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que tom6é su amapola y emprendié el regreso a la ciudad en aquella vieja motocicleta!... Se qued6 sin gasolina, al taxi se le pinché una rueda, le tocé una hora punta en el «metro», con lo cual se las vio negras para que la delicada flor no se marchitara. No, no sigo ;Para qué remover viejas penalidades si ya pasaron? Lo unico que importa es que ha sido él, SOLOMAN, quien ha entregado “jel primero!— la amapola a Angela. Por- que, al parecer, para llevar una flor a una chica, como quiza para tantas otras cosas sencillas pero que merecen la pena, lo unico que se necesita es ser una persona corriente y moliente. Vamos, digo yo.. y asi fue como SOLOMAN con valentia constancia e inteligencia ha podido entregar la flora la nifia y asi ser aceptado y respetado por los demas superhéroes. FIN 67 66 procedente para entrar en un centro de salud de tan alta consideraci6n y categoria como aquél era, V mientras discutian con unos y con otros, desconcertados y malhumora- dos los mas famosos superhéroes del mundo al comprobar que su esfuerzo no habia servido para nada, hete aqui que por el extremo de la calle aparece, corriendo a todo correr y resoplando como un mulo de carga —jcon per- dén!—, el recién estrenado personaje SOLOMAN. Trae en sus manos una roja y lo- zanisima amapola, se acerca a la en- trada del hospital, saluda a todos los superhéroes alla reunidos y también al imponente portero —quien, por cierto, lo deja pasar con una inclinacién de cabeza murmurando entre dientes «jasi es como se debe traer una flor a una chica!» —, y se lanza escaleras arriba en busea de Angela. jSi yo os contase las peripecias que nuestro héroe tuvo que pasar desde 65