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Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 21 - Numero 07 - Mes-Ano: 3_2015

Un fallo peculiar sobre revocación de la oferta contractual


Luis CÁRDENAS RODRÍGUEZ*

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TEMA RELEVANTE

En este trabajo se analiza un fallo en donde se admite la revocación de una oferta de


venta de un bien inmueble. El autor critica esta sentencia por diversas razones, tales
como la confusión entre oferta y opción, la inaplicación de las normas pertinentes
sobre revocación, entre otras. Sin embargo, considera correcta y, sobre todo, justa la
solución concreta por evidenciar una actitud sensible frente al grave proceso
hiperinflacionario.

MARCO NORMATIVO

• Código Civil: arts. 1382, 1384 y 1385.

Introducción

Con motivo de una sentencia sobre revocación de la oferta, se lleva a cabo una
exposición de diversos aspectos de dos reglas distintas: la irrevocabilidad de la oferta
contractual y la revocabilidad limitada. Se procede así al examen de las normas sobre
formación de contrato, con una novedosa propuesta interpretativa acerca del
mecanismo revocatorio dentro del esquema formativo por medio de declaraciones.

Asimismo, en la búsqueda de un adecuado equilibrio entre la posición del oferente y la


del destinatario de la oferta, se constata la factibilidad de una solución opuesta a la del
Código Civil, es decir, la que opta por la regla de la revocabilidad limitada con la
irrevocabilidad como excepción.

Enseguida se pasa al análisis específico de la sentencia transcrita en donde se


verifican varios equívocos, llegándose al extremo de confundir oferta y opción.
Felizmente, los defectos señalados, no impiden un resultado justo frente a la grave
escalada inflacionaria circunstante.

I. Cuestiones terminológicas

La irrevocabilidad de la oferta contractual viene a significar que la revocación intentada


no produzca efecto; es decir, que la oferta siga en pie pese a la revocación, y pueda
ser aceptada por el destinatario de la oferta.

Para referirse a la irrevocabilidad se han empleado diversas expresiones, como oferta


obligatoria, oferta vinculante, oferta firme y oferta irretractable. No habría problema en
usarlas, siempre que no se generen confusiones; pero es más adecuado y más simple
hablar de oferta irrevocable.

II. Situación jurídica

No tiene importancia decisiva el determinar la situación jurídica a que da lugar la oferta


irrevocable, pues las soluciones se pueden tomar con prescindencia de dicha
determinación, pero resulta útil dicho estudio en tanto permite alejar ciertos equívocos.

Fruto de esta indagación: la censura del lenguaje utilizado por el Código. Se dice que
con la oferta no se instaura una relación obligatoria entre oferente y destinatario: no
hay un crédito a favor del segundo ni un deber que pudiera ser incumplido por el
primero. Así, se ha buscado la explicación, principalmente, en la existencia de un
derecho potestativo del destinatario de formar el contrato.

Fuera de las complejas disquisiciones sobre el tema, si algo de utilidad tiene la


discusión es la insistencia en que la oferta irrevocable no puede ser revocada, a
diferencia de una oferta que diera origen a una obligación con la posibilidad de
incumplimiento. Pero sobre esto casi no hay duda. Y decimos “casi” por algunas raras
opiniones de autores de renombre. Adviértase que la alusión a la obligatoriedad es del
todo inofensiva si del contexto resulta plenamente identificada con la irrevocabilidad.

III. Derecho extranjero y nacional

La oferta irrevocable es una creación de fines de siglo XIX cuando el Código prusiano
y el Código austríaco la consagraron. Mas fue con el BGB que alcanzó mayor difusión.

La doctrina y la jurisprudencia francesas recurrieron a diversas teorías a fin de brindar


protección al destinatario de la oferta frente a la revocación: tesis del precontrato, tesis
de la falta, tesis del compromiso unilateral y tesis del abuso de derecho. En cambio, en
Alemania fue el propio Código Civil el que acogió la irrevocabilidad: la oferta vincula al
oferente, a menos que este excluya la vinculación, con lo cual la oferta vale como
invitación a ofrecer y, en pocos casos, como oferta revocable. El Derecho italiano
también admite la irrevocabilidad en su Código Civil pero a título de excepción: la regla
es que la oferta sea revocable.

El Código Civil peruano de 1936 contempló la obligatoriedad de la oferta; pero en este


caso se puede interpretar que “obligatoriedad” significa “eficacia” y no “irrevocabilidad”.
Los comentaristas de dicho código se pronunciaron por la revocabilidad sobre la base
de la tesis de las voluntades vigentes.

El Código Civil peruano de 1984, vigente a la fecha, adopta la regla de la


irrevocabilidad de la oferta. La expresión empleada es la misma que en el código
anterior, pero ahora se llega a identificar “oferta obligatoria” con “oferta irrevocable”
debido a la redacción del artículo 1384, junto con la interpretación de los artículos 1382
y 1385 inciso 3. El decisivo artículo 1384 excluye una alternativa diversa, mas requiere,
de todos modos, una mejora en la frase “la oferta deja de ser obligatoria”, para que no
se piense que el oferente no puede retractarse de su oferta y que solo le queda la
alternativa de hacer llegar una declaración de revocabilidad y luego proceder con la
revocación. Por eso el texto del artículo hubiera quedado mejor así:
“Artículo 1384.- La oferta es revocable si antes o simultáneamente con su recepción
llega a conocimiento del destinatario la declaración del oferente en el sentido de que
puede revocarla en cualquier momento antes de su aceptación”.

En definitiva, el artículo 1382 establece la regla de la irrevocabilidad y menciona las


excepciones: que la revocabilidad surja de los términos de la oferta, de la naturaleza
de la operación o de las circunstancias del caso, y el artículo 1384 completa el listado
con la revocabilidad que surge de una declaración de revocabilidad. Por su parte, el
artículo 1385 inciso 3 establece la retractación de la oferta, sea esta revocable o
irrevocable.

IV. Diferencia con el contrato de opción

Sobre la distinción entre oferta irrevocable y contrato de opción, la diferencia va más


allá de la estructura, comprende también la función, pues el contrato de opción tiene
utilidad, sobre todo, para determinar la vinculación del concedente a cambio del pago
de una prima por parte del optante, lo cual no puede establecerse por medio de una
simple oferta irrevocable, en donde solo se verifica la vinculación del oferente, mas no
es suficiente una declaración unilateral de oferta para vincular al destinatario de esta al
pago de una prima por la vinculación del oferente. Entonces, hay una diferencia
insalvable en el caso de opción onerosa.

No obstante, es concebible un contrato de opción gratuita, que podría darse en la


realidad aunque no de modo frecuente. Tal supuesto de hecho podría verificarse si la
iniciativa partiera del optante, no del concedente.

Si la iniciativa partiera del concedente bastaría la oferta irrevocable. Este supuesto de


hecho es el único caso en el que se justificaría el argumento de la inutilidad del
contrato de opción.

Si la iniciativa partiera del optante, sería necesaria una aceptación por parte de aquel a
quien se le propone que quede vinculado por cierto tiempo sin que quepa retractación
de su parte. También aquí, la necesidad de una aceptación salta a la vista. Esto no
podría lograrse vía oferta irrevocable, porque no podría el beneficiado determinar la
vinculación del destinatario de la oferta. La función de la oferta irrevocable se limita a
vincular a su autor, es decir, al oferente; en cambio, en la opción gratuita, que ya vimos
que partiría del optante, se vincula al concedente, que sería el aceptante de lo
propuesto por el optante.

En conclusión, el contrato de opción se distingue de la oferta irrevocable tanto por su


estructura como por su función, la cual consiste, en la opción onerosa, en la
vinculación del concedente a cambio del pago de una prima por parte del optante; y, en
la opción gratuita, radica en la sola vinculación del concedente por iniciativa del
optante.

V. Deslinde con el problema de la subsistencia de la oferta

En lo referente a la subsistencia de la oferta a la muerte o incapacidad sobrevinientes


del oferente, este es un problema de establecimiento de una relación contractual con
persona distinta de la prevista o con la misma persona pero en condiciones distintas,
en condiciones que determinan su incapacidad legal. El problema de la revocación
consiste en establecer un adecuado balance entre la libertad del oferente y la
protección de la confianza del destinatario. Por ello, la solución que se adopte para un
problema no influye en la solución para otro distinto.

VI. Objeciones teóricas: tesis de las voluntades vigentes y tesis de las declaraciones
vigentes

Las objeciones teóricas contra la irrevocabilidad son: la tesis de las voluntades


vigentes y la tesis de las declaraciones vigentes. La primera postula que para que haya
contrato es preciso que las voluntades que deben encontrarse permanezcan
invariables en el momento formativo del contrato. Con la irrevocabilidad se da cabida a
un contrato formado pese a la declaración de revocación, es decir, pese a que la
voluntad del oferente varió en el sentido de ya no querer celebrar el contrato. Frente a
la admisión de la irrevocabilidad en el Derecho positivo, ya sea como regla, ya sea
como excepción, la tesis queda descartada.

También pierde sustento en lo referente al mecanismo revocatorio, pues la revocación


surte efecto con su llegada y no con su expedición como sería si se aceptara dicha
tesis. Hágase la misma observación con respecto a la retractación de la aceptación.

La tesis de las declaraciones vigentes propone la revocabilidad, por cuanto la


declaración debe encontrar una concorde declaración vigente del oferente al momento
de formación del contrato, lo cual no se verifica en los diversos ordenamientos que
admiten la irrevocabilidad. Y por esto también esta tesis fracasa.

VII. Ventajas de la irrevocabilidad

Las ventajas de la irrevocabilidad se sustentan en que con ella se logra proteger la


confianza del destinatario de la oferta y la seguridad del tráfico jurídico, sin incurrir en
un remedio, como el indemnizatorio, que devenga en una mayor tasa de litigios, debido
a la prueba del daño con los costos que acarrea un proceso de resultado dudoso.

La irrevocabilidad representa una tutela efectiva, y no excesiva, del destinatario de la


oferta. En los casos de modificación sustancial e imprevisible de las circunstancias se
ha de admitir la revocación, debido a que la misma razón determina que un contrato ya
formado pueda resolverse.

VIII. Revocabilidad limitada versus revocación contrapesada

La revocabilidad limitada consiste en reducir la posibilidad de revocación por medio de


la fijación de un límite temporal, lo que conlleva una reducción del tiempo en que el
oferente puede revocar; en cambio, la revocación contrapesada no conlleva una
reducción de la posibilidad de revocar, sino que la revocación, posible hasta el
momento formativo, conlleva un contrapeso específico consistente en una
indemnización por responsabilidad objetiva a cargo del oferente y a favor del
destinatario.

IX. Revocabilidad limitada como regla


La revocabilidad limitada viene a ser una regla conveniente siempre que se proceda
conforme a lo dispuesto por la Convención de Viena sobre compraventa internacional
de mercaderías, en donde se verifica que el momento formativo del contrato lo
constituye la llegada de la aceptación al oferente, pero no es ese el límite de
revocabilidad, sino que lo es la expedición de la aceptación. Luego de la expedición
toda revocación será inútil pese a no haberse formado aún el contrato. Ello responde a
que de esta manera se protege al aceptante contra los riesgos de una revocación.
Para la protección del destinatario que todavía no ha aceptado se prevé la
irrevocabilidad de la oferta siempre y cuando el destinatario haya actuado en la
razonable confianza de hallarse frente a una oferta irrevocable. El otro caso de
irrevocabilidad se da cuando se indique que la oferta es irrevocable.

Esa es, como ya se advirtió, la solución admitida en la Convención. Así se ve en su


artículo 16:

“Artículo 16

1. La oferta podrá ser revocada hasta que se perfeccione el contrato si la revocación


llega al destinatario antes que este haya enviado la aceptación.

2. Sin embargo, la oferta no podrá revocarse:

a) Si indica, al señalar un plazo fijo para la aceptación o de otro modo, que es


irrevocable; o

b) Si el destinatario podía razonablemente considerar que la oferta era irrevocable y ha


actuado basándose en esa oferta”.

X. Revocabilidad limitada como excepción

El Código Civil peruano admite la revocabilidad limitada pero como excepción, no


como regla.

Se lee en el artículo 1384 que la declaración de revocabilidad de la oferta determina


que el oferente “pueda revocarla en cualquier momento antes de su aceptación”.

Frente a la interpretación de este artículo en el sentido de que el oferente puede


revocar la oferta hasta antes de formado el contrato, es decir, hasta antes de que la
declaración de aceptación llegue a su conocimiento, se impone interpretar el artículo
de la siguiente manera: el envío de la declaración de aceptación constituye el límite de
revocabilidad, debido a que, de lo contrario, y a falta del contrapeso específico de la
responsabilidad objetiva, el destinatario se encontraría desprotegido frente a una
eventual revocación.

Esto no ocurre en los casos de formación del contrato por el inicio de ejecución de la
prestación a cargo del aceptante, y cuando el contrato se forma por la falta de rechazo
de la oferta. En un caso el momento formativo es el inicio de la ejecución, y en el otro,
el momento a partir del cual se pueda considerar que un eventual rechazo llegaría con
demora. Ambos momentos son fácilmente controlables por el aceptante, de modo que
constituirá cada uno de ellos momento impeditivo de la revocación, así como la
expedición de la declaración de aceptación constituye momento impeditivo de la
revocación en el esquema de formación por medio de declaraciones, por ser la
expedición momento fácilmente controlable por el aceptante, no así la llegada que solo
funge de momento formativo del contrato.

XI. Dos reglas enfrentadas: irrevocabilidad versus revocabilidad limitada

De la comparación entre la regla de la irrevocabilidad y la regla de la revocabilidad


limitada, resulta que ambas son mecanismos convenientes y que la opción por una de
ellas tiene que ver con la opción que prefiramos entre justicia del caso concreto o
seguridad jurídica.

En la revocabilidad limitada se hace necesario recurrir al criterio de razonabilidad por


cuanto la oferta será irrevocable cuando haya en el destinatario una razonable
confianza en que era irrevocable. Este criterio requiere, como toda regulación por
cláusulas generales, un atento y laborioso examen por parte del juez.

En cambio, la regla de la irrevocabilidad prescinde de dicho criterio y, por ende, de


dicho examen; lo que conlleva una mayor seguridad. Y es esta regla la que mejor se
adapta a nuestra realidad, en donde, por diversas razones, la calidad de la
administración de justicia, queda siempre en entredicho.

XII. Un fallo peculiar

Existe una ejecutoria suprema del año 1992 (Exp. Nº 1881-91-Lima), en la que se hace
uso del término opción, pero se trataba, en verdad, de una oferta. Véanse algunos de
los pasajes de esta sentencia:

“(…) los demandados dieron la opción de compra al demandante (…) la misma que
fuera revocada y puesta en conocimiento de este (…); de modo que, la carta notarial
(…), cursada por el actor con fecha posterior (…) expresando su aceptación, tuvo lugar
varios días después de haber conocido dicha revocatoria”.

“(…) de acuerdo con lo preceptuado por el artículo mil trescientos sesenta y tres del
Código Civil, el contrato se perfecciona en el momento y lugar en que se cierra el
circuito, esto es, con el conocimiento de la aceptación hecha por quien promovió la
oferta; (…) en consecuencia no basta la opción, sino también la aceptación oportuna,
puesto que solo de la confluencia de voluntades emana el contrato, de ahí que la
disposición de contratar, para ser vinculatoria, como señala la doctrina, debe
mantenerse hasta el momento en que el contrato se perfecciona, lo que no ha
sucedido en el presente caso por haber precedido a la aceptación la revocatoria de la
oferta”.
Más allá de que la sentencia acuda a una concepción errada del contrato, entendido
como acuerdo de voluntades vigentes al momento de la conclusión del contrato, se
observa cómo no se menciona en ningún momento las normas en que podría haberse
sustentado el juzgador: no hay ninguna mención de los artículos referidos a la oferta, ni
tampoco de los referidos a la opción. Solo aparece mencionado el artículo 1363 del
Código Civil, lo que constituye otro yerro, ya que no existe en él una definición del
contrato ni la indicación de cuándo y dónde se produce su formación. Lo más probable
es que se quiso hacer referencia al artículo 1373.

La sentencia es reprochable por varios otros aspectos; sin embargo, en esta


oportunidad solo importa destacar la identificación entre opción y oferta. Léase bien:
¡opción y oferta! Ni siquiera se incurrió en la más leve y comprensible confusión entre
opción y oferta irrevocable, es más, como se ve, se llega a darle efecto a la
revocación, cuando ni la opción puede ser retirada, ni la oferta revocada si no se indica
que se trata de una oferta revocable. La sentencia no parece haberse dado cuenta de
cuál es la regla y cuál la excepción, ignora completamente que la irrevocabilidad es la
regla, es más, termina excluyéndola del todo, aun como excepción, al extraer la
revocabilidad de una muy difundida, persistente y errada noción del contrato.

Es obvio que la tesis de las voluntades vigentes es inconciliable con la irrevocabilidad


de la oferta. Resulta realmente llamativo cómo un argumento naturalista que apunta a
una definición meramente voluntarista del contrato pudo contra la norma vigente. Esa
concepción, que lleva ya mucho tiempo en las mentes de los juristas, vino a desplazar
al código en la solución de un problema concreto.

Mas si la solución consistía en admitir que la revocación surtiera efecto, era menester
indicar que se trataba de una oferta revocable. Sin embargo, el empleo del término
opción aleja dicha posibilidad, ya que no es creíble que a una oferta revocable pueda
denominársele de esa manera.

Con todos los defectos patentes en el fallo, no deja de sorprender que la solución
terminara siendo justa por cuanto se trataba de evitar los efectos de la hiperinflación
que vivía nuestro país en aquel entonces. Nótese que el lapso de tiempo entre la oferta
y la posterior aceptación fue de aproximadamente un mes. Y en 1988 eso tenía
absoluta relevancia. Así que debía permitirse que el oferente quede desligado del
contrato. ¿Esto implica una refutación de la postura favorable a la irrevocabilidad? La
respuesta es negativa, pues dentro de la regla de la irrevocabilidad se admite esta
excepción basada en la modificación sustancial e imprevisible de las circunstancias. Si
un contrato ya formado puede resolverse en tales supuestos, con mayor razón debe
permitirse la desvinculación de la oferta.

En resumidas cuentas, del análisis de la cuestionada sentencia se nota extrañamente


cómo se dejan de aplicar las normas pertinentes, las cuales ni siquiera se mencionan,
para extraer la revocabilidad de la tesis de las voluntades vigentes. Este fallo justifica
el presente trabajo: es tiempo ganado el que se ha empleado en aclarar la visión que
se tiene sobre este tema de la irrevocabilidad de la oferta contractual.

Conclusiones

• Como fruto de este empeño, propongo una interpretación distinta de la mayoritaria en


el punto relativo a la revocación de la oferta: dentro del esquema de formación del
contrato por medio de declaraciones, debe entenderse que el envío de la aceptación
es límite de revocabilidad de la oferta. Así, la fórmula adoptada por el Código Civil
sería: irrevocabilidad como regla y revocabilidad limitada como excepción.
Normalmente, se opta por interpretar que se puede revocar la oferta hasta antes del
momento formativo del contrato, es decir, antes del conocimiento o llegada de la
aceptación al oferente. Las razones para una interpretación distinta se basan en una
mayor seguridad para el aceptante.

• Asimismo, se tiene en cuenta la regulación de la compraventa internacional de


mercaderías vigente en nuestro medio. Esta consagra la situación inversa a la del
código: regla de la revocabilidad limitada e irrevocabilidad como excepción. De la
comparación de ambas opciones se constata que ambas son plausibles; sin embargo,
la regla de la irrevocabilidad es más sencilla al no demandar del intérprete una
evaluación del criterio de razonabilidad.

• En fin, la exposición termina con el análisis de una sentencia sobre el tema, la que
resulta sumamente instructiva en tanto reveladora de confusiones persistentes pero
también de una loable actitud dirigida a obtener una solución justa ante los efectos de
la hiperinflación en el valor de la suma fijada como precio de un inmueble. La
posibilidad de revocación de una oferta en dichas circunstancias es admitida por la
propia regla de la irrevocabilidad, la cual, naturalmente, admite excepciones.

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* Abogado por la Universidad Nacional de San Marcos. Responsable del Área Civil de
Gaceta Jurídica.

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