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EL DUELO Y LAS EXPERIENCIAS DE PÉRDIDA

Concepto de duelo:
Duelo es un término que, en nuestra cultura, se refiere al conjunto de procesos
psicológicos y psicosociales que siguen a la pérdida de una persona con la que
el sujeto en duelo estaba psicosocialmente vinculado. Habitualmente se
considera como modelo para los procesos de duelo los que acompañan y
siguen a la pérdida de una persona amada.
Autores han realizado aportes relevantes para el conocimiento de las
reacciones de duelo, entre ellos:
El concepto psicoanalítico, postulado por Freud (1912), en que el duelo hace
referencia a la “pérdida del objeto amado”, incluyéndose como pérdidas
objetales, tanto la muerte de un ser querido como la ruptura sentimental o la
pérdida de empleo, estableciendo la diferencia entre aflicción y melancolía, en
que el afligido cumple el “duelo”, al negociar con la realidad, admitir la
irreversible desaparición del objeto amado y liberar el deseo para buscar
nuevos objetos de amor. El melancólico rechaza la idea de la pérdida, se
identifica con el objeto y retira su deseo del mundo.
Bourgeois (1996) concibe el duelo como “la pérdida de un familiar y/o un ser
querido con sus consecuencias psicoafectivas, sus manifestaciones exteriores
y rituales y el proceso psicológico evolutivo consecutivo a la pérdida”, que
denomina trabajo o elaboración del duelo.
Melanie Klein (1935) refiere que el proceso de duelo también es aplicable a
los procesos psicológicos y psicosociales que se ponen en marcha ante la
pérdida, frustración proveniente de seres animados o entes inanimados o
abstractos como la pérdida de un ser querido, ante un fracaso personal, ante la
necesidad de separarse de un lugar de trabajo, de una parte corporal, o sea,
ante la “Pérdida Afectiva”.
En síntesis, entenderemos como “duelo y proceso de duelo” al conjunto de
emociones, representaciones mentales y conductas vinculadas con la perdida
afectiva, la frustración o el dolor.
Y en “elaboración de duelo” a la serie de procesos psicológicos que
comienzan con la pérdida y terminan con la aceptación de la nueva realidad
interna y externa del sujeto.
En general se prefiere hablar de funeral y del luto para referirse a los aspectos
y manifestaciones socioculturales y socio-religiosas de los procesos
psicológicos del duelo y reservar el término duelo y procesos de duelo para los
componentes psicológicos, psicosociales y asistenciales del fenómeno.
Avery y Weisman califican el fallecimiento como:
 “Socialmente normal” cuando se trata de un adulto o anciano, y los
familiares han tenido una preparación suficiente para asumir el desenlace
- más de dos semanas para percatarse de la gravedad y más de tres días
para esperar la muerte inminente-.
 “Intempestivo” aquel que es prematuro - niño, adolescente o joven -,
inesperado - con preparación corta - o bien calamitoso - por homicidio,
suicidio o accidente inesperado-. La característica de la muerte puede
modular la evolución del duelo, en especial las recién nombradas.

Y a su vez cuando el duelo no es consecutivo al fallecimiento, el carácter


previsible de la muerte del ser querido provoca una reacción emocional que se
denomina “Duelo anticipado”, situación puede atenuar el choque emocional
frente al deceso y facilitar la resolución del duelo posterior o bien estrechar la
relación entre el moribundo y el doliente intensificando el posterior
sentimiento de pérdida y complicando la correcta evolución.

Epidemiología

Entre el 5 al 9% de la población general sufre la pérdida de un familiar


cercano cada año y cerca de un 20 a 25% de las consultas de Medicina
General son personas que han sufrido una pérdida. Un 85% de personas
mayores de 60 años sufren episodios depresivos desencadenados por
acontecimientos vitales
Un tercio de las personas que experimentan un duelo presentan trastornos en
su salud física y/o mental y alrededor de un 25% de los viudos experimentan
depresión clínica y ansiedad durante el primer año luego de la pérdida. Esto
baja al 17% al final del primer año y sigue bajando progresivamente
Perspectiva psicológica

En toda vida humana en su avance o desarrollo se producen pérdidas, en este


sentido, la vida humana y el crecimiento o desarrollo psicológico pueden
entenderse como “un conjunto de procesos de duelo escalonados”, no es
posible evitar los duelos, pero la reacción ante ello puede ser diversa.

Las primeras situaciones de pérdida de lo amado se dan desde los primeros


momentos de la vida o no con el destete, o sea, la pérdida del pecho materno
(o la pérdida de la mamadera y los cambios de alimentación). Posterior a ello,
las pérdidas van a ser frecuentes y variadas y no hay forma de evitarlas. En
general, desde un punto de vista psicológico se sabe que la falta de
elaboración de un duelo importante predispone hacia dificultades con otros
duelos; un duelo insuficientemente elaborado lleva a una cronificación del
sufrimiento psicológico, a trastornos psicosociales y a la aparición de diversos
tipos de psicopatologías.

Desde lo psicosocil, la forma de elaborar los duelos y transiciones


psicosociales es un componente fundamental de nuestra adaptación al entorno,
de nuestras adaptaciones y dificultades en la relación social. Por ello que los
procesos de duelo posean una tan importante repercusión en la vida social del
individuo.
Los procesos de duelo permiten estudiar los hechos psicopatológicos como
procesos comunicacionales: con una pérdida se ponen en cuestión todas las
vías de comunicación con nuestro medio social y nuestro mundo interno, por
ello es importante la elaboración de todos y cada uno de los sentimientos,
emociones y fantasías que se ponen en marcha en este periodo. Las
manifestaciones sociales y antropológicas del duelo y los procesos de duelo
poseen tres pilares fundamentales:
 Es la expresión al nivel de grupos pequeños, sociedad, instituciones, que
son vividos por casi todos los miembros de esa comunidad.
 La ritualización y las costumbres que implican, en una cultura lo
suficientemente integrada, tienen a “ayudar en el trabajo psicológico del
duelo”, por ello la importancia de determinados ritos como los funerales.
 Por último, esos ritos y costumbres poseen una vertiente antropológica y
social, facilitando la comunicación, además dan ocasión a los vivos de
congraciarse con los muertos y sus familiares, de preparar nuevas
relaciones a través de los actos sociales.....

Estos ritos si no son excesivamente rígidos y ritualistas, ayudan en los


procesos emocionales de los individuos en duelo, es decir, poseen un valor
emocional.
Poseen un “valor simbólico y comunicacional”, son formas de comunicación
entre los miembros y, con ello, son medios de cohesión social.

Las sensaciones en el duelo


Se consideran conceptos que engloban todas las sensaciones. Sentimiento de
pérdida, aflicción, pena y luto.
Sentimiento de pérdida: Sentirse privado de algo muy querido insustituible
definitivamente y para siempre, "Nada volverá a ser igual" "Que vamos a
hacer ahora" "Todo el tiempo anterior es insuficiente".
Aflicción: Define la respuesta, el estado emocional del individuo ante la
pérdida. En este término se engloban todos los sentimientos generados y que
algunos autores acertadamente engloban: pena, preocupación con la imagen de
la muerte, culpabilidad en relación con la pérdida, hostilidad con las personas
más próximas a las que no se quiere ver, pérdida de normas de conducta y
ritmos vitales.
Pena: La pena es descrita como una sensación displacentera donde se
mezclan: tensión en cuello y garganta, respiración entrecortada, sensación de
ocupación interior sobre todo en pecho y abdomen, pérdida de energía, de
fuerzas para cualquier cosa y sobre todo para vivir, cansancio, rigidez,
bloqueo mental y una sensación de malestar intenso, imposible de concretar en
ningún lugar del cuerpo, ni de comparar con cualquier otro.
Luto: El luto, llorar lamentarse, exteriorizar la pena, vestir, comer, acudir a la
iglesia, visitar diariamente la tumba, automarcarse socialmente y hacer notar
los sentimientos, es una necesidad para mantener el dolor abierto y en algunas
culturas hasta una exigencia social.

Etapas del duelo normal


Se distinguen tres fases bien diferenciadas que se pueden clasificar según el
momento de aparición: inmediata, intermedia y tardía, cada una de las cuales
vendría determinada por un sentimiento que sobresale por encima de los
demás y así se caracterizan. El orden de estas etapas no es rígido, de tal forma
que el sujeto podría omitir, o repetir una etapa una y otra vez, especialmente
cuando el lapso de tiempo es muy largo. Lo que sí debe ocurrir al finalizar, es
que termine con éxito el proceso del duelo que permite recuperar a aquellas
personas que han vivido un acontecimiento traumático. Cada individuo, de
acuerdo con la magnitud de la situación, con la personalidad previa que posea,
además del apoyo de otros, llevará a cabo el proceso de manera particular. Su
terminación permite a aquellos afectados, volver a su vida normal,
reconstruyendo su cotidianidad y utilizando esa energía.
 Etapa Inmediata, de Impacto o shock: Se produce tras el estrés inicial de
la muerte que dura de pocas horas a una semana después del deceso. Puede
cursar tanto con embotamiento, falta general de motivación como con
liberación emocional intensa con llantos, suspiros, parestesias y espasmos
laríngeos, sensación de irrealidad, negación o incredulidad, no siendo
consciente de lo sucedido y mostrando una conducta semiautomática. Es el
momento de los ritos sociales y familiares del duelo que facilitan la
resolución de esta fase.
Desde el punto de vista psicopatológico, la ansiedad es la emoción
predominante produciéndose igualmente un estrechamiento del campo de
la conciencia.
 Etapa Intermedia, de “repliegue” o depresiva – anhelo: aparece
generalmente varias semanas después de la pérdida y se prolonga por
semanas o meses. Caracterizada por sentimientos intensos de anhelo por el
fallecido y de gran ansiedad. Se inician síntomas depresivos, anorexia, baja
de peso, disminución de la capacidad de concentración y memoria, tristeza
y anhedonia, seguido de episodios de protesta-irritación y aislamiento.
Se caracteriza por la aparición de una depresión reactiva con gran
componente ansioso y un intenso dolor. Inquietud, el paciente responde
irritado con facilidad y hacia las personas más próximas, médicos e incluso
hacia Dios. A la vez que presenta apatía e indiferencia. No le merece la
pena nada y las cosas que antes le provocaban interés son indiferentes e
incluso odiosas. El vivir diario pesa como una losa y lo cotidiano le produce
ya no sólo indiferencia, sino displacer. Todo lo ve negro y la vida pierde su
sentido, abandonando lo anterior, bien actividades, ocupaciones, relaciones.
El paciente se recluye en casa, tiene la necesidad de vivir solo para el
recuerdo de la persona querida y de aquello que lo representa, así como de
serle fiel con tal intensidad que todos los momentos y acciones del día
deben evocarle. Se mezclan los sentimientos de injusticia, culpabilidad
personal o compartida, e ira, que puede expresar contra las personas y
objetos que le rodean, con anorexia, pérdida de peso, insomnio. El abuso de
ansiolíticos es frecuente y a tener siempre en cuenta por el profesional.
Hay autores que dividen esta fase en dos incorporando una fase definida por
depresión en la cual comienza el proceso de aceptación de la pérdida
despegándose progresivamente del ser querido, liberándose de las
disciplinas impuestas por la percepción constante de su imagen.
En esta fase el apoyo del medico de cabecera al que probablemente
frecuente por otros motivos, es fundamental, ya que el paciente se siente
incapacitado para pedir ayuda. Prestar el apoyo emocional necesario,
facilitándole al paciente momentos y oportunidad para que exteriorice sus
emociones y preocupaciones, incluso sus problemas sociales o económicos,
facilitando su comprensión y ofreciéndole ayuda personal o dirigiéndole a
los servicios de asistencia social. La distribución de papeles en nuestra
sociedad clásica hace que esta fase sea más llevadera por la mujer que por
el hombre. El marido tras el fallecimiento de la esposa se puede sentir
incapacitado, desvalido, impotente para soportar el peso del hogar y las
obligaciones domésticas.
Los rituales socio-religiosos han finalizado, la persona se encuentra sola
ante la realidad de la pérdida y frecuentemente con la exigencia social
imperiosa de reincorporación inmediata a su vida habitual: retorno al
trabajo, cuidado de los familiares a su cargo, etc. Durante este período el
estado de ánimo es superponible al de un trastorno depresivo.
 Etapa tardía, de “recuperación” o reorganización: Aprende a aceptar la
pérdida y el hecho de que la persona amada ya se fue. Se produce al cabo
de seis meses a un año, en donde se retorna al nivel de funcionamiento
previo siendo capaz el deudo de establecer nuevos lazos afectivos.
Disminuyen los síntomas mentales y somáticos, primero recupera el apetito
con ganacia del peso normal frecuentemente a los 6 meses, luego reaparece
la preocupación por la apariencia física, el deseo sexual y la interrelación
social. Frecuentemente esta etapa coincide, con el primer aniversario del
deceso produciéndose en este período una intensificación emocional en la
línea de la nostalgia, tristeza, llanto, recuerdo doloroso, etc., que duran
unos días y que finalmente marcan el final del duelo.
Con relación a la duración del duelo, existen grandes diferencias culturales
aceptándose en nuestro entorno cultural que la duración normal es
aproximadamente un año.
La vivencia de duelo es modificada por:
 La necesidad de mirar atrás y llorar por lo que se ha perdido
 La necesidad de mirar hacia adelante y explorar el mundo nuevo que
emerge ante la persona
 Presiones culturales y sociales modifican cómo estas necesidades se
expresan o inhiben

La fuerza con que se expresan estas necesidades varía a lo largo del tiempo.
Factores que influyen en el curso de la reacción de duelo:
 La personalidad del deudo
 La naturaleza de vínculo de relación
 El tipo de muerte
 Los antecedentes personales del deudo
 Las características del entorno.

Clínica del duelo


Ante la pérdida de un ser querido, la reacción normal es con frecuencia un
síndrome depresivo típico:
 Bajo estado de ánimo
 Sentimiento de culpa: centradas en lo que el deudo podría haber hecho o en
lo que no hizo al momento de la muerte del ser querido.
 Ideas de Muerte: pensamientos en torno al deseo de haber muerto en lugar
de la persona pérdida o de haber fallecido con ella.
 Anorexia
 Pérdida de peso
 Insomnio
 Abandono de sus actividades socio-laborales.

El duelo no complicado considera sus sentimientos depresivos como


“normales”, aunque acuda en busca de ayuda profesional, para liberarse de
síntomas como el insomnio o la anorexia. La Asociación Americana de
Psiquiatría (APA), señala, que cuando el cuadro depresivo persiste más de dos
meses desde el fallecimiento con síntomas característicos, se debe plantear el
diagnóstico de “trastorno depresivo mayor”.
Complicaciones del Duelo:

Físicas
 Daño al sistema de respuesta inmune, aumento de actividad adrenocortical,
aumento de prolactina sérica, aumento de hormona del crecimiento,
desordenes psicosomáticos, aumento de la mortalidad por enfermedad
cardiaca (en especial en viudos ancianos)

Psicológicas
 Depresión clínica, con o sin riesgo de Suicidio, trastornos de Ansiedad,
escape a la actividad, duelo Crónico, ausencia de Duelo, duelo Anticipado.

Duelo Complicado – Patológico

Definir lo que es un duelo complicado es difícil y con frecuencia se realiza


bajo términos muy genéricos e imprecisos. Es un fenómeno idiosincrático en
el que la respuesta estará determinada por un elevado número de factores
relacionados con la pérdida, sus circunstancias, las características personales
del doliente, el apoyo social que reciba y el marco cultural en el que se
desarrolla. Por lo tanto, puede aparecer un abanico de respuestas adaptativas
para un individuo en una circunstancia y la misma muy distinta para otro en
otro contexto. Esta amplia variedad de expresiones dificulta enormemente el
reconocimiento del duelo complicado, a demás que se añade que, a diferencia
del duelo normal, el duelo complicado no es un proceso con etapas que
podamos reconocer sino el “fracaso o incapacidad para afrontarlo que
impide alcanzar los niveles de bienestar emocional y de funcionamiento
previo”. El criterio cronológico es el que se emplea con más frecuencia para
diferenciar el duelo normal del complicado como las preocupaciones y
pensamientos sobre la muerte y el fallecido o la dificultad para aceptar la
muerte, son normales si se expresan poco tiempo después de la pérdida, pero
son indicios de complicación si persisten por un tiempo prolongado. Se
considera duelo complicado a la presencia de síntomas relacionados con el
duelo un tiempo superior al que se considera adaptativo, tiempo aún en
discusión, algunos autores consideran que es entre 4 a 6 meses, otros desde un
año a un año y medio. Lo cierto es que hay individuos que requieren más
tiempo para adaptarse a la pérdida y no es posible aplicar un límite
cronológico estricto.
Se ha intentado establecer si existe algún signo o síntoma característico del
duelo complicado pero la variable expresión de las respuestas al duelo lo
hacen difícil. Los síntomas que no están relacionados con deterioro en el
ajuste del individuo deben considerarse normales, y aquellos que muestran
riesgo de perturbar el bienestar y adaptación debe ser considerado como
indicativos de duelo complicado, como el nivel de rendimiento en sus
ocupaciones y en su desarrollo social. Horowitz y cols. (1997) realizaron un
intento de delimitar el cuadro clínico y crearon un grupo de signos y síntomas
que podrían ser considerados como criterios diagnósticos del trastorno por
duelo complicado:
 Recuerdos o fantasías intensivas relacionadas con la relación perdida
 Períodos intensos de intensas emociones relacionadas con la perdida.
 Anhelo y deseo intenso de que el fallecido esté presente
 Sentimientos de soledad o vacío
 Permanencia excesiva en lugares, actividades y personas que recuerdan al
fallecido
 Trastorno del sueño
 Pérdida de interés en el trabajo, a nivel social o en las actividades lúdicas
alcanzando la mala adaptación.

Factores de Riesgo generales


 Circunstancias traumáticas, muerte de esposo, hijo, o de un padre; muerte
inesperada, repentina y fuera de tiempo, muertes múltiples, muerte por
suicidio, muerte por homicidio, personas vulnerables - baja autoestima en
general, desorden psiquiátrico previo, amenazas o intentos de suicidio
previos, familia ausente o inútil.

Factores de riesgo específicos:


 Vínculo ambivalente con el fallecido, vínculo dependiente o
interdependiente con el fallecido, apego inseguro a los padres durante la
niñez
Predictores del duelo patológico

Aunque no existe unanimidad en la bibliografía consultada, a cerca de las


variables pronóstico que van a provocar la transformación de una reacción de
pesar normal en una reacción de duelo patológico, señalaremos las siguientes:
- La falta de salud física o mental previa es el mejor predictor de desenlace
negativo. Es acusado el riesgo de suicidio en sujetos alcohólicos.
- La ambivalencia afectiva con agresividad en la relación preexistente con el
difunto.
- La frecuencia de duelos repetidos.
- Se acepta una mayor fragilidad en el varón con respecto a la mujer.
- La muerte repentina no es un factor general que acentúe la intensidad de los
desajustes de los familiares. Incluso la prolongación de la enfermedad
terminal, puede provocar con mayor facilidad un desenlace negativo.
- La presencia de síntomas de alarma: ideas de suicidio en el primer mes,
retardo psicomotor, culpabilidad morbosa.

Manifestaciones clínicas del duelo complicado, no resuelto


En esta clasificación se abordan las alteraciones en la intensidad ya sea por
exceso (excesivas, atípicas o de duración más allá de lo aceptado) y por
defecto (ausencia de manifestaciones). La incidencia y prevalencia de este
cuadro clínico oscilan, entre el 5 y el 20 % de las reacciones de duelo.
Bourgeois distingue diferentes modalidades de duelo complicado, alguna se
superponen entre sí.
Duelo ausente o retardado: Cuadro de ansiedad intenso, se produce una
negación de fallecimiento con una esperanza infundada de retorno del finado,
padeciendo un intenso cuadro de ansiedad. Se detiene la evolución del duelo
en la primera fase.
Duelo inhibido: Se produce una “anestesia emocional”, con dificultad para
expresar las manifestar las emociones de la pérdida. No hay manifestación de
pérdida. El componente emocional del duelo es tan doloroso que el individuo
emplea mecanismos que bloquean el dolor.
Duelo prolongado o crónico: Con persistencia de la sintomatología
depresiva, más allá de los 6-12 meses. El duelo se detiene en la segunda fase.
Duelo no resuelto: Similar al anterior, permaneciendo el paciente “fijado” en
la imagen de la persona fallecida y en las circunstancias que rodearon su
muerte, sin volver a su vida habitual. Cede la sintomatología depresiva. El
duelo se ha detenido entre la segunda y tercera fase.
Duelo intensificado: Se produce una intensa reacción emocional tanto precoz
como mantenida en el tiempo.
Duelo enmascarado: Se manifiesta clínicamente por síntomas somáticos, con
respuesta emocional normal o escasa
Reacciones de aniversario anormalmente dolorosas: Más allá del primer
año, se presupone que las reacciones de aniversario, no deben conllevar un
serio recrudecimiento de las emociones.
2. Duelo psiquiátrico
Se produce la aparición de un verdadero trastorno psiquiátrico, cumpliendo
todos los criterios para su diagnóstico.
Hanus, señala la predisposición de las personalidades de tipo narcisista a sufrir
esta modalidad de duelos porque son particularmente sensibles a la pérdida de
sus objetos amados. Distingue varios tipos clínicos:
Histérico: El deudo se identifica con la persona fallecida, presentando el
mismo cuadro que motivó su fallecimiento.
Obsesivo: La ambivalencia emocional a la que normalmente se enfrenta la
persona obsesiva, crea en él fuertes sentimientos de culpa, que suelen abocar
en una depresión grave y prolongada.
Melancólico: Este cuadro clínico destaca la pérdida de la autoestima,
síntomas depresivos graves y la ideación suicida.
Maníaco: (Manía del duelo). Se produce un cuadro de excitación
psicomotriz, hiperactividad y humor expansivo que evoluciona posteriormente
a un cuadro depresivo.
Delirante: delirios y alucinaciones excluyendo voz e imagen perdida.

Depresión asociada a duelo

Diversos autores han centrado sus investigaciones en diferenciar entre los


procesos de duelo complicado y la depresión. De los cuales se puede concluir
que el cuadro clínico de duelo complicado abarcaría síntomas relacionados
con el dolor de la separación como llanto, anhelos y conductas de búsqueda
del fallecido, continuos pensamiento sobre él, también se asocia a elementos
del trastorno por estrés postraumático como incredulidad, aturdimiento, y
otros relacionados con elementos generales de afrontamiento como aceptación
de la muerte. El núcleo central de este síndrome parece girar en trono al
anhelo y a las rumiaciones, y aquellos dolientes muestran mayor intensidad en
estos síntomas, experimentando un duelo más complicado. Por el contrario
síntomas como la pérdida de autoestima, tristeza, sentimientos de minusvalía,
hipocondría, insomnio, inhibición o pensamientos suicidas se relacionan más
con la presencia de un cuadro depresivo.
Un 15 a 35% de las personas en duelo cumplen con criterios de depresión
durante el 1º año
4 a 9 veces mayor que en la población general
Sólo un 17% de los pacientes con depresión asociada a duelo son tratados con
Antidepresivos.
Duelo v/s Depresión
 Identificación normal con el difunto,  Sobreidentificación con el difunto,
poca ambivalencia ambivalencia aumentada
 Ideación suicida rara  Ideación suicida frecuente
 Autoculpabilidad en relación a cómo  Autoculpabilidad global, la persona
trató al difunto, sin sentirse una mala se siente mala
persona  Síntomas no disminuyen y pueden
 Síntomas disminuyen con el tiempo, empeorar
autolimitados  Evoca fastidio o irritabilidad
 Evoca empatía y simpatía  No responde. Aislamiento
 Responde a refuerzo positivo y  Síntomas depresivos responden a
contacto social fármacos AD
 Síntomas de duelo no responden a
fármacos AD

Diagnóstico de trastorno depresivo mayor en el duelo

 La culpa por las cosas más que por las acciones, recibidas o no recibidas
por el superviviente en el momento de morir la persona querida.
 Pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de
que el superviviente debería haber muerto con la persona fallecida.
 Preocupación mórbida con sentimiento de inutilidad.
 Retardación psicomotor acusado.
 Deterioro funcional intenso y prolongado.
 Experiencias alucinatorias complejas y persistentes.

Suicidio

El riesgo de suicidio se incrementa con la edad. Los ancianos son el grupo de


edad con mayor tasa de suicidios consumados por intentos de suicidio,
especialmente entre los varones. Entre los factores sociales relacionados con
el suicidio, el matrimonio aparece como un factor protector, mientras que la
separación y la viudez son predisponentes. El estatus socioeconómico
correlaciona inversamente con la tasa de suicidios consumados. El aislamiento
es el factor sociodemográfico que con mayor frecuencia se asocia al suicidio,
aunque la calidad de las relaciones del anciano es un factor pronóstico más
preciso que el hecho de vivir solo.
El 20 por ciento de los ancianos que cometen suicidio o intento de suicidio
presentan consumo abusivo de alcohol y el 10 por ciento problemas de
alcoholismo crónico. La dependencia, la pérdida de capacidad para adaptarse a
los cambios, el sistema de valores del paciente y el sentimiento de
desesperanza, son también indicadores de riesgo suicida en los ancianos.
Algunos ancianos consultan por primera vez con los especialistas tras un
intento de suicidio.

Evaluación clínica
A veces se dificulta el distinguir entre la reacción de pesar de la depresión
mayor por lo que el objetivo del médico de atención primaria se centrará en
valorar:
 La gravedad del cuadro depresivo
 La presencia de un trastorno psicótico
 La existencia de alcoholismo u otra drogodependencia
 El riesgo suicida

Ante un paciente en duelo, normal o patológico, es necesario en la relación


medico: facilitar el normal del proceso del duelo y tratar los trastornos
asociados.

Abordaje terapéutico
Se debe facilitar el que el paciente hable sobre el fallecido y las circunstancias
de su muerte.
Propiciar la expresión emocional del paciente, siendo frecuente además de las
vivencias de tristeza, pesar o desesperación, los sentimientos de hostilidad
hacia el fallecido y la cólera hacia el médico o el hospital donde se produjo la
muerte del ser querido.
Explicación al enfermo de que los síntomas que padece como: ansiedad,
sentimientos de culpa, preocupación por la imagen del difunto son reacciones
normales y que desaparecerán con el paso del tiempo.
Asegurar que aunque inicialmente puede ser necesario que reduzca sus
compromisos laborales o sociales, se debe facilitar el retorno a sus actividades
habituales en un plazo de 3-6 semanas.
Recomendar el acompañamiento de familiares y amigos y facilitar la
realización de las tareas domésticas durante el período inicial.
En las reacciones agudas de duelo, la contemplación del cuerpo de la persona
fallecida, evita la cristalización de fantasías, imaginaciones o temores a lo
desconocido, ya que para poder iniciar el duelo, muchas personas necesitan la
oportunidad de decir “adiós”.
Como se vió, el duelo es un estado autilimitado, que puede evolucionar a un
proceso patológico, pero como en la mayoría de los casos se resuelven en un
plazo no mayor a un año, en base a esto es importante intervenir en su
desarrollo, detectando posibles duelos complicados y tratándolos desde su
inicio para evitar su consolidación como tales y su posible cronificación. Es
necesario la actitud activa del médico ante un paciente en duelo, no dejarlo
como un proceso natural de la vida, aunque así sea, porque hay riesgos de
alargar este proceso repercutiendo directamente en la persona y su entorno
social como laboral.

Bibliografía:
La depresión, una lectura desde el psicoanálisis Bertholet, Roberto. Memorias: IV
Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional e Psicología. XIX Jornadas
de Investigación VIII Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR 27 al 30
de noviembre de 2012. UBA. Ediciones de la Facultad de Psicología - Universidad de Buenos
Aires.

Psiquiatría en Atención Primaria; José Luis Vázquez-Barquero; “El Duelo y las


Experiencias de Pérdida”, Libros Princeps- Biblioteca Aula Médica, págs 509 a 518,
España 1999.
Kaplan, H. I., Sadock B. J., "Comprehensive Texbook of Psychiatry" Five edition,
Williams & Wilkins, 1989
Parkes C.M, Bereavement in adult life, BMJ Mar 98; 316:856-59
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