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Gabriela Paola Alvarez Burgos 201730851

Juan Sebastián Galarza Caicedo 201713048

La divinidad y caducidad del cuerpo humano

Tenue en el pensamiento o irrisorio, sería pensar que la dualidad entre el alma y el


cuerpo no podrían llevarse a la concepción de amalgama que se presenta entre la divinidad y
la caducidad de la más perfecta creación: el cuerpo. Es por esto, que se piensa a la anatomía
tal como sus fundamentos la radicalizan en la ciencia capaz de estudiar las estructuras que
componen dicha máquina perfecta para unos, celda eterna para otros.

En este sentido, es preciso exponer que el estudio de la anatomía posee una trayectoria
tan larga como el deseo de encontrar la εὐδαιμονία (eudaimonía) mejor comprendida como
el ‘florecimiento humano’ desde las épocas más remotas, con los ilustres helenos. Quienes
veían en el cuerpo la vida misma, de tal forma que era tal existencia ‘terrenal’ la que formaba
parte de una satisfacción de los sentidos y el enervante impulso de consumir los deseos o
ímpetus corporales, ya que era dicha materiael cuerpovehementemente quien ataba al
griego a la tierra, y le prohibía el vuelo de su espírtu, al señalar así la legitimidad de la vida.

Lo que enaltece la vida corporal y compensa sus otros aspectos negativos es la


posibilidad de belleza que reside en él, en esta época se presenta una dignificación de la
persona física por su capacidad para expresar valores estéticos, es así como el cuerpo se
transforma en un fin en sí mismo, en el sentido de que puede ser plasmado en él una armonía
plástica.

Por otro lado, se considera que lo específicamente valioso en el hombre es el elemento


inmaterial, es decir, el alma. Este elemento es el que acompaña y comparte la existencia del
cuerpo, pero se vincula con los valores más altos, el alma está vinculado con cierta esencia
sobrenatural, indefinida que era algunas veces concebida como algo inmortal. El alma
necesita del cuerpo; pero, a su vez es ésta quien avasalla y gobierna el elemento material,
debe existir una armonía entre el alma y el cuerpo; pero sólo la supremacía del alma otorga
una existencia específicamente humana (Romero, 2019). De ahí, que podamos referirnos al
hecho de mostrar de qué manera era relevante para los helenos la divinidad del cuerpo, hasta
tal punto en donde se viera reducido el cuerpo a una despectiva descripción de una “materia
inútil”, o peor aún caduca; lugar, donde entra a jugar la anatomía sin esperar que sea aquel
hombre virtuoso y bello quien lo reciba, sino por el contrario, dicha ciencia es quien armoniza
la diáfana dualidad entre el cuerpo y el alma. Más aún, nuestro objeto de estudio se ve guiado
a la manera en la que dicha necesidad de mostrar una anatomía empírica y enteramente
racional se materializa al llegar el Corpus hipocrático, en el que se fija una relación médico-
paciente mucho más real, en este caso, médico-difunto.

Tal como lo menciona Platón “La esencia de lo no bello debe separarse y oponerse a
cierto tipo de existencia que se llama bella” es por esto, que los helenos despreciaban de
manera pública su rechazo en tanto al estudio del cuerpo, ya que para ellos significaba lo “no
bello”, “lo impuro”, aquello que desafiaba sus ideales armónicos que debían constituir a la
existencia mortal. Ya que en la antigua Grecia, la muerte no estaba limitada a despedir la
desaparición física del cuerpo y honrar posteriormente su memoria, sino que consistía en un
conjunto de rituales relacionado a la mitología a la buena llegada de las almas al inframundo,
su cara a cara con la muerte, su mayor contradicción en vida (Ballester Montesinos, 2019).

Referencias:
 Romero, J. (2019). La concepción griega de la naturaleza humana. 1940. [online] José Luis
Romero. Available at: http://jlromero.com.ar/publicaciones/la-concepcion-griega-de-la-
naturaleza-humana-1940 [Accessed 23 Mar. 2019].

 Ballester Montesinos, A. (2019). losritosfunerarios. [online] Contraclave.es. Available at:


http://www.contraclave.es/clasicas/ccl5.pdf [Accessed 23 Mar. 2019].