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ENFOQUE MOTIVACIONAL DEL PROCESO DE TOMA DE RIESGO

Carmen Carrasco

Locke y Lathan, dentro de sus enfoques de Tecnología de Metas, han proporcionado


abundantes evidencias alrededor de la idea que una meta de trabajo, comprendida y
aceptada por una persona, es de por sí motivante, porque ella misma contiene la definición
de una preferencia y estimula la persistencia y vigor del comportamiento orientado a la
consecución de la misma.
¿Qué son las Metas?
Las metas son un componente operacional de toda conducta motivada, pueden ser
consideradas como incentivos exteriores que contribuyen a la energización de la conducta
motivada. Psicológicamente pueden ser definidas como aquellos resultados anticipados que
contienen propiedades motivacionales.
Para que una meta sea considerada verdaderamente psicológica y con propiedades
motivacionales, tiene que estar satisfaciendo necesidades de las personas. Es así, como
cuando una meta es externa a la persona la misma debe darle significado personal y
construirla como representando ganancias personales para lograr otras metas.
Vista así las metas, debemos entenderla entonces tal y como lo plantea Romero
García: las metas no existen independientemente de la significación o interpretación que la
persona hace de la situación. En este caso, las metas por definición son intrínsecas a la
construcción que la persona hace de la situación.
Al establecerse que las metas son un componente operacional de toda conducta
motivada, significa esto, que en todos los motivos (biológicos y sociales) está presente la
meta que debe ser alcanzada. Por otra parte, también debe entenderse que una misma meta
puede significar cosas diferentes, dependiendo del motivo predominante en la persona. Por
ejemplo, al realizar exitosamente un trabajo puede convertirse en una meta de motivo de
logro si es para mostrarse uno mismo lo competente y capaz que puede ser. Pero puede ser
una meta del motivo de poder, si lo que interesa es satisfacer sólo exigencias del jefe.
Asimismo, puede convertirse en una meta del motivo de afiliación, si lo que se pretende es
ganar el afecto y la aprobación de los compañeros de trabajo. Cualquiera que sea el motivo
que subyace en la meta, la misma se convierte en elemento energizador que orienta la
conducta de la persona para el logro de la misma.

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En todo proceso de la selección de la meta, va implícita la toma de riesgo. Es decir,
el tipo de meta que se seleccione, y la dificultad que la misma represente, son actores que
inciden para el éxito de la misma. Teóricamente se plantea que el establecimiento de metas
realistas; esto es, metas que sean retadoras, difíciles pero alcanzables, son proporcionadoras
del desarrollo personal y organizacional.
La literatura nacional ha mostrado que las personas con alta necesidad de logro
evitan los grandes riesgos que los conducirían al fracaso, asimismo, tampoco asumen
riesgos seguros o fáciles que no energizan conductas de esfuerzo personal.
Más bien, prefieren las metas retadoras, difíciles, que ponen en juego su esfuerzo, sus
habilidades y creatividad para buscar herramientas que los conduzcan al éxito.
¿Existen diferencias en el proceso de selección de metas o toma
de riesgo?
Técnicamente, la palabra riesgo se refiere a situaciones en las cuales se toma una
decisión y sus consecuencias dependen de los resultados de eventos futuros con
probabilidades conocidas. Cuando el que toma la decisión conoce los posibles resultados de
la decisión y las probabilidades de cada situación, se establece que tal decisión es bajo
riesgo. Mientras que si nuestro conocimiento de las probabilidades es bastante inexacto, o
inexistente, decimos que las decisiones se hacen bajo incertidumbre o bajo ignorancia.
Obviamente el riesgo puede esconderse en la ignorancia y las decisiones más importantes
pueden ser tomadas, en parte, entre estos dos polos: riesgo e incertidumbre.
La toma de riesgo ha sido estudiada tradicionalmente como un componente del
constructo motivación de logro (Atkinson). Los estudios realizados en Venezuela muestran
que existe un patrón diferencial de toma de riesgo, entre las personas con alta y baja
motivación de logro, así encontramos que:
 Las personas con alta motivación al logro seleccionan las metas de acuerdo a sus
habilidades percibidas (Carrasco, C. y Salom de Bustamante).
 Las personas con alta motivación al logro prefieren metas difíciles, de riesgos
moderados y difíciles. (Carrasco, C).
 Las personas con baja motivación prefieren las metas fáciles y las muy difíciles
(Carrasco, C).
 Las personas con alta motivación de logro prefieren las metas que construyen como
siendo de habilidad (Cañas, D y Carrasco, C)
 Las personas con baja motivación de logro prefieren las metas que construyen como
siendo de suerte (Cañas, D y Carrasco, C).
 Las personas con alta motivación de logro en contraposición de las de bajo logro, se
sienten orgullosas al ejecutar exitosamente en una tarea de habilidad. Cuando se
trata de una tarea donde interviene la suerte, ambos grupos se comportan de igual
manera(Cañas, D y Carrasco, C).
 Todas las personas, independientemente de su nivel de motivación de logro (alto o
Bajo) construyen las metas como importantes, probables, estando bajo control
personal y con seguridad de poder alcanzarlas. (Carrasco, C).

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Al parecer la expectativa sería una variable que ayudaría a explicar el patrón
diferencial del comportamiento de las personas con alta y baja motivación de logro, en
cuanto a la selección de metas o tareas. Las expectativas de acuerdo a Salom de
Bustamante pueden ser cognitivas o afectivas. Las cognitivas se formulan en base al
esfuerzo que el individuo está dispuesto a realizar para alcanzar la meta, en tanto que, la
expectativa afectiva sería la esperanza que un determinado resultado ocurra sólo por el
simple hecho de desearlo o quererlo.
Las personas con alta motivación de logro tienen expectativas cognitivas y las de
baja motivación de logro, afectivas. De acuerdo con esta concepción se podría pensar
que rente a tareas o metas de habilidad o suerte, las personas con alta motivación de
logro seleccionan las de habilidad que requieren de mayor esfuerzo y que las de baja
motivación de logro evitan este tipo de tareas.
Esta manera de formularse las expectativas, indica, además la presencia de un
proceso de autoevaluación por pare de la persona con alta motivación de logro, el cual
obedece a su necesidad intrínseca de controlar los resultados con cierta precisión,
característica propia de las personas internas. En las personas con baja motivación de logro,
no se produce ese proceso de evaluación cognitiva, ya que ellos no asumen responsabilidad
por sus resultados, comportándose de esta manera como personas externas.
Este proceso de evaluación cognitiva encontró apoyo empírico en los trabajos de
Carrasco, C y Salom de Bustamante, de donde se encontró una correlación entre la
habilidad real y la habilidad percibida sólo para las personas con alta motivación logro. Por
otra parte, se mostró que estas personas seleccionan tareas de acuerdo a su habilidad
percibida, en tanto que los de baja motivación al logro, seleccionan las tareas
independientemente de su habilidad percibida, y reportan además que las personas con alta
motivación de logro no sólo toman en consideración su habilidad percibida para seleccionar
las tareas, sino que están dispuestos a realizar esfuerzos congruentes con la dificultad de la
misma.
Estos resultados indican que las personas con alta motivación de logro son más
realistas en la selección de las tareas, lo que les garantiza que los resultados sean
controlables y alcanzables en términos de excelencia.
Asociado al patrón de elección de tareas de las persona con alta y baja motivación
de logro, están las atribuciones que se dan ante determinados resultados (Kukla, 1978;
Maer y Nichols, 1988). En este sentido Salom de Bustamante mostró la existencia de un
patrón atribucional distinto para las personas con alta y baja motivación de logro. En efecto,
los de alta motivación de logro atribuyen sus éxitos más a la habilidad y al esfuerzo,
mientras que los de baja motivación de logro lo hacen a la suerte o al azar. Esto último
pudiera explicar por qué las personas con alta motivación de logro prefieren las metas de
habilidad, mientas que las de baja motivación de logro prefieren las metas que implican
azar o suerte.