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Maestría en Psicología Martes 15 de Agosto de 2017

Matrícula 171446

PSICOLOGÍA CLÍNICA Y EL TRASTORNO MENTAL

Ana Indira Castañón Morales

Los paradigmas históricos y el pensamiento de la época dominan los criterios, argumentos y

creación científica de las ciencias (Bunge, M., 1983), el sentir del rompimiento de paradigma es

acompañado de nuevos argumentos y lógica que desafían la condición anterior y florece en la

amalgama científica. La introducción a un cuestionamiento del modelo médico-psiquiátrico, el

surgimiento de la psicología positiva y la psicología de la salud; ponen de manifiesto la

fragmentación de la ciencia psicológica que a lo largo de su proceso histórico demuestra que las

nuevas ideologías de cada enfoque teórico son nuevos sentidos en ubicación funcional al

contexto político.

Landa, P., (2011) explica que la profesionalización o práctica de la psicología clínica

surge de la necesidad económica de rehabilitar a los individuos que expresan conductas

disfuncionales y que son incapaces de producir. En la esfera económica que es el determinante

de la función de las profesiones, el psicólogo requiere hacer labor clínica al servicio de la

sociedad globalizada. Esta sociedad impone valores a los objetos, a las conductas deseadas, al

físico, a los deseos, genera hábitos insanos (tabaco, fármacos, bebidas, comida peligrosa), vende

imágenes, crea necesidades, y da una versión de felicidad. Todo ello impacta en la satisfacción y

aceptación del ser con su propia vida, genera estándares inalcanzables y una obsesión al trabajo

en búsqueda de reforzadores (compras) de aquello que causa efímera satisfacción. El psicólogo

clínico en su función global o profesionalización debe regenerar o rehabilitar al ser, que incapaz

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de cumplir con las expectativas sociales e individuales impuestas, se trastorna o en términos de

Landa, P., (2011) se le da una etiqueta del no debe ser es decir se obvia la inadecuación que ya

siente el individuo, ya sea en las relaciones sociales, aislamiento, desadaptación,

disfuncionalidad etc. Este hecho social es la realidad de la práctica clínica, psicólogos que

intervienen en ámbitos de pobreza, ignorancia, hacinamiento y otras situaciones de riesgo para

rescatar a individuos víctimas de las consecuencias geopolíticas y económicas; lo que exige el

apoyo en la investigación para la intervención ética que involucre todas las variables

contextuales, personales y familiares.

La enfermedad mental, en los escritos de la Federación Europea de Asociaciones de

Psicólogos, (2003) y Landa, P., (2011) refiere a la desintegración del modelo médico con la

psicología, hacia el uso de la palabra enfermedad mental, donde enfermedad es la invasión del

cuerpo por medio de un organismo nocivo, mientras que en la mente no hay cambios orgánicos

de esta naturaleza. Los trastornos mentales generan cambios mentales a causa de problemas

multidimensionales, que se expresan en la conducta, pensamiento y emoción. Igualmente es útil

mencionar que la enfermedad médica adquiere connotación negativa pues atenta con la vida, se

conceptualiza como un ente maligno, indeseable y que limita el desempeño; al traspasar el

diálogo hacia la enfermedad mental se le adhieren las connotaciones de limitación, malignidad,

locura etc.. este significado de amputación genera cierta intranquilidad en el individuo cuyo ser

es responsable la percepción y creación de su mundo interno, dando por ende responsabilidad,

inquietud, bloqueo cuando la persona reconoce la labor clínica. En sujetos ignorantes a la

psicología, domina la percepción culturales de locura, desquicio y comportamiento anormal que

se segrega y descalifica. La labor clínica en su deber solicita como función ampliar los

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significados del trastorno mental hacia una connotación positiva, de cambio, adaptación y

oportunidad para el desarrollo, y que el comportamiento anormal sea entendido como

consecuencia y falta de tratamiento y no como parte íntima de la persona.

El psicólogo clínico profesional refiere Landa, P., (2011) conjunta la trinidad de

diagnóstico/ evaluación, tratamiento e investigación. Es una realidad que el Manual Diagnóstico

de los Trastornos Mentales organiza un conjunto de criterios de conducta como parte de un

cuadro estadísticamente significativo, pero no es una herramienta para evaluar la actividad

globlal de una persona como lo es el análisis funcional. El análisis contingencial abordado en la

obra de Landa, P., (2011) y diseñado como alternativa donde se toma la conducta como

ontogenética es decir resultado de la interacción organismo/ entorno es decir interconductual

(Ribes, E., 1993) y propone identificar la manera de intervenir basada en contingencias micro e

interpersonales y tomar en cuenta donde se ubica el problema y las causas relacionales.

En la línea del psicodiagnóstico como herramienta de evaluación del psicólogo clínico

que lo dota de profesionalismo en el área de la conducta y procesos psicológicos, se vislumbra

que las herramientas sea instrumentos psicométricos u otras, dan la pauta para diseñar una

intervención eficaz. El artículo de (Amado, E., 2003) pone en relevancia que en el caso del

cumplimiento terapéutico como variable a medir surgen serias limitaciones en la medición, tanto

en el diseño como en las respuestas sesgadas a causa de la deseabilidad social, del investigador o

variables extrañas. Además sí se busca intervenir y la evaluación no es precisa entonces es

imposible reconocer los resultados de la intervención como verdaderos sean estos positivos o

negativos.

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Referencias

Amado, E. (2003). El cumplimiento terapéutico. Revista Clínica Elctrónica en Atención

Primaria.

Bunge, M. (1983). Paradigmas y revoluciones en ciencia y técnica. El basilisco, 15.

Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos. (2003). Psicología clínica y psiquiátrica.

Papeles del Psicólogo, 24(85), 1–10.

Landa, P. (2011). Algunas Consideraciones sobre la Adopción del Modelo Médico en

Psicología: el Caso de las Terapias Empíricamente Fundamentadas. Revista Colombiana

de Psicología, 20(1), 107–115.

Ribes, E. (1993). El Análisis Contingencial y la Identificación y Definición Funcional de los

Problemas Psicológicos. Revista Mexicana de Psicología, 10(1), 85–90.