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Nuevo

manual
de
Ciencia
Tomo I

Política
Rohert Goodin y
Hans-Dieter
Klingemann (eds.)

Ciencia Política ISTMO


IX
Nuevo
manual
de
Ciencia
Tomo I

Política
Robert Goodin y
Hans-Dieter Küngemann
(e,
Ciencia Política ISTMO
N
NUEVO MANUAL
DE CIENCIA POLÍTICA*
NUEVO MANUAL
DE CIENCIA POLÍTICA*

Editado por
Robert E. Goodin
y Hans-Dieter Klingemann

Traducción de
N. Lagares, F. Jiménez,
A. Losada y P. González

.*
ISTMO
N
Director de la colección: Ramón Maiz
Título original: A New Handbook ofPolitical Science

This translation of A New Handbook of Political Science,


originally published in English in 1996, is published by arran-
gement with Oxford University Press.

Esta traducción del Nuevo Manual de Ciencia Política,


publicado originalmente en inglés en 1996, se edita de acuer•
do con Oxford University Press.

Colección Fundamentos n.° 165 ÍNDICE

VOLUMEN I
de multa y privación de libertad quienes reproduzcan o pla• gien, en todo o en
parte, una obra literaria, artística o científica,
The several contributors and in this collection
Oxford University Press, 1996
Ediciones Istmo, S. A. , 2001
para todos los países de habla hispana
Sector Foresta, 1
28760 Tres Cantos
Madrid - España
Tel.: 91 806 19 96
Fax: 91 804 40 28

Diseño de cubierta:
Sergio Ramírez

ISBN: 84-7090-368-3
Depósito Legal: M-8563-2001

Impresión: C +I ,
S.L.

Impreso en España / Printed in


Spain

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el


artículo 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas
Robert E. Goodin y Hans-Dieter Klingemann 21
PRESENTACIÓN 2. Ciencia política: la historia de la disciplina.
9 Gabriel A. Almond 83
3. La ciencia política y las otras ciencias sociales.
PREFACIO
MatteiDogan 150
11
PARTE I I . LAS INSTITUCIONES POLÍTICAS
AGRADECIMIENTOS 4. Las instituciones políticas: una visión general.
15 BoRothstein 199
5. Las instituciones políticas: perspectivas de elección
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA racional.
17 Barry R. Weingast 247
6. Las instituciones políticas: enfoques jurídicos.
PARTE I. LA DISCIPLINA
Gavin Drewry 284
1. Ciencia política: la disciplina.
5

. Las instituciones políticas: lo viejo y lo nuevo.


B.GuyPeters 304
VOLUME N I
PARTE I I I . COMPORTAMIENTO POLÍTICO I
8. Comportamiento político: una visión general.
PARTE V. RELACIONES INTERNACIONALES
Edward G. Carmines y Robert Huckfeldt 329
16. Relaciones internacionales: una visión general.
9. Comportamiento político: votantes racionales y sis• Kje l l Goldmann 581
temas multipartidistas. 17. Relaciones internacionales: neorrealismo y neoli
Franz Urban Pappi 374 - beralismo.
10. Comportamiento político: enfoque institucional David Sanders 619
y enfoque experimental. 18. Relaciones internacionales: perspectivas pospositi•
Patrick Dunleavy 403 vistas y feministas.
11 . Comportamiento político: lo viejo y lo nuevo.
Warren E. Mille r 429 J. AnnTickner 645
19. Relaciones internacionales: lo viejo y lo nuevo.
RobertO. Keohane 668
PARTE IV . POLÍTIC A COMPARADA
12. Política comparada: una visión general. 6
PeterMair 447
13. Política comparada: perspectivas microconductistas.
Russell J. Dalton 485
14. Política comparada: estudios sobre democratización.
Laurence Whitehead 509
15. Política comparada: lo viejo y lo nuevo.
David E. Apter 535
Giandomenico Majone 887
PARTE V I . TEOR Í A POLÍTIC A
27. Políticas públicas y administración: lo viej o y
20. Teoría política: una visión general. lo nuevo.
Iris Marió n Young 693 B. Guy Peters y Vincent Wrigh t 914
21 . Teoría política: tradiciones en filosofía política.
Bhikh u Parekh 727 PARTE V I I I
. ECON OMÍ A POLÍTICA
22. Teoría política: teoría política empírica. 28. Economía política: una visión general.
Klaus von Beyme 749 James E. A l t y Alberto Alesina 937
23. Teoría política: lo viejo y lo nuevo. 29. Economía política: perspectivas sociológicas.
Brian Barry 765 ClausOffe 981
30. Economía política: perspectivas downsonianas.
PARTE V I L POLÍTICA S PÚBLICAS Y ADMINISTRACIÓ N Bernard Grofman 1003
24. Políticas públicas y administración: una visió 3 1 . Economía política: lo viejo y lo nuevo.
n general. A. B. Atkinson 1019
Barbara J. Nelson 795
25. Políticas públicas y administración: análisis com• PARTE I X . L A METODOLOGÍA E N CIENCI A POLÍTICA
parado de políticas. 32. La metodología en ciencia política : una visió
Richard I. Hofferbert y Davi d Louis Cingranelli... . 861 n general.
26. Políticas públicas y administración: ideas, intere• John E. Jackson 1037
ses e instituciones.
7
33. La metodología en ciencia política: métodos cuali•
tativos. ÍNDIC E DE NOMBRES

Charles C. Ragin, Dir k Berg-Schlosser y Giséle de


1081
Meur •;
34. La metodología en ciencia política: diseño de inves•
tigación y métodos experimentales.
111
Kathleen McGraw ••••••••
0

35. La metodología en ciencia política : lo viejo y lo


nuevo.
Hayward R. Alker
1136

NOT A SOBRE LOS AUTORES


L 1
1l^JJ3
serie de sesiones sobre «el estado de la disciplina»
organizadas por los editores.
Es éste un momento oportuno para recapitular la
Ciencia Política. La disciplina afronta nuevos desafíos para
compren• der y evaluar los voraces cambios políticos y
acontecimientos mundiales recientes y dramáticos,
incluso trágicos. Este Manual cubre tópicos estables y
familiares dentro de la Cien• cia Política, como las
instituciones políticas, el comportamiento político, las
políticas públicas y la teoría política, aunque el contexto
político, al norte y al sur, al este y al oeste, ya no resul• ta tan
familiar. Se han planteado nuevas interrogantes en tor• no a
PRESENTACIÓN conceptos tan fundamentales como el Estado-nación y la
soberanía, y existe un creciente interés en la polític a de
la religión, la etnicidad y las variedades del pluralismo.
La Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA) Igualmente, determinados avances intelectuales
se enorgullece de haber contribuido a la elaboración de este acontecidos a lo largo de los últimos veinte años han
Nue• vo Manual de Ciencia Política. Los participantes en el aportado a la Ciencia Política una amplia gama de nuevos
X V I Congreso Mundia l de la IPS A celebrado en Berlí n esquemas teóricos y meto• dológicos. Algunos
en 1994 tuvieron la oportunidad de seguir presentaciones investigadores, por ejemplo, usan ahora
iniciales de muchos de los capítulos a lo largo de una 9

modelos altamente técnicos y matemáticamente sofisticados, Este Manual proporciona una revisión comprensiva y sis•
otros han evolucionado bajo el paraguas filosófico llamado temática de las áreas principales de la disciplina poco frecuente.
pos• modernismo, muchos son defensores del «nuevo En esta era de especialización, los politólogos y sus estudiantes
instituciona- lismo» y el feminismo aporta una presencia hallarán de interés, para informarse sobre cuantos avances tie•
importante. nen lugar en la Ciencia Política, las aportaciones que trascien•
La Ciencia Política está cambiando también de otras mane• den su propia experiencia particular. Pero aquellos interesados
ras. Como una parte de la actual ola de democratización, la dis• no especialistas o simplemente los ciudadanos descubrirán una
ciplina se está estableciendo o reforzando en muchos países, obra muy accesible, y extremadamente bien organizada, en
y existe hoy de manera mucho más amplia que nunca hasta la la cual aprender acerca del estado del arte en la Ciencia Polí•
fecha. El número de mujeres y jóvenes académicos de todo el tica Contemporánea, y sobre su historia y relaciones con las
mundo que participaron en el Congreso Mundial de la IPS A y restantes Ciencias Sociales.
el hecho de que el Congreso fuera inaugurado por la primera Los autores, todos ellos autoridades punteras en sus res•
mujer presidente de la propia Asociación, reflejaron la demo• pectivos campos, reflejan la fuerza creciente de la Ciencia Polí•
cratización que ha tenido lugar en la propia Ciencia Política. tica de hoy fuera de los EE.UU., donde se fundó la primera
asociación profesional. Entre ellos se cuentan tanto veteranas
y respetadas figuras, como la nueva generación de hombres y
mujeres que conforman la Academia, todos escribiendo desde
las perspectivas más variadas. Este Nuevo Manual de Ciencia
Política ofrece una guía segura, fiable y experimentada para
manejarse a través de la amplia espesura de la disciplina y sus
subdivisiones. Ninguna obra mejor para conducir la Ciencia •

Política hacia el nuevo siglo.

Carole Pateman
Presidente de la IPS A 1991-1994
PREFACIO
10

Desde su mismo título, el Nuevo Manual de Ciencia Polí•


tica rinde expreso homenaje al esfuerzo ciertamente hercúleo
de nuestros predecesores, Fred Greenstein y Nelson Polsby,
al compilar el primer Manual de Ciencia Política (1975). Aun•
que aquel trabajo de ocho volúmenes es hoy casi tres décadas
más viejo, permanece como piedra angular y referencia esen•
cial para la disciplina. Hemos centrado nuestra tarea sobre el
exa• men de aquello que ha acontecido en la disciplina durante
los años pasados desde la publicación del original de
Greenstein y Polsby. Inevitablemente, algunos de los autores
han tenido que remontarse un poco más atrás en el tiempo para
contar una historia coherente (la historia de la Teoría
Política contem• poránea, por ejemplo, claramente empieza
con la publicación de la Teoría de la Justicia de Rawls). Sin
embargo, básicamente las tres primeras aportaciones de cada
sección se han atenido a la referencia, siendo la cuarta («Lo
viejo y lo nuevo») emplea• da explícitamente para
reflexionar sobre cómo los avances más novedosos se
articulan con la tradición propia de cada sub- disciplina.
El Nuevo Manual de Ciencia Política resulta visiblemente
más internacional que el anterior, la mitad de nuestros cuarenta
y dos colaboradores proceden de fuera de Norteamérica. Ello
11
se debe en una pequeña parte a su origen en un encuentro de Palgrave, el Nuevo Manual de Ciencia Política se dirige a
la Asociación Internacional de Ciencia Política (véanse animar a los politólogos críticos a
Agra• decimientos a continuación). Pero en mayor medida se
debe a la genuina internacionalización de la disciplina a lo 12
largo de las pasadas dos décadas. Indudablemente la
ciencia política norteamerican a continúa ocupando una
posición de primus interpares -aunque ahora tiene muchos
iguales, la mayoría de los cuales se ven a sí mismos como
colaboradores en alguna clase de empresa compartida-. Éstas
y varias otras voces nue• vas vuelven la ciencia política a un
discurso más rico que hace veinte años y, no obstante, un
discurso claramente continuo con aquel primigenio.
El Nuevo Manual de Ciencia Política está también visi
• blemente organizado en torno a subdisciplinas de una
manera que no lo estaba el anterior. Algunas de tales
afiliaciones sub- disciplinarias son, y virtualmente siempre
han sido, los puntos principales de alegación para la mayoría
de los miembros de nuestra disciplina. Las subdisciplinas
concretas en torno a las cuales hemos organizado el Manual
representan aquello que nos parece formar la configuración
dominante de la disciplina en el momento presente. Sin
embargo, las subdisciplinas están lejos de haber sido selladas
herméticamente. El trabajo a través y entre divisiones
subdisciplinarias es algo cada vez más fre• cuente y
necesario para mejorar la calidad.
El Manual de Ciencia Política original estaba inspirado
libre• mente (Greenstein y Polsby; vol. I, p. vi) por el modelo
del Hand- hook of Social Psichology de Lindzey y Aronson
(4954 , 1985). Mientras que la psicología política continúa
siendo central para mucha de la ciencia política, resulta una
muestra del creciente alcance de la disciplina contemporánea
que el presente Nuevo Manual de Ciencia Política estuviese
inspirado libremente por el New Palgrave: A Dictionaiy of
Economics (Eatwell et al,
1987). Una vez más, nuestra modesta obra no puede
comparar• se con la profundidad de los cuatro volúmenes del
trabajo ante• rior, ni siquiera afronta el mismo desafío de
recoger lo mejor de un siglo de progresos de la disciplina
desde la publicación del original. Pero, al igual que el New
retirarse un poco de la refriega diaria y reflexionar sobre servidos, siendo una obra de referencia Public
dónde hemos, colectivamente, estado y hacia dónde estamos Administration: The State ofthe Discipline (Lynn y
llevando, colectivamente, los ángulos de la disciplina. Y como Wildavsky, 1990), una aventura comparti• da por la Sociedad
el New Pal- grave, el Nuevo Manual de Ciencia Política Americana para la Administración Pública y la APS A.
asume ese remite disciplinario de manera amplia para abarcar Yendo más allá d él a órbita anglosajona, también hay
el trabajo afín de la economía y la sociología, la psicología y publicados excelentes y ambiciosos manuales de ciencia
la estadística, la antro• pología y los estudios del área. política en Francia (Leca y Grawitz, 1985), Alemania (Von
Además de estas aportaciones maestras de las Bey- me, 1986) e Italia (Graziano, 1987). El Nuevo Manual de
disciplinas afines, debemos también reconocer nuestra deuda Cien• cia Política no busca suplantar ninguno de estos
-y la de nues• tra profesión- a otras revisiones del estado de esfuerzos ante• riores sino, más bien, ampliarlos y
la propia ciencia política. Aunque los estudios de Political complementarlos.
Science: The State of the Discipline (Finifter, 1983, 1993) Greenstein y Polsby se sintieron obligados a insistir sobre
no resultan tan compre• hensivos en sus aspiraciones como el lo inevitablemente incompleto de su manual de ocho volúme•
Manual, ésta o la anterior edición, varios de sus capítulos se nes. As í que, igualmente, debemos enfatizar, incluso con
han convertido en clásicos que, junto a los capítulos más insistencia, lo inevitablemente incompleto de este
correspondientes de l Manual origi • nal, permanecen como sucesor en dos volúmenes. Los autores del primer capítulo
referentes de autoridad sobre los cuales construir cualquier de cada sec• ción recibieron el encargo de ofrecer el mejor
trabajo posterior. Otra colección de cuatro volúmenes, repaso posible de los avances recientes, pero, dado el limitado
Political Science: Lookingfor the Future (Crotty, número de pági• nas a su disposición, inevitablemente ha
1991), contiene igualmente muchos capítulos realmente habido mucho que
exce• lentes que recompensan un cuidadoso estudio. Otros
13
subcam- pos de la ciencia política también están bien
dejar fuera. Hemos tratado de complementar cada uno de Discipline, Washington DC , American Politica l Science Association,
esos capítulos de revisión general con otros más cortos desde 1983.
pers• pectivas concretas, pero con sólo dos por — (ed.), Political Science: The State ofthe Discipline, Washington
subdisciplina: una vez más ha habido muchas perspectivas DC , American Political Science Association, 1993.
GRAZIANO , L . (ed.), La Sciencia Política Italiana, Milá n ,
que han tenido que quedar fuera. Aunque no podemos
Feltrinelli ,
esperar haber proporcio• nado una cobertura comprehensiva 1987.
de todos los avances rele• vantes recientes, esperamos haber GREENSTEIN, F. L . y POLSBY, N . W. (eds.), Handbook of Political Scien•
siquiera tocado la mayoría de los más comunes en la ce, 8 vols., Reading (Mass.), Addison-Wesley, 1975.
disciplina. Es una empresa viva y prometedora de la que L E C A , J. y G R AWI TZ , M . (eds.), Traite de Science Politique, 4 vols.,
estamos orgullosos de ser parte. París, Presses Universitaires de France, 1985.
LINDZEY , G. y ARONSON , E., Handbook of Social Psychology, 2 vols.,
3
Reading (Mass.), Addison-Wesley, 1985.
LY N N , N . B . y W IL DAV S K Y , A . (eds.), Public Administration: The
Bibliografía
Sta• te ofthe Discipline, Chathan (N . J.), Chatham House, para la
Ame• rican Politica l Science Associatio n y la America n
CROTTY, W. DE , Political Science: Looking for the Future, 4 vols., Society fo r Public Administration, 1990.
Evanston I I I , Northwester University Press, 1991. V O N BEYME , K. (ed.), Politikwissenschaft in der Bundesrepublik Deutch-
EATWELL , J., M I L G AT E , M . y N E W M A N , P. (eds.), The New Palgrave: land, PVS Sonderheft 17, Opladen, Westdeutscher Verlag, 1986.
A Dictionaiy ofEconomics, 4 vols., Nueva York, Stockton Press, 1987.
FINIFTER, A . W. (ed.), Political Science: The State ofthe

14

AGRADECIMIENTOS

El Nuevo Manual de Ciencia Política tiene su origen en


una serie de paneles sobre el Estado de la Disciplina que
organiza• mos para el X V I Congreso Mundia l de la IPSA,
celebrado en Berlín durante agosto de 1994. Algunos de los
autores no pudie• ron participar en el último minuto, otros
que venían a hacerlo se quedaron en el camino, por una razón
o por otra, en el pro• ceso de transformar los papeles del
congreso en un libro cohe• rente. Pero la mayoría de quienes
han contribuido a este volu• men.tuvieron la magnífica
oportunidad de discutir, en Berlín, los borradores de sus
capítulos entre sí, y con otros autores de disciplinas
adyacentes. Y por ello este libro resulta más unifi • cado y
coherente de lo que lo habría sido en otro caso.
Queremos aprovechar esta oportunidad para dar las
gracias a las muchas personas que hicieron tales encuentros
posibles -de modo muy particular a nuestras secretarias y
asistentes, Norma Chin, Francés Redrup, y Judith Sellars, en
Camberra, y Gudrun Mouna y Hubertus Buchstein en Berlín-
. Quisiéramos también aprovechar esta oportunidad para rendir
tributo a la amplia orga• nización de la IPSA, incluyendo de
manera especial al décimo presidente, Carole Pateman, el
décimo secretario general Fran• cesco Kjellberg y su eficaz
asistente Lise Fog, y el organizador local del Congreso de
Berlín, Gerhard Góhler.
15

Quisiéramos asimismo dar las gracias a las muchas personas Camberra, octubre, 1995.
que han ofrecido valiosos consejos en torno a la substancia del R. E. G.
Nuevo Manual, desde las sugerencias sobre la selección de temas H. D. K.
y autores, a los comentarios detallados sobre el contenido par• 16
ticular de capítulos concretos. Primero y ante todo, una vez más,
a los miembros del Comité de Programas de la IPSA, en parti•
cular a Carole Pateman, Jean Leca, Ted Lowi y Luigi Graziano.
Entre otros muchos que han sido fuentes valiosas de excelente
asesoramiento, destacan especialmente las contribuciones de
John Dryzeck, John Uhr, Barry Weingast y los miembros de la
Unidad III de Investigación del Wissenschaftszentrum de Berlín.
Debemos también rendir un tributo mayor del habitual en
estos casos a nuestros editores, Tim Barton y Dominic Byatt,
quienes han sido fuente constante de consejo y asistencia, áni•
mo y admoniciones. Elaborar un libro de gran referencia y
amplitud como éste es un proceso predestinado a poner a prue•
ba los nervios de cualquier editor, y los suyos han resultado ser
notablemente firmes en todo momento. Les agradecemos su
apoyo constante.
Raramente resultan fáciles las colaboraciones transoceáni•
cas. Con el advenimiento de la era electrónica, son más fáciles
de lo que solían. Pero aun así, existen límites estrictos para lo
que puede hacerse en la «realidad virtual», y los coeditores han
de reunirse realmente de vez en cuando. Nuestras respectivas
instituciones facilitaron generosamente esas reuniones en varias
ocasiones. Goodin quisiera rendir un tributo especial al Wis•
senschaftszentrum de Berlín por acercarle a Berlín en las eta•
pas de planificación del proyecto y proporcionarle oficina y asis•
tencia durante el Congreso de Berlín. Klingemann igualmente
quisiera agradecer a la Research School of Social Sciences, en
la Universidad Nacional de Australia, por facilitar la edición
final del manuscrito completo. Por encima de todo, quisiéra•
mos dar las gracias a nuestras compañeras -Diane Gibson y Ute
Klingemann- por soportar una presencia tan intrusiva como este
proyecto con tan buen humor y durante tanto tiempo.
curso, así como de ambiciones científicas aún no realizadas.
• •
De algún modo, sin embargól e trata de una obra política a
la vez que científica. El Nuevo Manual tiene su origen en el Con•
greso Mundial de la Asociación Internacional de Ciencia Polí•
tica (IPSA) celebrado en Berlín el año 1994, tan sólo cinco años
después de la caída del muro. Concebido parcialmente como
un homenaje de la disciplina a aquellos acontecimientos, sus
causas y sus consecuencias, los encuentros de la IPSA de aquel
año tuvieron como tema dominante la «Democratización». Ofi•
cialmente, por supuesto, los capítulos del Nuevo Manual se supo•
nen referidos a lo que ha acontecido en la profesión de la cien•
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
cia política, más que a lo que ha sucedido en el mundo real de
la política en los años recientes. Pero es mérito innegable de la
profesión en su conjunto seguir las huellas del mundo de la polí•
tica, y buena parte de la reciente labor de la investigación en
El Nuevo Manual de Ciencia Política está concebido para
ciencia política está dedicada a tratar de explicar y auxiliar a las
dar cuenta del estado actual de la ciencia política, esto es, dón•
fuerzas políticas progresistas de las nuevas democracias.
de se encuentra en nuestros días la disciplina y hacia dónde se
dirige en el cambio de siglo. En este sentido constituye un elen• 17
co de objetivos alcanzados, de programas de investigación en
La edición española del Nuevo Manual está animada por campos de las
el mismo espíritu general. Sólo tras el final de la dictadura de ciencias sociales,
Fran• jeo en 1975-1977 pudo la ciencia política llegar a incluí-
constituirse como un ámbito científico plenamente integrado I do el de la ciencia
en la enseñan- política, estableciendo
¡za e investigación académicas de España. Desde entonces, fructíferos intercam•
sin j embargo, la ciencia política española ha experimentado un bios y cooperación con
rápi- el interior y el
|do despegue, en un inesperadamente corto lapso de tiempo. exterior de la región.
¡En la actualidad, más de diecisiete Facultades de las mayores Es nuestro deseo
Universidades españolas ofrecen enseñanzas de Ciencia que la edición
Polí• tica a un avanzado nivel. Igualmente importante ha sido española del Nuevo
el desa• rrollo de la ciencia política en los países Manual de Ciencia
hispanohablantes de América Latina. Hoy, el Consejo Política pueda
Americano de Ciencias Socia• les representa a una expansiva contribuir a un
red de ciento diecinueve institu• ciones de investigación en mayor desarrollo e
diecinueve países de América Lati • na y el Caribe, dedicados impulso de la ciencia
a la promoción de la investigación científica en todos los política en el mundo
de habla hispana.

Robert E. Goodin y Hans-Dieter Klingemann

PARTE I:
LA DISCIPLINA

18
1. Ciencia política: la disciplina

ROBERT E. GOODIN
HANS-DIETER KLINGEMANN

Las retrospectivas son, por su propia naturaleza, inheren•


temente selectivas. Hay muchas observaciones fascinantes en
los muy diversos estudios que componen el Nuevo Manual
de Ciencia Política. Surgen muchas más al leer todos sus
capítu• los de manera colectiva, pero, inevitablemente, la
cobertura es incompleta y, al mismo tiempo, algo
idiosincrásica. Todos los autores se han visto obligados a
dejar fuera aspectos que no lo merecían, simplemente porque
no se ajustaban a la estruc• tura narrativa escogida. Los
colaboradores del Nuevo Manual cuentan una gran parte de la
historia de lo que ha venido ocu• rriendo en la ciencia
política de las dos últimas décadas, pero ninguno sostendría
que ha contado la historia completa.
La tarea de esta introducción es situar estos capítulos en un
contexto de la disciplina más amplio y recoger algunos de los
hilos comunes más interesantes. Al igual que la cobertura de
cada uno de los siguientes capítulos es inevitablemente selec•
tiva, la de esta panorámica de panorámicas lo es todavía más.
De todos los temas y subtemas que emergen al considerar todos
21
estos capítulos desde un punto de vista global, aquí nos Una afirmación central en este capítulo consiste en
vamos a centrar en uno en particular. que la ciencia política, como disciplina, ha madurado y
1
El Nuevo Manual proporciona una contundente se ha profe• sionalizado . Como una importante cuestión
evidencia de la madurez profesional de la ciencia previa a esa dis-
política como disciplina. Este desarrollo posee dos
1
aspectos: por un lado, hay una dife• renciación creciente En algún momento, «profesionalización» podría haber
equivalid o a
con un trabajo cada vez más sofisticado hecho dentro de
«americanización» pero, como se señala en el Prefacio y como es
las distintas subdisciplinas (y dentro de subes- evidente al comprobar las filiaciones de los colaboradores del Nuevo
pecialidades dentro de las subdisciplinas); por otro, hay una Manual, la pro-
inte• gración creciente entre todas las distintas 2
subdisciplinas. 2
De los dos, la diferenciación y especialización
crecientes es la historia más familiar, mientras que la
integración es la más sorprendente. Pero es claro que
hoy en día hay una aper• tura y una curiosidad cada vez
mayores hacia lo que ocurre en las subdisciplinas
adyacentes. La existencia de una amplia agenda
intelectual crecientemente compartida por la mayor
parte de las subdisciplinas posibilit a que las
innovaciones teóricas viajen cruzando las fronteras entre
las mismas. La exis• tencia de un conjunto de
herramientas metodológicas crecien• temente compartido
hace más fácil ese intercambio. A su vez, todo esto se ve
facilitado por un grupo cada vez más numeroso de
sintetizadores de la disciplina, quienes, aunque a
menudo están firmemente enraizados en una
subdisciplina particular, son capaces de hablar en
términos que muchas subdisciplinas encuentran
poderosamente atractivos. Estos extremos son los que
con más fuerza llaman nuestra atención -y los que
centran nuestro capítulo- de todos los que nos resultan
interesantes tras una lectura global del Nuevo Manual.

I . L a ciencia política como disciplina


cusión, tenemos que contestar necesariamente con académicas, pero la mayor parte de las otras tienen
brevedad a unas cuantas preguntas de partida: ¿qué correspondencias claras. Una
significa constituir una disciplina para la ciencia «disciplina» académica puede tener poca capacidad para
política?; ¿qué es la política?; ¿en qué sentido puede «cas• tigar» al menos en su sentido más literal (Foucault,
aspirar el estudio de la política a un status de ciencia? 1977). Sin embargo, la comunidad de académicos que
constituye una dis• ciplina ejerce una estricta función
supervisora, tanto sobre los que trabajan en ella como
a) La naturaleza de una sobre quienes aspiran a ello. El «orden que se mantiene»
disciplina no es igual al de los soldados o los escola• res, ni
tampoco la formación se parece estrictamente a la ins•
Acostumbrados como estamos a hablar de las trucción militar. No obstante, hay un fuerte sentido (que
subdivisio• nes del aprendizaje académico como cam• bia a lo largo del tiempo) de qué constituye y qué no
«disciplinas», merece la pena reflexionar sobre las constituye un «buen» trabajo en la disciplina, y hay una
implicaciones más amplias de tal expresión. De cierta cantidad de aprendizaje casi rutinario en el
acuerdo con el Concise Oxford English Dictio- nary, las dominio de una disciplina.
distintas definiciones de «disciplina» son: «una rama de Todos los términos usuales empleados para
la educación; formación mental y moral; entrenamiento describir las disciplinas académicas recurren en buena
mil i • tar, instrucción; el orden que se mantiene entre medida a la misma
escolares, sol• dados, presos, etc.; un sistema de reglas
de conducta; el con• tro l ejercido sobre los
pia profesión se está internacionalizando, tanto por lo que respecta a
miembros de una iglesia; castigo; mortificación su per•
(eclesiástisca) mediante penitencia». sonal como a sus preocupaciones
La últim a definición del diccionario parece tener profesionales.
sólo una aplicación marginal para las disciplinas 2
3

imaginería. Por ejemplo, muchos prefieren pensar en el reconocido.


análi• A otros les gusta hablar de la política y del estudio
académi•
sis político más como un «arte» o un «oficio» que co de la misma como de una «vocación» (Weber,
como una 2
«ciencia» (Wildavsky, 1979). Pero, en esa analogía, el '1919,1946) o una «llamada» . Pero se trata de una
vocación más que de una distracción, de un trabajo
oficio más que de un hobby. Como en su significado
sólo puede dominarse de la misma manera en la que se religioso más profundo, también en su signifi• cado
adquie• académico la «llamada» en cuestión consiste en un
re cualquier otro saber artesano: siendo aprendiz de (en ser•
los ofi• vicio a un poder superior (sea una comunidad
cios académicos, «estudiando con») un «maestro» académica o el Señor). Por último, la mayor parte de
nosotros nos referimos a las disciplinas académicas De este modo, la disciplina, académica o de otro
como «profesiones». En la deli• ciosa expresión de tipo, es un ejemplo clásico de un útil mecanismo de
Dwight Waldo (1975, p. 123), «las ciencias conocen, autocontención. La propia sujeción a la disciplina de
las profesiones profesan». Lo que los científicos pro• una disciplina -o , como en el caso de los académicos
fesan, no obstante, son los artículos de la fe colectiva. híbridos de Dogan {infra, cap. 3), a varias- conduce a
Por tanto, sea cual sea la forma en la que las más e indudablemente mejor trabajo, tanto individual
miremos, las disciplinas se interpretan, al menos en como colectivamente. Esto es tan cierto para los
gran parte, como amos inflexibles. Pero las mismas «jefes» como para los «indios» de la disciplina; tan
tradiciones y prácticas discipli• narias recibidas que cierto para los «mozos» como para los «carrozas».
tan poderosamente nos modelan y nos constriñen son, Las ramas del aprendizaje académico son tanto
al mismo tiempo, profundamente enriquece- doras. El «profesio• nes» como disciplinas. «Profesional»
marco que proporcionan las tradiciones de una dis• connota antes que nada un nivel ocupacional de
ciplina centra la investigación y permite la relativamente alto status e, indudable• mente, la
colaboración, tan• to la intencional como la no organización de asociaciones «profesionales» naciona• les
intencional. Compartir un marco disciplinario hace o internacionales tiene que ver en gran parte con el
posible que meros jornaleros puedan estar, desde el asegura• miento de un status, e incluso un salario, para
punto de vista de su producción, sobre los hombros de los académicos así organizados. Pero también, y de
verdaderos gigantes. También posibilita que los manera más importante, el término «profesional» indica
gigantes edifiquen productivamente sobre las una cierta actitud hacia el traba• jo propio. Una
contribuciones de legio• nes de practicantes más profesión es una comunidad autoorganizada orientada
3
corrientemente dotados . hacia ciertas tareas o funciones bien definidas. Una
comunidad profesional se caracteriza por -y, en buena
2
Tanto la Invitation to Sociology de Berger como el Advice to a medi• da, se define en términos de- ciertas pautas y
Young Scienlist de Medawar convergen en este extremo. En buena normas autoim- puestas. Los miembros que entran en
medida, el mejor trabajo de este género sigue siendo la justamente
celebrada Microcosmo- graphia Academia (1908) de F. M. Comford.
la profesión se sociali• zan en estas pautas y normas;
3
Para una poderosa evidencia del modo en que ciertos los miembros que ya están son evaluados de acuerdo
descubrimientos con ellas. Estas pautas y normas profe• sionales no sólo
son posibles en algún punto de la historia, véanse los casos de forman la base para la evaluación de los pro• fesionales
«descubri• entre sí, sino que se interiorizan de tal modo que los
mientos múltiples» que discute Merton (1973). propios profesionales desarrollan una «actitud reflexiva
2 críti• ca» hacia su propia ejecutoria a la luz de las
4
4 mismas .
Naturalmente, las pautas y normas específicas varían
de una profesión a otra, pero a través de todas las
profesiones hay un sentido de la «competencia
profesional mínima», recogido en el ritual de los
«exámenes calificadores» para los candidatos a
politólogos de los programas norteamericanos de
formación de posgrado. Y en todas las profesiones hay
una noción de unas
naturaleza de las profesiones y sobre la orientación de sus miembros
hacia ellas, véanse Hug• hes (1958) y Parsons (1968).
4
Hart (1961) describe en términos muy parecidos cómo se
interiorizan generalmente las normas de los sistemas legales. Sobre la 2
5

«responsabilidades de rol» particulares que están


implicadas en la pertenencia a una profesión. Quizá la b) ¿ Qué es la política ?
ética profesional de los académicos no toca asuntos de
vida o muerte como lo hacen la de los médicos o la de los Las observaciones anteriores valen, en general, para
abogados, pero virtualmente todas las profesiones todas las disciplinas académicas. Las disciplinas se
académicas tienen cada vez más códigos for• males de diferencian entre sí de muchas maneras, pero
ética que tocan aspectos que tienen que ver con la principalmente por sus preocupa• ciones sustantivas y
integridad en la realización y la publicación de la por las metodologías que han hecho pro• pias. Aunque
investiga• ción, y a los que se espera que se adhieran hay, como vamos a argumentar, un buen núme• ro de
fielmente todos los profesionales (APSA, 1991). «trucos» útiles entre las herramientas de la ciencia política
Uno de los temas de este capítulo es la creciente que son compartidos por la mayoría de los miembros
«profe- sionalización» en la ciencia política en general. de la
Con ello que• remos decir, en primer lugar, que hay un 2
acuerdo creciente en torno a un «núcleo común» que 6
podría definir la «competen• cia profesional mínima»
dentro de la profesión. En segundo lugar, hay una
tendencia creciente a juzgar el trabajo -e l pro• pio
incluso más que el de los demás - en términos de
unos patrones cada vez más altos de excelencia
profesional.
Mientras que las pautas mínimas son compartidas en
gran medida, las aspiraciones más altas son múltiples
y variadas. Pero, tanto en la medicina como también en
la ciencia políti• ca, cada subespecialidad dentro de la
profesión común tiene sus propios modelos de
excelencia, por los que se juzga apro• piadamente a
cada miembro de esa fracción de la profesión. Y, tanto
en la ciencia política como en la medicina, hay un
entendimiento amplio que recorre toda la profesión
acerca del modo en que todas las subespecialidades se
sitúan juntas para formar un todo mayor coherente.
6
mayor parte de sus subdisciplinas, Alker {infra, cap. nosotros . El «poder» es bien conocido por ser un
7
35) tiene innegablemente razón al decir que la ciencia campo conceptual disputado . Aun• que respetamos sus
política no tiene complejidades, nos negamos a quedarnos atrapados en
las mismas. La vieja definición neoweberiana de Dahl
-y mucho menos puede definirse en términos d e -
(1957) sigue siendo útil: Xfiene poder sobre Fe n la
un gran mecanismo metodológico propio tal como el medi• da en que (i) X es capaz de conseguir, de un modo
que poseen otras muchas disciplinas. La ciencia u otro, que Y haga algo (ii) que es más del agrado de
política se define como disci• plina más bien por sus X, y que (iii) Y no habría hecho de otro modo.
preocupaciones sustantivas, por cen• trarse en la Donde nuestro análisis se separa de la tradición es al
«política» en todas sus múltiples manifestaciones. defi• nir la política en términos del uso limitado del poder.
Para nues• tra forma de pensar, el poder ilimitado es
La «política» podría caracterizarse de la mejor manera
fuerza, pura y sim• ple. No es poder político en
como el uso limitado del poder social. A partir de ahí, absoluto, excepto quizás en algún sentido degenerado
el estudio de la política -y a sea el que llevan a cabo para algún caso límite. Literalmente, la
los académicos o los políticos en activo- puede
caracterizarse a su vez como el estu- 5
Esta caracterización da lugar a su vez a los dos focos de la
; dio de la naturaleza y el origen de esas limitaciones y disciplina identificados por Almond (infra, cap. 2): «[...] las
de las propiedades de las institu• ciones políticas y los criterios que usamos
para evaluarlas».
' técnicas para el uso del poder social dentro de tales 6
Entre ellos destacan: Weber (1922-1978), Lasswell (1950;
limita• Lasswell y Kaplan-, 1950), Dahl (1963) y Duverger (1964-1966).
ci Como ellos, nos cen• tramos específicamente en el poder «social», el
o poder de unas personas sobre otras.
7
n A los textos clásicos como Russell (1938), Jouvenel (1945-
1948) y Dahl (1957,1961b, 1963) se han añadido recientemente
es Lukes (1974), Barry (1989, esp. caps. 8-11) y Morriss (1987).
5
.
Al definir la política en términos de poder, 2
seguimos a muchos que lo han dicho antes que 7
gesto hacia la mutiplicidad de formas en las que los
fuerza pura pertenece más a la física (o a sus análogos agentes políticos podrían maniobrar bajo tales
socia• les: la ciencia militar y las artes marciales) que a limitaciones. Tratamos de que el término cubra tanto
8
la política . Son las limitaciones bajo las que operan actos intencionales como las consecuencias no
los actores políticos y las maniobras estratégicas a que intencionadas de una acción voluntaria (purposeful)
dan lugar, las que nos pare• ce que constituyen la (Merton, 1936). Tratamos de que cubra la política
9
esencia de la política . Es el análisis de tales manipula- tiva encubierta, así como los conflictos
limitaciones -d e dónde provienen, cómo operan, abiertos de poder (Schattschneider, 1960;Goodin,
cómo podrían operar los agentes políticos dentro de 1980;Riker, 1986). Tratamos de que cubra tanto las
ellas- lo que nos parece que constituye el corazón del utilizaciones activas como pasivas del poder, las
10
estudio de la política . normas interiorizadas y las amenazas externas (Bach-
Hablamos en general del uso del poder social (en rach y Baratz, 1963; Lukes, 1974). La infame «ley de
lugar de, más particularmente, su «ejercicio») como un las reac• ciones anticipadas», las no decisiones y la
conformación hegemónica de las preferencias de la Un comentario más sobre los conceptos. Al definir
gente (Laclau y Mouffe, la polí• tica (y su estudio) como lo hacemos, nos
1985) tienen que encontrar acomodo en cualquier separamos explícita• mente de la tradición puramente
sentido decentemente expansivo de lo político. distributiva de la clásica for• mulación de la «política»
de Lasswell (1950) como «quién consigue qué, cuándo
11
y cómo» . Quizá sea verdad que todos los actos
8
De este modo, de un dictador absoluto a la búsqueda de un políticos tienen al final consecuencias distributivas; y
poder com• pleto e ilimitado puede decirse correctamente que está quizás es cierto incluso que ahí descansa nuestro
comprometido en un intento (inevitablemente fútil) de trascender la interés en el fenómeno. Pero en términos del significado
política.
9
Considérese la siguiente analogía extraída de una disciplina
del acto para el actor, muchos actos políticos son, al
afín. Los filósofos hablan de consideraciones «poderosas», menos en primera ins• tancia, genuinamente no
argumentos «convincen• tes», etc. (Nozick, 1981, pp. 4-6). Pero distributivos. E incluso en un análisis más profundo, una
considérese un argumento tal que si creyésemos en él moriríamos. buena parte del significado social -objeti• vo y
No podría tener más poder de convicción, pero imponemos en una subjetivo- de ciertas interacciones políticas no podría
discusión mediante tal argumento es la antítesis de la auténtica
disputa filosófica, cuya esencia es un toma y daca. De igual mane• redu• cirse nunca a la crasa cuestión del reparto de la tarta
ra, la verdadera esencia de la política son las maniobras estratégicas social. Los aspectos distributivos, regulativos,
(Riker, redistributivos (Lowi, 1964) e identitarios (Sandel,
1986); y las fuerzas irresistibles -e n la medida en la que no dejen 1982) de la política pueden tener cada uno de ellos sus
lugar para tales maniobras- son la antítesis de la política (por
mucho éxito que tengan a la hora de conseguir que otros hagan lo
propios estilos distintivos. Los conflictos dis• tributivos
que uno quiere). se caracterizan, en términos de los economistas del
10
Al decir esto seguimos (libremente) a Crick, 1962. bienestar, como disputas sobre las que nos situamos en la
fron• tera paretiana, pero llegar a la frontera de Pareto es
2 en sí mis• mo un problema espinoso que implica
8 enredarse en una polí• tica genuinamente no
distributiva, al menos en primera instancia. Aunque es
innegablemente importante que nuestro entendimiento
de la política se ajuste a las disputas distributi• vas, es
igualmente importante que no se comprometa de ante•
mano a analizar todo lo demás exclusivamente en
términos de tales disputas.

c) Las distintas ciencias de la política

Se ha vertido mucha tinta sobre la cuestión de si -o


en qué sentido- el estudio de la política es o no
verdaderamente una ciencia. La respuesta depende en
gran medida de cuánto pre• tende cargar uno en el
término «ciencia». Nosotros preferimos
primeramente y sobre todo, como un asunto de asignación de «cosas
valoradas» en una sociedad.
11
O la de Easton (1965) de la política como la asignación
imperativa de valores, al menos, en tanto que se interprete, 2
9

una definición minimalista de ciencia como «una rastrearse exhaustivamente hasta dar con las fuerzas
investigación sistemática que tiende a construir un que actúan externa• mente sobre los «actores». Pero
conjunto ordenado de pro• posiciones cada vez más los seres humanos, aunque innegablemente están
12
diferenciado sobre el mundo empíri• co» . En estos sujetos también a ciertas fuerzas causa-
términos, deliberadamente espartanos, hay pocas
razones para pensar que el estudio de la política no 12
Según la expresión de las viejas tradiciones de la
pue• da aspirar a ser científico. Wissenschafi d miversidades alemanas de las que los americanos
Naturalmente, muchos quieren decir mucho más del xix importaron la c
que eso con ese término. Un positivista lógico podría ;ia política a su propio país (Waldo, 1975, pp. 25-30), y a la que
están
describir las aspi• raciones de ciencia en términos de
'iendo ahora los «policy scientists» contemporáneos (Rivlin,
hallar algún conjunto de
1971).
«leyes generales» (covering laws) tan potentes que
incluso un sencillo contraejemplo sería suficiente para
falsearlas. Clara• mente, esa descripción coloca las
aspiraciones de la ciencia mucho más allá de lo que
nunca pueda alcanzar el estudio de la política. Las
verdades de la ciencia política, por sistemáticas que
puedan ser, son y parecen inevitablemente destinadas a
per• manecer en forma esencialmente probabilística. El
«siempre» y el «nunca» de las leyes generales del
positivista lógico no encuentran asidero en el mundo
político en el que las cosas siempre tienen «más o
menos probabilidad» de ocurrir.
La razón no estriba simplemente en que nuestro
modelo explicativo sea incompleto, ni en que hay otros
factores en jue• go que no hayamos sido capaces de
incluir. Naturalmente, eso también será verdad
inevitablemente. Pero el origen más pro• fundo de tales
errores en el modelo positivista de la ciencia política
descansa en una interpretación errónea sobre la natu•
raleza de su objeto. Un modelo de leyes generales
puede (o no: ése es otro asunto) funcionar
suficientemente bien para unas bolas de billar sujetas a
las fuerzas características de los mode• los de la
mecánica newtoniana: ahí puede decirse que todas las
acciones tienen causas y, a su vez, éstas pueden
cam• biar es la interpretación de los resultados. Lo que
les, al mismo tiempo son en parte actores intencionales, recogemos con tales herramientas es visto ahora, no
capaces de conocimiento y de actuación sobre la base como el funciona• miento inexorable de fuerzas
del mismo. La externas sobre actores pasivos, sino más bien como
«creencia», el «propósito», la «intención», el respuestas comunes o convencionales de personas
«significado», son elementos potencialmente cruciales similares en situaciones semejantes. Las convencio• nes
para explicar las acciones de los humanos, en un modo pueden cambiar, y las circunstancias mucho más, de
en el que no lo son para explicar las «acciones» de una tal modo que las verdades reveladas son menos
bola de billar. Los sujetos que se estudian en la política, «universales» quizá que las de la física newtoniana.
como los de otras ciencias sociales, tienen un status Pero, dado que podemos de igual modo aspirar a
ontológico significativamente diferente al de las bolas de construir un modelo (más o menos
billar. Esto, a su vez, hace que el modelo de leyes
generales del positivista lógico sea profundamente
inadecua• do para tales sujetos, en un modo en el que 13
Buenos estudios sobre estos asuntos en Hollis (1977), Taylor
13
no lo es para las bolas de billar . (1985) y, con referencias específicas a la política, Moon (1975) y
Decir que el entendimiento científico en la política Almond y Genco (1977). La sensibilidad pospositivista a tales
preocupaciones hermenéuticas queda clara a partir de muchos de los
debe incluir de manera crucial un componente que se capítulos del Nuevo Manual, como se discute más adelante en la
refiera al sig• nificado del acto para el actor, no tiene sección IIIC.
que llevar necesaria• mente, sin embargo, a negar a la 14
De hecho, algunos de los desarrollos matemáticos más
ciencia política el acceso apro• piado a todos los avíos complejos en la ciencia política reciente han sido consecuencia de la
de la ciencia. La construcción de modelos elaboración del mode• lo del «actor racional»; y las fuerzas básicas
que impulsan tales modelos son la elección racional de los propios
matemáticos o la comprobación estadística siguen individuos más que cualquier fuerza cau• sal que actúe externamente
14
siendo tan útiles como siempre . Todo lo que tiene que sobre ellos.

30 31

completo) de los cambios en las convenciones y las enten• dida en los términos corrientes del desarrollo
circuns• tancias, eventualmente podemos aspirar al como la creciente capacidad de ver las cosas desde el
punto de vista del otro, parece realmente que se ha
cierre de la expli• cación incluso en esta rama más
logrado en la mayor parte de la dis• ciplina.
amorfa de la ciencia.
No fue siempre así. En su momento culminante, la
«revo• lución behaviorista» (conductista) era desde
muchas perspec• tivas un asunto plenamente jacobino.
II. La maduración de la Y no estaríamos llevan• do la analogía demasiado
profesión lejos si decimos además que la reacción fue
termidoriana. Los primeros revolucionarios beha-
Lo que los capítulos del Nuevo Manual en su vioristas se dedicaron a despreciar los formalismos de
conjunto sugieren con más fuerza es la creciente la polí• tica -las instituciones, los organigramas, los
madurez de la ciencia política como disciplina. Por mitos constitu• cionales y las ficciones legales- como
utilizar la optimista expresión de Gabriel Almond un puro engaño. Aquellos a los que la revolución
{infra, cap. 2), si se ha conseguido o no un behaviorista dejó atrás, al igual que quienes a su vez
«progreso», es quizás otro asunto. Pero la madurez, trataron de dejarla a ella atrás, col• maron de olímpico
desdén las pretensiones científicas de la nueva Una generación más tarde, el escenario volvió a
disciplina, apoyándose en la sabiduría de los sabios y repetirse con la imposición por parte de los
15
de los tiempos . revolucionarios de la «elec• ción racional» del orden
formal y el rigor matemático sobre la lógica floja que
15
Se pueden entresacar sobrias afirmaciones sobre la agenda los conductistas habían tomado prestada de la
behavio• rista en Dahl (1961a) y Ranney (1962). Se pueden psicología. Una vez más, la disputa asumió una forma
encontrar afirmaciones juiciosas de la reacción institucionalista en mani- quea de Bien contra Mal. No se iba a tolerar
Ridley (1975) y Johnson (1989), con el ala más filosófica de la
reacción anticientífica mejor representada quizá por Oakeshott (1951-
ninguna instan• cia intermedia. En nombre de la
1956) y Stretton (1969). Para las afirmaciones «pos- behavioristas», integridad y la parsimonia teó• ricas, los constructores
véanse en particular Wolin (1960), McCoy y Playford (1968) y Easton de modelos de la elección racional se afanaron (al
(1969); la cara de esta tendencia correspondiente a la filosofía de la menos inicialmente) por reducir toda la política al
ciencia está bien representada en el Manual de Greenstein y Polsby
por un capítulo especialmente juicioso de Moon (1975).
..juego del estrecho interés egoísta material, excluyendo
los valo• res de la gente, los principios y las
• vinculaciones personales, así como la historia y las
16
instituciones de las personas . Tan• to en la revolución
3 de la elección racional como en la conduc• tista se
2 lograron muchas victorias famosas (Popkin et al., 1976),
pero aunque las ganancias fueron muchas, también lo
fueron las pérdidas.
En contraste con ambos momentos revolucionarios,
pare• ce que ahora nos encontramos en un sólido
período de acer• camiento. La contribución más
significativa a ese acercamiento
-y que recorre un buen número de los siguientes
capítulos- ha sido la emergencia del «nuevo
institucionalismo». Los politólogos han dejado de
pensar en términos excluyentes de agencia o estructura,
intereses o instituciones, como impulsos de la acción:
ahora, prácticamente todos los estudiosos serios de la
disciplina dirían que se trata de una mezcla prudente de
ambos (Rothstein: cap. 5; Weingast: cap. 6; Majone:
cap. 26; Alt y Alesina: cap. 28; Offe: cap. 29). Los
politólogos han deja• do de pensar en términos
excluyentes de tendencias de la con• ducta u
organigramas: de nuevo, prácticamente todos los estu•
diosos serios dirían ahora que se trata de
analizar el comportamiento dentro de los parámetros
impuestos por los factores institucionales y las
estructuras de oportunidad (Pap-
16
Los primeros manifiestos clásicos incluyen Mitchell (1969) y la admisión en parte de tales críticas (Kie- wiet, 1983; Mansbridge,
Riker y Ordeshook (1973). Las críticas discutidas aquí en el texto 1990; Monroe, 1991).
provienen de crí• ticos amistosos (Goodin, 1976; Sen, 1977; North,
1990), y los modelos más refinados de la elección racional actuales 3
van hacia (aunque quizá no lo sufi• ciente -véase Offe: infra cap. 29—) 3
nes se han hecho y los compromisos se han forjado con un
pi: cap. 9; Dunleavy: cap. 10). Los politólogos han
dejado de pensar en términos excluyentes de racionalidad cono•
o hábito: prác• cimiento pleno de lo que estaba en juego, de qué
alternativas se
ofrecían
ticamente todos los constructores serios de modelos de sentido y de qué combinaciones tenían 17 . El resultado
elec•
y los primitivos modelos de interacciones político-
ción racional aprecian ahora las limitaciones bajo las
económicas se han enriquecido ahora considerablemente
que la gente real emprende acciones políticas e incorporan
(Hofferbert y Cin- granelli: cap. 25 ; Alt y Alesina: cap.
en sus pro• pios modelos muchos tipos de cortocircuitos
28).
cognitivos que los psicólogos políticos llevaban tiempo
estudiando (Pappi: cap. 9; Grofman: cap. 30). Los La idea no es sólo que se haya logrado el
politólogos han dejado de pen• sar en términos acercamiento en todos estos frentes. Lo que es más
excluyentes de realismo o idealismo, intere• ses o ideas, importante es el modo en que se ha logrado y el espíritu
como las fuerzas motrices de la historia: práctica• mente que impregna la disciplina en su nue• va configuración.
todos los estudiosos serios de la materia reservan un Aunque cada académico y cada facción pondría el énfasis de
papel sustancial para ambos (Goldmann: cap. 16; manera distinta en los elementos que se han com• binado,
Sanders: cap. 17; Keohane: cap. 19; Nelson: cap. 24; la idea sigue siendo que las concesiones se han hecho de
Majone: cap. 26). Los politólogos han dejado de pensar buena gana más bien que hurañamente. No se han hecho
en términos excluyen- tes de ciencia o narrativa, a partir de un pluralismo de «vive y deja vivir», ni mucho
comparaciones internacionales de amplio alcance o menos a partir de un nihilismo posmoderno. Más bien,
estudios de casos singulares cuidadosamen• te las concesio•
construidos: prácticamente todos los estudiosos serios de
la materia ven ahora mérito en la atención al detalle local
y apre• cian las posibilidades de los estudios sistemáticos
y estadísti• camente convincentes incluso para situaciones
de pocos casos (small-N) (Whitehead: cap. 14; Ragin et
al.: cap. 33). Los politólogos han dejado de pensar en
términos excluyentes de historia o ciencia,
monocausalidad o desesperada complejidad: incluso los
económetras más duros se han visto obligados a admitir
las virtudes de los procedimientos de estimación que son
sensibles a los efectos de senda («path») (Jackson: cap. 32),
es indudablemente ecléctico, pero se trata de un en términos del ascenso y el declive del «gurú». Los
eclecticismo períodos improductivos de la ciencia política moderna, al
ordenado, más bien que de un puro pastiche.
igual que en la filosofía política de mitad del siglo, se
Los politólogos de la actual generación llegan
caracterizaron por la existencia de gurús con sus
equipa• dos, individual y colectivamente, con un
conjunto de herra• mientas más rico que el de sus respecti• vos grupos de seguidores; los primeros
predecesores. Pocos, entre quienes se han formado en relacionados entre sí
las principales instituciones des• de los años setenta en
adelante, se sentirán excesivamente intimidados (ni 17
Considérese, por ejemplo, el modus operandi de Fiorina
tampoco excesivamente impresionados) por las teorías o (1995):
las técnicas de la psicología conductual, la socio• logía «Enseño a mis estudiantes que los modelos de acción racional son de
empírica o la economía matemática. Naturalmente, cada lo más útil cuando lo que está en juego es mucho y quienes juegan son
uno tendrá sus propias predilecciones sobre ellas. Pero, pocos, reco• nociendo que no es racional tomarse el trabajo de
hoy en día, la mayoría puede conversar perfectamente maximizar cuando las con• secuencias son triviales y/o cuando las
acciones propias no marcan la dife• rencia [...] Así, cuando trabajo
a través de todas estas tradiciones metodológicas, sobre comportamiento de masas, utilizo nociones minimalistas de
deseando y siendo capaz de tomar prestado y robar, racionalidad (Fiorina, 1981, p. 83), mientras que cuando trabajo
18
refutar y repeler, según exi• ja la ocasión . sobre élites, asumo un nivel mayor de racionalidad (Fiorina,
1989, caps. 5 y
Hay muchas maneras de contar y recontar estas 11)».
historias de la disciplina con sus lecciones IS
Ejemplos sobresalientes de tal destreza incluyen El cambio
correspondientes de cómo evitar lo peor y conseguir lo tecnológi• co (ed. orig. 1983) de Elster, o Making Democracy Work
(1993) de Putnam. Elster y Putnam son practicantes excepcionalmente
mejor en el futuro. Una manera de contar el cuento sería dotados para este arte, si no representativo, al menos emblemático, de la
ciencia política de final de siglo.
35
34
19 que surja un modus vivendi adecuado para la
mínimamente; los otros, casi en absoluto . Estos colaboración pro•
diálogos de sordos sólo se transforman en ductiva en el seno de una disciplina académica sólo en
compromisos productivos de colaboración una vez que los nive•
las vendettas facciónales dejan paso a algún sentido de les más bajos de análisis y abstracción. Es un
empresa común y a ciertas preocupaciones compartidas disparate forzar
20
sobre la disciplina . con amenazas o halagos un inevitablemente frágil y
Otra lección que se puede extraer de ese cuento se falso con•
refiere a las bases sobre las que un consenso senso entre una comunidad diversa y dispersa sobre
suficientemente amplio las bases
es más probable que llegue a generar tal empresa común. fundacionales, ya sea en términos de una sola
Como I filosofía de la
en la propia política liberal (Rawls, 1993), también y ciencia verdadera (el positivismo lógico o sus
de mane• múltiples alter•
ra más general en las Letras (Liberal arts), es más nativas) o en términos de una sola teoría de la
probable sociedad ver•
dadera (el funcionalismo estructural, la teoría de
sistemas, la partido de la disciplina (Elster, 1989). Las
elección racional o la triquiñuelas, las herramientas y las teorías que
que sea). inicialmente se desarrollaron para un campo concreto
Sin embargo, la disputa interminable sobre los pueden transponerse, mutatis mutan- dis, a otros
fundamen- . contextos en tantas ocasiones como en las que esto no
tos es tan innecesaria como improductiva. El es posible. De hecho, se exige con frecuencia mucho
compartir sim• cambio, mucha adaptación y mucha reinterpretación
plemente las «tuercas y tornillos» -los ladrillos de la para ade• cuar a sus nuevos usos las herramientas que
ciencia- se toman presta• das. Pero es el préstamo, la
es un gran avance hacia la consolidación de un fertilización cruzada, la hibrida• ción y la extensión
conceptual que imponen a ambos lados de la relación
sentido com- entre quien presta y quien toma prestado, lo que
parece constituir hoy día lo fundamental del progreso
19
Compárese la discusión de Dogan (cap. 3) sobre la científi• co (Dogan: cap. 3).
«indiferencia mutua» entre los sociólogos de fin de siglo como
Durkheim, Weber, Toennies y Simmel y la narración de Waldo (1975,
Si lo que se ha logrado es una ciencia en sentido
pp. 47-50) sobre las guerras de los años treinta entre Chicago y estricto, es una cuestión abierta (y que es mejor dejar
Harvard con lo que cuenta Parekh (cap. 21) sobre la filosofía política abierta, pendien• te de la resolución última de las
de mitad de siglo.
20
interminables disputas entre los propios filósofos de la
De hecho, juzgando a partir de la explicación de Warren Miller ciencia sobre la «verdadera» natu• raleza de la ciencia).
(cap. 11),
la protohistoria de los avances del pasado -e n su caso, la revolución
Pero, de acuerdo con los criterios de la espartana
conduc- tista- se ha caracterizado igualmente por conversaciones definición de ciencia que propusimos más arriba en la
interdisciplinarias de este estilo. Se podría decir lo mismo del sección IC -«una investigación sistemática que tiende a
movimiento de la «elección pública», que surge de las cons• truir un conjunto ordenado de proposiciones cada
colaboraciones entre economistas de la hacienda pública vez más dife• renciado sobre el mundo empírico»-,
(Buchanan, Olson), juristas (Tullock), politólogos (Riker, Ostrom) y
sociólo• gos (Coleman), por contar la historia de esta subdisciplina a
nuestra disciplina se ha hecho más científica realmente.
partir de los pri• meros presidentes de su organización cumbre: la Ahora está ciertamente mucho más diferenciada, tanto
Public Choice Society. Pue• den encontrarse testimonios sobre la en su estructura interna como en sus proposiciones
fortaleza ilustradora de los enclaves subdisciplinarios en Almond sobre el mundo.
(1990) e Easton y Schelling (1991).
No obstante, es otra cuestión abierta si el
3 crecimiento de la ciencia así entendida es una
6 contribución o un obstáculo para el conocimiento
científico genuino. Es una cuestión abierta si sabemos
más o menos ahora que hemos recortado el mundo en
piezas más pequeñas. Más no es necesariamente mejor.
Los metafíisicos aspiran a «cortar la realidad por sus
cesuras». Al construir la teoría, los científicos corren
siempre el peligro no sólo de cortar por los lugares
equivocados, sino también de hacer demasiados cortes.
La teorización en nichos y la comer• cialización de
boutique pueden manifestarse como un obstácu• lo para
el genuino conocimiento científico, tanto en la ciencia fesión es evitar esos efectos y poner juntos otra vez
política como en tantas ciencias naturales y sociales. todos los
La tarea de los integradores de las subdisciplinas de la 3
pro• 7
dispares pedacitos de conocimiento. De acuerdo con enteros exclusivamente en las pági• nas de las revistas,
la evi• dencia de la sección IV, más abajo, parece que la la mayor parte de las contribuciones dura• deras aún
22
llevan a cabo de modo admirable. poseen predominantemente forma de libro . La cul•
tura cívica (ed. orig. 1963) de Almond y Verba,
American Voter
III. Piedras de toque 21
Puede observarse mejor ese núcleo metodológico común
profesionales
comprendi•
do entre Galtung (1967) y King, Keohane y Verba (1994).
La creciente profesionalización de la disciplina se 22
El libro de Marshall, In Praise ofSociology (1990), define
manifiesta de muchas maneras. Quizá la más importante de mane• ra similar esa disciplina sobre la base de diez textos
sea el grado en el que los distintos practicantes «clásicos» de la socio• logía (en este caso británica) empírica de
-cualesquiera que sean sus cam• pos de especialización posguerra.
particulares- comparten al menos un mínimo terreno 3
común en las mismas técnicas metodológicas y en la 8
misma literatura nuclear. Se han adquirido de formas
muy dispares -e n la formación de posgrado, en las
escuelas de verano de Michigan o Essex, o en el trabajo,
enseñando e inves• tigando-. La profundidad y los
detalles de estos núcleos comu• nes varían ligeramente
21
dependiendo del país y del campo de especialización .
Pero prácticamente todos los politólogos hoy en día
pueden entender pasablemente una ecuación de regre•
sión y prácticamente todos están al menos ligeramente
fami• liarizados con el mismo corpus de clásicos de la
disciplina.

a) Textos
clásicos

La ciencia política, como casi todas las otras ciencias


socia• les y naturales, se está convirtiendo cada vez más
en una disci• plina que se basa en artículos. Pero aunque
algunos artículos de revista clásicos no llegan nunca a
crecer como libros, y pese a que han tenido lugar debates
presume conocer, al menos superficialmente. Quizá sea
(1960) de Campbell, Converse, Miller y Stokes, Who
una cuestión abierta si estos clásicos instantáneos
Governs? tendrán el mismo poder de permanencia que esos otros
(1961b) de Dahl, Las clases sociales y su conflicto (ed. pila• res más antiguos de la profesión. Uno de los
orig. hallazgos más lla• mativos que surgen del análisis de
1959) de Dahrendorf, Los nervios del gobierno (ed. orig. las referencias que apare• cen en el resto de los
1963) de Deutsch, Teoría económica de la democracia (ed. capítulos del Nuevo Manual, es locorta que es en
orig. 1957) de Downs, Systems Analysis ofPolitical Life realidad la vida activa de la mayor partedel trabajo que
(1965) de Easton, El orden político en las sociedades en se hace en la ciencia política. Más de las tres cuartas
cambio (ed. orig. 1968) de Huntington, Responsible par• tes de las obras que se citan en el Nuevo Manual se
Electorate (1966) de Key, Political Ideo- logy (1962) de han publi• cado, como muestra el Apéndice 1A, en los
Lañe, Intelligence ofDemocracy (1965) de Lind- blom, El veinte años que han pasado desde la publicación en
hombre político (ed. orig. 1960) de Lipset, Los oríge• nes 1975 del viejo Manual; y más de un 30 por 100 se han
sociales de la dictadura y la democracia (ed. orig. 1966) publicado en tan sólo los últimos
de Moore, Presidential Power (1960) de Neustadt, La
lógica de la acción colectiva de Olson (ed. orig. 1965): 3
Tal como lo fueron para una generación anterior (por
todos éstos son la moneda común de la profesión, la nombrar unos pocos): Los Partidos Políticos (1951-1954) de
lingua franca de nuestra dis• ciplina y las piedras de Duverger; PoUtics, Parties and Pressure Groups (1942) y Southern
23 PoUtics (1950) de Key; Capitalismo, socialismo y democracia (1943)
toque para las futuras contribuciones .
de Schumpeter; y Administra! ive Behavior (1951) de Simón.
Una de las manifestaciones definitorias del nuevo 24
Algo sobre lo que llamó la atención inicialmente Brian Barry
profe• sionalismo en la ciencia política es el fenómeno (1974), en relación con un libro que queda fuera de este período:
24
del «clásico instantáneo» . Son libros que casi Salida, voz y leal• tad (1970) de Hirschman.
inmediatamente después de su publicación se incorporan
3
al canon: libios de los que todo el mundo habla y
9
25 generado un delirio profesional de esa cla• se. La lista
cinco años . Los cínicos podrían decir que eso es un
reflejo de puro capricho. Otros, con más simpatía, es larga, inevitablemente incompleta y discutible en
pueden decir que es un reflejo inevitable del modo en los márgenes. Como en general en toda la profesión,
que el siguiente ladrillo se ajusta al anterior en tam• bién es fuertemente anglófona y orientada en gran
cualquier disciplina acumulativa. Cual• quiera que sea medida hacia Estados Unidos. Pero, para casi cualquier
el origen del fenómeno, es una verdad transpa• rente
intento, estos clási• cos contemporáneos tendrían que
que varios libros que fueron objeto de mucha discusión
en algún momento se han visto superados ahora en el incluir probablemente los siguientes:
26
discur• so profesional . • Essence of Decisión (1971) de Graham Allison;
No obstante, para dar una rápida impresión de los • Evolution of Cooperation (1984) de Robert
desarro• llos sustantivos dentro de la disciplina en el Axelrod;
último cuarto de siglo, apenas poco más podemos hacer • Political Action (1979) de Samuel Barnes, Max
que sencillamente dar una lista de los «grandes libros» Kaase
que se han publicado en ese período y que han et al.;
• Retrospective Voting in American National • Silent Revolution (1977) de Ronald Inglehart;
Elections
(1981) de Morris Fiorina; • Rediscovering Institutions (1989) de James
March y
25
Johan Olsen;
El primer hallazgo podría explicarse por el hecho de que a los • Governing the Commons ((1990) de Elinor
autores de los tres primeros capítulos de cada sección del Nuevo
Manual se les han dado instrucciones para que se centren en los Ostrom;
desarrollos que ha habido des• de la publicación en 1975 del Manual • Los estados y las revoluciones sociales (ed. orig.
de Greenstein y Polsby (únicamente se ha animado a los autores del
último capítulo «Lo viejo y lo nuevo» de cada sección a ir 1979)
temporalmente más atrás). Pero el segundo hecho no puede expli• de Theda Skocpol;
carse del mismo modo y tiene tanta continuidad con el primero que • Participation in America (1972) de Sidney Verba y
parece improbable también que éste pueda explicarse por completo
de esa forma. Nor•
26
Quizá los dos ejemplos más conspicuos en los veinte años que man Nie.
aquí se revisan sean Politics and Markets (1977) de Lindblom y
Political Control of the Economy (1978) deTufte. Ambos fueron muy
discutidos al inicio del perío• do y ahora aparecen sorprendentemente Entre los libros más discutidos de los últimos dos
en un lugar periférico de los capítu• los del Nuevo Manual que tocan o tres años que parecen hacerse un sitio en esta lista
las literaturas que estas obras generaron.
están Desig- ning Social Inquiry (1994) de King,
4 Keohane y Verba, y Making Democracy Work (1993) de
0 Robert Putnam.

b) Temas
recurrentes

Al inicio, definimos la política como el aso


limitado del poder social. Como hicimos notar allí, la
novedad que pueda reclamar tal definición se basa en
su énfasis en la limitación como una clave para la
política. Pero tal novedad no es sólo nuestra. La
política como (y la política de) limitaciones ha sido, de
un modo u otro, un tema recurrente de la ciencia
27
política en el último cuarto de siglo .
Como se ha indicado ya, en casi todos los capítulos
apare• ce un reconocimiento renovado de la importancia
de los fac• tores institucionales en la vida política.
Con la emergencia del «nuevo institucionalismo»
aparece una renovada aprecia• ción de la historia y del
azar, de las reglas y los regímenes, como fuerzas
constreñidoras en la vida política. Naturalmen• te, el
que «la historia importe» ha sido un lugar común en 27
En un sentido distinto, también ha habido un interés
muchas esquinas de la disciplina: para quienes creciente en la capacidad cada vez menor del aparato del Estado.
Véanse Rose y Peters (1978), Nordlinger (1981) y Flora (1986).
clavaron sus dientes profesionales en las nociones de
los «cleavages [fisu• ras] congelados» de Lipset y 4
Rokkan (1967) o en los modelos 1

de desarrollo del comunismo, el fascismo y la redacto• res de la constitución no tienen su mano


democracia par• lamentaria de Moore (1966), o en las completamente libre: incluso tales leyes del rango más
teorías de los realinea• mientos críticos de Burnham alto están insertas en algu• nos principios, reglas y
(1970), hay poca novedad en la idea de que la estructura procedimientos de un nivel incluso superior, aunque
de coalición en determinados momen• tos cruciales del sean de una clase extralegal. Lo mismo pue• de decirse
pasado podría configurar la vida política en los años de todas las demás prácticas, procedimientos, reglas
siguientes. Pero estos temas neoinstitucionalistas son y regímenes que colectivamente enmarcan la vida
ahora centrales para la disciplina en su conjunto, a social. Ninguna se tiene por sí misma: todas están
través de sus distintos subcampos. Dos ejemplos insertas en, se definen en términos de, y funcionan en
excelentes son los clá• sicos contemporáneos de la relación a, una plé• tora de prácticas, procedimientos,
historia política: Protecting Sol- diers and Mothers: reglas y regímenes. Nin• guna constituye el escalón
The Political Origins ofSocial Policy in the United último: cada una anida en una jerarquía siempre
States (1992) de Skocpol, y Belated Feudalism: ascendente de reglas, regímenes, prácticas
Labor, the Law and Liberal Development in the United y procedimientos todavía más fundamentales,
States todavía más imperativas (North, 1990; Tsebelis,
(1991) de 1990; Easton, 1990; Weingast: cap. 5; Alt y Alesina:
Orren. cap. 28; véase Braybrooke y Lindblom, 1963).
Por tanto, el legado de la historia es una de las 4
limitacio• nes que nos señala el nuevo 2
institucionalismo. Otra la cons• tituye la naturaleza
intrincada de las reglas y los regímenes sociales, de
las prácticas y las posibilidades. En este mode• lo de
muñeca rusa de la vida social, las maquinaciones
corrientes tienen lugar relativamente cerca de la
superficie. Pero, para usar el ejemplo legal más
directo, las reglas que invocamos al aplicar la
legislación ordinaria son principios de más alto
rango, reglas de tipo constitucional. Y, como
muchos han descubierto recientemente, incluso los
Naturalmente, detrás de todas estas reglas, regímenes, juzgar por obras recientes como Paper Stones (1986)
prác• ticas y procedimientos, están las limitaciones de Przeworski y Sprague, sobre la lógica socioeco•
socioeconómi• cas del tipo más habitual. Quizá los nómica que limita las perspectivas del socialismo
aspectos más profundos de la organización social sean electoral, y Commerce and Coalitions (1989) de
tan robustos únicamente porque son sociológicamente Rogowski, que funda• menta la estructura de las
familiares y materialmente productivos: ahí puede coaliciones nacionales en términos del comercio
radicar, al final, el origen último de su fuerza como internacional.
limitaciones para el uso del poder social. Sin embargo, la El uso del poder social se ve limitado también de otro
mayor parte del tiempo estos aspectos más profundos del modo que ha sido objeto de debate recientemente en
orden social ejercen su influencia sin obstáculos varios subcam• pos de la ciencia política. Se trata de
pasando inadvertidos e incuestionados. El origen último limitaciones de tipo cog- nitivo, limitaciones en el
de su fuerza como limitacio• nes casi nunca está, por ejercicio de la razón pura (y, más específicamente, de
tanto, a la vista (Granovetter, 1985). la práctica). Los sociólogos y los psicólo• gos de la
En otros momentos el uso del poder social se ve política han sido sensibles desde hace tiempo hacia los
configu• rado y limitado por fuerzas socioeconómicas aspectos irracionales y arracionales de la vida
que actúan en la superficie de la vida social. Éste parece política: las funciones de la socialización y la
un viejo y gastado tema, al que se vuelve sin solución ideología en los siste• mas de creencias de las masas
desde los días de Marx (1852, (Jennings y Niemi, 1981; Con• verse, 1964). Pero
1972b; 1871,1972a) y Beard (1913). Sin embargo, tales incluso los constructores de modelos de elec• ción
temas se han elaborado y formalizado poderosamente en racional están llegando ahora a apreciar las
los clásicos contemporáneos tales como Polines and posibilidades analíticas que se abren cuando se relajan
Markets (1977) de Lindblom y Political Control of the las asunciones heroi-
Economy (1978) de Tuf- te. Y, sorprendentemente,
4
todavía queda mucho por decir sobre estos temas, a
3
cas de la información completa y la racionalidad creencias de la gente y a lo que hay detrás de las
perfecta (Simón, 1954,1985; Bell , Raiffa y Tversky, mismas.
1988; Popkin, 1991; Pappi: cap. 9; Grofman: cap. 30). Lo que la gente cree verdadero e importante, lo
Naturalmente, lo que los eco• nomistas políticos que cree bueno y valioso, no sólo guía sino que limit a
consideran cortocircuitos en la información, otros los sus acciones socia• les (Offe: cap. 29) . A su vez, estas
construyen como huellas psicológicas, y para cual• creencias se configuran a partir de ciertas enseñanzas y
quier propósito de que se trate, tal diferencia importa experiencias del pasado. La con• formación de tales
clara• mente todavía. Pero, desde nuestra perspectiva, enseñanzas y experiencias puede confor• mar las
lo que es más notable es la convergencia que se ha creencias y los valores de la gente y, por tanto, sus deci•
logrado y no las diferen• cias que aún persisten. Los siones políticas (Neustadt y May, 1986; Edelman,
politólogos de casi cualquier jaez están de acuerdo 1988). La manipulación de tales limitaciones, como la
una vez más en atribuir un papel central a las manipulación de la gente que actúa bajo las mismas, es
un acto profundamente político que merece -y recibe internacional: la difusión de la idea de
crecientemente- tanta atención analítica como democratización, junt o a ideas particulares sobre
cualquier otro. Entre las contribuciones recien• tes cómo democratizar determinados tipos de regímenes,
destacables están el trabajo de Al li s o n (1971) sobre fue innegablemente fundamental en algu• nos de los
los procesos políticos mundiales recientes más dramá•
«mapas conceptuales», el de Marc h (1972) sobre el ticos (Whitehead: cap. 14). Un idealismo de
sesgo del modelo, la teoría del esquema de Axelro d proporciones casi hegelianas vuelve a estar en auge
(1976), el trabajo de Jervis (1976) sobre el papel de también en las relaciones internacionales (Goldmann:
las percepciones en las rela• ciones internacionales, cap. 16; Sanders: cap. 17; Keo- hane: cap. 19). En el
y muchas obras sobre comunicación política (Nimm marco de «la política como el uso l i m i • tado del
o y Sanders, 1981; Swanson y Nimmo , 1990; Graber, poder social», esas maniobras tratan de mover o remo•
1993). ver limitaciones; eso supone que tiendan evidentemente
Otro tema recurrente en la nueva ciencia política menos a la confrontación que otros ejercicios de poder,
que apa• rece en este Nuevo Manual es la creciente pero no dejan de ser ejercicios de poder.
apreciación de que las ideas tienen consecuencias. Este Por último , ha habido una fusión virtua l de la
asunto salta una y otra vez en las discusiones sobre distinción entre hechos y valores, esa vieja pesadilla
políticas públicas. Desarrollar nue• vas perspectivas de la fase más insis• tentemente positivista de la
sobre viejos problemas, ver nuevas formas de hacer revolución conductista (behavio- rista). Hay múltiples
las cosas, ver nuevas cosas que hacer: todas estas razones metateóricas para resistirse a esa distinción; y
acti• vidades, cuando se aplican a problemas en la medida en que pudiese defenderse, hay razo• nes
públicos, son quin - taesencialmente políticas (Olsen, éticas para insistir en la primacía de los valores, para
1972; Nelson: cap. 24; Majo- ne: cap. 26). Pero lo insis• tir en una «ciencia política con un sentido»
mismo se puede decir de la comparación (Goodin, 1980,
4 1982). Pero lo que en su momento demostró su poder
4 de con• v i c c i ó n fue el simple reconocimiento de que
los propios agen- jtes políticos son también actores
éticos (Taylor, 1967, 1985). (Interiorizan valores y
actúan de acuerdo con ellos; y, en oca-
'siones, son persuadidos (quizás a veces por filósofos de
la polí•
tica) para interiorizar otros valores
mejores.
Si queremos entender el comportamiento de la
gente, tene• mos que incorporar los valores en nuestro
análisis (tanto los que tienen de hecho, como los que
podrían llegar a tener). De este modo, la Moral
Economy ofthe Peasant (1976) de James Scott explica
las rebeliones campesinas del Sudeste asiático ante la
perplejidad de los decisores políticos, en los simples
términos de reacciones contra políticas que perciben
como injustas, según lo que se entiende por justicia Latinoamérica, poste• riormente de la Europa del
de acuerdo con las convencio• nes locales; e Este, podría verse de manera simi • lar como una
Injustice (1978) de Barrington Moore pretende acción política inspirada por una visión de lo bue-
generalizar esa proposición. La difusión del ideal
4
democrático a través de la Europa del sur, luego de
5
voces
no, combinada con una visión de lo posible (Dalton:
cap. 13; Whitehead: cap. 14). Tratar de separar hechos Hemos aprendido de las feministas, los
y valores en los procesos mentales y en las dinámicas deconstruccionis- tas y los posmodernos en general
políticas que subyacen a estos procesos sería un puro que hay que estar atentos a los silencios -a lo que
disparate. queda y no se dice- . Cuando se exami• na una
Igualmente, los politólogos desean cada vez más disciplina entera, tratar de pensar qué es lo que no está
emplear complejos diseños de investigación que ahí pero debería estar es siempre una tarea
relacionen sistemáti• camente estructuras, procesos y amedrentadora.
consecuencias. Para hacerlo, necesitan un marco Es cierto que hay subcampos enteros que aparecen
teórico que pueda cubrir e integrar todos estos niveles y desa• parecen. Últimamente, ha habido mucho menos
de análisis. Ah í descansa el gran poder del aná• lisis derecho públi• co y mucha menos administración
de la elección racional y del nuevo institucionalismo; pública haciéndose un sitio en la corriente mayoritaria
lo que, a su vez, puede explicar hasta cierto punto el de la ciencia política que los que hubo en algún
predominio de estas agendas intelectuales en la momento (Wildavsky , 1964, 1979; Wilson ,
ciencia política contem• poránea (véase sección IV 1973), aunque hay evidencias para pensar que se está
infra). Sin embargo, esos comple• jos diseños de produ-
investigación pretenden también, al mismo tiem• po,
la evaluación normativa de las estructuras, procesos 4
y consecuencias; al hacerlo, integran a la filosofía 6
política nor• mativa en sus diseños de una forma que
habría sido un anate• ma para previas generaciones. Ah
í descansa la explicación de la primacía de las obras de
Rawls sobre la justicia (1971, 1993) entre los libros
más citados, y de la presencia de teóricos nor• mativos
como Barry, Dahl y Rawls entre los integradores más
citados e importantes de la disciplina (véanse los
Apéndices
1C, I
D y
1E).

c)
Nuevas
ciendo un nuevo cambio (Drewry: cap. 6; Peters: cap. nuevo, hay evi• dencia de que esto también está
7; Peters y Wright: cap. 27). Los que algún día fueron cambiando (Whitehead: cap. 14; Apter: cap. 15; Von
subcampos pree• minentes están ahora representados Beyme: cap. 22; Offe: cap. 29).
marginalmente en el Nue• vo Manual (como, quizá, Entre las nuevas voces claramente representadas
también lo estén en la reciente his• toria de la hoy en la ciencia política, en comparación con hace un
profesión que se les ha pedido trazar a los cuarto de siglo, destacan las de los posmodernos y las
colaboradores). En general, hoy en día los feministas. No sólo han desarrollado una abundante
comentaristas de políticas públicas encuentran literatura sobre los roles distinti• vos que
muchas menos ocasiones que antes para reflexionar desempeñan las mujeres en la polític a (Nelson y
sobre la política urbana (Banfield y Wi l • son, 1963; Chowdhury, 1994); hay ahora una voz distintivamente
Banfield, 1970; Katznelson, 1981); los comentaristas de feme• nina que escuchar, en especial en la teoría
relaciones internacionales tienen ahora menos que decir política (Pateman,
que hace unos años sobre estudios estratégicos 1988; Shanley y Pateman, 1991; Young: cap. 20),
(Schelling, 1960; Freedman, 1981); los autores que relaciones internacionales (Tickner: cap. 18) y políticas
trabajan sobre instituciones dicen ahora más bien poco públicas (Nelson: cap. 24).
en el, en su día, rico campo de la representación En general, la posmodernidad ha hecho
(Eulau y Wahlke, 1978; Fenno, 1978); y los autores incursiones más modestas, en parte porque sus
que se ocupan del comportamiento tienen menos que preceptos fundamentales están expuestos en un alto
decir que antes sobre influencia política (Banfield, plano teórico (White, 1991). No obstante, los teóricos
1961) o, en general, comunicación y participación políticos sí que han mostrado interés por el mismo
políticas (véase Pappi: cap. 9; Dalton: cap. 13; (Young: cap. 20; Von Beyme: cap. 22). Además, tales
Grofman: cap. 30; McGraw : cap. 34). Por último, teorías
siempre se ha prestado poca atención desde la corrien• te
anglosajona de la ciencia política a las teorías marxistas 4
7
y a las publicaciones en lenguas extranjeras, aunque, de
interna de los actores políticos, los significados y
han demostrado ser una rica fuente de inspiración y de las creencias, las intenciones y los valores, todo esto es
ideas para quienes estudian los así llamados «nuevos
ahora !
movimientos I políticos» (Dunleavy: cap. 10; Dalton: cap.
central en el análisis político (Edelman, 1964, 1988;
13; Young: cap. 20)
Scott,
y la quiebra del viejo orden internacional (Tickner:
1976; Riker, 1986; Popkin, 1991; Kaase, Newton y
cap. 18). Donde alguna vez hubo estructuras
Scarbrough,
claramente definidas y aho• ra no hay ninguna (o
1995). Estos desarrollos son evidentes a lo largo del
muchas desconectadas entre sí), el arse• nal teórico Nuevo
postestructural puede ofrecer ideas sobre cómo ha Manual *.
2
ocurrido y por qué. Más en general, la metodología política parece
Sea o no plenamente posmoderna, la ciencia estar entran• do en algo así como una fase
política con• temporánea es decidida y sustancialmente posmoderna. Quizá pocos metodólogos puedan
pospositivista en el sentido de que ha tomado en aceptar esa autodescripción de manera tan entusiasta
cuenta las lecciones de la crítica hermenéutica. Los como Alker (cap. 35). No obstante, muchos enfa-
aspectos subjetivos de la vida política, la vida mental
tizan ahora la necesidad de explicaciones para el desarrollo futuro (Dryzek, Farr y Leonard,
contextualizadas y path-dependents (dependientes de la 1995)-. Quienes están anclados en una visión de
senda) (Jackson: cap. 32; Ragin et al.: cap. 33). progreso lineal a lo
Representa en cierto modo una retirada de la «gran ciencia» se decepcionarán con la perspectiva de
generalidad hacia la particularidad, de la universalidad 29
un desa• rrollo a partir de trayectorias dispares . Pero,
a la situacionalidad, en las explicaciones que de acuerdo con la explicación de Dogan (cap. 3) del
ofrecemos de los fenómenos políticos. En ese sentido, progreso de la discipli• na, la proliferación de «nuevas
estos desarrollos recien• tes de la metodología política razas» entre los politólogos debe ser bienvenida por
pueden verse como un «giro pos• moderno». las fructíferas posibilidades de hibri• dación que
De hecho, al tratar la historia de toda la disciplina genera.
como nuestro «texto», las técnicas posmodernas
podrían ayudar• nos a ver muchas narrativas posibles
en nuestro pasado colec• tivo -y,
IV. El estado de la profesión: un análisis
correspondientemente, muchas posibles vías abiertas
bibliométrico
28
Weingast: cap. 5; Pappi: cap. 9; Dunleavy: cap. 10; Whitehead:
Quizás el mejor modo de sustanciar estas amplias
cap. 14; Tickner: cap. 18; Von Beyme: cap. 22; Hofferbert y
Cingranelli: cap. 25; Majo- ne: cap. 26; Offe: cap. 29; Grofman: cap.
afirma• ciones sobre la naturaleza de la disciplina tal
30; Alker: cap. 35. como queda reve• lada en el Nuevo Manual, sea
mediante un detallado análisis bibliométrico de las
4
referencias bibliográficas que en él apa• recen. El estilo
8
convencional del análisis bibliométrico cuen• ta la
frecuencia con la que se citan ciertas obras,ísobre todo
las de unos autores determinados. Aunque
inevitablemente defec• tuoso en varios aspectos, es un
análisis que, sin embargo, nos proporciona medidas
útiles para todo tipo de propósitos: para calibrar la
reputación y la presencia de ciertos individuos y
departamentos dentro de la profesión, para averiguar la
inten• sidad de la utilización de un tipo particular de
30
obra u obras por parte de un individuo, etcétera .
Sin embargo, lo que más nos interesa en este
contexto es la penetración de las obras de los miembros
de una subdisciplina en las demás subdisciplinas y la
integración resultante a través de toda la disciplina que
proporcionan tales autores y sus obras.

29
Como queda revelado claramente al contemplar las dispares
vías de desarrollo de la ciencia política en el seno de las distintas
comunidades nacio• nales. Compárese la historia del caso de los
EE.UU. en el relato clásico de Somit y Tanenhaus (1967) con las
historias que se cuentan en, por ejemplo, Easton, Gunnell y Graziano departamentos radicados en EE.UU., véase Klingemann (1986). Se
(1991), Wagner, Wittrocky Whitley (1991), Dier• kes y Biervert (1992), pueden solicitar de Klin- gemann datos más recientes.
Rokkan (1979) y Chester (1986).
30
Para apreciaciones de este estilo sobre individuos y 4
9

Por ello, hemos preferido concentrarnos no en contar el un solo gran libro ) y a favor de sus «zorros» (quienes saben muchas
pequeñas cosas o han escrito muchos libros o artí • culos a los que
número de veces en que son citados algunos autores u
se refiere la gente).
obras en el cuer• po del texto, sino más bien en el 33
Una interpretación deprimente de este resultado, jun t o con el
número de veces que se cita a los autores o sus obras en del Apén • dice 1A, es que la mayoría de los académicos hacen
las bibliografías de los demás capítulos del Nuevo contribuciones menores que pronto son olvidadas. Recuérdese, no
Manual (para evitar sesgar los resultados, las cuentas obstante, que el Nuevo Manual es un examen altamente selectivo de
las contribuciones principales de las dos últimas décadas; po r tanto,
excluyen sistemáticamente nuestra propia lista es un logr o en sí mism o el haber hecho una con• tribución que
bibliográfica que aparece al final del capítulo) 31. Pese a merezca una mención . En estos términos, es un signo alenta• dor el
sus distorsiones, este enfo• que nos parece el más que haya tantos académicos que trabajen en las múltiple s fronteras
adecuado para nuestra tarea32. de nuestra disciplina.
Hay varias cosas que aparecen con bastante claridad 5
en las cuentas bibliométricas resultantes. La primera es 0
que la gran mayoría de los politólogos son
especialistas que contribuyen primordialmente a sus
propias subdisciplinas. Un a gran mayoría de todos
los autores y las obras se encuentra en las lis • tas
bibliográficas de sólo una sección subdisciplinar del
Nue• vo Manual. De hecho (como demuestra el
Apéndice I B ) , casi dos tercios de los autores sólo son
mencionados una vez en la bibliografía de un solo
capítulo 33.

31
Lo hacemos para evitar «falsear los libros» a favor de las
generaliza• ciones que esperamos establecer mediante nuestra propia
pauta de bibliografía. También hemos excluido, siguiendo las
convenciones habituales, todas las auto- rreferencias bibliográficas (l
o que les supone a los colaboradores del Nuevo Manual un trato
más duro de lo habitual, al verse excluidos de una cuarta par• te de
los capítulos en los que aparecerían sus propios nombres
independiente• mente de quién fuera su autor). Hemos contado a
todos los coautores de la mis• ma manera (como si cada uno de ellos
fuera el autor de una obra individual); aunque sea menos
convencional, nos parecía más apropiado por centrarnos en
descubrir integradores potenciales en lugar de dar crédito a las
reputaciones.
32
Al contar el númer o de veces que un autor aparece en
las listas bibliográficas en lugar de en las citas del texto de los
capítulos, introduci • mos un sesgo en contra de los «erizos» de
B erl i n (1953) (aquellos que sólo saben una gran cosa o han escrito
forma bastante notable los residuos de las «dos revo-
En el otro extremo, hay un puñado de académicos luciones», primero la revolución conductista y luego la
que rea• parecen con frecuencia en las bibliografías de de la elección racional, en la profesión contemporánea.
los capítulos del Nuevo Manual. Unos 35 autores Viendo la lis• ta de los libros más citados, los viejos
(que aparecen en el Apéndi• ce 1C) son clásicos de la revolución conductista -American Voter de
mencionados más de diez veces en varias biblio • Campbell, Converse, Mille r y Stokes; La cultura cívica
grafías de distintos capítulos. No hay que otorgarle de Almon d y Verba; Party Systems and Voter Alignments
una impor• tancia especial al hecho de aparecer en de Lipset y Rokkan - están aún ahí, aunque en los
esa lig a de honor: estamos trabajando con una niveles más bajos. Pero barriendo los tres lugares más
muestra pequeña de las referen• cias bibliográficas altos están los clásicos de la posterior revolución de la
de sólo 34 capítulos. Por tanto, aunque pue• dan ser elección racional: la Teoría económica de la democracia
imprecisos los ránkings dentro de esa lista y de Downs y la Lógica de la acción colectiva de Olson a
aunque la pertenencia a la misma pueda no ser los que se ha unido recientemente Goveming the
demasiado fiable en los márgenes, no obstante esta Commons de Ostrom. El golpe de estado de la elección
lista parece que puede ser plausi• ble y fiable como racional ha tenido un notable éxito, no tanto desplazando
un indicador de quiénes son los autores cuya obra a la vieja ortodoxia conductista, como labrán• dose un
34
recibe un amplio interés en los distintos subcampos papel predominante para sí misma . El que el residuo
de la disciplina.
34
La inspección de los nombres de esa lista - y , más Los sociólogos, los economistas y la democracia-(ed. orig .
especial• mente, de los libros que se citan con más 1970, 1978) de Barry, escrito en el momento culminante de este
cambio, somete a ambos a una crítica lógica despiadada; en el
frecuencia (Apéndice I D ) - revela con notable claridad prefacio a la edición de 1978, hace notar el notable desvanecimiento
las agendas intelectuales que persigue actualmente la del paradigma «sociológico» (conductista) en los ocho años
comunidad de la ciencia política. Se' observan de transcurridos.
51
«neoinstitucionalista». Este movimiento está
de la revolución más antigua sea tan poderosamente
parcialmente ligado al de la elección racional -un a
evidente todavía es, en sí mismo, un dato impresionante
alianza representada, entre los libros que más aparecen
sobre la disci• plina. Los cínicos dicen que las revoluciones
en las biblio• grafías, por Governing the Commons de
científicas son sim• plemente el producto del capricho y de
Ostrom, e Institu- tions, Institutional Change and
la moda. Si fuera así, cabría esperar que un capricho
Economic Performance de North-. En las manos de
desapareciera por completo cuan- 1 do otro ocupase su
otros autores, el nuevo institucio- nalismo se
lugar. Sin embargo, es claro que no ha ocu• rrido tal cosa.
configura de una manera sociológica y antielec• ción
Otro asunto es, quizá, si el conocimiento es estric• tamente
racional. Esta modalidad está representada, entre los
acumulativo. Pero, al menos, las ideas más antiguas
libros más citados, por Rediscovering Institutions de
no se han perdido al sumárseles las nuevas en las
March
revoluciones sucesivas dentro de la ciencia política.
y Olsen, y Los Estados y las revoluciones sociales de
Al inspeccionar esas mismas tablas, vemos
Skoc- pol. A partir de cualquiera de las
también una creciente evidencia de la próxima
interpretaciones -o de las dos simultáneamente-, el
revolución en marcha: el movimiento
nuevo institucionalismo posee una gran capacidad
para proporcionar un marco integrador para los tipos de las partes subdisciplinarias del Nuevo Manual-.
de diseños complejos de investigación de los que Estos 21
35
hablamos más arriba. «integradores» aparecen en el Apéndice 1E .
El siguiente paso de nuestro perfil bibliométrico Utilizando las mismas técnicas, observamos lo
de la profesión es buscar «integradores» entre aquellos integrados que están los distintos subcampos en la
miembros de la disciplina que son citados con disciplina más gene• ral. Aquí nos centramos en los tres
frecuencia. Definimos como «integrador» a alguien niveles superiores de los autores más citados (aparecen
que aparece al menos una vez en las listas en el Apéndice 1F). Para ver cómo se integra un
bibliográficas de más de la mitad (esto es, cin• co o subcampo en la disciplina, nos hacemos dos preguntas
más) de las ocho partes subdisciplinarias del Nuevo (en el Apéndice 1G). ¿En qué medida son los autores
Manual. De los 1.630 autores representados en la más citados en cada subcampo los más citados tam•
bibliografía del Nuevo Manual sólo 72 (4,4 por 100) bién en la disciplina (definidos por estar entre los diez más
aparecen en cinco o más capítulos. De éstos, sólo 21 cita• dos)? Y ¿en qué medida se encuentran los autores
constituyen «integrado- res» de la disciplina más citados de cada subcampo entre los integradores de
globalmente considerada -e n el senti• do de que su la disciplina?
influencia se difunde a través de más de la mitad Hay dos subdisciplinas (política comparada y
economía política) que, de acuerdo con ambas medidas,
5 están particu• larmente bien integradas en la profesión
2 globalmente consi• derada. Hay otras subdisciplinas
(administración y políticas públicas y teoría política)
cuyos autores más citados están entre los integradores
de la disciplina, mientras qu& hay otras (sobre todo
instituciones políticas) que carecen de integra• dores
pero cuyos autores más citados están también entre
los más citados de la disciplina. Hay otra subdisciplina
(meto• dología política) cuyos autores más citados no
aparecen en ninguna de las dos listas. Esta última
subdisciplina parece estar fuera y desarrollarse
36
relativamente al margen de la dis• ciplina general .
De la combinación de todos estos criterios surge una
bue• na y completa visión del estado de la disciplina:
quiénes son los «integradores» de la profesión, quiénes
son «los más citados de la disciplina en general» y
quiénes son «los más citados en sus propias
subdisciplinas». Como muestra el Apéndice 1H,

35
Tener sólo 21 integradores entre los cientos de académicos
actualmente en activo puede hacer parecer a la ciencia política como
una empresa relati• vamente no integrada. Al contrario, tener a toda una subdis• ciplinas de la ciencia política y otras disciplinas. Sobre estas
disciplina centrada colec• tivamente en tomo a tan pocos individuos y a conexiones, véa• se Dogan (cap. 3).
sus obras podría dar lugar a una mayor integración.
36
Con estos datos no podemos analizar las relaciones entre las 5
3

hay unos diez académicos clave -nosotros los Apéndice 1A


llamamos las
«centrales eléctricas» de la disciplina-, que puntúan
alto en los tres criterios. Estos diez individuos (que
El continuo impacto de las obras en ciencia política
aparecen como «gru• po 1» en el cuadro A l . H ) están
entre los autores «más citados» tanto en la disciplina
¿Qué continuidad es probable que tenga el impacto
globalmente considerada como en sus respectivas
de cual• quier obra en ciencia política? Para responder
subdisciplinas y, al mismo tiempo, son los «inte-
esta pregunta, hemos distribuido en diversas categorías
gradores» de la disciplina. Otros 28 académicos
todas las publicacio• nes que aparecen en las
(grupos 2-5 en cuadro A l . H ) tienen uno u otro de esos
bibliografías de los capítulos del Nue• vo Manual
papeles en la disci• plina, con un últim o grupo de
según el año de su publicación original. Los resul•
treinta y nueve que tienen un papel igualmente clave
tados aparecen en el cuadro A l . A
en determinadas subdisciplinas.
La pauta general es suficientemente clara: hay Cuadro A l . A . Años de publicación de la bibliografía
distintas comunidades subdisciplinarias altamente
diferenciadas que están haciendo grandes avances. Pero porcentaje
también hay un pequeño conjunto de académicos en la
cumbre de la profesión que entran genuinamente en
muchas (en pocos casos en la mayoría) de
esas comunidades subdisciplinarias y que las ano numero acumulado
porcentaje
integran en un todo disciplinario coherente.
-1900 2 0 0
1900-1920 2
11 0,3
, 1,0
,
.
V. Conclusión 1921-1940 59 1,7 2,7
1941-1950 45 1,3 4,0
El dibujo que surge de este análisis, y de los 1951-1960 , 1955).155
Pero, en 4,6 c 8,6 y la aper•
restantes trein• ta y cuatro capítulos del Nuevo Manual 1961-1965 el final147
del siglo, 4,3 u 12,9 tura
sobre los, que se basa, es la figura feliz de una 165 parece
1966-1970 la nuestra 4,8 ri 17,7 exigidas
disciplina fragmentada de académi• cos brillantes y 1971-1975 una 214ciencia 6,3 o 24,0 para
emprendedores que miran constantemente por encima 1976-1980 potencial-
320 mente 9,4 si 33,4 llevarnos
de los cercados que solían separar subdisciplinas. La 1981-1985 unificable.
441 La 13,0 d 46,4 hasta aquí
vieja aspiración de una ciencia unificada podría seguir 1986-1990 energía792 23,3 a 69,7 son, por sí
siendo una quimera todavía (Neurath, Carnap y Morris intelectual, la d mismas,
algo que celebrar.

1991-1995 30, 100,0


3
1.032
total

3.403
De este análisis se desprende que más de la
mita d de las obras que se mencionan en el
Nuevo Manual se han publica• do durante la
últim a década, y dos terceras partes se han publi
• cado en las dos últimas décadas. Menos de
una décima parte se publicaron con
anterioridad al American Voter (Campbell,
Converse, Mill e r y Stokes, 1960).

54 55
Apéndice IB

Frecuencia de las apariciones de autores


en la bibliografía

Hay unos 1.630 autores en total que se mencionan en las Cuadro A l . B . Frecuencia de citas bibliográficas
bibliografías de los capítulos 2 a 35 del Nuevo Manual. Como
es práctica habitual en estos análisis, excluimos las autocitas. número número
porcentaje
Omitimos también nuestra propia bibliografía (capítulo 1) de citas de autores

del análisis, para evitar sesgar los resultados del mismo a 1 1.063 65,2
favor de las proposiciones que esperamos probar mediante 2 26 6 16,3
nuestro propio modelo de referencias. En casos de autoría 3 93 5,7
múltiple , se ha contado a cada autor como si fuera el 4 55 3,4
responsable de una obra individual. 5 52 3,2
El número total de referencias así definidas es de 3.341. 6 23 1,4
El número medio de veces que un autor es mencionado en estas 7 14 0,9
listas es 2,1 . Sin embargo, la varianza es considerable (5,8) y o
12 0,7
la distribución está sesgada (3,9). De esta manera, tiene más
9 10 0,6
sentido utilizar la mediana como el descriptor de la distribu•
ción: la mediana es 1. Esto queda claramente reflejado en el 10 7 0,4
cuadro A l . B . La gran mayoría de los autores (1.063 = 65,2 11 10 0,6
por 12 4 0,2
100) sólo aparece mencionada una vez. . 13 5 0,3
Lo que nos interesa en nuestro análisis es la diferencia• 14 2 0,1
ción y la integración de una disciplin a que, en este Nuevo 15 3 0,2
Manual, hemos dividido en ocho subdisciplinas. En ese con• 16 3 0,2
texto, este hallazgo señala hacia la diferenciación: casi dos ter• 17 2 0,1
cios de los autores aparecen en la bibliografía de un solo capí• 18 3 0,2
tulo, lo que significa por fuerza que han sido citados en sólo 19 2 0,1
una de las partes subdisciplinares del Nuevo Manual. A otros 25 1 0,1
autores se los cita con más frecuencia y a algunos otros con
total 1.630 100
mucha más frecuencia. A éstos se los analiza en los apéndices
siguientes.
57
56

Apéndice Cuadro A l . C . Autores más citados de la disciplina

1C número de
veces que
aparecen
lugar autores en las
Los autores más citados de la disciplina bibliografías
1 Verba, S.
2 Lipset, S. 25
Los autores a los que se cita con frecuencia pueden
M. 19
poten- cialmente integrar los subcampos de la disciplina. Shepsle, K.
3
Definimos como «autores más citados» a aquellos que 18
A lm o n d ,
ocupan los diez primeros lugares en el número de presencias G. Dahl, R.
en las bibliografías de los capítulos 2 a 35 del Nuevo 4 Riker, W.
Manual. Ese punto de corte I iinhart A 17
nos da 35 autores (2,1 por 100 de todos los autores —! 1 1 —/ I I O I Lf r \ .
Skocpol, T.
citados)
5 Kpnhanp R
que aparecen en el cuadro A l . C .
16
Aunque los autores citados frecuentemente podrían McCubbins,
inte• grar la disciplina, también es posible que sean M. Weingast,
mencionados sobre todo en su propio subcampo de la B.
6 March , J.
disciplina. En tal caso, la frecuencia de citas dé ese autor no 15
contaría como una evi• dencia de integración, sino más
North ,
bien de diferenciación. Para investigar esa dimensión, D.
tenemos que mirar a los autores más citados subdisciplina a Ostrom ,
subdisciplina (véase Apéndice 1F). E.
7 Elster, J.
14
Inglehart, R.
8 Barry, B.
13
Downs , A.
Olson, M.
Przeworski,
A.
.Simón , H.
9 Converse, P.
12
Fiorina, M. J.
Ferejohn, J. Ordeshook, P.
Schmitter, P. Rawls, J.
10 Buchanan, J. 11 Rokkan, S.
Easton, D. Sartori, G.
Lasswell, H. Wildavsky,
Moe , T. Olsen, A.

58 59

Apéndice ID Apéndice 1E

Los libros más citados Los integradores

El cuadro A l . D muestra los libros que aparecen con ¿Quiénes son los integradores? Para responder a esta
más frecuencia en las bibliografías de los capítulos del pre• gunta hemos mirado a todos los autores que han sido
Nuevo Manual.
citados al menos cinco veces. Dada nuestra división del
Cuadro A l . D . Libros más citados mundo de la ciencia política en ocho subcampos
sustantivos, en principio estos autores podrían aparecer
en más de la mitad de los sub•
lugar núm. título campos que hemos distinguido (una cita en cinco de las
autor de par•
citas fech
a de tes del Nuevo Manual). Nuestro punto de partida lo
pub. constitu•
E. ective Action
Anthony Downs An
Converse,
11 Eco Governing the Commons
Warren E.
Miller no Institutions, Institutional Change and Economic Perfomance
Mancur
y Donald mic
Olson Elinor The Civic Culture
Stokes The
Ostrom ory
James of The American Voter
Douglass G.
De
North March
mo
yJohan
cra
P.
Olsen cy Rediscovering Institutions
Gabriel A.
Almond y The
Sidney Verba Logi
c of
Angus
Campbell, Philip Coll
1957
ye que aparecen en las bibliografías
n, de al menos cinco capítulos. Suponen el 4,4 por 100 de los
1! ent
1965 1.630 autores.
on
1990 Definimo s como «integrador» a un autor al que
ces
1990 , puede encontrarse al menos una vez en las secciones de
los referencias de más de la mitad de los ocho subcampos (es
72 decir, en cinco o más). De l total de 1.630 autores, 21 (o
1963
aut el 1,3 por 100) pue• den considerarse integradores. Sus
ore
1960
s nombres aparecen en el cua• dro A L E .

John Rawls A Theory of Justice 1971


Brian Barry Sociologists, Economists and 1970/1978
Democracy
Morris P.
Retrospective Voting in 1981
Fiorina
American National Elections
Party Systems and Voter 1967
Seymour
Martin Lipset Alignments
y Stein
Rokkan (eds.) Political Liberalism 1993
John Rawls An Introduction to Positive 1973
William Riker y Political Theory
Peter C. States and Social Revolutions 1979
Ordeshook
Theda Skocpol 60 61

Cuadro A l . E .
Integradores Apéndice 1F
aparece en
número partes
de partes en
que autor 2 M. F. X Shepsle, K. X Simón, H. X
Almond,
aparecen X X Skocpol, T. X Verba, S.
3 G. X
X Olsen, J. X
X Dahl. R.
8 X X X Weingast, B. X
Ostrom, E. X Ordeshoo
X
Erikson, R.
6 X Laver, M. k, P.
X Polsby,
Barry, B. X X X
X Downs, A. üjphart, N.
A. X
X March, J. X X Riker, W.
X Olson, M. X X
5 X
X Scharpf,
üpset, S.
4 5 6 7 8 9 Apéndi subcampos (integración), o ambas cosas a un tiempo. Para
Los ce 1C afrontar este asunto, nos quedamos con los tres primeros
X X XX X X XX
X X XX X
autores podría lugares de cada subcampo.
X X
X X más reflejar ¿Quién domina las subdisciplinas? Definimos al grupo
X XX
X X XX
citados, la de autores que destacan en algún subcampo particular como
X X X X X por preemi aque• llos que están en los tres primeros lugares entre los
X X subdisci nencia más cita• dos en la parte del Nuevo Manual dedicada a
X X
X XX plina en uno ese subcampo. Siguiendo ese criterio, encontramos 59
XX X
X XX
X X X de los autores (el 3,6 por 100 de todos los autores citados) que
X
X
X XX X El subcam destacan en uno - o , en el caso de tres autores, más de uno
X X
XX X ránking pos (McCubbins, secciones II y V I H ; Stokes, secciones I I I y
X XX X
XX de (difere V I I ; Verba, secciones I y I V ) - de los subcampos.
X X
XX
X autores ncia• Aparecen en el cuadro A l . F .
X X
X XX
X X más ción), o
X X citados a través Cuadro Al. F . Autores más citados, por subdisciplina
X X XX
del de los
X número de veces
Lugares autores que se los cita

Parte I La disciplina
1 Dahl, R. 10
2 üpset, S. 9
Verba, S.
3 Lasswell, H.

Parte II Instituciones políticas


1 North, D.
2 Elster, J.
McCubbins, IV
3 Ferejohn, J.

62
63

Cuadro Al.F. (cont.) Cuadro A l . F . (cont.)

número de veces número de veces


lugares autores que se los cita lugares autores que se los cita
Parte III Comportamiento político Parte Vil Políticas públicas y administración
1 Converse, P. Lindblom, C. 5
Sprague, J. Wildavsky, A.
2 Campbell, A. Merriam, C. 4
Sniderman, P. Skocpol, T.
3 Stokes, D. Wilson, J. Q.
Heath, A. 5 3 Derthik, M. 3
Miller, W. deLeon, P.
Esping-Andersen, G.
Parte IV Política comparada Flora, P.
1 Almond, G. 11 Klingemann, H.-D.
2 Verba, S. 8 Lowi, T.
3 Inglehart, R. 7 Olson, M.
Lijphart, A. Sharkansky, I.
Stokes, D.
Parte V Relaciones internacionales
1 Keohane, R. 10 Parte VIII Economía política
2 Waltz, K. 8 1 We¡ngast,B. 10
3 Holsti, K. 5 2 McCubbins, M. 8
Krasner, S. 3 Shepsle, K. 7

Parte VI Teoría política Parte IX La metodología en ciencia política


1 Goodin, R. 6 1 Achen, C. 6
Habermas, J. King, G.
Kymlicka, W.
2 Beck, N. 5
Barry, B.
Cohén, J. Brady, H.
Gutmann, A. Campbell, D.
Rawls, J. Taylor, Palfrey, I R .
C. Dowding, K. 3 Kinder, D.
Galston, W. Lodge, M.
Hardin, R.
Miller, D.
Pateman, C.
Walzer, M.

64 65

Apéndice Cuadro A l . G . Integración de las subdisciplinas en la disciplina


1G
La
integración de las subdisciplinas en la disciplina Columna 7 Columna
3 número
Entre los 59 autores más citados en las Columna 2 número de autores
subdisciplinas número de la col. 1
de autores de que
autores también
más citados de la col. son integradores
7 en la que
también subdisciplina
están entre
(Apéndice 1F), 20 (e l 34 por 100) están entre los más 8
citados de toda la disciplina (Cuadro A l . C ) . Casi dos Parte
terceras partes de quienes destacan en las subdisciplinas,
Disciplina
destacan sobre todo en esos subcampos, lo que constituye
una medida de diferen• ciación en la disciplina. Este
4
extremo queda subrayado por el hecho de que sólo 10 (17
Instituciones
por 100) de los 59 autores más cita• dos en las
políticas
subdisciplinas estén también entre los 21 integra- dores
de la disciplina que aparecen en el Apéndice 1E. Una 4
figura más detallada hay en el cuadro A l . G . Comportamie
Mirando este resultado desde la perspectiva de la nto político
diferen• ciación y la integración, parece que en IV Política
particular Comporta• miento político, Relaciones comparada
internacionales, Teoría política, Administración y
V Relaciones
políticas públicas, y Metodología política son
internacionales
subcampos con un alto desarrollo independiente. Relati•
vamente pocos de los autores más citados de estos
4
subcampos aparecen entre los más citados de la
VI Teoría
disciplin a en general (Apéndice 1C) y relativamente
política
pocos de ellos están entre los integradores (Apéndice 1E).
14
Vil Administración
y políticas públicas

14
VIII Economía
política

3
IX Metodología
política
los más citados disciplinares
de la disciplina 3 (Almond, 3 2
Lijphart, Verba) (Skocp
4 3 (Dahl, Lipset, Verba) 1 0 ol,
4 0 Olson)
2 1 3 2 (Weingast,
1 0 (Barry) Shepsle)
0 0
Subtotal 62 22 11

Nombres menos
repetidos -3 -2

Total 5 20 10
% 9 33 17
10
0

66 67

Apéndice 1H Grupo 1
(cont.)
Destacados en:
Disciplina Subdisciplina
Sumario de las figuras líderes de la disciplina Integrador

El cuadro A l . H es un resumen de los resultados de Lipset, S. x


M. Olson, x
los M. Shepsle,
Apéndices C a G y combina tres clases de información. K. Skocpol,
T.
Weingast,
• La columna 1 atiende a la pregunta: «¿Está el autor B. Verba,
entre los más citados de la disciplina?». Los Grupo S.
académicos que aparecen en el Apéndice 1C tienen 2
una x en esa colum• na por estar entre los más
«destacados de la disciplina».
• La columna 2 atiende a la pregunta: «¿Está el autor El siguiente grupo son los «íntegradores muy visibles». Se
defi•
entre los más citados en una o más de las ocho partes nen como íntegradores que aparecen entre los más
subdís- ciplinares del Nuevo Manual!». Los citados de la disciplina, pero no en ningún subcampo
particular. Hay siete (0,4 por 100) íntegradores muy
académicos que apa• recen en el Apéndice 1F tienen visibles. Son:
una x por estar entre los más «destacados en sus
subdisciplinas». Destacados en la disciplina Integrador
• La columna 3 atiende a la pregunta: «¿Es el autor un
Downs,
inte- grador de la disciplina?». Los académicos que A. March,
aparecen en el Apéndice 1E tienen una x en esa J. Olsen,
columna por ser J.
Ordeshoo
«Íntegradores». k, P.
Ostrom,
Cuadro A l . H . Figuras líderes en ciencia E. Riker,
W.
política Simón, H.
Gru
po
1 Gru
Los «centrales eléctricas» son aquellos autores po 3
Íntegradores y que, al mismo tiempo, están entre los Hay cuatro (0,2 por 100) Íntegradores con un grado
autores más citados de la disciplina globalmente y de una o menor de visibilidad, lo que significa que aparecen entre los
más subdisciplinas. De acuer• do con estos criterios, íntegradores, pero no entre los más citados de la disciplina
encontramos 10 (0,6 por 100) centrales eléctricas. Son: o de alguna sub• disciplina concreta. Son:

Destacados Integrador
en:
Erikso
Disciplina Subdisciplina n, R.
Integrador Laver,
M.
Almon Poisby
d, G. , N.
Barry, Schar
B. pf, F.
Dahl,
R. 6
Lijphar 9
t, A.

6
8
Gru
po 4 Gru
po 6
Los primeros tres grupos agota n los «integradores». El
siguien • te es un grup o de «representantes generalment e Los grupo s 1 a 5 agota n t an t o los integradore s com o
destacados en un subcampo», que se definen com o aquellos los más citados de la disciplina en general. Por úl ti m o ,
que se encuentran entre los más citados t a nt o en la tenemo s un gr u • po de autores qu e están entr e los más
disciplina com o en sus propio s subcampos. Tenemos 10 citado s en sus propio s subcampos, pero que no cumple n
(0,6 por 100) académicos qu e cumple n ese perfil: los otro s dos criterios. Se los puede llamar los
«representantes de un subcamp o particular». Hay 39 (2,4
por 100) autores de esta clase. Son:
Destacados
en:
Destacados en la
Disciplina Subdisciplina subdisciplina
Achen, C.
X
Converse,
P. Elster, J. Beck, N.
Ferejohn, X Brady, H.
J. X Campbell, A.
Inglehart, x Campbell, D.
X
R.
Cohén, J.
Keohane, X
R. deLeon, P.
Lasswell, X Derthick, M.
H. X Esping-Andersen, G.
McCubbin
x Flora, P.
s, I* North,
X Galston, W.
D. Rawls, x
Grupo 5 J.
Wildavsky, Goodin, R.
A.
X Gutmann, A.
X Habermas, J.
X
Hardin, R.
X
Otros siete autores (0,4 por 100) son sólo «destacados en x Rokkan, S.
gene• Sartori, G.
x
ral», es decir, están entre los más citados de la disciplina en Schmitter, P.
x
gene• ral, pero no entre los más citados en ni ngú n
x
subcamp o particu • lar, ni entre los integradores. Son:

Destacados en la
disciplina

Buchanan, J.
x Easton, D.
x Fiorina, M.
x Moe, T.
Heath, A. X C. X
Holsti, 0. x Miller, D.
Kinder, D. X
X
King, G. X
Miller, W.
Klingemann, H. D. X
X Palfrey, T.
Krasner, S. X X Paterman, C.
Kymlicka, W. x X Rawls, J.
X Sharkansky, I.
Lindblom, C. x X Skocpol, T.
Lodge, M. X Lowi, X
T. X Merriam,

70
71

Grupo 6 Agradecimientos
(cont.)
Destacados en la
Agradecemos los comentarios recibidos de Frank
subdisciplina Castles, Mattei Dogan, John Dryzek, Dieter Fuchs,
Richard I. Hoffer- bert, Giandomenico Majone y al
Sniderman,
P. Stokes, seminario de la Unida d de Investigación I I I del
D. Sprague, Wissenschaftszentrum de Berlín sobre dis• tintos
J. Taylor, C. borradores previos de este capítulo. Le agradecemos
Walzer, M. especialmente a Nicolás Schleyer su ayuda en la
Waltz, K. investiga• ción bibliométrica presentada en la sección IV
Wilson, J.
Q. y en los Apén • dices.

Gru
po
7
Los 77 (4,7 por 100) académicos de los grupos 1 a 6
agotan la lista de aquellos que, según nuestros criterios,
cuentan como inte- gradores de la disciplina o son los más
citados tanto en la disci• plina en general como en las
distintas subdisciplinas. Hay otros
1.523 autores citados en el Nuevo Manual cuyas
contribuciones a la disciplina son lo bastante sustanciales
como para merecer su presencia en lo que constituye una
lista muy selectiva.

7
2
Bibliografía

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2. Ciencia política: la historia de la disciplina

GABRIEL A. ALMOND

I. Introducción

Si fuéramos a construir un modelo de la historia de la cien•


cia política con la forma de una curva del progreso científico
en el estudio de la política a lo largo de los tiempos, tendría•
mos que comenzar con la ciencia política griega, subir modes•
tamente durante los siglos romanos, no progresar mucho duran•
te la Edad Media, subir un poco durante el Renacimiento y la
Ilustración, habría algunas subidas sustanciales durante el
siglo xix, para despegar hacia un crecimiento sólido durante
el siglo xx a medida que la ciencia política adquiere carac•
terísticas profesionales genuinas. Lo que esta curva mediría
sería el crecimiento y la mejora cualitativa del conocimiento
sobre las dos cuestiones fundamentales de la ciencia política:
las propiedades de las instituciones políticas y los criterios que
usamos para valorarlas.
Registraríamos tres chispazos ascendentes en la curva de
crecimiento del siglo xx. El chispazo de Chicago en las déca•
das de entreguerras (1920-1940), que introduciría programas
organizados de investigación empírica, subrayando las inter-
82
83
política. Dos de ellas desafiarían su carácter científico. Hay
pretaciones psicológicas y sociológicas de la política y demos•
trando el valor de la cuantificación. Un chispazo mucho 1
En una escala más modesta, véase Riker, 1982.
mayor en las décadas tras la Segunda Guerra Mundial
reflejaría la difu• sión de la ciencia política «conductista» por 84
todo el mundo, las mejoras en las subdisciplinas más
tradicionales y la profe- sionalización (en el sentido del
establecimiento de departa• mentos de muchos miembros,
reclutados meritocráticamente y relativamente no jerárquicos;
el establecimiento de asocia• ciones, sociedades de
especialistas y revistas con evaluadores, etc.). El tercer
chispazo registraría la entrada de los métodos deductivos y
matemáticos y los modelos económicos del enfo• que de la
«elección racional-individualismo metodológico».
Podríamos denominar esta visión de la historia disciplinar
como, la visión «ecléctica-progresiva». Sería compartida por
quienes aceptan como criterio de la ciencia política académi•
ca la búsqueda de la objetividad basada en las reglas de la
evidencia y la inferencia. Este criterio se aplicaría no sólo a
estudios que denominamos «conductistas», sino también a la
filosofía política (tanto histórica como normativa), a los estu•
dios comparados sistemáticos, a los estudios estadísticos que
implican datos cuantitativos agregados y de encuesta, así
como a la investigación que implica la construcción de
modelos matemáticos formales y la experimentación (tanto la
real como la simulada). En este sentido, es un patrón
ecléctico y no jerár• quico, más bien que integral.
Es «progresiva» en el sentido de que imputa la noción de
mejora a la historia de los estudios políticos, tanto en cuanto
a la cantidad de conocimiento como en cuanto a su calidad
en términos de rigor y perspicacia. Con respecto a la
perspicacia, la mayoría de los colegas estarían de acuerdo en
que Michael Walzer (1983) tiene una mejor comprensión del
concepto de justicia que la que tiene Platón. Y, con respecto
al rigor (y tam• bién a la perspicacia), Robert Dahl (1989) nos
ofrece una mejor teoría de la democracia que la ofrecida por
1
Aristóteles .
Hay, cuatro visiones opuestas de la historia de la ciencia,
una posición «anticiencia», así como otra «posciencia». Otras ciencia de la sociedad. La ciencia de la sociedad se revela a
dos más -los marxistas y los teóricos de la «elección racio• sí misma en el transcurso de su propio desarrollo dialéctico.
nal»- desafiarían su eclecticismo a favor de un monismo jerár• La teoría dé la elección racional rechaza nuestro eclecticis-
quico purista. Los straussianos expresan la visión «anticien• I mo a favor de un modelo jerárquico de ciencia política que
cia» al sostener que la introducción de la metodología se encamina hacia un conjunto parsimonioso de teorías
científica es una ilusión perjudicial que trivializa y nubla la matemá• ticas formales aplicables a toda la realidad social,
compren• sión, y que las verdades básicas de la política incluyen• do la política.
tienen que ser descubiertas mediante una conversación directa Este capítulo asume también que la ciencia política tiene
con los textos clásicos y antiguos. El enfoque componentes tanto científicos como humanistas, regidos
«postempírico» o «poscon- ductista» de la historia ambos por los mismos imperativos de la investigación
disciplinar tiene una visión decons- tructiva; no hay una académica (las reglas de la evidencia y la inferencia)'. Las
historia privilegiada de la disciplina. Hay un pluralismo de contribuciones al conocimiento pueden provenir de una gran
identidades disciplinares, cada una con su propia visión de la inspiración o de un gran virtuosismo. Asumimos también
historia disciplinar. que, dentro de la onto- logía de las familias de las ciencias,
Los enfoques marxista, neomarxista y de la «teoría críti• se encuentra en el lado
ca» desafían nuestro eclecticismo al argumentar que la cien• «nube» del continuo de «nubes y relojes» de Karl Popper
cia política o, más bien, la ciencia social (puesto que no pue• (1972). Es decir, las regularidades que descubre son proba-
de haber una ciencia política separable) se compone de las bilísticas en lugar de leyes inmutables y muchas de ellas pue•
verdades descubiertas y afirmadas en las obras de Marx ^ela• den tener una vida relativamente corta.
boradas por sus asociados y seguidores. Este punto de vista 85
rechaza la noción de una ciencia política separable de una
rencia lógica. Incluiría, en el extremo del simple despliegue de
I I . Temas de una historia ecléctica y de progreso
evidencia, el estilo de ciencia política de «descripción detalla•
El objeto esencial de la ciencia política, que comparte con da» (thick) de Clifford Geertz (1973) que ejemplifica el estudio
el resto de la academia, es la creación de conocimiento, defini• de Womack (1968) sobre el líder campesino mexicano Zapata; e
do como inferencias o generalizaciones sobre la política extraí• incluiría las obras de Downs (1957), Riker (1962) y Olson
das dé la evidencia. Como dicen Kin g , Keohane y Verba (1994, (1965) en el extremo deductivo contrario. En Zapata, parece que
p. 7) en su reciente libro, «la investigación científica está diseña• sólo tenemos evidencia sin inferencia y en la Teoría económica
da para hacer inferencias con base en la información empírica de la democracia, inferencia sin evidencia. Pero Hirschman
sobre el mundo». Este criterio es evidente incluso en una obra (1970) nos dice que la biografía del líder campesino está plaga•
tan explícitamente «anticientífica» como la de los straussianos. da de implicaciones políticas y explicativas; y que los axiomas y
Es decir, éstos consideran la evidencia, la analizan y extraen infe• teoremas de Downs generan toda una familia de proposicio• nes
rencias de la misma. Es imposible pensar en una empresa acadé• comprobables a través de la evidencia. Ambas son falsea- bles
mica que no descanse sobre este núcleo metodológico de la mediante evidencias contrarias o defectos lógicos.
evidencia-inferencia. Incluirí a los estudios marxistas y neo-
marxistas, incluso aunque estos estudios se basen en asunciones
I I I . Una panorámica histórica
sobre los procesos sociales que no son falseables y, por tanto, no
están plenamente sujetas a las reglas de la evidencia o de la infe•
a) Griegos y romanos cia política, se los considera más apropiadamente como pre•
cursores. El amor por la Bibli a no puede convertir el consejo
Aunque se han hecho esfuerzos heroicos para inclui r los que Moisés recibe de su suegro sobre cómo juzgar con más efi•
escritos del Próximo Oriente antiguo en la crónica de la cien- cacia los conflictos entre los hijos de Israel o la doctrina del
2
Deuteronomio sobre la monarquía en ciencia polític a seria .
86 Pero cuando llegamos a la Grecia de Heródoto (ca. 484-425
a.C), estamos en un mundo en el que el análisis de las ideas y
los ideales políticos y la especulación sobre las propiedades de
las distintas formas de gobierno, la naturaleza de la capacidad
de gobernar y de la ciudadanía, se han convertido en una parte
del saber convencional. Los griegos informados del siglo v a. C.
-que viven en muchas ciudades-Estado griegas independien•
tes, en las que se habla la misma lengua y se veneran los mis•
mos o similares dioses, que comparten memorias históricas y
mitológicas comunes, que están implicados en un comercio y
una diplomacia entre las ciudades, que forman alianzas o entran
en guerra- constituían una audiencia interesada en la infor•
mación y la especulación sobre las variedades de arreglos polí•
ticos y gubernamentales y de políticas económicas, de defen•
sa y de relaciones exteriores.
La historia de la ciencia política comienza propiamente con
Platón (428-348 a.C.) cuyos La República, La Política y Las
3
Leyes son los primeros clásicos de la ciencia política . En estos
tres estudios, Platón establece proposiciones sobre la justicia,
la virtud política, las variedades de las formas de gobierno y
su transformación, que han sobrevivido como teorías políticas
hasta bien entrado el siglo xi x e incluso hasta el presente. Sus
teorías sobre la estabilidad política y la optimización del fun•
cionamiento, modificadas y elaboradas en las obras de Aristó•
teles y Polibio, anticipan la especulación contemporánea sobre
la transición y la consolidación democráticas. En su primera
tipología política, en La República, Platón presenta su régi•
men ideal basado en el conocimiento y la posesión de la ver•
dad y, por tanto, ejemplificando el gobierno de la virtud , para

2
Véase Wildavsky , 1984, 1989.
3
Véanse Sabine y Thorson, 1973, caps. 4, 5; Strauss y Cropsey, 1987,
pp. 33 ss.

87
presentar, a continuación, cuatro regímenes evolutivamente rela• museo-biblioteca e instituto de investigación. El método del
cionados en un orden descendente de virtud: la timocracia, la Liceo era inductivo, empírico e histórico, a diferencia del enfo•
oligarquía, la democracia y la tiranía. La timocracia es una que predominantemente idealista y deductivo que se mantenía
corrupción del Estado ideal en el que el honor y la gloria mil i • en la Academia de Platón. Se dice que el Liceo reunió 158 cons•
tar suplantan el conocimiento y la virtud ; la oligarquía es una tituciones de las ciudades-Estado griegas, de las que sólo ha
corrupción de la timocracia que reemplaza el honor por la rique• sobrevivido una (la de Atenas). Las lecciones que componen
za como principio de reclutamiento; la democracia surge de la La Política de Aristóteles parecen haberse extraído de los aná•
corrupción de la oligarquía y, a su vez, se corrompe en tiranía. lisis y las interpretaciones de esos datos.
En La Política, escrito mucho después que La República, Mientras que la metafísica de Platón empujó a éste a des•
y en Las Leyes, escrito en su vejez (tras las duras experiencias preciar el mundo real y la capacidad humana de percibirlo y
de la Guerra del Peloponeso y del fracaso de su misión en Sira- comprenderlo, y a hipóte tizar un mundo de formas ideales de
cusa), Platón distingue entre la república ideal y las varieda• las que la realidad era un pálido reflejo, Aristóteles, por el con•
des realmente posibles de formas de gobierno. Para clasificar trario, era más bien un empirista que observa la realidad polí•
los regímenes reales, introduce el famoso cuadro de tres por tica como un médico observa la enfermedad y la salud. Sir
dos, casando la cantidad y la calidad: el gobierno de uno, de Ernest Barker señala:
pocos y de muchos; cada uno con sus versiones pura e impu•
ra. Generó la clasificación de los regímenes en seis categorías Quizá no sea demasiado caprichoso detectar una particular
-monarquía, tiranía, aristocracia, oligarquía, democracia, oclo- inclinación médica en un buen número de pasajes de La Polí•
tica. No es sólo un asunto de acumulación de «historias clí •
cracia- que Aristóteles perfeccionó y elaboró en su Política, y
nicas», o del uso de los escritos de la escuela de Hipócrates
que ha servido como taxonomía básica a través de los tiem• como el tratado de «Aires, aguas y lugares». Se trata de una
pos y hasta el siglo xi x . comparación recurrente entre el arte del estadista y el del buen
En Las Leyes, Platón presentó la primera versión de la médico; se trata del profundo estudio de la patología de las
«Constitución Mixt a » como el mejor régimen y el más estable constituciones y de su inclinació n a la fiebre de la sedición
entre los de verdad realizables y diseñado para detener el ciclo que encontramos en el Libr o V de La Política; se trata de la
de desarrollo y degeneración implícit o en el esquema séxtu- - preocupación con la terapéutica que también encontramos en
ple. La Constitución Mixta , tal como la formuló Platón, el mismo libro , una preocupación singularmente evidente en
adquie• re estabilidad al combinar principios que, de otro modo, el pasaje (al final del capítulo X I ) en el que sugiere un régi•
men y una cura para la fiebre de la tiranía (Barker, introduc•
podrían estar en conflicto: el principio monárquico de la
ció n a Aristóteles, 1958, p. X X X ) .
sabiduría y la virtud con el democrático de la libertad.
Aristóteles adop• taría y mejoraría este esquema. Es la primera Mientras que en su teoría de las formas de gobierno Aristó •
teoría explicati• va en la historia de la ciencia política en la teles comienza con la clasificación séxtuple de Platón, argu•
que las institucio• nes, las actitudes y las ideas se relacionan menta que, desde un punto de vista realista, de hecho hay cua•
con el proceso y el funcionamiento. Es el ancestro de la tro tipos importantes: oligarquía y democracia, los dos tipos
teoría de la separación de poderes. en los que podría clasificarse a la mayoría de las ciudades-Esta•
Aristóteles (384-322 a.C.) pasó veinte años como miembro do griegas; politeia o gobierno constitucional o «mixto», que
de la Academia de Platón. Después, tras un período como tutor es una combinación de oligarquía y democracia y que (dado
de Alejandro de Macedonia, Aristóteles volvi ó a Atenas y que reconcilia la virtu d con la estabilidad) es la mejor forma
formó su propio Liceo , una institució n de enseñanza con posible de gobierno; y la tiranía, que es la peor. Para respaldar
88 89
su argumento señala que, mientras que las estructuras
socia• les de las ciudades varían de acuerdo con las economías, gas. Generalizaban sobre los griegos, no sobre el género huma•
ocu• paciones, profesiones y status que en ellas se contienen, no. Los ciudadanos se distinguían de los esclavos, los residen•
tales diferencias pueden reducirse a distintas distribucione s de tes forasteros y los bárbaros extranjeros. Con las conquistas de
ciu• dadanos ricos y pobres. Donde dominan los ricos, tenemos Alejandro y la mezcla de las culturas griega y oriental, ganaron
ol i • garquía; donde dominan los pobres, democracia. Donde en autoridad dos nociones desarrolladas por la escuela estoica
dominan las clases medias, podemos tener gobierno «mixto» de filosofía. Eran las ideas de una humanidad universal y de
o consti• tucional que tiende a la estabilidad al quedar un orden en el mundo basado en el derecho natural. Estas ideas
contrapesados los intereses extremos por los más moderados. las había adelantado el filósofo estoico Crisipo en el último ter•
Las estructuras polí• ticas y las pautas de reclutamiento se cio del siglo m a.C. Su formulación más clara aparece en las
clasifican de acuerdo con los arreglos de los órganos obras de Panecio (185-109 a.C.) y de Polibio (203-120 a.C) ,
deliberativos, magistrativos y jud i • ciales y de acuerdo con el dos filósofos estoicos del siglo n, quienes, a su vez, transmitie•
acceso a los mismos de las diferen• tes clases. ron estas ideas a la élite intelectual romana de la última etapa
U n politólog o moderno - u n Dahl , Rokkan, Lipset, Hun de la República. Mientras que Panecio desarrolló los aspectos
- tington, Verba o Putnam - se encontraría en un terreno filosóficos y éticos del últim o estoicismo, Polibio adaptó las
familiar con el análisis de Aristóteles, en La Política y La ideas platónicas y aristotélicas a la historia de Roma y a la inter•
Ética, de la relación entre el status, la ocupación, la profesión pretación de las instituciones romanas.
y la clase y las variedades de instituciones políticas, por un Polibio atribuye el notable poder y crecimiento de Roma
lado, y de la relación entre la socialización y el a sus instituciones políticas. Hace más explícitas las ideas evo•
reclutamiento políticos y la estructura y el proceso políticos, lutivas de Platón y Aristóteles, brindando explicaciones socio-
por el otro. Compartirían la metafísica y la ontología. Pero si psicológicas sencillas de la decadencia de las formas puras de
estos capítulos, o algo pare• cido a los mismos, fueran monarquía, aristocracia y democracia y de su degeneración
presentados por estudiantes con• temporáneos de doctorado a en las formas impuras de tiranía, oligarquía y oclocracia. De
la búsqueda de los temas de sus tesis, es fácil visualizar los acuerdo con Polibio , los constructores del Estado romano
comentarios que escribirían al mar• gen un Dahl o un Verba: habían redescubierto, mediante un proceso de ensayo y error,
«¿Sobre qué casos estás generalizando?»; las virtudes de la constitución mixta : la combinación de los
«¿Qué tal si usas una escala aquí?»; «¿Cómo comprobarías la principios monárquico, aristocrático y democrático llevados a
fuerza de esta asociación?»; u otros por el estilo. Aristóteles la práctica en el Consulado, el Senado y la Asamblea. Fueron
presenta todo un conjunto de proposiciones e hipótesis -e n lo estas instituciones las que hicieron posible la conquista del
que se refiere a la estabilidad polític a y a la quiebra, a las mundo en medio siglo y las que, según Polibio , garantizaban
secuencias de desarrollo, a los modelos educativos y a la actua• un futuro de gobierno mundial estable y justo bajo el Derecho
ción política - que claman por diseños de investigación y aná• romano .
4
lisis cuantitativos cuidadosos. El método aristotélico consiste Tres cuartos de siglo después, el abogado romano Cicerón
esencialmente en una clasificación clínica de especímenes, con (106-43 a.C.) aplicaba la teoría de la constitución mixt a a la
hipótesis sobre las causas y las consecuencias, pero sin com• historia romana en un momento en el que las instituciones de
probaciones sistemáticas de las relaciones. la República romana estaban ya en una decadencia profunda.
La teoría política griega de Platón y Aristóteles era una com• Esta parte de su trabajo era una llamada para la vuelta a la
binación de ideas universalistas y parroquiales. El mundo sobre
el que generalizaban era el mundo de las ciudades-Estado grie- Véase Sabine y Thorson, 1973, caps. 4-9.
90
91
estructura y a la cultura de la República romana anterior, pre•
via a las décadas de guerra populista y civil de los Graco, Mario 92
y Sila. Más significativo y duradero fue su desarrollo de la doc•
trina estoica del derecho natural. Era la creencia de que hay un
derecho natural universal que proviene del orden divino del
cosmos y de la naturaleza racional y social de la humanidad.
Sería su formulación de esta idea del derecho natural la que
se adoptaría en el Derecho romano, pasando de ahí a la doc•
trina de la Iglesia católica y, posteriormente, a sus manifesta•
5
ciones ilustrada y moderna .
De esta manera, encontramos formulados, en el pensa•
miento griego de finales del siglo m a.C. y en el romano de
los siglos siguientes, los dos grandes temas de la teoría políti•
ca que atraviesan la historia de la ciencia política hasta el pre•
sente: «¿Cuáles son las formas institucionales de gobierno?» y
«¿cuáles son los modelos que usamos para evaluarlas?». La
respuesta a la primera fue la clasificación séxtuple platónica y
aristotélica de las formas organizativas puras e impuras, y la
constitución mixta como la solución al problema de la dege•
neración y el ciclo. La respuesta a la cuestión de la evaluación
-legitimidad, justicia- fue la doctrina del derecho natural. Estas
ideas se transmitieron a Roma por los estoicos tardíos (en par•
ticular, Panecio y Polibio) y desde las obras de los romanos
(como Cicerón o Séneca) a la teoría política católica.

b) Constituciones mixtas y teoría del derecho natural


en la historia

Las teorías de la constitución mixta y del derecho reciben


su codificación medieval más plena en la obra de Tomás de
Aquino (1225-1274), quien relaciona la constitución mixta con
la justicia y la estabilidad a través de su conformidad con el
derecho divino y natural. Sus ejemplos de constitución mixta
son el orden político divinamente ordenado del Israel de
Moisés, Josué y los Jueces, equilibrado entre líderes ancianos
y jefes tribales, y la República romana en su origen, con su Iglesia y el Imperio, el estado de guerra, la conquista, la revo•
mezcla de Asamblea, Senado y Consulado. Sigue los argu• lución, la negociación diplomática y la innovación institucio•
mentos de Aristóteles sobre las debilidades y la tendencia hacia nal en las que estaban constantemente envueltos estos regí•
la tiranía de las formas puras de gobierno monárquico, aris• menes, estimularon a varias generaciones de teóricos políticos
7
tocrático y democrático. La combinación de las formas puras que reflexionaban y escribían sobre esta experiencia política .
6
es el antídoto contra la debilidad y la corrupción humanas . Un aspecto central de sus discusiones eran las ideas de la cons•
En la Baja Edad Media y en el Renacimiento, el gobierno titución mixta expresadas por Aristóteles y por Tomás de Aqui•
mixto y el derecho natural constituyen la medida con respec• no. Con la traducción de su Historia de Roma en el siglo xvr,
to a la cual se evalúan los gobiernos. Tal y como Tomás de Polibio llegó a ser muy influyente, particularmente en Floren•
cia y en la obra de Maquiavelo (1469-1527). En las crisis flo•
Aquino, y los influidos por él, veían al Israel del período pre-
rentinas de finales del siglo xv y principios del xvi, Maquia•
monárqui^o y a la Roma de la época republicana como los regí• velo se implicó en una polémica con el historiador Guicciardini
menes más cercanos del pasado al ideal del gobierno mixto, en la que las principales autoridades citadas fueron Aristóteles,
para los teóricos políticos italianos de la Baja Edad Media y Polibio y Tomás de Aquino, y el tema de discusión, qué países
del Renacimiento el ejemplo era Venecia, con su Dogo monár• eran los mejores ejemplos de constitución mixta. Guicciardini
quico, su Senado aristocrático y su Gran Consejo democráti• estaba a favor de un sesgo aristocrático aristotélico y venecia-
co. La estabilidad, riqueza y poder de Venecia eran considera•
6
dos la prueba de la superioridad del sistema mixto. Véase Blythe, 1992, cap. 3.
7
Véanse Blythe, 1992; Pocock, 1975; Skinner, 1978.
La variedad de principados y repúblicas en el norte de Ita*-
lia en estos siglos, las reclamaciones generales y rivales de la 93
no-espartano. Maquiavelo, a favor de un papel algo mayor por esta travesía hacia el realismo todavía resuenan en los
para el elemento popular, confiando más en el apoyo de palo• mares de la filosofía política.
8
Polibio . La teoría de la soberanía, un tema tan importante en la
La ruptura de la teoría política renacentista descansa Edad Media, el Renacimiento y la Ilustración, recibe su
sobre el tratamiento que Maquiavelo le dio a la legitimidad primera for• mulación completa en la obra de Jean Bodin
de los regímenes y de los líderes políticos. Con anterioridad a (1529-1596). Su doctrina del absolutismo como una
El Prín• cipe y a los Discursos, los autores trataban los solución al problema de la inestabilidad y el desorden está
regímenes de manera dicotómica como puros o corruptos, formulada en polémica con la teoría de la constitución
normativos o no normativos, en los sentidos originales mixta. Utilizando un método histó• rico realista, desarrolla
9
platónico y aristotélico . Maquiavelo, observando la política el argumento de que los casos clásicos de gobierno mixto,
practicada en Italia en los siglos xv y xvi, legitimó la Roma y Venecia, fueron en realidad regí• menes
política no normativa como inevi• table, como cuestión de centralizados y concentrados: de hecho, todo régimen
supervivencia, como parte de la reali• dad. Un príncipe que importante y duradero ha concentrado los poderes
dejase de emplear medios problemáti• cos cuando fuesen Legislativo
necesarios para la supervivencia, sería incapaz de hacer el "y Ejecutivo bajo una autoridad central. La atención que
bien cuando éste fuese posible. Maquia• velo tocó el nervio pres• ta a la influencia de las condiciones ambientales y
de la ciencia política con su orientación socioes- tructurales sobre las características de los Estados
10
«libre de valores» y su nombre se convirtió en sinónimo de anticipan la sensibilidad antropológica de Montesquieu .
indiferencia moral y cinismo político. Los temas generados
8
Véase Blythe, 1992, pp. 292 ss. Aunque hubo un progreso sustancial en el desarrollo de
9
Véase Skinner, 1978, pp. 131 ss. la ciencia política en la Ilustración, Hobbes, Locke,
10
Véase Sabine y Thorson, 1973, cap. 21 . Montesquieu, Hume, Madison y Hamilton trataban los
mismos temas que preocupaban a Platón, Aristóteles,
Polibio, Cicerón, Tomás de Aquino, Maquiavelo y Bodin:
las formas y variedades de gobierno y los modelos con los
que juzgarlos. Al considerar el progreso conseguido por los
filósofos ilustrados, nos fija• mos en las mejoras
introducidas en la obtención y evaluación de la evidencia y
en la estructura de la inferencia.
El primer proyecto intelectual terminado por Thomas
Hob• bes (158^-1679) fue la traducción de las Guerras del
Pelopo- neso de Tucídides, la historia de una trágica época de
desorden, justo como la Inglaterra del siglo xvn, perturbada
por la guerra civil, el regicidio, la dictadura y el exilio. La
visión de Hobbes del estado de naturaleza, de las razones para
el consentimiento de los seres humanos a ser gobernados, de
la naturaleza de la obligación política y de la legitimidad de
las distintas formas de gobierno, estaban influidas por sus
reflexiones sobre la caí• da de Atenas y la violencia y la
confusión moral de la Inglate• rra del siglo xvn. En sus libros
posteriores De Cive y, especial• mente, Leviatán, Hobbes
concluía que la autoridad soberana era necesaria en una
sociedad si se quería asegurar la salida de sus miembros del
violento y desordenado estado de naturaleza. A cambio de
obligación y obediencia, el sujeto consigue segu• ridad y
certidumbre. La mejor forma de gobierno -deducida lógi•
camente de estas premisas, porque es racional y no ambigua-
es el absolutismo monárquico, limitado por la obligación del
gober• nante de proporcionar seguridad y bienestar a los
miembros de la sociedad. El logro de Hobbes fue la
deducción lógica de sus conclusiones sobre la mejor forma de
gobierno a partir de lo que consideraba que eran las
condiciones materiales y las necesida• des humanas.
Construyó su argumento limitando las asunciones
a lo que consideraba -y a lo que creía que la historia
confirma• ba- como evidencia «material» de la condición
humana. A par• tir de estas asunciones, dedujo inferencias
11
lógicas tajantes .
11
Véanse Sabine y Thorson, 1973, cap. 24; Strauss y Cropsey, 1987, pp. 396-420.
94 95

Las conclusiones de John Locke sobre los orígenes y la legi• política pública, considera el clima, la religión, las costum•
timidad del gobierno en su Segundo tratado del gobierno se bres, la economía, la historia y cosas por el estilo. Encuentra
derivan de un conjunto de condiciones contractuales distinto que la mejor forma de gobierno es su noción de la separación
al de Hobbes. La gente consiente que el gobierno asegure su de poderes y una especie de equilibrio newtoniano entre estos
bienestar y su libertad. El estado de naturaleza de Locke no es poderes, a la que considera como la que con más probabili•
tan catastrófico como el de Hobbes. Hay inconveniencias y
costes, y el consentimiento hacia el gobierno es condicional,
dependiendo de hasta qué punto el gobierno lleve a cabo esas
funciones limitadas. Al salir del estado de naturaleza, las per•
sonas ceden a la comunidad su derecho a poner en práctica la
ley de la razón para preservar mejor la vida, la libertad y la pro•
piedad. Los comienzos de la teoría de la separación de pode•
res están en John Locke. El poder otorgado a la comunidad se
divide en tres elementos: el legislativo, el ejecutivo y el fede•
rativo, el último de los cuales es un poder relativamente poco
especificado que tiene que ver con las relaciones exteriores.
Tanto en Locke como en Hobbes, el progreso de la ciencia polí•
tica se basa en la deducción lógica de la naturaleza y las for•
mas de gobierno y de las bases de la autoridad, la libertad y la
obligación, a partir de asunciones sociológicas y psicológi•
cas. Su fuerza radica más en su racionalismo lógico que en la
manera de obtener la evidencia.
Aunque sea una exageración decir que Montesquieu
obtenía y acumulaba su evidencia de manera rigurosa, es segu•
ro que va un paso más allá que Hobbes y Locke. Aunque reco•
noce leyes de la naturaleza y deduce la formación del go•
bierno de estas leyes, sobre todo subraya la variedad de la
experiencia política humana y el pluralismo de la causación.
Montesquieu va a «Persia» y, por así decir, hacia atrás en el
-tiempo, a Roma, a Venecia, a muchos otros países europeos y
especialmente a Inglaterra, para comparar sus instituciones
con las de Francia. Es un comparativista y un pluralista cau•
sal. Para explicar las variedades de forma de gobierno y de
dad preservará la libertad y promoverá el bienestar. Y en el guos». Y en El Federalista 31 : «Aunque no pueda pretenderse
Libro XI de su Espíritu de las leyes, encuentra la mejor ejem- que los principios del conocimiento moral y político tengan,
plificación de la separación de poderes en la Inglaterra pos• en general, el mismo grado de certeza que los de las matemá•
terior a la Petición de Derechos. ticas, no obstante tienen más posibilidades en este aspecto
La clasificación de gobiernos de Montesquieu incluye repú• que [...] las que estamos dispuestos a concederles» (Hamilton,
blicas, monarquías y despotismos, siendo la categoría repu• 1937, pp. 48, 189). Lo que llevó a Madison y a Hamilton a
blicana divisible entre aristocracias y democracias. Encuen• considerarse tan buenos politólogos fue el haber comproba•
tra en el gobierno de Inglaterra la ejemplificación del ideal del do las teorías de Montesquieu, Locke y otros filósofos euro•
gobierno mixto que combina instituciones democráticas, aris• peos con la experiencia de las trece colonias y de los Estados
tocráticas y monárquicas en un equilibrio dialéctico armóni• Unidos bajo los Artículos de la Confederación. Tenían la con•
co. Su teoría política es una teoría explicativa sistémico-fun- fianza de los ingenieros que aplican las leyes de la política,
cional basada en la interrelación de las condiciones, el proceso deducidas del examen empírico y de laboratorio de casos indi•
y la política. viduales. La separación de los poderes Ejecutivo, Legislati•
Tuvo una gran influencia sobre los fundadores de la Cons• vo y Judicial (cosa que habían aprendido de Montesquieu) y
titución americana. Y puede haber estado en la mente de la mezcla de los poderes a través de controles y equilibrios
Hamilton cuando escribía en El Federalista 9: «La ciencia de (checks and balances) (lo que habían aprendido de la expe•
la política [...] ha recibido una gran mejora. Se entiende bien riencia práctica de las trece colonias) les permitía tratar la
la eficacia de los distintos principios que, o bien no eran cono• política en forma de ecuación: «Separación + controles
cidos en absoluto, o lo eran de manera imperfecta por lo anti• y equilibrios = libertad».
96 97
dan rotos por la ciencia, en cuanto que permite a la humanidad
c) El siglo xix
ejercer un control racional sobre la naturaleza y las institucio•
nes sociales. En Marx, el capitalismo sustituye al feudalismo y
En los siglos xvn y xvm, los filósofos de la Ilustración pre•
dijeron la mejora en la condición material, política y moral de es sustituido, a su vez, primero por el socialismo proletario y,
después, por la sociedad igualitaria y verdaderamente libre.
la humanidad como consecuencia del crecimiento del conoci•
miento. En los siglos xix y xx, los académicos y los intelec• Hegel se aleja de las nociones de la ilustración por su visión
dialéctica de la historia como el choque de opuestos y la emer•
tuales elaboraron este tema del progreso y la mejora predi•
gencia de síntesis. La monarquía burocrática prusiana racionali•
ciendo distintas trayectorias y secuencias causales. En la zada y modernizada en las décadas posnapoleónicas es vista por
primera parte del siglo xix hubo grandes historicistas (o deter• 12
Hegel como la ejemplificación de una última síntesis . En Marx,
ministas históricos) -Hegel (1770-1831), Comte (1798-1857) la dialéctica hegeliana se convirtió en el principio de la lucha de
y Marx (1818-1883)- que, en la tradición de la ilustración, clases que lleva a la última transformación de la sociedad huma•
veían la historia como un desarrollo unilineal en la dirección na. De acuerdo con Marx, la naturaleza del proceso histórico
era tal que la única ciencia social posible es la que se descubre, y
de la libertad y el gobierno racional. En Hegel, la razón y la
la que se emplea, en la acción política. En el marxismo, esta
libertad están ejemplificadas en la monarquía burocrática pru• ciencia de la sociedad llega a convertirse en un esquema eco•
siana. En Comte, los límites de la teología y la metafísica que• nomía-ideología-forma de gobierno plenamente validado. Una
vanguardia informada armada con esta poderosa teoría anunciaría Auguste Comte, el precursor con Saint-Simón (1760-1825)
13
el comienzo de un nuevo mundo de orden, justicia y plenitud .
del positivismo filosófico, inauguró la nueva ciencia de la
12
Véanse Sabine y Thorson, 1973, cap. 17; Strauss y Cropsey, 1987, «sociología» en los seis volúmenes de su Curso de filosofía
pp. 732 ss. positiva (Koenig, 1968). Su argumento era que todas las cien•
13
Véanse Sabine y Thorson, 1973, cap. 34; Strauss y Cropsey, 1987,
pp. 802 ss. cias pasan por dos etapas -primero la teológica, después la
metafísica- antes de convertirse, en la tercera etapa, en cientí•
ficas o positivas. De esta manera, continuaba Comte, la astro•
nomía fue la primera en pasar por estas tres etapas, después lo
hizo la física, luego, la química, luego la fisiología. Al final,
la física social (las ciencias sociales incluyendo a la psicología)
se encontraba en un proceso de maduración como ciencia.
Comte veía esta nueva sociología científica como la suminis•
tradora de proyectos para la reforma de la sociedad.
Hubo una ola de empirismo como reacción a estas com•
prensivas teorías monistas y abstractas. Esta reacción produjo
un gran número de estudios descriptivos legal-formales de ins•
tituciones políticas y varias etnografías políticas descriptivas
pedestres y monumentales, tales como Political Science"; Or
the State Theoretically and Practically Considered (1878) de
Theodore Woolsey; Politik: Geschichtliche Naturlehre der
Monarchie, Aristokratie und Demokratie (1892) de Wilhelm
Roscher; y The State: Elements of Historical and Practical
Polines ('1889, 1918) de Woodrow Wilson. Se trataba esen•
cialmente de ejercicios ponderados de clasificación, que em•
pleaban alguna variación del sistema clasificador platónico-
aristotélico.
Parecidos a los historicistas, pero con un enfoque más empí•
rico y más pluralista en su explicación, había un grupo de auto•
res de la segunda mitad del xix que podrían caracterizarse como
«evolucionistas» y que influyeron sobre la sociología moder•
na de diversas maneras. Este grupo incluye a Herbert Spencer
(1820-1903), sir Henry Sumner Maine (1822-1888) y Ferdinand
Toennies (1855-1936). Spencer ('1874, 1965), un temprano
evolucionista social posdarwiniano, evita la unilinealidad sim•
ple. Le preocupa explicar la variedad cultural y política, así
como la mejora genérica. Explica la centralización y descen• como el terreno montañoso frente a las llanuras. Construye
tralización política por los rasgos físicos del ambiente, tales
98 99

también el argumento, respaldado por el ejemplo histórico, de ciación más general sobre el método comparativo, dijo: «Sin
que la democratización es la consecuencia de los cambios hacer comparaciones, la mente no sabe cómo proceder» (Toc•
socioeconómicos provocados por la concentración urbana y queville, 1985, pp. 59, 191).
la proliferación de intereses que se debe al crecimiento de las Collini, Winch y Burrow señalan que las proposiciones
manufacturas y a la difusión del comercio. decimonónicas sobre la naturaleza y la explicación de los fenó•
Hay una pauta dualista común entre los autores de finales menos políticos se basaban cada vez más en inducciones histó•
del xix acerca del proceso histórico. Maine ('1861, 1963) dis•
tingue el derecho antiguo del moderno en los términos de un
cambio desde relaciones de status con un carácter difuso has•
ta las relaciones contractuales específicas. Toennies (1887-1957)
introduce la distinción entre Gemeinschaft und Gesellschaft
(Comunidad y Sociedad). Con el cambio de siglo, Weber
(1864-1920) y Durkheim (1858-1917) contrastan la racionali•
dad moderna con la tradicional (Weber, '1922, 1978, vol. I,
pp. 24 ss.), la solidaridad orgánica con la mecánica (Durkheim
'1893, 1960). Este tema del «desarrollo» y de la «moderniza•
ción» continúa en el siglo xx hasta hoy día, con los esfuerzos
para definir, operacionalizar, medir e interpretar la «moderni•
zación» socio-económico-política que se presentan más abajo.
A lo largo del siglo xix era común hablar del estudio de la
política y de la sociedad como ciencia, y describir el conoci•
miento sobre la política como compuesto por proposiciones
con forma de ley basadas en la evidencia y la inferencia sobre
los acontecimientos y las instituciones políticas. Collini, Winch
y Burrow lo documentan con gran profundidad y detalle en su
libro That Noble Science of Polines (1983). Como en épocas
anteriores, los historiadores y los publicistas del siglo xix bus•
caban «lecciones» de la historia, pero cada vez con más sofis-
ticación. Al recordar el «método» con el que escribió La demo•
cracia en América, Tocqueville .(1805-1859) observaba que
«Aunque apenas hablaba de Francia en mi libro, no escribí una
página sin tenerla, por así decir, ante mis ojos»; y, en una apre•
ricas en lugar de en asunciones sobre la naturaleza humana. (1806-1873) había reconocido en su Sistema de lógica (' 1843,
Esto se explicaba en parte por el simple crecimiento del cono• 1961) que el método comparativo en las ciencias humanas era
cimiento de las sociedades contemporáneas e históricas. El equivalente en algún sentido al experimental en las ciencias
imperialismo y el colonialismo colocaron vastas y complejas naturales. En efecto, hace siglo y medio, Mili había anticipado
culturas, como la india, así como sociedades primitivas y redu• la «estrategia de los sistemas más parecidos» de Przeworski
cidas, como las culturas africanas y las de los indios ameri• yTeune(1970) .
canos, al alcance de los académicos e intelectuales europeos. Para John Stuart Mili, Tocqueville, Ostrogorski, Wilson
Las zonas exóticas del mundo se hicieron accesibles e invita• y Michels, la democracia como alternativa para otros regíme•
ban a esfuerzos más cautos y controlados a la hora de inferir nes constituye una preocupación fundamental. Cada uno con•
causas y efectos que en los casos de Maquiavelo o Montes- tinúa a su manera el debate sobre el «gobierno mixto». Mili
quieu. Kisto a finales del siglo xix, en Oxford y en Cambrid• quiere que los educados, los informados, los cívicamente res•
ge, bajo el liderazgo de E. A. Freeman (1874), Frederick ponsables, desempeñen un papel preeminente en la democra•
Pollock (1890) y John Seeley (1896), la historia comparada cia para evitar las potencialidades corruptas y de masas que
comenzó a considerarse de manera un tanto optimista como laten en la misma. Tocqueville encontró en la profesión legal
la base para un estudio genuinamente científico de la políti• americana una dosis aristocrática para moderar las tendencias
ca. Se introdujo en el trivio de Historia en Cambridge en 1897 «niveladoras» de la democracia. Ostrogorski (1964, vol. II,
en la forma de dos trabajos: uno sobre Ciencia Política Induc• Conclusión) y Michels (1949) ven defectos fatales en la demo•
tiva o Comparativa; y otro sobre Política Deductiva y Analí• cracia y la inevitabilidad de la oligarquía, como resultado de
tica (Collini et al, pp. 341 ss.). Ya en 1843, John Stuart Mili la burocratización de los partidos políticos de masas.

100 101
Estas tendencias del siglo xix caen perfectamente dentro (1917)
de nuestro concepto organizador del rigor y la coherencia en Francia cuestionan la plena autoridad del Estado central.
lógi• ca crecientes en el estudio de los fenómenos políticos Teó^
defini• dos como las propiedades y la legitimidad del ricos políticos conservadores, como Figgis (1896), afirmaron
gobierno. la autonomía de las iglesias y las comunidades; teóricos de
El concepto de «pluralismo», una variación del tema del izquierda, como Harold Laski (1919), reclamaron lo mismo
«gobierno mixto», sirvió de vínculo entre la teoría política para
euro• los grupos profesionales y los sindicatos.
pea y la ciencia política americana de las primeras décadas Con las figuras seminales de Marx y Freud y los grandes
del teóricos sociológicos del final del xix -Pareto, Durkheim,
siglo xx. El concepto de soberanía del Estado, asociado a la Weber- y con la polémica sobre soberanía y pluralismo, esta•
ide• mos ya sobre el fondo intelectual inmediato de la ciencia
ología de la monarquía absoluta, sufrió durante el final del polí• tica del siglo xx.
xix
y comienzos del xx el desafío de los «pluralistas» de derecha
e d) La profesionalización de la ciencia política en el siglo xx
izquierda. Otto Gierke (1868) en Alemania y León Duguit
En la segunda mitad del siglo xix y primeras décadas del ideología de eficiencia e integridad, y apoyados por las élites
xx, el rápido crecimiento y la concentración de la industria urbanas profesionales y de negocios, aprovecharon el talento
y la proliferación de grandes ciudades en Estados Unidos, de los periodistas de los medios de calidad y de las comuni•
habita• das en considerable proporción por inmigrantes de dades académicas. La corrupción de la política por las corpo•
la zona rural y de países extranjeros, creó una situación raciones de negocios que buscaban contratos, franquicias y
proclive a la corrupción en gran escala. Se necesitaron protección frente a la regulación gubernamental se convirtió
empresarios políti• cos con recursos para organizar y en el tema de la literatura periodística conocida como «muc-
disciplinar los electorados ignorantes en gran medida, que kraking»*, que colocó el proceso y la infraestructura políti•
pululaban por centros urba• nos como Nueva York, Boston, cos -los «grupos de presión» y los lobbies, procesos
Filadelfia, Chicago, San Luis, Kansas City y demás. El políticos locales, estatales y nacionales profundarnente
«jefe» (boss), la «máquina» y los intermitentes penetrables y corrompibles- a la vista del público.
movimientos de reforma eran los fenómenos políticos Los politólogos americanos del período de entreguerras
americanos más visibles a finales del xix y comien• zos del aceptaron el desafío de esta infraestructura política y de la
xx. Los movimientos de reforma inspirados en una lite• ratura muckraking que la puso al descubierto, y
comenzaron a producir serios estudios monográficos sobre
grupos de presión y actividades de lobbying. Peter Odegard
(1928) escribió sobre, la American Anti-Saloon League,
Pendleton Herring (192$), sobre grupos de presión y el
Congreso, Elmer Schattschnei- der (1935), sobre política y
aranceles, Louise Rutherford (1937), sobre la American
Bar Association, Oliver Garceau (1941), sobre la Asociación
Médica Americana, y hubo muchos más. Estos autores ponen
su sello en la ciencia política de los años de entreguerras. El
realismo y el empirismo de estos pri• meros estudiosos de lo
que algunos llamaron el gobierno «invi• sible» o «informal»
aprovechó las ideas de una generación ante• rior de teóricos
políticos americanos entre los que estaban Frank Goodnow
(1900) y Woodrow Wilson (1887).

1. La Escuela de Chicago
Así, en las primeras décadas del siglo xx la noción de un
estudio «científico» de la política se había revestido ya de
sufi• ciente carne. Europeos como Comte, Mili, Tocqueville,
Marx,

* Literalmente, escarbar en el estiércol. En sentido figurado, revolver


en las vidas ajenas (particularmente entre los trapos sucios). Esa expresión
identifica a todo un grupo de periodistas norteamericanos de principios de
siglo que hicieron de la denuncia de la corrupción política su principal come•
tido. (N. del T.)
102
103
después de volver a la Universi• dad de Chicago desde su
Spencer, Weber, Durkheim, Pareto, Michels, Mosca, Ostro- puesto de «información pública» en
gorski, Bryce y otros, habían sido pioneros, o estaban siendo
pioneros, en el desarrollo de la sociología, la antropología y
la psicología políticas, campos en los que hicieron del estudio
de la política una empresa explicativa autoconsciente. Los
estu• dios empíricos de los procesos gubernamental y
político se habían hecho un hueco en las universidades
americanas. Pero la mayor parte del estudio de la política en
las universidades americanas de estas décadas era aún
esencialmente jurídico, filosófico e histórico en su
metodología. El significado de la escuela de ciencia
política de la Universidad de Chicago (ca. 1920-1940)
radica en su demostración de que a través ád estudios
empíricos concretos era posible un aumento genuino del
conocimiento político mediante una estrategia de investi•
gación interdisciplinar, la introducción de metodologías cuan•
titativas y un apoyo de investigación organizado. Algunos
otros autores hablaban un lenguaje similar al de Merriam
(1931b) en «The Present State of the Study of Politics» (por
ejemplo, Catlin, 1964), pero la escuela que Merriam fundó en
los años veinte, y que llenó en parte con sus propios
estudiantes, supu• so un salto considerable en el rigor de la
investigación empíri• ca y en el poder de la inferencia en el
estudio de las cosas polí• ticas y de la innovación
institucional.
Lo que le llevó a convertirse en el gran empresario de la
ciencia política de su generación fue el escenario dinámico de
la ciudad de Chicago en las primeras décadas del siglo xx,
en pleno boom de riqueza y con ansias de cultura, y la
interrela- ción entre su vida académica y su carrera política.
Sus espe• ranzas de disfrutar de un alto cargo político habían
sido barri• das en la campaña por la alcaldía de Chicago en
1919. Ya no era posible para él aspirar a convertirse en el
«Woodrow Wil- son del Medio Oeste» (Karl, 1974, cap. 4).
Al mismo tiempo, era incapaz de establecerse lo suficiente
para desarrollar una tranquila carrera académica. Sus años en
la política municipal y su experiencia de la guerra en los
asuntos exteriores y en la propaganda, le hacían sensible a los
«nuevos aspectos» del estu• dio de la política. No mucho
Italia, publicó su declaración Nuevos aspectos (1931b) y «control de cuota» que buscaba abarcar las características
comenzó el montaje del departamento de Chicago y los demográficas de la población de Chicago mediante cuotas de
distin• tos programas de investigación que lo identificaron sus principales grupos demográ• ficos. El control de cuota,
como una que quedó desacreditado en la elec• ción Truman-Dewey de
«escuela» distintiva. Era un innovador institucional: primero, 1948, era en ese momento el método habitual para la
al crear el Comité de Investigación en Ciencia Social de la elaboración de muestras de grandes poblacio• nes. Los
Uni• versidad de Chicago para proporcionar apoyo financiero entrevistadores fueron estudiantes de tercer ciclo de la
a las iniciativas de investigación prometedoras del Universidad de Chicago, entrenados por Merriam y Gosnell.
profesorado de ciencia social de Chicago; y, después, siendo Gosnell continuó este estudio con el primer experimento que
pionero en la for• mación del Consejo de Investigación en se haya realizado nunca en la ciencia política. Fue un estudio
Ciencia Social para proporcionar servicios similares a escala de los efectos sobre el voto de un sondeo no partidista
nacional. realizado por correo en Chicago, que intentaba conocer el
El primer programa de investigación importante que se resultado de las elecciones nacionales y locales de 1924 y
ini• ció en Chicago se construyó alrededor de Harold Gosnell, 1925. La técnica expe• rimental diseñada por Gosnell (1927)
que recibió su doctorado bajo la dirección de Merriam en era bastante rigurosa: se distinguieron cuidadosamente grupos
1921 y al que se otorgó un puesto de profesor titular en 1923. experimentales y de con• trol, se utilizaron distintos estímulos,
Colaboró con Merriam en un estudio de las actitudes hacia y los resultados se anali• zaron de acuerdo con las técnicas
el voto de una selección de unos 6.000 habitantes de Chicago estadísticas más sofisticadas disponibles por entonces. Gosnell
en la elec• ción a alcalde de 1923 (Merriam y Gosnell, 1924). continuó su investigación en Gran Bretaña, Francia,
La selección se hizo con anterioridad a la introducción de las Alemania, Bélgica y Suiza. Ningún politólogo había hecho
«muestras pro- babilísticas» y se realizó mediante un antes nada parecido.
104 105

Harold Lasswell (1902-1978), un joven prodigio de una mentales. El tercer libro, World Politics and Personal
pequeña ciudad de Illinois, puso brillantemente en práctica el Insecurity (1935), especulaba sobre las bases y los aspectos
interés de Merriam por la psicología política. Los logros que psicológicos del comportamiento políti• co individual, de
obtuvo siendo aún veinteañero y treintañero fueron extraordi• distintos tipos de regímenes políticos y de diferentes
narios. Entre 1927 y 1939 publicó seis libros, cada uno de los procesos políticos. El cuarto libro, el célebre Poli• tics: Who
cuales era una innovación y exploraba nuevas dimensiones y Gets What, When and How (1936), era una exposi• ción
aspectos de la política. El primero, Propaganda Technique in sucinta de la teoría política general de Lasswell, que subra• yaba
the World War (1927), introducía el estudio de la comunica• la interacción entre las élites que competían por valores como
ción política (y lo seguiría una bibliografía anotada de la exten• «la renta, el respeto y la seguridad». En 1939 publicó World
sión de un libro llamada Propaganda and PromotionalActivities), Revolutionary Propaganda: A Chicago Study, en el que, junto
e identificaba la nueva literatura sobre comunicaciones, pro• con Blumenstock, examinaba el impacto de la depre• sión
paganda y relaciones públicas. El segundo libro, mundial sobre los movimientos políticos de los desem•
Psychopathaíogy and Politics (1930), exploraba la pleados de Chicago, elaborando un ejemplo de la interacción
«psicología profunda de la política» mediante historias de entre factores macro y micro en los distintos niveles -local,
casos de políticos, algunos de los cuales eran perturbados nacional e internacional - de la política. Lasswell también
publicó unos veinte artículos en estos años en revistas como
como aparecían reflejadas en registros de entrevistas, tasas de
The American Journal ofPsychiatiy, The Journal ofAbnorrnal
pulso, presión sanguínea, tensión de la piel, etcétera.
Psychology, Scientific Monographs, The American Journal of
Mientras que Gosnell y Lasswell eran quienes llevaban ade•
Sociology, The Psichoanalytical Review, y otras parecidas. Fue
lante a tiempo completo la revolución de Chicago en el estu•
el primer investigador de la interacción entre procesos fisioló•
dio de la ciencia política, los académicos más veteranos del
gicos y mental-emocionales que utilizó métodos de laborato•
departamento -incluyendo al propio Merriam, y a sus colegas
rio. Publicó varios artículos durante estos años informando de
Quincy Wright, en relaciones internacionales, y L. D. White,
los resultados de sus experimentos al relacionar actitudes, esta•
en administración pública - también estaban implicados de
dos emocionales, contenido oral y condiciones fisiológicas, tal
manera importante en la creación de la reputación de la Escue•
la de Chicago. Merriam (193 Ib) patrocinó y publicó una serie
de libros sobre educación cívica en Estados Unidos y Europa,
un precedente de los estudios contemporáneos de socialización
y cultura políticas. Durante los mismos años, Quincy Wright
(1942) llevó adelante su importante estudio sobre las causas
de la guerra, que implicaba la comprobación de hipótesis
sociológicas y psicológicas mediante métodos cuantitativos.
Leonard White siguió con el problema de lord Bryce (1888)
de por qué en América «los mejores hombres no entran en polí•
tica». Su libro The Prestige Valué of Public Employment, basa•
do en una investigación mediante encuesta, apareció en 1929.

2. La Segunda Guerra Mundial y la revolución


conductista de posguerra
La Escuela de Chicago continuó su alta productividad has•
ta los últimos años treinta, cuando la administración de la Uni•
versidad dirigida por Hutchins atacó el valor de la investiga•
ción empírica en las ciencias sociales. Varios de los catedráticos
al frente del Departamento de Filosofía, incluyendo a George
Herbert Mead y varios más de sus destacados «pragmatistas»,
dimitieron y se marcharon a otras universidades. En ciencia
política, Lasswell y Gosnell dimitieron, y la jubilación de
Merriam dejó la productividad del Departamento de Ciencia
Política de Chicago prácticamente estancada. No obstante, la
Escuela de Chicago había llegado a toda una masa que aseguró
su futuro a lo ancho de todo el país. Hermán Pritchett siguió
su innovador trabajo en derecho público en la Universidad de inspiración a Dahl, Lindblom y Lañe en la transformación que
Chicago; Lasswell continuó su trabajo en Yale, sirviendo de
106 107
contenido de las comunicaciones nazis para obtener
llevaron a cabo del departamento de Yale. V. O. Key Jr.
información sobre las condiciones internas políticas y
formó en Harvard varias generaciones de estudiantes con
morales en Alemania y en la Europa ocupada. Las técnicas
interés por la investigación empírica y cuantitativa sobre
de investigación mediante encuestas, otras clases de métodos
partidos políti• cos, elecciones y opinión pública. David
de entrevistas, técnicas estadísticas, especialmente la
Truman y Avery Lei- serson dieron un fondo teórico al
estudio de los grupos de interés. William T. R. Fox, Klaus
Knorr y Bernard Brodie y este autor y sus estudiantes
llevamos las relaciones interna• cionales y la política
comparada de la Universidad de Chica• go a Yale,
Princeton, Columbia, Stanford, el MIT y la Rand
Corporation.
La Segunda Guerra Mundial se convirtió en un
laboratorio y en una importante experiencia formadora para
muchos de/los académicos que diseminarían la «revolución
conductista». Los problemas de cómo asegurar una alta tasa
de producción agrí• cola e industrial con una fuerza de
trabajo reducida, cómo reclu- tar y entrenar soldados de
infantería, marina y aire, y, después, cómo licenciarlos y
devolverlos a la vida civil, cómo vender bonos de guerra,
cómo controlar el consumo y la inflación, cómo controlar la
moral interna y las actitudes de los aliados y de los
enemigos, crearon una demanda de profesionales de la
ciencia social en todas las ramas de los servicios militares y
civiles. El esfuerzo de la guerra creó grandes recursos de
conocimiento experto en la ciencia social que, al acabar el
con• flicto, volvieron a nutrir las crecientes instituciones
académi• cas de las décadas de posguerra.
En su trabajo para el Departamento de Justicia, Lasswell
desarrolló un sistemático análisis cuantitativo de contenido
para controlar el lenguaje de la prensa extranjera y estudiar
la pro• paganda extranjera y aliada en Estados Unidos.
Participó tam• bién junto con científicos sociales como Hans
Speier, Good- win, Watson, Nathan Leites y Edward Shils en
el trabajo de una división de análisis del Servicio de
Inteligencia de Predicción Extranjera de la Comisión Federal
de Comunicaciones, que, entre otras cosas, analizó el
teoría de muestreo, se desarrollaron para lidiar con los Hovland- fueron empleados por el Ejército, la Armada y la
proble• mas relacionados con la guerra de los distintos Fuerza Aérea para tratar con los problemas de personal, por
servicios mili• tares, los Departamentos de Agricultura, el Departamento de Agricultura en su esfuerzo por
Tesoro y Justicia, y agencias tales como la Oficina de aumentar la producción ali• mentaria, por el Tesoro en su
Administración de Precios y la Oficina de Información de esfuerzo para comercializar los bonos, y por los distintos
Guerra. Se tuvo similarmente en cuenta a la antropología servicios de inteligencia, la OSS inclui• da. La generación
-que entonces estaba en su fase psi- quiátrica-psicoanalítica- más joven de politólogos que trabajaba en estas agencias
en el esfuerzo de guerra. Se buscaron las causas del durante los años de la guerra experimentó algo así como un
fascismo, las razones de la quiebra política fran• cesa, de las internado posdoctoral bajo la dirección de desta• cados
vulnerabilidades culturales de Rusia, Gran Bre• taña y académicos en las diversas disciplinas de la ciencia social.
Estados Unidos, en la estructura familiar, la socializa• ción El rápido crecimiento de la empresa académica en el
de la infancia y los modelos culturales. La Oficina de mun• do de la posguerra y la Guerra Fría aprovechó estas
Información de Guerra y el Departamento de Guerra experien• cias interdisciplinarias de la época de guerra. El
aprove• charon el conocimiento experto en antropología y currículo de la ciencia política y del personal de sus
psicología de Ruth Benedict, Margaret Mead, Cora Dubois, departamentos se expan• dió rápidamente como respuesta a
Clyde Kluck- hohn, Ernest Hilgard, Geoffrey Gorer y otros. esta concepción ampliada de la disciplina y de la difusión
Los psicólogos sociales y los sociólogos especializados en de la educación superior. En la mayor parte de los nuevos
la investigación mediante encuestas y en la psicología institutos de investigación de Yale, Princeton, Columbia, MIT,
social experimental Harvard, se fomentó el estudio de las relaciones
-incluyendo a Rensis Likert, Angus Campbell, Paul internacionales, estimulado por el importante papel
Lazarsfeld, Herbert Hyman, Samuel Stouffer y Cari americano en el mundo de la posguerra y la Guerra Fría,
108 109
de la Segunda Guerra Mundial se encontraron con una
y de ahí pasó a las universidades del Medio Oeste y del gran demanda. Las empresas querían saber cómo podían
Oes• te en las décadas de los cincuenta y los sesenta. A las comer• cializar mejor sus productos; y los políticos querían
viejas subespecialidades del derecho, organización e historia conocer las susceptibilidades y las intenciones de sus
diplomá• tica internacional, se le añadieron nuevas electorados. De los modestos comienzos de los años treinta y
subespecialidades, como los estudios de seguridad, la cuarenta, el cam• po de la investigación de encuestas y de
economía política interna• cional, los estudios de opinión mercado estalló en las décadas de posguerra (Converse,
pública y cultura política, entre el personal de estos 1987). Hubo elementos tan• to académicos como de mercado
institutos de investigación y departamen• tos de ciencia en ese estallido. Las princi• pales instituciones académicas
política. Las nuevas naciones en vías de desa• rrollo de que se implicaron en este desa• rrollo fueron: la Universidad
Asia, África, Oriente Medio y Latinoamérica, vistas ahora de Michigan, con su Instituto de Investigación Social y su
bajo la amenaza de una Unión Soviética agresiva, exigían Centro de Investigación de Encues• tas fundados por los
especialistas de área y en procesos y problemas de psicólogos Rensis Likert, Angus Camp• bell y Dorwin
desarrollo económico y político. Los departamentos de Cartwright; la Oficina de Investigación Social Aplicada de
ciencia gblítica se expandieron rápidamente para encontrar Columbia, fundada por los sociólogos Paul Lazars- feld y
acomodo a estas nuevas especialidades de área y a los Robert Merton; y el Centro de Investigación de la Opi• nión
programas de relaciones internacionales. Nacional de la Universidad de Chicago, encabezado en sus
Los especialistas de la investigación mediante encuestas primeros años por el sociólogo Clyde Hart. Estas tres orga•
nizaciones produjeron en las décadas de posguerra una y la formación de politólogos. Su Instituto de Investigación
litera• tura y un profesorado que contribuyeron Social estableció ya en 1947 un Instituto de Formación de
sustancialmente a la Vera• no en el uso de métodos de encuestas, abierto a
«revolución jóvenes politó• logos y científicos sociales en general. A lo
conductista». largo de los años, este programa ha formado a cientos de
Entre estos tres centros universitarios, la Universidad de politólogos americanos y extranjeros en las técnicas de
Michigan se convirtió en el más importante en el investigación electoral y de encuesta. En 1961 estableció
reclutamiento un Consorcio Interuniversitario para la Investigación Social
110
y Política (ICPSR), sostenido por las universidades que lo
suscribieron, y que mantiene un archi• vo rápidamente
creciente de encuestas y otros datos cuantita• tivos. Este
archivo ha servido como base de datos para un gran número
de tesis doctorales, artículos en revistas eruditas y libros
importantes que iluminan distintos aspectos del proceso
democrático. Ha administrado su propio programa de
forma• ción de verano en métodos cuantitativos.
En 1977, el Centro de Investigación de Encuestas de
Estu• dios Electorales se convirtió en el Centro de Estudios
de Elec• ciones Nacionales Americanas, sostenido por una
importante subvención de la Fundación Nacional de la
Ciencia y al frente del cual se encuentra un consejo nacional
independiente de super• visores que provienen de
universidades americanas. Esta orga• nización -radicada en el
Centro de Estudios Políticos del Insti• tuto de Investigación
Social de la Universidad de Michigan, dirigido por Warren
Miller, y con su Consejo de Supervisores presidido por
Heinz Eulau de la Universidad de Stanford- ha dirigido con
regularidad estudios de las elecciones nacionales, con la
participación de toda la comunidad nacional de ciencia
política y social, y sus hallazgos están disponibles para toda
la comunidad académica (Miller, 1994; e infra, cap. 11).
Si podemos decir que la escuela de ciencia política de la
Universidad de Chicago fue la iniciadora de la
revolución científica en el estudio de la política en las
décadas de entre- guerras, con total seguridad el Instituto de
Investigación Social de la Universidad de Michigan merece
un importante crédito por la difusión de esa cultura
científica durante las décadas de la posguerra, en la mayor
parte de los centros académicos importantes en Estados
Unidos y el extranjero. Varios cientos de jóvenes
académicos se han formado en los métodos estadís-
111
ticos y de encuesta en sus Institutos de Formación de
Verano; se han escrito muchísimos artículos y docenas de Para más detalles, véase especialmente su informe de 1972.
libros utili• zando el material de su archivo; los estudios
electorales de Michigan han servido de modelo para la 112
investigación electo• ral sofisticada en el resto del mundo.
La difusión y el perfeccionamiento de la teoría política
empírica implicaba algo más que la teoría y la técnica de la
investigación electoral. Campos como las relaciones interna•
cionales o la política comparada crecieron de forma tan rápi•
da como el campo de la política americana, y su nueva
etapa de crecimiento implicó su acercamiento a la
cuantificación y a los enfoques interdisciplinares. Los
centros universitarios más importantes de formación de
tercer ciclo durante las déca• das de posguerra -Yale, la
Universidad de California en Ber- keley, Harvard, las
Universidades de Michigan, Wisconsin, Minnesota,
Stanford, Princeton, MIT y otras- produjeron cien• tos de
doctores en ciencia política para dotar de personal al cre•
ciente número de departamentos de ciencia política en los
colleges y las universidades americanas y en muchos de paí•
ses extranjeros. La mayoría de estos centros de formación de
posgrado proporcionaron instrucción en métodos
cuantitativos en las décadas posteriores a la Segunda Guerra
Mundial (Som- mit y Tanenhaus, 1967; Crick, 1959; Eulau,
1976).
Bajo el liderazgo de Pendleton Herring, desde los años
cua• renta hasta los sesenta, el Consejo de Investigación de la
Cien• cia Social facilitó y enriqueció estos desarrollos a través
de sus becas pre y posdoctorales y de sus programas de
apoyo a la investigación. Dos de sus comités de
investigación en ciencia política -el Comité de
Comportamiento Político y el Comité de Política Comparada-
tuvieron un papel destacado al difundir estas ideas y estas
prácticas. El Comité de Comportamiento Político
proporcionó dirección y apoyo a los estudios legislati• vos y
electorales americanos. El Comité de Política Compara• da
destacó en el desarrollo y la sofisticación de los estudios de
14
área y comparativos . Aunque la mayoría de los que partici•
paron en estos programas eran científicos sociales y politólo-
gos americanos, en torno a una quinta parte de los parte de los docentes e investigadores en ciencia política han
participan• tes en los Congresos del Comité de Política obtenido el grado de doctor en alguno de los prin• cipales
Comparada duran• te los años 1954-1972 eran académicos centros de formación de posgrado. Normalmente, lo que se
extranjeros. Algunos de ellos -Stein Rokkan, Hans Daalder, exige para ese título incluye la superación de exáme• nes
Samuel Finer, Richard Rose, Giovanni Sartori, entre otros- sobre la materia y metodológicos y la realización de un
fueron los líderes en Euro• pa y en sus respectivos países de proyecto de investigación importante. La reputación acadé•
movimientos para expandir y mejorar la calidad del trabajo mica se basa en la publicación de libros y artículos que
en la ciencia política y social. supe• ran el examen de otros miembros de la profesión. El
La disciplina de la ciencia política se fue convirtiendo ascenso en el rango académico exige generalmente la
durante estos años en una «profesión» moderna. Los departa• revisión por par• te de evaluadores externos que son
mentos de Ciencia Política, Gobierno o Política comenzaron especialistas en el campo en que trabaja el candidato. Hay
a existir hacia el final del siglo xix, cuando empezaron a docenas de revistas de cien• cia política que están
for• marse gracias a una alianza de historiadores, juristas y especializadas por áreas y reguladas por procesos de
filóso• fos. En las primeras décadas del siglo xx, eran evaluación de los artículos propuestos a cargo de miembros
departamentos aislados en muchas universidades americanas. de la profesión.
La Asociación Americana de Ciencia Política (APSA) se El medio siglo transcurrido desde el final de la Segunda
formó en 1903 con poco más de 200 miembros. Alcanzaba Guerra Mundial en la formación y la investigación en ciencia
los 3.000 miembros al final de la Segunda Guerra Mundial, política ha generado una importante profesión académica,
excedía de los 10.000 a mediados de los sesenta, y ahora con muchas subespecialidades, y ha hecho grandes
agrupa a más de 13.000 miem• bros. La mayoría son contribucio-
profesores en instituciones de educa• ción superior,
113
organizados en un gran número de subespecia- lidades. Gran
nes sustantivas a nuestro conocimiento y comprensión de la plos de la investigación mediante encuesta incluyen el trabajo
política en todas sus manifestaciones. La investigación de los de Gabriel Almond , Sidney Verba, Ale x Inkeles, Ronald Ingle-
estudios de área en la Europa occidental y oriental, el este, el hart, Samuel Barnes y Robert Putnam15. Ejemplos de estudios
sudeste y el sur de Asia, el Oriente Medio , Áfric a y Latinoa• más analítico-descriptivos de la cultura política en la obra de
mérica, llevada a cabo por, literalmente, miles de académicos Lucian Pye (1962, 1985, 1988; Pye y Verba, 1965). Nuestra
formados, organizados en centros de «estudios de área» en comprensión de la participación política ha alcanzado un alto
muchas universidades y colleges, con sus propias organiza• nivel a través de una serie de estudios llevados a cabo en las
16
ciones y revistas profesionales, ha producido bibliotecas ente• últimas décadas por Verba y sus asociados .
ras de monografías informadas y a menudo sofisticadas. En las primeras décadas del período de posguerra, Talcott
Una visión rápida y selectiva de los programas sustantivos Parsons y otros desarrollaron marcos «sistémicos» para la com•
de investigación puede ayudarnos a apreciar este crecimiento paración de distintos tipos de sociedades e instituciones,
del conocimiento político. Ya hemos descrito la difusión y la apoyándose en el trabajo de teóricos sociológicos europeos
sofisticación de la investigació n electoral. El éxit o de sus pre• como Weber y Durkheim 1 7 . Sirviéndose de éstas y de otras
dicciones es comparable al de la meteorología o la sismología. fuentes, Davi d Easton fue pionero en introducir el concepto de
Hemos hecho grandes progresos en nuestra comprensión de la
cultura política, acerca de sus efectos sobre las instituciones
13
políticas y su funcionamiento, así como de las subculturas de Almon d y Verba, 1963; Verba, 1987; Inkeles y otros, 1950, 1959,1974;
Inglehart, 1977, 1990; Barnes y Kaase et al, 1979; Putnam , 1973, 1993;
las élites importantes y de otros grupos sociales. Los ejem• 16
Verba y Ahmed , 1973; Verba y Nie , 1972; Verba, Ni e y K i m , 1978:
Schlozman y Verba, 1979; Schlozman, Verba y Brady, 1995.
17
Parsons, 1951; Parsons y Shils, 1951; Parsons y Smelser, 1956. «sistema» en la ciencia política (Easton, 1953, 1965, 1990;
Almond y Coleman, 1960; Almon d y Powell, 1966).
114 Con los métodos estadísticos agregados, hemos mejorado
enormemente nuestra comprensión de los procesos de moder•
nización y democratización 18 y del funcionamiento guberna•
mental19. Se ha alcanzado un significativo progreso en nues•
tra comprensión de los grupos de interés y de los fenómenos
«corporatistas»20, y en nuestra apreciación de la importancia
21
clave de los partidos políticos en el proceso democrático .
Se han explorado y codificado teorías de la representación y
del comportamiento y el proceso legislativo en los estudios de
Eulau, Wahlke, Pitkin y Prewitt22. A partir del estudio de orga•
nizaciones gubernamentales, Herbert Simón, James Marc h
y otros, han creado un nuevo campo interdisciplinar de teoría de
la organización que es aplicable a todas las organizaciones de
23
gran escala, incluidas las corporaciones de negocios . La inves•
tigación sobre políticas públicas, pionera al mismo tiempo en
Europa y Estados Unidos, ha despegado en décadas recientes
24
y promete el desarrollo de una nueva economía política .
La teoría de la democracia ha avanzado significativamen•
te gracias a la obra de Robert Dahl, Arend Lijphar t y Giovan-
25
ni Sartori . La de la democratización ha sido desarrollada por
Juan Lin z , Larr y Diamond , Phillip e Schmitter, Guillerm
26
o O'Donnell, Samuel Huntington y otros . La dedicación de
toda su vida por parte de Robert Dahl al estudio de la
democracia

18
Lerner, 1958; Deutsch, 1961; Lipset , 1959, 1960, 1994; Diamon d y
Plattner, 1993.
19
Hibbs , 1978; Cameron, 1978; A l t y Chrystal , 1983.
20
Goldthorpe, 1978; Schmitter y Lehmbruch , 1979; Berger, 1981.
21
Lipset y Rokkan, 1967; Sartori, 1976; Lijphart, 1968,1984; Powell, 1982.
2 2
Wahlk e y Eulau , 1962, 1978; Eula u y Prewitt , 1973; Eulau ,
1993; Pitkin, 1967.
23
Simón , 1950, 1953, 1957; M arc h y Simón , 1958; March , 1965, 1988.
24
Wildavsky , 1986; Flor a y Heidenheimer, 1981; Heidenheimer, Hecl
o y Adams, 1990; Castles, 1989.
25
Dahl , 1956,1961,1966,1970 , 1971, 1973, 1982,1985; Lijphart , 1968,
1984, 1994; Sartori, 1987.
26
Lin z y Stepan, 1978; Diamon d y Plattner, 1993; Schmitter, O'Donne l l
y Whitehead, 1986; Huntington , 1991.
115
27
es un ejemplo de cómo la teoría política empírica y la Sobre la metodología, véase Eckstein, 1975 y George y McKeown,
1982. Para sus aplicaciones, véase George y Smoke, 1974; George, 1980;
norma• George et al, 1983; George y Simons, 1994.
tiva pueden enriquecerse mutuamente (Dahl, 1989). 28
Almond y Coleman, 1960; Almond, Flanagan y Mundt, 1973; Prze•
Aunque hemos subrayado el crecimiento y la difusión de worski y Teune, 1970; Lijphart, 1971; Smelser, 1976; Dogan y Pelassy, 1990;
la ciencia política empírica, explicativa y cuantitativa, Collier, 1993; King, Keohane y Verba, 1994.
29
Rawls, 1971; Nozick, 1974; Barry, 1970; Walzer, 1983; Fishkin, 1992.
también
ha habido «progreso» en las ramas más antiguas de la disci•
plina. Las proposiciones y las especulaciones de los historia•
dores políticos, los filósofos políticos y los académicos juris•
tas se han basado cada vez más en la mejora de la
metodología
académica (rigurosa acumulación de información y refina•
miento en la lógica del análisis y de la inferencia). La
historia
política comparada ha hecho importantes contribuciones a la
teoría del Estado, las instituciones políticas y las Eolíticas
públi•
cas (Moore, 1966; Skocpol, 1979,1984). Hairy Eckstein y
Ale-
xander George han refinado la metodología de los estudios de
casos, aumentando el rigor de los estudios históricos en polí•
27
tica comparada y en política exterior . Se ha mejorado y refi•
nado la metodología de la comparación gracias a la obra de
Almond y sus colaboradores, Adam Przeworski y James Teu-
ne, Arend Lijphart, Neil Smelser, Mattei Dogan, David
28
Collier, y Gary King, Robert Keohane y Sidney Verba .
Con la obra de Rawls, Nozick, Barry, Walzer, Fishkin,
etc., la filosofía política normativa ha conocido un progreso
sus• tancial al que no han sido ajenos totalmente los estudios
29
empí• ricos . En la reciente edición de Political Science:
The State ofthe Discipline 7/(1993), William Galston señala
que la filo• sofía y la teoría políticas están moviéndose en la
dirección de una mayor confianza en la evidencia empírica, la
mayor parte de la cual proviene de la investigación en ciencia
política y en las demás disciplinas de la ciencia social.
Galston urge a los teóricos políticos a emprender la tarea de
codificar los hallaz• gos de la investigación empírica en lo
que tengan que ver con
la filosofía política, como han hecho Robert Dahl (1956), algunas otras veían la cara de la ciencia carente de toda
Den- nis Thompson (1970) y James Q. Wilson (1993). compasión y empatia y como una amenaza para un
La evaluación de Martin Shapiro (1993) sobre el estudio conocimiento humano. No debería pasar• se por alto el temor
contemporáneo de los tribunales y el derecho público urge a quedarse obsoleto generado por la intro• ducción de la
igualmente una mayor integración de los estudios legales y la estadística, las matemáticas y el virtuosismo dia- gramático.
ciencia política procesal e institucional. La ciencia política Pero las generaciones más jóvenes entre los cultivadores de
sin análisis jurídico pierde seriamente poder explicativo; y el la historia, la filosofía y el derecho políticos han superado esas
análisis jurídico sin el contexto político procesal e institucio• ansiedades, han descubierto los puntos vulnera• bles y los
nal es formalista y estéril. La obra de Shapiro y la del grupo defectos del enfoque conductista, han desarrollado su propio
cada vez más numeroso de estudiosos de los tribunales y el arsenal de mistificaciones, y han demostrado ser tan com•
derecho público demuestra la validez de esta proposición petentes en las fintas como sus hermanos conductistas.
(véa• se Drewry: cap. 6). 3. La ciencia política en Europa
Así, nuestra aproximación a la historia de la ciencia políti•
ca incluye el progreso alcanzado en las subdisciplinas más Aunque la ciencia política tuvo sus orígenes y su primer
tra• dicionales, medido con los mismos criterios. Cuando el desarrollo en el mundo mediterráneo de la Antigüedad y en la
estudio de la política se ha visto afectado por la revolución Europa del Medievo católico, el Renacimiento, la Reforma,
30
científica del último siglo, la respuesta de la disciplina de la la Ilustración y el siglo xix , se trató de un asunto de intelec-
ciencia polí• tica ha sido plural y ambivalente. Algunas partes
de la discipli• na respondieron antes a tales desafíos; y 30
Y, por supuesto, en la Antigüedad india (Rangavajan, 1987) y en el
Islam medieval (Rabi, 1967).
116 117
Un reciente número del European Journal of Political
tualidad individual (aunque fuera en marcos institucionales Research (Valles y Newton, 1991) está dedicado a la historia
como las academias griegas o las universidades europeas del de posguerra de la ciencia política en Europa occidental. El
Medievo y después). Muchos de los primeros filósofos y teó• artículo introductorio de los editores argumenta que el pro•
ricos políticos funcionaban como académicos a tiempo parcial greso de la ciencia política en Europa ha estado asociado a la
dentro de la Iglesia -en su burocracia o sus órdenes-, eran democratización -por razones obvias- y a la emergencia del
man• tenidos por patronos reales o aristocráticos, o eran ellos Estado de bienestar, porque un Estado intervencionista, abier•
mis• mos aristócratas o gente adinerada. En el siglo xix, con to y penetrador requiere grandes cantidades de información
el cre• cimiento de las universidades europeas, los estudios sobre los procesos y el funcionamiento políticos. Aunque reco•
sobre el Estado, la administración, la política y las políticas nocen que el impacto de la ciencia política americana sobre
públicas se llevaban a cabo cada vez más en las la europea ha sido muy sustancial, señalan el hecho de que
universidades. Hasta hace poco, la unidad típica de las ya había una tradición de estudios electorales «conductistas»
universidades europeas consistía en una cátedra profesoral en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial (Siegfried,
ocupada por un académico indivi• dual, al que rodeaba un 1930), con Duverger ('1951, 1976) en Francia y Tingsten
grupo de docentes de menor rango y ayudantes. En las ('1937,1963) en Suecia. Las grandes figuras del xix y
décadas de posguerra algunas de estas cáte• dras comien• zos del xx en las ciencias sociales que inspiraron
universitarias fueron ampliadas hasta formar departa• los desa• rrollos creativos en América eran europeos, como
mentos con un número de profesores con distintas especiali• ya hemos sugerido. Richard Rose (1990) señala que, aunque
dades de docencia e investigación. los gran• des desarrollos de la moderna ciencia política
tuvieron lugar en Estados Unidos después de la Segunda Wilson, los Frank Goodnow, los Charles Merriam- obtuvie•
Guerra Mundial, los fundadores de la ciencia política ron sus licenciaturas o hicieron estudios de doctorado en uni•
americana -los Woodrow versidades europeas, principalmente en las alemanas. El
apren• dizaje, la cultura y la destreza profesional estaban
concentradas en el viejo mundo, que quedó mermado cuando
se desplaza• ron al oeste. En el período anterior a la Primera
Guerra Mun• dial, los académicos americanos aún se veían a
sí mismos como provincianos. En los años de entreguerras, y
en un centro tan innovador como la Universidad de Chicago,
Merriam urgía aún a sus estudiantes más prometedores a
que pasasen un año de posgrado en Europa y les
proporcionaba ayuda finan• ciera para ello.
Las conquistas del nazismo y el fascismo y la devastación
de la Segunda Guerra Mundial interrumpieron la vida univer•
sitaria en la Europa continental durante casi una década. Bue•
na parte de la ciencia social alemana se trasplantaría efectiva•
mente a Estados Unidos, donde contribuyó al esfuerzo de
guerra americano y enriqueció la investigación y la docencia
americana en sociología, psicología y ciencia política. Había
todo un claustro de «exiliados» en la Nueva Escuela de Cien•
cia Social de Nueva York; y apenas había alguna universidad
importante sin uno o más catedráticos «exiliados» en sus pro•
fesorados de ciencia social. Académicos como Paul Lazars-
feld, Kurt Lewin, Wolfgang Kohler, Hans Speier, Karl
Deutsch, Hans Morgenthau, Leo Lówenthal, Leo Strauss,
Franz Neu- mann, Henry Ehrmann, Otto Kirchheimer,
Herbert Marcuse, hicieron importantes contribuciones a la
revolución conduc- tista en Estados Unidos, así como a las
distintas tendencias que la atacaron. Por consiguiente, la
ciencia política que se importó en Europa tras la Segunda
Guerra Mundial era en parte el pro• ducto de una raíz de
ciencia política que originariamente prove• nía de Europa.
En las primeras décadas tras la Segunda Guerra Mundial,
cuando se renovaba la planta física de Europa y se volvían a
levantar sus instituciones y a dotarlas de personal, lo novedo•
so en las ciencias sociales era mayoritariamente de origen
ame• ricano. La ruptura con. el legalismo y con el enfoque
histórico en el estudio de las instituciones de gobierno, los
partidos polí-
118 119
ticos y las elecciones, los grupos de interés, la opinión y la cada en Europa con un estudio sobre Inglaterra a comienzos
comunicación política, se había llevado a cabo en las univer• de los sesenta, al que seguirían otros países europeos. Cada
sidades y los centros de investigación americanos. Junto al Plan estudio electoral nacional dejaba un cuadro de profesionales
Marshall para la destrozada economía europea, los académi•
cos americanos se convirtieron, con el respaldo de algunas fun•
daciones filantrópicas americanas, en misioneros que renova•
ron la academia europea y difundieron los enfoques empíricos
y cuantitativos americanos. Jóvenes académicos europeos, ayu•
dados por becas de la fundación Rockefeller o de otras funda•
ciones, vinieron por docenas a las universidades americanas.
Algunos programas de investigación radicados en América -e l
Comité SSRC de política comparada, los estudios electorales
de la Universidad de Michigan, los estudios de Inglehart sobre
valores políticos- buscaron colaboradores europeos, los for•
maron y, con frecuencia, los financiaron.
Esta dependencia desequilibrada sólo duraría un corto
período de tiempo. La academia y las tradiciones en ciencias
sociales tenían raíces demasiado profundas en las culturas
nacionales europeas como para quedar completamente des•
truidas en el período nazi. Hacia los años sesenta, las viejas
universidades se habían reconstruido y se habían fundado
muchas nuevas. Las voces europeas estaban contribuyendo
cada vez más a la producción más importante de la investiga•
ción en ciencias sociales. El Comité de Sociología Política de
la Asociación Internacional de Sociología (ISA), aunque com•
binase los esfuerzos americanos con los europeos, era predo•
minantemente europeo en cuanto a participación. Su impac•
to en Europa fue tan grande como el que antes había tenido
el Comité Americano de Política comparada. Los estudios
comparativos europeos, como el proyecto de las pequeñas
democracias europeas llevado a cabo por Dahl, Lorwin, Daal-
der y Rokkan, contribuyeron al desarrollo del profesionalis•
mo en la ciencia política europea. El Centro de Investigación
de Encuestas de la Universidad de Michigan comenzó su acti•
vo papel en el desarrollo de la investigación electoral sofisti•
europeos queda reflejada por el número de departamentos
formados que seguirían el futuro trabajo de la investigación
nacionales afiliados al ECPR. De los 140 miembros de 1989,
electoral.
40 eran del Reino Unido, 21 de Alemania, 13 de Holanda, 11
En 1970 se fundó un Consorcio Europeo para la Investi•
de Italia y 5 de Francia (Rose, 1990, p. 593). La influencia
gación Política (ECPR) con fondos de la Fundación Ford
de la ciencia política americana en la ciencia política euro•
(Rose, 1990), que tenía una agenda similar a la de los comités
pea e internacional se refleja hasta cierto punto por el núme•
de ciencia política del Comité americano de Investigación en
ro de afiliados extranjeros a la Asociación Americana de Cien•
Ciencias Sociales (SSRC). Suministraba fondos para el esta•
cia Política (APSA), suscriptores, por tanto, del American
blecimiento de un programa de formación en metodología de
Political Science Review: Reino Unido, Alemania y Japón tie•
las ciencias sociales a través de una escuela de verano (situa•
nen bastantes más de cien miembros cada uno; Israel, Corea
da en la Universidad de Essex), de seminarios de trabajo sobre
del Sur y Holanda tienen unos cincuenta miembros cada uno;
temas de investigación determinados celebrados en distintos
Noruega, Suecia y Taiwán tienen unos treinta miembros; Fran•
centros nacionales, de proyectos de investigación conjuntos.
cia tiene 27 (APSA, 1994, pp. 327 ss.).
Entre las actividades que ha promovido se encuentran un
Archivo de Datos y una revista profesional, The European En los años noventa, organizada en la Asociación Interna•
Journal of Political Research. La afiliación al ECPR se hace cional de Ciencia Política (IPSA), en varias organizaciones
a través de un departamento o institución. En 1989, el ECPR nacionales y de extensión geográfica más reducida, así como
contaba con 140 departamentos afiliados. En 1985, el Direc• en distintas especializaciones funcionales, estaban globalmente
torio de Politólogos Europeos no llegaba a los 2.500 miem• bien establecidas tanto la profesión de la ciencia política como
bros. La fuerza de la ciencia política en los distintos países una concepción común sobre la academia.

120 121
una unidad inescindible, por lo que los marxistas rechazarían
IV . Perspectivas opuestas de la historia disciplinar
tanto la visión de progreso como el eclecticismo de nuestra
aproximación. El segundo grupo que rechaza el eclecticismo
Se puede dividi r en cuatro grupos a los que no estarían de
metodológico de nuestro enfoque son los maximalistas den•
acuerdo con esta visión ecléctica y de progreso sobre la histo•
tro de los politólogos de la «elección racional», cuya visión
ria de la ciencia política. Están quienes rechazan la noción de
de la historia disciplinar culmin a en una etapa
una ciencia política en progreso, ya sea desde una perspectiva
parsimoniosa, reductiva y matemático-formal.
anticientífica (los straussianos) o desde una perspectiva pos-
científica deconstructiva. Y están los que rechazan el eclecti•
cismo de nuestra posición. Dentro de éstos están los marxis- a) Anticiencia
tas y neomarxistas, que sostienen que las leyes fundamentales
de la sociedad humana han sido descubiertas por Mar x y sus La versión straussiana de la historia de la ciencia política
asociados y que estas leyes muestran que los procesos históri• se remonta a las polémicas intelectuales alemanas de finales
cos, económicos, sociales y políticos, así como las acciones del x i x y comienzos del x x . Como el jove n doctor
humanas que tienen efectos sobre estos procesos, constituyen alemán que era en los años inmediatamente posteriores a la
Primera Guerra Mundial, Leo Strauss compartía la «ser» fue mediante una filosofía política afirmativa, que bus•
admiración general hacia Max Weber por «su intransigente case la forma justa de gobierno y de sociedad a través de la
devoción hacia la hones• tidad intelectual [...], su devoción recuperación de los grandes ejemplos del canon de la f i l o •
apasionada hacia la idea de la ciencia» (Strauss, 1989, p. 27). sofía política, a través del diálogo y la deliberación, y a través
En su camino hacia el norte desde Friburgo, donde había de la educación de una élite cívica.
asistido a las clases de Heidegger en 1922, Strauss dice de sí De acuerdo con Strauss, Weber era la figura intelectual pro•
mismo que experimentó una desi• lusión damasquina con blemática que legitimaba la ciencia social positivista moder•
Weber y una conversión al existen- cialismo heideggeriano. na, su separación de hechos y valores, su «neutralidad ética»,
La manera en la que Strauss enfrentó el pesimismo de la su esfuerzo por estar «libre de valores». Strauss atribuye a Ma x
visión heideggeriana de la naturaleza del Weber la creencia de que todos los conflictos de valores son
122 irresolubles. «La creencia de que los juicio s de valor no están
sujetos, en última instancia, al control racional, alienta la inc l i
• nación a hacer afirmaciones irresponsables con respecto al
bien y al mal , a lo correcto y a lo incorrecto. Se evita la
discusión seria de los asuntos serios por el simple mecanismo
de hacer• los pasar como problemas de valor». Esta búsqueda
de la obje• tividad produce una:

[...] emancipación de los juicio s morales [ ... ] , una


obtusidad moral [...] . E l hábito de mirar los fenómenos
sociales o huma• nos sin hacer juicio s de valor tiene una
influencia corrosiva sobre cualquier clase de preferencias.
Cuanto más serios sea• mos como científicos sociales, más
plenamente desarrollamos en nosotros mismos un estado de
indiferencia hacia cualquier meta, o de displicencia y
deriva, un estado que puede deno• minarse nihilismo .

Un poco después matizaría esta afirmación, «E l positivis•


mo de la ciencia social fomenta no tanto el nihilismo , como
el conformismo y el "filisteísmo"» (Strauss, 1959, pp. 21
ss.).
Strauss y sus seguidores han extendido este ataque a Weber
a las ciencias sociales contemporáneas, y en particular a las
tendencias «conductistas» de la ciencia política, a las que se
dice que fueron inspiradas por Weber. A diferencia de esta cien•
cia social «positivista», weberiana, Strauss presenta un mode•
lo de «ciencia social humanista», en la que el académico está
comprometido íntima y apasionadamente en un diálogo con y los ideales centrales de la política: la justicia, la libertad, la
los grandes filósofos políticos sobre el significado de las ideas
123
Political Science Review (Schaar y Wolin, 1963; Storing et al., 1963).
obligación y demás. La historia de la ciencia política que los
straussianos ofrecen en lugar de la aquí presentada, caracteri• 124
za a la ciencia política «conductista» contemporánea como el
producto de una herejía que tomó forma palpable en el siglo xi x
y fue definitivamente formulada en la obra de Ma x Weber de
31
principios de este siglo .
La caracterización que hacen de Weber como el arqueo-
positivista y el separador de hechos y valores, y de la ciencia
política «conductista» como seguidora de este erróneo curso
de la «neutralidad ética», está equivocada tanto con respecto
a Max Weber como con respecto a la mayor parte de los prac•
ticantes contemporáneos de la así llamada ciencia política con•
ductista. Los puntos de vista de Weber sobre la relación entre
«hechos y valores» son mucho más complejos e implica n una
preocupación mucho más profunda por los asuntos de valores,
que la caricatura que aparece en los escritos de Strauss y sus
discípulos. Llamamos la atención sobre dos contextos en los
que Weber trata estas cuestiones: su conferencia «La política
como vocación» (1949) y su ensayo sobre «La objetividad en
la ciencia social» (1958). En la conferencia «La política como
vocación», se refiere a dos tipos de acción política éticamen•
te orientada: la ética de los fines absolutos y la ética de la res•
ponsabilidad (Gesinnungsethik uncí Verantwortungsethik). Poco
más podría contribuir la ciencia a la ética de los fines absolu•
tos que examinando la adecuación de los medios a los fines.
Puesto que el fin elegido es sagrado o absoluto, no puede haber
una análisis del coste de oportunidad de las consecuencias de
perseguir ese fin en lugar de otros. Pero si se adopta un punto
de vista racionalmente responsable del efecto de los medios
sobre los fines, el análisis científico hace posible un análisis
del «coste de oportunidad» de la acción política, es decir, cómo
una elección determinada de política o acción puede, por un
lado, transformar el fin que se persigue y, por otro, imposibi•
litar la elección de otras opciones. «De esta forma podemos»,

31
Para captar todo el sabor del desafío straussiano, véanse los ensayos
que aparecen en Storing (1962) y el debate que generaron en el American
dice Weber (1949, p. 152), «estimar las oportunidades que tene• (ibi- dem) señala qu e l a cienci a nos pued e capacita r par a
mos de lograr cierto fin mediante ciertos medios disponibles clarific a r nuestras metas y comprender su significado. «Lo
[...], podemos criticar la elección de ese mismo fin como sen• logramos al hacer explícitas y al desarrollar de manera
sato en la práctica [...] o como un sin sentido a la vista de las lógicamente con• sistente las "ideas" que [...] subyacen en el
condiciones existentes». Al elaborar su argumento sobre las fin de que se trate. Es evidente por sí mismo que una de las
formas en las que los medios pueden tener efectos «no inten• tareas de cualquier ciencia de la vida cultural es llegar a una
cionados» sobre los fines, Weber (1958, p. 152) dice: comprensión racio• nal de estas "ideas" por las que los
hombres [...] luchan».
[...] podemos responder la pregunta: qué «costará» el logro del «Pero», continúa Weber, «el tratamiento científico de los
fin deseado en términos de una pérdida predecible de otros juicio s de valo r puede no sólo comprender y analizar con
valores. Puesto que en la gran mayoría de los casos, cada meta empatia los fines deseados y los ideales que les subyacen; tam•
por la que nos esforzamos «cuesta» [...] algo en este sentido,
el peso de la meta en términos de consecuencias no intencio•
bién puede juzgarlos críticamente» de acuerdo con su con•
nadas no puede omitirse de la deliberación de personas que sistencia interna. «L a elevación de estos modelos último s
obran con un sentido de la responsabilidad [ . . . ] . [L a [...] al nivel de la explicitación es lo máximo que puede hacer
ciencia puede hacer que uno] se dé cuenta de que toda acción, el tratamiento científico de los juicio s de valor sin entrar en el
y natu• ralmente toda inacción, implic a entre sus campo de la especulación [...]. Una ciencia empírica no pue•
consecuencias la adhesión de ciertos valores y [.. . ] , lo que de decirle a nadie lo que debería hacer sino, más bien, lo que
con tanta frecuencia se pasa por alto, el rechazo de otros. puede hacer y -baj o ciertas circunstancias - lo que desea
hacer» (ibidem).
Pero j u n t o a este análisis dobl e de medios-fines , Webe r
125
La realidad de la formulación weberiana del problema de [...] el fallecimiento del positivismo y de las exigencias de veri•
los hechos y los valores está tan alejada de la caricatura straus- ficació n com o la única instancia filosófic a de las ciencias
siana, como la representación que hacen del estado de la cien• humanas, con el rejuvenecimiento del discurso normativo en
una sociedad preocupada por los peligros de una ciencia desa•
cia política empírica contemporánea. Por consiguiente, recha• tada [. . . ] . Los politólogos en general y los teóricos políticos
zamos la visión de la historia de la disciplina que subyace en en particular ya no desean adoptar acríticamente la distinción
la perspectiva straussiana. Por otro lado, incluiríamos buena de hecho y valor que controló las ciencias sociales durante
parte de la obra sustantiva de estos teóricos políticos -y del pro• generaciones.
pio Strauss- en la obra que recogemos en la aproximación ecléc•
tica y progresiva que ofrecemos aquí, en tanto que ha aumen• Sobre este tema insiste una pequeña subdisciplina de la
tado el conjunto de las inferencias deducidas lógicamente sobre ciencia política que se especializa en la «historia de la ciencia
la política a partir de cúmulos fiables de evidencia. política». Davi d Ricci , en un libr o de 1984 llamado The Tra-
gedy of Political Science, sostiene que la ingenua creencia en
una «ciencia» política que había aparecido en la ciencia polí•
b) Posciencia, posconductismo tica americana de los años veinte a los sesenta, quedó com•
pletamente desacreditada en los desórdenes de los sesenta y
Entre los politólogos contemporáneos, se da la opinión pre• los setenta. Concluye que la ciencia política como ciencia empí•
valeciente, quizá predominante, de que la historia de la disci• rica sin la inclusión sistemática de valores y alternativas éticos y
plina se encuentra ahora en su fase «pospositivista, poscientí- morales, y sin un compromiso con la acción política, está
fica, posconductista». Saxonhouse (1993, p. 9) habla de:
126
Review entre un grupo de historiadores de la ciencia política.
condenada a la desilusión. La ciencia política tiene que tomar
En un artículo que apareció en el número de diciembre de 1988,
partido o convertirse en un campo de estudio «preciosista» e
«History and Disciplin e in Politica l Science», John Dryze k
irrelevante. De modo incluso más duro, Raymond Seidelman
y Stephen Leonard (1988, p. 1256),
(1985) rechaza el profesionalismo en la ciencia política, sos•
teniendo que la ciencia política moderna tiene que servir de [...] concluyen que no hay una instancia neutral para evaluar,
puente que una la separación entre conocimiento y acción, «si aceptar o rechazar las identidades disciplinares. Más bien,
estos engaños [profesionales] pretenden transformarse en nue• los modelos sólo pueden surgir de los conflictos y los deba•
vas realidades democráticas». tes en el seno de y entre tradiciones de investigación. Es en el
Ha habido un intercambio sustancial de ideas sobre la «iden• conflicto y en el debate donde cristaliza la relación entre la
tidad» y la historia de la ciencia política en la década que sepa• historia disciplinar y la identidad [.. .] . La pluralidad va a ser
ra las dos ediciones del libro de Ada Finifter, Political Scien• la esencia de, en lugar de un obstáculo para, el progreso de la
ciencia política.
ce: State ofthe Discipline (1983, 1993). En la primera, John
Gunnell (1983, pp. 12 ss.) presenta un dibujo de la historia de
La opinión que aquí se expresa es la de que habrá tantas
la ciencia polític a marcado por la revolució n «científica»
historias disciplinares como «identidades disciplinares» hay, y
de mitad de siglo, entre los años veinte y los setenta, seguida de
que no existe una forma «neutral» de escoger entre ellas.
una período postempirista que llega hasta el presente. En la
segunda edición, Arlene Saxonhouse (1993) hace el comenta• Bajo el título general de «Can Political Science History be
rio sobre el «fallecimiento del conductismo» citado arriba. En Neutral?» (Dryzek et al., 1990), apareció todo un frenesí de
el intervalo entre estos dos volúmenes, ha habido un mayor 127
intercambio de opiniones en la American Political Science
a la historia disciplinar, este consenso sostiene que ninguna de
respuestas a esta aproximación pluralista a la historia de la cien•
ellas constituye una pretensión válida. Nuestra explicación del
cia política. Las contribuciones de James Farr, John Gunnell
crecimiento del conocimiento político, definido como la capa•
y Raymond Seidelman aparecían acompañadas de una réplica
cidad para deducir inferencias lógicas sensatas a partir de un
de Dryzek y Leonard. Los tres primeros apoyan la visión «plu•
creciente conjunto de evidencias fiables, al que estos «histo•
ralista» de la historia disciplinar expresada por Dryzek y Leo•
riadores» de la ciencia política se refieren como «neopositivis-
nard, aunque con algunas matizaciones. En dos colecciones
mo», sería sólo una entre varias explicaciones, ninguna de las
recientes de artículos que se ocupan de la historia de la cien•
cuales tendría una pretensión especial de validez.
cia política, James Farr y sus asociados (Farr y Seidelman,
El tratamiento que hemos hecho en este capítulo avanza
1993; Dryzek, Farr y Leonard, 1995) codifican esta perspecti•
y demuestra en su aproximación histórica que de hecho hay
va pluralista.
una versión «privilegiada» de nuestra historia disciplinar y que
Debemos concluir de estos intercambios que, al menos entre ésta es una historia de progreso, medido por el aumento del
este grupo de autores contemporáneos sobre la historia de la conocimiento basado en la evidencia y la inferencia. Incluiría
ciencia política, hay un consenso «deconstruccionista , posmo• la obra de las escuelas rivales, en la medida en que satisface
derno», que sostiene que no hay un canon privilegiado de cien• estos criterios. Excluiría las pretensiones y las proposiciones
cia política. Mientras que cada una de las escuelas competido• que no se basan en la evidencia o que no son falsables median•
ras más importantes sobre la historia de la ciencia política - l a te el análisis lógico y la evidencia. De hecho, el hil o privile•
así llamada perspectiva «conductista» o de «ciencia» política, giado de nuestra historia disciplinar es la práctica académica
las perspectivas anti y poscientíficas, y la marxista y la de la rigurosa y objetiva.
elección racional- pretenden ser la única aproximación válida
128
c) Integrismo y maximalismo: antipluralismo Mannheim atribuye a Ma x Weber la demostración de que es
posible una práctica académica objetiva en la ciencia social
1. Teoría y praxis (Mannheim, 1949, p. 146). Pero aunque la objetividad llega a
Hay varias escuelas que desafiarían la aproximación a la ser posible para Mannheim, esta capacidad sólo es probable
historia de la ciencia política como el progreso de la práctica que sea desarrollada «por un estrato relativamente desclasado
académica «objetiva», sobre la base de que la objetividad es que no está situado demasiado firmemente en el orden social
imposible de alcanzar y, si se la busca, conduce al «cientifis- [...] . Este estrato desvinculado relativamente desclasado es,
ll
mo» y al mantenimiento del statu quo. Desde este punto de para usar la terminología de Alfre d Weber, la intelligentsia
vista, hay que renunciar incluso a la búsqueda de la objetivi• socialmente desligada"» (1949, p. 171). Para la academia con•
dad profesional. Hay que tomar partido político y emplear cons• temporánea de la ciencia política, el «profesionalismo» ha ocu•
cientemente la práctica académica al servicio de buenas metas pado el lugar de la «intelligentsia desligada» de Mannheim
políticas. Para las distintas escuelas neomarxistas, esto signi• como garantía del deber de búsqueda de la objetividad (profe•
ficaba enganchar la práctica académica al socialismo. sionalismo en el sentido de pertenencia a asociaciones profe•
En la historia de la academia marxista hubo un momento sionales, acreditación y revisión por otros miembros de la pro•
fesión en el reclutamiento y la práctica académica, etc.). En el
en el que una rama de esta tradició n rechazó este punto de
vista dialéctico de la academia. En Ideología y utopía, K ar l
momento en que Weber y Mannheim presentaban estas ideas,
las asociaciones profesionales en las ciencias sociales y, en par•
Mannheim concluía que era posible la objetividad en la cien•
ticular, en la ciencia política y la sociología se encontraban en
cia política. «La cuestión de si es posible una ciencia de la polí•
tica y de si debe enseñarse, tiene que - s i resumimos todo lo 129
que hemos dicho hasta aquí - responderse afirmativamente».
su infancia. Y es interesante que precisamente sea esta noción Una reciente formulación de Habermas (1992, pp. 439 ss.)
de la búsqueda de la objetividad a través del profesionalismo reafirma esta perspectiva de la unidad entre la teoría y la
la que continúe siendo el objetivo tanto de los neomarxistas «praxis». La influencia de este punto de vista queda reflejada
contemporáneos como de otros críticos de «izquierda». por la penetración profunda de visiones similares en los estu•
Esta polémica contra la «neutralidad ética» y la «búsque• dios de área sobre Latinoamérica, África y otras, bajo el nom•
da de la objetividad» ha sido llevada a cabo desde distintas bre de «teoría de la dependencia», durante los años setenta y
perspectivas. La Escuela de Frankfurt, de la que nació la «teoría ochenta (Packenham, 1992).
crítica» -inspirada por el teórico marxista Lukács y dirigida ¿Cómo podemos tratar a la academia marxista y neomar-
por Ma x Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse y, en xista en esta aproximación ecléctica y progresiva de la histo•
la actualidad, por Jürgen Habermas-, mantiene que la investi• ria de la ciencia política? De hecho, esta literatura es muy con•
gación política es un aspecto siderable, alcanzando muchos cientos de volúmenes y un
enorme número de artículos eruditos. Un ejemplo del muy
[...] de una situación total capturada en el proceso de cambio importante lugar que parte de esta obra debe tener en la histo•
social [...] . Los positivistas no comprenden que e l proceso de
ria de la ciencia política son los importantes estudios de base
conocimiento no puede separarse de la lucha histórica entre
los humanos y el mundo . La teoría y la labor teórica están empírica sobre clase y política que fueron en gran medida el
entremezclados en los procesos de la vida social. El teórico producto de los académicos marxistas y neomarxistas. Sin
no puede mantenerse al margen, contemplando, reflexionan• embargo, aunque el marxismo dirigió la atención hacia el poder
do y describiendo pasivamente la «sociedad» o la «naturaleza» explicativo del desarrollo económico y de la estructura social,
(Held, 1980, pp. 162 ss.).
130
también desvió la atención académica lejos de otras impor• 2. Maximalismo científico: el enfoque
tantes variables explicativas, como las instituciones políticas, de la elección racional
la religión, la etnia, el contexto internacional, el líderazgo indi • El enfoque de la elección racional -llamado de varias for•
vidual, la contingencia y el azar. Su concepción del desarrollo mas «teoría formal», «teoría positiva», «teoría de la elección
económico era demasiado simplificada y primitiva. Al produ• pública» o «teoría de la elección colectiva»- es predominante•
cir la economía moderna una fuerza de trabajo cada vez más mente una entrada lateral en la ciencia política desde la eco•
diversificada e internacionalizada, la capacidad de los acadé• nomía. Politólogos como Pendleton Herring, V. O. Key Jr. y
micos marxistas para percibir y ponderar de manera adecuada Elmer Schattschneider (Almond , 1991, pp. 32 ss.) habían uti •
las variables económicas, sociales y políticas se atenuó. De esta lizado metáforas económicas. Pero fueron los economistas
manera, aunque las distintas escuelas marxistas aumentaron -Kenneth Arrow, Anthony Downs, Duncan Black, James Bucha-
considerablemente la cantidad y la clase de evidencia dispo• nan y Gordon Tullock, y Mancur Olson - quienes aplicaron pri •
nible para los académicos de la historia y la ciencia social, su mero los modelos y métodos económicos al análisis de temas
lógica inferencial era seriamente defectuosa e inadecuada para políticos como las elecciones, el voto en comisiones y cáma•
la falsación. Eric Hobsbawm (1962, 1987, 1994) y otros his• ras legislativas, la teoría de los grupos de interés y demás32. En
toriadores marxistas ( H i l l , 1982; Hilton , 1990; la edición de 1993 de Political Science: The State ofthe Disci•
Thompson, pline, el capítulo que trata de la «teoría de la elección racional for-
1963) hacen una gran contribución sobre el siglo x i x y ante•
riores a la historia académica, pero tienen dificultades en sus 32
Arrow, 1951; Downs, 1957; Black, 1958; Buchanan y Tullock, 1962;
esfuerzos para interpretar y explicar el XX (Judt, 1995). Olson, 1965.

131
mal» dice que este enfoque promete «una ciencia acumulativa experimentales a los observacionales e inductivos para
de la política». Sus coautores sostienen que «la teoría de la comprobar las hipótesis.
elec• ción racional ha cambiado de manera fundamental la Ésta es la versión ambiciosa, maximalista, del enfoque que
forma en la que la disciplina debería proceder al estudiar la podemos encontrar en la contribución al volumen State ofthe
política y al formar a los estudiantes» (Lalman et al., 1993). Discipline II que acabamos de citar (Lalman et al., 1993), en
Este enfoque mantiene la perspectiva de una teoría de la «The Emerging Disciplin e of Political Economy» (1990) de
ciencia política acumulativa y unificada -parte de una teoría Peter Ordeshook, en «Political Science and Rational Choice»
de la ciencia social formal y unificada - basada en los (1990) de Willia m Riker, en «Toward a Unified View of Eco-
axio• mas o las asunciones comunes que se derivan nomics and the Other Social Sciences» (1990) de Mancur
esencialmente de la ciencia económica. Estas asunciones Olson, así como en otros autores de este género. Este enfoque
consisten en que los seres humanos son egoístas, mantiene que hay una discontinuidad en la historia de la cien•
maximizadores, materialistas y racionales, primordialmente a cia política, según la cual todo lo que ocurrió antes hay que
cort o plazo. Sus defensores sos• tienen que de tales premisas verlo como precientífico. Su visión del futuro de la disciplina
se pueden deducir hipótesis res• pecto a cualquier esfera de consiste en un cuerpo acumulativo de teoría formal, interna•
la actividad humana: desde deci• siones sobre qué comprar y mente lógica y consistente, capaz de explicar la realidad polí•
cómo pagarlo, y a quién votar, hasta decisiones sobre con quién tica con un número relativamente pequeño de axiomas y pro•
casarse, cuántos hijos tener, cómo deberían negociar y formar posiciones.
coaliciones los partidos políticos, cómo deberían negociar y Algunos autores muy eminentes de este movimient o no
formar alianzas las naciones, etc. La teoría es parsimoniosa, comparten estas expectativas maximalistas. En la cuestión del
lógicamente consistente, matemática, y prefiere los métodos
132
contenido de la utilidad , algunos economistas rechazan el
modelo de Hombre Económico como un maximizador egoís•
ta, materialista y racional. Hace ya tiempo, Milto n Friedman
(1953) mantuvo la postura de que era indiferente si esta
asunción era correcta o incorrecta en tanto que produjera
predicciones válidas. En la medida en que se mostrase relevante,
podría cum• plir una función heurística al comprobar el
provecho que podían tener distintas versiones de la utilidad. Es
interesante que uno de los pioneros de la teoría política de la
elección racional, Ant • hony Downs, se haya apartado hace
ya tiempo de un Hombre Político modelado a partir del
Hombre Económico; encontrán• dose ahora comprometido en
un importante trabajo sobre valo• res sociales y democracia,
que asume la importancia de las ins• tituciones políticas para
las decisiones políticas, y la importancia de la socialización
política de las élites y los ciu • dadanos en el uso y el
perfeccionamiento de las instituciones políticas (Downs,
1991). Habiendo perdido contacto con las instituciones
debido a la estrategia reduccionista seguida por este
movimiento, ahora la mayoría de sus practicantes están a la
busca de las instituciones (Weingast: infra, cap. 5; A l t y Ale -
sina: infra, cap. 28).
Robert Bates (1990), un pionero en la aplicación de la teoría
de la elección racional al estudio de los países en desarrollo,
está a favor ahora de una aproximación ecléctica al análisis
político. «Cualquiera que trabaje sobre otras culturas sabe
que las creencias y los valores de la gente importan, así como
también las características distintivas de sus instituciones».
Bates quiere combinar el enfoque de la economía política con
el estudio de las culturas, las estructuras sociales y las institu•
ciones. «Un atractivo importante de las teorías de la elección
y la interacción humana, que está en el núcleo de la economía
política contemporánea, es que ofrece las herramientas para
conectar causalmente los valores y las estructuras con sus con•
secuencias sociales».
Esta versión menos heroica de la teoría de la elección racio•
nal tiene bastante continuidad con la así llamada ciencia polí•
tica «conductista». Y así se la contempla también en esta ver•
sión de la historia de la ciencia política . Su aproximación
133
deductiv o f o r m a l par a l a gen er aci ó n d e hipótesi s tien e 134
d if e • rentes usos, per o no es inherentemen t e superio r al
proces o de construcció n d e hipótesi s a parti r d e l
co no ci m i en t o empír ic o profundo, com o reclama n alguno s de
sus devotos . Gree n y Sha- pir o (1994 , p . 10) sostiene n qu e

[...] el formalismo no es una panacea para los males de la cien•


cia social. En realidad, la exposición formal ni siquiera
garan• tiza un pensamiento claro. Las teorías formalmente
rigurosas pueden ser inexactas y ambiguas si sus referentes
empíricos no están bien especificados. Además, la
formalización no pue• de ser un fin en sí misma; por muy
parsimoniosa y analítica• mente cerrada que sea una teoría,
su valor científico depende de lo bien que explique los datos
relevantes.

E n una important e críti c a a l a literatur a empíric a


p ro du c i • d a po r e l enfoqu e d e l a e l e c c i ó n r a c i o n a l , Gr e e
n y Shapi r o (1994, p . 10) co ncl uy e n :

[,..] se ha aprendido poquísimo. Parte de la dificultad provie•


ne de la absoluta escasez de aplicaciones empíricas: los defen•
sores de la elección racional parecen más interesados en la ela•
boración de teorías, dejando para después, o para otros, el lioso
asunto de la comprobación empírica. De acuerdo con nuestra
interpretación, el fracaso empírico está también significativa•
mente enraizado en la aspiración de los teóricos de la
elección racional a dar lugar a teorías universales de la
política. Como una consecuencia de esta aspiración,
creemos, la mayor par• te del trabajo empírico inspirado por
la elección racional está echado a perder por defectos
metodológicos.

Para escapar de esa esterilidad , Gree n y Shapir o


aconsejan a los teórico s de la elecció n r aciona l que:

[...] resistan los impulsos de ahorro teórico que dan lugar a


una investigación conducida por el método. Más fructífero que
preguntar «¿cómo podría explicar X una teoría de la elección
racional?» sería la pregunta motivada por el problema: «¿Qué
explica X?» . Naturalmente, ésta llevará a reflexionar sobre
la importancia relativa de una multit u d de posibles
variables explicativas. Es indudable que el cálculo
estratégico será una
de ellas, pero normalmente habrá muchas otras, que irán comunida d d e l a elecció n racional . Reconoc e qu e
des• de las tradiciones de comportamiento, normas y culturas a «ciertamen • te, se pueden cita r académicos de la elecció n
dife• rencias en las capacidades de la gente y en las racion a l qu e escri • ben co n a m b i c i ó n - s i n o gr an di osament e
contingencias de la circunstancia histórica. Debieran - sobre l a construc • ció n d e teorías unificada s de l
resistir el impuls o a escapar de esta complejida d en lugar comport amien t o p o l í ti co » . Pero, d e acuerd o co n F i or i n a , s e
de construir modelos explicativos que la tengan en cuenta,
trat a d e un a pequeñ a m in or í a . A l mantener pretensione s
incluso cuando esto sig• nifique una merma del rango de su
aplicación. Nuestra reco• mendación no consiste en más extravagantes , lo s electores racionale s no son diferente s en
trabajo empírico y menos teoría; se trata de que los teóricos lo excesiv o de su propagand a a los f un - cionalistas, los
se acerquen a los datos para que teoricen de un modo teórico s de sistemas y demás innovadore s de las ciencias
empíricamente pertinente. sociales y de las demás ramas de l co noci mien t o acadé• m ic o .
D e este mo d o , dos d e lo s contribuidore s má s i m por t an • tes
En respuesta a la crític a de Gree n y Shapiro , Ferejoh n y de l enfoqu e d e l a elecció n racion a l adopta n posicione s m u y
Satz (1995, p. 83 ) nos di ce n : «Asp ir a r a la un id a d y la distinta s e n l a c ue st ió n d e l m a x i m a l i s m o ci en tí fi c o : un o
búsqued a de explicacione s universalista s ha espoleado el l o defiende c o m o un a aspiració n si n l a qu e s e verí a
progres o en todas las ciencias. A l e xcl ui r e l universalism o po com pr om et i • d o e l progres o cient ífi c o ; e l otr o ofrece medi a
r razones fi lo só fica s , Green y Shapir o hace n capitula r las disculp a po r l a arroganci a d e esta corriente , retirand o l a otr
aspiracione s explicativa s de la cienci a socia l . Es a a m it a d d e l a dis • culp a co n l a razó n d e qu e «tod o e l
c ap i t u l a c i ó n es prematu r a y contra • producente». Por otr a mu n d o l o hace».
parte, M o r r i s Fiorin a (1995 , p . 87) , m i e m • bro del bando más L a polémic a sobre las mayore s aspiracione s de l enfoqu e
moderad o y ecléctic o de la escuela de la elec• c i ó n r a c io na l , d e la elecció n raciona l nos i nd uc e a recoge r sus logro s en
e n respuest a a l a c rí t i c a d e G r ee n y S ha pi ro , m i n i m i z a e nues -
l alcance de l universalism o y e l reduccionis m o e n l a
135
tra visión ecléctico-progresiva del progreso disciplinar,
V. Conclusión
recha• zando sus pretensiones y su visió n maximalista de la
ciencia política y reconociendo la positiva contribución de
Los recientes historiadores de la ciencia política a los que
su enfo• que deductivo formal al arsenal de las
se ha citado nos piden que adoptemos un punto de vista plura•
metodologías, duras y blandas, que están a nuestra
lista sobre la ciencia política. La Methodenstreit -guerra meto•
disposición en nuestros esfuerzos por interpretar y explicar el
dológica- de los setenta y los ochenta ha acabado, según ellos,
mundo de la política. Por así decir• lo, el movimiento para
en tablas. Se ha rechazado la idea de una disciplina continua,
penetrar lateralmente la ciencia política sin, en muchos casos,
orientada en torno a un sentido compartido de identidad. Hay
adquirir el conocimiento de los campos sustantivos que se
tantas historias de la ciencia política - d ic e n - como enfoques
propone transformar, ha llevado inevitable• mente a una
distintos en la disciplina. Y las relaciones entre estos distintos
estrategia dominada por el método y a un registro ilustrativo
enfoques son de aislamiento. No hay ningún terreno académi•
de logros, en lugar de a una estrategia centrada en los
co compartido. De acuerdo con estos autores, nos encontra•
problemas, en la que los métodos deductivos formales
mos ahora, y presumiblemente en un futuro indefinido, en una
encuentran su lugar apropiado.
época posconductista o pospositivista, con una disciplina divi •
dida, condenados a sentarnos en mesas separadas.
Lo que proponemos en este capítulo sobre la historia de la reconoce las contribuciones sustantivas de los académicos mar-
ciencia política es un punto de vista basado en una revisión de xistas ejemplificadas en la historia de las clases sociales, la
la literatura desde la Antigüedad hasta el presente, que demues• contribución de ios straussianos a la historia de las ideas polí•
tra una unidad de sustancia y de método y el carácter acumu• ticas, la contribución de la ciencia política de la elección
lativo de la disciplina, en el sentido del incremento en la base racio• nal al rigor analítico, etc. Este pluralismo no es
del conocimiento y de las mejoras en el rigor de las inferen• «aislacionis• ta», es ecléctico e interactivo, regido en último
cias. Hay pluralismo en el método y en el enfoque, pero es término por su irrenunciable compromiso con las reglas de la
evidencia y la inferencia.
ecléctico y sinérgico en lugar de aislacionista. Nuestra visión

136
Agradecimientos

Quiero reconocer las mu y provechosas críticas de Robert


E. Goodin (y sus evaluadores anónimos), Heinz Eulau, Ale x
Inkeles, S. M. Lipset, Robert Packenham, Nei l Smelser y
Kaa- re Strom.

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149
en los márgenes de las disciplinas formales. El avance actual
de las ciencias sociales puede explicarse en gran parte por la
hibridación de distintos segmentos de estas ciencias. Sería
imposible concebir una historia de la ciencia política y de sus
tendencias actuales sin referencia a las otras ciencias sociales.

I . Especialización, fragmentación,
hibridación

especializados, que la mayor parte del tiempo se encuentran

150
3. La ciencia política y las otras ciencias
sociales

MATTEI DOGAN

La disciplina de la ciencia política está «mal definida, [es]


amorfa y heterogénea». Los editores Fred I. Greenstein y Nelson
W. Polsby abren su prefacio al primer Handbook ofPolitical
Science (1975, p. 1) con este diagnóstico. Veinte años después,
los rasgos principales de las ciencias políticas son: la especiali-
zación, la fragmentación y la hibridación. Sus fronteras son abier•
tas, movibles y no necesitan definirse. El proceso de especiali-
zación ha generado una fragmentación creciente en subcampos,
que no son «amorfos» sino, más bien, bien organizados y crea•
tivos. La «heterogeneidad» se ha nutrido de los intercambios con
las disciplinas vecinas mediante la construcción de puentes entre
campos especializados de varias ciencias sociales. El proceso de
fertilización mutua se logra mediante la hibridación.
Las relaciones entre la ciencia política y las otras ciencias
sociales son en realidad relaciones entre sectores de distintas
disciplinas, no entre disciplinas enteras. No es una empresa
«interdisciplinar». Dado que no hay progreso sin especializa-
ción, los intercambios creativos tienen lugar entre subcampos
Hay que hacer una distinción entre especialización dentro una rama de la antropología, pero también un subcampo de la
de una disciplina formal y especialización en la intersección cien• cia política. ¿Dónde termina la sociología histórica y
de subcampos monodisciplinares. Lo segundo, la hibridación, comien• za la historia social? Podemos incluso sentir más
sólo puede tener lugar después de que lo primero haya llega• inseguridad cuando nos enfrentamos a una recombinación
do a desarrollarse plenamente. En la historia de la ciencia pue• triple. Como las proporciones relativas no siempre son obvias,
de observarse un doble proceso: por un lado, una fragmenta• sigue siendo algo arbitrario decir dónde recae la afiliación
ción de disciplinas formales y, por el otro, una recombinación esencial puesto que el grado de parentesco entre
de las especialidades que surgen de la fragmentación. El nue• especialidades varía enormemente.
vo campo híbrido puede llegar a ser independiente, com© la
economía política; o puede continuar reclamando una doble
afiliación, como la geografía política. En este últim o caso, no a) ¿Investigación interdisciplinar o recombinación
podemos estar seguros de si colocar una obra en la categoría de fragmentos de ciencias?
de geografía o hacerlo en la de ciencia política.
Algunos académicos alaban la «interdisciplinariedad». Es
El criterio podría ser el predominio de uno u otro elemento
una recomendación que proviene frecuentemente de los cientí-
o la afiliación formal del autor. La antropología política es
151
supone rebanar la realidad. Algunos investigadores
fieos más creativos, ya que son los primeros que advierten
proceden paso a paso siguiendo enfoques filológicos,
los problemas causados por las separaciones entre las
antropológicos, histó• ricos, etnológicos, psicológicos y
disciplinas. Pero esta recomendación no es realista. Hoy en
sociológicos. Esta alter• nancia de enfoques, que casi
día, ya no es posible para nadie tener un conocimiento
nunca permit e el encuentro entre las disciplinas, resulta a
completo de más de una disciplina. Es utópico querer
lo mejor en un paralelismo provechoso, pero no en una
dominar dos o más discipli• nas enteras. Dado que implic a
síntesis. De hecho, la investi• gación que engloba diversas
la idea de estar familiarizado con y combinar disciplinas
disciplinas impli c a la combi • nación de segmentos de
enteras, la idea de la investigación interdisciplinar es
disciplinas, de especialidades y no de disciplinas enteras. El
ilusoria.
punto fructífero de contacto es el que se establece entre
Debido a la dificulta d que entraña para un solo sectores, y no a todo lo largo de las fronteras disciplinares.
acadé• mico ser verdaderamente multidisciplinar , algunos Al considerar las tendencias actua• les en las ciencias
metodó- logos se inclina n por defender el trabajo en sociales, la palabra «interdisciplinarie - dad» parece
equipo. Esto es lo que propone Pierre de Bri e en la inadecuada. Llev a consigo una insinuación de
monumental obra publi • cada por la UNESC O (1970). El superficialidad y diletantismo y, consecuentemente, debería
trabajo en equipo es pro• ductivo en los grandes evitarse y sustituirse por la hibridació n de fragmentos de
laboratorios científicos, pero, por lo que se refiere a las ciencias.
ciencias sociales, es d i f í c i l de conse• guirlo en la
práctica. Los únicos ejemplos de un trabajo en equipo
exitoso se refieren a la producció n o a la recogida de 152
datos, y muy raramente a la interpretación o a la sínte• sis
(constituyend o la arqueología una excepció n en este
punto).
El enfoque multidisciplin a r es ilusori o porque
b) Especialización y fragmentación ciencia política mostraba tendencias a desintegrarse en
subeampos, aunque todavía eran subeampos de la ciencia
En el pensamiento cartesiano, análisis significa política. Sin embargo, la desintegración ha conti• nuado y
romper cosas en partes. Todas las ciencias, desde la últimamente ha tomado distintas formas que renun• cian a la
astronomía a la zoología, han progresado desde el siglo x v i identidad de la ciencia política» (Anckar, 1987, p. 72).
en adelante median• te la diferenciación interna y la mutua En realidad, la fragmentación es el resultado de la
estimulación entre espe• cialidades emergentes. Cada espe• cialización. La división de la disciplina en subeampos
especialidad desarrollaba un patri• monio de conocimiento a tiende a institucionalizarse, como puede verse en la
medida que avanzaba su comprensión del mundo. Con el organización de los grandes departamentos de ciencia política
crecimiento de estos patrimonios, la espe• cialización dejó en muchas uni • versidades americanas-y europeas.
de ser una opción para convertirse en una nece• sidad. La Un buen indicador de la fragmentación de la disciplina es
especialización crecientemente focalizada ha dado lugar a el creciente número de revistas especializadas. En los
la creación de subdisciplinas, muchas de las cuales han últimos doce años se han lanzado unas cien revistas
continuado diferenciándose hasta convertirse en especializadas en inglés relevantes para la ciencia política.
autónomas. La mayoría de estas revistas cruzan las fronteras de dos o tres
Encontramos en la literatura docenas de lamentos y disciplinas, y muchas de ellas se localizan en Europa.
jere• miadas sobre la fragmentación de la ciencia política. Algunas de estas nuevas revis• tas híbridas han aparecido en
Cito aquí sólo dos quejas recientes: «Hoy ya no hay un único francés y en alemán. La unifica• ción europea ha tenido un
punto de vis• ta dominante [...] , la disciplina se encuentra impacto en el desarrollo de revistas internacionales que se
fragmentada en su concepción metodológica [...] , los centran en campos especiales.
estudiosos ya no están segu• ros sobre de qué va la política»
(Easton y Schelling, 1991, p. 49). En los países nórdicos, «la 153

La creciente especialización puede tener consecuencias


para el papel de las asociaciones profesionales nacionales y
de las revistas generales. c) La especialización en la hibridación

Conforme los politólogo s se han id o especializando Es necesario subrayar las dos partes del proceso: la frag•
más y más, algunos miembros [de la Asociació n mentación en campos especiales y la especialización por hibri •
American a de Ciencia Política, A PS A ] han llegado a la dación. Es la interacción de estos dos procesos, y no cada uno
conclusión de que otras organizaciones sirven mejor a sus de ellos por separado, la que ha conducido al notable avance
intereses. Por ejem• plo, un especialista en el área de tanto de las ciencias naturales como de las sociales. La rees•
gobierno comparado puede encontrarse con que tiene más
tructuración continua de la ciencia política , como la de las
en común con economistas, sociólogos y antropólogos que
trabajan en la misma área que con los politólogos. Esto demás ciencias sociales, ha sido el resultado de estos dos pro•
también puede reducir el valor del American Political Science cesos en lucha. Sin embargo, tanto la fragmentación como su
Review [...] . L a especialización ha devaluado las razones correlato, la hibridación, se han desarrollado mucho más
para afiliarse a la APS A (Lynn , 1983, pp. 114-115). recien• temente en la ciencia política que en ningún otro
sitio. En el pasado distante, los campos híbridos fueron el
En Europa se observa el mismo fenómeno. Las asociacio• resultado de las separaciones entre disciplinas completas.
nes profesionales nacionales ceden terreno a favor de organi• Las separaciones aparecen hoy entre subcampos especializados
zaciones internacionales que representan las de subdisciplinas vecinas. Como resultado, la fragmentación de
especializaciones entre disciplinas distintas. las disciplinas en subcampos especializados en las últimas
décadas ha dado lugar al desarrollo de especialidades híbridas. Estas últimas no nece•
154 sitan colocarse a mitad de camino entre dos disciplinas
sobe• ranas. Pueden ser enclaves de una sección de la ciencia
políti • ca en un sector de otra disciplina. Combinan dos
dominios delimitados, no disciplinas enteras. Estos
dominios no tienen por qué ser adyacentes.
La hibridación aparece en la lista de comités de investiga•
ción patrocinados por la Asociación Internacional de
Ciencia Política (IPSA). Entre los cuarenta grupos reconocidos
en 1995, la mayoría se relacionan con especialidades de otras
disciplinas siendo, por tanto, híbridas: Sociología Política,
Filosofía Políti• ca, Geografía Política, Psico-política,
Religión y Política, Él i •
tes Políticas y Sociales, Fuerzas Armadas y Política, Aliena -
, ción Política, Política y Etnicidad, Educación Política,
Economía Política Internacional, Orden Económico
Internacional, Estu• dios Judiciales Comparados, Biologí a y
Política, Negocios y Política, Ciencia y Política, Pluralismo
Sociopolítico, Política Sanitaria, Roles Sexuales y Política,
Cambio Medioambiental* Global, Análisis Terminológico y
Conceptual, etc. Cada uno de estos grupos está en contacto con
especialistas que pertenecen formalmente a otras disciplinas.
Los estudios sociométricos muestran que muchos espe•
cialistas están más en contacto con colegas que pertenecen
oficialmente a otras disciplinas que con colegas de la
suya propia. El «colega invisible» , descrito por Robert
Merton , Diana Crane y otros sociólogos de la ciencia, es
una institu • ción eminentemente interdisciplinar porque
asegura la comu• nicación no sólo de una universidad a
otra y a través de las fronteras nacionales, sino también y
sobre todo lo hace entre especialistas vinculados
administrativamente a distintas dis• ciplinas. Las redes de
la influencia a través de las discipli • nas son de tal
magnitud que están borrando la vieja clasifi• cación de las
1
ciencias sociales .
1
De hecho, podríamos construir un «Árbol Genealógico de la
Ciencia Política» a través de las distintas naciones. «El contenido de la
investigación politológica sueca antes de 1945 estaba dominado por tres
corrientes princi• pales; cada una de estas corrientes se orientaba hacia
alguna otra disciplina académica: derecho constitucional, historia,
filosofía» (Ruin, 1982, p. 299). 155

I I . Préstamos de las disciplinas vecinas internacional. En realidad, lo han hecho. Cada una de las demás disciplinas de
las ciencias socia• les reclama una parte de la ciencia política» (Andrews,
1988, p. 2) .
El proceso de hibridación consiste en primer lugar en pres•
tar y tomar prestados conceptos, teorías y métodos. Revisar el 156
proceso de los préstamos hechos nos llevaría demasiado lejos.
Tengo que renunciar aquí a esa revisión. En cualquier caso, la
ciencia política ha tomado prestado siempre mucho más de lo
que ha dejado a otras disciplinas.

a) La difusión de conceptos a través de las disciplinas

Durante siglo y medio, desde The Use and Abuse ofsome


Political Terms de sir George Cornewall Lewis en 1832, has•
ta la colección editada por Sartori en 1984 sobre Social Scien•
ce Concepts, un buen número de académicos ha denunciado la
confusión conceptual y la polisemia de términos usados en

En la India, «mientras que en el pasado la ciencia política ha estado irrigada


abundantemente por las comentes de pensamiento originadas en disciplinas
como la filosofía, el derecho y la historia [.. . ] , ningún profesor de ciencia
polí• tica puede permitirse hoy en la Indi a prescindir del contacto con los
últimos avances de disciplinas como la sociología, la antropología social, la
economía, y la gestión y administración públicas» (Narain y Mathur, 1982,
p. 197). En Holanda, «en torno a la mita d de los actuales profesores de
ciencia política estudiaron inicialmente en un campo distinto al de la
ciencia política , nor• malmente sociología o derecho» (Hoogerwerf, 1982,
p. 227). En Escandina- via , «el núcleo de los esfuerzos teóricos continuó
siendo primordialment e sociológico en su estilo y orientación. E r i k
Allard t en Finlandia, U l f H i m - melstrand en Suecia, Wilhel m Aubert,
Johan Galtung, Stein Rokkan, U l f Tor- gersen, Francesco Kjellberg y 0y v i n d
0steru d en Noruega, desarrollaron mar• cos explícitamente sociológicos para
el análisis político. Este trabajo es paralelo al de otras empresas en la frontera
entre la sociología y la política» (Kuhnle,
1982, p. 259). En épocas anteriores en Estados Unidos , la ciencia polític
a
«no tenía una metodología distintiva. No tenía una materia claramente defi•
nida que no pudiese englobarse en una o más de sus disciplinas hermanas. Sus
diversas partes podrían haber sobrevivido por separado como historia políti •
ca, sociología política, geografía política, filosofía política y psicología
polí• tica, que son subcampos de otras disciplinas. Otras partes podrían haber
segui• do siendo derecho constitucional, derecho público y derecho
varias subdisciplinas y, en particular, en la ciencia política. analizar el con• flicto político en Uganda. Arend Lijphart y
Sar• muchos otros lo han desarrollado algo más para aplicarlo a las
tori (1984, p. 17) señala una de las razones de esta polisemia: pequeñas democra• cias europeas, Canadá y Sudáfrica.
«No podemos formar una oración a menos que ya sepamos los Podemos ignorar la etimología de los conceptos con el fin
significados de las palabras que contiene [ ...] . N o es que de subrayar cómo los préstamos fertilizan la imaginación. La
las palabras adquieran su significado a través de las oraciones palabra «rol» viene del teatro, pero Ma x Weber le dio un sig•
en las que aparecen, sino más bien que el significado de la nificado sociológico. Desde la sociología, este concepto ha lle
pala• bra es especificado por la oración en la que aparece». • gado a todas partes. La palabra «revolución» la propuso
Otra importante razón de este problema semántico provie• Copér- nico, pero fue aplicada por^ primera vez a la
ne de la peregrinación de conceptos de una disciplina a otra. polític a por Luis X I V . Los historiadores la adoptan, los
Los conceptos prestados necesitan alguna adaptación al con• sociólogos la arti• culan, antes de ofrecérsela a la ciencia
texto de la nueva disciplina, porque el concepto no es sólo un política.
término, es también una noción o una idea. Un reciente estu• El patrimonio de la ciencia política está repleto de conceptos
dio de más de 400 conceptos usados en las ciencias sociales ha prestados, que son híbridos en el sentido de que fueron confec•
hallado pocos neologismos (De Grolier, 1990, p. 271), lo que cionados en otras disciplinas y replantados con habilidad en el
puede explicarse por el hecho de que hay más conceptos pres• jardín de la ciencia política. No obstante, la disciplina ha
tados que creados. Algunos conceptos se reaniman tras un lar• generado para su propio uso una larga serie de conceptos
go olvido. Ma x Weber resucitó el concepto de carisma tras importantes, siendo el más viejo el de «poder», formulado por
siglos de desatención. Davi d Apter hizo uso del concepto de Aristóteles, y el más joven el de «implosión», sugerido por la
organi• zación consociacional, que originalmente se aplicó a caída de la Unión Soviética.
las insti• tuciones presbiterianas en Escocia. Lo usó para
157

Utilizando la Enciclopedia Internacional de las Ciencias lización, inconsistencia de status, clase obrera, Gemeins-
Sociales (Sills, 1968) y los índices analíticos de algunos libros chaft- Gesellschaft.
importantes, he compilado un inventario de más de doscien• • De la psicología: afecto, alienación, ambivalencia, aspi•
tos conceptos «importados» en la ciencia política. Muchos de ración, actitud, comportamiento, conciencia, dependen•
estos conceptos han cambiado su significado semántico en el cia, empatia, personalidad, movimiento social, estereo•
proceso de adopción y adaptación. La ciencia política ha toma• tipo, Gestalt.
do prestados los siguientes conceptos importantes (excluyen• • De la economía: asignación de recursos, cartel, corpora-
do los términos «legos»): tismo, rendimientos decrecientes, revolución industrial,
industrialización, liberalismo, mercantilismo, producto
• De la sociología: acomodación, agregado, asimilación, nacional bruto, escasez, áreas subdesarrolladas.
circulación de las élites, pandilla, cohesión, comporta• • De la filosofía y los antiguos griegos: anarquismo, aris•
miento colectivo, jerarquía, tipo ideal, individualismo, tocracia, consenso, democracia, facción, libertad, volun•
legitimidad, medios de comunicación de masas, sociedad tad general, idealismo, monarquía, oligarquía, fratría, plu•
de masas, militarismo , nacionalismo, variables de pau• ralismo, tiranía, valor, Weltanschauung.
tas, ética protestante, secular, segregación, clase social, • De la antropología: aculturación, afinidad, casta, nepo•
control social, integración social, estructura social, socia• tismo, patriarquía, sociedad plural, rites de passage.
• De la teología: anomía (indiferencia hacia la ley d iv i • Muchos conceptos tienen múltiples orígenes. Autoritaris•
na), carisma. mo tiene dos raíces, una psicológica y la otra ideológica. Fre•
• De los periodistas y los políticos: imperialismo, interna• cuentemente se puede intercambiar sin que nos demos cuenta
cionalismo, aislacionismo, izquierda y derecha, lobbying, con despotismo, autocracia, absolutismo, dictadura, etc. La
neutralismo, nihilismo , patronazgo, plebiscito, propa• autoridad ha sido analizada desde perspectivas disciplinares
ganda, socialismo, sindicalismo. diversas por Malinowski , Weber, Parsons, Lasswell, Kaplan,
158 B. De Jouvenel, y C. J. Friedrich entre otros. El concepto de
cultura (cívica, política, nacional) tiene muchas variantes:
con• vergencia cultural, configuración cultural, evolución
cultural, integración cultural, retraso cultural, paralelismo
cultural, plu • ralismo cultural, relatividad cultural, sistema
cultural, cultura posmaterialista. En las dos últimas décadas,
los politólogos han sido muy productivos en este subcampo.
Max Weber y Kar l Marx, académicos híbridos los dos,
fue• ron los generadores de conceptos más prolíficos. Sólo
Aristó • teles puede comparárseles. A lm o n d y Parsons son
también los padres de un número impresionante de conceptos.
Los con• ceptos son con frecuencia semillas de teorías: la
estructura genera el estructuralismo, el sistema se convierte
en teoría de sistemas, el capital engendra el capitalismo,
etcétera.

b) Teorías que cruzan las fronteras disciplinares

Paradigma es una palabra que se usa o de la que se abusa


con frecuencia en la ciencia política, tanto como en la
socio• logía, en lugar de las palabras teoría o gran teoría.
Thomas Kuhn, que confeccionó esa palabra, ha reconocido
que su uso en las ciencias sociales no está justificado. En su
prefacio a La estructura de las revoluciones científicas
(Kuhn, 1957, p. viii) , explica que fue durante una estancia en
el Centro de Estu• dios Avanzados de Palo A lt o en compañía
de científicos socia• les, incluyendo politólogos, donde se le
empujó a formular el concepto de paradigma con el verdadero
propósito de dejar cla• ra la diferencia entre las ciencias
naturales y las sociales. La razón ofrecida por Kuhn era la
ausencia de un consenso teóri• co en cualquiera de las
disciplinas de las ciencias sociales. Hoy, si alguien «quiere
legitimar su teoría o modelo como un logro
159
rigor» (citado en Valade, 1990, p. 207).
revolucionario, siempre hay algunos que no se reúnen en
Parece que Weber no fue consciente de la teoría de
tor• Pareto sobre la circulación de las élites y Pareto, a su vez, no
no a la bandera» (Weingart, 1986, p. 270). dice nada
¿Hay en las ciencias sociales ejemplos de sacudidas
para• digmáticas comparables a las creadas por Copérnico, 160
New• ton, Darwin o Einstein? ¿Pueden describirse las teorías
de Key- nes, Chomsky o Parsons como paradigmáticas? En
la ciencias sociales, ¿tiene lugar el progreso mediante
revoluciones para• digmáticas o mediante procesos
acumulativos? ¿Hay realmente paradigmas en las ciencias
sociales?
Dentro de una disciplina forma l pueden cohabitar
varias teorías importantes, pero sólo existe un paradigma
cuando una única teoría comprobable domina a todas las
demás teorías y es aceptada por toda la comunidad científica.
Cuando Pasteur descubrió el microbio, se vino abajo la teoría
de la generación espontánea: el contagi o se convirtió en el
nuevo paradigma. Sin embargo, en las ciencias sociales,
observamos como mucho una confrontación entre varias
teorías no comprobables. La mayor parte del tiempo ni
siquiera hay una confrontación, sino una cuidadosa evitación
mutua, una indiferencia enorme en todas partes; es
relativamente fácil dado el tamaño de las comu• nidades
científicas y su división entre escuelas. Es algo cierto en
todos los países, ya sean grandes o pequeños.
Esta indiferencia mutua es una vieja práctica en las
cien• cias sociales. Con el cambio de siglo, los grandes
académicos no se comunicaban o lo hacían muy poco. En los
escritos de Weber no hay ninguna referencia a su
contemporáneo Durk • heim. Sin embargo, Weber conocía
la revista de Durkheim , L'Année sociologique. Por su parte,
Durkheim , que sabía leer alemán, sólo hace una referencia
fugaz a Weber. No obstante, trabajaban en un buen número
de materias comunes como la religión. Durkhei m no hace
más que una mención de pasada a Simmel y Toennies.
Duramente criticado por Pareto, Durkheim nunca aludiría a la
obra del italiano. El juici o de Pareto sobre el libro de
Durkhei m sobre el suicidio era desfavorable: «Des•
graciadamente -escribió - sus argumentos carecen de
sobre la teoría weberiana del liderazgo político. Weber y esencia• les de la realidad social. Sin embargo, cuanto más
Cro- ce sólo coincidieron una vez y de manera muy breve. ambiciosa es una teoría, tanto menos puede ser comprobada
No hubo ningún intercambio entre Weber y Freud. Ernst Bloc directamen• te con los datos disponibles. En las ciencias
h y Geor- ge Lukács se reunían regularmente con Weber en sociales no hay
Heidelberg, pero sus obras no muestran signos de la «descubrimientos fundamentales» como los que hay a veces
influencia de éste. Ni había ninguna comunicación entre en las ciencias naturales. En su lugar, se construyen teorías
Weber y Spengler. De los contemporáneos de Weber, el inverificables, en parte porque la propia realidad social cam•
único que se refiere a él es Ka r l Jaspers, pero se trata de un bia. También, y de manera más importante, los errores
filósofo (véase Mommsen y Oster- hammel, 1987). Como come• tidos por los gigantes de las ciencias naturales son la
advirtió Raymon d Aron , cada uno de esos tres grandes mayoría de las veces de naturaleza metodológica; en las
académicos siguió un «sendero solitario». ciencias socia• les son errores básicos.
Podrían citarse muchos ejemplos de académicos coetáneos Considérese el maltusianismo, por ejemplo. ¿Es una teoría
entre sí que no se influyeron mutuamente, como Angus o un paradigma? El maltusianismo es una de las teorías
Camp• bell y Paul Lazarsfeld, quienes, no obstante, dedicaron princi• pales en la historia de las ciencias sociales. Malthus
una gran parte de sus vidas a estudiar los mismos influyó a muchos científicos, sobre todo a Darwin, que
comportamientos polí• ticos. Lo mismo puede decirse con reconocía que era una de sus principales fuentes de
referencia a otros campos. No está mal oponer teorías entre inspiración. Una pléyade de sociólogos, politólogos,
sí. Pero tiene que haber deba• te. No hay paradigmas en las demógrafos y economistas siguieron su ejemplo, estuvieran de
ciencias sociales porque cada dis• ciplina está fragmentada. acuerdo o no con él. Pero cuando las con• diciones
Porque para que exista un paradigma debe darse otra con• demográficas cambiaron en Occidente, sus proyeccio-
dición: las teorías tienen que referirse a los aspectos
161
nes quedaron invalidadas y se le condenó como a un falso largas series de descu• brimientos empíricos sectoriales. Por
pro• feta. Sin embargo, si consideramos hoy la brecha entre el ejemplo, la correlación establecida por D. Lerner (1958, p.
desa• rrollo económico y el crecimiento de la población en 63) entre grados de urba• nización, alfabetización y
África, Asi a o Latinoamérica, podría ser saludado como un comunicación es un hecho probado que sigue siendo válido.
gran visio• nario. Sólo necesitamos ponernos de acuerdo en En estos sectores especializados - y a sean híbridos o
una compara• ción asincrónica entre la Inglaterra de su época y monodisciplinares- no hay necesidad de teorías ambiciosas; les
el Tercer Mun • do para admitir la validez asincrónica de su basta con lo que Merton (1973) ha denomina• do «teorías de
teoría. ¿Deberíamos ir más allá hasta hablar de un paradigma alcance medio».
maltusiano? Pongamos un ejemplo concreto de proceso acumulativo.
¿Hay al menos un progreso acumulativo en la ciencia Uno de los grandes hallazgos en la ciencia política es la
polí• tica? Sí que lo hay, claramente, puesto que la disciplina influen• cia de las técnicas electorales en los sistemas de
tiene su herencia de conceptos, métodos, teorías y praxis. Se partidos. Una bibliografía, incluso una mu y selectiva, sobre
puede reconocer rápidamente si uno es un profesional o un este tema podría comprender fácilmente doscientos o
aficiona• do. Hay progreso acumulativo incluso en el campo trescientos títulos en inglés, sin mencionar las múltiples y
teórico. Si una teoría queda anticuada o invalidada, algo de variadas observaciones extraídas de la experiencia directa por
ella perma• nece incorporado en las nuevas teorías ya políticos de numerosos países. Desde Condorcet, Bachofen,
que se aprende mucho cometiendo errores. No repetimos John Stuart M i l i , Haré y Hondt a Hermens, Downs, Duverger,
un error que haya sido denunciado. En épocas recientes, el Sartori, Lijphart, la teoría se basa en las contribuciones y
progreso de la cien• cia política se ha asegurado mediante sucesivas mejoras hechas por un gran número de especialistas.
Las consecuencias de la repre• sentación proporcional ya Se reconoce ahora que «ya ningú n paradigma pretende
habían sido descritas por Bachoven en 1850. ordenar, y menos unificar, el campo de las ciencias
162 sociales»
{Anuales, 1989, p. 1322). Tendría que excluirse la palabra
para• digma del vocabulario de las ciencias sociales, a no
ser que aparezca entrecomillada.
Una vez que hemos clarificado la aparente contradicción
teórica entre la hibridación de especialidades y el paradigma
disciplinar, echemos un vistazo a algunas teorías híbridas. Los
ejemplos de fertilización teórica mutua abundan. La obra más
citada de la teoría de los grupos de interés, The
Governmental Process de David B. Truman, debe mucho a las
teorías socioló• gicas de los grupos. El ataque de Mancur
Olson a la teoría tradicional de los grupos de interés, La
lógica de la acción colectiva, se basaba en la ciencia
económica. Al mismo tiem • po, sociólogos y economistas
han tomado prestados algunos aspectos de las teorías de los
grupos de interés desarrolladas por los politólogos.
Las teorías de las disciplinas hermanas se han
confrontadd í unas con otras con frecuencia en el terreno de la
ciencia polí • tica, con resultados beneficiosos para todas las
partes i m pl i • cadas. El «análisis de la elección racional» es un
ejemplo. Este enfoque ha demostrado ser bastante
impermeable a la crítica empírica: el argumento de que, por
ejemplo, un determinado político fue irracional, no se ha
considerado hasta el momen• to presente una amenaza para la
teoría. En lugar de eso, las modificaciones o los ataques a la
elección racional han solido provenir o bien desde dentro o
bien desde teóricos de otras dis• ciplinas. Las críticas más
fuertes han consistido en la cons• trucción de alternativas
teóricas. Una teoría sólo se desacredi• ta reemplazándola,
generalmente con la ayuda de teorías de fuera de la
disciplina. La psicología ha suministrado el funda• mento de
varios de estos ataques. La teoría de Herbert Simón debe
mucho no sólo a la economía, sino también a la psico• logía
y al estudio de la administración pública en la ciencia
política.
Los teóricos de los sistemas políticos han utilizado a
menu• do analogías extensivas a partir de los sistemas
biológicos. La biología desarrolló en primer lugar el
concepto de «sistema»
163
como una forma de organizar la vida y los sistemas politólogos se arruinan a la pri -
orgánicos como fenómenos que no pueden reducirse a su
química cons• tituyente. Algunos funcionalistas 164
estructurales han sostenido que los sistemas sociales son
como sistemas biológicos por• que se autorregulan y son
homeoestáticos. Estos teóricos advir• tieron también que cada
sistema biológico tiene que llevar a cabo ciertas funciones y
utilizaron la analogía para preguntar• se qué funciones eran
vitales para los sistemas sociales. «E l funcionalismo estaba
bastante consolidado en biología en los años veinte y había
sido utilizado de manera independiente en el análisis
freudiano de la personalidad y en el estudio de las sociedades
primitivas. De ahí se expandió a todas las ciencias sociales
y, con él, se expandió también un escepticismo lógi • co
acerca del exacto status de la palabra función» (Mackenzie,
1967, p. 91). La teoría de sistemas, ya fuera la de Davi d
Bas• tón en la política comparada o la de Morto n Kaplan,
Richard Rosecrance y Kenneth Waltz en las relaciones
internacionales, provenía originalment e de esas fuentes de
algunas partes de la sociología.
La teoría de la dependencia, que sedujo a tantos especia•
listas en Latinoamérica, se origina en el trabajo de un grupo
de economistas, sociólogos y demógrafos que cooperaban
con estadísticos de las Naciones Unidas. Entre ellos estaban
Fer• nando H. Cardoso y Enzo Faletto (autores de
Dependencia y desarrollo en América Latina), André Gunder
Frank, Theoto- nio dos Santos, Ruy Mauro Marin i .
Las teorías entran en decadencia. Cómo se superan las vie•
jas teorías por la nuevas es una buena pregunta. Pero hay otra,
sugerida por Danie l Bell , referida al fenómeno de las
teorías que se equivocan o se convierten en un callejón sin
salida:
«¿Por qué lo que en algún momento se consideraba un
avan• ce se convierte en un callejón sin salida?» (D . Bell , en
Deutsch et al., 1986, p. 220). Se pueden leer hoy con gran
interés a doce• nas de filósofos políticos y grandes teóricos del
pasado y citar• los con placer. Pero sólo un puñado de teorías
formuladas antes de la Segunda Guerra Mundia l están todavía
vivas. Las teorías sobreviven con más facilidad en la
lingüística y la economía. Los castillos de arena de los
mera lluvia. En 1912, Gustave Le Bo n escribió en La Bernard o Hubert Blalock- , la estrategia de investigación, el
Psycho- logie Politique que las reglas formuladas por método de investigación y la capacidad tecnológica. Los
Maquiavelo en El Príncipe ya no eran válidas porque la cuatro son inter- disciplinares. Me concentraré en los métodos
sociedad observada por el gran florentino ya no existía. que han tomado prestados los politólogos, quienes muy rara
Pero no vamos a hacer una peregrinación al cementerio de vez los importan directamente de la lógica, las matemáticas
las teorías políticas. Es suficiente con advertir que en o la estadística. Generalmente encuentran un intermediario
esta necrópolis hay menos tumbas en el callejón de las teorías en ciertos campos de la psicología, la economía o la
híbri • das que en el de las monodisciplinares. sociología, disciplinas que han desempeñado un papel crucial
Los dominios especializados necesitan orientaciones en el enriquecimiento meto• dológico de la ciencia política.
teóri• cas, pero la disciplina de la ciencia política La demostración tabular, la pre• sentación gráfica, la adición,
globalmente con• siderada no puede tener una teoría las medidas de variabilidad, las ratios, las tasas, la
universal y monopolista. Los métodos tienen una distribución muestral, la inferencia estadís• tica, la falacia
expectativa de vida mucho mayor y algunos constituyen ecológica, la distribución binominal, la regre• sión múltiple
incluso adquisiciones perpetuas que atra• viesan los límites , la correlación lineal, la contingencia, el análisis factorial,
de las disciplinas formales. etc., ninguno de estos métodos han sido ideados por
politólogos. Todos se han importado y algunos, tras mejorar•
los, se han exportado en formas más refinadas.
c) Préstamos de El préstamo de métodos no ha disminuido desde que O l i
métodos - ver Benson admitiera en 1963 que «la mayor parte de la
litera-
Habría que hacer distinciones entre el razonamiento 165
cientí• fico -e n la tradición de J. S. M i l i , Durkheim , Claude
tura matemática relevante para la ciencia política se debía a Hasta cierto punto, la introducción de las matemáticas en
extraños, a gente que no podía identificarse a sí misma como la ciencia política ha sido valiosa no sólo por sus propias con•
estudiosos de los fenómenos políticos» (Benson, 1963, p. 30). tribuciones, sino como una entrada para nuevos préstamos.
Tomar prestados métodos es fácil . Una vez que el difíci l La adopción de estos métodos y modelos matemáticos ha
pro• ceso de la invención y de elaboración inicia l se ha supuesto la obtención de varios dividendos: la introducción del
completa• do, un método puede ser utilizado por cualquiera, rigor necesario para la construcción de modelos, por ejemplo,
tenga o no imaginación. ha sido también impagable en el desarrollo de argumentos con•
Un buen número de politólogos están familiarizados con vincentes y lógicos, incluso en trabajos que prescinden de la
los métodos de la construcción de escalas elaborados por los presentación matemática.
psicólogos, el análisis de senda (path-analysis) importado de Debido a que no hay necesidad de obtener una licencia para
la biología a través de la economía, el razonamiento y la adoptar un método o una técnica de investigación, la importa•
medi• ción multivariable del sociólogo Paul Lazarsfeld, la ción ha sido indiscriminada a veces. Lo que se necesita es buen
relación estructural lineal fraguada por el estadístico sentido al aplicar el método a un nuevo campo. Demasiados
Jóreskog. Muchos representantes de otras disciplinas polítólogos confunden todavía el razonamiento científico, la
colaboraron en la rica meto• dología del American Soldier estrategia de investigación y las herramientas tecnológicas. Hoy
que compil ó Samuel Stouffer. en día, la fuente principal de las disputas entre politólogos no
es, como mucha gente cree, la ideología, sino la metodología, tativos expanden las fronteras del conocimiento político. Sin
que es exógena en su mayor parte a la ciencia política. Es embargo, otros están motivados principalmente por un interés
posi• ble que haya debates entre ideólogos, incluso aunque en la técnica más que en la sustancia. Éstos construyen ruti •
sean esté• riles con frecuencia; pero los que hay entre nariamente modelos inverificables, sobrecuantifican y sobre-
escuelas meto• dológicas no llegan a ninguna conclusión. modelan. A menudo escogen la discusión de asuntos menores,
El préstamo de técnicas y métodos estadísticos no siempre gastando mucho talento y energía en mejorar un coeficiente de
es beneficioso. Muchos politólogos que usan métodos cuanti- correlación o en dividi r un pelo en cuatro mediante un análi•
166 sis factorial. Son académicos productivos (cada input en el
ordenador resultará mecánicamente en un output). Pocos de
sus trabajos ven la luz en revistas importantes, porque la
mayoría se caracteriza por un doloroso contraste entre unas
técnicas analíticas altamente sofisticadas y una pobre imagi •
nación en el diseño de la investigación o unos datos demasia•
do débiles para soportar las poderosas técnicas utilizadas
(Dogan, 1994).
La metodología de libr e comercio interdisciplinar
necesita estar guiada por una estrategia científica y no por las
facilida• des mecánicas, en particular en algunas grandes
universidades donde muchos estudiantes de tercer ciclo de
ciencia política se quejan de que se les «oprime» con un
duro programa de téc• nicas estadísticas importadas en
detrimento del razonamiento científico.

III . Dominios
híbridos

Si cada una de las doce ciencias sociales principales se cru•


zase con todas las demás, obtendríamos en teoría una parrilla
con 144 celdas. Algunas celdas estarían vacías, pero más de
tres cuartas partes de las mismas estarían ocupadas por espe•
cialidades híbridas que gozan de cierta autonomía (Dogan y
Pahre, 1990). Estas especialidades híbridas se dividen inter•
namente y dan lugar, en una segunda generación, a un núme•
ro de híbridos incluso mayor. No se puede obtener un inven•
tario completo de todas las combinaciones existentes cruzando
las disciplinas de dos en dos en el nivel de la segunda genera• híbridos como
ción, ya que algunos campos híbridos entre los más
167
dinámicos tienen un origen múltiple. Además, los campos
la prehistoria que se enraizan parcialmente en las ciencias psicobiografía, el análisis de la personalidad, las actitudes y
natu• rales, no aparecerían en la parrilla de las 144 celdas, creencias políti • cas, los pequeños grupos, el análisis
limitada como está a las recombinaciones de segmentos de tipológico de los líderes políticos, el carácter nacional, la
las ciencias sociales. La configuración de los campos híbridos participación de masas, las generaciones, la insatisfacción
cambia cons• tantemente. La psicología política, la política y una rica área meto• dológica (medición de
sociología política y la economía política han sido actitudes, medición sociométrica, aná-
reconocidas desde hace tiempo, mientras que la antropología
política no es aún autónoma. 168

a) Psicología
política

Entre la psicología y la ciencia política hay un domini


o híbrido que ondea su propia bandera: la psicología política.
Es un híbrido de tercera generación porque la propia
psicología nació como una disciplina híbrida, con parte de
sus raíces en las ciencias naturales y parte en las sociales. La
psicología polí• tica tiene dos hermanas: una mayor, la
psicología social, reco• nocida formalmente en todas las
universidades importantes del mundo; y una más joven , la
ciencia cognitiva, la mejor dotada hoy de todas las jóvenes
ciencias a ambos lados del Atlántico. La psicología política
rara vez coincide con la ciencia cogni• tiva, pero está en
contacto permanente con la psicología social.
En un estudio reciente, D. O. Sears y C. L. Funk
(1991 , p. 346) escriben que la psicología política, siendo
«una empre• sa interdisciplinar, corre el peligro de caer por
las rendijas de las instituciones académicas» a causa de las
presiones a favor de «la ortodoxia disciplinar inducida por
la inercia burocráti• ca». Pero el inventario que hacen al
mostrar la penetración de la psicología política en los
departamentos de ciencia política no parece justificar ese
temor. La revista Political Psychology es una buena ventana
a este campo híbrido.
En su territorio encontramos las provincias de la
sociali• zación política, la teoría del rol , la alienación, la
lisis de contenido, método clínico, enfoque cuasi- muchos países.
experimen- tal y, en particular, la investigación mediante
encuestas).
Mu y pocos dominios híbridos conmemoran a un padre b) Geografía política
fun• dador. Pero la psicología política americana tiene uno:
Harold Lasswell. Su progenie incluy e a Fred I. La geografía -un a disciplina maestra en el pasado-
Greenstein, Robert Lañe, Herbert Hyman , Eri k Erikson , carece hoy de núcleo. Está dividid a en muchos subcampos:
Sidney Verba y James C. Davies, entre muchos otros. biogeo- grafía, geografía social, urbana, histórica, económica,
En Europa occidental el campo híbrido de la psicología geografía política. Hay múltiples encuentros entre la ciencia
polí• tica se encuentra institucionalizado en muy pocas política y la geografía: geopolítica, geografía electoral,
universida• des, pero la literatura relacionada con el campo es polític a urbana, bases territoriales del federalismo,
rica y de gran variedad como ilustra en Francia, por organización espacial de la sociedad, núcleo-periferia,
ejemplo, el trabajo de Philippe Brau d o en Alemani a las ciudad-hinterland, problemas ambientales, diferencias urbanas
contribuciones de Er w i n K. Scheuch a la metodología de y rurales, aspectos territoria• les de la movilización social,
los estudios muéstrales y a los problemas de la etc. La demografía es una dimen• sión de la geografía
comparabilidad en política y en psicología social. política.
Scheuch tiene el mérito de haber descubierto la «fala• cia Desde el «Geographical Pivot of History» de H. J. Mac
individualista» (Scheuch, 1966, 1969). Entre los libros que - kinder en 1904 hasta el «mapa conceptual de Europa» de
pertenecen al campo de la psicología política habría que Stein Rokkan (véase el número especial dedicado a sus
sin• gularizar Political Action, compilado por Samuel concepcio• nes en la Revue Internationale de Politique
Barnes^y Ma x Kaase. Su tipología de protestantes, activistas, Comparée en 1994),
reformistas, con• formistas e inactivos tiene aplicación en 169
unidades administrativas. Los paí• ses privilegiados desde
se han publicado muchos ensayos en el campo de la este punto de vista son, o fueron has• ta muy recientemente:
geografía política, y no sólo en Europa. The Significance Francia, Italia, España, Portugal, Bél • gica, Noruega,
ofthe Frontier in-American History de F. J. Turner trata Finlandia, Austria, Canadá. Andr é Siegfried (1913)
tanto de geografía como de historia. investigó sobre el noroeste de Francia, V. O. Key sobre
En la colección de Kasperson y M i n g h i , The Structure Southern Polines (1949), Rudolf Herberle (1963) sobre
of Political Geography (1969), hay muchos capítulos de Schles- wig-Holstein durante la República de Weimar, Eri k
interés incluso para politólogos no orientados a la geografía Allard t (1964) sobre Finlandia, Mattei Dogan (1968) sobre
(las leyes de Ratzel del crecimiento espacial de los Italia, Stein Rokkan y H. Valen (1964) sobre contrastes
Estados, las regio• nes geopolíticas, el análisis de los regionales en la política noruega, Juan Lin z y Amando de
flujos de transacciones, el heartland y el rimland, el impacto Migue l (1966) sobre las «ocho Españas», R. E. De Smet y
de la migración negra, etc.). El concepto de centro- R. Evalenko (1956) y Frognier et al. (1974) sobre Bélgica.
periferia tiene una obvia dimensión geográfica (Rokkan, Este enfoque geográfico ha sido, no obstante, desafiado en un
Urwi n et al, 1987). análisis en el que el terri• torio desaparece a favor de una
La ciencia política y la geografía también se reordenación sociológica de las variables y las unidades
encuentran en el dominio de la geografía electoral, en territoriales (Dogan y Derivry, 1988). Este campo híbrido
particular en el aná• lisis de los datos agregados en países tiene una serie de revistas especializadas que constituyen
que se caracterizan por una gran diversidad territorial y puentes interdisciplinares: Economic Geo• graphy, Urban
para los que la información está disponible en pequeñas Geography, International Journal ofUrban and Regional
Research y, en particular, Political Geography. tes que Estados independientes que alcancen esa cifra. El
Los politólogos adoptan todavía el Estado-nación como mun• do está dominado crecientemente por las ciudades
uni• dad de análisis en una época en la que en el mundo gigantes (Dogan y Kasarda 1988). Los geógrafos y los
hay más ciudades gigantes que rebasan los cuatro millones urbanistas están en primera línea de esta área proponiendo
de habitan- marcos teóricos, con• ceptos y métodos de medición. Los
17 estudios urbanísticos se están expandiendo; pronto pueden
0 llegar a convertirse en una disciplina independiente. Ho y
en casi todos los países, desa• rrollados o en vías de
desarrollo, el número de especialistas en
«urbanología» es mayor que el de politólogos. La
«política urbana» es un campo en crecimiento.

c) Sociología
política

La ciencia política y la sociología tienen un


condominio: la sociología política. Se trata de un viejo
híbrido, que fue reco• nocido ya en la década de los
cincuenta, como atestiguaría Nei l Smelser:
En las ramas más nuevas de la ciencia política que se han
agru• pado de manera flexible bajo el título de enfoque
conductis- ta, los métodos de investigación son, excepto
por algún énfa• sis relativo, casi indistinguibles de los
métodos de la sociología [...] . Los politólogos han
empleado una colección imponente de métodos de recogida
de datos, manipulación estadística y métodos comparativos
que también se usan comúnmente en sociología (Smelser,
1967, p. 27).

El solapamiento es obvio.
Giovann i Sartori distingu e entre la sociologí a polític
a
y la sociología de la política. Para él, la segunda
constituye una rama de la sociología, como la sociología
de la religión . Se puede dibujar una línea divisoria si
tomamos en cuenta el énfasis sobre las variables
dependientes o independientes.
«Las variables independientes -causas, determinantes o
fac• tores- del sociólogo son básicamente estructuras
sociales, mientras que las variables independientes de los
politólogos son básicamente estructuras políticas» (Sartori,
17
1969, p. 67). Concluye que «la sociología política es un
1
híbrido interdis-
que el tra• bajo científico en antropología, sociología,
ciplinar que intenta combinar las variables explicativas ciencia política, y demás, será cada vez más indistinguible
socia• les y políticas, por ejemplo, los inputs sugeridos por de la economía, los economistas tendrán que cobrar
el soció• logo con los inputs sugeridos por el politólog o conciencia recíproca de lo limitante que ha sido su función.
» (Sartori , En últim o término, la buena
1969, p.
69). 172

Muchos de los académicos más conocidos en la


ciencia política son sociólogos destacados. Un buen número
de acadé• micos tienen o han tenido una afiliación dual en
ciencia polí• tica y sociología, entre ellos R. Aron , S. M.
Lipset , R. Bendix, J. Linz, G. Sartori, M. Kaase, J. D.
Stephens, Mildre d A. Sch- wartz, C. Ragin y M. Dogan.
Hoy la economía política tiende a debilitar las privilegiadas
relaciones entre la sociología y la ciencia política.

d) Cómo conquistó la ciencia política los


territorios de la economía

Algunos economistas defienden una «expansión


imperia • lista de la economía en los dominios tradicionales de
la sociolo• gía, la ciencia política, la antropología, el
derecho y la socio- biología» (Hirschleifer, 1985, p. 53). Varios
de estos imperialistas son académicos famosos que incluyen
algunos premios Nobel. La American Economic Review
publicó una especie de mani• fiesto que merece la pena
citar:

Es imposible en últim o término recortar un territorio


distinto para la economía, adyacente a, pero separado de,
otras disci• plinas de las ciencias sociales. La economía las
penetra a todas ellas y, recíprocamente, es penetrada por
ellas. Hay una sola ciencia social. Lo que le da a la
economía su invasor poder imperalista es que nuestras
categorías analíticas -escasez, cos• te, preferencias,
oportunidades, etc. - son verdaderamente uni • versales en
su aplicabilidad [...] . D e esta forma, la economía
constituye realmente la gramática universal de la ciencia
social. Pero hay una cara preocupante en esto. Mientras
economía tendrá que ser también buena antropología, socio• muchos economistas creen que la elección de la puridad, del
logía, ciencia política y psicología (Hirschleifer, 1985, p. rigor meto• dológico y la terminología hermética fue la
53). elección correcta.
Queda así claro que la autosuficiencia, para usar una
Esta visión es anacrónica y contrasta con la percepción pala• bra familiar a los economistas, lleva más tarde o más
de la economía como una disciplina que se hunde: «La tempra• no a un encogimiento de las fronteras. Pero esto
economía como disciplina formal está en un momento de no implic a un empobrecimiento general, ya que las tierras
padecimiento porque sus principales logros abandonadas por los economistas fueron cultivadas pronto
-conceptualización, teoría, cons• trucción de modelos y por otros. Esas tierras abandonadas tienen ahora sus propias
matematización - han estado acom• pañados de un banderas: la ges• tión, la economía política, la ciencia del
aislamiento excesivo con respecto a las demás ciencias desarrollo, el estudio comparativo de los países del Tercer
sociales» (Beaud, 1991, p. 157). Mundo , la historia econó• mica y social. La posición de la
En realidad, la historia reciente de las ciencias sociales economía en la constelación de las ciencias sociales podría
mues• tra que la ciencia de la economía ha abandonado áreas haber sido más envidiable hoy si no se hubiese retirado
enormes de conocimiento científico. Estas áreas han sido sobre sí misma.
ocupadas por las disciplinas vecinas. En un momento Esta situación es particularmente sorprendente por
concreto, la economía se encontró en una encrucijada de cuanto pocos académicos clásicos -d e Mar x a Weber y a
caminos: podía haber opta• do por la expansión intelectual, Schumpeter, Polanyi, Parsons y Smelser (Martinell i y
la penetración de otras disci• plinas, a costa de la Smelser, 1990), sin olvidarnos de Pareto- han dejado de
diversificación y a riesgo de dispersión (un riesgo asignar un lugar central en sus teorías a la relación entre
asumido por la ciencia política); en lugar de eso, esco• gió economía, sociedad y políti -
permanecer resueltamente pura, verdadera para sí misma, 17
perdiendo por tanto vastos territorios. Sin embargo, 3
modelos unidisciplinares.
ca. Todo un ejército de famosos economistas americanos En muchos países un buen número de economistas se
han dado prioridad al estudio de los fenómenos políticos, ha encerrado en una torre de marfi l y, como resultado, áreas
incluso aunque hayan dejado un pie en la economía. Entre
ente• ras han escapado a su escrutinio. Su contribución al
ellos están Kenneth Arrow, Anthony Downs, Kenneth
problema del desarrollo del Tercer Mundo , por ejemplo,
Boulding , Charles Lindblom, James Buchanan, Gordon
Tullock , Alber t Hirsch- man, John Harsanyi , Herbert
es más bien modesta en comparación con el trabajo de los
Simón, Duncan Black, Jerome Rosenberg, Thomas politólogos y los sociólogos. Esto es particularmente cierto
Schelling , Richar d Musgrave, Mancur Olson y otros. en Estados Unidos, América Latina e India.
Si una disciplina tiene la tendencia a volverse sobre sí
Algunos economistas eclécticos denuncian el mis• ma, si sus especialidades no hibridan, los territorios
reduccionis- mo que otros defienden, en particular con vecinos no permanecen estériles. Muchos economistas han
referencia a la inves• tigación sobre el desarrollo: el tenido una actitud algo condescendiente hacia la ciencia
desarrollo queda reducido al desarrollo económico; éste se política. Esto ha llevado al desarrollo, al lado de y en
ve reducido a crecimiento; que a su vez es reducido a competencia con la eco• nomía, de un nuevo cuerpo colectivo,
inversión, en otras palabras, a acumu• lación. Ha llevado con una afiliación extre• madamente activa y numerosa en
varias décadas destronar al PIB per cápita como el indicador Estados Unidos, Reino Un i • do y Escandinavia: la economía
compuesto del desarrollo. Gunnar Myrda l se quejó política recibió la protección de sólo uno de sus padres y,
amargamente de los economistas que estaban a favor de los para nombrarla, se rescató un viejo nombre de la
nomenclatura francesa de las ciencias. La economía ciencia política es la gran beneficiaría del
política es actualmente una de las principales pro• vincias
autoconfinamiento monodisciplinar de la economía.
de la ciencia política americana, con una gran produc• ción
y renombradas revistas. Es uno de los sectores más popu• Hace treinta años F. A. Hayek escribió que «nadie
puede
lares entre los estudiantes de doctorado en ciencia política.
ser un gran economista si sólo es economista, e incluso
La
estoy tentado de añadir que el economista que sólo es
17 economista es probable que se convierta en una molestia,
4 cuando no en un peligro real» (Hayek, 1956, p. 463).
Quizá sea demasiado tarde para que la economía
reconquiste los territorios con• quistados por la ciencia
política, la sociología, la historia econó• mica, y en particular
la economía política. Algunos economistas todavía lo
esperan: «Es necesario reducir el uso de la cláusu• la
ceteris paribus, para adoptar un enfoque interdisciplinar, es
decir, para abrir la economía a la multidimensionalidad»
(Bar- toli, 1991, p. 490). El abandono del razonamiento por
las asun• ciones y los teoremas no sería suficiente porque la
realidad ha cambiado: «Los asuntos económicos se han
politizado y los sistemas políticos se han preocupado cada
vez más de los temas económicos» (Frieden y Lake, 1991, p.
5).

e) De la antropología política a los estudios de


área híbridos
En unos pocos años en torno al final de la década de
los cincuenta y comienzos de la de los sesenta, unas
cincuenta colonias alcanzaron la independencia nacional.
En esa época se envió -c o n la contribución financiera de
las fundaciones americanas- a unos tres m i l científicos
sociales, entre los que había muchos politólogos, a Asia,
África y América Latina con el fin de que estudiasen las
naciones-Estado recién independi• zadas. Cubrieron el
planeta con cientos de libros y artículos. Se han convertido
en especialistas de área. Han sustituido a los académicos
europeos que volvieron a casa tras la retirada de Gran
Bretaña, Francia, Bélgica , Holanda y Portugal de sus
colonias.
Esta generación espontánea de especialistas de área
nació
híbrida. Los temas de sus investigaciones desdibujaban las confinó
fron• 17
teras disciplinares. A ellos y a sus sucesores se los 5
a países subdesarrollados no occidentales, a sociedades sin momento Margaret Mead (1961, p. 475) estuviese asustada
Estado, a lo que Joel S. Migda l llama «Estados débiles y por ver a su disciplina «tra• gada» y «aislada de la
socie• dades fuertes», es decir, al territorio privilegiado de comunidad de científicos y académi• cos». La buena y
una anti• gua disciplina - l a antropología- que había florecido anciana antropología cayó desde el imperia-
en la Euro• pa occidental del cambio de siglo. Los
antropólogos europeos habían descubierto estas sociedades 17
«primitivas» mucho antes de que lo hicieran los 6
especialistas de área americanos.
Hay una diferencia fundamental entre los dos grupos.
Los antropólogos europeos eran académicos
monodisciplinares con una identidad, un vocabulario y un
marco teórico claros. Eran exportadores de conocimiento a
todo el espectro de las cien• cias sociales. Algunos tenían
ambiciones imperialistas y pro• clamaban que la
antropología era la ciencia maestra. Todas las demás
disciplinas, incluidas la ciencia política y la socio• logía,
eran consideradas por estos imperialistas intelectuales
provincias de la antropología.
Pero cuando los imperios europeos que cubrían la
mitad del planeta comenzaron a desintegrarse, estos
antropólogos perdieron sus campos de investigación. La
antropología quedó encogida. Los territorios abandonados
les fueron entregados a los especialistas de área. A
diferencia de sus predecesores, los nuevos invasores no
venían bajo una bandera disciplinar. Pocos se habían
formado en la antropología y la mayoría no eran teóricos
ni metodólogos. Las excepciones más famosas eran Davis
Apter, Leonard Binder, James Coleman, Lucía n Pye, Fred
Riggs, Dankwar t Rustow, Richard Sklar y Myr o n Wiener.
David Easton ansiaba por entonces establecer un nuevo
sub- campo: la antropología política. Publicó un ensayo con
ese títu• lo en 1959. Retrospectivamente puede decirse que
se trataba de un niño enfermizo que nació en un momento
en el que el nuevo poder hegemónico necesitaba especialistas
no discipli • nares en estos nuevos países (no expertos en
antropología, una disciplina que comenzó a ser colonizada
por otras disciplinas). Es significativo que en ese mismo
lismo a la condición de un «depósito científico pobres. ¿Qué disciplina propondrá las nue• vas etiquetas?
inadecuado» (Mead, 1961, p. 476). Los estudios de área del Tercer Mund o dan prioridad a
La antropología política no florece hoy porque es los temas que parecen importantes para entender un país
dema• concre• to. «No respetan las fronteras disciplinares»
siado antropológica e insuficientemente polític a para (Lamben, 1991, p. 190). En los estudios de área están
un momento en el que los países pobres se están bien representadas las humanidades. «Los especialistas de
desarrollando, excepto en África, y están experimentando una área que están en las cien• cias sociales tienen
creciente diver• sificación interna enfrentándose con el probablemente muchísimo más contacto y una actividad
mundo económico glo• bal. El ensayo seminal de Lucian Pye intelectual compartida con las ciencias huma• nas que la
de 1958 «The Non-Wes• tern Politica l Process» necesita mayoría de sus colegas de disciplina no orientados a los
una seria puesta al día que reduzca la escala de las estudios de área»; es en el lugar donde se juntan la antro•
dicotomías. El de la antropología polí• tica parece ser el pología, la historia, la literatura y la ciencia política donde
único campo híbrido en declive. «tie• ne lugar una buena parte del genuino trabajo
- Entretanto el sociólogo, economista y demógrafo interdisciplinar en los estudios de área» (Lambert, 1991, p.
francés Alfred Sauvy (1952,1956) sugirió que se llamase a 192).
estos infor• tunados nuevos países «el Tercer Mundo» , por Al describir la lucha entre las disciplinas
analogía con el Tercer Estado de antes de la Revolució n convencionales y los estudios de área, que ha afectado la
Francesa. Esta etiqueta ha sobrevivido incluso aunque el propia identidad de los académicos, Lucian W. Pye (1975, p.
«Segundo Mundo» implosionase en 1989. Es probable 3) escribe: «La emergen• cia de la especiaiización de área ha
que más pronto o más tarde se abandone esta etiqueta cambiado las perspectivas y
porque incluy e una variedad enorme de países: antiguas
17
civilizaciones como China y Esta• dos artificiales en
África ; países ricos como Arabi a Saudí y extremadamente 7

ha generado cuestiones que van a los fundamentos de las ambientales y climáticos.


cien• cias sociales». Estos fundamentos se han visto alterados Pero no permanecerían en silencio muchos destacados eco•
mucho más por los campos híbridos situados en los nomistas. En 1955, W. Arthu r Lewis advertía en su Theory of
intersticios de las disciplinas que por los estudios de área Economic Growth: «Es importante identificar las razones de
híbridos transversales. por qué los países tropicales se han quedado atrás durante los
últimos doscientos años en el proceso del moderno crecimiento
económico» (Lewis , 1955, p. 53). John Kenneth Galbraith
f) El desarrollo político entre las ciencias sociales escribió en 1951: «Si se señala un cinturón de un par de miles
y naturales de millas de ancho en torno al ecuador que dé la vuelta a la tie•
rra, encontramos en él países no desarrollados [...] En todos
La distribución geográfica de los distintos tipos de lados, el estándar de vida es bajo y la duración de la vida
régimen político es un fenómeno chocante. Pero ha estado huma• na es corta» (Galbraith, 1951, pp. 39-41). Charles
ausente de la literatura durante las últimas décadas como Kindleber- ger (1965, p. 78) escribiría unos quince años
reacción contra la exageraciones del sociólogo Ellsworth después: «Sigue siendo un hecho que ningún país tropical en los
Huntington, que fue• ra dura y correctamente criticado por el tiempos moder• nos ha logrado un nivel alto de desarrollo
sociólogo Pitiri m Soro- kin en 1928. Esta crítica disuadiría económico». Ken• neth Boulding (1970, p. 409) va un paso
a toda una generación de sociólogos y politólogos más allá: «E l princi • pal fracaso de la ciencia económica,
americanos de tomar en considera• ción los factores sin lugar a dudas durante la última generación, ha tenido
lugar en el campo del desarro• llo económico [que] ha sido
en gran medida un producto de zonas templadas». su The Tropics and Economic Development (1976). No hay
ninguna referencia en absoluto a la política en ese libro y, sin
Andrew Kamarck, director de l Institut o de
embargo, se las arregla para desafiar nuestra percepción de la
Desarrollo política en las área tropicales. La tripanosomiasis, transmitida
Económico del Banco Mundial , cita a estos economistas por la mosca tse-tsé, impidi ó que buena parte de Áfric a
en pro• gresase más allá del nivel de subsistencia: «Durante
siglos, al matar a los animales de transporte, incitó el
178
aislamiento del África tropica l del resto del mundo y el
aislamiento de los distintos pueblos africanos entre sí»
(Kamarck, 1976, p. 38). Hace veinte años un área de Áfric a
mayor en extensión que Estados Unidos se quedó sin
ganado vacuno por esa razón (Kamarck, 1976, p. 39). La
producción agrícola en los trópi• cos húmedos está limitada
por la condición del suelo, que se ha convertido en arcilla
roja (Kamarck, 1976, p. 25). Los estu• dios llevados a cabo en
los años sesenta por la Organización Mundial de la Salud y
por la Organización Mundia l de la A l i • mentación estimaron
que más de m i l millones de personas en los trópicos y
subtrópicos habían sido infectadas por l o m b r i • ces
parasitarias. La enfermedad del anquilostoma, caracteri•
zada por la anemia, la debilidad y la fiebre, infectó a unos 500
millones en estas áreas (Kamarck, 1976, p. 75).
Estos factores ecológicos han sido confirmados por
una considerable cantidad de investigación en áreas tropicales
lle• vada a cabo durante las dos últimas décadas por geólogos,
geó• grafos, biólogos, zoólogos, botánicos, agrónomos,
epidemiólo• gos, parasitólogos, meteorólogos, expertos del
Banco Mundia l y de varias agencias de las Naciones
Unidas, y también por politólogos híbridos versados en
agricultura tropical, explota• ción de minerales y
condiciones sanitarias de estos países. La situación ha
mejorado durante la última generación, de acuer• do con
docenas de informes preparados por organizaciones
internacionales.
Si traducimos estas condiciones socioeconómicas en tér•
minos políticos, merece la pena que nos hagamos
preguntas como éstas:

• ¿Por qué están casi todas las democracias industriales


pluralistas en zonas templadas?
17 9
• ¿Por qué ha tenido la India -que, de acuerdo con demo• cracia, sería posible formular una respuesta tentativa a
algunas teorías, «no debería ser democrática» y que es la pri -
un país tropical relativamente pobre - no obstante un
régimen democrático durante un largo período? 180
• ¿Hay alguna relación entre el hecho de que la mayoría
de los treinta millones de kilómetros cuadrados del
África continental (excluyendo la franja mediterránea)
esté en los trópicos, y los hechos de que este
continente sea el más pobre y no tenga ninguna
democracia pluralista ver• dadera capaz de sobrevivir
más allá de unos pocos años?
• ¿Hasta qué punto deberían incluirse los factores ecoló•
gicos en los parámetros del desarrollo económico,
social y político?

Estas preguntas las puede hacer no sólo la «vieja


escuela del desarrollo», sino también su sucesora, la nueva
«escuela de la transición». Un equipo (G . O'Donnell , P.
C. Schmitter y L. Whitehead) le dio a su libro el prudente
título de Transitions from Authoritarian Rule, que no indica
el resultado final. Otro equipo (dirigido por L. Diamond , J.
J. Linz , y S. M. Lipset) asumió un riesgo al sugerir, en el
título de su libro Democracy in Developing Countries, que
las instituciones democráticas están ciertamente echando
raíces en estos países, que previa• mente uno de esos
compiladores consideraba que no reunían los «requisitos de
la democracia».
Ninguno de los dos equipos hace una distinción
explícita y funcional entre la democracia pluralista genuina,
la poliar• quía de Dahl, y un tip o de democracia limitada ,
parcial, de fachada o embrionaria. Los procesos de
democratización, Jas etapas de la modernización, la
liberalización, los juegos elec• torales, el respeto por los
derechos humanos, sólo son pasos hacia el «modelo
occidental». La palabra «democracia» usa• da hoy sin un
adjetivo puede ser engañosa. Como admitiría cualquiera,
hay una gran variedad de regímenes democráticos. La
democracia viene por grados, como demuestran los datos
recogidos por Raymond Gastil en su serie Freedom in
the World. Sólo mediante una clara distinción entre tipos de
tro• pical. La literatura sobre los parámetros ecológicos de los
mera pregunta hecha más arriba: ¿por qué hasta ahora las
tró• picos puede contrastarse con la literatura sobre la
democracias verdaderamente avanzadas han tendido a
transferen• cia de la fauna y la flora de una zona templada
florecer en zonas templadas?
a otra. Por ejemplo, la obra de 1986 de Alfre d Crosby
La India como país democrático constituye un caso
sobre Ecological Imperialism: The Biological Expansión
clíni • co, una «anomalía» científica en el sentido dado a
ofEurope 900-1900 arroja nueva luz sobre la construcción del
esta pala• bra por Thomas Kuhn. Los comparativistas
poder americano. Si el eminente comparativista Charles Darwin
interesados en este caso deberían proceder como los
estuviese todavía vivo, criticaría la monodisciplinariedad, en
biólogos cuando tienen la buena fortuna de descubrir una
particular a W. W. Rostow, cuya teoría de las «etapas del
anormalidad. Podrían seguir el consejo de Claude Bernard
crecimiento» no admi•
en la Introduction á la médecine experiméntale (1865),
te ningún límit e físico o ambiental sobre el crecimiento.
que todavía constituye un libr o perti• nente. Podrían
empezar con uno de los mejores indicadores que tenemos
en la política comparada: la pequeña propiedad agrícola.
El campesino indio es pobre, ¡pero es propietario! 2 g) La política comparada como dominio híbrido
En relación al África tropical y a otras áreas
semejantes, deberíamos introducir en el dibujo a las ciencias El proceso de hibridación no aparece sólo en los inter•
naturales y a la demografía cuando preguntamos, como hace cambios de conceptos, teorías y métodos entre las disciplinas
Samuel Hun - tington, ¿cuántos países llegarán a ser
democráticos? La teoría 2
Sobre propiedad de la tierra, véanse los datos recogidos por Tatú
de la dependencia quizá sea algo úti l para Améric a Latina Van- hanen.
y • Europa del Este, pero lo es mucho menos para el Áfric a 181
o los subcampos. Es también evidente en los intercambios toria de la política comparada hubo un momento privilegiado
de información, sustancia, indicadores, datos estadísticos y en de cooperación y convergencia durante los años sesenta. Duran•
la praxis diaria de la investigación empírica. Este comercio te los quince años que van de 1958 a 1972, se publicaron
es excedentario en algunas disciplinas y deficitario en otras. tres docenas de libros y artículos importantes, que compartían
La geografía social toma prestada informació n de la tres características: la comparación mediante
geografía física, que a su vez toma prestado de la geología, cuantificación, la hibridación y el conocimiento
más bien que al revés. La ciencia política ha contraído una acumulativo. «Esa combinación no se había logrado nunca
enorme deu• da externa, porque la política no puede ser antes en la historia de la ciencia polí• tica» (Dogan, 1994, p.
explicada exclusi• vamente desde la política. Los fenómenos 39). Este momento privilegiado marca también una ruptura
políticos nunca se producen in vitro, de manera artificial en con las comparaciones clásicas europeas al estilo sociológico
un laboratorio. Siem• pre están relacionados con una variedad de Tocqueville, J. S. M i l i , Marx , Spen- cer, Weber y
de factores por detrás de la política. Se usan docenas de Pareto.
variables no políticas para explicar la política. Ésta es una En ese particular momento, la sociología ya no estaba en
de las principales razones de por qué la ciencia política está el centro de la constelación de las ciencias sociales. Por pri
entretejida con las demás cien• cias sociales. • mera vez en la historia de las ciencias sociales, ese lugar
Eí almacenaje de información que producen otras ciencias lo ocupaba la ciencia política. En la nueva constelación son
sociales es especialmente importante en el dominio de la polí• visi • bles un buen número de estrellas, que es innecesario
tica comparada, hasta el punto de que podría decirse que una nombrar. Lo que habría que subrayar es el proceso de
comparación entre países engloba varias disciplinas. En la his• conocimiento acu• mulativo en el que han participado varías
docenas de acadé• micos y expertos especializados.
La señal de alarma sobre el estado parroquial de la políti •
182 ca comparada -tras la subyugación de todas las ciencias
socia• les durante el período de totalitarismo en Europa
(Scheuch,
1991) y antes de su renacimiento en Estados Unidos - fue
dada por Roy Macridis en 1955. Más o menos en la misma
época (1954), la Oficina Estadística de las Naciones Unidas
comenzó a publicar «estadísticas sociales», ninguna de las
cuales era política. Eran variables demográficas, de renta,
estándar de vida, movilidad social, condiciones sanitarias,
nutrición, vivien • da, educación, trabajo, criminalidad.
En 1957 el Departamento de Asuntos Sociales y Econó•
micos de las Naciones Unidas comenzó a publicar
Informes sobre la situación social mundial. Lo s capítulos
de estas publicaciones sobre «Las interrelaciones del
desarrollo social y económico y el problema del equilibrio»
(en el volumen de
1961) o sobre «Modelos socioeconómicos» (en eí volume n
de 1963) son contribuciones que pueden leerse hoy con
gran interés, incluso aunque los datos políticos -ta n
importantes para la política comparada- estén ausentes de
estos análisis.
Dos años después de que comenzara esa serie lleg ó
El hombre político (1959) de Lipset, el libr o más citado por
los politólogos durante dos décadas. Sin embargo, de hecho
este libro toma prestado de todas las ciencias sociales y mu y
poco de la ciencia política. Un año después K ar l Deutsch
public ó su «manifiesto» (Deutsch, 1960), seguido de un
artículo semi• nal unos meses después (Deutsch, 1961).
Ambo s artículos tratan con indicadores que no son
directamente políticos. Al año siguiente se public ó un
important e artícul o de Ph ill i p Cutright (1963) que, visto
retrospectivamente, parece haber sido profético: es el único
artículo de esa época que da prio • ridad a las variables
políticas. El mismo año Arthu r Banks y Robert Textor
publicaron su A Cross-Polity Survey (1963), en el que la
mayoría de las 57 variables propuestas y analiza• das no
son políticas. Poco después, el primer World Hand- book
of Political and Social Indicators (Russet et al., 1965)
discutía 75 variables, de las que sólo 12 eran estrictamente
políticas y otras ocho económico-políticas.
183
empresa entre distintas disciplinas porque en la investigación
Un año después, G. Almona y G. Bingham Powell publi•
caron un libr o fundamental, Política comparada (1966), en 184
cuya base se observan varias ciencias sociales, en particular
la antropología social. De ahí en adelante, el campo de las
com• paraciones internacionales se bifurcó. Un camino
continúa con la investigación cuantitativa, en la que los
colaboradores utili • zan constantemente factores no políticos
en sus análisis de las
«correlaciones de la democracia». Un importante input recien•
te proviene nuevamente del Programa de Desarrollo de
las Naciones Unidas, el Informe de desarrollo humano (1990
ss.). En esta publicación se destrona al PNB y se lo sustituye
por un nuevo indicador: la paridad adquisitiva.
El otro camino dio prioridad a las comparaciones sectoria•
les, por ejemplo los ocho volúmenes sobre el desarrollo polí•
tico publicados por Princeton University Press, en los que la
política constituye la mayo r parte del tiemp o una
variable dependiente que se explica por factores no políticos.
Hay diver• sas buenas revisiones de la escuela del
«desarrollo político» (Almond , 1990; Wiarda, 1989). Esta
escuela parece hoy haber alcanzado sus límites, estar fuera de
la corriente, haber agota• do el tema. Es un buen ejemplo
de campos mu y poblados, que están sujetos tras un período
de productividad a tener ren• dimientos marginales
decrecientes: «Cuanto más alta sea la densidad de
académicos en un campo dado, menos probable será la
innovación per cápita» (Dogan y Pahre, 1990, p. 36). Esta
«paradoja de la densidad» señala a la marginalidad crea• tiva
como el opuesto de la densidad de académicos.
En el período reciente, el campo de la política comparada
se ha expandido en todas las direcciones, penetrando en terri•
torios de otras disciplinas: la transición a la democracia, los
valores y las creencias, la crisis de confianza, la corrupción
pública, la ingobernabilidad, los límites para el crecimiento,
etc. (Estas nuevas direcciones figuran en muchos otros capí•
tulos del Nuevo Manual). ¿Se está haciendo imperialista el
campo de la política comparada?
Como podemos ver, la política comparada no consiste sólo
en el análisis entre naciones. Es necesariamente también una
comparada cruzamos unidades (naciones) y variables lo hacen Von Beyme y Sartori.
(numé• ricas o nominales). Generalmente, las variables son La política comparada a través de disciplinas diversas sig•
más nume• rosas que las unidades. Las relaciones entre nifica, en primer lugar, cruzar la historia. La relación entre la
variables son frecuentemente más importantes para las historia comparada y la política comparada merece una larga
explicaciones teóri• cas que el descubrimiento de discusión. Lo que llevamos dicho es suficiente para admitir que
analogías y diferencias entre naciones. los dos subcampos no cooperan a lo largo de sus fronteras
En la política comparada no hay un solo libr o comu• nes, sino sólo en ciertos pasos, generalmente en el
importante que intente explicar la política estrictamente territorio de otros campos híbridos: la sociología histórica, la
mediante varia• bles políticas, excepto en temas historia social, la historia económica, la historia cultural, las
constitucionales. Pero natu• ralmente la dosis de hibridación comparaciones asincrónicas. Algunos de los libros más
varía según la materia y la capacidad del autor para dejar importantes en políti • ca comparada pertenecen también a
en la sombra lo que debería admitirse implícitamente. Por esta «historia unida con guiones», desde Homo Hierarchicus
ejemplo, en sus comparaciones de sistemas políticos, de Dumont, De Jericho a México, villes et économie dans
académicos como Klaus von Beyme o Giovanni Sartori l'histoire de Bairoch, Orien• tal Despotism de Wittfogel , El
podrían no necesitar discutir en detalle la estructura social o moderno sistema mundial de Walíerstein, hasta The First
la diversidad cultural. Por el contrario, Arend Lijphart (en su New Nation de Lipset o Kings or People de Bendix.
comparación de democracias consociativas) y Ronald Irónicamente, estos contribuidores a la polí• tica comparada y a
Inglehart (en su análisis de creencias y valores) tienen que la historia con guiones no son ni politólo- gos ni
subrayar la importancia de las variables sociales, religio • historiadores; son, administrativamente, sociólogos.
sas, lingüísticas e históricas. En estos casos, Lijphar t e
Ingle• hart cruzan las fronteras disciplinares más de lo que 185

IV . Conclusión • tes (relacionado con la sociología y la historia), la política


urba• na (relacionado con la geografía social), los Estados del
Distintas disciplinas pueden proceder a examinar el mismo Bie• nestar (relacionado con la economía social y la historia
fenómeno desde distintos focos. Esto implic a una división de social), los valores (relacionado con la filosofía, la ética y la
territorios entre las disciplinas. Por el contrario, la hibrida• psicología social), las capacidades de gobierno (relacionado
ción implica un solapamiento de segmentos de disciplinas, una con el dere• cho y la economía), la pobreza en los países
recombinación de conocimiento en nuevos campos especiali• tropicales (rela• cionado con la agronomía, la climatología y la
zados. La innovación en los distintos sectores de la ciencia polí• geografía econó• mica), el desarrollo (relacionado con todas las
tica depende en gran medida de los intercambios con otros cam• ciencias sociales y varias naturales).
pos que pertenecen a otras disciplinas. En los niveles más altos Probablemente hay tanta comunicación con los de fuera
de la pirámide de la ciencia política, la mayoría de los inves• como entre subcampos internos. Por ejemplo, un psicólogo
tigadores pertenecen a una subdisciplina híbrida: la sociología po• político que estudia los movimientos de protesta y la aliena•
lítica, la economía política, la psicología política, la filosofía ción interactúa sólo un poco con el colega que utiliza la teoría
política, la geografía política, la administración pública, los de juegos para estudiar el mism o tema. Puede encontrar un
estudios de área, etc: Alternativamente, pueden pertenecer a un terreno intelectual común con el historiador social que estu•
campo o subcampo híbrido: el comportamiento de las masas dia el fenómeno en épocas anteriores o con el sociólogo que
(relacionado con la psicología social), el reclutamiento de éli estudia el impacto del desempleo o la inmigración sobre la vio
• lencia y la des legitimación en algunos países europeos. No
de la calle. El primero está en contacto con otros constructo•
hay comunicación entre dos politólogos que analizan la crisis
res de modelos en la economía, y el segundo cita a académi•
del sistema de seguridad social, uno mediante la
cos de otras disciplinas.
construcción de modelos abstractos, el otro mediante el
Todos los temas importantes cruzan las fronteras formales
estudio del lenguaje
de las disciplinas: la quiebra de las democracias, la anarquía, la
186 guerra y la paz, el cambio generacional, el nexo libertad-igual•
dad, el individualismo en las sociedades avanzadas, el funda-
mentalismo en las sociedades tradicionales, la clase gobernan•
te, la opinión pública. La mayoría de los especialistas no están
localizados en el así llamado núcleo de la disciplina. Están en
los márgenes de fuera, en contacto con los especialistas de otras
- disciplinas. Prestan y toman prestado en las fronteras. Son
acadé• micos híbridos. El número de politólogos «generales»
decrece rápidamente. Todos tienden a especializarse en uno o
varios dominios. Cuando dos politólogos se encuentran por
primera vez, la pregunta espontánea que se hacen es: «¿A qué
campo te dedicas?». Esto también es así en otras disciplinas.
En los con• gresos profesionales, los académicos se encuentran
de acuerdo con sus especialidades. Los congresos que juntan a
multitudes de personas que tienen poco en común consumen
mucha energía, que podría invertirse mejor en la organización
de encuentros por campos que junten a especialistas de varias
disciplinas.
Suponga que fuese posible seleccionar entre todos los
politólogos de los distintos países a los quinientos o seiscien•
tos académicos que están llevando a cabo la investigación más
creativa, aquellos que hacen avanzar el conocimiento, los más
renombrados. Suponga también que de este estrato superior de
la eminencia eliminamos a los académicos especializados en
temas constitucionales y en procesos gubernamentales de su
propio país, algunos de los cuales son famosos en su propio
campo. Tras hacer esta doble delimitación, descubriríamos que
entre este conjunto de académicos, la mayoría no son politó•
logos «puros». Son especialistas en un dominio de investiga•
ción que no es exclusivamente político. Quienes se encierran
a sí mismos en las fronteras tradicionales de la ciencia políti •
ca están estrechando sus perspectivas y reduciendo las Estado.
opor• tunidades que tienen para innovar, a excepción de los
187
temas constitucionales y la organización del aparato del
A L LA R D T , E. , «Patterns o f class conflic t and workin g class
En el otro extremo están los imitadores entusiastas. En algu•
cons- ciousness in Finnish politics», en E. Allard t e Y.
nos dominios, los préstamos se convierten en una imitación Littunen (eds.),
demasiado simple y no en una adaptación imaginativa. Si fue•
ra posible jerarquizar los distintos subcampos y escuelas en 188
una escala de eclecticismo, nos aparecería que las dos escue•
las que más imitan son la del análisis estadístico sofisticado y
la de las asunciones heurísticas económicas. Ya me he referi•
do a los sobrecuantificadores. Recurro a Nei l J. Smelser, espe•
cialista en sociología económica, para un juici o salomónico
sobre la construcción de modelos económicos: «E l modelo de
Anthony Downs del comportamiento político imita a la teoría
económica al postular una versión de la racionalidad política
y al construir una teoría del proceso político sobre ésta y otras
asunciones simplificadoras» (Smelser, 1967, p. 26).
La ciencia política vive en simbiosis con las demás ciencias
sociales, y continuará siendo una ciencia creativa en la medida
en que siga siendo extrovertida. De hecho, esta ciencia no tie•
ne elección porque está genéticamente programada para gene•
rar nietos que hablarán distintas lenguas y se sentarán, como
dice Almond , en «mesas distantes». Estas mesas son distantes
porque están colocadas en los intersticios de las disciplinas en
el enorme territorio interior de la ciencia política.

Bibliografía

A los interesados en seguir estos temas, se les recomienda estas


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196
4. Las instituciones políticas: una visió n general

BO ROTHSTEIN

I . Introducción

Entre los científicos políticos, las concepciones funda•


mentales sobre los orígenes de cualquier tip o de poder políti •
co formalizado toman dos formas. La primera, que podemos
denominar «buena», «democrática» o «centrada en la comu•
nidad», se resume del siguiente modo. Un conjunto de perso•
nas comparte ciertas características comunes. Por ejemplo,
viven en la misma zona, o trabajan en el mismo sitio o depen•
den de un tipo similar de recursos naturales. A lo largo de su
vida cotidiana, descubren pronto que no sólo tienen los mis•
mos intereses individuales, sino también un cierto número de
intereses comunes. Como comunidad geográfica, pronto per•
ciben la necesidad tanto de leyes que regulen los conflictos
sobre la propiedad u otro tipo de derechos individuales como
del efectivo cumplimiento de esas leyes. O se dan cuenta de
la necesidad de una organización que luche por intereses comu•
nes tales como salarios más altos o mejores condiciones labo•
rales, o de la necesidad de regular el uso de los recursos natu•
rales para evitar una «tragedy ofthe commons» (Hardin, 1982;

199
vota• ción, quiénes deben ser designados jueces,
Ostrom, 1992). De este modo, se unen como iguales y
funcionarios, ges• tores u oficiales del ejército.
consti• tuyen una organización que resuelva sus
La segunda forma de concebir los orígenes del
intereses colectivos; es decir, forman un gobierno. O,
en el caso de los otros dos ejemplos, forman una unió n poder se resume en una historia que podemos
o alguna forma de cooperación económica, entidades denominar «mala», «dic• tatorial» o «adversaria».
que desde esta perspectiva pueden con-1 siderarse Según ella, el área geográfica (o el lugar de trabajo, o
simplemente distintos tipos de gobierno. los recursos naturales) está históricamente controlada
En los tres casos los miembros de la comunidad por la fuerza superior de un gobernante individual o
perciben pronto que, para alcanzar sus intereses comunes, de un grupo de gobernantes. Ellos - e l clan, la élite
necesitan cua• tro tipos fundamentales de instituciones política, la clase dominante, los administradores, el
políticas. El primer tipo de instituciones es necesario señor feudal o quien sea- desean extraer recursos del
para la adopción de decisiones colectivas vinculantes grupo dominado de la forma más eficiente posible
acerca de cómo regular los intereses comu• nes (una (Nort h y Thomas, 1973; L e v i , 1988
institución generadora de normas). Un segundo tipo es
2
necesario para la ejecución de esas decisiones (una
0
institución ejecutora de normas). En tercer lugar se
0
necesitan instituciones que vigilen los conflictos entre
individuos sobre la interpreta• ción en casos concretos de
las normas generales establecidas por las instituciones de
adjudicación de normas. Por último, resulta necesario un
cuarto tipo de institución, encargada de vigilar y castigar
a aquellos que vulneren las normas, sean o no miem•
bros de la comunidad (instituciones de imposición de
normas).
Por tanto, en este relato de lo «bueno», lo que
hacen los miembros de la comunidad al perseguir sus
intereses colecti• vos es crear cuatro tipos básicos de
instituciones políticas. A su vez, cada institució n
alberga un número de subinstituciones para regular los
procesos específicos de toma de decisiones. Estas
normas establecen cómo elegir a los miembros de la
asamblea decisora, cómo organizar los procedimientos de
Gambetta, 1993). En esta segunda historia, los recurriendo a los mis• mos tipos de instituciones. Tanto
gobernantes, para imponer su voluntad de la forma más una comunidad democrática como una que no lo es
eficiente posible, necesitan también cuatro tipos necesita una institución que diseñe y ejecute políticas,
institucionales básicos. Uno para crear la legitimidad de y que decida cómo hacerse cargo de aquellos que
sus subordinados; otro para ejecutar la voluntad del vulneran las normas. Esto vale tanto para un señorío
gobernante; un tercero para controlar las dispu• tas entre feu• dal como para una cooperativa económica de
los subditos y los subordinados, y finalmente, un cuar• to granjeros.
tipo para actuar contra aquellos que se enfrenten al El caso es que cualquiera que sea la historia que
poder del (los) gobernante(s). En una palabra, necesitan quieran con• tar los científicos políticos, será una historia
crear cuatro tipos institucionales similares a los sobre instituciones. Un problema central para la ciencia
mencionados anteriormente. política es que lo que vemos en el mundo real es una
No tenemos por qué afrontar la cuestión de cuál de las enorme variación, en el tiempo y en el espacio, de los
dos historias es más correcta. El tipo de historia que cada rasgos específicos de esas instituciones. No tene• mos
científi• co político quiera contar está determinado por sólo instituciones democráticas e instituciones no
sus visiones ideológicas básicas y sus concepciones de la democrá• ticas. En ambos casos existe una gran variación
naturaleza huma• na (Mansbridge, 1990). En cualquier en la forma par• ticular que adopta cada institución. Esto
caso, se trata de una cues• tión empírica; y considerando la se ve con facilidad en el hecho de que si bien el fascismo
diversidad histórica y geográ• fica conocida, la respuesta italiano y el nazismo alemán compartían muchos rasgos
ha de ser necesariamente que las dos son válidas. ideológicos, su articulación institu• cional fue bastante
Existen también varios casos en los que se ha pasado de la diferente (Payne, 1990). Por lo que hace a muchas
buena historia a la mala, y viceversa. democracias industrializadas actuales, apenas es nece-
La idea fundamental es que, en ambos casos, las
2
institu • ciones políticas son las mismas. En ambas
0
formas de conce• bir los orígenes del gobierno se termina
1
una democracia capitalista occidental moderna (véase
sario recordar las diferencias existentes. A pesar del tabla 4.1 infra; véase Schmitter y Karl , 1991; Lijphart,
hecho de que económica y políticamente comparten 1984). Dado que, aun siendo generosos, sólo existen
ciertas estructuras básicas, existe de hecho una gran treinta casos que respondan a ese tipo de democracia, la
variació n en las instituciones políticas. Si tomamos varia• ción institucional en términos teóricos que recoge
diez aspectos fundamentales del sistema político y este ejemplo es mucho mayor que el número de casos
hacemos una distinción muy básica entre formas ins• empíricos.
titucionales opuestas existentes en la actualidad
(ignorando todas las posibles variaciones entre esas dos Tabla 4.1 . Variación institucional entre las democracias
formas) en cada uno de esos aspectos, obtenemos 210= capitalistas occidentales
1.024 formas posibles de orga• nizar las instituciones de
eos políticos se hacen tres preguntas, diferentes pero disciplina es el modo en que se organizan sus diferentes
interrela- cionadas sobre las instituciones políticas. subeampos. La lis • ta convencional (comportamiento
Un a es normativa: político, política comparada, administración y políticas
¿cuáles son las mejores instituciones para el buen públicas, teoría política y siguientes) tiene una gran
gobierno y las relaciones sociales? Las otras dos son desventaja: lo relevante en política comparada está
de carácter empírico: ¿qué explica la enorme determinado por la geografía y no por la perspectiva de
diversidad de entramados institucionales? y la disci• plina. En los Estados Unidos, la «política
¿qué implicaciones tienen esas diferencias para la británica» -sea ésta comportamiento, políticas o
conducta polí• administración- es considerada polí• tica comparada (y
tica, el poder o los resultados del proceso viceversa), aunque las orientaciones meto• dológicas
político? de este tipo de estudios no sean realmente las propias
Uno de los problemas de la ciencia política como de un análisis comparado. La reflexión sobre las
instituciones
Sistema de Bipartidismo vs. políticas como un subeampo, más allá de las instituciones
polí• ticas de un área geográfica determinada, es una
partidos Sistema multipartidism o
forma teórica• mente más lógica de dividir la
electoral Proporcional vs. disciplina. Los estudios sobre la política nacional y las
Asamblea mayoritario Unicameral vs. instituciones de diferentes países pueden ponerse uno
legislativa bicameral
junto al otro, de manera que de ellos surjan preguntas
teóricas más generales sobre las consecuencias de
Estructura Unitaria vs. federal
diferentes diseños institucionales. Al invitarnos a
gubernamental
Parlamentarismo vs. teorizar sobre las institu• ciones políticas como un área
Autorida d
presidencialismo Tribunal específica de estudio, esta sección nos ayuda a
central Sistema desarrollar un análisis más sistemático y coherente de las
constitucional vs. revisión previa
judicial
funciones que en sí mismas cumplen esas instituciones.
Poca autonomía vs. mucha Esta visión general se divide en cinco partes. La
Gobierno local
autonomía sección II presenta unas breves notas acerca del papel
de las instituciones en la teoría política normativa,
Clientelismo vs. meritocracia
Funcionariado
tanto clásica como moderna. La tercera sección aborda
Profesionales vs. servicio las posibles causas del creciente interés en las
Fuerzas armadas
militar obligatorio
instituciones en la ciencia política positiva,
confrontando dos visiones diferentes - l a racional-
Liberal vs. corporatista económica por una parte y la histórica-estructural por
Relación Estado-
economía
otra-. La sección IV se centra en una serie de problemas
en el análisis contemporáneo de las institu•
Los científicos políticos dedican su vida, más o científi-
menos,
a hacer explícitos los orígenes y las consecuencias de 2
diferen• 0
cias institucionales como éstas. Más en concreto, los
2 ciones. Por último, la sección V especula sobre el papel
del aná•
lisis institucional en el futuro de la ciencia política.
2
0
3
forma de gobierno.
I I . Las instituciones en la teoría
La Política de Aristóteles continúa la discusión
política
acerca de las instituciones políticas y la «buena»
sociedad. En el libro IV desarrolla un plan
La teoría política clásica no consiste sólo en
comprehensivo para el análisis de las ins• tituciones
discusiones acerca de ideales políticos y deberes
políticas, y se pregunta: ¿cuál es la forma ideal de
individuales. Desde Platón a Aristóteles -pasando
gobierno? ¿Qué tip o de constitución es la mejor en
por Maquiavelo , Hobbes, Locke, Rousseau y otros
condi • ciones no ideales? ¿Cuáles son las
en esta tradición- , uno de los mayores pro• blemas
características de las cons• tituciones que no son
era establecer qué instituciones políticas producen el
buenas (no ideales) en varias circuns• tancias no
mejor tipo de sociedad y de individuo. La República de
ideales? ¿Y qué tip o de constitució n es la más
Platón es en gran medida una comparación de
adecuada para la mayoría de los casos
diferentes formas de gobierno -timocracia ,
(presumiblemente no ideales)? Aristóteles señala
oligarquía, democracia y tiranía-. En Las Leyes, el
también la necesidad de diferen• tes instituciones de
«extranjero de Atenas» (Platón) compara las cons•
gobierno: la deliberativa, la ejecutiva y la autoridad
tituciones de Esparta y Creta, y argumenta que el
ju d i c i a l . L a discusión empíric a que desarrolla
Estado es necesario no sólo para la defensa frente al
Aristóteles sobre la variación en las particularidades
enemigo exterior sino también para asegurar la paz
de esas instituciones indica que hasta cierto punto la
interior y promover la vir• tud cívica: el primer
antigua Grecia servía de laboratorio para el estudio de
legislador protege a la sociedad del mal gobierno
los efectos de la varia•
(errores, juicio s infundados, corrupción por parte del
legislador), y esa función sólo puede cumplirse a través
de cier• tos entramados institucionales. Otro ejemplo,
tomado también del diálogo, recoge el momento en el
que el «extranjero de Ate• nas» utiliza una tipología
basada en la constitución de Espar•
ta para discutir qué tipo de leyes deben aplicar los
habitantes de Cnosos en su nueva colonia de la isla
de Creta (llamada Magnesia) para conseguir la mejor
ción de las instituciones políticas (Malnes y área. La teoría de Rawls rompió con el utilitarismo
Midgaard, 1993; Sabine, 1961). que dominaba la filosofía política, demostran• do la
Y así continuó a lo largo de todas las épocas. De relevancia de un discurso marcadamente normativo en
hecho, el que conceptos como equidad, justicia, igualdad y
cuando la ciencia política comenzó a configurarse
derechos volvían a ocupar el centro de la discusión.
como una disciplina moderna y académica a finales
En un artículo de
del siglo x i x y comienzos del x x , la tradición
1985, que responde a algunas de las críticas hechas a su
clásica tuvo un gran impacto (Almond: infra, cap. 2).
teoría original , Rawls escribió (de forma
Tanto en los Estados Unidos como en Europa, los
parcialmente autocrítica) que los principios básicos
estudiosos estaban muy centrados en lo que podría
sobre los que había construido su teoría no debían
llamarse «arquitectura constitucional». Un cuestión
considerarse postulados metafísicos, sino prin • cipios
central era qué tipo de constitución era preferible. Ell
«sólidamente basados en ideas intuitivas básicas que
o produjo con fre• cuencia estudios muy detallados
están insertas en las instituciones políticas propias de un
acerca de los orígenes especí• ficos y el
régi• men constitucional democrático y en las
funcionamiento de diferentes constituciones nacio•
tradiciones públicas de sus interpretaciones» (Rawls,
nales y otras instituciones políticas. Esto fue, al
1985, p. 226, la cursiva es mía). En su último libro,
menos en el norte de Europa, una consecuencia de
Rawls (1993) distingue dos lógicas de acción, la
la estrecha conexión entre la ciencia política y el
racional y la razonable. La diferencia entre ambas
Derecho constitucional, especial• mente en la
consiste en que «lo razonable es público de una forma
tradición germana de la teoría general del Estado,
en que lo racional no lo es» (Rawls, 1993, p. 51). En
Allegemeine Staatslehre (Andrén, 1928).
lugar de consis• tir en una situación anónima,
Las instituciones ocupan un lugar similar en la
estratégica, propia de un juego, la posición original de
teoría polí • tica contemporánea. La Teoría de la
Rawls pretende ser, ahora, una institu-
Justicia de Rawls (1971) renovó el interés en esta

204 205
menoscabado por el hecho de que distintos grupos de
ción política discursiva, en la que representantes de
individuos tengan visiones fundamentalmente distintas
corrientes de opinión diversas se reúnen para -a través
sobre problemas culturales, religiosos e ideológicos
de la discusión, la deliberación y la negociación-
(Rawls, 1993, pp. 131-172).
adoptar los principios comunes del orden social y
Según Rawls, por tanto, sólo instituciones
político que debe prevalecer en la sociedad (Rawls,
políticas justas pueden generar una sociedad justa.
1993, pp. 135 ss.; véase Soltan, 1987; Barry, 1995).
Como debería ser obvio, esto casa con la visión de las
El objetivo de Rawls es una sociedad en la que un
instituciones presente en la teoría política clásica: las
consenso hegemónico acerca de los principios de
instituciones no son sólo «las reglas del juego».
justici a por los que debe regirse la sociedad
Condicionan también qué tipo de valores se adoptan
prevalezca, un consenso que de ningún modo sea
en una determinada sociedad, es decir, en última vida, como «actitud», «cognición», «socialización» y
instancia con• dicionan lo que denominamos justicia,
«sistema». Ricci sostiene que este giro -desde
identidad colectiva, per• tenencia, confianza y
solidaridad (March y Olsen, 1989, p. 126; véase preguntas críticas, orienta• das normativamente, sobre
Dworkin , 1977, pp. 160 ss.). Así, Jon Elster (1987, p. los fundamentos de la política y la democracia, al
231) ha argumentado que «una tarea de la política es manejable universo de lo políticamente ú t i l - nos
dar forma a condiciones sociales e instituciones, de ayuda a explicar la crisis en la que, según afirma, se
forma que la gente se comporte honestamente porque encuen• tra la ciencia política (Ricci, 1984, p. 296;
creen que la estructura básica de su sociedad es
Held, 1987, p. 273). El renovado interés por las
justa». Si las normas sociales (sobre la jus• ticia, por
ejemplo) cambian según el carácter de las institu• instituciones políticas, tanto en sus aspectos normativos
ciones políticas, entonces podemos decidir hasta como positivos, puede servir de nexo para superar este
cierto punto cuáles prevalecen en la sociedad en la vacío señalado por Ricci . Como se deduce clara•
que vivimos , porque podemos, al menos algunas mente de la teoría de Rawls, las instituciones políticas
veces, elegir el diseño de nuestras instituciones son enti• dades a la vez normativas y empíricas que no
políticas. pueden entender• se plenamente a menos que se
En The Tragedy ofPolitical Science (La Tragedia de
establezcan sus fundamentos normativos.
la Cien• cia Política), David Ricci señala que la
ciencia política clásica estaba dominada por conceptos
de alto contenido normativo (jus• ticia, nación, I I I . Olvido y redescubrimiento de las
derechos, patriotismo, sociedad, virtud, tiranía y instituciones políticas
demás). La tragedia de la ciencia política actual,
según Ricci , reside en el hecho de que semejantes Si bien la construcción y funcionamiento de las
conceptos han desapare• cido en gran medida, siendo institucio• nes políticas fueron temas centrales en las
reemplazados, en el atrevido mun• do de los datos a tradiciones clásicas de la teoría política, apenas
escala mundial, por conceptos técnicos, sin tuvieron sitio en la ciencia política de posguerra,
marcada por el conductismo y el análisis teórico de los
2 grupos políticos. En teorías como el estructural-
0 funcio- nalismo, el análisis de sistemas, la teoría de
6 grupos (ya sea pluralista o elitista) - y , más tarde,
enfoques económicos tales como el neomarxismo-, las
instituciones políticas formales cumplían (si alguna)
una función muy escasa. La tendencia a reducir la
explicación de los procesos políticos a variables socia•
les, económicas o culturales significaba que las formas
institu• cionales y organizacionales de la vida
política apenas tenían efectos (March y Olsen, 1984, Cada sociedad tendía a generar las institu• ciones
1989). En el estructuralfuncio- nalismo, las para resolver «los problemas básicos, permanentes, de
necesidades sistémicas del sistema social (en tér• cualquier sociedad» (Eisenstadt, 1968, p. 410; véase
minos de estabilidad política o estratificación social, Parsons,
por ejem• plo) tendían a producir instituciones
2
políticas que resultaban funcionales de forma más o 0
menos automática con respecto a esas necesidades. 7

1964). En el caso de las varias formas que adopta la política (ya sea racional, de teoría de juegos o de
teoría de grupos (incluyendo el marxismo), las elección pública) también se desarro• llaron en un
instituciones se conciben en gran medida como arenas universo carente de instituciones, en el que agen• tes
en las que tienen lugar las bata• llas políticas entre autónomos perseguían unos intereses propios definidos
grupos con unos intereses políticos prede• terminados; con anterioridad (Levi , 1991, p. 132; Ostrom, 1991;
pero la específica configuración de esas arenas no se Moe , 1990).
consideraba un factor relevante para determinar el La ausencia de análisis de las instituciones durante el
resultado de esas mismas batallas (March y Olsen, perío• do conductista puede explicarse como una
1984, 1989; Steinmo y Thelen, 1992). Una reacción frente a la falta de ambición teórica positiva
formulación típica de esta concepción reduccionista de los estudios anteriores. La preeminencia bien de los
de las instituciones se encuentra en el capítulo sobre aspectos legal-formales, bien de las trayectorias
los parlamentos escrito por Nelson Polsby en el históricas individuales o de la «lógica interna» de las
Manual de Ciencia Política de 1975. La pregunta instituciones como ejes del análisis institucional, parecía
fundamental de su capítulo era «cómo una forma blo• quear el desarrollo de cualquier forma de teoría
organizacional peculiar, el par• lamento, se inserta en explicativa (véa• se Wheeler, 1975; King , 1975). Con
diversos contextos» (Polsby, 1975, p. 257, la cursiva todo, resulta razonable pen•
es mía).
En el análisis político marxista tradicional, las
institucio• nes políticas ex hypothesi podían carecer de
función causal por• que se las concebía com o un
mero reflejo de la estructura económica de la
sociedad (Poulantzas, 1968; Wright , 1978; véase Offe
y Preuss, 1991). En otras concepciones de la polí• tica,
de carácter más individual e instrumental, los actores
racio• nales simplemente adoptan el tipo de
institución que encaje mejor con sus intereses
predefinidos. En ocasiones se veía a las instituciones
como variables intermedias en las que los acto• res
políticos, en caso de tener éxito, depositaban un poder
que más tarde serviría para realzarse (Korpi , 1983).
Las primeras formas de análisis económico de la
sar que en el marco de sucesos históricos como la conductismo con la siguiente metáfora: la forma en la
revolución bolchevique, la caída de la República de que se construye un edificio está determinada en gran
Weimar, el ascenso del nazismo o el triunfo de la medida por quién lo va a habitar y lo que espera hacer
revolución comunista en China, las instituciones en su interior. El funcionalismo era criticado por su
políticas formales apenas tenían función algu• na. En intención de explicar la variación institucional en
cambio, los académicos se centraron más en variables función de necesidades sociales de carácter general, lo
como la «personalidad autoritaria», la diversa que llevó a una tendencia a «explicar lo particular en
distribución del poder económico entre las distintas función de lo más general» y a negar el hecho
clases sociales o la capaci• dad de persuasión de las histórico de que «en cualquier situación dada, diseños
principales ideologías políticas. institu• cionales adecuados pueden no cuajar»
En muchos aspectos esta imagen es una (Eisenstadt, 1968, pp. 410, 414).
exageración. Muchos académicos siguieron analizando El creciente interés por las instituciones durante
las instituciones polí• ticas durante la era dominada por los años ochenta tuvo muchas fuentes. Lo primero
el conductismo y la teoría de grupos. Los que debe destacar• se es que este rebrote en el interés
investigadores interesados por las pautas históri• cas por las instituciones tuvo lugar al mismo tiempo en
hacia el desarrollo y, especialmente, los procesos de secciones de la disciplina que diferían mucho en sus
for• mación del Estado y la democracia siguieron aspectos teóricos y metodológicos. En segundo lugar,
prestando atención alas instituciones (Duverger, 1954; esta reorientación simultánea ocurri ó de forma inde•
Bendix, 1977; Eisenstadt, pendiente en varios subcampos (compárese, por
1965; Crozier, 1964; Lipset y Rokkan, 1967). Un ejemplo, Hall ,
argumento clásico de esta época es el expresado por 1989; y Shepsle, 1986). Los neomarxistas fueron de
Schattschneider (1960): «La organización es la los p ri •
movilizació n de la inclinación de las preferencias meros en prestar atención a las formas específicas de
(bias)». En 1975, Ridley, por ejemplo, cri • ticó al organi-
208 209
zación del Estado (Therborn, 1978; Wright , 1978). intradisciplinaria, el fracaso de grandes teorías como
Los teóri• cos de las organizaciones descubrieron la el conductismo, el estructural-fun- cionalismo, el
importancia de la cultura organizacional (Meyer y marxismo y otros para proporcionar hipótesis sobre las
Rowan, 1977), los investiga• dores centrados en el que trabajar. Éstas eran o falsas o, con más frecuencia,
análisis histórico comparado defendie• ron la demasiado generales como para tener en cuenta la
necesidad de «retomar el Estado» (bring the state back variación entre las diferentes entidades políticas
in) (Evans, Rueschemeyer y Skocpol, 1985; Hall , realmente observadas. Pero, también en este caso, es
1986), los especialistas en relaciones internacionales razonable afirmar que sucesos que tuviero n luga r fuera
se centraron en los «regímenes» (Krasner, 1983) y de la disciplina, tuvieron importan• cia en el proceso
los economistas descu• brieron la importancia de las de recuperación de las instituciones. Uno de estos
«reglas del juego» (North, 1990; Levi , 1988). sucesos puede haber sido el colapso de la metahipótesis
Desde un punto de vista teórico, las causas de este de la convergencia en las ciencias sociales. Durante
renovado interés son varias. Una es quizás los años cincuenta y sesenta se esperaba que la
mayoría de los países del Tercer Mund o siguiesen la se hacían mayores. En primer lugar, estas diferencias
misma vía de modernización, y que las democracias parecían poder explicarse en función de la estructura de
capitalistas occidentales convergiesen a lo largo del clases y/o pau• tas de movilización política (Esping-
tiempo (Stepan y Skach, 1993). Los primeros aná• lisis Andersen, 1990). Pero lo primero que se estableció fue
comparados de políticas públicas parecían confirmar que, incluso si las variables basa• das en la conducta
que (a) había señales relevantes de convergencia y (b) explicaban partes de la variación, había dife• rencias
que la polí• tica apenas tenía importancia. Por eso, a importantes que quedaban por explicar (Hofferbert y
pesar de las impor• tantes diferencias institucionales Cingranelli: infra, cap. 25). En segundo lugar, se
entre, por ejemplo, los países socialdemócratas de demostró que las diferencias en términos de
Escandinavia y los Estados Unidos, sus procesos movilización política y fuerza organizativa de las clases
políticos parecían seguir caminos semejantes (Hof- sociales podía, en gran medida, expli• carse por
ferbert y Cingranelli, infra, cap. 25). diferencias en las instituciones políticas. Las insti •
Como es bien sabido, esta visión cambió tuciones políticas formales determinaban la
radicalmente con la segunda y tercera generación de movilización polí• tica, y por tanto no debían ser
análisis comparado de polí• ticas públicas (por no analizadas sólo como variables intermedias en las que
mencionar los estudios de la moderni• zación). En los agentes políticos invertían poder para realzar su
lugar de convergencia en procesos similares, se capacidad política futura (Hattam, 1993; Rothstein,
descubrió que las diferencias entre países persistían e 1990); por el contrario, constituían «fuerzas sociales por
incluso sí mis• mas» (Grafstein, 1992, p. 1). En tercer lugar, se
puso de mani• fiesto que, si bien al intentar explicar
diferencias entre países recurriendo a la clase social, a
otras teorías de grupos o a cate• gorías conductistas, se
obtenían resultados paradójicos que no encajaban con
la teoría, la atención a cómo las institucio• nes
políticas formales estructuraron históricamente el
proceso político constituía una alternativa plausible.
Pongamos algu• nos ejemplo recientes:

• A través de una comparación entre el Reino Unido


, Sue- cia y los Estados Unidos, Steinmo demostró
que las cons• tituciones condicionan más la
distribución de las obliga• ciones fiscales de lo
que lo hace la fuerza organizativa de las distintas
clases sociales (Steinmo, 1993).
• Al comparar las políticas sanitarias de Francia,
Suecia y Suiza, se mostró que la
institucionalización política de varios puntos de
veto explicaba mejor el modo a través del que los
grupos de interés ejercían su influencia polí• tica
que la fuerza inicia l de esos mismos grupos legislati• vo durante el cambio de siglo
(Immer- gut, 1993). constituye un factor rele• vante a la hora de
• La posición política del poder judicia l frente al explicar las diferentes opciones estraté-
210 211
gicas y organizativas tomadas por los movimientos sin• exógenos como por factores endóge• nos. En un
dicales británico y norteamericano (Hattam, principio, este tipo de teorías predecía que los sis•
1993). temas sociales, consistentes en un conjunto de
• Se ha demostrado que la capacidad individuos racionales, maximizadores de su utilidad e
administrativa del gobierno ha sido un factor involucrados en inte• racciones estratégicas, se
1
crucial para explicar diferen• tes opciones en estabilizarían en un equilibrio . El pro• blem a consistía
política social y del mercado de trabajo (Weir y si n embargo en que la teoría dejaba abierta la
Skocpol, 1985; Weir, 1992; King , 1995).
• Después de comparar 18 países, se llegó a la ' Definid o como una situación en la que las fuerzas sociales se
conclusión de que la estructura instituciona l estabili• zan porque ningú n actor o coalició n de actores puede
de las políticas de desempleo de los diferentes mejorar su posición si se aparta del curso de acción especificado
gobiernos explicaba en gran medida la variación (Green y Shapiro, 1994, p. 25).
en la fuerza de los movimientos sin• dicales de
alcance nacional, lo que a su vez explicaba gran
parte de la variación en las políticas de seguridad
social y de mercado de trabajo (Rothstein, 1992).

En este enfoque -conocido como institucionalismo


históri• co porque las peculiaridades históricas ocupan
un lugar funda• mental-, las investigaciones se
centraron en el modo en que el poder, en el marco del
proceso político, estaba estructurado por el carácter
específico del Estado (Birnbaum, 1988). Sin embar• go,
se afirmó también que las instituciones políticas hacían
algo más que distribuir recursos de poder y condicionar
las estrate• gias. Frente a lo que se asumía anteriormente
(en el marxismo o en la teoría de grupos, por ejemplo),
también condicionaban el modo en que los distintos
grupos definían sus intereses polí• ticos (Steinmo y
Thelen, 1992; Dowdin g y Kin g , 1995; para una
revisión crítica, véase Pontusson, 1995).
En los enfoques económicos, como la teoría de la
elección racional o la teoría de juegos, se
«redescubrió» a las institu• ciones tanto por factores
puerta a la formación de un número elevado de estudios empíricos mostraban mayorías estables y
equilibrios, y por tanto no podía predecir, en cualquier racionalidad a largo plazo. De nuevo, la expli• cación se
sistema concreto, qué equilibrio sería el alcanzado basó en la existencia de reglas de procedimiento esta•
finalmente (Bianco y Bates, bles (Riker, 1980; Shepsle, 1989; véase Weingast: infra,
1990, p. 137; Bicchieri, 1993). Tanto la plena cap. 5).
cooperación como la deserción unánime eran resultados Una segunda ruptura entre lo predicho por la
probables. La teoría mos• traba que «casi cualquier teoría y los resultados observados surgió al observar
resultado era posible» (Ferejohn, 1991, p. 284). La tarea cómo se resolvían dife• rentes problemas de acción
de predecir qué tipo de resultado era el más probable colectiva. Los teóricos de la elec• ción racional
fue entonces asignada a las instituciones, que esta• pudieron mostrar que, bajos ciertos supuestos de
blecían restricciones sobre las decisiones estratégicas conducta maximizadora de utilidad, resulta
de los actores, es decir, a las reglas del juego (Shepsle, incomprensible que los individuos opten por
1986). colaborar para resolver problemas colectivos.
Uno de los factores exógenos del renovado interés Brevemente, la teoría dice que no hay ninguna razón para
por las instituciones dentro de esta teoría fue que, de que individuos racionales cooperen en la consecución
2
acuerdo con la teoría de la elección racional, un de objetivos comunes porque los bienes que resultan de
parlamento como el Congreso de los Estados Unidos de esa coo• peración son «públicos», es decir, benefician
América, era un foro en el que resul• taba muy difíci l tanto a aquellos que se esfuerzan por conseguirlos
la articulación de mayorías (Arrow, 1951). Si todos los como a los que no (Olson,
congresistas votasen de acuerdo con sus preferencias de
primer orden, ello llevaría a un «ciclo» en el que el apoyo 2
Por ejemplo, la defensa del país ( Lev i , 1990), la defensa de
mayori- tario por una ley sería rápidamente anulado por los recur• sos naturales (Ostrom , 1990), el pago de impuestos
el apoyo mayo- ritario a otra ley. La teoría, por tanto, (Laurin , 1986) o la for • mación de un sindicato (Olson, 1965;
predecía la irracionalidad colectiva y el caos; pero los Bendor y Mookherjee, 1987).

21 2 213
4
1965; Hardin, 1982). Dado que la gente resuelve Lev i , 1988) .
problemas de acción colectiva y organiza grupos En muchas disciplinas próximas a la ciencia
políticos (grupos de interés, partidos políticos, Estados política -tales como la histori a económica (North ,
e incluso organismos de carácter supranacional), la 1990), la economía (Williamson, 1995), la sociología
pregunta planteada desde la teoría de la elec• ción
racional era a la vez clave y contraintuitiva con de las organizaciones (Powell y DiMaggio , 1991), la
respecto al modo en que los científicos políticos solían antropología social (Douglas, 1988) y las relaciones
pensar sobre las organizaciones políticas (véase industriales (Streeck, 1992; Thelen, 1991)-e l análisis
3
Bicchieri 1993) . La solución al problema se atribuyó institucional también ha sido redescubierto reciente•
a la preexistencia de instituciones polí• ticas o líderes mente, pasando a ocupar un lugar central en
que pudiesen proporcionar «incentivos selecti• vos» trabajos muy importantes. Muchos de ellos señalan
exclusivamente a aquellos que contribuyesen al
que, para entender las importantes variaciones
propósi• to común (Olson, 1965; North , 1990; véase
existentes en las pautas de desarrollo de distintos
sistemas sociales, los factores explicativos más
nes, cómo explicar las diferencias entre estructuras
importantes no son sociales o económicos, sino
institucio•
instituciona• les (véase, por ejemplo, North, 1990). Por
nales y qué provoca el cambio en las instituciones
ello, uno podría afir• mar que la política, entendida políticas.
como ingeniería institucional, ha recuperado el peso
perdido en las épocas dominadas por el conductismo o
la teoría de grupos. El renovado interés en las IV. Cuestiones actuales en el análisis institucional
instituciones ha puesto cabeza abajo los modelos de
explica• ción conductistas, de teoría de grupos o Si bien las instituciones políticas han recuperado
marxistas, caracteri• zados por resaltar el papel de las mucho peso en el análisis político, ello no significa
fuerzas sociales y económi• cas como variables que los desacuer• dos básicos en el seno de la disciplina
explicativas de los procesos políticos. Por otra parte, hayan disminuido. Por el contrario, viejas preguntas
no está claro que la ciencia polític a como profe• sión han sido reformuladas dentro de la agenda
vaya a proporcionar las respuestas más precisas e neoinstitucionalista y ha surgido un número impor•
intere• santes a preguntas como cuál es el papel real de tante de nuevos problemas teóricos y conceptuales.
las institucio- Las dis• cusiones tradicionales entre formas de
análisis holísticas o atomísticas, estructurales o
3
O como ha sido señalado por Frit z Scharpf: «... las individuales, formales frente a histó• ricas permanecen
estrategias maxi- min no se usan en la mayorí a de las relaciones en
el mundo real, y los jue • gos rentables se juega n de hecho con en los debates contemporáneos sobre el aná• lisis de las
frecuencia» (1990, p. 476). instituciones políticas (Koelber, 1995; Hal l y Tay- lor,
4
Má s adelante, en este capítulo, intentaré mostrar por qué esta 1996). A continuación se incluyen unas breves
respues•
ta no es compatible con las premisas de la teoría de la elección
referencias sobre los problemas más debatidos.
racional.

a) ¿Qué son las instituciones políticas?

Parece haber un acuerdo general según el cual las


institu• ciones son básicamente «las reglas del juego».
La pregunta, sin embargo, es qué incluir en el concepto
de reglas. Una distin• ción clásica es la que se
establece entre reglas «formales» e
«informales». La inmensa mayoría de la gente, casi
siempre, actúa de acuerdo con normas predefinidas de
conducta, y la mayoría de esas normas no están
formalizadas como leyes u otras regulaciones escritas.
En cambio son «rutinas», «cos• tumbres», formales para vincular indi • viduos y regular su
«procedimientos de conformidad», «hábitos», «esti• los conducta a través del uso de reglas explí• citas,
de decisión» o incluso «normas sociales» y procesos de decisión ejecutados por un actor o grupo de
«cultura» (March y Olsen, 1989; Scharpf, 1989; Hal l , actores formalmente dotados y reconocidos como
1986). Por otra parte, las instituciones políticas, en un poseedores
sentido más estricto, pueden definirse como «acuerdos
21 4 215
normas institucionales definidas de forma amplia,
de ese poder» (Levi , 1990, p. 405). Obviamente, ni la
entonces no hay margen para identificar cuál es la
«cultu• función que desempeñan las instituciones políticas,
ra» ni las «normas» son explícitas o están defi• nidas de forma más estricta, en los procesos
formalizadas. sociales, porque la respuesta ya viene dada en la
6
El problema evidente es dónde trazar la frontera. definición .
¿Vamos a considerar instituciones políticas cualquier Por otra parte, si se limit a la definición de las
tipo de conducta repetida que afecte al proceso normas ins• titucionales a las formales, se corre el
político o a sus resultados? ¿O deberíamos reservar el riesgo de dejar de lado muchas normas no
término «instituciones políticas» para referirnos a formalizadas, pero asumidas como algo seguro
reglas formales que han sido adoptadas en un pro• ceso («takenfor granted») que existen en cualquier organi•
político? La inclusión de «hábitos», «cultura» y zación y que determinan la conducta política. La ventaja
fenóme• nos semejantes tienen la ventaja de incorporar la es que
mayoría de los aspectos por los que se guía la conducta
individual. El coste es que la «institución», como
concepto, corre el riesgo de diluir• se. Si así ocurriese, i 5 Como ha señalado Etzion i (1988, p. 27): «Una vez que un
se arriesga a tener el mismo destino que otros concepto se define de manera que abarca a todos los sucesos de
una categoría dada [...] se detienen los rendimientos de su
conceptos en las ciencias sociales (como «racionalidad» capacidad explicativa».
y «planificación»): si significa todo, entonces no 6
Otro problema es que el reduccionismo reaparezca por la
significa nada5. puerta de atrás bajo la etiqueta de «instituciones» (Levi , 1990, p.
Si la cultura no es otra cosa que normas 404).
institucionales informales, como sostiene North (1990), 2
entonces no hay posi-. bilidad de distinguir la 1
importancia de las instituciones políti• cas de la de otros
fenómenos sociales. Por ejemplo, no tendría ningún 6
sentido analizar los efectos políticos de las diferentes
constituciones, porque una conceptualización tan amplia
de las instituciones políticas abarcaría las constituciones
formales y toda la cultura de la sociedad. Si toda
conducta repetida pue• de explicarse a través de
se puede dar cuenta de las implicaciones de los hayan sido transcritas o adoptadas a través de un
«cambios en las instituciones formales», esto es, dar procedimiento formal . Cualquier teoría de las
cuenta de la impor • tancia de la «política» concebida instituciones políticas debe encontrar una forma de
de forma limitada como el diseño de las instituciones concep- tualizarlas, relacionándolas y distinguiéndolas
formales. La comparación de enti• dades políticas de otras insti • tuciones y de otros fenómenos sociales
(Estados, regiones, ciudades) con evoluciones generales (Levi , 1990; Moe, 1990; Steinmo y Thelen,
históricas y culturales similares, pero con instituciones 1992).
for• males diferentes (tales como las constituciones)
puede produ• cir resultados importantes (Weaver y
Rockman, 1993; Stephan y Skach, 1993; Elster y b) ¿Qué hacen las instituciones
Slagstad, 1988). Ésta es, por supues• to, una pregunta políticas?
clásica para cualquier análisis sobre la impor• tancia de Estrategias, preferencias y capital social
las instituciones.
Una forma de superar este dilema es reconocer un La mayoría de los enfoques aceptarían que las
tercer tipo de norma, que en los estudios de institucio• nes condicionan las preferencias de los
administración pública ha sido denominado actores, esto es, el modo en que tratan de alcanzar
«procedimientos estándar de funciona• miento» (Hall sus objetivos. Esto resulta
7
, 1986) . Con este giro , los investigadores han
intentado identificar un conjunto de normas acordadas 7
y aca• tadas por los actores relacionados. De esta Otras denominaciones para este tip o de norm a son «reglas de
funcio • namiento» (Ostrom , 1990) o «reglas al uso» , frente a
forma, mientras la «reglas en forma » (Sproule-Jones, 1993).
«cultura» y las «normas sociales» se excluyen de la
definición, las normas políticas (en el sentido de que 2
han sido estableci• das mediante un acuerdo tácito o 1
explícito) quedan incluidas, independientemente de que
7

obvio , por el hecho de que las institucione s El problema es cómo interactúan instituciones y
determinan: (a) quiénes son los actores legítimos; (b) prefe• rencias. En los extremos del continuum se
el número de acto• res; (c) el curso de acción; y, en sitúan dos visio• nes contrapuestas. La primera es
gran medida, (d) la infor• mación de la que común en el análisis econó• mico , que sostiene
dispondrán los actores acerca de las inten• ciones de que sólo los individuo s tienen preferencias
cada uno (Steinmo y Thelen, 1992, p. 7; Weingast: (individualismo teórico de Riker [1990, p. 171]), y que
infra, cap. 5). Ésta es un parte muy importante del éstas son exógenas a las instituciones. Los actores par•
análisis de las instituciones, porque demuestra que ticipan en el «juego» instituciona l con un conjunto
pequeños cambios de normas institucionales fijo de preferencias que, además, pueden ordenar de
8
aparentemente sin importancia, con• dicionan las maner a racio• nal . Las instituciones determinan los
estrategias (por ejemplo, quién «mueve» prime• ro) intercambios que se producen entre los distintos
de los actores, y ejercen gran influencia en los actores, pero en sí mismas no influye n en las
resultados de los procesos políticos (Ostrom, 1995). preferencias. Como maximizadores de uti• lidad , los
actores ordenan sus preferencias y se involucran en En el extremo opuesto se sitúa una aproximación
una «lógica de intercambio», de carácter estratégico, más cul • tural o sociológica, que sostiene que las
con otros actores, dentro de las restricciones instituciones estable• cen una «lógica de la
derivadas de las normas institucionales establecidas. adecuación»; es decir, las instituciones indican a los
Si cambian las institu• ciones, los actores cambiarán actores lo que deberían preferir en aquella situa• ción
su estrategia, pero no sus pre• ferencias. Debe quedar específica en la que se encuentren (Douglas, 1988; Marc
claro que en este enfoque de la «lógi• ca de h y Olsen, 1989; DiMaggi o y Powell , 1991). Sin
intercambio» , el carácter calculador de la acción es negar que la acción individual es intencional, este
universal, en la medida en que las preferencias de enfoque asume que los individuos carecen de las
los acto• res se orienta n siempre a maximiza r la habilidades cognitivas y contables necesarias para ser
utilida d esperada individua l . El problem a es plenamente racionales en sus relaciones con los demás
cómo diseñar instituciones de manera que se agentes (Simón, 1955). En lugar de eso, tienden a
produzca la agregación efectiva de las pre• ferencias seguir «plantillas» o «instrucciones» facilitados por las
individuale s en una decisión colectiva (Marc h y insti • tuciones en las que están actuando. En cierto
Olsen, 1989, pp. 119 ss.). sentido, en esta concepción cultural de las
instituciones, las instituciones no sólo determinan las
8
Lo que significa básicamente de form a transitiva: si preferencias de los actores, sino que tam• bién las crean.
prefieren A a B, y B a C, entonces preferirán A a C. Las instituciones crean o construyen socialmente las
2 identidades de los actores, sus vínculos, sus
1 concepciones de la realidad y sus «valores
compartidos». Normalmente, en un entorno
8 institucional dado, el agente no calcula qué acción es
la que más aumenta su utilidad . Por el contrario se
pregun•
ta «¿Quién soy yo?» en relación al entorno
institucional (un juez, un corredor de bolsa, una
enfermera, un prisionero, un científico) y cuál es la
acción más adecuada para cada tipo de persona en esa
situación (ser imparcial, maximizar la riqueza, atender
a los pacientes, fugarse de la justicia o buscar la ver•
dad). En este enfoque de la «lógica de la adecuación», la
acción no es universal, sino situacional, en la medida
en que las pre• ferencias de los individuos varían de
acuerdo con el entorno institucional. El problema es
cómo construir instituciones que integren a los
individuos en la sociedad (March y Olsen, 1989, pp.
124 ss.; véase Jeppersen, 1991; Scott, 1991).
La ventaja del enfoque económico es que nos
proporciona microfundamentos individuales claros y
universalmente defi• nidos acerca de cómo actuarán los actores), resulta obligado a deducir las preferencias a
individuos en diferentes con• textos institucionales (esto partir de la conducta:
es, maximizarán sus utilidades espe• radas). El
2
problema es que, en la medida en que carece de una
1
teoría acerca del origen de las preferencias (o de lo que 9
signi• fica «utilidad esperada» para los diferentes
puede considerarse sobresocializada (Granovetter,
la variable dependiente se convierte en instrumento de 1985). Si las instituciones determinan las prefe•
expli• cación de la independiente, que a su vez es rencias, el enfoque cultural tiene un largo camino por
utilizada para expli• car la misma variable dependiente. recorrer hasta especificar qué tipo de instituciones
Esto no constituye sólo un serio problema desde el determinan qué tipo de preferencias en qué clase de
punto de vista del método científico (véase Shapiro y actor (o actores). O dicho de otro modo, este enfoque
Wendt, 1992), sino que también crea proble• mas necesita clarificar mucho los micro- fundamentos de
porque, al menos en la investigación empírica, sus proposiciones básicas.
resulta imposible distinguir qué tipo de conducta es el
reflejo de pre• ferencias genuinas o verdaderas y qué
En este punto, resulta de especial interés el análisis
tipo de conducta es el resultado de acciones estratégicas de Eli - nor Ostrom sobre los recursos colectivos a los
que «todo el mun• do» tiene acceso. En esas situaciones
(véase Weingast: infra, cap. 5). Un agente racional,
maximizador de su utilidad , no revelará informació n
(por ejemplo, agua fres• ca, terrenos de pasto,
verdadera acerca de sus preferencia s a alguien de pesquerías y otros) se cumple lo siguiente: si cada uno
atiende sólo a su interés particular y explota los
quien sabe que utilizará esa información para construir
ins• tituciones que irán en contra de sus intereses. Al
utilizar este enfoque para diseñar instituciones que
resuelvan problemas de acción colectiva en el mundo
real, este problema de las asi• metrías de la
información limita severamente la aplicación prác• tica
del enfoque, porque el diseñador que utilice
información errónea sobre las preferencias de los
actores, generará un tipo de institución erróneo, lo
que a su vez dará lugar a dilemas patológicos de acción
colectiva (Miller , 1991; Hurwicz , 1977).
El problema con el enfoque cultural es el
siguiente: si las instituciones determinan las
preferencias, entonces ¿cómo explicar el hecho de que
actores que actúan dentro del mismo contexto
institucional tengan a veces preferencias distintas?
Mientras el enfoque económico presenta una
concepción muy poco social del modo en que los
agentes establecen sus prefe• rencias, la visión cultural
recursos al máximo, éstos se agotarán pronto. Por
tanto debe aplicarse alguna forma de regulación que En cada cuenca se estableció una asociación de carácter
prevenga la sobre- explotación. De acuerdo con la volun• tario para proporcionar un foro para discutir
cara a cara sobre problemas conjuntos y estrategias
teoría de la elección racional, sin embargo, nunca tendrá
potenciales [.. . ] . L a provi • sión de un foro de
lugar esa regulación, porque los usua• rios no pueden discusión transformó la estructura de la situación
confiar en que cada uno de ellos restrinja su con• sumo desde una en la que las decisiones se tomaban inde•
individua l a niveles soportables por el recurso pendientemente, sin conocimiento de lo que los
común (Bates, 1988; Miller , 1992). Las dos demás esta• ban haciendo, a otra en la que los
soluciones clásicas han sido bien garantizar el control individuo s discutían sus opciones entre sí (Ostrom,
soberano sobre los recursos (léa• se por el Estado) y la 1990, p. 138).
prerrogativa de regular su consumo de for• ma
jerárquica; o dividi r el recurso en partes sobre las Ni el mercado ni la imposición desde el centro,
cuales pueda ejercerse un control individual, una sino una institución política, resolvió los problemas de
solución «de mer• cado» (que en el caso de Ostrom no acción colecti• va. Como demuestra Ostrom, es la
es aplicable debido a las características técnicas de los estructura de la institución decisora la que cumple la
recursos que maneja). función decisiva de modificar la con• cepción de los
Lo que Ostrom ha mostrado es que la gente individuos acerca de dónde se sitúa su interés
resuelve con frecuencia problemas de gestión de individual (véase Dowdin g y King , 1995, p. 2). Por
recursos comunes de for• ma completamente distinta a usar la ter• minología de Rawls, antes presentada, la
la predicha por la teoría de jue• gos. Al analizar cómo institución en la que han de participar hace que actores
los granjeros del sur de California se organizaron para egoístas en el sentido estric• to del término se
regular la oferta limitada del agua de la que todos conviertan en actores razonables. Sus intere• ses
dependían, escribe : individuales a corto plazo les proporcionaban
motivacio-
220 221

nes para actuar de forma no cooperativa. Cuando se pone Éste es un resultado empírico importante porque
a esas mismas personas en una situación en la que contradi• ce uno de los teoremas básicos del análisis
deben razonar sus acciones y responsabilizarse de económico de la política, que «el representante actúa
ellas, las normas sociales resultan decisivas. Entonces sobre la base de la mis• ma escala de valores
surgen soluciones cooperativas de varios tipos. Esto no colectivos cuando participa en el merca• do y en la
significa que las personas en cuestión pasen de ser actividad política» (Buchanan y Tullock, 1962, p. 20).
egoístas a ser altruistas; más bien redefinen sus Por otra parte, es coherente con los resultados de
intereses individuales en función del interés colectivo estudios expe• rimentales según los cuales, si la
de no dañar los recursos comunes. El carácter estructura institucional es tal que existe la posibilidad
discursivo y público de la institución «lava» las de comunicación, esto aumenta en gran medida la
preferencias individuales (Goodin, conducta cooperativa y solidaria de los acto• res
1986; Offe y Preuss, 1991; Miller , (Frohlick y Oppenheimer, 1992; Dawes et al, 1977).
1993). En el análisis de Ostrom las soluciones concretas
al pro• blema de la acción colectiva varían según los el norte que en el sur. El libro se basa en una amplia
casos; algunas son más exitosas que otras. Las base de datos recogidos durante un período no inferior
soluciones con éxito no se basan exclusivamente ni en a veinte años.
la jerarquía ni en el mercado, sino en una combinación ¿Qué es lo que permite que la democracia funcione
de organización voluntaria y dirección pública, en la mejor en unas regiones de Italia que en otras? El
que el papel de las autoridades (o lo que es lo mismo, estudio de Putnam proporciona una respuesta
el grado de compulsión) es con frecuencia muy limi • sorprendente. Los factores decisi• vos para establecer y
tado. La cooperación surge en gran medida, en consolidar instituciones políticas efi • cientes son la
contra de lo predicho por la elección racional y la proporción y la densidad de la red organizativa local.
teoría de juegos, de for• ma voluntaria. Las Cuanta más gente se organice en coros, asociaciones de
instituciones políticas son las que, de nue• vo, lo hacen ornitología, asociaciones deportivas y demás
posible. agrupaciones de este tipo, mejor funciona la democracia.
Otro estudio reciente sobre el tema es el de Robert Esta respuesta coin• cide con los análisis de Tocqueville
Putnam, Making Democracy Work: Civic Traditions in sobre la jove n República americana: una democracia
Modern Italy (1993). Putnam investiga por qué en funcionamiento requiere un espíritu cívico
instituciones públicas tales como el sistema desarrollado. A la hora de tomar decisiones sobre asuntos
democrático funcionan de forma tan diferen• te en las comunes (esto es, al participar en política), los ciuda•
veinte regiones italianas. Con excepciones menores, el danos deben procurar atender no sólo a sus intereses
problema estriba en las diferencias entre el norte y el persona• les inmediatos, sino también a los intereses
sur: es decir, la democracia (y la economía) funciona colectivos - a l bien común- (Offe y Preuss, 1991, p.
mucho mejor en 169). Según el argumento de Putnam, la gente desarrolla
2 esta capacidad al participar en orga• nizaciones
2 voluntarias. El logro de Putnam es demostrar que este
2
factor es más relevante que las variables
socioeconómicas tradicionalmente consideradas a la hora
de analizar el funcio• namiento de la democracia. Sin
embargo, su análisis no se que• da ahí. Argumenta que el
espíritu cívico, expresado en una den• sa red
organizativa en la sociedad c i vi l , permite explicar por
qué ciertas regiones han disfrutado de un mayor
crecimiento económico que otras. Las diferencias en
los niveles de desa• rrollo de espíritu cívico entre
regiones explican mejor la situa• ción económica actual
que la situación económica de partida de las distintas
regiones. No es el crecimiento económico el que
produce el espíritu cívico, sino más bien el espíritu
cívico el que genera crecimiento económico (e
instituciones democrá• ticas que funcionan). De este
modo el estudio de Putnam pro• porciona un claro
contraste al libro de Mancur Olson, The Rise and subsidios y por tanto dificul • taban la competitividad
Decline ofNations (1982), donde se argumentaba que económica.
los países en economías en declive se caracterizaban
por la pre• sencia de poderosos grupos de interés y 2
asociaciones que uti • lizaban su posición para obtener 2
3
De acuerdo con Putnam, la participación en mostrado que las preferen• cias son modificables no
organizacio• nes genera capital social, lo que permite que sólo por instituciones de nivel micro, sino también por
la interacción entre los ciudadanos se construya sobre la las de nivel macro 10. La forma de actuar de
base de relaciones de con• fianza. Las personas optan
por cooperar con sus vecinos por• que confían en que 9
De hecho un tipo de conducta ciertamente irracional.
sus vecinos también cooperarán. De este modo, en las 10
Una institución típica de nive l micr o es una norma
diversas redes de las que se compone el tejido establecida por un número de agentes tan reducido que les permita
relacionarse directamente (cara a cara) y regular sus propios
asociativo, surge un elemento vinculante en forma de intereses comunes. Un ejemplo de insti• tución de nivel macro es
normas que facilitan la cooperación. Expresado en una ley establecida por el gobierno con carácter gene• ral y pensada
términos econó• micos, el capital social reduce los para guiar la conducta de agentes que no han participado direc•
costes de transacción, cos• tes asociados a la seguridad tamente en el proceso de adopción de la norma.
de que los contratos se mantienen (Coleman, 1990).
Más en concreto, el problema consiste en si los
acuerdos pueden confirmarse con un apretón de manos
o si, por el contrario, se necesitan montones de
abogados y pro• gramas de seguros. Parece pues que
aquí radica la solución a un problema sobre el cual la
teoría de juegos había llamado la atención. Al
participar en varias redes sociales y asociacio• nes, los
individuos generan capital social, lo cual resuelve a su
vez el problema de la acción colectiva. En ello radican
las bue• nas noticias de la investigación pionera de
Putnam. Las malas consisten en que esta situación es
difícilmente reproducible en la vida real. Después de
todo; el escenario que se ha institu• cionalizado en el
sur de Itali a - u n mal funcionamiento de la democracia
y de la economía como consecuencia de la esca• sez
de capital social - parece constituir también un
equilibrio estable. En otras palabras, hay un largo trecho
por recorrer entre Palermo y Milán .
Margaret Lev i ha realizado otra contribución
importante. Al comparar el servicio miütar voluntario
en tiempos de gue• rra en cinco países9 diferentes, ha
las instituciones tuvo un gran impacto en el
porcentaje de c) La estabilidad
«varones jóvenes» que estuvieron dispuestos a institucional
arriesgar sus vidas por su país. No sólo debían estar
convencidos de que la guerra en cuestión era una Una idea central en todas las aproximaciones a las
«guerra justa», sino también de que (a) las institu• ciones es que son entidades duraderas: no
instituciones para desarrollar las políticas eran justas y pueden cambiarse de un golpe en función del deseo de
(b) de que los otros ciudadanos asumían una parte los agentes. De hecho, éste es un principio básico de
razona• ble de la carga (por ejemplo, el gobierno debe todas las escuelas de análisis institu- cionalista. Si las
disponer de ins• tituciones capaces de informar instituciones cambiasen en función de la estruc• tura de
correctamente a los agentes de lo que están haciendo poder u otras fuerzas sociales de l entorno, no habría
los demás). En otras palabras, resulta a la vez heroico necesidad de un análisis específico e independiente de
y carente de sentido ser el único que se levan• ta y las ins• tituciones (Krasner, 1984). Obviamente algunas
defiende un país dado. En este clásico problema de instituciones, como las constituciones, adquieren un
acción colectiva, el carácter de las instituciones de carácter casi sacro. ¿Pero por qué permanecen las
nive l macro sir• ve para modificar las preferencias instituciones, incluso cuando condi• cionan el poder y
individuales sobre la posi• bilidad de ofrecerse como las estrategias de forma contraria a los inte• reses de los
voluntari o ( Le v i , 1991 ; véase Margolis, 1984). actores implicados? De modo previsible, las res•
Este tip o de análisis puede aplicarse tam • bién a otros puestas a esta pregunta varían según los enfoques.
programas gubernamentales, tales como la segu• ridad El análisis económico analiza las instituciones como
social y la recaudación de impuestos para financiarla equili• brios que permanecen porque, en primera
(Laurin, 1986; Rothstein, 1994). instancia, nadie tiene interés en cambiarlos. En este
sentido, los equilibrios son auto-
224 225
sostenidos y se refuerzan a sí mismos (self-reinforced). calcular si un cambio dado será beneficioso para sus
Esto pue• de adoptar diferentes formas. Una es la idea de intereses, el propio hecho de implicarse en un proceso,
«costes irrecu• perables». La inversión en aprender a presu• miblemente costoso, de cambio institucional
actuar dentro de un entra• mado institucional conocido es genera en sí mis• mo un problema estándar de acción
tal que, aunque teóricamente hay opciones más eficientes, colectiva.
los costes del aprendizaje bloquean el cambio. Otro Desde un enfoque más histórico o cultural se
argumento es que, si bien los cambios pueden reportar argumenta que las instituciones no se escogen en la
a los actores beneficios a corto plazo, la incertidumbre mayoría de los casos. Se parecen más a arrecifes de
acerca de las consecuencias a largo plazo les impide coral con varios niveles super• puestos, sin que ningún
modificar las instituciones que les son próximas agente o grupo de agentes haya deci• dido cómo
(Shepsle, 1986). Un ter• cer argumento señala los costes organizar la estructura del conjunto. A lo largo de
de involucrarse en el proceso de cambio como factor de diferentes períodos, diversos agentes con distintos
estabilidad. Incluso si un actor racional es capaz de intereses han adoptado instituciones tomando como
referencia el siste• ma institucional previo. Los Semejante «duplicación» de poder hará que el desafío del
individuos no eligen sus institu• ciones. Por el orden institucional establecido sea más costoso, o más
contrario, las instituciones seleccionan a los indi• arriesgado, para los actores menos poderosos.
viduos. En cualquier época las variables que pueden
ser apartadas de su situación histórica y modificadas son
muy esca• sas (Crouch, 1986). d) Instituciones y
El institucionalismo histórico proporciona un tercer
argu• mento: es el poder el que causa inestabilidad
cambio
institucional. Los agentes dotados de mayores cotas de
poder intentarán cambiar las «reglas del juego» de Es un hecho admitido que éste es uno de los
forma que, según sus creencias, sir• van a sus intereses aspectos más difíciles para el análisis institucionalista y,
por mantener e incrementar ese poder. El poder que un por lo tanto, su mayor debilidad. Por lo que respecta a sus
agente obtiene de la posesión de bienes o facto• res conclusiones, el análisis no ha ido más allá de la
básicos (tales como el control de capital o el control de afirmación de Marx según la cual «los hom• bres hacen la
una organización de productores) se ve incrementado historia [...] pero no bajo circunstancias creadas por
por el poder derivado de las instituciones que él mismo ellos» (Przeworski, 1985). ¿Pero quiénes son esos
ha diseñado (leyes de propiedad que favorecen a los «hom• bres» y cuáles son las «circunstancias» bajo las
propietarios de capital; legis• lación laboral en pr o de que pueden ser capaces de crear o cambiar las
la sindicación) (Rothstein, 1992). instituciones políticas? Siguien• do a Goodin (1996),
las instituciones pueden cambiar por tres razones. La
primera es por puro accidente o factores no previs• tos:
la interacción entre ellas puede dar lugar a nuevos tipos
de instituciones completamente imprevistos. El segundo
factor que puede generar cambios institucionales es el
cambio evolutivo: las instituciones que mejor se
adecúan a las distintas fases del desarrollo de la
sociedad simplemente sobreviven a través del
funcionamiento de algún tipo de mecanismo de
selección. Por último, las instituciones pueden cambiar
como resultado de un diseño intencionado por parte de
actores estratégicos.
La cuestión general de «acción frente a estructura»
como causas del cambio social está presente tanto en el
análisis ins• titucional como en muchos otros análisis
sociales (Mouzelis,
1988; Koelbe, 1995). Los análisis económicos de las
institu• ciones, a pesar de su pretensión de ofrecer
microfundamentos para el estudio de las instituciones
políticas, recurren con fre• cuencia a explicaciones de
carácter estrictamente funcionalis- ta sobre el origen y
el cambio de las instituciones. La «nece• sidad» de " Elster (1985) ha desarrollado argumentos en contra del uso de
esto o aquello explica un cierto orden institucional expli •
(Hall y Taylor, 1996)". Las instituciones jurídicas, caciones funcionalistas en las ciencias
por poner sociales.

22 6 227
1979). Con todo, el problema es que la historia está
un ejemplo, surgieron de la necesidad compartida por
también llena de ejem• plos de errores, situaciones en las
todos los comerciantes de obtener información sobre la que los actores se equivocan al calcular qué tipo de
credibilidad del resto a la hora de hacer negocios institución deben establecer para asegu• rar sus intereses
( Mi lg ro m , Nort h y Wein- gast, 1990). Los cambios futuros (Lewin , 1988, cap. 3; Immergut, 1993;
en los precios relativos derivados de la evolución Rothstein, 1992).
demográfica y el cambio tecnológico causan un cambio Sin embargo, la oposición acción frente a estructura
institucional (North, 1990). La concepción de las ins• en el análisis del cambio institucional motiva una
tituciones como algo que constriñe las decisiones concepción más reducida de las instituciones como
individua• les, propia de este enfoque, dificulta la normas decididas formal-
explicación del cambio institucional en el marco de las
restricciones teóricas propias del individualism o 12
Es obligado matizar que esto no es una manifestación de la
metodológico. Como ha señalado Bates (1988), si debilidad del enfoque en cuanto tal ; po r el contrario, en relación a
bien este enfoque puede explicar la demanda de ins• las «lagunas», pue• de resultar simplemente que no puede haber algo
asimilable a una teoría gene• ral de la creación o el cambio de las
tituciones, no explica su oferta. instituciones.
Las aproximaciones de carácter histórico o
2
cultural tam• poco lo hacen mucho mejor. Si bien han
2
ofrecido explicacio• nes interesantes de las causas y
8
consecuencias del cambio ins• titucional en casos
históricos concretos, hasta el momento no hay ningún
indici o de que de toda esta producción vaya a sur• gir
12
una teoría general . Ha quedado demostrado que, en
cier• tos momentos, actores políticos específicos han
sido capaces de crear instituciones que incrementan en
gran medida su poder político en el futuro (véase
Rothstein, 1995). Los actores polí• ticos pueden
estructurar el futuro en un cierto grado; es decir, los
hombres hacen la historia ; los actores político s no
son
«muñecos estructurales» que simplemente atienden a las
nece• sidades de un gran sistema social (véase Giddens,
mente. La razón estriba en que es en ese tipo de sabemos lo suficiente sobre los efectos de las distintas
normas don• de puede determinarse con claridad el instituciones políticas como para que la ciencia política
impacto de una acción concreta, y por tanto sus se convierta en una suerte de disciplina arqui• tectónica.
posibles efectos sobre fenómenos sociales y políticos La pregunta ha surgido recientemente a medida que
más amplios. El problema de identificar los factores muchos países del este de Europa, Áfric a o
que están detrás del cambio institucional puede Latinoamérica han abandonado el autoritarismo para
constituir un síntoma de un problema de mayor iniciar procesos de demo• cratización. En este
alcance en el análisis institucional: su vaciedad teórica. contexto, una pregunta razonable a la que deben dar
Afirmar que las «ins• tituciones importan» no nos dice respuesta los científicos políticos es si sabemos qué tipo
nada acerca de qué institu • ciones son más relevantes de entramados institucionales aumentan la
que otras y en relación a qué pro • blemas. El valor probabilidad de permanencia de la democracia
de una aproximación instituciona l sólo se pone de (Przeworski, 1991). ¿Deben optar por el
manifiesto cuando se combina con una teoría más sus• presidencialismo o por el parlamentarismo, por el
tantiva de la que puedan derivarse hipótesis acerca unicameralismo o por el bicameralismo, por sistemas
de por qué algunos actores, recursos o instituciones biparti• distas o multipartidistas? Y así
son más impor• tantes que otros (Rothstein, 1992). El sucesivamente. Como era previsible, existen dos
número de instituciones políticas ha sido mu y alto en opiniones muy diferentes. Desde la pr i • mera de ellas se
cualquier momento posterior a la Edad de Piedra; por argumenta que disponemos de bastante cono• cimiento
lo tanto, el análisis de la instituciones políticas acerca de los efectos de las distintas instituciones,
necesita con urgencia de una teoría que establezca suficiente al menos para poder embarcarnos en esta
qué tipo de instituciones son importantes para qué tipo clase de
de pro• blemas.
2
La comprensión de las implicaciones del cambio
2
institu • cional es probablemente uno de los mayores
9
desafíos de la cien• cia política. La cuestión es si
ingeniería social y política. Por ejemplo, las 1992). Diferentes acuerdos de carácter corporatista
constituciones pre- sidencialistas han demostrado ser pueden generar unas relaciones industriales pacíficas y al
mucho menos adecuadas para la consolidación de la mismo tiempo asegurar el crecimiento económico
democracia que los sistemas parlamen• tarios (Stepan (Goldthorpe, 1984; Kat- zenstein, 1985).
y Skach, 1993) 13 . Los sistemas parlamenta• rios, La visió n opuesta la ejemplifica la conocida
combinados con otro tipo de instituciones capaces advertencia de Hayek sobre el desarrollo de cualquier
de generar acuerdos políticos entre grupos opuestos entre tipo de ingeniería social (Hayek, 1949; véase
sí, pueden asegurar el gobierno democrático y Lundstróm, 1994). Nuestro cono• cimient o sobre las
proporcionar estabilidad social a sociedades altamente consecuencias de un cambio institucio• nal
divididas (Lijphart, 1984; Lewin, intencionado es simplemente demasiado limitad o y
el riesgo de cometer errores que provoquen resultados
no espe• rados, contradictorios o incluso perversos, La idea según la cual los sistemas electorales de
demasiado alto. Según Hayek, las instituciones no distrito ún i • co (en los que el ganador se lleva todos
deben diseñarse, sino que deben evolucionar. Queda los puestos asigna• dos a ese distrito) generan
fuera de nuestro conocimiento pre• sente la capacidad sistemas bipartidistas estables es otro ejemplo.
de calcular, o incluso estimar, las dife• rencias entre Para Elster (1991) esta falta de conocimiento no
los efectos locales y los efectos globales, entre los debería inhibirnos de realizar cambios institucionales
efectos a corto y a largo plazo, entre las consecuencias intencionados. En ciertos momentos históricos, como
parciales y las consecuencias netas del cambio las transiciones a la democracia, es necesario diseñar
institucional (Elster, 1991). Otro problema instituciones políticas (véa• se Przeworski, 1991).
importante radica en que cier• tos diseños Elster ha sugerido una tercera opción a la hora de
institucionales que funcionan bien bajo determi• involucrarse en operaciones de ingeniería institu •
nadas condiciones sociales y económicas pueden cional: en lugar de basar los cambios en supuestos de
resultar desastrosos si éstas cambian (Przeworski, carácter racional-instrumental o en las consecuencias
1991, pp. 35 ss.). Gran parte del «conocimiento esperadas (sobre las cuales sabemos tan poco), cabe
establecido» acerca de los efec• tos de las instituciones introducir un discurso de carácter deontológico o
políticas ha demostrado ser muy frá• g i l . Los normativo en nuestra forma de razonar sobre las
acuerdos corporatistas mencionados anteriormente instituciones. Ell o implica que las instituciones deben
son un ejemplo; co n frecuencia, lejos de ser la desarrollarse siguiendo ciertos criterios morales -tales
solución.han constituido un problema para el como concepciones compartidas de la justicia, por
crecimiento económico y el desarrollo de relaciones ejemplo, o de nor• mas acerca de la igualdad o un
industriales pacíficas (Lewin , 1992). tratamiento justo - propuestos desde la teoría normativa
(Rawls, 1971; Dworkin , 1985; Barry,
13
1
Un argumento parcialment e opuesto puede encontrarse en 9
Sartori 9
( 5
1
9 )
9 .
4 Desde una perspectiva de teoría de juegos, se ha
) argumen• tado que lo que contribuye a la permanencia
. del sistema de gobierno en democracias jóvenes es el
2 hecho de que las nue• vas instituciones políticas
3 ofrezcan a los sectores derrotados que apoyaban al
0 gobierno autoritario una oportunidad justa de defender
sus intereses políticos e incluso (a través de eleccio•
nes justas) de conquistar de nuevo el poder en el futuro
(Prze• worski, 1991). Por tanto, si las fuerzas que
apoyan el cambio hacia un régimen democrático diseñan
las nuevas instituciones políticas democráticas (por
ejemplo, el sistema electoral) de manera que se niegue por otros medios. Por ello, la cons• trucción de las
toda posibilidad de retornar al poder polí• tico a los instituciones políticas ha de guiarse por prin • cipios de
antiguos grupos antidemocráticos -es decir, si actúan justicia y no por la racionalidad instrumental.
como agentes maximizadores de utilidad tal y como
asume la teoría-, puede suceder que las mismas 2
fuerzas autoritarias a las que se desea excluir del poder 3
a través del diseño institu• cional decidan reasumirlo 1
V. El análisis de las instituciones y el convierte en algo nulo e inválido» (Birnbaum, 1988;
futuro de la Ciencia Política véase Bicchieri, 1993).
Simplemente, en una situación en la que la
A estas alturas debería estar claro que en el marco cooperación para obtener un bien colectivo requiera
del aná• lisis de las instituciones se pone de manifiesto la contribució n de muchos agentes racionales y
una de las mayo• res divisiones dentro de la ciencia
egoístas, la deserción será más rentable que la
política, la división entre un estilo de análisis «duro»,
que tiene como objetivo el desa• rrollo de leyes colaboración para los individuos (Tsebelis,
universales (al estilo de los análisis formales de 1990, pp. 74 ss.; Scharpf, 1990, p. 476). De form a
elección racional o las teorías de la conducta), y otro similar, Bendor y Mookherjee llegan a la conclusión,
esti• lo de análisis «blando» e históricamente orientado sobre la base de
de los fenó• menos políticos y de las líneas de
desarrollo cultural (Shapiro y Wendt, 1992; véase 14
Lo s términos «duro» y «blando» no deben confundirse con
14
Green y Shapiro, 1994) . Sin embargo en esta última el tip o de datos utilizados por estos enfoques. En lugar de eso, sólo
sección del capítulo defenderé que estos dos esti• los de hacen referencia al tip o de metodología que se utiliza . De hecho,
análisis deben implicarse en un fértil intercambio en los enfoques «duros» co n fre• cuencia sólo usan datos muy
«blandos» (¡si es que usan alguno!), tales como datos de encuesta
el análisis de las instituciones políticas. sobre actitudes, mientras que los enfoques «blandos» usan a
Este argumento parte del problema, antes menudo datos muy áridos, tales como, por ejemplo, materiales de
mencionado, crea• do por los enfoques de elección archivo.

racional y la teoría de juegos en la ciencia política: ¿por


qué actores racionales egoístas se orga• nizan para
producir bienes colectivos, tales como instituciones
políticas efectivas? Si todo el mundo actuase del modo
egoísta y autointeresado asumido por la teoría de la
elección racional, ins• tituciones de ese tipo nunca
surgirían a partir de contribuciones individuales
(Scharpf, 1990). O, como ha señalado Pierre Birn -
baum: «En la teoría económica del individualismo [...]
toda teoría de la movilización sólo por atomización se
la propia teoría de la elección racional, de que si bien Bendor y Mookherjee, 1987).
el mode• lo del actor racional puede explicar por qué La posición de la elección racional no se refuerza
persisten deter• minadas pautas de acción colectiva, cuando se defiende que la cooperación puede
«no explica cómo se crean [...] . El surgimiento de la explicarse por la exis• tencia de vínculos previos de
cooperación es un problema com • plejo que requiere carácter social, político o cultu • ral. Tales vínculos
otros métodos de análisis» (Bendo r y Mookherjee, aumentarían la confianza mutua de los acto• res en que
1987, p. 146). Para explicar por qué aparece la los demás también cooperarán, lo que llevaría a que la
cooperación en unas situaciones y no en otras, estos situación se estabilizase en un equilibrio. El
autores introducen varias explicaciones bastante problema es, como ha señalado Michae l Hetcher, que
ajenas a esta forma «esas mismas insti • tuciones representan los equilibrios
«dura» de teorizar: «... sucesos idiosincrásicos, Pareto-óptimos que los par• tidarios de la teoría de
como una derrota inicia l desafortunada que provoca juegos se disponen a explicar» (Hetcher,
una sospecha gene• ralizada de vagancia» (Bendor y 1992, p. 47; véase Bicchieri , 1993, p. 128). Como se
Mookherjee, 1987, p. 146), o causas de otra ha dicho anteriormente, el enfoque de elección
naturaleza vinculadas a las circunstancias históricas racional puede explicar por qué un equilibrio es
del momento (véase Scharpf, 1990, p. 484). Pero estable, pero no por qué se desarro• llan equilibrios
incluso cuando surge la cooperación por una u otra diferentes n i , de hecho, por qué surge cualquier tipo
razón (irra• cional o arracional), ésta debería ser muy concreto de equilibri o (Shepsle, 1989; Scharpf,
inestable de acuerdo con el modelo de actor racional, 1990, p. 474). Como afirma George Tsebelis: «... la
fundamentalmente por el hecho de que los miembros de teoría de la elec• ción racional no puede describir
la organización afrontan una tentación constante de dinámicas; no puede dar cuen• ta de los caminos que
dejar de contribuir y continuar obteniendo bene• ficios tomarán los actores para llegar a los equi• librios
de su funcionamiento (Hechter, 1987, pp. 10 ss.; prescritos» (Tsebelis, 1990, p. 28).

232 233
creación) nunca se desarrollarían. Con otras palabras,
Por ello, establecer una institución para superar un
«desde un punto de vista lógico, el juego empieza una
proble• ma de acción colectiva constituye en sí mismo
vez que los actores se han constituido y su orden de
un problema de acción colectiva. La formació n de
preferencias se ha formado como resultado de procesos
una institució n de estas características está, de
que pueden considerarse parte del juego» (Berger y
acuerdo con Robert Bates, «sujeta al mismo
Offe, 1982, p. 525; véase Grafstein, 1992, pp. 77 ss.).
problema de incentivos que se supone ha de resolver»
(Bates, 1988, p. 395; véase Scharpf, 1990, pp. 477 Los teóricos de la elección racional han señalado
ss.). Entre actores racionales egoístas este tip o de en oca• siones el papel de la iteración (juego repetido)
instituciones (y los incentivos necesarios para su para explicar por qué la acción colectiva tiene lugar
con tanta frecuencia en el mundo real, dejando aparte merecedores de la confianza de potenciales miembros.
las motivaciones que los agen• tes racionales tienen Además deben tener la capacidad tanto de premiar a
para no colaborar (Axelrod , 1984). Sin embargo, la aquellos que apor• tan la parte que les corresponde
iteración puede jugar sólo un papel limitado a la hora como de castigar a aquellos que no lo hacen (Bianco
de explicar la cooperación. De la misma forma que y Bates, 1990). El problema es que ni la elección
la iteración puede generar cooperación estable entre racional ni la teoría de juegos resultan especial• mente
las partes, también puede provocar que entre ellas se útiles a la hora de identificar a este tipo de líderes o
produzca una no cooperación estable; ni la elección de especificar por qué en determinadas circunstancias
racional ni la teoría de jue• gos encuentran una ciertos indi • viduos se convierten en líderes. El
explicación para el hecho de que unas veces se análisis histórico parece indicar que los líderes
produzca un resultado y otras otro. El papel de la políticos tienen una mayor inclinación aerear
iteración en la resolución de problemas de acción instituciones sociales ineficientes (North , 1981).
colectiva es muy sen• sible también a las asimetrías de
Este estado de la cuestión resulta en cierto modo
información entre los actores, especialmente en juegos
irónico. La revolución «dura» propiciada por la
de más de dos jugadores (Bianco y Bates, 1990;
elección racional y la teoría de juegos, junt o con la
Bendor y Mookherjee, 1987; Molander, 1994). En
igualmente «dura» revolución conductista, fueron en
un juego de dos personas, es posible obtener
gran medida una reacción frente a un tipo de ciencia
información sobre si el oponente elegirá cooperar o
política «blando» e históricamente orientado
no; cuando el número de jugadores es superior, resulta
(Shepsle, 1989). En su búsqueda de leyes generales y
muy difícil . El resultado poco afortunado es que «los
teorías parsimoniosas, los prohombres de los
participantes se superan a sí mismos en su tendencia a
enfoques «duros» se referían despectivamente a la
producir resultados subóptimos» (Grafstein,
ciencia política tradicional, histó• ricamente
1992, p. 7 1 ; véase Scharpf, 1990, p. 477 ss.).
orientada, como una «narración blanda de historias»
Frente a la iteración, el liderazgo político ha (véase Miller , 1992).
resultado ser un factor importante en la resolución de Como se ha indicado anteriormente, la ciencia
problemas de acción colectiva. Los líderes deben política tra• diciona l dedicó muchos esfuerzos al
disfrutar de la condición de ser anáfisis del estableci• miento y funcionamiento de
instituciones como los parlamen• tos, las
constituciones y las administraciones públicas - s i n
olvidar el liderazgo político - (véase Marc h y
Olsen, 1984). El problema consistía en que el
enfoque tradicional no tenía forma de expresar, a no
ser a través de intuiciones, qué insti• tuciones eran
realmente importantes o cuáles eran sus efectos en la
conducta política. que consiguen que la cooperación sea una elección
La gran contribución de la teoría de la elección racional y posible para los actores implicados en el
racional ha consistido precisamente en proporcionar proceso. Sin embargo, el problema es que no hay otra
un criterio para esa distinción: las instituciones manera de enten• der por qué surgen ese tipo de
relevantes son aquellas capaces de resolver problemas instituciones que la realización de estudios de caso,
de acción colectiva o, lo que es lo mismo, aquellas «blandos» e históricamente orientados,

234 235
reglas que les favorecen (Rothstein, 1992).
sobre sus orígenes. Si el éxito o el fracaso en el Podría decirse que la ciencia polític a ha
surgimiento de instituciones eficientes se explica en completado un círculo -volviend o a establecer la
términos de dependencia de la trayectoria histórica, necesidad de análisis deta• llados de los orígenes
entonces habremos de investigar los momentos culturales y de los procesos de cambio histórico de las
históricos específicos de la historia en los que se optó instituciones políticas- (Ostrom, 1991, p. 242). Incluso
por trayectorias diferentes (Scharpf, 1990; véase así hemos aprendido mucho en este viaje. Ahora enten•
Roths- tein, 1992). Para comprender cómo es posible demos mejor por qué unas instituciones políticas son
la propia exis• tencia de la sociedad (es decir, para más rele• vantes que otras y, más en concreto, qué
entender por qué en oca• siones se desarrollan juegos aspectos de la lógica del funcionamiento de las
mutuamente beneficiosos), los análisis económicos de instituciones contribuyen a que los actores políticos
la política deben tener en cuenta normas sobre la resuelvan sus problemas de acción colectiva.
cooperación, la confianza, el honor, el compromiso y
De hecho la atención simultánea prestada a las
la obligació n social, cultura l e históricamente
institucio• nes desde los diferentes enfoques puede
establecidas (Ostrom, 1995; Bates, 1988; véase
contribuir a que la cienci a política pase de una
Gambetta, 1988).
situación en la que los distintos investigadores
Si los sistemas políticos están firmemente trabajan en «mesas separadas» a otra en la que
estructurados en torno a instituciones, los cambios
pueden ocurrir sólo en cier• tos momentos. Los actores
políticos sólo tienen la capacidad de modificar los
parámetros institucionales o cambiar la natu• raleza del
«juego» durante estos momentos formativos. Estos
momentos formativos de la historia política se
distinguen por el hecho de que las instituciones
políticas existentes están inca• pacitadas para manejar
una situación nueva (Krasner, 1984). En estas
circunstancias, los actores políticos no sólo participan
en el juego; también pueden cambiar sus reglas. En
otras pala• bras, en determinadas circunstancias los
actores políticos tienen la capacidad de dar forma a las
instituciones políticas futuras, pudiendo establecer
se implican en una tarea más unificada (Ostrom, microfundamen- to utilitarista de la teoría de la
1995). Como ocurre con la tecnología de la elección racional y la teoría de juegos como base
información, para que el pro• ducto final sea útil , el normativa para la acción social (recomen• dada), no
hardware y el software deben ser com• patibles, y habría ninguna posibilidad de establecer institucio•
aquellos que diseñan el hardware deben aprender a nes políticas socialmente eficientes. Como ha
cooperar con aquellos que fabrican el software, y señalado Bic - chieri, «el conocimiento común de la
viceversa. Con la integración de enfoques diferentes, teoría de juegos hace que la teoría se convierta en algo
la probabilidad de que se produzcan avances inconsistente y por tanto auto- destructivo» (Bicchieri,
15
fundamentales será mayor . 1993, p. 128)17. Simplemente no resul-
Un segundo aspecto irónico del actual estado de
la cues• tión es que si los actores buscan establecer 15
Véase Ferejohn, 1991 ; Bates, 1988; Steinmo y Thelen, 1992;
instituciones capa• ces de superar el problema de la Roths•
acción colectiva (esto es, si aspiran a crear tein, 1992; H a l l y
instituciones sociales eficientes), deben cuidarse de no Taylor, 1996.
16
comportarse de acuerdo con las premisas individualis• Com o tal , esta descripción es simplemente errónea. Por
tas y utilitaristas de la teoría de la elección racional. Si ejemplo, el grado de conformida d con las normas es mu y
superior al explicado po r la existencia de incentivos selectivos:
, como ha defendido Jon Elster (1989), la teoría de la «Hay más gente que no cruza la calle de manera incorrecta, no tira
elección racio• nal ha de entenderse no sólo como una la basura en la calle, paga sus impuestos o ingre• sa en las fuerzas
16
razonable descripción empírica de la conducta , sino armadas que la predicha por la teoría» (Lev i , 1990, p. 408 ; véase
también como una teoría nor• mativa que nos diga Mansbridge, 1990, pp. 19 ss).
17
cómo deberíamos comportarnos, enton• ces la ciencia Pero, como ha señalado Jon Elster, «gran paite de la literatura
de elec• ción social y de elección pública, con su asunción de una
política se encuentra ciertamente ante un gran conducta oportu • nista generalizada, simplemente parece no tener
problema. La razón es que si adoptásemos el contacto con el mund o real, en el cual sí hay un alto grado de
honestidad y sentido de la obligación» (Els• ter, 1991 , p. 120).

23 6 237
ción (o destrucción) de instituciones políticas (véase
ta posible que personas que actúan como se supone
Ostrom,
que lo hacen los jugadores en los modelos de elección
1995), sino que también demanda la integración de la
racional y teoría de juegos establezcan instituciones
teoría política positiva y la teoría política normativa. La
socialmente eficientes para superar equilibrios
importancia tanto del discurso clásico como del discurso
subóptimos. De hecho abundan situaciones en las que
moderno sobre las relaciones entre las instituciones
«todo el mundo sabe» que estaría mejor si coope• rase
políticas y la virtu d cívica ha sido puesta de
para establecer instituciones eficientes y al mismo
manifiesto por una reciente pregunta de Jane
tiem• po el desarrollo de éstas resulta imposible porque
Mansbridge (1990, p. 20): «¿Podemos diseñar
«todo el mun• do» es consciente de que los demás no
instituciones para potenciar que las motivaciones que
cooperarían por falta de confianza. El estudio de la
consideramos funda• mentadas normativamente surjan
relevancia de las instituciones no sólo reclama la
por sí mismas o conduzcan a resultados buenos y
combinación del desarrollo de modelos for• males con
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I . Introducción

La teoría de la elección racional ofrece un conjunto dife•


renciado de aproximaciones al estudio de las instituciones,
la elección de instituciones y la permanencia de las mismas.
Basa• da en la teoría económica de la empresa
(Williamson , 1985; Milgrom y Roberts, 1991), la historia
económica (North, 1990) y la teoría política positiva
(Enelow y Hinich , 1984; Mc Ke l - vey, 1976; Riker,
1982), este enfoque desarrolla un tratamien• to
sistemático de las instituciones. Aunque comparte
muchas cosas co n otros estilos de análisis, el rasgo
distintiv o más importante de la teoría de la elección
racional consiste en pro• porcionar los microfundamentos
del análisis institucional 1 . Sus aplicaciones cubren
problemas políticos y sociales de toda cla• se, desde los
efectos de las instituciones políticas del mundo occidental
(parlamentos, tribunales, elecciones y administra-
1
Hall y Taylor (1996) revisan las distintas perspectivas
de análisis ins•
t
i
t
u
c
i
o
n
a
l
.

246 247
racional son cuatro. Pri• mero, proporcionan una
ción pública) hasta estudios más recientes sobre países en
metodología explícita y sistemática para el estudio de
desa• rroll o (por ejemplo, corrupción , producción e
los efectos de las instituciones. Los mode• los de
intercambio y revolución).
elección racional las consideran restricciones sobre la
En el enfoque de elección racional sobre las
acción (North , 1990), normalmente por sus efectos
instituciones pueden distinguirse dos niveles de análisis
sobre la secuencia de interacciones entre los actores,
(Shepsle, 1986): en el primero, los analistas estudian sus
sobre las opcio• nes disponibles para actores concretos
efectos, y toman las ins• tituciones como algo fijo y
o sobre la estructura de la información disponible.
exógeno; en el segundo, los ana• listas estudian por qué
En segundo lugar, la metodología es explícitamente
las instituciones adoptan determinadas formas, haciendo com• parativa, posibilitando dos tipos de predicciones:
posible que las instituciones sean endógenas. El primer (1) los mode• los comparan con frecuencia dos tipos
tipo de análisis es previo al segundo y está mucho más relacionados (pero dis• tintos) de restricciones
desarrollado. El segundo ofrece un análisis más institucionales, prediciendo diferencias tanto de
profun• do de las instituciones. Combinándolos, conducta como de resultados; y (2), dado que este tipo de
ambos enfoques no sólo proporcionan un método para análisis se basa en un análisis de equilibrio, proporciona
con frecuencia resultados de estática comparativa acerca
analizar los efectos de las instituciones e interacciones
de cómo cambiarían las conductas o los resultados si se
sociales y políticas, sino también los medios para modificasen las condiciones
2
subyacentes . La
comprender la evolución a largo plazo y la combinación de estos dos tipos
permanencia de determinadas formas institucionales. Las
carac• terísticas que diferencian el modo en que se 2
Las diferencias entre los dos tipos de predicciones consisten
analizan las insti• tuciones desde la teoría de la elección en que mientras el primer tip o mantiene constantes las condiciones
del entorno para analizar los efectos de las distintas instituciones, el
segundo mantiene cons- de predicciones no sólo posibilita el desarrollo de
contrastes empíricos sino que sienta las bases de un
desarrollo de la polí• tica comparada sistemático y
renovado. Ambas estrategias per• miten tanto comparar
tipos de conducta o resultados políticos bajo distintos
tipos de instituciones dentro de un mismo país (por
ejemplo, dos agencias de regulación o dos
ministerios) como comparar los efectos del mismo
tipo de institució n en diferentes países.
En tercer lugar, el estudio de las instituciones
endógenas pro• porciona una teoría diferenciada acerca de
su estabilidad, forma y supervivencia. Frente a los
enfoques que toman las institucio• nes como algo dado,
este enfoque permite a los investigadores analizar cómo
los actores políticos intentan influir en las propias
instituciones a medida que cambian las condiciones.
Por último , este enfoque proporciona los
microfundamen- tos de fenómenos políticos de carácter
macro como las revo• luciones o las elecciones críticas
(véase, por ejemplo, Poole y Rosenthal, 1995). Hasta
hace poco este tipo de fenómenos eran exclusivamente
analizados por la macrosociología y los insti -
tucionalistas históricos (por ejemplo, Skocpol, 1979).
A u n • que la aplicación de la teoría de la elección
racional a este tipo de problemas es un fenómeno
relativamente reciente, su enfoque ofrece un conjunto
de conexiones entre éstos y la microconducta que
potencialmente puede dar lugar a una nue• va
metodología para las comparaciones entre casos. Los
mode• los explícitos de análisis del cambio político
discontinuo abren un estimulante conjunto de
aplicaciones de la teoría de la elec• ción racional.
El objetivo de esta breve revisión es mostrar la
lógica del análisis de elección racional de las
instituciones, sugerir una serie de aplicaciones y guiar instituciones endógenas. Por último , la tercera sección
al lector en su trabajo comple• mentario. El capítulo se discute algunas cues-
organiza en tres partes: la primera par• te presenta
algunos ejemplos de los efectos de las instituciones. La tantes las instituciones y estudia las consecuencias que se derivan de
segunda analiza la pujante literatura sobre las cambios en las condiciones de l entorno.

248 249
(1977), Kiewiet y McCubbins (1991), Kreh- biel (1991), Laver y
tiones relativas a las fronteras de la aplicación de la Schofield (1990), Laver y Shepsle (1995). Sobre la pre• sidencia,
véase Eskridg e (1991) , Ki ewi e t y McCubbin s (1991) , Mathews
teoría de la elección racional al estudio de las
(1989) y Mo e (1985a ). Sobre administración pública, véase
instituciones. Ferejohn y Shi- pan (1989) , Fiorin a (1977 , 1981), McCubbin s ,
Nol i y Weingas t (1987), McCubbin s y Schwartz (1984), Mo e
(1987b, 1989), N o l i (1987, 1989), Rot- henberg (1994) y Weingast y
Mora n (1983). Sobre tribunales y poder j u d i • cial , Rodríguez
I I . Los efectos de las instituciones (1994) ofrece una reciente revisión. Sobre elecciones, véase B aw n
(1993), Co x y Rosenbluth (1993) y Kousser (1974). Igualmente hay
una serie de estudios sobre cuestiones más específicas, como la
La teoría de la elección racional parte de un financiación de las campañas políticas (Austen-Smith , 1987; Barón,
conjunto de individuos, cada uno de los cuales tiene 1991; Snyder, 1991) y los efectos de la propuesta y el proceso de
unas preferencias bien definidas. La interacción desarrollo de referendos (Ger- ber, 1996).
estratégica entre individuos en UM contexto bien 4
Sobre los procesos de formació n de políticas
definido es el sello distintivo del enfoque. Las macroeconómicas, véa•
instituciones se incluyen en los modelos por sus efectos se Persson y Tabellin i (1990); sobre bienestar, Ferejohn (1989); sobre
en el conjunto de acciones disponibles para cada presu-
individuo , en el orden de las acciones y sobre la
estructura de la información a disposición de cada
decisor (este último aspecto se discute en la sección
I V ) . El análisis de elección racional se ha cen• trado
virtualmente en todas las grandes instituciones democrá•
ticas, incluyendo constituciones, parlamentos,
gobiernos, la administración, los tribunales y las
3
elecciones . Una serie de aplicaciones muestra cómo las
instituciones afectan a las deci• siones políticas en
campos como la formación de políticas
macroeconómicas, las políticas de bienestar, los
4
presupuestos, la regulación y la tecnología .

3
Sobre las constituciones, véase Buchanan y Tulloc k (1962).
Brenan y Buchanan (1984), Elster (1989), Hardi n (1989), Ordeshook
(1993), Weingast (1995b). Sobre las asambleas legislativas, véase
Austen-Smith y Banks (1988), Co x y McCubbins (1993), Fiorina
a) El modelo de establecimiento/control de la sente, o statu quo, se representa en el punto Q. El marco
agenda espa• cial nos permite hacer predicciones sobre los
5
(m.e.c.a. ) resultados de

El modelo m.e.c.a. ejemplifica el tipo de lógica puestos, Cogan (1994) y McCubbin s (1989); sobre tecnología,
6
empleado en los análisis de elección racional . El Cohén y N o l i (1991). Un a revisió n reciente de estudios sobre
modelo parte de un modelo espacial convencional de regulaciones puede encon• trarse en N o l i (1989) y Romer y Rosenthal
voto entre alternativas situa• das en un continuo (1985); véase igualmente la biblio • grafía incluid a en la nota 3
7 sobre «administración pública».
unidimensional (véase el gráfico 5.1) . El continuo 5
The setter model en la versión origina l se refiere a una
representa el conjunto de opciones posibles, que puede ir situación en la que uno de los actores tiene la capacidad para
desde el grado de protección ambiental al porcentaje del establecer las opciones dentro de un proceso de decisión. En este
PNB dedicado a bienestar social. Cada individuo tiene sentido, controla y establece la agenda de las votaciones
una función de preferencias que alcanza su máximo en estratégicamente. Por ell o hemos optado por traducirlo por
modelos de establecimiento y contro l de la agenda, en adelante
el «punto ideal» del individuo, la política preferida por m.e.c.a. La palabra setter se refiere a la persona o institució n que
el individuo con respecto al resto de las alternativas. Un disfruta de esa capaci• dad de establecimiento y control sobre la
individuo preferirá aquellas polí• ticas que están más agenda ( N . del T.).
6
próximas a su punto ideal que aquellas que están más Rosentha l (1990 ) revisa un conjunt o de aplicacione s de l
alejadas. Se asume que todos los individuos se com• model o
portan estratégicamente, esto es, maximizan sus m
objetivos, dada una serie de restricciones. .
e
El «votante mediano» (aquel que divide la .
distribución de votantes en dos partes iguales) es un c
.
factor clave en los mode• los espaciales en los que se a
.
considera una sola cuestión. La política M en el 7
Detalles adicionales sobre los modelos espaciales pueden
gráfico 5.1 representa la política ideal para el votante encontrarse
mediano. La política en funcionamiento en el pre• en Enelow y Hin i c h
(1984).
25 1
25 0

votaciones bajo una serie de condiciones


institucionales específicas. Supongamos que se puede proponer cualquier
Gráfico 5.1. El modelo
m.e.c.a. alternativa
y que aquellos individuos que desean realizar una
propuesta son escogidos de forma aleatoria. Cada
propuesta se enfrenta al statu quo en una votación
Q M Q' S mayoritaria cuya propuesta gana• dora se convierte en
el nuevo statu quo. El proceso continúa hasta que no se alternativa x como el conjunto de políticas alternativas
presentan más propuestas. ¿Qué política resul• tará? En que gene• ran una mayoría frente a x. En relación al
un contexto en el que se discute una sola cuestión es statu quo, Q, el con• junto de opciones posibles para el
aplicable el teorema del votante mediano. De acuerdo setter está definido por W(Q), el intervalo (Q, Q')s.
con éste, la única alternativa estable es la que Dado W(Q), el setter propondrá aquella política dentro
coincida con el punto ideal del votante mediano del conjunto más cercana a su tipo ideal; pro• pondrá
(Enelow y Hinich , 1984). Para com• probarlo, por tanto Q'. Al definir la votación como una opción
consideremos otra alternativa, X. Con todo, M dis• 9
entre Q y Q\ la mayoría votará por Q' . A menos que S
fruta de mayoría frente a X. Si X está a la derecha de sea igual
M, todo votante a la izquierda de M preferirá M a X, &M, el monopolio sobre la agenda da lugar a resultados
de forma similar a lo que ocurre con el votante que son diferentes a la posición ideal del votante
mediano. Y por definición, el votante mediano, mediano. La diver• gencia en los resultados surge del
sumado a todos los votantes ubicados a un lado poder institucionalizado del setter que controla la
constituyen una mayoría. La misma lógica funciona, agenda. Aunque una mayoría de votantes prefiere M a
muta- tis mutandis, si X se sitúa a la derecha de M. Q', el setter puede impedir que M sea siquiera con•
Para apreciar la influencia de las instituciones debe siderado gracias a su control sobre la agenda.
tener• se en cuenta que no hay una única manera de Los resultados que se derivan de la estática
construir la «agen• da», de llevar a cabo el proceso por comparativa, que muestran cómo al cambiar los
el cual se determina el con• junto de alternativas que se parámetros del modelo cam• bian las opciones de
presentan a votación. En el modelo m.e.c.a., un individu equilibrio , reflejan la capacidad de los análisis de
o destacado (o una organización o comité) denominado elección racional. El modelo m.e.c.a. depende de tres
el setter mantiene un poder exclusivo o mono- parámetros: la ubicación de Q, M y S. Manteniendo
polístico sobre la agenda. El setter selecciona una cons• tantes M y Q, setters partidarios de políticas
propuesta y a continuació n el conjunto de votantes 10
distintas realizarán propuestas diferentes . El
escoge entre esa pro• puesta y el statu quo, Q. ejercicio de estática comparativa que pone de
Retomemos el gráfico 5.1 . Supongamos que la manifiesto la relación entre Q y M resulta de espe-
política ideal para aquel que disfruta del monopolio
sobre la agenda es la polí• tica S. Se define el «conjunto 8
ganador» (winset), W(x), de la Para entender por qué W(Q)= (Q, Q'), debe tenerse en cuenta
que cual• quier política dentro de este conjunto es preferida a O
(cualquier polític a situa• da a la derecha del votante mediano opta
por M frente a Q, de la mism a for• ma que lo hace el votante
mediano) . Debe tenerse en cuenta tambié n que ninguna polític a
situada fuera de este conjunto puede derrotar al statu quo (e l votante
mediano y todos los votantes situados a la derecha optarían por Q
frente a cualquier política situada a la izquierda de Q\ y el votante
mediano y todos los votantes situados a la izquierd a de Q'
1
prefieren Q' a cualquier opción situada a la derecha de Q ).
9
Hay algunos aspectos técnicos referidos a los límites del
conjunto que van más allá de esta revisión . Es suficiente señalar que
en virtu d de ellos el límit e del conjunto se inclu y e dentro de l
conjunto de opciones ganadoras, incluso en casos como éste en los
que, según la ilustración, el votante media• no es técnicamente se cono• cen las posiciones concretas del punto ideal de l setter. Así
indiferente entre Q y Q'. , si 5 se sitúa en cualquier lugar a la izquierda de Q, el resultado
10
El resultado del jueg o es fácilmente calculable una vez que será Q; en cualquier punto situado en W(Q), el resultado será S; y
en cualquier punto a la derecha de Q', el resultado será Q'.

252 253
cial interés (Romer y Rosenthal, 1978). De acuerdo con pondría en práctica si fallaba la emisión de bonos11. Si
el grá• fico 5.1, a medida que el statu quo se desplaza fracasaba la emisión de bonos, la financiación escolar
hacia la izquier• da, aumenta el tamaño del conjunto de vol • vería a los niveles de 1911, claramente
opciones posibles (aque• llas políticas preferidas insuficientes para las necesidades actuales. Además, el
frente al statu quo por el votante mediano) aumenta. valor de la política de rever• sión disminuía a medida
Por ello, como se refleja en el gráfico 5.2, si el nuevo que pasaba el tiempo. El modelo m.e.c.a. nos muestra
statu quo es R < Q, el conjunto de opciones posi• bles cómo la estructura instituciona l de la financiación
aumenta, y pasa de (Q, Q') a (R, R 'J. Dado que el escolar en Oregón incrementó el poder de la jun -
punto ideal del setter es S, éste propondrá ahora R' en
lugar de Q', lo que propicia la siguiente paradoja: En este ejemplo el «punto de reversión» es diferente al statu
cuanto más alejado esté el statu quo de la posición del quo.
votante mediano, más alejado estará el resultado final
2
en una votación cuya agenda ha sido determinada por
5
un monopolista cuyo punto ideal es extremo.
4
Gráfic o 5.2. Estátic a comparativ a en el model o m.e.c.a.

1
R Q M Q R' S

Este modelo ha sido aplicado por investigadores en


varios contextos institucionales y políticos. Por
ejemplo, Romer y Rosenthal (1978) analizaron el
proceso de financiación de la junta escolar en el Estado
de Oregón, en el que la junta tiene la capacidad
exclusiva de proponer la emisión de bonos. Dado que la
junta era partidaria de niveles elevados de gasto (es decir,
su punto ideal era similar a S en el gráfico 5.1), su
objetivo con• sistía en proponer el máximo nivel de
gasto capaz de atraer el apoyo del votante mediano. En
Oregón, las instituciones tam• bién definían el «punto
de reversión», definido como la polí• tica que se
ta escolar. A medida que el nive l de reversión, Q, se directa en la política de la Agencia de Regu• lación,
deterio• raba, se desplazaba hacia la izquierda, lo que cabe esperar que los cambios en la distribución de inte•
implicaba que el nivel máximo de gasto capaz de reses de los comités relevantes se reflejen en cambios
generar una mayoría en su favor, Q', aumentaba con el en las opciones de la Agencia de Regulación.
tiempo. Weingast y Mora n (1983), al analizar la Comisión
En segundo lugar, el modelo también ha sido Federal de Comercio, demos• traron que los casos
utilizado en estudios sobre el Congreso. Denzau y abiertos por la comisión eran de especial interés para
Mackay (1983) y Sheps- le y Weingast (1987) las preferencias del Congreso12.
mostraron cómo las reglas a través de las que se fijaba El modelo m.e.c.a., centrado en un solo agente en
el contenido y la secuencia de la agenda afecta• ban a interac• ción con un conjunto de votantes pasivos,
las decisiones políticas del Congreso. Estos modelos resulta particular• mente simple. Sin embargo, refleja
asumían que el comité del Congreso con jurisdicción la aportación del análisis
sobre el problema político en concreto era el setter.
Desde este enfo• que se llegó a resultados compatibles 12
Existe una amplia literatura de estudios empíricos que refleja
con los obtenidos por los análisis realizados en la resulta• dos similares (así como la influencia de otros actores
literatura conductista de los años sesen• ta y setenta: a políticos como el pre• sidente). Véanse, por ejemplo , Grie r
(1991) , M o e (1985b) y O' H a ll or a n (1994). La discusión sobre si
saber, que el sistema de comités sesga la políti • ca a el Congreso domina en exclusiva a la A d m i • nistración es objeto de
favor de los intereses representados en el comité. El un importante debate (por ejemplo, Moe , 1987a). Tra • bajos más
aná• lisis predice igualmente que si la composición recientes destacan la influencia de múltiples actores locales; entre
de intereses representados en el comité cambia, también otros, Ferejohn y Shipan (1989), McCubbins , N o l i y Weingast
(1989), M o e (1989), Rothenberg (1994), y Snyder y Weingast
lo hará la política. (1994).
Una últim a aplicación se ha centrado en el
análisis de la influencia del Congreso sobre la 2
Administración. Asumiendo que el Congreso, a través 5
de sus comités de supervisión, ejer• ce una influencia 5

de elección racional sobre las instituciones: un análisis agenda está más disperso, tales como la separación de
preci• so de los mecanismos que subyacen a las poderes en los Estados Unidos. En este sistema no sólo
decisiones políticas y la posibilidad de predecir cómo se acuerda la legislación entre el presi• dente y el
cambian los resultados cuan• do se producen cambios Congreso, sino que su ejecución está sujeta a la inter•
en los parámetros. pretación tanto de la Administración como de los
tribunales.
El desarrollo reciente de modelos sobre la interacción
b) La separación de entre el Congreso, el presidente y los tribunales ilustra
13
poderes el poder de este enfoque . La concepción dominante
tanto en la ciencia política como en el derecho veía a
El modelo m.e.c.a. abrió el camino para el los tribunales como el últi • mo actor en la secuencia del
desarrollo de análisis más complejos y realistas sobre el proceso legislativo: una vez que se aprueba la
funcionamiento de instituciones donde el control de la legislación, los tribunales la interpretan, cam• biando
con frecuencia su ejecución de modo significativo. En tos sobre la legislación. Y, en segundo lugar, demuestran
esta concepción el poder judicia l es dominante. cómo la perspectiva de una nueva legislación que anule las
Los modelos de elección racional destacan la decisiones judi • ciales tiene un efecto restrictivo directo
interacción entre sobre esas decisiones.
los tribunales y los cargos electos. Estos modelos parten de El modelo simple de elección política representado
la base de que los procesos legislativos y judiciales son en el gráfico 5.3 nos permite apreciar el efecto de esta
continuos: no sola• interacción continua sobre los tribunales. El modelo
mente los tribunales pueden reinterpretar la legislación, asume que el Con• greso y el presidente son actores
sino que las cámaras electas pueden legislar como reacción unitarios, cuyos puntos idea• les son C y P. El punto
frente a las deci• siones judiciales (Eskridge, 1991). De ideal del poder judicia l está represen• tado en J. Se
este modo, se tiende a pre• sentar una relación más asume que la legislación surge como resultado de un
estrecha entre los tribunales y las ramas electas del poder. proceso de negociación entre C y P. Para simplificar, se
En primer lugar, demuestran cómo potenciales decisiones asume igualmente que el poder judicial dispone de plenos
judiciales modifican las decisiones de los cargos elec- pode• res de interpretación, es decir, de la capacidad
de adaptar la legislación sobre cualquier política.
13
La lista de estudios sobre la separación de poderes incluye:
Eskridge (1991) , Ferejohn y Shipan (1989) , M i l l e r y Hammo n d Gráfic o 5.3. El sistema de separación de
(1989) , Kiewi e t y McCubbins (1991), McCarth y y Poole (1995), poderes
McCubbins , N o l i y Weingast
), Mo e (1987b), Rothenberg (1994), Snyder y Weingast (1994),
Gel y y
Spiller
(1992).

Si el tribunal es el últim o en actuar, su opción no


está res• tringida y no provoca reacciones, de modo que
su reinterpre• tación de la legislación se situará en el
punto J. Los tribunales que disponen de esta capacidad
son omnipotentes y no están restringidos políticamente
por las ramas electas del poder. Sin embargo, si
analizamos los tribunales como actores que parti• cipan
en un proceso legislativo continuo, las conclusiones son
muy diferentes. Supongamos que la legislación está
situada en el punto L, que los tribunales establecen cuál
es su reinterpre• tación y que el Congreso y el presidente
tienen la oportunidad de anular la interpretación del
tribunal a través de nueva legis• lación. En esas
circunstancias, en las condiciones representa• das en el
gráfico 5.3, el tribunal no situará su enmienda de la
legislación en el punto /, porque / sería revocado por una
nue• va ley (tanto C como P prefieren un conjunto de este punto, el presidente obvia• mente se negaría a su
opciones dife• rentes a / ) . Lo más que puede hacer el revocación.
tribunal es situar su interpretación en el punto P. En
256 257
posibl e es una teoría genuina de la interacción entre las
Esta perspectiva también permite el uso de la estática
principales insti• tuciones nacionales de la polític a
com• parativa como instrumento de predicción: cuanto estadounidense, en defi• nitiva, una teoría avanzada de
mayor sea la distancia entre el Congreso y el presidente, la separación de poderes.
mayor será el margen de maniobra de que dispone el
poder j udi ci a l . Ello implica que los tribunales tienen
una influencia considerable durante los períodos en los 14
Estudios recientes añaden un tercer factor que condiciona la
que las diferencias entre el Con• greso y el presidente son interac• ció n entre las distintas ramas: la distribució n de informaci ó
continuas, por ejemplo, en situacio• nes de gobierno n (véanse, por ejemplo, Epstein y O'Hallora n , 1994, y Mathews,
1989). El tema de la infor• mación se discute en la sección I I I .
dividido . Cuando el Congreso y el presiden• te
comparten ideología, el poder judicia l tiene mucho
menos margen, como ocurrió en el período de
Reconstrucción o en el New Deal.
A pesar de ser mu y estilizado , el model o recoge
muy bien las implicaciones de los análisis recientes de
elección racional para el estudio de la separación de
poderes. Fren• te a las aproximaciones tradicionales en
el estudio de la polí• tica americana -qu e consideraban
de form a aislada al Con• greso, la Presidencia, la
Administració n y el Poder Judicial-, los estudios de
elecció n raciona l destacan la interacción entre las
distintas ramas del gobierno estadounidense. Los
científicos han supuesto durante mucho tiemp o que las
dis• tintas ramas del poder actúan en mutua relación
(por ejem• plo , Polsby, 1986). Sin embargo, el
estudio de la política estadounidense permanece
dominad o por estudios que se centran en cada una de
las ramas, aislándola del resto. Los modelos
presentados en esta sección muestran cóm o las
decisiones adoptadas en cada una de las ramas dependen
sistemáticamente de la secuencia de la interacción, y de
las preferencias, acciones y actos potenciales de los
14
actores situados en las otras ramas . El resultado
c) Conclusión ejemplo, la influencia del Congreso en el Poder Judicial
no sigue un patrón único porque las circunstancias
La marca distintiv a de las aproximaciones de internas del Congreso varían, y viceversa. La ventaja de
elección racional a las instituciones es su capacidad la teoría es que permite mostrar cómo varía esta
para analizar cómo las instituciones condicionan los interacción mutua cuando cambian las circunstancias.
resultados. Detalles de nive l
I micro, aparentemente menores, tienen consecuencias
dramá• ticas sobre los resultados. Así , las normas que I I I . Instituciones endógenas
rigen el pro • ceso de definición de la agenda en cada
parlamento condi • cionan de forma crítica la El aspecto más prometedor y con mayor alcance del
legislación finalmente escogida. De modo similar, la estu• dio de las instituciones es el referido a por qué las
secuencia en la interacción estratégica entre diferentes institucio• nes adoptan determinadas formas. El hecho
actores tiene efectos fundamentales sobre los resultados de haber estable• cido que las instituciones tienen
del proceso. Los analistas han explotado estas téc• nicas efectos poderosos sobre los resultados de los procesos
en escenarios mu y diversos. El potencial de la elec• políticos nos obliga a preguntar qué es lo que explica
ción racional consiste en que proporciona la técnica que las instituciones resistan el cambio. La mayoría de
para con• trolar varios parámetros simultáneamente, los estudios sobre instituciones ignoran esta pre• gunta
haciendo posible el desarrollo de proposiciones al asumir que las instituciones son fijas y, por tanto, no
contrastables sobre el modo en que variarán los son modificables por individuos. Esta asunción es út i l
resultados de las interacciones como conse• cuencia de para demostrar los efectos de instituciones concretas.
los cambios en las condiciones subyacentes. Por Pero al mis• mo tiempo nos impide afrontar cuestiones
más profundas: si
25 8 259

las instituciones pueden cambiarse, ¿por qué cambian en segundo lugar, debe mostrar por qué esos actores
sólo bajo ciertas circunstancias? carecen de incentivos para llevar a cabo la modificación.
La teoría de la elección racional proporciona una de Cuan• do se satisfacen ambas condiciones, se dice que
las pocas aproximaciones sistemáticas a estas las institucio• nes son «autoimpuestas» (self-
15
preguntas . Para ello se parte del concepto de enforcing).
autoimposición (self-enforcement). Dado que las
instituciones limita n la flexibilidad de los decisores, los
actores han de tener interés en acatar los límites a) Instituciones endógenas: la estabilidad
impuestos por las instituciones. Un modelo de análisis política en los Estados Unidos antes de la
de la estabilidad insti• tucional debe cumplir dos Guerra Civil
condiciones: en primer lugar, debe permitir que las
instituciones sean modificadas por actores con• cretos; y El examen de los mecanismos que subyacen a la
estabilidad política en la etapa anterior a la Guerra
do ejemplo son los estudiosos de la «nueva historia
C iv i l norteamericana constituye una buena ilustración
política», que basan sus argumentos en enfoques
del análisis de instituciones autoimpuestas 16. Los
etnoculturales: de acuer• do con estos autores, la gran
investigadores de la polític a estadouni• dense previa a
parte de los norteamericanos se preocupaban más por
la Guerra Civi l tienden en gran medida a adoptar la
las cuestiones locales que por los pro• blemas
cultura como uno de sus principales paradigmas. Así,
nacionales (por ejemplo, Silbey, 1985).
por ejemplo, Hartz (1955) argumenta que la mayoría de
los nortea• mericanos creían en los derechos de El análisis de la relación entre la cultura política
propiedad privada, en los mercados y en un gobierno estadou• nidense y los límites actuales de la acción del
limitado, especialmente en lo que se refería al lejano gobierno pare• ce basarse en una premisa implícita: si
gobierno nacional. Incluso aquellos indivi • duos que casi todos los votantes tienen una creencia concreta
no tenían propiedades defendían estos ideales, en par• te sobre la relación con el gobierno, esa creencia es la
porque creían que sus hijos podrían alcanzarlas. Un causa de que la relación se produzca en la práctica .
segun- Por consiguiente , los Estados Unidos en el período
anterior a la guerra se caracterizaron por un
15
federalismo con una presencia limitad a del
Obras pertencientes a esta tradició n son: No r t h (1990) , gobierno nacional, porque la mayoría de los
Ordeshook
ciudadanos preferían que el gobierno nacional estuviese
(1993), Weingast (1995b).
16 estrictamente limitado.
Ningun a discusión breve de este tema complej o y
largamente debati• do puede resultar convincente, ni mucho menos Por desgracia, la literatura presta muy poca
hacerle justicia . Mi objetivo en esta sección es ejemplificar cómo se atención a los mecanismos que subyacen a esta
utiliza n los conceptos. La discusión se basa en mi obra más extensa premisa, lo que oscurece el vínculo entre lo s valores
sobre la etapa de la Guerra C i v i l norteame• ricana, en Weingast de los ciudadanos y la conducta del gobierno. Las
(1995a).
creencias y visiones de los ciudadanos esta•
dounidenses no eran autoejecutables. Aunque la
mayoría de los estadounidenses tenía creencias
similares acerca de l gobierno y la propiedad,
diferían en numerosas cuestiones políticas concretas
lo suficiente como para disputarse el con• tro l del
gobierno nacional. Las diferencias tenían lugar en
cuestiones de carácter económico , como los
aranceles; además, las posturas enfrentadas sobre la
esclavitud provo• caron un profundo impacto en la
economía del Sur. El con• senso generalizado en torno
a un gobierno limitado no evitó que los ciudadanos
americanos se implicasen políticamente en cuestiones
concretas.
En este contexto el problema concierne a la forma
en que el federalismo se sostuvo a lo largo de esta etapa
o, más en con• creto, ¿qué factores explican que las
limitaciones impuestas sobre el gobierno por el federalismo, en particular un gobierno nacional de
federalismo fuesen autoimpuestas y cumplidas por los alcance limitado. Es más, un conjunto específico de
cargos políticos nacionales? Yo creo que se necesitaron instituciones hizo
ciertas instituciones para implementar y mantener el
26 0 26 1

que el federalismo fuese autoimpuesto durante la «regla de equilibrio» no sólo proporcionaba a cada
mayor parte de la etapa anterior a la guerra. región un poder de veto frente a aquellas políticas
Para comprobarlo, consideremos algunas crisis contrarias a sus intereses, sino que jugó un papel
concretas durante esta etapa. Durante el siglo x i x las fundamental en la mayoría de los acontecimientos
políticas del gobier• no nacional provocaron graves políticos más importantes de los años anteriores a la
problemas. Durante la guerra de 1812, los intereses guerra (Roback, 1997; Weingast, 1995): fue la base de
comerciales de los Estados del noreste fueron dañados la formación del segundo sistema de partidos a fina-
por las políticas económicas derivadas de la guerra
hasta tal punto que convocaron una conferencia de 17
Esta convención no fue un hecho aislado; en prácticamente
sece• sión en Hartford a finales de 1814. Aunque la todos los Estados hubo ciudadanos qu e consideraron la secesión
secesión final• mente no se produjo - l a guerra en algún moment o previo a la Guerra C i v i l .
terminó poco después de la conferencia-, ésta reflejó
la medida en la que los Estados del Norte
cuestionaban la legitimida d de las opciones
17
políticas adoptadas bajo la Constitución .
Algunos años más tarde se produjo un hecho
relacionado. La propuesta de admitir a Missouri sin
un Estado libr e corres• pondiente produjo una crisis
en 1818. Los Estados del Norte, temiendo un
domini o de los Estados de l Sur en el gobierno
nacional, intentaron bloquear la ley que convertía a
Missouri en Estado, poniendo la condición de que se
liberasen los escla• vos de Missouri. La enmienda fue
aprobada por el Congreso, donde la distribución de la
población otorgaba mayoría a los Estados del Norte,
pero fue derrotada en el Senado, donde los Estados
del Sur tenían la misma representación y por tanto
poder de veto.
El Compromiso de Missour i resolvió el conflicto.
En él se estableció que la «regla de equilibrio», que
otorgaba la misma representación en el Senado al
Norte y al Sur, regiría en la expansión territorial y
en la delimitación de los Estados (sta- tehood). La
les de los años veinte y principios de los años treinta nacional restringido fuese una institució n
del siglo pasado; y jugó un papel clave en las crisis autoimpuesta.
que tuvieron lugar a lo largo de los años cincuenta, al La «regla de equilibrio» desarrolló un acuerdo
constituir uno de los facto• res subyacentes a dos entre ameri• canos con distintas visiones de lo político
derrotas del Partido Demócrata: la ley Kansas- y preferencias dife• rentes: si tú renuncias al
Nebraska, de 1854, y el intento de admitir a Kansas potencial que ofrece el contro l del gobierno nacional,
como un Estado esclavista en 1858. también lo haré yo. El sistema de vetos regio• nales,
La «regla de equilibrio» fue también la base facilitado por la «regla de equilibrio», fue clave para
sobre la que se sustentó el federalismo estadounidense. man• tener los límites del gobierno nacional. El
Aunque la mayoría de los norteamericanos temían la gobierno nacional podía aprobar sólo aquellas políticas
intrusión del gobierno nacio• nal, lo hacían por preferidas por una amplia mayoría de la nación.
razones distintas. Las distintas crisis que tuvieron Además, la regla de equilibrio era «autoim• puesta». En
lugar en el período anterior a la guerra demostraron la medida en que estaba en funcionamiento, cada
que los gobiernos regionales podían utilizar al región disponía del poder para evitar intentos de
gobierno nacio• nal para sus propios fines y en modificarla.
detrimento del resto de las regio• nes. La profunda El poder asociado a la «regla de equilibrio» se
convicción de los norteamericanos sobre un gobierno aprecia con claridad al analizar sus significadas
limitado no los protegió frent e a posibles intromi • implicaciones en el pro• blema de la esclavitud. Al
siones de ese gobierno en el federalismo porque el garantizar a los Estados del Sur un poder de veto en el
consenso general no se extendió en muchas cuestiones Senado, la regla de equilibrio les permiti ó bloquear
concretas, tales como la esclavitud. En cambio, fue la propuestas legislativas antiesclavistas. La regla de
combinación de la «regla de equilibrio» con las equilibrio fue un instrumento clave para la
actitudes y preferencias de los nortea• mericanos lo concepción de los derechos de los Estados que
que permitió que el federalismo con un gobier• no sustentaba el federalismo duran-
26 2 263

te el segundo sistema de partidos. Esta versión del las preferencias de los ciudadanos no constituía una
federalis• mo garantizaba a los Estados la capacidad de institució n autoimpuesta; durante varios momentos
administrar cues• tiones como la esclavitud en el Sur, del período, ciertos intereses regionales amenaza• ron
sin miedo a una invasión por parte del gobierno con controlar el gobierno nacional en función de sus
nacional. El éxito en momentos con• cretos de obje• tivos. Cuando las propuestas antiesclavistas eran
algunas medidas antiesclavistas en la Cámara de aprobadas en la Cámara de Representantes, compuesta
Representantes muestra que, en ausencia del veto del mayoritariamente por representantes del Norte, los
Sur, esas medidas se habrían convertido en una Estados del Sur las vetaban en el Senado. El sistema de
política nacional 18 . vetos duales implicaba que las políti • cas que
En resumen, el mantenimiento del federalismo en defendían intereses específicamente regionales no
los Esta• dos Unidos en la época anterior a la guerra podían salir adelante. La regla de equilibrio constituía
necesitó de insti• tuciones como la regla de equilibrio. el prin• cipal fundamento institucional del
Un gobierno limitado fun• damentado en exclusiva en federalismo: no sólo con• tribuía a sostener la
filosofía de los derechos de los Estados, sino que la
minadas formas. Varios investigadores señalan que las
convertía en autoimpuesta.
institu• ciones son diseñadas para dotar de
permanencia a determina• das situaciones y resultados
políticos. Una aplicación importante de este argumento
b) Las instituciones generan se centra en la políticas que se delegan a las
durabilidad administraciones. La capacidad de los cargos electos en
el futu• ro para influir en las decisiones de la
Otra rama de la bibliografía ofrece una administración constituye un problema a resolver en
respuesta afín a la pregunta de por qué las instituciones toda legislación. De este modo, los políticos
existen y adoptan deter- encargados de diseñar una nueva administración se
enfrentan a un dilema, en la medida en que quieren
18 que las ins• tituciones respondan a sus intereses y no a
Las disputas sobre el equilibrio seccional y su posterior
desaparición en los años cincuenta condujeron en paite a la Guerra los de los futuros polí• ticos. Los cargos electos
Civi l (véase Weingast, 1995a). La desaparición del sistema no sólo responden al dilema manipulando la estructura y el
dejó al Sur desprotegido, sino que el rápi• do crecimiento de l Nort e proceso burocrático, moldeando los incentivos de los
los llev ó a demandas como la «regla de la mayoría», con el burócratas y reduciendo la influencia de los futuros
consiguiente riesgo de que el Sur perdiese toda influencia en la
polí • tica nacional. Aisladamente, este hecho apenas constituye una políticos (McCubbins, Nol i y Weingast, 1989; Moe,
explicación de la secesión de los Estados del Sur, dejando aparte la 1989).
devastadora Guerra Ci v i l a que condujo. Pero fue un factor polític o Algunos trabajos recientes sobre protección ambiental
relevante en la crisis política en tor• no a la separación.
y regu• lación de la seguridad laboral ejemplifican este
2 proceso (McCub• bins, Nol i y Weingast, 1987; Moe,
6 1989). Estos estudios empie• zan planteando la
siguiente pregunta: ¿por qué las estructuras
4 burocráticas y los procedimientos administrativos son
tan com• plicados y enrevesados, anulando en muchas
ocasiones el obje• tivo expreso de la actividad para la
que están pensados?
El trabajo de Mo e sobre la EPA (1989) empieza
descri• biendo cómo los rígidos procedimientos de la
agencia le imp i • den llevar a cabo su mandato.
¿Cómo se explica esto? La res• puesta de Mo e es
que cuando los defensores de l medio ambiente
tuvieron la oportunidad de desarrollar en los años
setenta una legislación novedosa y radical, no
esperaban per• manecer en el poder durante las tres
décadas siguientes. El argumento de Mo e es que los
defensores del medio ambiente creían que los sectores
opuestos a la regulación dominarían el proceso de
decisión regulativa, tal y como había ocurrido en la
década anterior. siguiente: en las etapas en las que los defensores del
Dadas estas expectativas, los defensores del medio medio ambiente tuviesen el poder, estos procedimientos
intentaron consolidar sus políticas, poniendo en práctica generarían con-
una serie de estruc• turas y procedimientos que forzarían
2
a los sectores opuestos a la regulación a seguir
manteniendo el aire limpio . El intercambio era el 6
5
base de pequeñas unidades de producción, organiza•
cesiones en lo que se refiere a los objetivos das en torno a la casa señorial. Uno de los factores
medioambientales. Pero durante los períodos en que el fundamen• tales de este proceso era la capacidad de
poder estuviese en manos de los sectores opuestos a la alimentar a los habitantes locales dentro del castillo y
regulación medioambiental, se facili• taría la de protegerlos de asal• tos y asedios.
consecución de los objetivos. Como resultado de este La economía señorial se basaba en un sistema de
pro• ceso, sabemos que los años setenta supusieron un inter• cambio de la producción cimentado en la
giro dramáti• co y permanente con respecto al tradición más que en la existencia de mercados
modo en que se estaban regulando los intereses del explícitos. Los altos costes de trans• porte, unidos a
sector. Paradójicamente, el giro ines• perado implicó la dificultad de proteger los derechos de pro• piedad,
que las restricciones impuestas a la regulación convirtieron a los mercados en un fenómeno colateral
limitaron la prosecución de sus objetivos por parte de a las vidas de la mayoría de las personas que vivían en
los propios defensores del medio ambiente. el inte• rio r de Europa. En gran medida
autosuficiente, la sociedad señorial producía casi
todo lo que consumía.
c) La explicación del cambio institucional: los
trabajos de North y Thomas sobre la 2
desaparición 6
de la servidumbre en Europa occidental 6

El estudio de Nort h y Thomas sobre el


«surgimiento del mundo occidental» constituye una
de las aplicaciones más crea• tivas de los análisis de
elección racional. La desaparición del feudalismo en
Europa occidental fue un paso importante en su
desarrollo, y contribuyó a su acceso al liderazgo
mundial .
¿Cómo ocurrió eso? A lo largo de este período,
como conse• cuencia de un conjunto de factores -e n
particular la ausencia de derechos de propiedad
efectivos, debido a la incapacidad del Estado para
controlar áreas extensas- la economía se desa• rrolló a
Las rentas y salarios no se pagaban en dinero. La escasez de trabajo implicaba que, en la etapa pos•
Como alter• nativa, los campesinos contribuían terior a la peste negra, un siervo fugado podía
19
trabajando para el señor . North y Thomas encontrar un nuevo señor dispuesto a protegerle, lo
muestran que, aunque no existen mercados que suponía el final de jacto (y más tarde de iure) del
explícitos, el tiempo de trabajo dedicado al señor se feudalismo.
ajustaba a mecanismos de oferta y demanda. A medida La importancia del modelo de Nort h y Thomas
que la población crecía en relación a la oferta de es doble. En primer lugar, en él las instituciones son
tierra, entre los siglos xi y Xiv, el tiempo que cada la variable endó• gena, adaptándose a medida que
campesino debía al señor aumentaba. cambian las circunstancias exógenas. El feudalismo
La sociedad señorial sufrió una fuerte conmoción pudo sostenerse en el marco de un amplio margen de
con la peste negra a mediados de siglo xi v , crecimiento de la población, en la medida en que no
provocando en muy poco tiempo que el factor de cambiase demasiado rápido. Los súbitos e inespe•
producción escaso pasase a ser el tra• bajo y no la rados efectos de la peste negra terminaron con el
tierra. En una economía de mercado, los salarios sistema, cuan• do las presiones competitivas obligaron
habrían aumentado rápidamente en relación a las a los señores a ajustar los derechos laborales como
rentas de la tierra, poniendo de manifiesto la respuesta a la nueva escasez del trabajo. En segundo
inversión en la escasez de los factores. La ausencia lugar, el enfoque de North y Thomas ofre-
de mercados en la economía medie• val provocó que
el ajuste se produjese por otros medios. La escasez 19
Un o de los debates más interesantes de los generados por
del trabajo generó competencia entre los señores que el model o de Nort h y Thomas se refiere a los aspectos
estaban obligados a atraer y retener trabajo, lo que monopolísticos y discriminato • rios del sistema, que otorgaban
propició un cambio dramático en las instituciones de ventajas a los señores
Europa occidental. La ausencia de una posibilidad 2
viable de aumentar los salarios forzó a los señores a 6
garantizar al factor trabajo derechos más atractivos. 7
ellas también han de ser duraderas. Dado que todas las
ce un método para construir modelos sobre el
instituciones están potencialmente sujetas a cam• bios,
rendimiento com•
20
parado de diferentes estados a lo largo del tiempo . para que una institució n sea estable, debe ser autoim-
puesta en el sentido de que aquellas personas con
poder para cambiarla carezcan de incentivos para
d) Conclusiones hacerlo.
El caso de la regla de equilibrio en los Estados
En esta sección se han discutido varios enfoques, Unidos antes de la Guerra Civi l ilustra muy bien este
relacio• nados entre sí, sobre el problema de por qué principio. L a posibili• dad de un gobierno nacional
las instituciones adoptan formas específicas. Para que sesgado hacia determinados fines de carácter regional
las instituciones tengan efectos perdurables sobre la generaba preocupación tanto en los inte• reses políticos
conducta y los resultados de los procesos políticos, del Norte como en los del Sur. Con todo, el deseo
generalizado de un gobierno nacional limitado no más atractivos a sus siervos, carecían de interés para
podía con• siderarse un fenómeno político hacerlo. Con posterioridad a la peste negra, el trabajo se
autodesarrollado. La regla de equilibrio, un sistema de convirtió en un recur• so escaso. Los señores tuvieron
veto dual sobre la formación de polí• ticas nacionales, entonces que competir intentando atraer al factor trabajo,
posibilitó que el gobierno nacional limitado se ofreciendo condiciones más atractivas y, de paso,
convirtiese en una institución autoimpuesta. Al haciendo desaparecer el feudalismo de Europa
garantizar que toda política enfrentada a los intereses de occidental.
una región pudie• ra ser vetada, modificó los
incentivos de los políticos nacio• nales para
desarrollar iniciativas de ese tipo. IV. Las
La explicación de North y Thomas sobre el fronteras
surgimiento del mundo occidental ilustra otros aspectos
del argumento. En la Edad Media, el feudalismo fue En esta sección se discuten algunas innovaciones
estable en la medida en que la tierra fue un recurso estimu• lantes en las aproximaciones de elección
escaso. Aunque los señores podían ofrecer derechos racional al estudio de las instituciones. Estos trabajos
prometen grandes beneficios en investigaciones
futuras. Las líneas que siguen se dedican a indicar la
20
Recientemente se han desarrollado una serie de estudios de
gama de las nuevas aplicaciones, más que a presen• tar
ese tipo , utilizando también la estática comparativa. Por ejemplo,
Grei f (1995) anali• za de forma mu y creativa las instituciones una discusión sistemática de su lógica.
comerciales como el factor que explica por qué los comerciantes
del mundo occidental tenían ventaja sobre los del mundo islámico
a finales de la Edad Media .
a) El papel central de la información en la
política y en la organización política

Una rama creciente de bibliografía está dedicada a


estudiar el papel de la información en la política. Entre
los trabajos más influyentes están los de Gilliga n y
21
Krehbiel (1990), y Krehbiel (1991) . Aunque gran
parte de esta literatura se ha centrado de las
instituciones políticas estadounidenses, sus potenciales
aplicaciones no se centran sólo en las asambleas
legislativas de todo el mundo desarrollado, sino
también en las institucio• nes de los países en
desarrollo.
A pesar de que estos modelos son complejos
técnicamente, parte de las intuiciones sobre las que se
fundamenta el análisis pueden comprenderse fácilmente. efectos reales. A un
Gilligan y Krehbiel parten del problema de la
incertidumbre endémica en las relaciones entre las 21
Banks (1991) y Calvert (1986) proporcionan excelentes
políticas y sus efectos, sugiriendo una cierta divergencia revisiones de esta literatura en los años ochenta. Véanse también
entre los efectos deseados de una política y sus Austen-Smit h y Rike r (1987), Banks (1989), Epstein y O'Hallora
n (1994) y Matthews (1989) .

268 269

cierto coste, los miembros de la asamblea legislativa Por tanto, la extensión del enfoque más allá de la
pueden aprender sobre esta relación y reducir la diferencia política americana constituye un terreno novedoso y
entre los efec• tos pretendidos de una determinada prometedor. Seña• laré con brevedad cuatro aplicaciones.
política y sus efectos reales. En primer lugar, los estu• dios que comparan diferentes
La obtención de este tipo de conocimiento crea sistemas electorales son un ejem•
23
tensiones
a los legisladores. La eficiencia requiere que sean plo de este creciente cuerpo de nuevas . El estudio
sólo unos aplicaciones
cuantos legisladores los que afronten la inversión de de los sistemas electorales demuestra que las diferencias
conver• tirse en expertos y comprender la naturaleza de en tér•
la relación entre la política y sus efectos. Sin minos de reglas electorales tienen efectos sistemáticos
embargo, ese conocimiento les permite sesgar los sobre el número de partidos, sobre la existencia de un
resultados en su propio beneficio. La ten• sión partido mayorita- rio en la asamblea legislativa o sobre
consiste en que es necesario ofrecer a algunos los efectos de las políti • cas. Estudios recientes
legislado• res suficientes incentivos como para que muestran igualmente que aquellos que diseñan los
hagan costosas inver• siones en conocimiento e sistemas electorales tienden a introducir sesgos en su
información sin extraer demasiados beneficios favor. En segundo lugar, existe una serie de estudios que
particulares de esa información. Gilliga n y Kreh- apli• can los modelos de análisis de las asambleas
legislativas a varios
sistemas parlamentarios de Europa occidental y24 . Un ter•
bie l muestran que, bajo ciertas condiciones, los Japón
legisladores
pueden diseñar instituciones que transmitan la cer grupo de aplicaciones compara las estructuras
información sin administrati•
25
un sesgo excesivo hacia la posición de los vas y su rendimiento en distintos . Por último, existe
expertos. países un
Muchos otros estudios demuestran que los parte, los modelos de análisis de la financiación de las
problemas de información están presentes en cualquier campañas muestran que el dinero puede tener muchas
proceso político. Aus- ten-Smith y Riker (1987), por más funciones que la mera compra de influencias: por
ejemplo, utilizan modelos simi• lares para el estudio ejem• plo, indicar si los candidatos son vulnerables 22.
de la retórica parlamentaria y la persua• sión. Por su
conjunto de trabajos recientes dedicados a la
b) La expansión del campo de aplicaciones investigación de
problemas de relaciones internacionales (por ejemplo,
Lo s teóricos de la acción racional desarrollaron sus Keoha- ne y Martin , 1994), así como una literatura en
modelos fundamentalmente a través de aplicaciones a la plena expansión sobre los efectos de las instituciones
política america• na. Esta perspectiva ayudó a generar una nacionales en el proceso de formación de la política
gama de estrategias teó• ricas cuyas implicaciones podrían exterior (por ejemplo, Bueno de Mes- quita y Lalman,
compararse con facilidad. Por desgracia, la atención 1992; O'Halloran, 1994).
exclusiva a la política estadounidense dio al enfoque un Los trabajos recién mencionados se centran en
tono parroquial, lo que dificultó la distinción entre sus institucio• nes de países desarrollados. La aplicación
conclusiones más generales y aquellas que reflejaban del enfoque más allá de las sociedades avanzadas, sobre
directamen• te supuestos específicos de las instituciones problemas políticos propios de países en vías de
norteamericanas. desarrollo, constituye una vía de trabajo igualmente
prometedora, si bien está dando sus p r i • meros
26
22 pasos .
Véanse las citas en la nota 3, supra.
2 3
2 Véanse, por ejemplo , Brad y y Jongry n (1990) , B a w n
(1993) , Co x y Rosenbluth (1993), Kousser (1974) y Rogowsk i
7
(1989).
0 24
Véanse, por ejemplo , Ca in , Ferejoh n y Fiori n a (1981)
, Cowhe y y McCubbin s (1996), Cox (1986), Laver y Shepsle
(1995), Laver y Schofield (1990) , Loh ma n n (1994) , Ramseyer y
Rosenblut h (1995) , Stro m (1990 )
yTsebe lis
(1990 ) .
25
Com o ejemplo, véanse algunos de los estudios de Cowhey y
McCu b •
bins
(199
6).
26
Alguno s ejemplos son: Bates (1989), Bates y Weingast
(1995), Ame s (1987) , Fearon (1994) , G re i f (1995) , Hardi n
(1995) , L e v i (1988) , N o r t h (1990), Przeworski (1991), Roo t
(1994) y Rosenthal (1992).
2
7

c) La ampliación de los fenómenos estudiados desde pers• pectivas no instrumentalistas. En el pasado,


la interacción entre autores vinculados a diferentes
Numerosos científicos políticos analizan la realidad perspectivas tendía a resaltar una aparente imposibilidad
de reconciliación entre ellos, como si los paradigmas «en los aspectos básicos que define la frontera de las
competición» de-Kuhn fuesen la única forma posi• ble de posibilida• des de la investigación se refiere a los
relación entre paradigmas en las ciencias sociales. supuestos sobre la con• ducta de la teoría de la elección
En los últimos años se ha desarrollado un programa 27
racional . Hasta hace poco ningún intento de utilizar
alterna• tivo basado en el énfasis en la un conjunto más realista de supues• tos sobre
complementariedad entre distin• tos enfoques. Este individuos ha cumplido la promesa de una capacidad
nuevo programa considera las diferencias como el similar al de los supuestos tradicionales.
reflejo de la complementariedad entre distintos enfo• Un grupo de académicos se ha centrado en las
ques sobre fenómenos complejos, y no como una implicacio • nes de la ciencia cognitiva para la teoría
competición entre distintos paradigmas, lo que sugiere de la elección racio• nal. Denzau y Nort h (1994),
una cooperación más fértil entre investigadores Frank (1989), Lupi a y McCub - bins (1995), N o l i y
asociados a diferentes paradigmas en la que tanto los Krie r (1990) y Nort h (1990) analizan las
fenómenos estudiados como las técnicas e ins• trumentos implicaciones de una serie de supuestos acerca de los
utilizados por el otro se conviertan en algo relevante. límites cognitivos sobre los individuos. A diferencia de
Recientemente algunos autores vinculados a la gran parte del trabajo previo sobre la «racionalidad
elección racional han empezado a explorar los vínculos limitada», el rasgo dis• tintivo de este tipo de trabajos
entre su enfo• que y los temas y aportaciones basados en es su intento de utilizar supues• tos menos arbitrarios y
otros estilos de aná• lisis. Ferejohn (1992) estudia el de explorar sus implicaciones en el mar• co más amplio
paralelismo entre las perspec• tivas de naturaleza de la teoría de la elección racional. Estas teorías
instrumental y las de naturaleza interpretativa para destacan, por ejemplo, no sólo la importancia del
entender las elecciones en l a Inglaterra del siglo aprendizaje (durante mucho tiempo un aspecto de la
xv n . Goldstein y Keohane analizan diferentes enfoques, teoría de la elección racional) sino también las
incluido el de elección racional, para entender el papel implicaciones derivadas de los dife• rentes supuestos
de las ideas. Bates y Weingast (1995), Fearon (1994) y acerca de cómo aprenden los individuos.
La it i n (1988) exploran igualmente un conjunto de
fenómenos considerados normal• mente ajenos a una
concepción purista de la elección racional: revueltas,
V.
violencia étnica y la política del uso de la lengua.
Conclusio
nes
d) La relajación de las bases conductistas: los
límites cognitivos sobre la acción humana Esta breve revisión de las aproximaciones de elección
racio• nal a las instituciones ha señalado sus rasgos más
Los críticos de la elección racional han distintivos. La teoría de la elección racional ofrece un
defendido desde hace mucho tiempo que sus método sistemático para el estudio de las instituciones.
supuestos sobre los individuos están muy alejados de Sus aplicaciones no se limitan a los elementos básicos
la realidad, lo que limit a su capacida d para el propios de una democracia moderna, sino a una gama de
análisis de una amplia gama de fenómenos. Un o de temas de política comparada, como la guerra étni• ca, las
revueltas, la estabilidad democrática y las revoluciones.
27
Los estudios más recientes sobre la importancia de la Estos supuestos contrastan co n aquellos enfoques que utiliza
informa• ción auguran una extensión considerable de n de for • ma combinada distintos tipos de racionalidad, como
ocurre con las concep• ciones anteriores de la satisfacción
este enfoque.
(satisficing) o con la «teoría de la pers• pectiva» de Kahneman y
Tversky (1979).

272 273
El estudio de las instituciones genera nuevas divisiones tradicio• nales dentro de la ciencia política.
perspectivas sobre problemas muy diversos. Con Como el m.e.c.a. ha pues• to de manifiesto, sus
respecto a la administra• ció n pública, sus principios básicos tienen aplicaciones para problemas en
conclusiones sugieren que los burócratas deben tener la administración, en la interacción entre los poderes
una influencia menor en las políticas de la que se legislativo, ejecutivo y judic ia l , y en las asambleas
aceptaba previamente. La sola observación de su conducta legislativas. A su vez, como indica la emergente
indi• ca que, dado que los burócratas toman literatura sobre el sistema estadounidense de separación
decisiones de gran importancia sin influencia directa de de poderes, este enfo• que tiene potencial para
los políticos, éstos tienen poca influencia directa. Al transformar los estudios sobre la polí• tica
destacar la importancia de la secuen• cia, la teoría de la estadounidense superando las divisiones disciplinarias
elección racional sugiere que cuando los políticos tra• dicionales. Un proceso similar se ha iniciado en las
pueden castigar a los burócratas por desviarse de las relaciones entre americanistas y comparativistas,
políticas por ellos deseadas, los burócratas pueden alimentando la posibi• lidad de una nueva teoría de la
implemen- tar esas políticas sin necesidad de una política, frente a la división ante• rio r entre una teoría
intervención directa por parte de los políticos . Esto para Estados Unidos y otra para cada país o región.
no prueba que los políticos dominen a los burócratas, Finalmente, los ejemplos históricos prueban que el
pero señala que no puede inferirse que carezcan de enfoque no está confinado en las sociedades industriales
influencia del hecho de que no realicen una avan•
intervención política directa. Este principio general -lo
s deci- sores anticipan las consecuencias de sus
acciones y por tanto tienen en cuenta los intereses de
actores que pueden interve• nir más tarde- ha probado
su utilida d analítica en contextos muy diversos, por
ejemplo, en el estudio de las relaciones entre el poder
judicia l y las ramas políticas del poder, o entre las
organizaciones de los partidos y sus líderes.
Los modelos de elección racional proporcionan
igualmen• te la base para una discusión acerca de las
zadas. Sus aplicaciones incluye n una gama de El autor agradece y reconoce los útiles
fenómenos macropolíticos, tales como las comentarios de Michael Bailey, Bruce Bueno de
revoluciones, la guerra c i v i l y la desaparición de la Mesquita, Randy Calvert, Kelly Chang, Rui de
28
servidumbre .
Figueirido y Andrew Rutten, la asisten• cia de
La mayoría de los estudios sobre instituciones,
investigación de Douglas Grob y la asistencia editorial
incluyendo aquellos que se basan en enfoques diferentes a
de Use Dignam.
la elección racio• nal, asume que las instituciones son
fijas y estudia sus efec• tos. De aquí surge el problema
de la duración de las institu• ciones. Recientemente, Biblio
algunos modelos de elección racional proporcionan un grafía
enfoque para el estudio de la duración y la
supervivencia institucional. Si las instituciones influyen AL T , J. E. y CHRYS TA L , A . , Political Economics, Berkeley,
direc• tamente en los resultados de los procesos Univer-
políticos, entonces algo debe evitar que los individuos sity of California Press, 1983.
modifiquen las institucio• nes en el proceso de A M E S , B . , Political Survival, Berkeley, Universit y o f

consecución de sus diferentes objetivos. El concepto de Californi a


Press, 1987.
instituciones autoimpuestas ofrece una estra• tegia para
analizar por qué las instituciones sobreviven.
28
Ninguna discusión sobre la elección racional puede
completarse sin hacer referencia a la reciente crítica desarrollada por
Agradecim Green y Shapiro (1994). Aunque por cuestiones de espacio no
ientos puede abordarse una discusión sis• temática de este trabajo,
recomiendo su lectura en combinación con las res• puestas a su
crítica en el número especial de Critical Review (1995).
274 275

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La metáfora de Pollock (como se verá más adelante,
proba• blemente sacada de contexto) parece hoy al
menos tan válida como lo era entonces, debido a un
conjunto de factores interco- nectados. Por consiguiente,
no resulta sorprendente descubrir que la ciencia política
• está sembrada de conceptos y termino• logía jurídica, y
que parte de ella analiza de forma más o menos directa y
explícita las relaciones entre el derecho y la política y
entre los actores jurídicos y políticos y las
instituciones. Las cuestiones de carácter constitucional
6. Las instituciones políticas: enfoques se estudian con frecuen• cia desde una perspectiva
jurídicos híbrida de derecho y ciencia política, cuyo equilibrio
depende de si la formación principal del autor es la de un
jurista o la de un científico político. El derecho públi•
G AV I N D RE WR Y

Es un hecho cierto, aunque tristemente olvidado


tanto por científicos políticos como por juristas, que el
derecho y la polí• tica, en sus aspectos teóricos y
prácticos, están estrechamente vinculados. En una
conferencia publicada en 1882, titulada La historia del
derecho inglés como rama de la política, el juris• ta
inglés sir Frederik Pollock escribió que «el derecho es
a las instituciones políticas lo que los huesos al
cuerpo» (Pollock,
co está firmemente vinculado a la administración política como una pérdida de tiempo.
pública, aun• que con distintos grados según los países. En Gran Bretaña, la antipatía hacia los aspectos
El desarrollo del «nue• vo institucionalismo» en el legales y constitucionales de la ciencia política se ha
marco de la ciencia política augura un fortalecimiento debido fundamen• talmente a la ausencia de una
de todos estos vínculos (Smith, 1988). constitución codificada y al sub- desarrollo del derecho
Sin embargo, la cantidad de condimentos jurídicos público. La pertenencia a la Unión Euro• pea y el
encon- trables en la ciencia política no ha sido hasta la creciente impacto del Tribunal Europeo de Justicia sobre
fecha tan abun• dante como debería ser. Ello refleja, en los tribunales y la política británica -coincidentes con
parte, una tendencia de algunas ramas de la ciencia continuos debates acerca de una reforma constitucional,
política a rechazar los enfoques jurí • dicos dentro de que incluyen la posibilidad de incorporar la
su disciplina por considerarlos desagradable• mente Convención Europea de Derechos Humanos en la
formales y superados. La famosa «revolución legislación del Reino Uni d o - han destacado la
conductis- ta» en la ciencia política americana fue importancia de los enfoques jurídicos para la ciencia
básicamente una reacción frente a esto; y los política. Sin embargo, existe todavía un gran vacío en la
conductistas, tras haberse desprendido de las aguas literatura y una ausen• cia permanente de investigación
contaminadas del formalismo, no se persuaden interdisciplinar.
fácilmen• te de que puede haber buenas razones para
reanimar y recupe• rar al desechado bebé jurídico. Por
su parte, numerosos juristas I. La naturaleza de la afinidad entre el
-incluso aquellos especializados en derecho público - derecho y la política
han mos• trado una tendencia a concebir su materia
¿Por qué y en qué aspectos están el derecho y la
como algo funda• mentalmente práctico y a percibir política relacionados tan estrechamente? Algunos
las incursiones en el terreno desconocido de la ciencia vínculos son obvios.
284 285
y constitucionales, alentándolos a desarrollar el análisis de las política» (Ridley, 1975, p. 175).
ramificaciones jurídicas de su materia. En el cambio de siglo (y de
288
hecho, durante mucho tiempo después), la mayoría de los juristas
que leían a Dicey aceptaban su visión como un axio• ma. No hay
ninguna razón para suponer que Pollock habría constituido una
excepción.
Pero si nos tomamos la libertad de cambiar el contexto y
aplicamos la metáfora de Pollock a la ciencia política moder• na,
vemos que esta últim a es una disciplin a especialmente
invertebrada. Los manuales de ciencia política británicos ape• nas
hacen referencia, siquiera de pasada, a los jueces, los tri • bunales o
el derecho público. Las revistas de ciencia política británicas
contienen muy pocos artículos sobre cuestiones rela• cionadas con el
mundo del derecho. Hay muchas referencias políticas en las
revistas jurídicas británicas, pero escasa evi• dencia de que los
científicos políticos hagan uso de ellas (Drewry, 1991). La
magnitud del contraste con otros países -en especial los Estados
Unidos - apenas puede exagerarse. Los sistemas legales de
Inglaterra y Estados Unidos comparten la herencia del common law,
pero sus diferencias legales y cons• titucionales son inmensas, lo
que se refleja en sus respectivas tradiciones en ciencia política. La
ausencia de discusión sus• tantiva sobre el Tribunal Supremo y la
revisión constitucional en cualquier manual sobre política
estadounidense constituiría una grave omisión, como se verá más
adelante.
Sin embargo, hubo una etapa premoderna en la que tanto en
Inglaterra como en América los estudios políticos se basa• ban
explícitamente en investigaciones de carácter jurídico . W. J. M.
Mackenzie ha señalado que «en la generación anterior a 1914 habría
resultado inconcebible que se pudiese discutir sobre los sistemas
políticos sin discutir al mismo tiempo los sis• temas legales»
(Mackenzie, 1967, p. 278). Bernard Cric k cree que los fundamentos
de la ciencia política, establecidos a media• dos del siglo xix ,
«surgieron en parte para cubrir el hueco gene• rado por la decadencia
de la jurisprudencia en las facultades de derecho de EE.UU. »
(Crick, 1959, p. 13). Igualmente, Fred Ridley ha sugerido que, en
Estados Unidos, la jurisprudencia fue «la abuela de la ciencia
En lo que se refiere a la investigación política en Inglate• rra, desigual.
Mackenzie menciona la relevancia de los fundamentos inte• lectuales
establecidos por autores como Maine, Pollock, M a i - tland y
Vinogradoff, como ejemplos de enfoques basados en el derecho. Pero I I I . La política y la función judicial
esta tradición murió en el período de entregúe• nos, y la ciencia
Como se ha señalado anteriormente, la ley es el resultado de un
política inglesa dejó de buscar su inspiración en el derecho. Ya
proceso legislativo. Los jueces también desempeñan un papel en ese
hemos señalado que esta negativa fue más tarde agravada por las
proceso y, en términos más generales, tienen un papel como actores
inclinaciones antiformalistas implícitas en la «revolución
políticos (especialmente cuando forman parte del Tr i • bunal
conductista» que llegó al Reino Unido en los años setenta.
Supremo). Incluso en el Reino Unido , donde la creati• vidad
El vínculo cada vez mayor entre las instituciones jurídicas y
judicia l es disuadida por una doctrina de la soberanía
políticas británicas y las del resto de países europeos -todos ellos
dotados de constitución escrita, y en su mayoría caracte• rizados por parlamentaria y por la ausencia de una constitución escrita y de un
culturas políticas marcadamente influidas por el derecho, así como Tribunal Supremo, el papel de los jueces como limita -
por sistemas mejor desarrollados de dere• cho administrativo- está
empezando a socavar las diferencias entre el Reino Unid o y sus 1
Véanse especialmente los trabajos de la Charter 88 y las discusiones acerca
vecinos europeos. Por ello, pro• blemas de carácter legal y
de una constitución escrita para el Reino Unid o surgidos a partir de ella: A l i a n ,
constitucional están ocupando un lugar destacado no sólo en la 1993; Bamett, Elli s y Hirst , 1993; Institute for Publi c Polic y Re• search, 1993; y
agenda de la ciencia política britá• nica sino también en la de la Jowel l y Oliver, 1994.
1
propia polític a británica . Sin embargo, el proceso ha sido lento y
28 9

dores de los abusos del poder del Estado y como legisladores entre profesor norteamericano Donald Horowit z (1977a; 1977b;
bastidores es algo cada vez más reconocido, incluso por los propios 1982) ha escrito sobre el papel de los jueces en la política social ,
jueces (Drewry, 1992a). poniendo de manifiesto los peligros de la excesiva dependencia
sobre los jueces como garantes del interés público. Este autor señala
Existe una considerable literatura internacional y compa• rada
2 que, si bien los jueces pueden haber asumido nuevas funciones en las
sobre la función y la conducta política de los jueces . Algu• nos de
litigaciones administrativas, continúan actuando bajo pautas antiguas
estos autores adoptan una perspectiva positiva sobre el activismo
-que implicaban no tanto la crea• ción de nuevos programas o la
j ud ic i a l en contextos políticos, en circunstancias como protección
supervisión de la administración como la resolución de
frente a los abusos del ejecutivo y frente a la presión burocrática y la
controversias- y que las constricciones que se derivan de esas pautas
mala administración.
limita n el ámbito de lo que razo-
Si n embargo, otros autores señalan las disfunciones que
implica la sustitución de decisiones políticas por decisiones judi• 2
Véanse, por ejemplo, Abraham, 1993; Bell, 1983; Friendly, 1963; Jaf- fe
ciales, o el permitir que los jueces enmienden decisiones adop• tadas 1969; Katzmann, 1988; Schmidhauser, 1987; Volcansek, 1992.
por políticos responsables ante el electorado en el mar• co de una 3
Griffith es también el autor de un trabajo muy polémico sobre las pre•
litigación. Por ello John Griffith , experto en derecho público ferencias ideológicas de la judicatura británica (Griffith, 1979, 1991; para una crítica
británico, se ha mostrado muy escéptico al analizar lo deseable que véase Lee, 1989), y ha escrito, desde una perspectiva de centro-izquier• da, una
resulta potenciar que jueces no controlables limi• ten a los políticos síntesis histórica del papel político del Poder Judicial en Gran Bre• taña a lo largo
del siglo xx (Griffith, 1993).
(por ejemplo, a través de la Declaración de Derechos del Reino
3
Unido) . Esta discusión se refleja incluso en los trabajos de los 290
propios teóricos de los derechos en el ámbito de la jurisprudencia
(Waldron, 1993).
Desde una perspectiva distinta, pero igualmente escéptica, el
del material que cada una de las partes opta por mostrar ante el
nablemente cabe esperar de los tribunales (Horowitz , 1977b, p. tribunal. Si el problema requiere para su ade• cuada resolución la
151). Así, prosigue: consideración de intereses de partes que no están presentes ante el
tribunal y que no están formalmen• te en conflicto entre sí, de
Los tribunales son decisores públicos, aunque dependan de que la personas que incidental o conse- cuencialmente pueden verse
iniciativa privada invoque sus poderes: ellos no dan el prime r paso. afectadas por cualquier resolu• ción adoptada sobre la disputa,
Las partes afectadas por la acción administrati• va optan por la entonces un tribunal no es la institución ideal para la resolución de
reparación judicial , sobre la base de conside• raciones que pueden un conflicto de ese tipo (Cañe, 1986, p. 149).
no tener relació n con la importanci a pública del problema en
cuestión, con el carácter recurrente de la acción administrativa El problema aumenta por la incapacidad de los tribunales para
concreta, o con la competencia de los tribunales para juzgar esa
acción y cambiarla.
asimilar pruebas muy técnicas y por la ausencia en ellos de una
instancia encargada de vigila r las consecuencias.
Variantes del argumento de Horowitz aparecen en muchos otros
autores, incluyendo al estadounidense Lo n Fuller (1978) y al
administrativista inglés Peter Cañe (1986). Cañe señala que: IV. Derecho público y administración pública

Dado que los procesos judiciale s son esencialmente bipola • res, Sea o no suscrita la ortodoxia weberiana según la cual toda
están diseñados para resolver conflictos en términos de los
organización burocrática tiene una base legal-racional, el dere• cho,
intereses de sólo dos partes o grupos representados por esas
partes. Y como los procesos judiciales conciben a las par• tes como en sus múltiples y diversas manifestaciones, constituye
adversarios, los conflictos se dirime n exclusivamente sobre la base
291
casi por definición un elemento central de cualquier sistema Wilson, Ernst Freund y John Dickinson - concebían el análisis de la
4
desarrollado de administración pública . El derecho es de dis• tintas administración como algo profundamente ancla• do en el derecho
formas el medio a través del cual se desarrollan las polí• ticas público. De hecho, Wilso n se veía a sí mismo como un profesor de
públicas. Los organismos y funcionarios públicos están sujetos a la
derecho público, y albergaba ambiciones de «fundar una escuela de
jurisdicción de los tribunales, los auditores públicos y el defensor del
pueblo. El derecho es un servicio público cos• toso e importante, derecho público con una unidad dedi• cada a la administración
tanto como la salud pública o el bienestar, y se organiza y pública como la unidad principal de la institución » (Cooper,
administra a través de departamentos públicos (en la mayoría de los 1990, p. 256). Como ha señalado Andrew Dunsire (desde una
países, los ministerios de justicia) esta• blecidos para ta l fin. Ell o perspectiva británica), el famoso ensayo de Wilso n sobre «E l
puede generar tensiones (como ha ocurrido recientemente en el Estudio de la Administración», aparecido en 1887, concebía a la
Reino Unido) acerca de la insen• sibilidad con respecto a la administración pública como
independencia del poder judicia l (Browne-Wilkinson, 1988;
Drewry, 1992b). La administración de justici a es por tanto parte
de la agenda de la administra• ción pública académica. 4
Considérense como ejemplos: las limitaciones legales y las atribucio• nes; el
El derecho público puede tener sus limitaciones como medio de respeto que se supone por parte de los funcionarios a la legalidad, a
control y reparación frente a la administración pública, pero ha procedimiento y al rule oflaw; la provisión de procedimientos de adjudica• ción e
investigación para la resolución de conflictos; y la consistencia de la práctica y el
constituido siempre un elemento esencial de su estudio y desarrollo respeto a los casos precedentes.
práctico. En su ensayo sobre la relación entre el dere• cho y la
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administración pública en los Estados Unidos, Philip Cooper
muestra cómo los pioneros en el estudio académico de la
administración pública -autores como Frank Goodnow, Woodrow
«la ejecución sistemática y detallada de l derecho público » po r hombres (sic) formados en las facultades de Derecho de las
(Dunsire, 1973, p. 88; Wilson , 1887). universidades [...] [y dejando aparte algunas excepciones] puede
decirse que hay un claro contraste entre la posición de los juristas
Cooper escribió un ensayo sobre la contribución del dere• cho en la administración británica y la que ocupan en las
público al desarrollo de la ciencia de la administración en el Reino administraciones de Europa occidental. En la primera son
Unido (Drewry, 1995) y se lamentaba de la escasa per• cepción del consejeros de la administración, mientras que en la segunda son la
administración en sí (Mckenzi e y Gro - ve, 1957, p. 96).
potencial que ofrece una mayor colaboración entre juristas y
administradores públicos (Drewry, 1986). No es nece• sario volver a
En general, el administrador continental es (como escribió C. H.
repetir aquí estos argumentos.
Sisson [1959, p. 39] en la misma época que Mackenzie y Grove)
En este contexto el contraste entre Gran Bretaña y Europa
«un jurista, especialista en una rama del derecho -a saber, el
continental es particularmente evidente. En la mayoría de los países derecho administrativo- que se encarga mayoritaria- mente de
europeos, gran parte del discurso político se expresa en términos
aspectos relacionados con las funciones de gobier• no». El
legales, y las administraciones públicas se rigen por códigos funcionario británico, sin formación en derecho o en cualquier otra
legales interpretados y aplicados por tribunales admi• nistrativos.
disciplina profesional, claramente no lo es.
Como ya observó el autor de un respetado manual sobre el gobierno
La permanencia de los prejuicios de Dicey puede explicar al
central británico en los años cincuenta:
menos en parte el desarrollo tardío del derecho adminis• trativo
[...] en todos los países de Europa occidental, excepto Gran en el Reino Unido . Dicey murió en 1922, y fue en la década de
Bretaña, ha constituido una tradición secular que los puestos más los veinte cuando los escritos de juristas como sir
importantes de la administración central habían de ser cubiertos
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Cecil Carr (1921), W. A. Robson (1928) y F. J. Port (1929) tribunales y las investigaciones administrativas, así como la
comenzaron a establecer las bases intelectuales por las cua• les posibilidad de institucionalizar un Defensor del Pueblo encar• gado
el derecho administrativo obtuvo una aceptación gradual como de investigar las quejas sobre la mala administración del gobierno
área diferenciada y profesionalmente respetable de la teoría y central. El últim o debate culminó con la aprobación de la ley del
la práctica jurídicas. Este proceso se aceleró después de la Comisionado del Parlamento (Parliamentary Com- missioner Act )
Segunda Guerra Mundial , y fue durante los años cin • cuenta en 1967, que establecía la figura de un Defen• sor del Pueblo para
cuando aumentó súbitamente el interés en varios aspectos del tema. investigar las quejas acerca de la mala admi• nistración del gobierno
Los primeros au