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“Ortografía escolar de la lengua española”

Siempre me gustó la asignatura de lengua. Recuerdo que en mis


tiempos —y cuidado, que no soy tan viejo—, cuando teníamos la
EGB y no ESO que tenemos ahora, hacíamos dictados. No sé si
se seguirán haciendo, pero era una práctica muy educativa. El
profesor o profesora cogía un libro de los suyos, de esos que
indicaban “Libro del profesor” y leía lentamente las frases,
repitiéndolas dos o tres veces y señalando únicamente las comas,
puntos y aparte, puntos y seguido y puntos suspensivos. Me
encantaban los dictados. La ortografía ha sido uno de mis puntos
fuertes y eran poquísimas las faltas que cometía ya desde
pequeño. Otra cosa eran (y son) las tildes. Mi bestia negra. Mi
asignatura pendiente. No hay problema con las agudas, llanas,
esdrújulas, sobresdrújulas y monosílabos, pero los diptongos,
triptongos, hiatos… me pueden.

Por eso, cuando me ofrecieron la posibilidad de hacerme con


la Ortografía escolar de la lengua española, no lo dudé.
Siempre se puede aprender algo. Siempre. O despejar alguna
duda o fortalecer algo ya aprendido o incluso poner a parir a los académicos con las nuevas
reglas…

Una vez leído, y, a pesar de no ser un libro de lectura al caso, sería injusto no indicar que, a pesar
de llevar en el título la palabra escolar, es un libro perfectamente válido para todo el mundo.
Incluso diría que, en ocasiones, es demasiado académico para ser usado por escolares.

En sus 54 páginas la RAE sintetiza en esta Ortografia escolar de la lengua española la mayoría
de las reglas ortográficas del español y hace de este librito un manual de consulta a tener siempre
al alcance de la mano. No está todo el saber ortográfico, pero aún así, es un manual muy
completo, de fácil lectura y en el que todo lo que está es imprescindible.

Se divide en cinco grandes apartados:

-El uso de las letras.

-El uso de la tilde.

-El uso de los signos ortográficos.

-El uso de mayúsculas y minúsculas.

-Unión y separación de palabras y otros elementos.

En todos he podido sorprenderme con algo que desconocía. Por ejemplo, y como nota más que
curiosa, cuando un enunciado es a la vez interrogativo y exclamativo, puede abrirse con uno y
cerrarse con otro; también puede utilizarse ambos en apertura y cierre: