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Demandas contra el Congreso

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar

El Congreso de Yucatán ha sido cuestionado por la opinión pública y por organismos de


derechos humanos debido a su decisión de no modificar la constitución local para
reconocer el matrimonio igualitario. También ha sido severamente condenado porque, sin
la facultad para hacerlo, tomó esa decisión mediante una votación en secreto (o por
“cédula”).
La semana pasada, diversos medios de comunicación dieron a conocer un exhorto
de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) al Congreso para legislar a
favor del matrimonio igualitario. El texto de la CNDH, fechado el 12 de abril de este año,
llamó a “evitar la persistencia en su legislación local de disposiciones discriminatorias, y
consecuentemente, contemplar los derechos al matrimonio en forma igualitaria”.
Asimismo, la CNDH “lamenta que las decisiones legislativas en el Estado de Yucatán
pudieran tener como base consideraciones fundamentadas en prejuicios u opiniones
personales homofóbicas y transfóbicas, que significarían afectaciones a la dignidad
humana y los derechos humanos derivados de ella, ya que con ello se vulnera el principio
de igualdad y no discriminación”.
Recordemos que muchos de los pronunciamientos en contra del reconocimiento
del matrimonio igualitario se basan en prejuicios tales como que el matrimonio entre
parejas del mismo sexo va en contra de la naturaleza y/o la biología y que el matrimonio
igualitario destruirá la sociedad. Estos prejuicios no tienen sustento científico ni moral.
Desde el campo de la biología, la Doctora Anne Fausto-Sterling, Profesora Emérita
de la prestigiosa Universidad de Brown e integrante de la Asociación Estadounidense para
el Avance de la Ciencia —la mayor organización científica del mundo—, ha dicho con toda
claridad que “dos sexos jamás han sido suficientes para describir la variedad humana. Ni
en tiempos bíblicos ni ahora”. “Desde hace mucho se ha sabido —escribe Fausto-
Sterling— que no hay una sola medida biológica que coloque de manera contundente a
cada ser humano en una de dos categorías: varón o mujer” (“The New Yor Times”, 30-10-
18).
Del mismo modo, los estudios antropológicos y sociológicos han demostrado
desde el siglo XIX que no existe una sola forma de familia; que ésta, como institución,
cambia con el paso del tiempo —como lo hace toda cultura y sociedad— y que el
matrimonio tiene diversas funciones en el mundo, desde la formación de alianzas políticas
hasta la procuración de bienestar. Tampoco existe evidencia alguna de que los
matrimonios entre parejas del mismo sexo “destruyan” la sociedad o pongan el riesgo a la
familia conformada por un hombre y por una mujer.
Sobre todo, la posición en contra del matrimonio igualitario es condenable
moralmente, pues reproduce explícita o implícitamente la homofobia al considerar a las
personas LGBT personas de segunda, que no pueden gozar de los mismos derechos que
las personas heterosexuales. Esta homofobia se traduce en humillación, vergüenza,
miedo, odio y violencia que puede culminar en la muerte de personas LGBT.
La CNDH recomendó al Congreso de Yucatán que sus acciones sean transparentes
y que, cuando legislen sobre temas públicos, erradiquen las votaciones cerradas y
secretas. Finalmente, hizo un llamado a las y los legisladores yucatecos a que retomen la
jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que establece que las leyes
que consideren que la finalidad del matrimonio es la procreación y que lo restrinjan a la
unión entre hombre y mujer son inconstitucionales.
Mientras que la CNDH ya condenó la decisión del Congreso y la manera en que la
tomó, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (Codhey), aún no se ha
pronunciado al respecto. Por esta razón, un conjunto de activistas y académicas acudieron
el pasado 24 de abril a las oficinas de la Codhey para exigir la intervención del
Ombudsman local, particularmente a través de la emisión de una recomendación por la
actuación de las y los diputados del Congreso y al Gobernador del Estado.
¿Escucharán las y los legisladores yucatecos a la Suprema Corte de Justicia, a la
Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a la Corte Interamericana de Derechos
Humanos y, sobre todo, a las personas yucatecas que sufren discriminación por su
preferencia sexual?, ¿acaso las y los legisladores que votaron a favor de la reforma
presentarán una nueva iniciativa para que el Congreso finalmente reconozca el
matrimonio igualitario en las leyes de Yucatán?
Si no lo hicieron el pasado 10 de abril, probablemente no lo harán pronto. No
obstante, dos demandas presentadas por el Colectivo por la Protección de Todas las
Familias de Yucatán (Colectivo PTFY) pueden abrir nuevas posibilidades.
El pasado 22 de abril, el Colectivo PTFY, conformado por activistas, integrantes de
la academia y de la ciudadanía, presentó dos demandas de amparo en contra del
Congreso de Yucatán por negarse a aprobar el matrimonio igualitario en el estado, según
indica el colectivo en un comunicado publicado ayer.
Una de las demandas es en contra de la decisión del Congreso de votar de manera
secreta. De acuerdo con Alex Orué, vocero del Colectivo, la votación en secreto constituye
una violación al derecho a la libertad de expresión, el cual “incluye el derecho a ser
debidamente informado de las decisiones de las autoridades para que las y los ciudadanos
podamos hacer escrutinio público”. Por esta razón, la reconocida organización Artículo 19,
especializada en el derecho a la libertad de expresión, participa en este juicio de amparo.
Esta demanda ya ha sido admitida y será resuelta por el Juzgado Primero de Distrito.
La otra demanda contra el Congreso denuncia la violación del Pacto Federal por
parte de las y los diputados yucatecos, debido a que han incumplido con las órdenes de la
Suprema Corte de Justicia de México y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En
palabras del abogado Carlos Luis Escoffié: “Si bien la Suprema Corte de Justicia de la
Nación ya dijo que para cumplir con la Constitución Federal debe permitirse el matrimonio
igualitario, el Congreso de Yucatán decidió que esa parte del Pacto Federal no la va a
cumplir y que puede arbitrariamente seleccionar en qué cosas le hará caso a nuestro
máximo Tribunal y en cuáles no”. Esta demanda, igualmente admitida, será resuelta por el
Juzgado Cuarto de Distrito.
Con la votación del pasado 10 de abril, el Congreso de Yucatán decidió preservar
normas inconstitucionales, perpetuar la discriminación, violar el derecho a la libertad de
expresión de las y los yucatecos. Frente a esta situación, esperemos que la Codhey siga el
ejemplo de la CNDH y se pronuncie firmemente a favor de los derechos a la igualdad y no
discriminación. Esperemos también que las y los jueces de distrito que resuelvan el caso
escuchen y apliquen los criterios de la Suprema Corte y de la Corte Interamericana.
De ser así, las y los diputados yucatecos deberán repetir la votación, esta vez de
manera pública, y cumplir con el pacto federal para erradicar normas inconstitucionales y
reconocer el matrimonio igualitario en el estado. Dicho en otras palabras: tendrán que
legislar en contra de la discriminación y humillación que sufren las personas LGBT y a favor
de la protección y dignidad de todas las familias de Yucatán.

* Investigador del Cephcis-UNAM


rodrigo.llanes.s@gmail.com