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XV III

El partenaire-síntoma, medio de goce

jAquí está! Las formaciones dei inconsciente (Jacques-Alain Miller


muestra el último seminário de Lacan publicado en la editorial du
Seuil). Produce cierto efecto de: "Ha nacido el divino nino...". Recibí
los primeros ejemplares ayer por la tarde, y aqui está. En la tapa -m uy
bien lograda en mi opinion- hay un fragmento de "La batalla de San
Romano", de Paolo Uccello, que se encuentra en la National Gallery
de Londres. Esta imagen llegó in extremis, hubo retraso porque había
previsto otra, un dibujo de Saul Steinberg, dibujante americano, que
estaba en una portada del New Yorker de 1993 y que guard aba en reser­
va desde entonces. Lamentablemente, Saul Steinberg no aceptó que se
utilice su dibujo, pese a la carta personal que le escribí, diciendo que
no autorizaba que sus trabajos figuren en la tapa de ningún libro, cual-
quiera que sea. Precipitadamente tuve que elegir este Uccello, que es
muy bello, en referencia a una historia que Lacan cuenta en el seminá­
rio. Se trata de un cuento que no viene de Freud, sino que le fue relata­
do por Raymond Queneau en un momento en que él lo interrogaba
sobre este mismo seminário. Voy a contarlo.
"He aqui la historia", dice Lacan. "Es una historia de examen, de
bachillerato, si les parece. Hay un candidato y un examinador.
—Hãbleme, dice el examinador, de la batalla de Marengo.
El candidato se detiene un instante, con aire sonador.
— (La batalla de Marengo...? \Muertos! Es horroroso... jHeridos! Que'
espanto...

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î

JACQUES-ALAIN MILLER

—Pero, dice el examinador, ino podría decirme sobre esta batalla algo
más concreto?
El candidato reflexiona un momento y luego responde:
— Un caballo levantado sobre las patas traseras, relinchando.
El examinador, sorprendido, quiere sondearlo un poco más y le
dice:
— Caballero, en este caso, iquiere hablarme de la batalla de Pontenoy?
— iLa batalla de Pontenoy?... jMuertos! Por todas partes... jHeridos!
Muchísimos, un horror...
El examinador, interesado, dice:
— Pero oiga, gpodría darme alguna indicación más concreta sobre esta
batalla de Pontenoy?
—jEhl, dice el candidato, un caballo levantado sobre las patas traseras,
relinchando.
El examinador, para maniobrar, le pide al candidato que le hable
de la batalla de Trafalgar. Este responde:
—jMuertos! Un montón de cadáveres... jHeridos! A centenares...
—Pero en fin, sefior, ino puede decirme nada más concreto sobre esta
batalla?
—Un caballo...
— Usted perdone, he de advertirle que la batalla de Trafalgar es una bata­
lla naval.
—jEh! jEh!, dice el candidato, /Atrás, caballo, atrás!"
Lacan contó esta historia y constato que provocaba risa en su audi­
tório; cuarenta anos más tarde, sigue produciendo el mismo efecto.
Sigue siendo válida para otros auditorios, los exámenes siguen siendo
los exámenes y todo el mundo sabe todavia qué es el bachillerato y
qué significa ser interrogado en un oral. Constato que causaba risa en
su auditorio, mientras que otras historias que alguna vez contó lo
dejaban impávido.
La portada muestra un caballo parado sobre sus patas traseras. Re­
presenta al caballo por excelencia. Al mismo tiempo es un poco gue-
rrero, y responde a la inspiración de este seminário, que realiza una
cabalgata a través dei psicoanálisis y hace caer por centenas los prejui-
cios psicoanalíticos de la época. Esa es la motivación. Salió un poco
chapuceado porque en la impresión final no me enviaron las tapas, y
en la posterior, en la segunda línea, hay un error tipográfico. Es el

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EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

único texto que nunca vi, y por lo tanto, no releí; lograron poner:
"Comencé un pequena encuesta". Como evidentemente cuando se tie-
ne un libro en las manos lo primero que se hace es mirar atrás, en la
segunda línea tendremos el ejemplo de un error tipográfico. Espero
que nos permita distinguir la primera tirada de las siguientes, en don­
de será corregido.
Todavia no se agota mi placer por manipularlo y mirarlo. Es el más
grueso de los seminários, tiene 520 páginas, jno es poco! Hasta ahora,
hojeándolo, no encontré errores en el interior ni en los esquemas, por
lo tanto, es una satisfacción.
Bien, después de la reunión de hoy, donde terminaré de comuni-
carles, de manera desarrollada, lo más sustancial de mi seminário de
Bahia, están previstas todavia tres sesiones, los dias 3,10 y 17 de junio.
Estuve pensando a qué podia dedicarias. Con mucho gusto hubiera
podido consagrarias al Seminário 5, que estará en las librerías el 10 de
junio. Pero está previsto que al final de un encuentro importante que
tendrá lugar en Barcelona, a fines de julio, yo dicte un seminário de
dos dias sobre la lectura que propongo de este Seminário 5. Por lo
tanto, voy a abstenerme de hablar de ello en las próximas clases.
Les anuncio que durante el fin de semana de la Asunción preparé
un pequeno programa de divertimentos para esas tres sesiones. Serán
los divertimentos de junio. Al mismo tiempo que pienso permanecer
más o menos en el marco dei partenaire-síntoma, voy a dar tres pe­
quenas conferencias que espero sean para ustedes divertidas; no quie-
re decir que uno se aburra aqui -eso espero- pero en fin, no serán en
mi estilo habitual. No les digo nada más, el primer divertimento será
la semana próxima.

El goce no es el placer

Empiezo ahora el final de la serie bahiana. En primer lugar, voy a


reunir cierto número de datos, de oposiciones, que conciernen al
punto en el que nos detuvimos la última vez, a saber, el goce. Lo que
quedó grabado en nuestra memória, en primer lugar -y tengo algo
que ver en esto por haberlo subrayado, por haber hecho un artículo
que se convirtió en ortodoxia lacaniana-, es que el goce no es el placer.

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V

JACQUES-ALAIN MILLER

J =f placer

Lacan puso el énfasis, demasiado seguido, en una definición dei


placer como armonía, como templanza, como funcionamiento homeos-
tático dei cuerpo y, por qué no, dei alma. El placer está tomado, en esta
perspectiva, como el nivel más bajo de la tensión, en conformidad con
las indicaciones de Freud. Es el nivel mínimo de las tensiones dei que
Lacan dice, en su escrito "Kant con Sade", en la página 752, donde "El
viviente f...] malvi ve".
"Malvivir", sobrevivir, es un modo atenuado de vivir, indica que
uno se mantiene evitando lo que pueda alterar el equilibrio obtenido.
También a partir de esto Lacan define en un comienzo el principio de
placer en Freud, el Lustprinzip. En la misma línea tenemos la defini­
ción clásica de la felicidad, la definición kantiana que Lacan recuerda
en la página 764 de los Escritos: "La felicidad es agrado sin ruptura dei
sujeto en su vida".
Cuando se define el placer a través de la homeostasis, dei malvivir,
de lo agradable, se lo opone al goce que, por el contrario, representa
un extremo de tensión, que supone la excitación, y que resulta compa-
tible también con lo contrario dei placer, a saber, el dolor. Por este
motivo escribí esa fórmula abreviada en el pizarrón.
Desde esta perspectiva, Lacan escribió, siempre en este mismo
texto "Kant con Sade", página 765: "El derecho al goce, si fuera reco-
nocido [ese derecho al goce preconizado por Sade tal como Lacan lo
reformula, después de Blanchot] relegaria a una era desde ese mo­
mento caduca la dominación dei principio de placer".
Agreguemos que en esta perspectiva el deseo se opone al placer en
la medida en que también participa de un exceso, de una perturba-
ción, con respecto a la homeostasis que gobierna al placer. Cito a
Lacan: "La felicidad [...] se rehúsa a quien no renuncia a la vía dei
deseo".
Tenemos de un lado la posición homeostática dei principio de pla­
cer: jshhh!, ninguna perturbación, ningún ruido, ataraxia, andar cam-
pante, evitar los golpes, el exceso, tener buena salud, comer solo lo
que haga falta, encamarse justo lo necesario, cuidarse, prestar atención
a la higiene. Reducción de la ética a la higiene. Y en relación con esto

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EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

está todo aquello que conduce al exceso, el deseo, el goce, todo lo que
finalmente pertenece al más allá dei principio de placer, para retomar
la fórmula de Freud.

En este esquema se plantea la cuestión de saber cómo uno puede


mantenerse en la via dei deseo sin encontrarse inmediatamente con el
horror y con lo que llamé las perturbaciones. ^Cómo se puede, pese a
todo, establecer una relación entre el placer y su mas allá? ^Cómo se
puede sobrevivir en el más allá dei principio de placer? Lacan da la
respuesta: lo que hace de médiation entre el placer y el deseo -pode­
mos decir entre el placer y el goce- es el fantasma, segùn la formula
que dice que el fantasma efectùa el placer propio al deseo.

Placer y Más allá

Fantasma

El fantasma es como un aparato que captura el placer y le permite


estar presente; le permite proseguir en la via del deseo aunque esta
prolongation se haga bajo forma de dolor, y el dolor habita el fantas­
ma, pero es un dolor que, en cierto modo, produce placer. Es un dolor
pensado, del que se puede gozar. Aqui se inscribe la función mediado­
ra del fantasma entre el placer y su más allá.

P la ce r Más allá

Fantasma

Agreguemos que, si hay falta, esta oposición es articulation, y tam-


bién es la articulation que tiene lugar entre el Otro del significante y la
JACQUES-ALAIN MILLER

Cosa, tal como lo puse de relieve al extraer de La ética del psicoanálisis


la gran estructura que la sostiene.

P la cer ^ Más allá

Fantasma

Otro ^ Cosa

Lacan vincula el principio de placer a lo simbólico, destacando que


el sujeto busca el retorno de algunos símbolos, de algunos signos, y de
este modo, tanto lo simbólico como lo imaginario simbolizado están
presentados aqui como puestos al servicio dei principio de placer. Con
la Cosa, en cambio, se toca una dimension donde lo simbólico desfa-
llece y solamente al doblarse sobre sí mismo, o al delegar algunos tro-
zos de simbólico, algunos significantes, el principio de placer logra
tocar la Cosa.

exceso

Cosa
PP

( Simbólico
Imaginario

Lacan dio numerosos ejemplos que yo enumeré; por ejemplo, el tú


que apunta al Otro y que es un significante que se separa de lo simbó­
lico para tratar de alcanzar en el Otro su punto más real. No voy a vol­
ver sobre esto.
Hay una segunda posición que marca una evolución de la reflexión
de Lacan a través de una inflexión, es la oposición entre el goce y el
plus-de-gozar.
EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

Esta oposición es muy freudiana. En este plus-de-gozar, que Lacan


senala como a, podemos reconocer tanto las zonas erógenas freudia­
nas como los objetos pulsionales, a saber, las zonas erógenas que se
separan dei cuerpo, de un cuerpo despejado de libido, en las migra-
ciones de la libido, tal como se expresa Freud. Según Freud, la libido
se encuentra concentrada en ciertas zonas, y el resto dei cuerpo está
desinvestido o menos investido. Hay zonas dei cuerpo que presentan
un suplemento de investidura, allí donde se concentra el interés libidi-
nal, de la misma manera que se concentra en los objetos que Freud
aisló: el objeto oral, el objeto anal, el objeto fálico. Como ustedes
saben, Lacan extendió la lista. ^De qué da cuenta finalmente esta opo­
sición? De la relación que hay entre un conjunto negativizado, el cuer­
po desinvestido, y la concentración, en algunos puntos, de lo que está
ya investido en este conjunto. Esta concentración es la que justifica el
término lacaniano de plus-de-gozar. Se trata de la relación entre la
negativación y un plus, un suplemento.

Un conjunto negativizado

(-) ► (+)
negativación plus
suplemento

Como ustedes saben, el término plus-de-gozar fue forjado por


Lacan a partir de la plusvalía, categoria marxista qué refleja? Que
en cierto nivel hay un intercâmbio igualitário: yo vendo mi trabajo-yo
te compro tu trabajo, ahí la balanza está equilibrada; sin embargo, hay
una plusvalía, suplementaria, que yo me meto en el bolsillo cuando
compro tu trabajo. Mientras que aquellos términos están equilibrados,
dado el precio al que compro tu trabajo, los términos dei intercâmbio
se anulan, hay una plusvalía que en cierto modo es el secreto, la esen-
cia, el motor mismo de ese régimen de propiedad que se llama el capi­
talismo. Como ustedes saben, sobre ese esquema Lacan forjó su plus-
de-gozar.

395
f
*

JACQUES-ALAIN MILLER

(a)

Para ir más rápido y poder organizarlo, hay un tercer tiempo en


esta evolución de la que estoy marcando aqui las escansiones princi-
pales. En este tercer tiempo, el goce no tiene oposición, se trata, en
cierto modo, dei goce que está por todas partes.
Esta perspectiva es introducida de una manera muy sorprendente
en el Seminário 20 de Lacan, el seminário Aun. Aquello que Lacan des­
valoriza en el primer tiempo como reino dei principio de placer, el
Lustprinzip, en esta perspectiva por el contrario es revelado, revalori­
zado como la otra satisfacción. Esta otra satisfacción, que comentamos
en un momento de este ano con Pierre-Gilles Guéguen, la que se satis-
face con el blablablá, no es sino aquella que anteriormente era desva­
lorizada como la alianza entre el placer y lo simbólico, cuando se la
comparaba con los extremos dei goce.
Se trata de la satisfacción que se sostiene en el lenguaje, y a esta
satisfacción, a partir de Aun, Lacan también la llama goce. Antes era
catalogada como placer, ubicada en el lugar de una satisfacción desva­
lorizada con respecto al goce, como una satisfacción de orden homeos-
tático y ligada a lo simbólico. A partir dei seminário Aun, Lacan nos
ensena a considerar esta misma zona, esta misma dimensión, este
mismo funcionamiento, desde otra perspectiva; como una satisfacción
que no es poca cosa, esta satisfacción que se sostiene en el lenguaje,
como otra satisfacción, y con este carácter, nos dice, se trata igualmen­
te de un goce.
A partir de ese momento la perspectiva de Aun, con respecto a las
dos que enumeré, borra y no pone ya en primer plano esta oposición.
Por el contrario, pone de relieve en tanto goce la satisfacción ligada al
significante, y muestra también que el goce está ligado al cuerpo. Es
exactamente lo que Lacan formula cuando dice en Aun: "Reconocer la
razón dei ser de la significancia en el goce dei cuerpo".

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EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

En esta tercera perspectiva, se encuentra en primer plano la cone-


xión entre significancia y goce. Se trata precisamente de lo que Lacan
había elaborado como falo, como el significante fálico que realiza esta
conexión entre significancia y goce. En el Seminário 5 podemos seguir,
semana tras semana, cómo elabora la conexión de la significancia y
dei goce en la figura dei falo. Es muy impactante porque sucede muy
rápido, en la parte que se titula "La lógica de la castración", que es en
realidad un comentário de su escrito sobre la psicosis. El falo aparece
como un significado distinguido, y luego, en la tercera parte, que titu-
lé "La significancia dei falo", lo vemos, por el contrario, desplazar el
estatuto dei falo hacia el significante.
El punto de vista de Aun consiste en extender a todos los significan-
tes esta propiedad dei significante fálico. Es una especie de generaliza-
ción a todos los significantes de la conexión entre significancia y goce.
^Qué justifica que se revalorice la satisfacción dei principio de pla-
cer? Se trata de un punto absolutamente decisivo. ^Qué justifica que
se alce esta satisfacción al estatuto de un goce? Precisamente, que el
cuerpo dei ser hablante no obedece, bajo ningún aspecto, al principio
de placer animal, al puro principio de placer dei organismo animal.
En el ser hablante, el funcionamiento, aun homeostático, dei prin­
cipio de placer supone que hay intervención de la inscripción signifi­
cante, dei símbolo, y por lo tanto no hay, a ningún nivel, el puro pla­
cer. Se encuentra siempre, aun en este nivel homeostático, algo que no
funciona. Por esta razón podemos hablar, incluso en este nivel de
goce, de goce dei cuerpo. iQ u é lo justifica? ^Qué es lo que de todas
maneras no funciona, aun en un alto nivel homeostático dei principio
de placer? Que no hay relación sexual, ni siquiera en el nivel dei prin­
cipio de placer; la falia de la relación sexual está inscrita de manera
radical. Volveremos sobre esto.
La puesta de relieve por Lacan de la fórmula "no hay relación
sexual" implica precisamente otra perspectiva para el principio de
placer, implica que se lo vea como un régimen dei goce. Por esto
mismo, el goce dei cuerpo queda unido, y hasta se confunde, con el
goce dei significante. El cuerpo dei ser hablante está profundamente
alterado por el significante. No existe el puro placer, sólo hay diferen­
tes regímenes dei goce.
No obstante, una vez dicho eso, se puede considerar al goce en su

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JACQUES-ALAIN MILLER

faz de goce dei cuerpo y se lo puede considerar en su faz de goce dei


lenguaje, dei significante, pero sin olvidar nunca que no son sino dos
caras dei goce como tal. No hay goce dei cuerpo sino por el significan­
te, y hay goce dei significante solo porque el ser de la significancia
está enraizado en el goce dei cuerpo.
Cuando se ha leído a Lacan de cabo a rabo se cree estar en terreno
conocido, pero lo que constituye la dificultad especial dei seminário
Aun es que obliga a una modificación de lo que parecían ser dos axio­
mas de la ensenanza de Lacan; se tiene la impresión de entrar en una
zona nueva, en una nueva dimensión.
Entonces pues, goce dei cuerpo y goce dei significante están conec­
tados, no son más que dos aspectos dei goce, aunque por comodidad,
se puede poner el acento en uno o en otro. Por supuesto que el goce
dei cuerpo ya no es bruto. Se comete con frecuencia el error de creer
que Lacan nos llevaría en esta dimensión a un goce bruto, cuando se
trata de todo lo contrario. Para hablar con propiedad, no hay para el
ser hablante goce anterior al significante.
En lo que respecta al animal, no tenemos ni la más mínima idea de
cómo funciona para él el principio de placer. Todo lo que podemos
saber es que sin duda no funciona como en nosotros, no tenemos la
menor idea de si tiene alguna conexión o no con el significante, y
sigue siendo un mistério lo que seria su goce, tanto el goce de la plan­
ta como el goce dei animal. Salvo el animal que vive en nuestro entor­
no, y por lo tanto está sumergido en un bano de lenguaje que determi­
na que se produzcan en él cierto número de fenómenos, por ejemplo,
la demanda de amor que está sin duda constituida a nivel animal en
los perros, en fin, no en todas las razas de perros. Evidentemente,
según las necesidades, según la satisfacción que uno mismo tenga, se
buscan los animales carinosos para poder acariciarlos, o bien los odio­
sos para mandárselos al vecino.
Precisamente, durante el fin de semana de la Asunción estaba
paseando en el campo, donde se ven esas casas en las que el propieta-
rio puso grandes rejas, y detrás de ellas unos perrazos. Ustedes van
paseando tranquilamente, sin pensar en nada, y apenas llegan a cierta
distancia, el perrazo, o los perrazos a veces, para una casita minúscu­
la, se ponen a ladrar, les perforan los tímpanos, les van siguiendo el
recorrido, se esfuerzan por saltar sobre ustedes, pero son frenados por

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T
EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

la reja. Arman un lio increíble, uno no puede dejar de pensar -m e ha


sucedido- que están haciendo un poco de teatro, que estos perrazos,
por más adiestrados que estén, deben saber que está la reja. Arman
todo ese circo mientras se dicen que con eso impresionan al paseante.
Hacen una demostración de su fuerza para no tener que utilizaria. Se
puede suponer que una vez que ustedes siguen su camino, ellos expe-
rimentan, tal vez, una gran satisfacción.
En cambio, los perros chiquitos son mucho más viciosos. Al llegar
al pueblo, un cuzco, no más alto que esto, pero que no estaba frenado
por rejas, saltó sobre mí. Alcanzó a mordisquearme un poco el talón
de Aquiles. Quizás había escuchado al otro, porque esto ocurrió justo
después, y tal vez hubo ahí un efecto de emulación.
No hay ninguna duda de que estos animales están completamente
desequilibrados y no dan para nada la impresión de malvivir en el
nivel más bajo de la tensión. Esto queda más bien para los caminantes
que se pasean por el campo, completamente tranquilos. Los perros, en
cambio, se movilizan, se inquietan. De todos modos, apenas se entra
en la esfera en la que ellos están al servicio dei significante aparecen
todas esas perturbaciones. Es aún más sorprendente porque el pasean­
te, en ese momento, acaba de salirse de la maquinaria urbana donde
se mata trabajando como un desgraciado y se encuentra tranquilo, en
lo más bajo de la tensión, mientras que los otros, esos animales carní­
voros, están en plena tensión.
Toda la demostración de Lacan, entonces, apunta a que no hay
goce bruto en el ser hablante. No se puede pensar un goce anterior al
significante. En el ser hablante el goce está ligado al significante, es
una consecuencia de él.
En el fantasma asistimos sin duda a una anulación, a una humilla-
ción. En el fantasma "Pegan a un nino" hay una humillación dei suje-
to, pero también una producción de goce a través dei significante en
su ejercicio sádico, que golpea y puede llegar a destruir el cuerpo.
Por otra parte, está el goce dei lenguaje, el goce dei significante,
ligado al ejercicio dei significante como tal, pero siempre en tanto que
el sujeto tiene un cuerpo. ^Podemos decir goce dei lenguaje? Tal vez
más bien goce de la lengua. Aqui se inscribe la fórmula de Lacan que
encontrarán en Aun, página 101: "Decir lo que sea [...] conduce al
Lustprinzip (el principio de placer), y dei modo más directo".

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JACQUES-ALAIN MILLER

Por lo tanto, la otra satisfacción es la que se alcanza a través dei


significante en rueda libre. El cambio radical que aqui observamos es
que aquello que en toda una parte de la ensenanza de Lacan es desva­
lorizado como perteneciendo al registro dei placer, opuesto al goce, en
Aun se trata de una nueva perspectiva donde el principio de placer
aparece, como por excelencia en Freud, encarnando el goce que se
obtiene a partir dei significante. En consecuencia, Lacan dice en la pá­
gina 128: "El inconsciente es que el ser, hablando, goce".
Por supuesto que esto no invalida las fórmulas axiomáticas de
Lacan según las cuales la simbolización anula el goce, pero toma la
otra perspectiva en la cual, por un lado, la simbolización mantiene el
goce, y hasta lo produce, y por otro, la palabra en particular tiene efec-
tos de goce sobre el cuerpo. Puesto que dije palabra, es necesario hacer
lugar a la cuidadosa diferenciación que Lacan establece entre el goce
de la palabra y el goce de la escritura, que son dos modos distintos de
gozar dei significante.
Por este motivo dedica un desarrollo a la carta de amor donde, por
otra parte, evoca el goce propiamente literário, dei escrito literário, en
el marco de esta nueva perspectiva.

Parlêtre y gran Otro

Ahora bien, ^adónde nos lleva a todo esto? ^Adónde nos conduce
esta nueva perspectiva, dado que se trata de términos fundamentales
que orientan nuestra práctica y en los cuales nos apoyamos para pen­
sar? Como ya lo senalé, todo esto pone en cuestión el término mismo
de sujeto, el $ que nos representa precisamente la mortificación dei
sujeto por el significante, que nos incita a pensar a partir de la falta en
ser. Esta nueva perspectiva nos forzaría a completarlo con el cuerpo,
en tanto cuerpo de goce. Pero si se lo completa con el cuerpo de goce,
deja de ser una falta en ser. Por esta razón, en ese momento Lacan
comienza a hablar de parlêtre, de ser hablante, que se opone término a
término a falta en ser.

$ + cuerpo

400
EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

El parlêtre es una nueva categoria que Lacan introdujo y que puede


decirse que sustituyó a la de sujeto. No hace que desaparezca la cate­
goria de sujeto, pero muestra la parcialidad en la que se sostiene el
concepto mismo de sujeto. Es una parcialidad fecunda, operatoria,
que nos permite inscribir precisamente a ese sujeto en los cálculos sig-
nificantes, pero es una parcialidad de la que hay que recuperar su
carácter unilateral para ir a ver dei otro lado.
Lo que se constituyó en un problema para Lacan fue que su prime-
ra formalización -la dei sujeto, dei significante, dei objeto a - era tan
fuerte, que le resultó muy difícil dar la misma fuerza intelectual y ope­
ratoria al concepto de parlêtre, que de todos modos se presta menos a
la formalización. El concepto de sujeto tachado, en cambio, si se presta
a la formalización, es el sujeto mismo de la formalización. Es un suje­
to formalizado, y hasta podría decir "formolizado". Como ven, esto es
el goce dei significante.
Esto tuvo mucha fuerza, nos cautivó, y de alguna manera, lo que
trata la nueva dimensión que estoy evocando con el término parlêtre
no se presta, sin duda por razones de estructura misma, a una forma­
lización semejante. Me mantengo prudente al respecto porque hay
que estudiarlo, debemos ocupamos seriamente de él, sacudirlo bien,
mirarlo de arriba a abajo, por todos los costados, para ver qué pode­
mos extraer de formalizable de este concepto de parlêtre.
De manera simétrica -tam bién lo subrayé-, el Otro, jOh, el gran
Otro!, también es cuestionado por Lacan, porque aqui tampoco pode­
mos contentamos con el Otro dei cuerpo mortificado. No podemos
contentamos con el Otro dei significante.
El cuerpo de goce, como lo llamé, también está dei lado dei Otro.
Fue así como propuse, impulsado por la necesidad, el término parte-
naire-síntoma como simétrico a parlêtre, destinado a sustituir a la pare-
ja constituida por el sujeto tachado y el Otro.

parlêtre § partenaire £

401
JACQUES-ALAIN MILLER

Sustitución no quiere decir que no se hable más de eso, sino que se


tiene un segundo par y que se trata de saber, en todo los casos, cómo
se articula con el primero. El seminário Las formaciones dei inconsciente
es especialmente instructivo a este respecto. Voy a hacerles un peque­
no comentário de una parte dei capítulo VI donde encontramos la
broma de Queneau, porque en este capítulo podemos seguir detalla-
damente lo que condujo a Lacan a su concepto desarrollado dei gran
Otro, al que vimos cómo traía en el Seminário 2. En este seminário
vemos, abruptamente, en un momento que es conmovedor, cómo el
Otro se escribe con mayúscula, cómo empieza a desplegarse así. De la
misma manera, en el seminário Las formaciones dei inconsciente vemos
cómo Lacan, después de haber construído su grafo, lo desdobla y
construye un rascacielos. Cuando se ha recitado esto durante anos, se
vuelve un momento conmovedor estar ahí la primera vez, no en que
lo pensó sin duda, pero sí en que lo expuso.
En este capítulo VI plantea la pregunta: ^Cómo definir este gran
Otro? Es el segundo gran momento en la definición dei gran Otro,
después de su aparición en el Seminário 2. Creo que no encontramos
nada tan importante al respecto ni en el seminário Las psicosis ni en La
relación de objeto, bajo reserva de una búsqueda más exhaustiva.
Entonces, se plantea cómo definir este Otro, y como se trata de
chistes, introduce la ficción, dice: ^Podríamos imaginar una máquina
que haga el trabajo dei interlocutor? Un chiste supone que el Otro lo
reconozca, que no diga que es una tontería, que no permanezca impa-
sible, sino que lo acepte, lo acoja. Lo esencial en el chiste reside en la
acogida.
En una reunión que tuvo lugar hace diez dias alguien hizo un chis­
te sin darse cuenta, fue divertido. Había dado el título de un trabajo y
en ese momento todo el mundo se mató de risa en la sala. É1 quedó un
poco sorprendido hasta que lo interrogué y descubrió que había dicho
un término que, por homofonía, había hecho reír a todos. Se había
constituído una especie de chiste por la acogida que recibió dei Otro.
Lacan plantea la pregunta: ^Es posible imaginar que una máquina
pueda hacer este trabajo? Una máquina en la cual, por ejemplo, si
metemos por un costado una frase que sea un chiste, la máquina tra-
baje chchchocht (Jacques-Alain Miller imita el ruido de una máquina) y
salga dei otro lado un chiste. jBravo! jOtra vez! É1 responde que es

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T '

EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

bastante difícil, pero podemos ver que reflexiona en este sentido.


^Acaso todo esto es un poco maquinal? Contesta: evidentemente esto
es una utopia, pero no podemos conformamos con decir simplemente:
"es el gran Otro", "el Otro es un hombre", es necesario que sea un
sujeto real. iQ ué entiende por sujeto real, en este capítulo? Es un suje-
to que tiene la noción dei sentido, en tanto que el sentido proviene de
la conexión entre el significante y la necesidad; el sentido surge de la
marca significante puesta sobre la necesidad, y además, se trata ya de
la otra satisfacción que está entre parêntesis.
Voy a leerles un poquito de este pasaje sobre la máquina:
"Imaginemos en consecuencia una máquina. La máquina está situa­
da en algún lugar en A o en M -para nosotros actualmente se trata de
A y de s(A), el mensaje- Recibe datos que le vienen de los dos lados.
Es capaz de descomponer las vias de acceso por las que se realizan [...]
-en fin, todas las formaciones de chistes-. Supongámosla lo suficiente­
mente compleja como para analizar exhaustivamente los elementos de
significante. ^Será acaso capaz de acusar el golpe y autentificar una
ocurrencia en cuanto tal? ^De calcular y responder: esto es una agude­
za? ^Es decir, de ratificar el mensaje con respecto al código [...]?"
"Esta imaginación se presenta aqui tan solo a título puramente
humorístico, no hay más que hablar, cae por su peso. Pero ^qué quiere
decir esto? ^Basta con decir que necesitamos tener delante a otro hom­
bre? (para tener un Otro). Puede ser obvio, y nos pondría muy conten­
tos. Decir esto se corresponde más o menos, en conjunto, con la expe-
riencia. Pero como para nosotros existe el inconsciente con su enigma,
un hombre es una respuesta que hemos de descomponer."
Y dice: "Empezaremos diciendo que necesitamos tener delante a
un sujeto real". E interviene la noción de sentido: "Este sentido, como
lo hemos indicado ya, solo se puede concebir con respecto a la interac-
ción entre un significante y una necesidad. [...] ^Podemos decir sin
embargo que este sujeto real ha de tener necesidades homogéneas a
las nuestras? No está forzosamente indicado plantear esta exigencia
desde el comienzo de nuestro recorrido. En efecto, la necesidad no
está indicada en ninguna parte en la agudeza [...]".
"Tenemos, pues, aqui una primera definición -dei gran O tro-, es
preciso que ese sujeto sea un sujeto real. ^Dios, animal u hombre? No
tenemos ni idea."

403
JACQUES-ALAIN MILLER

De a poco va llegando a la noción de que, fundamentalmente, es


necesario que este Otro conozca las metonimias vigentes para poder
reaccionar ante el chiste. Por ejemplo, para divertirse con el asunto de
la batalla de Marengo, hay que tener alguna idea sobre la misma.
^Cuándo fue que ocurrió? Bueno, en fin, al menos una pequena idea.
Es necesario tener alguna noción sobre la batalla de Fontenoy; hay que
acordarse de Trafalgar -tener en cuenta que no hay en Paris ninguna
plaza que se liame Trafalgar-, que transcurrió en un elemento que en
general nunca fue muy propicio a las fuerzas armadas francesas.
Hacen falta algunas nociones como esas, y sobre todo, tener la noción
de qué representa pasar el bachillerato, con el examinador que los tor­
tura. Por lo tanto, es necesario cierto número de datos de este tipo que
Lacan llama "el tesoro metonímico".
"Este tesoro lo tiene el Otro. Se supone que él conoce la multiplici-
dad de las combinaciones significantes todas ellas, por otra parte,
completamente abreviadas, elididas, digamos incluso purificadas en
cuanto a la significación."
Por lo tanto, partiendo dei Otro que seria un hombre, pequeno a, lo
lleva a un sujeto real dei que no se conoce muy bien su naturaleza; lo
eleva al rango de tesoro de las metonimias, y esto le permite concluir
así nomás, después de algo que no es una demostración como se debe,
que es más bien una seducción al oyente. Leemos una página después:
"Así, podemos decir que, lejos de que el sujeto que está delante deba
ser un viviente real, ese Otro es esencialmente un lugar simbólico".
He aqui lo que obtuvo, es un momento muy importante: el Otro
deja de ser concebido como otro hombre y pasa a ser esencialmente
un lugar simbólico. Por esto dice que esto: "presenta un carácter que
podemos llamar abstracto [...]. Eso a lo que uno se dirige cuando
apunta al sujeto en el nivel de los equívocos dei significante tiene, por
decirlo así, un carácter singularmente inmortal [...] Casi anónimo",
dice él. Aqui, en verdad, se trata dei gran Otro que acoge el chiste, no
es alguien, entonces dice: "Este Otro, necesitamos que sea bien real,
que sea un ser vivo, de carne, aunque mi provocación no se dirige, de
todas formas, a su carne. Pero, por otra parte, tiene también algo casi
anónimo".
En lo que respecta al Otro, iqué se lleva a cabo en estas páginas?
Precisamente, que Lacan evacúa dei gran Otro su dimensión de ser

404
EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

vivo, su dimensión de ser de carne, para resaltar su carácter simbólico,


su carácter maquinal. Y esto mismo es lo que va a permitirle proseguir
su avance. Por eso, hacia el final de la lección leemos: "Puedo decir
que no me dirijo en el Otro a nada que esté especificado, a nada que
nos una en una comunión, sea cual sea, debida a una conformidad
cualquiera de deseo o de juicio. Es únicamente una forma".
De este modo tenemos realizada la formalización dei gran Otro.
Lacan va a volver sobre esto, va a humanizar, pese a todo, a este Otro,
a partir de la definición de Bergson. Es necesario, sin embargo, que el
Otro sea de la misma "parroquia", y va a comentar el término parro-
quia desde esta perspectiva.
Pero lo que se lleva a cabo en este capítulo VI es la constitución de
un gran Otro en el cual lo esencial, a nivel dei significante, es que se
refiere a un lugar, que es abstracto, que es formal y que uno no se diri­
ge a él en su carácter de ser vivo, de ser de carne.
Ahora, de lo que se trata es de volver sobre esta demostración de
Lacan, de rebobinarla. Por supuesto que sigue siendo válida en su
nivel, pero habría que considerar nuevamente esta demostración, o
esta seducción de Lacan, cosa que él mismo comenzó a hacer en la
última zona de su ensenanza, precisamente a partir de que con el Otro
debemos encontramos en una relación de deseo, debemos estar con él
en cierta comunión. Además, no tenemos como partenaire solamente
al Otro como lugar simbólico, uno no se acuesta con el Otro como
lugar simbólico. Los grandes místicos sí lo hacen, pero para ello es
necesario que lo representen, o en todo caso, si no lo representan ellos
mismos, el arte se encarga de hacerlo.
Evidentemente está San Juan de la Cruz, que logra acostarse con la
nada, es algo excepcional, solo se llega a eso a través de un ascetismo
extremo, y ni aun así. Digo esto a reserva de lo que estoy por hacer:
releer San Juan de la Cruz para buscar lo carnal que hay en él. No estoy
seguro de que para ser santificado haya que pasar un examen mucho
más difícil que el bachillerato, en el que, por otra parte, no se puede
decir nada porque en general se está muerto ya después de un rato.
Pero quisiera estar seguro de que, en esos casos, el elemento camal está
completamente evacuado. Nosotros, los psicoanalistas, tenemos quizás,
para reconocer el elemento camal, algunas indicaciones de las que no
disponen ni siquiera los tribunales mejor equipados dei Vaticano.

405
JACQUES-ALAIN MILLER

Pero en fin, no podemos conformamos con que el gran Otro sea


solamente el lugar de lo simbólico. Además, cuando se lee bien el
capítulo de Lacan, se puede ver que trata con prudência los rasgos de
vivo y de carnal, al mismo tiempo que dice que no es eso lo que inter-
viene cuando se trata dei significante. En consecuencia, no podemos
conformamos con un partenaire que sea solamente significante, un
partenaire mortificado. El Otro no es un cuerpo mortificado, es un
cuerpo vivo, al menos en cierto nivel de lo que podemos llamar la
actividad humana.
También podemos decir -e s una forma que Lacan utiliza a veces-
que es necesario que el Otro sea representado por el cuerpo. Esto mar­
ca una diferencia muy grande, lo había notado ya, y lo noté también
hace unos dias en una reunión que convoqué.
Me habían hecho llegar unos textos de los cuales algunos eran
extremadamente críticos con respecto a mí, los lei, me dejaron indife­
rente. Me fijé sobre todo si tenían el número de líneas necesario, si
estaban bien escritos, los lei así nomás. Pero, durante la reunión
misma, estaba la gente que había escrito eso; se habían desplazado,
habían llevado el cuerpo, estaban a pocos metros de mí, estaban sus
voces, sus escansiones, se esforzaban por comunicar la cosa. jNo pue-
den imaginarse el efecto que me produjo! Eso mismo que yo había
leído absolutamente tranquilo, en el más completo principio de placer,
o en todo caso, con una tensión mínima, cuando los tipos -aunque no
había solo tipos- se desplazaron, llevaron sus cuerpos, pusieron sus
voces y todo eso para fustigarme, jpum! jpum! jpum!, me parecia que
me iba acurrucando en mi asiento. Me quedé preocupado después por
saber si se había notado o no, tenía la impresión de haber hecho una
mueca espantosa. Parece que no, la mueca era solo moral y no apare­
cia nada afuera.
Pero aqui podemos ver lo que anaden el cuerpo y la voz, incluso
en cuanto sentido, al significante de la escritura. Escritos como aque-
llos puedo leer sin problema; pero la presencia física, cuando el Otro
que se dirige a ustedes está representado de esta manera por un cuer­
po, es un agregado, un componente que cambia absolutamente todo.
Ahora me ven aqui, fuerte como un roble, pero en el momento, en ver-
dad, me impacto la diferencia que había con la simple lectura.
El Otro es representado por un cuerpo, por un cuerpo sexuado. Es

406
EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

importante agregar este carácter, porque no hay cuerpo humano que


no sea sexuado. A veces, incluso, en algunos casos históricos, hasta es
bisexuado. Se puede falsificar esta sexuación, se la puede ocultar, ca­
muflar, operar, etc., pero no se logra lo mejor.
El parlêtre, por otra parte, también tiene un cuerpo y es un cuerpo
sexuado. Todo esto nos introduce a un cambio de perspectiva en la
relación dei sujeto con el Otro. En el seminário Las formaciones dei
inconsciente, especialmente en su primera parte, en las primeras siete
lecciones que tratan sobre el Witz y que titulé "Las estructuras freudia­
nas dei espíritu", Lacan nos presenta al sujeto de la palabra articulado
al Otro como lugar simbólico. El Otro tiene el código y el sujeto enun­
cia el mensaje desde el lugar dei Otro. Esto se presta a un esquema
que Lacan construye en este seminário; su esquema de dos pisos es
presentado aqui por primera vez.
Ahora bien, en este caso, entre el sujeto y el Otro hay una relación,
digamos que si la comparamos con la fórmula no hay relación sexual,
hay una relación lingüística. A nivel dei lenguaje hay una relación sig-
nificante entre el sujeto y el Otro. Esto permite a Lacan ubicar las letri-
tas en su lugar, hablar de la relación dei código y dei mensaje, o dei
tesoro metonímico con respecto al sujeto dei chiste. Hay una relación
significante, y esto permite que pueda ser formalizada, incluso dibuja-
da y hasta darle diferentes nombres.
En cambio, ^en qué se apoya la perspectiva de Aunl Sucede que
mientras que a nivel de la palabra hay una relación significante, a
nivel sexual, no la hay. Este es el significado de la fórmula no hay rela­
ción sexual, que debe cotejarse con todas las fórmulas que Lacan apor-
tó sobre la relación lingüística, donde verdaderamente el sujeto y el
Otro constituyen una pareja, como el código y el mensaje. El código y
el mensaje son inseparables, se necesitan uno al otro. Un código solo,
sin mensaje, no puede hacer nada; un mensaje sin código, ídem, todo
lo que puede resultar, en el mejor de los casos, es una psicosis. Esto es
de manera muy simplificada lo que Lacan explica. Por lo tanto, código
y mensaje son inseparables a nivel de las funciones; entonces, cuando
se aplica código y mensaje sobre el sujeto y el Otro, se obtiene un
matrimonio indisoluble.
A nivel sexual, no hay relación significante. A nivel sexual la rela­
ción pasa por el goce, por el goce dei cuerpo y por el goce de la len-

407
Ji t
JACQUES-ALAIN MILLER

gua; quiere decir que pasa por el sintoma. No veo por qué no podría
escribir aqui, tal como estoy encaminado, con los símbolos que cono-
cemos: entre el hombre y la mujer está el sintoma.

No sólo hay un muro, como lo evoca Lacan en su "Informe de


Roma", también está el sintoma, que por otra parte, no es un privile­
gio simplemente de la relación heterosexual; entre senores y entre
damas también está el sintoma. La relación de pareja, a nivel sexual,
supone que el Otro se convierta en el sintoma dei parlêtre, un medio
de su goce. ^Qué es el sintoma? Un medio de goce, y si estoy ligado al
Otro, es en tanto que el Otro, para mi, es sintoma, es decir, medio de
goce de mi cuerpo.

"Soy como gozo"

Podemos retomar aqui la pregunta que había llevado como título a


Bahia: ,-Cuál es el hueso de una cura? En primer lugar, es lo imaginá­
rio; en segundo lugar, es la identificación fálica; en tercer lugar, es el
fantasma y, en cuarto lugar, es el sintoma, aquel que Lacan llamaba el
sinthome. He aqui las principales respuestas diferentes que fueron pro­
porcionadas por Lacan.
Ahora bien, ^qué es el sintoma? Es la investidura libidinal de la
articulación significante en el cuerpo, y en este sentido, es un modo de
gozar, y de manera doble. Por un lado, es un modo de gozar dei

408
EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

inconsciente, dei saber inconsciente, de la articulación significante; 11a-


mamos sintoma a la investidura libidinal dei significante y dei signifi­
cado. Y en segundo lugar, es un modo de gozar dei cuerpo dei Otro.
Por cuerpo dei Otro debe entenderse, al mismo tiempo, el cuerpo pro-
pio, que siempre tiene una dimensión de alteridad, pero también el
cuerpo dei prójimo como un medio de goce dei cuerpo propio.
Cuando se diferencian estos cuatro huesos, ^qué se debe hacer
para terminar el análisis, según Lacan? Lo imaginario se debe fran­
quear. iQué se debe hacer con la identificación fálica o con las identi-
ficaciones? -^Todavia no llegaron estas preguntas al bachillerato?-. A
las identificaciones hay que hacerlas caer, jpum! Y el fantasma, £qué se
hace con el fantasma? Se lo a-tra-vie-sa. iQue estoy haciendo aqui?
Estoy remedando la ortodoxia lacaniana, el desastre dei que soy res-
ponsable por haber producido textos sobre esto a diestra y siniestra,
desde hace casi veinte anos.
Pero el cuarto término, el sintoma, no se puede franquear, no se
puede hacer caer ni se puede atravesar. Lacan dice, entonces: la solu-
ción es identificarse con él. <j,Qué quiere decir esto? Que el sintoma no
se franquea, no se deja caer, no se atraviesa; quiere decir que se debe
vivir con él. El sintoma designa aquello con lo que se debe vivir, de
eso se trata precisamente en el síntoma-partenaire. Si lo tomamos en
este sentido, el sintoma designa exactamente aquello con lo que hay
que vivir.
Por lo tanto, y de todas maneras, el final dei análisis, desde esta
perspectiva, es siempre un cierto "hacer con eso". No se trata de atra­
vesar, de hacer caer, ni de tomar impulso para ir dei otro lado dejando
el equipaje atrás. Es una perspectiva completamente diferente, que no
invalida las anteriores, por supuesto, pero que concierne a aquello con
lo que se deberá vivir después dei análisis, aquello con lo que uno
deberá componérselas, "arreglárselas con eso". En consecuencia, iden­
tificarse con el sintoma no es lo mismo que identificarse con un signi­
ficante, es más bien dei orden de: "soy como gozo". Por esto mismo,
seria muy parcial considerar al pase simplemente como un proceso de
desinvestidura, y es lo que se hace a menudo. El pase no es un simple
asunto de desinvestidura. Aqui puede verse el carácter inadecuado de
algunas formulaciones, que no son mias, como por ejemplo: en el aná­
lisis hay que ir contra el goce, concebir el trabajo analítico como una

409
JACQUES-ALAIN MILLER

desinvestidura libidinal. Es algo muy pardal y no muy bonito, porque


querría dedr que el progreso de un análisis se mide por la mortifica-
ción, esto no quiere decir otra cosa.
Ahora bien, se habla de atravesamiento dei fantasma en el sentido
de que el fantasma seria el lugar de la investidura nociva; en conse-
cuencia, atravesar el fantasma traduciría una desinvestidura dei lugar
nocivo. Pero la libido freudiana, según su definición, es una cantidad
constante. Por lo tanto, la cuestión, entonces, es saber a dónde va a
investirse esta cantidad constante, porque de lo contrario, el triunfo
dei psicoanálisis seria la muerte. Es una posición que podría defender-
se, pero hay que poder ir hasta el final de esta lógica.
El asunto es que la desinvestidura dei lugar nocivo no impide que
se mantenga el modo de gozar, que se mantenga el sintoma, y en el
pase se trata de este sintoma puesto al desnudo.
Por este motivo, cuando hablo de partenaire-síntoma estoy indi­
cando -no concluyendo, no digo que el trabajo esté hecho- la necesi-
dad de una nueva definición dei Otro, dei gran Otro de Lacan, como
medio de goce. Esto concierne al Otro en sus dos aspectos: el Otro en
tanto representado por el cuerpo y el Otro en tanto lugar dei signifi-
cante. Aqui cobra todo su sentido la fórmula "no hay relación sexual",
que quiere decir que los parlêtres, como seres sexuados, forman pareja,
no a nivel dei significante sino a nivel dei goce, y que este enlace es
siempre sintomático.
Desde el momento en que la pareja fundamental es concebida a
nivel dei goce y no a nivel dei significante puro, la diferencia de sexos
entra necesariamente en consideración. El significante puro borra la
diferencia entre los sexos. Cuando escribimos y razonamos con $ 0 A,
podemos decir que la diferencia de sexos, en este nivel, no entra en
consideración. Se trata de la pura relación lingüística.
Lacan estableció primeramente la diferencia de sexos a través dei
significante fálico, planteando que cada sexo, el sujeto de cada sexo,
tenía una relación específica con el falo. La relación con el falo dei lado
macho era diferente de la relación dei lado mujer. Los seres sexuados
tienen una relación diferente con el falo según sean hombre o mujer.

$ o *
410
^ r

EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

Esta es una versión de "no hay relación sexual", una manera de


decir -que Lacan elabora en "El atolondradicho"- que solo hay rela­
ción significante con el falo. No hay relación sexual, pero a nivel
sexual hay de todos modos una relación significante que no es una
relación significante con el Otro, sino con el falo. Y en consecuencia,
elaboró su fórmula de la sexuación femenina, que es una fórmula de
la relación significante femenina con el falo, con el significante fálico,
y elaboró su fórmula de la sexuación macho, que es una fórmula de la
relación dei sujeto con el significante fálico.
Esto lo llevó a plantear, justo antes de Aun, que al ser tan diferente
la relación con el significante fálico para un sexo y para el otro, verda-
deramente no se pueden hablar; esta es su conclusión en "El atolon­
dradicho". Ni más ni menos: "cada uno en su casa", porque a nivel
significante es imposible que se comprendan un sexo y el otro. Estoy
simplificando un poco porque no tengo a mano la referencia, pero de
lo que se trata es de que no hay diálogo entre un sexo y el otro.
Ahora bien, pese a todo, los hombres y las mujeres se hablan, dedi-
can incluso mucho tiempo a esto justamente porque es difícil, y enton-
ces es muy importante que se hablen. Precisamente, esto es lo que
aborda Lacan en Aun después de haber llevado esta demostración al
extremo: de qué manera, dado este impasse fundamental, se las arre-
glan sin embargo para hablarse. Sobre esto comienza este seminário y
lo que le sigue.
Que no haya relación sexual no impide que haya una relación de
goce con el partenaire-síntoma, y que se formen parejas en las que uno
para el otro es medio de goce. Y esto ocurre, si bien no por un diálogo, a
través de la movilización de la palabra y de la escritura. En otros térmi­
nos, se trata de cómo, bajo qué condiciones, el Otro se convierte en el
medio, en el instrumento de mi goce. ^De qué manera el parlêtre se sirve
dei Otro, en tanto representado por su cuerpo, para gozar? ^Cómo lo
hace entrar en su circuito de goce, obedeciendo al Lustprinzipl
El goce se produce siempre en el cuerpo dei Uno pero por medio
dei cuerpo dei Otro. En este sentido, el goce siempre es autoerótico,
siempre es autístico. Pero al mismo tiempo es aloerótico porque siem­
pre incluye al Otro, incluso en la masturbación masculina, en la medida
en que el órgano dei que se trata está "fuera dei cuerpo" -com o lo
subraya Lacan- y está marcado de alteridad. Está marcado de alteri-

411
?

JACQUES-ALAIN MILLER

dad, como lo sabemos desde siempre, porque hace solo lo que se le


antoja. Después de todo es una presencia con la que no se puede contar
siempre. Y esto mismo determina la extraordinaria notoriedad mundial
de un producto químico que las masas esperaban, precisamente porque
hay ahí, en el cuerpo, una presencia que es un poquito extranjera.
Las mujeres conocen eso porque los bebés, los fetos, les dan patadi-
tas en el vientre, etc., de este modo ellas tienen claramente cierta fami-
liaridad con un ser otro que les crece en el interior. Pero se trata de una
experiencia, senoras, que los senores tienen a su manera. Ellos también
tienen la experiencia de que sus miembros no responden todos al
mando cerebral; hay una zona que inspira aquel chiste que destaca
Freud y retoma Lacan, el de la dama que decía: "Lo más importante en
un hombre es que tenga sus cinco miembros bien derechos".
Tiene cierto aspecto "fuera dei cuerpo". La argumentación de Lacan
muestra muy bien en qué sentido el cuerpo propio dei ser hablante es
"otrificado", se convierte en Otro a través dei significante. Esto me
llevó a retomar los esquemas que ya había evocado y escrito en el piza-
rrón, y que representan la fórmula de la sexuación macho. Aqui está el
"para todo x <J>x". Podemos representar aqui lo que seria el Lustprinzip
de antano, el principio de placer; luego, lo que está "en más", el plus dei
orgasmo masculino como emergencia dei goce fálico, que se distingue
por su lugar "fuera dei cuerpo". En esta zona dei "para todo x" repre­
sento el cuerpo en su armonía, constituyendo un conjunto. Luego, una
pequena zona delicada pero muy interesante, que es suplementaria, y
que tiene un lugar aparte en la economia psíquica.

Vx 3>x 3x <t>x

412
w
EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

Del mismo modo, podemos representar dei otro lado el goce feme-
nino por el no-todo. También debo representar la ausência de este
punto suplementario y encontraremos, en efecto, la estructura diferen­
te y bien conocida dei orgasmo femenino, con su modalidad en fases y
potencialmente, si no infinito, al menos escalonado. Aqui no encontra­
mos el punto "fuera dei cuerpo" como en el hombre, porque el cuerpo
mismo se convierte en "fuera dei cuerpo". El goce está contenido en el
cuerpo propio, salvo que este cuerpo propio es otro para el sujeto, y
que está sujeto, precisamente, a cierto número de fenómenos extranos,
de fenómenos de apertura y de ilimitación.

Vx x

Voy a desviar el uso de este esquema para representar dos formas


dei goce sexual. El "fuera dei cuerpo" en el hombre está localizado y
por eso mismo es contable, tal como se empenaba en ello Sade, el
ejemplo célebre que conocemos. Del otro lado, no encontramos el
"fuera dei cuerpo" localizado porque el cuerpo mismo está fuera de
si.
He llegado a desviar las fórmulas de Lacan para hacer de ellas las
estructuras significantes dei cuerpo. Antes de partir a Bahia, ya había
indicado aqui que esas estructuras significantes determinan el estatu­
to dei partenaire-síntoma como medio de goce, para cada sexo. Del
lado macho, el partenaire está determinado como a, y, dei lado feme­
nino, está determinado esencialmente como A tachado. Les recuerdo
los valores que había atribuído a esto: a es una unidad de goce discre­
to, en el sentido de que está separado, por supuesto que no es el signi-

413
JACQUES-ALAIN MILLER

ficante, pero tiene su forma, puesto que es uno y uno todo. Mientras
que dei lado mujer, la exigencia para el partenaire-síntoma es A tacha­
do, que este partenaire tenga la forma dei no-todo. Había puesto de
relieve que el partenaire-síntoma dei hombre tiene la forma dei feti­
che, mientras que el partenaire-síntoma de la mujer tiene la forma ero-
tómana. Por esto mismo, en el pase, el hombre tiene que resolver en
primer lugar la cuestión dei fantasma, es decir, la forma fetiche que
impone al partenaire; la mujer, en cambio, tiene que resolver primero
la cuestión dei amor, es decir, de su erotomanía. De la misma manera
que Vigny dice "el hombre tendrá Sodoma y la mujer tendra Gomo-
rra", el hombre tendrá el fetiche y, la mujer, la erotomanía, aunque
esto no constituya un verso alejandrino.
Tal como lo había senalado, para la mujer, su modo de gozar exige
que su partenaire hable y que ame, el amor está entramado en el goce.
Se podrá hablar de cambio de época, por cierto hay una mayor liber-
tad sexual, pero esto sigue estando vigente, aunque no tenga tiempo
de exponerles los datos sociológicos que fui a buscar al respecto. Para
el hombre, su modo de gozar exige que el partenaire responda a un
modelo y esto puede llegar hasta la exigencia de un detalle.
En una oportunidad, un paciente me contaba -y me quedó graba-
d o - que él buscaba en una mujer -vaya uno a imaginarse eso- un plie-
gue entre la base de la nariz y la boca. Cuando lo encontraba, tenía
que conseguirlo, y hacía para ello todo lo necesario. No pueden imagi­
narse lo que representa este a, en fin, jlo pueden imaginar muy bien!
El asunto es bastante limitado, actualmente tengo dos pacientes
para quienes la cuestión pasa por la forma de las nalgas de la mujer,
de una forma muy precisa, y a la que dirigen la mirada. Se trata de
algo tan preciso que hay que poner verdaderamente empeno para
verlo, y esa es la condition de su goce. La forma a, que es una especie
de reduplicación del cuerpo de ellos, dei cuerpo localizado; tenemos
el ojo del hombre puesto en el detalle de la mujer, no es "la main de
ma soeur dans la culotte du zouave".1

1. Expresión popular, textualm ente "la m ano de mi herm ana en el pantalón del
tip o ". [N. de la T.]

414
EL PARTENAIRE-SÍNTOMA, MEDIO DE GOCE

Vx Ox 3 x Ox

Como ya lo senalé, este goce masculino puede sostenerse perfecta-


mente en silencio, como lo vemos en la homosexualidad masculina, en
la relación con la prostituta, en las que justamente, llegado el caso, se
trata por el contrario de que surja la palabra que cuente y, también, en
la masturbación masculina. Este carácter contable dei goce masculino
se vuelve a encontrar en la forma impuesta al partenaire-síntoma. Para
la mujer en cambio, como ya lo senalé, el carácter en cierto modo ilimi­
tado, y aparentemente infinito, se encuentra a nivel dei significante
bajo la forma de la demanda de amor. Lo que he presentado aqui
como el carácter ilimitado, o al menos no circunscrito dei goce, y al
mismo tiempo no unificado dei cuerpo, presenta la misma estructura
que encontramos en la demanda de amor como absoluta, como infini­
ta, más allá de todo lo que pueda darse como material, de todo lo que
pueda darse como prueba, puesto que ella se dirige al ser. La demanda
de amor deja al desnudo la forma erotómana: "que el otro me ame".
Por supuesto que esto tiene un parentesco con la psicosis. Cuando
Lacan dice erotomania, quien habla es el alumno de Clérambault, aquel
que dio a la erotomania su forma clásica. Schreber muestra, en efecto,
que el Otro lo ama, es su real, precisamente lo que lo empuja a la posi-
ción femenina. Esto llevó a Lacan a concluir: "todas las mujeres son
locas". ^Qué pensar de esto? Respondemos: no dei todo, porque se es
mucho más razonable de este lado que de aquel.
Yo lo diria de otro modo: todas las mujeres son locas y todos los
hombres, unos brutos. Una vez que se dijo esto, salta a la vista, porque

415
JACQUES-ALAIN MILLER

es verdaderamente de este modo como andamos por la vida. Por


supuesto, uno puede inscribirse de un lado o dei otro, hay un margen.
Voy a detenerme aqui porque son las cuatro menos veinte.
Evidentemente todavia no terminé con todo lo que dije en Bahia, pero
tengo con frecuencia mensajeros o mensajeras que cuentan lo que dije
en otro lado antes que yo mismo lo haga. Tal vez reciban algunos ecos,
y por lo tanto, la próxima vez voy a tratar de comenzar mi primer
divertimento de junio.

27 de mayo 1998

416
XIX
El divertimento de la rana

Hoy me divierto [je m 'amuse], me lo prometi, pero haría falta que


mi musa [ma muse] se equipare a esta promesa. Dije "se equipare", y
he aqui que aun antes de comenzar los preliminares di un salto a la
fábula: equipararse al animal en su tamano.

La rana y el buey

^Tienen el texto que les distribuyeron? Salté a la fábula, o más bien


fue ella la que me saltó encima. ^La conocen todos ustedes? La leo. El
título: "La rana que queria ser tan grande como el buey".1

Una rana vio un buey


Y le pareció de buena talla,
Ella, que no era más grande que un huevo,
Por envidia, se estira, se infla, se afana
Para equipararse en tamano al animal.
Preguntó: —Hermana mia, mírame bien;
lYa es suficiente? Dime, itodavia no lo alcanzo?
—Nones.
—lY ahora?

1. La traducción es nuestra. [N. de la T.]

417
Transcripción de Dora Gladys Saroka

Ilustración de cubierta de Gustavo Macri


Diseno de la colecdón: Estúdio Roberto Garcia Balza

Miller, Jacques-A lain


El partenaire-sintom a - l a ed. - Buenos Aires : Paidôs, 2008.
504 p. ; 22x16 cm. (Los Cursos Psicoanaliticos de J.-A. M iller)

Traducido por: D ora G ladys Saroka


ISBN 978-950-12-8857-5

1. Psicoanâlisis. I. Saroka, Dora Gladys, trad. II. Titulo


CDD 150.195

I s edición, 2008

Q ueda rigurosam ente prohibida, sin la autorización escrita de los


titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes,
la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o
procedim iento, com prendidos la reprografía y el tratam iento
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Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723


Impreso en la Argentina. Printed in Argentina

Impreso en Primera Clase, California 1231, Ciudad de Buenos Aires


en marzo de 2008

Tirada: 3.000 ejemplares

ISBN: 978-950-12-8857-5

índice

I. El sintagma partenaire-síntoma ................................................ 9


II. ^Qué es ser lacaniano?............................................................... 31
III. El secreto dei sintom a............................................................... 53
IV. Sintoma y pulsión ...................................................................... 73
V. El reverso dei síntoma-goce..................................................... 93
VI. El apólogo de San M artin......................................................... 123
VII. Revalorización dei am or........................................................... 147
VIII. El concepto de g o ce.................................................................... 171
IX. La estructura dei más allá......................................................... 193
X. Los más allá dei significante..................................................... 211
XI. Equívocos sobre el Otro ........................................................... 233
XII. Teoria de las parejas..................................................................... 253
XIII.Los seres sexuados ....................................................................... 277
XIV. Una repartición sexual................................................................ 303
XV. El hueso de una cu ra .................................................................. 319
XVI.La operación reducción..................................................................... 343
XVII. Del sintoma al sinthome.............................................................. 367
XVIII. El partenaire-síntoma, medio de g o ce.................................. 389
XIX. El divertimento de la rana ....................................................... 417
XX. El divertimento dei valet............................................................ 445
XXI. Texto sobre Voltaire..................................................................... 469

Referencias de los textos citados............................................................ 499

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JACQUES-ALAIN MILLER

El partenaire-sintoma
T exto esta blecid o po r
S ilvia E len a T en d la r z

PAIDÓS
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