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1.

Orígenes históricos del análisis de sistemas-mundo: de las disciplinas de las

ciencias sociales a las ciencias sociales históricas

Para los analistas de sistema mundo, el tiempo y el espacio no son realidades externas inmutables

que se encuentran de alguna manera ahí afuera y dentro de los limites en los que existe la realidad

social. Los procesos evolutivos que ha vivido el mundo, son muchos, cada acontecimiento histórico

ha propiciado la adaptación del mundo entero, muchos de estos acontecimientos han sido

violentos y generado demasiadas muertes y destrucción dentro de lo que el ser humano ha creado

con su propia mano y también aquello que no, como lo es la naturaleza.

El “TiempoEspacios” son construcciones reales que se encuentran en una constante adaptación,

debido a que están en una constante evolución y cuya construcción es parte componente de la

realidad social que analizamos. Los sistemas históricos dentro de los que se vive, son

efectivamente sistémicos, pero también son históricos. Permanecen iguales a lo largo del tiempo,

pero no son idénticos de un minuto al siguiente. Ésta es una paradoja, pero no una contradicción.

La habilidad para lidiar con esta paradoja, que no podemos evitar, es la principal tarea de las

ciencias sociales históricas. Esto no es un acertijo, sino un desafío.

2. El sistema-mundo moderno como economía-mundo capitalista: producción,

plusvalía y polarización

La economía-mundo es una gran zona geográfica dentro de la cual existe una división del trabajo y

por lo tanto un intercambio significativo de bienes básicos o esenciales así como un flujo de capital

y trabajo. Una característica definitoria de una economía-mundo es que no está limitada por una

estructura política unitaria. Por el contrario, hay muchas unidades políticas dentro de una

economía-mundo, tenuemente vinculadas entre sí en nuestro sistema-mundo moderno dentro de

un sistema interestatal. Una economía-mundo comprende muchas culturas y grupos. Esto no

significa que no hayan desarrollado algunos patrones culturales comunes, lo que se llamará una

geocultura.

El capitalismo no se refiere a la existencia de personas o compañías produciendo para la venta en

el mercado con la intención de obtener una ganancia. Tales personas o compañías han existido
por miles de años a lo ancho y largo del planeta. Nos encontramos en un sistema capitalista sólo

cuando el sistema da prioridad a la incesante acumulación de capital. De acuerdo al uso de la

definición, sólo el sistema-mundo moderno ha sido un sistema capitalista. La acumulación

incesante es que las personas y las compañías acumulan capital a fin de acumular su capital, un

proceso continuo e incesante.

En última instancia, el sistema-mundo moderno ha asumido una característica central en su

estructura de existencia, propagación y práctica simultánea del universalismo y el

antiuniversalismo. Este dúo antinómico es tan fundamental al sistema como lo es la división de

trabajo sobre el eje centro-periferia.

3. La creación de una geocultura: ideologías, movimientos sociales, ciencias sociales

El estado moderno es un estado soberano. La soberanía es un concepto que fue inventado en el

sistema-mundo moderno. Su significado a prima facie es completamente autónomo del poder

estatal. Pero los estados modernos existen, de hecho, dentro de un círculo de estados, lo que se

ha llamado sistema interestatal. Habremos entonces de investigar el grado y el contenido de esta

presunta autonomía. Los historiadores hablan del surgimiento de las "nuevas monarquías" en

Inglaterra, Francia y España a fines del siglo XV, en el preciso momento que aparece el sistema-

mundo moderno.

Cuando el poder hegemónico declina, siempre hay otros que intentan remplazarlo, pero debido a

las dimensiones de los reemplazos, se lleva mucho tiempo y producen, en última instancia otra

"guerra de los treinta años". Por ello la hegemonía es crucial, repetida y siempre relativamente

breve. La economía del mundo capitalista necesita de los estados, necesita del sistema interestatal

y necesita de la aparición periódica de poderes hegemónicos. Pero la prioridad de los capitalistas

no es nunca el mantenimiento, y mucho menos la glorificación de ninguna de estas estructuras. La

prioridad es siempre la acumulación incesante de capital y se logra de la mejor manera con un

cambiante cuadro de dominios políticos y culturales dentro del que las empresas capitalistas

puedan maniobrar, obteniendo su apoyo de los estados pero buscando escapar a su tutela.

4. El sistema-mundo moderno en crisis: bifurcación, caos y opciones


La historia política del sistema-mundo moderno en los siglos xix y XX se convirtió en la historia de

un debate sobre la línea que divide a quienes están incluidos de los excluidos, pero este debate

estaba teniendo lugar dentro del marco de una geocultura que proclamaba la inclusión de todos

como la definición de una sociedad justa. Este dilema político fue disputado en tres arenas

diferentes: las ideologías, los movimientos antisistémicos, y las ciencias sociales.

En términos de la geocultura que había sido construida en el espejo de las tres ideologías y

paradójicamente sostenida por los mismos movimientos antisistémicos creados para enfrentarse a

ella, la función de las ciencias sociales era la de suplir los fundamentos intelectuales de las

justificaciones morales que eran utilizadas para reforzar los mecanismos operativos del sistema-

mundo moderno. En esta tarea tuvieron, en general, éxito, por lo menos hasta la revolución

mundial de 1968.

5. El sistema-mundo moderno en crisis: bifurcación, caos y opciones

El periodo de transición de un sistema a otro es un período de grandes luchas, de gran

incertidumbre, y de grandes cuestionamientos sobre las estructuras del saber. Necesitamos

primero que todo intentar comprender claramente qué es lo que está sucediendo. Necesitamos

después decidir en qué dirección queremos que se mueva el mundo. Y debemos finalmente

resolver cómo actuaremos en el presente de modo que las cosas se muevan en el sentido que

preferimos. Podemos pensar en estas tres tareas como las labores intelectuales, morales y

políticas. Las tres son diferentes pero estrechamente vinculadas. Ninguno puede excusarse de

estas tareas. Si así lo sostuviera, estaría en verdad ornando una decisión por lo bajo. Las tareas

son excepcionalmente dificultosas. Pero ofrecen, individual y colectivamente, la posibilidad de la

creación, o al menos de contribuir a la creación de algo que pueda satisfacer más plenamente la

posibilidades colectivas.