pantalla), ya sea porque son textos escritos o
porque son transcripciones de lenguaje oral, construye el corpus (Bolívar 2013)
y se enfrenta al rompecabezas complejo: ¿qué hacer con los datos? ¿por dónde
comenzar? ¿qué analizar y cómo analizarlo? ¿Cómo identificar en el discurso
las categorías conceptuales que nos conduce a responder las preguntas de la
investigación?
Todos sabemos que analizar significa manipular los datos de alguna ma-
nera para poder encontrar respuestas adecuadas a las interrogantes planteadas.
En este proceso, entran en juego numerosas presuposiciones que subyacen al
marco teórico-metodológico adoptado y determinan cada uno de los pasos a
seguir, cuando tenemos que definir las categorías de análisis.
Para aproximarnos a un tema tan complejo solamente ilustraremos aquí
lo que correspondería hacer desde una perspectiva lingüística y dejaremos para
otra ocasión el caso de la relación entre lingüística y otras disciplinas. Desde
esta perspectiva, Halliday (1976, 1985) explica con mucha habilidad cuáles son
las opciones del analista en las diferentes etapas. En primer lugar, es necesario
decidir cómo segmentar los datos (en nuestro caso, el discurso o los discursos
analizados). Para ello, hace falta determinar las unidades de análisis: la unidad
mínima, la máxima, las unidades intermedias. La unidad mínima corresponde al
segmento más pequeño que posee alguna propiedad perteneciente al fenómeno
estudiado. Paralelamente, la unidad máxima debe encapsular al fenómeno en
su totalidad. En otras palabras, al decidir las unidades, se está delimitando el
fenómeno. Por ejemplo, si un investigador se propone determinar cómo se usa
la antonimia en el discurso de un presidente, la unidad mínima debe contener
dos elementos (por ejemplo, dos morfemas) que entran en una relación semán-
tica de antonimia. La unidad máxima también debe tener dos elementos, pero
éstos pueden corresponder a fragmentos discursivos que entran en una relación
semántica similar. Tanto para la unidad mínima, como para la unidad máxima,
se debe decidir la ubicación de los dos elementos antonímicos: ¿puede uno de

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los elementos estar en un discurso pronunciado en cierta fecha y el otro en otro


discurso pronunciado en fecha diferente? Si la respuesta es negativa, se concluye
que el discurso pronunciado en una determinada ocasión se considera un todo
completo (una unidad máxima) y, por tanto, separado de otro discurso, pro-
nunciado en otra ocasión. En cambio, si la respuesta es afirmativa, se considera
que todos los discursos pronunciados por el presidente escogido se toman como
una unidad máxima y las demás segmentaciones serían unidades intermedias.
La decisión de optar por alguna de estas alternativas no es arbitraria. Cada
una presupone una hipótesis distinta. Cabe suponer que la primera opción se
fundamenta en una posición teórica según la cual, el orador, en este caso un
presidente, hace uso de una estrategia, en este caso las relaciones de contraste,
para cumplir con el propósito comunicativo del discurso que pronuncia en una
ocasión determinada (y tal vez, usa la misma estrategia en otra ocasión, para
cumplir con otro propósito comunicativo). En la segunda opción, en cambio,
se presupone que una de las propiedades del uso idiosincrático de la lengua
causa que el discurso del actor estudiado contenga relaciones de contrastes,
independientemente del evento o del propósito que persigue. Un enfoque que
asume la dependencia del contexto difiere diametralmente de uno que asume
la independencia del contexto, y estas diferencias ya se ven reflejadas en las
decisiones aparentemente sencillas de cómo segmentar un texto.
Seguidamente, se requiere agrupar las unidades, siguiendo ciertos crite-
rios según los cuales, tendrían algunas propiedades en común. Este paso es
crucial, ya que el criterio que sirve para agrupar los elementos debe vincularse
directamente con algún aspecto del fenómeno estudiado. Halliday (1976) nos
recuerda que las unidades se pueden agrupar en dos dimensiones: por una parte,
se combinan en una secuencia, como aparecen en los enunciados (secuencia
temporal en la oralidad, y secuencia lineal –espacial– en la escritura) y, por
otra, tienen un orden jerárquico. La interrelación entre secuencia y orden de
las unidades nos permite determinar la estructura del fenómeno discursivo
estudiado. Se hace evidente que este enfoque presupone una visión estructural,
sistémica de la lengua en uso. Halliday limita su propuesta al análisis gramatical
de los enunciados (puesto que considera la oración como la unidad máxima
de análisis, mientras que el análisis del discurso se propone explorar unidades
mayores para entender las relaciones entre los enunciados). Una visión más
dinámica es aquella que considera el discurso como proceso (Taylor 2001), lo
cual implica enfocar el uso de la lengua como una actividad (emprendida y
compartida entre por lo menos dos participantes). Según Taylor, existen dos
enfoques adicionales: en uno se busca identificar patrones que se asocian con
algún uso de la lengua o algún significado; en el otro se buscan patrones en un
contexto mayor, el de la sociedad y de la cultura (Taylor, 2001:7).
La segmentación en unidades y el diseño del esquema analítico depende del
enfoque de la investigación. Pero en cada caso, habrá que delimitar unidades,
determinar las jerarquías y abstraer categorías. En este sentido, cabe resaltar

4
también la noción de clase que, según Halliday (1976), refleja el funciona-
miento de la unidad en un nivel superior. Por ejemplo, Thompson (2009),
quien enfoca el discurso como acción, toma la clase “oración interrogativa”
(pregunta) y explica cómo funciona en la conversación entre doctor y paciente
y de qué manera refleja las relaciones de poder entre los interlocutores. De esta
manera, agrupa las preguntas en diferentes clases, según los roles sociales de
los participantes en la interacción: preguntas con función declarativa (“que
claratives”) que reflejan el poder atribuido al médico como experto, y preguntas
con función de elicitar información desconocida para el que pregunta, que
reflejan el rol de inexperto atribuido al paciente.
Analizar los datos implica identificar las unidades en el texto (codificar) y
luego agruparlos y ordenarlos para poder interpretarlos de manera cuantitati-
va, cualitativa o mixta y responder así a las preguntas de la investigación. En
un artículo de investigación, esos pasos deben estar claramente especificados,
puesto que sirven de base para juzgar la validez de los resultados y permiten
a otros investigadores replicar el estudio para comprobar hasta qué punto es
posible generalizar los resultados.
De esta manera, mediante la manipulación de los datos con la ayuda de
las categorías de análisis, el investigador puede identificar patrones de uso,
explicar y delimitar las opciones que los hablantes tienen para comunicarse en
contextos situacionales específicos.
En este número se incluyen cinco artículos. El primero es de Patrick
Charaudeau, nuestro homenajeado en el número anterior. El artículo, titulado
El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional, trata
del papel del investigador en la sociedad y obliga al lector a tomar una posición
razonada con respecto a la actividad investigativa. Charaudeau abre el debate
contrastando la posición de investigador comprometido con la de investiga-
dor imparcial, y termina defendiendo al investigador imparcial. Charaudeau
sustenta cuidadosamente los argumentos que esgrime, define claramente los
conceptos que maneja (particularmente “compromiso” e “interpretación”) y
nos invita a reflexionar y a tomar partido en el debate de las ideas que hace
avanzar la ciencia.
En el segundo artículo, Donde caben dos caben tres: la intertextualidad en
la fotografía y la pintura de Edward Weston, Tina Modotti y Diego Rivera, Dina
Comisarenco se plantea el problema de la producción de significado en el arte
y se enfoca en la relación entre la imagen y la intertextualidad. A través del
análisis de estrategias como las apropiaciones, los préstamos, las corresponden-
cias y las alusiones artísticas, la autora reflexiona acerca del carácter colectivo
de la creación artística y los postulados estéticos e ideológicos de algunos de
los protagonistas de la vanguardia de los años veinte.
En el artículo titulado El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz
de las nociones de ideología y los enfoques feministas actuales sobre la comuni-
cación, Carolina Gutiérrez-Rivas analiza los planteamientos y la ideología de

5
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la periodista Carmen Clemente Travieso, pionera del movimiento feminista


en Venezuela y señala las razones por las cuales considera que los postulados
de la periodista acerca del rol de la mujer estaban adelantados con respecto al
pensamiento de su época.
Israel de Sá y Vanice Sargentini, en su artículo A esquerda na ditadura militar
brasileira: formação discursiva, memória e identidade analizan los documentos
de las organizaciones que formaron la resistencia armada durante la dictadura
militar en Brasil (1964-1985) para explicar la formación de la nueva izquierda
brasileña y determinar de qué manera se refleja la identidad de ese movimiento
en los documentos analizados.
Por último, Josefina Vilar Alcalde, en su artículo Las señales del cuerpo
emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis del discurso, hace un
análisis, en profundidad y desde diferentes ópticas, de la problemática de las
emociones. Partiendo de esa reflexión, la autora propone que el análisis del
discurso debería incluir los recursos del pensamiento semiótico, particular-
mente la operatividad de los signos indiciales, porque permiten dar cuenta de
la intención comunicativa del cuerpo emocionado.
En este número se incluyen dos reseñas de libros: Discurso en la web: pobreza
en YouTube, de Neyla Pardo Abril (2012), reseñado por Luis Fernando García
Núñez, y Análise do discurso em perspectiva: teoría, método e análise, de Verli
Pietri y Cristiane Dias (2013), reseñado por Fernanda Correa Silveira Galli y
Dantielli Assumpçao Garcia.

Referencias bibliográficas
Bolívar, A. 2013. La definición del corpus en los estudios del discurso. Revista
Latinoamericana de Estudios del Discurso ALED 13, l: 3-8.
Halliday, M.A.K. (1976). Categories of the theory of grammar. En G. Kress
(ed.) Halliday: System and function in language, pp. 52-72. Oxford: Oxford
University Press.
Halliday, M.A.K. (1985). Introduction to functional grammar. London: Arnold.
Taylor, S. 2001. Locating and conducting discourse analytic research. En M.
Wetherell, S. Taylor y S. Yates (eds.). Discourse as data, pp. 5-48. London:
Sage.
Thompson, G. (2009). Just checking. Questions and social roles. En M. Shiro, P.
Bentivoglio y F. Erlich (eds.). Haciendo discurso. Homenaje a Adriana Bolívar,
pp. 141-156. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

6
ARTÍCULO

El investigador y el compromiso.
Una cuestión de contrato comunicacional

PATRICK CHARAUDEAU
Université de Paris XIII
Traducción: Rebecca Beke

Resumen. En un mundo en el que, como consecuencia del desarrollo de las redes de


comunicación, tiende a imponerse la palabra sin que se cuestione la legitimidad y la cre-
dibilidad de su autor, se torna crucial preguntar cuál es el lugar que ocupa el investigador
de las ciencias humanas y sociales en este concierto más o menos ordenado de voces.
Esta situación obliga a preguntarse: ¿qué es el análisis crítico del discurso? ¿Forma parte
integral de las ciencias humanas y sociales o corresponde a una corriente particular en
el area disciplinar? ¿Qué significa interpretar como actividad privilegiada en las ciencias
humanas y sociales? ¿Acaso la interpretación debería permanecer dentro del marco de
una disciplina o debería someterse a una serie de comparaciones interdisciplinares? ¿Qué
rol discursivo asume el investigador que se enfrenta al deber de transmitir su saber a los
que no son especialistas y cómo puede lograrlo sin confundirlos? Y, por último, ¿cómo
se posiciona el investigador con respecto a estas actividades? Son estas las interrogantes
a las cuales se trata de responder aquí, desde el punto de vista del autor, quien se apoya
en su propia experiencia.
Palabras clave: Contrato de communicación, discurso crítico, interpretación, postura del
investigador, roles discursivos.

Resumo. Em um mundo no qual, como consequência do desenvolvimento das redes de


comunicação, a palavra tende a se impor sem que se questione a legitimidade e a credi-
bilidade do seu autor, torna-se crucial perguntar qual é o lugar que ocupa o pesquisador
das Ciências Humanas e Sociais neste concerto mais ou menos ordenado de vozes. Essa
situação leva às perguntas: Que é a análise crítica do discurso? Forma parte das Ciências
Humanas e Sociais ou corresponde a uma corrente disciplinar particular? Que significa
interpretar como atividade privilegiada nas Ciências Humanas e sociais? A interpretação
deveria permanecer dentro do marco de uma disciplina ou deveria submeter-se a uma
série de comparações interdisciplinares? Que papel discursivo assume o pesquisador que
se enfrenta com o dever de transmitir o seu saber aos que não são especialistas e como
fazê-lo sem confundi-los? E, por fim, quais são os posicionamentos possíveis do pesqui-
sador com respeito a essas atividades? São essas as questões que se trata de responder aqui
a partir do ponto de vista do autor, que se apoia em sua própria experiência.
Palavras-chave: Contrato de comunicação, discurso crítico, interpretação, postura do
pesquisador, papeis discursivos

Abstract. In a world of increased circulation of knowledge due to the development of


communication networks, where speech tends to impose itself without questioning the

Recibido: 22 de septiembre de 2013 • Aceptado: 15 de febrero de 2014.

ALED 14 (1), pp. 7-22 7


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legitimacy or the credibility of its author, the problem of the place given to the voice of
the Humanities and the Social Sciences scholar in this more or less organized concert of
voices becomes all the more important. We must ask: What is critical discourse analysis?
Is it an integral part of the Social Sciences and the Humanities or is it characteristic
of a specific discipline? What does it mean “to interpret” in the Humanities and the
Social Sciences? Should this activity remain within a given discipline or should it be
subject to interdisciplinary comparisons? What discursive roles can the scholar hold
in a situation where he is required to transfer his knowledge to lay men and how can
he avoid confusing them? Finally, what are the possible stances a scholar can take
with regard to these diverse activities? This paper aims at answering such questions,
from the personal perspective of a scholar who wishes to convey his own experience.
Keywords: Contract of communication, critical discourse, discursive roles, interpretation,
scholar’s stance

Introducción
En un mundo en el que, como consecuencia del creciente flujo de co-
nocimientos derivados del desarrollo de las redes de comunicación, tiende a
imponerse la palabra sin que cuestionemos la legitimidad y credibilidad de su
autor, se torna crucial preguntarnos cuál es el lugar que ocupa el investigador
de las ciencias humanas y sociales en este concierto más o menos ordenado de
voces. Es por eso que, en las diferentes disciplinas del campo científico, esta
interrogante crea una división entre los que comparten la idea de que la inves-
tigación es una actividad comprometida y aquellos que creen que la investiga-
ción debe ser neutra. El contraste entre las dos posiciones es particularmente
marcado en el campo de la sociología: entre una sociología que se considera
crítica (la Escuela de Frankfurt) y una sociología pragmática (anglo-sajona).
Según Durkheim (1988)1, no vale la pena dedicarle ni una hora a una sociología
que no es especulativa2, mientras que para Max Weber “mi interés puramente
científico me hace rechazar esta actitud, puesto que estoy en condiciones de
probar (o demostrar) que cada vez que el científico interviene con su propio
juicio de valor, se le imposibilita comprender los hechos”3. De esta manera, se
contrapone una visión del investigador que cuestiona constantemente aquello
que oculta otra realidad, con una visión del investigador que se niega a hacer
una denuncia, puesto que emitir una opinión constituye un impedimento para
comprender los hechos.
No conocemos el mundo, dice Wittgenstein, y las ciencias sociales y
humanas ahora entienden el por qué. El mundo, para que signifique, no es sino
aquello que se dice acerca de él. Que se llame real o realidad4, es el resultado
de una construcción, de un formateo, dicen algunos sociólogos como Alain
Badiou. En consecuencia, debemos hacerlo significar, hacerlo inteligible, revelar
la parte oculta que no sale a luz. Pero como existen diversos medios para deve-
larlo, diversas maneras para hacerlo relativamente inteligible para las disciplinas,
el investigador en ciencias sociales y humanas se encuentra en una posición

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Patrick Charaudeau: El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional

incómoda, desgarrado por esas fuerzas contradictorias. Por una parte, dentro de
su disciplina, como se acaba de mencionar, existe la tensión entre una postura
que le exigiría que denuncie lo que los discursos dominantes ocultan, y la otra
que, al contrario, espera de él una neutralidad axiológica. Fuera del ámbito
científico, por otra parte, cuando las instancias de la vida pública (educación,
medios de comunicación, debates ciudadanos) se lo solicitan, el investigador
está llamado a compartir su saber, como experto, especialista, intelectual o
sabio. Se expone entonces a las contradicciones que surgen cuando la palabra
circula en el espacio público: incomprensiones, malentendidos, polemización
del debate, instrumentalización de todo tipo. Es una posición incómoda para
el investigador en ciencias sociales y humanas. ¿Hay salidas posibles sin que
pierda su alma? Esto, sin duda, amerita que cada quien dé su opinión.
En primer lugar, se podría pensar que la cuestión se limita a dos alternativas:
posicionarse como investigador comprometido o neutral. Pero ¿qué significan
las palabras comprometido y neutral? ¿Da lo mismo hablar de un investigador
comprometido que de un investigador involucrado y un investigador neutral que
un investigador no involucrado? En efecto, se puede ser comprometido con
un deseo de denuncia, sin estar involucrado directamente con el fenómeno
estudiado (un investigador no español que analiza la dictadura franquista,
argentina o chilena); se puede tratar de adoptar una actitud neutral, aunque
se esté involucrado (un investigador israelí sobre el conflicto palestino-israelí).
Se plantea así una cuestión delicada en cuanto a credibilidad: la credibilidad
de un trabajo científico se hace sospechosa cuando se sabe que el investigador
está involucrado; a la inversa, la credibilidad es cuestionada cuando se trata
del trabajo de un investigador que no está involucrado, ya que se le acusa de
no tener los conocimientos suficientes acerca del asunto tratado. En el primer
caso, la crítica dirigida al investigador que, por su identidad está involucrado
con el objeto de estudio, estaría justificada puesto que se le podría acusar de
prejuicio, lo que pondría en duda la validez del análisis. En el segundo caso, en
cambio, la crítica no es admisible; esto supondría que sólo los investigadores
involucrados de una forma o de otra podrían analizar los objetos sociales que
les conciernen: los Corsos serían los únicos que podrían hablar de Córcega,
las víctimas de un crimen serían las únicas personas autorizadas para hablar
de la inseguridad, los políticos, de la política, los periodistas, del periodismo.
Consideraremos, entonces, el asunto del investigador involucrado como no
pertinente, el del investigador neutral como difícil de mantener, el del inves-
tigador comprometido como algo que debería estudiarse.
En segundo lugar, el tema del compromiso parece apuntar hacia una serie
de otras cuestiones: por una parte, preguntarse acerca de la relación entre el
compromiso del investigador y el discurso crítico que, en las ciencias sociales y
humanas, significa explicar y, sobre todo, interpretar; por otra parte, la trans-
misión del saber en el espacio público implica preguntarse acerca de los roles
que el investigador debe asumir, lo cual le obliga a practicar cierta reflexividad.

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14 (1)

1. La cuestión del discurso crítico


La crítica puede ser un posicionamiento, pero se manifiesta en el discurso:
¿qué es, entonces, el discurso crítico? Observamos en primer lugar que en la
práctica habitual, criticar significa tanto juzgar (“no me critiques” = “no me
juzgues”), a veces objetar (“me permitiría criticar este argumento = “presentar
objeciones”), a veces examinar (“sopesar el pro y el contra”). Es este último
sentido que el pensamiento filosófico ha retenido, y es este el sentido que debe
retener cualquier pensamiento analítico, como lo que preconiza Kant en La
crítica de la razón pura, a saber, que el discernimiento crítico debe someterse
al servicio mismo del saber.
Cualquier análisis científico cuyo objetivo es revelar, en los fenómenos
sociales, lo que queda oculto –puesto que no se hace aparente a plena luz del
día– es por definición un análisis crítico. Por tanto, la crítica, desde mi punto de
vista, forma parte de cualquier aproximación a las ciencias sociales y humanas,
puesto que en ellas se revelan los significados no aparentes de los fenómenos
estudiados, significados que, a veces, se oponen a las doxas impuestas por
ciertas entidades sociales. El enfoque crítico se encarga de revelar y se opone a
otras explicaciones de conveniencia, a la doxa. Desde la antigüedad, la doxa se
debate entre dos afiliaciones, una negativa, la otra positiva. Para Platón (1966:
235), “[la doxa] no es ni ciencia ni ignorancia (…) por lo tanto es algo inter-
medio entre la ciencia y la ignorancia” que solo puede captar las apariencias
del mundo, de modo que no permite alcanzar la verdad. Para Spinoza (2008),
considerado peligroso por sus posiciones críticas hacia las religiones, la doxa
es un conjunto de “ideas inadecuadas y confusas”que resultan de percibir al
mundo sin aplicar la facultad de entendimiento.
Más recientemente, para Bourdieu (2001: 188-190), la doxa, cuya evi-
dencia es el sentido común, se acepta sin ningún debate ni examen y, por
consiguiente, debe combatirse en cualquier proyecto político. En cambio,
Aristóteles (1987:155) intenta aplicar el razonamiento a este concepto cuando
contrapone ciencia y opinión: la ciencia, que es universal, procede de “propuestas
necesarias” (lo necesario no puede ser otra cosa que lo que es); la opinión, “se
aplicará a lo que, siendo cierto o falso, puede ser diferente a lo que es […]”.
Por consiguiente, para Aristóteles (1987), ciencia y opinión pertenecen a dos
esferas del saber, cada una con su razón de ser. Explica así que la doxa no debe
ser eliminada porque es un repositorio de lugares comunes compartidos por la
opinión de la gente, repositorio que sirve de premisas para todos los discursos
persuasivos. Se observa que, desde el origen5, a la doxa se le acredita un doble
sentido: lo que aparece en el mundo y se presenta a los ojos de un sujeto en un
reporte externo a él (saber objetivo); lo que corresponde a la subjetividad del
sujeto, a su opinión (saber subjetivo), ambivalencia de sentido que va desde la
ilusión (apariencia engañosa, equívoco) a la idea admitida (creencia que puede
convertirse en dogma). Es en este sentido doble que interviene la actividad

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Patrick Charaudeau: El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional

crítica, por cuanto cualquier análisis en el ámbito de las ciencias humanas y


sociales es, por definición, crítico a la vez interno y externo a la doxa. Por ello
no es necesario adscribir este calificativo a ninguna teoría o una corriente
disciplinaria particular.
Observemos que el enfoque crítico difiere según la naturaleza del objeto.
Éste puede ser externo a la disciplina o interno a ella: externo (por ejemplo,
una campaña electoral), cuando el análisis crítico se propone examinar y poner
al día las características del funcionamiento del objeto, las controversias que
suscita, las posiciones y argumentos de los diferentes actores que se encuen-
tran implicados, los efectos que produce en el espacio público, etc.; interna,
cuando el análisis crítico tiene por objetivo validar positiva o negativamente los
resultados de los análisis en sí en relación con los marcos metodológicos que
fueron empleados. Esta actividad crítica puede considerarse como un procedi-
miento de validación interna en un ámbito científico. Es así como aparecen las
controversias científicas que hacen progresar la investigación.
Por último, observemos que la crítica depende también del público al que
se dirige. Y es aquí donde el juicio y las objeciones adquieren su sentido actual,
puesto que el análisis crítico es percibido como un acto de denuncia que, pese
a satisfacer una demanda social y a alimentar el debate público, se enfrenta al
cuestionamiento de su credibilidad, debido a que, como se sabe, sus resulta-
dos se originan en un a priori. Esto, a mi parecer, es perjudicial tanto para el
ámbito de la ciencia como para el debate público. Desde mi punto de vista,
la crítica no debe confundirse con la denuncia. La crítica revela por oposición
con otras explicaciones. La denuncia cuestiona, e incluso acusa: estigmatiza un
mal y busca a los responsables. Reconozco que esta opinión no es la de todo
el mundo, y, como ya he mencionado, tampoco es la posición de Bourdieu
(2001: 188) para quien es necesario “desacreditar las evidencias, (…) romper
con la adhesión al mundo del sentido común”, ni la posición de la sociología
crítica de la normatividad propuesta por Boltanski (2009). Sin embargo, es bien
sabido que estas posiciones son polémicas en el ámbito de la sociología, entre
los partidarios de una descripción neutral y los de un enfoque normativo que
denuncia los males de la sociedad. Un investigador no es un activista (lo que
no impide que lo sea en otra parte), y su elección no tiene porqué ser en cada
caso política. Su elección es una opción intelectual: como político adopta un
posicionamiento a priori a favor o en contra; como intelectual se compromete
a considerar todos los datos acerca de un acontecimiento. Pero volveré más
adelante sobre esta cuestión de las posibles opciones del investigador.

2. Interpretar, comparar
Es cierto que no se puede descartar esta controversia encubriéndonos
con el escudo de la cientificidad. En mi carácter de semiólogo y de analista
del discurso conozco algo de este dilema, puesto que las ciencias del lenguaje

11
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registraron una fuerte polémica, en los años ochenta, entre los partidarios
de una lingüística pura y dura, centrada en el análisis de los sistemas de la
lengua, y los que empezaban a trabajar en los fenómenos de uso de la lengua
(sociolingúística, análisis del discurso), considerados como los primeros que se
encontraban en una “periferia blanda”. Pero es también cierto que cuando se
trabaja sobre los fenómenos de la comunicación, los discursos políticos y los
medios de comunicación, se observa que algunos trabajos están impregnados de
juicios de valor bajo la influencia de diversos movimientos de pensamiento que
ofrecen conceptos seductores (medio, dominación, manipulación), ya sea para
inculpar a los discursos dominantes, en línea directa con la crítica neomarxista,
o a la inversa, para elogiarlos y así salvarlos de la estigmatización general.
Evidentemente, el propósito de denunciar el Mal o el Bien no tiene lugar
en el ámbito científico. Es perjudicial para la actividad investigativa que exige
modestia y prudencia en su interpretación, puesto que la investigación cientí-
fica no debe ser predictiva. Por una parte, habría que preguntarse si quienes
promueven estos propósitos no lo hacen ante todo para demostrar (¿defender?)
su posición, ya sea porque se oponen a una sociedad de la manipulación, ya
sea porque están inmersos en el ámbito de la modernidad. Por la otra parte, el
enfoque empírico, que pretende relativizarlo todo, parece más conforme a la
prudencia científica, pero tiene el inconveniente de no poder establecer ningún
ordenamiento, ninguna jerarquía entre los fenómenos, lo que es perjudicial
para la comprensión de los fenómenos. Es necesario hacer intervenir diversos
parámetros en el análisis, pero al relativizarlo todo, ya no se puede generalizar
más. No es sencillo adoptar una posición, ni decidir de antemano entre el
compromiso que provoca la sospecha de una intención denunciadora o la
neutralidad anunciada antes del análisis que también es contraproducente, ya
que anunciar una postura por adelantado implica arrojar dudas sobre el alcance
de la investigación. Esto remite al concepto de crítica que he analizado más
arriba: puesto que las ciencias sociales y humanas son por definición críticas,
toda declaración de postura crítica puede parecer sospechosa. El investigador,
en vez de tomar la palabra por los actores sociales, debe demostrar cómo hablan
los actores sociales; en vez de estigmatizar los medios de comunicación, debe
demostrar cómo funciona la maquinaria de la información, cómo produce
fallas, cómo y en qué circunstancias termina por desinformar, y todo ello con
pruebas concretas.
De hecho, para el investigador, es una cuestión de interpretación y compara-
ción. La interpretación, se sabe, es una operación delicada que sólo puede hacerse
a posteriori, es decir, después de la investigación de campo, de la descripción
del corpus, de las categorizaciones y las clasificaciones, dicho de otro modo,
después de haberse establecido los resultados de un primer trabajo empírico.
Evidentemente este trabajo empírico no es una simple observación de datos,
puesto que se hace orientado, guiado por los presupuestos teóricos y de los
instrumentos de análisis propios de una disciplina. Pero la interpretación es el

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Patrick Charaudeau: El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional

momento de la investigación en el que, distanciándose de la descripción analí-


tica, se mueve la mirada hacia otros lugares para volver a hacerse preguntas sobre
los resultados. No vamos a entrar aquí en una discusión compleja acerca de la
diferencia entre la comprensión, la explicación y la interpretación6. Digamos
simplemente que interpretar, es tratar de dar cuenta de los resultados de un
análisis mediante la puesta en relación de estos resultados con otros distintos
a ellos mismos. Por una parte, se establece la relación de los resultados de un
análisis con las categorías metodológicas y/o los principios teóricos dominantes
en este análisis cuya interpretación será denominada interna y “cerrada” en
la medida en que se procede, según un movimiento centrípedo dentro de
un mismo marco de referencia, a una validación recíproca de los resultados,
categorías y principios. Por otra parte, (esta alternancia me parece más clara) se
establece la relación de los resultados con los de otras encuestas, otros corpus,
otros análisis, incluso, de otras disciplinas (Charaudeau, 2010) sobre el mismo
objeto o sobre objetos afines cuya interpretación será denominada externa y
“abierta” en la medida en que ésta será sometida a una consulta permanente.
Por ejemplo, se puede poner en relación el análisis de los discursos de una cam-
paña electoral, como lo he estado haciendo, con otros discursos de persuasión
para juzgar las particularidades de cada uno de ellos, con las observaciones y
encuestas sociológicas para comparar los efectos de intención con los efectos
de recepción, con la puesta en perspectiva que proponen los trabajos de los
historiadores, y las reflexiones que suscita la filosofía política.
Este proceso de interpretación supone pues un enfoque comparativo.
Puede ser que comparar no sea exactamente igual a razonar, pero la compara-
ción permite pensar porque obliga a desplazar la mirada, a abrirse hacia otros
lugares, a hacer permanente la obra por encima de la profesión, al modificar
algunos hilos del tejido; en suma, la comparación obliga a la reflexividad. Por
supuesto, hay “comparación” y comparación. Algunos sociólogos (Remaux y
Schaub, 2012) proponen distinguir “el propósito”, “la herramienta” y “el acto”
de comparación, pero, en la actividad científica, se trata a la vez del propósito,
porque el significado nace de la diferencia resultante de un contraste, y de
la herramienta, porque no se debe renunciar al principio de pertinencia que
obliga a conocer la razón por la cual se trabaja con contrastes. Así, cuando
estudiamos el conflicto en la ex Yugoslavia, como lo hicimos en el marco del
Centro de Análisis del Discurso (Charaudeau et al., 2001), fueron puestos en
contraste los noticieros televisados y reportajes de distintas cadenas de televisión,
boletines radiofónicos y los periódicos de la prensa escrita. De esta manera,
pudimos contrastar estos reportes con los de los medios de comunicación de
otros países, y luego con los de otros conflictos, etc. El proceso de comparación
es como la espiral de la concha de caracol que se va ensanchando. También se
puede proceder a comparaciones llamadas externas: confrontar las intenciones
de los periodistas (Lemieux, 2000) cuando escriben su artículo con los efectos
derivados de la puesta en escena producida por el medio de comunicación y

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14 (1)

luego, con los efectos producidos en los escuchas, los lectores y los espectadores.
Un análisis tiene como objetivo, dentro de un enfoque hermenéutico, rendir
cuentas de los fenómenos sociales, confrontando cada análisis con otros lugares
de pertinencia sin negar la suya propia.
Esto es pues lo que, en su fundamento, debe ser el posicionamiento del
investigador, embarcado en un proceso de análisis crítico, sometiendo su propia
investigación a la prueba de la comparación interpretativa interna y externa,
tratando de mostrar el por qué y el cómo, y defendiéndose de la parcialidad.

3. Un asunto de roles discursivos


En la reflexión acerca de la actividad científica, hace falta determinar cómo
el investigador debe difundir o transmitir el resultado de su trabajo. Aquí se
plantea un nuevo problema, ya que la pertinencia de su discurso depende
de los roles que la sociedad le atribuye y del lugar donde toma la palabra. Se
trata de una cuestión bien conocida por los analistas del discurso, al menos
para los que se ocupan de la presencia del sujeto en el acto de lengua. En este
sentido todo acto de lengua es realizado por un sujeto-locutor dirigido a otro
sujeto-receptor y el significado resultante depende, por una parte, de quién se
dirige a quién, es decir, la identidad (psicológica, social, étnica, etc.) del sujeto
y el rol lingüístico que le es reconocido en el intercambio de palabra, lo que
podría llamarse su estatus. Desde este punto de vista, cuatro roles entran en
competencia: el experto, el crítico, el intelectual y el investigador. De hecho,
asumir un rol, en el sentido socio-profesional, no es pertinente. El investiga-
dor es el único que puede ocupar este estatus, ya que es nombrado en una
función administrativa (universidad, centro de investigación científica), por la
cual recibe una remuneración. Ni el experto ni el crítico pueden ampararse en
su estatus (estas menciones no aparecen en su tarjeta de identidad), y menos
aún el llamado intelectual. La pertinencia de esos roles deriva del calificativo
que se les atribuye a las personas de manera positiva o negativa: “como es un
intelectual, no tiene sentido de la realidad”; “tiene un espíritu terriblemente
crítico”; “eres realmente un experto en informática”. Cabe preguntarse, sin
embargo, quien atribuye estas cualidades, y por qué.
Una forma de responder a estas distinciones es referirse a la relación que se
establece entre la identidad social de quien habla (o escribe), la de su público,
el papel que debe desempeñar y el tipo de discurso que debe tener, todo ello
en función de la situación de comunicación en la que se encuentra. Esto es
lo que, por mi parte, llamo el contrato de comunicación por medio del cual se
determina, en parte, la producción del acto de lengua del sujeto hablante y se
le asigna un rol.
En este sentido, el “experto” se define como especialista de un ámbito de
práctica social particular (costura, perfumería, viticultura, deporte, diplomacia,
gastronomía), o una disciplina (economía, ingeniería, informática, psiquiatría,

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Patrick Charaudeau: El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional

lingüística, historia, etc.), cuya función es determinada por la solicitud de algu-


nas instancias (justicia, medios de comunicación, empresa), la cual le obliga a
examinar un problema en función del marco de cuestionamiento para el que
se le solicita. El experto es el que, por su posición de competencia, responde y
contribuye en la toma de decisiones. Responde a una solicitud de alguien en
posición de responsabilidad (política, empresa, administración) que plantea un
problema determinado (drogas, responsabilidad penal, causa de los accidentes
de carretera o los desastres naturales, explicaciones sobre los acontecimientos
políticos). Se espera que utilice su conocimiento metodológico, insertándose
en el marco del cuestionamiento impuesto. Es lo que distingue al experto
del investigador: el primero es conminado a responder y ofrecer soluciones;
el segundo tiene su propio marco de cuestionamiento, que puede criticar y
cuestionar. Por lo tanto, ser experto no es un estatus, sino un rol asignado por
la justicia o los medios de comunicación (Chevalier, 1999). Por ejemplo, pre-
guntar sobre la intervención en el conflicto de Mali: “¿Ha cambiado Hollande?”
“¿Es Mélenchon populista?” “¿Son derrotistas los franceses?”. Se espera que
el experto responda con un sí o un no. Un investigador, en cambio, comen-
zaría por deconstruir la pregunta para responder con otra problemática, pero
probablemente no sería escuchado. Ser investigador equivale entonces tanto a
un estatus (función administrativa) como al rol discursivo que se asume. Una
misma persona puede desempeñar ambos roles, de investigador y de experto,
pero no puede tener el mismo discurso. Por esa razón, me siento personalmente
incómodo ante una solicitud de experticia con respecto a un manuscrito que
espera publicarse. ¿Qué posición debe tomar el experto? ¿De evaluador para
calificar el escrito que se le ha presentado? ¿De juez para decidir la publicación
o no del texto? ¿De lector para expresar la reacción personal al escrito? En
el primer caso, cabe preguntarse en función de qué criterios debe hacerse la
evaluación; en el segundo, en función de qué se emitirá el juicio: ¿del interés
de los lectores? –pero, ¿cuáles lectores?–, ¿en función de los agrados o de los
desagrados personales? El tercer caso tiene el mérito de no pretender nada sino
la propia reflexión a propósito de la lectura de un escrito, como se haría con
respecto a cualquier otro artículo o libro.
El “crítico”, según estos criterios, es el que se encarga de evaluar las pro-
ducciones del mundo cultural. Todo discurso puede tener un contenido crítico
que varía según la situación, pero aquí se trata de un papel atribuido de hecho.
Investido de ese rol, el crítico literario, de cine o televisión lleva un discurso a
la vez de información, de reconocimiento personal y de orientación, o incluso
de asesoramiento, que puede llegar hasta a convertirse en juicios de condena
o de adulación. En cuanto al “intelectual”, categoría muy difícil de definir,
su papel se actualiza principalmente en el momento de su intervención en el
debate social. Evidentemente, debe tener además un estatus profesional que
justifica su aparición en el debate social (filósofo, historiador, antropólogo,
psicoanalista, etc.), pero éste sirve tan solo como garante, porque su rol y sus

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14 (1)

discursos son los de alguien que entrega una opinión personal en el marco de
un razonamiento determinado por la disciplina a la cual pertenece, y de un
compromiso con el pensamiento político, social o moral: su discurso es a la
vez de divulgación y de opinión, ya que no se dirige a sus homólogos, sino
a un público heterogéneo, constituido por opiniones diversas y opuestas. Él
sabe, en principio, que no se sitúa en una controversia científica sino en una
controversia social. Por último, el “investigador”, a diferencia de los otros casos,
se define como el que se desempeña en un lugar institucionalmente dedicado a
la investigación, en interacción con sus pares, cuya función es la de investigar
sobre aspectos de la sociedad (para las ciencias humanas y sociales) y producir
un discurso que responde al marco conceptual, teórico y metodológico en el
que se inscribe.
El descuido de estas distinciones puede significar que no estén claros los
roles que puede o debe tener un investigador según las circunstancias y contra-
tos de comunicación en el que se encuentre, lo cual puede causar confusiones.
Muchos oradores, sin embargo, incurren en esas confusiones: intelectuales que
condenan, estigmatizan, denuncian en detrimento de lo que debería ser un
discurso de análisis argumentado; expertos que deberían limitarse a constatar,
diagnosticar, y que no obstante pasan la línea del juicio personal. Y luego,
no hay que olvidar esta otra categoría que los medios de comunicación han
creado de una pieza, y que florece en las ondas de las estaciones de radio y las
emisiones televisivas, llamadas “info-entretenemiento”: los cronistas. Estos
cronistas, cuya función es animar, e incluso provocar debates de la sociedad,
se permiten al mismo tiempo emitir juicios apresurados, poco fundamentados,
razón por la cual el discurso, de manera imperceptible, mezcla información sin
citar las fuentes, emite opiniones moralizantes con palabras provocadoras y usa
el humor para mantener la polémica, más que para hacer avanzar el debate7.
Incluso, algunos periodistas especializados que no se limitan a describir, contar,
evaluar, llegan a interpelar a los poderes públicos, se indignan por las situaciones
dramáticas, comparten con las víctimas. Todo esto no les está prohibido, pero
plantea preguntas acerca de la naturaleza de la información, ya que el discurso
está implícitamente orientado a manipular.
Resumamos: considerando la palabra que circula en el espacio público, no
deben confundirse los discursos científicos, de vulgarización, de opinión y de
provocación. Desde el punto de vista del papel de los participantes en los deba-
tes, no deben confundirse los investigadores y sus hipótesis del conocimiento,
los pensadores (como los llama Todorov) que comprometen su opinión, los
expertos conminados a responder a alguna problemática, los cronistas que se
hacen valer para animar el debate público, y los distintos comentaristas que
producen, en el mejor escenario, los discursos de los testimonios, y en el peor,
los discursos que estigmatizan. Entra en juego aquí la legitimidad de los actores
que toman la palabra.

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Patrick Charaudeau: El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional

En este remolino de palabras, ¿cuáles son las posiciones del investigador


que debe, a la vez, producir un discurso científico y comunicarlo?

4. Las posturas posibles del investigador. Reflexividad y objetivo


heurístico
Es necesario preguntarse sobre el discurso que se debe tener como inves-
tigador cuando el objeto de análisis hace que uno mismo esté implicado, el
discurso según el tipo de público al que se se dirige, y por consiguiente, sobre
la posibilidad de difundir los conocimientos a la comunidad social. Esto nos
lleva a considerar tres posturas: la del investigador en relación con el debate que
se establece en el ámbito de las ciencias sociales y humanas; la del investigador
frente a su objeto y a los actores que lo constituyen; la del investigador frente
a diversos públicos de la sociedad civil.
Es entonces la reflexividad la que, desde mi punto de vista, debe orien-
tar a todo investigador tanto en su propio trabajo como en los trabajos de
otros investigadores, de los actores sociales que, sumidos en la práctica, no
miden siempre los efectos de su manera de hablar o escribir. Esta es una de
las cuestiones que atormentan al investigador cuyo deseo es que sus análisis se
utilicen para otra cosa y no para alimentar la controversia científica, que es su
primera razón de ser. Sobre esta cuestión, no es posible ofrecer consejo. Cada
investigador tiene sus propias experiencias, se enfrenta a las incomprensiones
e intenta responder a su manera. Dos puntos, sin embargo, pueden destacarse,
si me remito a mi propia experiencia. El primero se refiere a la dificultad de
hacer tomar conciencia de que los efectos que se persiguen no corresponden
necesariamente a los efectos producidos. Por ejemplo, en cuanto al intento de
explicar a los actores del periodismo los efectos que pueden producir, es difícil
hacer comprender que el sentido que un periodista quiere imprimir a su texto
no es necesariamente el mismo que construye el lector o el oyente.
En una ocasión, cuando dirigía una reunión de capacitación en el CFPJ8
de París, y después de haber demostrado a los periodistas los distintos sentidos
posibles que contenía un mismo título de un periódico, hubo participantes
que me dijeron: “entonces, no podemos ejercer nuestro trabajo si debemos
plantear la pregunta acerca de todos los sentidos posibles de lo que escribimos”.
Este no es un problema específico del periodismo, es el destino diario de todos
nuestros actos de lengua, pero cuando se trata de la difusión de la palabra en
el espacio público, el tema de la pluralidad de los efectos del sentido se plantea
de manera crucial, ya que desemboca en el tema de la legitimidad de dicha
palabra y de las condiciones éticas de su difusión. Interrogarse sobre el posible
efecto de las palabras, según la situación en que estén proferidas (ejemplificado
en el uso de palabras como “árabe”, “musulmán”, “judío”), es esencial, porque
es posible que las palabras no maten, pero sí pueden herir dolorosamente.
Interrogarse sobre el efecto de las imágenes y su impacto emocional también es

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fundamental y exige que se piense en la situación en la cual uno se encuentra,


el público, o el que va a recibirlas (pensemos en las caricaturas de Mahoma).
Esto obliga a plantearse el tema de los efectos de manera diferente al deber de
informar: ¿deben mostrarse las víctimas de un conflicto, los cadáveres a raíz
de una masacre, los excesos cometidos por manifestantes o policías, y cómo?
Tomar conciencia de esta diversidad de los efectos es importante para
cualquier hablante, pero quizá aún más para quienes tienen la obligación de
informar. Los periodistas deben aceptar que la gente no lee nunca sus artículos,
no ven su reportaje, tal cual lo han escrito o realizado. Éstos llegan al lector
o al telespectador a través de la puesta en escena hecha por la máquina me-
diática, puesta en escena que, en sí misma, construye el significado y orienta
una interpretación no necesariamente deseada o esperada por el periodista. Se
ha visto recientemente a propósito del asunto Dominique Strauss-Kahn. Sin
embargo, esta reflexividad puede tener otra meta: el público en general. Tratar
de explicar los resultados de una investigación a oyentes distintos a los de la
comunidad científica exige adaptarse a la audiencia. En muchos casos, se cree
que lo que cuenta en lo que se dice es el contenido del mensaje, la veracidad
del relato, el texto de su argumentación. Sin embargo, lo que se dice, siempre
se dice a alguien, sea este una persona o un público, y no se podrá impedir que
esa persona o esta audiencia comprenda e interprete a su manera, lo cual no
depende únicamente del contenido; ello depende en gran parte de la manera
de decir, de la manera de formular el pensamiento en el discurso, de la puesta
en discurso que pone de manifiesto al mismo tiempo la imagen que el locutor
construye de sí mismo, su posicionamiento, y la imagen que él construye de
su audiencia para seducirla o convencerla, atraerla o provocarla, siendo todo
ello indispensable para una posible comprensión.
En presencia de tal público, un investigador debe intentar apartarse de su
cientificidad ya que no se dirige a sus pares, razón por la cual está obligado a
cambiar su vocabulario y su manera de hablar: el desafío de los discursos no es
el mismo: si se encuentra en un simposio científico, si da una conferencia para
un público informado pero no científico, si dirige una sesión de formación con
profesionales o si enseña en la universidad. No se trata del nivel intelectual,
sino del modo de enunciación y del contrato de comunicación. Los científicos
siempre se extrañan de que sus debates se transforman y se desfiguran cuando
son reportados en los medios de comunicación, tal como se puede observar en
el caso de los debates sobre la bioética. No hay que sorprenderse, ni confundir
la controversia científica con la controversia social. Si se quiere transmitir un
cierto conocimiento a un público no especializado –y este debe ser, desde mi
punto de vista, una de las misiones del investigador–, es necesario aceptar
que se debe cambiar el modo de enunciar, pese a que se corre el riesgo de ser
criticado por sus pares y mal interpretados por el público.

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Patrick Charaudeau: El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional

5. Separar la crítica de la denuncia: un compromiso ético


Me gustaría concluir con mi posición acerca del compromiso del investi-
gador con su propia investigación: la relación entre el investigador y el com-
promiso, cuando explora temas sociales que no pueden dejarlo indiferente9. Yo
mismo me encontré en tal situación. Durante la última campaña presidencial
escribí una serie de crónicas, mezcla de análisis semiológico y de subjetividad
asumida, sobre el desarrollo de los acontecimientos electorales. Luego, recogí
estos escritos para integrarlas en un libro (Charaudeau, 2013), con el fin de
recalcar algunas de las lecciones derivadas de esta campaña. Pero me enfrentaba
con un problema. El ex presidente me desagradaba, no tanto por su política
sino por su comportamiento que, a mi juicio, degradaba lo que debía ser el
discurso político en democracia. De modo que tuve que distanciarme de esta
subjetividad, para apoyar una tesis, independiente de mi humor. La descripción
que hice del comportamiento y del discurso del ex presidente no estaba desti-
nada a acusarlo, sino a mostrar qué aspectos le fueron contraproducentes. ¿Si lo
logré o no? Creo que sí, al menos, he hecho el esfuerzo. Pero estoy consciente
de que esto no impedirá que algunos me acusen de parcialidad.
Basta con decir que conocemos el problema que enfrentan los investi-
gadores de ciencias humanas y sociales en determinadas circunstancias. Me
gustaría tan solo presentar aquí mi posición frente a las opiniones expresadas
por varios investigadores de distintas disciplinas sobre mi artículo acerca de
la interdisciplinariedad (Charaudeau, 2012), en el que expreso dudas sobre
la validez de integrar el compromiso en la exposición de una investigación.
Precisemos que no se trata de ser ingenuo y pensar que, en nuestras disciplinas,
se puede ser neutral en el análisis de los hechos sociales. Pero defiendo –si se
puede emplear este término– el intento de diferenciar entre el análisis crítico
del discurso (en el sentido que he definido más arriba) y el análisis del discurso
cuya finalidad es la denuncia. Los investigadores no somos escritores ni artistas
que por el ejercicio de su arte pueden manifestar su compromiso. Mis razones
tienen bases tanto éticas como de credibilidad.
Desde el punto de vista ético, cabe preguntarse si el investigador no va a
deformar su análisis para poder demostrar lo que había decidido por anticipado.
Revelar lo que oculta cierta doxa, sacar a relucir cómo funciona una práctica
discursiva, describir los términos de una controversia sin tomar partido como
actor, proceder a interpretaciones comparativas, todo esto constituye, en mi
opinión, el papel del investigador. Tratar de comprender los discursos de las
políticas en un conflicto no quiere decir adherirse a ellas ni aceptarlas, sino reve-
lar el contenido, las estrategias, los engaños. Hacer un análisis crítico de cómo
los medios de comunicación dan cuenta de un conflicto, de una guerra, de una
polémica no implica acusarlos, sino mostrar que los medios de comunicación
concuerdan con la ideología de la dramatización, del espectáculo, e incluso
hasta toman partido, sin decirlo, e influyen en la opinión pública. Explicar los

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argumentos de las distintas partes en un caso (como el de Dominique Strauss-


Kahn) puede hacerse sin tomar partido ni gritar para atacarlo. Recuerdo, y mis
colegas pueden dar fe de ello, que en una investigación sobre la manera en que
los medios de comunicación daban cuenta del conflicto en la ex Yugoslavia, un
historiador que colaboraba con nuestro equipo se las ingenió para que dijeramos
que los serbios eran culpables. Puesto que éste no era nuestro propósito, se tuvo
que separar del equipo. El investigador debe tratar de poner entre corchetes
sus propias opiniones en relación con el objeto de que se trata y el objetivo
que se propone. Debe, siempre que sea posible, y aunque algunas veces sea
difícil, basarse en un principio de distancia. No hacerlo es correr el riesgo de
deformar el resultado de sus análisis. Es una cuestión de probidad intelectual
o de ética de responsabilidad.
Desde el punto de vista de la credibilidad, cabe preguntarse, como ya lo he
mencionado, qué crédito se le otorga a un escrito cuyo autor trata de denunciar
un mal en nombre de un posicionamiento personal. Por supuesto, no hay en
esta materia objetividad absoluta: no se elige cualquier objeto de investigación, y
la elección está vinculada a nuestras propias opiniones o sentimientos. También
es preciso señalar que la investigación se alimenta de un rayo de pasión que no
nos debe impedir que veamos aquellos aspectos del fenómeno estudiado que
podrían ir en contra de esos sentimientos. Sería parcializarse más de la cuenta.
¿Qué muestra o demuestra una investigación parcial? Tampoco se debe, siempre
desde mi punto de vista, dejarse llevar por conceptos que están de moda, puesto
que nos impiden pensar en los fenómenos sociales de otra manera. Por ejemplo,
y sin negar su importancia, es necesario darse cuenta de que el concepto de
“dominación” no implica que los dominantes y los dominados están siempre
del mismo lado sin que exista la posibilidad de revertir la relación: que los
dominados se conviertan en dominantes y viceversa.
Obviamente, tal postura no debe impedirle al investigador que tenga sus
propias opiniones y compromisos en la acción humana. Reivindico, y en voz
alta, la posibilidad de que el investigador exprese una palabra de denuncia, de
indignación, de combate, es decir, una palabra militante, pero en otros lugares
y con otra finalidad. Esto es un asunto de contrato comunicacional. Siempre
he creído que la célebre frase: “prefiero equivocarme con Sartre que tener
la razón con Aron”10 planteaba un falso dilema. Si se hace alusión a Sartre,
comprometido a través de sus novelas, su teatro, sus acciones de manifestante,
se trata de una actitud militante. No estoy seguro de que se pueda hablar de
equivocación en sus escritos filosóficos (L’imagination, L’être et le néant). En
cuanto a Aron, se le puede seguir en algunos análisis pero no en ciertas tomas
de posición. Una vez más, los contratos no son los mismos.
Evidentemente, en este caso tampoco se puede ser tan ingenuo como para
creer que es fácil separar la postura del investigador crítico de la del ciudadano
comprometido. Pero, para el primero, se trata de una toma de conciencia, de un
esfuerzo de distanciamiento del objeto y de un intento de poner entre paréntesis

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Patrick Charaudeau: El investigador y el compromiso. Una cuestión de contrato comunicacional

sus opiniones. Para el segundo, se trata de asumir la postura de lo que se llama


“intelectual comprometido”, y ésta es completamente legítima, pero se corre el
riesgo de que se le acuse de jugar para ambos lados. Un investigador, frente a los
periodistas cuyos escritos analiza, debe decir lo que, en su calidad de investigador,
encuentra en estos escritos. En cambio, frente a otro tipo de público, y según
el propósito, él puede mostrar lo resultados de su pesquisa para justificar una
postura. Es tal vez una ilusión, pero es esto lo que significa para mí la libertad del
investigador: no depender de la expectativa social erigida como “políticamente
necesaria” en nombre de la innovación; no depender de la exigencia mediática
erigida como el deber de discutir en nombre del derecho a la información; no
dejarse imponer métodos de análisis de moda en nombre de la cientificidad; no
someterse a las imposiciones del tiempo editorial y reivindicar la libertad del
tiempo de la búsqueda. “Libertad querida”, el investigador escribe tu nombre.

Notas

1 Existen opiniones divergentes sobre la posición de Durkheim en relación con este


punto. Un colega sociólogo, Hervé Glévarec, en un manuscrito que circula inter-
namente en el laboratorio de Comunicación y Política, afirma que los seguidores
de Durkheim no citan la reflexión de Durkheim del año 1888 en la que sugiere
que la utilidad de la sociología está subordinada a su valor científico: “Elle [la
sociologie] lui fera sentir qu’il n’y a aucune diminution à être solidaire d’autrui et
à en dépendre aussi, à ne pas s’appartenir tout entier à soi-même. Sans doute ces
idées ne deviendront vraiment efficaces que si elles se répandent dans les couches
profondes de la population ; mais pour cela, il faut d’abord que nous les élaborions
scientifiquement à l’université ” (Durkheim, 1988: 31).
2 Traducción del original en francés “[Une sociologie] qui ne vaudrait pas une heure
de peine s’il elle n’était que spéculative” (Durkheim, 1988: 31).
3 Traducción de: “C’est dans un intérêt purement scientifique que je récuse cette
attitude, je me fais fort d’administrer la preuve que partout où l’homme de science
intervient sur son propre jugement de valeur, il cesse de comprendre les faits”
(Weber, 2003).
4 Aquí no cabe discutir sobre la definición de estos conceptos.
5 En su origen, según Barbara Cassin (2004), en La Odisea, “doxa” significaba: lo que
parece normal, prudente (“ce qui semble normal, prudent”).
6 Ver al respecto, el punto de vista de Ricœur (1990).
7 Debe aclararse que ciertos cronistas se benefician de tener un rol de analista. Ver a
este respecto mi artículo (Charaudeau, 2011).
8 Centro de Formación y Perfeccionamiento de los Periodistas (Centre de Formation
et de Perfectionnement des Journalistes).
9 Ver también la discusión de varios investigadores acerca de una entrevista de Da-
niel Dayan sobre la manera como los medios reportan el conflicto palestino-israelí
(Fleury y Walter, 2008).
10 La cita hace referencia al debate entre Jean Paul Sartre, intelectual de izquierda y
Raymond Aron, intelectual de derecha. No se sabe quién fue el primero en usar la
frase citada, algunos se la atribuyen a Jean Daniel.

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14 (1)

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Patrick Charaudeau es Profesor Emérito de L’Université de Paris XIII e


investigador en el laboratorio Communication et Politique del Centre National
de la Recherche Scientifique (CNRS). Su amplia investigación y sus numerosas
publicaciones abarcan tres areas: el Análisis del Discurso, con propuestas acerca
de los aspectos teóricos; los géneros discursivos y de la comunicación (en la
política y en los medios) con propuestas relacionadas con los aspectos descrip-
tivos; y, la identidad cultural, con trabajos de reflexión acerca de la identidad
social, cultural y discursiva.
Correo electrónico: patrick.charaudeau@free.fr

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ARTÍCULO

Donde caben dos caben tres: la intertextualidad


en la fotografía y la pintura de Edward Weston,
Tina Modotti y Diego Rivera

DINA COMISARENCO MIRKIN


Universidad Iberoamericana

Resumen. El uso que Diego Rivera realizó en sus murales de algunas de las fotografías
tomadas por Edward Weston en México durante los años veinte, particularmente la serie
de sus desnudos de Tina Modotti, reproducidos por Rivera en su ciclo de Chapingo,
y fotografiados a su vez por la modelo-fotógrafa, plantea interesantes cuestiones en
relación con el tema de la representación (entendida como la producción de significado
a través del lenguaje artístico), la relación entre la pintura y la fotografía, y las estrategias
artísticas conocidas como “apropiación,” “préstamo,” “alusión,” y “correspondencia.”
(Zavala, 1999: 137-147) En este trabajo me propongo analizar dichas problemáticas
en relación con la imagen y la intertextualidad, complejizadas en este caso por las
relaciones amorosas entre el fotógrafo, el pintor y la modelo-fotógrafa; y también, por
razones estéticas e ideológicas en relación con las propuestas del muralismo mexicano
con respecto al carácter colectivo del arte.
Palabras clave: intertextualidad, apropiación, Tina Modotti, Edward Weston, Diego
Rivera.

Resumo. O uso que Diego Rivera realizou em seus murais de algumas das fotogra-
fias tomadas por Edward Weston no México nos anos vinte, particularmente a série
de seus nus de Tina Modotti, reproduzidos por Rivera no seu ciclo de Chapingo, e
fotografados, por sua vez, pela modelo-fotógrafa, apresenta questões interessates em
relação com o tema da representação (entendida como a produção de significado
através da linguagem artística), a relação entre a pintura e a fotografia e as estratégias
artísticas conhecidas como “apropriação”, “empréstimo”, “alusão” e “correspondência”
(Zavala, 1999: 137-147). Este trabalho propõe analisar tais problemáticas em relação
à imagem e à intertextualidade, complexificadas neste caso pelas relações amorosas
entre o fotógrafo, o pintor e a modelo-fotógrafa; e, também, por razões estéticas e
ideológicas relacionadas com as propostas do muralismo mexicano com respeito ao
caráter coletivo da arte.
Palavras-chave: intertextualidade, apropiação, Tina Modotti, Edward Weston, Diego
Rivera.

Abstract. The use that Diego Rivera made in his murals of some of Edward Weston’s
photographs during the 1920s, particularly the series of his nudes of Tina Modotti
reproduced by Rivera in his Chinango cycles, and photographed in turn by the model-
-photographer, poses some interesting problems regarding the theme of representation
(understood as the production of meaning through artistic language), the relationship
between painting and photograph, and the artistic strategies known as “appropriation,”

Recibido: 20 de agosto de 2013 • Aceptado: 15 de enero de 2014.

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“borrowing,” “allusion,” and “correspondence” (Zavala, 1999: 137-147). In this paper,


I focus on the relation between the use of images and intertextuality, which is made
more complex in this particular case by the love relationship between the photogra-
pher, the painter and the model/photographer, and also by aesthetic and ideological
reasons related to the position of Mexican muralism with respect to the collective
character of art.
Keywords: intertextuality, appropriation, Tina Modotti, Edward Weston, Diego Rivera.

Introducción
La mutua asimilación de imágenes entre Edward Weston (1886-1958),
Tina Modotti (1896-1942) y Diego Rivera (1886-1957), durante los años
veinte, permite explorar problemáticas interesantes tales como las relaciones
entre la pintura y la fotografía, la identificación y el deseo, y principalmente
sus múltiples convergencias a través del diálogo visual.
En este trabajo utilizo la narración de la compleja y rica relación profesional
y sentimental que unía a los dos fotógrafos y al muralista como método interpre-
tativo, apoyándome en la lectura crítica de algunos de los textos autobiográficos
y cartas personales de los mismos artistas, y del análisis de un grupo de auto-
rretratos y retratos, que fueron creados y reapropiadas de forma sucesiva, entre
dos de los miembros del trío, o en algunos de los casos, incluso entre los tres.
En todos estos diálogos artísticos se entrecruzan componentes psicológicos,
estéticos e ideológicos que confluyeron en la adopción de la estrategia artística
de la “apropiación” y sus distintas variantes, a cuyo estudio está dedicado el
presente trabajo. En su glosario para el análisis intertextual, Lauro Zavala
define distintas estrategias y técnicas, que resultan particularmente adecuadas
para abordar las obras aquí estudiadas: la apropiación propiamente dicha, es
decir la “copia deliberada pero en otra técnica;” el préstamo, que según dice
el autor, en el contexto del arte “se refiere a la apropiación de detalles especí-
ficos de otra obra;” la correspondencia, “series de imágenes creadas a partir de
la apropiación y transformación de un original de otro autor;” y la alusión,
“referencias explícitas o implícitas, a un pre-texto específico o a determinadas
reglas genológicas.” (Zavala, 1999: 137-147).
Como todos estos recursos no existen en abstracto, sino en contextos
específicos y en relaciones humanas concretas que les dan su significado, en el
presente trabajo, a través del estudio de los retratos y autorretratos producidos
por Weston, Modotti y Rivera en los años veinte, espero contribuir al análisis
de la intertextualidad entre la fotografía y las artes plásticas, a la profundización
sobre algunas de las distintas acepciones del concepto de apropiación y sus
variantes, y al estudio del arte mexicano del siglo XX desde la perspectiva del
discurso artístico que, en este caso, toma en cuenta la relación personal entre
los artistas, los textos, las imágenes pictóricas y las fotos que sirvieron como
evidencia de su relación.

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Fig. 1. Rivera posando al frente de uno de sus Fig. 2. Tina Modotti y Edward Weston en su
murales en la Secretaría de Educación Pública, aniversario en México, 1924. (Imagen tomada
1924. (Tomada de Desmond Rochfort (1993). de Mildred Constantine (1979). Tina Modotti.
Pintura mural mexicana. Orozco, Rivera, Siqueiros, Una vida frágil. Fig. 26, p. 75. México: Fondo de
p. 50. México: Limusa. Cultura Económica.

1. El encuentro
Tina Modotti visitó México por vez primera en 1922, cuando se enteró de
la muerte de su esposo, el artista norteamericano Roubaix de l’Abrie, conocido
como Robo, quien se encontraba en el país para organizar una exposición de
colegas artistas californianos cuando lo sorprendió la muerte. Modotti se ocupó
entonces de organizar sus funerales y concretó el montaje de la muestra en la
Academia de San Carlos, contactándose así con varios artistas mexicanos, inclui-
do el mismo Rivera, que allí pudo apreciar por primera vez la obra de Weston.
Poco tiempo después, en agosto de 1923, Weston y Modotti, acompaña-
dos por el hijo mayor del fotógrafo, Chandler, llegaron a México animados,
como muchos otros artistas norteamericanos de la época, por la esperanza de
encontrar un ambiente más propicio para desarrollar su creatividad artística,
y posiblemente también, para poder vivir su poco convencional relación de
pareja pues en ese entonces Weston todavía seguía casado.
Una vez instalados en la ciudad de México, y a muy poco tiempo de
su llegada, Weston y Modotti, comenzaron a frecuentar a Rivera, mientras
el muralista trabajaba en su grandioso ciclo de la Secretaría de Educación
Pública (SEP) primero y en otros ámbitos sociales después. Desde el primer
encuentro, Weston reconoció la genialidad del arte de Rivera, a quien en

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más de una oportunidad calificaba como un “gran maestro.” En su diario el


fotógrafo (Weston, 1990: 17) se lamentaba de no poder conversar más con él,
posiblemente por las dificultades del idioma, que según el mismo testimonio,
paulatinamente habrían de disminuir permitiendo una comunicación más
fluida entre ambos. En aquella primera ocasión, Weston mencionaba con
admiración que el muralista había vivido en París, entre los grandes artistas
como Picasso y Matisse, artistas admirados por el fotógrafo, y que seguramente
debía tener interesantes anécdotas que contar.
Por la misma fuente autobiográfica de Weston, sabemos también que en
octubre de ese mismo año, el fotógrafo tuvo su primer y muy exitosa exposición
individual en México, en The Aztec Land,1 una librería y galería de arte del
centro de la ciudad, y que el fotógrafo se sintió particularmente orgulloso por la
visita a la muestra que realizó Rivera. Weston admiraba el atinado juicio estético
del fotógrafo, y en relación con la opinión del muralista sobre sus propias obras,
el fotógrafo manifestó sentirse plenamente identificado. Entonces escribió:
[1] Last evening, Diego Rivera visited the exhibit. Nothing has pleased me more
than ‘s enthusiasm. Not voluble emotion, but a quiet, keen enjoyment, pausing
long before several of my prints, the ones which I know are my best. Looking
at the sand in one of my beach nudes, a torso of Margrethe, he said, “this is
what some of us “moderns” were trying to do when we sprinkled real sand
on our paintings or stick on pieces of lace or paper or other bits of realism”
(Weston, 1990: 26).

Si bien en aquella época Weston aspiraba a distanciarse del pictorialismo


que caracterizaba a su producción artística temprana, principalmente a través
de la abstracción formal, el énfasis dado por Rivera al “realismo” que el mu-
ralista reconocía en sus imágenes, debe haberlo impulsado, en gran medida, a
nunca desatender del todo esta tendencia, cuya conjunción con la simplicidad
de sus formas y composiciones, devela una parte esencial del secreto de su
inigualable estilo.

2. El hilo conductor del realismo


Efectivamente, el realismo, parece haber sido el hilo conductor, desde el
punto de vista de la estética, que complementó la identificación personal que
unió a los tres artistas. En su texto clásico La obra de arte en la época de su repro-
ductibilidad técnica (1936), Walter Benjamin acertadamente señalaba que, fren-
te al surgimiento del “primer medio de reproducción de veras revolucionario, a
saber la fotografía (a un tiempo con el despunte del socialismo), el arte sintió
la proximidad de la crisis (que después de otros cien años resulta innegable), y
reaccionó con la teoría de “l’art pour l’art,” esto es con una teología del arte”
(Benjamin, 1999: 5). Sin embargo, frente a dicha importante tendencia hacia
la abstracción y a la consolidación del arte por el arte, propios de algunas de

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las vanguardias artísticas del siglo XX, surgieron también otros movimientos y
artistas independientes, en varios países y de forma más o menos simultánea,
que de manera conciente prefirieron recuperar la figuración y el realismo.
Particularmente en el caso del muralismo mexicano de su primera etapa
en la década de 1920, que es justamente el espectro cronológico que aquí nos
ocupa, con su propuesta de “un arte popular, público, monumental, naciona-
lista y revolucionario, con una temática social e histórica que contribuyera a
la educación y a la concientización política del pueblo” (Comisarenco, 2006:
101), el realismo de la imagen fue considerado como un elemento crucial,
para comunicar el contenido de sus obras y para intentar garantizar la eficacia
educativa que buscaban. Rivera, a través de su íntima relación con Weston y
Modotti, fue capaz de vislumbrar en el arte de la fotografía, su posible asocia-
ción con la pintura mural y con su función política esencial.
Además de la reproductibilidad y consiguiente acceso masivo de la fo-
tografía, Rivera, con su extraordinaria sensibilidad crítica, debía intuir ya la
posibilidad que más adelante señalaría Benjamin, en relación con la desaparición
de la unicidad del arte y con la pérdida del “aura,” asociada con la afirmación
individual del sujeto creativo. En este sentido, la difusión de límites autorales
entre las obras de los distintos tipos que serán analizados en el presente estu-
dio, podría interpretarse, no sólo como el fruto de la profunda identificación
personal que animaba a los artistas, sino también como un paso más hacia la
realización del arte verdaderamente social al que aspiraban. A través del estudio
de algunas imágenes producidas por los tres artistas durante la década de 1920,
pueden reconocerse las fuertes resistencias contra las que cada uno de ellos tuvo
que luchar al experimentar en carne propia las tensiones que las rupturas de
las relaciones de pareja tradicionales, y las relacionadas con la pérdida de los
límites autorales aquí señalados, les causaban.

3. Las correspondencias de los retratos de Guadalupe Marín de


Rivera
Poco tiempo después de su arribo a México, la pareja de fotógrafos cons-
tituida por Weston y Modotti, estaba bien integrada con el círculo artístico e
intelectual de la época. Frecuentemente compartían eventos culturales y sociales,
como así también excursiones al aire libre con Rafael Salas, Mona Alfau, Felipe
Teixidor, Jean Charlot, Germán Cueto, Xavier Guerrero, Roberto Turnbull,
Manuel Hernández Galván, Diego Rivera y su esposa Guadalupe Marín, entre
otras varias figuras protagónicas de la cultura mexicana de aquel entonces.
De acuerdo con los testimonios de Weston en su autobiografía, el fotógrafo
estaba particularmente deslumbrado con la vigorosa personalidad de Guadalupe
Marín, a la que aludía en reiteradas oportunidades en su texto. Por su parte,
a juzgar por el episodio de celos de la esposa de Rivera, referido por Weston

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en su diario en ocasión de una fiesta de cumpleaños del muralista, la relación


amorosa entre el Rivera y Modotti, había comenzado ya. Discretamente,
y seguramente tratando de reprimir sus propios celos, en su diario Weston
concluía la narración de dicho episodio declarando, tan sólo, su intención de
fotografiar a la esposa del muralista (Weston, 1990: 31). Como señala Susan
Sontag, “fotografiar es apropiarse de lo fotografiado. Significa establecer con
el mundo una relación determinada que parece conocimiento, y por lo tanto,
poder.” (Sontag, 2009: 14). Para Weston, fotografiar a Guadalupe Marín fue
entonces una forma de apropiarse de la retratada, permitiendo una revancha,
aunque sea en forma simbólica, en relación con la incontestable infidelidad
de su amante, que aunque consentida de común acuerdo, debía sin embargo
perturbarlo.
Una primer sesión de fotos de la esposa del muralista, efectivamente tuvo
lugar el 24 de noviembre de 1923, y el fotógrafo registró en su diario que, en
su opinión dichas tomas se encontraban entre las mejores que había realizado
en México. Con orgullo señalaba también que, cuando algunos días más tarde
mostró las primeras pruebas, precisamente en casa de los Rivera, todos los
presentes expresaron un gran entusiasmo frente a sus logrados retratos. Una
vez más sostenía en su texto, con evidente satisfacción, que en ese momento
[2] Diego turned to Tina remarking, “It bother the painter to see such photo-
graphs” (Weston, 1990:33).

Esta molestia, aparentemente “artística,” entre el “pintor” y el “fotógrafo”,


que en sus fotografías había sido capaz de captar la belleza y el carácter de
Guadalupe Marín de forma tan extraordinariamente “realista”, íntima y vital,
seguramente contenía también un componente personal. También Rivera, a
pesar de sus múltiples aventuras amorosas, incluida la relación con la misma
Modotti antes señalada, debía sentirse amenazado frente a la evidente admi-
ración que el fotógrafo sentía por su esposa, encarnada en tan extraordinarias
fotos, sabiendo además que también Weston era otro notorio don juán, y en
este sentido temiblemente parecido a él.
Al terminar la impresión de sus fotos de Guadalupe Marín, Weston es-
cribió en su diario:
[3] I am finishing the portrait of Lupe. It is a heroic head, the best I have done
in Mexico; with the Graflex, in direct sunlight I caught her, mouth open,
talking, and what could be more characteristic of Lupe! Singing or talking I
must always remember her (Weston, 1990:42).

Resulta importante recordar que Rivera, en su mural La Creación (1922), ya


había incluido dos retratos de su esposa, encarnando a las figuras alegóricas de
La mujer y de La canción. En dichas imágenes el muralista la había representado
ya, justamente con la boca abierta, hablando o cantando, tal y como la habría
de capturar Weston en sus fotos aquí referidas. Podemos interpretar entonces

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que los retratos de Weston de Marín, presentan notables “correspondencias” con


la obra anterior de Rivera, donde el fotógrafo se apropió de algunos aspectos
de la obra del muralista y transformó otros, como estrategia artística creativa
y con la connotación simbólica antes señalada.
Deslindando toda posible sospecha de copia o incluso de simple inspira-
ción, en su diario Weston registró que visitó dicho mural tiempo después, el
28 de febrero, cuando fácilmente, tras su convivencia con el grupo de artistas
mexicanos que caracterizó a su estancia en el país, pudo reconocer a varias de
las modelos de Rivera.
[4] Lupe, of course, Nahui Olín, Lupe Rivas Cacho, Sra. Crespo, Palma Guillén
(Weston, 1990: 52).

Probablemente, a nivel consciente o no, Rivera fue capaz de capturar el


parecido y las correspondencias entre sus propios retratos de Guadalupe Marín
y los de Weston, y más adelante invertiría el proceso, dejándose influir y apro-
piándose de forma incluso más literal de otras obras producidas por Weston.
Sin embargo, y a pesar de los celos mutuos, que se dejan entrever en al-
gunas afirmaciones e historias relatadas por Weston, como la de la violencia
verbal ejercida por el muralista contra su esposa, como así también y muy
significativamente, en la omisión del nombre del fotógrafo en la autobiogra-
fía del mismo Rivera, la admiración y el respeto artístico mutuo no se vieron
afectados de forma sustancial. Por el contrario, el deseo compartido por las
mismas mujeres parece haber funcionado como un rasgo de identificación
profundo entre Weston y Rivera, que habría de intensificarse todavía más con
el paso del tiempo.

4. La apropiación del “autorretrato” de Rivera


En noviembre de 1924 Weston anotó en su diario que en el patio de la
Secretaría tomó muchas fotos de Rivera, junto con algunas otras de sus murales,
las que posiblemente serían incluidas en una publicación alemana. Después de
defender la creatividad y la expresión de Rivera en sus murales, acusado por
algunos según decía, por considerarlo demasiado calculador, Weston anotaba:
[5] Yesterday I felt, as I have before, the preoccupation of his work. Direct
questions were often entirely unheard, his eyes would be utterly oblivious
to surroundings –then suddenly he would start out of himself, break into
a broad, genial smile, and for a few moments Diego the dreamer was gone
(Weston, 1990: 104-105).

Pocos días después al trabajar con los negativos, Weston sintió cierta
desilusión frente a sus tomas, porque tal y como señalaba en su texto, habría
querido que sus retratos de Rivera hubieran resultado extraordinarios, no sólo
por ser el muralista un gran artista, sino también porque Rivera estaba muy

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interesado en su propio arte. Sin embargo en cada prueba Weston encontraba,


posiblemente por la gran admiración que sentía por su modelo, alguna falla
mayor o menor, que le hacían dudar incluso de la calidad de su propio traba-
jo. En su diario Weston anotó también que, por su parte, Rivera sí se sintió
satisfecho con las pruebas, y que escogió una en la que en palabras del mismo
fotógrafo, su grueso estómago se veía aún más exagerado y su cara expresaba
una cierta cínica tristeza (Weston, 1990: 106).
En enero de 1925 Weston regresó a California para estar con sus hijos,
y seguramente tomar distancia tanto con respecto a su deteriorada situación
sentimental con Modotti, como con los temores que le generaban la inestabi-
lidad política y económica del México posrevolucionario. Sin embargo, unos
pocos meses después, en agosto del mismo año, habiéndose sentido como un
extranjero en su propia patria, Weston decidió regresar a México y a Modotti.
Al poco tiempo de su arribo, el 2 de octubre, con cierta distancia emocional,
anotaba en su diario que al visitar nuevamente los murales de la SEP había
encontrado que:
[6] Diego has painted a self-portrait into one of his murals in the Secretaría,
copied quite exactly from one of my photographs of him, one which I could
not use because of poor definition, though it was my favorite as well as his
(Weston, 1990: 129).

Se trataba del panel conocido como El pintor, el escultor y el arquitecto,


ubicado en el tercer nivel de la escalera de la SEP, al que el mismo Rivera, en
su autobiografía refería como uno de los mejores de los que hizo en su vida,
con las siguientes palabras:
[7] At the head of this stairway, I painted what, in my estimation, is one of my
best self-portraits. I included myself in a trio of workers chiefly responsible
for the building and its decoration. Here I figured as the architect. The other
figures were the stonecutter and the painter, their identities also deliberately
masked (Rivera y March, 1991: 80).

Si bien durante toda su carrera Rivera, como la mayor parte de los pintores
occidentales, había realizado y continuaría realizando numerosos auto-retratos,
la singularidad del aquí considerado, es que a través de la “copia”, negaba el auto-
análisis característico del género artístico del autorretrato, para representarse en
cambio a través de la interpretación que Weston había creado del artista con su
cámara. Las identidades de los personajes, enmascaradas de forma deliberada,
según el mismo Rivera, lo eran, por lo menos en el caso de su autorretrato, no
sólo en relación con sus profesiones, sino con el origen mismo de las imágenes.
En su estudio sobre los autorretratos de Rivera, Xavier Moyssen señalaba
que en el caso de la obra aquí referida, el artista pudo haber recurrido a la foto
de Weston por haber dudado de su capacidad de autoconocimiento, y por el
gusto que sentía frente a la imagen que el fotógrafo había logrado capturar.

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Agregaba, además, que otro rasgo notable del autorretrato tenía que ver con el
hecho de que Rivera hubiera escogido representarse a sí mismo como arquitecto
y no como pintor. Finalmente afirmaba que “si nos atenemos a su egocentris-
mo y a la fama de que ya disfrutaba, nada difícil es el que se considerara a sí
mismo, como el constructor de un nuevo arte para México: la pintura mural”
(Moyssen, 1986: 204).
Sin embargo, quedan todavía muchas otras preguntas sin responder en
relación a la “copia” de Rivera en su autorretrato ¿Era dicha copia de su imagen
una forma de rechazar el narcisismo y el subjetivismo adscritos al arte burgués
que rechazaba? ¿Era un homenaje de Rivera al fotógrafo al que no sólo admiraba
sino con quien se identificaba profundamente?
La aclaración de Weston en su diario, en relación con el hecho de que él
no había podido usar la foto, por su pobre definición, no sólo hacía referencia
a una diferencia técnica importante entre la fotografía y la pintura, sino que
sugería además, de forma muy sutil, que el público de la época no debía estar
familiarizado con su imagen. Por lo tanto, resulta claro que la reproducción
realizada por Rivera en su ciclo mural, no podía funcionar como “cita” u
“homenaje” a su obra. Parece entonces tratarse más bien de la técnica de la
“apropiación” propiamente dicha, es decir de una “copia” deliberada, tal y como
lo reconoció Weston, realizada simplemente en otra técnica artística, en la que
el color y la pincelada propios de la técnica de la pintura, podrían remediar la
falta de precisión que no admitía la foto.
La afirmación de Weston con respecto a que la toma era la favorita de ambos
artistas, una vez más un ejemplo de la identificación que experimentaban, de
alguna forma pareciera consolar un tanto al fotógrafo del sufrimiento y de la frus-
tración que seguramente experimentó frente a la monumentalizada y coloreada
“apropiación” y copia del pintor. Fue posiblemente esta escueta nota de su diario
la que sacó a la luz el origen del autorretrato de Rivera, que de hecho es uno de los
más comúnmente reproducidos hasta la actualidad, y que muchas veces aparece
acompañado justamente, por una reproducción de la foto original de Weston.
Rivera debe haber reconocido en la imagen que Weston capturó su “esen-
cia”, “la ciencia imposible del ser único” a la que Roland Barthes hacía referencia
en su famosa obra La Cámara Lúcida (Barthes,1980), en relación con la foto
del invernadero, en la que volvió por fin a encontrar a su madre recientemente
fallecida (Barthes, 2009: 86). El “aire” soñador, “la sombra luminosa que acom-
paña al cuerpo” (Barthes, 2009: 119) del muralista que Weston supo capturar
en su foto, lo aparta de su imagen pública relacionada con los controversiales
avatares de la militancia política cotidiana, para rescatar su identidad imaginaria
como un ser eminentemente idealista. Rivera, con su aire soñador, capturado
por Weston, era la imagen de sí mismo, que el artista quiso perpetuar para la
posteridad. Este es el lado humano que Weston admiraba en el muralista, y
que posiblemente lo hizo intentar superar todas las diferencias ocasionadas por
los celos, “apropiaciones” y “copias,” prefiriendo reinterpretarlos en su fuero

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íntimo, como coincidencias estéticas y mutuos “homenajes” entre grandes


artistas, que efectivamente tenían muchos rasgos en común y que se sentían
profundamente identificados entre sí.
En otro pasaje de su diario señalaba Weston que Rivera decía que Picasso
no recurría a la naturaleza para su inspiración, sino siempre a otras “escuelas”
artísticas (Weston, 1990: 57). Efectivamente, el mismo Rivera en más de una
oportunidad reconoció abiertamente que, para realizar sus vastos ciclos mura-
les, generalmente de temas históricos, recurría a una profusa documentación,
constituida fundamentalmente por recortes de revistas y periódicos, es decir a
fotografías. En su famoso libro Idols Behind the Altar, también Anita Brenner
señalaba que, quizás con la excepción de Rafael y Picasso, pocos artistas fueron
acusados tan frecuentemente de “plagio” como Rivera y que el mismo confesaba
que cada pintor es un campo en el que germina la semilla de otro pintor o, en
este caso habría que agregar, de otro fotógrafo (Brenner, 2002: 280). Si bien
es cierto que el carácter artístico de la foto de Weston, hubiera justificado un
tratamiento distinto, de alguna forma su “copia” por parte del muy admirado
Rivera era también, en definitiva, una forma de reconocimiento.2 Por otra parte,
poco tiempo después, en febrero de 1926, hay que señalar que Rivera incluyó
uno de los retratos que le hizo Weston, para ilustrar su artículo sobre el arte
mexicano dedicado al retrato popular (Rodríguez y Méndez, 2009: 62-63).

5. Los préstamos de los desnudos de Tina3


En 1924, cuando todavía estaba trabajando en la planta baja del patio de
Las Fiestas de la SEP, Rivera recibió una nueva comisión de pintura mural, esta
vez para la Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo. Después de realizar
los frescos en el edificio de la administración de la escuela, a partir de 1926
comenzó a decorar la antigua capilla, transformada entonces en el salón de
actos. El tema principal del ciclo fue planteado como una narración paralela
entre la “Evolución Natural,” relacionada con la belleza y la fertilidad de la
tierra, representada del lado derecho del salón, con la “Revolución social” y la
reforma agraria, representadas del lado izquierdo. El ciclo concluía en el arco
principal del fondo, con la representación alegórica de la Tierra Liberada,
opuesta en este caso a la Tierra Virgen o Dormida, ubicada del otro lado, sobre
la puerta interior de ingreso al recinto. Sin embargo, desde el punto de vista
cronológico de su realización, estas imágenes fueron las primeras.
Weston dejó registro de su visita a Chapingo el 20 de noviembre de
1925, cuando el techo y los dos desnudos principales de Guadalupe Marín y
Modotti, que Rivera utilizó para sus alegorías de la tierra liberada y la tierra
virgen, estaban casi completos, y con una profunda admiración comentaba:
[8] Two tremendous nudes dominated the room –to the right a prone figure from
a drawing of Tina –to the left a semi-erect figure from Lupe– both majestic,

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monumental paintings. The ceiling with figures in exaggerated perspective was


intellectually provocative, stimulating, but effort and calculation were more
evident, –while the first mentioned nudes were presented with such grand
manner as to bring no questioning. They are worthy of anyone’s pilgrimage
and homage (Weston, 1990: 37).

Muchos otros especialistas confirmarían más adelante el extraordinario


logro de estos desnudos femeninos monumentales que efectivamente se en-
cuentran entre las principales obras de dicha tradición iconográfica occidental
y muy posiblemente, la obra maestra por excelencia de Rivera. En relación
con el retrato de Modotti, señalaba el famoso especialista en arte mexicano,
Justino Fernández que
es en este extraordinario desnudo que el poético naturalismo de Rivera alcanza su
máxima grandeza y delicadeza, porque está dibujado y pintado con un poder y
una sabiduría de gran estilo y estirpe; delicado y robusto, fino y sensual, cercano
al modelo y al mismo tiempo componiendo y ajustando sus formas y líneas al
efecto decorativo. … Nada más tierno y conmovedor que este desnudo, activo
en su abandono, con aquella cabeza semicubierta por la oscura cabellera, la boca
entreabierta, tranquilo, sereno y grandioso, según el ideal clásico. Es uno de los
grandes desnudos de la historia del arte ... (Fernández, 2001: 28).

Desde el punto de vista psicológico, la selección temática y sus corres-


pondientes modelos merecen sin lugar a dudas un estudio completo aparte,
pues de forma evidente Rivera concentraba en un mismo recinto su orgullo
masculino, por un lado en relación con la experiencia de la paternidad, en la
imagen de su esposa como encarnación de la fertilidad de la tierra, pues como
él mismo señalaba en su autobiografía estuvo embarazada dos veces durante
la realización del mural; y por otro, su joven y bella amante, sin hijos, como
alegoría, de la tierra virgen, a la espera de la semilla, de la fecundación, sim-
bolizada por la planta fálica que en su retrato sostenía en una de sus manos
(Comisarenco, 2008).
Pese a las evidentes correspondencias entre algunos de los famosos desnu-
dos que Weston había realizado de Modotti en la azotea de su casa/estudio,
y el monumental desnudo de Rivera, el fotógrafo en aquella oportunidad,
no expresó sino tan sólo palabras de admiración frente a la obra maestra del
muralista. Sin embargo, muy poco tiempo después, en su diario, en las notas
correspondientes al 17 de diciembre, por vez primera Weston se permite dudar
de la originalidad de Rivera, exaltando por contraste la creatividad de su amigo
Jean Charlot, y evitando así una vez más reconocer, por lo menos abiertamente,
el uso que Rivera hacía de sus obras:
[9] One can always expect to find a fresh new attitude in Jean’s work, or rather
he has no “attitude,” is continually experimenting, changing. I spent three
hours going over his new drawings and paintings with the greatest interest

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and pleasure. He is growing into an important figure, while Diego, unless


he gets out of his rut, has reached his limit; he is going around in circles,
repeating successes, but cold and calculated in their formulization. Charlot
has no mannerisms, not in colour, brush-work, arrangement, subject nor
medium (Weston, 1990: 141).

Más adelante, en La tierra oprimida, Rivera volvió a retratar a su esposa,


y señala Tibol que “la cabeza envuelta en el cabello enmarañado recuerda el
ciclo de fotografías que por la misma época le tomó Edward Weston a Lupe
Marín” (Tibol, 2002: 74). En la pared correspondiente a la Evolución Natural,
en sus paneles titulados Germinación, Floración, y posiblemente también en el
desnudo de espaldas en el panel de Los frutos de la tierra (Tibol, 2007: 210),
Rivera volvió a utilizar como modelo a Modotti, pero esta vez, decididamente,
no del natural, sino inspirado directamente por las famosas fotos que Weston le
había tomado unos años antes. En este caso el recurso intertextual parece haber
sido por un lado el “préstamo,” es decir la apropiación de detalles específicos de
otra obra, que una vez más citando a Zavala (1999), puede afirmarse que pocas
veces, tal y como sucede en este caso, puede devolverse, porque queda fijado en
la imagen para siempre; y por otro, la “correspondencia,” en la que nuevamente
se apropian algunas partes pero al mismo tiempo otras son transformadas.
En el caso de Germinación la fuente fácilmente identificable parece haber sido
Cabeza de una joven italiana y en Floración, Orquídea blanca, ambas fotografías
de Weston de 1921. En estos casos la “apropiación” ya no pudo ser tan literal
como en el auto-retrato de Rivera, pero sin embargo su origen iconográfico, no
puede negarse. Efectivamente, como las fotos no eran de cuerpo completo, sino
que capturaban tan sólo la cabeza o el busto de la modelo, Rivera se vio obligado
a transformarlas en sus frescos. Es interesante señalar que decidió completarlas,
no directamente del natural, sino más bien, a través de la re-elaboración de
la asociación metafórica planta-mujer, que no sólo se adaptaba a su temática
general, sino que ya se encontraba presente tanto en las fotos de Weston que
representaba a Modotti con una flor, como en las numerosas imágenes de flores
de la misma fotógrafa, pero con un estilo artístico diferente, adaptado al mensaje
revolucionario concreto del ciclo iconográfico que entonces ocupaba al pintor.
Por otra parte, también el desnudo de espaldas del panel de Germinación,
sobre todo en uno de sus estudios preliminares, es indudablemente otro “prés-
tamo,” una vez más casi textual de la obra de Weston, esta vez de los desnudos
que el fotógrafo había tomado de Brenner en 1925. La famosa obra de caballete
de Rivera, Desnudo con alcatraces de 1944, todavía presenta reminiscencias de
dichos desnudos de Weston, que eran algunas de sus obras más estimadas por
el fotógrafo en aquel entonces.
Sin embargo, poco tiempo después, en 1926 en un artículo publicado en
Mexican Life, Weston continuaba reflexionando en la relación entre la foto-
grafía y la pintura, no solamente desde el punto de vista estético, sino influido

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Dina Comisarenco M.: Donde caben dos caben tres: la intertextualidad en la fotografía y la pintura...

también por su relación con Rivera, y en particular con los “préstamos” o las
“transformaciones” evidentes que el muralista estaba haciendo en relación a
sus fotos. Decía Weston:
[10] Photography has not affected painting; on the contrary, it has been moving
away from a school of painters that are really trying to imitate the photogra-
pher. No painter can represent realism like a photographer can; no photogra-
pher can get near to the technique of painting. The aesthetic closeness of the
two mediums is sufficiently separated to not cause any friction (Rodríguez,
1999: 9).

Una vez más, Weston parece haber intentado racionalizar distintos argu-
mentos, como para que ni las diferencias políticas, ni las estéticas, ni los celos
personales, interfirieran en la relación de amistad y respeto mutuo que lo unían
a Rivera. Guadalupe Marín en cambio declaró en más de una oportunidad que
fue la relación de Rivera con Modotti durante el tiempo que duró la decoración
de Chapingo, la que precipitó su separación del pintor.
Por su parte en esta etapa, Modotti habiendo exhibido ya su obra, e
independizándose cada vez más del estilo y principalmente de la temática de
Weston, especialmente después de su partida del país, comenzó a fotografiar
algunos de los murales de Rivera, tanto los de la SEP, como los de Chapingo.
Los conjuntos de fotografías de Modotti eran anunciados para la venta en la
revista de Frances Toor, Mexican Folkways y según señala María de las Nieves
Rodríguez y Méndez, se vendían bien pues eran “una extensión de la utopía
proletaria” que Rivera plasmó en sus murales, pero que, a diferencia de dichos
murales, sí podían consumirse como souvenirs (2009: 69). Por su parte Sarah
Lowe señala que dichas fotografías de Modotti que tuvieron un rol esencial en
la difusión del movimiento muralista a nivel internacional (Lowe, 2004: 32).
Más allá de los intereses comerciales, en sus fotos de los murales Modotti
logró plasmar su propia visión de la obra del pintor. Efectivamente, tal y como
señala González Cruz Manjarrez, Modotti logró destacar “la expresividad de
los murales a través de la fotografía, creando con sus encuadres una percepción
distinta de ellos, por ejemplo, con enfoques particulares, con acercamientos,
o al destacar algunos detalles.” (1999:12). En este sentido, resulta interesante
observar que un importante conjunto de las fotos de Modotti de esta etapa,
incluyen justamente al auto-retrato de Rivera y los desnudos de la misma
fotógrafa, es decir aquellas obras en las que el muralista previamente se había
apropiado de las imágenes de Weston.
Cerrando este complicado ciclo de préstamos, que habitan un espacio
ambiguo entre el homenaje y el desconocimiento más atroz, era frecuente que
las fotografías de Modotti, como por ejemplo las que ilustraban un artículo
sobre los murales de Rivera en Chapingo publicado en la revista Forma, no
incluyeran crédito alguno a la fotógrafa (Rodríguez y Méndez, 2009:73). Sus
editores, absortos por la obra mural, a la que daban el papel protagónico por

35
14 (1)

excelencia, desestimaban así no sólo el componente estético singular de la fo-


tografía en general, sino y en particular, el de Modotti, la fotógrafa, que para
ese entonces ya era una figura reconocida tanto en el medio nacional como
en el internacional.
Pese a la generalizada falta de créditos, el proceso vivido por Modotti, de
modelo a fotógrafa de su propia imagen, le permitía invertir la estrategia del
autorretrato de Rivera sobre la imagen de Weston. También ella realizaba de
alguna forma su propio auto-retrato, reapropiándose simbólicamente de su
cuerpo y afirmando, a través de su exquisita técnica y sensibilidad, su autono-
mía profesional como artista.

6. Las alusiones de los retratos de Julio Antonio Mella


Finalmente, la apropiación de imágenes fotográficas y pictóricas del trío, se
dio de forma directa entre Modotti y Rivera, en los extraordinarios retratos de
Julio Antonio Mella, un muy distinguido estudiante y revolucionario cubano
refugiado por aquel entonces en el país. Modotti y Mella se habían conocido
en la redacción del periódico El Machete en junio de 1927 e inmediatamente
se enamoraron apasionadamente.
Mientras tanto Modotti continuaba con su copiosa comunicación con
Weston que para aquel entonces ya había regresado de forma definitiva a los
Estados Unidos e iniciado una nueva etapa creativa. En una carta fechada el
4 de julio de 1927, le contaba que Rivera por fin había visto las nuevas fotos
de Weston:
[11] ¿Te acuerdas de su típica exclamación “¡Ah!”, cada vez que se le ponía enfrente
una fotografía nueva? Esta vez pasó lo mismo conforme le fui enseñando las
copias –cuando acabó la primera impresión, y después de un largo escrutinio
en silencio de cada copia me preguntó abruptamente “¿Está enfermo Weston?”
Te repito puntualmente sus palabras, Weston, porque yo sé que sin duda te
interesan muchísimo sus reacciones ante estas fotografías – Yo no sé qué im-
presión te cause este asunto de D. –Por mi parte lo interpreté con la misma
expresión de inquietud física que experimenté yo – Luego siguió así: “Estas
fotografías son biológicas – además de la emoción estética me inquietan de
manera física” – ¿ves?, me está sudando la frente – Luego: “¿Es muy sensual
Weston?” Luego: “¿Por qué no se va Weston a París? Elie Faure se volvería
loco con estas cosas –” y así siguió (Saborit, 2001:168).

De acuerdo con las palabras de Modotti, el mutuo interés, la rivalidad, el


respeto y la admiración entre Rivera y Weston seguían presentes a pesar de la
distancia geográfica. También Modotti seguía fuertemente ligada y agradecida
con Weston y en el famoso retrato que la fotógrafa tomó de Mella en 1928,
claramente pueden reconocerse las enseñanzas de su maestro. Efectivamente,
la fotografía puede inscribirse en la gloriosa tradición de la serie de los “retratos

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Dina Comisarenco M.: Donde caben dos caben tres: la intertextualidad en la fotografía y la pintura...

heroicos” iniciada por Weston con las imágenes de Guadalupe Marín antes
analizadas, y otros personajes de la época. Modotti, a través de la cuidada
composición, la dramática iluminación, el punto de vista bajo y el énfasis en las
líneas, sombras y ritmos, del clásico perfil de su modelo, capturó el carácter y el
carisma extraordinario del entusiasta e idealista líder estudiantil, y a través de
su imagen, del idealismo que animaba a aquella época. En este retrato Modotti
se apropiaba no del modelo sino del estilo artístico característico de Weston.
Poco después Modotti realizó un segundo retrato de Mella, pero esta vez
de carácter alegórico a través de su obra titulada La técnica de 1928, que re-
produce una parte de la máquina de escribir de Mella. Se trata de otro ejemplo
extraordinario de la asimilación de Modotti de la estética de Weston, pero
también y principalmente de su interpretación original, lograda gracias a su
conciencia social y a su gran compromiso político propio de aquel entonces.
La máquina de escribir retratada por Modotti, es el símbolo por excelencia
del importante legado escrito de Mella al movimiento revolucionario cuba-
no y latinoamericano, por sus fuertes denuncias en contra del imperialismo
norteamericano en la región. El título de la obra hace “alusión” a una frase de
León Trotsky, que Modotti reprodujo parcialmente en el papel inserto en la
máquina de escribir. Según testimonio de Vittorio Vidali, este texto era parte
de un ensayo que Mella estaba escribiendo sobre la fotografía de Modotti. La
fotógrafa lo reprodujo posteriormente en su Manifiesto sobre la fotografía que
se publicó con motivo de su exposición individual en México en 1929:
[12] la técnica se convertirá en una inspiración mucho más poderosa que la pro-
ducción artística; más tarde encontrará su solución en una síntesis más elevada
el contraste que existe entre la técnica y la naturaleza (Figarella, 2002: 188).

Aparentemente la fotografía fue admirada por el mismo Mella quien se


dice elogió la forma en la que Modotti fue capaz de transformar un simple
teclado en una imagen con un claro contenido social.
El 10 de enero de 1929 cuando caminaba por el centro de la ciudad del
brazo de Modotti, Mella fue baleado por la espalda por un sicario del dictador
cubano Gerardo Machado, y murió pocas horas más tarde en un hospital de
la Cruz Roja. La fotógrafa, en medio de su profundo dolor, retrató su cadáver
y sus imágenes de Mella vivo y muerto fueron reproducidas en El Machete.
El líder estudiantil fue reconocido internacionalmente como el mártir re-
volucionario por excelencia y se escribieron corridos y poemas en su honor.
Sus funerales dieron lugar a una importante manifestación de protesta de la
izquierda mexicana. Mientras tanto Modotti fue interrogada y acusada de estar
implicada en el crimen, al que se intentó disfrazar como pasional. Algunas
de sus fotos de desnudos tomadas por Weston aparecieron en la prensa junto
con cartas de amor y otros escritos que intentaron minar su reputación de la
forma más destructiva posible. Otro ejemplo, pero en este caso nefasto, de una

37
14 (1)

apropiación de imágenes, re-significadas con la peor intención. En esta pavo-


rosa situación Rivera se mantuvo al lado de Modotti, jugando un importante
papel en su defensa.
Un mes después en febrero, el muralista terminó su panel de la SEP titu-
lado En el arsenal, donde justamente había incluido un retrato de Modotti y
Mella entregando armas a los obreros. En el centro del mural Rivera retrató
también a Frida Kahlo, a quien había conocido poco tiempo atrás, distribu-
yendo bayonetas a los trabajadores, y en el extremo izquierdo del mural a su
colega David Alfaro Siqueiros. En el mismo mes de febrero, tras el asesinato de
Mella, se organizó un acto de protesta en el Teatro Hidalgo, en el que hablaron
Rivera y Modotti. Sin embargo, poco tiempo después, la relación entre ambos
se deterioró de forma definitiva. La expulsión de Rivera del Partido Comunista
Mexicano determinó, por lo menos en parte el distanciamiento de Modotti,
quien en una carta del 18 de septiembre de 1928, extendía su desconfianza
ideológica hacia el arte mismo de Rivera:
[13] lo más reciente que ha hecho no me gusta, y yo se lo digo, pero él insiste en
que observadas aunque sea sólo como “pintura” son las mejores cosas que ha
hecho. Conforme pasa el tiempo, me doy cuenta de que Orozco me gusta
más y más, siento el genio. Sus cosas resplandecen con una fuerza interior
que no se siente nunca en las cosas de Diego. Diego comenta demasiado,
últimamente se ha puesto a pintar detalles con una precisión que irrita, no le
deja nada a la imaginación (Saborit, 2001: 102).

Algunos años después, en 1933, como parte de su ciclo Retrato de América,


originalmente para New Workers School, en Nueva York,4 Rivera incluyó
nuevamente un retrato de Mella, pero esta vez muerto. Si bien el biógrafo de
Rivera, Wolfe, señala explícitamente, que el origen del retrato fue la visita que el
mismo muralista hizo a la morgue durante su defensa de Modotti (Wolfe, 1997:
191-192), la obra parece ser también una “alusión,” una referencia explícita no
sólo de la foto que Modotti le había tomado en aquel trágico momento, sino
también del retrato alegórico de la máquina de escribir, en la que la fotógrafa
había captado el legado principal de Mella al movimiento revolucionario, que
recupera Rivera en su mural. Se trata efectivamente del panel XIII, titulado
Imperialismo, dedicado a denunciar la interferencia de los Estados Unidos en
América Latina, que era justamente uno de los motivos que Mella denunciaba
a través de sus influyentes escritos.

7. Conclusión
Podemos afirmar entonces que los recursos intertextuales utilizados en el
discurso artístico de Rivera, Weston y Modotti durante los años veinte, más
que simples apropiaciones o copias, son marcas de los profundos diálogos
artísticos y personales establecidos entre todos ellos.

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Dina Comisarenco M.: Donde caben dos caben tres: la intertextualidad en la fotografía y la pintura...

Si bien el impacto artístico de la experiencia mexicana ha sido ya amplia-


mente reconocido en los estudios existentes sobre Weston y Modotti, como
conclusión principal de este trabajo quisiera resaltar la influencia de la figura
de Rivera, quien fue una parte fundamental de los cambios y definiciones
profesionales experimentados por los fotógrafos por aquel entonces, y quien
también se vio fuertemente estimulado por la vida y obra de estos dos fotógrafos
que protagonizaron una parte importante de su biografía y de la consolidación
de su carrera como muralista.
En cuanto a los recursos intertextuales utilizados, podemos concluir así que
la difuminación de los límites entre un autor y otro en las imágenes de Weston
reproducidas por Rivera en tamaño monumental, y fotografiadas a su vez por
Modotti, pueden interpretarse no solamente como homenajes entre artistas
que se identifican en el realismo y en muchos aspectos de la vida privada, sino
que además buscan legitimar el valor estético de la fotografía y del muralismo.
Al mismo tiempo, y a pesar de ciertos sinsabores propios de la vida coti-
diana, los artistas intentaron diluir la excesiva estima que la cultura occidental
capitalista atribuía al autor, y a los conceptos de “originalidad”, “autenticidad”
y “expresión” que ellos desafiaron, en paralelo a sus otros desafíos en cuanto
a las reglas del matrimonio y de la vida en pareja. A través de las apropiacio-
nes, préstamos, correspondencias y alusiones artísticas, lograron contribuir al
concepto del carácter colectivo de la creación de acuerdo, con los postulados
estéticos e ideológicos de algunos de los protagonistas de la vanguardia de los
años veinte.

Notas

1 La exposición tuvo lugar entre el 17 de octubre y el 4 de noviembre de 1923 y


como reconoce el mismo Weston creó una gran sensación en la ciudad.
2 Resulta interesante señalar que tiempo después, en su ciclo mural La realización de
un fresco, de la San Francisco School of Fine Arts de 1931, Rivera se autorretrataría
de espaldas, recordando una vez más una fotografía suya de la autoría de Weston,
esta vez la titulada Diego Rivera frente a una escultura de Ralph Stackpole, de 1930.
El grado de identificación era tal que Rivera parece haber considerado que Weston
captaba su esencia mejor que él mismo.
3 Cabe señalar que el término de préstamo en relación justamente a los desnudos de
Modotti en Chapingo de Rivera sobre las fotos de Weston es el ejemplo que utiliza
Zavala para ilustrar la estrategia.
4 Actualmente algunos de los paneles, incluido Imperialismo, se encuentran en la
Unity House de Forest Park, Pennsylvania, US.

39
14 (1)

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Principales obras analizadas:

Edward Weston, Guadalupe Marín, 1923.


Diego Rivera, “La mujer” y “La canción,” detalles de La creación, Antiguo Colegio
de San Ildefonso, c1922.
Edward Weston, Diego Rivera en la Secretaría de Educación Pública, c1924.
Diego Rivera, El pintor, el escultor y el arquitecto, 1923-28, escaleras, tercer nivel,
SEP.
Diego Rivera, “La Tierra Liberada” y “La Tierra Dormida,” 1924-27, detalles de
la Capilla de la Universidad Autónoma de Chapingo.
Diego Rivera, “Germinación,” “Flotación” y “Los frutos de la tierra,” 1924-27,
detalles de la Capilla de la Universidad Autónoma de Chapingo.
Edward Weston, Tina desnuda, 1923.
Edward Weston, Tina en la azotea, 1924.
Edward Weston, Lirio blanco (Tina Modotti), 1921.
Edward Weston, Desnudo de A., 1925.
Diego Rivera, Desnudo con alcatraces, 1944.
Tina Modotti, Mural de Diego Rivera La Tierra Virgen realizado en la Capilla de la
Universidad Autónoma de Chapingo, ca.1928.
Tina Modotti, Julio Antonio Mella, 1928.
Tina Modotti, La máquina de escribir de Julio Antonio Mella, 1928.
Diego Rivera, Entrega de armas o En el arsenal, Corrido de la Revolución, 1928,
Patio de Las Fiestas, Segundo Piso, pared sur, SEP.
Diego Rivera, “Mella asesinado,” detalle de Retrato de América, Imperialismo, 1933,
originalmente para la New Workers School.

Dina Comisarenco Mirkin es doctora en Historia del Arte por la Universidad


de Rutgers, New Jersey, Estados Unidos y Licenciada en Historia del Arte por
la Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina. Es profesora investiga-
dora en la Universidad Iberoamericana y miembro del Sistema Nacional de
Investigadores de México (SNI). Es editora de Nierika. Revista de Estudios de
Arte. En su trabajo de investigación se especializa en el arte y el diseño mexi-
cano del siglo XX, y en las interrelaciones entre género, cultura y sociedad. Es
curadora de la exposición Codo a codo: parejas de artistas en México (2011) y
coordinadora del libro colectivo del mismo nombre (2012). Es autora de Eclipse

41
14 (1)

de siete lunas: muralismo femenino en México (en prensa) Las cuatro estaciones
del muralismo de Raúl Anguiano (en prensa), Diseño Industrial Mexicano e
Internacional. Memoria y Futuro (2006), y de numerosos artículos y capítulos
especializados. El libro Frida de Frida (2007), en el que participó con el texto
titulado “Luna. Sol. ¿Yo?” Frida o una alegoría real del México posrevolucionario,
recibió el premio Antonio García Cubas (2008).
Correo electrónico: dina.comisarenco@gmail.com

42
ARTÍCULO

El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz


de las nociones de ideología y los enfoques
feministas actuales sobre la comunicación

CAROLINA GUTIÉRREZ-RIVAS
Central Michigan University

Resumen. Carmen Clemente Travieso (Caracas, 1900-1983) fue la primera mujer en


dedicarse a la labor periodística en Venezuela y es considerada la precursora del femi-
nismo en este país. Algunos fragmentos de sus artículos escritos entre 1936 y 1939,
seis en total, son el objeto de estudio del presente trabajo. El objetivo principal es el
de determinar cuál de los cuatro enfoques propuestos por el feminismo al estudio
de la lengua (conocidos como “deficitario”, “basado en la dominación”, “basado en
la diferencia” y “dinámico”) explica más adecuadamente el discurso de la periodista.
Después de realizado el análisis, se concluyó que el discurso de Clemente Travieso es
analizable bajo el enfoque más reciente, es decir, el dinámico, ya que 1) no incita a
la mujer a imitar al hombre sino a liberarse de sus prejuicios para convertirse en su
igual y 2) considera al hombre víctima de la “moral atrasada y deformada” que sufría
la Venezuela de su época. Asimismo, el propósito secundario, es mostrar de qué forma
se aplican las nociones socio-cognitivas de van Dijk (2008) a la ideología reflejada en
el discurso de Clemente Travieso.
Palabras clave: discurso, género, teoría feminista, enfoques feministas, ideología.

Resumo: Carmen Clemente Travieso (Caracas, 1900-1983) foi a primeira jornalista


mulher na Venezuela e é considerada a precursora do feminismo no país. Alguns frag-
mentos de seus artigos escritos entre 1936 e 1939, seis no total, são o objeto de estudo
deste trabalho. O objetivo principal é determinar qual dos quatro enfoques propostos
pelo feminismo ao estudo na língua (conhecidos como “deficitário”, “baseado na domi-
nação”, “baseado na diferença” e “dinâmico”) explica mais adequadamente o discurso da
jornalista. Depois de realizada a análise, concluiu-se que para o discurso de Clemente
Travieso é mais produtivo o enfoque mais recente, ou seja, o “dinâmico”, já que: (1)
não incita a mulher a imitar o homem, mas a libertar-se dos seus preconceitos para
converter-se em sua igual; e (2) considera o homem como vítima da “moral atrasada
e deformada” da Venezuela de sua época. Paralelamente, o propósito secundário do
artigo é o de mostrar de que forma se aplicam as noções sócio-cognitivas de van Dijk
(2008) à ideologia refletida no discurso de Clemente Travieso.
Palavras-chave: discurso, gênero, teoria feminista, enfoques feministas, ideologia.

Abstract. Carmen Clemente Travieso (Caracas, 1900- 1983) was the first journalist
woman in Venezuela, and is considered by many as the predecessor of the feminist
movement in her country. This study focuses on fragments of six of her articles,
written between 1936 and 1939. The main objective was to determine which approach
to feminism better characterizes this journalist’s discourse. Four different approaches

Recibido: 19 de septiembre de 2013 • Aceptado: 22 de enero de 2014.

ALED 14 (1), pp. 43-57 43


14 (1)

were compared: the “deficit approach”, the “dominance approach”, the “difference
approach” and the “dynamic approach”. After careful analysis it is fair to conclude
that Clemente Travieso’s discourse can be best explained within the framework of the
dynamic approach. I support my appreciation on two facts: 1) she does not encourage
women to imitate men but to liberate themselves from their own prejudices in order
to become their equal, and 2) she considers men as victims of the “outdated” and
“deformed” morals of Venezuela at that time. The second purpose of this work is to
determine the ways in which van Dijk’s (2008) socio-cognitive criteria apply to the
ideology reflected in Clemente Travieso’s texts.
Key words: discourse, gender, feminist theory, feminist approaches, ideology.

Introducción1
El presente ensayo tiene una doble finalidad: la primera, establecer que
la obra periodística de Carmen Clemente Travieso (de aquí en adelante tam-
bién CCT), siempre a favor de los derechos sociales de la mujer, exhibe cierta
elaboración discursiva que puede ser estudiada desde el punto de vista de los
enfoques feministas sobre la comunicación que recién comienzan a entrar en
vigencia en el siglo XXI. Por otro lado, también se tiene el objetivo de mostrar
de qué manera sus artículos representan las nociones cognitiva y sociocognitiva
sobre la ideología planteadas por van Dijk (2008). Hasta el momento, muy
poco se conoce o se ha indagado sobre la enigmática producción escrita de
Clemente Travieso, aspecto que vuelve relevantes los trabajos como el presente.
Carmen Clemente Travieso (Caracas, Venezuela, 1900-1983) fue la pri-
mera mujer en dedicarse a la labor reporteril en Venezuela y es considerada la
precursora del feminismo en su país. El principal objetivo de su activismo fue
el de dar voz a la mujer dentro de la vida política y social venezolana desde
finales de 1920. Nació en Caracas y a temprana edad descubrió su pasión por la
lectura: desde los cinco años leía los libros que estaban a su alcance y construía
historias a través de los cuentos narrados por su abuela. Sin embargo, puesto
que el ambiente político venezolano era manejado por el general Cipriano
Castro, presidente de facto (1899-1908), Clemente Travieso comenzó sus
días dentro de la más absoluta carencia de libertades públicas. En 1924, viajó
a Nueva York con su hermana Cecilia y su tía Trina, donde vivieron tres años.
Allí aprendió el idioma inglés, se incorporó a grupos de ayuda a enfermos de
lepra y mujeres desvalidas, y trabajó como bordadora del taller Bucilla Company
(Corrales y Díaz, 2000).
A su llegada a Venezuela, en el año 1927, Clemente Travieso se unió a otras
mujeres para organizar la resistencia contra Gómez y colaboró arduamente
con la lucha de los estudiantes de la Generación del 28. Uno de sus biógrafos,
Omar Pérez, destaca que, a partir de ese año, comenzó su contienda contra la
dictadura gomecista por medio de la repartición de “El Imparcial”, una publi-
cación humorística escrita por Andrés Eloy Blanco, y después a través de “La
Boína”, creación de los jóvenes que participaron en la Semana del Estudiante:

44
Carolina Gutiérrez-Rivas: El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz de las nociones de ideología...

Carmen Clemente se dedicó no solo a la lucha por la libertad, oprimida por aquel
régimen brutal, sino a cerrar filas con las mujeres que defendían la causa de sus
padres, hermanos e hijos (…) [Clemente] descolló, no solo por su inteligencia y
tenacidad sino por su audacia, intrepidez y coraje (…) Es una de las más eminentes
precursoras de la modernidad, de la vanguardia, en pro de las grandes batallas por
la reivindicación de la mujer (Pérez 2006: 17).

En 1929, se unió a las madrinas de guerra, un grupo de mujeres dedicadas


a visitar a los presos políticos para llevarles alimentos, medicinas y servir como
enlace de la correspondencia entre La Rotunda y otras cárceles. En 1930, co-
noció a los fundadores del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y en 1931
creó, junto con otras dos activistas, Josefina Juliac y Margot García Maldonado,
la primera célula femenina de dicho partido. Una vez desaparecida la dictadura,
Clemente Travieso inició la que sería su más grande y dura batalla: reivindicar
los derechos políticos, económicos y sociales de la mujer venezolana.
En 1932 ya colaboraba con la redacción del periódico comunista “El
Martillo” y en 1935, al fundarse la Agrupación Cultural Femenina, Clemente
Travieso participó como miembro activo. Fue una de las primeras mujeres en
dedicarse al periodismo a tiempo completo y, a diferencia de las que anterior-
mente habían seguido este camino, se convirtió en una reportera de calle, no
de escritorio, como ella misma llegó a aclarar.2

1. Metodología
En los textos dejados por la autora, se hace evidente que sus ideas sobre
política e igualdad social para la mujer eran desconocidas y, en gran parte, no
compartidas por las mujeres de su entorno, aspecto señalado por la misma
articulista y otros estudiosos de su obra.
Con el fin de mostrar que Clemente Travieso fue una comunicadora con
ideas adelantadas a su época y su contexto histórico-social, he decidido centrar
la discusión en fragmentos destacados de sus seis primeros artículos, escritos
entre 1936 y 1939, a saber: “Nuestra Mujer. Llamamiento” (1936) Orve3;
“Cultura femenina venezolana” (1938) Ahora4; “Incorporemos a la mujer a la
vida ciudadana” (1939a) Ahora; “La mujer y la instrucción” (1939b) Ahora;
“La capacidad intelectual de la mujer” (1939c) Ahora; y “La mujer venezolana
y su liberación económica” (1939d) Ahora. Cada uno es de aproximadamente
mil palabras y algunos contienen errores tipográficos y de redacción que son
propios de la autora.
Los rasgos lingüísticos de estos seis textos muestran dos aspectos sobresa-
lientes sobre los cuales versará el presente trabajo. El primero radica en que,
de los cuatro enfoques feministas acerca del género y la comunicación, deno-
minados “deficitario”, “basado en la dominación”, “basado en la diferencia”
y “dinámico” (Coates, 2004; McKee y Smith, 2009), los textos de Clemente
Travieso se construyen a través de manifestaciones discursivas que pueden

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14 (1)

examinarse empleando, sobre todo, el enfoque dinámico. El segundo tiene


que ver con el análisis del posicionamiento ideológico de la autora tal como se
construye en los textos analizados. Para tal fin, se empleará el trabajo de van
Dijk (2008) como marco de referencia.
A continuación se ofrece una explicación detallada sobre cada enfoque.

1.1. Los enfoques feministas sobre la comunicación


Antes de continuar, parece pertinente destacar que en este trabajo se ha
hecho uso de lo que se denomina “tráfico de teorías” (Lima Costa, 2002),
asunto que Femenías (2007) explica del siguiente modo:
Traficar teorías implica una práctica que quiebra –en su reapropiación–
los modelos originales, enriqueciéndolos. Desde otros contextos (…) es
un modo de aculturar el universalismo; un modo de apropiárselo (…)
El minucioso trabajo de traducción, de citación de resignificaciones, de
ruptura de contextos y de reincorporación de conceptos marca el lugar
del derecho a la producción de saberes, como diferente de la repetición.
(Femenías, 2007:13, énfasis propio)
Hago mención a este aspecto ya que existe cierta reserva dentro de la co-
munidad académica por incorporar y adaptar en los estudios latinoamericanos
teorías venidas del “primer mundo”. Pero si bien los movimientos feministas
presentan disimilitudes entre los países desarrollados y América Latina, es
imposible negar que las teorías y patrones surgidos de los primeros, aunque
adaptados a realidades particulares, han servido (y siguen sirviendo) de modelo
a las mujeres de todas las latitudes, así como a los estudios académicos sobre el
género. En este caso, la teoría feminista sobre los enfoques de la comunicación
resulta útil y relevante a la hora de explicar y analizar ciertos aspectos presentes
en el discurso de Clemente Travieso.
Al establecer los antecedentes en el área de la lingüística, cabe destacar
una de las pioneras mundiales en investigar la relación entre lengua y género
fue R. Lakoff (1975), con su trabajo “Language and Women’s Place”, obra
que ha sido ampliamente criticada, pero de referencia obligada en el campo.
Según sus estudios (realizados en hablantes de lengua inglesa), R. Lakoff dio a
entender que el habla de las mujeres era “incorrecta” porque tenían la tendencia
a usar más preguntas coda (es decir, preguntas cortas que se colocan al final
de una oración afirmativa o negativa, para confirmar o negar su contenido),
en vez de oraciones afirmativas; hablaban “raro”; usaban adjetivos “vacíos” y
eran más deferentes que los hombres. Asimismo, R. Lakoff sostenía que las
mujeres debían aprender a hablar como los hombres para poder ascender en
la escala social. Esta visión de la mujer se enmarca dentro del enfoque llamado
“deficitario” ya que, precisamente, pone de relieve que el habla de las mujeres
es inferior en comparación con la de los hombres y las hace parecer carentes de

46
Carolina Gutiérrez-Rivas: El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz de las nociones de ideología...

autoridad o conocimiento sobre los temas tratados. Teóricos como Cameron


(1992: 24) encontraron esta postura “particularmente perversa”, ya que asume
que cuando las mujeres hablan actúan o representan su falta de poder.
Sin embargo, gracias a este trabajo se empezaron a considerar otras maneras
de estudiar el género y la lengua. Autores como McKee y Smith (2009) explican
que los enfoques posteriores5, como el basado en la dominación, empezaron
a ver a las mujeres como un grupo oprimido y a interpretar las diferencias
lingüísticas entre mujeres y hombres como resultado de la subordinación. De
acuerdo a esta postura, el lenguaje de las mujeres es visto como naturalmente
pasivo y el de los hombres como naturalmente asertivo. Más adelante, se cambió
el rumbo hacia un enfoque basado en la diferencia, que enfatizaba la idea de que
mujeres y hombres pertenecían a subculturas distintas y se expresaban según
su género (McKee y Smith, 2009: 4). Esta aproximación permitió examinar
el lenguaje de las mujeres fuera del marco de la opresión y la falta de poder
y, más bien, celebró sus modos de hablar. Sin embargo, falló al aplicarse a los
intercambios mixtos y no pudo ignorar el tema del poder.
El enfoque más reciente se denomina enfoque dinámico y, como bien lo
dice el nombre, se centra en los aspectos dinámicos de la interacción lingüística.
McKee y Smith (2009: 5) exponen que, de acuerdo con el enfoque dinámi-
co, los estilos en la comunicación se clasifican en “masculino” y “femenino”,
aunque aclaran que ningún estilo de comunicación es exclusivo de un solo
género. La presente tabla muestra las características surgidas de la clasificación
del discurso según el género:
Tabla 1. Las características de los estilos de comunicación según el enfoque
dinámico.

El discurso masculino El discurso femenino

• Es competitivo • Busca alcanzar la armonía


• Enfatiza la independencia • Busca el consenso
• Es brusco y directo • Es cortés e indirecto
• Es desapegado • Es emotivo

Según esta noción, el género es visto como un constructo social, en vez de


una categoría social asignada. Con el género no se nace, sino que este se hace.
El enfoque dinámico reta la visión de feminidad y masculinidad como simples
opuestos. He de advertir que los límites entre los cuatro enfoques no son defini-
tivos y pueden traslaparse (McKee y Smith, 2009: 4). Tal como se menciona en
líneas anteriores, uno de los objetivos del trabajo es mostrar hasta qué punto es
posible explicar la obra de Clemente Travieso utilizando los criterios del último
de los enfoques feministas sobre la comunicación, el enfoque dinámico.

47
14 (1)

1.2. Las nociones sobre ideología


Esta investigación también busca resaltar de qué forma se construye y refleja
la ideología presente en el discurso de Clemente Travieso, con base en las nociones
propuestas por van Dijk (2008: 205):
Las ideologías son marcos básicos de cognición social, son compartidas por miem-
bros de grupos sociales, están constituidas por selecciones de valores socioculturales
relevantes, y se organizan mediante esquemas ideológicos que representan la auto-
definición de un grupo. Además de su función social de sostener los intereses de los
grupos, las ideologías tienen la función cognitiva de organizar las representaciones
(actitudes, conocimientos) sociales del grupo, y así monitorizar indirectamente las
prácticas sociales grupales, y por lo tanto también el texto y el habla de sus miembros.

Encuentro que, desde la perspectiva histórica, las teorías sobre la ideología


presentan algunas características que pueden ser relativas. Van Dijk (2008: 204)
establece que las ideologías son cognitivas. Si bien son sociales y políticas, incluyen
ideas, pensamientos, creencias, juicios y valores, por lo que pueden verse como
“la base del sistema de creencias compartido socialmente por grupos humanos”.
Igualmente, van Dijk asegura que las ideologías también son sociocognitivas
porque son compartidas por los miembros de un grupo social, no existe un len-
guaje “privado” y no son personales (van Dijk 2008: 205). El autor acota que las
ideologías están impregnadas de principios básicos de conocimiento social, juicio,
entendimiento y percepción. En este punto, resulta útil mencionar el estudio de
Aaron (2004), quien argumenta que en las sociedades occidentales, y en muchas
culturas del mundo, el comportamiento de la mujer se controla más estrictamente
que el de los hombres. La autora plantea que este control se ve reflejado grama-
ticalmente en verbos como “salir(se)”6, usados más por las mujeres en el español
mexicano. Este hecho muestra la relativa libertad de expresarse de las mujeres y
la naturaleza sobre las expectativas de una mujer de comportamiento socialmente
restringido, tanto en la colonia como en la sociedad mexicana contemporánea.
Es de imaginar que el resto de las sociedades latinoamericanas hayan seguido
patrones bastante similares, y Venezuela no sería la excepción.
La vida de Clemente Travieso transcurrió en una época en la que, según
palabras de la autora:
La causa del poco adelanto intelectual manifiesto en la mujer, obedece al ambiente
estrecho en que, desde tiempo inmemorable, se le ha permitido actuar, y en general
podemos decir que su capacidad intelectual no se ha manifestado con más genera-
lidad, por asfixia, por falta de condiciones generosas que la impulsen al desarrollo
de su intelecto (CCT, 1939c).

Si para el momento en que escribió este artículo, la situación de las mujeres,


sin excepción, era de limitación social e intelectual, parece acertado decir, a raíz
de esta pequeño ejemplo, que Clemente Travieso poseía atributos cognitivos

48
Carolina Gutiérrez-Rivas: El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz de las nociones de ideología...

específicos que le permitían organizar sus ideas y actuar en el mundo de un


modo distintivo. En otras palabras, si la periodista, como se cree, percibía la
asimetría en la distribución del poder entre los sexos y, en consecuencia, era
capaz de obrar de manera crítica y beneficiosa para sí y para las demás mujeres
de su tiempo y entorno, se trataría entonces de un individuo singular dentro su
marco social, ya que su discurso refleja una ideología diferente a la del común
denominador de su época. A través del análisis cualitativo que presento en las
próximas páginas, explicaré de qué forma.

2. Análisis y discusión de los datos


Al analizar los artículos de Clemente Travieso, escritos entre 1936 y 1939,
he encontrado que, a pesar de la antigüedad de los textos, existe una manifes-
tación primigenia de las ideas a través de lo que actualmente se considera el
enfoque dinámico y, a su vez, se alejan, en parte, de algunas nociones sobre la
ideología, como la cognitiva y la sociocognitiva, propuestas por van Dijk (2008).
Comenzando por “Nuestra Mujer. Llamamiento” (1936), dedicado a la mujer
venezolana, se observa que Clemente Travieso decide expresar su parecer con
un léxico perteneciente al campo semántico de la alianza y la consolidación.
Lo dicho se aprecia en adjetivos como “unidas” y “absoluta”, y sustantivos
como “bloque”, con los que busca despertar consenso y correspondencia de
responsabilidades entre mujeres y hombres:
Unidas todas por un solo ideal, en bloque, para fortalecernos, comencemos por
el principio: ¡afirmemos nuestra personalidad ante el hombre! Con una absoluta
conciencia de nuestros deberes, conquistemos nosotras mismas nuestros derechos
(CCT, 1936, énfasis añadido).

Más adelante, al exclamar: “Vamos a trabajar (…) [para] borrar de la


mente del hombre el fantasma de la mujer débil de cerebro estrecho y de
ideas limitadas” (CCT, 1936), se apropia del léxico de quien, en el momento,
era visto como el opresor (el hombre) a través de sintagmas nominales tales
como “mujer débil”, “cerebro estrecho”, “ideas limitadas”. La finalidad de esta
reapropiación es desmitificar la imagen falsa (“fantasma”) de la mujer que,
según la autora, se había perpetuado hasta sus días. Igualmente, este recurso
le sirve para exponer la poca sustentación de las creencias populares acerca de
que el comportamiento de la mujer era deficiente. Se nota en el texto que el
lenguaje no es excesivamente adornado (o afectado) y que en ningún momento
se apela a la lástima, razón por la cual, es posible concluir que esta visión de
la mujer no es compatible con el “enfoque deficitario” o el “enfoque basado
en la dominación”.
Entre algunos de los recursos estilísticos utilizados por Clemente Travieso
se encuentran figuras retóricas como la analogía, la cual se basa en una relación
de términos y consiste en la asociación de hechos que entre sí mismos son

49
14 (1)

diferentes y pertenecen, también, a campos diferentes (Ferrer y Sánchez Lanza,


2002) . Tal efecto se observa, por ejemplo, en su texto de 1939(a), en el que
funge de abogaba por la igualdad de derechos sin menospreciar las capacidades
laborales ni intelectuales de sus congéneres:
(…) si la mujer continúa ignorada, relegada a un rincón del hogar venezolano,
sin voz ni voto, viviendo y muriendo cada día (...) en un país “en el que todo
está por hacer”, continuará Venezuela en su mismo estado de atraso cultural, de
estancamiento civilizador o impersonalidad (CCT, 1939a).

Otro elemento, muy parecido al anterior, y también presente en los escritos


de Clemente Travieso, nos remite a lo que hoy en día ha sido categorizado
como “la metáfora de la mujer objeto”. G. Lakoff y Johnson (1991 [1980])
establecieron que las metáforas estructuran nuestra percepción y entendimiento
del mundo. De acuerdo con los autores, las metáforas no son simples figuras
retóricas, sino estructuras conceptuales y cognitivas que permiten hacer com-
prensible un objeto en términos de otro, o una realidad en términos de otra.
En referencia al español, algunos estudios, como el de López Rodríguez (2009),
muestran que ciertas metáforas representan las diferencias de género en términos
de imaginería animal para degradar ciertos grupos sociales que se consideran
inferiores o marginales. Investigaciones similares, como la de Pedraza (1998),
examinan las metáforas que asocian a las mujeres con objetos tales como es-
tatuas, robots, mercancía y basura. Según la autora, estas metáforas reflejan el
ideal de mujer presente en el imaginario masculino. Por ejemplo, las muñecas
actúan como una metáfora del consumo, una humillación de lo femenino. En
ambos artículos se destaca que la metáfora conlleva fuerza social y cognitiva,
y moldea, a la vez que expresa, la visión del mundo de los hablantes. Por lo
tanto, las imágenes de animales y objetos no son más que el reflejo del papel
asignado a la mujer en las sociedades de habla hispana.
Volviendo al ejemplo de “estatua hogareña”, puede apreciarse la posición
de Clemente Travieso respecto a sus congéneres, y es precisamente la metáfora
de mujer objeto con la que acierta a describir la situación de la mujer que,
por múltiples razones, es pasiva y está constreñida y limitada al hogar. Con
este recurso muestra otra forma de reapropiación de los esquemas y conceptos
masculinos para redireccionarlos hacia un camino más positivo respecto a la
imagen y situación general de la mujer:
Al comienzo hubo un revuelo de opiniones degradantes para la mujer que tan
impávidamente cambió su actitud de estatua hogareña, en compañera de trabajo del
hombre en la oficina o en simple trabajadora textil (CCT, 1939d, énfasis añadido).

Es importante destacar que la ensayista se reconoce a sí misma como


pionera del movimiento feminista en Venezuela: “Ha de ser la mía la primera
voz que se levante para decirte: ¡Mujer venezolana de pie para defender tus

50
Carolina Gutiérrez-Rivas: El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz de las nociones de ideología...

derechos!” (1936), y a través de la ironía procura imprimirle humor al texto


(quizás volverlo menos solemne y más accesible a todo tipo de público) con
la intención de poner de relieve los problemas y preocupaciones que ya mo-
delaban su perfil de persona dedicada a la lucha feminista: “La historia de la
cultura femenina en Venezuela puede escribirse con una sola frase: no existe”
(CCT, 1938).
La agudeza de esta activista, prácticamente sola en su misión, llega al punto
de permitirle advertir, dentro de su esfera social, la presencia subyacente de
una opresión surgida de la mujer hacia la misma mujer. Tal rasgo se observa
cuando Clemente Travieso (1938) se refiere a ciertas mujeres de clase media
que se preocuparon por instruirse apenas un poco para poder vivir con algunas
libertades. Apela a la emoción de sus lectoras(es) al tildarlas de “egoístas”, y
enfatiza tal característica con sustantivos como “indiferencia” y “superioridad”,
así como con la metáfora “torres de marfil”:
Estas mujeres, que siguen siendo una minoría, aún en nuestros días, no se
preocuparon, ni se preocupan, por inculcar a sus compañeras el amor a la lectura
seria, aquella que pudiera dejarles alguna cultura, alguna instrucción; sino que se
encerraron, con un marcado sentimiento de egoísmo en sus ‘torres de marfil’, para,
desde allí, mirar a las demás, –a las que no pudieron llegar por falta de medios
a su cultura– por encima del hombro, con indiferencia, con superioridad (CCT,
1938, comillas de la autora, énfasis añadido).

La crítica de Clemente Travieso va dirigida al excesivo celo por el co-


nocimiento intelectual de ese reducido grupo de mujeres pudientes que no
se preocuparon “en abrir Bibliotecas populares, ni en formar agrupaciones
culturales, en donde sus compañeras pudieran adquirir un poco de esa tan
ansiada cultura, que las ayudase a despejar un poco las sombras de sus vidas de
mujeres ignorantes” (CCT, 1938). Se debe acotar que el ansia por la igualdad
de Clemente Travieso llegó a extremos tales de visualizar para Venezuela institu-
ciones que aún hoy, en el siglo XXI, no han sido creadas: bibliotecas populares
sostenidas por mujeres, centros femeninos de culturización, universidades
populares, “donde existan cursos de capacitación para la mujer venezolana en
el cumplimento de sus deberes y derechos, como ciudadanas…” (CCT, 1938).
Es muy importante señalar que la autora estaba consciente de que el uso de
la lengua era un arma que, hasta ese momento, había servido para mantener a
la mujer al margen de la vida social y política del país. Por ello, resalta el léxico
con el que se mofaban de las mujeres que mostraban voluntad de escolarizarse
e independizarse:
La razón por la cual, la mujer venezolana se marginó totalmente a la lucha en
el sentido cultural, fue sin duda el ambiente poco propicio, los epítetos poco
galantes con que regalaban los hombres a la mujer que dejaba entrever su anhelo
de liberación, su esfuerzo de culturización o de libertad. Todos aquellos títulos de

51
14 (1)

‘bachillera’, ‘mariscado’, ‘marisabidilla’ con que las nombraban los bien hallados
con la esclavitud de la mujer; los incapaces para comprender todo el aporte que
da la mujer de conciencia despierta, de actitud resuelta y de voluntad firme en
la consecución del ideal, ante los problemas culturales de un país (CCT, 1938).

Al hacer un llamado a un cambio de orientación ideológica en las mujeres


de la sociedad venezolana de principios del siglo XX, Clemente Travieso devela
una postura mental que presenta oposición a la de la cultura dominante del
momento. Una posible explicación a los planteamientos de Clemente Travieso
podría hallarse en sus propias vivencias, aspectos tomados en cuenta por los
postulados de van Dijk (2008: 206) que establece que:
Las ideologías pueden tener varios grados de complejidad, los cuales se relacionan
con la estratificación social y las reglas sociales, en el sentido de que los líderes,
elites o los que han recibido una mejor educación, y en general los ‘ideólogos’
de un grupo, pueden tener un sistema ideológico más complejo y sofisticado.

Como se dijo, Clemente Travieso vivió en Nueva York durante la dicta-


dura gomecista y es posible, según lo que se extrae de sus artículos, que haya
adquirido conciencia de empoderamiento gracias a su contacto con la mujer
anglosajona:
A la mujer venezolana se le ha negado en todo tiempo sus derechos y se le ha
reclamado amenazadoramente el cumplimiento fiel de sus deberes (…) ¡Y esto
cuando la mujer del Norte y la mujer europea nos daban un aplastante ejemplo
de liberación y afirmación, cuando las mujeres del mundo entero se ponían de
pie para caminar al lado del hombre, en un esfuerzo definitivo y rotundo por
adquirir sus derechos de igualdad! (CCT, 1936).

Aunque pareciera que se puede abordar el discurso desde el enfoque basado


en la dominación, por la frase “a la mujer venezolana se le ha negado en todo
tiempo sus derechos”, realmente la autora se refiere a la lucha de la primera ola
del feminismo que logró conquistar derechos políticos, como el voto femenino,
aprobado en 1920 en los Estados Unidos. Sus palabras reflejan los distintos
estadios de los enfoques sobre lengua y género que he mencionado antes, ya
que la mujer estadounidense radicalizó su protesta por los derechos sociales a
partir de 1960.
Se entiende que Clemente Travieso no asume la opresión como una con-
dición natural de la mujer, sino como algo que le ha sido asignado, pero que
es mutable por medios que ella misma debe proveerse. Incluso, la próxima
cita de la periodista refuerza su imagen de política y feminista adelantada a su
época; aunque su voz fuera escuchada solo parcialmente, este personaje sabía
dónde radicaba el verdadero mal de la desigualdad y, extraordinariamente, no
le atribuía su origen al hombre: “No es el momento de arrojar culpabilidades,
porque acaso la única culpable es la moral atrasada y deformada que siglo tras

52
Carolina Gutiérrez-Rivas: El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz de las nociones de ideología...

siglo, generación tras generación privó en la vida del hombre” (CCT, 1936,
énfasis añadido). Como se ve, para describir las normas que han regido la
vida del hombre escoge los adjetivos “atrasada y deformada” que pertenecen al
campo semántico de la deficiencia o la insuficiencia. De gran valor fue que la
periodista estuviera sumamente consciente de que no se lograría el verdadero
equilibrio solo de palabra, sino también con acciones: “hablar de igualdad
entre los seres humanos es un absurdo, cuando se excluye de ella a la mitad de
la Humanidad” (CCT, 1939c).
Amante de la equidad y luchadora por el reconocimiento a todos los in-
dividuos de sus plenas capacidades, Clemente Travieso urge a las instituciones
a iniciar unos cursos de instrucción e higiene sexual en las universidades y
escuelas graduadas de instrucción superior, “a fin de que los jóvenes de ambos
sexos que allí concurren adquieran los conocimientos que necesitan sobre esta
materia” (CCT, 1939b). Insta, asimismo, a adoptar un sano criterio sobre la
sexualidad, para despojar a los jóvenes “de los prejuicios y silencios que tanto
padres como maestros han formado a su alrededor” (CCT, 1939b). Huelga
decir que esta no era una tendencia socialmente aceptada en aquellos momentos
y, ciertamente, sus palabras entraban en conflicto con la ideología religiosa,
pues iban en contra de sus postulados. Pérez (2006) recuenta que Monseñor
Pellín, director del diario “La religión”, convertía a Clemente Travieso y a las
mujeres de la Asociación Cultural Femenina en constante blanco de sus ataques,
intentando demonizar sus ideas:
[Las] llamaba ‘locas, prostitutas’ y también [decía] ‘que las mujeres debían estar
en su casa’. Era el machismo en todo su esplendor, incluso con una Iglesia que
les regateaba todos sus derechos, aunque las dejara entrar a los templos a gritar
‘mueras’ a Gómez (Pérez, 2006:35).

Definitivamente, es factible afirmar que Clemente Travieso, desde su primer


artículo, escrito en 1936, ya proponía asumir un cambio en la conducta social
a través del empleo de un lenguaje de conciliación y empoderamiento, con el
fin de minimizarlas diferencias entre los sexos e integrar más a la mujer a la
sociedad. Su elección de adjetivos que resaltasen las cualidades positivas de la
mujer, en vez de enfocarse en los aspectos negativos del comportamiento del
hombre, así conducen a pensar:
Hagamos un esfuerzo colectivo por colocarnos definitivamente al lado del hombre
como compañeras valientes y honradas, sabedoras de nuestros derechos y conscientes
de nuestros deberes. Vamos a trabajar por unirnos al hombre en compañera, ‘no
en rival’ (CCT, 1936, énfasis añadido).

Por último, la autora reconoce que el poder de comenzar la transformación


está únicamente en manos de la mujer y utiliza actos de habla como peticiones
o invitaciones para exhortara sus compañeras mujeres a que la sigan:

53
14 (1)

Ya sé que la tarea es dura y que implica y requiere valor, pero empecemos, empe-
cemos por ser nosotras mismas las que nos despojemos de los prejuicios absurdos
que colocan a la mujer venezolana en un plano de inferioridad ante el hombre
(CCT, 1936, énfasis añadido).

Si, como dice van Dijk (2008), las ideologías son compartidas por
miembros de grupos sociales y se organizan mediante esquemas ideológicos
que representan la autodefinición de un grupo, a Clemente Travieso las
suyas la separaban de los demás individuos de su entorno y tiempo vital, en
especial de sus congéneres, por medio de su discurso. Podría decirse, pues,
que gracias a sus posturas visionarias sobre lo femenino y lo social, esta
periodista fue pionera en el planteo de derechos sociales para favorecer a la
mujer de la Venezuela de la época, y que estas ideas aún encuentran vigencia
en nuestros días.

3. Conclusión
Este trabajo tuvo la finalidad de poner de relieve cómo el discurso en
los textos de principios del siglo XX, de la periodista venezolana Carmen
Clemente Travieso, se puede analizar bajo el marco del enfoque dinámico;
este, como se recordará, es el más reciente entre todos los enfoques de la
comunicación desde el punto de vista feminista. La explicación se halla en el
hecho de que CCT no atribuía cualidades perversas al hombre ni incitaba a la
mujer a imitarlo, sino la exhortaba a liberarse de sus prejuicios para convertirse
en su igual. Por tanto, ni el enfoque deficitario, como tampoco los enfoques
basados en la dominación y en la diferencia, pueden servir para interpretar
el planteamiento de CCT, ya que ella consideraba que el hombre también
era víctima de la moral “atrasada y deformada” que sufría la Venezuela de su
época. En definitiva, el enfoque dinámico es el más adecuado para analizar el
discurso de Clemente Travieso. Esta periodista logra, por medio del lenguaje,
formular una exigencia que ninguna mujer antes que ella había enfocado en
su país. En este sentido, vale la pena destacar que la autora se permite excusar
a sus antepasadas femeninas, pero es clara al precisar que sus contemporáneas
no tienen el mismo pretexto para seguir viviendo en las sombras:
Si nuestras madres y nuestras abuelas no construyeron, ellas tuvieron la excusa
del medio ambiente en que actuaron; nosotros no tenemos esa excusa porque
nuestro medio ambiente actual es propicio a la realización de todos nuestros
ideales (CCT, 1936).

Asimismo, después de la revisión exhaustiva de sus textos, se percibe que


las opiniones de la escritora, quien propuso una serie de propuestas sobre la
igualdad de géneros contrarios a las convenciones del momento, no estaban
vinculadas ni derivaban de la corriente de pensamiento dominante en la

54
Carolina Gutiérrez-Rivas: El discurso de Carmen Clemente Travieso a la luz de las nociones de ideología...

Venezuela de su época. Clemente Travieso utiliza un lenguaje de empode-


ramiento e igualitarismo para exponer opiniones políticas y pensamientos
sobre la realidad social que eran desconocidos y, como fue comprobado,
no compartidos por otras mujeres, lo que la convierte en una innovadora y
pionera en el aporte de ideas de avanzada a favor de los derechos de la mujer.
Woortmann (2007) manifiesta que las personas son históricas, y por
eso mismo su concepción del tiempo, hoy, probablemente no es la misma
de ayer. Esta sentencia no solo aplica al tiempo, sino a percepciones, ideas
y convicciones. Por ello, la visión a futuro que tuviera Carmen Clemente
Travieso en la primera mitad del siglo XX, aún hoy se concibe como vigente
y sigue guardando más significación que nunca. Esta mujer venezolana hizo
revelaciones y llamados a sus congéneres y compatriotas que iban mucho más
allá de su época. Sus textos pueden tomarse como modelo de la manifestación
concreta de algunos enfoques sobre lengua, comunicación y género.
En suma, la venezolana Carmen Clemente Travieso enarboló varias
banderas de lucha de su generación, a la vez que asumió todas las facetas del
feminismo: fue sufragista, socialista y liberal, y buscó la igualdad sin querer
olvidar las diferencias. Por el momento, no se sabe de ninguna otra mujer
en Venezuela que, previo a su época, tuviera la mentalidad, la oportunidad,
la valentía o la voluntad de comunicar tales valores de cambio a su entorno
social.

Notas:

1 Parte de este trabajo fue presentado como ponencia en el VII Coloquio Nacional
de la ALED-Venezuela (2010).
2 Véase: Corrales y Díaz (2000).
3 Semanario que se funda en 1936, junto con los diarios Ahora y Popular. A pesar
de las buenas intenciones de Eleazar López Contreras de mantener una prensa
libre, el presidente decretó el establecimiento de la Junta de Censura, y en 1937
desaparece toda la prensa calificada de izquierda. El diario Orve era el vocero del
Movimiento de Organización Venezolana, partido socialdemócrata considerado
antecedente de Acción Democrática.
4 Este diario fue fundado en 1936 y desapareció en 1945. Véase el Archivo digital
Carmen Clemente Travieso. Puesto que los fragmentos citados fueron extraídos
del archivo digital, no tienen las páginas numeradas.
5 Excepto por el trabajo de R. Lakoff (1975), no se pueden dar fechas exactas de
cuándo surgió cada enfoque, pero se puede establecer que los enfoques basados
en la dominación y la diferencia surgieron y permanecieron vigentes durante los
años 80 y 90. Incluso hay académicos que aún estudian la lengua desde estos dos
puntos de vista (McKee y Smith, 2009).
6 En el estudio se señala que los constructos de género convencionalmente mol-
deados pueden observarse en fenómenos morfosintácticos y que a su vez influyen
en ellos (p. ej.: “Siempre me dice, ‘Voy al cine’, y luego nomás ni viene. Y luego, si
me salía yo con las amigas, se enojaba” [Aaron, 2004: 598, énfasis propio]).

55
14 (1)

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Carolina Gutiérrez-Rivas tiene una maestría en Literatura Hispánica por


Kansas State University y un doctorado en Lingüística Hispánica por The
University of Florida. Sus principales áreas de investigación son la sociolin-
güística, la pragmática y el análisis del discurso enfocado en la construcción
del género y la violencia. Actualmente se desempeña como Assistant Professor
en el Departamento de Foreign Languages, Literatures and Cultures de Central
Michigan University, Estados Unidos.
Correo electrónico: gutie1c@cmich.edu

57
ARTÍCULO

A esquerda na ditadura militar brasileira:


formação discursiva, memória e identidade

ISRAEL DE SÁ
VANICE SARGENTINI
Universidade Federal de São Carlos

Resumen. Durante el periodo de dictadura militar en Brasil (1964-1985), la resistencia


al régimen tomó diferentes formas, desde las manifestaciones populares –culturales
(música, teatro, cine, literatura, etc.) o políticas (manifestaciones, desfiles, grafitis,
cantos, etc.)– hasta la lucha armada. Como parte de la resistencia, la izquierda brasileña
se fue constituyendo al mismo tiempo como nueva y fracturada, distanciándose de la
tradición anclada en el Partido Comunista de Brasil (PCB) y aproximándose a la tradi-
ción de lucha, similar a la de las revoluciones rusa, cubana y china. Siguiendo la línea
francesa de Análisis del Discurso y partiendo de los trabajos de Michel Pêcheux y su
grupo, en este trabajo proponemos un análisis de los documentos de las organizaciones
que formaron la resistencia armada al régimen militar de la época, con el objetivo de
comprender la formación de la “nueva izquierda brasileña” y de examinar la produc-
ción de una práctica discursiva que refleja la identidad del movimiento de izquierda.
Palabras clave: discurso político, dictadura, resistencia, formación discursiva, memoria,
identidad.

Resumo. Durante o período de ditadura militar no Brasil (1964-1985), a resistência ao


regime tomou várias e diferentes formas, passando das manifestações populares −sejam
elas culturais (a música, o teatro, o cinema, a literatura etc.) sejam políticas (manifes-
tações, passeatas, pichações, cantos etc.)− à luta armada. Pela resistência, a esquerda
brasileira foi se constituindo ao mesmo tempo como nova e fraturada, distanciando-se
da tradição brasileira da esquerda ancorada no PCB e aproximando-se da tradição de
lutas exemplificadas pelas revoluções Russa, Cubana e Chinesa. Diante disso, propomos
aqui uma análise, sustentada pelos trabalhos desenvolvidos pela Análise do discurso de
linha francesa, a partir de trabalhos de Michel Pêcheux e seu grupo, de documentos
de organizações de resistência armada ao regime com o objetivo de compreender a
formação dessa “nova esquerda brasileira”, observando aspectos da produção de uma
formação discursiva e, mesmo, de uma identidade de esquerda.
Palavras-chave: discurso político, ditadura, resistência, formação discursiva, memória,
identidade.

Abstract. During the military dictatorship in Brazil (from 1964 to 1985), resistance
against the regime took different forms, ranging from popular manifestations –cultural
(music, theater, cinema, literature etc.) and politics (manifestations, marches, graffiti,
chants etc.)– to armed combat. The Brazilian left-wing constituted itself as Resistance,
being new and fractured at the same time, moving away from Brazilian leftist tradi-

Recibido: 29 de abril de 2013 • Aceptado: 25 de octubre de 2013.

ALED 14 (1), pp. 59-76 59


14 (1)

tion, rooted in the Brazilian Comunist Party (PCB) and approaching the tradition
of combats, exemplified by the Russian, Cuban and Chinese revolutions. Within the
framework of French Discourse Analysis and the work of Michel Pêcheux, we propose
here an analysis of documents produced by the armed resistance organizations, in order
to understand the formation of the “new Brazilian left” and to examine their discourse
practices in which the identity of the left-wing is reflected.
Keywords: political discourse, dictatorship, resistance, discursive formation, memory,
identity.

1. A heterogeneidade perpassa a dicotomia direita/esquerda: ques-


tão de identidade
Uma das dicotomias mais importantes da modernidade e que, mesmo
com as dissoluções, liquefações e fragmentações associadas à chamada mo-
dernidade tardia (ou, ainda, pós-modernidade e modernidade líquida), nunca
deixou de ser problematizada é a de esquerda e direita. Segundo Bobbio, “são
termos antitéticos que há mais de dois séculos têm sido habilmente emprega-
dos para designar o contraste entre as ideologias e entre os movimentos em
que se divide o universo, eminentemente conflitual, do pensamento e das
ações políticas” (1995: 31). Contudo, ainda que essa distinção seja sempre
retomada em meio a uma discussão política, social, ou mesmo em outros
campos devido à carga semântico-ideológica a que os termos são remetidos,
observa-se um enfraquecimento da dicotomia a partir da crise da moderni-
dade, que escancara a heterogeneidade do discurso político.
Piovezani Filho (2003) aponta que nos séculos XX e XXI tende-se a
conceber a esquerda como herdeira da razão iluminista e da revolução,
enquanto a direita como reacionária, ultranacionalista, conservadora e capi-
talista; “trata-se de uma espécie de avesso, no universo político dos atributos
eufóricos e disfóricos atrelados a cada uma dessas noções, visto que amiúde
identifica-se a direita a valores positivos e a esquerda a negativos, como, por
exemplo, na linguagem religiosa [...]” (2003: 12).
Com a pós-modernidade, as identidades deixam de ser fixas passando
a ser um processo em desenvolvimento, que se transforma no decurso da
História. Ao problematizar a questão das identidades a partir dos anos 1960,
em que algumas premissas da modernidade são superadas, como as ideias
de progresso e de racionalidade crítica, também se problematizaram outros
conceitos, como os de esquerda e de direita. O mesmo se pode atribuir às
questões em torno das ideologias: muito se afirma que elas entraram em crise
a partir da segunda metade do século XX, principalmente com o declínio dos
grandes Estados socialistas, porém, o que realmente se vê é a consequente
tendência da pós-modernidade. É nesse sentido, na busca por novos para-
digmas, que a dicotomia direita/esquerda deixou de ser fixa e se fragmentou
em uma multíade.

60
Israel de Sá y Vanice Sargentini: A esquerda na ditadura militar brasileira: formação discursiva,...

Nesse novo universo político, mais complexo, a separação em duas únicas


partes torna-se ultrapassada, inadequada.
Em um pluriverso como o das grandes sociedades democráticas, nas quais as
partes em jogo são muitas, e têm entre si convergências e divergências que tornam
possíveis as mais variadas combinações de umas com as outras, não se pode mais
colocar os problemas sob a forma de antítese, de ‘ou–ou’, ou direita ou esquerda,
quem não é de direita é de esquerda ou vice-versa (Bobbio, 1995: 35).

Diante disso vê-se o surgimento de outras designações tais como centro,


centro-direita, centro-esquerda, etc. É uma linha tênue que se acentua entre a
esquerda e a direita, uma vezque a esquerda, segundo Giddens (1996), passou
de um radicalismo para um conservadorismo a partir da crise do socialismo
no pós-URSS, por isso, hoje, encontra-se comumente na política quem se de-
nomine como pertencente, por exemplo, a um socialismo liberal, daí nota-se
que ao invés de um “ou–ou”, tem-se agora um “e–e”.
Ainda que Bobbio (1995) insista na ideia de que a oposição direita/es-
querda é excludente na medida em que não é possível ser ao mesmo tempo de
esquerda e de direita, é possível observar que seus discursos são constantemente
atravessados e abrem, com isso, a possibilidade de convergência em alguns
aspectos. Ora, esse movimento se dá mesmo pelas condições de produção de
seus discursos.
No Brasil, em processo semelhante ao de grande parte da América do Sul,
assolada por grandes ditaduras, a oposição direita/esquerda era evidente e quase
exclusiva durante todos os 21 anos de governo militar. Ambientando-se em
uma ideia que pode ser sintetizada pela expressão “se não está conosco, está
contra nós”, estabelecia-se um ambiente político bipolarizado, em que ou o
cidadão era a favor da política estabelecida pelo regime militar, ou era contra
e, por isso, deveria lutar pela sua derrubada. Ainda que essa bipartição fosse
ilusória e desconsiderasse a inércia de grande parte da população e ainda lutas
paralelas, sua propaganda era cara tanto ao governo quanto às organizações
de resistência ao regime, na medida em que possibilitava o fortalecimento da
repressão por parte de um e dava motivos para a luta armada por parte de outro.
Em meio ao forte controle da mídia que impedia um processo de abertura
e globalização e, evidentemente, de reflexividade, a estrutura política fortalecia a
dicotomia e abria espaço para um crescimento – e também uma clara fragmen-
tação – da esquerda no Brasil, criando sua própria identidade no seio da luta
(armada) contra o regime opressor. Assim, distanciando-se da estrutura inerte e,
também conformista, do Partido Comunista Brasileiro (PCB), inúmeros grupos
surgiram no Brasil, o que possibilitou a formação de uma “Nova Esquerda”.
Na contramão de uma política das esquerdas tradicionais que vislumbravam
o poder por meio de um enfraquecimento acentuado do capitalismo – uma
crise no interior do próprio sistema que possibilitaria a “revolta” do povo e a
adesão a políticas comunistas e socialistas –, a nova esquerda propunha, com

61
14 (1)

suas diferenças de posicionamentos, suas inclinações para determinada teoria


socialista ou comunista, a luta, ainda que radical, como forma de acabar com
o regime e o sistema opressores, e atingir o “poder” para a constituição de uma
política igualitária.
Em meio à grande fragmentação e às inúmeras fissuras encontradas no inte-
rior da esquerda do período, e mesmo no interior do que se toma como a “Nova
Esquerda”, era possível estabelecer uma identidade única para a esquerda brasileira
da época? Antes de indicarmos a possibilidade de uma identidade da esquerda e,
se ela realmente existia, como ela foi construída, faz-se necessário compreender as
possibilidades de encaminhamento para uma formação discursiva de esquerda.

2. Uma formação discursiva de esquerda: teoria e análise


2.1. As FDs e o papel da memória
Courtine ([1981] 2009), bemcomo Robin (1977), propõe que se retome o
conceito de formação discursiva (FD) por meio de uma releitura dos trabalhos
de Michel Foucault, uma vez que este conceito, em Análise do discurso, era
até então baseado em famílias de paráfrases discursivas, constituídas a partir
de um postulado de coerência interna baseadas sobre a identidade semântica
da formação discursiva. Courtine (2009), ao propor, então, uma releitura de
Foucault, estabelece as FD no interior da heterogeneidade capaz de abrigar
enunciados divididos, possibilitando o surgimento da noção de memória
discursiva, que se materializa em enunciados que fazem circular formulações
já enunciadas, produzindo um efeito de memória na atualidade de um acon-
tecimento (Sargentini, 2010: 98).
O enunciado se insere em uma série de formulações, dominadas por uma
FD e que mantém com outras FD relação de contradição, no fato mesmo em
que aparece seja para superá-las, seja para aprofundá-las. Em um primeiro
momento, Foucault ([1969] 2007: 95) aponta que o enunciado não é a frase,
nem a proposição, nem o speech act (os atos de fala); o enunciado são também
essas estruturas linguísticas, mas não só elas.
Será preciso admitir que qualquer série de signos, de figuras, de grafismos ou de
traços – não importa qual seja sua organização ou probabilidade – é suficiente
para constituir um enunciado, e que cabe à gramática dizer se trata ou não de
uma frase; à lógica, definir se ela comporta ou não uma forma proposicional; e
à análise, precisar qual é o ato de linguagem que pode atravessá-la? Neste caso,
seria necessário admitir que há enunciado desde que existam vários signos justa-
postos – e, por que não, talvez? – desde que exista um e somente um. O limiar
do enunciado seria o limiar da existência dos signos.

Neste ponto, é caracterizada a própria natureza semiológica do enunciado.


Courtine (2009: 86), retomando o estudo de Foucault de A arqueologia do saber,

62
Israel de Sá y Vanice Sargentini: A esquerda na ditadura militar brasileira: formação discursiva,...

afirma que “o enunciado caracteriza-se por quatro propriedades que delimitam


sua ‘função de existência’, a ‘função enunciativa’”, são elas: i) o enunciado está
ligado a um referencial; ii) o enunciado mantém com um sujeito uma relação
determinada; iii) o enunciado tem um domínio associado (uma área); iv) o
enunciado apresenta uma existência material, distinta daquela da enunciação.
Como mostra Deleuze (2005: 15), “não há possível nem virtual no domínio dos
enunciados; nele tudo é real, e nele toda realidade está manifesta: importa apenas
o que foi formulado, ali, em dado momento, e com tais lacunas, tais brancos”.
É preciso, então, observar que a própria definição de enunciado discursivo,
e mais, a compreensão das quatro propriedades que compõem o enunciado são
de fundamental importância para o que se toma como formações discursivas
definidas assim por Foucault:
No caso em que se puder descrever, entre um certo número de enunciados,
semelhante sistema de dispersão, e no caso em que entre os objetos, os tipos de
enunciação, os conceitos, as escolhas temáticas, se puder definir uma regularidade
(uma ordem, correlações, posições e funcionamentos, transformações), diremos,
por convenção, que se trata de uma formação discursiva [...] (Foucault, 2007: 43).

Em um primeiro momento de acepção deste conceito no campo da Análise


do Discurso, Pêcheux, ao lado de Henry e Haroche ([1971] 2007), não assume
uma reivindicação dos trabalhos de Foucault, buscando nos estudos marxistas
– o materialismo histórico – sua relação com as formações ideológicas1. Por
meio de um princípio de aceitabilidade inerente às FD verifica-se aquilo que
pode e deve ser dito (Courtine, 2009).
Em Vérités de La Palice, de Pêcheux ([1975] 2009)2, nota-se já, mas sem
uma identificação nominal, a presença do outro, marcado no discurso (na pró-
pria estrutura linguística) e identificado com uma formação discursiva, que nesse
momento se dá como homogênea. A ideia de heterogeneidade das formações
discursivas aparecerá, de fato, apenas na tese de Courtine, em 1981, por meio
da ideia de enunciado dividido, clivado por mais de uma formação discursiva.
[...] a sequência dos termos “referir-se” (implicitamente ou não),
“repetir”, “modificar”, “adaptar”, “opor-se a”, etc. indica que o
enunciado insere-se em uma série de formulações entre as quais
algumas são dominadas pela mesma FD que aquela que domina
a sequência discursiva de onde ele é extraído (são produzidas
em CP homogêneas), ao passo que outras, às quais o enunciado
deve-se opor, referir-se implicitamente, modificar, etc., podem
ser produzidas em CP heterogêneas em relação às suas, isto
é, sob a dominância de uma ou várias outras FD, mantendo
relações de contradição (antagonismo, aliança, ajuda, cobertura,
recuperação, etc.) com a primeira (Courtine, 2009: 90).

63
14 (1)

É possível, portanto, observar regularidades (e não homogeneidades)


intrínsecas aos enunciados e que se refletem na constituição (e que por elas
são constituídas, na relação interdiscursiva) de formações discursivas. Todo
enunciado é ao mesmo tempo fruto de uma relação própria a uma determinada
FD e assombrado, e muitas vezes atravessado, pelo outro que a ele se opõe.
Portanto, um enunciado “dialoga” com enunciados inscritos em uma mesma
FD, mas também com enunciados de outras, na medida em que traz consigo
a contradição (Foucault, 2007).
Em conseqüência das reformulações ocorridas no campo da Análise do
discurso, Pêcheux, em Discurso: estrutura ou acontecimento ([1983] 2003), já
explicita as contribuições de Foucault para a formulação do conceito de FD e
escancara a heterogeneidade ao mostrar que o discurso é unidade (verificada na
estrutura) e também dispersão (que se dá na emergência do acontecimento).
[...] toda descrição [...] está intrinsecamente exposta ao equívoco da língua: todo
enunciado é intrinsecamente suscetível de tornar-se outro, diferente de si mesmo,
se deslocar discursivamente de seu sentido para derivar para um outro (a não ser
que a proibição própria ao logicamente estável se exerça sobre ele explicitamente).
Todo enunciado, toda seqüência de enunciados, é, pois, linguisticamente descri-
tível como uma série (léxico-sintaticamente determinada) de pontos de deriva
possíveis, oferecendo lugar a interpretação (Pêcheux, 2008: 53).

Na própria relação entre a formulação e o interdiscurso produz-se um


efeito de memória que encontra na dispersão – discursos ora produzidos,
mas dispersos em busca de novos sentidos – a possibilidade da construção de
novos e diferentes sentidos. Na emergência de um enunciado, produz-se o
acontecimento que constitui o novo no repetível; no intradiscurso (a formula-
ção) encontra-se a possibilidade do dizer (o já-dito e o jamais-dito), que têm
nas relações interdiscursivas os efeitos de sentido inscritos em determinada
FD, constituindo também efeitos de memória. Torna-se interessante, então,
destacar que tanto no intradiscurso quanto no interdiscurso há estrutura e
acontecimento. Para que isso fique melhor exposto, tomemos brevemente o
seguinte exemplo, retirado do corpus:
[1] Comunicado nº 1 (Guerrilha do Araguaia): O povo unido e armado derrotará
seus inimigos (Vários Autores, 1996: 35).

Se tomarmos em primeiro lugar o nível da formulação (o intradiscurso),


notamos um encadeamento sintático que coloca o povo no papel de agente,
na ação de luta contra seus inimigos, e apresenta, ao mesmo tempo, uma
construção linguística simples (oração simples, com sujeito e predicado) que
revela uma estrutura (seus encadeamentos: suas escolhas paradigmáticas e ar-
ranjos sintagmáticos) e um acontecimento, pois ainda que esse enunciado (essa
mesma estrutura linguística) não seja novo, original, ele produz um sentido
singular no seu aparecimento, na sua enunciação. Por outro lado, no nível do

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Israel de Sá y Vanice Sargentini: A esquerda na ditadura militar brasileira: formação discursiva,...

interdiscurso, o acontecimento é mais evidente, na medida em que se dá uma


escolha enunciativa no interior de uma determinada formação discursiva que
aponta um leque daquilo que pode (e deve) ser dito, revelando, também, uma
estrutura, na medida em que abre a possibilidade de “escolha”; na história, de
alguns enunciados que são retomados, constituindo novos e diferentes sentidos.
Tem-se, então, no exemplo, a retomada de um enunciado de “enfrentamento”,
de “combate”, próprio dos momentos de conflito, principalmente entre Estado
e povo, que nesse momento histórico constitui um efeito de sentido de luta
contra a ditadura (e também contra os homens que “sufocam” a população
rural: os proprietários de terras, grileiros etc.). Vê-se, portanto, que na escolha
de determinados termos (o verbo “derrotar”, que demarca o campo da luta;
as adjetivações para povo, “unido” e “armado”, que delimitam um grupo de
combate; a designação do adversário, o “inimigo”), os sentidos já se constituem
(há, então, na própria formulação, estrutura e acontecimento); e que ao retomar
um enunciado próprio do combate, da luta, quase sempre, política, os senti-
dos se põem de fato na emergência do enunciado em determinado momento
histórico, a ditadura militar, evidenciando, também no interdiscurso, a relação
entre estrutura e acontecimento.

2.2. Uma formação discursiva de esquerda: elementos para uma identidade


da esquerda brasileira à época da repressão política

Será possível pensar em uma FD de esquerda na medida em que pudermos


observar uma articulação entre as funções enunciativas. Se em princípio temos
uma fragmentação nos movimentos que tomaram para si a designação “esquer-
da”, seriam mesmo tão distintos ainda que constituídos na resistência? Ora, se
não são, então há convergência de pensamento e, logo, estão calcados numa
mesma ideologia? Em princípio, tínhamos em torno de vinte grupos3 que se
colocaram a tarefa de combater o regime totalitário: por que uma fragmentação
tão grande, se todos se denominavam da “esquerda” (ou, como vimos, ficaram
conhecidos como “nova esquerda” brasileira)?
Muitos fatores aparecem como responsáveis pela grande fragmentação
dos movimentos de resistência à época, mas sem dúvida um se torna bastante
relevante, a clandestinidade desses grupos, que incide em dificuldades de co-
municação (Reis Filho e Sá, 2006: 24) e mesmo de divulgação de seus ideais:
trata-se, aqui, de uma restrição das formas de circulação dos discursos, seja em
um aparato tecnológico (o regime encontrou meios de controlar as ligações
telefônicas, o chamado “grampo telefônico”, para a obtenção de informações
sobre as ações desses grupos), seja ainda por meio dos comunicados, manifestos,
cartas etc., que muitas vezes não chegavam a seus destinatários. Há ainda certa
inclinação em relação a determinados modelos revolucionários internacionais,
principalmente as revoluções Cubana, de 1959, e Chinesa, amparada por sua
revolução cultural, de 1966, além, sem dúvidas, da luta pela libertação nacional

65
14 (1)

no Vietnã e a própria Revolução Russa (neste caso, em função das políticas


repressivas adotadas pelo governo de Stalin, o distanciamento é grande, o que
incide em certa inclinação a um modelo revolucionário de viés trotskista).
Porém, ainda que houvesse essa fragmentação, mesmo em relação aos
ideais, às aproximações (e distanciamentos) ideológicas, havia certa convergên-
cia estabelecida também em relação ao passado, uma vez que quase todas as
organizações emergiram de um mesmo lugar, o Partido Comunista Brasileiro,
e nasceram de uma crítica efetiva ao processo de revolução defendido pelo
PCB, centrado no que chamavam de “revolução burocrática”. Isso aponta para
certa convergência entre essas “esquerdas” (diremos no plural?) e a relação com
uma mesma FD.
O plural que se verifica na referência à(s) esquerda(s) apresenta a fragmen-
tação da oposição e resistência a um governo que se inclina para uma posição
liberal (ora neoliberal) e capitalista e, a partir de 1964, à ditadura militar que
se instalara no Brasil, mas o emprego de um único termo, mesmo que nesse
plural, já indica, sem que ainda observemos de maneira efetiva, pela análise
linguística/discursiva, os discursos apresentados por esses grupos, uma con-
vergência no pensamento e, consequentemente, na ideologia e na produção
discursiva. Mas outro ponto que não deve ser deixado de lado se não quisermos
perder de vista nosso principal objetivo no momento (qual seja, a negociação, e
consequente construção, de uma identidade da esquerda brasileira do período4)
é o papel na resistência política assumida por esses grupos, ainda que cada qual
estabeleça sua convergência ideológica, objetivando o fim da ditadura militar,
e a instalação de um Estado comunista (ou socialista).
Podemos pensar em uma formação discursiva de esquerda, porém, longe
de encontrar uma homogeneidade neste campo, pois dentro do que se designa
esquerda à época da ditadura militar no Brasil, mesmo com suas inúmeras fra-
turas, tem-se um cruzamento de “posições ideológicas” verificadas facilmente
nos documentos emitidos pelas organizações de resistência ao regime – traços
da liquidez a que são submetidos os discursos políticos na contemporaneidade
e cada vez mais fragmentados na pós-modernidade.
Consideramos que cabe uma reflexão a cerca de um discurso que se coloca
como a “pureza” da esquerda, ancorado em valores de resistência (radicalismo?)
a uma política tida como liberal e, posteriormente, capitalista e neoliberal,
princípios adotados e ora marcados pela “direita”.
Com o fortalecimento da repressão, os movimentos de resistência perde-
ram o apoio das massas e se deslocaram das manifestações de rua e da mídia
para a reclusão da clandestinidade. Com isso, os contradiscursos passam de
gêneros populares como a música, o teatro, a literatura e, ainda, os gritos e
palavras de ordem de estudantes e operários nas grandes passeatas para, quase
exclusivamente, o gênero doutrinário. Nesse momento, retomam-se, ainda que
pelo apagamento do passado com o discurso do novo, então, características in-
trínsecas ao discurso estabelecido pela esquerda e que retorna, frequentemente,

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Israel de Sá y Vanice Sargentini: A esquerda na ditadura militar brasileira: formação discursiva,...

desde o Manifesto do Partido Comunista, de 1848, e fortalecido pela Revolução


Russa, de 1917, naquilo que parece de mais puro que há no discurso político
de esquerda. Cria-se, com isso, a ideia de um discurso que, no seu interior,
dialoga apenas consigo e abre espaços para que outros discursos com ele dia-
loguem, por ele criem resistência e por meio dele surjam novos e diferentes
discursos. Tem-se, então, uma espécie de discurso fundante/fundador (ilusão?),
na medida em que rompe com a ordem do discurso e abre possibilidades para
o novo, ainda que possa ser constantemente atravessado por outros discursos.
Há nesse sentido, uma tentativa de apagamento de discursos e de distan-
ciamento dos grupos de esquerda do período de ditadura militar no Brasil em
relação a uma tradição histórica de esquerda, em especial a brasileira, constituin-
do o discurso do novo, da novidade, como apontam Reis Filho e Sá (2006: 8):
Apesar de as primeiras [organizações revolucionárias], num processo de afirmação
de um perfil próprio, terem postulado a condição de marco zero, pretendendo
distanciar-se radicalmente de todo o passado de lutas sociais e políticas, sobretudo
encarnadas pelo partido comunista e pelo partido trabalhista (o reformismo e o po-
pulismo), o fato é que não deixaram de compartilhar referências teóricas e políticas,
premissas e modos de análise e de ações caros aos partidos que desejavam superar.

Isso aponta para uma convergência dentro das fissuras e a possibilidade


de constituição de uma única formação discursiva, claramente marcada pela
heterogeneidade, pois se por um lado há o discurso da ruptura total, principal-
mente em relação ao PCB, mas também em relação ao passado de “lutas sociais
e políticas”, que cria uma ideia de gênese discursiva (o discurso original); por
outro, é possível perceber no interior de seus discursos gestos de continuidade
(não linear), de retomada, que são marcados pela luta contra o sistema vigente.
É interessante notar que ao voltar para o passado de lutas da esquerda, reto-
mando um discurso próprio da esquerda, mesmo que em alguns momentos
isso se faça para negá-los, essa “nova esquerda” inscreve-se num processo de
ruptura, marcada pela não fidelidade a tal discurso fundador, principalmente em
relação à tradição da esquerda brasileira. Trata-se, como veremos pelas análises
que se seguem, de uma descontinuidade no interior da continuidade, o que
marca, de fato, a ruptura e a não fidelidade com o passado, estabelecendo o
“projeto” do novo: as relações interdiscursivas sugerem uma adesão ao discurso
próprio da esquerda, mas pela instauração de novos paradigmas que propiciam
a emergência de um acontecimento5.
Para estabelecer seu lugar na luta contra o regime ditatorial e opressor, os
movimentos de resistência buscavam na ilusória pureza de sua constituição
pontos de suporte para a criação de uma identidade para a esquerda brasileira
da época. Próprio da dicotomia direita/esquerda, acreditavam na homoge-
neidade de seu discurso e no afastamento total do outro. Isso é rompido,
evidentemente, pelo caráter dialógico da linguagem e a natureza heterogênea
dos discursos (Brait, 1997). E mais, essa heterogeneidade está também ligada

67
14 (1)

à ideologia – que se dá na concretude do acontecimento – e à materialização


em determinado gênero do discurso. É pela própria interdiscursividade que o
novo apaga a origem, se inscreve na ruptura e instaura o acontecimento, muitas
vezes refutando o que lhe é próprio e o campo a que se relaciona.
Ainda que o político se volte para outros discursos para se fortalecer, e
mesmo adquirir uma ilusória estabilidade, isso não tira sua possibilidade de
se constituir como discurso fundador, que dá a possibilidade de que outros
discursos se formem a partir dele, que outros discursos busquem nele uma
sustentação, por meio do diálogo. Há nele o aspecto da singularidade, o que
faz com que outros discursos voltem a ele e se formem a partir dele.
Observemos, agora, alguns exemplos que nos possibilitam verificar o
aspecto de condição de um suposto novo discurso da esquerda brasileira,
inscrito em uma possível ruptura com os primórdios da esquerda no Brasil,
e as convergências que os ligam a uma mesma formação discursiva, mas que
também abrem a possibilidade para uma heterogeneidade discursiva e, até
mesmo, diferentes FD no interior de uma mesma FD.
[2] (Ação Libertadora Nacional – ALN)6: [...] a guerrilha revolucionária no Brasil
é uma estratégia revolucionária e que seu êxito depende a execução rigorosa de três
fases: a do planejamento e preparação da guerrilha; a do lançamento da guerrilha
e, por último, a da transformação da guerrilha em guerra de movimento, com
a formação e o aparecimento do exército revolucionário de libertação nacional
(Reis Filho e Sá, 2006: 272, grifos nossos). / O caráter revolucionário da nossa
organização resulta antes de mais nada do fato de que toda a nossa ação é revo-
lucionária e aspira à tomada do poder pela violência da guerra revolucionária.
/ Eliminamos da nossa organização o sistema complexo da direção que abrange
escalões intermediários e uma cúpula numerosa, pesada e burocrática (Reis Filho e
Sá, 2006: 276, grifos nossos). / A conquista do poder e a instauração do governo
popular revolucionário são os nossos grandes objetivos, segundo os entendemos
na Ação Libertadora Nacional. / Expulsaremos então os estadunidenses do país.
Confiscaremos as empresas de capital privado nacional que colaborem com os
estadunidenses. Confiscaremos a propriedade latifundiária e levaremos às últimas
conseqüências a revolução agrária libertando o campesinato. Retiraremos o Brasil
da condição de satélite da política dos Estados Unidos, tornando-nos independentes
da política dos blocos militares, seguindo uma linha de nítido apoio aos povos
subdesenvolvidos e em luta contra a colonização (Reis Filho e Sá, 2006: 281,
grifos nossos).
[3] (Vanguarda Armada Revolucionária-Palmares – VAR-Palmares)7: A guerra
revolucionária é um processo armado cujo conteúdo é essencialmente político. As
forças em conflito representam interesses sociais, econômicos e políticos conflitan-
tes, encarnando as classes antagônicas da sociedade. Como luta política armada,
travada no interior de um mesmo país, a luta armada adquire forma de guerra
civil revolucionária, já que, pelo caráter de um de seus blocos, objetiva a conquista
do poder político, visando a destruição do sistema capitalista e a construção do
socialismo. Sendo uma guerra contra o sistema capitalista, a guerra revolucionária

68
Israel de Sá y Vanice Sargentini: A esquerda na ditadura militar brasileira: formação discursiva,...

no Brasil deve ser encarada sob o prisma do socialismo, sendo esta sua lei básica.
Dirigida pela classe operária, ela está subordinada não ao seu nível de consciência,
mas à sua perspectiva estratégica de classe, expressa pela vanguarda (Reis Filho e
Sá, 2006: 341, grifos nossos).
[4] (Movimento Revolucionário 8 de Outubro – MR-8)8: O processo capitalista
reveste em nosso país a forma de capitalismo dependente, integrado no processo
imperialista no qual as empresas multinacionais monopolistas constituem o motor
e a burguesia estadunidense a vanguarda. / Embora mantendo as contradições com
este processo, o conjunto da burguesia de capital brasileiro alia-se ao imperialismo
para explorar o povo, mostrando-se incapaz em seu conjunto de dirigir ou de
participar de uma luta radical antiimperialista. / [...] destruir o imperialismo
significa necessariamente destruir a burguesia local e vice-versa. / Reafirmamos
o papel dirigente da classe operária na revolução brasileira [...]. / Mas o proleta-
riado (urbano e rural) não luta só. Não pode vencer só. É indispensável que sua
vanguarda consiga mobilizar e organizar todas as outras forças, classes e setores
sociais explorados pelo atual regime (Reis Filho e Sá, 2006: 432-435, grifos
nossos).
[5] (Forças Guerrilheiras do Araguaia –Partido Comunista do Brasil– PCdoB)9:
Diante do criminoso ataque das Forças Armadas governamentais, muitos habi-
tantes [...] resolveram não se entregar. Armaram-se com o que puderam e enfren-
taram corajosamente o arbítrio e a prepotência do Exército e da polícia. Com tal
objetivo, internaram-se nas matas do Pará, Goiás e Maranhão para resistir com
êxito ao inimigo muito mais numeroso e melhor armado. Afim de desbaratar as
operações militares da ditadura, defender suas vidas e desenvolver sua luta pela
posse da terra, pela liberdade e por uma existência melhor para toda a população,
decidiram formar destacamentos, criaram as Forças Guerrilheiras do Araguaia.
Tomaram, também, a iniciativa de fundar ampla frente popular para mobilizar
e organizar os que almejam o progresso e o bem-estar, os que não se conformam
com a fome e a miséria, com o abandono e a opressão. /A União Pela Liberdade
e Pelos Direitos do Povo e as Forças Guerrilheiras do Araguaia apelam para os
moradores da região a fim de que engrossem a resistência à odiosa ditadura militar,
aos grandes magnatas, aos grileiros e aos gringos norte-americanos que, no Norte
e Nordeste do país, já se apoderam de imensas extensões de terra e das ricas minas
de ferro de Serra do Norte perto de Marabá. A todos conclamam de se estruturar
nos comitês ULDP ou em outras formas de organização. Não há outro caminho
para o povo senão o de combater valentemente os opressores. Cada lavrador, cada
posseiro, cada trabalhador de fazenda ou castanhal, cada injustiçado, cada pa-
triota, deve ajudar, de todos os modos, os que enfrentam sem temor as tropas do
governo de traição nacional (Vários Autores, 1996: 35, grifos nossos).

Observa-se, pelos quatro exemplos acima, um apelo constante à luta


radical, pelas armas que instituem a violência – ainda que no caso do comu-
nicado emitido pela Guerrilha do Araguaia não haja uma referência explícita
à ação de luta armada, o próprio termo “guerrilha” nos remete à uma prática
de luta por meio de armas (Houaiss e Villar, 2001) – e procuram a ascensão

69
14 (1)

ao poder de um governo revolucionário, que instaure um programa político


que privilegie as classes marginalizadas. Há aqui, sem dúvidas, um efeito de
retomada de discursos sobre a luta revolucionária que empreendem o aspecto
da emergência ao poder por meio da força –exemplos são muitos, sendo alguns
que já mencionamos: revoluções Russa e Cubana.
Nos enunciados retirados de documento da ALN (2), vê-se na própria
materialidade linguística a ruptura com a tradição da esquerda brasileira inscrita,
principalmente, no PCB. A utilização do verbo ”eliminar” –em Eliminamos da
nossa organização o sistema complexo da direção que abrange escalões intermediários
e uma cúpula numerosa, pesada e burocrática– marca, pela negação, um caráter
de rompimento com a política adotada pela esquerda até então e promove, com
isso, a emergência do novo: se não incorpora um sistema complexo, burocrático
e pesado, elementos da esquerda tradicional, é porque pretende uma estrutura
política e administrativa simples, com uma espécie de ligação direta entre o
comando e os revolucionários, os “combatentes”.
Outro aspecto desse rompimento é a própria adesão à luta armada.
Como já destacamos, a esquerda brasileira era, até a emergência da ditadura
militar no Brasil, marcada por um discurso de conciliação e, até mesmo, de
conservadorismo: com o enfraquecimento do Estado pela saturação do sistema
capitalista, a classe burguesa entraria em uma luta antiimperialista e, orientada
pela vanguarda da esquerda, promoveria modificações na estrutura política que
possibilitaria a chegada ao comunismo. Com isso, a esquerda que se autointi-
tula nova toma também a burguesia como inimiga e acredita que apenas pelas
armas seria possível chegar à revolução. Nesse aspecto da luta, que marca uma
aproximação em relação à resistência, há também um fator de distanciamento:
a luta com a participação do povo das classes marginalizadas ou a luta realizada
exclusivamente pela própria organização. Se por um lado a ALN apresenta a
iniciativa de formação de um governo revolucionário efetivada por meio da luta
armada contra o regime, mas com sua participação como vanguarda, e o MR-8
assume o proletariado como a vanguarda na luta contra a ditadura; por outro, a
Guerrilha do Araguaia e a VAR-Palmares estabelecem no contato com o povo
suas sustentações para a manutenção da luta, ainda que de formas distintas.
É possível, se considerarmos que esses grupos acreditavam ser a ditadura
militar um inimigo comum a todos os brasileiros, partir de um seguinte enun-
ciado de base: A ditadura deve ser combatida à força. É um enunciado que nos
leva a crer em uma formação discursiva própria da esquerda brasileira da época,
inscrita na ruptura, mas ao mesmo tempo na retomada de um discurso fundador
da esquerda, que destaca um mesmo referente, a ditadura militar, e um mesmo
domínio associado, a luta da esquerda pela revolução que levará à constituição
e consolidação do socialismo/comunismo. Assim, tem-se: a ditadura deve ser
combatida à força e a ditadura é imperialista e capitalista.
Por outro lado, a partir desse(s) enunciado(s) de base é possível realizar
encaixamentos enunciativos, a partir dos discursos dessas organizações, que nos

70
Israel de Sá y Vanice Sargentini: A esquerda na ditadura militar brasileira: formação discursiva,...

levam a verificar e a comprovar a fratura no interior do movimento. Por exemplo:


[6] A ditadura deve ser combatida à força pela organização.
[7] A ditadura deve ser combatida à força pelo povo.
[8] A ditadura deve ser combatida à força por todos nós.

Sendo que o primeiro enunciado nos leva a um outro: O povo deve seguir
a vanguarda (para derrotar o regime opressor); e os dois últimos nos leva ao
seguinte: O povo deve combater valentemente o inimigo opressor.
Como se vê, se é possível pensar uma FD da Nova Esquerda brasileira,
que como a ditadura (militar), que é imperialista e capitalista, deve ser comba-
tida à força, pela luta armada, há também no interior dessa mesma FD uma
heterogeneidade que revela a fratura que existe no interior do movimento de
resistência e que mostra que há, portanto, FD diferentes no interior de uma
mesma FD. Assim, as estruturas linguísticas comprovam e reafirmam os dados
históricos já apresentados pelos historiadores desse período. Todos esses grupos
têm como inimigo comum a ditadura e acreditam que a luta armada é o único
meio de derrotá-lo; porém, seus discursos variam e se diferenciam em função
da forma como essa luta deve ser empreendida.
Vimos, pelos enunciados derivados daquele enunciado de base, e por
meio de encaixamentos linguísticos, que uns colocam a vanguarda (a própria
organização) liderando o movimento; outros colocam o povo encabeçando a
resistência e a organização apenas como representante, uma espécie de media-
dora, de suas necessidades. Voltamos, então, aos exemplos que apresentamos
para que essas constatações fiquem mais claras.
Uma convergência para uma mesma FD da esquerda (ou dessa Nova
Esquerda) se dá, então, como já afirmamos, pelos mesmos referentes e domínio
associado. Todos remetem sua luta contra a ditadura militar e suas políticas
econômicas. Ainda, um ponto comum é a constante invocação contra o sistema
capitalista (neoliberal) instituída por inúmeros ataques aos Estados Unidos,
eleito como inimigo da luta revolucionária sob a acusação de financiar os re-
gimes ditatoriais e instituir políticas capitalistas em países periféricos. Têm-se
os seguintes enunciados:
[9] [...] nossa ação é revolucionária e aspira à tomada do poder pela violência da
guerra revolucionária (ALN).
[10] Retiraremos o Brasil da condição de satélite da política dos Estados Unidos,
tornando-nos independentes da política dos blocos militares (ALN).
[11] Guerra revolucionária é um processo armado (VAR-Palmares).
[12] Sendo uma guerra contra o sistema capitalista, a guerra revolucionária no Brasil
deve ser encara sob o prisma do socialismo (VAR-Palmares).
[13] [...] destruir o imperialismo significa necessariamente destruir a burguesia local
e vice-versa (MR-8).

71
14 (1)

[14] Armaram-se com o que puderam e enfrentaram corajosamente o arbítrio e a


prepotência do Exército e da polícia (Forças Guerrilheiras do Araguaia).
[15] [...] engrossarem a resistência aos grandes magnatas, aos grileiros e aos gringos
norte-americanos (Forças Guerrilheiras do Araguaia).

Há, então, uma convergência discursiva em dois sentidos: i) a crítica à


política adotada pelo governo militar, de fortalecimento da economia capitalista
(exploratória), com forte aproximação aos Estados Unidos e à classe burguesa
(“magnatas”, “grandes proprietários de terras”, “grileiros”); e ii) o apelo à luta
armada como forma de resistência a esse regime ditatorial. A primeira caracterís-
tica é evidenciada por verbos e expressões que indicam exclusão ou agressividade,
como em “retirar o Brasil da condição de satélite” (exclusão), “guerra contra o
sistema capitalista” (agressividade), “destruir o imperialismo” (agressividade),
“resistência aos norte-americanos” (exclusão, mas também agressividade).
Mas há a referência constante à luta armada por meio dos seguintes termos
e expressões: “violência”, “processo armado”, “guerra”, “armar-se”. Ambos os
aspectos os colocam em uma tradição própria da esquerda. Se por um lado é
comum e constante o ataque às políticas capitalistas por parte dos movimentos
de esquerda, o que insere esses grupos numa tradição histórico-discursiva; por
outro, o apelo à luta armada ao mesmo tempo em que os insere numa tradição
de lutas (Revoluções Russa, Chinesa e Cubana, entre outras), os distancia de
uma tradição da esquerda brasileira, centrada na burocracia do PCB.
Nesses aspectos, tem-se uma convergência para uma única FD de esquerda.
Mas, se tomarmos os enunciados que apresentam o modo de condição de luta
de cada grupo, as divergências aparecem e evidenciam-se as fraturas. Vejamos
alguns deles:
[16] [...] três fases [da guerra revolucionária]: a do planejamento e preparação da
guerrilha; a do lançamento da guerrilha e, por último, a da transformação da
guerrilha em guerra de movimento, com a formação e o aparecimento do exército
revolucionário de libertação nacional (ALN).
[17] Dirigida pela classe operária ela [a guerra revolucionária] está subordinada [...]
à sua perspectiva estratégica de classe, expressa pela vanguarda (VAR-Palmares).
[18] Reafirmamos o papel dirigente da classe operária na revolução brasileira (MR-8).
[19] [...] os habitantes da região uniram-se para enfrentar o exército e fundaram as
Forças Guerrilheiras do Araguaia (Forças Guerrilheiras do Araguaia).

Voltemos, então, aos enunciados derivados daquele enunciado de base:


a ditadura deve ser combatida pela organização / pelo povo / por todos nós. Os
enunciados retirados dos exemplos demonstram claramente essa fratura que
evidenciam formações discursivas diferentes no interior de uma formação dis-
cursiva da esquerda. A ALN se assume como vanguarda na luta. VAR-Palmares
e MR-8 dão esse papel à classe operária, assumindo a importância do povo na
luta contra a ditadura. Os guerrilheiros do Araguaia procuram assumir um

72
Israel de Sá y Vanice Sargentini: A esquerda na ditadura militar brasileira: formação discursiva,...

discurso de homogeneidade (guerrilha é o lugar do povo) que coloca a derrota


da ditadura como uma tarefa para todos nós.

3. Algumas considerações...
Percebe-se, então, pelos discursos e pelos enunciados que apresentamos que
há, no interior dessa Nova Esquerda, convergências em relação à luta armada
e à constituição de seus inimigos, mas há divergências em relação à forma
como a luta será conduzida, em relação à política de cada grupo. O discurso
da nova esquerda brasileira, então, se volta para um discurso fundador, dos
grandes momentos da esquerda, e até mesmo do Partido Comunista Brasileiro
(PCB), ora para com ele dialogar ora para refutá-lo, para se constituir como
ruptura. É, portanto, interessante notar que ao se voltar para o anterior, o já
posto, as grandes teses da esquerda, em especial a brasileira, não constitui um
processo de continuidade, de fidelidade a esse discurso fundador; ao contrário,
ainda que tome alguns de seus fundamentos, volta a eles, quase sempre, para
negá-los, para mostrar em que medida se estabelece o novo, em que medida é
descontinuidade e ruptura. O discurso político é fundador, mas não é fechado
em si mesmo, ele está em constante diálogo com os seus, e também com o
outro, e com isso abre a possibilidade para novos dizeres.
Nesse ponto, observamos aspectos relevantes de uma formação discursiva
própria da esquerda. Se encontramos diferenciações em alguns aspectos de
cada discurso, fruto da heterogeneidade intrínseca aos discursos, marcada na
fratura do movimento, também encontramos, e essa é a predominância, aspec-
tos de convergência, pois, como já vimos, apresentam um mesmo referencial
(referente), um mesmo domínio associado (o discurso revolucionário por meio
da luta armada) e determinam uma mesma (ou semelhante) posição sujeito,
que toma posição na resistência/luta contra a ditadura; além do mais, suas
existências materiais são inscritas no gênero doutrinário, próprio do discurso
político – antes de sua espetacularização, sobretudo pela mídia, já a partir do
processo de abertura política e início da redemocratização.

Notas

1 Gregolin (2007: 155) mostra que o conceito de FD é o ponto de articulação entre


Pêcheux e Foucault na construção de uma análise de discursos; assim, aponta que,
“centrados na articulação entre sistematicidade e dispersão, os desenvolvimentos
do conceito de FD mostram que a aproximação entre Pêcheux e Foucault se dá na
direção de uma idéia cada vez mais forte de heterogeneidade”.
2 Tradução brasileira: PÊCHEUX, M. 2009. Semântica e discurso: uma crítica à afir-
mação do óbvio. Trad. Eni Puccinelli Orlandi et. al. 4. ed. Campinas, SP: Editora
da UNICAMP.
3 Daniel Aarão Reis Filho e Jair Ferreira de Sá (2006) apresentam documentos de
dezessete grupos de resistência, clandestinos, ao regime militar, criados entre os anos

73
14 (1)

de 1961 e 1971, e que os denominam como Nova Esquerda, na medida em que


“surgiram no país em oposição e como alternativa ao Partido Comunista Brasileiro
(PCB) e que se propunham a dirigir as lutas sociais e políticas do povo brasileiro,
encaminhando-as no sentido da liquidação da exploração social, da dominação do
capital internacional e da construção de uma sociedade socialista” (2006: 15).
4 Neste trabalho, não procuraremos discutir a formação da identidade da esquerda
brasileira, pois demandaria pesquisa e uma análise de documentos e pronuncia-
mentos dos grupos de esquerda ao menos desde de 1922, ano de surgimento do
PCB. Procuraremos apenas observar em que medida, neste momento da história
brasileira, o fortalecimento de uma resistência ao regime, quase sempre sustentada
pela luta armada, contribuía para a construção e também fortalecimento de uma
identidade da esquerda e, talvez, de uma identidade brasileira à época.
5 Vale observar que o discurso político aparece sempre como uma projeção para o
futuro, por isso cria-se sempre a ideia, pelos enunciados, pelo próprio discurso, de
ruptura, daí a referência constante ao “novo”. Lembremos, por exemplo, as campanhas
à presidência da República para as eleições de 2010 no Brasil, dos dois principais
candidatos: Dilma Rousseff (PT) e José Serra (PSDB); seus slogans de campanha
eram, respectivamente, “Para o Brasil continuar mudando” e “O Brasil pode mais”.
Nota-se, em ambos os enunciados, a inscrição da mudança, portanto o aparecimento
do novo, o que marca a ruptura com uma política frequentemente adotada no país, e
traz a esperança de um futuro melhor. Porém, também os dois apresentam marcas de
continuidade: o discurso da petista, por sua própria filiação, explicita a continuidade
pelo termo “continuar”, que revela proximidade com o governo que findava, que
propunha mudanças, daí “continuar mudando”. O discurso do tucano apresenta
marcas que evidenciam proximidade na medida em que aceita que o Brasil mudou,
mas que “pode mais”. É interessante, então, que ambos os slogans produzem efeitos
de sentido semelhantes, na construção da ruptura, e de certa filiação às mudanças já
ocorridas no Brasil. É esse mesmo processo, veremos nos exemplos mais adiante, que
se dá no discurso das organizações armadas. A instauração da ruptura pelo discurso
do novo e a projeção de um futuro diferenciado (a esperança) é importante para a
consolidação como grupo e a aceitação na sociedade, mas as marcas de continuidade
(o contínuo no descontínuo) revelam o pertencimento na história. Essa construção
(o novo e a tradição) circunscreve as negociações pelas identidades.
6 Documento da ALN, de maio de 1969, intitulado “O papel da ação revolucionária
na organização”.
7 Documento da organização VAR-Palmares, de setembro de 1969, intitulado “Pro-
grama”.
8 Documento do MR-8, de abril de 1969 e retomado em janeiro de 1971, intitulado
“Linha política e orientação para a prática”.
9 Documento da Guerrilha do Araguaia, braço armado no campo do Partido Comu-
nista do Brasil (PCdoB), de 25 de maio de 1972, intitulado “Comunicado nº 1”.

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74
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Paulo: Contexto.
Vários Autores (1996). Documentos do PCDOB. Guerrilha do Araguaia. São
Paulo: Editora Anita Garibaldi.

Israel de Sá. Doutorando em Linguística pelo Programa de Pós-Graduação em


Linguística da Universidade Federal de São Carlos (PPGL/UFSCar), membro
do Laboratório de Estudos do Discurso da UFSCar (LABOR/UFSCar) e bol-
sista da Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (FAPESP).
Mestre em Linguística pela mesma instituição, realizou estágio de pesquisa
entre os anos de 2012 e 2013 na Université Sorbonne Nouvelle – Paris 3,
com estudos em História das Ideias Linguísticas e Análise do Discurso. Possui
trabalhos e artigos publicados com ênfase no discurso político, observando
produções de identidades de resistência e de memórias da ditadura militar

75
14 (1)

brasileira; a articulação entre discurso, memória e identidade; as discussões em


torno da semiologia histórica, tratando das dimensões linguageira, histórica e
cultural do discurso.
Correo electrónico: israeldesa@gmail.com

Vanice Sargentini. Professora Associada do Departamento de Letras e do


Programa de Pós-Graduação em Linguística da Universidade Federal de São
Carlos e Coordenadora do Laboratório de Estudos do Discurso da UFSCar
(LABOR/UFSCar). Doutora em Linguística e Língua Portuguesa pela UNESP/
Araraquara com Pós-doutorado (PDE/CNPq) na Sorbonne Nouvelle, Paris 3.
Organizadora desde 2006 do Colóquio Internacional de Análise do Discurso
(CIAD) no qual são discutidos temas que se articulam a seus interesses de pes-
quisa: teoria, métodos e objetos da Análise do Discurso; Semiologia, Discurso
e história; Contribuições de M. Foucault aos estudos do discurso. Possui pu-
blicações na área dos estudos do discurso político, em especial sobre o papel da
multimodalidade na produção dos discursos políticos na contemporaneidade.
Correo electrónico: sargentini@uol.com.br

76
ARTÍCULO

Las señales del cuerpo emocionado.


Un entrelazamiento entre semiótica
y análisis del discurso

JOSEFINA VILAR ALCALDE


Universidad Autónoma Metropolitana

Resumen. Partiendo de la reflexión de Patrick Charaudeau sobre la emergencia de


las emociones en los discursos enmarcados socialmente, el artículo propone incluir
en el análisis del discurso los recursos del pensamiento semiótico, particularmente
la operatividad de los signos indiciales porque permiten dar cuenta de la intención
comunicativa del cuerpo emocionado.
Palabras clave: discurso, semiótica, emociones.

Resumo. Considerando a reflexão de Patrick Charaudeau sobre o surgimento das


emoções em discursos socialmente enquadrados, o artigo propõe incluir na análise do
discurso os recursos de pensamento semiótico, principalmente a operação de sinais
indiciais que permitam entender a intenção comunicativa do movimiento de corpo
emotivo.
Palavras chave: discurso, semiótica, emoções.

Abstract. Following Patrick Charaudeau’s reflections about the emergence of emotions


in socially framed discourses, this article proposes that the analysis of semiotic resources
should be included in discourse analysis, particularly the operation of indexical signs
that allow for the identification of the communicative intention of the sensitive body.
Key words: discourse, semiotics, emotions.

Introducción
Este artículo se concentra en una cuestión central planteada por Patrick
Charaudeau (2011): ¿Pueden las emociones ser objeto de estudio específica-
mente del lenguaje a partir de una problematización discursiva? Charaudeau
responde afirmativamente y lo ilustra mediante el análisis de la presencia de
las emociones en el discurso populista. Nuestro autor empieza por distinguir
el punto de vista del análisis del discurso de los de la sociología y la psicología,
sea ésta la psicología social, la psicología diferencial o el psicoanálisis.
El punto de vista de un análisis del discurso no puede confundirse totalmente
ni con el de la psicología…, ni tampoco con el de la sociología… El análisis del
discurso tiene como objeto de estudio el lenguaje en tanto que produce sentido
en una relación de intercambio, que es en sí mismo signo de alguna cosa que no
Recibido: 18 de septiembre de 2013 • Aceptado: 10 de febrero de 2014.

ALED 14 (1), pp. 77-94 77


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está en él y de la cual es, sin embargo, portador. De ahí que el miedo, por ejemplo,
no se ha de considerar en función de la manera en que el sujeto lo manifiesta por
su fisiología, ni como una categoría a priori…, ni como el síntoma de un com-
portamiento colectivo…, sino como signo de lo que puede sucederle al sujeto por
el hecho de que él mismo sería capaz de reconocerlo como una ‘figura’, como un
discurso socialmente codificado que, como lo propone Roland Barthes [1984:254],
le permitiría decir ‘¡Esto es justamente el miedo!’ o simplemente ‘¡Tengo miedo!’
Este punto de vista se asemejaría, entonces, al de la retórica de los efectos que
está puesta en marcha por categorías del discurso que pertenecen a diferentes
órdenes... en los cuales habría, entre otras cosas, una ‘tópica’ de la emoción que
estaría constituida por un conjunto de ‘figuras’. Pero veremos que aunque este
punto de vista concierne a la retórica, esta última debe ser completada por una
teoría del sujeto y de la situación de comunicación (Charaudeau, 2011: 100-101).

En otro lugar (Vilar, 2009) afirmé que ocuparse de la expresión de las


emociones es una tarea que cae de lleno en los terrenos de la ambigüedad, y
que es conveniente permanecer en ella el mayor tiempo posible a medida que
la reflexión avanza. Cualquiera que intente una aproximación bibliográfica a
este objeto constatará que es estudiado, no sólo por distintas perspectivas de la
sociología y la psicología, sino también por la biología (Charles Darwin publicó
en 1872 The expression of the emotions in man and animals) y las neurociencias,
de lo cual me ocuparé más adelante. Esta situación implica encarar el estatuto
de algunas oposiciones conceptuales que, desde mi punto de vista, no deben ser
reducidas a un solo término. No creo que haya siempre que escoger entre socio-
logía o psicología; tampoco entre ciencias sociales o ciencias de la naturaleza; y
mucho menos entre semiótica o análisis del discurso. Desde mi perspectiva, el
problema radica en avanzar en un punto de vista propio integrando enfoques
distintos sin hacer que ellos pierdan su coherencia específica.
De este estado de la cuestión se derivan algunos equívocos, como el uso
que hace Charaudeau de la palabra lenguaje. ¿Alude nuestro autor sólo a la
lengua hablada y escrita, o también a otros conjuntos de signos?, como pueden
ser los que conforman “el lenguaje de los ojos” que el Diccionario de la Real
Academia Española (DRAE, 2014) incluye en la definición. En este caso, el
equívoco consiste en estudiar el lenguaje verbal como el único que “produce
sentido en una relación de intercambio”, ya que hay otros procesos semióticos
que también llevan “alguna cosa que no está en los signos, de la cual son, sin
embargo, portadores” (Charaudeau, 2011: 101). Por eso creo que las emociones
sí deben ser consideradas por los signos icónicos expresados en su fisiología
y también “como signos de lo que puede sucederle al sujeto”, es decir en tanto
índices o señales de alguna cosa. De cualquier modo, estamos entonces en
terrenos abonados por distintos enfoques semióticos y semiológicos, como son
entre muchísimos otros, los de Peirce (1974), Greimas y Fontanille (1994) y
Barthes (1984), citado éste último por Charaudeau.

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Josefina Vilar A.: Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis...

1. Intencionalidad, sistemas de creencias y representaciones sociales


Del pensamiento de Patrick Charaudeau antes expuesto se desprende
que los signos que se relacionan con la expresión de las emociones corres-
ponden de alguna manera con el concepto de figura de la retórica clásica, la
cual prescribe que la obligación del orador es conmover a su auditorio para
convencerlo de algo. Se trata entonces de un cálculo y una puesta en escena.
En esta retórica que Charaudeau llama de los efectos, expuesta por Aristóteles,
Cicerón y Quintiliano, según anota Raul Dorra (2011: 149-196), las figuras
son agrupadas por tópicos (τόποι), lugares comunes dispuestos en una serie de
fórmulas y clichés. Una de estas series de figuras retóricas conforma lo que se
conoce como la tópica de la emoción.
Patrick Charaudeau (2011: 101) se interesa en lo que él llama los efectos
de emoción presentes en el discurso advirtiendo que:
No se perderá de vista lo que proponen esas otras disciplinas en la medida en
que ponen en evidencia los mecanismos de la intencionalidad del sujeto, aquellos
de la interacción social y la manera en que se construyen las representaciones
sociales... Por lo tanto, quisiera basarme en los debates... que se han dado en esas
diferentes disciplinas... De esos debates voy a extraer tres puntos que parecen
tener consenso entre los sociólogos, los psicólogos sociales y los filósofos, y que
me parecen esenciales para un tratamiento discursivo de la cuestión: las emociones
son de orden intencional, están ligadas a los saberes de creencia y se inscriben en
una problemáticas de la representación psicosocial.

Es cuestionable que exista un consenso entre sociólogos, psicólogos so-


ciales y filósofos sobre el tema que estamos tratando. Véase por ejemplo la
aproximación fenomenológica de Jean-Paul Sartre (1994). Es cierto que la
sociología y la psicología que estudian las acciones guiadas por intereses parten
de la idea de una conciencia intencional. Se trata de un tema de primerísima
actualidad, tanto para las neurociencias, como para el cognitivismo y la “filosofía
de la mente” (Maturana, 2012; Solms y Turnbull, 2005). Sin embargo, me
parece que el problema para la sociología y la psicología social tiene que ver,
no sólo con el acceso a los datos, sino también con una insuficiente elabora-
ción sobre las relaciones entre el aparato psíquico y el comportamiento social,
particularmente en cuanto al estatuto de lo inconsciente. Dicha elaboración
permitiría tomar partido sobre la conformación psicológica, neurológica o no,
de las intenciones, los hábitos, las rutinas del pensamiento, los comportamientos
sociales, etcétera.
Como bien dice Charaudeau (2011: 101), el planeamiento de la retórica
clásica tiene que “ser completado por una teoría del sujeto y de la situación de
comunicación”, porque ¿de qué sujeto estamos hablando?, ¿del “individuo” de la
psicología o del “actor” de la sociología del comportamiento? Creo que aquí cabe
hacer referencia a Mijail Bajtín (1982: 248-293), para quien los componentes

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14 (1)

constitutivos del enunciado-discurso son tres y atraviesan siempre la totalidad


del mismo: a) el hecho de estar siempre a la espera de una respuesta, b) el de
incluir siempre una intención y c) el de que el enunciado es siempre expresivo.
La espera de una respuesta es la característica principal de todo hecho
discursivo. La observación sobre la alternancia entre el destinatario y el enun-
ciante es en sí misma una teoría del sujeto. En ella, una primera intencionalidad
del enunciado se corresponde con la aparición del dixit conclusivo que indica
al “tú” que le toca convertirse en el “yo” del aparato formal de la enunciación
(Benveniste, 1991: 82-90). Para Bajtín, esta clase de intencionalidad discursiva
se manifiesta en una cierta expresividad relacionada con los juicios de valor y
con los sentimientos. Avanzando en los postulados del formalismo ruso, Roman
Jakobson (1963: 214-215), encuentra que todo acto de comunicación cumple
con una o más de seis funciones, jerarquizadas en el acto a partir de una que es
dominante porque cumple con la intencionalidad discursiva global señalada por
Bajtín. Dos de estas funciones importan particularmente para el análisis de las
emociones intencionales: la función emotiva y la función conativa o persuasiva.
Michail Bajtín sostiene además que los enunciados adquieren su pleno sen-
tido ligados a un sistema de géneros en una cultura dada, y que las características
del enunciado se encuentran invertidas en el género, en el cual el estilo en buena
medida se hace cargo de la expresividad, o sea de los sentimientos y los juicios
de valor (Bajtín, 1982: 248-293). La pertinencia de tomar en consideración
la problemática de los géneros es porque en ellos se distingue previsiblemente
una carga importante de las intenciones, y porque ellos mismos conforman
una parte no desdeñable del contexto de los discurso. Esta concepción coincide
con la de Charaudeau (2003: 149-164), quien actualiza la problemática para
explicar el discurso informativo en los medios de comunicación modernos. Por
mi parte (Vilar, 2005), sostengo que los géneros del discurso se van forjando
en los distintos campos socio-culturales: el político, el publicitario, el de la
ficción, el académico, etcétera.
Las apuestas, intereses e intenciones son distintos al interior de cada
campo y de cada género. Convencer mediante una retórica de los efectos de la
emoción interesa sin duda a los campos de la publicidad y de la propaganda
política. En ellos los sujetos se dedican consciente y profesionalmente a montar
puestas en escena estratégicas para provocar efectos particulares de emoción
en los destinatarios. Pero creo que no se puede decir que todas las emociones
son intencionales.

2. Una semiótica de las emociones


Charaudeau plantea que:
Se puede resumir este recorrido de las ciencias sociales modernas sobre el concepto
de emoción de la siguiente manera:

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Josefina Vilar A.: Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis...

Las emociones pertenecen a un ‘estado cualitativo’ de orden afectivo porque


se derivan de un sujeto que experimenta y resiente estados eufóricos/disfóricos
relacionados con su fisiología y sus pulsiones.
Pero al mismo tiempo, las emociones pertenecen a un ‘estado mental intencional’
de tipo racional, dado que apuntan hacia un objeto que es figurado por un sujeto
que tiene una visión del mundo, que juzga ese mundo por medio de valores que
constituyen un consenso social, constituyen saberes de creencia en imaginarios
sociodiscursivos que sirven como soporte disparador de un cierto cualitativo del
sujeto y de una reacción en su comportamiento.
Las emociones se encuentran, entonces, en el origen de un ‘comportamiento’ en
tanto que se manifiestan mediante las disposiciones de un sujeto, pero al mismo
tiempo están controladas (incluso sancionadas) por las normas sociales que pro-
vienen de sus creencias (Charaudeau, 2011: 107-108).

Quedan así aceptadas las premisas del psicoanálisis y de las neurociencias


de que las emociones pertenecen a un orden afectivo en la dicotomía primaria
freudiana placer/displacer encarnada en la fisiología del cuerpo de los sujetos
sociales. Sin embargo, a Patrick Charaudeau no le interesan demasiado estos
“hechos científicos” y se traslada rápidamente a la consideración de que las
emociones también son racionales en la medida en que apuntan a un objeto
figurado por un sujeto que juzga el mundo de acuerdo a valores consensuados
socialmente y a creencias imaginarias. Las emociones se encuentran entonces
en la base del comportamiento, pero están controladas por las normas sociales
que a su vez provienen de las creencias.
Se puede afirmar, como bien dice Charaudeau, que las emociones son un
asunto del cuerpo sensible. Son inefables en el sentido de que sólo pueden ser
nombradas asumiendo el costo de perder su parte más importante: la mudanza
sensorial y anímica del cuerpo que las percibe. En efecto, las emociones son
un asunto del cuerpo, y describirlas mediante el lenguaje verbal o algún otro
medio de representación simbólica implica haber dejado atrás, en términos del
pensamiento de Charles Sanders Peirce (1974), los signos icónicos e indiciales
con los que de manera fugaz sólo por momentos el arte consigue reproducirlas.
Cuando nos empeñamos en explicarlas, penetramos en el orden de la Terceridad
propuesto por este autor, propio del símbolo y el argumento hablado, del que
me ocuparé más adelante.
Para Peirce (1974), el ejercicio de la acción humana está dividido en tres
grandes órdenes o dimensiones interconectados entre sí. El de la estética, que
es el dominio de la experimentación sensorial y artística; el de la semiótica,
que comprende el universo de todos los signos posibles; y el de la pragmáti-
ca que se ocupa de la acción humana orientada a fines. Las emociones y las
sensaciones son del orden de la estética, a la que también Peirce denomina
“Primeridad” (Firtness) al “impulso ciego”, el que no está reprimido, En ella
se ubican los signos icónicos: los que denotan al objeto que se representa a
sí mismo. La “Segundidad” (Secondness) supone el encuentro de dos objetos

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14 (1)

dispuestos como reacción de la experiencia y corresponde a los signos indiciales:


aquellos que apuntan a un objeto que no está incorporado al signo, como la
nube que anuncia que va a llover, o una huella que revela el paso de un animal.
La “Terceridad” (Thirdness) consiste en la elaboración simbólica producida
exclusivamente por la cultura humana a través de los tiempos. Los símbolos
por excelencia y los más poderosos son los del lenguaje verbal porque en ellos
se puede argumentar, pero las imágenes pertenecen a un orden muy activo
para la cultura y la imaginación.
Volveremos más adelante con este modo de pensamiento terciario, pero
resumamos antes que la intencionalidad pragmática de los signos peirceanos
buscará provocar acciones correctas moralmente, justificadas cuidadosamente
por medio de argumentos bien construidos. Cuando no es así, es porque la
producción simbólica está tendiendo trampas al pensamiento por un uso
deficiente de los procedimientos lógico-demostrativos.
Vemos entonces que este tipo de abordaje considera tanto la emergencia
espontánea de las sensaciones biológicas, como su uso estratégico con fines
sociales y nos permite pensar en los dos o tres extremos del triángulo peirceano:
las sensaciones, los signos y las intenciones. La expresión de las emociones se
encuentra, entonces, en un cruce vital entre naturaleza y cultura, entre vida
animal y vida humana, entre afección y espontaneidad, todo ello mediado
por distintas clases de procesos semióticos. Las emociones son íconos de ellas
mismas cuando se muestran en gestos y posturas del cuerpo de los sujetos. Las
emociones también son índices de que algo está pasando o puede pasar, tanto
al sujeto que las expresa, como al que las observa. Finalmente, las emociones
son objeto de infinidad de elaboraciones simbólicas artísticas, publicitarias,
científicas, etcétera.
Estas consideraciones suscitan una serie de preguntas básicas: ¿Las
emociones son una categoría a priori de la vida humana? ¿Son un síntoma que
indica que algo está sucediendo o va a suceder? �����������������������������
¿C���������������������������
uáles son los comportamien-
tos emotivos aprobados o reprobados socialmente? ¿En qué medida y en qué
situaciones se puede controlar las emociones? Pero, en última instancia, ¿cómo
abordar estos sentimientos o sensaciones desde un punto de vista operativo para
el análisis del discurso? Por lo pronto, del pensamiento de Patrick Charaudeau
podemos extraer una primera conclusión a favor de la conveniencia de articular
el pensamiento semiótico con el del análisis lingüístico del discurso porque
los conceptos de objeto figurado y de imaginario social (imágenes imaginadas)
han sido muy estudiados por distintas formas de aproximación semiótica. Sin
embargo, la presuposición, correcta desde mi punto de vista, sobre el encadena-
miento emociones-discurso-comportamiento requiere de ciertas precauciones
pues, como dice Eliseo Verón (1996: 20):
Los problemas metodológicos son extremadamente complejos porque se refieren
a la conceptualización de procesos no lineales que llevan de las estrategias emer-

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Josefina Vilar A.: Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis...

gentes identificables en los discursos... a las estrategias individuales de producción


de sentido en la recepción de los individuos. Desde que introduje [en 1988] la
distinción entre producción y reconocimiento, he insistido en el desfasaje entre
ambos polos, y en la indeterminación relativa que caracteriza la circulación dis-
cursiva… una gramática de producción y varias gramáticas de recepción. Ahora
bien, la indeterminación entre producción y reconocimiento es probablemente
distinta de la indeterminación relativa entre niveles de análisis… que implica
metodológicamente la intervención de procesos aleatorios...
La situación definida por la imposibilidad de deducir el efecto de un discurso a
partir de su análisis en producción, se parece mucho a una situación que hoy es
conocida de los físicos que se ocupan de los sistemas complejos. El observador
de un sistema alejado del equilibrio y próximo a un ‘punto de bifurcación’ es
capaz de predecir la clase de fenómenos que podrá observarse después..., pero no
la configuración específica que se producirá.

Al respecto, Gutiérrez y Plantin (2010) plantean sus conclusiones con


cuidado en cuanto al alcance de los efectos producidos por las estrategias argu-
mentativas identificadas en el análisis que ellos hacen de las emociones. En los
términos de Verón arriba citados, se trata de que del análisis “en producción”
no se pueden inferir, pero sí predecir, las configuraciones de sentido que se
establecerán en el polo de la recepción.
En el caso de la emoción analizada en este spot, el miedo es construido tanto
a partir de las imágenes, el sonido y el discurso verbal... Como señala Martín
Salgado al hablar de la propaganda negativa: ‘Pese a las críticas la mayoría de los
consultores políticos creen que un buen ataque puede ser el mensaje más eficaz
para ganar las elecciones’... Este análisis trata de poner en ejecución un análisis
fenomenológico de la argumentación que no recurre al término de falacia...
El programa crítico hacia el cual nos orientamos sería más bien de inspiración
brechtiana. Se trata, por el análisis, de producir un efecto de distanciamiento...
frente a frente... Sostenemos que esta perspectiva abre vías para la educación
(Gutiérrez y Plantin, 2010: 67).

Esta posición parece acertada porque no podemos olvidar que el miedo


es una emoción primaria que, en los animales y el hombre, induce hacia tres
respuestas emocionales (Solms y Turnbull, 2005: 128, 135, 278). Una es la de
estupor o parálisis que puede servir para pasar desapercibido y para preparar las
otras dos respuestas del cuerpo emocionado: huir del enemigo o enfrentarlo por
medio de la agresión. Si esto es así, sólo los estudios de la recepción revelarán,
en el caso del miedo usado en la campaña electoral examinada por Gutiérrez y
Plantin quienes decidieron: a) No salir a votar, quedarse quietos para controlar
el miedo; b) Votar a favor de la opción sugerida por los spots; c) Reafirmar com-
bativamente su decisión en contra de quienes elaboraron la campaña del miedo.
Y es que no podemos olvidar que los televidentes saben más de lo que creen
muchos analistas, no sea más que por pasar mucho tiempo mirando la pantalla.

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14 (1)

Es por eso que la campaña del miedo estudiada por Gutiérrez y Plantin tal
vez avivó en algunos televidentes el rechazo y el hartazgo hacia un sistema de
comunicación que los trata como a menores de edad, y en otros una salida a
votar en contra del objeto que produce miedo. En otras palabras, tendríamos
que separar el análisis de lo que consideramos la producción de efectos deseados
por el sujeto productor del discurso, de los efectos producidos en los receptores
según un análisis de su discurso y de su comportamiento.

3. La neurociencia de las emociones


Pero, ¿qué son las emociones? Las definiciones varían, como para cualquier
palabra, dependiendo del contexto en que es pronunciada. El Diccionario de
la Real Academia de la Lengua Española (2014) dice que se trata de la “alte-
ración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada
de cierta conmoción somática”. También de “el interés expectante con que se
participa en algo que está ocurriendo”. Su etimología se origina en el verbo
latino emovere: remover, mover, sacudir, hacer salir.
Estas definiciones nos llevan a reconocer que el cuerpo es el lugar privile-
giado, tanto para sentir las emociones, como para expresarlas. En esta medida,
se vuelve necesario acercarse a ellas sucintamente desde el punto de vista de de
la neurobiología. Para esta disciplina, la experiencia de las emociones involucra
conjuntos de sensaciones y de cogniciones conscientes e insconscientes que se
mezclan con la percepción de las situaciones, y de esta manera influyen en el
comportamiento de los sujetos.
Se puede afirmar que la definición más exacta de las emociones proviene de
la investigación reciente en las neurociencias que, en equipos interdisciplinarios
formados por neurólogos y psicoanalistas, abordan el problema tomando en
cuenta las hipótesis neurológicas de Freud, tal como es explicado por Solms y
Turnbull (2005). Coincidiendo con la etimología de la palabra, estos autores
explican que las emociones son procesos que salen del cuerpo (e-movere) en
dirección a algún objeto (de deseo o de repulsión), o en sentido inverso, pro-
ceden de algún objeto y sacuden al cuerpo.
Las emociones son... una modalidad sensorial dirigida internamente que ofrece
información acerca del estado actual del yo corporal, en contraste con el estado
del mundo exterior... Se trata de un sexto sentido: la sexta modalidad de los
cualia, la que no proviene de ninguno de los cinco sentidos... Las emociones
son el aspecto de la conciencia que queda si se eliminan todos los estímulos
derivados del exterior... Son modalidades de percepción interna que se desplazan
a través de ‘mapas del cuerpo’... Lo interesante es que los sistemas neuronales
generadores de emoción del cerebro son idénticos a los que organizan el estado
basal de la conciencia.
Quizás la más importante de estas estructuras es la sustancia gris periacueductal
(SGPA) [que] tiene una organización columnar vertical... dividida en dos tipos

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Josefina Vilar A.: Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis...

generales [de columnas]: unas generan sensaciones agradables y otras generan


sensaciones desagradables... Es importante anotar que dolor no es sinónimo de
desagrado. [Éste último] denota un sentimiento emotivo... en tanto que ‘dolor’ es
una submodalidad de sensación somática. La organización de las dos columnas de
sustancia gris correspondería con el principio de placer y el principio de displacer
de Freud...
El aspecto perceptivo de las emociones tiene un efecto compulsivo... No podemos
simplemente [sentirlas, sino que] nos hacen querer hacer algo... El aspecto motor
de las emociones involucra procesos de descarga dirigidos hacia dentro y hacia
fuera. En el primer caso, la experiencia de las emociones está acompañada de la
liberación de hormonas, cambios de frecuencia cardiaca y respiratoria, vasodila-
tación y vasoconstricción, cambios en el flujo sanguíneo regional, etc. Externa-
mente, las emociones se manifiestan de varias maneras: por medio de cambios en
la expresión facial, enseñar los dientes, llorar, sonrojarse y cosas parecidas, pero
también en comportamientos complejos como gritar, correr y golpear” (Solms y
Turnbull, 2005: 107).

Sobre este aspecto perceptivo y motor de las emociones-sensaciones, los


autores señalan que, aunque no siempre es fácil distinguir a todas, algunos
sucesos hacen sentir a todo el mundo prácticamente de la misma manera y
provocan actuaciones de manera estereotipada, como si tuvieran un significado
universal. Solms y Turnbull llaman “emociones básicas” a estas reacciones afec-
tivas universales porque están relacionadas con un patrón de supervivencia de
la especie humana que ha evolucionado pero que se encuentra muy arraigado
en lo genotipos de la clase biológica de los mamíferos. Se trataría, entonces,
no sólo de saberes sociales, sino también de saberes ancestrales y espontáneos
arraigados en la naturaleza fisiológica humana.
Charles Darwin sistematizó en 1872 una explicación biológica de la exis-
tencia de las emociones y para qué sirve expresarlas y es admirable cómo sus
principales tesis siguen vigentes. Para él, “el discurso emotivo” (sic) obedece a
la ley general de que un sentimiento es un estímulo para la actividad muscular
(Darwin, 2009 [1872]: 35). La intención automática es la de defender a los
miembros de la especie porque, cuando sobrepasa un determinado umbral,
la emoción puede transformarse en acción corporal. Es por eso que, desde el
punto de vista de la evolución, las emociones son útiles, lo cual explica que el
mismo estado de ánimo se exprese con notable uniformidad en todo el mun-
do y confirma que la estructura corporal y la disposición mental en el género
humano son heredadas filogenéticamente. Ello no impide, sin embargo, que
la expresión de las emociones pueda ser aprendida mediante la repetición de
ciertos hábitos. Un ejemplo de ello se observa en las rutinas de los animales
domésticos que comunican a sus amos distintas calidades emocionales.
Dado que estos patrones emocionales básicos pueden ser informados y ex-
plicados en el ser humano por informes verbales subjetivos, aparece el problema
de dar cuenta cómo es en cada caso la articulación del lenguaje hablado con los

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signos que no lo son (íconos e índices según Peirce), signos que expresan los
qualia sensoriales de los cuerpos emocionados y que, por medio de la empatía,
reenvían a la reciprocidad sensitiva entre sujetos en un marco de interactividad.
En efecto, las emociones son inteligibles intra e inter subjetivamente porque
se expresan desde un sujeto para sí mismo y para otros sujetos. Por esta razón,
pueden considerarse como una clase particular de fenómenos comunicativos que
responden a reglas que podrían ser universales, o genéricas, a la vez biológicas y
semióticas.

4. El triple orden de la semiosis social


Existen diversas tradiciones de estudios semióticos que abordan el estudio
de los signos de la emoción que pueden convenir a la disciplina del análisis del
discurso. Mencioné al principio a Greimas (1994) que estableció una semiótica
muy poderosa y preocupada por el aspecto sensible de los signos y por el cuerpo
que los percibe y los siente, como explica Raul Dorra (1994).
Dado que la semiótica de Charles Sanders Peirce suministra un estatuto
fundamental al movimiento teórico que va de la sensación y la experiencia hacia
la lógica y la semiótica para convertirse en acción pragmática, y que su teoría
del funcionamiento tripartita de los signos (ícono, índice y símbolo) permite
explicar en menor medida el abordaje de los estados emocionales. En adelante
me remitiré a su propuesta de la cual se deduce la propuesta de Eliseo Verón,
un sociólogo y semiólogo actual.
A partir del pensamiento de Peirce, Eliseo Verón (1995: 222-223) ha elabo-
rado una interesante propuesta sobre una dimensión particular de la interacción
social, aquella que está soportada en las relaciones de los cuerpos de los sujetos
en la escena social. Para aceptar o rechazar esta propuesta, es necesario entender
el funcionamiento de los signos indiciales. Advierte Verón que en el estudio
de los procesos de la semiosis social hay que tener cuidado en no establecer
comparaciones entre materias definidas en un plano sensorial y materias que
ya han sido investidas por un conjunto de reglas que las convierten en materias
significantes, sobre las cuales se puede aplicar por otro nivel de reglas, como son
las de la enunciación. En otras palabras, es necesario detectar lo que él llama
operaciones trans-lingüísticas que vuelven disponibles a las sustancias naturales
para recibir otros niveles de operaciones, a partir de los cuales se podrá estruc-
turar el sujeto humano en el interior de la red socio-discursiva.
Esta distinción es particularmente importante para descubrir las particu-
laridades semióticas de los fenómenos llamados analógicos o icónicos. Para
ello, dice Verón (1995: 222-223), habrá que superar una serie de binarismos
habituales en las teorías de la comunicación, la semiología y la lingüística. Uno
de ellos es la distinción entre códigos digitales (cuyo ejemplo más acabado es el
lenguaje hablado) y códigos analógicos. Se suele entender con esta dicotomía
que los primeros están constituidos por unidades discretas y combinables,

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Josefina Vilar A.: Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis...

mientras que los segundos se desarrollan en materias significantes continuas en


las que no emergen unidades claramente diferenciadas. Es como si la semiosis
ocurriera entre, “por un lado los fenómenos propiamente lingüísticos (del
orden del símbolo en la terminología de Pierce) y, por el otro... todo el resto”
(Verón, 1988: 140). Para superar este binarismo, Verón propone reintroducir
un tercer término: el índice, que no corresponde ni a lo arbitrario de los signos
lingüísticos, ni a lo motivado de los fenómenos icónicos.
El interés de los procesos indiciales es no corresponder a ninguna de esas dos
categorías: el humo es con certeza un índice no arbitrario del fuego, pero no se le
parece. Un índice es un signo que remite a su objeto no tanto porque tenga alguna
semejanza o analogía con él, ni porque se le asocie con los caracteres generales que
posee, cuanto porque está en conexión dinámica (comprendida allí la espacial) con
el objeto individual, por un lado, y con los sentidos o la memoria de la persona
para quien sirve como signo, por el otro. Los índices se pueden distinguir de los
otros signos por tres rasgos característicos: en primer lugar, no tienen ninguna
semejanza significante con sus objetos; en segundo lugar remiten a individuos,
unidades singulares, o colecciones singulares de unidades; en tercer lugar, llaman
la atención sobre sus objetos por ‘impulso ciego’... Dos campos fundamentales
de la discursividad pueden ser tratados...: los comportamientos sociales en su
dimensión interaccional y las estructuraciones de los espacios sociales, incluyendo
entre estos a los sistemas de objetos; constituyendo la articulación entre ambos
campos la materialidad significante de la semiosis social (Verón, 1988: 140-141).

Con base en la conexión dinámica entre los índices, el objeto individual


y las sensaciones (o la memoria de ellas) en la persona para quien sirve como
signo (el interpretante en la semiótica peirceana), Verón procede a desarrollar
un análisis de la significación de los gestos y las secuencias conductuales donde
El nivel de funcionamiento indicial [el lazo existencial entre el signo y su objeto]
es una red compleja de reenvíos sometida a la regla metonímica de la contigüi-
dad: parte/todo; aproximación/alejamiento; dentro/fuera; delante/detrás; centro/
periferia; etcétera. El pivote de este funcionamiento, que llamaré la capa metoní-
mica de producción de sentido, es el cuerpo significante. El cuerpo [del sujeto] es el
operador fundamental de esta tipología de contacto, cuya primera estructuración
corresponde a lo que Piaget llamaba el periodo sensomotriz anterior al lenguaje
(Verón, 1988: 142).

Así, el cuerpo del sujeto es significante en muchos sentidos porque es el


eje en el que opera su percepción de sí mismo y de lo demás. La naturaleza
y el funcionamiento de este cuerpo conforman una capa metonímica de
producción de sentido que promueve el principio de similaridad (mímesis) y
el de complementariedad. Esta última se produce en aquellas conductas que
desencadenan otras de naturaleza diferente pero que tienen con las primeras
un enlace específico de correspondencia. Se forman así relaciones de térmi-
nos en pareja, tales como: dominación/dependencia; sadismo/masoquismo;

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14 (1)

exhibicionismo/voyerismo; temor/huida; etcétera. Es interesante, dice Verón


(1988: 141-142), que todos los temas asociados con las zonas erógenas –in-
trusión, invasión, exclusión, eyección, retención– son complementarios. En
segundo lugar, están los temas relacionados con la locomoción y la mecánica
corporal: soporte, equilibrio, levantarse y caer, alcanzar, agarrar, etc. Una tercera
categoría de temas complementarios es la que incluye asociaciones a los órganos
de los sentidos: comprender, ignorar, prestar atención, etcétera.
Otros dos temas importantes de interacción complementaria, muy estre-
chamente ligados entre sí y con los tres tipos arriba señalados (el de las zonas
erógenas, el de la mecánica corporal asociada a la locomoción y el que está
inscrito en los órganos de los sentidos), son las relaciones progenitor/niño
y sujeto/territorio. Los temas de las zonas erógenas sin duda alguna están
estrechamente ligados con los temas de las relaciones progenitor/niño y los
temas del territorio deberían entenderse como una extensión del dominio del
cuerpo. Cabe señalar que las emociones se presentan como una conmoción
del cuerpo sensible.
La capa metonímica de producción de sentido tiene inicialmente la forma de
una red intercorporal de lazos de complementariedad. Esta red está constituida por
reenvíos cuya economía reposa en la regla de contigüidad: el sentido de la con-
ducta de demanda del niño se produce como reenvío a la conducta alimentadora
o protectora de la madre (así como el sentido del comportamiento exhibicionista,
por el que un cuerpo se muestra, se realiza en la mirada de otro cuerpo). Tenemos
frente a nosotros un sistema de deslizamientos intercorporales, dinamizado por las
pulsiones... Cada unidad de conducta pierde de este modo su univocidad ‘orgánica’
inicial y deviene el ‘lugar de paso’ de una pluralidad cada vez más compleja de
reenvíos metonímicos (Verón, 1988: 143).

Desde el lado de la interpretación, otro principio, el de equivalencia, pone


en marcha operadores que permiten procesos de abstracción y generalización
que estructuran niveles parcialmente diferenciados del cuerpo presente física-
mente. Ahora bien, el tejido inter-corporal, es decir, los reenvíos sígnicos entre
los cuerpos de los sujetos en el acto de comunicación, no contiene huellas
de estas operaciones, porque no puede haber en él actividad metalingüística
propiamente dicha. Sólo la lengua, gracias a su linealidad, es decir al grado
limitado de su libertad para significar, conserva en ella misma las operaciones
que la constituyeron. Por el contrario, la materia significante de esta trama
inter-corporal tiene muchos grados de libertad para comunicar. En ella descansa
en gran medida la posibilidad de los medios de comunicación audiovisual para
connotar muchos significados no verbales.
Es interesante advertir que el cuerpo y los objetos no soportan únicamente
los comportamientos indiciales y metonímicos, sino que también sostienen una
función de quali-signo icónico, en tanto se representan, se figuran a “sí mis-
mos”, sin un segundo término, sin ningún “otro”. Eso pasa con el sentimiento

88
Josefina Vilar A.: Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis...

producido al escuchar un pedazo de música que es el signo de ese pedazo de


música, o con un olor a rosa que no reenvía a nada más que a ese olor a rosa.
Las múltiples combinaciones posibles entre el signo icónico y el indicial, hacen
que en los cuerpos significantes, tal como quedaron antes definidos, exista
una indiferencia a la contradicción y una confusión posible entre significado
y significante. Todo ello es propio de los procesos que el psicoanálisis llama
primarios, cuyas características “son inevitablemente las (...) de todo sistema
de comunicación entre organismos que sólo pueden utilizar la comunicación
icónica. Esta misma limitación es la del artista y del que sueña, así como del
mamífero pre humano y el pájaro.” (Verón, 1988: 146).
En el tejido multidimensional de redes de reenvíos inter-corporales,
ciertos trayectos serán prohibidos y ciertas secuencias serán privilegiadas. De
este sometimiento del cuerpo a la ley social por la intervención masiva del
lenguaje, surge la imagen del cuerpo propio (en el sentido de “pertenencia” y
de “corrección”). Así, el sujeto está hecho al fin y al cabo de los tres órdenes
de la semiosis social: el icónico, el indicial y el simbólico, tercer término este
último que interviene en virtud de la enunciación de una regla, una ley, o una
asociación de ideas generales.
Se podría decir que el surgimiento de la cultura y la constitución del lazo social se
define por la transferencia de estos tres órdenes sobre soportes materiales autóno-
mos en relación con el cuerpo significante: desde el arte rupestre de la prehistoria
hasta los medios electrónicos, la cultura implica un proceso por el cual materias
significantes distintas del cuerpo son investidas por los tres órdenes del sentido.
El extraordinario dinamismo de las pinturas primitivas [está marcado] por el
tejido metonímico del contacto; lo que así se representa no es sólo analógico sino
también (y quizá sobre todo) el sistema de relaciones metonímicas que inviste los
lazos entre el hombre y los animales. La presencia de los tres órdenes en cualquier
discurso proviene del hecho de que el sujeto significante es el invariante universal,
podríamos decir, del reconocimiento del sentido (Verón, 1998:149).

5. Un ejemplo de análisis de índices, íconos y símbolos


La compleja explicación que antecede esta red metonímica inter-corporal
del discurso nos lleva a concluir sobre la importancia y la dificultad de in-
terpretar las intenciones de quienes componen mensajes para impresionar a
sus destinatarios, y a advertir que la tópica de la retórica de los efectos con-
movedores mencionada por Charaudeau (2011: 110), puede dejar escapar
señales muy reveladoras, aunque no hayan sido intencionalmente expuestas.
Tal es el caso de la imagen en el texto que reproducimos a continuación, en
la que el propósito consciente de informar sin palabras pertenece sin duda
al fotógrafo que captó la instantánea, pero no sabemos en qué medida lo fue
para el personaje político fotografiado que muestra un gesto de desagrado
y desaprobación.

89
14 (1)

A pesar de su aparente simplicidad, la composición de esta página apa-


recida en El País Semanal (EPS) el domingo 20 de enero de 2013 es bastante
compleja. Por eso sostengo (Vilar, en prensa), apoyada en Verón (1998) citado
arriba, que el análisis del discurso debe ser trans-lingüístico. La reproducción
electrónica no es idéntica a la que apareció impresa pero conviene a los fines de
la exposición de este mini análisis semiótico-discursivo y se la puede encontrar
en http://elpais.com/elpais/2013/01/16/eps/1358339194_910668.html.

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Josefina Vilar A.: Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis...

En el soporte en papel, EPS presenta siempre, salvo casos de excepción,


en una página fija de la revista, una foto periodística interpretada por Juan
José Millás. Las palabras LA IMAGEN, escritas en la parte superior izquierda
de la página, en mayúsculas con un tipo de letra distinto y más chico que las
del resto del artículo, indican que se trata de una columna fija, es decir, de
un género del discurso periodístico. Al título de la columna le sigue, abajo y
centrado, escrito en mayúsculas muy grandes, el título que el autor da a su
colaboración semanal, que en este caso es: SINTAXIS FACIAL. Como todo
título, se trata de una interpretación condensada, en este caso, de la fotografía
del rostro de la Vicepresidenta del Gobierno español. El enunciado mínimo
del título ironiza sin duda sobre la expresión ¿involuntaria? del personaje re-
tratado. Siguen abajo dos renglones que interpretan con palabras de manera
sintética porqué a la Vicepresidenta “se le torció el gesto” y funcionan como
anclaje entre el título del artículo y la imagen fotográfica. En el centro de la
página, ocupando dos terceras de la misma, aparece “el atractivo visual” de la
colaboración semanal de Millás, que es siempre una foto periodística que capta
un instante de la vida social.
La relación entre la imagen que “habla por sí misma” (signo icónico) y
la interpretación escrita del autor de la columna (elaboración simbólica) es la
pieza clave de esta columna de opinión. Se trata casi siempre de una fotografía
periodística seleccionada por ser muy expresiva por sí misma. El 20 de enero
de 2013 ocupó un tercio de la página impresa y es seguida por una explicación
escrita desarrollada en dos párrafos, cada uno de ellos seguido por una breve
coda o estribillo (llamado colofón en la jerga periodística). Es importante reparar
en todos estos detalles del formato editorial porque, por un lado, responden a
rutinas y hábitos profesionales que permiten a los medios programar y emitir
un discurso reiterado en sus aspectos formales, y a los receptores, reconocer
y anticipar los contenidos y las formas de ese discurso, todo lo cual tiene que
ver con el establecimiento de géneros y formatos.
En los dos párrafos escritos que siguen a la foto, Millás interpreta de ma-
nera simbólica, es decir, argumenta por medio de la lengua escrita, lo que él
piensa que manifiesta o indica la cara de la protagonista de la fotografía. Se
trata de un análisis icónico e indicial no académico vertido en la linealidad
propia de la lengua donde el sujeto de la enunciación (el autor de la columna)
puede inscribirse sin ambages. Para él, el rostro retratado muestra paciencia
contenida, insulto silencioso, interrogación insolente y desagrado que pone
en duda la salud mental de su interlocutor (el periodista que, en una rueda de
prensa, le hace preguntas). Es interesante constatar que el capítulo que Darwin
(2006: 239-260) dedica a la expresión del desdén, el desprecio, el disgusto, la
culpabilidad, el orgullo, la impotencia, la paciencia, la afirmación y la negación
corresponde punto por punto con la interpretación de Juan José Millás sobre
el rostro de la Vicepresidenta del Gobierno español. Con este ejemplo cuyo

91
14 (1)

análisis está respaldado por nociones teóricas de, entre otros, Charles Darwin,
se puede constatar que los signos icónicos e indiciales de las emociones, sean
estas espontáneas o intencionales, se entienden de manera universal.
Pero quedan más puntos que analizar sobre las intenciones diferenciadas
y diferidas de la fotografiada, el fotógrafo, el autor de la columna y el consejo
de redacción de EPS. Uno de ellos es la opinión de los lectores miradores de
imágenes asiduos a la revista, pero podemos deducir que coinciden con la de
Juan José Millás. Otro aspecto que faltaría tomar en cuenta es que el periodismo
de opinión política, y cualquier género o macro género del campo periodístico,
opera siempre a través de una red de reenvíos, implícitos y presuposiciones,
manejados en una lógica informal, que sólo los que forman parte de este
campo, ya sea como productores del discurso o como consumidores asiduos,
pueden entender.
Basada en mi lectura reiterada de la prensa española, interpreto en el
ejemplo analizado que Juan José Millás alude sin nombrar al titular del
Gobierno español actual, Mariano Rajoy, que acostumbra afirmar negando
para confundirlo todo. Por eso, ante la insistencia de algún reportero por ma-
yor claridad, se supone que la vicepresidenta no puede más que preguntar sin
palabras ¿Es usted idiota o qué?, actitud agresiva y táctica política que pudiera
haber dejado de ser efectiva pues, en el mes que se tomó esta foto (septiembre
de 2013), la expectativa de voto para el Partido Popular empezó a sufrir una
caída espectacular.
En cualquier caso, parece ser que la expresión de las emociones puede
construir por sí misma un discurso más indicial que lingüístico, y más verdadero
cuando no es estratégico, porque “el cuerpo nunca miente” según la máxima,
de John Ray (naturalista inglés que vivió en el siglo XVII). Esto explica la
habilidad de los actores del teatro, el cine y la televisión que son capaces de
apropiarse de las emociones de sus personajes, de sentirlas en su propio cuerpo
y de transmitirlas así a los espectadores. Nos encontramos entonces con la
puesta en escena para producir efectos de emoción que persigan fines nobles o
artísticos, o que se basen en intenciones persuasivas no tan nobles, sobre todo
políticas o comerciales.

6. Conclusiones
Traté en este artículo de mostrar que la disciplina del análisis del discurso
cumple mejor sus objetivos cuando incluye entre sus presupuestos y métodos
consideraciones de orden semiótico. Esto es así porque el discurso no está
hecho sólo de palabras sino que descansa en soportes materiales cuya densi-
dad cultural y física debe ser tomada en cuenta. En este sentido, el hecho de
que las emociones se producen en el cuerpo sensible de los sujetos y que son
expresadas como íconos de sí mismas y como índices de otra cosa, constituye
una dimensión socio-semiótica-discursiva que no debería ser relegada. Por eso,

92
Josefina Vilar A.: Las señales del cuerpo emocionado. Un entrelazamiento entre semiótica y análisis...

aunque el mayor apoyo teórico proviene de Peirce, expuse el pensamiento de


Eliseo Verón sobre la red metonímica de los cuerpos significantes, ya que en
esta red descansan las operaciones discursivas de la comunicación humana en
general y de los medios audiovisuales en particular. Finalmente, pienso que la
expresión de las emociones forma parte de una intencionalidad compleja que,
a lo largo de una línea imaginaria, se inicia con la expresión no controlada del
cuerpo sensible y llega hasta la elaboración de usos estratégicos muy sofistica-
dos, perversos casi siempre en el campo político, pero maravillosos a veces en
el campo de la producción artística.

Referencias bibliográficas
Bajtín, M. (1982). Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI.
Barthes, R, (1984). Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI.
Benveniste, E. (1991). El aparato formal de la enunciación. Problemas de lingüística
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Charaudeau, P. (2003). El discurso de la información. La construcción del espejo
social. Barcelona: Gedisa Editorial.
Darwin, C. (2009 [1872). La expresión de las emociones. Navarra, España: Editorial
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Dorra, R. (2011). La casa y el caracol. Materiales sensibles del sentido (2). México:
Plaza y Valdés.
Greimas, A. J. y Fontanille, J. (1994). Semiótica de las pasiones. De los estados de
cosas a los estados de ánimo. México: Siglo XXI.
Gutiérrez, S. y Plantin, C. (2010). Argumentar por medio de las emociones: la
campaña del miedo. Versión. 24: 41-69.
Jakobson, R. (1963). Essais de linguistique générale. Paris: Les Éditions du Minuit.
Maturana, H. (2012). Del ser al conocer. Santiago de Chile: Lom Ediciones.
Millás, J. J. (2013). Sintaxis facial. El País Semanal, 16 de enero de 2013. Disponi-
ble en: http://elpais.com/elpais/2013/01/16/eps/1358339194_910668. html
Peirce, C.A. (1974). La ciencia de la semiótica. Buenos Aires: Ediciones Nueva
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Sartre, J. P. (2005 [1945]). Bosquejo de una teoría de las emociones, Madrid:
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Solms, M. y Turnbull, O. (2005). El cerebro y el mundo interior. Una introduc-
ción a la neurociencia de la experiencia subjetiva. México: Fondo de Cultura
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Verón, E. (1988). La semiosis social. Fragmentos de una teoría de la subjetividad.
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Verón, E. (1996). Conducta, estructura y comunicación. Escritos teóricos 1959-1973.
Buenos Aires: Amorrortu.
Vilar, J. (2005) Campos, géneros y formatos del discurso radiofónico. Anuario

93
14 (1)

de Investigación, 2004: 218-240.


Vilar, J. (2009). Expresión de las emociones: lenguaje gestual y palabra. Ponencia
presentada en el VI Coloquio del Departamento de Educación y Comunicación.
México: Universidad Autónoma Metropolitana.
Vilar, J. (en prensa) Acción social y discurso. El retorno al futuro de Eliseo Verón.
Anuario de investigación, 2013.

Josefina Vilar Alcalde es profesora-investigadora de la Unidad Xochimilco de


la Universidad Autónoma Metropolitana. Doctora en Lingüística en su primera
formación, se ha ocupado de las dimensiones económicas, políticas y legales
de los medios de comunicación, entendidos principalmente como industrias
de la cultura, y también de la configuración material de sus discursos desde el
punto de vista semiótico. Actualmente lleva a cabo una investigación titulada
El cuerpo significante: expresión somática y verbal.
Correo electrónico: pocholava@hotmail.com

94
Reseñas

PARDO ABRIL, NEYLA GRACIELA (2012). Discurso en la web: pobreza


enYouTube. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. IECO. 348 pp. ISBN:
978-958-761-271-4.
No es la primera vez que reseñamos un trabajo de la profesora Neyla
Pardo. Muchas y muy meritorias han sido las contribuciones que ha hecho a
la lingüística moderna, en especial a un tema que trasciende las épocas y las
modas, o las escuelas y las formas: el análisis del discurso. Un trabajo que va
más allá de intuiciones y de simples estructuras, para convertirse en el eje de
la investigación científica del lenguaje, de su producción, de sus efectos. La
trayectoria de ella es suficiente demostración para explicar la razón por la cual
hacemos este comentario. Es el momento de recordar sus libros ¿Cómo hacer
análisis crítico del discurso? Perspectivas latinoamericanas (2007a); Discurso,
impunidad y prensa (2007b); ¿Qué nos dicen?, ¿Qué vemos? ¿Qué es… pobreza?
Análisis crítico de los medios (2008) entre otros trabajos publicados en revistas
colombianas y del exterior.
Así, el sugestivo libro Discurso en la web: pobreza en YouTube, que publicó
el Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura IECO de la Universidad
Nacional de Colombia y en el que participaron Claudia Gabriela D’Angelo y
María Laura Pardo con un capítulo cada una, es un trabajo revelador porque
ofrece la oportunidad de polemizar sobre un análisis del discurso en el que es
evidente la presencia de un nuevo texto –o hipertexto– con una presencia de
la imagen que supera, en buena medida, los significados que todos frecuentá-
bamos en los anteriores procesos de comunicación, y que en estos tiempos se
convierte en una ruptura con el “viejo” discurso:
Desde el punto de vista teórico, este libro pone en relación el sistema conceptual
de los estudios críticos del discurso, los aportes que se han elaborado sobre los
medios, especialmente de la Web en tanto tecnología y espacio de construcción de
saberes sociales, y los desarrollos de la psicología social y cognitiva, para abordar
representaciones que se proponen sobre la pobreza en un medio interactivo como
YouTube” (p. 12).
Es preciso tener en cuenta dos puntos esenciales en los estudios lingüísticos:
el acucioso y orientador papel que cumple la psicología social y cognitiva y los
estudios críticos del discurso. Ya Neyla Pardo Abril en su libro ¿Cómo hacer
análisis crítico del discurso? (2007a) había sugerido una serie de principios del
análisis que, en este libro que estamos reseñando, se observan con claridad.
Esta autora afirma que

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14 (1)

los planteamientos de Bajtin, Lotman y Barthes establecen la ruta para, en primer


lugar, integrar el texto en relaciones múltiples con el sistema de la cultura y la
sociedad, con lo cual se supera la visión restringida del lenguaje esbozadas en el
estructuralismo clásico. En segundo lugar, el estudio del texto crea la necesidad
de un punto de vista interdisciplinario, que vaya más allá del simple componente
lingüístico y que dé cuenta de los vínculos entre texto y contexto. La complejidad
de las múltiples relaciones entre el texto, la cultura y la sociedad requiere la con-
junción de categorías y recursos de diferentes disciplinas, pues cada una de estas
áreas incumbe a dominios del saber diferenciados. En tercer lugar, se establece
el carácter multisígnico del texto, al reconocer no solo que está constituido por
códigos verbales, sino por otras expresiones sígnicas (p. 29).

He ahí la importancia de este trabajo que la autora ya había empezado a


proponer en artículos y libros publicados hace un tiempo. Aquí es preciso re-
saltar que es básico, en el análisis del discurso, integrar el texto en las relaciones
con el sistema de la cultura y la sociedad. Y creo que con mayor razón si se trata
del discurso en la Web. Además de las implicaciones que tiene este entramado de
códigos, se añaden los elementos propios de la nueva y avanzada tecnología, que
agregan al lenguaje dispositivos que antes los estudiosos no habían considerado.
El papel que juega en el análisis del discurso una pantalla, los hipervínculos y
otras, a veces numerosas, herramientas de la Web es inimaginable.
Es imperiosa la lectura de este libro, que consiste de ocho capítulos, seis
escritos por Neyla Pardo Abril, uno por Gabriela D’Ángelo y uno por María
Laura Pardo. Los títulos de cada capítulo permiten al lector una comprensión
general del trabajo: 1. De los estudios críticos del discurso a los estudios críticos
del discurso multimodal. 2. Hacia la caracterización del discurso mediático
contemporáneo: aproximaciones a YouTube. 3. Epistemología del estudio
de la pobreza en YouTube. 4. Procedimiento alternativo: método de análisis
del discurso audiovisual, capítulo escrito por Claudia Gabriela D’Angelo.
5. Representación de la pobreza en YouTube. Discursos hegemónicos. 6.
Representación de la pobreza en YouTube. Discursos contra-hegemónicos. 7.
Asociación discursiva entre pobreza y delito en un programa televisivo repro-
ducido en YouTube, escrito por María Laura Pardo. 8. Conclusiones.
El primer capítulo examina las razones que este nuevo enfoque presenta
para reconocer que el conocimiento ha recibido, en especial de los medios ma-
sivos de comunicación, aportes fundamentales para las reflexiones científicas,
académicas y técnicas, que han permitido nuevas y valiosas consideraciones en
los campos de la política, la economía y la cultura que prueban otras formas
de acción e interacción. En el segundo capítulo se hace una correlación entre
el discurso mediático moderno, las dinámicas sociales de la globalización y los
resultados sociales y culturales de la construcción de significado. Se relacionan
esas “oposiciones entre lo local y lo global, lo nacional y lo internacional, los
espacios y los tiempos, lo público y lo privado, y los principios de autonomía
y heteronomía”, que “inciden sobre el papel que desempeñan las tecnologías

96
Reseñas

de la información y la comunicación en la vida social” como se indica en el


prólogo (p. 14).
En el tercer capítulo se precisa la ruta de exploración en el marco de la
posición epistemológica adoptada. Allí se reconoce la incidencia del sujeto en
el proceso investigativo que ayuda a descubrir el conjunto de observaciones
sobre un fenómeno social común, reflexiones con las cuales se reconstruyen
los puntos de vista, los saberes y las herramientas metodológicas que requiere
quien investiga. En el capítulo cuatro, Gabriela D’Angelo, como una alternativa
para el análisis del discurso audiovisual, propone un método inspirado en los
programas de edición cinematográfica y en la escritura musical. La propuesta
es compatible con otras herramientas de análisis lingüístico que se pueden uti-
lizar de manera complementaria para abordar, de manera inductiva, distintos
aspectos discursivos.
En el quinto capítulose trabajan los recursos y estrategias que se obtienen y
usan en el corpus, para dar cuenta de fenómenos como la pobreza, el racismo,
la corrupción y la segregación. Luego, en el sexto capítulo se resaltan los dis-
cursos contra-hegemónicos, sobre todo porque “se visibilizan las experiencias
de algunos de los actores que han sido históricamente silenciados y excluidos
de los procesos de toma de decisiones” (p. 16).
El capítulo séptimo, escrito por María Laura Pardo, se enfoca en la aso-
ciación discursiva que se produce entre pobreza y delito en un programa de
televisión que luego es reproducido en YouTube. Analiza la jerarquización de
la información mediante el método sincrónico-diacrónico, de su autoría, y
distingue entre focos que se dan en la oralidad de los actores que participan
del programa y el modo en que la televisión presenta dichos focos en la versión
gráfica que realizan en el programa.
En el capítulo final, en las conclusiones que conforman el capítulo ocho,
vale la pena resaltar esta preocupación que recoge Neyla Pardo:
La integración tecnológica que caracteriza a los procesos comunicativos redunda
en la posibilidad de almacenar, modificar y distribuir grandes cantidades de
información, lo cual permite explicar y comprender la multimedialidad que
acelera y amplifica los procesos de construcción de significado. La conjunción
de modos, articulados a las posibilidades sensoriales, evidencia la forma como
los sistemas de signos que constituyen los discursos se fusionan para construir
tejidos de significados. La apropiación de recursos como el color, la imagen, la
línea y el sonido, entre otros, junto con el desarrollo e integración de múltiples
tecnologías incrementa las potencialidades semióticas de los actos discursivos y,
en consecuencia, amplifica sus efectos cognitivos(p. 299).

Esta breve reseña ha sido apenas un esbozo para incitar a la lectura de


Discurso en la web: pobreza en YouTube. Es, insisto en ello, un novedoso tra-
bajo en el que podemos ver el rigor académico y la disciplina de sus autoras,
y de paso, es el resultado de un proceso de investigación efectuado entre dos

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14 (1)

lingüistas argentinas y una colombiana, expertas en el análisis del discurso, que


han trabajado en el marco de un convenio interinstitucional entre la Universidad
Nacional de Colombia y la Universidad de Buenos Aires, articulado con la
Red Latinoamericana de Análisis del Discurso sobre la pobreza, REDLAD.
Se trata de una obra que debemos explorar y aprovechar para nuestras
labores académicas, y extendemos a Neyla Pardo, a Claudia Gabriela D’Angelo
y a María Laura Pardo, nuestro agradecimiento, pues tenemos aquí una he-
rramienta inestimable para comprender en “toda su dimensión” a la Web y a
los medios de comunicación que quieren hacernos ver significados distintos
de los que, en realidad, tiene el discurso cotidiano que transmiten. Este es un
método de análisis para volver a “leer entrelíneas”, y considerar otras dimen-
siones del lenguaje oficial.
Antes de cerrar, es importante agregar que el libro acaba de tener una
segunda edición (2014), que está disponible en tres formatos, papel, IPD y
digital, lo cual es una buena señal de la recepción que ha tenido esta obra.

Referencias Bibliográficas
Pardo Abril, N. (2007a). Cómo hacer análisis crítico del discurso. Perspectivas
latinoamericanas. Santiago de Chile: Frasis.
Pardo Abril, N. (2007b). Discurso, impunidad y prensa. Bogotá: Universidad
Nacional de Colombia.
Pardo Abril, N. (2008). ¿Qué nos dicen? ¿Qué vemos? ¿Qué es… pobreza?
Análisis crítico de los medios. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Luis Fernando García Núñez


Universidad Externado de Colombia
luis.garcia@uexternado.edu.co y lfgn@hotmail.com

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Reseñas

PETRI, VERLI E DIAS, CRISTIANE (2013). Análise do discurso em pers-


pectiva: teoria, método e análise. Santa Maria: Ed. da UFSM, 312p. ISBN:
9788573911947

O livro Análise de discurso em perspectiva: teoria, método e análise apresen-


ta, em seu conjunto de textos, ampla reflexão sobre os desdobramentos e as
perspectivas da Análise de Discurso desenvolvida no Brasil, como destacam
as organizadoras, Verli Petri e Cristiane Dias, na introdução da obra, que é
resultado do I Seminário Interinstitucional de Análise de Discurso, ocorrido na
Unicamp, no inverno de 2011. O evento reuniu especialistas em Análise de
Discurso de diversas instituições brasileiras, os quais, além da homenagem a
Eni Orlandi –autora que trouxe a Análise de Discurso para o Brasil e formou
inúmeros pesquisadores –, procuraram mostrar como a Análise de Discurso afeta
o próprio analista e o constitui enquanto sujeito. Os textos, de um modo geral:
i) apresentam percursos de análises de diferentes materialidades simbólicas; ii)
explicitam a maneira como a teoria discursiva foi se constituindo no Brasil, a
partir da década de 70; e iii) refletem acerca do funcionamento do político na
linguagem, do discurso como materialização da ideologia, da institucionalização
e circulação de sentidos. A obra é dirigida aos que se interessam pela Análise
de Discurso construída por Michel Pêcheux e por seus desdobramentos no
Brasil, especialmente, pelos trabalhos de e coordenados por Eni Orlandi –ou,
de algum modo, por uma “AD orlandiana”, como nomeia Scherer (p. 253)–,
com questões próprias colocadas pela realidade brasileira. Uma AD que tem,
ainda, “repercussões importantes na própria França e na América Latina.” (p. 7).
Estruturada em cinco partes – I. Ciência, política e tecnologia; II. A urbanidade
em diferentes materialidades discursivas; III. A produção de sentidos no ensino;
IV. O sujeito no e do discurso; V. A formação da nação e as diferentes formas de
institucionalização do saber –, a obra se sustenta em “sua consistência teórica e
analítica” e possibilita ao leitor “percorrer filiações, desdobramentos e perspec-
tivas da Análise de Discurso a partir de trabalhos de um grupo que considera
o político na linguagem, o discurso como materialidade da ideologia” (p. 20).
A parte I é formada por textos que tratam de noções que constituem o fazer
do analista de discursos na contemporaneidade, a saber: a política, a ciência
e a tecnologia. O texto Uma tautologia ou um embuste semântico-discursivo?
Ainda a propaganda de Estado: país rico é país sem pobreza, de Eni Orlandi,
abre a seção com uma reflexão sobre o efeito metafórico de “País rico é país
sem pobreza”. A autora se ancora na relação entre o efeito de pré-construído
e o efeito de sustentação, proposto por Pêcheux (1975), para desconstruir o
enunciado, apontar os deslizamentos de sentidos e marcar o jogo da deriva,
a partir de uma situação discursiva específica, uma propaganda do governo
sobre educação. Em O funcionamento do movimento pendular próprio às análises
discursivas na construção do “dispositivo experimental” da Análise de Discurso,

99
14 (1)

Verli Petri tece considerações sobre o funcionamento do dispositivo teórico-


-analítico da Análise de Discurso no Brasil, a partir da metáfora do pêndulo.
A autora se sustenta em duas expressões para conduzir suas reflexões: i) a de
que “a Análise de Discurso é uma disciplina de entremeio”; e ii) a de que o
dispositivo teórico-metodológico da Análise de Discurso se constrói num mo-
vimento pendular entre teoria e análise” (p. 40). O “dispositivo experimental”
a que Petri se refere diz respeito às experiências de análise que constituem cada
analista de discurso, já que a disciplina não propõe uma aplicação, mas de-
-pende de olhar(es) singular(es) sobre o objeto, movimento pendular que se dá
no ir e vir da teoria para análise. No texto Linguagem e tecnologia: uma relação
de sentidos, Cristiane Dias discute a relação linguagem-silêncio, a questão da
progressão do silêncio para a verbalização e o modo como a tecnologia vem se
inscrevendo, discursivamente, na história. A tecnologia é tratada pela autora
como lugar de produção de discursos e de relações de poder que atuam forte-
mente no “modo de construção das sociedades, no que concerne ao seu aspecto
político, econômico e ideológico.” (p. 50-51). Sem perder de vista a relação
pensamento-linguagem-mundo, Dias aponta que a ideologia da comunicação
se estabelece na relação linguagem e tecnologia, pela “tecnologização da palavra”
(Ong, 1998), de maneira que a tecnologia vai se constituir como um campo
de questões, de produção de discursividades em que a “unidade do sentido e
do novo se afirmam.” (p. 52).
Na parte II, as abordagens apresentam os diversos modos de discussão sobre
a instância urbana. O texto de José Horta Nunes, intitulado A urbanidade em
diferentes materialidades discursivas, abre a seção com uma reflexão sobre o im-
bricamento dos movimentos nas redes sociais e nas ruas. O material analisado
pelo autor para compreender o modo de (não) organização desses movimentos
foi recortado, em sua maioria, de sites relacionados às marchas urbanas –“da
Maconha”, “da Liberdade” e “das Vadias”– ocorridas em maio e junho de 2011.
Do real ao virtual, ou das telas às ruas, as análises “nos conduzem a repensar o
funcionamento político das posições mediadoras, na medida em que a figura
do porta-voz tende a ser apagada como mediadora entre o Estado e os grupos e
movimentos sociais” (p. 82), conclui Nunes, de maneira que, no enredamento
da globalização, há silenciamentos. Em Discurso em circulação e acontecimento:
descrever montagens discursivas no tempo presente, Rejane Vargas analisa o par
designativo comunidade/favela com base na proposta da noção pecheuxtiana de
montagem discursiva (MD). A autora constrói sua reflexão em torno do recorte
do corpus –de discursos que, em sua maioria, circulam na rede eletrônica– como
fragmento de um acontecimento, e assinala, ancorada na ideia de “instância
dinâmica” das sequências discursivas (Courtine, 2009), a equivocidade do par
comunidade/favela. Maria Cristina Leandro Ferreira, no texto O corpo enquanto
objeto discursivo, aborda a arquitetura do corpo, tomando-o como “categoria
analítica, como artefato teórico, como materialidade significante” (p. 99) no
tempo e no espaço. A autora traça um percurso teórico desde a civilização grega

100
Reseñas

até a contemporaneidade e aborda o corpo na dimensão do político, marcando


a aproximação entre o olhar da psicanálise, o corpo como afetado pela lingua-
gem, e da análise do discurso, o corpo como processo de construção pelo/no
discurso. Como “lugar de observação do sujeito” (p. 99-100), o corpo pode
ser olhado/visto, no espaço, pelo analista de discurso que pretende entender
a(s) falta(s) do sujeito, destaca Leandro Ferreira. No texto Sujeito e espaço: na
Paulista, “tá dando pra se viver”?, Marcos Barbai desenvolve uma reflexão acerca
da cidade como espaço de significação do sujeito, elegendo como corpus de
análise uma cena na Avenida Paulista, lugar em que, simbólica e imaginaria-
mente, “sujeito e espaço são configurados, falados e determinados.” (p. 112). Ao
analisar o material, Barbai aponta a câmera como uma tecnologia que produz
ordem, vigilância, cenas fabricadas, enfim, uma “nova forma de territorialismo”
(p. 118), silenciando a opacidade. No último texto desta seção, Rimas e telas:
a rua no (dis)curso, Eliana Almeida toma objeto de discussão uma poesia (“A
rua das rimas”) e um videoclipe (“Rua das rimas”) para refletir sobre “a rua pela
arte em relação ao sujeito” (p. 121). No processo de análise, a autora enfatiza
que: i) na poesia, a língua potencializa-se e cria “uma rua de palavras que a
(des)compõe.” (p. 124); e ii) no videoclipe, a rua é esteticamente significada
na materialização dos sentidos interditados pelo urbano.
Na parte III, os capítulos refletem sobre a institucionalização, ou não, de
um saber científico/linguístico e os diferentes modos de ensinar a língua no
espaço escolar e na sociedade em rede. O primeiro texto, de Claudia Pfeiffer,
intitulado Língua e sujeito na escola, trata da emergência do sentido, da sua
estabilização na memória da sociedade e sua circulação na escola, a partir da
discussão sobre o lugar da argumentação no ensino e sobre a retórica. Sérgio
Augusto Freire de Souza, no texto Para quem é o discurso pedagógico?, discorre
acerca do discurso pedagógico sob a perspectiva da linguagem e dos ecossistemas
comunicacionais. Quatro pontos são relevantes nessa abordagem: o sujeito, a
sociedade em rede, a tipologia discursiva e a escola. Para o autor, a sociedade
em rede altera a configuração constitutiva do sujeito da escola contemporânea,
alterando também as formas de se relacionar nesse espaço. Débora Massmann,
em Ontem, hoje e amanhã: ainda a questão do ensino, produz uma reflexão
acerca do atual sistema de ensino brasileiro e as mudanças ocorridas no mundo
com o advento das novas tecnologias. Massmann problematiza “a função de
ensinar na escola do século XXI”, retoma as considerações de Orlandi (2006)
sobre o discurso pedagógico e suas práticas, e explicita o jogo imaginário em
funcionamento na sala de aula, o qual se sustenta no discurso autoritário e tem
a figura do professor como elemento central.
Os capítulos da parte IV discutem o processo de constituição (interpelação
e individuação) do sujeito em relação a diferentes formações discursivas. No
primeiro capítulo –O sujeito no discurso: modulações operadas pelo drama da
voz–, Pedro de Souza toma a voz como objeto de análise, entendendo-a como
um gesto enunciativo para a constituição do sujeito, a partir da investigação

101
14 (1)

do modo pelo qual o “cantante é interpelado em sujeito, através do uso que


faz da voz ao cantar” (p. 176). Em Sujeito e subjetividade: psicanálise e análise
de discurso, Lauro Baldini aborda a noção de sujeito na Análise de Discurso e
suas relações com a Psicanálise, a partir do conceito de interpelação ideológica,
proposto por Louis Althusser e reelaborado por Michel Pêcheux no quadro de
uma teoria não-subjetivista do sentido e do sujeito. Para Baldini (p. 200), é
fundamental em uma discussão sobre o sujeito que a AD trabalhe “a relação: do
lado da língua, a lógica do significante, o simbólico como instância puramente
diferencial, sem substância; do lado da história, a luta de classes, uma divisão
social traumática que não pode ser integrada à rede simbólica e, por fim, do
lado do inconsciente, a falta de relação sexual”. Belmira Magalhães, no texto
Sujeito no e do discurso: pensando a resistência, analisando a expressão “Você
Pode”, presente na discursivização do sujeito contemporâneo, reflete acerca do
inconsciente e da ideologia e das possibilidades do sujeito fazer história (criar
o novo). A autora explicita que, na contemporaneidade, “exalta-se o sujeito
livre e decidido, completo, capaz de realizar o que quiser. Oferece-se ao su-
jeito a possibilidade de conquistar tudo e, em contrapartida, aqueles que não
conseguem (a maioria) são culpabilizados, sob a alegação de que são incapazes
de ser empreendedores” (p. 205). Analisando algumas sequências discursivas
veiculadas pela mídia impressa e em outdoors, Magalhães salienta a emergên-
cia do individualismo, da concorrência interpessoal acirrada e do surgimento
de doenças. Em O processo de interpelação ideológica em Kafka: da ignorância
culposa ao humor rebelde, Maurício Beck aborda a prática da interpelação
ideológica e questiona esse processo de interdito da contradição, tomando
como objeto de análise a personagem Josef K., do livro O Processo, de Franz
Kafka. Nas considerações finais, o autor lança um questionamento que incita
a reflexão sobre a desmistificação do sujeito e do seu processo de constituição:
“Esse efeito de desmontagem e desmistificação do eu pelo viés do humor não
é correlato à crítica teórica que a Análise do Discurso e a Psicanálise fazem ao
sujeito-ego-pleno e a uma suposta interpelação ideológica todo poderosa sem
fissuras e contradições?” (p. 230). Encerrando a seção, em Língua, memória
discursiva e efeitos de sentido, Maria da Conceição Fonseca-Silva apresenta uma
reflexão acerca da relação língua e memória. Além do percurso teórico sobre os
conceitos, a autora analisa algumas formulações relativas ao acontecimento de
31 de outubro de 2010, “Dilma Rousseff é a primeira presidente do Brasil”,
apontando deslizamentos de sentidos sobre a presidente Dilma Rousseff, os
quais vão de militante contra o regime militar (vista como subversiva, terrorista)
à presidente do Brasil.
A parte V, a última da obra, apresenta capítulos cujas reflexões versam
sobre a língua e a produção do conhecimento na sociedade. O texto A casa
miticamente comum, de Amanda Scherer, abre a seção com uma discussão teó-
rica que marca a relação entre a História das Ideias Linguísticas e a Análise de
Discurso. Em uma narrativa belíssima, Scherer revela seu percurso na Análise

102
Reseñas

de Discurso e explicita as relações institucionais, os convênios, as parcerias, as


orientações, o modo como a AD afeta a constituição do sujeito. Para Scherer,
“para ser analista do discurso, é preciso justamente deslocar o sujeito face aos
efeitos de evidência e do sentido já posto.” (p. 259). Ana Zandwais, em Como
caracterizar uma nação: entre os domínios históricos e discursivos, nos traz uma
reflexão sobre as formas de constituição de uma nação “que concorrem para a
construção de imaginários que se discursivizam e que nos permitem compre-
ender as formas através das quais o Estado e as sociedades civis se organizam
a partir das experiências vividas e das relações díspares que podemos observar
entre a superestrutura e a infraestrutura”, que acabam garantindo o funcio-
namento do mito da “unidade linguística” e o efeito de “unidade nacional”
(p. 263). Para Zandwais, um imaginário de nação só pode ser produzido “pela
discursividade, pela identificação dos membros de um Estado com a língua-
-mãe, ou seja, a língua que todos falam e que identifica todos que a falam, que
lhes confere referências culturais, uma herança histórica, um lugar de filiação.”
(p. 272). Equívocos da/na língua oficial, texto de Mónica Graciela Zoppi-
Fontana, apresenta uma problematização sobre a instituição da língua portu-
guesa como “língua oficial”, com destaque para o efeito do processo histórico
de colonização portuguesa, os quais afetam a constituição dos sujeitos brasi-
leiros. Com vistas a refletir a respeito do imaginário de “língua oficial” nos
discursos de internacionalização da língua, Zoppi-Fontana analisa o projeto de
lei 065/2005 que tinha como proposta substituir o “ç” de Foz de Iguaçu por
“ss”. Segundo a autora, nos documentos legislativos da lei, emerge um “saber
espontâneo sobre a língua, que retoma e reformula, do lugar de enunciação do
legislador, memórias historicamente produzidas.” (p. 284); já nos documentos
jornalísticos da lei, “o inglês é significado como língua global de negócios (...)
ao tempo que o português é compreendido como língua que produz isolamento
por ter uma grafia de ‘uso exclusivo do Brasil’” (p. 286). O último texto da
seção, intitulado Língua Nacional – Escola Nacional, de Mariza Vieira da Silva,
trata da questão da institucionalização do português como “língua nacional”,
expressão que tende a deslocar para comum em diferentes documentos oficiais,
estreitando a articulação com a universalização da educação. No fechamento de
seu percurso teórico e analítico (do conto “Minha gente”), a autora destaca a
presença das marcas da colonização no sistema e questiona: “Como compreen-
der esses ‘debates e polêmicas’ suscitados pelo termo ‘nacional’, essa opacidade
do termo ‘comum’ em relação à língua e à escola...?” (p. 308).
Dado o panorama das produções, enfatizamos a relevância da obra, cuja
proposta teórico-metodológica, com abordagens singulares sobre questões
atuais da contemporaneidade, proporciona ao leitor e (não só) estudioso da
linguagem a compreensão da constituição dos sujeitos, dos discursos e dos
sentidos, e, ainda, do processo (pecheuxtiano) de estruturação-desestruturação-
-reestruturação dos trajetos.

103
14 (1)

Referências Bibliográficas

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Fernanda Correa Silveira Galli


Universidade Estadual Paulista (UNESP/IBILCE), Brasil
fcsgalli@hotmail.com
Dantielli Assumpção Garcia
Universidade de São Paulo (USP/FFCLRP), Brasil
dantielligarcia@gmail.com

104
Indice acumulado

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Introducción multidisciplinaria, reseñado por Guillermo Soto, 103-125.
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Tergiversaciones y correspondencias: la metáfora y sus bemoles, 29-47.
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Luisa Martín Rojo (dir.), Ester Alcalá Recuerda, Aitana Gari Pérez, Laura Mijares,
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Dilemas ante el multilingüísmo en las aulas, reseñado por Dalia Ruiz Ávila,
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VOLUMEN 4 (1) 2004

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Intertextualidade e humor: No país do carnaval “Muito riso e pouco siso” é o
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transmitidos por la radio en la frontera, 47-72.
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106
Indice acumulado

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108
Indice acumulado

VOLUMEN 6 (2) 2006


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discursos literario, cotidiano y científico, reseñado por Gonzalo Pubiano Bernal,
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escolar. Un análisis discursivo de la modalidad, reseñado por Guillermina Piatti,
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VOLUMEN 8(1) 2008


NÚMERO MONOGRÁFICO: HOMENAJE A LUIZ ANTÔNIO MARCUSCHI

SAITO MONTEIRO DE BARROS, Kasue, GARCIA DA SILVA, Denize Elena y


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polifonía no hipertexto, 9-18.
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acadêmicas virtuais, 65-76.
PARDO ABRIL, Neyla Graciela, El discurso multimodal en Youtube, 77-108.
POSSENTI, Sírio, Um percurso: o caso “por qué no te callas?”, 109-118.

Reseñas
Luiz Antônio Marcuschi, Produção textual: análise e compreensão. Reseñado por Cristina
Teixera, 119-121.
Luiz Antônio Marcuschi, Cognição, Linguagem e Práticas Interaccionáis. Reseñado por
Judith C. Hoffnagel, 122-124.
Luiz Antônio Marcuschi, Fenómenos da linguagem. Reseñado por Viviane de Melo
Resende, 125- 124.

110
Indice acumulado

VOLUMEN 8(2) 2008


BIANCARDI, Maria Silvia, La representación de los “recursos naturales” en la prensa. El uso
de las nominalizaciones en crónicas de Clarín sobre Minera La Alumbrera, 5-23.
COLARES, Virginia, JARDIM, Natalia, PEDROSA, Bruno, BARROS, Lívia y SIM-
PLÍCIO Kamila, Buracos do Recife: estudo de uma decisão judicial, 25-44.
CORTÉS, Daniel F., Una mitigación reveladora: La Declaración de Principios de la
Marina argentina (noviembre de 1955), 45-60.
RAMALHO, Viviane, Anúncio publicitário de medicamento: discurso e ideologia, 61-79.
ROGERS, Rebecca, Entre contextos: un análisis crítico del discurso de la alfabetización
familiar, las prácticas discursivas y las subjetividades de la alfabetización, 81-132.

Reseñas
Patrick Charaudeau, Entre populisme et peopolisme. Comment Sarkozy a gagné, Reseñado
por Karina M. Ibañez, 133-137.
Beatriz Gabbiani e Irene Madfes, Conversación y poder. Análisis de interacciones en aulas
y consultorios, Reseñado por María Carolina Ferrari, 138-140.
María Laura Pardo, El discurso sobre la pobreza en América Latina, Reseñado por María
Lucía de la Vega, 141-147.

Entrevista
Claudia Gabriela D’Angelo, Tendencias actuales de los estudios multimodales. Entrevista
a Martin Kaltenbacher, 149-156.

VOLUMEN 9(1) 2009


NÚMERO MONOGRÁFICO

SOTO, Guillermo, Introducción: Relaciones entre la gramática y el discurso, 5-10.


CUCATTO, Andrea, Un enfoque lingüístico-cognitivo para trabajar la conexión en los textos
escritos. De la gramática al discurso, 11-43.
CUCATTO, Mariana, Narrar para describir; describir para argumentar. La operación lingüís-
tico-cognitiva de la reificación en las secuencias penales de primera instancia, 45-65.
GONZÁLEZ V., Carlos y JÉLVEZ H., Lorena, Peso pragmático y éxito de la discusión en
la argumentación oral en sala de clases, 67-85.
OTEÍZA S., Teresa, De “la conspiración de silencio” al reconocimiento de voces alternativas.
Las violaciones a los derechos humanos en Chile según el Informe Valech (2003),
87-111.
PINUER R., Claudio A., La función focal en la gramática: implicancias teóricas y repercu-
siones metodológicas, 113-134.
SABAJ M., Omar, Gramática, Pragmática y Discurso: antecedentes de un desamor y una
reconciliación, 135-146.

Reseñas
Andrea Cucatto, Introducción a los estudios del lenguaje y la comunicación. Teoría y prácti-
ca, Reseñado por Alejandro Martín Errecalde, 147-150.
María José Serrano, Gramática del discurso, Reseñado por Yanira Becerra Ortiz, 151-156.

111
14 (1)

VOLUMEN 9(2) 2009


FERRARI, Laura D., Marcadores de modalidad epistémica y evidencial en el análisis
de las conclusiones de artículos de investigación de disciplinas distintas, 5-23.
DE FREITAS, Ernani C., Blocos semânticos e a construção do sentido no discurso,
25-42.
LUI, Gabriel Henrique e RIBEIRO DE ALMEIDA, J. Antônio, O discurso sobre a
gestão e a conservação da Amazônia em dois dos principais periódicos cientí-
ficos internacionais, 43-61.
OLIVEIRA FARIA, Daiana e SOUSA ROMÃO, Lucília Maria, Che Guevara: sentidos
em confronto no discurso midiático, 63-80.
PIATTI, Guillermina, La función de la modalidad interrogativa en la conversación,
81-99.

Reseñas
Lourdes Molero de Cabeza y Julián Cabeza. El poder, el querer y el protestar, Reseñado
por Ana Mireya Uzcátegui Q., 101-110.
Teun Van Dijk, Discurso y poder. Contribuciones a los estudios críticos del discurso, Re-
señado por Carlos del Valle Rojas, 111-114.

VOLUMEN 10(1) 2010


NÚMERO MONOGRÁFICO

BOLÍVAR, Adriana y CHUMACEIRO, Irma, Introducción: Crisis y cambios en la


democracia venezolana, 3-7.
ADRIÁN S., Thays, La metáfora conceptual en el discurso político venezolano: Rómulo
Betancourt y Hugo Chávez Frías, 9-33.
ÁLVAREZ, Alexandra y CHUMACEIRO Irma, ¡Con la Iglesia hemos topado…!
Aspectos de una interacción polémica entre el Presidente Chávez y el Cardenal
Urosa Savino, 35-63.
COURLEANDER HIDALGO, Vanesa, “El pueblo” en campañas electorales vene-
zolanas: palabra e imagen en 1999 y 2006, 65-92.
D. ERLICH, Frances, Los cubanos en misiones de salud en Venezuela. Referencias
contrapuestas y polarización discursiva, 93-110.
MOLERO DE CABEZA, Lourdes, Crisis y cambio en el discurso político venezolano
de la primera década del siglo XXI: estrategias lingüístico-discursivas, 111-133.
PALACIOS, Euclides, Discurso y cambio constitucional en el VIII Plan de la Nación
del presidente Carlos Andrés Pérez 1989-1993, 135-152.

Reseñas
Rosa Graciela Montes y Patrick Charaudeau, El “tercero”. Fondo y figura de las personas
del discurso, Reseñado por Martha Shiro, 153-158.
Sírio Possenti, Humor, lingua e discurso, Reseñado por Cellina Rodríguez Muniz,
159-162.

112
Indice acumulado

VOLUMEN 10(2) 2010


BONNIN, Juan E., Dinámicas de la voz y producción de legibilidad en los Documentos
Finales de Medellín (1968). Un análisis genético-discursivo, 7-28.
CAMEJO, Estrella, Premio CAB Somos Patrimonio: construcción discursiva de la
identidad cultural venezolana en un contexto internacional, 29-53.
GÓMEZ C., Natalia, Violencia contra mujeres: voz y agencia en noticias de La
Nación, 55-76.
OLIVEIRA A., Fábio, Análise do discurso e psicoanálisis: a questão do sujeito, 77-85.
DE MELO RESENDE, Viviane e FILIPE ALEXANDRE, Marta, Representação
discursiva da pobreza extrema. Análise discursiva crítica de um testemunho
publicado em editorial da revista Casi, 87-105.

Reseñas
Beth Brait. Literatura e outras linguagens, Reseñado por Valdemir Miotello y Marina
Haber de F., 107-112.
Lésmer Montecino. Discurso, pobreza y exclusión en América Latina, Reseñado por
Leda Berardi, 113-119.

VOLUMEN 11(1) 2011

NÚMERO MONOGRÁFICO: HOMENAJE A TEUN A. VAN DIJK

BOLÍVAR, Adriana, EMILSSON, Elin y FONTE, Irene, Introducción: La ALED y


Teun van Dijk. Permanencia y fluir de un discurso, 3-8.
BOLÍVAR, Adriana y D. ERLICH, Frances, La práctica del análisis del discurso en
contextos políticos polarizados. Una reflexión crítica, 9-30.
CARBÓ, Teresa, Sobre la semiosis en textos verbales y visuales, 31-60.
CERUTI, Emilio, La americanización del discurso historiográfico. Un análisis crítico
del discurso sobre el 1898 puertorriqueño en un texto de amplia circulación para
la educación media superior, 61-77.
KOCH, Ingedore G.V., MORATTO, Edwiges M. y BENTES, Anna C., Ainda o
contexto: algumas considerações sobre as relações entre contexto, cognição e
práticas sociais na obra de Teun van Dijk, 79-109.
MONTECINO, Lésmer y VIDAL, Margarita, Representación del consumo de drogas
en historias de vida de personas en situación de calle en Santiago de Chile, 93-
PARDO ABRIL, Neyla Graciela, Construcción de opiniones públicas: preservación y
normalización de la dependencia, 111-127.
SHIRO, Martha, Usos del lenguaje evaluativo en el planteamiento del problema del
artículo de investigación, 129-148.

113
14 (1)

VOLUMEN 11(2) 2011

AMADIO, Débora, Las inocentes preguntas sobre el significado durante los testimonios,
5-22.
CÁRDENAS N., Camila, Análisis de tres modos de representación ideológica cons-
truidos en discursos especializados sobre juventud chilena producidos entre 1970
y 1990, 23-47.
DE FREITAS, Ernani C., Práticas de linguagem na atividade de trabalho: cenografia e
ethos em discursos socioprofissionais, 49-68.
GARCÍA N., María Marta, Sin duda y en principio: Modalización, desdoblamiento
enunciativo y heterogeneidad, 69-88.
LIBENSON, Manuel, La configuración discursiva de efectos incitativos en rumores
económicos, 89-111.

Reseñas
Neyla G. Pardo A. Discurso, impunidad y prensa, Reseñado por María Alejandra
Vitale, 113-120.
Carlos Piovezani y Vanice Sargentini (Orgs.) Legados de Michel Pêcheux: inéditos em
análise do discurso, Reseñado por Jefferson Voss, 121-124.

VOLUMEN 12(1) 2012

NÚMERO MONOGRÁFICO

D’ANGELO, Claudia Gabriela, Introducción: Multimodalidad: de la teoría a la


práctica, 3-5.
GARCIA DA SILVA, Denize Elena y RAMALHO, Viviane, Discurso, imagem e texto
verbal: uma perspectiva crítica da multimodalidade, 7-29.
MAGALHÂES, Célia M. y SANTIAGO ARAÚJO, Vera Lúcia, Metodologia para
elaboração de audiodescrições para museus baseada na semiótica social e mul-
timodalidade: introdução teórica e prática, 31-55.
MENÉNDEZ, Salvio Martín, Multimodalidad y estrategias discursivas: un abordaje
metodológico, 57-73.
O’HALLORAN, Kay L., Análisis del discurso multimodal. Traducido por Claudia
Gabriela D’Angelo, 75-97.
PARDO ABRIL, Neyla Graciela, Exploraciones sobre la pobreza y el racismo en
Colombia. Estudio multimodal, 99-117.

Reseñas
Monika Bednarek y J.R. Martin (eds.). New Discourse on Language. Functional Pers-
pectives on Multimodality, Identity, and Affiliation, Reseñado por Damián
Alvarado, 119-123.
Gunther R. Kress. Multimodality: A Social Semiotic Approach to Contemporary Com-
munication, Reseñado por Julián Ezquerra, 124-130.

114
Indice acumulado

VOLUMEN 12(2) 2012

GUTIÉRREZ MORALES, Irma Mariana, Falacias en los discursos de los candidatos


presidenciales en México (2012), 11-31.
HARVEY, Anamaría, BAEZA, Patricia y SOLOGUREN, Enrique, La deixis de pri-
mera persona en la construcción discursiva del estudiante universitario, 33-52.
OLAVE ARIAS, Giohanny, Escenificación y multidestinación en el discurso presidencial
de Juan Manuel Santos, 53-79.
DE MELO RESENDE, Viviane y ALVES DOS SANTOS, Andreia, A representação
de pessoas em situação de rua quando vítimas de chacina: uma análise discursiva
crítica, 81-101.
SALGADO ANDRADE, Eva, Indígenas en la prensa mexicana en el contexto preelec-
toral de fines del foxismo, 103-128.

Reseñas
Londoño Zapata, O. I. (Ed.). Horizontes discursivos: miradas a los estudios del discurso,
Reseñado por Doris Martínez, 129-135.
Hodge, B. & Coronado, G. Mexico and its others: A chaos theory approach, Reseñado
por Rodney Williamson, 136-139.

VOLUMEN 13(1) 2013

ADRIÁN S., Thays, Divide y vencerás: la antonimia como estrategia ideológica de


polarización en el discurso de Hugo Chávez Frías, 9-32.
AGUAYO, Adriana, Una mirada a la discriminación en México desde el discurso de
la prensa escrita, 33-55.
DUARTE A., Mercedes, Redes de metáforas cognitivas en el discurso político: “el
socialismo del siglo XXI” de Hugo Chávez, 57-77.
DVOSKIN, Gabriel, Paradigmas en disputa, presupuestos compartidos, 79-98.
PÉREZ ARCE, Chery, GARRIDO OSSES, Sandra, LLANQUINAO LLANQUI-
NAO, Gabriel, TURRA CHICO, Héctor, MERINO DICKINSON, María
Eugenia, La ciudad y el campo como referentes de identidad en adolescentes
mapuches de Temuco y Santiago, 99-114.

Reseñas
Bolívar, A. y Beke, R. (2011). Lectura y escritura para la investigación, Reseñado por
Laura Ferrari, 115-119.
Londoño Zapata, O. I. (2012). Los estudios del discurso: miradas latinoamericanas 1,
Reseñado por Juan Eduardo Bonnin, 120-123.

115
14 (1)

VOLUMEN 13(2) 2013

MACHADO, Ida L. e MENDES Emília, A Análise Semiolinguística: seu percurso e


sua efetiva tropicalização, 7-20.
MARTÍNEZ S., María C., Los géneros desde una perspectiva socio-enunciativa. La
noción de contexto integrado, 21-40.
MARTINS G., Lúcia H., LINO P., Maria A. e MAURO M., Rosane S., Modalização
em textos mediáticos: estratégias de construção de sentido, 41-61.
MONTES, Rosa G., DEL ROSAL, Gerardo y FIDELHOLTZ, James L., El principio
de alteridad en la construcción identitaria en el discurso, 63-80.
SALGADO A., Eva, La historia nacional como máscara en el discurso presidencial en
México (2006-2012), 81-97.
SEGOVIA L., Pablo y NIETO G., Maritza, El contrato de comunicación en dos
programas radiales chilenos, 99-120.

Reseñas
Charaudeau, Patrick (dir.). (2008) La médiatisation de la science. Clonage, OGM,
manipulations génétiques, Reseñado por Ma. de Lourdes Berruecos Villalobos,
121-128.
Charaudeau, Patrick (1992). Grammaire du sens et de l’expression, Reseñado por Wander
Emediato de Souza, 129-132.

116
Instrucciones para las reseñas
· La reseña tendrá como encabezado el autor (o editor), el año, el título, el número
de páginas, la casa editorial y el ISBN de la obra reseñada.
· En la introducción se identificará el tema y el problema central.
· Se describirá la estructura de la obra (en capítulos, y partes, existencia de glosarios,
apéndices, etc.) y se hará una síntesis completa del contenido. Asimismo, se
especificará quiénes son los lectores potenciales del libro reseñado.
· El texto de la reseña será evaluativo y expresará la posición del autor frente a la obra
reseñada.
· El libro reseñado se pondrá en relación con otros trabajos sobre el mismo tema y/o
del mismo autor y se situará en el contexto del momento y lugar en que aparece
publicado.
· Se seguirán las convenciones de citas que se indican para el resto de las contribuciones
a la revista de la ALED.
· El texto de la reseña tendrá un límite máximo de 3.000 palabras (aproximadamente
diez cuartillas).
· Enviar dos copias en papel tamaño carta y una en disquete en formato de documento
Word (o compatible) a: Sírio Possenti, e-mail: siriop@terra.com.br o Irene Fonte,
e-mail: irenefz@yahoo.com

Instruções para as resenhas


· No encabeçado da resenha devem ser indicados o autor (ou editor), o ano, o título,
o número de páginas, a casa editorial e o ISBN da obra resenhada.
· Na introdução serão indicados o tema e o problema central.
· Descrição da estrutura da obra (em capítulos, ou partes, a existência de glossários,
apêndices, etc.) e apresentação de uma síntese completa do conteúdo. É importante
a informação sobre os leitores potenciais do livro resenhado.
· O texto da resenha será avaliativo e expressará a posição do autor frente à obra
resenhada.
· Comentar-se-á a relação entre o livro resenhado e outros trabalhos sobre o mesmo
tema, alheios ou do autor considerado, e situar-se-á a obra no seu contexto temporal
e espacial.
· Para as citações, serão seguidas as mesmas convenções que se indicam para o resto
das contribuições da revista da ALED.
· O texto da resenha terá um limite máximo de 3.000 palavras (aproximadamente
dez páginas).
· Enviar duas cópias em papel tamanho carta e uma em disquete em formato Word
(ou compatível) a: Sírio Possenti. E-mail: siriop@terra.com.br e Irene Fonte, e-mail:
irenefz@yahoo.com

117
Instruções para os autores
· Política Editorial. A Revista Latino-americana de Estudios del Discurso publica trabalhos originais
e inéditos dos membros pesquisadores da Associação. Os trabalhos recebidos são submetidos à
arbitragem por parte de especialistas de reconhecido prestígio. O Comitê Editorial reserva-se o
direito de sugerir aos autores modificações formais aos artículos que forem aceitos, assim como
publicá-los no número que considerar mais conveniente.
· Instruções para os autores: Os pesquisadores interessados em publicar seus trabalhos na Revista
Latino-americana de Estudios del Discurso, deverão seguir as seguintes instruções:
1. Enviar seus trabalhos ao seguinte endereço postal:
Adriana Bolívar y Martha Shiro
Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso
Apartado 47075, Los Chaguaramos, Caracas 1041-A, Venezuela.
Os trabalhos também podem ser enviados em attachment às seguintes direções eletrônicas:
revistaaled2004@yahoo.es
shiromartha@gmail.com
abolivar_2000@yahoo.com
aled_edicion2006@yahoo.es
2. Os artículos deverão ser escritos em papel tamanho carta, com espaço duplo, de um só lado e ter
uma extensão máxima de 25 laudas, incluindo notas e bibliografia.
3. O texto do artículo deve ser precedido por um resumo em espanhol, português (resumo) e
inglês (abstract) de não mais de 150 palavras. Incluir-se-ão até seis palavras chave. Os títulos
gerais e de seções devem ser breves e explícitos.
4. Todo artículo deve estar acompanhado por uma breve informação biográfica em numa extensão
entre 50 e 100 palavras, onde se indique o nome completo do ou dos autores, instituição onde
trabalha, telefone, fax e correio eletrônico. Do mesmo modo, dever-se-á proporcionar, de forma
clara e completa, o endereço postal mais seguro para receber a correspondência.
5. As citações textuais de mais de 40 palavras devem insertar-se no texto com sangria de 1cm de
cada lado. Sua referência far-se-á segundo o sistema autor-data. Ao final da citação, escreve-se
entre parêntese o sobrenome do ou dos autores, o ano de publicação e o número de página.
Exemplo: (Charaudeau, 2003: 25)
6. As notas devem enumerar-se consecutivamente e colocar-se ao final do texto, antes das
Referências Bibliográficas.
7. Todas as referências bibliográficas devem ser ordenadas alfabeticamente depois das notas, e como
se verá a seguir: Livros: Ruíz Ávila, D. (2003). Tejiendo discursos se tejen sombreros. Identidad y
práctica discursiva. México: Fomento Editorial. Capítulo de libro: Wodak, R. (2003) De qué trata
el análisis crítico del discurso (ACD). Resumen de su historia, sus conceptos fundamentales y
sus desarrollos, en R. Wodak y M. Meyer (eds.) Métodos de Análisis crítico del discurso, pp.17-
43. Barcelona: Gedisa. Artículos: Chumaceiro, I. (2004). Las metáforas políticas en el discurso
de dos líderes venezolanos, Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso, 4 (2): 91-112. As
letras a, b, c, anexadas à data de publicação, podem ser usadas para referenciar trabalhos de um
mesmo autor publicados no mesmo ano.

118
Revista Lationamericana de Estudios del Discurso
Revista Latinoamericana de Estudos do Discurso
Instrucciones para los autores
· Política Editorial. La Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso publica trabajos originales e
inéditos de los investigadores miembros de la Asociación. Los trabajos recibidos serán sometidos a arbitraje
por parte de especialistas de reconocido prestigio. Como consecuencia, el Comité Editorial se reserva
el derecho de sugerir a los autores modificaciones formales a los artículos que sean aceptados, así como
publicarlos en el número que considere más conveniente.
· Instrucciones para los autores: Los investigadores interesados en publicar sus trabajos en la Revista
Latinoamericana de Estudios del Discurso, deberán seguir las siguientes instrucciones:
1. Enviar sus trabajos a la siguiente dirección postal:
Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso
Adriana Bolívar y Martha Shiro
Editoras
Apartado 47075, Los Chaguaramos, Caracas 1041-A, Venezuela.
Los trabajos también pueden ser enviados en attachment a las siguientes direcciones electrónicas:
revistaaled2004@yahoo.es aled_edicion2006@yahoo.es
shiromartha@gmail.com abolivar_2000@yahoo.com
2. Los artículos deberán ser escritos en papel tamaño carta, a espacio y medio en Times New Roman 12, por
una sola cara y tener una extensión máxima de 25 cuartillas, incluyendo notas y bibliografía. Tanto las
imágenes, gráficos o tablas deben anexarse en su formato original (jpg, tif, gif, png, excel, power point...)
3. El texto del artículo debe ir precedido por un resumen en español, portugués (resumo) e inglés (abstract)
de no más de 150 palabras. Se incluirán hasta seis palabras clave. Los títulos generales y de secciones
deben ser breves y explícitos.
4. Todo artículo debe estar acompañado por una breve información biográfica y académica escrita en
una extensión entre 50 y 100 palabras, donde se indique con claridad el nombre completo del o los
autores, nombre y dirección de la institución donde labora, teléfono, fax y correo electrónico. Asimismo,
aparte se deberá proporcionar de forma clara y completa la dirección postal más segura para recibir
correspondencia.
5. Las citas textuales de más de 40 palabras deben insertarse en el texto con sangría de 1cm a
cada lado. Su referencia se hará según el sistema autor-fecha: al final de la cita se escribe entre
paréntesis el apellido del o los autores, el año de publicación y el número de página. Ejemplo:
(Romano y Sousa, 2004: 17), (Charaudeau, 2003: 25).
6. Las notas deben numerarse consecutivamente y colocarse al final del texto, antes de las Referencias
Bibliográficas.
7. Todas las referencias bibliográficas deben ser ordenadas alfabéticamente después de las notas, y
como se muestra a continuación: Libros: Ruíz Ávila, D. (2003). Tejiendo discursos se tejen sombreros.
Identidad y práctica discursiva. México: Fomento Editorial; capítulo de libro: Donaire, M. L. (2004)
La polifonía, una relación binaria, en E. Arnoux y M. M. García Negroni (Comps.) Homenaje a
Oswald Ducrot, pp. 117-133. Buenos Aires: Eudeba. Wodak, R. (2003). De qué trata el análisis
crítico del discurso (ACD). Resumen de su historia, sus conceptos fundamentales y sus desarrollos,
en R. Wodak y M. Meyer (eds.) Métodos de Análisis crítico del discurso, pp.17-43. Barcelona: Gedisa.
Artículos: Chumaceiro, I. (2004). Las metáforas políticas en el discurso de dos líderes venezolanos,
Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso, 4 (2): 91-112. Las letras a, b, c, anexadas a la fecha
de publicación, pueden ser usadas para referenciar trabajos de un mismo autor publicados en el
mismo año.
8. Cada autor recibirá 2 ejemplares del número de la revista donde aparece su trabajo.
Adriana Bolívar y Martha Shiro
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