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Revista Consecuencias – Instituto Clínico de

Buenos Aires – Edición Nº 3, septiembre 2009

“El analista, la mujer y el arco iris” [1]


Ana Lúcia Lutterbach Holck

Un texto post-analítico, donde la autora pone en juego la función del


semblante en relación a lo femenino, a partir de su propio testimonio
del pase. El concepto de semblante es examinado en relación al Sujeto
Supuesto Saber, al objeto a, y por último, en relación con lo femenino,
que permite ocupar la posición de semblante de objeto en el discurso
analítico.

El año pasado me dediqué al testimonio del pase, ahora


intento extraer las consecuencias de esa experiencia al
explorar la posición del analista y su relación con lo
femenino en el final de análisis.

Lacan afirma, en diversos pasajes de su enseñanza, que


las mujeres analistas son las mejores[2] y en la
conferencia sobre el tema de las Jornadas de la ECF,
Miller comenta[3]:

"Lacan dice que las mujeres son psicoanalistas innatas y


eso se prueba por el hecho de que ellas, al final de un
análisis, se hacen causa del deseo del Otro. Por eso la posición del analista es por
excelencia una posición femenina y es por eso, también, que no hay El psicoanalista,
como no existe La mujer. Existen psicoanalistas uno por uno, como testimonia la
experiencia del pase".

Esta observación permite algunas precisiones: primero, al decir que no se trata de La


mujer, sino de la afinidad entre la posición del analista y lo femenino que, a pesar de
todo, no es un privilegio de la mujer, como demuestra la propia histeria. Después, al
relacionar tal afinidad con el final del análisis, cuando ella puede hacerse causa de deseo
del otro.

Semblante:

En francés, el término "semblant" forma parte del discurso corriente. El propio Lacan[4]
lo eleva a la dignidad de concepto al recogerlo de la boca de su nieta, cuando ésta
intentaba hacer la distinción entre lo que "era de verdad y lo que era de semblante".

Entre nosotros podríamos encontrar un niño frente al mismo impasse, pero,


difícilmente, formulado en estos términos. En portugués, el uso habitual de semblante es
en el sentido de rostro, cara. En el diccionario, encontramos el sentido de apariencia,
fisonomía, aspecto. En tanto, Miller nos enseña, con Lacan, que semblante tiene

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relación con la apariencia pero no coincide con ésta, tampoco es simulacro, ni mentira o
falsedad, ni artefacto; se aproxima más al parecer.

En el Seminario 18, Lacan dice que la naturaleza está repleta de semblantes, los
meteoros. Apariciones brillantes y efímeras, como el arco iris, gotículas de agua
suspendidas y coloreadas con los colores del espectro solar, que aparecen en el cielo
como un arco multicolor inaprehensible.

El Sujeto Supuesto Saber y el semblante

El semblante, en análisis, surge


inicialmente en la transferencia
como respuesta al Sujeto Supuesto
Saber, engendrado en el propio
dispositivo analítico. En mi
testimonio del pase identifiqué tres
momentos del Sujeto Supuesto
Saber en análisis, elaborados a
partir de Miller[5]:

En el inicio, el analizante se
atribuye un saber, pero un saber
Foto de Julia G. amarillo y azul 2005 que aloja una ignorancia -un poco
más y estaría completo-. Y porque hay ignorancia, surge, en la transferencia, la
suposición de un saber que iría a recubrir lo que falta. Al suponer, se busca con el
sentido algo que venga a completar esa hiancia, taponar lo real.

Frente a la suposición, el analista hace semblante de saber, lo que no se confunde con


fingir o aparentar que sabe, sino que el semblante se sustenta en la apuesta en el
inconsciente como un saber que no se sabe.

Como la expectativa de taponamiento no se realiza, en la brecha del sentido, pasan a


prevalecer marcas de goce que exigen una deducción de saber. No la verdad sobre lo
verdadero, sino un saber sobre el objeto que supuestamente el sujeto fue para el Otro,
deducción cuyo efecto es la revelación del fantasma. En esa transformación, el analista
pierde en consistencia y se torna un operador lógico, esto es, para deducir un saber, el
analizante hace uso del analista como objeto fuera de él.

Suspendido de su ser, el analista se torna semblante de objeto, lugar vacío que se ofrece
para el trabajo de deducción del fantasma, cuyo efecto es que se reduce el palabrerío y
el objeto se resalta, se destaca.

En el final, el saber se convierte en su reverso, esto es, la ignorancia pasa a enmarcar un


vacío, espacio para la invención de saber. Este saber que está en juego, es sobre ciertas
evanescencias, rasgos, mutaciones subjetivas, sobre algo que ya se desvaneció. En esta
etapa prevalece el silencio del analista que da lugar a la invención, al sinthome.

¿Cómo hacer para hacer semblante? La experiencia del análisis, cuando produce un
analista, produce esa especie de milagro: su efecto, su fin. ¿Cómo la experiencia del

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análisis resulta en eso? ¿Cómo el final de análisis está asociado a la posición de
semblante?

Un final de análisis y el objeto:

Durante el dispositivo del pase pude detectar momentos distintos en relación al objeto.
Primero, identificación con el objeto ideal, inalcanzable, sostenida por el amor cortés,
aquél que deja a la dama en el lugar de la Cosa, de aquello que no puede ser tocado sin
horror.

Después, identificación petrificante con el objeto del fantasma perverso, objeto de goce,
víctima sometida al Otro.

Cada fracaso de la precaria identificación, tanto con el objeto ideal como con el
fantasma, resultaba en la caída en un abismo ilimitado, identificada con el vacío, donde
predominaba el deseo de muerte.

La revelación del fantasma, permitió verificar que me hacía un objeto para tener, hacer
y usar, para un supuesto goce del Otro.

Nominar el goce tiene como efecto la extracción del objeto que velaba el agujero, el
fantasma pierde su consistencia imaginaria, o se vacía. El objeto es transpuesto de su
función de obstrucción, a causa de deseo.

El objeto como causa de deseo es efecto de esta separación, de despegue de la


identificación cuando se cree ser el objeto. En la posición de causa, no se es pero puede
hacerse semblante de objeto de deseo para un otro.

Esta experiencia es la que permite ocupar la posición de analista. Suspendido de su ser,


el analista se torna semblante de a, como las gotículas suspendidas del arco iris, es
coloreado por el espectro, por el fantasma del analizante.

En la expresión "faire semblant", el verbo "hacer" no indica una acción del yo, sino una
posición. Para el analista, hacer semblante es una posición, la única sustentable en la
transferencia, como observa Lacan en el Seminario Ou pire…

"(…) el analista no hace semblante: ocupa la posición de semblante. La ocupa


legítimamente porque con relación al goce (…), no tiene otra posición sustentable…". Y
más adelante: "Cuando el actor usa su máscara, su rostro no gesticula, no es realista, el
pathos está reservado al coro, ¿por qué? Para que el espectador, aquél de la escena
antigua, encuentre su plus de gozar en él".[6]

"No hay El psicoanalista, como no existe La mujer", existen psicoanalistas uno por uno,
a cada vez y de vez en cuando:

"Cada uno responde como puede y como quiere. La respuesta de uno no conviene a
ningún otro, ella es inconveniente, responde a aquello que necesariamente ignoramos y
es en ese sentido, indescifrable, jamás ejemplar" "(…) Lejos de todas los mandatos del
"yo debo" y de todas las pretensiones del "yo quiero" (…) la respuesta "es preciso"

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puede, de hecho, ser oída, pero aquello que no "es preciso" no se oye, es respuesta a una
pregunta que no se descubre".

Este último párrafo es una cita de Blanchot[7] sobre la pregunta "¿Qué es escribir?". La
posición del analista se aproxima a aquélla del escritor, o del poeta, que al dejarse tomar
por el texto, escribe, y no lo hace porque quiere, ni porque debe, se trata de una elección
forzada. Forzada pero sin ningún mandato venido del Otro, simplemente porque "es
preciso", es respuesta a una pregunta ignorada.

Abril de 2009

Traducción: Patricio Alvarez

Notas
1- Texto presentado en el VIII Congreso de la EBP, Florianópolis, abril de
2009.
2- "Las mujeres analistas son las mejores. Son mejores que los hombres
analistas". J. Lacan, "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma". En
Intervenciones y textos 2, Buenos Aires, Ed. Manantial, 1988.
3- Esta frase es una traducción de un fragmento extraído del video que se
encuentra en el site de la ECF, de la Conferencia del 12 de octubre de 2008.
4- Miller, J.-A. De la naturaleza de los semblantes. Buenos Aires, Ed. Paidós,
2002. Pág. 10.
5- Miller, J.-A. Los signos del goce. Buenos Aires, Ed. Paidós, 1998. Cap.
XIII, págs. 220 y siguientes.
6- "(…) el analista no hace apariencia: ocupa — ¿ocupa con qué? es lo que
dejo a retomar— ocupa la posición del semblante (semblant). Lo ocupa
legítimamente porque, en relación al goce, al goce tal como ellos deben
aprehenderlo en los dichos de aquel que a título de analizante ellos
resguardan en su enunciación de sujeto, no hay otra posición sostenible,
que no hay sino aquí que se apercibe hasta dónde el goce, el goce de esta
enunciación autorizada, puede conducirse sin estragos demasiado notables.
Pero el que hace apariencia (semblant) no se nutre del goce del cual se
mofaría según el decir de aquellos que vuelven al discurso del carril. Este
que hace apariencia (semblant) da a otra cosa que el mismo su portavoz, y
justamente al mostrarse con máscara que (yo digo) abiertamente llevada,
como en la escena griega: el goce apariencia no tiene efecto sino por ser
manifiesto. Cuando el actor lleva su máscara, su cara no gesticula, no es
realista, el pathos está reservado al coro que se da a él —es el caso de
decirlo— lo pasa en grande, y, ¿por qué?. Para que el espectador, digo
aquel de la escena antigua, encuentre su plus de gozar comunitario en él. Es
lo que para nosotros es el costo del cine, en él la máscara es otra cosa: es lo
irreal de la proyección." Lacan, J. Ou pire…. Clase del 10 de mayo de
1972. Inédito.
7- Blanchot, M. O livro por vir. Ed. Martins Fontes, São Paulo, 2005, p. 39.