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LA ESTÉTICA PLATÓNICA. INTERPRETACIÓN DE DAVID SOBREVILLA.

Marta Zolezzi de Rojas. Facultad de Humanidades y Lenguas Modernas, Unidad


de Investigación – Universidad Ricardo Palma – mrzolezzi@yahoo.es.

Resumen

El artículo trata sobre la estética Platónica vista a través de la exégesis y


comentarios que David Sobrevilla hace a la concepción de Platón acerca de esta
disciplina, cuidando de contextualizar dichas teorías dentro del conjunto de la
doctrina filosófica Platónica.

Palabras claves.

Estética – teoría de las ideas – períodos socrático, medio y tardío.

Introducción.

El artículo que nos ocupa se basa en la obra de David Sobrevilla Alcázar


denominada Estética de la Antigüedad Occidental (URP. 2010). De ésta hemos
seleccionado la interpretación que el autor realiza sobre la estética del período
clásico, específicamente la propuesta por Platón.

David Sobrevilla (1938-2014), doctor en filosofía por la Universidad de Tubinga en


Alemania, Profesor Emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, tuvo
durante los últimos años de su vida un estrecho contacto con la Universidad
Ricardo Palma orientando en la enseñanza de las disciplinas filosóficas a
profesores y alumnos de la institución.

La obra de Sobrevilla es vasta, sobre todo aquella que dedica a la filosofía alemana
y a Manuel Kant: Escritos Kantianos. En torno a Kant, su obra e influencia (2006).
Igualmente, los trabajos sobre la filosofía en el Perú y América Latina: La Filosofía
Contemporánea en el Perú (1996); Repensando la tradición de nuestra América.
Estudios sobre la filosofía en América Latina (1999); Mariátegui y su aplicación a

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los “7 ensayos” (2005). Además, sus estudios acerca de las obras de Vallejo y
Basadre, entre otros temas de su abundante producción bibliográfica.

Sea este modesto trabajo el reconocimiento de profesores y alumnos de la


Universidad Ricardo Palma a quienes con la generosidad que le caracterizará
brindó sus amplios conocimientos.

La palabra estética – como se la usa actualmente – y la disciplina que designa han


sido creadas en la Época Moderna para referirse a la disciplina filosófica que
estudia lo bello y el arte, luego de un proceso de intensas reflexiones sobre la
temática, que proceden del pensamiento renacentista italiano, del pensamiento
español y francés durante el siglo XVII y el pensamiento ilustrado del siglo XVIII en
Inglaterra, Francia, Italia, España, Suiza y sobre todo Alemania (Baumgarten, A.G.
Estética (1750-1758) cit por Sobrevilla, D. 2010).

Más ampliamente se entiende por estética la reflexión sobre lo bello y el arte y


otras categorías semejantes que no proceden exclusivamente de la filosofía ni son
solo patrimonio del mundo moderno y occidental.

Sin embargo, en la Antigüedad no existió en rigor una estética, sino solo una teoría
de lo bello y el arte, que Sobrevilla estudia en el período arcaico, en la época
clásica y la helenística. El desarrollo del presente artículo se circunscribe a los
aportes hechos por la filosofía Platónica a la estética del período clásico griego y
que el autor destaca con el rigor que caracteriza a sus escritos filosóficos.

El período clásico abarca la segunda parte del siglo V y el siglo IV a.c, donde la
administración de Pericles favorece el ascenso de Atenas, entre los años 446-431
a.c. La acción política interna y externa y el esplendor de la cultura ateniense se
evidencian en el apogeo de las artes plásticas y la literatura. Se origina la
historiografía y se consolida la filosofía, determinando el desarrollo de la ciencia.
Además, el perfeccionamiento de sus instituciones favoreció el funcionamiento de
una democracia en la que se respetaba la igualdad de derechos de sus
ciudadanos, derechos establecidos por la ley. (Sobrevilla D.p. 31).
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Lamentablemente, la guerra del Peloponeso entre los años 431 y 404 a.c. que
constituyó el enfrentamiento entre Atenas y Esparta con la derrota de la primera,
determina la crisis política, filosófica, científica y artística, ampliamente demostrada
por el sistema filosófico Platónico.

En el texto, Sobrevilla se dedica al análisis de los aportes que la filosofía de Platón


hizo a la estética de su época, teniendo sumo cuidado en contextualizar dichas
teorías dentro del conjunto de la doctrina filosófica Platónica, desde la clasificación
en tres períodos, socrático, medio tardío.

En el diálogo Ion, diálogo que representa la doctrina inicial Platónica y dedicado a


la visión de la poesía, Sócrates tiene como interlocutor a un rapsoda de este
nombre, recitador de poemas, sobre todo de Homero. En la primera parte del
diálogo (530 b – 532 c) el rapsoda expresa ser quien dice las cosas más hermosas
sobre Homero. Sócrates le pregunta si puede hablar del mismo modo sobre otros
poetas. Al responder Ion negativamente Sócrates le manifiesta que ello se debe a
que no habla de Homero por no poseer una técnica y una ciencia general de la
poesía, porque en este caso también podría hablar sobre los otros poetas. En la
segunda parte (532 d – 535 a) Sócrates sustenta la tesis de que Ion habla sobre
Homero al igual que lo hacen los poetas: porqué está poseído por la inspiración
divina y como los poetas están dominados por el entusiasmo divino, resulta que
los rapsodas son intérpretes de intérpretes. No son los poetas quienes en verdad
hablan en virtud de una técnica o los rapsodas, sino es la propia divinidad la que
privando a los poetas y rapsodas de la razón se sirve de ellos para manifestarse
ella misma. (Sobrevilla, D. p.52).

El autor concluye que Platón sostiene la no posesión de una técnica, por parte de
los poetas, para componer poesía sino que escriben debido a la inspiración divina.
Además observa como Platón recoge en este diálogo la idea del filósofo pitagórico
Demócrito, quien en el fragmento 18 Diels afirma: “Lo que escribe un poeta por
inspiración divina y por un aliento sacro es hermoso”.

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En el diálogo Hipias Mayor la pregunta es por qué es la belleza. Hipias es un sofista
al cual Sócrates interroga sobre el tema, rechazando – como observa Sobrevilla
las respuestas de Hipias quien asegura que la belleza es lo adecuado o
conveniente, desembocando en la tesis de que lo bello es lo útil.

Igualmente, Sócrates objeta la nueva respuesta de Hipias de que lo bello es lo que


produce placer por medio del oído o de la vista (298a), así como la afirmación de
que lo bello sea un placer provechoso (303 e). Como bien expresa el autor; “el
diálogo concluye aporéticamente” (pp. 53-93).

Como obra del período intermedio de la filosofía Platónica, Sobrevilla selecciona a


la República donde se desarrolla la concepción de lo bello y el arte a partir de la
Teoría de las Ideas. La obra lleva por subtítulo “De lo Justo” y su temática versa
sobre la organización política de la ciudad – estado, que debe fundarse sobre la
justicia.

El tratamiento del arte lo realiza Platón en los libros III (Capts. 1-18) y X (Capts 1 -
8) con el objeto de determinar su posición dentro del Estado. Para Platón la poesía,
el arte y la gimnasia solo podrían admitirse en la ciudad – estado por su
contribución a formar el carácter moral de los ciudadanos, colaborando con la
organización política del Estado. (Libro II – República – citado por Sobrevilla, D. p.
55).

Ni sobre los hombres ni los dioses los poetas deben narrar cosas injustas y dañinas
para los jóvenes. Sobrevilla nos remite al interrogante hecho por Sócrates de si los
poetas deben hacer narraciones imitativas o no, y detalla cual debe ser la actitud
de los guardianes descrita por Platón.

Los guardianes no deben hacerlas porque no se puede cumplir a


plenitud más que un oficio, mientras que un imitador pretende imitar
muchas cosas tan bien como lo hace con una sola. Además, uno no
se puede dedicar simultáneamente a practicar un oficio y ejercer la
imitación de múltiples cosas y tampoco puede consagrarse a practicar
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al mismo tiempo la tragedia o la comedia o actuar en ambas.
Finalmente y en caso de aceptarse la imitación por parte de los
guardianes solo deben imitar caracteres valerosos, sensatos,
piadosos, magnánimos y otros semejantes; pero de ninguna manera
vergonzosos, pues la imitación altera la naturaleza y transforma el
modo de ser del imitador introduciendo en él los hábitos y la
naturaleza misma del imitado. (Platón República 395 – a – e).

Sobre la melodía que consta de la letra, de la armonía y el ritmo deben ser


adecuados al texto y apropiados para formar un carácter moral. Sobrevilla anota
cómo Sócrates se refiere a las ideas del pitagórico Damón sobre la música, quien
vivió a mediados del siglo V a.c. y que advertía sobe el daño moral que la nueva
música podía hacer el ciudadano. (Platón: República 424-e).

La educación musical tiene preeminencia porque no hay nada como el ritmo y la


armonía para introducirse en lo más recóndito del alma. Ni nosotros ni los
guardianes llegaríamos a ser músicos, mientras no reconozcamos donde quiera
que aparezcan las figuras esenciales de la templanza, valentía, generocidad y de
las otras virtudes y de sus contrarios; y mientras no nos demos cuenta de su
existencia o de sus imágenes en aquellos que las poseen. Por ello el músico amará
a las personas que sean armónicas en su alma, aunque posean defectos
corporales y deberá comportarse con el amado con templanza y no darse al placer.
Pues la música tiene su fin en el amor a la belleza (403c) y no en el placer (Platón
– República – Libro III – citado por Sobrevilla, D. p.57).

Mientras la música infunde templanza al alma, la gimnasia otorga salud al cuerpo.


La poesía, la música y la gimnasia solo se admitirán en la ciudad – estado si
contribuyen a formar el carácter moral del ciudadano. Sobrevilla destaca la
afirmación Platónica de que la música no tiene por finalidad el deleite, sino el amor
a la belleza.

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El libro X de la República contiene la doctrina filosófica o teoría de las Ideas y
Sobrevilla realiza un detenido análisis de esta para arribar a la posición de Platón
alrededor del arte como poseedor de un carácter fundamentalmente mimético, que
apela a la parte irracional del alma y por ello la poesía imitativa es peligrosa y debe
ser desterrada de la ciudad – estado.

La verdadera realidad es la de las ideas, los objetos no son otra cosa que copias
de esta y las obras de arte copias de copias. En consecuencia por su alejamiento
de la verdad y porque el arte apela a las pasiones no debe ser admitido en la
ciudad – estado.

La imitación poética produce en general los mismos efectos negativos que el amor,
la cólera y todos los otros movimientos anímicos, ya sean placenteros o dolorosos,
con lo que aquello que debiera ser gobernado se erige en gobernante. En este
sentido, podemos reconocer que Homero es el poeta más grande y el mayor de
los trágicos, pero no se debe admitir en la ciudad nada más que los himnos
homéricos a los dioses y los encomios a los héroes, si no es que queremos que el
placer y el dolor reinen en lugar de la razón (Sobrevilla, D.p. 65).

Sobresalen las observaciones que el autor realiza a la concepción Platónica de la


belleza y el arte. Sobre la belleza, Platón la situó al lado del bien, pero por debajo
de él, subordinando lo estético a lo ético. Por esta misma razón asignó un rol
eminentemente educativo a la belleza y el arte subordinando lo estético al
propósito Platónico de reorganizar la ciudad – estado. Sobrevilla anota que para
Nietzsche la subordinación de lo estético a lo ético fue el pecado capital del
platonismo, mientras que Cappelletti (1999), en sus estudios sobre la estética
griega, acusa a Platón de hacer de lo bello y el arte un instrumento del poder del
Estado.

Para el autor, la posición de extremo rechazo del arte, por parte de Platón, se
explica desde su condicionamiento histórico. Sobrevilla expresa que antes de
aparecer la filosofía, Grecia había vivido sobre la base creada por su arte y este

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formó su lenguaje, su mundo de dioses y su visión de vida. Sin embargo, los graves
problemas en la Atenas del siglo IV a.c. determinan que Platón responsabilice de
ellos al arte que según él no había otorgado a la polis fundamentos firmes para la
vida. La posición de Platón respecto al arte es una posición adoptada desde la
filosofía y que parte de la preeminencia de la filosofía sobre el arte. Si la realidad
es la del mundo de las ideas, como afirma el filósofo en su período intermedio,
tenía que quedar necesariamente desvalorizado el arte que posee un ingrediente
sensible innegable. (Sobrevilla, D.p. 96).

Una observación indispensable en la interpretación que Sobrevilla realiza


alrededor de esta temática es que la imitación consiste en la copia de los objetos
visibles, afirmación que hacía, ya, Sócrates. El autor culmina señalando que el
énfasis platónico en la afirmación que la mímesis consiste en la copia de lo exterior
determino que la palabra adquiriera como sentido propio el de la reproducción de
lo visible. (Sobrevilla D.p. 66).

En el dialogo el Banquete se describe el Simposio ofrecido en casa del poeta


trágico Agatón. Esta obra ha sido tradicionalmente conocida como “Del Amor”
debido a que el diálogo realiza un elogio de Eros por parte de los invitados al
convite. Sobrevilla analiza e interpreta con extremo rigor el trasfondo religioso del
amor procedente de Eros, surgiendo la interrogación por las relaciones entre
filosofía y religión, no como una consideración filosófica de esta última, sino como
una consideración religiosa de la filosofía, posición que compartimos y que
veremos expresada a lo largo del diálogo.

Según el autor, Eros es un dios o por lo menos, un figura de origen divino, servidor
de Afrodita. Esta representa el poder de la belleza subyugante, es el objeto del
amor, la amada que excita la pasión, mientras Eros representa el poder de la
pasión.

Por ello sostiene Sobrevilla, que en el caso de Eros la esencia y poder divinos
parten del sujeto amante que cae subyugado por el encanto de la visión deparada

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por Afrodita. Lo primero es la pasión que el sujeto siente y lo eleva al amado y solo
luego y en tanto el amante está sometido a un poder divino, adquiere el individuo
una forma de vida que hace que el objeto de su amor se le aparezca no solo como
su objeto, sino simultáneamente bajo la luz de los poderes cósmicos (Sobrevilla,
D. pp. 67-68).

A este estado de la exégesis del texto, el autor enfatiza que cuando Platón se
refiere a los efectos positivos de la pasión lo hace en relación a la pasión liberadora
y no a la pasión que ciega. Por ello el filósofo acepta la pasión filosófica más no la
poética. Sobrevilla señala que para Platón la pasión filosófica apela a los afectos
y a la vez a la razón, lo que no ocurre con la pasión poética. De donde es posible
concluir que en el diálogo Banquete Eros es pasión y razón simultáneamente.

El autor compara esta pasión Platónica con la presentada en el Ion, donde Platón
considera a los poetas como posesos y animados por Dios y mediadores entre lo
divino y lo humano, pero sin tener clara conciencia de lo que hacen lo que ya no
ocurre en el diálogo Banquete, diálogo del período maduro Platónico.

En lo que sigue, Sobrevilla es fiel al texto del diálogo respecto al discurso de


Sócrates por el cual se refiere a la conversación sostenida con Diótima, mujer
entendida en el amor y en muchas cosas.

Según Sócrates, en su respuesta a Agatón, Eros no es bello porque el hecho de


desear a belleza prueba que no la posee puesto que no se desea lo que se tiene.
Tampoco es bueno porque si lo fuera sería al mismo tiempo bello. Aclarando estas
últimas afirmaciones, Sobrevilla precisa que los griegos pensaban estas dos
cualidades, la belleza y la bondad como unidas. Si Eros no es bello, ni bueno, no
puede ser un Dios, de donde surge la pregunta socrática: ¿Qué es Eros?.

Interviene Diótima aseverando que la recta opinión media entre la sabiduría y la


ignorancia Eros media entre los dioses y hombres, es su intermediario. Como
carece de belleza y bondad no es un dios, si no más bien un gran demon (daimon)

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que está entre la divinidad y lo mortal (Banquete (202 d). cit por Sobrevilla, D. p.
70).

Sobrevilla interpreta este pasaje como la distancia que existe entre los dioses
olímpicos y el Eros Platónico, que solo se explica como la crisis religiosa clásica
que se estaba produciendo dado que desde antiguo se había considerado a los
dioses olímpicos como potencias mundanas, fuerzas inmanentes al cosmos.
Recuerda a Nietzsche quien denunciaba en el platonismo el elemento antigriego
como “precristiano, escapista del mundo, enemigo de la vida, decadente, nihilista”
(pp. 72-73).

Eros aparece, nos dice el autor, como la condición de posibilidad de aprehensión


de las ideas, puesto que nos conduce en un movimiento ascendente de un cuerpo
bello a los cuerpos bellos, de allí a la forma subyacente a todos ellos, a la belleza
del alma, a la de las costumbres, a la belleza de las ciencias, del saber, y por último
a la idea de la belleza en cuanto tal, que se halla cercana, pero por debajo de las
ideas de la verdad y de lo bueno (pp. 93-94).

Eros es el guía en el camino hacia lo alto en cuya cima el hombre tiene una visión
que llena su alma de una alegría infinita: la de la belleza. Esta visión lo hace
plenamente feliz. Unicamente la contemplación de la belleza hace a la vida digna
de ser vivida (Banquete 211 b). Quien ve a la belleza con el órgano con que esta
es visible no engendrará apariencias de virtud, ya que no estará en contacto con
una figurilla o fantasma, sino que dará origen a virtudes verdaderas, puesto que
estará en contacto con la verdad. Ahora bien, quien provee y cultive la verdadera
virtud (areté) deberá ser amado de los dioses. Si a algún hombre le corresponde
ser inmortal es a éste. (Sobrevilla, D. p. 74).

Esta interpretación brillante del sentido de la presencia de Eros en el diálogo nos


lleva, casi de la mano al siguiente desarrollo de las ideas Platónicas en el diálogo
Fedro.

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Ocupándose del diálogo Fedro, Sobrevilla hace mención al debate sobre la
datación de la obra compartiendo con Heidegger la teoría de que se trata de un
diálogo del período medio, cercano a la República y al Banquete. El autor se
ocupará de analizar el segundo discurso de Sócrates de la primera parte de la obra
que ha recibido diversas denominaciones: “De la Belleza”, “Del Amor” y “Del Alma”.

El análisis se iniciará desde la posición Platónica sobre la teoría de las ideas para
arribar a la idea más resplandeciente entre todas, que no es otra que la idea de la
belleza.

Sócrates sostiene que para hablar sobre el alma debe recurrir a símiles. El alma
es semejante a cierta fuerza natural que mantiene unidos un tiro de caballos y su
auriga. Los caballos y auriga de los dioses son todos ellos buenos y de buena
procedencia, mientras los de los demás están mezclados. En el caso humano, el
auriga guía dos caballos: uno hermoso, bueno y de excelente origen, en tanto que
el otro es de mala procedencia y conducción. Por ello la faena de conducir en este
caso es tan dura y difícil. (246 a - b).

Sócrates prosigue explicando en qué sentido se llama a un ser viviente mortal o


inmortal. Cuando la forma es perfecta y alada vuela por las alturas y administra
todo el mundo, cuando ha perdido las alas la forma es arrastrada hasta que se
apodera de ella algo sólido donde se establece tomando un cuerpo terrestre que
parece moverse a si mismo a causa de la fuerza que lo posee. El conjunto de alma
y cuerpo se denomina ser viviente y tiene como sobrenombre “mortal”. Las almas
que mejor pueden seguir a los dioses levantan la cabeza del auriga hacia el lugar
exterior, pero son perturbadas por los caballos, de modo que a duras penas
contemplan lo verdadero. Las otras a veces levantan la cabeza y otras la bajan por
la violencia de los corceles de manera que solo ven parcialmente. Las demás, que
también aspiran a subir a lo alto pero que son incapaces de ascender no logran
arribar al lugar supraceleste y contemplar el ser, por lo que después de retirarse
se alimentan solo de opinión. Un alma que jamás haya visto la verdad no podría

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adquirir una existencia humana. Ello se debe a que el hombre no permanece, como
el animal, en el campo de la percepción, sino que es necesario que él comprenda
según lo que se llama “idea”, yendo de numerosas percepciones a una unidad
comprendida por el razonamiento. (lo que no sucede con el animal). En esto
consiste la reminiscencia: en recordar lo que una vez vió nuestra alma cuando
estaba en camino acompañando a la divinidad, y miró alzando la cabeza y vió lo
que es en realidad.

Es por eso que solo el entendimiento del filósofo está alado, ya que según el
recuerdo y según sus fuerzas no se aparta de aquello que hace a Dios ser divino.
Unicamente sirviéndose de tales recuerdos puede el hombre llegar a ser perfecto.

El hombre rememora las ideas cuando sale del olvido gracias al Eros. Unicamente
la idea de la belleza tiene la capacidad de despertar al Eros, porque solo ella
conserva su brillo más allá de las imágenes, por ser la más resplandeciente y la
más amable de todas las ideas. A la belleza le ha caído en suerte ser a la vez la
más deslumbrante y más amable (251-d), es esplendentemente clara, resplandece
para la más diafana de nuestras sensaciones, la de la vista, porque ella es la más
aguda de las que nos llegan a través del cuerpo (Sibrevilla, D. pp 75 – 85).

Sobrevilla critica la interpretación que Paul Natorp (1961) realiza sobre la


reminiscencia, según la cual esta aludiría en el texto Platónico a un fondo último y
ultratemporal de la conciencia, la doctrina de las ideas sería una teoría de los
principios y métodos científicos y las ideas los puntos de vista desde los cuales la
ciencia ordena – teórica y prácticamente – los datos de la experiencia. Platón
habría advertido que la experiencia es solo la experiencia con validez objetiva; en
este sentido la narración mítica del Fedro sería una forma de presentar este
planteamiento. Por lo tanto, solo habría que reparar en el sentido científico de esta
alegoría: Todo lo demás únicamente sería diversión y espectáculo. No habría,
pues, en Platón la dualidad entre la experiencia científica y la artística religiosa.

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Para Sobrevilla esta interpretación es en general incorrecta porque traspone
problemas y soluciones neokantianas a la filosofía Platónica. En el caso del Fedro
no se trata simplemente de una narración simbólica cuyo sentido cabal hubiera
que buscar en otros diálogos fundamentados en forma más científica.

Para el autor es innegable que la doctrina Platónica postula una relación original
entre las ideas y el hombre, una relación que es característica del hombre y sin la
cual este no sería el ser que es y no tendría una figura humana, como sostiene
Platón, porque no habiendo visto la verdad en el mundo de las ideas ningún alma
que no la haya contemplado llegará jamás a adquirir una figura humana. El hombre
no permanece como el animal en el campo de la percepción, sino que para él es
necesario comprender según lo que se llama “idea”: yendo de numerosas
percepciones a unidad una comprendida por el razonamiento. Por ello, el hombre
tiene una relación originaria con la belleza, la justicia, la verdad y puede
comprender las cosas como bellas, como justas, como verdaderas. (Sobrevilla, D.
pp. 83-84).

Por último, Sobrevilla analiza la concepción de la belleza y el arte en los diálogos


del período tardío del Platón, donde encuentra que se produce un giro pitagórico
por la importancia excepcional que el filósofo concede a las figuras geométricas y
su contemplación, figuras, modelos de la proporción y la simetría. Este cambio en
la concepción de la belleza la encuentra el autor en pasajes del Filebo, el Sofista,
el Político, el Timeo. De este último, resalta lo siguiente: “El vínculo más bello es
aquel que puede lograr que él mismo y los elementos por él vinculados alcancen
el mayor grado posible de unidad. La proporción es la que por naturaleza realiza
esto de la manera más perfecta” (Platón; Timeo (31 b) cit por Sobrevill, D. p. 87).

En este mismo diálogo, Platón tratará de figuras como el tetraedro, el octaedro, el


icosaedro y el cubo como elementos de extraordinaria belleza a los que reduce los
elementos tradicionales: el agua, el aire, la tierra y el fuego. Otorgó gran
importancia – para los hombres libres – una educación basada en tres materias de

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estudio: el cálculo y los números (matemáticas); el arte de la medida, de la
extensión, de la superficie y la profundidad (geometría) y el estudio de la revolución
de los cuerpos celestes (astronomía).

Respecto al arte, expresa el autor, en las Leyes cómo en la República Platón


sostuvo que el arte era un peligro para la ciudad – estado por lo que debía
establecerse la censura que sin afectar al arte introduce el orden y la decencia. En
el Filebo, Platón opina que el placer y el saber – productos de la prudencia o del
intelecto – son solo relevantes para la vida humana cuando se mezclan. El ser
humano no se satisface con una vida de placer sin mezcla de prudencia, pero
tampoco con la prudencia sola sin una mínima parte de placer. Si el saber debe
mezclarse con el placer, el predominio corresponde a la inteligencia. De la mezcla
de saber y placer se generan una serie de bienes. El primer puesto entre los bienes
lo ocupan la medida, lo mesurado y oportuno; el segundo, la proporción, lo bello,
perfecto y suficiente; el tercero, el intelecto y prudencia; el cuarto, las ciencias,
técnicas y las opiniones denominadas correctas; y el quinto los placeres exentos
de dolor que son pocos, como los que acompañan a las sensaciones y ciencias.
(Filebo 66 a-b) cit por Sobrevilla, D. p, 91). En este diálogo Platón ejemplifica los
placeres exentos de dolor como los producidos por los colores, las figuras, los
perfumes, las voces y todo lo que produce satisfacciones perceptibles y agradables
(51-b). Sobre la belleza de las figuras se refiere a las líneas rectas o circulares y a
las superficies o sólidos procedentes de ellas por medio de tornos, reglas y
escuadras. Estas cosas son bellas en sí mismas así como también lo son la belleza
de los colores, la de las voces suaves y distintas y la de los perfumes – de origen
menos divino – y la belleza de los conocimientos.

Sobrevilla coincide con Crombie, I.M (1962), cuando este afirma que Platón no ha
dejado suficientes pistas como para estar seguros de que es lo que quiso decir en
el pasaje mencionado Sin embargo, sostiene la pertinencia de subrayar en el texto
Platónico la importancia que el filósofo asignó a las formas matemáticas y
geométricas y a las sensaciones puras (Sobrevilla, D. p. 91 - 92).

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El autor manifiesta la influencia que la concepción estética de Platón tuvo sobre el
pensamiento posterior. En relación a la belleza originó planteamientos cuya
influencia se ha reflejado en la estética posterior: la belleza como esplendor de la
idea y la belleza como proporción o simetría de las partes, concepción proveniente
del pitagorismo. No menos importante es el aporte Platónico de que la belleza se
vincula estrechamente a la idea del bien. En cuanto a la obra de arte, desde Platón
la mímesis dejó de tener el sentido de expresión de sentimientos en la danza y
pasó a tomar el de la imitación de una idea paradigmática o de una cosa (Sobrevilla
D. pag. 95).

Conclusiones

La interpretación y comentarios realizados por David Sobrevilla a la concepción de


la estética Platónica se hace a través de tres períodos de la filosofía de Platón:
socrático, medio y tardío.

Contextualizando la teoría estética del pensador dentro del conjunto de la doctrina


filosófica Platónica, el autor explica que en el período socrático no se alcanzó a
definir la belleza y el arte, por lo cual los diálogos de esta etapa concluyen
aporéticamente.

Es en el período medio del pensamiento Platónico donde Sobrevilla descubre en


toda su riqueza la concepción que tuvo Platón de la belleza y el arte, surgida de su
célebre teoría de las ideas. Las acertadas interpretaciones de las obras la
República, el Banquete y el Fedro nos conducen a la concepción central de que la
belleza fue para Platón la idea más resplandeciente entre todas las ideas, situando
a lo bello al lado del bien, aun cuando subordinara lo estético a lo ético.

Por último, el autor se ocupa del período tardío, donde Platón tomó del
pensamiento pitagórico la concepción de la belleza como proporción o simetría de
las partes. Es posible observar el giro pitagórico del pensamiento Platónico gracias
a la claridad y precisión con la que Sobrevilla trata esta etapa tan importante en la
doctrina Platónica.
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El trabajo que Sobrevilla dedicó a la estética Platónica ha permitido reconocer al
valor y aporte de una documentada exégesis de la doctrina filosófica de Platón.

Referencias.

Platón. (1967). Obras. Madrid: Editorial Aguilar.

Sobrevilla, David. (2010). Estética de la Antigüedad Occidental. Lima: Universidad


Ricardo Palma. Edit Universitaria.

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