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Los interdictos

En sentido amplio llamábase interdicto cierta orden, impartida en términos solemnes, por la cual
el magistrado, el pretor, el precónsul o el praefectus urbi , en virtud de su autoridad y jurisdicción
(imperium ) mandaba a uno o varios particulares, por razones de paz e interés público, apreciados
según prudente arbitrio, a hacer o no hacer o a presentar alguna cosa.

La etimología de la palabra interdictum fue objeto de controversia muy reñida entre los autores
antiguos, según unos, viene de edictum inter duos, porque debió ser la aplicación del derecho de
expedir órdenes en asuntos relacionados con dos personas (ius edicendi ). Para San isidro de
Sevilla el interdicto venía a ser una especie de reglamento o mandato provisional o interino:
interim dictum . Por último la sentencia más probable y mejor fundada deriva de la palabra
interdictum del verbo latino interdicere, que significa prohibir, porque los interdictos llamados
prohibitorios son precisamente los más antiguos.

En sentido propio y estricto, el interdictum, tal como lo practicaron los romanos desde época muy
antigua y se practica aún en nuestros días, designa una institución jurídica, es decir, es un
procedimiento judicial de carácter sumario y rápido, en el cual, prescindiendo de la cuestión
relacionada con la propiedad de la res litigiosa – in petitorio- se trata de proteger el hecho
mismo de la posesión, en cuanto tal: cuando el que se halla en la tenencia material de la cosa
hubiere sido perturbado en ella por terceras personas, con la intención de molestarlo en el
ejercicio de sus derechos o despojarlo, de buena o mala fe, alegando por ventura títulos
preferentes; y cuando el poseedor actual de la cosa hubiere en realidad despojado de la
posesión o tenencia material del objeto.

Clases de interdicto

El objeto de estos interdictos era actuar en la defensa de la posesión, prescindiendo si ésta era
justa o no, es decir, conforme a las leyes o no. Existía dos clases:

1). Interdicta retinendae possessionis causa, interdictos para retener la posesión

2). Interdicta recuperandae possessionis causa, interdictos para recuperar la posesión

1). Los interdicta retinendae possessionis causa se otorgaban cuando alguien hubiere sufrido ya, o
tenía al menos razones sólidas y fundadas para temer graves molestias o perturbaciones en torno
a su posesión, y variaban según se tratara de bienes inmuebles o bienes muebles.

El que quería servirse de los interdicta retinendae possessionis, debía probar ante el pretor lo
siguiente:

a). que era de facto possedor;

b). que el reo perturbó reapse y por vías de hecho su posesión, o existían, al menos fundamentos
sólidos para temer que lo hiciera.

Como se dijo antes, no era necesario que el juez averiguara si la posesión era justa o injusta.
Los interdicta retindae possessionis no podían ser intentados sino contra el autor de las molestias
y perturbaciones. No era, pues, posible utilizarlas contra los herederos como tales, sino sólo contra
aquellos que continuaran las molestias y perturbaciones iniciadas por el testador.

El fin de estos interdictos era poner término a los impedimentos que el adversario creara al
posseedor, después de obtener la reparación de los daños y perjuicios que aquel le causara.
Además podía el juez adoptar las medidas que creyera convenientes, para impedir lesiones
ulteriores. A este respecto, cabía imponer al reo una cautio de non amplius turbando.

Para los bienes inmuebles se daba el interdicto llamado uti possidetis. La fórmula primitiva y
simple de este interdicto, creada por los pretores era: “ordeno que como poseéis actualmente el
fundo, así lo poseáis en adelante. Y prohíbo toda violencia contraria a esta mi decisión”

Existía 2 clases de poseedores:

- Los que poseían en virtud de una causa, por ejemplo de un testamento o de una
compraventa;
- Y los que poseían vi, clam y precario;

En consecuencia, en adelante el interdicto uti possidetis no se concedió sino a aquellos que no


poseían ni vi, ni clam, ni precario, con respecto a su adversario. En otros términos, la posesión,
para que pudiera ser protegida por la autoridad pública, debía ser pura, esto es, carecer de los tres
vicios que hemos indicado

Poseía vi el que empezó la posesión utilizando para ello la violencia ordinaria o armada.

Poseía clam el que inició en forma clandestina, es decir, a espaldas del propietario, sin que éste
pudiera oponerse a la actuación del despojo; y

Poseía precario, el que se negaba a devolver el objeto que poseía, cuando se lo reclamaba el
dueño de quien lo recibió a título gratuito y con la obligación de restituírselo apenas se lo pidiere.

Para los bienes muebles existía el interdicto utrubi, cuya fórmula aplicada en forma concreta al
caso particular de la posesión de los esclavos, era como sigue: “donde quiera que este esclavo del
cual se trata, hubiere permanecido durante la mayor parte del año en curso, prohíbo que se le
saque de ese lugar”.

El origen de este interdicto debe colocarse en las condiciones especialísimas, fruto de la segunda
guerra púnica, en la que, a raíz de los terribles desastres bélicos sufridos por el Status Civitas,
muchos romanos fueron vendidos en calidad de esclavos y los propios servi desparramados por
todas partes.

Así, el interdicto utrubi tuvo por función primitiva el arreglar la situación jurídica de los esclavos
cuyo dueño fuera incierto. En los últimos siglos de la república sirvió también el interdicto en
referencia para recobrar la posesión de los esclavos fugitivos.

Únicamente el interdicto uti possidetis actuaba y verificaba en su plenitud el concepto de


interdictum retinendae possessionis. En el interdicto utrubi esta función era tan solo eventual, por
cuanto podía servir indistintamente o para retener la posesión o para recuperar la ya perdida.
2). Los interdictos recuperandae possessionis eran tres:

A). Interdictum “unde vi “: es el reintegro y reposición en su posesión a los que hubieren sido
despojados por la misma por las vías de hecho y de violencia. La aplicación de este interdicto se
limitaba a los bienes inmuebles.

Según el grado y la especie de violencia que acompañara al acto del despojo, existía dos clases de
violencia:

-la violencia común y ordinaria (vis quotidiana ) consistente en vía de hecho, que presentaba
cierta gravedad y aun atrocidad.; y

-la violencia armada y extraordinaria ( vis armata )la cual se diferenciaba de la anterior en que era
ejercida coactis armatisve hominibus, formula que se empleaba para designar ciertas vías y
procedimientos de hecho, más graves y atroces, realizadas por una patrulla de hombres sin armas
o por uno o varios individuos armados.

Pues bien, a cada una de estas violencias diversas correspondía una variedad distinta del interdicto
unde vi.:

1). El interdicto de vi quotidiana se daba en favor de aquellos poseedores que hubieran sido
despojados –deiecti- por violencia común u ordinaria, de su inmueble rustico o urbano; pero con
tal que su posesión no fuera viciosa y éralo, cuando se comenzó respecto a su adversario:
deiciens,vi,clam o precario a la manera explicada anteriormente.

Fuera de lo dicho, se requería que la demanda del interdicto se presentara coram tribunal
praetorio antes del año, contado a partir del día en que se llevó a cabo el despojo.

Ejemplo:“el fundo, del cual has expulsado por fuerza en el presente año a este hombre, tu o tus
esclavos, cuando lo poseía sin violencia ni clandestinidad ni precariedad con respecto a ti, debes
restituírselo con todo cuanto tenía en dicho fundo.

Este interdicto servía para recobrar no sólo la possessión del inmueble, sino también todo cuanto
tuvo en dicha finca y la reparación completa de los daños y perjuicios causados al deiectus por el
despojo.

2). El interdicto de vi armada: este interdicto tenía lugar cuando la deiectio del poseedor actual de
la finca se realizara coactis armatisve hominibus. En tal caso, puesto que la violencia era más grave
y amezaba más directamente el orden social público, los pretores concedían al poseedor deiectus
una protección bastante más amplia que el caso anterior.

En efecto, en virtud de este interdicto, el deiectus ganaba la causa a pesar de los vicios de que por
ventura adolecía su posesión con respecto al deiciens.

Ejemplo: cuando Cayo era poseedor de la finca vi,clam o precario, en relación con Ticio, éste podía
despojarlo por la violencia común u ordinaria, aunque nunca coactis armatisve hominibus, bajo
pena de verse privado del ius possessionis.

Razones de este interdicto: es razonable que el atacado en su persona, propiedad o posesión


utilice la fuerza física o material para defenderse. Pero si no le ha sido posible repeler la agresión,
es muy justo y equitativo que se vea luego amparado y restituído a su posesión, previo juicio, por
las autoridades judiciales.

Fundamento: es la fuerza física o material ejercitada contra el poseedor actual de la finca, no


como quiera sino de una manera atroz; siendo el término de la acción criminal en referencia la
deiectio de la víctima.

¿Quiénes podían utilizar este interdicto? Sólo los que fueron arrojados del fundo rústico o
urbano, así como sus herederos y legítimos sucesores.

No era necesario que el deiectus ( el arrojado ) fuese dueño de la finca, bastando , por ejemplo,
que la tuviera en arriendo a largo plazo.

Materia del interdicto: sólo se relacionaba con los bienes inmuebles, tanto urbanos como rústicos

¿Contra quiénes se podía utilizar el interdicto unde vi? : contra el que llevó a término la deiectio o
por sí mismo o sirviéndose para ello del ministerio de sus esclavos

Si la deiectio fue actuada por un procurador o mandatario del dominus fundi cabía accionar
indistintamente contra cualquiera de ellos.

Si fue un tercero, persona libre e independiente quien llevo a cabo la deiectio, para mi utilidad y
provecho, aunque sin previo mandato mio, pero después ratifiqué y aprobé su maleficium,
quedaba ciertamente sujeto a las consecuencias del interdicto unde vi.

Si fueron los esclavos quienes arrojaron vi atroci al poseedor actual de la finca, sin mandato
previo, no cabía hacer a éste último responsable ante las leyes del crimen cometido. Bastaba en
tales casos, por razón del vínculo que existía entre el servus y el dominus, que éste hiciera dejación
noxae causa de su esclavo en beneficio del poseedor deiectus ; y de esta suerte quedaba libre,
salvo siempre la obligación que le corría de restituir todo aquello en lo cual se enriqueció y tuvo
aumento su patrimonio.

Las penas contra el deiector vi: si el deiectus probaba en juicio el hecho de haberse empleado la vi
atrox contra él ,pero sin que apareciera claro el quantum de lo que debía restituir el deiector, el
juez solía deferir al primero un iuramentum – sacramentum- litis decisorium, conforme siempre a
la tasación fijada de antemano por el juez.

B). Interdictum de precario : el precario -precarium- era cierta convención en cuya virtud la
persona que tuviera la posesión del objeto se la cedía a otra, pero con la condición expresa de que
se la devolviera al primer requerimiento.

Este interdicto se podía ejecutar sin límite alguno de tiempo contra el precarista que poseyera o
hubiera dejado de poseer por dolo, lo mismo que contra sus herederos; y se encaminaba a
obtener la restitución de la cosa junto con el resarcimiento pleno de los daños y perjuicios
causados por dolo o por culpa lata.

Añade Ulpiano que el precarista sólo prestaba el dolo, y cuando más, la culpa lata, pero nunca la
culpa leve, toda vez que la base jurídica del precarium era la pura liberalidad del concedens.
Por virtud del interdictum en estudio, el dominus precario concedens, podía reclamar la
restitución de la cosa y junto con ella la compensación de los daños y perjuicios, lo mismo que los
frutos desde el día en que se expidió el interdicto.

Cabía utilizar el interdicto contra los herederos del precarista moroso, lo poseyera ahora o hubiese
dejado de poseerla o no hubiesen comenzado su posesión por dolo. El dolo del difunto sólo en
tanto fundaba la obligación de los herederos, en cuanto éstos hubiesen enriquecido su patrimonio
con ocasión de él.

C ). Interdictum de clandestina possessione : éste pertenecía al poseedor de un fundo, rústico o


urbano, para recobrar la posesión que le hubiese quitada clam, es decir, sin que él tuviera la
menor noticia de ello, con lo que se le hacía imposible oponerse al acto del despojo.

Este interdicto cayó en desuso cuando se estableció que la posesión de los fundos se podía
conservar a un solo animo, ya que, supuesta esta doctrina, el poseedor despojado
clandestinamente del corpus possessionis continuaba todavía siendo considerado poseedor y
podía por tanto, intertar el interdicto uti possidetis.

Ejemplo: el que habiendo ido a las ferias, a nadie dejó encargado de la finca, y cuando vuelva la
halla ocupada por otro, clandestinamente, continúa aun poseyéndola ante las leyes. Pero, si el
detentador impide que el dueño de la finca entre en ella, entonces se entiende que tuvo lugar la
ocupación por violencia, más que clandestinamente.

Para adquirir la posesión existía dos instituciones jurídicas: la traditio brevi manu, y la constitutum
possessorium .

Es importante resaltar que para adquirir la posesión se requerían dos elementos : el corpus
possessionis y el animus possidendi. Ahora bien, tanto la traditio brevi manu como el constitutum
possessorium, se referían a casos excepcionales, en los que no se consideraba necesaria la
verificación del primero de esos dos elementos.

Se daba la traditio brevi manu cuando la persona que poseía un objeto, mueble o inmueble,
alieno ministerio, es decir, por medio de otra persona que lo detentaba para la primera, como
sucedía, por ejemplo, en el caso del depositante, consentía en que, a partir de un momento
determinado, la segunda empezase a tenerla nomine propio, en nombre propio y para su
aprovechamiento exclusivo. Este acuerdo entre el poseedor y el detentador era considerado en el
Derecho Romano como manera eficaz para transformar al simple detentador de la cosa en
verdadero poseedor civil o jurídico de la misma; hablando en rigor de principios, para obtener este
resultado, hubiese sido necesario que el detentador entregara la cosa al poseedor civil o jurídico
de la misma, y que luego éste se la devolviera. A veces basta la nuda voluntad del dueño, sin el
hecho material de la entrega, para llevar a cabo la traslación del dominio.

Ejemplo: cuando el dueño prestó, arrendó o depositó un objeto, y luego se lo vende al que lo
detenta; porque aun cuando en este caso no haya entrega material de la cosa, pero si la hay
equivalente, al permitir su dueño que el detentador continúe poseyéndola sobre la base de
compra.
Por su parte, el constitutum possessorium se daba cuando quien poseía un objeto, mueble o
inmueble, para sí propio, convenía con otro en poseerla, a partir de un momento determinado, en
nombre de éste.

Ejemplo: Ticio vende una casa, de la cual es poseedor a Cayo, pero poniéndose de acuerdo con
éste en que continuará poseyéndola, aunque sólo a título de arrendatario. Es claro que en este
caso el comprador no realiza, en rigor de términos y de modo material, el corpus possessionis; sin
embargo se convierte ante las leyes en verdadero poseedor civil o jurídico de la cosa comprada. Y
el otro se convierte en simple detentador.

Tomado del Texto de Uria José María. Derecho romano.

Realizado por: Arjona Torres Doris Concepción

C.I. 9.322.949

2do año de Derecho

Sección E