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Retiros y pensiones militares en la doctrina legal de la Corte Suprema

I. Atribución de competencia. Actuación de un sistema específico

A partir de la federalización del derecho aplicable (v. leyes 24.463 y 24.655), las cuestiones
contenciosas pertenecientes al ámbito de las Fuerzas Armadas y de la Seguridad vinculadas a la
materia previsional, han sido atribuidas a la Magistratura Federal de la Seguridad Social
modificándose, de esta manera, una antigua como persistente línea jurisprudencial que, en los
términos de los arts. 111, inc. 1º, ley 1893; 45, ley 13.998 y 42 del dec. ley 1285/58, admitiera el
conocimiento de las respectivas causas por parte del fuero contencioso administrativo federal.

A estos antecedentes, cabe sumar el hecho que nuestra Corte Suprema (en adelante, CS o
Tribunal), desde tiempo atrás, ha venido reconociendo que las normas que integran el sistema de
retiros y pensiones militares, poseen carácter federal (cfr. "Romagnoli, Anita", 18-II-88, "Fallos",
311-130).

Claro que a los fines que guían a estos desarrollos, interesa anotar que autorizada voz (cfr. Bidart
Campos, ¿Por qué las leyes previsionales militares son federales?, en ED, 120-579), ha sostenido
que no existe razón bastante que demuestre la naturaleza federal de las referidas leyes, al ser de
naturaleza común, como cualquiera otra, que rige materia equivalente en el ámbito de beneficiarios
que han desempeñado tareas militares.

La desinteligencia apuntada, creemos, no empece para resaltar el perfil ofrecido por la decisión
adoptada en cuanto la misma, además de exhibir el claro propósito de someter los juicios que
respondan a dicha temática a procedimientos adecuados a la índole de aquéllos, mediante la
intervención de un órgano de justicia especializado, a fin de asegurar una mayor eficiencia y
celeridad en el dictado de los respectivos pronunciamientos, satisface una legítima aspiración de la
vida jurídica relacionada con el desenvolvimiento del fuero de la Seguridad Social, cuya creación
configuró un hito importante en el camino hacia la autonomía jurídica del Derecho de la Seguridad
Social.

Empero, y tal como ello viene propuesto, al mismo tiempo debemos afirmar —y en forma
categórica— que el asistemático como reducido campo competencial delineado inicialmente por la
ley 23.473, favoreció la dispersión del conocimiento de las causas, en desmedro de la unidad que
debía exhibir dicha actividad jurisdiccional habiéndose generado, de esta manera, inútiles
dispendios en los últimos años transcurridos.

Es preciso reconocerlo: la intervención de diversos órganos jurisdiccionales en una misma materia,


en manera alguna descarta la posibilidad que en determinadas situaciones pudieren sobrevenir
resoluciones contradictorias desde la perspectiva que aquéllos deben aplicar un mismo tipo de
disposiciones fondales y, en ocasiones, bien pueden llegar a juzgar con ópticas distintas respecto
de una idéntica relación jurídica.

Es una cuestión importante y que se presta en el orden ideal a especulaciones del mayor interés
dado que, como viene sabido, al tener que resolverse los alcances de un beneficio previsional —
sea cual fuere— es obligado estudiar la cuestión dentro de ese marco especializado (cfr. en ese
sentido: Walter Carnota, La concentración competencial después de la ley 24.655, DT, 1997-590).

Ello no sólo justifica sino exige que —pese a la necesidad de que los actos administrativos se
juzguen con relación a sus respectivas normas de procedimiento— el reconocimiento de la causa
se desplace hacia los tribunales que detentan aquella especialización (cfr. Liliana Heiland,
Competencia de los tribunales nacionales en lo contencioso administrativo federal, LL, 1989-E, p.
825), pauta hermenéutica esta que en ausencia de norma expresa —justo es reconocerlo—
constituyera, años atrás, el fundamento de una decisión del Tribunal (cfr. "Caja Nacional de
Previsión de la Industria, Comercio y Actividades Civiles c. Colombo Criado Celia", sent. del 9-VIII-
77, "Fallos", 298-446).

Se ha procurado, pues, con acierto, que las cuestiones propias del derecho previsional
concernientes al ámbito castrense, sean sustanciadas y resueltas por los jueces que cuentan con
una específica versación en la aludida disciplina jurídica.

Si se admite este postulado, es natural y necesario convenir que la apuntada solución, a la par que
—como ya lo hemos adelantado— armoniza con la finalidad perseguida con la puesta en
funcionamiento del fuero de la Seguridad Social, de centralizar en una única jurisdicción los
conflictos relacionados con esta materia, pareciera acercarse a una meta —restaría incluir las
acciones contra las obras sociales— que certifique el fin de una prolongada concurrencia de
competencias.

Con el deseo, entonces, de actualizar o, al menos, centrar los problemas más relevantes
suscitados por los regímenes de retiros y pensiones militares vigentes para las fuerzas armadas sin
agotar, ni con mucho, las posibilidades y criterios de clasificación, efectuaremos en este ensayo,
un encuadre de la doctrina legal que a través de varios años, elaborara la CS sobre tan compleja
temática, sin pretender atribuirnos ninguna facultad de definición dogmática.

II. Las fuerzas armadas y su exclusión del SIJP. Autónomos y dependientes y la asimilación
de los distintos

1. Constituye un hecho objetivo que a través de la sanción de la ley 24.241 (B.O. 18-X-93), con sus
posteriores modificatorias, instaurando el denominado Sistema Integrado de Jubilaciones y
Pensiones (SIJP) se han introducido sustanciales cambios en el régimen previsional con relación al
que venía rigiendo en la República.

Bajo esta perspectiva, no sobra advertir que las variantes adoptadas en el aspecto económico-
financiero de los aportantes adquieren una dimensión más significativa que las propuestas en el
sentido de mantener bases solidarias que coadyuven a alcanzar niveles aceptables en el campo de
la protección social.

2. El SIJP, con relación al ámbito subjetivo de aplicación, ha adoptado una fórmula general.
Dispone, con carácter imperativo, la incorporación de los trabajadores en relación de dependencia
como de los autónomos y de conformidad a la amplia enumeración de "empleadores" públicos
efectuada por el art. 2º, inc. a), ap. 1, queda claro que todo el personal perteneciente a cualquiera
de los poderes del Estado mantiene una situación de pertenencia con relación a dicha norma legal.

Aparte de esto, entendemos que la uniformidad alcanzada respecto al tratamiento de un régimen


previsional que incluye por igual a trabajadores dependientes y autónomos, no deja de ofrecer
reparos no sólo por la peculiar característica inherente a estos últimos consistente en la
inexistencia de empresario, de modo que no se encuentran en relación jurídica laboral, sino por los
problemas que tradicionalmente ha planteado la respectiva afiliación unida a la cotización y
observancia regular del abono, como a la valoración de las diversas situaciones protegibles.

Al respecto, parece suficiente precisar lo expuesto por Deveali —que en su fecunda labor nos
legara el principio de "no asimilar a los distintos" (Lineamientos…, p. 120)— en oportunidad de
analizar el pago de la treceava mensualidad del beneficio jubilatorio a los autónomos dispuesto por
la entonces vigente ley 18.916 (v. Trabajo autónomo y retiro voluntario, DT, 1971-134)—. Con su
proverbial claridad, el recordado jurista advirtió, formalmente, que la modificación a la ley 18.038 en
cuanto respondía al propósito de asimilar aún más el régimen previsional de los trabajadores
autónomos al del personal dependiente, no podía "prescindir totalmente de las diferencias que
existen entre estos dos sectores de trabajadores, no solamente desde el punto de vista jurídico y
económico, sino también en el campo social".

El tiempo dirá, entonces, si desde el punto de vista técnico, la decisión del legislador del SIJP de
dispensar análogo tratamiento previsional al trabajador por cuenta propia como al por cuenta
ajena, sin reparar en la relevancia de los beneficios con que estos últimos cuentan (v.g.: la licencia
paga por enfermedad) frente a los primeros, resultó acertada separándose, de esta manera, del
criterio que inspirara al legislador de las leyes 18.037 y 18.038.

3. Ahora bien: en el enfoque que venimos efectuando adquiere importancia resaltar que la última
parte del mencionado apartado 1 del art. 2º indica, en forma expresa, que del SIJP están excluidos
el "personal militar de las fuerzas armadas y el personal militarizado o con estado policial de las
fuerzas de seguridad y policiales" que, como bien es sabido, poseen sus regímenes propios.

Desde el momento que el SIJP, como conjunto normativo sistemático, concreta las instituciones del
régimen general destinadas a la cobertura de vejez, invalidez y muerte, la decisión allí adoptada de
excluir de la estructura creada, tanto al personal de las fuerzas armadas como a las de seguridad y
policiales, permite poner de manifiesto que las disposiciones reguladoras de la materia para el
referido ámbito que se encuentran en vigencia —leyes 12.992, 13.018, 19.001, 19.349, 20.416 y
21.965— por sus características publicísticas, financiados a través del método de reparto,
conforman, en los términos del art. 1º de la ley 24.463, sistemas públicos de previsión.

De hecho, similar calificación corresponde proyectarla, asimismo, al que fuera regulado por la ley
23.794 (B.O. 3-VIII-90) para los guardaparques nacionales.

En efecto, se trata de una normativa que contiene particulares notas, entre las que se destacan las
referidas a que la Administración de Parques Nacionales no sólo se halla facultada para retener las
cotizaciones afectadas al pago de los beneficios sino también para liquidarlos y abonarlos "y en
caso de resultar insuficientes el remanente se atenderá con Rentas Generales" (arts. 14 y 15, ley
cit.). Todo ello hace que este ordenamiento se exhiba como un régimen especial ajeno al SIJP.

4. A decir verdad, la exclusión dispuesta del personal militar en la ley 24.241, de por sí no resulta
novedosa toda vez que análoga medida había sido adoptada por el legislador de la derogada ley
18.037 (v. art. 2º, inc. a, in fine) claro que empleando una redacción acotada al "personal militar de
las fuerzas armadas y del personal de seguridad y defensa".

Si se comparan los conceptos utilizados por el legislador de la ley 24.655 (art. 2º, inc. c) en
oportunidad de reconocer la competencia de los Juzgados Federales de Primera Instancia de la
Seguridad Social para aquellas "demandas que versen sobre la aplicación de los regímenes de
retiros, jubilaciones y pensiones de las fuerzas armadas y de seguridad", es evidente que los
mismos resaltan la intensidad de la cuestión por tratarse de una fórmula que no guarda coherencia
con la que luce en el SIJP.

Frente a este accionar legisferante donde, por un lado, aparece clara la distinción entre fuerzas de
seguridad y policiales mientras que, por el otro, la institución policial no llega a constituir un
verdadero presupuesto de la razón de ser competencial, es que sobreviene una razonable
cavilación respecto a la habilitación de la instancia tratándose de solicitudes pertenecientes a
integrantes de la Policía Federal a las que deberían adunarse las relacionadas con el Servicio
Penitenciario Federal, escollo este que, en buena medida, lo podría sortear el reconocimiento que
fuera llevado a cabo acerca de la especialidad de su régimen previsional en la causa "De Yullis,
Mariano" (sent. del 22-VI-76, "Fallos", 295-153 y TySS, 1976-567).

Sobre este último aspecto, creemos que debería tenerse en cuenta el registro que sobre su
naturaleza ha efectuado la ley 23.660, al declarar que la obra social perteneciente al personal civil
y militar del Servicio Penitenciario Federal se halla comprendida en sus disposiciones junto a las
pertenecientes al de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policía Federal Argentina (v. art. 1º,
inc.g., ley cit.).

Ello así, en la búsqueda de pautas interpretativas que coadyuven para encarrilar el punto, una
explicación más amplia permite ver el reconocimiento efectuado a través de la ley 18.711 (B.O. 23-
VI-70), respecto a que la Gendarmería Nacional, la Prefectura Naval Argentina y la Policía Federal
"ejercerán competencias policiales propias del Estado Federal, según las misiones, funciones y
jurisdicciones territoriales…" (art. 1º, ley cit.); más exactamente aún, el Estatuto de la Policía
Federal —decreto 333/58 y dec. reglam. 6580/58 (ratificado por ley 14.467)— establece que la
institución cumple funciones de policía de seguridad y judicial.

De todas maneras, la repercusión a nivel individual del tema lleva a pensar acerca de la necesidad
de abrir un espacio, claro está que en el marco legislativo, tendiente a la corrección de criterios de
valoración implicados en la solución que aventen inútiles discusiones sin olvidar, al mismo tiempo,
que el término "jubilaciones" no aparece mencionado en los textos legales castrenses; en cambio,
el que lo contiene es la normativa a través de la cual se creara la Caja de Retiros, Jubilaciones y
Pensiones de la Policía Federal (v. arts. 1º y 25, inc. b, dec.-ley 15.943/46, ratificado por ley
13.593).

De paso, remarcaremos tres aspectos en lo que hace a la delimitación del campo de aplicación del
SIJP:

a) Que también ha sido dispuesta, por una sola vez, una excepción (v. art. 4º) que alcanza a los
profesionales, investigadores, científicos y técnicos contratados en el extranjero para prestar
servicios en el país por un plazo no mayor a dos años;

b) que mientras el personal civil de las fuerzas armadas y de seguridad policiales resultó
expresamente incluido (v. art. 2º, inc. a, numeral 2), en lo que vino a constituir, de hecho, la primera
reforma experimentada por el SIJP (cfr. Jaime-Brito Peret, Régimen Previsional-Ley 24.241, Bs.
As., 1996, p. 58), nos referimos a la ley 24.246 (B.O. 16-XI-93), quedó establecida, a partir del 1-IV-
92, la reincorporación del personal civil de la Policía Federal al régimen previsional de dicha
Institución, esto es, el ya mencionado dec.-ley 15.943/46; y,

c) que desde el momento que los beneficios previsionales de las Fuerzas Armadas no se hallan
incluídos en el sistema de reciprocidad instituido por el dec.-ley 9316/46 —ratificado por ley
12.921— en razón de pertenecer a regímenes de retiros provenientes de leyes especiales, en
donde sobresalen las características referidas al cómputo de los servicios, el tipo de prestaciones y
el sistema de financiamiento, la aludida circunstancia imposibilita que a los respectivos retirados
que decidan insertarse en el mercado de trabajo, pueda aplicárseles las previsiones del art. 34 en
materia de compatibilidad, con la realización de aportes al Fondo Nacional de Empleo.

En tales condiciones, frente al hecho cierto que los retirados militares se hallan excluidos del SIJP,
de llegar a operarse el ingreso a la actividad laboral entendemos, en procura de síntesis y
precisión, que corresponde hacer mérito de la regla delineada por el art. 5º de la ley 24.241 en
cuanto prescribe para quienes se hallan gozando "de cualquier jubilación, pensión o retiro", la no
eximición de la obligatoriedad de efectuar aportes y contribuciones.

III. El personal militar y las reformas previsio-nales

En los trascendentales cambios que en la materia de Seguridad Social vienen proponiéndose y


desarrollándose en nuestra América, en cuanto se combinan, por un lado, los programas públicos
con el privado de capitalización y, por el otro, con los mixtos al involucrar una combinación de
ambos sin mengua de aquellos selectivos en donde se puede elegir (cfr. Documento de Trabajo Nº
2/1997, Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo Latinoamericano. Fundación
Konrad Adenauer), el tratamiento de la cobertura correspondiente al personal militar no ha
merecido una respuesta similar.

En efecto, en la reforma llevada a cabo en Chile —ley 3500 (13-XI-80)— como en la República
Oriental del Uruguay —ley 16.713 (3-IX-95)— la variante exclusionista respecto a los integrantes
de las Fuerzas Armadas no aparece mencionada en forma expresa; por el contrario, sin mengua
de la solución alcanzada en la ley del SIJP, hallamos que en Colombia el art. 279 de la ley 100 del
23-XII-93 establece que el sistema integral de seguridad social contenido en dicha ley, no se aplica
a los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional.

En el Perú, a su vez, en donde mediante el decreto ley 25.897 del 27-XI-92 se creó el Sistema
Privado de Pensiones como alternativo al estructurado en 1973 por el decreto ley 19.990, existe un
régimen especial dirigido a proteger a un determinado grupo profesional, regulado por el decreto
ley 19.846, del que forman parte las siguientes instituciones: miembros del Ejército, de la Fuerza
Aérea, de la Marina y de la Policía Nacional (Guardia Civil, Policía de Investigaciones y Policía de
Seguridad) (cfr. Francisco Romero Montes, La jubilación en el Perú, Lima, 1993, p. 24).

De modo que, virtualmente, al preanotado personal no se le ha extendido la acción protectora


delineada por los nuevos regímenes.

Esta manera de ver lleva, pues, a resaltar —como particularidad— que en el acentuado manejo
económico impreso en esta última década a la Seguridad Social, orientado a la implantación de un
nuevo sistema que opere con instituciones del ahorro privado, a través de la técnica de la
capitalización, la inclusión en el mismo de la actividad militar no ha formado parte del capítulo de
preocupaciones del legislador; por el contrario, la directiva delineada ha sido para excluirla del
ámbito de aplicación de las modificaciones operadas, circunstancia que permite afirmar que es una
manera de reconocer que el apuntado obrar se ha desenvuelto, a través de los años, como una
verdadera entidad diferenciada en su acción gestora como protectora pero sin que nada haga
pensar, teniendo en cuenta el carácter enteramente práctico del derecho positivo, que la
pretendida fijeza de este criterio se mantenga inalterable a través de los tiempos.

Quizás una dirección de detalle, más segura y precisa, que lleve al Estado a la formulación de una
política integral de Seguridad Social, haciéndose cargo de la fuerza atractiva del régimen general
—ello siempre y cuando se mantuvieren sus principales lineamientos de conformidad a las reales
posibilidades económicas del país— encuentre oportuno, bajo la inspiración del principio superior
de absoluta justicia a fin de no descuidar los sectores más vulnerables de la sociedad, encarar una
adecuada linea de homogeneización en materia de beneficios para esta parcela de actividad.

IV. Delimitación conceptual. El empleo militar y el empleo civil. Un régimen previsional


especial

1. A poco de comenzar el presente siglo, el Tribunal tuvo ocasión de referirse a las leyes militares
con motivo de abordar el juicio de inconstitucionalidad del Consejo de Guerra especial que había
juzgado y condenado al teniente Pedro A. Quiroga.

Fue así como entendió que la referida normativa fue aceptada, como una necesidad social, por
todos los pueblos civilizados añadiendo que con ella se quiso no sólo prevenir los peligros de la
fuerza armada, sino también asegurar su eficacia, en su propia garantía y la garantía de la Nación
a fin de que pueda llenar cumplidamente los fines que le han dado origen y la justifican, o sea,
proveer a la defensa común y consolidar la paz interior ("Quiroga, Pedro", 6-IV-1905, "Fallos", 101-
354).
Atendiendo al fin de esta investigación, creemos que dichas consideraciones pueden conciliarse
con lo afirmado por César E. Romero (Estudios Constitucionales, Córdoba, 1959, p. 226) respecto
a que la existencia de normas aplicables, acaso un tanto diferentes a las comunes en las otras
ramas de la ciencia jurídica y que rigen en forma específica a las fuerzas armadas, constituye un
dato histórico que asume vigencia perenne y que data de tiempos en que la memoria se pierde.

Ante lo dicho es dable comprobar que al promediar la década de los años cincuenta, con la
sanción de la ley 13.996 (B.O. 12-X-50) quedó unificado el régimen legal de las tres Fuerzas
Armadas de la Nación —Ejército, Marina y Aeronáutica— atendiendo a que los adelantos de la
técnica, la transformación de las concepciones bélicas y la imprescindible unidad de acción y de
dirección exigidos por la guerra moderna, aconsejaban la unificación en todo aquello que por sus
especiales características y modalidades y por la naturaleza del arma, no hiciera preciso una
reglamentación específica.

Paralelamente, fueron delineados los principios básicos regulatorios para el otorgamiento de los
beneficios previsionales reconocidos al respectivo personal. Claro que sobre esta última temática,
cabe anotar que numerosas han sido, en el transcurrir del tiempo, las modificaciones operadas
tanto con anterioridad como con posterioridad a la disposición legal citada retro habida cuenta de
las sucesivas normas dictadas al afecto.

En la actualidad, para las tres fuerzas rige la ley 19.001 (B.O. 19-VII-71) y en lo que concierne a las
de seguridad, esto es, Prefectura Naval Argentina, Gendarmería Nacional y Policía Federal, el
encuadre de la materia previsional tiene lugar a través de las leyes 12.992 (18-VII-47), 19.349
(B.O. 10-I-72) y 21.965 (B.O. 2-IV-79), respectivamente.

2. Al respecto, es de merituar que la acción protectora de la Seguridad Social tratándose de los


integrantes de las Fuerzas Armadas de la Nación, no ha dejado de configurar una estructuración
jurídica particular y compleja, con acentuadas notas de especialidad que difieren de las que
caracterizara al régimen general, a lo que se une otra circunstancia no menos relevante, como lo
ha sido que la normativa sancionada para regular esta materia, con inclusión de la pertinente
operación gestora, precedió a la que fuera dictada para el resto de las actividades.

De una manera más general Félix Sarria (Derecho Administrativo, Córdoba, 1961, p. 265) ha
admitido que el hecho determinante del inicio de la previsión social entre el personal militar,
extendida luego al personal civil del Estado, lo configuraron los riesgos profesionales a los que sus
integrantes se hallan expuestos.

Si alguna distinción útil puede hacerse sobre el particular, no debe dudarse en señalar que
mientras los retiros y pensiones militares —en el sentir de Goñi Moreno (Derecho de la Previsión
Social, Bs. As., 1956, II, p. 49) otorgados a quienes lucharon en la emancipación nacional— fueron
incorporados a la legislación de fondo a partir de la ley 77 del año 1864 —y sus posteriores
reemplazos comenzando con la ley 162 del 23-IX-1865—, la regulación general comenzó en el año
1904, al sancionarse el 20 de setiembre de ese año la ley 4349 que creara la Caja para
Funcionarios, Empleados y Agentes Civiles.

Al lado de esta especificación cobra particular relieve memorar, tal como lo expresara la CS
("Zaldarriaga de Lezica, Petrona", 10-V-1937, "Fallos", 177-420), la existencia en el año 1824 de la
ley del 3 de octubre que en oportunidad de haber establecido "las reglas generales sobre
pensiones militares", otorgara a las viudas y huérfanos de los oficiales efectivos del ejército
permanente, el derecho de optar por la vía de pensión a la tercera parte del sueldo, en mérito al
hecho que "en las horas mismas en que aún se guerreaba por la Patria en el Perú o se aprestaban
gobierno y pueblo para luchar en el Brasil, el Estado reconocía su deber de gratificar a los deudos
de guerreros de la Independencia, hubieran o no combatido".
Como consecuencia de lo anterior, es de anotar los perfiles de una situación que si bien fuera
expuesta en el comienzo de la segunda década de este siglo, no ha dejado de constituirse en una
permanente preocupación en nuestro país, como lo es la afectación de los recursos que asisten a
estos regímenes, circunstancia que permite reflexionar, una vez más sobre los aspectos
disfuncionales relacionados con el control financiero del sistema de jubilaciones y pensiones.

Sin entrar a analizar los argumentos en pro o en contra de determinadas soluciones y más allá de
las exigencias de la justicia y de la utilidad social que acompañan el otorgamiento de los beneficios
pensionarios, la realidad objetiva de la aludida afirmación nos lleva a recordar lo expuesto por el
presidente Roque Sáenz Peña en el Mensaje remitido al Congreso de la Nación el 7 de octubre de
1911 al observar diversos proyectos de ley que acordaban pensiones, en razón del sentido de
permanencia que sus conceptos encierran a pesar del tiempo transcurrido.

En dicha oportunidad y luego de establecer, en su primera parte, que la utilización del artículo de la
Constitución Nacional para observar determinados proyectos de ley constituía para él un imperioso
deber, impuesto por la necesidad de restablecer el equilibrio de las finanzas nacionales, para lo
cual era necesario suprimir todo gasto que no respondiera a una necesidad evidente de la
Administración, sostuvo que "la carga que por el concepto de pensiones civiles y militares y por los
retiros de este último carácter soporta el tesoro nacional, sin contar las jubilaciones que se
atienden con un fondo especial, es ya excesiva, abrumadora, y todos nuestros esfuerzos deben
tender, si no es posible aliviarla, a no aumentarla todavía más y más, porque con ello
comprometeríamos la estabilidad de las finanzas, al par que daríamos lugar a perturbaciones
graves de índole económica, política y sociológica" (v. Diario de Sesiones de la Cámara de
Senadores, 1911, II, p. 44-45).

3. Pero antes que nada corresponde indagar, brevemente, acerca de los contornos jurídicos de la
profesión militar como actividad que provoca una dependencia de la persona hacia la institución
armada a la que pertenece, en particular con aquellos aspectos que se proyectan en el ámbito
previsional, observación esta que, al mismo tiempo, lleva a determinar la naturaleza jurídica del
vínculo que une a los oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas con el Estado.

Sobre el particular, Marienhoff (Tratado de Derecho Administrativo, Bs. As., 1970, III-B, p. 208)
propugna que es idéntica a la que existe entre éste y el funcionario o empleado público de jure de
la Administración Civil.

Frente a esta aseveración, es importante reparar en que el militar, como profesional técnico del
servicio público de defensa nacional, depende de una institución que jurídicamente puede obligarle
a prestar su labor en cualquier momento y en variadas funciones, además de tener que cubrir
aquellos destinos previstos por las disposiciones reglamentarias.

Por lo tanto, no se trata de negar peculiaridades lógicas sino de interpretar los datos suministrados
por el ordenamiento militar cuya consagración, en nuestro país, aparece como resultado de una
larga y laboriosa incubación (cfr. Raúl Ramayo, La jurisdicción o justicia militar y el principio de la
división de los poderes, LL, 122-1183).

Y es en ese proceso histórico donde entendemos cabe tener presente, por su significativo valor,
las ideas vertidas por el entonces diputado a la Legislatura de Buenos Aires, Dr. Leandro Alem,
con relación a las diferencias existentes entre el empleo militar frente a la condición en que casi a
fines del siglo pasado se desenvolvía el empleo civil, en clara demostración que el derecho surge
de la vida activa y no de especulaciones teóricas.

Bástenos referir que se trató de un debate, correspondiente a la 42º sesión ordinaria del 9 de
agosto de 1876 (v. "Cámara de Diputados", Bs. As., 1876, pág. 865) relacionado con la manera de
perfeccionar las instituciones militares, a través de una reorganización, en el sentido de la eficacia
y del bienestar constitucional, en atención a las dificultades económicas sobrevenidas por el
conflicto armado con el Paraguay. Concretamente se trató de la supresión de las Planas Mayores
del Ejército, Activa, Disponible, Inactiva y Pasiva.

Así fue como por aquellos años afirmó que el empleo militar no era rigurosamente una locación de
servicios como podía considerarse la actividad desempeñada en el campo civil. "El empleo militar
—sostuvo el destacado parlamentario— es un título, es un carácter, del cual no puede despojarse
a nadie, sino a título de pena porque —añadió— al empleado civil las faltas que en cumplimiento
de su deber cometa no le trae otra consecuencia que la rescisión de ese convenio, mientras que el
militar se encuentra en condiciones más rigurosas; esas faltas —siguió diciendo— que en el
empleo civil no traen más que ligeras consecuencias, respecto al militar traen consecuencias más
duras; trae castigos muy severos; Señor Presidente, a tal extremo que hasta la pena capital puede
aplicárseles, cuando abandonan sus puestos en ciertos momentos".

4. Lo que antecede aclara aspectos singulares de este género especial de actividad; ahora bien,
tratándose de la variante ofrecida por la incorporación voluntaria a las Fuerzas Armadas, la postura
de la Corte fue la de reconocer que la persona quedaba sometida específicamente a las
reglamentaciones y ordenanzas que rigen la faena militar, las cuales desenvuelven sus principios
propios en la órbita del derecho público, constitucional y administrativo. Y en este sentido, ha
explicado que las relaciones de los hombres que integran las filas militares entre sí y con la Nación,
se gobiernan por los respectivos reglamentos que al efecto se dictan por el Congreso y en la
medida y extensión que éste lo establezca ("Valenzuela, Rubén", 25-VIII-92, "Fallos", 315-1732)
puesto que, como dijo en "Franzani, Oscar" (sent. del 22-III-65, "Fallos", 261-205), al analizar la
inconstitucionalidad de la norma que suprimiera el derecho al ascenso que anteriormente contaba
el personal militar en retiro activo, no es dudoso que con arreglo a lo dispuesto en el art. 67, incs.
23 y 24 de la Constitución Nacional, lo atinente a la organización y gobierno de las Fuerzas
Armadas, se halla reservado al Congreso de la Nación.

Demás esta señalar que las respectivas obligaciones resultan inexcusables donde cabría incluir,
por ejemplo, la vinculada con un acto personalísimo como es el requerimiento de autorización
previa a los superiores para casarse.

Seguramente sea el caso "Gabrielli, Mario" (G. 423 XXVII del 5-VII-96) en donde fue revocada la
sentencia dictada por la Sala B de la Cámara Federal de Córdoba (v. el agudo comentario de
Bidart Campos sobre El derecho de los militares a contraer matrimonio, en ED, 156-192), en donde
el Tribunal, en una trascendente línea discursiva desarrollada en un plano axiológico, estimó que la
obligación que impone el derecho militar —exceptuando a los soldados— de solicitar autorización
para contraer matrimonio (cuyo incumplimiento se halla sancionado tanto por el Código de Justicia
Militar como por el reglamento para la Justicia Militar), constituye una limitación específica para
personas integrantes de una institución como el Ejército Argentino, cuyos objetivos de defensa y
seguridad son constitutivos del Estado Nación", puntualizando, a renglón seguido, que "esas
restricciones en el ejercicio de derechos personalísimos hallan su justificativo en la relación de
sujeción especial en que se encuentran ciertas categorías de personas y son admisibles
constitucionalmente por cuanto no impiden al integrante de las fuerzas armadas el contraer
matrimonio o elegir libremente a su cónyuge, sino que —enfatizó— imponen la obligación de
requerir autorización previa a sus superiores, exigencia que no consiste en una mera formalidad
pues entraña la sumisión al régimen disciplinario previsto por la institución para el caso de que el
oficial contrajese matrimonio con persona no autorizada".

Es por eso que la inobservancia de tan —por momentos— particulares reglas, da lugar a las
sanciones establecidas en el Código de Justicia Militar, cuyas disposiciones facultan el ejercicio del
poder disciplinario sobre el personal militar que incluye la posibilidad de arresto tanto para los que
se hallan actividad como para los retirados, dado que, como lo veremos más adelante, ambas
categorías conservan su estado militar, mientras no soliciten la baja.
La circunstancia que el personal en situación de retiro pueda llegar a ser arrestado por faltas
disciplinarias, es consecuencia —lo dijo el Tribunal en los autos "Coronel José L. García" (sent. del
29-VI-89, "Fallos", 312-1082)— de la relación contractual aceptada libre y voluntariamente por el
actor al momento de su ingreso en las Fuerzas Armadas, que implica la aceptación y sujeción a las
leyes que la gobiernan, a partir de ese acto jurídico, con lo que se descarta la afirmación de que
con la aplicación de dicho castigo, se viola el principio de igualdad ante la ley.

5. Otra cuestión de interés la ha brindado el tema relacionado con la designación y ascenso de los
oficiales en unión del retiro y de las pensiones que se les fijaran, materia que a juicio de la CS
resulta extraña al derecho común hallándose comprendida, por lo tanto, dentro de las reglas
propias del derecho administrativo.

En la causa "Ojeda, Raúl" (sent. del 25-VIII-1941, "Fallos", 190-428) donde el accionante contara
con una pensión de retiro desde el año 1920, quedó planteado el reconocimiento a percibir el
sueldo de retiro de conformidad a un decreto del año 1929 dictado según las disposiciones de la
ley de presupuesto de ese año en un artículo donde había sido reconocido que los haberes debían
liquidarse de acuerdo con los que gozaban los militares en servicio de actividad. El reclamo se
basó en que a partir del año 1932 la referida norma legal no había incluido el dispositivo que
equiparara los sueldos de los oficiales, clases y soldados en retiro con los que se hallaban en
actividad.

El Tribunal, al rechazar la demanda, destacó que salvo manifestación contraria, debía entenderse
que la ley anual de presupuesto sólo modifica a una ley permanente, durante el término de
vigencia de aquélla y que el carácter público de la materia comprendida en el caso es el que le
autorizara a declarar que el Congreso tenía la facultad para alterar o modificar, como lo requerían
las circunstancias, la legislación en ese aspecto, sin que las rebajas pecuniarias emergentes de
tales cambios pudieran generar impugnaciones fundadas en garantías constitucionales, pues en
ese orden de actividades no existían derechos definitivamente adquiridos.

6. Existe, asimismo, otra distinción particularizada en el régimen legal para las Fuerzas Armadas
que, según nuestra investigación, fuera introducida por el art. 44 de la ley 1254 del 3-XI-1882 si
bien no hemos dejado de tomar en cuenta que en opinión de G. Monserrat (v. Estudio historial
sobre la equiparación de militares en servicio, Bs. As., 1937, p. 33) había ya existido con la
denominación de "fuero militar" por decreto del 12 de abril de 1822.

Aludimos al denominado estado militar —al que nos referiremos más detenidamente en el
siguiente apartado— y que, por cierto, adquiere particular relevancia en orden a haber sido
reconocido como aquella situación que emana del conjunto de derechos y deberes prescriptos en
las leyes y reglamentos para el personal que ocupa un lugar en la jerarquía de las Fuerzas
Armadas.

Sobre este particular, en la elaboración doctrinaria se destaca el sentir del Bielsa (Derecho
Administrativo y Legislación Administrativa Argentina, II, p. 54 y sgts.) cuando sostuvo que el
aludido atributo imponía las siguientes obligaciones esenciales: 1º) el desempeño de las funciones
inherentes a su cargo o destino; 2º) la sujección a la jurisdicción militar; 3º) la aceptación de cargos
o destinos; al mismo tiempo, es de destacar que en calidad de derechos o prerrogativas, atribuyó
las siguientes: a) la propiedad del cargo; b) el destino reglamentario correspondiente; c) el ejercicio
de la facultad disciplinaria; d) el haber de retiro o pensión; e) el uso de insignias, atributos y
uniforme; y, por último, f) preferencia para ocupar cargos o empleos militares.

7. Empero, en esta breve introducción parece más que suficiente advertir otra particularidad. Nos
referimos al retiro, como disposición en la cual sin perder el grado ni el estado militar, puesto que
es inherente a esta investidura, cesan las tareas propias de la situación de actividad pero la
persona queda a disposición de la institución armada a la que se pertenece e, incluso, sujeta a la
jurisdicción de los tribunales castrenses en los casos de las infracciones definidas en determinados
dispositivos del Código de Justicia Militar que afectan o pueden afectar los intereses superiores de
la disciplina.

La observación que precede implica ponderar la relevancia de ese organismo especial, con sus
leyes de fondo que, en palabras de la CS en la precitada causa "Quiroga, Pedro" (sent. del 6-IV-
1905 en "Fallos", 101-354, consid. 2º) "se ha fundado en la necesidad de colocar al Ejército y a la
Armada en una situación diferente de las demás partes del mecanismo gubernamental ya por su
composición, ya por las reglas que deben gobernarlo, de modo a contenerlo ante la sociedad
desarmada, dándole al mismo tiempo la unidad y dirección que la ejecución de las órdenes
requiere".

Teniendo todo ello en cuenta, señalemos que el estado militar en retiro es una situación específica
del personal militar, pues cierra definitivamente su carrera y su actividad, pero no pierde el grado
que ostentaba en el estado militar y además podrá volver en actividad cuantas veces se lo
convoque especialmente (cfr. Fiorini, Derecho Administrativo, Bs. As., 1995, p. 377).

El personal en situación de actividad podrá pasar a la de retiro a su solicitud o por determinación


de la ley 19.001 (v. art. 64); así es como surgen el retiro voluntario y el obligatorio el cual se impone
por ciertas circunstancias a las que se refiere el art. 67, todo ello con la especial característica que
podrán ser "con derecho al haber de retiro o sin él" (cfr. art. 64).

Salvo analizar más adelante esta problemática, es de aceptar —como sagazmente lo puntualizara
el ex-Procurador General de la Nación, Dr. Sebastián Soler (v. "Raviolo, Audisio Héctor y otros",
26-XII-56, "Fallos", 236-588) que la situación de los retirados militares por el hecho de mantener
además del estado militar, los vínculos con la institución armada, no resulta asimilable a la de
cualquier jubilado de la Administración Nacional cuya vinculación con esta última cesa totalmente,
excepto en lo que concierne a la percepción del haber jubilatorio.

Lo expuesto, en suma, configura especiales características que acompañan a una labor que
determina contar, como acontece con la realidad, con un tratamiento particularizado en la
pertinente relación jurídica previsional en claro reconocimiento a su autonomía.

De modo que es la condición castrense la que ha venido a imponer un trato diferencial en la


materia con las consecuencias que de la apuntada diferenciación de manera necesaria se derivan.

8. Aparte de todo esto, oportuno es recordar que la existencia de regímenes jubilatorios diferentes
no supone, como de antaño lo afirmara la CS ("Turcke, Rodolfo", 3-IV-45, "Fallos", 202-304;
"Lorenzo, Blondina", 29-VI-60, "Fallos", 247-180), violación de la garantía de igualdad ante la ley
consagrada por el art. 16 de la Constitución Nacional que, según indicara en "Cuzzoni, Siro" (sent.
del 13-VIII-92, "Fallos", 315-1594), no es rígida, por el contrario —añadió— entrega a la discreción
de los gobiernos una amplia latitud para ordenar y agrupar, distinguiendo y clasificando los
objetivos de la legislación.

Es que lo atinente a la uniformidad o diversidad de sistemas en materia de previsión —sostuvo en


"Pelliza, Esilda" (sent. del 31-VIII-60, "Fallos", 247-551) —constituye una cuestión de política
legislativa, cuya desventaja o acierto escapa a su examen porque, conforme lo ha venido
reiterando, el legislador puede contemplar en forma distinta, situaciones que considera diferentes,
con tal que la discriminación no sea arbitraria ni importe ilegítima persecución o indebido privilegio
de personas o de grupos de personas, aunque su fundamento sea opinable. Y no son tales —
agregó en la causa "Zarich, Domingo" (sent. del 5-III-58, "Fallos", 240-122)— las que se
establezcan con fundamento en las distintas actividades contempladas, en tanto el régimen
establecido para cada especie sea uniforme.

V. Estado militar
La cuestión. Se trata de un concepto tradicional que enraiza hondamente en nuestras creencias y
prácticas militares (cfr. Virgilio Martínez de Sucre, El estado militar, en Rev. Gaceta del Foro, Nº
170, p. 541).

Según el vigente régimen normativo orgánico, es la situación jurídica que resulta del conjunto de
deberes y derechos establecidos por las leyes y reglamentos para el personal que ocupa un lugar
en la jerarquía de las fuerzas armadas (art. 5º, ley cit.). A su vez, el citado dispositivo reconoce
como "grado" a la denominación de cada uno de los escalones de la "jerarquía" mientras que este
último concepto consiste en el orden existente entre los grados.

Por "actividad" corresponde entender a la situación en la cual personal militar tiene la obligación de
desempeñar funciones dentro de las instituciones militares o cubrir los destinos que prevean las
disposiciones legales y reglamentarias.

A lo expuesto se une el concepto contenido en el art. 12 de la anotada ley (según texto de la ley
24.287) sobre "superioridad militar", que es la que posee un militar con respecto a otro por razones
de cargo, de jerarquía o de antigüedad.

Con directa vinculación con el campo previsional, acotemos que la ley 19.001 reconoce como
"retiro", a la situación en la cual personal militar, sin perder su grado ni estado militar, cesa en las
obligaciones propias de la situación de actividad, salvo los casos previstos en dicha norma legal y
su reglamentación (v. art. 5º) y que el "estado militar", como atributo, sólo corresponde al personal
de las fuerzas armadas que integre su cuadro permanente y su reserva incorporada y el que
proveniente de su cuadro permanente, se encuentre en situación de retiro (v. art. 6º).

Por cierto que su reconocimiento impone derechos y deberes esenciales para el personal en
actividad, conforme ello al minucioso detalle consignado en los arts. 7º y 8º siendo dable advertir,
por otro lado, que tratándose del personal en situación de retiro rigen limitaciones y extensiones (v.
art. 9º).

La pérdida del respectivo "estado militar" se denomina "baja" (art. 10) por obra de las causales
expresamente establecidas (v. arts. 20 y 26) significando, en concreto, la falta de derecho de
disfrutar de cada una y de todas las inherencias del perdido estado sin que pudiera atribuírsele
carácter de definitiva toda vez que, en determinados supuestos, el legislador ha previsto la
reincorporación del personal de baja (v. arts. 22 y 24).

En toda esta ordenación jurídica, y muy brevemente resumido, cabe referenciar, asimismo, sin
mengua de lo ya consignado, que el retiro del personal militar es definitivo, cierra el ascenso y
produce vacante en el grado y agrupamiento a que pertenecía el causante en actividad y sólo en
caso de convocatoria el personal retirado podrá volver a la actividad (v. art. 61) quedando sujeto,
además, a la jurisdicción militar y disciplinaria en lo pertinente a su situación de revista y en lo que
concierne al personal superior, a la jurisdicción de los tribunales de honor (art. 9º, ap. 1); asimismo,
puede desempeñar funciones públicas o privadas, ajenas a las actividades militares, siempre que
sean compatibles con el decoro y la jerarquía militar (art. 9º, ap. 4).

Valoración jurisprudencial

a) Delimitación. Al confirmar la sentencia que no había incluido al actor dentro de las previsiones
de la ley 20.508 y su decreto reglamentario, por considerar que ello implicaría remover la decisión
de la Junta Superior de Calificaciones, el Tribunal recordó que el estado militar presupone el
sometimiento a las normas de fondo y forma que estructuran la institución castrense, ubicándola en
una situación especial dentro de la Administración Pública tanto por su composición como por las
normas que la gobiernan ("Lestanguet, Víctor", 23-XII-80, "Fallos", 302-1584; en igual sentido:
"Zaratiegui, Horacio", 5-VII-88, "Fallos", 311-1191).
b) La expresión "militar". Personas que comprende. En el Reglamento de Justicia Militar, la orden
de reincorporación dispone que todo militar que se hallare en baja o en situación de retiro al tiempo
de ser procesado por delitos cometidos, mientras revistaba en servicio activo deberá ser
reincorporado, con el grado que investía, al solo efecto de su enjuiciamiento.

Esta norma, por su amplitud —afirmó en "Villagra Delgado, Ramón" (sent. del 10-III-69, "Fallos",
273-174)— resulta aplicable tanto a quienes prestan servicios en las Fuerzas Armadas, en calidad
de profesionales como a aquellos que son incorporados para cumplir el servicio militar obligatorio,
puesto que la "expresión militar" comprende todas las personas que de acuerdo con la ley orgánica
del Ejército, la Marina y la Aeronáutica, tienen estado, empleo o asimilación militar.

c) Prerrogativa reconocida. Sin que la actual normativa hubiera establecido modificación alguna,
para el Tribunal ha quedado claro que el retiro y pensión militar constituyen "derechos esenciales"
al estado militar ("Torres Cabrera de Dato Montero, María", 14-XI-60, "Fallos", 248-376).

d) Cadetes de las Escuelas Militares. Bajo las previsiones de la derogada ley 13.996, la CS
reconoció que los alumnos o "cadetes" de las tres escuelas militares de la Nación al formar parte
del personal activo de las fuerzas armadas, adquirían "estado militar" con su incorporación a dichos
institutos, de modo que los servicios, en el caso, resultaban computables para el retiro del Ejército
("Benabbi, Mario", 4-XII-59, "Fallos", 245-364).

e) Conscriptos. Reserva incorporada. Los ciudadanos convocados para cumplir la carga pública del
servicio militar obligatorio adquieren, desde su presentación, conforme al art. 13 de la ley 17.531,
estado militar e integran el personal de las fuerzas armadas en calidad de reserva incorporada
("Rey-noso, Ramón", 4-IX-86, "Fallos", 308-1595).

f) Personal de reserva de las fuerzas armadas. Personal del cuadro no permanente. Ley 20.318.
Alcances del estado militar. La CS en el caso "Peña, Luis" (sent. del 16-II-93, LL, 1994-B-475) en
donde —por mayoría— no hizo lugar al reclamo del beneficio del art. 77 de la ley 19.001 por parte
de quien fuera convocado en forma automática a la prestación del Servicio Civil de Defensa
mediante el dec. 807/82, en razón de hallarse comprendido en el art. 4º de la ley 20.318, estableció
que este último régimen legal no obstante otorgar estado militar al convocado, exclusivamente se
refiere al servicio civil de defensa y no al militar que es el único que asigna el carácter de integrante
de la reserva. Resaltó, asimismo, que ese estado militar es limitado, por lo que no basta —
añadió— para acordar un beneficio previsional no previsto en las disposiciones legales aplicables.

g) Indulto. Con cita de los arts. 478 a 480 de la ley 14.029, el Tribunal señaló en los autos "García
vda. de Rivas, Reina" (sent. del 28-VI-74, "Fallos", 289-91) que el indulto tiene como resultado la
extinción de la pena con todos sus efectos; lo cual, tratándose una destitución, entre cuyas
consecuencias se incluye la pérdida del "estado militar" (art. 552, ley cit.) aquél implica la
recuperación del mismo.

Esta conclusión posibilitó, en el caso, el reconocimiento del derecho a la pensión militar para la
esposa legítima de quien condenado a prisión menor y a sufrir la pena accesoria de "destitución",
solicitara el indulto registrándose su fallecimiento en fecha anterior al dictado del decreto en donde
este último le fuera concedido.

h) Estado militar y retiro. En el año 1932, al desestimar una demanda promovida por un ex-
empleado civil asimilado de la intendencia de la Armada para que se le reconociera el derecho a
retiro, en las mismas condiciones que el personal de los cuerpos auxiliares, el Tribunal ("Villa
Monte Cirilo", 27-VI-1932, "Fallos", 165-107) aclaró que siendo el retiro, con todas sus
prerrogativas, una situación correlativa del estado militar, a diferencia de la simple jubilación, no
correspondía acordarlo a quien ante la ley era uno de los empleados civiles que contemplara la
norma legal entonces vigente— ley 4856, art. 4º, Tít. 2, Cap. 2.
i) Estado policial y el régimen de ascensos y de retiros. En un pleito donde hallóse en juego el
principio de la separación de los poderes, conforme lo tradujera el ascenso al grado inmediato
superior de un miembro de la Policía Federal, a pesar de la opinión contraria de la Junta de
Calificaciones ("Cattáneo, Agustín", 12-IV-65, "Fallos", 261-12), la CS declaró que el estado policial
presupone el sometimiento a las normas de fondo y de forma que estructuran la institución policial
ubicándolas en una situación especial dentro del esquema general de la Administración Pública, de
la que diere tanto por su composición, como por las reglas que la gobiernan. Adecuadas éstas a
los fines de preservar la seguridad pública y auxiliar a la justicia, establecen las relaciones de su
personal sobre la base de la subordinación jerárquica y la disciplina, hecho que —continuó
diciendo— comporta derechos y deberes y entre éstos, posee especial relieve, el de sujetarse a la
jurisdicción policial y disciplinaria. Así fue como consideró que la apuntada sujección se extiende a
lo relativo al régimen de ascensos y de retiros de modo que la apreciación de las condiciones para
ascender, conservar el grado o pasar a situación de retiro comportaba por parte de la Junta de
Calificaciones, el ejercicio de una actividad discrecional, ajena a la revisión solicitada (En igual
sentido: "Carracedo Nuñez, José", 17-IV-67, "Fallos", 267-325).

j) Pena de prisión con accesoria de destitución. La destitución, aunque accesoria, fundada en


hechos ilícitos —sostuvo en la causa "Donato, Antonio" (sent. del 20-V-63, "Fallos", 255-335)—
funciona independientemente de la pena principal y no admite imposición temporaria. De esta
manera quedó confirmada la sentencia que no hiciera lugar al reintegro en el grado y cobro de
haberes intentado por el militar que una vez cumplida la pena de prisión a la que fuera condenado
por los tribunales castrenses, con la accesoria de destitución, accionara por el reconocimiento del
retiro militar.

VI. Beneficios militares y ley aplicable

La cuestión. De conformidad a lo declarado, desde antiguo, respecto a que es facultad propia de


los jueces aplicar el derecho que rige al pleito en forma distinta a la pretendida por el apelante y
aún cuando no haya sido invocado por ninguna de las partes, ha constituído doctrina de la CS que
el derecho al beneficio jubilatorio se determina, en lo sustancial, por la ley vigente al tiempo de
producirse el hecho generador de la prestación ("Alonso de Cinquerrui, Fani", 9-III-73, "Fallos",
285-121); por lo tanto, el que concierne al empleado para jubilarse o el de sus sucesores para
obtener la pensión se rige, en principio —y salvo precepto legal en contrario— por las
disposiciones en vigor a la fecha de cesación en el servicio y del fallecimiento, en su caso ("Leme,
Alejandro", 27-IV-1938, "Fallos", 180-261; "Giménez, Virgilio", 26-IV-1948, "Fallos", 210-808;
"Jonas, Ricardo", 23-II-88, "Fallos", 311-145).

Por cierto que en la faz normativa la referida directriz fue incorporada en el régimen común, tal
como lo corroboran el contenido de los artículos 27 y 15 de las derogadas leyes 18.037 y 18.038,
respectivamente.

Con el tiempo, el principio mereció una precisión en el sentido que a los fines previsionales, lo que
importa no es determinar la fecha en que se extingue la relación laboral, sino aquella en que se
adquiere el derecho a acogerse a la jubilación, que puede no coincidir con la concreta percepción
de los haberes correspondientes ("Moulia Copló Arno", 26-VII-72, "Fallos", 283-161).

Vinculado con esta temática, es de puntualizar que para la Corte las leyes que acuerdan nuevos o
mayores beneficios en materia de jubilaciones y pensiones no poseen —salvo disposición expresa
en contrario— efecto retroactivo ("Gibert, Augusto", 18-X-57, "Fallos", 239-96: "Ramoni,
Raimundo", 3-XI-58, "Fallos", 242-195).

Por lo tanto, ello permite sostener que la eventual reforma de una norma legal no llega a proteger
los beneficios otorgados con anterioridad a su vigencia los que, consiguientemente, deben
continuar rigiéndose por la ley vigente a la fecha en que aquéllos se otorgaron.
Asimismo, ha sido constante y reiterada la jurisprudencia respecto a que las leyes de jubilaciones y
pensiones (cuyo carácter asumieran los decretos-leyes: cfr. "Arlandini, Enrique", 22-VIII-47,
"Fallos", 208-184; "Banco Hipotecario c. Madariaga Anchorena de Bustos Morón, María", 22-XII-52,
"Fallos", 224-922) han podido, constitucionalmente, determinar la fecha a partir de la cual se
acordaron los beneficios que en ellas se autorizaban ("Gómez, Carlos", 6-VII-50, "Fallos", 217-
220), como así también los beneficiarios con prescindencia del régimen establecido para el orden
de las sucesiones ("López de Piera, María", 22-XI-1944, "Fallos", 200-283) sin perjuicio de haber
consignado, al mismo tiempo, los requisitos que los beneficiarios debían reunir para serlo ("Huergo,
José F.", 9-V-51, "Fallos", 219-343).

Valoración jurisprudencial

a) Militar retirado fallecido con anterioridad a la sanción de las leyes 13.996 y 14.477. La CS señaló
que tratándose de un militar retirado, fallecido con anterioridad a las mencionadas normas legales,
sus disposiciones no resultaban aplicables para establecer la pensión a la que tenía derecho la
viuda del causante ("Prado de Méndez, Petronila", 24-XI-67, "Fallos", 269-338).

b) Solicitud de beneficio cuando no existía impedimento legal para la acumulación. Para el


Tribunal, si la ley vigente a la fecha de solicitud del beneficio permitía la acumulación de
prestaciones, ésta es la que rige el caso aún cuando por la demora del organismo al dictarse la
resolución existiese un impedimento legal respecto de dicha acumulación ("Digier, Agustín", 5-IX-
95, DT, 1995-2147, con nota de María A. Guillot).

c) Servicios prestados durante la vigencia del dec.-ley 10.700/45. Al aceptar que para la forma del
cómputo de los servicios, a todos sus efectos, correspondía remitirse a las normas vigentes al
tiempo de la prestación que, en el caso, establecía que los alumnos pertenecientes a las escuelas
de reclutamiento de la Marina de Guerra, no eran militares ni estaban sujetos a compromisos de
servicios antes de recibir la propiedad del grado y sin que ese tiempo fuera computable en la
antigüedad del causante, la CS estableció que al no haberse completado el mínimo de la
antigüedad exigida para tener derecho al retiro militar, tampoco procedía la pensión solicitada por
la viuda ("Hernández de Micale, Elisa", 29-X-74, "Fallos", 290-145; en sentido análogo: "Bortnik de
Nadal, Beatriz", 8-IX-67, "Fallos", 268-533).

d) Causante que no revistara en actividad. Aumento del porcentaje del haber. Con sujeción a que
el derecho al beneficio jubilatorio se determina, en lo sustancial, por la ley vigente al tiempo de la
cesación de servicios, el Tribunal no hizo lugar al otorgamiento del aumento del haber que
estableciera la ley 14.477, si el causante no revistaba en actividad en el momento de su
fallecimiento ("Aybar de Iñiguez, Carmen", 12-IV-67, "Fallos", 267-287).

VII. Retiro militar y jubilación civil. Particularidades

El retiro militar caracterizado por sus dos especies modales —el voluntario y el obligatorio (arts. 66
y 67, ley 19.001 modif. por ley 22.511)— con la destacable particularidad de que pueden ser con
derecho al haber de retiro o sin él (v. art. 64), consiste, como ya hemos visto, en la separación
definitiva del personal que deja el servicio activo produciendo vacante en el grado y en el
agrupamiento a que pertenecía el causante en actividad y sólo en caso de convocatoria el personal
retirado podrá volver a la actividad (art. 61).

Si bien los dos conceptos que nos ocupan implican una situación de hecho consistente en la
cesación de la prestación del servicio activo, cabe puntualizar que el retiro militar va acompañado
de la observancia o no de ciertos recaudos que generan diferentes derechos y obligaciones entre
los cuales, conforme a lo ya expuesto, debe computarse la posibilidad de percibir o no el respectivo
haber.
Es que puede existir retiro con goce del beneficio, en donde el haber constituye un derecho
adquirido mientras que, en cambio, el derecho al haber de retiro presupone el cumplimiento de los
recaudos consignados por el art. 75 (texto según ley 22.511); su inobservancia surte, pues, el
efecto de privar al derecho al haber pero no así al respectivo retiro.

Como la condicionalidad del retiro con haber se halla sujeta al cumplimiento de determinados
requisitos, unido a una circunstancia que no encuentra correlato en el campo previsional común,
como es la de conceder derechos e imponer obligaciones al personal en situación de retiro (v. art.
9º, texto según ley 22.511), no dejamos de advertir la diferencia que se plantea entre estas dos
instituciones, máxime si se acepta la naturaleza sustitutiva del haber de jubilación tal como lo
explicitara la CS en la causa "Pitterson de Tavella, Esther" (sent. del 31-V-71, "Fallos", 279-389)
doctrina esta que, precisamente, volviera a ser objeto de pormenorizado análisis en la significativa
sentencia "Chocobar, Sixto" (sent. del 27-XII-96, en TySS, 1997-404, RJP, Nº 36, p. 894 y DT,
1997-A-596).

Con arreglo a la interpretación de Ricardo Sarceda (Apud, ob. y loc. cit., p. 1), el intento de poder
llegar a definir, por analogía, al retiro con la jubilación, hace ver que ambos implican una situación
de hecho consistente en la cesación de la prestación del servicio activo; empero, a diferencia de la
jubilación —cuyo efecto es el haber— en el retiro —anota el mencionado autor— el cumplimiento o
no de ciertos recaudos extras genera distintos derechos y obligaciones, entre los cuales se incluye
la posibilidad o no de gozar del consabido haber.

Si tomamos esta noción en su manifestación externa, no resulta difícil advertir la existencia de una
desemejanza.

Bajo este aspecto, la atención crítica de la apuntada diversidad no deja de responder a las
prerrogativas que le son ínsitas al estado militar, consideración esta que hallara un principio de
reconocimiento en la jurisprudencia de la CS en ocasión de haber señalado que "las normas que
regulan los retiros para las Fuerzas Armadas no sólo resultan formalmente ajenas al ámbito de los
regímenes nacionales de previsión, sino que también median razones de fondo para así
considerarlo vinculadas con las especiales características que les son propias, ligadas a la
estructura de las instituciones correspondientes que se asientan sobre la base de la subordinación
jerárquica y de la disciplina, en forma que autoriza a concluir que los regímenes de tales retiros no
son un mero capítulo de las leyes previsionales ya que, por el contrario, se presentan como
sustancialmente inescindibles de las respectivas leyes orgánicas ("Di Grecia, Carlos", 3-VIII-76,
"Fallos", 295-439).

Con lo dicho basta aquí reiterar una anterior afirmación. Como el mencionado estado militar se
puede llegar a perder por baja del retirado, es indudable que no deja de ofrecer una faceta
totalmente distinta a la situación del jubilado por la ley civil para quien con posterioridad a la
obtención del beneficio, se extingue el vínculo anudado con el Estado; obviamente que queda a
salvo el derecho a la percepción de los pertinentes haberes jubilatorios. Por el contrario, el militar
retirado continúa unido a la institución castrense en virtud de su status militar.

VIII. Los beneficios militares y los beneficios civiles. Principales perfiles. Acumulación.
Cómputo de servicios. Disminución de los montos. Suspensión de beneficios y la
equiparación a civiles y militares

La cuestión. 1. La jurisprudencia del Tribunal estableció, desde antiguo, el principio de la no


acumulabilidad de los beneficios que respondieran a la naturaleza previsional, cualquiera fuere su
origen, salvo expresa autorización legal.
La posibilidad de una acumulación exigió un consentimiento expreso del legislador por constituir
una excepción a principios generales contenidos en las primeras leyes de la materia (v. arts. 35 y
49, ley 4349; art. 44, ley 10.650).

De esta manera es como no fue aceptada la posibilidad de computar servicios militares para
obtener una jubilación derivada de la caja civil toda vez que la ley 4349 —por su texto (v. art. 58,
ley cit.) como por sus fines— excluyó, para el cómputo de los servicios, los desempeñados en el
Ejército ("Iglesias, Eduardo", 17-VIII-1927, "Fallos", 149-107; "Pungibone, Juan", 29-XI-1933,
"Fallos", 169-347).

En base a una interpretación genérica del plexo normativo constituido, básicamente, por las leyes
4349, 10.650, 11.110 y 11.575, la CS elaboró una doctrina en donde se puso de relieve que tanto
la jubilación a la que se uniera la indemnización como la devolución de los aportes, configuraban
beneficios sucedáneos y excluyentes otorgados a aquellos obreros y empleados que por el
transcurso del tiempo en el servicio, por accidente o enfermedad o pérdida del empleo, debían
dejar de trabajar ("Darquier, Juan", 27-VIII-1934, "Fallos", 171-203).

En rigor, el trazo inicial de la doctrina emerge en ocasión de haber interpretado el art. 49 de la ley
4349 ("Fisco Nacional c. Aramburo de Villanueva, Elena", 20-V-1920, "Fallos", 131-243) dispositivo
este que negara la posibilidad de acumular dos o más pensiones en la misma persona, frente al
beneficio que reconociera la ley 4235.

Según el Tribunal, la referida norma legal constituía una de las limitaciones contenidas en la ley
4349 "con el propósito de disminuir en lo posible las obligaciones de la Caja y asegurar su
estabilidad y su solvencia". El legislador no consiente —continuó diciendo el Tribunal— la
acumulación de beneficios "porque conceptúa que pueden ser llenadas las necesidades del
pensionista con los recursos que le proporcionara una sola de las que pudieran corresponderle".

Señaló, de esta manera, que resultaba contraria al espíritu general de la norma, como a su base
económica, "toda interpretación que pueda dar como resultado la acumulación de beneficios, por lo
que no puede legalmente acumularse a una pensión concedida con arreglo a dicha ley general,
otra acordada con arreglo a las disposiciones de la ley especial 4235".

2. No obstante, es de elemental consideración reconocer que la respectiva legislación no mantuvo


una estricta coincidencia con este criterio. La ley 13.065, por ejemplo, reconoció que los beneficios
acordados por el Instituto Nacional de Previsión Social, eran acumulables entre sí y con cualquier
jubilación, pensión o subsidio otorgados por organismos que no fueran dirigidos por el Instituto,
sean de carácter nacional, provincial, municipal, militar o graciable hasta la suma de $ 1.500 (v.
sobre el tema: "Velázquez, María", 13-V-51, "Fallos", 220-221).

Con la precedente aclaración, determinemos que en verdad lo que no se aceptó fue la


acumulación entre pensiones sin haber existido un texto legal que estableciera la incompatibilidad
entre jubilación civil y pensión militar (v. "Serrey de San Román, María", 23-V-51, "Fallos", 219-
616).

Así fue como el Tribunal estableció que la obligación de optar que disponía el art. 44 de la ley
10.650 —Caja Ferroviaria— para que no tuviere lugar la acumulación de dos o más pensiones o
jubilaciones en la misma persona, aludió a las de carácter civil "pues de otro modo hubiera
significado que estaban comprendidas en ellos las de carácter militar ya que éstas —añadió—
están previstas en un régimen distinto en cuyas leyes no se encuentra la prohibición de que se
trata" ("Figueroa, Urbano", 15-IV-1932, "Fallos", 164-304).
Para regir esta temática fue sancionada, en el año 1954, la ley 14.370 (B.O. 18-X-54) con la
intención de concretar, en el sistema previsional, para aquellos casos en donde mediare pluralidad
de servicios, la unificación de los beneficios en una prestación única.

La generalidad de los términos en que inicialmente estuviera concebida la respectiva norma legal
(art. 23) permite sostener aquella afirmación, sin que fuera dable advertir excepción explícita o
implícita que hubiera surtido el efecto de restringir el aludido principio, en la medida que se tratare
de aquellos regímenes comprendidos en el sistema de reciprocidad creado por el decreto ley
9316/46.

De conformidad, entonces, a las particularidades que ofreciera el sistema previsional la solución


encontró aplicación tanto en el caso de los servicios prestados en distintas Cajas como así también
en los que se hallaban comprendidos en una misma Caja con regímenes diferentes con exclusión
de los de naturaleza militar en la medida de haber contado con un régimen propio y diverso de los
demás servicios.

Aclaremos, por otro lado, que el mentado principio de la prestación única rige —con etapas de
excepción y, aún, como lo afirma Roberto Wassner (La reforma del sistema previsional, Bs. As.,
1994, p. 103), con la oscura, confusa e innecesaria redacción del art. 33 de la ley 24.241— dentro
del sistema federal de reciprocidad jubilatoria, por supuesto en relación al tratamiento del reparto,
en cuanto permite obtener un solo beneficio considerando la totalidad de los servicios y
remuneraciones, en los distintos regímenes, con la particularidad de la excepción introducida
mediante la ley 23.604 (derogada por el art. 165 de la ley del SIJP) respecto de aquellos casos en
que se acreditaran, por un lado, servicios dentro del sistema nacional y, por el otro, servicios en los
regímenes provinciales y municipales.

Las disposiciones por las cuales se acordara una compatibilidad en la acumulación de beneficios
jubilatorios y de pensión (v. leyes 13.065 y 13.076) fueron sancionadas para los provenientes de
los regímenes civiles, que antes eran incompatibles entre sí; en otras palabras, no se llegó a
suplantar las compatibilidades existentes, como la del beneficio del retiro militar, toda vez que el
retirado o su causahabiente tenía derecho a gozar de otro beneficio de diferente Caja. Lo que en el
transcurso del tiempo fue planteado es si resultaban compatibles, sin limitación de montos, los
beneficios de carácter civil y militar al no estar comprendidos en la reducción de la acumulación
legal (v. leyes 13.065, 13.076, modificada por la ley 14.370 y dec. 1958/55).

De modo que la percepción simultánea de retiros militares y beneficios civiles resultó procedente,
sin limitación alguna (v. "Carranza Lucero, Nicanor", 13-VIII-53, "Fallos", 226-375), y a partir del
dictado del decreto 6277/58 —modificatorio del art. 29 de la ley 14.370— cuyo carácter aclaratorio
y consiguiente aplicación a casos no juzgados fuera expuesto en la causa "López, José F." (sent.
del 23-XII-59, "Fallos", 245-496), la CS reconoció que el retiro militar contaba con autonomía, sin
hallarse sujeto al principio de acumulabilidad establecido en el primer párrafo del citado art. 29,
respecto al goce de cualquier beneficio jubilatorio, salvo que éste se hubiera obtenido a
consecuencia de servicios castrenses o que los de carácter civil habían sido útiles para computar el
haber de dicho retiro (v. "Luchetti, Alberto", 2-III-62, "Fallos", 252-79).

3. La variante restrictiva en esta temática fue introducida por la ley 22.477 en oportunidad de
incorporar en la ley 19.001 dos nuevos artículos. Por el primero de ellos (agregado como segundo
párrafo al art. 80), se estableció que la percepción de un haber de retiro militar y los beneficios
previsionales emergentes de la ley 20.572, sus modificatorias y complementarias, así como los
provenientes de regímenes provinciales y municipales, no son acumulables.

Según los Considerandos que acompañaran el proyecto de ley, los alcances de la aludida
limitación reconocían razones de tipo ético encaminadas a evitar un uso abusivo de disposiciones
dictadas con claro sentido de seguridad social.
Por la segunda norma (añadida como art. 80 bis) y con relación a prestaciones emergentes de los
regímenes en relación de dependencia y autónomos, quedó limitada la posibilidad de acumular en
forma irrestricta el monto de distintas prestaciones al haber de dicha acumulación a un tope
máximo equivalente al haber mensual y suplementos generales máximos correspondientes al
grado de general de brigada.

De esta manera, el personal militar posee la facultad de acumular a su haber de retiro una
jubilación civil —ya sea diferida por servicios dependientes como por tareas autónomas— pero sin
que la suma de dichos haberes pueda superar el haber mensual y suplementos generales fijados
para el grado de general de brigada; de darse ese supuesto, corresponde reducir, exclusivamente,
el haber del beneficio civil hasta que, adicionado al de la prestación militar, alcance el límite
señalado, salvo que de ese modo aquel beneficio quedara reducido a un monto inferior al mínimo
legal. De configurarse la apuntada circunstancia —agrega la disposición— "… el haber del
beneficio civil será igual al mínimo que otorgue el régimen previsional de que se trate".

Al respecto, es de anotar que en el caso "Rottjer, Ernesto" (sent. del 5-III-85, "Fallos", 307-145), la
CS confirmó la sentencia de la Sala III de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo que al
revocar lo resuelto por los organismos administrativos que dejaran sin efecto el beneficio de
jubilación ordinaria, había declarado la inconstitucionalidad del art. 80 bis, inc. 1º de la ley 19.001,
modificado por la ley 22.477, sobre la base de que habiéndose encontrado dicho beneficio
incorporado al patrimonio del titular, la aplicación de la ley 22.477 comportaba una violación al art.
17 de la Constitución Nacional.

Interesaría agregar, asimismo, que para el Tribunal, las normas por las que se autorizó a quienes
disfrutaban de retiros militares a ejercer funciones civiles, conservando aquellos beneficios,
constituyó una situación extraordinaria en el régimen previsional argentino ("Pías, Eduardo", 20-IX-
88, "Fallos", 311-1945).

4. En las aplicaciones propuestas por la acumulación de beneficios civiles y militares, en unión de


la respectiva movilidad jubilatoria, cabe hacer referencia a la solución alcanzada a través del
dictado de la sentencia "Cebral, Fernando" (21-IV-92, en "Fallos", 315-772 y DT, 1993-B-1141, con
el preciso comentario de Amanda Pawlowski de Pose).

Se trata de un pronunciamiento que posee indudable relevancia toda vez que la CS llegó a ordenar
que se dejara sin efecto el fallo judicial que al acceder al pedido de reajuste que formulara el
afiliado —con retiro militar y con posterior goce de jubilación civil— aplicó el tope fijado por el art.
80 de la ley 19.001 de modo tal que, en la práctica, le impidió concretar una mejor prestación como
resultado del reajuste dispuesto violándose, de esta manera, derechos con jerarquía constitucional.

Así comprendido el tema, le asiste razón a la Prosecretaria de la Sala II de la Cámara Federal de la


Seguridad Social al resaltar, lúcidamente, la peculiaridad del pronunciamiento porque, con
anterioridad, en los autos "Rebay, Héctor" (25-II-88, "Fallos", 311-162 y TySS, 1988-321), la CS
había considerado razonable la directiva del art. 80 bis pero no ha vacilado en descalificarla al
momento de advertir que su aplicación comprometía el acceso al beneficio civil. Ello por cuanto el
apelante logró demostrar que la aplicación de la norma limitaba el contenido patrimonial de la
prestación de tal manera que frustraba en demasía el beneficio que la misma concedía. También
es oportuno señalar que el Tribunal recordó una consideración a la que nos hemos referido en
párrafos anteriores como es que los beneficios previsionales de las Fuerzas Armadas no se hallan
incluídos en el régimen de reciprocidad jubilatoria, motivo por el cual es dable admitir la
acumulación de las prestaciones, al tenerse derecho a un retiro militar y a una jubilación civil.

5. Por lo que llevamos dicho, queda claro que las normas previsionales, entre otras finalidades,
tienden a asegurar el reconocimiento de los períodos durante los cuales los afiliados han
desempeñado sus tareas.
Precisamente, el art. 17 de la derogada ley 18.037, en oportunidad de regular situaciones
relacionadas con la computación de los respectivos lapsos como tiempo de servicios, consideró los
de carácter militar prestados por civiles —a condición de que el afiliado, al momento de la
incorporación, se hallare en actividad— como así también los que fueran prestados en las Fuerzas
Armadas y los militarizados y policiales cumplidos en las fuerzas de seguridad y defensa, siempre
que no hubieren sido utilizados, total o parcialmente, para obtener retiro (v. art. 17, inc. d, ley cit.).

Es de subrayar que al referido inciso d, el art. 1º, ap. 11 de la ley 21.451 le agregó un segundo
párrafo por el cual no resultaban computables los servicios civiles simultáneos con los militares.

Aquí es donde debemos recordar que en oportunidad de haber analizado, tiempo atrás, dicha
situación en la obra en coautoría con el Dr. Raúl C. Jaime (Régimen de Previsión Social. Ley
18.037, Bs. As., 1990, p. 98), afirmamos que para la CS ("Schweizer, Héctor", 5-VI-84, "Fallos",
306-536 y TySS, 1984-1174), la norma no resultaba violatoria de los arts. 14 bis, 16 y 17 de la
Constitución Nacional, en la inteligencia de que en aquélla sólo se prescribía una limitación del
período que se debía computar, con exclusión de los servicios civiles simultáneos a los tenidos en
cuenta para el retiro militar, lo que no resultaba irrazonable si se atendía al principio general de la
no acumulación de los beneficios previsionales, más aun cuando dicha acumulación no quedaba
descartada por el referido dispositivo.

Añadimos, al mismo tiempo, otras motivaciones para expresar una discrepancia con una solución
cuya única razón estubo dada "por la época en que fueron prestados los servicios —simultaneidad
con otros militares— sin tener en cuenta que por dicha razón hubo una doble prestación y una
doble imposición de aportes, distinguibles una de la otra (v. Ricardo Sarceda, Derecho Previsional
Militar y de Seguridad, Bs. As., 1988, p. 177).

Si la intención del legislador —señalamos más adelante— fue la de evitar que el desempeño, con
finalidad económica, de una actividad simultánea, llegare a afectar la vocación castrense o de
servicio, no aparecía como oportuno resguardar esa vocación cuando el afiliado dejaba de trabajar,
de manera que el argumento, no nos apartó —para esa época— de considerar a dicha norma
como inconstitucional "… al menos desde el punto de vista de la seguridad social, al privar al
interesado, de hecho, de la posibilidad de utilizar, con fines previsionales, servicios cuya prestación
no le estaba prohibida (arg. doct. art. 19, Const. Nacional) y por los cuales tuvo que abonar aportes
obligatorios" (ob y loc. cit., p. 99).

Al llegar a este punto, es de destacar que el Tribunal, al efectuar un nuevo examen del tema en la
causa "Chaca, Eduardo" (sent. del 10-X-96 en TySS, 1997-97, con nota de análisis de Vázquez
Vialard y en RJP Nº 36, p. 889), modificó el anterior criterio —con el único voto en disidencia del
Dr. Carlos Fayt— enfatizando que el principio de solidaridad que informa al sistema previsional,
carece de entidad para sostener la validez de una norma que priva al interesado de una prestación
lícitamente adquirida.

Por cierto que una explicación más amplia de toda esta temática el lector interesado la podrá
extraer del meduloso comentario llevado a cabo por Jaime bajo el título de Histórico fallo de la
Corte Suprema sobre trabajadores con estado militar, en Revista de Jubilaciones y Pensiones, Nº
40, p. 506, en donde con argumentos de clara entidad suasoria, establece decisivas conclusiones
relacionadas con este cuadro de situación.

Valoración jurisprudencial

Acumulación

En definitiva, la posibilidad de acumular distintas prestaciones por servicios cumplidos bajo


regímenes diferentes, ha sido reiteradamente negada (v.gr.: "Casanova, Angela", 19-VI-75,
"Fallos", 292-152; "Marcó, Teodore", 10-IV-85, "Fallos", 307-II-1662) salvo situaciones de
excepción regidas por norma de igual naturaleza, tal como fuera reconocido —entre otros— en los
siguientes casos:

a) Retiro militar concedido sobre la base de servicios exclusivamente castrenses, con jubilación
civil, de conformidad a lo dispuesto en el dec.-ley 6277/58 ("Marra, Jose´", 6-V-74, "Fallos", 288-
351);

b) Retiro como oficial de la Prefectura Naval, con jubilación ordinaria, sobre la base de lo reglado
por el art. 79 de la ley 18.398 ("Minetto, Luis", 5-VIII-76, "Fallos", 295-461);

c) Otorgamiento por aplicación del decreto 6277/58 de jubilación por edad avanzada a quien ya era
titular de otro beneficio concedido por servicios prestados en la Dirección Nacional de Institutos
Penales ("De Yuliis, Mariano", 22-VI-76, "Fallos", 295-153);

d) Retiro policial, con jubilación ordinaria, en donde los servicios civiles no gravitaron para el
otorgamiento del primer beneficio ("Brandolin, Galdino", 8-IX-77, "Fallos", 298-653);

e) Retiro militar y jubilación civil. Aplicación de la restricción del art. 80 bis ap. 2º de la ley 19.001.
El Tribunal no hizo lugar a la declaración de nulidad de la resolución 2241/83 del Ministerio del
Interior que limitara el beneficio jubilatorio por parte de quien venía gozando de un retiro militar y
una posterior jubilación por invalidez, conforme al art. 80 bis, ap. 2º de la ley 19.001, modificada
por la ley 22.477, por cuanto los beneficios previsionales pueden ser disminuidos por razones de
orden público o de interés general, siempre que la reducción no se traduzca en un desequilibrio de
la razonable proporción que debe existir entre las situaciones de actividad y pasividad y que no
afecte el nivel de vida del beneficiario en forma confiscatoria o injustamente desproporcionada
("Granada, Nicolás", 1-X-87, "Fallos", 310-1955 y TySS, 1988-206).

f) Retiro militar y jubilación civil. Interpretación del art. 1º del dec.-ley 6277/58. Cuando el art. 1º del
dec.-ley 6277/58 dispuso —afirmó en el caso "Verón, René" (sent. del 16-XII-82, "Fallos", 304-
1865) —que los militares retirados pueden adquirir beneficios jubilatorios en el orden civil "excepto
cuando los servicios civiles invocados se hubieren prestado simultáneamente con los de carácter
militar o cuando hayan sido ya computados para establecer el haber de aquel retiro", distingue dos
excepciones al principio de acumulación: uno, incluido en la parte final del precepto, cuando los
servicios civiles fueron computados para el otorgamiento del retiro y, el otro, en el caso en que los
servicios civiles fueron prestados simultáneamente con los de carácter militar (Sobre el tema: v.
"Caballero, José", 21-III-85, "Fallos", 307-240).

Cómputo de servicios

a) Tiempo mínimo de servicios. Ante una denegatoria de solicitud al haber de pasividad, la cuestión
a resolver consistió en determinar si los agentes de inteligencia de las Fuerzas Armadas que
cesaron en el servicio sin haber desempeñado funciones por diez años en el organismo, aun
cuando acreditaran haber efectuado aportes a la caja policial por un lapso, podían acceder a los
beneficios de la jubilación voluntaria.

La consideración utilizada por el Tribunal apuntó a dejar en claro que la exigencia de un tiempo
mínimo de servicios constituye uno de los requisitos generales en que se sustenta la procedencia
de todo beneficio jubilatorio dentro de los regímenes previsionales vigentes, de tal modo que aún
cuando pudieran reconocerse excepciones, éstas deben provenir inequívocamente de los textos
específicos pues no resulta posible —añadió— presumir que la intención del legislador se halle
enderezada a imponer desiguales exigencias a quienes defiere iguales beneficios. Por ello,
concluyó, sólo cabe reconocer el derecho a la jubilación voluntaria de aquellos agentes que
acrediten la prestación de servicios en el organismo por el período mínimo establecido por la
norma aplicable —art. 77, inc. a, del dec. "S" 4639/73, sin que corresponda tener por cumplida la
exigencia legal mediante el cómputo de servicios prestados en organismos no comprendidos en la
mencionada reglamentación "Ciminiera, Alejandro", 29-III-88, "Fallos", 311-369 y TySS, 1989-173,
Nº 67).

b) Existencia de contrato escrito. Años atrás, en una causa donde se había denegado el pedido de
pensión militar al considerarse que el causante sólo había prestado servicios militares, con contrato
escrito, durante un cierto período, la CS resolvió que si la firma del contrato no era indispensable
para la prestación de servicios encuadrados en un régimen militar, tampoco puede serlo a los fines
del retiro, razón por la cual la existencia o no de contrato escrito no influía para considerar en uno y
otro caso militares o civiles los servicios prestados por el personal subalterno del Ejército o de la
Armada ("Martínez de Fernández, Beatriz", 20-XII-68, "Fallos", 272-285).

c) Conscripción obligatoria. Con invocación de un principio contenido en la ley 14.777 —que la


vigente ley 19.001 reproduce en su art. 2º— respecto a considerar como personal militar al que
"voluntariamente se encuentra incorporado en su respectiva fuerza armada para prestar servicios",
se estableció que no eran computables, a los efectos del retiro, los servicios militares cumplidos
durante la conscripción obligatoria ("Bonzini de Siciliano, Teresa", 27-VIII-62, "Fallos", 253-377; v.
sobre el tema: Amanda Pawlowski de Pose, El cómputo del servicio militar a los fines previsionales,
DT, 1995-B-1312).

d) Privación de la libertad por proceso penal. Con motivo de una denegatoria del beneficio de
pensión en donde se pretendió computar como tiempo de servicio activo el período durante el cual
el esposo de la peticionante, acusado de los delitos de defraudación militar y falsedad, había
permanecido bajo prisión preventiva rigurosa y, por los cuales, en definitiva, llegó a ser condenado,
la CS estableció que no debe calcularse a los fines previsionales del personal del cuadro
permanente de las Fuerzas Armadas, el tiempo de la pena privativa de libertad cumplido con
posterioridad a la sentencia de condena. Tampoco aceptó que deba considerarse el tiempo de
cumplimiento de la prisión preventiva que hubiese precedido a la condena. Añadió, asimismo, que
si esta última llevare como pena accesoria la baja o destitución militar, el cumplimiento posterior de
la pena privativa de libertad resulta indiferente para el cómputo de la antigüedad a los fines
previsionales pues supone una situación de mayor gravedad al quedar alterado el vínculo militar
("Olmedo de Hernández, Ramona", 1-VI-93, "Fallos", 316-1122).

e) Convocatoria de acuerdo al decreto 2348/78. Los servicios prestados por convocatoria, son
computables para la obtención del haber de retiro sumándolos a los anteriores a la primera baja
("Ribó, Carlos", 28-VII-88, "Fallos", 311-1237 y TySS, 1989-173, Nº 70).

f) Militar procesado. Inactividad jurisdiccional. Cómputo del tiempo revistado en pasiva. Se discutió
si correspondía el pago de los haberes retenidos durante el proceso como así también computar
los años de servicio revistados en pasiva para el ascenso y el retiro y en donde el tribunal de grado
entendió que la situación del militar procesado por defraudación militar, a raíz de lo decidido en el
Consejo de Guerra —extinción de la acción por prescripción y condena a resarcir una determinada
suma por los daños ocasionados al erario público, no podía ser equiparada a la de quien ha sido
sobreseído definitivamente por el Código de Procedimiento Penal.

Para el Tribunal, las normas militares no difieren de las civiles en lo que hace a los modos de
finalización de los procesos, ni efectúan distingo alguno, en lo que hace a sus efectos, entre
"prescripción" y "sobreseimiento". Ello así, llegó a determinar que corresponde computar el tiempo
revistado en pasiva a los efectos del retiro en el caso en que el proceso no arribara a su total y
pleno desarrollo por efecto de la inactividad jurisdiccional en el tiempo, lo que produjo la
prescripción de la acción penal —causal extintiva de éste que da pie al dictado del sobreseimiento
definitivo, acto procesal por el cual se cierra la causa—. Aclaró que el art. 41 de la ley 19.001
resulta claro en cuanto admite el mencionado cómputo respecto del personal que "fuere absuelto o
sobreseído en la causa que motivara su procesamiento". Sostuvo, además, que a análoga decisión
debe arribarse en lo atinente al porcentaje de haberes retenidos, ya que del art. 325 de la ley
14.029, surge que en las citadas condiciones, se devolverán las retenciones efectuadas ("Bardelli,
Edmundo", 6-X-81, "Fallos", 303-1501).

Disminución de los montos. Derechos adquiridos. Aplicación a los retiros militares

a) Privación del suplemento de vuelo. Al interpretar las previsiones de lo estatuído en el art. 106 de
la ley 19.001 en cuanto dispone que el personal retirado como los pensionistas dejarán de percibir
suplementos particulares o compensaciones establecidas en la ley 14.777, el Tribunal dejó
sentado, en consonancia a una jurisprudencia uniforme y constante respecto que los montos de los
beneficios previsionales pueden ser disminuidos, sin menoscabo de la garantía del art. 17 de la
Constitución por razones de orden público o de bien general, siempre que la reducción no resulte
confiscatoria o arbitrariamente desproporcionada, que dicha doctrina no se aplica solamente a las
jubilaciones civiles, sino a todos los derechos previsionales y también, en consecuencia, a los
retiros militares ("Melgar, René", 28-V-75, "Fallos", 291-596).

b) Suplemento por título universitario. En la causa "Grassi, Osmar" (sent. del 7-IV-92, TySS, 1992-
944) en donde el actor —retirado de las Fuerzas Armadas durante la vigencia de la ley 14.477 con
el grado de capitán de navío médico— incoara la acción a fin de lograr el reconocimiento del
derecho a percibir el "suplemento por título universitario", el Tribunal afirmó que con relación a los
criterios expuestos en el precedente supra citado ("Melgar, René"), resultaba preciso diferenciar el
monto de las prestaciones, con relación al cual no existen derechos adquiridos, de los rubros que
se tuvieron en cuenta al tiempo de otorgar el retiro y que establecieron el estado de pasividad que
no puede ser alterado por una ley posterior sin vulnerar el art. 14 bis de la C.N. que garantiza la
integridad de los beneficios de la Seguridad Social. De ahí que resultara objetable la validez de la
ley 19.001, modificatoria de la ley 14.477, en cuanto ordenara la exclusión del suplemento por título
universitario dado que con ello se lesionaba un bien incorporado al patrimonio del peticionante
disponiendo, en consecuencia, que el aludido suplemento debía ser considerado para calcular el
monto del retiro militar, sin perjuicio de aceptar la disminución del haber, si circunstancias
excepcionales así lo hubieran aconsejado y siempre que dicha disminución no haya sido
confiscatoria.

c) Haber de retiro superior al del personal en actividad. La doctrina según la cual los montos de los
haberes previsionales pueden ser reducidos en ciertas circunstancias y bajo ciertas condiciones,
sin que ello implique menoscabo del derecho amparado por el art. 17 de la Constitución resultó
particularmente aplicable en la causa "Carozzi, Héctor" (sent. del 26-VII-88, "Fallos", 311-1213)
donde, a juicio de la CS, de mantenerse inalterable el sistema de cálculo previsto por las leyes
vigentes al momento de la concesión del beneficio (tratóse del art. 53 bis de la ley 19.001
introducido por la ley 20.047 y modificado por la ley 21.600), el haber de retiro del actor sería
superior al correspondiente al personal de su misma categoría en actividad.

Distinción análoga fue adoptada en la causa "Viglietti, Carlos" —sent. del 11-V-89, "Fallos", 312-
684— con motivo de la interpretación del decreto "S" 2481/75 y Resoluciones "S" 620/75 y 761/75
de la Secretaría de Informaciones del Estado que establecieran un "Suplemento por trabajos
extraordinarios y/o actividad crítica". Sobre el punto véase, asimismo, la conclusión establecida en
"Sabas Ortiz, Rafael" (sent. del 28-II-69, "Fallos", 273-115 bajo la vigencia de las leyes 12.933 y
13.996).

Suspensión de beneficios previsionales y la equiparación a civiles y militares

En una causa en donde se discutiera si el art. 80 de la ley federal 19.001 ha sido o no reformado
por el art. 19 del Código Penal —según texto de la ley 21.338— en cuanto estableció que el
condenado a la pena accesoria de inhabilitación únicamente sufrirá la interrupción de su haber
previsional —civil o militar— y que podrá recuperarlo luego de determinado lapso de observar
buena conducta, quedó establecido —previa aplicación de la doctrina según la cual la ley general
no deroga a la ley especial anterior, salvo expresa abrogación o manifiesta incompatibilidad no
configurada en el caso— que la aludida "suspensión" del goce de toda jubilación, pensión o retiro
equiparando a civiles y militares dispuesta en el Código Penal procede cuando un militar comete
un delito sancionado por la ley común que no tiene aparejada su baja en los términos de la ley
19.001, pero no cuando se trata de un delito tipificado por el Código Militar, extremo que —
concluyó la CS— implica la consiguiente aplicación de dicha ley específica, que establece la
imposibilidad de percibir haber alguno como consecuencia de la "baja" o pérdida del estado militar
("Constantino, Néstor", 16-VI-92, "Fallos", 315-1274).

IX. El haber de retiro

La cuestión. En el momento del pase a situación de retiro, el respectivo haber se calcula sobre el
100% de la suma del haber mensual y suplementos generales a que tuviere derecho el personal a
la fecha de su pase a la aludida situación, porcentaje este que también se proyecta sobre cualquier
otra asignación que correspondiere ser percibida (art. 74, ley 19.001, modif. ley 22.511; art. 94, ley
19.349, modif. ley 22.534: art. 9, ley 12.992, modif. ley 23.038; art. 96, ley 21.695), todo ello de
conformidad a la escala del art. 79.

El haber calculado en la forma aludida, que no incluye las asignaciones familiares como los
suplementos particulares y las compensaciones posee, como nota distintiva, que corresponde
reconocerle las variaciones que con posterioridad se produzcan en el haber mensual y
suplementos generales del grado con que fueron calculados.

Tratándose de los deudos con derecho a pensión, corresponde remitirse a la minuciosa


descripción efectuada en los once incisos del art. 82 de la ley 19.001, supuestos estos que
cuantitativamente superan a la que ha sido delineada por el legislador del SIJP (v. art. 53). A su
vez, el art. 92 determina las sumas a percibir con sujeción a distintos porcentuales aplicables sobre
los haberes de actividad o de retiro que hubieren percibido los respectivos causantes.

Es este orden de ideas, es de anotar, tal como lo consignan Julio Comadira y Arturo Raspi (Los
significados y alcances de las expresiones "no remunerativo" y "no bonificable" respecto de dos
asignaciones que percibe el personal militar, en ED, 172-601) que en la reglamentación del
Capítulo IV del Título II de la ley 19.001, se establece lo que se considera "haber mensual" del
personal militar en actividad, que no es otro que la suma de los conceptos "sueldo" y "reintegro de
gastos por actividad de servicio", en la proporción de 40% y 60%, respectivamente.

Ello implica —en opinión de los citados autores— que un incremento en el concepto "sueldo" trae
aparejado, necesariamente, un aumento proporcional en el otro concepto integrante del "haber
mensual" y, además —añaden— "un acrecentamiento en todos los otros conceptos que se liquidan
tomando como base de cálculo el "haber mensual", por lo que si se computa como "sueldo" a las
asignaciones otorgadas por los decretos 2001/91 y 682/92, éstos irán a engrosar la base de
cálculo de los otros ítems.

En lo que concierne tanto a los conceptos como a las condiciones que tipifican a los suplementos
generales, cabe tener presente, lo reglado por el art. 56. Digamos, por otro lado, que a raíz de que
estas directivas no se mantuvieron constantes a través del tiempo, es dable verificar, como lo
puntualiza Ricardo Sarceda (ob. y loc. cit., p. 96), la existencia de dos grupos de pasivos: aquellos
en donde el cálculo se lleva a cabo sobre el 90% del haber de actividad, más el aporte del 11%
correspondiente al Instituto de Ayuda Financiera y otros en donde la operatoria tiene lugar sobre el
100% más la cotización del 11%.

Para la graduación del haber de retiro, el art. 79 de la ley 19.001 prescribe que será proporcional al
tiempo de servicios computados de conformidad a la escala que contiene y de acuerdo, asimismo,
con lo que al respecto dispone el art. 74. Lo cierto es que las sucesivas leyes modificatorias en
donde se avizoran las diferencias decrecientes entre las escalas porcentuales correspondientes al
personal superior y subalterno, unido a la aplicación de regímenes transitorios, han originado,
como lo pone de relieve el autor citado, diversos sistemas de determinación (cfr. ob. y loc. cit., p.
105 y sgts.).

Es precisamente en el marco de la determinación del haber en donde corresponde considerar,


además de la cantidad de años de servicios prestados, la relevancia que poseen las enfermedades
o accidentes sobre todo si el evento se hubiere producido durante la prestación de un acto de
servicio.

Valoración jurisprudencial

a) Compensación por mayores exigencias del servicio. En atención al carácter general con que fue
otorgada la compensación por mayores exigencias del servicio a todo el personal militar en
actividad (art. 1º, decreto 2266/84) no resulta dudosa su naturaleza salarial, motivo por el cual
corresponde computarla para la determinación del haber de retiro, en las condiciones previstas por
los arts. 54, 55 y 74, inc. 1º, ley 19.000 según texto de la ley 22.511 ("Susperreguy, Walter", 6-VI-
89, "Fallos", 312-802).

b) Haber por invalidez. Monto inferior al haber mínimo general. El accidente ocurrido a un marinero
2º enfermero afectado por una parálisis cuadripléjica que obligara el pase a retiro en virtud de la ley
14.477, art. 76, inc. 3º, ap. a) al considerarse que el mismo ocurrió estando en servicio pero no por
acto de servicio, motivó un reclamo, frente al insignificante haber percibido, tendiente a alcanzar la
suma que en el régimen previsional civil equivalía a situaciones idénticas.

La CS, al adherirse a los fundamentos del Procurador General, explicitó en los autos "Ordenes,
Roberto" (sent. del 20-IX-88, "Fallos", 311-1937), que la razonable interpretación que procedía
atribuir al art. 76, inc. 3º, ap. a) de la mencionada ley, llevaba a aceptar que el monto del haber por
invalidez plena que estableciera no podía, en el momento de hacerse efectivo, ser groseramente
inferior al haber mínimo que en la legislación previsional general se reconocía en favor de quienes
se hallaran en la misma situación. Es así como sostuvo que por encima de ese piso, el juez puede
aplicar la norma de modo estricto pero en manera alguna se justifica hacerlo cuando su rigurosa
literalidad implica llevar el monto por debajo de tal límite, generando una consecuencia
contradictoria respecto del propósito perseguido por el propio legislador ya que ello, a la postre,
vendría a frustrar el mandato fundamental de otorgar, en los términos del art. 14 bis de la
Constitución Nacional, los beneficios de la seguridad social de carácter integral e irrenunciable.

En el ajustado como preciso enfoque valorativo de los hechos y el derecho aplicable que Bidart
Campos efectuara al citado pronunciamiento (v. TySS, 1988-1079) quedó en claro, a diferencia de
la solución establecida por el Tribunal, la viabilidad de la declaración de inconstitucionalidad que
fuera solicitada en la causa. Sólo nos detendremos en destacar el siguiente razonamiento: así
como el legislador dispone de un margen de arbitrio (no arbitrariedad) razonable en su política de
seguridad social, incluso para discriminar —razonablemente— entre los afiliados a los diferentes
sistemas que decide crear, la discriminación en diferentes regímenes debe guardar una ponderada
y proporcionada analogía entre y para situaciones similares por lo que no aparece razonable que a
una misma incapacidad laboral se le brinde en un régimen una cobertura máxima y a otra —porque
quien lo padece pertenece a otro sistema— se le liquide un haber que, en el caso, alcanzara a
trece australes.

c) Suplementos particulares por inestabilidad de residencia y salario familiar. La CS ha tenido


oportunidad de decidir, desde años atrás, que los suplementos particulares y el salario familiar, no
integran el haber de retiro ("Castaño, Oscar", 12-II-71, "Fallos", 279-16), criterio este que se
mantiene con la actual normativa incluyendo las compensaciones de los arts. 57 y 58 (cfr. art. 74,
ley 19.001 según texto ley 22.511).
d) Suplementos. Alumnos de Gendarmería Nacional incapacitados. Para el Tribunal, ("Jonas,
Ricardo", 23-II-88, "Fallos", 311-145), el legislador diferenció claramente, respecto a los
suplementos a tener en cuenta para liquidar los beneficios a que se hicieran acreedores los
alumnos de Gendarmería Nacional incapacitados como consecuencia de actos de servicios, la
situación del personal permanente y del personal que no lo era, desde que mandó para el primero
que los suplementos fueran los "íntegros" y en el caso de los estudiantes se refirió solamente a los
"suplementos generales" (arts. 99, inc. a] y 101, inc. 1], ap. a], dec.-ley 3941/58, ratificado por la ley
14.467, modificada por la ley 15.901) habiendo aclarado que la consagrada desigualdad de trato
responde a estados diferentes. Mediante el beneficio instituido —añadió la CS— se intentó
compensar el daño producido como consecuencia de los actos de servicio, el que no es igual en
uno y otro caso, pues en los supuestos de personal permanente no sólo se indemniza la
disminución de las aptitudes para el trabajo, sino la frustración de la carrera emprendida, supuesto
para el cual el suplemento por antigüedad deberá tomarse en su máxima escala; por el contrario —
siguió diciendo— en el caso de los alumnos, la compensación se relaciona con el daño que se
traduce en una minusvalía laboral en la vida civil para concluir, entonces, que el criterio
diferenciador resulta razonable en atención al perjuicio sufrido.

e) Gratificaciones. Percepción por el personal militar retirado. Cómputo del plazo de prescripción.
Tiene reconocido el Tribunal que la cantidad otorgada al personal militar en actividad con arreglo al
decreto 1897/85 y resolución 500/85 del Ministerio de Defensa Nacional, significó una gratificación
que debe estar comprendida en el concepto de "haber" o "asignación" a que alude la ley 19.001
("Pappalardo, Luciano", 9-X-90, "Fallos", 313-1005, debiéndose entender que el "préstamo"
instituído por el citado decreto y reglamentado por la también mencionada resolución 500/85, que
fuera otorgado con carácter general y sin destino específico, no sólo al personal en actividad y
servicio efectivo, sino también a los retirados que prestaban servicios en las condiciones previstas
por el art. 62 de la ley 19.001, debe también alcanzar a quienes tenían por dicha ley el derecho a
ser considerados como en servicio efectivo a los fines de la percepción de cualquier haber que no
fuese un suplemento particular o una compensación ("Martínez, Marcelino", 6-VI-89, "Fallos", 312-
787); por lo tanto, si se pondera la falta de publicación en el Boletín Oficial del decreto y de la
resolución respectiva, así como la cuestionada naturaleza de las sumas reclamadas, se advierte —
determinó en "Amestoy de Petrecca, Beatriz" (sent. del 5-VIII-93, "Fallos", 316-1749)— que la
sentencia que computa el plazo de prescripción (art. 4027 del Cód. Civil), desde la fecha del
dictado de las normas, sin considerar el planteo de la actora respecto a la dificultad que tuvo para
conocerlas, se encuentra revestida de un injustificado rigor formal, incompatible con el derecho de
defensa.

f) La ley 23.199 y la sustitución en diversos regímenes de la base utilizada para el cálculo


proporcional de las remuneraciones. El art. 53 bis de la ley 19.001 que equiparara las
remuneraciones de las máximas jerarquías militares a la de los jueces de la Corte Suprema
habiendo dispuesto, asimismo, que el sueldo de los grados inferiores debía calcularse mediante
escalas de coeficientes establecidos por el P.E., resultó alcanzado, de conformidad a la exégesis
llevada a cabo en la causa "Daniele, Luminato", 23-IV-91, "Fallos", 314-334), por la sustitución de
la ley 23.199.

Para el Tribunal, la finalidad del art. 1º de la citada norma legal apuntó a sustituir en los regímenes
que directa o indirectamente poseen como marco de referencia la remuneración de los jueces de la
Corte Suprema, la base utilizada para el cálculo proporcional de las remuneraciones. Añadió, al
mismo tiempo, que la amplitud con la cual el precepto fue concebido, ha hecho innecesario que se
detallen todos y cada uno de los sistemas así estructurados, por lo que finalizó diciendo que si el
art. 53 bis de la ley 19.001 prevé una vinculación de esa clase, "debe concluirse que ha sido
alcanzado por la sustitución" (sobre la aplicación de la ley 23.199 véase, asimismo, la doctrina de
la causa "Carozzi, Héctor", retro citada).

g) Opción entre el haber correspondiente al cargo en la sociedad estatal y el haber de retiro.


Sometimiento voluntario a un régimen jurídico sin reserva expresa. Declaró el Tribunal que la
aceptación por el militar retirado, sin ninguna reserva, del régimen impuesto por las leyes 21.350 y
22.480 a través de la cual se solicitó la suspensión del pago del haber de retiro para pasar a
percibir la remuneración que correspondía al cargo en la sociedad estatal en la que había sido
designado, implicó la manifestación voluntaria de hallarse comprendido en las leyes mencionadas,
comportando ello un inequívoco acatamiento que fijara la improcedencia de la reclamación
posterior por el reintegro de haberes ("Bidone, Guillermo", 19-VIII-93, "Fallos", 316-1803).

h) La opción de la ley 22.477. La imposición de optar entre el haber de retiro militar y el beneficio
previsional, impuesta por la ley 22.477, no alcanza a quien cesó en las actividades autónomas con
anterioridad a la vigencia de esa ley ("Neme, Emilio", 10-II-87, "Fallos", 310-241).

i) Suplemento por tiempo mínimo y ley de amnistía. Como la finalidad manifiesta de la ley 20.508,
no se vincula con el otorgamiento de beneficios pecuniarios sino con la restitución de derechos a
quienes vieron postergada su carrera o sufrieron sanciones con motivo de los antecedentes a que
se hace referencia, no le corresponde el suplemento por tiempo mínimo cumplido, a quien fuera
ascendido por aplicación de la ley de amnistía 20.508 ("Wahnish, José", 17-XI-92, "Fallos", 315-
2740; en igual sentido: "Pizzo, Antonio", 15-X-87, "Fallos", 310-2096).

j) Suplemento por riesgo profesional. División Brigada de Explosivos. El suplemento por riesgo
profesional regido por la ley 21.965 y su reglamentación —dec. 1866/83— que se establece en
favor de quienes cumplan efectivamente misión riesgosa o peligrosa, no integra el haber de retiro
("Teruel, Héctor", 4-V-93, "Fallos", 316-814).

X. Pensiones. Principales proyecciones

La cuestión. En el campo previsional militar se destaca un mecanismo específico de cobertura que


se convierte en un elemento determinante de las contingencias cubiertas el cual ofrece diferencias,
en cuanto a la extensión e intensidad de la acción protectora, frente a la actual normativa general.

Lo específico de aquel régimen lo hallamos en la regulación distinta de la aludida acción,


circunstancia que, en buena medida, torna complejo —aunque no imposible— el intento de encarar
la homogeneidad con los principios que orientan al régimen general (se entiende que nos referimos
al de reparto) y que, por cierto, gravitan al momento de su interpretación.

Su propio carácter lo torna, pues, excepcional y restrictivo.

Es que la apuntada diferencia no sólo radica en el ámbito conceptual —la pretendida equiparación
del retiro a la jubilación, a la que nos referimos en el apartado VII— sino, por ejemplo, en el
procedimiento aplicable en materia de cotización, en donde los retirados como los pensionistas
aportan (v. art. 10, ley 22.919); además, no menor importancia adquiere la forma de cálculo del
haber como así también el cómputo de servicios, a lo que se une el mayor número de beneficiarios
pensionarios frente a las soluciones delineadas para el sistema previsional general.

Hasta la sanción de la ley 24.241 creando el régimen de capitalización individual, es de observar


que el orden general, el derecho a jubilación y su derivado, el de pensión, no nacían de un contrato
ni expreso ni tácito celebrado entre el afiliado y el ente previsional habiéndose precisado, al
respecto, que las relaciones de derecho que ligan al Estado con sus empleados, no son de
derecho privado y sólo supletoriamente se rigen por sus principios, porque ellas se desenvuelven
en la órbita del derecho administrativo.

Así fue reconocido por la CS en la vertiente jurisprudencial consolidada en el caso "Bergés, Pedro"
(sent. del 7-XI-1932, "Fallos", 166-264) y con un horizonte más abarcador en los siempre
recordados autos "López, Tiburcio" (sent. del 27-XII-1937, "Fallos", 179-394), en donde afirmara
que la pensión constituye en sí un verdadero derecho patrimonial, del que no puede ser privado el
beneficiario sino por causas sobrevinientes previstas en la ley que lo acuerda, sin perjuicio del
reajuste que una ley posterior, fundada en graves razones de orden público, pudiera introducir con
referencia al monto (v. en este sentido: "Beascochea de Rius, María", 25-X-67, "Fallos", 269-174).

En este ámbito, el derecho a pensión proviene de un llamado directo de la ley especial, posee
carácter de renta alimentaria y se otorga a instancias del interesado sin que ninguna persona, fuera
de los derechohabientes establecidos en la respectiva norma legal, en el orden prefijado, pueda
ejercerlo bajo título alguno.

Las normas del derecho común, en principio, no poseen aplicación toda vez que su otorgamiento
tiene lugar a través de los preceptos de aquélla quedando así sujeto a las condiciones y requisitos
que la misma imponga en cuanto a su adquisición y pérdida; en cambio, y como lo reflejamos en
los apartados siguientes, es dable advertir la gradual incidencia que en este ámbito han hallado
determinados principios delineados para el régimen previsional ordinario.

Valoración jurisprudencial

a) La pensión y el "prest". La conformación de la pensión de retiro, en cuanto a los suplementos


que comprendía —además del sueldo básico— originó, desde antaño, un elevado número de
reclamos referidos a la inclusión de una asignación denominada prest; con posterioridad llegó a ser
identificada como "racionamiento y sobrerración" para, luego, ser sustituída por el "sobresueldo de
servicio activo". La cuestión consistió en si para fijar el sueldo de retiro y, en su caso, la pensión
que correspondía a los derechohabientes, aquélla debía o no sumarse.

De conformidad a las anteriores leyes orgánicas del Ejército y de la Armada, la solución fue que
para liquidar el sueldo y, en consecuencia, la pensión que correspondía a los deudos, el aludido
rubro debía ser tenido en cuenta, desde el momento que su inclusión no se hallaba supeditada al
hecho de su efectiva percepción, sino a la prueba de que el interesado hubiera tenido derecho a él
("Toujas de Wells, María", 19-VI-52, "Fallos", 223-12).

b) Baja sin retiro. Efectos. El reconocimiento como "Fundador de la Aviación Naval", según el dec.-
ley 21.578/56, constituyó un beneficio personal e intransferible, que no supuso recuperación del
estado militar que se hubiese perdido. En consecuencia, si el causante fue dado de baja, sin retiro,
dicha pérdida trajo aparejado, a su vez, la del derecho a un haber de retiro y, para sus deudos, la
pensión correspondiente ("Maliandi de Lucchini, Elvira", 5-XII-73, "Fallos", 287-405).

c) Baja con derecho a pensión. Al no existir una norma expresa que determine si en caso de baja
con derecho a pensión (arts. 80, leyes 14.777 y 19.001), el beneficio debe determinarse como si
hubiera pasado el causante a retiro voluntario u obligatorio, es razonable asimilar el supuesto a los
casos de retiro obligatorio a que se refiere el art. 67 de las leyes citadas. Por ello, no controvertido
que el causante computara más de diez años de servicios militares simples, procede se incluya el
de los tiempos bonificados, conforme lo prevé el art. 73 del mismo cuerpo normativo ("Redondo de
Macua, María", 6-XII-77, "Fallos", 299-262).

d) Inhabilitación absoluta. Pérdida del estado militar. Beneficiaria de pensión en virtud del art. 19.
inc. 4, del Cód. Penal. Puntualizó el Tribunal que la pretensión de un pronunciamiento acerca de si
el beneficio que gozaba la actora era o no una pensión —la que fuera concedida en virtud de lo
reglado por el art. 19, inc. 4º del Cód. Penal— no podía alterar el criterio de que por interpretación
de la ley 12.933 el difunto esposo, que había sido destituido de la Armada, con pérdida del estado
militar y condenado a prisión e inhabilitación absoluta por la Justicia Federal, se hallara excluido de
la misma sin alcanzarlo, por ende, la equiparación de haberes que consagrara dicha ley
("Galzerano de Rotondaro, Elvira", 24-X-58, "Fallos", 241-131).
e) Divorcio vincular. Reserva de alimentos. Coparticipación de la prestación previsional. El
reconocimiento a un beneficio de naturaleza previsional no lo determina el hecho de si —
estrictamente— puede llamarse viuda a la sobreviviente de un matrimonio que se hallaba disuelto
por divorcio vincular al morir su ex esposo.

En el caso "Liñán, María" (sent. del 29-XI-88, "Fallos", 311-2432), el Tribunal determinó que los
efectos de la culpa de ambos cónyuges que el art. 67 bis de la ley 2393 establecía para la
respectiva sentencia de divorcio, regulaban sus consecuencias civiles sin traer aparejado la
pérdida de la pensión cuando uno de los esposos había conservado el derecho a percibir
alimentos. Se trató de una solución que, con posterioridad, obtuvo consagración legislativa en la
ley 17.562 (art. 1º), a través de la modificación de la ley 23.263.

En los autos "Páez de González, Esther" (sent. del 28-IX-93, "Fallos", 316-2106) en donde se
hallara discutido el derecho de la cónyuge inocente divorciada del causante, a cuyo favor se
habían fijado alimentos, a percibir una cuota parte de la pensión que venía gozando la segunda
esposa, la CS entendió —al interpretar el inc. 4º del art. 207 del Cód. Civil— que no es admisible
sostener que el legislador civil hubiera previsto la pérdida del derecho a pensión por divorcio
vincular basándose en que para establecer la eventualidad a la que se refiere la norma, debe
acudirse al régimen legal de pensiones de la Seguridad Social aplicable al caso y verificar si en él
se ha previsto la pérdida del derecho a pensión por aquella causal.

f) Divorcio por culpa de ambos cónyuges. Beneficio pensionario. En una situación que consistió en
determinar si el divorcio decretado en juicio contradictorio por culpa de ambos encuadraba o no en
el art. 82, inc. 1º de la ley 19.001 en cuanto confiere derecho a pensión a la esposa "siempre que
en virtud de sentencia emanada de autoridad competente, no estuviere separada o divorciada por
su culpa", el Tribunal estimó que la exclusión resultaba procedente.

Nos referimos a la doctrina sentada en "Pedreira de Pallés, Haydée" (sent. del 17-IX-92, "Fallos",
315-2106), causa esta en la cual tuvo oportunidad de explicitar la diferencia frente a lo resuelto en
un anterior precedente ("Agrifoglio, Elsa", del 3-VI-86) donde había considerado aplicable a la
interpretación del precitado dispositivo, la tesis según la cual no correspondía la pérdida del
beneficio pensionario en los casos regidos por el art. 67 bis de la ley 2393, en los que se hubiera
reservado expresamente el derecho a alimentos en favor de una de las partes.

En el caso ocurrente, la CS hizo valer como pauta interpretativa que no se trataba de la culpa ficta
del divorcio por presentación conjunta, sino de la acreditada en juicio contencioso, en el cual se
había probado que ambos cónyuges habían incurrido en causales de divorcio.

g) Convivencia en concubinato. La circunstancia dada por la madre de un soldado conscripto,


fallecido en y por acto de servicio, que conviva en concubinato, no configura el impedimento de
"vida deshonesta" previsto en la normativa vigente, por lo que la nueva unión de la beneficiaria de
una pensión militar no constituye causal de pérdida del derecho a pensión, sea tal unión
matrimonial o de hecho ("Chilo de Alegre, Santos M.", sent. del 14-XII-89, "Fallos", 312-2427).

Las razones básicas argüidas para aventar la posibilidad de que el concubinato constituya siempre
y de por sí "vida deshonesta" en regímenes especiales como el militar, consistieron en considerar
aplicables dos disposiciones de carácter general.

En primer lugar, la ley 22.611 —que suprimiera respecto del cónyuge supérstite la causal de
extinción de la pensión por matrimonio de la ley 17.562 —y, en segundo término, la ley 23.226—
norma legal que al modificar las derogadas leyes 18.037 y 18.038 reconociera el derecho a
pensión en el caso de convivencia en aparente matrimonio.
Es de aclarar, al respecto, que con anterioridad el Tribunal ya había aceptado la aplicación de
disposiciones de la ley de carácter previsional general 22.611 para afirmar el derecho de pensión
de beneficiarias de regímenes policiales y militares por haber contraído nuevas nupcias a pesar de
las previsiones de las normas que regían tales regímenes especiales, porque el hecho de
mantener disposiciones que invalidaban el apuntado reconocimiento conducía a negar a unos lo
que se concedía a otros en las mismas circunstancias (v. "Sánchez de Sotelo, Máxima, 2-V-89,
"Fallos", 312-615 y TySS, 1989-504; v. comentario de Bidart Campos sobre Una desigualdad
constitucional subsanada por la Corte, en ED, 134-461).

h) Viuda separada de hecho y conviviente. Interpretación del art. 6º de la ley 23.570. Posterior
modificación de criterio. El objetivo primordial de la ley 23.570 que modificara normas legales que,
en rigor, en la actualidad se encuentran derogadas, consistió en cubrir algunas imperfecciones de
la ley 23.226. Así fue como consagró el derecho de pensión para los convivientes, con facultades
tales como para obtener el desplazamiento del cónyuge supérstite, salvo determinados casos en
donde el beneficio correspondía que fuera otorgado por partes iguales. Al respecto, podemos
advertir que en un juicio en donde se hallara involucrado personal del Servicio Penitenciario
Federal, la CS decidió, por mayoría, que si en virtud de una resolución administrativa dictada
conforme con la legislación vigente, se otorgó a la viuda separada de hecho la pensión plena y ese
acto la constituyó en el estado de pensionada que se incorporó a su patrimonio y pasó a tener
protección constitucional, el pronunciamiento del tribunal a quo que al hacer lugar al reclamo de la
mujer que había convivido con el causante, redujo el derecho de aquélla en un 50%, se aparta de
lo que expresamente dispone el art. 6º de la ley 23.570 y vulnera lo dispuesto por los arts. 14 bis y
17 de la CN ("Gay, Enriqueta", 30-III-93, "Fallos", 316-427; TySS, 1997-589; RJP, Nº 20, p. 220).

A poco, el Tribunal explicitó en una causa relacionada con el régimen ordinario, una significativa
variante de la postura señalada. En efecto, en un orden de pensamiento distinto ha admitido, claro
que por estricta mayoría, que la inclusión de una beneficiaria (conviviente) que no desplaza a la
anterior (esposa) sino en el porcentaje legal, resulta justa y coherente con el principio de
solidaridad social y la finalidad de protección integral de la familia (art. 14 bis, C.N.) sin mengua de
los derechos adquiridos ("Colli, Liria", 5-XI-96, RJP, Nº 38, p. 260). Es de anotar que el aludido
criterio fue el que también presidió la decisión recaída en los autos "Echegaray, Martha de c. Caja
de Retiros, Jubilaciones y Pensiones de la Policía Federal", dictada en la misma fecha (v. TySS,
1997-589; RJP, Nº 38, p. 262).

i) Situación de la madre viuda. Nieto que cesa en el goce del beneficio. La madre viuda del
causante, conforme a las previsiones de los arts. 82, inc. 7º; 86, inc. 9º, 92, inc. 3, ap. b y 94 de la
ley 19.001, posee derecho en tal carácter a cobrar la pensión militar desde la fecha en que cesó el
beneficio que percibía su nieto.

Ello es así —determinó la CS en los autos "Martínez de Vázquez, Corina" (sent. del 19-VI-86,
"Fallos", 308-946) —pues el art. 84 de la ley 19.001 ha reconocido, en forma precisa, la situación
de la madre viuda como una excepción al principio que consagra la imposibilidad de los familiares
del militar de concurrir a ejercitar el derecho a pensión, cuando no lo tuvieron al momento del
fallecimiento del causante.

j) Viudas de militares. Nuevas nupcias. Rehabilitación de pensión. Haber máximo de acumulación.


Dentro de la postura admitida en torno a la aplicación de las reglas de la ley 22.611 que posibilitara
el derecho a solicitar la rehabilitación de la pensión a las viudas de militares cuando hubiesen
contraído nuevas nupcias, corresponde inscribir la variante introducida en el caso "Harvey,
Margarita" (sent. del 10-XII-96, en RJP, Nº 40, p. 653) en el sentido que la medida debe tener los
límites que emanan de la ley que la restableciera, esto es, la 22.611 modificada por el art. 9º de la
ley 23.570 —haber máximo de acumulación equivalente a tres veces el haber mínimo de
jubilación— pues para el Tribunal no sería válido desarticular la norma para ejercer ese derecho
por sobre la medida en que fue otorgado.
k) Hija soltera. Incumplimiento de los requisitos. Pensión. Una pauta interesante engarzada en una
acentuada dosis de equidad la exhibe la tesis del caso "Vera Barros, Rita" (sent. del 14-XII-93,
"Fallos", 316-3043 y TySS, 1995-161) que al valorar las particularidades de la especie litigiosa,
desde el momento que la peticionante no cumplía con el requisito de edad exigido por el art. 82,
inc. 5º de la ley 19.001, reconoció el derecho a pensión a la hija soltera de 48 años y cinco meses
de edad —y no los cincuenta exigidos por la disposición— que conviviera con el causante durante
toda su vida y lo cuidó en su enfermedad que derivó en la pérdida de la vista, sin haber realizado
nunca trabajos fuera del hogar ni contara con preparación alguna que le facilitara el acceso al
mercado laboral.

La solución propiciada, a juicio del Tribunal, en cuanto la aplicación literal de la ley 19.001 hubiera
privado a la actora del beneficio solicitado, es la que se compadece con el mandato constitucional
que garantiza la protección integral de la familia y con el principio que impone a los jueces actuar
con suma cautela cuando deciden cuestiones que conducen a la denegación de prestaciones de
carácter alimentario.

l) Retiro voluntario sin haberes y baja por cesantía posterior en la ley 12.992. La pensión prevista
para los familiares del agente dado de baja que se encontraba en actividad o, hallándose retirado
contara con derecho al haber de retiro, tiene por objeto evitar que éstos se vean perjudicados a
través de la interrupción de los ingresos de aquél (v. art. 6º, inc. b, ap. 2, ley cit.); sin embargo, esta
ratio legis no es invocable —estableció el Tribunal en los autos "Codognelli, Silvia" (sent. del 1-IV-
97, en JA, 1997-III-425)— en el caso del ex-oficial de la Prefectura Naval Argentina que al tiempo
de la cesantía ya carecía de ingresos por hallarse en retiro voluntario sin contar con derecho al
"haber de retiro".

m) Muerte del conscripto en acto de servicio. Beneficiarios. Derechos de la hermana menor soltera.
Con una interpretación que importara una significativa apertura, es de resaltar que la CS llegó a
admitir que por el juego armónico de los arts. 82, inc. 7º, ley 19.001 y 143 del decreto
reglamentario de la ley 14.777, vigente también conforme a lo que dispone el art. 107 de aquélla,
ante la carencia de vocación al beneficio de pensión de los padres del conscripto fallecido en acto
de servicio, dicha perspectiva se abría a favor de la hermana menor de edad y soltera del causante
("Mirizzi, Vito", 24-VIII-78, "Fallos", 300-958).

XI. Inutilización por actos de servicio. Indemnización resarcitoria. El caso de los conscriptos

La cuestión. 1. Respecto a la situación del militar perteneciente al cuerpo permanente, inutilizado


para continuar en su carrera por heridas o lesiones recibidas en actos de servicio —la cual no dejó
de incluir, durante la vigencia del respectivo régimen legal, al personal incorporado
obligatoriamente para cumplir el servicio militar— problemática esta que, por cierto, aún se
proyecta con la ley 24.429 (Servicio Militar Voluntario)— es dable advertir la existencia de diversas
etapas jurisprudenciales, presididas por criterios distintos, en cuanto al reconocimiento de los
beneficios resarcitorios y la consiguiente responsabilidad estatal.

En primer lugar, destaquemos lo expresado por la CS en la causa "Cabral, Melitón" (21-VI-48,


"Fallos", 211-349) y concordantemente con lo resuelto con anterioridad ("Ducase, Gregorio", 11-
VIII-1939, "Fallos", 184-378 y "Lyda de Bondessani, Carmen", 24-XII-1943, "Fallos", 197-561),
respecto a que las pensiones militares por inutilización en actos de servicio han sido establecidas
por las leyes con prescindencia de que haya o no mediado culpa de la víctima; claro que,
naturalmente, para darse dicha situación ha resultado menester que el infortunio tuviera lugar en
"actos de servicio", toda vez que, como lo ha reconocido el propio Tribunal, "una cosa es pretender
indemnización por un accidente sólo en razón de que tuvo lugar en el cuartel aunque el hecho sea
por completo ajeno al servicio y otra requerirla por las consecuencias de un hecho que ocurrió
durante el servicio y con motivo de él, por más que mediara en el caso imprudencia de la víctima
("Artigas, Eduardo", 28-XII-53, "Fallos", 227-833).
La situación varía, como fuera consignada en "Delgado, Antonio" (10-III-61, "Fallos", 249-264)
cuando el interesado ha transgredido órdenes impartidas e incurrido en negligencia calificada por
el oficial instructor como inconcebible. Se trató de un caso en donde el actor se había proveído de
una granada, por propia iniciativa sin que la entregara el encargado de la guardia y al extraer el
tapín, aquélla hizo explosión produciéndole lesiones que lo incapacitaron y dieron lugar a la baja.

De manera que dándose la imprudencia, frente a un acto que no puede considerarse del servicio,
tal como lo indicara, por ejemplo, en "Pavicich, Jorge" (8-V-50, "Fallos", 216-592), procede el
rechazo de la pensión militar solicitada por parte de quien luego de sufrir el accidente, fuera
declarado apto para servicios auxiliares. En esta ocasión, el Tribunal consideró que la sola
circunstancia de que el accidente haya ocurrido en un cuartel del ejército, no era suficiente para
considerarlo acaecido en acto de servicio, expresión que se refiere —añadió— a los actos relativos
a las funciones que corresponden a los militares por el hecho de pertenecer a las fuerzas armadas,
en cumplimiento de una orden o de una obligación impuesta por las leyes o reglamentos (v. en
igual sentido: "Moya, Pedro", 29-IX-77, "Fallos", 298-791).

El tema que originara diversas interpretaciones estuvo referido a si los actos del servicio cumplido
pudieran obrar como factores desencadenantes de las afecciones causantes de ineptitud física.
Ello llevó a poner en juego un enfoque restrictivo, así como también la necesidad de requerir que
las condiciones que operaran como causa o concausa de la afección inutilizante sean "no
comunes" o más rigurosas (v. "Batalla, José F.", 24-II-77, "Fallos", 297-54).

Como prueba de ello, podríamos citar la conclusión sentada en "Zárate de Lignac, Mercedes" (29-
X-65, "Fallos", 263-149) en oportunidad de haber señalado que la alegación de la existencia de
concausa, no puede estimarse justificada por la sola razón de la naturaleza de la vida militar dado
que la apuntada posibilidad, a falta de toda probanza, importaría tanto como la supresión de las
exigencias de los arts. 90 y 102 de la entonces vigente ley 13.996, en cuanto supedita a la
inutilización como consecuencia de actos de servicio, los beneficios que acuerda.

Para esta época, un caso estrictamente excepcional fue contemplado por la CS al fallar en la
causa "Molina, Carlos" (sent. del 12-XII-60, "Fallos", 248-615) en donde se discutiera la situación
de un conscripto incapacitado totalmente para el trabajo en la vida civil por actos de servicio.

Al confirmar la sentencia que concedía la pensión militar, señaló que en la causa no cabía requerir
una prueba asertiva total de los extremos pertinentes (conscripto con ceguera total a los pocos
meses de la incorporación al servicio calificado como apto). Basta la seguridad —estimó— de que
el esfuerzo propio de la vida y las tareas militares pueden haber influido en el desarrollo de su mal
para que corresponda otorgarle el beneficio que reclama, habida cuenta de la dificultad de la
aportación de pruebas concretas superiores a las enunciadas, porque —concluyó diciendo—
existen serias razones de solidaridad que impiden que el saldo de duda que deja la prueba
producida gravite sobre quien fue abrumado por el infortunio precisamente en el curso del servicio
impuesto por la colectividad.

En esta temática, una variante interpretativa quedó perfilada a partir de la sentencia recaída en
"Burqueño, Roberto" (3-III-87, "Fallos", 310-409 y ED, 125-308) en donde, por mayoría, la CS
determinó que para la concesión de los beneficios emergentes de los arts. 76, inc. 2º, ap. a y 75,
inc. a, de la ley 19.001, excedía el texto legal requerir que la afección se manifieste a través de
exigencias no comunes de los actos de servicio, toda vez que debe bastar a los fines perseguidos
que dichos actos obren, como en el caso (instructor de tiro con sordera de un oído y disminución
auditiva del otro), y de conformidad al criterio amplio propio de las normas previsionales, a la
manera de factores coadyuvantes en el desencadenamiento de la enfermedad, dado que de ese
modo se respeta la necesaria relación concausal.

2. Digamos, paralelamente —con la finalidad de poder encuadrar, al mismo tiempo, la situación de


los conscriptos— y con sujección al parecer auspiciado por Raúl Ramayo (La realización del valor
justicia, ED, 165-423), que el haber de retiro ha reconocido, en cuanto a su naturaleza, un doble
rol: previsional, cuando responde a causas que no derivan de una disminución psicofísica
producida en actos de servicio; en cambio, si aquél se funda en una disminución ocasionada en
actos de servicio, el precitado haber reviste —a la vez— una naturaleza previsional y de
indemnización resarcitoria, "ya que se concede sin tener en cuenta los años de servicios militares
prestados por el causante y, además, o se acuerda el haber de retiro con remisión al grado
inmediato superior, o con un plus del 15% (ob. y loc. cit., p. 424).

Por cierto que los hitos sucesivos que atravesara la posición de los soldados conscriptos
incorporados obligatoriamente, reconocen ciertas matizaciones: de acreedores de un haber de
retiro militar al sufrir una minusvalía en actos de servicios para la vida civil pasaron, con la ley
13.996, a dejar de ser considerados como retirados de manera que con la baja percibieron en lugar
de un haber de retiro, uno de por vida denominado "indemnizatorio", calculado sobre los haberes
del grado inmediato superior en donde se resumía lo previsional y lo resarcitorio generando,
asimismo, derecho a pensión militar para los derechohabientes (cfr. ob. y loc. cit., p. 425).

Como lo veremos infra, con la vigencia de la ley 22.511 —modificatoria de la ley 19.001 (v. art.
76)— se pasa a un haber indemnizatorio específico que sólo reviste naturaleza de indemnización
resarcitoria.

Pero aparte de ello, tratándose de la reparación del daño a cargo del Estado en el supuesto del
deceso del militar en acto de servicio, la controversia ha girado en torno a si el aludido
resarcimiento queda limitado a una pensión en beneficio de los derechohabientes excluyéndose,
de esta manera, la aplicación de los arts. 1109 y 1113 del Cód. Civil bajo la invocación que la
legislación especial comporta la derogación del régimen civil en materia de responsabilidad (v.
sobre el tema los desarrollos efectuados por Carlos Corbelle en La compatibilidad entre el haber
previsional militar y la indemnización por accidentes y enfermedades laborales, en LL, 1990-B-62).

Según el esbozo de la doctrina delineada a partir de la ya citada causa "Ducase, Gregorio" (sent.
del 11-XI-1939, "Fallos", 184-378), en donde se reclamara una indemnización por daños y
perjuicios, los deudos del militar voluntario fallecido en acto de servicio, que obtuvieran una
pensión, nada más podían reclamar contra el Estado pues tratándose de una relación regida por
disposiciones de derecho público, resultaban inaplicables los preceptos de la ley civil, con
prescindencia —se dijo en "Braza de Moavro, María" (sent. del 21-III-47, "Fallos", 207-176) de que
haya mediado o no culpa de la víctima.

Esta directiva fue objeto de un particularizado tratamiento en los autos "Corvalán de Salina,
Anacleta" (sent. del 11-IV-75, "Fallos", 291-280). En efecto, el Tribunal luego de establecer que
bajo las previsiones del art. 3º de la ley 14.477 en concordancia con lo dispuesto en los arts. 3º,
inc. 1º y 6º de la ley 19.001, el ciudadano incorporado para el cumplimiento del servicio militar
obligatorio quedaba sometido específicamente a las reglamentaciones y ordenanzas que rigen
dicha actividad, cuyos principios se desenvuelven en la órbita del derecho público, constitucional y
administrativo, puntualizó que las especiales circunstancias del caso —relación jurídica constituída
por la Nación, por una parte y, madre extramatrimonial de un conscripto fallecido a consecuencia
de un obrar culposo de un suboficial de las Fuerzas Armadas que carecía de derecho a pensión,
por la otra— llevaban a la convicción de que admitir la pretensión resarcitoria no encontraba
obstáculo en los principios generales específicos que gobiernan el sistema previsional militar.

Una consideración especial merece el pronunciamiento recaído, al promediar el año 1986, en el


caso "Gunther, Fernando" (sent. del 5-VIII-86, "Fallos", 308-1118 y TySS, 1987-1054, Nº 351) en
donde sin distinguir entre voluntarios y conscriptos —a diferencia de lo que postulara el Procurador
General en su meduloso dictamen— la CS resolvió que la existencia de un "retiro alimentario y
asistencial" en los arts. 77 y 78 de la ley 19.001, no obstaba para que un conscripto obtuviera la
reparación fundada en normas de derecho civil de conformidad a la opción prevista en la entonces
vigente ley 9688, principio este que fuera aplicado en el caso de un suboficial de la Policía Federal
por la incapacidad resultante de un accidente sufrido "en y por acto de servicio" ("Luján, Honorio",
5-VIII-86, "Fallos", 308-1109).

Con referencia a la aplicación de la normativa policial, interesa subrayar que para el Tribunal, de la
ley 16.443, el dec.-ley 333/58, los decretos 6580/58 y 4024/63 y las leyes 16.973 y 20.774 surge,
en forma literal, el distingo entre accidentes o enfermedades sufridos por el personal "en y por
actos de servicio" y "en servicio", criterio legislativo reafirmado en la ley 21.965 y el dec.-
reglamentario 1866/83 y que se sustenta en los riesgos directos y propios de la profesión de policía
para otorgar el régimen jubilatorio especial ("Yñiguez, Hortensia", 15-IV-93, "Fallos", 316-679).

3. En este horizonte es de tener presente las modificaciones operadas en la ley 19.001 a partir de
la sanción de la ya mencionada ley 22.511. Así es que como para los conscriptos afectados con
minusvalías laborales menores al 66% para el trabajo en la vida civil quedó suprimido el derecho
pensionario; sólo les ha sido reconocido una indemnización que no podrá exceder a la suma de 35
haberes mensuales de su grado pero sin tener derecho a la misma cuando la inutilización hubiese
sido intencionalmente provocada o proviniese exclusivamente por culpa grave o negligencia del
causante (v. art. 76, ley 19.001 según texto ley 22.511).

Si nos detenemos en el caso "Bertinotti, Carlos" (sent. del 6-X-92, "Fallos", 315-2207) y analizamos
las motivaciones desplegadas por la mayoría frente al criterio que orientara a la minoría, frente a
los lineamientos expuestos en la causa "Gunther" es dable apreciar las dificultades de
interpretación en torno al dispositivo aplicable; allí se dijo que la norma del art. 76, inc. 3º, ap. c, de
la ley 19.001 —texto según ley 22.511— busca establecer un resarcimiento y no un haber de
carácter previsional, ya que la palabra "indemnización" figura no menos de cuatro veces en su
texto, lo que se compadece con lo expresado en la nota de elevación del proyecto de la ley 22.511
y el hecho que el actor no la hubiera cuestionado constitucionalmente obstaba a la aplicación de
las reglas que rigen la responsabilidad genérica.

A los fines de este examen, interesa tener presente que para el Tribunal (v. "Bozzano, Edgardo",
sent. del 13-VI-95, ED, 166-34), las bases de la discriminación contenida en la ley 22.511 —
modificatoria de los arts. 76, 77 y 78 de la ley 19.001— responden a un criterio razonable por lo
que no es susceptible de reproche constitucional la diferenciación según el grado de invalidez entre
quienes perciben un haber de retiro mensual (disminución superior al 66%) y aquellos que sólo
tienen derecho a una indemnización única (con incapacidad inferior al referido porcentaje)
habiendo añadido, al efecto, que la diferencia existente entre las situaciones anteriores y las
posteriores a la sanción de un nuevo régimen legal —cual es el de la ley 22.511 con relación al de
la ley 19.001— no configura agravio a la invocada garantía de igualdad (En igual sentido:
"Dentone, Ricardo", sent. del 13-VI-95).

Dentro de este esquema queda involucrada la doctrina sentada en la causa "Córdoba, Oscar"
(sent. del 4-XI-93, "Fallos", 316-2483) respecto a que el encasillamiento prescripto en la ley 22.511,
entre el personal superior y subalterno por un lado y los alumnos y conscriptos, por el otro, es
consecuencia de un razonable criterio legislativo, del cual no puede inferirse excepción o privilegio
que excluya a unos de lo que se concede a otros, en iguales circunstancias.

4. En una perspectiva que se suma a la temática subexamen, es de anotar que la decisión tomada
en el año 1992 en el juicio "Valenzuela, Rubén" (sent. del 25-VIII-92, "Fallos", 315-1731) en cuanto
llega a exhibir una brusca oscilación con relación a la anterior política judicial trazada, hace ver lo
difícil que es lograr en esta materia una coordinación funcional que conspira con la necesidad de
que las normas sean sentidas como justas. Concretamente, en dicha oportunidad al determinarse
que los integrantes de las fuerzas armadas, sea formando parte de su cuerpo permanente o de la
denominada reserva incorporada, no pueden reclamar la indemnización de daños sufridos en actos
de servicios por la vía del derecho civil, volvió a tener predicamento el criterio expuesto a fines de
la década del treinta.
Transcurrió un tiempo y el Tribunal, en la causa "Mengual, Juan" (sent. del 19-X-95, JA, 1996-II-
232), bajo la idea de otorgar una visión abarcadora al tema, en cuanto estimara "necesario efectuar
un nuevo examen de la cuestión a fin de evitar que los distintos criterios enunciados
precedentemente deriven en líneas jurisprudenciales encontradas" estableció como directriz, si
bien es de reconocer que continúan aflorando matices para el disenso, que del análisis del art. 76,
inc. 2º de la ley 1001, modificada por la ley 22.511 "… parece razonable extraer la conclusión de
que no existe óbice alguno para otorgar una indemnización basada en normas de derecho común
a un integrante de las fuerzas armadas o de seguridad —ya sea que su incorporación haya sido
voluntaria o consecuencia de las disposiciones sobre el servicio militar obligatorio— cuando las
normas específicas que rigen a las citadas instituciones no prevén una indemnización sino un
haber de retiro de naturaleza previsional".

XII. Breve reflexión final

La circunstancia de haber definido, con claridad y rigor, los principios que caracterizaran el
desenvolvimiento de los regímenes de retiros y pensiones militares, permite poner de manifiesto
que la labor del Tribunal adquiere particular relieve al haber elaborado, a lo largo de un apreciable
período, un conjunto de explicaciones, plena de sugerencias que, por encima de las variaciones
experimentadas en diversos casos, alcanza para concretar una síntesis doctrinal, como aporte
decisivo en la consolidación de la justicia previsional militar.

Ello ha constituído un sensible adelanto en orden a la estabilidad de las relaciones jurídicas y a la


valorización —sujeta, claro está, a variaciones y contradicciones ínsitas en toda creación jurídica—
de los intereses en juego, en litigios en donde se hallara comprometido el conflicto de distintas
interpretaciones judiciales.

Por cierto que las referencias que podrían completar el cuadro de situación expuesto en este
ensayo, serían muy variadas. Pero en este desafío, vemos la necesidad de consignar un aspecto
que, según nuestra manera de ver, adquiere una particular significación como lo ha sido la
favorable postura de hacer extensible a los regímenes previsionales militares —en su condición de
especiales—, las soluciones previstas para el régimen previsional ordinario superando, de esta
manera, un anterior como firme criterio jurisprudencial (arg. doct. "Sayus de Gómez Romero,
Hilda", 24-III-77, "Fallos", 297-218 y los precedentes allí citados) que negara dicha posibilidad.

Tal tesitura en cuanto no ha dejado de responder a una acertada labor de diferenciación constituye
una circunstancia que al mismo tiempo que imposibilitó la consagración de injusticias, sirve como
demostración del paulatino desarrollo de una tendencia de aproximación de estos regímenes
especiales al general u ordinario.

Lo que nos interesa puntualizar, asimismo, a la luz de la apuntada perspectiva, es que no cabe
descartar la posibilidad de futuros enfoques que instrumentalmente neutralicen posturas
pendulares (v.g.: indemnizaciones de naturaleza civil y la responsabilidad del Estado) que, por
cierto, frustran la adecuada eficacia y justicia de la jurisdicción.

Sea como quiera, respecto a la exposición efectuada (en grandes trazos) de los principales
aspectos de la doctrina legal del Tribunal cimero aplicable a la materia previsional militar y
examinada su consistencia y consecuencias, sólo resta llamar la atención, frente a lo categórico de
su afirmación, acerca de los lineamientos que en un futuro mediato podrán —o no— continuar
asegurando la protección de las personas que integran regímenes previsionales que no forman
parte del SIJP.