You are on page 1of 444

Nuevas y diversas prácticas sociales, políticas y culturales se han

abierto paso en el último tercio del siglo XX, las de los denominados
movimientos sociales. Prácticas que interrogan las formas tradicio-

nales de la política y que al mismo tiempo, ensayan nuevas formas

de construcción social desde las bases mismas de la sociedad.

La Colección Movimientos Sociales incluye estudios, ensayos y

monografías relativas a la acción colectiva de diversos grupos so-


ciales, urbanos y rurales, tanto de carácter local, regional o glo-

bal. Se propone contribuir al debate acerca de los significados de

los movimientos sociales así como respecto de su impacto social


y político en la sociedad.

MARIO GARCÉS
MARIO GARCÉS

TOMANDO SU SITIO
El movimiento de pobladores de Santiago
1957 - 1970

EDICIONES
LOM PA L A B R A D E L A L E N G U A Y Á M A N A Q U E S I G N I F I C A SOL

Garcés, Mario
Tomando su sitio: el movimiento de pobladores de
Santiago, 1957-1970 / Mario Garcés Durán . -- 1a ed. –
Santiago : LOM Ediciones, 2002.
450 p. : Gráficos, cuadros estadisticos ; 21x16cm –
(Colección Movimientos Sociales)

ISBN : 978-956-282-477-4;

1. Poblaciones marginales – Chile – Santiago --Historia.


2. Pobladores -- Chile – Santiago -- Condiciones Sociales --
1957-1970. 3. Política habitacional – Chile – Santiago –
Historia. 4. Vivienda -- Chile – Santiago -- 1957-1970.
I.Título. II. Serie

Dewey : 363 51 – cdd21


Cutter : G215t

Fuente: Agencia Catalográfica Chilena

© LOM Ediciones
Primera edición, septiembre 2002
I.S.B.N: 978-956-282-477-4

© MARIO GARCÉS
Registro de Propiedad Intelectual Nº: 127.110

Motivo de la cubierta: Composición en base a fotografías de revista Taller de análisis Movimientos Sociales y
Coyuntura, de ECO, Educación y Comunicaciones; y Taller de Acción Cultural, TAC
(Una noche, un pensamiento, una toma, una población Libertaria).

Diseño, Composición y Diagramación:


Editorial LOM. Concha y Toro 23, Santiago
Fono: (56-2) 688 52 73 Fax: (56-2) 696 63 88

Impreso en los talleres de LOM


Miguel de Atero 2888, Quinta Normal
Fono: (56-2) 716 9684 - 7169695 Fax: (56-2) 716 8304
web: www.lom.cl
e-mail: lom@lom.cl

Impreso en Santiago de Chile.

4
Prólogo

Todavía en los años ochenta, se pensaba que el principal movimiento po-


pular chileno había sido y debía ser el movimiento obrero, sin embargo, por
estos mismos años quienes más resistían y más visible hacían su oposición a la
dictadura eran los pobladores. Me parece que lo que estos hechos estaban po-
niendo en evidencia era que debíamos reconocer dos grandes protagonistas
colectivos en el siglo XX: el movimiento obrero y el movimiento de pobladores.
Dos movimientos de fronteras difusas, ya que como decían las asisten-
tes sociales en los años cincuenta, el poblador de las callampas “es el mismo
obrero de la fábrica”, solo que carece de un salario suficiente para habitar una
vivienda digna, y efectivamente como se muestra en este libro, en aquellos
años, más de un tercio de la población de Santiago vivía en conventillos,
callampas o subarrendaba. Sin embargo, no se puede negar, por otra parte,
que la “clase obrera” fue siempre solo una fracción de la clase popular y que
un alto grupo de hombres y mujeres de pueblo nunca alcanzaron la condición
obrera, debiendo permanecer en una categoría, digamos a falta de un concep-
to mejor, de “subproletariado”. Miles de mujeres de pueblo permanecieron,
durante gran parte del siglo como lavanderas de ropa ajena y del planchado o
como sirvientas domésticas y nunca alcanzaron la condición obrera en sentido
estricto, sin embargo estas mismas mujeres fueron protagonistas fundamenta-
les del movimiento de pobladores, en los años sesenta. Algo parecido ocurrió
con esa gran diversidad de “trabajadores por cuenta propia”, maestros de di-
versos oficios o trabajadores temporales en tareas de sobrevivencia legales e
ilegales, que difícilmente se pueden asimilar a la noción de “ejército industrial
de reserva”, sin embargo, muchos de ellos se hicieron dirigentes del movi-
miento de pobladores en los años sesenta y setenta.
Los campos de acción y de pertenencia social de obreros y pobladores
variaron en diversos sentidos, de tal modo que mientras unos militaron en
sindicatos, los otros lo hicieron en juntas de vecinos o comités de sin casa;
mientras unos demandaron mejoras de salarios a sus empleadores, los otros

5
demandaron viviendas del Estado; mientras unos fueron protagonistas en el
campo de la producción, los otros lo fueron en el campo del “poblamiento”, en
la acción de habitar, de “poblar” la ciudad.
El movimiento obrero fue el actor popular más relevante al iniciarse el
“siglo XX largo”, como llama Tomás Moulián al siglo que se inicia con la Gue-
rra Civil del 91, ya que la primera Huelga General en Chile se verificó en 1890,
en el norte y centro del país. Y para la primera década del siglo XX, cuando
estalló la “cuestión social”, los obreros ya eran un actor insoslayable para la
elite, como ha dicho Gabriel Salazar, y fue entonces que hicieron más visible su
descontento y sus demandas a través de huelgas, protestas y motines que al-
canzaron un punto culminante y a su vez trágico en la Escuela Santa María de
Iquique en 1907. Como ha indicado Gonzalo Vial, allí se rompió, si es que
alguna vez existió, la unidad social del país.
El movimiento obrero, desde sus orígenes, centró sus luchas y sus de-
mandas en las mejoras de las condiciones laborales y de los salarios y también
muy tempranamente vinculó sus luchas con el socialismo, que lo proclamó
como una posibilidad para Chile aun antes del reformismo alessandrista de
los años veinte. En parte, el reformismo de este último fue una respuesta a los
deseos de cambio social y más ampliamente de una sociedad distinta, que de-
mandaron los trabajadores chilenos organizados de ese tiempo.
Los pobladores, en cambio, hicieron su entrada en escena a través de las
huelgas de arrendatarios de conventillos en 1919 y 1925, reaparecieron luego
en la “toma de Zañartu” que dio origen al sector de La Legua Nueva en los
años del Frente Popular, y alcanzaron una presencia más sostenida y extendi-
da a partir de la “toma de La Victoria” en 1957. El movimiento de pobladores
entonces, se fue convirtiendo en el actor urbano más dinámico de la ciudad de
Santiago, sobre todo cuando unió sus luchas por la vivienda con las propues-
tas del cambio y de justicia social que movilizaban al conjunto de la sociedad.
Fue en esta etapa que los pobladores mayoritariamente dejaron atrás los
conventillos y las callampas para vivir en poblaciones estables y definitivas.
Unos y otros, obreros y pobladores, fueron protagonistas fundamenta-
les del proceso de reformas que impulsó la Democracia Cristiana en los sesenta
y de la emblemática “vía chilena al socialismo” que impulsó la Unidad Popu-
lar, a principios de los setenta. Y cuando el tiempo político aún favorecía a esta
última, después de la denominada “crisis de octubre” en 1972, obreros y po-
bladores se dieron a la tarea de dar vida a inéditas formas de “poder popular”,
coordinando luchas y actos de poder local en barrios, cordones industriales y
“comandos comunales”. Y a pesar de que el discurso dominante de la Izquier-
da política en estos años, tendía a referir y encapsular todas las prácticas

6
populares con relación a la “clase obrera”, como el sujeto histórico por exce-
lencia, se hacía ya evidente que las dinámicas y prácticas del “movimiento
popular” eran más amplias y diversas. El “poder popular”, en este sentido
tenía que ver con la emergencia de procesos de democratización por la base
que unían y articulaban territorialmente a jóvenes, mujeres, trabajadores y tra-
bajadoras de diversas categorías de la clase popular.
A partir del golpe de Estado de 1973, obreros y pobladores fueron vícti-
mas de similar violencia represiva estatal, unos y otros, que habían comenzado
a llamarse “compañeros” entre sí, fueron entonces declarados “enemigos in-
ternos de la nación” por los militares y la derecha política en el poder. En contra
de todos ellos se dirigió el golpe de Estado para aplastar sus organizaciones y
el ideario socialista. La palabra “compañero” fue prohibida y dejó de pronun-
ciarse, al menos públicamente.
Si para los obreros sindicalizados se cerraba un ciclo histórico, en el sen-
tido de la represión a sus organizaciones, la muerte y desaparición de muchos
de sus dirigentes, y el cambio en el modelo de desarrollo, que trajo consigo la
desindustrialización del país, para los pobladores, el golpe interrumpió las
prácticas y los sueños asociados a construir colectiva y comunitariamente sus
poblaciones. Sin embargo, a pesar de la represión, el terrorismo de Estado y las
políticas encaminadas a disciplinar la sociedad, los pobladores fueron “un hueso
duro de roer” para los militares y la derecha política en el poder, ya que cuan-
do promediaban diez años de dictadura, los pobladores se convertirían en el
principal movimiento social opositor al régimen militar. Con sus “protestas”
de los años 1983-1986, que protagonizaron especialmente mujeres y jóvenes
pobladores, pusieron a los militares a la defensiva y le mostraron al mundo
que en Chile la mayoría del pueblo, luchaba y soñaba con el retorno a la demo-
cracia. Se estaba produciendo entonces una especie de relevo, en el sentido
que mientras antes del golpe, era el movimiento obrero el principal protago-
nista popular, ahora ese lugar empezaban a tomarlo en sus manos los
pobladores y una diversidad de movimientos sociales de mujeres, de cristia-
nismo popular, de derechos humanos y de jóvenes de las poblaciones de
Santiago y de provincias.
Las demandas de los pobladores, en los años ochenta, ya no serían solo por
viviendas, que muchos de ellos habían conseguido a fines de los sesenta, sino por
la democratización de la sociedad, por fuentes laborales, acceso a un sistema dig-
no de educación y de salud pública, respeto por la vida y el ejercicio de las libertades
públicas, y más ampliamente por una sociedad fraterna y solidaria, más cercana al
ser que al tener, como propuso Erich Fromm en los años sesenta, a la colaboración
que a la competencia, al sentido de comunidad que a la exclusión.

7
Ciertamente muchas de las aspiraciones, valores y actitudes que se cul-
tivaron en las prácticas de los movimiento sociales populares, antes y durante
la dictadura, no encontraron traducción política en el Chile de los noventa,
habida cuenta de las debilidades de los propios sujetos populares y de los
discursos políticos, especialmente del centro y de la Izquierda, que acompaña-
ron el desarrollo del movimiento popular en esos años. Como fue percibido
por diversos observadores, en ese tiempo, era visible una distancia entre la
“protesta popular” y las “propuestas políticas” que surgieron desde los parti-
dos opositores a la dictadura. En efecto, mientras unos buscaban apoyarse en
la protesta social para negociar una salida pactada con los militares –algo de
esto fue lo que finalmente ocurrió– los otros proclamaban la inminencia de la
revolución –o algo parecido a ello– pero, en ambos casos, las estrategias y dis-
cursos políticos no establecían vínculos con un movimiento social popular, en
tanto que protagonista del cambio. El resultado de este desencuentro fue que los
anhelos y aspiraciones de los movimientos sociales populares no se tradujeron
en propuestas políticas democráticas y democratizadoras1.
Primó más la tradición (“el peso de la noche”) y la transición o el retor-
no a la democracia fue concebido por la clase política chilena como un “pacto
de convivencia” con los poderes de facto, que se fortalecieron en la dictadura
(los empresarios, las fuerzas armadas, la Iglesia) y no como un proceso de
progresiva democratización de la sociedad. Haber elegido este último camino
suponía privilegiar a una diversidad de movimientos sociales, entre ellos el
poblacional y muchos otros con fuerte arraigo en los territorios populares, re-
conociéndoles su condición de protagonistas e interlocutores fundamentales
de la transición a la democracia.
Una vez más, como había ocurrido en otras coyunturas de nuestra historia,
el sistema de partidos, legalmente establecido y permitido bajo un nuevo y artifi-
cial régimen de bi-partidismo (de dos grandes alianzas en nuestro caso), se ha
separado del pueblo. La democracia recuperada entonces ha sido decepcionante
para muchos porque “los asuntos de la polis”, es decir la política, se ha vuelto
espectáculo mediático que se desarrolla de espaldas al pueblo, pasto de cultivo,
por otra parte, para nuevas formas de populismo y de clientelismo político.
Qué distinta hubiese sido la transición si en el campo de los Derechos
Humanos, las agrupaciones de víctimas de la represión y las organizaciones

1
Para una visión general de las protestas, Gonzalo de la Maza y Mario Garcés. La explosión de las
mayorías. Protesta Nacional, 1983-1984. Ediciones ECO, Santiago, 1985. Para una visión crítica
de la transición desde los movimientos sociales, consultar “Taller de análisis de movimientos sociales
y coyuntura”, Ediciones ECO, Números 1 al 5, 1988, 1989.

8
de Derechos Humanos hubiesen sido los interlocutores y aliados principales
de un gobierno democrático para definir una política consecuente frente a los
militares y la derecha política. Qué distinta hubiese sido la transición si en el
campo territorial las organizaciones de pobladores hubiesen sido consultadas
respecto de las reformas necesarias de realizar para democratizar los gobier-
nos locales, y más todavía, si en vez de ver al pueblo como amenaza, hubiese
sido considerado protagonista de la democratización.
La transición siguió un curso, paradójicamente, por pocos deseado, y
uno de los problemas de hoy es cómo resignificar la política, ya que una polí-
tica sin pueblo, de espaldas al pueblo, inevitablemente y habida cuenta de
nuestras tradiciones, está condenada al fracaso; es de corto alcance y prepara
las crisis de mañana. No hay recetas ni tiene sentido esperar la emergencia de
liderazgos mesiánicos, más vale el largo y sinuoso camino de la práctica social,
en su doble sentido, como historia y como potencialidad de las dinámicas e
iniciativas de las agrupaciones sociales populares.
En este contexto, ¿qué sentidos puede tener volver sobre el pasado del
movimiento poblacional? En primer lugar, busco contribuir a una necesaria
discusión sobre los movimientos populares del siglo XX, en el sentido más
arriba insinuado, es decir, llamando la atención sobre la especificidad y signi-
ficación del movimiento poblacional, como actor social urbano, portador de
prácticas y propósitos de “construcción de sociedad desde abajo”, de nuevas
formas de poder y de democracia local. En segundo lugar, me parece que los
fenómenos de exclusión social que provoca el actual capitalismo globalizado,
generarán campos de conflicto creciente entre el Estado y diversos grupos “en
movimiento” que nacen en las poblaciones. Tal es el caso de los jóvenes de
pueblo y sus variadas y muchas veces desesperadas búsquedas de identidad,
la extensión de la apatía política en vastos sectores de la población o las contra-
dictorias estrategias de sobrevivencia de los más pobres, que se mueven entre
la “empresarialidad popular” y la extensión y proliferación de mafias asocia-
das a la delincuencia y el narcotráfico.
De cara a la realidad actual de los pobladores, me parece que la historia,
como disciplina puede representar un aporte significativo a los pobladores de
hoy y más ampliamente también a otros sectores de la sociedad. En efecto,
una de las principales motivaciones que me animaron a realizar y perseverar
en este estudio, fue ofrecer algo así como un espejo en que los pobladores pu-
diesen mirarse, en un pasado cargado de iniciativas y proyectos de
transformación y humanización de sus vidas en la ciudad, en un pasado ante-
rior a la dictadura, en que la iniciativa histórica estuvo de parte de los

9
movimientos sociales populares, y en particular en manos de los pobladores.
Sostengo, con gran convicción, que si se observa el proceso históricamente, los
pobladores fueron protagonistas, desde fines de los cincuenta hasta los prime-
ros años de los setenta, de un movimiento social exitoso que transformó por
completo la ciudad de Santiago y les dio a sus protagonistas una nueva posi-
ción ya no solo en la ciudad sino que más ampliamente en la sociedad.
Si se tiene en cuenta este pasado, y las iniciativas de rearticulación que
desarrollan hoy los pobladores, me parece que la acción social y política pobla-
cional será un componente fundamental en la recreación de un horizonte
democrático para la sociedad chilena. Esto es, campo de disputa electoral, pero
más que eso, campo de iniciativas comunitarias y de formas de sociabilidad
que interrogarán permanentemente los modelos individualistas dominantes
así como a una institucionalidad aún débilmente democrática, que debe ser
transformada y puesta al servicio de los ciudadanos-pobladores en sus respec-
tivos territorios. Estos procesos de democratización no prosperarán si los
movimientos sociales de raíz poblacional no recuperan roles protagónicos en
el campo de la política local y nacional.
Finalmente, quiero contribuir a la formación de muchos estudiantes y
jóvenes profesionales de historia, trabajo social y otras disciplinas que, ejer-
ciendo sus profesiones en el campo poblacional y recorriendo cotidianamente
las calles de la ciudad popular, carecen de referencias más sistemáticas acerca
de la historia de los pobladores de la ciudad de Santiago. Pero más aún, busco
contribuir a la crítica de esas construcciones de la actual ingeniería social que
ve a los pobladores como objeto de políticas sociales compensatorias o de ac-
ciones asistenciales dirigidas hacia el “mundo de los pobres”, tantas veces visto
como ajeno y calificados de tantas maneras –vulnerables, en riesgo, carenciados,
no habilitados, etc.– que niegan su condición de sujetos con derechos a una
humanidad plena.
Este libro es el resultado de mis investigaciones encaminadas a obtener
mi grado de Doctor en Historia en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Muchas personas e instituciones contribuyeron a hacer esto posible, por lo que
agradezco a todas ellas la confianza y los apoyos de diversa naturaleza que me
brindaron. En especial, a los servicios facilitados por las profesionales de la
Biblioteca del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo, a mis compañeros de
ECO, Educación y Comunicaciones, en especial, a las historiadoras Myriam
Olguín y Nancy Nicholls del Programa de Historias Locales. Al historiador
norteamericano, Peter Winn, por sus sabios y oportunos consejos. A todos los
pobladores de diversas comunas de Santiago, que en los últimos años, me con-
fiaron sus relatos de vida o pusieron en común sus testimonios en animados

10
talleres o encuentros con la memoria popular, en particular a Ibador, Clodomira,
Elena y Manuel. A mi hermano Juan Antonio Garcés y a mi amigo Antonio
Mondelaers, sin cuyos estímulos y apoyos solidarios no me hubiera sido posi-
ble destinar el tiempo y los recursos que la investigación requirió.
A mis hijas, Magdalena, Verónica y Antonia, que tuvieron la paciencia
de soportar mis ausencias y a Jody Pavilack que no solo me acompañó
afectivamente sino también con sus lúcidas ideas y agudos comentarios desde
su propia tradición historiográfica.
Agradezco también al Programa de Doctorado de la Pontificia Univer-
sidad Católica, que me dio la oportunidad de enriquecer mi formación como
historiador y al profesor, don Armando de Ramón, cuya experiencia y sabidu-
ría me acompañó en la elaboración de mi tesis doctoral sobre este tema.
A Tomás Moulián, que se atreve en los tiempos actuales a ejercer su
mirada crítica, la que nos invita no solo a mirar el pasado sino sobre todo
nuestro futuro, y que ha reconocido el valor social y político de este tema,
animándome para divulgarlo. A LOM ediciones por hacerlo real. A los pobla-
dores de “La Voz de los sin casa” del Campamento Peñalolén, por mantener
viva la lucha por lograr su propio sitio en la ciudad y la sociedad.

11
Introducción

Este es un estudio sobre los pobladores de Santiago en un período espe-


cialmente significativo de su historia, aquel que les permitió mejorar su posición
en la ciudad, transitando desde formas precarias de habitar hasta formas esta-
bles y definitivas de asentamiento urbano. Se inicia en los años cincuenta, en el
momento que los problemas asociados al poblamiento informal y la pobreza
urbana, eran percibidos por diversos actores de la sociedad, como uno de los
problemas sociales más graves del país y termina, en 1970, cuando los pobla-
dores de la capital, multiplicando sus iniciativas, se habían convertido en el
actor social más dinámico de la comunidad urbana capitalina. A través de sus
movilizaciones, en las décadas que considera este estudio, y en los años inme-
diatamente posteriores, los pobladores fueron recreando la ciudad de Santiago,
dando origen a las “poblaciones” y barrios populares más emblemáticos de
la capital, tal como hoy los conocemos.
El estudio se ha propuesto describir y analizar los procesos históricos a
través de los cuales los pobladores o los “pobres de la ciudad”, modificaron
sus formas de pertenencia a esta, expandieron sus capacidades organizativas e
interactuaron con el sistema de partidos políticos y el Estado, hasta constituir-
se en un actor social, capaz de influir en la satisfacción de sus necesidades de
vivienda y en el evidente reordenamiento urbano que vivió Santiago en la
década del sesenta. Se sostiene, en este último sentido, que los pobladores fue-
ron un actor social y político relevante en la sociedad santiaguina a lo largo de
todo el período en estudio: en los años cincuenta, incrementando la presión
social que llevaría al establecimiento, por parte del Estado, de los primeros
planes nacionales de vivienda, y en los años sesenta, expandiendo sus capaci-
dades organizativas para ampliar y diversificar las estrategias de resolución
de los problemas de la vivienda en la ciudad de Santiago.
Para alcanzar los propósitos de este estudio, fue necesario centrar la
atención, por una parte, en las iniciativas de organización y de presión que
surgieron de los propios pobladores, especialmente en la zona sur de Santiago,

13
que fue el epicentro del conflicto urbano, desde fines de los cincuenta hasta
bien avanzada la década del sesenta. Sin embargo, teniendo en cuenta la natu-
raleza y la magnitud del movimiento poblacional, se le vio luego, en el contexto
más amplio de la ciudad. Por otra parte, fue necesario también centrar la aten-
ción en el Estado, que bajo administraciones de distinto signo político, en el
período en estudio, organizó y puso en marcha las primeras y más significati-
vas políticas de vivienda popular y de integración social de los más pobres de
la ciudad.
El proceso mediante el cual los pobladores redefinieron sus formas de
habitar la ciudad, fue sin lugar a dudas relevante, no solo porque movilizó a
una mayoría popular, de precaria posición social en los años cincuenta, sino
porque además, fue parte constitutiva de los procesos de cambio social y polí-
tico que removieron a la sociedad chilena en los años sesenta. Por otra parte, si
se observa este proceso, desde una perspectiva histórica de “larga duración”,
el protagonismo social y político alcanzado por los pobladores, en los años
cincuenta y sesenta, les permitió cerrar un verdadero periplo histórico en su
búsqueda por alcanzar formas dignas y estables de asentamiento en la ciudad.
En efecto, la precariedad del poblamiento popular había sido reconocida por
Benjamín Vicuña Mackenna en el último tercio del siglo XIX, sin embargo,
todavía durante la primera mitad del siglo XX se multiplicaron las formas de
poblamiento precario –en particular los “conventillos” y las “poblaciones
callampas”– hasta que, finalmente, los pobladores alcanzaron una forma más
definitiva de asentamiento urbano, en los años sesenta, en “villas” y “pobla-
ciones” .
El concepto mismo de “poblador”, con el que se denominó a los pobres
de la ciudad, surgió y se extendió en los años sesenta, cuando producto de su
mayor visibilidad social, fueron “objeto de estudio” de las ciencias sociales, par-
ticularmente de la sociología. En efecto, a diferencia de otros temas sociales o
institucionales que han ocupado al historiador, con relación a los pobres de la
ciudad, solo recién en los años ochenta se asiste a una reconsideración de “lo
popular”, que pondrá mayor atención en este “nuevo” sujeto social, así como en
otras manifestaciones culturales de los sectores populares chilenos. Con anterio-
ridad a esta “puesta al día” de la historiografía, los pobladores, preocuparon a
sociólogos y urbanólogos, sobre todo cuando se hizo necesario explicar y suge-
rir soluciones al explosivo crecimiento de las ciudades latinoamericanas.
De este modo, fue desde la sociología, a principios de los años sesenta,
que se formuló un corpus teórico sistemático –de raíz funcionalista– para ex-
plicar y sugerir soluciones al explosivo crecimiento de los problemas sociales
de las ciudades latinoamericanas. Esta fue la denominada “teoría de la

14
marginalidad” elaborada por el Centro para el Desarrollo Económico y Social
de América Latina (DESAL), vinculado a la Iglesia Católica. Este corpus teórico
tuvo indudablemente un significativo impacto tanto en el ámbito académico
como político y social de los años sesenta. En efecto, la teoría de la marginalidad
constituyó una respuesta teórica, desde la tradición social cristiana al marxis-
mo criollo, que había centrado sus explicaciones acerca de la situación del
mundo popular en las contradicciones económico estructurales de la socie-
dad, reconociendo en la “clase obrera” al “sujeto histórico” más relevante del
devenir histórico y del futuro de nuestra sociedad1.
Distanciándose de estas tesis, la teoría de la marginalidad pondría el
acento en la “integración social”, reconociendo en la historia de América Lati-
na “dicotomías” y superposiciones de culturas y de civilizaciones. Estas
superposiciones, que se habrían iniciado con la Conquista y que se prolonga-
ron en la Colonia, no podían dejar de proyectarse en la dicotomía campo-ciudad,
y en la segregación socio territorial al interior de las ciudades latinoamerica-
nas2. Un resultado moderno de este proceso histórico, se sostuvo, eran las
desigualdades sociales en la ciudad, la explotación económica y la domina-
ción política, que tenían por efecto la constitución en las sociedades
latinoamericanas de dos grandes conglomerados: uno “supra participativo” y
otro “supra marginal”. Esta última era la situación de los más pobres, de los
que hacían crecer los cordones de miseria que rodeaban las grandes ciudades
de nuestro continente a fines de los años cincuenta. Eran grupos sociales, que
a juicio de Vekemans “puede decirse que no están social y económicamente
integrados a una sociedad, a un sistema de clases, ya que no pertenecen al
sistema económico”3. Un nuevo concepto había nacido para designar este fe-
nómeno, la marginalidad, que no era sino “la actualización del problema
inicial”, vale decir, la existencia de un sector social que se encontraba al borde
de su incorporación objetiva a las estructuras de la sociedad.
La teoría de la marginalidad, junto con estimular los estudios sobre los
grupos sociales pobres de la ciudad, que serían ahora socialmente designados
como “pobladores”, encontró también réplicas teóricas, a principios de los se-
tenta, entre los investigadores del Centro de Desarrollo Urbano y Regional

1
Entre los autores más difundidos de este enfoque, ver: Segall, Marcelo Desarrollo del capitalismo
en Chile. Cinco ensayos dialécticos, Editorial del Pacífico, Santiago, 1953; Ramírez N. Hernán
Historia del Movimiento Obrero en Chile, Ediciones Talleres Gráficos Lautaro, Santiago, 1956.
2
Veckemans, Roger La marginalidad en América Latina. Un ensayo de conceptualización. En:
Población y familia en una sociedad en transición, DESAL, Troquel, Buenos Aires, 1970. p. 31.
3
Vekemans, op. cit., p. 54.

15
(CIDU) de la Universidad Católica de Chile. Desde este Centro, se sostendría
que las poblaciones populares más que “el refugio de la desintegración social
y la concentración de lumpen”, serían “la única forma posible de residencia
para una fracción de la clase obrera (aquellas de los “sectores tradicionales”) a
la que se agrega, una buena parte del proletariado de la gran industria, e inclu-
so empleados y pequeños burgueses, aún cuando los grupos obreros sean
netamente hegemónicos”4.
Diversos investigadores del CIDU, volverían sobre el paradigma mar-
xista, aunque reformulado5, para buscar explicar la situación de los pobladores
y replicar de este modo al paradigma funcionalista de DESAL. El nuevo plan-
teamiento sostendría que el “movimiento de pobladores” encontraría su
explicación más que en la estructura de clases, en su articulación con el marco
general de la lucha de clases, de la reivindicación urbana y de “una estrategia
política ligada a la movilización sobre base y objetivos de gobierno local”6.
Este debate sociológico sobre los pobladores, que se constituyó en Chile
a partir de la década de los sesenta, se vio interrumpido con la crisis social y
política que se vivió en nuestro país en la primera mitad de los setenta. Cuan-
do reemergió el debate, en la década siguiente, es decir en los años ochenta, lo
haría bajo nuevas formas y con nuevas categorías de análisis, siendo ahora un
debate no solo de la Sociología sino que también de la Historiografía.
La reflexión y el debate sociológico, en esta nueva fase, debió tomar en
cuenta la emergencia de nuevos actores y movimientos sociales, y se tendió a
centrar en determinar el significado de la acción social colectiva en el contexto
de regímenes autoritarios. De las visiones más tradicionales de tipo estructu-
ral, es decir, de la determinación o el condicionamiento económico clasista, se
evolucionó hacia una visión más diversa y multicausal de la acción colectiva7.
Esta, se la vio ahora manifestarse en una diversidad de movimientos sociales,
de “pobladores” en sentido amplio, pero también de género, de jóvenes, de
etnias, comunidades religiosas, ecologistas, etc.
Junto con este reconocimiento, se discutió también acerca de la visión
politicista que había predominado en las ciencias sociales a propósito de los

4
Castells, Manuel “Movimiento de pobladores y lucha de clases”, en Eure, Santiago, III, abril 1973,
p. 9 y ss.
5
Decimos que se trataba de un marxismo reformulado, en el sentido que no se reproducía simplemente
la tradición marxista criolla, inaugurada en el ámbito académico en los años cincuenta, sino que se
ampliaban las explicaciones y los actos de comprensión de la realidad social en el contexto de la
“teoría de la dependencia”.
6
Castells, op cit., p. 21.
7
Calderón Fernando y Jelin Elizabeth. “Clases sociales y movimientos sociales en América Latina”.
En Proposiciones, Edic. SUR, Santiago, Nº 14, 1987, p. 14 y ss.

16
movimientos sociales. A este respecto, se sugirió ver la acción colectiva de los
grupos sociales urbanos no solo con relación al poder, sino que en su capaci-
dad de “construcción sociocultural”8. Esta y otras indicaciones, abrieron nuevos
derroteros para el análisis de la acción colectiva como expresión de vitalidad y
autonomía relativa de la sociedad civil con relación al Estado. Más particular-
mente en Chile, el debate sobre los pobladores, tendió a organizarse en torno
a la consideración de los pobladores como “movimiento social” en sentido
estricto9 o, en su extremo, verlos simplemente como “masas anónimas centra-
lizadas esporádicamente”, expresión visible de procesos de desintegración
social10. En una perspectiva menos radical a la de este último punto de vista,
se vio también a los pobladores como sujetos de acción colectiva, en dinámicas
de sobrevivencia y de acción política, orientadas preponderantemente hacia
formas de integración social11.
En los años ochenta, como adelantáramos, los sectores populares urba-
nos comenzaron a ser incorporados en la investigación y la reflexión
historiográfica, a pesar de que más que los pobladores, en sentido estricto, ha
sido la cuestión de “lo popular”, en un sentido más amplio, lo que se ha cons-
tituido en materia de reflexión y debate entre los historiadores. En efecto, por
una parte, no se trata que de manera semejante al de la Sociología, la
Historiografía haya discutido y contrapuesto paradigmas teóricos para abor-
dar la historia de los pobladores, y salvo algunas tesis de grado12 , estimuladas
especialmente por las investigaciones de Historia Urbana del profesor Arman-
do de Ramón, de la Universidad Católica, no se ha escrito una historia de los
pobladores13.

8
Calderón y Jelin, op. cit., p. 18.
9
Touraine, Alain “Conclusión: La centralidad de los marginales”. En Proposiciones, Edic. SUR, Nº 14,
Santiago, 1987. p. 214 y ss.
10
Tironi, Eugenio “El problema de la democracia”, en: Kritica, Santiago, Nº 6, octubre, 1987. Separata,
p. 3 y ss.
11
Campero, Guillermo Entre la sobrevivencia y la acción política, ILET, Santiago, 1987.
12
Entre otras, relativas a los pobladores, se pueden consultar las siguientes tesis de grado, todas ellas
presentadas en el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica: Loyola, Manuel “Los
pobladores de Santiago, 1952-1964: Su fase de incorporación a la vida nacional”, Santiago, s/f;
Farías, Ana María. “Urbanización, política de vivienda y pobladores organizados en Barrancas: El
caso de la Población Neptuno, 1959 - 1968”, Santiago, 1992; Vergara, Angela “Un acontecimiento
histórico: Puerto Montt 1969", Santiago, 1994.
13
El único trabajo de carácter general y que entrega una visión panorámica de los pobladores a lo
largo del siglo XX es el del sociólogo Vicente Espinoza, Para una historia de los pobres de la
ciudad, Edic. SUR, Santiago, 1988. Este autor trabaja básicamente la relación de los pobladores
con el sistema político, sin adentrarse decididamente en la historicidad, en un sentido más amplio,
del sujeto poblador.

17
Fue entonces, a juicio de Gabriel Salazar, la crisis teórica que compro-
metió a las ciencias sociales en los años setenta y a los proyectos políticos de
cambio social, que quebró todas las construcciones estructuralistas de los años
sesenta, la que produjo en las ciencias sociales y particularmente en la historia,
un radical vuelco hacia el sujeto y las identidades sociales, en particular las
populares14. La búsqueda por las “identidades”, si bien siguió diversos derro-
teros, llevó a quienes orientaron sus estudios en torno a los sectores populares,
a una suerte de reencuentro con el sujeto, sus experiencias históricas así como
a una valoración de los significados que ellos mismos otorgaron a sus expe-
riencias.
En estas búsquedas se pueden reconocer diversos énfasis y posi-
cionamientos teóricos frente al estudio de lo popular. Así por ejemplo, mien-
tras María Angélica Illanes ha enfatizado en la “emancipación de la teoría”15 ,
Gabriel Salazar ha propuesto la necesidad de una “Ciencia social propia” del
movimiento popular16. Se trata de dos posturas, que aunque distintas, com-
parten la necesidad de reformular la mirada y el lugar de lo popular en las
Ciencias Sociales y la Historiografía.
Para María Angélica Illanes, hay una actitud o postura epistemológica
que define a la historiografía de lo popular de los ochenta. Esta es popular,
afirma, porque abandona el “trono”, se aleja de las alturas luego de cuestionar
el poder de la Razón Pura. Es un acto de autobiografía; es una historiografía
que recorre los caminos, vaga y se peoniza, se hace popular acallando su otro-
ra “Gran Voz” para escuchar y registrar los sonidos simples de los otros, los
comunes, los populares17. Es la apertura al otro lo que condujo, a juicio de
Illanes, a la emancipación de la teoría, en el sentido de escribir desde un nue-
vo asombro: “el de la existencia”. No se trata en consecuencia de escribir el

14
La tesis de Gabriel Salazar es que la crisis de las construcciones estructuralistas e ideologizantes de
los años sesenta, adolecían de un peligroso desconocimiento de las específicas dinámicas sociales,
económicas y políticas de la “cara interna de la nación”. La crisis de los años setenta, condujo a la
reconstrucción del “proceso chileno”, a la revisión del marxismo, la apertura hacia nuevas corrientes
–hacia el pensamiento de A. Gramsci en particular–, la revalorización de la cultura popular, etc. Y,
en suma, la crisis y las búsquedas a que ella dio origen, llevaron a revisar “las percepciones y
conductas del pasado” para construir sobre esas bases un “modelo renovado de acción histórica”.
En: Salazar, Gabriel: “Historiograíia y dictadura en Chile (1973-1990) Búsqueda, identidad,
dispersión” Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, septiembre, 1990.
15
Illanes, María Angélica La historiografía popular: Una epistemología de mujer. Chile, década de
1980. Revista Solar, Santiago, 1994. p. 2.
16
Salazar, Gabriel Violencia política popular en las “grandes alamedas”. Santiago de Chile, 1947-
1987. Ediciones SUR, Santiago, 1990. p. 49 y ss.
17
Illanes, op. cit, p. 2.

18
“gran texto” para “hacer conciencia”, sino que trabajar en función de la identi-
dad. La historia, desde esta perspectiva, registra y contribuye a la crónica de la
memoria colectiva, a esa memoria que funda, describe y activa la identidad.
La emancipación de la teoría es entonces básicamente una revaloración de
la historicidad del sujeto, de un sujeto en cierto modo liberado –para la
“ciencia”– de sus determinaciones estructurales y reconocido ahora en su ca-
rácter fenomenológico, inconcluso18.
Illanes reconoce en el siglo XX chileno, un sujeto social colectivo de hom-
bres y mujeres de “sobrevivencia amenazada” que comparten un proyecto
democrático, en cuanto imaginario social que moviliza sus energías hacia la
construcción de un “sujeto histórico”. Por su parte, el estado nacional, es visto
también como una construcción histórica, que se modifica en sus relaciones de
cooptación y represión del movimiento social popular. Este último, finalmen-
te, vive tensionado su condición de sujeto cooptado y de sujeto autónomo y
protagónico en tanto que movimiento social19.
Para Gabriel Salazar, por su parte, el estudio de lo popular es un fenó-
meno tardío respecto de las necesidades del propio pueblo. El peonaje y el
proletariado industrial, indica, eran desde principios de siglo protagonistas e
interlocutores insoslayables de la elite, de tal suerte que desde ese tiempo se
“sentía la necesidad creciente de elaborar una ‘teoría’ de las clases populares”.
Sin embargo, los estudios sistemáticos no se emprendieron sino hasta fines de
los años cuarenta, con los trabajos de Julio C. Jobet20. Prácticamente desde
1948 a 1973, según Salazar, se extiende un ciclo, un primer movimiento
historiográfico, que puso el acento en la explotación económica y en los es-
fuerzos encaminados al cambio social, en la lógica de la clase, el sindicato, el
partido y la conciencia. Estas construcciones, señala el mismo autor, sufrieron
un duro golpe con la ruptura histórica de 1973 que “quebró la espina dorsal de
varias tendencias históricas” del movimiento popular chileno, lo que obligó a
revisar los sistemas teóricos que fundamentaron la fase 1948-197321.
Si bien no se volvía “a fojas cero”, se imponía al menos revisar las cate-
gorías que fundamentaron o sostuvieron esas teorizaciones. Entre estas, la

18
“No se trata –dice Illanes– de un sujeto inmanente, sustancia pura, hecho de una vez y para siempre...
sino de un sujeto encarnado y contextualizado: afirmación de su existencialidad. No es un mero
objeto, por cuanto se manifiesta históricamente impregnado de “sentido”, de autoconstrucción, de
apropiación, de búsqueda de identidad, de pueblo o existencia colectiva, es decir de deseo
emancipatorio”. Illanes, op. cit p. 5.
19
Illanes, María Angélica. En nombre del Pueblo, del Estado y de la Ciencia... Historia Social de la
Salud Pública en Chile. 1880-1973. Colectivo de atención primaria. Santiago, 1993, p. 14 y 15.
20
Salazar Gabriel Labradores, peones y proletarios. Edic. SUR, Santiago, 1985, p. 7.
21
Ibídem.

19
categoría “pueblo” es una de las más relevantes, en la medida que ella articula
una determinada concepción de la nación y el Estado. Salazar sostiene, que
deben considerarse a este respecto, al menos dos visiones dominantes entre
los chilenos y ciertamente contrapuestas; aquella que denomina “monista”,
que identifica nación y pueblo, y aquella que solo puede definir al pueblo con
relación a la historicidad involucrada en el drama interior de la nación.
La idea central que organiza la visión “monista” es que “el sujeto cen-
tral de la historia de Chile es una entidad socio-espiritual congregada por un
sentimiento de homogeneización interna: el de la Patria. Este sujeto, es pues
una entidad única e indivisa, que porta a sí misma la historicidad nacional”22.
Pueblo-nación, para esta concepción es un sujeto histórico esencialmente acti-
vo, cuya “historicidad no es otra cosa que el proceso de institucionalización de
‘las ideas matrices’ que configuran el ‘interés general de la nación’. El plexo
histórico del Pueblo-nación es, pues, un ‘espíritu nacional’, cuyas ideas com-
ponentes configuran el “estado nacional” en forma, la “jerarquía social”
adecuada, la “moral republicana” ideal, etc”23.
Frente a esta acepción del “pueblo”, existiría también entre los chilenos
una visión que no se reconoce en la homogeneización del espíritu nacional,
sino “en el drama de alienación padecido por una parte de la nación a conse-
cuencia del accionar histórico de la otra parte, y/o de otras naciones”. Esta
visión conduce inevitablemente al historiador al desarrollo de una percep-
ción “introvertida y patética del desgarramiento interno del cuerpo social
de Chile”24.
Corresponderá al historiador, desde esta perspectiva indagar en la es-
pecificidad del drama histórico nacional (el desgarramiento) y en la historicidad
que de ella surge, que solo será posible visualizar en los hechos cotidianos o en
las relaciones sociales de todos los días, que comprometen negativamente más
a una parte de la nación que a la otra, pues la alienación, para Salazar, es
unidireccional, es decir, se dirige desde un sector social a otro en clave de opre-
sión y deshumanización. En oposición, sin embargo, a esta lógica social, la
compulsión humanizante de los hombres y mujeres de base “se exacerba, se
acumula y desarrolla precisamente cuando los factores alienantes incrementan
su presión”. La historicidad se concreta de este modo en el pueblo, que es en
consecuencia la parte de la nación “que detenta el poder histórico”25.

22
Salazar, Labradores, p. 11.
23
Ibídem.
24
Salazar, Labradores, p. 13.
25
Salazar, Labradores, p. 15.

20
Salazar insistirá, en escritos posteriores, en la noción de “desgarramien-
to social” como fundamento también de diversas actitudes epistemológicas
para enfrentar los grandes problemas nacionales: “Chile ha demostrado ya
suficientemente que se trata de una nación que avanza con un significativo
desgarramiento social interno... Por ello, siente, diagnostica y tiende a resolver
sus problemas estratégicos desde perspectivas diferentes y opuestas”26.
De modo semejante a como había reconocido posiciones contrapuestas
con relación a la concepción de “nación” y “pueblo”, Salazar reconoce tam-
bién dos actitudes paradigmáticas en el estudio de nuestros problemas
político-sociales. Existiría, una actitud epistemológica que se sitúa “preferen-
temente en las particularidades concretas de la sociedad, en su diversidad
interior, y, sobre todo en los movimientos sociales específicos que apuntan a su
modernización y transformación en el tiempo”. Y, otra epistemología, la domi-
nante, “que se sitúa sobre los parámetros generales de su ser o deber ser
estructural, tales como los de unidad nacional y/o estabilidad institucional”27.
El paradigma dominante, según Salazar, comprometió históricamente
al marxismo criollo, en el sentido que este se sustentó sobre la teoría clásica del
capitalismo, del desarrollismo y la dependencia, marginando de la investiga-
ción las particularidades locales y los procesos reales y concretos de cambio
social. El marxismo chileno, en consecuencia desestimó el paradigma
historicista, en la medida que opuso contradefiniciones a las ideas dominan-
tes, en su propio campo, más que propuestas basadas en la particularidad y la
propensión al cambio del movimiento popular chileno. El resultado de este
proceso ha sido “el de una realidad (la popular) en busca del pensamiento”, o
el caso, como dice Salazar, de una “ciencia reclusa”.
Ciencia reclusa en Salazar o emancipación de la teoría en Illanes, en
ambos casos, aunque con alcances diversos, se busca llamar la atención sobre
la historicidad del sujeto popular como fundamento de nuevas elaboraciones
acerca del carácter y los sentidos que representan las experiencias históricas
populares en nuestro país. En el caso de Illanes, el acento está puesto en el
carácter democratizante que ha representado para la sociedad las oposiciones
de los movimientos populares con el Estado mientras que para Salazar, la in-
sistencia está puesta en la necesidad de dar sustento científico al “proyecto
histórico popular”. Con todo, en ambos casos, la tarea de dar mayores fun-
damentos históricos a estos planteamientos está aún pendiente lo que amerita
mayor debate, reflexión y nuevas investigaciones, sobre todo, con relación a

26
Salazar, Violencia política, p. 20.
27
Salazar, Violencia política, p. 22.

21
las dinámicas más específicas de los movimientos sociales populares en el si-
glo XX chileno.
Contemporáneamente a estos debates de la Sociología y la Historiografía,
se ha venido abriendo también paso en la sociedad una corriente de auto-inves-
tigación popular, que ha tomado forma en las denominadas “historias locales”28.
Como experiencia práctica, las “historias locales” constituyen diversas iniciati-
vas de grupos sociales de base, especialmente pobladores, destinadas a recuperar
su propia memoria histórica, como fuente principal de su identidad social. Como
muchos de estos trabajos indican, se trata de “encontrarse con las raíces”, con lo
propio, con aquello que realmente los identifica29.
En estos relatos o en estas construcciones narrativas de los sectores po-
pulares emerge con mucha fuerza el tema “del origen”, del cómo surgieron las
poblaciones que actualmente habitan en nuestras grandes ciudades, particu-
larmente en Santiago. Allí es posible reconocer como un tema central, que
organiza muchos de los relatos, el alcanzar una vivienda digna en la ciudad30.
Normalmente, según hacen visible estas historias, el origen de la “población”
o “villa”, constituye una experiencia colectiva altamente significativa desde el
punto de vista de la identidad. En efecto, ella constituye una experiencia car-
gada de significado histórico, en cuanto representa una ruptura con un pasado
de pertenencia precaria a la sociedad urbana31. Alcanzar una vivienda propia
ha sido de este modo, una manera significativa de afirmar “un lugar” en la
sociedad.
Otras experiencias significativas, que alcanzan gran relieve en estas his-
torias, se refieren a la organización social comunitaria y a los progresos en la

28
Farías, Ana María, Garcés, Mario y Nicholls, Nancy “Historias locales y democratización local”,
Documento de Trabajo, ECO, Educación y Comunicaciones, Santiago, 1992; Historias para un fin
de Siglo, Primer Concurso de Historias Locales y sus fuentes, Mario Garcés, coordinador. ECO y
PEHUEN Editores, Santiago, 1994; Paley, Julia “Historias locales en Chile: Alternativas populares
a la ‘integración nacional’”. En: Daniel Mato, ed. Teoría política de la construcción de la identidad
y diferencias en América Latina y el Caribe, Caracas, Venezuela: UNESCO y Editorial Nueva
Sociedad, 1994, p. 147 y ss.
29
Garcés, Mario; Ríos, Beatriz y Suckel, Hanny. Voces de Identidad. Propuesta metodológica para la
recuperación de la historia local Edic. CIDE, ECO y JUNDEP. Santiago, 1994. p. 12.
30
Una selección de historias locales se puede consultar en Constructores de Ciudad. Nueve historias
del Primer concurso “Historia de las Poblaciones” Edic . SUR , Santiago, 1989.
31
Un excelente trabajo de recuperación histórica, que trata y elabora problemas semejantes al de las
historias locales chilenas, es para el caso peruano, el de De Gregori, Linch y Blondet, Conquistado-
res de un Nuevo Mundo, IEP, Lima 1987. Por otra parte, en una conversación reciente con el
historiador argentino Luis Alberto Romero, he tenido noticias de trabajos de investigación,
actualmente en curso, que estudian el crecimiento, bajo la acción popular, de la ciudad de Buenos
Aires, en el período entre guerras.

22
infraestructura urbana, los desastres naturales, las relaciones con el poder po-
lítico, su participación en los proyectos políticos nacionales y la protesta urbana,
la Iglesia y su organización comunitaria, los liderazgos sociales, las asociacio-
nes de jóvenes y de mujeres, la valoración de los espacios colectivos y de la
solidaridad social. Del mismo modo son también relevantes, diversas expe-
riencias críticas en el desarrollo de proyectos individuales y colectivos, asociadas
principalmente a la represión política, la desocupación, la delincuencia, el al-
coholismo y en los últimos años, al creciente deterioro que provoca el consumo
de drogas entre la población más joven.
En estos trabajos, que formalmente hablando no alcanzan el rigor cien-
tífico de los regímenes tradicionales del saber, es decir el de la ciencia histórica
y sociológica, ¿constituyen realmente “historia” o se trata simplemente de
testimonios o algo así como un género de historia menor, incapaz de alcanzar
un estatus epistemológico reconocido, más allá de sus autores y del reducido
círculo de lectores populares?
Antes de responder a esta pregunta es necesario, sin embargo, indicar
algunos de los problemas epistemológicos involucrados en las historias loca-
les. En primer lugar, habría que decir, que si bien estas historias recurren a
fuentes documentales, su principal “fuente” de conocimientos proviene de la
propia memoria histórica que los sujetos comunican, crean y recrean sobre sus
vidas, tanto individuales como colectivas. En segundo lugar, que se trata de
“relatos significativos”, es decir, que se refieren a experiencias que representan
un especial interés para quienes realizan los relatos y para quienes los regis-
tran. En tercer lugar, que se trata de relatos que buscan influir sobre el presente
de los pobladores en tanto que grupo social específico en la sociedad, es decir,
como un grupo social que comparte determinadas condiciones de existencia
social que requieren ser transformadas.
Finalmente, como experiencia cultural, la recuperación de estas histo-
rias –se ha venido demostrando– representan un importante aporte a la
autoestima social de los pobladores, en el sentido de “reconocerse con histo-
ria”, es decir, como sujetos capaces de generar sus propios espacios y estrategias
de sobrevivencia social. Es por esta razón, probablemente, que la propia recu-
peración de la historia barrial u organizacional sea una importante dinámica
cultural encaminada a reforzar sentimientos de pertenencia e identidad social.
Si retomamos ahora la pregunta sobre el estatus epistemológico de es-
tos trabajos, no parece aventurado señalar que las historias locales representan
la emergencia de un “saber local”, de un “saber identitario” constituido en y a
partir de la memoria que el sujeto guarda y recrea de su propia experiencia

23
histórica como sujeto colectivo. Digo, saber emergente, porque no se trata de
un saber nuevo, sino por el contrario muy antiguo, pero que hasta ahora no
había tenido la proyección cultural que él insinúa; a saber, hacer visible expe-
riencias y señas de identidades sociales ausentes en el debate científico
tradicional.
Este “saber”, perfectamente podría ser denominado, a la manera de
Michel Foucault como “saberes de la gente” o “saberes de la memoria”, que si
bien no necesariamente representan una crítica explícita al saber formal de la
disciplina histórica, sí representan la afirmación de un saber de la vida, de la
realidad.32
En suma, el contexto historiográfico y sociológico que rodea a los po-
bladores, demuestra que la investigación y la reflexión social en torno a los
sectores populares urbanos se ha incrementado de modo considerable en los
últimos años, confirmando de cierto modo, la enorme significación que este
grupo social ha adquirido en nuestra “sociedad urbana” contemporánea. Sin
embargo, a pesar de todos los avances indicados, muchos de los debates y
posicionamientos teóricos frente a los pobladores han carecido de investiga-
ciones históricas sistemáticas que hagan posible un punto de partida en “tierra
firme”, es decir en aquel tipo de contribución propio de la historiografía, que
supone, en algún momento responder a preguntas básicas, pero estrictamente
necesarias para la comprensión del mundo de los pobladores: ¿Quiénes y
cuántos eran los pobladores a mediados del siglo XX?, ¿cómo se veían a sí
mismos y cómo eran visto por el resto de la sociedad?, ¿en qué condiciones
vivían y participaban de la sociedad urbana?, ¿qué representaban socialmente
en el mundo que les tocó vivir? ¿cómo y cuándo al actuar colectivamente
cambiaron sus modos de vida?, ¿qué los motivó a la acción colectiva y qué
efectos tuvo su acción?, ¿de qué modo, entonces, y cuándo transformaron
sus modos de pertenencia a la ciudad?
Este libro busca responder algunas de estas preguntas. Se organiza para
ello en cinco capítulos, que van registrando e interpretando hechos y procesos
que contribuyeron a modificar la posición y pertenencia de los pobladores en
la ciudad y más ampliamente en la sociedad, entre los años 1957 y 1970.
En el primer capítulo, fijamos el punto de partida del estudio en los
años cincuenta, a través de “relatos de vida” de hombres y mujeres en situa-
ción de pobreza, que nos permite adentrarnos en sus propios “mundo de
vida”. Consideramos también, en este capítulo, la visión que tuvieron de los

32
Foucault, Michel. Microfísica del poder, Ediciones La Piqueta, España. 1978. p. 128.

24
pobladores tres actores sociales relevantes en su relación con estos y que deja-
ron testimonios de sus percepciones: las asistentes sociales, técnicos públicos y
privados de la cuestión urbana, y la clase política nacional. En conjunto, estos
diversos actores tendieron a coincidir, en sus visiones de la sociedad urbana,
en el sentido que esta enfrentaba agudos problemas sociales, asociados espe-
cialmente a las formas más precarias y extendidas del poblamiento popular:
los conventillos y las poblaciones callampas. Respecto de estas últimas, la
mayoría opinaba, que no había más camino que erradicarlas por completo.
Fue en este contexto, que en 1957, se produjo una masiva ocupación de
terrenos en sector sur de Santiago, de cientos de familias provenientes del Zan-
jón de la Aguada, el mayor cordón de miseria de la ciudad. Los pobladores,
sostenemos en consecuencia, en el segundo capítulo, hicieron entonces su en-
trada en escena, ensayando estrategias propias de re-ocupación del espacio
urbano, que aceleraron los tiempos del Estado, que puso finalmente en mar-
cha postergados planes masivos de vivienda popular. La ciudad de Santiago
inició entonces una profunda transformación en los usos que los pobres harían
del espacio, la que no se detuvo hasta principios de los años setenta.
En el tercer capítulo, atendemos a la “crítica práctica y la crítica teórica”
que despertaron los primeros planes de vivienda del Estado. Denominamos
“crítica práctica” a la recurrencia de la “invasión de sitios” que volvió a produ-
cirse en la zona sur de Santiago, en 1961, así como a los avances organizativos
y políticos que vivieron los pobladores en este tiempo. Por otra parte, llama-
mos “crítica teórica” a la emergencia de un pensamiento social específico con
relación a los pobladores, que ya no solo enfatizaría en el déficit histórico de
viviendas, sino más ampliamente, en los efectos de la pobreza urbana respecto
de la “integración social” de los pobladores.
En el cuarto capítulo, nos acercamos en profundidad a los diversos es-
tudios que describieron, cuantificaron y propusieron salidas a la “cuestión
poblacional”, y que ciertamente incidieron en las modificaciones que entonces
se produjeron en las “políticas de Estado” con relación a los pobladores. Nos
referimos al Gobierno demócrata cristiano, de Eduardo Frei M. que dio paso,
finalmente, a diversos procesos de “reforma social” que se anunciaban y pro-
clamaban desde diversos sectores de la sociedad.
Finalmente, en el quinto capítulo, con el que culmina el estudio,
recapitulamos las “tradiciones organizativas” de los pobladores que, sostene-
mos, se vieron potenciadas en medio del proceso de “cambio social” que vivía el
país y la ciudad de Santiago, y significaron la expansión geométrica del movi-
miento de pobladores, el que terminó ahora por imponer sus propias estrategias,
que llevaron prácticamente a una “refundación” de la ciudad de Santiago. En

25
efecto, fue en la coyuntura electoral de 1970, cuando la ciudad se pobló de “cam-
pamentos” y los pobladores fundaron nuevos barrios en la capital y alcanzaron,
finalmente, una nueva posición en la ciudad y la sociedad.
En la realización de este estudio se consideraron fuentes primarias y
secundarias así como fuentes orales y escritas. Con relación a las primeras, la
mayor fuente documental a la que se puede acceder es la que se encuentra en
la Biblioteca del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo. Allí pude consultar
tanto fuentes secundarias –los más diversos estudios sobre vivienda y políti-
cas sociales– como fuentes primarias, especialmente informes y estudios
realizados por diversos Departamentos del propio Ministerio y los censos na-
cionales de viviendas. Este conjunto de trabajos me fue de gran utilidad. Distinta
es la situación con las fuentes documentales de tipo oficial –decretos, oficios y
providencias– que se conservan en el Archivo Nacional y el Archivo de la Ad-
ministración, (ex Archivo del siglo XX), en especial en este último, donde la
información ministerial es abundante, pero no se encuentra debidamente cla-
sificada. Las Memorias Ministeriales, cuando existían, aportaron con lo suyo,
aunque mucho más completos resultaron ser los informes que de cada Minis-
terio se incluyen en los Mensajes Presidenciales al Congreso Nacional, cada 21
de mayo.
Una dificultad adicional, con la documentación oficial, se relaciona con
el hecho de que gran parte de la documentación del Ministerio del Interior de
la década del sesenta y setenta fue destruida en el incendio de La Moneda, el
11 de septiembre de 1973. Además para efectos de este estudio, hubiera sido
interesante conocer documentación de Carabineros de Chile, que actuaba en
las “tomas de sitio” consignando el respectivo “parte policial”. Sin embargo,
realizadas las consultas en la Dirección General de Carabineros, solo obtuve
como información el que los “partes policiales” son destruidos cada dos años.
La estadística de construcción de viviendas en el período en estudio,
representó un problema también complejo, ya que ello fue parte del debate
político sobre la eficacia del Estado en este rubro, entre otras razones, porque
una cosa eran los datos sobre viviendas iniciadas cada año y otro diferente, el
de las viviendas definitivamente construidas y entregadas a sus usuarios. Ha-
bida cuenta de esta dificultad, una visión panorámica de la construcción en el
período en estudio ha sido incluida en el Anexo N° 3 de este libro.
Otra fuente primaria importante para el estudio fue la consulta de re-
vistas y periódicos. Metodológicamente, la revisión de prensa implica siempre
una lectura compleja en el sentido de considerar las distintas visiones y posi-
ciones políticas de los diversos medios consultados. Por esta razón, en el caso
de las revistas se realizó una lectura completa de todos los números editados

26
en el período en estudio, de las siete revistas consideradas más pertinentes. En
el caso de la prensa diaria se alternó la consulta sistemática a medios relevan-
tes para el estudio, como El Siglo y El Mercurio, y consultas más selectivas a
otros tres medios de prensa. Los boletines de sesiones de la Cámara de Diputa-
dos y de Senadores, fueron consultados sin mayores dificultades, todas las
veces que se pusieron en debate asuntos relativos a los pobladores, entre los
años 1957 y 1970.
Otra línea de gran interés fue la consulta de memorias (tesis) de estu-
diantes de Servicio Social y de Arquitectura de la Universidad Católica y de la
Universidad de Chile. Se trata de trabajos realizados en el período en estudio,
lo que ciertamente hizo posible el acceso a información relevante y a percep-
ciones de contemporáneos a los problemas sociales en estudio. Finalmente, la
producción relativamente reciente de “historias locales”, parte de las cuales se
encuentran en el fondo especial del Archivo de la Administración, fue una
fuente también relevante para la consideración de las experiencias vividas por
pobladores de Santiago. Los trabajos de historia local, que el autor de este es-
tudio había venido realizando en diversos barrios populares de Santiago,
contribuyeron también con lo suyo.
Junto a las fuentes escritas fue también importante la consideración de
fuentes orales, especialmente a través de entrevistas a pobladores, que consti-
tuyen los principales protagonistas de este estudio. A este respecto recurrí a
entrevistas abiertas y estructuradas, dependiendo mis propias áreas de inte-
rés. Así por ejemplo, en el primer capítulo trabajé con entrevistas abiertas,
considerando que mi interés era conocer de manera muy amplia las experien-
cias de pobreza de mis entrevistados en los años cuarenta y cincuenta. Distinto
fue el caso de mis entrevistados en el proceso de constitución de algunas po-
blaciones, cuando mi área de interés era conocer más de cerca este proceso.
Las entrevistas aportaron al estudio visiones y perspectivas de gran inte-
rés, ya que permiten conocer aspectos objetivos –corroborar y enriquecer la
información sobre hechos relevantes–, pero sobre todo, aspectos subjetivos im-
plicados en los hechos estudiados. Así por ejemplo, la entrevista permite conocer
el significado del arribo a una nueva vivienda, que por cierto coloca un punto de
vista distinto al de los informes que nos indican cuando y donde se construyó.
También las entrevistas arrojan luces sobre la importancia de las redes de comu-
nicación y de apoyo social o político, que en ciertos momentos fortalecieron al
movimiento poblacional y fueron determinantes en la magnitud que alcanzaron
sus acciones. La entrevistas de este modo, contribuyeron a enriquecer el estudio
aportando la perspectiva de algunos de sus protagonistas.

27
Capítulo 1
Las diversas visiones de la habitación popular
en Santiago en los años cincuenta

Los problemas asociados a la habitación popular son de vieja data en la


ciudad de Santiago, como en muchas otras capitales de América Latina y del
Tercer Mundo1 . En el caso concreto de nuestra ciudad capital, que tuvo un
desarrollo colonial relativamente pausado, ya con anterioridad a la Indepen-
dencia, y en mayor proporción después de ella, la ciudad debió recibir una
mayor cantidad de inmigrantes provenientes del mundo rural2.
No fue sin embargo, hasta la segunda mitad del siglo XIX, que la mayor
presencia de los pobres en la ciudad comenzó a representar agudos proble-
mas, tanto relativos al trazado de la ciudad; la insuficiencia de algunos de sus
servicios básicos, agua potable, alcantarillado, recolección de basuras, así como
también con relación a la seguridad de la propiedad, el robo, la delincuencia, y
la salud pública, en especial el control de las epidemias3.
La ciudad, decía un Intendente en 1860, “crece casi diariamente”4 y los
médicos, preocupados de los problemas de la salud pública, denunciaban años
más tarde las precarias condiciones de existencia de los más pobres y de los siste-
mas de salud, que hacían de Santiago “la ciudad más mortífera del mundo”5.

1
Hardoy, Jorge y Satterthwaite, David. La ciudad legal y la ciudad ilegal, Grupo Editor
Latinoamericano. Buenos Aires, 1987. p. 9.
2
De Ramón, Armando. Santiago de Chile (1541-1991) Historia de una sociedad urbana. Editorial
MAPFRE, España, 1992. Págs. 112 y ss. Salazar, Gabriel Labradores, peones y proletarios. Edic.
SUR, Santiago, 1985, págs. 228 y ss.
3
Para una visión global del crecimiento de Santiago y sus problemas urbanos y sociales en la segunda
mitad de el siglo XIX: De Ramón, Op. cit. Cap. III y IV. También en: Langdon, María Elena
Higiene y Salud Pública En: De Ramón, Armando y Gross, Patricio, compiladores. Santiago de
Chile: Características Histórico Ambientales, 1891-1924. Monografía de Nueva Historia, Londres,
1985; Romero, Luis Alberto, “Condiciones de vida de los sectores populares en Santiago de Chile,
1840-1895 (Vivienda y Salud)”. En Nueva Historia, Londres, Año 3, Nº 9, 1984, p. 3 y ss; Salazar,
Gabriel. Labradores, peones y proletarios Edic. SUR, Santiago, 1985; Garcés, Mario. Crisis social
y motines populares en el 1900. Edic. Documentas-ECO, Santiago 1991.
4
Memoria del Intendente de Santiago, Vicente Izquierdo (Santiago, 1865). Citado por Romero, Luis
Alberto en “Condiciones...” Op. cit., pág. 11.
5
Romero, op.cit. p. 48. Particular interés tienen además a este respecto los informes y estudios
publicados en la última década del siglo XIX, en la Revista Chilena de Higiene y la Revista Médica,
por los doctores Adolfo Murillo y Ricardo Dávila Boza, entre otros.

29
Fue, sin embargo, Benjamín Vicuña Mackenna, quien probablemente
hizo el diagnóstico más agudo en 1872, cuando elaboró su plan de remodelación
de Santiago6. En efecto, en el contexto de esta primera reforma urbana de la
ciudad, Benjamín Vicuña Mackenna se refirió al barrio sur de Santiago como
“esa ciudad completamente bárbara, injertada en la culta capital de Chile” y
que según su apreciación, tenía “casi la misma área de lo que puede decirse
forma el Santiago propio”7. Es decir, los pobres del área sur de Santiago, que
no eran todos los pobres de Santiago, ya representaban una significativa ma-
yoría de citadinos.
El barrio a que se refería Vicuña Mackenna, que había surgido al sur del
canal de San Miguel (la actual Avenida Diez de Julio), no había seguido “ningún
plan”. En él no se había establecido “ningún orden” y no se había consultado
ninguna regla de edilidad e higiene8. Es decir, los pobres no solo eran numero-
sos, sino que además ya representaban un significativo problema urbano.
En la coyuntura del cambio de siglo, el tema de la pobreza urbana vol-
vió a adquirir relevancia cuando emergió la protesta obrera. Ya entonces, con
reparos, es cierto, el tema fue conceptualizado como “la cuestión social” alu-
diendo con ello, por una parte, a los primeros conflictos que representaba el
mundo obrero, pero también, por otra parte, a la extensión de la pobreza urba-
na entre estos mismos sujetos9. La protesta social se manifestó en estos años en
huelgas y motines populares a través de los cuales los grupos populares de-
mandaban principalmente mejoras salariales y de condiciones de trabajo. Sin
embargo, el problema que nos ocupa en este estudio ya estaba insinuado, en el
sentido que los bajos salarios afectaban las condiciones de reproducción de la
fuerza de trabajo, de tal modo que los sectores populares necesitaban enfren-
tar el problema de sus condiciones laborales, pero también los de la vivienda y
el barrio. Estos últimos, salvo el movimiento de arrendatarios de los años veinte,
no dieron lugar a un movimiento social de envergadura sino hasta la segunda
mitad del siglo XX.
Sobre los inicios del siglo XX existe una abundante literatura y diversos
estudios históricos. En uno de ellos se estima que hacia 1910, unas cien mil
personas, aproximadamente la cuarta parte de la población de Santiago, vivía
en 25 mil piezas de conventillos, cuartos redondos y ranchos10 . El conventillo era

6
Vicuña Mackenna, Benjamín Transformación de Santiago, Imprenta de la Librería El Mercurio,
Santiago, 1872.
7
Vicuña, op. cit. págs. 24 y 25.
8
Vicuña, op.cit. p. 24.
9
Sobre la cuestión social como un doble fenómeno, de reconocimiento de la pobreza y de protesta
social. Ver en Garcés, Crisis social, págs. 233 y ss.
10
Vial, Gonzalo Historia de Chile, Editorial Santillana del Pacífico, Santiago 1981. Tomo II, p. 502.

30
básicamente un alineamiento paralelo de piezas, separadas por un patio común
por el que frecuentemente atravesaba una acequia; las piezas o cuartos que se
arrendaban por separado, cumplían con las funciones de dormitorio, cocina,
comedor y en algunos casos, lugar de trabajo. También el conventillo podía cons-
tituirse a partir de subarriendo de piezas de antiguas casas patricias, viejas casonas
de hasta dos o tres patios que se sobrepoblaron a través del subarriendo. Los
“cuartos redondos”, por su parte, eran también piezas subarrendadas, pero que
no daban a ningún lugar abierto. Los ranchos, finalmente, eran construcciones
populares precarias de raíz campesina. El Estado promulgó en estos años, en
1906, la primera ley de habitación obrera que al poco andar demostró su com-
pleta ineficiencia11. Curiosamente, en 1802, es decir con casi un siglo de
anterioridad, el Cabildo de Santiago, había tomado nota de un Censo de ranchos
existentes en la ciudad, que demostraba que estos constituían el 25,5% del total
de edificios de la capital12.
En la década del veinte, continuaron las denuncias y los estudios sobre la
pobreza urbana y sobre los problemas de vivienda de los más pobres, los que
adquirieron relevancia a través de sus propias acciones, cuando protagonizaron
desde los conventillos, las denominadas “huelgas de arrendatarios”, encamina-
das a suspender los pagos de alquiler hasta que los conventillos fueran reparados
por sus dueños. Estos movimientos representaron una primera victoria para sus
protagonistas al lograr que el Gobierno mediara en su favor en el conflicto13.
También en el contexto de la crisis del treinta y del retorno de trabajado-
res salitreros del norte, el problema de la pobreza urbana fue ampliamente
reconocido y abordado por diversas instituciones públicas y privadas, desde
las que se organizaron “Ollas de los pobres” u “Ollas comunes” como se les ha
denominado hasta hoy día14.
La extensión del poblamiento precario y los problemas sociales asocia-
dos a esta forma de habitar la ciudad, continuaron creciendo en las décadas
siguientes hasta alcanzar su forma, probablemente la más grave, en las deno-
minadas poblaciones callampas 15. Estas fueron el resultado de un tipo de

11
Silva, Sandra. “Análisis de la evolución de la política habitacional chilena”, Ministerio de la Vivienda
y Urbanismo, Santiago, 1997, p. 8.
12
De Ramón, Santiago de Chile, p. 114.
13
Espinoza, Vicente. Para una historia de los pobres de la ciudad. Edic. SUR, Santiago, 1988, capítulos
II y III.
14
Garcés, Mario “Movimiento Obrero en la Década del Treinta y el Frente Popular”, Tesis para optar al
grado de Licenciatura en Historia. Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 1985. Pág. 31.
15
Urrutia, Cecilia Historia de las poblaciones Callampas, Colección Nosotros Los chilenos. Edito-
rial Quimantú. Santiago, 1972, Págs. 33 y ss.

31
poblamiento espontáneo, de construcción de pequeñas e improvisadas vivien-
das con materiales de desechos y habitualmente sin ningún tipo de servicios
urbanos, que levantaron los más pobres en las riberas de ríos, faldeo de cerros,
terrenos fiscales o sitios de escaso valor comercial, tanto en Santiago como en
provincias.
Según Armando de Ramón, los problemas de la habitación popular se
habrían agudizado a partir de los años treinta, ya que como producto de la
demolición de conventillos, o de la saturación de ellos, y de la migración del
campo a la ciudad, se fueron repoblando el Zanjón de la Aguada y las riberas
del río Mapocho, hasta convertirse, en los focos más agudos de extrema pobre-
za urbana en Santiago16. Indica también, este mismo historiador, que ya en la
segunda mitad de la década del cuarenta se habrían producido “invasiones” o
“tomas de terreno”, bajo el liderazgo de partidos políticos17, y que hacia los
años cincuenta, las poblaciones callampas eran un fenómeno grave en la ciu-
dad, por cuanto, a esas alturas, unas 75.000 personas, que representaban el
6,25% de la población de Santiago vivían en poblaciones callampas18 .
Armand Mattelart, por otra parte, anotaba a principios de los años se-
senta, que el crecimiento de la población de Santiago era explosivo en los años
cuarenta, de tal modo que entre 1940 y 1952 “la inmigración neta recibida en
doce años, en el Gran Santiago, ascendía a 233.453 habitantes y el promedio
anual a 20.448 personas”19.
La inmigración a la capital, en los años siguientes siguió creciendo, ele-
vándose el número de personas que año tras año llegaban desde las provincias
a vivir en Santiago: 27.700 el año 1956; 33.800 en 1957; 27.200 en 1958 y 54.900
en 1959 20.
El flujo de inmigrantes, de acuerdo con estudios de la Universidad de
Chile, había adquirido tal magnitud, que según una encuesta realizada en 1957

16
De Ramón, Armando “La población Informal. Poblamiento de la periferia de Santiago. 1920-1970”.
En Eure, Santiago XVI, Nº 50, Dic. 1990, p. 11. Un análisis más de conjunto del fenómeno, ver en
De Ramón, Santiago, pp. 237 y ss.
17
En una reciente publicación de ECO, Educación y Comunicaciones, dos trabajos de historia local,
dan testimonio de la “toma de Zañartu” organizada por el Partido Comunista, que dio origen al
sector de La Legua La Nueva en 1947. En: Red de Organizaciones Sociales de La Legua y ECO,
Educación y Comunicaciones, Lo que se teje en La Legua, Stgo, 1999. pp. 86 y ss.
18
De Ramón, La población, p. 12.
19
Mattelart, Armand “Urbanización y Desequilibrios Sociales (un análisis del fenómeno urbano, sus
causas y consecuencias en Santiago, Valparaíso, Concepción y Antofagasta)”. DESAL, Santiago,
1963. Segunda sección, p. 2.
20
Ibídem.

32
se comprobó que el 36% de la población de Santiago había nacido fuera de la
ciudad capital21 .
Por otra parte, con relación a las formas de poblamiento popular preca-
rio, particularmente las poblaciones callampas, fue también en los años
cincuenta cuando más visibles se hicieron para la sociedad. De acuerdo con
Loyola “los ocupantes de hecho” a principio de los años cincuenta comprome-
tían a unas 30 mil familias, de las cuales 18.500 vivían en “poblaciones
callampas”22.
Finalmente, Duque y Pastrana establecen también que fue en los años
cincuenta cuando el fenómeno de las poblaciones callampas se hizo más agu-
do, en el sentido de que estas presentaron su período de máxima expansión
entre los años 1952 y 1959, pasando de 16.502 a 32.307 familias23.
En suma, en los años cincuenta, la pobreza urbana se hizo muy visible,
especialmente en las formas más precarias de habitación popular, el conventillo
y la población callampa. Ello ciertamente impactó la percepción de distintos
actores sociales y políticos de la ciudad.
La demolición de conventillos, el retorno de los trabajadores salitreros,
el incremento de la migración campo ciudad, entre otros factores, fueron reco-
nocidos como causas que influyeron en el agravamiento del problema de la
habitación popular, entre los años treinta y cincuenta. Sin embargo, como ve-
remos, estas no fueron las únicas causas que ayudan a explicar el problema de
la habitación popular; hay otras que pesaron tanto o más que las indicadas,
tales como la baja tasa de construcción de nuevas viviendas, las debilidades de
la industria de la construcción, la ausencia de una política de Estado eficiente,
los bajos salarios y los efectos de la inflación sobre los más necesitados de ha-
bitación, en fin, también los reiterados y conocidos efectos de las catástrofes
naturales en nuestro país.
Las percepciones del problema urbano en los años cincuenta fueron cier-
tamente diversas, en la medida que comprometían distintos puntos de vista y
discursos más o menos articulados en torno a la cuestión de la habitación po-
pular. En esta primera parte de nuestro estudio, queremos acoger algunas de
estas visiones con relación a la habitación popular y los problemas sociales
.
21
Instituto de Economía. Universidad de Chile La población del Gran Santiago, Santiago, 1959. Pág. 94
22
Loyola, Manuel “Los pobladores de Santiago, 1952-1964: Su fase de incorporación a la vida
nacional”, Tesis de grado para optar al grado de Licenciatura en Historia. Pontificia Universidad
Católica. s/f. Páginas 12 y 13.
23
Duque, Joaquín y Pastrana, Ernesto “La movilización reivindicativa urbana de los sectores populares
en Chile. 1964-1972”, en: Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Nº 4, FLACSO, Santiago,
dic. de 1972. p. 261.

33
asociados a ella, lo que nos permitirá fijar, además, el punto de partida de
nuestro estudio.
Consideraremos en primer lugar, la visión de algunos protagonistas, es
decir, santiaguinos pobres que vivieron en conventillos y poblaciones pobres o
callampas en los años cuarenta y cincuenta; en segundo lugar, la visión de las
asistentes sociales a través de sus memorias de tesis; en tercer lugar, la visión
técnica del Estado, a través del Primer Censo Nacional de la Vivienda de 1952;
y, finalmente, la visión de la clase política nacional, a través del debate par-
lamentario.

Conventillos y callampas: La visión de los


protagonistas a través de sus relatos de vida
La mayor pobreza fue en los años cuarenta

Ibador24, santiaguino, hijo de una madre católica y de un padre militan-


te comunista, se crió en los años cuarenta en un conventillo de la calle Antonio
Varas (hoy, Bernal del Mercado) en las inmediaciones de la Estación Central.
Siendo joven, en los años cincuenta, se trasladó hasta la Población Nueva Colo-
Colo, una conocida “población callampa” que se extendía por los márgenes
del río Mapocho, allí donde hoy se encuentra el Parque de los Reyes. Aprendió
a ser dirigente social, de manera práctica y estableciendo múltiples relaciones
sociales dentro y fuera de la población. Fue entonces, a mediados de los cin-
cuenta, que ocupó los cargos de secretario y presidente del Comité de la
Población Nueva Colo-Colo25. Y, hacia fines de los cincuenta, cuando se pusie-
ron en marcha los primeros programas de erradicaciones, junto a muchos de
sus vecinos, salió de la Colo-Colo para encontrar una casa habitación definiti-
va en la Población Lo Valledor, en la zona sur de Santiago.
Ibador, en su historia personal, recorrió las tres formas más típicas del
poblamiento popular de Santiago en el siglo XX: el conventillo, la callampa y
la población definitiva.
En un sentido histórico, estas tres formas de poblamiento popular fueron
dominantes en distintas épocas de Santiago: el conventillo, la forma más tradi-

24
Entrevista a Ibador, realizada por el autor de este estudio en Santiago, 6 de junio de 1994.
25
Mientras Ibador fue secretario del Comité escribió las actas de las reuniones de dicha organización
entre los años 1954 y 1956, una fuente de gran valor, tanto por su rigurosidad como por la escasez
de este tipo de documentos en la práctica de las organizaciones populares poblacionales, sobre
todo, tratándose de una de las poblaciones consideradas “marginales”. cfr. infra, cap. V.

34
cional de habitación popular, que creció desde fines del siglo XIX hasta prome-
diar los años sesenta; la población callampa, que fue una forma de asentamiento
popular precario especialmente visible para la sociedad cuando se incrementó
su número en los años cincuenta; y, la población definitiva y periférica a la ciu-
dad, que fue la forma de “solución habitacional” diseñada por el Estado a fines
de los cincuenta y sobre todo, en los años sesenta y setenta.

De la formación de su conciencia política

Ibador, que actualmente trabaja en programas sociales de la Vicaría de


Pastoral Obrera de la Iglesia Católica de Santiago, cuando se traslada a su in-
fancia, lo primero que viene a su memoria es el recuerdo de sus padres:
“Mi padre era separado. Separado conoció a mi madre. Mi madre era
una señora de clase media baja. Mi padre un campesino, un campesino de San
Fernando, que a los 16 años emigró en este famoso enganche p’al norte, al
norte. Estuvo en las salitreras, fue un campesino que no tenía ninguna con-
ciencia, de clase mejor dicho, pero tuvo la suerte de conocer a Recabarren, de
conocer a muchos dirigentes, a Elías Lafferte... En ese tiempo, y eso le hizo
cambiar mucho porque era muy católico, muy pechoño era él también.
“Entonces, diría yo, que no dejó de ser cristiano, o sea, fue cristiano pero
dejó de ser católico ¿no? Dejó de ser católico en el norte, porque él siempre se
encomendaba que había un ser superior, siempre él decía que había un ser
superior, pero a los curas no, ni a misa, no creía. Y mi madre muy católica.
Entonces, yo me crié en colegio católico...”.
El padre de Ibador, si bien siguió siendo “cristiano”, como indica Ibador,
se hizo en el norte militante comunista mientras su madre permaneció católi-
ca, en un sentido más tradicional. Esta realidad familiar influyó fuertemente
en la formación de Ibador, ya que recuerda, que sus primeras lecturas, transi-
taban desde la Historia Sagrada al diario El Siglo del Partido Comunista, amén
de que como hijo mayor acompañó a su padre a diversos sucesos obreros de
mediados del siglo XX:
“Mi padre recibió una enfermedad a la vista, con el yodo en el norte, en
el salitre, todo eso, que cada vez que se ponía a leer le lloraban los ojos, lo que
le impedía leer bastante el diario. Entonces mi formación, por un lado, era leer
la Historia Sagrada porque en ese tiempo no se leía la Biblia, se leía la Historia
Sagrada –después la Biblia se lee recién con Juan XXIII–, la Historia Sagrada y
por otro lado yo leía El Siglo porque mi padre (...) no lo podía leer.
“Yo era el hijo mayor y todos los días, todas las mañanas, tenía que leer-
le El Siglo y él no me hablaba nada de política, ni de ninguna cosa, pero el

35
hecho de leerle a él El Siglo, yo iba... tomando “caldo de cabeza” como se
dice. Entonces, esto me ayudó mucho. Además, como hijo mayor, siempre
a los padres les gusta andar con su hijo... acompañado, me llevaba a la
plaza Artesanos, a la plaza Bulnes, a todas esas concentraciones. Yo estuve
en todas, estuve en la masacre de Duhalde ahí en la plaza Bulnes, estuve
cuando se dividió la CTCH en la plaza Artesanos (...) Entonces fui madu-
rando en ese ambiente...”26.
La experiencia crítica de su padre frente a la Iglesia Católica, se reiteró
en Ibador más tarde, cuando a los catorce años de edad, debió entrar al mundo
del trabajo. Entonces, indica que sintió, que “lo que predicaba el cura era muy
distinto a la vida”.
La militancia de su padre, no solo fue una referencia importante de iden-
tidad en un sentido ideológico, sino que también fue un factor de aislamiento
social, ya que “en esa época el comunismo era una cosa tremenda”, que no era
fácilmente aceptado en el ámbito más amplio de las relaciones familiares de
Ibador. También influyó en este aislamiento, la discriminación que Ibador per-
cibió en su infancia, por haber sido un hijo concebido fuera de un matrimonio
legalizado, en el contexto de una cultura tradicional27.

La vida en la pobreza del conventillo

A juicio de Ibador, con el fin de las salitreras, en los años cuarenta se


vivió en Santiago, la mayor pobreza que él recuerda. Muchos trabajadores
emigraron entonces, ya no a sus lugares de origen, sino que a la capital. Su
padre fue uno de ellos, cuyo regreso a Santiago, no fue nada fácil, ya que no
encontraría nuevos modos de sustento para su familia. Esta crítica situación lo
llevó entonces al sur, para trabajar en el Fundo Santa Amalia de Requinoa, en
donde habida cuenta su experiencia de trabajador organizado, se dio a la tarea
de formar un sindicato, lo que fue pronto una razón suficiente para perder su
nuevo empleo. Debió entonces volver una vez más a Santiago, para vivir con

26
Para una visión panorámica de la historia del movimiento obrero en Chile, se puede consultar:
Taller Nueva Historia, Cuadernos de Historia Popular. Serie Historia del Movimiento Obrero.
Edic Cetra-Ceal. Santiago, 1983. Para ahondar en los sucesos que narra nuestro entrevistado, Ver
Cuaderno N°6, El Frente Popular y la Confederación de Trabajadores de Chile.
27
La experiencia del niño concebido fuera del matrimonio o abandonado por el padre es un tema que
ha sido ampliamente debatido en los años noventa, como un rasgo peculiar de la cultura popular
chilena. Entre otros, ver Montecinos, Sonia Madres y Huachos. Alegorías del mestizaje chileno
(Ensayo), Edit. Cuarto Propio, Santiago, 1991.

36
su familia en el conventillo de la calle Bernal del Mercado. Allí instaló un
pequeño negocio, que combinaba con la venta de limones por las calles.
Este oficio no era el que más agradaba al padre de Ibador, pero por al-
gún tiempo no tuvo otra alternativa, dada la escasez de empleos y su conocida
militancia comunista que, a juicio de Ibador, “le cerraba las puertas en las in-
dustrias”.
Ibador, sin embargo sostiene que a pesar de que la pobreza era muy ex-
tendida en los años cuarenta, era distinta a la de los tiempos actuales; la mayor
diferencia estaba en que los pobres no “se sentían” como los pobres de hoy:
“... en el año 40, cuando ya me daba cuenta bien, había mucha pobreza,
a pie pela’o, pero cuando se habla de pobreza yo tengo dos formas de ver esas
situaciones, porque hay pobreza que la gente se siente pobre y hay pobreza
que la gente no se siente pobre. En esos tiempos la gente no se sentía pobre.
A pesar de que mi madre, cocinaba a leña y andábamos parchados, todo
eso, pero no sé, no había toda esta... estos mercados que hay ahora, estas pro-
pagandas donde la persona se siente pero... pobre, pobre. Como ser ahora, hay
mucha gente que se siente lo último. En ese tiempo la miseria era grande, gran-
de, grande, sí, se comía pantrucas y se comía todo eso, se cocinaba a leña... la
mujer trabajaba todo el día, en la casa cierto, había que cortar la leña con ha-
cha, todo eso, y alcanzaba pa’ el tecito nomás y nada más. Entonces eso era
pobreza, pero uno no la sentía adentro, no la sentía adentro”.
En el conventillo que vivía Ibador habitaban unas 28 familias, entre las
cuales la suya mantenía ciertas diferencias con el resto, ya que vivían en la
parte de afuera del conventillo; también sutiles diferencias, podían además
reforzar el estatus de su familia: “Nosotros, manteníamos la casa encerada y la
gente del conventillo no enceraba... yo era Ibardocito y mi madre, la señora
Olguita”.
Lo cierto es que cuando el padre de Ibador logró recuperar su condición
de obrero, en la Fundición Rosas, ello mejoró la situación familiar. Entonces,
recuerda Ibador, “conocimos un poco más de la vida moderna, de la vida de
los sindicatos, a tener las recetas médicas... se nos cayeron los parches de nues-
tros pantalones...” Esta era, por lo demás la condición de otras familias vecinas
que, no obstante vivir en conventillos, compartían la condición obrera, ya sea
en la Compañía de Gas, en Ferrocarriles o en una fundición como era el caso
del padre de Ibador.
La vida de niño de Ibador transcurría entre la escuela y los juegos en las
calles del viejo Barrio Estación; a veces yendo a bañarse a “la isla”, como lla-
maban los niños al antiguo curso del Zanjón de la Aguada, que corría al sur
del conventillo, o al “rastrojo de la cebolla” al que concurrían alegremente la

37
mayoría “de los cabros del conventillo”. También les atraía acomodar los
breques, como llamaba la gente elegante, dice Ibador, a las cocheras de la Esta-
ción Central, que se guardaban en el barrio. Se trataba de sencillos carretones,
cuyos propietarios se esforzaban de hacerlos lo más vistosos:
“Y los cocheros llegaban en la noche, porque habían posadas en Bernal
del Mercado, no era pavimentado Bernal del Mercado y habían posadas don-
de guardaban los caballos, todo eso. Entonces lo que hacíamos nosotros en el
conventillo es que llegaban todos los gallos en la noche, los cocheros. Llegaban
cura’os, entonces nosotros bajábamos a los cocheros, los metíamos a las casas e
íbamos a dejar el coche. Íbamos a dejar a la posada, era muy entretenido, era
bonito, es una juventud totalmente distinta (...)
“Igual, era poca gente (la) que tenía radio o vitrola y cuando había un
partido importante, entonces la gente sacaba para la calle la radio. A la calle, a
la vereda, y toda la gente se amontonaba alrededor de la radio a escuchar... y a
tomar su trago.
“Por eso la pobreza, eso que te digo yo era demasiado pobre... pero la
gente no la sentía, no la sentía, porque el conventillo tendría, tendría unas 28
familias algo así y había un solo baño –imagínate– pero era un inmenso sitio”.
También en la vida del conventillo y del barrio eran frecuentes las “pe-
leas a cuchillo”, los juegos de azar, el alcoholismo y el machismo en las relaciones
de pareja:
“El hombre era mucho más machista, hombre que no le pegaba a la
mujer no era hombre, toda mujer tenía que ser golpeada, no había mujer que
no fuera golpeada”.

Dirigente en la Población Nueva Colo-Colo

A juicio de Ibador, así como la pobreza se hizo más aguda con la crisis
salitrera, las poblaciones callampas surgieron de los sueldos que no alcanza-
ban para alquilar una vivienda, de “los sueldos que no daban”:
“Como en el año 50 ya nosotros fuimos creciendo y los sueldos no da-
ban, entonces nacieron estas famosas poblaciones callampas, que no eran
poblaciones que se tomaban políticamente sino que eran poblaciones que se
tomaban por necesidad. O sea, la persona iba y se adueñaba de un sitio no
más, un sitio donde otros habían llegado, después llegaban otros y así se junta-
ban. Y esta población se llamaba Colo-Colo y estaba donde estaba el canódromo,
donde había un canódromo, donde corrían los perros con las liebres, y al otro
lado estaba el Estadio de Carabineros, después fue Estadio Colo-Colo, a la
orilla del río Mapocho (...)”.

38
Ibador llegó a la Población Nueva Colo-Colo, cuando ya había cumpli-
do quince años de edad y debía distribuir su tiempo entre el trabajo y el estudio.
En estos años hizo sus estudios secundarios en el Liceo Universidad Popular
Valentín Letelier, que se ubicaba en calle Carrera. Estudiar y participar social-
mente, fueron para Ibador motivaciones constantes, de tal suerte que una vez
que terminó sus estudios secundarios hizo un curso de cooperativismo y par-
ticipó del Partido Agrario Laborista. Por otra parte, fue también en estos mismos
años que ocupó cargos como dirigente de su población, cuando las condicio-
nes cotidianas de vida allí, no eran fáciles:
“Fui elegido presidente y después secretario de la población Colo-Colo,
donde no había agua, no había luz y no había nada. Despertábamos todos los
días, como yo comodón ya... uno se siente mal, amanecíamos a las seis de la
mañana con las narices bien tapadas de hollín. Tú dirás ¿por qué? Eran los
chonchones a parafina que prendíamos nosotros allí en la casa. En la casa nos
iluminábamos con chonchones a parafina, entonces había que lavarse muy
bien y no había agua, no había nada. La cabeza uno se lavaba con ballerina o
con perlina... [se ríe]
“Y el agua había que ir a buscarla de ahí de la calle Brasil, que es más o
menos a esas alturas donde estábamos viviendo nosotros, a los hornos crema-
torios, que están en Bulnes con Balmaceda. Ahí estaban los hornos crematorios,
hornos crematorios eran donde tiraban los perros, todo eso, los quemaban...
Ahí íbamos a buscar el agua (...) todas las noches, llenar una ... ¿cómo se lla-
maba? barril y luego dejarlo a mi mamá porque ella no podía ir a buscar agua,
dejarle con agua eso”.
La vida en la población, sin embargo, tenía dos caras, por una parte allí
no había agua, no había luz, “no había nada”, pero por otra parte, fue también
el lugar donde Ibador se formó como dirigente social, sumando voluntades y
solidaridades tanto internas como externas a la población.
“En ese tiempo yo me hice de un buen equipo de gente, bien honesta,
ahí en la población y... buenas personas, de buena voluntad también (...). Me
respetaban mucho, y me vinculé con el consultorio Nº 5, el doctor Avendaño
en ese tiempo; con el capitán de Carabineros, Sr. Cornejo de la comisaría que
está en Herrera. Entonces empezamos a hacer un trabajo ahí... con la gente.
Fue así con el Mario... con todos estos que tienen, ahora ya son diputados, el
Domínguez también, y conseguimos luz, agua, pilones primero, y alumbrado
público (...).
“Después conseguimos, casa por casa, agua potable y después nosotros,
entre todos, la gente de ahí, porque se hablaba muy mal de esa gente, de esa
población, pero la gente respondió tan bien y tanta confianza con uno que...

39
que nos dejó que nosotros hiciéramos. Sacamos la luz domiciliaria y con el
aporte de la pura gente, contratamos un ingeniero eléctrico y nosotros lo fui-
mos pagando y la gente nos pagaba a nosotros. Nos pagaba a nosotros y la
gente respondía, toda la gente respondía (...).
“Además de eso, yo trabajaba con Vicente Ahumada, el sacerdote Vi-
cente Ahumada, sí, de la Acción Católica, porque yo era de la Acción Católica.
A todo esto también en Bernal del Mercado yo conocí al Padre Hurtado, yo
trabajé con el Padre Hurtado, pero siendo un lolo, pero no trabajos tan socia-
les, sino que más de retiros, más de conversaciones que de reflexiones que él
hacía con los jóvenes en ese tiempo”.
Los progresos de la población Nueva Colo Colo, como también más tar-
de, cuando muchos de sus habitantes fueron trasladados a Lo Valledor, siguieron
más o menos el mismo derrotero: la auto-organización, la solidaridad (en Lo
Valledor, “nadie paraba sus casas sin parar las otras”) y los apoyos externos de
otros actores o instituciones, siempre formando equipos de trabajo:
“Esos equipos los buscamos así como formar núcleos de personas y...
como acá en la Colo-Colo, no sé a lo mejor era un poco elevarme decir de que
soy un poco psicológico para buscar gente, formábamos el equipo y buscába-
mos gente, sabíamos que éramos limitados nosotros y buscábamos, ya sea
visitadoras, ya sea curas, ya sea un capitán de carabineros, todo eso; doctores
también. Buscábamos gente de apoyo, pero que nos apoyaran, el trabajo lo
hacíamos nosotros”.
Tanto la Población Nueva Colo Colo como el “Comité”, que fue la prin-
cipal organización que se dieron los pobladores, surgió, de acuerdo con Ibador,
luego de una crecida del río Mapocho que los hizo trasladarse a un sector más
alto de la rivera del mismo río.
Y de acuerdo con las actas del Comité, que conservó Ibador, tanto la
consecución de alumbrado domiciliario como la organización de un sistema
de socorros mutuos fueron las principales actividades de este Comité, al me-
nos entre los años 1954 y 1956. Más tarde, de la unidad que prosperó entre la
gente, se formó una cooperativa para la vivienda, con todos los que “querían
salir de ahí” de la Población Nueva Colo Colo. Unas ochenta familias se agru-
paron y abrieron libretas de ahorro en el Banco del Estado, en la que hacían un
depósito mensual o quincenal. En la medida que maduró la iniciativa pudie-
ron acercarse a la CORVI, hacer ver sus necesidades de vivienda y acceder,
finalmente, a una reunión con el Presidente de la República, que les ofreció la
posibilidad de ser trasladados a Lo Valledor:
“Porque ya era como modelo que una población así, hiciera esto. Fui-
mos a la entrevista como Junta de Vecinos, comité, Comité de Vecinos en ese

40
tiempo; todavía no existían las juntas de vecinos. Fuimos y tuvimos la entre-
vista, entonces, con algunos consejeros de la CORVI, había consejeros en la
CORVI, y fuimos donde Alessandri o Ibáñez, no me acuerdo bien y nosotros le
mostramos que teníamos una cooperativa, teníamos tanto dinero y... El Go-
bierno de entonces, Ibáñez me parece, nos dijo: “Miren. Por este esfuerzo que
han hecho Uds., Uds. escojan San Gregorio o Lo Valledor, y Uds. –a sus conse-
jeros les dio orden–, Uds. lleven a esta gente, llévenlos a conocer los sitios que
quieren irse”. Y nos llevaron. En ese tiempo (...), el Ejército nos llevó allá y nos
gustó Lo Valledor porque era mucho más cerca”28.

En el Conventillo La Paloma

Elena29, santiaguina al igual que Ibador, vivió sus primeros años con su
madre y la pareja de esta, un cargador de golondrinas, en el Conventillo La
Paloma de la calle San Pablo; luego, en medio de las dificultades de pareja de
su madre, fue adoptada temporalmente por unos tíos, que arrendaban una
pieza en el mismo San Pablo, pero más hacia el oeste de La Paloma. Retornó
algún tiempo después para vivir con su madre y sus hermanos en el Hogar de
Cristo y el Asilo de San Isidro, en el centro de Santiago, hasta que, ya más
crecida, se trasladó con su familia al Barrio Franklin, desde donde participan-
do de una toma, encontraron ubicación definitiva en la Villa Francia, al oeste
de Santiago. En todo este periplo por la ciudad, su madre fue la protagonista
principal, no solo en las decisiones laborales que tomó para dar sustento a sus
hijos, sino que también, cuando en los sesenta, descubrió que vinculándose a
un partido político podía resolver su problema de vivienda.
Elena, de modo semejante a Ibador, en su historia personal recorrió va-
rias de las formas de habitación popular de Santiago, a mediados del siglo: el
conventillo, el asilo, el arriendo barato y finalmente, su radicación definitiva
en una “villa”.

28
Este testimonio de Ibador, lo he visto corroborado en la Memoria de Tesis para optar al título de
Asistente Social de Norma Ramírez, “Poblaciones Callampas”, Escuela Elvira Matte de Cruchaga.
Stgo. 1957. La mencionada autora indica, que en 1957 se fundó una cooperativa para la vivienda en
la Población Nueva Colo Colo, la que contó con el apoyo del Médico Jefe y una Visitadora Social
de la Unidad Sanitaria de Quinta Normal. Cuando la Cooperativa mediante el ahorro individual en
el Banco del Estado sumó $ 250.000 solicitó a la CORVI la compra de sitios para los pobladores.
Esta petición fue acogida favorablemente y tuvo positivos efectos en otros pobladores de la Nueva
Colo Colo, que comenzaron a formar una segunda cooperativa.
29
Entrevista a Elena, realizada por el autor de este estudio en Santiago, 9 de junio de 1994.

41
“Mi familia fue bien pobre”, comienza por decirnos Elena y nos relata la
historia de su madre, que se confunde con su propia historia. Su madre, origi-
naria de Viña del Mar, se vino a Santiago cuando promediaba los veinte años y
tuvo a Elena siendo soltera, en 1936. Elena nunca conoció a su padre, pero sí al
futuro marido de su madre, José Enrique, un obrero que trabajaba en forma
particular, como cargador de golondrinas.
José Enrique no tenía un mal pasar, pero era alcohólico, de tal modo
que, a juicio de Elena, solo “trabajaba para tomar”. Esta situación matrimonial
obligó a la madre de Elena a trabajar para su propio sustento y el de sus hijos.
Fue en ese tiempo, a fines de los años cuarenta, que Elena vivió en el Conventillo
La Paloma de la calle San Pablo, cerca de Matucana:
“Y ahí vivíamos (...) Éramos, se puede decir dos familias, vivía mi mamá
con la suegra, el matrimonio, ellos y nosotros. Y todo era... era una pura pieza,
reducidos a una pieza grande, una sola pieza. Y todo eso era, dormitorio, co-
medor, cocina. La cocina bueno, se cocinaba afuera, ahí a la entradita de la
puerta no más (...).
“Y de las dos familias, éramos como siete u ocho personas. Mi mamá en
ese tiempo ya tenía tres niños, fuera de mí, cuatro, más el matrimonio.
“Y mi mamá lavaba, me acuerdo que lavaba, hervía la ropa también ahí
mismo con leña. Lavaba, planchaba y bueno en ese tiempo yo tengo bien malas
experiencias, porque... llegaba después él, cura’o, borracho en la noche pidién-
dole comida: ¿dónde estai? Ven atenderme, ¿qué estai haciendo? y cosas así. Eso
recuerdo yo ¿ah? y si ella no venía al tiro o... ¡ya! Sírveme comía o... “¿qué comía
hiciste? Esto no está bueno... y vamos... vamos pegándole a mi mamá, le pegaba
a mi mamá, me pegaba a mí. Después, mi mamá, hubo un tiempo viendo de
que... estaba aburrida con esta situación... me entregó a unos tíos, a unos herma-
nos de ella para que me llevaran, porque parece que me trataba muy mal a mí
¿ah? Me trataba muy mal, le pegaba a ella y me pegaba a mí también, entonces
mi mamá... en ese momento, claro, me apartó de ellos, me entregó a los tíos y... y
ella siguió viviendo un tiempo ahí con él, pero, tal vez para que no me pegara a
mí lo hizo ella, yo creo, así que... siguió viviendo unos años más con él”.
Comenzó entonces a vivir con sus tíos, a los que acompañaba muy tem-
prano por las mañanas en la venta de diarios que estos realizaban en el centro
de la ciudad. Se instalaban, recuerda, en una esquina de la Plaza de Armas de
Santiago y como carecían de un quiosco, una cierta cantidad de diarios se ex-
ponían en el suelo y otra se repartía en oficinas cercanas. Mientras sus tíos
“hacían las entregas” de periódicos, Elena cuidaba en la esquina de la plaza y
allí aprendió a conocer las primeras letras. La muerte de su tía, sin embargo,
hizo que Elena retornara con su madre:

42
“Ahí que estaba con ellos, pasé como hasta los nueve años, en ese lapso
parece que la mamá ya decidió separarse de él ¿no? del marido, porque des-
pués como a los... casi ya iba a cumplir los diez años, a mi tío se le muere la
señora, se murió la señora de él, mi tía, entonces, claro, mi tío diría, qué voy a
hacer yo solo con ella. Ubicó a mi mamá y me vino a dejar donde mi mamá”.

Primer reencuentro con la madre

La madre de Elena se encontraba ahora trabajando en el naciente Hogar


de Cristo en la calle Tocornal, acompañada de los hermanos menores de Elena.
Allí su madre “ayudaba en la cocina y en el aseo” a las monjas del lugar, hasta
que las mayores necesidades del Hogar de Cristo, de la calle Chorrillos, hicie-
ron que el Padre Hurtado solicitara los servicios de María, la madre de Elena.
Trasladada su madre a Chorrillos, Elena quedó por un tiempo a cargo de las
monjas, las que decidieron ponerla en el colegio, cuando ya había cumplido
diez años de edad.
En el intertanto, unos cinco años aproximadamente, María, la madre de
Elena trabajó con entusiasmo en el Hogar de Cristo, acompañando en algunas
ocasiones al Padre Hurtado en su misión asistencial:
“Ella alcanzó a trabajar un buen tiempo con el Padre Hurtado, trabajó
porque trabajaba en la cocina y mi mamá a pesar de todos sus problemas que
había pasado y su vida tan... se puede decir tan golpeada... había tenido suer-
te. Era bastante solidaria... era trabajadora, solidaria. Entonces, fuera de trabajar
en la cocina, también varias veces acompañó en la camioneta al Padre Hurta-
do, a recoger los niños, hombres vagos que recogían, porque ella me contaba
después eso ¿ah? Por eso yo sé, salía con el Padre Hurtado en la camioneta a
recoger gente... por las calles, ahí, al Mapocho también.
“Incluso, si encontraban gente enferma, ancianos así enfermitos, fuera
de venir a dejar a los que tenían que dejar aquí a Chorrillos y (...) buscarles
ropa, hacerlos bañarse, darles comida y una cama, fuera de eso, si había algu-
no enfermo, también, “Maruca, vamos a llevar a tal enfermo a la posta”. Y allá
la mamá, fueran las dos, tres de la mañana salía no más con las enfermitas y el
Padre Hurtado a la posta, a dejarlos a la posta, a llevar a los enfermitos a la
posta. Si no, con otra persona también, de repente mamitas embarazadas que
llegaban también, que a veces también las recogían en la calle o que se hospe-
daban ahí, y se les ocurría enfermarse de noche; también a dejarlas a la posta,
a los hospitales así... Toda esa actividad que tuvo... que alcanzó a tener con el
Padre Hurtado y debe haber sido bonito para ella...”

43
A la muerte del Padre Hurtado, la madre de Elena volvió con las monjas
de la calle Tocornal y como sus hijos ya habían crecido, fueron enviados a la
Parroquia de San Isidro donde había una residencia para mujeres viudas o
abandonadas. Allí, María junto a sus hijos siguieron trabajando en lavados y
planchados para asegurar el sustento. Elena terminó el sexto básico y la pre-
ocupación por los estudios se trasladó ahora a los hermanos menores, ya que
Elena, con los estudios realizados, podría encontrar un trabajo.

En el Asilo de San Isidro

En San Isidro, la familia de Elena vivía en una pieza y cada familia coci-
naba a la entrada de su pieza-habitación. Había que recogerse temprano porque
las puertas del Asilo se cerraban a eso de las nueve de la noche. La vida en el
Asilo para Elena era de “dulce y grasa”, ya que por una parte las piezas eran
más amplias que el conventillo y vivían en torno a las actividades de su ma-
dre, sin embargo, el estricto horario de cierre del Asilo, confiesa Elena, le
impidió, como era su deseo, seguir estudiando comercio en un instituto noc-
turno.
“Era triste también por parte vivir ahí porque era como estar en la cár-
cel, me imagino ahora ¿ah? Hasta cierta hora del día tú tienes libertad, ahí
tenís las puertas abiertas, tenís luz, pero a las ocho, nueve de la noche se te
cierra la puerta, se te corta la luz, entonces... yo lo atribuyo así, lo pongo así
como una cárcel ¿ah?”.
Evaluando su experiencia de pobreza a la luz de su propia historia, Ele-
na, considera que los momentos más difíciles que vivió fueron los de separación
de su madre, pero también su paso por el Asilo de San Isidro:
“Y ese período y después (...) tuvimos que salir, tuvimos que dejar a las
monjas y ella dejó el Hogar y nos juntamos en esa casa parroquial. Ahí no sé,
yo me encontré como que... ¡pucha! Como... en ese tiempo yo me daba cuenta
de la pobreza así... porque yo decía pucha, yo quiero estudiar, yo quiero seguir
estudiando y no puedo. ¿Por qué? Por estar en esta casa y ¿por qué? ¿por qué
estamos en esta casa aquí? que... se supone que es bien para los bien pobres... y
para las madres que no tienen quién les ayuda y por estar aquí me impiden
estudiar, me impiden el salir, no teníamos luz, no tenemos esto, no tenemos
esto otro y a veces, pasábamos necesidades (...).
“Y la mamá trabajaba, para tener algo, trabajó en lavar, teníamos que
salir a buscar... acarrear leña, virutas, aserrín que en ese tiempo se ocupaba
¿ah? Andar con los sacos, cargando, porque era como eso... y en eso trabajába-

44
mos no más ¡poh! No teníamos oportunidad tampoco de salir a trabajar en
otra cosa y... y con los deseos, ya, y tener que estar ahí ayudándole a la mamá,
a trabajar en eso que yo lo encontraba pesado (...).
“Porque lo unía todo, el trabajo era pesao, había que lavar, planchar,
estar noche, tarde, planchando así con velas en ese tiempo. Se planchaba con
carbón, claro ¿no? Pero... con una velita, estar prendiendo velas y con la luz de
la vela en la noche, estar ahí planchando hasta tarde, porque lo que no alcanza-
bas a hacer temprano tenías que hacerlo en la noche y luz de esta no había,
entonces, no sé ahí, esa parte fue dura, sacrificada y esta era pa’ recibir un par
de pesos, pa’ poder gastarlos en la comida y nada más poh”.
Pesó más, finalmente, el deseo de libertad y las mayores posibilidades
económicas de la familia al encontrarse trabajando Elena y uno de sus herma-
nos, para que decidieran dejar el Asilo de San Isidro y arrendar una casa, no
muy cara, en el Barrio Franklin. Desde allí la madre de Elena se movilizaría por
la casa propia, valiéndose de contactos con una militante democratacristiana.

La familia de él era gente sencilla

Clodomira30, si bien nació en Santiago, parte importante de sus prime-


ros años de vida los vivió en un internado en Limache, por cuanto su familia se
encontraba en una difícil situación, que les impidió hacerse cargo de ella. Cuan-
do regresó a Santiago, en los años cuarenta, contrajo matrimonio y debió, junto
a su esposo, enfrentar la dura tarea de “salir adelante”. Se instaló, primero, con
sus suegros en un conventillo de la calle Gálvez, más tarde se trasladó con su
marido y sus cuatro hijos hasta el Barrio El Salto, desde donde Clodomira ini-
ció los trámites en la CORVI, que la llevarían a radicarse definitivamente en la
Población Santa Adriana, a principio de los años sesenta. Su situación social
indudablemente mejoró y pudo entonces vincularse a diversas organizaciones
sociales, en las que jugó activos roles comunitarios.
Cuando Clodomira, siendo joven regresó a Santiago, trabajó para una
profesora, la que fue un apoyo muy importante en sus primeros años de ma-
trimonio, años difíciles tanto en relación al trabajo como a la vivienda:
“La familia de él era... gente muy sencilla, y eran más de siete, ocho
hermanos. Me quiso mucho mi suegra, que esa fue una gran suerte mía, todos
me querían harto, eso fue bueno porque... también yo no me quedaba... siem-
pre trabajando, haciendo cosas (...)

30
Entrevista a Clodomira, realizada por el autor de este estudio en Santiago, 3 de junio de 1994.

45
“Pasamos hartas penurias con mis hijos. Mi marido no tenía la misma edu-
cación que yo tenía, por lo tanto le costaba encontrar trabajo. La familia de él eran
siete hermanos, mi marido tuvo que trabajar desde los 13 años para arriba, ayu-
dándole al papá porque era el mayor y así formamos nosotros también una familia,
de la cual me siento muy satisfecha. Él ahora no está, murió, ya van a hacer siete
años que es muerto, un hombre muy ejemplar, muy buen dueño de casa. Rasgu-
ñaba por ahí para poder traer las cosas a los niños, para traernos a nosotros.
“Y bueno, después, cuando vivíamos en Gálvez, cuando yo le conocí, tra-
bajaba en una fuente de soda y ahí le conocí a él. Y de ahí él me presentó a la
mamá, y ahí nos juntamos como pareja... ahí en Gálvez, al correr del tiempo nació
el primer niño y nos fuimos el segundo, el tercero, total yo viví doce años con mis
suegros, en Gálvez, doce años. Ahí, Fernando Pardo, Bravo que le llamaban, Ro-
berto Espinoza, uno de los grandes, Nataniel, Lord Cochrane, todo eso”.

En el centro de la ciudad

Vivir en el centro de la ciudad, aunque fue una etapa difícil desde el punto
de vista socio-económico, representaba para Clodomira una serie de oportunida-
des en relación a la vida cultural de la ciudad. Clodomira, en efecto recuerda haber
llevado a sus hijos a una presentación teatral en la Plaza de la Constitución, a unas
danzas al estadio y donde supiera que “hubiera un espectáculo cultural”.
“En Gálvez, habían varios cités ahí, eran puros cités y en el cité que
nosotros vivíamos, era de la Iglesia de San Isidro, pertenecía a la Iglesia de San
Isidro, que quedaba mucho más allá. Y resulta que mis suegros cuidaban ahí y
era un asilo de viejitos, varias viejitas murieron en mis manos ahí. Yo me le-
vantaba en la noche a hacerles remedios, puras señoras solas, donde las pobres
abuelas se morían, llegaban los familiares a buscar lo poco y nada que les que-
daba. Eso lo vi con mis ojos, lo vi, cada una se hacía su comidita a la orilla de la
puerta, ahí, venían, le daban su piececita que no tenían ni cielo, ni patio”.
Clodomira y su familia abandonaron el centro de la ciudad, cuando su
marido consiguió trabajo como cuidador de un local de SERVIU, en el Barrio de El
Salto, al norte de Santiago. Allí les construyeron dos piezas en que se pudo instalar
el grupo familiar de Clodomira de modo independiente. Desde esta nueva ubica-
ción, su marido postuló a una vivienda CORVI y Clodomira se encargaría de seguir
los trámites hasta conseguir cupo en la proyectada Población Santa Adriana, en
donde el mencionado organismo distribuyó sitios y mediaguas a principio de los
sesenta 31.
31
El origen de la Población Santa Adriana estuvo marcado por diversos sucesos políticos y sociales
que se tratan en el tercer capítulo de este estudio.

46
Emigrar a la capital

Manuel32, originario de Lota, vivió su infancia en medio de una familia


de mineros del carbón. Siendo joven decidió que su vida no sería la de un
explotado de la mina, como apreciaba lo era su padre y sus hermanos. Decidió
entonces venirse a Santiago y probar suerte en la gran ciudad o “ciudad de
cemento”, como él prefiere llamarla. Aunque quiso ser jinete, la vida lo llevó
por variados oficios, garzón, lavador de autos y de carros del ferrocarril, jorna-
lero de la construcción hasta que ancló como obrero en una fábrica de alfombras.
Casado y arrendando pobremente se hizo parte de una toma de sitios en
Conchalí, lo que lo llevó a formarse y destacarse como dirigente del Campamen-
to Pablo Neruda, en la zona norte de Santiago.
Manuel hizo el camino del emigrante del sur, que en Santiago debió
enfrentar los dos problemas más importantes del inmigrante pobre: obtener
un trabajo y una casa donde vivir. Cada una a su tiempo, tomaron importante
parte de su vida.

Memorias de la explotación y de una frustración

Cuando Manuel recuerda su decisión de dejar Lota, viene a su memoria


su infancia, las durezas del trabajo en las minas y también sus sentimientos de
rebeldía:
“Estuve en el Colegio de Lota Bajo, Escuela Nº 6, estudié hasta 6ta. pre-
paratoria y de ahí, al año 1947, más o menos, ya con un conocimiento pleno de
qué era (...) la burguesía, o la explotación del hombre, me di cuenta, siendo
muy joven, muy niño, vi cómo mi papi trabajaba en la empresa carbonífera y
era muy explotado.
“El salario era muy bajo y tenían que ir a buscar madera, para hacer los
remos, para las lanchas donde trabajaban. Traer las lonetas que ellos ocupaban
para que cargaran el carbón hacia los barcos, para arreglarlos, y como por en-
fermedad, cierto, cansancio, agotamiento, ellos dejaban un día de ir a trabajar
y como la empresa tenía, en esos años, la empresa carbonífera tenía celadores,
que inculcaban a los trabajadores y los golpeaban, les daban de beber un vaso
de agua con afrecho y se los llevaban a trabajar.
“Y siendo tan niño uno comienza a trabajar y se ve qué es la explotación
del hombre, y nace en su corazón, en su mente, nacen lo que uno hoy día

32
Entrevista a Manuel, realizada por el autor de este estudio, 3 de junio de 1993.

47
ve que la gente más aristocrática, más política, pero nosotros vemos que la
política en sí, uno lo vive en lo que ha sufrido no, en la misma manera de ser. Y
eso nos lleva, cierto, a rebelarlos contra... las personas del capitalismo que le
llaman (...)”.
Pero Manuel, no solo trae a la memoria la explotación, sino que también
la frustración que representó para los obreros del carbón, la conducta de Ga-
briel González Videla:
“Ya, el mismo año 1947, cierto, también nosotros veíamos que hubo...
hubo entre el pueblo chileno, cierto, una esperanza (...). Iba a haber algo más
explícito para la gente trabajadora, a la cual se nombró mucho en la candidatu-
ra de este varón, Gabriel González Videla, cierto, el cual fue, anduvo por los
pueblos. Allá mismo en la Plaza de Armas de Lota Bajo, con lágrimas en los
ojos, lloraba, de que en el Gobierno de él ya no habría tanto sufrimiento. An-
cianitas, muy ancianitas, por lo que había acontecido, le entregaban flores, un
pan minero para que comiera, se sirviera él, y él dijo, que ese pan era chico,
que se iba a comer un pan grande.
“Y nosotros no alcanzamos a ver eso, el pan grande fue un engaño, no
solamente para el pueblo chileno, especialmente los trabajadores de la zona, la
cual en ese año, cierto, fue azotada, fue golpeada, martirizada, porque se les
llamó políticamente que eran rojos, que eran comunistas (...).
“Si el año 73 fue duro, el 47 fue bastante duro, porque una zona
carbonífera fue encerrada; tanto por aire, por la aviación; por mar por, la es-
cuadra de la marina y por tierra estaban los regimientos. Nosotros mismos,
que éramos niños en esa época, todavía nos recordábamos, que si salíamos no
podíamos salir a ciertos lugares, no podíamos cruzar más de Lota Bajo porque
en el cerro estaba el Andino de Los Angeles (...).
“Se diluyeron las esperanzas de la zona carbonífera y no solamente de
la zona carbonífera, sino de todos los chilenos (...).
“Uno queda con (eso) grabado, marcado y tiene que haber una libera-
ción y la liberación no es por fuerza, no es con golpe, sino la liberación
–pensamos los trabajadores– que es un buen salario, digno, una anhelada, an-
siada, una buena jubilación para descansar en su tiempo. Y eso, pienso, que es
una de las cosas fundamentales por la cual la inquietud a uno lo mueve”.
Manuel emigró de una de las zonas que proveía de importantes recur-
sos al país, cuando el Estado creaba empresas y apoyaba al mundo empresarial
a través de la CORFO (Corporación de Fomento de la Producción) para indus-
trializar al país. Sin embargo, la zona carbonífera era emblemática, allí las
contradicciones de clase admitían pocas mediaciones, tanto porque las condi-
ciones de trabajo en la mina eran duras y precarias las condiciones de existencia

48
cotidiana, como porque también tempranamente surgió en la zona un movi-
miento sindical organizado, desde donde importantes sectores de la clase obrera
local se constituyeron en movimiento social opositor al capitalismo.
La decisión de Manuel de abandonar su tierra de origen estuvo condi-
cionada, justamente, por una crítica percepción de sus posibilidades de
desarrollo en la minería:
“Después nos damos cuenta ¡ya! cierto, de ese año 47, en un tiempo
más, bajamos a la mina, a trabajar. Siendo muy pequeño y uno ve cierto, ya
ahí, sufre en carne propia lo que ha visto en sus papás y eso mismo a uno lo
hace de emigrar de su pueblo y trasladarse de un lugar a otro. Por ejemplo, yo
mismo, yo me vine a Santiago, siendo una persona que tenía a mi papá y a mi
mamá vivos, mis hermanos, pero ya había pasado por todos los trabajos pesa-
dos que hay en la mina, llámese apir, contratista, huinchero, todos los trabajos
pesados.
“Estaba trabajando, cuando me salí de la mina, estaba trabajando de
alarife y se nos presentaba una oportunidad porque era muy joven todavía [...]
Entonces, ¿qué pasa? De que ya hay una responsabilidad y como me veían un
joven serio, responsable, se me ofrecía el trabajo de ser capataz o mayordomo,
pero mi respuesta, quizás en mi poca educación que tenía, no sé con qué ira le
dije al caballero que me ofreció un mejor trabajo. Le dije, sabe, yo no nací para
la mina, mi padre minero, mis hermanos mineros, no, yo me voy, no quiero ser
más minero. Y eso, lo tomó, no sé en qué manera, lo tomó tan a pecho que me
dijo: ¡ya! mañana dejas de ser alarife y te vai al trabajo que tenías de origen, a
verduliar otro poco y eso mismo me hizo rebelarme y me vine acá, a esta gran
capital”.

Como un náufrago en la capital

Manuel partió hacia Santiago en 1954, y se instaló a su llegada en una


hospedería, con todas sus expectativas puestas en encontrar una “mejor pro-
yección” en la capital. Sin embargo, pronto se dio cuenta que era como un
“náufrago en alta mar”, que para un joven provinciano sin profesión ni con-
tactos, la ciudad lo envolvía, entre las alturas de las calles de cemento y la luz
de la noche, que arrastraba y empujaba a los pobres a la delincuencia o la
prostitución, porque no hay trabajo y cuando este finalmente se encuentra,
reproduce las contradicciones ya vividas en la tierra de origen:
“El provinciano es un hombre de trabajo, un hombre de esfuerzo, y en-
seguida ya nos damos cuenta, cierto, de tanto andar, por aquí, por allá,
orientando, sosteniendo, muchas veces casi mendigando, encuentra trabajo y

49
se da cuenta de que no solamente en su pueblo donde uno ha vivido hay gente
explotadora, sino que la explotación está hermanada por lo que ya le explicaba
a Ud., la sociedad no quiere pagar, o no quiere que el trabajador tenga los
mismos conocimientos, la misma responsabilidad, la misma seriedad sino que
lo va restringiendo, le paga hasta por ahí, y se da cuenta cuando uno trabaja
–aquí en Santiago– se da cuenta de que, lo que me pasó a mí, que yo anduve en
muchos trabajos (...)”.
Manuel, según nos relata, debió desempeñar variados oficios, mane-
jar bien el teléfono y la sección de empleo del diario El Mercurio para
probarse en distintos lugares, primero como garzón, luego como lavador
de autos en Irarrázaval, más tarde en el aseo y el lavado de coches del fe-
rrocarril, posteriormente como obrero de la construcción hasta que
finalmente obtuvo el puesto de tejedor de alfombras en la Empresa Wiener.
Había logrado, finalmente, una ocupación estable que le permitió arrendar
una casa en la Población 7 de Febrero de Conchalí y traer del sur a su mujer
y a sus hijos. Pasaría varios años arrendando hasta que participando de
una “toma de sitios”, a fines de los sesenta, lograría una posición definitiva
en la ciudad.

Algunos núcleos significativos en los relatos

En estos relatos de vida que hemos presentado sucintamente, hemos


destacado ciertos “núcleos significativos” que organizan la visión de cada
uno de nuestros entrevistados respecto de su experiencia vital en situaciones
de pobreza urbana. Desde esta perspectiva, nos parece reconocer en Ibador
al menos tres de estos núcleos: la formación de su conciencia social, asociada
a la experiencia familiar reveladora de la influencia que en el mundo popu-
lar ha tenido el cristianismo y el comunismo; su visión subjetiva de la pobreza,
que arranca de su propia auto-percepción como niño en el conventillo y los
modos en que hoy percibe la pobreza urbana; y, en tercer lugar, las formas en
que fue dirigente social en la Población Nueva Colo-Colo, donde se mani-
fiesta con fuerza su voluntad por favorecer la organización popular, la
solidaridad que se evidencian en las prácticas poblacionales y las estrategias
destinadas a sumar esfuerzos internos y externos a la población para produ-
cir cambios en su situación social.
En el caso de Elena, los núcleos más significativos que organizan su
relato de vida giran en torno a la relación familia y pobreza. En primer lugar,
está su origen familiar en el conventillo marcado por la precariedad de recur-
sos materiales y la experiencia de violencia que el esposo de su madre ejerce

50
sobre la familia; en segundo lugar, las distancias y reencuentros con su propia
madre, que cumple un rol muy activo en la sobrevivencia material y espiritual
de la familia; y, finalmente, la escasez de recursos y oportunidades que se le
brindan en el Asilo de San Isidro. Estos dos últimos núcleos son señalados
como los momentos más difíciles de su vida. Hacia el final de su relato, a fines
de los sesenta, surge la posibilidad cierta de instalarse en una población del
sector oeste de Santiago.
Para Clodomira, el punto de arranque de su relato es también la expe-
riencia familiar; su origen en una familia que no logra constituirse como tal,
la vida en el conventillo y las dificultades de su marido para asegurar el
sustento familiar. Sin embargo, la experiencia de vivir en el centro de la ciu-
dad es evaluada positivamente por las oportunidades culturales que este
ofrece.
Finalmente, el relato de Manuel nos abre a otros núcleos significativos:
en primer lugar, la experiencia de explotación, percibida desde la infancia en
su padre y sus hermanos en las industrias carboníferas del sur del país, y que
es señalada como un rasgo de la sociedad en que creció y se formó como per-
sona; en segundo lugar, las marcas de una experiencia política nacional
frustrante para los trabajadores del carbón, a fines de los años cuarenta, y la
cuestión siempre pendiente, de la justicia hacia los trabajadores; en tercer lu-
gar, la decisión de emigrar a la capital y las dificultades para encontrar un
trabajo y una ubicación territorial estable en la ciudad.
A partir de estos relatos de vida es posible reconocer algunas experien-
cias significativas comunes en nuestros entrevistados que vivieron en situación
de pobreza urbana en los años cuarenta y cincuenta. En primer lugar, la im-
portancia que tiene la familia para todos ellos, en cuanto “marcas de origen”
(particularmente para los dos hombres) y como un eje que organiza sus vidas
(especialmente para las dos mujeres); en segundo lugar, las limitaciones mate-
riales y subjetivas de la pobreza que se les impuso a todos ellos, tanto en cuanto
a sus formas de habitar en la ciudad –el conventillo y la callampa– así como el
trabajo a temprana edad y las dificultades para estudiar. En tercer lugar, es
también común a nuestros entrevistados, el valor atribuido a la organización
social así como a los vínculos y relaciones con diferentes actores sociales y políticos,
como medios de superación de sus dificultades o como espacio de sociabili-
dad y de crecimiento personal.

51
Los pobres y el poblamiento precario: La visión de
las asistentes sociales a través de sus memorias
“La naturaleza del callampero es la misma del obrero...”

Una memoria realizada por una estudiante de la Escuela de Servicio


Social de la Universidad de Chile, en 1952, sobre la población callampa “Nue-
va Matucana”, se iniciaba indicando que su objetivo no era “exagerar la
situación denigrante” de quienes habitaban este tipo de poblaciones, sino lla-
mar la atención sobre “el alto espíritu de progreso” que anima a este sector de
la población de Santiago33 . Reconocía, sin embargo, la autora de este estudio,
que se requeriría de la ayuda del Estado y del conjunto de la sociedad para
colaborar en la superación de la situación de pobreza de los habitantes de las
callampas.
Esta doble percepción, de una “situación denigrante”, caracterizada por
la pobreza y la miseria, por una parte, y de “espíritu de progreso” o de dispo-
sición al cambio, por otra parte, marcó la visión de las asistentes sociales sobre
los más pobres, en los años cincuenta.
La percepción de los pobres de la memorista de la Universidad de
Chile, se apoyaba tanto en las informaciones que había obtenido de sus
colegas del Departamento de Viviendas como de la Fundación Viviendas
de Emergencia. Desde ambas instituciones públicas, se percibía que la
mayor parte de los habitantes de las callampas estaba compuesta por “la
masa trabajadora, que por diferentes causas se han visto obligadas a bus-
car asilo allí” y que solo la minoría de esta población, estaba compuesta
de “vagos y delincuentes que burlan la vigilancia de la policía y que ame-
nazan la tranquilidad del resto de la población”. La memorista, que
argumentaba de este modo, quería salir al paso de los prejuicios de su
tiempo, desde los que se veía a los habitantes de las callampas como “el
lastre social, la parte improductiva, de negación a todo estímulo de pro-
greso” 34. Se trataba, por cierto, de prejuicios de vieja data, extendidos
socialmente, y que probablemente se relacionaban con las percepciones

33
Sepúlveda, Sara “Población Callampa. Estudio realizado en la Población Callampa Nueva
Matucana”. Memoria. Escuela de Servicio Social. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.
Universidad de Chile. Santiago, 1952. Pág. 1.
34
Sepúlveda, op. cit., pág. 2

52
más negativas –también muy antiguas– de la elite sobre los pobres de la
ciudad 35.
A fines de los años cincuenta, Norma Ramírez, otra memorista de Servi-
cio Social, esta vez de la Escuela Elvira Matte de Cruchaga de la Universidad
Católica, indicaba que el problema de los pobres de las poblaciones callampas,
era el problema social “más agudo y doloroso” del país, y que estaba inevita-
blemente ligado a “la estabilidad social, la moral y la salud de la raza”36. Tanto
esta memorista como otras de sus compañeras de estudio de la Escuela
Elvira Matte de Cruchaga, seguían, sin embargo percibiendo una fuerte
estigmatización social con relación a los pobres de las callampas:
“Muchos piensan que el elemento humano de las poblaciones callampas,
lo constituye la escoria social, el individuo que ya no es capaz de vivir en me-
jores condiciones”37.
“Para mucha gente los pobladores de la callampa son delincuentes o
deshechos humanos que han llegado a esa situación labrándose ellos mismos
su ruina”38.

35
En su Historia de la ciudad de Santiago, Armando de Ramón ha indicado que ya desde principios
del siglo XVIII, la ciudad comenzó a crecer fundamentalmente a instancias de los sectores populares,
en un contexto de “subempleo y desempleo que mantenía una cantidad de hombres sin nada que
hacer”. Las autoridades de la época los calificaron como “ociosos, vagos y malentretenidos”, a
pesar de que tampoco les daban ocupación ya que preferían, para la realización de obras públicas,
“echar mano de los reos de la cárcel obligándolos a trabajar forzadamente”. A ello, hay que sumar
“el miedo histórico cultivado por la clase poseedora”, el miedo a los antiguos levantamientos
indígenas que se reproducían ahora “cada noche y cada día, considerando la existencia de esta
especie de mundo subterráneo que se había introducido en la ciudad y formado sus arrabales, el que
numéricamente era mayoría dentro de la población que habitaba Santiago”. De Ramón, Santiago de
Chile, p. 128. En refuerzo del prejuicio social hacia los más pobres, en tiempos remotos, se puede
considerar también la visión de Benjamín Vicuña Mackenna, que a propósito de las gestiones que el
gobernador Manuel de Amat, realizó en 1758 para contener el delito en la ciudad de Santiago, comenta:
“Lo que hace peculiar la administración de Amat en Chile es su plan fijo de domar lo que entonces se
llamaba plebe, que era el confuso y brutal amasijo de todas las castas de la colonia...”, y agrega, “La
insolencia de esta gente crecía junto con su número...” y que, citando a un autor de la época, no sería
exageración “afirmar que la mayor parte (la llamada clase rotos en las ciudades y gañanes de los
campos) se mantiene del hurto y que habrá en el reino más de doce mil que no tienen otro oficio ni
ejercicio”. En Vicuña Mackenna, Benjamín. Historia crítica y social de la ciudad de Santiago, 1541-
1868, Segunda edición, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1926, Págs. 143 y ss.
36
Ramírez, Norma “Poblaciones Callampas”. Memoria para optar al título de Asistente Social. Escuela
Elvira Matte de Cruchaga. Santiago, 1957. p. 1.
37
Ramírez, op.cit., p. 2.
38
Sotomayor, Hilda “Fisonomía y valores de una población callampa”. Memoria para optar al título
de Asistente Social de la Escuela Elvira Matte de Cruchaga. Santiago, 1958. p. III.

53
Las futuras asistentes sociales no negaban que allí existieran individuos
socialmente marginados, delincuentes o alcohólicos, pero su acercamiento a
las poblaciones, les indicaba que la realidad humana que albergaban las po-
blaciones callampas, era distinta a la de los prejuicios de su época:
“¡Cuán equivocados están! Las investigaciones hechas comprueban que
la mayor parte está compuesta por la masa trabajadora, que por múltiples cau-
sas se han visto en la imperiosa necesidad de buscar refugio allí, viviendo en
una callada pobreza o en angustiante miseria, pero con limpia, sacrificada y
sufriente honradez. Solamente la minoría está constituida por individuos de
mala reputación: delincuentes, vagos, etc.”39.
“La naturaleza del callampero es la misma del obrero de la fábrica y no
es otro que este, solo que la necesidad, la pobreza y el hecho de no haber en-
contrado quien le arrendara casa donde habitar con su prole lo han impulsado
a aceptar el albergue del terreno vacío” 40.
Esta percepción de las asistentes sociales de que las poblaciones
callampas albergaban a la “masa trabajadora” es muy importante, por cuanto
ponían el acento en los problemas relativos a la estructura económica de la
sociedad. Hilda Sotomayor, también memorista de Trabajo Social, que realizó
en 1958, una encuesta entre 100 familias de la recién fundada Población La
Victoria41, encontró que el 46% de los dueños de casa eran “asegurados” lo que
le permitió probar que en las poblaciones callampas no vivían exclusivamente
cesantes y trabajadores informales. En efecto, solo el 9% de sus entrevistados
eran cesantes; el 17% restante vivía de trabajos ocasionales; un 3% eran enfer-
mos asegurados; un 3% empleados particulares y un 6% tenía trabajo estable,
pero sin libreta de seguro42.
Por su parte, Norma Ramírez, que entrevistó a un total de 150 familias
(100 de la Población Nueva Colo-Colo y 50 de la Población Los Saldes) obtu-
vo resultados similares: de los padres jefes de familia trabajaban en forma
estable un 73,1% (110 casos); un 11% (16 casos) lo hacían en forma ocasional;
2,6% (4 casos) eran cesantes y un 13,2% (20 casos) madres solteras, viudas o

39
Ramírez, op.cit., p. 2.
40
Marticorena, Dafne “Algunas soluciones al problema de las poblaciones callampas”. Tesis para
optar al título de Asistente Social, de la Escuela Elvira Matte de Cruchaga. Santiago, 1959. p. 13.
41
La memorista Hilda Sotomayor para constituir su muestra identificó previamente la procedencia de
los pobladores de La Victoria, lo que le permitió establecer que el 65% de los primeros habitantes
de La Victoria venían de poblaciones callampas del Zanjón de la Aguada; un 13% de la Población
La Legua, un 21% de otras poblaciones y un 1% provenía del campo. Sotomayor, op. cit., p. 29.
42
Sotomayor, op. cit., pág. 33.

54
abandonadas, que realizaba trabajos mal remunerados, como lavanderas o
empleadas domésticas43.

Bajos salarios y escasez de viviendas

En consecuencia, un primer aspecto relevante de estos estudios era de-


mostrar el carácter “obrero” o “laboral estable” de los habitantes de las
poblaciones callampas, de tal suerte que las familias que allí se establecían,
más que “escoria social” o “delincuentes”, eran trabajadores que compartían
una posición precaria en la estructura económica de la sociedad.
De este modo, “una causa” del origen de las poblaciones callampas se-
rían los bajos salarios de estos trabajadores, que los habría obligado a vivir en
condiciones de extrema pobreza. El bajo nivel de vida, dice Norma Ramírez,
es “una consecuencia de la indigencia económica, propia de los habitantes de
las poblaciones callampas, ocasionada por la insuficiencia de los salarios, que
con relación al alza del costo de la vida, ha disminuido considerablemente el
poder adquisitivo...”44.
Pero, junto a los bajos salarios, las asistentes sociales reconocieron otro con-
junto de razones que explicarían el origen y extensión de las poblaciones callampas,
entre ellas, la que les resultó más importante, fue la escasez de viviendas:
“Es la primera y más importante –anota Norma Ramírez–. La escasez
de vivienda se ha producido por el hecho de que la construcción de ellas no ha
sido paralela al aumento de la población. Además, la inadecuada política esta-
tal, en el sentido que no se destina el presupuesto necesario para la construcción
de habitaciones para las clases populares”45.
El déficit con que trabaja Norma Ramírez era de 407.500 unidades a
1955, cifra a la que se habrían sumado unas 235 mil viviendas en mal esta-
do, lo cual elevaría hacia 1957, el déficit global de viviendas a 642.000. 46
De acuerdo con esta memorista, entre las causas que provocan la escasez
de vivienda había que anotar las demoliciones, el éxodo rural, el envejeci-
miento de las viviendas, la insalubridad de muchas de ellas y la carestía de
la construcción.

43
Ramírez, op. cit., p. 43.
44
Ramírez, op. cit., p. 15.
45
Ramírez, op. cit., p. 10.
46
Ibídem. La cifra global con que trabaja la memorista parece un poco abultada con relación al Censo
de 1952, como veremos en el apartado siguiente. Sin embargo, considerando el aumento vegetativo
de la población, el déficit podía alcanzar a 400 mil viviendas en 1955, pero de todos modos es muy
elevada la cifra de viviendas en mal estado. Cfr. infra p. 68 cuadro No 5

55
Respecto de las demoliciones, comenta la autora que la revisión de 500
encuestas de pobladores de callampas le demostró que el 18% declaraba prove-
nir de viviendas que fueron demolidas47. En la misma línea de argumentación,
Dafne Marticorena explica que el problema de la escasez de habitación popular
se habría agravado con la demolición de casas y conventillos en el centro de la
ciudad, cuando a partir de 1932 se inició la construcción del barrio cívico y de
edificios aptos para oficinas48.
Las nuevas construcciones, por otra parte, no estaban al alcance de los
trabajadores de bajos ingresos, amén de que la propia escasez de vivienda tam-
bién influía en el alza de los arriendos, todo lo cual reforzaba la tendencia de
los más pobres a ocupar sitios baldíos o de escaso valor, lugares en que crecie-
ron las poblaciones callampas.
Para otra de las memoristas, la causa principal de la escasez de vivienda
popular se debía a que en Chile la construcción de vivienda popular no había
tenido auge, entre otras razones, producto del deficiente desarrollo de la in-
dustria de la construcción, la ausencia de planificación y también la falta de un
conocimiento integral del problema49.
Finalmente, la migración del campo a la ciudad no era ignorada como
un factor que agudizó el déficit de viviendas en Santiago, la ciudad capital,
que por su desarrollo administrativo e industrial se constituyó en el principal
foco de atracción para los provincianos. Sin embargo se trataba “de una indus-
trialización carente de planificación científica” lo que ha convertido a Santiago
en un “asilo de cesantes, desalojados migrantes agrícolas que ha ocupado las
áreas libres” formando un cinturón de poblaciones callampas “que ciñen ma-
lamente el perímetro de Santiago” 50.

Características de las poblaciones callampas

Sara Sepúlveda, luego de realizar su estudio de la Población Nueva


Matucana llegó a la conclusión de que había que llamar poblaciones callampas:

47
Ramírez, op. cit., p. 11.
48
Marticorena, op. cit., p. 3. La demolición de edificios céntricos ha sido señalada por diversos autores,
como un factor que agravó el problema de la habitación popular en Santiago. Entre otros Giusti,
Jorge, “La formación de “poblaciones” en Santiago: Aproximación al problema de la organización
y participación de los “pobladores”, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO. Vol.
II, Nº 2, Agosto 1971, pág. 376. De Ramón, Armando, indica, por su parte, que también la demolición
de conventillos o la saturación de ellos contribuyó a la formación de poblaciones callampas. De
Ramón, La población informal, p. 11.
49
Sotomayor, op. cit., p. 6.
50
Marticorena op. cit., p. 4.

56
“Al conjunto de viviendas construidas en terrenos de propiedad fiscal,
municipal o particular. Se caracterizan por no someterse a reglas de sanea-
miento, urbanización, topografía, ni respetar normas de ninguna especie”51.
Por su parte, entre las tres memoristas de la Universidad Católica exis-
tió consenso en que las poblaciones callampas “surgían como hongos”52, de la
noche a la mañana allí donde se pudiera, es decir en sitios de escaso valor,
fiscales, o abandonados: en las riberas de los ríos, canales con aguas contami-
nadas, zanjones, basurales, faldas de los cerros, sitios eriazos. La mayor parte
de las veces se trataba de poblamientos de hecho, es decir que carecían de
algún tipo de sanción legal 53.
Sara Sepúlveda, indicaba que en 1952, existían unas 20 poblaciones
callampas en Santiago, que congregaban a más de 5.000 familias y a unos 50
mil habitantes. La estimación no parece precisa en cuanto a la relación entre
familias y número de habitantes, ya que implicaría un promedio de 10 perso-
nas por familia. Sin embargo, incluye también la autora los resultados de una
Encuesta de la Dirección General del Trabajo, de agosto de 1949, la que consig-
na 31 poblaciones callampas en Santiago, con un total de 5.128 familias y 24.305
habitantes 54.

51
Sepúlveda, op. cit., p. 16. La caracterización que hace Sara Sepúlveda de las “callampas” es muy
semejante, desde una perspectiva urbana, a la que realizó B. Vicuña Mackenna del barrio sur de
Santiago, en 1872. En efecto, mientras este decía que “no se había seguido ningún plan”, Sara
Sepúlveda dice que se caracterizan por “no someterse a reglas de saneamiento, urbanización... ni
respetar normas de ninguna especie”. Cfr. supra. p. 23.
52
Cecilia Urrutia explicó que la palabra callampa, de acuerdo con el Diccionario Larousse, significaba,
“hongo”, “seta”, un agradable elemento que se agrega a las comidas para mejorar su sabor. Y
agregó: “nuestro pueblo, rico en imaginación y con el fatalismo burlón que tiene para referirse a las
desgracias, descubrió el sentido escondido de la palabra callampa, la afinidad con sus propias
miserias y la transformó (o la deformó) hasta convertirla en una palabra-idea, una idea-lugar, un
lugar-casa, una casa-callampa”. Urrutia, Cecilia. Historia de la Poblaciones Callampas, Quimantú,
Santiago, 1972. p. 33.
53
Marticorena propone una tipología de poblaciones callampas, entre las que distingue: (a) Vivienda
callampa típica aislada en grupos inferiores a 25 viviendas (ilegal); (b) Vivienda callampa típica
agrupada en poblaciones (ilegal); (c) Viviendas callampas en terrenos cuya legalidad de ocupación
está en vías de solución; (d) Viviendas callampas en terreno propio, cooperativas de edificación
legal. En Marticorena, op. cit., p. 12
54
En Anexo Nº 1, se puede consultar la Encuesta de la Dirección General del Trabajo de 1949. El
problema estadístico en relación a las poblaciones callampas y marginales ha sido reconocido como
un problema complejo, tanto en la época en que se realizaron estas memorias como en estudios más
recientes. La Fundación de Viviendas de Emergencia, reconocía en 1952, que era muy difícil realizar
encuestas en las poblaciones callampas, ya que a muchos individuos no se les encuentra durante el
día y que por lo general corresponde a “individuos de malos antecedentes, vagabundos y mendigos”.
En Sepúlveda, op. cit., p. 4.

57
Cinco años más tarde, en 1957, Norma Ramírez, consignaba la existen-
cia de 40 poblaciones callampas que agrupaban a 35.601 personas. Estas
poblaciones se ubicaban especialmente en las comunas de San Miguel, Quinta
Normal, Ñuñoa, Las Condes y Conchalí 55.
Generalmente, indica la misma memorista, la vivienda está constituida
por una sola pieza en la que se han empleado los más variados materiales:
latas viejas, cartones, maderas, sacos, fonolitas y materiales de demolición ta-
les como ladrillos o adobes 56.
Las viviendas de las poblaciones callampas también eran nombradas
como “mejoras”, construidas con los materiales ya indicados. En su interior,
indica Hilda Sotomayor, se observan:
“Catres de fierro, colchón o payasa, cajón-cuna, mesa, sillas o pisos. La
vestimenta se guarda en algún lugar adecuado del muro. La decoración inte-
rior es notable por los arreglos que hacen: las paredes las adornan con tapas de
revistas, papeles de colores, imágenes religiosas, retratos familiares, etc.” 57.
Estas habitaciones, debido a la calidad de sus materiales no tienen mu-
cha duración por lo que pronto se deterioran:
“ (...) y entonces comienza su larga agonía, su derrota y su declinación,
generalmente no detenida ni atenuada, por arreglos que no se hacen; pero que
no evita que sean habitadas, con todas sus rendijas, por las cuales se cuela el
aire, con un techo que se agujerea y se pudre junto a los terrones que se desme-
nuzan y se desintegran”58 .
Los servicios higiénicos son pozos negros, si no simplemente el uso del
predio cercano, el río o la acequia vecina, mientras que las basuras son deposi-
tadas en algún hoyo ubicado cerca de la población 59 .

55
Norma Ramírez no indica su fuente en esta parte de su estudio, sin embargo, ofrece un listado
bastante exahustivo de poblaciones callampas ubicadas en diversas comunas de Santiago (Ver en
Anexo Nº 2). Como referencia general indica que ha tenido en cuenta para su estudio informaciones
obtenidas en el Auxilio Social de Trabajo, comisarías y municipalidades. Ramírez, op. cit., p. 3. Es
probable, como se verá más adelante que la memorista haya trabajado con los resultados de la
Encuesta Especial de Poblaciones Callampas de 1952, que consignó 41 poblaciones callampas, en
las que vivían 35.611 personas. Cfr. infra p. 95 y 96.
56
Ramírez, op. cit., p. 20
57
Sotomayor, op. cit., p. 2.
58
Ramírez, op. cit., p. 21.
59
Ibídem.

58
El poblador de la callampa

El “callampero” es de la misma naturaleza que el obrero de la fábrica,


anotaba Dafne Marticorena, solo que la necesidad y la pobreza lo ha llevado a
la población callampa, desde donde percibe la desigualdad social:
“El contacto diario con la fábrica, la callampa y los sectores comerciales
de la ciudad donde adquiere lo necesario para el sustento de la familia, lo
hacen vivir una experiencia caracterizada por la desigualdad con aquellos que
todo lo tienen y de los que nada poseen (...)”60.
“El ‘callampero’ tiene la conciencia de pertenecer a una clase menos-
preciada, a la cual no se le ayuda, porque se le considera incapaz de recuperarse,
de hacer algo útil; este es el motivo por el cual el callampero es desconfiado
con los extraños”61.
La experiencia de desigualdad, así como las luchas por su propia exis-
tencia labradas en la adquisición ilegal de un sitio, el temor a ser desalojado, la
acción audaz en los comités formados en la población, han creado, anota tam-
bién Marticorena, “la fisonomía humana del callampero que se resuelve en
temeridad más que valentía, compañerismo en vez de generosidad, indepen-
dencia moral como coronamiento de un complicado proceso de
autoconformación”. El callampero, agrega, es un hombre ambicioso y ladino,
que con desenvoltura “navega en dos aguas”, la propia y la que permite en-
trar “en juego con los de la otra tienda política”62.
La percepción de Norma Ramírez, es semejante en cuanto a los modos
de sobrevivencia: la gran mayoría de los que forman estas poblaciones son
obreros, trabajadores manuales, con grupos familiares legalmente constitui-
dos e incluso con medios que les permitirían solventar un arriendo barato, si
hubiera viviendas disponibles. Reconoce algunas diferencias, sin embargo,
respecto de los más pobres de las callampas que solo alcanzan a guarecerse en
la choza que los cobija, y respecto de los “elementos indeseables (pungas,
cogoteros, vagabundos)”, considera que “casi no existen” pues el conglomera-
do humano, en la medida que los integra los va eliminando. En suma, su
percepción es que:
“Los callamperos no son gente mala. Son humildes y respetuosos. Sus
instintos no son perversos; no ofrecen un índice de peligrosidad. Tienen un

60
Marticorena, op. cit., págs. 13 y 14.
61
Sotomayor, op. cit., p. 3.
62
Marticorena, op. cit. p. 14.

59
corazón muy generoso y son capaces de los mayores sacrificios para socorrer a
otros necesitados que lleguen a sus puertas a solicitarles ayuda (...)
“El habitante de la población callampa es un ser que sufre; acostumbra-
do a soportar toda clase de privaciones y sufrimientos. Al entrevistarlos,
textualmente han manifestado: ‘es muy triste ser callampero’. Son buenos y
dóciles, si se encuentran con alguien de una voluntad vigorosa que les inspire
confianza y demuestre interés en ayudarlos.
“Los niños se acostumbran desde muy temprano a palpar la miseria
con todas sus consecuencias, el frío, el hambre, el abandono y la desespera-
ción”63.

La callampa aniquila la familia

La callampa, para Hilda Sotomayor, aniquila a la familia, ya que sus


miembros no pueden ser acogidos por un espacio-habitación que no es más
que “una simple protección”, un lugar en que la familia pierde todo sentido de
dignidad para transformarse en un grupo de personas en situación de promis-
cuidad, agravada muchas veces por la presencia de algún “allegado”:
“Cuando doce individuos conviven mezclados, no es posible asombrar-
se al comprobar relaciones sexuales entre abuelos, nietos o cambiar esposas y
maridos de un grupo a otro sin escándalo de nadie. Ellos en el fondo se dan
cuenta de la inmoralidad, pero no pueden salir de ese círculo a causa de la
falta de habitación, medios y ayuda” 64.
También la visión de Marticorena es crítica en lo referente a la familia.
Centra esta memorista su crítica percepción en el jefe de familia. De parte de
este, indica, “existe tolerancia” o despreocupación con relación a su mujer “la
que es libre de hacer lo que desee durante el día” y de los niños, que “vagan
por la población imitando en sus juegos lo que ven hacer a los mayores”. Por
otra parte, más atractivo que el retorno a casa, al fin de la jornada diaria, es la
taberna:
“La taberna es el desahogo del callampero que a la vuelta del trabajo,
las más de las veces abrumador, por las tardes, nada encuentra en el hogar
que lo retenga y sí, la visión de la mala casa, de la mujer desaseada y de los
hijos desnutridos lo impele a buscar la alegría en el alcohol, el amor fácil y sin
riesgos, en los amigos, en la reunión política” 65.

63
Ramírez, op. cit., págs. 32 y 33.
64
Sotomayor, op. cit., págs. 3 y 4.
65
Marticorena, op. cit., p. 15.

60
No tienen culpa de su incultura

Para Ramírez, es evidente que la mujer cumple un rol muy importante


en la familia del callampero, sobre todo en la heroica y denodada forma en que
logran alimentar a sus hijos. Sin embargo, la asistente social “debe disculpar y
hasta comprender la negligencia de la madre” ya que por mucho que se esme-
re, su situación es más que difícil:
“La incomodidad, la falta de ventilación, la estrechez, todo obliga a dormir
amontonados a hombres y mujeres en absoluta promiscuidad, no pudiendo por ello
responsabilizarse a la madre, si en su casa se atropella por completo la moral” 66.
También respecto de su cultura e instrucción, estima Norma Ramírez
que los pobladores de las callampas están en un plano inferior respecto del
resto de la población; que el ambiente de miseria que se vive es completamen-
te favorable a la indolencia y a la incapacidad, pero que en el fondo ellos “no
tienen culpa de su incultura” que es el fruto de un “ambiente mezquino y
sórdido”. Son solo culpables a medias de su pereza e indolencia por cuanto
“nunca han aprendido a cultivarse ni se les ha enseñado” 67.
Con todo, el hecho de habitar en una callampa es también percibido por
sus habitantes, según Marticorena, como una situación transitoria, que podrá
dar lugar a una casa digna y a un barrio, con sus necesarios servicios urbanos.
También Sotomayor, desde otro punto de vista, destaca que pese a su miseria,
la callampa es escenario de una importante acción colectiva de sus habitantes,
a quienes les preocupa su prestigio social, que los lleva incluso a expulsar ele-
mentos indeseables, todo lo cual es expresivo del espíritu de superación que
anima al callampero 68.

En la visión que las asistentes sociales se hicieron de las poblaciones


callampas y de sus moradores se pueden percibir diversos énfasis. En primer
lugar, el reconocimiento de una realidad de aguda miseria que interpelaba a la
sociedad mientras que esta, en términos generales, compartía una visión estig-
matizada de los más pobres, y en especial de los habitantes de poblaciones
callampas. En segundo lugar, reconocían tambien las asistentes sociales, que
los habitantes de las callampas eran mayoritariamente trabajadores que perci-
bían bajos salarios y que eran, además, víctimas de la escasez de viviendas, ya
que no se construyó al mismo ritmo que crecía la población.

66
Ramírez, op. cit., págs. 32 y 33.
67
Ramírez, op. cit., p. 33.
68
Sotomayor, op. cit. p. 4.

61
En tercer lugar, constataban las asistentes sociales que la miseria marca-
ba fuertemente la vida familiar y la sociabilidad de los pobres, configurando un
campo de valores fuertemente tensionado por las condiciones materiales de exis-
tencia, el sentido de la oportunidad y también la autonomía y la independencia.
Finalmente, y en cuarto lugar, parece evidente, que desde la especifici-
dad profesional, las asistentes sociales compartían una mirada también
tensionada de los pobres de la ciudad, entre el paternalismo (no son culpables,
son buenos y dóciles) y las capacidades que reconocen en el callampero para
superarse (su espíritu de superación y el recurso a la acción colectiva).

La visión técnica del problema habitacional:


El déficit habitacional, según el Censo Nacional de la
Vivienda de 1952, “tipos de poblaciones callampas”,
el Recuento de Poblaciones Callampas de 1958 y los
estudios de población

El Primer Censo General de Viviendas

Las cuestiones habitacionales en los años cincuenta y todavía hasta me-


diados de la década del sesenta, desde el punto de vista del Estado, radicaban
en el Ministerio de Obras Públicas. Debió esperarse un largo tiempo para que,
reconocida la importancia del problema habitacional, se creara en 1965, el Mi-
nisterio de Vivienda y Urbanismo.
En 1952 se realizó en el país el Primer Censo Nacional de Viviendas que
mostró la magnitud del problema habitacional, tanto del país como de Santia-
go, la capital, donde este era más agudo. Sin embargo, según los arquitectos
Juan Astica y Mario Vergara, el Primer Censo Nacional de Viviendas no per-
mitió establecer datos precisos sobre las poblaciones callampas, razón por la
cual fue necesario, realizar ese mismo año 1952, un Censo Especial de Pobla-
ciones Callampas. De acuerdo con estos arquitectos, de la Dirección de
Planeamiento del Ministerio de Obras Públicas, se justificaba además este Censo
Especial, por la necesidad que existía en ese Ministerio de proponer medidas
inmediatas de “atención sanitaria y habitacional” 69.

69
Astica, Juan y Vergara, Mario “Antecedentes para la evaluación del problema de las poblaciones
callampas en Chile”. Informe de la Delegación de Chile a la Segunda Reunión Interamericana en
Vivienda y Planeamiento, Lima, noviembre de 1958. Documento facilitado al autor por la Biblioteca
del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo.

62
Con todo, el Primer Censo de la Vivienda de 1952 entregó antecedentes
muy reveladores acerca de la magnitud del problema habitacional, tanto a es-
cala nacional como por provincias. La encuesta nacional se realizó considerando
cinco categorías de vivienda:
–Casa unifamiliar o departamento en un edificio. Se entendió por tales vi-
viendas que contaban con espacios necesarios e individualizados, es decir
dormitorios, cocina, etc. Como se indica en el estudio “una casa en el sentido
generalizado del término”.
–Departamento o pieza en una casa. Se consideró en esta categoría habita-
ciones “constituidas en su mayor parte por subdivisiones de casas antiguas
adaptadas o no, para recibir varias familias”.
–Pieza de conventillo. Se definieron como habitaciones “constituidas gene-
ralmente por un solo cuarto que aprovecha servicios higiénicos comunes”.
–Rancho, ruca, choza. Viviendas provisorias. Viviendas callampas. Se consi-
deró estos tres tipos de viviendas precarias en un solo tipo de categoría, y se
caracterizaron del siguiente modo: (a) Rancho, ruca, choza. Viviendas funda-
mentalmente campesinas, que “se caracterizan por la fragilidad de sus
materiales y por carecer casi completamente de ventanas e instalaciones”; (b)
Viviendas provisorias, constituidas fundamentalmente por “campamentos,
casas de cuidadores, de obras, etc.”, (c) Viviendas callampas. Se trataba de
“casuchas generalmente constituidas clandestinamente por sus moradores en
terrenos ajenos”, se caracterizan, agrega el Censo, por “la debilidad de los
materiales empleados, la mayoría desecho” y también por constituir “ serios
problemas de urbanización y saneamiento”.
–Viviendas colectivas, resto de categorías y sin datos. Se agruparon en esta
categoría viviendas en las que habitaban, en forma permanente o transitoria,
personas que no constituían un grupo familiar, tales como hoteles, residencia-
les, internados, conventos, hospitales, cuarteles, cárceles, campamentos
mineros, etc.70.
Las conclusiones generales que arrojó el Censo, a escala nacional, fue-
ron las siguientes:
“1° El 71% de la población habita en casas unifamiliares y departamen-
tos en edificios; el 22% se distribuye en departamentos o piezas de una casa, en
piezas de “conventillos”, en ranchos o chozas y en “poblaciones callampas”, y
el 7% restante lo constituyen los grupos no familiares que ocupan las vivien-
das colectivas.

70
Servicio Nacional de Estadísticas y Censos. Primer Censo Nacional de Viviendas. Santiago, 1952.
pp. V y VI. En adelante CNV.1952

63
“En términos generales, el 71% mencionado representa la proporción
de familias que disfrutan de una vivienda apropiada a sus necesidades
habitacionales (...) Sin embargo, de esta cifra hay que descontar un 8% de la
población que corresponde a casas unifamiliares y departamentos en edificios
que resultaron en mal estado de conservación.
“Teniendo en cuenta este 8% y aceptando que el 22% indicado se aloja
en viviendas no apropiadas a las necesidades habitacionales de la familia cen-
sal, podría señalarse en un 30% la población del país que carece de vivienda apropiada,
porcentaje que en último término esta llamado a servir de base bastante aproxi-
mada para determinar el déficit habitacional del país.
“2° Otro aspecto interesante que debe destacarse... es el índice Habitan-
te/Vivienda, que oscila entre un mínimo de un 3,7 y un máximo de 10,9
manteniendo generalmente valores muy cercanos al promedio de 5,4. (...)
“3° Merece también destacarse que el promedio de habitantes por vi-
viendas familiares en las áreas urbanas (5,2) es sensiblemente inferior al de las
áreas rurales (5,8)” 71.
En términos absolutos, según los tipos de viviendas y número de habi-
tantes, el Censo estableció las siguientes cifras para el país:

71
CNV.1952, p. 1

64
CUADRO N° 1

Fuente: Primer Censo Nacional de la Vivienda, 1952.

Si volvemos ahora sobre las conclusiones generales del Censo, tenemos


que en términos absolutos, las viviendas precarias o “no apropiadas” como las
define el Censo sumaban 374.306 viviendas, como se detalla en el cuadro si-
guiente:

65
CUADRO N° 2

Categorías N° de viviendas N° de habitantes

Departamento o
pieza en una casa 157.743 646.873

Pieza de conventillo 42.102 176.308

Rancho, ruca, choza,


vivienda provisoria o
vivienda callampa 87.614 469.025

Sub Total 287.459 1.292.206

Más el 8% de las
casas unifamiliares
en mal estado 86.847 481.518

Total 374.306 1.773.724

De acuerdo con el Censo Nacional de la Vivienda de 1952, el déficit na-


cional de viviendas, en términos absolutos alcanzaba entonces a 374.306
viviendas, que comprometían a 1.773.724 chilenos. En términos porcentuales,
ello representaba, como ya se adelantó, aproximadamente un 30% de vivien-
das no apropiadas en donde habitaba el 29.9 % de la población del país.

Para el caso de Santiago, se contabilizaron en esta ocasión, 329.482 vi-


viendas que albergaban a 1.754.954 capitalinos. De este total, 212.330 eran casas
unifamiliares o departamentos en edificio y representaban el 64.4% del total
de viviendas de Santiago. En este tipo de habitación vivían 1.185.754 personas,
es decir el 67.6% de los santiaguinos72.

Respecto del estado de conservación de estas viviendas, la situación era


la que se aprecia en el cuadro siguiente:

72
CNV. 1952, p. 10.

66
CUADRO N° 3

Categoría Estado de conservación N° %

Viviendas - Totalmente buenas: 107.144 50.5


unifamiliares - Parcialmente buenas: 21.574 10.2
o depto. en - Totalmente regular: 34.007 16.0
edificio - Parcialmente regular: 34.199 16.1
- Mala: 14.362 6.8
- Sin datos: 1.044 0.5

Total................................. 212.330 100

De acuerdo con estos resultados, de buenas a regular sumaban 196.924


(el 92.7%) mientras que las en mal estado alcanzaban a 14.362, es decir el 6.9%
del total de las viviendas unifamiliares o departamento en edificio 73. Respecto
del total de viviendas de la capital, el número de viviendas de esta categoría,
en mal estado, representaba el 4.4%.
Decíamos que el total de viviendas censadas en Santiago sumó 329.482
y que 212.330 (el 64.4%) de ellas estaban en la categoría de viviendas
unifamiliares o departamento en edificio, las restantes, es decir 104.531 (el
31.8%), como se muestra en el cuadro siguiente, eran viviendas precarias (depto.
en una pieza, conventillos, chozas o callampas) mientras que 12.621 (el 3.8%)
fueron clasificadas como colectivas.

CUADRO Nº 4

Tipo de vivienda Número % respecto del


total de viviendas
Departamento o
pieza en una casa 63.116 19.2
Pieza de conventillo 18.182 5.5
Rancho, ruca o choza, vivienda
provisoria o vivienda callampa 23.233 7.1
Total 104.531 31.8%

Fuente: Primer Censo Nacional de Viviendas, 1952.

73
Ibídem.

67
Si a estas 104.531 viviendas, que representaban el 31.8% de las viviendas de
Santiago, sumamos las unifamiliares en mal estado, 14.632 que representaban el
4.4% del total de viviendas, el déficit habitacional de Santiago llegaba al 36.2%, es decir,
la capital estaba 6 puntos más arriba que la media nacional. En términos de población,
en las 104.531 viviendas precarias vivían 447.026 santiaguinos mientras que en las
viviendas unifamiliares en mal estado lo hacían 85.745 lo que suma 534.771 habi-
tantes, que representaban el 30.5% de la población de la capital.
Respecto del estado de conservación de estas viviendas y número de
habitantes, la situación era la siguiente:

CUADRO Nº5
Catego- Constr. y Nº de % Nº de %
rías conservación viviendas habitantes

Depto. o Totalmente buena 18.072 28.6 65.566 26.8


pieza en Parcialmente buena 5.177 8.2 19.919 8.1
una casa Totalmente regular 17.972 28.5 68.331 27.9
Parcialmente reg. 12.772 20.25 3.737 21.9
Mala 8.069 12.8 34.469 14.0
Sin datos 1.054 1.7 3.460 1.4
Sub total 63.116 100.0 245.482 100.0
Pieza de Totalmente buena 1.079 5.9 4.256 5.6
conven- Parcialmente buena 674 3.7 2.748 3.6
tillo Totalmente regular 3.714 20.4 14.759 19.3
Parcialmente reg. 4.524 24.9 19.329 25.2
Mala 7.948 43.7 34.567 45.1
Sin datos 243 1.3 912 1.2
Sub total 18.182 100.0 76.571 100.0

Rancho Totalmente buena 394 1.7 1.975 1.6


Ruca Parcialmente buena 1.085 4.7 6.082 4.9
Choza Totalmente regular 503 2.2 2.608 2.0
Callampa Parcialmenre reg. 9.598 41.1 52.419 42.0
Mala 11.348 48.6 60.267 48.2
Sin datos 305 1.3 1.622 1.3
Sub total 23.233 100.0 124.973 100.0
Total categorías indicadas. 104.531 44 447.026

Fuente: Primer Censo Nacional de Viviendas, 1952.

68
Si aislamos ahora, para efectos de análisis, las categorías de construc-
ción y conservación el cuadro es el siguiente:

CUADRO Nº6

Construcción y Depto. o pieza % Pieza de % Rancho, Ruca %


conservación en una casa conventillo o choza. Viv.
prov. o callampa
Totalmente buena 18.072 28.6 1.079 5.9 394 1.7
Parcialmente buena 5.177 8.2 674 3.7 1.085 4.7
Totalmente regular 17.972 28.5 3.714 20.4 503 2.2
Parcialmente regular 12.772 20.2 4.524 24.9 9.598 41.2
Mala 8.069 12.8 7.948 43.7 11.348 48.7
Sin datos 1.064 1.7 243 1.3 305 1.3

Subtotal 63.116 100.0 18.182 100.0 23.233 100.0

Fuente: Primer Censo Nacional de Viviendas, 1952.

De la lectura de este cuadro es visible, que mientras de menor calidad es


la vivienda (pieza de conventillo y rancho, ruca, o callampa), la relación entre
las mejor conservadas y peor conservadas se invierte, de tal manera que a
menor calidad de la construcción es también menor su capacidad de conserva-
ción. En el caso de departamento o pieza en una casa, suman de regular a
malas 38.813 de las 63.116 reconocidas; en el caso de las piezas de conventillo,
suman de regular a malas 16.186 de las 18.182 reconocidas; y, en el caso de las
callampas, suman de regular a malas 21.449 de las 23.203. Era ciertamente di-
fícil encontrar “callampas” en buen estado.
En términos globales, se puede deducir también que del total de las
104.531 viviendas precarias consideradas, se encuentran en condición de re-
gular a malas: 76.444, es decir el 73% de ellas. En términos del número de
personas que habitaba este tipo de vivienda deteriorada la cifra ascendía, en
términos absolutos a 340.486 santiaguinos.
Desde el punto de vista de la distribución por comuna, las que concen-
traban un mayor número de viviendas precarias, (depto. o pieza en una casa,
conventillos y callampas) en orden decreciente eran Santiago (46.681); San
Miguel (10.040); Quinta Normal (9.877); Conchalí (6.311); La Cisterna (3.383);
Renca (2.282); Barrancas (1.573); y La Granja (880).

69
Si se considera ahora el tipo de viviendas más pobres, es decir
conventillos y callampas, en orden decreciente la distribución por comuna,
era la siguiente:

CUADRO Nº 7

Comuna Pieza de Ruca, choza, Total %


conventillo callampas

Santiago 10.362 3.272 13.634 47


San Miguel 1.589 4.050 5.639 20
Quinta Normal 1.951 1.119 3.070 10
Conchalí 1.063 1.648 2.711 9
La Cisterna 560 1.110 1.670 6
Renca 447 66 1.116 4
Barrancas 173 579 752 3
La Granja 79293 372 1

Totales 16.224 12.740 28.964 100.0

Fuente: Primer Censo Nacional de Viviendas, 1952.

Este cuadro resulta ilustrativo en cuanto a que la mayor concentración


de conventillos se encuentra en la comuna de Santiago, mientras que el mayor
número de poblaciones callampas se ubican en las comunas de la zona sur de
la capital, en especial en San Miguel.

Los servicios asociados a la vivienda

El Primer Censo Nacional de la Vivienda arrojó también luces sobre otro


conjunto de problemas relativos a la calidad de los servicios –alcantarillado, agua
potable y luz eléctrica– así como relativos a la tenencia de las viviendas (propie-
dad, arriendo o usufructo) y la posición ocupacional de los jefes de familia.
Con relación a los servicios, el panorama nacional y del Santiago urba-
no era el siguiente:
Servicios de agua y de eliminación de excretas. De un total de 1.091.446
viviendas, 360.014, que representaban el 33% de las viviendas, obtenían agua
potable por cañería y estaban conectadas a la red de alcantarillado pública. En
el otro extremo, 470.032, es decir, un 43% de las viviendas obtenían agua por
sistema “de acarreo”. Como las cifras eran alarmantes, los autores del Censo
se encargaron de aclarar que ellas no debían inducir a pensar que el 43% de las

70
viviendas del país fueran totalmente insalubres, ya que el 69% de este total de
viviendas eran rurales “en las cuales es característica la dispersión de vivien-
das, y por lo tanto, a pesar de ser menos factible proveerlas de servicios de
agua y eliminación de excretas, la carencia de estos servicios no tiene la misma
gravedad que representaría en las áreas urbanas” 74. Entre quienes obtenían
agua potable por cañería y quienes por sistema de acarreo, existía una gama
de posibilidades a través de la conexión a pozos y vertientes.
En el caso de Santiago urbano, de las 292.649 viviendas encuestadas,
168.994, es decir, el 58% de ellas, obtenían agua potable por cañería y estaban
conectadas a la Red de Alcantarillado Pública, mientras que 46.410, es decir, el
16%, obtenían agua por algún sistema de acarreo75.
Servicio de alumbrado eléctrico o de otro tipo. A escala nacional, 595.031
viviendas, es decir el 54.5% del total contaba con alumbrado eléctrico mientras
que 496.415, es decir el 45.5% restante, se alumbraba mediante otro sistema, de
gas, parafina o velas. Por su parte, en el Santiago urbano, la situación era por cierto
mejor, ya que el 85.7% contaba con sistema de alumbrado eléctrico mientras que
solo el 14.3% lo hacía por algún otro sistema.
Servicios de baño y de cocina. Con relación al servicio de baño, a escala
nacional, del total de 1.091.446 viviendas, solo 390.077 –o sea, el 36%– contaba con
este servicio, mientras que 521.762 viviendas, es decir el 48%, no contaban con
este servicio. No se obtuvo información de 176.067 viviendas (es decir, del 16%
restante). En el Santiago urbano, carecían de servicio de baño el 27.1% de las vi-
viendas, es decir 76.434 viviendas familiares, de un total de 281.590 censadas76.
Con relación al servicio de cocina, a escala nacional, se estimó que solo
el 12.9%, es decir, 140.729 viviendas contaban con electricidad o gas, mientras
que el 87.1% restante recurría a otro tipo de combustible. En el Santiago urba-
no, por su parte, el 32.2% contaba con energía eléctrica o gas mientras que el
67.8% restante con otro tipo de combustible77.
El Censo es evidentemente revelador del bajo desarrollo que habían al-
canzado en estos años, tanto en el nivel nacional como en la capital, los servicios
asociados a la vivienda. En términos generales, la situación era en muchos
casos levemente mejor en Santiago que en las provincias aunque, por otra par-
te, Santiago también reproducía las diferencias sociales entre los sectores más
acomodados y los más pobres, en el sentido que a mayor pobreza menor era el
acceso a los servicios de agua, alumbrado público o de baños y cocina.

74
CNV, 1952, p. 51 y ss.
75
CNV, 1952, p. 75.
76
CNV, 1952, p. 246.
77
CNV, 1952, p 289.

71
La mayoría de los chilenos arrendaba

La relación entre ingresos y arriendo o alquiler de las viviendas fue un


tema reiterado como causa del agravamiento del problema de la vivienda en
los años cincuenta. Así lo hemos visto ya señalado en los testimonios de quie-
nes vivieron en situación de pobreza como en las memorias de las asistentes
sociales. Pues bien, el Primer Censo Nacional de la Vivienda de 1952 consideró
al menos parcialmente este problema al consultar sobre tenencia de la vivien-
da y posición ocupacional del jefe de familia.
Consideremos, en primer lugar, el problema de la “tenencia” de la vi-
vienda. El Censo trabajó con las siguientes categorías: propiedad, cuando la
vivienda pertenecía al jefe o algún miembro de la familia que residía en ella;
usufructo, cuando una familia usaba libremente la vivienda, con autorización
del propietario sin mediar pago; arrendamiento, cuando sus moradores usa-
ban la vivienda en virtud de un convenio entre el propietario y el arrendatario
por un pago determinado; ocupantes de hecho, cuando una persona o familia
habitaba una vivienda sin ser propietario y sin título alguno; y, mejorero, cuando
el que con autorización del propietario ocupaba un terreno en el que había
construido por sus propios medios 78.
Las cifras totales nacionales del Censo de la Vivienda de 1952 determi-
naron que solo el 31% de las viviendas estaban ocupadas por sus propietarios
mientras que el 66% por diversas categorías de no propietarios. El índice de no
propietario, a escala nacional, era mayor en el ámbito rural que en el ámbito
urbano y entre las diversas categorías de no propietarios, la de los arrendata-
rios era la mayor: 438.990 de un total de 718.661, es decir, el 61% de los no
propietarios eran arrendatarios.
En el caso de Santiago urbano, de las 292.649 viviendas censadas, solo
75.100 eran habitadas por sus propietarios, es decir, el 25%, mientras que las
categorías restantes sumaban 210.864 viviendas, que representaban el 72% del
total de las viviendas (el 3% restante se clasificó “sin datos”). Del total de los
no propietarios, el grupo de arrendatarios era por cierto el mayor, y una vez
más superaba la media nacional, ya que sumaban 182.543 viviendas, que re-
presentaban prácticamente el 87% de los no propietarios.
Ahora bien, si se considera el tipo de construcción y estado de conserva-
ción de las viviendas (unifamiliares, depto. o pieza en casa, conventillo, ruca,
rancho o callampa) se puede inferir del Censo, que mientras más precaria es la

78
CNV, 1952, p. 337.

72
construcción, más alta es la incidencia de los no propietarios. Por ejemplo, de
las 60.889 viviendas clasificadas como “departamento o pieza en casa”, 50.786
eran ocupadas por arrendatarios (un 83% de la categoría), y en el caso de las
“piezas de conventillo”, de las 17.711 encuestadas, 15.768 eran ocupadas por
arrendatarios (89% de la categoría).
La situación varía cuando se llega al nivel más precario –chozas, rucas y
callampas– en donde, de las 18.447 viviendas reconocidas, 6.230 eran arrenda-
das (aproximadamente, un 34%) mientras subían las otras categorías de no
propietarios: mejoreros, 4.157 (aproximadamente, un 23%); usufructuarios,
34.444 (19%); y ocupantes de hecho, 2.145 (12%) 79.
En suma, a la luz de estos antecedentes que evidenció el Censo, se hace claro que
si la mayor parte de los capitalinos arrendaba, era muy relevante el problema de sus
ingresos. Del mismo modo, aquellos que no arrendaban, es decir, que eran
ocupantes de hecho, usufructuarios o mejoreros, correspondía a aquellos sec-
tores cuyos ingresos no les permitían destinar parte de ellos al pago de un
alquiler.
Consideremos ahora el problema de los ingresos, de modo indirecto, a
propósito de la ocupación del jefe de familia.
El Censo distinguió cinco categorías de ocupación de los jefes de fami-
lia: empleadores; trabajadores por cuenta propia (pequeños comerciantes,
pequeños industriales, artesanos, etc.); empleados y personal de las FF. AA.;
obreros; y “otros y sin datos” (que incluía a jefes de familia inactivos).
Los resultados, según estas categorías, a escala nacional fueron los si-
guientes:

CUADRO Nº 8
Categoría Número Porcentaje
Empleadores 35.978 3.3
Trab. Por cuenta propia 280.137 25.7
Empleados y FF.AA. 192.947 17.6
Obreros 403.653 37.0
Otros y sin datos 178.731 16.0

Total 1.091.446 100.0

Fuente: Primer Censo Nacional de la Vivienda, 1952.

79
CNV, 1952, p. 361.

73
Al interior de cada categoría, y según tipo de vivienda, la situación re-
conocida por el Censo es la que se observa en el siguiente cuadro:

CUADRO Nº 9

Fuente: Primer Censo Nacional de la Vivienda, 1952.

Una lectura en horizontal del primer segmento del cuadro revela que a
medida que se descendía en la escala social (y de los ingresos) bajaban los
porcentajes de jefes de familia en viviendas unifamiliares. Por otra parte, una
lectura en vertical permite observar el grado de acceso a la vivienda por grupo
social, así por ejemplo en la columna obreros, se observa que el 62% habitaba
viviendas unifamiliares, el 16% en depto. o pieza en una casa, el 6% en
conventillos y un 12% en poblaciones callampas. Esta situación descrita para
el país presentaba algunas variaciones en el Santiago urbano, como se observa
en el cuadro siguiente.

74
CUADRO Nº 10

Fuente: Primer Censo Nacional de la Vivienda, 1952

Las principales modificaciones del cuadro social santiaguino tiene que


ver con la posición más deteriorada de los sectores populares o de los que de-
pendían de un sueldo o salario. La columna de los obreros es la más ilustrativa,
en el sentido que solo el 45% habitaba en viviendas unifamiliares, distribuyéndose
el resto en las diversas categorías de viviendas precarias: un 11% en piezas de
conventillo y un 13% en poblaciones callampas, es decir, el 24%, al que si suma-
mos los que vivían en depto. o pieza en una casa, el guarismo sube al 52%.
También es más baja la incidencia de los trabajadores por cuenta propia
en viviendas unifamiliares mientras que casi no se modifica la columna de
empleados y fuerzas armadas. Tampoco se modifica la columna de los
empleadores que viven en Santiago respecto de las medias nacionales.

El Censo Especial de Poblaciones Callampas de 1952

Si estos eran algunos de los resultados del Primer Censo General de la


Vivienda de 1952, como adelantáramos, ese mismo año se realizó también un
Censo Especial de Callampas. Para tales efectos, mediante el Decreto Supremo
Nº 6.077, del año indicado, se creó una comisión especial a la que se encomendó
la tarea de elaborar un informe acerca de las condiciones de las poblaciones
callampas, proponer un plan de ayuda técnica y sanitaria y un programa de
autoconstrucción de emergencia80.
80
Astica y Vergara, op. cit., p. 2.

75
La Comisión que realizó el Censo Especial de Callampas, presidida por el
Director General del Servicio Social del Trabajo, estimó que las principales cau-
sas del surgimiento de poblaciones espontáneas eran “además del déficit
fundamental de viviendas, las demoliciones de otras viviendas, el alza desme-
surada del costo de la vida y la especulación con los cánones de arrendamiento”81.
Una línea de argumentación bastante coherente con los resultados del Primer
Censo Nacional de la Vivienda, tanto en lo relativo al abultado déficit de vivien-
da como a la alta incidencia de los arrendatarios en la tenencia de la vivienda, a
quienes ciertamente afectaba el alza del costo de la vida y de los cánones de
arriendo en particular. Estas, habrían sido entonces las razones que “fueron
empujando a nuestro pueblo a apropiarse de terrenos eriazos de propiedad par-
ticular, fiscal, semifiscal o municipal, donde con los escasos elementos de
construcción de que disponían levantaron sus mejoras o chozas” 82.
Definió también la Comisión aquellos factores que concurrían para se-
ñalar que se estaba frente a una callampa: la condición del suelo, ocupado de
hecho y no de derecho; la condición de falta de servicios colectivos, como agua, luz
y alcantarillado y la condición de tugurio de la vivienda83.
Respecto de la caracterización de las viviendas y su ubicación, no era
distinta a la que realizaron las asistentes sociales. Por el contrario, nos da la
impresión de que este fue un Informe conocido por las memoristas de Servicio
Social e incorporado a sus análisis sobre las callampas. Así por ejemplo, res-
pecto del tipo de habitantes de las callampas el Informe indica que se trata de
“obreros, trabajadores manuales y otras formas de asalariados de las capas
inferiores de empleados de ciertos oficios”; respecto de la constitución fami-
liar, se la considera mayoritariamente satisfactoria; y, respecto de la existencia
de “elementos indeseables” se señala que casi no existen ya que “el mismo
conglomerado humano al organizarse los ha eliminado”84.
Un aspecto muy importante del Informe de esta Comisión fue su per-
cepción general acerca de las poblaciones callampas, estimó que era necesario
erradicar la totalidad de estas poblaciones, y en vista de que ello no era posible en
el corto plazo, sostuvo la necesidad de un plan de mejoramiento para aquellas
que presentaban algunas condiciones urbanísticas relativamente favorables 85.
La mencionada Comisión consultó también las opiniones de los afecta-
dos, quienes estimaban que era deseable tener un terreno propio, pagado con

81
Astica y Vergara, op. cit., pág. 3
82
Ibídem.
83
Ibídem.
84
Ibídem.
85
Astica y Vergara, op. cit., págs. 3 y 4.

76
facilidades; terrenos con una superficie suficiente para el lavado de ropas, aves
domésticas y guardado del carretón de mano; preferencia por la construcción
sólida que por casa de emergencia; que los traslados se hagan dentro de las
comunas de residencia y la necesidad de entenderse con un solo organismo es-
tatal 86. Estas opiniones de los afectados son muy expresivas de las aspiraciones
de los pobladores, en especial, no solo el sueño de la “casa propia”, sino del sitio,
esto es de poder disponer de un terreno propio en la ciudad; la casa de construc-
ción sólida y el deseo también de permanecer en la comuna de origen. Todas
estas aspiraciones, como veremos más adelante, informaron, dieron forma a parte
importante de “la política de los pobladores” en los años sesenta.
El Censo Especial de Callampas de 1952 consignó un total de 41 pobla-
ciones callampas en Santiago, que incluía 5.835 familias y a un total de 35.611
habitantes. En orden decreciente, la ubicación, número de habitaciones, fami-
lias y personas obtenida fue la siguiente:

CUADRO 11

86
Ibídem.

77
(a) El cuadro se ha construido a partir del cuadro resumen de poblacio-
nes callampas (Astica y Vergara, op. cit., p. 11.)
(b) “Agregados”, categoría usada en la fuente que se incluyó sin modi-
ficaciones en el cuadro.
(c) Este 10% viene consignado en el cuadro original del Censo Especial
de Poblaciones Callampas.
Las poblaciones que concentraban mayor cantidad de personas, de acuer-
do con el Censo Especial de Callampas, eran las del Zanjón de la Aguada en
San Miguel; Colo-Colo, Cerro Blanco y El Pino Bajo en Santiago; y, Nueva
Matucana en Quinta Normal.
Los resultados a que llegó el Censo Especial de Callampas arrojan una
cifra menor a la consignada por el Censo General de Viviendas del mismo año.
La razón que explica la diferencia, según Astica y Vergara, es que mientras el
Censo Especial solo consideró viviendas agrupadas en poblaciones o conjun-
tos superiores a 10 viviendas, el Censo General incluyó todo tipo de vivienda,
provisoria o precaria, aunque estuviesen diseminadas en la ciudad.
Finalmente, como nos informa el estudio de Alfredo Becker, el Censo Es-
pecial de Callampas, cuantificó también el estado de las condiciones sanitarias
de las poblaciones callampas. La cuantificación se hizo sobre la base de 5.305
mejoras, es decir sin considerar las familias agregadas de La Legua y Nogales ni
tampoco el 10% estimado para Ñuñoa. Los resultados fueron los siguientes 87:

87
Becker Cabezas, Alfredo “Programa de Vivienda CORFO” Santiago, 1958, págs. 154 y ss.
Documento facilitado en la Biblioteca del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo.

78
CUADRO Nº 12

Fuente: Becker, Alfredo. “Programa de Vivienda CORFO, 1958”, con datos del Censo de
callampas de 1952 proporcionados por la Dirección de Planeamiento del Ministerio de Obras Públicas.

79
Este cuadro resumen del Censo Especial de Callampas es muy ilustrati-
vo de la precariedad en que vivían los pobladores de callampas. Veamos,
por por ejemplo, algunas relaciones porcentuales en cuanto a los servicios bá-
sicos:
Con relación a luz eléctrica, el 60.3% (3.653 de las familias) carecía de
ella y solo el 39.7% (2.392) contaba con este servicio.
Con relación al agua potable, solo el 1.2% (65 de las familias) tenía acce-
so a un servicio individual de agua potable; el 22.6% (1.508 familias) carecía
del vital elemento88 y 76.1% (4.472) restante debía abastecerse en pilones pú-
blicos.
Finalmente, en cuanto a eliminación de excretas, el 1.2% de las familias
(solo 65 de ellas) contaba con sistema individual; el 36.7% (2361 familias) no
contaba con ningún sistema; el 13.1% (778 familias) eliminaba en pozos ne-
gros; y, el 48.9% (2.841) de las familias restantes debían recurrir a algún sistema
de tipo colectivo.

Tipos de poblaciones callampas en Santiago

Casi contemporáneamente a los Censos de 1952, el memorista de arqui-


tectura Carlos Martner García, realizó un acucioso estudio de poblaciones
callampas desde su Facultad de la Universidad de Chile89.
Martner atribuyó el origen de las poblaciones callampas a la migración
campo-ciudad, estimulada por los mejores salarios urbanos y la mecanización
de las actividades agrícolas; pero también a la migración de obreros salitreros,
que retornaron a la zona central como producto del cierre de minas, la mecani-
zación de la producción, y más ampliamente de la crisis de esta industria en
los años treinta. Indica Martner, a este último respecto, que la primera pobla-
ción callampa que se fundó en Santiago, tuvo precisamente este origen:
“En el año 1931, a raíz de la crisis que atravesaba el país, se formó la
primera población callampa en Santiago. Obreros del salitre aventados por la
cesantía, se establecieron en campamentos en la Comuna de San Miguel, dan-
do origen más tarde a la Población La Legua (vieja)”90.
En segundo lugar, reproduce Martner el racionamiento ya compartido
por diversos actores sociales y políticos de la época: el crecimiento de la pobla-

88
En estos casos, el agua se obtenía del río, acequia o lugares vecinos a la población.
89
Martner, Carlos “Tipos de poblaciones callampas”. Seminario de Titulación, Facultad de Arquitectura.
Universidad de Chile, 1953.
90
Martner, op. cit., p. 2.

80
ción de la capital no fue acompañado de la suficiente construcción de vivien-
das, lo que determinó un fuerte déficit. Dicho fenómeno fue además agudizado
por un fuerte incremento en el alza del costo de la vida y en particular, de los
cánones de arriendo, todo lo cual llevó a un importante segmento del mundo
obrero y popular ya no solo al conventillo91, sino que a las poblaciones
callampas.
Se originaron así dos tipos de poblaciones obreras: las de mejoreros y
las “callampas”, llegando las primeras a contener en 1952 la cantidad de 150.000
habitantes y las “callampas” un total de 75.000 pobladores92.
Las callampas son el tipo de poblamiento más precario tanto por su
ubicación territorial, los materiales de construcción como por la precariedad o
ausencia de servicios. Martner la define del siguiente modo:
“... llamaremos poblaciones callampas, a aquellas poblaciones insalu-
bres que nacen y se desarrollan en torno a los grandes centros industriales y
semi-industriales de las ciudades, formados por la agrupación de ranchos que
han sido levantados por la clase trabajadora descapitalizada, en terrenos ad-
quiridos en forma ilegal, mediante la toma directa de la tierra.
“Diremos además, que la población callampa es un fenómeno que no
puede concebirse estáticamente, por el contrario, evoluciona constantemente
desde el momento en que nace y va logrando paulatinamente una cierta esta-
bilidad dentro de sus condiciones de organización ilegal”93.
Martner distinguió tres tipos de poblaciones callampas: por agregación,
aquellas que se forman por ocupación ilegal de sitios de bajo valor donde las
personas construyen sus ranchos o mejoras y van apegándose desordena-
damente nuevos ranchos aumentando en forma indefinida; población callampa
planificada, se trata de aquellas que surgen como producto de familias desalo-
jadas que organizadamente toman posesión de terrenos fiscales o semisfiscales,
y que generalmente se ubican próximos a sus lugares de trabajo; poblaciones

91
Según Martner, hacia 1940 existían en Santiago 3.000 conventillos saturados por unas 300.000
personas. Martner, op. cit., p. 2.
92
Martner, op. cit., p. 3. La distinción que establece Martner entre población callampa y de mejoreros
puede dar origen a confusiones, en el sentido que “mejora” podía designar genéricamente una
construcción precaria como lo hace el Censo Especial de Callampas de 1952 (cuadros N° 11 y 12).
La mejora podía haberse establecido, por otra parte, con o sin autorización del dueño del sitio,
razón por la cual tampoco se trataba de una diferenciación legal. En la cita, poblaciones de mejoreros
se refiere a poblaciones obreras establecidas, mientras que las callampas serían poblaciones obreras
improvisadas. Para un análisis sistemático de las diversas denominaciones y clasificaciones de la
vivienda precaria, Cfr. infra, cap IV.
93
Ibídem.

81
mixtas, se trata de poblaciones primitivamente planificadas a las que se van
agregando viviendas en forma desordenada o aquellas que habiendo nacido
por agregación se van organizando de tal modo de lograr un crecimiento pla-
nificado.
Las poblaciones por agregación se encuentran en la ciudad misma y son
de escaso valor por las características del suelo: terrenos de relleno, difíciles de
regar, con pendiente desmoronable, o ríos y acequias que reciben aguas servi-
das, basuras o desechos industriales. Concretamente en Santiago existían dos
de estos focos: el río Mapocho y el Zanjón de la Aguada.
En las riberas del río Mapocho, se encontraban, al oriente, las poblacio-
nes Las Condes y Areneros, y al poniente, donde ya el río arrastraba aguas
servidas, las poblaciones Colo Colo, El Pino, Manuel Rodríguez, Recabarren y
Luis Angel Veas.
En el caso del Zanjón de la Aguada, en la zona sur de Santiago y donde
las industrias vacían sus desechos, de oriente a poniente, se encontraban las
poblaciones Las Flores, Santa María, González Videla, Zanjón de la Aguada
(compuesta por diez sectores), Cruce Bascuñán y Nueva San Miguel. Este con-
junto de poblaciones congregaba, según este arquitecto, a unas 20 mil personas.
Otros focos insalubres menores, eran el Cerro Blanco donde las callampas
rodeaban la ladera de cerro como un anillo y la Población Lota, en el camino a
Melipilla, que se ubicaba en lo hondo de unas canteras abandonadas94.
El desarrollo de estas poblaciones, según Martner, estaba fuertemente
condicionado al grado de organización interna que ellas alcanzaban, de tal
modo que aquellas que carecían de organizaciones internas permanecían está-
ticas y en condiciones prácticamente inhumanas (era el caso de la Población El
Pino), mientras que aquellas que contaban con una organización fuerte, conse-
guían mejorías tales como instalación de pilones de agua, alumbrado
domiciliario y público, letrinas colectivas, rellenos (era el caso de las Poblacio-
nes Las Condes y Manuel Rodríguez); también otros progresos, tales como la
instalación de escuelas, cursos de alfabetización, policlínicas, extensión de los
servicios de locomoción pública.
Las organizaciones surgían del reconocimiento de intereses comunes o
colectivos, ya que si bien la instalación en la población solía ser individual, en
la medida que la población crecía y se consolidaba “los pobladores sienten la
necesidad de solucionar sus problemas en conjunto”, amén de que el creci-
miento desordenado en cierto momento obligaba a establecer ciertos acuerdos,

94
Martner, op. cit., p. 6.

82
como el uso del agua por ejemplo. Martner sostiene que este proceso de uni-
dad se veía facilitado “por el hecho de que la mayoría de los pobladores son de
la clase obrera” 95.
Respecto de los materiales y la forma de construir las viviendas en las
poblaciones por agregación, Martner, propuso reconocer tres etapas, que ca-
racterizó de acuerdo a los progresos que se podían ir logrando en las viviendas
y la población. La primera etapa era, por cierto, la más precaria, se trataba del
momento en que los pobladores conducen sus materiales de construcción y
menaje y “levantan durante la noche su primer reparo”96.
“Construyen una pieza pequeña y baja, más o menos de tres por cuatro
metros y dos metros treinta de altura, dimensiones determinadas por el mayor
aprovechamiento de los materiales de construcción, con dos entradas una a la
calle y otra al patio posterior. En este pequeño espacio se agrupa la familia sin
diferenciar las funciones propias de habitar, donde ubican una mesa que sirve
para el comedor, esparcimiento y trabajo, mientras el resto del espacio es ocu-
pado por las camas, que hacen, junto con algunos cajones, las veces de sillas.
“Ubican la cocina, generalmente de leña, en el exterior de la habitación,
apegada a un muro de construcción y aislada, con el objeto de evitar el humo” 97.
El agua normalmente se obtenía fuera de la casa habitación en pilones
(en el Zanjón de la Aguada existía en estos años, un pilón por cada 1.500 perso-
nas, nos informa Martner); el agua para lavar se obtenía de las acequias cercanas
a la población. Las letrinas eran generalmente colectivas (en el Zanjón de la
Aguada, una por cada 500 habitantes) y cuando no existían (era el caso de la
Población El Pino, a orillas del Mapocho), se recurría directamente al río.
La construcción del primer reparo, era una estructura elemental de ma-
dera rolliza “a base de pie derechos enterrada en la tierra, soleras y vigas
generalmente de secciones menores a las necesarias para una duración pru-
dente, marcando una pequeña pendiente para la cubierta”. Esta estructura era
cubierta con diversos materiales de relleno tales como: paredes de quincha de

95
Martner, op. cit., p. 8.
96
Esta observación de Martner, en la que “levantan durante la noche su primer reparo” está referida
en diversas fuentes y tiene que ver con el hecho de que al tratarse de una ocupación ilegal de un
sitio, esta debe hacerse de manera rápida y eficiente de tal manera de evitar un posible desalojo.
Personalmente, tuve ocasión de escuchar relatos de pobladores de Viña del Mar que, durante los
años ochenta, ocuparon silenciosa e ilegalmente quebradas y cerros de esta ciudad. El método era
exactamente el mismo, durante una noche o fin de semana y con la ayuda de todos los miembros de
la familia o amigos se levantaba una mediagua, con lo que se aseguraba un lugar de asentamiento
en la ciudad.
97
Martner, op. cit., p. 10.

83
escaso valor; albañilería de adobe o ladrillo; paredes de paja y cañas; paredes
de ladrillos partidos de demolición, unidos con barro; paredes de madera usa-
da; paredes de materiales varios, trapos tiranteados por cuerdas, latas de tarros
estiradas y unidas por dobleces. En el caso de las cubiertas, la mayoría usaba
fonolitas, por su menor costo, pero que debían ser renovadas periódicamente
debido a su corta duración. También es frecuente el “uso de latas, restos de
planchas acanaladas de zinc o aluminio, amarradas con alambres y sujetas con
piedras y tarros a modo de pesos”98.
En la medida que la población se consolidaba y se afianzaba la permanen-
cia de los pobladores en los sitios tomados, continuaban los desarrollos de las
viviendas. En esta segunda etapa, se combinaban las luchas colectivas por el agua,
la luz, las letrinas y se agregaban nuevos recintos a la vivienda original, “que per-
miten aflojar la densidad humana y diferenciar las distintas actividades familiares,
separando en lo posible el dormitorio de los padres del de los niños” 99.
Junto con agregar nuevos enseres, ampliar la vivienda, el uso del espa-
cio externo variaba de acuerdo a las características del suelo; hay casos en que
la casa cuenta con patio, el que es aprovechado para cultivar verduras, cortar
leña o lavar; en otros el patio es simplemente la pendiente del río o el Zanjón.
Los materiales de construcción también podían variar en esta etapa y ser re-
emplazados o reforzados los originales:
“... los materiales de emergencia de la primera etapa son reemplazados
por otros durables que protegen mejor de la intemperie, es así como cambian
las paredes de cartones, de recortes de tablas y de materiales de desecho, etc.,
ya deteriorados por la humedad, por construcciones más sólidas a base de
tabiques de madera labrada, cubierta por dos caras con tablas de 1” de espe-
sor, paredes de adobe de 0.15 a 0.40 de grosor.
“Los pobladores realizan el cambio de paredes los domingos y días fes-
tivos, por lo cual su proceso es largo y deben llevarlo a cabo sin desarmar
totalmente el muro anterior, sino reemplazando sucesivamente los materiales
de abajo hacia arriba”100.
Las que llegan a una tercera etapa, son aquellas poblaciones en que junto
a las mejoras colectivas de luz, agua, locales sociales, pequeñas escuelas, ma-
nifiestan interés por un ordenamiento y presentación colectiva de la población.
Este interés se traduce en plantación de árboles, pintura de fachadas y solicitu-
des de mejoramiento al municipio respectivo.

98
Martner, op.cit., p. 12
99
Ibídem.
100
Martner, op. cit., págs 13 y 14.

84
La tipología propuesta por Martner lo llevó a concluir que eran muy
pocas las poblaciones que lograban efectivamente salir de la primera etapa, y
que a pesar de los progresos que llevaba a algunos a la etapa 3, cuando esto
ocurría era incompleto, amén de que la calidad de la vivienda, en términos
generales, era miserable, razones por las cuales la única solución para estos
pobladores era:
“... el traslado a sitios urbanizados y la demolición de sus ranchos; o bien, la
construcción racional de nuevas viviendas sobre estos terrenos, previamente
saneados y adaptados” 101.
Como se ve, la conclusión de Martner no era muy distinta a la de la Comi-
sión que realizó el Censo Especial de Callampas en 1952, en el sentido de que lo
único que cabía frente a la realidad de las callampas, era su completa erradicación.
Respecto de las poblaciones planificadas, Martner clasificó en esta catego-
ría a dos poblaciones bastante conocidas en los años cincuenta: La Población
La Legua y la Población Los Nogales.
A diferencia de las callampas tradicionales, en estos casos se trataba de po-
blaciones que habían nacido organizadamente, es decir, con trazado previo,
servicios generales y circulación. En efecto, en estas poblaciones se habían marca-
do sitios de 10 por 20 metros formando manzanas; en Los Nogales algunos sitios
eran de 8 por 15 metros, pero también formaban manzanas; además, se habían
destinado terrenos previamente para plazas y construcción de locales sociales.
Si bien todas estas medidas permitían una ocupación más expansiva
del suelo, La Legua “debido a la creciente cantidad de familias desplazadas
solicitantes ha aceptado temporalmente la instalación de ‘allegados’, viviendo
hasta de dos familias por vivienda”102.
En estas poblaciones, la organización de los pobladores cumplió un rol
fundamental, ya que al haber surgido la población de una “ocupación ilegal”
fue necesaria la planificación y coordinación de los comités que dirigen a los
pobladores. La construcción de viviendas al igual que en las poblaciones
callampas se hacía de modo individual, aunque con la ayuda de parientes y
amigos de cada familia. La mayor diferencia que estableció Martner entre la
callampa por agregación y la población planificada, era que en esta última se
presentaban mejores condiciones derivadas del trazado previo de los sitios y
del terreno que estos ocupan:
“Facilitados por estas características, el proceso de formación de las po-
blaciones planificadas es más rápido y su tercera etapa más completa, llegando

101
Martner, op. cit., pág 16. La cursiva es nuestra.
102
Martner, op. cit., pág. 18.

85
algunas poblaciones a poseer agua en cada casa o en cada dos casas como el
caso de La Legua en que hacen llegar la cañería hasta el fondo de los sitios o
bien, hasta el corredor cubierto donde instalan la batea, el lavatorio y letrinas
que instalan en el fondo de los sitios. En cuanto a materiales llegan a realizar
paredes de ladrillo con pilares y cadenas de concreto y a abrir ventanas hasta
de 0.60 a 1 m de alto por 0.50 de ancho, suelos de madera o de pastelones de
arcilla, y paredes interiores platachadas a la cal103”.
Finalmente respecto de las poblaciones mixtas, Martner distinguió dos ti-
pos, aquellas que habiendo surgido por agregación se desarrollaron hasta alcanzar
un crecimiento planificado, y aquellas que habiendo nacido de una planifica-
ción previa sufrieron luego un crecimiento intensivo y desordenado.
En el primer caso, identificó Martner, el sector poniente del Zanjón de la Agua-
da, donde se logró una instalación de viviendas paralela a una calle y teniendo el
Zanjón como fondo. En el segundo caso, clasificó a las Poblaciones Lo Encalada y
Maule de Ñuñoa, que partieron con trazado de calles que ordenaban el crecimiento,
pero que dio luego paso a un crecimiento desordenado, como producto de la llega-
da de nuevos pobladores angustiados por encontrar un sitio en donde vivir.
Junto a la construcción de la vivienda precaria, también los pobladores de
poblaciones callampas necesitaban construir locales colectivos, para algunos ser-
vicios básicos de educación, salud y sociabilidad. Estas necesidades son planteadas
como demandas al Estado por parte de los comités organizados en estas poblacio-
nes, pero también desarrollados por iniciativa propia. Así por ejemplo, en el plano
de la educación, la Población La Legua tenía una pequeña escuela de tres salas de
clase para 450 niños y en el Zanjón Poniente, existía una sala de clases para 60
niños; también poseían escuelas de este tipo la Población Los Nogales y Recabarren.
Las callampas más comunes, no poseían ningún tipo de escuela.
En el plano de la salud, podían existir pequeñas construcciones, una
pequeña pieza, donde estudiantes de medicina o practicantes prestaban pri-
meros auxilios. Este era el caso, al menos de La Legua y San Eugenio. En el
caso de enfermedades, los habitantes de poblaciones acudían al Seguro Obre-
ro o a las Unidades Sanitarias del Estado.

“Recuento de poblaciones callampas” 1958

En 1958, la Dirección de Planeamiento del Ministerio de la Vivienda reali-


zó un “recuento” de poblaciones callampas de Santiago. La expresión “recuento”,

103
Martner, op. cit., p. 20.

86
aludía al carácter preliminar del estudio, ya que existía el propósito de realizar
un nuevo Censo de Poblaciones Callampas. Así, al menos lo explicaron los ar-
quitectos Astica y Vergara en la Segunda Reunión Interamericana de la Vivienda,
realizada en Lima, en noviembre de 1958. No tenemos noticias que corroboren
si ese Censo efectivamente se realizó, pero sí conocemos de las motivaciones,
metodología y primeros resultados de este “recuento de poblaciones callampas”
del año 1958.
La necesidad de un estudio actualizado sobre las poblaciones callampas,
en 1958, respondía a “la notoria agudización del problema en estos últimos
años”, que se está manifestando no solo en Santiago, sino que también en cen-
tros urbanos pequeños de provincia y aun en centros agrícolas, sentenciaban
los referidos arquitectos. Consideraban además, que por su “grado de genera-
lización” era necesario abordar de modo independiente y específico el problema
de las callampas, en el contexto mayor del problema habitacional del país.
Por otra parte, se justificaba también la necesidad de un estudio que
actualizara los datos sobre las callampas ya que, no solo no se realizaba un
Censo desde 1952, sino que además estas poblaciones tenían un fuerte carácter
mutante, producto de la movilidad de sus habitantes, pero también producto
de los efectos que tenían sobre ellas, incendios, inundaciones u otro tipo de
catástrofes naturales.
Mediante consulta a dirigentes de las propias poblaciones y con el apo-
yo de diversas instituciones, tales como el Servicio Nacional de Salud, el Servicio
Nacional de Auxilio Social, Carabineros de Chile, Municipalidades, Corpora-
ción de la Vivienda y Hogar de Cristo y Caritas de la Iglesia Católica, se
obtuvieron los siguientes resultados:

87
CUADRO Nº 13
Recuento de población callampa del Gran Santiago.
Resumen comunas encuestadas al 20-8-1958.

º Informes de autoridades indicaron ausencia de poblaciones callampas dentro de la co-


muna. Se comprobará posteriormente por la Dirección de Planeamiento.
ºº La encuesta en estas comunas está pendiente. Son las más alejadas del Gran Santiago, y
con grandes sectores rurales. De todas maneras se sabe que el Nº de viviendas callampas es pe-
queño.
ººº Esta comuna es totalmente urbana, de radio restringido y no tiene poblaciones callampas.
Fuente: Astica y Vergara, op. cit., p. 13.

Evidentemente este Informe no solo es de orden general, sino que ade-


más está incompleto, razón por la cual tiene un valor solo indicativo. A pesar
de estas limitaciones, el “Recuento de Poblaciones Callampas de 1958” evi-
denció el crecimiento de las callampas desde el Censo Especial de Callampas
de 1952, y en segundo lugar, mostró que a la sazón, la comuna de San Miguel
concentraba el mayor número de viviendas precarias y la mayor cantidad de
personas viviendo en esas condiciones.

88
Los estudios de población de la Universidad de
Chile: Uno de cada tres santiaguinos era inmigrante
Hasta ahora, siguiendo las distintas visiones que existían en la sociedad
sobre el problema de la vivienda en los años cincuenta, hemos visto que se
enfatizaba en diversas causas para explicar el problema: el déficit de construcción,
el alza del costo de la vida y de los cánones de arriendo, entre otros, que habrían
contribuido al desarrollo e incremento de formas precarias de asentamiento urba-
no; el conventillo y las poblaciones callampas principalmente. Estas últimas, como
acabamos de ver, no solo fueron descritas por las asistentes sociales, sino que tam-
bién conocidas y cuantificadas desde organismos técnicos del Estado.
El Primer Censo Nacional de la Vivienda cuantificó el déficit y como ya
vimos, aportó importantes antecedentes sobre el alto índice de arrendamiento en
la forma de la tenencia de las viviendas, lo que ciertamente estaba estrechamente
relacionado con el nivel de ingresos de la población. Sin embargo, otra de las cau-
sas que también se indicó en estos años, para agravar el problema de la vivienda,
fue el crecimiento de la población de la capital como producto de las migracio-
nes. Pues bien, en 1959, un estudio sobre “la población del Gran Santiago”, del
Instituto de Economía de la Universidad de Chile, llamó la atención sobre el im-
pacto de la migración desde las provincias hacia la capital. Indagaciones y debates
posteriores, principalmente asociados a la “teoría de la marginalidad”, tuvieron
como referencia este trabajo de la Universidad de Chile104.
El estudio de la Universidad de Chile consideró diversos aspectos refe-
ridos a las características socioeconómicas de la población de Santiago, entre
ellos el de la migración. La conclusión general a que llegó el estudio fue que la
migración hacia el “Gran Santiago” superaba claramente “a los restantes des-
plazamientos poblacionales internos en Chile”105, así como que dentro de la
provincia de Santiago, la ciudad capital era la que más atraía a los inmigrantes:
“Dentro de la provincia de Santiago, es la propia capital la atracción
mayor. Más de la tercera parte (36%) de la población capitalina, alrededor
de 630 mil personas, han nacido fuera de ella, cifra que puede considerarse
bastante elevada. El porcentaje supera al de la provincia de Santiago en
1952 (32%). Dicho núcleo poblacional representa aquella parte de la pobla-

104
Instituto de Economía. Universidad de Chile. La población del Gran Santiago. Santiago de Chile,
1959. Este trabajo de la Universidad de Chile, para nuestros efectos tiene además un valor adicional,
el haber sido realizado en la segunda mitad de la década del cincuenta.
105
Instituto de Economía. op.cit. p. 93.

89
ción del país que, por diferentes motivos y en diversas épocas, ha abando-
nado su tierra de origen para buscar mejores expectativas de vida en la
metrópoli”106.
El estudio de la Universidad de Chile reconocía que la migración había
estimulado la industrialización, pero que su influencia favorable parecía haber
terminado y la discusión se centraba ahora sobre la conveniencia o inconvenien-
cia del crecimiento desmesurado de la capital107. Ello justificaba la necesidad de
describir las principales características del fenómeno migratorio.
La descripción del fenómeno migratorio que hizo la Universidad de
Chile fue, en gran medida, el resultado de una encuesta aplicada en 1957.
Entre otros aspectos, esta demostró que la procedencia de la migración era
predominantemente urbana, es decir, las personas que llegaban a Santiago
procedían de centros poblados por más de diez mil habitantes. El 63% de la
población nacida fuera de Santiago provenía de este tipo de centros108. Este
predominio no distinguía sexos, ya que entre los varones, el 64% provenía
de centros urbanos mientras que en las mujeres bajaba solo levemente al
62%.
Por otra parte, las distintas zonas geográficas mostraban también una
mayor incidencia urbana en cuanto al origen de la migración hacia la capital,
con la sola excepción de las provincias de Santiago y O’Higgins, en las que la
mayor abundancia de pueblos medianos (de menos de 10 mil habitantes) otor-
gaba supremacía a las zonas rurales.
Con relación a las zonas geográficas y provincias que aportaban un ma-
yor número de emigrantes, la situación reconocida fue la siguiente:

106
Instituto de Economía, op. cit. P. 94.
107
Ibídem.
108
Instituto de Economía, op.cit. P. 98

90
CUADRO Nº 14
Lugar de nacimiento de la población santiaguina nacida en el resto
del país

Composición porcentual

Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile. La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959.

De la lectura de este cuadro se podía inferir, que la población nacida


fuera de Santiago se distribuía en forma pareja a lo largo del territorio. Sin
embargo, la distancia influía, sobre todo de Santiago al sur en donde las canti-
dades de emigrantes van decreciendo (Arauco y Cautín y de Valdivia al sur)
mientras que las zonas comprendidas entre Colchagua y Linares así como la
de Santiago y O’Higgins, es decir el tradicional valle central chileno, era el que
aportaba la mayor cantidad de emigrantes.
La situación cambiaba con relación al norte del país, ya que las provin-
cias más septentrionales y alejadas de la capital (Tarapacá a Coquimbo) ocupaban
el segundo lugar en cuanto al número de emigrantes, de tal modo que si bien la
distancia influía, otros factores de orden socioeconómico, eran también muy
determinantes. En el caso de las provincias nortinas, la migración estaba por

91
cierto asociada a los ciclos de la producción minera y sus efectos sobre el em-
pleo.
Con relación al origen urbano o rural de las migraciones, la primera pre-
dominaba en el caso de las provincias nortinas, de tal modo que las ciudades
proveían el 95% de los emigrantes mientras que las explotaciones mineras solo
el 5% restante. Ello parecía indicar, según el estudio de la Universidad de Chile,
que “la minería desocupa principalmente factores adyacentes de sus procesos
productivos, como servicios comerciales, personales, etc., radicados en las ciu-
dades, o bien significa que la desocupación en las minas no busca directamente
el camino a la capital, sino que lo hace a través de ciudades inmediatas”109.
En cuanto al origen rural, las provincias de Santiago y O’Higgins pre-
sentaban una mayor incidencia; la razón de la primacía de lo rural, obedecía
sin embargo, a la existencia de un elevado número de pueblos de menos de 10
mil habitantes, base que se consideró para establecer la distinción entre lo ur-
bano y lo rural.
Por otra parte, considerando los aportes de las grandes ciudades a la
emigración hacia Santiago, la situación era variable, ya que mientras era alta
en el caso de Valparaíso, bajaba considerablemente en el caso de Concepción.
Las personas nacidas en Valparaíso y Viña del Mar representaban el 48% de la
migración total hacia Santiago desde las provincias de Aconcagua y Valparaí-
so. Concepción en cambio, tenía una incidencia mucho menor, ya que
representaba solo el 19% de la migración total hacia Santiago desde las provin-
cias de Ñuble y Concepción. Ello se debía probablemente a la mayor estabilidad
de la población ocupada en la región del Bío-Bío en faenas industriales110.
La distribución por sexos de la población nacida fuera de Santiago
mostraba una preponderancia femenina, 132 mujeres por cada 100 hombres.
También en Santiago había más mujeres que hombres y como indicaremos
más adelante, la mayor preponderancia femenina de los emigrantes tenía que
ver con la mayor presencia de mujeres en el sector servicios, especialmente en
el empleo doméstico.

Tiempo de residencia y magnitud del fenómeno migratorio

Cada año Santiago recibía un importante número de inmigrantes, de tal


modo que al momento de aplicarse la Encuesta de 1957 se consultó a los naci-

109
Instituto de Economía, op.cit. P. 101
110
Ibídem.

92
dos fuera de Santiago, sobre su tiempo de permanencia en la capital. Los resul-
tados a este respecto fueron los siguientes:

CUADRO N° 15

Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile. La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959

De acuerdo con la información que nos proporciona este cuadro, la ma-


yor parte de la población inmigrante tenía más de 11 años de residencia en la
capital y al mismo tiempo el predominio de las mujeres era visiblemente ma-
yor en todos los grupos considerados. A pesar de que no se disponía de los
datos de cuántos inmigrantes salían de Santiago, considerando solo a los que
reconocían un año de residencia en la capital, el estudio de la Universidad de
Chile pudo establecer las siguientes cifras, en los años que se indican:

CUADRO N° 16

Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile. La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959.

93
Si bien se reconocía entonces una tendencia al crecimiento del fenóme-
no migratorio en el trienio 1957-1959, otros estudios de la misma Universidad
de Chile, les permitían estimar que el promedio, para un periodo más largo,
entre 1940 y 1952, había sido de veinte mil personas por año. Por otra parte,
con relación a las edades de los inmigrantes, el estudio demostró que la
mayoría se situaba en el tramo de los 14 a los 30 años, es decir, eran predomi-
nantemente jóvenes, y entre ellos era mayor el número de mujeres que de
hombres.

Se trasladaban por “motivos familiares”


y “de trabajo”

Se consideraron siete opciones en la encuesta a los inmigrantes para


establecer las razones de su traslado. Los resultados fueron los que se indican
en el siguiente cuadro:
CUADRO N° 17
Población nacida fuera de Santiago, según razón de traslado

Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959.

Este resultado, de una alta incidencia de las “causas familiares”, estaba


influido por los menores de edad e inactivos o por todas las personas que al
momento de emigrar eran dependientes. En la composición por sexo, era tam-
bién visible un predominio de las mujeres en el grupo que reconoce “razones

94
familiares” para emigrar siendo mayor la incidencia masculina en el otro con-
junto de motivaciones.
Como no se contaba con datos para aislar a la persona que decide el
traslado, se ensayó otras vías para ahondar en el tema de las motivaciones del
traslado, por ejemplo considerar solo a la población mayor de 14 años; el mis-
mo grupo anterior, pero solo a los varones; toda la población nacida fuera de
Santiago, pero separando a las personas con y sin ocupación anterior. El resul-
tado que se pudo observar fue el siguiente:

CUADRO N° 18

Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile. La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959.

Al ocuparse estas alternativas, se hace visible una disminución de los


motivos familiares y un aumento de las razones de naturaleza ocupacional.
Así por ejemplo, entre los “mayores de 14 años” y “hombres” la mayor opor-
tunidad de trabajo y mejor remuneración sube al 55% mientras que en el grupo
de “sin ocupación anterior”, la relación se invierte aumentando a un 65% los
que argumentan razones familiares y bajando al 22% los que esgrimen razo-
nes ocupacionales.
De todos modos, resultó evidente que las razones familiares ocupaban
un lugar muy importante en la decisión de emigrar, lo que podía atribuirse no
solo a la importancia del grupo de dependientes, sino que también al adulto

95
independiente que decide trasladarse “porque tiene familiares en la capital”,
que le podían brindar techo y alimentación hasta encontrar un trabajo111.
A propósito de la situación ocupacional, que junto a las razones familia-
res, mostraba la mayor incidencia en la decisión de emigrar mostró que del
total de personas nacidas fuera de Santiago, un 27% tenía ocupación antes de
trasladarse a la capital, la mayoría de ellos eran varones (71%) y su composi-
ción por edades muestra los mayores porcentajes en las edades adultas (31 a
50 años y 51 a 65 años). Al revés, la mayor parte de las personas que no tenían
ocupación pertenecían al sexo femenino (67%) y los mayores porcentajes se
situaban en las edades entre 14 y 50 años.

CUADRO N° 19

Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959.

CUADRO N° 20

Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile. La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959.

111
Instituto de Economía, op.cit. p. 113.

96
Con relación ahora al tipo de ocupación anterior a la decisión de emi-
grar, la encuesta de 1957 demostró que la agricultura no era la actividad
preponderante (ocupaba un segundo lugar de importancia con un 24%). Si
bien predominaba entre los hombres, bajaba entre las mujeres. La mayor im-
portancia y el más alto porcentaje lo representaba el sector servicios (un 26%)
en que se agrupó la instrucción pública, servicios médicos y hospitalarios,
asistencia social, asociaciones comerciales, esparcimiento y servicios perso-
nales. La incidencia del sector servicio era alta con relación al promedio
nacional que en 1952 no llegaba al 20%, pero se explica por el hecho de que la
migración se producía de ciudades pequeñas de provincia a la gran ciudad
que era Santiago.
Llamó la atención a los analistas de la Universidad de Chile, la alta inci-
dencia del rubro “servicios personales” cuya incidencia alcanzaba al 66% del
total y dentro de los servicios personales, la preponderancia correspondía a
las “labores domésticas” que por sí solas representaban el 51% de todo el gru-
po de servicios112 .

CUADRO N° 21

X = menos de 0,5 %
Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile. La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959.

112
Instituto de Economía, op.cit. p. 115.

97
La situación ocupacional, en términos de ocupados y desocupados, de la
población nacida fuera de Santiago y de los promedios de la población total de
Santiago, no mostró mayor diferencia. Lo que sí se modificó fueron las nuevas
ocupaciones de los emigrantes, ya instalados en la capital, cuyas ubicaciones
por rama de la producción mostraron una mayor incidencia “los otros servi-
cios” (34%), la industria (27%) y el comercio (15%), reduciéndose la agricultura
y la minería que prácticamente desaparecen en la ciudad (cuadro N° 22).

CUADRO N° 22

X = menos de 0,5 %
Fuente: Instituto de Economía. Universidad de Chile. La Población del Gran Santiago. San-
tiago de Chile, 1959.
En el sector servicios se mantenía el predominio de las labores
domésticas, aunque también se verificaba un aumento de los empleados en
restaurantes, fuentes de soda, tabernas, etc. Sin embargo, la conclusión más
relevante que estableció el estudio de población de la Universidad de Chile,
con relación a la migración fue que:
“La migración hacia la capital, desde el punto de vista ocupacional, no
es únicamente del tipo agricultura-industria, característico de todo proceso de
desarrollo, sino también de servicios en provincias a servicios en la capital” 113.
Esta afirmación era complementaria con la relativa a la procedencia de la
migración, predominantemente urbana, en la cual el centro del país tenía una

113
Instituto de Economía, op.cit. p. 122.

98
importancia manifiesta. En otras palabras, el estudio de la Universidad de Chile
demostró que los principales desplazamientos se producían desde la pequeña
ciudad a la gran ciudad y que en ellos tenía una alta incidencia el traslado desde
servicios de provincias a servicios de la capital. Es probable, indicó el estudio,
que la población campesina se desplace directamente a los centros provinciales,
engrosando la actividad de los servicios y provocando, a su vez, el traslado a la
capital de los grupos marginales de servicios en dichos centros 114.
Finalmente, con relación a los niveles de escolaridad de los inmigrantes
que llegaban a la capital, no había mayores diferencias con los promedios de la
población del Gran Santiago, como lo pone de manifiesto el siguiente cuadro:

CUADRO N° 23

Fuente: La Población del Gran Santiago. U. De Chile, 1959.

Se podían establecer matices e interesantes comparaciones, por ejem-


plo, el nivel de analfabetismo de los emigrantes estaba por debajo de la media
nacional (10% de sin instrucción en contra del 24% nacional), o por otra parte,
el mayor componente femenino y sin oficio anterior se compensaba con mayo-
res porcentajes de nivel de escolaridad de las mujeres115.
Estudios posteriores al realizado por el Instituto de Economía de la Uni-
versidad de Chile, pusieron de manifiesto las relaciones entre el proceso
migratorio y las formas que había seguido el desarrollo económico chileno,
particularmente luego de la crisis mundial de los años treinta. En efecto, Car-
los Hurtado en su estudio sobre la concentración de la población en Chile116

114
Ibídem.
115
Instituto de Economía, op.cit. p. 125.
116
Hurtado, Carlos Concentración de la población y desarrollo económico: El caso chileno. Universidad
de Chile. Instituto de Economía, 1966.

99
indicó tres cambios estructurales en la economía que habrían tenido efectos
directos sobre los desplazamientos de población entre 1930 y 1952:
–El cierre de la economía al comercio exterior y el crecimiento de la manufac-
tura. La fuerza total de trabajo ocupada en la manufactura –indica Hurtado–
aumentó en el país de 232.000 personas en 1930 a 409.000 en 1952, y la pro-
vincia de Santiago fue la que más concentró a estos nuevos trabajadores. En
efecto, en Santiago el aumento fue de 84.000 personas ocupadas en la indus-
tria en 1930 a 201.000 en 1952, a una tasa anual del 4%, todo lo cual tuvo por
resultado que en Santiago el 36% del aumento total de la fuerza de trabajo se
situara en la manufactura.
–La mecanización de la agricultura, fue otro cambio significativo en el pro-
ceso económico, estimulado por la necesidad de aumentar la productividad
del sector, sobre todo cuando se agotaron las posibilidades de expansión hacia
nuevas tierras cultivables. De este modo, de 1.557 tractores en 1936 se pasó a
14.177 en 1955, lo que no solo eliminó fuerzas de tracción animal, sino que
junto a otros factores, incidió en que el aumento de la fuerza de trabajo ocupa-
da en la agricultura, apenas subiera en 4.000 personas entre 1940 y 1952.
–La importancia creciente de los servicios. El comercio, el transporte, alma-
cenaje y comunicaciones, servicios propiamente tales y otras actividades no
claramente especificadas, crecieron en tal magnitud, que concentraron el 51%
del aumento total de la fuerza de trabajo, entre 1930 y 1952117.
Si bien estos factores, colaboraron en el período indicado, con el proceso
de concentración de la población especialmente en Santiago –que pasó de 696.231
habitantes en 1930 a 1.907.378 en 1960– también el análisis del período inter-
censal 1952-1960, le permitió a Hurtado reconocer tendencias más particulares
para estos años. Entre estas, la más importante, fue el reconocer un debilita-
miento de la tendencia a la concentración, en parte, porque el crecimiento en
este período, obedeció más al incremento de la tasa de crecimiento total de la
población en el país, que en el caso de Santiago, se disparó del 2.9% entre 1940 y
1952 al 4.4% entre 1952 y 1960. Por otra parte, el aumento porcentual del creci-
miento de la población que se localizaba en Santiago tendió a disminuir, de una
tasa de crecimiento del 53% en el período 1940-1952 al 47% entre 1952 y 1960118.
Se trata, por cierto de datos contradictorios, en el sentido de que si bien
la tendencia a la concentración en Santiago se debilitaba, el crecimiento de la
población de la capital, por otras razones, se mantenía, y se sumaban, además,
otros factores para hacer de la década del cincuenta un tiempo crítico, ya que

117
Hurtado, op.cit. p. 115.
118
Hurtado, op.cit. p. 106

100
junto al aumento de la tasa de crecimiento de la población –por las mejoras en
los sistemas de salud y de servicios, entre otros– cayó la tasa de crecimiento de
la ocupación en la manufactura y la minería.
La acción combinada de ambas –anota Hurtado– fue, por una parte, un
creciente número de inactivos capaces y deseosos de trabajar y, por la otra, de
un aumento de la ya considerable importancia relativa de los servicios119.
La década del cincuenta, en este último sentido, se caracterizó por presio-
nes ocupacionales crecientes en un contexto en que el aumento de la población ya
no guardaba una relación positiva con la industria, de tal modo que “el optimis-
mo con que se mira el aumento acelerado de la población en un país desarrollado,
puede ser injustificado, tratándose de uno en vías de desarrollo”120.
Finalmente, si se tiene en cuenta el rol preponderante que el Estado juga-
ba en el crecimiento del sector servicios, ello ciertamente estimulaba las presiones
inflacionarias si no se multiplicaban sus fuentes de ingreso. Este sería uno de los
principales problemas que debió enfrentar la Segunda Administración del Ge-
neral Ibáñez, que optó por el ajuste en las cuentas fiscales, lo que, como veremos
en el capítulo siguiente, incidió en que no se produjeran –en la década del cin-
cuenta– soluciones eficientes al problema de la habitación popular en la ciudad
de Santiago. En suma, como estimó el estudio de población de la Universidad
de Chile, a fines de los años cincuenta, efectivamente se había producido un
desfase entre la emigración a Santiago y la industrialización. En este último sen-
tido, el crecimiento de Santiago era un factor determinante en la mayor demanda
de habitaciones, especialmente entre los sectores populares121.

La visión de la clase política nacional a través del


debate parlamentario
En la 45ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Diputados, del día martes 25
de agosto de 1953, los pobladores de callampas fueron objeto de debate par-
lamentario, cuando varios diputados hicieron visible su preocupación por los

119
Hurtado, op.cit. p. 118
120
Hurtado, op. cit. P. 120. Al no existir una correlación entre el aumento de la población y el
crecimiento de la industria lo más probable es que aumente la población pobre que más que
manufacturas demandará alimentos y servicios, y entre estos últimos, viviendas.
121
Los procesos migratorios hacia las grandes capitales fueron un fenómeno latinoamericano y objeto
de estudio de la sociología. Ver Germani, Gino. Sociología de la modernización. Edic. Paidós,
Buenos Aires, 1969. Para el caso de Santiago, hacia fines de los años sesenta, Gatica Morel, Fernando.
“Marginalidad urbana, migraciones internas y desarrollo urbano”. DPDU, Ministerio de la Vivienda
y Urbanismo, abril de 1970.

101
más pobres de la ciudad. El motivo: un fuerte temporal del invierno había
dejado sin techo a miles de santiaguinos y muy especialmente a los que vivían
en poblaciones callampas:
“Como saben los Honorables Diputados, este último temporal significó
la destrucción de miles de viviendas; vale decir, miles de familias en Chile han
quedado sin hogar. Esto se debe evidentemente, a las malas condiciones de esas
viviendas y a su mala ubicación. En efecto, ellas fueron edificadas en sitios que
no reunían ninguna condición de seguridad como para construir estas habita-
ciones, producto, evidentemente del desplazamiento que se va produciendo en
nuestra ciudad por no existir actualmente capacidad económica suficiente para
que los obreros de nuestra Patria puedan comprar o adquirir viviendas o dispo-
ner de terrenos siquiera para formar estas llamadas poblaciones “callampas”122.
Graficó el diputado Sergio González, arquitecto y de militancia socialista123,
la gravedad de la situación en la capital, indicando que solamente en el Zanjón de
la Aguada, como producto del temporal, 3.612 familias habían perdido su hogar.
La razón del desastre era conocida, se trataba de familias que por no tener dónde
construir sus viviendas, lo habían hecho en los márgenes del popular Zanjón.
Continuó su discurso, el referido diputado, enfatizando en la magnitud
del problema habitacional:
“... doscientas veinticinco mil personas viven actualmente en viviendas
insalubres en Santiago, lo que significa que hay en esta ciudad, cuarenta y un
mil viviendas insalubres. De esas doscientas veinticinco mil personas, setenta
y cinco mil viven en “poblaciones callampas”, las cuales han sido las más afec-
tadas por el temporal de los últimos días. Es decir, hay catorce mil familias
afectadas por este problema de las “poblaciones callampas”, que están vivien-
do en las márgenes del Zanjón de la Aguada o en las riberas del río Mapocho o
en otros sitios insalubres de este tipo, donde cualquiera salida o crecida del
caudal determina la pérdida absoluta de todo lo que ellas poseen...”124.

122
Del discurso del diputado Sergio González en la Cámara de Diputados en la 45ª Sesión Ordinaria
del 23 de agosto de 1953. Boletín de Sesiones Ordinarias, 1953. Tomo III. pág. 2150.
123
Sergio González Espinoza fue elegido diputado por el Primer Distrito de Santiago, en 1953. De
profesión arquitecto fue dirigente estudiantil y más tarde profesor de la Escuela Nocturna para
Obreros de la Construcción. Diccionario Biográfico. Empresa Periodística de Chile. 10a edición.
Stgo., 1956-1958. p. 538.
124
Ibídem. A propósito de esta afirmación del diputado González, como vimos en los relatos de vida de
algunos pobladores de la década del cincuenta, Ibador Castro recordaba que el origen de su población,
la Nueva Colo Colo, se produjó justamente en medio de una crecida del río Mapocho, y por esta
circunstancia se le denominó “Nueva” Colo Colo. Por otra parte, en relación a las cifras que indica el
diputado González, son concordantes con el Censo Nacional de la Vivienda en 1952, ya que el Censo
había establecido la existencia de 18.182 piezas de conventillo y 23.333 viviendas de chozas, mejoras
o callampas, que suman un total de 41.515 viviendas no apropiadas o “insalubres”. Cfr. supra. p. 69.

102
Y al igual que la percepción de las asistentes sociales y el Informe de la
Comisión que elaboró el Censo Especial de Callampas en 1952, el diputado
González, insistió en el carácter obrero de los habitantes de estas poblaciones:
“Desgraciadamente, señor Presidente, se piensa corrientemente que en
estas poblaciones “callampas” habitan elementos maleantes y que en ellas se
concentra la hez de nuestra sociedad. Nada hay más falso. El contacto que he
tenido con sus pobladores me ha demostrado que el ciento por ciento de ellos
pertenece a la clase obrera. Los obreros textiles de “Yarur” y de “Sumar” viven
en el Zanjón de la Aguada. La casi totalidad de los obreros de la construcción
de nuestra ciudad vive en poblaciones “callampas”.
“Actualmente la clase obrera de nuestro país no tiene viviendas y se ha
visto obligada a habitar en estas poblaciones. Esta es la realidad”125.
Se refirió luego el diputado a un tema que sería reiterado en futuros
discursos en la Cámara, la cuestión habitacional obedecía principalmente al
fuerte déficit de viviendas del país, especialmente grave en Santiago. Alegó
que mucho se había discutido en torno a este problema, sugiriéndose variadas
soluciones, pero que era hora de dejar de lado las ilusiones y darle la cara a la
siguiente realidad:
“En Chile, hay que construir quinientas mil viviendas. Si les supone-
mos un precio unitario de cien mil pesos, significa que se necesitan cincuenta
mil millones de pesos para solucionar el déficit de viviendas que hay en el
país, es decir, la totalidad del Presupuesto fiscal de un año. Tal es el volumen
que tiene este problema. Por lo tanto no debemos ilusionarnos con que pode-
mos solucionar este problema en forma inmediata, por medio de una legislación
o cualquier otro arbitrio semejante, que nos permita darle un corte radical”126.
Una semana más tarde, el diputado del Partido Radical Florencio
Galleguillos, volvió a la palestra sobre el tema poblacional para abundar en la
necesidad de enfrentar este problema, que calificó como uno “de los más gra-
ves que debe afrontar en estos momentos la República”127.

125
Ibídem.
126
Ibídem.
127
Del discurso del diputado Florencio Galleguillos en Sesión 53ª Ordinaria de la Cámara de Diputados,
miércoles 2 de septiembre de 1953. Cámara de Diputados. Boletín de Sesiones, Tomo III, pág.
2442. Florencio Galleguillos Vera fue elegido diputado por el Segundo Distrito de Santiago en
1953 y reelegido por dos nuevos períodos, en 1957 y 1961. Valencia A., Luis Anales de la República,
Edit. A. Bello, 1986. Abogado y militante del Partido Radical, Florencio Galleguillos nació en
Ovalle el 11 de diciembre de 1913. Como abogado fue miembro honorario del Instituto de Ciencias
Penales y como parlamentario, de la Comisión Investigadora Anti-peronista. Diccionario Biográfico
de Chile, Empresa Periodística de Chile, 13a edición. Stgo., 1965-1967. p. 565.

103
Indicó, que parecía increíble, que habiendo adquirido el país un apre-
ciable desarrollo económico, gran parte de la población no pudiera contar con
viviendas adecuadas e higiénicas. A su juicio, el déficit habitacional alcanzaba
a unas 700 mil viviendas, ya que faltaban 400 mil, pero además era necesario
reparar otras 300 mil, para que sus habitantes pudieran residir efectivamente
como seres humanos128.
Para el diputado Galleguillos, la razón de tan abismante déficit había que
buscarla en el propio Estado, en la ineficacia de la propia legislación, unas veces
burlada, otras desatendida y otras tantas inconsistentemente formulada:
“Desde el comienzo de la República, se han burlado todas las leyes que
han procurado asegurar a los chilenos una habitación apropiada.
“La legislación vigente es abundante, porque pocas materias han sido
reglamentadas a través de distintas leyes, como la que se refiere a la construc-
ción de habitaciones, especialmente para las clases modestas de la población.
Sin embargo, en la práctica, estas leyes no han sido cumplidas, sea por una
adecuada falta de financiamiento, por incapacidad técnica de los funcionarios
encargados de aplicarlas o por muchos otros motivos. Pero lo grave y trascen-
dental es que los Poderes Públicos, encargados de conducir al país por una
senda de progreso y bienestar, se han hecho sordos ante esta realidad.
“El propio Parlamento, del cual somos miembros, ha participado en la
dictación de leyes, en las que han sido contempladas sumas completamente
absurdas e irrisorias para dar solución al problema de la falta de habitaciones
populares en la República”129.
El punto de vista del diputado Galleguillos era evidentemente crítico
de la eficacia de las “soluciones legales” al problema de la vivienda, un proble-
ma que era conocido al menos por otros parlamentarios, ya que en esa misma
sesión, el diputado González solicitó se enviara un oficio al Presidente de la
República, para que el Fisco cancelara 750 millones de pesos que adeudaba a
la recién creada Corporación de la Vivienda (CORVI).
La CORVI tuvo su nacimiento en 1953 y si bien su origen parecía
auspicioso, en el sentido de que por primera vez se propondrían “planes
nacionales de vivienda”, en términos prácticos sus resultados estuvieron muy
por debajo de lo planificado para 1954 y 1955, razón por la cual en los años

128
La cifra del déficit habitacional de 400 mil viviendas se acerca al diagnosticado por el Censo
Nacional de la Vivienda en 1952, sin embargo, es más imprecisa la cifra referida a las 300 mil que
se requiere reparar, aunque si se consideran las “casas unifamiliares o departamentos en edificio”
del Censo, en estado de conservación, “totalmente regular” y “parcialmente regular”, la cifra supera
las 330 mil viviendas. Cfr. supra. p. 62 y ss.
129
Ibídem.

104
siguientes no se propusieron planes nacionales y solo se buscó completar lo
planificado en los primeros años de la Administración Ibáñez130.
Por otra parte, durante 1957, los efectos de las políticas de ajuste del
Gobierno encontraban fuertes resistencias en diversos sectores de la sociedad,
particularmente entre la clase obrera y los estudiantes, quienes protagoniza-
ron violentos enfrentamientos con la policía y el ejército en los primeros días
de abril de 1957. La cuestión habitacional, que permanecía latente como uno
de los problemas sociales más graves del país, fue entonces nuevamente mate-
ria de debate en la Cámara de Diputados.
En efecto, en el período ordinario de sesiones del año legislativo de 1957,
y con anterioridad a la “toma de la Victoria”, que puso más visiblemente en la
escena social y política a los pobladores131, más de una sesión del parlamento
estuvo destinada a tratar el problema habitacional del país. El debate de los
parlamentarios se centró entonces en el déficit habitacional, la crisis de la in-
dustria de la construcción, la inflación y el bajo poder adquisitivo de los
trabajadores para adquirir viviendas.

El déficit habitacional

El diputado democratacristiano Tomás Reyes132 fue probablemente en


esta etapa quien más insistió en el déficit habitacional y la necesidad de encon-
trar salidas “realistas” al problema habitacional:
“Se debe tener presente que, hoy día, estamos ante cifras realmente de-
primentes: Baste señalar que 2.228.000 personas están en malas condiciones
habitacionales; muchas de ellas viven en habitaciones realmente miserables o
indignas de un ser humano. La cifra señalada significa que el 47.5% de la po-
blación de Chile, según el Censo de la Vivienda de 1952, está afectada por este
mismo problema.
“Más de setenta mil personas habitan en poblaciones “callampas”; tres-
cientas mil en conventillos; y más de cien mil en mejoras, es decir en sitios que

130
Sobre la creación de la CORVI, ver en el capítulo segundo de este estudio.
131
La “toma de La Victoria” fue una masiva ocupación de terrenos que se produjo en la zona sur de la
capital, el 30 de octubre de 1957, como veremos en detalle en el capítulo en este estudio.
132
Tomás Reyes Vicuña, arquitecto y parlamentario en 1949. Realizó diversos trabajos de urbanización
en barrios residenciales y casas particulares en Santiago, Concepción y Chillán. Regidor por Santiago
en 1944, fue elegido diputado por el Primer Distrito de Santiago en 1949 y reelegido para las
legislaturas de 1957 y 1961 por el Tercer Distrito. En 1965 fue finalmente elegido senador por
Santiago. Presidente del Senado, de la Falange Nacional en 1951. Consejero del Colegio de Arquitectos,
Instituto de Urbanismo y de la Sociedad Nacional de Agricultura. Diccionario Biográfico de Chile,
Edit. Empresa Periodística de Chile. 13a edic., 1965-1967. p. 1304.

105
no les pertenecen. Las cifras más recientes señalan una agudización extraordi-
naria del problema de las llamadas poblaciones callampas, en las principales
ciudades del país”133.
Estas cifras presentadas por el diputado Reyes, correspondían a los resul-
tados nacionales del Censo de 1952 134, en donde se estableció además, que parte
significativa del déficit era rural, lo que siendo grave en sí mismo, tendería a
moderarse por cuanto la población rural tendía a estabilizarse –y en el largo
plazo a disminuir– mientras que lo más preocupante, era que la población urba-
na crecía, lo que agudizaría los problemas de la vivienda en las ciudades.
El crecimiento global de la población, además indicaba el diputado Re-
yes, que a principios de la década aumentaba en unas cien mil personas al año,
estaba creciendo y en cualquier caso, solo para satisfacer la demanda estable-
cida en 1952 se requería construir 17.600 viviendas por año. La realidad era,
sin embargo, que desde el año 1955, considerado como récord en construcción
(1.141.000 metros cuadrados construidos) esta venía disminuyendo (704.533
metros cuadrados en 1956), sin que hubieran signos de recuperación en el pri-
mer trimestre de 1957. Al contrario, ese año, lo construido durante el primer
trimestre, era la cifra más baja de los últimos tres años. La conclusión era sen-
cillamente trágica, como la calificó el diputado Reyes.
La cuestión era más grave aún si se consideraba que el sector público
contribuía con el setenta por ciento de la construcción y solo el treinta por
ciento restante era de origen privado, sin que existieran condiciones favora-
bles para estimular la inversión de los privados en viviendas.
En esta misma sesión, el diputado Ignacio Palma Vicuña135, agregando
nuevos antecedentes a la argumentación de su colega Reyes, señaló que a la
luz de las “Cuentas Nacionales”, la inversión en vivienda en los últimos años,
efectivamente, venía disminuyendo:
“En Chile, según las “Cuentas Nacionales” publicadas por la Corpora-
ción de Fomento de la Producción, el producto nacional bruto real, subió entre
los años 1940 y 1954 en pesos constantes de 1950, de ciento seis mil millones a
ciento setenta y nueve mil millones; es decir, subió en 68,7 por ciento (...)
“La construcción misma, tal como la definen las “Cuentas Nacionales”,
que involucra, no solo el aspecto edificación de viviendas, sino también otros,

133
Tomás Reyes en la 32ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Diputados, 23 de julio de 1957. Boletín de
Sesiones, Cámara de Diputados, Ordinarias, 1957, Tomo II, p. 1793.
134
Los resultados del Censo Nacional de la Vivienda tanto para el país como para Santiago fueron
comentados en detalle en el apartado anterior. Cfr. supra. p. 65
135
“2014 personas instalas en Población San Gregorio”, El Mercurio, 21 de mayo de 1959. p. 29.

106
como las inversiones en caminos, puentes, escuelas, hospitales, en fin, todas
las actividades comprendidas en el término construcción, siguieron en alguna
forma esta línea de aumento del producto nacional bruto; pero la edificación
de habitaciones sufrió un retroceso durante este mismo período, con la sola
excepción de un par de años”136.
“Efectivamente, la curva de las inversiones brutas reales en edificación,
durante el período 1940-1954, señala cinco mil cuatrocientos ochenta millones
de pesos en 1940 y siete mil quinientos cuarenta millones de pesos en 1954,
alcanzando su máximo en 1946, con ocho mil quinientos doce millones de pe-
sos. Esto significó un aumento de 38,6 por ciento que, comparado con el
aumento del producto nacional bruto en 68,7 por ciento, indica que, durante
este tiempo, el volumen invertido en materia de edificación ha bajado, aún
cuando el producto nacional, en general haya aumentado”137.
Y los datos más precisos de CORFO, agregó el diputado Palma, indica-
ban que el porcentaje del producto nacional bruto invertido propiamente en
viviendas había bajado del 3,9% en 1940 al 3,15% en 1954.

Las causas de la crisis

Es evidente que para ambos parlamentarios, el déficit habitacional estaba


vinculado a las políticas de Estado en el sentido, al menos, de que no se destina-
ban recursos suficientes para la construcción. Sin embargo, el problema admitía
diversas lecturas. Para el diputado Ismael Pereira, del Partido Conservador138,
los resultados a que había llegado la Primera Convención Chilena de la Cons-
trucción, indicaban, que el mayor problema estaba en que dos crisis corrían en
paralelo: la del déficit habitacional y la de la industria de la construcción.
Por un parte el déficit, que Pereira estimaba en 400 mil viviendas y que
tenía por efecto que el pueblo “vive hacinado en habitaciones que no merecen
el nombre de tal y en cuya promiscuidad, desaseo, falta de los más elementa-

136
Diputado Y. Palma Vicuña, 32a Sesión Ordinaria de la Cámara de Diputados. Boletín de Sesiones,
Cámara de Diputados, Tomo II. p. 1799.
137
Ibídem.
138
Ismael Pereira Lyon. Agricultor y diputado, nació en Santiago el 9 de abril de 1911. Autor de la
conocida Ley 9135 –conocida como la Ley Pereira– que permitió la construcción de unas 32 mil
habitaciones, especialmente para la clase media. Fue alcalde de Pichidegua (1934-1940) y diputado
por Colchagua en 1943 y 1953; en 1957 y 1965 diputado por el Tercer Distrito de Santiago. Presidente
de la Comisión de Gobierno Interior, vice-presidente del Partido Conservador, director de la Sociedad
Hogar Obrero, miembro del Club de La Unión, del Automóvil Club, de la Sociedad Nacional de
Agricultura y del Club de Polo San Cristóbal. Diccionario Biográfico de Chile, 13a edición. p. 1.187.

107
les principios de higiene y comodidad, está peligrando el futuro de nuestra
raza”139. Por otra parte, señalaba el diputado Pereira, tenemos una industria
fuerte, organizada, con los más modernos adelantos, que puede edificar en un
plazo razonable esas 400.000 casas”, sin embargo la industria de la construc-
ción pasaba por una profunda crisis, atribuible tanto a la inflación como a la
fijación de precios de las habitaciones. El resultado, concluía el diputado Pereira,
es que nadie construye140.
La inflación y la fijación de precios fueron una causa señalada por diversos
grupos, especialmente empresariales, para explicar no solo la crisis de la construc-
ción, sino el abultado déficit habitacional. El problema admitía, sin embargo al
menos dos lecturas, la empresarial y la de los trabajadores. Para los primeros,
como lo explicaba el diputado Pereira, la inflación y la fijación de precios (particu-
larmente los de alquiler) desestimulaba la inversión; para los trabajadores, el
problema era que con la inflación se deterioraba permanentemente el poder ad-
quisitivo de los salarios, razón por la cual no estaban en condiciones de adquirir
viviendas. Pero, incluso más, el problema de la inflación afectaba la posibilidad
misma de otorgar crédito a los trabajadores. Así lo veía el diputado Pereira:
“La única manera que nuestro obrero compre su casa, anhelo que todos
compartimos, es que pueda hacerlo destinando más de un 30% de sus salarios.
Para eso se necesita darle un crédito a 25 o 30 años plazo. ¿Quién va a darlo en
medio de esta inflación? Para obtenerlo, tal como se obtiene en países más
ordenados, tal como se obtenía también antes en Chile, es indispensable la
estabilidad de nuestra moneda”141.
El criterio del diputado Pereira, concordante con el de los empresarios de
la construcción, era resistido por otros parlamentarios, como el diputado Mon-
tes142, que señaló en esta misma sesión de la Cámara, que los planteamientos de
la Convención Nacional de la Construcción, relativos a la libertad para fijar los
montos de alquiler, “no puede ser una solución para el problema habitacional,
dado que la gran masa de la población no está en condiciones de soportar nue-
vas alzas, aun cuando sea una necesidad tan vital como la vivienda”143.

139
Diputado Luis Pereira en 32ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Diputados, 23 de julio de 1957.
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, ordinarias, Tomo II, p. 1800.
140
Ibídem.
141
Ibídem.
142
Jorge Montes Moraga, diputado de militancia comunista por la Décimo Séptima Agrupación
Departamental de Concepción, Tomé, Talcahuano, Yumbel y Coronel. Elegido diputado en 1957,
fue reelegido para las legislaturas de 1961-65 y 1965-69. Valencia A. Luis. Anales de la República,
Edit. A. Bello. Stgo, 1986.
143
Diputado Montes en la 32º Sesión Ordinaria de la Cámara de Diputados, 23 de julio de 1957.
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, Ordinarias, Tomo II, pág. 1803.

108
Este será un nudo crítico en la clase política de fines de los cincuenta,
que llevará a separar aguas entre la derecha y la izquierda, en el sentido que
mientras la primera verá la necesidad de generar condiciones desde el Estado
para estimular la inversión en la construcción de viviendas (créditos, ahorro,
libertad de precios, etc.); la izquierda, insistirá en la protección de los trabaja-
dores, que habida cuenta de sus bajos salarios, no estaban en condiciones de
destinar sino una mínima parte de sus ingresos a la vivienda, razón por la cual
debería ser un deber del Estado, el desarrollar planes de vivienda de acorde al
poder adquisitivo real de los trabajadores. La vivienda, en el discurso de la
izquierda, se insistirá, no deberá ser considerada una mercancía, sino un dere-
cho social y en consecuencia, una tarea del Estado144.
El diputado Montes, agregó en su discurso, que sí estaba de acuerdo
con la Convención de la Construcción, en que la política económica del Go-
bierno y la crisis de la industria de la construcción tenía también efectos sobre
la capitalización y la cesantía de miles de trabajadores. Para reforzar su posi-
ción citó en la Cámara, una declaración de la Federación Industrial Nacional
de la Construcción, que señalaba que la aplicación de las recomendaciones de
la Misión Klein Sacks, habían significado para el desarrollo industrial del país
un duro golpe, “siendo la industria de la construcción una de las más afecta-
das, puesto que el 43% de las obras públicas y de particulares se encuentran
paralizadas o semi-paralizadas a través del país”145.

En la búsqueda de soluciones

El llamado del diputado Sergio González, de 1953, que había señalado


la necesidad de dejar de lado ilusiones en la búsqueda de soluciones al déficit
de viviendas, fue un tema que se recolocó, de manera más radical, entre los
diputados en 1957.
En efecto, Tomás Reyes, estaba convencido de que el país contaba con
los recursos materiales y la mano de obra disponible para resolver el problema
habitacional, sin embargo era necesario rectificar la política económica para
permitir la construcción de viviendas económicas, pero dignas. Sostuvo el di-
putado, que a la fecha, los planes de construcción han sido concebidos con
miras a la construcción de una “vivienda ideal”, sin tener en cuenta el poder

144
Este en un tema que se desarrollará más ampliamente en los capítulos siguientes, a propósito de los
“discursos” políticos que acompañaron al movimiento social de pobladores en los años sesenta, y
en particular el discurso del Partido Comunista Chileno en torno al problema de la vivienda.
145
Ibídem.

109
adquisitivo de los afectados. Indicó, que incluso reduciendo metros de cons-
trucción, en las condiciones en que vivía el país y particularmente teniendo en
cuenta los salarios de los obreros, era prácticamente imposible que estos pu-
dieran solventar la compra de viviendas. En consecuencia si no se modificaban
los planes de construcción, no habría solución al problema:
“Es necesario, evidentemente, emprender un plan habitacional en gran
escala, pero de viviendas realmente mínimas, si pudiera decirse, de obra grue-
sa habitable, con aquellas instalaciones indispensables, con urbanización
también mínima, para lo cual es fundamental modificar las disposiciones le-
gales y reglamentarias que impiden este tipo de urbanización. Eso sí que habría
que considerar estos planes con el carácter de ampliables, de tal manera que
en el futuro puedan irse completando estas habitaciones en forma tal que sa-
tisfagan más plenamente las necesidades de la familia que las ocupa”146.
Su colega parlamentario Pereira, en este punto estaba de acuerdo con To-
más Reyes; la magnitud del problema debía inducir a pensar en disminuir las
exigencias de ordenanzas y favorecer la construcción de viviendas sólidas e hi-
giénicas, pero mínimas. Incluso, sugería “hay que alentar la casa construida por
partes: primero una habitación y los servicios higiénicos, aunque la familia ten-
ga que hacerse piezas provisorias, pero dejando siempre libre el trazado para la
terminación posterior de la casa”, en fin, evitar las terminaciones que encarecen
la vivienda, eliminar la exigencia de ascensores o aumentar la altura para hacer-
los exigibles, disminuir al máximo los servicios públicos de pavimentación, y
edificar, en lo posible, en zonas urbanizadas y de baja densidad poblacional147.
En suma, lo que los diputados Reyes y Pereira proponían como salida a
la cuestión habitacional, insinuaba lo que sería “la salida estatal” al problema
de la vivienda; trabajar en la línea de lo que más tarde se denominaría “solu-
ciones habitacionales”. Había que esperar, sin embargo, hasta la próxima
administración, ya que sería bajo el Gobierno del presidente Jorge Alessandri
que efectivamente se iniciaría, a través del “DFL-2”148 , la primera política ex-
tensiva de viviendas económicas para los sectores populares de Santiago, como
veremos en el capítulo siguiente.

146
Reyes, loc.cit.
147
Diputado Pereira en 32ª Sesión Ordinaria de la Cámara de Diputados. Boletín de Sesiones, Cámara
de Diputados, Ordinarias, Tomo II, p. 1801.
148
DFL-2:Decreto con Fuerza de Ley N° 2 Plan Habitacional, dictado en 1959.

110
Capítulo 2
La emergencia social y política del problema
habitacional: El Estado y los pobladores

De la creación de la CORVI y sus desventuras bajo el


Gobierno de Ibáñez.
Carlos Ibáñez del Campo fue un líder relevante en la política chilena del
siglo XX, que ocupó dos veces la presidencia de la República en momentos
especialmente críticos: en 1927, cuando recién se ponía en vigencia una nueva
Constitución Política del Estado –la del 25– y en 1952, cuando el último Go-
bierno radical había enterrado al Frente Popular, alineando al país en la Guerra
Fría y la política de partidos vivía su mayor descrédito1 .
En ambos casos, Ibáñez buscó ponerse por sobre la contienda partida-
ria, afirmando la primacía de la autoridad, que en nuestro sistema político,
encarna el Presidente de la República. En la segunda mitad de los veinte, el
líder llegó a la Moneda en los brazos de la juventud militar; en los cincuenta,
apoyado por la ciudadanía, que le dio el 46,8% de los votos, cansados ya los
electores de la ineficacia partidaria.
Quienes más resintieron el castigo electoral fueron los antiguos aliados
frentistas: los radicales en primer lugar, que bajaron significativamente en la
votación popular; los socialistas que divididos, unos apoyaron a Ibáñez y otros
a Allende, que realizaba su primera postulación a la presidencia; y los comu-
nistas, finalmente, que no podían concursar legítimamente en las elecciones
ya que habían sido puestos fuera de la ley, en 1948, cuando definitivamente
colapsó la alianza de los radicales con la izquierda.
Ibáñez, “el general de la esperanza”, capitalizó entonces el descontento
popular eligiendo como símbolo de su campaña electoral una escoba, con la que
limpiaría al país de la politiquería. La victoria de Ibáñez en 1952 fue sin embargo
de corto alcance, no solo por la heterogeneidad de las fuerzas sociales y políticas

1
Valdivia, Verónica. “Nacionalismo, Ibañismo, Fuerzas Armadas: Línea Recta y el ocaso del
populismo”, en: Contribuciones Científicas y Tecnológicas. Área Ciencias Sociales y Humanidades.
Universidad de Santiago, N° 116, Santiago, 1997 p. 10.

111
que lo apoyaron en la campaña de 1952 –los “socialistas populares”, por ejem-
plo lo abandonarían pronto y los agrario laboristas no gozarían de larga vida en
el gabinete–, sino porque las propuestas de solución de los problemas económi-
cos, uno de los fundamentos de su campaña, no dieron los resultados prometidos,
y más todavía, durante su administración, algunos de estos problemas se
agudizaron, como el de la inflación y el de la debilitada caja fiscal.
En efecto, la situación económica se hizo en tal grado crítica que hacia
1955, Ibáñez aceptó las recomendaciones de una delegación norteamericana,
la Misión Klein Sacks, que vino a ensayar en el país una “política de estabiliza-
ción económica” que entre otras medidas, contemplaba una radical reducción
del gasto público, lo que colaboraría en un cierto ajuste fiscal, pero al costo de
deprimir aún más de lo que ya estaban, los salarios y el empleo. La industria de
la construcción fue entonces una de las más afectadas, ya que no solo cayeron
los índices de metros construidos, sino que cundió la cesantía en el sector y
colapsaron de paso, todos los grandes proyectos para resolver el problema de la
vivienda tan agudamente diagnosticados en el Censo de la Vivienda de 1952.
Sin embargo, la acción de Ibáñez no solo se movió entre el populismo
autoritario y nacionalista, receloso o prescindente de los partidos, y las dificul-
tades de la economía, sino que también en su voluntad de reformar el aparato
público, como lo había hecho en su primera gestión de gobierno a fines de los
años veinte. En el caso de la vivienda ello se tradujo en una reorganización
completa del Ministerio de Obras Públicas, la creación de un organismo espe-
cializado en la vivienda popular –la Corporación de la Vivienda, CORVI– y la
creación también del Banco del Estado.

La CORVI y los planes de vivienda

El contexto político del año 1952, inundado por la “ola ibañista”, se ca-
racterizaba por una crítica al pasado frentista y la voluntad de encarar,
ejerciendo la autoridad, los verdaderos problemas del país. Entre ellos el más
importante era el de la “estabilización económica”2.
Ibáñez, al iniciar su gobierno contó con clima político favorable, dado el
impacto que produjo en los partidos tradicionales su arrollador triunfo electo-
ral, lo que le permitiría contar con facultades extraordinarias para reorganizar
la Administración Pública. El Congreso, mediante la Ley 11.151 del 5 de febre-
ro de 1953, le concedió estos poderes.

2
Silva, Sandra, op. cit., p. 55.

112
La Ley 11.151 le permitiría al Gobierno de Ibáñez, la promulgación de
una serie de decretos con fuerza de ley, que haría posible un verdadero ajuste
administrativo creándose nuevas estructuras que se estimaban idóneas para
abordar el problema de la vivienda a escala nacional. Según un estudioso de la
legislación pertinente, se avanzaba ahora hacia una nueva postura:
“... un nuevo planteamiento del asunto, hecho en forma prometedora y a una
escala mucho más proporcionada a su verdadera magnitud. Se hablaba de “planes
de vivienda”; de “soluciones integrales”; de “racionalización” y de “coordinación”3.
Las principales modificaciones que se establecieron entonces en el apa-
rato público, que permitirían un nuevo tratamiento del problema de la vivienda,
fueron la reestructuración del Ministerio de Obras Públicas (DFL 150) al que se
le encomendó la elaboración de un Plan de Vivienda (DFL 431); la creación de
la Corporación Nacional de Inversiones de Previsión, CIP, (DFL 200); la fusión
de la Caja de Habitación con la Corporación de Reconstrucción, que daría ori-
gen a la CORVI, Corporación de la Vivienda, todo ello mediante el DFL 285 del
25 de julio de 1953; la creación del Banco del Estado, mediante DFL 126 del 24
de julio de 1953; la definición de modalidades del Bono Reajustable de Fomen-
to de la Habitación Popular (DFL 357); y el texto definitivo de la Ley de
Construcciones y Urbanización (DFL 224)4 .
Respecto de la CORVI, el mencionado DFL, en su artículo segundo, es-
tablecía su misión:
“La Corporación de la Vivienda estará encargada, en la forma y términos
que indica el presente Decreto con Fuerza de Ley, de la ejecución, urbanización,
de la reestructuración, de la remodelación y reconstrucción de barrios y sectores
comprendidos en el Plan de Viviendas y en los Planos Reguladores elaborados
por el Ministerio de Obras Públicas. También estará encargada del estudio y
fomento de la construcción de viviendas económicas”5.
Un eje central, en consecuencia, de la actividad de la CORVI sería su
contribución a la puesta en marcha del “Plan de Vivienda”, elaborado por la
Dirección de Planeamiento del Ministerio de Obras Públicas6 . Esta era la pri-
mera vez que el Estado organizaba su acción con relación al problema habitación
a través de un “plan” específico.
El Plan Nacional de Viviendas para 1954 se propuso construir 32.083 vivien-
das económicas de varios tipos, con el objeto de resolver los dos mayores problemas

3
Bravo H. Luis. Chile, el problema de la vivienda a través de la legislación. 1906 - 1959, Editorial
Universitaria, Santiago, 1959. p. 52.
4
Silva, op. cit., p. 55.
5
Decreto con Fuerza de Ley Nº 285 del 25 de julio de 1953, citado por Silva, op. cit.,p. 64.
6
Para una visión panorámica de la construcción de viviendas, a partir de 1953, ver Anexo N° 3.

113
habitacionales: terminar en un año con las poblaciones callampas y construir las
viviendas necesarias que requería el crecimiento vegetativo de la población7.
No hay dudas de que se trataba de un programa ambicioso, que buscaba
atacar el problema de la vivienda en dos planos muy sensibles; el que se hereda-
ba de la ausencia de una eficiente política estatal para con los más pobres, que
permitiría terminar con las callampas, y el que se acumulaba año a año, es decir
el del crecimiento de la población que no contaba con oferta de viviendas. Pues
bien, en arreglo a estos propósitos, el Plan se estructuró del siguiente modo:

CUADRO N° 24
PLAN DE VIVIENDAS 1954

Fuente: Bravo, L .Chile, el problema de la vivienda a través de la legislación 1906-1959. Santia-


go, 1959, p. 71
(1) Viv. “mínima ampliable”, de 25 m2 de superficie.
(2) Viv. “mínima definitiva”, de 50 m2 superficie en promedio
(3) Viv. “económica del Estado”, de 75,5 m2 superficie en promedio
(4) Viv. “Campesina hecha por la iniciativa particular”, de 50 m2 promedio.
(5) Viv. “Económica hecha por la iniciativa particular”, de 100 m2 útiles promedio.

7
Bravo, op. cit., p. 71.

114
CUADRO N° 25
FINANCIAMIENTO

Fuente: Bravo, L. Chile, el problema de la vivienda a través de la legislación 1906-1959. Santiago,


1959, p. 72.

A las 27.283 viviendas que se esperaba construir, de acuerdo con es-


tas asignaciones de financiamiento, había que agregar las 4.800 restantes,
que se esperaban como aporte del sector privado. Sector al que se le ofrece-
rían una serie de estímulos, tales como los beneficios del Bono Reajustable;
integración de la industria de la construcción al Plan de Vivienda; creación
de un Seguro de Arriendos; creación de un Seguro de Créditos; supresión

115
de impuestos a industrias de la construcción; fomento de cooperativas;
ampliación del sistema de créditos de la CORVI y otros beneficios.
Como adelantáramos, se trataba ciertamente de un ambicioso plan, que
buscaba atacar en puntos extremadamente sensibles el problema habitacional,
sin embargo, sus resultados fueron magros y desalentadores: El Plan de
Viviendas de 1954 se cumplió solo en el 21% de lo proyectado, es decir se cons-
truyeron 6.877 viviendas de las 32.083 estimadas.
¿Cuáles fueron las razones de tan magros resultados? Diversas por cier-
to, como suele ocurrir cuando se trata de evaluar un programa de la
envergadura como el propuesto. Dejemos la palabra al profesor de la Univer-
sidad Católica, Luis Bravo Heitmann, quien propuso un exhaustivo análisis
del problema, a fines de los cincuenta. En primer lugar, aclara el profesor Bra-
vo, la CORVI construyó efectivamente 2.385 viviendas (486 del tipo mínimo
ampliable y 1.899 del tipo mínimo definitivo), dejando en ejecución 7.302 y en
iniciación 5.944. El bajo rendimiento de la labor directa de la CORVI contradijo
el propósito de terminar con las poblaciones callampas, amén de que de las
486 mínimas ampliables, que originalmente debían ser de 25m2, no se constru-
yeron, sino que se optó por construcciones sólidas de 50,4 m2.
De cara a estos resultados, la evaluación del profesor Bravo con relación a
la CORVI, es que esta siguió la misma pauta de conducta que la ex-Caja de Ha-
bitación, la antigua manera de hacer las cosas, contradiciendo el espíritu y la
letra de la ley que la creó. De este modo, no existió fomento ni coordinación con
institutos universitarios, tampoco se estableció coordinación con la industria de
la construcción, y la CORVI, en suma continuó con la política de “obrar como
una gran empresa constructora financiada principalmente por el Estado”8 .
Aunque no se había considerado en el Plan Original de Viviendas de
1954, la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, contribu-
yó con la construcción de 1.520 casas con cargo al 2% constitucional que disponía
el ejecutivo para situaciones de emergencia. El Servicio de Seguro Social, por
su parte, que debía aportar con 3.000 viviendas al Plan, manifestó en su acción
una evidente descoordinación tanto con el Banco del Estado como con la CORVI.
Concretamente, el Banco no emitió los bonos reajustables y si bien el Servicio
de Seguro Social traspasó recursos a la CORVI, decidió de suyo iniciar un plan
propio de viviendas a tres años (1954-56), que en términos prácticos vino efec-
tivamente a culminar en 1958. Las 3.000 viviendas proyectadas en el pPlan de
1954 debieron entonces esperar.

8
Bravo, op. cit., p. 76.

116
Respecto de los aportes de la Corporación de Inversiones (CIP) y las
cajas de previsión, que debían contribuir con la construcción de 8.000 vivien-
das, la situación fue también de desajuste con el Plan de 1954: la CIP inició
estudios para el denominado Plan Arica, que consultaba la construcción de
1.000 viviendas, de las que se entregaron las primeras 520, recién en 1958 y
las cajas en conjunto lograron construir 3.137 viviendas, es decir, el 39% de lo
previsto.
En el sector privado, la situación tampoco fue tan alentadora, ya que
de las 6.600 viviendas proyectas, solo se construyeron 2.866. Operó más la
inercia que la innovación, ya que de las 4.800 viviendas que se esperaban
como producto de los nuevos estímulos y beneficios para el sector, muy poco
se concretó: ni más viviendas ni mayores estímulos y beneficios. Los bonos
reajustables no se emitieron y se restringieron los créditos a todos los secto-
res, incluida la construcción como producto de las primeras medidas de ajuste
económico del Gobierno. Tampoco prosperaron otras de las medidas pro-
puestas, como el Seguro de Arrendamiento y una política de apoyo al
movimiento cooperativo. En suma, como indica Bravo, “el fomento proyec-
tado permaneció como letra muerta y aún más, aumentaron
considerablemente las dificultades para construir”9.
Por otra parte, la Junta Ejecutiva del Plan tampoco funcionó bien en el
sentido que no contó con toda la información necesaria para coordinar el Plan,
no se la proveyó de los técnicos necesarios y a las reuniones no llegaban todos
los delegados que debían asistir. El resultado fue que la Junta Ejecutiva, a jui-
cio de Bravo, murió por inanición.
El fracaso del Primer Plan de Viviendas de 1954 fue en cierto modo pa-
radigmático, ya que si bien al año siguiente, se estructuró un nuevo Plan de
Viviendas, desde el punto de vista de su rendimiento representó un nuevo
traspié para la política de vivienda del Gobierno, ya que solo se construyeron
5.568 viviendas de las 25 mil proyectadas, es decir, aproximadamente la quin-
ta parte de lo programado. Pero, además, ese mismo año 1955 marcó el inicio
de una declinación en la construcción de viviendas, que se fue haciendo cada
vez más aguda en los años siguientes.
Concretamente, en el caso de la CORVI, que tenía un rol relevante en la
construcción de viviendas populares, en su labor directa, inició la construcción de
5.944 viviendas en 1954; 2.881 en 1955 y solo 868 en 1956. Las viviendas en ejecu-
ción también declinaron del siguiente modo: 7.302 en 1954; 6.889 en 1955 y 2.680
en 1956. Sin embargo, como producto de los desajustes entre lo programado cada

9
Bravo, op. cit., p. 77

117
año y las viviendas efectivamente terminadas, sí hubo crecimiento en las “vivien-
das terminadas”: 2.385 en 1954; 3.268 en 1955 y 5.077 en 195610.
Los tres últimos años de la Administración Ibáñez (1956-1958) fueron
los más críticos para la construcción, al punto que a partir de 1955, ya no hubo
más planes nacionales de vivienda, bastaba con completar las tareas pendien-
tes de los planes de 1954 y 1955. En estos años cayeron los índices promedios
de edificación y consecuentemente subieron los índices de desocupación en el
sector. Un año crítico fue 1956 ya que mientras que en enero se estimaba en un
10,7% la desocupación, esta llegó al 25,2% en diciembre de ese año, lo que
significaba ni más ni menos 46.150 obreros cesantes, que junto a sus familias
sumaban unas 250 mil personas11.
Las causas de la crisis de la construcción no eran solo atribuibles a la
gestión administrativa, que se mostró poco ágil para materializar los ajustes
de 1953, sino que a la crisis económica más global que enfrentaba el país, a
propósito de la inflación y el déficit de la “caja fiscal”, en un contexto de agu-
da crisis del mercado mundial del cobre y de un dólar fijo que agotó las divisas12.
Las alzas de precios, en efecto, fueron in crescendo entre 1952 y 1955 desde el
22,2 % en 1952 al 75,2 % en 1955, lo que llevó al Gobierno a contratar una
misión norteamericana, conocida como la “Misión Klein Sack”, la que para
estabilizar definitivamente la economía, recomendó la disminución del gasto
público y la liberalización del cambio. En enero de 1956, siguiendo estas orien-
taciones, el Senado aprobó el congelamiento de sueldos y salarios, teniendo
como telón de fondo, el alto índice inflacionario de 195513.
La disminución del gasto público afectó directamente a la industria de
la construcción, si se tiene en cuenta el enorme peso que el Estado tenía en el
sector, tanto en la construcción de viviendas como en obras de infraestructura.
Pero, además, la crisis de la caja fiscal afectaba muy directamente a los princi-
pales actores públicos implicados en la construcción de viviendas para obreros
y empleados, en tal grado que la CORVI tuvo que paralizar sus pagos a contra-
tistas y proveedores por falta de fondos y limitar –como ya se indicó– la
iniciación de nuevas obras a 868 viviendas en 1956; la Caja de Empleados Pú-
blicos, por su parte, carecía de presupuesto de inversión por ser acreedor del
fisco en 3.500 millones de pesos; la Caja de Defensa Nacional en más de 4 mil
millones y así las distintas cajas de previsión. El resultado, como indica Bravo
no podía ser otro que la desintegración del sistema:
10
Bravo, op. cit., p. 81.
11
Bravo, op. cit., págs. 85 y ss.
12
Illanes, En Nombre del Pueblo, p. 395
13
Ibídem

118
“Como es fácil de observar, toda una estructuración administrativa y
económica de la actividad constructiva, dependiente de sus relaciones recí-
procas y en sus recursos del Estado, no ha podido menos que desintegrarse
cuando faltó el apoyo matriz”14.
La crisis de la construcción en 1956 llevó a la Cámara Chilena de la Cons-
trucción, la Sociedad de Industriales Metalúrgicos y la Sociedad de Fomento
Fabril a realizar gestiones frente al Gobierno, producto de las cuales se nombró
un coordinador entre este y la industria así como una comisión mixta, compues-
ta por representantes del sector público y privado, cuya misión sería buscar una
salida a la crisis. Se ensayaron medidas paliativas a la crisis, pero las tendencias
negativas para el sector se mantuvieron, de tal suerte que la Cámara Chilena de
Construcción en 1957, veía sombríamente el panorama, teniendo en cuenta la
cesantía y la caída en la demanda de insumos para la construcción15.
Y la verdad es que el año 1957 no solo fue sombrío para la construcción,
sino que también para el ibañismo en el poder, ya que en los primeros meses
de este año, el descontento de la población se manifestó primero en las urnas y
luego en las calles de las principales ciudades del país. En efecto, en marzo de
este año, con motivo de las elecciones parlamentarias para renovar la Cámara
de Diputados y parcialmente el Senado, el electorado le restó definitivamente
su apoyo al ibañismo, restableciendo el prestigio de los partidos, especialmen-
te de los radicales,16 consolidando también el prestigio –con altas mayorías en
las urnas– de dos líderes que postulaban al Senado y que disputarían las presi-
denciales de 1958: Eduardo Frei Montalva y Jorge Alessandri.
Y, sin que el Gobierno se recuperara todavía de la crítica de los electores,
el 1, 2 y 3 de abril de 1957, estalló el motín popular en el mismo centro de
Santiago, y también en Valparaíso y Concepción. El detonante de la protesta

14
Bravo, op. cit., p. 85.
15
Según la Cámara Chilena de la Construcción, el promedio mensual de cemento despachado en
1956 fue menor en un 3,1% al de 1955 y durante los primeros meses de 1957, el despacho promedio
decayó en 13,7% con respecto a 1956 y un 14,8% respecto de 1955. También se verificaban bajas
en los volúmenes de producción de madera, fierro y artefactos sanitarios. Las perspectivas en el
corto plazo para la Cámara Chilena de la Construcción eran simplemente “deprimentes”. Bravo,
op. cit., p. 89.
16
Como señala Pedro Milos: “...la elección parlamentaria de marzo mostró una vuelta del electorado
hacia los partidos tradicionales y consolidó el deterioro creciente que vivía el ibañismo desde 1955.
De hecho, no solo los agrario laboristas perdieron una parte importante de sus representantes (bajaron
de 23 a 13 diputados) sino que también desaparecieron del Parlamento grupos como el Partido
Laborista, el CONCOPO, el Partido Radical Doctrinario y el Partido Democrático Doctrinario”
En: Milos Pedro, “Los movimientos sociales de abril de 1957 en Chile. Un ejercicio de confrontación
de fuentes”. Tesis Doctoral, Université Catholique de Louvain, Bélgica, 1996. p. 186.

119
social fue el alza de las tarifas del transporte colectivo; las motivaciones de
fondo, los efectos depresivos de la política de ajuste económico del Gobierno.
Si el ibañismo había triunfado en 1952 era porque había capturado las
aspiraciones de progreso y estabilidad económica de la población, sin embargo,
las opciones del Gobierno se inclinaron cada vez más hacia una salida de corte
liberal que obligaba a una mayor prescindencia del Estado en la economía. Ello
representaba una ruptura con las políticas del Frente Popular que habían acen-
tuado el rol interventor del Estado en la economía, y en consecuencia una mayor
atención de este a las demandas de bienestar social de las mayorías populares.
Así, el problema de ajustar las tarifas del transporte público puso al Gobierno de
Ibáñez en un “zapato chino”, ya que el alza del transporte obedecía no solo a las
demandas de los empresarios en orden a considerar los afectos de la inflación en
el sector, sino a la necesidad de disminuir el gasto fiscal dejando de subvencio-
nar la bencina. Pero, evidentemente renunciar a la subvención estatal del
transporte implicaba alzas significativas en las tarifas que afectarían directamente
a una población que, como producto de la inflación y de la congelación de suel-
dos y salarios, había visto disminuir su poder adquisitivo.
El resultado, finalmente, de la aplicación de las alzas del transporte, fue
que el 1, 2 y 3 de abril de 1957 protestaron primero los estudiantes, luego los
sindicatos y finalmente los más pobres que saquearon el centro de Santiago,
cuando la policía fue superada en su capacidad de control de los manifestan-
tes. Diez muertos en la jornada del 2 de abril, otros ocho el día 3 y centenares
de heridos y detenidos, cuando ya no solo actuaba la policía, sino que también
el ejército. La protesta social, en efecto, ya no solo fue conjurada con las armas
de la política, sino que con las armas de la guerra17.
Evidentemente los pobres de Santiago fueron protagonistas de los suce-
sos del 1 y 2 de abril, aprovechando la coyuntura de la protesta social para
hacer visible su malestar con la sociedad y con las alzas, pero fue también en
este mismo año 1957, que “los pobladores” ensayaron, con evidente impacto
en la sociedad, estrategias propias para “tomar su sitio” en la ciudad. En efec-
to, en la madrugada del 30 de octubre de 1957, un grupo de pobladores del
Zanjón de la Aguada, avanzaron por entre los yuyos, para hacerse de un sitio
en terrenos de la CORVI de la ex Chacra La Feria y dar origen de este modo a
la Población La Victoria. La historia social de la vivienda popular experimenta-
ría ahora un verdadero giro, cuando nuevos actores ocuparon la escena, “tomaron
su sitio” e iniciaron una significativa transformación de la ciudad de Santiago.

17
Para una visión panorámica del motín del 1 y 2 de abril, ver en Milos, op. cit., págs. 335 y ss.

120
Acción directa: Del Zanjón de la Aguada al
Campamento de La Victoria.
El Zanjón: un cordón de miseria

El Zanjón de la Aguada era, en los años cincuenta, el mayor cordón de


miseria de Santiago; había otros, el del Río Mapocho y el del Cerro Blanco,
pero el Zanjón los superaba a todos en extensión –unos cinco kilómetros de
longitud por un poco más de 100 metros de ancho– y también en población
–unas 35.000 personas– agrupadas en 10 “sectores” o poblaciones18 .
El Zanjón cruzaba de oriente a poniente y en toda su extensión al Muni-
cipio de San Miguel, de tal manera que esta Corporación debió reconocer, ya
en 1950, las “desastrosas condiciones sanitarias” allí imperantes19 , y en 1953
describió el Zanjón como un “cordón interminable de casuchas infectas, mal
olientes, donde miles de familias viven en la más absoluta promiscuidad y en
las peores condiciones sanitarias, sin agua, alcantarillado y prácticamente sin
ningún servicio de urbanización”20. Estimó también el municipio, que las
callampas del Zanjón era uno de los problemas más serios de la comuna y que
habitaban allí unas 30 mil personas, siendo la mayoría de ellos niños y niñas,
expuestos no solo a enfermedades y epidemias, sino que también a precarias
condiciones de existencia familiar.
Ciertamente el municipio no estaba en condiciones de hacer frente a los
diversos problemas económicos y sociales que allí se vivían, sin embargo en
diversos momentos aprobó pequeñas ayudas para los infortunados habitan-
tes del Zanjón. Así por ejemplo en 1951, se destinaron $ 8.000 para la
construcción de unas “piececitas de madera” que cumplieran la función de
policlínica21 y $ 6.000 para ir en ayuda de algunas familias víctimas de un
incendio22 ; en otra ocasión, en 1955 se acordó invertir $ 10.000 para la cons-
trucción de algunos “baños de lluvia para niños y niñas, trabajos a los cuales

18
Espinoza, op. cit., p. 248. Respecto de los habitantes del Zanjón, Martner estimaba que en 1953, es
decir cuatro años antes de los incendios que llevaron a los pobladores a la toma de la Chacra La
Feria, el Zanjón congregaba a unas 20 mil personas. Martner, op. cit., p. 9.
19
I. Municipalidad de San Miguel, Actas Municipales, sesión ordinaria, 9 de de noviembre de 1950.
Se conservan en Bodegas de la sede edilicia de la Comuna de San Muiguel y fue posible consultarlas
en una gestión directa con el Encargado de Relaciones Públicas del municipio.
20
I. Municipalidad de San Miguel, Actas, Sesión Ordinaria, 8 de enero de 1953.
21
I. Municipalidad de San Miguel. Actas Municipales, Sesión Ordinaria, 22 de marzo de 1951.
22
I. Municipalidad de San Miguel, Actas, Sesión Extraordinaria, 5 de junio de 1951.

121
ayudarán los mismos interesados”23 ; y también en 1955 se aprobó contribuir
con $ 15.000, de los fondos municipales, para la compra de cañerías de agua
potable para la Población El Esfuerzo. Esta vez sí, los regidores debatieron sobre
la inconveniencia de estos aportes ya que con ellos “se demora más la obtención
de una solución definitiva del problema de las poblaciones callampas”24 .
En 1957, el Alcalde de la comuna en una comunicación al Gobierno cen-
tral describió una vez más las poblaciones del Zanjón y emitió un juicio
categórico, señalando que las poblaciones allí levantadas constituían una “ver-
güenza nacional”:
“... dichas poblaciones, están formadas por viviendas construidas con pe-
dazos de cartones, latas viejas y trapos: hacinadas unas junto a otras; careciendo
de servicios higiénicos y de agua potable y lo que es peor todavía, se han levanta-
do sobre terrenos con basuras, que constituyeron antiguamente los botaderos de
basuras, donde se depositaban los desperdicios de la ciudad de Santiago.
“Las poblaciones de mi referencia, por las condiciones en que están
construidas, constituyen, Excelentísimo Señor, permítaseme decirlo, una ver-
güenza nacional”25.
A estas poblaciones, como anotó la señora Guillermina Farías, llegaban esos
miles de hombres, mujeres y niños que emigraban a la capital en busca de mejores
condiciones de vida, pero que después de deambular por la ciudad se daban cuenta
que necesitaban un lugar donde asentarse y que no había viviendas para ellos.
Surgía entonces, el consejo de un amigo o un pariente, formar una callampa, total
bastaba para ello unas cuantas fonolas y materiales de desecho. La idea, casi siem-
pre era “pasar la mala racha”, esperar que las cosas se arreglaran, pero la verdad
es que una vez allí, en la callampa, “era muy difícil salir”26.
El Zanjón de la Aguada se extendía desde Vicuña Mackenna hasta Ge-
neral Velásquez y en sus riberas habitaban “los humildes”, “los marginados
de la capital”, según el relato de Guillermina:
“... allí reinaba la miseria y las enfermedades múltiples, a pesar de que
en ese tiempo ya existía una cierta Ley (la preventiva) que algo solucionaba.
Las madres que tenían hijos recién nacidos debían dormir toda la noche con la
luz encendida, para evitar que las ratas los mordieran”27 .

23
I. Municipalidad de San Miguel, Actas, Sesión Ordinaria, 13 de enero de 1955.
24
I. Municipalidad de San Miguel, Actas, Sesión Ordinaria, 27 de enero de 1955.
25
Carta enviada al Ministro de Obras Públicas por Julio Palestro, Alcalde de San Miguel, el 18 de
julio de 1957. Archivo Nacional, Ministerio del Interior, Volumen 1, Oficio No 154, 1958.
26
Farías, Guillermina “Lucha, Vida, Muerte y Esperanza”, En Constructores de Ciudad, Nueve
Historias del Primer Concurso “Historia de las Poblaciones”. Edic. SUR, Santiago, 1989. Pág. 50.
27
Farías, op. cit., p. 50.

122
La economía doméstica, o si se prefiere, la sobrevivencia de las familias
populares del Zanjón, como ha ocurrido históricamente entre los más pobres,
se enfrentaba con el concurso de todos o casi todos sus miembros: las mujeres
en los lavados, el planchado o ejerciendo como empleada doméstica o cocine-
ra; los jóvenes, cuando ya pasaban los doce años, como aprendices en alguna
industria; los hombres adultos, en las fábricas –las textiles, del calzado o la
construcción– y los con menor suerte como ambulantes; los viejos y los niños,
por su parte, podían recoger huesos o vidrios para venderlos y allegar así re-
cursos al presupuesto familiar28.
Y así, mientras unos entraban y salían del Zanjón para asegurar la
sobrevivencia, para los que se quedaban en casa, anota Guillermina, la radio
era una permanente compañia, en ellas se escuchaban “las grandes comedias
o simpáticos programas como Radiotanda, con Ana González y Sergio Silva; las
obras de Arturo Moya Grau; a la inolvidable Mireya Latorre; Hogar Dulce Ho-
gar con Eduardo de Calixto, y el infaltable Reporter Esso”29. La vida cotidiana
del Zanjón, agrega Guillermina, solo se interrumpía de vez en cuando, por
algún incendio o porque la policía andaba en busca de algún delincuente, aun-
que también, los “hechos de sangre”, es decir disputas familiares o entre los
vecinos con violencia, y los “velorios de angelitos”, un tradicional rito que
acompañaba la muerte de menores, eran también parte de la vida cotidiana
del Zanjón.
Los ranchos se forraban con revistas adquiriendo una curiosa decora-
ción, reforzada por tiestos con flores, plantas medicinales, duraznos o damascos
plantados en un tarro, como esperando ser trasladados algún día al sitio pro-
pio. Esta percepción de transitoriedad de la vida en las callampas del Zanjón,
no era solo la ilusión de alcanzar en el futuro una vida mejor, sino que tenía un
fundamento en las esperanzas que algunos de sus habitantes abrigaban en la
acción de sus dirigentes, que insistían en ser escuchados y en que sus deman-
das fueran atendidas por las autoridades.

Las promesas incumplidas

Los dirigentes demandaban a las autoridades, pero o no eran escucha-


dos o las promesas que se les hacían no se cumplían. Concretamente, por
ejemplo, en 1948, el Frente Comunal de la Vivienda de San Miguel propuso a
las autoridades de la Caja de Habitación, como solución para las familias del

28
Farías, op. cit., p. 51
29
Ibídem.

123
Zanjón, la compra de los terrenos de la ex Chacra La Feria, ubicada al sur de la
Avenida San Joaquín. Las gestiones, sin embargo, no prosperaron hasta que
asumió el mando de la Nación el general Ibáñez, momento en el cual los po-
bladores volvieron a insistir en sus peticiones y esta vez sí hubo promesas de
que se construirían allí viviendas económicas. Y la promesa de construir se
cumplió, pero no para los del Zanjón, sino para los postulantes ordinarios de
la CORVI que levantó en el sector de La Feria, la Población Villa Sur30.
Por otra parte, también con anterioridad a estas iniciativas del Frente
Comunal de la Vivienda, se había considerado la posibilidad, durante 1947, de
levantar viviendas de emergencia en el mismo sector del Zanjón, y hasta el
propio Presidente de la República vino a dar por iniciadas las obras, pero cu-
riosamente en ese mismo momento, la Caja de Habitación estimó que los
terrenos no eran adecuados para la construcción de viviendas, ni siquiera de
emergencia, razón por la cual esta iniciativa tampoco prosperó31. Guillermina
Farías reconoce también otras promesas incumplidas por la CORVI, esta vez,
en los años cincuenta:
“La Corporación de Vivienda prometió los terrenos de la Chacra La Fe-
ria, pero eso no pasó de meras conversaciones y tramitaciones (...) Esta promesa
se había explicitado con motivo del incendio ocurrido en noviembre de 1956,
que había dejado a cientos sin hogar. Por estos tiempos nació la consigna traba-
jar sin transar, hasta la casa conquistar. Se comenzaba a perfilar la toma como
último recurso”32.
El resultado de este conjunto de iniciativas frustradas, como indica
Espinoza, fue produciendo un sentimiento reiterado de promesas de solución
incumplidas, lo que iba estimulando la búsqueda de un nuevo tipo de estrate-
gias entre los dirigentes poblacionales. Diez años de gestiones diversas no
producían solución alguna para los habitantes del Zanjón, lo que inevitable-
mente producía sentimientos encontrados entre los pobladores. Guillermina
Farías los recrea del siguiente modo en su relato:
“El informativo social del sector era alrededor de los pilones de agua,
donde se oían los siguientes diálogos entre los habitantes del Zanjón:
–¿Sabe comadre? No doy un veinte más, porque los dirigentes se llevan
puro chupando no más 33.
Otra contestaba:

30
Tabilo Gamboa, Sergio “Rehabilitación de la Población Campamento de La Victoria”. Escuela de
Arquitectura. Universidad de Chile, Santiago, 1959. p.1.
31
Espinoza, V. op. cit., p. 249.
32
Farías, op. cit., p. 52. La cursiva es del original.
33
“Chupando” es una expresión popular para referirse a la ingesta de alcohol, especialmente de vino.

124
–Yo creo que con plata se compran huevos.
–Eso mismo digo yo; hay que tener fe, si no, no salen las cosas”34.
La precariedad de las condiciones de vida en el Zanjón no solo obede-
cían a la mala calidad de la construcción, a las aguas servidas que transportaba
el canal, o a los problemas de hacinamiento y de salud pública que allí se vi-
vían, sino que además, sus habitantes debieron hacer frente a reiterados
incendios, que se producían, ya sea por algún accidente doméstico o por la
inflamación de desechos químicos que transportaban las aguas del Zanjón.
Entre 1947 y 1957, según Espinoza, se contabilizaron nueve incendios que
malograron unas 600 casas, de estos, los más recordados fueron dos incendios
que se produjeron en octubre de 1957:
“Aparte de las lluvias, a la llegada de los calores, venían los incendios,
los incendios grandes que se produjeron en el Tercer y Cuarto Sector, ahí en
Sierra Bella; en el primer incendio quedaron sin nada unas cuarenta familias,
en el otro incendio que se produjo en Las Torres, detrás de FAMAE, en ese
Sector vivía el compañero Juan Costa, ahí se quemaron algo de sesenta fami-
lias, fue un incendio muy grande. Cuando vi yo ese incendio casi me desmayé.
El griterío de la gente era impresionante y el aullar de los perros, los cables de
alta tensión hacían explosiones, yo anduve impresionada con los ojos cerra-
dos, haciéndome la idea de que aquello no era realidad”35.
Dos incendios se produjeron efectivamente en el mes de octubre de 1967
en el Zanjón de la Aguada; el primero, la noche del día 15 y el segundo el día
26. El diario El Clarín de Santiago, estimó que en el primero quedaron en con-
dición de damnificadas unas ochenta familias mientras que en el segundo hubo
quince heridos y fueron unas 500 las familias damnificadas36. Este último in-
cendio habría tenido su origen en la inflamación de un “líquido viscoso y espeso
que cubría el agua del Zanjón de la Aguada, y que remontó la corriente por
efectos del viento”, proveniente de una industria cercana “cuya ubicación no
fue posible establecer”37.
El incendio fue noticia pública y diversos diarios capitalinos informa-
ron de él, a pesar de que a juicio de Guillermina Farías más cobertura de prensa
tuvo la fuga de la cárcel de un famoso delincuente. El hecho es que con poste-
rioridad al primer incendio de octubre, se formó en el Zanjón, un Comité de
Familias Damnificadas y que con motivo del segundo, fueron visitados por el
34
Farías, op. cit., p. 53.
35
Grupo de Salud Poblacional y Manuel Paiva, “Pasado: Victoria del presente”. Santiago, 1989.
Pág. 2. Archivo del siglo XX, Fondo de Historias Locales.
36
Farías, op. cit., p. 54
37
Oficio Nº 3027, 31 de octubre de 1957. Archivo Nacional. Ministerio del Interior, Vol. 14.

125
Alcalde de la comuna y por algunos parlamentarios, todos los que junto a
unas mil personas, participaron en un Cabildo Abierto de Pobladores el día 27
de octubre. En esta ocasión, las críticas apuntaron directamente al Gobierno de
Ibáñez:
“Todos los oradores condenaron la insensibilidad del Gobierno a quien
hicieron directamente responsable de no haber sacado a estos pobladores de
los infectos terrenos en que viven, no obstante haber prometido el Presidente
de la República en los 4 primeros meses de su Gobierno, como muy bien lo
señaló el diputado Mario Palestro. Asimismo criticaron al ex vicepresidente de
la CORVI, Orlando Latorre, por tramitador”38.
Resulta visible, a estas alturas, que el fracaso del Plan de Viviendas de
1954, tenía efectos y que la promesa incumplida de terminar con las callampas39,
abriría paso a un nuevo tipo de estrategias por parte de los pobladores.

La vida social también evolucionaba

Según Guillermina Farías, mientras el conflicto político en tiempos de


Ibáñez se dirimía en términos de los partidos –la lucha entre conservadores,
liberales, radicales, comunistas, socialistas y democratacristianos y el Gobier-
no de Carlos Ibáñez–, la vida social también evolucionaba en el Zanjón. En ese
mismo tiempo, indica Guillermina, llegaron al sector “obreros con trayectoria
política” que decían que “si los habitantes del Zanjón no tomaban conciencia
y se organizaban” jamás podrían salir de la situación de miseria y margina-
ción. Fue en este contexto, que comenzaron a organizarse comités por cuadra
o por sector y a realizarse reuniones, conversaciones y coordinaciones con po-
líticos de izquierda, especialmente comunistas y socialistas40. Así también lo
testimonia otro poblador de la zona sur de Santiago:

38
“Cabildo del Zanjón pide ayuda de 100 mil pesos para los damnificados” El Siglo, Santiago, 28 de
octubre de 1957, p. 5.
39
A este respecto es también indicativa la presentación que hicieron los arquitectos Astica y Vergara, en
noviembre de 1958, en Lima, en la Segunda Reunión Interamericana de la Vivienda y Planeamiento.
Indican los arquitectos que el Recuento de 1952 –el Censo Especial de Callampas– tenía por objeto
proponer un plan de ayuda a estas poblaciones, que se vió la necesidad de erradicación general de ellas,
pero que dada la imposibilidad de hacerlo en corto plazo, unos serían errradicados y otros ayudados en
obras de mejoramiento. Sin embargo, agregan, en nota a pie de página de su presentación de Lima: “Este
Plan se incluyó en el Plan de la Vivienda del año 1953, pero ciertas circunstancias determinaron que se
ejecutaran 13.000 viviendas mínimas ampliables, sus costos no estuvieron acordes con la capacidad de
pago media de los callamperos. Posteriores enfoques a base de programas de Ayuda Mutua y Esfuerzo
Propio, son todavía muy restringidos para evaluarlos”. Astica y Vergara, op. cit., p. 4.
40
Farías, op. cit., p. 52.

126
“De los contactos que se iban haciendo, fueron saliendo los comités de
familias sin casa, se crearon comités en todas las poblaciones del área sur de
Santiago, y a lo largo del Zanjón de la Aguada (...)41.
Y también lo confirma el testimonio de un militante, que reconoce el
trabajo del Partido Comunista, tanto en la organización de los comités como
en los preparativos para una eventual toma de sitios:
“En los comités donde más trabajé fue en los del Zanjón de la Aguada,
el Partido me daba la tarea de ir a conversar con la gente.
“Desde el Comando mandaban a estudiar el terreno, el José venía con la
Luzmira, y llegamos a conocer centímetro a centímetro la tierra, veíamos de
dónde teníamos que partir y por donde teníamos que entrar, cuántas personas
participaban y quiénes vendrían a la cabeza. Era todo un estudio del Coman-
do con la conducción del Partido”42.
Que hubo, en consecuencia un “trabajo previo” a la toma que daría ori-
gen a la Población La Victoria, lo confirman estos testimonios, tanto el de
Guillermina Farías como el de otros pobladores y pobladoras de la actual Po-
blación La Victoria. Recientemente, además, la publicación de Memorias del
diputado comunista Orlando Millas, arroja más luces sobre la participación
del Partido Comunista en la preparación de la toma de La Victoria, así como
en la toma misma. Indica Millas que, junto a la preparación de la campaña
electoral de 1958, “los comunistas estuvimos dedicados apasionadamente al
problema de hacer surgir un nuevo afluente del movimiento social, el de los
pobladores marginales de Santiago” y más concretamente aún, que un Co-
mando encabezado por Galo González, a la sazón, Secretario General del
Partido Comunista, se encargaba, en 1957, de distribuir tareas y acumular in-
formaciones en vistas a “entender los problemas de las familias de poblaciones
e incorporarnos a los esfuerzos para ayudarles a crear un gran movimiento de
masas, bien estructurado”43.
En el mes de septiembre de 1957, agrega Millas, se hizo un ensayo de
toma de unos sitios en Puente Alto, que resultó exitosa, habida cuenta de su
cuidadosa preparación. Dicha acción fue luego examinada en detalle, a efectos
de ver su aplicación en lo que sería la toma de la ex Chacra La Feria. El propio
Galo González, afirma Millas, habría luego “dirigido el apoyo comunista a la
promoción y realización de un operativo que constituía un desafío inusitado”;
el que llevó a la “toma” de la ex Chacra La Feria44.

41
Grupo de Salud, op. cit., p. 3.
42
Grupo de Salud, op. cit., p. 3.
43
Millas, Orlando, Memorias, 1957 - 1991. Una Disgresión, Edic. CESOC, Santiago, 1996. p. 17.
44
Millas, op.cit., p. 18.

127
Los comités de Sin Casa se habían extendido tanto por el Zanjón, como
por la zona sur de Santiago en los años cincuenta45 y existen también eviden-
cias de conversaciones sostenidas con la CORVI, prácticamente desde la
fundación de este organismo, en orden a que los pobladores del Zanjón pudie-
ran ser trasladados a la ex Chacra La Feria.46 La última de estas tratativas, se
produjo después del primer incendio de octubre. En esta ocasión, los poblado-
res acompañados por el diputado Mario Palestro, del Partido Socialista y la
regidora de San Miguel Iris Figueroa, conversaron con la CORVI la posibili-
dad de que los pobladores del Zanjón fueran trasladados a Lo Valledor, San
Gregorio y La Feria, planteamiento que fue aceptado por la CORVI, pero con-
dicionado a la conexión de los terrenos a la red de agua potable. La urgencia de
los pobladores los hizo, sin embargo, insistir en que podían instalarse sin agua,
como había ocurrido anteriormente con los sitios de las poblaciones Germán
Riesco y La Legua, amén de que la regidora ofrecía la posibilidad de que su
municipio distribuyera agua, al menos en los casos de Lo Valledor y La Feria47.
En este contexto, el Cabildo Abierto de Pobladores del día 27 de octu-
bre, no solo fue crítico respecto de la acción del Gobierno de Ibáñez, sino que
también demandó de este que se hiciera uso del 2% constitucional para catás-
trofes, que se realizara un aporte de 100 mil pesos para cada familia
damnificada, que se destinaran los terrenos de La Feria para estas personas y
que toda ayuda a los damnificados se canalizara a través del Comité
Relacionador de Poblaciones del Zanjón, que presidía Juan Acosta.
La ayuda a los pobladores damnificados –que superaban las mil perso-
nas– vino tanto del Gobierno como del Hogar de Cristo, que colaboraron con
alimentos y vestuario para los pobladores. El Hogar de Cristo difundió en es-
tos días un expresivo volante, que llamaba a la solidaridad de los santiaguinos48.

45
Guillermina Farías indica que se formaron Comités en la siguientes poblaciones: Germán Riesco,
La Legua, La Mussa, Las Torres, Canal, Santa María, Centenario, San Miguel, Mirador, Monte del
Canelo, Pedro Aguirre Cerda, Julio Palestro, Los Nogales, Mamerto Figueroa, y San Manuel. Farías,
op. cit., p. 52.
46
Así por ejemplo en la sesión ordinaria del 28 de junio de 1956 se consigna que el señor Palestro
habría tomado conocimiento de “que la Corporación de la Vivienda ha resuelto trasladar las familias
que habitan en las poblaciones callampas del Zanjón de la Aguada al fundo San Gregorio”. El
Consejo Municipal, debatió entonces, en torno a la conveniencia de solicitar a la CORVI que estas
familias sean trasladadas hasta la Población La Feria. Municipalidad de San Miguel, Actas, sesión
ordinaria, 28 de junio de 1956.
47
Espinoza, op. cit., p. 251.
48
El volante, señalaba de manera destacada: “130 casas callampas incendiadas dejaron sin hogar a
cientos de familias. La situación es desesperada. Nos faltan medios para socorrerlas. Todo, todo
nos sirve: ropa, alimentos, madera, clavos y dinero. MUCHO DINERO, POR FAVOR SACRIFIQUE
SU COMODIDAD ¡AYUDENOS OTRA VEZ! HOGAR DE CRISTO. Alonso Ovalle 1479”.
Reproducido en Sotomayor, op.cit., p. 9.
.

128
Dada la gravedad de los sucesos, los damnificados no estaban, ni que-
rían reconstruir sus casas sobre los escombros, y la Municipalidad de San Miguel
les ofreció como albergue el estadio de la comuna49, sin embargo, esta era solo
una solución transitoria e incluso muchos pobladores la rechazaron. La idea
entonces de “tomarse” los sitios prometidos en la ex Chacra La Feria, fue ga-
nando adeptos.
“El día 29, un reguero de pólvora golpeó las puertas llevando la noticia:
la toma va. Esa noche, en todos los comités las instrucciones estaban dadas.
Requisitos indispensables: ser pobre, tener chiquillos, tres palos y una bande-
ra. Había llegado la hora de las definiciones de cada cual”50.
Otro testimonio de un protagonista de la toma, nos indica que la deci-
sión ya estaba tomada con anterioridad al Cabildo Abierto del día 27:
“A raíz del incendio que se produjo a mediados de octubre en el Zanjón,
fue que el Partido tomó la decisión de que la toma debía ir. Hacía tiempo que
estaba planificada y cada vez que se iba a efectuar, llegaban primero los pacos,
porque no faltaba el soplo, cuando se iba a hacer la toma, ahí estaban los cara-
bineros, a la entrada donde había un letrero que decía “Chacra La Feria”.
Nosotros cuando caminábamos por aquí, lo hacíamos por la línea del tren
y este era un potrero que estaba pelado, y ahí en Treinta de Octubre, había un
tranque donde juntaban el agua para regar la chacra y toda la gente se venía ahí,
cuando se hizo la toma definitiva, porque era el lugar más conocido”51.

Tomarse un sitio

El hecho es que la noche del 29 de octubre, los pobladores del Zanjón y


de otros sectores de San Miguel estaban ya coordinados y en movimiento para
ir hasta la ex Chacra La Feria a “tomarse un sitio” y resolver por esta vía su
carencia de vivienda.
Las instrucciones, según Guillermina Farías eran precisas: desarmar las
casuchas, juntar tiras para cubrir los cascos de las patas de los caballos y evitar
así el ruido de estos en la noche:
“A las ocho de la noche se empezaron a juntar los más decididos en el
lugar acordado: los tres palos y la bandera, algunos enseres y frazadas, se iba
formando la caravana (...)

49
Sotomayor, “Fisonomía...” op. cit. pág. 9. Respecto de la oposición de los pobladores a reconstruir
sobre los escombros, lo confirma también Espinoza en “Para una historia...” op. cit. pág 251.
50
Farías, op. cit., p. 55.
51
Grupo de Salud, op. cit, p. 5.

129
“La columna avanzaba y se seguían sumando personas, cualquier opor-
tunidad era buena para obtener un sitio (...)
“Calladitos fuimos llegando a nuestra meta, algunos por Departamental,
otros por La Feria. Con los reflectores del aeropuerto Los Cerrillos y la noche oscu-
ra y sin luna, nos sentíamos como los judíos arrancando de los nazis: la oscuridad
nos hacía avanzar a porrazo y porrazo. Con las primeras luces del alba, cada cual
empezó a limpiar su pedazo de yuyo, a hacer su ruca e izar la bandera”52.
Otro testimonio nos lo proporciona Hilda Sotomayor en su Memoria de
Título. Se trata también de un protagonista que describió la toma del siguiente
modo:
“Marchando hacia un nuevo horizonte, un grupo de hombres, mujeres
y niños, llegaron un treinta de octubre en busca de un sitio que más tarde
hiciera realidad el sueño de la casa propia, en la chacra “La Feria”. Los relojes
marcaron las dos y media de la mañana. Madrugada fresca de primavera; todo
era silencio, un grupo de camiones ligeramente cargados con los enseres más
indispensables de la casa comenzaron a cruzar las calles, sus focos apagados,
los hombres cansados, pero sus rostros reflejaban esperanza de un día mejor
para sus hijos”53.
A la toma de la ex Chacra La Feria, no solo venían los del Zanjón, sino
que también de otras poblaciones pobres de San Miguel, en especial de la Po-
blación La Legua54 :
“Yo venía de La Legua y salimos de la misma Legua en marcha con
carretones a caballo, carretones de mano o con cosas al hombro, veníamos por
Santa Rosa y la gente nos preguntaba ¿qué pasa?, ¿qué pasa? Es una toma de
terrenos y tomaban sus frazadas y se plegaban al grupo. Los hombres entraron
con todo, los carretones por Departamental y nosotras las mujeres nos vini-
mos acá. Aquí donde es Treinta de Octubre (...)”55.
El diario El Siglo, dedicó la portada del día 31, al suceso de la toma:
“DERECHO A LA VIDA Y HOGAR DEFENDIERON 1.200 FAMILIAS”. En
una página interior, relató los hechos, las motivaciones, la hazaña y la unidad
de los pobladores. Los periodistas de El Siglo, según declararon en el reportaje,
estuvieron en la toma:

52
Farías, op. cit., p. 57.
53
Sotomayor, op. cit., págs. 9 y 10.
54
En una encuesta que con posterioridad a la toma realizó Hilda Sotomayor en 1958, consultando a
los dirigentes de 27 sectores del “Campamento La Victoria” (posteriormente “Población La
Victoria”), estableció que de un total de 3.354 familias, 2.168 venían del Zanjón, es decir, un 65%;
446 de la Legua (13%); y, 736 de otras poblaciones (21%). Sotomayor, op. cit., p. 30.
55
Grupos de Salud, op. cit., p. 7.

130
“Saltando zanjas, cayéndose, embarrándose, pero con los rostros radian-
tes de alegría, seguros del poder de su unidad y de su organización, centenares
de familias de los diversos sectores del Zanjón de la Aguada y de otras pobla-
ciones de la comuna, conquistaron ayer en la madrugada, un sitio para edificar
sus viviendas en los terrenos abandonados que la CORVI mantiene en “La
Feria”, en San Miguel.
“Estábamos cansados de tramitaciones, no podíamos seguir viviendo
en la mugre y el desamparo –nos dijo un poblador–.
“Estamos dispuestos a defender nuestro derecho a tener un techo para
vivir. Contamos con la solidaridad de todos los pobladores de la comuna y
nadie nos hará echar pie atrás”56.
El diario El Clarín también llamó la atención sobre la toma que “por mi-
les”, “y a la fuerza” realizaban los callamperos que invadieron la Chacra La
Feria:
“Con las banderas al tope y en dramática ocupación 500 familias se to-
maron los terrenos de La Feria, pertenecientes a la Corporación de la Vivienda.
La ocupación fue entre las 2 y las 6 de la mañana de ayer”57.
El Servicio de Investigaciones también tenía su versión de los hechos y
así lo hizo saber al Gobierno, la noche del día 30, a través de un Memorandum
Confidencial. En él se indicaba que las familias damnificadas del incendio del
Zanjón, a las 0 horas del día 30 habían comenzado la ocupación de más o me-
nos 55 hectáreas, al norte de la Nueva Población La Feria y al costado del
Ferrocarril Longitudinal Sur:
“los nuevos ocupantes –agregaba el Memorandum– llegaron a este si-
tio en camiones, carretelas, carretones de mano, o portando enseres y maderas
de sus casas quemadas. Inquiridos por el cuidador de los terrenos de la
CORVI, Víctor Farías, manifestaron tener autorización de la I. Municipali-
dad de San Miguel, que los había colocado provisoriamente en el Estadio
Municipal (...)
“La Dirección de Auxilio Social reparte raciones controladas de café,
pan, porotos y otros alimentos, los que no son suficientes debido al crecido
número de damnificados que pasan de los 1.000.
“Carabineros controla la situación, pero existe el peligro inminente de
que otras familias no damnificadas, se trasladen a ese lugar. Ya algunas lo es-
tán haciendo.

56
“Los pobladores del Zanjón ganaron su 1era batalla contra la miseria”. El Siglo, Stgo., 31 de octubre
de 1957. pág. 7.
57
Farías, op. cit., p. 59.

131
“Los ocupantes tienen un Comando, uno de cuyos dirigentes es Juan
Narbona, sin otros antecedentes y tendrán mañana una reunión con el Alcalde
de la Comuna”58.

Campamento de La Victoria

La ocupación de la ex Chacra La Feria se produjo durante la madrugada


del día 30, como bien indica el Servicio de Investigaciones y los diversos testi-
monios que hemos considerado. Carabineros se hizo presente en el lugar a las
6.30 de la mañana, cuando amanecía y si bien buscó impedir la ocupación, su
acción no fue suficiente:
“El día que nos vinimos, encontramos que la policía no estaba todavía
copando ese lugar...”59.
“Al comienzo todo fue normal. Saltando cercos las primeras familias
nos tomamos los terrenos. Después la cosa se puso color de hormiga. Llegaron
los carabineros y comenzaron a atajarnos. “¡Cumplimos ordenes!; no pueden
pasar!”. No dimos paso a la provocación y retrocedimos. ¡Pero, al final, pasa-
mos no más! Burlamos la vigilancia policial...”60.
El “tira y afloja” con la policía, según Guillermina, se prolongó por va-
rias horas, ya que la policía llegó con ordenes claras de desalojar la ocupación:
“Los pacos (...) llegaron arrasando y golpeando. Hombres, mujeres y ni-
ños; ancianos, rucas y banderas; nadie se salvó del tropel. Adentro, el cura Del
Corro y el pastor Palma intentaban en vano parlamentar. Los yuyos eran cóm-
plices de los pobladores, pues permitían, con su metro de altura, esconderse. La
desigual batalla duró como hasta las cuatro de la tarde. La noticia se había espar-
cido por la radio y llegaron refuerzos de allegados, de los conventillos, los
arrendatarios y los con orden de desalojo, que se fueron sumando...”61.
En realidad, los pobladores habían contado a su favor con el factor
sorpresa, ya que la toma se produjo durante la noche y el terreno cubierto de
hierbas de cierta altura –los yuyos–, jugó a favor de los pobladores, ya que
impidió la acción de carabineros62 . También la presencia temprana de los

58
“Sobre ocupación ilegal de terrenos de la CORVI en el Sector La Feria”, Memorandum Sindical Nº 505,
Confidencial, 30 de octubre de 1957. Archivo Nacional, Ministerio de Interior, Volumen 14, Oficios.
59
Grupo de Salud, op. cit., p. 5.
60
Dirigente poblacional en declaraciones al Diario El Siglo, Stgo. 31 de octubre de 1957. Pág. 7.
61
Farías, op. cit., p. 58.
62
Orlando Millas indica a este respecto en sus Memorias: “Para la Policía y el Gobierno fue una
sorpresa. Al diputado Baltazar Castro se le solicitó que informase al Presidente Ibáñez
predisponiéndole a no desencadenar inmediatas acciones represivas y proponerle que dejase el
asunto en manos de los Tribunales de Justicia”. Millas, op. cit., p. 18.

132
parlamentarios de izquierda, comunistas y socialistas, José Oyarce, Mario
Palestro y José Cademartori y de representantes del Hogar de Cristo que
colaboraron en impedir que los incidentes adquirieran mayor gravedad. Fi-
nalmente, como ocurre en muchas manifestaciones de protesta popular,
influyó también la amplitud del movimiento, es decir, unos fueron los que
partieron en la madrugada, pero muchos otros los que se fueron sumando
durante el día. Este hecho, es sin lugar a dudas muy significativo, ya que
revelaba la existencia de un problema social de envergadura instalado en la
sociedad y el de la vivienda, sin dudas que lo era, como ya lo hemos visto en
el capítulo anterior.
Pero está también el “efecto coyuntura”, es decir no bastaba con la exis-
tencia de un problema social de magnitud, sino que también era “necesaria” la
confluencia de factores tan diversos, como el fracaso de los planes de vivienda
de Ibáñez, que en el Zanjón tuvieron expresión en esa sensación de “promesas
incumplidas”; la organización previa de los pobladores con el apoyo del Parti-
do Comunista, la existencia de comités de sin casa, del Comando, etc.; los
incendios del 15 y del 26 de octubre que llevaron la situación de precariedad
de los pobladores del Zanjón al límite de lo posible en la noción “de habitar” la
ciudad; finalmente, también el sentido de acción oportuna, que colaboró en el
éxito de la acción desde el punto de vista de los organizadores y que estimuló
a los pobres no organizados a “subirse al carro” de la “Victoria”.
Cuando la acción policial no fue suficiente para hacer efectivo el desalo-
jo, se optó por impedir que nuevas familias se integraran a la toma. Con todo,
la situación era incierta por cuanto el Gobierno, si actuaba conforme a la Ley,
debía proceder al desalojo, pero a un costo muy superior al contemplado por
la Ley, es decir tendría que haber movilizado un importante contingente poli-
cial, sino militar y haber materializado un enfrentamiento con los pobladores
con incalculables costos humanos. Fue en este contexto, que se produjo la in-
tervención del Arzobispo de Santiago, Cardenal José María Caro.
En efecto, la misma tarde del día 30, el Cardenal Caro intervino personal-
mente ante el Presidente Ibáñez para impedir que se optara por una salida de
fuerza. El Gobierno aceptó descartar esta alternativa a condición de que no au-
mentara el número de ocupantes. Al día siguiente, la Dirección de Informaciones
del Gobierno anunció, que por instrucciones del Presidente de la República se
suspendía el desalojo63.Aun así, los dos primeros días de la ocupación fueron los
más críticos, ya que para impedir que se sumaran nuevas familias de poblado-
res a la toma, el Gobierno ordenó a la policía cercar el sector:

63
Espinoza, op. cit., p. 253.

133
“La posición que ellas (las autoridades) tomaron en los dos primeros
días fue negativa: rodearon a la población con la fuerza pública que no solo
impidió la entrada de nuevos pobladores o a las carretelas con los materiales
de construcción, sino que les prohibió la entrada de víveres y agua...”64.

La solidaridad y la búsqueda de una solución al problema

Las declaraciones del Gobierno en orden a suspender el desalojo bajaron


la tensión generada en el sector de La Feria, donde se estima se habían instalado,
el día 30 de octubre mas de mil familias65. Permanecer en los sitios ocupados era
la principal aspiración de los pobladores, razón por la cual, la suspensión del
desalojo era ya su primera “victoria” y así pasaría a llamarse la ocupación: “Cam-
pamento de la Victoria”66. El primer día de la toma fue, sin lugar a dudas el más
duro, agotador dice Guillermina, pero “valió la pena aguantar”:
“Los dirigentes de todos los comités se reunieron esa noche en una asam-
blea que duró varias horas; ahí se formó la primera directiva de la población,
que quedó conformada por Juan Costa, el compañero Plaza, Luzmira
Betancourt, Mayorinca Nowana. Los otros dirigentes quedaron como delega-
dos; se organizaron comisiones, como la de vigilancia, subsistencia, sanidad,
etc. Entre otras cosas, había que hacer nuevas encuestas, porque habían apare-
cido otros grupos.”67
Los pobladores habían ganado una batalla, pero no la guerra, había aún
mucho por hacer tanto en el plano organizativo interno, como también en las
relaciones externas, con el Gobierno y con la CORVI, con la Iglesia y el Hogar
de Cristo, y también con los partidos políticos que apoyaron el movimiento. Y,
todo ello en función del principal objetivo de la toma: construir sus propias
viviendas.

64
Sotomayor, op. cit., p. 12.
65
Es difícil establecer el número preciso de familias y personas que participaron en la toma de la ex
Chacra La Feria, al menos por dos razones. La primera, es que un grupo fue el que inició la toma
durante la madrugada del día 30 de octubre y otros, los que se fueron sumando en el transcurso de las
primeras horas de la toma y durante el mismo día 30. La segunda razón es de carácter político, en el
sentido que por tratarse de una movilización popular con efectos políticos, los diversos actores, según
sean sus intereses y apreciación de los hechos, abultarán o disminuirán el número de participantes.
Así por ejemplo, el día 31, La Nación estableció que se trataba de un “centenar de familias”;
El Mercurio, de alrededor de “140 familias”; El Clarín informó de 500 familias; El Siglo de “1.200
familias”; y según el Diario Ilustrado, que indicaba como fuente un Informe de Carabineros, señaló
que se trataba de 1.200 personas, que correspondían aproximadamente a unas 300 familias.
66
Más tarde cuando el asentamiento de la ex Chacra La Feria se hizo completamente definitivo, tomó
el nombre de Población La Victoria, nombre que conserva hasta el día de hoy.
67
Farías, op. cit., p. 58.

134
Según Espinoza, dos “agentes institucionales” o “mediadores” fueron
los más importantes en todo el proceso de la toma y la búsqueda de soluciones
al problema de la vivienda en La Victoria: la Iglesia Católica, a través del Ho-
gar de Cristo y los partidos políticos de izquierda, expresados en el FRAP.
La Iglesia Católica, estuvo presente en el movimiento que culminó en la
toma tanto a través del padre Del Corro –que nunca abandonó a su grey– como
también del Hogar de Cristo, que reaccionó solidariamente después del incen-
dio de la última semana de octubre. Pero, también el Cardenal Caro fue un actor
relevante para interceder frente al Gobierno e impedir el desalojo así como en su
llamado más amplio a la sociedad, en favor de los pobladores del Zanjón:
“Ante la aflictiva situación en que han quedado tantas familias obreras
(...) las hemos acompañado con nuestro cordial afecto elevando nuestras sú-
plicas al Padre de los Cielos y dirigiéndonos a las autoridades para aliviar su
situación.
“Nos alegramos muy de veras que esté en vías de arreglo el problema
que les permita en forma estable disponer de terrenos para levantar sus vi-
viendas. Necesitan por esto no solo de los medios para poder mantenerse sino
también de materiales de construcción.
“Pensamos que la sociedad, los particulares, las instituciones querrán pro-
porcionarles en la forma más generosa la ayuda que tanto necesitan. Después de
haber pasado días y noches a la intemperie, es urgente que apenas dispongan de
los terrenos cuenten con los medios como levantar sus habitaciones.
“Por eso pedimos para ellos, al mismo tiempo que la ayuda en dinero,
víveres, ropa y mobiliario, la ayuda en toda clase de materiales de construc-
ción, petición que dirigimos muy especialmente a la industria y al comercio.
“El Hogar de Cristo ha organizado un servicio con este objeto y a esta
institución pueden hacerse llegar las donaciones.
“Por nuestra parte, hemos dispuesto en todas las iglesias se verifique
hoy una colecta en su favor”68.
El llamado del Cardenal Caro encontró eco tanto en instituciones de la
propia Iglesia, como “Caritas Chile”, así como en las misiones diplomáticas de
Costa Rica y Bolivia. Todas ellas se hicieron presente la tarde del sábado 2 de
noviembre en la Parroquia el Carmelo para distribuir colchones, frazadas y
otras especies. Luego de este acto, las esposas de los embajadores de los países
indicados, visitaron a las familias en los terrenos de la ex Chacra La Feria69.

68
“Dos mil damnificados recibieron víveres en Parroquia El Carmelo”, El Mercurio, 3 de noviembre
de 1957. p. 31.
69
Ibídem.

135
También la solidaridad tuvo diversas expresiones desde la izquierda po-
lítica y las organizaciones sociales, en el primer caso a través de los parlamentarios
del FRAP, mientras que en el segundo, especialmente a través de los estudiantes
universitarios. La Federación de Estudiantes de Chile (FECH) organizó la reco-
lección de ropas y alimentos en su propia sede; estudiantes de los últimos años
de medicina tomaron a su cargo la atención del policlínico de emergencia que se
instaló en el campamento, y los alumnos de ingeniería y arquitectura, colabora-
ron en los trazados de los terrenos y los planes de construcción70.
Con todo, el problema principal a resolver era el de los sitios y la cons-
trucción de las viviendas, tal como lo hizo visible el Cardenal Caro en su llamado
a la solidaridad social de los santiaguinos. Y este problema era complejo de en-
carar, por cuanto la posición del Gobierno y de la CORVI era impedir que se
construyera en la ex Chacra La Feria, mientras que los pobladores, cansados de
promesas incumplidas, se negaban a abandonar los sitios conquistados. Sin
embargo, el Gobierno era víctima de sus propias contradicciones en política de
vivienda, ya que aun rechazando la toma, insistiendo en los problemas sanita-
rios que se provocarían en un poblamiento irregular, declaraba paralelamente
que carecía de recursos para dar una solución al problema de los habitantes del
Zanjón71. En este contexto, la única solución que podía ofrecer el Gobierno, era
acelerar las obras de urbanización en el sector de San Gregorio, en donde se
podría dar cabida, en el futuro, a unas cinco mil familias72. Se fue entonces im-
poniendo la solución propuesta por el Hogar de Cristo: apoyar a los pobladores
para que construyeran en los sitios tomados en la ex-Chacra La Feria.
Según Espinoza, el Gobierno no tuvo más alternativa que aceptar esta
solución, para lo cual prometió instalar pilones de agua en el sector, no obstan-
te lo cual, mantuvo su rechazo a las ocupaciones ilegales y demandó del
parlamento más recursos para enfrentar el problema de la vivienda. El diario
El Mercurio, por su parte, el día 6 de noviembre, editorializó críticamente con
relación a la política de viviendas seguida hasta ese entonces, abogando por la
destinación de recursos para viviendas económicas y la urbanización de sitios
que pudieran ser entregados a los pobres para que ellos mismos, mediante
sistemas de autoconstrucción, levantaran sus viviendas73.

70
Espinoza, op. cit. p. 258.
71
Espinoza, op. cit. p. 255.
72
El fundo de San Gregorio de la comuna de La Granja había sido adquirido por la CORVI para
venderlos a personas de escasos recursos. A la fecha, se estaban realizando las tareas de urbanización
mínima y de loteamiento. Oficio Nº 677 del Ministro de Obras Públicas a la Cámara de Diputados,
del 4 de octubre de 1957. En Boletín de Sesiones Extraordinarias, 1957, Tomo I, págs. 636 y 637.
73
“Política Habitacional” El Mercurio, 6 de noviembre de 1957, p. 3.

136
El FRAP, como ya hemos adelantado, tuvo también una presencia signifi-
cativa en el movimiento de los pobladores del Zanjón. Los regidores y
parlamentarios, anota Guillermina, “nos visitaban, nos animaban, y se movili-
zaban para presionar en el Parlamento y conseguir que nos dieran una manito”74.
Orlando Millas, comenta a este respecto en su Memorias, que los diputa-
dos comunistas se organizaron por turnos, de tal modo de asegurar
permanentemente su presencia en el terreno, en los primeros e inciertos días
de la toma75 . El mismo día 30, en Sesión Extraordinaria de la Cámara de Dipu-
tados, José Oyarce del Comité Socialista Unido, explicó a sus colegas la situación
de los pobladores del Zanjón y demandó una solución al problema de parte
del Gobierno:
“En la mañana de hoy he podido ver, señor Presidente, cómo estos mo-
destos ciudadanos chilenos eran auxiliados por organizaciones de pobladores,
por organismos sindicales, por las autoridades edilicias de la comuna y por al-
gunos parlamentarios, como también por el Hogar de Cristo de esa localidad,
que ha llevado seis o siete camiones cargados con maderas para entregarles a
estos modestos ciudadanos a fin de que puedan levantar de nuevo sus casas (...)
“Nosotros, señor Presidente, esperamos que el clamor de todos estos
pobladores llegue hasta las esferas gubernativas y surta efecto con el objeto de
que ellas, induciéndolas a la búsqueda de una solución para el problema que
allí se ha creado”76.
Finalizó su discurso el diputado Oyarce solicitando se enviara oficio al
Ministerio de Obras Públicas a fin de que este diera solución a los problemas
de los pobladores del Zanjón de la Aguada.
En los días posteriores a la toma, en que se buscaba una solución al
problema en la Intendencia de Santiago, con representantes de los pobladores
y del Hogar de Cristo, también estuvieron presentes los parlamentarios del
FRAP, sin embargo, a juicio de Espinoza, los parlamentarios de la Izquierda no
eran portadores de una “solución técnica” al problema –como lo haría el Ho-
gar de Cristo–, sino de una “solución política”, en el sentido de que el Estado
debía hacerse cargo del problema de la vivienda. De este modo se pronunció
entonces el FRAP en los días más álgidos del conflicto:
“Este episodio, como tantos otros similares ocurridos últimamente, se
ha producido por la lenidad e incapacidad gubernativa para resolver el pro-
blema habitacional.

74
Farías, op. cit., p. 59.
75
Millas, op. cit., p. 19.
76
Diputado José Oyarce, en Sesión 8ª Extraordinaria, del miércoles 30 de octubre de 1957. Cámara
de Diputados. Boletín de Sesiones Extraordinarias 1957, Tomo I, p. 571.

137
“Hemos resuelto otorgar toda la ayuda de emergencia que nos sea posi-
ble a estas familias; exigirle al Gobierno la rápida solución de sus problemas y
elaborar e impulsar la aprobación de leyes adecuadas para darle vivienda al
pueblo”77.

Construir “la población”

Construir la Población La Victoria fue un enorme ejercicio de auto-orga-


nización de los pobladores del improvisado “campamento” que surgió en la
madrugada del 30 de octubre de 1957. Construir la población fue en efecto,
una tarea colectiva en que hubo que sumar esfuerzos e inventar los recursos,
poniendo en juego todos los saberes y todas las capacidades de las cuales los
pobladores podían echar mano, ya que si bien el Gobierno se allanó, a instan-
cias del Cardenal Caro, a no expulsarlos de la ex-Chacra La Feria, se negó a
colaborar en la construcción de la nueva población. Las autoridades de Go-
bierno insistieron en la ilegalidad de la acción y en la inconveniencia de
construir, bajo las condiciones de ocupación, en La Feria. La CORVI incluso
demandó a los ocupantes y por lo menos hasta agosto de 1958 se negó a reco-
nocer la existencia en derecho del Campamento La Victoria, que por cierto, sí
existía en los hechos. Sin embargo, a pesar de la hostilidad de la CORVI, la
población comenzó a tomar forma:
“...la población iba tomando forma; algunos ponían luces con faroles de
colores, para guiar en la noche; otros lo hacían mediante pitos o con la armóni-
ca; los menos creativos, con sus silbidos característicos. Casi todos los días
había redistribución de lugares. Este jaleo duró todo el mes de noviembre. El
tamaño de los sitios disminuyó de 25 por 10 a 16 por 8 metros, para que alcan-
zara para todos. Esto dio origen a las poblaciones Galo González y Acevedo
Hernández; esta última en principio iba a ser un parque. El problema
habitacional era prioritario”78.
Evidentemente, la cuestión habitacional era la prioritaria, tanto para los
que iniciaron la toma como para todos los que se sumaron a ella, durante el
mismo día 30 de octubre o en las semanas siguientes. Esto implicaba, por una
parte enfrentar el problema del loteo de sitios, y por la otra la construcción
efectiva de las viviendas y de algunos edificios públicos. Respecto del loteo de
sitios, como indica Guillermina Farías, fue necesario reducir la superficie de
estos “para dar cabida a todos”. Por su parte, Sergio Tabilo, arquitecto de la

77
Declaración Pública del FRAP, 2 de noviembre de 1957. Citado por Espinoza, op.cit., p. 265.
78
Farías, op. cit., p. 60.

138
Universidad de Chile, indica que si bien se buscó en la organización de la po-
blación seguir los criterios que la CORVI había establecido originalmente para
el sector, en la práctica se siguieron las orientaciones de los pobladores:
“...el Campamento La Victoria es más que nada fruto de la improvisa-
ción; su trazado y solución urbanística ha sido definido principalmente por
sus propios pobladores, en los que ha imperado fundamentalmente el propó-
sito de dar cabida a la mayor cantidad posible de sitios”79.
Desencuentro de criterios, como se puede apreciar, entre la visión técni-
ca del urbanista y la visión social de los pobladores. Improvisación, de una
parte, solidaridad social de la otra, el problema era en verdad complejo y tal
vez paradigmático con relación a la vivienda, ya que si bien los criterios técni-
cos y estatales aconsejaban construir de modo sistemático y planificadamente,
ello no se compadecía de la urgencia de los pobres por tener un sitio en donde
vivir, y a estas alturas, estos últimos comenzaban a confiar más en sus propios
criterios que en la prolongada espera de una solución desde el Estado.
La gente se organizó en “bloques” con presidente, secretario, tesorero
–como suelen organizarse muchas de las agrupaciones populares– y delegados
de Sanidad y Deportes. Las reuniones se hacían al anochecer, después de volver
del trabajo, y eran “una verdadera escuela, donde se exponían los problemas, se
discutían y enriquecían las soluciones hasta encontrar las más adecuadas; tam-
bién se aprendía a conocer las funciones de los alcaldes y regidores”80.
Uno de los mayores problemas que hubo que resolver era el del tamaño
de los sitios, ya que hubo que reducirlos con relación a sus proporciones origi-
nales, o reasignarlos, según los pobladores iban tomando posesión del nuevo
territorio. Así nos lo confirma el siguiente testimonio:
“Aquí mismo hubo ocho familias que estaban sin sitio, y se le están guar-
dando a unos compañeros dirigentes de la construcción, entonces llegaron unos
compañeros y me dicen: nosotros no tenemos sitios y esos que están ahí, les
dije yo. Es que parece que el compañero Costa los tiene para algunas personas.
No, les dije yo, Costa no sabe, así que instálense ahí no más y cuando llegue
Costa le dicen que yo les entregué los sitios. Cuando llegó Costa me retó por
haber entregado los sitios”81.
Las diversas soluciones encontradas por los pobladores, con la ayu-
da de algunos técnicos vinculados al FRAP y también a estudiantes de

79
Tabilo, Sergio “Rehabilitación de la población Campamento de La Victoria” Escuela de Arquitectura,
Universidad de Chile, Stgo., 1959. p. 6.
80
Farías, op. cit., p. 61.
81
Grupo de Salud, op. cit., p. 16

139
arquitectura e ingeniería, para dar cabida a la mayor cantidad posible de
familias significaron también modificar el trazado de algunas calles y ocu-
par zonas que originalmente en el proyecto CORVI estaban destinadas para
áreas verdes. Según Sergio Tabilo, el problema en términos técnicos era relati-
vamente claro: el proyecto original de la CORVI consultaba 2.089 sitios mientras
que el campamento debió organizarse para dar cabida a más de 3.000 familias;
la superficie original contemplada por la CORVI era de 88 hectáreas y las ocu-
padas efectivamente por los pobladores solo alcanzaron a 6382.
Amén de los ajustes mencionados, la mayor parte de las tareas de ur-
banización fueron realizadas por los propios pobladores83. En efecto, las calles
no se pudieron pavimentar, pero sí se hicieron los rebajes para las aceras y se
construyeron también zanjas para facilitar el escurrimiento de las aguas llu-
vias; con relación al agua potable, al principio, el abastecimiento lo hizo la
Municipalidad de Santiago en camiones cisternas, pero luego los pobladores
consiguieron que la Dirección de Obras Sanitarias conectara al Campamento
con la matriz de la Empresa de Agua Potable y se instalara una red de pilo-
nes (33 se instalaron en 1958); respecto del alcantarillado, el sistema propuesto
fue simplemente el de pozos negros al no contarse con los servicios del Esta-
do; y respecto de la electrificación, también correspondió a los propios
pobladores adquirir e instalar los primeros postes de alumbrado así como
conseguir una solución más definitiva de la Compañía de Electricidad:
“En cuanto a los cables de la luz eléctrica, se compraban los cables y se
conseguía permiso ahí en la Villa Sur para ‘colgarse’84 pero llegaba la Compañía
de Electricidad, acompañada de carabineros y sacaban los cables y vuelta de nue-
vo a juntar plata para comprar de nuevo los cables. Hasta que se formó una
Comisión para ir a hablar con la Compañía Chilena de Electricidad, yo era el se-
cretario de electrificación y me tocó ir con seis compañeros (tengo 78 años así es
que me falla un poco la memoria). Hablamos ahí con el señor Legueril, ese señor
no se me olvida nunca, era el Director de la Compañía de Electricidad, le dijimos:
–Señor queremos que nos coloquen un medidor.
–¿Cómo se les ocurre si no tienen casa?
–Sí, pero la vamos a tener, ya estamos construyendo una escuela (ya
estábamos construyendo una escuela que iba a ser provisoria).
El señor Legueril dijo: pero yo no puedo así porque sí.

82
Tabilo, op. cit., p. 4.
83
Tabilo, Sergio “Rehabilitación...” op. cit. pág. 8.
84
“Colgarse” es una antigua forma ilegal de conseguir electricidad en los barrios populares, que
consiste simplemente en amarrar cables a la red eléctrica en altura y conectarlos luego a las viviendas.

140
–Pero Ud. tiene que confiar en la palabra de nosotros, porque somos los
dirigentes de la población, porque le conviene más a Ud. que le paguemos la
corriente o que la sigamos robando.
–Así que están robando.
–Claro que sí, si le estamos diciendo desde que empezamos a hablar con
Ud., estamos sacando de Villa Sur, estamos perjudicando a los vecinos allá que
tienen que pagar por la corriente que estamos robando.
Entonces dijo que bueno y el medidor lo colocaron en el patio de la
Escuela que estaba ahí donde está el policlínico ahora. Al poco tiempo fuimos
a La Legua porque nos habían regalado unos postes, fuimos con unos seis
camiones y trajimos todos los postes que nos dieron y empezamos a colocar...”85.
El encargado de electrificación de La Victoria recuerda también, la ma-
nera en que le dieron luz a las Iglesias, que al igual que la población siguió los
criterios prácticos:
“La primera Iglesia –señala el antiguo encargado de electrificación– es
la que hay ahí en Los Comandos (hago esta salvedad para que no vean que
éramos sectarios). Nosotros podíamos haberle puesto a la Iglesia Católica, pri-
mero porque nos ayudaban los curas, eran buenas personas, pero ellos no
querían luz hasta que no tuviéramos nosotros primero. Así que cuando pasó
un cable por ahí por la Iglesia Evangélica, le dije al compañero Ganga, que se
podía colgar y él me decía, pero, qué va a decir Dios, pero si Dios no te va a
decir nada y si te dice algo dile que es gracias a los hermanos. Se colgó y des-
pués estaba muy feliz. Esa fue la primera Iglesia Evangélica que tuvo luz y
después tuvieron todas y todas las viviendas también”86.
Los primeros edificios públicos de La Victoria fueron una escuela y un
policlínico, es decir aquellos que satisfacían dos demandas históricas de los
pobladores, después de la vivienda, educación y salud.
La escuela ha sido siempre motivo de orgullo de los pobladores, ya que
su construcción se inició inmediatamente después de realizado el loteo de si-
tios, y cada poblador debió contribuir con los adobes suficientes para levantar
un edificio circular, cuyos radios alcanzaban a 12 y 17 metros87. Construimos,
dice Guillermina, con adobes hechos con paja que conseguíamos en la pesebrera
del Club Hípico: “las señoras se conseguían la paja, los jóvenes hacían los ado-
bes y los maestros los pegaban”88, la escuela de la población, dice Hilda,

85
Grupo de Salud, op. cit., p. 17.
86
Grupo de Salud, op. cit., p. 17
87
Tabilo, op. cit., p. 10.
88
Farías, op. cit., p. 62.

141
“se levantó con el esfuerzo de los pobladores, cooperando cada uno con quin-
ce adobes fabricados por ellos”,89 entre los pobladores entrevistados por Paiva,
se afirma “se hizo la revuelta del barro y se hicieron los adobes y como no
alcanzó con lo que se hizo, se le pidió a cada poblador un aporte de diez ado-
bes para seguir levantando la escuela”90. El arquitecto, que finalmente evaluó
para su Universidad la construcción, declaró: “Desde el punto de vista cons-
tructivo y arquitectónico no es tanto el valor como el valor afectivo que
representa para los pobladores, lo que hace aconsejable aprovecharlo parcial-
mente en el estudio de un proyecto definitivo para una escuela...”91.
La escuela se construyó en los primeros meses de instalado el campamen-
to, con ocho salas en que hacían clases profesores voluntarios, que no cobraban
salarios por sus servicios, hasta que el 6 de mayo de 1959 el Ministerio de
Educación reconoció la nueva escuela construida por los pobladores. Enton-
ces, pasó a llamarse “Escuela Mixta Nº 36”. Entró en funciones el 4 de julio de
ese mismo año con 1.200 niños; los estudiantes provenían todos del Campa-
mento y todavía en 1959, se trataba de una construcción de adobe, con techo
de fonolita, sin cielo y con piso de tierra92.
El segundo edificio público de importancia fue el Policlínico, que inició
sus funciones el día 4 de noviembre de 1957, en un sito que en esa fecha le
destinó la directiva de la población. Al principio fue simplemente una carpa,
sin embargo, al año siguiente, el policlínico poseía dos piezas con paredes de
madera, piso de concreto y techo de pizarreño93. Junto a este policlínico del
Servicio Nacional de Salud, también atendía en el Campamento, un policlíni-
co del Hogar de Cristo, atendido por estudiantes de medicina, enfermería y
dentística; al principio prestaba servicios diariamente, con el tiempo –en 1958–
solo una vez a la semana.

La Victoria como población

Evidentemente que más allá de los desencuentros entre la visión de los


pobladores y la que nos proporciona el arquitecto Sergio Tabilo, es claro que
La Victoria sería una población popular, precaria en sus recursos de infraes-
tructura urbana y de viviendas pobres, aunque cimentada en una rica y extensa
red comunitaria, como hemos visto precedentemente.

89
Sotomayor, op. cit., p. 17.
90
Grupo de Salud, op. cit., p. 19.
91
Tabilo, op. cit., p. 11.
92
Tabilo, op. cit., p. 11.
93
Sotomayor, op. cit., p. 16.

142
Desde el punto de vista de la vivienda, por mucho esfuerzo que pusie-
ron los pobladores, la evaluación técnica que realizó Tabilo en 1959, demostró
que el estado de las viviendas era efectivamente deficiente. En su estudio de la
Población La Victoria, Tabilo estableció una triple categorización de las vivien-
das, clasificándolas en buenas, regulares y malas. Consideró “buenas”, aquellas
que constructivamente estuvieran bien resueltas, aun cuando le faltaran eta-
pas de terminación; “regulares”, aquellas en que fuera posible aprovechar solo
parcialmente en un proyecto definitivo; y “malas”, “aquella vivienda que aun
cuando pudiera seguir albergando a la familia hasta la realización de un pro-
yecto definitivo, por el estado en que se encuentra no será aprovechable”. Las
causas que consideró Tabilo para esta última categoría de vivienda, fueron el
caso de viviendas construidas con desechos, que presentaren un deterioro de
muros o tabiques que hicieran insegura su habitación o completamente inútil
su reparación94.
De un total de 3.167 viviendas estableció Tabilo que 229, es decir el 7.2%
estaban en buenas condiciones; 780, o sea el 24.7% en estado regular; y, 2.158,
que correspondían al 68.1% definitivamente en mal estado95. La Población La
Victoria, en 1959 albergaba aproximadamente a 18 mil personas y el promedio
de habitante por familia era 5,5.

Los combates por la legalidad

El primer semestre de 1958 estuvo jalonado de movilizaciones, actos


públicos, mítines, todos destinados a conseguir el reconocimiento legal de la
ocupación de los sitios de la ex-Chacra La Feria. El 1 de febrero, según informa
el Diario El Siglo, en un mítin celebrado en el Campamento, se discutió el esta-
do de la situación y participaron del acto diversos parlamentarios. La pauta de
los discursos la marcó el diputado Martones, quien demandó a la CORVI “que
facilite los propósitos de autoconstrucción que animan a los actuales ocupan-
tes del Campamento de La Victoria, en lugar de demandarlos judicialmente
para lograr el desalojo de estos terrenos”96. El diputado Martones era a la sa-
zón consejero de la CORVI, y desde esta posición insistió en la legitimidad de
la demanda de los pobladores.
El día 2 de febrero, por su parte, se concentraron en la Plaza Artesanos
unos 16 comités de pobladores sin casa de distintas comunas de Santiago, en

94
Tabilo, op. cit. p. 16.
95
Tabilo, op. cit., p. 17.
96
“De aquí no nos mueve nadie, dijieron pobladores de La Feria”. El Siglo, 2 de febrero de 1958, pág. 20.

143
especial de San Miguel, Barrancas, Renca y Conchalí. En esta reunión pública,
los dirigentes, junto con demandar de la CORVI una solución a sus problemas
de vivienda, hicieron también visible una diversidad de problemas prácticos
relativos a sus condiciones de habitación en la ciudad. Así se pronunciaron los
oradores, según el diario El Siglo:
“Vega, por ejemplo se refirió a los loteos e incumplimiento de las leyes
de urbanización en Barrancas; Castro, analizó la falta de agua, luz y alcantari-
llado en Renca; González, el asunto del alcantarillado en Conchalí,
especialmente en el sector norte donde no se pueden hacer pozos negros, por-
que el agua está a flor de tierra; y la señora Dolores Romero, denunció el pésimo
servicio de agua potable de la población Quinta Bella...”97.
Junto a estos pronunciamientos relativos a problemas específicos de
los pobres de Santiago, el dirigente Julio Baéz, de la Agrupación Nacional de
Pobladores, culpó al Gobierno de Ibáñez por sus promesas incumplidas con
relación a terminar con las poblaciones callampas, que calificó de “vergüen-
za para el país”, todo lo cual a su juicio justificaba las ocupaciones ilegales de
sitio, de la cual la ex Chacra La Feria, era una entre otras ocupaciones que se
habían venido produciendo en los últimos años. Citó a modo de ejemplo,
ocupaciones en la Población Germán Riesco, 16 de Febrero, El Esfuerzo, Na-
vidad, Los Marcianos, El Guanaco y Nueva Matucana en Santiago, así como
otras ocupaciones en Iquique, Antofagasta y Concepción. Solicitó también a
la CORVI que ayudara con materiales de construcción a un conjunto de po-
blaciones callampas de Santiago: las del Zanjón, entre Santa Rosa y Sierra
Bella; El Pino y Lo Encalada Sur; Lo Encalada Norte, Santa Julia y poblado-
res sin casa de San Miguel y la Cisterna. Indicó también que la CORVI debe
asignar los sitios que poseía en Lo Valledor, San Gregorio y Clara Estrella “a
la gente que no tiene dónde vivir”98.
Todavía el domingo 2 de marzo de 1958, una nueva y masiva reunión
tuvieron los pobladores del Campamento de La Victoria, esta vez en el Teatro
Caupolicán. La razones: que la CORVI retirara la demanda de desalojo, estabi-
lidad en los terrenos conquistados en la toma y prestamos para construir. Al
acto asistieron delegaciones de otras poblaciones, el presidente de la CUT y
“tres religiosos”, según el Diario El Siglo. Juan Acosta, presidente de la directi-
va de los pobladores del Campamento de La Victoria, tuvo entonces la
oportunidad de hacer un balance de la historia de la ocupación:

97
“Que la CORVI atienda clamor de los sin casa se pidió en mitin de ayer”. El Siglo, 3 de febrero de
1958. pág. 11.
98
Ibídem.

144
“Durante 12 años vivimos en los infecundos terrenos del Zanjón de la
Aguada, sufriendo múltiples inundaciones y 18 incendios; sumidos en la pro-
miscuidad y siendo nuestros hijos carne de corrupción. El Presidente Ibáñez
ofreció solucionar el problema en tres meses y pasaron 5 años. Así llegó el 30
de octubre de 1957 cuando ocupamos los terrenos del Campamento de La Vic-
toria. A los 120 días tenemos una organización ejemplar: hemos levantado una
población cuyo costo es de 300 millones; dado forma a las calles, veredas; tra-
bajando en la instalación de agua potable, luz eléctrica...”99.
Indicó, además, que construirían una escuela para 1.500 alumnos, un
mercado modelo, plaza y áreas verdes; que reclamaba la solidaridad de todos
los chilenos para sus representados y que deseaban legalizar su situación en
los terrenos ocupados100.
Las gestiones frente a las autoridades de la vivienda debieron prolongarse
todavía, ya que solo en sesión de 5 de agosto de 1958, la CORVI admitió encuestar
a los pobladores del Campamento de La Victoria para proceder a la distribución
de los sitios, de acuerdo con la ley101. Si bien ello era un paso positivo, todavía
habría que esperar bastante tiempo para que el Estado reconociera al Campamen-
to de La Victoria como una “población legítima” desde el punto de vista jurídico102.
Durante 1958 los pobladores sin casa continuaron movilizándose y pre-
sionando por la resolución de sus problemas de la vivienda. Hubo también
buenas noticias, como el traslado de las callampas del Cerro Blanco hasta la
Población 7 de Febrero, en el sector de Guanaco en Conchalí, por obra y gracia
del Servicio de Seguro Social103. Sin embargo, un nuevo incendio en el Zanjón,

99
“Defenderemos los terrenos con nuestras propias vidas”. El Siglo, 3 de marzo de 1958. p. 2.
100
Ibídem.
101
“Entregarán los sitios que ocupan a pobladores de Campamento La Victoria”. El Siglo, 29 de
septiembre de 1958. pág. 15.
102
En efecto, solo el 24 de mayo de 1959, en el contexto del DFL 2, es decir el “Plan Habitacional” de
Alessandri, Ernesto Pinto Lagarrigue, Vicepresidente de la CORVI declaró que se procedería a la
radicación definitiva de las familias que ocupaban la ex Chacra La Feria: “En el caso particular de
La Victoria, dijo que el Gobierno ha resuelto la dificultad existente, motivada por la situación ilegal
de sus ocupantes: El artículo cuarto del Plan Habitacional, que entrará en vigencia dentro de 30 días
autoriza a la CORVI para conceder título de dominio sobre terrenos de propiedad de la
Corporación...”. En: “Radicación de familias de la Población La Victoria”. El Mercurio, 25 de
mayo de 1959, pág. 17.
103
“Felices construyen obras de mejoramiento 350 familias de la Población 7 de Febrero”, El Siglo, 19 de
febrero de 1958, pág. 7. La nota de prensa indica que “Un grupo de 350 familias obreras ha conquistado
la felicidad que significa tener un sitio y un rancho, por muy modesto que sea, pero libre de la amenaza
de desalojo...”. Estos pobladores habían protagonizado una toma en el mismo sector, en enero de 1957,
pero fueron desalojados en esa ocasión por fuerzas de Carabineros. La nueva población fue urbanizada
por el Servicio Militar del Trabajo y costeadas las obras por el Servicio de Seguro Social.

145
esta vez en el sector Vicente Navarrete, ubicado en la calle Pintor Cicarelli,
obligó al Ministerio del Interior a movilizar recursos de emergencia. El incen-
dio, según el Informe que Carabineros remitió al Ministerio del Interior, tuvo
su origen en la inflamación de una cocina a parafina, cuando sus moradores
preparaban alimentos para una menor. Las llamas alcanzaron pronto toda la
habitación y a las casas vecinas, propagándose en una extensión de más o menos
cien metros de largo por veinte de ancho. Al menos 32 familias, según las pri-
meras indagaciones de Carabineros, sufrieron “daño de la totalidad de sus
especies y enseres, que no fueron avaluados”104.
Por otra parte, en el plano socio-político, las demandas de significativos
sectores poblaciones se tendieron a desenvolver, durante el año 1958 –un año
de elecciones presidenciales– en una relación más estrecha con los discursos
políticos, en particular del FRAP y del Partido Comunista.
Así, por ejemplo, Salvador Allende, el candidato del FRAP, visitó el
Campamento de La Victoria en los primeros días de noviembre de 1957. Por
otra parte, según el diario El Siglo, en una concentración que se realizó en la
Plaza Artesanos, en los primeros días de febrero de 1958, “los pobladores se
incorporaron a la lucha contra la vida cara”, acogiendo de este modo una de
las orientaciones políticas importantes de la izquierda en contra del Gobierno
del general Ibáñez.

La política del PC y los pobladores

La política del Partido Comunista hacia los pobladores, en la segunda


mitad de los años cincuenta, tenía algo de paradojal, ya que por una parte, su
presencia era visible entre los más pobres de la ciudad, y por otra, sus princi-
pales apuestas políticas estaban centradas en un sentido genérico en la “clase
obrera”, que era definida como el eje de su política de “liberación nacional”.
En efecto, ya en la segunda mitad de los años cincuenta, se puede com-
probar un cierto desencuentro entre política práctica del PC, de apoyo,
animación y dirección en el mundo poblacional y la elaboración teórica acerca
de los pobladores como sujeto de acción colectiva o como sujeto político.
Conceptualizar el “mundo de los pobladores” o de los pobres urbanos era
evidentemente un desafío teórico para el marxismo que el PC difícilmente en-
frentaría. Así por ejemplo, la “toma” de La Victoria, que fue sin lugar a dudas

104
Carabineros de Chile. “Da cuenta de incendio de la Población callampa del Zanjón de la Aguada,
Sector Vicente Navarrete”. Oficio Nº 360, 26 de febrero de 1958. Archivo Nacional, Ministerio de
Interior. Volumen 3, Oficios, 1958.

146
un importante hito en la historia social de fines de los cincuenta, al que toda la
prensa –incluido el Diario El Siglo– prestó atención, y siendo el PC un actor
relevante en este suceso, no mereció ninguna elaboración significativa en su
revista doctrinal, la revista Principios.
En consecuencia, el PC estaba “prácticamente” al lado de los poblado-
res105 , pero solo muy débilmente en el plano teórico y discursivo. Sin embargo,
las recientes Memorias del diputado comunista Orlando Millas, que fue uno de
los dirigentes y parlamentario de este partido que más trabajó en favor de los
pobladores, matizan nuestra lectura de la acción del PC con relación a los po-
bladores, en estos años. Millas, aunque recurriendo a un lenguaje más propio
de los años ochenta, indica que mientras se iba resolviendo el alineamiento
político en vistas a la campaña electoral de 1958, los comunistas trabajaron y
estuvieron dedicados a “hacer surgir un nuevo afluente del movimiento social,
el de los pobladores marginales de Santiago” y atribuye a Galo González un
papel muy relevante en esta tarea106.
La política del PC, en la segunda mitad de los cincuenta, estaba orienta-
da a la creación de un Movimiento Democrático de Liberación Nacional, que
según declaraban los comunistas chilenos, proponía objetivos que debían in-
teresar a todas las fuerzas nacionales, “desde la clase obrera a los capitalistas
que no ejercen monopolios ni tienen intereses entrelazados con los intereses
de los imperialistas norteamericanos”107.
El movimiento o frente de liberación nacional debía tender a agrupar,
en torno a la clase obrera, a diversos sectores y clases de la sociedad en función

105
La tesista Hilda Sotomayor, que estudió el Campamento de La Victoria en 1958, tiene una visión
crítica de los comunistas en el sentido que a su juicio “el comunista combate todos aquellos grupos
que se oponen, para tener en sus manos toda la población y orientarla a la doctrina marxista”. Sin
embargo, afirma también que esta situación que se produce además en otras poblaciones “es lógica,
porque los comunistas son los que más se han acercado al pueblo para hablarles de redención y
justicia social, sus dirigentes son del pueblo y viven en las callampas”. Sotomayor “Fisonomía y
valores...” op. cit. pág. 26 (la cursiva es nuestra). Otro testimonio, en esta misma dirección es el que
recogió Pedro Milos en su estudio de los sucesos de “abril de 1957” al entrevistar a la historiadora
Maria E. Horwitz, la que refiriéndose a la relación entre el PC y los pobladores a fines de los
cincuenta, indica: “Nosotros nos metimos en eso, no en lo que estaba establecido ya como
marginalidad, sino en lo propio que motivó la cultura comunista, que fueron las tomas de terreno.
De eso no solo nos hicimos cargo los comunistas, sino que arrastramos a otros (...) Ahora lo que no
entendieron los comunistas fue una cosa distinta. De que ahí en el barrio había un juego propio.
Que no se trataba de campesinos llegados a la ciudad, obreros no calificados o de muy bajas
rentas que había que organizar como obreros...” Milos, “Los movimientos sociales...” op. cit.
tomo II, págs. 1.121 y 1.122 (la cursiva es nuestra).
106
Millas, op. cit. p. 17
107
“Algunas cuestiones sobre la organización del Movimiento Democrático de Liberación Nacional”,
en Principios, Nº 33, enero-febrero de 1956, p. 13.

147
de objetivos democráticos en lo político (la derogación de Ley de Defensa Per-
manente de la Democracia, entre otras) y anti-feudales (es decir, reforma
agraria), así como tareas anti-imperialistas (nacionalización o mayor partici-
pación del Estado en las utilidades de las empresas norteamericanas), todo lo
cual debía redundar en una política económica, opuesta por cierto a las orien-
taciones de la “Misión Klein Saks” y del Gobierno de Ibáñez108.
Un componente también de gran importancia en la política del PC de
los años cincuenta fue la consideración de los métodos pacíficos en la transi-
ción del capitalismo al socialismo. A este respecto, según enfatizaba Galo
González, se tenía en consideración no solo el debate planteado en este senti-
do por el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, sino que también la
propia experiencia chilena109.
Sugestivamente, a pesar de que el Partido Comunista se encontraba pros-
crito legalmente en los años cincuenta, su programa político enfatizaba en
objetivos democráticos y en los métodos pacíficos de lucha, que le permitieran
retornar al juego político democrático del país. En el contexto de estas orienta-
ciones políticas, los sucesos del 1 y 2 de abril de 1957 “lo sorprendieron” y si
bien se autocriticaron respecto de su capacidad de dirección del movimiento,
al mismo tiempo rechazaron la acción de elementos provocadores destinada a
desnaturalizar el movimiento en contra de las alzas110.
Pero, más allá de estas consideraciones de los sucesos del 1 y 2 de abril,
en que era más fácil culpar a los “provocadores” y a la policía de los actos de
violencia, el PC tuvo que reconocer que nuevos sectores sociales comenzaban
a participar de las luchas sociales y políticas. El país, se decía, ya no era el
mismo de los tiempos del Frente Popular, no solo por los retrocesos vividos en
cuanto al régimen democrático, sino por los cambios “que se han producido
en la población chilena”111. Estos cambios tenían que ver tanto con la disminu-

108
Luis Collao, “Informe de la Comisión Política al XXIV Pleno del Comité Central del Partido
Comunista de Chile”, en Principios, Nº 42, Mayo de 1957, p.1 y ss.
109
“En nuestro país hay ejemplos muy valiosos que nos inducen a pensar en la posibilidad de que la
transformación del actual régimen existente pueda realizarse por los medios pacíficos, es decir, por
medios parlamentarios, a través del sufragio o de otros procedimientos que no sea el de la guerra civil
a los que el movimiento de masas le dé un contenido democrático. En el Informe a nuestro X Congreso
se plantea como un antecedente de la existencia de esta posibilidad el ejemplo del Frente Popular y de
la Alianza Democrática. Se dice allí El triunfo del Frente Popular en 1938 y de la Alianza Democrática
en 1946 demostraron precisamente, la posibilidad de que la clase obrera y el pueblo de Chile conquisten
el Gobierno por una vía pacífica que no es la insurrección”. Galo González, “La Discusión interna en
el Partido Comunista de Chile”, en Principios, Nº 37, octubre de 1956. Pág. 1.
110
Collao, op. cit., págs. 12 y ss.
111
Collao, op. cit., págs. 9 y ss.

148
ción de la población campesina como con el crecimiento en las ciudades de la
burguesía, el proletariado y el “semiproletariado”. Habida cuenta de estos cam-
bios, había crecido el número de campesinos emigrados a la ciudad, de mujeres
incorporadas a la industria y de jóvenes trabajadores que eran niños o aún no
habían nacido en los años del Frente Popular:
“Creo que está claro, –declaraba Collao, en mayo de 1957, en su Informe
al XXIV Pleno del Comité Central del PC– que en las luchas callejeras de los
primeros días de abril participaron muchos de estos trabajadores jóvenes polí-
ticamente atrasados y que no pocos de ellos, sin suficiente claridad, ni
orientación, creyeron que actuaban bien, hicieron cosas que no debieron hacer
o no ayudaron a aislar y aplastar a los provocadores y delincuentes que soltó
el Gobierno para tratar de desviar y desprestigiar ese movimiento popular”112.
Como se aprecia, el PC podía juzgar la actuación política de las masas
“políticamente atrasadas” en función de sus propias definiciones políticas frente
a la coyuntura y el país, aunque a renglón seguido, también declaraba que
“sería absurdo culpar a estos trabajadores jóvenes de su falta de claridad” ya
que correspondía a los partidos obreros y populares “educar y dirigir por el
buen camino a esta nueva masa que irrumpe a la vida social”113.
Lo que parece confirmar esta apreciación del PC es que efectivamente
había que reconocer la emergencia de nuevos sectores sociales que comenza-
ban a actuar en la vida política –los pobladores, en un sentido genérico– pero,
al mismo tiempo, no se ve en ellos un nuevo “sujeto político”, sino que “jóve-
nes trabajadores” o “masas políticamente atrasadas”.
Esta débil consideración del “mundo poblacional” hacía que en 1956, a
la hora de definir tareas para estos sectores se enfatizara en la formación de
comités femeninos vinculados por cierto a la CUT y el trabajo hacia los jóvenes
en las poblaciones a través de actividades deportivas y culturales. Con todo,
después de los sucesos de abril de 1957, se sugerirá un nuevo énfasis, que sí es
posible de seguir en las publicaciones del PC: vincular al conjunto del pueblo,
es decir a la clase obrera, los campesinos, las mujeres y los jóvenes a la lucha
económica reivindicativa de la clase obrera114.
Este fue un ajuste teórico y político duradero, ya que le permitió al PC
acompañar, apoyar y en ocasiones dirigir al emergente movimiento social po-
blacional en clave reivindicativa, es decir, alentar y apoyar sus movilizaciones
como demanda al Estado para que este cumpliera con su rol social. De este

112
Collao, op. cit., p. 12
113
Ibídem.
114
Espinoza, op. cit., págs. 269 y 270.

149
modo, en los años siguientes y particularmente bajo el Gobierno de Alessandri,
la política del PC se moverá en una doble dirección: crítica al Plan Habitacional
del nuevo Gobierno y movilización de los pobladores en función de su princi-
pal reivindicación: una casa digna donde vivir.
Los efectos de esta política son altamente interesantes en el sentido de
una noción de “derechos sociales” que estimuló el PC en el mundo popular
chileno. Dicho de otro modo, la política reivindicativa del PC no solo repre-
sentaba un buen ajuste con relación a su política general centrada en la clase
obrera, sino que además, se conectaba bien con una tradición popular: la de
orientar sus demandas hacia el Estado para que este resolviera los problemas
de la clase popular.

Acción del Estado: Del Zanjón a la


Población San Gregorio

En las elecciones presidenciales de 1958 se produjo el más tarde reitera-


do cuadro electoral chileno de una contienda a tres bandas, la derecha, el centro
y la izquierda, lo que hacía muy difícil preveer los resultados y de antemano sí
se sabía que estos serían estrechos. En este contexto, la candidatura de un sa-
cerdote provinciano e independiente desequilibró las apuestas y la mayoría
de votos las obtuvo el empresario conservador Jorge Alessandri115.
Alessandri, ya se había perfilado como un significativo líder político en
las elecciones parlamentarias de marzo de 1957, en las que fue elegido senador
con un significativo número de votos116.
El giro que tomó el tema de la vivienda nos indica que Alessandri no
estaba para repetir la fracasada experiencia ibañista, al tiempo que si no se
quería reproducir la situación creada por el Campamento de La Victoria, se
debía actuar con diligencia y eficacia en el corto y mediano plazo, atacando
simultáneamente varios frentes. En este contexto, dos fueron las estrategias
del nuevo Gobierno: en el corto plazo, apenas instalada la nueva administra-
ción, se aceleraron los trabajos de urbanización en San Gregorio y Lo Valledor

115
Alessandri obtuvo 389.909 votos mientras que su principal opositor Salvador Allende, 356.493.
Tomado de Cortes, Lia y Fuentes, Jordi. Diccionario Político de Chile. Editorial ORBE, Santiago
de Chile, 1967. Pág. 28.
116
Alessandri obtuvo la tercera mayoría de los votos en Santiago, acumulando 41.638 preferencias,
después de Eduardo Frei, que obtuvo 53.793 votos y de Angel Faivovich, que obtuvo 42.372 votos.
Citado por Milos, op. cit., p. 184.

150
para erradicar las poblaciones callampas del Zanjón de la Aguada y del río
Mapocho; en el mediando plazo, una nueva reorganización administrativa para
llevar adelante un denominado “Plan Habitacional”, más conocido como el
“DFL-2” (Decreto con Fuerza de Ley N° 2) de 1959.
Los trabajos de urbanización de Lo Valledor y San Gregorio habían sido
acordados por la CORVI en 1957. En efecto, respecto de Lo Valledor, mediante
Acuerdo Nº 9726 del 13 de noviembre de 1957, se había autorizado al vicepre-
sidente de la CORVI para que gestionara frente a la Fundación de Viviendas
de Emergencia “el aporte de terrenos de su propiedad en Lo Valledor para dar
solución al problema de las Poblaciones Callampas de la Capital”; y, mediante
al Acuerdo Nº 9728, se ordenaba “la construcción de 4.100 casetas sanitarias
con sus respectivos servicios de urbanización en la Chacra San Gregorio de la
Comuna de la Granja”. También, mediante Acuerdo Nº 9817, del 27 de no-
viembre de 1957, se aprobó el plan de loteo y trazado de 1.340 sitios de Clara
Estrella, ubicada en la comuna de Cisterna117.
A principios de 1958 se temió incluso una toma de los sitios de San
Gregorio, de tal forma que el Vicepresidente de la CORVI informó al Ministe-
rio del Interior de esta eventualidad e indicó además que los trabajos de
urbanización se encontraban en ejecución y que estarían terminados para el
mes de septiembre de ese año118.
Los temporales del invierno de 1958 pusieron también nuevamente en
primer plano el problema de la vivienda, cuando se registraron varios centena-
res de damnificados en diversas poblaciones callampas de Santiago, entre ellas,
Nueva Matucana, Luis Emilio Recabarren, Los Areneros y Las Condes. Los dam-
nificados fueron trasladados al Matadero de Lo Valledor, que se encontraba en
construcción. El Congreso reaccionó y la diputada María Correa denunció que
las inundaciones habían hecho sentir a la ciudad el “dolor de toda esta miseria,
como una herida abierta en el cuerpo de la propia ciudad”. Denunció además,
que entre las 669 personas albergadas en el Matadero, había 360 niños pequeños
que estaban siendo víctimas de diversas enfermedades y muchos de ellos ha-
bían debido ser trasladados a los hospitales119. El día 20 de mismo mes, por
encargo de diversos comités se solicitó por oficio al Gobierno que se tomaran
medidas urgentes frente a los efectos del mal tiempo entre los más pobres.

117
Oficio Nº 00132, Corporación de la Vivienda, Santiago, 4 de enero de 1958. Archivo Nacional,
Ministerio del Interior, Vol. 1. Oficios, 1958.
118
Oficio Nº 03129 de la Corporación de la Vivienda. Santiago, 19 de febrero de 1958. Archivo Nacional,
Ministerio del Interior, Vol. 3, Oficios, 1958.
119
Diputada María Correa en 9ª Sesión Ordinaria del 17 de junio de 1958. Cámara de Diputados,
Boletín de Sesiones Ordinarias, Tomo I pág. 615.

151
El Gobierno reaccionó respondiendo que diversas instituciones públi-
cas y privadas habían colaborado en la emergencia y que en el Matadero de Lo
Valledor habían quedado instaladas 289 familias con un total de 1.446 perso-
nas pertenecientes a las Poblaciones Nueva Matucana, Colo Colo y Las Condes,
las cuales al igual que en los otros albergues estaban recibiendo alimentación y
vestuario120. El temporal de junio de 1958 dio también ocasión a que se asigna-
ran viviendas prefabricadas, en el Fundo Lo Valledor, a 200 familias, 150 de las
cuales estimaba el Servicio Nacional de Bienestar y Auxilio Social correspon-
derían a los damnificados de albergados en las dependencias del Matadero121.

Operación San Gregorio

Pero, como adelantáramos, no sería sino con la instalación del nuevo


Gobierno –el de Jorge Alessandri– que se acelerarían los pasos para trasladar
masivamente a los pobladores de las callampas a los sitios urbanizados por la
CORVI122 . En efecto, en noviembre de 1958, se llevó a cabo una reunión de
coordinación de organismos públicos para concordar un primer plan de tras-
lados y en marzo de 1959, una nueva convocatoria reunió a organismos públicos
y privados, el Hogar de Cristo-Viviendas, entre ellos. En conjunto los convoca-
dos visitaron los terrenos de San Gregorio y comunicaron a la prensa que el 6
de mayo de 1959 se iniciarían los primeros traslados123. La denominada “Ope-
ración San Gregorio” estaba ya en marcha124.
El propósito declarado por el Gobierno para 1959 era “la radicación en
terrenos salubres, básicamente urbanizados, de 13.500 familias, es decir, 80.000

120
Oficio Nº 889 del Servicio Nacional de Bienestar y Auxilio Social. Santiago, 30 de junio de 1958.
Archivo Nacional, Ministerio del Interior. Vol. 10, Oficios, 1958.
121
Oficio Nº 949 del Servicio Nacional de Bienestar y Auxilio Social. Santiago, 8 de julio de 1958.
Archivo Nacional, Ministerio del Interior, Vol. 10. Oficios, 1958.
122
Cuando ya se habían iniciado los traslados, la Secretaría General de Gobierno en declaración pública
debió salir al paso de las críticas que se hicieron a Alessandri, en el sentido de aprovecharse de una
acción iniciada por el Gobierno anterior. En esta declaración se señalaba que “jamás el Gobierno ha
desconocido la participación que ha cabido a la Administración anterior en esta materia”, sin em-
bargo, también se dejaba ver que el nuevo Gobierno, frente a la lentitud con que se venía trabajando,
había impreso a las obras la máxima rapidez buscando evitar los daños que traería el próximo
invierno. “La Urbanización de sitios para dos nuevas poblaciones”. El Mercurio, 10 de mayo de
1959, pág. 34.
123
Marticorena, op. cit., págs. 55 y ss.
124
“Un traslado masivo”, en: Mensaje, Nº 80, julio de 1959. p. 255 y ss.

152
personas aproximadamente” que a la fecha ocupaban terrenos en el Zanjón de
la Aguada y en el río Mapocho, “expuestos a inundaciones”125.
El traslado desde las poblaciones callampas hasta San Gregorio y Lo
Valledor era por cierto, una operación compleja, tanto por las diversas opera-
ciones prácticas que implicaba para las familias e instituciones que apoyarían
el traslado, como por la magnitud del evento. Mal que mal, movilizar 80 mil
personas en un año aproximadamente, equivalía, prácticamente a cambiar de
sitio una ciudad de tamaño mediano, como San Antonio o San Fernando. Pues
bien, habida cuenta de la magnitud de la operación, una Orden de la Guarni-
ción de Santiago, dictada por el General de División Carlos Pollarolo, dispuso
el día 27 de abril que el Ejército colaboraría activamente en el traslado:
“Por disposición del Sr. Ministro del Interior y de acuerdo con órdenes ver-
bales del Sr. Comandante en Jefe del Ejército al infraescrito, que ha actuado como
su Delegado, nuestra institución por intermedio de la Guarnición de Santiago,
deberá prestar su permanente y efectiva cooperación a fin de que los propósitos
del Gobierno de la República se lleven a la realidad sin inconvenientes.
“De acuerdo con lo resuelto en reunión efectuada en la oficina del Sr.
Ministro del Interior en la mañana del 23.IV. 1959, la cooperación del Ejército
estará orientada a tres finalidades muy precisas:
“a) Proporcionar los medios motorizados (camiones) para efectuar el
traslado de todas las familias que serán ubicadas en “San Gregorio” y “Lo
Valledor”, operación que se estima durará varios meses.
“b) Facilitar a la Dirección de Auxilio Social cocinas para proporcionar
alimentación transitoriamente a las familias trasladadas, durante el primer día
de su llegada a la nueva ubicación de sus viviendas.
“c) Construir dos galpones provisorios con carpas –uno en el lugar ini-
cial y otro en el de término– para que en ellos alojen momentáneamente las
familias, entre 50 y 80, que se aprecia podrán ser trasladadas cada día”126.
De acuerdo con esta orden de la Guarnición, correspondería al Coman-
dante del Batallón de Transporte Nº 2 “dar cumplimiento oportuno y acertado”
a las misiones encomendadas. Entre otros, debía organizar una columna de 40
camiones en cuatro secciones de a 10, cada una de las cuales incluía un oficial
a cargo, un suboficial como jefe de reemplazo, 10 conductores y 30 cargadores.

125
Mensaje de S.E. el Presidente de la República, don Jorge Alessandri Rodríguez al Congreso Nacional
al inaugurar el periodo ordinario de sesiones, 21 de mayo de 1959. Imprenta de la Penitenciaria de
Santiago, Mayo 1959, Pág. 79.
126
Carlos Pollarolo, “Orden de la Guarnición Nº 75”, Santiago, lunes 27 de abril de 1959. Archivo
Nacional, Ministerio del Interior, Vol. 4 Oficios, 1959.

153
El personal militar sería alimentado en terreno, al igual que las familias trasla-
dadas al menos durante el primer día, para lo cual se estimaba se debía contar
con mil raciones diarias. También se consideró como parte de la Operación, la
instalación de dos galpones –uno en el lugar de inicio y otro en el de término
del traslado– para dar alojamiento a un total estimado entre 500 y 800 perso-
nas, que desarmarían su casa el día anterior a la partida y que no estarían en
condiciones de levantar sus techos al primer día de llegada a sus nuevos sitios.
Siempre en lenguaje militar, la orden terminaba instando a la tropa, que dada
la trascendencia de la misión encomendada debía ser llevada a cabo “sin en-
torpecimientos y con el máximo de entusiasmo”127.
Tal como se había programado, en la madrugada del 6 de mayo de 1959,
se dieron cita en la Población El Esfuerzo, del Zanjón de la Aguada, los funcio-
narios de la vivienda, los militares y funcionarios del Hogar de Cristo, quienes
en conjunto con los pobladores comenzaron a desarmar las primeras
“callampas” para iniciar el traslado de las primeras 30 familias hasta el ex-
fundo San Gregorio128.
“Cada familia en un camión del Ejército con todos sus enseres y anima-
litos. Al llegar a San Gregorio pasaban por una oficina de control donde se les
daba el número de sitio firmando un documento que lo hacía dueño y la tarje-
ta para el almuerzo. Las familias que deseaban dejaban sus hijos menores de 8
años en las salas cuna del Auxilio Social. El Servicio Nacional de Salud se en-
cargaba de los enfermos. Luego los camiones seguían su marcha hasta llegar al
sitio que le correspondía a la familia. Estos sitios estaban semiurbanizados por
la Corporación de la Vivienda”129.
Una vez en los sitios, los pobladores recibían el apoyo de personas del
“Servicio del Trabajo” del Hogar de Cristo, de funcionarios de la CORVI y de
miembros de la Orden Franciscana, que tenía un convento en las cercanías de
San Gregorio. El plan del día para los pobladores era terminar, –en el sitio
asignado, que contaba con una caseta sanitaria– con la construcción de una
mejora de tres por tres metros, valiéndose del mismo material que traían de
sus antiguas habitaciones.
A los tres días de iniciadas las labores de traslado, 76 familias estaban ya
instaladas en San Gregorio, provenientes todas ellas de la Población El Esfuer-
zo, ubicada en Vicuña Mackenna con calle Las Flores; y el fin de semana del 9
de mayo, se inició el traslado de otras 44 familias, esta vez del Comité Santa

127
Pollarolo, op. cit., p. 6.
128
Marticorena, op. cit., p. 57.
129
Ibídem.

154
María, ubicado junto a la línea de circunvalación, entre las calles Carmen y
Lira. Se informó también ese fin de semana, que los días de lluvia no habrían
traslados para evitar mayores trastornos130. El día domingo 10 de mayo, por
otra parte, se efectúo una ceremonia de inauguración de la nueva Población,
con el izamiento de la bandera, la participación de una banda militar y la cele-
bración de una misa de campaña, que ofició Monseñor Emilio Tagle,
Administrador Apostólico de Santiago131.
Transcurrido aproximadamente un mes del traslado, al 8 de junio, se
habían instalado 757 familias con un total de 4.695 personas, lo que represen-
taba la ocupación del 19% de los sitios de San Gregorio, proyectado para 3.900
sitios132 , lo que daría lugar a una Población de unos 20 mil habitantes. La “Ope-
ración San Gregorio” tomaría cinco meses, hasta octubre, en que se coparían la
totalidad de los sitios.
En una primera etapa fueron trasladados la mayoría de los pobladores
del Zanjón, ubicados entre Vicuña Mackenna y Santa Rosa, provenientes de
las poblaciones El Esfuerzo, Mamerto Figueroa, 1er sector Norte, Once de No-
viembre, Santa Rosa-Carmen, Graciela Letelier y Santa María, que sumaban
un total de 1.175 familias y 7.392 personas133. En esta etapa, la “Operación San
Gregorio” movilizó a diversos sectores, que concurrieron a solidarizar y cola-
borar de manera práctica en la instalación de la nueva población. Entre ellos el
ya mencionado Servicio del Trabajo del Hogar de Cristo, el que organizado en
cuadrillas compuestas por estudiantes universitarios, seminaristas, alumnos
mayores de colegios, algunos profesionales y pobladores de otros sectores,
colaboraron en el desarme y la construcción de las nuevas viviendas. También,
según informó El Mercurio en los primeros días del traslado, se recibieron
donaciones en materiales de construcción, alimentos y artefactos para el ho-
gar. Agencias Graham donó por ejemplo 1.920 tarros de leche condensada;
Lozapenco, 50 tazas de WC y 50 lavamanos; los Comerciantes de la Vega Po-
niente, varias cajas de manzana para los niños; y, el Sindicato del Comercio
organizó una campaña en el Día del Comercio para recolectar todo tipo de
ayuda que sería enviada al Hogar de Cristo134.
También Caritas, el 21 de mayo de 1959, mientras el Presidente daba
cuenta al Parlamento de su programa de Gobierno, se hizo presente en San

130
“Se ha logrado instalar 76 Familias en San Gregorio”. El Mercurio, 9 de mayo de 1959, pág. 15.
131
Marticorena, op. cit., p. 58.
132
“Un traslado masivo”, en: Mensaje, op. cit. pág 256.
133
“Un traslado...” En: Mensaje, Op. cit., p 256.
134
“Ayuda para los pobladores de San Gregorio”. El Mercurio, 24 de mayo de 1959, pág. 29.

155
Gregorio inaugurando una bodega en terrenos de la misma población, y para
este mismo día, se anunció un primer reparto de víveres135 . Por otra parte,
respecto del abastecimiento corriente de productos alimenticios, el Gobierno a
través de la Superintendencia de Abastecimientos y Precios (SAP) instaló un
almacén de abarrotes y una carnicería, medidas que encontraron una favora-
ble acogida en la población, tanto que se consideró la instalación de otros
negocios –para la venta de carbón, leña y vestuarios– solicitados por las pro-
pias dueñas de casa136.
Durante esta primera etapa de traslado de pobladores de las callampas
a San Gregorio, tanto el Gobierno como El Mercurio, a través de declaraciones
y editoriales fueron tomando posición discursiva frente al problema
habitacional. Así, según declaración de la Intendencia de Santiago, se afirmó
que “solucionar el pavoroso problema de las callampas” se sabía no sería ni
fácil ni expedito “dada la extensión de un problema que se agravó desmesura-
damente con el correr de los años”. A juicio del Intendente, desde el Censo de
1952, que había determinado la existencia de 39 mil pobladores en callampas,
esta cifra se había multiplicado por 10. Afirmaba también que estas poblacio-
nes “se constituyeron en una fuente permanente e inagotable para la demagogia
que busca la expansión de sus doctrinas y sus ventajas políticas rastreando en
la miseria y el dolor humano”137.
Los editorialistas de El Mercurio, en dos ocasiones durante el mes de
mayo, tomaron también posición frente al problema. Se señaló desde estas
páginas que la Operación San Gregorio no formaba parte de un plan general
de construcción de viviendas económicas, sino que debía ser considerada como
una medida de emergencia, no obstante lo cual había que ir más allá de la
mera radicación:

135
“2.014 personas instaladas en Población San Gregorio”, El Mercurio, 21 de mayo de 1959. p. 29.
136
“Normal abastecimiento de artículos de consumo hay en Población San Gregorio”. El Mercurio, 12
de junio de 1959. pág. 19.
137
“Otra etapa cumplida en la erradicación de poblaciones”. El Mercurio, 13 de mayo de 1959. pág.
17. Respecto del número de familias y personas en poblaciones callampas, es una cuestión que
varía de acuerdo al sujeto o institución que se refiere al problema. En este caso, la declaración del
Intendente aproximaría los habitantes de callampas a unos 390 mil, lo que ciertamente parece
exagerado, no así el déficit habitacional que el Gobierno de Alessandri estimó en 400 mil habitaciones.
Por su parte, el Hogar de Cristo-Viviendas estimaba, que a la fecha vivían en poblaciones callampas
en el Gran Santiago, unas 30 mil familias que congregaban a 200 mil personas. En este sentido, la
política de radicaciones del Gobierno de Alessandri, programada para 80 mil personas, resolvería
el problema en un 44% de los habitantes de callampas y quedaría todavía por resolver el del 56%
restante, es decir las 112 mil personas que no serían favorecidas por las erradicaciones. “Un
traslado...” en Mensaje, op. cit., p. 256.

156
“La acción erradicadora no se satisface plenamente, sin embargo, con la
mera radicación de los pobladores en nuevas viviendas. Hay que ir más lejos y
producir en el ánimo de los pobladores una persuasión económica diametral-
mente opuesta a las que hasta ahora han sostenido. Todos ellos creían y creen
que vivir en una población callampa significaba vivir gratuitamente, esto es,
sin tener nada que pagar al dueño de la propiedad ni a los servicios públicos
que proporcionan tales y cuales comodidades de habitual consumo, tales como
alcantarillado, agua, luz, etc. Lo grave es que esta mentalidad hecha al vivir
gratuito se ha venido arraigando hondamente en los últimos veinte años, y
que inclusive no pocos votos políticos se han cimentado en ella y que estos han
sido influyentes en elecciones bulladísimas (...)
“Es preciso hacer saber a la población, sin distinción de colores políticos
y de fortunas, que en lo sucesivo no se tolerará la ocupación de terrenos fisca-
les de uso público a nadie y que se empleará en el acto la fuerza pública para
dar término a cualquier ocupación irregular que haya sido iniciada (...)
“Todo esto en el entendimiento de que si no se pone coto a la seguridad
de que es posible vivir en balde, compartida por no pocos grupos económi-
camente débiles, las poblaciones callampas renacerán sin cesar”138.
Es evidente que este discurso representaba un punto de vista que gana-
ría prestigio en el nuevo Gobierno, en el sentido de considerar costos, beneficios
y capacidades de pago en la cuestión de la vivienda, sin embargo, representa-
ba también una visión estrecha del problema de la habitación precaria, al menos
en dos sentidos. Los pobladores de callampas vivían efectivamente gratis en
terrenos completamente inadecuados (las riberas del Zanjón o del Mapocho),
a veces con un escaso valor comercial (en basurales por ejemplo) y en la mayo-
ría de los casos no recibían los beneficios de los servicios públicos –de agua,
alcantarillado y luz– como los que el articulista enumera. Que las callampas
renacerían, era una verdad, sino una profecía, pero menos por la costumbre de
vivir gratis, y más por la escasez de viviendas y los problemas relativos a la
capacidad adquisitiva de los salarios e ingresos reales de los más pobres. Con
todo, la alusión que hace el articulista acerca de que “bulladísimas elecciones”
habrían encontrado apoyos en las callampas es sugestiva, ya que en el otro
extremo político, también el Partido Comunista pensaba que estos “obreros
jóvenes”, “políticamente atrasados” habrían influido en las elecciones del Ge-
neral Ibáñez en 1952, contienda electoral que fue efectivamente “bulladísima”.
Lo que resulta claro, a estas alturas, es que los pobladores pobres de callampas,
no solo representaban un problema social –a propósito de sus condiciones

138
“Erradicación de Poblaciones Callampas”. El Mercurio, 17 de mayo de 1959. pág. 11.

157
materiales y subjetivas de existencia–, sino que comenzaban a representar tam-
bién un problema político.
Otra lectura del problema habitacional, sugerida también por El Mercu-
rio, en medio de la Operación San Gregorio, enfatizaba en la acción oportuna y
eficaz del Gobierno para enfrentar el problema de las callampas:
“Ha quedado demostrado, en primer lugar, cómo la acción decidida de
un Gobierno de afrontar una solución al gravísimo problema de las poblacio-
nes callampas, ha podido ser realizada en un tiempo relativamente breve, sobre
todo cuando se compara con los muchos años que han transcurrido desde que
se compraron los terrenos de San Gregorio destinados a construir poblaciones
obreras, ideales seguramente, hasta que han sido ocupados por familias que
era inhumano mantener en un ambiente de extraordinaria insalubridad.
“Hasta no hace mucho tiempo sucedió el fenómeno, revolucionario sin duda,
de que grupos de familias en su desesperación, después de calamidades como
inundaciones, incendios, etc., se tomaban en forma clandestina terrenos eriazos
de propiedad fiscal o particular y allí procedían a construir míseras habitaciones
en formas totalmente inadecuadas y una vez en ellas instalados, nada ni nadie era
capaz de hacerlos salir. Esta ha sido la historia de varias de estas poblaciones, entre
ellas, La Germán Riesco, La Victoria, Navidad, El Esfuerzo, etc. (...)
“Felizmente este Gobierno ha logrado poner en práctica una solución
que nos parece, dentro de las posibilidades actuales, la más acertada para este
tipo de pobladores. Proporcionarles un terreno con un mínimo de condiciones
higiénicas y de urbanización, para que en etapas sucesivas se logre mejorar
sus condiciones de vida y se organicen sus comunidades”139.
Este era, sin duda, un punto de vista un poco distinto, que reconociendo
algunas de las causas del origen de las callampas, celebraba la iniciativa del
Gobierno, en el sentido de que si no era posible una solución más estructural
al problema, una vía de solución estaba en proporcionar apoyos a los poblado-
res para que ellos, con sus propios esfuerzos y organizaciones construyeran
sus viviendas y organizaran a la comunidad.
A mediados de junio, la “Operación San Gregorio” entraba en su segun-
da etapa, según anunció el Gobierno. Esta vez, los traslados favorecerían a
1.600 familias, provenientes del sector poniente del Zanjón, es decir, aquellas
poblaciones que se ubicaban entre San Diego y Club Hípico. Para la última
semana de ese mes, se anunciaba también el comienzo de la erradicación de
poblaciones ubicadas en las riberas del río Mapocho, entre los puentes Manuel
Rodríguez y Bulnes, sector desde el cual erradicaría a 1.130 familias140.

139
“La nueva Población San Gregorio”. El Mercurio, 26 de junio de 1959, pág. 3.
140
“Iniciación de la segunda etapa de la Operación San Gregorio”. El Mercurio, 16 de junio de 1959. p. 15.

158
Pero la Operación San Gregorio también permitió, claro que en menor
número, que algunos postulantes de la CORVI fueran incluidos en la asigna-
ción de sitios. Este fue el caso de don Arturo Peréz y su familia, que componían
el matrimonio –don Arturo y la sra. Rosalva– más sus seis hijos. Ellos estaban
inscritos en la CORVI y vivían en precarias condiciones en un pasaje ubicado en
Eduardo Matte al llegar a General Gana, en el barrio Franklin, hasta donde un
buen día llegó una asistente social a comunicarles de su nuevo destino:
“Un pasaje ahí que había, de una española, parece que había sido una pa-
nadería que se había derrumbado toda, eran unas piezas... había una pura llave
para todos, vivíamos hartos ahí; ahí vivíamos y de ahí nos trajeron para acá (...)
“Era un cité, un pasaje, el “Pasaje La Paloma” le decían... habían hartas
peleas, por el agua, por el techo, ahí estabamos con los cauros chicos y ahí nos llegó
el aviso que teníamos que venirnos. Nosotros tuvimos que venirnos con nuestras
cosas, no nos trajeron los camiones del Ejército y llegamos aquí en julio de 1959, y
ahí afuera (se refiere a la entrada de la población, en Santa Rosa con Avenida San
Gregorio) había como una barrera y nos dejaron los cauros chicos, como una guar-
dería, y ahí lo pasaban a uno para adentro, para mostrarnos el sitio”141.
Cuando le pregunto a don Arturo por el sitio al que llegaba con su fami-
lia, su respuesta surge espontánea: “el sitio era inmenso, lo más grande que
habíamos visto” comparado con el conventillo donde solo tenían una pieza, y
agrega, “todo esto para nosotros solitos era un regalo de Dios”, y si bien el sitio
solo contaba con una caseta sanitaria, allí levantaron, como todos sus vecinos,
una improvisada vivienda con los materiales que traían de su antiguo domicilio
y muy pronto aprovecharían también el sitio para sembrar diversos vegetales.
Las primeras imágenes de San Gregorio, que conserva don Arturo, con-
firman la precariedad de recursos con que se iniciaba la Población, pero también
el entusiasmo que les producía tomar posesión de su sitio:
“El primer año, adentro, una chacrita hacía uno y sembrábamos de todi-
to, porotos, zapallitos, de todo, era bonito, y todo el mundo trabajando, tratando
de cerrar, de hacer algo, pero había personas que no traían nada, nosotros traía-
mos algo, entonces en unas carpitas ahí no más, a otros les hacían un techito y
eso era todo... en el invierno. Entonces era bonito porque uno trabajaba en su
pega, entonces el día domingo uno le hacía empeño, ahí todos trabajando, en
sus casitas (...)
“Entonces, cada uno iba haciendo como podía y con lo que tenía, claro
(...) Teníamos agua potable y estaba el baño, ese baño, era una caseta que

141
Entrevista realizada por el autor a don Arturo Peréz y Rosalva Salgado, actuales habitantes de la
Población San Gregorio. Santiago, 21 de mayo de 1998.

159
estaba ahí; ahí estaba el agua, estaba todo. De noche se veía medio feo, pare-
cía cementerio la cuestión, porque la casucha estaba adentro (...) Eso era lo
único que teníamos, no había más, no había nada, después empezó la cons-
trucción de esto (...)
“En la noche se perdía la gente, uno salía de día a trabajar, y trataba de
mirar a dónde me voy a bajar, y esta carpita y esta carpita porque el primer día
llegaron una cachá de carpas, y la gente empezaba a gritar, como loco así, pa’
ubicarse, claro, no había luz, así era”142.
La noticia de las erradicaciones despertó expectativas entre algunos pro-
vincianos pobres y así lo hizo saber la Directora del Servicio Nacional de
Bienestar y Auxilio Social al Ministro del Interior. En su nota del 27 de junio de
1959, hacía ver que numerosas personas y familias se habían hecho presente
en esos días en sus oficinas, muchas de ellas provenientes del sur del país, que
atraídos por las publicaciones de prensa sobre los sitios urbanizados de San
Gregorio, habían vendido sus escasos bienes, trasladándose a Santiago con la
esperanza de conseguir un trabajo y ser favorecidos con un sitio en esta nueva
población. Pedía en consecuencia, que gobernadores e intendentes informa-
ran al público de la imposibilidad de otorgar sitios y del grave error que
significaba abandonar sus ocupaciones y hogares en provincia143.

San Gregorio como población

Evidentemente la Población San Gregorio, que nació como producto de


la política de erradicaciones del Gobierno de Alessandri, fue una población
pobre en sus recursos y habitada también por los más pobres de la ciudad.
Como “población”, desde el punto de vista de sus habitantes y su cultu-
ra paulatinamente fue dando lugar a sus propias experiencias de acción
colectiva o comunitaria. Una de sus primeras expresiones estuvo ciertamente
vinculada a la construcción de las nuevas viviendas; primero fue levantar una
pieza en el sitio asignado, pero luego, en los años siguientes, previa construc-
ción del radier, tarea encomendada a una empresa constructora, vino el tiempo
de trabajar en conjunto con la CORVI en la construcción de la casa definitiva:
“...la construcción empezó cuando vino este caballero de Estados Uni-
dos. Vino un presidente de Estados Unidos... Esto fue autoconstrucción, traían
los paneles (y venían técnicos de la CORVI) para que nos fueran indicando y

142
Entrevista a don Arturo Perez.
143
Clara Williams, “Informe sobre personas indigentes que existen en Santiago”. Oficio Nº 701,
Santiago, 27 de junio de 1959. Archivo Nacional, Ministerio del Interior, Volumen 7, Oficios,
1959.

160
nosotros íbamos trabajando. La Visitadora nos organizó por manzanas, enton-
ces en el trabajo nos pedían permiso y empezábamos a las seis de la tarde hasta
las diez de la noche (...)
“Y la CORVI ponía uno o dos instructores y el material estaba aquí ya,
acumulado, y empezábamos a trabajar aquí, en grupo en una casa, en otra
casa, íbamos avanzando y eso sirvió pa’ hacerse amigo. Al principio, no nos
conocíamos... por ejemplo, el que pasaba lista, el bodeguero, nosotros pensá-
bamos que eran de la CORVI, ¡no! eran vecinos, el electricista, entonces después
que terminábamos a las diez de la noche, hacíamos una colecta y comprába-
mos una... ahí como para descansar, entonces nos sirvió para conocernos (...)
claro una garrafita de vino, había un vecino que tocaba la guitarra, entonces
era de todas las noches, pasaban la lista, abrir la colectita y terminábamos el
trabajo y nos íbamos ahí...
“Y eso duró, como unos tres meses, la autoconstrucción y entonces has-
ta adonde llegó no más...”144.
Don Arturo recuerda con afecto este tiempo de trabajar juntos, de ayu-
darse y de conocerse; reconoce asimismo que había manzanas en que los vecinos
sí se conocían porque venían organizados desde sus lugares de origen, en “co-
mités de Sin Casa”. El hecho es que por sectores o manzanas se fueron creando
o recreando formas de sociabilidad comunitaria:
“Porque había que ayudarse, esa era la idea. Fue bonito porque después
que terminó todo esto de trabajo, así en patota, nosotros seguimos unidos,
pavimentamos las veredas, hicimos un local ahí, compramos una tele, hicimos
una ayuda, íbamos juntando platita para los que se morían y no tenían cómo
enterrarse. Entonces quedó un trabajo... entre los vecinos ¿no? Claro, fue boni-
to, porque, como le digo, nos conocimos harto en la autoconstrucción, era todos
los días que trabajábamos, por ejemplo, alguien quería hacer la rejita, los otros
llegaban en patota ahí a ayudarlo, y no les pagaba ni cobre, sino que su tragui-
to, lo que se pudiera ahí, un cafecito, pero nada de estar cobrando plata. Así
era, nos ayudábamos. Los cabros chicos pa’ la Pascua se organizaban, hacían
fiestas, pa’el 18. Era bonito, había harta amistad, solidaridad...”145.
Con todo, como “conjunto urbano”, San Gergorio hizo también pronto
visible todas sus limitaciones de infraestructura. Tenía una ventaja sobre el
Campamento de La Victoria, ya que aquí el Estado había invertido en obras
básicas de urbanización, pero eran tan pobres como aquellos y al menos en la
partida, con una menor densidad de organizaciones socio comunitarias.

144
Entrevista a don Arturo Pérez.
145
Ibídem.

161
San Gregorio fue dividido en cuatro sectores (A,B,C y D) con un total de
174 manzanas y hacia fines de 1959 se habían instalado unas 18.000 personas en
3.300 sitios asignados. Los problemas sociales de esta nueva población, según el
criterio de las asistentes sociales de la CORVI eran de diverso tipo: (a) de carác-
ter social: cesantía, rentas insuficientes, mala distribución de los ingresos,
desantención de menores por causas económicas; (b) de carácter jurídico: unio-
nes adúlteras, falta de inscripción en el Registro Civil e inscripciones defectuosas;
(c) problemas morales: de índole sexual como violaciones, uniones adúlteras,
asaltos, vagancia infantil; (d) problemas educacionales, médicos y sanitarios146.
Desde el punto de vista de la organización comunitaria, la asistente so-
cial Dafne Marticorena, pudo identificar en los primeros meses de existencia
de la San Gregorio, solo dos tipos de organizaciones, un conjunto de 14 Cen-
tros de Madres, promovidos por el Hogar de Cristo y “Centros de Solidaridad”,
dirigidos por un líder político que no identifica, y que agrupaba sobre todo a
mujeres. La red de organizaciones externas, sin embargo no era menor, ya que
dado el carácter de la “operación traslado”, participaron y se quedaron en la
Población, la CORVI, el Servicio Nacional de Salud, que instaló un consulto-
rio; el Departamento de Capacitación Agrícola, que distribuyó sobre 6 mil
árboles frutales; Caritas Chile, que instaló un economato donde se vendían
productos del hogar a crédito y a bajo precio, además del reparto de víveres
para 3 mil familias; el Hogar de Cristo-Viviendas, que se quedó para promo-
ver los centros de madres y la creación de una cooperativa de producción; la
Superintendencia de Abastecimientos y Precios, que instaló una panadería y
una carnicería; la Dirección General de Auxilio Social, que actúo sobre todo en
los primeros días de los traslados; el Ministerio de Educación que instaló rápi-
damente una escuela; la Municipalidad de la Granja, que colaboró con las
instituciones presentes; y, un “Centro de Cultura y Trabajo”, creado por seño-
ras “que guiadas por un afán altruista” se organizaron para ir en ayuda de la
“mujer joven de nuestro pueblo”147.
Como se puede apreciar, a diferencia del Campamento de La Victoria,
en San Gregorio hubo un amplio despliegue de apoyos externos, que
interactuaron de diversos modos con los pobladores y sus incipientes formas
de organización comunitaria, o más precisamente quizás, con la “cultura po-
pular” de la naciente “población”.
Ahora bien, desde el punto de vista urbanístico, en sentido amplio, es
decir como el conjunto de problemas relativos al uso del espacio por grupos

146
Marticorena, op. cit., p. 59.
147
Marticorena, op. cit., págs. 63 y ss.

162
humanos, una mirada –también una evaluación– de conjunto de San Gregorio,
fue la que produjo un estudio de Arquitectura de la Universidad de Chile en
1962, es decir, tres años después de instalada la Población San Gregorio148. De
acuerdo con este estudio, en 1962, se habían ocupado 3.904 sitios programa-
dos, agrupados como hemos visto más arriba en cuatro sectores: sector A: 1.084
sitios; sector B: 1.008; sector C: 1.252; sector D: 560. De este total de 3.904 vi-
viendas, 1.204 fueron construidas por autoconstrucción mientras las 2.624
restantes por empresas contratistas. El sector D, de acuerdo con Raposo tuvo
un crecimiento posterior de 681 viviendas con la construcción de bloques co-
lectivos de 5 y 2 pisos. De este modo, si se considera el conjunto de San Gregorio
–bloques incluidos– se tiene que la población contaba en 1962 con 4.585 vi-
viendas, que arrojaba un promedio familiar de 6.3, que permitía estimar una
población de 28.900 habitantes149.
Un estudio contemporáneo, realizado por el Servicio Nacional de Salud
y los propios pobladores, arrojaba una población de 27.200 habitantes, de los
cuales los niños de 0 a 14 años sumaban 11.700; los adolescentes, 1.500 y la
población adulta 14.000 (6.900 hombres y 7.100 mujeres). Desde el punto de
vista de la constitución familiar, un 60% de las uniones eran legales; un 28%
madres solteras o viudas; y, un 12% correspondía a uniones de hecho. Desde el
punto de vista del “nivel cultural”, este se evaluaba como bajo, considerando
que los analfabetos y semi-alfabetizados alcanzaban al 70% de la población;
los niños en edad escolar sumaban 6.300 y las escuelas del sector solo absor-
bían a 4.715, quedando sin escuela aproximadamente unos 1.600. Desde el punto
de vista económico, los problemas no eran menores, en una población que
registraba un 50% de obreros; un 40% de comerciantes e independientes; un
6% de funcionarios de Carabineros y FF.AA.; y solo un 4% de empleados. Un
indicador de las dificultades económicas era el estado de pago de los dividen-
dos: un 20% no los cancelaba; un 28% estaba atrasado entre 5 a 6 meses; y un
52% se encontraba al día en sus pagos. Finalmente, en el ámbito de la salud,
según la estadística del Consultorio Local, el 50% de los niños atendidos se
encontraba en estado de desnutrición150.
La encuesta de Raposo arrojó por su parte otros datos sociales, comple-
mentarios a los ya referidos. Así por ejemplo, respecto del “ritmo de trabajo del
padre”, que influye en sus horas de presencia en el hogar, y en consecuencia en

148
Raposo, Alfonso, “La familia habitante y su vivienda”. Análisis experimental en Población San
Gregorio. Seminario Escuela de Arquitectura, Universidad de Chile, 1962.
149
Raposo, op. cit., págs. 8 y ss.
150
Raposo, op. cit., págs. 11 y 12.

163
el uso de la vivienda, se vio que la “confinación espacial” de San Gregorio era
especialmente grave ya que los hombres adultos carecían de una capacidad se-
lectiva de trabajo que les permitiera escoger según conveniencias de localización:
“Un breve análisis de las actividades remuneradas que ellos realizan
muestra que un 50% de los jefes de hogar trabajan en actividades que no im-
plican una localización permanente: obreros de construcción, vendedores
ambulantes, enceradores, cargadores y toda una extensa gama de oficios oca-
sionales o de oportunidad; sin embargo, la relación con algunas zonas
características de Santiago mantiene aún toda vigencia: Mapocho, Estación
Central, Matadero y las ferias de las áreas residenciales inscritas en estas zonas
continúan siendo el campo de trabajo de muchos pequeños comerciantes in-
dependientes”151.
El tiempo de traslado hasta estos sitios de trabajo podía variar de dos a
tres horas diarias y por cierto durante el día el hombre estaba trabajando fuera
de la población. Todo ello hacía que el hombre adulto permaneciera poco en la
casa y la población, restándose de las actividades comunitarias, compartiera
poco con su familia (por ejemplo, pocos salían los días libres de paseo con la
familia) y que tuvieran pocas relaciones de amistad en la propia población.
Como contrapartida, la mayor información sobre el uso de la habitación y el
espacio de la población había que obtenerla de las madres, eje sobre el cual se
organizaba la vida familiar y también la relación con la comunidad152.
La “mujer-madre”, solo excepcionalmente trabajaba fuera del hogar, su
“trabajo habitual” era estrictamente doméstico, así un 60% de las 120
encuestadas declaraba “lavar todos los días” a causa de las guaguas e hijos
menores. Una de cada 10, por otra parte, colaboraba con el presupuesto fami-
liar a través de costuras, lavados o venta de artículos.
Los niños, de acuerdo con el estudio, constituían una realidad aparte.
Son la principal preocupación de las madres, pero una gran mayoría linda en
la “vagancia infantil” ya que su vida, para la mayoría, se desenvuelve en la
calle. Más de un 50% en la encuesta mostraba esta tendencia, amén de que una
baja cantidad de ellos concurría regularmente a la escuela153. Respecto de los
jóvenes y adolescentes, finalmente, era un grupo menor en el universo pobla-
cional; 7 de cada 10 entrevistados trabajaba para su mantención y participación
en el presupuesto familiar. Raposo percibe una suerte de desarraigo juvenil, al

151
Raposo, op. cit., p. 20.
152
Raposo, op. cit., p. 21.
153
De 100 familias encuestadas, que sumaban 180 niños entre 7 y 15 años, solo un 15% concurría
regularmente a la escuela. Raposo, op. cit., p. 23.

164
haberse producido el traslado de las callampas, ya que en sus antiguas locali-
zaciones estaban más cerca del centro de la ciudad, lo que les permitía una
mayor movilidad que su confinamiento a la población, ubicada en los márge-
nes de la ciudad.

La vivienda

La casa habitación más típica de San Gregorio fue la vivienda tipo 651 y
661. El plano de estas viviendas constaba de 2 dormitorios, 1 baño y una zona
común destinada a estar, comedor y cocina; las tipo 661 incluían además, una
zaguán para lavar y un espacio anexo al baño. Las zonas de dormitorios tenían
una capacidad para cinco camas en planta y las zonas de estar y acogida, una
capacidad limitada para el menaje necesario para cinco personas. Es decir, aún
sin considerar los efectos de sobrepoblación, el diseño de estas viviendas para
el tipo medio de familias que las habitó representaba ya algunos problemas
críticos.
El estudio de Raposo tenía como referencias algunos supuestos teóricos
que indicaban que la sobrepoblación de una vivienda, alcanzando ciertos
umbrales críticos, influía negativamente sobre el comportamiento del indivi-
duo, es decir, se podía estimar un espacio-habitación para un “habitar normal”.
Evidentemente estos patrones del habitar normal provenían de estudios de
familias de clase media europea, razón por la cual tenían un valor referencial
para un estudio del uso del espacio habitación de San Gregorio. Pues bien,
teniendo en cuenta los valores establecidos para Europa resultaba que la fami-
lia promedio de San Gregorio, de 6 personas, requería de un espacio habitación
de 78 m2 para no exceder los umbrales críticos, sin embargo las viviendas 651
y 661 arrojaban como promedio 33,77 m2 154.
Es decir, la Población San Gregorio era, a todas luces, un asentamiento
superpoblado, razón por la cual Raposo atribuyó muchos de los problemas
psicosociales con los que se encontró a esta realidad, que se manifestaba en
hacinamiento, falta de privacidad, coincidencia o congestión frecuencial en la
realización de funciones que tenían como resultado irritabilidad, nerviosidad,
tendencias disociativas, etc. También vio Raposo en esta situación una causa
del retardo en la vuelta al hogar del jefe de familia como también en el uso
excesivo de la calle por parte de los niños.

154
Raposo, op. cit., págs. 29 y 30.

165
El estudio ahondó luego en los usos de la vivienda, según sus diver-
sas funciones –estudio, estar, comer, cocinar, lavar, jugar, higiene, guardar,
dormir– descubriendo que en el diseño de las viviendas de San Gregorio se
consideraban solo cuatro de estas funciones: comer, cocinar, higiene y dor-
mir. Pero, como los seres humanos no restringen sus usos de la vivienda
solo a estas cuatro funciones, lo que viene son diversas adaptaciones. Así
por ejemplo, su encuesta le demostró que en el 50% de sus entrevistados, la
función de comer transcurría en uno de los recintos de la zona habitable
nocturna y no en la zona común. De todos modos, a tres años del traslado,
la Población San Gregorio se había convertido en una población popular,
pobremente equipada:
“Entrar en San Gregorio es como penetrar en un mundo distinto, lejano
e imprevisto. Hay en él un clima impregnado de desolación espacial, de irrea-
lidad no terminada que parece prolongarse como una angustia muda en la
perspectiva larga de las calles y las áreas desnudas (...)
“Dos nociones principales surgen poco a poco en la mente de quien con-
templa como observador extranjero la realidad espacial de San Gregorio: una
trastocación de los valores de escala humana, de relación hombre-espacio como
percepción y ambiente y una casi inmutable repetición de un esquema
volumétrico único en las viviendas.
“En estas dos nociones reside la ilusión de encontrarnos en otro mundo
que experimenta el que enfrenta por primera vez la fisonomía de San Gregorio.
“Pero esta ilusión no es tal ilusión para los habitantes de San Gregorio
sino la realidad en que transcurre su acontecer. Después de penetrar en los
hogares y la cotidianeidad familiar de esta pequeña ciudad irrealizada, sabe-
mos que realmente es un mundo aparte, una masa humana marginal a la
distribución de los recursos que experimenta las consecuencias de una verda-
dera segregación socio-económica”155.
La Población San Gregorio sería entonces expresiva de un doble fenó-
meno, el de la segregación urbana y el de la exclusión social, en un sentido más
amplio, sin embargo, al igual que La Victoria, era también el inicio de un asen-
tamiento urbano más digno y más estable para los que hasta ayer eran
moradores de poblaciones callampas, una de las formas más precarias de ha-
bitar que conocieron los pobres de Santiago durante el siglo XX.

155
Raposo, op. cit., p. 47.

166
Acción del Estado: El DFL 2 ó Plan Habitacional de
Alessandri
Las erradicaciones de poblaciones callampas del Zanjón y del río
Mapocho fueron las medidas más inmediatas del Gobierno de Alessandri res-
pecto de la cuestión de la vivienda popular. Sin embargo, su política de vivienda,
de mayores alcances se plasmó en el denominado “Plan Habitacional”, pre-
sentado formalmente por el Presidente Alessandri al Congreso Nacional, el 21
de mayo de 1959.
En el tradicional mensaje de los presidentes chilenos, Alessandri indicó
que solo para satisfacer las necesidades más apremiantes de la población se
requería “abordar en forma intensiva la construcción de 250.000 habitaciones”
debiéndose tener en cuenta que la solución definitiva del problema implicaba
“atender un déficit no inferior a 400.000 casas”156. Para encarar este enorme
desafío de construcción, estimó que su Gobierno podría alcanzar la meta de 40
mil viviendas por año, para lo cual se requería del concurso tanto de la inicia-
tiva fiscal como la privada, “interesando en forma efectiva al capital particular”.
Esta última era una indicación relevante, ya que el Plan Habitacional de
Alessandri subrayaba la necesidad de incorporar a la empresa privada de una
manera significativa en la solución del problema habitacional. Anunció en con-
secuencia, la dictación de un decreto que favorecería esta participación:
“El texto del decreto próximo a dictarse, consulta poderosos incentivos
tendientes a intensificar la participación de la iniciativa privada, otorgando
franquicias, beneficios y liberaciones, que contribuirán a facilitar, abaratar y
estimular la construcción. Exime, asimismo, de los impuestos y de parte de las
contribuciones la construcción de viviendas económicas y da libertad a sus
propietarios para fijar las rentas de arrendamiento. A fin de asegurar el mante-
nimiento de estos beneficios, contempla una garantía de carácter contractual
otorgada por el Estado a los dueños, de manera que tales franquicias no po-
drán modificarse posteriormente ni aún en virtud de una ley. Estimula,
finalmente, la formación de sociedades destinadas en forma exclusiva a la cons-
trucción de viviendas económicas, considerando para ellas liberaciones de
impuestos y gravámenes”157.

156
Mensaje de S.E. el Presidente de la República, don Jorge Alessandri Rodríguez al Congreso Nacional
al inaugurar el período ordinario de sesiones. 21 de mayo de 1959. Imprenta Penitenciaria de Santiago,
mayo de 1959. pág. 75.
157
Mensaje presidencial, 1959, op.cit., p. 76.

167
Junto a estas medidas, anunció también la reorganización de la CORVI
a efectos de que solo esta entidad se hiciera cargo de la construcción de vivien-
das económicas. Ello, entre otros, implicaría refundir en el mencionado
organismo todos los departamentos técnicos o de arquitectura de las Cajas de
Previsión y de la Corporación Nacional de Inversiones. A la CORVI le serían
aumentados sus recursos a través de nuevos aportes fiscales, del traspaso de
los fondos de inversión de las cajas de previsión y a través del estímulo del
ahorro popular. La CORVI, con estos recursos, pondría en ejecución un plan
trienal de construcción de 45 mil viviendas a lo largo del país.
Otro aspecto importante respecto de los grupos populares que postula-
ban a una vivienda sería la promoción de una campaña educativa tendiente a
“producir en los propios afectados la convicción de que la única forma de re-
solver seriamente este agudo problema, es ajustar estrictamente el patrón
habitacional a la capacidad de pago de los distintos sectores y recuperar el
valor de las inversiones en forma real y oportuna”158 . En virtud de este último
propósito, se consideraría la reajustabilidad de todas las deudas hipotecarias
futuras de largo plazo, de tal forma de recuperar la inversión y otorgar crédi-
tos a nuevos demandantes de vivienda.
Por otra parte, con el objeto de expandir el mercado y evitar el monopo-
lio de la CORVI, el Presidente podría autorizar la constitución de instituciones
privadas de ahorro y prestamos destinadas a la construcción de viviendas, de
tal forma que estas podrían competir en situación de igualdad con la CORVI.
Los planes del Gobierno incluían también un fuerte estímulo a la producción
de las diversas industrias relacionadas con la construcción, de tal forma que se
esperaba, adicionalmente, incrementar la ocupación para obreros y emplea-
dos “en un grado jamás alcanzado hasta la fecha” lo que ayudaría a terminar
con la cesantía que afligía al país159.
El Mensaje Presidencial de 1959, en lo relativo a la vivienda dio cuenta
también del inicio de las erradicaciones, ya puestas en marcha a través de la
“Operación San Gregorio”, y terminó haciendo alusión a los planes de cons-
trucción de viviendas en el campo y a las positivas proyecciones del año 1959
en la labor de la CORVI, que entre enero y abril, había llamado a propuesta
para la construcción de 5.056 viviendas, con lo que se estimaba llegar a unas 15
mil en el año en curso.
La política habitacional de Alessandri, con relación a las reconocidas y
urgentes necesidades populares, se puede decir en consecuencia, que se

158
Mensaje Presidencial, 1959, op.cit., p. 77.
159
Mensaje Presidencial, 1959, op.cit., p. 78.

168
articularía en torno a tres orientaciones principales: centralización y agilización
de la gestión estatal a través de la CORVI; la puesta en práctica en gran escala
de “soluciones habitacionales” y la incorporación más activa de la empresa
privada a la construcción.
Independientemente de las críticas que despertó el Plan Habitacional
de Alessandri160 , a diferencia de su predecesor en La Moneda, en los dos pri-
meros años de Gobierno, no solo se dictaron los decretos pertinentes, sino que
se pusieron en práctica la mayor parte de las medidas anunciadas. En efecto,
mediante la dictación del DFL 2 de julio de 1959 se reorganizó la CORVI de
acuerdo a los propósitos del Plan Habitacional, y se agilizó su gestión para que
llevara adelante, durante 1959 y 1960, no solo las erradicaciones de poblacio-
nes callampas –la “Operación San Gregorio”– sino que para iniciar el proyecto,
quizás de mayor envergadura, en cuanto a la magnitud de población compro-
metida: la instalación de la Población Cardenal José María Caro.
Respecto de la incorporación más activa de la empresa privada, esta co-
menzó a verse más favorecida por las licitaciones de la CORVI, pero además
mediante el DFL 205, del 5 de abril de 1960, se crearon las asociaciones de Aho-
rro y Prestamos para la vivienda, sistema mediante el cual accederían a la vivienda
principalmente los sectores medios y populares de más altos ingresos.
Por todas estas razones es que Alessandri en su segundo mensaje al
Congreso, en mayo de 1960, explicó que el principal objeto del DFL 2 era
“allegar nuevos recursos a la construcción de viviendas, orientar los progra-
mas respectivos de modo que se ajusten a las exigencias y posibilidades del
país, y obtener el mayor rendimiento de las entradas disponibles”161.

Los nuevos derroteros de la CORVI

Sin lugar a dudas que una de las medidas que debían contribuir al desarrollo
de una política más activa en la vivienda popular tenía que ver con el mayor prota-
gonismo de la CORVI. Para lograr este objetivo era necesario partir por la
reorganización administrativa de este organismo, el que fue modificado según los
decretos DFL 2 de 1959 y DFL 56 y 201 de 1960. Según Godoy, lo más importante,
dentro de esta nueva organización administrativa, fue la creación del Departamento
de Planeamiento y Estudios Económicos, cuya misión fue definida en el artículo 55
del mencionado DFL 2. Allí se establecía que este Departamento debía:

160
Ver más adelante en el capítulo III, a propósito de la “toma de Santa Adriana”. cfr. infra. p. 222.
161
Mensaje de S.E. el Presidente de la República don Jorge Alessandri R. al Congreso Nacional al
inaugurar el período ordinario de sesiones. 21 de mayo de 1960. pág. 205.

169
“... proponer directamente al Presidente de la República, la política
habitacional para el sector público y privado en lo referente a ‘viviendas eco-
nómicas’ y a ‘viviendas campesinas’ (...) ”.
“El planeamiento de todo lo relacionado con la construcción de vivien-
das en el Territorio Nacional, tanto urbanas como rurales; sobre los tipos más
convenientes en cada región; sobre las áreas urbanas más apropiadas para la
reconstrucción o remodelación de barrios y de ciudades; sobre la calidad y
dimensiones de las viviendas, todo ello de acuerdo con la capacidad económi-
ca del país, y elaborar sobre la base de todos estos antecedentes el Plan
Habitacional de Viviendas Económicas ”162.
Todo nos indica que la Administración Alessandri, independientemen-
te de los resultados del Plan Habitacional, debió reconocer la necesidad de una
acción central y planificada desde el Estado, para enfrentar el déficit
habitacional. Así lo puso de manifiesto, en 1963, el gerente general de la CORVI,
ante un organismo de Naciones Unidas, donde señaló que la solución al pro-
blema de la vivienda Chile ha creído encontrarla “en una laboriosa planificación
económica” así como en la centralización de la acción del sector público. Indi-
có a este último respecto:
“En todos los países, la acción y ejemplo de las Instituciones del Estado
son el principal motor que impulsa las realizaciones económicas de la Nación”163.
Pues bien, este ejercicio de planificación central implicaba un conjunto
de decisiones respecto de la calidad y la localización de las viviendas económi-
cas, que debía tener en cuenta, como muchas veces se reiteró desde el Gobierno,
las reales capacidades del país, así como el estímulo al ahorro y a la inversión
privada. La CORVI, de acuerdo con estos propósitos se valió de diversos ins-
trumentos para encarar la construcción de viviendas económicas: los planes
de erradicación; la asignación de viviendas, mediante el sistema de puntajes;
el estímulo al ahorro, mediante la creación de un sistema “cuotas de ahorro”
reajustables a través del Banco del Estado; la asesoría técnica a los grupos más
pobres para acompañar la autoconstrucción.
El incremento de la construcción, en el contexto del Plan Habitacional,
en sus primeros tres años fue visible y significativo, ya que se contrató en el
período indicado, solo para la provincia de Santiago, la construcción de 39.901
viviendas y 272 locales de diverso tipo, tales como mercados, mataderos,

162
Godoy, Gonzalo “Rol de la CORVI en el problema habitacional. 1952-1972”. Universidad de Chile,
Facultad de Arquitectura, Santiago, 1973. p. 64.
163
Opazo, Jorge “Chile y el Plan Habitacional del Estado”. Trabajo presentado al Comité de Vivienda,
Construcción y Planificación de las Naciones Unidas. Santiago, enero de 1963. p.7. (facilitado en
la Biblioteca del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo).

170
oficinas del Seguro Social, etc.164 , mientras a nivel nacional, las cifras alcanza-
ban a 69.389 viviendas y 642 locales sociales o comunitarios165 . En vista de
estas realizaciones, tanto los Mensajes del Presidente Alessandri al Congreso
como diversos estudiosos del tema de la vivienda, estuvieron de acuerdo en
indicar que el Plan Habitacional, al menos desde el punto de vista cuantitati-
vo, “representaba un éxito sin precedentes”, ya que hasta esa fecha, no se había
logrado superar las 10 mil casas por año, lo que era muy importante, si se tenía
en cuenta que esta cifra apenas representaba un tercio de las necesidades
habitacionales mínimas para absorber el crecimiento vegetativo de la población166.
Uno de los ejes del Plan Habitacional era, como se ha dicho, la construc-
ción de “viviendas económicas”, con el objeto de atender los problemas de
vivienda que presentaban especialmente las poblaciones callampas. Particu-
larmente hacia ellos se dirigiría el “Programa de Radicación de Pobladores”.
Para la ejecución de este Programa, según explicó Alessandri a los parlamen-
tarios en su “segundo mensaje”, en 1960, se procedió a encuestar 141
poblaciones callampas de Santiago, habiéndose contabilizado 14.337 vivien-
das insalubres y 65.278 habitantes. Tal encuesta, indicó el presidente, estaba
permitiendo materializar la erradicación de estas familias a San Gregorio y
Cardenal Caro:
“Entre los meses de mayo y octubre de 1959 se desarrolló con éxito el
traslado e instalación de 3.904 familias humildes –que suman 24 mil personas–
a la Población San Gregorio (...)
“La experiencia recogida en San Gregorio llevó a la CORVI a analizar
durante el año pasado las necesidades de erradicación y de vivienda mínima
en la mayor parte de las ciudades del país. Además de Santiago, donde se
construyó la nueva unidad vecinal Cardenal Caro, con cabida para 9.300 viviendas
mínimas y 60 mil habitantes, más de la mitad de los cuales ya están instalados, se
encuentran en marcha los planes tendientes al socorro de familias modestas
en diversas localidades.

164
CORVI, “Desarrollo Plan Trienal 1959-1960-1961” , págs. 7 y ss. Documento facilitado al autor
por la Biblioteca del Ministerio de la Vivienda. De acuerdo con este mismo documento, para el
mismo período, del total de obras contratadas, se habían construido –es decir, eran obras terminadas–
26.354 viviendas y 202 locales. Págs. 43 y ss.
165
CORVI, “Desarrollo Plan Trienal. Años 1959, 1960, 1961”, mimeo, Bioblioteca MINVU. También
en Bravo, Luis. “Balance y perspectiva del Plan Habitacional Alessandri” en: Mensaje, Santiago,
Nº 107, marzo-abril de 1962, p. 90.
166
Bravo, op. cit., p. 89; Opazo T., Jorge “Chile y el Plan Habitacional del Estado”, Trabajo presentado
al Comité de Vivienda, Construcción y Planificación de Naciones Unidas, mimeo, Santiago, enero
de 1963, Biblioteca MINVU, p. 4. Para una visión panorámica de la construcción de viviendas en
todo el período, ver Anexo N° 3.

171
“Este año y el próximo continuarán, hasta su terminación, los trabajos
que contempla el programa de radicación de 30 mil familias con 180 mil personas,
del cual se ha cumplido a la fecha cerca de la mitad. Esto permitirá un saluda-
ble progreso para nuestras clases humildes, largamente postergadas en su justa
aspiración de alcanzar vivienda propia”167.
En el caso de Santiago, durante el trienio 1959-1961, para efectos de la
construcción de viviendas económicas, se contrataron las siguientes
erradicaciones:

CUADRO Nº 26
Erradicaciones contratadas en el año 1959

Nota: Durante este año no hubo contratación de erradicaciones en provincias.


Fuente: Mensaje Presidencial de 1962.

CUADRO Nº 27
Erradicaciones contratadas en el año 1960

Nota: Durante este año se contrataron 5.412 viviendas en provincias. Total país: 6.692
viviendas.
Fuente: Mensaje Presidencial de 1962.

167
Mensaje de S.E. el Presidente de la República, don Jorge Alessandri R. al Congreso Nacional al inaugurar
el período ordinario de sesiones. 21 de mayo de 1960. págs. 209 y 210 (la cursiva es nuestra).

172
CUADRO Nº 28
Erradicaciones contratadas en el año 1961

Nota: Durante este año se contrataron otras 5.396 viviendas en provincias. Total país: 10.961
viviendas.
Fuente: Mensaje Presidencial de 1962.

CUADRO Nº 29
Erradicaciones iniciadas en el primer trimestre del año 1962

Nota: Durante este primer trimestre se contrataron otras 291 viviendas en provincias.
Total país, primer trimestre: 707 viviendas.
Fuente: Mensaje Presidencial de 1962.

173
CUADRO Nº 30
Resumen nacional

Fuente: Mensaje Presidencial de 1962.

Junto al “programa de radicaciones de pobladores”, otro eje también


relevante del “Plan Habitacional”, era el incentivo al ahorro para la vivienda.
En este terreno el Gobierno señalaba también logros significativos, ya que en
los primeros años de creación del sistema de ahorro para la vivienda se abrie-
ron 152.846 cuentas con un depósito total de 25 millones 257 mil 291,50 escudos,
lo que en moneda de diciembre de 1998 corresponde a $ 11.714.450.002168.
Sin embargo un analista agudo del Plan, no podía dejar de observar,
que el éxito de la CORVI estaba en estrecha relación con la sumatoria de recur-
sos económicos y técnicos antes dispersos y ahora concentrados en la CORVI,
pero además se debía tener en cuenta que del total de viviendas construidas
en el trienio 1959-61, un parte significativa, 45 mil viviendas, eran del tipo
económico o viviendas mínimas (sitio urbanizado, baño, cocina y un dormito-
rio), y que el resto, o sea, 24.389 eran viviendas de erradicación por los
terremotos y maremotos de 1960 en el sur o viviendas económicas (conocidas
como DFL 2), con preeminencia de aquellas de menos de 100m2 169.
La política de vivienda concentrada en las “soluciones habitacionales”
encontraría dos tipos de críticas, que compartieron tanto jóvenes arquitectos
como también diversos analistas: la relativa a la localización de nuevos empla-
zamientos urbanos y la relativa a la calidad de la vivienda. Con relación a la
localización, la principal crítica se concentró en los efectos de segregación so-
cio espacial que implicaba, al menos en el caso de Santiago, la instalación de
nuevas poblaciones, como San Gregorio y Cardenal Caro, todas ellas de alta

168
Mensaje de S.E. el Presidente de la República don Jorge Alessandri R. al Congreso Nacional, 21 de
mayo de 1962. p. 278. Para la conversión monetaria cfr. nota 190.
169
Bravo, op. cit., p. 90.

174
concentración de habitantes, que se instalaron en los márgenes de la ciudad,
con los consiguientes problemas de desplazamientos y de instalación de servi-
cios públicos170 . Por otra parte, con el sistema de puntaje –a mayores problemas
sociales, es decir, cargas familiares, mayores eran las posibilidades de acceder
a la vivienda– se tendió a concentrar a sectores homogéneamente pobres, de
tal suerte que, como indica Bravo, se generaron graves problemas por la for-
mación de “ghettos”, que en el fondo, significaban una reproducción mejorada
de las primitivas condiciones de vida de sus moradores”171.
Este mismo analista enfatizaba, en 1963, que la población atendida hasta
ahora era principalmente la de los estratos socioeconómicos más bajos, que ha-
bitaba las poblaciones callampas, pero que no se debía olvidar que estas surgían
como producto de la presión demográfica y que se debía en consecuencia avan-
zar en la planificación económica y social que impidiera las migraciones internas
en el país. Si esto no ocurría, se formarían nuevas poblaciones callampas172.

La población más grande de Santiago: “Cardenal


José María Caro”
Si San Gregorio fue una “operación” relámpago, que dio origen en solo
cinco meses, por obra y gracia del Estado, a una población de 20 mil almas, la
Población José María Caro –conocida popularmente como “La Caro”– se pro-
gramó en 1959, para albergar, en aproximadamente tres años, a unos 60 mil
habitantes, es decir, tres veces San Gregorio. Sin embargo, a siete años de su
creación, es decir en 1966, una encuesta del CIDU de la Universidad Católica,
reveló que en el “sector”173 vivían unas 89.000 personas. Si se sumaban los “sin

170
Cáceres, Leonardo. “Las callampas, un territorio inédito”, en: Mensaje, Nº 109, Santiago, junio de
1962. p. 240 y ss. También Pesle, Esteban.“Sugerencias al problema de la vivienda”, en: Mensaje,
Nº 129, Santiago, junio de 1964, p. 239.
171
Bravo, op. cit., p. 90.
172
Bravo, op. cit., p. 90. Con relación a la crítica, aunque más posterior al Plan Habitacional de Alessandri,
se puede consultar también: Santa María, Ignacio “Las tres vías en la historia del campamento chileno”,
mimeo, Depto. de Urbanismo y Vivienda, Universidad Católica de Chile, 1973, p. 15 y ss.
173
En abril de 1966 un conjunto de Juntas de Vecinos de las Poblaciones Lo Valledor Sur y Norte,
Anita, Alberto Risopatrón, Fraternal Ferroviaria y José María Caro solicitaron al CIDU un estudio,
para la constitución del área comprendida por estas poblaciones en una comuna, que se llamaría
“Guerrillero Manuel Rodríguez”. Este fue un acuerdo del 2º Congreso de Pobladores del Sector
Sur-Poniente de Santiago. En el estudio trabajó un equipo interdisciplinario del CIDU, que coordinó
el arquitecto Gustavo Munizaga y culminó en 1967, con un exhaustivo informe de siete volúmenes,
titulado “Reconocimiento y bases para un programa de desarrollo urbano. Sector Manuel Rodríguez.
Santiago”, CIDU, Universidad Católica, 1967.

175
casa”, que se encontraban temporalmente en las cercanías del Aeropuerto de
Cerrillos a la espera de ser ubicados por la CORVI, la cifra podía subir a 95 mil
habitantes174. En suma, la Población Cardenal José María Caro fue el mayor
emplazamiento humano creado por el Plan Habitacional del Gobierno de Jor-
ge Alessandri175.
La Población Cardenal José María Caro, representó una “gran pobla-
ción”, es decir, un asentamiento popular de tal magnitud que perfectamente
podía competir, en número de habitantes, con importantes ciudades del país.
Era, por cierto menor que Valparaíso o Concepción, pero tenía más habitantes
que Talca, Chillán o Valdivia176. Para los santiaguinos de los sesenta, según
recuerda el autor, La Caro era “la población más grande de Chile” y en cierto
modo, la indicación de una dudosa superioridad de la capital respecto de las
provincias.
La Población Cardenal José María Caro se emplazó en el sector
surponiente de la capital y sus límites, considerando Lo Valledor, que en la
práctica constituiría un mismo emplazamiento con “La Caro”, fueron: al nor-
te, el Matadero de Lo Valledor; al oeste el aeropuerto de Los Cerrillos; al sur,
terrenos agrícolas abiertos que separaban la nueva población de Lo Espejo; y
al este, la línea del Ferrocarril Longitudinal Sur.
Los terrenos adquiridos por la CORVI para la formación de poblaciones
obreras, pertenecían con anterioridad al Servicio Nacional de Salud, y antes de
su poblamiento masivo, los primeros en llegar, fueron los socios de la Coope-
rativa Tranviaria Pedro León Ugalde, que dieron vida al “Barrio Anita”
mediante la adquisición en 1947, de un predio, denominado “la Selva”, cuya
subdivisión fue debidamente sancionada por la Municipalidad de La Cister-
na, un año más tarde177. En 1954, una nueva cooperativa, la Fraternal Ferroviaria,
loteó 1.000 sitios en el sector. Sus socios provenían de los Ferrocarriles del

174
Mac Donald, Joan, y Munizaga, Gustavo, “Aspectos Generales del Sector Manuel Rodríguez”,
Tomo I, p. 3. En: “Reconocimiento y bases...” CIDU, Santiago, 1967.
175
Junto al emplazamiento de la Población Cardenal José María Caro, en estos mismos años y en la
misma zona sur de Santiago, se organizó la Población Clara Estrella. En “Proyecto Clara Estrella
(1.141 viviendas)” sin autor, mimeo. Biblioteca Ministerio de la Vivienda y Urbanismo. También
en: Hernández, Edison y Vivanco, Sandra “Historia de la Población Clara Estrella” en:
Constructores de Ciudad. Edic. Sur, Santiago, 1989. p. 64 y ss. Por su parte, en el sector poniente
de Santiago, la CORVI construyó la Población Neptuno, de la que entregamos mayores
antecedentes en el capítulo V.
176
Mac Donald y Munizaga, op. cit., p. 5.
177
Soto, Carlos Bitácora de la Comuna de Lo Espejo Ilustre Municipalidad de Lo Espejo, Santiago,
1994, pág. 83.

176
Estado, especialmente de los departamentos de Tracción, Maestranza y Trans-
portes, muchos de los cuales trabajaban en San Eugenio178 . Ambas cooperativas,
con escasos recursos no pudieron urbanizar el sector, razón por la cual debie-
ron esperar la llegada de los emplazamientos masivos de la CORVI.
Diversos “hechos urbanos” se produjeron en el sector en la década de
los cincuenta; al oriente de la línea férrea se levantaron la Población Dávila y
Villa Sur (ex La Feria Sur) y el “Campamento de La Victoria”, en octubre de
1957. Este último acontecimiento, obligó al Gobierno de Ibáñez a acelerar los
trabajos de urbanización de Lo Valledor, de tal manera que en 1958 fueron
instaladas 1.280 familias en Lo Valledor Norte y 1.400 en Lo Valledor Sur179.
En 1959, paralelamente a la “Operación San Gregorio”, la CORVI inició
en el sector vecino a Lo Valledor, es decir entre Callejón Lo Ovalle, Avda.
Cerrillos y la línea férrea, la radicación de 9.014 familias, de las cuales 5.834
fueron instaladas en viviendas económicas de distinto tipo y 3.180 en sitios
urbanizados180. Estaba naciendo la Población José María Caro, que sería sub-
dividida en ocho sectores (desde el sector A hasta el sector G) y que pronto
envolvería a las poblaciones Anita y Fraternal Ferroviaria. Más tarde, en 1961,
la Fundación de Viviendas de Emergencia instaló hacia el norponiente del sec-
tor, 520 viviendas, dando origen a la Población Alberto Risopatrón, y todavía
en 1962, La CORVI entregó 248 viviendas en el sector G de José María Caro y
sitios en los sectores A, B, C y F. De este modo, hacia 1962, el “sector” o Pobla-
ción José María Caro había adquirido su conformación más definitiva, con los
límites más arriba indicados.
De acuerdo con los estudios de graduación de la arquitecto Beatriz
Arciniegas, los grupos que llegaron a la Población José María Caro podían
clasificarse en tres: de erradicados, que provenían generalmente de poblaciones
callampas y que fueron ubicados en los sectores D, E y F. Se trataba de un
grupo de variadas ocupaciones en la industria, la construcción y el comercio,
así como también de desempleados. Las familias, indica el estudio “están bien
constituidas en un alto porcentaje” aunque “en una de cada cuatro falta uno
de sus miembros, especialmente el padre”; de independientes o nivel intermedio,
se trataba de familias de variada procedencia y que se ubicaban en Lo Valledor
Norte y Sur y también dispersos en distintos sectores de José María Caro. Este
grupo está conformado por obreros semi-especializados o especializados con

178
Soto, op. cit., p. 85.
179
Munizaga, Gustavo. “Reconocimiento y bases para un programa de desarrollo urbano, Sector Manuel
Rodríguez” CIDU, mimeo, Santiago, Tomo I, págs. 16 y 17.
180
Munizaga, op.cit., p. 17

177
mayor estabilidad laboral, muchos de ellos gozaban de previsión social “y las
familias están mejor constituidas”; de empleados estatales, fuerzas armadas y obre-
ros de industrias mayores, este grupo se ubica en los sectores A, B y C en las
mejores zonas del conjunto. Cuentan con trabajo estable, previsión social y
ciertas franquicias institucionales181.
Un mayor detalle acerca de la procedencia nos lo proporciona el estu-
dio del CIDU: algunos, indica, procedían de las erradicaciones masivas de
ocupaciones ilegales o poblaciones insalubres (es decir de poblaciones
callampas del Zanjón y el río Mapocho); otros, de comités independientes
que postulaban colectivamente a la CORVI (tanto de conventillos como de
sindicatos); otros tantos, eran grupos de asegurados de cajas de previsión
(fiscales, municipales o particulares), entre los que incluían 19 comités de
Fuerzas Armadas y Carabineros; y otros finalmente, eran grupos de obreros
pertenecientes a diversas industrias. En suma, indicaba el referido estudio:
“Los 180 diversos comités que se ubicaron en J.M. Caro también eran un
conglomerado heterogéneo de diversa procedencia, siendo clasificados y dis-
tribuidos según sus antecedentes socioeconómicos en los diversos sectores de
la Población Caro con una gradación cualitativa, a partir del mejor, el sector A,
sucesivamente hasta el F. Los comités de independientes y los asegurados con
mayores exigencias de cuotas de ahorro, así como los obreros de industrias
con convenios fueron ubicados en casas definitivas. Los grupos de erradica-
ción, a los que no se les exigió cuotas de ahorro sino solo requisitos en cuanto
a número de hijos que tenían, y aquellos grupos con antecedentes penales, etc.
se ubicaron gradualmente, desde los sectores de vivienda mínima hasta los
simples sitios urbanizados”182.
Don Manuel Olguín llegó al Sector C de la José María Caro el 1O de mayo
de 1960. Postuló a la CORVI a través del Frente Nacional de la Vivienda, organi-
zación que agrupaba a personas en comités, organizaba sus antecedentes y los
postulaba a la CORVI, teniendo en cuenta el puntaje que lograban reunir:
“Se hacían comités... los unían y postulaban con una cantidad de cuotas
y con todos los antecedentes y nada más... Ellos (la CORVI) elegían a las perso-
nas”183.
A su grupo se le asignaron tres manzanas, en el sector C, y cada manza-
na agrupaba a aproximadamente 40 familias. Entonces, quedaron ubicados

181
Arciniegas, Beatriz “Los standars de diseño habitacional y la realidad socioeconómica
latinoamericana” Tesis. Escuela de Arquitectura. Universidad de Chile, 1966. pág. 79.
182
Munizaga, op. cit., p. 18.
183
Entrevista a don Manuel Olguín, Santiago, 17 de mayo de 1998.

178
entre las actuales calles Cardenal Caro y Avda. Cerrillos. A su llegada les entre-
garon “un sitio con dos piezas y nada más”. El baño era un pozo séptico, al
fondo del sitio, unido para dos vecinos, y el agua, una llave instalada a la
entrada del sitio que debía atender también a dos vecinos.
Los adelantos fueron llegando paulatinamente, el alcantarillado defi-
nitivo, por ejemplo demoró unos tres años, razón por la cual fue muy
importante la organización de los vecinos y su relación con la CORVI, a efec-
tos de realizar “la ampliación” de las dos piezas originales. El camino seguido
fue, como indica don Manuel, el de la autoconstrucción, con la asesoría téc-
nica de la CORVI:
“La autoconstrucción, como le digo, nosotros la hicimos haciendo cuo-
tas mensuales. Nos reunimos, formamos la agrupación y a medida que íbamos
teniendo el billete, íbamos comprando materiales y construyendo... Los 36,
después me acuerdo que quedaron 32, 4 se retiraron, quedaron las casas me-
dio a la mitad, no pudieron más o quedaron sin trabajo y otros porque eran
muy lentos (...) Dos años nos demoramos nosotros en llegar a la cadena... La
CORVI nos dio la facilidad, nos facilitó el techo... esos 100 escudos eran paga-
dos a tres años. Nos mandó la madera y el techo, el pizarreño (...)
“Nosotros nos organizamos, tuvimos que formar turnos, con horario,
por ejemplo, yo trabajaba, salía a las siete de Manufacturas Sumar, a las nue-
ve empezaba hasta las doce de la noche a trabajar... Todo se iba haciendo por
igual, primero la excavación para las 36 casas, después los cimientos para las
36 casas. Una vez comprados los materiales, los ladrillos, todo, fierro, había
que ir a buscarlos al hombro, por allá, una ferretería que después se llamó
Fraternal, y una vez hechos los cimientos, todas las casas se levantan hasta la
mitad, para que ninguno dijera, usted se está levantando solo y el otro no y
cosas así”184.
Un sistema de trabajo solidario e igualitario, para el cual había que echar
mano de todos los recursos propios, por ejemplo, la capacidad de algunos ve-
cinos en el oficio de la construcción y también de los propios aprendizajes que
se iban haciendo en la práctica, en el camino de levantar la casa, su casa:
“Todos bien organizados y todos teníamos que llegar a trabajar aquí.
También hubo que organizar las personas que tenían conocimientos aquí (...)
Por ejemplo, habían dos señores, vecinos acá, don Salvador Cordero y don
Víctor Vásquez, trabajaban en construcción ellos, entonces, tenían el conoci-
miento y a ellos los pusimos como cabeza para organizarnos y comprar el
material, la cantidad para cada casa”.

184
Entrevista a don Manuel Olguín.

179
“Demoramos mucho hasta la terminación... Dos años hasta la cadena,
después la techumbre corría por cuenta de cada uno. Tenía que ir a la CORVI y
una vez que recibía el inspector todo conforme hasta la cadena, todo confor-
me, le daba el visto bueno y ahí uno quedaba postulando para techo, y después
bueno, todos los que estaban aprobados se les mandó la techumbre a su domi-
cilio y ahí, la techumbre ya hubo que hacerla particular. Si yo no sabía... bueno,
buscaba un vecino... que era carpintero (...)
“El inspector Gúzman venía día por medio a vernos cómo iba, (cómo)
avanzaba la construcción... Claro, pero, en ese sentido también fue bueno por-
que así uno podía hacerlo más luego y de ver las medidas exactas, los materiales
que debían ocuparse, la mezcla con la arena, el ripio, el bolón, todo eso, hasta
uno se hizo un poco maestro ahí”185.
Le consulto, finalmente a don Manuel por sus sentimientos, cuando lle-
gó a su sitio, semiurbanizado, en la José María Caro. Me responde que habría
que preguntarle a su esposa, ya que cuando eso ocurrió, en 1960 exclamó: “por
fin tengo mi casa propia, aunque sean estos pinos”, refieriéndose a las dos
piezas de madera que entonces recibieron186.

185
Entrevista a don Manuel Olguín.
186
Semejante, como vimos, fueron los sentimientos de don Arturo Pérez y su señora, cuando llegaron
a su sitio a San Gregorio, quienes frente a la misma pregunta repondieron “el sitio era inmenso...
para nosotros... era como un regalo de Dios”. cfr. supra, p. 159.

180
Poblaciones y habitantes de “La Caro”

De acuerdo al estudio del CIDU, en 1966, cuando la Población José Ma-


ría Caro había alcanzado su forma más definitiva, sus habitantes se distribuían
del siguiente modo:
CUADRO Nº 31
Poblaciones y habitantes José María Caro

Fuente: Encuesta CIDU, 1966.

Con relación al tamaño de las familias, no se observan grandes diferen-


cias, siendo el sector D de José María Caro el que alcanza el más alto promedio.
En este caso, la distribución de las familias variaba entre 15 habitantes por
vivienda (la más alta frecuencia) hasta 2 habitantes por vivienda (la frecuencia
más baja), lo que llevó a establecer el promedio de 7.73 habitantes por vivien-
da para este sector.
Si se considera ahora la distribución del sector en los tres distritos a que
dio origen este poblamiento popular, desde el punto de vista administrativo,
se tiene que la mayor concentración de personas estaba en José María Caro,
con una población de 49.856 habitantes, superior en aquel tiempo a la comuna
de La Reina e inferior a la comuna de Maipú187.
187
Mac Donald y Munizaga, op. cit., Tomo I, p. 6.

181
CUADRO Nº 32
Distribución por distritos

Fuente: CIDU, op. cit., Tomo I, p. 6

De acuerdo con el estudio que venimos comentando, y según la encues-


ta que realizó el CIDU en agosto de 1966, se estableció que la fuerza de trabajo
en el sector representaba el 26,2% de la población total, siendo en el Gran San-
tiago, de 30,5%188 . La razón de esta proporción más baja era muy sencilla, en
José María Caro existía una alta población de niños que se explicaba, entre
otros, por el sistema de puntaje para postular a la vivienda, que subía de acuerdo
al número de cargas familiares.
Por otra parte, el sector de La Caro era, como otras poblaciones de la
época una “población dormitorio”, es decir, la mayor parte de sus trabajadores
activos realizaban sus faenas fuera del sector. De este modo, el estudio estable-
ció que el 81,6% de los trabajadores lo hacían fuera del sector mientras que el
18,4% lo hacían en la propia población, generalmente en actividades de servi-
cios o como trabajadores por cuenta propia189 .
El ingreso promedio de las familias del sector de la Caro era en 1966 de
$ 74.358 y el ingreso per capita de $ 11.342190. Se trataba por cierto de ingresos
precarios, cuya distribución por tramos era la siguiente:

188
Barahona, Pablo “Comercialización y Aspectos económicos en el Sector Manuel Rodríguez” Tomo
IV, pág. 35. En: “Reconocimiento y bases...” CIDU, Santiago, 1967.
189
Mac Donald y Munizaga, op. cit., p. 7
190
De acuerdo al estudio del CIDU, el ingreso promedio por familia era de E° 474,84 y el ingreso per
cápita de E° 72,43. Estos valores fueron transformados a pesos de diciembre de 1998, utilizando las
cifras oficiales del Indice de Precios al Consumidor, informados por el Instituto Nacional de
Estadísticas. Se ha utilizado el factor 156,59522 que incluye el efecto combinado de la variación
Continúa en la página siguiente.

182
CUADRO Nº 33
Ingreso familar por tramo E°/mes y $ /mes

Fuente: Encuesta CIDU, 1966

Los dos primeros tramos de ingreso, es decir de menos de $ 39.149 sig-


nificaba que el 16,6% de la población estaba por debajo de un sueldo vital de la
provincia de Santiago, que en 1966 era de $ 40.992 mientras que el 50,3 %, es
decir los tramos 3, 4 y 5 (con ingresos entre $ 39.305 y $ 86.27) tenían ingresos
entre 1 y 2 sueldos vitales; El 19,3 de las familias (tramos 6 y 7) tenía un ingreso
equivalente a tres sueldos vitales y solo un 3,3% de la población tenía ingresos
superiores a cuatro sueldos vitales191. El estudio del CIDU buscó explicar en-
tonces, qué factores estaban influyendo en el nivel de ingresos de las familias.
Para estos efectos se analizó ciertas características del jefe de familia, edad,
educación y nivel ocupacional. Los resultados de estas observaciones fueron
los siguientes:

del IPC entre diciembre de 1966 y diciembre de 1998 y el cambio de unidad monetaria de Escudos
a Pesos, producida en 1975. En: HYPERLINK http://www.ine.cl/indice.htm. En adelante, todos
los cuadros del Informe CIDU han sido transformados a pesos de 1998, de acuerdo con la metodología
indicada. Esta metodología no difiere de modo importante de la utilizada por el Proyecto Cruz
Blanca, que amablemente me facilitara el profesor del Instituto de Historia de la Pontificia
Universidad Católica, don Ricardo Couyoumdjian.
191
Mac Donald y Munizaga. op. cit., págs 9 y 10. El sueldo vital para la provincia de Santiago en
1966 era de E° 261,77. Utilizando el factor de actualización que hemos empleado, a pesos de
diciembre de 1998 equivale $ 40.992. El sueldo vital para Santiago está tomado de Mamalakis,
Markos: Historical Statistics of Chile. Demography and Labor Force. Greenwood Press. Wes port,
Connecticut. London, England, 1980. P. 330.

183
CUADRO Nº 34
Ingreso familiar según edad del jefe de hogar

Fuente: Encuesta CIDU, 1966.

El resultado de esta observación demostró que existía poca relación en-


tre la edad del jefe de familia y el ingreso de ella, lo que estaría indicando que
la pobreza no tenía que ver necesariamente con la edad. Se consideró entonces
el ingreso familiar, según el nivel de educación (de escolaridad, más preci-
samente) del jefe de hogar:

CUADRO Nº 35
Ingreso familiar promedio, según educación del Jefe de hogar

Fuente: Encuesta CIDU, 1966.

El resultado de esta observación tampoco fue concluyente para explicar


las diferencias de ingreso, en el sentido que jefes de hogar analfabetos tenían
ingresos superiores a los que contaban con 1 a 4 años de preparatoria. Es

184
evidente, en todo caso, que se estaba considerando diferencias muy finas en
un universo general de baja escolaridad. Más importante demostró ser el nivel
ocupacional del jefe de hogar, como se aprecia en el cuadro siguiente:

CUADRO Nº 36
Ingreso familiar promedio, según nivel ocupacional del jefe del hogar

Fuente: Encuesta CIDU, 1966.

El nivel ocupacional sí demostró ser un factor de diferenciación impor-


tante del ingreso, ocupando el último lugar los obreros. En el caso de los que
no trabajaban, las explicaciones que se dieron los autores del estudio fueron, o
que recibían otros ingresos que no provenían de remuneraciones por su traba-
jo o, que la familia dependía de otros miembros de ella y no necesariamente
del jefe de hogar. Finalmente, otro aspecto interesante del estudio de ingresos
tuvo que ver con las relaciones existentes entre tamaño de la familia e ingreso:

CUADRO Nº 37
Ingreso familiar según tamaño de la familia

Fuente: Encuesta CIDU, 1966.

185
La indicación es relativamente concluyente, a medida que subía el nú-
mero de miembros de la familia subía también el nivel de ingresos. Los tramos
intermedios tenían promedios muy similares. Se pensó que el factor de dife-
renciación eran las asignaciones familiares, pero se comprobó que solo el 37,6
de las familias encuestadas percibían este beneficio, razón por la cual lo más
probable era que al crecer el número de miembros de la familia, más de ellos
contribuían a su financiamiento.

Tipos de vivienda en el sector de la Caro

La Población Cardenal José María Caro, como hemos dicho, fue el ma-
yor emplazamiento popular del Plan Habitacional de Alesssandri, pero además
también fue un verdadero “piloto” de la CORVI, en el sentido de que allí se
puso en práctica el criterio de construir de acuerdo con las capacidades econó-
micas de los postulantes. Las denominadas “viviendas económicas” (o, las
también llamadas, más tarde, “soluciones habitacionales”) encontraron aquí
sus más diversas expresiones. En efecto, en el sector de Cardenal Caro, se po-
dían distinguir al menos cinco tipos de viviendas192:
Sitio urbanizado y caseta sanitaria. Consistió en un sitio con urbanización
mínima, compuesta de soleras, servicio de agua domiciliario, luz eléctrica y
caseta sanitaria, que contaba con lavatorio, WC, ducha y lavadero. Los cierres
eran de mallas de alambre galvanizado. En estos casos, cada poblador cons-
truía su mejora, de acuerdo a sus propias posibilidades, al fondo del sitio, en
espera de la construcción de la casa definitiva.
Este sistema se aplicó en Lo Valledor Norte y Sur, J.M. Caro F y parte de
A para pobladores de escasos recursos, en lotes de 7 por 18 a 20 metros,
alambrados y pilones de agua cada 3 cuadras en una primera etapa, luego se
instalaron los demás servicios de urbanización, teniendo cada sitio su llave de
agua potable y alumbrado; el alcantarillado vino al final, con lo que se reem-
plazó la letrina por la caseta sanitaria. Entre 1963 y 1964, la CORVI entregó
15.459 de estas casetas.
Vivienda mínima ampliable básica. A los postulantes con mayor capacidad
económica, la CORVI entregó una “vivienda mínima ampliable”, que consta-
ba de una caseta sanitaria y dos habitaciones construidas en albañilería de
ladrillo, bloque de hormigón o de madera. Cada poblador podía ampliar su

192
Se sigue en esta parte la descripción que realizan Mac Donald y Munizaga, op. cit., Tomo VII, pág.
144 y ss.

186
vivienda para lo que contaba con la asesoría de la CORVI, la que proporciona-
ba planos y especificaciones técnicas para la construcción193.
Viviendas medias definitivas. A los pobladores de más alta capacidad
económica se les entregó este tipo de vivienda de uno y dos pisos, que cons-
taban de dormitorios, estar-comedor, cocina y baño y construidas en
albañilería de bloques de hormigón y de ladrillos. Estas eran las “casas de
material” que los pobladores diferenciaban de las “provisorias”. La CORVI
entregó 730 de estas viviendas en 1960 en José María Caro A y también la
Fundación de la Vivienda entregó 520 viviendas definitivas en la Población
Alberto Risopatrón.
Viviendas de Autoconstrucción. En algunos casos, la CORVI, valiéndose
de la existencia de grupos de pobladores organizados, promovió sistemas de
autoconstrucción. En tales situaciones, la CORVI entregó el terreno urbani-
zado y proporcionó a los pobladores materiales de construcción y asistencia
técnica, social y administrativa así como equipos y herramientas, todo ello
en calidad de prestamo. El sistema se aplicó, en Lo Valledor Sur para 850
familias.
Construcción particular. Se trataba de construcciones más heterogéneas,
especialmente presentes en la Población Fraternal Ferroviaria y Anita, en don-
de los vecinos construyeron según sus propias posibilidades. Las observaciones
realizadas por los investigadores del CIDU, en 1966, les demostraron que una
enorme proporción de viviendas permanecían en la obra gruesa, inconclusas o
abandonadas, lo que les indicaba que muchos pobladores se embarcaban “en
obras que estaban por sobre sus recursos reales, y prefieren vivir por largos
años en una choza o en la obra gruesa de un ‘chalet’ antes que en una vivienda
más modesta y definitiva”194.
Viviendas experimentales. También la CORVI estimuló a algunas em-
presas para que propusieran nuevos diseños económicos de vivienda,
algunos de ellos fueron ensayados en algunas manzanas de la Población
José María Caro.
En el siguiente cuadro resumen, se indica el tipo, número y año de
las viviendas, correspondiente solo a la labor de la CORVI, entre 1959 y
agosto de 1964. No incluye entonces, por ejemplo, las viviendas construi-
das por la Fundación Social de la Vivienda en Lo Vallledor ni las construidas
por la Fundación de la Vivienda y Acción Social en la Población Alberto
Risopatrón.

193
Este es el caso que nos describió don Manuel Olguín. cfr. supra, p. 180.
194
Mac Donald y Munizaga, op.cit., p. 146.

187
CUADRO N° 38
Labor ejecutada por la Corvi en el sector

Fuente: CEPAL, “La participación de las Poblaciones Marginales en el crecimiento


urbano”, págs. 26 y 27, Santiago, 1965. Citado por Mac Donald y Munizaga, op. cit., p. 148

De acuerdo con las especificaciones de la CORVI, los tipos de vivienda


más frecuentes del sector José María Caro fueron los modelos 662, 104 y 201,
que en conjunto representaban en 1966, el 87,5% del total de las viviendas, el
12,5% restante correspondía a viviendas experimentales, a las viviendas defi-
nitivas de Risopatrón y a los diversos tipos de viviendas levantadas por las
cooperativas Anita y Fraternal Ferroviaria195.
La vivienda tipo 662, 104 y 201, que constituían la mayoría de las vivien-
das del sector José María Caro, presentaban diferencias de diverso tipo. Así
por ejemplo, la 662 correspondía a la vivienda mínima ampliable en cuyo de-
sarrollo podían distinguirse dos etapas: la unidad básica de dos dormitorios y
una caseta sanitaria, y la unidad terminada, con los mismos dos dormitorios y
caseta, más una cocina comedor y una sala de estar. La vivienda 104 era una
vivienda definitiva, con dos dormitorios, zona de estar, comedor-cocina y baño,
mientras que la 201, era una vivienda de dos pisos, con estar, comedor, cocina
y baño en el primer piso y tres dormitorios en el segundo piso.
Evidentemente, durante los primeros años de José María Caro, la vi-
vienda fue evolucionado en la medida que se producían las ampliaciones de

195
Ibídem. pág. 148.

188
las viviendas más básicas. Sin embargo, los mayores cambios no se produjeron
en este terreno, sino en la acción de la CORVI destinada a la construcción de
viviendas básicas para las familias a las que solo se les había asignado sitios
urbanizados. De este modo, como se aprecia en el cuadro siguiente, hacia 1966,
la mayoría de las viviendas eran definitivas:

CUADRO Nº 39
Evolución de vivienda por tipos de soluciones

Fuente: CORVI, Departamento de Construcción. Citado por Mac Donald y Munizaga, op.
cit., p. 153.

La mayor atención de la CORVI a los sitios urbanizados implicó cier-


tamente un aumento de las viviendas definitivas, pero no se produjo en la
misma proporción una mejora en la calidad de las viviendas básicas que re-
querían de ampliaciones. La percepción de los investigadores del CIDU, fue a
este respecto la siguiente:
“Desgraciadamente, existe en la mayoría de los pobladores el criterio de
que es responsabilidad de la CORVI terminarles su vivienda, y por esta razón,
no demuestran mayor interés en construir por su cuenta ni organizarse para
hacerlo con el esfuerzo común. Debido a esto es que las poblaciones donde exis-
te vivienda básica, se ve en general muy poco trabajo en ampliaciones, siendo
esta situación mucho más crítica con la vivienda básica construida en madera o
en planchas de madera aglomerada (José María Caro D y E). En estas poblacio-
nes prácticamente no se han hecho ampliaciones de acuerdo al plano CORVI, y
unos pocos que la han hecho, la han realizado en albañilería de ladrillo con in-
tención de hacer, posteriormente, la vivienda completa en el mismo material”196.

196
Mac Donald y Munizaga, op. cit., p. 154. En la entrevista a don Manuel Olguín, él también reconoce
que pocos grupos se organizaron para mejorar sus viviendas y que su experiencia en el sector C, fue
relativamente excepcional.

189
Desde el punto de vista de su infraestructura, el sector José María Caro
sería un poblamiento precario, una “solución habitacional” para cerca de 90
mil personas, la mayoría santiaguinos de pueblo, que no habían logrado una
posición estable en la ciudad. Como poblamiento precario hizo pronto eviden-
te diversas limitaciones urbanas, lo que llevó a considerar a La Caro como una
población marginal, o en su extremo como una “población callampa” de gran
envergadura197. Algunas de las limitaciones urbanas descritas por los investi-
gadores del CIDU, en la segunda mitad de los sesenta fueron las que se indican
a continuación.
Respecto de la superficie de la vivienda con relación al número de habi-
tantes, si bien estas variaban dependiendo de la población o sector de La Caro,
en términos generales, estaban por debajo de la media considerada deseable
por la CORVI. En efecto, mientras la CORVI había estimado para la zona cen-
tral un patrón mínimo de 10,5 m2 por habitante, en La Caro variaba de 4,1 m2
en el Sector D hasta 9,1 m2 en el de Lo Valledor Sur. La falta de espacio tendió
a ser resuelta por los pobladores mediante la construcción de mejoras que alle-
gaban a la vivienda básica de madera. Ello era visible, en 1966, en los sectores
B, C, D y E de José María Caro198. La falta de espacio de las viviendas era espe-
cialmente grave respecto de la cantidad de dormitorios y camas posibles de
instalar con los consiguientes problemas de hacinamiento, de tal suerte que el
promedio de personas por cama era de 1,66 y la más alta proporción la tenía en
Sector E, con 2,55 personas por cama. Es por este motivo, entre otros, que la no
realización de las ampliaciones proyectadas para las viviendas básicas aca-
rreaba un inevitable problema social.
Respecto de la densidad poblacional, la CORVI había establecido como
patrón de densidad mínima, 200 habitantes por hectárea y 300 como máximo.
En la Población José María Caro este patrón se encontraba plenamente dife-
renciado, de tal modo que mientras en Fraternal Ferroviaria y Anita era de

197
A principios de los sesenta el tema poblacional, como veremos en el capítulo siguiente, fue objeto
de los más diversos estudios, análisis y pronunciamientos políticos. En este contexto, la Población
José María Caro fue vista como una población pobre, marginal o “callampa”. Así por ejemplo se
refería a ella un articulista de la Revista Mensaje en 1962: “Una sola de las poblaciones “callampas”
que rodean a Santiago, la José María Caro, es más grande que todas las cabeceras de provincia
chilenas, excepto Valparaíso y Concepción. Ciento quince mil personas, en 9.311 sitios con un
promedio de 11,2 por vivienda y un total edificado de 18 metros cuadrados por casa; un policlínico
del S.N.S. atendido por cuatro médicos; una comisaría con cinco carabineros, y siete escuelas en
las que se enseñan las primeras letras a, aproximadamente un 35% de los 22 mil niños en edad
escolar que viven en la población, constituyen dicha unidad habitacional creada por la Corporación
de la Vivienda en 1958”. Mensaje, Santiago. Nº 109, junio de 1962. p. 240.
198
Mac Donald y Munizaga, op. cit., p. 157.

190
95,25 y 75,83 habitantes por hectárea respectivamente, es decir, de baja densi-
dad, en Lo Valledor Norte era de 151,49 habitantes por hectárea y en José María
Caro D, E y G sobrepasaba los 300 habitantes por hectárea199.
Con relación a los materiales usados en la construcción de las viviendas,
también se siguieron criterios de economía, de tal manera que la tendencia fue
construir sobre la base de la repetición de viviendas tipos y con escasas varia-
ciones en cuanto a los materiales. De este modo, prácticamente la totalidad de
las viviendas del sector se construyó con cubierta de asbesto-cemento y el piso
de la mayoría de ellas era un radier afinado, excepto de las casas de madera,
cuyos pisos eran del mismo material. Los materiales más usados fueron ladri-
llos de arcilla hecho a mano y madera, bloques de hormigón y ladrillo prensado.
Los requerimientos de mantención variaban de acuerdo al material empleado
y en este sentido el mayor deterioro se producía en las viviendas de madera,
las que, o no recibían la mantención adecuada, o por razones culturales, eran
sencillamente menos valoradas por los pobladores que aspiraban a la “vivien-
da de material” o de “concreto”.
Con relación a las condiciones sanitarias de las viviendas, el panorama
general de La Caro también presentaba diversos problemas, entre ellos los más
visibles tenían que ver con la ventilación y aislamiento térmico deficientes. Al
estar todas las fachadas contiguas a la calle, las ventanas no se conservaban
bien y los vidrios rotos podían ser reemplazados por cartones o tablas que
disminuían tanto la iluminación como la ventilación de la vivienda. Tampoco
contribuía a la mantención de buenas condiciones higiénicas la alta propor-
ción de animales domésticos (perros, gatos, aves e incluso caballos) que se
alojan en los patios sin las condiciones necesarias para ello. Se sumaba a ello
los deficientes servicios de recolección de basura y los propios hábitos de los
pobladores (acumulación de basuras en sitios eriazos, quema de desperdicios,
escasez de basureros domésticos adecuados, etc).

Equipamiento comunitario

En el sector Cardenal José María Caro, los servicios educacionales satis-


facían la demanda de matrícula escolar primaria en 18 locales diurnos, pero no
así las necesidades de estudios secundarios, ya que hasta el año 1966 no existía
ningún liceo diurno en el sector, razón por la cual, los jóvenes debían recurrir
a establecimientos de Maipú, Gran Avenida o el centro de Santiago. Existían sí,

199
Mac Donald y Munizaga, op. cit., p. 160.

191
dos liceos nocturnos para adultos, que correspondían a anexos de liceos de
otras localidades que funcionaban en las escuelas de Valledor Norte y José
María Caro C. También dependientes de la Corporación de Institutos de Edu-
cación Popular (CIEP) existían dos escuelas con cursos técnicos de un año de
duración para adolescentes y adultos de ambos sexos, y una red de Centros de
Educación Básica y Comunitaria:
“Es interesante destacar –anotan los investigadores del CIDU200 – cier-
tos nuevos cursos que se están realizando desde este año (1966), como es un
programa de alfabetización para los adultos. Estos cursos se dan en las zonas
donde se les necesita, a pedido de los propios pobladores. Funcionan en loca-
les de la comunidad, Juntas de Vecinos, Centros de Madres, etc. (...)
“Tienen ciclos de tres meses, después de los cuales se hace una evalua-
ción y pueden ser promovidos a cursos superiores.
“En el SMR están funcionando 28 centros de Educación Básica y Comu-
nitaria(...)”201.
Si bien prácticamente no existían áreas verdes –ningún parque o espa-
cio arbolado abierto– el fútbol era la actividad deportiva más practicada,
existiendo una gran cantidad de canchas, aunque sin camarines ni duchas.
También el básquetbol era practicado, sobre todo en las escuelas y en conjunto,
las canchas de fútbol y basketbol, sumaban 34 en el sector. El número de orga-
nizaciones deportivas llegaba a 112, corroborando la popularidad de estos
deportes, sobre todo del fútbol en la población juvenil.
Así como “La Caro” era deficitaria en áreas verdes, también lo era en
los lugares de esparcimiento, no había ningún cine o teatro con espectáculos
permanentes. De este modo, solo las carpas de circos o los “entretenimientos”
para niños, podían atender temporalmente estas necesidades de la población,
la que más bien recurría, para estos efectos, a locales céntricos o de la Gran
Avenida. En el ámbito de la población, sí podían encontrarse bares, botillerías
y salas de juego (billares, juegos mecanizados) que se constituían rápidamente
en espacios de sociabilidad, sobre todo de la población masculina.
Con relación al comercio, junto al déficit de locales comerciales para
productos esporádicos (vestuario, géneros, etc.), se podía comprobar una ex-
tendida red de almacenes, tanto en espacios destinados para locales comerciales
como en las propias viviendas. La mayor proliferación fue, por cierto, la de
estos últimos que sumaban alrededor de 500 al momento en que se realizó el
estudio del CIDU. En efecto, la instalación de un pequeño negocio casero bien

200
Actualmente Instituto de Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
201
Mac Donald y Munizaga, op. cit., p. 190.

192
podía servir como una manera para que la mujer allegara recursos al presu-
puesto familiar, o, como una estrategia de sobrevivencia para un jefe de hogar
desempleado. En este último sentido la instalación de locales comerciales en
áreas previamente definidas por la CORVI, fue ampliamente sobrepasada por
las formas de economía popular que inevitablemente florecieron en La caro.
Una experiencia novedosa, finalmente, en la Población José María Caro,
distinta del comercio popular tradicional, fue la instalación de un supermerca-
do cooperativo, UNICOOP, que se puso en funcionamiento en el Centro Cívico
de la población. Este centro comercial llegó a tener 1.690 socios en el sector,
cifra no menor pero aún insuficiente para un buen funcionamiento.

Equipamiento institucional

El estudio del CIDU consideró en este ámbito los servicios de salud,


culto, equipamiento de seguridad y servicios de asistencia social. El sector
Cardenal Caro, en parte debía ser atendido por el Hospital Francisco de Borja
y en parte por el Hospital Ramón Barros Luco, que correspondían a las áreas
central y sur del Servicio Nacional de Salud. Dos consultorios tenían, sin em-
bargo, una relación más directa con los pobladores, el de Lo Valledor y el de
José María Caro. El primero de ellos atendía al Distrito de Buzeta que iba más
allá de los límites de la Población, no así el Consultorio de José María Caro,
que debía atender a una población estimada en 80 mil personas, a pesar de
haber sido diseñado para 40 mil. Los déficit se buscaban paliar a través de
pequeños consultorios del SNS o particulares.
Tenían presencia en el sector, tanto la Iglesia Católica –a través de la
Parroquia Jesús Obrero, con sus cinco capillas– así como las Iglesias Protestan-
tes, especialmente Pentecostales, Metodista y Adventista.
Con relación a los equipamientos de seguridad, el proyecto original de
la CORVI había considerado tres comisarías de policía en Lo Valledor Norte y
José María Caro, sin embargo solo se instaló hasta 1966, la Comisaría Nº 21 en
el Centro Cívico de José María Caro y tres garitas en las Poblaciones Anita y Lo
Valledor Sur en las inmediaciones de la línea del ferrocarril, identificados como
lugares donde ocurrían mayores hechos delictivos. Dos cuarteles de bomberos
completaban el equipamiento de seguridad del sector. Ambos servicios, tanto
el de bomberos como el de policía eran insuficientes.
Finalmente, respecto de los servicios de Asistencia Social, existían 12
centros, dependientes de la CORVI, de la Gobernación Departamento Pedro
Aguirre Cerda, la Fundación de Viviendas y Asistencia Social, el Servicio Na-
cional de Salud, Servicios Sociales de las Fuerzas Armadas y Carabineros y

193
algunas instituciones privadas de acción social, como TECHO, Centro Cultura
y Trabajo, y Caritas Chile. La evaluación que los investigadores del CIDU hi-
cieron de la acción de estos centros era ambivalente:
“Los centros asistenciales han ayudado considerablemente en la orga-
nización de los pobladores, fundamentalmente formando Centros de Madres,
los que aprovechan los locales de dichas instituciones para sesionar e instalar
sus talleres. Estos Centros de Madres tienen un alto índice de participación (...)
En general se aprecia que las instituciones que actúan en el sector lo hacen
sin ninguna coordinación. Donde es más patente este hecho es en las instituciones
de asistencia social, cuya labor tiende a veces a satisfacer más a la institución que
a los pobladores. La falta de coordinación entre las instituciones que actúan en el
sector trae solo consigo una pérdida de recursos económicos y humanos”202.

Las organizaciones comunitarias

En sus primeros años de existencia se desarrollaron en La Caro diversos


tipos de organizaciones territoriales y funcionales. Entre las primeras se ha-
bían organizado hasta mediados de los sesenta 39 Juntas de Vecinos las que a
su vez se agrupaban en dos organizaciones federativas, políticamente antagó-
nicas, una de ellas vinculada la Izquierda y la otra a la Democracia Cristiana.
Se trataba del Comando de Pobladores y la Agrupación de Juntas de Vecinos
del Sur Poniente de Santiago.
Entre las organizaciones funcionales, destacaron pronto los Centros de
Madres y las Agrupaciones Juveniles y Deportivas. Entre los primeros se con-
tabilizaron 104 y entre los segundos 112 según la Encuesta CIDU de 1966.

202
Mac Donald y Munizaga, op. cit., p. 205.

194
Capítulo 3
La crítica práctica y la crítica teórica
al problema habitacional

La política habitacional de Alessandri, en cuanto a sus realizaciones en


la primera mitad de su Gobierno, significó un “salto adelante” en el enfrenta-
miento del déficit de viviendas en el país y en especial en Santiago, que a mayor
concentración de la población, mayores problemas presentaba.
No hay dudas en cuanto a que la política de Alessandri de construir de
acuerdo con las capacidades del país, algo así como proporcionalmente a los
recursos de los más pobres, cambió la faz de Santiago, en el sentido que termi-
nó por asentar a significativas mayorías de santiaguinos pobres, especialmente
en la zona sur de la capital, en las comunas de San Miguel, La Cisterna y La
Granja. Tampoco quedan dudas, sobre todo si se tiene en cuenta la voz de los
más afectados por la escasez de vivienda, que más allá de la precariedad de las
nuevas poblaciones, era muy distinto comenzar a vivir en “el sitio” o “la casa
propia” que hacerlo en un conventillo o en una callampa.
Sin embargo, como observó Luis Bravo, las nuevas poblaciones eran
una experiencia de dos caras: de una parte, un éxito cuantitativo con relación a
la construcción de viviendas económicas, pero por otra parte, una suerte de
reproducción ampliada de una nueva situación de pobreza urbana. Más preci-
samente este analista indicó, que como producto de la política habitacional de
Alessandri, se habían generado “ghettos”, que en el fondo eran una “repro-
ducción mejorada” de las primitivas condiciones de vida de sus moradores1.
Pues bien, siendo este ya un problema, el de las condiciones materiales
y espirituales de vida de las nuevas poblaciones, existía también otro proble-
ma no menos acuciante, el que habida cuenta del gran déficit habitacional a
que llegó el país en los años cincuenta, el “Plan Habitacional” de Alessandri
era insuficiente y limitado en sus alcances respecto de la magnitud de las nece-
sidades de vivienda, de tal suerte que la CORVI, todavía en 1961 y a pesar de
sus realizaciones, tenía 18 mil postulantes en lista de espera solo en Santiago.

1
cfr. supra, p.175.

195
Hubo entonces razones suficientes para que las presiones populares por en-
contrar soluciones habitacionales en la ciudad continuaran y la estrategia
ensayada en La Victoria, en 1957, volviera por sus fueros, es decir la posibili-
dad de alcanzar una vivienda a través de la “toma de sitios”. Y así ocurrió, en
1961, cuando tal estrategia volvió a ponerse en escena, esta vez en la Chacra de
Santa Adriana, una vez más en la zona sur de Santiago.
La movilización social y política de los pobladores que tomaron los te-
rrenos urbanizados por la CORVI en Santa Adriana, animados por la izquierda
política, representó entonces una “crítica práctica” a la política habitacional de
Alessandri, que trascendió los límites de la ex chacra Santa Adriana, para ha-
cer una vez más visibles a los pobladores en la escena política nacional. En este
último sentido, la acción práctica de los pobladores catalizó la “crítica políti-
ca” en contra del Gobierno Alessandri, y entonces diversos sectores políticos
pusieron en tela de juicio la eficacia y también los efectos del Plan Habitacional.
Finalmente, un nivel distinto, pero conectado con estos problemas prác-
ticos de la ciudad, y teniendo como telón de fondo la situación de los más
pobres de ella, un grupo de intelectuales vinculados a la Iglesia Católica, co-
menzaron a elaborar el mayor corpus teórico, que buscaría explicar el
“fenómeno poblacional”. Nos referimos a la “teoría de la marginalidad”.
En este capítulo, consideraremos estos tres momentos de la crítica a las
políticas habitacionales de principios de los sesenta: la crítica práctica, la críti-
ca política y la teorización sobre los pobladores y la marginalidad.

La política estatal bajo presión: El caso de la


Población Santa Adriana.
La zona sur de Santiago fue, todavía en la primera mitad de los sesenta,
el epicentro de la política habitacional del Gobierno de Alessandri. Así, mien-
tras en la Granja nacía la Población San Gregorio (3.900 sitios, 20 mil habitantes)2
en La Cisterna y San Miguel, nacían las poblaciones José María Caro (9.000
sitios, 60 mil habitantes)3, Clara Estrella (1.417 sitios, 7 mil habitantes)4 y Santa
Adriana (2.870 sitios, 15 mil habitantes)5. Es decir, estamos haciendo referencia

2
Estas fueron las cifras iniciales programadas por la CORVI, sin embargo ya en 1962, se estimaba
que vivían en la Población San Gregorio 28.900 personas. cfr. supra. p. 163
3
Estas fueron las proyecciones originales de la CORVI, sin embargo, ya en en 1966, se estimaba
vivían en la José María Caro 89 mil personas. cfr. supra. p. 175
4
“Proyecto Clara Estrella” Santiago, 1962. pág 32. Biblioteca del Ministerio de la Vivienda.
5
Mensaje Presidencial, 1961, p. 252.

196
a un proceso de asentamiento definitivo de santiaguinos que comprometía a
más de 100 mil personas y que se verificaba, además, en un “tiempo corto” de
no más de tres años, entre 1959 y 1962.
La urbanización de la ex Chacra Santa Adriana fue parte del Plan
Habitacional, organizado y cordinado por la CORVI, que buscaba ampliar la
cobertura de construcción de viviendas económicas, de modo semejante a la
José María Caro. Sin embargo, antes que concluyeran los trabajos de urbaniza-
ción, la noche del 22 de julio de 1961, un grupo de unas 1.200 personas
invadieron los terrenos de la ex Chacra Santa Adriana. Así quedó consignado
en un discutido “parte policial”:
“Se da cuenta a esa Superioridad, que a las 2.30 horas de hoy, alrededor
de 300 familias, con un total de 1.200 personas aproximadamente, perfectamente
organizadas y provenientes de las Poblaciones La Victoria, Lo Valledor, La Cis-
terna, La Legua, Matucana, Recreo, Germán Riesco y Quinta Normal ocuparon
los terrenos que la CORVI tiene en construcción en Melinka esquina La Feria,
de la Población Santa Adriana, instalándose con algunos enseres.
“Al lugar llegaron los diputados señores Orlando Millas, Víctor
Galleguillos y Cipriano Pontigo; Alcalde de San Miguel, señor Ramón Arellano
Becerra y regidores de San Miguel, los que manifestaron al señor jefe de ron-
das, capitán don Bernardino Ibáñez, de la 19a Comisaría “Providencia”, que de
inmediato se entrevistarían con el señor Ministro del Interior y funcionarios
de la CORVI, a objeto de evitar el desalojo, ya que según el dirigente Manuel
Liberona Flores, Raúl Fuica 943, todos eran postulantes y se encontraban em-
padronados por la CORVI, desde hace dos años a la fecha.
“En el lugar se constituyeron el señor Prefecto de la Prefectura Rural,
teniente coronel don Pedro Silva Gordillo; señor subprefecto, teniente coronel,
don Sergio Rodríguez Vial; señor subprefecto de la Prefectura Santiago Sur,
teniente coronel, don Urbano Requena Román; el señor comisario de San Ber-
nardo, mayor don Francisco Rebolledo Núñez; señor subcomisario de La
Cisterna, capitán don Claudio Muñoz Oviedo y el señor jefe de la ronda, capi-
tán don Bernardino Ibáñez.
“Se mantiene personal de servicio necesario para evitar nuevas ocupa-
ciones en el lugar ya indicado”6.
El “parte policial” es evidentemente muy expresivo de los primeros ac-
tores que se encontraron la noche del 22 de julio en Santa Adriana: los
pobladores, perfectamente organizados; los parlamentarios comunistas junto
al Alcalde de San Miguel; y la policía en pleno, de prefectos a subprefectos y,

6
“Gobierno denunció ocupación ilegal de terrenos fiscales” El Mercurio, 23 de julio de 1961, pág. 55.

197
por supuesto, el personal de servicio. Los pobladores declararon que se deci-
dieron por la toma, cansados de tanta tramitación7; los parlamentarios, por su
parte, se hicieron presentes para mediar en el conflicto y evitar un enfrenta-
miento8 ; la policía, que llegó tarde para evitar la invasión, debía estar allí para
defender la propiedad fiscal amenazada.
La toma de Santa Adriana conmocionó el ambiente político, por cuanto
la primera reacción del Gobierno fue solicitar el desafuero de los parlamenta-
rios comunistas, sitiar a los pobladores y denunciar los hechos a los tribunales
y a la opinión pública como “una ocupación ilegal de terrenos fiscales”. El
diario El Mercurio informó al día siguiente de la toma, que según funcionarios
de Gobierno, los parlamentarios comunistas “encabezaron el grupo de pobla-
dores que ocupó ilegalmente los terrenos de propiedad de la CORVI”9
Los parlamentarios comunistas, por cierto se defendieron y temieron
que se reeditara alguna forma de represión más vasta en contra del Partido
Comunista –semejante a la Ley de Defensa Permanente de la Democracia–
mientras que los pobladores, vivieron la incertidumbre del desalojo, cercados
por la policía, que impidió no solo que entraran nuevos ocupantes, sino que
cualquier material de construcción. El fantasma de “La Victoria” rondaba por
Santa Adriana.
La toma de Santa Adriana trascendió además por otras tres razones. En
primer lugar, había una reconocida necesidad de viviendas populares y solo la
CORVI, como ya adelantáramos, tenía en lista de espera a unos 18 mil
postulantes; en segundo lugar, el Partido Comunista estaba implicado en la
organización de los sin casa, lo que politizaba el debate sobre la vivienda; y, en
tercer lugar, los sitios de Santa Adriana, según la CORVI, ya estaban asignados
a sus postulantes regulares, razón por la cual quienes hicieron la toma no po-
drían permanecer en Santa Adriana. Ello daría lugar a un largo proceso de
negociación para encontrar alguna solución a la ocupación y a un también
largo y agudo debate político parlamentario en que todos los partidos toma-
rían posición frente al problema habitacional.
La toma de Santa Adriana fue entonces una coyuntura neurálgica para la
historia del problema habitacional de Santiago, ya que nadie podía desconocer
la necesidad de viviendas así como la existencia del Plan Habitacional de
Alessandri, pero la diferencia ahora sería que el Gobierno ya no tendría el terre-
no despejado para llevar a cabo su política de vivienda, pues nuevos actores

7
“Ocuparon terrenos de Santa Adriana” El Siglo, Santiago, 23 de julio de 1961, p. 5.
8
Boletín de Sesiones Cámara de Diputados, Sesión 28ª, martes 26 de julio de 1961. p. 2049 y ss.
9
“Gobierno denunció ocupación ilegal de terrenos fiscales”. El Mercurio, 23 de julio de 1961, pág. 53.

198
habían entrado definitivamente en escena: los comités de los sin casa y los parti-
dos políticos, en especial el PC, que ahora sí participaba decididamente en la
organización de un “movimiento de pobladores”.
En la historia de la Población Santa Adriana, debemos reconocer varios
capítulos, entre los cuales la toma es el más expresivo y el que más llamó la
atención del público y la prensa. Sin embargo, con anterioridad a la toma del
22 de julio de 1961, un grupo de pobladores, provenientes de la Población
Germán Riesco, ya había sido instalado por la CORVI en Santa Adriana. Por
otra parte, como veremos más en detalle, los protagonistas de la toma no pu-
dieron permanecer en Santa Adriana, de tal modo que luego de dilatadas
negociaciones, fueron trasladados al sector de San Rafael, en la zona sur de
Santiago. Finalmente, en la medida que se logró esta solución, la CORVI, pudo
terminar de instalar a sus postulantes regulares en la disputada Chacra de
Santa Adriana.

Los primeros en llegar venían de Estrella Polar

Antes de la toma del 22 de julio de 1961, la CORVI había instalado, en


febrero de ese mismo año, a un grupo significativo de pobladores, provenien-
tes de la Población Germán Riesco, vecina a La Legua.
Los hechos fueron los siguientes. En este sector de Germán Riesco, la
noche del miércoles 23 de noviembre de 1960, un grupo de aproximadamente
360 familias ocuparon unos sitios de la ex-Población Navidad, pertenecientes
a la CORVI. Sin embargo fueron rápidamente desalojados por carabineros y
no les quedó más destino que instalarse en la vía pública, en la Calle Estrella
Polar. Tres días después de estos sucesos, fueron visitados por el Ministro del
Interior Sótero del Río acompañado por el diputado Mario Palestro10. El Mi-
nistro entonces debió escuchar las críticas de los pobladores a la CORVI y ver
también la necesidad de encontrar una solución al problema. El diario El Siglo
reprodujo el siguiente diálogo entre una pobladora y el Ministro:

10
El diputado socialista, del Tercer Distrito, Mario Palestro, estuvo presente en los diversos
movimientos de pobladores de la comuna de San Miguel, de la cual era originario. Fue regidor y
alcalde de esta comuna, hasta que en 1953 fue elegido diputado por el distrito antes indicado. En
sus recientes Memorias, reivindica la acción de los socialistas en San Miguel: “La lucha permanente
y sin tregua de los socialistas provenía de su inserción en el pueblo, con la mano tendida a la gente
más modesta. Ayudando en los movimientos huelguísticos de la clase trabajadora, encabezando las
ocupaciones de terreno para entregar la siempre esquiva tierra chilena a la gente sin casa...” Palestro,
Mario La República independiente de San Miguel, Ediciones LOM, Santiago, 1998. Pág. 112.

199
Señora María: “Tuve que huir de esa maldita casa que arrendaba en la
calle Lavín. Estaba llena de gusanos. Se me murieron tres de mis hijos. Huí
porque no quería que los demás corrieran igual suerte...”
Ministro Sótero del Río: “¿Usted tenía presentados sus papeles a la
CORVI, solicitando casa...?”
Señora María: “¡Sí, sí señor! Hace más de 2 años que estoy tramitando
estos papeles. Nadie me dio casa. Ahora lo que pido es solo un terrenito donde
poder vivir tranquila con mis hijos”11.
Don Antimo Palma, por su parte, protagonista de la toma de Estrella
Polar, así lo recuerda:
“La toma de terrenos se hizo en noviembre del año 60. Estuvimos en una
cancha de fútbol que habíamos tomado y nos trasladaron a un veredón de la
Germán Riesco que es ancho, así como el Callejón Lo Ovalle. Ahí tuvimos que
levantar nuestras carpitas. Estuvimos 90 días, que incluso, que tanto que se admi-
ra la gente ahora, a principios de febrero nos pilló una lluvia torrencial, todo el día.
De ahí más o menos el primer grupo salió, más o menos, el 11 de febrero...”12.
En efecto, los pobladores de Estrella Polar, cuyo número preciso es difí-
cil de determinar, aunque todo nos indica que con el correr de los días, su
número se incrementó por sobre las mil familias, ya que se fueron sumando
“allegados” de diversos sectores de la capital,13 debieron permanecer en la vía
pública, como indica don Antimo, por prácticamente tres meses. La situación
en este período fue bastante crítica, dada la precariedad de las improvisadas
“carpas” hechas de trapos, frazadas, palos y desechos, con un pilón de agua
para todo el grupo y sin servicios higiénicos14. Los resultados de esta situa-
ción, que más tarde el Gobierno calificó de emergencia, fue de un grave riesgo
para la salud de una población evidentemente debilitada, de tal modo que

11
“Nos vinimos antes que se nos murieran todos los hijos” El Siglo, 26 de noviembre de 1960, pág. 1.
12
Grupo de Educación y Recreación Las Patotas... y qué! “Historia de la Población Santa Adriana”,
Santiago, 1994. pág.7. Este trabajo fue consultado en la Organización No Gubernamental ECO,
Educación y Comunicaciones y forma parte de la sistematización de diversos talleres de memoria
popular realizados por esta institución. En el caso concreto de esta Historia de Santa Adriana, fue el
resultado de un taller con jóvenes de esta población, dirigido por Mario Garcés y del que participaron
también los historiadores Miguel Urrutia y Fabián Villagra.
13
Don Antimo Palma señala que en la primera encuesta que se les hizo eran 101 familias, pero cuando
fueron trasladados a Santa Adriana eran 1.500 familias. El Diario El Siglo informó el día 26 de
noviembre de 360 familias, pero luego en crónicas del mes de diciembre hizo subir el número de
familias a 1.600. Por su parte, el Gobierno informó al Parlamento, en mayo de 1961, que había sido
necesario antender la emergencia creada por 1.300 familias de allegados. Mensaje Presidencial,
mayo de 1961, pág. 252.
14
“No cesa drama en ‘Estrella Polar’: mientras la CORVI promete, los niños siguen muriendo” El
Siglo, 8 de enero de 1961, p. 5.

200
durante la ocupación, 21 niños perdieron la vida, niños cuyas edades fluctuaban
entre meses de vida y los diez años15.
La muerte de estos niños, obedeció por cierto a las precarias condicio-
nes de vida que podían darse en la calle, pero también a cuadros críticos de
pobreza de las familias allí reunidas. Así, por ejemplo, el caso de Nelson, de
seis meses de vida, hijo de Luis Morales y Rosa Ortiz, que aunque falleció de
una diarrea aguda en el Hospital Arriarán, el informe médico indicó que pade-
cía de una desnutrición en tercer grado16. Fue, sin dudas este cuadro crítico
que presentaban los pobladores de Estrella Polar lo que llevó al Gobierno de
Alessandri, a decidir el traslado de estas familias a la Población Santa Adriana.
Don Antimo lo confirma:
“De ahí el primer grupo salió más o menos el 11 de febrero. Fueron los
primeros que llegaron aquí (a Santa Adriana) (...)
“De la Germán Riesco a aquí. Porque las intenciones y el pedí’o que se
hacía no era esto. Queríamos nosotros (irnos a) La Castrina, cuando La Castrina
se estaba loteando, incluso una vecina, que todavía es dirigente aquí de la
Población, puso un letrero que decía: “yo no mato la gallina, hasta que no nos
lleven a La Castrina”17.
El traslado de las primeras familias, según el diario El Siglo se inició el
día 14 de febrero y al llegar a Santa Adriana, funcionarios de la CORVI proce-
dieron a facilitarles a los nuevos moradores, materiales de construcción, de tal
forma que cada familia comenzara a levantar su improvisada vivienda. Don
Antimo Palma recuerda que venían organizados y que “los dirigentes llegaron
actuando”: Luis Mancilla “que vive en el sector B; Álvarez que tiene la casita
de altos aquí en la esquina del Callejón con el pasaje 24... ese era el presiden-
te”18. También recuerda las dificultades iniciales para instalarse en Santa
Adriana:
“El agua teníamos que ir a buscarla al Callejón Lo Ovalle con Ochagavía,
ahí pusieron un pilón. Así, ahí había que saber acarrear. Ahí se hacía la cola, se
amanecía la gente acarreando el agua, unos primeros, otros después. (...)
“Ya ahí empezó la gente a organizarse, se empezaron a organizar por
manzanas y la gente en un principio, media.... cómo le diré yo... no muy unida
todavía, ¡porque no todos se conocían! No le digo que teníamos más allegados
que los que habíamos tomado el terreno.

15
“Trasladan a los sin casa: San Miguel” El Siglo, 15 de febrero de 1961, p. 8
16
“No cesa drama...” El Siglo, 8 de enero de 1961, p. 5.
17
Antimo Palma, en: Grupo de Educación, op. cit. p. 7. La expresión “matar la gallina” es una expresión
muy antigua y popular, al parecer chilena, referida al acto sexual, entre hombre y mujer.
18
Antimo Palma en Grupo de Educación, op. cit., p. 8.

201
“Ya como a los tres meses que estábamos aquí, empezó la Junta de Veci-
nos, ya a presionar, a presionar... Y nos regalaron unos paneles parecidos a esta
masisa, que habían sido donados para el terremoto del año (1960), no sé cuán-
do... que habían llegado y había quedado, y con eso nos hicieron mediaguas.
Hicieron cuatro juntas, o sea hicieron un cuadrado y lo dividieron por cuatro.
Sería un poquito más grande que esto (3 por 3 metros)... no era más grande.
Entonces cada vez que se incendiaba una, se incendiaban cuatro. Si era cosa de
todos los días esa cuestión, y más que en ese tiempo no había gas, sino que
todos con chonchón a parafina, o con cocina a parafina, o con leña, entonces
los descuidos, todo eso pasaba”19.
Sin embargo, también confluía a la naciente Santa Adriana la solidari-
dad de poblaciones vecinas. Antimo, recuerda que desde la Población Los
Troncos consiguieron unos postes de eucaliptus con los que pudieron hacer
avanzar la luz eléctrica hacia el interior de la Población, y que la Población La
Victoria les regaló cables con los que “se colgaron” y distribuyeron electrici-
dad hacia algunas manzanas20.

La toma de Santa Adriana

No habían transcurrido seis meses desde que comenzó el traslado de las


familias de Estrella Polar, cuando, como ya adelantáramos, el 22 de julio de
1961, un nuevo grupo de pobladores, esta vez estimado por Carabineros en
300 familias y unas 1.200 personas invadieron un sector aún no habitado de la
ex Chacra Santa Adriana.
Según la versión del diario El Siglo, en las primeras horas de la madru-
gada, un grupo de personas que estimó en quinientas familias, de hombres
mujeres y niños, en camiones, carretelas, carretones “y portando sus bártulos
al hombro” invadieron la chacra por sus cuatro puntos cardinales y prontamente
comenzaron a levantar sus improvisadas viviendas21. Venían de distintos lu-
gares, pero los más próximos eran “allegados” de la Población La Victoria,
relativamente vecina de Santa Adriana, razón por la cual, les bastó solo algu-
nos minutos para sumarse a la toma. Mientras esto ocurría, continúa la crónica
de El Siglo, por Avenida La Feria, hicieron su entrada los Carabineros, en
furgones, jeeps y carros patrulleros y quisieron proceder al desalojo, lo que
motivó a los pobladores a ir en busca de apoyo parlamentario:

19
Grupo de Educación, op. cit., p. 13.
20
Ibídem.
21
“Ocuparon terrenos de Santa Adriana” El Siglo, 23 de julio de 1961, p. 5.

202
“Considerando la actitud de las fuerzas policiales, que en cualquier mo-
mento podían arrasar con las cosas y golpear con sus lumas a los niños o
mujeres, los colonos solicitaron la intervención de parlamentarios”.
Con este motivo, expresa Manuel Chavez Aravena, comisionamos a un
grupo de obreros para que se pusieran en contacto con los diputados y autori-
dades comunales.
“No conocíamos los domicilios de los diputados, pero llamamos por
teléfono a los que figuraban en la guía. Como no nos contestaban en sus casas,
optamos por ir a la casa del Alcalde de San Miguel, don Ramón Arellano, cuya
dirección estaba en la guía telefónica y que vive en calle Santa Rosa. Este llamó
por teléfono al diputado Orlando Millas, que no aparecía en la guía y a otros
parlamentarios”22.
Orlando Millas intentó comunicarse, sin resultados con sus colegas To-
más Reyes y Clodomiro Almeyda, y reunido pronto con el Alcalde de San
Miguel se dirigieron al lugar de los sucesos, recogiendo en el camino, a los
regidores Emilio Santis de la Democracia Cristiana y Tito Palestro del Partido
Socialista. A las tres y media de la madrugada, la comitiva había hecho su
arribo a Santa Adriana en donde se entrevistaron con el capitán Ibáñez, el que
hasta ese momento estimaba que se trataba de un grupo pequeño de familias y
que podrían ser desalojadas sin necesidad de medidas extremas. Acordaron
conversar con los pobladores, lo que les permitió tener una impresión más
ajustada de los hechos, en el sentido de que se trataba de un grupo bastante
numeroso de personas. Millas previno a los pobladores de no provocar a la
fuerza pública y se ofreció luego para conversar con alguna autoridad del
Gobierno a efectos de “evitar situaciones que pudieran tornarse trágicas y bus-
car una salida a la situación”23.
Millas intentó comunicarse con La Moneda, pero no lo logró y sí tuvo
más suerte con el Intendente de Santiago, al que informó de los hechos. Este
se comprometió a evitar que se actuase con precipitación y que en las prime-
ras horas de la mañana se buscaría una solución al problema creado en Santa
Adriana. En el intertanto, también arribaron al lugar otros tres diputados,
los comunistas Cipriano Pontigo y Víctor Galleguillos y el socialista
Clodomiro Almeyda, los que se entrevistaron con el jefe de policía de La
Cisterna. Este les manifestó que su misión era velar por el respeto de la pro-
piedad y que como “ellos se han adueñado de un sitio que es de la CORVI,

22
Ibídem.
23
Ibídem.

203
pero que están vendidos a obreros igual que ellos, tienen que salir”, y que si
no lo hacían “atendiendo razones, tendrán que salir por la fuerza”.24
El capitán de carabineros, finalmente aceptó que se podría encontrar
una solución, para lo cual señaló la necesidad de que las familias fueran
encuestadas y que en el plazo de diez días, él mismo, contribuiría a encontrar
una salida al problema. Los pobladores protestaron en el sentido de que lleva-
ban más de cuatro años esperando casas de la CORVI y afirmaron que no se
moverían del lugar. El Siglo termina comentando, que como una manera de
ratificar su decisión, procedieron luego a cantar la Canción Nacional. Con todo,
más allá de la tensión que se vivía en Santa Adriana, en la 12ª Comisaría de la
Cisterna, el diputado Millas recibía la confirmación de parte del comandante
Requena de las instrucciones recibidas por parte del Intendente.
Lo que la versión de El Siglo no podía consignar era si los parlamentarios
comunistas habían tenido alguna participación previa a la toma, ya que ello com-
prometería a los parlamentarios en una acción contraria a la legalidad. Sin embargo,
Orlando Millas, en sus Memorias escritas en el exilio y recientemente publicadas
en Santiago, aclara su actuación y la del Partido Comunista del siguiente modo:
“Habíamos estado previamente en una escuela del sector poniente de San
Miguel, con grupos de familias, aprovechando los pizarrones para discutir pla-
nos y alternativas de la toma. Después intervenimos ante los jefes de carabineros
y conseguimos disuadirlos de seguir agrediendo a las familias instaladas en el
terreno. Querían culparme de lo ocurrido, pero, cuando los policías les pregun-
taban a los niños si yo había estado en la operación, estos bien aleccionados,
aseguraban no conocerme, aunque sonriendo maliciosamente”25.

24
Ibídem.
25
Millas en sus Memorias recuerda: “Durante la campaña electoral de 1961 estuve en las carpas
levantadas por familias en la actual calle Alcalde Alarcón, de donde surgió la Población Santa
Adriana, en la que una niña nacida en los días de la toma, Mirta Verónica, es ahijada de Adriana y
mía. Posteriormente, el 26 de junio de 1962, resistiendo golpes policiales más violentos, se impuso
la entrega de la Chacra San Rafael en la Granja, junto al callejón Lo Martínez, naciendo en esos
aledaños más remotos de la capital la Población 26 de junio. Habíamos estado previamente en una
escuela del sector poniente de San Miguel, con grupos de familias, aprovechando los pizarrones
para discutir planos y alternativas de la toma...” Orlando Millas se confunde con las fechas, aunque
no así en la lógica de los hechos, ya que efectivamente, las carpas de la actual calle Alcalde Alarcón
(ex Estrella Polar) se instalaron durante la campaña de 1961, pero la toma de Santa Adriana fue el
mismo año, el 22 de julio de 1961. Además, efectivamente los pobladores de la toma fueron luego
de un poco más de un mes, trasladados a la Chacra de San Rafael, y una vez instalados allí, en un
acuerdo de asamblea de los pobladores, se acordó llamarla “22 de Julio” en alusión al día de la
toma (diario El Siglo, 20 de septiembre de 1961) y no “26 de junio” como anota Millas en sus
Memorias. En Orlando Millas, Memorias 1957-1991, Una disgresión, Ediciones Chile-América,
CESOC, Santiago, agosto de 1996. págs. 22 y 23.

204
El diario La Tercera, el día 23 también informó de la toma, indicando que
“5 mil sin casa se tomaron otra población”26. Indicó asimismo que se trataba de
pobladores “allegados” agrupados en “comités” provenientes de distintos sec-
tores de la capital, de lo Valledor Sur, La Legua, José María Caro. Entrevistados
dos dirigentes de los pobladores por La Tercera, Manuel Fredes y José Dinamar-
ca, expresaron al diario: “decidimos tomarnos estos terrenos porque estamos
aburridos de que no engañen. Mientras nosotros trabajamos, nuestras mujeres
van a hacer largas colas para conseguir que nos entreguen casas. Lo único que
consiguen es estar paradas un día al frío y sin comer. Luego sale un empleado y
las cita para la próxima semana. Así llevamos muchos años esperando”27.
Otro dirigente, expresó a los periodistas su deseo de que la CORVI los
acogiera en Santa Adriana ya que esta era una “población de auto construc-
ción”, y agregó además su firme voluntad de permanecer en la toma, indicando
que de allí nos los sacarían “aunque nos corran balas”28.
El semanario Ercilla, estimó que si bien la noche de la toma, es decir del
sábado 22, habrían participado unas 1.500 personas, para el lunes, su número
había subido a unas 10 mil29. Ello indica que lo más probable es que muchas
nuevas familias se sumaron a la toma en los días siguiente, lo que llevó a refor-
zar el cerco que pronto estableció carabineros en el sector. La verdad, es que
con las “tomas de sitio” en la medida que se politizaron es muy difícil precisar
el número de personas o familias implicadas. En el caso de Santa Adriana,
como comentó meses más tarde la Revista Mensaje, muchas fueron las cifras
que se indicaron acerca de la cantidad de pobladores que participaron en la
toma, pero el hecho macizo fue que, cuando la CORVI encuestó a los ocupan-
tes, antes de que se concretara una solución a la toma, estableció que se trataba
de 2.346 familias y 12.900 personas30.
De acuerdo con la descripción que Ercilla hizo de “la toma”, esta se rea-
lizó de acuerdo a un plan preestablecido por los comités de pobladores:
“Las familias que llegaron con sus chiquillos, perros, gatos y ‘pilchas’
sabían perfectamente dónde tenían que instalarse. No hubo riñas ni siquiera
denuestos. De vez en cuando el llanto de una guagua o el diálogo de los hom-
bres que ofrecían tablas por clavos para levantar sus rucas. Otros sabían
perfectamente dónde quedarían las ‘esquinas’ para los boliches de la futura
ciudad en miniatura (...)
26
“Cinco mil ‘sin casa’ se tomaron otra población”. La Tercera de la hora, 23 de julio de 1961, p. 19.
27
Ibídem.
28
Ibídem.
29
“Invasión pacífica de los sin techo”, Ercilla, Nº 1.366, 26 de julio de 1961.
30
“Invasión de Santa Adriana”, Mensaje, Nº 103, octubre de 1961, p. 499.

205
“No fueron gentes que se trasladaron de una casa a otra: iban de callampas
derruidas a la nada; pero donde pensaban edificar su rancho”31.
La “toma de Santa Adriana” en realidad mostró una mayor organiza-
ción previa que “La Victoria”, que tanto el Gobierno como la Revista Mensaje
atribuyeron a la acción de los comunistas.

Las reacciones del Gobierno

El diario La Tercera, al igual que El Mercurio, informaron de la reacción


política del Gobierno, que solicitaría el desafuero de los diputados comunis-
tas, Orlando Millas, Cipriano Pontigo y Víctor Galleguillos por su participación
en la toma de Santa Adriana. El Gobierno se pronunció a través del Subsecre-
tario del Interior, quien en declaración pública informó de los hechos de Santa
Adriana prácticamente en los mismos términos que el “parte policial”32 , aun-
que marcando una diferencia a propósito de los diputados comunistas. En
efecto, mientras el parte policial indicaba que “al lugar llegaron los diputados,
señores Orlando Millas, Víctor Galleguillos y Ciprano Pontigo”, la declaración
del subsecretario indicaba, que en los hechos “correspondió participación a
los H. Diputados, señores Cipriano Pontigo, Víctor Galleguillos y Orlando
Millas, en la forma que se determina en los informes elevados al Ministerio del
Interior”33. La polémica estaba desatada, en el sentido de que los parlamenta-
rios comunistas eran sindicados como “participantes” o eventualmente
responsables de la toma.
En la declaración del Subsecretario del Interior, se indicaba además que la
ocupación de Santa Adriana era constitutiva de delito de usurpación, definido y
sancionado en los artículos 457 y 458 del Código Penal, sin consideración de
otros delitos que pudieran concurrir en el atentado a la propiedad. Se señaló
también que la ocupación había obligado a detener los trabajos de urbanización
de la ex chacra, entregados a diversas empresas. Y, por todas estas razones la
CORVI se querellaría en contra de los autores, cómplices y encubridores de los
delitos referidos, dentro de los cuales cabría el desafuero de los diputados co-
munistas como participantes en hechos constitutivos de delito34.
La reacción de los diputados no se hizo esperar y ya al cierre de la edi-
ción de día lunes 24, Orlando Millas indicó a El Siglo que temía que se buscara

31
Ercilla, 26 de Julio de 1961.
32
cfr. supra. p. 197.
33
“Gobierno denunció ocupación ilegal de terrenos fiscales”. El Mercurio, 23 de julio de 1961, pág. 55.
34
Ibídem.

206
alterar el parte policial para implicar a los parlamentarios comunistas en ac-
ciones que no eran efectivas. Sin embargo, el Gobierno se desistió de solicitar
el desafuero el mismo lunes 24 por la tarde.
A pesar del cambio de actitud del Gobierno, los parlamentarios comu-
nistas tuvieron la oportunidad de hacer sus propios planteamientos en la sesión
de Cámara del día martes 25, proporcionando más detalles sobre los sucesos
de la noche del 22 de julio. Orlando Millas aclaró que fue llamado a Santa
Adriana mucho después de ocurrida la ocupación. La petición de trasladarse
hasta la ex chacra, la recibió del Alcalde y de los regidores de la Municipalidad
de San Miguel “a fin de intervenir ante la fuerza pública y ante los pobladores
por haber peligro de algunos hechos sumamente graves; ya que se había efec-
tuado una amplia ocupación de terrenos, y las fuerzas de Carabineros se
disponían a realizar el desalojo; estaban en filas con ese fin y podían esperarse
hechos graves”35. Su actuación había sido fundamentalmente la de un media-
dor en el conflicto, de tal modo que “conjuntamente con el capitán jefe de la
fuerza pública y acompañado del señor alcalde y de los señores regidores,
planteé, por mi parte, la necesidad de evitar cualquier provocación o violencia
en contra de Carabineros. Luego me comprometí a obtener un pronunciamiento
de alguna autoridad del Gobierno”36.
Por su parte, el diputado Pontigo alegó que fue llamado por su colega
Galleguillos, quien llegó hasta su domicilio para informarle que una tensa si-
tuación se estaba produciendo en Santa Adriana e insistió en la necesidad de
una acción de apoyo del Gobierno a estas familias el que debía actuar con
criterio humano y social, comprendiendo el sacrificio de estas familias, que
son gente que “se expone a todo, porque la desesperación los arrastra a ello”37.
Los diputados comunistas, según informó luego el diputado Galleguillos,
contaron con el apoyo del Presidente de la Cámara, don Jacobo Schaulsohn,
quien los acompañó hasta las oficinas del Ministro del Interior, haciendo valer
ante este el fuero parlamentario.
El Gobierno, en realidad, fue puesto en una difícil situación por los po-
bladores de Santa Adriana, por cuanto enfrentó varios problemas al mismo
tiempo. En primer lugar, sus criterios jurídicos y políticos le impedían aceptar
una ocupación de hecho, pero por otra parte, el problema habitacional era real

35
Orlando Millas en Sesión 28ª Ordinaria del 25 de julio de 1961. Boletín de Sesiones, Cámara de
Diputados, Tomo II, pág. 2049.
36
Millas, loc.cit.
37
Cipriano Pontigo en Sesión 28ª Ordinaria, 25 de julio de 1961. Boletín de Sesiones, Cámara de
Diputados, Tomo II, p. 2052.

207
y había tenido expresión muy reciente en Estrella Polar y también en otros
lugares de Santiago. En segundo lugar, estaba ante un hecho en que era visible
una organización previa de los pobladores, apoyados por el Partido Comunis-
ta, razón por la cual buscó el desafuero de sus parlamentarios, pero ello no era
fácil de probar ya que los diputados del PC se cuidaron muy bien de actuar
públicamente solo en el momento de la toma, para cumplir una labor preven-
tiva o “de protección de los pobladores” frente a la presencia de Carabineros.
En tercer lugar, si el Gobierno no procedía al desalojo de los pobladores,
era necesario de todos modos, buscar una solución para las familias que inva-
dieron Santa Adriana, ya sea dejándolos en los sitios ocupados, o asignándoles
otros, en un lugar distinto de la capital. Y si bien el Gobierno se desistió del
desafuero de los comunistas, la CORVI presentó una querella en el Juzgado
del Crimen de San Miguel, en contra de los ocupantes de Santa Adriana por
los delitos de usurpación, hurto y daños a la propiedad38. El día martes 25, la
Corte de Apelaciones en Pleno Extraordinario, decidió nombrar Ministro en
Visita al magistrado Osvaldo Erbetta para que conociera e instruyera el proce-
so por ocupación ilegal de terrenos39.
Paralelamente, Carabineros puso cerco a Santa Adriana a través de un
cordón policial de funcionarios premunidos de ametralladoras y patrullas
montadas a caballo, con el propósito de impedir el ingreso de materiales de
construcción, mercaderías y vestuarios al sector ocupado por los pobladores.
A través de estas medidas de presión, el Gobierno buscaba que los pobladores
se desistieran de la toma y regresaran a sus lugares de procedencia40. Final-
mente, también durante esta primera semana de la toma, la CORVI publicó
listas en el diario El Mercurio de sus postulantes regulares, a los que les corres-
pondía ocupar sitios en Santa Adriana41.

Los apoyos al Gobierno

Las medidas del Gobierno encontraron apoyo en los partidos Conser-


vador y Liberal, en el diario El Mercurio y en el Frente Nacional de la Vivienda.
Este último, en carta dirigida al presidente Alessandri, a nombre de los

38
“La CORVI formalizó querella contra los ocupantes ilegales de la Población Santa Adriana”. El
Mercurio, 25 de julio de 1961, p. 19.
39
“Ministro en visita instruirá sumario por ocupación ilegal de Santa Adriana”. El Mercurio, 26 de
julio de 1961, p. 25.
40
“FRAP y PDC apoyan a los pobladores” El Siglo, 25 de julio de 1961, p. 1.
41
“La Corporación de la Vivienda y la Ocupación Ilegal de los Terrenos de Santa Adriana”. El Mercurio,
28 de julio de 1961, p. 28.

208
postulantes a la vivienda organizado en uno de sus consejos, abogó por el
derecho de estos a ocupar sus sitios y por el restablecimiento de sus derechos
amenazados:
“... tenemos el alto honor y agrado de dirigirnos a su dignísima persona,
dando cumplimiento a un acuerdo del Consejo Nº 5 de nuestra institución, en
reunión del 27 del presente, formado en su totalidad por postulantes a vivien-
das elementales en la Población Santa Adriana, de la Corporación de la
Vivienda, que ha sido invadida con abierto atropello al derecho de la Constitu-
ción y la Ley, por grupos que dirigidos por un partido político, tratan de sembrar
el desconcierto, la confusión y la anarquía, para desprestigiar y anular la efec-
tiva labor que está desarrollando el Gobierno de Vuestra Excelencia por
intermedio de la CORVI, con la aplicación del Plan Habitacional, del DFL Nº 2.
”Los centenares de socios que representamos, Excelentísimo señor Pre-
sidente, ven amagados sus legítimos intereses y derechos de modestos
asalariados, respetuosos de la autoridad y la Ley, que con el debido respeto a
sus conciudadanos recurrieron en su oportunidad, con toda la documentación
que corresponde y cargas familiares, ante la Corporación de la Vivienda; quien
acogiendo sus justas peticiones, los encuestó para entregarles una casa en los
terrenos de la Población Santa Adriana, que se estaba construyendo y cuyas
obras han quedado impedidas en su continuación, con el asalto cometido. (...)
“Sin otro particular, y seguros que usted, Excelentísimo señor, habrá de
comprender la angustia de estos centenares de hogares burlados por el atrope-
llo de que son víctimas, sabrá ordenar lo que estime correspondiente para
asegurar en la Población Santa Adriana los derechos legítimos de nuestros re-
presentados y se ponga término a la acción de sectores irresponsables”42.
“El diario El Mercurio, por su parte, editorializó en dos ocasiones, du-
rante la primera semana de la toma de Santa Adriana. El jueves 27, definió el
hecho como un golpe en contra del Plan Habitacional y señaló que la ocupa-
ción no era un hecho aislado, sino el comienzo de capítulos de mayor alcance
de un plan comunista “para imposibilitar la obra de mejoramiento de la situa-
ción social y económica del país”. La toma de Santa Adriana, para El Mercurio,
era el resultado de la acción del Partido Comunista que buscaba detener la
labor legal en favor de las masas, convenciéndolas de que por medios revolu-
cionarios les sería posible conseguir lo que requieren de manera rápida y sin
esfuerzos. Señalaba, además, que sería inconcebible que los partidos de oposi-
ción no marxista se sumaran a la campaña del comunismo y si bien valoraba la

42
“Modestos obreros, respetuosos de la ley, ven amagados legítimos derechos para obtener vivienda”.
El Mercurio, 29 de julio de 1961, p. 31.

209
acción del Gobierno en el uso de los medios de convicción, consideraba que
cuando se trataba de “asaltos a la propiedad privada y de despojo de los bie-
nes de los que trabajan en ella se llega a excesos que una sociedad organizada
no puede aceptar”. Sostenía, finalmente, que los verdaderos propietarios de
los terrenos de la chacra Santa Adriana debían ser puestos en posesión de lo
que les pertenece y si no se obraba de ese modo “sería aceptar que en el país ha
comenzado a imperar el comunismo”43.
El domingo 30, un nuevo editorial de El Mercurio, sostuvo ahora, que se
estaba en presencia de un “despojo comunista a los pequeños propietarios”,
aludiendo a los perjuicios que implicaba la toma de Santa Adriana respecto de
los postulantes regulares de la CORVI. Estimó que la toma de Santa Adriana
obedecía a una campaña comunista de “excitación de todos los que carecen de
techo, a fin de lanzarlos en contra de los que pueden adquirirlos por las vías
legales”; la consigna comunista, agregaba, es que no avance el sentido de la pro-
piedad individual y que “en cambio irrumpa en la mente del pueblo la idea de la
propiedad colectiva” y para estos fines “ha organizado escuadras de propagan-
da con el fin de frustrar la entrega de casas que el Gobierno asigna mediante la
selección basada en el ahorro popular y en las cargas familiares”. La toma de
Santa Adriana era el “plan piloto para detener la labor habitacional del Gobier-
no”; la acción comunista más que dar comodidad y techo a los que actuaron en
ella, buscaba simplemente “convertirlos en un foco de insurrección”:
“Día a día el comunismo aprovecha los graves inconvenientes de un
hacinamiento humano que sufre las inclemencias del tiempo y de la enferme-
dad para utilizarlo como el mejor documento en favor de la lucha social. La
prensa que sirve sus designios muestra fotografías de personas enfermas y de
niños fallecidos, que carga a la responsabilidad del régimen existente”44.
El Partido Liberal, por su parte, en Junta Ejecutiva, acordó, protestar
por la ocupación de Santa Adriana por considerar que constituía “atentado a
la Ley y al Derecho de Propiedad” y “una abierta alteración a las normas de-
mocráticas”; solicitar al Gobierno que adopte las medidas necesarias para evitar
nuevos actos de esta naturaleza; y, recomendar a la CORVI “que se aceleren al
máximo los procedimientos de selección y adjudicación de las propiedades,
publicándose de inmediato las listas de seleccionados, y que se proceda a la
entrega de las viviendas, aun cuando no estén totalmente terminados los trá-
mites reglamentarios que actualmente se exige cumplir”45.

43
“Golpe contra el Plan Habitacional”. El Mercurio, 27 de julio de 1961, p. 3.
44
“Despojo comunista a pequeños propietarios”. El Mercurio, 30 de julio de 1961, p. 11.
45
“El partido liberal protesta por la ocupación ilegal de terrenos de Santa Adriana”. El Mercurio, 2 de
agosto de 1961, p. 23.

210
Los pobladores en toma

Ya hemos visto algunas de las razones esgrimidas por los pobladores


para hacer la toma de Santa Adriana, siendo la más frecuente de ellas, el “está-
bamos cansados de tramitaciones”, pero también, como se había manifestado
previamente en Estrella Polar, estaba el problema de los “allegados”, es decir,
vivir en casa ajena, con amigos, compadres o familiares.
Otras razones, análogas a las anteriores, eran la de los “lanzamientos”,
es decir aquellas familias que por encontrarse con el arriendo impago, por
muchos meses, eran finalmente lanzadas a la calle, previa orden judicial. Tal
era el caso, por ejemplo de José Carrasco que llegó a la toma desde La Victoria,
donde vivía como allegado, después de haber sido lanzado de su antiguo do-
micilio, en el paradero 20 de Santa Rosa46.
Otra familia, declaraba “que venían huyendo de un basural”, que
habían levantado una ruca, “en Santa Rosa detrás de la INDU” y que el
sueldo del jefe de familia no les alcanzaba para arrendar una pieza. Tam-
bién estaba el caso de otra familia, que venía de la Población Musa, donde
el costo de la vivienda era muy alto para el sueldo de un obrero textil y lleva-
ban ya varios años esperando que la CORVI les asignara una vivienda47.
Y así, se podría seguir pesquizando y enumerando las diversas motiva-
ciones de los pobladores que se arriesgaron o confiaron en la toma de Santa
Adriana. Estas motivaciones no difieren de las que, en su momento, reconocie-
ron las familias de Estrella Polar, o con anterioridad a ellos, los de La Victoria.
Todos coinciden en que requieren satisfacer una necesidad básica, un sitio y
una casa donde vivir, pero además son pobres, es decir, no ganaban lo sufi-
ciente para arrendar y menos para adquirir una vivienda; estaban cesantes o,
como hemos visto en las encuestas que a fines de los 50 realizaron las asisten-
tes sociales en las poblaciones callampas, se trataba también de mujeres solas,
jefas de hogar y de escasos recursos económicos.
En este contexto, lo que más llama la atención, es que tratándose de
pobres de la ciudad, su principal demanda sea conseguir un sitio, es decir,
encontrar un lugar seguro en la ciudad. Su demanda, desde una situación de
aguda pobreza, más que por trabajo o alza en los salarios, es tanto más bási-
ca: un terreno donde levantar la casa para vivir. Quizás, en este sentido, tenía

46
“Aquí construiremos nuestro hogar”. El Siglo, 24 de julio de 1961, p. 1.
47
“Veníamos huyendo de un basural”. El Siglo, 6 de agosto de 1961, p. 1.

211
razón el diputado Pontigo cuando señaló en la Cámara: “esta gente lo expone
todo, porque la desesperación los arrastra a ello”48
Una vez instalados los pobladores en los sitios de Santa Adriana, se pro-
cedió a constituir una organización propia, el “Comando Central”, el que quedó
integrado por representantes de los diversos comités que habían participado
en la toma. Pedro Cabezas fue elegido presidente; Juan Cerpa, secretario y
Claudio Gallardo, tesorero. Como miembros de directorio actuarían los dele-
gados de sectores49. Según la Revista Mensaje, la constitución de esta directiva
en Santa Adriana, habría sido un simple formulismo, en el sentido de que en la
organización previa a la toma, Pedro Cabezas ya era el principal líder del mo-
vimiento. Mensaje, en realidad, desde la perspectiva católica, criticaba la
presencia comunista entre los pobladores50.
El mismo lunes 25 de julio, los pobladores de Santa Adriana fueron visita-
dos por diferentes líderes políticos del FRAP y la Democracia Cristiana. A nombre
del FRAP, en un improvisado acto público, Carlos Montero Schmith, señaló que
esa coalición se había reunido y acordado apoyar a los pobladores en todas las
gestiones necesarias tendientes a encontrar una solución al problema por el que
atravesaban. Les indicó, además, que “la calamitosa situación de los asalariados
que Uds. sienten en carne propia y que por esta misma causa fueron arrastrados
a tomar esta decisión, nosotros la apoyaremos hasta las últimas consecuencias”51.
También los líderes de la Democracia Cristiana, José Musalem, Tomás Reyes,
Alfredo Lorca, Ricardo Valenzuela y Constantino Suarez, en visita a una hora
distinta que la del FRAP, les manifestaron su apoyo.
La Federación de Estudiantes de Chile, FECH, se hizo presente de dos
maneras en el conflicto generado por la toma de Santa Adriana, por una parte,
a través de una declaración pública en que condenó la política habitacional de
Alessandri y por otra parte, a través de la instalación de un stand en la misma
toma. Desde este “Stand FECH” se coordinaron esfuerzos y apoyos de estu-
diantes de distintas universidades y se estableció también un convenio con
Caritas Chile para organizar el reparto de alimentos52.
Las condiciones del improvisado campamento de Santa Adriana evi-
dentemente no eran las más favorables para la vida de los pobladores, y en
menor grado para los niños, que estaban por cierto más expuestos, en pleno

48
Sesión 28ª Ordinaria, martes 25 de julio de 1961. Cámara de Diputados, Boletín de Sesiones, Tomo
II, pág. 2052.
49
“Aquí construiremos nuestro hogar”. El Siglo, 24 de julio de 1961, p. 1.
50
“Invasión de Santa Adriana”, Mensaje, op. cit. p. 500.
51
“FRAP y PDC apoyan a los pobladores”. El Siglo, 25 de julio de 1961, pág. 1.
52
“Invasión de Santa Adriana”, Mensaje, op. cit. p. 500

212
invierno, a las inclemencias del tiempo. Así fue que al sexto día de la ocupa-
ción de Santa Adriana, fallecieron tres infantes, afectados de “gripe y catarros
intestinales”53.
Por cierto, a medida que pasaban los días, la situación del campamento
se iba haciendo cada vez más difícil. El Gobierno, por una parte no cedía y
mantenía el cerco policial con el fin de evitar la entrada de materiales de cons-
trucción y que de este modo los pobladores aseguraran su permanencia en
Santa Adriana. Los pobladores, por su parte, con esta medida quedaban en
una situación de gran precariedad, ya que no podían mejorar sus condiciones
de sobrevivencia en el campamento. Su única alternativa, por el momento, era
que se incrementara la solidaridad externa, que tanto el FRAP, el diario El Siglo
y la FECH se encargarían de promover y hacer converger hacia Santa Adriana.
Algunas muestras de solidaridad vinieron del Matadero y de las poblaciones
cercanas de San Miguel mientras el municipio local aseguró la distribución de
agua potable a través de camiones cisternas. Por otra parte, según las informa-
ciones de la revista Mensaje, durante el primer mes de la toma, mediante el
convenio entre Caritas Chile y la FECH, se distribuyeron doce toneladas de
alimentos54.
Pero, volviendo al campamento, cuando se cumplía una semana de la
toma, se realizó una concentración pública, cuyas principales resoluciones fue-
ron exigir al Gobierno el retiro de las querellas presentadas por la CORVI y la
empresa constructora Raúl Paiva y Cía, y la entrega de los terrenos ocupados
en la ex Chacra. El diputado comunista Cademártori, junto con apoyar estas
demandas y criticar la política habitacional de Alessandri, anunció que el ver-
dadero juicio a la política habitacional lo haría la Cámara de Diputados en
sesión especial destinada a este objeto. En esta concentración también hizo uso
de la palabra Alfredo Hormazábal, presidente de la “Asociación Nacional de
Pobladores” quien criticó la actitud asumida por el “Frente Nacional de la Vi-
vienda” encabezada por Pedro Cáceres.

La larga espera de una solución

El número de familias en la toma, como hemos adelantado, superaba


las dos mil y el número de personas implicadas, las doce mil, lo que constituía
una situación difícil de mantener por mucho tiempo. Desde el punto de vista
de los pobladores, se requería de mucha resistencia y decisión de permanecer

53
“Tres niños murieron ayer en Santa Adriana”. El Siglo, 28 de julio de 1961, p. 1.
54
“Invasión de Santa Adriana”, Mensaje, op. cit. pág. 500.

213
en los sitios, pero también de la solidaridad externa, no solo para efectos de
alimentación, sino que también de atención de la salud de este vasto grupo de
familias. Los dos policlínicos instalados por los estudiantes de Medicina de la
Universidad de Chile por cierto no eran suficiente, razón por la cual el cuadro
de salud pública del campamento se mantuvo crítico, amén que la politización
de la toma influía también en el trato que podían recibir los pobladores. Así
por ejemplo, se dio el caso de una pobladora enferma que fue rechazada en el
Hospital Barros Luco, por provenir de “la toma”55.
La CORVI, por su parte mantuvo su decisión de instalar a sus postulantes,
y aunque todavía no se lograba una solución para los invasores, buscó asignar
terrenos a algunas familias no implicadas en la toma, lo que provocó graves
conflictos el día viernes 4 de agosto. Carabineros intervino dos veces durante
la tarde de ese día cuando el Comando Central, es decir la organización que se
habían dado los pobladores en toma, decidieron impedir la instalación de esas
familias. Se sucedieron entonces diversas escaramuzas, por una parte algunos
pobladores se oponían a los recién llegados, que no eran más que siete fami-
lias, y por otra parte, aprovechando el descuido de Carabineros, otro grupo de
pobladores de la toma, ocupaba nuevos sitios en la misma Chacra. Este último
movimiento se repitió dos veces en el día y en ambos casos fue rechazado por
cargas de carabineros montados a caballo. En medio de la agitación que se
vivía en la toma, arribó el diputado Pontigo y el Alcalde de San Miguel, quie-
nes conversaron con la fuerza pública y los pobladores para restablecer la calma
y prometer realizar nuevas gestiones frente a la CORVI56.
El domingo 6 de agosto, el diario El Siglo dedicó la primera página de su
edición de ese día a la toma de Santa Adriana, con un titular destacado: “El
drama de Santa Adriana, una población sitiada”. El referido diario explicó,
una vez más, la forma en que se realizó la toma, criticó duramente al Gobierno
de insensibilidad social y denunció las precarias condiciones en que se encon-
traban los pobladores y sus efectos sobre la salud de adultos y niños. El Partido
Comunista sostenía una crítica posición frente al Plan Habitacional de
Alessandri, que consideraba limitado en sus alcances, amén de favorecer a los
empresarios que ganaban las licitaciones de la CORVI o que construían apro-
vechando las franquicias que les otorgaba el DFL 257. De este modo, frente a la
convocatoria de un Congreso de Pobladores, que se realizaría en Santiago, los
días 12, 13 y 14 de agosto, en el diario El Siglo se indicaba:

55
“El pueblo ganará la batalla de Santa Adriana”. El Siglo, 3 de agosto de 1961, p. 8.
56
“Pobladores rechazaron desalojo en Santa Adriana”. El Siglo, 5 de agosto de 1961, p. 1
57
Sobre la posición del PC frente al Plan Habitacional, se considera más en detalle en el apartado siguiente.

214
“Después de haber experimentado durante dos años la vigencia y apli-
cación del DFL 2 (Plan Habitacional), hemos podido constatar que solo ha
sido propaganda mentirosa y se puede asegurar que ha defraudado las estéri-
les esperanzas de los “Sin Casa” de obtener la solución a su angustioso problema
habitacional”58.
El lunes 7 de agosto, una delegación de la Central Unica de Trabajadores,
CUT, encabezada por su presidente Clotario Blest se entrevistó en La Moneda
con el Ministro del Interior, Dr. Sótero del Río, a quien plantearon la necesidad
de dar techo a las familias de Santa Adriana, así como su oposición al uso de la
fuerza en contra de los pobladores. El Ministro se manifestó abierto a buscar una
solución junto al titular de Obras Públicas, Ernesto Pinto Lagarrigue.
El martes 8 de agosto, finalmente, cuando efectivamente se reunió la
Cámara de Diputados en Sesión Especial para tratar la situación creada en
Santa Adriana, el Ministro de Obras Públicas, anunció que la CORVI no podía
aceptar una situación de hecho como la producida en Santa Adriana y asignar
sitios a los pobladores en la ex Chacra, pero que sí las familias de la toma
podrían ser ubicadas en forma provisoria, hasta “que en derecho” les corres-
ponda la respectiva asignación de sitios. La solución provisoria sería entonces
el traslado a la calle San Pablo:
“Estos terrenos provisorios ya han sido determinados; están ubicados
en la calle San Pablo Nº 8521; en ellos, se harán las instalaciones indispensa-
bles de agua potable para que estas personas, no con ánimo de constituir
dominio, sino en forma transitoria, puedan ser recibidas”59.
El anuncio del Ministro en la Cámara no modificó todavía la situación de
los ocupantes de Santa Adriana, por cuanto la querella presentada a la Justicia
por la CORVI se mantenía vigente y una Comisión de la CORVI con parlamen-
tarios del Tercer Distrito continuaba trabajando en busca de una solución más
definitiva a la toma de Santa Adriana. Paralelamente, el fin de semana del 6 de
agosto, personal del Ejército había comenzado la edificación de 500 viviendas
“básicas” en la ex chacra. En declaración pública, el Ejército indicó, que al igual
que en 1959 –cuando participó en el traslado de pobladores a San Gregorio y Lo
Valledor– seguiría colaborando en “las obras y medidas de bien común” y que
personal militar de la Guarnición de Santiago había iniciado “labores de cons-
trucción en los terrenos de la Chacra Santa Adriana, próximos a aquellos que
actualmente se encuentran ocupados por pobladores”60.

58
“Más de dos millones de chilenos carecen de vivienda digna”. El Siglo, 6 de agosto de 1961, p. 9.
59
Boletín de Sesiones, Sesiones Ordinarias, Sesión 42ª, martes 8 de agosto de 1961, Tomo III, p. 2892.
60
“Personal militar inició la construcción de viviendas en Chacra Santa Adriana”. El Mercurio, 6 de
agosto de 1961. p. 53.

215
La acción del Ejército fue extremadamente rápida y eficiente, ya que las
500 viviendas fueron construidas en el lapso de una semana. Claro que se tra-
taba de la construcción de dos piezas con techos de zinc, cuyas terminaciones
deberían hacerlas sus futuros moradores. El general Carlos Pollarolo, el mis-
mo que en 1959 dispuso las medidas necesarias para la “Operación San
Gregorio”, realizó esta vez una visita de inspección de las obras en Santa
Adriana y felicitó al personal por la labor cumplida61. Finalmente, la larga es-
pera de los pobladores de la toma de Santa Adriana encontró una salida, a
fines del mes de agosto, es decir luego de 40 días de ocupación de la ex Chacra.
En efecto, el día 30 de ese mes, la Subsecretaría del Interior informó a la opi-
nión pública, que luego de largas conversaciones sostenidas con los cinco
parlamentarios del Tercer Distrito y la organización de los pobladores se había
dispuesto el traslado de las familias ocupantes de Santa Adriana hasta unos
terrenos ubicados en el paradero 35 de Santa Rosa. La declaración del Gobier-
no de solo cuatro puntos indicó lo siguiente:
“Programa de traslado de familias ocupantes de los terrenos en Santa
Adriana, de propiedad de la Corporación de la Vivienda.
“1º La Corporación de la Vivienda iniciará el día jueves 31 de agosto en
curso, a las 8 de la mañana, el traslado de las familias que actualmente ocupan
terrenos de la Chacra Santa Adriana sin título legal. En el propósito de ubicar
a estas familias en mejores condiciones, el Gobierno ha destinado un predio de
57 hectáreas de propiedad fiscal, ubicado en el paradero 35 de la calle Santa
Rosa, a fin de proceder a su instalación.
“2º La Dirección de Obras Sanitaras tiene a su cargo la instalación de
pilones para el abastecimiento de agua potable para los nuevos pobladores;
“3º Se han impartido instrucciones para establecer una Posta de Auxi-
lios encargada de la atención médica de la población;
“4º La Dirección de Asistencia Social proporcionará a estas familias, en
la Chacra Santa Rosa, algunos materiales de construcción para que los jefes de
hogares levanten mejoras y algunos elementos de abrigo y alimentación”62.
Se cerraba de este modo el segundo capítulo de la historia de Santa
Adriana. El primero fue el de los que llegaron de Estrella Polar; el segundo, el
de la toma del 22 de julio, que acabamos de describir y que culminó con la
decisión del Gobierno de proceder al traslado de los ocupantes al Paradero 35
de Santa Rosa, al sector denominado San Rafael.

61
“Personal militar de la Guarnición terminó de construir quinientas casas en Población Santa Adriana”.
El Mercurio, 12 de agosto de 1961. p. 1.
62
“Triunfaron pobladores de Santa Adriana”. El Siglo, 30 de agosto de 1961. p. 1

216
Los que se fueron a San Rafael

En la solución encontrada a la toma de Santa Adriana, según Orlando


Millas, fue muy importante la intervención del Ministro del Interior de
Alessandri, Sótero del Río. Fue con él que se ideó el traslado a nuevos terrenos
de los ocupantes de Santa Adriana63.
La instalación en San Rafael no fue nada fácil, ya que tuvo que hacerse
bajo condiciones extremadamente precarias. En efecto, ya las primeras familias
trasladadas reclamaron a la CORVI por incumplimiento de lo prometido, en el
sentido de que no se habían trazado los terrenos ni llegaban a tiempo los mate-
riales de construcción. Ello obligó a suspender en más de una ocasión los traslados
de familias a San Rafael64. Una lluvia en los primeros días de septiembre hizo
aún más difícil avanzar en el improvisado poblamiento aunque la solidaridad
se hizo también presente, a través de una caravana de unas 500 personas, que
durante el primer fin de semana de septiembre llegaron hasta San Rafael con
carbón, algunos víveres y a colaborar en la construcción de viviendas65.
Para el “18 de septiembre” de 1961, en una concentración pública reali-
zada en San Rafael, los pobladores celebraron las conquistas alcanzadas. El
diputado Millas, uno de los principales oradores en el acto les dijo:
“Estamos celebrando aquí un 18 digno de O’Higgins y demás padres de
nuestra Patria. Es el mejor que podíamos celebrar. Estas miles de banderas que
flamean son todo un símbolo. Flamean sobre casas, sobre terrenos que habéis
conquistado con vuestra propia lucha. Es necesario ahora consolidar esta im-
portante victoria y, junto a las acciones generales del pueblo, ampliarla,
alcanzando lo que aún nos falta, mediante vuestra vigilancia, vuestra actitud
combativa y vuestra unidad”66.
En esta misma concentración, los dirigentes de la población denuncia-
ron a estudiantes de la Universidad Católica, que si bien estaban colaborando

63
Anota Millas en sus Memorias: “A diferencia de La Victoria, en los casos sucesivos, las nuevas
poblaciones no se mantuvieron en los predios objeto de las respectivas tomas, sino que la transacción
ideada por ese hombre noble y verdadero estadista que fue Sótero del Río, cuando fue Ministro del
Interior, y más adelante practicada igualmente por Bernardo Leighton, consistió en el traslado a
otros terrenos a satisfacción de los interesados, que debimos negociar y regatear, obteniendo en
cada circunstancia de inmediato la iniciación de las primeras obras de urbanización”. En Millas,
op. cit., p. 23.
64
“Pobladores de San Rafael exigen que el Gobierno cumpla lo que prometió”. El Siglo, 3 de septiembre
de 1961, p. 21.
65
“Pobladores exigen a la CORVI que cumpla sus compromisos”. El Siglo, 5 de septiembre de
1961, p. 7.
66
“Un 18 con casa propia celebran pobladores”. El Siglo, 20 de septiembre de 1961. p. 5.

217
en levantar casas, al mismo tiempo, “al oído” desprestigiaban a los dirigentes.
Finalmente, en esta concentración se acordó también el cambio de nombre de
la población, bautizándola como “Población 22 de Julio”, en alusión a la fecha
símbolo de la toma de Santa Adriana67.

Y Santa Adriana fue población

La situación creada por la toma de Santa Adriana, obligó a la CORVI a


moverse con celeridad y apurar el traslado de sus postulantes regulares. En efecto,
en la medida que los ocupantes ilegales eran trasladados a San Rafael, la CORVI
comenzó a instalar en la controvertida Chacra a sus propios asignatarios. La
señora Clodomira68, favorecida por la CORVI así recuerda este momento.
“Nos avisaron de repente que nos daban (la casa). Y lo que ya a través
del tiempo fuimos entendiendo que nos habían avisado así, porque había lle-
gado otra gente a tomarse los sitios acá, entonces nos mandaron a que nosotros
viniéramos a recuperarlos. Yo entonces, estaba postulando... en la CORVI, y la
señora Violeta Catrileo, ella me mandó a llamar para que viniera a ocupar la
casa acá, al sitio este”69.
La señora María, también recuerda la forma en que postularon a la vi-
vienda y el rápido traslado:
“En el sesenta y uno, vivíamos en un cité. Y cuando iba a salir Alessandri,
nos formaron un comité y nos inscribieron para acá. Igual nos habían dejado
para la Dávila, pa’todas estas poblaciones, pero no nos salía. Una vez que se
iban a toma acá, entonces empezaron a llamar la gente que estaba inscrita, y
nos llamaron como dice la señora, de la noche a la mañana.
“Yo no estaba acá, estaba en el campo. Porque estaba recién operada.
Entonces mi papá me había llevado para el campo, así que a mi marido le
entregaron el papelito para venirlos (...)
“Así que mi marido se fue en la noche a buscarme, llegó en la noche, al
otro día nos vinimos, y ... nos vinimos en un camión. Y yo operada, sí yo, una
operación así, me había operado de un parto, y allí llegamos aquí a un ruquito
que nos entregaban dos piecesitas”70.
Efectivamente, a estas familias se les entregó las viviendas de emergen-
cia, construidas por el Ejército, que como ya vimos se trataba solo de dos piezas

67
Ibídem.
68
Clodomira fue una de nuestras entrevistadas, cuyos relatos de vida incluimos en el capítulo primero.
69
Grupo de Educación, op. cit. p. 10.
70
Grupo de Educación, op. cit. p. 11.

218
y techo. Por esta razón, dice Clodomira, una de las primeras tareas fue instalar
la puerta, despastar el entorno e ir en busca del agua71.
La población se fue construyendo de a poco, a través de empresas cons-
tructoras que levantarían las viviendas definitivas, y a través también de la
organización de los pobladores que velaría por la construcción y lucharía por la
instalación de los servicios básicos de agua, luz, pavimentación y transporte
público. En este contexto, la principal tarea que se autoasignaron los pobladores
fue la de fiscalizar las obras y también la de mantener los criterios de igualdad.
Para ello, según don Antimo, lo principal era la unidad de la población:
“Aquí lo importante en beneficio pa’la población fue la unidad de la
gente, porque nos querían empezar a construir por manzanas. Empezaron con
tres manzanas, esa que está aquí al fondo, la que está acá y la que está al frente
de la unidad vecinal que la llamábamos la del bloque, porque esa la hicieron
de bloque. Y también nosotros nos opusimos a la construcción de paredes de
bloque. Entonces se organizó y se fue la CORVI y se dijo: ¡No señor, o empieza
la construcción en toda la población, o no seguimos nosotros así! Paramos esa
cuestión, pero, ¿qué nos hicieron? Nos cerraron, llegaron e hicieron la periferia
que llamamos nosotros. Construyeron toda la periferia y aquí empezaron a
construir como al año después de construida la periferia”72.
También Fernando recuerda esta tarea de la organización de los pobla-
dores:
“Se nombraba una comisión para ir a revisar lo que nos estaban hacien-
do... el gasto del cemento, todo eso. Usted sabe que en las construcciones
siempre vamos tirando pa’atrás algún saquito de cemento, algunas cosas. Son
las cosas así, pero íbamos cuidando nosotros nuestras casas, vigilando que
llegara el cemento que corresponde, los ladrillos que corresponde y que que-
daran firmes nuestras casas”73.
Si por una parte los hombres sentían que debían cuidar de la construc-
ción, las mujeres también sabían cómo hacerlo y participaban de las tareas de
control:
“El ingeniero le decía al que hacía de presidente del sector C, el señor
Rebolledo, le decía: ‘sabe qué más, aquí todas son ingenieras’ porque éramos
las mujeres que reclamábamos, que esto está aquí, que esto está allá, que está
desnivelado; ‘ellas saben más que yo que soy ingeniero’. Entonces nosotros
decíamos no basta ser ingeniero para mirar que allá está subido, que el agua se

71
cfr. supra, p. 46.
72
Grupo de Educación, op. cit. p. 16.
73
Grupo de Educación, op. cit. p. 16.

219
va a aposar aquí porque está más bajo, y fue justamente lo que nosotros le
reclamábamos al ingeniero”74.
Y, entre los servicios públicos, el que más demoró en mejorar fue el del
transporte. Jorge Vicencio indica a este respecto que existía una suerte de mono-
polio de la línea Ovalle Negrete, que era a todas luces insuficiente, lo que motivó
a organizarse para conseguir la entrada de otra línea. A través de los dirigentes
se realizaron conversaciones en pos de este objetivo, que no prosperaron. En
vista de esta situación, se decidió trasladar en camión hasta el paradero de una
línea de “Buses Fiat” que llegaba hasta el paradero 17 de Gran Avenida. Al llegar
allí, llenaron los buses, subieron la garita al camión y se dirigieron hasta la Po-
blación Clara Estrella (es decir, al otro lado de la actual Carretera Panamericana)
y si bien se enfrentaron a Carabineros, “ahí se instaló la garita”75.
De acuerdo con la “Historia de la Población Santa Adriana”, que veni-
mos comentando, lo que más llama la atención como población, fue el rápido
desarrollo de las organizaciones de los pobladores. Todo indica que la fiscali-
zación de la construcción fue un estímulo muy importante, así como las
primeras iniciativas para conseguir o asegurar la llegada de los servicios bási-
cos de urbanización y de transporte. Diversos testimonios de pobladores de
Santa Adriana destacan este rasgo de su población:
“ –Sin agua y sin luz se formó la población. Uno de los comités del sec-
tor B que se formó, fue por esos años con una velita haciendo reunión en Callejón
Lo Ovalle, casi al llegar a las palmeras, esquina de Alvarez. Ahí se hizo la
reunión con Martín Díaz, el que habla, con una cantidad de gente que estuvo...
estuvo Alvarez, también la señora Fresia Manríquez, toda esa gente estuvo en
la junta del sector B”.
“ –Yo llegué el 61 y nos organizamos, nosotros éramos el sector C, en-
tonces ahí nos organizamos... por pasajes y ahí se hizo la Junta de Vecinos del
Sector C. (...) Eso fue a fin del 61, principios del 62, porque yo llegué el 61 e
inmediatamente ya nos organizamos. No sé si vendría gente más preparada,
no tengo idea, la cuestión que a mí por hablar me pusieron de delegada de mi
manzana, tenía que cobrar la plata para pagarle a los dirigentes para la movi-
lización”.
“ –Lo bueno que había era que la Junta de Vecinos estaba tan organiza-
da... el Sector C, el B y el A. Entonces resulta que se formaron directivas en
cada sector con un par de delegados hacia la Junta de Vecinos... La Junta de
Vecinos elegida por el sector completo, entonces los delegados entraban a

74
Grupo de Educación, op. cit. p. 17.
75
Grupo de Educación, op. cit., p. 15.

220
participar de todos los problemas que nosotros teníamos allá en el Sector C,
en el Sector B... Llegaban a la Junta de Vecinos, llegaban los problemas”76.
De modo semejante a la Población José María Caro, en Santa Adriana,
junto a la constitución de juntas de vecinos por sectores, fueron muy impor-
tantes la organización de los clubes deportivos y las actividades artístico
culturales, en el sentido de que todo ello fue reforzando las prácticas comuni-
tarias, sentidos de pertenencia y las fiestas colectivas, que siempre permanecen
en la memoria de los pobladores. Así por ejemplo, muchos recuerdan el “rei-
nado” que se organizó en 1963 a través de los clubes deportivos. En esos años
existían también muy buenas relaciones con la Fuerza Aérea, cuyas instalacio-
nes estaban relativamente cercanas, camino a San Bernardo, de tal modo que
fue esta institución la que amenizó la fiesta con el “Orfeón de la Aviación”77.
También en los “pasajes”, se fue tejiendo la vida comunitaria, como nos
lo recuerda Clodomira, apoyándose en las desgracias; haciéndose compadres
y comadres a través del bautizo de los hijos que nacieron en Santa Adriana;
compartiendo la educación de los hijos; y, también a través de las actividades
deportivas y culturales:
“Sí, aquí hemos sido un pasaje bien cooperador y solidario (...) Si hay
una persona que se muere, ya estamos todos, donde hay un enfermo, estamos
preguntando por él; o sea, con el correr del tiempo se va haciendo como una
familia. Entonces, por ejemplo, yo me junto con mi vecina, ¡ya! Hemos sido
comadres, hemos empezado a hacernos comadres, yo madrina de un niño, ella
madrina de otro, dentro de la misma intimidad que se va haciendo, entonces,
es bueno eso también. Los niños también van creciendo, como te dijiera, acep-
tándose unos a otros y no peleando. Y una de las cosas, de no pelear por la
pelea de dos niños, entonces, en el fondo, también se va educando uno como
pueblo. O sea, eso es mi imaginación, porque yo aquí no tengo, a Dios gracias,
enemigos, al contrario, mis niños jugaban todos a la pelota... Mi marido fue
muy bueno para tomar... grupos de niños y llevarlos a las canchas. Como tenía
tres chiquillos hombres, andaba con los tres por todas partes. Iban a todo... y
hacían campeonatos, bueno, luego, después fueron naciendo los clubes”78.

76
Grupo de Educación, op. cit. p. 18.
77
Grupo de Educación, op. cit., p. 19.
78
Entrevista a Clodomira, Santiago 3 de junio de 1994. Para la historia de Clodomira, cfr. supra., p. 45.

221
La crítica política al Plan Habitacional
La crítica de los parlamentarios

Ciertamente, desde “la toma de La Victoria”, en 1957, hasta la coyuntu-


ra creada por “la toma de Santa Adriana” en 1961, “había corrido mucha agua
bajo los puentes”; la cuestión poblacional, como hemos visto, tenía ahora efec-
tos políticos visibles y tanto el Gobierno como la Oposición, tendieron en
distintos grados, a politizar el conflicto. Así mientras para la derecha política,
la toma de Santa Adriana era parte de una estrategia comunista destinada a
hacer fracasar el Plan Habitacional, para la oposición a Alessandri, el proble-
ma estaba en que el Plan era insuficiente y adolecía de diversas limitaciones.
La toma de Santa Adriana gatilló la crítica política al Plan Habitacional,
no solo a través de la prensa, sino que también en el Congreso Nacional, que
en más de una sesión trató el problema. El martes 25 de julio fue para escu-
char la defensa de los diputados comunistas que la noche del 22 de julio
llegaron hasta Santa Adriana; al día siguiente, el tema estuvo en el Senado,
cuando el senador Tarud destacó la ponderación de carabineros en lo que
pudo haber sido un enfrentamiento de graves consecuencias, y, el martes 8
de agosto, la Cámara de Diputados dedicó una sesión especial para tratar “la
situación en que se encuentran los ocupantes de los terrenos de la Población
Santa Adriana en Santiago”79.
En esta sesión, los diversos comités de parlamentarios tuvieron la opor-
tunidad de plantear sus puntos de vista respecto de la cuestión habitacional, y
en particular, respecto de la situación producida en la ex Chacra Santa Adriana.
Ciertamente, hubo consensos y disensos entre los parlamentarios que hicieron
uso de la palabra, de tal suerte, que el mayor acuerdo estuvo en reconocer la
gravedad del problema habitacional, mientras que el mayor desacuerdo se
produjo con relación a la legitimidad de “la toma de sitios” en Santa Adriana.
Por otra parte, la acción de la CORVI y el Gobierno mereció diversas valora-
ciones entre los congresistas.

79
Cámara de Diputados, Boletín de Sesiones Ordinarias. Sesión 42º, martes 8 de agosto de 1961.
Tomo III, p. 2796 y ss.

222
El déficit habitacional

Para el diputado Clodomiro Almeyda80, del Partido Socialista, “las mil


familias y cerca de diez mil personas” que se encontraban en la toma, eran
“fiel expresión de la miseria, el hambre y la falta de los más elementales me-
dios de subsistencia compatibles con la dignidad humana” en que se
encontraban gran parte de los chilenos81. Para el diputado Hernán Leigh82, del
Partido Radical, en el Tercer Distrito se podían observar los efectos de la des-
igualdad o los dos aspectos de un mismo problema: “el de la falta de viviendas,
el del hacinamiento en poblaciones insalubres por grandes masas de chilenos;
y la otra cara de la medalla, la construcción a un nivel elevadísimo de nuevas
casas y de nuevas edificaciones”83.
También el diputado Gustavo Alessandri84, del Partido Liberal, estuvo de
acuerdo en que el problema de fondo era el déficit habitacional que se arrastraba
desde hacía muchos años y respecto del cual “poco o nada se hizo en otras épocas
para darle solución o absorberlo aunque fuese en la misma medida del aumento
vegetativo de la población”. Sin embargo, para el diputado Alessandri era justa-
mente bajo ese Gobierno cuando más se había construido y “cuando mayores
posibilidades ha tenido la gente modesta de obtener por fin una vivienda pro-
pia”85. Alessandri, de todos modos reconocía que el problema de la vivienda era
“el más grave del país”86. Tomás Reyes87, de la Democracia Cristiana coincidió con

80
Clodomiro Almeyda M., Abogado y Profesor de Filosofía. Nació en Santiago en 1928 y realizó sus
estudios en el Liceo de Aplicación y la Universidad de Chile. Junto con ejercer su profesión de abogado,
dio clase en la Universidad Popular “Valentín Letelier” y en la Universidad de Chile. Fue Ministro del
Trabajo en 1952 y de Minas en 1953, cuando era dirigente del Partido Socialista Popular. Fue elegido
diputado en 1961. Miembro del Comité Central del Partido Socialista. Diccionario Biográfico de Chile,
op. cit., p. 38.
81
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit, p. 2.796.
82
Hernán Leigh G., Abogado. Nació en Santiago en 1918 y realizó sus estudios en Liceo Lastarria y
la Universidad de Chile. Fue presidente de la Juventud Radical de Providencia, Secretario General
del Consejo Provincial de Santiago; Delegado ante el Consejo Nacional por la provincia de Valdivia.
Cónsul de Chile en Mendoza, secretario privado de Pedro Aguirre Cerda y redactor del diario La
Hora. Ocupó diversos cargos públicos y fue elegido diputado por el Tercer Distrito en 1961.
Diccionario Biográfico de Chile. Op. cit., p. 859.
83
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2799.
84
Gustavo Alessandri V., Subgerente y parlamentario. Nació en Santiago en 1929 y realizó sus estudios
en el Instituto de Humanidades y en la Facultad de Leyes de la Universidad Católica. En 1949
ingresó con el cargo de Subgerente a la firma “Wal Ltda.”. Regidor por La Florida en 1956 y
Alcalde de esa comuna en 1958. Fue elegido diputado por el Tercer Distrito en 1961. Diccionario
Biográfico de Chile, op. cit., p. 34.
85
Ibídem.. pág. 2.802.
86
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados. op. cit., p. 2.803.
87
Cfr. supra., cap. I, p. 105.

223
Alessandri en cuanto a la gravedad del problema en Santiago, indicando que exis-
tían 18 a 20 mil familias encuestadas por la CORVI, que requerían vivienda dentro
de la ciudad y sus alrededores, y que para dar solución a este problema se reque-
riría que la CORVI dispusiera de inmediato de una superficie superior a 400
hectáreas de terreno, sin modificar las actuales políticas de viviendas económicas
organizadas como erradicaciones88.
El diputado Pereira89, del Partido Conservador, por su parte enfatizó en
que el presidente Alessandri había heredado una situación caótica: “las
callampas” y una población desesperanzada que no creía que este problema
tuviera solución. El problema habitacional se había agravado fuertemente en
los años cincuenta y la inflación había destruido la Caja de Habitación y los
aportes fiscales así como los malos entendidos con relación a las leyes de con-
gelación, habían alejado a los inversionistas privados90.
Para el diputado Millas, del Partido Comunista, el problema de fon-
do radicaba en “la depauperización de los trabajadores chilenos”, el bajo
poder adquisitivo de los salarios que impedía que los trabajadores pudie-
ran acceder a una vivienda, este era, a su juicio, “el drama de Chile”. La
realidad social manifestada en Santa Adriana era para Orlando Millas, una
prueba de sus dichos: “un pueblo que no tiene derecho a vivienda; niños
desnutridos, hermosos niños chilenos cuyas sonrisas tristes nos han acom-
pañado a todos los que hemos visitado aquel sector de nuestro Santiago...”91.
Para el diputado Pareto92, finalmente, del Partido Democrático Nacional, la
tragedia de Santa Adriana era la de “los miles y miles de ciudadanos que
no han tenido la oportunidad de acogerse a los beneficios del DFL 2”93. En
suma, ningún diputado sostenía que el problema no existiera o se estuviera
sobredimensionando por razones políticas; había consenso, además, de que
trataba de un problema grave, uno de los mayores problemas sociales que
debía enfrentar el país.

88
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2806.
89
Cfr. supra., cap. I, p. 107.
90
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados. op. cit., p. 2809.
91
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados. op. cit., p. 2813.
92
Luis Pareto González, fue elegido diputado por el Primer Distrito en 1957 y reelegido en 1961 y
1965. Valencia A. Luis Anales de la República. Edit. Andrés Bello, Stgo. 1986.
93
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2817.

224
La legitimidad de la acción de los pobladores de Santa Adriana

El diputado Almeyda, del Partido Socialista, fue el primero en poner en


cuestión la actitud del Gobierno para enfrentar la toma de Santa Adriana. A su
juicio, este había actuado de modo formalista y legalista. Y, a este respecto,
señaló que “solo desde el punto de vista de los intereses de los usufructarios
del orden dominante, podría estimarse repudiable esa ruptura del orden legal,
acerca del cual tanto abundamiento hacen los círculos gubernativos y la pren-
sa de derecha. Porque en realidad, si pensamos nosotros en lo que la legalidad
y el orden son para los pobladores de “Santa Adriana”, veremos que a ellos no
les ha servido ni siquiera para contar con techo y trabajo, esto es, con los más
elementales medios de subsistencia”94.
Luego de poner en cuestión el valor que podría representar la legalidad
para los pobladores, Almeyda indicó que el verdadero temor que inquietaba a
los círculos dominantes era que el pueblo “le estaba perdiendo el respeto a la
legalidad oficialista”. Desde el punto de vista del diputado socialista, esta ac-
titud del pueblo resultaba auspiciosa, en la medida que las capas populares
descubrían “que esta sociedad no es la suya, que este orden no es el suyo” y
podían, en consecuencia, organizarse para destruir el orden existente y la lega-
lidad que solo les oprime. Citó en favor de su alegato, un planteamiento
realizado en esos días por el sacerdote jesuita José Aldunate, quien sostuvo
que se podía justificar una acción como la de Santa Adriana cuando esta era la
única forma de presionar a la autoridad para obtener bienes o derechos nece-
sarios para las personas y el bien común, y cuando se daba una extrema
necesidad, en que el particular puede ocupar lo ajeno en alivio de aquella ne-
cesidad. Estas condiciones, a juicio de Almeyda, se daban en Santa Adriana,
por lo que se trataba de una acción éticamente sostenible95.
El problema, a juicio de Almeyda, residía en el Gobierno que había sido
ineficiente para encarar el problema de la vivienda y que la acción del Ejército
de levantar 500 casas en una semana, era una provocación para los poblado-
res, porque se demostraba de este modo, que cuando el ejecutivo quería resolver
un problema encontraba los medios eficaces para hacerlo.
El diputado Leigh discrepó de Almeyda, afirmando que no se estaba
ante un Gobierno inerte frente al problema de la vivienda; para Leigh, el

94
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2796.
95
La posición del Padre Aldunate, que Almeyda incorporó a su alegato, sirvió también para sostener,
desde la revista Mensaje, que tales condiciones no se daban en Santa Adriana. En “Invasión de
Santa Adriana”, Mensaje, Nº 103, octubre de 1961, p. 499 y ss.

225
problema residía en que Chile era un país pequeño, “con dificultades y limi-
taciones, angustia e incapacidades, para abordar en su integridad, el problema
de la vivienda, que se viene arrastrando durante muchos años y que lo tiene el
Estado chileno, como también muchos otros Estados”96. Sostuvo Leigh, por
otra parte, que en el caso de Santa Adriana, la Corporación de la Vivienda
estaba realizando todos los trabajos de urbanización, de dotación de agua po-
table y de casetas sanitarias más indispensables para entregar habitaciones.
Sin embargo, al producirse la toma, se había generado una compleja situación:
“Tenemos que hablar, en la Honorable Cámara, con profunda sinceri-
dad y honradez. Aquí se trata de un grupo de hombres que, angustiados por la
falta de viviendas, llegaron a quebrantar la norma legal; pero también hay que
reconocer que quienes tenían derecho a los sitios y estaban marcando el paso,
porque creían en la ley, han sido perjudicados por los de su propia grey”97.
Lo deseable, indicó Leigh, es que esta situación no vuelva a producir-
se y que se requería de la unidad de los chilenos para enfrentar “este horroroso
problema habitacional” y para ello era fundamental no destruir la capacidad
organizadora del Estado, que ya había sido cuestionada por el Campamento
de La Victoria, que había frustrado un “brillante plan de construcciones” de
la CORVI.
El diputado Aravena, del Partido Democrático Nacional98, también se
refirió al problema de la legitimidad de la acción de los pobladores y fue aún
más lejos que Almeyda, en el sentido de que situaciones como la de Santa
Adriana volverían a repetirse, ya que ellas obedecían “a las condiciones de
vida que imperan en nuestro país”. A su juicio, las reformas de la CORVI más
que resolver los problemas de los más pobres, la habían constituido en un
instrumento de los capitalistas privados. Si se tenían en cuenta todas estas
realidades, no era extraño lo de Santa Adriana:
“Y si hay algo que produzca extrañeza, es el hecho de que estas invasio-
nes, en escala nacional, no se estén llevando a cabo a lo largo de todo el territorio
de la República” 99.

96
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2799.
97
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2800.
98
Jorge Aravena Carrasco. Nació en El Monte, en 1903. Fue Administrador de la Unión de Productores
de Leche de El Monte en 1922-1927. Luego propietario de la Central de Productores de Leche,
presidente más tarde de la empresa Lechera del Sur Ltda. Ministro de Salubridad y presidente del
Banco del Estado, conjuntamente en 1955. Elegido diputado en 1961 por la Decimosegunda
Agrupación Departamental “Talca, Lontué y Curepto” Diccionario Biográfico de Chile, op. cit.
p.74.
99
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados. op. cit., p. 2818.

226
Nada obtiene el Gobierno, agregó luego, con recurrir a disposiciones le-
gales que son inaplicables y que buscan mantener un orden ficticio así como un
amparo también ficticio a “una propiedad privada que no cumple función social
alguna”100. El diputado Aravena, sin embargo, no dejó allí su alegato, sino que
fue más lejos, en el sentido de prácticamente profetizar, sobre los diversos gru-
pos sociales, que a su juicio, se rebelarían en contra del orden hasta hacer emerger
un “nuevo derecho”, un nuevo estatus jurídico que aseguraría como preocupa-
ción fundamental del Estado el perfeccionamiento y el progreso del país101.
También el Ministro de Obras Públicas, Ernesto Pinto Lagarrigue, ma-
nifestó su punto de vista, indicando que no se podía dejar a las familias
ocupantes de Santa Adriana en ese lugar, porque sería un incentivo para nue-
vos asaltos, por familias que presumen que tienen el derecho para ello.
Es evidente que respecto de la legalidad y más ampliamente de la
legititimidad de la “toma de Santa Adriana” no podía haber acuerdo entre las
distintas fuerzas políticas representadas en el Parlamento, aunque la mayoría
reconociera la gravedad del problema habitacional, incluso entre quienes valo-
raban las realizaciones del Plan Habitacional de Alessandri. Lo interesante del
debate parlamentario, con todo, era que se insinuaba un complejo problema con
relación al impacto de los movimientos sociales, y en particular el de los pobla-
dores, con la legalidad vigente. En efecto, el curso de los movimientos sociales
en Chile, en el siglo XX, particularmente el del movimiento obrero, fue el de su
progresiva inclusión en el sistema legal e institucional mientras que el movi-
miento poblacional, por un largo período se desarrollaría en la frontera de la
legalidad, ora adaptándose a ella, ora enfrentándose o rompiendo con ella.

100
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2819.
101
Esta fue la línea de argumentación del diputado Aravena:
“Lo que hoy ocurre en la Chacra Santa Adriana es solo el comienzo de lo que vendrá. No tardará
mucho en que los comerciantes acuerden rebelarse contra la recaudación de impuestos intolerables;
en que los pequeños y medianos agricultores abandonen sus tierras; en que inumerables industriales
cierren sus fábricas; en que los estudiantes se atrincheren en sus colegios exigiendo locales adecuados
y programas modernos de enseñanza; en que los profesores abandonen sus clases, cansados del vejamen
a que los somete la pobreza; en que los obreros y empleados ocuparán todos los terrenos disponibles,
sean de quien sean, para levantar sus habitaciones; en que será hundido por la fuerza revolucionaria el
imperio de los monopolios.
“A nosotros nos inquietan, pero no nos alarman estas perspectivas. Tenemos conciencia de que
pueden significar horas de dolor para el país, pero sabemos también que, de esos acontecimientos,
emergerá el nuevo Derecho, el nuevo estatus jurídico que asegure una preocupación primordial del
Estado hacia el perfeccionamiento y el progreso del país y de nuestro pueblo.
“En este sentido, nos complace observar que los ocupantes de la Chacra Santa Adriana están creando
“su” derecho: el de procurarse, por lo menos, un sitio donde vivir, cuando el Estado pretende obligarlos
a subsistir como parias o animales”. Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2819.

227
El caso de Santa Adriana fue en cierto modo paradigmático, porque re-
presentaba una visible transgresión a la ley, pero al mismo tiempo la expresión
de un problema social relevante –“el principal problema social del país”–,
razón por la cual, o el Estado elevaba su eficiencia o la acción de Santa Adriana
adquiriría crecientemente legitimidad.

Las críticas a la CORVI y al Gobierno

Fue, en consecuencia inevitable que en el Parlamento se debatiera sobre


la acción de la CORVI y el Gobierno. El diputado Alessandri argumentó en
favor del Gobierno, indicando que la CORVI había construido con sus propios
recursos 46 mil viviendas en los últimos tres años, lo que significaba mil vi-
viendas más de las construidas por este mismo organismo y los que lo
precedieron, durante 21 años; que el ritmo de construcciones de la CORVI se
había elevado a 20 mil unidades por año en contra de solo 3.200 en el decenio
1949-58; que en todo el país se estaban construyendo 42 mil viviendas anuales
contra 12 mil que se construían en el mismo decenio indicado102. Con todo, a
pesar de estos avances en la construcción, el problema no se podía resolver de
la noche a la mañana y era en consecuencia muy difícil que cada ciudadano
fuera dueño de su casa habitación, como eran sus deseos.
El diputado Alessandri había participado junto a otros parlamentarios
en las negociaciones con el Vicepresidente de la CORVI a efectos de que los
pobladores fueran trasladados a otros sitios, en condiciones mínimas de urba-
nización. Por esta misma razón era también partidario de aumentar los recursos
de la CORVI para que este organismo adquiriera y adjudicara de inmediato
“una cantidad no inferior a 18.000 sitios dentro de la provincia de Santiago”103.
Tomás Reyes, de la Democracia Cristiana, señaló que el Plan de
radicaciones de la CORVI había bajado desde sus inicios en 1959 y como el
problema de la vivienda iba en aumento (por el déficit acumulado y el creci-
miento vegetativo de la población), las soluciones se hacían más difíciles. Criticó
también, que todas las acciones de CORVI encaminadas a asignar viviendas
económicas se concentrasen en la zona sur de Santiago, es decir en San Mi-
guel, La Cisterna y La Granja. Abogó entonces, porque cada comuna buscara
absorber en su propio territorio futuras erradicaciones104.

102
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2803.
103
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2804.
104
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2807.

228
El plan de erradicaciones debía continuar, a juicio de Reyes, pero con
nuevos criterios, de localización geográfica, de publicación de las listas de
asignatarios con la debida antelación y además, en un plan de entendimiento
directo con los comités de pobladores, de tal modo que “se asigne a cada uno
de estos pobladores y a cada uno de estos comités en referencia, terrenos ade-
cuados, previa urbanización, la que se realizaría inmediatamente después de
ser adquiridos” por la CORVI. De este modo, a juicio de Reyes, se conseguiría
el respaldo solidario del pueblo de Chile y de las familias que más lo requieren
del organismo del Estado encargado de afrontar el problema de la vivienda105.
Había otra razón además, según Reyes, para considerar lo crítico del
problema de la vivienda, y esta era el bajo poder adquisitivo de los salarios.
Indicó el diputado, que el 30% de los obreros chilenos no eran capaces, de
acuerdo a sus niveles de ingreso, de pagar una vivienda mínima en 37 años,
sin intereses, y destinando solo el 15% de sus ingresos al pago de la misma. Si
a estos se sumaba, la escasez de vivienda, los lanzamientos y el fenómeno de
los allegados era evidente que habían condiciones difíciles de enfrentar, que
evidentemente la CORVI debía tener en cuenta.
Para el diputado conservador Pereira Lyon, el Gobierno de Alessandri
heredó una pesada carga en el plano de la vivienda, y sin embargo había reali-
zado una gran obra, lo que “ha enfervorizado a los postulantes” que aún no
logran la asignación de sitios y esta desesperación y este anhelo ha sido “ex-
plotado por quienes quieren obstaculizar la labor de la CORVI”, porque temen
que los problemas se vean solucionados. Para Pereira, la existencia de 18 mil
postulantes de la CORVI debía ser encarada a corto plazo y si era necesario
había que considerar la posibilidad de entregar sitios con una urbanización
aún incompleta106.
Para el diputado comunista Orlando Millas, había que encarar los dos
problemas en forma conjunta, el del poder adquisitivo de los trabajadores y el
de la asignación de sitios a los postulantes de la CORVI. Para lo primero, era
necesario aprobar el reajuste de sueldos y salarios, como lo estaba proponien-
do la Comisión de Trabajo y Legislación de la misma Cámara de Diputados, y
legislar sobre el problema habitacional. A este último respecto, indicó que los

105
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2807.
106
Para el diputado Pereira, una vez encuestados los pobladores de Santa Adriana, se debía proceder a:
“1.- Ubicar a los que cumplen el puntaje para “Santa Adriana”.
“2.- Acordar la inmediata división de los terrenos que posee la CORVI, con el objeto de ubicar, lo
más luego posible –digamos dos meses– a los 18.000 postulantes, cuyo apuro los haga preferir irse
a sus sitios aún antes de una urbanización completa. Estas entregas se harían solo con agua, letrina
y cierros...”. Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 2810.

229
diputados comunistas eran partidarios de eliminar los reajustes de dividen-
dos y de moratorias para los impagos, y de una acción rápida encaminada a
dar solución a las 18 mil familias que esperaban que la CORVI resolviera sus
problemas de vivienda107.
El diputado socialista Barra108, por su parte, criticó a las sociedades cons-
tructoras de clase media que se acogían a los beneficios del DFL-2, cuyas
viviendas, por cierto, no estaban al alcance de los postulantes de la CORVI. La
diputada Ugalde, del Partido Radical, criticó asimismo el autoconvencimiento
del Gobierno de que “lo estaba haciendo bien” y cuestionó el sesgo liberal de
las políticas en curso, que no se compadecían de las necesidades sociales del
país ni del espíritu que debía guiar la acción de la CORVI109.

El efecto Santa Adriana

El debate político de la Cámara de Diputados, más allá de sus conteni-


dos específicos, fue muy expresivo de la significación social y política que había
alcanzado en Santiago y en cierto modo en el país, el problema habitacional,
pero lo fue a instancias de la acción de los pobladores, que protagonizaron la
toma de Santa Adriana la noche del 22 de julio de 1961. Esta es quizás la cues-
tión más relevante, en el sentido de que el problema habitacional hizo crisis en
los cincuenta. Ahí estaba el Zanjón y las riberas del Mapocho para demostrar-
lo; La Victoria fue el detonante, y el Gobierno de Alessandri el primer realizador.
Pues bien, ahora Santa Adriana contribuía con lo suyo: hacía que el problema
de la habitación popular adquiriera el estatus de un problema social reconoci-
do por todas las fuerzas políticas. El debate en consecuencia sería ahora un
debate técnico y político en sentido estricto: concernía al Estado, debía ser en-
frentado definitivamente como un problema de Estado.
Y este fue el tenor del debate en el Senado, cuando Eduardo Frei
Montalva110 vio necesario referirse a él y sugerir modificaciones a la política de

107
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados. op. cit., p. 2.815.
108
Albino Barra V. Nació en 1906. Socialista, desempeñó cargos directivos en la CTCH y en el
Departamento Sindical del PS. Fundador de la Federación Industrial Nacional de Obreros de la Madera.
Fue elegido Diputado por la Décimo Séptima Agrupación Departamental, “Concepción, Tomé y
Talcahuano” en 1949, reelegido en 1953 y en 1961. Diccionario Biográfico de Chile, op. cit. p. 135.
109
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados. op.cit., p. 2.831.
110
Eduardo Frei Montalva, Abogado, Nació en Santiago en 1911 y realizó sus estudios en el Instituto
de Humanidades y la Universidad Católica. Fue profesor en esta Universidad de Derecho del Trabajo.
Presidente de la Juventud Conservadora y luego de la Falange Nacional. Autor de Chile desconocido;
continúa en la página siguiente

230
Gobierno de Alessandri. Su discurso, del día 12 de septiembre de 1961, lo inició
indicando que trataría el problema de la vivienda “porque lo considero uno de
los asuntos más urgentes, más graves y más dramáticos”; no sería necesario
abundar en adjetivos frente a este problema porque ya se habían agotado; el
problema era tan visible y trágico que toda ponderación resultaba superflua111.
Con todo, debía ponderar el problema y para hacerlo se apoyó en el
último Boletín de la Dirección de Estadísticas y Censos, de junio de 1961, en el
que se indicaba que en junio de 1961 se había registrado uno de los índices más
bajos en la actividad del sector privado en materia de edificación de viviendas
y que las cifras correspondientes a las obras realizadas por entidades públicas
dentro de 59 comunas del país, comparando el primer semestre de 1960 con el
primer semestre de 1961, señalaban una baja de la superficie destinada a cons-
trucciones habitacionales de un 49,3%, y que respecto de la superficie total de
edificaciones, que incluía habitaciones, pero además construcciones educacio-
nales, hospitalarias, comerciales, etc. indicaban también una disminución del
42,9% en los períodos mencionados.
El diagnóstico de Frei buscaba hacer notar la baja que se estaba produ-
ciendo en la construcción a mediados de 1961. A renglón seguido, indicó que
no criticaba sino que aplaudía la orientación de la CORVI encaminada a pro-
ducir viviendas baratas y mínimas para el pueblo, pero que no se podía
desconocer que desde el punto de vista de la calidad de la construcción esta
era muy baja:
“El nivel o calidad de la construcción ha descendido en forma notable.
En consecuencia, si estuviéramos construyendo el mismo número de metros
al valor del metro cuadrado anterior, ya ello implicaría una disminución eco-
nómica, pues la población ha crecido; pero, construir menos y de peor calidad
agrava mucho más el problema de la economía general de la Nación”112.
A juicio de Frei, los problemas no había que atribuirlos a la mala inten-
ción de nadie, sino a errores en la política de construcción, pues entre otros, la

La Política y el Espíritu; Aún es tiempo; Historia de los Partidos Políticos en Chile y La verdad
tiene su hora. Fue gerente de la Sociedad de Publicaciones Tarapacá, Ministro de Obras Públicas,
Vías y Comunicación. Senador por Atacama y Coquimbo en 1949 y reelegido por Santiago en
1957. Fue elegido presidente de la República en 1964, cuando era el líder indiscutido de la
Democracia Cristiana. Diccionario Biográfico de Chile. Op. cit. p. 534. Mayores antecedentes y
una selección de sus principales discursos como líder político chileno durante El siglo XX, en:
Gazmuri, Cristián: Eduardo Frei Montalva 1911-1982 F. C. E. Santiago, 1996.
111
Eduardo Frei M. en Sesión 50ª del 12 de septiembre de 1961. Boletín de Sesiones Ordinarias del
Senado, Tomo IV, pág. 3.041.
112
Boletín de Sesiones, Senado, op. cit. p. 3.044.

231
CORVI estaba construyendo más, reconocía Frei, pero el país construía menos.
El primer error, a juicio de Frei, estaba en la ausencia de un organismo planifi-
cador de la vivienda en Chile. Citó al respecto los argumentos planteados en la
Cámara Chilena de la Construcción por Luis Prieto Vial, el que había indicado
que el Plan Habitacional “era inarmónico por cuanto propende solo a la edifi-
cación de viviendas con exclusión de todo otro tipo de construcción” que faltaba
coordinación o autoridad entre la CORVI como constructora de habitaciones y
otros organismos encargados de otros aspectos de la vida ciudadana (escuelas,
hospitales, guarderías infantiles) y que además, era necesario atraer capitales
privados para la edificación de todo aquello que es complementario a la vi-
vienda por lo que eran contraproducentes los impuestos que gravaban estas
actividades113. El senador Frei, entonces se preguntaba:
“¿Por qué ha ocurrido eso? Porque, al concentrarse en la CORVI todos
los factores de planificación y construcción, de hecho la ejecución se ha comi-
do a la planificación. No hay en Chile un organismo de planificación general
del programa de viviendas”114.
Para Frei, la solución estaba en la creación del Ministerio de la Vivienda, que
cumpliera con estos roles de coordinación y planificación, y si esto no era posi-
ble, se requería al menos la constitución de un organismo planificador de alto
nivel en el Estado:
“He visto numerosas poblaciones, hace pocos días estuve en una en
donde se han instalado ochocientas familias –llegarán a mil quinientas–: no se
ha observado allí ni una pieza de tres por cuatro para reuniones. Si se hace un
conjunto habitacional, debe tomarse en cuenta que no es para animales que
deben ser colocados en serie... Se trata de seres humanos. En esas poblaciones
hay centros sociales, clubes deportivos que no tienen dónde reunirse. Tampo-
co existen locales comerciales, policlínicas y escuelas, hospitales, etc.
“Estas son necesidades que se prevén en todo plan moderno de urbani-
zación y de habilitamiento de poblaciones...”115.
Por otra parte, a juicio de Frei, también el Plan Habitacional mostraba
falencias técnicas con relación a la remodelación de la ciudad. Se estaba cons-
truyendo sobre todo en la zona sur de Santiago, como en Santa Adriana,
“viviendas mínimas, que a la postre vienen a constituir nuevas poblaciones
callampas” y sin que se estudien todas las posibilidades que puede ofrecer la
ciudad para definir dónde es más barato reconstruir o remodelar barrios de

113
Boletín sesiones, Senado, op. cit., p. 3.045.
114
Ibídem.
115
Ibídem.

232
Santiago, tomando en cuenta factores como el transporte público, la extensión
de las nuevas redes de servicio, el acceso a los centros comerciales, etc. Por
último, indicaba Frei existe “el problema sociológico”:
“Muchos observadores han señalado el hecho de que se ha avanzado en
el estudio de planificaciones económicas, abandonando del todo el de carácter
sociológico. ¿Qué estamos haciendo? ¿Estamos creando ghettos? Hay comu-
nas que son verdaderas poblaciones callampas y estamos viendo que gente
desplazada debe vivir en ellas, a diferencia de los que disponemos de un me-
jor bienestar para habitar en otros lugares de la ciudad. Esto puede crear
problemas sociales extremadamente graves, por falta de una evaluación eco-
nómica y sociológica”116.
Frei apuntaba aquí a dos problemas que serían parte fundamental del
debate teórico y político posterior, por una parte el de la planificación, que lleva-
ría efectivamente durante su gobierno, en 1965, a la creación del Ministerio de la
Vivienda y por otra, el de la calidad y la localización de las viviendas económi-
cas que tenderían a reproducir nuevas formas de “marginalidad social”.
La segunda crítica de Frei al Plan Habitacional se refería a la excesiva
concentración en la CORVI de las tareas de construcción de viviendas. Efecti-
vamente la CORVI al ser reestructurada mediante el DFL 2, concentró diversas
funciones y apostó más a la fusión de los diversos organismos técnicos ante-
riores –en particular de las cajas de previsión– que a una coordinación entre
las capacidades ya instaladas117. Tenemos la experiencia –indicó Frei– de lo que
representan estos “organismos monumentales, instituciones monopolistas y
concentradas en Santiago, a las cuales deben llegar todos los planos, los pedi-
dos de prestamos de toda índole, y todas las iniciativas”. La CORVI en suma,
para Frei se había visto sobrecargada de funciones, lo que evidentemente in-
fluía en su rendimiento. Su propuesta fue entonces plantear la necesidad de
distinguir entre un organismo encargado de la planificación y un organismo
encargado de la ejecución:
“... mis observaciones van dirigidas primero, a la necesidad de estudiar
una planificación integral de la vivienda mediante un Ministerio de la Vivienda o
mediante un organismo adecuado; pero que no sea un mismo organismo el que la
ejecute, pues no se pueden fundir técnicamente las dos cosas. Debe existir un or-
ganismo planificador independiente que regule lo referente a habitación con

116
Boletín Sesiones, Senado, op. cit., p. 3.046.
117
Este era un viejo debate por cuanto, en tiempos de Ibáñez, cuando se creó la CORVI se mantuvo la
autonomía de las cajas de previsión para construir, en el supuesto de una coordinación entre ellos
que fracasó por completo.

233
respecto a toda la economía del País, diferente del que ejecute la construcción.
Segundo, es necesario buscar algunas fórmulas, y hay varias (...) para aliviar a la
CORVI de ciertas tareas. Algunas de estas podrían trasladarse a las asociaciones
de ahorro y prestamos, dentro de fórmulas perfectamente estudiadas, las cuales
podrían prestar una evidente colaboración desde varios puntos de vista”118.
Criticó finalmente también, el senador Frei, la propaganda que venía rea-
lizado la CORVI, que señalaba que se estaba construyendo una casa cada 28
minutos, si no se indicaba la calidad de las habitaciones que se estaba constru-
yendo y afirmó, al terminar su intervención, que estaba convencido “que la
construcción puede ser el motor que mueva la economía chilena hoy detenida”.
Las diversas observaciones que Frei realizó en el Senado, en varios sen-
tidos tenían un carácter programático, es decir, adelantaban lo que sería la
política habitacional del Estado en la segunda mitad de la década del sesenta,
cuando el senador Frei llegó a ocupar el cargo de Presidente de la República.

La crítica comunista al Plan Habitacional

El Partido Comunista tuvo una temprana posición crítica al Plan


Habitacional, influida en gran medida por su oposición radical a Alessandri y
su gobierno, al que llamaron “el Gobierno de los gerentes”. El Plan Habitacional,
para el PC, era coherente con esta composición y orientación del gobierno. Por
otra parte, los comunistas jugaron un papel sin lugar a dudas muy relevante
en la constitución del movimiento poblacional, como quedó expresado en los
sucesos de Santa Adriana. Allí se terminaron de diseñar en cierta forma, varios
componentes de la “estrategia del PC” para los pobladores. Como señala
Orlando Millas, que fue un actor relevante en estos asuntos, se trataba de “ac-
ciones bien preparadas, verdaderamente colectivas, pluralistas, que no se
basaban en la imposición de esquemas sino que en decisiones democráticas y
en iniciativas de los propios pobladores”119.
Lo que resulta claro de estas acciones, que se multiplicarían en la déca-
da de los sesenta, es que el PC desarrolló una estrategia hacia el mundo
poblacional que combinó formas de lucha legal con formas ilegales, pero bus-
cando siempre su mutua complementariedad. En efecto, por una parte, y en
primer lugar, estaba la acción social de apoyo y de estímulo para la formación
de comités de los sin casa; por otra, el recurso a “la toma” que ciertamente
constituía una transgresión al orden legal vigente, pero, en tercer lugar, estaba

118
Ibídem.
119
Millas, op,. cit., p. 23.

234
el apoyo parlamentario que podía actuar como “escudo de contención” frente
a la acción policial. Esta última era una acción completamente legal, que de
tener éxito, podía dar lugar a diversas acciones encaminadas a la urbanización
de sitios y la constitución de una “población”.
El resultado de estas acciones, como dice Millas, es que se fue estableciendo
un “modus operandi” que se masificó durante la década de los sesenta –como
veremos más adelante– y que, además implicó la incorporación a las “luchas so-
ciales y políticas”, por vía práctica, de miles de santiaguinos que ampliaron las
bases de apoyo de los partidos políticos, tanto del centro como de la izquierda
política. Así lo evalúa también, desde la distancia que da el paso del tiempo, Luis
Corvalán, quien en aquellos años fuera Secretario General del Partido Comunista:
“Yo creo que el movimiento poblacional permite y de ahí su importan-
cia política... que con él se incorpore a la lucha social un conglomerado muy
grande de chilenos... Es muy vasto, muy vasto... Y a través de este movimien-
to y de las conquistas que logra, porque logran conquistas, como el
reconocimiento del derecho a tener un lugar bajo el sol, un sitio, un techo, se
afianza en el pueblo, en gran parte del pueblo y desde luego en ellos, la con-
ciencia, la convicción de que las cosas se conquistan, de que el logro de
determinadas aspiraciones no depende de las promesas políticas, sino de su
propia acción, de su organización. Esto es muy importante”120.
En marzo de 1959, es decir recién iniciado el Gobierno de Alessandri, en
la revista Principios se analizó el Plan Habitacional de Alessandri. En primer
lugar, se lo vio como una obra de “hombres de negocios” asociados al Gobier-
no, “activos y encumbrados accionistas de Cemento Melón, representantes
directos de Renta Urbana, connotados personeros de Grace y otros importan-
tes distribuidores de materiales de construcción...”121.
El nuevo plan, a juicio del PC, estaba hecho para ese mundo y redactado
en los términos que interesan a los inversionistas: “Contempla dividendos,
franquicias tributarias, prestamos, créditos, porcentajes y cláusulas, hipotecas
y “libertades” de precios, etc. Y por cierto, también en este caso, solo falta una
cosa, nada más que una cosa: la vivienda, la vivienda popular en cantidad,
costo y de acuerdo con las grandes necesidades del pueblo”122. Así se esbozaba
la principal crítica del PC al Plan Habitacional; este estaba concebido princi-
palmente como una invitación a las empresas para hacerse parte de un mayor

120
Entrevista a Luis Corvalán. San Bernardo, 26 de junio de 1998.
121
Andress, Bert “Los gerentes organizan el ‘gran negocio’ con la vivienda popular” en Principios
Nº 55, Santiago, marzo de 1959. p. 37.
122
Bert, op. cit., p. 38.

235
desarrollo de la construcción. En este contexto, la vivienda se transformaría en
una “mercancía” más:
“Al proyecto de ‘consolidación económica’, el proyecto del hambre, le
sigue el proyecto de política habitacional, cuyo objeto, simple y claro, será en-
tregar la fijación de precios de la edificación y sus costos, al arbitrio de los
grandes monopolios, liquidar la construcción estatal de viviendas, y desmon-
tar, rápidamente los organismos encargados de ellas; hacer de la vivienda una
mercancía cuyo precio lo debe fijar el mercado y la oferta-demanda (o sea, ele-
var sus costos); dejar establecidas algunas reglas del juego para los interesados
(para las empresas se entiende) y buscar un disfraz airoso para el gran negocio
montando, por ejemplo, el ‘ahorro popular‘” 123.
En síntesis, las críticas del PC al Plan habitacional tuvieron que ver con (a) los
efectos negativos que tendría sobre la capacidad constructora del propio Estado; (b)
con la sujeción de la construcción de viviendas populares a las leyes del mercado; y
(c) con los mayores costos que ello representaría para los grupos populares.
La vivienda, a juicio del PC, se transformaría en un negocio, desandan-
do el camino hecho hasta esa fecha por el Estado y afectando la débil protección
legal, como la fijación de los arriendos, que aún servía a los trabajadores. Por
estas razones, el PC oponía al Plan de Alessandri, el programa de viviendas
que había elaborado el Frente de Acción Popular, FRAP, en la campaña electo-
ral de 1958. En este se consideraba prioritario (a) la realización de un programa
de emergencia inmediato para ayudar a los habitantes de poblaciones
callampas; (b) la regularización de la situación de los ocupantes ilegales de
terrenos; (c) el impulso a la edificación de viviendas campesinas y reparación
de las deterioradas; (d) la elaboración de un plan nacional de viviendas popu-
lares, distribuidas sin lucro a los trabajadores a través de la CORVI,
estableciéndose una Central de venta de materiales de construcción a precio
de costo y apoyo a las técnicas de construcción; (e) una legislación que prote-
giera a los arrendatarios; y (f) el fomento de la ayuda estatal a las cooperativas
de urbanización y construcción de viviendas124.
Como se puede apreciar, se trataba de una filosofía distinta a la del
Plan Habitacional de Alessandri, ya que mientras en este, el énfasis principal
estaba puesto en la asociación Estado-empresa privada, con regulación esta-
tal, en el programa del FRAP, el énfasis estaba puesto en un reforzamiento de
la acción del Estado para enfrentar directamente el déficit de vivienda popu-
lar. El PC por esta vía lo que hacía era afirmar la idea de la vivienda como

123
Ibídem, La cursiva es nuestra.
124
Andress, Principios, op. cit., p. 46.

236
una reivindicación popular (algo así como un “derecho social”) y en conse-
cuencia, como una tarea fundamental del Estado.
A pesar de sus críticas al Plan, la política más general del PC, de “libera-
ción nacional” no negaba el rol que podía cumplir la empresa privada y la
burguesía nacional (es decir, la burguesía no monopólica e interesada en un
desarrollo nacional independiente del imperialismo), y se le asignaba un rol
en la solución del problema habitacional, claro que en una relación distinta
con el Estado:
“Para nosotros, los comunistas, la experiencia de la lucha popular nos
ha indicado como válido, plenamente, el camino de liberación nacional para
devolver bienestar, soberanía, democracia y desarrollo económico a nuestro
país. Ello nos llevó a concebir la participación de la burguesía nacional en un
plan de viviendas a realizarse por Gobierno Popular, en cuya orientación y
política general, hubiera tenido amplia participación y dirección la clase obre-
ra y el pueblo. En ese plan, sujeta a una situación diferente, a la burguesía
nacional debía caberle, evidentemente, un papel importante; aunque secunda-
rio, en relación con el papel del Estado en el financiamiento y construcción de
la vivienda popular”125.
En este sentido, el articulista de la revista Principios, no descartaba que
un Plan Popular hubiese tomado algunos artículos del Plan Habitacional de
Alessandri, con relación al “estímulo al inversionista” o “al desarrollo de la
industria de la construcción”, claro que en otra dirección, con otro sentido,
distinto al de Alessandri que se organizaba “para entregar a los trabajadores a
la voracidad de los inversionistas privados, a las fauces de los grandes mono-
polios de la industria y de la renta”126. En este último sentido, el articulista de
Principios matizaba las cosas, en el sentido de que no podía deducirse de la
orientación del Plan que nada o ninguna de sus disposiciones sirva a los inte-
reses populares “o que todo el Plan es reaccionario”.
El análisis crítico del Plan Habitacional enfatizaba, como hemos visto,
en que se haría de la vivienda popular un negocio, pero también se criticaba
la nueva situación en que se colocaba a la CORVI, que sería transformada
“en un gigantesco aparato sin el financiamiento fiscal adecuado, desmante-
ladas de sus funciones específicas de proyectar y construir, por cuenta del
Estado, viviendas para el pueblo” y rebajada a una suerte de inspectoría de-
dicada a velar por el cumplimiento de las reglas del juego entre las empresas
constructoras. También se criticaban los artículos del Plan Habitacional que

125
Andress, Bert. “El artículo 17 del Plan Habitacional”, en Principios Nº 59, Santiago, julio de 1959, p. 34.
126
Ibídem.

237
buscaban estimular el ahorro, ya que ello estaba destinado a ilusionar a la
pequeña burguesía y los empleados y no confiaba en la eficacia de los artícu-
los referidos a la construcción de viviendas rurales. Solo los artículos referidos
a las erradicaciones se consideraban lo más positivo del Plan y solo si los
pobladores organizados lograban que la CORVI efectivamente los aplicara127.
Las críticas del PC al Plan habitacional eran, en general, contrastadas
con las necesidades de viviendas existentes en el país, que por cierto afectaban
más directamente a los trabajadores y a los pobres de la ciudad y si no era el
programa habitacional del FRAP el que se realizaría, sí tendría sentido frente
a Alessandri, profundizar las experiencias del movimiento de pobladores.
La experiencia del Campamento de La Victoria, de 1957, había dado
algunas luces al PC de cómo llevar adelante una política hacia los pobladores,
ahora en 1959, las cosas eran todavía más claras lo que le permitiría al PC
definir con mayor precisión sus orientaciones hacia este sector de la sociedad.
Algunas de estas orientaciones fueron vincular el tema de la vivienda a la po-
lítica general del partido –la cuestión de la liberación nacional– lo que en
términos generales significaba sensibilizar y ampliar a los diversos sectores de
la sociedad su interés en el tema de la vivienda y un plan nacional para
enfrentarlo; significaba asimismo no excluir a ninguna fuerza política de estos
propósitos, como la Democracia Cristiana, por ejemplo, con la cual se recono-
cía haber aunado criterios cuando hubo que defender a los pobladores de La
Victoria. En suma, la cuestión habitacional debía ser parte de la política gene-
ral del partido:
“El Partido Comunista –escribía Contreras Labarca, en 1959– considera
que la cuestión de la vivienda debe ser una de las reivindicaciones fundamen-
tales del movimiento de liberación nacional. La realización de un vasto plan
de construcción de viviendas baratas, higiénicas y confortables forma parte
integrante del programa de desarrollo y progreso económico y social del país
y de elevación del bienestar de las masas, del programa de lucha
anitiimperialista y antioligárquica.
“Es evidente que están vivamente interesadas en poner en marcha una
política nueva para dotar al pueblo del techo que le falta, no solo las fuerzas
políticas agrupadas en el Frente de Acción Popular, sino también muchas otras;
la inmensa mayoría del país puede y debe ser movilizada para levantar a Chi-
le del abismo habitacional a que ha descendido”128.

127
Andress, Principios, op. cit., p. 35.
128
Labarca Contreras, Carlos. “La crisis de la vivienda”, en Principios, Nº 61, Santiago, septiembre
de 1961. p. 50.

238
En este contexto, también se vio necesario fortalecer al emergente movi-
miento poblacional, el que debía avanzar internamente estrechando las
relaciones entre los organismos de base de los pobladores y sus representacio-
nes regionales y nacionales. Pero más allá del fortalecimiento orgánico del
movimiento, se comenzó a ver que los propios comités de base de los poblado-
res podían cumplir con variados e importantes roles:
“...corresponde darles nueva vida a dichas organizaciones, de tal modo
que su influencia se haga sentir en un radio mucho más amplio que el habi-
tual. Los comités de pobladores, en suma, pueden y deben, incluso en Santiago,
ser los campeones de toda iniciativa de adelanto local: la feria libre, la movili-
zación, la difusión de actividades culturales a los barrios, la vinculación con el
movimiento deportista aficionado, etc. Por otro lado, corresponde que la vida
interna de dichas organizaciones se haga más interesante, sea más útil a la
población y signifique un medio para educar y capacitar al obrero, especial-
mente a la mujer y la juventud, a través de iniciativas diversas; y debe obtenerse
la ayuda organizada al movimiento de pobladores, de profesionales: médicos,
abogados, visitadoras, ingenieros, arquitectos, maestros, etc.
Por último, corresponde, más que nunca, que el movimiento sindical y
las organizaciones de los trabajadores y campesinos incluyan en sus platafor-
mas el problema habitacional y se vincule la lucha en acciones comunes con
los pobladores”129.
Reiteremos que, respecto de las erradicaciones de pobladores de las
“callampas”, el PC tenía una opinión positiva, aunque señalaba que se trataba
de una iniciativa insuficiente, si se tenía en cuenta los déficit de vivienda acu-
mulados y las necesidades de estos grupos de pobladores. Carlos Contreras
Labarca, en septiembre de 1959, instaba a que en estas iniciativas se debía fo-
mentar la cooperación solidaria de los más vastos sectores de la población y
que el Partido Comunista debía destacarse en esta ayuda. Agregaba asimismo
que los comités de estas nuevas poblaciones, surgidas de las radicaciones, de-
bían exigir que se destinaran más recursos para la construcción de viviendas
de estos pobladores que carecían de lo más indispensable para vivir.
Finalmente, el PC consideraba también que el bajo nivel de vida de los
trabajadores chilenos era el “talón de Aquiles” del Plan Habitacional, ya que la
mayoría de los trabajadores estaba incapacitado para adquirir una vivienda,
lo que reforzaba la crítica de hacer de la vivienda “una mercancía”130.

129
Andress, “Los gerentes organizan...” op. cit. págs. 47 y 48.
130
Contreras, Principios, op. cit., p. 46.

239
La teoría de la marginalidad
Que los pobladores fueran objeto de una elaboración teórica tuvo que
ver directamente con el mayor protagonismo de este sector popular en la so-
ciedad. En los años cuarenta y cincuenta, en medio de sus mayores dificultades
para sobrevivir en la ciudad, ensayaron sus propias estrategias de asentamiento
urbano, que los llevaron a ampliar los cordones de miseria de Santiago. A fines
de los cincuenta, apoyados por la izquierda política, dieron un paso tanto más
decisivo, crearon una población propia –La Victoria– lo que les permitió hacer-
se más visibles como un emergente actor social. En este contexto, de agudización
de la pobreza que tuvo su principal expresión en las poblaciones callampas y
del desarrollo de un naciente movimiento de pobladores, el Estado reaccionó
y dio lugar al primer Plan Habitacional en serio, el significativo y criticado
DFL 2 de Alessandri.
Pero, junto a los pobladores, la izquierda política y el Estado, también
otros actores relevantes confluyeron con sus aportes y puntos de vista para
enfrentar el problema habitacional: la Iglesia Católica y la Democracia Cristia-
na. La primera a través de diversos organismos de asistencia y de estudios
sociales; el segundo, un partido político relativamente nuevo, que creció junto
al movimiento poblacional, a través de su inserción en las bases poblacionales
y propuestas políticas específicas que se pusieron en práctica en la segunda
mitad de la década del sesenta, y que alcanzaron su mayor impacto cuando
este partido ganó el Gobierno en 1964131.

La Iglesia Católica y sus nuevas orientaciones

En el caso de la Iglesia Católica, más allá de la presencia permanente de


párrocos, religiosas y fieles, tuvo una significativa presencia en medio de los
pobres de la ciudad a través del Hogar de Cristo-Viviendas y de instituciones
de asistencia social como Caritas Chile. Ambas instituciones, como hemos vis-
to, colaboraron en la constitución de las poblaciones La Victoria y San Gregorio,
amén de haber constituido tempranamente también su presencia pastoral en
las poblaciones Lo Valledor y José María Caro.
La Iglesia Católica, a principios de los sesenta vivió su mayor
“aggiornamiento”, bajo el papado de Juan XXIII, que convocó al Concilio
131
El Partido Demócrata Cristiano, si bien encuentra sus orígenes en la Falange Nacional, fundada en 1938,
se organizó como tal en 1957 al fusionarse la Falange con ex grupos ibañistas y tuvo un rápido crecimiento
que le permitió llevar al senador Eduardo Frei M. a la presidencia de la República en 1964.

240
Vaticano II. En este significativo evento eclesial, la Iglesia de Roma afirmó su
vocación solidaria para con la humanidad y para con los más pobres. Así lo
hizo expresivo en el documento de la Constitución Pastoral (Gaudium Spes):
“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres
de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez
los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada
hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comuni-
dad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados
por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la
buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se
siente íntima y realmente solidaria del género humano y su historia”132.
El Concilio así como el nombramiento de Raúl Silva Henríquez como
arzobispo de Santiago, y Cardenal en 1961, dieron “nuevos aires” a la Iglesia
Católica de la capital. El inicio de la celebración del culto en lengua vernácula
y la “Misión General” de 1963 fueron indicaciones poderosas de que la Iglesia
Católica estaba viviendo un profundo cambio que revitalizaba sus lazos con el
mundo popular, pobre y creyente133. También el Episcopado Chileno hizo su-
yos los nuevos planteamientos de la doctrina social de la Iglesia y se pronunció,
a fines de 1962, por la necesidad y el deber que cabía a los cristianos de actuar
en favor de la resolución de los graves problemas económico sociales de Amé-
rica Latina y de Chile:
“Todos los países de América Latina, podemos decirlo, están pasando
por un período de grandes dificultades que afectan especialmente al orden
económico, político y social. Ellas son índice de una peligrosa tensión y de
situaciones que no responden al orden querido por Dios (...)
“En realidad, al hablaros hoy, no queremos en modo alguno sembrar en
vuestros espíritus el desaliento; muy por el contrario: deseamos animaros a
tomar con energía y fortaleza el papel que os corresponde, para mejorar las
instituciones e introducir aquellos cambios que la realidad nos impone y las
ciencias político-sociales aconsejan.
“Ansiamos amados hijos, que una vez más en la historia de nuestro con-
tinente, Chile dé ejemplo de inteligencia y madurez cívica, impulsando una

132
Proemio de la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual (“Gaudium Spes”), citado
por Fernández, David en Historia Oral de la Iglesia Católica en Santiago de Chile. Desde el Concilio
Vaticano II hasta el golpe militar de 1973. Servicio de Comunicaciones de la Universidad de Cádiz.
Cádiz, 1996. p. 171. Este trabajo ofrece una visión panorámica de la Iglesia Católica, con abundantes
testimonios, que van explicando los cambios de la Iglesia en los años sesenta y setenta.
133
“La misión general” en Mensaje, Número especial 119, Santiago, junio de 1963. p. 246.; Fernández,
David, op. cit., p. 162 y ss.

241
clarividente y acertada evolución portadora de estabilidad política y prosperi-
dad económica, y que ofrezca al conjunto internacional de que forma parte, la
solución cristiana de los problemas que lo aquejan”134.
La Iglesia Católica, a través de este pronunciamiento no solo reconoce-
ría la existencia de complejos problemas sociales, sino que además llamaba a
los cristianos a que tomaran posición frente a ellos. Ante la realidad actual,
indicaba la Iglesia, vale así no es posible ocultar y tiene expresión en una suer-
te de malestar general, los cristianos no pueden permanecer indiferentes, so
pena que se impongan soluciones en contra de su voluntad o con modalidades
que herirían sus más caros intereses135.
En su diagnóstico de la situación del país, los obispos chilenos llamaban
la atención, especialmente, por los problemas económico-sociales. En primer
lugar, por el abandono de los campesinos que vivían oprimidos por la miseria
y en condiciones indignas; en segundo lugar, por “ese gran número de familias
que, careciendo de una casa digna, se hacina en los barrios pobres de nuestras ciuda-
des”; en tercer lugar, por los desocupados, “hermanos nuestros” que cada año
encuentran cerradas las oportunidades en un país que es el suyo, a quienes se
puede ver, si se tiene el valor para hacerlo –decían los obispos– rodeando “con
kilómetros y kilómetros de miseria los centros modernos”.
También, en el terreno económico social, los obispos chilenos, de-
nunciaban la negativa distribución del ingreso nacional, que según sus
fuentes, por aquellos años significaba que una décima parte de la pobla-
ción recibía cerca de la mitad de la renta nacional mientras que las nueve
décimas restantes debían subsistir con la otra mitad. Una consecuencia de
esta desequilibrada distribución de la riqueza era la “subalimentación del
pueblo” el que en los últimos años no solo consumía menos carne, sino que
tendía a decrecer el consumo de proteínas y vegetales, que ya estaba por
debajo del suficiente.
Criticaba también la declaración episcopal, al sistema jurídico e institu-
cional, incapaz de atender los problemas sociales de la población, de tal forma
“que los organismos que deben en último término servir al ciudadano común,
parecen encontrarse a tanta distancia de él que con frecuencia las gestiones
ante ellos resultan engorrosas y prácticamente ineficaces”136. Con agudeza crí-
tica, o si se prefiere con espíritu profético, el documento episcopal señalaba

134
“El deber social y político en la hora presente (Pastoral Colectiva del episcopado chileno)”, en
Mensaje, Nº 114, noviembre de 1962, p. 577 y ss.
135
Ibídem.
136
“El deber social...” Mensaje, op. cit., págs. 578 y 579.

242
que la situación que describían no era momentánea, sino que por el contrario,
“se prolonga demasiado para la capacidad de esperanza del pueblo chileno”137.
Y como se trataba, de “la hora de la acción” y sin desconocer otras necesi-
dades, instaban a los cristianos a centrar sus esfuerzos en enfrentar “la miseria
material, proveniente de la insatisfacción de las necesidades básicas”, y suge-
rían para ello actuar “en un plano asistencial, un plano socioeconómico y un
plano político, a cuyo ámbito convergen en último término los anteriores y que
debe ordenarlos y orientarlos al servicio del bien común”138. A propósito de la
asistencia, el planteamiento de los obispos era sencillo, pero categórico: No se
puede ser cristiano y quedar indiferente ante las necesidades del prójimo139.
Con relación las cuestiones económico sociales, una indicación impor-
tante apuntaba a mejorar la negativa distribución del ingreso nacional. A este
respecto, la caridad no bastaba, sino que se debía tender a la justicia. Pío XII,
así lo había prescrito en una de sus Encíclicas: “La caridad podrá ciertamente
llevar algún remedio a muchas injusticias sociales; pero no basta. Ante todo es
preciso que florezca, domine y se aplique la virtud de la justicia”140. Era nece-
sario, en este último sentido reconocer realidades suprapersonales, que ponen
al prójimo en situación de necesidad urgente, tales como las oportunidades de
empleo, la capacitación productiva, un salario proporcionado, etc. También
recomendaban los obispos el apoyo de los cristianos a las reformas que se veían
necesarias de hacer, tales como la reforma agraria, la reforma de las empresas,
la reforma tributaria, la reforma administrativa y otras similares141.
Otras indicaciones referidas al desarrollo económico, apuntaban a cada
sector de la sociedad, a sus propias responsabilidades. Así por ejemplo se lla-
maba a todos a aumentar su capacidad productiva, al obrero, al empleado, al
técnico, al profesional y al empresario. Se les recordaba a los empresarios que
el uso de sus medios de producción no era indiferente a la suerte de la socie-
dad entera, y más bien, que “de tal uso dependerá un mayor o menor beneficio
del prójimo”142.
En el plano político, reconocían que en un país pobre como Chile, la
política tenía un importante papel en su capacidad para imponer estructuras,
que podían estar o no de acuerdo, con la concepción cristiana del hombre y su

137
Ibídem.
138
“El deber social...” Mensaje, op. cit. p. 580.
139
Ibídem.
140
Los obispos se apoyaban en este punto en la Encíclica Evangeli Praescone, del Papa Pío XII. “El
deber social y político...” Mensaje, op. cit. P. 580.
141
“El deber social...” Mensaje, op. cit., p. 581.
142
Ibídem.

243
destino. Establecido este principio, los obispos, prevenían a los cristianos de
las soluciones propuestas por el comunismo, tanto por “sus errores filosóficos
provenientes del materialismo” –que no dejan lugar ni espacio para la idea de
Dios– así como respecto de la crítica a la religión, vista como institución bur-
guesa, opio del pueblo y “que debe ser perseguida y aniquilada por oponerse
a sus planes”. También se advertía a los cristianos sobre las concepciones del
marxismo respecto de la familia, que a juicio de los obispos, era conceptualizada
por los marxistas como “una creación burguesa”, que se debía debilitar y des-
truir; llamaban la atención, finalmente a los cristianos, sobre el predominio en
el marxismo “del interés colectivo por sobre el interés y la libertad individual”,
lo que evidenciaba una concepción moral, que no reconocía ninguna norma
superior al hombre y la colectividad organizada.
Sin embargo, a pesar de su negativa visión del marxismo, los obispos
reconocían que el comunismo ganaba adeptos en América Latina y ello se ex-
plicaba tanto porque “el comunismo en los países democráticos oculta su
verdadera faz”, como por los abusos reales cometidos por la economía liberal
y la debilidad e inoperancia de los gobiernos democráticos para dar solución a
los graves problemas sociales de la población. Con todo, y más allá de estas
debilidades, que debían ser corregidas y reconociendo incluso algunos nú-
cleos de verdad en el comunismo, la colaboración de los cristianos con el
comunismo no era posible y en un sentido más radical aún, se indicaba que
ante un eventual triunfo del comunismo en Chile, “la Iglesia y todos sus hijos
no pueden esperar sino persecución, lágrimas y sangre”143.
Aunque se rechazaba toda forma de colaboración con el comunismo,
admitía sí la Iglesia, la colaboración leal y necesaria que los católicos podían
tener con cualquier categoría de personas “en las actuaciones de objetivos que
sean por su naturaleza buenos o al menos, se puedan reducir al bien”, claro
que en tales casos, sería siempre aconsejable la prudencia y la obediencia a las
directivas de la Iglesia144.
Llamaban los obispos chilenos a sus compatriotas a la acción eficaz y
consecuente en pro del bien común, apoyando soluciones eficaces contra la
miseria, aunque estas no fuesen todo lo perfectas y completas que sería de-
seable: “Esta labor de transformación debe ser sincera y mirar a una auténtica
y real elevación y promoción económica, social, cultural, política y espiritual
del mundo del trabajo y no orientarse hacia un anticomunismo negativo,
tendiente a la derrota y eliminación del adversario, con el fin de conservar

143
“El deber social...” Mensaje, op. cit., p. 583.
144
“El deber social...” Mensaje, op. cit., p. 584.

244
mejor y por más tiempo el orden económico y social presente; ni limitarse a
un ‘paternalismo’ más inclinado a la beneficencia que a la justicia”145
La tarea de la Iglesia se debía encaminar a “cristianizar” la sociedad, en
el cumplimiento de la ley del amor y de la justicia, lo que debía redundar en
una mejor distribución de los bienes materiales que traerían consigo un mayor
bienestar y la verdadera paz.

“Cristianizar la revolución”

El nuevo discurso de la Iglesia Católica en favor del cambio social, tuvo


en la revista Mensaje uno de sus principales portavoces, y a las pocas semanas
del pronunciamiento de los obispos, un número especial de la revista estuvo
dedicado a debatir justamente la cuestión de “la revolución en América Latina”.
Para Mensaje, hablar de revolución en América Latina ya no correspondía a la
vieja y difundida visión europea de ver a América Latina como un continente en
permanentes convulsiones, o como una sucesión de pintorescas y temperamen-
tales “revoluciones”, en que algún general, premunido de vistosas
condecoraciones, se hacía del poder. La situación era ahora distinta, los propios
latinoamericanos comenzaban a hablar de la revolución de una manera distinta,
como algo muy diferente al simple cuartelazo. Las imágenes de Rusia, China o
Cuba se aproximaban más a la idea de la revolución que ahora se propagaba:
“Soplan, en efecto, aires de revolucionarios. Una inmensa, y cada vez
más creciente mayoría está tomando conciencia de su fuerza, de su miseria y
de la injusticia de este ‘orden’ político, jurídico, social y económico que se le
obliga a aceptar; y esa mayoría no está dispuesta a esperar más. Exige un cam-
bio: un cambio rápido, profundo y total de estructuras. Si es necesaria la
violencia, está dispuesta a usar la violencia. Es la masa popular que aspira a
adueñarse del poder para realizar un auténtico ‘bien común‘”146.
Estos aires revolucionarios que se hacían presente en las masas populares,
a juicio de Mensaje, solo tenían al frente una única ideología: el marxismo. Pero,
más todavía, se trataba de “una revolución en marcha”, respecto de la cual era
necesario pronunciarse desde el mundo cristiano. Las revoluciones, por lo demás,
casi siempre implicaban un recurso a la violencia, actos de venganza, persecución,
aplastamiento de libertades, paredón y exilio. De este modo, la revolución desper-
taba sentimientos y actitudes encontradas en la sociedad y entre los cristianos:

145
“El deber social...” Mensaje, op. cit., p. 585.
146
“Revolución en América Latina” en: Mensaje Nº 115, número especial, segunda edición, diciembre
de 1962. p. 9 y ss.

245
“Se respira un aire tenso, aire de esperanzas, de rencores y miedos; las
ideas se confunden y se acomodan a los deseos y temores; los hechos se sim-
plifican o deforman”147.
Lo esencial de la revolución, para Mensaje, era que en ella estaba en jue-
go el cambio de estructuras de la sociedad y, en consecuencia no era suficiente
“querer cambiar” sino saber “hacia adónde se va”: “Toda auténtica revolución
es necesariamente ‘ideología’, programación de un futuro y voluntad de reali-
zación”. La revolución era entonces, reforma, pero no de cualquier tipo, sino
que reforma integral y radical de la sociedad148.
Pues bien, frente a la revolución en marcha, según Mensaje, era impo-
sible permanecer neutral: O se tomaba una decisión en contra de ella y se la
combatía abiertamente o se tomaba una actitud favorable hacia la revolu-
ción. Esta última actitud, que era la que preconizaría Mensaje, a principios de
los sesenta, abría la posibilidad de “revivir el cristianismo auténtico, y en
consecuencia dar a la revolución en marcha su verdadera y más profunda
dimensión: la cristiana”149.
Inmensamente más cristiana, indicaba Mensaje, es la actitud que enfrenta
el hecho de estar frente a una revolución en marcha y que se esfuerza en dirigirla
por canales cristianos. Más explícitamente todavía, era necesario “cristianizar la
revolución venidera” llevarla por canales humanos, “despojarla de venganza,
de resentimiento, de ambición, de lucro, de violencia, de injusticia”150.

Los cambios en las orientaciones pastorales de la Iglesia Católica

El nuevo discurso de la Iglesia en favor del cambio social, que comenzó a


abrirse paso a principios de los años sesenta, tuvo también evidentes expresio-
nes en su acción pastoral. Como ya adelantáramos, el Concilio Vaticano II había
hecho indicaciones decisivas en cuanto al reencuentro de la Iglesia con el mun-
do moderno, lo que implicaba “buscar nuevas y más penetrantes formas de
apostolado” que le permitieran a la Iglesia “llegar hasta el hombre de hoy”151.
Una iniciativa de gran envergadura, a través de la cual la Iglesia Ca-
tólica de Santiago, buscó poner en marcha las nuevas orientaciones
conciliares, fue la “Misión General” de 1963 y 1964. Se trataba de poner a la

147
“Revolución...” Mensaje, op. cit., p. 10.
148
Ibídem.
149
“Revolución...” Mensaje, op. cit., p. 11.
150
“Revolución...” Mensaje, op. cit., p. 12.
151
“La Misión general” en: Mensaje Nº 119, número especial, junio de 1963. p. 246 y ss.

246
Iglesia Católica en “estado de misión” y de “llevar el mensaje de Cristo a
todos los sectores del país: rural, obrero, estudiantil, profesional, hospita-
les, cárceles, etc”152.
Los equipos misioneros, integrados por sacerdotes, religiosas y laicos,
debían estudiar previamente la zona a misionar y organizar su acción en torno
a tres objetivos: vitalizar la comunidad cristiana, incorporar a los laicos a las
“estructuras temporales” y atender a los no practicantes.
Vitalizar la comunidad cristiana significaba especialmente incorporar de
manera activa a los laicos a las estructuras de la Iglesia mientras que hacerse
presente en las estructuras temporales, implicaba que los cristianos “se hacían
presente en la construcción de este mundo nuevo”, participando en todas las
organizaciones y actividades que iban marcando nuevos rumbos a la sociedad.
La Misión General, según recuerda el autor en su propia familia y su
barrio en la comuna de Quinta Normal, fue un movimiento que reanimó a las
parroquias locales, en el sentido que abrió efectivamente a la Iglesia a la parti-
cipación de los laicos, los que se sintieron más parte de ella y más
comprometidos en su acción pastoral, ora en la asistencia social, ora en la or-
ganización de grupos de reflexión, tanto de adultos como de jóvenes.
Durante los meses de verano de 1963, La Misión General hizo sus pri-
meros ensayos en la zona rural y 22 pueblos fueron objeto de la nueva acción
pastoral. Se realizaron entonces foros con participación de los campesinos para
abordar temas evidentemente terrenales, tales como los salarios, la vivienda y
el alcoholismo; hubo también charlas sobre la vida matrimonial, el control de
los nacimientos, la educación de los hijos y la doctrina social de la Iglesia. Los
misioneros, al mismo tiempo valoraron la convivencia diaria que se estableció
al visitar y hospedarse en la casa de los campesinos153. Durante todo el año de
1963, la Misión General se extendió por la zona rural y la costa, luego hacia
San Bernardo y Puente Alto, y más tarde, en 1964, a Santiago propiamente tal,
culminando sus acciones en el “Decanato Cardenal Caro”, correspondiente a
la población del mismo nombre.

DESAL : reforma e integración social

Si por una parte, la Iglesia Católica redefinía sus orientaciones y prácti-


cas pastorales, por la otra, diversas iniciativas de la Compañía de Jesús
favorecían el trabajo social y el desarrollo de las ciencias sociales. En efecto, la

152
Ibídem.
153
Ibídem.

247
Compañía no solo difundía y elaboraba las nuevas orientaciones conciliares a
través de la revista Mensaje, sino que creó en estos años, el Centro para el Desa-
rrollo Económico y Social de América Latina, DESAL.
Dos directores coordinaban la acción de DESAL hacia 1964, Roger
Vekemans, sacerdote jesuita de nacionalidad belga dirigía el Departamento de
“Elaboración de Modelos”, mientras Ramón Venegas, profesor de la Facultad de
Arquitectura de la Universidad Católica, el Departamento de “Promoción y
Desarrollo”. En DESAL, los temas de la “reforma” y la “integración social” tu-
vieron un importante desarrollo y fue, justamente en relación con una noción de
integración social, entendido como un rasgo de las sociedades modernas, que se
elaboró una “teoría de la marginalidad”. Como lo explicó Olga Mercado:
“La realidad social de América Latina... presenta un cuadro de situación
que se aleja considerablemente del modelo de sociedad moderna... Su condi-
ción de continente subdesarrollado se caracteriza por la falta de dinamismo
interno y por la desintegración del conglomerado social. Un examen del mun-
do latinoamericano revela una escasa movilidad social, una desequilibrada
distribución de recursos entre su población, que puede ser medida a través de
los notables desniveles que presentan las condiciones de vida de las personas
que se ubican en sus diferentes estratos, y una carencia de estructuras sociales
de participación, que hagan posible superar su falta de integración”154.
Sin embargo, América Latina, no solo vivía bajo los efectos de la “desin-
tegración social”, sino que se había venido produciendo, en las últimas décadas,
un “proceso de urbanización explosivo y desequilibrado” que a diferencia de
otras regiones agudizaba la crisis de integración social. De este modo, “una
gran masa humana que crece a gran velocidad” no encuentra acogida en la
actual estructura de sociedad urbana latinoamericana:
“... enormes conglomerados humanos que luchan por obtener mejores
condiciones de vida y acceso a los centros de educación, de cultura y de poder
de la urbe, se hallan actualmente en una situación de marginalidad respecto de la
sociedad urbana en que viven.
“Lo señalado permite afirmar, en consecuencia, que el rasgo más sobre-
saliente del subdesarrollo de la sociedad urbana latinoamericana, es la aparición
y rápido crecimiento de la población marginal en las grandes ciudades”155.

154
Mercado, Olga. “Diagnóstico de la poblaciones marginales del Gran Santiago” Comunicación al
Segundo Coloquio Científico de Ultramar sobre los Problemas de las Sociedades en Vías de
Desarrollo Industrial, convocado por la Conferencia de Rectores de Alemania Occidental y la
Universidad de Münster, 6 al 21 de noviembre de 1967. p. 2.
155
Ibídem.

248
Si por una parte, los conceptos de reforma e integración social hacían
referencia al sentido del cambio, uno de los problemas centrales que había que
enfrentar era el de la denominada “marginalidad”, o si se prefiere, el de los
pobres de la ciudad, que crecían en número y en significación social y política,
no solo en Chile, sino que en toda América Latina. Por otra parte, DESAL que-
ría considerar estos nuevos problemas en los contornos más amplios de la teoría
y la doctrina.
Vekemans sostenía que aunque la “revolución” haya llegado a ser “un
tópico, no por eso pierde el hecho mismo su dramática importancia”, y lo trá-
gico residía en el sentido pesimista que podía atribuírsele a la revolución: una
lucha sin esperanza contra un destino ineluctable, cuyo primer efecto es, para
muchos, una profunda confusión156. Lo que ocurría, a juicio de Vekemans, era
que la noción misma del cambio se venía modificando como producto del pro-
greso tecnológico, el que no solo era ya en sí mismo un cambio gigantesco,
sino que además conllevaba “un cambio en la naturaleza del cambio”157. Las
sociedades modernas, a diferencia de las del pasado, donde la revolución se
realizaba por etapas, debían adaptarse a una situación de equilibrio dinámico.
En el caso de América Latina, cualquier diagnóstico de la vida económi-
ca, social, política y cultural llevaba a señalar la urgencia de un gran cambio en
sus estructuras, y cuando al cambio se le busca proyectar en programas, ello
necesariamente se traduce en la necesidad de “reformas” en distintos campos
de la vida social: reforma agraria, reforma educacional, reforma administrati-
va, etc. De este modo, “el reformismo se ha hecho predominante en la conciencia
de los pueblos latinoamericanos, porque es obvio para todos la urgente necesi-
dad del cambio”158.
La “reforma” a juicio de Vekemans se imponía a América Latina al me-
nos por tres hechos de carácter universal: el primero, era un “hecho humano”
el crecimiento de la población mundial que tenía un acelerado ritmo en Amé-
rica Latina, de tal modo que los pobres son y serán cada día más que los
privilegiados, y en proporciones distintas a la del pasado; el segundo hecho
era el “científico-tecnológico”, que hacía cada día más fácil la comunicación y
la realización del sueño del dominio de la naturaleza para la satisfacción de las
necesidades humanas; el tercero, era el hecho “de la desigualdad o desnivel
aceleradamente creciente entre los países desarrollados y subdesarrollados” y
al interior de los subdesarrollados, “entre las clases dominantes y las clases

156
Vekemans et al. “América Latina y Desarrollo Social”, DESAL, Santiago, 1965. Tomo I, pág. 13.
157
Vekemans, op. cit. p. 14.
158
Vekemans, op. cit. p. 58.

249
inferiores”. Al mismo tiempo, agregaba Vekemans, crecía también la concien-
cia de que los beneficios de la ciencia y la tecnología debían pertenecer a todos
y de que el poder debía estar al servicio de todos159.
Si se tenía en cuenta estos hechos, debía concebirse la reforma en gene-
ral y cada una en particular “como un esfuerzo para la creación de un sistema
de convivencia que permita al hombre latinoamericano enfrentarse con realis-
mo y objetividad” a las nuevas circunstancias. Este enfrentamiento no podía
ser, por otra parte, sino que una obra del hombre considerado como sujeto, el
hombre que para efectos de la reforma es todo el pueblo:
“Sin la participación dinámica del pueblo, como protagonista del cambio y
del desarrollo, ninguna reforma puede tener vida auténtica, por muy genial que
sea su concepción en la mente de expertos y gobernantes, por muy perfecto que
sean el recuento estadístico y el análisis científico de las necesidades y miserias”160.
Si una de las tesis fundamentales de DESAL era la “reforma”, la otra se
relacionaba con el concepto y las propuestas encaminadas a resolver los pro-
blemas de la “integración social”. En efecto, apoyándose en la sociología
europea, Vekemans sostenía que la integración social, “en su esencia dinámi-
ca, viene a ser el papel específico que juega el principio de unidad del conjunto
social en estrecha relación con la pluralidad de sus componentes”, y a la inver-
sa, “la desintegración no es otra cosa sino el hecho que en el conjunto social, la
pluralidad adquiere una preeminencia letal sobre el principio de unidad”161.
La integración social, para Vekemans suponía la concurrencia de cinco
contenidos fundamentales: (a) definición de la finalidad, entendida esta como
consenso de la pluralidad en función de un fin perseguido en común; (b) el
cumplimiento de normas exigidas por la finalidad; (c) adhesión a las ideas y
valores involucrados en esa finalidad; (d) utilización de medios adecuados y
necesarios; y (e) tareas, funciones, acción o papeles respectivos, y su justa dis-
tribución entre los miembros de la comunidad social162.
La “marginalidad” debía ser explicada en estrecha relación con la idea
de integración y solo podía ser entendida de cara a los contenidos antes enun-
ciados, pero además era necesario considerar también el concepto de
participación, en su doble sentido, pasivo, es decir “tener uno parte de una
cosa” y activo, es decir, “cooperar o contribuir” cada uno de los miembros de
la sociedad en cada uno de los contenidos de la integración163.

159
Vekemans, op. cit. p. 60.
160
Vekemans, op. cit. p. 61.
161
Vekemans, op. cit., p. 82.
162
Vekemans, op. cit., págs. 88 y 89.
163
Vekemans, op. cit., p. 89.

250
De este modo, la primera forma de marginalidad, la más corriente y
usual, se refiere al “sentido pasivo de la participación”, es decir cuando no se
participa de la finalidad, de las normas, de los valores, de los medios ni de la
división del trabajo en la base social. Este sería “el caso típico de los desnive-
les, de la desigualdad de oportunidades para beneficiarse de los derechos,
garantías, servicios, satisfacción de necesidades, etc. que la sociedad
ofrece”164. Sin embargo, otra forma de marginalidad es aquella en que está com-
prometida la “integración como fruto de conciencias y voluntades en consenso
y tener el concepto de la participación como una contribución activa a la elabo-
ración de la unidad”165. En este caso, ya no se está hablando de desniveles,
sino de hombres y grupos humanos desarraigados de la sociedad global: “ya
no hay desnivel, sino ruptura, discontinuidad. Este y no otro es el sentido pro-
pio de la palabra marginalidad”166.
Esbozaba Vekemans, de este modo, sus primeras tesis acerca de la
“marginalidad” que adquirirían un mayor desarrollo en los años siguientes y
que serían expuestas por diversos investigadores de DESAL167.

La marginalidad en perspectiva histórica

De acuerdo con Roger Vekemans168, la “marginalidad” como concepto y


categoría de análisis, para realizar un diagnóstico de América Latina, era im-
prescindible considerarla en su dimensión histórico cultural. Desde este punto
de vista, reconocía en la historia de América Latina un conjunto de yuxtaposi-
ciones, entre las cuales existía una que se podría calificar como fundacional:

164
Vekemans, op. cit., págs. 89 y 90.
165
Vekemans, op. cit. p. 90
166
Vekemans, op. cit., p. 91.
167
Entre otros trabajos de interés teórico, se pueden indicar, Mercado V., Olga: “Diagnóstico económico
de las poblaciones marginales del Gran Santiago. Comunicación al Segundo Coloquio Científico
de Ultramar sobre los Problemas de las Sociedades en Vías de Desarrollo Industrial, convocado por
la Conferencia de Rectores de Alemania occidental y la Universidad de Münster, 6 al 21 de noviembre
de 1967; Vekemans y Venegas, “Marginalidad y Promoción Popular”, Revista Mensaje Nº 149,
junio de 1966; Mercado V., Olga; De la Puente, Patricio y Uribe E., Francisco “La marginalidad
Urbana, origen, proceso y modo. Resultado de una Encuesta en Poblaciones Marginales del Gran
Santiago”. Documento de Trabajo DESAL, Santiago, 1968.
168
Hemos seguido en esta parte, un texto relativamente tardío de Vekemans, que representa sin em-
bargo, la ventaja de una mayor sistematicidad. Nos referimos a Vekemans, Roger La marginalidad
en América Latina. Un ensayo de conceptualización. En: Población y Familia en una sociedad en
transición. DESAL-Troquel, Buenos Aires, 1970.

251
“Existe un hecho histórico –anota Vekemans– de la mayor relevancia
que condiciona por sí solo (...) el análisis. Este factor decisivo es la dicotomía,
“descuartizamiento” o dualidad con que nació América Latina como conse-
cuencia de la superposición de culturas y de civilizaciones (dualidad de valores,
estructuras sociales y de regímenes políticos y administrativos) y que da, a
nuestro continente originalidad propia, unicidad”169.
Esta dualidad o dicotomía fundacional se ha expresado y desarrollado
históricamente como dicotomía etnocultural y etnosocial. Por esta razón se
generaron tendencias a la superposición cultural y social que se iniciaron en la
Conquista de América, se congelaron en la Colonia y que no podían dejar de
proyectarse hacia el futuro en la dicotomía campo-ciudad170.
La dualidad campo-ciudad se manifestó también como yuxtaposición
ecológica (es decir, distribución socialmente desigual de la población en el te-
rritorio y en las propias ciudades), así como en explotación económica y
dominación política. Grandes sectores de la población al no participar del de-
sarrollo económico, social y cultural –los que no tienen nada– no solo revelan
una desigual distribución del ingreso, de la cultura y de la técnica, sino que
con frecuencia la existencia en la sociedad de dos grandes conglomerados so-
cio-culturales: uno supraparticipante y otro supra marginal.
La superposición cultural se reeditaba en el plano económico, de tal suer-
te que así como el mundo desarrollado tenía su “Tercer Mundo”, cada país
latinoamericano posee en su propio seno, una réplica de aquél. De este modo,
un sector de la sociedad, aquellos “que no pertenecen” se han tendido a ubicar
no solo en la parte inferior de la escala social, sino que más bien “fuera de ella”:
“Puede decirse que no están social y económicamente integrados a una
sociedad, a un sistema de clases, ya que no pertenecen al sistema económico.
Están, en el límite matemático, ‘sin ser’, pues no se encuentran en el campo,
que los expulsa, ni en la ciudad, que no los acoge: no pertenecen al Sector
Primario ni al Secundario, no son nadie, no hacen más que estar, poblar un pe-
dazo de tierra, que es tierra de nadie”171.
Estas realidades históricas se han visto agudizadas cuando se verifican
en las sociedades cambios tecnológicos de gran envergadura –los procesos de
modernización– que han contribuido a que la actual generación de latinoame-
ricanos presencie la aparición de enormes focos de miseria en las zonas
periféricas de las grandes ciudades:

169
Vekemans, La marginalidad, p. 26.
170
Vekemans, La marginalidad, p. 31.
171
Vekemans, La marginalidad, p. 54.

252
“Una nueva expresión ha nacido para designar este fenómeno que no es
sino la actualización del problema inicial: “marginalidad”. Sobrepasando su
acepción puramente ecológica, y que más refleja un creciente proceso de mar-
ginación antes que marginalidad misma, el término designa a los grupos
sociales que, no obstante ser miembros de la sociedad de un país, se encuen-
tran al borde de la incorporación objetiva, no llegando a penetrar en la intimidad
de sus estructuras”172.
La marginalidad podría asimilarse al concepto de exclusión, es decir,
aquel que está fuera de los beneficios característicos de la vida moderna. Sin
embargo es necesario precisar la diferencia entre el integrado y el excluido, de
tal modo –señala Vekemans– que se pueda establecer los puntos de ruptura
existentes entre unos y otros. Las rupturas se pueden reconocer ya en el análi-
sis de las superposiciones ecológicas, culturales, económicas o políticas. Sin
embargo, desde el punto de vista teórico, lo que Vekemans pone de relieve es
la marginación que un sector de la población sufre respecto de la no participa-
ción y la no pertenencia a la sociedad.
El análisis histórico tendería a demostrar el carácter dual de las socieda-
des latinoamericanas; modernas en cuanto a su vinculación con los centros de
desarrollo de la cultura occidental y tradicional en cuanto a la superposición
sobre las culturas nativas que no hacen sino proyectar su pasado precolombi-
no y pre-industrial.

Marginalidad y participación

Estas inadecuaciones y desajustes en el desarrollo latinoamericano pro-


ducen desintegración social en el sentido de que no hacen posible un principio
de unidad del conjunto social en estrecha relación con la pluralidad de sus
componentes. Pero, donde más radicalmente se verificaría la marginalidad, de
acuerdo con Vekemans, sería en el ámbito de la participación. A este respecto,
profundizará y ampliará su análisis que ya adelantáramos, en cuanto a distin-
guir dos tipos de participación que les estaría negada a los marginales; una
pasiva o receptiva y una activa o contributiva.
“La primera forma de marginalidad –la más corriente y visible– se refie-
re al sentido pasivo de la participación, en el sentido de no participar de la finalidad,
de las normas, de los valores, de los medios ni de la división del trabajo en la
base social”173.
172
Vekemans, La marginalidad, p. 59.
173
Vekemans, La marginalidad, p. 63.

253
Si se concibe la sociedad como una “sede de recursos y beneficios”, los
marginales pueden ser definidos como el grupo que no participa de los bienes
que deberían fluir en forma equilibrada entre los distintos segmentos de la
sociedad moderna. En términos más concretos, la tesis afirma que los grupos
marginales son aquellos, que como indican las estadísticas más corrientes, par-
ticipan mínimamente de la seguridad social, constituyen las reservas del
desempleo y de la cesantía disfrazada, y presentan las tasas más bajas de alfa-
betización, de vivienda, de atención médica, etc. Sin embargo, esta es solo una
dimensión del problema, por cuanto si se ve también a la sociedad como “una
red de decisiones sociales”, que hacen posible que el hombre no solo sea un
receptor pasivo de beneficios, sino que además contribuye a plasmar decisio-
nes en la sociedad, la marginalidad puede ser entonces también definida por
su falta de participación activa o contributiva.
“Este segundo aspecto de la falta de participación es el que más pro-
piamente tipifica a la marginalidad, diferenciándola del resto de los sectores
sociales. Los grupos marginales no contribuyen con sus decisiones y responsa-
bilidad a la solución de sus propios problemas en particular, ni para la solución
de los problemas sociales en general”174.

Globalidad y radicalidad de la marginalidad

Otro aspecto relevante en la teoría de la marginalidad dice relación ya


no solo con los déficit de participación, sino que con los grados de cohesión
interna de los grupos marginales. Estos han sido “pulverizados” y “atomizados”
por el colonialismo y la superposición cultural inicial aún vigente en la socie-
dad moderna. Para poder incidir en la toma decisiones es necesario la existencia
de algún tipo de organización. Los marginales a lo más podrían acceder y de-
sarrollar una organización de tipo “ghetto”, alrededor de intereses inmediatos,
pero estas organizaciones no estarían en condiciones de trascenderse a sí mis-
mas, para articularse con la sociedad global.
La no participación y la falta de integración interna son el resultado de
la superposición cultural aún vigente y de diversas oposiciones sociales, eco-
nómicas y políticas, de tal suerte que quienes no participan y están integrados
internamente, viven una “marginalidad global”. La marginalidad afecta en
este sentido todos los aspectos de la vida social, lo que influye no solo sobre el
excluido sino que sobre el conjunto del cuerpo social. Por esta razón es que se

174
Vekemans, La marginalidad, p. 64.

254
afirma también la tesis de que las sociedades latinoamericanas son “socieda-
des duales”. Desde esta perspectiva de análisis, Vekemans afirmará que la
marginalidad es un fenómeno radical en cuanto compromete la situación del
marginal desde sus raíces en el sentido de sus propias capacidades para supe-
rar su situación.
“Concebida así la radicalidad de la marginalidad, el marginal es en cier-
to modo “otro hombre”, con valores y actitudes distintas, con aspiraciones sí,
pero operando sobre la base de mecanismos completamente ineficaces para
concretizarlas; es un hombre disminuido, no por cierto en lo tocante a sus va-
lores morales, a menudo heroicos, sino en lo que concierne a su iniciativa y
capacidad de actuar individual y solidariamente”175.

Emergencia de la marginalidad

Finalmente, concluye Vekemans estamos ante la “emergencia” de la


marginalidad como un fenómeno masivo y creciente que compromete se-
riamente el desarrollo y el futuro de las sociedades latinoamericanas. Se ha
venido gestando el más significativo desplazamiento, en las últimas décadas,
de grupos marginales sobre las grandes ciudades latinoamericanas. Unos 30 ó
35 millones de pobladores marginales urbanos habitan las principales ciuda-
des latinoamericanas, lo que en los años sesenta representaba el 15% de la
población total de América Latina y más del 25% de la población urbana total
del continente. Por otra parte, la marginalidad que tiene ya cinco siglos, es
muy posible que esté a la base de fenómenos tales como “el guerrillerismo” o
la “revolución de las expectativas crecientes”. Usando una imagen elocuente,
Vekemans indica que “las masas marginales están por primera vez frente a las
vitrinas de la modernidad, pero sin acceso a ella”176.
Por todo lo anterior se hace necesario una acción social eficiente en vis-
tas a encontrar soluciones frente a esta verdadera emergencia de la
marginalidad, caracterizada por su radicalidad y globalidad, y cuya magnitud
compromete en algunas sociedades latinoamericanas prácticamente, a la ma-
yoría de la población.

175
Vekemans, La marginalidad, p. 69.
176
Vekemans, La marginalidad, p.72-73.

255
Marginalidad y promoción popular

La noción de “promoción popular” fue parte constitutiva de la teoría de


la marginalidad en el sentido de que se la entendía, en primer lugar, como “la
necesidad de superación, que lleve desde una situación de marginalidad hasta
un estado de incorporación”, y en segundo lugar, como “la necesidad de recu-
rrir para esta superación al auxilio de agencias externas a los propios
afectados...”177.
La relación que se concebía entre marginalidad y promoción era en con-
secuencia estrecha y directa, ya que era justamente la noción de “radicalidad”
de la marginalidad la que exigía del apoyo de agencias promotoras externas,
“ya que los afectados no son autosuficientes ni pueden llegar a serlo, por lo
menos al momento inicial del despegue hacia la incorporación”, pero, la meta
debe ser “la auto realización de los promovidos”. Esta aparente contradicción
debía ser superada a través del principio de subsidariedad, que debía regir las
relaciones entre los afectados y la agencia externa. De no operar este principio,
el riesgo del asistencialismo estatal o el paternalismo serían inevitables178.
Por otra parte, la “globalidad” de la marginalidad exigía un enfoque
multidisciplinario y supersectorial; en el primer caso, dada la diversidad de
aspectos implicados en la marginalidad, mientras que en el segundo caso, se
trataba de que la acción externa debía comprometer a la “cumbre estatal”, es
decir, hasta el propio Gobierno.
Finalmente, respecto de la “emergencia” de la marginalidad, se reafir-
maba la necesidad de insertar la “promoción popular” en el accionar del
Gobierno como “cumbre de la Comunidad Nacional en su carácter global” y
ello exigía al mismo tiempo, la fijación por parte del Gobierno de prioridades,
que debían tener un carácter programático “en cuanto faciliten la incorpora-
ción del marginal al actuar social e institucional. En cuanto faciliten su acceso
a la sociedad como cuerpo social”179.

Las funciones de la promoción popular

Tres funciones se consideraban como las más relevantes de la “promo-


ción popular”: producir la integración interna de los marginales; favorecer la

177
“Marginalidad y Promoción Popular” en Mensaje Nº 149, junio de 1966, p. 220 y ss.
178
“Marginalidad...” Mensaje, op.cit., p. 221.
179
Ibídem.

256
incorporación de los marginales a la comunidad nacional; y, generar una nue-
va forma de integración de la sociedad global.
Respecto de la “integración interna” de los marginales, el supuesto era
su desintegración frente a la cual la única posibilidad de superación residía en
la “organización interna de sus solidaridades”. Las denominadas “organiza-
ciones de base” deberían ser el principal medio para lograr la integración y la
“médula de la Promoción Popular”. Por otra parte, ellas debían estructurarse
de acuerdo a las características de la sociedad global a la cual se busca su in-
corporación. En primer lugar, habría que tener en cuenta su “dimensión
territorial”, que iría desde la unidad local hasta lo comunal, lo zonal, lo regio-
nal e incluso lo nacional. En segundo lugar, se debía considerar la “dimensión
funcional”, como por ejemplo, actividades económicas que podían ir desde lo
laboral a lo cooperativo.
Pero, para ambas formas de organización se requeriría de una “doble
línea auxiliar, que constituye, precisamente el canal de inserción de la acción
promotora del agente externo” , esta doble línea tenía que ver con la composi-
ción humana del grupo, con la “concienciación y la capacitación”; educación
fundamental, entrenamiento vocacional, formación de militantes y dirigentes,
etc., y con relación al funcionamiento de la organización con los servicios
comunitarios, médicos, de asistencia social, de educación familiar, asesoría ju-
rídica, etc.180.
En cuanto a la incorporación de los marginados a la comunidad nacio-
nal, era una tarea que se relacionaba con la falta de participación tanto activa
como pasiva de los marginales en la sociedad. En consecuencia, más que una
función horizontal, como la anteriormente descrita, aquí se trataría de una ac-
ción vertical, de colaboración o cooperación entre los marginados y la sociedad.
Sería una labor propia del Ejecutivo, que tendería a asegurar la prioridad
programática frente a la sociedad como actuar social y la prioridad institucio-
nal frente a la sociedad como cuerpo social.
Finalmente, respecto de la integración de la sociedad global, se
trataría de una función más compleja , en el sentido que ya no se referiría solo
a la extensión de servicios hacia los marginales, sino que a “una planificación
conjunta en la que se tome en cuenta la necesidad de una reestructuración
social en función de la marginalidad”181.
En suma, DESAL conceptualizó a los “pobladores” como un sujeto so-
cial en situación de marginalidad, que requería de una acción global que, como

180
“Marginalidad...” Mensaje, op.cit., p. 222
181
Ibídem.

257
hemos visto, comprometía tanto su integración interna como la acción de agen-
cias externas y del propio Estado. Pero junto a la elaboración y difusión de la
“teoría de la marginalidad” se fueron también desarrollando diversos estu-
dios sobre los pobladores, que indagaron en las causas de su crecimiento, en
los procesos de urbanización y sus desajustes con la industrialización y el atra-
so de las estructuras agrarias. De estos asuntos nos ocuparemos en el capítulo
siguiente, cuando veamos el desarrollo del movimiento de los pobladores y su
relación con el Estado, bajo la administración del Presidente Eduardo Frei
Montalva, de la Democracia Cristiana.

258
Capítulo 4

Las ciencias sociales y el Estado


frente a los pobres de la ciudad

La década del sesenta se inició con la puesta en marcha del DFL 2, una
acción estatal que encontró pronto fuertes críticas en la sociedad popular y
entre los partidos políticos de la oposición al Gobierno de Alessandri. La “cues-
tión poblacional” fue adquiriendo entonces, paulatinamente otro estatus, ya
no solo vinculado al problema del déficit habitacional –que siguió siendo par-
te sustantiva del debate– sino también relativo a la integración social de los
sujetos pobres de la ciudad, genéricamente y más ampliamente denominados
a partir de entonces, “pobladores”1.
El debate o si se prefiere “las prácticas argumentativas” con relación a
los pobladores, trascendieron entonces a sus propias organizaciones, los parti-
dos políticos y el Estado, en la medida que los pobladores se constituyeron en
“objeto de estudio” de las ciencias sociales. En efecto, la teoría de la
marginalidad y los debates acerca de desarrollo, hacia mediados de los sesenta
ganaron prestigio y difusión en los círculos intelectuales y políticos; más tarde
al iniciarse la década de los setenta, la teoría de la dependencia y el
subproletariado haría también lo suyo.
El debate “científico” acerca de los pobladores, como ocurrió con mu-
chos otros debates académicos de los años sesenta, no permanecería atrapado
en la academia, sino que tendría un rápido retorno a la política, sobre todo
luego que el Partido Demócrata Cristiano conquistara el Gobierno, en 1964.
Este partido se había convertido en un actor relevante en el “mundo poblacio-
nal” y mantenía fuertes vínculos con la Iglesia Católica, que estaba también
vivamente interesada en encontrar salidas a los problemas más acuciantes de
los pobres de la ciudad.

1
Ramón Venegas, Director del Departamento de Promoción Popular de DESAL, indicaba que se
entendía por “pobladores”, a “aquellas grandes masas de seres humanos que, emigrando del sector
rural, vienen a establecerse en el sector urbano, en poblaciones, ranchos, villas miserias, callampas,
favelas, etc.”. En: Mensaje, Número Especial Nº 123, Santiago, octubre de 1963. p. 628.

259
El Gobierno del Presidente Frei no podía en consecuencia concebirse como
simple continuidad con la obra iniciada por Alessandri; debía y así lo hizo, dar
lugar a un nuevo planteamiento, a una nueva política, que esta vez trabajaría al
menos en dos frentes: el habitacional propiamente tal y el de la integración so-
cial y política de los pobladores. El primero se enfrentaría a través de un
reordenamiento más definitivo del aparato estatal para enfrentar el problema
del déficit y la planificación de la construcción de viviendas. Para ello se creó,
finalmente en 1965, el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo desde donde de
inmediato se puso en marcha un vasto plan de nuevas viviendas y de “solucio-
nes habitacionales”. En el segundo frente, el de la integración social, el nuevo
Gobierno buscó poner en práctica muchas de las proposiciones de la “teoría de
la marginalidad” en el sentido de promover el desarrollo de la organización
poblacional y de crear mecanismos institucionales para la integración de ellas al
sistema nacional. La ley de Juntas de Vecinos, aprobada en 1968, fue uno de los
resultados de la nueva política de la Democracia Cristiana.
Pero, independientemente de los resultados más visibles de la política
demócrata cristiana, que enfrentó serias dificultades económicas para materiali-
zar todas sus propuestas de construcción de viviendas como de servicios públicos,
la “Revolución en Libertad”, como se denominó la propuesta global de cambios
de la DC, se desenvolvió en un contexto de creciente politización de la sociedad,
favorecido por la oposición, pero estimulada también por el discurso y la prácti-
ca del Gobierno. Los pobladores entonces, con más apoyos y discursos en favor
del cambio social multiplicaron sus organizaciones, y sus demandas en favor de
la vivienda y de su participación en la sociedad nacional.

Las Ciencias Sociales y los pobladores


Emigrando hacia la capital

Desde sus primeros trabajos, DESAL puso en relación el tema de la


marginalidad con el incremento de la migración del campo a la ciudad, la que
todos los estudios estadísticos y censales reconocían como un fenómeno visible a
partir de los años treinta. En efecto, mientras que en la década del treinta aún la
población rural alcanzaba al 51% de la población total del país, hacia 1960 se había
reducido al 32%, es decir, en estos treinta años la relación de predominio de la
población rural sobre la urbana se había revertido definitivamente2. Mattelart,

2
DESAL, “Poblaciones marginales y desarrollo urbano: El caso chileno”, mimeo, Stgo, 1965. p. 23.

260
indicó que la migración si bien se dirigía hacia los mayores centros urbanos
del país, Santiago era la principal ciudad receptora de migrantes: “La migra-
ción hacia el Gran Santiago supera claramente a los restantes desplazamientos
poblacionales internos de Chile. Según estimaciones, efectuadas en 1957, más
de la tercera parte (35%) de la población capitalina, alrededor de 630 mil per-
sonas, ha nacido fuera de ella. Dicho núcleo poblacional representa aquella
parte de la población del país que por diferentes motivos y en diversas épocas,
ha abandonado su tierra de origen para buscar mejores expectativas de vida
en la metrópolis”3.
En la ciudad de Santiago había que distinguir entre comunas
“entregadoras” y comunas “recibidoras”. Entre estas últimas, San Miguel,
Ñuñoa, Conchalí y Quinta Normal eran especialmente receptoras de nuevos
habitantes, mientras que la comuna de Santiago era la principal “entregadora”,
es decir, desplazaba habitantes que se trasladaban desde el centro hacia Ñuñoa
y Providencia.
El flujo migratorio promedio entre 1940 y 1952 ascendía a 20.448 perso-
nas por año que arribaban a Santiago y la tendencia en los años 50 era al ascenso.
De hecho, en esta última década, la capital tenía la más alta tasa de crecimiento
urbano del país4.
Respecto de la procedencia de los emigrantes, de acuerdo con un estu-
dio realizado por la Universidad de Chile sobre el lugar de nacimiento de los
santiaguinos, se demostraba que en su gran mayoría estos provenían del valle
central, es decir de las provincias comprendidas entre Aconcagua y Cautín5.
El incremento de la emigración del campo a la ciudad, en un primer
nivel de explicación, se relacionaba evidentemente con la búsqueda de mejo-
res condiciones de vida, pero en un nivel de análisis más profundo, de acuerdo
con los pronunciamiento de DESAL, había que vincularlo con dos fenómenos
de tipo estructural. Por una parte, con la inadecuación que se producía entre
industrialización y urbanización y, por otra parte, con el atraso de las estructu-
ras productivas agrarias.

3
Mattelart, Armand, “Urbanización y desequilibrios sociales (Un análisis del fenómeno urbano, sus
causas y consecuencias en Santiago, Valparaíso, Concepción y Antofagasta)”. DESAL, Proyecto
Pobladores. Stgo., 1963, Sección II, pág. 1. Mattelart sigue aquí el estudio de población de la
Universidad de Chile, de 1957. Cfr. supra. cap. I, p. 89.
4
Dorselaer indicada que según el Censo de 1960, el Gran Santiago representaba el 26% de la población
total del país, contra el 23% que representaba según las estimaciones de 1952. Dorselaer, J. “Las
poblaciones suburbanas de América Latina”, en: Mensaje Nº 109, Santiago, junio de 1962, p. 217.
5
Mattelart, op. cit., Sección II, p. 4. Cfr. supra. Cap. I, p. 91.

261
“El fenómeno de la urbanización provocado en el primer momento por
la industrialización ha dejado de ser un movimiento sano de absorción espon-
táneo de los excedentes rurales para convertirse en un drenaje artificial de las
poblaciones del campo a la ciudad.
“La agricultura ante el fenómeno de la urbanización, no pudo respon-
der a la creciente demanda de productos agrícolas, al verse despojada de sus
mejores elementos, que buscan la ciudad. Así los precios comenzaron a subir
por la disparidad entre la creciente demanda y la oferta que disminuye”6.
Respecto del estancamiento industrial, en la década del cincuenta, las
cifras de ocupación de mano de obra en la manufactura no dejaban lugar a
dudas:
“Cifras estadísticas sobre el número de personas ocupadas en la indus-
tria, indican que en 1952, la población económicamente activa en la industria
manufacturera ascendía a 405.100 personas contra 406.000 en 1960. Este au-
mento, en términos absolutos (...) deja en evidencia la incapacidad de la
industria manufacturera para absorber la siempre creciente oferta de mano de
obra del país”7.
Junto al estancamiento de la industria, en la misma década del cincuen-
ta, crecía el sector servicios (un 13,4% en el período) agrupando a un significativo
sector de la población con bajos ingresos promedios. De este modo, concluían
los autores de DESAL, el bajo crecimiento industrial –atribuible, entre otros a
la escasez de capitales– producía una hipertrofia del sector servicios, el que no
hacía más que “ocultar un permanente deterioro del nivel económico de una
proporción considerable de la población del país”8. Este deterioro era más vi-
sible entre los sectores más pobres o “segregados” de la población, que se habían

6
Mattelart, op. cit., Sección Conclusiones, p. 1. Respecto de las causas de las migración campo-
ciudad, Jacques Dorselaer, también reconocía como causa los desequilibrios entre urbanización
e industrialización, y respecto de los factores que incidían en los acelerados procesos de
urbanización señalaba el “estado del agro”, en especial de los pequeños propietarios agrícolas,
no propietarios y asalariados agrícolas, que por diversas razones se veían compelidos a emigrar.
También influía “la atracción de la ciudad”, en especial, las espectativas que generaba la
industrialización, las influencias de las relaciones familiares y amigos de la ciudad, el servicio
militar y el campo de posibilidades más amplio que ofrecía la ciudad respecto del mundo rural.
De este modo, la formación de los barrios suburbanos, tenía para Dorselaer, “causas estructurales”.
Dorselaer, en Mensaje, op. cit., p. 216 y ss. Por otra parte, como vimos en el capítulo I, el estudio
de Carlos Hurtado, que ciertamente es posterior, criticó esta perspectiva, señalando que una de
las causas del crecimiento de Santiago, en la década del cincuenta, tuvo que ver con el incre-
mento de la tasa de natalidad. Cfr. supra. cap. I, p.100.
7
DESAL, Poblaciones, p. 30.
8
DESAL, Poblaciones, p. 35.

262
incrementado en las últimas décadas. Allí estaban las “poblaciones margina-
les” como expresión manifiesta de estos desequilibrios en el desarrollo
nacional.
La marginalidad de estas poblaciones se hacía evidente en sus condicio-
nes de vida que mostraban un marcado desnivel con relación al resto de los
habitantes de las ciudades en que se emplazan. En efecto, el análisis de algu-
nos indicadores como salud, vivienda, educación, empleo e ingresos permitían
apreciar “un nivel de vida extremadamente bajo, que se produce por encon-
trarse estas poblaciones al margen de los servicios y actividades sociales de los
centros urbanos”9.
Con los antecedentes, que hasta esa fecha se contaba, se pudo estable-
cer que dada la estructura de estas poblaciones, donde existía una proporción
significativa de menores de 15 años, ello hacía que la población económi-
camente activa debía mantener una carga de población, proporcionalmente
mayor que el promedio que se registraba en los centros urbanos. Por otra
parte, al examinar ciertas características relevantes de la fuerza de trabajo en
estos sectores, se comprobaba que allí existían las mayores tasas de cesantía
y de “trabajadores por cuenta propia”, que bien podían constituir una forma
de “cesantía disfrazada”. La falta de calificación de la mano de obra hacía
también que la población ocupada de este sector se concentrara en activida-
des de menor productividad del sector secundario y en los servicios no
calificados del sector terciario, tales como servicio doméstico, jardineras, la-
vanderas, comerciantes ambulantes, etc.
Teniendo como referencia estudios realizados por la CEPAL en pobla-
ciones callampas y el Censo de 1960, se comprobaba asimismo que
predominaban en estas poblaciones las categorías ocupacionales de más bajos
ingresos, y que un tercio de la población ocupada en estos sectores correspon-
día a trabajadores por cuenta propia, proporción relativamente alta con relación
al Gran Santiago donde esta proporción alcanzaba al 17% de la población ocu-
pada. Finalmente, respecto de los niveles de escolaridad en las poblaciones
callampas, se reconocía también que un 29% de la población, mayor de 15 años
era analfabeta y el 30% tenía entre 1 y 3 años de escolaridad, por lo que el
analfabetismo funcional podía ascender al 59% de la población considerada10.
La situación de la vivienda entre los sectores más pobres no era mejor,
ya que según el Censo de 1960 cerca de un millón de chilenos, tanto en el
ámbito rural como urbano, vivían en “piezas de conventillo, rancho, ruca o

9
DESAL, Poblaciones, p. 36.
10
DESAL, Poblaciones, p. 44.

263
choza, callampas, etc.”11 . Y según una encuesta CORFO-CORVI, en el año 1963,
el número de familias que vivían en poblaciones callampas en el país alcanza-
ba a aproximadamente 97.000 y su mayor proporción –cerca de 26.000, según
estimaciones de DESAL– se concentraban en cuatro centros urbanos: Antofa-
gasta, Valparaíso, Santiago y Concepción.
En estas cuatro localidades, 280.000 personas ocupaban piezas de
conventillos y poblaciones callampas, lo que representaba el 28% del total de
personas que habitaban en estas condiciones en el país. La conclusión lógica a
que se arribaba con estas cifras, era que los mayores problemas de poblaciones
marginales se presentaban en las zonas urbanas y fundamentalmente en las
cuatro grandes ciudades antes indicadas. Sin embargo, era Santiago la ciudad
que concentraba el mayor número de conventillos y poblaciones callampas.
En efecto, de las 55.000 viviendas precarias que existían en estas cuatro ciuda-
des, aproximadamente 40.000 estaban en la capital. De esta cifra global para
Santiago, un 44% correspondía a conventillos y 56% a poblaciones callampas.

Definiendo a los pobladores

Los pobladores fueron reconocidos por DESAL como un elemento nue-


vo de la estructura social del mundo subdesarrollado, surgido a consecuencia
del incremento demográfico, la aceleración del proceso de urbanización y el
desarrollo económico insuficiente. Este hecho social, a juicio de los investiga-
dores de DESAL, se podía apreciar con claridad en las barriadas del Perú, las
favelas brasileñas, las villas miserias argentinas, los jacales mexicanos, los
ranchos venezolanos, los cantegriles uruguayos.
Los pobladores podían diferenciarse de las clases bajas urbanas, “por
sus características ecológicas, tanto en lo que se refiere a los aspectos económi-
cos como sociales”12 . Han llegado a constituir un “estrato social diferente”, se
sostenía, en la medida que “tienen una solidaridad que descansa sobre un mis-
mo estatus económico y social y presentan un grado de organización o una
tendencia a estructurarse” como consecuencia de la conciencia de su existen-
cia y unidad13.

11
Según el II Censo de Vivienda de 1960, vivían en callampas, rancho, ruca, choza, trailes, lanchas,
vagón de ferrocarril u otras, 916.380 personas. En piezas de conventillo, lo hacían 123.358, lo que
suma 1.039.738. Si se consideran otras categorías habitacionales precarias (cité, pieza o conjunto
de pieza en una vivienda o conjunto de piezas en edificios no residenciales), el número subía a
1.690.516. Dirección Nacional de Estadísticas, II Censo de Vivienda, 1960. Resumen País. P. 2 y 3.
12
DESAL- IDE, “Informe sobre poblaciones marginales”, Santiago, 1963, segunda parte, pág. 1.
13
DESAL, Informe, segunda parte, p. 1

264
El poblador, fue entonces definido como:
“Un elemento marginado de la sociedad que ha sido expulsado del cam-
po o de las zonas malsanas de la ciudad, y que se encuentra en lucha por
integrarse a la comunidad nacional”14.
El lugar, por otra parte, donde se desarrolla la vida familiar y social del
poblador es, genéricamente lo que se ha dado en llamar la población.
“La población es el área, generalmente periférica a las grandes ciuda-
des, donde mora el poblador, en condiciones materiales muy deficientes y sin
contar con los servicios necesarios a toda comunidad humana”15.
Ahora bien, ¿qué era lo que permitía más precisamente a DESAL, defi-
nir al poblador chileno, como un marginal? En primer lugar, aspectos
socioeconómicos, en el sentido de que se reconocía al poblador como aquel
sujeto que habitando en la periferia de la ciudad, sin ser propietario, lo hacía
en condiciones precarias e inadecuadas, condiciones que influían en su vida
familiar y sus costumbres, dando lugar a diversas alteraciones morales y psi-
cológicas. Por otra parte, como producto del insuficiente desarrollo industrial,
el poblador o carecía de trabajo estable o se situaba entre los trabajadores de
más bajos salarios, razón por la cual difícilmente podía satisfacer sus necesida-
des básicas de alimentación, salud, vestuario y vivienda. Diversos indicadores
podían demostrar esta situación de precariedad socioeconómica, tales como la
alta tasa de mortalidad infantil y morbilidad así como la mala calidad de la
vivienda de los pobladores.
En segundo lugar, el poblador podía ser definido desde el punto de vis-
ta sociocultural. El nivel cultural, anotaban los investigadores de DESAL es
muy bajo a consecuencia de su lamentable situación socioeconómica, y se ma-
nifestaba en altos porcentajes de analfabetismo “literario y técnico”, bajos
niveles de escolaridad y difícil acceso a medios de comunicación, tales como
diarios, revistas y el cine. Solo la radio era el principal vehículo de comunica-
ción con el resto de “la ciudad y el mundo”. Los pobladores estaban, por su
nivel cultural, inhibidos de acceder a “los elementos básicos de la cultura y la
tecnología moderna”16.
En tercer lugar, definían también al poblador, algunas características socio
gremiales, ya que estos habían desarrollado sus propias organizaciones (Co-
mités, Juntas de Vecinos), pero carecían de un horizonte que superara sus
intereses más inmediatos.

14
DESAL, Informe, tercera parte, p. 1.
15
Ibídem.
16
DESAL, Informe, segunda parte, p. 2.

265
Finalmente, y en cuarto lugar, también eran características de los pobla-
dores ciertos rasgos psicológicos surgidos de su situación de marginalidad. El
poblador, producto de sus necesidades comunes desarrolló fuertes sentimien-
tos de solidaridad y unidad con su grupo, pero se sabe excluido, razón por la
cual “su psique se halla dividida entre su impulso de superación e integración
a la comunidad nacional y la desesperanza de mejorar su situación”17.
Como se puede apreciar y de modo coherente con los postulados más
generales de la teoría de la marginalidad, el poblador fue visto como un sujeto
social específico –excluido, puesto al margen de la sociedad– cuyas principa-
les características se asociaban a su posición periférica a la ciudad, su pobreza
y sus anhelos de integración social.
Estos primeros planteamientos de DESAL fueron más tarde discutidos
por otros intelectuales e instituciones académico-políticas. Así, por ejemplo en
el informe de CEPAL sobre poblaciones marginales de 1965, se siguió un cami-
no diferente para definir a los pobladores. Se estimó que el concepto “marginal”
era muy amplio, amén de que existían dificultades estadísticas que permitie-
ran precisar la magnitud de ello. Se optó entonces por un concepto parcialmente
diferente y se definió a los pobladores como:
“Aquellos grupos de personas que tienen ciertas limitaciones en sus
derechos reales de ciudadanía”18.
La acepción de ciudadanía fue tomada de T.H. Marshall19, el que distin-
guía al menos tres ámbitos en el ejercicio de la ciudadanía, el de los derechos
civiles (libertades personal, de palabra, de propiedad, etc.); el de los derechos
políticos (derecho a participar de la elección de autoridades y de ser elegido
para cargos de representación pública); y, el de los derechos sociales, entre los
que consideraba “el derecho a un mínimo bienestar económico y la seguridad
en el derecho a participar, plenamente, en la herencia social y a vivir la vida de
un ser civilizado de acuerdo con los niveles prevalecientes de la sociedad”20.Las
instituciones encargadas de velar por estos derechos serían los servicios socia-
les, quienes debían ser capaces de brindar protección frente a la pobreza y las
enfermedades, mientras que la escuela debía asegurar a todos los miembros de

17
DESAL, Informe, tercera parte, p. 1.
18
CEPAL, Consejo Económico y Social de Naciones Unidas. “La participación de las poblaciones
marginales en el crecimiento urbano”, presentado a la Conferencia Latinoamericana sobre la infancia
y la juventud en el Desarrollo Nacional. Santiago, noviembre de 1965. pág. 15.
19
Marshall, T.H. Citizenship and Social Class, Cambridge, The University Press, 1950. Citado por
CEPAL, “La participación de las poblaciones...”, op. cit., p. 3.
20
CEPAL, op. cit., p. 15.

266
la sociedad un mínimo de educación que hiciera posible una participación acti-
va e inteligente.
Guillermo Rosemblüth, desde la perspectiva del desarrollo, participó de
esta misma conceptualización, agregando que, la limitación de los derechos de
ciudadanía impedía a los grupos marginales participar en forma estable del de-
sarrollo económico así como también participar de “una movilidad social vertical
ascendente”21. Comentó, además, que aparentemente de acuerdo con este mar-
co conceptual, se podía considerar que los marginales estaban solo limitados en
sus derechos sociales, sin embargo, en el plano de la vida real era evidente que
muchos sectores lo estaban también en sus derechos civiles y políticos, “no por-
que sean objeto de un trato segregativo e injusto ante las autoridades, sino más
bien por la escasa preparación cultural de estos individuos, quienes en su gran
mayoría desconocen una serie de derechos fundamentales de los cuales se
pueden beneficiar, contribuyendo a ello la falta de canales adecuados de comu-
nicación entre las autoridades y dichos grupos”22.
Si bien esta alusión a las limitaciones de los derechos civiles y políticos
acercaba a Rosemblüth a la visión más integral de la marginalidad de DESAL,
en términos más concretos su caracterización de los grupos marginales tuvo un
sesgo más bien económico social. En efecto, para Rosemblüth, las características
más relevantes de los marginales se podían organizar de la siguiente manera:
Trabajo, es decir grupos con escasa calificación, sin afiliación sindical,
ingreso de bajo nivel y períodos de trabajo inestables;
Vivienda, generalmente habitan viviendas que se caracterizan por el ha-
cinamiento, la falta de servicios higiénicos adecuados e increíbles deficiencias
de construcción.
Salud, el tipo de vivienda precaria, la mala alimentación y la falta de
atención médica expone a estos grupos aun mayor riesgo frente a la enferme-
dad y la muerte, especialmente entre los niños.
Educación, presentan desventajas respecto del promedio nacional y los
niños tienen escasas posibilidades de recibir una educación mínima.
Servicios, la falta de servicios sociales acentúa la desigualdad respecto
del resto de la población, la gran mayoría de los que trabajan no pertenecen a
ningún sistema de previsión social23.

21
Rosemblüth, Guillermo “Problemas de socio-económicos de la marginalidad y la integración ur-
bana”, mimeo, enero, 1966. Pág. 1. Biblioteca Lo Contador. Pontificia Universidad Católica de
Chile.
22
Rosemblüth, op. cit., p. 2.
23
Rosemblüth, op. cit., p. 2.

267
Los matices que se podían establecer en el modo de caracterizar a los pobla-
dores y más ampliamente a la marginalidad no eran, sin embargo, una cuestión
menor para los teóricos de la marginalidad, ya que para ellos el fenómeno presen-
taba características de “globalidad”; es decir, implicaba al conjunto de la sociedad
y de “radicalidad”, es decir, sin apoyos externos los marginales no podrían supe-
rar su exclusión. Desde esta visión del fenómeno de la marginalidad era
absolutamente necesario pensar en políticas de integración, donde las cuestiones
relativas al desarrollo económico social era un aspecto a considerar, pero no el
único, ya que la integración social suponía acciones institucionales, tanto públicas
como privadas que aseguraran la participación “pasiva” y “activa” de los pobla-
dores en la sociedad nacional. La visión de la CEPAL y de Rosemblüth, de restricción
de los derechos de ciudadanía es quizás, cualitativamente hablando, menos espe-
cífica, pero evidentemente más interpeladora respecto de los problemas del
desarrollo económico, sin dudas determinantes para el ejercicio de los derechos
de ciudadanía económico sociales.

Definiendo la población y los tipos de ellas

El lugar en que habita el poblador es, como ya vimos, la población. Y si


bien esta era definida como un lugar de poblamiento precario y periférico, se
podían distinguir diversos tipos de ellas. DESAL reconoció y describió seis
tipos de poblaciones: la población callampa; población de mejoras; población
de erradicación; población de la Fundación de la Vivienda; población Indus-
trial; población construida con prestamos de la CORVI o de Asociaciones de
Ahorro y Prestamo. En esta tipología de poblaciones se excluyó a los habitan-
tes de conventillos y tugurios, a los que también se consideraba marginales,
pero su situación requeriría de políticas distintas a la de los habitantes de la
periferia de la ciudad.
La tipología de poblaciones de DESAL se hizo teniendo en cuenta carac-
terísticas socioeconómicas, socioculturales y sociogremiales de ellas. A través
de las primeras se podía identificar necesidades básicas de los pobladores mien-
tras que las características socio gremiales debían dar una idea del grado de
desarrollo de las organizaciones de los pobladores. La tipología de poblacio-
nes construida por DESAL fue inclusiva de diversos tipos de poblamientos
populares, como ya veremos, de tal manera que las poblaciones del Plan
Habitacional de Alessandri también fueron consideradas como constitutivas
del fenómeno de la marginalidad.
La población callampa correspondía al estrato socioeconómico más bajo,
asentamientos precarios establecidos en terrenos eriazos, basurales o lechos

268
de ríos y canales. Las familias, se caracterizan por un elevado número de miem-
bros, por la presencia de allegados, inestabilidad en los matrimonios, uniones
consensuales, etc. La mayor parte de los trabajadores son obreros no califica-
dos, de bajos ingresos, comerciantes ambulantes, mozos, recolectores de basuras
y “actividades que disfrazan una desocupación real”24.
La población de mejoras son aquellas surgidas de invasiones de terrenos y
generalmente situadas en la periferia de la ciudad, y cuyos habitantes provie-
nen de poblaciones callampas. Por tratarse de tomas, los sitios están mejor
distribuidos y la población cuenta con un mayor nivel de desarrollo de sus
organizaciones. De ocupantes ilegales se han transformado en propietarios y
en algunos casos la CORVI les ha construido casetas sanitarias. Con relación a
la ocupación de sus miembros, esta es semejante a la de las poblaciones
callampas “aunque un poco más estables debido a que el poblador tiene aspi-
raciones más definidas de elevar su nivel de vida”25. En cuanto a su nivel
cultural, este es superior al de las callampas, ya que cuentan con estableci-
mientos educacionales y la cultura popular ha adquirido mayor desarrollo a
partir de sus propias organizaciones sociales y culturales.
La población de erradicación está formada “casi totalmente” por antiguos
pobladores de poblaciones callampas y corresponde a las poblaciones surgi-
das del Plan Habitacional en 1959. Aquí los propios pobladores levantaron sus
viviendas con ayuda de la CORVI si no, ocuparon viviendas construidas por
esta institución. La mayor imprecisión en esta categoría está en la afirmación
de que sus habitantes provienen “casi totalmente” de poblaciones callampas,
ya que como hemos visto en capítulos anteriores, muchas familias provenían
de otras formas de habitación precaria.
La población de la Fundación de la Vivienda, es semejante a la anterior, aun-
que se trata de pobladores que viven en conjuntos habitacionales levantados
por la Fundación. Habitan aquí familias numerosas, legalmente constituidas y
“de bajo nivel cultural y con reducidos ingresos”26. Las viviendas cuentan con
tres o cuatro dormitorios, comedor, cocina y baño interior y el Departamento
de Asistencia Social de la Fundación ha desarrollado diversos programas en-
caminados a elevar el nivel cultural y las condiciones de vida de los pobladores.
La ubicación de estas poblaciones, más cerca del centro de la ciudad, así como
la calidad de las viviendas permitía ubicarlas en un nivel superior, al menos, al
de las callampas.

24
DESAL, Informe, segunda parte, p. 6.
25
Ibídem.
26
DESAL, Informe, segunda parte, p. 7

269
La población industrial es un asentamiento de pobladores superior a los
anteriores, ya que no provienen de poblaciones callampas. Las familias no son
tan numerosas, están legalmente constituidas y no se aprecian allegados. Los
jefes de familia desempeñan trabajos calificados o semicalificados lo que les
permite ingresos superiores a los grupos anteriores. Se trata de poblaciones en
que las industrias arriendan las viviendas o que mediante convenios con la
CORVI o Asociaciones de Ahorro y Prestamos, sus habitantes llegaron a ser
propietarios de sus viviendas.
La población construida por convenios CORVI o asociaciones de ahorro y prés-
tamo, congregan a pobladores que tienen un nivel superior a todos los grupos
anteriores, de familias semejantes al de las poblaciones industriales y de ofi-
cios estables. Son propietarios de sus viviendas que han adquirido a partir de
convenios con la CORVI o con asociaciones de ahorro y préstamo. Se trata de
poblaciones que se ubican, indistintamente al interior o en la periferia de la
ciudad.
Establecida esta tipología, se buscó luego identificar aspectos
socioeconómicos, socioculturales y socio gremiales en cada tipo de población
identificada.

Las características socioeconómicas de los pobladores

En el campo socioeconómico, se caracterizó a los pobladores atendien-


do a variables de familia, condiciones habitacionales y de salud, problemas
ocupacionales y de ingreso.
La familia del poblador, estableció el estudio, es de un elevado número de
miembros, hay presencia de “allegados”, uniones consensuales transitorias,
elevado número de hijos ilegítimos, madres solteras, escasa vida familiar, difi-
cultad real para asegurar la educación de sus miembros e inestabilidad y bajos
ingresos. Estas características estaban presentes en prácticamente todos los ti-
pos de poblaciones.
En las poblaciones callampas, el promedio de personas por familia in-
cluyendo a los allegados llegaba a 6. Los matrimonios eran especialmente
inestables, amén de que se consignaba un 25% de uniones consensuales. Dado
los bajos niveles de ingreso, muchas mujeres trabajaban en lavados, servicios
domésticos, costura, etc. En las poblaciones de mejoreros, la situación era se-
mejante, aunque la propiedad de sus sitios les da una mayor estabilidad. Ello
ha permitido también una mayor sociabilidad comunitaria. En las poblaciones
de erradicación, las familias son espacialmente numerosas, ya que la CORVI
seleccionó familias con un mínimo de 4 hijos. La propiedad de la vivienda

270
también ha sido un factor de estabilidad, aunque se reconocía en estas nuevas
poblaciones el surgimiento de dos problemas sociales: un mayor número de alle-
gados y el resurgimiento de problemas de prostitución y delincuencia, más propio
de las callampas y que en las poblaciones de mejoreros había disminuido.
En las poblaciones de la Fundación, el número de personas por familias
era el más numeroso, 8.8 de promedio. La razón es que la Fundación arrendó o
vendió a familias de bajos ingreso y con 6 o más hijos. Estas poblaciones se-
guían presentando problemas socio-familiares semejantes al de las callampas,
dado su alto número y escasos ingresos. Ello, según el estudio de DESAL sería
especialmente notorio en aquellos casos en que la Fundación no ha vendido a
sus moradores y solo les arrienda las viviendas.
Respecto de las familias de las poblaciones industriales y creadas por
convenios, la situación es bastante distinta. Disminuye el hacinamiento, la pro-
miscuidad y la presencia de allegados; los ingresos son más altos que el de los
grupos anteriores, aunque siempre insuficiente, por lo que se expresa en pro-
blemas de alimentación, vestuario y educación. El principal problema que
enfrentan algunas de las poblaciones industriales es la inestabilidad de la vi-
vienda, cuando esta solo puede ser ocupada por el trabajador en arriendo
mientras permanece en la empresa.
Con relación a las viviendas, las características de las callampas no dife-
rían de las descritas desde principios de los años cincuenta; las de mejoreros se
describen también como precarias aunque en algunos casos disponen de agua
potable y luz eléctrica, siendo el problema de eliminación de excretas donde se
reconocen menos avances. En los tipos restantes, la mayoría cuenta con vi-
vienda definitiva o semi-definitiva, siendo las de mayor calidad, las poblaciones
industriales y las construidas por convenios CORVI o asociaciones de ahorro y
prestamo.
Respecto de la función de independencia familiar, atribuida a la vivien-
da, en las poblaciones callampas evidentemente no se cumplían y sí en el resto
de los tipos de poblaciones descritas. Respecto de la “intimidad familiar e in-
dividual”, ni las poblaciones callampas ni de mejoras las cumplen, ya que en
ambos casos la vida se desenvuelve en una o dos piezas “donde se come, se
cocina y se duerme”. Los promedios de personas por familia en este tipo de
poblaciones eran de 5.9 en las callampas; 5.6 en las mejoras y 7 en las de erra-
dicación, lo que influía en el hacinamiento y promiscuidad, acentuada por la
“habitual escasez de camas”27.

27
DESAL, Informe, segunda parte, p.15.

271
Solo las viviendas de poblaciones industriales o por convenio cumplían
más o menos satisfactoriamente con todas las funciones atribuibles a la vivien-
da (protección, facilitación de servicios básicos, independencia familiar,
intimidad, facilitar el desarrollo de la personalidad de los miembros de la fa-
milia); el resto de las viviendas de otros tipos de poblaciones solo las cumplía
parcial o deficitariamente.
Con relación a las condiciones de salud de lo pobladores, estas guardaban
estrecha relación con “la desnutrición, falta de higiene ambiental, insalubri-
dad de las viviendas, falta de centros de salud con equipos adecuados y personal
especializado, etc”28. Los investigadores de DESAL reconocían que era más
difícil el análisis de los problemas de salud de los sectores marginales, ya que
la información disponible desde el Servicio Nacional de Salud, comprendía
“áreas” de la ciudad, que incluían diversos estratos socioeconómicos. Aún así,
se sabía que la alimentación era más precaria en las poblaciones callampas y
que allí radicaban los índices más altos de desnutrición infantil así como la
mayor recurrencia de enfermedades gastro-intestinales. Más datos había res-
pecto de las condiciones sanitarias: se sabía, por ejemplo, que solo el 52,2% de
las viviendas de poblaciones callampas disponía de agua potable, y que un
65% tenía pozos negros. En el caso de la Población Lo Valledor –surgida de
erradicación entre 1958 y 1959– se sabía también que el 39% de los pozos ne-
gros se encontraba en mal estado y que el 63% no tenía cubiertas que impidieran
la propagación de infecciones. Una encuesta bioambiental realizada en esta
población había demostrado además, que en el 87% de las viviendas había
“moscos e insectos en cantidad nociva”29.
Con relación a la ocupación de los pobladores, se estimaba que se trataba
principalmente de obreros no calificados, pertenecientes al sector industrial y
personas que trabajan en el sector servicios, tales como lavanderas, empleadas
domésticas, zapateros, comerciantes ambulantes, etc. Evidentemente, a partir
de este tipo de oficios, se sumaban los problemas relativos a los bajos ingresos,
generalmente inferiores a los de subsistencia, la inestabilidad laboral, la cesan-
tía, la movilidad laboral y la baja productividad.
En las poblaciones callampas, se estimaba que la fuerza de trabajo esta-
ba representada por el 66.2% de la población mayor de 14 años, de este
porcentaje el 88% estaba ocupado mientras que el 12% eran cesantes o busca-
ban trabajo por primera vez. De los que trabajaban, el 3.3% lo hacía en el sector

28
DESAL, Informe, segunda parte, p. 16.
29
DESAL, Informe, segunda parte, p. 17.

272
primario, el 44.6% en el sector secundario y el 32.1% en el terciario. De los que
participaban en el sector secundario, un 23% lo hacía en la construcción y un
19% en la industria. El ingreso promedio por persona ocupada, entre los po-
bladores de callampas, alcanzaba a $ 15.637 (moneda de diciembre 1998) y si
se considera que trabajaba el 1,7 por familia ello implicaba un ingreso familiar
de $ 26.487 mensuales, con lo que no se satisfacían las necesidades básicas.
No se tenía información de las poblaciones de mejoreros y solo se esti-
maba que su situación no difería muchos de la de los pobladores de callampas,
aunque el contar con una vivienda definitiva debía estimular la mayor perma-
nencia en los empleos al tiempo que destinar recursos para la construcción de
la vivienda. En las poblaciones de la Fundación de la Vivienda, la fuerza de
trabajo alcanzaba al 57% de la población mayor de 14 años; el 81% estaba ocu-
pada y el 19% desocupada. Entre los ocupados el 58,3% lo hacía en el sector
secundario y un 47,7% en el sector terciario. El ingreso promedio por persona
ocupada era semejante al de las callampas ($ 15.637), pero el ingreso familiar
subía a $ 31.274 por familia. El mayor número de ocupados por familia, se
pensaba, obedecía a la mayor cercanía de estas poblaciones de los centros la-
borales, distinta a la situación de otras poblaciones situadas en la periferia.
Respecto de las poblaciones surgidas de erradicaciones, no se contaba
con muchos datos, sin embargo, se estimaba que el ingreso por persona ocu-
pada podía ser inferior al de las poblaciones callampas. En las poblaciones
surgidas por convenios con la CORVI o con asociaciones de ahorro y prestamo,
no era muy diferente al de los tipos de poblaciones anteriores. La fuerza de
trabajo en estos casos representaba el 51,4% de los mayores de 14 años; de ellos
el 96.3% estaban ocupados y solo un 3.7 % desocupados. De los ocupados, un
0,9% lo hacía en el sector primario; 34.1% en el secundario; y, un 45.0% en el
terciario. El ingreso promedio por persona ocupada se estimaba en $ 13.084 y
por familia en $ 16.913. La baja de ingreso por familia se explica por el menor
número de miembros de la familia incorporados al trabajo. Finalmente, los
mejor ubicados respecto de los ingresos eran los de poblaciones industriales,
que alcanzaban a $ 29.040 por persona ocupada.
Lo que más llama la atención del Informe de Pobladores de DESAL, al
menos en esta parte referida a ocupación e ingreso, es la relativa homogenei-
dad observada, ya que salvo las personas de poblaciones industriales, el resto
no presenta variaciones significativas en los ingresos por persona y por fami-
lia. También es muy indicativa, a este respecto la débil frontera que separa los
trabajos formales de los informales, ya que no se aprecian grandes diferencias
entre las poblaciones de mejoreros o de erradicación de las poblaciones surgi-
das de convenios con la CORVI o asociaciones de ahorro y prestamo, cuyos

273
habitantes para acceder a estos convenios debían demostrar algún nivel de
ingresos estables.

Características socioculturales de los pobladores

El primer problema sociocultural reconocible en las “poblaciones mar-


ginales”, concepto evidentemente muy amplio para incluir a todos los tipos de
población estudiados por DESAL, era el del acceso al sistema educacional.
No existían datos precisos sobre analfabetismo para todos los tipos de
poblaciones reconocidas, salvo para las callampas donde alcanzaba al 26% y el
nivel promedio de instrucción a 3.2 años por persona. También en las callampas,
una Encuesta de la CEPAL, había reconocido que solo un 53% de la población
entre 5 y 15 años estaba matriculada y de este 53%, el 60% se encontraba en los
dos años del nivel primario, razón por la que se estimaba un alto nivel de
deserción de la escuela.
El hecho claro es que las poblaciones callampas no contaban con escue-
las, sin embargo, aun así el 53% asistiera a la escuela, a juicio de los
investigadores de DESAL, indicaba un claro deseo de progresar y salir de la
marginalidad. Por otra parte, no obstante, el déficit de escuelas y las dificulta-
des de transporte para asistir a las existentes, sumado a la temprana deserción
de los niños para incorporarse al mundo del trabajo indicaban “que los pobla-
dores se encontraban marginados de la educación.”30 No proporcionan los
investigadores de DESAL mucha información cuantitativa respecto del déficit
de escuelas, aunque indican que son insignificantes respecto de la población
que deberían atender. Por otra parte, en cuanto a la educación media, esta
prácticamente no existía para la mayoría de las poblaciones, así como tampoco
programas de educación de adultos.
Con relación al acceso a los medios de comunicación, la “marginación”
del poblador se acentúa, dado que “bajo nivel cultural” agravado por el anal-
fabetismo, priva a los pobladores de callampas, mejoreros y erradicados, del
acceso a los medios impresos. En consecuencia, son los aparatos de radio –aún
no se había masificado la televisión– el principal medio usado por los pobla-
dores. Existía, en estos años, un aparato de radio por cada 11 personas. El acceso
al cine también es escaso y cuando ocurre, se trata de salas en mal estado, y de
películas antiguas en castellano, especialmente mejicanas, que pueden ser en-
tendidas por todos.

30
DESAL, Informe, segunda parte, p. 22.

274
La mayor dificultad, reconocida por los investigadores de DESAL, des-
de el punto de vista comunicacional, es que la ausencia de medios es también
una dificultad de comunicación con el resto de la sociedad. En efecto, anotan
los investigadores, a falta de medios a través de los cuales exponer sus proble-
mas al resto de la sociedad, el recurso a medios violentos –manifestaciones
públicas que son reprimidas por la policía– se transforma en un modo de pro-
ducir “comunicación”. Una forma que cuando no es eficaz reforzaría los
sentimientos de frustración y marginación social31.
Otro aspecto en el que fijaron su atención los investigadores de fue el de
la cultura popular, que vieron en franco deterioro, como producto de la adapta-
ción a la miseria y al mundo urbano de los pobladores, que dejaban atrás su
pasado campesino: “su ambiente de trabajo y la miseria impulsan al poblador
a la apatía intelectual; después de la jornada de trabajo quiere olvidar, pero no
sabe qué hacer en sus horas libres, no sabe dónde ir ya que no dispone de
lugares apropiados para su recreación”32. Aun así, reconocieron que los pobla-
dores reaccionaban frente a esta situación, creando grupos de teatro, conjuntos
folklóricos y corales, centros de lectura y clubes sociales y deportivos. Estos
grupos, no obstante, eran poco constantes y solían desanimarse por falta de
recursos financieros y locales adecuados.
También tenían una visión crítica de la acción de los partidos políticos,
que aprovechaba estas situaciones, reduciéndolas hacia fines instrumentales,
funcionales a sus propias ideologías con el resultado de que los pobladores se
mostraban desconfiados frente a “iniciativas exteriores que tienden a promo-
ver la cultura popular”. El poblador no tendría fe ni esperanza en las iniciativas
exteriores, ya que les supondría fines distintos a los confesados, profundizan-
do de este modo su apatía.
En las poblaciones callampas no habían surgido grupos artísticos y la
tendencia más bien era hacia el surgimiento de grupos deportivos y socio gre-
miales, como juntas de vecinos y centros de madres. En las poblaciones de
mejoreros y de erradicados, las agrupaciones culturales habían encontrado un
mayor desarrollo. Grupos folclóricos y de teatro, centros de lectura con peque-
ñas bibliotecas y clubes deportivos se habían constituido en estas poblaciones
por iniciativa de los propios pobladores. No ocurría lo mismo con las pobla-
ciones de la Fundación, donde la participación en organizaciones culturales
era más débil y promovida por la propia Fundación. Semejante era la situación
de las poblaciones industriales, y en las surgidas por convenio, la situación era

31
DESAL, Informe, segunda parte, p. 25.
32
DESAL, Informe, segunda parte, p. 25.

275
aún más precaria, considerando que se trataba de poblaciones de reciente for-
mación.
En suma, los investigadores concluyeron que el poblador era también
“marginado de la sociedad en el campo sociocultural”, impedido de movili-
dad social vertical por su baja escolaridad, inhibido comunicacionalmente por
su dificultad de acceder a los medios y afectados también por las pautas urba-
nas en sus propias tradiciones culturales.

Características socio gremiales

Se buscó definir a través de la categoría de “socio gremial” el tipo de


organización que los pobladores se daban y el grado de desarrollo que ella
alcanzaba. Se reconocieron nueve tipos de organizaciones: el comando de la
población, juntas de vecinos, centros de madres, centros juveniles, clubes de
niños y brigadas de scouts, clubes deportivos, talleres, cooperativas y conjun-
tos musicales y centros artísticos.
Estas instituciones presentaban diferentes grados de desarrollo de acuer-
do con las características socioeconómicas y socioculturales de las poblaciones.
En las poblaciones callampas, las juntas de vecinos podían tener dos tipos de
funciones, defender los terrenos ocupados ilegalmente o representar a los po-
bladores frente al municipio u otros organismos públicos. Los centros de
madres, que también existían en las poblaciones callampas cumplían funcio-
nes de apoyo entre las mujeres para “acrecentar conocimientos sobre las labores
del hogar y sobre algunos problemas sanitarios”33.
En las poblaciones de mejoras, las instituciones existentes abordaban la
mayoría de los problemas fundamentales de los pobladores. Era en estas po-
blaciones donde se había desarrollado la mayor diversidad de organizaciones
y “donde las instituciones comunitarias han alcanzado su más alta expresión”34.
El mayor desarrollo organizacional y comunitario en estas poblaciones se ex-
plicaría por la necesidad de organización previa que hizo posible la “toma de
terrenos”, y por otra parte, por los aportes que este tipo de poblaciones recibie-
ron de agentes externos:
“...las poblaciones de mejoras se generaron por una invasión de terre-
nos por pobladores de poblaciones callampas. Después de la ocupación de los
terrenos se organizaron comandos de pobladores para coordinar la ocupación

33
DESAL, Informe, segunda parte, p. 31.
34
DESAL, Informe, segunda parte, p. 32.

276
y obtener de las autoridades correspondientes el derecho de propiedad sobre
los terrenos.
Una vez conseguidos estos objetivos las instituciones comunitarias se
ampliaron y concentraron sus esfuerzos en el campo económico, cultural y
gremial. Nacieron de este modo en el campo económico, movimientos coope-
rativos y se formaron algunos talleres, gracias a la ayuda de instituciones
externas. En el campo sociocultural se organizaron centros de madres, centros
juveniles, clubes de niños, clubes deportivos, conjuntos musicales y artísticos
para agrupar a las madres, jóvenes y niños, y ofrecerles educación para el
hogar, prevenir la delincuencia juvenil y vagancia infantil. En el campo socio-
gremial aparecieron juntas de vecinos –mejor estructuradas– con sectores
delimitados y dependientes de una autoridad común”35.
En las poblaciones de erradicación surgieron instituciones semejantes a
las de las poblaciones de mejoras, pero sin el mismo éxito, a juicio de los inves-
tigadores de DESAL, debido, entre otros a que fueron organizaciones
promovidas externamente y sin gran eficacia para enfrentar los problemas de
la población. Un cuadro semejante sería el de las poblaciones de la Fundación.
En las poblaciones industriales, el desarrollo organizacional sería más orienta-
do a las juntas de vecinos, centros de madres y clubes deportivos. En el caso,
finalmente, de poblaciones surgidas por convenio y en las cuales los poblado-
res son propietarios de sus viviendas se ha producido un desarrollo semejante
al de las poblaciones de mejoras y de erradicación.

Críticas y propuesta de clasificación de CEPAL

Así como CEPAL matizó el concepto de marginalidad empleado por


DESAL, criticó también la tipología antes expuesta sugiriendo una nueva cla-
sificación de las poblaciones marginales. CEPAL consideró en primer lugar,
que existían evidentes problemas en la estadística nacional con relación a las
poblaciones marginales o suburbanas, de tal modo que el estudio de este tipo
de poblaciones enfrentaba problemas relativos a la carencia de información y
también de discrepancias estadísticas.
Los problemas relativos a la carencia de información provenían, a juicio
de la CEPAL, de la ausencia de un marco conceptual compartido entre las diversas

35
DESAL, Informe, segunda parte, p. 33. Aunque en el estudio no se señala, todo indica que los casos
más paradigmáticos de poblaciones de mejoras serían la Población La Legua y la Población La
Victoria, ambas surgidas de tomas organizadas de terrenos y con evidente apoyo externo, tanto de
tipo técnico como político.

277
instituciones públicas y privadas que trabajaban en torno a la cuestión habitacional y
los grupos marginales36. La CORVI, el Instituto de Vivienda Rural, la ex Funda-
ción de la Vivienda de Emergencia, el Servicio Nacional de Salud, el Ministerio
de Obras Públicas así como el Servicio Nacional de Estadísticas junto a diver-
sas instituciones como DESAL y algunas universidades, se podían listar entre
las diversas instituciones que producían información y análisis sobre los gru-
pos humanos que ocupan viviendas insalubres, tanto al interior como en los
márgenes de las ciudades.
El concepto de “población callampa”, por ejemplo, no era el mismo que
utilizaba la CORVI, el Servicio Nacional de Estadísticas y la CORFO. En el
caso de la CORVI se consideraba “población callampa” a quienes eran (a) ocu-
pantes ilegales, aún cuando la vivienda sea de construcción sólida; (b) ocupantes
de viviendas insalubres; (c) ocupantes de barracones de emergencia; y (d) ocu-
pantes de terrenos destinados a otros fines en el plano regulador. Las formas
de obtener informaciones de la CORVI incluían las solicitudes elevadas por
comités de pobladores; el acopio de información de sus propios comités pro-
vinciales; la solicitud de información a otros organismos públicos, como la
CORFO; y los apoyos brindados por Carabineros quienes colaboran en tarea
de encuesta de poblaciones insalubres.
Por su parte, el Servicio Nacional de Estadística en su instructivo para
los encuestadores del CENSO definía las poblaciones callampas como “una
construcción de material de desecho, en sitios ajenos y eriazos, en los que no
hay urbanización ni condiciones higiénicas de habitabilidad”. Finalmente la
CORFO operaba con un concepto más amplio que incluía a “todos los conglo-
merados urbanos que hoy día estaban presentando algún tipo de conflicto con
la sociedad urbana”, y realizaba sus encuestas a través de la CORVI, Carabine-
ros y escuelas universitarias.
Los (dispares) resultados en términos estadísticos saltaban a la vista,
como se aprecia en el cuadro siguiente:

36
CEPAL, op. cit., p. 2.

278
CUADRO Nº 40
Las Discrepancias Estadísticas en Relación a la Marginalidad

Fuente: CEPAL, “La participación de las poblaciones marginales en el crecimiento


urbano”, Stgo. 1965.

279
Las discrepancias estadísticas, como adelantáramos, se relacionaban con
los distintos conceptos y métodos en que se acopiaba y procesaba la informa-
ción. En el caso de la CORVI, por ejemplo su concepto distaba bastante del
más tradicional, que acogía el Servicio Nacional de Estadística, aunque con
sus propias limitaciones. Por ejemplo no siempre el censo llegaba hasta los
lugares en que se ubicaban con frecuencia las callampas como las faldas de un
cerro o en torno a un basural. La CORVI, en cambio, acogía la información que
se originaba en la demanda de vivienda popular, aunque también quienes no
hacían demandas podían quedar al margen de sus recuentos.
La CEPAL llamaba también la atención sobre la descoordinación de los
organismos que trabajaban con los problemas de los conglomerados margina-
les, tanto públicos como privados, lo que impedía que se generara un lenguaje
común en la interpretación del fenómeno de la marginalidad y que los indica-
dores usados por los diferentes organismos reflejaran una misma imagen del
problema37. Por otra parte, respecto de los tipos de poblaciones marginales
posibles de distinguir, CEPAL reconoció, la existencia de una gran variedad de
tipos de viviendas que agrupaban a los estratos económicos más débiles. Con-
signó un total de 16 tipos de vivienda:
1.- Viviendas improvisadas (o callampa), construcción de material de de-
secho, en sitios ajenos y eriazos, sin urbanización ni condiciones higiénicas de
habitabilidad. Generalmente constituyen poblaciones.
2.- Rancho, ruca o choza; construcción de material ligero, vivienda de tipo
aislada que se improvisa para cuidar sitios u obras de construcción.
3.- Poblaciones de erradicaciones, que nacieron de los programas estatales
de traslado de pobladores de callampas a sitios definitivos en viviendas eco-
nómicas. Se podía, incluso, demoler el viejo rancho y utilizarlo en la
construcción provisional de la nueva vivienda.
4.- Poblaciones de radicación, se trataba de poblaciones callampas, donde
luego de apoyos externos, se hacían asentamientos definitivos.
5.- Piezas de conventillo, es la pieza que entre otras similares se ubica den-
tro de una construcción y que cuenta con servicios higiénicos comunes.
6.- Pieza dentro de una casa, es la pieza o conjunto de piezas que se ubican
dentro de una casa particular y las familias que habitan en ellas cuentan con
servicios higiénicos comunes.
7.- Casitas de cité, es la construcción correspondiente a un recinto cerra-
do dentro del cual se distribuyen casitas independientes.

37
CEPAL, op. cit., p. 7.

280
8.- Loteos brujos, son el producto de loteos de antiguas parcelas de la
periferia de Santiago, realizados sin los permisos municipales correspondien-
tes o que existiendo tales permisos se encuentran aún pendientes tareas básicas
de urbanización. En estas poblacionales la calidad de la vivienda es muy defi-
ciente y puede asemejarse a una población callampa.
9.- Poblaciones obreras, son las que han nacido en torno a las industrias,
construidas por los empresarios para dar alojamiento a su personal.
10.- Poblaciones de autoconstrucción, compuestas por viviendas por sus
propios moradores con apoyos de la CORVI.
11.- Barracones de emergencia, nacieron después del sismo de 1960 para
resolver de modo transitorio una vivienda a quienes quedaron sin ella. Son
casas construidas de pizarreño, de una sola pieza, no tienen servicio de alcan-
tarillado y el agua se suministra en pilones.
12.- Poblaciones construidas por instituciones privadas, como las que levan-
ta la Fundación de Viviendas de Emergencia y donde se instala a personas
provenientes de poblaciones callampas.
13.- Poblaciones en conflicto con el plano regulador, que por lo general se
encuentran en la periferia de la ciudad y su equipamiento urbano es muy par-
cial.
14.- Viviendas mínimas, de 39 m2 de construcción, financiadas por la
CORVI.
15.- Viviendas medias, de a 40 ó 69 m2 de construcción, financiadas por la
CORVI.
16.- Casetas sanitarias, corresponden a una etapa de la construcción a la
que debe seguir el logro de la vivienda definitiva.
Se trató evidentemente de una enumeración exhaustiva de los tipos de vi-
vienda popular existentes en el país. CEPAL indicaba que no hacía más que recoger
categorías de viviendas presentes en los informes y estudios de diversas institu-
ciones nacionales. Sobre la base de estas diversas consideraciones relativas a los
conceptos en uso, la información estadística disponible y las categorías de vivien-
das, criticó CEPAL la tipología de DESAL en el sentido de adolecer de los mismos
defectos de otras instituciones dedicadas al problema. Particularmente, señaló
que era muy sutil la diferencia que DESAL establecía entre la población callampa
y la población de mejoras, las características para definir ambas son similares,
salvo en lo relativo “al hecho de que la ocupación se haría en una forma más
ordenada por parte de los grupos que pertenecen a la población de mejoras”. Se
podría haber considerado las poblaciones de mejoras como un subgrupo de po-
blaciones callampas. Por otra parte, respecto de las poblaciones de erradicación, la
principal diferencia con las anteriores sería la de la situación habitacional.

281
Pero, la observación más importante que hacía CEPAL a la tipología de
DESAL, era su debilidad estadística en cuanto a los grupos estudiados, lo “que
impide tener una visión de la magnitud que tiene cada uno de los grupos seña-
lados y la proporción que ocupan dentro de la expansión urbana”38. Se propuso
entonces una clasificación más precisa con relación a la expansión urbana y al
tipo de vivienda que ocupaban los grupos marginales. Se tuvo en cuenta la ex-
haustiva enumeración de tipos de vivienda y se las agrupó en tres categorías:
población callampa, conventillos y población suburbana.
Para proceder a esta clasificación se crearon cinco indicadores: formas
de ocupación, tipo de vivienda, servicios sanitarios, estabilidad y ubicación39.
–La población callampa o núcleo urbano segregado.
(a) Formas de ocupación, ocupan ilegalmente terreno en que levantan
sus viviendas; (b) tipos de vivienda, construidas generalmente con materiales
de desecho, en muchos casos de una sola habitación, lo que implica alto grado
de hacinamiento; (c) servicios sanitarios, no existen; (d) estabilidad, salvo al-
gunas excepciones, se ven desplazados según crece la ciudad, aunque
consideradas en el tiempo hay poblaciones callampas con más de 20 años de
existencia; (e) ubicación, generalmente se ubican en la periferia de la ciudad, a
la orilla de un río, en las faldas de un cerro o en terrenos deshabitados en los
que no existen servicios de utilidad pública. Respecto de la tipología de vi-
viendas propuestas, cabrían en este subgrupo, las callampas propiamente tales,
el rancho, ruca o choza y las poblaciones de emergencia.
–Conventillos:
(a) Formas de ocupación, los que habitan este tipo de viviendas son arren-
datarios; (b) servicios sanitarios, la gran mayoría cuenta con servicio de
alcantarillado, aunque algunos solo poseen pozo negro. Los servicios higiéni-
cos son de uso común, contando con uno o dos inodoros para todos sus
habitantes; (c) ubicación, en el centro de la ciudad en sus barrios más antiguos
y por ello tienen acceso a servicios de utilidad pública; (d) estabilidad, ha sido
la forma tradicional de vivienda proletaria y a pesar de que está siendo reem-
plazado por el arriendo de piezas en casas antiguas, en donde sus habitantes
hacen uso común de los servicios higiénicos. Integrarían este subgrupo los
siguientes tipos de vivienda: casita de cité, piezas dentro de una casa, piezas
de conventillo, los barrios insalubres.

38
CEPAL, op. cit., p. 14
39
CEPAL, op. cit., p. 16 y ss.

282
–Población sub urbana o núcleo urbano semi segregado:
(a) Formas de ocupación, sus habitantes son propietarios de los terrenos
que ocupan ya sea por iniciativa propia, agrupándose en sociedades o coope-
rativas y a través de erradicaciones de la CORVI; (b) tipos de vivienda, tanto la
forma como el tipo de materiales en que se levantan estas poblaciones han
sido bastante heterogéneos, utilizándose diversos materiales (adobe, ladrillo,
madera, etc.) y por medio de autoconstrucción espontánea u organizada o la
edificación a cargo de empresas constructoras; (c) servicios sanitarios, en la
mayor parte existe la caseta sanitaria y una llave de agua por vivienda, aun-
que todavía existen poblaciones con pozos negros y pilones para el suministro
de agua potable; (d) estabilidad, se han acrecentado a partir de los programas
CORVI de 1959 y el hecho de que sus ocupantes sean propietarios les da carác-
ter de permanente. En este subgrupo, podían incluirse los siguientes tipos de
poblaciones: de radicación, de erradicación, loteos brujos, poblaciones que con-
travienen el plano regulador, poblaciones de autoconstrucción, poblaciones
obreras, poblaciones de instituciones privadas.

El ejercicio de cuantificar

A partir de esa clasificación, en tres subgrupos, que más tarde serían


incorporados por DESAL en sus estudios, CEPAL se dio a la tarea de cuantifi-
car la magnitud de cada grupo, reconociendo los límites que le imponía la
falta de información o las discrepancias en las estadísticas existentes.
El primer subgrupo, el de las callampas, era la respuesta ilegal al pro-
blema habitacional que ha congregado a los más pobres; el segundo grupo, el
de los conventillos, era el de la antigua respuesta obrera al problema
habitacional mientras que el tercer grupo, el de las poblaciones suburbanas,
era la respuesta actual al problema de la vivienda en que participaban tanto el
Estado como los privados. De los tres grupos, eran los extremos los que ten-
dían a crecer mientras que el conventillo tendía a desaparecer como producto
de los programas de remodelación urbana. La rapidez en el desarrollo de los
grupos extremos sería muy indicativa de la eficacia de la respuesta actual, ya
que la tendencia sería el crecimiento del tercer grupo y la paulatina desapari-
ción de las callampas y conventillos. En fin, a partir de la información existente
se pudo arribar al siguiente cuadro que indicaba el estado de situación de la
cuestión habitacional a principios de los años sesenta:

283
CUADRO Nº 41
CHILE (ZONAS URBANAS), 1960

Fuente: CEPAL, op. cit. p. 20. Cuadro elaborado sobre la base de: Servicio Nacional de
Estadísticas; Censo 1960. CORVI, Viviendas controladas, 1959,1964 (marzo), y en obras ejecutadas
en 1959-1964. Fundación de Viviendas; estadísticas sobre su labor de 1958-1964.
Nota: ... No se pudo obtener información.

Este cuadro, que revelaba el estado de situación de la vivienda popular


chilena, a principios de la década del sesenta, es muy expresivo de los proble-
mas que en este ámbito enfrentaba el país. Llama la atención por ejemplo, el

284
alto número de incidencia de los conventillos, que no fue una opción priorita-
ria del Plan Habitacional de Alessandri, pues este concentró su atención en las
callampas, que era el aspecto más visible del deterioro de las condiciones de
vida de los más pobres en los años cincuenta.
En este sentido, se puede apreciar ahora con más claridad, que si bien el
Plan Habitacional de Alessandri había significado un paso adelante, era todavía
completamente insuficiente, no solo con relación a los postulantes que no alcanza-
ban cupos en los programas de la CORVI, sino que respecto de los que permanecían,
todavía a principios de los sesenta como arrendatarios de conventillo.
Pues bien, considerando esta situación, que evidentemente mantenía el
déficit habitacional, y el resurgimiento que se seguiría produciendo de pobla-
ciones callampas, todavía en la primera mitad de los sesenta, es evidente que
la tarea de Frei, la nueva administración que se instala en 1964 no sería menor,
en el sentido de disminuir el déficit y enfrentar las presiones por vivienda que
mantendrían vigente “los sin casa”.
Por otra parte, resulta claro también que la mayor falta de información
sobre las nuevas poblaciones suburbanas era la principal insuficiencia del es-
tudio de la CEPAL, que sería el tipo de poblamiento que más se expandiría en
los años sesenta. En efecto, como ya veremos, en estos años, tanto los más
pobres como el proletariado y sectores de las clases medias se terminarían de
instalar en Santiago, en “villas” y “poblaciones”.

Algunas de las soluciones propuestas por DESAL

La soluciones propuestas por DESAL se relacionaban principalmente con


la noción de “promoción popular”, que se la entendía como una gran tarea de
superación social, que llevaría a los pobres desde una situación de marginalidad
a una situación de incorporación a la sociedad global40 . Para realizar estos pro-
pósitos era fundamental la participación de los propios afectados. En primer
lugar, el hombre en sentido genérico:
“Es condición indispensable para que haya desarrollo económico, pro-
greso social y elevación cultural que el hombre sea actor principal de dichos
procesos”41.
Y en una mirada crítica a los estados latinoamericanos, se sostenía que
el continente no resolvería sus problemas, que crecían día a día, con regímenes
paternalistas y sistemas asistencialistas por una parte y masas pasivas por la

40
cfr. supra, p. 248.
41
Venegas, op. cit., p. 627.

285
otra. La única salida, en consecuencia, estaba en la generación de estructuras
que hicieran posible la participación organizada de cada ser humano en el
proceso de cambios y la construcción de un orden social más justo.

La organización de base

Los grupos de base y cuerpos intermedios serían el canal que harían


posible la participación y los procesos de integración social. En el ámbito urba-
no, ello debía significar fortalecer, en primer lugar, a las juntas de vecinos,
como organizaciones capaces de fomentar las acciones comunitarias de los
pobladores; deberían tener como finalidad el desarrollo de la comunidad ur-
bana en el ámbito familiar, social y cultural. Les debía corresponder, además
representar las necesidades de los vecinos ante los poderes públicos y debían
estructurarse, finalmente por unidades vecinales de barrios y ciudades hasta
constituir un organismo de carácter nacional42.
En esta mima línea de fortalecimiento de las organizaciones base, se
veía necesario generar y apoyar iniciativas que fueran resolviendo los proble-
mas relativos al trabajo de los grupos marginales. De este modo, la promoción
de cooperativas de producción o empresas artesanales, así como cooperativas
de crédito y consumo debían permitir a los más pobres mejorar sus condicio-
nes de existencia. Los trabajadores industriales, por su parte como los
empleados públicos debían contar con sus propias organización sindical, y
esta diversidad de organizaciones económico-sociales debían converger y par-
ticipar en los organismos públicos de planificación del desarrollo económico
del país. Una estrategia semejante debía promoverse en el ámbito de la salud,
asegurando la participación de los pobladores y otros sectores sociales en la
administración y el financiamiento de la seguridad social y la salud43.
En segundo lugar, se consideraba fundamental para asegurar los pro-
pósitos de organización y participación de las bases, la educación tanto
tradicional –que los teóricos de DESAL llamaron “educación fundamental”–
como la educación social de adultos:
“Sin esta preparación la revolución, de la cual tanto se habla, nunca se rea-
lizará; solamente se producirán revueltas sangrientas o rebeliones, que colocarán
en el poder otros incapaces... Se trata, por consiguiente, de proporcionar a las or-
ganizaciones de base escuelas de capacitación para los dirigentes y militantes de

42
Venegas, op. cit., p. 630.
43
Venegas, op. cit., p. 630.

286
sus movimientos económicos, sociales, culturales, etc.; también es necesario insta-
lar sistemas de educación fundamental y medios de comunicación de masas que
permitan a gran parte de la población de América Latina, actualmente pasiva y
abandonada, adquirir la cultura humana y cívica mínima, necesaria para incorpo-
rarse en forma activa a las tareas del desarrollo”44.
En tercer lugar, se requeriría dotar al movimiento de base de “servicios”
que le prestaran apoyo y asistencia técnica, asesoría gerencial y de comercialización,
asesoría financiera y de crédito, etc. Se trataría entonces de crear “centrales” con
dos finalidades: prestar los servicios técnicos antes indicados y servir de puente
entre las organizaciones de base y las organizaciones macro-económicas de
crédito y de fomento. Entre estos servicios, también se consideraba relevante,
la creación de “institutos de desarrollo económico social”, que debían realizar
investigaciones, estudios y asesorías a los proyectos e iniciativas de desarrollo
de los grupos populares.
“Es una locura, o una inconsciencia criminal, o un infantilismo revolu-
cionario pretender instalar un orden justo sin investigación, ni planificación,
ni desarrollo, sin doctrina, ciencia y técnica y sin las instituciones que permi-
tan usar estos medios para la gran causa de la salvación de América Latina”45.

Los cuerpos intermedios

Todo lo que se hiciera en favor de la organización de los sectores popu-


lares, eran para Ramón Venegas, director del Departamento de Promoción
Popular de DESAL, el comienzo de la auténtica revolución. Pero no bastaba
solo la organización de base, sino que sería necesario la constitución de nuevas
estructuras que hicieran posible la participación de las organizaciones de base
en los procesos de reformas que se debían desarrollar:
“Todas las reformas de estructuras requieren de organismos de derecho
público, llamados cuerpos intermedios, que representen democráticamente a
los grupos interesados en la solución del bien común respectivo”46.
Estos cuerpos intermedios serían las juntas de planificación y desarro-
llo, los consejos económico sociales, los consejos regionales, los consejos
profesionales, los organismos de seguridad social y de vivienda, etc. En todos
estos organismos debería asegurarse la participación de las respectivas orga-
nizaciones de base a través de representantes elegidos democráticamente.

44
Venegas, op. cit., p. 631.
45
Venegas, op. cit., p. 623.
46
Venegas, op. cit., p. 633.

287
La propuesta de DESAL buscaba por esta vía enfrentar el clásico debate
sobre los alcances de la democracia. En efecto, sostenía que era ilusorio pensar
en la democracia política sin una contraparte también, de democracia econó-
mica y social. Pues bien, los cuerpos intermedios cumplirían con este rol de
integración y participación de la ciudadanía en las tareas del desarrollo. Y, si
esta era la filosofía que animaba la propuesta de “promoción popular” de
DESAL, en términos más concretos y operativos, el Informe sobre Poblaciones
Marginales de 1963, llegó a las siguientes conclusiones sobre las tareas necesa-
rias a realizar entre los pobladores chilenos.

Hacia una política de promoción de los pobladores

De acuerdo con los tipos de poblaciones descritos en el Informe sobre


Poblaciones Marginales, sus diversas dificultades y grados de desarrollo de sus
propias instituciones, se llegaba a la conclusión de que “tal estructura institucio-
nal permitiría canalizar el esfuerzo comunitario para mejorar el nivel de vida de
los pobladores”47. No obstante, de modo coherente a sus propios presupuestos
teóricos, DESAL reconocía también, que dicha estructura “no se ha realizado ple-
namente en el seno de cada comunidad y, sobre todo, no se ha desarrollado para relacionar
a los pobladores con el resto de la comunidad nacional”48.
Se trataba, en consecuencia, de un desarrollo deficitario en dos ámbitos,
el comunitario y el de relacionamiento (o representación) con la comunidad
nacional. Esta era por lo demás una de las tesis más importantes de la teoría de
la marginalidad, “su globalidad”, es decir los déficit de participación pasiva y
activa en la distribución de los bienes y la toma de decisiones en la sociedad, y
“su radicalidad”, es decir, las dificultades de los marginales para articularse
con la sociedad global49.
Ambos aspectos debían ser abordados de manera conjunta en una polí-
tica de integración social, a fin de evitar desequilibrios sociales, y para ello se
proponían tres líneas de trabajo específicas hacia los pobladores: el fomento de
sus organizaciones de base e intermedias; educar a los pobladores; y, la crea-
ción de organizaciones de servicio, asesoras de las organizaciones de base de
los pobladores.
Cada una de estas líneas era debidamente fundamentada. La prime-
ra de ellas era clave en cuanto no se podía superar la marginalidad si los

47
DESAL, Informe, tercera parte, p. 9.
48
Ibídem. La cursiva es nuestra.
49
cfr. supra, p. 254.

288
propios afectados no eran el motor de su integración interna y de su inte-
gración en la comunidad urbana. La educación, era también fundamental
para “reconstruir al poblador en el plano personal” dañado por el desarrai-
go y la miseria; finalmente, los servicios asesores debían facilitar la ayuda
social y poner en contacto a los pobladores con los estudios y conocimien-
tos técnicos que les eran inaccesibles.
Las políticas de integración de los pobladores debían materializarse en los
mismos campos considerados para el análisis de su situación, es decir, en el plano
socioeconómico, sociocultural y socio gremial. En el ámbito socioeconómico, de-
bía considerarse todas las políticas encaminadas a mejorar las condiciones de vida
de los pobladores (vivienda, salud, trabajo, alimentación); en el ámbito sociocultural,
se debía tener en cuenta los problemas relativos a la educación, los medios de
comunicación así como la promoción de la propia cultura popular; finalmente, en
lo socio gremial, se debería reforzar las organizaciones existentes, en especial las
juntas de vecinos y comandos comunales, reconociéndolas como instituciones de
“derecho público”.

La política habitacional del Gobierno de Frei y la


creación del Ministerio de Vivienda y Urbanismo
La elección de Eduardo Frei M., en septiembre de 1964, se dio en un
contexto de evidente polarización política, pero al mismo tiempo con un fran-
co apoyo de la población al reformismo. Desde un punto de vista político,
estos dos rasgos quizás sean los más relevantes para la comprensión de la
“coyuntura histórica de 1964”. En efecto, desalentada la candidatura de Julio
Durán, apoyado por la centro-derecha (radicales, liberales y conservadores),
luego del conocido “naranjazo”, la contienda electoral tendió a estructurarse a
dos bandas: Frei o Allende.
Se denominó “naranjazo” al resultado electoral producido en la ciudad
de Curicó el mismo año 1964, en una elección complementaria en donde, la con-
tienda se dio a tres bandas –la derecha, centro y la izquierda– y que permitió el
triunfo de la izquierda. Ello evidenció a la clase política nacional, que si la con-
tienda presidencial seguía el mismo curso, el candidato de la izquierda podía
ocupar la presidencia, lo que llevó a una rápida redefinición del cuadro político
en favor de los dos candidatos con mayores opciones, Frei y Allende.
Tras la inusitada polarización, anota Aníbal Pinto, subyacía el temor de
que por primera vez en la historia latinoamericana, un candidato apoyado por
la izquierda marxista llegara al Gobierno por la vía electoral. También en la

289
región se había vuelto crucial “el problema de Cuba”, es decir, la salida revolu-
cionaria y antiimperialista para solucionar los problemas económico sociales
de América Latina, proclamada desde la isla caribeña. Por ambas razones, una
eventual victoria de Allende significaba muchos más que lo hubiesen repre-
sentado en otra coyuntura. La campaña electoral se planteó entonces como
una confrontación entre “la democracia y el comunismo”50 .
Sin embargo, a juicio de Pinto, bajo “este palio propangadístico (en gran
parte establecido por intereses y recursos extranjeros) la disputa entre las combi-
naciones se dio en términos de dos plataformas que... podrían denominarse como
de reformismo avanzado”51 , ya que las mayores diferencias programáticas se da-
ban en el campo de las relaciones exteriores –con Estados Unidos y Cuba
principalmente– y con relación a la política a seguir con el cobre; nacionaliza-
ción para la izquierda, chilenización para la Democracia Cristiana52.
Desde el punto de vista de Alejandro Magnet, analista de la Revista Men-
saje, nunca un pueblo latinoamericano se había hallado ante una decisión tan
dramática, como que la que se vivió en Chile en 1964, en el sentido de que tra-
tándose de un pueblo conocido por sus tradiciones democráticas, pero sometido
a fuertes tensiones económicas y sociales, podía optar por darse libremente a un
Gobierno marxista-leninista. Esta posibilidad era la que puso a Chile en 1964, en
el centro de la atención periodística internacional, ya que un triunfo de Allende
tendría evidentes repercusiones en el orden político continental. Sin embargo, y
a pesar de las distintas versiones acerca de la personalidad y el programa del
candidato demócrata cristiano, presentado por las agencias de noticias norte-
americanas como un “demócrata reformista”, Frei representaba un hecho no
menos espectacular que el acceso de los comunistas al Gobierno. En efecto, su
programa era el de una “revolución en libertad”53.

50
Pinto, Aníbal, Desarrollo económico y relaciones sociales. En Chile Hoy, Edic. Siglo XXI, segunda
edición, Santiago, nov. de 1970. p. 44.
51
Pinto, op. cit., p. 44.
52
El tema de la explotación de los recursos naturales se había vuelto una cuestión crucial en los años
sesenta, frente a lo cual la propuesta de la Democracia Cristiana fue “chilenizar” el cobre, mediante un
nuevo convenio con las empresas norteamericanas a través del cual el Estado chileno se convertiría en
el accionista mayor de las empresas cupríferas. Por su parte, la izquierda era partidaria de la
“nacionalización”, es decir el control completo y directo del Estado chileno de la gran minería del cobre.
53
Magnet, Alejandro, “La Revolución en Libertad en América Latina” en Mensaje Nº 133, Santiago,
octubre de 1964. p. 480.

290
La Democracia Cristiana y los pobladores

Frei triunfó en la contienda electoral de 1964 con una significativa ma-


yoría absoluta, que la izquierda atribuyó al apoyo de conservadores y liberales
que optaron por el candidato DC frente al debilitamiento de la candidatura de
Julio Durán, del Partido Radical. Sin embargo, tal estimación no parecía justifi-
car plenamente el triunfo de Frei. Había también otros factores, no menos
significativos desde el punto de vista social. Frei logró un importante apoyo
entre los “sectores populares independientes”. La victoria de Frei, comenta Pin-
to, se asentó sobre dos pilares, el Partido Demócrata Cristiano que venía creciendo
con rapidez en los años anteriores a la elección y la “masa independiente” o
“marginada” que representó un aporte fundamental en la definición electoral54.
“Después del ‘primer ensayo’ ibañista en 1952 de incorporación masiva
de las ‘periferias’ urbanas y el medio rural, viene la segunda y más grande ola
en 1964, con una diferencia cualitativa de gran importancia: esta vez la masa
independiente va de la mano con uno de los principales partidos y de los más
‘ideológicos’ por añadidura. Por otro lado, y en parte por lo anterior, su irrup-
ción no afecta al sistema de partidos sino que, en cierta medida, lo fortalece”.55
El acercamiento y la estrecha vinculación que se fue produciendo entre
los pobladores y la Democracia Cristiana se puede ya reconocer a fines de los
cincuenta, y con más claridad, en los primeros años de la década del sesenta.
Se trató de un proceso que en determinados momentos tiende a confundirse
con el aggiornamiento de la Iglesia Católica, que se verificó en estos mismos
años y que tenían como denominador común, un discurso en favor de las re-
formas, el cambio de estructuras, y el anticomunismo.
Loyola ha indicado que la Parroquia San José Obrero, ubicada en el sec-
tor sur poniente de Santiago, fue muy relevante en su acción de “apostolado
obrero” –ya a fines de los cincuenta– orientada hacia miles de pobladores de
las comunas de San Miguel, La Cisterna y Ñuñoa56. Los sacerdotes Pedro Castex

54
Pinto, op. cit., p. 46.
55
Ibídem.
56
Loyola, Manuel “Los pobladores de Santiago; 1952 - 1964: Su fase de incorporación a la vida nacional”
Tesis para optar al grado de Licenciatura en Historia. Instituto de Historia, Pontificia Universidad
Católica de Chile. No se indica fecha. Pág. 58.
Dafne Marticorena nos confirma la presencia de la Iglesia entre los pobladores del sector oeste de
Santiago. En su estudio sobre la Población Gabriela Mistral, surgida de una toma de sitios el 11 de
enero de 1957, indica que los pobladores prefirieron recurrir al Hogar de Cristo antes que a la CORVI
para la construcción de sus viviendas, entre otros porque la mayoría de los pobladores eran
“convivientes” lo que los haría perder frente al sistema de puntaje de la CORVI. También nos informa
continúa en la página siguiente

291
y Alejandro del Corro –este último, fue parte de la toma de La Victoria–, acom-
pañados por jóvenes de la Juventud Obrera Católica (JOC), cumplían
importantes tareas de apoyo a la organización poblacional. En el caso de La
Victoria, reconoció Hilda Sotomayor en 1958, que la Iglesia ha penetrado en
forma indirecta, a través del “trabajo”:
“Se ha trabajado codo a codo con los pobladores en la construcción de
sus casas, se ha participado con interés en la solución de sus problemas, etc.
Todo esto es para los que realizan “su apostolado”. La presencia de sacerdotes
y laicos, en este caso, los universitarios, ha significado una conquista inapre-
ciable y ella es que el poblador no ve a los sacerdotes y universitarios como
extraños o advenedizos (...)
“El poblador ha comprendido que la Iglesia hace suyos sus problemas,
y de hecho ella ha enviado un representante, Monseñor Emilio Tagle, para
darles a conocer la preocupación que siente por ayudarlos a levantarse del
estado en que se encuentran”57.
El Hogar de Cristo-Viviendas, fundado en 1957, cumplió también ro-
les relevantes en la construcción de viviendas económicas en todo el período
de surgimiento de nuevas poblaciones en la zona sur de Santiago en los años
1957 y 1962. En 1959, el Hogar de Cristo incorporó a jóvenes voluntarios a un
“Servicio del Trabajo”, que, como también hemos visto, estuvo ya presente
en la “Operación San Gregorio”58 . Finalmente, una organización especializa-
da en el trabajo social con pobladores surgió en 1959 con el apoyo del Centro
San Roberto Bellarmino, de la Compañía de Jesús. Nos referimos a TECHO,
que nació “para ayudar al poblador, no mediante dádivas, sino levantándolo
por esfuerzo de su propio trabajo”59.
Especial atención prestó TECHO a la organización de centros de ma-
dres, habida cuenta de que la mujer era a juicio de esta organización, el eje de
la familia obrera: ama de casa, responsable de la familia, del dinero y los
ahorros, vigilante del porvenir y planeadora de los métodos para aumentar
las entradas60 . Los centros de madres fueron entonces concebidos como “una

que a dos meses de la toma se había formado el primer núcleo de la comunidad cristiana a instancias
del Párroco de Jesus Obrero. Esta alcanzó un pronto desarrollo mediante diversas acciones litúrgicas
y de acción social, tales como “la comunidad del pan” (la comunidad se organizaba para producir
colectivamente pan para un grupo de familias asociadas), el apoyo en caso de muerte (cuota
mortuoria), vacaciones en común en los meses de verano, etc. Marticorena, op. cit., p. 31 y 32.
57
Sotomayor, op. cit., p. 27.
58
cfr. supra. p. 162.
59
Sanhueza, Enrique. “Hacia un nuevo movimiento de pobladores”, en: Mensaje Nº 90, Stgo, julio de
1960, p. 256 y ss.
60
Ibídem.

292
agrupación de madres obreras, organizadas para conseguir la solución de
los problemas existentes en el hogar, mediante el trabajo y la colaboración de
todas, sin objetivos partidistas, tendientes al bien común y a eliminar la men-
dicidad colectiva”61.
De acuerdo con la Memoria de TECHO de 1959, durante ese año se ha-
bían establecido cinco centrales regionales de centros de madres en diversas
poblaciones de la ciudad de Santiago: en La Victoria, Lo Valledor Norte y Sur,
San Gregorio, Gabriela Mistral y Nogales, Punta de Rieles en Macul y un sec-
tor de Peñalolén. Se habían constituido hacia fines de 1959-1969 centros de
madres, con un total de 3.193 socias en 22 poblaciones de Santiago. Ellas conta-
ban con el apoyo técnico de 107 asistentes sociales62.
TECHO buscó atender también los problemas económico sociales de
los pobladores, promoviendo la formación de cooperativas, denominadas
“Unión y Trabajo”, que debían generar talleres de costura entre las mujeres y
de carpintería y zapatería entre los hombres. También se ensayarían, más tar-
de, estrategias tendientes a la constitución de cooperativas de vivienda.
En 1962, sin embargo sería la propia Democracia Cristiana la que daría
un paso aún más significativo buscando una incidencia mayor en el ámbito
poblacional. En efecto, este año se creó la Central Nacional de Pobladores
(CENAPO), la que se proponía estructurar un organismo de masas, alternati-
vo a las agrupaciones comunistas:
“Este esfuerzo de unión... apunta a resolver los esfuerzos aislados, y por
lo mismo fallidos, de todas aquellas organizaciones de los pobladores no con-
troladas por los comunistas, quienes postergan la solución de los problemas
en aras de sus objetivos políticos...”63.
Esta nueva organización de pobladores nacía incorporando algunos nu-
dos relevantes de la ideología socialcristiana, en particular respecto de su
oposición al marxismo y al liberalismo así como respecto de la necesidad de una
auténtica revolución. En el plano poblacional, ello se traducía en superar la mera
acción reivindicativa de los dirigentes comunistas y “sus injustas imposiciones”,
así como la acción de un Gobierno capitalista como el de Alessandri:

61
Sanhueza, op. cit., p. 257.
62
Ibídem.
63
“Pobladores cristianos, unidos harán fuerza” en: La Voz Nº 253, Stgo, 10 de junio de 1962, pág. 11.
Citado por Loyola “Los pobladores de Santiago...” op. cit. p. 62. Respecto de la disputa de los grupos
poblacionales vinculados a la Iglesia y la Democracia Cristiana, pueden verse también en diversos
artículos de la revista Mensaje, entre otros, “Invasión en Santa Adriana”, en: Mensaje Nº 103, octubre
de 1961, y “Primero de Mayo en José María Caro” en: Mensaje Nº 119, junio de 1963.

293
“... para las poblaciones ha sonado la hora en que se hagan realidad los
cambios sociales necesarios e inevitables; son muchos los años para que gru-
pos de dirigentes egoístas e insensibles, que han retenido el control del poder,
de la cultura y de las riquezas del país (...)
“La CENAPO ha visto que es absolutamente indispensable, no solamente
luchar por la pavimentación de una calle o la entrega de títulos de dominio,
sino, hacer una verdadera revolución poblacional...”64.
Finalmente, durante la campaña electoral de 1964, los pobladores no
solo recibieron la visita y las promesas de cambio de los candidatos de la iz-
quierda y la DC, sino que también, los comandos de campaña buscaron
constituir “territorios” allendistas o freístas, lo que era altamente expresivo de
los grados de adhesión y también de “disputa” de los pobladores de parte de
ambas candidaturas.

La política habitacional del nuevo Gobierno

En materia habitacional, Frei explicó al Congreso en 1965, que la acción


de su Gobierno se orientaría hacia la consecución de dos grandes objetivos.
Por una parte, establecer condiciones adecuadas que permitan absorber las
necesidades derivadas del aumento vegetativo y las de reposición por des-
trucción natural de viviendas, y, por otra parte, atender preferencialmente a
los sectores de más bajos ingresos. Se propondría, el Gobierno, en consecuen-
cia, la construcción de 360 mil viviendas en seis años, dos tercios de las cuales
estarían destinadas a los grupos de bajos ingresos y solo el tercio restante a los
sectores medios y altos65.
En este primer enunciado de la política de vivienda del nuevo Gobierno,
se esbozaban los dos principios que diversos analistas han reconocido como
inspiradores de la política democratacristiana: enfrentar, por una parte, “el défi-
cit habitacional”, que a estas alturas era ya una manera histórica de abordar el
problema de la vivienda, al menos desde tiempos de Ibáñez, y, en segundo lu-
gar, la idea de que el programa de la vivienda actuara como un instrumento de
redistribución del ingreso66. En suma, una meta de grandes alcances en cuanto a

64
“Sin parches ni componendas, consigna del Congreso de Pobladores de La Granja” en: Flecha Roja,
Santiago, dic. de 1962, p. 8. Citado por Loyola en “Los pobladores de Santiago...”, op. cit., p. 63 y 64.
65
Primer Mensaje del Presidente de la República don Eduardo Frei Montalva, al inaugurar el período
de sesiones ordinarias del Congreso Nacional. 21 de mayo de 1965. Departamento de Impresos,
Ministerio de Relaciones Exteriores. p. 40.
66
Palma, Eduardo y Sanfuentes, Andrés, “Políticas estatales en condiciones de movilización social: Las
políticas de vivienda en Chile (1964-1973)” en: Eure, Vol. VI, Nº 16, Santiago, octubre, 1979. p. 32.

294
construcción de nuevas viviendas, amén de otros beneficios, con una mayor can-
tidad de ellas para los sectores más pobres de la sociedad. Ello significaba que
de las 360 mil viviendas, 213 mil, es decir el 59% se destinarían a estos sectores.
Durante los primeros meses de su administración, Frei indicó al Con-
greso Nacional, que se había continuado con las obras iniciadas por el Gobierno
anterior, reconociendo que, no obstante el año 1964, había sido el de más bajas
contrataciones para nuevas viviendas (4.420 desde el 1 de enero al 31 de octu-
bre de ese año). Una primera tarea, en consecuencia, era romper con esa inercia,
de tal modo que a marzo de 1965, la CORVI había contratado la construcción
de 10.905 unidades habitacionales y se había llamado a propuesta, con poste-
rioridad a esa fecha, para la construcción de 8.760 nuevas viviendas.
El monto de nuevas contrataciones elevaba, según Frei, al doble el pro-
medio mensual de los últimos seis años y el promedio de 50 metros cuadrados,
de las nuevas viviendas, evidenciaba el propósito de atender preferentemente
a los grupos de más bajos ingresos. Los nuevos centros habitacionales, ade-
más, contarían con escuelas, centros asistenciales y deportivos, y “demás
elementos que constituyen un equipamiento comunitario adecuado”67.
Por otra parte, reforzando los contenidos de la lógica redistributiva de la
nueva política de vivienda, el primer Mensaje Presidencial puso el acento en las
medidas destinadas a enfrentar diversos problemas, tanto legales como relati-
vos a las deudas acumuladas por la población con el sistema de viviendas. En
esta perspectiva, se consideró la situación de los deudores de la CORVI, a quie-
nes se les rebajó la tasa de interés por deudas hipotecarias reajustables, de un 4%
al 2% en general y a un 0.5 anual para viviendas de un valor inferior a 4 mil
unidades reajustables; se aumentó la bonificación estatal de los dividendos de
viviendas de erradicación; se otorgaron también mayores facilidades para los
deudores morosos, y en fin, un conjunto de medidas tendientes a normalizar la
situación de los deudores, lo que sumado a una “nueva política de sueldos y
salarios” del Gobierno debería permitir absorber el reajuste de los dividendos y
asegurar la necesaria recuperación de las inversiones en vivienda.
En otro frente, se decidió también acelerar el otorgamiento de títulos de
vivienda a los asignatarios CORVI, creándose un programa especial, mediante
el cual se esperaba constituir en propietarios, durante 1965, a más de 15 mil
asignatarios. Finalmente, el presidente anunció también, que en los primeros
meses de 1965 habían aumentado la apertura de cuentas de ahorro en las aso-
ciaciones de ahorro y prestamo y que tanto la CORVI como las asociaciones

67
Mensaje Presidencial, 1965, op. cit., p. 41.

295
estaban dando el máximo de facilidades para la suscripción de convenios para
la adquisición o construcción de viviendas.
Con relación a los programas de radicación, erradicación y
autoconstrucción, estos quedarían en manos de la Fundación de Viviendas y
la CORVI la que ya había contratado la edificación de 4.758 viviendas mien-
tras que la Fundación de la Vivienda, con aportes fiscales y del Banco
Interamericano estudiaba la construcción de 6.249 viviendas en 22 comunas
del país. Finalmente, el Departamento de Autoconstrucción de la CORVI esta-
ba dando término a un programa de construcción de 200 viviendas en Lo
Valledor y abriendo dos nuevos programas, en esta misma población de 200 y
315 viviendas68.
En suma, respecto de la vivienda popular, se esperaba que en 1965 se
revertiría la tendencia recesiva del año anterior y sería posible la construcción de
46 mil viviendas, de las cuales serían de responsabilidad directa e indirecta del
Estado, 37 mil. Sin embargo, modificar las pautas de construcción seguidas has-
ta ese momento e impulsar una política integral de viviendas, implicaba ir a la
creación del Ministerio de la Vivienda. El Gobierno consideraba además rele-
vante esta iniciativa, si se tenía en cuenta, que la construcción pública y privada,
representaba una de las inversiones más importantes que se hacían en el país.
La nueva secretaría de Estado, indicó Frei en su Mensaje al Congreso:
“centralizará la planificación nacional de la vivienda y del desarrollo urbano,
descentralizará su ejecución, y hará realidad, por primera vez, la formulación
y aplicación de una política coherente y sostenida en esta materia y ejercerá la
indispensable coordinación con los organismos crediticios, los ejecutores de la
vivienda, los servicios de urbanización y el equipamiento comunitario”69.

La creación del Ministerio de Vivienda y Urbanismo

La creación de una secretaría de Estado, que coordinara la acción del


Gobierno en materia de vivienda, había sido planteada por Frei, en el Senado
ya en 1961, cuando el Congreso puso en tela de juicio la política de Alessandri
en materia de vivienda, a propósito de la toma de Santa Adriana70. El proyecto
de Ley que crearía la nueva secretaría de Estado fue enviado al congreso el 2
de junio de 1965, luego de tres trámites constitucionales y promulgada la ley

68
Mensaje presidencial, 1965, op. cit., p. 43.
69
Mensaje presidencial, 1965, op.cit., p. 45.
70
cfr. supra. p. 232.

296
Nº 16.391, el 16 de diciembre de 1965. Mediante esta ley se oficializó la crea-
ción del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU).
El principal objetivo del MINVU sería la construcción y equipamiento
de grupos habitacionales así como la remodelación urbana de las principales
ciudades del país. Mediante nuevos instrumentos legales y una nueva estruc-
tura orgánica, esta cartera estaría en condiciones de obtener un máximo
rendimiento de los recursos y una mayor coordinación entre las diversas ins-
tituciones que atendían problemas habitacionales71.
Le correspondería al MINVU cumplir con cuatro funciones básicas que
estarían a cargo de también cuatro instituciones descentralizadas: la Corpora-
ción de la Vivienda (CORVI), la que se haría cargo de todas las construcciones
del sector público; la Caja Central de Ahorro y Prestamos, que se encargaría de
regular el crédito para la construcción de viviendas a través de las asociacio-
nes de ahorro y prestamos; la Corporación de Servicios Habitacionales
(CORHABIT), que cumpliría con las funciones sociales del nuevo Ministerio,
tales como, asignación de viviendas, recaudación, programas de
autoconstrucción, situaciones de emergencia, etc.; y la Corporación de Mejo-
ramiento Urbano (COU), que orientaría su acción hacia la remodelación de
ciudades, adquisición y formación de reservas de terrenos en todo el país y la
proyección de obras de mejoramiento urbano72.
Sobre estos cuatro organismos, cumpliendo un rol normativo y directi-
vo actuaría el Ministerio propiamente tal, para lo cual contaría con una Dirección
General de Planificación y Presupuesto, que se ocuparía de la planificación del
equipamiento comunitario y habitacional, del desarrollo urbano y la conduc-
ción de las finanzas; y con una Dirección de Obras Urbanas, a la que le
correspondería ocuparse de la atención de proyectos de pavimentación urba-
na, servicios sanitarios y equipamiento comunitario73.
En el debate parlamentario en torno al proyecto de ley que creó el Mi-
nisterio de la Vivienda existió un amplio consenso en favor de la creación de la
nueva secretaría de Estado, tanto por la prioridad que los diversos partidos
políticos otorgaban al problema de la vivienda como porque el ejecutivo con-
taba, al menos en la Cámara de Diputados, con una mayoría de parlamentarios
a su favor. En su primer trámite constitucional, la Comisión Especial de la
Vivienda informó favorablemente el proyecto enviado por el Ejecutivo, par-
tiendo por reconocer la gravedad del problema habitacional:

71
Segundo Mensaje del Presidente de la República don Eduardo Frei Montalva, al inaugurar el período
ordinario de sesiones del Congreso Nacional, 21 de mayo de 1966. p. 310.
72
Ibídem.
73
Ibídem.

297
“La población mundial crece a un ritmo acelerado y las poblaciones ur-
banas aumentan más rápidamente aún. La demanda de viviendas creada por
este crecimiento ha traído consigo la escasez de ellas y en algunos países, par-
ticularmente en los de economía subdesarrollada, este problema está
adquiriendo el carácter de una verdadera crisis”74.
Evidentemente, Chile era uno de estos casos, ya que estimaba la Comi-
sión de Vivienda del Congreso, que el déficit de viviendas alcanzaba a 500 mil
habitaciones y esta era la razón que había movido al ejecutivo para proponer
la construcción de 360 mil viviendas en seis años, atendiendo preferentemente
a los sectores de más bajos ingresos. Una recomendación de Naciones Unidas,
indicó la Comisión informante además, había hecho notar la necesidad de contar
con un organismo central que se encargara de formular una política de vivien-
da en el sentido más amplio posible. La línea de argumentación de la Comisión
insistió luego en los propósitos más caros al Gobierno: la obtención de un máxi-
mo de rendimiento de los recursos disponibles y la coordinación de los diversos
organismos que participaban en la construcción de viviendas.
En el proyecto original de solo 12 artículos, aprobado en primer trámi-
te constitucional por la Cámara de Diputados, el artículo 1º otorgaba amplias
facultades al Presidente de la República para fijar las atribuciones y funcio-
nes del nuevo ministerio; mientras que el artículo 10º fijaba las normas
generales que debían seguirse para la expropiación de terrenos para los nue-
vos planes de viviendas y remodelación de ciudades. Ambos artículos fueron
modificados por el Senado, lo que obligó al Ejecutivo a cambiar el proyecto
de ley, de carácter normativo (es decir, las amplias atribuciones que otorgaba
el artículo primero y que permitía operar a través de decretos con fuerza de
ley) por un proyecto de “ley directa”, es decir, una ley que prescribiera con
claridad el conjunto de disposiciones que harían posible el funcionamiento
del nuevo ministerio. Evidentemente la acción del Senado buscó limitar y
precisar el alcance de las acciones del Ejecutivo en vistas a la creación del
MINVU. De este modo, el proyecto original que salió de la Cámara de Dipu-
tados, en el mes de junio, con 14 artículos, retornó a esta con 110 artículos
permanentes y 10 transitorios, en el mes de noviembre.
Modesto Collados, quien fuera el primer Ministro de la Vivienda, justi-
ficó en la Cámara de Diputados de este modo el cambio:

74
Informe de la Comisión Especial de la Vivienda, Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, sesión
8ª, martes 15 de junio de 1965, Tomo I, p. 885.
75
Modesto Collados en Sesión 16º del 10 de noviembre de 1965. Boletín de Sesiones Extraordinarias,
Cámara de Diputados. Tomo II, p. 1583.

298
“En el proyecto de leyes normativas que el Ejecutivo envió a la Cámara
iba incluido un Título completo referente al Ministerio de la Vivienda. Porque
se había pensado que se otorgarían al Presidente de la República las facultades
suficientes para dictar, a través de decretos con fuerza de ley, todas las normas
necesarias para organizar este nuevo Ministerio (...)
“Posteriormente, el proyecto pasó al Senado. En esta corporación se pidió
al Gobierno que, en vez de una ley normativa, propusiera una ley directa. El Eje-
cutivo accedió. Además estaba tan adelantado el estudio de los decretos con fuerza
de ley, que solo tres días después que la Comisión de Obras Públicas del Senado
los pidió, quedaron a su disposición para ser incorporados al proyecto”75.
El debate político, en las cámaras, permitió también hacer visibles las
posiciones de los principales partidos con relación a la vivienda. Así por ejem-
plo, cuando el proyecto se encontraba en su primer trámite constitucional, el
diputado Penna76 , de la Democracia Cristiana, expuso lo que a juicio de su
partido eran los principios fundamentales de su política de vivienda. Estos
principios básicos eran, en primer lugar, considerar la vivienda como “un bien
de primera necesidad al que tiene derecho toda familia”, razón por la cual la
vivienda debiera estar al alcance de todo grupo familiar, cualquiera fuera su
nivel socioeconómico; en segundo lugar, el Estado debía atender preferente-
mente a los grupos humanos de más escasos recursos en la solución del
problema habitacional; tercero, la vivienda debía reunir condiciones mínimas
aceptables, en cuanto a superficie inicial, calidad y crecimiento futuro, que
permitiera el desarrollo normal de la familia; cuarto, la vivienda debía contar
con un equipamiento circundante indispensable para completar la vida fami-
liar y favorecer el desarrollo comunitario; quinto, la solución del problema
habitacional debería contar con la iniciativa y participación de los afectados.
El Estado, en este sentido debía fomentar la participación de la comunidad,
estimulando y dando cauce a todos los recursos sociales, técnicos y económi-
cos que permitieran “aprovechar el potencial humano disponible”; y, sexto, la
vivienda debía ser pagada total o parcialmente en su valor real, según fuera la
situación económica del postulante, pero en ningún caso regalada. El Estado
debía suplementar la falta de capacidad de pago de ciertos sectores y conside-
rar también el aporte de los interesados a través de sistemas de
autoconstrucción77.
76
Marino Penna Miranda, fue elegido diputado por la Cuarta Agrupación Departamental, “La Serena,
Coquimbo, Elqui, Ovalle, Combarbalá e Illapel” en 1965 y reelegido en 1969 y 1973. Valencia,
Anales, op. cit. p. 625.
77
Boletín de Sesiones Ordinarias, Cámara de Diputados. Sesión 10º, miércoles 16 de junio de 1965.
Tomo II, p. 1063.

299
Orlando Millas, diputado comunista con larga trayectoria en el tema de
la vivienda, también planteó su punto de vista frente a la creación del nuevo
Ministerio y la política de vivienda demócrata cristiana. Criticó la demora del
Gobierno en el envío del proyecto; se mostró partidario del artículo 10º sobre
expropiaciones, que, como adelantáramos, luego el Senado modificaría; dudó
de la promesa de construir 360 mil viviendas y pidió al Gobierno que precisara
en sus estadísticas las obras iniciadas de las obras terminadas y expuso tam-
bién algunas de las orientaciones promovidas por el PC con relación a las
políticas de vivienda:
“Queremos que deje de construirse por la CORVI con contratistas; que
se terminen los reajustes de dividendos; que se extienda a los asignatarios de
toda edad los beneficios del seguro de desgravamen; que haya fondos para
reparar las poblaciones, etcétera. (...)
“Deseamos que, en el caso de la vivienda que tenga un avalúo inferior a
cinco sueldos vitales, la inembargabilidad alcance al hogar familiar, a la casa
familiar...”78.
El diputado Orlando Millas en su discurso en la Cámara, junto a las
expresiones anteriores y anunciar que los diputados comunistas votarían en
favor de las disposiciones relativas a la CORVI, y en realidad también más en
general en favor de la creación del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo,
insistió también en discutir más globalmente “los problemas habitacionales
del momento”:
“Junto al plan habitacional propiamente tal del Gobierno, se ha planteado
la urgente necesidad de dar alguna solución o tomar alguna medida con relación
a la tragedia tremenda de quienes no tienen casa en las grandes ciudades. Particu-
larmente, es el caso de Santiago, Valparaíso, etcétera, pudiéramos decir de Santiago
y de las zonas afectadas por los últimos sismos y temporales, y por el anterior
terremoto en la zona sur, donde todavía hay situaciones que remediar.
“En Santiago, debido a los caracteres que presenta este problema, se ha
iniciado la denominada “Operación Sitio”. Consiste en adoptar medidas de
emergencia que permitan resolver en las condiciones mínimas los problemas
de aquellas familias más extraordinariamente necesitadas. Se han inscrito op-
tando a un terreno con la urbanización mínima y con una mediagua, que es lo
que inicialmente reciben en esta “Operación Sitio” con la perspectiva de tener
allí, posteriormente, una vivienda mínima, muchísimas familias.

78
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, op. cit., p. 1076.
79
Orlando Millas en Sesión 16ª del miércoles 10 de noviembre de 1965. Boletín de Sesiones
Extraordinarias, Cámara de Diputados, Tomo II, p. 1606.

300
“El hecho de optar a un beneficio tan insignificante como este, y de ins-
cribirse en esta operación, indica que estas familias se encuentran en una
situación de extraordinaria penuria económica.
“Hasta ahora se han inscrito, en Santiago, sesenta mil y tantas familias;
y depurando esta cifra, por una eventual doble inscripción, puede estimarse,
en todo caso, que hay holgadamente cincuenta mil familias en esta operación”79.
El Gobierno, según Millas, había dispuesto la urbanización de 10 mil
sitios para estos propósitos, lo que evidentemente iba a significar quedar por
debajo de las demandas reales de los más necesitados de vivienda. Esta sería
la razón de las diversas manifestaciones que ya se estaban verificando en San-
tiago, de pobladores de Puente Alto, allegados de Santa Adriana, y de otros
grupos que demandaban una solución a su problema de vivienda.

La Operación Sitio, una opción para los más pobres


El presidente Frei en su segundo Mensaje al Congreso indicó que den-
tro de la labor directa del sector público en vivienda, se contaban 7.616 viviendas
de radicación, que formaban parte de la Operación Sitio80 . La Memoria Anual,
del recién creado Ministerio de Vivienda y Urbanismo, consignó también este
hecho, agregando que en virtud del éxito del programa, se estaba contratando
4 mil nuevas unidades en las comunas de Conchalí, Maipú y La Granja81.
La denominada Operación Sitio, un masivo programa de “soluciones
habitacionales”, consistió en la entrega de sitios urbanizados, una instalación
sanitaria mínima y mediaguas u otro tipo de vivienda económica a familias de
escasos recursos y en extrema necesidad de habitación.
En cierto sentido, como indica Santa María, la Operación Sitio siguió las
políticas tradicionales orientadas a producir viviendas económicas, tanto en lo
relativo a sus orientaciones técnicas, procedimientos financieros, de ahorro y
prestamos y sistemas selectivos de puntaje82. Sin embargo, perfeccionó las
“erradicaciones” al menos en dos sentidos. Por una parte, produjo diversas in-
novaciones tanto tecnológicas como administrativas, razón por la cual ha sido
valorada como un hito histórico en la vivienda popular83. Se trató, en efecto, de

80
Segundo Mensaje del Presidente de la República, don Eduardo Frei Montalva al inaugurar el período
ordinario de sesiones del Congreso Nacional. 21 de mayo de 1966. Pág. 9.
81
Mensaje presidencial, 1966, op. cit., p. 308.
82
Santa María, Ignacio, “Las tres vías en la historia del campamento chileno” Departamento de
Urbanismo y Viviendas, Universidad Católica de Chile, mimeo, 1973. p. 16.
83
Bravo H, Luis y Martínez, Carlos, Chile: 50 años de vivienda social. 1943-1993. Edic. Universidad
de Valparaíso, 1993. p. 18 y 19.

301
un significativo esfuerzo por incorporar nuevas formas de construcción –la casa
prefabricada, entre otras– que resultaran más baratas y al mismo tiempo más
rápidas que las formas tradicionales de viviendas económicas84. Por otra parte,
la Operación Sitio otorgó una nueva significación a la organización social de los
pobladores, constituyéndolos en interlocutores de las políticas de vivienda eco-
nómica o popular. Al decir de Santa María, dio una nueva importancia, tanto a
la organización como a la participación de los erradicados o de los pobladores
en general en la materialización de este nuevo programa de viviendas85.
El Programa se inició, entre otras razones, por algunas muy semejantes
a las que esgrimió Millas en el Congreso: la consideración de la tragedia hu-
mana que representaba la falta de viviendas; el aumento en la demanda de
vivienda después del sismo, que afectó a la zona central en marzo de 1965,
agravada luego por los daños provocados por los temporales del invierno de
ese año; por la carencia de terrenos adecuados para atender siguiendo las for-
mas tradicionales a los sectores de más bajos recursos; los justificados reclamos
de estos; y, también, por la necesidad de incorporar nuevos sistemas de edifi-
cación que permitieran aprovechar en forma más óptima los recursos fiscales,
el ahorro popular y la inversión social del país86.
Mediante el Decreto Nº 950, del 6 de agosto de 1965, el Presidente Frei
en conjunto con el Ministro de Obras Públicas Modesto Collados87 , decidieron
nombrar una comisión presidida por el Intendente de Santiago, Sergio Saavedra,
para que estudiara y sugiriera al Gobierno “soluciones inmediatas al proble-
ma habitacional” de las numerosas familias de la provincia de Santiago “que
viven desprovistas de los elementos habitacionales mínimos”88.
Si bien la Operación Sitio nació acicateada por razones de emergencia
asociadas al contexto (los sismos, los temporales, etc.), la idea de buscar “solu-
ciones habitacionales” venía de bastante atrás en el pensamiento demócrata
cristiano89. Era un camino que había que considerar para enfrentar el déficit

84
Aspe, María Teresa, “La Operación Sitio dentro del problema habitacional chileno” Memoria. Escuela
de Periodismo, Universidad de Concepción. 1966. p. 24.
85
Santa María, op. cit., p. 16.
86
“Operación Sitio, 1965-1966”, folletín editado por la Corporación de la Vivienda. Oficina de
Relaciones Públicas, Santiago, agosto de 1966. p. 2.
87
Los programas de viviendas hasta antes de la creación del Ministerio de la Vivienda, en diciembre
de 1965, radicaban en el Ministerio de Obras Públicas. Esa es la razón por la que el decreto que
creó la Comisión de la Operación Sitio se origina en el MOP; luego de diciembre, toda la iniciativa
pasará a depender del recién creado Ministerio de la Vivienda y Urbanismo.
88
Operación Sitio, op.cit., p. 3.
89
Véase por ejemplo los discursos del diputado Tomás Reyes en la Cámara en 1957, Cfr. supra, p. 109;
del senador Eduardo Frei, en el Senado 1961, Cfr. supra, p. 231.

302
habitacional que superaba cualquier esfuerzo regular del Estado en materia
de viviendas económicas. Y, en cierto modo, en este terreno existía consenso
entre los distintos partidos políticos.
La comisión encargada del estudio seleccionó terrenos de la CORVI y la
de Fundación de Viviendas y Asistencia Social que podían servir para la “ope-
ración”; encomendó a la CORVI programar las obras, desarrollar planos de
loteos, viviendas y urbanización, realizar inscripciones, encuestas y preselección
de las familias que podrían ser beneficiadas. Se encomendó también al Ministe-
rio de Educación que estudiara la dotación de profesores y escuelas; a la Dirección
de Industria y Comercio (DIRINCO) los temas de abastecimiento, y a la Promo-
ción Popular, el apoyo a la organización de vida social y cultural de las nuevas
poblaciones que surgirían de la “Operación Sitio”90.
Según el equipo de Relaciones Públicas de la CORVI, al hacerse la invi-
tación al pueblo para inscribirse en este nuevo plan, se dio especial importancia
a las organizaciones de base, juntas de vecinos, comités de pobladores de ade-
lanto, centros de madres, clubes deportivos, etc. También se atendió a comités
sin casa, allegados, familias marginales no organizadas, etc. En efecto, según
consta en un instructivo interno de la CORVI, se establecía que podían inscri-
birse en la Operación Sitio:
“Comités, Juntas, Agrupaciones de Sin Casa, inestables, allegados y
pobladores marginales. Familias individuales que no estén incorporadas a co-
mités, por rechazo y por no existir en su sector”91.
Cada organización debía hacerse representar por dos personas, de pre-
ferencia, el presidente y secretario del grupo; acreditar mediante acta o libro
de registro dirección de su sede así como, lo más importante, nómina de afilia-
dos señalando los casos de mayor o primera emergencia92. Para poner en marcha
esta verdadera “consulta” a los pobladores organizados y no organizados, se
prepararon y difundieron avisos de prensa y radio, se imprimieron volantes
para distribuirlos por mano o vía aérea en sectores más alejados del centro, se
organizaron equipos móviles con altoparlantes para recorrer las poblaciones y
se enviaron comunicaciones a las agrupaciones más conocidas de pobladores.
Paralelamente se organizaron los equipos de asistentes sociales y empleados
administrativos que debían dar inicio al proceso de inscripción de familias
necesitadas de vivienda.

90
Operación Sitio, op. cit., p. 4.
91
Instructivo interno de la CORVI, citado por Aspe, en “La Operación Sitio...” op. cit., p. 36.
92
Aspe, op. cit., p. 36 y 37.

303
“El lunes 16 estaba todo dispuesto en 14 sitios o locales de inscripción, a
saber: A los de Maipú, en la Población Las Rejas, calle Las Catalpas Nº 13; San
Bernardo, en la población del mismo nombre, en el local contiguo a la Iglesia;
de La Cisterna, San Miguel y La Granja, en la Gobernación del Departamento
“Pedro Aguirre Cerda”; a los de Renca, en la Población “Ernesto Illanes Beytia”,
Avda. Santa María 3376; de las Barrancas, en la Población “Roosevelt”, calle
Estados Unidos 1203; de Conchalí, en el Retén de La Palmilla; Las Condes,
Retén Tropezón de Apoquindo; Quinta Normal, Población Simón Bolívar, San
Pablo 4783; La Reina y La Florida en los Retenes de Carabineros ubicados en
las misma comunas y de Santiago y Providencia en el Servicio de Aistencia
Social de la Corporación de la Vivienda, Arturo Prat 48, subterráneo”93.
La inscripción de las familias de sin casa que serían beneficiadas con el
nuevo programa, se realizó entre los días 16 y 21 de agosto de 1965, en los
locales indicados, que atendieron público desde las 9 de la mañana hasta, a
veces, las 23 horas. Las organizaciones habrían respondido, según la CORVI,
con singular entusiasmo, aunque el número de familias inscritas de modo in-
dependiente superó a las inscritas por comités94. El resultado del proceso fue
del todo expresivo del problema habitacional de Santiago: Se inscribieron dia-
riamente aproximadamente 10 mil familias, de tal modo que en los seis días que duró el
llamado a los sin casa, se habían inscrito un total de 62.739 familias95.
Según la CORVI, el proceso puso de manifiesto:
“... el problema de grupos de familias que, en razón de insalubridad
grave, demolición, lanzamiento, y viviendas en lugares de uso público, obli-
gaba a una erradicación total de suma urgencia”96.
En el proceso de selección, se siguieron dos líneas de acción, una desti-
nada a los independientes y otra a los que provenían de comités. Posteriormente,
en las encuestas realizadas, se pudo comprobar la existencia de familias que
estaban inscritas en dos o más comités, familias sin domicilio, familias que
desistieron o fueron eliminadas por poseer alguna propiedad y familias que
decidieron esperar nuevos planes de la CORVI.
En el sistema de puntaje se consideraron siete variables, que resultan
muy expresivas de los problemas sociales de las familias postulantes, por ejem-
plo, estar con orden de desalojo por peligro de derrumbe, o afectada por
temporal o el sismo del año 1965 (40 puntos); estar ocupando calles u otros

93
Aspe, op. cit., p. 39 y 40.
94
Aspe, op. cit., p. 40.
95
Operación Sitio, op. cit., p. 5.
96
Operación Sitio, op. cit., p. 5.

304
sitios de uso público, adolecer su casa de insalubridad o peligro para las con-
diciones de vida de sus habitantes (1 a 30 puntos); estar con orden de
lanzamiento o juicio de arriendo muy avanzado (20 puntos); luego se conside-
raban datos más tradicionales relativos al número de cargas familiares, ser
postulante de la CORVI, poseer libreta de ahorro para la vivienda, etc.97.
Las primeras viviendas de la Operación Sitio fueron asignadas en ocho
comunas de Santiago, alcanzando el mayor número de asignaciones la Pobla-
ción Santa Julia, de la comuna de Ñuñoa, con 1.758 viviendas (actualmente
por la nueva subdivisión administrativa de Santiago, esta población está ubi-
cada en la Comuna de Macul, entre las calles Rodrigo de Araya, El Líbano y
Los Olmos) Si se estima la familia popular en 5.5 personas promedio, se tiene
que esta población nacía con más de 9 mil personas (9.669 personas, según la
estimación estadística corriente en esos años).
CUADRO Nº 42
Viviendas contratadas y entregadas

Fuente: “Operación Sitio, 1965 -1966”, CORVI, 1966. p. 8.

97
Operación Sitio, op. cit., p. 7.

305
Y según nuestra misma fuente, todavía a mediados de 1966, se encontra-
ban contratadas y por entregar 955 viviendas más en distintas comunas de
Santiago, y se habían programado 2.864 viviendas adicionales en las siguientes
comunas: La Granja (Ferrer, 380); San Miguel (Bruno Neff, 420); Maipú (San José
de Chuchunco, 922); San Bernardo (G. de la Huerta, 320); Conchalí (Chacabuco
I, 176 y Chacabuco II, 366); y, Puente Alto (Suc. Vicuña Bascuñán, 280).
De este modo, la Operación Sitio, en su primer año de vida entregó 7.264
viviendas; estaba por entregar 955, y tenía en carpeta 2.864. Es decir, alcanzaba
un total general de 11.063 viviendas y se estaba dando origen a 22 nuevas
poblaciones en 13 comunas de Santiago98.
Consecuentemente con el criterio, al menos en esta fase del plan de
viviendas, que no se podía construir poblaciones sin el equipamiento comu-
nitario adecuado, se consideraron también las siguientes obras, en las
poblaciones que se indican:

CUADRO N° 43
Obras de equipamiento comunitario contratadas y programadas

99

Fuente: Operación Sitio, CORVI, 1966. p. 10.

98
De acuerdo con la Memoria del Ministerio de la Vivienda, adjunta al Mensaje Presidencial de
1967, se habrían distribuido 10.289 sitios con 4.580 viviendas provisorias y 7.792 definitivas, dando
origen a 20 poblaciones en 10 comunas de Santiago. En: Tercer Mensaje Presidencial, 1967, p. 449.
99
En la Memoria del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo adjunto al Tercer Mensaje presidencial
Continúa en la página siguiente.

306
En esta etapa de la Operación Sitio se recurrió a diversas estrategias y
materiales de construcción. Se llamó a las empresas de la construcción para
que presentaran propuesta de viviendas prefabricadas. Concurrieron 49 pro-
ponentes que sugirieron variados procedimientos, de los cuales se seleccionaron
5 sistemas que respondieron a diversas características constructivas y de ma-
teriales de construcción.100
Estos diversos sistemas se aplicaron en las primeras poblaciones surgi-
das de la Operación Sitio, y desde el punto de vista del gasto del Estado
implicaron, considerando todos los componentes de la Operación Sitio, inver-
tir sobre 45 millones de escudos en trabajos de urbanización y armado de
mediaguas y letrinas; otros 44 millones en casas prefabricadas; aproximadamen-
te 3,5 millones en mediaguas y letrinas propiamente tales, un poco más de 300
mil escudos en materiales de construcción y sobre 6 millones de escudos en
equipamiento comunitario. La Operación en conjunto le costó al Estado, en
moneda de diciembre de 1998, la suma de $ 15.786.789.458101.
Finalmente, la Operación Sitio, en esta primera fase implicó todo un
esfuerzo administrativo para una tarea en que si bien el Estado contaba con
experiencias anteriores, implicaba variados desafíos y dificultades que salvar.
Así, en una evaluación interna de la CORVI, de la Sección de Servicio Social, se
reconocieron diversas trabas administrativas, entre otras, que durante las pri-
meras semanas se contó solamente con 30 asistentes sociales, de las cuales 15
tenían la responsabilidad administrativa y técnica de cada comuna, además
de la atención de dirigentes de comités de vivienda; pérdida de tiempo en la
redacción de oficios solicitando la contratación de nuevo personal; falta de
vehículos para trasladar a las personas a los diversos lugares de trabajo; impo-
sibilidad de disponer a tiempo las “tarjetas remington”, lo que dificultaría luego
comprobar la doble inscripción; exigencias de la Contraloría en orden a que
las nuevas contrataciones de asistentes sociales demostraran que no había

al Congreso, los totales de obras difieren parcialmente de los presentados por la CORVI. En la
referida Memoria, se indica, que en las 20 poblaciones nacidas de la Operación Sitio, “se han
construido 12 escuelas, con 139 aulas y talleres, 9 centros sociales, 20 parvularios, 78 locales
comerciales y 23 plazas de juegos infantiles”. En “Tercer Mensaje...” Op.cit. pág. 449.
100
Grupo A, sistemas en base a tabiquería con estructura de madera, revestida por ambas caras, formando
paneles; Grupo B, sistemas con estructuras de madera en empalizadas macizas; Grupo C, sistema
con estructura de paneles llena de madera natural o aglomerada, revestida por ambos lados; Grupo
D, sistema con estructura metálica y rellenos de placas de hormigón o albañilería; y Grupo E,
sistema con estructura de hormigón armado, placas del mismo material aglomerado, estucado con
mortero de cemento por ambas caras. Operación Sitio, op. cit., p. 13.
101
Operación Sitio, op. cit., p. 12.

307
incompatibilidad con otras ocupaciones, lo que sumado a los bajos salarios
hacía desistir a estas de seguir trabajando en el programa102.
Sin embargo, más allá de estos problemas administrativos de la CORVI, el
Programa “Operación Sitio” se fue consolidando en el tiempo y llegó a ser un
componente orgánico del Plan de Viviendas de la administración demócrata cris-
tiana103 , de tal manera que hacia fines del Gobierno de Eduardo Frei M., en 1970,
se contabilizaron a nivel nacional, la habilitación de 121.291 “sitios urbanizados o
semi-urbanizados”, de los cuales 70.793 correspondían a la Operación Sitio, y la
construcción de 49.338 viviendas provisionales, mediaguas y casetas sanitarias104.

CUADRO Nº 44
Urbanizaciones de sitios

Viviendas Provisionales

Fuente: Memoria MINVU, Sexto Mensaje Presidencial, Stgo., 1970, p. 567 y 568.

El sistema, desde el punto de vista administrativo se fue perfeccionan-


do, sobre todo a partir del Decreto Supremo Nº 553 del Ministerio de la Vivienda
y Urbanismo, del 26 de septiembre de 1967, cuando se estableció el Plan de
Ahorro Popular (PAP).
102
Informe sobre la Operación Sitio de la Sección Servicio Social, 13 de septiembre de 1965. Citado
en extenso en: Aspe, “La Operación Sitio” op. cit. págs. 41 y ss.
103
De Ramón en su historia de la ciudad de Santiago indica que “esta administración dio mucha
importancia a la ‘operación sitio’, pensada al principio como solución provisional para las familias
damnificadas por los temporales del crudo invierno de 1965. Pero, luego, se estimó que este programa
permitiría dar una solución realista a la regularización de las grandes poblaciones ‘callampas’”. De
Ramón, Santiago de Chile, p. 293.
104
Memoria del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo. En: Sexto Mensaje del Presidente de la
República don Eduardo Frei M. al inaugurar el período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional.
21 de mayo de 1969. Imprenta del Servicio de Prisiones, Stgo.1970. p. 567.

308
El Plan de Ahorro Popular, se propuso racionalizar la relación entre el
sector público y la familia popular en el campo de las denominadas “solucio-
nes habitacionales” 105. Los criterios que se consideraron, para esta
racionalización fueron entre otros: la administración, el PAP buscaría orga-
nizar los diversos programas habitacionales del MINVU en 5 planes de
acuerdo con la capacidad económica de las familias postulantes a viviendas;
la captación de la demanda, el PAP consideraría la demanda como efectiva y
la definiría de acuerdo a la capacidad de ahorro del postulante; la planifica-
ción habitacional, se organizaría los programas del MINVU de acuerdo con
la demanda efectiva; el financiamiento, se buscaría combinar los ahorros
públicos con la acumulación de ahorro popular; los costos de producción, se
trataría de compatibilizar la demanda efectiva con las ofertas de servicios
habitacionales; la compra de terrenos, se coordinaría a los organismos públi-
cos responsables de la adquisición de terrenos con la demanda efectiva,
aunque se reconocía que ello funcionaría con límites de tiempo y de costos;
la recuperación de fondos; una estructura más fluida para el flujo de infor-
maciones entre el MINVU, los demandantes y el mercado de viviendas, y
finalmente, el PAP se institucionalizaría en CORHABIT106.
Los cinco planes considerados por el PAP fueron los siguientes: sitio
con urbanización mínima; sitio urbanizado; unidad básica de vivienda; Uni-
dad familiar; y, unidad de remodelación107.
El terreno con urbanización mínima consistía, según el Mensaje Presiden-
cial de 1968, en un sitio individual “dotado de los elementos básicos de
urbanización dentro de un loteo con equipamiento mínimo y que corresponde
a la primera etapa de la operación sitio”108. Una descripción más pormenorizada
del Plan 1 del PAP es la que realizó Revista Mensaje, tiempo después:
“El primer plan proporciona en su etapa inicial predios unifamiliares de
160 metros cuadrados de superficie, con cierros de malla de alambre, en con-
juntos que cuentan con calles ripiadas y soleras, redes de agua potable con
pilones y redes eléctricas de distribución y alumbrado. En casos calificados
por el Servicio Social se proporciona una ‘mediagua’, vivienda provisional de
madera de 20 metros cuadrados. Una alta proporción de pobladores posee su

105
Frankenhoff, Charles. “El Plan de Ahorro Popular: Una evaluación positiva” mimeo, 1968, pág. 1.
Facilitado en la Biblioteca del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo.
106
Frankenhoff, op. cit. p. 2 y 3.
107
Ministerio de la Vivienda y Urbanismo. En: Cuarto Mensaje del presidente de la República don
Eduardo Frei. M. al inaugurar el período ordinario de sesiones del Congreso Nacional. 21 de mayo
de 1968. p. 522.
108
Ibídem.

309
propia ‘mediagua’o ‘mejora’, que pueden transportar hasta el sitio asignado.
Si no la tienen, por lo general la adquieren en la Fundación de Viviendas Ho-
gar de Cristo, entidad privada de beneficencia que las produce a escala
industrial y las vende sin utilidades.
“También aprovechan una línea de crédito especial abierta por el Banco
del Estado que les permite adquirir, bajo control de CORHABIT, los paneles y
materiales necesarios para la instalación preliminar.
“En esta primera etapa no existen instalaciones de alcantarillado. Por
ello los servicios higiénicos se reducen a una letrina cuyo pozo debe abrir el
interesado y cuya estructura complementaria puede obtenerse con facilidades
de pago en el Servicio Nacional de Salud.
“Como equipamiento comunitario, el programa comprende escuelas pro-
visionales o definitivas, centros comunitarios y locales comerciales. Cada proyecto
consulta los trazados definitivos de avenidas, calles y pasajes así como las áreas
libres y las reservas para el equipamiento comunitario total y para otros usos del
suelo, de acuerdo a los planes seccionales regulares establecidos”109.
Para participar de este Plan 1, que se correspondía con la Operación
Sitio, los postulantes debían tener al momento de la inscripción, 20 “cuotas
de ahorro” en su Libreta del Banco del Estado. En 1970 la cuota de ahorro era
de $ 719, aproximadamente un dólar de la epoca110. Hecha la inscripción, el
postulante debía depositar 4 cuotas mensuales por el lapso de un año, mo-
mento en el cual y habiendo reunido 68 cuotas, estaba en condiciones de
acceder a un sitio semiurbanizado. Instalado en el sitio, el Plan obligaba a
continuar depositando 5 cuotas mensuales por el plazo de 15 meses, mo-
mento en el cual asignatario reunía 143 cuotas, lo que le daba derecho a un
prestamo de 787 cuotas de ahorro. El monto total reunido, tanto por el aho-
rro previo como por el prestamo se aplicaba al pago del terreno y de las obras
básicas de urbanización; la deuda se saldaba entonces a 14 años, con un divi-
dendo mensual de 5 cuotas de ahorro y un interés de 0,5% anual111. Luego,
vendría la segunda etapa de la Operación Sitio, consistente en edificar una
vivienda definitiva, ya sea en forma individual, mediante sistema cooperati-
vo, a través de un programa de autoconstrucción o, como se ensayó hacía

109
Labadía, Antonio. “La Operación Sitio. Una solución habitacional de desarrollo progresivo”, en:
Mensaje Nº 192. Septiembre de 1970. p. 430.
110
Los fondos depositados en el Banco del Estado, como cuotas de ahorro para la vivienda, no podían
girarse antes de tres años y aumentaba su valor, mes a mes, de acuerdo al alza del costo de la vida,
amén del 2% anual de interés que les daba el Banco.
111
Labadía, op. cit., p. 430.

310
1970, mediante la instalación de una fábrica de viviendas situada en la mis-
ma población112.
El Plan 2 del PAP, de sitio urbanizado, incluía servicios de agua potable,
alcantarillado, luz y pavimentación. Exigía 50 cuotas de ahorro inicial y un plazo
mayor de espera para obtención del crédito necesario para la adquisición del sitio
totalmente urbanizado. El Plan 3, de unidad básica de vivienda, estaba concebido
con un núcleo inicial de vivienda definitiva, de reducido tamaño, con servicios
completos y que podía ampliarse en etapas sucesivas. El Plan 4, de unidad fami-
liar, consideraba una vivienda definitiva de más extensión y también ampliable
mientras que el Plan 5 estipulaba la posibilidad de acceder a una vivienda de
departamento en un edificio en sectores de remodelación popular113.
La Corporación de Servicios Habitacionales, como hemos adelantado
administraba este programa de ahorro popular y fijaba los puntajes para acce-
der a sitio o vivienda, considerando los tiempos de ahorro, el grupo familiar y
la pertenencia del postulante a una cooperativa, organización social o progra-
ma de auto construcción.114
Este programa tal cual lo hemos descrito, más allá del conjunto de con-
sideraciones técnicas que contemplaba, nos parece que establecía dos criterios
relevantes, por una parte, el ahorro previo, que se correspondía con el princi-
pio que cualquiera sea la solución habitacional debía ser pagada por el
interesado y la valoración explícita a la organización de los pobladores. Este
criterio social del programa, desde un punto de vista histórico, es muy rele-
vante, ya que, en primer lugar, realizaba una de las ideas fuerzas de la teoría
de la marginalidad y de la política social del Gobierno, cual era la de conside-
rar la participación activa de los afectados por la falta de vivienda en la solución
de sus problemas, en el entendido que esa experiencia de participación contri-
buía a superar la marginalidad de los pobladores. Pero, en segundo lugar,
también, mirada con perspectiva histórica, es evidente que por esta vía el Esta-
do reconoció y favoreció la organización de los sin casa, dotándolos incluso de
los instrumentos legales mínimos para operacionalizar su presión sobre el Es-
tado cuando este disminuyó la oferta de viviendas. Como veremos más
112
El Ministerio de la Vivienda organizó para 1970 el denominado Plan 20.000/70 que buscaba construir
20 mil viviendas en poblaciones surgidas de la Operación Sitio. Estas construcciones se harían a
partir de fábricas de paneles y partes donde los propios pobladores trabajarían 18 horas a la semana
con la respectiva asesoría técnica para construir sus casas. Labadía, op. cit., p. 430; CORHABIT,
“Operación 20.000/70”; CORHABIT, “Empresas de pobladores para la autofabricación” (folletos
facilitados por Biblioteca del MINVU); San Martín, Eduardo. “Las fábricas de viviendas populares:
Una experiencia de participación”. En: Eure Nº 4, Vol. II, marzo de 1972, p. 159 y ss.
113
Ministerio de la Vivienda, en: Mensaje presidencial, 1968, op. cit., p. 522.
114
Ministerio de la Vivienda, en: Mensaje presidencial, 1968, op. cit., p. 523.

311
adelante, los pobladores aprendieron en tiempo muy corto, que con la inscrip-
ción en CORHABIT, la “libreta con las 20 cuotas” y la organización de un comité
de sin casa, podían demandar “legítimamente” al Gobierno por un sitio o una
casa. Es más, podrían interactuar activamente con las autoridades de la vi-
vienda, cuando contaban con una buena organización, ya que podían –y así lo
hicieron– elegir terrenos en la ciudad, “tomárselos” previo convenio con su
propietario y presionar luego al Ministerio de la Vivienda para que con “sus
ahorros” –las cuotas acumuladas por los miembros de un comité sin casa–
adquiriera los terrenos y organizara la respectiva “operación sitio”.

Las realizaciones del Plan Habitacional y la presión


popular.
La Operación Sitio fue un componente orgánico del Plan Viviendas, es-
pecialmente con relación a los más pobres de la ciudad, pero, ciertamente, el
Plan Habitacional del Gobierno de Eduardo Frei M. tenía mayores alcances y
desde el naciente Ministerio de la Vivienda se buscó elevar la construcción de
nuevas viviendas y poblaciones, con sus respectivos equipamientos comuni-
tarios, regular el mercado del ramo y remodelar algunas ciudades con
megaproyectos, que llegarían a representar significativas modificaciones en el
orden urbano, tanto en algunas provincias como en Santiago.
El primer año de Gobierno, indicó Frei había que superar el cuadro
recesivo en que se encontraba la industria de la construcción. Se programaron
46 mil viviendas, no obstante lo cual se inició la construcción de 52.520 inclu-
yendo al sector público y privado. Ese mismo año, mediante el decreto supremo
se puso término a la edificación de “viviendas de lujo” que se construían bajo
el amparo de las franquicias legales del DFL 2 así como se rebajó el monto de
los dividendos de viviendas provenientes del sector público, bonos para las
viviendas de radicación y renegociación de deudas hipotecarias.
Junto a la construcción de las nuevas viviendas, se incrementó también
los gastos en equipamiento comunitario, de tal modo que este se elevó al 10,8%
del presupuesto total de viviendas respecto del sexenio anterior que había al-
canzado al 4,1%115. Finalmente, respecto de las operaciones de emergencia,

115
Para efectos de incrementar el equipamiento comunitario, se suscribieron convenios con la Misión
Económica de los Estados Unidos de Norteamérica en Chile y con la Agencia para el Desarrollo
Internacional. En este contexto, se habilitaron centros comunitarios en Arica, Antofagasta, y en las
Poblaciones José María Caro, Joao Goulart, Barrancas y San Bernardo en Santiago. Ministerio de
la Vivienda y Urbanismo. En “Segundo Mensaje Presidencial”, 1966. op. cit., p. 314.

312
como ya hemos visto, el año 1965 fue especialmente crítico debido a los efectos
del sismo y los temporales de ese año, que llevaron a iniciar la Operación Sitio
y a distribuir sobre 40 mil “viviendas de emergencia”116 .
El segundo año de Gobierno ya no fue tan auspicioso en cuanto a la
cantidad de nuevas viviendas construidas, ya que solo se iniciaron 28.736,
aunque paralelamente se iniciaron los proyectos tendientes a producir signi-
ficativas remodelaciones en sectores céntricos de ciudades como Arica,
Antofagasta, Valparaíso y Santiago, así como un programa de asistencia a
municipios para el “desarrollo local”.
En Santiago, los principales proyectos de remodelación fueron el de San
Borja, que transformaría por completo una extensa área del centro de la capital
y el de San Luis, en el sector oriente de Santiago, amén de otras obras destina-
das a mejorar el sistema vial de la ciudad capital.
Ciertamente, la Remodelación San Borja, fue a fines de los años sesenta,
la obra de mayor envergadura realizada por la Corporación de Mejoramiento
Urbano (CORMU), ya que se trató de la más completa transformación de un
sector de 22 hectáreas en pleno centro de Santiago, entre las calles Avda. Ber-
nardo O’Higgins, Vicuña Mackenna, Lira y Curicó. Sus propósitos, como el de
otros proyectos de remodelación, fue el de controlar y disminuir el ritmo de
crecimiento periférico de las ciudades, aumentar la densidad de ellas, mejorar
y concentrar el equipamiento urbano, disminuir los problemas de transporte
público y eliminar focos de deterioro existentes “reemplazando aquellos esta-
blecimientos cuya ubicación en anacrónica por nuevas viviendas y servicios
adecuados a la ciudad moderna”117.
El proyecto de Remodelación San Borja, se puso en marcha en enero
de 1968, estimándose en ese momento, una primera etapa de ejecución de
obras de infraestructura general y de 13 torres que debían dar cabida a 1.622
viviendas de 70 m2 cada una, que albergarían a más de 9 mil personas. La
primera etapa, que debía estar terminada a mediados de 1970, daría lugar
luego a una segunda etapa con número semejante de viviendas y población,
de tal modo que la Remodelación en su conjunto comprendería 3.287 vivien-
das y 18.960 habitantes. Solo la primera etapa de este megaproyecto significó
una inversión de 150 millones de escudos118.
116
Segundo Mensaje del Presidente de la República, don Eduardo Frei M. al inaugurar el período
ordinario de sesiones del Congreso Nacional, 21 de mayo de 1966. p. 8 y ss.
117
Ministerio de la Vivienda y Urbanismo. En: Tercer Mensaje del Presidente de la República de
Chile al inaugurar el período ordinario de sesiones del Congreso Nacional. 21 de mayo de 1967.
p. 441 y 442.
118
Ministerio de la Vivienda. En: Quinto Mensaje del Presidente de la República de Chile, don
Eduardo Frei Montalva al inaugurar el período ordinario de sesiones del Congreso Nacional. 21
de mayo de 1969. p. 546.

313
Junto a las grandes obras de remodelación, iniciadas en Santiago como
en algunas capitales de provincia, se inició también un programa encaminado
a asistir técnica y profesionalmente a los municipios en la programación del
desarrollo local, a través de estudios de pre-inversión, oficinas locales de pro-
gramación y manuales de operación119. A través de esta iniciativa se buscaba
capacitar a los municipios en la programación del desarrollo de sus localida-
des, integrando los aspectos socio-económicos y su impacto en la planificación
física. Los estudios de pre-inversión eran encargados por el MINVU a “ofici-
nas especializadas integradas por equipos interdisciplinarios” y luego revisados
por los municipios; por su parte, las oficinas locales editaban manuales de
operación que buscaban orientar la participación de las comunidades locales
en la formulación de los programas de inversión del MINVU, así como la puesta
al día de los planos regulares tanto comunales como intercomunales. Se espe-
raba, a través de estos programas ir descentralizando la planificación de
inversiones del MINVU, de tal modo de detectar los problemas desde la loca-
lidad e ir adecuándolos y conciliándolos con la política nacional120. Este
programa, a juzgar por la información que proporciona el MINVU, en los res-
pectivos Mensajes Presidenciales, se mostró más activo en algunas capitales de
provincias que en Santiago. Según Palma y Sanfuentes, se avanzó en la planifi-
cación del desarrollo urbano y un indicador de ello fue el que en los años
1965-1967 se elaboraron 47 planes reguladores, mientras que en las tres décadas
anteriores solo se habían elaborado 82. Sin embargo, nos confirman estos analistas
que los intentos de planes reguladores de características metropolitanas –para
Santiago, Valparaíso y Concepción– no prosperaron, por la absoluta heteroge-
neidad de instituciones que prevalecían en estos conglomerados urbanos121.
En una mirada de conjunto, es evidente que la política habitacional del
Gobierno de Frei representaba un conjunto complejo de operaciones destina-
das a incrementar la vivienda, tanto popular como para otros sectores, una
política integral de equipamiento comunitario, iniciar obras de mejoramiento
y de desarrollo urbano y avalar estas diversas iniciativas con un soporte finan-
ciero e institucional adecuado. Ahora bien, desde el punto de vista de la
construcción de viviendas, la administración democratacristiana, al decir de
Bravo y Martínez, batió un récord histórico: se construyeron 228.398 viviendas
definitivas, con lo que se lograba satisfacer las necesidades de crecimiento y

119
Ministerio de la Vivienda. En: Tercer Mensaje del presidente, 1967, op. cit., p. 438.
120
Ministerio de la Vivienda. En: Quinto Mensaje presidencial, 1969, op. cit., p. 524 y ss.
121
Palma y Sanfuentes, op. cit., p. 37.

314
reposición y absorber, en un grado importante, el déficit habitacional de arras-
tre122.
Entre las principales obras del Gobierno de Frei, los analistas arriba cita-
dos, destacan en la labor directa de la CORVI, la construcción de la Unidad
Vecinal Presidente Frei (más conocida como “Villa Frei” en la comuna de Ñuñoa,
en el sector de Irarrázabal con Ramón Cruz) y la Población Conchalí en la
comuna del mismo nombre. En el campo de las remodelaciones, destacan tan-
to la Remodelación San Borja como el Parque Inés de Suaréz, este último ubicado
en la comuna de Providencia (Antonio Varas con Bilbao), y el inicio de la
Remodelación San Luis, en la comuna de Las Condes. Finalmente, destacan
también estos autores, los planes de autoconstrucción, los programas experi-
mentales de la CORVI como la denominada Operación 2000/70 y por supuesto
la más conocida Operación Sitio.
Con todo, la meta alcanzada estuvo por debajo de los planes originales
de construir 360 mil viviendas en los seis años de gobierno, en la práctica se
alcanzó algo más del 60% de la meta propuesta en términos cuantitativos. A
este respecto, en su último Mensaje al Congreso, del 21 de mayo de 1970, el
MINVU, junto con hacer una exhaustiva presentación de lo logrado durante
los seis años de la administración democratacristiana, reconoció que ya el año
1966 se redefinieron las metas del Plan Habitacional considerando dentro de
este, las “soluciones habitacionales”:
“El Plan habitacional contemplaba inicialmente la construcción de
360.000 viviendas en el período de 1965 a 1970. En el año 1966 se redefinió la
meta para considerar las “soluciones habitacionales”... destinadas a familias
que vivían en poblaciones marginales u otro tipo de viviendas deficitarias,
soluciones que debieron ser aceptadas ante la urgencia que significaba aten-
der las necesidades habitacionales”123.
Las soluciones habitacionales, se sostuvo, ofrecían condiciones de vida
mejores que las de las “callampas”, ya que permitían un mejoramiento gra-
dual de las condiciones habitacionales y de equipamiento comunitario básico.
Se consideraban “soluciones habitacionales” los programas de erradicación,
rehabilitación de poblaciones o las acciones frente a situaciones de emergencia
habitacional (lanzamientos, construcciones ruinosas o insalubres, etc.). De este

122
Bravo y Martínez, op. cit., p. 19. Para una visión panorámica de la construcción durante todo el
período, ver Anexo N° 3.
123
Ministerio de la Vivienda. En: Sexto Mensaje del Presidente de la República de Chile, don Eduardo
Frei Montalva al inaugurar el período ordinario de sesiones del Congreso Nacional, 21 de mayo de
1970, p. 568.

315
modo el Plan Habitacional, desde el punto de vista de la cantidad y el tipo de
viviendas construidas, fue redefinido en los siguientes términos:
a) la construcción de 230.000 viviendas definitivas, en las cuales se in-
cluyen 30.000 viviendas que, en la primera etapa, serían provisionales,
b) 100.000 operaciones sitio, de las cuales 70.000 tendrían viviendas pro-
visionales, en la primera etapa del proceso, y
c) 60.000 viviendas provisionales”124.
La redefinición programática, evidentemente, como comentan Palma y
Sanfuentes implicó el descenso en los estándares habitacionales, lo que obede-
ció a variadas causas. Entre ellas, probablemente la más aceptada sea la
inflación:
“En 1967, cuando se abandonaron las metas originales, el Gobierno en-
frentaba un recrudecimiento de la inflación, la que tuvo que combatir con
políticas económicas contractivas, en las cuales un gran peso se concentró en
la reducción del gasto público. Como es tradicional en Chile, el principal ajus-
te fue la construcción (obras públicas y viviendas)”125.
Sin embargo, no fue esta la única causa de la modificación del plan origi-
nal, ni de los resultados globales de la política habitacional del gobierno. También
se puede anotar otra, tanto más relevante que la inflación, la “falta de correspon-
dencia entre la oferta de viviendas y las necesidades de la población”126.
El Plan adolecía, a juicio de Palma y Sanfuentes, de tres errores básicos, en
primer lugar, el que había sido formulado muy influenciado por la administra-
ción anterior, que había cuantificado su accionar en casas de material sólido; en
segundo lugar, que “el cambio general del país” aumentó las necesidades mu-
cho más allá de las 360 mil soluciones prometidas; y, en tercer lugar, que en las
experiencias de desarrollo social se comprobó que los grupos de más bajos in-
gresos no podían tener acceso a la vivienda aun con fuertes subsidios127. Se podrían
considerar otros factores, pero resulta evidente que los dos últimos problemas
indicados estuvieron a la base de lo que ha sido considerado como el principal
problema de la política de vivienda de Frei, que ella se desarrolló, sobre todo en
la segunda mitad de su administración, en medio de fuertes presiones sociales,
provenientes especialmente de los sectores pobres de la sociedad.
Respecto de este punto, Palma y Sanfuentes indican que “la movilización
social fue adquiriendo una progresión notoria, especialmente en la demanda de

124
Ibídem.
125
Palma y Sanfuentes, op. cit., p. 36.
126
Palma y Sanfuentes, op. cit., p. 35.
127
Ibídem.

316
soluciones habitacionales”128, mientras que Bravo y Martínez anotan que más
allá del récord histórico en cuanto a construcción de viviendas, hacia fines de la
administración democratacristiana, la “movilización ya estaba en marcha” y las
“tomas” subieron de año en año, especialmente entre 1968 y 1970129.
Pero, antes de considerar este fenómeno que no solo modificó los planes
del Gobierno de Frei, sino que desató globalmente las demandas de los pobla-
dores sin casa, es necesario que nos refiramos a otro de los aspectos programáticos
relevantes de la administración demócrata cristiana en cuanto a la superación
de la marginalidad. Nos referimos a la cuestión de la organización popular y la
Ley de Juntas de Vecinos.

La Promoción Popular y la Ley de Juntas de Vecinos


Tanto en la “memoria social” como en la “memoria histórica”,130 una de
las realizaciones más recordadas del Gobierno de Eduardo Frei Montalva, es
que en ese período se dictó la Ley de Juntas de Vecinos. Su funcionamiento y
eficacia siguen siendo hasta hoy un tema de debate, ya que desde su origen,
las juntas de vecinos fueron concebidas como instancias de participación po-
pular y el legislador, en principio al menos, no haría otra cosa que sancionar la
institucionalización de esa participación. Sin embargo, no era, ni es hasta hoy,
una cuestión fácil de resolver, el de las formas en que los vecinos de un territo-
rio participan en la gestión de su espacio así como del conjunto diverso de
prácticas sociales, políticas y culturales que allí se desarrollan. En los años se-
senta, con todo, se habían acumulado suficientes razones para que la cuestión
de la participación en el ámbito local y comunitario se volviese relevante.
En primer lugar, se sabía que los pobladores eran portadores de largas e
históricas tradiciones organizativas, que en un sentido histórico-cultural muy
amplio, se podían hacer remontar al pasado municipal español, a las formas del
poder local colonial y a la ley de comuna autónoma. Pero, en realidad, con rela-
ción a los pobres de la ciudad, durante el siglo XX, estas tradiciones, se podían
128
Palma y Sanfuentes, op. cit., p. 36.
129
Bravo y Martínez, op. cit., p. 21.
130
Una interesante distinción que escuché del historiador Gabriel Salazar al referirse a los problemas
de la memoria, en cuanto a que una es la memoria social de los diversos grupos de la sociedad, y
otra, la que construyen de modo sistemático o “científico” los historiadores de oficio. En: Seminario
“Memoria para un nuevo Siglo”, organizado por ECO, Educación y Comunicaciones y el Instituto
de Historia de la Universidad de Santiago. Santiago, agosto de 1998. Una elaboración más reciente
de esta distinción he desarrollado en: Garcés, M. “Recreando el pasado. Guía metodológica para la
memoria y la historia local”. Dcto. de trabajo, Eco, Stgo. 2002.

317
hacer remontar a las Ligas de Arrendatarios de los años veinte, y sobre todo, a esa
gran diversidad de comités y agrupaciones que se venían multiplicando desde los
años cuarenta y que ora se organizaban en función de determinados adelantos
locales, ora para expandir la sociabilidad y la recreación, ora, directamente, para
demandar al Estado la solución de los problemas habitacionales.
En segundo lugar, “las inspiraciones desalianas” fueron compartidas
no solo por la Iglesia Católica así como por intelectuales e instituciones vincu-
ladas a ella, sino también por importantes sectores de la Democracia Cristiana
y no menos importante, como ya veremos, por el equipo de personas más
cercanas al presidente Frei. Finalmente, era también consustancial al progra-
ma político de la DC, como lo declaró el presidente Frei en su primer mensaje
al Congreso, vincular el desarrollo económico con desarrollo social:
“La realización del plan de desarrollo económico debe ir acompañado,
simultáneamente de un proceso de desarrollo social, sin el cual aquel no solo
carecería de sentido, sino que en las condiciones de la sociedad democrática
moderna sería técnicamente imposible.
“No hay para el Gobierno desarrollo económico si no hay simultá-
neamente una política social bien definida, como asimismo sería imposible el
progreso social en una economía estagnada”131.
Un componente fundamental de la política social del Gobierno de Frei
era la “promoción popular” que haría posible la integración de los sectores
marginados a la sociedad. Como declaró el Presidente, había que “abrir los
cauces para que estos grupos debidamente organizados alcancen su integra-
ción en la comunidad y puedan incorporarse útilmente al esfuerzo creador y,
por consiguiente, al bienestar y al progreso”132.
Tres propósitos, según el Presidente, debían animar la acción de la “pro-
moción popular”: (a) el fomento de la organización de base; (b) hacer de la
tarea de integración social una prioridad programática; (c) provocar cambios
institucionales.
Con relación a los cambios institucionales, el presidente Frei anunció en
1965, que el Ejecutivo enviaría al Congreso un proyecto de ley encaminado a
dar personalidad jurídica a las juntas de vecinos e integrarlas y darles repre-
sentación en el sistema municipal; que sería también necesario perfeccionar el
sistema de cooperativas y darles reales posibilidades de financiamiento; reali-
zar una política de “protección a la familia” acentuando la acción de
instituciones culturales y deportivas; y por último, en este campo de reformas,

131
Mensaje presidencial, 1965 op.cit., p. 65.
132
Mensaje presidencial, 1965 op.cit., p. 66.

318
se consideraba también necesario modificar la legislación del trabajo, en todo
aquello que se refería a la organización sindical “para hacerla más libre”133.
La “promoción popular” si bien debía constituir una filosofía de gobier-
no, una orientación general para la administración, implicaba también tareas
concretas, tales como aquellas que se derivaban del apoyo a las organizaciones
de base, la preparación de proyectos de ley así como la realización de accio-
nes de emergencia. Estas últimas, a juicio del Presidente, sin ser la sustancia
misma de la “promoción popular”, debían considerarse como acciones de apoyo
y estímulo necesario para integrar a pobladores y campesinos: construcción
de sedes vecinales, dotación de agua potable, instalación de teléfonos públi-
cos, capacitación de dirigentes populares, etc.
No existía, sin embargo, una agencia estatal –más allá del apoyo que po-
dían encontrar los pobladores en las redes de asistentes sociales vinculadas al
Estado–, que pudiera hacerse cargo de este conjunto de tareas encaminadas a
producir la integración de los sectores denominados marginales. Esta fue una
de las razones que llevó al Ejecutivo a organizar desde la Presidencia una
Consejería Nacional de Promoción Popular, la que inició sus funciones sin una
sanción legal explícita y para la cual el Ejecutivo solicitó en 1965, un reconoci-
miento institucional del Congreso Nacional, a través de un proyecto de ley que
incluía tanto esta iniciativa como la de legalización de las juntas de vecinos.
En el Congreso Nacional se verificó un largo debate, particularmente en
el Senado, en torno a este proyecto de ley y su principal obstáculo estuvo en la
confluencia de ambas iniciativas. En efecto, mientras con dificultad se logró
acuerdo para legislar en torno a la Ley de juntas de vecinos, no ocurrió lo
mismo con la creación de la Consejería Nacional de Promoción Popular.
El consenso con relación a sancionar jurídicamente la existencia de las
Juntas de Vecinos tenía un asidero histórico reconocido, las propias tradiciones
organizativas de los sectores populares y la relación que los diversos partidos
políticos, del centro y de la izquierda, habían establecido con ellas. Por el contra-
rio, la oposición al gobierno de Frei vio en la creación de la Consejería Nacional
de Promoción Popular, la posibilidad de que el gobierno contara con un instru-
mento político desproporcionado en favor de su acción proselitista.

La Promoción Popular

Hernán Poblete, escritor y comunicador social, trabajaba en 1964 en la


Unidad de Difusión de DESAL, pero al mismo tiempo participaba también
133
Mensaje presidencial, 1965 op.cit., p. 67.

319
activamente en la campaña presidencial de Eduardo Frei, colaborando con el
denominado Comité Creativo de la campaña. Y cuando Frei fue elegido presi-
dente –recuerda Hernán Poblete– pidió a la gente que había trabajado en este
Comité que se integrara al Gobierno y a Sergio Ossa que se encargara de la
tarea de organizar la Consejería Nacional de Promoción Popular, organización
que dependería directamente de la Presidencia:
“Yo era amigo de Sergio Ossa, muy amigo de Benjamín Maluenda, que
fue de los primeros llamados por Sergio Ossa para trabajar ahí. Así que al mes
de haber asumido Frei, me fui a trabajar para allá, para organizar esta unidad
que estaba especialmente dedicada a la difusión, a producir folletos, para que la
gente entendiera qué era esto de la Promoción Popular, que no era promoción
política, ni de partido; sino que era desarrollo de la comunidad, cómo se podía
organizar, qué era una junta de vecinos, qué era un centro de madres...
Creo que, por lo menos, desde que yo llegué hasta el año 68, sacamos
más de un millón de ejemplares... entre las poblaciones. Contamos con la cola-
boración de un gran escritor, Enrique Bunster, y un equipo de dibujantes,
personas muy intachables, de gran calidad”134.
Benjamín Maluenda, por su parte, recuerda que también trabajó en la cam-
paña de 1964, como viejo militante de la DC, que venía desde tiempos de la
Falange y que en ese período, el de la campaña, se formuló un verdadero “pro-
grama de Gobierno” para lo que constituyeron diversas comisiones de trabajo:
“Entonces ahí, empezó a surgir el problema de las organizaciones po-
pulares, de la situación de los pobladores como un tema de esa discusión (del
programa). Entonces, personas que estaban prácticamente vinculadas a DESAL
aportaban las ideas, que tenían la filosofía que planteaba el cura Veckemans.
Se recogieron con mucho interés sus planteamientos y se formuló un compro-
miso programático para procurar estimular, favorecer, de alguna manera,
desarrollar la organización de las comunidades vecinales, y prácticamente es
en ese período cuando aparece el nombre de Promoción Popular...”135.
Como nos indica Benjamín Maluenda, en esta etapa hubo una relación
estrecha con los planteamientos de DESAL, que se prolongaron hasta el mo-
mento inicial de la Consejería, que comenzó a organizar Sergio Ossa. Sin
embargo, surgieron pronto discrepancias en el sentido de que no se seguían
con fidelidad los planteamientos de DESAL. Ello determinó, a juicio de
Maluenda, que si bien hubo una inspiración inicial, DESAL no tuvo ninguna
tutela ideológica en el desarrollo de la Promoción Popular. Por su parte, Hernán

134
Entrevista a Hernán Poblete, Santiago, 28 de noviembre de 1995.
135
Entrevista a Benjamín Maluenda, Santiago, 1 de diciembre de 1995.

320
Poblete, insiste en que los principales propósitos que animaron a la Promoción
Popular eran el apoyo y estímulo de la organización social:
“Principalmente, el crear conciencia de la necesidad de organizarse y
explicarles cómo se pueden organizar democráticamente, ya sea en una junta
de vecinos, en un centro de madres, en un centro de padres, en un club juve-
nil... en lo que sea. Cómo se deben elegir los dirigentes, qué es ser un buen
dirigente... Había un folleto muy bueno que redactó Martín Correa, sobre
qué era ser un buen dirigente, qué significa ser un dirigente democrático,
no autoritario. La idea era instruir a la gente en estas cosas, en explicar que
la sociedad era un tejido en que todos formábamos parte, que había necesi-
dad de expresarse y que el modo de hacerlo era estar organizados. Las voces
solitarias no se oyen”136.
En su segundo mensaje al Congreso, el presidente Frei, insistió en el
doble carácter de la marginalidad, el no acceso a los bienes y servicios, y la
ausencia de una real participación en la toma de decisiones, todo lo cual afec-
taba la posibilidad de construir una democracia para el país sobre bases sólidas.
La marginalidad, sostenía el Presidente, en los términos antes descritos, com-
prometía prácticamente al 50% de la población. La tarea, entonces, era inmensa
y el Gobierno, a pesar de no contar con los medios legales y económicos ade-
cuados –la Consejería carecía de una sanción legal específica– estaba por seguir
avanzando en una auténtica política de promoción popular:
“Hemos dicho reiteradamente que no hay Revolución sin la participa-
ción del pueblo; pero, para que el pueblo pueda ser el actor principal de todo
el proceso de cambio, él debe organizarse”137.
A estas alturas del gobierno de Frei, las tareas de la Consejería Nacional
de Promoción Popular, se habían precisado más. Esta debía, por una parte,
trabajar en el apoyo a la organización popular a través de la capacitación, la
extensión de los servicios públicos y el equipamiento de las poblaciones. Por
otra parte, debía paralelamente trabajar en los proyectos de ley que harían
posible las reformas del sistema institucional para favorecer la integración de
los sectores marginales138.
En la organización de la Promoción Popular, junto a Sergio Ossa, juga-
ron papeles importantes Sebástian Vial, Claudio Orrego, Armando de Ramón,
Leonel Calcani, Hernán Poblete y Benjamín Maluenda, que llegó a ser Director
Nacional. Estas personas conformaban el equipo directivo de la Promoción

136
Poblete, entrevista ya citada.
137
Segundo Mensaje presidencial, op.cit. p. 17
138
Segundo Mensaje presidencial, op.cit., p. 18

321
Popular, que se relacionaban con “delegados” a nivel de las intendencias,
gobernaciones y comunas a lo largo del país, llegando a configurar un perso-
nal de cerca de 1.800 personas.
Según Poblete, el equipo directivo estaba en contacto directo y perma-
nente con estos delegados, con ellos se organizaban reuniones y seminarios
tres o cuatro veces al año, con el objeto de coordinarse y de mantenerse al día
en el pensamiento de la Promoción Popular, “y evitar que esta se politizara”:
“La gran acusación era que nosotros trabajábamos para el partido De-
mócrata Cristiano, lo que era absolutamente falso. Teníamos excelentes
promotores que eran evangélicos, masones, radicales, comunistas. Trabajamos
muy bien con grupos comunistas”139.
Respecto de este problema, la politización de la Promoción Popular,
Benjamín Maluenda también lo recuerda como un asunto problemático, no
solo con los partidos de la oposición, sino con militantes de su propio partido.
Recuerda constantes crisis con el Partido Demócrata Cristiano porque nunca
quisieron que la Consejería se transformara en un elemento de promoción po-
lítica, su acción debía ser una acción de Estado:
“Eso vitalizaba la relación con la comunidad, porque las comunidades
urbanas, los grupos, las organizaciones, nos dieron bastante confianza porque
constataron que nosotros en ese terreno, no estábamos haciendo política, está-
bamos haciendo política de gobierno, pero no política partidista. Eso nos
enfrentó mucho con los partidos políticos de todos los sectores...”140.
Respecto de las tareas específicas de promoción que realizaba la
Consejería, Frei en su tercer mensaje al Congreso de 1967, destacó que aunque
este organismo no contaba con una existencia jurídica, había trabajado en la
formulación de la Ley de Juntas de Vecinos, que se encontraba en trámite en el
parlamento así como en la preparación de un proyecto de ley sobre sanea-
miento de títulos en poblaciones irregulares. Junto al trabajo legislativo de la
Consejería, el Presidente llamó la atención sobre una de las acciones prácticas
de mayor contenido social, la denominada Operación Invierno, acción desti-
nada a paliar los problemas que se producían en las poblaciones marginales
durante la temporada de lluvias. La Operación Invierno, en términos concre-
tos se tradujo en emparejamiento y ripiado de calles, colocación de soleras,
creación de aceras, construcción de desagües, refugios en los paraderos de
micros, drenaje de canales, etc. Y aparte de estos aspectos materiales, la Opera-
ción Invierno había permitido también, según el Presidente, “medir la capacidad

139
Poblete, entrevista ya citada.
140
Maluenda, entrevista citada.

322
de coordinación entre diversos Servicios del Estado, los particulares y la co-
munidad organizada”141. Esta iniciativa de la Promoción Popular se materializó
en 200 poblaciones y 17 provincias del país.
Finalmente, con relación a las actividades de asesoría a las organizacio-
nes populares, indicó el presidente Frei en 1967, la Consejería venía realizando
una amplia tarea de capacitación de dirigentes. Entre otras acciones educati-
vas, destacó la capacitación de más de 77 mil dirigentes, la edición de más de
1.800.000 ejemplares de material educativo, la asesoría jurídica, técnica y cul-
tural a más de 14 mil organizaciones populares142.
La Promoción Popular, como ya habíamos adelantado, tuvo una parti-
cipación activa en la elaboración de proyectos de ley relevantes para los sectores
populares, especialmente poblacionales; entre ellos, el proyecto de ley que lle-
vó a legalización de las juntas de vecinos y organizaciones comunitarias y el
proyecto de ley de Saneamiento de Títulos de Dominio143 . Ambos proyectos se
transformaron en leyes de la República durante 1968.

La ley de Juntas de Vecinos y de organizaciones comunitarias

Diversos actores políticos, en también diversos momentos políticos,


intervinieron para dar vida a una ley que sancionara la existencia jurídica de
las juntas de vecinos y organizaciones comunitarias.
En 1963, el senador de la Democracia Cristiana, Radomiro Tomic144 hizo
una presentación al Congreso en que planteaba el reconocimiento de estas orga-
nizaciones así como la expropiación de los predios urbanos ocupados por la vía

141
Tercer Mensaje presidencial. op. cit., p. 492.
142
Tercer Mensaje presidencial, 1967. op. cit., p. 14 y 15.
143
La ley de Saneamientos de Títulos de Dominio fue promulgada el 22 de marzo de 1968 y permitió
enfrentar un problema que se arrastraba por décadas. Al momento de la aprobación de esta ley, se
estimaba que podía favorecer a unas 80 mil familias. De hecho la Consejería de Promoción Popular
reconocía este año, haber atendido problemas en 220 poblaciones con beneficio para 95.940 personas, a
37 cooperativas beneficiando a 6.776 personas, 85 Centros Madres, 65 Clubes Deportivos y a 20 Centros
Culturales, con beneficio para otras 10.127 personas. Cuarto mensaje presidencial, 1968, op.cit. p. 559.
144
Radomiro Tomic R. Abogado. Nació en Antofagasta en 1914 y realizó sus estudios en el Colegio San
Luis de Antofagasta y en la Universidad Católica. Fue presidente del Centro de Derecho de la UC y de
La Federación de Estudiantes de esta misma Universidad. Fundador y director de “Lircay” (1934);
“Nuestro Tiempo” (1936) y “Política y Espíritu” (1941). Director del Diario El Tarapacá desde 1937
a 1941. Diputado por Tarapacá, elegido en 1941 y reelegido en 1945. Senador por Tarapacá y
Antofagasta hasta 1953 y reelegido en 1961-1965 por Aconcagua y Valparaíso. En 1965 fue nombrado
Embajador Plenipotenciario de Chile ante el Gobierno de EE. UU. Fundador de la Falange Nacional
en 1935 y Presidente de ese partido en 1946. Autor de numerosas publicaciones relacionadas con
asuntos internacionales, económicos y sociales. Diccionario Biográfico. Op. cit. p. 1548.

323
de los hechos por los pobladores. Como esta última iniciativa requería de una
reforma constitucional, el proyecto de ley de Radomiro Tomic no prosperó.
En 1964, una nueva presentación, esta vez de un grupo de diputados de
la DC, volvió a plantear la cuestión de la legalización de las juntas de Vecinos.
El proyecto de ley lo patrocinaron los diputados Alberto Jerez, Renán
Fuentealba, Graciela Lacoste, Eugenio Ballesteros, Ricardo Valenzuela y Juan
Argandoña. Este grupo de diputados se hacía cargo del obstáculo que había
encontrado el proyecto Tomic indicando en su moción, que buscaban conver-
tir en ley aquello que no requería una reforma constitucional. Fundamentaban
su proposición de legalizar las juntas de vecinos en el hecho que el “conocido
proceso de extensión urbana” había hecho nacer en las grandes ciudades “las
llamadas poblaciones marginales o callampas”, y que por otra parte, la afluencia
de vastos sectores, de todos los estratos sociales y tipos de actividad hacia las
ciudades era “un hecho social de primera magnitud” que la ley debía regular,
“para hacer posible un desarrollo integral de todas las actividades del país
dentro de marcos racionales”145.
Indicaban también los diputados en referencia, que junto al proceso mi-
gratorio que hacía crecer las ciudades, la inflación atentaba contra todos los
planes habitacionales del Estado y que en consecuencia, las poblaciones mar-
ginales habían tenido un origen espontáneo e irregular, constituyéndose “en
franca y abierta violación de la ley”, lo que no obstante, no debía llevar a una
condenación fácil, sino por el contrario “debe asombrarnos la tenacidad, el
coraje y la capacidad de estos chilenos que no se contentan con vivir en la
miseria”. Era esta capacidad, a juicio de los diputados, la que debía ser apro-
vechada plenamente y ese debía ser el principal objetivo de una ley de Juntas
de Vecinos146
En su aspecto más técnico, los diputados reconocían que existían dos
sistemas de administración nacional, el constituido por los ministerios y sus
direcciones generales, y la administración comunal. Era en esta última esfera
en que se debía dar reconocimiento a las juntas de vecinos, aquellas asociacio-
nes que agrupaban a los vecinos de un barrio o población con el objeto de
promover el desarrollo material y cultural de estos vecinos. La ley propuesta
debía “incorporar plenamente a la vida institucional del país a estas organiza-
ciones espontáneas”147.

145
Boletín de Sesiones, Cámara de Diputados, Sesión 9°, 24 de junio de 1964, p. 736.
146
Bolet