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Improcedencia de la figura del juicio político a los magistrados del Tribunal

Superior Electoral

La sentencia número 012-2019 del Tribunal Superior Electoral (TSE) ha seguido


provocando una serie de reacciones y posicionamientos que deben interesar a
todos los ciudadanos, instituciones y entidades comprometidas con el
fortalecimiento del Estado de derecho en el país y la ampliación de la
gobernabilidad que sostiene nuestro régimen democrático y el ambiente de
seguridad jurídica inherente a nuestro desarrollo económico, social y político.

Dado que el contenido de dicha sentencia ha sido objeto de innumerables


análisis y opiniones, a la Fundación Institucionalidad y Justicia, Inc. (FINJUS) le
interesa compartir con la sociedad algunas reflexiones jurídico-políticas sobre
ciertas derivaciones que se desprenden de reacciones a la sentencia, que
deberían preocupar a la sociedad dominicana.

Lo primero es dejar sentado que en el marco de un Estado Social y


Democrático de derecho las sentencias y demás actos de un órgano
jurisdiccional, como el Tribunal Superior Electoral, deben ser acatadas, y si
existiera disconformidad con esas decisiones, existen recursos que
contemplan la Constitución y las leyes, para que quienes las adversan
puedan recurrirlas ante las instancias correspondientes. En la República
Dominicana, todos los órganos jurisdiccionales gozan de legalidad y
legitimidad para ejercer sus funciones.

Todo lo anterior es muy importante considerando que hemos entrado en el


periodo de antesala de las elecciones del 2020, que no solo serán las más
complejas en los últimos tiempos, sino que deben servir para reforzar la
credibilidad y legitimidad de nuestras instituciones democráticas. Por ello es
importante en la coyuntura actual que predomine el respeto a las instituciones
electorales, como es el caso de Junta Central Electoral y el Tribunal Superior
Electoral, que son las encargadas de garantizar la transparencia, la legalidad y
la idoneidad de los procesos electorales

Por ello, amplios sectores han manifestado su viva preocupación por los
anuncios que han planteado la posibilidad de que a los magistrados del TSE se
les someta a juicio político ante el Senado de la República, arguyendo
violaciones a nuestra carta magna.

En lo que respecta a la decisión del TSE es preciso resaltar, en general, que el


solo disenso con una decisión adoptada por un órgano jurisdiccional no es
criterio suficiente para la aplicación del juicio político. Es necesario que
exista una evidente e indudable violación constitucional atribuible al órgano
jurisdiccional, pues de lo contrario la independencia de los jueces de las
Altas Cortes podría quedar amenazada por el poder político.

Debe recordarse que el juicio político procede en contra de los funcionarios


públicos elegidos por voto popular, los elegidos por el Senado y por el Consejo Nacional
de la Magistratura1, en el caso de comisión de faltas graves en el ejercicio de sus
funciones, es decir, la comisión de una infracción de relevancia constitucional
que justifique la aplicación del control democrático del Congreso.

No puede siquiera entenderse como causal de juicio político el que un Tribunal


adopte una decisión contraria a un precedente constitucional porque la
dinámica del control jurisdiccional en nuestro país establece un sistema de
recursos ante el Tribunal Constitucional que le permite verificar el apego a los
precedentes establecidos, y abre la posibilidad de que en un diálogo
jurisdiccional el propio TC enriquezca, corrija o modifique sus precedentes a
partir de las decisiones adoptadas por otros tribunales. Los precedentes son un
derecho dinámico que se nutre precisamente de ese diálogo horizontal entre las
distintas ramas del poder jurisdiccional.

Resulta propicio traer a colación consideraciones doctrinales que subrayan lo


siguiente: “…invocar la figura del juicio político para fines distintos de los que se han
establecido constituirá una desviación de poder en el ejercicio de las potestades
administrativas para los fines distintos de los fijados en el ordenamiento jurídico
constitucional (…)2”.

Finalmente advertimos una grave incongruencia lógica en el contexto actual


para invocar la figura del juicio político frente a las decisiones
jurisdiccionales pues esto constituye una amenaza real a la independencia
del Poder judicial y las Altas Cortes, siendo esto un pilar básico para la
democracia.

En consecuencia, lo que, en principio buscó ser una garantía de la


independencia judicial, juicio excepcional de destitución por razones limitadas
(art 83.1 CRD) se puede convertir en un mecanismo contrario a los más
genuinos principios democráticos. Y es que la posibilidad de que se pueda traer

1
Artículo 83, numeral 1 de la Constitución de la República Dominicana. Gaceta Oficial No.
10805 del 10 de julio de 2015.
2 García De Enterría, Eduardo; Fernández, Tomas-Ramón. Curso de derecho administrativo I,
3era edición, Madrid, España, pp 394.
la figura del juicio político bajo criterios muy laxos, ponen en peligro la facultad
de los propios tribunales para ejercer el control de constitucionalidad y también
el control de convencionalidad.

FINJUS exhorta a los actores y fuerzas políticas involucradas en la presente


coyuntura a actuar con comedimiento, mesura y pausa, limitando sus actos a lo
que estrictamente ordenan y permiten la Constitución y las leyes, evitando
crear situaciones que impliquen el menoscabo de la institucionalidad
democrática. La sociedad debe seguir prestando la máxima atención al curso de
este debate, que se ha constituido en el centro de las preocupaciones de quienes
deseamos vivir en democracia y en convivencia pacífica.

Dr. Servio Tulio Castaños Guzmán


Vicepresidente Ejecutivo FINJUS.

24 de abril, 2019