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EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN LA BIBLIA, EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA Y EN


EL MAGISTERIO.

2. EN LA TRADICIÓN

Para entender la doctrina de los Padres podemos utilizar como introducción lo afirmado por
Mons. Ricardo Ferrara, en su libro El misterio de Dios. Correspondencias y paradojas,1 que nos
permitirá tener un marco conceptual del desarrollo de este dogma trinitario:

En primer lugar, debemos tomar conciencia que este camino no fue ni fácil ni sencillo, sino
con mucho esfuerzo la Iglesia fue precisando su doctrina.

La revelación bíblica puso los fundamentos para la afirmación dogmática del misterio trinitario,
puesto que afirmó netamente tanto la distinción real de las personas del Padre, del Hijo y del
Espíritu santo como la unidad e identidad de su ser, aun cuando enunciara menos claramente los
orígenes o generación eterna del Hijo y, tanto menos, la eterna procesión del Espíritu santo (al
menos implícita sólo en su misión temporal). Ello quiere decir que a partir del dato bíblico la
Tradición eclesiástica todavía debió recorrer un largo proceso de formación o elaboración del
dogma trinitario que podemos condensar en el desarrollo de dos líneas paralelas: la que va de la
unidad y distinción de las personas divinas a la formulación de la consubstancialidad del Hijo
con el Padre (DH 150) y la que va de la obra creadora de las personas divinas a la teología de
las procesiones inmanentes. Para introducir en la complejidad de este doble proceso gestado en
los primeros siglos del cristianismo, anticipamos sintéticamente estas dos grandes líneas.

El camino se recorrió en dos grandes líneas: una, que va desde la distinción de las Personas
divinas hasta su consubstancialidad numérica y especifica; y otra, desde la unidad de la divina
esencia hasta la distinción de las Personas divinas.

a) Hacia el «consubstancial» niceno

El esfuerzo de los primeros siglos cristianos consistió en mostrar que el Hijo y el Espíritu santo
eran tan Dios como el Padre. Por cierto, este problema no se vivió excesivamente en el nivel de
la vida cristiana y de las fórmulas de la regla de fe, la catequesis y la liturgia (cf. CCE 249). En
cambio, en el nivel de la comprensión teológica de esas fórmulas, debió transcurrir mucho
tiempo para que se eliminara todo resto de subordinacionismo. Tan sólo paulatinamente la
palabra «Dios» evocó de modo igualitario a las tres personas divinas. Por eso cabe decir que
toda la teología trinitaria antenicena – no solo griega sino también latina – avanzó desde la
«monarquía» del Padre hacia la igualdad y consubstancialidad de las tres personas divinas,
procediendo en consecuencia de las personas divinas a la esencia divina. La distinción real de
las personas divinas del Padre, del Hijo y del Espíritu santo era lo indiscutido, mientras que su
unidad o identidad esencial era el problema que se debía resolver. En cambio, una vez
solucionado este problema en el «consubstancial» niceno, el proceder de la patrística postnicena
– no solo latina sino también griega – será inverso: irá de la esencia divina a las personas. En
este proceso la fe trinitaria tuvo que avanzar evitando las dos principales desviaciones: la de
tipo modalista y la de tipo subordinacionista. Para llegar a la afirmación explícita del
«consubstancial» fue necesario un proceso tanto más complicado cuanto más se tardó en llegar
a las raíces que permitían una solución correcta del problema trinitario.

En la primera línea el peligro fue subordinar las Personas del Hijo y del Espíritu Santo a la
Persona del Padre.

Primeras herejías. Entre los convertidos había judíos que no iban más allá de las categorías del
Antiguo Testamento y no veían en Jesús sino a un maestro, un profeta, o a lo sumo un ángel.
Por otro lado, había griegos que, apoyándose en la mera especulación (valentinianos) o en la
1
Ricardo Ferrara, El misterio de Dios. Correspondencias y paradojas, Sígueme, Salamanca 2005, pág. 378-381.
crítica de la Biblia (marcionitas), separaban al Dios del Antiguo Testamento (el Creador) del
Dios del Nuevo Testamento (el Padre). Este planteamiento iba a incidir en el problema
trinitaria. Porque, por una parte, la tradición ortodoxa mantuvo la unidad de ambos
Testamentos, condenó al dualismo gnóstico e identificó al Dios creador con el Dios Padre. Pero
por otra parte, pronto surgieron herejías que inferían que el Padre era el mismo Hijo
(monarquianos, patripasianos, sabelianos).

En este contexto se desarrollaron las primeras teologías, que por no tener un lenguaje
adecuado e influenciadas por las filosofías reinantes (fundamentalmente platónica) dieron una
deficiente solución a los problemas planteados.

Primeras teologías. Contra éstos procedieron diversamente los latinos y los alejandrinos. Los
primeros (Tertuliano) afirmaron la «consubstancialidad» de las personas divinas de modo
imaginativo y material, apoyándose en el realismo ingenuo, con concesiones al estoicismo. Los
alejandrinos (Clemente, Orígenes) trascendieron las imágenes, pero adaptaron la tradición
trinitaria al sistema platónico. Ahora bien, en la misma medida en que los contenidos trinitarios
se volcaron en los moldes del platonismo, se acrecentó el peligro de subordinacionismo, más o
menos latente en todos los padres antenicenos. Es lo que ocurrió con Orígenes cuando dijo que
el Hijo dista mucho más del Padre que de las creaturas (Contra Celsum 5, 39; cf. 7, 42). En el
platonismo lo «divino» es participado del bien al Logos del mundo inteligible y de éste al
Pneuma que anima al mundo sensible (cf. B. Arnou, Platonisme des Pères, en DTC XII, 2230s).
Luego a Orígenes le bastaba denominar Padre al Bien, Hijo al Logos, la imagen del Bien, y no
necesitó inventar otro nombre para designar al Espíritu. La unidad de las hipóstasis divinas no
se mantenía sino mediante un ambiguo concepto de «participación»: el Padre es Dios
verdadero, mientras que el Hijo es Dios participado. Pero en la esencia divina hay identidad, no
la participación propia de las esencias creaturales. Luego los Padres antenicenos no acertaron en
la solución del problema de la unidad de la esencia divina.

La primera herejía fue la arriana, que simplemente extremó las anteriormente herejías
nombradas, afirmando que el Hijo era una creatura.

La herejía arriana. El progreso fue ocasionado por las controversias arrianas. Porque el
arrianismo criticó las consecuencias a las que llevaba el realismo ingenuo, reveló la
inconsistencia del sistema origeniano, desplazando el acento de la categoría platónica de
participación a la categoría cristiana de «creación de la nada», de donde sacó la consecuencia,
impensada por Orígenes, de que el Hijo no era Dios participado, sino creado de la nada.

La respuesta del la Iglesia la dió el Concilio de Nicena, afirmando la consubstancialidad


especifica y numérica de las personas divinas.

El concilio de Nicea. Ante las argucias arrianas, el concilio de Nicea enseñó que el Hijo no era
Dios participado, sino Dios verdadero de Dios verdadero, consubstancial con el Padre; descartó
la consubstancialidad material del realismo ingenuo; afirmó la consubstancialidad especifica y
numérica de las personas divinas superando la imaginación, el nivel del juicio, en conformidad
con la regla atanasiana: «Del Hijo hay que afirmar lo mismo quo afirmamos del Padre, salvo el
nombre (o propiedad) de Padre».

De este Concilio derivó toda la teología de los Padres Capadocios que siguieron iluminando
a la Iglesia a lo largo de toda su historia.

La teología postnicena. Desde la condenación del arrianismo por el concilio de Nicea, los
compromisos platonizantes de la teología origenista (Eusebio de Cesarea) se tomaron cada vez
más discutibles. Se imponía la tarea de pensar el dogma trinitario de una manera más
independiente de los moldes de la filosofía vigente. Esa fue la contribución de los Padres
capadocios: ellos entendieron la esencia divina (ousia) como algo único y concreto, poseído
distinta y enteramente por cada una de las personas divinas, no como una forma participada
según un más y un menos por aquellas. Así, cada una de las personas divinas se distinguía de
las otras tan sólo por el diverso modo de subsistir (tropoj thj uparxeoj) en ellas la única
esencia concreta. Dado que ese modo no es algo absoluto, sino relación, el principio distintivo
eran las propiedades tomadas de las relaciones de origen: así el Padre se distingue por la
innascibilidad (agennhsia), el Hijo por la nascibilidad (gennhsia) y el Espíritu por la
procedencia (ekporeusij). Así, los Capadocios llegaron al resultado capital de disponer de
categorías que significaban lo común (la ousia) y lo propio (la upostasij) de las personas
divinas, acuñando la fórmula «una esencia y tres personas» (mia ousia treix upostaseix).
Desde aquí partirá la especulación trinitaria posterior. Pero ya Gregorio de Nisa nos dejó un
primer esbozo en su Theologia, donde expone al griego la unicidad de la esencia divina antes de
proponer al judío la Trinidad de las personas (Oratio catechetica magna, Prol; caps. T-TV; PG
45, 9-20).

La otra línea, la que va desde la unidad de la divina esencia hasta la distinción de las
Personas divinas tenía el peligro de presentar a las Personas divinas como simples modos de Dios.
(HEGEL)

b) Hacia la teología de las procesiones inmanentes

La via negationis. Tanto los filósofos griegos (platonismo medio y neoplatonismo) como los
pensadores cristianos (eclesiásticos y gnósticos) de esta época privilegiaban la vía de negación
para salvar la trascendencia divina. Así, el principio y término de todo el proceso permanecía
envuelto en el misterio de su invisibilidad e inefabilidad: si no era absolutamente desconocido
(agnwstoj), como pretendían los gnósticos, a lo sumo era conocido sólo negativamente, como
ingénito (agennhtoj). Así, los rasgos de la persona de Dios Padre quedaban desdibujados en
la medida en que sólo era conocida por la vía de negación.

La primera herejía en este orden era el gnosticismo, que hacia de la Personas divinas simples
emanaciones de la divinidad.

Los gnósticos. Esta tendencia logra su expresión más sistemática en los gnósticos,
particularmente en los discípulos de Tolomeo: inactivo, reservado en lo absoluto de su
inefabilidad abismal, él trascendía, en cuanto superprincipio y superpadre (proarch y
propathr), las mismas propiedades de principio y de padre. Estas pasaban a la segunda
hipóstasis, al Unigénito, quien, en algunos casos, llega a ser simultáneamente Padre, Madre e
Hijo. Estas consecuencias fueron evitadas por los autores eclesiásticos, aun por aquellos que
usaron expresiones de los gnósticos.

La teología en este contexto comenzó a desarrollar la temática de las procesiones


inmanentes.

Las procesiones inmanentes. Llegados a este punto las nociones de paternidad y de principio
quedaban referidas unívocamente a la creación libre de las cosas, reducidas a ella, sin
distinguirse de ella. Las confesiones de fe no separaban estos dos aspectos pero tampoco los
distinguían. Tocaba a la teología distinguir sin separar. Y ella lo hizo en la medida en que fue
capaz de elaborar la noción de una generación eterna del Verbo como palabra interior del Padre,
mediante el camino de la analogía del espíritu. Correspondió a Tertuliano el mérito de haber
propuesto en AdvPrax 5 esta analogía que los apologistas apenas vislumbraron.

A la luz de un recto concepto de eternidad.

Concepto de eternidad. En los pensadores cristianos de esta época, tanto eclesiásticos como
heréticos, era corriente distinguir los orígenes del Verbo de los orígenes de la creatura mediante
una deficiente concepción de la eternidad divina: suponiendo que en la eternidad hubo un
momento en el que el Padre estaba sólo, entonces se podía decir que el Verbo fue generado en
«un momento de la eternidad», anterior al tiempo en el que habían comenzado a existir las
creaturas. Corresponde a Orígenes el mérito de haber impugnado esta concepción en el De
principiis IV 28.

1) El dogma trinitario en la tradición antenicea

Antes de la controversia con el adopcionismo y el modalismo


En el siglo segundo aparece el tema del ángel en el judeo-cristianismo; ya el maestro hebreo
de Orígenes, señalaba que los dos serafines de Is 6,3 “han de entenderse del Hijo unigénito de Dios
y del Espíritu Santo” (De principiis 1, 3, 4). Esto nos hace pensar en una tradición anterior y la
doctrina contraria del autor de la carta a los Hebreos, que como ya hemos visto, presenta al Hijo
superior a los ángeles.
También aparece, pero en un ambiente griego, todas las especulaciones del gnosticismo, por
ejemplo, Tolomeo decía que:

había un Eón perfecto llamado superexistente, superprincipio, superpadre y Abismo. Con él


convivía Mente, hasta que una vez Abismo ideó sacar de sí un principio de todas las cosas y a
esta emisión a modo de simiente la depositó, como en matriz, en Reserva que convivía con é1.
Habiendo ella recibido esta simiente y se hizo grávida, dio a luz (concibió) un Intelecto, símil e
igual al emitente (abismo), y consubstancial con él, único capacitado para la magnitud del
superpadre. A este intelecto lo llaman también unigénito y padre y principio de todas las cosas.
Junto con él fue emitida la verdad.

Mons. Ferrara señala que:2

San Ireneo representa la Tradición apostólica y la teología más cercana a la doctrina trinitaria de
la regla de fe y de la catequesis impartida en las Iglesias, «pues todos profesan a un solo y
mismo Dios, el Padre, todos creen en la misma economía de la encarnación del Hijo de Dios y
todos reconocen el mismo don del Espíritu» (AdvHaer V, 20, 1). Por un lado, enseña la
consubstancialidad del Padre y del Hijo en el nivel del juicio y no de la mera imagen:

El Padre es Señor y el Hijo es Señor. El Padre es Dios y el Hijo es Dios, porque el que
ha nacido de Dios es Dios. Luego por la esencia misma de su ser, se demuestra que no
hay sino un solo Dios, aunque, según la economía de nuestra redención, hay un Hijo y
un Padre (Demostración, 47).

Por otro lado, evita las especulaciones imaginativas de los gnósticos sobre las procesiones. Ante
la pregunta por lo que hacía Dios antes de la creación del mundo, Ireneo afirma que la Escritura
calla, mientras que los gnósticos colman ese silencio asignando a Dios multitud de emisiones
tontas, descontroladas y blasfemas (AdvHaer II, 3, 86s). Contra la multiplicación gnóstica de
eones, acentúa la simplicidad de Dios con fórmulas que parecen cerrar el camino a toda
especulación sobre las procesiones trinitarias, aunque no dejan de reconocer la generación del
Hijo a partir de la Mente paterna.

Dios es todo mente, todo razón, todo espíritu operante, todo luz, siendo siempre el
mismo... Su pensamiento es su Logos, éste es su Mente, y el Padre mismo es la Mente
que abarca todo. Luego quien habla de mente de Dios y le adjudica la emanación
(prolationem) propia de la mente afirma que es compuesto, como si una cosa fuera Dios
y otra cosa su Mente fontal... Si alguien nos pregunta cómo el Hijo ha sido proferido por
el Padre, le responderemos que esta prolación, o generación, o pronunciación, o
revelación, o finalmente esta generación inefable, cualquiera sea su nombre, nadie la
conoce... sino sólo el Padre que ha engendrado al Hijo y el Hijo quo ha nacido
(AdvHaer II, 28, 5).

También podemos encontrar la doctrina de san Ireneo,3 en las diversas lecturas que nos
ofrece la Liturgia de las Horas. En la fiesta de San Marcos (25 abril).

Del Tratado de san Ireneo, obispo; Contra las herejías


(Libro 1, 10, 1-3: PG 7, 550.554)

La predicación de la verdad

2
Ricardo Ferrara, El misterio de Dios. Correspondencias y paradojas, Sígueme, Salamanca 2005, pág. 384-385.
3
Nació en el año 130 y fue educado en Esmirna, fue discípulo de San Policarpo, obispo de aquella ciudad. El año 177
era presbítero en Lyón (Francia), y poco después ocupó la sede episcopal de dicha ciudad. Murió mártir en el año 200.
La Iglesia, esparcida por el orbe hasta los confines de la tierra, ha recibido de los
apóstoles y de los discípulos de los mismos aquella fe cuyo objeto es: un solo Dios, Padre
todopoderoso, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él; y un solo Hijo de Dios,
Jesucristo, que por nuestra salvación se hizo hombre; y el Espíritu Santo, que, por boca de los
profetas, anunció de antemano los designios de Dios; y la venida al mundo, la encarnación en el
seno de María, la pasión y resurrección de entre los muertos, la ascensión corporal del amado
Jesucristo, Señor nuestro, así como su futura venido desde el cielo, en la gloria del Padre, para
recapitular todas las cosas y resucitar corporalmente a todo el género humano, para que, según
ha dispuesto el Padre invisible, ante Cristo Jesús, nuestro Señor y Dios, salvador y rey, toda
rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua lo proclame, y él juzgue a
todos con justicia.
La Iglesia, habiendo recibido, como hemos dicho, esta predicación y esta fe, aunque
esparcida por todo el mundo, la guarda con diligencia, como si todos sus hijos habitaran en una
misma casa; y toda ella cree estas mismas verdades, como quien tiene una sola alma y un solo
corazón, y, en consecuencia, las predica, las enseña y las transmite, como quien tiene una sola
boca. Porque, si bien en el mundo hay diversidad de lenguajes, el contenido de la tradición es
uno e idéntico para todos.
Y lo mismo creen y transmiten las Iglesias fundadas en Germania, así como las de los
iberos, las de los celtas, las del Oriente, las de Egipto, las de Libia y las que se hallan en el
centro del mundo; pues, del mismo modo que el sol, creatura de Dios, es uno e idéntico en todo
el mundo, así también la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los
hombres que quieren llegar al conocimiento de la verdad.
Y ni el que posee dotes oratorias, entre los que presiden las Iglesias, enseñará algo
diverso a lo que hemos dicho (ya que nadie está por encima de su maestro), ni el que está
privado de estas dotes aminorará por ello el contenido de la tradición. En efecto, siendo la fe
única e idéntica para todos, ni la amplía el que es capaz de hablar mucho sobre ella, ni la
aminora el que no es capaz de tanto.

En la Solemnidad de Pentecostés.

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías


(Libro 3, 17~ 1-3: se 34,302-306)

El envío del Espíritu Santo

El Señor dijo a los discípulos: Id y sed los maestros de todas las naciones; bautizadlas
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Con este mandato les daba el poder de
regenerar a los hombres en Dios.
Dios había prometido por boca de sus profetas que en los últimos días derramaría el
Espíritu sobre sus siervos y siervas, que éstos profetizarían; por esto descendió, el Espíritu
Santo sobre el Hijo de Dios, que se había hecho Hijo del hombre, para así, permaneciendo en él,
habitar en el género humano, reposar sobre los hombres y residir en la obra plasmada por las
manos de Dios realizando así en el hombre la voluntad del Padre y renovándolo de la antigua
condición a la nueva, creada en Cristo.
Y Lucas nos narra cómo este Espíritu, después de la ascensión del Señor, descendió
sobre los discípulos el día de Pentecostés, con el poder de dar a todos los hombres entrada en la
vida y para dar su plenitud a la nueva alianza; por esto, todos a una, los discípulos, alababan a
Dios en todas las lenguas, al reducir el Espíritu a la unidad los pueblos distantes y ofrecer al
Padre las primicias de todas las naciones.
Por esto el Señor prometió que nos enviaría aquel Abogado que nos haría capaces de
Dios. Pues, del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en
un solo pan, si antes no es humedecido, así también nosotros, que somos muchos, no podíamos
convertimos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo. Y, así como la
tierra árida no da fruto, si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como un
leño árido, nunca hubiéramos dado el fruto de vida, sin esta gratuita lluvia de lo alto.
Nuestros cuerpos, en efecto, recibieron por el baño bautismal la unidad destinada a la
incorrupción, pero nuestras almas la recibieron por el Espíritu.
El Espíritu de Dios descendió sobre el Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia,
Espíritu de consejo y de fortaleza, Espíritu de ciencia y de temor del Señor, y el Señor, a su vez,
lo dio a la Iglesia, enviando al Abogado sobre toda la tierra desde el cielo, que fue de donde dijo
el Señor que había sido arrojado Satanás como un rayo; por esto necesitamos de este rocío
divino, para que demos fruto y no seamos lanzados al fuego; y, ya que tenemos quién nos acusa,
tengamos también un Abogado, pues que el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del
hombre, posesión suya, que había caído en manos de ladrones, del cual se compadeció y vendó
sus heridas, entregando después los dos denarios regios para que nosotros, recibiendo por el
Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y del Hijo, hagamos fructificar el denario que se
nos ha confiado, retornándolo al Señor con intereses.

El martes de la cuarta semana durante el año.

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías


(Libro 3, 19, 1. 3-20, 1: SC 34, 332. 336-338)

Cristo primicias de nuestra resurrección

El Verbo de Dios se hizo hombre y el Hijo de Dios se hizo Hijo del hombre para que el
hombre, unido íntimamente al Verbo de Dios, se hiciera hijo de Dios por adopción.
En efecto, no hubiéramos podido recibir la incorrupción y la inmortalidad si no hubiéramos
estado unidos al que es la incorrupción y la inmortalidad en persona. ¿Y cómo hubiésemos
podido unirnos al que es la incorrupción y la inmortalidad, si antes él no se hubiese hecho uno
de nosotros, a fin de que nuestro ser corruptible fuera absorbido por la incorrupción y nuestro
ser mortal fuera absorbido por la inmortalidad, para que recibiésemos la filiación adoptiva?
Así pues, este Señor nuestro es Hijo de Dios y Verbo del Padre por naturaleza, y también es
Hijo del hombre, ya que tuvo una generación humana, hecho Hijo del hombre a partir de María,
la cual descendía de la raza humana y a ella pertenecía.
Por esto el mismo Señor nos dio una señal en las profundidades de la tierra y en lo alto
de los cielos, señal que no había pedido el hombre, porque éste no podía imaginar que una
virgen concibiera y diera a luz, y que el fruto de su parto fuera Dios con nosotros, que
descendiera a las profundidades de la tierra para buscar a la oveja perdida (el hombre, obra de
sus manos), y que, después de haberla hallado, subiera a las alturas para presentarla y
encomendarla al Padre, convirtiéndose él en primicias de la resurrección. Así, del mismo modo
que la cabeza resucitó de entre los muertos, también todo el cuerpo (es decir, todo hombre que
participa de su vida, cumplido el tiempo de su condena, fruto de su desobediencia) resucitará,
por la trabazón y unión que existe entre los miembros y la cabeza del cuerpo de Cristo, que va
creciendo por la fuerza de Dios, teniendo cada miembro su propia y adecuada situación en el
cuerpo. En la casa del Padre hay muchas moradas, porque muchos son los miembros del
cuerpo.
Dios se mostró magnánimo ante la caída del hombre y dispuso aquella victoria que iba
a conseguirse por el Verbo. Al mostrarse perfecta la fuerza en la debilidad, se puso de
manifiesto la bondad y el poder admirable de Dios.

El miércoles de la primera semana durante e1 año.

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías


(Libro 4, 6, 3. 5. 6. 7: SC 100, 442. 446. 448-454)

El Padre es conocido por la manifestación del Hijo

Nadie puede conocer al Padre sin el Verbo de Dios, esto es, si no se lo revela el Hijo,
ni conocer al Hijo sin el beneplácito del Padre. El Hijo es quien cumple este beneplácito del
Padre; el Padre, en efecto, envía, mientras que el Hijo es enviado y viene. Y el Padre, aunque
invisible e inconmensurable por lo que a nosotros respecta, es conocido por su Verbo, y, aunque
inexplicable, el mismo Verbo nos lo ha expresado. Recíprocamente, sólo el Padre conoce a su
Verbo; así nos lo ha enseñado el Señor. Y por esto el Hijo nos revela el conocimiento del Padre
por la manifestación de sí mismo, ya que el Padre es conocido por la manifestación del Hijo:
todo es manifestado por obra del Verbo.
Para esto el Padre reveló al Hijo, para darse a conocer a todos a través de él, y para que
todos los que creyesen en él mereciesen ser recibidos en la incorrupción y en el lugar del eterno
consuelo (porque creer en él es hacer su voluntad).
Ya por el mismo hecho de la creación el Verbo revela a Dios creador, por el hecho de
la existencia del mundo al Señor que lo ha fabricado, por la materia modelada al artífice que la
ha modelado y a través del Hijo al Padre que lo ha engendrado; sobre esto hablan todos de
manera semejante, pero no todos creen de manera semejante. También el Verbo se anunciaba a
sí mismo y al Padre a través de la ley y de los profetas; y todo el pueblo lo oyó de manera
semejante, pero no todos creyeron de manera semejante. Y el Padre se mostró a sí mismo,
hecho visible y palpable en la persona del Verbo, aunque no todos creyeron por igual en él; sin
embargo, todos vieron al Padre en la persona del Hijo, pues la realidad invisible que veían en el
Hijo era el Padre, y la realidad visible en la que veían al Padre era el Hijo.
El Hijo, pues, cumpliendo la voluntad del Padre, lleva a perfección todas las cosas
desde el principio hasta el fin, y sin él nadie puede conocer a Dios. El conocimiento del Padre
es el Hijo, y el conocimiento del Hijo está en poder del Padre y nos lo comunica por el Hijo. En
este sentido decía el Señor: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, como nadie conoce al Padre
sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar. Las palabras se lo quiere revelar no
tienen sólo un sentido futuro, como si el Verbo hubiese empezado a manifestar al Padre al nacer
de María, sino que tienen un sentido general que se aplica a todo tiempo. En efecto, el Padre es
revelado por el Hijo, presente ya desde el comienzo en la creación, a quienes quiere el Padre,
cuando quiere y como quiere el Padre. Y por esto, en todas las cosas y a través de todas las
cosas, hay un solo Dios Padre, un solo Verbo, el Hijo, y un solo Espíritu, como hay también una
sola salvación para todos los que creen en él.

El sábado de cenizas.

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías


(Libro 4. 13-14, 1: se 100,534-540)

Nuestra amistad con Dios

Nuestro Señor, aquel que es la Palabra de Dios, primero nos ganó como siervos de
Dios, mas para liberarnos después, tal como dice a sus discípulos: Ya no os llamo siervos,
porque el siervo no sabe lo que hace su señor; os he llamado amigos, porque todo cuanto me ha
comunicado el Padre os lo he dado a conocer. Y la amistad divina es causa de inmortalidad para
todos los que entran en ella.
Así, pues, en el principio Dios p1asmó a Adán, no porque tuviese necesidad del
hombre, sino para tener en quien depositar sus beneficios. Pues no sólo antes de la creación de
Adán, sino antes de toda creación, el que es la Palabra glorificaba a su Padre, permaneciendo en
él, y él, a su vez, era glorificado por el Padre, como afirma él mismo: Glorifícame tú, Padre, con
la gloria que tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
Y si nos mandó seguirlo no es porque necesite de nuestros servicios, sino para que
nosotros alcancemos así la salvación. Seguir al Salvador, en efecto, es beneficiarse de la
salvación, y seguir a la Luz es recibir la luz. Pues los que están en la luz no son los que
iluminan a la luz, sino que la luz los ilumina y esclarece a ellos, ya que ellos nada le añaden,
sino que son ellos los que se benefician de la luz.
Del mismo modo, el servir a Dios nada le añade a Dios, ni tiene Dios necesidad alguna
de nuestra sumisión; es él, por el contrario, quien da la vida, la incorrupción y la gloria eterna a
los que lo siguen y sirven, beneficiándolos por el hecho de seguirlo y servirlo, sin recibir de
ellos beneficio alguno, ya que es en sí mismo rico, perfecto, sin que nada le falte.
La razón, pues, por la que Dios desea que los hombres lo sirvan es su bondad y
misericordia, por las que quiere beneficiar a los que perseveran en su servicio, pues, si Dios no
necesita de nadie, el hombre, en cambio, necesita de la comunión con Dios.
En esto consiste la gloria del hombre, en perseverar y permanecer en el servicio de
Dios. Por esto el Señor decía a sus discípulos: No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo
os he elegido a vosotros, queriendo indicar que no eran ellos los que lo glorificaban al seguirlo,
sino que, siguiendo al Hijo de Dios, él los glorificaba a ellos. Por esto añade: Quiero que ellos
estén conmigo allí donde yo esté, para que contemplen mi gloria.

El miércoles de la tercera semana adviento


Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 4, 20, 4-5: SC 100, 634-640)

Dios se hace visible a los hombres con la venida de Cristo

Uno es Dios, quien por su palabra y su sabiduría hizo y dispuso todas las cosas.
Su Palabra es nuestro Señor Jesucristo, que en los últimos tiempos se hizo hombre
entre los hombres para reunir el término con el comienzo, es decir, el hombre con Dios.
Los profetas, que habían recibido el don de la profecía de la misma Palabra,
anunciaron su venida según la carne: Por esta venida se realizó la unión y comunión de Dios y
el hombre, conforme a la voluntad del Padre. En efecto, la Palabra de Dios había anunciado de
antemano que Dios sería visto por los hombres, que viviría con ellos en la tierra; había
anunciado que hablaría y que estaría con su creatura para salvarla, que ella lo conocería; y había
anunciado también que, librándonos de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos
odian, es decir, de todo espíritu de pecado, nos haría servirle con santidad y justicia, en su
presencia, todos nuestros días, a fin de que el hombre, unido al Espíritu de Dios, glorificara al
Padre.
Los profetas anunciaban que Dios sería visto por los hombres, y así lo proclamó el
mismo Señor cuando dijo: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Pero
nadie puede ver a Dios en su grandeza y en su gloria inenarrable y seguir viviendo: el Padre es
inaccesible. Sin embargo, porque ama al hombre y porque todo lo puede, aun este don concedió
a los que lo aman: ver a Dios; y esto también lo anunciaron los profetas: Lo que para los
hombres es imposible es posible para Dios.
El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse
a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto
en otro tiempo por los profetas en el Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción
filial y será visto en el reino de los cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre
para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la
inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios.
Pues así como los que ven la luz están en la luz y reciben su claridad, así también los
que ven a Dios están en Dios y reciben su claridad. La claridad de Dios vivifica y, por lo tanto,
los que ven a Dios reciben la vida.

El día 28 junio, memoria de San Ireneo.

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías


(Libro 4, 20, 5-7: SC 100, 640-642. 644-648)

La gloria de Dios consiste en que el hombre viva y la vida del hombre consiste en la visión de
Dios

La claridad de Dios vivifica y, por lo tanto, los que ven a Dios reciben la vida. Por esto
aquel que supera nuestra capacidad, que es incomprensible, invisible, se hace visible y
comprensible para los hombres, se adapta a su capacidad, para dar vida a los que lo perciben y
lo ven.
Vivir sin vida es algo imposible, y la subsistencia de esta vida proviene de la
participación de Dios, que consiste en ver a Dios y gozar de su bondad.
Los hombres, pues, verán a Dios y vivirán, ya que esta visión los hará inmortales, al
hacer que lleguen hasta la posesión de Dios. Esto, como dije antes, lo anunciaban ya los
profetas de un modo velado, a saber, que verán a Dios los que son portadores de su Espíritu y
esperan continuamente su venida. Como dice Moisés en el Deuteronomio: Aquel día veremos
que puede Dios hablar a un hombre, y seguir éste con vida.
Aquel que obra todo en todos es invisible e inefable en su ser y en su grandeza, con
respecto a todos los seres creados por él, mas no por esto deja de ser conocido, porque todos
sabemos, por medio de su Verbo, que es un solo Dios Padre, que lo abarca todo y que da el ser a
todo; este conocimiento viene atestiguado por el Evangelio, cuando dice: Nadie ha visto jamás a
Dios; el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.
Así, pues, el Hijo nos ha dado a conocer al Padre desde el principio, ya que desde el
principio está con el Padre; él, en efecto, ha manifestado al género humano el sentido de las
visiones proféticas, de la distribución de los diversos carismas, con sus ministerios, y en qué
consiste la glorificación del Padre, y lo ha hecho de un modo consecuente y ordenado, a su
debido tiempo y con provecho; porque donde hay orden allí hay armonía, y donde hay armonía
allí todo sucede a su debido tiempo, y donde todo sucede a su debido tiempo allí hay provecho.
Por esto el Verbo se ha constituido en distribuidor de la gracia del Padre en provecho de los
hombres, en cuyo favor ha puesto por obra los inescrutables designios de Dios, mostrando a
Dios a los hombres, presentando al hombre a Dios; salvaguardando la invisibilidad del Padre,
para que el hombre tuviera siempre un concepto muy elevado de Dios y un objetivo hacia el
cual tender, pero haciendo también visible a Dios para los hombres, realizando así los designios
eternos del padre, no fuera que el hombre, privado totalmente de Dios, dejara de existir; porque
la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de
Dios. En efecto, si la revelación de Dios a través de la creación es causa de vida para todos los
seres que viven en la tierra, mucho más lo será la manifestación del Padre por medio del Verbo
para los que ven a Dios.
Los Padre apologistas, frente a las especulaciones gnósticas, nos señala Mons. Ferrara, 4
afirmaban que Dios estaba solo en cuanto era único, en cuanto que ninguna potencia o materia o
naturaleza ajena coexistía con él, pero sí su esencial Logos o Sabiduría.

Por ejemplo, San Justino en su Apología.

San Justino, Apología II, 5, 1-6.

5 (6). Porque el Padre del universo, ingénito como es, no tiene nombre impuesto, como
quiera que todo aquello que lleva un nombre supone a otro más antiguo que se lo impuso. 2.
Los de Padre, Dios, Creador, Señor, Dueño, no son propiamente nombres, sino denominaciones
tomadas de sus beneficios y de sus obras. 3. En cuanto a su Hijo, aquel que sólo propiamente se
dice Hijo, el Verbo, que está con El antes de las criaturas y es engendrado cuando al principio
creó y ordenó por su medio todas las cosas, se llama Cristo por su unción y por haber Dios
ordenado por su medio todas las cosas, nombre que comprende también un sentido
incognoscible, a la manera que la denominación "dios" no es nombre, sino una concepción
ingénita en la naturaleza humana de una realidad inexplicable. 4. "Jesús", en cambio, es nombre
de hombre que tiene su propia significación de "salvador". 5. Porque, como antes dijimos, el
Verbo se hizo hombre por designio de Dios Padre y nació para la salvación de los creyentes y
destrucción de los demonios. Y esto lo podéis comprobar por lo que ahora mismo está
sucediendo ante vuestros ojos. 6. Porque por todo el mundo y en vuestra misma ciudad imperial
muchos de los nuestros, es decir, cristianos, conjurándolos por el nombre de Jesucristo, que fue
crucificado bajo Poncio Pilatos, han curado y siguen aún ahora curando a muchos
endemoniados que no pudieron serlo por todos los otros exorcistas, encantadores y hechiceros,
y así destruyen y arrojan a los demonios que poseen a los hombres.

O en su Diálogo con Trifón.

San Justino, Diálogo con Trifón 61, 1-6; 62, 1-

61. Os voy a presentar, ¡oh amigos! — dije —, otra testimonio de las Escrituras sobre
que Dios engendró, principio antes de todas los criaturas, cierta potencia racional de si mismo,
la cual es llamada también por el Espíritu Santo Gloria del Señor, y unas veces Hijo, otras
Sabiduría; ora Ángel, ora Dios; ya Señor, ya Palabra; y ella misma se llama a si misma Capitán
General, cuando se aparece en forma de hombre a Josué, hijo de Nave. Y es así que todas esas
denominaciones le vienen de estar al servicio de la voluntad del Padre y de haber sido
engendrada por querer del Padre.
[2] ¿Y no vemos que algo semejante se da en nosotros? En efecto, al emitir una
palabra, engendramos la palabra, no por corte, de modo que se disminuya la razón que hay en
nosotros al emitirla. Algo semejante vemos también en un fuego que se enciende de otro, sin
que se disminuya aquel del que se tomó la llama, sino permaneciendo el mismo. Y el fuego
encendido también aparece con su propio ser, sin haber disminuido aquel de donde se encendió.
[3] Mas será la palabra de la sabiduría la que me prestará su testimonio, por ser ella ese mismo

4
Ricardo Ferrara, El misterio de Dios. Correspondencias y paradojas, Sígueme, Salamanca 2005, pág. 386-387.
Dios engendrado del Padre del universo, que subsiste como palabra y sabiduría y poder y gloria
del que le engendró y que, por boca de Salomón, dice así: Después de anunciaros lo que sucede
cada día, me acordaré de enumeraros las cosas que son desde la eternidad. El Señor me fundó
principio de sus caminos para sus obras. Antes del tiempo me cimentó, en el principio, antes de
hacer la tierra, antes de crear tos abismos, antes de brotar las fuentes de las aguas, antes de
asentar las montañas: antes de todos los collados me engendra a mí. [4] El Señor hizo las
regiones, la tierra inhabitada y los montes que se habitan bajo el cielo. Guando preparaba el
cielo, yo estaba en su compañía, y cuando colocaba su trono sobre los vientos, cuando hacia
sólidas las nubes de arriba y como suelo firme las fuentes del abismo; cuando afirmaba los
cimientos de la tierra, junto a él estaba, ajustando. Yo era con quien El se alegraba; día a día me
regocijaba en su presencia en todo tiempo, porque El se regocijaba acabando la tierra y se
regocijaba en los hijos de los hombres. [6] Ahora, pues, hijo, escúchame. Bienaventurado el
varón que me escuche y el hombre que guarde mis caminos, vigilando día a día sobre mis
puertas y observando los umbrales de mis entradas. Porque mis salidas son salidas de vida, y
preparada esta complacencia de parte del Señor. Mas los que contra mí pecan, son impías contra
su propia alma; los que me aborrecen, aman la muerte.
62. Eso mismo, amigos, expresó la palabra de Dios por boca de Moisés al indicarnos
que el Dios que nos manifestó, habló en ese mismo sentido en la creación del hombre, al decir
estas palabras: llagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Y mande sobre tos peces del
mar y sobre las aves del cielo, y sobre las bestias, y sobre toda la tierra, y sobre todos los
reptiles que reptan sobre la tierra. E hizo Dios al hombre; a imagen de Dios le hizo; macho y
hembra los hizo. Y los bendijo Dios diciendo. "Creced y multiplicaos, y llenad la Tierra, y
dominad sobre ella".
[2] Y porque no torzáis las palabras citadas y digáis lo que dicen vuestros maestros,
que Dios se dirigió a si mismo al decir "hagamos", del mismo modo que nos-otros, cuando
vamos a hacer algo decimos "hagamos", o que habló con los elementos, es decir, con la tierra y
demás de que sabemos se compone el hombre, y a ellos dijo el "hagamos"; os voy a citar ahora
otras palabras del mismo Moisés, por las cuales, sin discusión posible, tenemos que reconocer
que conversó Dios con alguien que era numéricamente distinto y juntamente racional.
[3] Helas aquí Y dijo Dios: He aquí que Adán se ha hecho como uno de nosotros para
conocer el bien y el mal. Luego, al decir "como uno de nosotros", indica el número de los que
entre si conversan, y que por lo menos son dos. Porque no puedo yo tener por verdadero lo que
dogmatiza la que entre vosotros se llama herejía ni los maestros de ellas son capaces de
demostrar que habla Dios con los Ángeles o que el cuerpo humano es obra de Ángeles. [4] Sino
que este brote, emitido realmente del Padre, estaba con El antes de todas las criaturas y con ése
conversa el Padre, como nos lo manifestó la palabra por boca de Salomón, al decirnos que antes
de todas las criaturas fue por Dios engendrado como principio y progenie este mismo que por
Salomón es llamado sabiduría. Y lo mismo — añadí — se dice por la revelación he-cha a Josué,
hijo de Navé. Y para que también por este pasaje veáis claro lo que digo, escuchad lo que se
cuenta en el libro de Josué, [5] que es lo siguiente: Y sucedió cuando estaba Josué sobre Jericó
que, levantando sus ojos, vió a un hombre de pie delante de sí y adelantándose Josué, le dijo:
"¿Eres nuestro o de los contrarios?" Y El le contestó: Yo soy el capitán general del ejército del
Señor, que he venido ahora. Y Josué se postró rostro por tierra y le dijo: "Señor, ¿qué ordenas a
tu siervo?" Y dijo el capitán general del Señor a Josué: "Desata los calzados de tus pies, porque
el lugar en que estás es tierra santa." Y Jericó estaba cerrada y fortificada, y nadie salía de ella.
Y dijo el Señor a Josué: "Mira que te entrego sometida a Jericó y su rey, que está en ella, por
más que son poderosos por la fuerza"

63. Y Trifón:
— Con fuerza — dijo — y copiosamente has demostrado ese punto, amigo. Demuestra ahora
que ése se dignó nacer hombre de una virgen según la voluntad de su padre, ser crucificado y
morir, y pruébanos, en fin, que después de eso resucitó y subió al cielo.
[2] Y yo respondí:
— También eso está ya demostrado por las palabras de las profecías por mi citadas, que por
consideración a vosotros voy a citar y comentar nuevamente, a ver si logro también nos
pongamos en esto de acuerdo. La palabra por lo menos que dijo Isaías: Su generación, ¿quién la
contará? Porque es arrebatada de la tierra su vida, ¿no te parece haber sido dicha en el sentido
.de que no tiene su linaje de hombres Aquel que Dios dice haber sido entregado a la muerte por
las iniquidades de su pueblo? Y de su sangre, corno antes dije, dijo Moisés, ha-blando
misteriosamente, que había de lavar su vestidura en la sangre de la uva, dando a entender que su
sangre no vendría de germen humano, sino de voluntad de Dios. [3] Y las palabras de David: En
los esplendores de tus santos, del vientre, antes del lucero de la mañana, te engendré: Juró el
Señor y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec, ¿no
significan para vosotros que desde lo antiguo y por vientre humano había de engendrarle el que
es Dios y Padre del universo? [4] Y en otro pasaje también anteriormente citado dice: Tu trono,
¡oh Dios!, por el siglo del siglo. Para de rectitud, la vara de tu reino. Amaste la justicia y
aborreciste la iniquidad; por eso te ungió, ¡oh Dios!, tú Dios con el óleo de regocijo, más que a
tus compañeros. Mirra, áloe y casia exhalan tus vestidos, de las moradas de marfil, por las que
te regocijaron. Hijas de tos reyes en tu cortejo. Se presentó la reina a tu derecha, vestida de
vestidura recamada de oro y en variedad de colores. Escucha, hija, y mira, e inclina tu oído:
Olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padre, y codiciará el rey tu belleza. Porque El es tu
Señor y tú le adorarás. [5] Expresamente nos dan a entender estas palabras que hay que
adorarle, que es Dios y Cristo, atestiguado por el Hacedor de este mundo. Y no menos
claramente nos pregonan que el Verbo de Dios habla como con hija suya con los que creen en
El, como si formaran una sola alma, una sola congregación, una sola Iglesia—la Iglesia que de
su nombre nace y de su nombre participa, pues todos nos llamamos cristianos—, a par que nos
enseñan a olvidarnos de nuestras antiguas costumbres, que nos vienen de nuestros padres, allí
donde dice: Oye, hija, y mira, e inclina tu oído, y olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padre,
y codiciará el rey tu belleza; porque El es tu Señor y tú le adorarás,
64. Y Trifón:
— Allá vosotros — me replicó — que procedéis de las naciones, reconocedle como Señor,
como Cristo y como Dios, conforme lo significan las Escrituras; vosotros, digo, que de su
nombre habéis venido todos a llamaros cristianos; pero nosotros, servidores del Dios mismo
que a éste le hizo, no tenemos necesidad alguna ni de confesarle ni de adorarle.

Taciano en su Discurso contra los griegos.

Taciano, Discurso contra los griegos, 5.

5. Dios era en el principio: mas el Principio nosotros hemos recibido de la tradición


que es la potencia del Verbo". Porque el Dueño del universo, que es por si mismo soporte de
todo, en cuanto la creación no había sido aún hecha, estaba solo: mas en cuanto con El estaba
toda potencia de lo visible e invisible, todo lo sustentó El mismo consigo mismo por medio de
la potencia del Verbo. Y por voluntad de su simplicidad, sale el Verbo: y el Verbo, que no salta
en el vacío, resulta la obra primogénita del Padre.

Sabemos que El es el principio del mundo; pero se produjo no por división, sino por
participación. Porque lo que se divide queda separado de lo primero; mas lo que se da por
participación, tomando carácter de una dispensación, no deja falto a aquello de donde se toma.
Porque a la manera que de una sola tea se encienden muchos fuegos, mas no por encenderse
muchas teas se disminuye la luz de la primera, así también el Verbo, procediendo de la potencia
del Padre, no dejó sin razón al que había engendrado. Y es así que yo mismo estoy hablando y
vosotros me escucháis, y, ciertamente, no porque mi palabra pase a vosotros me quedo yo vacío
de palabras al conversar con vosotros, sino que al emitir mi voz, me propongo ordenar la
materia que está en vosotros desordenada. Y a la manera que el Verbo, engendrado en el
principio, después de fabricar la materia, engendró a su vez El mismo para sí mismo nuestra
creación, así yo, regenerado a imitación del Verbo y comprendido que he la verdad, trato de
organizar la confusión de la materia, cuyo origen participo. Porque no es la materia sin
principio, como Dios, ni por ser principio es igual en poder a Dios, sino que ha sido creada, y
no por otro ha sido creada, sino por el que es Creador de todas las cosas.

Atenágoras en su Legación a favor de los cristianos.

Atenágoras, Legación a favor de los cristianos, 10.


10. Así, pues, suficientemente queda demostrado que no somos ateos, pues admitimos
a un solo Dios, increado y eterno e invisible, impasible, incomprensible e inmenso, sólo por la
inteligencia ala razón comprensible, rodeado de luz y belleza y espíritu y potencia inenarrable,
por quien todo ha sido hecho por medio del Verbo que de El viene, y todo ha sido ordenado y se
conserva. Porque reconocemos también un Hijo de Dios. Y que nadie tenga por ridículo que
para mí tenga Dios un Hijo. Porque nosotros no pensamos sobre Dios y también Padre, y sobre
su Hijo, a la manera coma fantasean vuestros poetas, mostrándonos dioses que en nada son
mejores que los hombres; sino quo el Hijo de Dios es el Verbo del Padre en idea y operación,
pues conforme a él y por su medio fue todo hecho, siendo uno solo el Padre y el Hijo. Y estando
el Hijo en el Padre y el Padre en el Hijo por la unidad y potencia de espíritu, el Hijo de Dios es
inteligencia y Verbo del Padre. Y si por la eminencia de vuestra inteligencia se os ocurre
preguntar qué quiere decir "hijo", lo diré brevemente: El Hijo es el primer brote del Padre, no
como hecho, puesto que desde el principio, Dios, que es inteligencia eterna, tenia en si mismo
el Verbo siendo eternamente racional, sino como procediendo de Dios, cuando todas las cosas
materiales eran naturaleza informe y tierra inerte y estaban mezcladas las más gruesas con las
más ligeras, para ser sobre ellas idea y operación. Y concuerda con nuestro razonamiento el
Espíritu profético: El Señor — dice — me crió principio de sus cominos para sus obras (Prov. 8,
22). Y ala verdad, el mismo Espíritu Santo, que obra en los que hablan proféticamente, decimos
que es una emanación de Dios, emanando y volviendo, como un rayo del sol. ¿Quién, pues, no
se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes admiten a un Dios Padre y a un Dios Hijo y un
Espíritu Santo, que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el orden? Y no se para
aquí nuestra doctrina teológica, sino que decimos existir una muchedumbre de ángeles y
ministros, a quienes Dios, Hacedor y Artífice del mundo, por medio del Verbo que de él viene,
distribuyó y ordenó para que estuvieran en torno a los elementos y a los cielos y al mundo y lo
que en el mundo hay, y cuidaran de su buen orden.

Y por último Teófilo de Antioquia en sus Tres libros a Autólico.

Teófilo de Antioquia, Los tres libros a Autólico, 22

22. Ahora, pues, me dirás: "Tú dices que no hay que circunscribirle a Dios en un lugar;
pues, ¿cómo dices ahora que Dios se paseaba en el jardín?" Escucha mi respuesta. Dios, si, el
Padre del universo, es inmenso y no se halla limitado a un lugar, pues no hay lugar de su
descanso; mas su Verbo, por el que hizo todas las cosas, como potencia y sabiduría suya que es,
tomando la figura del Padre y Señor del universo, ése fue el que se presentó en el jardín en
figura de Dios y conversaba con Adán. Y, en efecto, la misma divina Escritura nos enseña que
Adán dijo haber oído su voz. Y esa voz, ¿qué otra cosa es sino el Verbo de Dios, que es también
hijo suyo? Hijo, no al modo que poetas y mitógrafos dicen que nacen hijos de los dioses por
unión carnal, sino como la verdad explica que el Verbo de Dios está siempre inmanente en el
corazón de Dios. Porque antes de crear nada, a éste tenia por consejero, como mente y
pensamiento suyo que era. Y cuando Dios quiso hacer cuanto había deliberado, engendró a este
Verbo proferido, como primogénito de toda creación, no vaciándose de su Verbo, sino
engendrando al Verbo y conversando siempre con El. De ahí que nos enseñan las santas
Escrituras y todos los inspirados por el Espíritu, de entre los cuales Juan dice: En el principio
era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios; dando entender que en los comienzos estaba Dios solo
y en Él su Verbo. Y luego dice: Y Dios era el Verbo. Todo fue hecho por Él, y sin Él no fue
hecho nada. Siendo, pues, Dios el Verbo y nacido de Dios, cuando el Padre del universo quiere,
le envía a algún lugar, y Él, allí llegado, es oído y visto, enviado por Él, y se halla en un lugar.

Otro autor de la misma época, es san Hipólito de Roma 5. Sus escritos los encontramos en la
Liturgia de las Horas, en la feria del 23 diciembre del tiempo de Adviento.

Del Tratado de san Hipólito, presbítero, Contra la herejía de Noeto


(Cáp. 9-12: PG 10, 815-819)

Manifestación del misterio escondido


5
Hipólito debe haber nacido en la segunda mitad del siglo II, probablemente en Roma. Presbítero de la Iglesia de Roma
en la época del Obispo Ceferino, Hipólito se distinguió por su cultura y elocuencia. Fue en esa época que el entonces
joven Orígenes, escuchó sus prédicas. Durante las persecuciones del emperador Maximino el Tracio del año 235,
Hipólito y Ponciano, que era entonces papa, fueron exilados a Cerdeña, donde murieron.
Hay un único Dios, hermanos, que sólo puede ser conocido a través de las Escrituras
santas. Por ello debemos esforzarnos por penetrar en todas las cosas que nos anuncian las
divinas Escrituras y procurar profundizar en lo que nos enseñan. Debemos conocer al Padre
como él desea ser conocido, debemos glorificar al Hijo como el Padre desea que lo
glorifiquemos, debemos recibir al Espíritu Santo como el Padre desea dárnoslo. En todo
debemos proceder no según nuestro arbitrio ni según nuestros propios sentimientos ni haciendo
violencia a los deseos de Dios, sino según los caminos que el mismo Señor nos ha dado a
conocer en las santas Escrituras.
Cuando sólo existía Dios y nada había aún que coexistiera con él, el Señor quiso crear
el mundo. Lo creó por su inteligencia, por su voluntad y por su palabra; y el mundo llegó a la
existencia tal como él lo quiso y cuando él lo quiso. Nos basta, por tanto, saber que, al
principio, nada coexistía con Dios, nada había fuera de él. Pero Dios, siendo único, era también
múltiple. Porque con él estaba su sabiduría, su razón, su poder y su consejo; todo esto estaba en
él, y él era todas estas cosas. Y, cuando quiso y como quiso, y en el tiempo por él mismo
predeterminado, manifestó al mundo su Palabra, por quien fueron hechas todas las cosas.
Y como Dios contenía en sí mismo a la Palabra, aunque ella fuera invisible para el
mundo creado, cuando Dios hizo oír su voz, la Palabra se hizo entonces visible; así, de la luz
que es el Padre salió la luz que es el Hijo, y la imagen del Señor fue como reproducida en el ser
de la creatura; de esta manera el que al principio era sólo visible para el Padre empezó a ser
visible también para el mundo, para que éste, al contemplarlo, pudiera alcanzar la salvación.
El sentido de todo esto es que, al entrar en el mundo, la Palabra quiso aparecer como
Hijo de Dios; pues, en efecto, todas las cosas fueron hechas por el Hijo, pero él es engendrado
únicamente por el Padre.
Dios dio la ley y los profetas, impulsando a éstos a hablar bajo la moción del Espíritu
Santo, para que, habiendo recibido la inspiración del poder del Padre, anunciaran su consejo y
su voluntad.
La Palabra, pues, se hizo visible, como dice san Juan y repitió en síntesis todo lo que
dijeron los profetas, demostrando así que es realmente la Palabra por quien fueron hechas todas
las cosas. Dice: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la
Palabra era Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen
empezó a ser sino por ella. Y más adelante: El mundo empezó por ella a existir, pero el mundo
no la reconoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron.

En la feria del 8 enero del tiempo de Navidad.

Del Sermón en la santa Teofanía, atribuido a san Hipólito, presbítero


(Núms. 2. 6-8. 10: PG 10, 854. 858-859. 862)

El agua y el Espíritu

Jesús acude a Juan y es bautizado por él. ¡Cosa admirable! El río infinito que alegra la
ciudad de Dios es lavado con un poco de agua. La fuente inconmensurable e inextinguible,
origen de vida para todos los hombres, es sumergida en unas aguas exiguas y pasajeras.
Aquel que está presente siempre y en todo lugar, incomprensible para los ángeles e
inaccesible a toda la mirada humana, llega al bautismo por voluntad propia. Se le abrieron los
cielos y se oyó una voz que venía del cielo que decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo
mis complacencias.»
El amado engendra amor, y la luz inmaterial una luz inaccesible. Éste es el que es
tenido por hijo de José, y es mi Unigénito según la esencia divina.
Éste es mi Hijo amado: el que pasa hambre y alimenta a muchedumbres innumerables,
el que se fatiga y hace las fuerzas de los fatigados, el que no tiene dónde reclinar su cabeza y lo
gobierna todo con su mano, el que sufre y remedia a todos los sufrimientos, el que es
abofeteado y da la libertad al mundo, el que es traspasado en su costado y arregla el costado de
Adán.
Mas prestadme mucha atención, porque quiero recurrir a la fuente de la vida y
contemplar la fuente de la que brota el remedio.
El Padre de la inmortalidad envió al mundo a su Verbo e Hijo inmortal, el cual vino a
los hombres para purificarlos por el agua y el Espíritu; y, queriendo hacerlos renacer a la
incorrupción del alma y del cuerpo, inspiró en nosotros un hálito de vida y nos revistió de una
armadura incorruptible.
Por tanto, si el hombre ha sido hecho inmortal será también divinizado, y, si es
divinizado por el baño de regeneración del agua y del Espíritu Santo, tenemos por seguro que,
después de la resurrección de entre los muertos, será coheredero de Cristo.
Por esto proclamo a la manera de un heraldo: Acudid, pueblos todos, al bautismo que
nos da la inmortalidad. En él se halla el agua unida al Espíritu, el agua que riega el paraíso, que
da fertilidad a la tierra, crecimiento a las plantas, fecundidad a los seres vivientes; en resumen,
el agua por la cual el hombre es regenerado y alcanza nueva vida, el agua con la cual Cristo fue
bautizado, sobre la cual descendió el Espíritu Santo en forma de paloma.
El que se sumerge con fe en este baño de regeneración renuncia al diablo y se adhiere a
Cristo, niega al enemigo del género humano y profesa su fe en la divinidad de Cristo, se despoja
de su condición de siervo y se reviste de la de hijo adoptivo, sale del bautismo resplandeciente
como el sol, emitiendo rayos de justicia, y, hijo de Dios y coheredero de Cristo.
A él sea la gloria y el poder, junto con su Espíritu santísimo, bueno y dador de vida,
ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Y en la cuarta feria de la Infraoctava del tiempo de Navidad.

Del Tratado de san Hipólito, presbítero, Refutación de todas las herejías


(Cáp. 10, 33-34: PG 16,3452-3453)

El Verbo hecho carne nos deifica

No fundamentamos nuestra fe en palabras vanas ni nos dejamos arrastrar por los


impulsos del corazón ni nos seduce la suavidad de palabras persuasivas, sino que nuestra fe se
apoya en las palabras pronunciadas por el poder divino.
Dios confió estas palabras al Verbo, y el Verbo las profirió para apartar al hombre de la
desobediencia, no coaccionándolo por fuerza como si se tratara de un esclavo, sino llamándolo
para que lo siguiera libre y voluntariamente.
Al fin de los tiempos el Padre envió al Verbo -pues ya no quería hablar por medio de
los profetas ni ser anunciado en figuras-, ordenándole que se manifestara en forma visible, para
que el mundo al vedo pudiera ser salvado.
Sabemos que este Verbo tomó un cuerpo de la Virgen y que hizo del hombre viejo una
nueva creación. Sabemos que fue plasmado de nuestra misma substancia; porque si hubiera
obrado de otro modo en vano nos mandaría que lo imitáramos como a un maestro.
En efecto, si este hombre hubiera sido formado de una substancia distinta de la nuestra,
¿cómo podría mandarme tales cosas a mí, que nací débil? ¿Cómo podríamos, en tal caso, decir
que él es bueno y justo?
Para que no lo creyéramos diferente de nosotros, soportó fatigas, quiso tener hambre y
no rehusó tener sed, tuvo necesidad de descanso, no rechazó los sufrimientos de la pasión, se
sometió a la muerte y quiso manifestarnos su resurrección. En todo esto ofreció su humanidad
como primicias, para que tú, en medio de los sufrimientos, no te desanimes, sino que,
recordando su condición de hombre, esperes recibir, también tú, lo que Dios quiso darle a él.
Cuando ya contemples a Dios tal cual es, tendrás un cuerpo inmortal e incorruptible,
como el alma, y poseerás el reino de los cielos, tú, que, viviendo en la tierra, conociste al Rey
celestial; participarás de la felicidad de Dios, serás coheredero de Cristo y ya no estarás sujeto a
las pasiones ni a las enfermedades, porque habrás sido hecho semejante a Dios.
Todos los males que soportaste en cuanto hombre, Dios te los envió precisamente
porque eres hombre; en cambio, todo aquello que es propio de Dios, él prometió dártelo cuando
seas divinizado y alcances la inmortalidad. Conócete, pues, a ti mismo, reconociendo al Dios
que te hizo; pues conocer a Dios y ser conocido por él corresponde a aquel que ha sido llamado
por Dios.
Por tanto no discutáis entre vosotros ni dudéis en volver a él. Cristo es Dios por encima
de todas las cosas: él quiso borrar el pecado de los hombres renovando al hombre viejo, que él
había creado a su imagen desde el comienzo, manifestándote, de este modo, el amor que tiene
por ti. Si obedeces sus mandatos y, por tu bondad, imitas al que es bueno, llegarás a ser
semejante a él, y él te honrará; pues no es mezquino el Dios que te ha hecho dios para su gloria.

La controversia con el adopcionismo y el modalismo.


Los adopcionistas pensaban que Jesús era un mero hombre que tenía la divinidad de modo
especial. Los modalistas, en cambio, admitían la divinidad de Jesús, en cuanto a su manifestación,
pero no admitían que se distinguiera realmente del Padre. Una buena síntesis de estas herejías nos la
da Santo Tomás en su Summa Contra Gentiles, en el libro IV, capítulos 4 y 5.

Qué opinó Fotino sobre el Hijo de Dios, y su N. Quid opinatus sit Photinus de filio dei, et eius
refutación improbatio.

Algunos hombres perversos; presumiendo abarcar N.1 Huius autem doctrinae veritatem quidam
con su inteligencia la verdad de esta doctrina, perversi homines suo sensu metiri praesumentes,
concibieron acerca de lo dicho algunas opiniones de praemissis vanas et varias opiniones
equivocadas. conceperunt.
Algunos de ellos creyeron que la Escritura N.2 Quorum quidem consideraverunt hanc esse
acostumbraba llamar “hijos de Dios" a quienes Scripturae consuetudinem, eos qui divina gratia
son justificados por la gracia divina, según los iustificantur, filios dei dici: secundum illud Ioan.
textos siguientes: "Les dió potestad de venir a ser 1-12, dedit eis potestatem filios dei fieri, his qui
hijos de Dios a aquellos que creen en su nombre". credunt in nomine eius. Et Rom. 8-16, dicitur:
"El Espíritu mismo da testimonio a nuestro ipse enim spiritus testimonium reddit spiritui
espíritu de que somos hijos de Dios”. "Ved qué nostro quod sumus filii dei. Et 1 Ioan. 3-1: videte
amor nos ha mostrado el Padre, que seamos qualem caritatem dedit nobis pater, ut filii dei
llamados hijos de Dios y lo seamos". — A los nominemur et simus.
males tampoco olvida la Escritura llamarlos Quos etiam a deo genitos esse Scriptura non tacet.
"engendrados por Dios". Porque se dice: "De su Dicitur enim Iac. 1-18: voluntarie genuit nos
propia voluntad nos engendró por la palabra de la verbo veritatis. Et 1 Ioan. 3-9, dicitur: omnis qui
Verdad"; y también: "quien ha nacido de Dios no natus est ex deo, peccatum non facit, quoniam
peca, porque la simiente de Dios está en él". — Y semen ipsius in eo manet.
lo que es más admirable, se les atribuye el nombre Et, quod est mirabilius, eiusdem nomen divinitatis
de la "divinidad". Así dijo el Señor a Moisés: "Te adscribitur. Dominus enim dixit ad Moysen: ego
he puesto como dios para el Faraón"; y, asimismo, constitui te deum Pharaonis.
en el libro de los Salmos: "Yo dije: Sois dioses, y Et in Psalmo: ego dixi, dii estis, et filii excelsi
todos vosotros sois hijos del Altísimo”; y también, omnes; et, sicut dominus dicit, Ioan. 10-35: illos
como dijo el Señor: "Llamó dioses a aquellos a dixit deos ad quos sermo dei factus Est.
los que fue dirigida la palabra de Dios”.
De este modo, opinando que Jesucristo es un puro
hombre y que procede originariamente de Maria N.3 Per hunc ergo modum, opinantes iesum
Virgen y que por el mérito de su santa vida christum purum hominem esse, et ex maria
alcanzó más que nadie el honor de la divinidad, lo virgine initium sumpsisse, et per beatae vitae
creyeron hijo de Dios por el espíritu de adopción, meritum divinitatis honorem prae ceteris fuisse
igual quo los demás hombres, y engendrado por adeptum, aestimaverunt eum, similiter aliis
El mediante la gracia; y que es llamado Dios en la hominibus, per adoptionis spiritum dei filium; et
Escritura por cierta semejanza con Dios, pero no per gratiam ab eo genitum; et per quandam
por su naturaleza, sino por una participación de la assimilationem ad deum in Scripturis dici deum,
bondad divina, tal cual sé dice de los santos: non per naturam, sed per consortium quoddam
“Para hacernos participantes de la divina divinae bonitatis, sicut et de sanctis dicitur II Petr.
naturaleza, huyendo de la corrupción que por la 1-4: ut efficiamini divinae consortes naturae,
concupiscencia existe en el mundo". fugientes eius quae in mundo est concupiscentiae
Y trataron de confirmar esta opinión con la corruptionem.
autoridad de la Sagrada Escritura. N.4 Hanc autem positionem sacrae Scripturae
[Opiniones] auctoritate confirmare nitebantur.
Porque el Señor dice: "Me ha sido dado todo
poder en el cielo y en la tierra'". Ahora bien, si El N.5 Dicit enim dominus, matth.
fuese Dios eternamente, no hubiese recibido el Ult.: data est mihi omnis potestas in caelo et in
poder en el tiempo. terra. Quod si ante tempora deus esset, potestatem
Asimismo se dice del Hijo que "fue hecho para él ex tempore non accepisset.
(es decir, para Dios), de la descendencia de David N.6 Item, Rom. 1, dicitur de filio quod factus est
según la carne", y que "fue constituido Hijo ei, scilicet deo, ex semine David secundum
poderoso de Dios". Mas lo que es constituido y carnem; et quod praedestinatus est filius dei in
hecho, parece no ser eterno. virtute. Quod autem praedestinatur et factum est,
Dice el Apóstol: "Se hizo obediente hasta la videtur non esse aeternum.
muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le N.7 Item. Apostolus dicit, ad philipp. 2-8: factus
exaltó y le dio un nombre sobre todo nombre". Lo est obediens usque ad mortem, mortem autem
cual parece demostrar que, en recompensa de su crucis: propter quod deus exaltavit illum, et dedit
obediencia y de los sufrimientos, se le hizo illi nomen quod est super omne nomen. Ex quo
merced de un honor divino y fue ensalzado sobre videtur ostendi quod propter obedientiae et
todas las cosas. passionis meritum divino sit honore donatus, et
Asimismo dice Pedro: "Tenga, pues, por cierto, super omnia exaltatus.
toda la casa de Israel, que Dios le ha hecho Señor N.8 Petrus etiam dicit, Act. 2-36: certissime ergo
y Cristo a este Jesús a quien habéis crucificado". sciat omnis domus Israel quia dominum eum et
Luego parece ser que fue hecho Dios en el christum deus fecit hunc iesum, quem vos
tiempo, y no nacido antes de todo tiempo. crucifixistis. Videtur igitur ex tempore deus esse
Aducen también en apoyo de su la opinión cuanto factus, non ante tempora natus.
en la Escritura parece importar alguna N.9 Adducunt etiam in fulcimentum suae
imperfección en Cristo, tal como el ser llevado en opinionis ea quae in Scripturis de christo ad
un seno de mujer, el que creciese en edad, el que defectum pertinere videntur: sicut quod femineo
padeciese hambre, se fatigase por el cansancio y portatur utero, et profectum aetatis accepit,
se sometiese a la muerte; el progresar en esuriem passus est, et lassitudine fatigatus, et
sabiduría; el confesar que ignoraba el día del morti subiectus; quod sapientia profecit, iudicii se
juicio; el turbarse por el terror de la muerte, y nescire diem confessus est, et mortis terrore
otras cosas semejantes que no pueden convenir a concussus est; et alia huiusmodi, quae deo per
quien es Dios par naturaleza. De donde concluyen naturam existenti convenire non possent. Unde
que en recompensa alcanzó por gracia el honor concludunt quod per meritum honorem divinum
divino y no que fuese de naturaleza divina. adeptus est per gratiam, non quod esset naturae
Los inventores de esta opinión fueron algunos divinae.
herejes antiguos, Cerinto y Ebión. Después, Pablo N.10 Hanc autem positionem primo adinvenerunt
de Samosata la renovó; afirmándola, por Fotino, quidam antiqui haeretici, cerinthus et ebion; quam
de manera que los que defienden se llaman postea Paulus Samosatenus instauravit; et postea a
fotinianos. Photino est confirmata, ut qui hoc dogmatizant,
photiniani nuncupentur.

Opinión de Sabelio sobre el Hijo de Dios, y su N. Opinio Sabellii de filio dei, et eius improbatio.
refutación
N.1 Quia vero omnium de deo recte sentientium
Puesto que es doctrina invariable para todos los haec est fixa mentis conceptio, quod non possit
que juzgan rectamente de la Divinidad que no esse nisi unus deus, quidam, ex Scripturis
puede haber sino un solo Dios, algunos, concipientes quod christus sit vere et naturaliter
descubriendo por la Escritura que Cristo es en deus ac dei filius, unum deum esse confessi sunt
verdad y por naturaleza Dios e Hijo de Dios, christum dei filium et deum patrem: nec tamen
declararon que Cristo, el Hijo de Dios, y Dios quod deus filius dicatur secundum suam naturam
Padre son un solo Dios; y no que Dios sea aut ab aeterno, sed ex tunc filiationis nomen
llamado Hijo por razón de su naturaleza o desde accepit ex quo de maria virgine natus est per
la eternidad, sino que recibió el titulo de filiación incarnationis mysterium.
cuando nació de María Virgen por el misterio de Et sic omnia quae christus secundum carnem
la encarnación. Y así, todo lo que Cristo soportó sustinuit, deo patri attribuebant: puta esse filium
según la carne lo atribuían a Dios Padre; por virginis, conceptum et natum esse ex ipsa,
ejemplo, el ser hijo de una virgen, el ser passum, mortuum et resurrexisse, et alia omnia
concebido y nacido de ella, el haber padecido, el quae Scripturae de christo secundum carnem
haber muerto y haber resucitado y todas las demás loquuntur.
cosas que la Escritura atribuye a Cristo según la
carne.
Además, intentaron confirmar esta opinión con N.2 Hanc autem positionem confirmare nitebantur
autoridades de la Escritura. Scripturae auctoritatibus.
Porque se dice: "Oye, Israel: Yahvé nuestro Dios N.3 Dicitur enim Exod. 20: audi, Israel, dominus
es solo Yahvé". — Y también: "Ved, pues, que soy deus tuus deus unus est. Et Deut. 32-39: videte
yo, yo solo. Y que no hay Dios alguno más que quod ego sum solus, et non est alius praeter me.
yo". — Además: "El Padre, que mora en el Hijo, Et Ioan. 5: pater in me manens, ipse facit opera et
El es quien hace las abras". Y: "El que me ha visto 14-9 qui videt me, videt et patrem; et, ego in
a mi ha visto al Padre". — Yo estoy en el Padre y patre, et pater in me est. Ex quibus omnibus
el Padre en mí. Por todo esto declararon se había concipiebant deum patrem ipsum filium dici ex
de decir que Dios Padre es el mismo Hijo que virgine incarnatum.
tomó carne de la Virgen.
Y ésta fue la opinión de los sabelianos, que N.4 Haec autem fuit opinio sabellianorum, qui et
también fueron llamados patripasianos, porque patripassiani sunt dicti, eo quod patrem passum
confesaban el Padre padeció, al afirmar que el esse confitentur, asserentes ipsum patrem esse
mismo Padre es Cristo. christum.
Pero esta opinión, aunque difiera de las anteriores N.5 Haec autem positio, etsi a praedicta differat
(c. prec.) en cuanto a la divinidad de Cristo, ya quantum ad christi divinitatem, nam haec
que confiesan que Cristo es en verdad y por christum verum et naturalem deum esse
naturaleza Dios, cosa que negaba la primera, sin confitetur, quod prima negabat; tamen quantum
embargo, está de acuerdo con ellas en cuanto a la ad generationem et filiationem, utraque est
generación y filiación; puesto que así como la conformis opinio: nam sicut prima positio asserit
primera afirma quo la filiación y la generación, filiationem et generationem qua christus filius
por las cuales Cristo es llamado Hijo, no existió dicitur, non fuisse ante mariam, ita et haec opinio
antes de María, así también lo confiesa esta. Por confitetur. Neutra igitur positio generationem et
lo tanto, ninguna de las dos relacionan la filiationem ad divinam naturam refert, sed solum
generación y filiación con la naturaleza divina, ad naturam humanam.
sino sólo con la humana. — Esta opinión sostiene Habet etiam et hoc proprium ista positio, quod,
también algo característico, y es que, cuando se cum dicitur filius dei, non designatur aliqua
dice "Hijo de Dios", no se designa alguna persona subsistens persona, sed quaedam proprietas
subsistente, sino una propiedad añadida a la superveniens praeexistenti personae: nam ipse
persona ya subsistente; así el mismo Padre, al pater, secundum quod carnem sumpsit ex virgine,
tomar carne de la Virgen, recibió el nombre de filii nomen accepit; non quasi filius sit aliqua
Hijo; no siendo el Hijo otra apersona subsistente subsistens persona a persona patris distincta.
distinta de la persona del Padre.

En este contexto histórico encontramos las primeras teologías de las procesiones eternas,
realizadas por Tertuliano y Orígenes.
Mons. Ricardo Ferrara, en su libro El misterio de Dios. Correspondencias y paradojas,6
expone estos autores del siguiente modo.
En primer lugar presenta: Las «prolaciones» y los orígenes eternos en Tertuliano en su
discusión con Práxeas y Hermogenem.

Fue la refutación del modalismo lo que permitió a Tertuliano poner de relieve el «en-si» de la
Trinidad y llegar a una teología de las procesiones eternas. Su problema era cómo perduraba la
unidad divina cuando el Verbo sale de Dios en el comienzo de la creación y en la encarnación.
Su genialidad consistió en intuir que el problema tenía solución tan sólo si la unidad divina
estaba «dispuesta» en pluralidad ya antes de ese momento, en Dios mismo. «Dispositio» es la
categoría clave de Tertuliano, la base de todas sus respuestas.

Cuando Práxeas dice que el Padre se hizo Hijo mediante la encarnación, Tertuliano apela a la
dispositio por la que el Hijo era tal antes de la encarnación (Advprax 16). Aquí, dispositio
designaba la constitución eterna del ser divino, previa a toda dispensatio temporal. Tertuliano
apeló a la dispositio para resolver el problema del número y de la unidad en Dios en un plano
ontológico. En virtud de ella, todo lo dicho de las personas divinas en la perspectiva temporal
de la oikonomía es trasladado a la eternidad de Dios, pero no de la misma manera. Porque en la
eternidad las personas divinas son numéricamente distintas según el número ordinal «segundo»,
no según el número cardinal «dos»: la pluralidad es real, pero radica en un individuo
«numeroso», el Padre. En la eternidad el Hijo y el Espíritu son subsistentes y «personas» en el
sentido ontológico de la dogmática, pero no en el sentido fenomenológico de Tertuliano, en
cuanto sujeto manifestado por el habla.

6
Ricardo Ferrara, El misterio de Dios. Correspondencias y paradojas, Sígueme, Salamanca 2005, pág. 390-398.
Esta dinámica del concepto de dispositio debía llevar a Tertuliano a elaborar la primera teología
de la procesión inmanente del Verbo, análoga a una operación intelectual.

En Adversas Hermogenem Tertuliano se complicaba con el vocabulario de Prov 8, 22s


(conditus, generatus) y con la antítesis de una materia ingenerada, contra lo cual argumenta: si
la misma Sabiduría que está dentro de Dios tuvo comienzo, con mayor razón comenzó la
materia que está fuera de Dios.

Si eso que estaba dentro del Señor no careció de comienzo, a saber su propia Sabiduría,
nacida y creada en el momento en que ella comenzó a ser agitada en el pensamiento de
Dios para disponer de las obras del mundo, tanto menos pudo carecer de comienzo lo
que existe fuera de Dios (AdvHerm 18).

En cambio, en Advprax 5 Tertuliano soslaya Prov 8, 22s, que ocasionaba la confusión relativa
aun «comienzo» de la Sabiduría. Ahora, la Razón (Ratio) o Palabra (Sermo) o Sabiduría (Sofía)
existe en Dios como algo subsistente y personal, sin que pueda asignarse un «instante» de la
eternidad en el que no hubiera existido. Antes de ser pronunciada ad extra, en orden ala
creación, la Palabra es generada ad intra, por una operación intelectual.

Algunos dicen que el Génesis en hebreo comienza así: «En el principio Dios hizo al
Hijo». Que esto no sea seguro, me lo prueban otros argumentos [tomados] de la misma
disposición en la que Dios existió desde antes de la constitución del mundo hasta la
generación del Hijo. Porque antes de todas las cosas Dios estaba solo y era por si mismo
mundo, lugar y todo... pero, en realidad, no estaba solo ni aun entonces, porque ya
estaba con él aquella que estaba dentro de él: su propia Razón... Esta Razón (Ratio) es
su Sentido (Sensus), aquello que los griegos llaman lógon, vocablo por el que
habitualmente designamos a la Palabra (Sermonem)... Desde el principio Dios es
racional, pero no sermonal... Sin embargo, aun cuando Dios no hubiera enviado todavía
a su Palabra, la tenia dentro de si mismo, dentro de su Razón y con ella, meditando
silenciosamente y disponiendo consigo lo que luego diría con su Palabra. Meditando y
disponiendo por su Razón la convertía en Palabra tratándola por el discurso... Observa
que lo mismo ocurre en ti cuando mediante tu razón te encuentras silenciosamente
contigo mismo: ella acude a ti con un discurso en cada movimiento de tu reflexión
(cogitatu)... Así el discurso (Sermo) por el que hablas pensando y por el que piensas
hablando es en ti segundo y es otro (alius). ¿Con cuánta mayor plenitud ocurrirá esto en
Dios de quien eres imagen y semejanza, en Dios, quien, aun callándose, tiene dentro de
si a la Razón y, en ella, a la Palabra?».

Llegado a esta cumbre, el pensamiento de Tertuliano se complica en los capítulos 6-7 porque
retorna la perspectiva de Prov 8, 22s. Pero ni siquiera entonces da pie a la teoría de los tres
estados del Sermo, porque la Sabiduría o Palabra existe en Dios como algo personal desde
siempre, y el paso de su existencia eterna a su condición personal no es el de la potencia al acto,
sino el del ser a su manifestación, de la dispositio necesaria y eterna a la oikonomía libremente
inaugurada en
el tiempo:

Esta energía y disposición de la inteligencia divina se manifiesta en las Escrituras con el


nombre Sabiduría... No bien Dios quiso dar a luz... lo que habla dispuesto dentro de si...
profirió primero la Palabra que dentro de sí mismo era acompañada por la Razón y la
Sabiduría... Cuando dijo «hágase la luz», también la Palabra recibió su particularidad y
ornamento, el sonido y la voz. He ahí al nacimiento acabado [legal, reconocido] de la
Palabra: fundada primero con el nombre de Sabiduría en orden a lo pensado... fue luego
generada [parida] para la obra efectiva.
Luego, antes de nacer o manifestarse en el Fiat creador, como voz o Palabra proferida, la
Sabiduría, Razón y Palabra interior existía desde siempre en la dispositio divinas. Pero si
AdvPrax 5 consagra a Tertuliano como el primer teólogo de la procesión eterna e inmanente del
Verbo y de la analogía «psicológica», su continuación evidencia el empleo de categorías
defectuosas para concebir la unidad y distinción de las personas:

Tú [Práxeas] dices: «¿Qué es la palabra sino una voz vacía, inconsistente e incorporal?,.
Pero yo sostengo que nada inconsistente y vacío pudo salir de Dios. ¿Quién negará que
Dios sea «cuerpo» aun cuando es espíritu?.. ¿Cómo lo que ha emanado de la substancia
de Dios mismo seria vado de substancia? Luego, cualquiera haya sido la substancia de la
Palabra, yo digo que ella es una persona, y reivindico para ella el nombre de Hijo y,
reconociéndola como Hijo, sostengo que es segunda a partir del Padre (AdvPrax 7).

Práxeas sostenía que la Palabra divina era mera voz para pasar a negar su realidad individual y
personal. Luego Tertuliano debía sostener que la Palabra es realidad substancial, que en Dios
hay pluralidad de individuos y que se llaman personas.

Tertuliano usa a veces la palabra substantia para pensar al ser individual existente (la substantia
prima de Aristóteles), pero de hecho imagina el sustrato material de ese ser (estoicos), su
materia inteligible, su extensión (Moingt II, 333-338). En teología trinitaria designa el sustrato
divino del que los tres reciben realidad. Con substantia, lo mismo que con «cuerpo», quiere
atribuir realidad subsistente a las personas divinas. Ahora bien, esta concepción «material» de la
substancia es lo que lo llevará al subordinacionismo, al menos en las fórmulas: «EI Padre es la
substancia total, mientras que el Hijo es una derivación y porción del todo» (AdvPrax 9). Junto
a este uso deficiente, hay uno acertado: la substancia no es sólo la substantividad de los tres,
sino también lo común a los tres, la comunidad de naturaleza, no afectada por la propiedad de
las personas. Así, la pasibilidad del Hijo no afecta ala substancia divina, poseída en común con
el Padre: «si la agitación perturba al río no llega hasta la fuente; y aunque sea el agua de la
fuente la que padece en el río... no es la fuente la que padece sino el río» (AdvPrax 29).

Lo que luego se designó como «tres personas», Tertuliano lo expresa con otros vocablos que
designan al individuo particular (species, forma; cf. AdvPrax 2; 8) y distinto (proprietas; cf.
AdvPrax í1, 24s). Luego Tertuliano designa la «persona» en sentido boeciano con la palabra
«forma». Sólo un par de veces entiende por «persona» un ser subsistente en el contexto de una
reflexión ontológica (AdvPrax 7; í2). Habitualmente la emplea en sentido «económico»: la
trinidad es persona por darse a conocer en la historia salutis. Así, Padre, Hijo y Espíritu santo se
distinguen por nombres distintos (De Baptismo 6), lugares distintos (cielo, tierra; AdvPrax 23)
o funciones distintas. Pero Tertuliano confiere a persona un sentido ontológico cuando la asocia
a res, res substantiva, substancia alicuius.

Para que Práxeas no lo acusara de dualismo gnóstico, Tertuliano prefería el número ordinal
segundo, sabiendo que incluía el número cardinal dos, sin dejar de agregar que en Dios no hay
dualidad pero sí trinidad, porque hay un tercero: el Espíritu.

El Espíritu es el tercero a partir de Dios y del Hijo, así como tercero a partir de la raíz es
el fruto que sale de la rama, y tercero a partir de la fuente es el arroyo que sale del do, y
tercero a partir del sol es el ápice que sale del rayo. Pero ninguno de ellos se aparta de la
matriz de don-de cada uno saca lo que los constituye en su propiedad. Así, la Trinidad
que fluye del Padre por grados entretejidos y conexos no daña a la Monarquía y protege
el estatuto de la economía. El Hijo es otro que el Padre por la distribución, no por la
diversidad; por la distinción, no por la división (AdvPrax 8-9).

Como en AdvPrax 4, aquí la cuestión es económica: trata del poder que en el mundo ejercen
conjuntamente (monarchia) el Padre, el Hijo y el Espíritu. Según Moingt, Tertuliano no piensa
en la procesión eterna del Espíritu santo. Para él, el Espíritu santo sale de Dios al mismo tiempo
que la Palabra, cuando el hombre es creado; vuelve a salir como «espíritu de profecía» para
anunciar su venida, entra en la Palabra cuando esta se encarna, y vuelve a salir de ella, como
«espíritu de santidad» desde la ascensión hasta la consumación de la historia (cf. AdvPrax 12;
8).

En segundo lugar, La teología trinitaria de Orígenes, señalando como este autor alejandrino
se arraigaba en la Tradición de la Iglesia pero a la vez realizaba una profundización teológica del
Misterio de la Trinidad usando le filosofía platónica de la época.

a) Su arraigo en la tradición

Ateniéndose a «lo definido en la tradición apostólica», en De principiis Orígenes partía de la fe


en la unidad de Dios y en la trinidad de las personas divinas, distinguiendo lo que estaba
definido y lo que era problema, y estableciendo el método para llegar a solucionarlo:

No hay sino un sólo Dios, Creador y ordenador de todo, que hizo el mundo de la nada... En
segundo lugar, Jesucristo, el mismo que vino a este mundo, nació del Padre antes de toda
creatura... La tradición apostólica asocia al Espíritu santo con el Padre y el Hijo en honor y
dignidad. ¿Es engendrado o ingenerado? ¿Debe o no considerarse Hijo de Dios? Eso no aparece
claramente: es una cuestión a resolver por el estudio atento de la Sagrada Escritura y por el
esfuerzo del raciocinio teológico... (Praefatio).

Orígenes combatió al modalismo, enseñando que el Padre y el Hijo se distinguen como «dos
realidades hipostáticas» (De oratione 15), en contra de quienes consideran que ellos «no se
distinguen numéricamente (ariqmw), sino que son uno en cuanto al sujeto (upokeimenon)
y no sólo en cuanto a la esencia (ousia), de modo que sólo difieren por una distinción de razón
(epinoian)» (In Jn 10, 21).

Excluyó de antemano el subordinacianismo arriano negando que el Hijo fuera creatura:


Visto desde los hombres incapaces de recibir al Hijo de Dios, el Verbo deviene (gignhtai),
pero visto desde Dios, no deviene como si antes no hubiese estado en Dios. Dado que siempre
estuvo ante el Padre, el apóstol dice «y el Verbo estaba ante Dios» y no dice «devino ante
Dios»... El Hijo no pasó del no ser en el principio a ser en el mismo, del no ser en Dios a ser en
Dios, sino que, antes de todos los tiempos y todos los siglos, el Verbo estaba en el principio y el
Verbo era Dios (In Jn 2, 1).

Más correctamente que sus predecesores, Orígenes concebía la generación eterna del Hijo
excluyendo que hubiera ocurrido en un algún «momento» de la eternidad:

Así como jamás pudo darse la luz sin el resplandor, tampoco puede entenderse el Hijo sin el
Padre. Luego, ¿cómo puede decirse que hubo un tiempo en el que no había Hijo? (De principiis
IV, 28).

Además, se enfrentó al gnosticismo y lo superó al presentar esa generación del Hijo como una
emanación puramente espiritual, como el querer emana de la mente:

No decimos... que una parte de la substancia divina se derramó en el Hijo o que el Hijo fue
procreado por el Padre a partir de la nada (ex nullis substantiis), esto es, fuera de su substancia,
como si hubiera un tiempo en el que él no existía, sino que, dejando de lado todo sentido
corporal, decimos que el Verbo y la Sabiduría fueron engendrados del Dios invisible e
incorpóreo, sin ninguna pasión corporal, como cuando la voluntad procede de la mente (De
principiis IV, 28; cf. I, 2, 6).
Afirmó la consubstancialidad del Hijo con el Padre:

Así, la Sabiduría que procede de Dios es engendrada de la misma substancia de Dios. Aun
según la semejanza corporal es llamada hálito puro y sincero de la gloria del Omnipotente.
Ambas semejanzas muestran la comunión de substancia del Hijo con el Padre, pues el hálito
parece omoousioj, esto es, consubstancial con aquel cuerpo de donde emana el vapor (In Hb
1, 3; citado por Pánfilo, PL 15, 580s).

Si hemos de dar fe a estos textos, Orígenes niega expresamente que el Hijo sea creado de la
nada, y excluye de antemano el arrianismo. Jerónimo elevó sospechas contra Orígenes al relatar
que el arriano Cándido sostenía que el Hijo es creatura por influjo de Orígenes (Apologia
adversus Rufinum II, 19). Por cierto, Orígenes dice que el Hijo es criatura (ktisma) con
ocasión de Prov 8, 22. Pero, siguiendo a Padres anteriores, interpreta al creó (ektise) del v. 22
como sinónimo del engendró (genna) del v. 25 y entiende kticw en sentido amplio, y no en el
sentido riguroso de creación de la nada, como lo harán después los arrianos.

En cambio, es oscura su respuesta a la cuestión de si el Espíritu santo es o no creatura. Si nos


atenemos a la versión de Rufino, claramente Orígenes niega que sea creatura: «Hasta ahora no
hallé pasaje alguno de las Escrituras que sugiera que el Espíritu santo sea un ser creado, ni
siquiera en el sentido en que, como expliqué, habla Salomón de que la Sabiduría es creada» (De
principiis I, 3, 3). Pero al leer que «todo fue hecho por el Verbo», incluye en ese «todo» al
Espíritu santo, ocasionando la posterior argumentación de los «pneumatómacos»:

Pero quienes creemos que nada hay ingenerado salvo el Padre, decimos en conformidad con la
piedad y la razón, que, todo vino a la existencia por medio del Verbo y que el Espíritu santo es
la primera y más digna de las cosas que han recibido el ser del (upo) Padre por medio de (dia)
Cristo (In Jn 2, 6).

b) Su especulación platonizante

Más que del dicho «el Padre es mayor que yo» (In 14, 28), el subordinacionismo de Orígenes
resultaba del hecho de acomodar la Sagrada Escritura a los esquemas de la filosofía platónica:
el Padre es el bien que está «más allá de la esencia» o de las ideas (Republica 509b), mientras
que el Hijo es la esencia o la idea o la imagen del bien. Desde estos esquemas Orígenes
interpreta de modo subordinacionista diversas expresiones bíblicas. Así, respecto a las palabras
imagen y resplandor de Heb 1, 3, afirma:

El Salvador y el Espíritu santo no pueden compararse a ninguna de las cosas creadas, sino que
las sobrepasan con una trascendencia sobreeminente, pero al mismo tiempo son sobrepasados
por el Padre en esa misma medida y más aún. En efecto, él es la imagen de la bondad [del
Padre], y no es resplandor de Dios, sino de su gloria y de su luz eterna, no es emanación del
Padre, sino de su poder, hálito genuino de su gloria omnipotente, espejo inmaculado de su
actividad (In Jn 13, 25).

Otro tanto ocurre con las palabras el Dios (o qeoj) y dios (qeoj) en Jn 1, 1s:

San Juan pone u omite el articulo definido (o) ante las palabras Dios y Verbo, con precisión
admirable, no ajena a las sutilezas de la lengua griega. Pone el articulo cuando Dios designa el
principio ingenerado de todas las cosas, lo omite cuando se trata del Verbo... el Dios de suyo es
el Dios con articulo... Todo lo que no es el Dios por esencia, siendo Dios por participación
(metoxe) de la divinidad, no es el Dios (o qeoj), sino meramente dios (qeoj). Por este
nombre hay que entender al Primogénito de toda criatura, quien, por ser el primero ante Dios,
atrayendo hacia sí la divinidad, es más honorable que los restantes dioses que están fuera de
Dios, de quienes éste es El Dios (In Jn 2, 2).

Y con un sabor todavía más platónico interpreta el primogénito de Col 1, 15:

Habría que investigar si Dios «está más allá del ser en dignidad y poder» [Platón, República
5096] haciendo participar en el ser tanto a aquellos que lo participan según su Logos cuanto al
Logos mismo, o bien, si Dios mismo es ser, aun cuando sea dicho invisible por naturaleza...
Habría que investigar también si el unigénito y primogénito de toda creatura ha de ser llamado
ser de los seres, idea de las ideas y principio, mientras que su Padre y Dios está más allá de todo
esto (Contra Celso VII, 42s).

Como la Inteligencia de Plotino, una y múltiple, es segunda hipóstasis, también el Logos de


Orígenes, inclinado hacia la multiplicidad, es segundo dios: «Y aun cuando lo llamemos
segundo dios, sepan que por el nombre de segundo dios no entendemos otra cosa que la
Potencia que encierra todas las potencias y el Logos que encierra todo logos» (Contra Celso V
39). También el esquema plotiniano de la procesión de las hipóstasis inspira, según algunos, su
concepción de la procesión del Verbo.

Orígenes concibe esta procesión como una emanación espiritual, «como la voluntad procede de
la mente», como una facultad espiritual emana necesariamente de la substancia del alma
espiritual, no como el acto voluntario emana libremente de la facultad volitiva. Pero cuando
pregunta por qué el Logos es Dios responde que está en la divinidad porque contempla el
abismo, no porque procede de él:

El Logos siempre es Dios porque está delante de Dios, y no lo seria si no estuviera delante de
él... si no perseverara en la incesante contemplación del abismo paterno (In Jn II, 2; cf. De
principiis IV 55, 5s).

Este pasaje «parecería decir que, fuera del acto por el que contempla al Padre, el Hijo podría
existir sin ser Dios». La teología clásica piensa las cosas de otra manera: «Por el hecho de que
el Padre se entiende, su Verbo está en él» (Tomás, SCGent IV, I I). Según Arnou, aquí Orígenes
se inspira en la procesión de las hipóstasis de Plotino. El Uno en su simplicidad es incompatible
con una inteligencia que produjera su verbo por un pensar consciente. La inteligencia (Nouj)
emana necesariamente del Uno, pero en un primer estadio está fuera del Uno, y sólo después
participa del Uno retornando a él, convirtiéndose a él y contemplándolo. Orígenes elimina el
primer estadio – porque el Logos no puede ser indigente ni exterior al Padre – para retener el
segundo: «el Hijo es, propiamente hablando, el que conoce al Padre; dejarla de ser Dios si
dejara de contemplarlo»". Aquí el único sujeto que contempla es el Logos, mientras que el Dios
Verdadero es solo objeto de contemplación.

A. Orbe considera más decisiva la confrontación con la gnosis que con Plotino. El Nouj de
Tolomeo en cuanto individuo, en cuanto hipóstasis distinta del Abismo, procede de su Querer
adventicio, mientras que en cuanto dios o hipóstasis divina, procede únicamente de la Mente.
En Orígenes, el Logos es Dios subsistente; pero es un subsistente distinto por el Querer del
Padre, mientras que es Dios por la Mente paterna y por contemplar el Abismo paterno. Pero
entonces deberíamos entender el tanquam a mente voluntas como el acto voluntario emana
libremente de la facultad volitiva (!). En esta otra interpretación Orígenes se acercaría
peligrosamente al arrianismo.

En este el ámbito cultural alejandrino, surge la sombría herejía arriana, cuya síntesis también
la presentaremos siguiendo a Santo Tomás en su Summa Contra Gentiles, en el libro IV, capítulo 6.

Opinión de Arrio acerca del Hijo de Dios N. De opinione Arii circa filium dei.

Y como no está de acuerdo con la Sagrada N.1 Cum autem doctrinae sacrae non congruat
Doctrina quo el Hijo de Dios recibiese el ser quod filius dei a maria initium sumpserit, ut
original de María, como afirmaba Fotino (cf. Photinus dicebat; neque ut is qui ab aeterno deus
capitulo 4), como tampoco que quien es Dios fuit et pater est, per carnis assumptionem filius
desde la eternidad y es Padre comenzase a ser hijo esse coeperit, ut Sabellius dixerat: fuerunt alii
por la asunción de la carne, como había dicho hanc de divina generatione quam Scriptura tradit
Sabelio (cf. c. 5), otros, fundándose en lo que opinionem sumentes, quod filius dei ante
enseña la Escritura sobre la generación divina, se incarnationis mysterium extiterit, et etiam ante
apropiaron esta opinión: que el Hijo de Dios mundi conditionem; et quia iste filius a deo patre
existió antes del misterio de la encarnación y aun est alius, aestimaverunt eum non esse eiusdem
antes de la creación del mundo; y como el mismo naturae cum deo patre; non enim intelligere
Hijo es distinto de Dios Padre, creyeron que El no poterant, nec credere volebant, quod aliqui duo,
era de la misma naturaleza que el Padre; porque secundum personam distincti, habeant unam
no podían entender ni querían creer que dos cosas essentiam et naturam. Et quia sola natura dei
distintas, en cuanto personas, tengan una sola patris, secundum fidei doctrinam, aeterna creditur,
esencia y naturaleza. Y como, según la doctrine crediderunt naturam filii non ab aeterno extitisse,
de la fe, créese que la sola naturaleza del Padre es licet fuerit filius ante alias creaturas.
eterna, creyeron que la naturaleza del Hijo no Et quia omne quod non est aeternum, ex nihilo
existió desde la eternidad, aunque fuera Hijo antes factum est et a deo creatum, filium dei ex nihilo
que todas las criaturas. Y como todo lo que no es factum esse, et creaturam praedicabant.
eterno es de la nada y creado por Dios, afirmaban Sed quia auctoritate Scripturae cogebantur ut
que el Hijo de Dios fue hecho de la nada y que era etiam filium deum nominarent, sicut in
una criatura. Pero, come la .autoridad de la superioribus est expressum, dicebant eum unum
Escritura los forzaba a llamar Dios también al cum deo patre, non quidem per naturam, sed per
Hijo, como se vio anteriormente, decían que era quandam consensus unionem, et per divinae
uno con Dios Padre, pero no por naturaleza, sino similitudinis participationem super ceteras
por una cierta unión de consentimiento y por una creaturas.
participación de la divina semejanza, superior a la Unde, cum supremae creaturae, quas Angelos
de las demás criaturas. De aquí que, las criaturas dicimus, in Scripturis et dii et filii dei nominentur,
superiores, que denominamos ángeles, sean secundum illud iob 38-4 ubi eras cum me
llamadas dioses 'hijos de Dios" en la Escritura laudarent astra matutina, et iubilarent omnes filii
según aquello: “¿Dónde estabas cuando me dei? et in Psalmo, deus stetit in synagoga deorum,
aclamaban los astros matutinos y me aplaudían hunc dei filium et deum prae aliis dici oportebat,
los hijos de Dios?" y también: “Esta Dios en el utpote nobiliorem inter ceteras creaturas, in
consejo de los dioses” preciso es llamar Hijo de tantum quod per eum deus pater omnem aliam
Dios y Dios con preferencia a los demás; a la más condiderit creaturam.
noble de las criaturas, ya por El creó Dios Padre
todas las demás criaturas.
E intentaran consolidar su opinión con N.2 Hanc autem positionem confirmare nitebantur
testimonios de la Sagrada Escritura, a saber: sacrae Scripturae documentis.
Porque dice el Hijo, hablando a su Padre: "Esta es N.3 Dicit enim filius, Ioan. 17-3, ad patrem
la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios loquens: haec est vita aeterna, ut cognoscant te
verdadero". Luego solamente el Padre es solum deum verum. Solus ergo pater deus verus
verdadero Dios. Por tanto, como el Hijo no es el Est. Cum ergo filius non sit pater, filius deus
Padre, el Hijo no puede ser verdadero Dios. verus esse non potest.
Además, dice el Apóstol: "Que te conserves sin N.4 Item. Apostolus dicit, I ad tim. Ult.: serves
tacha, sin culpa en el mandato hasta la mandatum sine macula irreprehensibile usque in
manifestación de nuestro Señor Jesucristo, a adventum domini nostri iesu christi, quem suis
quien hará aparecer a su tiempo al bienaventurado temporibus ostendet beatus et solus potens rex
y solo monarca, Rey de reyes y Señor de los regum et dominus dominantium, qui solus habet
señores, el único inmortal que habita una luz immortalitatem et lucem habitat inaccessibilem,
inaccesible". En cuyas palabras se ve la distinción in quibus verbis ostenditur distinctio dei patris
entre Dios Padre, que da a conocer, y el Hijo ostendentis ad christum ostensum.
conocido. Por lo tanto, solamente Dios Padre, que Solus ergo deus pater ostendens est potens rex
da a conocer, es el poderoso Rey de los reyes y el regum et dominus dominantium, et solus habet
Señor de los que dominan solo El tiene immortalitatem et lucem habitat inaccessibilem.
inmortalidad y habita en luz inaccesible. Luego Solus ergo pater deus verus Est. Non ergo filius.
solo el Padre es verdadero Dios y no el Hijo.
Además, dice el Señor: "El Padre es mayor quo N.5 Praeterea. Dominus dicit, Ioan. 14-28: pater
yo"; y el Apóstol también que el Hijo está maior me est; et apostolus dicit filium patri esse
sometido al Padre: "Cuando le fueren sometidas subiectum, I ad Cor. 15-28: cum omnia subiecta
todas las cosas, entonces el Hijo se someterá a illi fuerint, tunc ipse filius subiectus erit illi,
quien — esto es, al Padre — todo se lo sometió". scilicet patri, qui sibi subiecit omnia. Si autem
Ahora también si el Padre y el Hijo tuvieran una esset una natura patris et filii, esset etiam una
misma naturaleza, también tendrían una misma magnitudo et maiestas: non enim filius esset
grandeza y majestad, porque el Hijo no sería minor patre, nec patri subiectus. Relinquitur ergo
menor que el Padre ni le estaría sometido. Luego, ex Scripturis quod filius non sit eiusdem naturae
según la Escritura, el Hijo no es — según ellos cum patre ut credebant.
creían de la misma naturaleza que el Padre.
Aún más; la naturaleza del Padre no sufre N.6 Adhuc. Natura patris non patitur indigentiam.
indigencia. Pero en el Hijo hay indigencia. Porque In filio autem indigentia invenitur: ostenditur
se ve por la Escritura que el Hijo recibe del Padre enim ex Scripturis quod a patre recipit; recipere
y el recibir es de indigentes. Así se dice: "Todo autem indigentis est. Dicitur enim Matth. 11-27:
me ha sido entregado por mi Padre"; y también: omnia tradita sunt mihi a patre meo, et Ioan. 3-35:
“El Padre ama al Hijo y ha puesto en sus manos pater diligit filium, et omnia dedit in manu eius.
todas las cosas". Luego parece que el Hijo no es Videtur igitur filius non esse eiusdem naturae cum
de la misma naturaleza que el Padre. patre.
Además, ser instruido y ayudado es de indigentes. N.7 Amplius. Doceri et adiuvari indigentis Est.
Mas el Hijo es instruido y ayudado par el Padre. Filius autem a patre docetur et iuvatur. Dicitur
Porque se dice: "No puede el Hijo hacer nada por enim Ioan. 5-19: non potest filius a se facere
el mismo, sino lo que ve hacer al Padre". Y quicquam, nisi quod viderit patrem facientem; et
después: "El Padre ama al Hijo y le muestra todo infra: 20 pater diligit filium, et omnia demonstrat
lo que El hace"; y dice el Hijo a sus discípulos: ei quae ipse facit; et Ioan. 15-15, filius dicit
"Todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a discipulis: omnia quaecumque audivi a patre meo,
conocer". Luego no parece que sean de la misma nota feci vobis. Non igitur videtur esse eiusdem
naturaleza el Hijo y el Padre. naturae filius cum patre.
Es más: recibir un mandato, obedecer, orar y ser N.8 Praeterea. Praeceptum recipere, obedire,
enviado parece propio de un inferior. Ahora bien, orare, et mitti, inferioris esse videtur. Haec autem
todo esto se lee del Hijo. Así dice el Hijo: ''Según de filio leguntur. Dicit enim filius, Ioan. 14-31:
el mandato que me dió el Padre así hago". Y sicut mandatum dedit mihi pater, sic facio. Et
también: "Hecho obediente al Padre hasta la philipp. 2-8: factus est obediens patri usque ad
muerte". E igualmente.: "Yo rogaré al Padre y os mortem. Et Ioan. 14-16: ego rogabo patrem, et
dará otro abogado". Y el Apóstol dice también: alium Paracletum dabit vobis. Et Galat. 4-4, dicit
“Mas al llegar la plenitud de los tiempos envió apostolus: cum venit plenitudo temporis, misit
Dios a su Hijo". Luego el Hijo es menor que el deus filium suum. Est ergo filius minor patre, et ei
Padre y está sometido a El. subiectus.
Igualmente, el Hijo es glorificado por el Padre, N.9 Item. Filius clarificatur a patre: sicut ipse
como Él mismo dice: “Padre; glorifica tu dicit, Ioan. 12-28: pater, clarifica nomen tuum; et
nombre"; y sigue: Llegó entonces una voz del sequitur: venit vox de caelo, et clarificavi, et
cielo: Le glorifiqué y de nuevo lo glorificaré”; y iterum clarificabo. Apostolus etiam dicit, ad Rom.
también dice el Apóstol que "Dios resucitó a 8-11, quod deus suscitavit iesum christum a
Cristo Jesús de entre los muertos". Además, dice mortuis. Et Petrus dicit, Act. 2-33, quod est
Pedro que fue "exaltado a la diestra de Dios". Por dextera dei exaltatus. Ex quibus videtur quod sit
lo cual parece quo el Hijo Sea inferior al Padre. patre inferior.
Además, en la naturaleza del Padre se puede N.10 Praeterea. In natura patris nullus defectus
haber detecto alguno. Mas en el Hijo se halla falta esse potest. In filio autem invenitur defectus
de poder, pues se dice; "Sentarse a mí diestra o a potestatis: dicit enim Matth. 20-23: sedere ad
mi siniestra no me toca mi otorgarlo; es para dexteram meam vel sinistram, non est meum dare
aquéllos para quienes está dispuesto por mi vobis, sed quibus paratum est a patre meo.
Padre"; y también falta de ciencia, porque El Defectus etiam scientiae: dicit enim ipse, Marc.
mismo dice: "Cuanto a ese día o esa hora, nadie la 13-32: de die autem illa et hora nemo scit, neque
conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino Angeli in caelo, neque filius, nisi pater.
sólo el. Padre". — También se encuentran en El Invenitur etiam in eo defectus quietae affectionis:
falta de una afección tranquila, al decir la cum in eo Scriptura asserat tristitiam fuisse, et
Escritura que El tuvo lugar la tristeza, la ira y iram, et alias huiusmodi passiones.
otras pasiones semejantes. — Luego parece que el Non igitur videtur filius esse eiusdem naturae
Hijo no es de la misma naturaleza que el Padre. cum patre.
Otra prueba: expresamente se halla en la Escritura N.11 Adhuc. Expresse in Scripturis invenitur quod
que el Hijo de Dios es criatura. Así dice: "El filius dei sit creatura.
creador de todas las cosas me ordenó, mi Hacedor Dicit enim Eccli. 24-12: dixit mihi creator
fijó el lugar de mi habitación"; y también: "Desde omnium, et qui creavit me, requievit in
el principio y antes de los siglos me creó". Luego tabernaculo meo. Et iterum: ab initio et ante
el Hijo es criatura. saecula creata sum. Est igitur filius creatura.
Además, el Hijo se cuenta entre las criaturas. N.12 Praeterea. Filius creaturis connumeratur.
Porque se dice en persona de la Sabiduría: "Yo Dicitur enim Eccli. 24-5, ex persona sapientiae:
salí de la boca del Altísimo como primogénita ego ex ore altissimi prodii, primogenita ante
antes que toda criatura". Y el Apóstol dice del omnem creaturam. Et apostolus, ad Coloss. 1-15,
Hijo que es "primogénito de toda criatura". Luego dicit de filio quod est primogenitus creaturae.
parece que el Hijo entra en el orden de las Videtur ergo quod filius ordinem cum creaturis
criaturas, como ocupando el primer lugar entre las habeat, quasi primum inter eas obtinens gradum.
mismas.
Además, dice el Hijo, orando al Padre por los N.13 Amplius. Filius dicit, Ioan. 17-22, pro
discípulos: "Yo les he dado la gloria que tú me discipulis ad patrem orans: ego claritatem quam
diste, a fin de que sean uno, como nosotros somos dedisti mihi, dedi eis, ut sint unum, sicut et nos
uno". Así pues, el Padre y el Hijo son uno, como unum sumus. Sic igitur pater et filius unum sunt
quería que fuesen sus discípulos. Ahora bien, no sicut discipulos unum esse volebat. Non autem
quería que los discípulos fuesen uno por esencia. volebat discipulos esse per essentiam unum. Non
Luego tampoco son uno por esencia el Padre y el ergo pater et filius sunt per essentiam unum.
Hijo. Se sigue, pues, que es una criatura sometida Et sic sequitur quod sit creatura, et patri subiectus.
al Padre.
Esta es la opinión de Arrio y Eunomio, derivada, N.14 Est autem haec positio Arii et eunomii. Et
al parecer, de las doctrinas platónicas que videtur a Platonicorum dictis exorta, qui ponebant
establecían un Dios sumo, Padre y creador de summum deum, patrem et creatorem omnium
todas las cosas, de quien decían emanó en un rerum, a quo primitus effluxisse dicebant
principio cierta “inteligencia” superior a todas las quandam mentem, in qua essent omnium rerum
cosas en de cual estaban las formas de todas ellas formae, superiorem omnibus aliis rebus, quam
la que llamaron “entendimiento paterno”; y paternum intellectum nominabant; et post hanc,
después el alma del mundo; luego, las demás animam mundi; et deinde alias creaturas.
criaturas. Según esto aplicaban a dicha Quod ergo in Scripturis sacris de dei filio dicitur,
inteligencia lo que se dice en la Escritura del Hijo hoc de mente praedicta intelligebant: et praecipue
de Dios. Y principalmente porque la Sagrada quia sacra Scriptura dei filium dei sapientiam
Escritura llama al Hijo de Dios "Sabiduría" y nominat et verbum dei.
Verbo de Dios. — También está en consonancia Cui etiam opinioni consonat positio Avicennae,
con esto la opinión de Avicena, quien coloca qui supra animam primi caeli ponit intelligentiam
sobre el alma del primer cielo una primera primam, moventem primum caelum, supra quam
inteligencia que lo mueve; y sobre ella ponía a ulterius deum in summo ponebat.
Dios en lo más alto.
Así, pues, loa arrianos opinaron que el Hijo de N.15 Sic igitur Ariani de dei filio suspicati sunt
Dios era una criatura superior a todas las otras, quod esset quaedam creatura supereminens
mediante la cual Dios creó todo; principalmente omnibus aliis creaturis, qua mediante deus omnia
porque también algunos filósofos supusieron que creasset: praecipue cum etiam quidam philosophi
las cosas habían procedido del primer principio posuerunt quodam ordine res a primo principio
con cierto orden, de modo que por el primer ser processisse, ita quod per primum creatum omnia
creado fueron oreados todos los otros. alia sint creata.

Arrio fue excomulgado por el Sínodo alejandrino (318) y por el Concilio de Nicea (325);
afirmaba que el Hijo era creatura, hecho de la nada, no de la substancia del Padre. El luchador
incansable contra herejía fue sin duda San Atanasio, que con sus escritos sostuvo la verdadera fe
católica en momentos muy difíciles para la historia de la Iglesia, junto con San Basilio el Grande,
San Gregorio Nacianceno y San Gregorio de Nisa, en Oriente, San Hilario y San Ambrosio en
Occidente. Por su incansable defensa del símbolo de la fe promulgado en el Concilio de Nicea, se le
denomina Padre de la ortodoxia y columna de la fe.
También podemos encontrar la doctrina de san Atanasio, 7 en las diversas lecturas que nos
ofrece la Liturgia de las Horas. El jueves de la primera semana durante el año.

De la Disertación de san Atanasio, obispo, Contra los gentiles


(Núms. 40-42: PG 25, 79-83)

El Verbo del Padre embellece, ordena y contiene todas las cosas

El Padre de Cristo, santísimo e inmensamente superior a todo lo creado, como óptimo


gobernante, con su propia sabiduría y su propio Verbo, Cristo, nuestro Señor y salvador, lo
gobierna, dispone y ejecuta siempre todo de modo conveniente, según a él le parece adecuado.
Nadie ciertamente negará el orden que observamos en la creación y en su desarrollo, ya que es
Dios quien así lo ha querido. Pues, si el mundo y todo lo creado se movieran al azar y sin orden,
no habría motivo alguno para creer en lo que hemos dicho. Mas si, por el contrario, el mundo ha
sido creado y embellecido con orden, sabiduría y conocimiento, hay que admitir necesariamente
que su creador y embellecedor no es otro que el Verbo de Dios.
Me refiero al Verbo que por naturaleza es Dios, que procede del Dios bueno, del Dios
de todas las cosas, vivo y eficiente; al Verbo que es distinto de todas las cosas creadas, y que es
el Verbo propio y único del Padre bueno; al Verbo cuya providencia ilumina todo el mundo
presente, por él creado. El, que es el Verbo bueno del Padre bueno, dispuso con orden todas las
cosas, uniendo armónicamente lo que era entre sí contrario. Él, el Dios único y unigénito, cuya
bondad esencial y personal procede de la bondad fontal del Padre, embellece, ordena y contiene
todas las cosas.
Aquel, por tanto, que por su Verbo eterno lo hizo todo y dio el ser a las cosas creadas
no quiso que se movieran y actuaran por sí mismas, no fuera a ser que volvieran a la nada, sino
que, por su bondad, gobierna y sustenta toda la naturaleza por su Verbo, el cual es también
Dios, para que, iluminada con el gobierno, providencia y dirección del Verbo, permanezca firme
y estable, en cuanto que participa de la verdadera existencia del Verbo del Padre y es secundada
por él en su existencia, ya que cesaría en la misma si no fuera conservada por el Verbo, el cual
es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura; por él y en él se mantiene todo,, lo
visible y lo invisible, y él es la cabeza de la Iglesia, como nos lo enseñan los ministros de la
verdad en las sagradas Escrituras.
Este Verbo del Padre, omnipotente y santísimo, lo penetra todo y despliega en todas
partes su virtualidad, iluminando así lo visible y lo invisible; mantiene él unidas en sí mismo
todas las cosas y a todas las incluye en sí, de tal manera que nada queda privado de la influencia
de su acción, sino que a todas las cosas y a través de ellas, a cada una en particular y a todas en
general, es él quien les otorga y conserva la vida.

El viernes de la primera semana durante e1 año.

De la Disertación de san Atanasio, obispo, Contra los gentiles


(Núms. 42-43: PG 25, 83-87)

Todo, por el Verbo, compone una armonía verdaderamente divina

Ninguna cosa de las que existen o son hechas empezó a ser sino en el Verbo y por el
Verbo, como nos enseña el evangelista teólogo, cuando dice: Ya al comienzo de las cosas existía
el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Por él empezaron a existir todas las
cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por él. Así como el músico, con la lira
bien templada, ejecuta una armonía, combinando con los recursos del arte los sonidos graves
con los agudos y los intermedios, así también la Sabiduría de Dios, teniendo en sus manos el
universo como una lira, une las cosas de la atmósfera con las de la tierra, y las del cielo con las
de la atmósfera, y las asocia todas unas con otras, gobernándolas con su voluntad y beneplácito.
7
Nació en Alejandría de Egipto, en el año 295, aquí recibió su formación filosófica y teológica. Fue ordenado diácono a
los 24 años. Hacia el 320, el joven escritor había redactado su primera obra: "Contra los paganos y la encarnación del
Verbo". La controversia arriana alcanza su culmen en el 323, Atanasio; que es ya secretario episcopal, lleva tres años de
diácono, apoya y defiende al obispo contra los errores de Arrio, presbítero de la archidiócesis. El joven diácono,
ordenado sacerdote, defenderá durante 3 años esta " fe de Nicea". Cuando cumpla los treinta y cinco será nombrado
obispo (en el año 328) en la sede de Alejandría, entre proclamaciones de alegría de las gentes. Falleció en el 373, ocho
años antes de que el – Concilio I de Constantinopla, 2º ecuménico, reafirmará solemnemente la fe de Nicea y diera
término a la herejía arriana.
De este modo produce un mundo unificado, hermosa y armoniosamente ordenado, sin que por
ello el Verbo de Dios deje de permanecer inmutable junto al Padre, mientras pone en
movimiento todas las cosas, según le place al Padre, con la invariabilidad de su naturaleza.
Todo, en definitiva, vive y se mantiene, por donación suya, según su propio ser y, por él,
compone una armonía admirable y verdaderamente divina.
Tratemos de explicar esta verdad tan profunda por medio de una imagen: pongamos el
ejemplo de un coro numeroso. En un coro compuesto de variedad de personas, de niños,
mujeres, hombres maduros y adolescentes, cada uno, bajo la batuta del director, canta según su
naturaleza y sus facultades: el hombre con voz de hombre, el niño con voz de niño, la mujer con
voz de mujer, el adolescente con voz de adolescente, y sin embargo de todo el conjunto resulta
una armonía. Otro ejemplo: nuestra alma pone simultáneamente en movimiento todos nuestros
sentidos, cada uno según su actividad específica, y así, en presencia de algún estímulo exterior,
todos a la vez se ponen en movimiento: el ojo ve, el oído oye, la mano toca, el olfato huele, el
gusto gusta, y también sucede con frecuencia que actúan los demás miembros corporales, por
ejemplo, los pies se ponen a andar. De manera semejante acontece en la creación en general.
Ciertamente, los ejemplos aducidos no alcanzan a dar una idea adecuada de la realidad, y por
esto es necesaria una más profunda comprensión de la verdad que quieren ilustrar.
Es decir, que todas las cosas son gobernadas a un solo mandato del Verbo de Dios, de
manera que, ejerciendo cada ser su propia actividad, del conjunto resulta un orden perfecto.

En la fiesta de San Atanasio el 2 de mayo.

De las disertaciones de san Atanasio, obispo


[Disertación sobre la encarnación del Verbo, 8-9: PG 25, 110-111]

La Encarnación del Verbo

El Verbo de Dios, incorpóreo e inmune a la corrupción y de la materia, vino al lugar


donde habitamos, aunque nunca antes estuvo ausente, ya que nunca hubo parte alguna del
mundo privada de su presencia, pues, por su unión con el Padre, lo llenaba todo en todas partes.
Pero vino por su benignidad, en el sentido de que se nos hizo visible. Compadecido de
la debilidad de nuestra raza y conmovido por nuestro estado de corrupción, no toleró que la
muerte dominara en nosotros ni que pereciera la creación, con lo que hubiera resultado inútil la
obra de su Padre al crear al hombre, y por esto tomó para sí un cuerpo como el nuestro, ya que
no se contentó con habitar en un cuerpo ni tampoco en hacerse simplemente visible. En efecto,
si tan sólo hubiese pretendido hacerse visible, hubiera podido ciertamente asumir un cuerpo
más excelente; pero él tomó nuestro mismo cuerpo.
En el seno de la Virgen, se construyó un templo, es decir, su cuerpo, y lo hizo su propio
instrumento, en el que había de darse a conocer y habitar; de este modo, habiendo tomado un
cuerpo semejante al de cualquiera de nosotros, ya que todos estaban sujetos a la corrupción de
la muerte, lo entregó a la muerte por todos, ofreciéndolo al Padre con un amor sin límites; con
ello, al morir en su persona todos los hombres, quedó sin vigor la ley de la corrupción que
afectaba a todos, ya que agotó toda la eficacia de la muerte en el cuerpo del Señor, y así ya no le
quedó fuerza alguna para ensañarse con los demás hombres, semejantes a él; con ello también,
hizo de nuevo incorruptibles a los hombres, que habían caído en la corrupción, y los llamó de
muerte a vida, consumiendo totalmente en ellos la muerte, con el cuerpo que había asumido y
con el poder de su resurrección, del mismo modo que la paja es consumida por el fuego.
Por esta razón asumió un cuerpo mortal: para que este cuerpo, unido al Verbo que está
por encima de todo, satisficiera por todos la deuda contraída con la muerte; para que, por el
hecho de habitar el Verbo en él, no sucumbiera a la corrupción; y, finalmente, para que, en
adelante, por el poder de la resurrección, se vieran ya todos libres de la corrupción.
De ahí que el cuerpo que él había tomado, al entregarlo a la muerte como una hostia y
víctima limpia de toda mancha, alejó al momento la muerte de todos los hombres, a los que él
se había asemejado, ya que se ofreció en lugar de ellos.
De este modo, el Verbo de Dios, superior a todo lo que existe, ofreciendo en sacrificio
su cuerpo, templo e instrumento de su divinidad, pagó con su muerte la deuda que habíamos
contraído, y, así, el Hijo de Dios, inmune a la corrupción, por la promesa de la resurrección,
hizo partícipes de esta misma inmunidad a todos los hombres, con los que se había hecho una
misma cosa por su cuerpo semejante al de ellos.
Es verdad, pues, que la corrupción de la muerte no tiene ya poder alguno sobre los
hombres, gracias al Verbo, que habita entre ellos por su encarnación.
El martes de la sexta semana durante el año.

De las Disertaciones de san Atanasio, obispo, Contra los arrianos


(Disertación 2, 78. 81-82: PG 26, 311. 319)

El conocimiento del Padre por medio de la Sabiduría creadora y hecha carne

La Sabiduría unigénita y personal de Dios es creadora y hacedora de todas las cosas.


Todo -dice, en efecto, el salmo- lo hiciste con sabiduría, y también La tierra está llena de tus
creaturas. Pues, para que las cosas creadas no sólo existieran, sino que también existieran
debidamente, quiso Dios acomodarse a ella por su Sabiduría, imprimiendo en todas ellas en
conjunto y en cada una en particular cierta similitud imagen de sí mismo, con lo cual se hiciese
patente que las cosas creadas están embellecidas con la Sabiduría y que las obras de Dios son
dignas de él.
Porque, del mismo modo que nuestra palabra es imagen de la Palabra, que es el Hijo
de Dios, así también la sabiduría creada es también imagen de esta misma Palabra, que se
identifica con la Sabiduría; y así, por nuestra facultad de saber y entender, nos hacemos idóneos
para recibir la Sabiduría creadora y, mediante ella, podemos conocer a su Padre. Pues, quien
posee a Hijo -dice la Escritura- posee también al Padre, y también: El que a mí me recibe,
recibe a aquel que me ha enviado. Por tanto, ya que existe en nosotros y en todos una
participación creada de esta Sabiduría, con toda razón la verdadera y creadora Sabiduría se
atribuye las propiedades de los seres, que tienen en sí una participación de la misma, cuando
dice: El Señor me creó al comienzo de sus obras.
Mas, como en la sabiduría de Dios, según antes hemos explicado, el mundo no lo
conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para
salvar a los creyentes. Porque Dios no quiso ya ser conocido, como en tiempos anteriores,
través de la imagen y sombra de la sabiduría existente en las cosas creadas, sino que quiso que
la auténtica Sabiduría tomara carne, se hiciera hombre y padeciese la muerte de cruz, para que,
en adelante, todos los creyentes pudieran salvarse por la fe en ella.
Se trata, en efecto, de la misma Sabiduría de Dios, que antes, por su imagen impresa en
las cosas creadas (razón por la cual se dice de ella que es creada), se daba a conocer a sí misma
y, por medio de ella, daba a conocer a su Padre. Pero, después esta misma Sabiduría, que es
también la Palabra, se hizo carne, como dice san Juan, y, habiendo destruido la muerte y
liberado nuestra raza, se reveló con más claridad a sí misma y, a través de sí misma, reveló al
Padre; de ahí aquellas palabras suyas: Haz que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu
enviado Jesucristo.
De este modo, toda la tierra está llena de su conocimiento. En efecto, uno solo es el
conocimiento del Padre a través del Hijo, y del Hijo por el Padre; uno solo es el gozo del Padre
y el deleite del Hijo en el Padre, según aquellas palabras: Yo era su encanto cotidiano, todo el
tiempo jugaba en su presencia.

El jueves de la trigésima semana durante el año

De las Disertaciones de san Atanasio, obispo, Contra los arrianos.


(Disertación 2, 78. 79: PG 26, 311. 314)

Las obras de la creación reflejo de la Sabiduría eterna

En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría eterna. Por
ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo procede, contemplando en las
creaturas como una imagen de su propio ser exclama: El Señor me creó al comienzo de sus
obras. En efecto, el Señor considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como
algo que pertenece a su propio ser.
Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino porque él
contempla en sus creaturas como una imagen creada de su propio ser. Ésta es la razón por la que
afirmó también el Señor: El que a vosotros recibe a mí me recibe, pues aunque él no forma
parte de la creación, sin embargo en las obras de sus manos hay como una impronta y una
imagen de su mismo ser, y por ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me creó al
principio de sus tareas, al comienzo de sus obras.
Por esta razón precisamente la impronta de la sabiduría divina ha quedado impresa en
las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta sabiduría al Verbo, su Creador,
llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto lo que enseña el apóstol san Pablo: Son
manifiestas a ellos las verdades que se pueden conocer acerca de Dios. Bien claro se las
manifestó él. Así, desde la creación del mundo, lo invisible de Dios es conocido mediante las
obras. Por esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es creatura, sino el arquetipo de
aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en nosotros.
Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta: ¿existe o no alguna
clase de sabiduría en las creaturas? Si nos dicen que no existe, ¿por qué arguye, san Pablo
diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría? Y
si no existe ninguna sabiduría en las creaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran
número de sabios? Pues en ella le afirma: El sabio, lleno de temor, se aparta del mal y con
sabiduría edifica su casa.
Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría del hombre hace brillar su rostro; y el
mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No digas: ¿cómo es que el tiempo
pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello.
Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras del
hijo de Sirac. La derramó sobre todas sus obras, la repartió; entre los vivientes, según su
generosidad, la regaló a los que lo aman; pero esta efusión de sabiduría no se refiere, en,
manera alguna, al que es la misma Sabiduría por naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el
Unigénito, sino más bien a aquella sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la
creación. ¿Por qué, pues, vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora,
cuyos reflejos constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en la creación, diga de sí misma:
El Señor me creó al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo, que la sabiduría
que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido creada, según aquello del
salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos.

En la Solemnidad de la Santísima Trinidad.

De las Cartas de san Atanasio, obispo


(Carta 1 a Serapión. 28-30: PG 26. 594-595. 599)

Luz, resplandor y gracia en la Trinidad y por la Trinidad

Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la antigua


tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como
la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está
fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano
y ya no merece el nombre de tal.
Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo,
que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es
consistente por naturaleza y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas a través del que
es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera queda a salvo la unidad de la santa Trinidad.
Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade
todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo
invade todo, en el Espíritu Santo.
San Pablo, hablando a los corintios acerca de los dones del Espíritu, lo reduce todo al
único Dios Padre, como al origen de todo, con estas palabras: Hay diversidad de dones, pero un
mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de
funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu
distribuye a cada uno. Porque todo lo que es del Padre es también del Hijo; por esto, todo lo que
da el Hijo en el Espíritu es realmente don del Padre. De manera semejante, cuando el Espíritu
está en nosotros, lo está también la Palabra, de quien recibimos el Espíritu, y en la Palabra está
también el Padre, realizándose así aquellas palabras: El Padre y yo vendremos a fijar en él
nuestra morada. Porque donde está la luz, allí está también el resplandor; y donde está el
resplandor, allí está también su eficiencia y su gracia esplendorosa.
Es lo que nos enseña el mismo Pablo en su segunda carta a los Corintios, cuando dice:
La gracia de Jesucristo el Señor, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo están con
todos vosotros. Porque toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos da por el Padre, a
través del Hijo, en el Espíritu Santo. Pues así como la gracia se nos da por el Padre, a través del
Hijo, así también no podemos recibir ningún don si no es en el Espíritu Santo, ya que hechos
partícipes del mismo poseemos el amor del Padre, la gracia del Hijo y la participación de este
Espíritu.
En la Solemnidad de la Madre de Dios, el primero de enero.

De las Cartas de san Atanasio, obispo


(Carta a Epicteto, 5-9: PG 26, 1058. 1062-1066)

El Verbo tomó de María un cuerpo semejante al nuestro

El Verbo de Dios tomó la descendencia de Abraham, como dice el Apóstol; por eso
debía ser semejante en todo a sus hermanos, asumiendo un cuerpo semejante al nuestro. Por eso
María está verdaderamente presente en este misterio, porque de ella el Verbo asumió como
propio aquel cuerpo que ofreció por nosotros. La Escritura recuerda este nacimiento, diciendo:
Lo envolvió en pañales; alaba los pechos que amamantaron al Señor y habla también del
sacrificio ofrecido por el nacimiento de este primogénito. Gabriel había ya predicho esta
concepción con palabras muy precisas; no dijo en efecto: «Lo que nacerá en ti», como si se
tratara de algo extrínseco, sino de ti, para indicar que el fruto de esta concepción procedía de
María.
El Verbo, al recibir nuestra condición humana y al ofrecerla en sacrificio, la asumió en
su totalidad, y luego nos revistió a nosotros de lo que era propio de su persona, como lo indica
el Apóstol: Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse
de inmortalidad.
Estas cosas no se realizaron de manera ficticia, como algunos pensaron -lo que es
inadmisible-, sino que hay que decir que el Salvador se hizo verdaderamente hombre y así
consiguió la salvación del hombre integro; pues esta nuestra salvación en modo alguno fue algo
ficticio ni se limitó a solo el cuerpo, sino que en el Verbo de Dios se realizó la salvación del
hombre integro, es decir, del cuerpo y del alma.
Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano,
conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro.
Pues María es nuestra hermana, ya que como todos nosotros es hija de Adán.
Lo que dice Juan: La Palabra se hizo carne, tiene un sentido parecido a lo que se
encuentra en una expresión similar de Pablo, que dice: Cristo se hizo maldición por nosotros.
Pues de la unión íntima y estrecha del Verbo con el cuerpo humano se siguió un inmenso bien
para el cuerpo de los hombres, porque de mortal que era llegó a ser inmortal, de animal se
convirtió en espiritual y, a pesar de que había sido plasmado de tierra, llegó n traspasar las
puertas del cielo.
Pero hay que afirmar que la Trinidad, aun después de que el Verbo tomó cuerpo de
María, continuó siendo siempre la Trinidad, sin admitir aumento ni disminución; ella continúa
siendo siempre perfecta y debe confesarse como un solo Dios en Trinidad, como lo confiesa la
Iglesia al proclamar al Dios único, Padre del Verbo.

Los otros campeones de la lucha contra al arrianismo son los Capadocios.

En primer lugar, san Basilio Magno. En la Liturgia de las Horas encontramos sus escritos el
martes séptimo del tiempo Pascual.

Del Libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo


(Cáp. 9, núms. 22-23: PG 32, 107-110)

La acción del Espíritu Santo

¿Quién, habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu, no siente levantado su
ánimo y no eleva su pensamiento hacia la naturaleza divina? Ya que es llamado Espíritu de Dios
y Espíritu de verdad que procede del Padre; Espíritu firme, Espíritu generoso, Espíritu Santo
son sus apelativos propios y peculiares.
Hacia él dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia él
tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de
riego que los ayuda en la consecución de su fin propio y natural.
Fuente de santificación, luz de nuestra inteligencia, él es quien da, de sí mismo, una
especie de claridad a nuestra razón natural, para que conozca la verdad.
Inaccesible por su naturaleza, se hace accesible por su bondad; todo lo llena con su
poder, pero se comunica solamente a los que son dignos de ello, y no a todos en la misma
medida, sino que distribuye sus dones a proporción de la fe de cada uno.
Simple en su naturaleza, diverso en su virtualidad, está presente todo él en cada uno,
sin dejar de estar todo él en todas partes. De tal manera se divide, que en nada queda
disminuido; todos participan de él, aunque él permanece intacto, a la manera del rayo de sol, del
que cada uno se beneficia como si fuera para él solo y, con todo, ilumina la tierra y el mar y se
mezcla con el aire.
Así también el Espíritu Santo está presente en cada uno de los que son capaces de
recibirlo, como si estuviera en él solo, infundiendo a todos la totalidad de la gracia que
necesitan. Gozan de su posesión todos los que de él participan, en la medida en que lo permite
la disposición de cada uno, pero no en la medida del poder del mismo Espíritu.
Por él, los corazones son elevados hacia lo alto, los débiles son llevados de la mano,
los que ya van progresando llegan a la perfección; iluminando a los que están limpios de toda
mancha, los hace espirituales por la comunión con él.
Y, del mismo modo que los cuerpos límpidos y transparentes, cuando les da un rayo de
luz, se vuelven brillantes en gran manera y despiden un nuevo fulgor, así las almas portadoras
del Espíritu y por él iluminadas se hacen ellas también espirituales e irradian a los demás su
gracia.
De ahí procede el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la
comprensión de las cosas ocultas, la distribución de dones, el trato celestial. la unión con los
coros angélicos; de ahí deriva el gozo que no termina, la perseverancia en Dios, la semejanza
con Dios y, lo más sublime que imaginarse pueda, nuestra propia deificación.

Y en la feria del 2 de enero del tiempo de Navidad.

Del Libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo


(Cáp. 26, núms. 61. 64: PG 32, 179-182. 186)

Sobre como el Señor vivifica su cuerpo mediante el Espíritu

Al que ya no vive según la carne, sino que es llevado por el Espíritu de Dios, se lo
llama hijo de Dios, se convierte en imagen de su Unigénito y recibe el nombre de espiritual. Y
de la misma manera que la facultad de ver actúa en el ojo sano, así actúa también en esta alma
purificada la fuerza del Espíritu.
Y a la manera como la palabra está en la mente, unas veces como simple pensamiento
del corazón, otras veces como palabra proferida por los labios, así también el Espíritu Santo
habita en nosotros, unas veces dando testimonio a nuestro espíritu y clamando en nuestros
corazones: ¡Abba! (Padre), otras veces hablando por medio de nuestros labios, según aquello
del Evangelio: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por
vosotros.
Ahora bien, de la misma manera que el todo está en cada una de las partes, hay que entender
que el Espíritu está íntegro en cada uno de los dones que distribuye; pues todos somos
miembros, los unos de los otros, aunque tengamos dones diferentes según las diversas gracias
que hemos recibido de Dios.
Por eso no puede el ojo decir a la mano: «No tengo necesidad de ti»; como tampoco la
cabeza a los pies: «No os necesito para nada» Por el contrario, todos los miembros -reunidos
constituyen el cuerpo íntegro de Cristo, en la unidad del Espíritu, y se prestan mutuamente los
servicios necesarios, según los dones que cada uno ha recibido.
Pues Dios colocó los diversos miembros del cuerpo, a cada uno de ellos según quiso. Y
los miembros, por su parte, son solidarios unos de otros, en virtud del amor mutuo, nacido de su
comunión en el mismo espíritu. De manera que cuando un miembro sufre, todos sufren con él;
cuando un miembro es honrado, todos le felicitan.
Y así como las partes están en el todo, así cada uno de nosotros está en el Espíritu,
porque todos los que formamos un único cuerpo hemos sido bautizados en un mismo Espíritu.
Y de la misma manera que podemos contemplar al Padre en el Hijo, así también
podemos ver al Hijo en el Espíritu. Por ello adorar a Dios en el Espíritu es lo mismo que
adorarlo en la luz o en la verdad, como se puede deducir de las palabras que el Señor dijo a la
Samaritana. Pues ella, engañada como estaba por el error de su pueblo, creía que debía adorarse
a Dios en un lugar determinado, pero el Señor la instruyó, diciéndole que Dios debía ser
adorado en Espíritu y en verdad, designándose, sin duda, a sí mismo como la verdad.
Por lo tanto, de la misma manera que decimos que hay que adorar al Hijo, como
imagen de Dios Padre, también debernos decir qué hay que adorar al Espíritu, pues posee y
refleja en sí mismo la divinidad de Cristo. Así pues, por la iluminación del Espíritu
contemplamos propia y adecuadamente la gloria de Dios; y por medio de la impronta del
Espíritu llagamos a aquel de quien el mismo Espíritu es impronta y sello.

En segundo lugar, san Gregorio de Nacianzo, en la feria del 6 de enero del tiempo de
Navidad.

De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo


(Disertación 39, En las santas Luminarias 14-16, 20: PG 36, 350-351. 354. 358-359)

Cristo es hoy iluminado, dejemos que esta luz divina nos penetre también a nosotros;
Cristo es bautizado, bajemos con él al agua, para luego subir también con él.
Juan está bautizando, y Jesús acude a él; posiblemente para santificar al mismo que lo bautiza;
con toda seguridad para sepultar en el agua a todo el viejo Adán; antes de nosotros y por
nosotros, el que era espíritu y carne santifica el Jordán, para así iniciarnos por el Espíritu y el
agua en los sagrados misterios.
El Bautista se resiste, Jesús insiste. Soy yo quien debo ser bautizado por ti, le dice la
lámpara al Sol, la voz a la Palabra, el amigo al Esposo, el más grande entre los nacidos de mujer
al Primogénito de toda creatura, el que había saltado de gozo ya en el seno materno al que había
sido adorado también en el seno de su madre, el que lo había precedido y lo precederá al que se
había manifestado y se manifestará. Soy yo quien debo ser bautizado por ti; podía haber
añadido: «Y por causa de ti.» Él, en efecto, sabía con certeza que recibiría más tarde el
bautismo del martirio y que, como a Pedro, le serían lava- dos no sólo los pies, sino todo su
cuerpo.
Pero, además, Jesús sube del agua; lo cual nos recuerda que hizo subir al mundo con él
hacia lo alto, porque en aquel momento ve también cómo el cielo se rasga y se abre, aquel cielo
que Adán había cerrado para sí y para su posteridad, como había hecho que se le cerrase la
entrada al paraíso con una espada de fuego.
El Espíritu atestigua la divinidad de Cristo, acudiendo a él como a su igual; y una voz
bajó del cielo, ya que del cielo procedía aquel de quien testificaba esta voz; y el Espíritu se
apareció en forma corporal de una paloma, para honrar así el cuerpo de Cristo, que es también
divino por su excepcional unión con Dios. Muchos siglos atrás fue asimismo una paloma la que
anunció el fin del diluvio.
Honremos hoy, pues, el bautismo de Cristo y celebremos como es debido esta
festividad.
Procurad una limpieza de espíritu siempre en aumento. Nada agrada tanto a Dios como
la conversión y salvación del hombre, ya que para él tienen lugar todas estas palabras y
misterios; sed como lumbreras en medio del mundo, como una fuerza vital para los demás
hombres; si así lo hacéis, llegaréis a ser luces perfectas en la presencia de aquella gran luz,
impregnados de sus resplandores celestiales, iluminados de un modo más claro y puro por la
Trinidad, de la cual habéis recibido ahora, con menos plenitud, un único rayo proveniente de la
única Divinidad, en Cristo Jesús, nuestro Señor, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de
los siglos. Amén.

Y el martes de la primera semana de Adviento.

De los Sermones de San Gregorio Nacianceno, Obispo


(Sermón 45, 9. 22. 26. 28: PG 36, 634-635. 654. 653-659. 662)

¡Qué admirable intercambio!

El Hijo de Dios, el que es anterior a todos los siglos, el invisible, el incomprensible, el


incorpóreo, el que es principio de principio, luz de luz, fuente de vida y de inmortalidad,
representación fiel del arquetipo, sello inamovible, imagen absolutamente perfecta, palabra y
pensamiento del Padre, él mismo se acerca a la criatura hecha a su imagen y asume la carne
para redimir a la carne; se une con un alma racional para salvar mi alma, par purificar lo
semejante por lo semejante: asume nuestra condición humana, asemejándose a nosotros en
todo, con excepción del pecado. Fue concebido en el seno de una virgen, que previamente había
sido purificado en su alma y en su cuerpo por el Espíritu (porque convenía que fuese
dignamente honrada la maternidad y que, a la vez, fuese grandemente exaltada la excelencia de
la virginidad); nació Dios con la naturaleza humana que había asumido, unificando dos cosas
contrarias entre si, es decir la carne y el espíritu. Una de ellas aportó la divinidad, la otra la
recibió.
El que enriquece a otros se hace pobre; soporta la pobreza de mi carne para que yo
alcance los tesoros de su divinidad. El que todo lo tiene, de todo se despoja; por un breve
tiempo se despoja de su gloria par que yo pueda participar de su plenitud.
¿Por qué tantas riquezas de bondad? ¿Por qué este admirable misterio en favor mío?
Recibí la imagen divina y no supe conservarla. Él asume mi carne para dar la salvación al alma
creada a su imagen y para dar la inmortalidad a la carne; se une a nosotros mediante un
consorcio mucho más admirable que el primero.
Convenía que la santidad fuese otorgada al hombre mediante la humanidad asumida
por Dios; de manera que, habiendo vencido con su poder al tirano que nos tenía sojuzgados, nos
librara y atrajera nuevamente hacia sí por medio de su Hijo, que realizó esta obra redentora para
gloria de su Padre y que tuvo siempre esta gloria como objetivo de todas sus accione.
Aquel buen Pastor que dio su vida por las ovejas salió a buscar la oveja perdida, por
las montañas y colinas donde tú ofrecías sacrificios a los ídolos. Y, cuando encontró a la oveja
perdida, la cargó sobre sus hombros, sobre los que había cargado también el madero de la cruz,
y así la llevó nuevamente a la vida eterna.
La luz brillante sigue a la antorcha que la había precedido, la Palabra a la voz, el
Esposo al amigo del Esposo, que preparaba par el Señor un pueblo bien dispuesto y lo purifica
con el agua, disponiéndolo a recibir el bautismo del Espíritu.
Tuvimos necesidad de que Dios asumiera nuestra carne y muriera, para que nosotros
pudiéramos vivir. Hemos muerto con él para ser purificados, hemos resucitado con él, porque
con él hemos muerto; y con él hemos sido glorificados, porque juntamente con él hemos
resucitado.

En tercer lugar, san Gregorio de Nisa, hallamos sus escritos en la Liturgia de la Horas, el
jueves de la duodécima semana durante el año.

De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo.


(Homilía 6 Sobre las bienaventuranzas: PG 44, 1263-1266)

Dios es como una roca inaccesible

Lo mismo que suele acontecer al que desde la cumbre de un alto monte mira algún
dilatado mar, esto mismo le sucede a mi mente cuando desde las alturas de la voz divina, como
desde la cima de un monte, mira la inexplicable profundidad de su contenido.
Sucede, en efecto, lo mismo que en muchos lugares marítimos, en los cuales, al
contemplar un monte por el lado que mira al mar, lo vemos como cortado por la mitad y
completamente liso desde su cima hasta la base, y como si su cumbre estuviera suspendida
sobre el abismo; la misma impresión que causa al que mira desde tan elevada altura a lo
profundo del mar, la misma sensación de vértigo experimento yo al quedar como en suspenso
por la grandeza de esta afirmación del Señor: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos
verán a Dios.
Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado. Nadie ha visto jamás
a Dios, dice san Juan; y Pablo confirma esta sentencia con aquellas palabras tan elevadas: A
quien ningún hombre vio ni puede ver. Asta es aquella piedra leve, lisa y escarpada, que aparece
como privada de todo sustentáculo y aguante intelectual; de ella afirmó también Moisés en sus
decretos que era inaccesible, de manera que nuestra mente nunca puede acercarse a ella por más
que se esfuerce en alcanzarla, ni puede nadie subir por sus laderas escarpadas, según aquella
sentencia: Nadie puede ver al Señor y seguir viviendo.
Y, sin embargo, la vida eterna consiste en ver a Dios. Y que esta visión es imposible lo
afirman las columnas de la fe, Juan, Pablo y Moisés. ¿Te das cuenta del vértigo que produce en
el alma la consideración de las profundidades que contemplamos en estas palabras? Si Dios es
la vida, el que no ve a Dios no ve la vida. Y que Dios no puede ser visto lo atestiguan, movidos
por el Espíritu divino, tanto los profetas como los apóstoles. ¿En qué angustias, pues, no se
debate la esperanza del hombre? Pero el Señor levanta y sustenta esta esperanza que vacila.
Como hizo en la persona de Pedro cuando estaba a punto de hundirse, al volver a consolidar sus
pies sobre las aguas.
Por lo tanto, si también a nosotros nos da la mano aquel que es la Palabra, si,
viéndonos vacilar en el abismo de nuestras especulaciones, nos otorga la estabilidad,
iluminando un poco nuestra inteligencia, entonces ya no temeremos, si caminamos cogidos de
su mano. Porque dice: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

El viernes de la duodécima semana durante el año.

De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo.


(Homilía 6 Sobre las bienaventuranzas: PG 44, 1266-1267)

La esperanza de ver a Dios

La promesa de Dios es ciertamente tan grande que supera toda felicidad imaginable.
¿Quién, en efecto, podrá desear un bien superior, si en la visión de Dios lo tiene todo? Porque,
según el modo de hablar de la Escritura, ver significa lo mismo que poseer; y así, en aquello
que leemos: Que veas la prosperidad de Jerusalén, la palabra «ver» equivale a tener. Y en
aquello otro: Que sea arrojado el impío, para que no vea la grandeza del Señor, por «no ver» se
entiende no, tener parte en esta grandeza.
Por lo tanto, el que ve a Dios alcanza por esta visión todos los bienes posibles: la vida
sin fin, la incorruptibilidad eterna, la felicidad imperecedera, el reino sin fin, la alegría
ininterrumpida, la verdadera luz, el sonido espiritual y dulce, la gloria inaccesible, el júbilo
perpetuo y, en resumen, todo bien.
Tal y tan grande es, en efecto, la felicidad prometida que nosotros esperamos; pero,
como antes hemos demostrado, la condición para ver a Dios es un corazón puro, y, ante esta
consideración, de nuevo mi mente se siente arrebatada y turbada por una especie de vértigo, por
la duda de si esta pureza de corazón es de aquellas cosas imposibles y que superan y exceden
nuestra naturaleza. Pues si esta pureza de corazón es el medio para ver a Dios, y si Moisés y
Pablo no lo vieron, porque, como afirman, Dios no puede ser visto por ellos ni por cualquier
otro, esta condición que nos propone ahora la Palabra para alcanzar la felicidad nos parece una
cosa irrealizable. ¿De qué nos sirve conocer el modo de ver a Dios, si nuestras fuerzas no
alcanzan a ello? Es lo mismo que si uno afirmara que en el cielo se vive feliz, porque allí es
posible ver lo que no se puede ver en este mundo. Porque, si se nos mostrase alguna manera de
llegar al cielo, sería útil haber aprendido que la felicidad está en el cielo. Pero, si nos es
imposible subir allí, ¿de qué nos sirve conocer la felicidad del cielo sino solamente para estar
angustiados y tristes, sabiendo de qué bienes estamos privados y la imposibilidad de
alcanzarlos? ¿Es que Dios nos invita a una felicidad que excede nuestra naturaleza y nos manda
algo que, por su magnitud, supera las fuerzas humanas?
No es así. Porque Dios no creó a los volátiles sin alas, ni mandó vivir bajo el agua a los
animales dotados para la vida en tierra firme. Por tanto, si en todas las cosas existe una ley
acomodada a su naturaleza, y Dios no obliga a nada que esté por encima de la propia naturaleza,
de ello deducimos, por lógica conveniencia, que no hay que desesperar de alcanzar la felicidad
que se nos propone, y que Juan y Pablo y Moisés, y otros como ellos, no se vieron privados de
esta sublime felicidad, resultante de la visión de Dios; pues, ciertamente, no se vieron privados
de esta felicidad ni aquel que dijo: Ahora me aguarda la corona merecida, que el Señor, justo
juez, me otorgará, ni aquel que se reclinó sobre el pecho de Jesús, ni aquel que oyó de boca de
Dios: Te he conocido más que a todos. Por tanto, si es indudable que aquellos que predicaron
que la contemplación de Dios está por encima de nuestras fuerzas son ahora felices, y si la
felicidad consiste en la visión de Dios, y si para ver a Dios es necesaria la pureza de corazón, es
evidente que esta pureza de corazón, que nos hace posible la felicidad, no es algo inalcanzable.
Los que aseguran, pues, tratando de basarse en las palabras de Pablo, que la visión de Dios está
por encima de nuestras posibilidades se engañan y están en contradicción con las palabras del
Señor, el cual nos promete que, por la pureza de corazón, podemos alcanzar la visión divina.

El sábado de la duodécima semana durante el año.

De las Homilías de san Gregorio de Nisa, obispo.


(Homilía 6 Sobre las bienaventuranzas: PG 44, 1270-1271)

Dios puede ser hallado en el corazón del hombre

La salud corporal es un bien para el hombre; pero lo que interesa no es saber el porqué
de la salud, sino el poseerla realmente. En efecto, si uno explica los beneficios de la salud, mas
luego toma un alimento que produce en su cuerpo humores malignos y enfermedades, ¿de qué
le habrá servido aquella explicación, si se ve aquejado por la enfermedad? En este mismo
sentido hemos de entender las palabras que comentamos, o sea, que el Señor llama dichosos no
a los que conocen algo de Dios, sino a los que lo poseen en sí mismos. Dichosos, pues, los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Y no creo que esta manera de ver a Dios, la del que tiene el corazón limpio, sea una visión
externa, por así decirlo, sino que más bien me inclino a creer que lo que nos sugiere la
magnificencia de esta afirmación es lo mismo que, de un modo más claro, dice en otra ocasión:
El reino de Dios está dentro de vosotros; para enseñar nos que el que tiene el corazón limpio de
todo afecto desordenado a las creaturas contempla, en su misma belleza interna, la imagen de la
naturaleza divina.
Yo diría que esta concisa expresión de aquel que es la Palabra equivale a decir: «Oh
vosotros, los hombres en quienes se halla algún deseo de contemplar el bien verdadero, cuando
oigáis que la majestad divina está elevada y ensalzada por encima de los cielos, que su gloria es
inexplicable, que su belleza es inefable, que su naturaleza es incomprensible, no caigáis en la
desesperación, pensando que no podéis ver aquello que deseáis.»
Si os esmeráis con una actividad diligente en limpiar vuestro corazón de la suciedad
con que lo habéis embadurnado y ensombrecido, volverá a resplandecer en vosotros la
hermosura divina. Cuando un hierro está ennegrecido, si con un pedernal se le quita la
herrumbre, en seguida vuelve a reflejar los resplandores del sol; de manera semejante, la parte
interior del hombre, lo que el Señor llama el corazón, cuando ha sido limpiado de las manchas
de herrumbré contraídas por su reprobable abandono, recupera la semejanza con su forma
original y primitiva y así, por esta semejanza con la bondad divina, se hace él mismo
enteramente bueno.
Por tanto, el que se ve a sí mismo ve en sí mismo aquello que desea, y de este modo es
dichoso el limpio de corazón, porque al contemplar su propia limpieza ve, como a través de una
imagen, la forma primitiva. Del mismo modo, en efecto, que el que contempla el sol en un
espejo, aunque no fije sus ojos en el cielo, ve reflejado el sol en el espejo, no menos que el que
lo mira directamente, así también vosotros -es como si dijera el Señor-, aunque vuestras fuerzas
no alcancen a contemplar la luz inaccesible, si retornáis a la dignidad y belleza de la imagen
que fue creada en vosotros desde el principio, hallaréis aquello que buscáis dentro de vosotros
mismos.
La divinidad es pureza, es carencia de toda inclinación viciosa, es apartamiento de todo
mal. Por tanto, si hay en ti estas disposiciones, Dios está en ti. Si tu espíritu, pues, está limpio
de toda mala inclinación, libre de toda afición desordenada y alejado de todo lo que mancha,
eres dichoso por la agudeza y claridad de tu mirada, ya que, por tu limpieza de corazón, puedes
contemplar lo que escapa a la mirada de los que no tienen esta limpieza, y, habiendo quitado de
los ojos de tu alma la niebla que los envolvía, puedes ver claramente, con un corazón sereno, un
bello espectáculo. Resumiremos todo esto diciendo que la santidad, la pureza, la rectitud son el
claro resplandor de la naturaleza divina, por medio del cual vemos a Dios.

En el ámbito latino encontramos San Hilario, sus escritos los encontramos en la Liturgia de
las Horas, el 13 de enero, en la memoria de este santo.

Del tratado de san Hilario, obispo, sobre la Trinidad


(Libro 1, 37-38: PL 10,48-49)

Te serviré predicándote

Yo tengo plena conciencia de que es a ti, Dios Padre omnipotente, a quien debo ofrecer
la obra principal de vida, de tal suerte que todas mis palabras y pensamientos hablen de ti.
Y el mayor premio que puede reportarme esta facultad de hablar, que tú me has concedido, es el
de servirte predicándote a ti y demostrando al mundo, que lo ignora, o a los herejes, que lo
niegan, lo que tú eres en realidad: Padre; Padre, a saber, del Dios unigénito.
Y, aunque es ésta mi única intención, es necesario para ello invocar el auxilio de tu
misericordia, para que hinches con el soplo de tu Espíritu las velas de nuestra fe y nuestra
confesión, extendidas para ir hacia ti, y nos impulses así en el camino de la predicación que
hemos emprendido. Porque merece toda confianza aquel que nos ha prometido: Pedid, y se os
dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.
Somos pobres y, por esto, pedimos que remedies nuestra indigencia; nosotros ponemos
nuestro esfuerzo tenaz en penetrar las palabras de tus profetas y apóstoles y llamamos con
insistencia para que se nos abran las puertas de la comprensión de tus misterios; pero el darnos
lo que pedimos, el hacerte encontradizo cuando te buscamos y el abrir cuando llamamos, eso
depende de ti.
Cuando se trata de comprender las cosas que se refieren a ti, nos vemos como frenados
por la pereza y torpeza inherentes a nuestra naturaleza y nos sentimos limitados por nuestra
inevitable ignorancia y debilidad; pero el estudio de tus enseñanzas nos dispone para captar el
sentido de las cosas divinas, y la sumisión de nuestra fe nos hace superar nuestras culpas
naturales.
Confiamos, pues, que tú harás progresar nuestro tímido esfuerzo inicial y que, a
medida que vayamos progresando lo afianzarás, y que nos llamarás a compartir el espíritu de
los profetas y apóstoles; de este modo, entenderemos sus palabras en el mismo sentido en que
ellos las pronunciaron y penetraremos en el verdadero significado de su mensaje.
Nos disponemos a hablar de lo que ellos anunciaron de un modo velado: que tú, el
Dios eterno, eres el Padre del Dios eterno unigénito, que tú eres el único no engendrado y que el
Señor Jesucristo es el único engendrado por ti desde toda la eternidad, sin negar, por esto, la
unicidad divina, ni dejar de proclamar que el Hijo ha sido engendrado por ti, que eres un solo
Dios, confesando, al mismo tiempo, que el que ha nacido de ti, Padre, Dios verdadero, es
también Dios verdadero como tú.
Otórganos, pues, un modo de expresión adecuado y digno, ilumina nuestra
inteligencia, haz que no nos apartemos de la verdad de la fe; haz también que nuestras palabras
sean expresión de nuestra fe, es decir, que nosotros que por los profetas y apóstoles te
conocemos a ti, Dios Padre, y al único Señor Jesucristo, y que argumentamos ahora contra los
herejes que esto niegan, podamos también celebrarte a ti como Dios en el que no hay unicidad
de persona y confesar a tu Hijo, en todo igual a ti.

El viernes de la septima semana de Pascua.

Del Tratado de san Hilario, obispo, Sobre la Santísima Trinidad


(Libro 2, 1, 33. 35: PL 10, 50-51. 73-75)

El don del Padre en Cristo

El Señor mandó bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, esto
es, en la profesión de fe en el Creador, en el Hijo único y en el que es llamado Don.
Uno solo es el Creador de todo, ya que uno solo es Dios Padre, de quien procede, todo;
y uno solo e1 Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, por quien ha sido hecho todo; y uno solo el
Espíritu, que a todos nos ha sido dado.
Todo, pues, se halla ordenado según la propia virtud y operación: un Poder del cual
procede todo, un Hijo por quien existe todo, un Don que es garantía de nuestra esperanza
consumada. Ninguna falta se halla, en semejante perfección; dentro de ella, en el Padre y el
Hijo y el Espíritu Santo, se halla lo infinito en lo eterno, la figura en la imagen, la fruición en el
don.
Escuchemos las palabras del Señor en persona, que nos describe cuál es la acción
específica del Espíritu en nosotros; dice, en efecto: Tendría aún muchas cosas que deciros, pero
no estáis ahora en disposición de entenderlas. Os conviene, por tanto, que yo me vaya, porque,
si me voy, os enviaré el Abogado.
Y también: Yo rogaré al Padre y él os dará otro Abogado que esté con vosotros para
siempre, el Espíritu de verdad, él os conducirá a la verdad completa, porque no hablará por
cuenta propia, sino que os dirá cuanto se le comunique y os anunciará las cosas futuras, él me
glorificará, porque tomará de lo que es mío.
Esta pluralidad de afirmaciones tiene por objeto darnos una mayor comprensión, ya
que en ellas se nos explica cuál sea la voluntad del que nos otorga su Don, y cuál la naturaleza
de este mismo Don: pues, ya que la debilidad de nuestra razón nos hace incapaces de conocer al
Padre y al Hijo y nos dificulta el creer en la encarnación de Dios, el Don que es el Espíritu
Santo, con su luz, nos ayuda a penetrar en estas verdades.
Al recibirlo, pues, se nos da un conocimiento más profundo. Porque, del mismo modo
que nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los estímulos adecuados, permanece
inactivo (por ejemplo, los ojos, privados de luz, los oídos, cuando falta el sonido, y el olfato,
cuando no hay ningún olor, no ejercen su función propia, no porque dejen de existir por la falta
de estímulo, sino porque necesitan este estímulo para actuar), así también nuestra alma, si no
recibe por la fe el Don que es el Espíritu, tendrá ciertamente una naturaleza capaz de entender a
Dios, pero le faltará la luz para llegar a ese conocimiento. El Don de Cristo está todo entero a
nuestra disposición y se halla en todas partes, pero se da a proporción del deseo y de los méritos
de cada uno. Este Don está con nosotros hasta el fin del mundo; él es nuestro solaz en este
tiempo de expectación; él, con su actuación en nosotros, es la garantía de nuestra esperanza
futura; él es la luz de nuestra mente, el resplandor de nuestro espíritu.

Y el miércoles de la cuarta semana de Pascua.

Del Tratado de san Hilario. obispo, Sobre la Santísima Trinidad


(Libro 8. 13-16: PL 10, 246-249

Unidad natural de los fieles en Dios por la Encarnación del Verbo y por la Eucaristía

Si es verdad que la Palabra se hizo carne, también lo es que en el sagrado alimento


recibimos a la Palabra hecha carne; por eso hemos de estar convencidos que permanece en
nosotros de un modo connatural aquel que, al nacer como hombre, no sólo tomó de manera
inseparable la naturaleza de nuestra carne, sino que también mezcló, en el sacramento que nos
comunica su carne, la naturaleza de esta carne con la naturaleza de la eternidad. De este modo
somos todos una sola cosa, ya que el Padre está en Cristo y Cristo en nosotros. Por su carne,
está él en nosotros, y nosotros en él, ya que por él lo que nosotros somos está en Dios.
Él mismo atestigua en qué alto grado estamos en él, por el sacramento en que nos
comunica su carne y su sangre, pues dice: El mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis,
porque yo seguiré viviendo y vosotros también; porque yo estoy en mi Padre, y vosotros estáis
en mi y yo estoy en vosotros. Si se hubiera referido sólo a la unidad de voluntades, no hubiera
usado esa cierta gradación y orden al hablar de la consumación de esta unidad, que ha empleado
para que creamos que él está en el Padre por su naturaleza divina, que nosotros, por el contrario,
estamos en él por su nacimiento corporal, y que él, a su vez, está en nosotros por el misterio del
sacramento. De 6ste modo se nos enseña la unidad perfecta a través del Mediador, ya que,
permaneciendo nosotros en él, él permanece en el Padre y, permaneciendo en el Padre,
permanece en nosotros; y. así, tenemos acceso a la unidad con el Padre, ya que, estando él en el
Padre por generación natural, también nosotros estamos en él de un modo connatural, por su
presencia permanente y connatural en nosotros.
A qué punto esta unidad es connatural en nosotros lo atestigua él mismo con estas
palabras: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi, y yo en él. Para estar en él,
tiene él que estar en nosotros, ya que sólo él mantiene asumida en su persona la carne de los que
reciben la suya.
Ya antes había enseñado la perfecta unidad que obra este sacramento, al decir: Así
como me envió el Padre que posee la vida y yo vivo por el Padre, de la misma manera quien me
come vivirá por mí. Él, por tanto, vive por el Padre; y, del mismo modo que él vive por el
Padre, así también nosotros vivimos por su carne.
Emplea, pues, todas estas comparaciones adecuadas a nuestra inteligencia, para que
podamos comprender, con estos ejemplos, la materia de que trata. Ésta es, por tanto, la fuente
de nuestra vida: la presencia de Cristo por su carne en nosotros, carnales; de manera que
nosotros vivimos por él a la manera que él vive por el Padre.

También en occidente encontramos a San Ambrosio, el miércoles de la octava semana


durante el año.

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre los misterios.


(Núms. 19-21. 24. 26-28: SC 25 bis, 164-170)

El agua no purifica sin la acción del Espíritu Santo


Antes se te ha advertido que no te limites a creer lo que ves, para que no seas tú
también de éstos que dicen: «¿Éste es aquel gran misterio que ni el ojo vio, ni el oído oyó, -ni
vino a la mente del hombre? Veo la misma agua de siempre, ¿ésta es la que me ha de purificar,
si es la misma en la que tantas veces me he sumergido sin haber quedado nunca puro?» De ahí
has de deducir que el agua no purifica sin la acción del Espíritu.
Por esto has leído que en el bautismo los tres testigos se reducen a uno solo: el agua, la
sangre y el Espíritu, porque si prescindes de uno de ellos ya no hay sacramento del bautismo.
¿Qué es, en efecto, el agua sin la cruz de Cristo, sino un elemento común, sin ninguna eficacia
sacramental? Pero tampoco hay misterio de regeneración sin el agua, porque el que no nazca de
agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. También el catecúmeno cree en la cruz
del Señor Jesús, con la que ha sido marcado, pero si no fuere bautizado en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo, no puede recibir el perdón de los pecados ni el don de la gracia
espiritual. Por eso el sirio Naamán, en la ley antigua, se bañó siete veces, pero tú has sido
bautizado en el nombre de la Trinidad. Has profesado -no lo olvides- tu fe en el Padre, en el
Hijo, en el Espíritu Santo. Vive conforme a lo que has hecho. Por esta fe has muerto para el
mundo y has resucitado para Dios y, al ser como sepultado en aquel elemento del mundo, has
muerto al pecado y has sido resucitado a la vida eterna. Cree, por tanto, en la eficacia de estas
aguas.
Finalmente, aquel paralítico (el de la piscina Probática) esperaba un hombre que lo
ayudase. ¿A qué hombre, sino al Señor Jesús nacido de una virgen, a cuya venida ya no era la
sombra la que había de salvar a uno por uno, sino la realidad la que había de salvar a todos? Él
era, pues, al que esperaban que bajase, acerca del cual dijo el Padre a Juan Bautista: Sobre
quien veas descender el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.
Y Juan dio testimonio de él diciendo: Vi al Espíritu bajar del cielo como una paloma y posarse
sobre él. Y si el Espíritu descendió como paloma fue para que tú vieses y entendieses en aquella
paloma que el justo Noé soltó desde el arca una imagen de esta paloma y reconocieses en ello
una figura del sacramento.
¿Te queda aún lugar a duda? Recuerda cómo en el Evangelio el Padre te proclama con
toda claridad: Éste es mi Hijo, en quien tengo mis complacencias, cómo proclama lo mismo el
Hijo, sobre el cual se mostró el Espíritu Santo como una paloma, cómo lo proclama el Espíritu
Santo, que descendió como una paloma, cómo lo proclama el salmista: La voz del Señor sobre
las aguas, el Dios de la gloria hace oír su trueno, el Señor sobre las aguas torrenciales, cómo la
Escritura te atestigua que, a ruegos de Yerubbaal, bajó fuego del cielo, y cómo también, por la
oración de Elías, fue enviado un fuego que consagró el sacrificio. En los sacerdotes, no
consideres sus méritos personales, sino su ministerio. Y si quieres atender a los méritos,
considéralos como a Elías, considera también en ellos los méritos de Pedro y Pablo, que nos
han confiado este misterio que ellos recibieron del Señor Jesús. Aquel fuego visible era enviado
para que creyesen; en nosotros, que ya creemos, actúa un fuego invisible; para ellos, era una
figura, para nosotros, una advertencia. Cree, pues, que está presente el Señor Jesús, cuando es
invocado por la plegaria del sacerdote, ya que dijo: Donde dos o tres están reunidos, allí estoy
yo también. Cuánto más se dignará estar presente donde está la Iglesia, donde se realizan los
sagrados misterios.
Descendiste, pues, a la piscina bautismal. Recuerda tu profesión de fe en el Padre, en el
Hijo, en el Espíritu Santo. No significa esto que creas en uno que es el más grande, en otro que
es menor, en otro que es el último, sino que el mismo tenor de tu profesión de fe te induce a que
creas en el Hijo igual que en el Padre, en el Espíritu igual que en el Hijo, con la sola excepción
de que profesas que tu fe en la cruz se refiere únicamente a la persona del Señor Jesús.

Otro Padre de la Iglesia de esta época es san Cirilo de Alejandría. 8 Sus textos en el Oficio de
las Horas los hallamos en la feria del 10 de enero del tiempo de Navidad.

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Libro 5, Cáp. 2: PG 73, 751-754

La efusión del Espíritu Santo sobre toda carne

El Hacedor del universo determinó instaurar con admirable perfección todas las cosas
en Cristo y restituir la naturaleza humana a su estado primitivo; para este fin prometió darle en

8
Nació en el año 370, acompañó a su tío, obispo de Alejandría siendo presbítero y luego lo sucedió, en el año 412.
Murió en el año 444.
abundancia, junto con los demás bienes, el Espíritu Santo, condición necesaria para reintegrarla
a una pacífica y estable posesión de sus bienes.
Así pues, habiendo establecido el tiempo en que había de bajar sobre nosotros el
Espíritu Santo, esto es, en el tiempo de la venida de Cristo, lo prometió diciendo: En aquellos
días -a saber, en los del Salvador-, derramaré mi Espíritu sobré toda carne.
Por consiguiente, cuando llegó el tiempo de tan gran munificencia y liberalidad -y
puso a nuestra disposición en el mundo al Unigénito hecho carne, es decir, a aquel hombre
nacido de mujer de que hablan las Escrituras-, nuestro Dios y Padre nos dio también el Espíritu,
y Cristo fue el primero en recibirlo, como primicias de la naturaleza restaurada. Así lo atestigua
Juan Bautista con aquellas palabras: Vi al Espíritu Santo bajar del cielo y posarse sobre él.
Se afirma de Cristo que recibió el Espíritu en cuanto que se hizo hombre y en cuanto
que convenía que lo recibiera el hombre; y, del mismo modo -aunque es Hijo de Dios Padre,
engendrado de su misma substancia ya antes de la encarnación, más aún, desde toda la
eternidad-, no pone objeción al escuchar a Dios Padre que proclama, después que se ha hecho
hombre: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.
De aquel que era Dios, engendrado por el Padre desde toda la eternidad, dice que lo ha
engendrado hoy, para significar que en su persona hemos sido adoptados como hijos, ya que
toda la naturaleza está incluida en la persona de Cristo, en cuanto que es hombre; en el mismo
sentido se afirma que él Padre comunica al Hijo su propio Espíritu, ya que en Cristo alcanzamos
nosotros la participación del Espíritu. Precisamente por esto se hizo hijo de Abraham, como está
escrito, y fue semejante en todo a sus hermanos.
Por lo tanto, el Unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo, ya que él lo posee
como algo propio y, en él y por él se comunica a los demás, como ya dijimos antes, sino que lo
recibe en cuanto que, al hacerse hombre, recapitula en sí toda la naturaleza para restaurarla', y
restituirle su integridad primera. Es fácil, pues, de como prender, por lógica natural y por el
testimonio de la Escritura, que Cristo recibió en su persona el Espíritu, no para sí mismo, sino
más bien para nosotros, ya que por él nos vienen también todos los demás bienes.

En la memoria de este santo, el 27 de junio.

De las cartas de san Cirilo de Alejandría


Carta 1

Me extraña, en gran manera, que haya alguien que tenga duda alguna de si la
Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. En efecto, si nuestro Señor Jesucristo es
Dios, ¿por qué razón la Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios?
Esta es la fe que nos trasmitieron los discípulos del Señor, aunque no emplearan esta misma
expresión. Así nos lo han enseñado también los santos Padres.
Y, así, nuestro padre Atanasio, de ilustre memoria, en el libro que escribió sobre la
santa y consubstancial Trinidad, en la disertación tercera, a cada paso da a la Santísima Virgen
el título de Madre de Dios.
Siento la necesidad de citar aquí sus mismas palabras, que dicen así: «La finalidad y
característica de la sagrada Escritura, como tantas veces hemos advertido, consiste en afirmar
de Cristo, nuestro salvador, estas dos cosas: que es Dios y que nunca ha dejado de serlo, él, que
es el Verbo del Padre, su resplandor y su sabiduría; como también que él mismo, en estos
últimos tiempos, se hizo hombre por nosotros, tomando un cuerpo de la Virgen María, Madre de
Dios».
Y, un poco más adelante, dice también: «Han existido muchas personas santas e
inmunes de todo pecado: Jeremías fue santificado en el vientre materno; y Juan Bautista, antes
de nacer, al oír la voz de María, Madre de Dios, saltó lleno de gozo». Y estas palabras
provienen de un hombre absolutamente digno de fe, del que podemos fiarnos con toda
seguridad, ya que nunca dijo nada que no estuviera en consonancia con la sagrada Escritura.
Además, la Escritura inspirada por Dios afirma que el Verbo de Dios se hizo carne,
esto es, que se unió a un cuerpo que poseía un alma racional. Por consiguiente, el Verbo de Dios
asumió la descendencia de Abrahán y, fabricándose un cuerpo tomado de mujer, se hizo
partícipe de la carne y de la sangre, de manera que ya no es Dios, sino que, por su unión con
nuestra naturaleza, ha de ser considerado también hombre como nosotros.
Ciertamente el Emmanuel consta de estas dos cosas, la divinidad y la humanidad. Sin
embargo, es un solo Señor Jesucristo, un solo verdadero Hijo por naturaleza, aunque es Dios y
hombre a la vez; no un hombre divinizado, igual a aquellos que por la gracia se hacen partícipes
de la naturaleza divina, sino Dios verdadero, que, por nuestra salvación, se hizo visible en
forma humana, como atestigua también Pablo con estas palabras: Cuando se cumplió el tiempo,
envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban
bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

El jueves de la septima semana del tiempo Pascual.

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Libro 10: PG 74, 434)

Si no me voy, el abogado no vendrá a vosotros

Habían sido ya cumplidos los designios de Dios sobre la tierra; pero era del todo
necesario que fuéramos hechos partícipes de la naturaleza divina de aquel que es la Palabra,
esto es, que nuestra vida anterior fuera transformada en otra diversa, empezando así para
nosotros un nuevo modo de vida según Dios, lo cual no podía realizarse más que por la
comunicación del Espíritu Santo.
Y el tiempo más indicado para que el Espíritu fuera enviado sobre nosotros era el de la
partida de Cristo, nuestro Salvador.
En efecto, mientras Cristo convivió visiblemente con los suyos, éstos experimentaban
-según es mi opinión- su protección continua; mas, cuando llegó el tiempo en que tenía que
subir al Padre celestial, entonces fue necesario que siguiera presente, en medio de sus adictos,
por el Espíritu, y que este Espíritu habitara en nuestros corazones, para que nosotros, teniéndolo
en nuestro Interior, exclamáramos confiadamente: «Padre», y nos sintiéramos con fuerza para la
práctica de las virtudes y, además, poderosos e invencibles frente a las acometidas del demonio
y las persecuciones de los hombres, por la posesión del Espíritu que todo lo puede.
No es difícil demostrar, con el testimonio de las Escrituras, tanto del antiguo como del
nuevo Testamento, que el Espíritu transforma y comunica una vida nueva a aquellos en cuyo
interior habita.
Samuel, en efecto, dice a Saúl: Te invadirá el Espíritu del Señor, te convertirás en otro
hombre. Y san Pablo afirma: Y todos nosotros, reflejando como en un espejo en nuestro rostro
descubierto la gloria del Señor, nos vamos transformando en su propia imagen, hacia una gloria
cada vez mayor, por la acción del Señor, que es Espíritu. Porque el Señor es Espíritu.
Vemos, pues, la transformación que obra el Espíritu en aquellos en cuyo corazón
habita. Fácilmente los hace pasar del gusto de las cosas terrenas a la sola esperanza de las
celestiales, y del temor y la pusilanimidad a una decidida y generosa fortaleza de alma. Vemos
claramente que así sucedió en los discípulos, los cuales, una vez fortalecidos por el Espíritu, no
se dejaron intimidar por sus perseguidores, sino que permanecieron tenazmente adheridos al
amor de Cristo.
Es verdad, por tanto, lo que nos dice el Salvador: Os conviene que yo vuelva al cielo,
pues de su partida dependía la venida del Espíritu Santo.

El martes de la quinta semana del tiempo Pascual.

Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
Libro 10, Cáp. 2

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos

El Señor, para convencernos de que es necesario que nos adhiramos a él por el amor,
ponderó cuán grandes bienes se derivan de nuestra unión con él, comparándose a sí mismo con
la vid y afirmando que los que están unidos a él e injertados en su persona, vienen a ser como
sus sarmientos y, al participar del Espíritu Santo, comparten su misma naturaleza (pues el
Espíritu de Cristo nos une con él).
La adhesión de quienes se vinculan a la vid consiste en una adhesión de voluntad y de
deseo; en cambio, la unión del Señor con nosotros es una unión de amor y de inhabitación.
Nosotros, en efecto, partimos de un buen deseo y nos adherimos a Cristo por la fe; así llegamos
a participar de su propia naturaleza y alcanzamos la dignidad de hijos adoptivos, pues, como lo
afirmaba San Pablo, el que se une al Señor es un espíritu con él.
De la misma forma que en un lugar de la Escritura se dice de Cristo que es cimiento y
fundamento (pues nosotros, se afirma, estamos edificados sobre él y, como piedras vivas y
espirituales entramos en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio
sagrado, cosa que no sería posible si Cristo no fuera fundamento), así, de manera semejante,
Cristo se llama a sí mismo vid, como si fuera la madre y nodriza de los sarmientos que
proceden de él.
En él y por él hemos sido regenerados en el Espíritu para producir fruto de vida, no de
aquella vida caduca y antigua, sino de la vida nueva que se funda en su amor. Y esta vida la
conservaremos si perseveramos unidos a él y como injertados en su persona; si seguimos
fielmente los mandamientos que nos dio y procuramos conservar los grandes bienes que nos
confió, esforzándonos por no contristar, ni en lo más mínimo, al Espíritu que habita en nosotros,
pues, por medio de él, Dios mismo tiene su morada en nuestro interior.
De qué modo nosotros estamos en Cristo y Cristo en nosotros nos lo pone en claro el
evangelista Juan al decir: En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que
nos ha dado de su Espíritu.
Pues, así como la raíz hace llegar su propia savia a los sarmientos, del mismo modo el
Verbo unigénito de Dios Padre comunica a los santos una especie de parentesco consigo mismo
y con el Padre, al darles parte en su propia naturaleza, y otorga su Espíritu a los que están
unidos con él por la fe: así les comunica una santidad inmensa, los nutre en la piedad y los lleva
al conocimiento de la verdad y a la práctica de la virtud.

El martes de sexta semana del tiempo Pascual.

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Libro 11, 11: PG 74, 559-562)

CRISTO ES EL VÍNCULO DE UNIDAD

Todos los que participamos de la carne sagrada de Cristo alcanzamos la unión corporal
con él, como atestigua san Pablo, cuando dice, refiriéndose al misterio del amor misericordioso
del Señor: El misterio que no fue dado a conocer a las pasadas generaciones ahora ha sido
revelado por el Espíritu a los santos apóstoles y profetas: esto es, que los gentiles son
coherederos, miembros del mismo cuerpo y coparticipes de las promesas divinas, en Cristo
Jesús.
Y si somos unos para otros miembros de un mismo cuerpo en Cristo, y no sólo entre
nosotros mismos, sino también para aquel que está en nosotros por su carne, ¿por qué, entonces,
no procuramos vivir plenamente esa unión que existe entre nosotros y con Cristo? Cristo, en
efecto, es el vínculo de unidad, ya que es Dios y hombre a la vez.
Siguiendo idéntico camino, podemos hablar también de nuestra unión espiritual,
diciendo que todos nosotros, por haber recibido un solo y mismo Espíritu, a saber, el Espíritu
Santo, estamos como mezclados unos con otros y con Dios. Pues, si bien es verdad que
tomados cada uno por separado somos muchos, y en cada uno de nosotros Cristo hace habitar el
Espíritu del Padre y suyo, este Espíritu es uno e indivisible, y a nosotros, que somos distintos el
uno del otro en cuanto seres individuales, por su acción nos reúne a todos y hace que se nos vea
como una sola cosa, por la unión que en él nos unifica.
Pues, del mismo modo que la virtualidad de la carne sagrada convierte a aquellos en
quienes actúa en miembros de un mismo cuerpo, pienso que, del mismo modo, el único e
indivisible Espíritu de Dios, al habitar en cada uno, los vincula a todos en la unidad espiritual.
Por esto nos exhorta también san Pablo: Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos
por mantener la unidad del espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu,
como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados. Un
Señor, una fe, un bautismo. Un Dios. Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo y
lo invade todo. Al estar en cada uno de nosotros el único Espíritu, estará también, por el Hijo, el
único Dios y Padre de todos, uniendo entre sí y consigo a los que participan del Espíritu.
Y el hecho de nuestra unión y comunicación del Espíritu Santo, en cierto modo, se
hace también visible ya desde ahora. Pues, si, dejando de lado nuestra vida puramente natural,
nos sometimos de una vez para siempre a las leyes del espíritu, es evidente para todos nosotros
que -por haber dejado nuestra vida anterior y estar ahora unidos al Espíritu Santo, y por haber
adquirido una hechura celeste y haber sido en cierta manera transformados en un nuevo ser- ya
no somos llamados simplemente hombres, sino también hijos de Dios y hombres celestiales,
por nuestro consorcio con la naturaleza divina.
Por tanto, somos todos una sola cosa en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; una sola
cosa por la identidad de condición, por la asimilación que obra el amor, por la comunión de la
carne sagrada de Cristo y por la participación de un único y Santo Espíritu.
Otro autor alejandrino Dídimo de Alejandría, que lo hallamos en la Liturgia de las Horas el
lunes de la sexta semana del tiempo Pascual.

Del Tratado de Dídimo de Alejandría, Sobre la Santísima Trinidad


(Libro 2. 12: PG 39. 667-674)

EL ESPÍRITU SANTO NOS RENUEVA EN EL BAUTISMO

El Espíritu Santo, en cuanto que es Dios, junto con el Padre y el Hijo, nos renueva en
el bautismo y nos retorna de nuestro estado deforme a nuestra primitiva hermosura, llenándonos
de su gracia, de manera que ya nada nos queda por desear; nos libra del pecado y de la muerte;
nos convierte de terrenales, esto es, salidos de la tierra y del polvo, en espirituales; nos hace
partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios Padre, conformes a la imagen del Hijo,
coherederos y hermanos de éste, para ser glorificados y reinar con él; en vez de la tierra nos da
el cielo y nos abre generosamente las puertas del paraíso, honrándonos más que a los mismos
ángeles; y con las aguas sagradas de la piscina bautismal apaga el gran fuego inextinguible del
infierno.
Hay en el hombre un doble nacimiento, uno natural, otro del Espíritu divino. Acerca de
uno y otro escribieron los autores sagrados. Yo voy a citar el nombre de cada uno de ellos, así
como su doctrina.
Juan: A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, dio poder de llegar a ser
hijos de Dios, los cuales traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del
hombre, sino del mismo Dios. Todos los que creen en Cristo, afirma, han recibido el poder de
llegar a ser hijos de Dios, esto es, del Espíritu Santo, y de llegar a ser del mismo linaje de Dios.
Y, para demostrar que este Dios que nos engendra es el Espíritu Santo, añade estas palabras de
Cristo en persona: Te aseguro que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el
reino de Dios.
La piscina bautismal, en efecto, da a luz de manera visible al cuerpo visible de la
Iglesia, por el ministerio de los sacerdotes; pero el Espíritu de Dios, invisible a todo ser
racional, bautiza espiritualmente en sí mismo y regenera, por ministerio de los ángeles, nuestro
cuerpo y nuestra alma.
Juan el Bautista, en relación con aquella expresión: De agua y de Espíritu, dice,
refiriéndose a Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Ya que nosotros somos
como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser purificados por el agua,
después ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego espiritual (Dios, en efecto, es un fuego
devorador); y, así, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfección y renovación, ya que
este fuego espiritual es también capaz de regar, y esta agua espiritual es capaz de fundir como el
fuego.

También el Papa san León Magno nos habla de este Misterio, pero más que nada en relación
con el Misterio de la Encarnación, del cual fue una luz para toda la Iglesia. Sus textos en el Oficio
de las Horas los encontramos en la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, el 16 de julio.

De los Sermones de san León Magno, papa


(Sermón l. En la Natividad del Señor, 2. 3: PL 54, 191-192)

MARÍA, ANTES DE CONCEBIR CORPORALMENTE, CONCIBIÓ EN EL ESPÍRITU

Dios elige a una virgen de la descendencia real de David; y esta virgen, destinada a
llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación, antes de concebir corporalmente a su
prole, divina y humana a la vez, la concibió en su espíritu. Y, para que no se espantara,
ignorando los designios divinos, al observar en su cuerpo unos cambios inesperados, conoce,
por la conversación con el ángel, lo que el Espíritu Santo ha de operar en ella. Y la que ha de ser
Madre de Dios confía en que su virginidad ha de permanecer sin detrimento. ¿Por qué había de
dudar de este nuevo género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su
poder? Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas cuando el ángel le da una prueba de
la eficacia maravillosa de este poder divino, haciéndole saber que Isabel ha obtenido también
una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a una mujer estéril puede hacer lo
mismo con una mujer virgen.
Así, pues, el Verbo de Dios, que es Dios, el Hijo de Dios, que ya al comienzo estaba
con Dios, por quien empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a
ser sino por él, se hace hombre para librar al hombre de la muerte eterna; se abaja hasta asumir
nuestra pequeñez, sin menguar por ello su majestad, de tal modo que, permaneciendo lo que era
y asumiendo lo que no era, une la auténtica condición de esclavo a su condición divina, por la
que es igual al Padre; la unión que establece entre ambas naturalezas es tan admirable, que ni la
gloria de la divinidad absorbe la humanidad, ni la humanidad disminuye en nada la divinidad.
Quedando, pues, a salvo el carácter propio de cada una de las naturalezas, y unidas ambas en
una sola persona, la majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la
mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza
invulnerable se une a la naturaleza pasible, Dios verdadero y hombre verdadero se conjugan
armoniosamente en la única persona del Señor; de este modo, tal como convenía para nuestro
remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres pudo a la vez morir y resucitar,
por la conjunción en él de esta doble condición. Con razón, pues, este nacimiento salvador
había de dejar intacta la virginidad de la madre, ya que fue a la vez salvaguarda del pudor y
alumbramiento de la verdad.
Tal era, amadísimos, la clase de nacimiento que convenía a Cristo, fuerza y sabiduría
de Dios; con él se mostró igual a nosotros por su humanidad, superior a nosotros por su
divinidad. Si no hubiera sido Dios verdadero, no hubiera podido remediar nuestra situación; si
no hubiera sido hombre verdadero, no hubiera podido damos ejemplo.
Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo,
y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la
Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no
habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina,
cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?

Y en la Solemnidad de la Anunciación, el 25 de marzo.

De las Cartas de san León Magno, papa


(Carta 28, a Flaviano, 3-4: PL 54, 763-767)

EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN

La majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y,


para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une
a la naturaleza pasible; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y
mismo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, pudo ser a la vez
inmortal, por la conjunción en él de esta doble condición.
El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la
integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y
asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos
referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla.
Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre se dejó engañar por el
maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el
Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe
de nuestros pecados.
Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo
nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo -por el cual, él,
que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser
uno más entre los mortales- fue una dignación de su misericordia, no una falta de poder. Por
tanto, el mismo que, permaneciendo en su condición divina, hizo al hombre es el mismo que se
hace él mismo hombre, tomando la condición de esclavo.
Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el
trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden
de cosas.
En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace
visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible, el que
existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la
inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se
digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte.
El mismo que es Dios verdadero es también hombre verdadero, y en él, con toda
verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.
Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda
destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos
propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la
carne lo que es propio de la carne.
En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a
las injurias. Y así como la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva
la naturaleza propia de nuestra raza.
La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de
Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque ya al comienzo de las cosas existía la
Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se
hizo carne y puso su morada entre nosotros.

Otro testimonio es san Máximo Confesor, que lo hallamos en la feria del 4 de enero del
tiempo de Navidad.

De los Capítulos, distribuidos en cinco centurias, de san Máximo Confesor, abad


(Centuria 1, 8-13: PG 90, 1182-1186)

MISTERIO SIEMPRE NUEVO

El Verbo de Dios nació según la carne una vez por todas, por su bondad y
condescendencia para con los hombres, pero continúa naciendo espiritualmente en aquellos que
lo desean; en ellos se hace niño y en ellos se va formando a medida que crecen sus virtudes; se
da a conocer a sí mismo en proporción a la capacidad de cada uno, capacidad que él conoce; y
si no se comunica en toda su dignidad y grandeza no es porque no lo desee, sino porque conoce
las limitaciones de la facultad receptiva de cada uno, y por esto nadie puede conocerlo de un
modo perfecto.
En este sentido el Apóstol, consciente de toda la virtualidad de este misterio, dice:
Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre, es decir, que se trata de un misterio
siempre nuevo, que ninguna comprensión humana puede hacer que envejezca.
Cristo, que es Dios, nace y se hace hombre, asumiendo un cuerpo y un alma racional,
él, por quien todo lo que existe ha salido de la nada; en el Oriente una estrella brilla en pleno día
y guía a los magos hasta el lugar en que yace el Verbo encarnado; con ello se demuestra que d
Verbo, contenido en la ley y los profetas, supera místicamente el conocimiento sensible y
conduce a los gentiles a la luz de un conocimiento superior.
Es que las enseñanzas de la ley y los profetas, cristianamente entendidas, son como la
estrella que conduce al conocimiento del Verbo encarnado a todos aquellos que han sido
llamados por designio gratuito de Dios.
Así pues, Dios se hace perfecto hombre, sin que le falte nada de lo que pertenece a la
naturaleza humana, excepción hecha del pecado (el cual, por lo demás, no es inherente a la
naturaleza humana); de este modo ofrece a la voracidad insaciable del dragón infernal el
señuelo de su carne, excitando su avidez; cebo que, al morderlo, se había de convertir para él en
veneno mortal y causa de su total ruina, por la fuerza de la divinidad que en su interior llevaba
oculta; esta misma fuerza divina serviría, en cambio, de remedio para la naturaleza humana,
restituyéndola a su dignidad primitiva.
En efecto, así como el dragón infernal, habiendo inoculado su veneno en el árbol de la
ciencia, había corrompido al hombre cuando éste quiso gustar de aquel árbol, así también aquél,
cuando pretendió devorar la carne del Señor, sufrió la ruina y la aniquilación, por el poder de la
divinidad latente en esta carne.
La encarnación de Dios es un gran misterio, y nunca dejará de serlo. ¿Cómo el Verbo,
que existe personal y substancialmente en el Padre, puede al mismo tiempo existir personal y
substancialmente en la carne? ¿Cómo, siendo todo él Dios por naturaleza, se hizo hombre todo
él por naturaleza, y esto sin mengua alguna ni de la naturaleza divina, según la cual es Dios, ni
de la nuestra, según la cual es hombre? únicamente la fe puede captar estos misterios, esta fe
que es el fundamento y la base de lodo aquello que excede la experiencia y el conocimiento
natural.

Y por último, en el siglo VII, a San Columbano, que el Oficio de las Horas lo hallamos el
jueves de la septima semana durante el año.

De las Instrucciones de san Columbano, abad


(Instrucción 1, Sobre la fe, 3-5: Opera, Dublín 1957, pp. 62-66)
LA INSONDABLE PROFUNDIDAD DE DIOS

Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según atestigua de sí
mismo: Yo soy -dice- un Dios cercano, no lejano. El Dios que buscamos no está lejos de
nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros
como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de que estemos
muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros aquel que ha dicho: Habitaré
en medio de ellos y andaré entre ellos. Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces
somos realmente vivificados por él, como miembros vivos suyos: Pues en él -como dice el
Apóstol- vivimos, nos movemos y existimos.
¿Quién, me pregunto, será capaz de penetrar en el conocimiento del Altísimo, si
tenemos en cuenta lo inefable e incomprensible de su ser? ¿Quién podrá investigar las
profundidades de Dios? ¿Quién podrá gloriarse de conocer al Dios infinito que todo lo llena y
todo lo rodea, que todo lo penetra y todo lo supera, que todo lo abarca y todo lo trasciende? A
Dios ningún hombre vio ni puede ver. Nadie, pues, tenga la presunción de preguntarse sobre lo
indescifrable de Dios, qué fue, cómo fue, quién fue. Éstas son cosas inefables, inescrutables,
impenetrables; limítate a creer con sencillez, pero con firmeza, que Dios es y será tal cual fue,
porque es inmutable.
¿Quién es, por tanto, Dios? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. No
indagues más acerca de Dios; porque los que quieren saber las profundidades insondables
deben antes considerar las cosas de la naturaleza. En efecto, el conocimiento de la Trinidad
divina se compara con razón a la profundidad del mar, según aquella expresión del Eclesiastés:
Profundo quedó lo que estaba profundo: ¿quién lo alcanzará? Porque, del mismo modo que la
profundidad del mar es impenetrable a nuestros ojos, así también la divinidad de la Trinidad
escapa a nuestra comprensión. Y por esto, insisto, si alguno se empeña en saber lo que debe
creer, no piense que lo entenderá mejor disertando que creyendo; al contrario, al ser buscado, el
conocimiento de la divinidad se alejará más aún que antes de aquel que pretenda conseguirlo.
Busca, pues, el conocimiento supremo, no con disquisiciones verbales, sino con la
perfección de una buena conducta; no con palabras, sino con la fe que procede de un corazón
sencillo y que no es fruto de una argumentación basada en una sabiduría irreverente. Por tanto,
si buscas mediante el discurso racional al que es inefable, estará lejos de ti, más de lo que
estaba; pero, si lo buscas mediante la fe, la sabiduría estará a la puerta, que es donde tiene su
morada, y allí será contemplada, en parte por lo menos. Y también podemos realmente
alcanzarla un poco cuando creemos en aquel que es invisible, sin comprenderlo; porque Dios ha
de ser creído tal cual es, invisible, aunque el corazón puro pueda, en parte, contemplarlo.

San Agustín, escribe su Tratado sobre la Trinidad, entre los años 400 y 416. Es una obra
cumbre del pensamiento latino, sobre este augusto misterio. Aquí no intentaremos hacer un resumen
de esta obra, sino simplemente presentar el índice de este libro que, por una parte, nos da un
panorama de los principales temas que desarrolla San Agustín; y por otra parte, nos proporciona el
contexto de un conjunto de textos que hemos extraído de esta obra. Estos textos, nos permitirán
cuando veamos a Santo Tomás, profundizar ciertas temáticas centrales del Misterio del Dios Uno y
Trino.

LIBRO I

1. Escribe contra aquellos que, abusando de la razón, calumnian la doctrina de la Trinidad. El


error de los que polemizan acerca de Dios proviene de una triple causa. La Escritura divina,
dejadas a un lado las interpretaciones falsas, nos eleva gradualmente a las cosas de Dios.
Inmortalidad verdadera. Por la fe somos nutridos y nos hacemos aptos pan entender lo
divino.
2. Plan de la obra.
3. Disposiciones que en el lector exige Agustín.
4. Doctrina católica sobre la Trinidad.
5. Dificultades acerca de la Trinidad. Cómo las tres personas son un solo Dios y, obrando
inseparablemente, ejecutan ciertas cosas sin mutuo concurso.
6. El Hijo es consustancial al Padre. No solamente el Padre, sino también la Trinidad, es
inmortal. Todas las cosas han sido hechas por el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo es Dios
verdadero, igual al Padre y al Hijo.
7. Cómo el Hijo es inferior al Padre e inferior a sí mismo.
8. Exégesis de varios pasajes de la Escritura referentes a la inferioridad del Hijo. La
contemplación prometida, fin de todas nuestras acciones. El Espíritu Santo, al igual del
Padre, basta para nuestra bienaventuranza.
9. A veces en una persona divina están todas incluidas.
10. El Hijo entregará el reino al Padre. Consignado el reino, Cristo ya no interpelará por
nosotros.
11. Dos naturalezas en Cristo.
12. La ignorancia de Cristo. Cómo pertenece y no pertenece a Cristo dar el reino. Cristo
juzgará y no juzgará. Nadie sabe el día ni la hora: ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino
sólo el Padre.
13. Del mismo Cristo se predican cosas opuestas a causa de las diversas naturalezas de su
persona. Por qué se dice que el Padre no o ha de juzgar, si dio el juicio al Hijo.

CAPITULO II CAPUT II.

PLAN DE LA OBRA 4. De Trinitate quomodo hoc in opere


disserendum. Quapropter adjuvante Domino Deo
4. Por lo cual, con la ayuda del Señor, nuestro nostro suscipiemus et eam ipsam quam flagitant,
Dios, intentaré contestar, según mis posibles, a la quantum possumus, reddere rationem, quod
cuestión que mis adversarios piden, a saber: que Trinitas sit unus et solus et verus Deus, et quam
la Trinidad es un solo, único y verdadero Dios, y recte Pater et Filius et Spiritus sanctus unius
cuán rectamente se dice, cree y entiende que el ejusdemque substantiae vel essentiae dicatur,
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son de una credatur, intelligatur; ut non quasi nostris
misma esencia o sustancia; de suerte que, no excusationibus illudantur, sed reipsa experiantur,
burlados con nuestras excusas, sino convencidos et esse illud summum bonum quod purgatissimis
por experiencia, se persuadan de la existencia del mentibus cernitur, et a se propterea cerni
Bien Sumo, visible a las almas puras, y de su comprehendique non posse, quia humanae mentis
incomprensibilidad inefable, porque la débil acies invalida in tam excellenti luce non figitur,
penetración de la humana inteligencia no puede nisi per justitiam fidei nutrita vegetetur. Sed
fijar su mirada en el resplandor centelleante de la primum secundum auctoritatem Scripturarum
luz si no es robustecida por la justicia de la fe (lib. sanctarum, utrum ita se fides habeat,
I-IV). demonstrandum est. Deinde si voluerit et
Primero es necesario probar, fundados en la adjuverit Deus, istis garrulis ratiocinatoribus,
autoridad de las Santas Escrituras, si es ésta elatioribus quam capacioribus, atque ideo morbo
nuestra fe. Luego, si Dios quiere y nos socorre, periculosiore laborantibus, sic fortasse serviemus,
abordaré mi respuesta a estos gárrulos ut inveniant aliquid unde dubitare non possint, et
disputadores, más hinchados que capaces, ob hoc in eo quod invenire nequiverint, de suis
enfermos de gran peligro, ayudándoles quizá a mentibus potius quam de ipsa veritate, vel de
encontrar una verdad de la cual no puedan dudar, nostris disputationibus conquerantur: atque ita si
y obligándoles, en lo que no pudieren entender, a quid eis erga Deum vel amoris est vel timoris, ad
poner en cuarentena la penetración y agudeza de initium fidei et ordinem redeant, jam sentientes
su inteligencia o la validez de nuestros quam salubriter in sancta Ecclesia medicina
razonamientos, antes que dudar de la verdad (lib. fidelium constituta sit, ut ad perceptionem
IX-XV). Y si hay en ellos una centella de amor o incommutabilis veritatis imbecillem mentem
temor de Dios, vuelvan al orden y principio de la observata pietas sanct, ne in opinionem noxiae
fe, experimentando en sí la influencia saludable falsitatis temeritas inordinata praecipitet. Nec
de la medicina de los fieles existente en la santa pigebit autem me, sicubi haesito, quaerere; nec
Iglesia, para que la piedad bien cultivada sane la pudebit, sicubi erro, discere.
flaqueza de su inteligencia y pueda percibir la
verdad inconmutable, y así su audacia temeraria
no les precipite en opiniones de una engañosa
falsedad. Y no me pesará indagar cuando dudo, ni
me avergonzaré de aprender cuando yerro.

CAPITULO IV CAPUT IV.

DOCTRINA CATÓLICA SOBRE LA 7. Quae sit doctrina fidei catholicae de Trinitate.


TRINIDAD Omnes quos legere potui, qui ante me scripserunt
de Trinitate, quae Deus est, divinorum Librorum
7. Cuantos intérpretes católicos de los libros veterum et novorum catholici tractatores, hoc
divinos del Antiguo y Nuevo Testamento he intenderunt secundum Scripturas docere, quod
podido leer, anteriores a mi en la especulación Pater et Filius et Spiritus sanctus, unius
sobre la Trinidad, que es Dios, enseñan, al tenor ejusdemque substantiae inseparabili aequalitate
de las Escrituras, que el Padre, el Hijo y el divinam insinuent unitatem; ideoque non sint tres
Espíritu Santo, de una misma e idéntica sustancia, dii, sed unus Deus: quamvis Pater Filium
insinúan, en inseparable igualdad, la unicidad genuerit, et ideo Filius non sit qui Pater est;
divina, y, en consecuencia, no son tres dioses, Filiusque a Patre sit genitus, et ideo Pater non sit
sino un solo Dios. Y aunque el Padre engendró un qui Filius est; Spiritusque sanctus nec Pater sit
Hijo, el Hijo no es el Padre; y aunque el Hijo es nec Filius, sed tantum Patris et Filii Spiritus, Patri
engendrado por el Padre, el Padre no es el Hijo; y et Filio etiam ipse coaequalis, et ad Trinitatis
el Espíritu Santo no ni el Padre ni el Hijo, sino el pertinens unitatem. Non tamen eamdem
Espíritu del Padre y del Hijo, al Padre y al Hijo Trinitatem natam de virgine Maria, et sub Pontio
coigual y perteneciente a la unidad trina. Pilato crucifixam et sepultam, tertio die
Sin embargo, la Trinidad no nació de María resurrexisse, et in coelum ascendisse, sed
Virgen, ni fue crucificada y sepultada bajo Poncio tantummodo Filium. Nec eamdem Trinitatem
Pilato, ni resucitó al tercer día, ni subió a los descendisse in specie columbae super Jesum
cielos, sino el Hijo solo; ni descendió la Trinidad baptizatum (Matth. III, 16) ; aut die Pentecostes
en figura de paloma sobre Jesús el día de su post ascensionem Domini, sonitu facto de coelo
bautismo; ni en la solemnidad de Pentecostés, quasi ferretur flatus vehemens, et linguis divisis
después de la ascensión del Señor, entre viento velut ignis sedisse super unumquemque eorum,
huracanado y fragores del cielo, vino a posarse, sed tantummodo Spiritum sanctum (Act. II, 2-4)
en forma de lenguas de fuego, sobre los apóstoles, Nec eamdem Trinitatem dixisse de coelo, Tu es
sino sólo el Espíritu Santo. Finalmente, no dijo la Filius meus (Marc. I, 11) , sive cum baptizatus
Trinidad desde el cielo: Tú eres mi Hijo, cuando est a Joanne, sive in monte quando cum illo erant
Jesús fue bautizado por Juan, o en el monte tres discipuli (Matth. XVII, 5) ; aut quando
cuando estaba en compañía de sus tres discípulos, sonuit vox, dicens, Et clarificavi, et iterum
ni al resonar aquella voz: Le he glorificado y clarificabo (Joan. XII, 28) : sed tantummodo
volveré glorificar, sino que era únicamente la voz Patris vocem fuisse ad Filium factam; quamvis
d Padre, que hablaba a su Hijo, si bien el Padre, el Pater et Filius et Spiritus sanctus, sicut
Hijo y el Espíritu Santo sean inseparables en su inseparabiles sunt, ita inseparabiliter operentur.
esencia y en sus operaciones. Y ésta es mi fe, pues Haec et mea fides est, quando haec est catholica
es la fe católica. fides

CAPITULO V CAPUT V.

DIFICULTADES ACERCA DE LA TRINIDAD. 8. Difficultates de Trinitate: quomodo tres unus


CÓMO LAS TRES PERSONAS SON UN SOLO Deus, et inseparabiliter operantes praestent
DIOS, Y OBRANDO INSEPARABLEMENTE, quaedam sine invicem. Sed in ea nonnulli
EJECUTAN CIERTAS COSAS SIN MUTUO perturbantur, cum audiunt Deum Patrem, et Deum
CONCURSO Filium, et Deum Spiritum sanctum, et tamen hanc
Trinitatem non tres deos, sed unum Deum; et
8. Pero algunos se turban cuando oyen decir que quemadmodum id intelligant quaerunt: praesertim
el Padre es Dios, que el Hijo es Dios y que el cum dicitur, inseparabiliter operari Trinitatem in
Espíritu Santo es Dios, y, sin embargo, no hay tres omni re quam Deus operatur, et tamen quamdam
dioses en la Trinidad, sino un solo Dios; y tratan vocem Patris sonuisse, quae vox Filii non sit; in
de entender cómo puede ser esto: especialmente carne autem natum, et passum, et resurrexisse, et
cuando se dice que la Trinidad actúa in coelum ascendisse nonnisi Filium; in columbae
inseparablemente en todas las operaciones de autem specie venisse nonnisi Spiritum sanctum:
Dios; con todo, no fue la voz del Hijo, sino la voz intelligere volunt, quomodo et illam vocem, quae
del Padre, la que resonó; sólo el Hijo se apareció nonnisi Patris fuit, Trinitas fecerit; et illam
en carne mortal, padeció, resucitó y subió al cielo; carnem, in qua nonnisi Filius de Virgine natus est,
y sólo el Espíritu Santo vino en figura de paloma. eadem Trinitas creaverit; et illam columbae
Y quieren entender cómo aquella voz del Padre es speciem, in qua nonnisi Spiritus sanctus apparuit,
obra de la Trinidad, y cómo aquella carne en la illa ipsa Trinitas operata sit. Alioquin non
que sólo el Hijo nació de una Virgen es obra de la inseparabiliter Trinitas operatur, sed alia Pater
misma Trinidad, y cómo pudo la Trinidad actuar facit, alia Filius, alia Spiritus sanctus: aut si
en la figura de paloma, pues únicamente en ella se quaedam simul faciunt, quaedam sine invicem,
apareció el Espíritu Santo. jam non inseparabilis est Trinitas. Movet etiam
Pues de no ser así, la Trinidad no obraría quomodo Spiritus sanctus in Trinitate sit, quem
inseparablemente, y entonces el Padre seria autor nec Pater, nec Filius, nec ambo genuerint, cum sit
de unas cosas, el Hijo de otras y el Espíritu Santo Spiritus et Patris et Filii. Quia ergo quaerunt ista
de otras; o, si ciertas operaciones son comunes y homines, et taedio nobis sunt; si quid hinc ex
algunas privativas de una persona determinada, ya dono Dei sapit infirmitas nostra, edisseramus eis
no es inseparable la Trinidad. ut possumus, neque cum invidia tabescente iter
Les preocupa también saber cómo el Espíritu habeamus (Sap. VI, 25) . Si dicimus nihil nos de
Santo pertenece a dicha Trinidad no siendo talibus rebus cogitare solere, mentimur: si autem
engendrado por el Padre, ni por el Hijo, ni por fatemur habitare ista in cogitationibus nostris,
ambos a una, aunque es Espíritu del Padre y del quoniam rapimur amore indagandae veritatis,
Hijo. Estas son, pues, las cuestiones que hasta flagitant jure charitatis ut eis indicemus quid hinc
cansarnos nos proponen; y si Dios se complace en excogitare potuerimus: non quia jam acceperim,
ayudar nuestra pequeñez, ensayaremos aut perfectus sim; (nam si Paulus apostolus,
responderles, evitando caminar con aquel que de quanto magis ego longe infra illius pedes jacens
envidia se consume. non me arbitror apprehendisse?) sed pro modulo
Si afirmo que no suelen venirme al pensamiento meo, si ea quae retro sunt obliviscor, et in
tales problemas, mentiría; y si confieso que estas anteriora me extendo, et secundum intentionem
cosas tienen holgada dimensión en mi sequor ad palmam supernae vocationis (Philipp.
entendimiento, pues me inflamo en el amor de la III, 12-14) , quantum ejusdem viae peregerim, et
verdad a indagar, me asedian, con el derecho de la quo pervenerim, unde mihi in finem reliquus
caridad, para que les indique las soluciones cursus est, ut aperiam desideratur a me, illis
encontradas. No es que haya alcanzado la meta, o desiderantibus quibus me servire cogit libera
sea ya perfecto (si el apóstol San Pablo no se charitas. Oportet autem, et donabit Deus, ut eis
atrevió a decirlo de sí, ¿cómo osaré yo ministrando quae legant, ipse quoque proficiam;
pregonarlo, estando tan distanciado de él y bajo et eis cupiens respondere quaerentibus, ipse
sus pies?); mas olvido lo que atrás queda y me quoque inveniam quod quaerebam. Ergo suscepi
lanzo, según mi capacidad, a la conquista de lo haec, jubente atque adjuvante Domino Deo
que tengo delante y corro, con la intención, hacia nostro, non tam cognita cum auctoritate disserere,
la recompensa de la vocación suprema. Dónde me quam ea cum pietate disserendo cognoscere.
encuentro en este caminar, a dónde he llegado y
cuánto me falta para alcanzar el fin, es lo que
desean saber de mí aquellos de quienes la caridad
libre me hace humilde servidor.

CAPITULO VI CAPUT VI.

EL HIJO ES CONSUSTANCIAL AL PADRE. 9. Filium esse verum Deum ejusdem cum Patre
NO SOLAMENTE EL PADRE, SINO TAMBIÉN substantiae. Non solus Pater, sed Trinitas dicta
LA TRINIDAD ES INMORTAL. TODAS LAS immortalis. Non ex solo Patre omnia, sed etiam
COSAS HAN SIDO HECHAS POR EL PADRE ex Filio. Spiritum sanctum esse verum Deum
Y EL HIJO. EL ESPÍRITU SANTO ES DIOS Patri et Filio aequalem. Qui dixerunt Dominum
VERDADERO, IGUAL AL PADRE Y AL HIJO nostrum Jesum Christum non esse Deum, aut non
esse verum Deum, aut non cum Patre unum et
9. Los que dijeron que nuestro Señor Jesucristo solum Deum, aut non vere immortalem, quia
no era Dios, o que no era Dios verdadero, o que mutabilem, manifestissima divinorum
no era un Dios con el Padre, o que por ser testimoniorum et consona voce convicti sunt;
mudable no era inmortal, pueden ser convencidos unde sunt illa: In principio erat Verbum, et
por el testimonio acordado y unánime de los Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum.
libros divinos, de donde están tomadas estas Manifestum est enim quod Verbum Dei, Filium
palabras: En el principio existía la Palabra, y la Dei unicum accipimus, de quo post dicit, Et
Palabra estaba en Dios, y la Palabra era Dios. Es Verbum caro factum est, et habitavit in nobis,
manifiesto que nosotros reconocemos en el Verbo propter nativitatem incarnationis ejus, quae facta
de Dios al Hijo único de Dios, del cual dice est in tempore ex Virgine. In eo autem declarat,
luego: Y la Palabra se hizo carne y habitó entre non tantum Deum esse, sed etiam ejusdem cum
nosotros, a causa del nacimiento de su Patre substantiae, quia cum dixisset, Et Deus erat
encarnación, acaecido, en el tiempo, de una Verbum: Hoc erat, inquit, in principio apud
Virgen. Deum; omnia per ipsum facta sunt, et sine ipso
En este pasaje declara San Juan no sólo que factum est nihil (Joan. I, 1, 14, 2, 3) . Neque enim
Cristo es Dios, sino que es consustancial al Padre, dicit, omnia; nisi quae facta sunt, id est omnem
pues habiendo dicho que la Palabra era Dios, creaturam. Unde liquido apparet ipsum factum
continúa: En el principio estaba en Dios. Todas non esse per quem facta sunt omnia. Et si factus
las cosas fueron hechas por El, y sin El nada ha non est, creatura non est: si autem creatura non
sido hecho. En el omnia se incluyen todas las est, ejusdem cum Patre substantiae est. Omnis
criaturas. Luego consta con evidencia que no ha enim substantia quae Deus non est, creatura est; et
sido hecho aquel por quien fueron hechas todas quae creatura non est, Deus est. Et si non est
las cosas. Y si no ha sido hecho, no es criatura; y Filius ejusdem substantiae cujus Pater; ergo facta
si no es criatura, es una misma sustancia con el substantia est: si facta substantia est, non omnia
Padre. Toda sustancia que no es Dios, es criatura; per ipsum facta sunt: at omnia per ipsum facta
y la sustancia que no es criatura, es Dios. Si el sunt; unius igitur ejusdemque cum Patre
Hijo no es una misma sustancia con el Padre, es substantiae est. Et ideo non tantum Deus, sed et
criatura; y si es criatura, ya no han sido hechas verus Deus. Quod idem Joannes apertissime in
por El todas las cosas. Pero está escrito: Todo ha Epistola sua dicit: Scimus quod Filius Dei venerit,
sido hecho por El; luego es una misma sustancia et dederit nobis intellectum ut cognoscamus
con el Padre, y, por consiguiente, no sólo es Dios, verum Deum, et simus in vero Filio ejus Jesu
sino también Dios verdadero. Christo. Hic est verus Deus, et vita aeterna (I
El mismo San Juan dice con gran claridad en su Joan. V, 20) .
Carta: Sabemos que el Hijo de Dios vino y nos
dio inteligencia para que conozcamos al Dios
verdadero y estemos en su verdadero Hijo,
Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida
eterna.

13. Sobre el Espíritu Santo se han reunido


asimismo abundantes testimonios, utilizados por 13. Similiter et de Spiritu sancto collecta sunt
los que antes que yo han escrito acerca de estas testimonia, quibus ante nos qui haec
materias, en los que se prueba que el Espíritu disputaverunt, abundantius usi sunt, quia et ipse
Santo es Dios y no criatura a. Y si no es criatura, Deus, et non creatura. Quod si non creatura, non
es no sólo Dios (pues los hombres son también tantum (Deus nam et homines dicti sunt dii [Psal.
llamados dioses), sino Dios verdadero. Por LXXXI, 6] ), sed etiam verus Deus. Ergo Patri et
consiguiente, igual en todo al Padre y al Hijo, Filio prorsus aequalis, et in Trinitatis unitate
consustancial y coeterno en la unidad de la consubstantialis et coaeternus. Maxime vero illo
Trinidad. loco satis claret, quod Spiritus sanctus non sit
Que el Espíritu Santo no es criatura lo demuestran creatura, ubi jubemur non servire creaturae, sed
sobre todo aquellas palabras de la Escritura donde Creatori (Rom. I, 25) : non eo modo quo jubemur
se nos manda servir al Criador y no a la criatura, y per charitatem servire invicem (Galat. V, 13) ,
no ala manera como se nos manda ayudarnos quod est graece douleuvein; sed eo modo quo
mutuamente, con caridad, en griego douleuein, tantum Deo servitur, quod est graece latreuvein.
sino como se nos preceptúa adorar a Dios, con Unde idololatrae dicuntur qui simulacris eam
culto de latria, latreuein en griego. Por eso a los servitutem exhibent quae debetur Deo. Secundum
adoradores de falsos númenes, se les llama hanc enim servitutem dictum est, Dominum
idólatras. Y, según esta servidumbre, se dijo: Al Deum tuum adorabis, et illi soli servies (Deut.
Señor, tu Dios, adorarás y a El solo servirás. El VI, 13) . Nam et hoc distinctius in graeca
texto griego es más explícito, pues usa la palabra Scriptura invenitur; latreuvseiû enim habet. Porro
latreúseis. si tali servitute creaturae servire prohibemur,
Si se nos prohíbe servir a la criatura con esta quandoquidem dictum est, Dominum Deum tuum
esclavitud, pues está escrito: Al Señor, tu Dios, adorabis, et illi soli servies; unde et Apostolus
adorarás y a El solo servirás, y el Apóstol detesta detestatur eos qui coluerunt, et servierunt
a los que adoran y sirven a la criatura antes que al creaturae, potius quam Creatori: non est utique
Criador, no es criatura el Espíritu Santo, pues, en creatura Spiritus sanctus, cui ab omnibus sanctis
expresión del mismo Apóstol, todos los santos le talis servitus exhibetur dicente Apostolo, Nos
sirven y adoran. Porque la circuncisión, dice, enim sumus circumcisio, Spiritui Dei servientes
somos nosotros, los que servimos al Espíritu de (Philipp. III, 3) , quod est in graeco, latreuvonteû.
Dios; en griego, latreúontes. Muchos códices Plures enim codices etiam latini sic habent, qui
latinos leen: Los que servimos al Espíritu de Dios; Spiritui Dei servimus: graeci autem omnes, aut
y los griegos, todos o casi todos. En algunos pene omnes. In nonnullis autem exemplaribus
ejemplares latinos se encuentra esta variante: Los latinis invenimus non, Spiritui Dei servimus; sed,
que servimos a Dios en el espíritu, en vez de: Los spiritu Deo servimus. Sed qui in hoc errant, et
que servimos al Espíritu de Dios. auctoritati graviori cedere detrectant, numquid et
Pero los que yerran en esto y rehúsan doblegarse illud varium in codicibus reperiunt: Nescitis quia
ante el peso de la autoridad, ¿por ventura corpora vestra templum in vobis est Spiritus
encontrarán la más ligera variante en los códices sancti, quem habetis a Deo? Quid autem insanius
del texto siguiente: Ignoráis que vuestros cuerpos magisque sacrilegum est, quam ut quisquam
son templo del Espíritu Santo, que habita en dicere audeat membra Christi templum esse
vosotros y habéis recibido de Dios? ¿No será una creaturae minoris secundum ipsos, quam Christus
insigne necedad y un gran sacrilegio afirmar que est? Alio enim loco dicit: Corpora vestra membra
los miembros de Cristo son — en su sentir — sunt Christi. Si autem quae membra sunt Christi,
templo de una criatura inferior a Cristo? En otro templum est Spiritus sancti, non est creatura
lugar dice el Apóstol: Vuestros cuerpos son Spiritus sanctus: quia cui corpus nostrum
miembros de Cristo. Si, pues, los miembros de templum exhibemus, necesse est ut huic eam
Cristo son templo del Espíritu Santo, no es servitutem debeamus, qua nonnisi Deo
criatura el Espíritu Santo; porque desde el serviendum est, quae graece appellatur latreiva.
momento en que nuestros cuerpos se transforman Unde consequenter dicit: Glorificate ergo Deum
en morada del Espíritu Santo es menester que le in corpore vestro
rindamos el homenaje debido a Dios, y que en
griego se llama latreía, latría. De ahí que,
consecuente, dice: Glorificad, pues, a Dios en
vuestro cuerpo.

CAPITULO XI CAPUT XI.

DOS NATURALEZAS EN CRISTO 22. Regula qua intelligitur Filius in Scripturis


nunc aequalis, nunc minor. Quapropter, cognita
22. Regla para entender rectamente las Escrituras, ista regula intelligendarum Scripturarum de Filio
cuando del Hijo hablan, es distinguir entre lo que Dei, ut distinguamus quid in eis sonet secundum
se dice según la naturaleza de Dios, en la que es formam Dei, in qua aequalis est Patri, et quid
igual al Padre, y la naturaleza de siervo que secundum formam servi quam accepit, in qua
asumió en el tiempo, en la que es al Padre minor est Patre, non conturbabimur tanquam
inferior. Comprendida esta regla, ya no nos contrariis ac repugnantibus inter se sanctorum
inquietarán las aparentes contradicciones que Librorum sententiis. Nam secundum formam Dei
encontramos en las sentencias de los Libros aequalis est Patri et Filius et Spiritus sanctus, quia
inspirados. neuter eorum creatura est, sicut jam ostendimus:
En su naturaleza divina, el Hijo y el Espíritu secundum autem formam servi, minor est Patre,
Santo son iguales al Padre, porque ninguno de quia ipse dixit: Pater major me est (Joan. XIV,
ellos es criatura, según hemos probado; en su 28) : minor est se ipso, quia de illo dictum est,
condición de esclavo, el Hijo es al Padre inferior, Semetipsam exinanivit (Philipp. II, 7) : minor est
pues El mismo dice: El Padre es mayor que yo; y Spiritu sancto, quia ipse ait, Qui dixerit
es también inferior a sí mismo, porque de El está blasphemiam in Filium hominis, remittetur ei; qui
escrito: Se anonadó a sí mismo; y es, finalmente, autem dixerit in Spiritum sanctum, non remittetur
inferior al Espíritu Santo, pues dice: Quien ei (Matth. XII, 32) . Et in ipso virtutes operatus
blasfemare contra el Hijo del hombre, será est, dicens: Si ego in Spiritu Dei ejicio daemonia,
perdonado; pero quien blasfemare contra el certe supervenit super vos regnum Dei (Luc. XI,
Espíritu Santo, no será perdonado, ni en este siglo 20) . Et apud Isaiam dicit, quam lectionem ipse in
ni en el futuro. Y obra prodigios en nombre del synagoga recitavit, et de se completam sine
Espíritu Santo, pues dice: Si yo arrojo los scrupulo dubitationis ostendit. Spiritus, inquit,
demonios en el Espíritu de Dios, sin duda el reino Domini super me; propter quod unxit me,
de Dios ha llegado a vosotros. Mas, sin titubeos ni evangelizare pauperibus misit me, praedicare
escrúpulos, se apropia aquel pasaje de Isaías, que captivis remissionem (Isai. LXI, 1; Luc. IV, 18,
El lee en la Sinagoga: El Espíritu del Señor está 19) , et caetera: ad quae facienda ideo dicit se
sobre mí, porque me ungió y envió a evangelizar missum, quia Spiritus Domini est super eum.
a los pobres y predicar la redención a los cautivos. Secundum formam Dei, omnia per ipsum facta
Para dar cumplimiento a este vaticinio ha sido El sunt (Joan. I, 3) : secundum formam servi, ipse
enviado, porque sobre El descansa el Espíritu del factus est ex muliere, factus sub Lege (Galat. IV,
Señor. 4) . Secundum formam Dei, ipse et Pater unum
Según su forma divina, todas las cosas han sido sunt (Joan. X, 30) : secundum formam servi, non
hechas por EL En su forma de esclavo nació de venit facere voluntatem suam, sed voluntatem
una mujer, bajo el imperio de la Ley. En su forma ejus qui eum misit (Id. VI, 38) . Secundum
divina, El y el Padre son uno; en su forma de formam Dei, sicut habet Pater vitam in semetipso,
hombre no vino a hacer su voluntad, sino la sic dedit et Filio vitam habere in semetipso (Id. V,
voluntad del que le envió. Como Dios, así como 26) : secundum formam servi, tristis est anima
el Padre tiene vida en sí mismo, así dio al Hijo ejus usque ad mortem; et, Pater, inquit, si fieri
tener vida en sí mismo; como hombre, su alma potest, transeat a me iste calix (Matth. XXVI, 38,
está triste hasta la muerte, y exclama: Padre, si es 39) . Secundum formam Dei, ipse est verus Deus
posible, pase de mí este cáliz. En su forma divina et vita aeterna (I Joan. V, 20) : secundum formam
es Dios verdadero y vida eterna; en su forma de servi, factus est obediens usque ad mortem,
esclavo se hizo obediente hasta la muerte, y mortem autem crucis (Philipp. II, 8) .
muerte de cruz.
23. En cuanto Dios, todo lo que tiene el Padre, 23. Secundum formam Dei, omnia quae habet
suyo es y puede decir al Padre: Todas tus cosas Pater, ipsius sunt (Joan. XVI, 15) : et, Omnia mea
son mías, y lo mío tuyo; en cuanto hombre, tua sunt, inquit, et tua mea (Id. XVII, 10) .
confiesa que su doctrina no es suya, sino de aquel Secundum formam servi, non est doctrina ipsius,
que lo envió. sed illius qui eum misit (Id. VII, 16)

LIBRO II
PREFACIO

1. Reglas e hermenéutica sacra. Triple género de locuciones.


2. Dos acepciones en una sentencia.
3. Aplicaciones de la regla mencionada al Espíritu Santo.
4. La glorificación del Hijo por el Padre no arguye desemejanza.
5. Misiones divinas.
6. Epifanías del Espíritu Santo.
7. Duda acerca de las apariciones divinas.
8. Toda la Trinidad, invisible.
9. Dificultades y soluciones. La verdad ha de buscarse en el estudio reposado.
10. Las teofanías en el Antiguo Testamento. Aparición de Dios a Adán. Visión de Abrahán.
11. Cabe la encina de Mambre.
12. Visión de Lot.
13. La zarza ardiendo.
14. La nube y la columna de fuego.
15. En la cumbre del Sinaí.
16. Cómo vio Moisés al Señor.
17. Moisés ve las espaldas de Yahveh. Fe en la resurrección de Cristo. Sólo en la Iglesia
católica se ven las espaldas el Señor. Los israelitas ven las espaldas del Señor. Es opinión
temeraria creer que el Padre nunca se apareció a los patriarcas.
18. Visión de Daniel.

CAPITULO I CAPUT PRIMUM.


REGLAS DE HERMENÉUTICA SACRA.
TRIPLE GÉNERO DE LOCUCIONES 2. Regula duplex ad intelligendas Scripturarum
locutiones de Filio Dei. Locutiones triplicis
2. Por ende, aunque, según las Escrituras y la generis. Quamobrem, quanquam firmissime
regla canónica aceptada por todos los sabios teneamus de Domino nostro Jesu Christo, et per
intérpretes católicos, creamos con firmeza que Scripturas disseminatam, et a doctis catholicis
nuestro Señor Jesucristo es Hijo de Dios, en su earumdem Scripturarum tractatoribus
forma divina igual al Padre e inferior al Padre en demonstratam tanquam canonicam regulam,
su forma recepta de esclavo, siendo en esta forma quomodo intelligatur Dei Filius et aequalis Patri
no sólo inferior al Padre, sino también al Espíritu secundum Dei formam in qua est, et minor Patre
Santo, e incluso inferior a sí mismo, no inferior a secundum servi formam quam accepit (Philipp.
lo que fue, sino a lo que es, porque al tomar forma II, 6, 7) ; in qua forma non solum Patre, sed etiam
de siervo no se despojó de su divinidad, como lo Spiritu sancto, neque hoc tantum, [0846] sed
demuestran los testimonios escriturísticos etiam se ipso minor inventus est, non se ipso qui
aducidos en el libro anterior; sin embargo, hay en fuit, sed se ipso qui est; quia forma servi accepta,
los divinos oráculos sentencias ambiguas, y se formam Dei non amisit, sicut Scripturarum, quae
vacila en aplicar la regla de fe, pues se ignora si in superiore libro commemoravimus, testimonia
se refieren al Hijo inferior en su naturaleza asunta docuerunt: sunt tamen quaedam in divinis eloquiis
o al Hijo no inferior, sino igual al Padre, Dios de ita posita, ut ambiguum sit ad quam potius
Dios y luz de luz. Decimos, en efecto, que el Hijo regulam referantur; utrum ad eam qua
es Dios de Dios, y el Padre solamente Dios, pero intelligimus minorem Filium in assumpta
no Dios de Dios. Es manifiesto que el Hijo tiene creatura, an ad eam qua intelligimus, non quidem
algún otro de quien recibe el ser y por quien es minorem esse Filium, sed aequalem Patri, tamen
Hijo; pero el Padre no tiene un hijo de quien ab illo hunc esse Deum de Deo, lumen de lumine.
recibir el ser, sino solamente para el que es Padre. Filium quippe dicimus Deum de Deo: Patrem
Todo hijo recibe de su padre el ser, y no es hijo autem, Deum tantum; non, de Deo. Unde
sino para su padre; mientras que ningún padre manifestum est quod Filius habeat alium de quo
recibe del hijo la existencia, pero es padre para el sit, et cui Filius sit; Pater autem non Filium de
hijo. quo sit habeat, sed tantum cui Pater sit. Omnis
3. Así, ciertos pasajes de la Escritura hablan del enim filius de patre est quod est, et patri filius est:
Padre y del Hijo para indicar unicidad e igualdad nullus autem pater de filio est quod est, sed filio
de sustancia. Por ejemplo: Yo y el Padre somos pater est.
uno. Siendo Dios en la forma, no repute rapiña
hacerse igual a Dios; y así otros similares. 3. Quaedam itaque ita ponuntur in Scripturis de
Algunos, por el contrario, hablan del Hijo como Patre et Filio, ut indicent unitatem
inferior al Padre, a causa de su forma servil, es aequalitatemque substantiae, sicuti est, Ego et
decir, por la criatura que El asumió de humana y Pater unum sumus (Joan. X, 30) ; et, Cum in
mudable sustancia. El Padre, dice, es mayor que forma Dei esset, non rapinam arbitratus est esse
yo. El Padre no juzga a nadie, pues puso en aequalis Deo (Philipp. II, 6) ; et quaecumque
manos del Hijo todo juicio. Y, consecuente, añade talia sunt. Quaedam vero ita, ut minorem
poco después: Le dio el poder de juzgar, por ostendant Filium propter formam servi, id est,
cuanto El es el Hijo del hombre. Otros, propter assumptam creaturam mutabilis
finalmente, no indican ni inferioridad ni igualdad, humanaeque substantiae, sicuti est quod ait,
sino simplemente procedencia. Como éste: Como Quoniam Pater major me est (Joan. XIV, 28) ; et,
el Padre tiene vida en sí mismo, dio también al Pater non judicat quemquam, sed omne judicium
Hijo tener vida en si; y este otro; El Hijo no puede dedit Filio. Nam paulo post consequenter ait, Et
hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al potestatem dedit ei et judicium facere, quoniam
Padre. Si este último testimonio significa la Filius hominis est. Quaedam porro ita, ut nec
inferioridad del. Hijo según su forma creada, se minor nec aequalis tunc ostendatur, sed tantum
seguiría que el Padre caminó primero sobre las quod de Patre sit intimetur, ut est illud, Sicut
aguas y lavó con saliva y lodo los ojos de algún habet Pater vitam in semetipso, sic dedit Filio
otro ciego de nacimiento, y así de cuanto hizo el vitam habere in semetipso; et illud, Neque enim
Hijo al aparecer en carne entre los hombres; sólo potest Filius a se facere quidquam, nisi quod
así podría ejecutar estas acciones el que afirmó viderit Patrem facientem (Id. V, 22, 27, 26, 19) .
que nada podía hacer sino lo que ve ejecutar al Quod si propterea dictum acceperimus, quia in
Padre. ¿Quién, sin delirar, se atreverá a razonar forma accepta ex creatura minor est Filius,
así? consequens erit ut prior Pater super aquas
Resta, pues, admitir el que estas cosas hayan sido ambulaverit, aut alicujus alterius caeci nati de
dichas por la inconmutabilidad de vida que existe sputo et luto oculos aperuerit, et caetera quae
entre el Padre y el Hijo, si bien el Hijo la recibe Filius in carne apparens inter homines fecit
del Padre, y que la acción del Padre y del Hijo es (Matth. XIV, 26, et Joan. IX, 6, 7) , ut posset ea
indivisible; no obstante, el dinamismo del Hijo facere qui dixit non posse Filium a se facere
procede de aquel de quien recibe el ser, es decir, quidquam, nisi quod viderit Patrem facientem:
del Padre; y así el Hijo ve al Padre, y quis autem vel delirus ita sentiat? Restat ergo ut
precisamente porque lo ve es Hijo. Ver al Padre haec ideo dicta sint, quia incommutabilis est vita
significa ser del Padre; esto es, nacer del Padre; y Filii sicut Patris, et tamen de Patre est; et
ver actuar al Padre es actuar juntamente con El, inseparabilis est operatio Patris et Filii, sed tamen
pelo nunca por sí, porque no tiene el ser por sí ita operari Filio de illo est, de quo ipse est, id est
mismo. Por esta razón: El Hijo hace lo que ve de Patre; et ita videt Filius Patrem, ut quo eum
hacer al Padre, porque del Padre es nacido. Y aquí videt hoc ipso sit Filius. Non enim aliud illi est
no hay semejanza con el pintor que copia el esse de Patre, id est nasci de Patre, quam videre
cuadro de un artista colocado ante sus ojos, ni con Patrem; aut aliud videre operantem, quam pariter
la mano que graba en letras los pensamientos del operari: sed ideo non a se, quia non est a se. Et
alma, sino que todo lo que el Padre hace lo hace ideo quae viderit Patrem facientem, haec eadem
también el Hijo. Al decir todo y también indica facit et Filius similiter, quia de Patre est. Neque
que su acción es inseparable e igual a la acción enim alia similiter, sicut pictor alias tabulas
del Padre; pero al Hijo le viene del Padre. En pingit, quemadmodum alias ab alio pictas videt;
consecuencia, el Hijo nada puede hacer sino lo nec eadem dissimiliter, sicut corpus easdem
que ve hacer al Padre. litteras exprimit, quas animus cogitavit: sed
Esta regla de la Escritura no significa inferioridad quaecumque, inquit, Pater facit, haec eadem et
de uno de ellos con relación al otro, sino que da a facit Filius similiter (Joan. V, 19) . Et, haec
entender que uno procede del otro. Regla que eadem dixit; et, similiter: ac per hoc inseparabilis
algunos han interpretado como si el Hijo fuera et par est operatio Patri et Filio, sed a Patre est
inferior al Padre. Ciertos escritores de los Filio. Ideo non potest Filius a se facere quidquam,
nuestros, asaz ignorantes y poco versados en estas nisi quod viderit Patrem facientem. Ex hac ergo
materias, se afanan por entender dichas regula, qua ita loquuntur Scripturae, ut non alium
expresiones según la forma de siervo, y como la alio minorem, sed tantum velint ostendere quis de
sana razón rehúsa su asentimiento, se turban. Para quo sit, nonnulli eum sensum conceperunt,
que esto no suceda es preciso seguir esta regla, tanquam minor Filius diceretur. Quidam autem
según la cual el Hijo de Dios, si bien procede del nostri indoctiores, et in his minime eruditi, dum
Padre, no es inferior al Padre; y en los haec secundum formam servi conantur accipere,
mencionados testimonios se demuestra no su et eos rectus intellectus non sequitur, perturbantur.
desemejanza, sino su nacimiento. Quod ne accidat, tenenda est haec regula, qua non
minor est Filius, sed quod de Patre sit intimatur:
quibus verbis non inaequalitas, sed nativitas ejus
ostenditur.

CAPITULO II CAPUT II.


DOS ACEPCIONES EN UNA SENTENCIA 4. Ex utralibet regula intelligi quasdam locutiones
de Filio. Sunt ergo quaedam in sanctis Libris, ut
4. Según principié a decir, hay en los Libros dicere coeperam, ita posita, ut ambiguum sit
santos testimonios que es difícil discernir cuándo quonam referenda sint: utrum ad illud quod
se refieren al Hijo en cuanto inferior en su propter assumptam creaturam minor est Filius; an
condición de criatura y cuándo al Hijo como igual ad illud, quod quamvis aequalis, tamen quia de
al Padre, aunque nacido del Padre. A mi entender, Patre sit indicatur. Et mihi quidem videtur, si eo
dado el carácter ambiguo de ciertas expresiones, modo ambiguum est, ut explicari discernique non
se pueden interpretar, sin peligro de error, en possit, ex utralibet regula sine periculo posse
ambos sentidos. Un ejemplo: Mi doctrina no es intelligi, sicut est quod ait, Mea doctrina non est
mía, sino del que me envió. Puede entenderse del mea, sed ejus qui me misit (Id. VII, 16) . Nam et
Hijo en su forma de siervo, como hemos visto en ex forma servi potest accipi, sicut jam in libro
el libro anterior, y se puede entender también del superiore tractavimus (Supra, lib. 1, cap. 12) ; et
Hijo en su forma de Dios, en la que, nacido del ex forma Dei, in qua sic aequalis est Patri, ut
Padre, es uno con el Padre. En su forma de Dios tamen de Patre sit. In Dei quippe forma, sicut non
no es una realidad el ser Hijo y otra el ser vida, est aliud Filius, aliud vita ejus, sed ipsa vita Filius
porque el Hijo es vida; ni es una cosa ser Hijo y est; ita non est aliud Filius, aliud doctrina ejus,
otra ser doctrina, porque El es doctrina. Y así sed ipsa doctrina Filius est. Ac per hoc sicut id
como las palabras dio vida al Hijo quieren quod dictum est, dedit Filio vitam, non aliud
significar que el Padre engendró al Hijo, que es intelligitur quam, Genuit Filium qui est vita; sic
vida, así, cuando dice: Dio al Hijo la doctrina, da etiam cum dicitur, Dedit Filio doctrinam, bene
a entender que engendró al Hijo, que es doctrina. intelligitur, Genuit Filium qui est doctrina: ut
Por eso dice Cristo: Mi doctrina no es mía, sino quod dictum est, Mea doctrina non est mea, sed
del que me envió. Que es decir: Yo no nací de mí ejus qui me misit, sic intelligatur ac si dictum sit,
mismo, sino de aquel que me envió. Ego non sum a me ipso, sed ab illo qui me misit.

CAPITULO III CAPUT III.

APLICACIONES DE LA REGLA 5. De Spiritu sancto quaedam ex altera tantum


MENCIONADA AL ESPÍRITU SANTO regula intelliguntur. Nam et de Spiritu sancto, de
quo non dictum est, Semetipsum exinanivit,
5. Del Espíritu Santo no se lee que se haya formam servi accipiens; ait tamen ipse Dominus:
anonadado tomando naturaleza de siervo, y, sin Cum autem venerit ille Spiritus veritatis, docebit
embargo, dice el mismo Señor. Cuando viniere el vos omnem veritatem. Non enim loquetur a
Espíritu de verdad, os enseñará toda verdad. No semetipso, sed quaecumque audiet loquetur, et
hablará de sí mismo, sino que hablará lo que quae ventura sunt annuntiabit vobis. Ille me
oyere y os hará saber las cosas venideras. El me clarificabit; quia de meo accipiet, et annuntiabit
glorificará, porque tomará de lo mío y os lo dará a vobis. Post haec verba, nisi continuo secutus
conocer. Después de leer estas palabras se podría dixisset, Omnia quaecumque habet Pater, mea
colegir que el Espíritu Santo es nacido del Hijo, sunt: propterea dixi, Quia de meo accipiet, et
así como el Hijo es nacido del Padre, si no annuntiabit vobis (Joan. XVI, 13-15) ; crederetur
añadiese a continuación: Todo lo que tiene el fortasse ita natus de Christo Spiritus sanctus,
Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío y quemadmodum ille de Patre. De se quippe
os lo dará a conocer. De sí había dicho: Mi dixerat, Mea doctrina non est mea, sed ejus qui
doctrina no es mía, sino de aquel que me envió; y me misit: de Spiritu autem sancto, Non enim
del Espíritu Santo afirma: No hablará de sí loquetur a semetipso, sed quaecumque audiet
mismo, sino que hablará lo que oyere; y porque loquetur; et, Quia de meo accipiet, et annuntiabit
tomará de lo mío, os lo hará saber. Y da la razón vobis. Sed quia reddidit causam cur dixerit, de
de estas palabras: tomará de lo mío, al decir: Todo meo accipiet; ait enim, Omnia quaecumque habet
lo que el Padre tiene, mío es; por eso dije que Pater, mea sunt; propterea dixi, Quia de meo
tomará de lo mío. accipiet: resta ut intelligatur etiam Spiritus
Réstanos ver cómo el Espíritu Santo, al parigual sanctus de Patris habere, sicut et Filius.
del Hilo, toma también del Padre. El modo, según Quomodo, nisi secundum id quod supra diximus:
arriba indicamos, lo declara esta sentencia de Cum autem venerit Paracletus quem ego mittam
Cristo: Cuando venga el Ahogado, que yo de vobis a Patre, Spiritum veritatis qui a Patre
parte del Padre os enviaré, el Espíritu de verdad, procedit, ille testimonium perhibebit de me
que procede del Padre, El dará testimonio de mí. (Joan. XV, 26) ? Procedendo itaque a Patre,
Al proceder del Padre se dice que no hablará de sí dicitur non loqui a semetipso: et sicut non ex eo
mismo; y así como el Hijo no es inferior porque fit ut minor sit Filius quia dixit, Non potest Filius
haya dicho: El Hijo no puede hacer nada por sí a se facere quidquam, nisi quod viderit Patrem
mismo, sino lo que viere hacer al Padre (no dijo facientem (non enim hoc ex forma servi dixit, sed
esto, según probamos, por su forma de siervo, ex forma Dei, sicut jam ostendimus: haec autem
sino por su forma de Dios; y estas palabras no verba non indicant quod minor sit, sed quod de
indican que sea inferior, sino su procedencia del Patre sit); ita non hinc efficitur ut minor sit
Padre), así tampoco el Espíritu Santo es inferior Spiritus sanctus, quia dictum est de illo, Non enim
porque se haya dicho de El: No hablará de sí loquetur a semetipso, sed quaecumque audiet,
mismo, sino que hablará todo lo que oyere, loquetur: secundum hoc enim dictum est quod de
porque esta expresión declara tan sólo su Patre procedit. Cum vero et Filius de Patre sit, et
procedencia del Padre. Spiritus sanctus a Patre procedat, cur non ambo
Pero, si el Hijo recibe su ser del Padre y el Filii dicantur, nec ambo geniti, sed ille unus Filius
Espíritu Santo procede del Padre, por qué ambos unigenitus, hic autem Spiritus sanctus nec filius
no son Hijos ni ambos engendrados, sino que nec genitus, quia si genitus utique Filius, alio
aquél es el Hijo unigénito, y el Espíritu Santo ni loco, si Deus donaverit, et quantum donaverit,
es Hijo ni es engendrado, porque, si fuera disseremus (Infra, lib. 15, cap. 25) .
engendrado, sería Hijo, es lo que trataremos de
resolver en otro lugar con el auxilio de Dios y en
la medida de su donación (cf. I. 15, c.25).

CAPITULO XI CAPUT XI.

CABE LA ENCINA DE MAMBRE 20. De eadem visione. Non parvam neque


transitoriam considerationem postulat iste
20. Examen no pequeño ni superficial exige este Scripturae locus. Si enim vir unus visus fuisset,
texto de la Escritura. Si se hubiera aparecido un jam illi qui dicunt et priusquam de Virgine
varón solo, los que sostienen que el Hijo era ya nasceretur per suam substantiam visibilem Filium,
visible por su sustancia, antes aun de nacer de la quid aliud quam ipsum esse clamarent? Quoniam
Virgen, ¿de quién otro sino de El lo entenderán?, de Patre, inquiunt, dictum est, Invisibili soli Deo
pues sostienen que las palabras al invisible y (I Tim. I, 17) . Et tamen possem adhuc quaerere,
único Dios se han de entender exclusivamente del quomodo ante susceptam carnem, habitu est
Padre. Pero entonces cabe preguntarles: ¿Cómo inventus ut homo: quandoquidem ei pedes loti
antes de su encarnación fue visto en condición de sunt, et humanis epulis epulatus est? Quomodo
hombre, si es que le fueron lavados los pies y istud fieri poterat, cum adhuc in forma Dei esset,
tomó parte en banquetes humanos? ¿Cómo puede non rapinam arbitratus esse aequalis Deo?
ser esto posible, si ya entonces era forma de Dios Numquid enim jam semetipsum exinanierat,
y no creyó ser rapiña hacerse igual a Dios? ¿Por formam servi accipiens, in similitudine hominum
ventura ya entonces se había anonadado tomando factus, et habitu inventus ut homo (Philipp. II, 6,
forma de siervo, hecho semejante a los hombres y 7) ? cum hoc quando fecerit per partum Virginis
hallado en condición de hombre? Porque nosotros noverimus. Quomodo igitur antequam hoc
sabemos que esto sucedió sólo después del parto fecisset, ut vir unus apparuit Abrahae? An illa
de la Virgen. ¿Cómo pudo antes de haberse forma vera non erat? Possem ista quaerere, si vir
humanado aparecerse a Abrahán en humana unus apparuisset Abrahae, idemque Dei Filius
figura? ¿Acaso aquella apariencia no era crederetur. Cum vero tres viri visi sunt, nec
verdadera? quisquam in eis vel forma, vel aetate, vel
Todas estas cosas cabría preguntar si se hubiera potestate major caeteris dictus est; cur non hic
aparecido al patriarca Abrahán un hombre sólo y accipiamus visibiliter insinuatam per creaturam
éste fuera el Hijo de Dios. Mas habiéndosele visibilem Trinitatis aequalitatem, atque in tribus
aparecido tres mancebos y ninguno de ellos era personis unam eamdemque substantiam?
superior a los demás en porte, edad o poder, ¿por
qué no ver aquí visiblemente insinuada, mediante 21. Nam ne quisquam putaret sic intimatum unum
la criatura visible, la igualdad suma de la in tribus fuisse majorem, et eum Dominum Dei
Trinidad, y en las tres personas una misma Filium intelligendum, duos autem alios angelos
naturaleza? ejus, quia cum tres visi sint, uni Domino illic
21. Y para que nadie crea que uno de los tres era loquitur Abraham; sancta Scriptura futuris talibus
superior, y que éste era el Señor e Hijo de Dios, y cogitationibus atque opinionibus contradicendo
los otros sus ángeles, porque, siendo tres los que non praetermisit occurrere, quando paulo post
se aparecen a Abrahán, éste a un Señor dirige la duos angelos dicit venisse ad Loth, in quibus et
palabra, la Escritura divina sale al paso y ille vir justus qui de Sodomorum incendio meruit
contradice estos pensamientos y opiniones al liberari, ad unum Dominum loquitur. Sic enim
narrar poco después cómo dos ángeles vinieron a sequitur Scriptura dicens: Abiit autem Dominus
Lot, y este hombre justo, liberado de las llamas de postquam cessavit loquens ad Abraham, et
Sodoma, sólo a un Señor habla. Prosigue así la Abrabam reversus est ad locum suum.
Escritura: Y fuese el Señor luego que acabó de
hablar a Abrahán; y Abrahán se volvió a su lugar.
LIBRO III

PRÓLOGO: Por qué escribe sobre la Trinidad. Qué desea Agustín a sus lectores. Resumen del libro
segundo.

1. Cuestiones a examinar.
2. La voluntad divina, causa eficiente de toda mutación. Ejemplo.
3. Sobre el mismo argumento.
4. La voluntad de Dios, ley suprema de todo lo existente.
5. Naturaleza del milagro.
6. La variedad hace el milagro.
7. Milagros y magia.
8. La creación, obra exclusiva e Dios.
9. Dios, causa, eficiente universal.
10. La criatura, al servicio del Omnipotente. La Eucaristía.
11. Invisibilidad de la esencia divina. Las teofanías hechas a los Padres tuvieron lugar por
medio de los Ángeles. Dificultad y solución. Dios se sirve del ministerio angélico para
manifestarse a Abraham y Moisés. Se prueba esto mismo por la ley dada a Moisés por
medio de los ángeles. Resumen y apunte.

PRÓLOGO PROEMIUM.

1. Apoyado y sostenido en lecturas de obras ya 1. Ex his igitur quae ab aliis de hac re scripta jam
divulgadas sobre este tema, emprendo la legimus, plurimum adminiculati et adjuti, ea quae
búsqueda de cuanto juzgo se puede piadosamente de Trinitate, uno summo summeque bono Deo,
investigar y escribir referente a la Trinidad, único pie quaeri et disseri posse arbitror, ipso exhortante
Dios sumo y Bien soberano, contando siempre quaerenda atque adjuvante disserenda suscepi: ut
con su estímulo en la búsqueda y con su ayuda en si alia non sunt hujusmodi scripta, sit quod
la exposición, para que, si no existen otros habeant et legant qui voluerint et valuerint; si
escritos similares, puedan apagar su sed los que lo autem jam sunt, tanto facilius aliqua inveniantur,
deseen y puedan; y si ya existen, con tanta mayor quanto talia plura esse potuerint.
facilidad puedan encontrar ciertas verdades
cuanto mayor es la abundancia. 2. Sane cum in omnibus litteris meis non solum
2. Anhelando, en verdad, en todos mis escritos un pium lectorem, sed etiam liberum correctorem
piadoso lector y un crítico imparcial, con mayor desiderem, multo maxime in his, ubi ipsa
empeño en esta mi obra, donde la ingente magnitudo quaestionis utinam tam multos
magnitud del problema ojala encuentre tantos inventores habere posset, quam multos
investigadores cuantos son los adversarios. Y así contradictores habet. Verumtamen sicut lectorem
como no deseo un lector incondicional, tampoco meum nolo mihi esse deditum, ita correctorem
suspiro por un crítico pagado de sí mismo. Aquél nolo sibi. Ille me non amet amplius quam
no prefiera mi autoridad a la fe católica, éste no se catholicam fidem, iste se non amet amplius quam
ame a sí mismo, anteponiéndose a la verdad catholicam veritatem. Sicut illi dico, Noli meis
católica. litteris quasi Scripturis canonicis inservire; sed in
Digo al primero: No utilices mis escritos cual si illis et quod non credebas, cum inveneris,
fueran las Escrituras canónicas; en éstas cree sin incunctanter crede, in istis autem quod certum
vacilar si comprendes ahora lo que antes non habebas, nisi certum intellexeris, noli firmiter
ignorabas; en aquéllas suspende tu juicio, a no ser retinere: ita illi dico, Noli meas litteras ex tua
que lo incierto pase a ser en ti certeza. Y digo al opinione vel contentione, sed ex divina lectione
segundo: No critiques mis libros según tu opinión vel inconcussa ratione corrigere. Si quid in eis
o animosidad, sino al tenor de las Sagradas veri comprehenderis, existendo non est meum, at
Escrituras y de la recta razón. Si en mis tratados intelligendo et amando et tuum sit et meum: si
encuentras alguna verdad, en sí misma no es mía, quid autem falsi conviceris, errando fuerit meum,
pero en tu comprensión y amor es tuya y mía; si, sed jam cavendo nec tuum sit nec meum.
por el contrario, descubres algún error, mío es el
dislate; pero tú, al evitarlo, haces que no sea tuyo 3. Hinc itaque tertius hic liber sumat exordium,
ni mío. quousque secundus pervenerat. Cum enim ad id
3. Enhebre este mi tercer libro su exordio en el ventum esset, ut vellemus ostendere non ideo
mismo punto en que finalizaba el segundo. minorem Patre Filium, quia ille misit, hic missus
Llegado habíamos a aquel pasaje donde se asienta est, nec ideo minorem utroque Spiritum sanctum,
que el Hijo no era inferior al Padre por el hecho quia et ab illo et ab illo missus in Evangelio
de enviar uno y ser el otro enviado: ni el Espíritu legitur: suscepimus hoc quaerere, cum illuc
Santo era inferior al Padre y al Hijo, aunque se missus sit Filius, ubi erat, quia in hunc mundum
diga en el Evangelio que es por los dos enviados. venit, et in hoc mundo erat (Joan. I, 10) ; cum
Tratamos de averiguar también dónde se illuc etiam Spiritus sanctus, ubi et ipse erat,
encontraba el Hijo al ser enviado, porque, si vino quoniam Spiritus Domini replevit orbem
a este mundo, ya en este mundo estaba; y cómo el terrarum, et hoc quod continet omnia scientiam
Espíritu Santo vino a donde también se habet vocis (Sap. I, 7) : utrum propterea missus
encontraba, porque el Espíritu del Señor llenó la sit Dominus, quia ex occulto in carne natus est, et
redondez de la tierra, y El, que todo lo abarca, de sinu Patris ad oculos hominum in forma servi
tiene noticia de la palabra. tanquam egressus apparuit; ideo etiam Spiritus
Y queríamos saber si el Señor se dice enviado sanctus, quia et ipse corporali specie quasi
porque de lo recóndito nació en carne mortal y se columba visus est (Matth. III, 16) , et linguis
apareció como salido del seno del Padre a los ojos divisis velut ignis (Act. II, 3) : ut hoc eis fuerit
de los humanes en figura de esclavo; y si se puede mitti, ad aspectum mortalium in aliqua forma
decir lo mismo del Espíritu Santo, visible en corporea de spirituali secreto procedere; quod
figura de paloma o en lenguas divididas como de Pater quoniam non fecit, tantummodo misisse,
fuego; y si para ellos ser enviados es salir de la non etiam missus esse dictus sit. Deinde
recámara secreta de su ser espiritual y quaesitum est cur et Pater non aliquando dictus sit
manifestarse en forma corpórea a los mortales, missus, si per illas species corporales quae oculis
cos, que jamás hizo el Padre, y por eso es mitente, antiquorum apparuerunt ipse demonstrabatur. Si
pero no enviado. autem Filius tunc demonstrabatur, cur tanto post
Se preguntaba después por qué el Padre no se dice missus diceretur, cum plenitudo temporis venit, ut
enviado, si es que alguna vez se apareció a los ex femina nasceretur (Galat. IV, 4) ;
ojos de los antiguos bajo el velo de una forma quandoquidem et antea mittebatur, cum in illis
corpórea. Y si entonces se manifestaba el Hijo, formis corporaliter apparebat. Aut si non recte
¿por qué sólo se le dice enviado cuando, llegada missus diceretur, nisi cum Verbum caro factum est
la plenitud de los tiempos, nace de una Virgen, si (Joan. I, 14) ; cur Spiritus sanctus missus legatur,
ya antes era enviado al aparecerse en aquellas cujus incarnatio talis non facta est. Si vero per
formas corporalmente? Y si el Verbo sólo cuando illas antiquas demonstrationes, nec Pater, nec
se humanó se dice con verdad enviado, ¿por qué Filius, sed Spiritus sanctus ostendebatur; cur
del Espíritu Santo se lee que ha sido enviado, etiam ipse nunc diceretur missus, cum illis modis
aunque no se encarnó? Y si en las antiguas et antea mitteretur. Deinde subdivisimus, ut haec
epifanías no se manifestaba el Padre ni el Hijo, diligentissime tractarentur, et tripartitam fecimus
sino sólo el Espíritu Santo, ¿por qué ahora se dice quaestionem, cujus una pars in secundo libro
enviado, si ya anteriormente se reveló bajo explicata est, duae sunt reliquae, de quibus
aquellas apariencias simbólicas? deinceps disserere aggrediar. Jam enim quaesitum
Luego, para proceder con mayor orden, atque tractatum est, in illis antiquis corporalibus
subdividimos en tres cuestiones el argumento. formis et visis, non tantummodo Patrem, nec
Queda la primera analizada en el libro segundo, y tantummodo Filium, nec tantummodo Spiritum
las dos restantes lo serán sucesivamente. sanctum apparuisse, sed aut indifferenter
Hemos visto y comprobado cómo en las vetustas Dominum Deum qui Trinitas ipsa intelligitur, aut
apariciones y formas corpóreas no se reveló el quamlibet ex Trinitate personam, quam lectionis
Padre solo, ni el Hijo solo, ni el Espíritu Santo textus indiciis circumstantibus significaret.
solo, sino el Señor Dios, que es la Trinidad, o
también alguna de las personas de la Trinidad
excelsa, insinuada en el texto por ciertos indicios
circunstanciales.

CAPITULO XI CAPUT XI.

INVISIBILIDAD DE LA ESENCIA DIVINA Essentia Dei nunquam per se apparuit. Angelorum


LAS TEOFANÍAS HECHAS A LOS PADRES ministerio factae divinae Patribus apparitiones.
TUVIERON LUGAR POR MEDIO DE LOS Objectio ex loquendi modo ducta diluitur.
ANGELES. DIFICULTAD Y SOLUCIÓN. DIOS Apparitionem Dei ipsi Abrahae perinde ac Moysi,
SE SIRVE DEL MINISTERIO ANGÉLICO per Angelos factam esse. Idem probatur ex lege
PARA MANIFESTARSE A ABRAHÁN Y data Moysi per Angelos. Quid dictum in hoc libro,
MOISÉS. SE PRUEBA ESTO MISMO POR LA quid dicendum in sequente. Quapropter
LEY DADA A MOISÉS POR MEDIO DE LOS substantia, vel, si melius dicitur, essentia Dei, ubi
ANGELES. RESUMEN Y APUNTE pro modulo nostro ex quantulacumque
particulaintelligimus Patrem et Filium et Spiritum
En conclusión, la sustancia, y hablando con más sanctum, quandoquidem nulio modo mutabilis
propiedad, la esencia de Dios, por lo poco que est, nullo modo potest ipsa per semetipsam esse
nosotros podemos rastrear del Padre, del Hijo y visibilis.
del Espíritu Santo, puesto que en ningún modo es
mudable, se sigue que no puede ser por si misma 22. Proinde illa omnia quae Patribus visa sunt,
visible. cum Deus illis secundum suam dispensationem
22. Es, pues, manifiesto que todos aquellos temporibus congruam praesentaretur, per
fenómenos contemplados por los patriarcas creaturam facta esse manifestum est. Et si nos
cuando Dios se les aparecía en aquellos remotos latet quomodo ea ministris Angelis fecerit, per
tiempos, según la disposición de su economía, Angelos tamen esse facta, non ex nostro sensu
tenían lugar por mediación de la criatura. Y dicimus, ne cuiquam videamur plus sapere; sed
aunque ignoramos el modo como Dios actúa al sapimus ad temperantiam, sicut Deus nobis
servirse de sus ángeles, sin embargo, no llevado partitus est mensuram fidei (Rom. XII, 3) , et
de mi propia opinión ni por parecer más sabio, credimus, propter quod et loquimur (II Cor. IV,
sino guiado por la norma de fe que me ha sido 13). Exstat enim auctoritas divinarum
otorgada, con toda sobriedad y modestia proclamo Scripturarum, unde mens nostra deviare non
que dichas apariciones son obra de los espíritus debet, nec relicto solidamento divini eloquii per
angélicos, y porque lo creo, por eso hablo. suspicionum suarum abrupta praecipitari, ubi nec
Tenemos, pues, la autoridad de las Sagradas sensus corporis regit, nec perspicua ratio veritatis
Escrituras, de cuyo testimonio no es lícito a elucet. Apertissime quippe scriptum est in
nuestra mente desviarse, para no precipitamos en Epistola ad Hebraeos, cum dispensatio Novi
los abismos de las conjeturas, abandonando el Testamenti a dispensatione Veteris Testamenti
fundamento rocoso de la palabra divina, donde ni secundum congruentiam saeculorum ac temporum
el sentido terreno tiene poder ni esplende la luz distingueretur, non tantum illa visibilia, sed ipsum
fascinadora de la verdad. etiam sermonem per Angelos factum. Sic enim
Que aquellas acciones visibles e incluso las dicit: Ad quem autem Angelorum dixit aliquando:
palabras hayan tenido lugar por mediación de los Sede ad dexteram meam, quo usque ponam
ángeles, está escrito con toda evidencia en la inimicos tuos scabellum pedum tuorum? Nonne
Carta a los Hebreos, donde se distingue entre la omnes sunt ministri spiritus, ad ministrationem
promulgación de la Ley en el Antiguo Testamento missi, propter eos qui futuri sunt haereditate
y la economía de la Ley evangélica, según la possidere salutem (Hebr. I, 13, 14) ? Hinc
congruencia de los siglos y de los tiempos. Dice ostendit illa omnia non solum per Angelos facta,
así: ¿A cuál de los ángeles dijo nunca: Siéntate a sed etiam propter nos facta, id est, propter
mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por populum Dei, cui promittitur haereditas vitae
estrado de tus pies? ¿No son todos los espíritus aeternae. Sicut ad Corinthios etiam scriptum est:
ministros, enviados en servicio a causa de Omnia haec in figura contingebant illis; scripta
aquellos que han de ser herederos de la salud? sunt autem ad correptionem nostram, in quos finis
Manifiesta en este pasaje el Apóstol que todas saeculorum obvenit (I Cor. X, 11) . Deinde quia
aquellas cosas fueron hechas por los ángeles en tunc per Angelos, nunc autem per Filium sermo
favor nuestro, es decir, del pueblo de Dios, al que factus est, consequenter aperteque demonstrans:
se le promete en herencia la vida eterna. En la Propterea, inquit, abundantius oportet attendere
Carta a los fieles de Corinto dice también: Todo nos ea quae audivimus, ne forte defluamus: si
esto les sucedió en figura y está escrito para enim qui per Angelos dictus est, sermo factus est
nuestra corrección, en quienes la plenitud de los firmus, et omnis praevaricatio et inobedientia
siglos se ha cumplido. A continuación clara y justam accepit mercedis retributionem; quomodo
consecuentemente demuestra cómo entonces nos nos effugiemus, tantam negligentes salutem? Et
fue dirigida la palabra por los ángeles y ahora por quasi quaereres quam salutem, ut ostenderet se de
el Hijo. Por tanto, añade, es preciso que con Novo Testamento jam dicere, id est, sermone qui
mayor diligencia tendamos a las cosas que hemos non per Angelos, sed per Dominum factus est:
oído, no sea que nos deslicemos. Pues si la Quae cum initium accepisset, inquit, ut
palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda enarraretur per Dominum, ab iis qui audierunt, in
prevaricación y desobediencia recibió justo nos confirmata est, contestante Deo signis et
salario de retribución, ¿cómo la regiremos portentis, et variis virtutibus, et Spiritus sancti
nosotros, despreciando tan gran salud? Y como si divisionibus secundum suam voluntatem (Hebr.
le preguntaras de qué salud habla, para dar a II, 1-4) .
entender que se refiere a la del Nuevo
Testamento, esto es, a la palabra dirigida a los 23. Sed, ait aliquis, cur ergo scriptum est, Dixit
hombres por el Señor, no por los ángeles, dice: La Dominus ad Moysen; et non potius, Dixit Angelus
cual, comenzando a ser promulgada por el Señor, ad Moysen? Quia cum verba judicis praeco
fue entre nosotros confirmada por los que la pronuntiat, non scribitur in gestis, Ille praeco
oyeron, testificando Dios con señales, prodigios y dixit; sed, Ille judex: sic etiam loquente propheta
milagros diversos y reparticiones del Espíritu sancto, etsi dicamus, Propheta dixit, nihil aliud
Santo según su voluntad. quam Dominum dixisse intelligi volumus. Et si
23. Mas preguntará alguien: ¿Por qué está escrito: dicamus, Dominus dixit, prophetam non
Dijo Dios a Moisés, y no: «Dijo el ángel a subtrahimus, sed quis per eum dixerit
Moisés»? Porque cuando pregona el heraldo la admonemus. Et illa quidem Scriptura saepe aperit
sentencia del juez, no se escribe en las actas: «Ha angelum esse Dominum, quo loquente identidem
dicho el pregonero», sino: «E1 juez dijo». Y lo dicitur, Dominus dixit, sicut jam demonstravimus.
mismo cuando habla el profeta, aun cuando Sed propter eos, qui cum Scriptura illic angelum
decimos: «El vidente ha dicho», entendemos que nominat, ipsum per se ipsum Filium Dei volunt
es el Señor quien habla. Y aunque digamos: «El intelligi, quia propter annuntiationem paternae ac
Señor dijo», no pretendemos con eso silenciar la suae voluntatis a propheta dictus est angelus:
acción del profeta, sino que queremos dar a propterea volui ex hac epistola manifestius
entender quién es el que habla por su boca. La testimonium dare, ubi non dictum est, per
Escritura con harta frecuencia nos dice que el Angelum; sed per Angelos.
ángel es el Señor, y aun cuando habla el ángel, se
dice: «Dijo el Señor», según ya demostramos. A
causa de aquellos que pretenden ver en el ángel
que aquí nombra la Escritura al mismo Hijo de
Dios en persona; y la razón es porque el profeta le
llama ángel, pues nos anuncia su voluntad y la de
su Padre; por eso he querido aducir el testimonio
manifiesto de esta Carta, donde no se dice; «Por
el ángel», sino: Por los ángeles.

LIBRO IV

PRÓLOGO: La ciencia de Dios, a Dios se ha de pedir.

1. El conocimiento de nuestra miseria, escuela de perfección. Cristo, luz en las tinieblas.


2. La encarnación del Verbo nos dispone al conocimiento de la verdad.
3. Muerte de Cristo y resurrección del hombre. La doble muerte el hombre, remediada por la
única muerte de Cristo.
4. Perfección del número seis. Círculo senario en el año.
5. El número seis en la formación del cuerpo de Cristo y en la edificación del templo de
Jerusalén.
6. El triduo de la resurrección, en el que aparece la razón de la unidad al duplo.
7. De la multitud a la unidad por el único Mediador.
8. Unión de los fieles en Cristo.
9. Prosigue el mismo argumento.
10. Cristo Mediador de vida; el diablo, mediador de muerte.
11. Los prodigios del diablo merecen nuestro desprecio.
12. Los dos mediadores.
13. La voluntariedad en la muerte de Cristo. Triunfo del Mediador de la vida sobre el mediador
de la muerte.
14. Jesucristo, víctima de valor infinito. Elementos del sacrificio.
15. Soberbia presunción de los impíos.
16. No han de ser consultados los antiguos filósofos sobre la resurrección de los muertos y la
vida futura.
17. Presciencia del futuro. Acerca de la resurrección de los muertos no hemos de consultar ni
siquiera aquellos filósofos que sobresalieron entre los antiguos.
18. Fin de la encarnación del Hijo de Dios.
19. Vaticinios mesiánicos. Cómo el Hijo, por la misión de su nacimiento en la carne, se hace
inferior, sin detrimento de su igualdad con el Padre.
20. Igualdad del que envía y del enviado. Porque se dice el Hijo enviado por el Padre. Cómo y
por quien fue enviado el Espíritu Santo. El Padre, principio de la deidad.
21. Epifanías del Espíritu Santo. Coeternidad de las tres personas. Qué ha dicho el autor y qué
le resta aún por decir.

CAPITULO XX CAPUT XX.

IGUALDAD DEL QUE ENVÍA Y DEL 27. Mittens et missus aequalis. Filius cur dicitur
ENVIADO. POR QUÉ SE DICE EL HIJO missus a Patre. De missione Spiritus sancti,
ENVIADO POR EL PADRE. CÓMO Y POR quomodo et a quo missus sit. Pater totius deitatis
QUIÉN FUE ENVIADO EL ESPÍRITU SANTO. principium. Si autem secundum hoc missus a
EL PADRE, PRINCIPIO DE LA DEIDAD Patre Filius dicitur, quia ille Pater est, ille Filius,
nullo modo impedit ut credamus aequalem Patre
27. Si, pues, el Hijo se dice enviado por el Padre, esse Filium et consubstantialem et coaeternum, et
porque éste es Padre y aquél es Hijo, nada impide tamen a Patre missum Filium. Non quia ille major
creer que el Hijo sea igual, coeterno y est, ille minor: sed quia ille Pater, ille Filius; ille
consustancial al Padre, aunque el Hijo sea genitor, ille genitus; ille a quo est qui mittitur, ille
enviado por el Padre. Y no porque uno sea mayor qui est ab eo qui mittit. Filius enim a Patre est,
e inferior el otro, sino porque uno es Padre y el non Pater a Filio. Secundum hoc jam potest
otro es Hijo; aquél el engendrador, éste el intelligi, non tantum ideo dici missus Filius quia
engendrado; aquél el que envía, éste el enviado. Verbum caro factum est (Id. I, 3, 18, 14) , sed
Es el Hijo quien procede del Padre, no el Padre ideo missus ut Verbum caro fieret, et per
del Hijo. En este sentido hemos de entender la praesentiam corporalem illa quae scripta sunt
misión del Hijo, pues fue enviado no sólo porque operaretur; id est, ut non tantum homo missus
el Verbo se hizo carne, sino también porque fue intelligatur quod Verbum factum est, sed et
enviado para que se hiciera carne y con su Verbum missum ut homo fieret: quia non
presencia corporal obrara cuantas cosas estaban secundum imparem potestatem vel substantiam
escritas de El; es decir, no sólo para que se vel aliquid quod in eo Patri non sit aequale missus
entienda que el Verbo es el hombre enviado, sino est; sed secundum id quod Filius a Patre est, non
también para dar a entender que el Verbo ha sido Pater a Filio. Verbum enim Patris est Filius, quod
enviado para que se encarnase.(EL ENVIO et Sapientia ejus dicitur. Quid ergo mirum si
VISIBLE NOS REVELA AL INVISIBLE) Y es mittitur, non quia inaequalis est Patri, sed quia est
enviado no porque sea de inferior jerarquía manatio quaedam claritatis omnipotentis Dei
sustancial o porque no sea igual al Padre en algún sincera? Ibi autem quod manat et de quo manat
otro atributo, sino porque el Hijo procede del unius ejusdemque substantiae est. Neque enim
Padre y no el Padre del Hijo. sicut aqua de foramine terrae aut lapidis manat;
El Verbo es el Hijo del Padre y su Sabiduría. ¿Qué sed sicut lux de luce. Nam quod dictum est,
maravilla, pues, si ha sido enviado, no porque sea Candor est enim lucis aeternae; quid aliud dictum
desemejante al Padre, sino porque es una est, quam, Lux est lucis aeternae? Candor quippe
emanación pura de la claridad del Dios lucis, quid nisi lux est? Et ideo coaeterna luci, de
omnipotente? Allí el caudal y la fuente son una qua lux est. Maluit autem dicere, Candor lucis,
misma sustancia. No como agua que salta de los quam, Lux lucis; ne obscurior putaretur ista quae
veneros de la tierra o hendiduras de la moca, sino manat quam illa de qua manat. Cum enim auditur
como luz de luz. Cuando se dice esplendor de luz candor ejus esse ista, facilius est ut per hanc
eterna, ¿qué otra cosa queremos significar sino lucere illa, quam haec minus lucere credatur. Sed
que es Luz de luz eterna? ¿Qué es el esplendor de quia cavendum non erat, ne minor lux illa
la luz sino luz? En consecuencia, coeterno a la luz putaretur quae istam genuit (hoc enim nullus
de la que es esplendor. Prefirió decir esplendor de unquam haereticus ausus est dicere, nec
luz a decir luz de luz, para que nadie creyese más credendum est aliquem ausurum), illi cogitationi
oscura la luz que emana que la luz de la cual occurrit Scriptura, qua posset videri obscurior lux
emana. Al oír esplendor de luz es fácil imaginado ista quae manat, quam illa de qua manat: quam
como haz de luz que no creer que no brille con suspicionem tulit, cum ait, Candor est illius, id
igual claridad (ningún hereje osó proferir tamaño est, lucis aeternae; atque ita ostendit aequalem. Si
absurdo, y creo que nadie se atreverá a ello), enim haec minor est, obscuritas illius est, non
acude solícita la Escritura a disipar nuestras candor illius. Si autem major est, non ex ea
dudas, declarando imposible que la luz que emana manat: non enim vinceret de qua genita est. Quia
sea más tenue que aquella de la cual emana, y así ergo ex illa manat, non est major quam illa: quia
dice esplendor de aquélla, esto es, de la luz vero non obscuritas illius, sed candor illius est,
eterna; y con ello queda su igualdad demostrada. non est minor; aequalis est ergo. Neque hoc
Si fuera más tenue, sería oscuridad de la luz, no movere debet, quia dicta est manatio quaedam
su esplendor; si fuera más viva, no emanaría de claritatis omnipotentis Dei sincera: tanquam ipsa
aquélla, pues no es posible superar en claridad la non sit omnipotens, sed omnipotentis manatio.
luz de la que ha sido engendrada. Y pues emana Mox enim de illa dicitur, Et cum sit una, omnia
de la luz, no puede ser más intensa; y como no es potest (Sap. VII, 25 27) . Quis est autem
su oscuridad, sino su esplendor, no puede ser omnipotens, nisi qui omnia potest? Ab illo itaque
menor. Luego es igual. mittitur, a quo emanat. Sic enim expetitur ab illo
Ni debe embarazar la expresión una emanación qui amabat eam et desiderabat. Emitte, inquit,
pura de la claridad del Dios omnipotente, como si illam de sanctis coelis tuis, et mitte illam a sede
el esplendor no fuera omnipotente, sino magnitudinis tuae, ut mecum sit, et mecum
emanación del Todopoderoso; porque acto laboret (Id. IX, 10) , id est, Doceat me laborare,
seguido dice: Siendo una, todo lo puede. ¿Quién ne laborem. Labores enim ejus virtutes sunt. Sed
es omnipotente sino aquel que lo puede todo? Es aliter mittitur ut sit cum homine, aliter missa est
enviado por aquel de quien emana, He aquí la ut ipsa sit homo. In animas enim sanctas se
invocación de su apasionado amante: Envíala, transfert, atque amicos Dei et Prophetas constituit
dice, desde los santos cielos y desde el trono de tu (Id. VII, 27) , sicut etiam implet sanctos Angelos,
gloria para que me asista y comparta mis trabajos. et omnia talibus ministeriis congrua per eos
Que es decir: para que me enseñe a trabajar y no operatur. Cum autem venit plenitudo temporis
trabaje. Sus trabajos son las virtudes. Pero de una missa est (Galat. IV, 4) , non ut impleret Angelos,
manera es enviada para que esté con el hombre, y nec ut esset Angelus, nisi in quantum consilium
de otra para que sea hombre". Se transfunde en las Patris annuntiabat, quod et ipsius erat; nec ut esset
almas santas y hace de ellas amigos de Dios y cum hominibus aut in hominibus, hoc enim et
profetas; como también se comunica a los ángeles antea in Patribus et Prophetis: sed ut ipsum
buenos y por ellos obra cuanto se armoniza con Verbum caro fieret, id est, homo fieret: in quo
sus ministerios. futuro revelato sacramento, etiam eorum
Pero cuando llegó la plenitud del tiempo fue sapientium atque sanctorum salus esset, qui
enviada no a colmar a los ángeles, ni a hacerse priusquam ipse de virgine nasceretur, de
ángel, a no ser en el sentido de anunciar el mulieribus nati sunt, et in quo facto atque
consejo del Padre, que es también el suyo; ni a praedicato salus sit omnium credentium,
morar en los hombres o con los hombres, así sperantium, diligentium. Hoc enim magnum
estuvo con los patriarcas y profetas, sino para que pietatis est sacramentum, quod manifestatum est
el Verbo se encarnase, es decir, se hiciese hombre; in carne, justificatum est in spiritu, apparuit
y en este futuro sacramento radica la salvación de Angelis, praedicatum est in gentibus, creditum est
aquellos santos y sabios nacidos de mujer antes in mundo, assumptum est in gloria (I Tim. III,
que Cristo naciera de una virgen; y esperando en 16) .
El y creyendo este misterio encontrarán la salud
cuantos esperan, creen y aman. Este es aquel gran
sacramento de piedad que se ha manifestado en la 28. Ab illo ergo mittitur Dei Verbum, cujus est
carne, justificado en el espíritu; se apareció a los Verbum; ab illo mittitur de quo natum est: mittit
ángeles, fue predicado a las naciones, creído en el qui genuit, mittitur quod genitum est. Et tunc
mundo y ensalzado en la gloria. unicuique mittitur, cum a quoquam cognoscitur
28. El Verbo de Dios es enviado por aquel cuyo atque percipitur, quantum cognosci et percipi
Verbo es, enviado por aquel de quien es nacido. potest pro captu vel proficientis in Deum, vel
Envía el que engendra, es enviado el engendrado. perfectae in Deo animae rationalis. Non ergo eo
Y es a cada uno enviado cuando se le conoce y se ipso quo de Patre natus est, missus dicitur Filius:
le recibe según puede ser conocido y percibido sed vel eo quod apparuit huic mundo Verbum caro
por el alma racional que tiende hacia Dios o es ya factum; unde dicit, Exivi a Patre, et veni in hunc
en Dios perfecta. Por el hecho de nacer del Padre mundum (Joan. XVI, 28) : vel eo quod ex
no se ha de afirmar que el Hijo haya sido enviado, tempore cujusquam mente percipitur, sicut dictum
sino que lo es únicamente cuando viene a este est, Mitte illam, ut mecum sit, et mecum laboret.
mundo y se hace carne. Salí, dice, del Padre y Quod ergo natum est ab aeterno, aeternum est:
vine a este mundo; o también cuando la mente Candor est enim lucis aeternae. Quod autem
percibe en el tiempo su asistencia, según está mittitur ex tempore, a quoquam cognoscitur. Sed
escrito: Envíala para que me asista y comparta cum in carne manifestatus est Filius Dei, in hunc
mis afanes. Lo que nace en la eternidad es eterno. mundum missus est, in plenitudine temporis,
Esplendor de luz eterna. El que es enviado en el factus ex femina. Quia enim in sapientia Dei non
tiempo, de todos es conocido. poterat mundus cognoscere per sapientiam Deum;
Pero cuando el Hijo de Dios se manifiesta en la quoniam lux lucet in tenebris, et tenebrae eam
carne, entonces es enviado, venida la plenitud del non comprehenderunt: placuit Deo per stultitiam
tiempo, nacido de mujer. Pues en la sabiduría de praedicationis salvos facere credentes (I Cor. I,
Dios no podía el mundo conocer a Dios por la 21) ; ut Verbum caro fieret, et habitaret in nobis
sabiduría; porque la luz luce en las tinieblas y las (Joan. I, 5, 14) . Cum autem ex tempore cujusque
tinieblas no la acogieron, plugo a Dios por la profectus mente percipitur, mitti quidem dicitur,
necedad de la predicación salvar a los creyentes; y sed non in hunc mundum: neque enim sensibiliter
para ello el Verbo se hizo carne y habitó entre apparet, id est, corporeis sensibus praesto est.
nosotros. Cuando percibe la mente la partida de Quia et nos secundum [0908] quod mente aliquid
alguien en el tiempo, es enviado, pero no a este aeternum, quantum possumus, capimus, non in
mundo, pues no se manifiesta en forma sensible, hoc mundo sumus: et omnium justorum spiritus,
es decir, no está en presencia de los sentidos etiam adhuc in hac carne viventium, in quantum
corpóreos. Tampoco nosotros, cuando percibimos divina sapiunt, non sunt in hoc mundo. Sed Pater
con la mente lo eterno, en cuanto es posible, cum ex tempore a quoquam cognoscitur, non
estamos en este mundo; y las almas de todos los dicitur missus: non enim habet de quo sit, aut ex
justos, aun viviendo en carne mortal, en cuanto quo procedat. Sapientia quippe dicit, Ego ex ore
paladean la dulcedumbre de las cosas divinas no Altissimi prodivi (Eccli. XXIV, 5) ; et de Spiritu
están en este mundo. sancto dicitur, A Patre procedit (Joan. XV, 26) :
Pero el Padre, aunque sea conocido por alguien en Pater vero, a nullo.
el tiempo, no se dice enviado, porque no tiene de
quien proceder ni por quien ser enviado. Empero, 29. Sicut ergo Pater genuit, Filius genitus est: ita
la Sabiduría exclama: Yo salí de la boca del Pater misit, Filius missus est. Sed quemadmodum
Altísimo; y del Espíritu Santo se lee: Del Padre qui genuit et qui genitus est, ita et qui misit et qui
procede; pero el Padre, de nadie procede. missus est unum sunt; quia Pater et Filius unum
29. Así como el Padre engendró y el Hijo fue sunt (Id. X, 30) . Ita etiam Spiritus sanctus unum
engendrado, así el Padre envía y el Hijo es cum eis est; quia haec tria unum sunt. Sicut enim
enviado. Pero el que envía y el enviado, así como natum esse est Filio, a Patre esse; ita mitti est
el engendrador y el engendrado, son uno, porque Filio, cognosci quod ab illo sit. Et sicut Spiritui
el Padre y el Hijo son una misma cosa. Y uno con sancto donum Dei esse, est a Patre procedere ita
ellos es el Espíritu Santo, porque los tres son mitti, est cognosci quia ab illo procedat. Nec
unidad. Nacer es para el Hijo ser del Padre: por el possumus dicere quod Spiritus sanctus et a Filio
Padre fue engendrado; y ser enviado es conocer non procedat: neque enim frustra idem Spiritus et
su procedencia del Padre. Para el Espíritu Santo, Patris et Filii Spiritus dicitur. Nec video quid
ser don de Dios es también proceder del Padre; y aliud significare voluerit, cum sufflans in faciem
ser enviado es reconocer que procede de El. Y no discipulorum ait: Accipite Spiritum sanctum
podemos afirmar que el Espíritu Santo no proceda (Joan. XX, 22) . Neque enim flatus ille corporeus,
del Hijo, porque no en vano se le dice Espíritu del cum sensu corporaliter tangendi procedens ex
Padre y del Hijo. No veo qué otra cosa puede corpore, substantia Spiritus sancti fuit; sed
significar aquella sentencia que el Hijo de Dios demonstratio per congruam significationem, non
pronunció al soplar sobre el rostro de sus tantum a Patre, sed et a Filio procedere Spiritum
discípulos y decirles: Recibid el Espíritu Santo. sanctum. Quis enim dementissimus dixerit, alium
Aquel hálito material, procedente de la sustancia fuisse Spiritum quem sufflans dedit, et alium
terrena y actuando sobre los sentidos corpóreos, quem post ascensionem suam misit (Act. II, 1-
no podía ser sustancia del Espíritu Santo, sino un 4) ? Unus enim est Spiritus Dei, Spiritus Patris et
símbolo para demostrar que el Espíritu Santo no Filii, Spiritus sanctus, qui operatur omnia in
sólo procede del Padre, sino también del Hijo. omnibus (I Cor. XII, 6) . Sed quod bis datus est,
¿Quién habrá tan escaso de juicio que ose afirmar dispensatio certe significationis fuit, de qua suo
ser uno el Espíritu que dio en este soplo y otro loco, quantum Dominus dederit, disseremus.
muy distinto el que envió después de su Quod ergo ait Dominus, Quem ego mittam vobis
ascensión? Luego uno es el Espíritu de Dios, a Patre (Joan. XV, 26) ; ostendit Spiritum et
Espíritu del Padre y del Hijo, Espíritu Santo, que Patris et Filii. Quia etiam cum dixisset, Quem
obra todas las cosas en todos. mittet Pater, addidit, in nomine meo (Id. XIV, 26)
Esta doble donación no carece de misterioso ; non tamen dixit, Quem mittet Pater a me:
sentido, del cual hablaré, con la ayuda del Señor, quemadmodum dixit, Quem ego mittam vobis a
en otro lugar. Cuando Cristo dice: El que yo os Patre: videlicet ostendens quod totius divinitatis,
envíe de parte del Padre, demuestra que es vel, si melius dicitur, deitatis, principium Pater
Espíritu del Padre y del Hijo. Como dijese: Que el est. Qui ergo a Patre procedit et Filio, ad eum
Padre os envía, añadió en mi nombre. Observa refertur a quo natus est Filius. Et quod dicit
que no dice: «Que el Padre os envía de mi parte», evangelista, Spiritus nondum erat datus, quia
como dijo arriba: Que yo os enviaré de parte del Jesus nondum erat glorificatus (Id. VII, 39) :
Padre, afirmando con estas palabras que el Padre quomodo intelligitur, nisi quia certa illa Spiritus
es principio de toda la divinidad, y con expresión sancti datio vel missio post clarificationem Christi
más exacta, de toda la deidad. El que procede del futura erat, qualis nunquam antea fuerat? Neque
Padre y del Hijo hace ciertamente referencia a enim antea nulla erat, sed talis non fuerat. Si enim
aquel de quien nació el Hijo. antea Spiritus sanctus non dabatur, quo impleti
Y ¿cómo entender esta frase del evangelista: Aún Prophetae locuti sunt? cum aperte Scriptura dicat,
no había sido dado el Espíritu Santo, porque Jesús et multis locis ostendat, Spiritu sancto eos locutos
aún no había sido glorificado, sino en el sentido fuisse: cum et de Joanne Baptista dictum sit,
de que aquella dádiva o misión del Espíritu Santo Spiritu sancto replebitur jam inde ab utero matris
había en el futuro de comunicarse, después de la suae: et Spiritu sancto repletus Zacharias
glorificación de Cristo, como jamás lo había sido invenitur pater ejus, ut de illo talia diceret; et
antes? Dádiva ya lo era, pero no como lo fue Spiritu sancto Maria, ut talia de Domino quem
después. Si antiguamente no se daba el Espíritu gestabat utero, praedicaret (Luc. I, 15, 41-79) ;
Santo, ¿por quién fueron inspirados en sus Spiritu sancto Simeon et Anna, ut magnitudinem
vaticinios los videntes? En innúmeros pasajes de Christi parvuli agnoscerent (Id. II, 25-38) :
la Escritura se dice con claridad que hablaron quomodo ergo Spiritus nondum erat datus, quia
movidos por el Espíritu Santo, Así, de San Juan Jesus nondum erat clarificatus; nisi quia illa datio,
Bautista se profetiza que sería lleno del Espíritu vel donatio, vel missio Spiritus sancti habitura
Santo desde el seno de su madre; y lleno también erat quamdam proprietatem suam in ipso adventu,
del Espíritu Santo encontramos a su padre, qualis antea nunquam fuit? Nusquam enim
Zacarías, al pregonar las grandezas de su hijo; y legimus, linguis quas non noverant homines
llene estaba María del Espíritu Santo al locutos, veniente in se Spiritu sancto, sicut tunc
magnificar las obras del Señor, que llevaba en sus factum est, cum oporteret ejus adventum signis
entrañas, como lo estaban también Ana y Simeón sensibilibus demonstrari, ut ostenderetur totum
al reconocer la majestad de Jesús en aquel orbem terrarum atque omnes gentes in linguis
parvulillo. ¿Cómo, pues, no había sido aún dado variis constitutas, credituras in Christum per
el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún donum Spiritus sancti; ut impleretur quod in
glorificado, sino porque aquella entrega, donación Psalmo canitur, Non sunt loquelae neque
o misión del Espíritu Santo había de tener una sermones, quorum non audiantur voces eorum; in
propiedad muy singular en su venida, hasta omnem terram exivit sonus eorum, et in fines
entonces ignorada? orbis terrae verba eorum (Psal. XVIII, 4, 5) .
En efecto, jamás antes se había oído a los
hombres hablar lenguas extrañas al descender 30. Verbo itaque Dei ad unitatem personae
sobre ellos el Espíritu Santo, como aconteció copulatus, et quodam modo commixtus est homo,
cuando era menester manifestar su venida por cum veniente plenitudine temporis missus est in
medio de signos sensibles para que en todo el hunc mundum factus ex femina Filius Dei, ut
orbe pudiera ser conocido, y las naciones, esset et filius hominis propter filios hominum.
escindidas y separadas por mil idiomas, habían de Hanc personam angelica natura figurare antea
creer todas en Cristo mediante la gracia del potuit, ut praenuntiaret; non expropriare, ut ipsa
Espíritu Santo, para que tuviese cumplimiento lo esset.
que se canta en el Salmo: No hay discursos ni
palabras que no se perciban sus voces: en toda la
tierra repercutió su sonido, y hasta los confines
del orbe sus palabras.
30. Al Verbo de Dios se unió, y en cierto modo se
mezcló, el hombre en unidad de persona, cuando,
llegada la plenitud del tiempo, fue enviado a este
mundo el Hijo de Dios, nacido de mujer,
haciéndose Hijo del hombre por amor a los hijos
de los hombres. Pudo la naturaleza angélica
representar antes esta persona, como
preanunciándola; pero no pudo sustituirla
expropiándola de su ser.

CAPITULO XXI CAPUT XXI.

EPIFANÍAS DEL ESPÍRITU SANTO. De sensibili demonstratione sancti Spiritus, et de


COETERNIDAD DE LAS TRES PERSONAS. coaeternitate Trinitatis. Quid dictum sit et quid
QUE HA DICHO EL AUTOR Y QUÉ LE RESTA dicendum restet. De sensibili autem
AÚN POR DECIR demonstratione Spiritus sancti, sive per columbae
speciem (Matth. III, 16) , sive per linguas igneas
No me atrevo a decir que antes no se haya (Act. II, 3) , cum ejus substantiam Patri et Filio
verificado algo parecido con relación a las coaeternam pariterque incommutabilem subdita et
apariciones sensibles del Espíritu Santo, ya se serviens creatura temporalibus motibus et formis
manifestase en lenguas de fuego, ya en figura de ostenderet, cum ad ejus personae unitatem, sicut
paloma, cuando, por medio de formas y caro quod Verbum factum est (Joan. I, 14) , non
movimientos transitorios, sirviéndole dócil y copularetur, non audeo dicere nihil tale factum
sumisa la criatura, manifestó su naturaleza esse antea. Sed plane fidenter dixerim, Patrem et
inconmutable, al Padre y al Hijo coeterna, sin que Filium et Spiritum sanctum unius ejusdemque
entonces surgiese unidad de persona como en la substantiae, Deum creatorem, Trinitatem
encarnación del Verbo. Pero sí afirmo con plena omnipotentem inseparabiliter operari: sed ita non
seguridad que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo posse per longe imparem maximeque corpoream
son una misma sustancia, Dios creador, y que la creaturam inseparabiliter demonstrari; sicut per
Trinidad omnipotente actúa inseparablemente. voces nostras, quae utique corporaliter sonant,
Mas esto no puede ser demostrado de una manera non possunt Pater et Filius et Spiritus sanctus, nisi
inseparable, pues la criatura es muy desemejante suis et propriis intervallis temporum certa
y corpórea en grado sumo. Así, por medio de separatione distinctis, quae suae cujusque
nuestras palabras, que suenan sensiblemente, es vocabuli syllabae occupant, nominari. In sua
imposible pronunciar los nombres del Padre, del quippe substantia qua sunt, tria unum sunt, Pater
Hijo y del Espíritu Santo sin emplear un et Filius et Spiritus sanctus, nullo temporali motu
determinado espacio de tiempo, indispensable en super omnem creaturam idipsum sine ullis
toda modulación silábica. intervallis temporum vel locorum, et simul unum
Mas en su sustancia, por la que son, los tres son atque idem ab aeternitate in aeternitatem,
uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin movimiento tanquam ipsa aeternitas quae sine veritate et
temporal, sobre toda criatura, sin intervalos de charitate non est: in meis autem vocibus separati
tiempo o de espacio; uno e idéntico desde la sunt Pater et Filius et Spiritus sanctus, nec simul
eternidad hasta la eternidad, eternidad que no dici potuerunt, et in litteris visibilibus sua
existe sin verdad y sin amor; pero en mis palabras separatim locorum spatia tenuerunt. Et
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se encuentran quemadmodum cum memoriam meam [0910] et
separados, pues no se pueden pronunciar a un intellectum et voluntatem nomino, singula quidem
tiempo, y en la escritura ocupan también un lugar nomina ad res singulas referuntur, sed tamen ab
distanciado. Y lo mismo ocurre cuando nombro omnibus tribus singula facta sunt; nullum enim
mi memoria, mi entendimiento o mi voluntad, horum trium nominum est, quod non et memoria
pues cada nombre lo relaciono con una facultad; et intellectus et voluntas mea simul operata sint:
sin embargo, cada nombre es obra de las tres ita Trinitas simul operata est et vocem Patris, et
potencias, porque no existe nombre de éstos sin carnem Filii, et columbam Spiritus sancti, cum ad
que se fijen en él conjuntamente la memoria, el personas singulas singula haec referantur. Qua
entendimiento y la voluntad. Actúa la Trinidad en similitudine utcumque cognoscitur inseparabilem
la voz del Padre, en la carne del Hijo y en la in se ipsa Trinitatem per visibilis creaturae
paloma del Espíritu Santo, pero nosotros speciem separabiliter demonstrari, et
apropiamos a cada una de las divinas personas inseparabilem Trinitatis operationem etiam in
dichas acciones. Este símil nos muestra de algún singulis esse rebus, quae vel ad Patrem, vel ad
modo cómo la Trinidad, inseparable en su Filium, vel ad Spiritum sanctum demonstrandum
esencia, puede manifestarse separadamente en la proprie pertinere dicuntur.
criatura sensible, y cómo la acción indivisa de la
Trinidad se encuentra en las cosas que sirven para 31. Si ergo a me quaeritur, quomodo factae sint
representar con toda propiedad al Padre, al Hijo y vel voces vel sensibiles formae atque species ante
al Espíritu Santo. incarnationem Verbi Dei, quae hoc futurum
31. Si se me pregunta cómo surgieron aquellas praefigurarent: per Angelos ea Deum operatum
voces y aquellas formas o especies sensibles antes esse respondeo; quod etiam Scripturarum
de la encarnación del Verbo, que prefiguraban sanctarum testimoniis, quantum existimo, satis
como futura, respondo que fue obra de Dios por ostendi. Si autem quaeritur, ipsa incarnatio
medio de sus ángeles. Aserto, en mi sentir, quomodo facta sit: ipsum Verbum Dei dico
suficientemente probado por los múltiples carnem factum, id est, hominem factum, non
testimonios ya aducidos de las santas Escrituras. tamen in hoc quod factum est conversum atque
Si, además, se me pregunta cómo se realizó la mutatum; ita sane factum, ut ibi sit non tantum
encarnación, respondo que el mismo Verbo de Verbum Dei et hominis caro, sed etiam rationalis
Dios se hizo carne, es decir, se humanó, sin que se hominis anima, atque hoc totum et Deus dicatur
haya convertido o transformado en aquello que se propter Deum et homo propter hominem. Quod si
hizo; y de tal suerte se encarnó, que en El se difficile intelligitur, mens fide purgetur, magis
encuentra el Verbo de Dios, la carne del hombre y magisque abstinendo a peccatis, et bene operando,
alma racional; siendo el todo, Dios por su et orando cum gemitu desideriorum sanctorum, ut
naturaleza divina, hombre por su contextura per divinum adjutorium proficiendo, et intelligat,
humana. et amet. Si autem quaeritur, post incarnationem
Y si difícil es entender esto, sea purificada la Verbi, quomodo facta sit vel vox Patris, vel
mente por la fe, se abstenga cada día más de species corporalis qua Spiritus sanctus
pecar, obre el bien y suplique con el gemido de demonstratus est: per creaturam quidem facta ista
los santos deseos, para que, progresando con el non dubito; sed utrum tantummodo corporalem
auxilio del cielo, comprenda y ame. Si se me atque sensibilem, an adhibito spiritu etiam
pregunta cómo después de la encarnación del rationali vel intellectuali (hoc enim quibusdam
Verbo fue formada la voz del Padre o la figura placuit appellare, quod Graeci dicunt noerovn),
corporal de la paloma, símbolo del Espíritu Santo, non quidem ad unitatem personae, (quis enim hoc
no dudo hayan sido hechas estas cosas por medio dixerit, ut quidquid illud est creaturae per quod
de la criatura; pero es ardua empresa averiguar, y sonuit vox Patris, ita sit Deus Pater, aut quidquid
no conviene afirmar temerariamente, si se illud est creaturae in quo per columbae speciem
manifestó sólo por medio de la criatura corpórea y vel per igneas linguas Spiritus sanctus
sensible o se sirvió de la criatura racional e demonstratus est, ita sit Spiritus sanctus, sicut est
intelectiva (así plugo llamar a ciertos escritores al Dei Filius homo ille qui ex virgine factus est?) sed
noeroj de los griegos), sin llegar a la unidad de tandummodo ad ministerium peragendae
persona, sino sólo en función ministerial y significationis, sicut oportuisse Deus judicavit: an
prefigurativa, según Dios lo juzgó oportuno, o si aliquid aliud intelligendum sit, invenire difficile
es necesario entenderlo en otro sentido diverso. est, et temere affirmare non expedit. Quomodo
Mas ¿quién se atreverá a decir que el Padre es la tamen ista sine rationali vel intellectuali creatura
paloma o el Espíritu Santo las lenguas de fuego potuerint fieri, non video. Neque adhuc locus est
bajo cuyas apariencias se reveló, al modo como el explicare cur ita sentiam, quantum vires Dominus
Hijo de Dios es aquel hombre que nació de una dederit. Prius enim sunt discutienda et refellenda
virgen? haereticorum argumenta, quae non ex divinis
Sin embargo, no veo cómo pudieron llevarse a Libris, sed ex rationibus suis proferunt, quibus se
cabo estas cosas sin el concurso de la criatura vehementer cogere arbitrantur, testimonia
racional e intelectiva. No es tiempo aún de Scripturarum quae de Patre et Filio et Spiritu
explicar por qué opino así, contando con la sancto sunt, ita esse intelligenda ut ipsi volunt.
asistencia del Señor.
Antes es preciso discutir y refutar los argumentos 32. Nunc autem non ideo minorem Filium quia
de los herejes, no los que toman de los Libros missus est a Patre, nec ideo minorem Spiritum
santos, sino los que sacan de sus raciocinios, que sanctum quia et Pater eum misit et Filius,
nos obligan indeclinablemente — creen ellos — a sufficienter, quantum arbitror, demonstratum est.
interpretar en su sentido los textos de la Escritura Sive enim propter visibilem creaturam, sive
que hablan del Padre y del Hijo y del Espíritu potius propter princicipii commendationem, non
Santo. propter inaequalitatem vel imparilitatem vel
32. Ahora queda, a mi juicio, demostrado cómo el dissimilitudinem substantiae in Scripturis haec
Hijo no es inferior por el hecho de ser enviado por posita intelliguntur: quia etiam si voluisset Deus
el Padre, ni lo es tampoco el Espíritu Santo Pater per subjectam creaturam visibiliter
aunque sea enviado por el Padre y por el Hijo. apparere, absurdissime tamen aut a Filio quem
Estos testimonios de la Escritura se entienden genuit, aut a Spiritu sancto qui de illo procedit,
puestos o a causa de la criatura visible, o mejor, missus diceretur. Iste igitur sit hujus voluminis
para indicar el origen, pero nunca para significar modus: deinceps in caeteris, adjuvante Domino,
diversidad, desemejanza o diferencia de illa haereticorum versutissima argumenta qualia
naturaleza, porque aun en la hipótesis Dios Padre sint, et quemadmodum redarguantur videbimus.
hubiera querido manifestarse en la criatura
visible, a El sujeta, seria un absurdo mayúsculo
pensar que había sido enviado por el Hijo, a quien
engendró, o por el Espíritu Santo, que de El
procede.
Con esto ponemos punto final al presente libro.
En los siguientes, con la ayuda del Señor,
veremos cuáles son los argumentos falaces de los
herejes y cuál su refutación.

LIBRO V

1. Que pide a Dios Agustín y qué a sus lectores. En Dios nada mudable y corpóreo se ha de
pensar.
2. Sólo Dios es esencia inmutable.
3. Argumento de los arrianos contra la consustancialidad del Padre y el Hijo.
4. La mutación es a todo accidente esencial.
5. Relaciones divinas.
6. Sale al paso a ciertas cavilaciones de los herejes sobre las palabras «engendrado» e
«ingénito».
7. La negación no altera el predicamento.
8. Todo lo que sustancialmente se dice de Dios se predica en singular de cada una de las
personas y también de toda la Trinidad. En Dios hay una esencia y tres personas, según los
latinos, o una esencia y tres hipóstasis, según los griegos.
9. Impropiedad e indigencia del humano lenguaje.
10. Lo absoluto en Dios se predica de la Trinidad en singular.
11. Lo relativo en la Trinidad.
12. Para expresar la relación mutua falta a veces la palabra correlativa.
13. Principio en sentido relativo.
14. El Padre y el Hijo, principio único del Espíritu Santo.
15. ¿Es el Espíritu Santo don antes de ser dado?
16. Cuanto de Dios se dice en el tiempo es relativo, no accidente.

CAPITULO III CAPUT III.

ARGUMENTO DE LOS ARRIANOS CONTRA 4. Arianorum argumentum ex voce geniti et


LA CONSUSTANCIALIDAD DEL PADRE Y ingeniti desumptum diluitur. Quamobrem ut jam
DEL HIJO etiam de iis quae nec dicuntur ut cogitantur, nec
cogitantur ut sunt, respondere incipiamus fidei
4. Principiemos a contestar a nuestros adversarios nostrae adversariis: inter multa quae Ariani
en la fe sobre aquellas cosas que no se expresan adversus catholicam fidem solent disputare, hoc
como se piensan ni se piensan como son. Entre sibi maxime callidissimum machinamentum
los muchos argumentos que los arrianos proponere videntur, cum dicunt: Quidquid de Deo
acostumbran a esgrimir contra la fe católica está dicitur vel intelligitur, non secundum accidens,
el siguiente sofisma, que ellos consideran de gran sed secundum substantiam dicitur. Quapropter
peso. Dicen: «Cuanto se piensa o enuncia de ingenitum esse Patri secundum substantiam est, et
Dios, se predica no según los accidentes, sino genitum esse Filio secundum substantiam est.
según la sustancia». Ahora bien, el Padre es, Diversum est autem ingenitum esse, et genitum
según la sustancia, ingénito, y el Hijo es, según la esse: diversa est ergo substantia Patris et Filii.
sustancia, engendrado. Realidades muy diversas Quibus respondemus: Si quidquid de Deo dicitur,
son ser ingénito y ser engendrado. Luego la secundum substantiam dicitur; ergo quod dictum
sustancia del Hijo es muy otra que la sustancia del est, Ego et Pater unum sumus (Joan. X, 30) ,
Padre. secundum substantiam dictum est. Una est igitur
Respuesta: Si cuanto de Dios se predica se dice substantia Patris et Filii. Aut si hoc non secundum
según la sustancia, luego según la sustancia se substantiam dictum est, dicitur ergo aliquid de
dijo: Yo y el Padre somos uno. En consecuencia, Deo non secundum substantiam; et ideo jam non
una es la sustancia del Padre y del Hijo. Y si no cogimur secundum substantiam intelligere
aceptan esta conclusión por ser sustancial cuanto ingenitum et genitum. Item dictum est de Filio,
se Dios que no se entiende según la sustancia y, Non rapinam arbitratus est esse aequalis Deo
por consiguiente, ya no es obligado entender las (Philipp. II, 6) : quaerimus secundum quid
palabras ingénito y engendrado según la aequalis. Si enim non secundum substantiam
sustancia. Se afirma asimismo del Hijo: No juzgó dicitur aequalis, admittunt ut dicatur aliquid de
rapiña hacerse igual a Dios. Pregunto: ¿Según qué Deo, non secundum substantiam: admittant ergo
es igual? Si igual no se dice según la sustancia, non secundum substantiam dici ingenitum et
admitan que en Dios no todo cuanto se predica es genitum. Quod si propterea non admittunt, quia
según la sustancia. Luego no es necesario omnia de Deo secundum substantiam dici volunt,
entender según la sustancia la palabra ingénita y secundum substantiam Filius aequalis est Patri.
engendrada. Y si no aceptan esta conclusión por
ser sustancial cuando se enuncia de Dios, luego el
Hijo es consustancial al Padre.

CAPITULO IV CAPUT IV.

LA MUTACIÓN ES A TODO ACCIDENTE 5. Accidens arguit semper aliquam rei


ESENCIAL mutationem. Accidens autem non solet dici, nisi
quod aliqua mutatione ejus rei cui accidit amitti
5. Se suele llamar accidente a todo cuanto una potest. Nam etsi quaedam dicuntur accidentia
cosa puede adquirir o perder por mutación. Cierto inseparabilia, quae graece appellantur ajcwvrista,
que existen accidentes inseparables, denominados sicut est plumae corvi color niger; amittit eum
en griego acwrista como es el color negro a la tamen, non quidem quamdiu pluma est, sed quia
pluma del cuervo; no obstante, puede perder el non semper est pluma. Quapropter ipsa materies
color, no en cuanto pluma, sino porque no mutabilis est, et ex eo quod desinit esse illud
siempre es pluma. La materia es por naturaleza animal vel illa pluma, totumque illud corpus in
mudable, y al dejar de existir este animal o terram mutatur et vertitur, amittit utique etiam
aquella pluma, todo su ser se muda y convierte en illum colorem. Quamvis et accidens quod
terreno elemento, y entonces se desvanece separabile dicitur, non separatione, sed mutatione
también su color. amittatur; sicuti est capillis hominum nigritudo,
El accidente separable puede perder su existencia, quoniam dum capilli sunt possunt albescere,
no por separación, sino por mutación. Así, por separabile accidens dicitur: sed diligenter
ejemplo, la negrura en los cabellos del hombre, intuentibus satis apparet, non separatione quasi
pues mientras existan cabellos existe la emigrare aliquid a capite dum canescit, ut
posibilidad de encanecer, y, por consiguiente, nigritudo inde candore succedente discedat et
dicho accidente es separable. Mas observemos aliquo eat, sed illam qualitatem coloris ibi verti
con atención cuidadosa y veremos que no es por atque mutari. Nihil itaque accidens in Deo, quia
separación, como si emigrase algo de la cabeza nihil mutabile aut amissibile. Quod si et illud dici
que empieza a blanquear, y el color negro, al accidens placet, quod licet non amittatur, minuitur
venir la blancura, se retire a cierto lugar, sino que tamen vel augetur, sicuti est animae vita: nam et
es sólo la cualidad del color lo que cambia. quamdiu anima est, tamdiu vivit, et quia semper
En Dios no existe accidente, porque en El nada anima est, semper vivit; sed quia magis vivit cum
mudable ni amisible se encuentra. Y si place sapit, minusque cum desipit, fit etiam hic aliqua
llamar accidente a lo que, sin extinguirse, es mutatio, non ut desit vita, sicuti deest insipienti
susceptible de crecimiento o disminución, como sapientia, sed ut minus sit: nec tale aliquid in Deo
la vida del alma, pues mientras sea alma vive, y fit, quia omnino incommutabilis manet.
como siempre es alma, siempre vive; pero su vide
es más intensa cuando su ciencia es más sensata,
y menos cuando entontece, y así se verifica en
ella una cierta mudanza, no porque cese la vida,
como en el ignorante cesa la sabiduría, sino
porque es menos abundosa la vida. Mas nada de
esto sucede en Dios, esencia en absoluto
inmutable.

CAPITULO V CAPUT V.

RELACIONES DIVINAS 6. In Deo nihil secundum accidens dicitur, sed


secundum substantiam aut secundum relationem.
6. Por lo tanto, en Dios nada se dice según el Quamobrem nihil in eo secundum accidens
accidente, pues nada le puede acaecer; sin dicitur, quia nihil ei accidit; nec tamen omne quod
embargo, no todo cuanto de El se predica, se dicitur, secundum substantiam dicitur. In rebus
predica según la sustancia. En las cosas creadas y enim creatis atque mutabilibus quod non
mudables, todo lo que no se predica según la secundum substantiam dicitur, restat ut secundum
sustancia, se predica según los accidentes. En accidens dicatur: omnia enim accidunt eis, quae
ellas todo puede perderse o disminuir, vel amitti possunt vel minui, et magnitudines et
dimensiones y cualidades. Y dígase lo mismo de qualitates; et quod dicitur ad aliquid, sicut
las relaciones de amistad, parentesco, amicitiae, propinquitates, servitutes, similitudines,
servidumbre, semejanza, igualdad, posición, aequalitates, et si qua hujusmodi; et situs et
hábito, lugar, tiempo, acción y pasión. habitus, et loca et tempora, et opera atque
En Dios, empero, nada se afirma según el passiones. In Deo autem nihil quidem secundum
accidente, porque nada mudable hay en El; no accidens dicitur, quia nihil in eo mutabile est; nec
obstante, no todo cuanto de El se enuncia se dice tamen omne quod dicitur, secundum substantiam
según la sustancia. Se habla a veces de Dios dicitur. Dicitur enim ad aliquid, sicut Pater ad
según la relación (ad aliquid). El Padre dice Filium, et Filius ad Patrem, quod non est
relación al Hijo, y el Hijo dice relación al Padre, y accidens: quia et ille semper Pater, et ille semper
esta relación no es accidente, porque uno siempre Filius; et non ita semper quasi ex quo natus est
es Padre y el otro siempre es Hijo; y no como si Filius, ut ex eo quod nunquam desinat esse Filius,
dijéramos que desde que existe el Hijo no puede Pater non desinat esse Pater; sed ex eo quod
dejar de ser Hijo, y el Padre no puede dejar de ser semper natus est Filius, nec coepit unquam esse
Padre, sino a parte antea, es decir, que el hijo Filius. Quod si aliquando esse coepisset, aut
siempre es Hijo y nunca principió a ser Hijo.(S. aliquando esse desineret Filius, secundum
AGUSTÍN LE DEDICA MUCHO AL TEMA DE accidens diceretur. Si vero quod dicitur Pater, ad
LA RELACIÓN). Porque si conociese principio o se ipsum diceretur, non ad Filium; et quod dicitur
alguna vez dejase de ser Hijo, sería esta Filius, ad se ipsum diceretur, non ad Patrem;
denominación accidental. Y si el Padre fuera secundum substantiam diceretur et ille Pater, et
Padre con relación a sí mismo y no con relación al ille Filius: sed quia et Pater non dicitur Pater nisi
Hijo, y el Hijo dijese habitud a si mismo y no al ex eo quod est ei Filius, et Filius non dicitur nisi
Padre, la palabra Padre y el término Hijo serían ex eo quod habet Patrem, non secundum
sustanciales. substantiam haec dicuntur: quia non quisque
Mas, como el Padre es Padre por tener un Hijo, y eorum ad se ipsum, sed ad invicem atque ad
el Hijo es Hijo porque tiene un Padre, estas alterutrum ista dicuntur: neque secundum
relaciones no son según la sustancia, porque cada accidens, quia et quod dicitur Pater, et quod
una de estas personas divinas no dice habitud a sí dicitur Filius, aeternum atque incommutabile est
misma, sino a otra persona o también entre sí; eis. Quamobrem quamvis diversum sit Patrem
mas tampoco se ha de afirmar que las relaciones esse et Filium esse, non est tamen diversa
sean en la Trinidad accidentes °, porque el ser substantia: quia hoc non secundum substantiam
Padre y el ser Hijo es en ellos eterno e dicuntur, sed secundum relativum; quod tamen
inconmutable. En consecuencia, aunque sean relativum non est accidens, quia non est mutabile.
cosas diversas ser Padre y ser Hijo, no es esencia
distinta; porque estos nombres se dicen no según
la sustancia, sino según lo relativo; y lo relativo
no es accidente, pues no es mudable.

CAPITULO VIII CAPUT VIII.

TODO LO QUE SUSTANCIALMENTE SE 9. Quidquid substantialiter de Deo dicitur, de


DICE DE DIOS SE PREDICA EN SINGULAR singulis personis singulariter et simul de ipsa
DE CADA UNA DE LAS PERSONAS Y Trinitate dicitur. In Deo una essentia, tres Graecis
TAMBIÉN DE TODA LA TRINIDAD. EN DIOS hypostases, Latinis tres personae. Quapropter
HAY UNA ESENCIA Y TRES PERSONAS, illud praecipue teneamus, quidquid ad se dicitur
SEGÚN LOS LATINOS: O UNA ESENCIA Y praestantissima illa et divina sublimitas,
TRES HIPÓSTASIS, SEGUN LOS GRIEGOS substantialiter dici; quod autem ad aliquid, non
substantialiter, sed relative: tantamque vim esse
9. Por lo tanto, sentemos como fundamental que ejusdem substantiae in Patre et Filio et Spiritu
todo cuanto en aquella divina y excelsa sancto, ut quidquid de singulis ad se ipsos dicitur,
sublimidad se refiere a sí misma es sustancia, y non pluraliter in summa, sed singulariter
cuanto en ella dice proyección a otro término no accipiatur. Quemadmodum enim Pater Deus est,
es sustancia, sino relación. Y tal es la virtud de et Filius Deus est, et Spiritus sanctus Deus est,
esta unidad sustantiva en el Padre, en el Hijo y en quod secundum substantiam dici nemo dubitat:
el Espíritu Santo, que todo lo que se predica en non tamen tres deos, sed unum Deum dicimus
sentido absoluto de cada uno, no se predica en eam ipsam praestantissimam Trinitatem. Ita
plural, sino en singular. magnus Pater, magnus Filius, magnus Spiritus
Así decimos que el Padre es Dios, el Hijo es Dios sanctus: non tamen tres magni, sed unus magnus.
y el Espíritu Santo es Dios, y nadie duda que Dios Non enim de Patre solo, sicut illi perverse
sea sustancia; sin embargo, no hay tres dioses, sentiunt; sed de Patre et Filio et Spiritu sancto
sino un solo Dios, que es la Trinidad excelsa. scriptum est, Tu es Deus solus magnus (Psal.
Grande es el Padre, grande el Hijo y grande el LXXXV, 10) . Et bonus Pater, bonus Filius, bonus
Espíritu Santo; pero no hay tres grandes, sino un Spiritus sanctus: nec tres boni, sed unus est bonus,
solo grande. Está escrito: Tú solo eres Dios de quo dictum est, Nemo bonus, nisi unus Deus.
grande, y esto no se ha de entender Etenim Dominus Jesus, ne ab illo qui dixerat,
exclusivamente del Padre, como opinan algunos Magister bone (Luc. XVIII, 19, 18) , tanquam
perversamente, sino también del Hijo y del hominem compellans, secundum hominem
Espíritu Santo. tantummodo intelligeretur, ideo non ait, Nemo
Bueno es el Padre, bueno el Hijo y bueno el bonus, nisi solus Pater; sed, Nemo bonus, nisi
Espíritu Santo; sin embargo, no son tres los unus Deus. In Patris enim nomine, ipse per se
buenos, sino uno solo, de quien se dijo: Nadie es Pater pronuntiatur: in Dei vero, et ipse et Filius et
bueno sino solo Dios. Al joven que como hombre Spiritus sanctus, quia Trinitas unus Deus. Situs
le llamaba Maestro bueno, nuestro Señor vero, et habitus, et loca, et tempora, non proprie,
Jesucristo, elevando su pensamiento, no le dice sed translate ac per similitudines dicuntur in Deo.
que nadie es bueno sino sólo el Padre, sino: Nadie Nam et sedere super Cherubim dicitur (Psal.
es bueno sino solo Dios. En el nombre de Padre LXXIX, 2) ; quod ad situm dicitur: et abyssum
sólo el Padre se incluye; mas en la palabra Dios se tanquam vestimentum amictus (Psal. CIII, 6) ;
incluye al Hijo y el Espíritu Santo, pues en la quod ad habitum: et, Anni tui non deficient (Psal.
Trinidad sólo hay un Dios. CI, 28) ; quod ad tempus: et, Si ascendero in
Los accidentes de posición, hábito, tiempo y lugar coelum, tu ibi es (Psal. CXXXVIII, 8) ; quod ad
sólo impropiamente y en sentido traslaticio o locum. Quod autem ad faciendum attinet, fortassis
metafórico se pueden de Dios predicar. Así se de solo Deo verissime dicatur: solus enim Deus
dice que está sentado sobre un querube, lo cual facit et ipse non fit, neque patitur quantum ad ejus
indica una cierta postura; cubierto de los mates substantiam pertinet qua Deus est. Itaque
como de regio manto, haciendo referencia al omnipotens Pater, omnipotens Filius, omnipotens
hábito. Tus días no tienen /in, decimos con Spiritus sanctus: nec tamen tres omnipotentes, sed
relación al tiempo; y: Si me elevare hasta el cielo, unus Omnipotens, ex quo omnia, per quem
allí estás tú, aludiendo al lugar. Hablando de la omnia, in quo omnia; ipsi gloria (Rom. XI, 36) .
acción, quizá sólo de Dios pueda decirse que es Quidquid ergo ad se ipsum dicitur Deus, et de
acción, pues sólo El hace sin ser hecho, ni aun se singulis personis singulariter dicitur [1 [0917]
concibe en El potencia pasiva en cuanto es Plures Mss., similiter dicitur. Nonnulli, ter
sustancia, en virtud de la cual es Dios. dicitur.] , id est, de Patre, et Filio, et Spiritu
Y así, omnipotente es el Padre, omnipotente el sancto, et simul de ipsa Trinitate, non pluraliter,
Hijo y omnipotente el Espíritu Santo °; pero no sed singulariter dicitur. Quoniam quippe non aliud
existen tres omnipotentes, sino un solo est Deo esse, et aliud magnum esse, sed hoc idem
Omnipotente, por quien, en quien y para quien illi est esse quod magnum esse: propterea sicut
son todas las cosas; a Ella gloria. non dicimus tres essentias, sic non dicimus tres
En resumen: cuanto atañe a la naturaleza de Dios, magnitudines, sed unam essentiam et unam
es decir, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, magnitudinem. Essentiam dico, quae oujsiva
esto es, del Dios Trinidad, se ha de predicar en graece dicitur, quam usitatius substantiam
singular de cada una de las divinas personas, y no vocamus.
en plural; pues para Dios no es una realidad el ser
y otra el ser grande, porque en El se identifica el 10. Dicunt quidem et illi hypostasim; sed nescio
ser y la grandeza; y así como no decimos tres quid volunt interesse inter usiam et hypostasim:
esencias, sino una, así tampoco decimos tres ita ut plerique nostri qui haec graeco tractant
grandezas, sino una grandeza. Llamo esencia, y eloquio, dicere consueverint, rmian ousian,
más comúnmente sustancia, al ousia de los treij upostasein; quod est latine, unam
griegos. essentiam, tres substantias.
10. Estos dicen también hipóstasis, pero ignoro
qué diferencia pueda existir entre ousia e
hipóstasis. Cienos escritores de los nuestros que
tratan de estas cuestiones en idioma heleno,
acostumbran a decir rmian ousian, treij
upostasein; en latín, unam essentiam, tres
substantias, y en romance, una esencia y tres
sustancias.

CAPITULO IX CAPUT IX.

IMPROPIEDAD E INDIGENCIA DEL Personae tres non proprie dictae.Sed quia nostra
HUMANO LENGUAJE loquendi consuetudo jam obtinuit, ut hoc
intelligatur cum dicimus essentiam, quod
Mas como en nuestra habla corriente se toma en intelligitur cum dicimus substantiam: non
el mismo sentido la palabra esencia y la de audemus dicere unam essentiam tres substantias;
sustancia, por eso no nos atrevemos a decir una sed unam essentiam vel substantiam, tres autem
esencia y tres sustancias, sino que decimos una personas; quemadmodum multi Latini ista
esencia o sustancia y tres personas. Así dijeron tractantes et digni auctoritate dixerunt, cum alium
nuestros latinos, y dignos son de todo crédito, al modum aptiorem non invenirent, quo enuntiarent
tratar de estas cuestiones, los cuales no verbis quod sine verbis intelligebant. Revera enim
encontraron en su Léxico palabras más apropiadas cum Pater non sit Filius, et Filius non sit Pater, et
para expresar lo que ellos sin palabras entendían. Spiritus sanctus ille qui etiam donum Dei vocatur,
En efecto, pues el Padre no es el Hijo, y el Hijo nec Pater sit nec Filius, tres utique sunt. Ideoque
no es el Padre, y el Espíritu Santo, llamado Don pluraliter dictum est, Ego et Pater unum sumus
de Dios, no es ni el Padre ni el Hijo, luego son (Joan. X, 30) . Non enim dixit, Unum est, quod
ciertamente tres. Por eso se dijo en plural: Yo y el Sabelliani dicunt; sed, unum sumus. Tamen cum
Padre somos uno. No dijo, como pretenden los quaeritur quid tres, magna prorsus inopia
sabelianos, es uno», sino somos uno. Sin humanum laborat eloquium. Dictum est tamen,
embargo, cuando se nos pregunta qué son estos Tres personae, non ut illud diceretur, sed ne
tres, tenemos que reconocer la indigencia taceretur.
extremada de nuestro lenguaje. Decimos tres
personas para no guardar silencio, no para decir lo
que es la Trinidad.

CAPITULO X CAPUT X.

LO ABSOLUTO EN DIOS SE PREDICA DE LA 11. Quae Deo absolute conveniunt ut essentia, de


TRINIDAD EN SINGULAR Trinitate singulariter dicuntur, non pluraliter. Sicut
ergo non dicimus tres essentias; ita non dicimus
11. Y así como no decimos tres esencias, tampoco tres magnitudines, neque tres magnos. In rebus
decimos tres grandezas ni tres grandes. En las enim quae participatione magnitudinis magnae
cosas que son grandes por participación de la sunt, quibus est aliud esse, aliud magnas esse,
grandeza, en las que una cosa es ser y otra ser sicut magna domus, et magnus mons, et magnus
grande, como una casa grande, un monte grande o animus; in his ergo rebus aliud est magnitudo,
un gran ánimo; en estas cosas, el ser grande se aliud quod ab ea magnitudine magnum est, et
diferencia de la grandeza, y la grandeza no se prorsus non hoc est magnitudo quod est magna
confunde con la casa grande. domus. Sed illa est vera magnitudo, qua non
Pero la verdadera grandeza es aquella en virtud de solum magna est domus quae magna est, et qua
la cual no sólo es grande la casa espaciosa y es magnus est mons quisquis magnus est; sed etiam
grande el monte encumbrado, sino porque es qua magnum est quidquid aliud magnum dicitur:
causa de toda grandeza. En todo lo demás, una ut aliud sit ipsa magnitudo, aliud ea quae ab illa
cosa es la grandeza y otra la cosa grande. La magna dicuntur. Quae magnitudo utique primitus
grandeza absoluta es infinitamente más excelsa magna est, multoque excellentius quam ea quae
que todas las grandezas participadas. Dios no es participatione ejus magna sunt. Deus autem quia
grande con la grandeza que no es lo que es El, non ea magnitudine magnus est quae non est quod
como si Dios participara de la grandeza cuando es est ipse, ut quasi particeps ejus sit Deus cum
grande: en este caso, la grandeza sería más magnus est; alioquin illa erit major magnitudo
perfecta que Dios; pero nada existe más grande quam Deus, Deo autem non est aliquid majus: ea
que Dios: El es grande con la grandeza fontal de igitur magnitudine magnus est qua ipse est eadem
la grandeza. Y así como no decimos tres esencias, magnitudo. Et ideo sicut non dicimus tres
tampoco decimos tres grandezas. Para Dios, el ser essentias, sic nec tres magnitudines: hoc est enim
y el ser grande es una misma realidad. Por esta Deo esse, quod est magnum esse. Eadem causa
causa no decimos tres grandes, sino un solo nec magnos tres dicimus, sed unum magnum:
grande. Dios es grande no por grandeza quia non participatione magnitudinis Deus
participada, sino con grandeza esencial, pues El magnus est, sed se ipso magno magnus est; quia
es su misma grandeza. ipse sua est magnitudo. Hoc et de bonitate, et de
Y esto mismo ha de entenderse de la bondad, de aeternitate, et de omnipotentia Dei dictum sit,
la omnipotencia, de la eternidad de Dios y de omnibusque omnino praedicamentis quae de Deo
aquellos atributos que pueden de Dios predicarse possunt pronuntiari, quod ad se ipsum dicitur, non
en sentido propio y directo, no en sentido translate ac per similitudinem, sed proprie: si
metafórico y traslaticio. Esto suponiendo que los tamen de illo proprie aliquid dici ore hominis
labios humanos puedan con propiedad ensalzar potest.
alguna excelencia divina.

CAPITULO XI CAPUT XI.

LO RELATIVO EN LA TRINIDAD 12. Quid in Trinitate relative dicatur. Quod autem


proprie singula in eadem Trinitate dicuntur, nullo
12. Todo aquello que en la Trinidad se dice modo ad se ipsa, sed ad invicem, aut ad creaturam
propiamente de cada una de las personas divinas dicuntur; et ideo relative, non substantialiter ea
entraña mutua relación o dice habitud a la dici manifestum est. Sicut enim Trinitas unus
criatura, no a sí mismas; luego es evidente que Deus dicitur, magnus, bonus, aeternus,
estas realidades pertenecen a la categoría de la omnipotens, idemque ipse sua sic dici potest
relación y no de la sustancia. Así se dice que la deitas, ipse sua magnitudo, ipse sua bonitas, ipse
Trinidad es un solo Dios, grande, bueno, eterno, sua aeternitas, ipse sua omnipotentia: non sic
todopoderoso; y aun se puede decir que es su potest dici Trinitas Pater, nisi forte translate ad
misma deidad, su grandeza, su bondad, su creaturam propter adoptionem filiorum. Quod
eternidad y su omnipotencia; mas nunca es lícito enim scriptum est, Audi, Israel; Dominus Deus
afirmar que la Trinidad es el Padre, a no ser en un tuus, Dominus unus est (Deut. VI, 4) , non utique
sentido traslaticio, respecto a la criatura según la excepto Filio, aut excepto Spiritu sancto oportet
adopción de hijos. La sentencia escrituristica: intelligi, quem unum Dominum Deum nostrum
Oye, Israel: el señor Dios luyo es un solo Señor, recte dicimus etiam patrem nostrum per gratiam
no ha de entenderse con exclusión del Hijo y del suam nos regenerantem. Trinitas autem Filius
Espíritu Santo. Podemos llamar en verdad Padre nullo modo dici potest. Spiritus vero sanctus
al Señor, nuestro Dios, porque nos regeneró con secundum id quod scriptum est, Quoniam Deus
su gracia. spiritus est (Joan. IV, 24) , potest quidem
La Trinidad tampoco se puede llamar Hijo; sí en universaliter dici, quia et Pater spiritus et Filius
general Espíritu Santo, al tenor de aquella spiritus, et Pater sanctus et Filius sanctus. Itaque
escritura: Porque Dios es espíritu; pues Pater, et Filius, et Spiritus sanctus, quoniam unus
ciertamente el Padre es espíritu, y espíritu es el Deus, et utique Deus sanctus est, et Deus spiritus
Hijo, y espíritu es también el Espíritu Santo. Y, est, potest appellari Trinitas et Spiritus sanctus.
pues, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un Sed tamen ille Spiritus sanctus qui non Trinitas,
solo Dios, y Dios es santo y Dios es espíritu, se sed in Trinitate intelligitur, in eo quod proprie
pueden llamar Trinidad y Espíritu Santo. No dicitur Spiritus sanctus, relative dicitur, cum et ad
obstante, este Espíritu Santo, que no es la Patrem et ad Filium refertur, quia Spiritus sanctus
Trinidad, sino que está en la Trinidad y se et Patris et Filii Spiritus est. Sed ipsa relatio non
denomina por antonomasia Espíritu Santo, dice apparet in hoc nomine; apparet autem cum dicitur
habitud, pues indica referencia al Padre y al Hijo, donum Dei (Act. VIII, 20) : donum enim est
siendo como es Espíritu del Padre y del Hijo. Mas Patris et Filii, quia et a Patre procedit (Joan. XV,
la relación no aparece en el nombre, pero se 26) , sicut Dominus dicit; et quod Apostolus ait,
manifiesta cuando se le dice Don de Dios. Y es Qui Spiritum Christi non habet, hic non est ejus
Don del Padre y del Hijo, pues también procede (Rom. VIII, 9) , de ipso utique sancto Spiritu ait.
del Padre, como lo afirma el Señor. Y al Espíritu Donum ergo donatoris, et donator doni, cum
Santo se refieren estas palabras del Apóstol: El dicimus, relative utrumque ad invicem dicimus.
que no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es de Ergo Spiritus sanctus ineffabilis est quaedam
Cristo. Cuando decimos don del dador y dador del Patris Filiique communio; et ideo fortasse sic
don, expresamos una relación mutua y formal. appellatur, quia Patri et Filio potest eadem
Luego el Espíritu Santo es como una inefable appellatio convenire. Nam hoc ipse proprie
comunicación del Padre y del Hijo; y es muy dicitur, quod illi communiter: quia et Pater
verosímil se llame así por convenir dicha spiritus et Filius spiritus, et Pater sanctus et Filius
denominación al Padre y al Hijo. Es, en aquél, sanctus. Ut ergo ex nomine quod utrique convenit,
nombre propio; en éstos, común; pues el Padre es utriusque communio significetur, vocatur donum
espíritu y espíritu es el Hijo, y santo es el Padre y amborum Spiritus sanctus. Et haec Trinitas unus
santo es el Hijo. Y pata expresar en el nombre esta Deus, solus, bonus, magnus, aeternus,
conveniencia y mutua comunicación se llama al omnipotens: ipse sibi unitas, deitas, magnitudo,
Don de ambos Espíritu Santo. Y esta Trinidad es bonitas, aeternitas, omnipotentia.
un solo Dios, bueno, grande, eterno,
todopoderoso. El es su misma unidad, su deidad,
su grandeza, su eternidad y su omnipotencia.

CAPITULO XII CAPUT XII.

PARA EXPRESAR LA RELACIÓN MUTUA 13. In relativis mutuis interdum desunt vocabula.
FALTA A VECES LA PALABRA Nec movere debet, quoniam diximus relative dici
CORRELATIVA Spiritum sanctum, non ipsam Trinitatem, sed eum
qui est in Trinitate, quia non ei videtur vicissim
13. Y nadie debe inquietarse porque hayamos respondere vocabulum ejus ad quem refertur. Non
dicho que «Espíritu Santo» expresa relación, pero enim, sicut dicimus servum domini et dominum
no la Trinidad, sino uno de la Trinidad, aunque servi, filium patris et patrem filii, quoniam ista
observe la falta del término correlativo a esta relative dicuntur, ita etiam hic possumus dicere.
referencia. Decimos esclavo del señor y señor del Dicimus enim Spiritum sanctum Patris, sed non
esclavo, hijo del padre y padre del hijo, pues éstos vicissim dicimus Patrem Spiritus sancti, ne filius
son nombres correlativos; mas no podemos ejus intelligatur Spiritus sanctus. Item dicimus
aplicar este modo de expresarnos a nuestra Spiritum sanctum Filii, sed non dicimus Filium
materia. Decimos, es cierto, Espíritu del Padre, Spiritus sancti, ne pater ejus intelligatur Spiritus
pero no es licito decir Padre del Espíritu Santo, sanctus. In multis enim relativis hoc contingit, ut
para que no se crea que el Espíritu Santo es hijo. non inveniatur vocabulum, quo sibi vicissim
Decimos también Espíritu del Hijo, pero nunca respondeant quae ad se referuntur. Quid enim tam
Hijo del Espíritu Santo, para que nadie imagine al manifeste relative dicitur quam pignus? Ad id
Espíritu Santo como padre. En muchos conceptos quippe refertur cujus est pignus, et semper pignus
relativos se nota esta diferencia, pues no existe la alicujus rei pignus est. Num ergo cum dicimus
palabra que indique esta correlación. ¿Hay por pignus Patris et Filii (II Cor. V, 5, et Ephes. I, 14),
ventura palabra tan palmariamente relativa como possumus vicissim dicere Patrem pignoris aut
arra? Siempre hace referencia a un donante y es Filium pignoris? At vero cum dicimus donum
siempre prenda de donación. Cuando decimos Patris et Filii, non quidem dicere possumus
arra del Padre y del Hijo, ¿nos está también [0920] Patrem doni, aut Filium doni; sed ut haec
permitido decir Padre del arra o Hijo del arra? sibi vicissim respondeant, dicimus donum
Decimos Don del Padre y del Hijo, pero nunca donatoris, et donatorem doni: quia hic potuit
podemos decir Padre del Don o Hijo del Don; y inveniri usitatum vocabulum, illic non potuit.
para que estas expresiones se correspondan
mutuamente, se dice Don del dador y dador del
Don; pues aquí podemos encontrar una palabra en
uso; allí no.

CAPITULO XIII CAPUT XIII.

PRINCIPIO EN SENTIDO RELATIVO 14. Principium quomodo in Trinitate relative


dicatur. Dicitur ergo relative Pater, idemque
14. Se dice, pues, en sentido relativo, Padre, y en relative dicitur principium, et si quid forte aliud:
sentido relativo se dice también principio, y quizá sed Pater ad Filium dicitur, principium vero ad
alguna otra expresión. Padre se dice con relación omnia quae ab ipso sunt. Item dicitur relative
al Hijo; empero, principio dice habitud a cuantas Filius, relative dicitur et Verbum et Imago; et in
criaturas por El existen. Asimismo se dice omnibus his vocabulis ad Patrem refertur: nihil
relativamente Hijo, y relativamente se dice Verbo autem horum Pater dicitur. Et principium dicitur
y se dice Imagen. Todos estos términos dicen Filius: cum enim diceretur ei, Tu quis es?
relación al Padre, pero no son al Padre aplicables. respondit, Principium, qui et loquor vobis (Joan.
Y principio es el Hijo; así, cuando se le preguntó: VIII, 25) . Sed numquid Patris principium?
¿Tú quién eres?, respondió: El Principio, que os Creatorem se quippe ostendere voluit, cum se
hablo. ¿Por ventura es principio del Padre? No; al dixit esse principium; sicut et Pater principium est
afirmar que es principio quiso dar a entender que creaturae, eo quod ab ipso sunt omnia. Nam et
era también El creador, como principio es el creator relative dicitur ad creaturam, sicut
Padre, por quien son todas las cosas. Creador dice dominus ad servum. Et ideo cum dicimus, et
relación a la criatura, como señor dice habitud al Patrem principium, et Filium principium, non duo
esclavo. Y cuando llamamos principio al Padre, y principia creaturae dicimus; quia et Pater et Filius
al Hijo también principio, no queremos decir que simul ad creaturam unum principium est, sicut
sean dos los principios de la criatura, porque el unus creator, sicut unus Deus. Si autem quidquid
Padre y el Hijo, en orden a la creación, son un in se manet et gignit aliquid vel operatur,
solo principio, como son un solo Creador y un principium est ei rei quam gignit, vel ei quam
solo Dios. operatur; non possumus negare etiam Spiritum
Y si cuanto, permaneciendo en si, actúa y sanctum recte dici principium; quia non eum
engendra, es principio de la cosa engendrada y separamus ab appellatione creatoris: et scriptum
hecha, no podemos negar al Espíritu Santo esta est de illo quod operetur, et in se utique manens
propiedad de principio, pues no lo excluimos de operatur; non enim in aliquid eorum quae
la apelación de creador; está escrito que obra y operatur, ipse mutatur et vertitur. Et quae
permanece en sí mientras actúa, sin convenirse o operatur, vide: Unicuique autem, inquit, datur
transformarse en las cosas que ejecuta. Pon manifestatio Spiritus ad utilitatem. Alii quidem
atención a sus operaciones. A cada uno se le datur per Spiritum sermo sapientiae; alii sermo
otorga la manifestación del Espíritu para común scientiae secundum eumdem Spiritum; alteri
utilidad. A uno le es dado por el Espíritu palabra autem fides in eodem Spiritu; alii donatio
de sabiduría; a otro, palabra de ciencia, según el curationum in uno Spiritu; alii operatio virtutum;
mismo Espíritu; a otro, fe en el mismo Espíritu; a alii prophetia; alii dijudicatio spirituum; alii
otro, don de curaciones en un Espíritu; a otro, genera linguarum. Omnia autem haec operatur
operación de milagros; a otro, profecía; a otro, unus atque idem Spiritus, dividens propria
discreción de espíritus; a otro, don de lenguas. unicuique prout vult, utique sicut Deus. Quis
Todas estas cosas las obra el único y mismo enim tanta illa potest operari nisi Deus? Idem
espíritu, que distribuye a cada uno sus dones autem Deus qui operatur omnia in omnibus (I
según quiere; esto es, como Dios. ¿Y quién, sino Cor. XII, 6-11) . Nam et sigillatim si interrogemur
Dios, puede obrar tan grandes maravillas? Un de Spiritu sancto, verissime respondemus quod
mismo Dios obra todas las cosas en todos. Si, en Deus sit; et cum Patre et Filio simul unus Deus
concreto, se nos pregunta sobre el Espíritu Santo, est. Unum ergo principium ad creaturam dicitur
respondemos con toda verdad que es Dios. Y un Deus, non duo vel tria principia.
solo Dios juntamente con el Padre y el Hijo.
Luego Dios es principio único con relación a la
criatura, y no pueden ser dos o tres principios.

CAPITULO XIV CAPUT XIV.

EL PADRE Y EL HIJO, PRINCIPIO ÚNICO 15. Pater et Filius unicum principium Spiritus
DEL ESPÍRITU SANTO sancti. Ad se autem invicem in Trinitate, si
gignens ad id quod gignit principium est, Pater ad
15. Si el que engendra es, en la Trinidad, principio Filium principium est, quia gignit eum [1 [0920]
de la persona engendrada, el Padre es principio In Mss., quia genuit eum.] . Utrum autem et ad
del Hijo, pues lo engendró. No es, empero, liviano Spiritum sanctum principium sit Pater, quoniam
problema averiguar si el Padre es también dictum est, De Patre procedit, non parva quaestio
principio con relación al Espíritu Santo, pues se est. Quia si ita est, non jam principium ei tantum
dijo: Del Padre procede. De ser así, no sólo es rei erit quam gignit aut facit, sed etiam ei quam
principio de lo que engendra o hace, sino también dat. Ubi et illud elucescit, ut potest, quod solet
de la persona a quien da. Y aquí es posible reciba multos movere, cur non Filius sit etiam Spiritus
alguna luz la cuestión que a muchos suele sanctus, cum et ipse a Patre exeat, sicut in
preocupar, a saber: por qué el Espíritu Santo no es Evangelio [0921] legitur (Joan. XV, 26) . Exiit
Hijo, siendo así que salió del Padre, según se lee enim, non quomodo natus, sed quomodo datus; et
en el Evangelio. Salió como don, no como nacido, ideo non dicitur filius, quia neque natus est sicut
y por esto no se le llama Hijo, pues no es nacido, Unigenitus, neque factus ut per Dei gratiam in
como el Unigénito, ni renació por la gracia adoptionem nasceretur, sicuti nos. Quod enim de
adoptiva, como nosotros. Patre natum est, ad Patrem solum refertur cum
Lo que del Padre nace al Padre solo dice relación, dicitur Filius, et ideo Filius Patris, non et noster:
como Hijo, y por eso se le llama Hijo del Padre y quod autem datum est, et ad eum qui dedit
no nuestro. Por el contrario, lo que se da dice refertur, et ad eos quibus dedit; itaque Spiritus
relación al dador y a aquellos a quienes se da. Así, sanctus, non tantum Patris et Filii qui dederunt,
el Espíritu Santo se dice Espíritu del Padre y del sed etiam noster dicitur qui accepimus: sicut
Hijo, que lo dieron, y también nuestro, pues lo dicitur, Domini salus qui dat salutem (Psal. III,
recibimos. El que da la salud se llama salud del 9), eadem etiam nostra salus est qui accepimus.
Señor, y es también nuestra salud, porque la Spiritus ergo et Dei est qui dedit, et noster qui
recibimos. El Espíritu es Espíritu de Dios, porque accepimus. Non ille spiritus noster quo sumus,
lo otorga, y nuestro, porque lo recibimos. No se quia ipse spiritus est hominis qui in ipso est: sed
trata del espíritu fuente de nuestra existencia, pues alio modo iste noster est, quo dicimus et, Panem
éste es espíritu del hombre y en el hombre vive; nostrum da nobis (Matth. VI, 11) . Quanquam et
mas aquél se dice Espíritu nuestro en un sentido illum spiritum qui hominis dicitur, utique
análogo al de aquellas palabras: Damos el pan accepimus. Quid enim habes, inquit, quod non
nuestro. Aunque, a decir verdad, don es también accepisti (I Cor. IV, 7) ? Sed aliud est quod
el espíritu del hombre. ¿Qué tienes, pregunta el accepimus ut essemus, aliud quod accepimus ut
Apóstol, que no lo hayas recibido? sancti essemus. Unde scriptum est et de Joanne,
Pero uno lo recibimos para existir, el otro lo quod in spiritu et virtute Eliae veniret (Luc. I, 17)
recibimos pan ser santos. De San Juan está escrito : dictus est Eliae spiritus, scilicet Spiritus sanctus
que vino en el espíritu y virtud de Elías. Se llama quem accepit Elias. Hoc et de Moyse
aquí espíritu de Elias al Espíritu Santo, que intelligendum est, cum ait ei Dominus, Tollam de
recibió Elías. Esto mismo se ha de entender de spiritu tuo, et dabo eis (Num. XI, 17) : hoc est,
Moisés cuando le dice el Señor: Y tomaré del dabo illis de Spiritu sancto, quem jam tibi dedi. Si
espíritu que hay en ti y se lo daré a ellos. Esto es, ergo et quod datur, principium habet eum a quo
les daré del Espíritu Santo, que antes te había datur, quia non aliunde accepit illud quod ab ipso
dado a ti. Si el don tiene su principio en el procedit; fatendum est Patrem et Filium
donante, pues de él recibe cuanto tiene, hemos de principium esse Spiritus sancti, non duo principia:
confesar que el Padre y el Hijo son un solo sed sicut Pater et Filius unus Deus, et ad
principio del Espíritu Santo, no dos principios. creaturam relative unus creator et unus Dominus,
Pero así como el Padre y el Hijo son un solo Dios, sic relative ad Spiritum sanctum unum
y respecto a la criatura son un solo Creador y un principium; ad creaturam vero Pater et Filius et
solo Señor, así con relación al Espíritu Santo son Spiritus sanctus unum principium, sicut unus
un solo principio; y con relación a las criaturas, el creator et unus Dominus.
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo
principio, como uno es el Creador y uno el Señor.

LIBRO VI

1. Cristo, sabiduría y poder de Dios. Silogismo de católicos contra los arrianos primitivos.
Dificultad: ¿El Padre es sabiduría o sólo es Padre de la sabiduría?
2. Térmica sustancial y relativo en Dios.
3. Unidad de esencia en las palabras «Uno somos».
4. El Hijo, igual al Padre en sabiduría.
5. Consustancialidad del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo.
6. Cómo Dios es simple y múltiple sustancia.
7. Dios es trino, pero no triple.
8. En la naturaleza de Dios no hay aumento.
9. Un solo Dios en tres personas.
10. Los atributos divinos según San Hilario. La Trinidad se refleja en la creación.

LIBRO VII

1. Vuelve sobre la cuestión si cada una de las personas de la Trinidad es por sí misma
sabiduría. Solución, y en qué se funda.
2. Unicidad de esencia y sabiduría en el Padre y en el Hijo, aunque los dos no sean un Verbo.
3. Por qué el Hijo se insinúa en las Escrituras con el nombre de sabiduría, siendo también
sabiduría el Padre y el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es, juntamente con el Padre y el
Hijo, una sabiduría.
4. Tres hipóstasis o personas. Silencio de la Escritura.
5. Nuestra fe sobre la Trinidad. Por qué en la Trinidad no se dice que hay una persona y tres
esencias. El hombre, imagen y a imagen de Dios.

CAPITULO IV CAPUT IV.

TRES HIPÓSTASIS O PERSONAS. SILENCIO 7. Qua necessitate Graeci tres hypostases dixerint;
DE LA ESCRITURA Latini, tres personas. Scriptura nullibi dicit tres
personas in Deo. Itaque loquendi causa de
7. Al discurrir sobre lo inefable, para expresar de ineffabilibus, ut fari aliquo modo possemus, quod
algún modo lo que es imposible enunciar, effari nullo modo possumus, dictum est a nostris
nuestros griegos dicen una esencia y tres Graecis una essentia, tres substantiae: a Latinis
sustancias; los latinos, una esencia o sustancia y autem, una essentia vel substantia, tres personae;
tres personas 6, pues en el idioma latino, según quia, sicut jam diximus, non aliter in sermone
queda dicho, esencia y sustancia son términos nostro, id est, latino, essentia quam substantia
sinónimos. Y plugo hablar así para dar a entender, solet intelligi (Lib. 5, capp. 2, 8) . Et dum
al menos en enigma, lo que expresar se intentaba intelligatur saltem in aenigmate quod dicitur,
y para responder cuando se nos preguntaba qué placuit ita dici, ut diceretur aliquid cum
cosa eran estos tres; pues que son tres nos lo quaereretur quid tria sint, quae tria esse fides vera
asegura la fe verdadera, al decirnos que el Padre pronuntiat, cum et Patrem non dicit esse Filium,
no es el Hijo y que el Espíritu Santo, Don de et Spiritum sanctum quod est donum Dei nec
Dios, no es ni el Padre ni el Hijo. Patrem dicit esse nec Filium. Cum ergo quaeritur
Cuando se nos pregunta qué son estos o estas tres, quid tria, vel quid tres, conferimus nos ad
nos afanamos por encontrar un nombre genérico o inveniendum aliquod speciale vel generale
específico que abrace a los tres, y nada se le nomen, quo complectamur haec tria, neque
ocurre al alma, porque la excelencia infinita de la occurrit animo, quia excedit supereminentia
divinidad trasciende la facultad del lenguaje. Más divinitatis usitati eloquii facultatem. Verius enim
se aproxima a Dios el pensamiento que la palabra, cogitatur Deus quam dicitur, et verius est quam
y más la realidad que el pensamiento. cogitatur. Cum enim dicimus non eumdem esse
Cuando decimos que Jacob no es Abrahán, y que Jacob qui est Abraham, Isaac autem nec Abraham
Isaac no es ni Jacob ni Abrahán, confesamos que esse nec Jacob, tres esse utique fatemur, Abraham,
son tres: Abrahán, Isaac y Jacob. Mas cuando se Isaac et Jacob. Sed cum quaeritur quid tres,
nos interroga qué son estos tres, respondemos que respondemus tres homines, nomine speciali eos
tres hombres, si empleamos un nombre especifico pluraliter appellantes; generali autem, si dicamus
en plural, y tres animales, si empleamos el tria animalia: homo enim, sicut veteres
genérico, porque el hombre, según definición de definierunt, animal est rationale, mortale: aut sicut
los antiguos, es un animal racional y mortal'. Y si Scripturae nostrae loqui solent, tres animas, cum a
nos place emplear la terminología de las parte meliore totum appellari placet, id est, ab
Escrituras divinas, diremos que son tres almas, anima, et corpus et animam, quod est totus homo.
significando por la parte más noble el compuesto; Ita quippe dictum est in Aegyptum descendisse
es decir, el alma y el cuerpo, lo que es todo el cum Jacob animas septuaginta quinque, pro tot
hombre. Así se lee que descendieron con Jacob a hominibus (Gen. XLVI, 27, et Deut. X, 22) . Item
Egipto setenta y cinco almas, esto es, setenta y cum dicimus equum tuum non eum esse qui meus
cinco personas. est, et tertium alicujus alterius nec meum esse nec
Item, cuando decimos: «Tu caballo no es el mío, y tuum, fatemur tres esse: et intorroganti quid tres,
el de un tercero no es ni mío ni tuyo», confesamos respondemus tres equos nomine speciali, generali
que son tres; y si se nos pregunta qué son esos autem tria animalia. Item cum dicimus bovem non
tres, respondernos, usando un nombre especifico: esse equum, canem vero nec bovem esse nec
tres caballos, y si empleamos un término equum, tria quaedam dicimus: et percontantibus
genérico, decimos: tres animales. Asimismo, quid tria, non jam speciali nomine dicimus tres
cuando decimos: «Un buey no es un caballo, un equos, aut tres boves, aut tres canes, quia non
perro no es ni buey ni caballo», decimos que son eadem specie continentur; sed generali, tria
tres; y a los que nos interrogan qué son esos tres, animalia; sive superiore genere, tres substantias,
no podemos contestar, empleando una vel tres creaturas, vel tres naturas. Quaecumque
denominación especifica, que son tres caballos, o autem plurali numero enuntiantur specialiter uno
tres bueyes, o tres canes, pues no se encuadran nomine, etiam generaliter enuntiari possunt uno
dentro de una jerarquía especifica; sino en general nomine. Non autem omnia quae generaliter
decimos que son tres animales, o en un grado nomine uno appellantur, etiam specialiter
superior, tres sustancias, tres criaturas, tres appellare uno nomine possumus. Nam tres equos,
naturalezas. quod est nomen speciale, etiam animalia tria
Todo cuanto puede ser designado con un nombre dicimus: equum vero et bovem et canem, animalia
específico plural puede también enunciarse tria tantum dicimus vel substantias, quae sunt
mediante un término genérico; pero no todo lo generalia nomina, et si quid aliud de his
que expresarse puede por una palabra genérica se generaliter dici potest; tres vero equos, aut boves,
puede designar con un nombre especifico. Así aut canes, quae specialia vocabula sunt, non ea
podemos llamar a los tres caballos, denominación possumus dicere. Ea quippe uno nomine quamvis
especifica, tres animales; al caballo, al buey y al pluraliter enuntiamus quae communiter habent
perro sólo podemos llamarles tres sustancias, o illud quod eo nomine significatur. Abraham
tres animales; mas no podemos decir que son tres quippe et Isaac et Jacob commune habent id quod
caballos, o tres bueyes, o tres canes, porque éstos est homo; itaque dicuntur tres homines: equus
son nombres específicos. Enunciamos con un quoque et bos et canis, commune habent id quod
término en plural las cualidades comunes est animal; dicuntur ergo tria animalia. Ita tres
designadas por dicho término. aliquas lauros, etiam tres arbores dicimus; laurum
Abrahán, Isaac y Jacob tienen de común la vero et myrtum et oleam, tantum tres arbores vel
humanidad; por eso se dice que son tres hombres; tres substantias, aut tres naturas: atque ita tres
el caballo, el buey y el can tienen común la lapides, etiam tria corpora; lapidem vero et
animalidad, y por eso se dice que son tres lignum et ferrum, tantum tria corpora, vel si quo
animales. Decimos también que tres laureles son etiam superiore generali nomine dici possunt.
tres árboles; un laurel, un arrayán y un olivo sólo Pater ergo et Filius et Spiritus sanctus, quoniam
pueden llamarse tres árboles, tres sustancias, tres tres sunt, quaeramus quid tres sint, et quid
naturalezas. Y tres piedras son tres cuerpos; pero commune habeant. Non enim commune illis est id
la piedra, el boj, el hierro, sólo pueden ser quod Pater est, ut invicem sibi sint patres; sicut
designados con el término genérico de tres amici, cum relative ad alterutrum dicantur,
cuerpos o mediante alguna otra expresión aún possunt dici tres amici, quod invicem sibi sunt.
más general. Non autem hoc ibi, quia tantum Pater ibi pater;
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, puesto que nec duorum pater, sed unici Filii. Nec tres filii,
son tres, investiguemos qué tres son y qué tienen cum Pater ibi non sit filius, nec Spiritus sanctus.
de común. No es común ciertamente el ser Padre, Nec tres spiritus sancti, quia et spiritus sanctus
de manera que mutuamente sean padres. De los propria significatione qua etiam donum Dei
amigos se puede decir que son tres, pues lo son dicitur, nec Pater nec Filius. Quid igitur tres? Si
relativa y recíprocamente. No así en la Trinidad, enim tres personae, commune est eis id quod
donde sólo el Padre es padre y no es Padre de dos persona est: ergo speciale hoc aut generale nomen
hijos, sino de un Hijo único; ni son tres los hijos, est eis, si consuetudinem loquendi respicimus.
porque en la Trinidad el Padre no es hijo, ni lo es Sed ubi est naturae nulla diversitas, ita generaliter
tampoco el Espíritu Santo; ni son tres los espíritus enuntiantur aliqua plura, ut etiam specialiter
santos, pues ni el Padre ni el Hijo son Espíritu enuntiari possint. Naturae enim differentia facit ut
Santo, Don de Dios en sentido personal. ¿Qué laurus et myrtus et olea, aut equus et bos et canis,
son, pues, estos tres? Si decimos que son tres non dicantur speciali nomine, istae, tres lauri; aut
personas, la cualidad de persona es allí común. illi, tres boves: sed generali, et istae, tres arbores;
Esta sería, conforme al lenguaje corriente, su et illa, tria animalia. Hic vero ubi nulla est
denominación genérica o específica. essentiae diversitas, oportet ut speciale nomen
Mas donde no existe diversidad de naturaleza habeant haec tria, quod tamen non invenitur. Nam
puede emplearse en la enunciación del plural un persona generale nomen est, in tantum ut etiam
nombre genérico o especifico. La diferencia de homo possit hoc dici, cum tantum intersit inter
naturaleza hace que el arrayán, el laurel y el olivo, hominem et Deum.
o el caballo, el buey y el can, no sean designados
con una palabra específica, llamando tres laureles
a los primeros y tres bueyes a los segundos, sino 8. Deinde in ipso generali vocabulo, si propterea
que es menester designarlos con un nombre dicimus tres personas, quia commune est eis id
genérico, diciendo tres árboles o tres animales. quod persona est (alioquin nullo modo possunt ita
Mas aquí, donde no existe diversidad de esencia, dici, quemadmodum non dicuntur tres filii, quia
conviene que tengan una denominación específica non commune est eis id quod est filius); cur non
estas tres personas, denominación que no etiam tres deos dicimus? Certe enim quia Pater
encontramos. Persona es término muy genérico, e persona, et Filius persona, et Spiritus sanctus
incluso se aplica al hombre a pesar de la distancia persona, ideo tres personae: quia ergo Pater Deus,
que media entre Dios y el mortal. et Filius Deus, et Spiritus sanctus Deus, cur non
8. Además, insistiendo en esta expresión genérica, tres dii? Aut quoniam propter ineffabilem
si decimos tres personas, por serles esta cualidad conjunctionem haec tria simul unus Deus; cur non
de persona común — de otra suene no se podrían etiam una persona, ut ita non possimus dicere tres
denominar así, coma no se puede decir tres hijos, personas, quamvis singulam quamque appellemus
pues la filiación no es común en la Trinidad —, personam, quemadmodum non possumus dicere
¿por qué no decir tres dioses? Ciertamente hay tres deos, quamvis quemque singulum appellemus
tres personas, porque el Padre es persona, el Hijo Deum, sive Patrem, sive Filium, sive Spiritum
es persona y persona es el Espíritu Santo; si el sanctum? An quia Scriptura non dicit tres deos?
Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo Sed nec tres personas alicubi Scripturam
es Dios, ¿por qué no hay tres dioses? Y si, en commemorare invenimus. An quia nec tres, nec
virtud de su inefable unión, los tres son un solo unam personam Scriptura dicit haec tria (legimus
Dios, ¿por qué no una sola persona, de modo que enim personam Domini, non personam
no podamos afirmar que son tres, aunque demos a Dominum), propterea licuit loquendi et disputandi
cada uno en particular el nombre de persona, necessitate tres personas dicere, non quia
como no podemos decir que son tres dioses, Scriptura dicit, sed quia Scriptura non contradicit:
aunque en particular llamemos Dios al Padre, al si autem diceremus tres deos, contradiceret
Hijo y al Espíritu Santo? ¿Será acaso porque en la Scriptura, dicens, Audi, Israel; Dominus Deus
Escritura jamás se mencionan tres dioses? tuus, Deus unus est (Deut. VI, 4)? Cur ergo et
Pero tampoco encontramos que hable la Escritura tres essentias non licet dicere, quod similiter
de tres personas. ¿O será porque, si la Escritura Scriptura, sicut non dicit, ita nec contradicit? Nam
no habla de una o de tres personas —habla, sí, de essentia si speciale nomen est commune tribus,
la persona del Señor, pero no dice que el Señor cur non dicantur tres essentiae, sicut Abraham,
sea persona—(la realidad existe, por más de que Isaac, et Jacob, tres homines, quia homo speciale
el vocablo no esté), ya nos está permitido, nomen est commune omnibus hominibus? Si
obligados por la necesidad de la disputa, autem speciale nomen non est essentia, sed
enumerar tres personas, no porque lo diga la generale, quia homo, et pecus, et arbor, et sidus, et
Escritura, sino porque no lo contradice, mientras, angelus essentia dicitur; cur non dicuntur istae
si decimos que son tres dioses, nos impugnarían tres essentiae, sicut tres equi dicuntur tria
las Escrituras, que claman: Escucha, ¡oh Israel! el animalia, et tres lauri dicuntur tres arbores, et tres
Señor tu Dios es un Dios único? lapides tria corpora? Aut si propter unitatem
¿Y por qué no es lícito hablar de tres esencias, Trinitatis non dicuntur tres essentiae, sed una
pues la Escritura, si no lo dice, tampoco lo essentia; cur non propter eamdem unitatem
impugna? Si la esencia es nombre específico Trinitatis non dicuntur tres substantiae vel tres
común a las tres divinas personas, ¿por qué no personae, sed una substantia et una persona?
decir tres esencias, así como se dice que Abrahán, Quam enim est illis commune nomen essentiae,
Isaac y Jacob son tres hombres, por ser la palabra ita ut singulus quisque dicatur essentia, tam illis
específica hombre común a los tres? Y si el commune est vel substantiae vel personae
nombre esencia no es término especifico, sino vocabulum. Quod enim de personis secundum
genérico, siendo el hombre, la oveja, el árbol, el nostram, hoc de substantiis secundum Graecorum
astro y el ángel esencia, ¿por qué no se dicen tres consuetudinem, ea quae diximus, oportet intelligi.
esencias, así como de tres caballos se dice que son Sic enim dicunt illi tres substantias, unam
tres animales, y tres laureles tres árboles, y tres essentiam, quemadmodum nos dicimus tres
piedras tres cuerpos? Y si en virtud de la unión personas, unam essentiam vel substantiam.
íntima de la Trinidad no se dicen tres esencias,
sino una esencia, ¿por qué a causa de esta misma
unión de la Trinidad no se dicen tres sustancias o 9. Quid igitur restat, nisi ut fateamur loquendi
personas, sino una sustancia y una persona? Tan necessitate parta haec vocabula, cum opus esset
común es en la Trinidad el nombre de esencia copiosa disputatione adversum insidias vel errores
como el de sustancia o persona. Lo que nosotros, haereticorum? Cum enim conaretur humana
siguiendo la costumbre, decimos de la persona, lo inopia loquendo proferre ad hominum sensus,
entienden los griegos, conforme al genio de su quod in secretario mentis pro captu tenet de
idioma, de la sustancia. Ellos dicen tres sustancias Domino Deo creatore suo, sive per piam fidem,
y una esencia. Nosotros, tres personas y una sive per qualemcumque intelligentiam, timuit
esencia o sustancia. dicere tres essentias, ne intelligeretur in illa
9. ¿Qué nos testa, pues, sino confesar que estas summa aequalitate ulla diversitas. Rursus non
expresiones son panes de la indigencia, al hablar, esse tria quaedam, non poterat dicere, quod
en numerosas disputas, contra las insidias y Sabellius quia dixit, in haeresim lapsus est.
errores de la herejía? Al afanarse la pobreza Certissime quippe de Scripturis cognoscitur quod
humana por poner al alcance de los sentidos del pie credendum est, et aspectu mentis indubitata
hombre, mediante el lenguaje, lo que opine en el perceptione perstringitur, et Patrem esse, et
secreto de su pensar del Señor Dios, su Creador Filium, et Spiritum sanctum; nec Filium esse
—ora sea creencia piadosa, oía una cierta eumdem qui Pater est, nec Spiritum sanctum
inteligencia—, temió decir tres esencias, no fuera eumdem esse vel Patrem vel Filium. Quaesivit
a sospecharse diversidad en aquella igualdad quid tria diceret: et dixit substantias sive personas,
suprema. quibus nominibus non diversitatem intelligi
Además, no se puede negar sean tres, pues voluit, sed singularitatem noluit; ut non solum ibi
Sabelio, al negarlo, se despeñó en la herejía'. De unitas intelligatur ex eo quod dicitur una essentia,
la Escritura se deduce con plena certeza lo que sed et trinitas ex eo quod dicuntur tres substantiae
piadosamente creemos, y la mente con claridad lo vel personae. Nam si hoc est Deo esse quod
percibe; esto es, que existe el Padre, el Hijo y el subsistere, ita non erant dicendae tres substantiae,
Espíritu Santo; que el Hijo no es el Padre, ni el ut non dicuntur tres essentiae: quemadmodum
Espíritu Santo es el padre o el Hijo. Buscó, pues, quia hoc est Deo esse quod sapere, sicut non tres
la pobreza cómo expresar estas tres cosas, y las essentias, ita nec tres sapientias dicimus. Sic enim
llamó sustancias o personas, no queriendo quia hoc illi est Deum esse quod est esse, tam tres
significar con estas palabras diversidad alguna ni essentias quam tres deos dici fas non est. Si autem
tampoco nada singular o concreto, dando a aliud est Deo esse, aliud subsistere, sicut aliud
entender la unidad al poner en Dios una esencia, y Deo esse, aliud Patrem esse vel Dominum esse;
la Trinidad al distinguir tres sustancias o personas. quod enim est, ad se dicitur, Pater autem ad
Porque si en Dios el ser y el subsistir se Filium et Dominus ad servientem creaturam
identifican, no se han de imaginar tres sustancias, dicitur: relative ergo subsistit, sicut relative gignit
como no se dicen tres esencias; y siendo para et relative dominatur. Ita jam substantia non erit
Dios una misma realidad el ser y el saber, no se substantia, quia relativum erit. Sicut enim ab eo
dice que haya en El ni tres esencias ni tres quod est esse appellatur essentia, ita ab eo quod
sabidurías. Y como en Dios se identifica el ser y est subsistere substantiam dicimus. Absurdum est
el ser Dios, no está permitido decir tres esencias o autem ut substantia relative dicatur: omnis enim
tres dioses. Si para Dios una cosa es el ser y otra res ad se ipsam subsistit; quanto magis Deus?
el subsistir, como es una cosa el ser Dios y otra el
ser Padre o Señor, ser se predica del sujeto, Padre
dice relación al Hijo, Señor al siervo; luego la
subsistencia sería término relativo, como relativo
es el término engendrar y relativo también el
señorío.
Y entonces la sustancia no sería sustancia, sino
relación. Así como la palabra esencia se deriva
del verbo ser, el término sustancia trae su origen
del verbo subsistir. Es, pues, un absurdo dar un
sentido relativo a la palabra sustancia; porque, si
todo ser es subsistente en sí mismo, ¿con cuánta
mayor razón no lo será Dios?

CAPITULO V CAPUT V.

SUSTANCIA Y ESENCIA EN DIOS 10. In Deo substantia abusive dicitur, essentia


proprie. Si tamen dignum est ut Deus dicatur
10. ¿Subsistir es una palabra digna de Dios? Se subsistere: de his enim rebus recte intelligitur, in
comprende bien su sentido en las realidades que quibus subjectis sunt ea quae in aliquo subjecto
sirven a otras de sujeto, como el color o la forma esse dicuntur, sicut color aut forma in corpore.
en los cuerpos. Subsiste el cuerpo, y por eso es Corpus enim subsistit, et ideo substantia est: illa
sustancia; mas el color o la forma subsisten como vero in subsistente atque subjecto corpore, quae
en propio sujeto en el cuerpo, y, por ende, no son non substantiae sunt, sed in substantia; et ideo si
sustancias, sino que subsisten en el cuerpo, que es esse desinat, vel ille color, vel illa forma, non
sustancia. Si dicho color o dicha forma adimunt corpori esse corpus, quia non hoc ei est
desaparecen, no impiden al cuerpo ser cuerpo, esse, quod illam vel illam formam coloremve
pues para éste no es la misma cosa el ser de un retinere. Res ergo mutabiles neque simplices,
determinado color y el existir. Llamamos proprie dicuntur substantiae. Deus autem si
propiamente sustancias a los seres mudables y subsistit ut substantia proprie dici possit, inest in
compuestos. eo aliquid tanquam in subjecto, et non est
Si Dios subsiste y se le puede llamar con toda simplex, cui hoc sit esse quod illi est quidquid
propiedad sustancia, existe en El algo como en aliud de illo ad illum dicitur, sicut magnus,
sujeto, y entonces no sería ya simple, por no omnipotens, bonus, et si quid hujusmodi de Deo
identificarse en Él el ser y sus atributos, como non incongrue dicitur: nefas est autem dicere ut
grande, bueno, omnipotente y cualquier otro subsistat et subsit Deus bonitati suae, atque illa
digno de Dios. No se puede decir que Dios bonitas non substantia sit vel potius essentia,
subsiste y es sujeto de su bondad, ni que esta neque ipse Deus sit bonitas sua, sed in illo sit
bondad no es sustancia o esencia, o que Dios no tanquam in subjecto: unde manifestum est Deum
es la misma bondad, sino que la bondad existe en abusive substantiam vocari, ut nomine usitatiore
El como en un sujeto. Luego es evidente que Dios intelligatur essentia, quod vere ac proprie dicitur;
no es sustancia sino en un sentido abusivo. Su ita ut fortasse solum Deum dici oporteat
nombre propio y verdadero es esencia, y acaso essentiam. Est enim vere solus, quia
Dios sólo se pueda llamar esencia. Es único, incommutabilis est, idque nomen suum famulo
porque es inmutable, y en este sentido revela su suo Moysi enuntiavit, cum ait, Ego sum qui sum;
nombre a su siervo Moisés cuando le dice: Yo soy et, dices ad eos: Qui est, misit me ad vos (Exod.
el que soy; El Ser me envía a vosotros. III, 14) . Sed tamen sive essentia dicatur quod
Mas ya se diga esencia, término propio; ya proprie dicitur, sive substantia quod abusive;
sustancia en sentido abusivo, ambos conceptos utrumque ad se dicitur, non relative ad aliquid.
son absolutos, no relativos. En Dios la esencia y Unde hoc est Deo esse quod subsistere, et ideo si
la subsistencia se identifican, y, por consiguiente, una essentia Trinitas, una etiam substantia.
si la Trinidad es una esencia, es también una Fortassis igitur commodius dicuntur tres
sustancia. Es, pues, más razonable hablar de tres personae, quam tres substantiae.
personas en Dios que de tres sustancias.

CAPITULO VI CAPUT VI.

NUESTRA FE SOBRE LA TRINIDAD. POR 11. Cur in Trinitate non dicatur una persona, et
QUÉ EN LA TRINIDAD NO SE DICE QUE tres essentiae. De Trinitate quid credere debet qui
HAY UNA PERSONA Y TRES ESENCIAS. EL supra dicta non capit. Homo et ad imaginem et
HOMBRE, IMAGEN Y A IMAGEN DE DIOS imago Dei. Sed ne nobis videar suffragari, hoc
quoque requiramus. Quanquam et illi, si vellent,
11. Y para que no parezca que voto en favor de sicut dicunt tres substantias, tres hypostases,
los nuestros, estudiemos este extremo. Los possent dicere tres personas tria prosopa. Illud
griegos, si quisieran, podían llamar a las tres autem maluerunt, quod forte secundum linguae
personas tres prósopa, lo mismo que llaman a las suae consuetudinem aptius diceretur. Nam et in
tres sustancias tres hipóstasis. No obstante, personis eadem ratio est: non enim aliud est Deo
prefieren emplear la mencionada expresión, quizá esse, aliud personam esse, sed omnino idem. Nam
por estar más en consonancia con el genio de su si esse ad se dicitur, persona vero relative; sic
idioma. Por otra parte, en las personas existe este dicamus tres personas, Patrem et Filium et
mismo razonar. En Dios es una misma cosa ser y Spiritum sanctum, quemadmodum dicuntur aliqui
ser persona. Si ser es término absoluto, persona lo tres amici, aut tres propinqui, aut tres vicini, quod
es relativo. sint ad invicem, non quod unusquisque eorum sit
Decimos tres personas: Padre, Hijo y Espíritu ad se ipsum. Quapropter quilibet ex eis amicus est
Santo. Y decimos también tres amigos, tres duorum caeterorum, aut propinquus aut vicinus,
parientes, tres vecinos, porque no lo son con quia haec nomina relativam significationem
relación a sí mismos, sino con relación a los habent. Quid ergo? num placet ut dicamus Patrem
demás. Cada uno de ellos es amigo, pariente o personam esse Filii et Spiritus sancti, aut Filium
vecino de los otros dos; pues dichas palabras personam esse Patris et Spiritus sancti, aut
significan siempre relación. ¿Qué? ¿Llamaremos Spiritum sanctum personam esse Patris et Filii?
al Padre persona del Hijo y del Espíritu Santo, y Sed neque persona ita dici alicubi solet, neque in
al Hijo persona del Espíritu Santo y del Padre, y hac Trinitate cum dicimus personam Patris, aliud
al Espíritu Santo persona del Padre y del Hijo? dicimus quam substantiam Patris. Quocirca, ut
Jamás la palabra persona se emplea en este substantia Patris ipse Pater est, non quo Pater est,
sentido; ni en esta trinidad, cuando nombramos la sed quo est; ita et persona Patris, non aliud quam
persona del Padre, queremos significar otra cosa ipse Pater est: ad se quippe dicitur persona, non
que la sustancia del Padre. Y así como el Padre es ad Filium vel Spiritum sanctum; sicut ad se
sustancia del Padre, no en cuanto Padre, sino en dicitur Deus et magnus, et bonus, et justus, et si
cuanto ser, así la persona del Padre es el Padre quid aliud hujus modi. Et quemadmodum hoc illi
mismo, porque en sí mismo es persona y no con est esse quod Deum esse, quod magnum, quod
relación al Hijo o al Espíritu Santo, como es en sí bonum esse; ita hoc illi est esse, quod personam
mismo Dios, grande, bueno, justo, etc. esse. Cur ergo non haec tria simul unam personam
Y así como para El es idéntico ser y ser Dios, dicimus, sicut unam essentiam et unum Deum,
grande, bueno, así en El se identifican el ser y la sed tres dicimus personas, cum tres Deos aut tres
persona. ¿Por qué, pues, no llamar a estas tres essentias non dicamus; nisi quia volumus vel
realidades una persona, como decimos una unum aliquod vocabulum servire huic
esencia y un Dios, sino que afirmamos la significationi qua intelligitur Trinitas, ne omnino
existencia de tres personas, siendo así que no taceremus interrogati, quid tres, cum tres esse
decimos tres dioses o tres esencias? ¿Quizá fateremur? Nam si genus est essentia, species
porque nos place emplear una palabra que exprese autem substantia sive persona, ut nonnulli
la Trinidad, para no permanecer en silencio sentiunt, omitto illud quod jam dixi, oportere
cuando se nos pregunta qué son estos tres, pues appellari tres essentias, ut appellantur tres
hemos confesado que son tres? substantiae vel personae, sicut appellantur tres
Porque si, como algunos opinan, la esencia es el equi, eademque animalia tria, cum sit species
género y la sustancia o persona la especie — equus, animal genus. Neque enim species ibi
omitiendo lo que ya dije —, habría que admitir pluraliter dicta est, et genus singulariter, tanquam
tres esencias, como se admiten tres sustancias o diceretur tres equi unum animal: sed sicut tres
personas. Decimos siempre tres caballos o tres equi speciali nomine, ita tria animalia generali
animales, siendo el caballo la especie y el género nomine. Quod si dicunt substantiae vel personae
el animal. Jamás se emplea el término específico nomine non speciem significari, sed aliquid
en plural y el genérico en singular, como si singulare atque individuum; ut substantia vel
dijéramos que tres caballos son un animal; sino persona non ita dicatur sicut dicitur homo, quod
que decimos tres caballos, con nombre especifico, commune est omnibus hominibus, sed quomodo
y tres animales, con nombre genérico. Si afirman dicitur hic homo, velut Abraham, velut Isaac,
que el término sustancia o persona no indica la velut Jacob, vel si quis alius qui etiam digito
especie, sino el individuo singular, y así la praesens demonstrari possit: sic quoque illos
sustancia o persona no es equivalente a la palabra eadem ratio consequetur. Sicut enim dicuntur
hombre, común a todos los seres humanos, sino Abraham, Isaac et Jacob tria individua, ita tres
que concreta un hombre singular, por ejemplo, homines, et tres animae. Cur ergo et Pater et
Abrahán, Isaac o Jacob, o algún otro cuya Filius et Spiritus sanctus, si secundum genus et
presencia se pueda señalar con el índice, aun en speciem et individuum etiam ista disserimus, non
este sentido afirmamos que urgiría el mismo ita dicuntur tres essentiae, ut tres substantiae seu
razonamiento. Abrahán, Isaac y Jacob son tres personae? Sed hoc, ut dixi, omitto: illud dico, si
individuos, tres hombres, tres almas. ¿Por qué, essentia genus est, una essentia jam non habet
aceptando la noción de especie, género e species; sicut quia genus est animal, unum animal
individuo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no jam non habet species. Non sunt ergo tres species
se denominan tres esencias, como se denominan unius essentiae, Pater et Filius et Spiritus sanctus.
tres sustancias o tres personas? Si autem species est essentia, sicut species est
Pero, como ya dije, omitiendo esto, me limito a homo, tres vero illae quas appellamus substantias
notar que, si la esencia es el género, una esencia sive personas, sic eamdem speciem communiter
única carecerá de especies. Así, siendo animal el habent, quemadmodum Abraham, Isaac et Jacob
género, un animal no puede pertenecer a varias speciem quae homo dicitur, communiter habent;
especies. En consecuencia, el Padre, el Hijo y el non sicut homo subdividitur in Abraham, Isaac et
Espíritu Santo no pueden ser tres especies de una Jacob, ita unus homo et in aliquos singulos
misma esencia. Si, empero, la esencia es la homines subdividi potest: omnino enim non
especie, como lo es el ser hombre, las tres potest, quia unus homo jam singulus homo est.
realidades que llamamos nosotros sustancias o Cur ergo una essentia in tres substantias, vel
personas tienen una sola especie común, como personas subdividitur? Nam si essentia species est
común es en Abrahán, Isaac y Jacob la especie sicut homo, sic est una essentia sicut unus homo:
humana; cierto que si la especie humana es an sicut dicimus aliquos tres homines ejusdem
indivisible y se encuentra en Abrahán, Isaac y sexus, ejusdem temperationis corporis,
Jacob, no lo es el individuo denominado hombre. ejusdemque animi, unam esse naturam; tres enim
Esto implica imposibilidad absoluta, pues un sunt homines, sed una natura: sic etiam ibi
hombre será siempre un hombre. ¿Por qué razón dicimus tres substantias unam essentiam, aut tres
una esencia se ha de subdividir en tres sustancias personas unam substantiam vel essentiam? Hoc
o personas? Si la esencia es la especie, como lo es vero utcumque simile est, quia et veteres qui
la humanidad, una es la esencia y uno el hombre latine locuti sunt, antequam haberent ista nomina,
singular. De tres hombres del mismo sexo, de la quae non diu est ut in usum venerunt, id est
misma constitución temperamental, del mismo essentiam vel substantiam, pro his naturam
espíritu, de idéntica naturaleza, decimos que son dicebant. Non itaque secundum genus et species
tres hombres y una sola naturaleza: ¿diremos en ista dicimus; sed quasi secundum communem
este sentido tres sustancias y una esencia, o tres eamdemque materiam. Sicut ex eodem auro si
personas y una sustancia o esencia? fierent tres statuae, diceremus tres statuas unum
Sin duda existe aquí una cierta analogía, pues los aurum, nec tamen diceremus genus aurum,
antiguos que hablaban latín, antes de conocer species autem statuas; nec aurum speciem, statuas
estos nombres de sustancia o esencia, de reciente vero individua. Nulla quippe species individua
invención, empleaban el de naturaleza. Nosotros sua transgreditur, ut aliquid extra comprehendat.
empleamos estos términos para indicar una Cum enim definiero quid sit homo, quod est
realidad común e idéntica, pero nunca en el nomen speciale, singuli quique homines qui sunt
sentido de género o especie. Es como si, al hablar individua eadem definitione continentur, nec
de tres estatuas sacadas de un mismo lingote de aliquid ad eam pertinet quod homo non sit. Cum
oro, dijéramos tres estatuas y un pan de oro, sin vero aurum definiero, non solae statuae, si aureae
denominar género al oro y especie a las estatuas, fuerint, sed et annuli, et si quid aliud de auro
ni al oro la especie ni individuos a las estatuas. La fuerit, ad aurum pertinebit, etsi nihil inde fiat,
especie no se extiende más allá de las fronteras aurum dicitur, quia etiamsi non sint aureae, non
del individuo como en busca de perfección fuera ideo non erunt statuae. Item nulla species excedit
del sujeto. Cuando defino al hombre, término definitionem generis sui. Cum enim definiero
específico, comprendo en la definición a todo animal, quoniam generis hujus species est equus,
individuo de la especie humana; y no existe omnis equus animal est, non autem statua omnis
elemento específico que no se encuentre en el aurum est. Ideo quamvis in tribus statuis aureis,
hombre. Cuando defino lo que es el oro, mi recte dicamus tres statuas unum aurum; non
definición es aplicable a las estatuas de oro, a los tamen ita dicimus, ut genus aurum, species vero
anillos y a todos los objetos hechos de dicho statuas intelligamus. Nec sic ergo Trinitatem
metal: el oro subsiste aunque no se forme de 61 dicimus tres personas vel substantias, unam
ningún objeto; como las estatuas, aunque no sean essentiam et unum Deum, tanquam ex una
de oro, son siempre estatuas. materia tria quaedam subsistant, etiamsi quidquid
Asimismo, la especie jamás traspasa la definición illud est, in his tribus explicatum sit. Non enim
de su género. Defino lo que es un animal; el aliquid aliud ejus essentiae est praeter istam
caballo es una especie dentro de este género, y así Trinitatem: tamen tres personas ejusdem
todo caballo es un animal; pero no toda estatua es essentiae, vel tres personas unam essentiam
oro. Por consiguiente, aunque en las tres estatuas dicimus: tres autem personas ex eadem essentia
de oro decimos rectamente que son tres estatuas y non dicimus, quasi aliud ibi sit quod essentia est,
un oro, no queremos dar a entender que el oro sea aliud quod persona; sicut tres statuas ex eodem
el género y la estatua la especie. Cuando decimos auro possumus dicere; aliud enim illuc est esse
que en la Trinidad existen tres sustancias o aurum, aliud esse statuas. Et cum dicuntur tres
personas y una esencia y un Dios, no pretendemos homines una natura, vel tres homines ejusdem
significar que las tres personas sean en cierto naturae, possunt etiam dici tres homines ex eadem
modo de una misma materia subsistente, si bien natura, quia ex eadem natura et alii tres tales
dicha materia — sea la que sea — se encuentre en homines possunt existere; in illa vero essentia
las tres personas. La esencia divina no es otra Trinitatis, nullo modo alia quaelibet persona ex
cosa que la Trinidad; con todo, decimos que las eadem essentia potest existere. Deinde in his
tres personas son una esencia o de una misma rebus non tantum est unus homo, quantum tres
esencia; pero no podemos decir que estas tres homines simul; et plus sunt aliquid homines duo,
personas hayan sido formadas de una misma quam unus homo: et in statuis aequalibus plus
esencia, como si en la Trinidad fuera una cosa la auri est tres simul quam singulae, et minus auri
esencia y otra la persona 14. Podemos muy bien est una quam duae. At in Deo non ita est: non
decir tres estatuas formadas de un mismo oro, enim major essentia est Pater et Filius et Spiritus
pues una cosa es el oro y otra la estatua. Cuando sanctus simul, quam solus Pater aut solus Filius;
se dice tres hombres son una naturaleza, o de una sed tres simul illae substantiae sive personae, si
misma naturaleza, se puede también decir que ita dicendae sunt, aequales sunt singulis: quod
estos tres hombres han sido plasmados de una animalis homo non percipit. Non enim potest
misma naturaleza, y de la misma materia pueden cogitare nisi moles et spatia, vel minuta vel
surgir otros tres más; pero en aquella esencia que grandia, volitantibus in animo ejus
es la Trinidad no es posible pueda existir otra phantasmatibus tanquam imaginibus corporum.
persona más de esa misma esencia.
En estas cosas de aquí abajo, un hombre solo no
es lo que son tres hombres juntos, y dos son más 12. Ex qua immunditia donec purgetur, credat in
que uno; y en estatuas de igual tamaño y solidez, Patrem et Filium et Spiritum sanctum, unum
más oro hay en las tres juntas que en una de ellas, Deum, solum, magnum, omnipotentem, bonum,
y menos en una que en las dos restantes; pero en justum, misericordem, omnium visibilium et
Dios no es así, pues la esencia en el Padre, en el invisibilium conditorem, et quidquid de illo pro
Hijo y en el Espíritu Santo juntos no es mayor que humana facultate digne vereque dici potest.
en el Padre solo o en el Hijo solo, sino que Neque cum audierit Patrem solum Deum, separet
aquellas tres sustancias o personas — si ésta es su inde Filium, aut Spiritum sanctum: cum eo quippe
denominación usual — son iguales a cada una de solus Deus, cum quo et unus Deus est; quia et
ellas en particular. Verdad que el hombre animal Filium cum audimus solum Deum, sine ulla
no comprende, pues es capaz de imaginar tan sólo separatione Patris aut Spiritus sancti oportet
moles y espacios de grandes o pequeñas accipere. Atque ita dicat unam essentiam, ut non
dimensiones, a través de los fantasmas que existimet aliud alio, vel majus, vel melius, vel
revolotean en su alma, como imágenes de los aliqua ex parte diversum. Non tamen ut Pater ipse
cuerpos. sit et Filius et Spiritus sanctus, et quidquid aliud
12. Y mientras de esta impureza no se purgue el ad alterutrum singula dicuntur; sicut Verbum quod
hombre, crea en el Padre, en el Hijo y en el non dicitur nisi Filius, aut Donum quod non
Espíritu Santo, un solo Dios, grande, dicitur nisi Spiritus sanctus: propter quod etiam
omnipotente, bueno, justo, misericordioso, pluralem numerum admittunt, sicut in Evangelio
creador de todo lo visible e invisible y cuanto la scriptum est: Ego et Pater unum sumus (Joan. X,
humana inteligencia sea capaz de pensar digno de 30) . Et unum dixit; et, sumus: unum, secundum
Dios. Y cuando oiga decir que el Padre solo es essentiam, quod idem Deus; sumus, secundum
Dios, no separe al Hijo y al Espíritu Santo, porque relativum, quod ille Pater, hic Filius. Aliquando et
con aquél son un solo Dios; y cuando oímos decir tacetur unitas essentiae, et sola pluraliter relativa
que el Hijo es un solo Dios, conviene entenderlo commemorantur: Veniemus ad eum ego et Pater,
sin exclusión del Padre y del Espíritu Santo, y si et habitabimus apud eum (Id. XIV, 23) .
habla de una esencia, que no imagine que uno es Veniemus [0946] et habitabimus, pluralis
superior a otro en grandeza o virtud o diversidad numerus est, quia praedictum est, Ego et Pater, id
de elementos. Sin embargo, no piense que el est, Filius et Pater, quae relative ad invicem
Padre es el Hijo o el Espíritu Santo, o cualquiera dicuntur. Aliquando latenter omnino, sicut in
otra cosa que diga relación a la persona singular. Genesi: Faciamus hominem ad imaginem et
Por ejemplo, Verbo sólo se dice del Hijo, y Don, similitudinem nostram (Gen. I, 26) . Et faciamus,
sólo del Espíritu Santo; y por esto se admite el et nostram, pluraliter dictum est, et nisi ex
número plural, como en aquel pasaje del relativis accipi non oportet [1 [0946] Sic Mss.
Evangelio donde se dice: Yo y el Padre somas Editi vero, non potest.] . Non enim ut facerent dii,
uno. aut ad imaginem et similitudinem deorum; sed ut
Uno, dice, y somas: Uno en la esencia, Dios facerent Pater et Filius et Spiritus sanctus, ad
único; somas según la relación, por la que es imaginem Patris et Filii et Spiritus sancti, ut
Padre el primero y éste Hijo. Se silencia a veces subsisteret homo imago Dei. Deus autem Trinitas.
la unidad esencial y en plural se mencionan los Sed quia non omnino aequalis fiebat illa imago
términos relativos. Yo y el Padre vendremos a él y Dei, tanquam non ab illo nata, sed ab eo creata,
habitaremos en él. Vendremos y habitaremos, en hujus rei significandae causa, ita imago est ut ad
número plural, pues antes había dicho: Yo y el imaginem sit: id est, non aequatur parilitate, sed
Padre, es decir, el Hijo y el Padre, términos ambos quadam similitudine accedit. Non enim locorum
de mutua relación. Otras veces se insinúan las intervallis, sed similitudine acceditur ad Deum, et
personas de una manera velada e indirecta, como dissimilitudine receditur ab eo. Sunt enim qui ita
en el Génesis: Hagamos al hombre a nuestra distinguunt, ut imaginem velint esse Filium:
imagen y semejanza. Hagamos, se dice, y nuestra, hominem vero non imaginem, sed ad imaginem.
en plural, lo que sólo en sentido de relación es Refellit autem eos Apostolus dicens: Vir quidem
inteligible. No se trata de que los dioses formen al non debet velare caput, cum sit imago et gloria
hombre a su imagen y semejanza, sino de que el Dei (I Cor. XI, 7.) . Non dixit, Ad imaginem; sed
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo hagan al hombre imago. Quae tamen imago, cum alibi dicitur, Ad
a semejanza e imagen del Padre, del Hijo y del imaginem, non quasi ad Filium dicitur, quae
Espíritu Santo, para que así subsista el hombre imago aequalis est Patri; alioquin non diceret, ad
como imagen de Dios. Y Dios es Trinidad. Mas imaginem nostram. Quomodo enim nostram, cum
como esta imagen no era en un todo igual a la Filius solius Patris imago sit? Sed propter
Imagen de Dios ni de El nacida, sino creada por imparem, ut diximus, similitudinem dictus est
El, por eso se dice imagen hecha a semejanza; homo ad imaginem: et ideo nostram, ut imago
esto es, que no llega a la paridad, pero es hasta un Trinitatis esset homo; non Trinitati aequalis sicut
cierto punto parecida. Nos aproximamos o Filius Patri, sed accedens, ut dictum est, quadam
distanciamos de Dios no mediante intervalos similitudine; sicut in distantibus significatur
espaciales, sino que nos aproximamos por la quaedam vicinitas, non loci, sed cujusdam
semejanza y nos alejamos por la disparidad. Hay imitationis. Ad hoc enim et dicitur, Reformamini
quienes distinguen y dicen: la Imagen es el Hijo, in novitate mentis vestrae (Rom. XII, 2) : quibus
el hombre sólo es a imagen. Pero el Apóstol los item dicit, Estote itaque imitatores Dei, sicut filii
refuta al decir: El varón no debe cubrir la cabeza, charissimi (Ephes. V, 1) . Novo enim homini
porque es imagen y gloria de Dios. No dice a dicitur: Qui renovatur in agnitionem. Dei,
imagen, sino imagen. Por consiguiente, cuando en secundum imaginem ejus qui creavit eum
aquel otro pasaje se dice a imagen, no se trata del (Coloss. III, 10) . Aut si jam placet propter
Hijo, Imagen igual al Padre; porque entonces no disputandi necessitatem, etiam exceptis
diría a nuestra imagen. nominibus relativis, pluralem numerum admittere,
¿Cómo nuestra, siendo sólo el Hijo imagen del ut uno nomine respondeatur, cum quaeritur, quid
Padre? Pero, a causa de la imperfecta semejanza tria, et dicere tres substantias sive tres personas;
— como dijimos —, el hombre se dice hecho a nullae moles aut intervalla cogitentur, nulla
imagen; y se añade nuestra para que el hombre distantia quantulaecumque dissimilitudinis, ut ibi
sea imagen de la Trinidad, no imagen igual a la intelligatur aliud alio vel paulo minus,
Trinidad, como el Hijo lo es al Padre, sino sólo quocumque modo minus esse aliud alio potest: ut
imagen parecida y como por semejanza. En los neque personarum sit confusio, nec talis distinctio
objetos distantes puede existir sólo cierta qua sit impar aliquid. Quod si intellectu capi non
contigüidad imitativa, no espacial. En este sentido potest, fide tencatur, donec illucescat in cordibus
se dice: Reformaos por la renovación de la mente. ille qui ait per prophetam, Nisi credideritis, non
Y de nuevo: Sed, pues, imitadores de Dios, coma intelligetis (Isai. VII,9).
hijos muy amados. Y al hombre renovado se le
dice: Renovaos en el conocimiento de Dios, según
la imagen del Creador. Y si, por exigencias de la
disputa, place admitir, amén de estos nombres
relativos, el número plural, con el fin de
responder con una sola palabra cuando se nos
pregunta qué son estos tres, y se contesta diciendo
que son tres sustancias o personas, en este caso
conviene alejar de la mente toda idea de cuerpo o
espacio, ni se pueden imaginar distancias o
desemejanzas, ni inferioridad alguna de uno con
relación al otro, ni se crea que hay confusión de
personas o distinción que implique desigualdad. Y
si esto la inteligencia no lo comprende, lo retenga
la fe, hasta que brille en los corazones la
presencia de aquel que dijo por su profeta: Si no
creéis, no podéis entender.

LIBRO VIII

PRÓLOGO: Epilogo de lo dicho anteriormente y regla que ha de observarse en las cuestiones más
difíciles de la fe.

1. Igualdad suma de las tres divinas personas. Argumento de razón.


2. Para comprender como Dios es verdad hemos e rechazar toda imagen corpórea.
3. Dios, bien supremo. El alma es buena cuando se convierte a Dios.
4. La fe, preámbulo del amor.
5. Cómo se ama a la Trinidad sin conocerla.
6. Conocimiento que el impío tiene del justo a quien ama.
7. El amor, escala que conduce al conocimiento de la Trinidad. Dios se ha de buscar no en las
cosas exteriores, deseando obrar prodigios, como los ángeles malos, sino en el interior,
imitando la piedad de los ángeles buenos.
8. El que ama al hermano, ama a Dios, porque ama al amor que viene de Dios y es Dios.
9. El amor a la justicia increada nos enciende en amor al justo.
10. Vestigios de la Trinidad en el amor.

PROLOGO PROOEMIUM.

EPÍLOGO DE LO DICHO ANTERIORMENTE 1. Epilogus superius dictorum. Regula in


Y REGLA QUE HA DE OBSERVARSE EN LAS difficilioribus fidei quaestionibus servanda.
CUESTIONES MAS DIFÍCILES DE LA FE Diximus alibi, ea dici proprie in illa Trinitate
distincte ad singulas personas pertinentia, quae
1. Dijimos en otro lugar cómo en la Trinidad los relative dicuntur ad invicem, sicut Pater et Filius,
nombres que entrañan mutua relación se aplican et utriusque Donum Spiritus sanctus: non enim
propia y distintamente a cada una de las divinas Pater Trinitas, aut Filius Trinitas, aut Trinitas
personas, como Padre, Hijo y Espíritu Santo, Don Donum. Quod vero ad se dicuntur singuli, non
de ambos: porque el Padre no es la Trinidad, ni el dici pluraliter tres, sed unum ipsam Trinitatem:
Hijo es la Trinidad, ni es la Trinidad el Don. Y, sicut Deus Pater, Deus Filius, Deus Spiritus
por el contrario, lo que cada uno es respecto de sanctus; et bonus Pater, bonus Filius, bonus
M. mismo no se ha de expresar en plural, pues Spiritus sanctus; et omnipotens Pater, omnipotens
son uno, la misma Trinidad. Así, el Padre es Dios, Filius, omnipotens Spiritus sanctus: nec tamen
el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; bueno tres dii, aut tres boni, aut tres omnipotentes; sed
es el Padre, bueno el Hijo y bueno el Espíritu unus Deus, bonus, omnipotens ipsa Trinitas; et
Santo; omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo quidquid aliud non ad invicem relative, sed ad se
y omnipotente el Espíritu Santo; pero no son tres singuli dicuntur. Hoc enim secundum essentiam
dioses, ni tres buenos, ni tres omnipotentes, sino dicuntur, quia hoc est ibi esse, quod magnum
un Dios, bueno y omnipotente, que es la Trinidad. esse, quod bonum esse, quod sapientem esse, et
Y dígase lo mismo de cuanto significa existencia quidquid aliud ad se unaquaeque ibi persona, vel
absoluta y no habitud mutua. Estos atributos se ipsa Trinitas dicitur. Ideoque dici tres personas,
refieren a la esencia, donde el ser se identifica con vel tres substantias, non ut aliqua intelligatur
la grandeza, la bondad y la sabiduría, y cuanto se diversitas essentiae, sed ut vel uno aliquo
diga de la persona en sí misma, se puede afirmar vocabulo responderi possit, cum dicitur quid tres,
de la Trinidad. vel quid tria; tantamque esse aequalitatem in ea
Por consiguiente, se puede decir tres personas o Trinitate, ut non solum Pater non sit major quam
tres sustancias, sin diversidad de esencia, como Filius, quod attinet ad divinitatem, sed nec Pater
para responder en una palabra al que pregunta et Filius simul majus aliquid sint quam Spiritus
quiénes o qué son estos tres. Y es tan grande la sanctus, aut singula quaeque persona quaelibet
igualdad en esta Trinidad, que no sólo el Padre no trium minus aliquid sit quam ipsa Trinitas. Dicta
es mayor que el Hijo en lo referente a la sunt haec, et si saepius versando repetantur,
divinidad, pero ni el Padre y el Hijo juntos son, en familiarius quidem innotescunt: sed et modus
algo, mayores que el Espíritu Santo; ni cada una aliquis adhibendus est, Deoque supplicandum
de aquellas divinas personas en particular es devotissima pietate, ut intellectum aperiat, et
inferior a la Trinidad. studium contentionis absumat, quo possit mente
Queden, pues, sentadas estas verdades, y cuanto cerni essentia veritatis, sine ulla mole, sine ulla
más en nuestro estudio las repitamos, más mobilitate. Nunc itaque, in quantum ipse adjuvat
familiar nos será su conocimiento. Pero ha de Creator mire misericors, attendamus haec, quae
usarse de cierta mesura, y con devota piedad modo interiore quam superiora tractabimus, cum
imploremos el auxilio del cielo, para que nuestra sint eadem: servata illa regula, ut quod intellectui
inteligencia se abra y todo espíritu de emulación nostro nondum eluxerit, a firmitate fidei non
se consuma, y así la mente pueda intuir la esencia dimittatur.
de aquella verdad inmaterial e inmutable.
Ahora, pues, con la ayuda del Creador,
admirablemente misericordioso, atendamos a
estas cosas, que, si bien son las mismas, hemos de
estudiar de un modo más íntimo que en los libros
precedentes, sin desviamos de la regla, pata que,
si algo no apareciere claro a nuestra inteligencia,
no lo rechace la firmeza de la fe.
CAPITULO I CAPUT PRIMUM.

IGUALDAD SUMA DE LAS TRES DIVINAS 2. In Deo non esse majus quid tres quam unam
PERSONAS. ARGUMENTO DE RAZÓN personam, ratione monstratur. Dicimus enim non
esse in hac Trinitate majus aliquid duas aut tres
2. Decimos, pues, que en esta Trinidad dos o tres personas quam unam earum: quod non capit
personas no son más que una de ellas; aserto consuetudo carnalis, non ob aliud, nisi quia vera
inteligible para nuestra experiencia carnal, que quae creata sunt sentit ut potest; veritatem autem
sólo comprende, como puede, las verdades ipsam qua creata sunt non potest intueri: nam si
creadas; mas la Verdad misma, causa eficiente de posset, nullo modo esset lux ista corporea
la creación, no es capaz de comprenderla, pues, si manifestior quam hoc quod diximus. In substantia
esto pudiera, nuestra afirmación seria para él más quippe veritatis, quoniam sola vere est, non est
clara que esta luz corporal. En la esencia de la major aliqua, nisi quae verius est. Quidquid autem
verdad, la única que es, ser mayor equivale a ser intelligibile atque incommutabile est, non aliud
más verdadero. Todo cuanto es inteligible e alio verius est, quia aeque incommutabiliter
inconmutable no admite grados en la verdad, aeternum est: nec quod ibi magnum dicitur,
porque es igual e inconmutablemente eterno; y lo aliunde magnum est, quam eo quo vere est.
grande se identifica allí con la verdadera Quapropter ubi magnitudo ipsa veritas est,
existencia. quidquid plus habet magnitudinis, necesse est ut
Por consiguiente, donde la grandeza es la misma plus habeat veritatis: quidquid ergo plus veritatis
verdad, cuanto más tenga de grandeza más tiene non habet, non habet plus etiam magnitudinis.
de verdad, y cuanto menos tiene de verdad menos Porro, quidquid plus habet veritatis, profecto
tiene también de grandeza. El ser que posee más verius est, sicut majus est quod plus habet
grados de verdad es, sin duda, más verdadero; magnitudinis: hoc ergo ibi est majus quod verius.
como es mayor el que participa más de la Non autem verius est Pater et Filius simul, quam
grandeza; allí ser mayor es ser más verdadero. El singulus Pater, aut singulus Filius. Non igitur
Padre y el Hijo juntos no superan en verdad al majus aliquid utrumque simul, quam singulum
Padre o al Hijo solos. Luego los dos juntos no son eorum. Et quoniam aeque vere est etiam Spiritus
mayores que uno de ellos en particular. Y como el sanctus, nec Pater et Filius simul majus aliquid est
Espíritu Santo es igualmente verdadero, no quam ipse, quia nec verius est. Pater quoque et
pueden ser mayores que Él el Padre y el Hijo, Spiritus sanctus simul, quoniam veritate non
porque no son más verdaderos. Y el Padre con el superant Filium; non enim verius sunt; nec
Espíritu Santo, al no superar al Hijo en verdad, no magnitudine superant. Atque ita Filius et Spiritus
son más verdaderos, ni le vencen en grandeza; y sanctus simul tam magnum aliquid sunt quam
el Hijo y el Espíritu Santo juntos son iguales al Pater solus, quia tam vere sunt. Sic et ipsa Trinitas
Padre en grandeza, porque son iguales en verdad; tam magnum est, quam unaquaeque ibi persona.
y toda la Trinidad es igual en grandeza a cada una Non enim ibi major est, quae verior non est, ubi
de las personas. Donde la verdad es grandeza, lo est ipsa veritas magnitudo. Quia in essentia
que no es más verdadero no puede ser mayor. En veritatis, hoc est verum esse quod est esse; et hoc
la esencia de la verdad, ser y ser verdadero se est esse quod est magnum esse: hoc est ergo
identifican, como se identifican el ser y el ser magnum esse, quod verum esse. Quod igitur ibi
grande; luego ser grande es ser verdadero. En aeque verum est, etiam aeque magnum sit necesse
conclusión, lo que es igual en verdad, es, est.
necesariamente, igual en grandeza.

CAPITULO II CAPUT II.

PARA COMPRENDER COMO DIOS ES 3. Respuenda omnis corporalis cogitatio, ut Deus


VERDAD, HEMOS DE RECHAZAR TODA capiatur quomodo Deus est veritas. In corporibus
IMAGEN CORPÓREA autem fieri potest ut aeque verum sit hoc aurum
atque illud, sed majus hoc sit quam illud, quia non
3. En los cuerpos es posible que este o aquel oro eadem ibi est magnitudo quae veritas; aliudque
sean igualmente oro verdadero, pero en uno la illi est aurum esse, aliud magnum esse. Sic et in
masa de oro es mayor que en otro, porque en ellos animi natura, secundum quod dicitur magnus
la grandeza no se identifica con la verdad; y una animus, non secundum hoc dicitur verus animus.
cosa es allí ser oro y otra ser grande. Y lo mismo Animum enim verum habet etiam qui non est
sucede en la naturaleza del alma. Decir que un magnanimus: quandoquidem corporis et animi
alma es grande no es lo mismo que decir que es essentia, non est ipsius veritatis essentia, sicut est
verdadera. Incluso el que no es magnánimo tiene Trinitas Deus unus, solus, magnus, verus, verax,
un alma verdadera; y es porque la esencia del veritas. Quem si cogitare conamur, quantum sinit
cuerpo o del alma no es la esencia de la verdad, et donat, nullus cogitetur per locorum spatia
como lo es la Trinidad, Dios uno, único, grande, contactus aut complexus, quasi trium corporum;
verdadero, veraz y verdad. nulla compago juncturae, sicut tricorporem
Y si por representarlo nos afanamos, en la medida Geryonem fabulae ferunt: sed quidquid animo tale
que nos lo otorgue y permita, no pensemos en occurrerit, ut majus sit in tribus quam in singulis,
ningún contacto de unión o amplexo espacial, minusque in uno quam in duobus, sine ulla
cual si fueran tres cuerpos; ni se ha de imaginar dubitatione respuatur: ita enim respuitur omne
allí trabazón alguna de miembros, cual si fuera, corporeum. In spiritualibus autem omne mutabile
según narran las fábulas, un Gerión tricorpóreo; quod occurrerit, non putetur Deus. Non enim
sino que hemos de rechazar sin titubeos de parvae notitiae pars est, cum de profundo isto in
nuestro espíritu cualquier imagen donde tres sean illam summitatem respiramus, si antequam scire
mayores que uno y uno menor que los otros dos. possimus quid sit Deus, possumus jam scire quid
Así quedará descartado todo elemento corpóreo. non sit. Non est enim certe, nec terra, nec coelum,
Y en lo espiritual, nada de lo que se nos ocurra nec quasi terra et coelum, nec tale aliquid quale
mudable se tenga por Dios. No es pequeño videmus in coelo, nec quidquid tale non videmus
conocimiento, cuando del abismo de nuestra et est fortassis in coelo. Nec si augeas
vileza nos elevamos a estas cumbres, y antes de imaginatione cogitationis lucem solis, quantum
comprender lo que es Dios podemos saber ya lo potes, sive quo sit major, sive quo sit clarior,
que no es. Dios, ciertamente, ni es cielo, ni tierra, millies tantum, aut innumerabiliter, neque hoc est
ni algo semejante al cielo o a la tierra, ni algo Deus. Nec sicut cogitantur Angeli mundi spiritus
parecido a lo que vemos en el cielo o a lo que no coelestia corpora inspirantes, atque ad arbitrium
vemos, pero cuya existencia quizá es posible en el quo serviunt Deo mutantes atque versantes, nec si
cielo. omnes, cum sint millia millium (I Apoc. V, 11) ,
Aumenta en tu pensamiento cuanto puedas, ya sea in unum collati unus fiant, nec tale aliquid Deus
en volumen, ya en claridad, mil veces o hasta el est. Nec si eosdem spiritus sine corporibus
infinito, esta luz del sol; ni aun esto seria Dios. cogites, quod quidem carnali cogitationi
Finge a los ángeles, espíritus puros, animadores difficillimum est. Ecce vide, si potes, o anima
de los cuerpos celestes, pues los transforman y praegravata corpore quod corrumpitur, et onusta
alteran a voluntad, siempre bajo el imperio del terrenis cogitationibus multis et variis; ecce vide,
Señor, reunidos todos en un ser, y su número si potes: Deus Veritas est (Sap. IX, 15) . Hoc
millares de millares: ni aun esto sería Dios; y eso enim scriptum est, Quoniam Deus lux est (I Joan.
aun imaginando a dichos espíritus sin formas I, 5): non quomodo isti oculi vident, sed quomodo
corpóreas, cosa asaz difícil al pensamiento carnal. videt cor, cum audis, Veritas est. Noli quaerere
¡Oh alma, sobrecargada con un cuerpo corruptible quid sit veritas; statim enim se opponent caligines
y agobiada por varios y múltiples pensamientos imaginum corporalium et nubila phantasmatum,
terrenos; oh alma, comprende, si puedes, cómo et perturbabunt serenitatem, quae primo ictu
Dios es verdad! Está escrito: Dios es lux; pero no diluxit tibi, cum dicerem, Veritas. Ecce in ipso
creas que es esta luz que contemplan los ojos, primo ictu quo velut coruscatione perstringeris,
sino una luz que el corazón intuye cuando oyes cum dicitur, Veritas, mane si potes: sed non potes;
decir: Dios es verdad. No preguntes qué es la relaberis in ista solita atque terrena. Quo tandem
verdad, porque al momento cendales de corpóreas pondere, quaeso, relaberis, nisi sordium
imágenes y nubes de fantasmas se interponen en contractarum cupiditatis visco et peregrinationis
tu pensamiento, velando la serenidad que brilló en erroribus?
el primer instante en tu interior, cuando dije:
«Verdad». Permanece, si puedes, en la claridad
inicial de este rápido fulgor de la verdad; pero no
te es posible, volverás a caer en los pensamientos
terrenos en ti habituales. Y ¿cuál es, te ruego, el
peso que te arrastra hacia la sima, sino la
viscosidad de tus sórdidas apetencias y los errores
de tu peregrinación?

CAPITULO X CAPUT X.

VESTIGIOS DE LA TRINIDAD EN EL AMOR 14. Tria quaedam in charitate, velut vestigium


Trinitatis. Quid est autem dilectio vel charitas,
14. ¿Qué es la dilección o caridad, tan ensalzada quam tantopere Scriptura divina laudat et
en las Escrituras divinas, sino el amor del bien? praedicat, nisi amor boni? Amor autem alicujus
Mas el amor supone un amante y un objeto que se amantis est, et amore aliquid amatur. Ecce tria
ama con amor. He aquí, pues, tres realidades: el sunt; amans, et quod amatur, et amor. Quid est
que ama, lo que se ama y el amor. ¿Qué es el ergo amor, nisi quaedam vita duo aliqua copulans,
amor, sino vida que enlaza o ansía enlazar otras vel copulare appetens, amantem scilicet, et quod
dos vidas, a saber, al amante y al amado? Esto es amatur? Et hoc etiam in externis carnalibusque
verdad, incluso en los amores externos y carnales; amoribus ita est: sed ut aliquid purius et liquidius
pero bebamos en una fuente más pura y cristalina hauriamus, calcata carne ascendamus ad animum.
y, hollando la carne, elevémonos a las regiones Quid amat animus in amico, nisi animum? Et illic
del alma. ¿Qué ama el alma en el amigo sino el igitur tria sunt: amans, et quod amatur, et amor.
alma? Aquí tenemos tres cosas: el amante, el Restat etiam hinc ascendere, et superius ista
amado y el amor. quaerere, quantum homini datur. Sed hic
Réstanos remontamos aún más arriba y buscar paululum requiescat intentio, non ut se jam
estas tres realidades, en la medida otorgada al existimet invenisse quod quaerit, sed sicut solet
hombre. Mas descanse aquí un momento nuestra inveniri locus, ubi quaerendum est aliquid;
atención, no porque juzgue que ya encontró lo nondum illud inventum est, sed jam inventum est
que busca, sino como el que da con el lote donde ubi quaeratur: ita hoc dixisse suffecerit, ut
es preciso buscar alguna cosa. Aún no hemos tanquam ab articulo alicujus exordii caetera
encontrado, pero hemos topado ya con el lugar contexamus
donde es menester buscar. Que esto baste y sirva
de exordio a cuanto en lo sucesivo hayamos de
entretejer.

LIBRO IX

1. En busca e la Trinidad.
2. Análisis de la caridad. Sus elementos.
3. La imagen de la Trinidad en el alma que se conoce y ama. Conocimiento del alma por el
alma.
4. Tres cosas iguales que son unidad: la mente, su conocimiento y el amor. Estas tres cosas
son sustancia y dicen relación. Las tres son inseparables, y las tres son, sin trabazón ni
mezcla, una sustancia y también términos relativos.
5. Inmanencia y circumincesión de las tres facultades.
6. Conocimiento de las cosas en si mismas y en la eterna verdad. De las cosas corpóreas se ha
de juzgar según la regla de la eterna Verdad.
7. Concebimos y engendramos interiormente un verbo al contemplar las cosas en la eterna
Verdad.
8. Concupiscencia y amor.
9. La palabra en el amor casto y en el amor culpable.
10. Palabra del alma lo es solamente el conocimiento amado.
11. Imagen en un alma que se conoce.
12. Por qué el conocimiento del alma es su prole y no es su parto el amor. Solución del
problema. La mente, su conocimiento y su amor, imagen de la Trinidad.

CAPITULO I CAPUT PRIMUM.

No dudemos como los infieles de las verdades De credendis nulla infidelitate dubitemus, de
que se han de creer ni afirmemos con temeridad intelligendis nulla temeritate affirmemus: in illis
sobre las verdades a comprender: en aquéllas auctoritas tenenda est, in his veritas exquirenda.
hemos de seguir la autoridad, en éstas se ha de Quod ergo ad istam quaestionem attinet,
buscar la verdad. Por lo que a nuestra cuestión se credamus Patrem et Filium et Spiritum sanctum
refiere, creamos que el Padre, el Hijo y el Espíritu esse unum Deum, universae creaturae conditorem
Santo son un solo Dios, Creador y Rector de todo atque rectorem: nec Patrem esse Filium, nec
lo existente; que el Padre no es el Hijo, ni el Spiritum sanctum vel Patrem esse vel Filium; sed
Espíritu Santo es el Padre o el Hijo, y que la Trinitatem relatarum ad invicem personarum, et
Trinidad consiste en una mutua relación personal unitatem aequalis essentiae. Hoc autem
y en la unidad de esencia. Tratemos de quaeramus intelligere, ab eo ipso quem intelligere
comprender esto implorando el auxilio de aquel a volumus, auxilium precantes, et quantum tribuit
quien comprender intentamos, con la ilusión de quod intelligimus explicare tanta cura et
poder explicar — en la medida que El nos lo sollicitudine pietatis cupientes, ut etiam si aliquid
otorgare —, con diligencia suma y piedad solícita, aliud pro alio dicimus, nihil tamen indignum
cuanto entendamos, para que, si afirmamos una dicamus. Ut si quid, verbi gratia, de Patre
cosa por otra, nada indigno digamos. Por ejemplo, dicimus, quod Patri proprie non conveniat, aut
si decimos del Padre lo que en sentido estricto al Filio conveniat, aut Spiritui sancto, aut ipsi
Padre no conviene, que al menos sea aplicable al Trinitati: et si quid de Filio, quod Filio proprie
Hijo, o al Espíritu Santo, o ala Trinidad; y si algo non congruat, saltem congruat Patri, aut Spiritui
afirmamos del Hijo y no conviene propiamente al sancto, aut Trinitati: item si quid de Spiritu
Hijo, que se pueda aplicar al menos al Padre, o al sancto, quod proprietatem Spiritus sancti non
Espíritu Santo, o a la Trinidad; y si algo deceat, non tamen alienum sit a Patre aut a Filio,
aseveramos que no armonice con la apropiación aut ab uno Deo ipsa Trinitate. Veluti nunc
del Espíritu Santo, no sea, sin embargo, ajeno al cupimus videre utrum illa excellentissima charitas
Padre, o al Hijo, o al Dios uno y trino. proprie Spiritus sanctus sit: quod si non est, aut
Deseamos ahora saber si el Espíritu Santo es en Pater est charitas, aut Filius, aut ipsa Trinitas;
sentido propio caridad incomparable, pues si no lo quoniam resistere non possumus certissimae fidei,
es, entonces lo será el Padre, o el Hijo, ola et validissimae auctoritati Scripturae dicentis,
Trinidad; porque no podemos contradecir la Deus charitas est (I Joan. IV, 16) : non tamen
certeza de la fe ni la autoridad inconcusa de la debemus deviare sacrilego errore, ut aliquid de
Escritura, que nos dice: Dios es caridad. Pero Trinitate dicamus quod non Creatori, sed
nunca cometamos el sacrílego error de atribuir a creaturae potius conveniat, aut inani cogitatione
la Trinidad lo que conviene a las criaturas, no al fingatur.
Creador, o lo que es tan sólo un vano engendro de
la imaginación.

CAPITULO IV CAPUT IV.

TRES COSAS IGUALES QUE SON UNIDAD: 4. Tria unum et aequalia, mens ipsa, et amor, et
LA MENTE, SU CONOCIMIENTO Y EL notitia ejus. Tria eadem substantialiter esse, ac
AMOR. ESTAS TRES COSAS SON relative dici. Tria eadem esse inseparabilia. Tria
SUSTANCIA Y DICEN RELACIÓN. LAS TRES eadem non partium instar juncta et commixta
SON INSEPARABLES, Y LAS TRES SON, SIN esse; sed esse unius essentiae, ac relativa. Sicut
TRABAZÓN NI MEZCLA, UNA SUSTANCIA autem duo quaedam sunt, mens et amor ejus, cum
Y TAMBIÉN TÉRMINOS RELATIVOS se amat; ita quaedam duo sunt, mens et notitia
ejus, cum se novit. Igitur ipsa mens et amor et
4. Cuando el alma se ama existen dos cosas, el notitia ejus, tria quaedam sunt, et haec tria unum
alma y su amor, y cuando el alma se conoce hay sunt; et cum perfecta sunt, aequalia sunt. Si enim
también dos realidades, el alma y su minus se amat quam est, ut verbi gratia, tantum se
conocimiento. Luego el alma, su amor y su amet hominis mens, quantum amandum est
conocimiento son como tres cosas, y las tres son corpus hominis, cum plus sit ipsa quam corpus;
unidad'; y si son perfectas, son iguales. Si el alma peccat, et non est perfectus amor ejus. Item si
no se ama en toda la extensión de su ser: por amplius se amat quam est, velut si tantum se
ejemplo, si el alma humana se ama como se ha de amet, quantum amandus est Deus, cum
amar el cuerpo, siendo ella superior al cuerpo, incomparabiliter minus sit ipsa quam Deus; etiam
peca, y su amor no es perfecto. Y si se ama más sic nimium peccat, et non perfectum habet
allá de las fronteras del ser, es decir, si se ama amorem sui. Majore autem perversitate et
como sólo Dios ha de amarse, siendo ella iniquitate peccat, cum corpus tantum amat,
infinitamente inferior a Dios, peca en exceso y no quantum amandus est Deus. Item notitia si minor
se ama con amor de perfección. Y su malicia y est, quam est illud quod noscitur, et plene nosci
perversidad es completa si ama a su cuerpo como potest, perfecta non est. Si autem major est, jam
sólo a Dios se ha de amar. superior est natura quae novit, quam illa quae
Asimismo, si el conocimiento es inferior al objeto nota est: sicut major est notitia corporis, quam
conocido, cuando éste es plenamente cognoscible, ipsum corpus quod ea notitia notum est. Illa enim
no es perfecto. Empero, si es más excelente, vita quaedam est in ratione cognoscentis: corpus
entonces la naturaleza que conoce es superior ala autem non est vita. Et vita quaelibet quolibet
naturaleza conocida; así es superior el corpore major est, non mole, sed vi. Mens vero
conocimiento de un cuerpo al cuerpo mismo, cum se ipsam cognoscit; non se superat notitia
objeto de dicho conocimiento. El conocimiento es sua; quia ipsa cognoscit, ipsa cognoscitur. Cum
una especie de vida en la mente del que conoce; el ergo se totam cognoscit, neque secum quidquam
cuerpo no es vida; y una vida cualquiera es aliud, par illi est cognitio sua: quia neque ex alia
siempre superior al cuerpo, no en mole, sino en natura est ejus cognitio, cum se ipsam cognoscit.
virtud. Pero el alma, cuando se conoce, no es Et cum se totam nihilque amplius percipit, nec
superior a su conocimiento, pues ella conoce y se minor nec major est. Recte igitur diximus, haec
conoce. Y cuando se conoce toda ninguna otra tria cum perfecta sunt, esse consequenter
cosa con ella, su conocimiento es igual a ella, aequalia.
pues cuando se conoce, su conocimiento no lo 5. Simul etiam admonemur, si utcumque videre
saca de otra naturaleza; y cuando totalmente se possumus, haec in anima existere, et tanquam
conoce y ninguna otra cosa percibe, no es ni involuta evolvi ut sentiantur et dinumerentur
mayor ni menor. Con razón, pues, dijimos que substantialiter, vel, ut ita dicam, essentialiter, non
estas tres cosas, cuando son perfectas, son, en tanquam in subjecto, ut color, aut figura in
consecuencia, iguales. corpore, aut ulla alia qualitas aut quantitas.
5. Y si somos capaces de verlas, nos damos al Quidquid enim tale est, non excedit subjectum in
mismo tiempo cuenta que estas cosas existen en el quo est. Non enim color iste aut figura hujus
alma, y, cual si ovilladas estuviesen, se corporis potest esse et alterius corporis. Mens
desenvuelven y se dejan percibir y numerar, no autem amore quo se amat, potest amare et aliud
como accidentes de un sujeto, como el calor y la praeter se. Item non se solam cognoscit mens, sed
figura en los cuerpos, ni como la cualidad o et alia multa. Quamobrem non amor et cognitio
cantidad, sino de una manera sustancial y, por tanquam in subjecto insunt menti; sed
decirlo así, esencialmente. Todo accidente no substantialiter etiam ista sunt, sicut ipsa mens:
excede en extensión al sujeto en que radica. El [0964] quia et si relative dicuntur ad invicem, in
color y la figura de un cuerpo determinado no sua tamen sunt singula quaeque substantia. Nec
puede ser el color y la figura de aquel otro cuerpo. sicut color et coloratum relative ita dicuntur ad
Pero el alma puede amar otras cosas fuera de sí invicem, ut color in subjecto colorato sit, non
con el mismo amor con que se ama a sí misma. Y, habens in se ipso propriam substantiam; quoniam
del mismo modo, el alma no se conoce solamente coloratum corpus substantia est, ille autem in
a sí misma, sino otras muchas cosas. Luego el substantia: sed sicut duo amici etiam duo sunt
amor y el conocimiento no radican en el alma homines, quae sunt substantiae; cum homines non
como en un sujeto, sino que son, al parigual de la relative dicantur, amici autem relative.
mente, sustancia; pues, aunque tengan un sentido
de mutua relación, en sí son sustancia. Porque 6. Sed item quamvis substantia sit amans vel
esta relación no es como la del color respecto del sciens, substantia sit scientia, substantia, sit amor,
cuerpo colorado, pues el color está en el cuerpo sed amans et amor, aut sciens et scientia relative
como en propio sujeto y no tiene en sí ad se dicantur sicut amici; mens vero aut spiritus
subsistencia, porque sustancia es el cuerpo non sint relativa, sicut nec homines relativa sunt:
colorado, pero el color está en una sustancia. non tamen sicut amici homines possunt seorsum
Mas nuestra habitud es como la que existe entre esse ab invicem, sic amans et amor, aut sciens et
dos amigos, que son dos hombres y, en scientia. Quanquam et amici corpore videntur
consecuencia, dos sustancias. En cuanto hombres, separari posse, non animo, in quantum amici sunt:
no indican relación, sí en cuanto amigos. verumtamen fieri potest ut amicus amicum etiam
6. Pero aunque sustancia es el que ama y conoce, odisse incipiat, et eo ipso amicus esse desinat,
sustancia es la ciencia, sustancia el amor; mas el nesciente illo, et adhuc amante. Amor autem quo
amante y el amor, el sabio y la ciencia, entrañan, se mens amat, si esse desinat, simul et illa desinet
como el amigo, mutua habitud; la mente o el esse amans. Item notitia qua se mens novit, si esse
espíritu no son términos relativos, como tampoco desinat, simul et illa nosse se desinet. Sicut caput
lo son los hombres; con todo, el que ama y su capitati alicujus utique caput est, et relative ad se
amor, el que conoce y su ciencia, no pueden dicuntur, quamvis etiam substantiae sint: nam et
existir separados, sí los amigos. Mas, aunque los caput corpus est, et capitatum; et si non sit caput,
amigos puedan estar distanciados físicamente, no nec capitatum erit. Sed haec praecisione ab
parece puedan estarlo en el alma, en cuanto invicem separari possunt, illa non possunt.
amigos. No obstante, es posible que el amigo
empiece a odiar al amigo, y desde este momento 7. Quod si sunt aliqua corpora quae secari omnino
deja de ser amigo, aunque el otro lo ignore y siga et dividi nequeunt; tamen nisi partibus suis
profesándole amor. Pero si el amor con que el constarent, corpora non essent. Pars ergo ad totum
alma se ama deja de existir, cesa el alma de amar; relative dicitur; quia omnis pars alicujus totius
como cesa el conocimiento por el que conoce si pars est, et totum omnibus partibus totum est. Sed
cesa el alma de conocerse. quoniam et pars corpus est, et totum; non tantum
Un ejemplo: la cabeza es cabeza de algún ser ista relative dicuntur, sed etiam substantialiter
cabezudo, y, aunque sustancias, dicen entre si sunt. Fortassis ergo mens totum est, et ejus quasi
relación, pues cuerpo es la cabeza y el ser con partes amor quo se amat, et scientia qua se novit,
cabeza, y de no existir la cabeza, tampoco el ser quibus duabus partibus illud totum constat? An
con cabeza; pero, mediante un simple tajo, puede tres sunt aequales partes, quibus totum unum
la cabeza separarse del cuerpo; en el alma esto es completur? Sed nulla pars totum, cujus pars est,
imposible. complectitur: mens vero cum se totam novit, hoc
7. Y si se trata de cuerpos no divisibles ni est perfecte novit, per totum ejus est notitia ejus;
seccionables, con todo, si no constasen de partes, et cum se perfecte amat, totam se amat, et per
no serían cuerpos. La parte dice relación al todo; totum ejus est amor ejus. Num ergo sicut ex vino
porque toda parte es parte de algún todo, y el todo et aqua et melle una fit potio, et singula per totum
lo es con todas sus partes. Pero, como la parte y el sunt, et tamen tria sunt (nulla enim pars est
todo son cuerpos, tienen no sólo valor relativo, potionis, quae non habeat haec tria; non enim
sino también sustancial. ¿Acaso es el alma el juncta, velut si aqua et oleum essent, sed omnino
todo, y sus cuasi panes el amor con que se ama y commixta sunt; et substantiae sunt omnes, et totus
la ciencia con que se conoce, de cuyas dos partes ille liquor una quaedam est ex tribus confecta
se compone aquel todo? ¿O son tres partes iguales substantia); tale aliquid arbitrandum est esse
las que completan el todo? simul haec tria, mentem, amorem, notitiam? Sed
La parte nunca puede abrazar el todo cuya es non unius substantiae sunt, aqua, vinum, et mel,
parte; el alma, empero, cuando se conoce toda, quamvis ex eorum commixtione fiat una
esto es, cuando se conoce perfectamente, su substantia potionis. Quomodo autem illa tria non
conocimiento es total, y cuando se ama con amor sint ejusdem substantiae, non video; cum mens
de perfección, totalmente se ama. ¿Hemos ipsa se amet, atque ipsa se noverit; atque ita sint
entonces de razonar, cuando se trata de estas tres haec tria, ut non alteri alicui rerum mens vel
realidades: alma, conocimiento y amor, como se amata vel nota sit. Unius ergo ejusdemque
razona de una bebida compuesta de vino, agua y essentiae necesse est haec tria sint: et ideo si
miel, bebida en la que cada uno de sus tanquam commixtione confusa essent; nullo modo
componentes se extiende por toda la masa y, sin essent tria, nec referri ad invicem possent.
embargo, son tres, pues la parte más diminuta de Quemadmodum si ex uno eodemque auro tres
esta poción contiene estos tres elementos, y no annulos similes facias, quamvis connexos sibi,
superpuestos cual si fuera agua y aceite, sino referuntur ad invicem, quod similes sunt; omnis
mezclados, y los tres son sustancias, y todo el enim similis alicui similis est; et trinitas
liquido aquel una sustancia compuesta de tres? annulorum est, et unum aurum: at si misceantur
Pero el vino, el agua y la miel no son de una sibi, et per totam singuli massam suam
misma naturaleza, aunque de su mezcolanza conspergantur, intercidet illa trinitas, et omnino
resulte una sustancia potable. non erit; ac non solum unum aurunt dicetur, sicut
Mas no veo cómo aquellas tres realidades no sean in illis tribus annulis dicebatur, sed jam nulla
de una misma sustancia, sobre todo cuando el aurea tria.
alma se conoce y se ama, y se compenetran de tal
suerte estas tres cosas que el alma no es conocida
ni amada por otro. Luego es necesario que estas
tres cosas sean de una misma sustancia; pues de
existir en mezcla informe, no serian ya tres ni
podrían relacionarse entre sí. Es como si de un
mismo pan de oro haces tres sortijas semejantes y
entrelazadas: dicen siempre mutua habitud, pues
se asemejan, y lo semejante es semejante a alguna
cosa; existe en este caso una trinidad de sortijas y
un pan de oro. Pero si se las sometes a fusión y
cada anillo se mezcla y confunde con la masa
total, perece la trinidad y no puede ya subsistir. Se
podrá entonces hablar de la unidad del oro, pero
no de una trinidad áurea, como en el ejemplo de
las tres sortijas.

CAPITULO V CAPUT V.

INMANENCIA Y CIRCUMINCESIÓN DE LAS 8. Ea tria esse singula in se ipsis, et invicem tota


TRES FACULTADES in totis. At in illis tribus, cum se novit mens et
amat se, manet trinitas, mens, amor, notitia; et
8. Mas, cuando el alma se conoce y se ama, nulla commixtione confunditur: quamvis et
subsiste la trinidad — mente, conocimiento y singula sint in semetipsis, et invicem tota in totis,
amor — en aquellas tres realidades, y esto sin sive singula in binis, sive bina in singulis. Itaque
mezcla ni confusión. Y si bien cada una tiene en sí omnia in omnibus. Nam et mens est utique in se
subsistencia, mutuamente todas se hallan en ipsa, quoniam ad se ipsam mens dicitur: quamvis
todas, ya una en dos, ya dos en una. Y, en noscens, vel nota, vel noscibilis ad suam notitiam
consecuencia, todas en todas. relative dicatur; amans quoque et amata vel
El alma está ciertamente en sí, pues se dice alma amabilis ad amorem referatur, quo se amat. Et
con relación a sí misma; pero como cognoscente, notitia quamvis referatur ad mentem
conocida o cognoscible, dice relación a su noticia, cognoscentem vel cognitam, tamen et ad se ipsam
y con referencia al amor con que se ama se la dice nota et noscens dicitur: non enim sibi est
amable o amada y amante. Y la noticia, aunque se incognita notitia, qua se mens ipsa cognoscit. Et
refiera al alma que conoce y es conocida, no amor quamvis referatur ad mentem amantem,
obstante, con relación a sí misma se la puede cujus amor est; tamen et ad se ipsum est amor, ut
llamar cognoscente y conocida; no puede ser sit etiam in se ipso: quia et amor amatur, nec alio
ignorada la noticia por la que se conoce el alma. Y nisi amore amari potest, id est se ipso. Ita sunt
el amor, aunque se refiere a la mente que ama y haec singula in se ipsis. In alternis autem ita sunt,
cuyo es el amor, sin embargo es amor para sí con quia et mens amans in amore est, et amor in
subsistencia propia; pues se ama el amor, y el amantis notitia, et notitia in mente noscente.
amor sólo puede ser amado por el amor, es decir, Singula in binis ita sunt, quia mens quae se novit
por sí mismo. Y así, cada una de estas tres et amat, in amore et notitia sua est; et amor
realidades existe en sí misma. amantis mentis seseque scientis, in mente
Y están recíprocamente unas en otras: el alma que notitiaque ejus est; et notitia mentis se scientis et
ama está en su amor; el amor, en la noticia del que amantis in mente atque in amore ejus est, quia
ama, y el conocimiento, en el alma que conoce. scientem se amat, et amantem se novit. Ac per
Cada una está en las otras dos. El alma que se hoc et bina in singulis, quia mens quae se novit et
conoce y ama está en su amor y noticia; el amor amat, cum sua notitia est in amore, et cum suo
del alma que se conoce y ama está en su mente y amore in notitia: amor quoque ipse et notitia
en su noticia; y la noticia de la mente que se ama simul sunt in mente, quae se amat et novit. Tota
y conoce está en su alma y en su amor, porque se vero in totis quemadmodum sint, jam supra
ama cognoscente y se conoce amante. Y así hay ostendimus, cum se totam mens amat, et totam
dos en cada una, pues el alma que se conoce y novit, et totum amorem suum novit, totamque
ama esté con su noticia en el amor, y con su amor, amat notitiam suam, quando tria ista ad se ipsa
en su noticia; el amor y la noticia están perfecta sunt. Miro itaque modo tria ista
simultáneamente en el alma que se conoce y ama. inseparabilia sunt a semetipsis, et tamen eorum
Poco ha hemos visto cómo está toda en todas singulum quodque substantia est, et simul omnia
cuando el alma se ama toda, se conoce toda y una substantia vel essentia, cum relative dicantur
conoce todo su amor, y ama toda su noticia ad invicem
cuando estas tres realidades son perfectas con
relación a si mismas. Y las tres son de un modo
maravilloso inseparables entre sí, y, no obstante,
cada una de ellas es sustancia, y todas juntas una
sustancia o esencia, si bien mutuamente son algo
relativo.

LIBRO X

1. El amor en un alma estudiosa, es decir, que desea saber, no es amor de lo desconocido.


2. Nadie ama lo desconocido.
3. Conocimiento del alma por el alma.
4. El alma se conoce totalmente.
5. Precepto de conocerse. Errores.
6. Juicio erróneo de la mente acerca de sí misma.
7. Errores de los filósofos acerca de la naturaleza el alma. Qué sea encontrar.
8. Búsqueda y error del alma.
9. Se conoce el alma al conocer el precepto de conocerse.
10. El alma sabe con certeza que existe, vive y entiende.
11. En la memoria radica la ciencia; en la inteligencia, el ingenio, y la acción en la voluntad.
Memoria, entendimiento y voluntad son una unidad esencial y trilogía relativa.
12. El alma, imagen de la Trinidad en su memoria, entendimiento y voluntad.

LIBRO XI

1. Vestigio de la Trinidad en el hombre exterior.


2. Una cierta Trinidad en la visión. Los tres elementos que concurren a la visión difieren por
naturaleza. Cómo el objeto visible engendra la visión o imagen de la cosa que se ve. Cómo
los tres elementos forman unidad.
3. Una trilogía en el pensamiento: memoria, visión interior y voluntad unitiva.
4. Cómo surge esta unidad en el hombre.
5. La trinidad del hombre exterior o de la visión externa no es imagen de Dios. Incluso en el
pecado se apetece la semejanza con Dios. En la visión externa, la forma del cuerpo es como
Padre; la visión es el Hijo; la voluntad que une, insinúa la persona del Espíritu Santo.
6. Reposo y fin de la voluntad el la visión. Su naturaleza.
7. Otra trinidad en la memoria del que reflexiona sobre su visión.
8. Imaginación y recuerdo.
9. La imagen engendra la imagen.
10. Mágico poder de la imaginación.
11. Número, peso y medida.
LIBRO XII

1. El hombre exterior y el hombre interior.


2. Sólo el hombre percibe, en el mundo corpóreo, las razones eternas.
3. La razón superior, que pertenece a la contemplación y la razón inferior, que es dinámica, en
un alma.
4. La imagen de Dios en la parte superior del alma, que contempla las razones eternas.
5. ¿Es la familia imagen de la Trinidad?
6. Impugnación razonada de la sentencia anterior.
7. Mística y figurada interpretación de una sentencia de San Pablo.
8. Oscurecimiento de la imagen de Dios.
9. La caída.
10. Grados en la torpeza.
11. Imagen de la bestia en el hombre.
12. Maridaje misterioso en el hombre interior. Complacencias ilícitas.
13. Otra interpretación simbólica.
14. Sabiduría y ciencia. El culto de Dios es el amor. Cómo por la sabiduría ha lugar el
conocimiento de las cosas eternas.
15. Contra las reminiscencias de Platón y del samio Pitágoras. Trinidad en la ciencia.

LIBRO XIII

1. Trata de discernir los oficios de la sabiduría y de la ciencia a la luz de las Escrituras. Por el
exordio de San Juan demuestra cómo unas sentencias se refieren a la sabiduría y otras a la
ciencia. Algunas cosas de las qué allí se narran sólo con el auxilio de la fe se conocen.
Cómo vemos la fe que en nosotros existe. En la misma narraci6n de San Juan hay cosas
que se conocen por los sentidos del cuerpo y otras sólo por la razón del Espíritu.
2. La fe, renuevo del corazón, no del cuerpo, es una en todos los creyentes.
3. Quereres universales. Ennio el poeta.
4. Unidad y variedad de quereres respecto a la bienandanza.
5. Las dos condiciones de la felicidad.
6. ¿Por qué se ama la vida feliz y se elige lo que nos aleja de su posesión?
7. La fe es necesaria para que el hombre pueda ser un día feliz en la patria. Ridícula y
miserable ventura de los hinchados filósofos.
8. Sin inmortalidad no hay dicha completa.
9. No apoyados en argumentos de razón, sino en el auxilio de la fe, aseveramos que la
bienandanza futura es verdaderamente eterna. Por la encarnación del Hijo de Dios se hace
creíble la inmortalidad de la dicha.
10. La encarnación del Verbo, remedio de nuestra miseria. Nuestros méritos son dones de Dios.
11. Justificados por la sangre de Cristo.
12. Bajo el poder de Satanás.
13. La redención acto de la justicia de Dios, no de su poder.
14. La muerte inmerecida de Cristo es salvación para los condenados a muerte.
15. Continuación.
16. La muerte y los males de este siglo ceden en bien de los elegidos. Qué sea la ira de Dios.
17. Otros bienes de la encarnación.
18. Cristo toma carne de la estirpe de Adán y nace de una virgen.
19. Sabiduría y ciencia en el Verbo encarnado.
20. Recapitulación. Cómo gradualmente se ha llegado a una cierta Trinidad que se encuentra en
la ciencia activa y en la fe verdadera.

LIBRO XIV

1. Qué sea la sabiduría de la que aquí se va a tratar. Origen de la palabra «filósofo». Qué se ha
dicho ya acerca de la distinción entre sabiduría y ciencia.
2. La trinidad de la fe no es imagen de Dios.
3. Dificultad y solución.
4. La imagen e Dios en el alma inmortal e intelectiva. Cómo apareció la trinidad en la mente.
5. El alma de los niños.
6. La trinidad en el alma que se piensa a sí misma.
7. Símil en ayuda del lector.
8. La imagen e Dios en la parte superior del alma.
9. ¿Desaparecerán las virtudes en la vida futura?
10. La trinidad en el alma que se recuerda, conoce y ama.
11. ¿Existe recuerdo de las cosas presentes?
12. La trinidad en el alma es imagen e Dios cuando lo conoce, recuerda y ama. Sabiduría e
imagen.
13. Recuerdo y olvido de Dios.
14. Cuando el alma se ama rectamente, ama a Dios; y si no ama a Dios, se dice que se odia a sí
misma. El alma, aunque enferma y errabunda, se recuerda, se conoce y se ama. Conviértase
a Dios para que, recordándolo, conociéndolo y amándolo, sea feliz.
15. El alma, aunque espere la bienandanza, no recuerda la felicidad perdida, pero sí se acuerda
de Dios y de las reglas de la justicia. Las normas inmutables de un honesto vivir son
también conocidas por los impíos.
16. Reforma de la imagen de Dios en el hombre.
17. Renovación de la imagen de Dios en el alma hasta alcanzar una perfecta semejanza en la
gloria.
18. Interpretación de un pasaje de San Juan.
19. Nuestra perfecta semejanza con la Trinidad en la vida feliz. La sabiduría será perfecta en la
patria.

LIBRO XV

1. Sobre la mente, Dios.


2. En busca el Dios incomprensible. Vestigios de la Trinidad en la criatura.
3. Breve resumen en toda la obra.
4. Maravillosa lección de la naturaleza.
5. La existencia de la Trinidad, indemostrable por la razón natural.
6. Trinidad en la unidad. El Dios Trinidad y las trilogías creadas.
7. No es fácil vislumbrar en las trinidades visibles al Dios Trinidad.
8. Visión especular e Dios en este destierro.
9. Alegoría y enigma.
10. Visión enigmática y especular el Verbo eterno de Dios en la palabra interior.
11. Tenue semejanza del Verbo increado en la palabra interior el alma. Diferencia abismal entre
el verbo y la ciencia el hombre y el Verbo y la ciencia de Dios.
12. Filosofía académica.
13. Diferencia entre nuestra ciencia y nuestro verbo mental y la ciencia y el Verbo de Dios.
14. El Verbo Dios es igual en todo Padre.
15. Nuestro verbo y el Verbo de Dios. Desemejanzas.
16. Ni aun en la gloria será nuestro verbo semejante al Verbo de Dios.
17. El Espíritu Santo es por apropiación el Amor en las Escrituras.
18. El amor es don más exquisito de Dios.
19. El Espíritu Santo es Don de Dios según las Escrituras. Se llama Don del Espíritu Santo al
Don que es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo se dice propiamente Amor aunque no lo sea
El solo en la Trinidad.
20. Error de Eunomio. Resumen de lo dicho anteriormente.
21. La imagen del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en nuestra memoria, entendimiento y
voluntad.
22. Profunda desemejanza entre nuestra imagen de Trinidad y la Trinidad.
23. Diferencias y analogías entre la Trinidad, que es Dios, y la trinidad en el hombre.
24. Anemia en el alma humana.
25. Sólo en la gloria comprenderemos por qué el Espíritu Santo no es engendrado y procede
del Padre y del Hijo.
26. Doble donación del Espíritu Santo. Procede sin tiempo del Padre y del Hijo, pero no es
hijo.
27. Solución y advertencias.
28. Ultílogo y plegaria.

CAPITULO III CAPUT III.

BREVE RESUMEN DE TODA LA OBRA 4. Omnium superiorum librorum breviarium. Sed


quoniam disserendi et ratiocinandi necessitas per
4. Mas porque la necesidad de razonar y discutir quatuordecim libros multa nos dicere compulit,
me llevó, a lo largo de los catorce libros, a decir quae cuncta simul aspicere non valemus, ut ad id
una multitud de cosas que no podemos abarcar quod apprehendere volumus, ea celeri cogitatione
con una simple mirada, a fin de encaminarlas referamus; faciam quantum Domino adjuvante
hacia la meta deseada, es menester enumerarlas potuero, ut quidquid in singulis voluminibus ad
en rápido recuento del pensamiento, y haré, con la cognitionem disputatione perduxi, remota
ayuda del Señor, cuanto pueda por resumir en disputatione breviter congeram, et tanquam sub
breves conceptos, sin entretenerme en uno mentis aspectu, non quemadmodum res
discusiones, cuanto en mis libros precedentes he quaeque persuasit, sed ipsa quae persuasa sunt
dicho, y, como en cuadro sinóptico, fijaré no los ponam: ne tam longe sint a praecedentibus
argumentos en que apoyé mis asertos, sino las consequentia, ut oblivionem praecedentium faciat
conclusiones escuetas. Pero éstas no han de estar inspectio consequentium; aut certe si fecerit, cito
tan distanciadas que se pongan las que anteceden possit quod exciderit relegendo recolligi.
en olvido; y si esto sucede, con presteza se puede,
repitiendo la lectura, recordar lo olvidado. 5. In primo libro secundum Scripturas sacras
5. Se demuestra en el libro I por las Sagradas unitas et aequalitas summae illius Trinitatis
Escrituras la unicidad e igualdad de la Trinidad ostenditur. In secundo et tertio et quarto, eadem:
soberana. Prosigue el mismo argumento en los sed de Filii missione et Spiritus sancti diligenter
libros II, III y IV; pero en estos tres libros se trata quaestio pertractata tres libros fecit;
con más diligencia de la misión del Hijo y del demonstratumque est non ideo minorem mittente
Espíritu Santo, y en ellos se prueba que el enviado qui missus est, quia ille misit, hic missus est, cum
no es inferior al que envía, por el mero hecho de Trinitas quae per omnia aequalis est, pariter
ser uno mitente y otro enviado, pues la Trinidad quoque in sua natura immutabilis et invisibilis et
es en todo igual, inmutable e invisible en su ubique praesens inseparabiliter operetur. In
esencia, y está presente en todas partes y actúa quinto, propter eos quibus ideo videtur non
inseparablemente.(HASTA ACÁ LA 1° PARTE: eamdem Patris et Filii esse substantiam, quia
FIJACION DEL DOGMA. AQUÍ EMPIEZA LA omne quod de Deo dicitur, secundum substantiam
2° PARTE: DEMOSTRABILIDAD) dici putant, et propterea gignere et gigni, vel
En el V, a causa de aquellos que opinan no ser de genitum esse et ingenitum, quoniam diversa sunt,
una misma sustancia el Padre y el Hijo y, no contendunt substantias esse diversas,
siendo una misma realidad el engendrar y ser demonstratur non omne quod de Deo dicitur
engendrado o ser engendrado y no serlo, pues son secundum substantiam dici, sicut secundum
dos términos distintos, creen que también son substantiam dicitur bonus et magnus, et si quid
diversas las sustancias, se demuestra que no todo aliud ad se dicitur; sed dici etiam relative, id est
cuanto de Dios se predica se predica según la non ad se, sed ad aliquid quod ipse non est; sicut
sustancia, como cuando se dice bueno o grande Pater ad Filium dicitur, vel Dominus ad creaturam
según la sustancia o cuando se trata de algún otro sibi servientem: ubi si quid relative, id est ad
atributo sustancial; pero además existen otros aliquid quod ipse non est, etiam ex tempore
términos que entrañan relación o dicen habitud, dicitur, sicuti est, Domine, refugium factus es
no a la sustancia, sino a una realidad distinta de la nobis (Psal. LXXXIX, 1) , nihil ei accidere quo
esencia. Así, el Padre dice relación al Hijo, y mutetur, sed omnino ipsum in natura vel essentia
Señor dice habitud a la criatura que le sirve; y sua immutabilem permanere. In sexto, quomodo
cuando se emplea un término relativo, es decir, dictus sit Christus ore apostolico, Dei virtus et
cuando se refiere a una realidad que no es la Dei sapientia (I Cor. I, 24) , sic disputatur, ut
esencia, aun cuando sea predicado temporal, differatur eadem quaestio diligentius retractanda:
como en el Salmo, donde dice: Señor, sois nuestro utrum a quo est genitus Christus, non sit ipse
refugio, no indica mutación en Dios, pues siempre sapientia, sed tantum sapientiae suae pater, an
permanece inmutable en su perseidad esencial. sapientia sapientiam genuerit. Sed quodlibet
En el VI se pregunta en qué sentido Cristo es horum esset, etiam in hoc libro apparuit Trinitatis
llamado por boca del Apóstol virtud de Dios y aequalitas, et non Deus triplex, sed Trinitas: nec
sabiduría de Dios, difiriendo para más adelante quasi aliquid duplum esse Patrem et Filium ad
tratar a fondo la siguiente cuestión: el que simplum Spiritum sanctum; ubi nec tria plus
engendró a Cristo, ¿es El sabiduría o sólo es padre aliquid sunt quam unum horum. Disputatum est
de la sabiduría? ¿Engendró la Sabiduría a la etiam quomodo possit intelligi quod ait Hilarius
Sabiduría? Cualquiera que sea la respuesta, episcopus: Aeternitas in Patre, species in Imagine,
aparece también en este libro la ecuación esencial usus in Munere. In septimo, quaestio quae dilata
de la Trinidad, y cómo no es Dios triple, sino fuerat, explicatur, ita ut Deus qui genuit Filium,
trino; y el Padre y el Hijo no son dos principios non solum sit Pater virtutis et sapientiae suae, sed
con relación al Espíritu Santo, realidad simple, etiam ipse virtus atque sapientia; sic et Spiritus
donde ni los tres juntos son algo más que uno de sanctus: nec tamen simul tres sint virtutes aut tres
ellos. También se discutió cómo puede entenderse sapientiae, sed una virtus et una sapientia, sicut
lo que dice el obispo Hilario: La eternidad en el unus Deus et una essentia. Deinde quaesitum est,
Padre, la belleza en la Imagen y la fruición en el quomodo dicantur una essentia, tres personae, vel
Don. a quibusdam Graecis una essentia, tres
En el VII se explica la cuestión aplazada, a saber, substantiae: et inventum est elocutionis
cómo el Dios que engendró al Hijo no sólo es necessitate dici, ut aliquo uno nomine
Padre del poder y de la sabiduría, sino que es enuntiarentur, cum quaeritur quid tres sint, quos
también El poder y sabiduría; y lo mismo se ha de tres esse veraciter confitemur, Patrem scilicet, et
afirmar del Espíritu Santo; sin embargo, no son Filium, et Spiritum sanctum. In octavo, ratione
tres poderes ni tres sabidurías, sino un poder y etiam reddita intelligentibus clarum est, in
una sabiduría, como son un Dios y una esencia. substantia veritatis non solum Patrem Filio non
Se investiga luego en qué sentido se dice una esse majorem, sed nec ambos simul aliquid majus
esencia y tres personas, o, según algunos esse quam solum Spiritum sanctum, aut quoslibet
escritores griegos, una esencia y tres sustancias, y duos in eadem Trinitate majus esse aliquid quam
encontramos cómo la inopia del lenguaje nos unum, aut omnes simul tres majus aliquid esse
fuerza a sintetizar en una palabra la realidad que quam singulos. Deinde per veritatem quae
son los tres, pues con toda certeza sabemos que intellecta conspicitur, et per bonum summum a
son tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo. quo est omne bonum, et per justitiam propter
En el VIII, aducidas las razones, está claro pare quam diligitur animus justus ab animo etiam
los inteligentes cómo en la verdad esencial el nondum justo, ut natura non solum incorporalis,
Padre no es mayor que el Hijo, ni los dos juntos verum etiam incommutabilis quod est Deus,
son mayores que el Espíritu Santo, ni dos de ellos quantum fieri potest, intelligeretur admonui: et
son en la Trinidad superiores a uno solo, y los tres per charitatem, quae in Scripturis sanctis Deus
juntos no son mayores que uno de ellos en dicta est (I Joan. IV, 16) , per quam coepit
particular. Se advirtió luego cómo se puede utcumque etiam Trinitas intelligentibus apparere,
entender, en cuanto es posible, la naturaleza sicut sunt amans, et quod amatur, et amor. In
inmaterial e incomprensible de Dios por la nono, ad imaginem Dei, quod est homo secundum
verdad, que conocida se intuye; por el bien mentem, pervenit disputatio: et in ea quaedam
supremo, fuente de todo bien; por la justicia, que trinitas invenitur, id est, mens, et notitia qua se
impele al alma injusta al amor de la justicia; por novit, et amor quo se notitiamque suam diligit; et
la caridad, que en las Escrituras santas es Dios, y haec tria aequalia inter se, et unius ostenduntur
en la que empezó a vislumbrarse la imagen de la esse essentiae. In decimo hoc idem diligentius
Trinidad, en el amante, lo amado y el amor. subtiliusque tractatum est, atque ad id perductum,
La discusión avanza, en el libro IX, hasta llegar a ut inveniretur in mente evidentior trinitas ejus, in
la imagen de Dios, que es el hombre según el memoria scilicet et intelligentia et voluntate. Sed
alma, y en el alma encontramos una cierta quoniam et hoc compertum est, quod mens
trinidad: la mente, la noticia por la que se conoce nunquam esse ita potuerit, ut non sui meminisset,
a sí misma y el amor con que se ama a sí misma y non se intelligeret, et diligeret, quamvis non
a su noticia; y estas tres cosas son iguales entre sí, semper se cogitaret, cum autem cogitaret, non se a
y su esencia se demuestra que es una.(AQUÍ corporalibus rebus eadem cogitatione discerneret;
ARRANCA LA 3° PARTE: APOLOGÉTICA) dilata est de Trinitate, cujus haec imago est,
En el libro X se trata del mismo argumento, pero disputatio, ut in ipsis etiam corporalibus visis
con mayor profundidad y diligencia; y llegamos a inveniretur trinitas, et distinctius in ea lectoris
descubrir en el alma una trinidad de relieve más exerceretur intentio. In undecimo ergo electus est
acusado en la memoria, entendimiento y voluntad. sensus oculorum, in quo id quod inventum esset,
Mas, como es manifiesto, es imposible al alma etiam in caeteris quatuor sensibus corporis et non
dejar de acordarse de sí misma, de conocerse y dictum posset agnosci: atque ita exterioris
amarse, aunque no siempre piense en sí. Cuando hominis trinitas, primo in iis quae cernuntur
reflexiona, no se desentiende con el pensamiento extrinsecus, ex corpore scilicet quod videtur, et
de los objetos corpóreos, y por eso aplazamos la forma quae inde in acie cernentis imprimitur, et
disputa trinitaria hasta encontrar en la percepción utrumque copulantis intentione voluntatis,
de los cuerpos visibles una especie de trinidad, apparuit. Sed haec tria non inter se aequalia, nec
para ejercitar así la penetración del lector. unius esse substantiae claruerunt. Deinde in ipso
Por esta razón elegimos en el XI el sentido de la animo, ab iis quae extrinsecus sensa sunt velut
vista, para encontrar en él lo que buscábamos, introducta inventa est altera trinitas, ubi
aplicando el resultado, sin indicarlo, a los apparerent eadem tria unius esse substantiae,
restantes sentidos; y vimos así surgir la trinidad imaginatio corporis quae in memoria est, et inde
del hombre exterior, primero en las cosas de informatio cum ad eam convertitur acies
afuera, por ejemplo, en el objeto visible, en la cogitantis, et utrumque conjungens intentio
imagen impresa en la pupila del espectador y en voluntatis. Sed ideo ista trinitas ad exteriorem
la atención de la voluntad, lazo de unión entre hominem reperta est pertinere, quia de corporibus
ambos. Pero estas tres cosas no son iguales ni de illata est quae sentiuntur extrinsecus. In
una misma sustancia. Luego descubrimos en el duodecimo discernenda visa est sapientia ab
alma otra trinidad introducida por las cosas que se scientia, et in ea quae proprie scientia nuncupatur,
experimentaron en la periferia, y en ella aparecen quia inferior est, prius quaedam sui generis
tres realidades de una misma esencia: la imagen trinitas inquirenda: quae licet ad interiorem
del cuerpo existente en la memoria, la forma que hominem jam pertineat, nondum tamen imago
resulta cuando a ella se convierta la mirada Dei vel appellanda sit vel putanda. Et hoc agitur
interior del pensamiento, y la atención de la in tertio decimo libro per commendationem fidei
voluntad, broche unitivo de ambas. Pero esta christianae. In quarto decimo autem de sapientia
trinidad pertenece también al hombre exterior, hominis vera, id est, Dei munere in ejus ipsius
pues nace de las sensaciones corpóreas, que Dei participatione donata, quae ab scientia
nosotros percibimos fuera. distincta est, disputatur: et eo pervenit disputatio,
Distinguimos en el libro XII entre sabiduría y ut trinitas appareat in imagine Dei, quod est homo
ciencia, y primero buscamos una trinidad sui secundum mentem, quae renovatur in agnitione
generis en la inferior, que llamamos ciencia; y Dei secundum imaginem ejus qui creavit
aunque ésta ya pertenece al hombre interior, no se hominem (Coloss. III, 10) ad imaginem suam
la considera aún ni se denomina imagen de Dios. (Gen. I, 27) , et sic percipit sapientiam ubi
De ésta se trata en el libro XIII, siguiendo las contemplatio est aeternorum.
directrices de la fe cristiana. En el libro XIV se
disputa sobre la verdadera, sabiduría del hombre,
que es don de Dios y participación divina, distinta
de la ciencia, y se llegó según el alma, renovada
por el conocimiento de Dios, conforme a la
imagen del que creó al hombre a su semejanza, y
así percibe la sabiduría allí donde existe
contemplación de lo eterno.

CAPITULO IV (especie de síntesis de lo que él CAPUT IV.


pensó)
6. Quid universa natura nos de Deo doceat. Jam
MARAVILLOSA LECCIÓN DE LA ergo in ipsis rebus aeternis, incorporalibus et
NATURALEZA SOBRE DIOS incommutabilibus, in quarum perfecta
contemplatione nobis beata, quae nonnisi aeterna
6. Busquemos ya en las realidades eternas, est, vita promittitur, Trinitatem quae Deus est
incorpóreas e inmutables, cuya perfecta inquiramus. Neque enim divinorum Librorum
contemplación se nos promete en la vida feliz, tantummodo auctoritas esse Deum praedicat, sed
que es eterna, la Trinidad, que es Dios. omnis quae nos circumstat, ad quam nos etiam
La existencia de Dios no sólo se apoya en la pertinemus, universa ipsa rerum natura proclamat,
autoridad de las Escrituras divinas, sino en la habere se praestantissimum Conditorem, qui
naturaleza toda que nos rodea, y a la que nobis mentem rationemque naturalem dedit, qua
pertenecemos nosotros; ella proclama la viventia non viventibus, sensu praedita non
existencia de un óptimo Hacedor, que nos ha sentientibus, intelligentia non intelligentibus,
dotado de mente y razón discursiva, en virtud de immortalia mortalibus, impotentibus potentia,
la oral juzgamos que se ha de preferir el ser injustis justa, speciosa deformibus, bona malis,
viviente al inanimado, el ser dotado de incorruptibilia corruptibilibus, immutabilia
sensibilidad al insensible, los seres inteligentes a mutabilibus, invisibilia visibilibus, incorporalia
los irracionales, lo inmortal a lo perecedero, la corporalibus, beata miseris praeferenda videamus.
potencia a la impotencia, la justicia a la injusticia, Ac per hoc quoniam rebus creatis Creatorem sine
lo bello a lo deforme, lo inmutable a lo dubitatione praeponimus, oportet ut eum et
transitorio, el bien al mal, lo incorruptible a lo summe vivere, et cuncta sentire atque intelligere;
corruptible, lo invisible a lo visible, lo inmaterial et mori, corrumpi, mutarique non posse; nec
a lo corpóreo, la felicidad a la miseria. corpus esse, sed spiritum omnium potentissimum,
(VERDADES NATURALES QUE SE PUEDEN justissimum, speciosissimum, optimum,
CONOCER POR RAZÓN) beatissimum fateamur.
Y como nosotros colocamos al Creador por
encima de todas las cosas creadas es obligado
confesar que posee la vida en grado sumo; que
todo lo conoce y comprende; que no puede morir,
ni corromperse, ni cambiar; que no es cuerpo,
sino espíritu, el más poderoso, justo, bello,
óptimo y feliz de todos los espíritus.

CAPITULO V CAPUT V.

LA EXISTENCIA DE LA TRINIDAD, 7. Quam difficile demonstrare ratione naturali


INDEMOSTRABLE POR LA RAZÓN Trinitatem. Sed haec omnia quae dixi, et
NATURAL quaecumque alia simili more locutionis humanae
digne de Deo dici videntur, et universae Trinitati
7. Todo lo dicho, y cuanto pueda el humano quae est unus Deus, et personis singulis in eadem
lenguaje expresar digno de Dios conviene a la Trinitate conveniunt. Quis enim vel unum Deum,
Trinidad, que es un solo Dios, y a cada una de las quod est ipsa Trinitas, vel Patrem, vel Filium, vel
personas de la Trinidad. ¿Quién osará afirmar que Spiritum sanctum; audeat dicere, aut non
el Dios uno y trino, o el Padre, o el Hijo, o el viventem, aut nihil sentientem vel intelligentem,
Espíritu Santo, no vive, ni entiende, ni siente; o aut in ea natura qua inter se praedicantur
que la esencia, en la que las tres divinas personas aequales, quemquam esse eorum mortalem sive
se proclaman iguales, es mortal, corruptible, corruptibilem, sive mutabilem, sive corporeum;
mudable y corpórea; o quien negará que una de aut quisquam ibi neget aliquem potentissimum,
ellas sea omnipotente, justísima, hermosísima, justissimum, speciosissimum, optimum,
óptima y felicísima? Si, pues, todas estas cosas y beatissimum? Si ergo haec atque hujusmodi
otras semejantes pueden predicarse de la Trinidad omnia, et ipsa Trinitas, et in ea singuli dici
y de cada una de las personas, ¿dónde o romo possunt; ubi aut quomodo Trinitas apparebit?
descubrir la Trinidad? Redigamus itaque prius haec plurima ad aliquam
Reduzcamos primero esta multitud a cierta paucitatem. Quae vita enim dicitur in Deo, ipsa
parvedad. La vida en Dios es su esencia y su est essentia ejus atque natura. Non itaque Deus
naturaleza. No vive Dios sino por la vida, que es vivit nisi vita quod ipse sibi est. Haec autem vita
El mismo. Esta vida no es como la del árbol, non talis est qualis inest arbori, ubi nullus est
carente de inteligencia y sensibilidad. Ni es como intellectus, nullus est sensus. Nec talis qualis inest
la del animal: posee la vida de la bestia cinco pecori: habet enim vita pecoris sensum
sentidos, pero carece de entendimiento; la vida quinquepartitum, sed intellectum habet nullum: at
que es Dios siente y comprende todas las cosas, y illa vita quae Deus est, sentit [1062] atque
siente por la mente, no por el cuerpo, pues Dios es intelligit omnia; et sentit mente, non corpore, quia
espíritu. No siente Dios como los irracionales por spiritus est Deus (Joan. IV, 24) . Non autem sicut
los sentidos, pues no consta de alma y cuerpo; y, animalia quae habent corpora, per corpus sentit
por consiguiente, aquella simple esencia, como Deus; non enim ex anima constat et corpore: ac
comprende, siente, y como siente, comprende; per hoc simplex illa natura sicut intelligit sentit,
una misma cosa es en Dios el entendimiento y el sicut sentit intelligit; idemque sensus qui
sentido. En El no existe inicio ni ocaso, pues es intellectus est illi. Nec ita ut aliquando esse
inmortal. Y no en vano se dice que es el único desistat aut coeperit: immortalis est enim. Nec
inmortal, pues su inmortalidad es verdadera frustra de illo dictum est quod solus habeat
inmortalidad, en cuya esencia no hay mutación. immortalitatem (I Tim. VI, 16) : nam
Es también eternidad verdadera, pues es immortalitas ejus vere immortalitas est, in cujus
inmutable, sin principio ni fin, y, por ende, natura nulla est commutatio. Ipsa est etiam vera
incorruptible. Decir que Dios es eterno, inmortal, aeternitas qua est immutabilis Deus, sine initio,
incorruptible e inmutable es decir una misma sine fine; consequenter et incorruptibilis. Una
cosa; y cuando se le llama viviente e inteligente, ergo eademque res dicitur, sive dicatur aeternus
esto es, sabio, todo es uno. El no recibió la Deus, sive immortalis, sive incorruptibilis, sive
sabiduría por la que es sabio; es la misma immutabilis: itemque cum dicitur, vivens, et
sabiduría. Y ésta es su vida, y la virtud o potencia intelligens, quod est utique sapiens, hoc idem
que le hace poderoso, y la hermosura que le hace dicitur. Non enim percepit sapientiam qua esset
bello. ¿Qué existe más poderoso y bello que la sapiens, sed ipse sapientia est. Et haec vita,
sabiduría que se extiende de un confín a otro con eademque virtus sive potentia, eademque species,
fortaleza y lo dispone todo con suavidad? qua potens, atque speciosus dicitur. Quid enim
¿Difieren acaso, en el seno de la naturaleza potentius et speciosius sapientia, quae attingit a
divina, la bondad y la justicia, cual si fueran dos fine usque ad finem fortiter, et disponit omnia
realidades distintas en Dios, una la bondad y otra suaviter (Sap. VIII, 1)? Bonitas etiam atque
la justicia? Evidentemente no: la justicia es justitia, numquid inter se in natura Dei, sicut in
bondad, y la bondad es bienandanza. Se dice que ejus operibus distant, tanquam duae diversae sint
Dios es inmortal e incorpóreo para que qualitates Dei; una, bonitas; alia, justitia? Non
entendamos y creamos que no es cuerpo, sino utique: sed quae justitia, ipsa bonitas; et quae
espíritu. bonitas, ipsa beatitudo. Incorporalis autem vel
8. Por consiguiente, si decimos: «Eterno, incorporeus ideo dicitur Deus, ut spiritus credatur
inmortal, incorruptible, inmutable, vivo, sabio, vel intelligatur esse, non corpus.
poderoso, bello, justo, bueno, feliz, espíritu»,
parece que de todas estas expresiones sólo la 8. Proinde si dicamus, Aeternus, immortalis,
última dice habitud a la sustancia, y las demás incorruptibilis, immutabilis, vivus, sapiens,
indican cualidades de la sustancia; mas no sucede potens, speciosus, justus, bonus, beatus, spiritus;
así en aquella inefable y simple naturaleza. horum omnium novissimum quod posui quasi
Cuanto de ella se dice según la cualidad, se ha de tantummodo videtur significare substantiam,
entender según la sustancia o esencia. Lejos de caetera vero hujus substantiae qualitates: sed non
nosotros afirmar de Dios la espiritualidad según la ita est in illa ineffabili simplicique natura.
sustancia y la bondad según la cualidad; ambas Quidquid enim secundum qualitates illic dici
cosas son en El sustanciales. Y lo mismo se ha de videtur, secundum substantiam vel essentiam est
entender de todo lo mencionado en los libros intelligendum. Absit enim ut spiritus secundum
precedentes. substantiam dicatur Deus, et bonus secundum
qualitatem: sed utrumque secundum substantiam.
Sic omnia caetera quae commemoravimus, unde
in superioribus libris multa jam diximus.

CAPITULO XXI CAPUT XXI.

LA IMAGEN DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL 40. De proposita similitudine Patris et Filii in
ESPÍRITU SANTO EN NUESTRA MEMORIA, memoria et intelligentia nostra. De similitudine
ENTENDIMIENTO Y VOLUNTAD Spiritus sancti in voluntate seu amore nostro.
Sane Deum Patrem, et Deum Filium, id est, Deum
40. Puse interés en hacer ver — como pude —, no genitorem qui omnia quae substantialiter habet, in
en visión y a cara descubierta, sino en esta coaeterno sibi Verbo suo dixit quodam modo, et
semejanza y en enigma, a través de las tenues ipsum Verbum ejus Deum, qui nec plus nec minus
conjeturas de la inteligencia y de la memoria de aliquid habet etiam ipse substantialiter, quam
nuestra mente, al Dios Padre y al Dios Hijo, es quod est in illo qui Verbum non mendaciter sed
decir, al Dios que engendra, y cuanto de veraciter genuit; quemadmodum potui, non ut
sustancial tiene lo dice de una manera misteriosa illud jam facie ad faciem, sed per hanc
en su Verbo coeterno, Verbo que es Dios, pues similitudinem in aenigmate (I Cor. XIII, 12)
posee sustancialmente, ni más ni menos, todo lo quantulumcumque conjiciendo videretur in
que existe en el que lo ha, no falsa, sino en memoria et intelligentia mentis nostrae,
verdad, engendrado como Verbo, atribuyendo a la significare curavi: memoriae tribuens omne quod
memoria cuanto sabemos, aunque no pensemos scimus, etiamsi non inde cogitemus, intelligentiae
en ello, y a la inteligencia la información del vero proprio modo quodam cogitationis
pensamiento de una manera peculiar y propia. informationem. Cogitando enim quod verum
Entender es descubrir la verdad pensando, y luego invenerimus, hoc maxime intelligere dicimur, et
el recuerdo se archiva en la memoria. Pero existe hoc quidem in memoria rursus relinquimus. Sed
también una profundidad más abstrusa en la illa est abstrusior profunditas nostrae memoriae,
memoria, donde descubrimos, al pensar, esta ubi hoc etiam primum cum cogitaremus
primera realidad, y donde se engendra aquel invenimus, et gignitur intimum verbum, quod
verbo íntimo que no pertenece a idioma alguno, nullius linguae sit, tanquam scientia de scientia, et
como ciencia de ciencia y visión de visión, y una visio de visione, et intelligentia quae apparet in
inteligencia que se revela en el pensamiento, cogitatione, de intelligentia quae in memoria jam
procedente de la intelección que ya existía, fuerat, sed latebat: quanquam et ipsa cogitatio
aunque oculta, en la memoria. Pero, a decir quamdam suam memoriam nisi haberet, non
verdad, si el pensamiento no contara con una reverteretur ad ea quae in memoria reliquerat,
cierta reminiscencia, no volvería, cuando ha cum alia cogitaret.
estado pensando en otras cosas, sobre lo que ha
dejado en su memoria. 41. De Spiritu autem sancto nihil in hoc
41. Referente al Espíritu Santo, nada hay en este aenigmate quod ei simile videretur ostendi, nisi
enigma que se le asemeje, fuera de nuestra voluntatem nostram, vel amorem seu dilectionem
voluntad, amor o dilección, que es el querer de quae valentior est voluntas: quoniam voluntas
más valía; pues la voluntad, parcela natural de nostra quae nobis naturaliter inest, sicut ei res
nuestro ser, experimenta afectos varios a medida adjacuerint vel occurrerint, quibus allicimur aut
que los objetos que la solicitan le salen al offendimur, ita varias affectiones habet. Quid
encuentro, con los que se adelicia o se ofende. ergo, est? Numquid dicturi sumus voluntatem
Pero ¿qué? ¿Diremos que nuestra voluntad, nostram, quando recta est, nescire quid appetat,
cuando es recta, ignora lo que ha de apetecer o quid evitet? Porro si scit, profecto inest ei sua
evitar? Y si lo conoce, posee una ciencia propia, quaedam scientia, quae sine memoria et
ciencia que no podría existir sin la inteligencia y intelligentia esse non possit. An vero audiendus
sin la memoria. ¿Daremos, pues, oídos al que est quispiam dicens, charitatem nescire quid agat,
afirma que la caridad, obradora del bien, ignora lo quae non agit perperam? Sicut ergo inest
que hace? Dotada de inteligencia esta memoria intelligentia, inest dilectio illi memoriae
prócer, posee también una facultad volitiva, y en principali, in qua invenimus paratum et
la memoria encontramos preparado y oculto reconditum ad quod cogitando possumus
cuanto puede ocupar nuestro pensamiento; pervenire; quia et duo ista invenimus ibi, quando
encontramos estas dos potencias cuando pensando nos cogitando invenimus et intelligere aliquid et
descubrimos que entendemos y amamos algo que amare, quae ibi erant et quando inde non
ya existía, aunque no pensábamos en ello; y esta cogitabamus: et sicut inest memoria, inest dilectio
inteligencia, informada por el pensamiento, está huic intelligentiae quae cogitatione formatur;
dotada de memoria y amor; y este verbo quod verbum verum sine ullius gentis lingua intus
verdadero lo expresamos en nuestro interior, sin el dicimus, quando quod novimus dicimus; nam nisi
auxilio de idioma alguno, cuando decimos lo que reminiscendo non redit ad aliquid, et nisi amando
sabemos; porque la mirada de nuestro redire non curat nostrae cogitationis intuitus: ita
pensamiento no vuelve sobre sus recuerdos sin la dilectio quae visionem in memoria constitutam, et
memoria, y sólo el amor la hace volver. Así, el visionem cogitationis inde formatam quasi
amor que une, cual padre a su hijo, la visión parentem prolemque conjungit, nisi haberet
asentada en la memoria con la visión que surge en appetendi scientiam, quae sine memoria et
el pensamiento, si no tuviera apetencia de saber, intelligentia non potest esse, quid recte diligeret
lo cual supone memoria y entendimiento, ignoraret.
ignoraría lo que en buena ley debería amar.

CAPITULO XXII CAPUT XXII.

PROFUNDA DESEMEJANZA ENTRE 42. Quanta dissimilitudo inter repertam in nobis


NUESTRA IMAGEN DE LA TRINIDAD Y LA imaginem Trinitatis et ipsam Trinitatem. Verum
TRINIDAD haec quando in una sunt persona, sicut est homo,
potest nobis quispiam dicere: Tria ista, memoria,
42. Pero cuando estas potencias se encuentran en intellectus, et amor, mea sunt, non sua; nec sibi,
una persona, como es el hombre, pudiera alguien sed mihi agunt quod agunt, imo ego per illa. Ego
decirnos: Estas tres potencias, memoria, enim memini per memoriam, intelligo per
entendimiento y amor, son mías, no suyas; y lo intelligentiam, amo per amorem: et quando ad
que obran no lo obran para mí, sino en mi favor, o memoriam meam aciem cogitationis adverto, ac
mejor dicho, soy yo el que por medio de ellas sic in corde meo dico quod scio, verbumque
actúo. Recuerdo por mi memoria, comprendo con verum de scientia mea gignitur, utrumque meum
mi inteligencia, amo con mi voluntad; y cuando est, et scientia utique et verbum. Ego enim scio,
dirijo la mirada de mi pensamiento a mi memoria, ego dico in meo corde quod scio. Et quando in
expreso en mi corazón lo que sé, y de mi ciencia memoria mea cogitando invenio jam me
se engendra un verbo verdadero, y ambas cosas intelligere, jam me amare aliquid, qui intellectus
son mías, el verbo y la ciencia. Soy yo el que et amor ibi erant et antequam inde cogitarem,
conozco y hablo en mi corazón lo que sé. Y intellectum meum et amorem meum invenio in
cuando pienso, descubro en mi memoria que memoria mea, quo ego intelligo, ego amo, non
comprendo y amo; pero la inteligencia y el amor ipsa. Item quando cogitatio memor est, et vult
preexistían a la función del pensamiento, y en mi redire ad ea quae in memoria reliquerat, eaque
memoria encuentro entonces mi entendimiento y intellecta conspicere atque intus dicere, mea
mi amor, y por estas dos facultades soy yo el que memoria memor est, et mea vult voluntate, non
entiendo y amo, no mi memoria. sua. Ipse quoque amor meus cum meminit atque
Además, cuando el pensamiento recuerda y ansía intelligit quid appetere debeat, quid vitare, per
volver sobre las cosas que dejó en la memoria meam, non per suam memoriam meminit; et per
para contemplarlas, una vez entendidas, al intelligentiam meam, non per suam, quidquid
decirlas interiormente, es mi memoria la que intelligenter amat, intelligit. Quod breviter dici
recuerda y mi voluntad la que ama, no la suya. Mi potest: Ego per omnia illa tria memini, ego
amor, cuando comprende y recuerda lo que ha de intelligo, ego diligo, qui nec memoria sum, nec
apetecer y evitar, lo recuerda por mi memoria, no intelligentia, nec dilectio, sed haec habeo. Ista
por la suya; y cuando razonablemente entiende lo ergo dici possunt ab una persona, quae habet haec
entiende por mi inteligencia, no por la suya. tria, non ipsa est haec tria. In illius vero summae
En breves razones. Yo recuerdo, comprendo y simplicitate naturae quae Deus est, quamvis unus
amo sirviéndome de mis tres facultades, aunque sit Deus, tres tamen personae sunt, Pater, et Filius,
no soy mi memoria, ni mi entendimiento, ni mi et Spiritus sanctus.
amor; mas poseo estas tres realidades. Esto lo
puede afirmar cualquier persona que disfrute de
las tres mencionadas potencias, pues jamás es ella
estas tres cosas. Pero en aquella suprema
simplicidad que es Dios, aunque hay un solo
Dios, son tres las personas: Padre, Hijo v Espíritu
Santo.

CAPITULO XXIII CAPUT XXIII.

DIFERENCIAS Y ANALOGÍAS ENTRE LA 43. Prosequitur disparitatem trinitatis quae in


TRINIDAD, QUE ES DIOS, Y LA TRINIDAD homine est, a Trinitate quae Deus est. Trinitas per
EN EL HOMBRE speculum nunc videtur auxilio fidei, ut postea
clarius videri possit in promissa visione facie ad
43. Una cosa es la trinidad en sí y otra la imagen faciem. Aliud est itaque trinitas res ipsa, aliud
de la trinidad en una realidad diversa; por esta imago trinitatis in re alia, propter quam imaginem
imagen se dice imagen aquella realidad donde se simul et illud in quo sunt haec tria, imago dicitur;
encuentran estas tres potencias; como imagen se sicut imago dicitur simul et tabula, et quod in ea
dice la tabla y lo que en ella hay pintado; pero pictum est; sed propter picturam quae in ea est,
sólo a causa de la pintura que hay en ella se da a simul et tabula nomine imaginis appellatur. Verum
la tabla el nombre de imagen. in illa summa Trinitate, quae incomparabiliter
Mas en la Trinidad excelsa, incomparablemente rebus omnibus antecellit, tanta est inseparabilitas,
superior a todas las cosas, es tan acentuada la ut cum trinitas hominum non possit dici unus
inseparabilidad, que, mientras una trinidad de homo; in illa unus Deus et dicatur et sit, nec in
hombres no se puede llamar un hombre, en ella se uno Deo sit illa Trinitas, sed unus Deus. Nec
dice y es un solo Dios, y la Trinidad no existe en rursus quemadmodum ista imago quod est homo
un Dios, sino que es un Dios. En esta imagen que habens illa tria una persona est, ita est illa
es el hombre, aunque posee tres facultades, es una Trinitas: sed tres personae sunt, Pater Filii, et
persona; mas no así en la Trinidad, donde existen Filius Patris, et Spiritus Patris et Filii. Quamvis
tres personas: el Padre del Hijo, el Hijo del Padre enim memoria hominis, et maxime illa quam
y el Espíritu del Padre y del Hijo. pecora non habent, id est, qua res intelligibiles ita
Aunque la memoria del hombre, especialmente continentur, ut non in eam per sensus corporis
aquella que no poseen los animales, es decir, la venerint, habeat pro modulo suo in hac imagine
que contiene las especies inteligibles, no Trinitatis incomparabiliter quidem imparem, sed
percibidas por medio de los órganos sensoriales, tamen qualemcumque similitudinem Patris;
ofrece, conforme a su capacidad, una semejanza itemque intelligentia hominis, quae per
muy imperfecta del Padre, es, cierto, intentionem cogitationis inde formatur, quando
incomparablemente inferior al original, pero al fin quod scitur dicitur, et nullius linguae cordis
semejanza, en esta imagen de la Trinidad; y, verbum est, habeat in sua magna disparitate
asimismo, aunque la inteligencia del hombre, nonnullam similitudinem Filii; et amor hominis
informada por la atención del pensamiento, de scientia procedens, et memoriam
cuando se dice lo que se sabe, verbo ideal que no intelligentiamque conjungens, tanquam parenti
pertenece a idioma alguno, ofrezca una cierta prolique communis, unde nec parens intelligitur
semejanza del Hijo en medio de una acentuada esse, nec proles, habeat in hac imagine aliquam,
diferencia; y el amor del hombre, procedente de la licet valde imparem, similitudinem Spiritus
ciencia y lazo de unión entre la memoria y la sancti: non tamen, sicut in ista imagine Trinitatis
inteligencia, como algo común al padre y a la non haec tria unus homo, sed unius hominis sunt,
prole, de donde se deduce que ni es padre ni es ita in ipsa summa Trinitate cujus haec imago est,
prole, tenga en esta imagen cierta semejanza, unius Dei sunt illa tria, sed unus Deus est, et tres
llena de imperfecciones, con el Espíritu Santo, sin sunt illae, non una persona. Quod sane mirabiliter
embargo, mientras en esta imagen de la Trinidad ineffabile est, vel ineffabiliter mirabile, cum sit
las tres facultades no son el hombre, sino del una persona haec imago Trinitatis, ipsa vero
hombre, en la Trinidad suprema, cuya imagen es summa Trinitas tres personae sint, inseparabilior
el alma, las tres personas son un Dios, pero no est illa Trinitas personarum trium, quam haec
pertenecen a un Dios; y no son una persona, sino unius. Illa quippe in natura divinitatis, sive id
tres personas. melius dicatur deitatis, quod est, hoc est, atque
Misterio en verdad maravillosamente inefable o incommutabiliter inter se ac semper aequalis est:
inefablemente maravilloso, pues siendo la imagen nec aliquando non fuit, aut aliter fuit; nec
de la Trinidad una persona, la Trinidad excelsa aliquando non erit, aut aliter erit. Ista vero tria
son tres personas; con todo, esta Trinidad de tres quae sunt in impari imagine, etsi non locis
personas es más indivisible que la trinidad de una quoniam non sunt corpora, tamen inter se nunc in
sola persona. Aquélla en la esencia de la ista vita magnitudinibus separantur. Neque enim
divinidad, y mejor si se dice de la deidad, es lo quia moles nullae ibi sunt, ideo non videmus in
que es e inconmutablemente es siempre igual en alio majorem esse memoriam quam
si; pues ni dejó alguna vez de existir ni existió de intelligentiam, in alio contra: in alio duo haec
otra manera, ni dejará alguna vez su existencia ni amoris magnitudine superari, sive sint ipsa duo
existirá de otro modo. inter se aequalia, sive non sint. Atque ita a
singulis bina, et a binis singula, et a singulis
Mas estas tres facultades de la imagen imperfecta singula, a majoribus minora vincuntur. Et quando
se encuentran entre sí separadas en esta vida, no inter se aequalia fuerint ab omni languore sanata,
por distancias espaciales, pues no son cuerpos, nec tunc aequabitur rei natura immutabili ea res
sino por magnitudes. Y aunque no existan moles, quae per gratiam non mutabitur: quia non
no por eso dejamos de ver que en éste es mayor la aequatur creatura Creatori, et quando ab omni
memoria que la inteligencia, y en aquél sucede lo languore sanabitur, mutabitur.
contrario; en otro, estas dos potencias son
vencidas por la grandeza del amor, ya sean 44. Sed hanc non solum incorporalem, verum
iguales entre sí o no lo sean. Así, dos son etiam summo inseparabilem vereque
superadas por una, una por dos, una por otra, y las immutabilem Trinitatem, cum venerit visio quae
inferiores por las superiores. Y aun en la hipótesis facie ad faciem repromittitur nobis, multo clarius
de que fueran iguales entre sí, una vez certiusque videbimus, quam nunc ejus imaginem
restablecidas de su flaqueza, ni aun en este caso lo quod nos sumus: per quod tamen speculum et in
que es inmutable por gracia podría equipararse a quo aenigmate qui vident, sicut in hac vita videre
lo que es inmutable por naturaleza, pues nunca la concessum est, non illi sunt qui ea quae
criatura puede igualar a su Creador. Cambia digessimus et commendavimus in sua mente
aquélla por el mero hecho de ser de sus lacras conspiciunt; sed illi qui eam tanquam imaginem
curada. vident, ut possint ad eum cujus imago est,
44. Cuando, empero, llegue la visión facial quomodocumque referre quod vident, et per
prometida, veremos la Trinidad incorpórea, imaginem quam conspiciendo vident, etiam illud
sumamente indivisible y verdaderamente videre conjiciendo, quoniam nondum possunt
inmutable, y la veremos con mayor claridad y facie ad faciem. Non enim ait Apostolus, Videmus
certeza que ahora vemos su imagen, que somos nunc speculum; sed, Videmus nunc per speculum
nosotros; los que ven en este espejo y en este (I Cor. XIII, 12) .
enigma — según es concedido vez en la vida
presente — no son los que contemplan en su alma
cuanto hemos recomendado y discutido, sino los
que la ven como una imagen y todo lo que ven lo
relacionan con aquel cuya imagen son, y a través
de esta su imagen que contemplando intuyen, ven
por conjeturas a Dios, porque aún no le pueden
ver cara a cara. No dice el Apóstol: «Vemos ahora
un espejo», sino: Vemos ahora como por un
espejo.

CAPITULO XXVI CAPUT XXVI.

47. Donde el tiempo no existe, ¿podemos acaso 47. Numquid ergo possumus quaerere utrum jam
inquirir si el Espíritu Santo procedió del Padre processerat de Patre Spiritus sanctus quando natus
antes del nacimiento del Hijo, o si no había aún est Filius, an nondum processerat, et illo nato de
procedido, y, una vez nacido el Hijo, pudo ya utroque processit, ubi nulla sunt tempora; sicut
proceder de ambos: a la manera como, donde la potuimus quaerere ubi invenimus tempora,
duración existe, podemos examinar si es la voluntatem prius de humana mente procedere, ut
voluntad la primera en proceder del alma humana quaeratur quod inventum proles vocetur; qua jam
para buscar luego lo que encontrado se llama su parta seu genita, voluntas illa perficitur, eo fine
prole, y nacida ésta, la voluntad recibe su requiescens, ut qui fuerat appetitus quaerentis, sit
perfección y descansa en su fin, convirtiendo el amor fruentis, qui jam de utroque, id est, de
anhelo de la búsqueda en el amor gozoso de la gignente mente et de genita notione tanquam de
posesión, amor que procede de la mente que parente ac prole procedat? Non possunt prorsus
engendra y de la noción engendrada, como de ista ibi quaeri, ubi nihil ex tempore inchoatur, ut
padre y de prole? Tales cuestiones no pueden consequenti perficiatur in tempore. Quapropter,
proponerse allí donde nada se inicia en el tiempo, qui potest intelligere sine tempore generationem
y, en consecuencia, nada en el tiempo se Filii de Patre, intelligat sine tempore
perfecciona. processionem Spiritus sancti de utroque. Et qui
Por lo cual, el que pueda entender la generación potest intelligere in eo quod ait Filius, Sicut habet
intemporal del Hijo en el seno del Padre, entienda Pater vitam in semetipso, sic dedit Filio vitam
también la procesión intemporal del Espíritu habere in semetipso (Joan. V, 26) ; non sine vita
Santo de ambos. Y quien pueda entender lo que el existenti jam Filio vitam Patrem dedisse, sed ita
Hijo dice: Como el Padre tiene vida en si misma, eum sine tempore genuisse, ut vita quam Pater
así dio al Hijo tener vida en sí mismo, no lo Filio gignendo dedit, coaeterna sit vitae Patris qui
interprete como si el Padre diese la vida al Hijo, dedit: intelligat sicut habet Pater in semetipso ut
que ya existía, pero carecía de vida, sino que de illo procedat Spiritus sanctus, sic dedisse Filio
entienda que lo engendró fuera del tiempo, para ut de illo procedat idem Spiritus sanctus, et
que la vida que el Padre dio al Hijo utrumque sine tempore; atque ita dictum Spiritum
engendrándolo sea coeterna a la vida del Padre, sanctum de Patre procedere, ut intelligatur, quod
dador de la vida; quien esto comprenda, vea cómo etiam procedit de Filio, de Patre esse Filio. Si
el Padre tiene en sí mismo el que de El proceda el enim quidquid habet, de Patre habet Filius; de
Espíritu Santo; así dio al Hijo el que de El Patre habet utique ut et de illo procedat Spiritus
proceda el mismo Espíritu Santo, y ambos sin sanctus. Sed nulla ibi tempora cogitentur, quae
intervalo de tiempo; y así se dice que el Espíritu habent prius et posterius: quia omnino nulla ibi
Santo procede del Padre para que se entienda que sunt. Quomodo ergo non absurdissime filius
al Hijo le viene del Padre el que proceda también diceretur amborum, cum sicut Filio praestat
del Hijo. essentiam sine initio temporis, sine ulla
Si cuanto el Hijo tiene, del Padre lo recibe, del mutabilitate naturae de Patre generatio; ita
Padre recibe el que proceda de Él el Espíritu Spiritui sancto praestet essentiam sine ullo initio
Santo. Pero nadie imagine aquí noción alguna de temporis, sine ulla mutabilitate naturae de utroque
tiempo, antes y después, porque allí el tiempo no processio? Ideo enim cum Spiritum sanctum
existe. genitum non dicamus, dicere tamen non audemus
¿No sería absurdo muy grande llamarle hijo de ingenitum, ne in hoc vocabulo vel duos patres in
ambos, pues el proceder de los dos proporciona al illa Trinitate, vel duos qui non sunt de alio
Espíritu Santo una esencia sin principio de tiempo quispiam suspicetur. Pater enim solus non est de
y sin mutación de naturaleza, como la generación alio, ideo solus appellatur ingenitus, non quidem
proporciona al Hijo una esencia sin inicio de in Scipturis, sed in consuetudine disputantium, et
tiempo y sin mutación de sustancia? Por esta de re tanta sermonem qualem valuerint
razón, aunque no digamos que el Espíritu Santo proferentium. Filius autem de Patre natus est: et
ha sido engendrado, no osamos llamarle ingénito, Spiritus sanctus de Patre principaliter, et ipso sine
para que nadie malicie en dicha palabra dos ullo temporis intervallo dante, communiter de
padres en aquella Trinidad soberana o dos utroque procedit. Diceretur autem filius Patris et
personas sin procedencia de origen. Sólo el Padre Filii, si, quod abhorret ab omnium sanorum
no procede de otro; por eso es el único que se sensibus, cum ambo genuissent. Non igitur ab
denomina ingénito, no en las Escrituras, sino en el utroque est genitus, sed procedit ab utroque
lenguaje usual de los que tratan de tan amborum Spiritus.
encumbrado misterio y se expresan como pueden.
El Hijo es nacido del Padre, y el Espíritu Santo
procede originariamente del Padre, y por don del
Padre, sin intervalo de tiempo, procede de los dos
como de un principio común. Se le podría llamar
hijo del Padre y del Hijo si, lo que el buen sentido
rechaza con horror, ambos le hubieran
engendrado. De los dos procede el Espíritu de
ambos, pero por ninguno de ellos fue engendrado.

CAPITULO XXVII CAPUT XXVII.

SOLUCIÓN Y ADVERTENCIAS 48. Quid hic sufficiat ad solutionem quaestionis,


cur Spiritus non dicatur genitus, et cur solus Pater
48. Mas porque en aquella coeterna, coigual, ingenitus. Quid agendum iis qui haec non
incorpórea, inefablemente inmutable e indivisible intelligunt. Verum quia in illa coaeterna, et
Trinidad es difícil distinguir entre generación y aequali, et incorporali, et ineffabiliter immutabili,
procesión, baste, pata aquellos que no saben atque inseparabili Trinitate difficillimum est
elevarse a mayores alturas, lo que acerca del generationem a processione distinguere, sufficiat
particular dijimos en cierto sermón que interim eis qui extendi non valent amplius, id
pronunciamos ante el pueblo cristiano y quedó quod de hac re in sermone quodam proferendo ad
luego consignado en escrito. aures populi christiani diximus, dictumque
Entre otras cosas, después de haber aducido conscripsimus. Inter caetera enim cum per
testimonios de la Escritura para probar la Scripturarum sanctarum testimonia docuissem de
procesión del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, utroque procedere Spiritum sanctum: Si ergo,
dije: «Si, pues, el Espíritu Santo procede del inquam, et de Patre et de Filio procedit Spiritus
Padre y del Hijo, ¿por qué dijo el Hijo: Del Padre sanctus; cur Filius dixit, «De Patre procedit
procede? ¿Por qué, piensas, sino porque es su (Joan. XV, 26) ?» Cur, putas, nisi quemadmodum
estilo referir cuanto a El pertenece a aquel de solet ad eum referre et quod ipsius est, de quo et
quien es nacido? En este sentido dice: Mi doctrina ipse est? Unde et illud est quod ait, «Mea doctrina
no es mía, sino del que me envió. Si la doctrina non est mea, sed ejus qui me misit» (Id. VII, 16) .
que dice no ser suya se entiende en este pasaje Si igitur hic intelligitur ejus doctrina, quam tamen
que es suya, ¿con cuánta mayor razón hemos de dixit non suam, sed Patris; quanto magis illic
entender que el Espíritu Santo procede del Hijo, intelligendus est et de ipso procedere Spiritus
cuando afirma: Del Padre procede; pues no dice: sanctus, ubi sic ait, «De Patre procedit,» ut non
«No procede de mí»? De quien recibe el Hijo su diceret, De me non procedit? A quo autem habet
ser divino, es Dios de Dios, recibe el que de El Filius ut sit Deus (est enim de Deo Deus), ab illo
proceda el Espíritu Santo; en consecuencia, el que habet utique ut de illo etiam procedat Spiritus
el Espíritu Santo proceda del Hijo como procede sanctus: ac per hoc Spiritus sanctus ut etiam de
del Padre, lo recibe del Padre. Filio procedat, sicut procedit de Patre, ab ipso
«Así podemos entender de alguna manera, en habet Patre. Hic utcumque etiam illud intelligitur,
cuanto es posible que seres como nosotros lo quantum a talibus quales nos sumus, intelligi
entiendan, por qué el Espíritu Santo no se dice potest, cur non dicatur natus esse, sed potius
que nació, sino que procede; porque si se llamase procedere Spiritus sanctus: quoniam si et ipse
hijo, lo sería de los dos, lo cual es gran absurdo. Filius diceretur, amborum utique filius diceretur;
En efecto, nadie es hijo de dos personas si no son quod absurdissimum est. Filius quippe nullus est
padre y madre. En Dios Padre y en Dios Hijo duorum, nisi patris et matris. Absit autem ut inter
nadie sospeche algo semejante; ni entre los Deum Patrem et Deum Filium aliquid tale
hombres siquiera nace a un tiempo el hijo del suspicemur. Quia nec filius hominum simul et ex
padre y de la madre; nace del padre en la madre, patre et ex matre procedit: sed cum in matrem
pero entonces no nace de la madre, y cuando la procedit ex patre, non tunc procedit ex matre; et
madre da a luz, entonces no nace del padre. El cum in hanc lucem procedit ex matre, non tunc
Espíritu Santo no procede del Padre en el Hijo, ni procedit ex patre. Spiritus autem sanctus non de
procede del Hijo para santificación de la criatura, Patre procedit in Filium, et de Filio procedit ad
sino que procede a un tiempo de ambos, aunque el sanctificandam creaturam; sed simul de utroque
Padre haya comunicado al Hijo el que pueda de procedit: quamvis hoc Pater Filio dederit, ut
El proceder como procede de sí mismo. Ni quemadmodum de se, ita de illo quoque procedat.
tampoco podemos decir que el Espíritu Santo no Neque enim possumus dicere quod non sit vita
es vida, porque el Padre es vida y el Hijo también Spiritus sanctus, cum vita Pater, vita sit Filius: ac
es vida; por consiguiente, así como el Padre es per hoc sicut Pater cum habeat vitam in
vida esencial, dio al Hijo tener vida en si mismo y semetipso, dedit et Filio vitam habere in
le ha otorgado el que la vida proceda de El como semetipso; sic ei dedit vitam procedere de illo,
procede del Padre». sicut et procedit de ipso (In Joannis Evang. tract.
He transcrito este pasaje de mi sermón; hablaba 99, nn. 8, 9) . Haec de illo sermone in hunc
allí a los creyentes, no a los incrédulos. librum transtuli, sed fidelibus, non infidelibus
49. Pero si no son capaces de ver esta imagen y loquens.
verificar la verdad de estas cosas que existen en
su mente, pues son tres facultades, pero no tres 49. Verum si ad hanc imaginem contuendam, et
personas, sino que las tres pertenecen a una sola ad videnda ista quam vera sint, quae in eorum
persona, ¿por qué no creer cuanto en las Sagradas mente sunt, nec tria sic sunt ut tres personae sint,
Escrituras se dice acerca de aquella Trinidad sed omnia tria hominis sunt quae una persona est,
soberana, que es Dios, antes que exigir una minus idonei sunt: cur non de illa summa
prueba terminante que la torpeza y debilidad de la Trinitate, quae Deus est, credunt potius quod in
mente humana no puede comprender? Crean con sacris Litteris invenitur, quam poscunt
fe inquebrantable a las Sagradas Escrituras, como liquidissimam reddi sibi rationem, quae ab
a testigos veraces; busquen en la oración, en el humana mente tarda scilicet infirmaque non
estudio y en una vida virtuosa la inteligencia; es capitur? Et certe cum inconcusse crediderint
decir, vea, en cuanto es posible, la mente cuanto Scripturis sanctis tanquam veracissimis testibus,
cree la fe. ¿Quién se opondrá a este sentir? agant orando et quaerendo et bene vivendo ut
¿Quién no se animará a ello? intelligant, id est, ut quantum videri potest,
Y si opinan que se han de negar estos misterios videatur mente quod tenetur fide. Quis hoc
porque sus inteligencias cecucientes no los prohibeat? imo vero ad hoc quis non hortetur? Si
pueden ver, entonces nieguen los ciegos de autem propterea negandum putant ista esse, quia
nacimiento la existencia del sol. La luz luce en las ea non valent caecis mentibus cernere; debent et
tinieblas; y si las tinieblas no la abrazaron, sean illi qui ex nativitate sua caeci sunt, esse solem
antes iluminados por el Don de Dios, para que se negare. Lux ergo lucet in tenebris: quod si eam
hagan creyentes y empiecen a ser luz en tenebrae non comprehendunt (Joan. I, 5) ,
comparación de los infieles. Sobre este cimiento illuminentur Dei dono prius ut sint fideles, et
preliminar edifiquen, para que un día puedan ver incipiant esse lux in comparatione infidelium;
lo que ahora contemplan por fe. Hay verdades que atque hoc praemisso fundamento aedificentur ad
se creen con toda certeza y no pueden ser vistas. videnda quae credunt, ut aliquando possint videre.
No se verá ya a Cristo clavado en la cruz; pero si Sunt enim quae ita creduntur, ut videri jam
no creo que esto sucedió y fue así visto, aunque omnino non possint. Non enim Christus iterum in
no haya esperanza de ver su reproducción en el cruce videndus est: sed nisi hoc credatur quod ita
futuro, no se puede venir a Cristo, tal como se ha factum atque visum est, ut futurum ac videndum
de ver en la eternidad. jam non speretur, non pervenitur ad Christum,
En lo que se refiere a esta suma, inefable, qualis sine fine videndus est. Quantum vero
incorpórea e inmutable esencia que es necesario attinet ad illam summam, ineffabilem,
contemplar de una manera imperfecta con la incorporalem, immutabilemque naturam per
inteligencia, nunca la mirada de la mente humana intelligentiam utcumque cernendam, nusquam se
se adiestra mejor, bajo la dirección exclusiva de la melius, regente duntaxat fidei regula, acies
fe, que en lo más noble que el hombre posee en su humanae mentis exercet, quam in eo quod ipse
naturaleza por encima de los brutos y superior a homo in sua natura melius caeteris animalibus,
las restantes partes del alma, que es su misma melius etiam caeteris animae suae partibus habet,
mente; porque a ella ha sido otorgada la visión de quod est ipsa mens: cui quidam rerum
lo invisible, a ella como presidenta de honor, invisibilium tributus est visus, et cui tanquam in
colocada en interior y elevado sitial, le ofrecen los loco superiore atque interiore honorabiliter
sentidos el homenaje de las cosas externas para praesidenti, judicanda omnia nuntiant etiam
que juzgue, sin reconocer superior a quien deba corporis sensus; et qua non est superior, cui
acatamiento y obediencia, fuera de Dios. subdita regenda est, nisi Deus.
50. En medio de tan múltiples cuestiones como he
tratado, y ninguna, lo declaro, con la dignidad que 50. Verum inter haec quae multa jam dixi, et nihil
merece la Trinidad suprema e inefable, cuya illius summae Trinitatis ineffabilitate dignum me
ciencia confieso es admirable para mi y no la dixisse audeo profiteri, sed confiteri potius
puede comprender; tú, alma mía, ¿dónde te mirificatam scientiam ejus ex me invaluisse, nec
encuentras, dónde yaces, dónde estás mientras posse me ad illam (Psal. CXXXVIII, 6) ; o tu,
eres curada de tus dolencias por aquel que se hizo anima mea, ubi te esse sentis, ubi jaces, ubi stas ,
propiciación por tus iniquidades? Reconoce que te donec ab eo qui propitius factus est omnibus
encuentras en aquel mesón adonde el piadoso iniquitatibus tuis, sanentur omnes languores tui
samaritano condujo al que encontró semivivo, (Psal. CII, 3) ? Agnoscis te certe in illo esse
llagado por las muchas heridas que le causaron stabulo, quo Samaritanus ille perduxit eum quem
los bandoleros. No obstante, muchas verdades has reperit multis a latronibus inflictis vulneribus
visto, no con estos ojos abiertos a la visión de los semivivum (Luc. X, 30-34) . Et tamen multa vera
cuerpos irisados, sino con aquellos que pedía el vidisti, non his oculis quibus videntur corpora
salmista cuando exclamaba: Vean, Señor mis ojos colorata, sed eis pro quibus orabat qui dicebat,
la equidad. Si, has visto muchedumbre de cosas Oculi mei videant aequitatem (Psal. XVI, 2) .
verdaderas y las has distinguido de la luz a cuyo Nempe ergo multa vera vidisti, eaque discrevisti
resplandor las contemplabas; eleva ahora tus ojos ab illa luce qua tibi lucente vidisti: attolle oculos
a la misma luz y fija, si puedes, tu mirada en ella. in ipsam lucem, et eos in eam fige, si potes. Sic
Así podrás ver la diferencia que existe entre el enim videbis quid distet nativitas Verbi Dei a
nacimiento del Verbo divino y la procesión del processione Doni Dei, propter quod Filius
Don de Dios. El Espíritu Santo jamás ha sido unigenitus non de Patre genitum, alioqui frater
definido por el Hijo como engendrado por el ejus esset, sed procedere dixit Spiritum sanctum.
Padre —sería entonces su hermano—, sino que ha Unde cum sit communio quaedam
dicho que procedía del Padre. Siendo Espíritu de consubstantialis Patris et Filii amborum Spiritus,
ambos, a semejanza de una comunión non amborum, quod absit, dictus est filius. Sed ad
consubstancial al Padre y al Hijo, no se le dice — hoc dilucide perspicueque cernendum, non potes
Dios no lo permita— hijo de ambos. ibi aciem figere; scio, non potes. Verum dico,
No puedes, lo sé, no puedes fijar tu pupila en este mihi dico, quid non possim scio: ipsa tamen tibi
misterio, ni percibirle con claridad y distinción. ostendit in te tria illa, in quibus tu summae ipsius,
Digo la verdad; me la he dicho a mí mismo, sé quam fixis oculis contemplari nondum vales,
que no puedo; ella te muestra en ti tres realidades imaginem Trinitatis agnosceres. Ipsa ostendit tibi
en las que puedes reconocer una pálida imagen de verbum verum esse in te, quando de scientia tua
la Trinidad soberana, aunque ahora seas gignitur, id est, quando quod scimus dicimus;
impotente para contemplarla con fija mirada. Ella quamvis nullius gentis lingua significantem
demuestra la existencia dentro de ti de un verbo vocem vel proferamus vel cogitemus, sed ex illo
verdadero, por tu ciencia engendrado cuando quod novimus cogitatio nostra formetur; sitque in
dices lo que sabes, y esto aunque no acie cogitantis imago simillima cogitationis ejus
pronunciemos o pensemos palabras de idioma quam memoria continebat, ista duo scilicet velut
alguno conocido, sino que nuestro pensamiento parentem ac prolem tertia voluntate sive
reciba la impronta de nuestra ciencia, dilectione jungente. Quam quidem voluntatem de
produciendo así, en la mirada del pensamiento, cogitatione procedere (nemo enim vult quod
una imagen muy semejante a la que existe en la omnino quid vel quale sit nescit), non tamen esse
memoria, uniendo a estas dos cosas, que son cogitationis imaginem; et ideo quamdam in hac re
como padre e hijo, la voluntad como tercer intelligibili nativitatis et processionis insinuari
elemento. Y esta voluntad procede del distantiam, quoniam non hoc est cogitatione
pensamiento; nadie quiere aquello cuya esencia o conspicere quod appetere, vel etiam perfrui
cualidad ignora; no obstante, aún no es imagen voluntate, cernit discernitque qui potest. Potuisti
del pensamiento, y, por ende, se insinúa en esta et tu, quamvis non potueris neque possis explicare
realidad inteligible una diferencia profunda entre sufficienti eloquio, quod inter nubila
nacimiento y procesión. No es lo mismo la visión similitudinum corporalium, quae cogitationibus
del pensamiento que el deseo y el gozo de la humanis occursare non desinunt, vix vidisti. Sed
voluntad. Esto lo ve y distingue el que puede. Lo illa lux quae non est quod tu, et hoc tibi ostendit,
pudiste tú, alma mía, aunque no hayas sido ni seas aliud esse illas incorporeas similitudines
capaz de explicar con palabras cuanto has corporum, et aliud esse verum, quod eis
vislumbrado a través de las sombras de las reprobatis intelligentia contuemur: haec et alia
analogías corpóreas, asiduas en salir al encuentro similiter certa oculis tuis interioribus lux illa
de los pensamientos humanos. monstravit. Quae igitur causa est cur acie fixa
Mas aquella luz que es lo que no eres tú te ha ipsam videre non possis, nisi utique infirmitas? Et
hecho ver la diferencia entre la semejanza quid tibi eam fecit, nisi iniquitas? Quis ergo sanat
incorpórea de los seres materiales y la verdad que omnes languores tuos, nisi qui propitius fit
la inteligencia contempla, descartadas las omnibus iniquitatibus tuis? Librum itaque istum
semejanzas. Esta y otras cosas, igualmente jam tandem aliquando precatione melius quam
ciertas, te las mostró aquella luz a su mirada disputatione concludam.
interior.
Mas ¿cuál es la causa, sino tu flaqueza, de que no
puedas mirar de hito en hito la luz? ¿De dónde te
viene tan extremada miseria, sino de tu culpa? Y
¿quién sana todas tus dolencias, sino aquel que es
propiciación por tus pecados?
Cerraré, pues, este libro con el broche de la
plegaria, no con la discusión.

CAPITULO XXVIII CAPUT XXVIII.

ULTÍLOGO Y PLEGARIA 51. Conclusio libri, cum precatione et excusatione


de multiloquio. Domine Deus noster, credimus in
51. Señor y Dios mío, en ti creo, Padre, Hijo y te Patrem, et Filium, et Spiritum sanctum. Neque
Espíritu Santo. No diría la Verdad: Id, bautizad a enim diceret Veritas, Ite, baptizate omnes gentes
todas las gentes en el nombre del Padre, y del in nomine Patris et Filii et Spiritus sancti (Matth.
Hijo, y del Espíritu Santo, si no fueras Trinidad. Y XXVIII, 19) , nisi Trinitas esses. Nec baptizari
no mandarías a tus siervos ser bautizados, mi nos juberes, Domine Deus, in ejus nomine qui
Dios y Señor, en el nombre de quien no es Dios y non est Dominus Deus. Neque diceretur voce
Señor. Y si Vos, Señor, no fuerais al mismo divina, [1098] Audi, Israel; Dominus Deus tuus,
tiempo Trinidad y un solo Dios y Señor, no diría Deus unus est (Deut. VI, 4) ; nisi Trinitas ita
la palabra divina: Escucha, Israel; el Señor, tu esses, ut unus Dominus Deus esses. Et si tu Deus
Dios, es un Dios único. Y si tú mismo fueras Dios Pater ipse esses, et Filius verbum tuum Jesus
Padre y fueras también Hijo, tu palabra Jesucristo, Christus ipse esses, et donum vestrum Spiritus
y el Espíritu Santo fuera vuestro Don, no sanctus; non legeremus in Litteris veritatis, Misit
leeríamos en las Escrituras canónicas: Envió Dios Deus Filium suum (Galat. IV, 4, et Joan. III, 17) :
a su hijo; y tú, ¡oh Unigénito!, no dirías del nec tu, o Unigenite, diceres de Spiritu sancto,
Espíritu Santo: Que el Padre enviará en mi Quem mittet Pater in nomine meo (Joan. XIV,
nombre; y: Que yo os enviaré de parte del Padre. 26) ; et, Quem ego mittam vobis a Patre (Id. XV,
Fija mi atención en esta regla de fe, te he buscado 26) . Ad hanc regulam fidei dirigens intentionem
según mis fuerzas y en la medida que tú me meam, quantum potui, quantum me posse fecisti,
hiciste poder, y anhelé ver con mi inteligencia lo quaesivi te, et desideravi intellectu videre quod
que creía mi fe, y disputé y me afané en demasía. credidi, et multum disputavi, et laboravi. Domine
Señor y Dios mío, mi única esperanza, óyeme Deus meus, una spes mea, exaudi me, ne fatigatus
para que no sucumba al desaliento y deje de nolim te quaerere, sed quaeram faciem tuam
buscarte: ansíe siempre tu rostro con ardor. Dame semper ardenter (Psal. CIV, 4) . Tu da quaerendi
fuerzas para la búsqueda, tú que hiciste te vires, qui invenire te fecisti, et magis magisque
encontrara y me has dado esperanzas de un inveniendi te spem dedisti. Coram te est firmitas
conocimiento más perfecto. Ante ti está mi et infirmitas mea: illam serva, istam sana. Coram
firmeza y mi debilidad; sana ésta, conserva te est scientia et ignorantia mea: ubi mihi
aquélla. Ante ti está mi ciencia y mi ignorancia; si aperuisti, suscipe intrantem; ubi clausisti, aperi
me abres, recibe al que entra; si me cierras, abre pulsanti. Meminerim tui, intelligam te, diligam te.
al que llama. Haz que me acuerde de ti, te Auge in me ista, donec me reformes ad integrum.
comprenda y te ame. Acrecienta en mí estos Scio scriptum esse, In multiloquio non effugies
dones hasta mi reforma completa. peccatum (Prov. X, 19) . Sed utinam praedicando
Sé que está escrito: En das muchas palabras no verbum tuum, et laudando te tantummodo
estás exento de pecado. ¡Ojala sólo abriera mis loquerer! non solum fugerem peccatum, sed
labios para predicar tu palabra y cantar tus meritum bonum acquirerem, quamlibet multum
alabanzas! Evitaría así el pecado y adquiriría sic loquerer. Neque enim homo de te beatus,
abundancia de méritos aun en la muchedumbre de peccatum praeciperet germano in fide filio suo,
mis palabras. Aquel varón amado de ti no habrá, cui scripsit dicens: Praedica verbum, insta
ciertamente, aconsejado el pecado a su verdadero opportune, importune (II Tim. IV, 2) . Numquid
hijo en la fe, cuando le escribe: Predica la palabra, dicendum est istum non multum locutum, qui non
insiste a tiempo y a deshora. ¿Acaso se podrá solum opportune, verum etiam importune verbum
decir que no habló mucho el que oportuna e tuum, Domine, non tacebat? Sed ideo non erat
importunamente anunció, Señor, tu palabra? No, multum, quia tantum erat necessarium. Libera me,
no era mucho, pues todo era necesario. Líbrame, Deus, a multiloquio quod patior intus in anima
Dios mío, de la muchedumbre de palabras que mea, misera in conspectu tuo, et confugiente ad
padezco en mi interior, en mi alma, mísera en tu misericordiam tuam. Non enim cogitationibus
presencia y acogida a tu misericordia. taceo, etiam tacens vocibus. Et si quidem non
Cuando callan mis labios, no guardan mis cogitarem nisi quod placeret tibi, non utique
pensamientos silencio. Y si sólo pensara en las rogarem ut me ab hoc multiloquio liberares. Sed
cosas que son de tu agrado, no te rogaría me multae sunt cogitationes meae, tales quales nosti,
librases de la abundancia de mis palabras. Pero cogitationes hominum, quoniam vanae sunt (Psal.
muchos son mis pensamientos; tú los conoces, XCIII, 11) . Dona mihi non eis consentire, et si
son pensamientos humanos, pues vanos son. quando me delectant, eas nihilominus improbare,
Otórgame no consentir en ellos, sino haz que nec in eis velut dormitando immorari. Nec in
pueda rechazarlos cuando siento su caricia; nunca tantum valeant apud me, ut aliquid in opera mea
permitas me detenga adormecido en sus halagos. procedat ex illis; sed ab eis mea saltem sit tuta
Jamás ejerzan sobre mí su poderío ni pesen en sententia, tuta conscientia, te tuente. Sapiens
mis acciones. Con tu ayuda protectora sea mi quidam cum de te loqueretur in libro suo, qui
juicio seguro y mi conciencia esté al abrigo de su Ecclesiasticus proprio nomine jam vocatur, Multa,
influjo. inquit, dicimus, et non pervenimus, et
Hablando el Sabio de vos en su libro, hoy consummatio sermonum universa est ipse (Eccli.
conocido con el nombre de Eclesiástico, dice: XLIII, 29) . Cum ergo pervenerimus ad te,
Muchas cosas diríamos sin acabar nunca; sea la cessabunt multa ista quae dicimus, et non
conclusión de nuestro discurso: El lo es todo. pervenimus; et manebis unus omnia in omnibus
Cuando arribemos a tu presencia, cesarán estas (I Cor. XV, 28) : et sine fine dicemus unum
muchas palabras que ahora hablamos sin laudantes te in unum, et in te facti etiam nos
entenderlas, y tú permanecerás todo en todos, y unum. Domine Deus une, Deus Trinitas,
entonces modularemos un cántico eterno, quaecumque dixi in his libris de tuo, agnoscam et
loándote a un tiempo unidos todos en ti. tui: si qua de meo, et tu ignosce, et tui. Amen,
Señor, Dios uno y Dios Trinidad, cuanto con tu
auxilio queda dicho en estos mis libros
conózcanlo los tuyos; si algo hay en ellos de mi
cosecha, perdóname tú, Señor, y perdónenme los
tuyos. Así sea.

San Juan Damasceno Expositio Fidei III, 4 (675 – 749 d.c.)

“Así pues, de este modo confesamos que la naturaleza de la


divinidad existe toda perfectamente en cada una de sus hipóstasis
(pa=san teleiwj e)n e(ka/stv twn au)th=j u(posta/sewn), toda en el
Padre, toda en el Hijo, toda en el Espíritu Santo. Por esto el Padre es
Dios perfecto, el Hijo es Dios perfecto y el Espíritu Santo es Dios
perfecto. Y así decimos que en la humanación de uno de la Santa
Trinidad (e)n tv= e) nanqrwph/sei tou e(no\j th=j a(giaj tria/doj), el
Verbo de Dios, fue unida (e(nwqh=nai) toda la naturaleza perfecta de
la divinidad (pa=san kaiì teleian th\n fu/sin th=j qeo/ thtoj) a toda la
naturaleza humana (tv= a)nqrwpinh fu/sei pa/sv) y no como una
parte a otra parte (ou) me/roj me/rei). De hecho dice el divino
apóstol: «en él habita toda la plenitud de la divinidad
corporalmente», es decir en su carne; también el discípulo de éste, el
portador de Dios y muy versado en las cosas divinas, Dionisio: «se
asoció enteramente (o(likwj) con nosotros en una de sus hipóstasis
(e)n mi#= twn e(auth=j (...) u(posta/sewn)»”