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Universidad de Oriente

Núcleo Bolívar
Estudios Básicos
Departamento: Socio Humanístico para el Aprendizaje
Asignatura: Comprensión y Expresión Lingüística

El Tabú de las Groserías

Profesor:​ ​Bachiller:
Asdrúbal Barroso Piñero, Adrián
C.I. 28.215.551
Sección: 01

Ciudad Bolívar, febrero de 2019


Durante nuestra niñez, se hace común escuchar a nuestros padres decir frases
como “No digas esa palabra porque tiene un significado obsceno”, o en su defecto
“No digas groserías, son malas palabras”; y en base a esas afirmaciones, surgen dos
grandes incógnitas, ¿De verdad existen palabras con significados obscenos? y, ¿Por
qué las groserías son clasificadas como “malas palabras”?.

Así como lo expresa el escritor Benjamin Bergen en su libro ​What the F:


What Swearing Reveals About Our Language, Our Brains and Ourselves; “​La razón
por la que un niño piensa que las groserías son malas palabras es porque, conforme
va creciendo, se le dice que es una mala palabra, así que las vulgaridades o
groserías son una concepción social que se perpetúa a lo largo del tiempo”​.
Entendiendo esto, se puede afirmar que quien le da vida o significado a una palabra
es el contexto social y cultural.

El hecho de que una palabra sea clasificada como mala, refiere a que la misma
está mal vista por la sociedad, pero aun así, sigue siendo una palabra. Esto nos quiere
decir, que cualquier palabra puede llegar a considerarse como mala, dependiendo de
cómo sea aceptada por el contexto de la misma. ​Entonces, estamos dando un
concepto erróneo si decimos que una palabra es mala, por el simple hecho de que las
palabras en sí no tienen un significado propio, por lo cual no deben ser clasificadas.

En la actualidad, existen muchos elementos que influyen en la estereotipación


de una palabra como buena o mala, algunos de estos son: el trabajo, la familia, el
grupo social, la cultura; y como factor principal se encuentra la Iglesia, siendo una
pieza influyente y llegando a condicionar ciertas palabras, esigmatizándolas como
malas y moderando el vocabulario de las personas creyentes de la religión, lo cual las
hace pensar, que si dicen palabras mal vistas por la Biblia, serán malas personas.
Se pueden ver casos en los que al movilizarnos a otros países con diferentes
culturas, notemos que algunas palabras que en nuestra sociedad son consideradas
“malas” en estos sitios son de frecuente utilización, esto evidencia que las palabras
son polivalentes, y su significado estará concebido por la sociedad y cultura en la que
nos encontremos. La forma correcta de definir las groserías sería como “aquellas
palabras que son mal escuchadas por la sociedad”.

Por ello para sobrellevar una sana comunicación, es importante mantener una
conducta lingüística, que no es más que saber en qué momento debemos utilizar
ciertas palabras, dependiendo del contexto en el que nos encontremos. Es común ver
cómo en el trabajo no se utiliza la misma jerga que en casa con la familia, y por
consiguiente notaremos que las groserías son menos aceptadas en ciertos ámbitos,
que en otros.

Además, estudios realizados por el Dr. Richard Stephens, lo llevaron a


concluir que las groserías tienen un efecto analgésico, ya que ayudan a liberar el dolor
y nos hacen sentir mejor. Se ha comprobado que las mismas nos producen felicidad,
ya que al pronunciarlas en ciertos momentos de tensión, nos hacen liberar endorfinas,
lo cual genera calma. Entonces, ¿Son tan malas después de todo?, evidentemente no.

El hecho de decir alguna grosería, no nos convierte en personas malhabladas,


ni mucho menos incultas; y aquí recae la importancia de conocer bien nuestra lengua,
y saber que las groserías no son obscenas ni tampoco malas palabras, sino que somos
nosotros quienes le otorgamos el significado a las mismas, dependiendo de nuestras
experiencias como personas y del contexto en que las utilicemos.