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Pontificia Universidad Javeriana

Seminario: San Agustín – el signo.


Profesor: Alfonso Flórez.
Nombre: Miguel Ángel Vencé Duran.
24 de octubre de 2018

CONOCER PARA ENTENDER

La segunda mitad del libro II del De doctrina christiana trata varios puntos que giran en
torno a la cuestión de los signos desconocidos figurados y cómo resolver las dificultades que
estos suponen a la hora de leer las Sagradas Escrituras. El presente escrito tiene como
propósito realizar una exposición e interpretación de esta parte de la obra, esto ultimo en pro
de una mejor comprensión del texto. Pues, a diferencia de los primeros capítulos del libro,
en los que el contenido semiótico estaba expuesto de manera clara y explicita, en la porción
a tratar correspondiente a este escrito las cuestiones puramente semióticas se encuentran
escondidas detrás de diversos ejemplos y temas propuestos por Agustín, exigiendo así una
lectura interpretativa que permita esclarecer algunos aspectos de la obra en cuestión.

A raíz de la división dada en el capitulo X se fijan los temas de los libros II y III, a saber:
signos desconocidos en el II y signos ambiguos en el III. Tanto signos desconocidos como
signos ambiguos se ven relacionados a otra clasificación de los signos, aquella que los divide
en propios y figurados. Dando así cuatro tipos de signos, estos son: signos desconocidos
propios, de los que se hablo en la primera mitad del libro II; signos desconocidos figurados,
de los que se habla en la segunda mitad del libro II y son el foco del presente escrito; y
finalmente signos ambiguos propios y signos ambiguos figurados, de los que se hablara en
el libro III. Teniendo ya un panorama de la cuestión a tratar, es momento de entrar en materia
a la obra.

1
Se comienza hablando acerca de las ciencias, de las cuales existen dos tipos, las instituidas
por el hombre, y las que ya están instituidas (fueron instituidas en el pasado o por Dios) y
solo se descubren. En cuanto a las ciencias instituidas por los hombres, se han de evitar y
aborrecer las que están relacionadas a la superstición, y por ende al demonio, como la
astrología y las artes mágicas (De doctrina christiana, II, 30). Y se han de acoger aquellas
que no sean supersticiosas ni tampoco superfluas, sino útiles y necesarias como la aritmética
y el lenguaje. Tanto de las ciencias instituidas por el hombre como de las descubiertas por
este, se deben acoger sólo aquellas que sean útiles para la lectura de la Palabra del Señor. Es
aquí donde se aborda la historia, ciencia que es de suma importancia para entender los Libros
sagrados, pues, ayuda a aclarar cuestiones y acontecimientos de tiempos pasados. Por otro
lado, aunque ya se había dicho anteriormente, se reitera la importancia de conocer los
animales, las hierbas, los astros y todas las demás cosas en el proceso de intelección de la
Palabra divina (De doctrina christiana, II, 45). Luego de esto se habla sobre las artes
mecánicas y lo útiles que son en la medida en que conocerlas permite “poder juzgar y no
ignorar por completo lo que la Escritura pretende insinuar, cuando inserta expresiones
figuradas tomadas de estas artes” (De doctrina christiana, II, 47).

En este punto del texto aparece un tema importante, a saber: las artes racionales y su
utilidad. Por un lado, tenemos a la aritmética, y por el otro, la dialéctica relacionada a la
lógica y la retórica como se verá a continuación. En cuanto a la aritmética, arte no instituida
por el hombre, su utilidad se manifiesta a la hora abordar las cuestiones numéricas de la
Escritura. Y en cuanto a la dialéctica, su utilidad se manifiesta, si bien no tanto para descifrar
signos desconocidos, lo hace para explicar y resolver ambigüedades (De doctrina christiana,
II, 59). La dialéctica y la lógica también realizan un gran aporte al enseñar las reglas de las
consecuencias, definiciones y distribuciones, siempre y cuando no se piense que por
aprenderlas se posea la verdad, pues, la verdad tanto de las conexiones lógicas como de las
premisas es instituida por Dios y el hombre solo se percata de ella, no la posee. La retórica,
a pesar de ser controversial debido al mal uso que se puede hacer de ella y su capacidad
persuasiva, aporta las reglas de la elocuencia, las cuales son muy útiles a la hora de exponer
lo que se ha entendido.

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Ya finalizando, se afirma que lo dicho por autores paganos que haya sido bueno debe ser
aprovechado. Ejemplo de esto son las ciencias liberales, algunos preceptos morales y una que
otra verdad. También se habla de la disposición del alma que requiere el estudio de la Palabra
divina, centrándose dicha disposición en la caridad. Se comparan los libros paganos con los
Libros sagrados, haciendo notar que estos últimos contienen todo el conocimiento de los
primeros, pero excluyendo lo malo y se concluye el libro con lo siguiente:

No siendo ya un obstáculo los signos desconocidos, para el lector dotado de esta


instrucción, manso y humilde de corazón, sometido con suavidad al yugo de Cristo y
cargado con peso ligero, fundando y afianzando y formado en la caridad, a quien no puede
ya hinchar la ciencia, acérquese a considerar y discutir los signos ambiguos que en las
Escrituras se hallan, sobre los cuales me propongo hablar en el libro tercero lo que Dios
se digne concederme. (De doctrina christiana, II, 63).

Durante todo el libro se dieron varios temas y ejemplos, los cuales tenían un único
propósito, este es: enseñar a superar los signos desconocidos al leer la Escritura. Luego de
concluir la parte semiótica explicita que se encuentra al comienzo del libro, Agustín se
propone a dar las instrucciones para afrontar los signos desconocidos tanto propios como
figurados y al ver las instrucciones en conjunto se puede notar como dichas instrucciones son
un manual para derrotar la ignorancia, un manual para conocer. Conocer es la manera
correcta de afrontar los signos desconocidos, tanto propios como figurados. Los signos
desconocidos propios se afrontan con el conocimiento de las cosas y de las lenguas, con el
conocimiento de los significados concretos. Y los signos desconocidos figurados se afrontan
con el conocimiento de las cosas y de las lenguas, añadiéndoles el conocimiento de otras
ciencias como la historia, la aritmética, la lógica y otras más, pues, para afrontar los signos
desconocidos figurados no solo hay que lidiar con el significado propio de los signos, sino
también desentrañar el talante metafórico de los mismos

Esto significa que aprender sobre los astros, los animales, las hierbas y todas las demás
cosas; aprender historia; aprender aritmética: aprender dialéctica, lógica y retórica; aprender
artes mecánicas; y aprender sobre cualquier cosa o ciencia que no sea supersticiosa o
superflua es útil para entender lo que dicen las Sagradas Escrituras en la medida que aparta
al hombre de la ignorancia, de lo desconocido. Y si por un momento se deja de lado el hecho
de que el enfoque que da Agustín a su obra es la lectura de la Biblia, es posible observar

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como la instrucción hacia el conocimiento que este realiza es aplicable a todo el ámbito del
estudio en general, mucho más allá de la religión.

En conclusión, esta obra más allá de ser un manual de estudio de la Biblia es un manual
de estudio con alto contenido filosófico aplicable a cualquier materia. Y no debe permitirse
que por su carácter religioso se le desprecie o sacralice, afirmando que carece de contenido
filosófico por ser un libro de “teología”1, pues como ya se vio tiene una teoría semiótica, un
instructivo para el saber y muchas otras cosas por ofrecer que solo contenido sacramental.

Referencias

Agustín, S. 1956. Obras Completas de San Agustín. Vol 15: Escritos Bíblicos. Madrid: BAC

Agustin de Hipona. De doctrina christiana. Trad. Pérez, Balbino. BAC. Madrid.

St. Augustine. On christian doctrine.

1
Pongo teología entre comillas debido al carácter peyorativo con el que se utiliza la palabra en esta situación.