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Antinomias acerca del recuerdo y el olvido de atrocidades

sociales. Algunas observaciones en torno a posiciones de Thomas


McCarthy

Una antinomia es la figura del pensamiento que nos condena a la


satisfacción de poder defender, con buenos argumentos, dos
posiciones contradictorias. Si en un asunto nos encontramos con
una tesis y antítesis, la antinomia se suscita si es posible
respaldar a ambas con razones de igual o parecida fuerza.

De allí se desprende la alternativa entre el deber de recordar y


olvidar, ya que la constitución de las personas y las sociedades se
formulan a partir de estos aspectos. Como lo indica McCarthy:

La reparación de injusticias pasadas, el desagravio por males


cometidos en el pasado, y en particular cuando sus autores fueron
agentes colectivos, tales como estados, empresas y otras
instituciones públicas y privadas, se ha convertido en un factor
esencial para el restablecimiento de un estado de justicia.

Sin embargo, surgen dificultades respecto a en qué consiste el


concepto de repairing past injustices, redressing past wrongs , y,
por otro, de qué manera se puede aplicar el concepto en
circunstancias diferentes. Sobre la primera dificultad, McCarthy
menciona lo siguiente:

Si un agente ha hecho daño injustamente a otro, el responsable


tiene la obligación moral hacia la víctima de resarcir el daño, de
corregir el efecto persistente del agravio original, de restaurar a la
víctima algo así como el status quo ante.

El problema con ello es que alude una posibilidad de viajar hacia al


pasado en el tiempo para corregir el daño. Pero este tipo de
recuerdo que busca reparar a las víctimas y presupone que se
puede restaurar una situación del pretérito, es un malentendido.

Recordando al viejo Heráclito: Primero: El “nosotros” en t1 que


hizo daño en la mayoría de los acontecimientos sociales no será
exactamente el mismo “nosotros” en t2 que busca repararlo. ¿qué
tenemos que ver los integrantes de nosotros en t2 con el nosotros
en t1? ¿por qué deberíamos nosotros en t2 pagar una deuda que
contrajo un nosotros en t1?

Segundo: el tiempo de la historia no es vacío y fijo, sino lleno y en


constante transformación. De ahí que una vez hecho el daño, se
presupone que la situación se irá recomponiendo de tantas
maneras que se atenderán otras dificultades que exigen
respuesta.

En las relaciones con un pasado de injusticias y crueldad, es


necesario distinguir varios casos: 1. Cuando las víctimas son cosa
del pasado o ausentes o cuando lo siguen siendo en la actualidad,
presentes. 2. Si están entre nosotros o se trata de sus sucesores.
3. Cuando el resto de la población se encuentra en condiciones de
proveer reparaciones materiales y llevarlo a cabo implica efectos
negativos.

A esta guisa se desprender dos posiciones: La rigorista y la


negociadora. La primera busca establecer comisiones de la verdad
para averiguar los crímenes acontecidos y castigar a todos los
responsables. Mientras que la segunda, tener en cuenta todos los
requerimientos políticos para no poner en peligro la estabilidad y
prosperidad presentes.

Verbigracia, en la situación de los afroamericanos en Estados


Unidos, se tienen dos propuestas contrarias: la primera aboga por
reparaciones económicas, éstas deben ser colectivas y nunca
individualizadas. Esta solución puede correr el riesgo de
corromperse en sus mediaciones burocráticas, además de que el
problema racial se ha complicado en formas nuevas de opresión,
en contra de nuevos emigrantes: hispanos- asiáticos, etc.

La segunda se trata de la reparación integradora: el camino más


prometedor para corregir las injusticias raciales es el de una
política de clases que movilice todos los segmentos explotados de
la población, por encima de las divisiones raciales, de género y de
otra barrera socioeconómica.

El pasado es parte del presente y, por tanto, del futuro. Ahora que
se ha entendido la importancia de recordar, se debe tomar en
cuenta la otra antinomia, es decir las buenas razones para olvidar.
Cultivar varias formas del olvido activo y reparador del presente,
ello para abrir las muchas puertas y ventanas de los muchos
presentes, para detener la tendencia al rumiar incesante de los
humanos, que los paraliza atándolos a formas de compasión y
autocompasión estériles, meras coartadas para no proseguir con
el camino y no enfrentar las nuevas desolaciones y caídas de la
vida.