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ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

§ 59. EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN DE RESPONSABILIDAD

707. Enunciación. En general, la acción de responsabilidad se extingue


por los modos de extinguir las obligaciones,119 con excepción de aquellos
que por su naturaleza resultan sólo aplicables a los contratos. Salvo el caso
de la prescripción, técnicamente la extinción afecta el derecho que se ex-
presa en la pretensión. Especiales preguntas plantean la renuncia, la tran-
sacción y especialmente la prescripción.

a. Actos voluntarios de disposición

708. Renuncia del derecho a ser indemnizado, asunción de riesgos y acep-


tación de un daño. a) La renuncia a ejercer la acción indemnizatoria está
autorizada por el artículo 12 del Código Civil y se justifica por el carácter
privado de los intereses comprometidos en el ejercicio de la acción que
resulta de un delito o cuasidelito civil. La independencia del ilícito civil
del penal justifica que aun dentro del proceso penal pueda renunciarse
siempre a la acción civil (Código Procesal Penal, artículo 56). Por cierto
que la renuncia sólo afecta al renunciante y a sus sucesores, en la medida
que no es admisible disponer de derechos ajenos. En este sentido, la re-
nuncia produce efectos relativos.
b) La renuncia es un acto de disposición que extingue la pretensión
indemnizatoria, de modo que debe ser efectuada después del hecho que
genera la responsabilidad. Distintos son los actos de disposición que la
víctima del accidente hace antes de que el daño ocurra. Ante todo, la vícti-
ma puede asumir un riesgo particularmente intenso. Bajo ciertas circuns-
tancias, la asunción del riesgo puede constituir técnicamente una causal
de justificación para el agente del daño (supra Nº 81) o una circunstancia
que afecte la relación causal (supra Nº 293).
Diferente a la asunción de un riesgo, es la convención en cuya virtud la
víctima del daño ha autorizado al agente del daño para que realice una
acción que lo produce. En tal caso, la autorización tomó la forma normati-
va de una convención exoneratoria de responsabilidad, que está sujeta a
las condiciones de validez que serán analizadas al tratar de esas convencio-
nes (infra Nº 875).

709. Transacción de la pretensión indemnizatoria. En la medida que la


acción que nace de un delito o cuasidelito civil es disponible, puede ser
también objeto de transacción (artículo 2449). Al igual que en el caso de
la renuncia, sus efectos son relativos, no perjudicando ni aprovechando a
las demás personas que también son titulares de la acción (artículo 2461).
La transacción válidamente celebrada constituye un equivalente a una sen-
tencia judicial firme y en cuanto tal produce efecto de cosa juzgada, sin

119 Alessandri 1943 518, O. Tapia 1941 255, Corral 2003 348.

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perjuicio de la posibilidad de impugnar el contrato mediante el ejercicio


de una acción de nulidad de acuerdo a las reglas generales del derecho
contractual (infra Nº 739).

b. Prescripción de la acción

710. Plazo de prescripción. En virtud de una norma especial del Título


XXXV del Libro IV, las acciones por delitos o cuasidelitos civiles se extin-
guen por prescripción transcurrido el término de cuatro años, contados
desde la perpetración del acto (artículo 2332). Esta norma se aplica a cua-
lesquiera tipos de responsabilidad extracontractual, a menos que una nor-
ma especial establezca algo diferente.120

711. Cómputo del plazo. a) Interpretada literalmente la norma del artícu-


lo 2332 da a entender que es el hecho del demandado el momento que
determina el comienzo del plazo de prescripción. Entendida así, sin em-
bargo, la regla puede conducir a que la acción indemnizatoria nazca pres-
crita si el daño se produce o manifiesta después de ejecutado el hecho,
cuestión que puede ser frecuente en ciertos ámbitos de actividad (produc-
tos defectuosos, construcciones, medio ambiente). La cuestión se refiere a
si esa norma debe ser interpretada de manera que el plazo de cuatro años
se comience a contar desde la comisión del hecho culpable o doloso, o
desde que se produce o conoce el daño.
b) Según una doctrina muy extendida en el primer siglo de vigencia
del Código, pero que se encuentra en retirada, la interpretación literal del
texto del artículo 2332 lleva a que el plazo se deba contar desde el día en
que se cometió el hecho doloso o culpable, y no desde aquel en que se
produce el daño.121 El Código Civil habría tomado una decidida opción en
esta materia, poniendo término a una discusión ocurrida en el derecho
francés.122 La jurisprudencia nacional se inclinó tradicionalmente por esta

120 Así ocurre típicamente en casos de responsabilidad por ruina de edificios, donde

concurren normas del contrato de obra material (por remisión del artículo 2324 al artícu-
lo 2003 regla tercera), con las de la Ley de urbanismo y construcciones (supra § 54 g). En
otras secciones de este libro han sido tratadas preguntas de prescripción en otras materias
especiales (para atentados a la honra y privacidad, Nº 430; para productos defectuosos,
Nº 557; para daños ambientales, Nº 592; para accidentes del trabajo, Nº 502, con referencia
a la importancia que tiene en la materia la calificación de la responsabilidad como contrac-
tual o extracontractual; en general, sobre las diferencias en la materia entre ambos tipos de
responsabilidad, infra Nº 789).
121 Alessandri 1943 522, O. Tapia 1941 250, Somarriva 1939 305, Ríoseco 1996 105, Es-

calona 1997 264, J. P. Vergara 2004 55.


122 Alessandri 1943 523. R. Domínguez Á. 2004 b 375 ha sostenido que no es efectivo

que a la época de redacción del Código Civil se suscitara en la doctrina francesa la contro-
versia en torno al momento desde el cual debía comenzar a contarse el plazo de prescrip-
ción, por lo que no sería admisible el argumento histórico hecho valer por Alessandri.

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tesis; aun en tiempos más recientes, algunos fallos entienden que de acuerdo
al artículo 2332 “resulta claro que el plazo de prescripción se inicia desde
la fecha en que se comete el acto ilícito generador de los perjuicios y no
cuando éstos se producen”.123
Sin embargo, esta doctrina plantea severas dudas en cuanto a su expli-
cación histórica,124 a la interpretación literal en que se apoya y a su justifi-
cación a la luz de los fines de la prescripción extintiva. La jurisprudencia
tiende a alinearse en el mismo sentido.
c) La responsabilidad civil tiene por requisito fundamental el daño pro-
ducido por el hecho del cual se pretende hacer responsable al demandado
(supra Nº 141). En circunstancias que el perjuicio sólo puede ser contempo-
ráneo o posterior (y nunca anterior) al hecho que lo provoca, el daño es
siempre el elemento que determina el momento en que se consuma la per-
petración del delito o cuasidelito civil y nace la obligación indemnizatoria.
En efecto, si el daño es contemporáneo al hecho que genera la responsabili-
dad, concurren simultáneamente todos los elementos que la condicionan; si
es posterior, sólo desde entonces habrá lugar a la acción indemnizatoria,
porque la sola ilicitud de la conducta no da lugar a responsabilidad civil.
Por eso, la prescripción sólo puede correr desde que la acción está
disponible, o más precisamente, como decía Pothier, “desde el día en que
el acreedor ha podido entablar su demanda”.125 En ese sentido, debe en-
tenderse que la idea de perpetración del acto no sólo hace referencia a la materiali-
dad de la acción, sino a su efecto dañoso en la víctima.126 Carece de sentido que
la acción se extinga por prescripción aun antes que se hayan dado las
condiciones para su ejercicio.
Por otro lado, la interpretación contraria carece de sentido a la luz de
las funciones de la prescripción extintiva, que tiene por antecedente la

123 Corte de Santiago, 18.4.1980, RDJ, t. LXVII, sec. 2ª, 29. En el mismo sentido: CS,

9.1.1922, RDJ, t. XXI, sec. 1ª, 501; CS, 23.9.1935, RDJ, t. XXXII, sec. 1ª, 538; CS, 25.5.1948,
RDJ, t. XLV, sec. 1ª, 581; Corte de Santiago, 1.7.1986, RDJ, t. LXXXIII, sec. 4ª, 157; y CS,
15.4.2003, GJ 274, 108.
124 R. Domínguez Á. 2004 b 375.
125 Citado por Planiol/Ripert 1926 Nº 650, en apoyo de la idea que el término dado

para la prescripción debe ser un tiempo útil para el ejercicio de la acción.


126 Por eso, con gran simplicidad, la primera sentencia de la Corte Suprema que hizo

suya esta interpretación señaló que cuando el artículo 2332 expresa que el plazo de prescrip-
ción se cuenta desde la perpetración del acto, “ha aludido al acto dañoso”; en el mismo fallo
se completa la argumentación expresándose que “no se puede suponer una absurda inconse-
cuencia de la ley en orden a exigir, para el nacimiento de la obligación de indemnizar, la
producción de un daño, y, en cambio, prescindir de ese elemento fundamental para que em-
piece a correr el plazo especial de prescripción, pues –como bien se sostiene en el recurso–
ello implicaría que comenzara el término de la extinción de la obligación antes de que ella
hubiere nacido” (CS, 1.8.1967, RDJ, t. LXIV, sec. 1ª, 265). Más recientemente, Corte de San-
tiago, 1.9.2004, GJ 291, 129, ha entendido que esta interpretación “evita el absurdo de que la
acción resulte prescrita antes de nacer, porque es requisito de la indemnización la existencia
del daño que puede manifestarse con posterioridad al acto culposo o doloso”.

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§ 59. EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN DE RESPONSABILIDAD

reticencia del acreedor en hacer valer sus derechos. Nada se puede repro-
char a quien omite ejercer una acción que aún no nace, como ocurre si el
plazo es contado desde el hecho que da lugar a la responsabilidad. La
jurisprudencia ha puesto también énfasis en el aspecto sancionador que
tiene el instituto de la prescripción extintiva, porque de la inactividad del
acreedor se infiere el abandono o la satisfacción de su derecho; esta aso-
ciación basada en la experiencia no puede ser realizada tratándose de un
derecho que aún no nace.127
En estas circunstancias, lo correcto es contar el plazo de prescripción
desde que ocurra el daño, ya que desde ese instante surge el delito civil y el
derecho a la reparación, como ha tendido a afirmar también la doctrina.128
d) Una aplicación más refinada del principio exige que el plazo de
prescripción se cuente desde que el daño se manifiesta y pueda ser conocido por
el responsable, porque sólo entonces la interpretación es coherente con el
carácter sancionador que se atribuye a la prescripción extintiva. Siguiendo
este razonamiento, que es consistente con la evolución del derecho com-
parado,129 si la víctima, por circunstancias que no sean atribuibles a su
descuido, no ha estado en condiciones de conocer el daño o a su autor, y,
por consiguiente, no ha podido ejercer la acción, no hay razón para en-
tender que el plazo de prescripción haya comenzado a correr en su con-
tra. Este sería el caso de quien ha sido víctima de un fraude, que se descubre
tiempo después de acaecido el daño patrimonial efectivo.
e) A la interpretación referida parece prudente agregar una limitación
general dada por el plazo de prescripción extraordinaria, que de acuerdo a una
tradición ya asentada establece el plazo máximo dentro del cual todas las
relaciones jurídicas deben estabilizarse. Este plazo se contaría, de confor-
midad con esta interpretación, desde que haya cesado la intervención cau-
sal. La limitación referida tiene la virtud de cumplir con la función
estabilizadora y de certeza atribuida a la prescripción.130
f) En síntesis, el plazo de prescripción de la acción de responsabilidad
es de cuatro años contados desde la manifestación del daño; siguiendo
principios generales en materia de prescripción, resulta razonable asumir
como límite el plazo máximo de prescripción extraordinaria, esto es, diez
años contados desde la comisión del hecho.131

127 CS,1.8.1967, RDJ, t. LXIV, sec. 1ª, 265; CS, 19.7.1995, RDJ, t. XCII, sec. 1ª, 53.
128 En este sentido se pronuncian también Corral 2003 350, R. Domínguez Á. 2004 b
374, Abeliuk 1993 245, P. Rodríguez 1999 483.
129 Carbonnier 2000 623, Deutsch/Ahrens 2002 240; Reglero en Reglero 2002 a 533,

con referencias a las Siete Partidas y a la historia del derecho español en la materia.
130 Esta interpretación sistemática es coherente con la calificación de la prescripción

como “una institución de orden público cuyo fundamento se vincula con consideraciones
de utilidad y seguridad jurídica, entre ellas la certeza, consistencia y estabilidad de los dere-
chos” (CS, 26.4.2005, rol Nº 4.727-03).
131 Es el principio que se sigue en el derecho alemán (Deutsch/Ahrens 2002 240, con

referencia a BGB, § 852).

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ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

712. Daños diferidos, daños futuros, daño continuado, agravación del daño
y daños nuevos. a) Son daños diferidos aquellos que se manifiestan con
posterioridad a la comisión del hecho culpable o doloso.132 De acuerdo a
la interpretación sostenida, el plazo de prescripción se debe contar en este
tipo de casos desde que el daño se hace conocido o se manifiesta a la
víctima, con un límite de diez años desde que concluye la ejecución del
hecho que lo genera.
b) La comisión de un hecho ilícito se puede prolongar indeterminada-
mente en el tiempo. En este caso el delito se renueva de manera perma-
nente. La comisión de un delito que subsiste en el tiempo genera un daño
continuado. En este supuesto, en tanto subsiste la comisión del delito, él
se continúa ejecutando. Sólo una vez que el delito se haya dejado de reno-
var y sus efectos dañinos se hayan consumado, es posible sostener que el
acto ya se ha perpetrado.133
En consecuencia, si la consumación del hecho es coetánea a la produc-
ción del daño, desde ese momento debe comenzar a computarse el plazo
de prescripción. Si el hecho es instantáneo, pero el daño continuado, la
prescripción sólo comienza a correr cuando cesa el daño (aunque pueda
ir extinguiéndose progresivamente la acción respecto de daños ocurridos
con más de cuatro años de anticipación).
La misma regla resulta aplicable cuando se trata de un hecho ilícito
complejo, compuesto por un conjunto de actos autónomos, pero normati-
vamente vinculados entre sí y que causan daño. En este evento, el último
de dichos actos es el que resulta relevante a efectos del cómputo de la
prescripción. Con todo, esta hipótesis no se debe confundir con el daño
que por su naturaleza persiste de manera indefinida, como típicamente
puede ocurrir con el daño moral o con el lucro cesante que se sigue del
daño corporal. En este caso, el momento determinante es cuando ocurre
el daño. Así, se ha fallado que muy distinta a una secuencia de hechos
dañosos es la secuela que se sigue del daño moral, susceptible de prolon-
garse “tal vez, por toda la vida”.134
c) La circunstancia de que un daño devenga en más intenso o se agra-
ve puede tener efectos en la responsabilidad (supra § 58 g); pero en nada

132 Para un caso de daños diferidos, CS, 26.4.1998, F. del M. 473, 244.
133 Se ha fallado que tratándose de un acto ilícito configurado por acciones u omisio-
nes mantenidas durante un extenso período, procede computar el plazo de prescripción
sólo desde que cesa la actividad que se venía prolongando en el tiempo (CS, 4.1.1996,
F. del M. 446, 1899); y que para determinar el momento a partir del cual debe contarse el
plazo de prescripción cuando concurren ilícitos continuados debe estarse al instante en que
ellos cesan de producirse (CS, 6.11.1981, RDJ, t. LXXVIII, sec. 5ª, 326).
134 Corte de La Serena, 27.4.2004, rol Nº 29.688-2003, confirmada por CS [cas. fondo],

19.4.2005, rol Nº 2.297-2004. De igual modo, se ha resuelto que “todo acto ilícito puede
provocar daños morales actuales e indefinidos, sin que por ello deje de configurar un mis-
mo hecho en lo que hace al cómputo del plazo de prescripción” (Corte de Santiago, 1.4.2004,
GJ 286, 72).

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§ 59. EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN DE RESPONSABILIDAD

afecta al plazo de prescripción que ya ha comenzado a correr. Con todo,


esta regla sólo rige si se trata del mismo daño, porque en caso de tratarse
de un daño nuevo, aunque haya sido ocasionado por un mismo hecho,
resulta coherente con lo antes expresado que comience a correr un plazo
de prescripción también nuevo.135

713. Interrupción de la prescripción. a) De acuerdo con las reglas genera-


les, la prescripción de la acción de responsabilidad se interrumpe natural
o civilmente.136 Se interrumpe naturalmente por el hecho de reconocer el
deudor expresa o tácitamente la obligación, y civilmente por la presenta-
ción de la demanda judicial (artículo 2518).137
b) En el procedimiento penal la prescripción se interrumpe además
de manera previa a la presentación por la víctima de la demanda civil. En
efecto, una vez formalizada la investigación, la víctima puede preparar la
demanda civil solicitando la práctica de diligencias que estime relevantes
para ese fin. La preparación de la demanda civil interrumpe la prescrip-
ción. Con todo, esta interrupción está condicionada a la presentación opor-
tuna de la demanda, de modo que si no es presentada, la prescripción no
se considera interrumpida (Código Procesal Penal, artículo 61 III).
Además, si el procedimiento penal no llegara a juicio oral y continuara
de conformidad a las reglas que rigen el procedimiento abreviado, o por
cualquier causa terminara o se suspendiera, sin que se falle la acción civil
oportunamente deducida, la prescripción continuará interrumpida, siem-
pre que dentro de un plazo de sesenta días, contados desde que por reso-
lución firme se disponga la suspensión o terminación del procedimiento,
la víctima ejerza la acción civil ante el tribunal competente. Si la demanda
no fuera deducida en ese plazo ante el tribunal civil, la prescripción conti-
nuará corriendo como si no se hubiese interrumpido (Código Procesal
Penal, artículo 68).

714. Suspensión de la prescripción. a) Se han planteado dudas en cuanto


a la procedencia de la suspensión de la prescripción de la acción de res-
ponsabilidad. En virtud del artículo 2524 las prescripciones de corto tiem-
po a que están sujetas las acciones especiales de ciertos actos o contratos

135 R. Domínguez Á. 2004 b 379.


136 Alessandri 1943 528, O. Tapia 1941 252, Corral 2003 351, Abeliuk 1993 245.
137 Se ha fallado que “la expresión ‘demanda judicial’ del precepto antes transcrito no se

refiere forzosamente a una demanda civil en términos procesales estrictos, sino a cualquier ges-
tión que demuestre de forma inequívoca que el acreedor pone en juego la función jurisdiccio-
nal para obtener o proteger su derecho” (CS, 28.3.2005, rol Nº 3.074-2003); y que “la más reciente
corriente de opinión sostiene que el término ‘demanda judicial’ no debe ser tomado en un
estricto sentido procesal, sino en uno más amplio, bastando que el acreedor recurra a los tribu-
nales en demanda de protección, ya sea para cobrar directamente su crédito, ya sea para efec-
tuar las gestiones previas necesarias para hacerlo” (Corte de Santiago, 16.12.2002, GJ 270, 96);
véase también CS, 20.3.2006, rol Nº 5.489-2003. Sobre la discusión en torno al sentido y alcance
de la ‘demanda judicial’ que interrumpe la prescripción, R. Domínguez Á. 2004 b 234.

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“también corren contra toda clase de personas, salvo que expresamente se


establezca otra regla”; de esa regla se suele inferir que en materia de res-
ponsabilidad extracontractual se hace una remisión tácita a la disposición
del artículo 2523, que señala que “las prescripciones mencionadas en los
dos artículos precedentes corren contra toda clase de personas, y no admi-
ten suspensión alguna”.
b) Para parte importante de la doctrina, la prescripción de la acción
de responsabilidad estaría comprendida entre aquéllas de corto tiempo a
las que se refiere el artículo 2524 y, por consiguiente, no cabría aplicar la
suspensión.138 En el mismo sentido, se ha fallado que “la prescripción del
artículo 2332 es de una duración inferior a la prescripción ordinaria ad-
quisitiva y extintiva, por lo que debe catalogarse como de corto tiempo; se
encuentra mencionada en un título especial, el XXXV, y no contiene regla
especial sobre ella, por lo que puede sostenerse que reúne todos los requi-
sitos que el artículo 2524 exige para que las acciones de corto tiempo
corran ‘también contra toda persona’, o sea, no le son aplicables las nor-
mas excepcionales de los artículos 2509 Nº 1 y 2520 del Código Civil”.139
También se ha argumentado que la suspensión es ‘un favor que la ley
concede’ a ciertas personas, porque el artículo 2520 es una norma especial
aplicable exclusivamente a la prescripción ordinaria de cinco años y ejecu-
tiva de tres, de lo que se seguiría que la acción de responsabilidad corre
en contra de toda clase de personas y no se suspende, en razón de la
ausencia de una norma especial.140
c) En contra de la interpretación referida se puede argumentar que el
artículo 2524 no resulta aplicable a la acción de responsabilidad, porque
dicha disposición sólo se aplica a las acciones que nacen de ciertos ‘actos o
contratos’, mientras la acción de responsabilidad extracontractual provie-
ne de hechos jurídicos. Por lo demás, cuando el legislador establece pres-
cripciones de corto plazo en materia contractual, usualmente presume que
ha habido pago o pretende evitar que la disputa acerca del cumplimiento
se extienda innecesariamente, lo que no vale para la responsabilidad ex-
tracontractual.
En estas circunstancias, si se estima que el artículo 2524 no resulta
aplicable a este tipo de responsabilidad, procedería aplicar la regla gene-
ral prevista en el artículo 2520, que ordena suspender la prescripción ex-
tintiva a favor de las personas enumeradas en los números 1º y 2º del
artículo 2509. En este orden de ideas se ha fallado que “la referencia del

138 Alessandri 1943 528, O. Tapia 1941 252, Abeliuk 1993 245, Rioseco 1996 77. P. Ro-

dríguez 1999 485 estima que si bien la prescripción de la acción de responsabilidad corre
contra toda clase de personas, se suspende entre cónyuges en razón de que “la prescrip-
ción se suspende siempre entre cónyuges” (artículo 2509, inciso final).
139 CS, 7.11.2001, RDJ, t. XCVIII, sec. 1ª, 245. En el mismo sentido: CS, 25.5.1948, RDJ,

t. XLV, sec. 1ª, 581; CS, 10.10.1978, RDJ, t. LXXV, sec. 4ª, 583; Corte de Santiago, 7.7.1988,
RDJ, t. LXXXV, sec. 2ª, 63; y CS, 31.1.1989, F. del M. 362, 893.
140 R. Domínguez Á. 2004 b 369.

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art. 2524 a “ciertos actos o contratos” no comprende a los delitos y cuasi-


delitos, pues para incluirlos debió hacerse en forma inequívoca. No ha-
biéndose hecho así, no cabe considerar la prescripción establecida en el
art. 2332 del Código Civil entre las de corto tiempo a que se refiere aquel
artículo, sino reconocer que ella se rige por las reglas generales de la pres-
cripción ordinaria, siéndole, en consecuencia, aplicable el art. 2509 de
dicho Código”.141
d) En verdad, la suspensión parece ser una institución general de
protección, justificada en la incapacidad de ciertas personas, más que un
favor excepcional conferido por la ley. Así, los casos en que la prescrip-
ción corre en contra de toda clase de personas constituyen más bien las
excepciones. En la medida que las excepciones debieran ser interpreta-
das restrictivamente, resulta preferible la opinión que sostiene que la
acción de responsabilidad se suspende a favor de las personas enumera-
das en los números 1º y 2º del artículo 2509. Más aún, desde un punto
de vista teleológico, si se considera que las razones para que rija la sus-
pensión respecto de acciones ordinarias y ejecutivas son también perti-
nentes, al menos con el mismo peso, respecto de la acción de responsa-
bilidad civil extracontractual.

715. Prescripción de la acción subrogatoria y de reembolso. a) La acción


subrogatoria que puede pertenecer en razón de un ilícito civil (a favor del
asegurador o del corresponsable solidario, por ejemplo), es técnicamente
una acción de responsabilidad y está sujeta a las mismas condiciones de
ejercicio que la acción perteneciente al titular activo principal. En conse-
cuencia, si se dirige contra el responsable civil, la extinción se rige por las
mismas reglas aplicables a la acción de la víctima.
Sólo plantea dudas la acción del responsable solidario que ha pagado
la obligación indemnizatoria y desea accionar en contra de los demás res-
ponsables para que contribuyan al pago de la obligación, como puede
ocurrir con el propietario o tenedor de un vehículo motorizado que ha
pagado los daños provocados por el conductor y ejerce acción en contra
de este último. La acción subrogatoria que le concede el artículo 1522
nace al momento del pago de la deuda indemnizatoria o de haberla extin-
guido por alguno de los medios equivalentes al pago, de modo que resulta
inobjetable que sólo entonces comience a correr a su respecto el plazo de
prescripción.

141 Corte de Santiago, 12.1.1988, RDJ, t. LXXXV, sec. 2ª, 1. En el mismo sentido se ha

fallado que “los delitos o cuasidelitos son hechos voluntarios y que pueden causar efectos
jurídicos y obligaciones, pero cuya finalidad está dirigida a una meta distinta, por cuya ra-
zón no son actos jurídicos” y que, en consecuencia, “la prescripción de 4 años contempla-
da en el artículo 2332 no es una prescripción de corto tiempo a que alude el artículo 2524,
ambos del mismo cuerpo legal” (CS, 13.4.1989, RDJ, t. LXXXVI, sec. 1ª, 49, también publi-
cada en F. del M. 365, 120).

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ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

b) Una acción de reembolso puede corresponder a un tercero que ha


pagado todos o parte de los costos del accidente a la víctima (por ejemplo,
a un prestador de servicios de salud) y que luego reclama a la víctima la
restitución de lo recibido a título indemnizatorio por parte del civilmente
responsable. En este caso, el objeto de la acción es precisamente la restitu-
ción de lo pagado, con cargo a lo percibido a título indemnizatorio del
responsable civil (supra Nº 693). La acción restitutoria se rige por las re-
glas generales (artículo 2515), de modo que prescribe en cinco años, con-
tados desde la exigibilidad, que está dada por el pago que el responsable
civil hace a la víctima deudora de la restitución.

§ 60. RESTITUCIÓN DE BENEFICIOS O DE CARGAS

a. Restitución de beneficios injustamente obtenidos en razón de un ilícito

716. Acción restitutoria de beneficios como alternativa a las acciones de


reparación en naturaleza e indemnizatorias. a) La obligación restitutoria
que nace de un ilícito tiene por antecedente, como en el caso de la acción
de enriquecimiento sin causa, una ganancia obtenida por el demandado.
En consecuencia, no es condición para el éxito de la acción que el deman-
dante logre probar que ha sufrido un daño. Su objeto es la restitución de
una ganancia injustamente adquirida en razón del hecho ilícito y no la
reparación de un daño sufrido por el demandante, de modo que se trata
de una acción restitutoria y no de responsabilidad.
b) Existe una diferencia entre la acción restitutoria que tiene por
antecedente un hecho ilícito del demandado y la acción general de
enriquecimiento sin causa: esta última surge de un principio general
del derecho, que es construido a partir de diversos institutos del dere-
cho civil (pago de lo no debido, recompensas en la sociedad conyugal y
prestaciones mutuas en la reivindicación, por ejemplo). La proceden-
cia de la acción de enriquecimiento no depende de que el demandado
haya cometido un hecho ilícito: se trata de una acción subsidiaria que
el derecho reconoce a falta de otra acción específica, cuyo fundamento
de hecho es el enriquecimiento del demandado y el empobrecimiento
del demandante y cuyo antecedente de derecho es que ese enriqueci-
miento carezca de causa legítima. 142
En el caso del hecho ilícito se puede entender que la pretensión
restitutoria tiene por solo antecedente el beneficio que el demandado
ha obtenido de su acto contrario a derecho, bastando a ese efecto la
prueba del ilícito, del enriquecimiento y de la relación de causalidad.
En otras palabras, cuando el enriquecimiento injusto deriva de un deli-
to o cuasidelito civil la pretensión puede tener por objeto algo distinto

142 Mazeaud/Chabas 1998 820.

929
§ 60. RESTITUCIÓN DE BENEFICIOS O DE CARGAS

que la reparación del daño, como es la restitución del beneficio obteni-


do a consecuencia de la culpa o del dolo del demandado que ha obte-
nido el provecho.143
c) El interés del demandante de ejercer una acción restitutoria de las
ganancias obtenidas por el demandado puede justificarse porque la ga-
nancia obtenida en razón del ilícito excede el monto del daño asumido
por el actor. Este sería el caso, por ejemplo, si el lucro cesante derivado
del uso por un tercero de la propiedad industrial del titular es inferior al
beneficio que el infractor ha obtenido por ese uso impropio. Es conve-
niente precisar que el lucro cesante no consiste en el beneficio genérico
que puede obtener un tercero a consecuencia del ejercicio de una activi-
dad rentable, sino en el beneficio concreto de que es privado el deman-
dante en razón del acto ilícito del demandado. En otras palabras, el lucro
cesante es un daño que se mide con independencia del beneficio que el
ilícito haya reportado al demandado.
d) La acción restitutoria tiene por objeto la restitución de dos tipos de
beneficios: ante todo, el gasto que el demandado se ha ahorrado al usar
indebidamente bienes del actor; enseguida, la ganancia neta que se sigue
del uso. Conviene tener presente esta distinción, porque usualmente el pri-
mer concepto (el ahorro de gastos) es equivalente al daño por lucro cesante
que sufre el titular: en el mismo ejemplo de la propiedad intelectual, el
ahorro de gastos del demandado corresponde a la suma que se debería
haber pagado al demandante por el uso de los derechos (esto es, el lucro
cesante sufrido por éste). Por el contrario, la ganancia corresponde a lo que
el demandado ha obtenido por encima de ese costo en que debió incurrir
para hacerse legítimamente de lo ajeno. En esta diferencia reside precisa-
mente el interés de entablar la acción restitutoria del enriquecimiento injus-
to, a pesar de estar también disponible la acción indemnizatoria. Ello también
ayuda a la calificación de la acción: no se trata de una acción de responsabi-
lidad (que siempre está orientada al daño), sino de restitución de beneficios
injustos, que tiene por antecedente un ilícito civil.144

717. Ámbito práctico de aplicación en razón de dificultades probatorias.


a) Algunas situaciones típicas de enriquecimiento injusto a consecuencia
de un hecho culpable, donde el enriquecimiento puede resultar superior
al daño sufrido por el demandante, se presentan en el uso de la propiedad

143
En contra de aceptar una acción restitutoria que no encuadre en los requisitos ge-
nerales del enriquecimiento sin causa, Diez 1997 170; en el mismo sentido, pero sólo aten-
diendo a la imposibilidad de considerar los beneficios como objeto de indemnización (sin
pronunciarse sobre una acción restitutoria), Alessandri 1943 553. En verdad, la acción res-
titutoria que aquí se analiza tiene su fundamento en el ilícito civil y no en el mero hecho
del empobrecimiento que tiene por contrapartida un enriquecimiento. Una discusión de
que esta obligación restitutoria de ganancias injustificadas tenga su fundamento en razo-
nes de justicia correctiva, en Gordley en Owen 1995 138; afirmando esa relación, Weinrib
1980 47.
144
Birks 1985 9, Weinrib 1980 50.

930
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

ajena. Puede ser el caso en materia de propiedad sobre bienes inmateria-


les, como los que son objeto de propiedad intelectual (derechos de au-
tor), propiedad industrial (patentes, marcas, modelos registrados), el
nombre o la imagen de otra persona.145 Pero también puede resultar del
uso del suelo o de dinero ajeno, como ocurre, por ejemplo, con el admi-
nistrador de bienes ajenos que los destina a negocios propios, sin que de
ello se siga perjuicio para con quien el demandado tiene un deber de
confianza.
b) Naturalmente que la prueba del lucro indebido corresponde al
demandante. El medio de prueba serán usualmente las presunciones,
porque no es posible, por lo general, un cálculo preciso del beneficio
injustamente obtenido: “el propósito es lograr una equitativa atribu-
ción, de modo que ninguna parte tenga lo que en justicia corresponde
a la otra; lo que se exige del proceso (inquiry), si eso es lo que se persi-
gue, no será una exactitud matemática, sino una razonable aproxima-
ción”.146
En todo caso, se requiere que exista un beneficio patrimonial que in-
equívocamente se derive del ilícito del demandado, como se muestra en
un caso que resolvieron los tribunales chilenos. La Municipalidad de Viña
del Mar autorizó a un tercero a publicar y distribuir gratuitamente una
guía turística sin autorización de su autor; demandado el municipio, fue
condenado por los jueces de instancia a pagar $ 20 millones por concepto
de daño moral, entendiendo la Corte Suprema, al rechazar la casación,
que el autor experimentó un sufrimiento o angustia al ver que su trabajo
se desvalorizaba al ser distribuido sin su autorización.147 En el caso, atendi-
do el uso gratuito de la propiedad intelectual, no podía alegarse enrique-
cimiento; sin embargo, todo indica que no sólo estaba lesionado el derecho
moral de autor, sino también se producía un daño emergente en razón
del menor valor de la creación intelectual a consecuencia de su publica-
ción, como señala el fallo.
c) La mayor dificultad para acreditar la pretensión restitutoria será
usualmente acreditar la causalidad: el enriquecimiento debe surgir directa-
mente del uso de la propiedad ajena. En general, los principios de atribu-
ción objetiva del daño al hecho causal debieran ser suficientes para asegurar
que exista una relación suficientemente directa entre el ilícito y el benefi-
cio injusto (supra § 30). Sin embargo, en este caso no basta que el acto de
apropiación haya sido una de las causas del beneficio, sino que es necesa-
rio, además, determinar la proporción en que ella ha resultado determinan-
te. Por eso, atendidas las serias dificultades de determinación causal, en la
experiencia comparada se reduce el ámbito de aplicación de esta acción al

145 MünchKom/Grunsky § 252 16, Viney/Jourdain 2001 181, Cane 1996 112.
146 Así la opinión de Lord Slade en My Kinda Town Ltd v. Soll, FSR 159 (1982), citado
por Burrows 1994 304.
147 CS, 2.11.2000, RDJ, t. XCVII, sec. 1ª, 212. Puede verse también CS, 15.9.1999, RDJ,

t. XCVI, sec.1ª, 158, publicada también en F. del M. 490, 1885.

931
§ 60. RESTITUCIÓN DE BENEFICIOS O DE CARGAS

uso abusivo de la propiedad; especialmente, como se ha dicho, de la que


recae sobre bienes inmateriales.148
d) En definitiva, cuando se usa la propiedad ajena (sea corporal, incor-
poral o sobre bienes inmateriales), usualmente el titular del derecho ten-
drá dos acciones alternativas: ante todo, la acción general de perjuicios,
con fundamento en la responsabilidad extracontractual por daños patri-
moniales (que de ordinario corresponderá a la remuneración usual por
ese aprovechamiento, sin necesidad de probar otro concepto que el de
lucro cesante); y, además, la acción de restitución de la ganancia efectiva-
mente obtenida por quien hizo empleo abusivo del bien respectivo.

718. Acción restitutoria de los beneficios del dolo. Quienes ejecutan el


dolo, sea personalmente, sea como cómplices o encubridores (infra Nº 724),
son civilmente responsables de todos los perjuicios que se sigan para la
víctima. Pero también puede ser de interés para esta última la acción resti-
tutoria de los beneficios que se siguen del dolo ajeno. El artículo 2316 II
reitera la regla establecida a propósito del dolo como vicio del consenti-
miento, estableciendo que “el que reciba provecho del dolo ajeno, sin ser
cómplice en él, sólo es obligado hasta concurrencia de lo que valga el
provecho”.
Aunque es de aplicación general, la norma tiene especial importancia
práctica en los ilícitos de negocios, donde la acción indemnizatoria tiene
usualmente por supuesto que se haya actuado intencionalmente (supra
Nº 79); además, puede ocurrir en estos ilícitos que quien los comete actúe
en interés de un tercero, como suele ocurrir con la responsabilidad de
directores y gerentes de sociedad que actúan en interés de personas rela-
cionadas (supra § 56 d), de modo que el patrimonio contra el cual se ejer-
ce la acción restitutoria suele ser más fuerte que el de quien es personal-
mente responsable.

b. Restitución en razón de cargas impuestas por actos lícitos

719. Privación admitida de un bien ajeno. a) Existen actos que el derecho


autoriza, incluso expresamente, pero que tienen por efecto imponer a otra
persona una carga. De la circunstancia de que la imposición de la carga
sea lícita no se sigue que deba igualmente serlo la asunción del costo por
parte de quien está obligado a soportarla. Un caso típico es el estado de
necesidad: si para evitar un incendio se atraviesa la propiedad ajena (lo
que es lícito en razón de la causa de justificación), no se incurre propia-
mente en responsabilidad extracontractual. A pesar de que el derecho del
titular cede frente a un interés mucho mayor, en definitiva, esa carga im-

148 MünchKom/Graunsky § 252 16; en el derecho inglés la acción de restitución de be-

neficios sólo es reconocida en casos de propiedad intelectual o industrial, competencia des-


leal (passing off) e infracción de deberes fiduciarios (breach of confidence).

932
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

puesta al vecino no tiene que ser soportada por éste. Una vez cesada la
situación, quien ha actuado en estado de necesidad debe compensar al
afectado por el daño sufrido en su bien (supra Nº 82 c).
En el derecho de bienes se plantea con frecuencia el conflicto. Por lo
general, es resuelto en favor de la propiedad; ello vale especialmente en
el caso de las más arcaicas formas de ocupación (artículos 609 II, 610,
617 II y 620). En otros casos, sin embargo, el sopesamiento de bienes
lleva a que sea el propietario quien soporte la carga. Así ocurre típica-
mente con las servidumbres legales (artículo 847) y con ciertas formas
de accesión (artículos 668, I sobre edificación en terreno propio con
materiales ajenos; 668 III, sobre plantación de semillas o plantas ajenas;
658, sobre accesión por mezcla o especificación).
b) Más allá de los casos regulados expresamente por la ley, puede asu-
mirse un principio general del derecho que da lugar a obligaciones restituto-
rias en casos de imposición privada de cargas excesivas pero lícitas.
Siguiendo el principio de que el daño debe ser significativo, el entorpeci-
miento debe exceder del límite de las turbaciones que debemos soportar
en razón de la convivencia (supra Nº 145 y § 24 g).
c) El principio encuentra aplicación también en el ámbito del derecho
público, pues puede ocurrir que la Administración del Estado imponga car-
gas a ciertas personas, que resultan exorbitantes y desiguales, aunque el acto
administrativo sea legítimo, tanto desde el punto de vista de su legalidad
como de su finalidad. Ese puede ser el caso, por ejemplo, de las medidas
preventivas adoptadas a consecuencia de epidemias, y resoluciones de pro-
tección ambiental o patrimonial. La materia plantea importantes preguntas
relativas a la distribución de cargas públicas y a los límites a la imposición de
cargas privadas en beneficio público (supra Nº 334 e y § 40 f).

720. Sacrificio de un bien propio. También puede ocurrir que alguien se


exponga a un daño para beneficiar a un tercero expuesto a un mal ma-
yor.149 El caso típico es el del niño que cruza la calle, provocando un giro
del conductor que lo hace chocar contra un árbol; bajo el supuesto de que
(atendidas las circunstancias) no hay responsabilidad civil de los padres
del niño, el conductor sufre un daño que no es justo atribuirle. Es tam-
bién la situación del salvador que socorre a una persona que ha caído en
un cruce y que es lesionado a consecuencia de su acto; como en el caso
anterior, no hay acción bajo el estatuto general de la responsabilidad por
culpa, ni tampoco bajo un supuesto de responsabilidad estricta. Sin em-
bargo, no sólo hay un deber moral de gratitud, sino uno jurídico de resti-
tuir el sacrificio incurrido, al menos hasta el monto del daño evitado.

721. Efectos. No existiendo regla legal aplicable, la reparación debe seguir


en estos casos un criterio de justicia correctiva, que resulte consistente por
analogía con las normas del derecho civil. Un buen punto de apoyo está

149 Deutsch/Ahrens 2002 190, Larenz/Canaris 1994 654.

933
§ 61. PARTES DEL JUICIO DE RESPONSABILIDAD

representado por las reglas de valoración de las servidumbres de tránsito,


que suponen indemnizar el valor del terreno del cual es privado el propie-
tario y cualquier otro perjuicio; y en materia de accesión, donde se paga el
precio de la cosa de menor valor de la cual se apropia el accedente
(artículo 668 I).150 A falta de un fundamento legal explícito, como ocurre
en estos casos, sólo cabe invocar un principio de restitución que subyace a
diversos institutos del derecho civil, como ocurre en materia de responsa-
bilidad civil (artículo 2314). En consecuencia, corresponde invocar como
fundamento de la pretensión los principios de equidad (Código de Proce-
dimiento Civil, artículo 170 Nº 5) y el espíritu general de la legislación
(artículo 24).

TÍTULO II

RELACIÓN JURÍDICA PROCESAL EN EL JUICIO DE


RESPONSABILIDAD

722. Plan de exposición. En este título serán analizados algunos elementos


subjetivos y objetivos de la relación jurídica procesal que nace a conse-
cuencia del ejercicio de algunas de las acciones de reparación en naturale-
za, indemnizatorias o restitutorias que pueden surgir de un ilícito civil. A
este efecto, se intentará formular un esquema sistemático de las partes del
juicio de responsabilidad, a cuyo efecto se hará sustancialmente referencia
a lo expuesto en otras secciones de este libro (infra § 61). Enseguida, se
analizarán algunos aspectos relativos al ejercicio de la acción de responsa-
bilidad civil en el proceso penal (infra § 62). Finalmente, se analizarán los
efectos recíprocos de resoluciones en lo criminal y en lo civil (infra § 63).

§ 61. PARTES DEL JUICIO DE RESPONSABILIDAD

a. El demandado

723. Criterios de atribución de responsabilidad. Por lo general, las preten-


siones a que da lugar la responsabilidad civil sólo se pueden hacer valer
contra el autor del daño o sus herederos. Excepcionalmente, la ley estable-
ce la responsabilidad por el hecho ajeno, en cuya virtud una persona pue-
de ser demandada por los ilícitos civiles incurridos por otra. Finalmente,
la ley establece una acción restitutoria en contra de quien se ha aprove-
chado del dolo ajeno (artículos 1458 II y 2316 II).

150 Es interesante el contraste que la norma referida plantea con la del inciso siguien-

te, que se rige plenamente por las normas de la responsabilidad extracontractual, que obli-
gan a reparar todo perjuicio.

934
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

724. Autor del daño. a) Con las solas excepciones que establece el artículo
2319, todas las personas son capaces de delito o cuasidelito civil (supra Nº 30),
de modo que la acción de responsabilidad se dirige, ante todo, contra quien
por su hecho negligente (en la responsabilidad por culpa) o por su posición
generadora de un riesgo (en la responsabilidad estricta) ha causado el daño
que da lugar a la pretensión reparatoria (artículo 2316 I).
Se tiene por autor del daño a quien materialmente lo ha producido,
pero la responsabilidad también se extiende a quienes han actuado como
cómplices o encubridores del hecho, en la medida que su conducta ilícita resulta
determinante en la materialización de los perjuicios.151 A estos efectos, las
reglas generales sobre causalidad son suficientes para determinar la exten-
sión pasiva de la acción de responsabilidad; ésta se dirige por igual contra
cualquiera persona cuya conducta ilícita haya sido condición necesaria del
daño (supra Nos 244 y 278).
b) La autoría plantea particulares preguntas en el caso de la responsa-
bilidad de personas jurídicas y especialmente del empresario. Uno de los
aspectos evolutivos más evidentes de la responsabilidad de la persona jurí-
dica es la creciente aceptación de la responsabilidad por el hecho propio,
sobre la base de la construcción de un ilícito organizacional, que se mani-
fiesta en el incorrecto funcionamiento de la organización, y que no re-
quiere la identificación de las personas naturales a quienes resulte atribuible
en concreto la negligencia (supra Nos 34 y 129).
c) En los casos de responsabilidad estricta, el antecedente determinan-
te de la responsabilidad es usualmente la calidad (por ejemplo, la de tene-
dor de la cosa riesgosa) o el desarrollo de la actividad. Corresponde a la
ley definir quién será tenido en cada caso por responsable, en la medida
que no es la conducta, sino el riesgo el elemento que resulta determinante
(supra Nº 325).

725. Herederos del autor del daño. a) La acción también puede ser ejerci-
da en contra de los herederos del autor del daño, en virtud del principio
de continuidad patrimonial activa y pasiva del causante en sus sucesores
universales (artículo 951 II). Por lo demás, la legitimidad pasiva de los
herederos está expresamente reconocida en el título sobre delitos y cuasi-
delitos civiles (artículo 2316 I).
b) Si el causante ha fallecido en el accidente ocurrido por su culpa y
que ha provocado daño a terceros, debe entenderse que la sucesión asu-
me igualmente la obligación reparatoria, porque el ilícito fue cometido en
vida del causante; por eso, carece de relevancia el orden temporal en que

151 Alessandri 1943 490, Corral 2003 324; en la medida en que el derecho civil sólo

atiende a la relación causal entre el hecho ilícito y el daño, no discrimina, en general, los
tipos de circunstancias que dan lugar a esa participación; todo indica, sin embargo, que las
definiciones de los artículos 14 y siguientes del Código Penal son aplicables a los delitos
civiles, con la sola reserva de que la responsabilidad civil tiene por condición que esa parti-
cipación sea causalmente determinante del daño sufrido por la víctima.

935
§ 61. PARTES DEL JUICIO DE RESPONSABILIDAD

efectivamente se suceden la muerte del causante que provocó el accidente


y los daños sufridos, personalmente o por repercusión, por el tercero que
los demanda.152
c) Los herederos están obligados a la deuda a prorrata de sus partici-
paciones hereditarias y la insolvencia de cualquiera de ellos no grava a los
demás, según las reglas generales (artículos 1354 y 1355).

726. Responsabilidad por el hecho ajeno. La acción se puede también


dirigir en contra de quienes responden por el hecho ajeno, sea por la
culpa probada (a falta de presunción legal), o por la presunta por la ley
(supra §§ 17 y 18 a). El caso más fuerte de responsabilidad por el hecho
ajeno es la responsabilidad vicaria, esto es, la responsabilidad estricta por
la culpa ajena (supra Nos 104, 119 y 308 b); el ejemplo más importante de
responsabilidad vicaria en el derecho chileno es la responsabilidad del
propietario o tenedor de un vehículo motorizado por los accidentes pro-
vocados por la imprudencia de los conductores (supra Nº 528). A diferen-
cia de lo que tiende a ocurrir en el derecho comparado, la responsabilidad
del principal por el hecho del dependiente en el derecho chileno es por
culpa presunta y no vicaria.

727. Responsabilidad de varias personas: solidaridad legal y obligaciones in


solidum. a) En situaciones de concurrencia de varios ilícitos o de varias per-
sonas que concurren a la realización de un mismo ilícito se plantea la pre-
gunta por la forma en que resultan obligadas frente a la víctima. En esta
sección sólo cabe hacer referencia a lo analizado al tratar de la causalidad
sobre la responsabilidad en casos de pluralidad de responsables (supra § 33).
b) El Código Civil sólo establece una regla de solidaridad para la hipó-
tesis de que un mismo delito o cuasidelito haya sido cometido por dos o
más personas, esto es, que haya habido pluralidad de autores, pero unidad
de hecho (supra Nº 277).153 Por consiguiente, si no se puede dar por confi-
gurada la participación de dos o más personas en un mismo hecho, no hay
solidaridad legal entre los diversos responsables de un daño. Sin embargo,
desde el punto de vista de la obligación reparatoria para con la víctima,
cada uno de quienes han intervenido causalmente en la generación del
daño es responsable por el total de los perjuicios, en la medida que las
respectivas culpas sean condición necesaria del daño y éste pueda ser teni-
do por directo. En ese caso, se presenta la situación que la doctrina france-
sa denomina obligaciones in solidum, que no son solidarias por mandato
legal expreso, pero que presentan efectos análogos a la solidaridad, por
aplicación de principios generales de la responsabilidad civil (supra Nº 278).
c) Tampoco es solidaria la obligación del tercero civilmente responsa-
ble de un daño, porque no se trata del mismo hecho: la persona que ha
cometido el delito o cuasidelito responde por su propia culpa, de acuerdo

152 Jones 2002 703.


153 Alessandri 1943 487.

936
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

con las reglas generales; el tercero civilmente responsable lo hace por la


suya o por la responsabilidad estricta que la ley pueda imponerle como
guardián de una cosa o de una persona. Sin embargo, también en este
caso ambos son responsables por el total de la obligación, de modo que se
les puede tener por obligados in solidum (supra Nº 279).
d) La Ley del tránsito ha agregado, como se ha visto, la responsabili-
dad solidaria del propietario o tenedor de un vehículo motorizado con el
conductor negligente que ha provocado el accidente (artículo 174). Es
una especie de responsabilidad vicaria que protege especialmente a las
víctimas de conductores insolventes (supra Nº 528).

728. Asegurador de responsabilidad. a) El riesgo que asume el asegurador


de responsabilidad civil tiene por objeto las sumas de dinero representati-
vas de las indemnizaciones o reparaciones en naturaleza a que puede ver-
se obligado a pagar o financiar el asegurado (supra Nº 699). Atendida la
relación personal entre asegurador y asegurado, y de acuerdo con el prin-
cipio del valor relativo de los contratos, en principio, la víctima carece de
acción directa en contra del asegurador de la responsabilidad del autor
del daño o del tercero civilmente responsable asegurado; sin embargo, esa
acción directa suele ser reconocida en contra del asegurador, especialmente
en el caso de seguros obligatorios (infra Nº 867).
b) Por el contrario, de acuerdo con las reglas generales, la ley recono-
ce al asegurador el derecho a subrogarse en las acciones que puedan co-
rresponderle al asegurado en contra de un tercero por el monto pagado
(Código de Comercio, artículo 553). Es típicamente el caso de las acciones
que corresponden en contra de los obligados solidariamente o in solidum
por la cuota que les corresponde en la responsabilidad civil (supra Nos 115,
278 y 279).

729. Beneficiarios del dolo ajeno. También están pasivamente legitimados


en el juicio a que dé lugar un ilícito civil quienes se han aprovechado de
un dolo ajeno, aunque personalmente no hayan incurrido en ilícito algu-
no, de conformidad con las reglas generales (supra Nº 718).

b. El demandante

730. El daño sufrido como requisito de la acción indemnizatoria. Como se


señalaba al analizar el requisito del daño como condición de la responsa-
bilidad civil (supra Nº 141), el antecedente más elemental de la responsa-
bilidad civil se encuentra en el daño, pues sólo entonces tiene sentido
preguntarse si éste debe ser soportado por la víctima o por quien resulte
civilmente responsable. En consecuencia, la legitimidad activa de la acción
de responsabilidad civil pertenece a quien alega haber sufrido un daño,
sea inmediatamente como víctima directa, sea mediatamente como vícti-
ma de un daño que se sufre a consecuencia del infligido a la víctima direc-
ta (daño reflejo o por repercusión).

937
§ 61. PARTES DEL JUICIO DE RESPONSABILIDAD

1. Acción de la víctima inmediata

731. Acción de la víctima inmediata. a) La víctima inmediata puede ser


indistintamente una persona natural o jurídica.
b) Toda persona natural puede sufrir daño que dé lugar a responsabili-
dad civil. La capacidad, que es condición para ser sujeto pasivo de la ac-
ción, no se extiende a la protección civil como víctima. Por cierto, que si la
víctima es incapaz, la acción debe ser ejercida por quien tenga su repre-
sentación legal, de acuerdo con las reglas generales; corresponde, en con-
secuencia, que la acción sea ejercida por el padre o la madre que tengan
su representación legal, el adoptante,154 o el tutor o curador, en su caso.
c) La persona jurídica posee inequívocamente titularidad activa para de-
mandar los daños patrimoniales que se siguen del hecho ajeno que da lugar
a responsabilidad. Más delicada es la pregunta por la titularidad respecto
de daños morales, a cuyo respecto surgen preguntas relativas al sentido y a
los fines que tiene en tales casos la reparación (supra Nº 195).

732. Pluralidad de víctimas. a) El daño puede afectar a diversas personas.


En circunstancias que cada una de ellas lo sufre personalmente, en princi-
pio debe entenderse que las pretensiones indemnizatorias se acumulan.
b) En el caso del daño a las cosas, es posible que el hecho genere
responsabilidad, a la vez, respecto del propietario, del arrendatario, del
titular de un derecho real de usufructo e, incluso, del acreedor prendario.
En circunstancias que se trata de daños diversos entre sí, todos ellos tienen
derecho a ejercer la acción indemnizatoria por sus respectivos perjuicios.
Este es el principio establecido por el artículo 2315, cuya enumeración no
puede ser tenida por exhaustiva.155 Por cierto que la acumulación no pue-
de significar que un mismo perjuicio sea indemnizado más de una vez. Por
eso, el daño sufrido por el propietario no comprende el valor de goce de
la cosa, si ella está dada en usufructo (en cuyo caso la reparación de ese
daño específico corresponderá al usufructuario).
c) En el caso del daño corporal, el principio de la acumulación no
plantea dudas cuando del accidente resulta una pluralidad de víctimas
inmediatas. Las dificultades surgen respecto de la acumulación de preten-
siones indemnizatorias por daño moral de la víctima inmediata y de quie-
nes demandan por daño reflejo, sea que la víctima directa sobreviva (supra
Nº 230), sea que fallezca a consecuencia del accidente (supra Nº 231).
d) Las acciones de las diversas víctimas son independientes entre sí y
bajo ningún respecto puede entenderse que entre ellas haya solidaridad
activa. Sin embargo, las acciones que nacen para cada una de ellas pueden
ser las mismas y, generalmente, emanan directa e inmediatamente de un

154 La ley Nº 19.620 establece respecto del adoptado el estado civil de hijo de los adop-
tantes (artículo 37 I), sin perjuicio de la ultraactividad de la legislación anterior que creaba
un estado civil específico de adoptados (artículo 45 II).
155 Alessandri 1943 457.

938
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

mismo hecho, de modo que pueden ser interpuestas en el mismo juicio


(Código Civil, artículo 18). En consecuencia, los demandantes pueden ac-
tuar conjunta o separadamente, debiendo hacerlo en el primer caso me-
diante un procurador común (Código de Procedimiento Civil, artículo 19).
Por tratarse de acciones separadas, el juez debe pronunciarse respecto
de cada pretensión indemnizatoria individualmente; de manera excepcio-
nal, la avaluación de los perjuicios morales reflejos que se siguen de la muerte
puede considerar al conjunto familiar, sin perjuicio de que se pueda reco-
nocer respecto de cada actor una suma por separado (supra Nº 231 b).
Asimismo, por tratarse de acciones individuales, la prescripción extinti-
va no se interrumpe respecto de las demás víctimas si alguna de ellas ejer-
ce su propia acción, ni lo fallado en un juicio seguido entre el demandado
y alguna de las víctimas produce cosa juzgada en el juicio iniciado por
otra.

733. Acción de las personas subrogadas a la víctima. a) En ciertos casos, la


ley concede al tercero, que ha pagado a la víctima una indemnización
debida en razón de un contrato o de la ley, la facultad para subrogarse en
los derechos que la víctima tenga en contra del autor del daño. La subro-
gación pone al tercero en la posición jurídica que tenía la víctima, de
modo que la acción no cambia de naturaleza; en ello reside la diferencia
fundamental con la acción de reembolso que puede tener ese tercero,
consistente en una acción personal restitutoria en contra de la víctima que
ha obtenido reparación del civilmente responsable (supra Nº 692).
b) De especial importancia en esta materia es el derecho del asegurador
de la propia víctima a subrogarse en los derechos del asegurado. A tal efec-
to, sin embargo, es necesario distinguir las diversas finalidades que puede
tener el seguro. Tratándose de seguros de vida o de accidentes que tienen
una finalidad previsional o de prevención de un riesgo personal, la suma
pagada por el asegurador no tiene una función indemnizatoria, de modo
que éste carece, por lo general, del derecho de subrogación (supra Nº 694).
Lo contrario se puede concluir respecto de los seguros de accidentes o de
salud, que efectivamente tienen una finalidad indemnizatoria de los daños
personales; si éstos no son imputables a un tercero, por cierto que el ase-
gurador debe asumir finalmente los costos, pero si un tercero es responsa-
ble, la víctima no puede obtener una doble indemnización y típicamente
sólo cabe la acción subrogatoria reconocida por el artículo 553 del Código
de Comercio (supra Nº 695).156
c) Aún más claro es el caso del asegurador de la responsabilidad civil del
personalmente responsable. La compañía de seguros que paga la indemniza-
ción a la víctima del hecho, por un daño que es atribuible al menos en parte
al asegurado, asume la obligación de indemnizar a la víctima por cuenta de
ese asegurado, a consecuencia de lo cual se subroga legalmente en los dere-

156 Sobre las particularidades de la subrogación en el caso de quien ha pagado indem-

nizaciones por accidentes del trabajo, supra Nº 696.

939
§ 61. PARTES DEL JUICIO DE RESPONSABILIDAD

chos que pudieren corresponder a este último, respecto de otros responsa-


bles, según las reglas generales (Código de Comercio, artículo 553). En ese
caso, el interés de la subrogación no puede ser recuperar suma alguna del
asegurado, porque la finalidad del seguro es precisamente cubrirlo de ese
riesgo (supra Nº 699); pero puede ocurrir que al asegurado pertenezcan ac-
ciones contra los demás responsables, por su eventual obligación de contri-
buir al pago de la obligación indemnizatoria (supra Nos 278 y 279). En este
caso, adquiere pleno sentido la subrogación para el asegurador de uno de los
civilmente responsables del daño (supra Nº 728).
d) La finalidad de los seguros de daños a las cosas o de daños patrimonia-
les es inequívocamente indemnizatoria, de modo que es indubitado el efecto
subrogatorio que produce el pago efectuado por el asegurador (supra Nº 698).

734. Herederos y cesionarios de la víctima. En atención a las numerosas


preguntas que plantea la transferencia y transmisión de las pretensiones
indemnizatorias por daño moral, la materia será analizada por separado
(infra § 61 b 3 y 4).

735. Acciones colectivas y daños difusos. a) La exigencia que el daño sea


personal plantea particulares dificultades en el caso de daños difusos o fraccio-
nados, que se reparten entre muchos sujetos. El daño difuso presenta a me-
nudo problemas respecto al umbral de relevancia que debe tener el perjuicio
para que haya lugar a una pretensión reparatoria, lo que puede excluir la
acción individual de cada uno de los múltiples sujetos afectados (supra
Nº 145). Aun bajo el supuesto de que los daños sean individualmente signi-
ficativos, la dificultad práctica radica en los incentivos insuficientes para ha-
cerlos valer separadamente por cada una de las personas afectadas, porque
su baja intensidad no justifica los costos personales y económicos de em-
prender una acción. Es lo que ocurre, por ejemplo, a los miembros de una
profesión que enfrentan una competencia desleal, a los vecinos que sopor-
tan un daño ambiental, a los usuarios de un servicio sanitario deficiente, o a
los consumidores que se ven afectados por una propaganda engañosa.
b) Los correctivos que conocen el derecho chileno y el derecho com-
parado consisten en acciones por daño colectivo, que pueden ser interpuestas
por entidades corporativas que pretenden representar intereses difusos, y
en acciones colectivas, que son interpuestas conjuntamente en representa-
ción de muchas personas. Estos instrumentos procesales para representar
intereses difusos o fraccionados han sido analizados críticamente al tratar
de la exigencia que el daño sea personal (supra Nos 157 y siguientes).157

157
La jurisprudencia francesa es reticente a reconocer acciones colectivas, a menos que
haya autorización legal; la ley procesal civil española reconoce ampliamente una acción cor-
porativa a las asociaciones de consumidores y usuarios (artículo 11; al respecto, Reglero en
Reglero 2002 a 148); en el derecho inglés se conocieron desde el Medioevo acciones de gru-
pos específicos, y leyes especiales han continuado con esta práctica, sin perjuicio de una ac-
ción general que es reconocida por la ley procesal; la ley holandesa autoriza las acciones de
grupos corporativos, salvo respecto de la acción indemnizatoria; éstas son reconocidas den-

940
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

c) El derecho romano también conoció las acciones populares, entregadas


a los vecinos o cualquiera persona del pueblo para prevenir o poner térmi-
no a daños que afectan a muchas personas. Andrés Bello siguió de cerca en
el Código Civil esta influencia romana, que había sido opacada por el indivi-
dualismo jurídico y por los legisladores influidos por la doctrina del Estado
nacional, en que los intereses generales están cautelados por sujetos públi-
cos (Estado y municipalidades),158 otorgando diversas acciones populares
para cautelar intereses difusos, en especial para evitar graves riesgos (artícu-
los 932, 935, 937, 948, 2333). En atención a las complejas preguntas jurídi-
cas y de políticas públicas que envuelven las acciones interpuestas en
representación de intereses colectivos, todo indica que las acciones popula-
res reconocidas por el Código Civil y por leyes especiales deben enmarcarse
en los fines precisos para los que han sido establecidas.
d) En la medida que para ejercer la acción de protección se requiere
alegar un derecho de cualquier intensidad, que incluso puede ser invoca-
do por asociaciones que reúnen a personas que tienen intereses fracciona-
dos o difusos, ha devenido en un procedimiento cautelar que presenta
caracteres típicos de las acciones populares (con la sola condición de que
se pueda reclamar la amenaza, turbación o privación de un derecho).159

736. Daño contingente. Si se trata de daños contingentes, que amenazan a


algunas personas o a un grupo indeterminado de ellas, la ley reconoce una
acción preventiva, que pertenece a los determinadamente amenazados, en
el primer caso, o al público en general, en el segundo (supra § 57 b).

2. Acción de la víctima de daño reflejo o por repercusión

737. El daño reflejo o por repercusión es personal del actor. a) El llamado


daño reflejo o por repercusión da lugar a una pretensión indemnizatoria origi-
naria del actor, cuyo fundamento es su propio daño personal. En este
caso, los efectos dañosos del daño corporal o de la muerte sufridos por la
víctima inmediata se expanden hacia un tercero. Si bien la muerte no es
un perjuicio para quien la sufre (supra Nº 156 b, con nota sobre antece-
dentes doctrinarios y comparados), puede serlo para personas que esta-
ban ligadas patrimonial o afectivamente a la víctima. Algo análogo puede

tro de estrechos límites en el derecho alemán, salvo en materia de competencia desleal y de


condiciones generales de contratación; el derecho norteamericano confía más en acciones
de individuos que actúan en interés de una clase de sujetos que en acciones de grupos corpo-
rativos. Un vistazo comparado sobre las acciones en representación de intereses colectivos en
materia de responsabilidad civil en Van Gerven 1998 340. Un análisis esquemático de las ac-
ciones colectivas en el derecho comparado y chileno en Montenegro 2004 296, 304.

158 Sobre esta particularidad del Código chileno, Delgado en Martinic/Tapia 2005 912.
159 En este sentido, Montenegro 2004 304.

941
§ 61. PARTES DEL JUICIO DE RESPONSABILIDAD

ocurrir en caso de graves lesiones corporales de la víctima inmediata. En


estas situaciones, la acción es personal de la víctima del daño reflejo. Como
se ha planteado en otras secciones de este libro, el problema más serio
que presenta el daño reflejo (especialmente el moral) se refiere a los crite-
rios para definir sus límites. Esta es esencialmente una pregunta normati-
va, relativa a la extensión en que son atribuibles al hecho del demandado
las consecuencias que su acción produce en personas distintas a la víctima
inmediata (supra § 25).
b) La acción que persigue este daño reflejo debe ser distinguida de la
que se tiene iure hereditatis, esto es, la que pertenecía a la víctima inmediata
y que se adquiere por transmisión. Ambas acciones tienen por objeto per-
juicios inequívocamente diversos en materia patrimonial, de modo que no
existen discusiones acerca de la posibilidad de acumularlas (con la precau-
ción de que un mismo daño no sea indemnizado más de una vez). Tratán-
dose del daño moral, por el contrario, existen fuertes razones para asumir
que los herederos sólo pueden reclamar los perjuicios personalmente su-
fridos como daño reflejo, de modo que no pueden acumular al propio
daño moral una pretensión indemnizatoria a título sucesorio por los da-
ños morales que haya sufrido la víctima directa (infra Nº 743).

3. Cesibilidad de la acción indemnizatoria

738. Transferencia de la acción. La acción indemnizatoria tiene carácter


patrimonial, de modo que, en principio, nada impide su cesión a un terce-
ro.160 En materia de daños patrimoniales, la cuestión es por completo pací-
fica. Sin embargo, surgen dudas en materia de daños morales, a cuyo
respecto se ha argumentado que la transferencia no es lícita, atendido el
carácter personalísimo de los derechos afectados y la función compensato-
ria, en oposición a una estrictamente reparadora, de la indemnización en
dinero. Se argumenta que esta limitación evita llevar al extremo la comer-
cialización del daño moral, que tradicionalmente fue el argumento más
potente para excluir en absoluto su reparación.161 En verdad, la cesión del
derecho de reparación del daño moral extrema esta transformación del
perjuicio moral en un crédito comerciable, de modo que parece razona-
ble estimarla como ilícita.162

739. Transacción relativa a la acción reparatoria. La justificación para limi-


tar la cesión de la acción indemnizatoria por daño moral no resulta aplica-
ble a la transacción (supra Nº 709). En efecto, este contrato tiene por
finalidad poner término a un litigio pendiente o precaver uno eventual

160 Alessandri 1943 474.


161 Esmein 1954 passim.
162 Viney/Jourdain 2001 323, con referencias a la doctrina francesa que apoya esta ili-
citud.

942
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

(artículo 2446 I), de modo que su función es sustitutiva de la sentencia


judicial. Nada hay de ilícito en que las partes eviten litigar en la materia
mediante un acuerdo compensatorio que incluya daños morales.163

4. Transmisibilidad de la acción indemnizatoria

740. Principio de transmisibilidad. Límites. a) En principio, la acción in-


demnizatoria que nace de un delito o cuasidelito civil se transmite a los
herederos, según dispone el artículo 2315, que los designa expresamente
entre los legitimados activos para interponerla. A pesar de la generalidad
de esa norma legal, la pregunta se plantea de una manera diferente res-
pecto de los daños patrimoniales y morales, en atención a su naturaleza y
a la función de la indemnización (supra Nos 156 y 224).
b) Discernir acerca de estas diferencias a propósito de la transmisibili-
dad de la acción no supone una contradicción con esa norma legal, por-
que es de toda evidencia que el Código Civil no asumió en su tiempo que
los daños morales fueran reparables (supra Nº 194). Por lo mismo, la trans-
misibilidad de la acción indemnizatoria por daño moral no puede inferir-
se mecánicamente de esa norma legal, que entonces sólo podía tener
implícitamente en cuenta los daños patrimoniales.
La discusión se ha presentado precisamente respecto de la transmisibi-
lidad de la acción por daño moral. La pregunta es particularmente seria
tratándose de los daños morales que se siguen de la muerte de una perso-
na, porque se plantean, además, problemas de acumulación de pretensio-
nes iure hereditatis con otras que tienen por antecedente el daño reflejo,
que otorga acciones iure propio a quienes se ven personalmente afectados
por el fallecimiento de la víctima inmediata.

741. Transmisión de la acción indemnizatoria por daños patrimoniales. a)


Como en el caso de la transferencia, no existen dudas acerca de la trans-
misibilidad de la acción indemnizatoria de daños patrimoniales: el derecho
a la indemnización se encuentra incorporado al patrimonio del causante y
no hay razón alguna para estimar que sea intransmisible (artículos 951 II y
1097).164 Por lo demás, la norma del artículo 2315 comprende inequívoca-
mente el derecho de los herederos a demandar los daños patrimoniales
que haya sufrido el causante hasta el momento de su muerte.165 La trans-
misión comprende el daño emergente y el lucro cesante que la víctima
sufrió en vida.

163
La legislación procesal penal, por otra parte, autoriza estos acuerdos reparatorios,
que deben entenderse comprensivos de todo tipo de daños (Código Procesal Penal, artícu-
lo 241), atribuyéndoles efectos extintivos incluso respecto de la acción penal (artículo 242);
sobre los efectos extintivos de la acción civil, Horvitz/López 2002/04 II 572. En el derecho
civil francés también se acepta la licitud de la transacción (Viney/Jourdain 2001 323).
164
Alessandri 1943 467, Corral 2003 320, Mazeaud/Chabas 1998 703.
165
Alessandri 1943 467.

943
§ 61. PARTES DEL JUICIO DE RESPONSABILIDAD

b) La diferencia fundamental con las pretensiones que podría haber


interpuesto la víctima, si no hubiese fallecido, está dada por el alcance de
la pretensión indemnizatoria por lucro cesante. En efecto, si la víctima
hubiese sobrevivido incapacitada para ganarse la vida, el lucro cesante com-
prende los ingresos netos esperados por el período de tiempo que podía
esperarse que sobreviviera. Por el contrario, en el caso de los herederos no
existe legitimación activa para solicitar perjuicios que sobrepasen el tiem-
po que la víctima efectivamente sobrevivió. Más allá del momento de la
muerte, sólo nace la acción por el daño patrimonial reflejo que se sufre en
razón de haberse perdido una fuente de sustento.166 Pero esta pretensión
por daño reflejo pertenece personalmente a los actores y no derivadamen-
te por sucesión hereditaria.

742. La muerte no constituye per se daño moral transmisible. a) En la tra-


dición romana la muerte está excluida de reparación civil.167 Por el contra-
rio, en la tradición del derecho natural se asume la posición moral de que
siendo la vida un bien que es la base de todos los demás, no puede quedar
sin reparación, de modo que la víctima adquiere un derecho a ser indem-
nizada, que pasa a sus herederos.168 A su vez, las codificaciones del siglo
XIX ignoraron o limitaron la reparación del daño moral, de modo que
establecer un premium mortis estaba fuera de todo horizonte normativo.
En el derecho contemporáneo prevalece la idea de que por mucho
que la vida sea el más valioso de los bienes, de ello no se sigue que sea per
se objeto de reparación a título hereditario (supra Nos 156 b y 224). Se
asume que del valor de la vida no se sigue la necesidad de reparar su
pérdida, porque quien muere no puede tener un crédito indemnizatorio
por su propia muerte. En el fondo, se trataría de un derecho sin sujeto.
Por el contrario, el daño moral que sufren las personas más cercanas sí da
lugar a reparación a título personal, por los daños morales que personal-
mente les haya producido la muerte de la víctima directa.
b) Sólo si se tiene la indemnización del daño moral por una pena civil,
habría razón para estimar que la sanción civil deba seguir al mayor de los
males; pero ello lleva a los tópicos antes discutidos de que la culpa civil no
constituye un juicio de reproche personal (supra Nº 42) y que hay fuertes

166 Mazeaud/Chabas 1998 704, Jones 2002 703.


167 En verdad ello vale, en general, para los daños corporales (Digesto 9.2.13 niega ac-
ción directa a la víctima, “porque nadie es considerado dueño de sus propios miembros”);
una completa relación de la exclusión de la muerte como mal indemnizable en la tradi-
ción romana antigua y medioeval en De Castro 1956 451.
168 De Castro 1956 454 y 460, con referencia a la escuela española del derecho natural

(en especial a Luis de Molina) y a su continuación en la escuela del derecho natural racio-
nalista (Grocio, Pufendorf). El propio De Castro sostiene, en ese admirable texto, que esta
es la correcta doctrina, que, a su vez, atribuye a la jurisprudencia española de su época (ídem
498). La actual jurisprudencia española parece asumir, por el contrario, que las acciones
por daño moral que se sigue de la muerte son personales y no pretensiones iure hereditatis
(Pantaleón 1989 639).

944
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

razones para evitar la justificación de la indemnización del daño moral


sobre la base de una función punitiva (supra Nº 198).
c) Por otro lado, el reconocimiento de un derecho transmisible, que
comprendería el daño moral, resultado del solo hecho de la muerte, ame-
naza con producir una acumulación de indemnizaciones, que, en esencia, de-
rivan del mismo daño: uno que se habría radicado en el causante, en cuya
compensación patrimonial sucederían los herederos, y otro que tendría
por antecedente la propia aflicción que se sigue de ese mismo padeci-
miento y muerte. En verdad, al aceptarse el daño moral reflejo, pierde su
más profunda justificación compensatoria la indemnización por el solo
hecho de la muerte; a la inversa, las limitaciones establecidas por la juris-
prudencia en otros sistemas jurídicos para la reparación del daño reflejo
han contribuido a que se abra la puerta a las acciones dirigidas a obtener
su reparación iure hereditatis, por transmisión del derecho que habría naci-
do en quien ha fallecido.169

743. Problemas que plantea la transmisibilidad del daño moral. a) Incluso


una vez que fue muy generalmente aceptada la reparación del daño mo-
ral, ese efecto no se extendió mecánicamente a su transmisibilidad. La
transmisibilidad se sostiene en un argumento técnico que se asocia al cre-
ciente carácter patrimonial de la indemnización del daño moral, que lleva
a estimarlo como un crédito de dinero que se incorpora al patrimonio del
causante por el solo hecho del daño y hasta que ocurre la muerte.170
A ello se agrega la norma del artículo 2315, que comprende a los here-
deros entre los titulares de la acción. Sin embargo, conviene reiterar que
esta norma fue formulada en un contexto que excluía la reparación del
daño moral (supra Nos 194 y 740 b), de modo que es objetable inferir de
esa norma legal, de un modo puramente lógico, que una vez aceptada la
reparación del daño moral debe tenerse por transmisible la pretensión
indemnizatoria a su respecto.
b) Los principales argumentos para negar lugar a esa transmisibilidad
se refieren tanto a la naturaleza del daño moral, como a la finalidad que
persigue su reparación.171 Desde el punto de vista de su naturaleza, se argu-
menta que el daño moral no pierde su carácter de derecho personalísimo
por el hecho de dar lugar a un crédito de dinero. Nada impide que los
herederos ejerzan las acciones iure propio por los daños reflejos que se si-
guen de la muerte de una persona, pero no pueden fundar legítimamente

169 Prosser/Keeton et al. 1984 945 refieren el argumento de que en jurisdicciones que
no reconocen el daño moral reflejo, si no se reconociera la transmisibilidad del daño sufrido
por quien ha fallecido, resultaría más barato para el responsable que la víctima muera a que
quede lesionada; asimismo, muestran que la evolución en el commom law se produjo en la di-
rección de favorecer a las personas sobrevivientes que más inmediatamente han sufrido un
perjuicio (personal) a consecuencia de la muerte, como son los herederos (ídem 946).
170 Viney/Jourdain 2001 325.
171 Una espléndida reseña de los argumentos para negar la transmisibilidad en R. Do-

mínguez Á. 2004 a 502.

945
§ 61. PARTES DEL JUICIO DE RESPONSABILIDAD

su acción en la aflicción del causante. Desde el punto de vista de la función


de la indemnización del daño moral, se argumenta que éste persigue una
compensación del mal sufrido personalmente por la víctima, y no tiene
una finalidad reparatoria (supra Nº 197), de modo que la justificación des-
aparece si se le tiene por transmisible. De ello se sigue que “admitir la
transmisibilidad es llevar el principio de la continuación del causante por
sus herederos a extremos impropios y que sólo se explican por una mer-
cantilización exagerada de la responsabilidad civil”.172
c) En el derecho comparado no existe uniformidad. Tampoco la hay
en el derecho chileno.173 Contrariando una corriente doctrinaria mayori-
taria en sentido inverso, la Corte de Casación francesa estima que el daño
moral sufrido por la víctima da lugar a un crédito indemnizatorio;174 en el
common law se suele reconocer la transmisibilidad de la acción por daño
moral (pero, en contraste, no se acepta el daño moral reflejo).175 El recha-
zo de la transmisibilidad parece ser la tendencia dominante en los países
que reconocen una acción por daño moral reflejo.176
d) Todo indica que no es conveniente reconocer dos acciones distintas y
concurrentes en caso de muerte: o bien se reconoce el daño moral sufrido
por el causante (que se entiende dar lugar a un crédito que ingresa al patri-
monio del causante y en el cual se suceden los herederos); o bien, se niega
lugar a la transmisión, y se indemniza el daño personalmente sufrido por las
personas más cercanas a la víctima fallecida. La concurrencia cumulativa de
acciones tiene el especial inconveniente de que las indemnizaciones por daño
moral personal y a título hereditario se superponen necesariamente, por-
que en la aflicción de las personas más cercanas ya está incorporado el sufri-
miento del fallecido. En efecto, en la medida que el daño moral reflejo
tiene por justificación la particular relación afectiva del titular de la acción

172 R. Domínguez Á. 2004 a 513.


173 Alessandri 1943 470, siguiendo a los hermanos Mazeaud, sostiene que es transmisi-
ble; en contra de la transmisibilidad R. Domínguez Á. 2004 a, con quien esencialmente se
coincide en este libro; P. Rodríguez 1999 360 afirma la reparabilidad de la muerte, pero no
analiza la transmisibilidad de la pretensión del causante; Corral 2003 326 se refiere en gene-
ral a la transmisibilidad de la acción indemnizatoria, pero no analiza las particulares pregun-
tas que plantea en el caso del daño moral. Han reconocido lugar a la transmisibilidad del
daño moral (Corte de Santiago, 25.5.2001, rol Nº 3.591-2000, confirmada por CS [cas. forma
y fondo], 6.9.2001, rol Nº 2.669-2001, y Corte de Concepción, 12.4.2004, rol Nº 4.016-2003).
174 Viney/Jourdain 2001 327.
175 Para el derecho inglés Jones 2002 703, con indicación de que la angustia que antecede

a la muerte no es indemnizable como daño moral de la víctima, porque debe entenderse in-
cluida en esta última (Hicks v. Chief Constable of South Yorkshire Police, 1992, 2 All ER 65); en Esta-
dos Unidos, la materia está entregada a la legislación estatal, que es muy disímil, pero que en
general reconoce acción hereditaria por los daños morales sufridos por la persona fallecida,
pero no acepta el daño moral reflejo (Prosser/Keeton et al. 1984 950, Abraham 2002 219).
176 R. Domínguez Á. 2004 a 506 y 513, con referencias al derecho argentino y holan-

dés (Cód. hol., artículo 6.106); para el derecho español, Pantaleón en Paz-Ares et al. 1991
1999, Gómez en Reglero 2002 a 397; en el derecho alemán no se reconoce acción alguna a
este respecto (Deutsch/Ahrens 2002 227; BGB, §§ 253 y 847).

946
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

con la víctima directa, la indemnización que aquél reciba por el daño moral
que personalmente ha sufrido incluye de manera necesaria el pesar por el
sufrimiento de la víctima. Así se explica que en el derecho comparado exista
la tendencia antes anotada a reconocer alternativamente un derecho iure here-
ditatis (si no se reconoce acción por daño reflejo) o una acción iure propio
por el daño reflejo, pero no ambos a la vez.
e) Resultando inconveniente la acumulación, es preferible optar por la
indemnización del daño reflejo, negando lugar a la transmisión. La prueba del
daño reflejo atiende de mejor manera a los vínculos reales de afecto y
dependencia espiritual que existen entre los demandantes y la víctima fa-
llecida. Asimismo, permite hacerse cargo razonablemente del daño moral
sufrido por la víctima inmediata, que repercute en quienes le eran más
cercanos (pero evitándose la doble indemnización). Por otro lado, las re-
glas del derecho hereditario pueden excluir a quienes tenían un consor-
cio de vida que no esté reconocido por el derecho sucesorio (el conviviente,
por ejemplo), y pueden favorecer a quienes carecen de esa relación afecti-
va (parientes con los que el fallecido no tenía trato alguno y, en el extre-
mo, el Estado).177
f) Las razones para negar lugar a la transmisibilidad de las pretensio-
nes indemnizatorias por el daño moral sufrido por la víctima fallecida no
se extienden a las acciones de reparación en naturaleza. Todo indica que las
personas más cercanas al menos no deben tener restricciones en su inte-
rés de interponerlas en protección de la memoria del fallecido. Este inte-
rés es especialmente intenso en la protección de la privacidad y la honra
de este último (supra Nº 426).

§ 62. EJERCICIO DE LA ACCIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL178

a. Introducción

744. Responsabilidad civil y responsabilidad penal. Aunque en épocas tem-


pranas parecen no haber estado distantes, la responsabilidad civil y la res-

177 Una situación especial se presenta si la víctima inmediata ya ha ejercido la acción

indemnizatoria al momento de fallecer. En tal caso, existe una razón especial para esti-
mar que se sucede por los herederos en la relación procesal ya constituida (Código de
Procedimiento Civil, artículo 5º); la doctrina francesa que es contraria a la transmisibili-
dad entiende que en este caso debe entenderse que el derecho adquirió un carácter pa-
trimonial antes de la muerte de la víctima directa (Viney/Jourdain 2001 326). De aceptarse
la transmisibilidad en esta situación, debiera entenderse que la prosecución de la acción
iure hereditatis excluye o neutraliza los efectos de la acción iure propio, por las razones plan-
teadas en esta sección.
178 Este apartado toma como base una contribución de J. C. Marín; el texto de esa con-

tribución ha sido publicado en J. C. Marín 2005; el autor ha completado su base de infor-


mación con el desarrollo muy preciso de la materia en Horvitz/López 2002/04 II 601; otras
fuentes son designadas en las notas respectivas.

947
§ 62. EJERCICIO DE LA ACCIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL

ponsabilidad penal han llegado a ser distintas entre entre sí por sus fines y
por las condiciones de su imposición.179
La tendencia a la separación se ha acentuado en épocas recientes. Por
una parte, se ha llegado a construir una teoría del delito extremadamente
refinada, que se ha caracterizado por la definición rigurosa de los requisi-
tos para hacer procedente la sanción penal, con el resultado de que la
doctrina del delito actúa como un límite a la imposición de la pena, mien-
tras que en la responsabilidad civil, por el contrario, la tendencia ha sido a
la expansión. Por otra parte, la predilección a separar las esferas de lo
público y de lo privado y a relegar a esta última amplios ámbitos de la
moral, la religión y las costumbres, ha hecho que conductas que antes
estaban sujetas a la regulación estatal bajo sanción penal, hayan quedado
entregadas al juicio individual.180

745. Condiciones limitativas al ejercicio de la acción civil en el proceso


penal. a) Sin perjuicio de las diferencias entre ambos ordenamientos, una
misma conducta puede ser constitutiva, a la vez, de un delito o cuasidelito
civil y de uno penal; es el caso del delito penal que ocasiona un daño
indemnizable. En este supuesto, el derecho chileno, bajo la influencia del
derecho francés, ha admitido el ejercicio de la acción civil en el procedi-
miento penal, a pesar de que éste se dirija a la realización de la pretensión
punitiva del Estado.181 En esta hipótesis, por puras razones de economía
procesal, se justifica permitir el ejercicio de la acción civil al interior del
procedimiento penal, para que en un solo juicio se resuelva sobre la pre-
tensión punitiva y la civil.182

179 Sobre los fines de la responsabilidad civil, supra § 3; sobre los fines de la responsa-

bilidad penal y más precisamente, de la pena, Roxin 1994 39, Jakobs 1991 3, Bustos 1989
18, Cury 2005 64.
180 En general, las diferencias entre la responsabilidad civil y la penal se expresan en las

mayores exigencias que el derecho plantea para dar lugar a esta última. Para una enumera-
ción de las diferencias, Alessandri 1943 29, Horvitz/López 2002/04 II 602, Corral 2003 461.
181 Horvitz/López 2002/04 II 604. En esta práctica habría tenido especial inciden-

cia el positivismo criminológico que entendía que la reparación del daño ocasionado
por el hecho punible formaba parte de la pena (ídem). En este sentido, Rafael Fonteci-
lla sostenía que el Código Penal cometía un ‘grave error’ al entregar la acción de repa-
ración del daño al ofendido por el delito, desde que no se trataba de un cuestión de
derecho privado, sino de una de derecho público, razón por la cual la acción para la
indemnización del daño proveniente del delito debía ejercerse de oficio conjuntamen-
te con la acción penal por el ministerio público (Fontecilla 1978 292). Esta concepción
se encuentra hoy superada por la aceptación de diferencias esenciales entre ambos es-
tatutos de responsabilidad y, por cierto, no es esa la razón para autorizar el ejercicio de
la acción civil en el proceso penal.
182 Así, la Corte Suprema ha entendido que “la responsabilidad civil debe hacerse valer

en los tribunales con jurisdicción en lo civil, pero se admite, por razones de economía proce-
sal, que la acción respectiva se deduzca también ante quien conoce del delito o cuasidelito
penal que genera adicionalmente responsabilidad civil” (CS, 27.4.2005, rol Nº 4.727-2003).

948
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

b) El más elemental requisito para el ejercicio de la acción civil en el


proceso penal es la existencia de un hecho punible que sea objeto de una
investigación criminal. Por eso, la acción civil es accesoria en el juicio penal.
Además, la responsabilidad civil no emana del delito penal, sino de la con-
currencia de los respectivos requisitos.183 Así, no sólo puede haber responsa-
bilidad civil sin que se incurra en ilícito penal, sino también puede haber
responsabilidad penal sin que el procesado responda civilmente, como ocu-
rre con los delitos de peligro, que no se materializan en daño alguno.
Por eso, la acción civil, aunque tenga por antecedente el daño ocasio-
nado por el ilícito penal y se ejerza en sede penal, conserva su naturaleza
civil, de modo que su finalidad es la protección de un interés esencialmen-
te privado de reparación del daño.184 En consecuencia, la acción puede ser
objeto de renuncia (Código Procesal Penal, artículo 52 II), desistimiento y
abandono (Código Procesal Penal, artículo 64), transacción (Código Civil,
artículo 2449), y prescribe según las reglas del Código Civil (Código Pe-
nal, artículo 52 II). Finalmente, el cumplimiento de la sentencia civil dic-
tada en el juicio criminal se rige por las disposiciones sobre ejecución de
las resoluciones judiciales del Código de Procedimiento Civil (Código Pro-
cesal Penal, artículo 472).
c) El Código Procesal Penal restringe el ejercicio de la acción civil
en el procedimiento penal, invitando a las partes a entregar el conoci-
miento del conflicto privado al juez civil. La restricción opera por un
doble camino: el ejercicio de la acción civil sólo está autorizado en el
procedimiento penal ordinario y sólo se admite la acción civil ejercida
por la víctima contra el imputado, a menos que sea de naturaleza pura-
mente restitutoria. 185
En consecuencia, a menos que la propia víctima ejerza la acción civil
indemnizatoria contra el imputado en un proceso penal ordinario, la ac-
ción civil deberá ser deducida ante el juez civil. Ése es necesariamente el

183 La circunstancia que un mismo hecho produzca efectos penales y civiles en ningún
caso confunde ambos estatutos de responsabilidad; así, se ha fallado que “aun cuando de
un mismo hecho puede generarse responsabilidades penal y civil de naturaleza extracon-
tractual, ellas son distintas e independientes entre sí” (CS, 27.4.2005, rol Nº 4.727-2003); y
que “la responsabilidad penal y civil derivadas de un mismo hecho, pueden coexistir pero
son distintas e independientes” (CS, 28.7.2005, GJ 301, 120).
184 En este sentido, respecto del ejercicio de la acción civil en el proceso penal, se ha

fallado que “es evidente que la acción civil que se está analizando es de orden privado o
patrimonial, por lo que las normas que regulan el proceso miran al exclusivo interés parti-
cular de los litigantes, sin que su trasgresión vulnere el orden social” (Corte de Valparaíso,
27.7.2005, rol Nº 1.285-2004).
185 El Código Procesal Penal no permite el ejercicio de demandas civiles en el procedi-

miento simplificado, salvo aquella que tuviere por objeto la restitución de la cosa o su valor
(Código Procesal Penal, artículo 393 II); la referencia al valor de la cosa puede ser entendi-
da como un error legislativo (infra Nº 747); en el procedimiento abreviado, el juez no tiene
competencia para pronunciarse sobre las acciones civiles deducidas (Código Procesal Pe-
nal, artículo 412 inciso final).

949
§ 62. EJERCICIO DE LA ACCIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL

caso, por ejemplo, de la acción de la víctima contra el tercero civilmente


responsable o de la interpuesta por daño reflejo sufrido por personas dis-
tintas a la víctima.
d) A su vez, la tramitación de la acción civil en el juicio penal de-
pende de la continuación de este último. Así, si una vez deducida la
acción civil, y antes de comenzar el juicio oral, éste terminare o se sus-
pendiere por cualquier causa, la víctima tiene la carga de presentar su
demanda ante el tribunal civil competente, en el término de sesenta
días siguientes a aquel en que por resolución ejecutoriada se dispusiere
la suspensión o terminación del procedimiento penal; si no lo hiciere,
cesa la interrupción de la prescripción de la acción civil (Código Pro-
cesal Penal, artículo 68).
e) En contraste, si en el juicio civil el juez estima que la existencia del
delito es fundamento preciso de la sentencia civil o tuviere en ella una
influencia notoria, puede suspender el pronunciamiento de la sentencia
civil hasta la terminación del proceso criminal, a condición de que en éste
se haya deducido acusación o formulado requerimiento, según sea el caso
(Código de Procedimiento Civil, artículo 167 I).

746. Tipos de acciones civiles en el proceso penal. El Código Procesal


Penal distingue dos tipos de acciones civiles: la acción restitutoria, destinada
a la restitución de las cosas que constituyen los efectos o instrumentos del
delito, siempre que no sean objeto de la pena de comiso (Código Procesal
Penal, artículo 59 I); y la acción de responsabilidad civil. En las secciones
siguientes serán analizadas respectivamente estas acciones.

b. Acción restitutoria

747. Alcance. La acción restitutoria se dirige, ante todo, a recuperar la


tenencia de las cosas que constituyen los efectos o instrumentos del delito.
Asimismo, puede tener por objeto la recuperación de las cosas hurtadas,
robadas o estafadas. En uno y otro caso, se trata de la más elemental de las
pretensiones de restitución en naturaleza, cuyo requisito de procedencia
es que ésta resulte posible. Si las cosas se han destruido, la reparación en
naturaleza está descartada y sólo es posible la indemnización compensa-
toria.

748. Acción referida a objetos y documentos recogidos o incautados.


a) El Código Procesal Penal restringe el uso de la acción de restitución
de efectos o instrumentos del delito en dos sentidos. Ante todo, su
ejercicio puede tener por único fin recobrar la posesión o tenencia
física del bien o bienes recogidos o incautados; en consecuencia, no
resulta admisible ejercer en el proceso penal una pretensión por equi-
valencia, como, por ejemplo, la restitución del valor de la cosa destrui-
da. Además, la reclamación sólo puede llevarse adelante durante la etapa
de investigación, esto es, desde el momento en que el Ministerio Públi-

950
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

co promueva la persecución penal hasta su cierre (Código Procesal Pe-


nal, artículo 189).186
b) La acción civil que tiene por único objeto la restitución de los objetos
recogidos o incautados, debe interponerse siempre durante la tramitación
del procedimiento penal (Código Procesal Penal, artículo 59 I, en relación
con artículo 189).187 En virtud de esta última norma, las reclamaciones o
tercerías que los intervinientes o terceros entablen durante la investiga-
ción respecto de esos objetos se tramitarán ante el juez de garantía. A
efectos de esta pretensión restitutoria, la competencia del juez de garantía
se extiende a la acción ejercida por la víctima o por terceros, contra el
imputado u otra persona.
Si bien el artículo 189 habla simplemente de objetos recogidos o incau-
tados, la referencia debe entenderse efectuada a los bienes mencionados
en los artículos 187 y 217 del Código Procesal Penal: objetos, documentos
e instrumentos que parecen haber servido o haber sido destinados a la
comisión del hecho investigado; los que de él provinieren, o los que pu-
dieren servir como medios de prueba; y los que se encontraren en el sitio
del suceso. Todos estos objetos deben ser inventariados y conservados por
el Ministerio Público, evitando que se alteren de cualquier forma (Código
Procesal Penal, artículos 83 letra c, 187, 188 y 221).
c) La pretensión restitutoria es una cuestión accesoria al juicio que
exige pronunciamiento especial del tribunal y que, en consecuencia, se
tramita en la forma de un incidente.188 Interpuesta durante la etapa de
investigación la reclamación o tercería para obtener la entrega material de
los objetos que hubieren sido recogidos o incautados por el fiscal en la
investigación del hecho punible, el juez de garantía se limitará a declarar
el derecho del interviniente o del tercero en dichos objetos, sin que ellos
les sean devueltos en razón de esa sola declaración (Código Procesal Pe-
nal, artículo 189 I).
d) La resolución que declara el derecho sobre los objetos recogidos o
incautados también ordenará su devolución sólo si, en opinión del tribu-
nal, no es necesaria su conservación a efectos del proceso penal (Código
Procesal Penal, artículo 189 I). En otras palabras, procede la restitución si
los bienes recogidos o incautados no tienen incidencia relevante en la
investigación criminal, no justificándose, en consecuencia, que se prive de

186 El artículo 470 del Código Procesal Penal, por su parte, permite a los legítimos intere-

sados reclamar las cosas corporales muebles retenidas y no decomisadas dentro de los seis me-
ses siguientes contados desde la fecha de la resolución que hubiere puesto término al juicio, o
dentro del año desde que se hubiere decretado el sobreseimiento temporal o la suspensión con-
dicional del procedimiento. En caso contrario, el tribunal procederá a la venta de estos bienes
en pública subasta. El producto del remate, así como los dineros o valores retenidos y no deco-
misados, se destinarán a la Corporación Administrativa del Poder Judicial.
187 Código Procesal Penal, artículo 59 I; en igual sentido, Código Orgánico de Tribu-

nales, artículo 171 I.


188 Rojas/Contreras 2002 35.

951
§ 62. EJERCICIO DE LA ACCIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL

su posesión o tenencia física a quien ha mostrado tener derecho sobre los


mismos. En todo caso, se debe dejar constancia mediante fotografías, u
otros medios que resulten convenientes, de las especies restituidas o de-
vueltas (Código Procesal Penal, artículo 189 inciso final).
De lo anterior se sigue que, a menos que se efectúe esa calificación,
que facilita la restitución anticipada, la regla general en la materia es que
será en la sentencia donde se dispondrá el comiso de los efectos o instru-
mentos del delito, o su restitución, según sea procedente (Código Proce-
sal Penal, artículo 413 III).
e) La ley incurre en un equívoco conceptual al establecer que el juez
de garantía declarará el derecho de la víctima o de terceros sobre los obje-
tos. En verdad, esa declaración sólo puede referirse a la simple posesión o
tenencia material de los bienes reclamados, sin que el juez de garantía
pueda pronunciarse sobre algún otro título del reclamante (por ejemplo,
comodato, arrendamiento, usufructo o propiedad). Por eso, para que el
juez de garantía acceda a la petición de declararse ese derecho, tiene legi-
timación activa el interviniente o cualquier tercero que pruebe haber ejer-
cido un poder fáctico sobre dichos objetos en el momento en que se
produjo el hecho delictivo.189

749. Situación de las cosas robadas, hurtadas o estafadas. La restitución


de las cosas robadas, hurtadas o estafadas es más simple que la de las in-
cautadas o recogidas con ocasión de la investigación, porque no requiere
de una tramitación incidental. Las cosas robadas, hurtadas o estafadas son
entregadas a su propietario en cualquier estado del procedimiento, a su
simple petición, una vez que se hubiere establecido por cualquier medio
su valor y se hubiere acreditado la propiedad a su respecto (Código Proce-
sal Penal, artículo 189 II). No rige, por tanto, la limitación relativa a la
oportunidad para requerir su devolución: la entrega a su dueño se realiza
en cualquier estado del procedimiento.
El valor de los bienes se determina por peritos o por alguna evidencia
objetiva que tuviere el juez de la causa; y, como en el caso de las cosas
incautadas o recogidas, también debe dejarse constancia mediante foto-
grafías u otros medios de las especies restituidas o devueltas (Código Pro-
cesal Penal, artículo 189 II y III).

750. Otras acciones restitutorias. No todas las acciones que de acuerdo con
el derecho civil tienen naturaleza restitutoria están señaladas en las normas
que se han analizado en esta sección. No lo están, por ejemplo, la acción
contra el poseedor por la restitución de frutos y deterioros, o las que tienen
por objeto el valor de la cosa destruida. En circunstancias que las reglas del
artículo 189 del Código Procesal Penal (en relación con los artículos 83
letra c, 187 y 188) sólo se refieren a las cosas que hayan podido servir para la
comisión del delito, a sus efectos o a los que pudieren ser utilizados como

189 Horvitz/López 2002/04 II 610, Rojas/Contreras 2002 23.

952
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

medios de prueba, así como a las hurtadas, robadas o estafadas, debe enten-
derse que se trata de disposiciones especiales. Cualesquiera otras acciones
restitutorias, especialmente las que tienen por objeto el valor en dinero de
una cosa, deben entenderse comprendidas en la acción civil reconocida por
el artículo 59 II del Código Procesal Penal (infra Nº 752).

c. Acción de responsabilidad civil y otras acciones civiles no restitutorias

751. Condiciones generales para el ejercicio de la acción de responsabilidad


civil en el proceso penal. a) Durante la tramitación del procedimiento penal
la víctima puede deducir respecto del imputado cualesquiera acciones que
tengan por objeto perseguir la responsabilidad civil derivada del hecho pu-
nible. En todo caso, la víctima tiene un derecho de opción de ejercer esas accio-
nes ante el tribunal civil correspondiente.190 Con todo, admitida a tramitación
la demanda civil en el procedimiento penal, no se puede deducir nueva-
mente ante un tribunal civil (Código Procesal Penal, artículo 59 II).191
Por el contrario, deben plantearse necesariamente ante un tribunal civil
las acciones de responsabilidad civil interpuestas por personas distintas a
la víctima, encaminadas a obtener la reparación de los daños patrimonia-
les o morales causados por el hecho punible. Asimismo, sólo es competen-
te el juez civil para conocer de las acciones dirigidas contra personas
distintas al imputado (artículo 59 III, Código Procesal Penal).
b) La regulación de la acción de responsabilidad civil se funda, en
consecuencia, en criterios procesales bien unívocos. En primer lugar, se
limitan los titulares de la respectiva acción: sólo la víctima puede actuar civil-
mente en el proceso penal, lo que excluye la acción de terceros que ale-
guen haber sufrido daño reflejo o por repercusión (salvo quienes son
comprendidos en el concepto de víctima en caso de muerte del ofendido,
según dispone el artículo 108 del Código Procesal Penal).
En segundo lugar, en el proceso penal la acción civil se dirige exclusiva-
mente contra el imputado, lo que excluye la dirigida contra quienes, sin co-
meter delito penal, hayan intervenido en la producción del daño y los
terceros civilmente responsables.
Finalmente, conviene advertir que las distinciones precedentes son ad-
jetivas y no sustantivas. Las condiciones sustantivas de la responsabilidad
civil derivada del hecho punible son las mismas, cualquiera sea el tribunal
que conoce de las respectivas acciones. El propósito del legislador es sim-

190 Horvitz/López 2002/04 II 611.


191 Una razonable excepción a esta regla se encuentra en el artículo 68 del Código Pro-
cesal Penal, que permite deducir nuevamente la demanda ante el tribunal civil competente
en el plazo de sesenta días contados desde que se encuentre ejecutoriada la resolución que
dispone la suspensión o terminación del proceso penal. Una excepción más bien aparente se
refiere al demandante que no subsana oportunamente los defectos de forma de la demanda
dentro del plazo fijado por el juez, que no puede exceder de cinco días, en cuyo caso la de-
manda se tiene por no presentada; sobre esta segunda excepción, véase nota en infra Nº 759.

953
§ 62. EJERCICIO DE LA ACCIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL

plemente limitar la interposición de la acción de responsabilidad civil en


el proceso penal a los sujetos de la relación procesal penal: sólo puede
interponerla la víctima contra el imputado.

752. Acciones civiles distintas a la de responsabilidad civil. El ámbito de


las acciones civiles que pueden ser deducidas en el procedimiento penal
parece ser más amplio que lo expresado literalmente por el artículo 59 II
del Código Procesal Penal.192 En efecto, esta disposición alude a todas las
restantes acciones que tuvieren por objeto perseguir las responsabilidades
civiles derivadas del hecho punible. Todo indica que el concepto de res-
ponsabilidad civil no está tomado en este texto en el sentido técnico del
derecho civil (de acción que persigue la reparación de un daño), sino,
más bien, su propósito es definir un amplio campo de competencia mate-
rial en lo civil al juez en lo penal, de modo que debe ser entendido como
comprensivo de todas las restantes acciones. Por eso, debe entenderse que el
legislador ha querido que cualquiera acción civil que tenga por antece-
dente el ilícito penal pueda ser conocida por el juez penal, con los límites
subjetivos desarrollados en el párrafo precedente (esto es, que se trate de
una acción civil de la víctima contra el inculpado).
Entre estas acciones civiles, distintas de la acción indemnizatoria, que
tienen por antecedente inmediato la materia discutida en sede penal, se
pueden mencionar, por ejemplo: i) las reparaciones especiales previstas en
el Código Penal;193 ii) las que tengan por finalidad obtener la declaración de
ineficacia de un acto jurídico, unilateral o bilateral, por falsedad del instru-
mento o por haberse celebrado de manera fraudulenta, o con objeto o cau-
sa ilícita, de conformidad con lo acreditado en el juicio penal;194 iii) la

192 En el mismo sentido Horvitz/López 2002/04 II 610.


193 En caso de violación y otros delitos sexuales, además de las indemnizaciones que
correspondan, el condenado debe dar alimentos cuando proceda de acuerdo a las reglas
generales (Código Penal, artículo 370); en la celebración de matrimonios ilegales, dispone
el artículo 389 del Código Penal que el contrayente doloso será obligado a entregar una
dote a la mujer que hubiere procedido de buena fe; en los casos de homicidio o lesiones,
el ofensor, además de las penas que le corresponden, queda obligado a suministrar alimen-
tos a la familia del occiso, pagar la curación del demente o imposibilitado para el trabajo y
a dar alimentos a él y a su familia y pagar la curación del ofendido en los demás casos de
lesiones y a dar alimentos a él y a su familia mientras dure la imposibilidad para el trabajo
ocasionado por tales lesiones. La obligación de dar alimentos está sujeta a las condiciones
generales del derecho civil, de modo que cesa si el ofendido tiene bienes suficientes para
atender sus necesidades y las de su familia (artículo 410, Código Penal).
194 Piénsese, por ejemplo, en el caso de la defraudación prevista en el artículo 438 del

Código Penal que señala: “El que para defraudar a otro le obligare con violencia o intimi-
dación a suscribir, otorgar o entregar un instrumento público o privado que importe una
obligación estimable en dinero, será castigado como culpable de robo, con las penas res-
pectivamente señaladas en este párrafo”. En este caso, la forma razonable de restaurar el
orden jurídico perturbado, y de pronunciarse sobre las responsabilidades civiles que ema-
nan de la defraudación, sería declarando la ineficacia del instrumento público o privado
suscrito bajo violencia o intimidación.

954
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

cancelación de una inscripción en un registro público obtenida por un títu-


lo falsificado o declarado nulo; o iv) la que persigue la restitución del valor
de la cosa, que no es propiamente restitutoria en el sentido del artículo 59 I,
en relación con el 189 del Código Procesal Penal (supra Nº 750).

753. Competencia. a) Para el conocimiento de la acción civil deducida por


la víctima contra el imputado hay dos tribunales naturalmente competen-
tes: el juez penal y el juez civil. Con todo, una vez ejercida la acción y
admitida a tramitación en el respectivo proceso penal, precluye el derecho
opcional de acudir ante el tribunal civil y, por tanto, en caso de hacerlo, el
imputado puede oponer la correspondiente excepción de litispendencia.195
b) Por el contrario, de la acción civil ejercida por sujetos distintos de la
víctima o en contra de un sujeto diverso del imputado sólo puede conocer
el juez civil, de acuerdo con las reglas generales de la competencia. La
pretensión civil, en estos casos, se debe ejercer en su sede natural, como es
el proceso civil.
c) Las cuestiones de competencia analizadas en esta sección no deben
ser confundidas con las relativas a los efectos sustantivos de cosa juzgada
que la sentencia penal puede producir en el proceso civil (infra § 63).

754. Legitimación activa. a) La víctima puede intervenir en el procedi-


miento penal y ejercer contra el imputado cualesquiera acciones tendien-
tes a perseguir las responsabilidades civiles provenientes del hecho punible
(Código Procesal Penal, artículos 59 II y 109 letra c).
La legitimación activa para ejercer la acción de responsabilidad civil en
el proceso penal recae exclusivamente en la víctima penal, entendiéndose
por tal al ofendido (Código Procesal Penal, artículo 108). A su vez, es
ofendido por el delito el titular de los bienes jurídicos directamente prote-
gidos por la infracción de las normas penales que dan lugar al proceso
criminal.196 Así, puede perseguir la responsabilidad civil derivada de un
cuasidelito penal de lesiones quien las haya sufrido, aunque los perjuicios

195 Teniendo a la vista el antiguo Código de Procedimiento Penal, se ha fallado que

“procede acoger la excepción de litispendencia opuesta en el juicio civil en que se persi-


guen las indemnizaciones provenientes de un delito, fundada en la existencia de un proce-
so criminal en cuya acusación se ha pedido la indemnización de los daños y perjuicios
ocasionados por el mismo delito” (Corte de Concepción, 28.8.1914, G. de los T., 1914, 2º
sem., Nº 394, 1107).
196 La definición penal de víctima lleva a que muchas veces ésta no coincida entera-

mente con el sujeto pasivo del delito. Es lo que sucede, por ejemplo, con el delito de hurto
en que el bien es sustraído a una persona distinta de su propietario, caso en el cual la con-
dición de víctima es detentada por el propietario y no por aquel a quien el bien le es sus-
traído. Existen también delitos pluriofensivos en que la conducta punible afecta distintos
bienes jurídicos cuyos titulares pueden ser personas también distintas. Así por ejemplo, un
delito de robo con intimidación en que el sujeto coaccionado difiere del propietario del
bien sustraído; en este caso ambos tendrán la condición de víctima y podrán ejercer la ac-
ción civil en el proceso penal (Horvitz/López 2002/04 II 614).

955
§ 62. EJERCICIO DE LA ACCIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL

comprendan daños contra las cosas (como ocurre en un accidente del


tránsito); pero no tiene legitimidad activa en el proceso penal el tercero
que también sufrió daño en cosas de su propiedad, pero no fue víctima
del ilícito penal de lesiones corporales.
La razón de esta limitación encuentra su fundamento en las “impor-
tantes dilaciones que podría provocar en la resolución de la contienda
penal la admisión irrestricta de acciones civiles, en especial cuando se ejer-
cen contra el tercero civilmente responsable, quien en la generalidad de
los casos hará uso de todos los medios procesales para evitar que se le
atribuya responsabilidad o conseguir que ésta se atenúe lo más posible”.197
En definitiva, la restricción tiene por antecedente un sopesamiento de bie-
nes que privilegia el derecho a ser juzgado criminalmente en un plazo
razonable, por sobre las razones de economía procesal que justifican el
ejercicio de la acción civil al interior del proceso penal.198
b) En los delitos cuya consecuencia fuere la muerte del ofendido y en que
éste no pudiere ejercer los derechos que la ley le otorga, se establece un orden de
prelación en la titularidad de la acción, de modo que la intervención de
una o más personas pertenecientes a una categoría excluye a las compren-
didas en las categorías siguientes: i) el cónyuge y los hijos; ii) los ascen-
dientes; iii) el conviviente; iv) los hermanos; y v) el adoptado y el adoptante
(artículo 108 II, Código Procesal Penal).199 En el orden referido, las vícti-
mas reflejas de la muerte de una persona pueden ejercer la acción civil de
responsabilidad en el juicio penal.

755. Legitimación pasiva. a) Desde el punto de vista pasivo, sólo el imputado


está legitimado para ser civilmente demandado ante el juez penal. Si la
acción se ejerce contra personas diferentes del imputado, la demanda de-
berá plantearse ante el tribunal civil competente de acuerdo con las reglas
generales (Código Procesal Penal, artículo 59 II). Para estos efectos, la
víctima está autorizada para actuar desde que el Ministerio Público forma-
liza la investigación (infra Nº 756).
b) En la medida que no puede dirigirse en el procedimiento penal la
acción civil en contra de una persona distinta al imputado, no puede de-

197 Segundo informe de la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cá-

mara de Diputados, citado en Maturana 2003 307.


198 En igual sentido Horvitz/López 2002/04 II 612; sobre el derecho a ser juzgado en

un plazo razonable Horvitz/López 2002/04 I 72.


199 Aplicando este orden de prelación se ha fallado que “habiéndose acreditado con la

prueba antes reseñada que la querellante, quien se encuentra legitimada para deducir esta
acción civil de conformidad con lo que dispone el artículo 108 del Código Procesal Penal,
sufrió y sufre actualmente un gran dolor y aflicción por la pérdida de su padre, y por el
dolor que han experimentado sus hijos menores, este tribunal acoge la demanda civil in-
terpuesta, sólo a su favor, toda vez que por mandato expreso de la norma legal antes citada,
sus hijos y nietos del occiso, no son sujetos titulares de esta acción” (Tribunal de juicio oral
en lo penal de Valparaíso, 3.5.2004, ruc Nº 0400020450-7, con comentario de A. Aguad y
C. Pizarro en Rev. Fueyo 3, 2004, 155).

956
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

mandarse en esta sede al tercero civilmente responsable (el propietario


del vehículo motorizado o el empleador, por ejemplo), de modo que éste
sólo puede ser demandado ante el juez civil competente. El Código Proce-
sal Penal ha sido riguroso en excluir las acciones civiles contra personas
distintas del imputado, con el efecto de restringir sustancialmente el ejer-
cicio de la acción de responsabilidad patrimonial en el proceso penal.

d. Reglas de procedimiento

756. Preparación de la demanda civil en el proceso penal. a) El ejercicio


de la acción civil en el proceso penal sigue la estructura del procedi-
miento penal ordinario. Por eso, el actor civil sólo puede actuar una vez
formalizada la investigación. La víctima puede preparar su demanda civil
solicitando las diligencias que considere oportunas para esclarecer los
hechos que posteriormente serán fundamento de su acción. La ley no
indica las diligencias que sirven para preparar la demanda, de modo que
la víctima podrá proponer las que estime pertinentes y útiles a la indaga-
ción y esclarecimiento de los hechos. En todo caso, es el fiscal quien
debe decidir cuáles diligencias se practicarán por estimarlas pertinentes
a la investigación. La víctima puede asistir a la práctica de estas diligen-
cias si el fiscal estimare útil su presencia (Código Procesal Penal, artículo
61 en relación con artículos 183 y 184).
b) La víctima también puede preparar su demanda civil solicitando al
juez de garantía, durante la etapa de investigación, que decrete respecto
del imputado una o más de las medidas precautorias previstas en el Título V
del Libro II del Código de Procedimiento Civil (Código Procesal Penal,
artículo 157).200 La solicitud debe efectuarse por escrito y se tramita de
acuerdo con las reglas que regulan las medidas prejudiciales civiles, conte-
nidas en el Título IV del Libro II de ese ordenamiento, con la reserva que
el plazo para interponer la demanda civil se rige por las reglas generales
(Código Procesal Penal, artículo 157 e infra Nº 757). Las resoluciones que
niegan o dan lugar a la medida solicitada son apelables (Código Procesal
Penal, artículo 158).
c) La preparación de la demanda produce el importante efecto de inte-
rrumpir el plazo de prescripción de la acción civil, de cuatro años contados
desde la perpetración del acto (Código Penal, artículo 105 II, en relación con
el artículo 2332 del Código Civil). Con todo, la interrupción queda condicio-

200 La finalidad de toda medida cautelar es asegurar la efectividad de la sentencia que en

su momento se dicte. En este sentido, las medidas cautelares reales tienen por misión asegu-
rar un conjunto de bienes, en los cuales posteriormente se hará efectiva la responsabilidad
pecuniaria que se derive del delito. Esta responsabilidad puede tener una naturaleza mera-
mente civil y también penal (pena de multa), sin perjuicio de que puede surgir, además, una
responsabilidad pecuniaria por el pago de las costas y gastos ocasionados durante el proceso.
Para un detallado estudio de las medidas cautelares reales, J. C. Marín 2004 a 77.

957
§ 62. EJERCICIO DE LA ACCIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL

nada a la oportuna presentación de la demanda. De este modo, si no se ejerce


la demanda civil en el momento procesal preciso, se entiende que la prescrip-
ción nunca se ha interrumpido (Código Procesal Penal, artículo 61).

757. Presentación de la demanda civil. La demanda civil en el procedi-


miento penal puede ser presentada hasta quince días antes de la fecha
fijada para la realización de la audiencia de preparación del juicio oral
(Código Procesal Penal, artículo 60 en relación con artículo 261). La vícti-
ma debe presentar su demanda por escrito y cumplir con los requisitos
previstos en el artículo 254 del Código de Procedimiento Civil. Adicional-
mente, deberá indicar en forma clara y precisa los medios de prueba de
los que piensa valerse en el juicio. En esta materia no rige el principio de
oralidad que caracteriza al sistema procesal penal. Si la víctima se hubiere
querellado por el delito, deberá interponer su demanda civil conjunta-
mente con su escrito de adhesión o acusación, en el mismo plazo indicado
(Código Procesal Penal, artículo 261).

758. Contestación y excepciones del demandado. La demanda civil deberá


notificarse al acusado a más tardar diez días antes de la realización de la
audiencia de preparación del juicio oral (Código Procesal Penal, artículo
262). Una vez notificada la demanda civil, el imputado debe oponer las
excepciones que correspondan y proceder a su contestación.
El demandado puede oponer excepciones y contestar por escrito hasta
la víspera del inicio de la audiencia de preparación del juicio oral, o ver-
balmente, caso en que podrá hacerlo al inicio de dicha audiencia (Código
Procesal Penal, artículo 62 en relación con artículo 263). Puede también
señalar los vicios formales de que adolece la demanda civil, requiriendo su
corrección.
En su contestación, el demandado debe indicar cuáles serán los me-
dios de prueba de los que piensa valerse en el juicio oral. Si ofreciere
prueba testimonial, deberá presentar una lista de testigos, individuali-
zándolos con su nombre, apellido, profesión y domicilio o residencia
(a menos que esté exceptuado por razones de seguridad para el testi-
go), y señalar, además, los puntos sobre los que habrá de recaer sus
declaraciones. En el mismo escrito, también deberá individualizar al
perito o peritos cuya comparecencia solicitare, indicando sus títulos o
calidades (Código Procesal Penal, artículo 62 II en relación con artícu-
lo 259).

759. Resolución de incidentes y conciliación. En la audiencia de prepara-


ción del juicio oral deben resolverse todos los incidentes y excepciones
dilatorias deducidos con ocasión de la interposición o contestación de la
demanda civil (Código Procesal Penal, artículo 63). El juez de garantía se
encuentra facultado en esta audiencia para subsanar los defectos formales
de que adolezca la demanda civil. Si fuere necesario, incluso puede sus-
pender la audiencia, por un plazo que no podrá exceder de cinco días,
para que los vicios puedan ser corregidos. Si en ese plazo la víctima no

958
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

subsana los defectos de su demanda, se la tendrá por no presentada.201 En


definitiva, el juez dispone de facultades para ordenar corregir de oficio los
vicios procesales que perciba, a efectos de evitar nulidades posteriores.
En esta misma audiencia el juez debe llamar al querellante y al imputa-
do a conciliación sobre las acciones civiles que aquél haya deducido. El
juez de garantía deberá proponer bases de arreglo. En el evento de que la
conciliación resultare exitosa, se levantará acta, donde se consignarán sólo
las especificaciones del arreglo, y que suscribirán el juez, las partes que lo
deseen y el secretario. El efecto de la conciliación convenida es el de una
sentencia ejecutoriada (Código Procesal Penal, artículo 273 en relación
con Código de Procedimiento Civil, artículos 263 y 267).
Si no hay acuerdo para conciliar acerca de la pretensión civil, es el
tribunal del juicio oral en lo penal quien deberá resolver sobre la preten-
sión de la víctima. Con ese fin, entre las menciones que debe contener el
auto de apertura del juicio oral se encuentra, precisamente, la demanda
civil (Código Procesal Penal, artículo 277 letra c).

760. Rendición y valoración de la prueba. En la audiencia del juicio oral se


deben rendir todas las pruebas que las partes hubieren ofrecido para acredi-
tar sus respectivas pretensiones y defensas, y que no hubieren sido excluidas
por el juez de garantía. En el día y hora fijados, el tribunal se constituirá con
la asistencia del fiscal, el acusado, su defensor y los demás intervinientes.
Una vez iniciada la audiencia, que es la misma del juicio oral penal, el presi-
dente de la sala concederá la palabra al actor para que exponga su deman-
da civil (Código Procesal Penal, artículo 325). Posteriormente concederá la
palabra al acusado para que proceda a su defensa. Cada parte determina el
orden en que rinde su prueba, correspondiendo recibir primero la ofrecida
para acreditar los hechos y peticiones de la acusación y de la demanda civil
(Código Procesal Penal, artículo 328). La prueba de las acciones civiles se
sujeta a las normas civiles en cuanto a la carga probatoria, y al Código Proce-
sal Penal en cuanto a su procedencia, oportunidad, forma de rendirla y
apreciación (Código Procesal Penal, artículo 324).202 Concluida la recep-

201 ¿Puede la víctima que no ha subsanado los vicios acudir al juez civil competente y
presentar nuevamente su demanda civil? La redacción del artículo 59 II del Código Proce-
sal Penal parece oponerse a ello, aunque todo indica que es una consecuencia demasiado
severa para quien no ha subsanado cuestiones de forma. Lo razonable es entender que la
víctima no puede continuar con su demanda en el procedimiento penal y permitirle acu-
dir ante el juez civil competente, en la medida que su pretensión no haya prescrito.
202 La regulación de la prueba de la acción civil en el proceso penal puede generar

problemas en cuanto a los medios de prueba y su apreciación. El Código Procesal Penal


adopta el sistema de libertad de prueba y libre valoración, bajo los principios de la lógica,
las máximas de la experiencia y los conocimientos científicamente afianzados (Código Pro-
cesal Penal, artículos 295 y 297). En cambio, en el procedimiento civil por regla general
rige el sistema de la prueba legal o tasada, y valoración de la prueba por el legislador. En
estas circunstancias, la acción civil deducida contra el imputado en el proceso penal y con-
tra el tercero civilmente responsable en el procedimiento civil puede derivar en que unos

959
§ 62. EJERCICIO DE LA ACCIÓN CIVIL EN EL PROCESO PENAL

ción de pruebas, el presidente otorgará la palabra al fiscal, al acusador parti-


cular y al defensor para que expongan sus conclusiones y, posteriormente,
se permitirá al fiscal y al defensor replicar. A continuación, se declarará
cerrado el debate.
Si una vez comenzado el juicio oral se dictare el sobreseimiento de la
causa, el tribunal debe continuar con el desarrollo del juicio para el solo
conocimiento y fallo de la cuestión civil (Código Procesal Penal, artículo 68
inciso final). En esta situación, la dependencia de la acción civil a la tramita-
ción del juicio penal cede en beneficio de la víctima; aunque el juicio penal
termine sin sentencia definitiva, continúa hasta la dictación de la sentencia
el juicio civil ya iniciado ante el juez penal. Por el contrario, si el juicio oral
aún no hubiese comenzado, la suspensión o terminación del juicio penal
obligan al actor civil a recurrir ante el juez de esa competencia; en tal caso,
la ley se limita a simplificar las notificaciones de la demanda y resolución
que recae en ella (se efectúa por cédula), y la tramitación ante el juez civil
sigue las reglas de juicio sumario (artículo 68 II y III).

761. Sentencia civil en el juicio penal. Tanto en el caso de absolución o


condena penal, el tribunal debe pronunciarse sobre la demanda civil váli-
damente interpuesta. La sentencia definitiva deberá pronunciarse sobre la
responsabilidad civil de cada uno de los acusados que hayan sido civilmen-
te demandados, y fijará el monto de las indemnizaciones a que hubiere
lugar (Código Procesal Penal, artículo 342 letra e). En consecuencia, no
puede dejarse, como ocurre en el proceso civil, la determinación del mon-
to de los daños y perjuicios para la fase de ejecución de la sentencia.

762. Recursos contra la sentencia civil dictada en el juicio penal. En contra


de la sentencia definitiva que dicte el tribunal de juicio oral en lo penal no
procede recurso de apelación (Código Procesal Penal, artículo 364); de
acuerdo con las reglas generales del proceso penal, sólo procede el recur-
so de nulidad fundado en las causales establecidas en los artículos 373 y
374 del Código Procesal Penal.203 El establecimiento definitivo de los he-
chos que provee el juicio oral se extiende a la materia civil. En consecuen-
cia, cada vez que la víctima demande al imputado en sede penal y al tercero
civilmente responsable en sede civil, la sentencia dictada en materia penal
quedará sujeta sólo al recurso de nulidad y, en cambio, la que se dicte en
materia civil, a los recursos de apelación y casación (Código de Procedi-
miento Civil, artículos 187 y 767). En definitiva, aunque los hechos sean
idénticos, el procedimiento ante el juez civil es de doble instancia y hay

mismos hechos pueden ser valorados de manera diversa por el juzgador penal y por el civil.
Atendida la relación que existe en materia probatoria entre las normas sustantivas y proce-
sales, todo indica que en materia civil debe procederse de conformidad con los estándares
probatorios que rigen en esa materia.

203 Horvitz/López 2002/04 II 628.

960
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

lugar al recurso de casación, mientras el procedimiento penal sólo admite


el recurso de nulidad.

763. Renuncia de la acción civil, desistimiento, abandono. a) La circuns-


tancia de ejercerse la acción civil en el proceso penal no hace que ésta
pierda su carácter esencialmente privado. Su ejercicio en el proceso penal
sólo se funda en razones de economía procesal y en ningún caso significa
restringir la autonomía del delito o cuasidelito civil en relación con el
delito o cuasidelito penal. Precisamente esta autonomía justifica la disponi-
bilidad de la acción civil, aun cuando haya sido ejercida en el proceso penal.
b) La renuncia de la acción civil en el proceso penal es un acto de
disposición que extingue la acción y se encuentra expresamente autoriza-
da por la ley procesal (Código Procesal Penal, artículo 56). La renuncia
produce el efecto de extinguir la acción civil y, por tanto, impide a la
víctima accionar civilmente, sea en el procedimiento civil o penal. Por eso,
la renuncia da lugar a la excepción perentoria de renuncia del derecho.
Por cierto que extinguida la acción civil no se entenderá extinguida la
acción penal para la persecución del hecho punible, lo que es reflejo de
su carácter público e indisponible. Excepcionalmente, tratándose de un
hecho punible de acción penal privada, cuando sólo se ejerce la acción
civil se considerará tácitamente extinguida la acción penal (Código Proce-
sal Penal, artículo 66); este efecto refleja que los delitos de acción penal
privada están sujetos al principio de disponibilidad característico de las
acciones civiles. Para estos efectos, aclara el legislador, la solicitud en el
proceso penal de diligencias destinadas a preparar la demanda civil o ase-
gurar su resultado no se considera en ningún caso como ejercicio de la
acción civil (Código Procesal Penal, artículo 66 II).
c) La víctima puede también desistirse de su acción en cualquier estado
del proceso penal. Puede hacerlo inmediatamente después de haberla pre-
sentado y hasta antes de existir sentencia definitiva firme. El desistimiento
es una típica institución procesal que se encuentra regulada en los artícu-
los 148 a 151 del Código de Procedimiento Civil, expresamente aplicables
por remisión al Libro I de ese ordenamiento que realiza el artículo 52 del
Código Procesal Penal. Por tanto, presentado el desistimiento de la vícti-
ma, la petición se somete a los trámites establecidos para los incidentes, el
imputado puede oponerse a dicha solicitud y el juez debe resolver el asun-
to. Si el desistimiento es aceptado, la pretensión civil se extingue definiti-
vamente, produciendo efecto de cosa juzgada (Código de Procedimiento
Civil, artículo 150).204 Si, por el contrario, el juez rechaza el desistimiento,
la acción civil continúa con su tramitación normal.

204
Se ha fallado que “con arreglo al artículo 150 del Código de Procedimiento Civil, la
sentencia que acepta el desistimiento extingue las acciones a que él se refiere, con relación a
las partes litigantes y a todas las personas a quienes habría afectado la sentencia del juicio a
que pone fin. De este modo, la resolución firme que acoge el desistimiento semeja en sus
efectos a una sentencia de término denegatoria de la demanda, puesto que pone fin al juicio
de que se trata, extinguiendo las acciones como si hubieren sido rechazadas, de forma que si

961
§ 63. INFLUENCIA RECÍPROCA DE RESOLUCIONES EN LO PENAL Y EN LO CIVIL

d) El abandono de la acción civil se encuentra regulado en el Código


Procesal Penal como una sanción por no haber mostrado la víctima inte-
rés en persistir en su demanda civil. Las causales que lo hacen procedente
son expresivas de cierta indolencia en la conducta de la víctima: no haber
comparecido a la audiencia de preparación del juicio oral o a la audiencia
del juicio oral, sin justificación (Código Procesal Penal, artículo 64). El
abandono opera por el solo hecho de estas ausencias, a menos que la
víctima pruebe los hechos inimputables que le impidieron asistir. El aban-
dono no produce simplemente el efecto de impedir que continúe trami-
tándose la acción de responsabilidad civil en el proceso penal; en efecto,
una vez admitida a tramitación la demanda civil en el proceso penal, no
podrá ser deducida nuevamente ante el juez civil (Código Procesal Penal,
artículo 59 II). En consecuencia, a menos que el juez penal estimare que
la ausencia del actor es justificada, caso en el cual la acción no se tendrá
por abandonada (Código Procesal Penal, artículo 64 II), el abandono en
sede penal produce el efecto de extinción de la acción civil.

§ 63. INFLUENCIA RECÍPROCA DE RESOLUCIONES EN LO PENAL Y EN LO CIVIL

764. Principios. La responsabilidad civil y penal son independientes entre


sí, como se ha mostrado en otros capítulos de este libro a propósito de
cuestiones específicas: puede haber responsabilidad penal sin que haya
lugar a la responsabilidad civil, como ocurre con el ilícito penal que no
ocasiona daños (supra Nos 141 y 143); y, a la inversa, la mayoría de los casos
que dan lugar a responsabilidad civil no acarrean responsabilidad penal,
sea porque el hecho que ocasiona el daño no está tipificado como delito,
sea porque no se cumplen las condiciones subjetivas de imputabilidad cri-
minal (supra Nº 45).
Con todo, ambos ámbitos jurisdiccionales se entrecruzan por dos órde-
nes de razones: ante todo, de economía procesal y de justicia en sentido formal,
con el propósito de evitar sentencias contradictorias; y, además, en virtud de
una regla excepcional que establece la especialidad de la jurisdicción civil
(Código Procesal Penal, artículo 171 I). Por eso, las principales influencias
recíprocas están dadas por los efectos que la ley atribuye a las sentencias
dictadas en uno y otro proceso judicial, específicamente en materia de
cosa juzgada, y por la exigencia de que ciertas materias civiles que resultan
decisivas en el juicio penal sean resueltas por el juez civil.

a. Efectos de las resoluciones penales en materia civil

765. Sentencias condenatorias: ilícitos penales e infraccionales. a) Según


dispone el artículo 178 del Código de Procedimiento Civil, en los juicios

el demandante las renueva con un nuevo juicio, el demandado estará habilitado para opo-
nerle válidamente la excepción de cosa juzgada” (CS, 19.4.1988, RDJ, t. LXXXV, sec. 1ª, 59).

962
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

civiles podrán hacerse valer las sentencias dictadas en un proceso criminal


siempre que condenen al imputado. Esta regla ha sido interpretada exten-
sivamente, de modo que no sólo se aplica respecto de sentencias penales
sino también al amplio ámbito de los ilícitos infraccionales (supra Nº 53). 205
Por eso, resulta también aplicable respecto de sentencias que imponen o
confirman una sanción (por ejemplo, multa) por infracción a una deter-
minada regulación administrativa, porque los requisitos para sancionar en
un procedimiento infraccional son de analogía penal, y necesariamente
más estrictos que los requeridos para establecer la culpa civil, que no sólo
comprende los ilícitos infraccionales, sino, además, los ilícitos contra los
usos normativos (supra Nº 56) o simplemente contra deberes generales de
cuidado (supra Nº 58).206 Con igual razón, producen efectos en materia
civil las sanciones que fijan los jueces de policía local en el ámbito de su
competencia (Ley Nº 18.287, sobre procedimientos ante los juzgados de
policía local, artículo 29).207
b) Con todo, conviene tener presentes los límites de este efecto de las
sentencias condenatorias, penales o administrativas. De la norma del artícu-
lo 178 del Código de Procedimiento Civil se sigue que frente a una senten-
cia penal condenatoria no puede el juez civil poner en duda la existencia
del hecho que constituye el delito, ni la culpa del condenado.208 Con todo,
la responsabilidad civil requiere la existencia de un daño que sea causal y
normativamente atribuible al ilícito del demandado. Así, aunque en el
juicio civil no sea necesario discutir el ilícito, sí lo es para probar y calificar
el daño y la causalidad.209

205 Se ha fallado que “en términos generales, debe entenderse que la disposición al re-

ferirse al juicio civil, lo hace en el sentido amplio de todo lo que no es penal, y al señalar
que debe condenar al reo, igualmente debe interpretarse en forma genérica, aunque no
exista reo sino infractor a una norma de carácter contravencional” (Corte de San Miguel,
10.9.1992, rol Nº 97-1992). La ley sobre libre competencia ha establecido el principio refe-
rido, al establecer que el juez civil al resolver sobre la acción de responsabilidad patrimo-
nial fundará su fallo en las conductas, hechos y calificación jurídica establecidos por el
Tribunal de defensa de la libre competencia (artículo 30 II).
206 Existe consenso en torno a la fuerte analogía entre el derecho penal y el derecho

administrativo sancionador, en el sentido de que ambos son una manifestación del poder
punitivo del Estado, siendo la diferencia entre ambos exclusivamente cuantitativa (el mejor
desarrollo en Cury 2005 100, con referencias comparadas).
207 Se ha fallado que la sentencia del juzgado de policía local que impone una pena de

multa al chofer culpable de un accidente de tránsito por haber infringido los reglamentos
“es una sentencia condenatoria en juicio criminal y produce plena prueba en el presente
juicio civil sobre la infracción reglamentaria a que ella se refiere” (Corte de Santiago,
3.10.1958, confirmada por CS [cas. forma y fondo], 12.5.1959, RDJ, t. LVI, sec. 1ª, 133); y
que “la sentencia condenatoria en lo infraccional dictada en sede de Policía Local una vez
firme, produce el efecto de cosa juzgada en cuanto a la existencia de la infracción y a la
culpabilidad del infractor sancionado” (Corte de Santiago, 6.7.2005, GJ 301, 149).
208 CS, 7.5.1935, RDJ, t. XXXII, sec. 1ª, 347.
209 En este sentido se ha fallado que “atendido que la acción indemnizatoria de estos

autos ha sido fundamentada en la circunstancia de haber sido condenado por sentencia

963
§ 63. INFLUENCIA RECÍPROCA DE RESOLUCIONES EN LO PENAL Y EN LO CIVIL

766. Principio: las sentencias absolutorias no producen efectos en sede


civil. Por regla general, las sentencias absolutorias penales no producen
cosa juzgada en materia civil, porque de la circunstancia de no existir res-
ponsabilidad penal no se sigue necesariamente que tampoco haya lugar a
la responsabilidad civil.210 Así lo establece el artículo 179 I del Código de
Procedimiento Civil, en cuya virtud las sentencias que absuelvan de la acu-
sación o que ordenen el sobreseimiento definitivo, sólo producen cosa
juzgada en materia civil cuando se funden en ciertas y precisas circunstan-
cias.211
Las razones para que rijan estas limitaciones son perfectamente con-
gruentes con las que explican el efecto positivo de las sentencias condenato-
rias en materia civil: en la medida que los ilícitos penales e infraccionales
están sujetos a requisitos más fuertes que los civiles, puede ocurrir que en
esta sede de responsabilidad el hecho sea tenido por culpable, sin que sea
constitutivo de un delito penal o un ilícito infraccional. Ello se muestra en
las diferencias de alcance y función de los requisitos objetivos y subjetivos
del ilícito penal y civil, aunque ambos reciban idéntica denominación (supra
Nº 45).
En consecuencia, el efecto de cosa juzgada de la sentencia penal abso-
lutoria y del sobreseimiento definitivo es excepcional en materia civil; sólo

ejecutoriada el autor del cuasidelito de homicidio, (…) no es procedente considerar alega-


ciones relativas al hecho concluido en el proceso penal, motivo por el cual sólo correspon-
de decidir acerca de la existencia del daño civil invocado y el eventual monto de la suma
reparatoria” (Corte de Santiago, 9.7.2001, rol Nº 915-1999); también se ha resuelto que si
bien una vez acreditada la existencia del delito de fraude aduanero “nace acción civil para
que el Fisco pueda obtener la indemnización de los perjuicios causados por la no percep-
ción de los derechos aduaneros”, no resulta posible acoger la acción deducida por el Fisco,
pues “correspondiéndole el peso de la prueba, no ha rendido la necesaria para acreditar la
naturaleza, monto y demás particularidades del daño cuyo resarcimiento pide” (Corte de
Santiago, 27.3.1980, RDJ, t. LXXVII, sec. 4ª, 38).

210 Se ha entendido que “es perfectamente concebible y armónico que un mismo he-

cho pueda calificarse como no constitutivo de cuasidelito criminal y ser, sin embargo, cons-
titutivo de cuasidelito civil” (Corte de Chillán, 10.8.2000, confirmado por CS [cas. fondo],
24.10.2000, GJ 244, 98). En relación con la extinción de la responsabilidad penal en virtud
de la amnistía, se ha fallado desde antiguo que ésta “sólo produce efectos en la esfera de tal
responsabilidad, sin que alcance a operar en el campo de la responsabilidad civil; la prime-
ra tiene su origen en el hecho punible, que la ley reprime en resguardo del interés de la
colectividad; la segunda nace como consecuencia de aquel hecho, desde que ocasiona al
ofendido un daño que le confiere el derecho de la reparación. Por consiguiente, la obliga-
ción que genera este derecho no se extingue por la amnistía” (Corte de Santiago, 14.1.1963,
RDJ, t. LX, sec. 4ª, 47); en igual sentido: CS, 30.3.1962, RDJ, t. LIX, sec. 4ª, 25; y CS, 1.9.1967,
RDJ, t. LXIV, sec. 4ª, 243.
211 La equiparación en sus efectos del sobreseimiento definitivo a la sentencia absolu-

toria se encuentra en el artículo 251 del Código Procesal Penal, según el cual el sobresei-
miento definitivo pone término al procedimiento y produce efecto de cosa juzgada.

964
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

procede en aquellos casos expresamente señalados en la ley.212 Por la mis-


ma razón, esas normas deben ser interpretadas de manera restrictiva.213 En
consecuencia, para que una sentencia absolutoria produzca efecto de cosa
juzgada en materia civil, debe satisfacer precisamente alguna de las hipóte-
sis contenidas en el artículo 179 del Código de Procedimiento Civil.

767. Excepciones: circunstancias en que la sentencia penal absolutoria pro-


duce efectos en sede civil. Las sentencias que absuelvan de la acusación o
que ordenen el sobreseimiento definitivo, sólo producirán cosa juzgada
en materia civil cuando se funden en alguna de las circunstancias estable-
cidas por el artículo 179 del Código de Procedimiento Civil.
a) Primera regla: inexistencia del hecho. “La no existencia del deli-
to o cuasidelito que ha sido materia del proceso. No se entenderán
comprendidos en este número los casos en que la absolución o el so-
breseimiento provengan de la existencia de circunstancias que eximan
de responsabilidad criminal” (Código de Procedimiento Civil, artículo
179 regla 1ª).
La inexistencia del delito puede deberse a una razón de índole mate-
rial (no se ha cometido el hecho) o a una razón jurídica (los hechos no
son constitutivos de delito desde el punto de vista penal). La jurispruden-
cia ha interpretado correctamente esta norma, señalando que sólo se re-
fiere a la inexistencia del hecho, precisamente en consideración a que los
elementos del ilícito civil son menos estrictos que los del delito penal. La
no existencia del delito aludida por la norma sólo se refiere a la declara-
ción positiva por los sentenciadores penales de que no existen los hechos

212 La jurisprudencia es constante en este sentido, así se ha fallado que “las sentencias

absolutorias o que sobresean definitivamente en materia penal, sólo producen cosa juzga-
da en materia civil en casos calificados y excepcionales” (CS, 18.1.1989, rol Nº 18.313); que
“la regla general es que las sentencias condenatorias dictadas en materia criminal produ-
cen cosa juzgada en lo civil; pero respecto de los fallos absolutorios dicha regla general es
que no producen cosa juzgada en materia civil, salvo las excepciones expresamente con-
templadas en la ley” (CS, 8.7.1971, RDJ, t. LXVIII, sec. 1ª, 211); que “la sentencia absoluto-
ria en materia criminal no tiene los mismos efectos que la condenatoria, estando reservado
a esta última producir siempre los efectos de la cosa juzgada y a la primera producir tales
efectos únicamente en los casos expresamente señalados en el artículo 179 (202) del Códi-
go de Procedimiento Civil” (CS, 20.3.1952, RDJ, t. XLIX, sec. 1ª, 98); y que “en los juicios
civiles pueden hacerse valer las sentencias dictadas en un proceso criminal siempre que con-
denen al reo, lo que es natural y obvio; pero cuando absuelven u ordenan el sobreseimien-
to definitivo se les concede la fuerza de la cosa juzgada por excepción, en los casos
taxativamente enumerados en el artículo 202 [actual artículo 179] del Código de Procedi-
miento Civil” (CS, 8.1.1938, RDJ, t. XXXV, sec. 1ª, 343).
213 CS, 29.8.1917, RDJ, t. XV, sec. 1ª, 131. En este orden de ideas, se ha dicho que el

abandono de la acción constituye una razón de orden procesal, “que si bien produce efec-
tos similares al sobreseimiento definitivo, no puede significar un pronunciamiento de inexis-
tencia del delito, por lo que no concurre en la especie la excepción contemplada en el
artículo 179 Nº 1 del Código de Procedimiento Civil. Por ello, no concurre en la especie la
cosa juzgada” (CS, 11.5.1995, rol Nº 20.841).

965
§ 63. INFLUENCIA RECÍPROCA DE RESOLUCIONES EN LO PENAL Y EN LO CIVIL

que resultan relevantes tanto en materia civil como en materia penal, y no


a la calificación jurídica de esos hechos.214
Por la misma razón, se ha fallado que si no se cumplen los requisitos
para que haya estafa, pueden cumplirse las condiciones para que haya
responsabilidad civil por mala administración;215 y que la circunstancia de
no existir responsabilidad penal por delito de incendio no implica liberar
de una posible responsabilidad civil por culpa.216 Así también, del hecho
que ciertas expresiones no cumplan los requisitos para que haya injuria,
calumnia o difamación, no se excluye la responsabilidad civil por inmis-
cuirse en la vida privada.
Cabe tener presente que esta regla de excepción sólo puede operar en
caso de dictarse sentencia absolutoria en el juicio penal, porque de con-
formidad con el ordenamiento procesal vigente no existe una causal de
sobreseimiento definitivo fundada en la inexistencia del hecho.
b) Segunda regla: inexistencia de participación del demandado en el
hecho dañoso. “No existir relación alguna entre el hecho que se persigue
y la persona acusada, sin perjuicio de la responsabilidad civil que pueda
afectarle por actos de terceros, o por daños que resulten de accidentes, en
conformidad a lo establecido en el Título XXXV, Libro IV, del Código
Civil” (Código de Procedimiento Civil, artículo 179 regla 2ª).

214 Tempranamente se resolvió que “de la historia fidedigna del precepto legal que se

supone infringido aparece que se dio a la circunstancia primera del artículo 202 [actual
artículo 179] del Código de Procedimiento Civil la redacción que tiene por ser más com-
prensiva que la que se pretendió darle diciendo en vez de delito o cuasidelito ‘del hecho’,
dejándose establecido que la no existencia del hecho equivale a decir la no existencia del
delito o cuasidelito” (CS, 20.10.1934, RDJ, t. XXXII, sec. 1ª, 113); en el mismo sentido, se
ha fallado que la sentencia penal absolutoria o el sobreseimiento definitivo producen cosa
juzgada en material civil cuando “el tribunal ha adquirido la convicción de no haberse per-
petrado el hecho punible que dio origen a la causa” (CS, 13.6.1952, RDJ, t. XLIX, sec. 4ª,
168). La sentencia penal que establece que los hechos existen pero fueron fortuitos produ-
ce también cosa juzgada en sede civil bajo esta regla; así, se ha resuelto que la sentencia
penal absolutoria o que sobresee definitivamente la causa produce cosa juzgada en materia
civil “cuando el hecho material que dio motivo a formar la causa no existió, o en que ese
hecho, si bien existe y está probado, ha sido fortuito o casual o en que ese hecho es impu-
table exclusivamente a culpa o imprudencia de la víctima” (Corte de Santiago, 8.8.1958,
RDJ, t. LV, sec. 1ª, 84); la conclusión anterior supone que lo fortuito se juzga de igual ma-
nera en materia civil y penal, de modo que parece recomendable que la apreciación se haga
en concreto; asimismo se debe tener en consideración que esa inferencia en caso alguno es
aplicable si el tipo de accidente está sujeto a un régimen de responsabilidad estricta.
215 CS, 8.7.1971, RDJ, t. LXVIII, sec. 1ª, 211.
216 Corte de Concepción, 23.7.1993, rol Nº 1.472-1992; también se ha fallado que “no

existe contradicción alguna entre un sobreseimiento definitivo que declara la inexistencia


del delito de incendio y una sentencia civil que declara que existe responsabilidad extra-
contractual, derivada de la falta de diligencia y cuidado del dueño de una industria en la
mantención de la misma, lo que provocó la rápida propagación a las casas vecinas de un
incendio no provocado por él, que tuvo su origen en la mencionada industria” (Corte de
Santiago, 17.7.1998, RDJ, t. XCV, sec. 2ª, 48).

966
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

La sentencia debe declarar expresamente que no existe relación algu-


na entre el hecho que presenta los caracteres de delito y el acusado, sin
que sea admisible volver a discutir esta precisa materia en un juicio civil
posterior. Por tanto, si el tribunal de juicio oral en lo penal declara que
ocurrió el hecho típico, pero que el acusado no tuvo participación alguna
en su realización, esta declaración tiene plena eficacia en el juicio de res-
ponsabilidad civil. Lo mismo vale si el juez de garantía decreta el sobresei-
miento definitivo porque aparece claramente establecida la inocencia del
imputado (Código Procesal Penal, artículo 250 letra b).
Desde luego, la excepción sólo opera en casos de responsabilidad por
culpa por el hecho propio, de modo que debe entenderse sin perjuicio de
los casos de responsabilidad por el hecho ajeno y de hipótesis de responsa-
bilidad estricta, en que el factor de atribución de responsabilidad no sea el
hecho del demandado sino simplemente el riesgo de la actividad sujeta a
ese estatuto especial.
c) Tercera regla: inexistencia de indicio alguno en contra del acusado.
“No existir en autos indicio alguno contra el acusado, no pudiendo en tal
caso alegarse la cosa juzgada sino respecto de las personas que hayan in-
tervenido en el proceso criminal como partes directas o coadyuvantes”
(Código de Procedimiento Civil, artículo 179 regla 3ª).
La regla se descompone en dos partes: por un lado, tiene el supuesto
de aplicación de ‘no existir en autos indicio alguno contra el acusado’; y
por otro, su alcance está restringido sólo ‘respecto de las personas que
hayan intervenido en el proceso criminal’. Se puede comprobar que la
primera parte está comprendida en la segunda excepción, porque en am-
bos casos “el acusado aparece desligado del hecho que se pesquisa”.217 La
segunda parte no hace más que volver al tradicional efecto relativo de las
sentencias, aunque limita de este modo el efecto expansivo de cosa juzga-
da que pueden tener las otras excepciones (infra Nº 769).
Con todo, conviene destacar que la regla debe ser entendida de acuer-
do con su sentido, porque también en este caso el texto puede resultar
equívoco si se le interpreta literalmente. La norma exige algo más que la
absolución por falta de pruebas suficientes (o la existencia de una duda
razonable), pues el estándar requerido para la prueba penal es más estric-
to que en materia civil. En efecto, en materia penal se exige para la conde-
na una convicción más allá de toda duda razonable (Código Procesal Penal,
artículo 340 I),218 mientras que en materia civil la norma de clausura esta-
blece que ante pruebas contradictorias, el juez preferirá la que le parezca
más conforme a la verdad (Código de Procedimiento Civil, artículo 428).
Por eso, para que opere la regla se exige que no exista indicio alguno de
participación, cuestión que debe ser materia de declaración expresa y cir-
cunstanciada en la sentencia.

217 Fontecilla 1978 266.


218 Sobre este estándar probatorio Horvitz/López 2002/04 I 153.

967
§ 63. INFLUENCIA RECÍPROCA DE RESOLUCIONES EN LO PENAL Y EN LO CIVIL

768. Contraexcepción: obligaciones restitutorias. Las circunstancias del ar-


tículo 179 del Código de Procedimiento Civil están sujetas a una limita-
ción adicional, contenida en el inciso final, que señala: “Las sentencias
absolutorias o de sobreseimiento en materia criminal relativas a los tuto-
res, curadores, albaceas, síndicos, depositarios, tesoreros y demás personas
que hayan recibido valores u objetos muebles por un título de que nazca
obligación de devolverlos, no producirán en ningún caso cosa juzgada en
materia civil”.
Esta norma restablece la regla general en materia de obligaciones resti-
tutorias: las sentencias absolutorias y las que ordenan el sobreseimiento
definitivo no tienen eficacia en el juicio civil. Es decir, la absolución en
materia penal no produce cosa juzgada para el acusado respecto de su
obligación de restituir; la razón hay que encontrarla en que las obligacio-
nes restitutorias pueden nacer sin que haya hecho alguno del demandado
(como ocurre en la hipótesis de posesión de buena fe de una cosa ajena
transferida por un usurpador).

769. Alcance de la cosa juzgada. a) Se ha fallado que la cosa juzgada de la


sentencia dictada en sede criminal produce efectos erga omnes, sin que se
requiera la concurrencia de la triple identidad a que se refiere el artículo
177 del Código de Procedimiento Civil.219 En definitiva, se trata de un

219
En CS, 5.11.1970, RDJ, t. LXVII, sec. 1ª, 503, sentencia absolutoria por estimarse
que los hechos se debieron a un caso fortuito, se señaló que “por no mediar dolo o culpa
en el suceso que motivó el fallo absolutorio que se expidió en el proceso criminal referido,
forzoso es aceptar como conclusión que en tal evento no hubo hecho punible que origina-
ra obligaciones basadas en esa fuente de responsabilidad; que, asimismo, aquel fallo debe
producir efectos de cosa juzgada en materia civil, porque no es aceptable –en este caso–
una revisión de tal pronunciamiento; y que, por último, esta consecuencia afecta no sólo a
quienes fueron partes en la gestión criminal, sino que a toda clase de personas, porque sus
efectos son de proyección general”; respecto al caso fortuito como eximente de responsabi-
lidad civil, véase también nota siguiente; también se ha fallado que “toda sentencia conde-
natoria en materia criminal produce cosa juzgada para el juicio civil en que se cobran
indemnizaciones por los perjuicios causados por el delito o cuasidelito que ha sido objeto
de ese fallo. Esa cosa juzgada es de aplicación universal en cuanto obra respecto de todos y
no solamente de los que han litigado en lo penal, pues ella existe, no en virtud de la con-
currencia de las tres identidades requeridas por el artículo 200 [actual artículo 177] del
Código de Procedimiento Civil, que no serían posibles en estos casos, sino por mandato
expreso de las leyes que se inspiran en la necesidad superior de evitar que la decisión en lo
civil contradiga lo resuelto por la justicia criminal” (CS, 8.1.1943, RDJ, t. XL, sec. 1ª, 394); y
que “los artículos 201 y 202 [actuales artículos 178 y 179] del Código de Procedimiento
Civil, que determinan la influencia de lo penal en lo civil, son reglas de excepción a lo dis-
puesto en el artículo 200 [actual artículo 177] del mismo Código, y por lo tanto, no puede
exigirse que entre el juicio criminal y el juicio civil posterior existan las tres identidades a
que se refiere el citado artículo 200, puesto que jamás pueden existir entre uno y otro jui-
cio, que tienen siempre distintos objetos y distintas causas legales, y exigirlas sería lo mismo
que negar la influencia de lo criminal en lo civil, influencia que expresamente reconocen
nuestras leyes” (Corte de Santiago, 21.3.1923, confirmada por CS [cas. fondo], 12.9.1923,

968
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

efecto de cosa juzgada que se aleja de los principios generales aceptados


en la materia: ante todo, porque el objeto de la acción civil es material-
mente diferente del de la acción penal (a pesar de lo cual, lo resuelto en
sede penal puede producir efectos en materia civil) y, salvo en el caso de
la tercera regla del artículo 179 del Código de Procedimiento Civil, ni
siquiera se requiere identidad legal de personas (produciéndose un efecto
civil erga omnes de la sentencia dictada en el juicio penal).
b) El alcance de cosa juzgada material que la sentencia penal produce
en materias civiles está precisado por el artículo 180 del Código de Proce-
dimiento Civil: “Siempre que la sentencia criminal produzca cosa juzgada
en el juicio civil, no será lícito en éste tomar en consideración pruebas o
alegaciones incompatibles con lo resuelto en dicha sentencia o con los
hechos que le sirvan de necesario fundamento”.
De la regla puede inferirse que sólo lo declarado expresamente en la senten-
cia penal produce el efecto de cosa juzgada en materia civil. En consecuencia, el
efecto de cosa juzgada de la sentencia criminal en materia civil se limita a
dos aspectos: i) produce cosa juzgada lo que se ha resuelto en el juicio
penal; y ii) producen cosa juzgada los hechos que se tienen por probados y que
sirven de necesario fundamento a lo resuelto en sede penal.220
En el fondo, lo que no puede hacer el juez civil es contradecir lo expre-
samente resuelto en sede penal, sea que se trate de cuestiones de hecho o
de cuestiones de derecho. Ése es, en este caso, el preciso alcance del espe-
cialísimo efecto de cosa juzgada de las sentencias penales absolutorias en
materia civil.221 De ello se sigue que si la responsabilidad civil se funda en

RDJ, t. XXII, sec. 1ª, 432). En el mismo sentido, Corte de Santiago, 14.11.1922, confirmada
por CS [cas. fondo], 22.9.1923, RDJ, t. XXII, sec. 1ª, 494; CS, 23.11.1936, RDJ, t. XXXIV,
sec. 1ª, 62; CS, 13.1.1939, RDJ, t. XXXVI, sec. 1ª, 478; CS, 1.6.1956, RDJ, t. LIII, sec. 1ª, 89;
y Corte de Santiago, 8.8.1958, RDJ, t. XL, sec. 2ª, 84.

220 Se ha fallado que en el juicio civil “no puede ponerse en duda la existencia del he-

cho que constituye el delito, ni sostenerse la inculpabilidad del condenado” (CS, 7.5.1935,
RDJ, t. XXXII, sec. 1ª, 347); y que “en el juicio civil es obligatorio respetar las conclusiones
establecidas en lo criminal y los hechos o antecedentes que han servido al juez para llegar
a esas conclusiones” (CS, 8.1.1943, RDJ, t. XL, sec. 1ª, 394). Así, si en sede penal se deter-
mina que un accidente se debió a caso fortuito, no puede el tribunal civil tomar en consi-
deración pruebas o alegaciones tendientes a establecer que “el accidente no se produjo por
un acto imprevisible y que, por el contrario, fue la consecuencia directa de la imprudencia,
la negligencia o el simple descuido” (Corte de Santiago, 8.8.1958, RDJ, t. XL, sec. 2ª, 84);
en el mismo sentido “no puede reexaminarse la culpabilidad del infractor en el nuevo jui-
cio, ni la existencia de la infracción que motivó la sanción” (Corte de Santiago, 6.7.2005,
GJ 301, 149).
221 Se ha fallado que precisamente “la esencia de la cosa juzgada es impedir que se

produzca contradicción entre dos fallos” (Corte de Santiago, 17.7.1998, RDJ, t. XCV, sec.
2ª, 48).

969
§ 63. INFLUENCIA RECÍPROCA DE RESOLUCIONES EN LO PENAL Y EN LO CIVIL

hechos o en calificaciones jurídicas diferentes a las de la sentencia penal,


ese efecto de cosa juzgada debe tenerse por descartado.

770. Cuestión penal de efectos suspensivos en el proceso civil. El artículo 167


del Código de Procedimiento Civil contempla la hipótesis de una cuestión
criminal de efectos suspensivos:222 “Cuando la existencia de un delito haya de
ser fundamento preciso de una sentencia civil o tenga en ella una influencia
notoria, podrán los tribunales suspender el pronunciamiento de ésta hasta la
terminación del proceso criminal, si en éste se ha deducido acusación o for-
mulado requerimiento, según el caso. Esta suspensión puede decretarse en
cualquier estado del juicio, una vez que se haga constar la circunstancia men-
cionada” (Código de Procedimiento Civil, artículo 167 I y II).
La hipótesis de esta norma se justifica en razón del eventual efecto de cosa
juzgada que puede tener el fallo que se dicte en un juicio criminal pendiente.
En consecuencia, el supuesto de aplicación es precisamente que no exista una
sentencia definitiva en el proceso penal. Antes de que finalice el proceso cri-
minal, el juez civil debe establecer si la existencia del delito que allí se investi-
ga será o no fundamento preciso de la sentencia civil que debe dictar, o si
tendrá en ella una influencia notoria. En caso afirmativo, podrá suspender la
tramitación de la causa hasta que se falle la causa penal.223
Pese a que la disposición habla de suspender el pronunciamiento de la
sentencia civil, los tribunales desde temprano entendieron que esta sus-
pensión se refería al procedimiento o tramitación de la causa.224 Dicha
paralización puede solicitarse y decretarse ‘en cualquier estado del proce-
so civil’. La suspensión origina un incidente que debe tramitarse por cuer-
da separada, sin paralizar el curso del proceso civil (Código de
Procedimiento Civil, artículo 167 III). El conocimiento y fallo de este inci-
dente es de competencia del tribunal civil que está tramitando el proceso
principal, en primera o en segunda instancia.
Si el tribunal competente resuelve favorablemente el incidente, el pro-
cedimiento civil se paralizará hasta la resolución de la causa penal. Con
todo, si en este juicio se ventilaren otras cuestiones que puedan tramitarse
y resolverse sin esperar el fallo del proceso penal, el procedimiento conti-
nuará respecto de ellas sin interrupción (Código de Procedimiento Civil,
artículo 167 IV). La suspensión debe limitarse, en consecuencia, a las ac-
tuaciones que pueden ser incompatibles con lo que se resuelva en el pro-
ceso penal.

222 Fontecilla 1978 III 244.


223 Sobre la función y alcance del artículo 167 del Código de Procedimiento Civil se
ha fallado que “ha sido incluido en ese cuerpo de leyes preferentemente para que el juez
civil pueda contar como elemento para la expedición de su fallo con una declaración firme
sobre la existencia del delito y no sobre la inexistencia del mismo” (CS, 17.12.1948, RDJ,
t. XLVI, sec. 1ª, 233). Por lo mismo, se ha fallado que “es el juez que conoce del juicio civil
quien debe decretar su suspensión, y no el juez encargado de la substanciación del proceso
criminal” (Corte de Temuco, 19.6.1936, RDJ, t. XXXVIII, sec. 2ª, 12).
224 Corte de Valparaíso, 27.4.1933, RDJ, t. XXXI, sec. 2ª, 57.

970
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

Finalmente, cabe destacar que esta disposición no recibió mayor aten-


ción ni aplicación mientras la acción civil podía ejercerse en el proceso
penal sin las restricciones que impone el Código Procesal Penal vigente.
Bajo las actuales limitaciones, conducentes a que la tramitación de la ac-
ción civil en el proceso penal sea más bien excepcional (supra Nº 745 c),
debiera cobrar una importancia práctica de la que antes carecía. Por lo
mismo, su aplicación debe ser restrictiva, a efectos de evitar que cuestiones
penales que no son determinantes en el juicio civil sean invocadas con
fines dilatorios en este último.

b. Efectos de las resoluciones civiles en materia penal

771. Regla general. En principio, la sentencia dictada en un juicio de res-


ponsabilidad civil no produce cosa juzgada en materia penal, sea absoluto-
ria o condenatoria.225 La regla es consecuencia de las exigencias sustantivas
o probatorias mayores que impone la condena penal y de la circunstancia
de que puede haber lugar a responsabilidad penal aunque no haya daño
en el sentido exigido por la responsabilidad civil.

772. Cuestiones prejudiciales civiles. a) Durante el juicio penal puede sus-


citarse una cuestión de carácter civil, que sea uno de los elementos que la
ley penal considera para definir el delito que se persigue, para agravar o
disminuir la pena, o para establecer la responsabilidad penal del autor. Por
regla general, la cuestión civil es resuelta por el tribunal con competencia en lo
criminal (Código Orgánico de Tribunales, artículo 173). Por excepción, exis-
ten materias cuyo conocimiento está reservado exclusivamente a los jueces
civiles. Si ése es el caso, el juez de garantía deberá decretar el sobresei-
miento temporal de la causa, suspendiéndose el procedimiento penal en
tanto la cuestión no sea resuelta (Código Procesal Penal, artículo 252 letra
a). Éstas son las cuestiones prejudiciales civiles. Es el caso de una disputa
relativa a la propiedad de una especie en un juicio por hurto o sobre la
validez de un matrimonio en uno por bigamia. La sentencia civil produce,
en tal caso, efecto de cosa juzgada en materia criminal.
b) Siempre que para el juzgamiento criminal se requiera la resolución
previa de una cuestión civil, que debe ser conocida por un tribunal que
ejerza jurisdicción en lo civil, se suspenderá el procedimiento criminal
hasta que dicha cuestión sea resuelta por sentencia firme (Código Proce-
sal Penal, artículo 171 I).

225
Se ha fallado que “según las reglas generales la cosa juzgada en lo civil es relativa a
las partes y la penal es absoluta: de tal manera que fallada en un sentido una cuestión civil,
sólo las partes favorecidas pueden aprovechar la cosa juzgada ya sea como acción o como
excepción” (Corte de Santiago, 21.3.1923, confirmada por CS [cas. fondo], 12.9.1923, RDJ,
t. XXII, sec. 1ª, 432).

971
§ 63. INFLUENCIA RECÍPROCA DE RESOLUCIONES EN LO PENAL Y EN LO CIVIL

Con todo, la suspensión del procedimiento criminal no impide que


se verifiquen las actuaciones urgentes y estrictamente necesarias para
conferir protección a la víctima o a testigos o para establecer circuns-
tancias que comprobaren los hechos o la participación del imputado y
que pudieren desaparecer. Si se trata de un delito de acción penal pú-
blica, corresponde al Ministerio Público promover el proceso civil, in-
tervenir en la causa e instar por su pronta conclusión (Código Procesal
Penal, artículo 171 I y II).

773. Efectos de la indemnización civil en materia criminal. Acuerdos repa-


ratorios. a) Bajo ciertas circunstancias, el pago de la indemnización civil
puede producir efectos en materia penal. Entre esos efectos pueden men-
cionarse los siguientes:
• El pago de la indemnización de perjuicios o la restitución de la cosa
pueden servir para configurar la atenuante de reparación celosa del mal causa-
do, contemplada en el artículo 11 Nº 7 del Código Penal.226
• El pago de una suma determinada a título de indemnización en favor
de la víctima, o la garantía de su pago, es una de las condiciones que el
juez de garantía puede decretar para que opere la suspensión condicional del
procedimiento (Código Procesal Penal, artículo 238 letra e). El incumpli-
miento de la condición impuesta puede devenir en la revocación de la
suspensión (artículo 239).
• El pago de la indemnización civil es condición para que se otorgue la
remisión condicional de la pena. En efecto, la ley Nº 18.216, sobre medidas
alternativas a las penas privativas o restrictivas de libertad, impone como
condición para obtener este beneficio “la satisfacción de la indemnización
civil, costas y multas impuestas por la sentencia” (ley Nº 18.216, artículo 5º
letra d). No obstante, el tribunal podrá prescindir de esta exigencia en
caso de impedimento justificado.
b) La cuestión es por completo distinta tratándose de los acuerdos repa-
ratorios, a que hace referencia el Código Procesal Penal (artículo 241). En
este caso, la reparación consistirá típicamente en el pago de una suma de
dinero, que es funcionalmente equivalente a la ‘pena’ (y, en consecuen-
cia, no puede ser calificada de indemnización de perjuicios); de ello se
sigue que estos acuerdos reparatorios no extinguen naturalmente la ac-
ción civil que nace del hecho punible.227 De hecho, el único efecto civil
que la ley procesal penal otorga al acuerdo reparatorio es la acción para
ejecutarlo de conformidad con las reglas generales aplicables a las senten-
cias civiles (artículo 243, con referencia a los artículos 233 y siguientes del
Código de Procedimiento Civil).
Por eso, a pesar de su naturaleza patrimonial, los acuerdos reparato-
rios alcanzados en sede penal poseen típicamente efectos punitivos, de
modo que no constituyen propiamente una indemnización civil con efec-

226 Etcheberry 1998 II 25.


227 Horvitz/López 2002/04 I 572.

972
ACCIONES A QUE DA LUGAR EL DAÑO

tos en materia penal; tampoco se trata de una prestación convenida en el


juicio penal que produzca per se efectos extintivos de la obligación indem-
nizatoria en materia civil.
Que el acuerdo reparatorio no tenga una naturaleza jurídica indemni-
zatoria (en el sentido del derecho civil) no obsta, como es obvio, a que
también comprenda la renuncia a las pretensiones indemnizatorias de la
víctima. A falta de acuerdo expreso, la pregunta relativa a si tal renuncia
debe tenerse por implícitamente comprendida en el acuerdo reparatorio,
en aplicación del principio de buena fe (artículo 1546), será una cuestión
interpretativa de ese acuerdo que sólo puede ser resuelta al fallarse el
juicio civil; al efecto es importante atender a si las partes, cuando convinie-
ron el acuerdo reparatorio, entendieron que éste comprendía una repara-
ción civil extintiva de cualquiera pretensión contra el ofensor, con
prescindencia de los aspectos técnicos de calificación analizados en este
párrafo.

973