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TEMA 1: EL LIBERALISMO Y LA OPOSICIÓN AL MISMO El liberalismo es una ideología del siglo XIX que tiende a una nueva concepción

del mundo. Este aspira a la eliminación de las características del Antiguo Régimen, a la vez que pretende construir otra sociedad basada en los principios liberales. El liberalismo toma como principios ideológicos el racionalismo de Descartes, el empirismo de Locke, el método científico de Newton o el origen de la sociedad de Hobbes. Pero además recoge el liberalismo económico, la división de poderes (Montesquieu), la soberanía nacional (Rousseau), el sistema parlamentario y el sistema fiscal justo (Voltaire) El liberalismo nos lo encontramos por primera vez en la constitución liberal de EEUU, en 1787 y en Europa, en 1791, en la Revolución Francesa, la cual servirá de ejemplo para la constitución de 1812. Defiende que la constitución ha de regular la vida pública, apostar por la monarquía constitucional, proclamar los derechos de cada individuo, presentar la soberanía nacional, la división de poderes e instaurar el sufragio universal (masculino) y la igualdad de derechos. Aboga por un estado unitario y centralizado. También quiere eliminar los privilegios de la nobleza y el clero, así como el régimen señorial. Defiende la propiedad privada libre y plena, se aspira a la libertad de comercio e industria, a la libertad de contratación de trabajadores y a una fiscalidad común. Tiende a limitar el poder económico de la Iglesia y aflora el anticlericalismo. El liberalismo nos lo encontramos en España a lo largo de todo el sigo XIX, en primer lugar en las Cortes de Cádiz (1810-1812) en la que se destaca un diferenciación entre los liberales, que querían un marco legislativo nuevo y oponerse completamente al Absolutismo y los ilustrados reformistas, que querían modernizar España a través de reformas manteniendo las referencias del Antiguo Régimen. A continuación debemos remontarnos hasta 1820 para reponer la constitución después del reinado de Fernando VII, el periodo llamado Trienio Liberal. Durante este período nos encontramos dos grupos mayoritarios: Los moderados y los radicales exaltados. Los moderados eran partidarios de reformas limitadas y de una aplicación moderada de la constitución, teniendo un gobierno fuerte en colaboración con la corona. Pretendían limitar los derechos individuales y el sufragio censitario, además de defender la propiedad y el orden, y ser partidarios del clero. Los radicales exaltados defendían las reformas radicales y de aplicación avanzada de la constitución, con un gobierno con control parlamentario con libertad de opinión. Destacaba de ellos el sufragio universal masculino, el intento de que los más desfavorecidos fueran propietarios y por último, el anticlericalismo. Los moderados recibían el apoyo de las élites sociales, y uno de sus líderes fue Francisco Martínez de la Rosa. Por el contrario, los radicales fueron apoyados por las clases medias y populares, y su líder fue Riego. Tras la década ominosa, el liberalismo vuelve a la historia española, con el Reinado de Isabel II (1833-1868), que tuvo que dar apoyo a los liberales. En esta etapa hay un gran número de corrientes: Los moderados, partidarios de reforzar el poder de la corona, del sufragio restringido, de limitar los derechos individuales y de defender el peso y la influencia de la iglesia. Fueron apoyados por el clero, la nobleza, altos cargo militares y grandes comerciantes. Uno de sus líderes fue Narváez. En segundo lugar, se encuentran los progresistas, que defendían la soberanía nacional y la ampliación paulatina del sufragio restringido, garantizar los derechos individuales. Además eran partidarios de una reforma agraria liberal con desvinculaciones y desamortizaciones. De ellos destaca el anticlericalismo. Fueron apoyados por las clases

medias y populares, teniendo como máximo representantes a Mendizábal, Espartero y Prim. En tercer lugar tenemos a la Unión liberal, un partido de centro, que agrupaba a los progresistas más moderados y a los moderados más progresistas. Destaca el general O’donell, Serrano. Los demócratas fueron otra de las corrientes. Llegaron al hilo de otros partidos demócratas en Europa. Defendían el sufragio universal masculino, amplio margen de libertad, derecho a la igualdad, intervención del estado en la educación, y eran partidarios de la monarquía. Entre ello destaca Aguilar, Ordax… Por último, los republicanos, pertenecientes al ala izquierda de los progresistas y que eran antimonárquicos. En ellos destaca Pi i Margall. Pero el liberalismo tuvo grandes problemas para adentrarse en España en el siglo XIX, y el primero fue Fernando VII y los absolutistas. Posteriormente, los carlistas. En 1814, Fernando VII vuelve a España en llamada de los liberales, esperando estos últimos que el monarca aceptara la constitución, pero esto no ocurre, ya que diputados absolutistas lo estaban esperando con “El manifiesto de los Persas”, deseando que Fernando restableciera el Antiguo Régimen y el absolutismo y aboliese la constitución del 12. Pero además sale a flote el pronunciamiento del General Elio, que exaltaba el Absolutismo. Ante todas estas circunstancias, Fernando se siente respaldado y traiciona a los liberales publicando un real decreto en el que se anulaba la constitución del 12; En este momento se inicia la restauración del Absolutismo. Pero el monarca tuvo grandes problemas para gobernar a causa de la posguerra, de las dificultades económicas y el proceso de independencia de las colonias americanas, circunstancias que eran difíciles de superar bajo las ideas del Antiguo Régimen. Esto genera revueltas y pronunciamientos con la intención de derrumbar le absolutismo y en 1820, uno de esos pronunciamientos, el de Riego tendrá éxito e iniciará el trienio liberal. En esta etapa a Fernando se le obliga a jurar la constitución, pero este no contento no dejará de conspirar contra los liberales. Así que en 1823, restaura por segunda vez el absolutismo, gracias a la ayuda que pidió a la Santa Alianza (sistema de defensa contra el liberalismo). Finalmente, Fernando con Problemas económicos se ve obligado a pedir colaboración a los liberales moderados que aportaban ayudas económicas. Esto generó desconfianza entre el sector real que quería dar poder a los absolutistas ultraconservadores que apoyaban a Carlos María Isidro, hermano del rey iniciándose el carlismo. Fernando muere en 1833. El carlismo (primera guerra, 1833-1840) se caracteriza por el antiliberalismo, niega la soberanía nacional y defiende el sistema foral frente a la centralización liberal. La guerra carlista es un conflicto dinástico: Fernando había tenido dos hijas, las cuales por la ley sálica no podían gobernar. Así pues, Fernando la sustituye mediante la pragmática sanción. Su hija, Isabel, fue reconocida reina de España, pero no fue reconocida por los conservadores. Es un problema dinástico entre Isabel y Carlos María Isidro, entre el liberalismo y el carlismo. Carlos obtuvo el apoyo del campesinado, de los artesanos (que tenían miedo de que desapareciera el sistema foral), del sector del clero y de la pequeña nobleza y se extendió por las Vascongadas, Navarra, Cataluña, Aragón y Valencia. María Cristina (madre de Isabel y reina regenta en el momento) se vio obligada a apoyarse en los liberales, para hacer frente a la guerra y ampliar la base social.