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UNA VEZ SALVO, SIEMPRE SALVO

INTRODUCCIÓN
Algunos enseñan, hoy en día, que se puede perder la salvación. Enseñan que uno
puede ser salvo pero, si hace algo mal, pierde su salvación, motivo por el cual
tiene que buscarla de nuevo.
Pero ¿qué enseña la Palabra de Dios?. ¿Por qué algunas personas enseñan así,
que se puede perder la salvación?. Muchos piensan que, por las obras, tienen que
“guardar” su salvación. Ellos dicen: yo puedo recibir a Cristo pero, si no hago
buenas obras, lo puedo perder.
Pero ¿qué hay detrás de este pensamiento?. Cristo es el Salvador, pero la obra de
Él no es suficiente. Yo mismo tengo que “trabajar” para ser salvo (en parte, soy “mi
propio salvador”). Lo que Cristo hizo en la cruz no es suficiente para salvarme de
todo. Yo tengo que terminar de salvarme a mí mismo. Algunos piensan que lo que
Cristo hizo en la cruz es suficiente hasta un punto y que, a partir de allí, nosotros
tenemos que hacer lo que falta.
Los que así piensan, tienen “dos salvadores”. Pero ¿cuántos salvadores hay en
realidad?. Solo uno: Cristo Jesús. La Biblia dice que Cristo pago por todos los
pecados y que El hizo todo lo necesario para salvarnos.
LO QUE DICE LA BIBLIA
Hebreos, 10:10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del
cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. 10:11 Y ciertamente todo
sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos
sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 10:12 pero Cristo, habiendo
ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a
la diestra de Dios,
Cristo se ofreció, entonces, una vez por siempre, es decir, por todos los pecados.
La ofrenda de Cristo fue tan poderosa que solo tuvo que hacerla una vez. No hay
necesidad de “añadir” nada a lo que Cristo hizo. Nosotros no podemos hacer nada
para recibir el perdón de los pecados.
El pasaje dice que había muchos sacerdotes, ofreciendo muchas veces los
mismos sacrificios. Esto hacen hoy en día los católicos en la misa. En el mundo
protestante, se aplica la doctrina de la “consustanciación”, en tanto que en el
mundo católico, se aplica la doctrina de la “transustanciación”. En la
“consustanciación” el pan y el vino que se toman en el sacramento de la Santa
Cena o Cena del Señor (1 Corintios, 11:23-26) representan el cuerpo (el pan) y la
sangre (el vino) de Cristo. Hay una consustanciación: se equiparan el pan al
cuerpo y el vino a la sangre de Cristo, es decir, el pan representa el cuerpo y el
vino representa la sangre de Cristo, pero no son ni el cuerpo ni la sangre de
Cristo.
En la “transustanciación” (doctrina herética sostenida por los católicos) el pan y el
vino directamente son el cuerpo y la sangre de Cristo, motivo por el cual Cristo es
sacrificado en cada misa (muchas veces). Los católicos son culpables, en
definitiva, de sacrificar a Cristo una y otra vez, en cada misa. Pero la Biblia dice
que estos sacrificios no pueden quitar el pecado (Hebreos, 10:11). Por eso la misa
es una mentira y, también por eso, la católica una religión falsa.
Pero algunos sostienen que uno no es salvo por siempre. Ellos dicen que uno
tiene que “trabajar” para guardar su salvación. Ellos dicen que uno puede perder la
salvación. Es doctrina, por ejemplo, de las “Asambleas de Dios” (denominación
protestante y pentecostal) que “está bien lo que hizo Cristo en la cruz, pero que tú,
igualmente, tienes que hacer tales y tales cosas para mantener, para no perder tu
salvación”. Ellos enseñan que el Espíritu Santo puede “entrar y salir” muchas
veces de uno. Pero esto no es lo que enseña la Palabra de Dios.
Romanos, 6:23 Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es
vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Este pasaje dice que hay un don (en una dadiva, se da sin pedir nada a cambio,
por lo tanto es un regalo) y que ese don (dadiva) es vida eterna. La palabra don
(dadiva) literalmente significa “regalo”. Por lo tanto la vida eterna es un regalo de
Dios. Y vida eterna significa vida por toda la eternidad. Y Dios no da un don y
luego pide devolverlo.
Romanos, 11:29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.
Si alguien una vez fue salvo, eso significa que, previamente, hubo un llamamiento
por parte de Dios. Pero la Biblia dice que ese llamamiento y los dones son (verbo
en tiempo presente, lo cual significa siempre) irrevocables. Pero ¿cómo
conciliamos la idea de que, por un lado, la salvación puede perderse pero, por el
otro, el llamamiento – que es previo a la salvación – es irrevocable?.
Hebreos, 9:12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su
propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo
obtenido eterna redención.
Redención es comprar. Cristo compro mi alma cuando El murió en la cruz. Y
cuando recibimos a Cristo como nuestro salvador, tenemos esta REDENCION.
¿Hasta cuándo?. ¿Hasta qué pecamos la primera vez luego de aceptar al Señor y
ser salvos?. No, la tenemos por TODA LA ETERNIDAD.
Hebreos, 5:9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación
para todos los que le obedecen;
Entonces, la salvación es:
[1] un don (regalo) y VIDA ETERNA (Romanos, 6.23);
[2] ETERNA REDENCION (Hebreos, 9:12); y
[3] ETERNA (Hebreos, 5:9);
La salvación es algo que Dios da y que dura por toda la eternidad. ¿Cómo
podemos perder algo que Dios nos dio y que es eterno?.
LO QUE DICE JESÚS
Juan, 3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el
Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.
Tiene (verbo en tiempo presente) vida eterna.
Juan, 5:24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me
envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a
vida.
Jesús dice que cuando alguien lo recibe a Él por la fe en el Evangelio tiene (verbo
en tiempo presente lo cual indica continuidad) vida eterna, ha pasado de muerte a
vida, lo cual es irreversible porque es eterno.
Juan, 6:47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
Algunos dicen “bueno, pero alguien que tiene vida eterna puede pecar y, al
hacerlo, ya no tiene vida eterna”. Si la Biblia hablara de “vida temporal” atada a la
posibilidad de pecar, no habría problemas en aceptar ese argumento. Pero la
Biblia habla de “vida eterna”.
Juan, 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida
eterna.
Pero muchas denominaciones, donde se llaman a sí mismos cristianos, dicen “tú
no tienes vida eterna, tú tiene que recibir a Cristo y, por obras, “guardar” su
salvación y, cuando mueras, quizás Dios te salve”. Cuando la Biblia enseña que,
cuando recibimos a Cristo, ya hemos pasado de muerte a vida.
Juan, 6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le
echo fuera.
Todos los que vienen a Cristo por fe en el Evangelio Él no les echa fuera sino que
reciben el don de la vida eterna.
Juan, 10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 10:28 y yo les
doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi
mano. 10:29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede
arrebatar de la mano de mi Padre.
Una pregunta para los que dicen que la salvación puede perderse. Si la salvación,
como ellos dicen, puede perderse ¿de quienes está hablando Jesús acá?.
¿Quiénes son los que no perecerán jamás y nadie los arrebatara de su mano?.
Jesús habla de unas ovejas que son suyas y que Él les da vida eterna y que jamás
perecerán porque nadie las puede arrebatar de su mano.
Cristo tiene a los salvos en su mano y viene el Padre y envuelve, a su vez, la
mano de Cristo. ¿Quién podrá arrebatar esas ovejas de la mano de Dios?.
Juan, 14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con
vosotros para siempre: 14:17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede
recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con
vosotros, y estará en vosotros.
Jesús no dice yo os daré otro Consolador hasta que peques la primera vez. Dice
que dará otro Consolador para que este con vosotros SIEMPRE. Cuando uno
recibe a Cristo por fe en el Evangelio, entra el Espíritu Santo. ¿Hasta cuándo?
¿Hasta qué pecamos la primera vez?. No, entra por siempre.
Y aquí surge una pregunta interesante. ¿Volvemos a pecar luego de que
aceptamos a Cristo por primera vez?. Si, y lo dice el apóstol Juan:
1 Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros
mismos, y la verdad no está en nosotros.
Juan dice “si decimos”, es decir, se incluye, o sea que está hablando de la iglesia,
ergo, está hablando de gente que es salva. Esto significa que todos seguimos
pecando, aun después de recibir a Cristo y el que diga, que desde que ha recibido
a Cristo, no ha vuelto a pecar es un mentiroso y “la verdad no está en él”.
Conclusión:
La idea de que la salvación puede perderse no son palabras de Cristo sino las
enseñanzas anti bíblicas de una denominación. Ellos se quieren salvar a sí
mismos (por obras) rechazando todo lo que Cristo hizo en la cruz.
LO QUE DICE PABLO
Romanos, 8:35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia,
o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 8:36 Como está
escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como
ovejas de matadero. 8:37 Antes, en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó. 8:38 Por lo cual estoy seguro de
que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo
presente, ni lo por venir, 8:39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada
nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Nada nos puede apartar de Cristo.
2 Corintios, 1:22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del
Espíritu en nuestros corazones.
LO QUE SUCEDE CUANDO ACEPTAMOS A CRISTO
Muchos no entienden lo que pasa cuando aceptamos a Cristo:
1 Tesalonicenses, 5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo
vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de
nuestro Señor Jesucristo.
En 1 Tesalonicenses, la Biblia dice que somos seres tripartitos:
[1] cuerpo;
[2] alma; y
[3] espíritu;
Veremos ahora que sucede con cada una de estas partes según seamos o no
salvos.
Cuando no tenemos a Cristo (cuando no somos salvos), nuestro cuerpo y nuestra
alma están vivos. Nuestro cuerpo está vivo por razones obvias (podemos
movernos) y nuestra alma está viva porque poseemos una mente, una inteligencia
una conciencia, una voluntad y una capacidad para tomar decisiones. Nuestra
alma y nuestro cuerpo están vivos y forman una alianza, mientras que nuestro
espíritu está muerto.
Cuando aceptamos a Cristo, el Espíritu Santo viene a morar en nuestro espíritu
que cohabita con el alma. Cuando esto sucede, Dios corta (separa) el cuerpo (la
carne) del alma (la mente), en una circuncisión que no es de la carne sino
espiritual. De esta forma, nuestro cuerpo (la carne) queda aislado del espíritu y el
alma, que ahora forman una alianza contra la carne.

Por eso Pablo escribe:


Colosenses, 2:11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a
mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de
Cristo;
LA NUEVA CRIATURA
2 Corintios, 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las
cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Pero ¿qué es la “nueva criatura”?.
Lo que se transforma en una nueva criatura no es todo nuestro ser tripartito sino la
suma de nuestro espíritu y alma (la parte inmaterial de nuestro ser). El cuerpo no
forma parte de la nueva criatura porque nuestro cuerpo recién será glorificado en
el rapto de la iglesia. Por esto el cuerpo continuara pecando (de diversas formas)
aun después de aceptar a Cristo.
Efesios, 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el
evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el
Espíritu Santo de la promesa, 1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la
redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
Cuando aceptamos a Cristo por la fe en el Evangelio (1 Corintios, 15.1-4) el
Espíritu Santo viene a morar en nuestro espíritu y somos sellados con El.
1 Corintios, 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el
cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 6:20 Porque
habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en
vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
1 Pedro, 1:18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la
cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o
plata, 1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha
y sin contaminación,
Fuimos comprados por precio (la sangre de Cristo) y somos una nueva criatura (la
nueva criatura es el espíritu y el alma). Si pecamos, es nuestro cuerpo el que
peca. Pero la nueva criatura (el espíritu y el alma) no peca (no puede pecar).
De esto habla el apóstol Juan cuando escribe:
Por un lado:
1 Juan, 3:8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el
principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del
diablo. 3:9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la
simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
Y, por el otro:
1 Juan, 1:8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros
mismos, y la verdad no está en nosotros.
En 1 Juan, 3:9 el apóstol Juan dice que “Todo aquel que es nacido de Dios, no
practica el pecado” cuando en la misma epístola, unos versículos antes (1 Juan,
1:8) había escrito que “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a
nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”. Entonces ¿en qué
quedamos?. ¿Pecamos o no pecamos luego de ser salvos?.
En 1 Juan, 3:8-9 Juan habla del espíritu y el alma (la nueva criatura, la cual no
puede pecar), mientras que en 1 Juan, 1:8 habla del cuerpo.
Aun después de ser salvos seguimos viviendo en un cuerpo de pecado, el que va
a ser restaurado solo en el rapto de la iglesia, cuando recibamos un cuerpo
glorificado.
1 Corintios, 15:51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos
seremos transformados, 15:52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la
final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados
incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
Los que, al momento del rapto, estemos muertos seremos resucitados y los que
estemos vivos seremos transformados (1 Corintios, 15:51-52).
De esto mismo hablaron Jesús y Nicodemo:
Juan, 3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal
entre los judíos. 3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has
venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú
haces, si no está Dios con él. 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te
digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 3:4 Nicodemo
le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por
segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 3:5 Respondió Jesús: De cierto,
de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en
el reino de Dios. 3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del
Espíritu, espíritu es.
Por eso Jesús dice “lo que es nacido de la carne, carne es” (la carne sigue
pecando, según 1 Juan, 1:8) y “lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (la nueva
criatura – el espíritu y el alma - no puede pecar, según 1 Juan, 3:8-9).
Por todo esto, todo aquel que sostiene que la salvación puede perderse, en
realidad no entiende en que consiste la salvación y lo que sucede en nuestro ser
tripartito cuando aceptamos a Cristo.
En el principio, nuestro padre Adán era un ser tripartito, completo y en plena
comunión con Dios. En la caída, cuando peco, Adán sufrió muerte espiritual y el
alma (la mente) quedo en alianza con el cuerpo (la carne). ¿Cuál fue la obra de
Cristo – que es el segundo Adán - en la cruz?. Cuando aceptamos a Cristo por fe
en Evangelio (1 Corintios, 15:1-4), el Espíritu Santo viene a morar en nuestro
espíritu de hombre (que estaba muerto) el cual cohabita con el alma. En este
proceso, Dios, en una circuncisión que es espiritual, separa el alma del cuerpo
(Colosenses, 2:11-12). En el proceso de conversión y maduración cristiana, la
mente y la carne (el alma y el cuerpo) ahora separadas, seguirán intentando
aliarse en contra del espíritu del hombre donde mora el Espíritu Santo y acá es
donde se produce la lucha interna, en el alma, que es tironeada, por un lado, por
la carne (donde domina el espíritu del mundo) y, por el otro, por el espíritu del
hombre, donde mora y domina el Espíritu Santo.
Si bien nuestro cuerpo sigue pecando lo hace bastante menos que antes de ser
salvos, porque quedo aislado del alma que ahora cohabita con el espíritu donde
mora el Espíritu de Dios.
En Filipenses, 1:6 podemos leer:
Filipenses, 1:6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la
buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
El que comenzó en nosotros la buena obra no es otro que el Espíritu Santo, quien
la perfeccionara hasta el “día de Jesucristo” (hasta el rapto).
Finalmente, por aplicación de esta promesa (Filipenses, 1:6), terminara
prevaleciendo el Espíritu Santo, que mora en el espíritu del hombre preservando la
nueva criatura (espíritu + alma) que no puede pecar porque es nacida de Dios
(Juan, 3:1-6, 1 Juan, 3:8-9).
¿Y el cuerpo?. Queda aislado, aunque continúa cometiendo ciertos pecados (1
Juan, 1:8), a la espera de ser glorificado en el rapto: si al momento del rapto
estamos muertos, seremos resucitados con un cuerpo de gloria y, si estamos
vivos, seremos transformados recibiendo un cuerpo de gloria (1 Corintios, 15:51-
52).
2 Timoteo, 1:9 quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a
nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en
Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 1:10 pero que ahora ha sido
manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la
muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, 1:11 del cual yo fui
constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. 1:12 Por lo cual
asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído,
y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.
Nuestra salvación no depende de nuestras obras sino de la obra que Cristo hizo
en la cruz. No somos salvos por obra ni “guardamos” la salvación por obras. Todo
depende de lo que Cristo hizo una vez y para siempre (una vez salvos, siempre
salvos).
Fuimos sellados con el Espíritu Santo. ¿Y cuándo puede salir el Espíritu Santo de
nosotros?. ¿La primera vez que pecamos luego de aceptar a Cristo?. No, el
Espíritu Santo sale de nosotros cuando la redención este completa:
Efesios, 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis
sellados para el día de la redención.
¿Y cuál es el día de la redención?. El rapto.
En Filipenses, 1:6 leímos:
Filipenses, 1:6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la
buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
Están a salvo nuestra alma y nuestro espíritu. Faltan nuestros cuerpos, entonces.
En el rapto es cuando Dios salva nuestros cuerpos.
2 Timoteo, 1:12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo,
porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi
depósito para aquel día.
Pablo mismo reconoce que él no tiene que hacer nada para guardar su salvación.
La expresión “aquel día” se refiere lógicamente el rapto de la iglesia, cuando Dios
nos dará un cuerpo glorificado.
Romanos, 8:15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra
vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual
clamamos: ¡Abba, Padre! 8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu,
de que somos hijos de Dios. 8:17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios
y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que
juntamente con él seamos glorificados.
Pablo dice que somos hijos de Dios. Mientras no tenemos a Cristo, nuestro
espíritu de hombre está muerto. Pero cuando aceptamos a Cristo como nuestro
Señor y Salvador, por fe en el Evangelio, el Espíritu Santo viene a morar en
nuestro espíritu de hombre, vivificándolo. Nuestro espíritu de hombre, ahora
resucitado, cohabita con el alma y la suma del espíritu y el alma son la nueva
criatura. Esta es la nueva criatura que es “hijo de Dios”. Pero todavía vivimos en
un cuerpo de pecado, el cual será glorificado en el rapto de la iglesia.
De la misma forma que un niño, cuando nace, sale de su mama y no puede volver
al vientre de su madre para nacer una segunda vez (como le pregunto Nicodemo a
Jesús) ¿puede alguien, nacido espiritualmente de nuevo, volver a la instancia
previa a la que era salvo?. ¿Podemos recibir y perder la salvación reiteradas
veces?. ¿Podemos ser hechos hijos de Dios una vez, dos veces, tres veces, etc.?.
Una vez que salimos del vientre de nuestra madre es imposible no estar nacido.
De igual forma, cuando hemos nacido de nuevo siendo engendrados por el
Espíritu, es imposible no estar nacido del Espíritu.
1 Corintios, 4:15 Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis
muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.
Una vez que hemos sido engendrados por el Evangelio, es imposible volver atrás.
Si pecamos en la carne, en la carne pagamos.
Gálatas, 6:7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el
hombre sembrare, eso también segará. 6:8 Porque el que siembra para su carne,
de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu
segará vida eterna.
Hebreos, 12:6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe
por hijo.
Hay hijos buenos y hay hijos malos. Pero ¿quién peca?. El cuerpo. Y si el cuerpo
peca y hace mal, el cuerpo tiene que cosechar lo que ha sembrado. Pero la nueva
criatura, lo que se considera “hijo de Dios” (alma y espíritu) no puede ir al infierno.
No es posible perder la salvación, porque el Espíritu Santo esta sellado y no sale.
Un cristiano puede pecar en el cuerpo y Dios puede castigar el cuerpo por el
pecado, pero al alma (con el espíritu) está a salvo.
Gálatas, 4:6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu
de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!
Gálatas, 3:26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
Efesios, 3:6 que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y
copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio,
Somos parte del cuerpo de Cristo.
1 Corintios, 12:12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros,
pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así
también Cristo. 12:13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un
cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber
de un mismo Espíritu. 12:14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino
muchos.
1 Corintios, 12:25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los
miembros todos se preocupen los unos por los otros. 12:26 De manera que si un
miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe
honra, todos los miembros con él se gozan. 12:27 Vosotros, pues, sois el cuerpo
de Cristo, y miembros cada uno en particular.
Todos los cristianos verdaderos somos miembros del cuerpo de Cristo. Si los
cristianos verdaderamente salvos pudieran entonces perder su salvación
¿significa esto que Cristo puede cortar una parte de su cuerpo y echarla de si?.
Hay mucha gente que piensa que es salva, pero ellos quieren ganar su salvación
por sí mismos. Se sorprenderán lo que el Señor les responderá cuando mueran:
Mateo, 7:22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu
nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos
milagros? 7:23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí,
hacedores de maldad.
Se trata de gente que pensaba “soy salvo por mis obras”. Pero el Señor les
responde: nunca os conocí. El Señor podía haberles dicho algo como lo que sigue:
los conocí al principio, pero luego ustedes se desviaron y deje de conocerlos. No,
lo que el Señor les dice es: NUNCA LOS CONOCI o, lo que es lo mismo, NUNCA
FUERON SALVOS. O eres SALVO o eres PERDIDO. No hay otras opciones (por
ejemplo haber sido salvo y perder tu salvación).
La gente que piensa que es salva por obras o que piensa que puede “guardar y
mantener” la salvación por obras son, en realidad, PERDIDOS (no son salvos).
Nosotros, que somos salvos, creemos que Jesucristo pago por todos nuestros
pecados pasados, presentes y futuros.
Pero, si aquellos que piensan que la salvación puede perderse tuvieran razón,
deben entender que una vez que (según ellos) la pierden no la pueden obtener
nuevamente:
Hebreos, 6:4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y
gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 6:5 y
asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,
6:6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de
nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.
Pero Jesucristo no puede morir otra vez. Todo el Evangelio de Hebreos habla de
que Cristo solo fue necesario que padeciera una vez por nuestros pecados.
Hebreos, 7:25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se
acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Jesús está en el cielo, sentado a la diestra del Padre, INTERCEDIENDO por
nosotros cada vez que pecamos. Él no tiene que morir otra vez.
Hebreos, 7:26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin
mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 7:27 que
no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero
sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo
una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
Terminaremos con esto:
Hebreos, 9:26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces
desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se
presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en
medio el pecado. 9:27 Y de la manera que está establecido para los hombres que
mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 9:28 así también Cristo fue
ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por
segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.
Por todo lo anterior, la preocupación no debe venir por el lado de si puedes perder
tu salvación. La pregunta que deberías hacerte no es ¿puedo perder mi salvación?
sino ¿soy salvo en verdad?.
Si eres salvo, no tienes que vivir en temor permanente a perder tu salvación
porque eso es lo que Satanás quiere que creas.
La gente que piensa que es salva por obras o que piensa que debe “guardar y
mantener” la salvación por obras lo que en realidad está sosteniendo es que la
obra de Cristo en la cruz no fue completa y que Él no es merecedor del 100% del
crédito de nuestra salvación, porque nosotros somos participes junto con El en
nuestra salvación.
Demás está decir que, detrás de toda afirmación que intente desmerecer,
menguar o disminuir la obra de Cristo en la cruz o directamente intente vaciar de
propósito la cruz de Cristo esta siempre Satanás.

QUE DIOS LOS BENDIGA A TODOS!!!