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Crueles intenciones

No. Decididamente aquello no le podía estar pasando a él. Porque puede que tuviese mala suerte como
norma general, pero aquello salía hasta de sus límites…

Con cuidado de no hacer ningún sonido que pusiera en evidencia su presencia, dio un paso vacilante hacia la
derecha, con otros cuatro como ese podría salir de aquella habitación sin ser visto y así salvar su miserable
pellejo.

Todo aquello había empezado aquella misma noche, cuando al terminar su trabajo como todos los días, había
recogido sus útiles de dibujo para dirigirse a los grandes ascensores que comunicaban los 26 pisos de aquel
inmenso edificio. Pero una vez más, y tal y como venía pasando desde que había entrado a trabajar tan solo
dos meses antes como becario en aquella gran revista de moda, donde su supuesto aprendizaje para diseñar
había quedado relegado por la desalentadora ocupación de llevar el café a sus jefes, Jaejoong salía de su
pequeña y limpia mesa de trabajo con hora y media de retraso. Que tras buscar todos sus accesorios, abrigo,
bufanda y de más, se habían convertido en dos horas largas.

Pero aquel día, nada más meterse en el bien iluminado ascensor, recordó que había dejado las luces del
despacho de su jefe encendidas, por lo que tras maldecir una y otra vez su torpeza y volver a subir los 26
pisos que le separaban de la salida, se dirigió con pasos rápidos hasta una de las puertas rojizas con el letrero
de: Jung Yunho. Presidente.

Pero no fue hasta adentrarse dentro del despacho que se dio cuenta de su terrible error. Ante él, sentado en
la imponente silla de cuero negro que acompañaba a una mesa de rarísima madera caoba, se encontraba nada
más y nada menos que su jefe. Y si hasta ahí todo podía ser normal, Jaejoong tuvo que llevarse las manos a
los labios para ahogar la exclamación que pugnaba por salir. Entre las piernas de Jung, y arrodillado de
manera casi sumisa, uno de los atractivos modelos de la compañía se encontraba con su cabeza metida en los
pantalones de su jefe.

Las manos morenas y estilizadas del magnate resaltaban entre aquellos cabellos negros, mientras que con
firmeza guiaban el movimiento de la boca de aquel chico sobre su excitado miembro.

Jaejoong decidió que era hora de dar otro paso hacia la derecha, quizás con una retirada rápida su jefe no le
notaria y podría salir ileso de aquel asunto. Y es que quién iba a imaginar que Jung Yunho, magnate
arrogante, atractivo y millonario podría ser encontrado en aquella situación.

Para empezar, el hombre había tenido más amantes de las que se podían llegar a recordar, aunque
supuestamente, todas ellas eran del género femenino. O eso era lo que se decía. Es más, recientemente, la

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noticia del inminente compromiso de Yunho con la hija del multimillonario director de una famosa
compañía de marketing era noticia para todas las revistas del corazón.

Pero de aquello nunca podría estar seguro, y es que su carácter retraído y tímido le hacía incapaz de mirar
fijamente a su jefe por más de treinta segundos. Normalmente era tímido con los extraños y se le hacía muy
difícil entablar conversaciones con gente desconocida, pero para Jaejoong, su jefe era alguien realmente
aterrador. Con aquellos ojos castaños eternamente entrecerrados cuando le miraba y aquellos rasgos afilados
y aristócratas que le miraban con desdén, Jung podía reducirle a un manojo de nervios con una simple
mirada.

Cuando al fin pudo salir del despacho, y sin estar nada seguro de que no le hubiesen visto, corrió todo lo
rápido que pudo de vuelta a los ascensores, olvidándose sus dibujos en su pequeña mesa. Cuando llegó a la
parada del autobús, tomó el circular tal y como hacía todos los días, y fue a su solitaria casa a esperar que
llegase el día siguiente, y con él, la posible noticia de su despido.

A la mañana siguiente, abrió sus ojos cafés a las seis en punto. Trabajando en una compañía donde la
puntualidad y el formalismo formaban parte de la rutina diaria y con un presupuesto mayor al de cualquier
otra revista de moda, Jaejoong, aun en su puesto de becario, debía seguir a rajatabla todas aquellas normas
que tan amablemente le habían repetido hasta el cansancio.

Desayunando deprisa y vistiéndose con algo de ropa que rayaba lo formal, salió apresurado de su casa para
coger de nuevo el circular. Los altos edificios de Seúl pasaban por la ventana del autobús a gran velocidad,
pero la gente, tan habituada estaba a aquel impresionante paisaje, donde aquellas monstruosidades de metal,
acero y ladrillo tapaban cualquier resquicio de horizonte, no prestaba atención más que a sus cascos de
música, sus libros de bolsillo y algún que otro poco madrugador, a sus suaves ronquidos.

En menos de media hora ya había llegado al alto edificio de azuladas cristaleras y de aspecto elegante.
Saludando con un tímido “buenos días” al fornido guardia de seguridad que custodiaba las puertas, Jaejoong
se apresuró a llegar a los ascensores. Aun no sabía si su jefe lo había descubierto el día anterior, pero a su
tutora no le iba a hacer nada de gracia el que le despidieran en su periodo de becario. Aquello no iba a ser
nada bueno para sus, hasta ahora, notables notas.

—Buenos días Jaejoong —se escuchó la voz de Hyosun. Una treintañera atractiva y soltera que además se
sentaba en una mesa junto a la de Jaejoong—. ¿Cómo llevas tus nuevos diseños?

—Bueno… —susurró mirando con desazón los dibujos que se había dejado olvidados el día anterior. No
había podido adelantar nada su proyecto—. Ayer no pude terminar ninguno.

—Tranquilo, sabes que nuestro simpático jefe se tomará su tiempo antes de mirar alguno de los bocetos—.
El sarcasmo de Hyosun le hizo sonreír. Aquella era una de las pocas personas con las que se sentía realmente
cómodo. Su carácter abierto y su cháchara incesante hacían de sus monólogos la oportunidad perfecta para
que pudiese enterarse de lo que pasa a su alrededor. Con su pelo negro y largo, recogido en una coleta
apretada y sus finas facciones, Hyosun era tanto agradable a la vista como al oído.

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—Por cierto cariño, Jung pidió verte esta mañana. Ve a su despacho en cuanto puedas. Ya sabes lo poco que
le gusta esperar al tipo.

Y con aquellas palabras, el alma de Jaejoong se fue directa a sus pies.

—Te… ¿te dijo para qué quería verme?

—No, simplemente dijo que en cuanto llegaras, te pasaras por su despacho—. Tragando saliva, dejó uno de
los tantos lapiceros naranjas que adornaban su escritorio para ponerse en pie y empezar a caminar hacia el
despacho de Jung como quien se dirige a la horca.

—Vamos Jaejoong. Que no te va a comer —le animo la mujer desde atrás mientras por fin llegaba a la
puerta de madera. Con vacilación, agarró el pomo, abriéndola.

El despacho, amplio y muy iluminado, siempre se encontraba en un estado pulcro. Yunho parecía ser un
maniaco del orden. Con pasos pequeños, se detuvo frente a la silla de su jefe, esperando que este levantara
su morena cabeza de los papeles que tenía sobre su escritorio para que le mirase. Al ver que esto no pasaba y
sintiéndose como una cucaracha a la que ignoran, Jaejoong carraspeó débilmente, consiguiendo al fin llamar
la atención del otro.

—Vaya, así que por fin llega nuestro preciado becario —La voz burlona y seca, junto con el hecho de que en
realidad había llegado casi un cuarto de hora antes de su turno, hizo que el nudo de su estomago creciera
considerablemente—. Sabes… las malas costumbres de uno se deben esconder. Llegar tarde… ser torpe,
ver y oír lo que no se debe.

—Yo…

—¡Silencio! ¿Le has contado a alguien lo que viste ayer? —Ante la frenética negativa de Jaejoong, el moreno
siguió hablando. —Muy bien, pues escúchame bien, si llego a enterarme de que abres esa nulidad de boca
que tienes para decir algo, te arrepentirás toda tu vida. Sabes que puedo hundirte, tanto económica como
socialmente. Ningún diseñador te querrá con él y te aseguro que no pararé hasta destruirte.

Cerrando los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas salieran de sus ojos, no pudo menos que desear
desaparecer de aquella angustiosa escena. Pero aquel era el momento menos apropiado para derrumbarse.
Sabía que aquello iba a pasar, lo había sabido desde la noche anterior, así que no debía pillarle por sorpresa.

—¿Me has entendido? Y por el amor de Dios, contesta de una vez.

—S... Si. No diré una palabra.

La sonrisa que mostró entonces Jung casi hizo sudar al chico. A sus 21 años ya hacía tiempo que había dejado
atrás su adolescencia, pero, frente a aquel hombre, se sentía como un niño reprehendido.

—¿Y no me vas a preguntar nada? Después de todo, imaginaba que te habrías sorprendido por lo que viste.

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—Yo… —Maldiciendo aquel temblor que se apropiaba de su cuerpo en presencia de Jung, una vez más no
pudo ni mirarle a los ojos. Aún no entendía como podía causarle tanto terror una persona.

—Entiendo. Aunque puede que nunca logre saber cómo has conseguido llegar hasta aquí con ese carácter. O
con la falta de él….

Bajando su cabeza y escondiendo así sus ojos entre los mechones rebeldes de su negro flequillo, no fue capaz
de contestar aquel insulto. Se sentía miserable, pero el poco aplomo que solía tener debía haber volado por
una de las ventanas del edificio, viendo su actual valentía…

—Solo había olvidado apagar su luz —susurró sin mover un músculo.

—Bueno… viendo que debemos hacer algo para cuidar más mi imagen… Anoche estuve pensando. A partir
de ahora tú te encargarás de que mis escándalos no salgan a la luz.

Levantando con brusquedad la cabeza para mirar asombrado a su jefe, Jaejoong solo pudo jadear ante sus
palabras. ¿De qué demonios estaría hablando?

—No... No entiendo.

—No, si ya me lo imaginaba. Tras darle vueltas a mi situación, creo que la mejor manera de esconder mi
sexualidad es usándote. El que sea bisexual realmente no debería influir en las negociaciones de la empresa,
pero en plena campaña contra la competencia, solo sería un engorro que alguien se enterara.

Yunho se levantó del su cómodo asiento, miró con sus inexpresivos ojos al chico y empezó a caminar con
suaves zancadas.

—Pero últimamente todo esto parece estar escapando de mi control. Un antiguo amante me ha amenazado
con contarle a la prensa mi relación con él, y aunque podría usar a mi supuesta prometida para acallar el
rumor que eso traería, así solo lograría caer en las manos de mi querido abuelo.

Para aquel entonces Jaejoong había dejado de saber si su jefe seguía o no hablándole a él. Tenía la sensación
de haber perdido el hilo de la conversación hacía rato.

—Perdone… pero, ¿Qué tiene eso que ver conmigo?

—Vamos a ver como logro que tu cerebro me entienda… Para que nadie sospeche nada aunque mi antiguo
amante hable, debería aparecer con una pareja más o menos formal. Pero el hecho es que no voy a dejar mis
encuentros sexuales solo por ese viejo decrépito (mi abuelo), y ya que si salgo con una mujer se terminaría
enterando de mi sexualidad, pensé en ti. Eres perfecto para eso ya que tú sabes de mis inclinaciones y no
abrirás la boca.

Sabiendo que algún punto clave de todo aquello se le escapaba, solo atinó a decir.

—Pero yo soy un hombre…. ¿No debería ser una chica la que saliera con usted?

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La sonrisa diabólica de su jefe le dejó helado. Los finos labios de Yunho estaban estirados en una mueca casi
cruel y entonces calló en la cuenta.

—¿No querrá que yo… yo…? —exclamó sin ser capaz de terminar la frase. Pero Yunho le entendió.

—¿Y por qué no? Eres menudo, con un cuerpo que no debería corresponder a un hombre. Tu cara es…
bueno digamos que con maquillaje y debidamente disfrazada será totalmente pasable por la de una mujer.
Solo nos tendrían que ver juntos algunas veces ya que si se tratara de una mujer, seguramente me exigiría
más de mi tiempo, pero con esta farsa, con decir que somos pareja en una rueda de prensa y dejar que nos
tomen algunas fotos en algunos lugares románticos debería esta bien.

Jaejoong sintió como su mundo se derrumbara. Aquel plan era una locura y no había posibilidad alguna.
Además estaba el hecho poco adulador de que le acababan de decir que pasaría perfectamente por una
mujer. Él sabía que con su cuerpo pequeño y delgado no podría sacar mucho músculo aunque se esforzase en
ello, pero una cosa era eso, y otra que te soltasen a la cara que parecía una mujer.

Dispuesto a negarse a todo aquel estúpido plan, abrió los labios, pero una vez más la voz perfectamente
modulada del moreno le interrumpió.

—No puedes negarte, no te dejaré.

—Pero…

¿Cómo rayos había descubierto en lo que pensaba?

—Si lo haces, igualmente te destruiré. Solo será hasta que la campaña de abril termine, después cada uno
seguiremos con nuestras vidas como si nada hubiese pasado. Con un poco de suerte mi abuelo decida estirar
la pata antes.

Con una exclamación de horror ante su última afirmación, dio un paso hacia tras intentando huir del
despacho. Nada le haría pasar por todo aquello. Ni siquiera el miedo inexplicable que aquel hombre le
causaba.

Pero antes de poder dar algún otro paso, un brazo musculoso y mucho más fuerte que el suyo le agarró por
su hombro izquierdo. Levantando la mirada, Jaejoong abrió todo lo que pudo sus ojos cafés al ver la furia en
la mirada del moreno.

—Nadie logra negarme lo que quiero. Vas a hacer lo que te he dicho y punto. —Soltándole con
brusquedad, y no antes de apretar cruelmente con sus dedos hasta dejar una marca casi segura, se acercó
hasta su escritorio para abrir uno de los cajones.

—Por lo que veo tienes una linda y pequeña hermana internada en un hospital. No deberías negarte a
obedecerme en tus circunstancias… o algo podría hacer que tu hermana fuese corrida del hospital. En
cambio, si aceptas mi oferta, cederé mi clínica equipada con el equipo de médicos entero para su
disposición.

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Aquel hombre no podía tener corazón. Era inhumano amenazar a alguien que estaba enfermo de los huesos y
era incapaz de moverse. Su hermana no tenía nada que ver ahí, y aunque no sabía cómo se había enterado del
asunto, no podía permitir que con su influencia lograra sacar a la pequeña Sunhwa del hospital que tanto le
costaba pagar. Aunque algo de lo que había dicho empezó a entrar en su cerebro.

—¿Enserio la ayudarías? —dijo sin levantar nunca la voz de un tímido murmullo.

—Bueno, yo no dije que fuera a ser seguro. En caso de que hagas bien el trabajo y me obedezcas en todo lo
que te diga, puede que la ayude. No estás en posición de negarte, si te quedas sin trabajo ahora no podrás
pagar su factura y ya te dije que no permitiría que ninguna otra empresa te contratara.

Era implacable y demasiado soberbio. Viendo que no tenía ninguna salida y sabiéndose demasiado cobarde
como para hacerle frente a alguien así (A veces podía darse asco a sí mismo), acabó rindiéndose a lo
inevitable.

—Está bien…

—Así me gusta. Seguirás siendo mi recadero como hasta ahora, pero quiero que mañana en la hora de tu
almuerzo te acerques al estudio 11. Allí me las arreglaré para empezar con todo.

—¿Pero en mi descanso?

—¿No creerás que te libraras de tu trabajo verdad? ¿Por qué demonios piensas que te estoy pagando un
sueldo?

Sin saber que ganas eran más intensa, si la de reír o la de llorar, el chico simplemente asintió abatido.

—Y ahora tráeme mi café bien cargado, ¡Ahora! —añadió ante el mutismo del otro.

Mientras tanto, lejos de allí, un joven se quedó mirando embelesado las costosas y blanquísimas botas de
esquí que adornaban la inmensa tienda de deportes del centro comercial de una de las calles de Seúl.

—¡Nunca podré comprármelas! —gritó, asustando a las personas que en aquel momento paseaban
tranquilos por su lado.

—Vamos Junsu, deja el capricho y busquemos a los demás. ¿Para qué demonios ibas a querer además unas
botas de esquí cuando nunca vas a pisar la nieve?

—Eres cruel… —dijo el chico de cabellos negros mientras miraba aun con aire soñador las botas. Sin
embargo, la exorbitante cifra inscrita en la etiqueta del precio era un aliciente muy bueno para parar su
natural carácter impulsivo.

—Sí… Sí, pero vamos a buscar a los demás. —Cogiendo la mano de su amigo, empezó a andar arrastrando
al otro.

—22… He cumplido 22 años y aun no he estado en la nieve. ¿Por qué nunca me has llevado a esquiar?

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Su amigo ignoró la pregunta mientras seguía caminando y Junsu, ya cansado de seguir con su broma, se puso
al paso del otro.

—Seguro que están en el burguer. Muchas gracias por el regalo, seguro que te costó mucho encontrar una
chamarra así.

Orgulloso, miró la chaqueta de cuero que llevaba puesta. Sus amigos debían haber ahorrado durante bastante
tiempo para comprarle aquello, y es que, con el sueldo de Jisun, que era la única que trabajaba de los
amigos, dudaba mucho que hubiese dado para algo así.

—Pero mereció la pena… —La voz de Yoonhak se fue apagando a medida que los dos llegaban al
restaurante. —¿Quién demonios es ese tipo? Preguntándose lo que le ocurría a su amigo, Junsu dirigió su
mirada hacía una de las pequeñas mesas del local. Allí sentados estaban su amiga Jisun y Kibum. Pero junto a
ellos se encontraban otros tres tipos con pintas de riquillos que no dejaban de reírse mientras uno de ellos
hablaba con Jisun.

La rubia fulminaba al tipo con la mirada.

—¿Qué ocurre? —preguntó llegando junto a su amiga y mirando directamente al hombre moreno que se
encontraba molestándola.

—Nada Junsu —dijo sonriendo de pronto a su amigo e ignorando a las visitas—, ellos ya se iban.

Sentándose en la mesa dispuesto a seguir el ejemplo de Jisun e ignorarlos, tomó el menú. Por el rabillo del
ojo vio como Yoonhak se sentaba a su lado.

—Vamos Changmin, Dios los crea y ellos se juntan. —La voz aguda de uno de los tipos se pudo escuchar
perfectamente por todo el restaurante, provocando las risas de sus dos amigos. El tal Changmin, que debía
ser el moreno que en aquel momento seguía pegado a la silla de Jisun, simplemente se inclinó sobre ella.

—Vamos muñeca, ¿Por qué no te das una vuelta conmigo? —Alargando la mano para cogerla del hombro,
el moreno se inclinó aun más, sin embargo Junsu fue más rápido, y levantándose bruscamente de su silla, le
tomó por la camisa para darle la vuelta mientras su brazo tomaba impulso y cerraba su mano con fuerza. El
puñetazo dio directo en la mandíbula del tipo.

—¿Pero qué…? —El moreno, desde el suelo, miró con incredulidad a la persona que acababa de darle su
primer golpe. No es como si nunca se hubiese peleado, pero aquella era la primera vez que alguien se atrevía
a pegarle a él tan fuerte. ¡A él, que era el nieto de una de las personas más ricas de toda la ciudad!

—A ver imbécil como te lo digo… lárgate ahora mismo de aquí, ¡no quiero ver tu culo ricachón ni el de tus
amigos rondando!

—¡Serás desgraciado! —De un salto, se puso de nuevo en pie, y dispuesto a plantar pelea a aquel
indeseable, sin embargo, cuando sus ojos se posaron en aquella piel clara, aquellos ojos marrones y aquel
cuerpo perfecto, una sonrisa de superioridad se asomó a sus labios. Arreglándose su costoso abrigo, el

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moreno miró a aquel que había osado golpearle. —Ahora tengo que irme, no tengo el suficiente tiempo
como para perderlo con alguien como tú, pero… Jung Changmin. Recuerda ese nombre pequeño, porque
muy pronto volverás a tener noticias mías.

Y con eso, él y sus dos amigos abandonaron el local con sus trajes elegantes y su apariencia que apestaba a
rico.

—¡Junsu! ¿Qué hiciste? ¿Es que acaso no sabes quién es? —El grito de Jisun le sacó de sus cavilaciones de
golpe

—¿Cómo?

—Ese chico es uno de los herederos de la familia Jung. Sí… los famosos Jung que controlan la mitad de los
negocios de por aquí. —Al ver el poco efecto que estaba causando, Jisun le miró con el ceño fruncido. —
No deberías haber hecho nada, ese tipo podría ser peligroso…

—Buah… ¿Es que acaso no le viste la cara idiota que tenía? Es el típico perro ladrador… mucho ruido pero
poco muerde. Además, nunca le he tenido miedo a ninguno de esos tipos, no voy a empezar ahora.

Con un suspiro de frustración, la rubia simplemente tomó su vaso para beber. Junsu era Junsu, y nadie le
diría nunca lo que debía o no hacer. El chico era demasiado cabezón e independiente para eso.

—Bueno cumpleañero… —dijo Kibum, una vez la tensión hubo desaparecido–, ¿Dónde quieres ir esta
noche?

Cerrando de un portazo, Changmin entró en el despacho de su abuelo con el ceño fruncido y más rabia de la
que recordaba haber sentido nunca. Sin esperar una palabra del anciano, con un rápido movimiento dejó
sobre su escritorio el periódico que él mismo acababa de leer.

—¿Qué se supone que significa esto? —exclamó mientras con un dedo acusador señalaba una noticia que
resaltaba en la portada. Las blanquísimas hojas del periódico, resaltadas por grandes letras negras, no
parecieron llamar la atención del anciano que, sentado en su gran silla de cuero marrón, miraba con desdén a
su inútil nieto.

—Buenos días Changmin —saludó su abuelo en un tono frío y sin ningún remordimiento aparente.

Su cabello, completamente teñido de blanco con las canas que le habían envejecido, estaba tan bien peinado
como lo había estado durante toda su vida. Sus rasgos duros y afilados eran clara señal de que pertenecía a su
familia.

—Al cuerno con eso. ¿Qué diablos significa esto? Creo que ya habíamos hablado sobre tu absurda idea.

—Tú hablaste, yo me limité a escuchar.

—¡Me da igual! No tienes ningún derecho a anunciar mi próximo matrimonio, sobretodo si tenemos en
cuenta que yo no pienso casarme.

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—Claro que lo harás…

—¿O si no qué? —gritó frustrado y cansado por las amenazas de su abuelo.

Era increíble la manera en que el viejo tendía a manipularlos a todos. Y su obsesión con los casamientos,
pero él no iba a caer, no estaba dispuesto a que aquella persona manejara así su vida, sobretodo cuando le
había costado tanto esfuerzo llegar hasta donde estaba contra su voluntad.

—Te recuerdo que mi herencia viene de parte de mi madre, así que no puedes tocar un solo won de ella.
Un silencio absoluto se adueño de la estancia. El anciano solo levanto sus astutos ojos clavándolos en su
nieto.

—¿Estás seguro? —dijo sin cambiar el tono de su voz—, eres un pequeño estúpido. Siempre tan inocente…
Ese dinero no te daría ni para vivir, con este ritmo de vida, ni dos años.

—¡Es mucho dinero!

—Puede ser, pero no el suficiente para ti. Admítelo, eres derrochador y demasiado inútil como para ganarte
el dinero por ti mismo.

Sintiendo las ganas de ahorcar a su abuelo, Changmin intentó tranquilizarse. Odiaba a aquel viejo más que a
nadie. No era un inútil, lo único que sucedía es que nunca había aprobado su trabajo. Era una persona
egoísta, que nunca se paraba a pensar en lo que los demás querían. Desde niño, Changmin había aprendido
que con su abuelo no se jugaba. El anciano era como el fuego. Demasiado peligroso.

—Mi carrera de modelo puede darme todo lo que necesito, y mientras Yunho tenga la revista, tendré
trabajo seguro.

—¿Dependerás siempre de la caridad de tu primo?

La sonrisa socarrona del viejo casi le sacó de sus casillas, pero respirando hondo se limitó a decir:

—No es caridad. En realidad podría encontrar trabajo donde quisiera, pero mientras él me acepte, quiero
trabajar allí, en la revista más famosa de todas. Me gano mi sueldo igual que todos los demás y soy lo
suficientemente reconocido como para tener un futuro asegurado. No necesito tu maldito dinero ni nada
que venga de ti.

—Pero vives en mi casa.

Golpe bajo. El recordatorio constante de su obligada instancia en aquella casa era algo que le sacaba de
quicio. Pero por ahora no podía irse, no mientras su enfermo padre se moría en una de las camas del piso
superior sin posibilidad alguna de traslado.

—Eres un desgraciado. Usar así a tu propio hijo…. ¡Esta muriéndose! —Las lágrimas inundaron sus ojos,
pero por nada del mundo se permitiría llorar frente aquella persona.

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—No lo haría si no me obligaras a ello. Y te casarás… si no quieres irte de esta casa y abandonar a tu padre
en su lecho de muerte.

—¿Quién? —susurró con la cabeza gacha y los puños apretados. —¿Cómo?

—¿Quién es la afortunada? —La sonrisa falsa de Changmin no afectó para nada a su abuelo, que mirándole
con fijeza simplemente sacó una carpeta de su escritorio dejándola frente al moreno.

Cuando abrió las solapas de cartón, el ceño de Changmin se volvió a fruncir. Su abuelo no podía estar
hablando en serio.

—No pienso casarme con un multimillonario…

—¿Por qué no? Sé muy bien que tanto tú como tu primo son unos torcidos. Ya que no sirves para otra cosa,
sacaré todo el dinero que pueda de ello.

Sintiendo como su garganta se resecaba y sus rodillas fallaban, buscó un asiento donde poder descansar.
Aquello era demasiado.

—¿Y qué dirán los elegantes y snob de tus amigos aristócratas?

—Para mi desgracia, tu… condición es ya aceptada por casi todos. Así que podré pasar eso por alto.

—No pienso aceptar esto, no puedo.

—Claro que puedes. Y lo harás. Su abuelo se levantó con una agilidad que no formaba parte de él. El
anciano tenía ya los huesos destrozados, pero por mucho que le costase levantarse todos los días, parecía que
no tenía pensado irse de este mundo hasta haber destrozado por completo las vidas de todos aquellos que le
rodeaban.

De pronto, una idea magnifica asaltó la mente de Changmin. Por lo visto su abuelo parecía empezar a
chochear con la edad y su habitual perspicacia estaba desapareciendo.

—Pero… ¿Qué pasará si al final no lo toman bien? ¿Y si eres rechazado por toda la sociedad por esto? Si me
casas con alguien tan poderoso como este hombre, seguramente el divorcio sería imposible, y siempre
quedaría en nuestro historial la mancha de un matrimonio de escándalo. ¿Podrás irte a la tumba con eso,
viejo?

Viendo la victoria en su mano, Changmin sonrió por primera vez un poco en toda aquella maldita semana,
pero su abuelo por lo visto aun no había terminado con todas sus cartas.

—Te vas a casar Changmin, te casarás como que yo me llamo Jung Myungsoo, y lo harás con ese hombre.
La unión de las dos familias traería a nuestras arcas más dinero del que podrías llegar a imaginar siquiera.
Aunque en algo tienes razón, no podemos arriesgarnos a que si todo saliera mal, no pudiéramos
solucionarlo. Tras unos momentos en silencio, el anciano siguió hablando como si Changmin fuera
simplemente un mocoso imberbe al que hay que hacerle todo.

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—Te casarás con un hombre, pero será con alguien pobre. De lo más pobre que podamos encontrar.
Diremos que fue por amor, eso siempre causa sensación en las masas… nunca entenderé esa veta romántica
de la gente… Si ellos lo aceptan, te divorciaras y nos desharemos del hombre. Podemos decir que te fue
infiel o algo así, dejándote a ti como la víctima. Y después te casarás con Lee Jihoo dueño y señor de todas
las cadenas hoteleras Lee.

Sin poder creer la vuelta que había dado todo el asunto, Changmin sintió nauseas. Quiso gritar que se había
vuelto loco y que debían encerrarle en un manicomio, pero la imagen de su enfermo padre se lo impedía. Si
había algo que mantenía a Changmin bajo el dominio del viejo era su débil padre, y su abuelo lo sabía muy
bien.

—Ya te buscaré a alguien. Pero tiene que ser pronto…

La mente de Changmin dejó de divagar en aquel momento. Si aquello no tenía solución y él debía de
hundirse, no lo haría solo. Recordando al estúpido chico que le había humillado y la noche aquella que había
perdido pensando en cómo vengarse, el resentimiento le llevó a decir:

—Aceptaré, pero yo mismo elegiré mi pareja. Será alguien pobre como me dijiste, pero de mi elección.
Después de todo, será únicamente temporal.

Después de darle vueltas, su abuelo debió de pensar que aquello no entrañaba ningún riesgo, por lo que
terminó cediendo. Sin embargo Changmin no iba a dejar así las cosas. Aunque sufriera un matrimonio
temporal, cuando su abuelo se dispusiera a casarlo con aquel Lee, él encontraría la forma de salir de la
situación. Siempre lo hacía. Y mientras tanto disfrutaría haciendo sufrir a aquel chico. En la compañía D&W,
escondido en una minúscula sala de fotocopias, se encontraba Jaejoong. Después de haberse puesto malo
durante tres días por una gripe, que había sido más cuento que otra cosa, por fin le había tocado volver al
trabajo.

Sus ojos recorrieron nerviosos las blancas paredes del lugar mientras el constante zumbido de la
fotocopiadora parecía anunciar la hora de su sentencia.

No había tenido noticias de su jefe en aquellos días, pero si de algo estaba seguro, era que aquello no iba a
quedarse así. Frustrado y desesperanzado, se levantó de la silla donde había estado sentado para coger las
hojas recién impresas mientras el nudo en su estómago crecía más y más. Aquellos folios los tenía que llevar
a la sala de reuniones, donde estaría el presidente de la compañía sin ninguna duda. Pero aquello era
importante, y no podía simplemente relegar su tarea.

Si algo llegara a faltar, se le caería el pelo.

—Jaejoong cariño, ¿Qué haces aquí todavía? Deberías haber llevado ya esos papeles. —Hyosun entró
decidida en el cuarto y cogiéndole por el brazo, con papeles incluido, le sacó a rastras. —¡Vamos ahora
mismo!

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Arrastrando los píes, llegó por fin a la sala de juntas, donde la junta general estaba a punto de llevarse a cabo.
Bueno aun faltaban 2 minutos, pero para entonces todo debía estar perfectamente preparado, y aquello era
trabajo suyo. Dejando de lado su miedo, abrió la puerta, y con alivio comprobó que la sala estaba vacía.

Suspirando, empezó a repartir todos los folios con información y balances sobre los beneficios anuales en sus
respectivos lugares. En sus dos meses allí había hecho aquello las suficientes veces como para saber qué cosa
iba donde.

—Vaya, vaya, vaya... Mira quien tenemos aquí.

Sobresaltado, se giró para comprobar quien le hablaba, pero no hacía falta, reconocería aquella voz en
cualquier lado. Detrás de él, y como si se tratase de una aparición, se encontraba Jung Yunho.

—Bu… buenos días.

—¿Podrías decirme... si eres tan amable claro, dónde mierda te has metido estos días? ¿Es que no fui lo
bastante claro contigo?

—S…sí, pero…

—No me importan tus excusas. –Con dos amenazadoras zancadas, el magnate se colocó junto a él. Jaejoong
nunca había sido más consciente de su pequeña estatura que en ese momento. Probablemente le superase en
más de diez centímetros, que se le antojaron como si fuera casi un metro. —Espero que estés hoy en el
estudio 11, porque si me vuelves a enfadar, te acordarás de mi, chico.

Con un paso, su tembloroso cuerpo pudo poner algo de distancia entre ellos, pero la sonrisa burlona de su
jefe le hizo ver lo tonto de aquel acto.

—¿Me tienes miedo? —dijo con una voz escalofriante—. Bueno, quizás sí que deberías temerme. Podría
comerte de un solo bocado y aún me quedaría con hambre.

Sin saber cómo contestar a eso, en un acto reflejo se seco el sudor de las palmas de las manos, restregándolas
en los bajos de la chaqueta en un movimiento imperceptible. La inmensa mesa de grueso cristal, que daba
cabida al menos a treinta personas, se alzaba en el centro de la sala dando la impresión de insignificancia a
cualquiera que no poseyera su misma elegancia. Solo la costosa alfombra turca de colores oscuros podía
armonizar a la perfección con aquel monumento al buen gusto y al dinero. Las grandes ventanas, además,
dejaban contemplar gran parte de la ciudad, con sus altos edificios y sus millones de habitantes que,
observados a tal distancia, parecían meros insectos. Desde luego aquella sala estaba hecha para que los
empresarios se sintieran superiores a los demás. Con más dinero en sus carteras, mas refinamiento en sus
vocabularios y unas casas que dejarían a aquellos millones de personas con la boca abierta.

Y justo en aquel momento, Jaejoong se sentía como el más miserable de todos aquellos millones en medio
de todo aquel lujo y frente a su jefe. Quien con su traje de corte Armani, que armonizaba perfectamente con
su desarrollado cuerpo, su cabello negro peinado con formalidad y aquellos rasgos aristocráticos, hacían
sentir inferior a cualquiera.

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—Hoy te quedarás aquí en la reunión. Nuestra secretaria tiene trabajo acumulado, así que te encargaras de
que todo el mundo tenga lo que necesite.

La fría voz, cortante como el hielo, le hizo sobresaltarse. ¿Él de ayudante en una reunión tan importante? No
podía estar hablando en serio.

—Pero yo nunca he hecho algo así.

—Hasta un niño podría llevar cafés y dar folios si te los piden. No creo que tengas demasiados problemas.

Aunque sabía que no debía sentirse alagado, de algún modo aquellas habían sido las primeras palabras que le
dirigía sin nada hiriente de por medio. No era un cumplido, pero al menos tampoco era un gran insulto.

—Está bien.

La ceja que de pronto se enarcó en la cara de Yunho dejó muy claro que en ningún momento había tenido
elección. Suspirando sin percatarse si quiera de ello, empezó a revisar que todo estuviese en orden. Aunque
la gran mesa era lo que más llamaba la atención de la sala, en realidad cualquier persona observadora se daría
cuenta de todo lo demás. Por las paredes, en un fino y largo mueble se encontraban pequeñas banderas de
todos los países del mundo, junto con algunos recipientes llenos de caramelos. Los sabores eran de lo más
variado, desde café hasta el más extravagante.

Una vez todo estuvo correctamente, empezaron a llegar todos los empresarios. En total eran 1 personas,
donde únicamente cuatro eran mujeres. Jaejoong nunca había entendido aquello. Siempre había imaginado
que en una revista de moda habría más mujeres que hombres, pero era obvio que aun en aquel negocio, el
aun presente machismo reinaba con un absolutismo digno de la prehistoria. Poco a poco las cosas iban
cambiando, pero en realidad mientras a las mujeres se las siguiera retratando como a objetos en los medios,
no se podría avanzar demasiado.

—Bueno señores, empecemos con la campaña de primavera y los fondos comunitarios.

Jung, sentado desde la cabecera de la mesa, miró a cada uno de los que le rodeaban, y durante más de dos
horas, la reunión se alargó con temas relacionados con el dinero. Cuanto se debía invertir en la sección de
moda infantil, cuanto se debía invertir en accesorios. Cuanto se podía ganar con la publicidad de la
contraportada.

Se viera como se viera, aquellas personas vivían por y para el dinero, y eso, para alguien que amaba la
sencillez en los diseños y veía en la vida algo más que el puro materialismo era algo realmente duro de
entender. Cuando por fin todo aquello hubo terminado y la sala quedó vacía, retomó todos los folios que
quedaron por la mesa. Dejando el lugar con su habitual pulcritud. La hora del almuerzo se presentaba
demasiado rápido.

Media hora más tarde, frente a una puerta azulada con un enorme cartel en donde con letras horriblemente
chillonas decía: Estudio 11, Jaejoong se retorcía las manos sin saber aún si entrar o no. Sabía que su jefe
debía estar ya dentro ya que él llegaba unos minutos tarde. Cosa que obviamente Yunho no haría.

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Todo aquello era un error, en el fondo lo sabía. Pero la clara amenaza en contra de su hermana era un lastre
para él. Nunca dejaría a Sunhwa en manos de aquel psicópata que tenía por jefe. Inspirando hondo para
intentar inútilmente que algo de oxigeno llegara a sus pulmones, se dispuso a abrir la puerta.

—¿Vas a entrar hoy, o esperaras otros dos días?

Sobresaltado, Jaejoong se giró bruscamente. E inevitablemente su nariz casi chocó con el pecho de Yunho,
que se encontraba a escasos centímetros de él. El aroma de su colonia, que poseía la misma presencia y
elegancia que él, le hizo inspirar hondo. Era delicioso.

—¿Es él? —preguntó una tercera voz que le hizo alejarse un poco de su jefe para mirar sobre su hombro.

Allí, a tan solo unos pasos, Kim Heechul , el mejor y más famoso diseñador de la revista D&W, le miraba
con una expresión calculadora en los ojos que le provocó escalofríos. En cualquier otra circunstancia el
conocer a una de las personas que le había hecho convertirse en quien era, le habría llenado de emoción.
Hacía años que seguía todos y cada uno de los trabajos de aquel hombre, desde los elegantes y sofisticados
trajes de noche, hasta los excéntricos vestidos que tan de moda se habían puesto después de su salida en la
campaña del verano del 2008.

—Sí. ¿Qué opinas?

—Pues… —El alto, pálido y claramente superficial hombre se le acercó para mirarle desde la cabeza a los
pies sin perder detalle. Sus ojos, de un verde tan brillante que solo podía ser cosa de lentillas, inspeccionaron
su cuerpo como si le estuviese diseccionando para algún tipo de experimento. Ahora sabía cómo se debían
sentir las pobres ranas de las clases de laboratorio de biología. —Pasará. Con una peluca rubia a lo Marilyn,
el maquillaje adecuado y un vestido de corte recto, que no revele demasiado sus curvas, o mejor dicho, la
falta de ellas, podremos hacerle pasar por mujer.

—Perdón pero… —interrumpió intentando parar ahora que aun se podía aquella locura—, no creo que
esto de resultado.

—Claro que lo dará, convertiré al patito feo en toda una estrella. Digna de ser pareja del gran Jung.

Después de tragarse todo su orgullo tras escuchar aquello de “patito feo”, simplemente se cruzó de brazos
con una mueca infantil. Quizás aquella fuera la primera vez que mostraba algo más que titubeos ante su jefe.
De cualquier modo, él no es que fuese tan feo, simplemente era del montón y nunca se había esforzado por
salir de allí.

Agarrándole del brazo sin esperar a nadie, el diseñador entró en el estudio como un tornado. Llevándose
todo a su paso. Una vez dentro, pudo ver los grandes vestidores con gran cantidad de ropa. Había de todo,
desde vestidos de gala, hasta zapatillas deportivas. Pero aun más impresionante que aquello, eran las especies
de camerinos con lo que parecía ser una peluquería montada. Desde allí, pelucas de todas las clases, rulos de
todos los tamaños y todo tipo de peines y artefactos que Jaejoong ni conocía, parecían amenazarle.

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—Veamos. —El diseñador soltó su brazo para coger sin embargo su barbilla y mirarle el rostro fijamente.
—Tiene unos lindos ojos, grandes y con largas pestañas. Tendremos que sacar a eso partido. Le pondremos
ropa que resalte ese rasgo. Déjame ver tu pecho

Llevándose los brazos al pecho en actitud precavida, dio un paso atrás. No pensaba desnudarse frente a
aquellas dos personas.

—No… no creo que eso sea necesario —susurró ante la mirada de superioridad del hombre.

No sabía quién era peor en aquel momento, si Jung o su antiguo ídolo.

Pero no tuvo ninguna oportunidad de escapar, y sin pedir de nuevo su consentimiento, Yunho se acercó
hasta ellos para agarrar la camisa que llevaba y de un fuerte tirón sacársela por la cabeza. Ruborizado y
humillado, se sintió más expuesto de lo que lo había estado nunca.

—Lampiño.... No hará falta depilar esta zona. Tampoco parece tener nada de vello facial. ¿Te afeitas?

—Sí —dijo intentando coger su camisa, que aun seguía en las manos de su jefe. Sin embargo este parecía no
tener intención de soltarla y simplemente se limitaba a mirarle burlón.

—¿Qué ocurre, tienes vergüenza? —Negando con la cabeza pero aun sin poder quitarse aquella sensación de
acaloramiento, dejó su intento por volver a vestirse. —Todos somos hombres así que no creo que pase
nada.

Sin poder evitarlo, la imagen del magnate sentado en su imponente silla, con unos de los modelos haciéndole
un trabajito entre las piernas acudió a su mente. De inmediato, sus mejillas adquirieron un furioso tono
sonrojado. Y para su mala suerte las de su jefe también, aunque este parecía arder de furia. Por lo visto, por
mucho que se esforzase, siempre sería transparente.

—Terminemos de una vez con esto. Te voy a dejar con él media hora. Quiero que para mañana me tengas
preparada a una chica aceptable para mí.

—Hay, mi amor, pero eso sí que es complicado. Conozco tus gustos… Y distan mucho de esto.

Con una simple mirada a Jaejoong, el diseñador se puso manos a la obra. En cuanto Yunho salió por la
puerta cerrándola con firmeza, todo se volvió confuso para él. Las manos de Heechul viajaban por su cuerpo
tomando medidas aquí y allí, y siempre con fría profesionalidad. Tras haberse probado las mitad al menos de
las prendas que había allí, Heechul lo llevó hacía una de las sillas rodeada por pelucas. Jaejoong nunca se
había sentido tan ridículo como cuando empezó a ponerle todas aquellas matas de pelo. Pelirrojas, rubias,
morenas, caobas… había de todos los colores, y terminó probándole con todos los peinados y cortes
posibles. Al final, tras cuarto de hora de quita y pon, el diseñador aparto cuatro pelucas rubias de corte a
media melena. La tonalidad era tan clara que podía pasarse por albino.

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—Ya esta —dijo al fin cuando hubo terminado—, con esto podremos aparecer en público cuatro veces.
Deberían bastar.

—¿Yo… tendré que estar en una conferencia? —El diseñador le miró condescendiente, como si de alguna
forma fuera tan tonto como para no comprender ni las cosas más simples.

—No pequeño. Simplemente tendrás que hacerte unas fotos con él en algunos restaurantes, o quizás dando
simplemente un paseo. Eso quedaría lo bastante creíble como para que le dejaran en paz por un tiempo.

Completamente destazada su imagen mitificada del hombre, solo le quedó resignarse a lo inevitable. Todos
los ricos de allí parecían ser cerdos. Por lo menos aquella persona no le causaba el temor que Jung podía
meterle en todo el cuerpo con solo una mirada. Hasta era capaz de contestarle.

—Alguien sospechará. Probablemente se den cuenta tarde o temprano de que no soy una mujer, y entonces
todo se irá al caño.

—Si eso sucede —dijo mientras le dirigía una mirada inquisidora—, él lo arreglará. No sé como lo logra,
pero siempre se sale con la suya en todo.

—Por una vez deberían darle un escarmiento. —Ante el súbito arrebato de rabia, el hombre le miró con
cara de sorpresa, era obvio que no se lo esperaba —Así que nuestro minino tiene garras. Por lo que me
había dicho pensé que sería algo así como autista. Yunho me aseguró que nunca hablabas más de dos palabras
juntas.

—Bueno… —Sin saber que contestar y sin estar dispuesto a admitir su reacción ante Jung, simplemente se
limito a encogerse de hombros mientras aclaraba. —Yo soy muy tímido por norma general. No suelo
abrirme mucho a la gente.

Tras un tenso silencio, en el que esperó que el otro se burlara de él, una mano en su hombro le hizo mirar
aquellos ojos negros con brusquedad.

—No dejes que te maneje a su antojo. Si lo haces, también terminaras fundiéndote junto a todos esos idiotas
que se dejan manejar por su “señoría”. Y esto, aunque lo negare fervientemente si se lo dices a alguien, es un
consejo. Veremos a ver si resultas diferente a los demás, aunque lo dudo…

Tras aquellas palabras, el diseñador salió del estudio sin dirigirle una sola mirada más. Jaejoong se había
quedado muy sorprendido por sus palabras, pero por desgracia no tenía el tiempo suficiente como para
reflexionar sobre ellas. Su trabajo había empezado hacía minutos, y no quería otra charla por aquel día al
menos.

Con suerte, todo aquel asunto acabaría cuando los malditos reporteros les hiciesen unas fotos, después, él
podría seguir con su rutinaria vida como si nada de aquello hubiese pasado. Y quizás también había aun algo
de esperanza para su diseñador preferido.

—¡No puedes estar hablando en serio! —El grito estridente de Junsu se escuchó por toda la silenciosa sala.

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—Cálmate chico, y siéntate.

Frustrado, obedeció a aquel hombre que, con su traje negro y su rostro duro y cetrino, le miraba sin ningún
tipo de expresión. Aquella persona además, parecía estar fuera de contexto entre los viejos y desvalijados
muebles de su casa. Con solo dos cuartos, que permitían a cinco personas dormir en tres camas distintas, un
solo y pequeño baño y una cocina donde no entraba ni una lavadora, aquel lugar era la esencia misma de la
pobreza.

Pero Junsu nunca se avergonzaría de donde venía ya que aquello era lo que le había llevado a donde estaba.
Solo aquellos que lograban salir de las mayores adversidades podían ir con la cabeza bien alta por la vida.

—No tienes opción, tu familia entera depende en estos momentos de ti. —Pero aquel no era buen
momento para ir con la cabeza bien alta. Aquel día, tal y como todos los demás, Junsu había vuelto de su
búsqueda de empleo cansado y de nuevo sin ningún resultado, pero al llegar a su casa, encontró a dos
personas desconocidas sentadas en su pequeño sillón. —Solo será temporal, además.

—Vamos a ver si me sitúo. Me estás diciendo que deje toda mi vida para aparentar un matrimonio con un
ricachón egoísta y después volver sin nada aquí, habiendo dejado a mi familia sola durante... ¿Cuánto? ¿Tres
meses?

—Un año —dijo sin inmutarse el hombre. Histérico y a punto de saltar a la garganta del tipo, Junsu se
paseó por su salón arrastrando los pies por el suelo de madera. El sonido de sus zapatillas al deslizarse solo
consiguió ponerle más nervioso.

—No pueden hacerme esto.

—Claro que sí. Debes al banco una cantidad demasiado alta. Una sola palabra de nuestra parte y te quitaran
la casa y te hipotecarán de por vida. Simplemente no tienes elección.

—Maldito sea. No puede hacerme esto. Yo solo le di un puñetazo. ¡Que me lo devuelva si quiere y me deje
en paz!

—Me temo que con eso no estará resuelto el asunto. Lo siento pero tenemos que irnos. Vendremos a
recogerte mañana a las nueve en punto de la mañana. Estate preparado, con tu maleta y todo lo que te
quieras llevar. Mientras estés en la casa Jung no habrá necesidad de preocuparte por tu familia. Ellos estarán
bien y no les faltará nada.

Las ganas de gritarle “¡Y eso quien me lo asegura a mí!” fueron inmensas, pero el hombretón se limito a salir
por la puerta de su casa sin darle tiempo a protestar si quiera. ¿Cómo podía haber dado su vida un giro tan
inesperado de buenas a primeras? Él se tenía por alguien normal, no muy buena persona, ni muy mala, ni
siquiera demasiado ambicioso. Solo quería que le dejasen en paz.

—Tranquilo Junsu, quizás si hablas con el hombre ese todo se solucione. No pueden obligarte a casarte con
nadie.

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—Mama, ¿acaso no escuchaste? Tengo que hacerlo. —Sus hombros se hundieron mientras tomaba asiento
en el sillón. Su madre, que compartía sus cabellos rojizos, se sentó a su lado pasando uno de sus delgados
brazos por sus hombros.

—Eres fuerte. Más de lo que los demás de esta casa somos. Y podrás salir de esto.

—Odio a los ricos.

—Ya cariño, no te preocupes más. Mañana hablarás con ese señor para solucionar las cosas de una manera
civilizada.

Sin entender como su madre podía estar tan tranquila, pero agradeciéndolo, Junsu recostó su cabeza en el
regazo de la mujer. Aquel no había sido un buen año. Llevaba sin encontrar trabajo dos meses y su madre,
con su empleo de camarera a tiempo parcial no podía con los costes que generaban él y sus tres hermanos
pequeños. La vida era de por sí bastante dura, no hacía falta que ningún ricachón viniese a complicarla aun
más.

Con pasos desganados, se dirigió a su minúsculo cuarto a preparar una maleta. No pensaba llevarse casi nada,
ya que a su parecer, toda aquella idea se salía de los límites de lo posible. No podían obligarlo a casarse con
nadie, y al día siguiente iba hacérselo comprender a aquel tipo, aunque fuera a golpes.

Por muchas vueltas que le diese al asunto, nada parecía aclararse. Normalmente, cuando querías vengarte
por un golpe, ibas y pegabas a esa persona, o quizás buscabas algún otro punto débil para atacar. Pero nadie
pensaría en casarse con otro hombre simplemente por un puñetazo.

Su armario, que no estaba demasiado sobrado de ropa, quedo casi vació cuando tomó algunas sudaderas y
jeans. Por un momento, la idea de coger lo más elegante que tuviera para ir a aquello que seguro sería un
mansión pasó por su cabeza, pero enseguida la desechó. Él era quien era, y no se disfrazaría para ir a ver a
nadie.

Al día siguiente, tal y como le habían avisado, puntualmente llegó una gran limusina a su calle, que se paró a
escasos metros de las envejecida puerta de su casa. Con un suspiro de frustración, Junsu decidió tomarse
aquello como lo que era, una estúpida broma, así que, sin darle más importancia de la que él mismo le
adjudicaba a la ocasión, tomó su pequeña maleta y simplemente salió de su casa para meterse de lleno en
aquel inmenso coche.

Asombrado, comprobó que además del conductor, no había nadie, por lo que el largo y tedioso camino se le
hizo insoportable en su nerviosismo y silencio. Hizo falta casi una hora para llegar por fin a los barrios ricos
de Seúl, aquellos que hacían a la gente pobre preguntarse si en verdad todo su esfuerzo diario, con el que
conseguían un mísero sueldo, valía la pena. Era obvio que ninguna de aquellas familias, con sus imponentes
casas, sus lustrosos coches y hasta sus perros de ricos no habían trabajado en su vida limpiamente al menos.

Tras unas vueltas por numerosas calles donde lo único que podían verse eran mansiones, por fin pararon
frente a unas grandes y oscuras puertas. A través de las verjas, no se podía ver nada, ya que una tupida

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vegetación lo impedía perfectamente. Treinta segundos después las puertas empezaron a deslizarse, y Junsu
tuvo que recordarse a sí mismo que para él, el ser pobre era un orgullo. Tras un pequeño jardín que daba
entrada a la mansión, un imponente edificio se erguía ante él. Sus blancas paredes daban al lugar un aspecto
elegante y a la vez moderno. En forma de U, la mansión poseía dos pisos, con unas grandes ventanas que
debían iluminar el interior de la casa durante todo el día. La puerta, tan grande como el resto de las cosas
allí, parecía armonizar con aquel ambiente con su oscura y abrillantada madera.

—Por aquí, señor—La voz de uno de los empleados de la casa, que había aparecido a su lado antes si quiera
de darle tiempo a poner sus dos pies fuera del coche, le sobresaltó. Pero sin darle importancia al asunto,
simplemente siguió a aquel hombre vestido de blanco y que le abrió las puertas de la casa.

—Vaya. Vaya, vaya… pero si es mi futuro esposo. —Frente a él, y rodeado por todo el esplendor de aquel
espacioso pasillo, con sus ricas cortinas y sus antiguos cuadros, aquel sinvergüenza que le había traído
obligado, se manifestó en toda su gloria. Su cabellera, tan negra como Junsu la recordaba, estaba peinada de
una forma casi casual, dándole un aspecto joven y muy atractivo. Las líneas de sus facciones eran claramente
aristocráticas, y aquellos ojos… aquellos ojos negros podían dejar a uno sin respiración. —Llegas cinco
minutos tarde. Tienes que aprender a ser puntual.

—No he venido aquí para escuchar tus tonterías, solo he venido para decirte a la cara que estás enfermo y
que si de verdad piensas que voy a aceptar un chantaje como el que mandaste a tus matones a hacerme en mi
propia casa, estás loco. —Después de aquel arrebato, que debió dejar sorprendido al moreno por su
expresión, Junsu se dio la vuelta dispuesto a abandonar aquella casa, pero antes de dar dos pasos si quiera,
una mano le agarró por el brazo obligándole a detenerse.

—Tú no puedes hablarme así. ¿Quién te crees que eres para rechazarme? A mi…

—Vaya amigo, creo que tu enorme ego no te deja ver, o tal vez sea tu narizota. Me voy de aquí, así que
suéltame ahora mismo.

—En realidad me gusta tu carácter —dijo mientras acercaba al pelirrojo hacia sí, toda sorpresa había
desaparecido, y ahora lo único que parecía sentir el hombre era diversión—Eso hará las cosas más divertidas.

Y antes de poder prever lo que iba a suceder, unos ansiosos labios se apoderaron de los suyos. Fue un acto
tan poco esperado, que la sorpresa le dejó paralizado por unos instantes. Los suficientes como para poder
notar como la lengua del moreno lamía toda la longitud de su labio inferior con una lentitud escalofriante.

—¡Suéltame! —Exclamó mientras luchaba por liberarse de su abrazo, pero su fuerza no podía compararse
con las de Changmin, que con sus 8cm de sobra, no le hizo falta un gran esfuerzo para acorralar al pelirrojo
contra una de las blancas paredes del pasillo.

—Ni hablar, después de todo, dentro de poco serás mi esposo.

—Estúpido… ¡No soy gay!

—No importa, pronto te haré cambiar de opinión. Te casarás conmigo y punto.

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—¿Es que acaso soy yo que me he vuelto loco, o qué? ¿No te puedes oír?... Eres la persona más egoísta que
conozco. ¿Enserio crees que puedes obligar a todo el mundo a hacer lo que quieras?

—Sí. Siempre lo he hecho, y no serás tú la excepción. —Estar entre aquellos brazos no era algo agradable,
se sentía acorralado, y aquella era una sensación no demasiado grata. Con sutileza, intentando que el otro no
se percatase de sus movimientos, intentó correrse hacia un lado y recuperar así algo de su espacio personal,
pero fue en vano.

—No te librarás de mi—Changmin, demostrando una vez más su superioridad en fuerza, tomó al muchacho
por la cintura, subiéndoselo al hombro. —No me gusta hablar aquí, cualquiera puede oírnos.

Junsu, en su arrebato de furia, no se percató de nada de lo que le rodeaba. La suntuosidad de la casa, los
bellos detalles de los muebles, y tan siquiera la gruesa y elegante alfombra que en aquel momento tenía bajo
su cabeza. Lo único que le tenía ocupado eran los golpes que le daba al moreno por la espalda, las piernas y
cualquier parte a la que alcanzara. Pronto llegaron a una habitación, y Changmin se apresuró a bajar al
pelirrojo. —Eres demasiado ruidoso—Gruñó mientras se sobaba el trasero—Y muy bruto.

Lo único que pudo escucharse durante el minuto siguiente fue el golpe que le dio en el pómulo derecho con
el puño, haciendo que la cabeza se girara bruscamente. El cabello negro cubrió sus ojos, haciendo imposible
el ver que estaba pensando en aquellos momentos.

—Hijo de… —Los jadeos de Junsu se agravaron al ver que el otro no reaccionaba, se sentía realmente
furioso y con ganas de seguirle pegando. —Vuelve a tocarme y te arranco la mano, aunque sea a mordiscos.

Decidido a salir de allí sin esperar a que el otro reaccionara, por segunda vez se dio la vuelta intentando
escapar, pero una vez más, su intento fallo. Esta vez nadie le agarró, pero unas manos le empujaron
fuertemente, haciéndole caer directamente en una inmensa cama decorada con una cómoda colcha negra.

Cuando sus ojos se clavaron en la inmóvil figura del moreno, Junsu se asustó. Su cara era una mezcla entre
enfado y lujuria.

—Así que te gusta jugar, ¿Vedad? —dijo con voz ronca mientras se subía de rodillas sobre la cama, justo
entre las piernas flexionadas del otro—Pues te voy a complacer…

Con una de sus manos aprisionó al chico empujando en su pecho, mientras que la otra iba directamente a
agarrarle las muñecas. Junsu luchó, y si bien el otro era más fuerte, no logro mantener sus manos
aprisionadas por mucho tiempo.

—¿Qué… qué haces? —Preguntó con el pánico marcando su voz cuando el moreno empezó a quitarse su
cinturón.

—Jugar… ¿Qué más voy a hacer?

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—No me gustan tus juegos, déjame ahora mismo, estas yendo demasiado lejos. —Y no solo él. Su mano
había abandonado su pecho para después agarrar fuertemente sus muñecas de nuevo. Pronto el cinturón se
apretó para dejarlas inmovilizadas sobre su cabeza. Demonios… iba a ser violado por un loco.

Sentándose sobre su abdomen a la vez que apoyaba sus codos a los lados de su cabeza, Changmin bajó su
rostro hasta dejarlo a escasos centímetros del otro. Una sonrisa siniestra fue todo lo que Junsu pudo ver
antes de que unos labios se apoderaran de los suyos.

—Sabes que te haré pagar por esto, ¿Verdad? —Preguntó una vez el moreno se separó un poco de él. Pero
momentos más tarde una mano congelada se coló por debajo de su camisa. —Esto es una violación en toda
regla.

—No voy a violarte, solo quiero demostrarte lo falsas que son tus palabras. Puede que no seas gay, pero el
cuerpo reacciona a los estímulos sea quien sea el que los ofrezca. Vas a casarte conmigo, porque si no tu
familia lo va a pasar muy mal. Tu madre será despedida de su trabajo y me encargaré personalmente de
hacerte la vida imposible. —Al ver el ceño del otro y su terquedad, Changmin maldijo su carácter no podría
llegar a hacerle daño de verdad, pero aquellos golpes habían dolido, tanto en su orgullo como en su cuerpo.
Conseguiría lo que quería, porque siempre había sido así como las cosas habían funcionado.

—¿Qué quieres? ¿Acariciármelo para ver si puedo correrme? Pues adelante, haz de mí una puta si quieres.
Pero con ello no lograrás nada. Rebájate, pero no esperes que con eso yo te este agradecido.

Casi se le escapó una sonrisa al ver las intenciones del pelirrojo. Estaba claro que creía que por ese camino
conseguiría hacerle desistir. Pero lo llevaba claro.

—Así que acariciártelo, ¿eh?. Bueno, pues voy a darte el gusto…

Los ojos del pelirrojo se abrieron como platos al sentir como su mano empezaba a bajarle el pantalón.
Sonriendo interiormente no hizo caso de la expresión asustada del chico.

—¿Y bien? ¿Aceptaras por las buenas casarte conmigo durante digamos... un año? —Deslizando sus dedos
sobre la ropa interior del otro, notando la incomodidad que le hacía moverse inquieto, vio más cerca que
nunca su victoria —¿O me harás demostrarte que sí puedes caer ante mis… encantos?

—No lo hagas… Esto es de locos

—Te equivocas. ¿Nunca te lo han sacudido? Es de lo más placentero. —Apretando ligeramente el miembro
de Junsu, se permitió que una sonrisa de suficiencia asomara a sus labios.

—Dios, es la primera vez que me humillan así. Me las vas a pagar, te lo juro.

—También es la primera vez que alguien me rechaza… —dijo mientras pensaba que en efecto, nunca nadie
le había rechazado. Era guapo, agradable cuando quería y conocía a mucha gente, pero sobre todo eso,

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estaba el hecho de que era asquerosamente rico. Solo por eso, toda la carroña humana le seguía como si
fueran corderitos sin oponerse nunca a él. ¿Enserio pensaba aquel chico que tenía posibilidad de escapar?

—Pues no será por tu simpatía…

Sarcástico. Esa era la palabra perfecta para describir a aquel chico. Era guapo, con su piel pálida y sus ojos
castaños agrandados por la desesperación. Su cuerpo, delgado en extremo, resultaba flexible y parecía
acoplarse al suyo perfectamente. Con una sutil sonrisa, su mano dejó de presionar su pene sobre la tela de su
ropa interior para bajar y acariciarle los muslos.

—Te sorprenderías…

—Pervertido… Vete a cogerte a un perro si tantas ganas tienes, ¡Pero déjame en paz! Diablos, te estás
pasando…

Sin hacer caso al vocabulario de Junsu, demasiado colorido para su gusto, se inclinó hasta posar sus labios en
los otros suavemente

—¿Entonces te casarás conmigo? Prometo que no te tocaré al menos que tú me lo permitas.

Aquello pareció llamar la atención del pelirrojo.

—¿Por qué? ¿Por qué has montado todo esto? No creo que yo sea un buen candidato como esposo para
nadie, y menos para un estirado snob como tú.

—Eso no es de tu incumbencia.

—Y un carajo que no. Soy yo al que estas acosando para que acepte esta locura.

—Veamos…—Reflexionando sobre lo que sería seguro decirle o no, Changmin se levantó un poco,
dejándole respirar al fin—Me obligan a casarme, y como no estoy de acuerdo con ello, te elegí a ti. Eres
perfecto para todo este asunto, ya que llegado el momento de dejarlo, no me vendrás con tonterías como
que te enamoraste de mí o algo así.

Felicitándose a sí mismo por aquella versión totalmente modificada de los hechos, se levantó bruscamente de
la cama.

—Vivirás aquí y podrás seguir con tu vida como lo has hecho hasta ahora. Solo te pido que durante un año,
vivas aquí.

—¡Pero no es tan sencillo! No puedo casarme así porque sí.

—¿Y por qué no? Nadie te está esperando ahora mismo en tu casa para que te cases con ella… o con él. Así
que no creo que tengas demasiados problemas por eso.

—No sabes nada de mí.

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—No me hace falta. Es todo lo que necesito saber.

Frunciendo el ceño y viendo que aquella persona no iba a rendirse, por primera vez Junsu empezó a ver la
situación de otra perspectiva. Por lo visto la opción de violarle ya no era una amenaza, así que se permitió
pensar las cosas con tranquilidad. No es que le agradara para nada la idea de casarse con aquel tipo, es más,
el moreno era una de las personas más desagradables que conocía, pero quizás pudiera sacar provecho de
alguna manera de aquella situación.

—¿Y qué gano yo con esto? —Los negros ojos de su “futuro esposo” se clavaron en el suspicazmente. Era
obvio que estaba acostumbrado a tratar así con la gente, por medio de chantajes y sobornos. Por un
momento sintió lastima por él, su vida debía haber sido hasta el momento realmente vacía. Pero aquel
sentimiento fue demasiado fugaz como para prestarle algo de atención.

—Ganas que tu madre no sea despedida y que no te haga la vida imposible. Creo que eso es más que
suficiente.

Al ver su ceja arqueada, debió llegar a la conclusión de que es no se lo creía ni él. Así que enderezando la
espalda todo lo que pudo y mirándole ahora calculadoramente, sus labios formaron una mueca.

—¿Una rata callejera después de todo, eh? —No le prestó atención a sus palabras y simplemente esperó
sentado. Estaba claro que de aquella situación no iba a librarse tan fácilmente, así que solo quedaba intentar
sacar el máximo partido de ello. —Está bien. Cuando nos divorciemos te compensaré económicamente.

—¿Cuánto?

—No seas ansioso. Digamos… $10.000

—Ni hablar, quiero al menos $60.000.

—Eso es excesivo. No te estoy pidiendo que te mates por una buena causa…

—Casarme contigo merece más que eso... Créeme. Y serán $60.00 o no hay trato. Además, quiero que me
regales un coche para mi cumpleaños—Añadió rápidamente por si el otro se lo concedía. Se había sacado el
carnet de conducir gratis gracias a un seguro que había tenido mientras trabajaba en un centro comercial.
Solo había tenido que afiliarse al sindicato de la empresa, pagando $9 mensuales que le habían dado el
derecho de sacarse la licencia para conducir sin gastarse más de las siete mensualidades que pagó. El trabajo
en si dejaba mucho que desear, pero dejando de lado las malas condiciones laborales y el reducido sueldo
mensual que le daban, no había encontrado nada mejor que aquello.

—¿Cómo? Y después me dirás también que quieres entradas para toda la temporada del beisbol.

—¿Aceptas o no?

Por un momento, Junsu pensó que le echaría del cuarto sin ningún miramiento. Después de todo esa era su
meta. Pero para su gran sorpresa, el multimillonario debía estar acostumbrado a pagar más chantajes de los
que él pensaba, ya que con un gesto afirmativo, que más bien era una señal de derrota, dijo:

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—Muy bien. Espero que merezcas la pena como esposo, por lo que me vas a costar. Bueno en realidad lo
que le vas a costar a mi abuelo. —Una sonrisa cruel se extendió por un fugaz momento en los labios del
moreno. Pero desapareció tan rápido como había aparecido.

—La boda será en una semana y media. La gente hablará, pero mi abuelo se encargara de todo. Después de
todo ese viejo buitre no dejara que ninguno de sus planes se vaya al traste. Aturdido por la forma de
expresarse que tenía de su abuelo, miró impresionado la furia que destilaban sus ojos. … él, que siempre
había amado a su familia por encima de todo, no podía comprender como podía hablar en malos términos de
una persona mayor, y mucho menos si era su propio abuelo.

—Quiero un contrato. Y uno legal. Iré a un abogado para que me lo verifique.

—¿Cómo que un contrato?

—No pensarás que me voy a fiar de ti, ¿cierto? Quiero que esté bien estipulado que nuestro matrimonio no
durará más de un año, y quiero las condiciones del dinero bien claras.

—Maldita rata. ¿Cómo iba a querer estar yo más tiempo casado contigo del que acordamos?

Sin estar dispuesto a contestar a eso, Junsu se levantó de la cama como pudo. Enseguida le liberó de sus
ataduras y pronto estuvo tan entero como había llegado.

—Seguramente no nos volvamos a ver hasta el día de la boda. Haz hasta entonces todo lo que tengas que
hacer, porque después no permitiré ningún escándalo. Irán a buscarte como lo han hecho hoy el día anterior
al casamiento. Estate preparado.

Afirmando con su cabeza, el pelirrojo se dirigió a la puerta. Ya estaba todo dicho y en cuestión de días se
ataría a alguien que no conocía de nada. Sin estar del todo presente, fue conducido por un criado hasta la
puerta de salida, donde sin nadie que le esperara, tuvo que caminar el largo trecho hasta su casa
maldiciéndose a sí mismo, a Changmin y a todos los asquerosos ricos que existían

—Espero que esté listo, tenemos una cena en media hora en el Clous&Dane. —La modulada voz de Yunho
se pudo escuchar perfectamente por el largo y blanqueado corredor por donde, con pasos apresurados, se
dirigían hacía uno de los estudios abandonados.

—No le reconocería ni su madre.

—Heechul, sabes que con esto me juego mucho. Más te está bien no fallarme.

—Estoy hablando en serio. El chico no es que sea una preciosidad, pero sus rasgos son finos y tiene un aire
melancólico que le pega muy bien a su disfraz. Todo el mundo pensará que el frío magnate de los negocios
ha caído bajo el embrujo de unos grandes y tristes ojos cafés.

—Déjate de tontería.

—¿Y por cierto, de dónde sacaste a ese chico? No creo haber conocido a nadie como él.

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—Es tan solo uno de los inútiles becarios de la empresa. Ni siquiera puede mantener la mirada de alguien.

—Eres malo—Sonrió el diseñador mientras miraba de reojo la imponente figura del moreno. Con esos
hombros anchos, perfectamente amoldados en el corte de la costosa chaqueta Armani marrón clara y sus
rasgos duros, no extrañaba que aquel ratoncito se asustara de él. —Pero me encantas.

Yunho miró molesto al otro. Hacía ya tiempo que el diseñador se había convertido en una de las pocas
personas que podían dar fe, de que conocían de verdad a Yunho. En un mundo donde la corrupción, los
espías comerciales y los periodistas ansiosos por conseguir noticias sustanciosas y escandalosas estaban detrás
de cada esquina y bajo cada roca, era un milagro que alguien como él, lleno de responsabilidades, pudiese
abrirse a alguien.

—En realidad parece que contigo es especial. Es muy tímido, pero ante mi nunca se porta tan nervioso
como cuando estás tú delante.

—Eso no quita que sea un inútil.

—Puede ser, pero quizás podrías sacarle más partido del que piensas. Tiene unas piernas preciosas.

Justo terminar de decir esas palabras, y Heechul fue capaz de ver una de las pocas expresiones que se le
habían escapado al moreno en los últimos años.

—Por el amor de dios... ¿en qué estas pensando? —Exclamó aun con la sorpresa grabada en su cara—
Además —dijo recuperando de pronto su expresión cínica y su sonrisa burlona—Podría matarle del susto si
le llego a poner aunque sea un dedo en su persona.

—Tranquilo, no creo que nuestro ratoncito se asuste aun más. Después de todo no sabe de tus…
inclinaciones.

Yunho, que rara vez se quedaba sin saber que decir, tuvo que esforzarse por encontrar las palabras exactas
para expresar lo que en aquellos momentos le rondaba la cabeza. Decidiendo al fin que su amigo no tenía
por qué enterarse de su pequeño accidente con “el ratoncito”, como él le llamaba, simplemente siguió su
camino acelerando sus pisadas.

—Te apuesto lo que quieras a que te vas a sorprender cuando le veas.

Heechul por fin llegó a la puerta del estudio donde aguardaba Jaejoong ya vestido y totalmente disfrazado.
Con una sonrisa de superioridad abrió la puerta y se echó a un lado para dejar paso al moreno, que entró sin
inmutarse.

—Vamos ratoncito, que ya es hora—Canturreó el diseñador. Puede que no estuviese dispuesto a admitirlo,
pero en los días que había pasado con aquel chico, había empezado a caerle bien. Su carácter retraído parecía
retroceder cuando el rubio al fin conocía a la persona con la que estaba.

Pero lo que más le extrañaba era que él, que nunca se había parado a mirar a alguien a quien considerara
inferior más de dos mi segundos, se hubiese interesado en abrir al chico.

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Sus sagaces ojos se clavaron en una de las sillas del lugar, donde completamente dormido reposaba su
“pupilo”. Con pasos elegantes y gráciles, se acercó hasta el rubio para sacudirle un poco del hombro. Lo
menos posible para que la peluca rubia no se moviera de su sitio.

—Hey, despierta…

—Mmmm—Yunho se acercó hasta donde estaba su amigo, y complacido vio como una vez más el gran
diseñador había demostrado saber lo que hacía. Con un traje compuesto de falda larga y chaqueta de color
beige, que ocultaban a la perfección la falta de curvas de aquel cuerpo, Heechul se las había arreglado para
darle un aire de inequívoca elegancia. Su pelo ahora estaba completamente oculto debajo de una peluca
rubia, con corte a media melena y las puntas desfiladas.

El diseñador no había exagerado al decir que no había hecho falta demasiado esfuerzo para transformarle, ya
que el maquillaje era casi nulo en aquellos finos rasgos. Un poco de carmín, y un alargador de pestañas
parecía ser todo lo que llevaba encima el chico.

—Felicidades, no le reconocería ni su madre, tal y como dijiste.

—¿Tu haciendo un cumplido? Vaya has debido quedar muy complacido de mi trabajo. O eso o el mundo se
está acabando y yo no me había enterado…

Sin hacer caso de su comentario, y moviendo con brusquedad a la persona que yacía dormida en la silla,
Yunho esperó impacientemente a que despertara. Cuando los ojos cafés se abrieron al fin, el moreno ya
estaba a más de un metro de distancia.

—Duermes como un oso…—Fue todo lo que dijo Heechul mientras ponía en pie a Jaejoong. Este pareció
no inmutarse ante la presencia de su jefe, cosa que extrañó a todos allí.

—¿Ya es la hora? —Restregándose sus ojos por el sueño, el rubio miró a los lados con movimientos rápidos,
percatándose por primera vez de que no estaba solo con el diseñador. Pronto sus ojos cafés dieron con la
figura de su jefe, que tan arrogante y atractiva como siempre se erguía a tan solo unos pasos de él. Su
garganta pareció secarse de inmediato.

—Un pequeño repaso…—Empezó a decir Heechul mientras caminaba en círculos alrededor de él. —No
quiero que hables más de lo necesario, es decir, limítate a contestar a Yunho con frases cortas y sin dar en
ningún momento información personal. Quiero que sonrías todo el rato y te muestres tranquilo. —Con las
manos sudorosas y un repentino mareo que le dieron ganas de volver a reclinarse sobre la silla, intentó
prestar atención a lo que le decía. Aquello iba a ser verdaderamente difícil… ¿Mostrarse tranquilo ante
Jung? Sería más sencillo pedirle que construyera él solito una catedral. Debía admitir que su aspecto era
bastante pasable.

Probablemente no habría ningún problema a la hora de hacerse pasar por una mujer, pero ni los días de
ensayos con el famoso diseñador, en los cuales este se había dedicado a intentar que se mostrase más relajado
ante la presencia de otras personas, habían conseguido que su habitual ansiedad desapareciera.

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Los últimos dos días habían sido con diferencia los más extraños de su vida. Por lo menos en su horario
laboral, ya que al igual que desde hacía ya demasiados años, cuando llegaba a casa, lo único que le recibía era
el hueco silencio de su pequeño apartamento. Pero allí, en aquel gran e imponente edificio, las horas pasaban
entre repetitivas clases de etiqueta y volantes de castísima ropa importada.

Volviendo al presente, solo había algo en aquel absurdo plan que le podría llegar a parecer ridículamente
gracioso, y eso era que él, aun con toda su inutilidad en la empresa, sería quien ayudara al magnate a salir del
embrollo que el mismo se había tejido. Si hubiese sido otra persona, alguien con las agallas suficientes como
para poder decir lo que de verdad pensara frente al moreno, probablemente se hubiese reído de él en su
cara, ya que lo mirara como lo mirara, el buscarse a un hombre para que se disfrazara de su futura esposa y
así tapar su homosexualidad era algo tan retorcido que no veía fallo posible en ello.

Nadie tendría la mente tan retorcida como aquella persona que había montado todo aquel enredo en apenas
una semana. Ahora le tocaba a él hacer su parte y arreglárselas para que las cosas salieran bien, y si para ello
tenía que aguantarse su nerviosismo y sonreír a su jefe como si fuese su dios, pues lo haría. Y todo eso
porque… Pues técnicamente sentía que se lo debía al diseñador, que se había pasado horas y horas
repitiéndole que debía y que no debía hacer frente a personas de clase alta.

Con más decisión en sus gestos de la que había mostrado antes frente al moreno, Jaejoong enderezó su
espalda y miró directamente a Jung. —¿Nos vamos ya?

—Sí—Fue toda respuesta que recibió de parte del magnate, que con una sonrisa extraña en su rostro se
acercó hasta él para después enganchar sus brazos. —Heechul, recuerda que los contenidos de tu sección
deben quedar hoy cerrados.

—¡Claro jefe! —Heechul se dirigió a la puerta sin mirarles ni una vez más, pero antes de salir sus ojos se
posaron en Jaejoong, para con una sonrisa algo burlona decir—Y suerte, ratoncito.

El sonrojo fue inmediato, y para su consternación su jefe pareció reírse de él con la mirada. Cuando ambos
salieron de allí, uno completamente colorado y el otro mirándole de forma extraña, parecían una pareja que
acababa de tener una buena escapada pasional. Y para cuando ambos llegaron a la puerta lateral de la
empresa, el sonrojo de Jaejoong ya había desaparecido. Por suerte solo unas cuantas personas les vieron de
reojo en todo el camino. Jung había elegido muy bien por donde moverse.

Saliendo por las grandes puertas corredizas de cristales oscuros, un coche les estaba esperando aparcado a
unos metros de ellos. Era un mercedes negro, tan lustroso, elegante y bello como su propietario.

—Sube—Escuchó de pronto que le decía su jefe, mientras la puerta del auto era abierta. Sin mirar aquellos
rasgos afilados, se apresuró a subir al coche y pegarse a la puerta contraría. Segundos después la figura de su
jefe reposaba a escasos treinta centímetros de él.

—Donde... ¿Dónde cenaremos? —Preguntó mientras sus ojos cafés se perdían en la alborotada calle por la
que transitaban. Tras más de un minuto en silencio y preguntándose porque no recibía respuesta alguna, el

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moreno giro su rostro con incertidumbre y solo para encontrarse el bello rostro del otro mirándole
intensamente.

—¿Nadie te ha enseñado modales? Si hablas con alguien, lo menos que puedes hacer es mirarle…—Sin
poder evitarlo, el recuerdo de cientos de veces en las que su jefe le había casi gritado ordenes sin dirigirle
una sola mirada le vino a la memoria, pero sabiendo que mencionar aquello en aquel momento no traería
nada bueno, simplemente asintió.

—Lo siento.

—Vamos a un restaurante exclusivo. Allí habrá muy poca gente, pero “por accidente” nuestra cena
romántica ha sido filtrada uno de los más prestigiosos y veloces periódicos sensacionalistas del país. Por lo
que antes de que termine el día todo el mundo sabrá de mi nueva relación.

—¿De verdad crees que esto saldrá bien?

—Claro—La mano grande y segura de Yunho, sorprendentemente tomo la barbilla del rubio mientras sus
ojos se clavaban en los del otro—¿Llevas algo de maquillaje? Antes te has frotado los ojos, y si llevaras
mascara en las pestañas te la habrías arruinado.

—No llevo nada. Heechul dijo que no hacía falta. Yunho entendió perfectamente a lo que se refería su
diseñador al percatarse de que aquellas largas pestañas y los labios rojizos pertenecían de verdad a aquella
persona. Nada de artificios para hacerlos parecer más bellos. Lo que se preguntaba era porque nunca se había
percatado de aquellos rasgos.

Puede que el conjunto de la persona no fuera lo suficiente llamativa como para fijarse en aquellos pequeños
detalles. Por lo menos no para él, acostumbrado como estaba a exuberantes bellezas a su alrededor.

Dejando de lado tales insignificancias se centró en su labor de salvarse el pellejo. El día anterior había
recibido la sorprendente noticia de que su primo se casaba. Changmin se casaba… Nada, lo podría repetir
un millón de veces que le seguiría sonando tan mal como al principio. Simplemente no encajaba en su cabeza
que alguien como Changmin, totalmente inmaduro y con tan pocas ganas de ligarse a nadie se fuera a
comprometer así como así.

Sabía que detrás de todo aquello estaba su abuelo. Lo sabía en cada célula y poro de su cuerpo, pero si su
primo no venía a decirle lo que sucedía, él no podía ayudarle. Quería a su primo, tal vez era una de las
personas más importantes para él, pero por mucho que lo lamentase, si su abuelo estaba metido en aquel lío,
él poco podría hacer.

Su relación con su primo había iniciado cuando él tenía trece años, siendo su primo dos años menor que él,
se había convertido en su sombra incansable. Todo empezó con su primera visita a la casa señorial de su
familia. Nunca se había sentido tan poco dispuesto a hacer algo como aquella visita. Sin embargo, una vez
allí, conoció a un pequeño niño asustadizo y atormentado por su abuelo. Nunca sabría bien que le llevó a
cogerlo bajo su brazo, pero el hecho era que en pocos días se convirtieron en amigos y a lo largo de los años

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Yunho había ayudado a su primo en todo lo que había podido, viéndole crecer y convertirse en el joven
sediento de sensaciones que era ahora. Tan diferente a él mismo…

Ahora, con sus 25 años y los 23 de Changmin, ambos tenían que luchar, cada uno a su manera, para
mantenerse fuera de las garras del anciano que dominaba con mano de acero a su familia. Sin embargo
mucho se temía que Changmin había caído de redondo en ellas…

Su vida no había sido un lecho de rosas. Desde los 15 años su padre le había entrenado hasta el cansancio para
convertirle en el empresario que era. Capaz y despiadado en los negocios. Pero por el camino, alguna parte
de él se perdió, y lo que solo debía limitarse a la empresa familiar le embargo por completo. Ya no solo era
despiadado en los negocios.

¿Se sentía acaso culpable por encontrar satisfactorio el herir a otro? La respuesta era tan clara y rotunda que
asustaba. No. Nunca se había parado a pensar en todos aquellos pequeños empresarios que había arruinado
en su carrera. O todos aquellos modelos que había echado de su cama tan rápido como ellos le confesaron su
amor.

Tampoco le carcomía mucho la conciencia el saber que por su culpa familias enteras se habían quedado sin
un sueldo. Así eran los negocios. Y sin quererlo ni buscarlo, se había convertido en el nieto que su abuelo
siempre había buscado, solo que Yunho nunca dejaría que aquel viejo le controlara de ninguna forma, para
ello había trabajado tanto en sacar adelante una empresa propia, una que no dependiera de las arcas
familiares.

Pero mientras él había usado su inagotable ambición para salir del punto de mira de su insaciable abuelo,
Changmin lo había hecho también a su manera. El viejo nunca le perdonó que se hiciese modelo y rechazara
completamente hacerse cargo de las empresas familiares. Y allí no había terminado la cosa. Las fiestas,
orgías, carreras de coches, peleas… en fin, aquella interminable lista de escándalos con los que su primo
cargaba, era algo que mi abuelo nunca perdonaría tampoco.

Solo que Changmin, en una jugada horrible de su abuelo, había caído bajo su control casi absoluto hacía ya
más de medio año. Justo en el momento en que el padre de Changmin había caído enfermo en la casa
principal. Yunho en un principio se negó a aceptar el hecho de que su abuelo estuviera usando la salud de su
hijo para chantajear a su nieto, pero así era. Las fiestas, las peleas. Todo había acabado para Changmin, por
lo menos si las hacía, ya nadie se enteraba. Y lo que tenía a Yunho pensando en todo aquello era la certeza de
que su abuelo había vuelto a utilizar a su tío para chantajear a Changmin con un matrimonio.

El sonido de un pitido constante le sacó rápidamente de su mutismo. Con parsimonia, su dedo índice apretó
el pequeño interruptor para que el sonido cesara.

—Ya llegamos —dijo secamente mientras abría la puerta del coche y se disponía a bajar. Las reacciones a
eso fueron inmediatas. Flash de todo tipo de cámaras le cegaron momentáneamente mientras se giraba para
ayudar a bajar del coche a su “novia”. El nerviosismo del chico era evidente. —Tranquilízate, solo son unas
fotos. —Aquello fue dicho con los labios casi apretados, y aunque lo había hecho así por si había alguien

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leyéndole los labios, supo que el chico había pensado que estaba enfadado con él cuando se reclinó más
contra el respaldo del asiento.

—Tenemos que entrar—Dicho esto tomó la mano temblorosa del rubio y con un gesto suave que le
sorprendió hasta a él, le atrajo hacía su cuerpo. —Solo son ratas buscando algo de comida… ignórales y
sonríeme.

Jaejoong pareció reaccionar en aquel momento, y con algo de rigidez empezó a andar con su brazo
entrelazado al propio y su vista fija en la puerta del local que tenían a tan solo unos metros de ellos. Nunca
unos solos metros se le hicieron tan largos.

Cuando al fin llegaron hasta la puerta, un empleado del local, con un traje blanco impecable les dio la
bienvenida formalmente. Solo hicieron falta unos minutos para que sus abrigos hubiesen sido retirados y
fuesen conducidos a un espacio apartado y reservado de miradas ajenas.

La impecable mesa, adornada con un mantel color salmón, y un juego de cubiertos, con platos y copas
incluidos, quedaba espectacularmente bien en aquella estancia. Las paredes, de un color claro, daban al lugar
una sensación de tranquilidad, mientras que el suelo, era marrón oscuro, y tan brillante como los negros
zapatos de los empleados.

Junto a la mesa, una bonita cubeta albergaba una botella de lo que parecía ser algún tipo de vino. El moreno
pareció darse cuenta donde se dirigían sus ojos, ya que en aquel momento habló.

—¿Quieres algo de vino?

—No, mejor esperaré hasta la cena.

—Tú te lo pierdes —murmuró algo ido mientras cogía la botella, la descorchaba y se rellenaba apenas la
base de su copa. —Delicioso.

Jaejoong se pregunto en qué estaría pensando el moreno. Era obvio que desde que habían entrado en el
coche algo había distraído al magnate. Para su consternación se vio a si mismo expresando sus pensamientos
en voz alta.

—¿Estás preocupado por algo?

—¿Cómo? —La cara de incredulidad de su jefe hizo que por un instante deseara ser tragado por la tierra.
Obviamente aquella absurda idea no se cumplió.

—Bueno… yo solo… Lo siento —dijo finalmente sin ser capaz de mirarle a la cara. Se sentía miserable por
ser tan cobarde.

—Heechul me ha dicho que no eres tan tímido con él. ¿Por qué conmigo si?

Esa pregunta no la había visto venir, y de nuevo el imprevisible hombre le había dejado sin saber que decir.
De cualquier forma, no iba a poder explicar algo que no entendía ni él mismo.

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—No lo sé—Decidió contestar la verdad.

—Puede que sea algo cruel a veces, pero nadie se ha echando a temblar ante mi antes que tú…

Lo dudaba. Aquel hombre emanaba tal poder por cada poro de su piel que era abrumador. Quizás estaba tan
ciego que no había sabido ver más allá de sus narices.

. —¿Entonces?

—Yo... de verdad que no lo sé —dijo cabizbajo ante su insistencia. —No tengo facilidad para abrirme con
la gente.

—Pero yo te he visto. Te he visto hablando con algunos de los empleados, hasta con Heechul. —Debió
decidir que no merecía la pena hablar de aquello, o quizás se apiado al ver la frustración de Jaejoong, porque
rápidamente cambió el rumbo de la conversación—Tengo… malas noticias. Creo... Si, definitivamente son
malas para ambos.

Sin saber de lo que estaba hablando, simplemente esperó callado a que siguiera.

—Ayer me invitaron a una boda. Y ya que es de un primo mío, no puedo faltar. —No entendía. ¿Que tenía
que ver eso con él? La respuesta llegó demasiado rápido, y fue como si le tirasen un cubo de agua helada—
Por las prisas, el matrimonio será en cinco días y como nuestra falsa aun estará en marcha… debes venir.
Debía estar de broma. ¿Él en una boda de ricos y poderosos? Él que no llegaba a fin de mes y que su
apartamento era algo parecido a un desván…

—No… Yo no puedo.

—Claro que puedes. Es más, no tienes opción. ¿Qué dirían todos si me aparezco a la boda con otra persona
que no eres tú cuando lo que intentamos es que todos te crean mi pareja? Y como sabrás, a las bodas debes ir
acompañado…

No, no lo sabía. Pero eso era algo que su jefe no tenía porque saber…

—Así que habrá que encontrarte el traje apropiado para la ocasión.

—Pero… allí habrá demasiada gente. No creo que pase por mujer durante mucho tiempo. Ni siquiera mi
voz suena como mujer…

—No importa. Poniéndonos en lo peor, alguno se dará cuenta. Y si eso pasa yo me encargaré de todo.
Simplemente te tendremos alejado de la gente. Todo saldrá bien.

—¿Quién se casa? —Sin que se hubiese dado cuenta, su copa había sido rellenada con aquel dulce y
exquisito vino. El paladar se le estaba haciendo agua y sin percatarse de ello ya había bebido dos copas
enteras, haciendo que su cuerpo se relajara. Nunca había soportado el alcohol en lo más mínimo y con nada
terminaba más borracho de lo que debía. Para su sorpresa, su respuesta llegó por primera vez desprovista de
toda burla o sarcasmo.

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—Mi primo Changmin. Ha sido toda una sorpresa, y pase lo que pase tengo que ir a esa boda—Sus ojos
pronto recobraron su habitual dureza—Y tú vendrás conmigo.

—Está bien —dijo simplemente, dándose cuenta de que no podría escaparse de aquello. Ya se preocuparía
por la boda cuando llegara. Aquel no era el modo de hacer las cosas que normalmente tenía, pero para casos
desesperados... medidas desesperadas.

—¿Han decidido que van a tomar? —La voz suave de una de las camareras le distrajo momentáneamente.

El moreno decidió por ambos. Nombrando platos que Jaejoong no sabían ni que existían. Y cuando la
camarera se dio la vuelta para irse, sus ojos se agrandaron al ver como la mirada del moreno se recreaba con
la figura de la atractiva mujer. Su sorpresa debió de ser demasiado clara, ya que el otro lo notó
perfectamente. —¿Creías que solo me iban los hombres? En realidad las chicas también tiene su… punto—
Su vista volvió a Jaejoong cuando la camarera desapareció por la puerta de la sala. —Prefiero a los hombres,
para ser sincero, pero no me importa acostarme con mujeres. —Su entrecejo se frunció ligeramente, y
Jaejoong supo que se estaría preguntando el por qué de contarle aquello a él. Seguramente el vino también le
estaría afectando al magnate para que se mostrara así de comunicativo con un simple becario al que
normalmente no dedicaba más de dos miradas seguidas. A no ser, claro, que fueran para meterse con él.

—¿Pero entonces porque rayos estoy yo aquí? —La inesperada rabia le dio tan de improviso que no pudo
contener su explosión. Mas el moreno pareció no inmutarse por ello.

—No creo que tenga porque explicarte las cosas, pero viendo como estas soltándote a hablar… te voy a
hacer el favor. Quizás así seas algo más divertido…—Sus crueles palabras le llegaron hasta las entrañas—
Podría haber cogido a una mujer, pero entonces ella, si en algún momento descubre que también me gustan
los hombres, podría tenerme en sus manos. No quiero tener que casarme con nadie por obligación o un
chantaje. Además de que el hecho de que tú ya lo sepas todo es una gran ventaja. Tampoco creo que lo
utilices para conseguir nada de mí porque dinero sabes que no verás ni un duro. Y mi cuerpo… ¿Realmente
debería preocuparme por ser violado por ti?... Dudo que supieras si quiera como empezar…

Se estaba riendo de él. Él, que se había disfrazado de mujer solo por un capricho de aquel hombre... y
encima se reía de él. Sin ver lo que hacía, su mano llevó otra vez la copa hasta sus labios, que
misteriosamente volvía a estar llena, y de un trago se la bebió. El efecto fue inmediato, un mareo le hizo
cerrar los ojos mientras mantenía la boca bien cerrada. Las arcadas no se hicieron esperar.

—Por Dios. ¿No me digas que con tres vasos de vino vas a ponerte así? Eres inútil hasta para eso…

El moreno se había acercado hasta él.

—Respira hondo. —Y eso hizo, una vez, y otra, y otra más. Y así estuvo hasta que logró controlarse. Se
sentía algo torpe y con sus reflejos nulos. Pero aun estaba lo bastante cociente como para saber que no estaba
borracho.

—No he sido yo el que me ha dado tanto de beber.

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—Diablos, han sido tres vasos. No creía que te pusieras así…

Conservando su calma y presionando su mandíbula, el rubio logró componerse. Podía ser muchas cosas,
pero nunca nadie podría decir de él que no sabía comportarse en público.

—No se preocupe por mí, estoy…

—¿Y quien dice que seas tú él que me preocupa? —La ironía de la frase, frente al que le acababa de dejar en
ridículo fue suficiente para hacerle encogerse. —Lo único que me preocupa es el plan, no te des tantos
aires.

—Los siento, yo…

—Por el amor de Dios, ¿Es qué no sabes acaso decir otra cosa? ¿Cuántas veces piensas disculparte hasta que
la noche termine?

Sin ser capaz de responder y sintiendo sus ojos aguarse, bajó la mirada al inmaculado mantel. No lloraría. No
por aquel hombre y menos en un lugar así. Para su alivio, la camarera volvió justo en ese momento. De
reojo miró a su jefe para saber si le miraba con burla, pero su expresión era tan vacía como lo había sido
siempre.

—Aquí tienen—Sonrió la mujer dejando los humeantes platos frente a sus clientes mientras sonreía de
forma coqueta al moreno. Jaejoong tuvo ganas de reír ante la cara de decepción que mostró la pobre mujer
ante el desdén del magnate. Era obvio que su comportamiento no se limitaba a él mismo. El hombre era
igual de despreciable con todos.

—Oye mira, ya sé que no nos hemos tratado muy bien. Pero creo que si queremos pasar la prueba frente a
mi familia el día de la boda debemos ser capaces de mirarnos a los ojos como una pareja.

Ante la cara de confusión de Jaejoong, su ceño se frunció.

—No creas que estoy cediendo ante ti ni nada por el estilo. Solo te ofrezco una tregua. Mientras esto dure
intentaré mostrarme cordial contigo. A cambio quiero que dejes de temblar ante mí. Nunca lograríamos
engañar a nadie así. Por lo menos no a nadie que me conozca un poco.

¿Enserio creía que su miedo se iría así de fácil? Cómo le gustaría a él poder dejar de temerle… Sin embargo
la parte de que su jefe fuera cordial con él era lo suficientemente tentadora como para no intentarlo al
menos.

—Está bien. —Fue su única respuesta, frustrando visiblemente al moreno.

—Bueno, veo que no es lo tuyo eso de comunicarte, así que supongo que el día de la boda me tendré que
encargar yo de todo. —Enamorados… así debían mostrarse ante un montón de personas que Jaejoong no
conocía de nada. ¿Pero cómo iba a mostrarse enamorado de una persona que le hacía sudar solo de verle? Sin
embargo no había otra solución, y si para acabar con aquella locura él tenía que mostrarse enamorado

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(dejando de lado el hecho de que nunca lo había estado), pues él se mostraría como la persona más
enamorada del planeta.

Olvidando sus ganas de llorar anteriores y sintiendo como la confianza, ayudada por el alcohol, aumentaba
en él, miró a los ojos de su jefe.

—El día de la boda… Me esforzaré para que esto sea creíble.

—Dime… ¿No tienes pareja? ¿Ningún amigo o compañero de departamento que te este esperando cuando
vuelves a tu casa? —Aquellas palabras, pronunciadas después de un tenso silencio, hicieron que el rubio se
sobresaltase. Hablar de su vida privada no era algo que le apeteciese hacer, y mucho menos frente a aquella
persona.

—No—Se vio sin embargo contestando mientras su tenedor jugueteaba con la comida. Su apetito había
desaparecido.

—¿Nadie te ayuda con tu hermana?

Evidentemente el hombre se había olvidado que había sido él mismo quien hacía menos de una semana, le
había amenazado con dañar a su hermana…

—No. Mis padres murieron hace años, así que solo quedé yo para ayudarla. Alguien tiene que pagar sus
facturas.

Aquello Yunho lo entendía. Él sabía lo que era sentirse solo. Lo que no llegaba a comprender era como
alguien con un sueldo de becario, que tendría suerte si sobrepasaba los $500, podía encargarse de las facturas
de un hospital y de los gastos que él mismo generaba. Simplemente los gastos de su casa debían superar los
$500.

Pero la mirada deprimida y sumamente melancólica del chico le frenó en su interrogatorio. Nunca se había
preocupado por nadie más que él mismo, y puede que su primo. Pero por alguna razón sentía pena por
aquella persona. Su vida debía ser francamente dura. Y él solo había llegado para machacarle aun más.

Sin embargo, la culpabilidad que cualquier otra persona debería haber sentido, a él ni le rozó. Puede que
sintiera pena, pero sus propios problemas le impedían preocuparse por otros. Cuando se disponía a cambiar
de tema, se sorprendió ante la voz del otro.

—No se me da bien relacionarme con la gente, así que no tengo amigos. Mi hermana era mi única amiga,
pero desde el accidente tuvo que ser ingresada y todo acabó allí.

—Si todo esto sale bien, podrás mejorar las condiciones de tu hermana—Mencionó intentando que el aire
compungido que se había apoderado del lugar desapareciese, pero fue en vano.

—¿Pero y si sale mal?

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Sin responder a eso, Yunho terminó con su plato de comida y se reclinó en el respaldo de la cómoda silla.
Pronto la camarera vino de nuevo, llevándose su plato y el del rubio, que aun estaba a medias. Sin saber que
más decir y con ganas de terminar aquella infructuosa velada, el moreno pidió los postres, que tomaron en
completo silencio.

Antes de que pasara la media hora ambos estaban de nuevo en el lujoso auto, rumbo al apartamento de
Jaejoong.

—Por cierto…. —Al ver la vacilación del otro, Jaejoong supo instantáneamente lo que sucedía.

—Jaejoong, me llamó Jaejoong

—Eso... Jaejoong—Sin mostrarse nada perturbado por haberse olvidado de su nombre, el magnate siguió
como si nada hubiese pasado—, seguirás yendo al estudio con Heechul para prepararte para la boda. No
habrá más salidas hasta entonces, así que disfruta de tu tiempo.

Con un simple asentimiento de cabeza, Jaejoong abrió la puerta del coche para bajar. Pero una mano en su
antebrazo le detuvo. Preguntándose que querría ahora el moreno se giró para preguntárselo. Pero el otro se
le adelantó.

—¿No vas a despedirte de tu prometido con un beso, cariño? —Horror. Solo así se podría describir la
expresión de rubio cuando casi por inercia, se echó hacia tras bruscamente. Pero las carcajadas de su jefe le
paralizaron.

—Realmente nunca he conocido a una persona tan idiota como tú. —Cuando fue capaz de calmarse, le
miró algo más serio—¿Por qué demonios iba a querer besarte? Te aseguro que estas bastante alejado de mis
gustos habituales.

Y de nuevo rió, haciendo a Jaejoong sentirse aun más idiota de lo que su jefe había dicho. Intentando ocultar
su sonrojo y vergüenza, el rubio bajó del coche apresuradamente, dejando atrás aquel hombre que tanto
empezaba a odiar. Quizás algún día fuese lo suficientemente valiente como para decirle un par de cosas en su
cara, pero hasta entonces… hasta entonces tendría que seguir aguantándole…

Y así, completamente en su rutina, pasaron los días siguientes. Para Jaejoong aquello era como la calma que
anunciaba la tempestad, pero sin quejarse ni una sola vez, hizo caso a cada una de las recomendaciones que
Heechul le hizo.

Nunca hubiese creído que fuera tan difícil asistir a una boda de ricos. Las miles y miles de normas de cortesía
eran algo que nunca terminaría por aprenderse. Y aunque puede que en su desesperación lo exagerara todo,
lo cierto era que ni los exquisitos puros, la comida de primera o el hecho de festejar algo importante eran
suficiente aliciente como para tentarle a acudir por su propia voluntad.

Después de muchas vueltas y muchos enfrentamientos entre Yunho y Heechul, por fin la ropa que llevaría el
día “d”, como lo había llamado Jaejoong por eso de “desastre” quedó lista para colocarla sobre el delgado
cuerpo del chico.

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El día esperado por fin llegó, y para Junsu aquello fue como el anuncio del Apocalipsis. Bueno, pensándolo
mejor quizás el fin del mundo tuviera hasta ventaja, si lo comparabas con casarse con alguien tan detestable
como Jung Changmin. Los últimos días habían sido agotadores. Las interminables pruebas de vestuario, las
clases de cortesía e historia de lo que ellos denominaban “la nobleza”, junto con los agobiantes consejos de
todas aquellas personas mandadas por su futuro esposo para guiarle en el buen camino de cómo ser un
magnifico esposo, habían terminado por agotar la poca paciencia que tenía.

La idea de fugarse del país en el primer vuelo internacional que saliera del aeropuerto de la cuidad le rondó
más de una vez por su mente, pero el recordatorio constante de su familia y las consecuencias que tendría su
acto eran definitivamente el lastre perfecto para él.

Todas y cada una de las personas que le rodeaba en aquel momento, desde el estirado peluquero, con su
nariz aguileña y sus ojos achinados, hasta el zapatero, con su rotundo y prominente bigote negro, le parecían
más adecuados para casarse con el millonario que él mismo. Desde luego su porte era mucho más elegante y
ni que hablar de su forma de hablar. Siempre arrastrando las palabras como si el mero hecho de hablar, a
menos que fuera algo realmente necesario, fuera una pérdida de tiempo para ellos.

Subiendo su brazo izquierdo a petición de la señora que se encargaba de vestirle, suspiró profundamente
mientras se dejaba manosear aquí y allá. Ahora sabía cómo debían sentirse los maniquís, que en sus
escaparates, eran manipulados al antojo de sus creadores para ser exhibidos frente al público.

—Muy bien señorito. Este traje blanco le queda que ni pintado. —Bajándole el brazo y evaluando su “obra”,
la regia mujer dio vueltas a su alrededor como si se tratara de alguna clase de animal carroñero. —Harás
muy buenas fotos.

—Su pelo en cambio es un desastre. Necesité más de una hora para controlar esas horribles ondas que
tiene—Las ganas de hacerle tragar sus palabras al peluquero fueron casi irrefrenables, pero recordando su
trabajo, decidió dejarlo así.

—No digas tonterías, tiene un pelo precioso.

—Puede ser… ¡Pero con ondas…! ¡Ondas! Eso ya no se lleva—La frustración del hombre, de sobra
verdadera, dejó perplejo a Junsu. Mirándose en el espejo que habían colocado frente a él, se preguntó como
el hombre podía estar así después de lo que le había hecho a su pelo. Normalmente, su cabello estaba suelto,
sin ninguna sustancia pegajosa que lo aplastara, y le gustaba como le quedaba con su corte por debajo de las
orejas y el flequillo algo más corto.

Las ondas eran suaves, por lo que daban un toque sensual a sus marcadas fracciones. Pero ahora… Ahora casi
ni podía reconocerse. Su cabello había sido completamente estirado con gel, y peinado sin un pelo fuera de
su lugar. No podría decir exactamente como lo había hecho, pero estaba seguro que en aquel momento se
parecía aquellos niños ricos de los años 8 que se manifestaban contra todo lo liberal.

Pero no quedaba mal, simplemente extraño. —¿Terminaron ya? En hora y media me caso, y a este paso voy
a llegar con ustedes pegados del brazo…

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No lo había hecho a propósito, pero la ironía que siempre destilaba de él le había traicionado. Las cuatro
personas que estaban en la habitación le miraron como si de pronto le hubiese crecido alguna que otra cabeza
de más.

—Pu… pues solo falta que se ponga los zapatos —dijo el peluquero, repentinamente repuesto de su
sorpresa. Junsu le hizo caso, y sin esperar más, se colocó los lustrosos zapatos negros.

Media hora después, se encontraba subido en una gran limusina que le conducía a uno de los más grandes
edificios que había visto nunca. Era obvio que no podrían casarse por la iglesia, por lo que el imponente
juzgado de la ciudad se había convertido aquel día en un centro de actividad. La prensa, los invitados… todo
el mundo parecía tener mil cosas que hacer, y el efecto de aquello era una sensación de frenesí que no
ayudaba a calmar la angustia de nadie.

Alisándose las arrugas invisibles de su chaqueta y con ganas de restregarse las manos por los costados para
quitarse la película de sudor que se le había formado en las palmas a causa del nerviosismo, se bajó al fin del
coche sin esperar a que nadie le abriese la puerta.

El no era ninguna novia primeriza, ni siquiera estaba nervioso porque se iba a casar atándose a alguien de por
vida. Así que no necesitaba de nadie que le acompañase a cumplir su sentencia.

Todos los invitados, mirados en su conjunto, eran algo realmente increíble. Allí estaba la flor y nata de la
sociedad, aquellos que podía permitirse el nadar en dinero y tener a su capricho todo aquello que quisieran.
Prueba irrefutable de aquello era él mismo…

Los trajes que se veían por doquier eran elegantes y todos superaban en su precio lo que él se gastaba en ropa
por todo un año. Sin embargo, sus caras definitivamente dejaban mucho que desear, y es que la evidente
seriedad en algunos, la reprobación en otros y finalmente el desdén en el resto era algo que le estaba
empezando a poner nervioso. Muchos de allí no aprobaban aquella boda, pero por lo visto la familia Jung era
lo suficientemente poderosa como para que alguna de esas familias se atreviesen a hacerles un feo no
asistiendo a la boda de uno de sus herederos.

Todas las miradas parecieron centrarse en el nada más tocar el suelo del juzgado. Pero decidido a terminar
con toda aquella absurda obra, emprendió su caminó hasta donde esperaba su futuro esposo. No tardó
demasiado en hallarle, y fue entonces cuando sintió como se desmoronaba. El moreno estaba en pie frente a
él, tan elegante y soberbio como nunca antes lo había visto, con su traje completamente negro, contrastando
con su piel morena y sus negros cabellos. Era el perfecto opuesto a él mismo.

Pero si bien aquello por sí solo no hubiese sido suficiente razón como para descolocarle por completo, el
hecho de que Jung mostrara unas de las sonrisas más radiantes y más falsas que hubiese visto nunca, si lo fue.
Intentando que no se notara la turbación en su rostro, se acercó hasta el moreno con pasos decididos y
rápidos.

—Buen día, mi novio—Saludó felizmente el multimillonario, volviendo a sorprenderle.

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—Hola. —La mano del moreno le rodeo la cintura acercándole hacía él. Viendo aquel gesto como algo
normal para quien está a punto de casarse, y teniendo en cuenta las decenas de personas que les miraban en
aquel momento, no pudo apartar aquella mano de si, y lo único que hizo fue esperar pacientemente a que el
juez empezara con su trabajo.

—No estés tan tenso, cariño—Le susurró el moreno al oído—Recuerda que tienes que parecer una persona
feliz.

Estirando sus labios en lo que fue la muestra más falsa de afecto que nunca antes hubiese demostrado, el
pelirrojo se inclinó sobre el otro, lo que visto por otras personas, pareció un gesto de cariño—No tientes tu
suerte pequeño, podría cortarte las manos si las metes donde no debes.

—Hay que ver lo huraño que estás en tu propia boda—El tono burlón le puso alerta. No le gustaba que se
rieran de él, y mucho menos aquella arrogante persona.

—Estaría menos huraño si no tuviese que casarme con una lagartija como tú.

—Aishhh—Suspiró Jung con una cara de éxtasis totalmente creíble, mientras se inclinaba rozando su oreja
con los labios—Estas muy guapo hoy. Pero creo que echo de menos esa apariencia tuya de delincuente.

—El que me hayan emperifollado desde la punta de mis pies hasta la cabeza no significa que no pueda darte
una buena paliza. —Y después me dicen que cómo me he enamorado de ti... si es que quien no caería a tus
pies con esa dulzura y simpatía tuya. —Su aliento hizo que todo su cuerpo temblara, le estaba poniendo
ridículamente nervioso.

—Eres la persona más….

—Vamos... vamos, dejen los arrumacos para después de la boda, es la hora.

La rasposa voz de Jung Myungsoo le sacó de golpe de la conversación, cortando todo insulto. Aquel hombre
le había provocado una sensación de desaprecio nada más verlo, y ahora, a plena luz del día, con el sol
iluminándole su encanecido cabello, supo a ciencia cierta que el anciano no tenía un hueso en todo el cuerpo
de buena persona.

—Claro abuelo—El desprecio que había mostrado el moreno por su abuelo en la última conversación que
habían tenido (y en realidad la única que podía llamarse apenas conversación) parecía haberse evaporado. No
le quedó otra que añadir cobarde a la larga lista de defectos del millonario.

Tomándole por el brazo, Jung se sentó en una de las sillas que estaba colocada en medio de la mesa que
presidía el lugar. Frente a ellos, el soberbio juez se erguía orgulloso, como proclamando que, aun entre
aquellas importantes personas, él seguía siendo toda autoridad.

Y a partir de ese momento, para él fue todo confuso. Como una marioneta, se vio a si mismo firmando
todos los papeles que pusieron ante él, y sonriendo como si fuera un simple espectador en aquella boda, fue

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testigo de cómo su vida quedaba enlazada, aunque fuera un simple montón de mentiras, a la de otra persona
que le detestaba y a la que el mismo odiaba.

Por suerte, aquello no duró mucho, y antes de que pudiera recuperar consciencia de sus actos se vio
conducido hasta una gran limusina blanca, adornada con bonitos lazos como en las mejores películas. Su
ahora esposo le siguió, y para alivió suyo, ambos se quedaron a solas por fin. Lejos de aquellas personas falsas
y de aquellos murmullos que le lastimaban en su orgullo.

Reclinándose en el mullido asiento y cerrando los ojos para poder suspirar cansado, llevó una de sus manos a
su cabellera, solo para encontrarse con sus cabellos tan peinados como hacía horas.

—Tranquilízate, lo has hecho muy bien.

—Puede que tú estés acostumbrado a tratar con toda esa gente estirada, después de todo, eres uno de ellos.
Pero yo no soy así. Me gusta hablar alto y libremente, sin tener que tener cuidado con ser más amable con
alguien que tiene menos dinero, que con otro más rico, o con mostrar sonrisas falsas a todo el mundo
mientras se que ellos me miran con desdén nada más les doy la espalda. Simplemente, no soy así.

Se esperó una risa burlona, o incluso insultos, pero lo que nunca habría esperado era la mirada de
compresión que obtuvo de su esposo por su discurso. Era como si el millonario en verdad entendiese de lo
que hablaba, cosa que por supuesto, era imposible.

Pensó en decirle lo que opinaba de él, en gritarle a la cara que él, con toda su fortuna y su vida fácil no tenía
ningún derecho a menospreciar, como si supiera perfectamente de lo que se trataba, todas sus opiniones y
vivencias. Porque en eso se basaba su opinión de todas aquellas personas.

Pero sin darle tiempo a decir nada más, el auto pronto se paró. Habían llegado a donde se celebraría en
impresionante banquete que les habían preparado. No sabía cómo habían tardado tan poco en llegar, pero
eso quedó relegado a segundo plano cuando ansioso, bajo del coche directamente para encontrarse frente a
uno de los lugares más imponentes que había visto nunca.

Si meses antes le hubiesen dicho que él, que se tomaba por una persona sencilla, iba a celebrar su boda en un
lugar que parecía un palacio, se habría reído a carcajadas. Pero ahora allí estaba, mirando atónito aquella
mole de ladrillos perfectamente colocados, formando una bonita estructura. Los ventanales, tan grandes
como los árboles que rodeaban al edificio, tenían unas preciosas cristaleras de colores claros que permitían
entrar los rayos del sol, iluminando naturalmente el interior.

Las paredes, de un tono pastel, armonizaban con el verde de todo aquel jardín, que con miles de flores, de
todos los colores y aromas posibles de imaginar, creaban un ambiente de paz y tranquilidad que pocas veces
se tenía la suerte de sentir.

La gente parecía que ya había entrado, así que aquella sensación le duró algo más de lo esperado.

—¿Entramos? —Preguntó Jung mientras sonreía

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—Un momento—Si al moreno le extrañó que rotara su cuello e inspirara varias veces (técnica de relajación
que conocía hacía ya tiempo) no lo demostró. —Ya está.

Y así, agarrados de las manos, entraron en el amplio vestíbulo, decorado exquisitamente y donde uno de los
empleados les guió hasta la zona de comidas.

Mirando frustrado todos los cubiertos que tenía ante él, Jaejoong maldijo interiormente. Aquella estaba
siendo la peor boda de su vida. Cuando aquel día se había despertado, ya suponía que aquello sería difícil,
pero el estar entre tanta gente vestido de mujer era algo que podía con sus sensibles nervios.

La hora que había durado la ceremonia en el juzgado se le había pasado lentísima, y el tener a su jefe sentado
junto a él con su elegante y atractiva figura a tan solo unos centímetros de la suya no hizo mucho por él.

Vestido con un pantalón y una chaqueta blanca, conjuntado con una camisa negra, sin corbata y abierta en los
dos primeros botones, el moreno estaba arrebatador. El toque informal, tan extraño en él que por lo menos
Jaejoong supiese, le sentaba aun mejor que los trajes de corte Armani que solía llevar a trabajar. El pelo lo
tenía perfectamente peinado hacía tras, pero con unos mechones cayéndole por el frente.

Él en cambio, vestido con un vestido rosa pastel, ajustado en los lugares adecuados y una chaquetilla a juego,
pero algo más oscura, parecía la dama perfecta. Aquella vez llevaba una peluca rubia con un hermoso
recogido, que según Heechul acentuaba sus elevados pómulos y le hacía verse sensual. Sinceramente, él lo
dudaba.

Tras media hora de saludos y estrechamientos de manos, donde todos los invitados se habían afanado por
conocer a la novia de tan famoso empresario, había terminado francamente cansado. Por suerte mientras
estuvieron sentados en el juzgado, el silencio era obligatorio y nadie se acercó a preguntarle sobre su vida, o
sobre cómo se habían conocido.

Jaejoong había recibido miradas de todo tipo, desde lujuriosas por parte de todo tipo de hombres, hasta
envidiosas. Estas últimas viniendo tanto de mujeres como de hombres, normalmente jóvenes y con muy
buen ver.

Cuando la ceremonia terminó, el moreno le condujo hasta su mercedes, evitando así más interrogatorios. Y
ahora, en mitad de aquella formalísima cena, donde simplemente para comer debías elegir entre infinidad de
copas, tenedores, cucharas y un millón de cosas más, no podía sentirse más fuera de lugar.

Jung mantenía una de aquellas aburridas charlas de negocios con un socio accionista de su revista, mientras
que la señora que él tenía al lado no dejaba de hablar sobre la última moda francesa. Era una suerte que la
señora entablara ella sola un monologo, porque dudaba mucho que fuera capaz de aportar algo inteligente en
aquel tema.

La comida pasó lentamente, pero cuando al fin todo acabó, se levantó rápidamente para escapar de allí. En
un tono bajo, que solo el moreno escuchó, le informó que iba a ir al baño, y cuando el otro asintió con la
cabeza, señalándole con un sutil gesto la dirección que debía tomar, incorporó por completo para irse.

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—¡Yunho! —Escuchó de pronto. Era una voz juvenil y sus hombros se vinieron abajo al percatarse de que
su fuga seguramente se había frustrado. —¿No piensas presentarme a tu novia?

Con una sonrisa falsa en los labios, se dio la vuelta para presentarse a sí mismo, pero las palabras murieron
en su boca al encontrarse de frente con la pareja de casados. El que había hablado particularmente, era el
primo de su jefe y tenía un gran parecido al magnate, con aquel cabello negro y las finas fracciones. Sin
embargo, mientras los ojos de su jefe eran marrones, los de su primo eran de un negro arrebatador.

—Changmin, esta es Jaena. —El hombre apretó su mano en un gesto cálido, y por un momento pensó que
no eran los ojos en lo único en que se diferenciaban. El tal Changmin tenía pinta de ser mucho más simpático
que su primo.

—Encantada—Fue todo lo que dijo sin abandonar un momento la sonrisa, pero el comentario de Changmin
le dejó algo descolocado.

—No, yo soy el que está encantado—Su mano soltó la de Jaejoong para rodear la cintura de su esposo, que
hasta ese momento se había quedado allí quieto y sin decir una palabra—Nunca pensé que Yunho viniera con
una novia formal a mi boda. ¡Qué escondida la tenías, e Yunho!

—No creo que sea el único que escondía cosas…—Changmin sonrió a su primo, y haciendo caso omiso de
su comentario volvió para mirar a Jaejoong.

—Este es mi esposo, Junsu. —El chico parecía un soplo de aire fresco en aquel lugar. Con su cabello
pelirrojo y aquellas agradables fracciones, transmitía confianza al momento. Sin embargo algo en su rostro le
hizo pensar en él mismo. Aquella sonrisa se veía algo apagada.

—Encantado—El chico saludo a su jefe sin dejar de lado aquella cordial sonrisa, y se volvió para saludarle a
él. Quizás fuera por su evidente timidez, pero Jaejoong hubiese podido jurar que su sonrisa se había
endulzado un poco. —¿Lo están pasando bien?

Preguntó mirándole a él directamente. Si eso extrañó a alguno o les hizo pensar en que aquello era
maleducado, no se notó.

—Claro, ha sido una comida excelente—Contestó amablemente mi jefe. —Changmin, tengo que hablar
contigo.

—¿Ahora?

—Sí. —Changmin debía estar acostumbrado al carácter de Yunho, porque sin hacer algún comentario más,
se despidió de su esposo con un beso en la coronilla y se marchó junto a su primo.

—O te he visto hablar con mucha gente —dijo de pronto el pelirrojo, sorprendiéndole en el acto—¿Eres
bastante tímida, verdad?

—Bueno… si. Me cuesta mucho sociabilizar con las personas.

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—Y a quien no con estos…—De pronto sus ojos se abrieron como platos y sus mejillas adquirieron un
delatador sonrojó. Jaejoong se dio cuenta de que aquel comentario no dejaba me muy buenos términos a los
invitados, y que el pelirrojo se arrepentía de su desliz. Intentando tranquilizarle le sonrió.

—Tranquilo, se bien a lo que te refieres.

—Bueno, no es ningún secreto que no soy rico. Así que no creo que nadie se extrañe… Lo siento, me estoy
descargando contigo, ¿verdad?

—No pasa nada. Eres una de las pocas personas con las que parece que puedo hablar sin tartamudear en el
intento—Su sonrojo le hizo avergonzarse aun más, pero antes de poder llegar a entablar una conversación
como dios manda, una voz aguda y molesta llamó al pelirrojo.

—Maldita sea… Tengo que irme, pero después hablamos. Además, pronto seremos familia—Algo brilló
en sus ojos, algo que aunque no supo reconocer, adjudicó a algún mal sentimiento.

Se quedó viendo como se marchaba con una despampanante rubia, pero tal y como suponía, el chico iba
incomodo. Alguien como él sabía reconocer a primera vista aquello, y la espada rígida del recién casado,
junto con el sutil fruncimiento de ceño que lucía, le hizo darse cuenta de que el chico no era muy feliz en
aquellos momentos.

Retomando su plan de escapé, se dirigió rápidamente hacia el cuarto de baño, y tan metido iba en sus
pensamientos que cuando llegó no se fijó en nada más que en el manillar de la puerta. Minutos después,
mientras orinaba en uno de los orinales verticales instalados en la pared, calló en su tremendo error. Estaba
orinando en el baño.

Desesperado, se dio cuenta de que tenía el vestido subido, y por si fuera poco, ya se había sacado aquello que
le señalaba como hombre. Con movimientos torpes por el nerviosismo, se colocó de nuevo toda la ropa en
su lugar, pero de lo que no fue cociente era de que alguien más había entrado en el baño, y por desgracia era
uno de los recién casados. Sin hacer algún ruido que pudiera delatar su presencia, Changmin entró en el
amplió cuarto de baño mirando incrédulo a la persona que tenía frente a sí. Aquella persona que debía tener
lo que comúnmente tenían las personas del sexo femenino, y que sin embargo acababa de sacar de entre su
vestido un pene.

La confusión le hizo fruncir el ceño, cavilando las posibles alternativas. Era obvio que o a su primo le estaban
tendiendo una buena trampa o entre aquellas dos personas estaban jugando con todos los demás. No
entendía por qué su primo tenía a un hombre disfrazado de mujer haciéndose pasar por su pareja.

—Vaya, vaya, vaya, ¿Pero que tenemos aquí? —Su voz debía sonar como un trueno entre las relucientes
paredes del lugar, llegando perfectamente a los oídos del otro y sobresaltándole al instante. “La mujer” se
dio la vuelta, mirándole con sus ojos cafés agrandados por lo que parecía ser el horror. —Normalmente esa
sería pregunta fácil, sin embargo, teniendo en cuenta…—su mirada se clavó en la zona del traje que tapaba
su entrepierna—ciertos atributos… empiezo a dudar de ello.

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—Esto… yo…—Parecía incapaz de hablar, y aunque en otro momento pudiese haberle dado lastima el
lamentable estado del chico, en aquel momento la duda era mayor.

—¿Acaso no sabes que decir? Y dime… ¿Mi primo sabe que su flamante y femenina novia tiene pene? —La
palidez del chico le asustó por un momento, temiendo que se desmayase en aquel instante, pero el de ojos
cafés pareció recuperar algo de su capacidad para hablar.

—Él... él lo sabe.

—Entiendo. Bueno, en realidad no. ¿Me puedes decir porque tengo en mi boda a la novia de mi primo, que
resulta ser un hombre disfrazado?

—No—La duda que mostraron aquellos bonitos ojos no le hicieron suavizar el tono—No puedo decirte
nada. Los siento.

—Bueno… Entonces supongo que tendré que ir a hablar con mi primo.

—¡No! —La duda había dejado paso a un miedo casi tangible. Se preguntó si aquel muchacho, porque ahora
veía que el chico era más joven que él, temía tanto a su primo. —Por favor, no le digas que me
descubriste… Ha sido un error tonto de mi parte el entrar aquí.

Bueno, aquello era innegable. ¿A quién en su sano juicio y queriendo esconder su verdadero sexo se le
ocurriría entrar a orinar en un baño, en donde en cualquier momento te pueden descubrir? Acercándose
lentamente al chico y mirándole desde los 10cm que por lo menos le sacaba de altura, sus ojos negros se
clavaron en los cafés del otro.

A tan escasa distancia, los rasgos finos y delicados del chico eran mucho más evidentes. Con la piel pálida y
aquellas largas y espesas pestañas, el disfraz era del todo creíble. Los labios tenían un tono rojizo que no
parecía ser obra de ningún cosmético. No era una belleza de las que él estaba acostumbrado a ver en su
mundo del modelaje pero el chico resultaba bastante interesante.

La cercanía pareció avergonzarlo, e instantes después el chico se sonrojó.

—No diré nada, por lo menos de momento. Eres una persona muy interesante—Sus nudillos rozaron el
pómulo sonrojado del muchacho, que se echó hacía tras bruscamente—Pero no creas que esta es la última
vez que nos vemos.

Y así, seguro de que aquella persona le traería más diversión a su vida de la que el chico pensaba, abandonó
el baño dispuesto a mantenerse en silencio.

Jaejoong se quedó paralizado en el mismo sitió durante al menos cinco minutos. Aquel hombre le había
asustado. No tanto como su jefe, pero sabía que aquel moreno podía ser tan peligroso como el otro.

Aun no sabía a ciencia cierta lo que había ocurrido, ni siquiera sabía si el recién casado pensaba contarle o no
algo a su primo, pero aquella excesiva confianza no le había gustado nada.

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Era irónico pensar que por intentar encubrir el chantaje en el que estaba metido con un Jung, fuera a caer en
otro. Porque si algo había sacado de aquella conversación era que el Jung de ojos negros pensaba sacar
provecho de aquello. Aquel “Pero no creas que esta es la última vez que nos vemos” había sido
definitivamente una amenaza, o por lo menos, un aviso de chantaje.

Desde luego, si le contaba a alguien en lo que se había metido, probablemente se riera de él por estúpido. Y
decididamente, lo tendría merecido.

Ajustándose la ropa de nuevo, como queriendo borrar los últimos diez minutos, se arregló todo lo que pudo
para salir de allí. No quería llegar junto a su jefe y que este se diera cuenta de algo. Mirando en el espejo que
su peluca siguiera en su sitio y perfectamente controlada, el rubio salió por la puerta azul metalizada del
lavabo para reunirse con su “novio”.

—¿Dónde demonios estabas? —Preguntó una voz muy conocida mientras pasaba entre los invitados en
busca de una cabellera dorada. Más su jefe le había encontrado antes de que a él le diera tiempo a ver nada.
Dándose la vuelta y con los ojos clavados en los lustrosos zapatos del moreno, se retorció las manos en su
regazo.

—Fui al baño.

—¿Te caíste acaso por el retrete? Nadie tarda tanto en hacer sus necesidades.

El evidente enfado en su voz le hizo encogerse.

—Lo siento.

—No sé ni para que me molesto en hablarte. Tendría más conversación con un tenedor que contigo.

Su brazo fue bruscamente apresado por los largos dedos del magnate, que sin ningún miramiento le arrastró
hasta una de las mesas del final del salón, donde tres elegantes e impecables personas les aguardaban.

El rubio fijó sus ojos en el anciano que ocupaba la silla de la derecha. Según había escuchado, era el abuelo de
ambos Jung.

—Vaya, por fin mi nieto decide perder unos preciosos minutos de su apreciado tiempo para presentarle a su
pareja a su abuelo. La ironía eran tan evidente en su tono de voz que el rubio abrió los ojos como platos ante
la sorpresa.

—Bueno, pensé que la incertidumbre daría más clase al momento.

—Siempre tan respondón, ¿Eh? —La mujer del medio, con una cabellera castaña y unos penetrantes ojos
negros, dirigió su mirada hacia Jaejoong—Pero tengo que admitir que nos has sorprendido a todos.

—Tía Mihwa, Tío Yoonhak—Saludó fríamente el magnate a las otras dos personas que estaban allí sentadas.
—¿No vinieron los gemelos? ¿Alguna grave enfermedad espontánea?

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La mujer frunció el ceño mientras con sus furiosos ojos fulminaba a su sobrino

—No. Están en un viaje de estudios, y no les dio tiempo a regresar por lo rápido de la ceremonia.

—Entiendo—Pero el rubio se dio cuenta de que su jefe mentía. Es más, en su expresión había una nota de
burla y cinismo difícilmente pasable. Por un momento la imagen del Jung que acababa de casarse pasó por su
mente. Ambos eran muy parecidos en algunas cosas, aunque mientras el otro presionaba a la gente a base de
poner nerviosa a una persona con su cercanía y su supuesta simpatía, su jefe era frío y déspota. Capaz de
callar a alguien solo con mirarle. —Pues denles saludos de mi parte.

El hombre más joven de la mesa, aquel que debía ser tío de su jefe, se puso en pie. Casi tan alto como su
sobrino, y aun con toda aquella hermosa cabellera castaña intacta, el hombre era atractivo. Sus ojos, de color
negro se clavaron en su sobrino con una clara advertencia en ellos.

—Vamos Yunho, tengo que hablar contigo. —Su jefe dudó por un instante, mirándole a él. Por lo visto la
idea de dejarle a solas con aquellas dos personas no le gustaba. Pero ante el brazo insistente de su tío, se
marchó a regañadientes.

Una vez se quedó sin la compañía de su “novio”, intentó alejarse de aquella mesa, desde donde las dos
personas sentadas le miraban con burla. Por lo visto toda aquella familia era idéntica. Todos unos
insociables.

Pero antes de poder girar para abandonar aquel lugar, la ronca voz del anciano le paró en seco.

—¿Así que tu eres la nueva puta de mi nieto? —Sin saber muy bien como contestar a eso, ni siquiera si
quería hacerlo, Jaejoong posó sus ojos en el anciano sintiéndose por primera vez en mucho tiempo
verdaderamente enfadado. Aquello había ido directo a sus riñones.

—¿Perdone?

—Deja esa cara de mosquita muerta. Aquí todos conocemos a Yunho y nadie va a creer que ha empezado
una relación seria, y menos con alguien como tú. —Se quedó anonadado con el tono despectivo en el que
habló. Era increíble que no solo fuera insultado por su jefe, si no por toda su familia…

—No sé de qué habla, y ahora si me disculpa…

—Y además de mosquita muerta, cobarde…—Aquello fue la gota que colmó el vaso. Volviéndose hacía la
mujer con una mirada fría, muy poco característica de él, contestó.

—No crean que todos seguimos su ejemplo, señora.

La mujer borró todo rastro de burla de sus fracciones ante aquello. Era obvio que no se esperaba ningún tipo
de defensa por su parte.

—Estúpida zo…

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—¡Mihwa! Compórtate—Jung Myungsoo se clavo en su asiento mientras sus ojos brillaban divertidos. Pero
Jaejoong supo que aquello no era bueno para él. —Este no es lugar apropiado para esta discusión. Ustedes
dos vendrán a mi casa el próximo viernes a cenar. Tú y Yunho estarán allí a las siete y más les está bien ser
puntuales.

Intentando encontrarle a aquella frase el tono interrogativo, llegó a la conclusión de que el anciano no le
había dado opción a negarse.

—Yo no puedo…

—Claro que puedes joven. Y más te está bien estar allí.

—¡No puedes estar hablando en serio! —Exclamó la mujer indignada—¿Cómo puedes invitarles a tu casa?
Estamos hablando de tu nieto de todas formas, en cuanto oiga la noticia te tirara tus palabras a la cara.

—No lo hará.

Y el rubio temió que así fuera, porque se mirase por donde se mirase, si su jefe quería que todos se tragasen
su absurda broma, debía presentar a su novia formal a su familia. O por lo menos eso habría hecho una
persona normal, claro que su jefe era de todo menos normal. Su temor se vio confirmado cuando,
apareciendo de la nada junto a él, Jung afirmó en un tono frío:

—Allí estaremos, viejo. Dile a tu cocinero que se esmere, no todos los días va a cenar a tu casa tu nieto
pródigo.

Jaejoong se esperó una reprimenda del anciano, pero en vez de eso, lo que el rubio obtuvo fue una seca
carcajada. No entendía aquel sentido del humor. Por lo menos él no le veía la gracia por ningún lado.

—Nos vemos, viejo. Ahora tengo que bailar con ella. —El brazo del moreno le rodeo la cintura,
acercándole a su cuerpo. Inmediatamente todo el autocontrol que hubiese podido reunir en su ausencia,
desapareció.

—Espera... Yo no sé bailar aun —dijo una vez se alejaron de la mesa y nadie los podía escuchar. Las clases
con Heechul aun no habían sacado todos los frutos que hubiesen debido. Por lo menos en cuanto al tema del
baile.

—Solo déjate llevar por mí. Sería bastante extraño que no bailara con mi pareja ni una sola vez.
Normalmente me paso en la pista toda la ceremonia con mi acompañante—Ante la cara de sorpresa del
chico, una sonrisa que por primera vez no tenía nada de burlona, se extendió por su rostro. —Es la única
manera de mantener alejada de mí a mi familia.

—Ahh—No sabía que otra cosa decir. Y a parte, aquella sonrisa cegadora le había dejado literalmente sin
habla. No era justo que aquella persona fuera tan atractiva. Nunca había sido tan cociente como en ese
momento de lo injusta que era la naturaleza a la hora de repartir sus atributos.

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Por suerte su jefe pareció no darse cuenta de su momentánea turbación, y sin perder aquella sonrisa se
entremezcló con toda la gente que en aquel momento se encontraban en el salón de baile dando giros y más
giros en pareja.

Sus mejillas se sonrojaron al sentir los brazos del moreno rodearle la cintura, acercando su cuerpo
demasiado. Y sin más, sin darle tiempo a prepararse psicológica o físicamente, empezó a girar. Pero por
suerte el magnate había tenido razón, y aquellos pasos fluidos eran bastantes sencillos si alguien te llevaba
guiándote todo el rato.

Subiendo sus ojos con vacilación, como temiendo lo que pudiese encontrarse, fijó su mirada en el rostro de
Jung. En aquel momento el moreno se encontraba mirando algún punto indeterminado del salón con
expresión ausente. Y por segunda vez Jaejoong se quedó paralizado. Su pie tropezó torpemente y a punto
estuvo de caer al suelo, pero por suerte, los brazos de su jefe le cogieron de inmediato, sin llegarse a notar
su desliz demasiado. Si alguien hubiese mirado en aquel momento, habría pensado que eran una pareja
realmente cariñosa.

—Lo siento.

—¿Por qué?

—Te dije que no sabía bailar.

—No, no eso. ¿Por qué no me miras mientras me hablas? Es bastante frustrante.

—Lo siento.

—A ver... Avancemos un poco más de ese lo siento. Mírame.

Y lo hizo. Con todo su bochorno, miró directamente a su jefe, que pareció complacido con el gesto.

—La gente no se creerá que somos pareja si ni siquiera me miras durante cinco segundos seguidos…
Además, no creo que de tanto miedo como para que no puedas mirarme, aunque últimamente he empezado
a dudarlo.

Ante lo inútil que resultaría recordarle que si estaba allí era por amenazas suyas, y que eso, según su punto
de ver, era razón más que suficiente para temerle, simplemente guardo silencio. Más un suave bufido escapó
de entre sus labios, lo que pareció encontrar gracioso su jefe.

El rubio desvió su mirada al ver que a los ojos de su jefe había vuelto la burla. Pero sus ojos se agrandaron
ante la sorpresa al encontrarse a solo unos pasos de ellos a la pareja recién casada también bailando.

Estuvo a punto de soltar una carcajada al ver como las manos del moreno apretaban el trasero de su ahora
esposo mientras que el pelirrojo, con una cara de sufrida resignación, intentaba separarle.

Si antes había creído que los dos primos podían parecerse en algo, en aquel momento cambió de parecer.
Pondría sus manos al fuego porque nunca podría ver a su jefe tonteando así con alguien.

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La canción que estaba tocando la banda dejó de escucharse, y Jung le soltó suavemente para agarrarle de
nuevo por la cintura. Aquel comportamiento, aun sabiendo que era todo fingido, no hacía nada bien a su
cabeza. Se terminaría volviendo loco. Cuando ambos llegaron a la barra de bebidas, el moreno tomó un
Martini doble para él y a Jaejoong le pidió un refresco. El rubio no pudo más que sentirse como un niño,
pero recordando su comportamiento en el restaurante decidió que era mejor dejar así las cosas. Lo único
que le faltaba era emborracharse.

—Toma —dijo Yunho mientras le guiaba hasta una de las mesas—Y ya te aviso que te vayas preparando
para el próximo sábado. Lo vas a necesitar.

—¿Cómo?

—Te habrás dado cuenta de que mi familia es bandada de cuervos. Te sacarán los ojos a la menor
oportunidad.

—¿Tampoco te llevas bien con tu primo?

—Con él sí. Solo unos pocos se salvan a la influencia del viejo. —El moreno calló de pronto, como si no
supiera porque le estaba contando todo aquello. —Tú simplemente no abras mucho la boca. Mi tía es una
víbora que intentará sacarte información sobre mí.

—Tranquilo, no diré nada más que monosílabos.

La expresión inescrutable se diluyó por un momento, y el moreno se volvió a mostrar divertido.

—Sí, definitivamente no creo que eso sea algo difícil para ti. Además, estarán allí Changmin y su esposo
seguramente. Mi abuelo no les dejará escapar tan fácilmente.

Y allí acabó la conversación. Un grupo de hombres, claramente socios de negocios del magnate, acapararon
su atención hablando sobre inversiones, y Jaejoong se vio libre para descansar un poco. Descansar de
mostrarse falso ante la gente y descansar de la abrumadora presencia de Jung.

La ceremonia se alargó un par de horas más, y cuando por fin se vieron libres para marcharse, el moreno le
llevó hasta su casa con su flamante coche.

—Nos vemos el lunes—Se despidió el moreno cuando el otro se disponía a bajar del coche. Jaejoong se
quedó algo sorprendido por aquello. Que su arrogante jefe, que como mucho le dirigía la palabra para
insultarle, se despidiera cordialmente era algo que no se esperaba.

—Sí. Hasta luego.

Junsu se aflojó el nudo de la corbata y con los brazos abiertos en cruz, se dejó caer pesadamente en la gran
cama de matrimonio colocada tras él. Un cansado suspiro salió de sus labios cuando sintió la mullida colcha
bajo su cuerpo.

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Aquel había sido el día más largo y exasperante de su vida. No recordaba haber sonreído más falsamente
nunca. Todos los invitados parecían querer caerle en gracia, y si lo pensaba detenidamente, era hasta
gracioso ver como se desvivían por caerle bien mientras le ponían a parir cada vez que les daba la espalda.

Y aparte de eso, estaba su marido. Junsu hizo una mueca al pensar en Jung como su esposo. Nunca se
acostumbraría. El hombre era realmente pegajoso. Se había pasado el día pegado como una lapa, y
aprovechándose de que tenían que aparentar, sus manos no habían dejado de tocar lugares donde nada tenían
que hacer. Definitivamente el moreno era desesperante.

Personalmente, había habido una rubia que lo había llevado a la desesperación. Por lo visto la mujer había
sido amante de Jung, cosa que se encargó de restregarle por la cara nada más tuvo ocasión, que fue después
de presentarse… No es que le importara que se hubiesen acostado “apasionadamente y en todos los lugares
inimaginables posibles”, palabras textuales de la mujer, pero el hecho de tenerla pegada a él cada vez que por
fin lograba escaparse del moreno era algo que no soportaba.

No había logrado tener ni cinco minutos de descanso. Bueno, si lo pensaba bien, solo una persona en toda la
boda le había parecido realmente agradable, y era la novia del primo de Changmin. La chica era
excesivamente tímida, pero sin duda sincera e inocente. Todo lo que en aquella boda no se podía encontrar.

Y por último, y quizás más desagradable de todo, había sido el abuelo de su esposo. El anciano había
resultado ser una pesadilla y ahora entendía porque Jung lo odiaba. Si él hubiese tenido una persona así,
aunque hubiese sido en su familia, lo habría odiado.

En cuanto el viejo tuvo la oportunidad de quedarse a solas con él, aprovechó para recordarle que él
simplemente era un repuesto pobre, del que se librarían al término de un año. Junsu recordaba aquello sin
que nadie tuviese que decírselo, y realmente aquello no era para nada desagradable, pero los insultos que el
viejo dejaba colar entre frase y frase, a veces no tan sutilmente como él creía, si lo eran.

Prácticamente, y si no había perdido en algún momento de la boda la cuenta, le había llamado arrastrado,
vagabundo, feo, vulgar, irresponsable, hombre de poca moral (y eso había sido literalmente, sin ninguna
sutileza por medio), y un sin fin de cosas por el estilo.

Lo único que había detenido al temperamento de Junsu a la hora de responderle había sido su sentido de la
responsabilidad inculcado por su madre, según el cual, los mayores eran personas a las que había que
respetar pasase lo que pasase. Claro que esa noche había estado francamente cerca de tirar su educación por
el caño.

Había tenido que escuchar la incesante charla del moreno, comer a su lado y hasta bailar un vals con él.
Definitivamente, por aquel día al menos, ya había tenido bastante de Changmin. Pero, como si el destino
quisiera recordarle su trato, Changmin eligió aquel preciso momento para entrar en el cuarto.

—Buenas noches, bella durmiente. —dijo sonriendo desde el umbral de la puerta. Tenía que admitir que el
hombre parecía ir a juego con aquella habitación, que con sus paredes color verde pistacho y su gran colcha
blanca, era una de las más bonitas que había visto. Changmin llevaba puesto un elegante pijama de seda de

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color negro, que entonaba a la perfección con los colores de aquel cuarto. Su cabello negro y su morena piel
hacían el contraste perfecto con la seda.

Cobijándose entre las mantas, el pelirrojo intentó ignorar aquella imponente figura. Pero claro, el moreno
no iba a dejar así las cosas.

—¿Qué pasa, tienes miedo de mirarme? ¿Crees que te enamorarías de mí por lo guapo que soy?

—Creo que tu ego me sacaría un ojo —murmuró fastidiado, pero aun sin mirarlo.

—Sí, claro, claro…—Sus pisadas fueron totalmente silenciosas, y no pudo notar su presencia en la cama
hasta que esta se hundió un poco por su peso. Poco le faltó para soltar una exclamación de sorpresa.

—Y dime… ¿No quieres darle un besito a tu esposo?

—Recuerda nuestro trato Jung—Se dio la vuelta para encararle, pero no fue buena idea. Verlo allí, tan
cerca y tan atractivo solo le bajó la moral—Miserable —murmuró.

—Algún día—Susurró el moreno mientras una de sus manos se acercaba al rostro del otro para acariciarle
suavemente—Serás tú quien me pida y me suplique que te toque—Y tan suavemente como empezó la
caricia, esta termino. Changmin se dio la vuelta sin una mirada más, y apagando las luces del cuarto ambos se
dispusieron a dormir. Junsu esperaba de veras que lo que había dicho Changmin nunca se cumpliera, y
Changmin por su parte solo podía pensar en las semanas que les esperaban a ambos en aquella infernal casa.
Necesitaban reponer fuerzas, las iban a necesitar de verdad.

Retorciéndose entre las finas y suaves sabanas de seda, sus dedos se clavaron casi con crueldad en la tierna
carne de las caderas, que con movimientos frenéticos, cabalgaban sobre él. Ahogando los jadeos que
pugnaban por salir entre sus labios, agarró la larga y ondulada cabellera rubia, mientras sus ojos se deleitaban
con la imagen de unos grandes y turgentes pechos balanceándose frente a sus ojos.

—Mmm, ¡más fuerte, Changmin! —Gimió la escultural rubia que con desesperación, se movían sobre las
caderas del moreno.

Las embestidas hacía ya tiempo que habían perdido aquel movimiento rítmico y se habían convertido en
sacudidas salvajes en busca del placer propio. Agarrando la nuca de la mujer, Changmin la atrajo hacia si para
unir sus labios, y con una fuerte embestida más, terminó en un ronco gruñido. La mujer le siguió poco
después.

—Desde luego, eres la mejor cogida que se puede encontrar —murmuró la mujer mientras se tumbaba de
espaldas junto a su compañero, desperezándose sensualmente. Pero el moreno se había sentado de espaldas a
ella y buscaba con la mirada su ropa, que había quedado desperdigada por todo el cuarto. —¿No pensarás
irte ya, verdad?

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—Tengo una cena importante, Heejin. No puedo quedarme. —Moviéndose hasta quedar apoyada contra su
espalda, la mujer le rodeo el torso con sus pálidos brazos, aplastando sus generosos pechos contra aquella
lampiña piel.

—¿Hay posibilidad de que pueda convencerte para que te quedes algo más? —Un momentáneo silencio se
abatió sobre ellos, pero Changmin, consciente de las posibles consecuencias que traería el no asistir a la cena
familiar, suspiró hondamente mientras se deshacía del preservativo que acababa de usar.

—Ninguna. —Los labios de la mujer jugaron con el lóbulo de su oreja, haciendo que suaves y placenteros
escalofríos le recorrieran toda la columna.

—¿Olvidas que fuiste tú él que vino esta vez, amor?

—¿Y no estás olvidando tu acaso que estoy casado? —Aquello sentó a la rubia como un cubo de agua helada.
Su espalda se volvió rígida al instante, y con toda la dignidad que pudo reunir en aquellas circunstancias, se
apartó de él para cubrirse con las sabanas de seda negra.

—No creo que puedas reprocharme eso. Por si tu memoria ha sufrido algún daño, te recuerdo que nada más
cruzar esa puerta te lo advertí. Sabía que estabas casado, y hasta te pregunté si te habías peleado con tu
esposo. Pero fuiste tú Changmin, fuiste tú el que insististe en que lo que íbamos a hacer estaba bien.

Sintiéndose culpable inmediatamente, Changmin se dio la vuelta, ya con la ropa interior puesta.

—Los siento, Heejin, estoy algo estresado últimamente. —Viendo que la postura de su amiga no cambiaba,
Changmin se acercó a ella hasta rodearla con sus brazos, y presionando suavemente su mandíbula para que le
mirara, sus labios se abatieron demandantes sobre los de la mujer.

Changmin sabía que no podía reprocharla nada. En realidad, no podía reprochárselo ni a sí mismo. Pero el
hecho de saber que su matrimonio era una farsa y que probablemente su marido le hubiese empujado en
brazos de otros a la mínima oportunidad, no era suficiente para acabar con aquel sentimiento de culpa que se
había apoderado de él mientras hacía el amor con una de sus mejores amigas.

Era ilógico, ya que su cerebro le decía que aquello no podía considerarse en modo alguno como un engaño,
pero mientras se hundía en el cálido interior de la rubia no pudo evitar el imaginarse unos ojos castaños
mirándole con dolor y aquellos labios gritándole traidor.

Heejin era una de sus muchas amigas “con derecho a roce”. Nunca había salido en serio con nadie. Nunca lo
había necesitado.

Pero desde que conoció a la rubia en una de sus sesiones fotográficas para la revista, ambos se habían
convertido en buenos amigos, y poco después, en algo parecido a amantes ocasionales.

En un principio Changmin había intentado mantener sus amoríos en un descanso impuesto, por lo menos
hasta que hubiese pasado algo más de tiempo desde su boda, pero el celibato era algo que no iba con él. Y
mucho menos con Junsu durmiendo en su misma cama. La situación entre ellos dos era la misma que antes

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de casarse. El pelirrojo lo evitaba como a la peste y eso a él no era algo que le molestase en demasía. Sin
embargo, el deseo que había sentido por el pelirrojo poco después de conocerle había crecido de forma
inesperada. El verle dormir a su lado, salir de la ducha diariamente con una minúscula toalla tapando su
desnudez y teniéndolo cerca la mayor parte del tiempo, Changmin se las había visto cruda para mantener sus
hormonas a raya y no saltar sobre él.

Ciñendo su abrazo y deslizando sus labios hasta la mejilla de la mujer, se obligó a apartarse de ella al notar
como su sexo volvía a excitarse.

—Me tengo que ir Heejin, y de verdad perdona lo de antes.

Asintiendo y besándole por última vez, Heejin se levantó aun con la sabana cubriendo su curvilínea figura.
Para momentos después perderse por la puerta del baño privado de aquella habitación.

Terminando de vestirse, Changmin miró por última vez las paredes rosadas de la cursi habitación, para
después salir de ella sin hacer apenas ruido. Su coche, un flamante porche azul metalizado, le esperaba en el
inmenso garaje del hotel, y subiéndose en él, Changmin fue rumbo hacia su casa.

Una semana. Una entera y aburrida semana había pasado desde que se habían casado. Y Changmin, que en
un principio había estado preocupado por lo que su abuelo pudiese hacerle a su esposo, pronto se dio cuenta
de que Junsu sabía defenderse perfectamente él solo. Y no solo eso, de alguna forma—que él aun desconocía
por completo—había logrado convencer al viejo para que le dejase volver a estudiar en su vieja escuela. Y
eso era algo que Changmin no entendía. Su abuelo, una de las personas más snob que conocía, nunca
permitiría que algún miembro de la familia, por muy provisional que fuera, estudiara en un instituto de mala
muerte.

Y no es que Junsu estuviese ya en edad de asistir a un instituto. Pero su escaso presupuesto económico le
había obligado—O eso es lo poco que había podido escuchar hablar al pelirrojo sobre sí mismo—a cursar un
modesto curso informático. No es que estuviese mal el curso, pero según le había mencionado el chico,
Junsu quería estudiar historia.

Después de conducir casi sin ser consciente de nada durante un par de manzanas, se dio cuenta de que había
llegado a su casa, y al ver un imponente mercedes aparcado justo en la entrada, como si el propio coche
estuviese gritando a los cuatro vientos a ver quien se atrevía a quietarlo de ahí, se dio cuenta de que su primo
también debía haber llegado ya. Junto con su interesante novia.

Conduciendo hasta el garaje y colocando el coche entre los demás lujosos autos de la familia, Changmin
entró en la mansión.

—¡Yunho! —Exclamó al ver la alta figura de su primo. Acercándose hasta él, se paró para darle una
afectuosa palmada en la espalda—La verdad es que dudaba de que vinieras.

—¿Cómo iba a saltarme esta estupenda cena? —El tono irónico de su primo, tan conocido para él, le hizo
sonreír. —¿Y tu esposo, dónde está?

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—Pues no lo sé, la verdad es que no he pisado la casa desde esta mañana.

—Ya me imagino… ya…—Changmin de pronto notó la presencia del acompañante de Yunho, que no era
otro que el hombre que se hacía pasar por su novia. Pero su mirada poco duró sobre la femenina figura del
chico, que enfundado en un elegante vestido azul cielo, le miraba con los ojos como platos, ya que su primo
le agarró de pronto del cuello de la camisa—Y supongo que el pintalabios que tienes por el cuello es de un
accidente que has tenido en tu ajetreada mañana.

—¿Bromeas, verdad?

—Ve al baño antes de que alguien te vea.

Si a la supuesta novia de su primo le extrañó que llegase a la casa con pintalabios y que no quisiera que nadie
se enterara, su rostro no lo mostró. Con un suspiro de alivio, producto de que hubiese sido Yunho él que se
hubiese dado cuenta de su error, se encaminó hacia el baño más próximo para borrar cualquier posible
prueba de su reciente encuentro.

Cuando volvió al comedor, toda su querida y apreciada familia estaba ya unida. Bueno en realidad no.
Faltaban sus primos gemelos, que aun seguían en su supuesto viaje.

—Así que por fin te dignas a otorgarnos tu presencia—Fue todo lo que dijo su canoso abuelo mientras se
dirigía a la única silla libre, que además de estar a la izquierda de su abuelo, se encontraba junto a la de su
esposo.

—Buenas noches—Admirando de nuevo aquella falsa cordialidad reinante entre los ocupantes de la mesa,
Changmin se inclinó sobre su esposo para depositar un casto beso en su mejilla. Un acto que se le había
hecho costumbre recientemente. Junsu ni se inmutó. —Y dinos… ¿Dónde has estado toda la mañana,
querido sobrino? —Su tía Mihwa, tan imponente como siempre con un traje rojo intenso con un
escandaloso escote que dejaba asomar su generoso pecho demasiado para su gusto, le sonrió cínicamente.

—¿Y desde cuando esa preocupación por mí, tía?

—Desde que tengo el placer de verte todos los días en mi mesa.

—¿Tu mesa? —Con burla, Yunho se giro para mirar a la mujer que se encontraba al lado de su “novia”.
Cruelmente, y esperando una reacción de parte de su tía, exclamó con inocencia:—No sabía que mi abuelo
había decidido dejarte a ti como heredera… Hasta donde yo sabía, yo mismo soy más propietario de esta
mesa que tú.

—Serás…

—¡Basta! —Golpeando la mesa con sus manos y poniéndose en pie, Jung Myungsoo miró a los tres
miembros que compartían su sangre con gran enojo—O se comportan, o les echaré de la mesa para cenar a
solas con mis demás invitados.

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Por muy tentadora que resultase la idea, tanto Mihwa, Changmin, como Yunho guardaron silencio. Mihwa
por no perder la oportunidad de averiguar más cosas sobre los dos nuevos miembros de la familia, y los dos
primos por no dejar a solas a sus “parejas” con aquellas víboras.

—Bien, ahora que ya han terminado de comportaros como imbéciles—Concluyó el anciano volviendo a
tomar asiento—Podemos empezar a comer.

Lo que debió de ser una comida, se convirtió en un campo de batalla. Pero no de aquellas crueles y violentas
batallas donde todos los comensales terminaban tirándose los cubiertos a las cabezas, no. Aquella era una de
las batallas sutiles donde cada frase inocentemente dicha llevaba implícita una pregunta personal.

La elegancia innata de los Jung pareció desvanecerse en cuanto sus bocas se abrieron. Y el que más
perjudicado salió de todo aquello, fue Jaejoong. El abuelo de su jefe no paraba de lanzarle todo tipo de
indirectas mientras sus arrugadas manos movían con fluidez los cubiertos cortando la exquisita carne que
habían asado para la ocasión.

Aquellos perspicaces ojos parecían no perder detalle de todas las reacciones a sus comentarios, y mientras
Jaejoong se esforzaba por comer sin cometer algún fallo garrafal, del tipo de fallo que le pondría en
evidencia frente a todos, tuvo que esquivar todas las preguntas que le hicieron, ya fuesen más o menos
sutiles.

Sus ojos cafés recorrieron toda la mesa, deteniéndose en el chico pelirrojo que tenía frente a sí. No había
abierto la boca durante toda la cena y lo único que se limitaba a hacer era comer en el más absoluto silencio.
Aquel día, el chico iba elegantemente vestido con un traje marrón claro que combinaba perfectamente con
sus ojos. Su cabello, a diferencia del día de la boda, lucía más libre, dándole un aire más juvenil y atractivo.

A Jaejoong le hubiese gustado hacerse su amigo. Pero dudaba mucho que en su papel de farsante en toda
aquella absurda broma pudiese acercarse demasiado al recién casado. Por otra parte, el Jung que acababa de
casarse parecía todo lo contrario a su esposo. Durante toda la cena había estado mandando comentarios
sarcásticos e hirientes a su tía y su abuelo por igual. El hombre no era para nada sutil, pero aquello no
parecía sorprender a ninguna persona excepto al propio Jaejoong.

Durante todo el día había temido el momento de encontrarse con aquel Jung en especial, recordando
constantemente su fallo en el baño del banquete de la boda y la advertencia del moreno, pero cuál fue su
sorpresa al descubrir que una vez se encontraron, el otro no había reparado ni en su presencia.

Allí había algo extraño. El comportamiento de los recién casados distaba mucho de ser cariñoso, como se
suponía, debía ser. Y en cambio, las miradas que se dirigían de vez en cuando, sobretodo, procedentes del
pelirrojo, eran de verdadero hastío.

Pero, ¿Quién era él para meterse donde no lo llamaban? Ya tenía suficientes problemas sobre su cabeza
como para tener que preocuparse por los de los demás.

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—Y dime ¿Cómo se conocieron mi primo y tú? —El inesperado comentario de Changmin le sacó de sus
cavilaciones. Su jefe fulminó a su primo con la mirada mientras se tensaba

—Fue… Fue en el trabajo.

—Eres modelo—Era evidente que no lo era. Y Jaejoong sintió el súbito impulso de tirarle su copa a la
cabeza por preguntar aquello. Humillado y sin saber que contestar, sintió un inmenso alivió cuando su jefe
tomó el relevo con las preguntas.

—No. Es diseñadora.

—¿Enserio? Nunca había escuchado su nombre, aunque es muy joven aun. Quizás algún día lleve algunos de
tus diseños—La burla en los ojos negros de Changmin le hizo encogerse momentáneamente. Estaba jugando
con él, y lo peor era que su jefe estaba a su lado. Si llegaba a darse cuenta de que su primo era consciente de
toda aquella farsa, él se llevaría una buena reprimenda.

—Me encantaría que algún día llegaras a desfilar con alguno de mis modelos—Fue la escueta respuesta por
su parte. Pero para su consternación el esposo del moreno empezó a toser mientras le miraba con una
mezcla de diversión e incredulidad. Sin saber muy bien cuál era el problema, se limito a observar como el
moreno le daba unas palmaditas en la espalda.

—¿Qué pasa cielo, no crees acaso que sería un modelo estupendo?

—Oh… si. ¿Quién mejor que tu para eso? —Changmin pareció francamente divertido, pero antes de que
alguien pudiese decir algo al respecto, Yunho decidió que aquella interrogación había llegado a su fin.

—¿Y dime, viejo, como van las acciones de la empresa italiana que compraste el mes pasado?

—Bastante más bajas de lo que esperaba —murmuró tras lo que casi fue un suspiro de alivio colectivo.

—¿Se llevó a cabo la fusión con la internacional Rusa?

—No, y ese fue el principal problema. Tras ver que la fusión no llegaba a muy buenos términos, las acciones
bajaron en picado. Por suerte van recuperándose. —Reclinándose sobre el respaldo de su silla, el anciano
miró calculadoramente a su nieto mayor—¿Y tu empresa, cómo va?

—Mejor que nunca. La revista se vende en casi toda Asia. Espero que pronto el casi desaparezca.

—Eres ambicioso —dijo el viejo con los ojos entornados. Pero por algún motivo parecía estar regocijándose
de lo que había dicho su nieto. —Pero llegarás lejos.

Su mirada se clavó directamente en Changmin, y todos, incluyendo a Jaejoong, que poco sabía de esa
familia, pudieron darse cuenta el reproche que llevaba implícito. El moreno pareció no inmutarse ante
aquello, pero cualquier persona observadora se hubiese dado cuenta del gesto que se le había formado en los
labios. Changmin apretaba sus puños bajo la mesa.

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—Cuéntanos algo de tu familia —dijo el anciano mirando a Jaejoong fijamente. El moreno casi se atragantó
con la comida. Agarrando la fina copa con más fuerza de la que pretendía, sus ojos buscaron los de su jefe.
¿Qué podía decir de su familia?

—Mis padres... Mis padres murieron hace años en un accidente. Y ahora estoy yo sola.

Aunque había esperado que aquello cesara la conversación sobre su familia, tenía que haber supuesto que la
muerte de sus padres no frenaría a aquella persona.

—¿Cómo te las arreglaste para salir tu sola adelante? Debías ser muy joven cuando murieron.

—Pues... Me dejaron una herencia que me permitió estudiar lo que quería—Era mentira, por supuesto. En
realidad sus padres habían muerto sin dejarle ni un solo centavo. Pero mientras se despellejaba los codos en
las largas noches de estudio, también llevaba un empleo a tiempo parcial que le permitía pagar su alquiler y
el hospital de su hermana. Después, cuando fue hora de pasar a la universidad, Jaejoong estaba seguro de que
él nunca podría pisar suelo universitario, pero para su completo asombro, su instituto le dio una beca que le
permitió estudiar lo que a él más le gustaba. Diseño.

Claro que aquello no había sido fácil. Con más materias de las que podía ocuparse y teniendo que trabajar en
ocasiones en hasta dos trabajos parciales, Jaejoong pensó muchas veces en dejar la universidad. Solo el
incentivo de su futuro logró que siguiera adelante.

Y así pasó la cena. Entre comentarios agudos por parte de algunos y respuestas evasivas de parte de los
demás. La larga y elegante mesa parecía fuera de lugar cuando al fin la cena se dio por finalizada, ya que le
daba al ambiente un aspecto familiar que lejos estaba de la realidad. Pero el decorado de la sala, tan suntuoso
como cabe esperarse de gente con un altísimo nivel económico, era tan superficial y frío como el resto de la
familia.

Colocándole su largo abrigo beige sobre sus delgados hombros, su jefe le enlazó el brazo para llegar hasta la
puerta de la entrada de la casa. Con su traje negro estaba tan impresionable como siempre.

—Lo has hecho bastante bien—Le dijo una vez subieron al lujoso auto. Jaejoong se abrochó el cinturón
inmediatamente, mientras que el otro arrancaba el coche para salir de allí a toda velocidad.

—Gra… gracias. —Si su jefe se extrañó de que pareciera tan tímido de nuevo, después de haber contestado
normal en la cena, no dio muestras de ello. —¿Tendré que hacer esto más veces?

—No estoy seguro. Quizás con una última visita a algún sitió romántico tengamos suficiente. ¿Alguna
sugerencia?

—Bueno…—Sin salir de su asombró porque le pidiera opinión sobre algo, cuando evidentemente nunca
antes lo había hecho, murmuró—Podíamos ir al parque de atracciones o algo así. Las parejas suelen hacerlo.

La estridente carcajada del moreno, tan poco usual en él, le sobresaltó.

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—Eso serán las parejas pobres como tú. —Tras un momento en silencio, una lenta y diabólica sonrisa se
extendió por su rostro—Aunque será interesante ver qué sucede cuando vean a una de las personas más ricas
de este asqueroso país en un parque de atracciones. Probablemente mi abuelo se muera de un infarto.

Ante la falta de toda sutileza con el tema, Jaejoong se mordió el labio. Está bien que odiara a su abuelo, pero
de ahí a que no le importase su muerte… Jaejoong era alguien sencillo, que toda la vida había creído en el
vínculo familiar. Nunca llegaría a comprender a los Jung.

—El próximo domingo iremos al parque de atracciones de la ciudad. —Determinó mientras aceleraba aun
más la disparada velocidad del coche. Jaejoong simplemente enterró sus dedos en el asiento de cuero
rezando por poder llegar vivo al próximo sábado.

Por otra parte, en el cuarto de matrimonio que compartían Junsu y Changmin, la incesante mirada suspicaz
del pelirrojo estaba empezando a impacientar al otro. Cuando Junsu se acercó hasta olfatearlo levemente,
Changmin llegó a su límite.

—¿Es qué acaso se te pegó el complejo de perra de mi tía?

El pelirrojo por un momento pareció avergonzado. Pero fue tan rápido que Changmin no estaba seguro de
que hubiese sido vergüenza lo que había visto en aquellos ojos marrones.

—Qué raro, yo me estaba preguntando lo mismo de ti. Hueles que apestas a perfume de mujer. Y, o has
estrenado tendencias nuevas en perfumería, o te has estado revolcando por ahí.

Ahora fue Changmin quien se avergonzó. Pero al contrario que Junsu, sus mejillas adquirieron un furioso
sonrojo.

—Vete al demonio—Casi gritó mientras empezaba a desnudarse frente al otro, dándole la espalda. Pero de
pronto, aun sabiendo lo equivocado que probablemente estaba, soltó: —¿O es que estas celoso?

La seca carcajada de su esposo fue respuesta suficiente.

—Sigue soñando Jung. Por mi puedes revolcarte con toda la ciudad. En realidad me harías un gran favor.
Despertarse con algo clavado en alguna parte del cuerpo todos los días no es algo realmente agradable.

La furia brilló en los ojos de Changmin momentos antes que saltara a agarrar a su esposo por el cuello con
brusquedad.

—Tal vez si no fueras tan frío como un pez no pasaría eso —gritó con sus rostros a escasos centímetros.

—No me culpes de tu descontrol hormonal. Es obvio que si fuera por ti, te terminarías tirando hasta a los
animales que tuviesen la desgracia de cruzarse en tu camino.

Junsu no había querido ser tan brusco. En realidad había tenido la intención de empezar aquella conversación
para reírse un poco del moreno. Pero cuando sintió como su esposo le empujaba sobre la cama para después

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sentarse sobre su cintura, sin soltarle las manos en ningún momento, se dio cuenta de que las cosas se habían
salido de su control.

—¿Animales… eh? Quizás deba empezar por “tirarme” a una serpiente como tú.

Momentos después una ansiosa boca se abatía sobre los labios entreabiertos del pelirrojo, que solo atinó a
mirar aturdido como el otro le aprisionaba con su cuerpo.

Cuando sintió, además, la lengua de su esposo invadiendo su humedad cavidad, empezó a forcejear para
soltarse del férreo agarre. Sin ningún resultado.

—¿Qué demonios crees que haces? —Grito el chico tras haber mordido la lengua invasora, logrando que el
beso se rompiera con brusquedad

—Comportándome como la perra que dices que soy—Agarrando ahora las dos manos de Junsu con una de
las suyas, desplazó la que le quedaba libre para colarla por el bajo de la camisa de Junsu.

El frío contacto de aquellos dedos en su abdomen le hizo estremecerse. —¿Te gusta? —Preguntó mientras
sus labios repartían húmedos besos por todo el largo de su cuello. La mano llegó hasta uno de los pezones de
Junsu, que pellizcó con suavidad mientras sus labios volvían a apoderarse de la boca de su esposo. Esta vez
sin encontrar casi resistencia.

“Párate” le decía su mente a gritos desesperados. Pero parecía que su consciencia lo había abandonado por
completo. Sus manos, que habían soltado el agarre del otro, vagaron libremente acariciando todo el pálido
pecho del pelirrojo, que por lo visto había perdido toda razón también.

Con un ronco gemido, la espalda de Junsu se arqueó al sentir los largos dedos del moreno llegar hasta el
borde de sus pantalones. Toda su resistencia había desaparecido tras notar como su excitación crecía con las
caricias del otro. Y ahora, mientras la mano del moreno se abría paso bajo su ropa interior, se vio
conteniendo el aliento esperando aquel toque que sabía, le fulminaría completamente.

Pero aquello nunca llegó. La mente del moreno debió vencer la batalla contra su cuerpo, y con una
maldición que habría coloreado las orejas de cualquier chiquillo, retiró su mano de los pantalones de Junsu.
Más se quedó recostado sobre aquel agitado cuerpo que aun parecía pedir a gritos la satisfacción que tan
cerca había estado a punto de conseguir.

Respirando entrecortadamente sobre el cuello de Junsu, y dándole un último beso allí donde una pequeña
vena parecía latir alocadamente, se incorporó para introducirse directamente al baño.

No se acostaría con Junsu. Por lo menos no así. Cuando lo hiciesen sería porque el pelirrojo hubiese estado
de acuerdo desde el principio. Si no, su acuerdo terminaría y todo se iría al caño.

Deslizando suavemente el filo del lapicero sobre la lámina de dibujo, Jaejoong terminó al fin su último
proyecto. Había estado trabajando en el durante mucho tiempo, y aun a riesgo de parecer presuntuoso,
debía admitir que había hecho un buen trabajo.

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En una empresa dedicada a la moda, donde millones y millones de dólares se invertían mensualmente en
novedosos y finísimos diseños, la competencia era algo con lo que contar a diario. Los más prestigiosos
diseñadores competían por el puesto de diseñador principal de la revista, y allí, en medio de una pelea entre
los más grandes, los pocos becarios que habían tenido la suerte de ser aceptados en la gran empresa debían
poner todo su esfuerzo en que su trabajo no quedara eclipsado por el de los demás.

Había aprendido rápidamente que la vida no era un camino de rosas, como insistían en ponerlo los padres a
sus hijos. Y que una vez salías al mundo laboral, solo te tenías a ti mismo para poder seguir adelante en un
mundo donde los lobos abundaban más que los corderos. Y por desgracia, Jaejoong sabía que era un
cordero, y de los más mansos.

Su coordinadora les había pedido a él y a Jisun, la otra becaria, un boceto para el desfile que se celebraría en
dos meses. Ambos sabían que aquello era una prueba para comprobar sus habilidades, y que quien lograra
impresionar a la coordinadora, lograría quedarse en su puesto después de que su tiempo como becario
hubiese acabado.

No sabía cómo era el diseño de Jisun, pero como buen profesional que era, debía reconocer que aquella
chica, con aspecto engañosamente insignificante—bastante parecida a él mismo, solo que en él, pocas cosas
eran falsas—tenía un gran talento a la hora de diseñar ropa.

Cogiendo su blog de láminas, se encaminó con pasos decididos hacia el despacho de la señora Song, su
coordinadora. Le costaba bastante esfuerzo el mostrarse sereno ante aquella mujer de aire regio, pero con su
casi metro ochenta de estatura y aquella nariz puntiaguda que parecía meterse en todo, la señora Song no
permitía entre sus empleados la inseguridad.

—Pasa—Escuchó la voz de la mujer una vez tocó la puerta. Inspirando hondamente e intentando aparentar
una serenidad que estaba lejos de sentir, entró.

—Aquí le traigo mi diseño—Dejó el blog en la gran mesa de madera caoba que adornaba el iluminado
despacho. La mujer, sentada tras aquella misma mesa en una cómoda silla de piel, tomó las láminas para
empezar a hojearlas. Jaejoong no supo leer en su expresión lo que pensaba de su trabajo.

—Bien hecho, Kim. —El que lo llamara por su apellido era algo a lo que aun no se acostumbraba. —
Mañana mismo se sabrá que diseño se mostrará en el desfile de abril.

Se dio la vuelta dispuesto a marcharse de allí para seguir con su trabajo habitual, pero las siguientes palabras
de la mujer le dejaron clavado en el sitio.

—Tienes talento Jaejoong, métete eso en tu brillante cabeza y ten más confianza en ti mismo.

—Ehh… Gracias —murmuró sin saber bien qué más podía decir. ¿Devolverle el cumplido? No lo creía
conveniente.

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Cuando por fin salió de aquel despacho, su mente estaba perdida en lo que le había dicho su jefa. No podía
creer que aquella mujer, aparentemente sin sentimientos, le hubiese dicho algo para animarle. Lo peor de
todo era que no sabía exactamente si eso significaba algo bueno.

—¿Qué tal? ¿Has ganado? ¿Vestirán tu traje en el desfile? —Sus manos fueron apresadas por las de una
eufórica Hyosun, que por lo visto estaba aun más nerviosa que él. Jaejoong nunca habría imaginado de su
única amiga aquella fiera competitividad. Su carácter era como una caja llena de sorpresas, que a la mínima
oportunidad aprovechaba para tirar por los suelos el perfil que se creaban de ella. —Seguro que ha sido así,
eres mil veces mejor que esa mosquita muerta.

—No digas eso Hyosun —murmuró mientras se sentaba en su pequeña mesa, junto a su amiga. —Yo… Yo
aun no sé nada. Me dijo que mañana lo diría.

—Tranquilo Jaejoong—La mujer se sentó en el borde de su mesa inclinándose para que solo él pudiese
escuchar lo que decía—De verdad que tú le das mil vueltas, Y eso hasta el ogro de nuestro jefe lo notaría.
—Agradeciendo el ánimo de su amiga con una mirada, Jaejoong rezó para que tuviese razón. Necesitaba su
trabajo, y aquella era la oportunidad de oro para mantenerlo. O mejor dicho, para mejorarlo. Cuando
Hyosun vio a unos de los tantos diseñadores importantes de la revista pasar cerca de ellos, con una mirada de
superioridad claramente definida, volvió a su propia mesa a trabajar. Ella estaba encargada de maquetar la
revista, y era muy buena con su trabajo aunque Jaejoong nunca se imaginó el porqué de estar él metido junto
a una maquetadota.

La mañana pasó sin ningún sobresaltó. Más de una vez vio a su jefe salir y entrar a su oficina con la cara de
mal humor que tanto le caracterizaba. Era obvio que aquella falsa cortesía que se había creado últimamente
no llegaba hasta sus horas de trabajo. Ni una vez le miró, ni siquiera de pasada. Cuando llegó la hora del
almuerzo Jaejoong recibió una inesperada visita. Justó cuando se disponía a guardar sus útiles de dibujo en
los cajones de su mesa, frente a él apareció Heechul, que con una sonrisa que le provocó escalofríos, le pidió
que le acompañase.

—¿Y? ¿Cómo te fue en la cena? —Fue lo primero que preguntó el famoso diseñador mientras caminaban
por uno de los tantos pasillos de las oficinas. Jaejoong, al ver que no iban al acostumbrado estudio donde
solían vestirlo de mujer, se preguntó donde le estaría llevando el hombre.

—Bueno… bien. Creo —murmuró. Imaginando que su jefe le había puesto al corriente de todo.

—Oh vamos. Tú no eres como Jung, que no ha soltado prenda y me ha dejado con la intriga.

—En realidad no pasó nada. Todo el mundo hacía preguntas a los demás mientras que yo me limitaba a
mentir a todo el mundo.

Heechul soltó una carcajada al escuchar su poco habitual todo de ironía. En realidad, el diseñador podría
haber jurado que era la primera vez que le escuchaba hablar así. En las últimas semanas, entre todas las horas
que habían pasado juntos, se había creado entre ellos una especie de lazo. No se podía llamar amistad, pero
Jaejoong podía decir que aparte de Hyosun, aquel hombre era una de las personas con quien más hablaba.

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—Ya me imagino. Solo he visto una vez al abuelo de Yunho, y me dio miedo.

Jaejoong de pronto se paró. Habían llegado a una elegante puerta que tenía colgado un cartel donde ponía el
nombre del diseñador. Jaejoong no podía imaginarse que era lo que se le había perdido a él en aquel lugar.

—Pasa, no voy a morderte. —No se sorprendió ante el excéntrico decorado del lugar. Después de todo, si
algo había aprendido tras horas y horas de estar junto al diseñador, era su “extraño” gusto por las cosas raras.

La inmensa estantería que adornaba una pared completa de la oficina estaba llena de libros y figuras de lo más
variadas. Desde lo que parecían ser Venus antiguas y mal moldeadas hasta falos inmensos de cerámica. Su
atención se vio especialmente atraída por un objeto parecido a un viejo artefacto. El endeble instrumento
tenía toda la apariencia de destrozarse con el más ligero soplo de aire.

Las demás paredes, pintadas con rayas blancas y negras, estaban decoradas con todo tipo de inmensos
cuadros con fotos de modelos. Jaejoong reconoció en algunos de ellos los diseños de otros famosos
diseñadores.

—Cuando dibujo, me gusta tener frente a mí lo más grande creado por la competencia. Me hace desear
superarles. —dijo de pronto demasiado cerca del rubio, sobresaltándole. Cuando se dio la vuelta, el hombre
le miraba intensamente. —¿Esto es tuyo, verdad?

Sus ojos se dirigieron hasta las manos del diseñador, que portaban unas láminas. Jaejoong soltó una
exclamación al ver su preciado diseño allí.

—Sí. Es mi proyecto para el puesto del desfile de abril.

El hombre se acercó hasta su escritorio, que por supuesto, era completamente negro. Menos la silla. Una
monstruosidad blanca de lo que parecía ser piel. Sentándose allí, una súbita sonrisa adornó su rostro
mientras su mirada se clavaba en la del chico.

—Desde luego, el puesto es tuyo.

—¿Cómo?

—Vamos Jaejoong. Deja la modestia a un lado. En este mundo de poco te va a servir. Este es uno de los
mejores diseños que he visto desde hace bastante tiempo. El de tu compañera estaba bien, pero comparado
con el tuyo no tenía nada que hacer. En realidad creo que hay diseñadores en esta misma revista con mucha
menos visión que tú.

Sin poder articular palabra ni poder creer lo que le estaba diciendo una de sus figuras a imitar, Jaejoong se
llevó una de sus pálidas manos a la boca para sofocar una exclamación.

—¿En serio te gusta?

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—Tienes una tendencia a mezclar lo formal e informal, creando una verdadera obra de arte. El tono verde
pálido que has usado, combinado con los tonos marrones y camel son perfectos para el desfile de primavera.
Te aseguro que cuando los críticos alaben tu obra, tu tiempo de becario se acabará.

—Gracias… Yo…

La mano del diseñador le agarró por la barbilla mientras que sus ojos se veían por primera vez serios.

—Pero de verdad que tienes que hacer algo con ese carácter tuyo. Los medios te merendarían antes de cinco
minutos. Aunque no estás del todo perdido, conmigo has empezado a mostrarte más abierto. Supongo que
aunque nunca cambiarás completamente, serás capaz de mostrarte más seguro ante los demás.

—Yo… Yo siempre te he admirado, a ti y a tu trabajo. No sabes cuánto significa… esto.

Aquella mano, olvidada en su rostro, le revolvió repentinamente el cabello en un gesto fraternal.

—Hablaré con Jung. A partir del lunes próximo te trasladarás aquí, conmigo. Te convertirás en mi
aprendiz.

Sin palabras de nuevo, solo pudo mirarle con los ojos cristalizados por el agradecimiento. No entendía
cuándo aquella persona, irónica y desagradable al principio, se había convertido en su amigo. Pero Jaejoong
supo que desde aquel momento el diseñador le iba a ayudar a salir adelante. Y por primera vez también, se
vio con más fuerza para llevar adelante todas aquellas cargas que pendían cual espada de Damocles sobre su
cabeza.

Cuando el diseñador le pidió que le enseñara más bocetos de sus obras, Jaejoong casi voló hasta su escritorio
para buscar su carpeta. Y durante las tres horas siguientes se dedicó a enseñar al otro todo aquello en lo que
había estado trabajando desde que había entrado en la oficina. Heechul se mostró interesado en todos los
detalles y exigente con lo que él consideraba apropiado o no.

Cuál fue su sorpresa al comprobar que al diseñador le gustaban la mayoría de sus trabajos. Cuando el final de
la jornada laboral llegó a su fin, Jaejoong tenía trabajo como para dos meses. Heechul le había entregado seis
de sus trajes de verano, alegando que debía perfeccionarlos hasta que él los encontrara perfectos. El premio
sin embargo era un buen aliciente para animarle. Si lo hacía bien podrían salir algunos de sus trajes en la
sección de moda de junio.

Y así, sin señales aun de su jefe y encerrado prácticamente en el despacho de Heechul, Jaejoong se pasó toda
la semana arreglando y perfeccionando sus diseños. Era un trabajo agotador, ya que si el diseñador no se
encontraba de humor era imposible avanzar algo con los dibujos. Cuando Heechul se enfadaba no era
exactamente lo que se podría decir afable y si el pobre rubio se acercaba a él, en un arrebato de furia podría
llegar hasta a romperle el boceto aludiendo que aquella porquería no se la pondrían ni los vagabundos para
protegerse del frío.

Pero por lo general el diseñador era de gran ayuda. Sus ideas y comentarios sobre la ropa que Jaejoong
dibujaba, ya fueran buenos o no, eran siempre críticas constructivas que le enseñaban como debía hacerlo la

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próxima vez. Además, se dio cuenta de que eran pocas las personas que podían decir, sin mentir en el acto,
que eran amigas de Heechul. El hombre era cordial cuando le interesaba, amable en sus días raros y miraba a
los demás como si fuesen insectos la mayoría del tiempo.

Pero por suerte, parecía como si hubiese acogido al rubio bajo su ala, decidido, aunque se llevase su bonito
pellejo según sus palabras textuales, a convertirle en uno de los mejores diseñadores de toda Asia.

Cuando el viernes llegó, Jaejoong ya se preguntaba si acaso su jefe se había olvidado de la visita programada
al parque de atracciones. Pero no fue hasta casi última hora que el magnate se dignó a llamarle a través de
una de sus secretarias. Cuando el rubio llegó a la puerta del inmenso despacho de su jefe, la habitual congoja
que se hacía presente en sus encuentros con el moreno, no falló.

—Buenas noches —murmuró mientras se acercaba a la gran mesa dónde su jefe firmaba una pila enorme de
papeles.

La mirada aguda del moreno le taladró, pero para su completa estupefacción el hombre no dijo una palabra.

—¿Para... para que me ha llamado? —Preguntó cuando aquel escrutinio se le hizo insoportable.

—¿Estarás contento, verdad? —dijo súbitamente poniéndose en pie y mirándole con burla. Allí estaba el
Jung hiriente de siempre. —Has pasado de ser el chico de los recados al “Mon petit ami” del más famoso
diseñador. Debo admitir que has superado todas mis expectativas.

Ante el significado de sus palabras, el rubio soltó una exclamación de horror.

—¿Qué… qué quieres decir?

—¿No es obvio? Todos dicen que para que él se haya tomado tantas molestias contigo has debido de abrir tus
piernas bastantes veces. — Con ganas de gritarle unos cuantos insultos a la cara, pero sin atreverse, Jaejoong
se mordió con fuerza el labio inferior en su coraje—Tienes suerte que yo conozca a Heechul y sepa
perfectamente que nunca se fijaría de ese modo en alguien como tú.

Sus ojos le miraron despectivos mientras Jaejoong sentía que su humillación llegaba a límites indeseados.

—Yo nunca haría algo así—Susurró con la cabeza gacha, incapaz de mirar a su jefe y de creer que alguien
pudiese estar haciendo correr unos rumores tan crueles. Ya se lo habían dicho muchas veces, o espabilaba, o
se lo comerían vivo.

—Eso no me interesa. Te he llamado para avisarte que el domingo a las 10, mi coche pasará a recogerte por
tu casa para ir al parque de atracciones. Si todo sale bien, en poco tiempo ambos estaremos libres de esta
farsa.

—Bien. Estaré listo a esa hora. —Se dispuso a salir del despacho con la espalda rígida y aun con las crueles
palabras del hombre en su mente, pero un insistente pensamiento le hizo girar levemente para preguntarle a
Jung:

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—¿Iremos los dos solos?

—Pues claro. ¿Acaso necesitas una niñera que cuide de ti?

—No...…—Con un gesto de hastió su jefe le echó del lugar. Jaejoong se dijo a si mismo que el moreno no
se hubiese ahogado por intentar ser un poco más amable con él. No es como si quisiera que le alabase o algo
parecido, pero si dejase de insultarlo, el rubio se lo agradecería.

Pasándose por el despacho de quien ahora era su jefe directo, Heechul, tomó todas las láminas de uno de sus
trajes de verano para proseguir con su trabajo en casa. Además, recordó que su visita mensual al hospital de
su hermana se acercaba y como diese lugar él tendría que estar libre ese fin de semana para poder dedicárselo
completo a su linda hermana. Que ya bastante poco la podía ver, como para dejar sus visitas de lado por
trabajo.

Abandonando la casi vacía oficina, Jaejoong se dirigió a la parada de autobús como hacía cada día. Cuando
llegó a su casa solo pudo preguntarse qué pasaría en su salida con su jefe el domingo. Desde luego, nada
bueno para su salud mental y quizás hasta física. Dándole la orden a su discreto chofer, Yunho paró su lujoso
coche frente a la empobrecida puerta de la casa de Jaejoong. Después de una semana de trabajo acumulado,
no es que le hiciese demasiada ilusión salir todo el día en compañía de un mocoso. Pero aquello era una
obligación que no podía dejar pendiente.

Su chofer bajó del auto para ir a llamar al chico mientras él seguía en el interior perdido en sus
pensamientos. Recientemente, sus inversores le habían estado presionando para que aceptase una oferta de
otra revista de comprar sus acciones. Pero lo último que él quería era dejar parte de la empresa que tanto le
había costado formar a alguna internacional deseosa de dinero.

Era cierto que la oferta era tentadora, pero ellos estaban bien como estaban, y no les hacía ninguna falta que
entrara en su círculo de accionistas ninguna otra revista.

Fundamentalmente habían sido los accionistas mayoritarios más jóvenes los que habían reclamado que
aceptase la oferta. Con una sed de dinero interminable y una audacia solo explicable en los que iniciaban su
carrera de accionistas, todos ellos buscaban la forma de llenar su cartera.

Además de eso, había tenido que encargarse personalmente de contratar una nueva secretaria. Nunca lo
reconocería, pero cuando Jaejoong dejó de encargarse de aquellas pequeñas cosas que él mismo había
menospreciado, se había visto en problemas para organizarse. Su secretaria actual estaba bastante ocupada
con todos los informes y organizando papeleo como para ocuparse de lo que Jaejoong hacía.

Se había sorprendido cuando su diseñador se había presentado en su oficina casi imponiéndole que tenía que
“darle” a Jaejoong. Al principio simplemente se había limitado a alzar sus cejas a modo de interrogación,
pero Heechul, demostrándole una vez más su tenacidad, había desplegado todo un arsenal de razones por las
que su ratita tenía que estar aprendiendo con él y no perdiendo su talento en aquella mesa de recadero.

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Heechul había asegurado que el muchacho tenía gran talento para el diseño, y Yunho, totalmente impactado
porque el diseñador hubiese decidido acogerlo bajo su ala, no había podido negarse. No todos los días uno de
los mejores diseñadores se interesaba así por el trabajo de algún principiante.

Sus pensamientos fueron cortados cuando la puerta del auto se abrió, dando paso a Jaejoong. Esta vez, su
disfraz rozaba lo informal, pero sin perder ese toque de elegancia que tanto caracterizaba al trabajo de
Heechul. Haciéndole una señal para que entrara, Yunho se reclinó en su asiento sin mirarle una vez más.

El viaje fue largo y aburrido, pero por suerte, antes de que el moreno empezara alguna estúpida
conversación habían llegado a las grandes puertas del mayor parque de atracciones de la cuidad. Bajando del
lujoso coche e indicando al chofer que les recogiera cuando le llamara, se encaminó hasta la cabina para
poder comprar las entradas, seguido por el otro.

—Veamos… ¿Dónde podemos ir primero? —A decir verdad, aquella era la primera vez que visitaba—al
menos con fines de ocio—un lugar así. Su vida no había rondado precisamente en aquellas pérdidas de
tiempo.

—Quizás… podríamos ir al puesto de bebidas —dijo Jaejoong, a quien prácticamente no le había dado
tiempo a desayunar. Esperaba poder tomar algo.

—Está bien.

Ambos llegaron a un colorido bar, con aspecto de changarro, que se encontraba en medio de uno de los
largos corredores del parque. Una vez sentados en los altos bancos de la barra, una camarera de aspecto
agradable les atendió.

—¿Qué van a tomar?

—Yo quiero un descafeinado—Pidió Jaejoong. Si a la camarera le sorprendió su pedido, muy lejos de


parecerse a los que tenía usualmente, no dijo nada.

—¿Y usted, señor?

—Un tequila, doble.

No acostumbraba a beber así tan pronto, pero temía que lo iba a necesitar. Cuando ambos tuvieron su
pedido, tomó su vaso para darle un buen trago. Pero casi se le cae al ver lo que el otro hacía con su café.

—¿Seis? ¿Te acabas de echar seis cucharadas de azúcar? —El rubio pareció avergonzado, pero por nada del
mundo le iba a decir que no soportaba el sabor del café. Y menos aunque, aún con su edad, seguía
desayunando leche con cacao.

—Me gusta el dulce —murmuró mirando su cucharilla como si fuera la octava maravilla del mundo.
Jaejoong siguió removiendo su café hasta que se atrevió a tomárselo. Por suerte, la azúcar había acabado con
aquel sabor amargo que tan poco le gustaba. Tras lo que fueron cinco interminables minutos de silencio, el
moreno empezó a preguntarse si debía iniciar alguna conversación.

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Desde luego no estaban dando la imagen de feliz pareja, pero siendo tan distintos como eran y con el
carácter que cada uno tenía, era difícil hablar de algo. Asumiendo que sería él quien debía hablar, aun a
riesgo de recibir como toda respuesta un insulto, soltó:

—¿Tu primo y su esposo se han ido ya de luna de miel?

—No—Fue la escueta respuesta que recibió del magnate, quien ni le miró.

—¿No van a tener luna de miel?

—No.

—¿Participarán más diseñadores que el año anterior en el desfile de abril?

—Sí—Esta bien, se dijo algo malhumorado. A él le costaba mucho hablar con la gente, y mucho más si se
trataba de esa persona en particular. Pero ya que se molestaba en hacerlo, lo mínimo que podía hacer Jung
era contestarle con más de dos palabras…

Cansado de aquella inútil conversación, se sumió de nuevo en sus pensamientos, mientras se terminaba su
café. Al cabo de otros cinco minutos Jung pagó la cuenta y se dispuso a marcharse de allí, sin comprobar si
quiera que Jaejoong le siguiera.

Aquella actitud, comparada con la que había tenido con él mientras habían estado en casa de su familia, era
por completo desesperante. No es como si le pidiera que se desviviera por él, pero que le ignorase no era
agradable en aquel momento.

—¿Dónde te gusta subirte? —Preguntó el moreno de pronto, asustándole. Jaejoong vio como la mirada del
magnate se detenía en aquella masa de hierro verde que era el Tornado. Una especie de montaña rusa
demasiado rápida para su gusto. A Jaejoong no le gustaban aquellas atracciones, y menos si te ponían boca
abajo y no paraban de dar vueltas y vueltas.

Sin embargo pronto la actitud de Jung cambió. Con un ligero gesto, el moreno le mostró hacía una de las
atracciones del parque y enseguida se dio cuenta de que allí, escondido tras la cabina de entrada, había un
fotógrafo enfocando hacía ellos.

—Subamos ahí —dijo el moreno con una sonrisa perfectamente fingida y arrastrándole hacía la montaña
rusa.

—Eh… No creo que subir ahí sea buena idea —murmuró mirando con miedo los rieles altísimos de la
atracción. La voz burlona de su jefe le hizo sonrojar.

—¿Qué pasa, además de inútil eres un cobarde? —Una maldición salió de sus labios al comprobar que de
aquella no se iba a librar. Su jefe le sonrió socarronamente mientras se paraba en la larga fila a esperar su
turno. Por su cara, Jaejoong supo que pocas veces había tenido que esperar para algo. —Muéstrate feliz,
amor —dijo con los labios apretados—Después de todo estas aquí con tu querido novio.

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Durante el tiempo que estuvieron en la fila, Jaejoong se dio cuenta de que el brazo de su jefe parecía haber
sido pegado a su cintura. Le fue imposible separarse lo más mínimo de él. Pero lo peor fue cuando una de
sus grandes manos bajó hasta su trasero, acariciándolo levemente. Jaejoong se imaginó lo que todas las
portadas del corazón mostrarían al día siguiente.

—Su turno—Escuchó de pronto. Y con terror comprobó que por fin habían llegado hasta el principio de la
fila. Uno de los empleados le sonrió amablemente mientras les dejaba pasar. Jung lo condujo hasta el primer
vagón de la atracción.

—¿No podemos subirnos más atrás? ¿En el último quizás? —dijo sin ninguna esperanza. Pero aquel era el
peor vagón de todos.

—No. Quiero ver bien.

Jaejoong se guardó su comentario para sí. Pero poco le faltó para soltar “seguro que a esa altura vemos todo,
y si no, con lo que eres seguramente la gente se aparte para no taparte la vista”. No, definitivamente no era
un buen comentario.

Una vez en los asientos, Jaejoong se bajó la barra de protección comprobando una y otra vez que estuviese
bien sujeta. Por suerte el empleado que les había dejado pasar comprobó uno a uno los agarres de las barras.
Y entonces su tortura empezó.

Al principio el movimiento era algo lento, pero para cuando llegaron a la primera curva la máquina había
alcanzado una velocidad infernal. Jaejoong cerró los ojos al verse boca abajo y sin querer su mano se agarró a
lo primero que agarro. Cuando sus ojos se abrieron vio con horror que esto había sido la mano de su jefe,
que más que mirarle enfadado se estaba riendo de él.

Cuando pudo al fin soltarle la agarrotada mano, la maquina estaba llegando a su destino, y Jaejoong a punto
estuvo de arrodillarse allí mismo para dar las gracias de estar aun entero. Su corazón latía a una velocidad
anormal y sus mejillas tenían un notorio sonrojo. Lo que no se explicaba era como la peluca seguía aun en su
sitio, quizás el pequeño gorro de lana que llevaba bien sujeto había ayudado.

El día pasó sin más accidentes. Con los fotógrafos tras ellos y el moreno empeñado en subirse en todo lo que
le aterraba, Jaejoong se pasó el día ignorando las manos de su jefe, que o bien agarraban la cintura o
sobrepasaban hasta cierta parte de su cuerpo algo más abajo. Comieron en uno de los tantos bares que
servían comida basura, y ambos eligieron una inmensa hamburguesa. Jaejoong se quedó algo sorprendido
cuando su jefe pidió que solo le echaran el jitomate, sin ninguna otra verdura.

No tardó mucho en anochecer, y cuando las farolas que adornaban los bordes de las calles del parque se
encendieron, ambos decidieron irse a su casa. El día había sido productivo. Con una tira de fotos tomadas “in
fraganti” y los comentarios de los periodistas que saldrían en todas las revistas en los próximos días—que no
se alejarían mucho del “La amorosa pareja, o quizás: No podían quitarse las manos de encima”—los rumores
cesarían, y su condición como heterosexual quedaría esclarecida.

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Alargando la mano Jaejoong de pronto se encontró con los dedos de su jefe entrelazando los suyos. Una
corriente eléctrica, que nada tenía que hacer allí, le subió desde la punta de sus dedos hasta los hombros.
Pero no se soltó.

Sacando su celular, el magnate llamó a su coche para que les recogiera, y mientras esperaron en una de las
calles que estaban junto al parque. Allí las farolas no alumbraban demasiado, y solo la luz de la luna permitía
distinguir las tenues sombras de lo poco que por allí se movía. Pero en medio de aquel merecido descanso,
en medio de aquel cómodo silencio, algo pasó. Jaejoong abrió la boca con horror al escuchar un fuerte
sonido cerca de él. Pero cerca estuvo de desmayarse cuando al girarse un poco se encontró con la imagen de
su jefe apoyado en un sucio coche y una de sus manos presionándose un hombro. La sangre corría por la fina
camisa empapándola rápidamente y contrastante con aquella pálida luz que los iluminaba.

—¡Yunho! —gritó mientras corría hacía su jefe sin percatarse de que había dicho su nombre de pila. En
aquel momento poco pensó en que, quién fuese quien le había disparado, aun seguiría por allí. —Dios...
¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

—Estúpido —murmuró el moreno con un hilo de voz. Jaejoong sintió como su alma caía a sus pies al notar
eso. El moreno miró con los ojos entrecerrados hacía un punto inexistente tras él, y luego se relajó
visiblemente. Dejándose caer lentamente y apoyando su espalda en el costado del coche, el magnate dejó
escapar un sonido—Llama a una ambulancia y a la policía. Un hijo de puta me ha disparado.

Y se desmayo. Así sin más. La mente de Jaejoong no podía dejar de recordar el día en que sus padres
murieron en aquel fatídico accidente. Sus cuerpos cubiertos de sangre, la cabeza de su madre aplastada
contra el parachoques delantero. Ahora era su jefe, quien inmóvil en el suelo y cubierto de sangre parecía
estar a punto de morir allí mismo.

—Maldita sea. No puedes morirte. Otra vez no—Sus temblorosas manos le dificultaron la tarea de llamar.
Pero una vez que lo hizo, poco tardaron las sirenas de ambulancia y policía en escucharse. Mientras tanto,
Jaejoong solo podía apretar fuerte la fría mano del moreno, quien aun inconsciente presentaba un gesto de
dolor.

En aquel momento, la noticia del atentado llegaba a la casa principal de los Jung. Changmin, quien había
cogido el teléfono tras saber que era de parte de su primo, casi sufrió un infarto al enterarse por su chofer de
lo sucedido, y avisando a la familia salió apresurado hacía el hospital. En aquel momento solo la salud de su
primo importaba. Ni siquiera la rivalidad con su abuelo, su reciente matrimonio o los comentarios
sarcásticos de su tía parecían ser problemas mayores. Todo lo que había a su alrededor le traía malos
recuerdos. El agobiante color blanco por doquier, el olor a sabanas limpias mezclado con medicinas, el
ambiente de pesimismo y muerte que le rodeaba. Todo parecía querer conducir su memoria al día en que
sus padres le abandonaron a su suerte en aquel cruel mundo.

Hacía ya tres horas que su jefe había sido ingresado en el hospital, y desde entonces no había podido moverse
de la silla más cercana a la puerta de su habitación. Al principio habían tenido que trasladarlo a un quirófano,
ya que la bala había tocado una arteria importante, ocasionando una hemorragia interna que había que cerrar

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inmediatamente. Y una vez estuvo estable, el reposo impuesto por los médicos le había impedido entrar a
ver como estaba.

El primo de su jefe, Changmin, también se encontraba en aquellos momentos sentado cerca de él y con la
mirada impregnada de preocupación perdida en algún punto de la blanca pared de enfrente. Había llegado
desesperado y amenazando con cerrar aquel maldito hospital si no le dejaban ver a su primo. Casi media
docena de médicos y celadores habían tenido que unir fuerzas para tranquilizar al hombre, que tras un
calmante, se había recostado en una de las sillas de la sala a esperar noticias.

—¿Estás seguro de que no viste quien fue? —Preguntó no por primera vez el moreno. Sin mirarle.

—Todo estaba demasiado oscuro. No vi nada.

Jaejoong sabía que aquel hombre sospechaba de él. No había dicho nada que lo probara, pero aquella mirada
recelosa que a veces llegaba a percibir, lo decía todo. Por una parte, las ganas de reírse histéricamente por lo
irónico de la situación casi podían con él. Pero también tenía que entender a aquel hombre, que no sabía
nada de su relación con Yunho y al que únicamente le había demostrado que era una farsa de persona.

Más de una hora tuvo que pasar para que uno de los médicos de guardia llegara a darles noticias. Jung había
despertado y quería hablar con su primo. Jaejoong no se sorprendió ante aquello. Después de todo habría
sido ridículo esperar que quisiera verlo a él. Pero de todas formas no pudo evitar aquel dejo de enfado que le
invadió. Había sido él quien lo había visto desmayarse tras recibir el balazo, lo mínimo que podía hacer era
dejarle pasar para que comprobara como estaba.

Changmin no perdió el tiempo y entró, dejándole a solas con sus pensamientos.

—¡Yunho! ¿Qué tal estás? ¿Qué demonios ha pasado? —Preguntó Changmin una vez estuvo frente a su
primo. Este estaba algo más pálido de lo habitual, pero su expresión no había cambiado en lo más mínimo.

—Cálmate—Le pidió con la voz perfectamente modulada

—¿Cómo voy a calmarme después de lo que ha pasado? Cuando me llamaron pensé que podías morirte en
cualquier momento—Mostrarse débil ante otras personas era algo que nunca hacía. Pero aquel era su primo.
Quizás la única persona que estaba con él en aquellos momentos, y a quien apreciaba por encima de todos.

—No sé quien ha podido ser… Cómo sabes, la lista de enemigos que tengo es bastante larga.

—Déjamelo a mí, me encargare de encontrar al culpable de esto. Y pagará por ello.

—No. Nadie debe enterarse. Habla con mi chofer y con los médicos para que nada salga de aquí. Diles que
se inventen cualquier cosa, pero nada de hablar sobre intento de asesinato.

Sin comprender por qué su primo quería dejarlo así, se inclinó hasta apoyar las manos en el borde de la
cama.

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—¿Piensas quedarte tan tranquilo mientras alguien intenta matarte? —Con los ojos entrecerrados y la
respiración agitada, se levantó bruscamente para andar por todo el cuarto, como si de una cárcel se tratara.
—¿Qué hubiese pasado si en vez de darte casi en el hombro hubiesen acertado en el corazón? Maldita sea, no
me creo que estés tan tranquilo. —Y es que, aquella férrea determinación por parte del otro le sacaba de sus
casillas. Por el amor de Dios, allí estaba él, temblando de pies a cabezas por lo sucedido mientras que
Yunho, a quien acababan de disparar, le miraba como si nada hubiese pasado.

—Yo no he dicho eso. Encontraremos a quien lo hizo. Pero no quiero que nadie se entere. Si la noticia sale a
la luz solo nos perjudicaría. —Al ver como abría la boca para replicar, el herido frunció el ceño—Y es una
orden Changmin. Como tu primo mayor y tu jefe o lo que quieras, pero no dirás nada a nadie.

—El viejo se enterará —murmuró tras soltar un largo suspiro. Una vez el miedo por lo sucedido empezaba
a ceder, su cabeza parecía volver a trabajar con normalidad.

—Quizás. Pero él tampoco dirá nada.

Un tenso silencio se extendió entre ambos.

—¿Les dijiste lo que había pasado antes de salir de casa?

—Solo les dije que había ocurrido un accidente. Estaba tan nervioso y preocupado que no perdí el tiempo
con esos cuervos.

Una ligera sonrisa apareció en el rostro de Yunho, quien mirando fijamente a su primo se dio cuenta de lo
joven que este aun era. Solo había dos años de diferencia, pero a causa del carácter de ambos y de la vida que
habían llevado, la edad que aparentaban distaba mucho de la real. Changmin aun tenía que madurar mucho,
mientras que Yunho, con toda la responsabilidad que tenía, había pasado su etapa de adolescencia hacía ya
mucho tiempo.

—Solo ha sido un rasguño.

—Pero podía haber sido más. ¿Estás seguro de que él no ha tenido nada que ver? —Preguntó refiriéndose a
Jaejoong. Cayó en su error al instante, pero en aquellas circunstancias no le importó.

—¿Cómo? —Le había agarrado por sorpresa, de eso estaba seguro. Pero Yunho era una de las personas más
inteligentes que conocía y no se vio defraudado cuando afirmó—Lo sabes.

—SÍ. Desde la boda—Por primera vez en la noche, una sonrisa verdadera adornó sus labios con humor—Se
metió al baño de caballeros sin querer. Digamos que le vi… cierta parte que no corresponde al género
femenino.

—Inútil —masculló frunciendo el ceño. —¿Por qué no me lo dijiste?

—No creo que yo tuviese que decir nada. Es más, creo que eres tú el que tiene cosas que explicar.

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Yunho le miró como evaluándolo y Changmin se preguntó hasta que punto su primo desconfiaba de la gente.
Pero no, si había alguien en quien el magnate confiara completamente, era él.

—El viejo se había empeñado en buscarme una prometida. Necesitaba una novia para hacerle desistir y
cubrir así los rumores que empezaban a extenderse sobre mi posible bisexualidad.

—¿Y no se te pasó por la cabeza buscarte una mujer para que se hiciese pasar por tu novia? ¿Qué sucedería si
le descubriesen? Sería todo un escándalo desde luego.

Changmin se quedó perplejo al ver la incomodidad de su primo. Estaba seguro que de haber sido una
persona más expresiva, se habría sonrojado.

—Digamos que él me atrapo en una situación un tanto… comprometida con uno de los modelos. Era la
forma perfecta de hacerle callar y hacerle útil para la causa.

Una sonora carcajada escapó de sus labios mientras se imaginaba lo que el aparentemente inocente chico
había podido ver.

—Vaya, ahora estará teniendo sueños eróticos contigo.

—Seguro… Probablemente no sabría ni cómo empezar…—Cuando vio como el magnate se llevaba una
mano al hombro con expresión cansada, Changmin decidió que era hora de dejarlo descansar. Su primo, ya
de por si poco dado a hablar, no estaría en aquellos momentos muy comunicativo.

—Descansa un rato más, después pasaré de nuevo a verte. —Cuando sus pasos silenciosos llegaron a la
puerta, se detuvo un momento para decir sobre el hombro: —¿No quieres que pase él a verte?

—Ni te molestes. Nuestra relación es puramente de negocios, por decirlo de algún modo. Seguramente ni
siga aquí.

—Te equivocas. Tu pequeña novia está ahí fuera, y bastante preocupada. Déjale entrar Yunho, ha tenido
que ser un shock para él ver lo que pasaba. A menos claro, que tengas alguna duda sobre su culpabilidad.

—No—Fue la rápida respuesta. Yunho estaba completamente seguro de que él no había sido. A decir
verdad, la duda de que quien disparara estuviese apuntando al chico aun seguía en su cabeza. Ambos estaban
demasiado juntos y el disparo había dado en su hombro derecho, Solo a unos centímetros del cuerpo del
otro. Con la visibilidad nula del momento, la bala podía haber ido apuntada al otro. —Puede que la bala no
fuera para mí, si no para mi “novia”.

Sin decir nada más Changmin salió. ¿Creía su primo enserio que a quién buscaban matar era aquella
insignificante criatura que parecía no haber matado una mosca en su vida? Claro que las apariencias
engañaban. Sin importarle que su primo no deseara verle y aun a riesgo de perder la cabeza por aquello, se
inclinó sobre la silla donde dormitaba el chico para susurrarle que ya podía entrar.

Los ojos cafés se abrieron al momento y la confusión inicial se convirtió en sorpresa al darse cuenta de lo que
le decían. Sin perder el tiempo entró en el cuarto dejando a Changmin con demasiadas dudas en la cabeza.

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Sin poder reprimir un sonoro bostezo, decidió irse a la casa a cambiarse de ropa y darse una buena ducha
para despejarse. El día siguiente iba a ser largo y duro. Tenía que convencer a su primo para que contrataran
algún detective que investigara lo ocurrido.

Mientras tanto, en el cuarto donde dormitaba Yunho con los ojos cerrados y la respiración acompasada,
Jaejoong se acercó hasta que solo unos centímetros le separaron de la cama.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó el moreno de pronto, sobresaltándole por la brusquedad de la pregunta.
Jaejoong simplemente le miró fijamente por unos instantes. La imagen de su padre en una cama similar
mientras al menos una decena de médicos intentaban reanimarle con todo tipo de aparatos no parecía querer
desaparecer de su mente. Sus ojos se llenaron de lágrimas que no se atrevió a derramar. No por su jefe, ni
siquiera por sus padres. Fue por él mismo, por recordar todo lo que sufrió después de ver como su padre
dejaba esta vida en una camilla parecida a la que ahora permitía descansar a su jefe. —No hace falta que
llores. No es como si fuera a despedirte porque entrarás aquí, aunque tú presencia no sea bienvenida.

—Lo… lo siento. No sabía si estaba bien… yo solo…

—Vaya… Eres de lo más elocuente—Jaejoong se sorprendió del tono de su jefe. Sus hirientes palabras no
estaban teñidas de aquel tono de desdén que solía utilizar. Aunque lo más probable era que los sedantes que
le habían dado no le permitieran hablar de otro modo.

Viendo como los ojos del moreno se cerraban para volver a dormir, Jaejoong suspiró. ¿Por qué había sentido
aquella preocupación por él? Ni siquiera le caía bien, y Jaejoong estaba seguro de haberse inmunizado contra
las desgracias, ya fueran ajenas o propias. Pero al verle allí sangrando y sin saber que podía pasarle, no había
podido evitar aquella súbita preocupación que le hizo pasarse horas y horas en aquella puerta esperando
inútilmente.

Sentándose un momento en la silla que antes había ocupado, se llevó las manos a su rostro mientras se
aguantaba las ganas de llorar. Pero un llanto le hizo levantar la cabeza para mirar a su alrededor. Sus ojos
llorosos se abrieron de par en par ante lo que vio. Tres camillas eran transportadas por el pasillo por
apresurados médicos. Jaejoong sintió como su sangre se helaba al ver como una niña, que no podía tener más
de cinco años estaba en una de ellas. El lado derecho de la cabeza, completamente empapado y su cabello
negro casi totalmente cubierto de sangre. Un respirador artificial se encargaba de mantener su frágil cuerpo
con vida.

Pero quien había llorado había sido uno de los niños que seguían a las camillas en brazos de dos doctores.
Eran dos chicos de unos ocho años y por la ropa desastrosa que llevaban y las leves heridas por sus cuerpos
Jaejoong se dio cuenta de que ellos también habían sido víctimas del accidente.

Su estomago se contrajo de angustia al ver en los ojos de ambos la desesperación. No pudo evitar levantarse
para intentar acercarse y preguntar qué había pasado. Pero antes de poder llegar hasta ellos las tres camillas y
los niños se habían perdido por una de las grandes puertas que llevaban a las salas de cirugía.

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Intentando calmar su respiración, inspiró hondo. Se dio cuenta de que hiperventilaba. Aturdido y con miedo
sin poder dejar de ver en aquellos niños a sí mismo, se marchó del hospital rápidamente.

Sentado en una de las grandes butacas que adornaban la sala de visitas de la mansión Jung, Junsu miraba
ansioso hacía la gran puerta acristalada que conducía directamente al jardín trasero. Eran las diez de la
mañana y aun no tenía noticias de Changmin. Nunca lo admitiría, pero ver al moreno en un estado de
desesperación total fue todo un shock. Todo había empezado la noche anterior, cuando tras cenar,
Changmin recibió una llamada que pareció afectarle en demasía.

Sin decir otra cosa que un simple “Tengo que irme, ha ocurrido un accidente con Yunho”, había salido de la
casa como si estuviese poseído por el mismo demonio. Junsu casi no pudo pegar ojo en toda la noche. No es
como si la relación que tenía con su actual marido hubiese avanzado hasta un grado normal en la situación de
dos recién casados, pero en el tiempo que habían estado viviendo juntos, quitando aquellas peleas que a
veces le exasperaban, había descubierto que Changmin no era tan insoportable como aparentaba.

Que cierto era el dicho “el roce hace el cariño”, puede que él no quisiera a Changmin, pero viviendo
rodeado como vivía de puras alimañas, la compañía de su esposo se le antojaba realmente agradable en
ocasiones. Y poco a poco había ido aprendiendo a reconocer aquellos gestos, que aunque insignificantes,
componían el carácter de una persona. No pudo dejar de apreciar que el moreno era muy meticuloso a la
hora de los champús que usaba para su cabello—aun recordaba la que se había liado tras gastarle el bote de
uno de sus carísimos champús—, también la obsesión que tenía con el batido de vainilla. Era increíble ver la
cantidad de ese líquido que podía ingerir en una tarde.

Y así un sin fin de pequeñas cosas que sin buscarlo, le habían acercado más a su esposo. Pero a veces, en la
intimidad de su cuarto, podría jurar que lo odiaba. Junsu nunca se había considerado homosexual.
Simplemente nunca se había sentido atraído por alguien de su mismo sexo. Pero Changmin y su incesante
intento de avanzar en ese terreno le estaban poniendo francamente nervioso. No habría problema si no fuera
porque el moreno conseguía excitarlo con una velocidad asombrosa. Y cada vez le costaba más obligarle a
parar.

Pero Junsu sabía perfectamente que debía mantenerse alejado de él. Lo último que quería era acabar
estúpidamente enamorado de alguien tan egocéntrico como Changmin. Y es que conociéndose, seguramente
si se acostaba con el moreno terminaría por enamorarse de él.

Por fin, la figura de su marido entró por las puertas acristaladas. Junsu ahogo una exclamación al ver su
aspecto. El moreno, por lo general pulcro y perfectamente arreglado, llevaba todas sus prendas
completamente arrugadas, como si hubiese estado durmiendo en el suelo. El pelo se asemejaba a un nido de
pájaros y bajo sus cansados ojos se podían apreciar unas grandes ojeras.

—¿Qué ha pasado? —Preguntó poniéndose en pie y colocándose ante el moreno. Este solo lo miró un
momento fijamente antes de responder.

—Nada, ayer tuvo un pequeño accidente con su coche, pero ya está bien.

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Junsu se extrañó al comprobar cómo el nudo que había tenido en el estomago se aflojaba.

—Me alegro por él. Será mejor que vayas a ducharte y te eches un rato a dormir. Tienes un aspecto
horrible—Levantando una de sus manos, la apoyó en el hombro del otro. Pero Changmin simplemente se
apartó de él para subir por las escaleras que llevaban a su cuarto.

—Me voy a duchar, pero después volveré al hospital.

—Puedo... ¿Puedo ir contigo? —Aquello sí que consiguió parar sus pasos en seco. Girándose para mirarle
incrédulo preguntó:

—¿Para qué? Solo le has visto dos veces…

Aquello le sentó como una buena patada en toda la espinilla. Y el que hubiese estado preocupado por él
buena parte de la noche no ayudó precisamente. Sintiéndose como un idiota, dijo lo primero que le vino a la
mente:

—Bueno, si alguien te ve allí solo podrían preguntarse por qué tu reciente esposo no te acompaña. Tu plan
era engañar a la prensa, yo simplemente cumplo con mi parte.

Changmin pareció pensarlo durante unos momentos, para después asentir lentamente.

—Está bien. Estate listo en una hora, quedamos aquí mismo. —Observando cómo se iba sin mirarle ni una
vez más, Junsu sintió la imperiosa necesidad de tirarle el costoso jarrón chino que adornaba la mesa del salón
a la cabeza.

Decidido a ir a ducharse y vestirse para poder ir con él al hospital,—Cosa que aun no comprendía que le
había llevado a querer hacerlo—se dirigió a las escaleras para subir él también. Pero antes de dar si quiera
dos pasos, unas voces le pararon en seco.

—Vaya Vic, ¿Qué tenemos aquí? —Girándose en redondo para ver quien hablaba, Junsu tuvo que apretar
los dientes para impedir que su mandíbula cayera hasta el suelo. ¿Es que acaso toda la familia Jung era igual?
Frente a él estaban un chico y una chica que debían tener su edad. El chico era más alto que él, con un
cabello negro casi platinado y unos impactantes ojos negros. La chica, obviamente su hermana gemela,
compartía esos rasgos. Pero lo que más le llamó la atención era la belleza de la chica. Ambos eran guapos,
pero mientras que el chico poseía aquella perfecta belleza elegante y sexy a la vez, al igual que su marido, la
chica era una de aquellas personas que quitaban el hipo, como vulgarmente habría dicho.

Lejos de ser aquella belleza fría y elegante que se podría esperar de alguien así, la chica era toda sensualidad,
con unos rasgos marcados y unos pómulos altos. Sus labios gruesos parecían invitar al pecado y su cuerpo,
llenó de curvas, era simplemente lo que se llamaba “un acostón estupendo”. Con generosos pechos, que no
llegaban sin embargo a ser demasiado grandes para su figura, una cintura estrecha y unas caderas
perfectamente redondeadas seguidas de unas largas piernas, aquella era la chica más imponente que había
visto en su vida.

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—Pues para ser el esposo de nuestro primo, creo que le has gustado demasiado —dijo de pronto la voz del
chico, haciéndole reaccionar inmediatamente. Se obligó a mantener sus pensamientos lejos de aquellas
tentadoras curvas.

—Bueno cariño, ¿Y quién podría culparle? —La voz divertida de la chica, tan sensual como todo lo demás
en ella, hizo que Junsu frunciera en ceño. Los dos le miraban con burla y algo demasiado parecido al odio.

—Tan modesta como siempre, ¿Eh pequeña?

El chico se le acercó hasta quedar a escasos centímetros de él. Un agradable olor a colonia llegó hasta él.
Aquellas dos personas eran tan inquietantes como el resto de la familia. Mirando levemente los jeans y la
camisa que llevaba el moreno, Junsu se dio cuenta de que cualquiera de ellos, aun con ropa informal se veía
perfecto para cualquier celebración.

Sin embargo, las siguientes palabras pronunciadas por la chica le hicieron fruncir el ceño.

—Parece demasiada poca cosa para el primo. Desde luego él es mucho más guapo.

—Vaya, pues siento mucho no ser tan guapo como Changmin…—Su tono irónico dejó sorprendidos por un
momento a los otros dos, pero mientras que el chico sonrió sinceramente divertido, ella se limitó a mirarle
como si fuera un insecto al que aplastar con la suela del zapato.

—No es solo eso cariño, francamente, no das la talla en nada. —Enseguida se arrepintió de lo que había
pensado anteriormente de ella. Era obvio que además de compartir la belleza de esa familia, también
compartía su mal carácter.

—Basta Vic, lo último que queremos aquí es una pelea—El chico le tendió la mano mirándole con una
sonrisa. Junsu se sorprendió ante esto—Soy Kyuhyun, el primo de Changmin. Y esta es mi gemela,
Victoria. Vic para los amigos.

Dudando de que él perteneciera al último grupo, Junsu se contuvo de mirar a la chica. La burla que de
seguro vería en sus ojos terminaría por hacerle perder el control.

—Junsu—Fue todo lo que dijo mientras soltaba su mano. Kyuhyun le miró con aquellos ojos, donde el iris y
la pupila se fundían en uno solo, como pidiéndole perdón por el comportamiento de su hermana.

—Vayámonos Kyuhyun. Madre nos espera. —Y con una última mirada de desdén la chica se perdió por una
de las puertas,

—Perdónala. En realidad no es tan mala como parece. A mí me has caído bien—Una sombra cruzó por sus
ojos y Junsu se preguntó en qué estaría pensando, pero antes de poder decir alguna otra palabra, el chico le
abrazó como si fueran amigos de toda la vida para después desaparecer por la misma puerta que instantes
antes había pasado su hermana.

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Sin saber si había ganado un aliado en la casa o si simplemente el chico se estaba burlando de él, se dirigió
por fin a las escaleras. Sin estar dispuesto a llegar tarde a su “cita” con Changmin, subió hasta su cuarto para
buscar ropa y poder ducharse de una vez.

Una vez en la ducha, Junsu no pudo dejar de pensar en aquellos dos hermanos. Si eran los gemelos, tenían
que ser hijos de Mihwa. La maldad de la chica era perfectamente explicable si se miraba a quien había tenido
como madre.

Pero lo que no entendía era como aun con su parecido físico, el carácter de ambos era tan distinto. Kyuhyun
le había caído bien. Quitando aquella muestra de demasiado afecto, sin ninguna confianza entre ambos, el
chico parecía bastante normal.

Cuando al fin terminó de vestirse, quedaban escasos diez minutos para salir de la casa. Por lo que
directamente bajó al lugar donde había quedado con Changmin. El otro ya estaba allí, sentado en uno de los
sillones y leyendo un periódico.

—¿Tu leyendo un periódico? Pues al menos que sea la sección de contactos no se que podría interesarte de
ahí. —dijo sin poder contenerse. No había querido ser brusco, pero sus palabras parecieron sentar
francamente mal al moreno, quien con una mirada fulminante dejó el periódico a un lado para levantarse de
su sitio.

—Mira quien fue a hablar. El graduado con honores… Además, estaba leyendo la sección de bolsa. Por si te
interesa. —Changmin se acercó hasta él para pararse a un par de pasos de distancia. Junsu se dio cuenta de
que realmente se había enfadado.

—Era broma hombre. Que susceptible estás hoy. —Frunciendo el ceño, se dio cuenta de algo que antes
había pasado por alto—Además, no voy a permitirte que te rías de mí por mi falta de estudios. Ni siquiera
he tenido oportunidad de intentarlo aun, así que guárdate tus comentarios sarcásticos.

Encogiéndose de hombros, el moreno le agarró por las solapas de la chaqueta para colocársela en su sitió.
Junsu, sintiéndose como un niño le apartó la mano de un manotazo.

—No parece que sea yo quien anda susceptible —dijo frotándose el dorso de la mano. —Eres demasiado
bruto.

—Simplemente mantén tus manos alejadas de mí, Jung. Así nos entenderemos mejor.

Sonriendo súbitamente divertido, el moreno se acercó hasta rodear su cintura con los brazos. Junsu intentó
soltarse del semiabrazo, pero antes de poder conseguirlo el cálido aliento de su esposo, acariciándole el oído
le hizo estremecer.

—En realidad te gusta lo que te hago—Susurró mientras su lengua jugaba con el lóbulo de su oreja y
apretaba aun más el abrazo. Junsu se había quedado literalmente paralizado y no era capaz de mover un solo
dedo.

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Cuando los labios de su esposo recorrieron su mejilla dejando húmedos besos a su paso, el pelirrojo suspiró.

—Maldición, eres imposible—Susurró, ahora sí, intentando apartarse del otro, pero Changmin
simplemente le pegó por completo a su cuerpo mientras le agarraba la nuca. Inclinándole la cabeza hacía
tras, sus labios bajaron ansiosos hasta posarse sobre los de él. Recorriendo con su lengua el labio inferior del
pelirrojo para que este abriera su boca, su otra mano bajó hasta posarse en el redondo trasero del pelirrojo.
Junsu dejó escapar un gemido que se perdió entre los labios del moreno mientras su boca se abría, rendida, a
la lengua del otro.

Y fue en ese preciso momento cuando el moreno pareció perder el control. Sus dos manos agarraron
bruscamente su trasero, apretándolo contra su creciente excitación. Abrazándole por el cuello, solo pudo
pegarse todo lo que pudo mientras su lengua invadía también la boca del moreno y sus caderas empezaban
con una lenta ondulación creando una agonizante fricción entre los dos cuerpos.

Sintió como una de las manos de Changmin agarraba su muslo subiéndolo hasta su cadera para hacer mayor
el contacto. Un largo y vergonzoso gemido se escucho por todo el salón.

—Tienes un trasero perfecto—Escuchó como susurraba el modelo contra sus labios, Junsu solo pudo volver
a buscar ansioso sus labios para devorarlos con otro beso mientras que sus dedos se perdían entre sus suaves
cabellos. Ya era oficial, puede que no soportara en ocasiones a su esposo, pero este sabía cómo hacerle
perder la cabeza en tiempo record.

—Vaya… Pero si son un par de cerdos revolcándose—La aguda y desagradable voz de Mihwa hizo que
ambos despertaran bruscamente de su arrebato de pasión. Junsu se separó con una exclamación mientras que
con uno de sus brazos se restregaba la boca con fuerza. Como queriendo borrar lo sucedido. Sus mejillas,
completamente coloradas, eran prueba suficiente del poco éxito de la acción. En cambio, Changmin solo
miró a su tía con molestia mientras se arreglaba su traje, ahora arrugado.

—Sí tía, es una pena que no me vaya el incesto, no puedes unirte…—Mihwa se sonrojó furiosa mientras se
acercaba a su sobrino dispuesta a pegarle en la cara. Pero la mano del moreno le agarró por la muñeca con
fuerza, haciendo que una mueca de dolor apareciera en su afilado rostro. —No te atrevas a tocarme tía.
Porque si lo haces verás cómo yo no soy un caballero. —Dejando a su tía con la palabra en la boca y
agarrando el brazo de Junsu, el Changmin salió por la acristalada puerta dispuesto a subirse en su coche para
ir al hospital. Una molesta erección le apretaba entre los pantalones, pero sin hacerle caso, subió a su
flamante coche para arrancar a toda velocidad cuando Junsu se abrochó el cinturón. Si el silenció del
pelirrojo le sorprendió o molestó, nada en su rostro lo hizo notar.

Entre las altas y translúcidas vidrieras que adornaban la elegante habitación del hotel St. Louis, una
imponente figura estaba sentada en uno de los lujosos sillones rojo vino mientras que frente a él, otra figura
se erguía en todo su esplendor.

—¿Y qué demonios pensabas que hacías? Tu trabajo era simple y preciso, debías matarle.

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—Fue un error. La próxima vez no fallaré —murmuró mientras se levantaba de su asiento. La figura que le
miraba furiosa simplemente le hizo un gesto para que se fuese, y así hizo.

Y mientras, aún en la habitación, reinaba un aire de odio casi palpable.

“Ya verás como de la próxima no te libras, aunque tenga que hacer con mis propias manos el trabajo sucio”
Fue lo que pensó mientras se acercaba hasta la elegante licorera para servirse un vaso excesivamente
cargado.

Lejos de allí, en el prestigioso hospital donde había sido trasladado Yunho, Junsu y Changmin subían por las
escaleras de caracol buscando la planta exacta donde se encontraba su primo. El silencio era tenso entre
ambos, pero ninguno parecía tener intención de romperlo.

Junsu miró de nuevo a su esposo mientras se preguntaba si alguna vez sería capaz de comprenderle. Aun
seguía fresco en su memoria el apasionado beso que ambos habían compartido escasos veinte minutos atrás,
pero lejos de sentir la repulsión que se supone, debía sentir, un hormigueo bastante inquietante se producía
en su estómago cada vez que su mente revivía aquel nefasto suceso.

Cuando llegaron por fin a la cuarta planta, Junsu maldijo su terquedad. Los dos ascensores con los que
contaba el centro habían estado tan rebosantes de personas a la hora de cogerlos, que no había aguantado su
ansiedad. Nunca olvidaría la expresión del moreno cuando prácticamente le ordeno subir por las escaleras.

Y no es que el pelirrojo hubiese aceptado, pero tras amenazarle con subir allí toda una escena si no subían
por las escaleras, el pelirrojo había decidido no discutir por cosas de tan poca importancia.

—Quédate aquí mientras entró a hablar con mi primo. —Fue todo lo que dijo el moreno antes de perderse
por una de las tantas puertas del inmaculado pasillo. Junsu, suspirando hondamente, se sentó en uno de los
asientos dispuesto a esperar.

La salida de aquella asfixiante casa siempre era de ayuda. Puede que el hospital no sea el lugar propicio para
escapar un poco, pero sin duda cualquier sitio era mejor que la casa Jung. Y Junsu, con su encierro diario
había empezado a pensar en aquella lujosa mansión como una bonita cárcel.

Pero de pronto, un débil sollozo llamó su atención. Levantándose de su silla, miró a su alrededor para ver
quién estaba llorando. Pero no vio nada. Frunciendo el ceño, se dispuso a seguir el sonido del llanto, que le
llevó hasta la puerta de uno de los baños de caballeros del hospital.

Abriendo la puerta y sintiéndose fuera de lugar, vaciló un momento antes de entrar. “Me estoy metiendo
donde no me llaman”, pensó para sí. Pero justo cuando se dio la vuelta para abandonar el lugar, una figura
escondida bajo los lavamanos le llamó la atención. Atónito vio que se trataba de un niño.

Inmediatamente se acercó hasta él, y con cuidado le tocó el hombro para llamar su atención.

—Pequeño… ¿Estás bien? —preguntó mirando la cabeza morena del muchacho escondida en sus rodillas.
Cuando el niño levantó la mirada, Junsu se encontró con los ojos marrones más tristes que recordaba haber

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visto nunca. Anegados en lagrimas y llenos de un dolor tan crudo que resultaba impactante. Al no obtener
respuesta, Junsu se sentó junto al muchacho, que simplemente ocultó de nuevo su pequeña cabeza entre sus
rodillas. —Si no quieres hablar, me quedaré aquí contigo hasta que estés mejor.

El muchacho levantó los ojos hasta mirarle de nuevo, y Junsu sintió como su corazón se encogía ante
aquello. De pronto, el niño estiró sus brazos hasta agarrar el cuello de la camisa del pelirrojo, para después
inclinarse hasta apoyar su rostro contra el hombro del mayor. Paralizado, tardó un momento en abrazar
aquel tembloroso cuerpo contra sí.

Y así paso el tiempo. Junsu no sabía cuánto tiempo estuvo sobre aquel suelo helado y sucio, pero tampoco
importó. Los sollozos del niño poco a poco fueron cesando, y cuando quedó demasiado agotado como para
seguir derramando lágrimas, habló.

—Gracias —murmuró aun apretando el rostro contra su cuerpo, Junsu no pudo evitar apretar aun más su
abrazo—Mamá siempre decía que debemos agradecer a las personas.

Levantando su rostro enrojecido, el niño clavó sus ojos marrones en los de Junsu. Sus labios temblaron antes
de poder seguir hablando.

—Ella siempre decía que debíamos ser buenos. —Temiéndose lo peor al escucharle nombrar a su madre en
pasado, Junsu, que nunca se había visto en una situación parecida, no supo que decir.

—¿Dime pequeño… Está tu… padre contigo? —Se arrepintió en cuanto los ojos del muchacho se volvieron
a llenar de lágrimas, que no tardaron en rodar por sus redondeadas mejillas.

—El doctor dijo que ellos ya no estaban. Dijo que habían ido al cielo. —Hipando y sobándose la nariz, el
pequeño se limpió las lágrimas. —Pero mamá nunca nos dejaría solos…

Sus ojos se llenaron de lágrimas. Era imposible mantenerse sereno ante la dolida voz del pequeño diciéndole
aquellas cosas. No debía tener más de seis años y llevaba un pijama blanco que le quedaba demasiado grande,
dándole un aspecto más desvalido si eso era posible. Junsu no tuvo que preguntarle nada ya que los ojos del
pequeño estaban empezando a cerrarse. Junsu supo que en momentos se iba a quedar dormido.

Sin soltar la pequeña figura del niño, se puso en pie para salir de allí intentando no moverse bruscamente,
pero antes siquiera de dar un paso más, unas pequeñas manos tiraron de su cabello llamándole la atención.
Cuando sus ojos volvieron a cruzarse con los del pequeño, la angustia que vio en ellos le hizo detenerse en
seco.

—No me deje —murmuró mientras se apretaba contra él—No quiero estar solo otra vez.

—Tranquilo pequeño, no te voy a dejar.

Junsu caminó por uno de los pasillos del hospital hasta que dio con un doctor, cuando le preguntó cómo
podía saber la habitación del pequeño, el médico fue a buscar a alguno de sus compañeros para localizar a los
familiares del niño. Sin querer soltar al pequeño ni siquiera cuando el doctor le dijo que él mismo se

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encargaría de todo, Junsu llegó hasta una de las plantas infantiles del hospital, donde un par de médicos le
condujeron a una habitación.

Junsu no estaba preparado para lo que allí vio. En una inmaculada cama yacía una niña que no debía tener
más de cinco años. Con unos largos cabellos morenos y una tez pálida, parecía demasiado frágil como para
seguir respirando. Un gran número de tubos y vías intravenosas entraban al cuerpo de la muchacha, mientras
que un respirador artificial se encargaba de que sus funciones vitales no se pararan.

Dejando al chico que llevaba en brazos en uno de los grandes sillones del cuarto, Junsu pidió a uno de los
médicos que le acompañara fuera un momento.

—¿Qué les ha pasado? —Preguntó una vez el doctor el estuvieron lejos de los oídos de los niños.

—¿Es usted familiar? —Preguntó el doctor mirándole con sus penetrantes y perspicaces ojos. Junsu negó
con la cabeza—Lo siento, pero solo puedo informar del estado de los pacientes a los familiares.

—¡Espere! —Exclamó al ver al otro hombre dispuesto a marcharse—Solo dígame que sucedió. Por favor.

Después de un tenso silencio, el médico pareció compadecerse de él. —Un accidente de tráfico. Iban los dos
padres, la niña y dos niños. Los niños están bien pero desgraciadamente los padres fallecieron. Y la niña…—
El doctor clavó sus ojos en la puerta donde reposaba la chica—Usted mismo pudo verlo.

—¿Tan grave está?

—Lo suficiente como para no saber a ciencia cierta que pueda pasar. Recibió un golpe en la cabeza que la
dejó en coma. En este estado… no podemos saber cómo saldrá de esta…

Junsu maldijo una y otra vez. Ahora entendía todo el dolor del niño. Si fuera su familia la que hubiese salido
herida o muerta en un accidente, él no hubiese podido recuperarse.

—Espere… ¿Dijo dos niños? ¿Dónde está el otro? —El médico frunció el ceño por unos instantes, pero
después simplemente llevó una de sus manos hasta la puerta donde los niños se encontraban.

—Lo siento, pero eso es información privada. —Y pasó dentro. Junsu se quedó allí sin atreverse a moverse
de aquella puerta. Le había prometido al chico que no le iba a dejar solo y algo dentro de él le impedía faltar
a su palabra. Por lo menos esperaría hasta que despertara para poder hablar con él.

Abriendo la puerta, el doctor se giró hacia él.

—¿Desea algo más?

—¿Puedo quedarme hasta que despierte? —Preguntó mirando a la figura dormida del niño, al ver que el
hombre empezaba a mover su cabeza en una negativa se apresuró a agregar—Por favor… Le prometí que
me quedaría con él. ¿No cree que ya haya tenido suficiente? No le cuesta nada.

—Está bien. Pero debe estar en completo silencio. No se puede molestar a la niña.

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—¿Cómo… Cómo se llaman?

—Él se llama Moonbin y la niña Minji.

—¿Y el otro niño?

—Sungmo.

El hombre se ajustó la bata mientras se guardaba sus gafas en el bolsillo. Con una última mirada a la chica
rubia, salió del cuarto. Y Junsu se quedó allí solo, sin saber bien lo que podía aportar a aquellos niños y sin
atreverse sin embargo a abandonarles. Estaban solos. Completamente desvalidos en un momento así, y Junsu
se prometió que si era necesario iría a verles a diario.

Un ligero escalofrío le hizo percatarse del frío que hacía. Acercándose hasta coger una de las mantas que
había en el único armario del cuarto, arropó al chico que dormía en el sillón. Para después sentarse el mismo
en la incómoda silla que había cerca de la cama. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que se había
quedado dormido. Preguntándose qué hora sería, se llevó una de sus manos al bolsillo del pantalón mientras
que con la otra se restregaba los ojos, aun medio cerrados por el sueño.

—Oh... ¡Diablos! —Casi gritó al percatarse de que había dormido algo más de una hora. —Changmin me
va a matar. —En la luminosa pantalla de su celular las llamadas perdidas de su esposo parecían señales de su
próxima ejecución.

Levantándose de su asiento, Junsu vio como el niño, Moonbin según le había dicho el médico, estaba ya
despierto y le miraba tranquilamente desde su sillón. Casi suspiró de alivió al comprobar que los ojos del
pequeño estaban secos.

—Gracias—Fue todo lo que dijo con una tierna sonrisa. Junsu le devolvió el gesto mientras se le acercaba.

—¿Por qué?

—Por quedarse conmigo.

Revolviendo su pelo en un gesto cariñoso, Junsu se agachó hasta abrazar brevemente al niño.

—Ahora me tengo que ir —murmuró, pero al sentir la pequeña figura tensarse se apresuró a agregar—Te
prometo que en cuanto pueda, volveré.

—¿Por… por qué no te quedas? —La esperanza que brillaba en sus ojos casi convenció al pelirrojo de
mandar al demonio a su marido. Pero sabiendo perfectamente que aquel muchacho no debía apegarse tanto a
alguien que seguramente vería pocas veces más, dijo:

—De verdad que tengo que irme. Hay alguien que seguramente este preocupado por mí, y tengo que
avisarle de que estaba aquí.

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—¡Pero yo quiero que te quedes conmigo! —Cuando todo el peso de Moonbin cayó en sus brazos y el
muchacho le apresó con un fuerte abrazo, Junsu se dio cuenta de que había intentado razonar con un niño
que no podía tener más de seis o siete años

—Mira, haremos una cosa. Ahora me tengo que ir a comer, pero después volveré, y te prometo que te
traeré un regalo. Tú tienes que quedarte cuidando de tu hermanita.

Los ojos del niño parecieron iluminarse de pronto. —¿Un regalo? ¿Qué?

—Eso es sorpresa. Tendrás que esperar un poco para verlo.

Depositándole suavemente en el sillón y dándole un sonoro beso en la sien, Junsu le volvió a arropar
susurrándole un “descansa”, para después salir del cuarto. Le recordaba tanto a sus pequeños hermanos, que
se le hacía casi imposible ver el dolor en aquellos expresivos ojos.

Mientras, en la mansión Jung, Changmin se paseaba inquieto por todo el salón. Hacía más de media hora que
había llegado a la casa, y aunque pensó que encontraría allí al desaparecido esposo suyo, no había sido así. Sin
entender que se había apoderado del pelirrojo para salir del hospital sin decirle nada y desaparecer de aquel
modo, Changmin le había estado llamando durante tres cuartos de hora. Pero nada, aunque el celular estaba
encendido su cariñoso marido no se había dignado a cogérselo.

Por si fuera poco, se había enterado de que sus primos habían vuelto. No sabía cómo iba a afectar aquello a
su matrimonio, pero estaba seguro de que aquellos dos solo iban a traerle problemas. Solo esperaba que
Junsu y su prima no llegaran a las manos. Y solo Dios sabía que pasaría por esa loca cabeza de su primo
cuando le presentase a su marido.

Kyuhyun siempre le había caído bien, pero tenía que reconocer que era una persona bastante extraña, y en
cuanto a Vic… bueno aquella mujer era el reflejo de su madre. Una víbora.

Sus pasos se detuvieron cuando escuchó la puerta principal abrirse. Sin perder el tiempo se encaminó hasta
allí y un notable alivió le invadió al ver al pelirrojo entrar por la puerta completamente ileso. No es que
fuera a reconocerlo, pero el atentado contra su primo le había llenado de pensamientos paranoicos…

—¡Junsu! ¿Se puede saber dónde demonios te has metido? Te he estado llamando durante horas, ¿Y qué es
eso de desaparecer así del hospital sin avisar…? —Sin hacer caso a su evidente exageración, no dejó al otro
abrir la boca—Si te empeñas en venir conmigo, lo menos que puedes hacer si quieres largarte es avisarme…

—Pero…

—Nada de peros. ¿Es que no piensas o qué? Yo allí visitando a mi primo convaleciente y mientras tu vete a
saber qué andabas haciendo y con quién…—Su discurso fue cortado cuando el aire no le llegó a los
pulmones. Y es que Junsu, en algún punto de su inteligente discurso se había acercado hasta él, propinándole
un fuerte puñetazo en la boca del estómago.

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—Mira pendejo, aunque no tengo por qué darte ninguna explicación sobre lo que hago o dejo de hacer, te
diré que me encontré con alguien en el hospital que... digamos me necesitaba. Vuelve a decir otra vez algo
al respecto y no será simplemente de mi puño de lo que tengas que lamentarte.

Y se marchó. Sin dejarle replicar ni una sola vez más, el pelirrojo abandonó el lugar con pasos furiosos
mientras Changmin se sobaba el estómago.

—Vaya primo, ¿Tu maridito pega con fuerza, eh? —“Quien faltaba”, pensó mientras miraba con rencor a su
prima.

—Hola Vic —murmuró mientras se enderezaba—No te había visto, pero claro, ¿Quién podría verte
arrastrándote por el suelo…?

—Que decepción… Y yo que pensaba que él no estaba a tu altura… Ahora veo que eso de “Dios los crea y
ellos se juntan” tiene más razón de la que pensaba.

—Mira Victoria —dijo marcando su nombre con especial énfasis, sabía que su prima odiaba que le dijesen
por su nombre completo—no tengo tiempo para perderlo contigo. Si me disculpas….

Haciendo una burlona reverencia y murmurando para sí algo sobre su estúpida familia, Changmin abandonó
el lugar por dónde se había ido Junsu momentos antes. Lo último que quería en aquel momento era empezar
una de las frecuentes discusiones con la mujer.

Pasando uno de sus largos brazos por la camisa, Yunho terminó al fin de vestirse. Tras horas y horas,
inmovilizado en el hospital, sentía todos sus músculos entumecidos. Con un suspiro de cansancio y mirando
por última vez las sabanas revueltas de la cama que poco antes había estado ocupando, retomó todos los
papeles que le habían entregado los médicos.

Solo una venda quedaba como recordatorio de lo sucedido, pero Yunho estaba seguro de que su primo se
encargaría de recordárselo. Mirando su elegante camisa negra y sus pantalones blancos, asintió bastante
conforme con su aspecto. No podría quitarse las ojeras que habían aparecido en su rostro, pero por lo menos
el resto de su persona permanecía decente.

Los limpios cristales de la habitación le mostraron un despejado día. “Perfecto para una cita” Pensó mientras
recordaba lo que había hablado con su primo. Aun sin saber a ciencia cierta quién había sido el objetivo del
atentado, Yunho sabía que no podía dejar las cosas así. El problema era que además de sus innumerables
enemigos—que entre los negocios y su vida privada no era pocos—y que prácticamente no sabía nada de la
vida privada de Jaejoong, el buscar a un responsable se hacía imposible.

Su primera sospecha había recaído en sus socios. La insaciable sed de dinero y poder de algunas personas era
realmente peligrosa, y eso Yunho lo sabía perfectamente. Pero entonces se había dado cuenta de que si él
moría, sus acciones pasarían directamente a su familia. Sus accionistas no eran tontos y sabía que en su
testamento—Redactado hace ya tiempo por precaución—dejaba la empresa a su primo.

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Este tenía pleno control sobre la dirección, como accionista mayoritario que era, y podría está hacerse de
administradores de su confianza para que le ayudasen a llevar la empresa. Si algo sabía de su primo era que
Changmin no sería capaz de mantenerse encerrado en un despacho horas y horas encargándose de las
inmensas responsabilidades que incluía el dirigir una empresa de tal tamaño.

Por otra parte, no podía descartar a sus antiguos amantes. Despechados por su ruptura—Si es que se podía
llamar así al fin de algo que nunca empezó—podían haber decidido vengarse de él.

Además, también había pasado por su mente su familia. Pero aquello había sido rápidamente descartado.
Yunho sabía que la mayor parte de su familia le odiaba, pero ninguno de ellos se atrevería a matarle. Su
abuelo le había dejado la mayor parte de su herencia, por lo cual resultaba casi imposible de imaginar que el
viejo quisiera matarle, y su tía… realmente era demasiado cobarde como realizar un acto así. De cualquier
forma Yunho pensaba tenerla mejor vigilada. Nunca estaba de más algo de precaución en una ocasión así. Y
finalmente, si el disparo había sido para Jaejoong, cosa altamente probable también, Yunho dejaba de
intentar saber quién querría matarlo. El chico parecía la clase de persona que no podría buscarse enemigos ni
queriendo, pero tampoco le conocía lo suficiente como para poner las manos al fuego por él. Además, estaba
la posibilidad de que no fuera Jaejoong a quien buscaban, si no a su ficticia novia.

Y era precisamente aquella idea la que más le rondaba la cabeza. Si algún antiguo amante aun seguía con
intenciones de formalizar con él, sería algo obvio que intentaran deshacerse de su “prometida”. Aquello
también se lo había comentado su primo. Es más, Changmin había ido aun más lejos. El inusual sentido de
héroe de su primo le había gritado en plena cara que si algo llegaba a ocurrirle a Jaejoong, el sería el
culpable.

FLASH BACK

—¡Pero sabes lo que eso significa! —gritó un exaltado Changmin mientras miraba a su indiferente primo en
la cama del hospital—Le quisieron matar por tu culpa, así que eres tú el que tiene que hacer algo por
protegerle.

—Changmin, de verdad, no estoy para tonterías.

—Diablos Yunho. Puedes dártelas de insensible todo lo que quieras, pero a mí no me engañas. ¿De verdad
piensas que voy a creerme que si algo le llega a pasar por tu culpa, tú podrías seguir con tu vida como si
nada?

—¿Y qué me estas proponiendo exactamente? —Preguntó con su modulado tono de voz

—Llévalo a vivir a la casa. Allí estará seguro de momento y tu farsa además sería más creíble.

—Ni hablar —dijo Yunho. Poco dispuesto a meter al chico en su casa. —Ya bastante lo tengo que soportar
en el trabajo y en nuestras citas como además endosármelo en casa.

Changmin solo rió por la inusual muestra de desagrado en el rostro de su primo. Estaba exagerando.

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—Vamos Yunho, soy yo…. Te conozco mejor que nadie y sé que bajo todo ese desdén ocultas tu pequeño
corazoncito—El comentario no pareció gustar demasiado a Yunho.

—¿Enserio crees que le voy a meter en mi casa? Sabes que tengo demasiado aprecio a mi privacidad como
para hacer eso.

—Pero… es que no me entendiste. No digo que vivas con él en tu casa. Digo que vivas con él en la
mansión.

Una cínica sonrisa adorno los finos labios del magnate—¿Estas bromeando, verdad?

—No.

—Sabes perfectamente que no volvería allí ni borracho.

—Pero sería perfecto—Changmin se acercó hasta sentarse junto a su primo—Tendrías tu casa libre para…
Bueno para pasar el tiempo con tus “amigos”, y vivirías en la mansión, donde la protección en infranqueable.
Míralo de esa forma. Tendrás tu cubil de amor en tu casa y en la del abuelo… bueno tendrás a tu tímida
novia para saciarte tus más bajos instintos en las frías y largas noches de invierno.

Su broma no pareció hacer gracia a Yunho, que siguió con su expresión de enfado.

—¿Dejarás alguna vez de decir estupideces? Antes de acercarme a él, me tiro a tu marido. Seguramente él
no me acusará después de haberle “ensuciado”.

—Oye, deja a Junsu fuera de esto. —murmuró con el ceño fruncido. De lo que se arrepintió al instante al
ver como una de las finas dejas de su primo se arqueaba.

—¿Perdón? ¿No que lo de ustedes era un matrimonio falso? ¿Qué pasa primo, celos acaso? —La burla en el
tono de voz le puso inmediatamente a la defensiva.

—Ni hablar. Pero te aseguro que antes de poder acercarte a él, mi querido esposo te habrá rebanado el
cuello.

Fin Flash back

Yunho suspiró mientras se preguntaba qué tan interesado estaba su primo en su esposo. Puede que todo
fuera una farsa, pero aquel muchacho se acercaba mucho a los gustos de su primo. Además de que cuando al
salir de su habitación y no encontrarlo, Changmin había armado un jaleo terrible. Cuando Yunho le
preguntó que le pasaba, lo único que le dijo fue que su esposo le había abandonado allí…

Ahora. Con la cabeza más despejada de los calmantes, no pudo evitar ver el lado sensato de las palabras de su
primo. Si era un antiguo amante quien buscaba matar a Jaejoong, eso le hacía a él, responsable directo y por
tanto, toda la carga caía sobre sus hombros.

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La idea de llevarse a Jaejoong a la misma casa donde vivía toda su familia era algo realmente espeluznante,
pero por otra parte era cierto que su propia casa no era del todo segura, mientras que la mansión contaba
con toda la seguridad que su abuelo había podido comprar.

Se sentía acorralado, y eso era algo que nunca le había pasado. Tenía que tomar una decisión, y rápido. Pero
en el fondo sabía que la decisión estaba tomada desde que algún desalmado había apretado el gatillo.
Jaejoong iría con él a la mansión, por lo menos hasta que el asunto quedara resuelto.

—Las cosas no tienen por qué cambiar demasiado—Se dijo a si mismo intentando convencerse de una
mentira. Y es que si de algo estaba seguro, era que en aquella casa podía pasar absolutamente de todo.

Vestido de nuevo con un elegante traje, Jaejoong se miró por última vez en su pequeño espejo. Aquel había
sido el día más largo de su vida, y por lo visto no había terminado. Cuando había salido del hospital, de
nuevo había caído en lo mismo que tanto le había costado superar.

Nada más entrar a su casa, el chico se había dirigido al armario de su baño, sacando de allí un pequeño frasco
con pequeñas pastillas blancas. Con las manos sudorosas y temblando, se había tragado una de ellas casi
desesperadamente. Hacía años que no tomaba un antidepresivo. Ni después de la desintoxicación que habían
tenido que realizar en el por su adicción a aquellas pastillas.

Más tarde, y cuando fue consciente de su acto, su primer impulso fue tirar el bote de calmantes por la
ventana, sin embargo algo se lo impidió, e inmediatamente el pequeño frasco fue a parar a su mesilla de
noche. No había de que alarmarse, no iba a volver a caer por una sola pastilla… él lo había superado, solo
que aquel día había revivido demasiadas cosas y sus defensas simplemente habían caído.

Horas después el incesante sonido de su teléfono le hizo despertar de la reparadora siesta que estaba
tomando. Aun con los ojos medio cerrados y sin saber bien que estaba haciendo, había contestado, solo para
escuchar la autoritaria voz de su jefe al otro lado del auricular.

“Esta noche a las 10 te iré a buscar para ir a un restaurante”, y había colgado. Jaejoong pensó seriamente en
llamarle para cancelar la salida. No se sentía con ánimos de ir a ningún sitio, pero de nuevo su cobardía
venció por él, y no se vio capaz de comunicarse con el magnate.

Y ahí estaba él, frente al espejo de su pequeño cuarto mirando su imagen reflejada. “Mírate Jaejoong, ¿Qué
estás haciendo?” Le gritaba su mente mientras veía su imagen en el espejo. Una mujer rubia y casi
desconocida le devolvía la mirada.

Sin hacer caso a aquella voz, apagó la luz y se fue directamente a su puerta. No hizo falta esperar mucho para
que la conocida silueta del mercedes de su jefe apareciera por la carretera. Cuando el imponente coche se
paró frente a su casa, Jaejoong cerró con llave la puerta y se acercó hasta donde estaba aparcado. El magnate
le hizo un gesto con la cabeza para que subiera al asiento del copiloto, y así, ambos partieron a uno de los
más lujosos restaurantes chinos de Seúl.

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—¿Qué desean pedir? —Preguntó una mujer con rasgos orientales. Yunho hizo su pedido rápidamente,
pero Jaejoong, quien en su vida había probado la comida china, no tenía ni la menor idea de lo que era cada
plato. Para no meter la pata simplemente pidió lo mismo que su jefe.

Ambos habían sido conducidos a una sala privada nada más entrar en el restaurante. Jaejoong se había
quedado fascinado por el decorado. Como estilista debía admitir que aquello era una obra de arte. Los rojos
llamativos, naranjas y tonos dorados predominaban en el lugar. Sin embargo este no tenía un salón principal
donde la gente pudiera comer, sino que contaba con salas reservadas como la que estaban ocupando en aquel
momento ellos. Con una pequeña mesa en el centro, Jaejoong se dio cuenta de que no había sillas. Tuvo que
sentarse en el suelo tras haberse descalzado. Los tonos de la habitación eran algo más suaves que los del
exterior, pero los rojos y dorados seguían predominando.

Nada más salir la mujer de la sala, la voz de su jefe se pudo escuchar perfectamente. Jaejoong supo, antes
siquiera de que abriese la boca, lo que iba a decir.

—¿Así que lo mismo que yo…? Cómo nunca he creído en las coincidencias, supongo que no tenías ni idea
de que pedir…

Sin saber que contestar, simplemente se bajo de hombros.

—Por cierto, tengo algo que decirte. —El moreno, vestido completamente de negro, le miró con sus ojos
llenos de seriedad—En tres días te mudarás a la mansión Jung.

Sin creer que había escuchado correctamente, Jaejoong le miró como si se hubiese vuelto loco. Aquello no
pareció agradar a su jefe.

—Pero… —dijo intentando mostrarse firme—No puedo ir… no creo que sea buena idea.

—Nadie te ha pedido tu opinión. Es parte de la farsa, así que simplemente obedecerás.

Jaejoong sintió su boca secarse. Sus manos inconscientemente volaron hasta su cabello, solo para encontrarse
la molesta peluca.

—Lo… lo siento, pero no puedo hacer eso.

El asombro era evidente en el rostro del magnate. Jaejoong supo que no había esperado una negativa de su
parte, y en el fondo, no le pudo culpar por ello.

—Y… ¿Se puede saber por qué no? —Aquello sí que dejó descolocado al moreno. ¿Por qué? …él creía que
era algo obvio

—Nunca podría fingir delante de tanta gente y durante tanto tiempo…—Fue todo lo que dijo. Su jefe
pareció relajarse visiblemente.

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—No hay que preocuparse por ello. Si mi familia llegara a enterarse yo me ocuparía de ellos. El único que
me preocuparía más sería mi abuelo. Pero cuando llegué el momento ni siquiera él podrá decir nada de con
quién estoy o dejo de estar.

Era la primera conversación más o menos civilizada que tenían. Y Jaejoong se dio cuenta de que su jefe
parecía realmente relajado con su presencia. Nunca antes había sucedido algo parecido. —De cualquier
forma…

—No. Irás y punto. Yo me encargare del resto. —dijo sin alzar la voz en ningún momento. Jaejoong intentó
contestar, pero de nuevo se vio silenciado por el otro—Y ahora a comer.

Como si fuera una orden, la mujer que les servía entro en la sala con dos bandejas. Jaejoong se quedó
mirando con desconfianza su plato, pero no dijo nada.

—No digas nada hasta haberlo probado —dijo su jefe como leyéndole el pensamiento. Jaejoong sin reparar
en la sonrisa divertida del moreno se fijo en el pedacito de comida de su plato. Aquello parecía ridículo. Si
salía vivo de allí probablemente tendría que pedir un bocadillo de calamares en el bar de enfrente de su casa
para terminar con el hambre que de seguro le quedaría.

Sin hacer caso al aspecto crudo de la comida, pinchó el pequeño palillo para después llevárselo a la boca. Por
increíble que pareciera, estaba exquisito. Solo hicieron falta unos bocados más para terminar toda su comida.

—Desde luego… Comes como los pollos —dijo el moreno de pronto. Jaejoong se sobresaltó un poco, y
cuando le miró se dio cuenta de que el plato del moreno estaba también vacío.

—Si no me dieran comida para pollos… —murmuró por lo bajo, para instantes después horrorizarse de sus
palabras. Esperando un comentario cruel de su jefe, cuál fue su sorpresa al oírle decir:

—Deberías defenderte más a menudo. En tu nuevo puesto lo vas a necesitar. —Jaejoong se relajó
visiblemente, pero solo fue un momento—Pero será mejor que no vuelvas a hablarme así.

La comida terminó rápidamente. Aquella vez Jaejoong intentó mostrarse más comunicativo y se sorprendió
al observar que su jefe, si le hablaba con normalidad podía llegar hasta ser un poco menos desagradable. No
es como si le fuera a sonreír como una persona simpática, pero al menos, en una plática normal, el moreno
parecía casi capaz de dejar el desdén y las burlas a un lado para contestar como una persona medianamente
normal.

El moreno parecía nunca desprenderse de aquella arrogancia innata que tanto le caracterizaba. Era la persona
más segura de sí misma que Jaejoong había conocido. Personalmente, Jaejoong creía que su jefe no se
moriría por ser amable alguna vez, pero dudaba mucho que fuera testigo de aquello, y mucho menos que
fuera destinado a él.

Cuando la cena terminó, Jaejoong no había logrado sacar ni una vez más el tema de la mudanza a la casa
Jung. Y no era por no haberlo intentado. Varías veces había iniciado una conversación sobre ello, pero el

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moreno simplemente lo esquivaba y cambiaba de tema, o simplemente le cortaba tajantemente sin darle
oportunidad a rechistar. No que lo fuera a hacer de todos modos….

Cuando llegó a su casa, se bajó del coche despidiéndose con un seco “adiós” para el magnate. Este ni se
molestó en contestar. Una semana había pasado desde que aquella visita al hospital junto a su esposo,
Changmin, le había dejado con un vacío en su corazón que no era igualable a nada que hubiese sentido hasta
el momento.

Junsu tenía que luchar a diario por contener el impulso de ir a visitar aquellos niños, que tan hondo le habían
llegado. Sobre todo Moonbin. Pero su parte racional le decía a gritos que con una visita a aquel hospital, solo
lograría dañar aun más a los pequeños. Y aquella contradicción le estaba matando.

¿Cómo podía llegar allí y encariñarse con ellos, decirles que todo saldría bien, si les iba a abandonar en
cuanto su tutor decidiera alejarles de él? Era cruel para ellos, y era cruel para él. Sin embargo, quería saber
cómo se encontraban. Si se encontraban ya bajo el brazo protector de alguien y como estaba la pequeña niña
que tanto le había impactado postrada en aquella inmaculada cama.

No había sido capaz de decirle nada a su esposo. No sabía cómo iba a reaccionar y eso le frenaba en sus
momentos de sinceridad. Jung Changmin era una de las personas más desesperantes que conocía. Tan pronto
se mostraba como una persona adulta y madura, como se plantaba en medio de la habitación de ambos
montando toda una rabieta por cualquier tontería. Changmin era, por decirlo de algún modo, imprevisible.

Y aquel era otro tema. En aquella semana, algo había pasado entre ambos. Junsu no podría jurar sobre qué
era, pero la verdad es que su relación había tomado una curva inesperada. Las peleas, aunque aun constantes,
eran ahora menos hirientes por parte de ambos. Además, aunque frente al resto de la familia ambos seguían
comportándose como lo hacían antes, en la intimidad no.

Y eso a Junsu le ponía nervioso. Las escenas de él mismo sucumbiendo a la tentación que representaba su
esposo eran ya casi repetitivas. Si bien aún había tenido la fortaleza suficiente como para poder detenerle
antes de llegar demasiado lejos, la pasión que ambos parecían despertar en el otro había parecido renacer con
una fuerza asombrosa.

Aun recordaba como la noche anterior, tras regresar de su salida juntos a sus amigos a uno de los antros por
donde solían moverse, se había encontrado a su esposo esperándole junto a la puerta de su cuarto. Aquello
podría haber sido algo normal de no ser por el aspecto de Changmin. Con sus mejillas completamente
sonrojadas y una expresión soñadora en su rostro para nada característica de él, Junsu pudo darse cuenta
inmediatamente de que el moreno estaba completamente ebrio.

Intentando esquivarle y abrir la pesada puerta de madera sin ser interceptado por el otro, Junsu tomó el
brillante manillar para entrar en el cuarto. Pero nada más abrir la puerta, su esposo se había abalanzado sobre
él, cayendo ambos estrepitosamente al suelo.

Changmin le había besado de una forma casi desesperada, que pronto consiguió hacerle olvidar las razones
para mantenerse alejado de él. Pero para fortuna del pelirrojo—aunque en aquel momento lejos estuvo de

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verlo así—justo cuando el moreno conseguía desprenderse de sus pantalones, su estado de ebriedad se hizo
notar, y consecuentemente cayó dormido al instante.

Mostrando un extenso repertorio de maldiciones Junsu le había metido en la cama sin molestarse en quitarle
la ropa que el moreno no había podido quitarse. Junsu había dormido lo más alejado posible de su esposo.

Y ahora, a la luz esclarecedora del sol, solo podía dar gracias a que Changmin se hubiese quedado dormido.
¿Qué era lo que sentía por su esposo? Nunca le había gustado ningún chico. Es más, habían sido pocas las
chicas que habían logrado hacerle perder la cabeza. Y por lo tanto, no tenía ni idea de por dónde empezar a
definir sus sentimientos.

Había deseo, y en una cantidad alarmante, la pregunta era, ¿Había algo más? No creía que un sentimiento
pudiese forjarse a partir solamente del deseo, ya que este como tal, podía apaciguarse con cualquier otra
persona. El problema era que recientemente Junsu se había visto en la incómoda situación de tener que
preguntarse si solo era deseo lo que sentía por el hombre.

Dejando aquellos confusos pensamientos de lado, decidió que ya había aguantado suficiente. Iría al hospital a
visitar a los tres hermanos. Con un poco de suerte conociera al hermano mayor, Sungmo, según el médico.

Cuando unos ligeros pasos se pudieron escuchar en el comedor donde estaba, Junsu levantó su mirada del
blanco mantel que adornaba la larga mesa de desayuno. Había sido una suerte que nadie de la familia hubiese
bajado aun a desayunar, evitándole así enfrentamientos indeseados. Pero por lo visto su reconfortante
soledad estaba a punto de llegar a su fin.

—Bueno días —murmuró una voz tímida mientras que la menuda figura de Jae se sentaba a su lado para
desayunar. Junsu suspiró con alivio al comprobar que era la novia del otro Jung quien había llegado.

—Hola Jae, ¿Cómo dormiste? —Preguntó con una amplia sonrisa mientras miraba con ojos chispeantes a la
única persona de aquella casa que le hacía sentir verdadero afecto. La novia de Yunho, junto al arrogante
moreno, habían llegado a la casa hacía algo menos de una semana. El cambio en el ambiente había sido
notorio, aunque no por la presencia de la chica, que la mayoría del tiempo se reducía a su cuarto privado, si
no por la imponente presencia del millonario. En un principio, Junsu había visto solo similitudes entre aquel
Jung y su esposo, pero poco tardó en darse cuenta de su error. Changmin era muy expresivo y a veces
infantil. Su ego era increíblemente grande y a veces se comportaba como si fuese el amo del universo, pero
Yunho era distinto. Aunque manteniendo aquella arrogancia tan característica de la familia, el moreno
parecía ser incapaz de mostrar sentimiento alguno. Su voz era fría y cruel y sus comentarios—o por lo
menos los pocos que hacía—iban directos a la diana. Justo donde más dolían.

En realidad Changmin y su primo parecían ser muy íntimos, como si de alguna manera sus caracteres se
complementaran. Era increíble ver al inexpresivo Jung hablando tranquilamente con Changmin, Junsu
incluso podría jurar que le había visto sonreír alguna vez. Claro que solo en presencia de su primo.

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Las peleas entre la familia a la hora de la cena parecían haberse moderado. Yunho poseía una extraña
cualidad para hacer callar a la gente con una sola mirada, y hasta Mihwa, con todo aquel veneno que
guardaba, parecía acobardarse bajo el fuego de aquellos ojos almendrados.

Junsu no podía ni imaginarse que hacían saliendo juntas dos personas tan diferentes como lo eran aquel Jung
y la mujer tímida y casi retraída que se sentaba a su lado. Las pocas veces que había visto junta a la pareja, la
extraña sensación que le daban era desconcertante. Parecían como un rompecabezas. Un rompecabezas
cuyas piezas no terminan de encajar. Pero de algún modo, aquella rubia con mirada esquiva y de fácil sonrojo
había logrado agradar a Junsu. —¿Vas a ir a algún lado? —Preguntó el pelirrojo mientras dirigía su taza de
café hacía sus labios. Jae —que era como ahora la llamaba por su reciente confianza—pareció sobresaltarse
por su pregunta.

—Bueno, solo iba a ir a mi antiguo departamento para coger algunas cosas.

—¿Enserio? ¿Y por donde está? Yo voy dirección sur, quizás podíamos ir juntos.

—Ehh…—Ante la evidente incomodidad de la mujer, Junsu no pudo menos que preguntarse porque se
sonrojaba. Si había congeniado tan bien con ella era por aquella normalidad que parecía desprender. Pero Jae
en ocasiones llevaba su misterio a límites realmente intrigantes. —Mi casa no está en tu camino, pero te lo
agradezco. ¿Puedo preguntarte dónde vas tú?

—Voy al hospital. —Felicitándose por haber conseguido que la rubia le hiciera una pregunta medianamente
personal, Junsu acabó con su taza. Si bien aquella mujer le caía bien, era obvio que la conversación no era su
punto fuerte. La mayoría de las veces se limitaba a contestar con monosílabos y a Junsu le había costado lo
suyo conseguir que se abriera con él. La deslumbrante sonrisa con la que era obsequiado en algunas
ocasiones era recompensa suficiente.

—¿Te ocurre algo? —Preguntó la mujer con verdadera preocupación. Junsu meneó al cabeza para
tranquilizarla.

—Solo voy a ver a alguien. —Sin tener a nadie en quien pudiera confiar lo suficiente como para contárselo,
y necesitando desahogarse, Junsu decidió hablar con la mujer. A pesar de ser tímida, se veía claramente que
era una persona en la que se podía confiar. (Otra razón más para no entender que hacía liada con aquella
familia de hipócritas)—Cuando fui con Changmin a visitar a tu novio, vi a unos muchachos que habían
tenido un accidente. Los padres por desgracia murieron y quería saber como estaban. Me encariñé mucho
con uno de ellos.

—¿Niños? —Sus ojos se abrieron por la impresión y Junsu, sin saber a qué se debía el estado de la mujer, se
inclinó sobre su silla para acercarse a ella.

—Sí, ¿Por qué?

—Bueno…—Sus manos se movieron incomodas sobre su regado, muestra inequívoca de su nerviosismo—


Yo también vi a unos niños siendo ingresados mientras estaba allí. Nunca supe que fue de ellos. Podrían ser

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los mismos… —Mirándola fijamente por un momento, decidió que aquella sería una buena oportunidad
para acercarse aun más a la única persona decente en aquella casa.

—¿Quieres venir conmigo? Si no tiene demasiada prisa ir a tu apartamento, puedes acompañarme al


hospital.

La mujer pareció meditar por un momento la idea, y después, con una tímida sonrisa asintió en
conformidad.

—Voy a buscar mi abrigo y ahora mismo bajo. —La taza de chocolate que estaba bebiendo se vació
rápidamente y después la rubia simplemente se levantó de su silla de un saltó para casi correr hasta las
escaleras que llevaban a las habitaciones de la familia.

Dejando también su taza vacía, Junsu se levantó desperezándose en un involuntario movimiento sensual.
Cogiendo su chaqueta de piel del respaldo de la silla, se la colocó sobre los hombros para terminar de
vestirse. Aquella chaqueta conjuntaba perfectamente con sus nuevos jeans (Que para su completa
consternación habían sido un regalo de su esposo).

Junsu aun recordaba la sorpresa que le había producido el hecho de que Changmin le regalase algo. Y no era
precisamente porque no le creyera capaz de un gesto amable, si no porque el moreno no parecía demasiado
detallista, ni siquiera para notar su escasez de ropa, bastante justificada a causa de su empobrecida economía
familiar. Junsu nunca había sido una persona con demasiados remilgos, y sin muchos miramientos había
aceptado el regalo de quien le estaba obligando a vivir en aquella cueva de lobos.

—¡Junsu! —Unos fuertes brazos le sacaron de sus pensamientos cuando rodearon su torso desde atrás. —
¿Dónde vas?

—Buenos días Kyuhyun —murmuró soltándose del agarre y sin inmutarse ya de las comunes muestras de
confianza del chico. —Tengo algo que hacer.

Ante su evasiva, Kyuhyun entrecerró sus ojos. Junsu supo al instante lo que el chico pensaba. Kyuhyun era
completamente transparente en algunas ocasiones.

—¿A sí? Y dime… ¿Qué es eso tan importante que tienes que hacer?

—No seas chismoso Kyuhyun, solo voy a acompañar a Jae a su casa.

—Así que la princesita… ¿eh? —Casi soltó la carcajada al escuchar el inusual tono despectivo en su voz.
Junsu había tomado a Kyuhyun por una de aquellas escasas personas a las que era imposible enfadar. Pero allí
estaba Jae, que nada más llegar se había ganado la antipatía del chico. A él sinceramente le parecía algo
exagerado, pero no iba a meterse donde no le llamaban.

Todo había ocurrido la noche en la que la pareja había llegado a la casa. Kyuhyun, con su acostumbrada
desvergüenza había abrazado a la mujer efusivamente. El problema había sido que Jae, con aquel carácter
retraído, se había deshecho rápido del abrazo para pasar toda la velada evitando a Kyuhyun como si de la

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peste se tratase. No hace falta decir que aquello no sentó nada bien al chico. A parir de aquel momento cada
vez que la rubia entraba en algún lugar donde él se encontrase, Kyuhyun simplemente la ignoraba o se
alejaba lo más posible de ella.

Tenía que reconocer que aquellos dos eran francamente divertidos. Era muy obvio que lo único que
Kyuhyun tenía herido era su ego, sin embargo el que Jae no se hubiese vuelto a acercar a él después de
aquello solo había hecho por ponerle aun más a la defensiva. Junsu estaba seguro de que aquellos dos podrían
llevarse bien si se dignaban a conversar diez minutos seguidos.

—Bueno y dime —dijo Kyuhyun mientras se acercaba para apoyar su brazo sobre sus hombros—¿Qué tal tu
matrimonio? ¿Nada que contar sobre mi primo? Algo bochornoso con lo que pueda reírme de él….

Riéndose, sacudió la cabeza para hacerle ver que no pensaba contestar a eso.

—No pensarás en serio que voy a contestar, ¿verdad? Tu primo me colgaría de una farola.

—Pero él no tiene porque enterarse.

—Empiezo a sospechar que todos en esta casa tienen oídos en las paredes…

Kyuhyun abrió la boca para contestar, pero en aquel momento la figura de Jae se hizo presente junto a ellos.
Como de costumbre, Kyuhyun la miró por encima del hombro para después salir con paso majestuoso del
salón. A Junsu le recordó a un pavo real. Todo plumas…

—Me odia. —Ya vestida con un largo abrigo verde y un pequeño bolso en su brazo izquierdo, miraba
ceñuda la puerta por donde había salido en chico.

—Nah, es solo fachada. Le heriste su orgullo de macho. —Jae se rió y Junsu de pronto se dio cuenta que la
voz de la mujer era unos tonos más grave de lo que solía ser la voz femenina normal. Sin prestarle atención a
su descubrimiento, tomó el brazo de Jae para salir de aquella casa. Irían en el chofer de Changmin, y si por
algún motivo su esposo lo necesitaba… bueno se tendría que conformar con conducir él mismo. Un poco de
trabajo a aquel vago no le vendría mal.

—Eso es horrible—Le acababa de contar lo sucedido en el hospital con los niños. Los ojos de la mujer se
encontraban cristalizados mientras sus manos estaban apretadas en pálidos puños. —Deben sentirse muy
solos.

—Eso mismo pensé yo—Tomando una curva hacía la izquierda, llegaron a la calle del hospital. El chofer no
había hecho pregunta alguna sobre el motivo de su visita al lugar, y eso alivió a Junsu. Sabía que aquel regio
hombre servía a Changmin y no a él, por lo que no se esperaba que le obedeciera sin rechistar. —¿Puedo
preguntarte algo? ¿Tú y… Jung están bien?

Jae se sobresaltó visiblemente y se maldijo por inmiscuirse donde no le llamaban. …él mismo tenía una
extraña situación en su propio matrimonio, así que no era quien para hacer preguntas a nadie, y menos de
aquella índole.

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—Bueno… La verdad es que tenemos una relación... algo extraña. —Junsu ya sabía aquello. Era difícil no
darse cuenta de que estaban distanciados si los mirabas por más de dos minutos seguidos. Por una parte la
mujer parecía sentir más miedo por su novio que otra cosa, y él… bueno él a veces parecía portarse con ella
demasiado amablemente y otras con una indiferencia que hacía preguntarse a más de uno que se traerían
aquellos dos.

—Yo… La verdad es que creo que son demasiado…—Quitándole el poder decir algo realmente fuera de
lugar, Jae se le adelantó.

—Diferentes—Cuando Junsu asintió, la rubia desvió sus ojos cafés hacía su ventana. Si Junsu no se
equivocaba, la expresión que habían mostrado sus ojos era algo parecido a la melancolía. —Se podría decir
que no estamos en nuestro mejor momento.

La conversación se vio cortada cuando ambos tuvieron que bajar del coche al llegar a su destino. Junsu no
tenía intención de seguir con aquel tema que tanto incomodaba a su compañera, por lo que mientras subía
por las largas escaleras se dedico a entablar una amena conversación sobre sus pasadas vacaciones. Con
algunas omisiones, evidentemente.

Avanzando por los largos y blancos pasillos del lugar, ambos llegaron a la habitación, que por lo menos
antes, habían ocupado los muchachos. Alzando una mano algo vacilante, llamó a la puerta con dos secos
golpes. No hubo respuesta.

—Quizás ya no estén en este cuarto. Podríamos bajar a preguntar en información —dijo Jae.

Sin embargo, cuando fue a darle la razón, un fuerte grito proveniente de la habitación, les alarmó. Sin
pararse a pensar en lo poco conveniente de la acción, simplemente abrió la puerta.

—Eres un desgraciado. ¿Crees acaso que tus padres van a revivir de pronto para ocuparse de ustedes? ¡Ellos
están muertos y punto! Y tú y tus hermanos vendrán a vivir conmigo. —Junsu pudo sentir como el cuerpo
de Jae, muy cerca del suyo, se tensaba. Pero en aquel momento él mismo se encontraba demasiado
impactado como para preocuparse por ella.

Frente a ellos, una corpulenta mujer cuarentona se erguía desafiante frente a dos chiquillos. Con sus
rechonchos brazos cruzados y una expresión cruel, aun no había reparado en la presencia de ambos en la
habitación.

—Aunque quizás mande a tu hermana a un orfanato, ahora, tal como esta, será una inútil y solo supondrá
una carga para Gwangsu.

Los ojos de Junsu pasaron de la figura agazapada de Moonbin, a la del otro chico que, frente a él, protegía al
que debía ser su hermano con su propio cuerpo. Solo pudo admirar la valentía del muchacho, que aun
temblando visiblemente, miraba ceñudo a la mujer.

—¡Nunca nos iremos contigo! Antes preferimos quedarnos aquí para siempre—Grito el muchacho. Junsu
apreció enseguida el parecido que el niño tenía con Moonbin. Su pelo, al igual que el del otro, tenía el tono

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de las alas de un cuervo, pero mientras que los ojos de Moonbin eran marrones, los de aquel muchacho
tenían un profundo negro.

—Mocoso estúpido—Exclamó la mujer avanzando un paso hacía el niño. Su brazo se movió a una velocidad
asombrosa para alguien de su envergadura, y Junsu se dio cuenta con horror que iba a pegarle, y que además,
él mismo estaba demasiado lejos como para evitarlo.

—Ni se le ocurra tocarle—Fue sin embargo Jae, quien con una fuerza que no parecía tener a simple vista,
había detenido el brazo de la mujer con una sola mano...

La mujer solo le miró con furia mientras intentaba deshacerse del agarre.

—¿Quién demonios eres tú? —gritó mientras sacudía su voluminoso cuerpo, pero Jae simplemente reforzó
su agarre.

—¿Cómo se atreve a levantar su mano contra un niño? —Soltándola bruscamente como si el simple acto de
tocarla le repugnara, Jae se colocó frente a los dos niños. —Se merece que le dé el golpe que pensaba darle a
él

—¿No me digas que eres la hermana de Yehee? Pues siento decirte que su padre me dejó como tutora de los
niños, y que nada puedes hacer al respecto.

—¡Lárguese de aquí! —gritó perdiendo los papeles. Junsu nunca había visto así a la rubia. Sus mejillas se
habían teñido de un furioso tono rojizo y sus ojos parecían querer fulminar a aquella mujer. —¡Ahora!

—Estúpida, eres tú la que se larga de aquí ahora mismo—Viendo como agarraba a Jae por uno de sus brazos
cruelmente y la empezaba a empujar hacía la puerta, Junsu intervino.

—Eres tú quien se va, si no quieres que llame a la policía y tengamos una charla sobre cómo estaba a punto
de pegarle a un niño ingresado en el hospital.

Junsu probablemente nunca sabría que impulsó a aquella persona a abandonar la habitación, si su amenaza o
el hecho de ser dos contra una sola persona. Pero el hecho fue que con una última mirada de furia, salió del
lugar con un fuerte portazo. Dándose la vuelta hacía donde estaban los dos chicos, su corazón se detuvo al
ver como Moonbin levantaba sus ojos arrasados en lagrimas hacía él.

Se sintió culpable, porque de haber venido antes, podría haber evitado aquello. Pero para su propio alivio, el
muchacho se levantó rápidamente y corrió a sus brazos, tirándose literalmente sobre su cuerpo.

—¡Has venido! —Fue todo lo que dijo el pequeño con su rostro aun enterrado entre los pliegues de su
chaqueta. Las lágrimas de Moonbin parecieron quemarle a través de la ropa.

—¿Te lo prometí, verdad? —Agachándose mientras se llevaba una mano al bolsillo, Junsu sacó de el un
pequeño paquete envuelto. Cuando sus ojos quedaron a la altura de los del niño, le entregó el paquete—Y
como te prometí, te traigo tu regalo.

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Cuando los brazos del pequeño se estiraron, Junsu le cargó mientras Moonbin abría el paquete. Sus ojos se
iluminaron al ver tres pequeños pasteles de chocolate en una linda caja de cartón de colorines y plástico. —
Puedo… ¿Puedo comérmelos? —Preguntó mirándole con aquellos grandes y expresivos ojos.

—Claro, peque, ahora son tuyos.

Dejando el delgado cuerpo en una de las sillas, vio como Jae hablaba con el otro muchacho. Todo su coraje
anterior parecía haber desaparecido, y ahora solo quedaba lo que en realidad era, un asustado muchacho que
no debía tener muchos más años que su hermano. Aproximándose a ellos, se agachó de nuevo para poder
mirarlo a la cara.

—¿Y tú debes ser el hermano de Moonbin, verdad? —Cuando el pequeño asintió, continuo—Has sido muy
valiente al protegerle así. Yo me llamo Junsu y también te he traído un regalo.

Sacó un segundo paquete igual al otro. También había traído uno para la niña, por si había despertado. Pero
allí solo estaban los dos chicos y no creía conveniente preguntar en aquel momento que había pasado con su
hermana.

—¿Gracias? —Los ojos negros se volvieron hacía Jae —¿Entonces no eres nuestra tía?

—No, lo siento. ¿Solo conocen a esa mujer de su familia?

—Sí. Mama y papa siempre estaban de viaje, y nosotros íbamos con ellos. Por eso nunca fuimos a visitar a
nadie. —Sobándose la nariz, el pequeño miró por unos instantes a su hermano, que les contemplaba a su vez
con pura curiosidad. —Pero las navidades pasadas pasamos la navidad en casa del tío Gwangsu.

—Gwangsu es… ¿El marido de tu tía, la que estaba aquí? —Pregunto Jae.

—Sí. Papá me dijo que, aunque no quería, debíamos pasar en su casa las navidades. A papá no le gustan los
tíos.

Era triste pensar que aquellos niños se habían quedado tan solos en la vida. Quizás él nunca lograría
imaginarle lo que debían de sentir ellos en aquel momento. Y por si aquello fuera poco, la única persona
capacitada legalmente para cuidarles era una mujer insensible y violenta.

—¿Ahora nos llevarás contigo? —La pregunta de Moonbin le agarro desprevenido.

—No. Verás pequeño, sus padres dejaron a tus tíos para que les cuidaran. Si yo les llevo ahora conmigo… la
policía vendría a por mí por secuestrarlos.

—¡Pero no es un secuestro!

—¡Moonbin! —dijo su hermano en tono firme—No insistas. Ellos no pueden cuidarnos porque sería un
delito. Papá dejó nuestra tutela a los tíos y ellos podrían denunciarlos si nos llevan a algún lado.

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Su sorpresa no pudo ser mayor al escucharle—¿Cuántos años tienes, Sungmo? —Preguntó Jae, quien por lo
visto tenía sus mismas dudas.

—Nueve.

—¿Si a tu padre no le caía bien tus tíos, por qué le dejó su tutela si tenían más familia?

Sungmo simplemente se bajo de hombros ante la pregunta de la rubia. Si bien Junsu se había sorprendido
ante su edad—había creído que sería mayor, dada su visible madurez—pero era obvio que ningún padre le
iba a comentar a su hijo de nueve años sobre aquellos temas. Sus preguntas se borraron de su mente cuando
la puerta del cuarto se abrió.

—Dios santo… —murmuró.

—¡Minji! —La exclamación de Moonbin fue como un trueno en medio de un desierto. Sin embargo nadie
más dijo nada.

Junsu tuvo que contenerse para no llorar allí mismo, y es que aquella angelical criatura que había visto
tumbada en aquella cama, ahora estaba frente a él en una silla de ruedas. Por si aquello fuera poco, sus ojos
estaban tapados por una horrible venda que parecía ocultar casi todo su pequeño rostro. Habían cortado su
cabello hasta dejarlo por encima de sus orejas y el movimiento frenético de su cabeza dejaba entender que
estaba buscando de donde provenía la voz de su hermano.

Moonbin, sin esperar más, corrió hasta colocarse junto a su hermana. Una de las pequeñas manos de la niña
buscó a ciegas al chico, y este, con los ojos llorosos, le agarró suavemente los delgados dedos mientras la
tranquilizaba con palabras casi sin sentido. Sungmo también se acercó hasta su hermana, sin embargo, este
tenía el ceno fruncido.

—¿Cómo estás? —Preguntó Sungmo mientras acariciaba levemente la coronilla de la chica.

—Bien. Los doctores no me pincharon. —La voz de la niña, débil y baja, bajo aun más su corazón.

—Vamos Minji, es hora de comer algo—Uno de los doctores ayudó a la chica a ponerse de pie, y ante el
asombro de Junsu, la muchacha volvió sola a su cama. Guiada, claro está, por la mano experta del doctor.
—¿Y ustedes son…?

— Kim Jaena —dijo Jae a su lado. Junsu se presentó también ante la inquisitiva mirada del doctor.

—¿Son sus familiares? —Preguntó con algo que pareció demasiado un dejo de esperanza en su tono.

—No. Solo conocido. Doctor… ¿De verdad esa mujer que estaba aquí es la única tutora de los chicos?

El médico se tensó tan visiblemente, que se dio cuenta del que el doctor ya había visto el lado perverso de
aquella mujer. Y no le había gustado nada.

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—Sí. Hemos intentado localizar a algún otro familiar, pero hasta ahora ha sido en vano. La mujer se niega a
decirnos nada y no tenemos ningún motivo—Por lo menos legalmente probable—para quitarles la custodia

—Pero dejar a los tres niños con ella es… es un crimen. ¿Acaso no ha escuchado como les habla? ¡Ha estado
a punto de pegar a uno de los niños! Y si no fuera porque hemos llegado a tiempo, lo habría hecho.

El hombre, con su encanecido pelo y sus gafas apoyadas casi cómicamente en la punta de la nariz, les miró
con verdadero cansancio.

—Lo sabemos, muchos hemos visto cómo los trata. Pero sin nadie que comparta la custodia, no podemos
quitarle la tutoría. Si denunciamos a la mujer, durante el juicio los niños serían instalados en un centro de
recogida del estado y…

—¡No, eso no! —gritó interrumpiendo Jae. Junsu la miró algo perplejo, pero el doctor pronto le resolvió
sus dudas.

—Lo sé… Ellos estarían mejor en cualquier otro lado antes que en uno de esos centros. Probablemente su
tía los trataría mejor.

—¿Tan malos son?

—No quieras saberlo…—Fue todo lo que dijo Jae mientras se agachaba para acariciar el revuelto cabello del
Moonbin.

—Yo mismo pensé en luchar por su custodia, pero sus padres les dejaron una buena herencia que ahora
mismo está en manos de sus tíos. Cualquier juicio que se llevara a cabo sería amañado. Necesitaría tener
mucha más solvencia económica de la que tengo como para intentarlo si quiera.

Aquello le llamó la atención—¿Está queriendo decir que alguien con el suficiente dinero podría obtener la
tutela de los niños? ¿Aunque no fuese familiar?

—Hey… Yo no he dicho exactamente eso. Yo soy su médico, por lo tanto tenemos una cierta relación.
Pero no sé si alguien totalmente ajeno a ellos podría luchar por su custodia.

Sin hacer caso de las palabras del médico, la imagen de su esposo le vino a la mente. Sabía perfectamente que
le mandaría a freír espárragos en cuanto se acercara a él para pedirle algo como que adoptase a tres niños.

Sabía perfectamente que por mucho que lo intentara, Changmin no iba a acceder a cargar con esa
responsabilidad, pero quizás, y solo quizás, accediera a financiarle un juicio contra esa mujer. Con el dinero
que tenía la familia Jung, no pensaba que el moreno encontrara gran problema en prestarle algo. Después de
todo, por lo menos últimamente, se habían estado llevando algo mejor.

Pero quitando el problema de convencer a Changmin, estaba la cuestión de que él mismo, después de
divorciarse del moreno, no iba a contar con el dinero suficiente como para poder hacerse cargo de ellos. Ya
le costaba bastante trabajo llevar el suficiente dinero a su casa para que comiesen todos sus hermanos como
para meter tres personas más.

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Sin embargo, cuando sus ojos se encontraron con las figuras de los tres niños en la cama, con la pequeña
Minji sonriendo vacilante ante los intentos de los otros dos de animarla, supo que pasará lo que pasará no
podría dejarles en manos de alguien tan desagradable como su tía.

Miró a Jae un momento. La rubia se encontraba pasando de una mano a otra, en una actitud nerviosa, un
folleto de ofertas inmobiliarias sacado de vete a saber dónde. La palidez de su piel le asustó por unos
instantes, pero la mirada decidida de la chica le dijo que todo estaba bien.

—No podemos dejarlos así, ¿Verdad? —Preguntó acercándose a ella.

—Pero no podemos hacer nada. Yo no tengo tanto dinero.

—Pero mi marido sí…—Jae se volvió hacia él al instante, y la esperanza que brillaba en sus ojos le hizo, por
un momento, darse cuenta de que no debería haber dicho nada. Su esposo podía no aceptar aquello, y
entonces aquella ingenua esperanza se habría perdido.

—¿Crees que él quiera adoptarlos? —dijo susurrando para que ninguno de los muchachos pudiese oírla.

—No lo sé, pero tenemos que intentarlo. No me podría perdonar el dejarles en manos de su tía.

—Y tampoco podemos permitir que entren en un centro de acogida. Bajo ninguna circunstancia.

—¿Has visitado alguno?

—Sí.

Viendo que no iba a decir nada más, simplemente guardó silencio. La cuestión era, ¿Qué sería de los niños
hasta el juicio, si es que este se llevaba a cabo, claro está? Una súbita idea le hizo volverse de nuevo hacia Jae.

—No podemos dejarles aquí solos. ¿Sabes conducir?

—No

—Mhh… Entonces tú podrías quedarte aquí con ellos, por si llega su tía, mientras yo busco a Changmin
para tratar del asunto. No sé si aceptará, o lo que me lleve convencerle, así que nos iremos turnando para
vigilar que esa vieja no ponga un dedo encima a los niños.

—Va, pero…—Su mirada se dirigió hacía el modesto reloj de pulsera que llevaba, Junsu no se fijo. —
¿Podrías decirle a J… Yunho dónde estoy? No me he traído el celular ni nada, y no quiero que se preocupe.

—Muy bien. En cuanto pueda, vendré.

Y así, entre abrazos cariñosos de parte de los niños y tras darle su regalo a su nueva amiga Minji, dejó el
hospital. Estaba tranquilo, ya que Jae se había llevado muy bien con los chiquillos. Además de que ella no
dejaría que nada malo les pasase. Quizás por quien debería preocuparse era por Jae. Si la bruja se ponía
violenta, no sabía quién podría salir perdiendo allí.

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El chofer le estaba esperando en la misma puerta del hospital, y traspasando las grandes cristaleras mientras
se ajustaba bien la chaqueta, subió en el coche. No tardó mucho en llegar, y sin embargo el nerviosismo hizo
del viaje algo realmente agotador e infructuoso. Cada vez que empezaba a elaborar su discurso para
convencer a Changmin, más se convencía de que su esposo se negaría.

Al entrar en la casa, le preguntó a uno de los sirvientes que en aquel momento se disponían a poner la mesa
que dónde estaba su marido. Nadie lo sabía. Suponiendo que un no habría bajado del cuarto, se encaminó
hacía su propia habitación con grandes y rápidas zancadas. La ansiedad era casi palpable.

—¡Changmin! —gritó al llegar por fin a su destinó. Grande fue su alivio al comprobar que su esposo se
encontraba sentado en el elegante escritorio ojeando una de las últimas revistas de la empresa familiar. A
Junsu le extrañó que estuviese enfrascado en la sección de economía ya que su esposo era poco dado a leer
sobre aquel tema.

—¿Dónde has estado toda la mañana?

—Vaya, yo también me alegro de verte—En cuanto el sarcasmo abandonó sus labios, se arrepintió. …él
había ido allí para pedirle un favor, un gran favor. Y no era bueno empezar con una discusión. —¿Qué estás
leyendo?

—Cómo van las acciones de la empresa de Yunho. —Colocándose tras su esposo, echó un rápido vistazo a
lo que leía. En efecto, el nombre de la empresa de su primo estaba en una de las listas de la bolsa donde
miraba.

—¿Vas a comer aquí?

—Supongo…

—Ahhh… Pues ya estaban poniendo la comida ahí abajo. —Ante la mirada incrédula de Changmin, Junsu
sintió como se sonrojaba. Por el amor de Dios, nunca se había sentido tan humillado y es que realmente
sentía como si estuviese haciendo el ridículo. —¿Has visto a tu primo Yunho?

—No. ¿Por?

—No, por nada. Jae me ha dado un recado para él.

De pronto Changmin se dio la vuelta para mirarlo con una sonrisa francamente divertida. Junsu no pudo
menos que preguntarse qué demonios le pasaría ahora a aquel hombre.

—Te cae bien, ¿Cierto? —Sin darle tiempo a responder, siguió hablando. —¿Dirías que la conoces bien?

—Bueno, tanto como conocerla bien, no creo. Pero sí que me cae bien. Creo que es una persona agradable
y me relaja estar con ella. De esta casa, probablemente sea la única que no está metida en mentiras hasta el
cuello.

—Te sorprenderías… —murmuró su esposo, descocándole por completo.

100
—¿Cómo?

—Nada cariño, nada—Levantándose súbitamente de su silla, Changmin se acercó hasta quedar demasiado
cerca de él. Su andar felino debía haberle puesto sobre aviso, pero en aquel momento se encontraba tan
nervioso que tarde calló en su error. —Y dime… ¿Me has echado de menos?

Cuando Changmin dio un paso más, el pelirrojo retrocedió, pero cuál fue su consternación al toparse su
espalda con una pared.

—Apártate Changmin, vine a hablar de algo importante.

—No creo que no pueda esperar—Colocando sus manos a ambos lados de su cabeza, Changmin le
aprisiono. Se sentía completamente acorralado. Una de las piernas de su esposo se deslizó suavemente entre
las suyas, hasta que rozó su entrepierna. No pudo reprimir una exclamación.

—¡Suéltame! ¡Estoy hablando en serio!

—Y yo también… Ya te echaba de menos, echaba de menos esto—Susurró a solo unos centímetros de sus
labios mientras unas de sus manos se abría paso con facilidad entre su chaqueta para después desabrochar su
camisa. Su cálido aliento le rozó los labios en una sutil caricia.

—Eres insistente…

—Pues claro, si no lo fuera, me moriría de hambre.

Y Junsu no tuvo ninguna duda a que hambre se refería cuando sus labios se abatieron sobre los suyos en un
desenfrenado beso. Los preliminares se quedaron a un lado cuando su hambrienta lengua invadió su boca
para recorrer toda su húmeda cavidad. Sentir aquellos labios sobre los suyos, las manos del arrogante
moreno acariciarle los pezones pellizcándolos suavemente y aquella fricción en su entrepierna le estaban
haciendo perder el control rápidamente.

Cuando su esposo se separó de él para mirarlo a un palmo de distancia, Junsu contuvo la respiración. El
problema era que aquel diablo era demasiado guapo. Nadie pondría resistir aquellos ojos negros que
desprendían sensualidad, o aquellos carnosos labios que besaban con maestría. Enredando sus dedos en las
finas y suaves hebras de su cabello, Junsu le atrajo casi bruscamente para volver a unir sus labios. Al demonio
con la precaución y los miedos. Aquella persona le producía un deseo que no podía quedar insatisfecho.

El problema era que aunque en aquel momento de pasión y desenfreno su cuerpo le gritaba que se dejase
hacer—Y que de paso le hiciera unas cuantas cosas él también—La parte que quedaba intacta de su cerebro
le decía que debía detenerse.

Olvidándose momentáneamente de esa parte razonable de él, Junsu bajó sus manos hasta el firme y
compacto trasero del moreno, para atraerlo aun más hacía sí. Aquella fricción empezaba a ser dolorosa, y
necesitaba más.

101
Changmin debió de notarlo, ya que una de sus manos se adentró entre sus pantalones para apartar después el
elástico de su ropa interior. Un gemido de puro éxtasis escapó de sus labios cuando la fría mano de
Changmin agarró su erguido miembro. Lentamente, y haciéndole agonizar, empezó a acariciarle toda la zona
de la base, pero cuando el pelirrojo volvió el beso aun más hambriento, Changmin deslizó su mano a lo largo
de toda la longitud de su miembro para empezar a bombearlo de manera experta.

—Y… ¿Qué has hecho durante esta mañana? —Preguntó Changmin mientras continuaba con el frenético
vaivén,

—Estuvimos en el hospital —dijo sin percatarse si quiera del significado de sus palabras.

—¿Pasó algo?

—Ammmhh... No.

—¿Y qué hacías allí entonces? —Sin mucha curiosidad en aquel momento, Changmin deslizó sus labios por
el cuello del pelirrojo deleitándose con la suavidad de su piel. Más lo que a continuación dijo Junsu le hizo
detenerse en seco.

—Estaba viendo a los niños. Vine para decirte que los íbamos a adoptar

—¿Cómo?

Al sentir que todo contacto cesaba, gruñó. Pero de pronto, en algún espacio aun lucido de su mente, se
percató de lo que había dicho.

—Demonios…

—¿Podrías explicarme que es eso de que VAMOS a adoptar a unos niños?

—Bueno…—Sin nada de convención, Junsu le contó toda historia. Desde su encuentro con Moonbin en un
baño, el maltrato de su tía, hasta la conversación con el médico. Para cuando termino, el rostro de
Changmin mostraba la más pura incredulidad.

—¿No puedes estar hablando en serio, verdad?

—¿Y por qué no? En realidad voy a ser yo quien los adopte, tu solo tendrías que prestarme el dinero.

—Ni hablar, no sabes lo que estas pidiendo.

—¡Maldita sea! Eres demasiado cerrado. ¡Tú no los viste Changmin!, Moonbin estaba tan afectado, me
rompió el corazón encontrarle allí solo sollozando por la muerte de sus padres. ¡Y tendrías que haber visto
hoy a Sungmo, con que valentía se enfrentaba a esa bruja! ¡Pero son solo niños Changmin, niños! Y necesitan
de alguien que sí les quiera, no como esa mujer.

Changmin abrió la boca para replicar, pero el discurso de Junsu aun no terminaba.

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—Y por Dios, no viste a la pequeña. ¡Está ciega! El médico no nos ha querido decir nada más, pero tenías
que haber visto lo desvalida que estaba. Acaba de perder a sus padres y ahora ni siquiera puede ver. ¿Y tú
pretendes dejarla con una mujer que ha dicho que ahora solo puede ser una carga inútil?

—¡Pero ese no es nuestro problema Junsu! Los niños, si son maltratados como dices, estarán a cargo del
estado. Denuncia a su tía si quieres. Pero adaptarlos es demasiado. ¡No sabes las responsabilidades que eso
trae! Por el amor de Dios, compórtate como la persona adulta que eres.

Apartándose de él como si de pronto su tacto quemara, Changmin empezó a pasear por todo el cuarto.

—¿Crees en serio que alguna vez podrías devolverme el dinero? —Ante el rostro furioso del pelirrojo,
Changmin simplemente levantó un mano pidiéndole que le dejara seguir—No se trata de eso, maldita sea.
Tu vas a volver a tu casa dentro de un año, ¿Y entonces que pasará? ¿Crees que podrás encargarte tú solo de
toda tu familia más esos tres niños? ¿Qué pasará con la niña, Junsu, podrás costear lo que supondría una
operación para la vista?

Viendo en sus palabras todos sus mayores temores, Junsu de pronto sintió ganas de golpearlo.

—Eres un insensible. Un maldito insensible. Yo por lo menos estoy dispuesto a intentarlo. Estoy dispuesto a
hacer lo que sea por esos niños. Pero claro, ¿qué podría esperarme de alguien cómo tu, a quien lo único que
le preocupa es su propia persona?

—Estas siendo injusto, Junsu.

—¡Y un carajo! Quédate aquí ahogándote en dinero, que ya me las arreglaré yo para sacar a esos niños de las
garras de su tía.

Sin esperar un segundo más y sintiendo unas irrefrenables ganas de llorar, salió del cuarto con un portazo. Le
hubiera gustado irse de aquella habitación silenciosamente, como si Changmin le fuera totalmente
indiferente, pero su furia le había impedido mostrarse mínimamente tranquilo.

Lo sabía… l había sabido desde un principio que convencer a Changmin no iba a ser algo sencillo. Pero
maldición, el que le echara todas sus faltas a su cara era demasiado. ¿De verdad era capaz de quedarse de
brazos cruzados viendo como tres niños sufrían? Quizás ahí estaba el problema. Para Changmin, Moonbin y
sus hermanos eran solo niños. Personas a las que no cocía y no podía adjudicar un rostro al que tener
lástima. Pero Junsu si les conocía. Había visto los castaños ojos del pequeño arrasados en lágrimas. Había
visto a Sungmo intentar mantener la compostura que solo alguien de su edad puede mostrar frente a sus
hermanos menores. Y la había visto a ella. Con su rostro, aunque tapado con aquella venda, contraído por la
desesperación de aquella oscuridad permanente.

Le daba igual que Changmin se negara a ayudarlo... él solo lo conseguiría de ser necesario. Arrastrando los
píes, llegó hasta uno de los salones de la segunda planta. Al principio, el cómodo silencio que allí reinaba le
hizo pensar que estaba vacío, por lo que sin prestarle demasiada atención a aquella espaciosa sala, se sentó en
una de las sillas colocadas frente a la gran mesa negra que servía de escritorio.

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Inmediatamente escondió el rostro entre sus manos, derrotado.

—¿Estás bien? —La modulada voz de Jung Yunho le hizo incorporarse bruscamente. Se había sobresaltado.
Junsu se preguntó cómo demonios no le había visto antes, y es que, sentado en el amplio sillón de piel blanca
que adornaba el cuarto, con aquel traje negro informal, era un apersona que difícilmente pasaba
desapercibida.

—Sí. Lo siento, no te había visto. —Jung estaba con un gran libro entre sus manos, y Junsu se preguntó que
estaría leyendo. Sin embargo, cuando el otro volvió a enfrascarse en su lectura casi ignorándole de forma
bastante descortés, la imagen de Jae le vino a la mente. —Por cierto, Jae está en el hospital. —Cuando el
moreno levantó la vista bruscamente para mirarle, se apresuró a explicarse mejor—Fuimos a visitar a unos
niños. Me pidió que te dijera dónde estaba.

—Entiendo. ¿Cuándo va a venir?

—No sé. Yo voy a ir después de cenar, así que supongo que ella se vendrá entonces.

Levantándose de su sitio, el moreno dejó el libro con un movimiento elegante en la pequeña mesilla que se
encontraba junto a él.

—¿Te importaría que fuera contigo? —Preguntó el moreno mientras le miraba con aquellos penetrantes
ojos. Junsu no pudo negarse.

—Claro, iremos en el coche de Changmin.

—No hace falta. Te llevaré en el mío y no será necesario llevarnos al chofer.

Ambos, en una de las conversaciones que Junsu nunca había tenido, bajaron hacía el comedor principal,
donde empezarían a servir la comida en breves momentos. Sorprendido agradablemente, se dio cuenta de
que aquel hombre, con su fría calma y su rostro inexpresivo podía ser también una grata compañía. Después
de estar cinco minutos con lo que era el huracán de actividad de su esposo, aquel hombre parecía desprender
tranquilidad.

Era una pena que no hubiese caído en ese hecho antes, cegado como estaba por el miedo a ver dirigida
algunas de aquellas miradas cortantes hacía su persona.

—Changmin es un buen modelo, en realidad creo que eso es lo que más molesta al viejo—Iba diciendo el
moreno mientras mantenía un tono de voz neutro. —Tendrás que acostumbrarte a él si quieres seguir
viviendo aquí.

—Pero tú sabes lo de nuestra farsa. No me quedare más de un año. Y ya ha pasado un mes desde la boda
casi. —La perspicaz mirada del Jung le hizo encogerse. No le gustaba lo que podía verse en aquellos
usualmente inexpresivos ojos—NO voy a quedarme más.

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—¿Enserio? ¿Y eso por qué? —Parándose en seco, hizo al pelirrojo que le imitara, y bajando la voz a lo que
simplemente fue un murmullo, le dijo—Por cómo le miras, es obvio que ambos se sienten atraídos. Mi
primo necesita a alguien que le haga madurar de una vez, y—sin ánimo de ofender—creo que únicamente tú
has tenido el suficiente mal carácter como para ponerle en su lugar cada vez que se pone insoportable.

—Tú no tienes ni idea de nada—Susurró furioso. —Claro que sí. Ambos son demasiado evidentes.

—Nunca me quedaría con tu primo por mi propia voluntad. Es un suplicio estar con él más de diez minutos.

La mirada burlesca que le dirigió, le hizo arder las orejas. Y es que, parecía tirarle su propia mentira a la
cara.

—¿Me estás diciendo que no sientes… deseo por Changmin?

—Eso no tiene nada que ver. Puedo sentir deseo por mucha gente, y no por ello voy a querer pasar el resto
de mi vida con ellas.

—¿Serás capaz, entonces, de dejarle ir cuando llegue el momento?

—Por supuesto. —Los ojos de Yunho seguían mostrando burla, y Junsu se dio cuenta de que no le creía.
Pues allá él, de cualquier forma, cuando llegara el momento, todos se enterarían de si podría o no alejarse de
su temporalmente esposo.

Siguieron andando en un tenso silencio, pero cuando ambos llegaron al comedor, uno de los sirvientes se les
acercó para avisar a Junsu de que Jae había llamado desde el hospital. Asustado de que algo pudiese haber
pasado, se dirigió hacía el teléfono, donde aun se mantenía la comunicación con la mujer. Pero antes de
llegar si quiera a tocar el auricular, Yunho llegó hasta allí adelantándose.

—¿Jaena? —Preguntó con voz suave. —Ahora voy a ir a por ti. ¿No has ido aun a tu casa, verdad?

El rostro de Yunho se contrajo por un instante en una mueca, pero segundos después lo único que mostraba
en su rostro era un ligero ceño.

—Tardaremos menos de una hora. —Y colgó. Junsu abrió la boca para decirle cuatro cosas. Pero el moreno
simplemente caminó hacía la enorme mesa, sentándose en una de las sillas que estaban junto a la cabecera.

Mientras tanto, al otro lado de la línea de teléfono, Jaejoong aun sujetaba el auricular con fuerza. El muy
maldito le había colgado en mitad de una frase. Suspirando y pasándose los húmedos dedos por los costados,
como si con ello pudiera quitarse la fina película de sudor que parecía haberle cubierto las manos desde que
escuchara la voz de su jefe por el teléfono, Jaejoong se dijo a si mismo que no pasaba nada porque Jung fuese
a buscarlo. Después de todo, si en la semana que habían pasado durmiendo juntos en el mismo cuarto, el
moreno no le había matado aun, no pasaría nada en un corto paseo en coche.

Volviendo a la habitación de los niños, lo primero que hizo fue mirar hacía la impecable cama donde, con
cara de no haber roto un plato en sus vidas, dormían los tres niños. Jaejoong aun podía sentir su corazón

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palpitante cada vez que les miraba. Le recordaban tanto a él mismo hacía ya años… Pero poco podía hacer
por ellos, solo esperaba que Junsu tuviera alguna suerte con su esposo.

Sentándose en la incómoda silla—que era la más cercana a la cama que ocupaban los chicos—se acomodó la
ropa y se dispuso a quedarse allí la próxima hora. Las ganas de ir a comer eran francamente lentas, pero no
podía dejar solos a los chicos. No mientras existiera la posibilidad de que su tía llegara y los encontrara
completamente solos e indefensos.

Frotándose los ojos con cansancio, se dio cuenta de que sus ojos debían mostrar unas horribles ojeras. Hacía
noches que no era capaz de dormir bien. ¿Pero quién lo haría durmiendo en un pequeño sillón con
antebrazos demasiado rígidos para llegar a ser cómodos?

Como ocurría habitualmente, había terminando cediendo a las exigencias de su jefe, y la mudanza fue
instantánea. No le había dado tiempo ni de meter su ropa interior en la maleta cuando el moreno se había
presentado en la puerta de su casa para trasladarse con él a aquella inmensa mansión.

Por suerte, quitando su evidente aturdimiento, ningún miembro de la familia pareció sorprenderse al verlos
llegar con equipaje y todo. Por lo visto el moreno era eficiente para ocuparse de todo.

Nunca olvidaría lo que sintió al llegar a la mansión. Nada más traspasar aquella elegante puerta, que parecía
gritar a los pobres que allí no eran bienvenidos, toda la familia al completo les recibió. El abuelo de Yunho,
sus tías, su primo Changmin, Junsu, y para sorpresa suya, también dos nuevos familiares que aun no conocía.
Los gemelos.

Jaejoong se había quedado completamente paralizado al ver por primera vez a Victoria. Aquel rostro sensual
y aquel cuerpo tentador. Era, con diferencia, la mujer más bella que había visto. Y aquel no era un halago a
despreciar en alguien que se pasaba la vida mirando a modelos y sus diseños. Lo primero que se le había
pasado por la cabeza era lo bien que sentarían sus propios trajes en aquella escultural figura.

Cansado de los típicos cuerpos de las modelos, que parecían querer superarse unos a otros a ver quién podía
mostrar más los huesos bajó las delgadas pieles, aquel exuberante cuerpo, lleno de curvas que harían un
corte perfecto a su última creación, era un sueño para cualquier diseñador.

Desgraciadamente, poco había tardado en darse cuenta que aquella mujer, todo lo que tenía de bella lo tenía
de mala persona. Nada más verla, sus ojos se habían llenado de odio, e inevitablemente, mientras sus labios
se acercaban a él para recibirlo con un cordial saludo, lo que le había susurrado al oído le había dejado
completamente colorado. “Has pescado al pez más grande, ¿Eh, mosquita muerta?”

Jaejoong se pasó el resto de la velada intentando mantenerse alejado de ella. Y el otro problema había sido
Kyuhyun. Cuando el alegre y espontáneo chico se había acercado, abrazándole como si le conociese de toda
la vida, los sensibles nervios de Jaejoong, puestos a prueba durante ya demasiado tiempo, habían explotado.
Sin soportar aquella muestra de afecto, que ni siquiera estaba seguro de que fuera verdadera, se había
desprendido de él lo más rápido posible. Y si bien se había sentido más tarde culpable, el hecho de que el

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chico y su hermana no se separarán ni a sol ni a sombra, había hecho que sus esfuerzos de alejarse de ella
fueran malinterpretados por él, como intentos de evadirle.

En verdad le habría gustado entablar conversación con él. Pero cada vez que se habían encontrado desde
entonces, el chico le había ignorado olímpicamente, y Jaejoong no era de las personas que hacían amigos
fácilmente, o que pudiesen iniciar conversación con cualquiera…

Los días en aquella mansión eran realmente aburridos. Su jefe le había dado su mes de vacaciones—Y eso
que ni le había dejado elegir cuando las quería…—y mientras el moreno estaba poco tiempo en la casa
durante el día, él se pasaba horas y horas encerrado en su dormitorio, a veces leyendo, a veces simplemente
pensando en su mala suerte.

Las únicas veces que se veía obligado a sentarse junto al resto de la familia, eran las cenas. Aquellas eternas e
infructuosas comidas en las que nunca faltaban las palabras hirientes. Por suerte, la presencia del magnate era
como la de un árbitro en un partido especialmente violento. Parecía capaz de calmar los ánimos con solo una
mirada.

Pero aunque el moreno se mostrase arisco y frío con los demás, en aquellas mismas cenas era donde más
solícito e intimo se mostraba con él. En una perfecta actuación, digna de un Oscar, Yunho siempre lograba
hacerle sonrojar al menos una vez durante la velada. Se portaba tan atento y agradable que a veces tenía que
recordarse a sí mismo que todo aquello era mentira, y que en cuanto el resto de la gente desapareciera,
aquella actitud volvería a dar paso a la fría e irónica de siempre. Pero aquello era francamente difícil. No
acostumbrado como estaba a las atenciones de alguien, a veces costaba separar lo ficticio de lo real, y eso lo
asustaba. No quería que su jefe llegara a agradarle, sobretodo si simplemente se basaba en actos fingidos.

Debió de quedarse dormido, ya que cuando volvió a abrir los ojos, unos fuertes brazos le estaban sacudiendo
suavemente por los hombros.

—Jaena… Arriba, tenemos que irnos—Cuando sus ojos cafés pudieron enfocar bien las figuras borrosas que
se presentaban ante él, su espalda se envaró.

—¿Yunho? Vaya… ¿Tanto tiempo he dormido? —Aunque se le hacía extraño pronunciar el nombre de su
jefe de aquella manera, el moreno había insistido en ello. Por lo visto aquellos que le tenían confianza y con
los que se podría decir, se llevaba bien, le llamaban así. “Y no va a ser mi novia menos…” Había dicho con
una sonrisa divertida. Y aquello, era algo que también le preocupaba. Poco a poco, en aquellas largas noches
en las que el moreno dejaba las luces encendidas mientras trabajaba con su moderna laptop, Jaejoong se
había visto a si mismo observándole.

El moreno era tremendamente atractivo, y darse cuenta de aquello, aun cuando sus inclinaciones sexuales
eran claramente heterosexuales, era alarmante. Pero tampoco había que poner el grito en el cielo por
reconocer la belleza allí donde abundaba. Después de todo, ese era su trabajo. Lo que si bebía preocuparle
era que su jefe, con el paso de las horas y horas que pasaban a solas, parecía coger cada vez más confianza con
él. Las sonrisas divertidas, en sustitución de aquellas burlonas, eran cada vez más frecuentes cuando no había
nadie frente a quien fingir

107
Pero por suerte aquello no pasaba tan a menudo como para tomárselo verdaderamente en serio. No sabía
que podría llegar a ser peor, si el miedo que parecía infringirle con una sola mirada, o que de pronto
empezara a caerle bien su jefe. Desde luego aquello último sonaba bastante descorazonador, teniendo en
cuenta la forma en la que el magnate le trataba.

—Levántate—Su mano le agarró uno de sus brazos mientras que la otra se apoyaba en su cintura.
Intentando no tensarse en el acto, se dejó conducir por él.

—¿Ha estado aquí? —Preguntó de pronto Junsu, no tuvo que preguntar de quien hablaba, estaba bastante
claro.

—No. Y menos mal, lo último que hubiese querido es terminar peleándome con ella. —Olvidándose de la
presencia del moreno, sonrió a Junsu mientras se acercaba a la cama para mirar a los tres niños. Sin querer
despertarlos, no se atrevió a acercarse aun más para besarles como despedida. La ternura que le hacían
sentir, viéndoles acurrucados y con sus adorables cuerpecitos moviéndose de vez en cuando entre sueños.

—Vayámonos—Susurró desde donde estaba, para después volverse e ir hacía donde estaba su jefe. —Adiós.
Después vendré otra vez. Aunque por la noche no permiten las visitas, así que seguramente no haga falta que
nos quedemos aquí después de la hora final de las visitas. Le pregunté al doctor, y dijo que después de las
nueve nadie puede entrar a esta zona del hospital si no está expresamente autorizado.

Después del asentimiento del pelirrojo, Yunho pareció perder la poca paciencia que tenía, y terminó
agarrándole firmemente la mano para después salir fuera de la habitación. En cuanto traspasaron la puerta,
su jefe le soltó.

—¿Qué hacías con esos niños? —Preguntó. Y parecía verdaderamente intrigado.

Jaejoong le contó lo que había sucedido.

—Junsu intentará que su esposo le ayude a adoptarlos. Es la única forma de conseguir que no vayan con esa
mujer. —Cuando levantó la mirada del suelo, donde no había dejado de mirar desde que había empezado a
hablar, la mirada de su jefe estaba clavada en él tan insistentemente que se sonrojó.

—Bueno, vamos avanzando… —dijo mientras el brillo de burla aparecía una vez más en sus ojos. —La
ratita tímida al menos consiguió hablar…

Sin saber que contestar a eso, simplemente guardó silencio.

—Vamos, no lo estropees ahora. Es raro encontrarte dispuesto a conversar tanto. A veces puedes resultar
realmente frustrante. ¿Aun no has cogido tus diseños de tu casa?

—No… No me ha dado tiempo a ir.

—Lo suponía… Te llevaré ahora mismo. Si Heechul se entera que no has estado trabajando para el desfile
de primavera… me estará comiendo la cabeza durante días. —Jaejoong a punto estuvo de sonreír. No le
costaba nada imaginarse al otro diseñador gritando a diestra y siniestra por haber estado haciendo el flojo.

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Heechul muy claro le había dejado que su camino elegido era duro, y que solamente podría estar junto a él si
se esforzaba. Jaejoong agradecía aquella oportunidad demasiado como para molestarse por aquella actitud
casi agobiante. Aquello no era nada con lo que le hacía trabajar Jung con sus “recados estúpidos”

—El martes que viene… Tengo algo que hacer —dijo de pronto, completamente serio.

—¿El martes? ¿El qué?

—Yo…—Desviando sus ojos hacía los cristales de la salida del hospital, queriendo de pronto ser como
alguno de aquellos pájaros que cantaban alegremente sobre las ramas desnudas de los árboles, libres de
preocupación alguna, Jaejoong se maldijo a sí mismo por hablarle sobre aquello a su jefe. Lo mejor hubiera
sido hacerlo todo en secreto. Pero tampoco es como si él se fuese a negar—Voy a ir a visitar a mi hermana.
Hace más de un mes que no paso a verla.

Su jefe se detuvo de golpe.

—¿Vas a ir a otra ciudad? ¿Tú solo? —Ante lo extraño de las preguntas, Jaejoong simplemente se quedó
anonadado. ¿Qué tenía de extraño que fuera a otra ciudad él solo?, después de todo su época de niño ya
había pasado hacía tiempo.

—Sí… Ya se deben estar preguntando qué es lo que me retrasa este mes.

—No. Me niego.

—¿Cómo?

—Que no vas a ir. —Incrédulo, miró al moreno. Pero este mantenía sus ojos sin mostrar expresión alguna.
¿Acaso era alguna clase de broma?

—¿Por qué no podría ir…?

—Eso no importa. Ahora estas trabajando para mí las 24 horas del día. Si digo que no vas, es porque no y
punto.

Sintiendo como el coraje empezaba a surgir en él, Jaejoong se dio cuenta de que su jefe aquella vez había ido
demasiado lejos. ¿Cómo se atrevía a prohibirle ver a su hermana enferma?

—Lo siento… Pero creo que has dado con el único punto en el que no conseguirás que ceda. Mi hermana es
lo único que me queda, y no voy a abandonarla.

Esperando una aguda replica de su jefe, se sorprendió cuando de pronto le agarró por los brazos con
brusquedad. Sus ojos se cerraron esperando algún golpe. Golpe que nunca llegó.

—¿Por qué demonios tiene que ser ahora? No puedes ir… ¿Digamos el próximo mes?

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—No—Jaejoong nunca sabría qué fue lo que hizo que la mirada de su jefe perdiera aquel brillo de
determinación que siempre tenía. Pero por algún motivo que aun no conocía, parecía que el magnate
luchaba contra sí mismo por algo…

—¿Y si te digo que si vas a verla, te quedas sin trabajo? —Sus hombros se tensaron. Los ojos de su jefe
habían recuperado su frialdad, y a punto estuvo de acceder. Pero de un momento a otro, la imagen de su
hermana, desvalida y terriblemente enferma y sola en aquella habitación de hospital, le hizo decidirse.

—Lo siento. Pero tengo que ir.

—¡Maldición! ¿Por qué demonios tienes que ser tan extraño? Eres retraído cuando no viene a cuento, y
después, cuando de verdad tienes que asustarte te comportas como si nada…—Sin entender a lo que se
refería, Jaejoong aguardó a que su jefe le mandara a paseo. Pero cuál fue su sorpresa al oír sus siguientes
palabras. —Sí vas, no irás solo. Yo iré también.

—Eso no es nece….

—Me importa un carajo si es o no necesario. Pero tú irás conmigo, o no irás.

—No voy a ir disfrazado. No podría contarle todo esto a mi hermana. Solo la preocuparía y eso en su
estado….

Tras un momento de tensión entre ambos, Jung asintió. Jaejoong aun no se creía que hubiese ganado, por
decirlo de alguna forma, uno de sus “encuentros”. No es que le gustase hablar de ellos como si estuviesen en
guerra, pero a decir verdad nunca había tenido la oportunidad de hacer lo que el deseara si eso iba contra los
deseos de su jefe.

Sintiéndose cansado y hambriento, esperó que su jefe no tuviese más ganas de pelear. Sinceramente, no sabía
si tendría fuerzas para soportar otro ataque. Agarrándose con fuerza las mangas de la sudadera, intentando
mantenerla atada en su cintura, Jaejoong se removió inquieto en el cómodo asiento de cuero del coche de su
jefe. Llevaban algo más de una hora de viaje y ya notaba como sus músculos agarrotados pedía estirarse. Pero
la simple idea de pedirle a su jefe un descaso, le parecía ridícula.

Tras una noche de insomnio, sentía como cada uno de sus músculos se tensaban a cada bache o curva
pronunciada de la carretera. Su jefe, contra todo pronóstico no se había mostrado arisco por verse obligado a
acompañarle, simplemente le había ignorado desde que había pisado aquel asiento.

Pero aquello lejos de molestarle, le aliviaba. Si su jefe no le hablaba podía sentirse a salvo de sus bruscos
interrogatorios y miradas duras y burlonas. ¿Cómo podía permanecer tranquilo mientras el moreno no
paraba de intentar indagar en su vida? Por lo visto, cansado de sus libros de lectura pesada, tan voluminosos
como la saga del señor de los anillos al completo, se había propuesto hacerle hablar a como diese lugar.

Y estupefacto, había sido testigo de cómo su frío y callado jefe, cada vez que se quedaban a solas en su
habitación compartida, iniciaba una conversación llena de preguntas demasiado personales para su gusto.
Jaejoong sabía que Yunho había averiguado de él todo lo que había querido antes si quiera de empezar con

110
aquella falsa. Prueba de ello era el chantaje que le había hecho con la situación de su hermana, y no podía
entender que le había picado al moreno para de pronto, mostrarse tan interesado en su vida.

Aun recordaba la última conversación que ambos habían tenido, que más bien había sido un monologo por
parte del moreno.

FLASH BACK

—Dime Jaejoong, ¿No tienes ningún familiar que te ayude con tus gastos? —Aquella pregunta, soltada de
pronto, hizo sobresaltarse al rubio, quien subió su mirada de la televisión para clavarla en la figura de su jefe,
sentado en la cama a menos de un metro suyo.

—No… Solo tengo a mi hermana—Contestó volviendo sus ojos hacía el programa basura que estaban
emitiendo en aquel momento. La vista de aquella imponente persona mirándole fijamente le alteraba
demasiado los nervios.

—Aun no entiendo cómo pudiste con apenas diecisiete años hacerte cargo de todos los gastos que te
vinieron. Aun con lo que te dejaron tus padres.

—Mis padres no me dejaron nada—Resignándose a lo inevitable, volvió a mirar al moreno. Últimamente


aquel círculo invisible que parecía rodear el espacio personal del moreno, y que él, por supuesto, no podía
cruzar, parecía haber desaparecido. Posiblemente nunca olvidaría la primera vez que Yunho se sentó junto a
él en aquella gran cama. A punto había estado de caerse él intentando mantenerse lo más alejado posible
pegándose a sí al borde.

—¿Cómo? Pero según mis informes solo tenías un trabajo de repartidor, era imposible que con ese sueldo
pudieras pagar todo…—Aquellos ojos suspicaces se habían clavado entonces en él, entrecerrándose. Y
Jaejoong podía haber jurado oír los engranajes de su cerebro funcionar a toda velocidad, mientras unía todos
los cabos sueltos de su historia. Horrorizado se dio cuenta de que una vez más había hablado demasiado.

—Yo… Yo tenía más de un trabajo por aquel entonces—Fue todo lo que pudo decir. Yunho abrió la boca
para replicar algo, probablemente mordaz, pero Jaejoong había saltado de la cama para ir corriendo hacia la
puerta del baño. —¡Voy a ducharme!

FIN FLASH BACK

Y así, sin darle tiempo a seguir interrogándole, Jaejoong había huido cobardemente. Tras hora y media que
había durado su muy largo baño, había salido del baño mirando precavidamente hacía la cama. Por suerte no
había señal de la presencia de su jefe, y suspirando aliviado se había vestido lo más rápido que pudo para
bajar a cenar.

Aquella conversación no se había repetido, para alivio del moreno. Pero si que hubo otras bastante similares
sobre sus estudios y todo tipo de insignificancias de su vida cotidiana. Pero Jaejoong hubiese contestado a
todo aquello felizmente, si con ello hubiese conseguido hacer olvidar al magnate sobre el tema del dinero.

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Jaejoong lo había pasado en aquella época francamente mal. Con un salario de apenas $500, el pagar el
ingreso de su hermana, su alquiler y su manutención era imposible, por lo que, desesperado, había acudido a
la única oportunidad de ganar buen dinero que se le había presentado. Y se arrepintió de aquello toda su
vida.

—Ya falta poco—La voz de su jefe, extrañamente ronca, le hizo salir de sus pensamientos. Mirando por la
ventanilla pudo apreciar los altos edificios que formaban la avenida principal de la ciudad. Si no recordaba
mal, el hospital de su hermana estaba apenas a dos calles de distancia. Embelesado, observó como las cafés
nubes, que amenazaban con una pronta tormenta, jugaban a tapar y dejar ver al sol. Pero aquellos breves
instantes en el que el astro asomaba no eran suficientes como para calentar un poco el clima, y aquella
mañana se había presentado especialmente fría y húmeda para su gusto.

—¿Por qué has querido acompañarme? —Preguntó por enésima vez en lo que iba de semana. Pero como el
resto de las veces su jefe se limito a un escueto encogimiento de hombros y unas evasivas palabras.

—Eso no importa. Además, te has ahorrado el viaje. —Vaya, aquella respuesta era nueva.

—Pero aun no me has dicho por qué no querías que viniese al principio.

—¡Pero si que te he dicho ya varias veces que dejaras de ser tan entrometido! Si yo digo que quiero ir, pues
voy y listo.

Vaya, alguien se había levantado con el pie izquierdo… Aunque pensándolo bien, quizás el moreno por la
mañana nunca tuviese otro pie. Se había preguntado hasta el cansancio por qué su jefe de pronto quería ir
con él a ver a su hermana. No había ninguna razón lógica para aquello y cada vez que Jaejoong tocaba el
tema, el otro simplemente le cortaba bruscamente, como acababa de suceder.

—¿Has visitado a los niños esta semana? —Preguntó sorprendiéndole de nuevo.

—Sí. No queríamos dejarles solos, por si venía su tía. Pero de todas formas pronto les darán el alta, y
entonces esa mujer podrá llevárselos a donde quiera. —Su ceño se frunció al recordar a la regordeta mujer.
La había visto un par de veces desde aquel oportuno accidente, y en todas ellas no se había dignado a
dirigirles la palabra ni a él ni a Junsu.

—Deberías alejarte de esos asuntos. Esos niños no tienen nada que ver contigo.

—Yo…—Sin saber que contestar a las duras palabras, se recostó en el asiento. Su jefe desvió la mirada de la
carretera para posarla sobre él.

—Tú y Junsu son pobres y no muy responsables que digamos. No podrán hacer nada por ellos, así que
simplemente aléjate de la situación.

—No puedo hacer eso….

—¿Por qué? —Ante aquella estúpida pregunta, nada común en su jefe, el rubio se bajo de hombros mientras
imágenes pasadas volaban por su memoria.

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—Solo son niños.

Justo en ese momento, y sacando un alivio de suspiro por sus labios, el coche se paró frente a un amplio y
sobrio edificio. La conocida fachada del hospital hizo que su estómago se contrajera momentáneamente, y en
su mutismo no escuchó el cínico comentario de Yunho.

—“Mira quién habla…”

Cerrando la puerta con el mando de las llaves, el moreno se ajustó su abrigo evitando que el viento helado se
colase entre las solapas, y frunciendo levemente el ceño al ver lo concurrido del lugar, se encaminó hasta la
puerta del hospital sin esperar si quiera al rubio.

—¿Dónde está? —Le preguntó parándose frente a las puertas de uno de los ascensores que parecían ser
parte de la decoración de aquella inmensa sala, donde los colores blancos y ocres y el olor a enfermedad se
mezclaban para recordar en donde se encontraban.

—En el piso seis. Zona de traumatología.

—¿Por qué no la aceptaron en un lugar público?

—Yo… no podía permitirme al principio el seguro médico, así que en un favor, alguien la ingresó aquí.

La imagen fugaz de Hyunjoong le cegó por unos segundos. No era bueno recordar todo aquello.

—¿No tienes seguro?

—Ahora sí. Pero cuando apenas tenía un trabajo de medio tiempo, no me daba para pagar todo.

Las puertas deslizantes del ascensor se abrieron ante ellos, y suspirando se apresuró a entrar. No quería
seguir con aquel tema.

—¿Quién la ingreso?

—Na… nadie. ¿Cómo van los preparativos del desfile de abril? —Su torpe intento para cambiar de
conversación hizo que una divertida sonrisa apareciera en el rostro afilado del magnate. Pero para su alivio,
lo dejó pasar.

—Bien. Heechul te pondrá a trabajar como si fueses un esclavo cuando vuelvas. —Apretando el botón seis,
se vio a si mismo devolviendo la sonrisa, mientras se imaginaba perfectamente aquella escena.

—Pero ya tengo los bocetos listos. En cuanto pueda se los daré para que dé su visto bueno y seguir con el
diseño.

—Yo se los llevaré—Jaejoong abrió la boca para protestar, pero en el último momento se acobardó. —Por
cierto, eres la única persona que ha logrado hacer enfadar a mi primo Kyuhyun así. ¿Qué le has hecho?

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—¿Yo?... —Sin podérselo creer, se dio cuenta de que aquella era la conversación más larga que ambos
habían mantenido. Intentando dejar de lado el reparo que ello le causaba, simplemente intentó imaginarse
que la persona frente a él no era su imponente y frío jefe. —Creo que no se tomó muy bien que le evitase en
la primera cena… Aunque yo a quien evitaba no era él.

—¿Alguien te ha estado molestando? —Preguntándose si aquello era preocupación por él, o por saber más
bien lo que sucedía en su casa, Jaejoong supuso que le moreno nunca se llegaría a preocupar por alguien
como él. La imagen de la tía de Yunho insultándole le vino a la mente, pero lo último que haría sería ir a
quejarse al moreno.

—N… No. —La ceja arqueada que entonces mostró su jefe le convenció que no le había creído. Pero la
puerta del ascensor, tan oportuna como siempre, se abrió en aquel momento. Y Jaejoong se apresuró a salir
por ella, poniendo así distancia entre ambos.

El largo y silencioso pasillo que se abría ante ellos hizo que sus ojos se cristalizasen. Siempre era así y
Jaejoong nunca había podido evitar recordar aquellas horribles horas tras el accidente de sus padres. No
soportaba los hospitales. Cuando la figura de Yunho se colocó junto a él, empezó a caminar hacía la tercera
puerta de la derecha, donde sabía, le esperaba su hermana. Con unos suaves golpes en la puerta, se anunció.

—¿Sunhwa? —Preguntó con la voz enronquecida mientras abría lentamente la puerta.

—¿Jaejoong? ¿Eres tú? —La voz aguda e infantil de Sunhwa hizo que su ojos se clavaran en la cama de
tamaño medio que parecía ocupar gran parte de aquella habitación. Allí, su hermana se encontraba reclinada
sobre un gran cojín de color rosa que él mismo le había regalado hacía unos cuantos meses. Jaejoong no
recordaba cuantos exactamente.

—Si pequeña. —Entrando completamente al cuarto, se acercó hasta la cama. Su hermana, de tan solo 16
años, compartía sus mismos ojos, y si bien el cabello de la chica era algo más claro que el de él, ambos eran
muy parecidos en cuanto a rasgos faciales. La misma boca, los mismos ojos almendrados… Jaejoong a veces
podía jurar que ellos podrían haber nacido mellizos. —¿Cómo estás? Siento no haber venido antes, tuve
algunos problemas.

—No te preocupes. El doctor Marco ha estado visitándome todos los días. Pero te echaba de menos. —
Inclinándose, depositó un casto beso en la frente pálida de su hermana, que le miró sonriente mientras cogía
el mando del pequeño televisor del cuarto para apagarlo.

Pero antes si quiera de volver a dejarlo en la cama, Sunhwa clavó sus ojos cafés en algo detrás de él, y
entonces Jaejoong recordó, no sin algo de culpa, la presencia de cierto moreno.

—Sunhwa, quiero presentarte a mi… esto…. —Horrorizado, se dio cuenta de que no tenía nada que decir.
¿Qué podría decir de él? ¿Su amigo? Aquello se le asemejaba demasiado a una mentira, y no se lo iba a decir
a su hermana. Sin embargo el moreno, viendo su evidente dilema, se acercó hasta quedar junto a él, y
tendiéndole una mano a la chica, le sonrió con una sonrisa que pareció bastante sincera.

114
—Yunho. Soy un compañero de trabajo. Hoy había una huelga en gran parte de las estaciones de trenes, por
lo que me pidió si podía traerle. —Jaejoong no pudo menos que quedarse una vez más impresionado. Su jefe
mentía con una naturalidad que daba miedo.

—Encantada. Y gracias por traerle—Contestó su hermana. Cuando el rubio advirtió las mejillas sonrojadas
de la chica y la forma en que miraba al atractivo moreno, alguna alarma interna se activo.

—¿Dónde está tu silla Sun? Podríamos ir a dar una vuelta, para que salgas de aquí un rato. —Entusiasmada
con la idea, la castaña le señaló el reducido cuarto que se encontraba en una de las paredes de la habitación.
Dirigiéndose hacia el, Jaejoong sacó la silla de ruedas de su hermana para acercarla hasta la cama.

—Te tengo—Susurró mientras sus brazos rodeaban el torso de la chica para ayudarla a moverse. La
enfermedad que padecía la chica le impedía cualquier tipo de movimiento de su cintura hacia abajo.

—Vamos al jardín. Hace mucho que no voy —dijo Sunhwa mientras acomodaba torpemente la manta sobre
su regazo. Por alguna razón nunca dejaba sus piernas visibles.

Empezando a caminar, Jaejoong se encaminó hacia los jardines del hospital, donde ya había estado las
suficientes veces como para conocerse el camino de memoria. Pero de pronto, el recuerdo de que no había
ido solo aquella vez le hizo detenerse en seco. Con brusquedad giró su rostro para buscar la figura de su jefe,
y algo avergonzado le vio a tan solo unos pasos tras suyos.

Jaejoong no lo podía evitar, cuando se trataba de su hermana pocas cosas podían mantenerse en su cabeza
demasiado tiempo.

—Lo... Lo siento. —Dijo clavando los dedos en las duras barras de la silla, y reuniendo el valor suficiente
pregunto: —¿Vienes con nosotros?

—Claro, pero antes voy a comprar una botella de agua—Fue todo lo que dijo mientras se giraba para
empezar a caminar hacía donde se encontraba e ascensor.

—El jardín al que vamos es el que está al final del pasillo de la planta 4—Casi gritó Sunhwa, y cuando el
moreno se giró para sonreírle amablemente, Jaejoong se sintió la persona más miserable del mundo.

Últimamente había estado confundiendo el comportamiento de su jefe, incapaz ya casi de distinguir aquella
farsa de su propia realidad. Muchas veces había tenido que recordarse hasta el cansancio que la personalidad
del magnate distaba mucho de ser afectuosa y agradable, pero tantas horas de fingimiento hacían que la figura
inventada de su jefe no desapareciera de su mente, aun cuando sabía que todo era mentira.

Pero allí, en medio de un pasillo y agarrado firmemente la silla de ruedas de la única familia que le quedaba,
mientras le veía sonreírle tan naturalmente, se dio verdadera cuenta de lo que aquel hombre era. Parecía tan
real aquella sonrisa, que por unos momentos la duda lo había paralizado. Pero no podía dejarse engañar.
Aquel era su jefe, el mismo que le había amenazado con la salud de su hermana, y que le había arrastrado sin
importarle nada sus propios problemas.

115
No podía permitirse olvidar aquello, y muchos menos podían permitirse sentir el mínimo afecto por alguien
que a la mínima oportunidad, le daría la patada.

—Es muy simpático, Jaejoong —dijo de pronto su hermana devolviéndolo a la realidad—Y muy guapo.

—No es oro todo lo que reluce Sun, acuérdate de eso… Murmuró volviendo a empujar la silla para ponerse
en camino. Su hermana no respondió a aquello, y simplemente empezó una amena plática sobre cómo había
pasado las últimas tres semanas. Aun con el movimiento restringido, los médicos la conocían demasiado
bien, y Sunhwa prácticamente tenía acceso ilimitado a todas las zonas del hospital.

Tantos años allí habían hecho que la chica se adaptara a aquella vida, conociendo a cada una de las personas
del personal sanitario que allí trabajaba. En especial, Sunhwa se había encariñado con uno de los jóvenes
doctores que la visitaban a menudo. Se llamaba Marco y Jaejoong pronto había sabido apreciar aquellas
felices sonrisas que era capaz de arrancarle a su hermana por muy deprimida que estuviera.

Cuando llegaron al jardín, se sentó en una de las bancas mientras su hermana se colocaba junto a él en su
silla. Sus ojos cafés, llenos de afecto, pronto parecieron taladrarle el alma.

—Vamos Jaejoong. Sé que algo te pasa. ¿Por qué no me lo cuentas? —Una de sus manos voló hasta las
suyas, enlazándolas—Hay algo que te tiene preocupado, y esta vez noto que es algo grave.

—No te preocupes Sun, no es nada.

—¿Tiene ese hombre algo que ver? —Preguntó suspicazmente. Jaejoong a veces podría jurar que aquella
chica tenía algún sexto sentido que la dejaba ver cosas que los demás no podían ni imaginar.

—De verdad Sun. No sucede nada. —Su hermana enarcó una ceja de un modo que no pudo más que
recordarle a su jefe. Una lenta sonrisa se extendió por su rostro—No deberías preocuparte por mí.

—Eres demasiado transparente. Siempre te lo he dicho.

—Y tú eres demasiado entrometida. —El insulto, dicho en tono cariñoso y divertido, hizo que su hermana
riera. Jaejoong solo pudo sonreír dulcemente al verla así. Ella era todo lo que tenía, era lo único que le
quedaba, y por ella estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta. Y aquello ya lo había demostrado más de una
vez. Mientras tanto, en la planta baja del hospital, la figura del moreno se inclinaba sobre la máquina de
refrescos en espera de su botella de agua. Su frente crispada y sus ojos entrecerrados eran obvia señal de su
estado de ánimo.

—Maldición —murmuró una vez tuvo en sus manos la fría botella. Con un movimiento elegante, sus dedos
abrieron el tapón para después acercarse la botella a los labios y beber un largo trago.

Sus ojos castaños se dirigieron a las puertas de los ascensores mientras que se apoyaba con la espalda en una
de las anchas columnas que había en la gran sala de espera. Debía subir a aquel jardín, pero algo se lo
impedía. La imagen del rubio inclinado sobre su hermana en aquella blanca cama aun parecía quemarle.

116
En aquel momento, justo cuando el rubio había besado a su hermana de forma casi protectora, algo en su
forma de ver al rubio había cambiado. Jaejoong, de alguna forma que aun no lograba entender, había dejado
de un momento a otro de ser aquel joven tímido y asustadizo a un adulto que protege a un ser querido.
Aquella actitud casi paternal y aquellas muestras de afecto, que habían hecho al rubio hasta olvidar su
presencia, de alguna forma habían logrado implantar un aire diferente al chico.

Yunho siempre le había visto como a alguien débil, y si no se equivocaba, cosa que pasaba muy pocas veces,
el rubio lo era. Pero frente a su hermana… frente a su hermana parecía cambiar aquel aire casi infantil.
Como si de algún modo tuviese que ponerse en el papel de un padre frente a la chica. Yunho no entendía
bien lo que había sucedido, pero la usual timidez y el temor con el que siempre le miraban, habían parecido
desaparecer en el momento en el que habían traspasado la puerta del hospital. O quizás había sido aun antes,
justo cuando Jaejoong se había negado a suspender su visita al hospital.

Estaba seguro de que debía terminar pronto con toda aquella falsa, si no, simplemente terminaría yéndose
todo de sus manos. Y es que, últimamente algo había cambiado entre ellos. Yunho estaba seguro que todo
era debido a aquella convivencia forzosa en la que vivían. Demasiadas horas encerrados juntos y a solas en un
espacio demasiado pequeño habían hecho que su relación empezase a cambiar de forma sutil. Pero Jaejoong
parecía no darse cuenta de aquello. Quizás, porque de alguna forma no había sido el rubio quien había
cambiado. Pero él si notaba como poco a poco los reparos que el mismo había tenido en un principio con el
muchacho empezaba a desaparecer.

¿Qué había cambiado desde aquella tarde en la que había sido descubierto con uno de sus modelos por un
inocente y torpe chico? Nada. Aquella era la respuesta más obvia, y la que cualquier otra persona daría. Y sin
embargo, Yunho había descubierto que en la vida, la gente no cambiaba de un día para otro, y que los sutiles
cambios que se daban, raramente percibidos por terceras personas, eran lo que verdaderamente debían de
tenerse en cuenta.

Asustado, de pronto se había dado cuenta de que su común comportamiento frío y déspota empezaba a
ceder frente a Jaejoong. Y aquello no era algo bueno. Solo unas pocas personas—seguramente podría
contarlas con una mano—podían decir que eran cercanas a él. Pero en algún punto entre que empezaron la
falsa y aquel día, él había dejado su crueldad fuera de su comportamiento con Jaejoong. Seguía siendo frío
casi siempre, y en cuanto podía, se burlaba de él, pero la diferencia estaba en que el usual bienestar que
sentía antes al hacerle retroceder ante él, había desaparecido.

Se había dado cuenta de esto último al pensar en aquellas largas horas que había pasado en el cuarto de la
mansión que compartían en compañía del rubio. Aburrido de sus lecturas había empezado a buscar
conversación con el otro, y sin buscarlo, se había visto a sí mismo en una cercanía poco normal en él, que
siempre respetaba demasiado su propio espacio personal.

Muchas veces había escuchado aquello de que el roce hacía el cariño. Y él nunca lo había creído. Quizás el
problema había sido que nunca antes se había visto obligado a vivir tan cerca de alguien. Todas y cada una de
sus relaciones, ya fueran amistosas o amorosas, habían terminado exactamente cuando las cosas empezaban a
formalizarse.

117
Y había tenido que esperar a que viniese Jaejoong, un chico retraído y forzado a estar con él, para comprobar
que si había algo de verdad en aquel dicho. Puede que no fuese cariño lo que sentía con el rubio, pero era
cierto que en algún momento entre las pasadas semanas había dejado de lado aquel comportamiento distante
para intentar hacer hablar a aquella persona, que parecía incapaz de mirarle más de dos minutos seguidos.

Pero que tonto había sido. Porque en realidad todo aquello simplemente se lo había tomado como algo
producto del aburrimiento. Y había tenido que venir a un hospital alejado de la mano de Dios, y verle
desvivirse por su única familia para darse cuenta que hacía ya tiempo que había dejado de ver Jaejoong como
un objeto para comprender que era una persona. Y una que además, aunque fuera por motivos forzados,
convivía con él casi las 24 horas del día.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, decidió que ya era hora de subir. Volvería a ser el mismo de
siempre, sonreiría cínicamente para no mostrar más de lo que él mismo era capaz de enseñar a nadie, y haría
como si en verdad ellos dos fuesen verdaderos compañeros de trabajo. Quizás no había sido buena idea el
acompañarlo al hospital, pero era tarde para lamentarse, y si algo había aprendido en su larga carrera, era
que no se debía arrepentir por los actos ya cometidos, sino solamente por aquello que dejó sin hacer.

Pulsando el cuarto piso, se apoyó contra la pared lateral mientras se pasaba los dedos entre los cabellos. Se
sentía frustrado, y por si todas aquellas cosas no fuesen suficientes para tenerle incomodo y molesto, había
algo que tampoco le dejaba tranquilo. ¿Qué había sido exactamente lo que había dicho Jaejoong?

“no podía permitirme al principio el seguro médico, así que en un favor, alguien la ingresó aquí”. Aquello,
junto al hecho de saber que en realidad los padres del chico no le habían dejado nada de dinero, había
conseguido hacerle imaginar demasiadas cosas. ¿Qué podría haber hecho alguien de apenas 17 años para
conseguir que alguien ingresara a su hermana en aquel hospital?

La curiosidad había sido demasiada, pero para su consternación, cada vez que había sacado aquel tema,
Jaejoong parecía sacar fuerzas de algún recóndito lugar y le atacaba por su único punto débil. “¿Por qué
insististe en acompañarme?”, le había preguntado en innumerables ocasiones, y él se había visto obligado a
mantener silencio y cambiar de tema. ¿Cómo decirle que no podía dejarle solo porque alguien podría estar
persiguiéndolo para matarle por su culpa? No, decididamente no le diría aquello.

Y sin embargo, con tal pasaban los días sin conseguir averiguar nada de aquel incidente, las cosas parecían
complicarse más y más. Ya no se fiaba de nadie, y aunque le pesara, se había dado cuenta de que no podía
dejar que nada le pasara al moreno solo por su culpa. Quizás fuera “Insensible y tiránico”, como bien le
habían descrito muchos periodistas, pero no consentiría que mataran a alguien inocente por su culpa.

Cuando al fin llegó a la entrada del jardín, corrió las transparentes puertas acristaladas para acercarse a las
dos personas que, sentada una en un largo banco de piedra y otra en una silla de ruedas, conversaban
alegremente sin percatarse aun de su presencia. Por unos instantes se quedó allí en silencio, observando el
cuadro que representaban los dos. Le recordaban a dos indefensos cachorros. Y un lazo fuerte e invisible
parecía unirles firmemente.

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—¡Yunho! —De pronto, la castaña cabeza de la chica giró, clavándose aquellos ojos cafés sobre él. Una vez
más no pudo menos que sorprenderse por el gran parecido que ambos hermanos tenían. —Ya creíamos que
te habías perdido.

—Es que no encontraba la máquina—Mintió sin desprenderse de su habitual sonrisa mientras se acercaba
hasta sentarse junto al rubio. Lo suficientemente alejado como para evitar cualquier posible roce.

—Jaejoong me ha dicho que trabajas con él en la revista. ¿Eres modelo entonces? —Sin saber bien que
decirle, simplemente negó algo divertido. Aquella chica era demasiado abierta y sincera como para poder
mantenerse inmune a ella.

—Nada de eso. Yo soy más de oficinas. Papeleo y todo eso. —La muchacha asintió con aire solemne, como
si le hubiese confesado algo de extrema seriedad.

—Entiendo. Yo si hubiese podido, hubiese sido modelo. O quizás cantante. Aunque realmente mi voz no es
demasiado… buena.

—Vamos Sun, se sincera —dijo riendo el rubio —Tu voz es horrible.

La chica fulminó a su hermano con la mirada, y Yunho se dio cuenta de lo relajado que parecía el muchacho
en presencia de ella. No le extrañaba que en un principio le hubiese parecido otra persona.

—No le hagas caso. Es solo envidia. —Como si fuese a hacer alguna confesión, se acercó con rostro serio
hacia él. Yunho se contuvo de echarse hacia atrás al notar como su espacio personal era invadido en su
totalidad. El cálido aliento de la niña le rozó la oreja. —En realidad él es el que no canta bien. Más bien lo
hace horrible.

Jaejoong pareció por unos instantes horrorizado ante las confianzas que su hermana se había tomado, y
sonrojándose la agarró por un brazo para alejarla de él suavemente. Por unos instantes la tímida ratita había
vuelto en todo su esplendor.

—¿Qué sucede, Jaejoong? —dijo su hermana mirándole intrigada, pero el muchacho solo negó mientras se
levantaba de su asiento. Su mano se adentró en el bolsillo del pantalón, sacando de allí un pequeño paquetito
envuelto en papel de regalo a rayas de colores. Los ojos de la chica parecieron iluminarse. —¿Para mí?
Siempre haces lo mismo… No deberías molestarte.

—Ábrelo —murmuró Jaejoong sin mirarle si quiera. El muchacho parecía haberse cohibido de verdad, y
por un momento Yunho se sintió culpable por haberle estropeado aquel momento.

Con movimientos algo torpes, Sunhwa abrió al fin el paquete, y su sonrisa no pudo más que ensancharse al
ver lo que dentro había.

—¡Oh, Jaejoong! ¡Gracias! —Por su parte, Jaejoong solo sonrió algo avergonzado, sin posar en ningún
momento los ojos en el magnate. —Eres mi hermano favorito. Bueno… en realidad eres el único que
tengo. Pero si tuviera más te juro que tú serías mi preferido.

119
Sin hacer demasiado caso al parloteo de la chica, sus ojos observaron críticamente el objeto que sostenía
cuidadosamente entre sus delgados dedos. Era un collar, pero no uno de aquellos finísimos colgantes de oro
a los que él estaba acostumbrado. Yunho tuvo que esforzarse porque una expresión cínica no aflojara en su
rostro al ver el colgante que, claramente comprado en algún lugar barato, consistía en un grueso cordón
marrón adornado con un colgante que parecía ser la miniatura de alguna mascara de las antiguas tribus
africanas de las que tantos documentales emitían en televisión.

Realmente, su calculador y materialista cerebro no podía entender aquel entusiasmo por algo tan
insignificante. Pero él no era quien para hablar, ya que el último regalo que había recibido, había sido un
libro sobre financias cuando cumplió sus 15 años. Su primo Changmin, hasta aquel nefasto cumpleaños,
siempre había tenido la costumbre de comprarle algún regalo, aunque fuera algo cuyo valor solo pudiese ser
visto por un niño pequeño.

Pero tras su “explosión de carácter”—como lo había descrito su padre más tarde, donde había terminado con
todo cubierto colocado sobre la mesa donde descansaba su tarta, tirado en el suelo, Changmin dejó de
regalarle cosas... él mismo lo había gritado bien alto.

FLASH BACK

—Y no quiero que nunca más me compres nada. —Le había gritado a su padre mientras que miraba con
odio aquel grueso volumen de economía—No necesito nada, y menos si viene de esta familia.

Sin esperar respuesta, y sin percatarse de la tristeza reflejada por su pequeño primo, había salido del salón
para irse a alguna de aquellas fiestas que tanto le habían gustado en su época de adolescente. Fiestas selectas
con alcohol, sexo y más depravación de la que podía recordar. Para su propio asombro, aun ahora no
entendía como había podido salir, casi por completo, airoso de aquella rebelde época, tan poco característica
de su usual carácter frío.

FIN FLASH BACK

Mirando a Sunhwa, se percató del amor que esta parecía sentir por su hermano. Aquello era algo que él
nunca podría comprender, porque bien temprano había aprendido en la vida que su familia no era de las que
se hacían querer, más bien, aun con la desazón que solo algo así podía causar en un niño de apenas 11 años,
se había dado cuenta de lo mucho que podía llegar a odiar a sus propios padres. Y lo que era más gracioso,
aun luchando contra ello, finalmente se había terminado convirtiendo en aquello que su familia buscaba, en
un cabrón frío y sin escrúpulos, perfecto eso sí, para manejar toda su fortuna familiar.

Aquellos recuerdos terminaron por agriarle del todo, su poca paciencia se había evaporado tras aquellos
dolorosos recuerdos de su niñez. Mirando hoscamente a los dos hermanos, se puso bruscamente en pie, y sin
cambiar la expresión exclamó:

—Te espero abajo, Jaejoong. Es hora de irse.

120
No fue capaz de quedarse allí para ver la expresión de desilusión, que de seguro, tendría la chica en aquellos
momentos. Sin permitirse mirar atrás una sola vez, abandonó aquel pequeño jardín, prometiéndose una vez
más no dejar que nadie se le acercara lo suficiente como para poder herirlo. Si algo útil había aprendido de
su autoritario padre había sido a desconfiar de todos. Nadie quería el bien ajeno, por lo menos no si de ello
no sacaba algún beneficio propio.

—¿Qué… qué le ocurre? —Preguntó una Sunhwa aun con los ojos como platos mirando la rígida figura del
moreno abandonar el lugar. Pero su hermano aun seguía con la mirada clavada en las trasparentes cristaleras
por donde instantes antes, había salido el moreno.

Sin contestar a su pregunta, su hermano se puso en píe. La mirada depresiva que se veía claramente en sus
ojos no le gustó nada.

—¡Jaejoong! ¿De verdad te tienes que ir?

—Ya le oíste… yo….

—¡Pero él…!

—Déjalo Sunhwa, te prometo venir de nuevo en cuanto pueda. Y lo haré solo…

Mirando como su hermano cogía su silla para conducirla él mismo, Sunhwa suspiró hondamente, sin
comprender lo que pasaba. Una vez más, la alegría de ver a su hermano había hecho que su depresión
desapareciera. Pero por lo que podía ver, Jaejoong estaba metido en alguna clase de lío. Y el moreno aquel
tenía algo que ver. Estaba segura de ello.

Intentó inútilmente volver a conversar con su hermano, pero tras recibir monosílabo tras monosílabo,
decidió desistir. Hacía mucho tiempo que no veía a su hermano en aquel estado. Prácticamente cuatro años.

—¿De verdad vendrás a verme? —Preguntó una vez estuvieron en su habitación. La imagen del moreno
mientras les miraba hoscamente la hizo fruncir el ceño. La imagen amable que en un principio había tenido,
se había esfumado como si nunca hubiese existido.

—Sí... él me ha traído, así que tengo que irme con él.

—¡Jaejoong! —Exclamó cuando su hermano, tras besarla dulcemente en la frente se dispuso a marcharse—
Recuerda que pase lo que pase, siempre me tendrás a mí.

Su hermano le dedicó una sonrisa, que aunque vacilante, fue sincera. Y se marchó. Se consoló pensando que
aquella vez su soledad no duraría mucho.

Cuando llegó a la cafetería, donde su jefe le esperaba apoyado en la pequeña barra de madera, vaciló. No
sabía si acercarse a él sería una buena idea. Pero su dilema no tardó mucho en solucionarse, ya que el
moreno enseguida se percató de su presencia, y sin rastro de expresión alguna en su rostro, se apartó de la
barra para dirigirse a la puerta de la cafetería. En el camino no dignó a mirarle ni una sola vez.

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Algo aturdido, Jaejoong no pudo menos que preguntarse qué había sucedido. Quizás debía estar ya
acostumbrado a la actitud cruel del moreno, pero tras el poco tiempo que parecían haber estado en algo así
como una tregua, había creído que las cosas serían más amenas entre ambos. Y sin embargo, de buenas a
primeras el humor de su jefe había cambiado, y como siempre era él quien sufría las consecuencias.

Siguiéndolo, llegaron hasta el imponente coche del magnate. Cuando las puertas se abrieron, subió
acomodándose en el asiento del copiloto mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

—¿Ha… ha pasado algo? —Preguntó, casi sorprendiéndose a sí mismo por su “coraje”

La única respuesta que recibió fue una fría mirada del moreno, que después de apartar su vista, arrancó el
coche para después no dirigirle ni una sola palabra por el resto del viaje. Jaejoong no pudo evitar quedarse
observando aquellos afilados rasgos. La mirada de su jefe era acerada, y sin embargo, siendo una persona que
había pasado por toda clase de penurias, sabía perfectamente cuando alguien ocultaba dolor.

Lejos de allí, más exactamente en uno de los tantos bares de mala muerte que abundaban por los barrios
bajos de la gran manzana, un pelirrojo recostado de mala manera sobre una barra casi podrida, bebía otro
trago más. Llevaba tantos que hacía tiempo que había perdido la cuenta, y aunque no fuese así, el nivel de
alcohol que en aquellos momentos contenía su sangre era algo que le habría impedido pensar lógicamente.

Su lengua incapaz ya de sentir el ardiente escozor producido por el alcohol, se relamió sus secos labios y una
vez más terminó con lo que le quedaba de bebida en el vaso.

—¡Hey chico! Lárgate de aquí. No queremos problemas—Los nublados ojos de Junsu se clavaron en el
camarero del bar, que con su rotunda figura y su grueso bigote lleno de canas prematuras, le miraba con
asco desde una buena distancia prudencial. Junsu, sin hacerle ningún caso, simplemente llevó su rostro hasta
esconderlo tras sus manos. Se sentía terriblemente mareado y no era capaz ni de moverse.

—¿Me has escuchado, mocoso? —La insistente voz del hombre hizo que sus ojos se clavarán en él,
frunciendo el ceño mientras un improperio se quedaba en la punta de la lengua. Pero tan era su estado, que
el pronunciarlo se le hizo imposible. —Maldito borracho.

Todo lo que Junsu sintió después, fue como algo caía sobre él, además, unas manos parecía agarrarlo
salvajemente. Ni cuenta se dio cuando sin previo aviso, se vio fuera del local tirado de manera no muy
elegante en el sucio suelo.

Entornando los ojos, sacó su celular del bolsillo. Antes si quiera de abrirlo este se le escapó de las manos,
pero recogiéndolo marcó el primer número que encontró en las llamadas perdidas a esperas de oír alguna
voz.

—¿Si? —Se pudo escuchar a través de la línea—¿Junsu, eres tú?

—¿Changmin? —Solo con la convención que un borracho puede tener, decidió apagar el celular. Lo último
que quería en aquel momento era ver a su esposo. Y sin embargo, dándose cuenta, con quizás el último
resquicio de claridad mental, de su lamentable estado, dijo:—Ven a buscarme. No puedo volver solo…

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—¡Estas borracho! —Exclamó el moreno a través del teléfono, pero Junsu le ignoró.

—Estoy… ¿Dónde estoy? —Un gran cartel, con el nombre de la avenida donde se encontraba, le ayudó a
ubicarse. Momentos después lo único que pudo escuchar por el celular fue el pitido contaste de la línea
cerrada.

Que lamentable. Aun no sabía cómo demonios podría haber caído tan bajo... él no era así. Nunca se
emborrachaba para olvidar sus problemas, por muy gordos que fueran. Pero aquel día, cuando finalmente se
levantó de su cama tras una de las peores noches de su vida, no había podido aguantarlo. La noche anterior
su esposo había llegado al cuarto con un pestilente olor a perfume femenino. Tras lo que fue una pelea a
voces por cualquiera de las tonterías que siempre les llevaban a pelear, ambos habían terminado a puñetazo
limpio.

Cuando al fin las cosas se habían calmado, ambos se metieron en la cama. Fue la noche más larga de su vida.
Cada vez que Changmin se acercaba a él, cosa que con su estado de ánimo, más que contento por la bebida
que de seguro había tomado, ocurría con frecuencia , solo podía empujarlo bruscamente al percibir aquel
dulzón perfume. La situación había sido bastante ridícula, sobretodo cuando el moreno se echó sobre él
para, según palabras textuales, “hacerle pasar la mejor noche de su vida, aun si tuviese que ser forzándolo”.
Aquello lo había enfadado mucho, y tras un rodillazo directo a sus partes nobles, Junsu decidió ir a dormir al
pequeño e incomodo sillón que adornaba el cuarto que ambos compartían. El maldito de Changmin se había
dormido casi al instante.

Pero si bien aquello por sí solo no habría logrado llevarle a beber sin ningún reparo, el hecho de saber que
sus niños—porque ya había decidido que aquellos serían parte de su familia, costase lo que costase—pasarían
a la custodia de su tía en dos días, sí que lo hacía.

Suspirando por el cansancio, recostó su espalda contra la húmeda pared. Su cabeza pareció darse un pequeño
golpe, pero sin importarle cerró los ojos dispuesto a descansar un rato. Lo siguiente que escuchó fueron los
gritos de su esposo, quien le zarandeaba con brusquedad.

—Idiota, ¿Qué demonios crees que haces quedándote dormido en mitad del peor barrio de toda Seúl? Me
extraña que nadie te haya matado para robarte...

Sin poder contestar y sintiendo que sus parpados se cerraban pesadamente, sintió como los fuertes brazos de
su esposo lo cogían acercándole a su pecho. Simplemente apoyó allí su cabeza para poder dormir de nuevo.
Mirando de forma continúa el retrovisor del coche, para comprobar que su dormido pasajero no se cayera al
suelo, o que se terminara golpeando con algo, Changmin condujo hasta la mansión de bastante mal humor.
Con una jaqueca que le había estado aquejando desde que se levantara de su cama, la sola idea de hacerse
cargo de su borracho esposo le ponía los pelos de punta. ¿Cómo demonios había llegado el chico a aquel
estado? Bueno, quizás la pregunta adecuada no era el cómo, si no el por qué.

Observando sus empapados cabellos, que aun manteniendo aquel color tan parecido al fuego líquido, se
pegaban de forma insistente a la frente del chico, se preguntó si acaso se había caído en alguna fuente. Pero
lo más extraño era que solo el cabello y la parte superior de la camisa parecían estar mojados, lo demás

123
estaba completamente seco. Changmin dedujo que o bien había metido la cabeza en algún chorro para
despejarse, o alguien le había tirado un cubo de agua a la cabeza.

Maldiciendo en voz alta la cantidad de coches que a aquella hora circulaban por la carretera, se dio cuenta de
que al menos tardarían cuarenta minutos en llegar a su casa. Cuando había recibido la llamada del pelirrojo,
se encontraba en la cocina bebiendo uno de sus batidos y hablando tranquilamente con Soosan, la cocinera.
Tan solo notar el estado de su esposo, había agarrado su chaqueta, y sin ponerse si quiera algo debajo, se la
colocó sobre la camisa de manga corta para salir a buscarle.

¿Es que aquel chico no tenía ningún instinto de supervivencia? Changmin lo empezaba a dudar. Pero lo que
aun no podía entender era que había llevado al chico a beber así. Quizás, si hubiese estado en alguna fiesta
rodeado de sus amigos, lo hubiese entendido. Pero que se fuera a un bar de mala muerte, completamente
solo y a emborracharse hasta olvidar su nombre…. Aquello no era demasiado normal en él.

Su ceño se frunció al recordar la pelea que ambos habían tenido la noche pasada... él mismo había llegado
con bastantes copas de más después de una de las tantas fiestas que daban sus “amigas”, y sin buscarlo ni
quererlo había terminado en una pelea bastante dolorosa físicamente que terminó con el mismo agarrándose
el estomago mientras se tiraba a su amplia cama después de un puñetazo especialmente doloroso.

Su ceño sin embargo desapareció, sustituido por una divertida sonrisa, cuando recordó lo que había sucedido
más tarde. Como casi todas las noches, había empezado a jugar con el pelirrojo. Sin embargo las cosas
pronto habían salido de sus manos, y antes de poder evitarlo se había ganado un buen golpe en toda su
entrepierna, que por suerte, con su estado de embriaguez, no notó demasiado.

Aquella mañana se había levantado con un buen dolor de huevos.

—Eres un chico extraño —dijo en voz alta, sabiendo perfectamente que no recibiría ninguna
contestación—un día me gritas por estar borracho, y al día siguiente me llamas tu mismo en este estado…

El pelirrojo se removió en el asiento mientras un hondo suspiro salía de entre sus labios.

—Espero que todo esto no sea por aquellos niños—Su mirada se turbio. Aun recordaba perfectamente
aquella discusión que había tenido con Jaejoong hacía tan poco. Pero el chico no había vuelto, por lo menos
en su presencia, a mencionar a los chiquillos. Y sin embargo bien sabía Changmin que Junsu había seguido
visitándoles en aquel hospital.

Aun le dolía todas las acusaciones que le había tirado de mala manera en plena cara. ¿Cómo se atrevía a
llamarle a él cruel? En realidad no pensaba que su casa fuera el mejor ambiente para tres niños demasiado
pequeños e influenciables... él mismo era un vivo ejemplo de aquello. Primero estaba el problema de su
abuelo. Nunca aceptaría tres huérfanos viviendo bajo su techo. Y aunque encontraran la manera de
convencerlo, el resto de su familia bien feliz que sería amargándole la vida a los muchachos, tal y como se la
habían amargado a él.

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Por si aquello fuera poco, ¿Qué rayos pensaba hacer Junsu, cuando dentro de menos de un año se separarán?
¿Es que no era demasiado ya para él el ocuparse de toda su familia que además quería añadir aun más carga
sobre su espalda? No es que intentase ser cruel ni nada parecido, simplemente no veía cómo aquel pelirrojo
podría dar a los tres muchachos un futuro decente. Eran tres bocas más para alimentar, además de que según
él mismo había dicho, la pequeña estaba ciega. Junsu no sabía cuánto exactamente valdrían las numerosas
operaciones y curas para aquello, pero seguramente no sería barato. Cuando atisbó la salida de la carretera
que conducía directamente al barrio residencial donde estaba su casa, suspiró aliviado de poder dejar el
atasco atrás. Acelerando un poco, traspasó el pequeño puente, desde donde ya podían verse las imponentes
mansiones que formaban la zona. Solo tardó cuatro minutos en llegar a su puerta, para después ser abierto
mecánicamente por algunos de los guardias.

Cogiendo en brazos de nuevo la liviana figura del pelirrojo, subió por la puerta trasera para evitar así ser
vistos en aquel lamentable estado. Por suerte, para cuando llegó a su cuarto, ningún miembro de su familia
parecía haberse percatado de su presencia.

—¿Y qué voy a hacer ahora contigo? —murmuró mientras le dejaba en la cama y veía críticamente la camisa
toda mojada del otro. En esos momentos Junsu empezó a moverse mientras sus ojos se abrían. Cuando el
chico se incorporó, quedando sentado sobre la colcha, solo pudo contener el aliento ante la seductora visión
que tenía frente a sí.

Con el cabello aun húmedo y la parte superior de su camisa, adherida a su torso, Junsu consiguió que parte
de su anatomía se excitara rápidamente. Su rostro además, tenía en aquellos instantes una mezcla entre
sueño y lujuria que le dejaba descolocado por completo.

—¿Dónde estamos? —Preguntó con voz ronca elevando sus brazos para estirarse mientras dejaba escapar un
nada elegante bostezo. Changmin solo pudo sonreír divertido.

—Nah... Te lleve a un prostíbulo para venderte y así ganar dinero para independizarme.

—¿Qué? —Exclamó con voz ronca Junsu. Sus ojos se abrieron como platos mientras miraba frenéticamente
a su alrededor. Una fuerte carcajada le hizo fruncir el ceño y mirarle de manera perspicaz. —¿Te estás
riendo de mí?

—¿Yo? Dios me libre…—Acercándose a la cama, y evitando hacer caso a aquella voz ronca y sensual, le
hizo levantar de nuevo sus brazos. Junsu simplemente le miró algo intrigado.

—¿Qué haces? —Preguntó sin ofrecer ninguna resistencia.

—Quitándote la camisa para que no te pegues una pulmonía. Aunque quizás debería dejarte así, todo
mojado. Te lo tendrías merecido.

—¡Pero... pero…! —Fuera lo que fuera lo que iba a decir, quedó ahogado entre la tela de la camisa cuando
se la quitó de un tirón, sacando un agudo quejido por su parte—Eres cruel.

—¿Y qué demonios hacías en aquel bar?

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—¿Bar, qué bar?

Rodando los ojos, miró los húmedos cabellos, para después dirigirse hacia el baño privado y sacar una de las
esponjosas toallas del armario. Cuando volvió a la cama, el pelirrojo tenía los ojos inundados en lágrimas, y
sin embargo ni una había sido aun derramada.

—¿Qué sucede?

—Los niños—Casi graznó mientras se tensaba. Cogiendo la toalla, la colocó sobre el cabello del chico,
maravillándose ante el contraste que creaba el rojizo color de su cabello y lo negro de la toalla.

—¿Qué les pasa? —Preguntó realmente intrigado por aquello. Suavemente, empezó a masajear el cuero
cabelludo mientras sentía como la cabeza de Junsu se apoyaba en su pecho. Por alguna razón pareció brincar
de su sitió.

—Su tía se quedará con ellos en unos días. Les han dado el alta —murmuró mientras colaba sus brazos
alrededor de su cintura. Para después entrelazar sus dedos en su espalda. Changmin maldijo el estado del
pelirrojo. Si no tenía cuidado, terminaría perdiendo el control, y las manos que le rodeaban en un estrecho
abrazo no ayudaban exactamente. Está bien que él mismo hubiese estado buscando el acostarse con su esposo
constantemente, pero una vez le dijo que cuando lo hicieran, el pelirrojo iba a estar suplicando por sus
caricias, y aunque puede que en aquellos momentos Junsu suplicara, lo haría en tal estado de ebriedad que al
día siguiente ni lo recordaría, y eso en el mejor de los casos…

—Junsu, tú no puedes hacer nada por ellos.

—Pero se los prometí. Y les he fallado. —Sintiendo sobre su fina camisa como las lágrimas empezaban a
mojar su abdomen, lanzó un improperio mientras tiraba a un lado la toalla. Cuando sus manos agarraron el
rostro del otro, algo se removió en su interior al ver la culpa y la tristeza reflejadas en aquellos ojos.

—Solo eres un niño aun—Susurró enterrando sus dedos entre las hebras de su cabello en un fuerte abrazo
mientras le apretaba contra sí.

Durante lo que fueron los diez minutos más largos de su vida, Changmin acunó al otro sintiendo su fragilidad
por primera vez. Cuando pareció calmarse un poco, le separó de si para poder ver su cara, pero Junsu
esquivó su mirada para después volver a abrazarlo, aquella vez por el cuello.

—¡Qué bien hueles! —Exclamó hundiendo su nariz en el hueco de su cuello. Changmin se estremeció y lo
apartó de si bruscamente.

—Voy… voy al baño—Casi gritó al sentir como su excitación empezaba a dolerle. Pero Junsu, lejos de
permitirle alejarse, le agarró por la camisa haciéndole girar sobre sus pies.

—No hace falta—Una libidinosa sonrisa apareció en sus labios, Y Changmin sintió como perdía pie tras ser
empujado con fuerza sobre la amplia cama. Instantes después el pelirrojo se colocó sobre él.

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Changmin no supo si darle gracias a Dios o maldecir mil veces el que Junsu se hubiese quedado a cuatro
patas, limitando el contacto a sus manos simplemente.

—Demonios… ¡Junsu déjame de una vez! —Intentando empujarlo lejos, le agarró por los hombros—Estas
completamente borracho y mañana me matarás por abusar de ti.

—Mmmm—Una de las pálidas manos del chico le acarició el pecho sobre su camisa, y sus intentos por
apartarse pararon de golpe. Una sacudida eléctrica pareció ir directamente a su entrepierna cuando Junsu se
relamió los labios mientras se acercaba a su rostro a una velocidad desesperantemente lenta. —No si soy yo
quien abusa de ti.

Y Junsu unió sus labios en un desenfrenado beso. Changmin intentó apartarse, intentó no contestar a aquella
boca que succionaba con deleite sus labios, incluso intentó recordar que aquella persona en realidad no le
soportaba, pero nada logró frenar sus manos, que con un súbito movimiento atrajeron la figura del otro
hacía si, haciendo que sus cuerpos quedaran completamente unidos.

Pero aquella posición le hacía sentirse dominado, y aquello no le gustó.

—Eres un demonio. —murmuró rodando sobre la cama y llevándose a Junsu con él. Cuando al fin quedó
sobre el otro cuerpo, una sonrisa de suficiencia adornó sus labios—Pero uno muy atractivo.

Bajando de nuevo la cabeza, capturo sus labios. Pero aquella vez su boca se abrió ansiosa en busca de la
lengua del otro. Junsu gimió desenfrenado, mientras instintivamente empujaba sus caderas contra las de él.
Changmin tuvo que ahogar un gruñido de satisfacción al sentir la excitación de su esposo apretarse contra la
suya.

Una de sus manos se deleitó acariciando con los dedos completamente abiertos aquel pecho desnudo, que en
aquel momento le pareció el más bello del mundo. Ninguna otra persona había logrado antes hacerle perder
así los estribos. Y aun sabiendo que al día siguiente pagaría las consecuencias, todo rastro que pudiese quedar
de su consciencia desapareció junto a su lengua, que abandonando los labios del otro bajó hasta su cuello para
lamer y mordisquear toda la extensión de aquella fina columna.

—Ahhh—Gimió Junsu al sentir su mano pellizcar uno de sus pezones. Changmin subió de nuevo su boca
para tragarse aquel sonido, mientras que su lengua recorría todo el contorno del labio inferior del chico. —
Qui… quítate la camisa.

Sin esperar su respuesta, tomó los bordes de la fina camisa para quitársela frenéticamente. Sus brazos se
levantaron al instante para facilitarle la tarea. No podía dejar de mirarle. Aquellos ojos castaños, que en su
momento le habían parecido tan comunes, ahora se le hacían la cosa más hermosa del mundo. Inundados en
deseo por él.

Una de sus manos bajó hasta el botón de sus pantalones, mientras que con la otra le empezaba a bajar
diestramente el borde de estos. Cuando necesitó que el pelirrojo arqueara la espalda, Junsu simplemente le
ayudó con la tarea más que dispuesto. Momentos después, simplemente en bóxers, el chico enredó sus

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piernas en su cintura mientras se abrazaba y lo atraía hacía su cuerpo. Changmin le dejó hacer, respondiendo
gustoso aquel dulce beso mientras friccionaba su sexo contra la cintura del otro. Cuando un débil gemido
escapó de sus propios labios, el pelirrojo—al parecer encantado de oírle gemir—empezó con un
movimiento de vaivén frotándose contra él.

—Ahhh… espera…—Susurró contra sus labios—Vas demasiado deprisa, a este paso yo…

Decidido a no correrse tan pronto, y sabiendo que eso sería lo que sucedería de seguir así, se separó de aquel
cuerpo ignorando la protesta que todo su ser emitió por aquello. Colocándose a horcajadas sobre él, bajó su
mano hasta el borde de su ropa interior. Junsu abrió sus ojos como platos cuando le dejó completamente
desnudo.

—Estas…. —murmuró impresionado—Muy excitado.

Con el dedo índice acarició embelesado la punta de aquel sensible miembro y la respuesta del pelirrojo no se
hizo esperar, que arqueando su espalda bruscamente, dejó escapar una fuerte exclamación.

Admirando sus bellas formas, rodeó por completo aquel erguido miembro con su mano, para después
bombearlo lentamente. Los gemidos no se hicieron esperar demasiado, y antes de poder detenerse, su mano
aceleró el ritmo acorde con los frenéticos movimientos de las caderas de Junsu.

Pocos minutos después, el pelirrojo dejó escapar un estridente grito, y sin poder evitarlo se derramó sobre
su mano, dejando sus dedos cubiertos por aquella sustancia.

—Lo… lo siento —murmuró exhausto mientras le miraba entre sus largas pestañas. Sus ojos entrecerrados
parecían gritar la mentira de aquello. Changmin simplemente se volvió a tumbar sobre él, sosteniéndose con
la mano limpia mientras conducía la otra a sus propios labios. Indeciso, su lengua lamió brevemente la punta
de uno de sus dedos y para su sorpresa aquello no fue tan desagradable como había esperado. Nunca había
hecho aquello con alguien más, pero aun con aquel sabor amargo, introdujo por completo uno de sus dedos
entre sus labios para lamerlo lentamente, ante la mirada hipnotizada de Junsu. —No hagas eso…

—¿Por qué no? —Preguntó mientras terminaba de lamer toda aquella sustancia hasta no dejar rastro. Junsu
frunció el ceño un momento, y sin esperar más se lanzó sobre sus labios ansiosos. Changmin intentó
detenerle, pero para cuando sus bocas se tocaron, el pelirrojo simplemente paró por unos instantes,
saboreando aquel amargo sabor para después seguir con su invasión.

—Creo que necesitas ayuda con algo —murmuró Junsu mirándole con una pícara sonrisa. De pronto y
contra todo pronóstico, le empujó para levantarse de la cama y arrodillarse junto al moreno.

Cuando Changmin se dispuso a seguirlo, con el ceño fruncido, el pelirrojo le frenó presionando sus hombros
para tumbarle boca arriba en la cama. Al ver que casi pierde el equilibrio en aquel acto, Changmin dejó los
ojos en blanco exasperado. Aquello le había recordado el estado del otro.

—Junsu no creo que esto sea buena idea —murmuró mientras intentaba sujetar las manos del otro, sin
prestarle verdadera atención a lo que Junsu hacía. —Debemos pa….

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Un grito de sorpresa fue todo lo que pudo emitir cuando de pronto su miembro quedó completamente
expuesto y Junsu se inclinó, capturando la punta dentro de su boca. Su espalda se arqueó de forma instintiva
y sus manos agarraron fuertemente la colcha. Aquello fue realmente inesperado.

—¿Decías? —Sonrió el maldito demonio mientras deslizaba su lengua por toda la extensión de su miembro.
Changmin gruñó algunas palabras incomprensibles mientras notaba como los estremecimientos de su
sudoroso cuerpo se hacían cada vez más notorios.

La inexperiencia de Junsu era a la vez exasperarte y a la vez deliciosa. Cuando el chico empezó a lamer su
glande mientras acariciaba sus testículos, tuvo que reprimir el deseo de cogerle por el cabello y presionarle
para meterse todo su miembro en la boca. Pero a la vez, aquella fascinación que el chico parecía sentir por lo
que estaba haciendo, le llevaba a tocar y lamer todo lo que agarraba. Sintiendo que su desesperación estaba a
punto de hacerle gritar, agarró la cabeza del otro para obligarle a mirarle, y sin embargo Junsu en vez de
aquello, se llevó su sexo a la boca para introducir dentro todo lo que pudo.

Si hubiese sido alguien con más experiencia, habría podido introducirse gran parte de aquel bien
proporcionado miembro en la boca, pero Junsu, después de toser por casi atragantarse en su ansia por
probar algo nuevo, decidió ayudarse con la mano masajeando la base del miembro mientras que su boca
seguía chupando, absorbiendo y bombeando con un ritmo cada vez más frenético.

—¡Oh, más rápido! —gimió mientras sentía como el orgasmo estaba a punto de alcanzarle. Cuando todos
sus músculos se tensaron, apartó a Junsu de si para momentos después terminar sobre su propio abdomen.
—Vaya... Eso ha sido….

—¿Te… te ha gustado? —preguntó el pelirrojo mientras se colocaba a horcajadas sobre sus caderas.
Changmin solo asintió, pero sus ojos se estrecharon al sentir el trasero del otro restregarse contra su
miembro para después inclinarse sobre su abdomen. —¿Puedo….? Yo esto…

Riendo ante su indecisión, Changmin simplemente se recostó completamente en la cama dejándose a su


merced. Era francamente divertido ver como el carácter del chico podía cambiar tanto a causa del alcohol.

Pero toda sonrisa desapareció de su rostro, sustituido por un sonrojo, cuando empezó a sentir la lengua de
Junsu lamer gran parte de su abdomen. Llevándose uno de los brazos hacía el rostro, se tapó su delatador
sonrojó mientras sentía como sus piernas comenzaban a temblar y su miembro por su parte volvía a
excitarse.

—Maldición —murmuró cuando la pequeña lengua se coló en el agujero de su ombligo. Pero de pronto
todo acabó. Retirando el brazo de su rostro para saber porque se había detenido, de pronto se encontró con
la mano del chico tapándole los ojos. Su cálido aliento, a escasos centímetros de su boca le hizo estremecer.

—Shhh—Dirigiendo sus manos ciegamente hasta la cintura del chico, de pronto se encontró tocando el
redondeado y desnudo trasero de Junsu. Una lujuriosa sonrisa apreció en sus labios mientras apretaba
levemente aquellas exquisitas nalgas para acercarle más a él—Esta es mi noche, recuérdalo. Quiero que me
hagas tuyo. —Sin quitarle la mano del rostro, se fundieron en un ardiente beso donde sus lenguas lucharon

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cada una por el control del momento. Sus manos pronto empezaron a mover aquel cuerpo que, sobre él, se
restregaba con frenesí creando una deliciosa fricción.

—Hazme tuyo, Changmin —murmuró de nuevo levantando sus dedos para enredarlos entre los morenos
cabellos mientras que sus labios se dirigían a su cuello. La imagen de Junsu sobre él, sudado y con la lujuria
pintada en cada rasgo, en cara línea o punto de su cuerpo, hicieron que la urgencia por poseerlo fuera mayor
que cualquier otra cosa.

—¿Has estado alguna vez con un hombre, Junsu? —Preguntó mientras empujaba al chico a tenderse junto a
él. Sus manos se deslizaron por todo su pecho, llegando hasta su estómago mientras que su vista se recreaba
con lo que veía.

—¿Con un hombre?... No

—Seré cuidadoso—Prometió mientras se levantaba para desprenderse de sus pantalones. Cuando volvió
junto al pelirrojo, este le dedico una mirada algo vacilante, que le recorrió de arriba abajo, deteniéndose en
su erguida entrepierna. Una chispa de algo que pareció demasiado ser temor brilló en sus ojos. —Tranquilo

El suave susurró, murmurado tras recostarse junto a él, hizo que el otro se estremeciera visiblemente.
Cuando Changmin elevó una mano para posarla sobre el estómago de Junsu, este se tensó por completo.

—Me pregunto… —dijo mientras su boca besaba y lamía con parsimonia los pezones del chico, haciéndole
estremecer. —¿Hasta dónde serás capaz de llegar?

Cambiando su posición, se inclinó sobre él para esta vez deslizar su lengua hasta llegar a su ombligo. La
espalda de Junsu se arqueó mientras un débil gemido salía de entre sus labios. Acariciando con sus manos los
muslos del pelirrojo, Changmin empezó a besar su ingle, evitando por apenas centímetros el cada vez más
excitado miembro.

Sin esperar ninguna respuesta a su pregunta “retórica”; besó la punta del miembro con los labios húmedos
mientras que sus manos abrían las piernas de Junsu para colocarse entre ambas. Cuando los dedos del
pelirrojo se enredaron en su cabello, su lengua empezó a lamer con movimientos lentos y casi agonizantes
toda la longitud de su excitación, mientras que una de sus manos masajeaba sus testículos casi rítmicamente.

Cuando sintió como el chico empezaba a temblar, aproximándose al orgasmo, abandonó su miembro para
volver a subir por su cuerpo para llegar hasta sus labios, los que besó brevemente.

—Abre la boca —dijo mientras acercaba tres de sus dedos hasta los labios del chico. Junsu pareció
sorprenderse, pero así lo hizo, lamiendo y absorbiendo levemente cada uno de los dedos. Cuando retiró al
fin su mano, fueron sus labios los que volvieron a empezar otro voraz beso, intentando distraer al muchacho
de lo que a continuación vendría. Con movimientos suaves, que no sorprendiesen a Junsu, deslizó su mano
hasta la entrada del muchacho, empezando acariciar el pequeño orificio para facilitar la entrada. Viendo que
Junsu no mostraba señal de molestia, uno de sus dedos se introdujo en su interior, haciendo que
inmediatamente todo el cuerpo del pelirrojo se tensase.

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—¿Qué… que haces? —Preguntó con la convención que solo un borracho puede tener. Changmin volvió a
besarle con pasión mientras empezaba a mover el dedo despacio, para permitirle acostumbrarse a ello.
Cuando Junsu contestó el beso, relajándose visiblemente, un segundo dedo acompañó al otro. —¡Ah!
¡Sácalo! —gritó empujándole por los hombros.

—Espera, esto pasará.

—¡No! Me duele…. —Changmin intentó besarle de nuevo, pero Junsu giró su rostro mientras que sus ojos
se empañaban. Changmin, al nunca haber tomado el papel pasivo de una relación, no podía ni llegar a
imaginarse lo que dolía aquello.

—Junsu… Mírame—Susurró en el oído de este—Por favor. —Aquello, que hubiese sorprendido al


pelirrojo en otras circunstancias, surgió efecto. Junsu volteó el rostro para clavar sus cristalinos ojos en los
de Changmin, perdiéndose en aquellas esferas.

—Está bien, pero la próxima vez estaré yo arriba.

Sonriendo por la desazón que parecía mostrar Junsu, Changmin empezó a mover lentamente los dos dedos,
entrándolos y saliendo del cuerpo del otro y abriéndolos suavemente en otras ocasiones.

—Te gustará, te lo prometo—L e dijo mientras que sus labios y dientes jugaban con el labio inferior del
menor.

—No creo…

Mostrando una expresión de suficiencia, como queriéndole decir que él sabía algo que el pelirrojo no—cosa
que era verdad…—se separó de sus labios para bajar de nuevo a su entrepierna y estimularla con su lengua.
Cuando un tercer dedo se introdujo dentro de Junsu, el pelirrojo parecía no decidirse entre sí gritar de
placer por lo que la boca de Changmin le hacía, o por el dolor de sentir aquellos dedos en su interior.

—Voltéate—Girando el delgado cuerpo, le coloco en la posición que pensó, más fácil se lo pondría al
pelirrojo. Con un cojín bajó sus caderas, le abrió los glúteos para colocar la punta de su miembro en la
entrada del chico.

Cuando empezó a adentrarse en la estrecha entrada, Junsu soltó un agudo alarido mientras empezaba a
retorcerse.

—Sal —gritó mientras intentaba girarse desesperadamente. Changmin le agarró firmemente por la
cintura—Me duele mucho…

—Tranquilo—Susurró mientras que poco a poco terminaba por introducirse hasta casi la base de su
miembro. Cuando pensó que el pelirrojo se partiría, paró en seco para darle tiempo a acostumbrarse a la
invasión, mientras que una de sus manos empezaba de nuevo a masajear el miembro, ahora flácido, de Junsu.

—Ahh—Gimió Junsu, y Changmin pudo sentir como el miembro del chico volvía a cobrar vida en sus
dedos. Acelerando el ritmo, poco a poco sintió como la presión brutal que en aquel momento rodeaba a su

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miembro en el interior del otro descendía, mientras que los gemidos de Junsu se hacían cada vez más fuertes
y continuos.

Sin dejar en ningún momento de masturbarle, salió poco a poco de su interior, para volver después a
introducirse algo más rápido. Tuvo que apretar los dientes para detener el gruñido de excitación que
pugnaba por salir. Sin embargo Junsu lanzó un chillido de sorpresa mientras se retorcía.

Con intención de buscar aquel punto en su interior que le llevase directo al orgasmo, penetró de nuevo
cambiando levemente de ángulo, y así lo hizo dos veces más hasta que Junsu, en una de estas, dejó escapar
un jadeo ahogado.

—¿Eso se ha sentido bien? —Preguntó mientras sacaba su pene para volver a golpear con fuerza en la
próstata del otro. Junsu gimoteó algo completamente incompresible mientras sus manos se agarraban a la
destendida cama.

Sintiendo como su orgasmo estaba próximo, y sin ninguna posibilidad de aguantar más con aquellos
exquisitos gemidos escapando por los labios del menor, aceleró el movimiento de su mano sobre el
miembro de Junsu mientras hacía más rápidas aun sus embestidas. No mucho después, todos los músculos
del pelirrojo se cerraron casi brutalmente alrededor de su miembro, mientras terminaba derramándose en su
mano con un grito entrecortado. La presión sobre su miembro hizo que él mismo se corriera momentos
después, asegurándose de salir antes de la entrada del otro. Derrumbándose completamente exhausto sobre
Junsu, ambos cayeron rendidos en la cama. Rodando hacía un lado por miedo a aplastarle, se colocó junto a
Junsu mientras su mirada se clavaba en el pecho. Aquel definitivamente había sido una buena cogida. Siendo
sinceros, había sido más que buena…

Levantándose un poco, solo lo suficiente como para alcanzar con sus dedos la colcha de la cama, que ahora
reposaba tirada en el suelo, la colocó sobre ambos mientras se giraba, quedando así frente a la pálida espalda
de su esposo.

Bostezando, se dijo a si mismo que ya por la mañana hablarían de lo sucedido. Cuando a Junsu se le hubiese
pasado la borrachera y el no fuera a excitarse con solo verle a los ojos. Así que apagando la luz, se dispuso a
dormir lo más separado que pudo del otro cuerpo. No quería volver a hacerlo esta noche. No cuando sabía
que el día siguiente Junsu despertaría arrepentido de todo.

Las mañanas, como inicio de nuevos días que son, deberían venir acompañadas de esperanza y ganas de hacer
algo productivo con la vida. Y sin embargo, aquel día Junsu deseó no despertar nunca. Cuando sus ojos se
abrieron ante los insistentes y molestos rayos del sol que entraban ya por su ventana, lo primero que pensó
fue que estaba enfermo. Aquel horrible dolor de cabeza y el malestar que sentía por todo su cuerpo debía
deberse a alguna gripe.

Intentando levantase de la cama, lo único que logró mover fue un brazo, que lentamente se llevó hasta el
rostro, para proteger sus ojos del sol.

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—Maldición —murmuró mientras se levantaba para quedar así sentado sobre las oscuras sabanas de la cama.
Pero el agudo dolor que sintió en su trasero le hizo parar en seco. Sus ojos no pudieron más que abrirse
como platos, cuando en una horrible sucesión de imágenes, todo lo que había sucedido el día anterior volvió
a su cabeza.

Incrédulo, lo primero que pensó fue que todo aquello solo se trataba de un sueño. Pero el insistente y agudo
dolor que sentía entre sus nalgas le gritaba su propia mentira a la cara. Un leve movimiento a su lado, le hizo
girar la cabeza.

—Hijo de…—Con el ceño fruncido y unas ganas impresionantes de echarse a llorar como si fuese un niño
pequeño de lo humillado que se sentía, clavó sus ojos en Changmin, que dormía tranquilamente casi pegado
a él. El vergonzoso deseo de coger una almohada y ahogarle con ella hizo que un rubor cubriera sus mejillas
mientras suspiraba hondamente.

¿A quien intentaba engañar? Si él no se hubiese emborrachado, nada de aquello hubiese ocurrido. Puede que
Changmin hubiese actuado con un pendejo al aceptar así de fácilmente sus avances, pero… ¿De verdad podía
echarle a él toda la culpa, cuando había sido el propio Junsu quien se había—literalmente—colgado de su
cuello para suplicarle que le tomara?

Ignorando el dolor que aquello produjo en su trasero, se terminó por levantar de la cama, sin querer darse
cuenta de las manchas de semen que había esparcidas por buena parte de esta. Encaminándose hacia el baño
privado, cerró la puerta tras de sí para darse una larga y relajante ducha.

Sin nada de ropa para quitarse de encima, no pasó ni un minuto cuando por fin pudo sentir los agradables
chorros de agua del hidromasaje. Antes de llegar a aquella casa, nunca había probado lo que era ducharse con
multitud de chorros masajeándote por todo el cuerpo. Era algo exquisito, y que hacía milagros con el
cuerpo.

Cogiendo uno de los champuses que había allí, y que su olor a miel le gustaba especialmente, empezó a
esparcírselo por todo el cabello, que enseguida estuvo cubierto por una cantidad excesiva de espuma. Aquel
olor, entre yogurt y miel le dejaba con ganas de comer…

Su mente, sin embargo, se negó a darle tregua, y enseguida las imágenes de lo ocurrido la noche anterior
volvieron a su mente. Puede que la borrachera le hiciese olvidar algunas cosas, pero de la mayoría podría
hasta recitar los diálogos.

Aquellas manos recorriendo todo su cuerpo. Aquella lengua lamiendo cada rincón. Y sobretodo aquel dolor
mezclado con el placer que pronto le habían llevado al éxtasis. No entendía que le había picado para hacer
aquello. Bueno… en realidad sí. El deseo que por tanto tiempo había reprimido, simplemente había
explotado justo en el momento en el que más vulnerable estaba. Y simplemente, sin las barreras de su
autocontrol, derribadas sin contemplación alguna por el alcohol, había decidido realizar aquellas fantasías
que tantos quebraderos de cabeza le habían traído durante las largas noches que pasaba en la cama junto a
Changmin.

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El problema era que ahora sí era consciente. Y todo el peso de sus actos parecía ser demasiado como para
poder soportarlo él solo. ¿Pero qué podía hacer al respecto? Ya poco podía lamentarse, ya que el tiempo,
más que le pesase, no podía ser echado hacía atrás. Así que lo único que le quedaba era cargar con las
consecuencias de sus actos y simplemente seguir adelante. Claro que antes debía asegurarse de que aquello
no volviera a pasar.

Tenía demasiado nítida la imagen de ambos haciendo el amor, besándose y abrazándose mientras se fundían
el uno en el otro. Aquello le afectaba más que cualquier otra cosa, y no podía permitirse aquello. No ahora,
cuando todas sus responsabilidades—entre las que encabezaban la lista su familia—dependían de él. Solo
había una solución, debía irse.

¿Pero le dejaría marchar su esposo así como así? Ni siquiera había terminado la fecha límite de su “contrato”,
pero en aquel momento sentía que había más en juego que aquel estúpido trato. Su marido estaba
empezando a gustarle, si no, nunca se hubiese acostado con él por muy borracho que estuviese, y antes de
terminar con el corazón roto y sufriendo por alguien tan egoísta y ególatra como Changmin, se marcharía de
aquella casa para poner distancia entre ambos.

Que fácil sería dejarse llevar por aquel sentimiento que tan a gusto le hacía sentirse en ocasiones a su lado.
Pero en el poco tiempo que ambos llevaban juntos, había aprendido a conocer a Changmin. Sabía que era un
libertino de cuidado, viniendo casi todas las noches apestando a algún perfume, además de que era
demasiado inmaduro como para poder atarse a cualquier situación que pudiese comprometerle a algo. Y
antes de que fuera tarde, Junsu se separaría de aquella persona tan destructiva… Aquel mismo día regresaría
a su casa. Pasando uno de sus aristócratas dedos por la llana superficie de madera de su escritorio, Yunho
sonrió sarcásticamente. Era irónico ver que, al parecer, lo único que había cambiado allí había sido él
mismo.

Su mirada desfiló por cada uno de los elegantes objetos que decoraban el amplio despacho de su
apartamento, queriéndose grabar cada detalle del mismo como si aquello pudiese ayudar a llevar más
fácilmente el vivir de nuevo con su familia. En las dos semanas que llevaba de convivencia forzada con su
abuelo, aun con aquella fría fachada que se había levantado, los recuerdos de su niñez que tanto le había
costado olvidar parecían repetirse en una fila interminable de nítidas imágenes.

¿Cómo había podido llegar a aquel estado? Él… Quien se jactaba de persona dura e imperturbable. Pero lo
cierto era que mientras caminaba por los largos y lujosos pasillos de aquella antigua mansión, aun creía estar
escuchando las voces de sus padres o la de sus numerosos tutores regañándolo por no aprender lo
suficientemente deprisa o por no comportarse como era debido.

La soledad que con tan solo ocho años le había agobiado tanto, parecía estar grabada en cada cuadro, en cada
estatua o mesa de aquella casa. Y eso lo estaba volviendo loco.

Había ido a su apartamento para dos cosas, la primera había sido terminar con su trabajo. Aquella inmensa
pila de papeles a los que él debía dar el visto bueno con su firma. Con la campaña de abril el trabajo parecía

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haberse multiplicado, y más aun para él, quien debía supervisar cada una de las decisiones importantes que se
tomaban en la empresa.

Y la segunda había sido deshacerse del estrés que le había empezado a causar toda su familia. A aquello le
había ayudado uno de los tantos modelos de su agencia, que como no, se había mostrado gustoso de
compartir con él una noche de sexo intenso y desenfrenado.

Ni siquiera recordaba su nombre, y a decir verdad tendría que esforzarse para recordar su rostro, pero había
servido para terminar con la tensión acumulada de sus músculos.

Levantándose de la silla desde donde había estado trabajando hacía solo un momento, se dirigió hasta el
mueble bar para servirse un generoso vaso del mejor Whisky escocés. El fuerte y agradable aroma hizo que
una ligera sonrisa adornara sus labios. No era propenso a la bebida, pero tenía que reconocer que aquello era
toda una tentación

Llevándose el vaso hasta los labios, bebió un sorbo mientras su mente viajaba hasta el problema que le había
mantenido despierto más de una noche. Aquel maldito atentado.

Aun no había logrado avanzar nada con aquella investigación, aun teniendo en cuenta que había terminado
contratando a uno de los mejores detectives privados que conocía. Pero sorprendentemente, no se había
encontrado prueba alguna de quién había llevado a cabo tal acto, y muchos menos si iba dirigido a él o a
Jaejoong.

Frustrado y con poca paciencia para esperar que el asesino cometiera algún fallo que le delatase, había
decidido ponerse él mismo con el trabajo de los detectives. Pero había sido en vano. Tras perder su valioso
tiempo durante casi una semana, no había conseguido absolutamente nada.

¿Debía echarle por aquello la culpa a alguien? Probablemente no, pero sin embargo cuando su mal humor
llegaba a límites peligrosos, los más inocentes terminaban pagándolo con su mal genio. Yunho debía de
reconocer que nunca se había parado a pensar en aquello, pero era increíble ver como todos se apartaban de
su paso cuando veían de mal carácter al magnate.

Y por si fuera poco, su frustración no solo se debía a los pocos resultados de la investigación. A poco más de
un mes del desfile de abril, los preparativos para el gran evento estaban dando inicio, y Jaejoong, como parte
de todo aquello, debía volver a su trabajo si es que quería tener alguna posibilidad en el mundo de la moda
en un futuro.

Yunho conocía a los medios de comunicación, así como conocía a aquellos multimillonarios sedientos de
dinero y poder que solo buscaban los puntos débiles de los demás para poder sacar tajada de ellos. Quizás él
mismo hubiese sido en algún momento de su vida uno de ellos. Y Jaejoong, con su actitud retraída, ofrecía el
perfil perfecto para ser el blanco de toda aquella gente. Si el rubio no aprendía a defenderse por sí solo de los
demás, pronto vería como no podía durar demasiado en el mundo que él mismo había elegido. No siempre
contaría con el apoyo de Heechul, que aunque de valor incalculable en aquellos momentos, no le serviría de
mucho cuando tuviese que echar a volar él solito.

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Las grandes empresas del mundillo, aquellas como la suya que habían invertido capitales enormes en aquel
proyecto, donde se mostrarían los diseños más selectos de la temporada y donde un solo pase valía más que
una temporada completa a cualquier liga de béisbol, no permitirían a alguien tan indeciso como Jaejoong
poner en peligro sus inversiones.

Si algo tenía en común el mundo de la moda con el de la música era que o bien te comías al mundo de una
primera estocada, o el mundo te comería a ti sin darte oportunidad alguna de seguir adelante.

Debía hacer algo, y lo debía hacer ya. Porque Jaejoong pronto tendría que presentarse en la empresa para
finalizar con los preparativos de su diseño, y allí sería un blanco perfecto para cualquiera que estuviese
intentando asesinarlo.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando de pronto su teléfono celular empezó a vibrar. Llevándose la
mano al bolsillo de su chaqueta, sacó el pequeño teléfono para mirar el registro de la llamada.

—Dime Changmin —dijo una vez hubo descolgado. Al otro lado de la línea la respiración agitada de su
primo se escuchaba perfectamente. Yunho sintió como un nudo crecía en su estómago. —¿Ha pasado algo?

—No... Bueno si… tenemos a toda la prensa amarillista plantados en nuestra puerta—Frunciendo el ceño,
se preguntó de demonios habría hecho aquella vez su irresponsable primo.

—¿Y por qué demonios están ahí? ¿Ya la has vuelto a regar?

—¡No! No he sido yo—Exclamó Changmin, para luego murmurar por lo bajo—Por lo menos no
directamente.

—Haber, cuéntame que ha pasado.

—Esto…—Una risita nerviosa fue todo lo que pudo escucharse a través del celular, y Yunho empezó a
temerse lo peor. —Veras, resulta que ayer Junsu y yo…. Bueno él estaba muy borracho y nosotros
terminamos…. Ya sabes…

—Demonios Changmin, ve al grano.

—Está bien, está bien... Hay que ver que humor. Pues esta mañana digamos que mi esposo no debía estar
muy contento. Y se ha ido.

Esperando una explicación a aquello, sintió como una jaqueca empezaba a molestarle.

—Changmin, por favor. Puedes volver a repetirme eso…

—Es como lo escuchaste primo. Simplemente tomó su maleta y se fue.

—Pero que rayos… ¿no se supone que ambos tienen un trato?

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—Bueno… por lo visto él no lo veía así… Vamos Yunho, yo me encargaré de él. Pero necesito que eches
de aquí a todos estos chupasangres. Tu ya estas acostumbrado a hacerlo… A mí solo me comerían a
preguntas.

La voz de perro abandonado que puso su primo no ayudó demasiado para clamar su mal humor, y sin
embargo, con un hondo suspiró accedió.

—Está bien. Tu solo quédate ahí y no salgas por nada del mundo. Ahora mismo voy. Antes de que el abuelo
se pelee a tiros con ellos….

—Jajá, vaya, quizás debería dejar que se ocupase él.

—No bromees Changmin, Sabes que ese viejo tiene demasiado mal carácter. No quiero ni pensar en la que
podría subir, así que mantenle alejado de la puerta. —Tras un momento en silencio, la curiosidad venció a
su habitual desdén—¿Está Jaejoong en casa?

—Sí. Cuando bajó a saber que pasaba Nuestra querida tía lo jalo. Creo que será mejor que vuelva con ellos,
antes de que terminen de los pelos. Sería gracioso que la tía se quedase con su peluca en la mano… Jojana.

Poniendo los ojos en blanco, colgó. A él no le hacía ninguna gracia todo aquello. Jaejoong hasta aquel
momento se había mantenido lo suficientemente apartado de los demás como para mantener su secreto a
salvo. Pero últimamente las cosas empezaban a cambiar. Y el ocultar su identidad se hacía más y más difícil
por momentos.

Cogiendo su abrigo para protegerse del fuerte viento que se había levantado y maldiciendo a su primo y a su
querido esposo por enredar las cosas de aquella manera, tomó las llaves de su coche para dirigirse a la
mansión.

—Seguramente se queden ahí un buen rato. Y todo por culpa del pobretón ese —dijo desdeñosa Mihwa.
Jaejoong la miró con el ceño fruncido, pero sin atreverse a decirle cuatro cosas a la cara. Aquella mujer era
realmente rencorosa y ya bastante odio parecía tenerle como para encima añadir leña al fuego. —Aunque
claro, que se puede esperar de alguien que vive como un cerdo. En una minúscula casa con más personas de
las que puede alimentar. Patético.

—Deje de decir esas cosas—Jaejoong abrió los ojos como platos al ver que había hablado en voz alta. Los
nervios le habían traicionado y es que escuchar aquellas palabras tan crueles, y tan cercanas a su propia
realidad no era algo precisamente agradable. Arrugando con sus manos la fina tela de la falda púrpura que
llevaba aquel día, recordó que aquella mujer era la tía de su jefe.

—Vaya, así que la mosquita muerta tiene voz…—Victoria, quien había entrado en el recibidor en aquel
momento, se burló de él mientras se acercaba a saludar a su madre. —Es un alivió ver que tu boca sirve para
algo más que hacer trabajitos a Yunho.

—¡Vic! —Exclamó Kyuhyun uniéndose al grupo. Jaejoong simplemente quiso desaparecer. ¿Quién sería el
próximo en aparecer, el abuelo de Yunho?

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—¿Qué pasa Kyuhyun? Solo estoy diciendo la verdad—la despampanante mujer se acercó hasta él,
quedando a unos pasos del rubio. —Aunque quizás no eres tan buena en eso como piensas… Después de
todo Yunho ha pasado toda la noche fuera. Y seguro que no trabajando.

Las crueles palabras se le clavaron directamente en el pecho. Y no porque estuviese celoso o algo así, si no
simplemente por la humillación que aquello suponía.

—No sé de que hablas—susurró con un hilo de voz. Y sin embargo, Victoria solo soltó una carcajada
mientras se acercaba aun más.

—Pues yo creo que sí. ¿Acaso no te has pasado la noche imaginándotelo en brazos de otra mujer? ¿O quizás
otro hombre, con mi primo nunca se sabe? —El sonrojo que cubrió las mejillas del rubio pareció ser
suficiente prueba para sus afirmaciones, pero para alivió de Jaejoong, Kyuhyun decidió intervenir en aquel
momento.

—¡Ya basta! —Victoria dio un paso hacia tras fulminando a su hermano con la mirada, y Kyuhyun le agarró
por el brazo para sacarlo de allí. Jaejoong no pudo estar más agradecido.

—Gracias

—No deberías dejar que te hablasen así—Cuando llegaron a uno de los tantos comedores que había en la
casa, le soltó. Y sentándose en un sillón negro y de aspecto sumamente cómodo, le miró con aquellos
oscuros ojos mientras parecía evaluar toda la situación. Jaejoong no supo que decir.

—Yo… bueno lo cierto es que no me llevo muy bien con tu madre… Ni con tu hermana.

—¿No me digas? —Kyuhyun pareció arrepentirse de su tono hiriente y brusco cuando Jaejoong se
sobresaltó—Mira, en realidad no se qué pensar de ti. Me evitas cuando quieres, después me miras con
simpatía y otras me ignoras olímpicamente. Eres la persona más complicada que conozco, después de
Yunho, creo…

—Yo no te evitaba a ti… Era a tu hermana, pero lo malinterpretaste—Suspirando, se dio cuenta de que el
primo de su jefe era una buena persona, y que debía hacer el esfuerzo para comunicarse con él. Quizás, en la
ausencia de Junsu, él sería la única persona que podría ponerse de su lado, llegado el momento. Pero
además, se sentía realmente sólo en aquella inmensa mansión sin alguien con quien hablar. Hacía demasiado
tiempo que no podía contactar con las pocas personas con las que se llevaba bien. —Pero no soy muy buena
haciendo relaciones, y no me atreví a hablarte después.

—¿Vic? ¿Estabas evitando a Vic? —Kyuhyun pareció recordar de pronto el carácter cruel de su hermana,
porque todo rastro de sorpresa se borro de su cara mientras le miraba con algo de lastima. —A veces puede
ser algo cruel, pero contigo parece tener algo personal… ¿No se conocían de antes, cierto?

—No. Pero en esta casa me he llegado a acostumbrar a ese trato —dijo sonriendo mientras tímidamente se
sentaba en el mismo sillón que el otro. Kyuhyun no se alejó ni frunció el ceño, más bien pareció divertido.

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—Se a lo que te refieres. Mi familia puede ser algo… brusca.

Jaejoong no pudo menos que reír ante lo dicho por Kyuhyun. ¿Brusca? Su familia era algo más que brusca. Y
definitivamente toda ella parecía odiarle a él…

—Deberías reírte más, estás muy linda — así dijo de pronto Kyuhyun, mirándole picadamente. Jaejoong
casi se ahogó en el acto, para después sentir con frustración como sus mejillas se acaloraban rápidamente.

¿Acababa de decirle linda, verdad? Aquello era algo realmente humillante. Por el amor de Dios, a ningún
hombre le gusta que le llamen linda…

—No te avergüences, es solo un comentario. —Tras un momento en silenció, Jaejoong se sobresaltó


cuando Kyuhyun se puso en pie, y parándose a su lado le tomó del brazo. —Ven conmigo, voy a enseñarte
algo. —Al ver su vacilación, Kyuhyun tiró algo más fuerte, pero sin hacer en ningún momento daño. —
Vamos, nos lo pasaremos bien.

—Está bien. —Bien sabía Dios que ya era hora de divertirse un poco en aquella casa… Sin soltar en ningún
momento su brazo, Kyuhyun le arrastró con largas y ansiosas zancadas por lo que pareció un sin fin de
pasillos laberínticos. Cuando Jaejoong empezó a maldecir el llevar aquellos tacones, una gran puerta de un
horrible color verde brillante, hiriente a sus ojos de diseñador, apareció ante ambos.

Kyuhyun soltó por fin su agarré acercando su mano hacia el pomo de aquella puerta, y Jaejoong no supo que
esperar hasta que ante él—después de que Kyuhyun encendiera la luz de lugar que debía estar muy cercana a
ellos—apareció la habitación más espectacular que nunca hubiese visto.

No es que su decorado fuera bueno, o que sus muebles fueran modernos y carísimos, ni siquiera el color de
aquellas largas paredes importaba. Lo que llamaba la atención nada más entrar, eran la cantidad de aparatos
que había allí, desde mesas y mesas de juegos hasta una mini cancha de baloncesto colocada en uno de les
extremos de la inmensa sala.

Impresionado y con pasos vacilantes, se adentró en aquel culto al ocio. Lo primero que encontró fue un
futbolín. Y no uno de aquellos que siempre se encontraban en los bares. Aquellos tan pequeños y con la
madera astillada hasta casi la podredumbre. Aquel futbolín estaba construido con fina madera de caoba, con
cuatro robustas patas sosteniendo aquella gran superficie que representaba el campo de juego y donde se
encontraban, unidos por barras de hierro, las figuras más reales que había visto alguna vez en un futbolín
representando a los jugadores más famosos del mundo.

—Lo mandé hacer especialmente para mí. Valió lo suyo, pero tengo todo un repertorio de equipos enteros
para ponerlos ahí. —Kyuhyun pasó por su lado, dirigiéndose directamente a la mesa de billar. Esta, casi tan
espectacular como el futbolín, se encontraba en una de las esquinas de la sala. Allí habrían entrado los tres
recreativos que había en su barrio. Probablemente hasta más.

—Nunca había visto nada igual—Susurró juntándose con Kyuhyun junto a la mesa, el otro simplemente le
sonrió mientras se acercaba a la pared para coger dos de los tacos colgados allí.

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—¿Sabes jugar al billar? —preguntó tendiéndole uno de los largos palos. Jaejoong sacudió la cabeza mientras
sentía como empezaba a relajarse en presencia de Kyuhyun. Aquel chico hacía maravillas con el ánimo de la
gente.

—Apenas. Digamos que donde yo iba, éramos más del futbolín. —Kyuhyun soltó una carcajada mientras
empezaba a colocar las bolas en la mesa.

—Pues entonces después me mostraras que tanto sabes hacer con un futbolín. Ahora te convertiré en una
maestra del billar.

—Déjame dudarlo —murmuró poniendo los ojos en blanco.

—En realidad no es difícil, solo hace falta algo de práctica.

Jaejoong sabía que aquello no era cierto. Él había jugado al billar, y en toda su vida probablemente habría
conseguido meter tres bolas por su agujero correspondiente. Pero lejos de negarse aquella oportunidad de
hablar con alguien, decidió que si debía perder diez veces contra aquel chico, lo haría.

Kyuhyun pareció tomarse en serio aquello de enseñarle. Por lo menos al principio. Con una precisión
asombrosa y unos reflejos buenísimos, Kyuhyun definitivamente sabía lo que hacía, y no solo eso, lo
desbordaba. Empezó mostrándole como golpear correctamente la bola, la posición en la que debía coger el
taco y la fuerza con la que debía tirar teniendo en cuenta la distancia de la bola.

Si bien Jaejoong no logró demasiado en la siguiente hora, se divirtió como un niño, riendo de las tonterías
que hacía el primo de su jefe. Kyuhyun era una de aquellas personas que atraía por su carácter. Alguien
carismático y a la vez fresco. Y durante lo que duró el “entrenamiento” Jaejoong no pudo menos que
agradecer el haberse amistado con aquella persona.

No fue hasta después de aquello que Kyuhyun mostró su lado malvado. Imposible de suprimir en los genes
Jung. Pero Kyuhyun, lejos de ser malicioso y cruel, se pasó casi dos horas machacando a Jaejoong una vez
tras otra. El moreno se reía de Jaejoong cada vez que fallaba estrepitosamente, pero la diferencia era que aun
sin ganar una sola vez, consiguió hacerle reír de sí mismo. Kyuhyun no se reía de Jaejoong, se reía con
Jaejoong. Y aquello fue lo que le hizo darse cuenta de que aun entre tanta mala hierba, siempre podía crecer
algo bueno.

Tras lo que fueron quince derrotas consecutivas, Jaejoong al fin logró ganar al otro una vez. Aunque suponía
que en realidad Kyuhyun se había dejado ganar… Tras pedir que les subieran allí la comida, ambos
disfrutaron de lo que Kyuhyun había denominado un manjar, es decir, una enorme pizza que ambos
devoraron con demasiada hambre tras horas y horas golpeando unas bolas.

—¿Vienes aquí muy a menudo? —preguntó Jaejoong mientras sorbía despacio de su Coca—Cola.

—Pues... todo lo que puedo. Mis amigos siempre son bien recibidos en la casa, pero hace bastante tiempo
que todo el mundo parece realmente ocupado con los negocios de sus familias. —Jaejoong debió mostrar en
su expresión su desconcierto, porque dejando el cacho de pizza que pretendía llevarse a la boca sobre la caja

140
de cartón, continuó—: todos mis amigos, al igual que yo, somos herederos de una u otra empresa. Quizás
no tan importantes como las que heredó Yunho, pero lo suficiente para ser obligados a tomar
responsabilidades lo antes posibles. Las familias normalmente educan a sus hijos tomando en cuenta el que,
en un futuro, deberán hacerse cargo de una gran empresa, y digamos que la parte práctica del entrenamiento
empieza en cuanto terminamos las carreras.

—¿Qué estudiaste tu? —preguntó, interesado por todo aquello.

—Administración, claro. Es lo que normalmente estudiamos todos. Es necesario para dirigir las empresas.

—¿Tú también heredarás de tu abuelo alguna empresa?

—No lo sé. Lo cierto es que ese tema se ha convertido casi en tabú. Todos sabemos que Yunho, por ser el
mayor se llevará casi todo, convirtiéndose en el cabeza de familia. Mi herencia viene por parte de la familia
de mi padre. Ellos son dueños de una gran cadena hotelera. Así que además de administración, mi padre me
llevó a todo tipo de cursos sobre turismo y bastantes más que probablemente nunca usaré…

—Vaya… Yo estudie diseño. —Jaejoong sonrió melancólicamente—Fue algo difícil al principio, pero
como el resto de las cosas, si te gusta, todo esfuerzo merece la pena. Ahora mismo trabajo para Yunho en su
empresa.

Jaejoong se había olvidado de toda su farsa. En aquel momento ni siquiera era capaz de recordar que estaba
fingiendo ser una chica. Pero por suerte Kyuhyun parecía no haberse dado cuenta de nada.

—Yunho es un buen tipo —murmuró bajando la vista—, a veces es algo frío, pero no creo que lo pueda
evitar.

—¿Cómo?

—Bueno… —Kyuhyun sonrió un poco mientras clavaba en él sus ojos. —A ti quizás no te lo parezca,
después de todo, cuando te mira a ti no muestra su usual frialdad. Pero con los demás es diferente. Creo que
de algún modo ha creado una barrera a su alrededor para no ser herido.

—Pero… Pero tú eres su familia.

—Especialmente con su familia. Creo que mi abuelo, sus padres y mi propia madre fueron los más duros
con él. Yunho es heredero de la mayor fortuna de nuestro país. Dentro de poco, tendrá más
responsabilidades de las que nadie debería hacerse cargo. Y por eso siempre todos han estado tras él,
presionándole para convertirlo en el hombre perfecto. Creo que si lo viesen ahora, sus padres estarían muy
orgullosos de él.

Jaejoong se quedó atónito. Aún no entendía por qué le estaba contando a él todo aquello. Solo era una
extraña para aquella familia, y asuntos tan personales no eran algo a divulgar tan fácilmente. Sus
pensamientos debieron verse en su expresión, porque Kyuhyun dijo:

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—Todo eso te lo cuento porque Yunho en verdad parece ser otro contigo. Solo con Changmin le he visto
ser tan abierto. Mi primo necesita algo de alegría en su vida.

Jaejoong le maldijo. Por un momento odió que Kyuhyun le contara todas aquellas cosas, porque
escuchándolas no podía dejar de ver a su jefe más y más humano. ¿Yunho divirtiéndose? Dudaba que aquel
hombre encontrara diversión fuera de herir a las personas.

—Creo... creo que será mejor ir abajo. Nos estarán buscando —dijo incómodo. Pero Kyuhyun
simplemente se desprendió de aquella expresión triste, como si nunca hubiese estado ahí, para ponerse en
pie de un salto. —¿Qué?, ni hablar. Me dijiste que jugarías conmigo a un futbolín. Ahora apechuga.

—Pero…

—Vamos, no tardaremos mucho. —Volviéndole a coger del brazo, empezó a arrastrarlo hasta el futbolín.
Cuando Kyuhyun le preguntó si quería algún equipo en particular, la anterior conversación pareció olvidarse
temporalmente al menos.

Media hora más tarde Jaejoong miraba con orgullo a Kyuhyun, quien reía doblándose sobre si mismo a su
lado.

—No me puedo creer que usarás ese truco tan sucio para ganarme.

—No digas tonterías. Te he ganado porque soy mejor —contestó Jaejoong sonriendo.

—Pero al empezar me dijiste que tampoco eras tan buena. Yo te estaba dando ventaja… —La mirada poco
convincente de Kyuhyun, hizo que una musical carcajada escapara por sus labios.

—Seguro… Mira que eres mal perdedor.

—¡No lo soy! Solo atente a las consecuencias. A partir de hoy te retaré a una partida cada vez que te vea….

—Y entonces volveré a ganarte…

Jaejoong se estaba divirtiendo demasiado como para querer irse. En realidad se estaba divirtiendo tanto que
se había olvidado que Yunho debía haber llegado ya a la casa.

—Mmmm... Tengo una idea. Por ahora vamos 1—1. Tú has ganado el futbolín y yo al billar. Hay que
desempatar.

—¿Y qué propones? —Verle mirar a su alrededor con los ojos brillantes ante la perspectiva, le hizo sonreír.

—¡Ya lo tengo! Jugaremos un “Rey de la pista”.

—¿Cómo? ¿Qué es eso?

—¿Sabes jugar al baloncesto?

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—Bueno… un poco.

—Está bien, vamos. —Kyuhyun se encaminó hasta el otro extremo de la sala. Cuando giró un poco la
cabeza y le vio, empezó a describir en lo que consistía el juego. —Lo que hay que hacer, simplemente, es
tirar a la canasta. Nos pondremos a cinco pasos de la canasta, para tirar una vez cada uno, y después lo
iremos repitiendo alejándonos dos pasos. Gana el que más veces enceste.

Jaejoong siempre había tenido buena puntería.

—Bien. Yo empiezo. —Kyuhyun se le quedó mirando por un momento de forma extraña. El chico parecía
extrañado ante lo que habían conseguido unas horas de juegos. Jaena parecía mucho más relajada y abierta a
él.

—Muy bien. Ahí está la pelota.

Jaejoong se acercó hasta una cesta con tres pelotas, cogiendo una de ellas. Tras botarla un par de veces y
comprobar que estaba en perfecto estado, se colocó junto al palo de la canasta.

—Tres pasos, ¿No?

Kyuhyun asintió, y Jaejoong se colocó a la distancia adecuada mientras miraba evaluadoramente la situación.
No sería difícil.

Y efectivamente. Acertó.

—Eres buena... veamos. —Kyuhyun tomó la pelota, que en aquellos momentos rodaba no muy lejos de sus
pies, para colocarse donde momentos antes había estado Jaejoong. No hicieron falta muchos segundos para
que la pelota pasara por el aro.

Y así siguieron jugando, complicándose cada vez más las cosas mientras los fallos por parte de ambos se
mantenían bastante igualados. No fue hasta que ambos llegaron casi al límite de la pista que algo inesperado
ocurrió.

—Jaena…—susurró con voz juguetona Kyuhyun, colocándose a su espalda, justo antes de que este fuera a
lanzar el balón.

—Eso es trampa—se quejó Jaejoong con el ceño fruncido, girándose para mirarlo—, no está bien
desconcentrarme.

Kyuhyun simplemente rió, mientras se acercaba aun más a él. Jaejoong trató de ignorarlo concentrándose en
el difícil tiro. Pero entonces, Kyuhyun, en un intento de distraerlo de nuevo, le colocó las manos en la
cintura para hacerle cosquillas. Jaejoong, quien no se lo esperaba dejó caer el balón en un desastroso tiro que
no avanzó ni dos metros mientras se daba la vuelta bruscamente. Con la mala suerte de que sus pies
tropezaron con los del otro chico. Cayendo ambos al suelo.

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Un incomodísimo silencio se instaló entre ambos. Jaejoong se había puesto sumamente colorado, mientras
que los ojos de Kyuhyun se habían abierto como platos y miraba a Jaejoong sin poder dar crédito a los que
pasaba. Pero Jaejoong si que era muy consciente de ello. Todo su cuerpo se había quedado aplastado contra
el de Kyuhyun, y este, a la fuerza, debía de poder sentir perfectamente su falta de algunos atributos, y quizás
algunos otros que en su condición de mujer no deberían estar ahí.

—¡Pero qué…! —Kyuhyun se levantó bruscamente, sin dejar de mirar, ahora acusadoramente, a Jaejoong.
—¿Quién demonios eres tú?

—¿A… A que te refieres, Kyuhyun? Yo soy Ja…

—¡ Y un cuerno! —gritó acercándose a él para agarrarle con brusquedad la chaqueta. Antes de poder hacer
algo para evitarlo, Kyuhyun agarró también su camisa, levantándose casi hasta la cabeza. —¡Eres un chico!

—Obviamente. —La tercera voz que se hizo de pronto presente, furiosa y fría, hizo que ambos se pusieran
alerta. Era inconfundible… —Y no me agrada demasiado el que le desnude mi propia familia en mi propia
casa.

—¡Yunho! Esto no es lo que parece. ¡Ella es un chico! Jaena no es Jaena…

Jaejoong al fin pudo soltarse de agarre, y colocándose la ropa adecuadamente, miró arrepentido a Yunho.
Todo aquello solo era su culpa.

—Lo sé, Kyuhyun. Lo sé. —Yunho se acercó hasta su primo, y Jaejoong pudo notar como su mirada se
volvía aun más fría. —Y espero que esto no salga de aquí.

Cuando Kyuhyun se dio cuenta de que su primo lo sabía, simplemente se quedó boquiabierto.

—¿Pero por qué… porque lo ocultan? Todos saben de tus gustos Yunho, no entiendo…

—No importa Kyuhyun…—Soltando un suspiro, Yunho pareció compadecerse de su primo, que se veía
realmente confundido. — Mira Kyuhyun —dijo esta vez con voz neutra—, ahora mismo no puedo
explicarte todo, pero no te preocupes. Esto era necesario, y por favor, te pido que no digas nada de ello.

—Está... Está bien. —Kyuhyun se dejó caer en el suelo, sentándose con posición de indio mientras miraba
de nuevo a Jaejoong, una divertida sonrisa apareció en sus labios. —Así que no eres mujer… Ahora
entiendo que me ganases al futbolín.

—Bua —le contestó Jaejoong devolviéndole la sonrisa, y deseando también que el haber descubierto la farsa
no fuera a terminar con aquella breve amistad que había tenido—, te hubiese ganado aunque fuera un perro.
Eres francamente malo. Igual que al baloncesto…

La figura de su jefe atrajo su mirada, encontrándoselo con los ojos fijos en él, y algo muy parecido a la
sorpresa grabado en su rostro. Pero fue tan fugaz que Jaejoong no supo si habría lo habría visto bien.

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—¡Ja! —levantándose, Kyuhyun se acercó hasta él para poner su brazo sobre sus hombros—. No dirás eso
mañana, cuando te de otra paliza. Ahora que se que eres un chico, no me reprimiré para ganarte.

Jaejoong sonrió, aliviado al ver que Kyuhyun volvía a ser el mismo.

—Por cierto… ¿Cómo te llamas? No creo que después de todo te llames Jaena. —Sonrojándose, negó con
la cabeza.

—Jaejoong. Me llamo Jaejoong.

—Encantado, Jaejoong —murmuró Kyuhyun mientras cogía la mano del rubio para depositar un
ceremonioso beso en su dorso. Jaejoong retiró la mano de inmediato muerto de vergüenza, y Kyuhyun
simplemente soltó una fuerte carcajada. —Eres muy divertido, Jaejoong.

—Bueno, ya está bien —dijo de pronto Yunho, apareciendo ante ambos con el ceño fruncido—. Espero
que no se te escape su nombre delante de los demás. Solo Changmin lo sabe, y más te vale que eso siga así.
Vayámonos Jaejoong, tengo demasiadas cosas que hacer como para perder mi tiempo con ustedes dos.

Jaejoong se despidió de Kyuhyun con un gesto de cabeza, mientras el otro levantaba la mano en despedida.
Confundido, desvió su mirada hasta su jefe, quien iba delante de él sin mirarle si quiera. ¿Por qué tenía que
marcharse él también?

Pero pronto lo supo. Más exactamente en el momento en que ambos traspasaron el umbral de la puerta de
su cuarto, cerrando el moreno de un portazo. Estaba muy furioso.

—¿Qué demonios te crees que estás haciendo? —Casi gritó en un acto muy poco usual en él, siempre
manteniendo aquella fría calma. —¿Es que no te bastaba con que Changmin lo supiera que ahora tienes que
estar revolcándote en el suelo con el resto de mi familia para que también se enteren?

Antes las crueles palabras, Jaejoong soltó una muda exclamación de horror, retrocediendo unos pasos para
alejarse del moreno.

—Yo… fue un accidente. Estábamos jugando al baloncesto y nos caímos…

—Me importa un carajo… ¿Qué demonios pensabas tu de todos modos jugando con él? Por el amor de
Dios, ayer mismo ni capaz eras de mirarlo a la cara y hoy lo tratas como si fuese tu amigo de toda la vida…

—Pero él en verdad es una buena persona. Me ayudó cuando los demás empezaron a insultarme y…

—¿Insultarte…? Diablos, si es que no puedo dejarte solo un momento. ¿Acaso no sabes defenderte tu
mismo? ¿Con quién te peleaste esta vez? Si es que se le puede llamar pelea al quedarse quieto como un
imbécil escuchando insultos…

—Bueno, tu tía y tu prima. Ellas…

—¡Diablos! Yo hablaré con ellas. A este paso todo se descubrirá demasiado pronto.

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—¡No! No lo hagas—Al ver la expresión asesina de su jefe, añadió—Por favor. Las evitaré a toda costa.
Pero si hablas con ellas solo lo empeorarás.

A juzgar por la expresión airada del moreno, no debió de gustarle aquel comentario, pero con un suspiro
frustrado, se encaminó hasta la cama para dejarse caer allí.

—Vaya día. Primero los periodistas, después Changmin y ahora esto…

—¿Conseguiste que se fueran?

—Claro, esta no es la primera vez que vienen. Digamos que mis dos primos son bastante dados a dar
escándalos. Aunque creo que este se lleva la gorda…

—¿Han sabido algo de Junsu?

—No. Mañana Changmin irá a su casa. Por hoy, es mejor que no salga de aquí. Por si algún periodista ha
decidido hacer caso omiso a m mis advertencias.

Jaejoong dudaba que se hubiese limitado a hacer advertencias. Aquella manada de periodistas que se habías
asentado en frente de la casa furiosos por entrar en ella necesitarían algo más que advertencias para
obedecer. Aunque quizás, si estas venían de su jefe, sería distinto. Después de todo, Yunho era Yunho.

—¿Enserio ganaste a Kyuhyun al futbolín? —dijo de pronto el magnate, mirándole desde la cama con una
ligera sonrisa. Por algún motivo, algo pareció impedirle respirar con facilidad. No era justo que su jefe fuera
tan endiabladamente apuesto. Intentando no irritarle con su usual timidez, se sentó en una silla cercana a la
cama, intentando sonreír y fracasando miserablemente. Se sentía bastante extraño, entre el miedo a otro
ataque de furia y lo agradable de que por primera vez, una verdadera sonrisa de su parte hubiese estado
dirigida a él.

—Sí. Aunque lo mío me costó. Tu primo es un poco tramposo…

—¿Has jugado al billar con él? —preguntó mientras se tumbaba por completo. Se le veía realmente cansado

—Sí. Me ha ganado por… digamos unos ochenta a uno. Y el uno creo que fue un regalo.

—Pero seguramente haya hecho también trampas. La última vez que jugué con él, le atrape metiendo una
de las bolas con la mano en el agujero… Como si le hubiese servido de algo.

Divertido al imaginarse tan increíble escena, Jaejoong se reclinó en la silla. Ahora sonriendo divertido.

—Tu primo es una buena persona. Su carácter de algún modo consigue alegrarte el día.

—No te engañes. Si las circunstancias le obligan a elegir, elegirá a su madre sobre nosotros. Mihwa sabe
muy bien cómo manejar a sus hijos. Así que ten cuidado con lo que dices frente a él.

Jaejoong asintió, aun sabiendo que el moreno no podía verle desde la posición en la que estaba, con la vista
clavada en el techo.

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—El lunes irás a la revista a trabajar. Perderás tu oportunidad si no preparas todo para el desfile.

—No hay problema. El vestido está terminado, solo queda los últimos retoques.

—Tendrás que elegir a tu modelo. Queda poco más de un mes. Y conociendo a Heechul conseguirá que
puedas elegir pronto, para que tengas la mayor variedad posible. Esto por lo general no es así, pero sabes
cómo es Heechul. Nadie puede impedir que haga lo que le dé la gana…

—¿En serio podré elegir yo?

Yunho no contestó, pero a Jaejoong tampoco le importó demasiado, perdido en sus pensamientos sobre las
posibles opciones que aquella noticia le había abierto. Las modelos de la revista eran numerosas, y buenas.
Por suerte no eran de aquellas demasiado delgadas que tan de moda se habían puesto y que tan poco le
gustaban a él. Personalmente, prefería los cuerpos bien formados, con las curvas propias que debe tener una
mujer y que hacen a un vestido lucir magnifico.

Pero aquello, en un mundo donde las modelos parecían tener como regla el no comer más de tres manzanas
al día, era verdaderamente difícil. Si él llevaba al desfile una modelo tan distinta al resto, probablemente
quedaría arruinado frente a la crítica.

—Heechul está bastante entusiasmado contigo. Hasta me pidió llevarte con él a las islas Seychelles, para
hacer el reportaje de verano. Eso sería en mayo, creo, o quizás principios de junio.

Si no fuera porque ya estaba sentado, probablemente se habría caído al suelo de la impresión. Si por sí solo,
el hacer un reportaje junto a uno de los diseñadores más famosos no fuese demasiada sorpresa, el hecho de
hacerlo en aquellas islas paradisíacas hizo que boqueara como un pez.

Aquellos paisajes eran el sueño de toda persona. Con sus bosques tropicales, que cubrían casi la totalidad de
las islas. Según había leído una vez, las islas Seychelles estaban compuestas por 115 islas, con tan solo 30
habitadas. Se las llamaba “el jardín del edén”, y por las fotografías que había podido ver, bien que merecían el
nombre. Allí podrías encontrar especies únicas del lugar, así como cristalinas aguas y playas vírgenes, con sus
lagunas turquesas, islas coralinas y encima un tiempo envidiable.

Pero como no, aquel paraíso estaba fuera del alcance de la mayoría de las personas. Sus precios estaban todo
el año a niveles desorbitados, especialmente en verano y los meses de diciembre y enero. Si alguna vez
alguien le llevaba a ver aquel lugar, estaría eternamente agradecido.

—¿Qué sucede? —Preguntó Yunho aún desde la cama, sin saber a qué se debía aquel súbito silencio.

—¿Has ido alguna vez a las islas Seychelles?

—¿Eh? Pues no, nunca se me había pasado por la cabeza. Además de que pocas veces tengo tiempo libre.

Jaejoong no pudo menos que preguntarse en qué rayos estarían pensando aquellos ricos. Si el tuviese el
dinero que tenía su jefe, seguramente se habría ido allí a vivir. O quizás se hubiera comprado una de aquellas

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preciosas islas, como tantos famosos hacían. Yunho se levantó de la cama, mientras se alisaba un poco los
pantalones, que habían quedado algo arrugados tras su breve descanso.

—Voy a hablar con Changmin. Debe traer aquí a su esposo mañana mismo. No nos conviene un escándalo
así, se podría descubrir todo lo nuestro, y eso sí que daría de qué hablar…

A Jaejoong ni tiempo le dio en pensar una respuesta, cuando su jefe ya había salido de la habitación. Se
contentó pensando que el que le contara lo que pensaba hacer ya era un gran avance…

Mientras tanto, Yunho bajaba rápidamente las escaleras para dirigirse al salón donde antes había dejado a
Changmin y sus amigos hablando tranquilamente. Quizás Changmin estuviese allí aun. Para su suerte,
cuando llegó, los cuatro chicos aun no se habían movido de donde los había dejado

“Flojos…” Fue lo que pensó mientras entraba para ir directo hacia su primo.

—¡Yunho! —dijo Changmin mirándole desde el suelo, donde estaba sentado jugando a las cartas con los
demás. —¿Dónde te habías metido? ¿Quieres jugar?

—Ahora no Changmin —dijo mientras le hacía un gesto con la cabeza señalando a la puerta—Tengo que
hablar contigo.

—¿No puede esperar a que termine la partida?

—No, tengo que volver a la empresa. Está todo demasiado enredado estos días….

Changmin se levantó, con cuidado de llevarse sus cartas para que no le diesen el cambiazo y Yunho salió de
allí cerrando la puerta a sus espaldas.

—¿Qué sucede?

—Asegúrate de traer a tu marido mañana a casa. No podemos tener a los periodistas por aquí rondando. Si
descubren a Jaejoong…

—¿Jaejoong..? —Changmin sonrió burlón mientras palmeaba la espalda del moreno—A claro, hablas de tu
novia… A veces se me olvida que no es tan femenina como aparenta.

—¡Cállate! Y de todos modos ¿Por qué no le has traído hoy?

—Bueno—Changmin parecía realmente avergonzado—Ni siquiera pude hablar con él. No me abrió la
puerta de su casa.

—Diablos. Changmin, arréglatelas como puedas, pero tráelo.

—Como si fuera tan fácil. No sabes lo cabezón que puede llegar a ser.

—Pues entonces piensa en la recompensa…—Ante la mirada de confusión de Changmin, Yunho suspiró—


Podrás volvértelo a tirar.

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Para su sorpresa, Changmin se sonrojó.

—Por Dios Changmin, das vergüenza ajena…

—Cállate… Es solo que no se qué voy a decir... Me va a tirar alguno de sus muebles a la cabeza. No sabes lo
bruto que puede llegar a ser. Casi tanto como cabezón.

—Bueno, pues mañana vas a su casa y si es necesario le dices cualquiera de esas cosas que tanto les gusta oír
a los cursis como ustedes. Que se yo, dile que le quieres y que no pudiste resistirte a él por lo mucho que le
amas.

—No le voy a engañar Yunho.

—No creo ir muy desencaminado…—Susurró para sí mismo. Y Changmin no pareció oírle. Recordándole
de nuevo lo que debía hacer, se despidió para partir hacia la empresa.

Cuando Changmin volvió a la habitación, todos sus amigos le miraron con sospechosas sonrisas en los labios.
Frunciendo el ceño, se sentó en su sitió para seguir jugando. Minutos después se arrepintió. O sus amigos se
habían vuelto unos maestros en el póker, o habían cambiado todas las cartas mientras él estaba fuera...
Malditos sean. Changmin perdió exactamente $500, pero tan metido estaba en sus pensamientos que no le
importó demasiado.

Tenía que hacer volver a Junsu, pero no tenía ni idea de cómo conseguir aquella hazaña. Cuando por la
mañana se había levantado, antes si quiera de abrir los ojos, las eróticas imágenes que habían acudido a su
mente de la noche anterior habían hecho que una libidinosa sonrisa aflojara en sus labios. Extendiendo una
mano, palpó el lado contrario de la cama, para encontrárselo completamente vació.

—¿Junsu? —Preguntó mirando hacía todos los lados. La puerta del baño se encontraba abierta, por lo tanto
allí no estaba. Desnudo, saltó de la cama con un mal presentimiento. Sus pasos le llevaron hacía el armario
que compartía con su esposo, el cual abrió con brusquedad.

—¡Diablos! —Exclamó al ver sus temores cumplidos. Allí no había nada, y Junsu acababa de dejarle con un
palmo de narices…

Se había pasado la siguiente media hora dando vueltas por todo su cuarto, preguntándose que debía hacer y
sabiendo perfectamente que aquello era su culpa. Si él no hubiese caído la noche anterior, ahora mismo el
pelirrojo estaría aun durmiendo a su lado.

Pero lo peor había sido cuando los periodistas se habían presentado en su puerta buscándole. Changmin no
había salido en ningún momento, pero no había sido difícil enterarse de lo que sucedía. En la mitad de los
canales de la televisión había emitido ya la imagen de su esposo por plena calle y cargando con una maleta.

Ahora ya no era solo él quien se sabía abandonado como un perro, sino todo el país. Cuando todo se había
calmado un poco, había salido de la casa a escondidas, yendo hasta la casa de Junsu en su coche a demasiada

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velocidad. Y sin embargo aquello no había servido de nada. Junsu no se había molestado ni en abrirle la
puerta para gritarle que se fuera a su maldita casa.

Y por si fuera poco su primo le pedía aquello... él ya sabía que tenía que traer a su esposo. El problema era
cómo hacerlo. En realidad nada mantenía a Junsu junto a él, no había ni una maldita cosa que le atara a su
lado. Excepto quizás…

Junsu saltó del suelo de pronto, colocándose su chaqueta con movimientos veloces y bruscos.

—¿Changmin? ¿Dónde vas? —Preguntó uno de sus amigos.

—Al hospital—Fue todo lo que contestó antes de desaparecer rápidamente por la puerta, dejando a sus tres
amigos completamente confundidos.

Ciudad de Seúl. Una inmensa metrópoli con más de millones de habitantes solamente en la ciudad, llegando
a superar los 2 millones en el área metropolitana. Para cualquier turista, Seúl podía representar una inmensa
plasta de acero, compuesta de altos edificios y laberínticas calles atestadas de tráfico.

Se podía decir además, que aquel era uno de los años más fríos que se había dado en la última década. Con
una temperatura media de grados, y un viento frío—que para nada frenaba la avalancha de gente que dejaba
todos los días su casa para coger el coche por las mañanas—se podía notar como el invierno aun estaba en su
apogeo, aun con la primavera a la vuelta de la esquina.

Pero a nadie parecía importarle aquello. Miles y miles de personas se paseaban aquella tarde por las calles,
donde se encontraban las tiendas más importantes de la cuidad. Los altos edificios hacían que el escaso sol
que podía calentar a aquella hora no llegara ni siquiera a tocar levemente a los transeúntes que se esquivaban
unos a otros en un loco frenesí por encontrar lo que habían ido a buscar allí.

—Ya echaba de menos esto —dijo Jisun mostrándole una agradable sonrisa mientras levantaba uno de sus
brazos. Completamente cargado, eso sí, de numerosas bolsas con distintos nombres de los establecimientos
ya visitados. —Además, esa falda que me he comprado era una monada.

Poniendo los ojos en blanco, Junsu solo suspiró mientras él mismo ayudaba a la chica con el peso de parte de
la compra.

—¿No piensas comprarte nada? —Sabes que no tengo ni un dólar, Jisun. —Murmuró sin mostrarse
apenado—Solo vine porque me lo pediste.

—Pero ya te dije que te prestaba algo.

—No hace falta. No necesito nada ahora mismo.

—¡Oh Junsu! —Parándose con los ojos como platos, la chica se quedó mirando embelesada uno de los
escaparates de aquella inmensa calle—¿No te parece precioso?

—Por el amor de Dios, Es un cenicero…

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—¡No es solo un cenicero! Es… Es…. —Mirando lo que a su amiga tanto había parecido impresionar, casi
soltó una carcajada al darse cuenta de lo que ponía en la inscripción de aquel cenicero. En sí, se trataba de un
cenicero normal, solo que en el centro se hallaba la figura de una graciosa vaca sentada. Aun con las manchas
blancas y negras que constituían el decorado del objeto, podía leerse perfectamente “Yoonhak, I love you”

—Claro… y supongo que nada tendrá que ver que venga el nombre de Yoonhak escrito…—El efecto de
aquello fue inmediato, y las pálidas mejillas de la chica se colorearon furiosamente mientras su boca se abría
como un pez.

—¡Eso… Eso no es verdad! A mi Yoonhak ya no me gusta.

—¿Eso quiere decir que antes si?

—¡No! Yo no he dicho eso… Yo solo…. Oh cállate Junsu. No te soporto.

—Claro que sí. Es más, me adoras.

—Puede, pero aun no sé por qué…

Soltando una carcajada, pasó uno de sus brazos por los hombros de la chica. Esta pareció calmarse un poco y
la expresión de sorpresa dio paso a una melancólica.

—Ojala él fuese la mitad de perspicaz que tu.

—Vamos Jisun, sabes que Yoonhak no vería una declaración ni aunque se lo gritaras a la cara. Solo pensaría
que estas de broma. Creo que debería hablar con él.

—Solo se reiría de mí. Sabes cómo es…

—Pero si no lo haces nunca sabrás si te corresponde o no.

—Junsu…

—No Jisun. Más te vale ir por quien te guste. Si no terminarás como yo. Con alguien a quien no aguantas y
que solo te ve como una clase de juguete nuevo.

—... él no te merece.

—Por supuesto que no. —Susurró. Sus ojos pronto perdieron todo su brillo—Pero si se lo preguntas a él,
la respuesta sería diferente. No hay nada que Jung Changmin no merezca... él cree que todo lo que existe
debe estar a sus pies…

—Y aun así te gusta.

—Sí, aun así…. ¿Qué? —Parándose en seco, y casi dejando caer en el acto las bolsas, miró con los ojos
entrecerrados a su amiga—No digas tonterías Jisun. Nunca podría gustarme alguien tan egocéntrico como
él.

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—¿Y entonces porque te fuiste?

Junsu empezó a sentirse nervioso cuando su amiga se le acercó lentamente. Jisun le conocía. Probablemente
era la persona que mejor sabía leer en sus expresiones. Hacía una semana desde que había—por decirlo de
una manera franca—huido de la casa Jung. Y desde entonces su cabeza no había parado de darle vueltas a lo
que había sucedido aquella noche en la que por fin se había entregado a Changmin.

El problema no radicaba en saberse, al menos, bisexual. El problema estaba en que la persona con la que
había terminado descubriendo una nueva faceta de sus inclinaciones sexuales no era nada más y nada menos
que Changmin. Alguien que cada noche llegaba apestando a un nuevo perfume, y generalmente de mujer.

¿Qué se suponía que debía hacer entonces? Volver a la casa para terminar por aceptar la atracción que sentía
por Changmin, y que por desgracia se le había escapado por completo de sus manos o quizás esconderse por
lo que quedaba de año para que el moreno no diera con él. Ambas parecían tan poco prometedoras que ni la
pena valía perder unos minutos en reconsiderarlas.

Pero afortunadamente, quitando aquella mañana cuando había escapado y Changmin apareció frente a su casa
llamándole casi a gritos, en toda la semana no había tenido noticias del moreno. Aunque por otra parte no
sabía a ciencia cierta si aquello sería buena señal.

—Me fui porque estaba harto—Mintió solo a medias sin mirar a los ojos de Jisun. Pero la chica le agarró
suavemente por el mentón para hacer que sus ojos se encontrasen.

—No puedes mentirme Junsu. Te conozco desde que llevabas pañales, así que olvídate de intentar
engañarme. ¿Paso algo entre los dos, verdad?

—¿Pero qué dices… los dos somos hombres!

—¿Y? ¿Desde cuándo mi amigo se convirtió en homofóbico?

—Sabes muy bien que no lo soy. Simplemente no soy gay.

—Puedes ser lo que te dé la gana, Junsu. Pero él te gusta.

Reanudando la marcha para terminar con aquella conversación, miró sobre el hombro a Jisun mientras la
gritaba que se diese prisa. La chica, negando con la cabeza exageradamente, solamente se colocó junto a él.
Junsu suspiró al comprobar que aquella “amena charla” había terminado.

Pasaron el resto del día dando vueltas por aquellas largas calles mientras los escaparates se mostraban ante
ellos con todo lo nuevo de la temporada. No hablaron más sobre Jung ni nada que estuviese relacionado con
su reciente boda, y aquello fue un gran alivio.

—¿Has estudiado para historia? —dijo de pronto su amiga mientras cogía todas sus bolsas. Ya era hora de
separarse y Jisun cogería un taxi para ir hasta su casa.

—Algo…

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—Pues más vale que apruebes. No habrá recuperación al final del curso esta vez.

Asintiendo distraídamente, se despidió de su amiga mientras se daba la vuelta para ir hacía su casa, que por
suerte no quedaba muy lejos si atajaba por uno de aquellos pequeños parques que siempre pasaban
desapercibido.

Había sido un día agotador, y sin embargo había cumplido perfectamente con su propósito. Casi no había
pensado en nada que tuviese que ver que cierto moreno egocéntrico.

Aun había la suficiente luz como para hacer aquellos caminos de tierra del parque seguros, así que no se
preocupó demasiado por mirar hacia la parte frondosa que podía ocultar desde algún perro rabioso hasta un
asaltante acechando por su momento.

Cuando al fin llegó a su casa, abriendo con sus llaves la vieja y desvalijada puerta, el aroma de la cena recién
cocinada por su madre le hizo estremecerse. Qué bien se sentía el volver a casa. A aquel conocido ambiente
que tanta melancolía le había producido al estar lejos.

—¡Mama! ¿Qué hay de cenar? —Preguntó mientras se quitaba el abrigo y lo colgaba en uno de los ganchos
negros y alargados que había colocados en la pared.

—¡Macarrones! —Junsu casi sonrió ante aquella muestra evidente de la ascendencia italiana de su madre.
Pero a él le encantaba su comida, tan diferente de la comida basura a la que le habían acostumbrado los
numerosos restaurantes de comida rápida de la ciudad. El olor del queso fundido, junto a aquella exquisita
salsa que su madre preparaba para la pasta era suficiente para hacer a su estómago rugir por alimento.

—Tenemos invitados Junsu. ¿Cómo no me avisaste de que iban a venir?

Frunciendo el ceño, y suponiendo que sus amigos se habían vuelto a colar en su casa sin decir una palabra,
dejó las llaves sobre el mueble del pasillo de entrada para dirigirse al pequeño comedor, donde su madre
estaría poniendo los platos en aquel momento.

—Quizás porque no lo sabía… Chicos deberían haber…. —Sus palabras, al igual que sus pasos, se
detuvieron en seco al llegar al umbral de la puerta. La escena que se presentaba ante si parecía tan irreal
como cualquiera de las que emitían en aquellas películas de ciencia ficción. —¿Qué demonios haces tú aquí?

Dijo una vez repuesto del susto. Frente a él, vestido informalmente con unos pantalones ligeros blancos y
una sudadera azul eléctrico, se encontraba Jung Changmin. Y si aquello por sí solo no fuese lo
suficientemente bizarro, el hecho de que estuviese cargado de platos y vasos ayudando a su madre a poner la
mesa hubiese bastado para hacer a su mandíbula caer hasta el suelo.

—Bueno, pensé que ya era hora de conocer a mi suegra.

—¡No la llames así!

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—¿Y por qué no? Después de todo, eso es lo que es. —Dejando tranquilamente los cubiertos, con una
parsimonia que le hizo rechinar los dientes, se volvió para mirarle. Junsu sin darse cuenta soltó una
exclamación. ¿Por qué rayos tenía que ser tan guapo?

No era justo que aun llevando aquella ropa, pareciera una de las personas más sexy y apuestas que conocía. Y
bien que se acordaba aun de aquel abdomen plano y lampiño, marcado suavemente con algunos músculos,
que se marcaban cuando ondulaba su….

—Oh… ¡Diablos! —Horrorizado de hasta donde le habían llevado sus pensamientos, notó como la
habitación empezaba a caldearse de manera asfixiante. Estaba seguro de que en aquel momento sus mejillas
debían hacer juego con su cabello. —Déjate de tonterías y lárgate. No pienso cenar contigo. Y menos en mi
casa.

—¡Junsu! No seas grosero. —En aquel momento su madre hizo su aparición estelar. Frunciendo el ceño a
Junsu mientras colocaba las servilletas. Junsu de pronto se dio cuenta de que no encajaban los cubiertos.

—¿Quiénes más van a comer hoy? —Su madre dirigió su mirada hasta los siete platos colocados.

—Bueno, solo está tu hermana Clare y…

Entonces las voces infantiles que prevenían del cuarto de al lado llamaron su atención, y sus ojos se abrieron
como platos al reconocerlas. Sin esperar a que su madre terminase de hablar si quiera, se dirigió hacia el
cuarto que compartía con sus hermanas, y una inmensa sonrisa se extendió por sus labios cuando allí
encontró a más gente de la esperada.

—¡Pero bueno! ¿Qué es lo que tenemos aquí? —Exclamó lo suficientemente alto como para hacerse oír por
encima de las agudas voces de los cuatro niños. Enseguida tres pares de ojos se clavaron en él, mientras una
cabecita morena se giraba en su dirección.

—¡Junsu! —Abriendo sus brazos y arrodillándose en el suelo, abrazó al delgado cuerpo que se le había
tirado encima. Sonriendo y mirando fijamente aquellos grandes ojos marrones, acarició los negros cabellos
de Moonbin.

Unos instantes después de dio cuenta de la figura indecisa que también estaba a su lado, y alargando uno de
sus brazos atrajo a Sungmo hacía su propio cuerpo.

—Que bien que por fin vienes —dijo Moonbin contento. –Te echábamos mucho de menos..

—¿Y cómo han estado?

—Bueno…—Fue Sungmo quien contestó. —Hace tres días aparecieron unos hombres en casa y nos
llevaron a una especie de hotel. Pensábamos que nos llevarían a un orfanato, pero entonces Jung apareció y
nos dijo que era tu esposo. ¿Es verdad que vives allí también?

Como si hubiese sido golpeado por un rayo, se dio cuenta de lo que había pasado. Sus ojos se entrecerraron
mientras miraba fijamente la puerta por donde acababa de entrar.

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—¿Los han tratado bien?

—Sí. ¡Es muy divertido, y nos deja jugar en una sala con un montón de cosas. Hasta tiene una cancha de
baloncesto!

Pensando en lo fácil que era comprar a los niños, acarició los cabellos de Moonbin sin costarle demasiado
imaginárselos allí a los dos jugando con todos aquellos juegos. Pero entonces se dio cuenta de que se había
olvidado de la pequeña hermana.

Dejando a los dos pequeños, se acercó hasta ella. Pareció darse cuenta de su presencia, ya que sus hombros
se tensaron un poco. Junsu sintió tanta lastima por ella que por un momento el respirar se le hizo difícil.

—Hola Minji —dijo suavemente agachándose junto a ella. La pequeña movió la cabeza hacía donde provenía
la voz, mientras que su manos agarraban con fuerza la muñeca de trapo que llevaba. —Me alegro mucho de
verte. Esta muy linda.

Con cuidado de no asustarla, tomó una de aquellas pálidas manos para darle un cálido beso. Y entonces la
niña pareció relajarse, regalándole una infantil sonrisa a la que le faltaban dos dientes.

—Me la regaló Changmin—Fue todo lo que dijo mientras apretaba a la muñeca contra su pecho. Junsu miró
aquella muñeca algo sorprendido. Hubiese esperado cualquier cosa, menos que le regalase aquello.

—Y es casi tan bonita como tú. ¿Quieres ir a cenar? —Su hermana se acercó para besarlo también mientras
le dedicaba un guiño. Aquella traviesa niña de ojos claros le sonrió mientras se acercaba a los otros dos niños
cociéndoles del brazo. Junsu se dio cuenta de que su hermana debía tener la edad de Moonbin.

—Vamos a comer Junsu. Estoy hambrienta.

Los tres se encaminaron al comedor, mientras que el pelirrojo cogía en brazos a Minji. Tenía que hablar
seriamente con Changmin, porque aquello había sido un golpe bajo.

Cuando llegaron, sentó a la niña al lado de su madre. Ella siempre había tenido muy buena mano con los
niños, y sabría qué hacer para no hacer sentir mal a la rubia por su ceguera. Pero cuando miró las sillas
viendo donde podía sentarse, se dio cuenta de que el único sitio libre era al lado de Changmin.

—¿Qué sucede cariño? —Preguntó este con una cínica sonrisa mientras apoyaba una de sus manos en el
respaldo de la silla libre, que estaba a su derecha. —Te esperamos para comer…

Con un gruñido, se sentó. Por suerte tenía a su otro lado a Sungmo, que le sonrió alegremente mientras se
llevaba un tenedor repleto de comida a la boca. Decidido a ignorar a su esposo, intentó hablar todo el rato
con los niños y su madre. Pero desgraciadamente la presencia de Changmin era demasiado nítida e
imponente como para ignorarla.

Además, el moreno aprovechaba cualquier oportunidad para acercarse a él y rozarle cuando se inclinaba a
coger cualquier cosa de la mesa. Era agotador el mostrarse indiferente. Como si no estuviera allí.

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Pero para sorpresa de Junsu la cena paso de forma bastante amena. Changmin rió, hablo y hasta coqueteó
con su madre, haciéndola reír al igual que a casi todos los demás. Si hubiese estado en otra situación se habría
alegrado de ver a su madre tan relajada y riendo ante los tontos halagos del moreno.

Cuando llegó el postre, Junsu se encontraba desesperado por separarse del moreno. Por lo que rápidamente,
se levantó de su silla para encaminarse hacia la cocina. No calló en su error hasta momentos más tarde,
cuando estando completamente solo buscando en la nevera, Changmin entró en la cocina cerrando la puerta
tras de sí.

—¿Qué haces aquí, Changmin?

—Vengo a ayudarte con el postre—Casi ronroneo mientras se acercaba a la nevera, quedando a escasos
pasos de Junsu.

—No me refiero a eso. ¿Por qué has venido a mi casa? Pensé que había dejado claro que no quería verte.

—No Junsu. En realidad no dejaste nada en claro. Simplemente te fuiste corriendo. Pero eso no es lo que
acordamos Junsu. Eres mi marido, y como tal tu lugar está junto a mí. Por lo menos hasta dentro de ocho
meses.

—No fui yo quien rompió primero el acuerdo.

—¿De qué hablas? —La sorpresa del moreno, a todas luces sincera, le dejó perplejo

—¿Cómo que de qué hablo? Te acostaste conmigo, aun cuando dijimos claramente que no habría nada de
eso.

—Perdona, pero no creo que fuera yo quien se acostó solo… No te forcé a nada.

—Eso no cambia las cosas.

—Claro que lo hace—Junsu cerró la nevera y dejó el pastel que había cocinado su madre sobre la encimera.
Con pasos rápidos, dio la espalda a Changmin para buscar las cucharillas en uno de los cajones.

— Fuiste tú quien me lo pidió.

Sobresaltado, se giró en redondo. Solo para encontrarse con el rostro de Changmin a escasos centímetros de
él.

—Estaba borracho… No sabía lo que hacía… —murmuró sin atreverse a tocarlo para alejarlo. No quería
volver a sentir aquella piel bajo sus dedos.

—¿Enserio estabas tan mal? —El muy maldito agachó la cabeza hasta que sus frentes casi se tocaron. Junsu
pudo notar como la respiración del otro se mezclaba con la suya. —¿Acaso no recuerdas todo lo que paso?

—Aléjate Changmin. No te lo voy a repetir.

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Pero sonrió. El estúpido simplemente se limitó a sonreír mientras acababa con el poco espacio que los había
separado. Junsu soltó una exclamación cuando sus labios fueron tomados por unos más finos y fríos. Pero
Changmin no insistió en que abriera la boca, ni siquiera se acercó más a él. Simplemente se quedó allí
saboreando de forma lenta y minuciosa todas las curvas de aquellos carnosos labios.

—Diablos, yo no quiero…

—Shhh… — Changmin se separó de él para mirarle directamente a los ojos, y Junsu sintió como su
estómago se contraía en un doloroso espasmo. Aquellas orbes eran tan profundas que ninguna costosa joya
podría hacerles competencia.

—¿Por qué lo haces todo tan difícil? —murmuró bajando los ojos. Pero Changmin llevó una de sus manos
hasta su rostro, y acariciándole suavemente le agarró el mentón para que volviese a mirarle.

—Yo solo quiero que vuelvas.

—Eres demasiado egoísta. ¿Qué pasa si yo no quiero volver?

—Solo estas confundido. —La mano se deslizó por su mejilla y casi por impulso Junsu inclinó la cabeza para
acariciarse aun más con el dorso de los dedos de Changmin. Cuando se dio cuenta de lo que hacía, sus brazos
le empujaron con brusquedad mientras se separaba de la encimera, y de Changmin.

—¡No, no lo estoy! ¿Qué es lo que pretendes trayéndolos aquí? ¿No has pensado en que son solo niños?
Seguramente se hayan hecho ilusiones. ¿Y ahora que, Changmin? ¿Vas a ir y decirles que deben volver a
algún orfanato, o peor, con tu insufrible tía? Me das asco.

—Quizás deberías escuchar antes de juzgar. —Ante el tono frío de Changmin, se dio la vuelta para mirarle.
Si bien no fue culpa lo que sintió, se dijo así mismo que quizás había hablado de más. Changmin le miraba
con los ojos entrecerrados y las manos apretadas en sendos puños. —Se que no tienes muy buen concepto
de mí. Pero no creo haber hecho nada tan malo para merecerme esas palabras.

—¿Y entonces, Changmin? ¿Qué se supone que debo pensar ahora? —Furioso, se le acercó con dos grandes
zancadas, quedando a penas a un paso del enfadado moreno.

—¿Por qué te fuiste así, Junsu? —El abrupto cambio de tema le dejo descolocado.

—¿Cómo?

—Sabes… Por como plantabas cara a todo, nunca pensé verte huir así. Eres un cobarde.

—¡Cállate! Yo no huí. Simplemente no quería seguir viendo tu estúpida cara.

—Si claro… Esa excusa no se la cree ni tu pequeña hermana. —Junsu le agarró por el cuello de la sudadera
casi pegándolo a él.

—Ni la nombres. ¡Eres un miserable y te odio!

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—¿Enserio? Pues no decías eso el otro día—La sonrisa cínica que apareció en sus finos labios le hizo apretar
aun más su agarre mientras que se acercaba peligrosamente

—¡No te atrevas a decirlo…—Pero fue demasiado tarde.

—¡Oh sí Changmin! ¡Más fuerte Changmin! ¡Tómame!

Más enfadado de lo que recordaba haber estado en mucho tiempo y a la vez completamente avergonzado, le
empujó salvajemente para después asestarle un brutal puñetazo en el abdomen. Changmin se dobló sobre su
estómago llevándose una mano a la zona lastimada.

—¿Qué pasa Junsu? ¿Es que te gusta el sado?

—Hijo de puta—Acercándose a él, le regaló una falsa sonrisa mientras se inclinaba para decirle al oído—Tal
vez te guste a ti. ¿Qué pasa, te pone cachondo que te pegue?

No estaba preparado, y antes de darse cuenta, la mano del moreno le había agarrado por el pelo cruelmente
mientras se erguía, obligándole a levantarse completamente.

—Ya me golpeaste una vez. Y creo recordar que te dije que no lo volvieras a hacer.

—Oh, pero es que eso es muy complicado, eres demasiado irritante.

—Maldito seas—Changmin llevó una de sus manos a su cuello, pero Junsu, que no iba a permitirle agarrarle
tan fácilmente llevó su brazo hacia tras dispuesto a pegarle de nuevo. —No, No…

Changmin se le adelantó, y agarrándole el brazo se lo retorció a la espalda. Sacudiéndose, intentó liberarse,


pero entonces Changmin, cansado de aquello, soltó su cabello para agarrarle con fuerza por la nuca. Lo
último que Junsu pudo escuchar antes de que sus labios volvieran a caer sobre él fue su propia exclamación
de horror.

Y de nuevo todo pareció desaparecer. Todo menos la figura que le apretaba contra sí. Aquel reconfortante
cuerpo con un exquisito olor a perfume masculino que se mezclaba con la sutil fragancia de su cuerpo. Y allí,
en su propia cocina y con toda la gente que consideraba su familia a escasos metros, de nuevo no pudo evitar
perderse en las intensas sensaciones que Changmin le provocaba.

Antes de poder darse si quiera cuenta, sus brazo se había enganchado en aquellos sedosos cabellos y su boca
se había abierto completamente mientras su lengua se introducía entre los labios de Changmin.

Era tan eróticamente excitante y tentador. Aquella audaz lengua le acariciaba la suya mientras que las manos
del moreno parecían estar en todas partes. Cuando Changmin absorbió su lengua, un largo gemido escapó de
sus labios, mientras que su respiración se hacía más y más trabajosa.

—Espera... Mi madre…—Empezó a decir, sin embargo, las manos de Changmin le subieron, hasta dejarle
sentado en la encimera para inclinarse sobre él y hacer que todo su cuerpo se ondulara buscando el contacto
del otro.

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Solo un ronco gruñido salió de sus labios cuando su excitado miembro empezó a frotarse de forma frenética
contra la pelvis de Changmin. El bulto que se adivinaba con el roce, en los pantalones del moreno, solo hacía
que su propia excitación aumentara.

—Te he echado de menos —murmuró Changmin dejando sus labios un momento. Junsu bajó la boca para
volver a besarlo, pero se encontró con que Changmin había escondido su rostro en su cuello, depositando
húmedos besos allí por donde su boca pasaba. —He echado esto de menos.

Echando hacía tras la cabeza para dejarle mayor espacio, rodeo sus caderas con ambas piernas para acercarlo
aun más. De pronto sus pantalones se le hicieron terriblemente incómodos.

—Yo a ti no.

Pudo sentir su sonrisa. Junsu hubiese jurado que en su mente se había grabado la imagen de aquellos labios
sonriendo divertidos mientras no se separaban de la piel de su cuello.

La mano de Changmin bajó hasta la cremallera de sus jeans mientras que los hábiles dedos se hacían espacio
hasta su hinchado miembro. Si en aquel momento hubiese aparecido su madre por la puerta, no se hubiese ni
percatado.

La mano morena y fina empezó a bombear su sexo de manera rápida y hábil. Entre jadeos y besos repartidos
por su cuello, Junsu no tardo demasiado en correrse.

—Eres un maldito desgraciado—Susurró entrecortadamente mientras intentaba recuperar el aire.


Incorporándose, separó sus piernas del moreno para bajarse de la encimera.

Fue en el momento en que sus ojos enfocaron lo que tenía a su alrededor, que se dio cuenta de lo que
acababa de hacer.

—Oh diablos… Diablos no…

—Vamos Junsu, no es para tan…——Changmin le intentó agarrar de un brazo, pero con un movimiento
brusco se alejó de él.

—¡Y un carajo que no! ¡Mi casa. Jung! ¿Estamos en mi propia casa, en mi cocina y encima con mi madre y
los demás ahí afuera! —Su rostro se tornó pálido. Hasta el punto de que en el rostro de Changmin apareció
un toque de preocupación. —Diablos… ¿Y si nos han oído?

—Tranquilo, no nos han oído. Cerré la puerta. —Junsu se calmó un poco, pero sus hombros seguían tensos
y su rostro crispado. —Escucha Junsu, no creo que el que me desees sea un gran problema. Yo también te
deseo y por ello no me exaspero tanto.

—Maldita sea. Tú no lo entiendes. Tú deseas a todo el mundo. Pero yo no soy como tu Jung. No voy
corriéndome en mi propia cocina todos los días, y menos con alguien como tú.

Sin hacer caso al obvio insulto, Changmin se volvió a acercar a él mientras le agarraba las manos con firmeza.

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—Vuelve a casa Junsu. Esto no cambia nada. Seguiremos como antes.

Junsu simplemente negó frenéticamente con la cabeza. ¿Es qué acaso no lo entendía? Nada podía ser como
antes. Ahora, cada vez que mirase a Changmin vería a Changmin desnudo, vería a Changmin jadeando y
besándole. Le vería haciéndole el amor, o por lo menos algo parecido….

—Diablos Junsu, eres lo suficientemente adulto como para no ponerte así por un acostón. Podemos ser
amantes sin que eso cambie nuestra relación en casa. No te puedo prometer que lo que sucedió aquella
noche no vuelva a pasar, pero el acuerdo seguirá como siempre.

—¿A eso has venido? ¿A convencerme de que sea uno más de tú larga lista de amantes? No gracias. Tengo
algo de orgullo como para caer junto con todos los demás idiotas.

Changmin frunció el ceño y abrió los labios como si fuese a decir algo, pero entonces pareció cambiar de
idea y una leve sonrisa apareció en sus labios.

—¿En serio? ¿Aun si el volver significaría la adopción de esos niños?

—¿Qué?

—Desde hace tres días, soy el tutor legal de los tres. Y tú, como mi esposo, compartes la tutela. A no ser
claro, que no vuelvas. Entonces alegaré abandono de hogar y no tendrás ningún derecho. Y los niños
volverán con su tía.

—¿Cómo… Cómo lo has logrado?

—Es bastante fácil cuando tienes cuentas y cuentas millonarias respaldándote. No sabes la corrupción que
puede llegar a existir en un juzgado.

—No serías capaz de devolverle a su tía la tutela. Ella es…

—Oh, sí que lo haría. Eso fue lo que me pediste Junsu. Ahora cumple tú con tu deber.

—¡Eres un miserable!

—Ya lo has dicho antes. Pero si lo razonas te darás cuenta de que solo te hago un favor.

—¡Me intentas comprar, y después pasas al chantaje emocional! Te felicito Jung, pronto te convertirás en tu
abuelo.

Y se fue. Sin querer ver la expresión del moreno, Junsu abandonó la cocina demasiado enfadado como para
darse cuenta de la crueldad de sus palabras. El sabía lo que el abuelo de Changmin estaba haciendo con su
padre. El mismo Changmin se lo había contado. Pero la furia ciega que había sentido, junto a su habitual
impulsividad le habían hecho actuar sin pensar. Quizás más tarde se terminara arrepintiendo…

Cuando volvió a la mesa, solo encontró allí a su madre, que le miró con una extraña expresión en el rostro.
Cuando preguntó por los niños solo dijo que se habían ido a jugar al cuarto de Clare. Junsu se dio cuenta de

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que no traía el postre, pero su madre no dijo palabra de aquello y simplemente se dirigió al sofá para ver la
tele. Junsu no dudo en sentarse junto a ella.

—Tengo que volver —murmuró recostando su cabeza en el hombro de su madre. Los regordetes dedos de
la mujer le acariciaron tiernamente el rostro.

—Lo sé. Cuida de ellos.

Junsu se giró para mirarla algo sorprendido, pero su madre tenía los ojos clavados en la puerta del comedor.
Cuando Junsu miró hacia allí, un escalofrío le recorrió. Changmin le miraba, pero contrario a lo que
esperaba, su expresión estaba completamente vacía.

—¿Se van ya? —Preguntó su madre mientras se levantaba.

—Sí. Los niños deben estar cansados. Y Minji necesita su medicina.

Su madre asintió, y fue directamente al cuarto de su hija a buscar a los cuatro niños. Junsu no se atrevió a
mirarle.

Cuando todos estuvieron en el comedor, su madre se encargó de poner los abrigos a los tres niños, mientras
que su pequeña hermana se despedía de todos con lágrimas en los ojos. Junsu sintió que sus propios ojos se
aguaran mientras le prometía a Clare volver pronto a verla.

Una vez salieron de la casa, Junsu siguió a Changmin hasta el coche de este, aparcado justo en la puerta. No
pudo menos preguntarse cómo había llegado allí. Cuando él había entrado en su casa, no había ningún coche.

Incomodo por el silencio, sentó a Minji en la silla homologada rosa que había en el lado derecho del asiento
trasero, mientras que los otros dos niños se sentaban solo con los cinturones bien abrochados. Junsu se
preguntó si podrían ir así.

Cuando él mismo se puso su cinturón, ya ocupando el asiento junto al conductor, no pudo desviar sus ojos
de la carretera.

—¡Qué bien que vengas! —dijo de pronto Moonbin, mirándole sonriente. Junsu se giró para devolverle la
mirada mientras sonreía vagamente.

—Claro, no les iba a dejar solos, ¿Verdad?

Moonbin frunció su ceño mientras parecía pensar sobre algo, al instante sus ojos se iluminaron mientras
desviaba su mirada hacía Changmin.

—Pero él no nos dejó solos. Ni siquiera cuando aquella mujer intentó echarnos.

Ante su mirada perpleja, Changmin simplemente dijo: “Mihwa” Y aunque aquello bastó como explicación,
Junsu se encontró a si mismo deseando que dijese algo más. Aunque fuera alguna de sus estúpidas bromas.

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Mientras tanto, en la casa Jung, Jaejoong se encontraba sentado en la larga mesa del comedor. Vestido de
pies a cabeza como una “Dama”, se encontraba sentado entre Yunho y Kyuhyun. Y si bien aquello era un
alivio, ya que le servían como escudos contra los comentarios agudos del resto de la familia, en realidad se
sentía muy tenso.

Todo se debía a lo que había ocurrido aquella misma noche.

FLASH BACK

Como cada día había estado haciendo antes de mudarse a la casa Jung. Jaejoong por fin tuvo que ir a trabajar.
Transportándose en el coche de Yunho hasta su austero apartamento de una de las tantas calles de clase
media baja, había cambiado su disfraz de mujer por su ropa usual. No tardó más de diez minutos en estar
preparado y cuando todos sus bocetos y trabajos estuvieron bien resguardados de la ligera lluvia en un gran
portafolios bajo su brazo, salió de su casa para coger el autobús.

Aquella mañana nada parecía tener de especial. Desde el recorrido desde su casa hasta la empresa, con sus
grandes edificios y sus atascadas calles, como aquel ascensor amplio que le conducía hasta la planta 26 del
enorme edificio de oficinas en el que trabajaba.

Una vez hubo saludado a Hyosun, y sin perder tiempo en ir a su nuevo despacho—O mejor dicho, el de
Heechul—se encontró recorriendo aquellos largos pasillos repletos de gente buscando algún material
necesario para su labor.

Cuando por fin llegó, se alegró de encontrar al gran diseñador a solas. No le apetecía nada escuchar los
comentarios sarcásticos de los demás diseñadores envidiosos de su buena suerte.

—Jaejoong…. ¡Voy a arrancarte la cabeza! —Fue el gran saludo que recibió por parte de Heechul. Sin
embargo le sonrió alegremente mientras dejaba todo su trabajo en una de las mesas del lugar. —Menos mal
que Yunho por fin te ha soltado. No me gustaría tener que buscarme a otro diseñador a estas alturas. Mira
ven.

Jaejoong se acercó hasta donde estaba su jefe, contemplando maravillado en traje expuesto en un maniquí,
que aun careciendo de pies o cabeza, no opacaba el esplendor de aquellas prendas.

Compuesto por un vestido de ligera tela, que no debía llegar mucho más arriba de las rodillas, estaba
acompañada por un gran chal. Los colores negros y marrones se mezclaban de forma maestra, dando la
sensación de pura armonía.

Era precioso, con un cuello amplio y una falda recta, sin ningún adorno que la sobrecargase.

—Aunque tu expresión lo dice todo, quiero oírlo—Exclamó feliz el diseñador.

—Perfecto—Fue todo lo que pudo decir. No encontró otras palabras para aquello.

—Lo sé. Llevaba mucho tiempo trabajando. Es difícil encontrar el punto medio entre la sencillez, la
elegancia y el buen gusto.

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Después de aquello, le enseñó algunos trajes más. Todos eran realmente buenos. Jaejoong no se imaginaba
como podía haber elegido su propio trabajo para exponerlo junto a aquellos maravillosos trajes. Pero
Heechul le había elegido a él, y se esforzaría todo lo que pudiese para no decepcionarlo.

Aquel día pasó rápido. Quizás demasiado, y cuando quisieron darse cuenta ya las oficinas estaban casi
completamente vacías. El trabajo acumulado había sido suficiente como para dejarles sin almuerzo. Por
suerte algún alma caritativa les había acercado algo de comida.

—Jaejoong, ¿Puedes pasarte por los escenarios de modelaje y traerme los sombreros que han dejado allí?
Con eso ya terminamos. — Simplemente asintió, poniéndose en camino sin perder tiempo. Tenía ganas de
descansar de una buena vez. Una vez perdido el ritmo de trabajo era realmente difícil agarrarlo en un día.

Cuando llegó al salón tres, tomó todos los sombreros que encontró, tan pequeños en su mayoría que no
abultaron más de una bolsa. Sin embargo, mientras recogía los sombreros en el otro salón, la puerta se abrió
de golpe, y al girarse esperando encontrarse a Heechul, que algo se le habría olvidado, sus ojos se abrieron
como platos.

Ante él, a tan solo unos metros, se encontraba su jefe. Y sin embargo Jaejoong dudaba que pudiese
percatarse si quiera de su presencia. Como hacerlo…. Tan ocupado estaba en desvestir a la chica rubia que
le besaba el cuello.

Cuando la blusa de seda de la mujer calló, Jaejoong reaccionó. Aclarándose la garganta con fuerza, esperó la
reacción de los otros dos. Y no se hizo esperar.

—¡Oh no! —Grito la mujer despegándose del moreno mientras se agachaba para coger su blusa y cubrirse
sus pechos semidesnudos. Yunho, quien al principio se había sobresaltado, se relajó al ver de quien se
trataba.

—Vaya, solo eres tú. Lárgate.

Quizás nunca sabría lo que le llevó a decir lo siguiente. Pero en aquellos momentos una furia ciega lo
embargó por completo.

—¡Claro! —dijo con un fuerte sarcasmo, nada común en él que hizo que su jefe le mirase extrañado. —
Cómo usted ordene... Los demás aquí trabajando horas extra por SU empresa y usted mientras aquí
revolcándose con la primera que ve…

Con ademanes bruscos terminó por recoger los sombreros, y ante la mirada incrédula de Yunho abandonó el
salón con un fuerte portazo. No fue sino hasta llegar al ascensor, que se dio cuenta de lo que acababa de
hacer. ¿Qué demonios le había picado para saltar así? Era tan impropio de él… Pero se había sentido tan
furioso….

Fue como un balde de agua fría. Sintió como cada uno de sus músculos se tensaban dolorosamente mientras
una carcajada irónica y débil escapaba por sus labios. Acababa de darse cuenta de qué le sucedía. Aquel

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molesto pinchazo en su estomago no era ni más ni menos que celos… Se había puesto celoso… Y había
hecho completamente el ridículo.

FIN FLASH BACK

Poco después se había ido a su casa, cansado de darle vueltas a lo ocurrido. Se intentó auto convencer de que
estaba equivocado. Después de todo, su jefe no le gustaba. Y sin embargo sus excusas sonaban tan poco
creíbles hasta para sí mismo que decidió dejar el asunto para el próximo día, cuando tuviese la mente algo
más despejada. Se volvió a poner la ropa de mujer en la empresa, y con ella tomó el autobús que le llevaría
directamente a la urbanización de la casa Jung.

Y allí se encontraba él. Comiendo junto a Yunho y sin ser capaz de dirigirle una mirada. Estaba seguro de
que en cuanto estuviesen a solas, su jefe se burlaría de él. O peor, quizás estaba enfadado por su lamentable
escena de celos… Solo esperaba que Yunho no hubiese notado el porqué de su berrinche. Aunque aquello
era altamente improbable. Era demasiado listo y la mirada indescifrable con la que le había obsequiado al
encontrarse ambos en casa aquella noche no le había gustado en lo más mínimo. Nada de burla, nada de cejas
alzadas... Aquello le había puesto aun más nervioso. La respiración acompasada que se escuchaba apenas a
unos centímetros de él, le dejaron saber que su acompañante estaba dormido. La penumbra de aquella
habitación, donde empezaba a presentarse una temperatura demasiado elevada para la época, le hizo suspirar
hondamente. Tenía miedo de moverse ya que no deseaba despertarle con sus movimientos.

Pero las ganas de dar vueltas en aquella amplia cama eran demasiado tentadoras. Abriendo los ojos, que
apenas mostraban sueño, fijó su vista donde suponía, debía estar la infantil lámpara del cuarto. Era un
cobarde.

Aun no entendía como había llegado a aquella situación, y todo por evitar a Yunho. ¿Tanto afectaba lo que el
moreno pudiese decirle? La respuesta era tan abrumadoramente clara que decidió no pensar en ello
demasiado. Alargando un brazo, lo colocó sobre el delgado cuerpo de Sungmo.

Aun podía recordar perfectamente el rostro de Jung cuando los tres niños, junto con Junsu habían llegado a
la casa. La cena aun no había terminado, pero con el tenso silencio que reinaba entre la supuesta familia feliz,
todos y cada uno de los ocupantes de la mesa parecieron perder el apetito. Junsu saludó a todos con un
escueto movimiento de cabeza, mientras que Changmin simplemente los ignoró olímpicamente para
dirigirse a su propio cuarto.

Si aquello había molestado al pelirrojo, no había dado muestras de ello. Pero a Jaejoong todo aquello no le
importó. Estaba tan contento de volver a tener a su amigo en la casa, que incluso se olvidó de su reciente
problema con Yunho. Pidiendo disculpas, se levantó de su sitió con rapidez ante la mirada inquisidora de los
demás, para después acercarse a los tres niños. Les había echado de menos. Desde que se hubiese quedado
cuidándolos en el hospital, Jaejoong les había cogido cariño y muchas veces se había planteado el intentar
averiguar qué había pasado con los niños. Pero de nada había servido ya que poca había sido la información
que había obtenido de los doctores sobre el incierto futuro de los pequeños.

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No entendía que hacían allí, pero lejos de ponerse a pensar en aquellas nimiedades, se agachó para abrazar a
los tres niños a la vez. La pequeña se había asustado, pero pareció reconocer su voz casi al momento. Junsu
también parecía haberse alegrado de verle, y saludándole con efusividad se lo había llevado casi a rastras del
comedor para conversar tranquilamente, lejos de miradas venenosas.

Nunca dijeron nada importante. En realidad Junsu evadió magistralmente todo lo relacionado con su marcha
de la casa. Pero Jaejoong no iba a ponerse a hurgar en la herida, así que se limitó a escuchar la noticia de la
adopción de los hermanos.

La noche pasó con rapidez, y pronto los niños empezaron a dar claras señales de somnolencia. Minji fue la
primera en irse a dormir, acompañada por los dos adultos. Y poco después sus dos hermanos pidieron irse a
acostar también. El verdadero problema fue que, al tener cuartos separados, ninguno quería quedarse solo.

Cuando Jaejoong se disponía a decirles que alguno de ellos se trasladara al cuarto de su hermano, Junsu se le
adelantó. Y sorpresivamente propuso el dormir cada uno con un niño. Si bien Jaejoong no iba a quejarse por
aquella idea—Era la excusa perfecta para no tener que enfrentarse a Yunho aun—no comprendía porque
Junsu querría dormir lejos de su esposo el primer día de su regreso. Junsu se veía tan tenso que no pudo
menos que preguntarse qué habría pasado entre aquellos dos.

No hicieron falta muchos preparativos, y cuando Yunho entró en el cuarto y le encontró buscando su pijama
para marcharse, Jaejoong solo le dijo que dormiría aquella noche con Sungmo. El moreno simplemente se
bajo de hombros, más sus ojos no se despegaron en ningún momento de la nerviosa figura del rubio.

Y allí estaba él, en plena noche y sin poder conciliar el sueño. Con un suspiro de frustración, retiró con
cuidado las mantas, intentando moverse lo menos posible. Sacando sus dos pies de entre las sabanas, se calzó
las zapatillas de andar por casa para después ponerse en pie y dirigirse silenciosamente hasta la puerta del
cuarto. Por suerte aquella noche había dormido con peluca, por lo que su mentira quedaba bien oculta
detrás de aquel cabello falso y la gruesa bata que cubría por completo sus curvas.

Mirando por última vez la figura que dormía tranquila en la cama, con los cabellos revueltos y uno de sus
brazos sobre la colcha, giró el picaporte de la puerta para después cerrar detrás de él con suavidad. Tenía
hambre, por lo que decidió ir a la cocina.

Los pasillos, a aquellas horas, se encontraban fríos. Y su habitual tono ostentoso parecía ahora atenuado con
las largas sombras que proyectaba la poca luz que entraba por las ventanas. Acelerando el paso, bajó hasta el
primer piso, donde se encontraba la gran cocina de la mansión. Habían sido pocas las veces que Jaejoong
había entrado en aquel lugar, pero por suerte aun recordaba bien donde se encontraba.

Tras unos minutos de recorrer aquellos pasillos, al fin llegó a su destino. Y agarrando su larga bata azul para
no arrastrarla, abrió la puerta de la cocina.

Inclinando la cabeza, mordió otro pedazo del pastel que aquella noche nadie había parecido querer. El suave
sabor a manzana, acompañado de la aun caliente masa horneada, hizo que sus ojos se cerraran

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momentáneamente. Después de una cena donde no había probado apenas bocado, aquello sabía realmente
bien.

Sacudiendo las pocas migas que había caído a la camisa de su pijama negro de seda, Yunho se limpió las
manos con la servilleta que momentos antes había cogido. La casa estaba completamente silenciosa y no
pudo evitar desear que por el día pasara lo mismo.

Aquel había sido, desde luego, un día extraño. Para empezar su primo había estado toda la mañana de un
extraño humor. Y cuando se había acercado a preguntarle, Changmin simplemente le había respondido que
iba a recuperar algo. Sin prestarle demasiada atención a aquello, Yunho observó como el moreno se perdía
por uno de los jardines de la casa con un humor inmejorable.

Aun no entendía por qué al volver por la noche, la expresión de Changmin era todo lo contrario. Pocas
veces había visto a su primo tan serio. Y si no se equivocaba, enfadado.

Por otra parte, su personal de seguridad le había informado que un hacker había entrado en el sistema de la
empresa, burlando toda la seguridad que había para ello y robando algunos documentos bastante importantes
de contabilidad. Aquello, a tan solo un mes del atentado, había abierto en Yunho nuevas sospechas. Pero
desgraciadamente, igual de sorpresiva había sido su entrada, como después fue su salida. Y el ladrón se había
marchado sin dejar rastro tras él.

Yunho se había pasado el resto del día de mal humor. No entendía como millones y millones gastados en
seguridad no habían sido capaces de parar a una sola persona. Y para cuando llegó la noche, su cabeza le dolía
tanto que necesitó de dos analgésicos para calmarse.

Pero por si fuera poco, aquello no había los únicos accidentes que habían ocurrido. Y es que, después de casi
dos semanas de abstinencia, Yunho al fin había encontrado hueco para dar rienda suelta al deseo contenido
con una despampanante modelo rubia. Que había aceptado más que gustosa la idea de un rápido revolcón
con él. ¿Pero qué había pasado entonces? Pues como no, tenía que llegar alguien más para estropearle del
todo el día.

Y no había sido cualquiera. Por una parte, el verse sorprendido por Jaejoong, una de las pocas personas que
no lo delataría, había sido un alivio Y sin embargo, había obtenido del chico más reacción de la esperada.
Aun no lograba quitarse de la mente como el usual carácter apacible y retraído del chico había desaparecido
por completo, para dar paso a una pequeña fiera.

Jaejoong le había gritado. Y no solo eso, se había atrevido a “regañarlo” en público. La sorpresa había sido
tal, que no había atinado a decir palabra alguna. Jaejoong se marchó de allí con un fuerte portazo, y
momentos después Ann, la modelo, se había marchado también alegando que no quería ser descubierta en
aquella situación. “Esto arruinará mi carrera” Fue todo lo que dijo para momentos después casi salir
corriendo. Y así, Yunho se había quedó horriblemente frustrado —de todas las formas imaginables—y de
nuevo con una terrible jaqueca.

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Aquella noche había llegado a la casa, furioso, dispuesto a decirle cuatro cosas a su querida novia. Sin
embargo Jaejoong le había evitado como si de una plaga se tratase. Sentándose con él únicamente cuando el
resto de la familia se hallaba a pocos pasos de ellos para cenar.

El sonido de la puerta abriéndose, hizo que saliera bruscamente de sus pensamientos. En un principio, pensó
que se trataba de algún miembro del baño, pero instantes después la inconfundible figura de Jaejoong entró
en la cocina.

—Vaya… ¿Pero a quien tenemos aquí…? —Dijo de forma irónica mientras se levantaba de la silla que había
ocupado. El rubio se giró hacía él sobresaltado, y Yunho sintió una perversa satisfacción al ver como los ojos
del muchacho, aun con la escasa luz del lugar, se llenaban de terror.

—¡Jung!

—¿Así que ahora soy Jung…? Pensaba que después de gritarme de esa forma habías cogido la confianza
suficiente como para volver a tutearme—Jaejoong retrocedió, intentando llegar a la puerta. Aquello no hizo
más que enfurecerle—¡No se te ocurra huir de nuevo Jaejoong!

Con una parsimonia alarmante, se acercó hasta la temblorosa figura del otro, y mirándole desde lo que toda
su altura le permitía, dejó asomar una fina sonrisa en sus labios. Sus afilados ojos sin embargo no dejaban
dudas sobre su estado de humor.

—¿Qué debería hacer contigo, Jaejoong? Mereces un castigo… —murmuró mientras miraba la figura del
chico de arriba abajo. La burla en su tono pareció herir al rubio, que bajando la vista hasta las baldosas del
suelo, simplemente se retorció las manos.

—Lo siento —murmuró Jaejoong, pero no era suficiente.

—¿En serio? ¿Y de verdad crees que eso importa? —Con brusquedad, sus dedos arrancaron la peluca rubia,
haciendo que Jaejoong soltara un quejido al desprenderse los pasadores que la mantenían sujeta. Sin darle
tiempo a decir algo más, agarró con fuerza sus negros cabellos, tirando hacía tras con fuerza. —Ya te dije
que no me hablaras así. Y no conforme con eso, te atreviste a gritarme.

—Su... Suéltame. Me haces daño—Jaejoong intentó desprenderse del agarre con sus propias manos, pero
solo consiguió que el moreno apretara aun más. Con los ojos cristalizados y mordiéndose el labio inferior,
dejó por fin toda resistencia de lado.

—¿Qué pasa Jaejoong? ¿Ya ha desaparecido tu valentía? ¿Por qué no me gritas ahora? —Al no obtener
respuesta alguna, simplemente siguió hablando—¿Sabes que por tu culpa no me he podido acostar con ella?
¿Y qué Jaejoong, vas a hacer tu algo al respecto?

Yunho frunció el ceño nada más salir esas palabras. ¿Por qué demonios acababa de insinuar aquello? Sin
embargo, Jaejoong se sacudió frenéticamente, intentando escapar. Viendo que si seguía agarrándole así,
terminaría por hacerle daño en serio, le soltó, esperando que el rubio saliera corriendo. Pero en lugar de
aquello, Jaejoong se plantó frente a él con los puños cerrados y expresión dolida.

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—Eres... eres…

—¿Qué? ¿Un hijo de puta?, ¿Un cabrón? —dijo mientras se acercaba de nuevo al otro. Jaejoong abrió los
ojos como platos mientras retrocedía un paso—Vamos Jaejoong, di lo que quieras decir. Después de todo sé
muy bien lo que piensas de mí. Tú y todo el mundo.

Jaejoong tragó saliva mientras le miraba sin pestañear si quiera. Empezando a perder la poca paciencia que
tenía, Yunho siguió avanzando, hasta dejarle acorralado contra una de las paredes de la cocina. Los claros
azulejos contrastaban de forma llamativa con el cabello negro de Jaejoong, quien abría y cerraba las manos
nerviosamente mientras que sus ojos buscaban la forma de escapar de allí. A Yunho aquello le hizo gracia.

—¿Asustado? —murmuró con una sonrisa. Jaejoong negó con la cabeza, pero el temblor que sacudía su
cuerpo era prueba suficiente para delatarle. —Pues deberías. ¿Sabes lo que hago yo con gente como tú? —
Jaejoong negó con la cabeza y la sonrisa de Yunho se hizo aun mayor—Y créeme, no te gustaría saberlo.

La boca de Jaejoong se abrió como si fuese a decir algo, pero por sus carnosos labios no salió palabra alguna.
Yunho, mirando fijamente aquella boca, de pronto recordó la sospecha que le había golpeado cuando se
había quedado solo en aquel salón de modelaje. Una vez la modelo y Jaejoong se habían ido.

—¿Por qué gritaste, Jaejoong? —Preguntó en lo que fue un sensual susurro. Si sus sospechas se veían
confirmadas, aquello sería realmente grandioso. Las cosas se iban a poner francamente divertidas. —¿Te
molestaba algo acaso?

—No se dé que hablas…—Las pequeñas manos se levantaron como si quisiera empujarle, pero pareció
arrepentirse en el último momento y las bajó, incapaz de tocar el pecho de Yunho.

—Yo creo que sí. ¿Estabas acaso celoso? —Yunho tuvo que contener una cruel sonrisa al ver cómo
reaccionaba el chico. Sus mejillas se habían vuelto de un fuerte tono carmesí, mientras que sus ojos se habían
agrandado por la sorpresa. Se había quedado literalmente paralizado.

—¡No digas tonterías! —Exclamó una vez pudo recuperarse.

—¿Tonterías? No soy tonto, Jaejoong, ¿Enserio pensaste que podías ocultarlo? Eres como un libro abierto.

Jaejoong negó con la cabeza, pero entonces todo movimiento cesó. Con autentico pánico, sus manos se
crisparon mientras todo pensamiento coherente huía de su mente. Yunho acababa de lamerle el cuello. Su
lengua, que en aquellos momentos le pareció realmente caliente, le recorrió desde la base del cuello hasta la
mandíbula. Y lo único que fue capaz de hacer fue boquear como si de un pez se tratase.

El muy maldito se estaba riendo de él. Y se encontraba tan paralizado que era incapaz de hacer nada por
evítalo.

—¿Te pone esto cachondo acaso? —Escucho la voz de su jefe. Yunho levantó su cabeza y aquellos fríos ojos
se clavaron en los suyos. Un estremecimiento, que no supo decidir si era de miedo u otra cosa, le recorrió
por entero.

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Negando con la cabeza, decidió que tenía que salir de allí como fuera, y levantando de nuevo sus manos las
colocó en el firme pecho del moreno, empujándole con fuerza para lograr salir del cerco que formaban sus
brazos. Sin embargo fue como intentar mover una gran piedra. Probablemente hubiese tenido más éxito
intentando mover una pared.

—No tiene gracia… Suéltame —murmuró sintiéndose realmente miserable.

—¿Por qué? ¿Es que acaso no te gusta? —Tuvo que ahogar una exclamación cuando la mano de Yunho se
posó sobre toda su ropa en su entrepierna. Sin poder evitarlo, una especie de descarga eléctrica le recorrió
desde el ombligo a su pelvis, haciéndole estremecer levemente. —Te estoy haciendo un favor.
Seguramente, con ese carácter, jamás te han tocado así.

Jaejoong se quedó rígido de pronto. Toda expresión desapareció de su rostro. Y sin embargo algo debió de
dejarse entrever en sus ojos, ya que Yunho se puso también serio.

—Así que al final resulta que sí eres gay.

—No. No lo soy —dijo con los dientes apretados.

—Sí claro…—Yunho se separó de él, rompiendo todo contacto. Y Jaejoong se horrorizó cuando el único
pensamiento que acudió a su mente fue que deseaba que volviera a acercarse. “Contrólate” Se dijo a si mismo
mientras apretaba fuertemente las manos en sendos puños. Últimamente se encontraba demasiado sensible.
No había otra explicación para lo que le estaba sucediendo. —Lárgate a tu cuarto, no podemos arriesgarnos
a que alguien te vea así.

Llevándose una mano al pelo, se dio cuenta de que se había olvidado por completo de su peluca. Sin
recordarle al magnate que había sido él quien había arrancado la peluca de su sitió, se agachó para cogerla, y
con movimientos torpes se la puso como pudo. Cuando terminó de recoger los pasadores que se habían
esparcido por el suelo, se levantó buscando con la vista la figura del moreno. Pero este ya había salido de la
cocina. Jaejoong solo pudo suspirar de alivio.

Aquella noche Jaejoong apenas pudo dormir, y no sería hasta la mañana siguiente cuando las cosas empezaran
a complicarse. Todo empezó cuando a las diez menos cuarto, llegó el correo. Jaejoong no pudo
sorprenderse más, cuando una de las criadas uniformadas con un elegante traje azul marino, le llevó una
carta.

Sin comprender que pasaba, Jaejoong agarró el sobre blanco que le tendía la amable chica para después
disponerse a abrirlo. No había remitente, solo una pequeña hoja con algunas palabras escritas. Jaejoong
deseó morir.

“Así que por fin mis palabras se hacen realidad. Eres toda una princesa Jaejoong, igual que en los cuadros”

No hizo falta más. La imagen de Hyunjoong le vino a la mente como si en vez de verlo por última vez hace
años, hubiese sido el día anterior. Angustiado y sintiéndose acorralado, leyó de nuevo la pequeña nota, como
intentando descubrir allí alguna cruel broma. Pero no, las palabras seguían tan claras como en un principio.

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Si aquello no era mala suerte, no podía adivinar a que venía aquella avalancha de catástrofes. Primero le
obligan a disfrazarse de mujer, después a mudarse a un nido de cuervos, más tarde le humillan como jamás lo
habían hecho nunca en una cocina y a las tantas de la madrugada, y por último aquello. Aquella maldita carta
que nada bueno presagiaba.

Hacía más de año y medio que no tenía contacto alguno con Hyunjoong. Después de las llamadas constantes
y acosadoras por parte del hombre, Jaejoong se había mudado, cambiando también de teléfono. Sin embargo
Hyunjoong le había vuelto a encontrar. Debió suponerlo desde un principio. Una obsesión por su cuerpo
como la que tenía aquel hombre no le escondería ante sus ojos ni vestido de mujer. Guardando la nota en el
interior del bolsillo de su chaqueta beige, Jaejoong suspiró nerviosamente. Sus manos temblaban cuando
tomó la taza de chocolate caliente que estaba desayunando.

—Buenos días, Jae—Saludó alegremente Junsu, sentándose junto a él. Jaejoong simplemente asintió con la
cabeza, demasiado metido aun en sus propios pensamientos. Junsu le miró intensamente por unos segundos,
antes de servirse su propio desayuno, sin esperar como siempre que apareciera la sirvienta encargada de
aquella labor.

—Gracias —murmuró el pelirrojo por lo bajo, atrayendo por fin la atención de Jaejoong. No sabía a qué se
refería, y aquello debía de transmitirse en su expresión, ya que Junsu dijo:—Todos se mueren por saber por
qué me fui. Y aunque tú eres la que más podría haberme interrogado sobre ello, no dijiste una palabra.

—Tranquilo, no creo que deba meterme en tus asuntos. Además, lo que quieras contarme, ya lo harás
cuando sea necesario.

Junsu abrió sus expresivos ojos, completamente sorprendido por aquellas palabras. Sin embargo el rostro
tenso de Jaejoong debió ponerle sobre alerta.

—¿Sucede algo?

—¿Por... Porque lo preguntas?

—No sé, te veo distraída. No tienes buena cara. —Jaejoong sonrió, asegurándole que no sucedía nada. Y sin
embargo supo que no había logrado engañarle. Mentía demasiado mal.

Como si de un milagro se tratase, se salvó de decir nada más cuando por la inmensa puerta acristalada del
gran salón aparecieron Sungmo y Moonbin. Ambos iban vestidos con unos graciosos trajes de un tono verde
oscuro que les daba cierto toque de elegancia. Solo llevaban allí una semana y ya tenían el sello Jung encima.

—¿Podemos tomar chocolate? —Preguntó un excitado Moonbin mientras se sentaba en las sillas que
quedaban frente a las de Junsu y Jaejoong. El rubio asintió regalándole una bonita sonrisa y por un momento
la mirada escrutadora de Sungmo hizo que un nudo de incertidumbre se instalara en su estómago. Después
de haber dormido con él, aun con su disfraz, Jaejoong había temido que durante la noche el niño hubiese
descubierto su secreto.

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Pero para su alivio Sungmo no dijo nada sobre ello. De pronto ambos chicos empezaron a contar a los
adultos los planes que tenían. Casi soltó una carcajada al percatarse de que la mayoría de aquel “horario”
correspondía a alguno de los juegos de la sala de Kyuhyun. Sin embargo, aquello no duró mucho, ya que la
figura de Changmin apareció de pronto en el lugar.

Junsu, que estaba lo bastante cerca de él como para notar cualquier cambio en él, se tensó inmediatamente.
Y cuando le miró pudo comprobar que Junsu estaba mirando hacía todos los lados menos a su marido.

—Nada de eso, enanos. Ahora mismo nos vamos a su nueva escuela. Los he inscrito en una de las mejores
escuelas del país.

—¿Qué? —Era obvio que los muchachos no estaban muy conforme con aquello. La confianza que solo
podían coger los niños con unos días nunca fue más palpable que en aquel momento. Moonbin se levantó de
su sitio para correr hasta donde estaba Changmin, y cogiéndole por la tela de los pantalones le miró con los
ojos brillantes y llenos de esperanza—¿No podemos empezar otro día? ¡Queríamos pasar el día con
Kyuhyun!

—Ni hablar enano—Changmin se agachó hasta quedar a la altura de Moonbin, y sin sucumbir ante los
pucheros del niño le plantó la mano en su pelo con poco tacto mientras que le enseñaba las dos pequeñas
mochilas que llevaba en la otra mano. —Kyuhyun ya les ha consentido demasiado, hoy irán al colegio.

Sungmo no dijo una palabra, aunque su rostro mostró algo de consternación. Aquello a Jaejoong le pareció
sumamente divertido en un niño de apenas 9 años. Moonbin por su parte abrió la boca para protestar, pero
entonces Changmin lo levantó en vilo para después encaminarse hasta la mesa y sentarlo en la silla que antes
había estado ocupando. El niño chillo alegremente mientras pataleaba.

—Termina tu desayuno Moonbin. —Changmin se sentó junto al niño sin mirar en ningún momento a su
esposo. Jaejoong estuvo a punto de saludarlo, pero antes de abrir la boca los ojos de su “cuñado se posaron
en él”. —Muy buenos días, señorita.

Sin saber si se estaba o no burlando de él, Jaejoong le respondió con un seco “hola”, para después ver como
Changmin se giraba hacía Junsu.

—Para ti también, esposo. ¿Has dormido bien?

—Perfectamente. ¿Y tú?

Changmin ladeó la cabeza mientras una de sus cejas se arqueaba. Aquel gesto le recordó tanto a su jefe que
tuvo que contenerse para no soltar una carcajada. Changmin alargó una mano para coger una de las tostadas
que había en el plato y entonces una de las sirvientas apareció a su lado con una taza humeante de café.
Changmin ni la miró mientras colocaba su desayuno frente a él y Jaejoong se imaginó que ya debía estar más
que acostumbrado a aquello.

—Mejor que nunca. ¿A qué hora tienes tu clase de historia?

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—A las doce y veinte.

—Espérame aquí. Después de llevarlos pasaré a recogerte para acercarte a tu instituto.

Jaejoong notó como Junsu cerraba sus manos en puños y los apretaba en su regazo, lejos de la aguda vista de
Changmin.

—No hace falta, puedo ir perfectamente.

—¿Tienes un examen verdad? Así te quedará más tiempo para preparártelo.

—Cómo quieras—Junsu miró a su esposo con frialdad mientras que un embarazoso silencio se extendía por
todo el comedor. Hasta los dos niños parecieron entender que era mejor callarse en aquel momento. Y
como si de una señal se tratase, entraron en el comedor los dos hombres que faltaban para completar aquel
circo.

Jaejoong quiso que la tierra se lo tragase cuando por la misma puerta por donde habían entrado los demás,
hicieron su aparición Yunho y Kyuhyun. El moreno llevaba la misma expresión inescrutable de siempre,
mientras que Kyuhyun, con su típica sonrisa se acercó hasta donde Junsu y él se encontraban para saludarlos
con un sonoro beso en la mejilla de cada uno.

—¿Y cómo están mis parientes favoritos? —Exclamó mientras ocupaba el asiento contiguo al de Junsu.
Yunho se sentó junto a Jaejoong sin saludar a nadie. Jaejoong no pudo mirarle. —¿Me han dejado algo para
comer, verdad?

La sirvienta de antes volvió a aparecer, aquella vez con una gran bandeja de lo que parecía ser plata, y sirvió
sus desayunos a Yunho y Kyuhyun. Este último se inclinó sobre Junsu para murmurar por lo bajo:

—¿Estamos un poquito tensos hoy, verdad?

Junsu, sorpresivamente, soltó una carcajada, pero a Jaejoong la carta que aun guardaba en el bolsillo le hizo
que, en un gesto instintivo, se llevara una mano al lugar donde la había guardado.

—No sé por qué, pero no termino de imaginarte a ti tenso…—Junsu sonrió a Kyuhyun, y este mostró un
gesto dramáticamente exagerado de dolor.

—¡Que cruel eres diciendo eso, cuñado!

La conversación a partir de entonces pasó algo más amena. Jaejoong solo escuchó conversar principalmente a
Junsu y a Kyuhyun mientras casi daba la espalda a su jefe. No se sentía con fuerza para mirar aquellos fríos
ojos, que seguramente le mirarían con burla y cinismo.

Cuando los dos niños terminaron, Changmin llamó a uno de los criados para que les acompañara a lavarse las
manos y las caras. Una vez desaparecieron del comedor, el silencio volvió a reinar, por lo menos hasta que
un joven repartidor, vestido con un mono llamativamente amarillo y una horrible gorra verde caqui se
presentó en el lugar con una gran caja.

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Jaejoong se quedó confuso mirando aquello. Debía medir algo más de un metro de alto y casi lo mismo de
ancho. Sin embargo era fino.

—¿Kim Jaena? —Preguntó mirando a todos los presentes alternativamente. Jaejoong, quien no entendía lo
que sucedía, se puso en pie.

—Soy yo.

—¿Puede firmarme aquí? Esto es para usted.

—Debe haber algún error, este no es mi domicilio….

El joven sin embargo solo negó con la cabeza, mientras se acercaba hacía Jaejoong. Por el rabillo del ojo vio
como Changmin se levantaba de su sitio, y curioso se acercaba hasta la caja. No fue hasta que el moreno puso
sus manos en ella cuando Jaejoong se acordó de la carta recibida, y una horrible sospecha hizo que un grito
escapara de sus labios.

En una sola zancada se acercó hasta Changmin, arrebatándole la caja bruscamente mientras su respiración se
agitaba cada vez más. El moreno, claramente sorprendido por la reacción, dio dos pasos atrás.

—Perdón... como dijiste que era un error…

—Yo tengo… tengo que irme a trabajar y…—Empezó diciendo mientras firmaba con manos temblorosas
el papel entregado por el repartidor. Podía sentir las miradas de todos, desde incrédulas hasta inquisidoras,
pero en aquel momento poco le importaron.

Y cogiendo como pudo la gran caja, emprendió el camino hasta llegar al cuarto que compartía con Yunho.
Su pulso acelerado y las irrefrenables ganas de pararse allí y abrir la caja le estaban desesperando, pero el
miedo a que alguien pudiera verle hizo que sus pasos fueran más rápidos, y que nada más traspasar el umbral
del cuarto, cerrara tras de sí con un portazo.

Dejando la caja apoyada en el borde de la cama, la miró como si de un fantasma se tratara. Las manos le
transpiraban y el solo pensar en abrir aquella caja y encontrarse con lo que tanto temía le hacía flaquear. Con
vacilación, se acercó hasta la cama, y reuniendo coraje tomó la parte de arriba de la caja. Sus nerviosas
manos tardaron más de lo normal en quitar el celofán que tan celosamente guardaba el contenido.

Cuando al fin puedo abrir la parte de arriba, separó el cartón un poco para asomarse y mirar lo que allí
había. Su corazón dio un salto y su alma se calló a sus pies.

—No… ¡No! —gritó fuera de sí. Con fuerza cerró la caja de nuevo, tirándola sin ningún cuidado sobre la
cama—Ese hijo de puta… ¿Qué demonios voy a hacer con esto? Si lo ven… Si lo llegan a ver…

Ellos no lo entenderían. Yunho no lo entendería. ¿Cómo iba a entenderlo cuando su imagen de él era la de
alguien tímido y retraído?

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Agarrándose la cabeza con ambas manos, se sentó en la cama, mirando furiosamente aquello que le había
puesto en aquellas condiciones. Si por lo menos lo hubiese recibido estando solo, lo hubiese quemado sin
más. Pero no, todos lo habían visto.

El deseo de destrozarlo casi ganó la partida. ¿Pero cómo hacer para deshacerse de el? Una mano se posó
sobre la caja y sin poder evitarlo una irónica sonrisa adornó su rostro. Era como una broma. Lo único de lo
que se arrepentía en su vida, y tenía que venir a él en aquel momento. Justo cuando las cosas más
complicadas estaban.

Pero nada pasaría. Se desharía de la caja y si Hyunjoong volvía a ponerse en contacto, simplemente buscaría
la manera de convencerle para que le dejase en paz. Cuando se marchó, bien dijo que era para siempre.
Aborrecía a Hyunjoong, lo aborrecía como pocas veces había aborrecido a nadie.

Levantándose, sabiendo que debía irse a trabajar y que antes debía esconder la caja, se dirigió al gran armario
para coger su chaqueta. Si era necesario pediría a Kyuhyun su coche para llevarlo hasta su casa. Allí estaría a
salvo de miradas indiscretas.

Sintiéndose mejor después de haberse quitado aquel peso de encima, cargó con la caja, cogiendo también el
pequeño bolso donde guardaba sus llaves, su dinero y poco más, y sin embargo, momentos antes de llegar a
la puerta, esta se abrió, dejando pasó a Yunho.

—¿Ya te vas? —Preguntó el moreno con voz modulada. Jaejoong, esperanzado, asintió mientras esperaba
que se apartara para poder salir. Pero Yunho no lo hizo.

—¿Vas a llevarte eso al trabajo? —Cerrando la puerta, se apoyó en ella cruzando los brazos en su pecho
mientras le miraba tranquilamente.

—Voy a llevarlo a mi casa. Le pediré a Kyuhyun las llaves de su coche para poder trasladarlo.

Yunho frunció el ceño, y por primera vez en aquel día Jaejoong notó que estaba disgustado. Y por la mirada
del moreno, que no se despegaba de él y la maldita caja, podía imaginar perfectamente que era lo que le
tenía en aquel estado.

—Esto… ¿Me dejas pasar?

—¿Qué es eso, Jaejoong? —Preguntó sin rodeos. Jaejoong simplemente negó con la cabeza.

—Nada importante.

—No parecía algo sin importancia allí abajo Casi matas a mi primo por tocarlo.

—Yunho, por favor—Susurró desesperado.

Pero como era de esperar, Yunho no le hizo ningún caso. Y separándose de la puerta se acercó hasta
Jaejoong.

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—Veamos... ¿Qué puede tener a la ratita así de exaltado? ¿Qué podría ser, que es capaz de hacerte temblar
fuera de control?

Jaejoong retrocedió. Pero era imposible escapar de Yunho. Sobretodo llevando aquella carga encima. En
menos de cinco segundos el magnate había llegado hasta él, y Jaejoong ahogo una maldición cuando le quitó
la caja de las manos sin ningún esfuerzo aparente.

—Haber que tenemos aquí… —dijo mientras depositaba el cartón en el suelo para abrirlo. Sin embargo,
antes de lograrlo Jaejoong, en un acto desesperado, se le tiró encima. Ambos cayeron al suelo
estrepitosamente, junto a la caja. —¡Se puede saber qué demonios te propones? Acaso te volviste loco…

Pero Yunho se calló de golpe. Jaejoong estaba sentado sobre sus caderas con una expresión de pánico. Sus
manos agarraban desesperadamente las solapas de su chaqueta mientras las sacudía con los violentos
temblores que le daban. Yunho no supo qué hacer.

—¡Por favor, no lo hagas! —Exclamó lastimeramente—¡Es demasiado vergonzoso! Por favor, nunca más te
volveré a pedir algo…

Yunho agarró sus brazos para sacárselo de encima. Pero Jaejoong estaba fuertemente sujeto.

—Por favor… Por favor—Seguía repitiendo una y otra vez, como si de alguna letanía se tratase. Yunho
empezó a temer que se hubiese vuelto loco. Quizás le había dado algún ataque de pánico. Cuando los
temblores de Jaejoong empezaron a hacerse más fuertes, Yunho dejó de lado el cuadro para intentar
incorporarse. Quedando sentado y con el rubio aun en su regazo.

—Jaejoong… Jaejoong escucha. ¡Jaejoong! —Acompañando al último grito, Yunho le asestó una cachetada.
No fue dolorosa, pero ayudó a Jaejoong a volver a la realidad. Sintiendo como su cuerpo se relajaba un poco,
aflojó el agarre de la chaqueta. —Está bien, no lo abriré. Pero ya tranquilízate…

Jaejoong asintió, mientras que con un brazo se restregaba la cara. No sabía bien que le había sucedido, pero
se encontraba agotado. Tanto física como mentalmente. Demasiada tensión acumulada por algún lado debía
de echarla.

—Y ahora... ¿Podrías quitarte de encima? No es precisamente agradable estar tirado en el suelo —dijo
Yunho. Y Jaejoong casi saltó de su regazo al percatarse de la situación en la que se encontraban. Con las
mejillas sonrojadas y aun la respiración irregular, tomó la caja que le fue entregada por el moreno. —No
hace falta que le pidas nada a Kyuhyun. Yo también tengo que ir a la empresa, así que te llevaré a tu casa.
Está de camino al trabajo.

Ante aquello, Jaejoong no protestó. En realidad pasaría algo de tiempo hasta que volviera a replicar al
moreno. Además, la idea de volver a pasar lo mismo, pero aquella vez con Kyuhyun era algo que en aquel
instante no podía soportar. Ya había tenido suficiente.

—Gracias —murmuró.

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—Ya te he dicho que está de camino.

—No. Por eso no. Gracias por no abrirla.

—Mira, tengo bastantes problemas ya como para implicarme también en los tuyos. Es cosa tuya que quieras
o no mostrarlo. A mí no me importa.

Pero Jaejoong sabía que mentía. Al menos la curiosidad debía ser bastante como para haberle hecho mirar
dentro de la caja. Si Yunho lo hubiese hecho, nunca más podría haberle mirado a los ojos. —Vamos—Fue
cuanto dijo Yunho, antes de abrir la puerta y salir. No le ayudó a cargar la caja, y Jaejoong en gran medida se
sintió aliviado por ello. Bajaron por las escaleras traseras de la casa, sin encontrarse con nadie de la familia.

Una vez llegaron al garaje, Yunho abrió la puerta trasera de su flamante coche, para que Jaejoong colocara
allí la caja. Después el rubio se dirigió al asiento del copiloto, esperando que Yunho arrancara y salir de allí
de una vez.

La ciudad pasaba a una velocidad vertiginosa al otro lado de la fina ventanilla, y Jaejoong maldijo la loca
conducción de Yunho. Las curvas las tomaba como si fueran meros deslizamientos en bici. Jaejoong se juró
que antes de volver a subirse con su jefe redactaría su testamento.

Cuando al fin llegaron a la puerta del edificio de apartamentos de Jaejoong, este suspiró aliviado. El viaje,
además de silencioso e incomodo, había sido una verdadera tortura para sus sentidos.

—No tardes en llegar, o Heechul se encargará de hacerte trabajar horas extra.

Jaejoong asintió, y con un murmullo se despidió de su jefe. Dirigiéndose a la parte de atrás, tomó la caja,
para momentos después perderse por el ascensor de su portal. Cuando cerró la puerta de su departamento
tras él, ni siquiera se molestó en sacar el contenido de la caja. Contra menos lo viera, mejor.

El día pasó de forma bastante amena. Jaejoong no se encontró en ningún momento con su jefe, y
afortunadamente en las semanas que siguieron, el trabajo era tan abundante que penas tenía tiempo para
estar en la mansión Jung. Fue todo un alivio el poder evitar a toda la familia.

Jaejoong solo se esforzaba todos los días en ver a los tres niños, que cada vez parecían más y más adaptados a
aquel tipo de vida, y a su dos únicos amigos, Junsu y Changmin. También agradeció e que su jefe
prácticamente no le prestase atención. Una vez tranquilizad después del asunto de Hyunjoong, la memoria
no hacía más que pasarle malas pasadas, donde el recuerdo de la noche en aquella cocina, cuando el moreno
le había tocado de aquella humillante forma, le hundían cada vez más en la desesperación.

Pero el no ver a Yunho ayudaba a sobrellevarlo. Era como si el ajetreo por el desfile hubiese absorbido toda
su atención, y es que a escasos días del espectacular evento, Jaejoong veía aquellos con los ojos de quien por
primera vez, pisa el paraíso. La preparación de la ropa, de los modelos. La puesta a punto de todo el
escenario y un sin fin de preparativos en los que él, como “ayudante” de uno de los principales diseñadores
del evento, se vio envuelto.

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Hubo momentos en los que realmente creyó desfallecer por el cansancio. Pero con solo pensar en lo que
estaba haciendo, sus fuerzas volvían con un empuje renovado. Lo peor de todo fue la prensa. Jaejoong nunca
había tenido que lidiar con aquella masa de periodistas ansiosos por conseguir portada en su revista. Pero con
la paciente ayuda de Heechul logró mantenerse firme ante las decenas de preguntas que les hacían a diario.
Todo debía mantenerse en el más extinto silencio hasta la hora de los desfiles. El espionaje industrial era algo
a temer en aquel negocio.

Por mucho que le costase creerlo, además, había conseguido abrirse a otras personas. En el transcurso de los
preparativos, era necesaria la colaboración entre muchas personas, y Jaejoong se había visto n la obligación
de hablar con un sin fin de personas. Maquilladores, estilistas, iluminadores y no recordaba cuantos más.

Pero el hecho era que con algo de esfuerzo, había logrado hablar con tranquilidad con aquellas personas.
Quizás no entablar una amistad como la que podía tener con Junsu o Kyuhyun, pero al menos no se quedaba
separado del resto de la gente por no poder hablar con ellos. Y aquello no sabía a quién debía agradecérselo.

El día anterior al desfile, todos se encontraban nerviosos en la empresa. No solo se trataba del departamento
de moda, toda la empresa en general tenía algo que ver en aquel frenesí de actividades Y cuando Jaejoong
aquel día pudo llegar a casa, pasaban de las dos de la madrugada.

Mientras tanto, para cierto pelirrojo las cosas no habían ido tan bien en las últimas semanas. El único
consuelo que parecía tener en aquella casa eran los tres pequeños que acaparaban buena parte de su tiempo.

Junsu no sabía exactamente que le molestaba más, si el que Changmin estuviese tan frío con él, o que ni se
molestase en mirarlo. Habían pasado de ser dos personas coléricas, que se pasaban el día peleando, a dos
completos desconocidos, que aun durmiendo en la misma cama, mantenían una distancia el uno del otro
abismal.

Junsu se había planteado el disculparse con Changmin por sus palabras dichas en su propia casa. Sabía que se
había sobrepasado con su esposo. Pero Changmin no ponía nada por su parte. Si Junsu entraba en una
habitación, Changmin no tardaba más de cinco minutos en abandonarla, y si resultaba que era necesario
cruzar algunas palabras, siempre se aseguraba de que hubiese alguien más acompañándoles y de mostrarse lo
más distante posible.

Y aquello, francamente, frustraba a Junsu. No entendía como alguien con el carácter de Changmin podía
comportarse así durante tanto tiempo. Parecía inmune a sus comentarios burlones y sarcásticos, y aquello
era algo que Junsu no terminaba por comprender. Changmin siempre había sido impulsivo, y nunca se había
podido tragar sus pensamientos durante demasiado tiempo. ¿Tanto se había equivocado al juzgarlo?

Pero Junsu sabía que aquello no era cierto. No le había juzgado mal, y es que aun cuando con él se
comportase de aquella manera, con todos los demás seguía siendo el mismo de siempre. Y Junsu comenzaba
a añorarlo de forma alarmante.

Todo aquello era nuevo para Junsu. El nunca pensó que podría llegar a extrañar a alguien como Changmin, y
mucho menos verse en la situación en la que le dejaba el moreno cada noche, al salir de la casa y no regresar

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hasta casi el amanecer apestando a alcohol y perfume de mujer. Tras la tercera noche de insomnio, no le
había quedado otra que reconocer que estaba celoso. No soportaba imaginarse a Changmin acostándose con
todas aquellas mujeres despampanantes que debía conocer gracias a su trabajo. Pero aquello nunca lo
reconocería, y menos delante de Changmin.

De cualquier forma, ¿Si tanto le gustaban las mujeres, por qué se casó con él? Podría haber buscado una
chica rica con la que además de disfrutar en la cama, también lo haría fuera de ella. Todos aquellos
pensamientos estaban terminando con la paciencia de Junsu a un ritmo alarmante y no pensaba soportar
aquella situación mucho más.

Si Changmin tanto se había empeñado en hacerle volver a su casa, lo menos que podía hacer era prestarle
algo de atención… Pero había que reconocer que el moreno se había portado. Mantuvo su promesa y a los
niños nunca les faltó nada.

Al día siguiente Changmin trabajaría como modelo para la pasarela de primavera. Trabajando para su primo,
Changmin tenía todas las ventajas que quisiera allí. Y Junsu, como su esposo, pensaba ir a verle junto a los
niños, tanto si Changmin quería como si no. Y entonces debería pasar algo de tiempo con ellos, aunque solo
fuera para aparentar. Era la oportunidad perfecta para hacerse escuchar por Changmin.

—Maldito desgraciado. ¿Cuántos más tienes, Hyunjoong? —Sentado en uno de sus viejos sillones, que
adornaban pobremente el comedor de su departamento, Jaejoong miraba con odio lo que le había mandado
Hyunjoong, y que hasta aquel día no se había atrevido a deshacerse de él. —Ya te he mirado suficiente.

Con decisión, se acercó hasta el gran cuadro que tenía delante. Una vez estuvo agachado, empezó a cortar el
lienzo con un afilado cuchillo para luego arrancarlo del marco. Con una mirada de asco, se dirigió a la estufa
de lumbre que tenía allí, y sin vacilar, arrojó el lienzo al fuego.

Jaejoong no apartó la vista hasta que el fuego terminó por consumir todo. Viendo como lentamente, su
propia imagen se borraba de aquella pintura. Viendo como su cuerpo desnudo se consumía entre las llamas.

Fue alivio lo que sintió cuando todo acabo, pensando que sus problemas acababan de quemarse en aquella
estufa. Pero no sabía cómo se equivocaba y no sería hasta unos días después que descubriría el error que
había sido creer que estaba a salvo de Hyunjoong. Las centelleantes luces del decorado, daban al lugar un
aspecto moderno y amplio. Con más de tres mil metros cuadrados para ver moda, música, conocer
celebridades, o simplemente pasear para hacer tiempo, el lugar elegido para el que sería el evento más
importante de moda en toda la primavera era una autentica maravilla.

Las horas que todos los participantes del evento habían dedicado a la preparación del mismo, eran visibles en
cada rincón y detalle del lugar. Desde las largas y concurridas pasarelas, donde los mejores diseñadores
mostrarían sus trabajos, hasta gran escenario donde varios grupos de música famosos irían a entretener al
público en los descansos de los desfiles. Además, el lugar también contaba con un inmenso comedor,
decorado con grandes mesas de color blanco y alguna que otra hilera de plantas para que la gente, a la hora
de llenar su estómago, no tuviese que ir a algún restaurante y perderse parte del evento.

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Eran las diez de la mañana, y ya se notaban perfectamente los frenéticos y desesperados actos por revisar que
todo estuviese en perfecto estado. No faltaban, claro está, los fallos de última hora y que a más de uno le
habían producido un quebradero de cabeza. Pero por lo general todo estaba tan minuciosamente planeado
que poco había que hacer.

En una de las pasarelas, la cual estaba rodeada por casi un centenar de asientos, todos ellos ocupados, un
presentador vestido de etiqueta y con una figura alta y espigada daba inicio a los desfiles. Sus manos
gesticulaban casi graciosamente mientras les explicaba a los espectadores lo que sería un horario de las
próximas horas.

Y mientras, casi en la otra esquina del recinto, los numerosos grupos de música se preparaban afinando sus
instrumentos y viendo que todos los cables estuviesen en su sitio. La primera actuación empezaría en menos
de un cuarto de hora. Cogiendo la pequeña botella de agua mineral que había comprado en una de aquellas
maquinas expendedoras colocadas en el recibidor del lugar, Changmin suspiró hondamente mientras entraba
en la gran sala donde se daría inicio al primer desfile, por suerte su primer desfile sería después de comer, así
que aún tenía tiempo para algún que otro escaqueo.

Llevándose la botella a la boca, dejó que su sed se saciara mientras sus ojos repasaban burlones el casi
centenar de personas agrupado allí. Era patético ver como cada una de aquellas personas intentaba mostrar
su poder económico a base de exhibir costosas joyas y deslumbrantes trajes. Un evento de aquella magnitud
era el lugar perfecto para que todo el mundo intentara imponer su estatus sobre los demás, mirando a la
gente por encima del hombro como si en cualquier momento fuesen a decir “Mírame y deslúmbrate, porque
de aquí, soy la persona más asquerosamente rica”

A Changmin aquello le parecía absurdo. ¿Por qué demonios todos tenían que ser tan falsos? Y sin embargo él
mismo a veces se había visto envuelto en aquel ambiente superficial. Aún recordaba la primera velada en
sociedad que tuvo. Su abuelo lo había exhibido como si de un trofeo se tratase, y él, atraído por ser el centro
de atención, se había comportado como un pavo real, estirándose orgullosamente mientras exageraba algún
que otro logro académico o deportivo.

Aquello fue una de las peores cosas que había hecho nunca. En aquellos tiempos su altanería era casi
palpable, y aunque con el tiempo, aún seguía siendo un pendejo engreído, como tantas veces le habían
llamado, podía respirar tranquilo al saberse a salvo de las ostentosas influencias de la clase alta de la sociedad.

Pasando sus dedos entre sus cabellos lisos y suaves, retrocedió para perderse de la vista de los invitados,
evitando así cualquier conversación con ellos. No estaba de humor para soportar sus aburridos comentarios
sobre temas tan banales como podían ser el tiempo o el vestido que alguna desafortunada mujer había
elegido con desatino aquel día.

Sus pasos pronto le llevaron hasta el salón donde se mostraban algunos antiguos modelos de trajes que algún
famoso diseñador habría hecho en su tiempo. A aquella hora estaba prácticamente vacía, y aquello le alivió
en gran medida. Tirando la botella, ahora vacía, en una de las papeleras del salón, se dirigió hasta uno de los

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escaparates, donde se mostraba un bonito vestido de un blanco perla que parecía brillar bajo los focos que le
iluminaban.

Sus ojos, sin embargo, parecían no mostrar ninguna atención a aquella obra de arte, entrecerrándose
mientras Changmin se perdía en sus propios pensamientos. Llevaba semanas con un estrés que era superior a
él, y todo por culpa de ese estúpido pelirrojo. ¿Por qué demonios debía importarle tanto lo que dijera o
dejara de decir? Pero la cuestión era, que con una sola frase había logrado infringirle más daño que cualquier
otra persona con dos horas de insultos. Y es que le había comparado con su abuelo.

Quizás si Junsu no hubiese sabido de las circunstancias que le habían llevado obligado a depender de su
abuelo, el insulto no habría sido, en sí, tan hiriente. Pero sabiendo el chantaje emocional que le hacía el
viejo, aprovechándose de la situación de su padre, el mencionar siquiera cierto parecido entre ellos que no
sea meramente físico estaba fuera de lugar. Está bien que fuera egoísta en ocasiones, que se comportara
como un niño mimado y engreído, incluso aceptara el hecho de que podía llegar a ponerse insoportable de
no conseguir lo que desea, pero nunca podría llegar a ese grado de crueldad que su abuelo superaba con
creces.

Sentándose en uno de los bancos de piedra blancos, dejó que su espalda se apoyara en el duro respaldo
mientras cerraba los ojos por unos momentos. La imagen de un Junsu dolido por su reciente
comportamiento no podía apartarse de su mente. Y es que en las últimas semanas se la había pasado
ignorándole. Le evitaba como si de la peste se tratase y únicamente de ser absolutamente necesario, se
dignaba a hablar con él. ¿Pero qué quería? Estaba realmente dolido con su esposo, y aún no tenía intenciones
de perdonarlo.

Así se metiera desnudo en la cama con el único propósito de hacerle caer en la tentación.

Changmin no pudo evitar la sonrisa que apareció en sus labios al recordar la vez que Junsu había dormido en
calzoncillos. Estaba seguro de que no había tenido intención alguna de provocarle, y es que la temperatura
aquella noche rallaba lo asfixiante. Pero tenerle allí, a tan solo medio metro de él, y con toda aquella piel
suave y fresca al desnudo, había hecho que sus hormonas escapasen por completo de su control. A partir de
aquel día Changmin no durmió casi en la casa.

Subiendo uno de sus pies al banco, se agarró la rodilla mientras recargaba su cabeza en la pierna flexionada.
Con otro suspiro de frustración borró su sonrisa. Había descuidado demasiado durante las últimas semanas
su vida laboral, entrándose en aquellos tres adorables niños, que ya con tan poco tiempo se habían ganado su
cariño, y con sus escapadas a media noche con algún que otro amante de turno. Con alguien tenía que aflojar
su tensión sexual, que últimamente se acumulaba de forma alarmante estando Junsu tan cerca. El sonido del
eco de unos pasos, que se acercaban veloces, le hizo levantar la mirada, buscando en aquella sala otra
presencia. Sus ojos sonrieron al encontrarse con los de Kyuhyun, su primo.

—¡Changmin! ¿Qué demonios haces aquí? Te están buscando como locos—Más que preocupado, su primo
parecía bastante divertido. Con un par de zancadas más, Kyuhyun se sentó junto a él, sin importarle que sus

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pantalones blancos pudiesen mancharse o que su impecable chaqueta a juego se arrugase. —Deberías haber
visto la cara de Jaejoong cuando le dije que te habías fugado con una modelo.

No se inmutó siquiera por el hecho de que hubiese llamado a Jaejoong por su verdadero nombre. Kyuhyun,
siendo como era, enseguida había descubierto que Changmin sabía el sexo de Jaejoong, y no tardó
demasiado en compartir bromas sobre el rubio con su primo. Era divertido ver como se sonrojaba Jaejoong
cada vez que a Kyuhyun le daba por mostrar aquella faceta suya demasiado cariñosa.

Y sin embargo, ambos podían decir, que aun sin conocer del todo al muchacho, a ambos les gustaba.
Jaejoong era tan refrescante en aquella casa. Como si de alguna manera, aquella inocencia suya, tan evidente,
fuera el complemento perfecto para la amargura que se respiraba en la mansión Jung. Changmin
últimamente había echado de menos la presencia de Jaejoong, que se pasaba casi todo el día trabajando para
el tirano diseñador de su primo Yunho.

Pero si bien él echaba de menos a Jaejoong, Kyuhyun se la pasaba en ocasiones, riendo y conversando con
Junsu. Haciéndole, consecuentemente, añorar también la compañía del pelirrojo. Junsu era sincero,
temperamental y muy cabezón. Y con ello también se había ganado el corazón de Kyuhyun.

—Deberías dejar de meterte con él. Yunho te matará si llegas a hacerle algo.

—Dudo mucho que nuestro primo sea consciente de la suerte que tiene… —murmuró Kyuhyun en un
tono serio, demasiado extraño en él. Por un momento, la idea de que a su primo le gustase Jaejoong le dejó
sin palabras.

—¿No me digas que tú…? ¿A ti te gusta Jaejoong? —Kyuhyun abrió los ojos ante la sorpresa, para después
empezar a reír alegremente.

—Aunque creo que sería divertido ver la cara de nuestro abuelo si yo llegara a ser homosexual, deberé
resignarme a mis comentarios de siempre… No me gustan los chicos Changmin, y lo sabes.

—Bueno, había que intentarlo—Bajando su pierna del banco, se giró para mirar a Kyuhyun de frente—No
será por falta de antecedentes en nuestra familia.

Kyuhyun volvió a reír, y por un momento la idea de hacerse pasar por gay para molestar a su abuelo pareció
ganar la batalla. Pero entonces su sonrisa se extinguió por completo.

—Mi madre me desheredaría si llego a decirle algo así.

—No creo que tu madre nos odie a Yunho y a mí por nuestra inclinación sexual.

—No, pero para ella es un buen pretexto para hacerlo.

Y Changmin entendió. Su tía era una de las personas más falsas que existían, y bien claro había dejado su
preferencia por su hija. Si por ella fuera, toda la herencia iría a parar a manos de Vic. ¿Y qué mejor excusa,
teniendo en cuenta la vida social que llevaba Mihwa, qué un escándalo para desheredar a su “descarriado”
hijo?

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—Anda —dijo, mientras se ponía en pie y tendía una de sus finas manos a Kyuhyun—Vamos a buscar a
Jaejoong antes de que se nos vuelva loco. El pobre ya tendrá suficiente con soportar el humor cambiante que
últimamente se gasta Yunho como para no aparecer por allí hasta última hora.

—¡Pero antes tenemos que comer!

—También por eso vamos a buscarle. Seguro que con lo ocupado que está no se acuerda ni de comer, así
que tendremos que cuidar que nuestro cuñado no se muera de hambre, ¿No?

—Buena idea, aunque me extraña que no vayas antes a buscar a tu querido esposo y a los niños —dijo de
pasada mientras empezaba a caminar. —No creí que los dejases tan abandonados en lugar así.

Cuando Kyuhyun se dio la vuelta para comprobar por qué su primo se había detenido, se encontró con un
Changmin que le miraba completamente paralizado.

—¿Aquí? ¿Junsu está aquí?

—Vaya... veo que las captas al vuelo.

—¿Y se puede saber, qué hacen ellos aquí? —Changmin sintió como si algo helado hubiese caído encima
suyo. No quería ver a Junsu. Aún no quería enfrentarse a él.

—Obvio, yo les invité, visto que algunos no tienen ni la más mínima consideración con lo más cercano a una
familia que tienen…

—Maldita sea, Kyuhyun. No te metas en esto, no es algo que te incumba.

—Te equivocas. ¿Crees qué me gusta ver a Junsu pasándolo mal? Por no hablar de ti, que aunque te las des
de duro, yo te conozco lo suficiente como para saber que en realidad andas deprimido por esta absurda
situación.

—¡No digas tonterías! Deprimido yo… —Changmin se alisó las invisibles arrugas de su cazadora mientras
se colocaba junto a su primo.

—Lo que tú digas. Pero en serio Changmin, creo que te estás equivocando al actuar así. ¿Crees acaso qué
nadie se da cuenta de tus salidas nocturnas? Le estás humillando de la peor manera, y mucho me temo que
sólo lo veas cuando sea demasiado tarde. Junsu es tan orgulloso como tú, sino más.

Quizás si la persona que tenía al lado no hubiese sido Kyuhyun, se hubiese sonrojado. Pero lo único que
sintió fue malestar en la boca del estómago. No se esperaba aquellas palabras tan duras. Y desgraciadamente
ciertas.

—¿Tu madre se ha dado cuenta?

—No tengo ni idea. Pero lo dudo. —Kyuhyun entrecerró los ojos mientras empezaba de nuevo a caminar,
siendo seguido por el de ojos negros—Si se hubiese enterado, Junsu en este momento ya no estaría en la

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casa. Tú la conoces Changmin, sabes lo hiriente que puede llegar a ser. Junsu no se quedaría allí
aguantándola.

Un incómodo silencio se instaló entre ellos, mientras que ambos se perdían en sus propias cavilaciones, que
iban hacía el mismo sentido. Cuando entraron al salón del desfile, el bullicio que allí había les hizo dar un
rodeo con tal de no cruzar entre toda aquella gente. Y en eso estaban cuando la figura del único primo que
faltaba apareció ante ellos.

—¡Changmin! ¿Qué crees que estás haciendo aquí? Te están buscando por todos los lados.

—Tranquilo primito, no voy a irme a ningún sitio. Por lo menos no ahora. —Changmin palmeó la espalda
de Yunho de modo amistoso, sin hacer ningún caso a la expresión de mal humor de su primo. Aún más
notoria de lo habitual. —¿Te ocurre algo?

—No, nada—Yunho se volvió hacía Kyuhyun mientras que sus afilados ojos mostraban suspicacia—Tu has
invitado al esposo de Changmin, ¿Verdad?

—Sí—Fue lo único que contestó y en seguida se arrepintió. Las fuertes manos de Yunho le agarraron por el
cuello de la camisa para estamparle casi cruelmente contra la pared que tenía apenas un metro tras de él.
Kyuhyun dejó escapar un ronco gruñido, pero su primo ni se inmutó.

—¿A qué juegas, Kyuhyun? Sabes que Jaejoong está aquí, y no precisamente disfrazado.

—¡Ellos no se tienen porque encontrar! Jaejoong está dentro preparando a los modelos.

—Más te vale que tengas razón. Como todo se vaya a la mierda por tu culpa, te vas a acordar de mí.

De un brusco movimiento, Yunho le soltó. Changmin no pudo más que soltar una carcajada al ver la
expresión del magnate, que rallaba la consternación al comprobar que Kyuhyun parecía completamente
inmune a sus amenazas.

—Lo digo en serio, Kyuhyun. Esta vez te has pasado.

—Lo sé, primo, lo sé—Suspirando, se giró hasta mirar a Changmin. Era incorregible, y como era de
suponer, mientras le guiñaba el ojo dijo:—A veces eres tan serio que aburres.

Kyuhyun se agachó ágilmente para evitar la mano de Yunho, que iba directa a su nuca para darle un buen
golpe. Riendo, Changmin se acercó a ambos mientras pasaba uno de los brazos por su enfadado primo.

—Vamos Yunho, déjalo. Ya sabes como es.

—Algún día tendrás que tragarte ese carácter tuyo, Kyuhyun, ya lo verás. —Kyuhyun hizo un gesto
restándole importancia a aquellas palabras, y sin más se colgó del brazo de Yunho, quien simplemente puso
los ojos en blanco mientras se le escapaba un largo suspiro. Había cosas que nunca cambiaban.

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Con una amena conversación entre Changmin y Kyuhyun, principalmente, llegaron al área de descanso,
dónde más de una decena de mesas, con sus sillas correspondientes se repartían por una gran sala para que
allí la gente pudiese comer, leer, o simplemente charlar con sus acompañantes. Estaba todo planeado.

Dirigiéndose a una de las mesas más alejada y apartada de la vista de miradas curiosas, los tres tomaron
asientos mientras Kyuhyun hacía señas hacía uno de los empleados que se encargaban de atender a la gente
que pasaba por allí. Cuando el joven moreno, de aspecto pálido y con unos grandes ojos marrones llegó a su
mesa, se mostró tan formal y correcto como era de esperarse en aquel lugar. No tardó más de algunos
minutos en traerles las bebidas que pidieron.

Changmin agarró una servilleta para limpiarse los rastros de la espuma que se había quedado en las comisuras
de sus labios, producto de la bebida que se acababa de tomar. Sus ojos pasaron por sus dos primos, que en
aquel momento discutían sobre alguna estupidez del evento. Pero se divertían. A Changmin siempre le había
sorprendido ver como Yunho podía relajarse tanto en presencia de algunas personas. Sería capaz de apostar
una mano a que eran pocas las personas que podían verle con aquella expresión tranquila. Sin rastro de su
usual frialdad.

El tiempo había pasado demasiado deprisa y ya pasaban de las doce. Deberían volver cada uno a sus tareas,
menos Kyuhyun, que sólo había llegado allí de invitado. Pero no quería romper aquel momento.
Últimamente era difícil ver a Yunho así. No sabía si era por problemas de la empresa, o quizás por el
problema del atentado, pero Yunho parecía aun más arisco que de costumbre en ocasiones. Mientras que a
veces se le veía metido en sus pensamientos, desconectado de una forma exagerada de la realidad. Aquello
nunca le había pasado al siempre suspicaz Yunho.

—Chicos… creo que es hora de irnos. Deben estar arrancándose los pelos por nuestra desaparición.
Llevamos casi hora y media aquí.

Yunho consultó su reloj, frunciendo el ceño levemente. Kyuhyun sólo suspiró mientras se ponía en pie,
imaginando que ninguno de sus primos se quedaría allí con él por más tiempo. Yunho le imitó y Changmin,
dejando una generosa propina en la mesa, terminó por levantarse de su silla también.

Yunho pronto les abandonó para seguir con sus deberes de supervisor. Como propietario de una de las
revistas más representativas del evento, con sus diseñadores y modelos trabajando allí, debía cerciorarse de
que todo andaba bien. Aunque Yunho sabía que tenía a los mejores bajo su mando, ellos harían que todo
funcionase a la perfección.

Kyuhyun se empecinó, por otra parte, en acompañarlo hasta el pasillo que conducía a la zona privada donde
los modelos y los diseñadores se preparaban para los desfiles. Debía aparecerse por lo menos por allí, para
que viesen que no se había fugado o algo parecido.

Cuando ambos llegaron a la zona dónde únicamente el staff tenía acceso, Kyuhyun se despidió alegremente
para marcharse. Y sin embargo, su acción quedó cortada en seco cuando unos agudos gritos les
interrumpieron.

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—¡Changmin, Kyuhyun! ¡Los hemos buscado por todos lados! —Sonriendo ampliamente, Changmin se
inclinó para recibir en sus brazos al siempre efusivo Moonbin, que venía colorado y con sus ropas
desarregladas. La chaqueta, torcida y casi por caerse, se encontraba en un lamentable aspecto, además, los
pantalones mostraban algunas pequeñas manchas de origen indefinido. Y sin embargo a Changmin le pareció
la más radiante criatura. Junto a él se acercaban Sungmo y Minji. Y esta última de la mano de su esposo.

Perdiendo la sonrisa, dejó a Moonbin en el suelo para dirigirse hacia su hermano. Dándole un sonoro beso
en la sien, mientras contemplaba la blanca sonrisa de Sungmo.

—Vaya, están tan elegantes que no les reconozco —dijo mirando a Sungmo, para después sonreír a
Moonbin, que se encontraba peleando en broma con Kyuhyun. Minji se movió levemente, y sin embargo fue
suficiente como para atraer su atención sobre ella. Sin mirar a su esposo, se acercó suavemente a la niña. —
Y tú eres la más linda de todos

El susurró, a menos de un metro de la niña, la hizo sonreír, mostrando ya su sonrisa completa. Los dientes
que le faltaban hacía unas semanas le habían crecido fuertes y blancos. Cuando Junsu la soltó, Changmin se
agachó junto a ella, chocándole primero el hombro y después acariciándole el rostro. Era raro verle siendo
tan cuidadoso con alguien, pero aquella niña, con sus ojos desenfocados, que solo le traían oscuridad, y
aquellos angelicales rizos morenos sacaba toda la ternura que había en él.

—Eres toda una princesa. —Kyuhyun se acercó a ellos, dando un beso a Minji con cuidado también.

—Eso dijo Junsu—Minji hablaba, pero sólo en contadas ocasiones. Changmin se sentía contento al ver que
día a día la pequeña podía abrirse más a la gente, y dejar de lado aquella melancolía que tanto la había
angustiado al principio. Era increíble el recordar sus razones para traerlos a su casa y adoptarlos. Pensar en
aquello a veces le dolía.

—Y tiene toda la razón. Cuando vayamos a comer te compraré el postre más grande y más bueno de todos,
no podía ser menos para nuestra princesa.

Sus dos hermanos enseguida empezaron a saltar y correr alrededor de ellos. También querían un postre
grande y rico. Cuando Minji bajó de sus brazos, Kyuhyun la tomó de la mano. Changmin debía haberse
imaginado lo que su primo pretendía, pero por alguna razón no había querido verlo.

—¿Y por qué esperar…? Vamos niños, les invito lo que quieran en la cafetería. —Pocos segundos hicieron
falta para que los tres empezaran a balbucear lo que querían tomar, y antes de que Changmin pudiese irse, se
había quedado solo con Junsu.

Pensando que quizás si no le decía nada, Junsu se iría sin más, se dio la vuelta dispuesto a irse sin mirarle
siquiera a los ojos.

—Changmin, espera —dijo sin embargo, agarrándole por la manga de su cazadora. Ahogando una
maldición, movió el brazo para soltarse, pero fue un movimiento tan torpe que no logró mover un
centímetro la mano de Junsu. —Tenemos que hablar.

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—No —dijo mientras se volvía para mirarle. Para su satisfacción Junsu se veía nervioso—No tenemos nada
de qué hablar.

—¿En serio? ¿Ni siquiera de por qué me has estado evitando durante semanas?

—Yo no te he evitado—Apartando los ojos se soltó del agarre bruscamente—Y ahora si me disculpas debo
irme a trabajar—Agregó burlón mientras hacía una vaga reverencia frente a Junsu. El pelirrojo pareció
dolido, pero Changmin se encontraba demasiado metido en su propia actuación, como para darse cuenta de
ello.

—Claro... porque el hecho de que salgas corriendo cada vez que yo entro en una habitación no es
evitar…—Aquello le enfureció. Junsu no tenía derecho a reclamarle nada. —¡Por Dios Changmin, mira
que eres infantil! No puedo creer que aun sigas enfadado por la discusión que tuvimos en mi casa.

Changmin guardó un prolongado silencio, poco dispuesto a hablar de aquello. Pero Junsu no pensaba lo
mismo.

Colocando sus brazos cruzados y mirándole furioso, Junsu se prometió no dejarle ir hasta que le hubiese
escuchado. Tras semanas de fracaso tras fracaso en su intento por hablarle, no iba a dejar escapar aquella
oportunidad.

—¿No vas a contestarme verdad? —murmuró algo dolido al ver el rostro neutro de su esposo. Era
imposible saber lo que estaba pensando en aquellos momentos. —¡Estaba enfadado, Changmin, enfadado!
¡La gente dice estupideces cuando está enfadado y no deberías tomártelo así! Estás exagerando…—Cuando
por fin consiguió algún tipo de reacción por parte de Changmin, Junsu no pudo menos que retroceder un
paso. Su esposo le miraba con autentico odio y resentimiento.

—¿Exagerar? ¡Me dijiste que era igual a mi abuelo! ¡Mi abuelo, Junsu! Tú sabes perfectamente lo que ese
viejo me está haciendo, y sin embargo no te importó decirme que era igual a él. ¿En serio piensas que yo
podría usar a tu padre enfermo para chantajearte? ¡Yo solo te di lo que querías después de todo!

—Diablos… ¿Y crees que no lo sé? ¡Lo siento!, ¿Está bien? Sé que me pasé al decirte eso. Pero ya te he
dicho que estaba enfadado. —Pasándose los dedos entre sus hebras rojas, sintió como su desesperación
crecía cada vez más. —¡Tienes que admitir que te pasaste! Usaste a los niños para chantajearme, y es verdad
que no eres como tu abuelo, pero de todos modos no puedes negar que hiciste mal.

—Pues no veo que te importe mucho ahora. —Aún furioso, Changmin se le acercó hasta quedar a escasos
centímetros de él. El impulso de salir corriendo de allí casi le hace huir de nuevo, pero manteniéndose
rígido, miró desafiante al pelirrojo.

—Yo quise adoptarles desde un principio. Porque ellos lo necesitaban Changmin, y lo necesitaban de
verdad. Es despreciable que uses eso para obligarme a hacer tu voluntad.

—¡A mi esos niños me importan! —Y Junsu, recordando el trato que les daba y el cariño que parecía
tenerles, no pudo negarlo.

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—¿Y? Eso no quita tus intenciones a la hora de adoptarlos.

Changmin por un momento pareció realmente agotado. Moviendo la cabeza, buscó con su vista un lugar
donde sentarse, y momentos después el moreno se dejó caer en uno de los sillones que había pegados a la
pared.

—Serías capaz de llevar a un Santo a la bebida…. —Sus manos frotaron aquella atractiva cara, y después le
miró directamente, completamente desnudo ante él—Pero Junsu, fuera cual fueran mis intenciones
entonces, lo que hice terminó siendo lo mejor para ellos. No creo haber hecho nada para que me trataras así.
Después de todo te obligué a venir a mi casa, pero tú aceptaste nuestro trato, y creo que saldrás bien
beneficiado de todo esto. Y respeto a lo otro… yo no te obligué tampoco a nada, maldición, ni siquiera
empecé yo… pero todos tenemos un límite Junsu.

—Somos un par de imbéciles —dijo mientras se sentaba junto a él, pero sin llegar a tocarle en ningún
momento. ¿Cómo negar lo que acababa de decirle? Simplemente no podía. —Yo no te pido nada Changmin,
sólo que dejes de ignorarme así. Es difícil estar en esa casa cuando la única persona que está de tu lado ni te
habla. Están Kyuhyun y Jae, pero cada uno tiene su vida y no es que les vea tanto.

Suspirando pesadamente ante el mutismo del moreno, a Junsu pronto se le ocurrió algo. Sonriendo, llevó
una de sus manos hacía la bolsa donde guardaba las cosas de los niños, y cogiendo un bote de allí, se lo puso a
su esposo en su regazo.

—Era de Sungmo, pero creo que te vendrá a ti mejor ahora mismo…—Changmin miró el batido de vainilla
por un momento, con los ojos abiertos y completamente mudo, e instantes después rompió a reír. Aliviado,
Junsu vio como abría el pequeño bote para bebérselo.

—¿Quieres? —Preguntó ofreciéndole el batido. Junsu sólo negó lentamente. Un poco de batido se deslizó
por la comisura de sus labios, y sin poder evitarlo sus ojos recorrieron todo su recorrido, hasta que
levantando una mano, posó un dedo para parar aquella pequeña gota. Dios, llevaba demasiado tiempo sin
tener sexo. —Gracias.

Changmin se limpió el mismo, y Junsu se avergonzó por su acto, recriminándose por haberle tocado.

—Desde luego sabes cómo subirme el ánimo —dijo Changmin levantándose para acercarse a una de las
papeleras del lugar y arrojar el bote allí. —No creo que llegue el día en el que sea capaz de rechazar un
batido, y menos si es de vainilla.

—Lo sé—Fue todo lo que dijo. Changmin le miró intensamente, haciendo que su nerviosismo creciera,
pero momentos después le tendió la mano.

—Tregua. Creo que ya hemos tenido bastante.

—Tregua—Contestó estrechando aquella fina mano. De pronto, se vio levantado bruscamente del asiento y
antes de poder decir nada, la mano de Changmin se había posado en su nuca, atrayéndole hacía él para posar
sus demandantes labios sobre la boca carnosa de Junsu.

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Pensó en apararse, y sin embargo su cuerpo no se movió. Maldiciendo su propia debilidad, llevó sus brazos
hasta el cuello de Changmin, para rodearlo y pegarse más a su esposo. Cuando la lengua de Changmin pidió
pasar entre sus dientes, sus labios se separaron inmediatamente mientras que sentía su respiración hacerse
cada vez más pesada. Podía sentir cada músculo y ondulación de aquel atractivo cuerpo contra el suyo.

—Espera... —murmuró como pudo apartándose unos instantes—Nos pueden ver.

Un largo gemido escapó de entre sus labios cuando Changmin empezó a besar su cuello, mandándole
agradables descargas por todo el cuerpo. Su excitación crecía rápidamente.

—¿Y qué más da? —Agarrando su suave cabello por detrás, le hizo levantar el rostro, y esta vez fue Junsu
quien se abatió sobre sus labios, deseoso de aquel contacto. A la mierda todo lo que no fuera aquella
agradable sensación que le recorría desde los pies a la cabeza. —Sellemos bien nuestra tregua.

Si a Junsu aquella excusa, le había o no sonado fuera de lugar, no lo demostró. Simplemente se quedó allí,
abrazado a Changmin mientras sus labios se fundían una y otra vez con los de su marido en un beso dulce e
intenso.

Todo fue muy rápido, y antes de poder recuperar el control, un cegador flash hizo que se separaran
bruscamente. Girándose, ambos pudieron ver como uno de los periodistas que cubrían el evento, y que para
no variar trabajaba en una revista de prensa rosa, como bien indicaba su reluciente placa colocada en su
chaqueta, les apuntaba con una cámara digital.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —Changmin, furioso, se separó de él para ir directo al
periodista. Pero por suerte aquella vez si pudo reaccionar a tiempo, cogiéndole por el brazo antes de que
agrediera al hombre que tan solo hacía su trabajo.

—¡Espera! ¿Qué vas a hacer? Recuerda donde estamos. —Si bien aquello no convenció nada al moreno, el
fotógrafo, viendo su oportunidad, se marchó de allí. No sin antes dirigirle al millonario una petulante
mirada. Junsu ya se imaginaba lo que su revista publicaría al día siguiente. —Tranquilo, no creo que sea para
tanto. Después de todo no puede ser tan extraño ver a un matrimonio reciente besarse…

Changmin le miró por un momento como si hubiese perdido la cabeza, pero pronto pareció recordar la
procedencia de Junsu.

—Haber... Cómo te explico. Estamos en unos de los eventos más importantes de año, somos la pareja
conflictiva del momento y la prensa parece tener alguna obsesión con mi persona. Mañana estaremos en las
portadas de bastantes revistas, créeme. Y no precisamente acompañados de sus halagos. Frunciendo el ceño,
decidió que aquel mundo, en definitiva, no le gustaba para nada. Con más contras que pros, parecía que la
fortuna y la fama, si iban de la mano, no eran compatibles. Junsu despreciaba a aquellas personas que
mentían y divulgaban a otros por el mero hecho de ganar algo de fama y dinero a consta de otros. Era
impresionante ver que Changmin, con su sola presencia, lograba más efecto que todos aquellos intrigantes
con sus planes premeditados y egoístas.

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—¿Dirán algo en tu casa?

—Espero que no. De todos modos ya están casi acostumbrados. Yunho tiene buena mano para deshacerse de
esa bola de inútiles.

Sin responder a aquel último comentario, Junsu se volvió a sentar en los cómodos sillones de piel. Uno de
sus dedos recorrió complacido la lisa superficie mientras se preguntaba cuanto podría costar uno solo de
aquellos muebles. Sinceramente, prefería no saberlo.

—Será mejor que vayas con Kyuhyun y los niños. Yo debo entrar para empezar con mi trabajo. Ya deben
estar al borde del colapso por haberme ido así, sin avisar.

Junsu asintió, mientras el moreno se agachaba para darle un casto beso en la frente. Algo dentro del
pelirrojo se quedó paralizado en aquel acto. Pero sin quedarse a ver su efecto, Changmin simplemente se dio
la vuelta para marcharse de allí. Después de todo, si que tendrían que hablar sobre su situación. Y mucho se
temía Junsu, que si Changmin quería intimidad entre ellos, él no se negaría. Sólo faltaba esperar cual sería el
precio por aquello.

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Por otra parte, y casi en el extremo opuesto de la gran superficie destinada a los desfiles, Yunho se
encontraba sentado en una enorme butaca. Sus dedos, apoyados en su frente, se movían de forma constante,
dándose pequeños golpes para aliviar su consternación. ¿Por qué debía ser él quien lidiara con todos aquellos
inútiles? Hasta donde él sabía, su bolsillo sufría una enorme pérdida mensual para pagar a gente que le
quitara aquellas tediosas tareas.

Alisándose las arrugas de su pantalón negro, miró su reloj de pulsera de forma cansada. Ya eran casi la una y
aún seguía allí encerrado. ¡Una hora! ¡Llevaba una hora con aquellos hombres y no había logrado nada con
ellos!

El problema había empezado el día anterior, cuando uno de los accionistas importantes del evento había
amenazado con retirar su aportación por una disputa que había surgido entre él y otro accionista
mayoritario. El problema en cuestión entre ambos, no tenía nada que ver con aquel evento, y sin embargo
las cosas habían llegado lo suficientemente lejos como para afectar a todos los demás inversores.

Yunho, como uno de los mayores inversores, había tenido que lidiar con la carga que suponía el tener que
razonar con el hombre, que de todos modos, estaba obligado legalmente a cumplir con lo acordado. Ya era
tarde para decidir retirarse. Pero por lo visto nadie se había quedado tranquilo tras la súbita amenaza de la
retirada de fondos, y tras los rumores de una perdida de ganancias, todos estaban como locos por saber los
avances de la situación.

Yunho solo esperaba a estar a solas para sucumbir ante una crisis nerviosa. Aquella gente era demasiado
irritante.

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—Caballeros —dijo por última vez—Todo está bajo control. Les ruego que vuelvan con sus familias ahí
fuera. Si siguen ausentes por mucho tiempo, empezaran a correr rumores de verdad.

Los cinco hombres que para entonces quedaban en la sala, parecieron sucumbir ante la mirada helada de
Yunho. Y aunque a regañadientes, salieron de aquel pequeño despacho.

Una vez solo, se dejó hacer sobre el respaldo de la butaca mientras se masajeaba el puente de la nariz.
Necesitaba algún analgésico para el dolor de cabeza. Viendo brevemente la luz parpadeante en su celular,
prueba inequívoca de alguna llamada pendiente, tomó el aparato para comprobar su registro de llamadas.
Tenía doce llamadas perdidas y cinco mensajes de texto.

Con un gruñido, se levantó, y abriendo la puerta llamó a su secretario.

—¡Mila, quiero aquí mismo a Daesung, a Wooyoung y a Seungri en menos de dos minutos! —Tras eso,
cerró de un portazo. La presencia de los tres jóvenes no se hizo esperar.

—Jefe—Saludó el primero de ellos en entrar. Se trataba de Seungri, un hombre moreno, que rondaba los
treinta y que tenía un coeficiente intelectual más alto que la mayoría de las personas. Su carácter despierto y
su habitual perspicacia hicieron que Yunho lo contratase personalmente casi al instante de conocerlo.
Aquellos ojos casi negros parecían estar pendiente de todo.

Por otro lado, Wooyoung debía estar casi en sus cuarenta. Pero con una espesa mata de pelo castaño,
recogida en una informal coleta, no los aparentaba. Tras unas elegantes gafas, sus grandes ojos negros
miraban al mundo con un optimismo no muy propio de su trabajo.

Y por último entró Daesung. Éste era el más joven, quizás contemporáneo de Jaejoong, y con una juvenil y
alegre sonrisa que le acompañaba a todos sitios. Su agudeza en temas de financias era única, y por tanto, el
chico era digno de ser uno de los más cercanos a Yunho.

—¿Se puede saber dónde estaban? —Los tres parecieron algo avergonzados y Yunho entrecerró los ojos.

—Bueno... Supervisando a los empleados, como dijiste—Cuando Yunho arqueó una de sus finas cejas,
Wooyoung suspiró—Esta bien, estábamos viendo el desfile.

—Los quiero ahora mismo trabajando. Todo el mundo parece necesitar algo de pronto. Wooyoung
encárgate del área tres. Los modelos están trabajando casi a oscuras porque algo sucedió con la luz y nadie ha
tenido el sentido común de llamar a un electricista. Aunque seguro que aquí habrá alguno… Daesung quiero
que vayas a las cocinas. Algo ha sucedido con los cocineros... No quiero ni imaginarme que será… Y Seungri
busca a la esposa de Richard Abbot, está buscando de nuevo problemas con algunas modelos. No creo que
nadie tenga la culpa de que su marido encuentre tan divertida la diversidad en la cama…

Los tres asintieron, y sin decir nada más salieron a cumplir con la tarea que les había sido asignada. Yunho
entonces se dejó caer en la butaca dejando que sus tensos músculos se relajaran. Debía ir a ver a Jaejoong. El
chico no debía ir a comer al restaurante, ya que Junsu estaría allí, y no había posibilidad alguna de que no le
reconociese.

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Pasados unos minutos, se volvió a levantar, y quitándose su chaqueta de piel, la colgó en el perchero para
después dirigirse a la puerta. Tenía bastante calor y aquel jersey que llevaba, aunque liviano, le serviría para
pasar las horas más calurosas del día.

Cerrando la puerta con llave, se despidió de su secretaria con su escueto “Hasta luego” para después
emprender el camino hacia dónde sabía, estaría Jaejoong lleno de trabajo. La idea de pasar algo de tiempo
con el chico, aunque sólo fuera para saber cómo había estado en las últimas semanas, le dio que pensar.

A causa de la cantidad abusiva de trabajo que muchos empleados de la empresa habían tenido—Incluidos
ellos dos—casi no habían tenido tiempo para nada. Jaejoong se pasaba el día encerrado en el despacho de
Heechul, y cuando salía, más de la mitad de los días se iba a su propio apartamento para terminar aún más
trabajo. Qué difícil tenía que ser la vida como becario.

Apenas y habían cruzados tres frases desde el accidente de aquella caja, que tan intrigado le había tenido.
¿Qué sería lo que le habían mandado? Nunca hubiese creído posible que el apacible carácter de Jaejoong
pudiese cambiar tanto simplemente por algo que le habían mandado. Era sorprendente.

Además, Yunho aún se preguntaba qué demonios le había picado aquella misma noche, cuando aprisionó a
Jaejoong contra una pared tocándole de aquella manera tan íntima. Por Dios, debía haber perdido la cabeza
para hacer algo así. Está bien que fuese divertido el molestar a su empleado, pero se había pasado de la raya y
realmente esperaba no haber llegado demasiado lejos.

Hasta donde él sabía, Jaejoong no era homosexual, y aun cuando lo fuese, el chico distaba mucho de sus
gustos habituales. A simple vista—Aunque sus facciones pudiesen pasar por bellas—resultaba muy poca
cosa. Quizás era debido a aquel aire sumiso que tanto le caracterizaba, o quizás su costumbre de ir mirando
al suelo. Pocas veces había podido apreciar lo grande de sus ojos, o aquellas tupidas pestañas que tanto
llamaban la atención. Jaejoong era el tipo de persona que no sabía aprovechar su propio aspecto.

Por suerte, la situación entre ambos no había cambiado por aquel accidente. Jaejoong seguía igual con él. O
por lo menos, esa es la impresión que se había llevado en las pocas veces que había hablado con él
últimamente. Yunho no quería pensar en sus sospechas de celos por parte de Jaejoong. Simplemente las
cosas estarían mucho más sencillas si ignoraba aquello. Ya fuese cierto o no.

Esquivando a la multitud congregada por los distintos salones y pasillos, logró al fin llegar al área de trabajo
de los modelos, donde debería estar Jaejoong. El frenesí que se respiraba en el ambiente era casi contagioso.
Peluqueros corriendo de aquí para allá, modelos buscando algún complemento perdido, los diseñadores
gritando a diestra y siniestra sus órdenes, que a veces parecían perderse por los oídos sordos de algún
incauto. No tardó demasiado en encontrar a Jaejoong. El chico se hallaba en medio de un círculo formado
por al menos diez modelos. Todos ellos parecían tener algún que otro problema, y para su sorpresa,
Jaejoong parecía desenvolverse bien, solucionando algunos de aquellos problemas y diciendo al resto que
debía hacer. Yunho casi rió al notar como suspiraba aliviado, poniendo los ojos en blanco, cuando los dos
últimos modelos que quedaban junto a él se marcharon de allí discutiendo por algo que Yunho no logró
escuchar bien.

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Antes de que el chico se viese asaltado por más personas, se adelantó para plantarse frente a él.

—¡Yu… Digo, jefe! —Jaejoong tosió para disimular su error—¿Buscas a Heechul?

—En realidad no —dijo haciendo caso omiso del saltó que había pegado el rubio al verle llegar de
improvisto—Te buscaba a ti.

Sin hacer caso a su expresión de sorpresa, ni a su obvia curiosidad, le agarró por un brazo para sacarlo de
aquel inmenso camerino. Recorriendo los pasillos vacíos del personal de seguridad, a los que pocas personas
tenían acceso, le llevó hasta una sala vacía, en dónde el único adornó era una pequeña mesa, una silla y unos
monitores que en aquellos momentos se encontraban apagados.

Cuando Yunho encendió las luces, dirigió hacia la única silla libre, ocupándola él y dejando al otro de pie.
Desde luego aquello fue tan natural para él, que no reparó en la expresión confundida del rubio, mientras
buscaba un lugar donde ponerse. Viendo que no quedaba otra, se movió hasta quedar a metro y medio frente
al moreno.

—Quería avisarte de que no salieras del área de trabajo. Junsu está aquí con los niños.

Yunho vio como fruncía el ceño por un momento, para después encogerse de hombros. La mirada de
Jaejoong, clavada en sus ojos, era clara evidencia de que el chico había cambiado. Quizás había sido
gradualmente, pero a comparación de aquella desastrosa primera conversación que ambos habían tenido, y
en la que el rubio no había despegado prácticamente sus ojos del suelo, ahora Jaejoong se mostraba más
seguro de sí mismo. Como si aquel casi infundado temor que parecía tenerle se hubiese esfumado.

Y lo peor de todo era que él, hasta aquel momento, no se había dado cuenta. No lo entendía, sobre todo si
tenía en cuenta que él mismo había sido la persona más cercana a Jaejoong en casi los últimos tres meses.

—Está bien. Seguro que me reconocería si me ve vestido así.

Yunho miró por un momento la ropa casual que llevaba el otro. Con unos pantalones vaqueros negros y un
ligero suéter rojo, tenía un aspecto juvenil y cómodo. Casi sonrió al darse cuenta de que estaba hablando,
después de todo, de un diseñador.

—¿Cómo va el trabajo? Conociendo a Heechul, te tendrá todo el día de un sitio a otro revisando cada punto
minuciosamente.

—Pues sí —dijo mientras una bonita sonrisa se extendía por su rostro. —Heechul me está enseñando
mucho. No sabes cómo agradezco la oportunidad que me ha dado. Si no fuera por él, me hubiese tirado años
como becario, sin opción alguna a dedicarme de verdad a lo que me gusta.

Guardando silencio, Yunho pensó que se lo había ganado él solo a pulso. Su trabajo era bueno, y era una de
las personas que más se esforzaba en la empresa. Jaejoong siempre llegaba antes de su hora al trabajo, y casi
todos los días salía bastante después de su horario. Pero no iba a ser él quién se lo dijese. Jaejoong debía
aprender a reconocer sus propios meritos.

192
Cuando el silencio se hizo incómodo, Jaejoong se despidió de él con una mano, mientras se alejaba sin darle
la espalda en ningún momento. La idea de que lo hacía por temor a que le atacara, apareció por unos
instantes en su mente, pero era tan ridícula que tan rápido como había aparecido, desapareció.

—Ah, Jaejoong —dijo de pronto, haciendo a Jaejoong detenerse en el marco de la puerta, el rubio no se dio
la vuelta para mirarle. —Cuando termine todo, iré a buscarte y te llevaré en el coche.

Jaejoong asintió con la cabeza, y simplemente salió de allí cerrando la puerta con suavidad. Yunho se
preguntó a qué vendría aquella súbita amabilidad suya…. ¡Acababa de ofrecerse como chofer! Aunque
tampoco era algo que fuese a costarle demasiado esfuerzo, y a la hora que terminaban los desfiles ya no había
autobuses para que pudiesen llevarle a ningún sitio.

Sin pararse a pensar más en Jaejoong, o en su actitud evasiva, tomó su celular para llamar a su primo
Changmin. Tenía que asegurarse de que él y su esposo se fueran de allí antes que Jaejoong terminara con su
trabajo. Cerrando los ojos, se apoyó por completo en la puerta mientras dejaba escapar un suspiro de alivio.
Todo el oxigeno del lugar parecía haberse evaporado y sus pulmones quemaban por algo de alivio.

Con las manos algo temblorosas, Jaejoong se rascó los ojos en actitud cansada. Sus músculos, tensos por el
nerviosismo, pedían a gritos algo de movilidad. Pero Jaejoong no se encontraba en aquel momento para dar
paseos. Era increíble el poder que Yunho tenía para hacer que todos sus nervios se descontrolaran. Como
odiaba en ocasiones aquella actitud tan pasiva con la que se comportaba. Como si ni el desdén se mereciera.

Cuando Yunho había ido a buscarle, el alivio había sido su primer sentimiento. El excesivo trabajo era algo
que le estaba haciendo perder la cabeza. Por lo que cualquier distracción de aquellos irritantes modelos
habría sido bienvenida. Pero entonces, mientras caminaba tras él por aquellos desiertos pasillos, algunas
imágenes que había intentado borrar de su memoria desesperadamente volvieron a él.

Yunho besando su cuello, Yunho tocándole por encima de sus pantalones… El mantener el control sobre sus
expresiones tras aquello, había sido el acto más difícil que había conseguido en toda su vida. Aún se
encontraba bastante sorprendido por su propia actitud.

Pero casi obligándose a ello, había mirado al magnate a la cara. Quizás para convencerse a sí mismo que nada
tenía de lo que avergonzarse, o quizás para mostrar lo poco que le importaba lo sucedido. Pero aquella
mentira no había logrado que sus músculos se relajaran ni por un momento.

Separándose de la puerta, y rogando que Yunho se quedara por unos instantes más allí dentro, empezó a
caminar rumbo a las pasarelas. Aún no había tendió tiempo para echar un vistazo a los desfiles, y es que,
parecía que todos los modelos tenían algún tipo de problema. Y Jaejoong desgraciadamente, había aprendido
que era él, como ayudante del diseñador, quién debía solucionar la mayoría de ellos.

Debía admitir que las primeras horas habían sido un completo caos para él. Pero después, cuando había
logrado adaptarse al ritmo trepidante del trabajo, se había dado cuenta de que no era tan difícil. La mayoría
de los problemas que se les presentaban a los modelos eran similares, y con un poco de ayuda, había logrado
desenvolverse bastante bien.

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Echando sus cabellos hacia atrás, llegó por fin a donde se estaba dando uno de los tantos desfiles del día, y
entre aquellos lujosos y maravillosos trajes pudo olvidarse por el momento de sus problemas.

El día paso relativamente corto. Para todas aquellas personas que habían ido allí a disfrutar de los desfiles,
aquel había sido uno de los mayores espectáculos que se habían dado en mucho tiempo. Tanto la calidad de
los desfiles, como la de la organización de evento, habían logrado situar aquella reunión de celebridades
entre las mejores de los últimos diez años. Y aquello era toda una buena noticia para sus inversores, que con
orgullo, celebraban sus éxitos. Así como los millones que se llevarían a su bolsillo.

El ambiente por suerte fue bastante aceptable. Ni siquiera la cantidad y la buena calidad de las bebidas
alcohólicas parecieron atraer la atención de algún descarriado, al que al final hubiesen terminado echando del
lugar por escándalo público. No faltaron los comentarios hirientes hacía alguna pobre familia, por algún
escándalo recientemente sabido sobre ellos.

Pero por lo general, las críticas habían sido más que buenas. Y eso tenía de buen humor a Yunho, que se
había visto liberado de la carga que habría supuesto explicar a algunos de los inversores las pérdidas de
ganancias. Además, conforme pasaba la tarde, la situación parecía ir estabilizándose, y pronto se había visto
libre de muchas responsabilidades, lo que le había permitido tomarse algo de tiempo para estar con Kyuhyun
y algunos conocidos más.

Yunho sonrió recordando el desfile en el que había participado Changmin. Casi se había vuelto loco cuando
tras acabar el desfile, le había pedido al diseñador que saliera. Heechul no había tenido otra idea que insistir
en la necesaria presencia de Jaejoong a su lado, ya que según él, había sido de gran ayuda. Por suerte el rubio
había tenido la sensatez de quedarse donde los ojos ajenos no pudiesen verle, en especial Junsu, que se
hallaba casi en primera fila para ver a su esposo trabajar.

Una vez terminaron todos los desfiles, la gente fue saliendo de las salas. Siempre quedaban aquellos que,
como ovejas descarriadas, se quedaban deambulados por el lugar más tiempo. Pero poco hizo falta para que
los únicos que quedarán allí fuesen los encargados de desmantelar todo aquello.

Viendo que era hora de irse a casa, Yunho decidió ir por Jaejoong. La única vez que le había visto en toda la
tarde, había sido después de la comida. Cuando de lejos había podido vislumbrar las figuras de Jaejoong y
algunos compañeros de este dirigirse hacia la zona de conciertos. Yunho había deseado acercarse y
preguntarle qué pensaba que estaba haciendo. Si Junsu le veía…

Pero se dio cuenta de que aquello sonaría incluso demasiado egoísta para él. Jaejoong sabía el riesgo que
había de ser descubierto, y no iba a estar incomodándolo delante de sus compañeros. Ya bastante tiempo
había esperado para verle en una actitud sociable con los demás.

Saludando con un seco asentimiento de la cabeza a uno de los compañeros de Changmin, uno de aquellos
modelos altos y guapos con los que su primo solía juntarse en sus juergas, esquivó a todo el personal para
llegar a la pasarela dónde se había dado el último desfile, y que además había sido de los modelos de uno de
los diseñadores de su revista. Jaejoong debía estar allí aún.

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Subiendo los brillantes peldaños que llevaban hasta el largo pasillo de la pasarela y saltando uno de los
pequeños focos que iluminaban el suelo, pudo ver al equipo iluminación trabajando en quitar todos aquellos
cables que tan bien habían ocultado al público.

Podía escuchar las voces de las personas que aún quedaban detrás de aquel telón gigante que decoraba el fin
de la pasarela. Decidió quedarse allí hasta que Jaejoong saliera. Por suerte, sólo hicieron falta cinco minutos
para que todo el mundo empezara a abandonar el lugar. Primero fueron los modelos que aún quedaban
dentro, que además debían pasar por los vestuarios para cambiarse. Después, poco a poco los demás fueron
saliendo.

Yunho no pudo menos que maldecir, cuando casi a los veinte minutos aún no había ni rastro de Jaejoong.
Estaba seguro de que ya no quedaba casi nadie, la sala estaba completamente vacía y empezó a preguntarse si
es que acaso no se abría equivocado y Jaejoong no estaba allí. Justo cuando se disponía a entrar, unas voces
procedentes del otro lado del telón le hicieron parar sus pasos. Con alivió pudo distinguir la voz de Jaejoong.

—¡Pero esa modelo era la persona más pesada del mundo! —Iba diciendo un hombre alto, de unos veinte
años, mientras gesticulaba de forma exagerada con las manos. Iban cuatro personas, todos ellos jóvenes que
según recordó Yunho, se dedicaban al mundo de la moda. Jaejoong era uno de ellos. —Menos mal que no
me tocó desfilar con ella.

Modelo. Yunho no tuvo que escucharle decir aquello para averiguarlo. Tanto el rostro como el cuerpo de
aquel tipo eran atractivos. Los otros dos también parecían serlo.

—A ti cualquiera más guapo que tú te cae mal. —dijo esta vez un chico moreno y con un cuerpo
espectacular.

—¡Yo soy mucho más guapo que ella! ¿Si no por qué me darían a mí más trabajos?

El moreno suspiró y miró a Jaejoong de forma divertida.

—Dile la verdad Jaejoong, como diseñador que eres, no puede discutir tu opinión y alguien tiene que
bajarle de ese pedestal.

Todos rieron, menos el moreno que parecía verdaderamente ofendido. Yunho no pudo si no quedarse
anonadado mirando como Jaejoong se reía con ellos. Él nunca le había visto reír así.

—No seas malo, Siwon, necesita su autoestima para seguir trabajando.

De pronto el modelo moreno miró a sus dos compañeros de forma altiva, para después abrazar a Jaejoong.
Yunho pensó que debía haberle roto al menos un par de costillas.

—¡Jaejoong, qué haría yo sin ti!

—Pues seguirías intentando abrocharte el cinturón de piel…

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Todos volvieron a reír, y cansado de que le ignorasen, Yunho se aclaró la garganta para llamar la atención.
Por lo menos la de Jaejoong. En cuanto los ojos cafés del chico se posaron en él, toda alegría de su rostro
desapareció. Las risas pararon y los tres acompañantes del chico se le quedaron mirando algo sorprendidos.
Todos sabían quién era él.

—Jefe—Saludó el rubio con voz perfectamente modulada. Si el chico se sentía nervioso, no se notó.

—Tengo que hablar contigo —dijo, esperando que los demás entendieran la indirecta y se largaran. Pero
por lo visto no había sido así. Los otros tres solo se apartaron un poco, para esperar a Jaejoong, supuso. —
Pueden irse, nos llevará tiempo.

—¿Te vas solo a casa, Jaejoong? —Preguntó el chico que antes no había hablado. Éste, al igual que su
compañero, Siwon creía recordar que le habían llamado, era moreno. Y tenía unas graciosas pecas en el
puente de la nariz. A Yunho no le cayó nada bien, ¿Quién se creía que era para no obedecerle?

—Sí, Seob. Pueden irse, yo pedí ya un taxi. —Los tres se despidieron de Jaejoong, y saludando con
formalidad a Yunho, quién por supuesto, no se los devolvió. —Podrías intentar ser un poco más amable —
dijo Jaejoong una vez se quedaron solos.

Guardándose para sí mismo la respuesta mordaz que tenía en la punta de la lengua, decidió que no era
tiempo para pelear. Llevaba demasiado tiempo perdido ya, esperándole allí.

—¿Tienes todo listo? —Ante el asentimiento de cabeza, Yunho simplemente se dio la vuelta para dirigirse a
la salida. Sin embargo, antes siquiera de que pudiese dar un paso, las luces de todo el lugar se apagaron,
quedando solamente alumbrados por los focos de emergencia, que no daban para ver más allá de unos
metros de distancia. —¿Qué demonios ha pasado?

—Deben haber sido los de electricidad, creo que estaban quitando los focos del escenario de música. Quizás
ha habido algún fallo…

Yunho no dijo nada, y maldiciendo su mala suerte, buscó con la mirada a Jaejoong. Por suerte pudo ver la
figura delgada del chico, a unos dos metros de él. Acercándose para agarrarle del brazo y salir de allí sin
terminar cada uno en una salida diferente, se llevó una mano al bolsillo para sacar su celular. Y sin embargo
sus pasos pararon en seco cuando algo en la expresión de Jaejoong llamó su atención. El chico estaba
mirando algún punto indefinido por encima de su hombro con el ceño fruncido.

Cuando fue a girarse, el brillo de algo metálico le hizo moverse mecánicamente. Y fue eso precisamente lo
que le salvó. El sonido amortiguado de un silenciador pudo escucharse perfectamente en el lugar. Todo pasó
demasiado rápido. Yunho pudo ver perfectamente una oscura figura algo alejada de ellos. Cuando vio como
un brazo se volvía a levantar, fue su instinto lo que le hizo tirarse al suelo.

Pero un ruido aún mayor detrás de él, le hizo girar el rostro, solo para ver con horror como Jaejoong, que
por lo visto había retrocedido sin cuidado alguno tras el disparo, se había enganchado en el gran telón. Un

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grito ahogado se formó en su garganta al ver como la pesada tela, junto a la barra que lo sujetaba, caían sobre
él chico.

—Jaejoong… ¡Jaejoong! —Sin pararse a pensar, sólo corrió hacia la figura paralizada de Jaejoong. Ambos
cayeron al suelo justo antes de que el telón también cayera. Lo último que vio debajo de él fue el rostro
inconsciente de Jaejoong, y después… después todo fue oscuridad.

El suave y continuo sonido que emitían las constantes vitales del paciente, eran alentadoras. El blanco
predominante de la sala parecía dar cierto aire de tranquilidad, y sin embargo, el olor a fármacos y
enfermedad era casi palpable en el ambiente.

Con un suspiro de cansancio, miró de nuevo la bolsa que colgaba junto a la cama, dejando gotear lentamente
el suero que tras pasar por el transparente tubo, iba a parar al cuerpo del paciente. Pero a pesar de todo, era
un alivio saber que su primo se encontraba estable.

Aun no entendía lo que había sucedido apenas tres días atrás. El desfile había salido tan bien como era de
esperarse, teniendo en cuenta la importancia del evento. Pero en cuanto Changmin llegó a su casa junto a su
esposo, Kyuhyun y los niños, una llamada urgente se había llevado toda aquella aparente calma. Otro
accidente. Su primo y Jaejoong en el hospital…

No tardaron más de diez minutos en estar los tres adultos en la sala de espera de uno de los mejores
hospitales de la ciudad, a espera del diagnostico de los médicos. Y por desgracia, en un principio no fue
demasiado alentador.

La situación de Jaejoong no era tan grave. Con un brazo fracturado, solo tendría que guardar reposo unos
días y llevar un enyesado durante dos meses y medio. Pero Yunho no había tenido tanta suerte. Por lo visto
la pesada barra de hierro que sujetaba el telón del escenario, le había caído encima. El golpe recibido en la
espalda le había roto un par de costillas, que habían perforado a su vez alguna vena importante, creando una
fuerte hemorragia interna.

Tras una larga sesión de cirugía, los médicos le habían diagnosticado como estable, y sin embargo, en los tres
días que llevaba postrado en la cama, su primo no había dado señales de vida. Según los propios médicos,
despertaría cuando las dosis de calmantes suministradas en su cuerpo bajaran, y a Changmin solo le restaba
esperar que aquello fuese cierto.

—Vamos Yunho—Susurró mientras miraba el pálido e inexpresivo rostro de su primo. Allí tendido, parecía
uno de aquellos muñecos de porcelana que exponían en los escaparates de las tiendas de artesanía. Sus rasgos
eran tan perfectos, que parecía mentira relacionar aquella figura con el mismo frío y arrogante magnate sin
sentimientos que tantas veces había mostrado la prensa. —Tienes que despertar de una maldita vez. Hoy
regresa Jaejoong a casa, y como no estés tú allí creo que el chico va a estar en problemas.

Si bien aquello era mentira, quizás sirviera para levantar a su primo. En cierta medida, la situación de
Jaejoong había dado un extraño giro nada más despertar de su accidente. Y todo había empezado cuando

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nada más abrir sus ojos, se encontró con las figuras de Vic y Junsu mirándole con intensidad a tan solo unos
pasos de distancia.

Aun no comprendía cómo tanto Kyuhyun como él habían fallado de aquel modo, pero lo cierto era que en
gran medida, la culpa de que Junsu y Vic descubrieran el sexo de Jaejoong había sido de ellos.

Mirando por última vez el rostro de Yunho, decidió que ya era hora de irse. Debía recoger a Jaejoong, que
en aquellos momentos debía encontrarse en su habitación recogiendo las pocas cosas que tenía en aquel
hospital, para llevarle a la mansión Jung.

—De verdad espero que te recuperes. Con tanta gente enterada de tu secreto… no sé cómo serán ahora las
cosas en la casa….

Cuando salió, la figura de su primo seguía tan inmóvil como lo había estado durante todo el día. Era
desalentador.

Colocando en la pequeña bolsa su cepillo de dientes, junto al peine y su pequeño bote de champú, pudo por
fin cerrar la cremallera del neceser. Ya tenía todo listo, desde los dos pijamas que le habían traído desde la
mansión Jung, hasta los diversos juegos y libros que Kyuhyun había regalado para su entretenimiento. Por
supuesto, no había tenido tiempo para tocar nada de aquello. Mirando por última vez la pulcra habitación
que había ocupado aquellos tres largos días, suspiró aliviado al saber que estaba punto de salir de allí. Sus
ojos no pudieron evitar demorarse en la limpia y estirada cama que ocupaba gran parte de la habitación Se
sentía tan bien poder estar en pie sin ninguna enfermera diciéndole lo que debía hacer…

Jaejoong aun no entendía lo que había sucedido aquella noche. Todo había sido tan rápido y confuso, que a la
hora de contar su relato de lo ocurrido habían tenido que posponer el interrogatorio. Lo único que su
confusa mente parecía recordar era el apagón de lucen que había oscurecido todo, para después escuchar
unos fuertes ruidos.

Una figura oscura aparecía cada vez que intentaba recordar lo ocurrido, y sin embargo le era imposible el
reconocerla. Lo que no se borraba de su mente era la imagen del telón cayendo sobre él mientras Yunho
corría hacía él para después hacerlos caer a ambos.

Había ido a ver a Yunho muchas veces, pero todas ellas igual de inútiles. Yunho se encontraba dormido a
base de sedantes y según los médicos, su situación era bastante delicada. Por suerte la cirugía había logrado
estabilizar la situación, y la salud del magnate era, en aquellos instantes, estable.

Pasando sus delgados dedos entre las negras hebras de sus cabellos, se dejó caer sin ninguna elegancia sobre
la incómoda silla que acompañaba a la decoración austera del lugar. Su mente le llevó a momento exacto en
el que había despertado, y que probablemente no olvidaría nunca.

FLASH BACK

Todo su cuerpo parecía pesar el doble de lo normal. Hasta sus párpados, que no hacían mucho por defender
sus ojos de la luz punzante que los dañaba, parecían no querer abrirse.

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Notó como su mano era acariciada por otra, más grande y cálida, alejando el frío lacerante que invadía cada
uno de sus finaos huesos. El suave murmullo de una voz llamándole fue lo que finalmente le hizo salir de
aquel letargo inducido por el sueño.

—Jaejoong… Vamos Jaejoong…—Lo primero que vio, una vez la intensa luz dejó de cegarle, fue el rostro
de Junsu, que con un gesto ansioso se cernía sobre él. A su lado, lo único que pudo diferenciar fue una rizada
melena rubia. —¡Jaejoong, despierta! Y por fin, entre las nubes que llenaban su cerebro, la idea de que
Junsu le estuviese llamando por su nombre hizo que sus ojos se abriesen por completo.

—¡Quieto, no intentes levantarte! Tienes unas cuantas heridas…—Como si hubiese sabido siempre de su
verdadero sexo, el pelirrojo simplemente se inclinó junto a él para colocarle mejor la gran almohada que
tenía bajo su cabeza. Sus labios resecos le impedían pronunciar palabra alguna. —Vaya, creo que nos debes
unas cuantas explicaciones, “amigo”, aunque creo que antes deberías contarnos qué fue lo que pasó.

—¡Menos mal que están bien! —dijo una voz femenina a su lado. Girando la cabeza vio con horror como
Victoria, o la gemela malvada, como él mismo la había bautizado, le miraba con una expresión demasiado
parecida a la angustia. —Yo estaba cerca. Cuando escuché todo el alboroto fui a ver qué sucedía, y entonces
les vi a los dos debajo del maldito telón. Pensé que les había matado.

Aun con lo irrealista de aquella situación, Jaejoong vio con asombro como las manos de la mujer, unidas en
su cintura, temblaban casi sin control. Por un momento se preguntó si el golpe que se había llevado le habría
hecho alucinar… Sin saber por dónde empezar, o qué decir, decidió ir a lo más seguro.

—¿Y Yunho? ¿Cómo esta él?

—Bueno…—La vacilación en la voz del pelirrojo hizo que un nudo de ansiedad se instalara en su estómago.
Temiéndose lo peor. —Aun está en el quirófano, una costilla rota le ha producido una hemorragia interna
y…—Su miedo debió de ser en aquel momento más que evidente, ya que Junsu, colocando una de sus
manos en su mejilla se apresuró a aclarar—¡Pero dicen que pronto estará estable! No te preocupes, ninguna
operación así podría llevarse a nadie de la familia Jung, son todos demasiado cabezones para eso…

Sin creerle, pero viendo que de nada servía angustiarse más, miró de nuevo a Victoria fijamente. La chica
pareció avergonzada, ya que un ligero sonrojo adornó sus bellas mejillas. Por un momento la compasión casi
le hizo retractarse de su mirada acusadora.

—¿Por qué estás aun aquí?

—Ella estaba preocupada Jaejoong. De verdad.

—No sabes cuánto lo siento…. Me he portado muy mal contigo, pero… nunca les desearía ningún mal…
Solo me dejé llevar.

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Jaejoong frunció los labios mientras meditaba lo dicho por Victoria. ¿Debía creer en sus palabras? La
respuesta era claramente negativa, y sin embargo aquel pesar reflejado en sus ojos era tan sincero… Sus
pensamientos fueron interrumpidos cuando Junsu, con un carraspeo muy poco sutil, llamó su atención.

—¿No crees que se te olvida algo? Porque hasta donde yo sabía, tu ayer mismo eras una tímida, mujer… Y
bueno, puedo no estar muy versado en el cuerpo femenino, pero francamente no creo que puedas seguir
manteniendo tu sexualidad ahora…

Con una mirada hacía su pecho, Junsu alzó de una forma horrorosamente familiar, una de sus cejas. Por un
momento la imagen de Yunho apareció frente a él. Estaba perdido…

—Yo no quería engañarlos… Todo fue necesario y de verdad que no puedo decir nada más del asunto.

—¿Pero quién más lo sabe? —Junsu, se sentó en el borde de la cama, soltando su mano para apoyaras en el
mullido colchón.

—Demasiada gente…—Suspiró mientras recordaba sus antiguos errores. —Tu marido lo descubrió en la
boda. Me agarro orinando en el baño de hombres—Esto último lo dijo sonrojado, y para su consternación
Junsu empezó a reírse. Cuando sus ojos cafés se posaron en la figura de la mujer rubia, vio que también a ella
le costaba mantener las carcajadas. —Si ríanse... No saben el susto que me dio….

—Ya me imagino a Changmin… Con lo que es, seguro que algo te diría allí.

—No, no fue tan malo… Pero después, mientras jugaba al baloncesto con Kyuhyun, me caí sobre él.
Tendría que haber sido muy tonto para no darse cuenta del engaño. Por suerte ninguno ha dicho nada hasta
ahora.

Su mirada se clavó primero en Junsu, para después ir hasta la rubia. Vic pareció confusa por unos instantes,
hasta que sus ojos se entrecerraron. Sin embargo no había malicia en ellos.

—Sé que mi palabra ahora mismo no es algo de lo que vayas a fiarte. Pero te juro que no diré nada. Mi
comportamiento hasta ahora no ha sido… muy agradable, por decirlo de algún modo. Pero te juro que no
diré nada a nadie. —Una sonrisa cínica se extendió por sus carnosos labios—Si lo hiciese de todos modos,
Yunho me mataría. Así que tranquilízate. No voy a pedirte que me perdones, porque sé que no lo vas a
hacer. Pero solo te pido que seas abierto conmigo. He descubierto que cometí un gran error al creer
ciegamente lo que otros me decían.

Las miradas confusas de Jaejoong y Junsu hicieron que la muchacha sonriera tristemente. Sus ojos reflejaban
algo muy parecido a la melancolía, y sin embargo no dijo nada más.

—Debo irme. En la casa todo está que arde… En cuanto pueda volveré a verte.

Y eso fue todo. La rubia se marchó, dejándole un mar de dudas en su cabeza. ¿A qué venía aquel
comportamiento? Era tan sospechoso que el pensar que algo tramaba no parecía del todo paranoico.
Además, con Yunho inconsciente y su secreto descubierto… no sabía que podía esperar ahora.

200
—Quita esa cara de póquer. —dijo de pronto Junsu, levantándose de su sitio para empezar a caminar por
todo el cuarto. Cuando sus constantes pasos empezaron a marearlo, Jaejoong retiró su mirada de él. —Yo
tampoco sé qué pensar de ella. Cuando nos avisaron de que estaban aquí, mi marido quiso evitar que viniese.
Ahora entiendo por qué, pero ni por un momento me hubiese quedado en la casa sin saber que estaba
pasando… Para cuando llegamos al hospital, Victoria ya estaba aquí, ella y Changmin tuvieron una gran
discusión encerrados en uno de los cuartos, y para mi mala suerte no pude escuchar ni una palabra de lo que
dijeron, pero cuando ambos salieron Changmin se fue a ver como estaba Yunho sin dirigirle ni una mirada
más a su prima.

Parándose en seco, Junsu se paso los dedos entre sus cabellos, alborotándolo por completo.

—Eso, creo, fue un descuido. Porque nada más desaparecer Changmin, entré a tu cuarto. No me hizo falta
más de medio minuto para darme cuenta de que eras un hombre. Cuando Changmin volvió casi corriendo,
era tarde, pero me dijo que tu nombre era Jaejoong y que eso era lo único que podía explicarme él. Victoria
también lo escuchó, ya que entró justo después de él. Y creo que eso es todo. Tu... eh… ¿Novio? Fue
ingresado en una de las salas de cirugía mientras Victoria y yo nos quedábamos contigo, a esperar que
despertases.

—¿Entonces nadie más ha entrado aquí?

—No. No dejamos que nadie pasara. Tengo que decir que la actitud de Victoria me ha tomado tan
desprevenido como a ti. No me lo esperaba. Pero dado que su madre no se ha aparecido aquí con la mitad de
la prensa de la ciudad para ponerte al descubierto, supongo que en realidad no va a decir nada por ahora. No
voy a poner las manos al fuego por ella. Pero su arrepentimiento parecía sincero. Estaba llorando muy
nerviosa cuando nosotros llegamos.

Un largo silencio siguió a aquel discurso. Ninguno de los dos supo que decir, y todo parecía tan extraño que
las palabras sobraban. La tensión era casi palpable en el ambiente y cada uno de los movimientos parecía
mesurado y planeado. Y sin embargo, una repentina sonrisa en los labios de Junsu hizo aparición.

—Acabo de darme cuenta… Si tu eres un hombre... ¿Quiere decir que Jung Yunho es gay? ¡No me lo
puedo creer, su abuelo debe morirse cada vez que se lo nombran, con lo que critica a Changmin por ello!
¡Además, esto debe ir en los genes o por herencia! Solo faltaría que Kyuhyun fuera gay también.

Por lo visto Junsu había encontrado el lado cómico de la situación. Escuchando sus carcajadas no pudo evitar
que una divertida sonrisa se dibujara en sus labios. Desde luego Junsu tenía razón en algo, el anciano Jung
debía de subirse por las paredes cada vez que recordaba la inclinación sexual de sus dos nietos mayores.

FIN FALSH BACK

Aquel día había pasado de forma larga y aburrida entre diversas pruebas. Su muñeca se había fracturado y por
lo tanto le esperaban un par de meses por lo menos de yeso. No era la primera vez que le ocurría algo así,
pero nunca una lesión había supuesto tanto un inconveniente. ¿Qué sería de su trabajo en aquellos meses?

201
No podía darse el lujo de estar de baja tanto tiempo. ¿Y si Heechul se buscaba a otro diseñador y perdía su
oportunidad? Solo esperaba que las cosas no se pusieran peor de lo que ya estaban.

Por si todo aquello fuese poco, la idea de salir del hospital para ir a parar a la mansión Jung no era algo que le
alegrase. Si por lo menos pudiese ir a su propia casa a descansar como se merecía…

Cuando por fin terminó de guardar todo, salió del cuarto para ir a buscar a Changmin, quien le llevaría hasta
la mansión. Junsu se encontraba en sus clases y Kyuhyun estaba en uno de sus imprevistos viajes. Por lo que
le había tocado a Changmin cargar con él. Jaejoong nunca terminaría de agradecer lo bien que se habían
portado el moreno y su esposo con él. Y aunque fuera extraño, también debía agradecer a Victoria el haberle
visitado un par de veces. Nunca se quedó más de cinco minutos o, como mucho, diez. Pero su presencia,
fuera de toda lógica, era relajante después del alboroto que solían formar los recién casados en sus visitas.

Aun no comprendía a que se había referido Victoria con lo de: “Nunca debí creer ciegamente en sus
palabras”. La expresión de culpa que se apoderaba de sus bellos rasgos y el que le hubiese pedido perdón en
más de una ocasión era algo con lo que no sabía cómo lidiar.

Cuando salió al largo pasillo que comunicaba la zona de habitaciones con la espaciosa y ancha sala principal,
donde un elegante ascensor podía llevarte hasta la planta baja para salir del lugar, se encontró con Changmin.
El moreno tenía la mirada perdida y sus pensamientos se notaban tan lejanos como el mismo cielo.

—¡Changmin! —Llamó mientras elevaba su mano sana para llamar su atención, cuando los ojos negros del
moreno se clavaron en su figura, un estremecimiento involuntario le recorrió por completo. Era tan
parecido a Yunho…—¿Cómo está?

—Igual. Dicen que estable, pero que aún tardará algún día más en despertar.

Cuando Changmin llegó a su lado, se fijó en las marcadas ojeras que ensombrecían sus ojos. Era obvio que la
indiferencia no era un rasgo característico de todos los Jung. Y era una suerte.

—Mañana vendré a ver qué tal. En realidad me siento tan culpable—Su murmullo fue respondido con una
mirada incrédula.

—Tú no tuviste la culpa de nada. Fue un accidente.

—No lo fue. Había alguien más allí dentro. Y si no fuera por Yunho, aquella barra me habría matado.

—Nah, no te preocupes por eso... él se pondrá bien dentro de nada, y aunque parezca insensible a todo, no
creo que pudiera estarse quieto viendo como aquella cosa te aplastaba. Diga lo que diga se preocupa por ti.

Preguntándose si a Changmin le habría entrado ganas de hacer de Celestino, prefirió guardarse sus réplicas
para cuando estuviese solo. Si Changmin quería pensar así de Yunho, pues que lo hiciese. Ese no era su
problema y desde luego lo último que le apetecía en aquellos momentos era una inútil discusión sobre su
“relación” con el moreno.

202
—Ya es la segunda vez que algo así ocurre. No sé porque no dio parte a la Policía desde un principio.
Podrían haberle matado. —Recordar todo aquello, aun cuando en los últimos días había intentado alejarlo
de sus pensamientos, terminaba irremediablemente en todo su cuerpo temblando. Nunca podría olvidar el
ruido seco—que aunque al principio no pudo reconocer, poco tardó en darse cuenta de lo que se trataba—
del disparo. Tal había sido el shock que su cuerpo se quedó completamente paralizado.

Juntos caminaron por los largos corredores, hasta llegar a las grandes puertas acristaladas que daban paso a la
salida. Cuando el aire fresco y limpio chocó contra su rostro, y Jaejoong se sintió en el cielo. Dejó que su
cabello se despeinase con aquella exquisita sensación de libertad y una verdadera sonrisa se extendió por sus
labios. Ya era hora de salir de allí.

Poco tuvieron que caminar hasta el flamante coche de Changmin. El moreno se apresuró a ayudarle con la
puerta y el cinturón de seguridad, cosa que Jaejoong agradeció. Su propia torpeza a causa de su lesión era
frustrante. Cuando Changmin arrancó el coche, Jaejoong solo pudo agarrarse al asiento con su mano sana, a
esperas de que Changmin compartiese, además de su afición a la velocidad, la destreza para esquivar
accidentes de Yunho.

Primero se dirigieron al apartamento de Jaejoong, para que el rubio pudiese ponerse su disfraz, y después
ambos volvieron al coche.

—Tenemos que pasar a recoger a los niños. Moonbin y Sungmo salen dentro de cuarto de hora. ¿Qué tal si
tomamos algo en aquel bar hasta la hora?

Dándose cuenta de que estaban frente a la escuela en la que los dos niños habían sido recientemente
matriculados, Jaejoong miró hacía donde el moreno señalaba. Una recogida y pequeña terraza, apenas
ocupada por un par de personas, se encontraba frente al conjunto de grandes edificios que componían el
colegio. Asintiendo, se apresuró a desabrocharse el cinturón—de nuevo con la ayuda de Changmin—y a
bajar del auto.

Ambos mantuvieron durante los siguientes quince minutos una charla amena y agradable. Jaejoong no había
tardado en descubrir tras su llegada a la mansión, la simpatía del moreno. Changmin era impulsivo, algo
malcriado y muy divertido. A veces parecía congeniar perfectamente con la personalidad de Kyuhyun. Pero
tampoco le había llevado mucho tiempo el descubrir que aquello era solo en apariencia.

Kyuhyun era único en su especie. Con aquel carácter carismático, que a su manera, arrastraba a todos. Podía
hacer que olvidaras los problemas con una pícara sonrisa y siempre mantenía aquel aire misterioso que
siempre había intrigado a Jaejoong. En general, la gente diría que Kyuhyun era una bala perdida en aquella
familia. Pero lejos de eso, el muchacho parecía ser el único lazo de unión entre ellos. Siempre dispuesto a
calmar los ánimos con algún comentario pasado de línea. Era, en pocas palabras, un pacificador.

Y sin embargo Changmin no. Changmin era divertido también. Pero con un carácter a veces que se lo
llevaba el demonio. Era caprichoso cuando quería y arrollador con su encanto las demás ocasiones. Parecía
un torbellino de actividad, que nunca sabrías con que podía salir en cada ocasión. La palabra para él podría

203
ser impredecible. Sí, definitivamente Changmin era impredecible. Y hacía una pareja estupenda con el terco
de su esposo.

Cuando los niños salieron, Jaejoong les tuvo que explicar al menos cinco veces lo que le había ocurrido en su
brazo. Ambos parecían realmente preocupados. Por lo menos hasta que Changmin, sacando un gran
rotulador de Dios sabe dónde, les dio la magnífica idea de firmar el yeso. No hicieron falta ni dos minutos
para que la blanca superficie del yeso estuviese repleta de garabatos y toda clase de dibujos abstractos. Y sin
embargo no pudo menos que reír cuando vio a Moonbin dibujar, lo que para él, era una réplica exacta de su
hermana. Sobra decir que aquello no le sentó demasiado bien a Sungmo.

El día pasó con una rapidez pasmosa. Antes de que pudiese darse cuenta, la hora de la cena había llegado, y
con ella, la oportunidad de saber si Victoria era o no sincera. Solo esperaba que la rubia no le hubiese jugado
una mala pasada. Aunque quizás aquello fuese pedir demasiado.

Vistiéndose elegantemente, recordando de pronto las innumerables veces en las que Yunho le había dicho
que debía ir de etiqueta cuando cenaba su abuelo en casa, por fin bajó las escaleras para dirigirse al salón.
Para su desgracia ya todos estaban allí, y nada más traspasar la puerta, todos los ojos se fijaron intensamente
en él.

Alisando su falda larga turquesa y esperando que su disfraz sirviese de algo, se dirigió al asiento que
normalmente ocupaba. Notando al momento la silla vacía a su lado. En aquel instante deseó que Yunho
estuviese junto a él.

—Vaya, así que nuestra querida huésped ha vuelto de su hospitalización. —La voz burlona de Mihwa no se
hizo esperar. Pero Jaejoong estaba ya tan acostumbrado que simplemente le dirigió una breve sonrisa
mientras se encogía de hombros.

—Solo tengo una fractura en la muñeca. No era algo como para que me tuviesen allí más tiempo.

Los ojos de la mujer se entrecerraron mientras su cuchara se clavaba sin compasión en el marfileño mantel
que cubría la madera de la mesa. En aquel momento la llegada de los criados con la comida le salvó de otra
disputa con Mihwa.

Por suerte, aquella noche se cenaría caldo. La idea de pedir ayuda para cortar carne, o para pinchar alguna
verdura escurridiza le horrorizaba.

—¿Podrías explicarnos, qué fue lo que pasó exactamente? Victoria no nos ha dicho demasiado. Las cosas no
están nada claras aun—Ante la imponente voz del cabeza de familia, Jaejoong supo que tenía que contestar.

—Lo siento, pero no estoy segura. Todo pasó tan rápido… De pronto el telón se vino abajo y Yunho…
bueno él intentó apartarme, pero calló sobre ambos.

La suspicaz mirada del anciano pareció taladrarle hasta el alma. Pero por suerte Kyuhyun salió en su defensa
con un comentario de los suyos.

204
—Nunca imaginé que nuestro querido primo Yunho se convirtiera en un héroe. ¡Es tan romántico!

—¡Kyuhyun! Esto no es para bromear. Tu primo aun sigue ingresado, y podría haber sido peor…

Kyuhyun miró a su abuelo serio. Más serio de lo que nunca le hubiese visto. Pero tan rápido como llegó,
aquella expresión desapareció.

—No seas exagerado abuelo. Fue un accidente. Simplemente eso.

—Cierto, además, Yunho saldrá mañana mismo del hospital. Los médicos creen que no tardará en
despertar.

Todas las miradas se centraron ahora en Changmin, pero este se mantuvo impasible. El moreno
simplemente se llevó otra cucharada del caldo de marisco que tan generosamente habían servido en su plato,
para vaciarla con casi parsimonia.

—Y dime… ¿Cómo es que no te has quedado a dormir allí, cuidando de tu amado novio?

—Yo se lo impedí, Tía —dijo Changmin en tono algo brusco. —¿No querrás que se quede allí si eso
empeora su salud, verdad? Los médicos le han aconsejado reposo. Así que ella se quedará en casa por unos
días sin ir a ningún lado…

—¿Cuándo dijo el médico que te la quitarían? —Preguntó Junsu señalando con su cabeza su brazo.

—Dentro de dos meses tengo que ir a revisión. Entonces me dirán si me la pueden o no quitar aun.

—¿Estarás de baja los dos meses?

—Creo que sí. De todas formas tendré que hablar con mi jefe. Es bastante… especial.

Changmin soltó una carcajada, que ocultó inmediatamente tras un carraspeo muy poco disimulado. Su tía le
fulminó con la mirada para después volverse hacía Jaejoong.

—¿Y donde exactamente trabajas? Nunca nos lo has dicho.

—Soy diseñadora en una empresa nueva. Su marca aun no es conocida. Pero lo será.

—¿Enserio? ¿Cómo se llama? —Preguntó Mihwa con los ojos entrecerrados. Era obvio que no se creía ni
una palabra.

Las manos le empezaron a sudar cuando se vio acorralado. ¿Qué le tendría que decir? ¿Era mejor inventarse
una marca, o hacerle largas al asunto? Pero por suerte ninguna de las dos cosas fue necesaria, ya que
Victoria, en un arranque de imaginación, empezó a toser en una imitación perfecta. Todo el mundo se puso
en pie, y sin embargo la mujer echó una disimulada mirada a Jaejoong mientras les decía a los demás que se
sentasen, eso sí, aun tosiendo convincentemente. Los ojos de Jaejoong se abrieron por la impresión.

205
—¡Yo la acompañaré a su cuarto! —dijo de pronto levantándose—Después de todo no comeré el segundo
plato.

Mihwa fue a protestar, pero su hija negó con la cabeza mientras una de sus manos agarraba la base de su
cuello. Era de lo más convincente. Cuando Jaejoong llegó a su lado, ambos salieron del comedor
apresuradamente, ante la divertida mirada de más de uno.

—Gracias—Susurró el rubio una vez lejos del salón principal.

—No se merecen. Mi madre te hubiese descubierto, no es fácil engañarla.

—¿Por qué no se lo has dicho? Lo de mi sexo, me refiero.

—No es asunto mío. Y en realidad de mi madre tampoco.

Caminaron hacía el cuarto de Victoria. Jaejoong nunca había estado en aquella zona de la casa. Casi en la otra
punta de su propio dormitorio. Siguiendo a Victoria, y sin poder evitar fijarse en el sensual balanceo de sus
caderas, Jaejoong se preguntó por qué no tendría novio. Aquella chica destilaba sensualidad por cada uno de
sus poros.

Ni siquiera los pantalones anchos que llevaba lograban ocultar sus bellas curvas. Sin querer ser visto mirando
fijamente el trasero de la mujer, levantó con rapidez los ojos. Para su consternación un ligero sonrojo
empezó a cubrir sus mejillas. Cuando llegaron a la entrada del cuarto, la chica abrió la puerta sin mirar hacia
tras, mientras pasaba al interior.

Y Jaejoong no se defraudó. Desde un principio supo que Victoria tenía buen gusto. Su ropa, su escaso
maquillaje perfectamente acorde con sus rasgos. Todo ella era elegancia. Y su cuarto no era menos. Desde
las paredes con una tonalidad más suave que el melocotón, hasta los muebles de estilo eran de un gusto
exquisito.

Nada de horribles posters de cantantes famosos colocados por las paredes, solo la sencillez de unas bonitas
cortinas algo oscuras y una estantería repleta de libros. Jaejoong se preguntó si se habría leído alguno de
ellos.

—¿Te gusta? Cómo diseñador, supongo que debería importarme tu opinión.

—Magnifico. Tienes muy buen gusto.

—Mi madre quiso encargarse ella de decorarlo, pero por suerte la convencí de que este iba a ser mi cuarto,
y por lo tanto aquello era tarea mía. Mihwa relaciona buen gusto con colocar más y más cosas caras. Su
cuarto es lo más ostentoso que hayas podido ver. Está tan recargado de cosas de valor, que nada parece tener
allí un sitio.

Jaejoong no dijo nada, pero sabía de sobra a lo que se refería. Más de una vez había rechazado trabajos como
decorador de interiores por culpa de los gustos de su contratante. El solo hecho de querer meter en un
mismo sitio objetos inmensos y cubiertos de oro para proclamar a los cuatro vientos su poder económico era

206
algo de muy mal gusto. La elegancia pocas veces podía convivir con mesas gigantes con patas en formas de
serpientes de oro macizo, cuyo superior estaba decorado por grandes jarrones también de oro junto a relojes
antiguos y como no, de oro…

—Me encantó tu diseño del desfile. Le pregunté a Changmin qué cual era. Aunque en cuanto supe que
estabas bajo la mano de Heechul… bueno me imaginé que debías ser bueno. Ese tipo no ha dejado de
atosigarme para que sea su modelo desde que me conoció en uno de esos aburridos eventos a los que me
obligan a ir. Nunca he sido modelo de pasarela, pero sí que he posado en algunas revistas de moda. Me gusta
ese mundo, y con los negocios de mis familiares es fácil acceder a él.

Sin saber que decir a todo aquello, no pudo menos que preguntarse por qué se lo contaba a él. Está bien que
estuviese intentando enterrar el hacha de guerra entre ellos, pero nunca hubiese imaginado que se abriría así.

—¿Por qué me cuentas todo esto? —Preguntó al fin mientras contemplaba como Victoria se sentaba en una
de las sillas que adornaban el cuarto. Cuando la muchacha le señaló el asiento contiguo, Jaejoong caminó
hasta ella.

—En realidad no lo sé. Quizás me sienta culpable por cómo te he tratado. Pero debo admitir que tienes un
efecto extraño en la gente. Como si ese carácter tímido tuyo fuese un aliciente a que la gente confiase en ti.
No sé cómo explicarlo, pero viviendo donde vivo, ver a alguien como tu es algo francamente extraño. Yo
solo quiero mostrarte como soy, sin velos ni mentiras que tapen nada.

—¿Por qué te caí mal antes si quiera de conocerme?

Una extraña sombra cruzó por sus ojos.

—No está bien hablar de la familia a sus espaldas. Y por ello solo te diré que me envenenaron. En esta casa,
como ya sabrás, no eres muy bien recibido por todos. Cuídate Jaejoong. En verdad pareces una buena
persona.

—¿Puedo hacerte… una pregunta algo personal? No hace falta que contestes si no quieres…

—Adelante —dijo sonriendo.

—¿Tienes novio?

Los ojos de la muchacha se abrieron sorprendidos y para su completo asombro algo muy parecido a la
vergüenza pareció hacerla abrir y cerrar la boca un par de veces.

—Yo... lo siento Jaejoong pero… Esto… bueno no eres mi tipo y….

No pudo evitarlo, pero a la vez que el mismo sentía como se acaloraba, una alegre carcajada escapó de sus
labios.

—No, no es por eso. En realidad recientemente he descubierto que mis gustos van hacia otro sentido…

207
—¿Yunho?

—Bueno…—Jaejoong cerró la boca inmediatamente. ¿Hasta dónde podía confiar en ella? Por una parte, el
hecho de que no hubiese dicho nada, y que le hubiese ayudado le empujaban a hablar con ella. Pero… era
Victoria después de todo. —No estoy seguro —dijo finalmente con vacilación. Y lo más increíble es que
aquello, era verdad.

—¿Cómo? No hace falta que me digas nada si no quieres. Pero no te engañes a ti mismo. Te he visto
mirarlo, y créeme, le miras como si fuera alguna especie de tarta. —Victoria debió darse cuenta de su
consternación, porque se apresuró a añadir:—Pero no te preocupes, creo que solo yo me di cuenta. Los
hombres pueden ser realmente ciegos. Y bueno… los demás creen que son una pareja. Así que supongo que
no importará…

—Pero yo... yo no le miró así.

—Ah amigo, sí que lo haces. Algún día te haré una foto mientras estás babeando, y entonces te darás cuenta.
En realidad creo que hay demasiados ciegos aquí. Changmin y Junsu se ve de lejos que también están locos
en uno por el otro. Pero su maldito orgullo les deja acercarse más de lo estipulado en su Maldito acuerdo
matrimonial….

Por un momento la perplejidad le dejó mudo. ¿Acuerdo matrimonial? ¿Changmin y Junsu? Pero entonces
aquello que antes parecía no encajar, empezó a hacerse su hueco en la historia.

—Oh... Diablos. ¿No lo sabías verdad? Creí… bueno eres su amigo y…

—Tranquila, no diré nada —dijo para tranquilizarla, y sin embargo su curiosidad era demasiada. —Así qué
su matrimonio es un acuerdo, ¿No? ¿Pero por qué? No creo que a Changmin le hiciese falta nada así para
encontrar pareja. Y a Junsu tampoco…

—Bueno, las cosas no se dieron así exactamente. —Un poco por encima, Victoria le contó la historia que
toda su familia sabía. Era obvio que algunos detalles, como el comienzo de la relación entre ambos esposos,
no la sabían, pero aun así la idea principal quedó bastante clara. Era un matrimonio falso, y en meses se
disolvería.

Sin saber muy bien como tomarse la noticia y no queriendo meterse en asuntos que realmente no el
incumbían, decidió cambiar de tema. Después de todo, él no era nadie para hablar de engaños…

Sus finos dedos pasaron nerviosos sobre la lisa tela de su falda, como si de algún modo aquello fuese a borrar
las invisibles arrugas que pudiesen estropear su etérea imagen. Victoria se levantó de su sitio para acercarse
hasta un gran armario colocado en la pared frente a la cama.

Cuando sus elegantes manos abrieron las grandes puertas lacadas, pudo ver como un sin fin de ropa ocupaba
el interior del mueble. Zapatos, trajes, vestidos… había de todo. Confundido, observó como Victoria sacaba
con cuidado un vestido negro. Cuando lo colocó en la cama, Jaejoong solo pudo contener el aliento.

208
—¿Qué te parece? —dijo la chica mientras miraba con algo parecido a la melancolía aquella exquisita
prenda.

Con un corte liso, sin adornos que sobrecargaran la elegancia del vestido, era maravilloso. Con un cuello en
forma de corazón y una caída libre hasta casi los tobillos, parecía estar hecho especialmente para la figura
cimbreante de la mujer.

—Es precioso. ¿Para qué lo vas a usar?

—Una fiesta. —murmuró. Jaejoong no pudo dejar de ver como apretaba sus puños por un momento—En
realidad, mi fiesta de compromiso.

—¿Te vas a casar?

—¿Casar? —Una amarga carcajada escapó por sus sensuales labios, y Jaejoong supo que bajo aquella fachada
Victoria estaba dolida—Pues ciertamente no lo sé. Tendrás que preguntárselo a mi madre, que me ha
buscado un prometido sin consultarme si quiera.

—¿Puede… puede hacer eso?

—Ella puede hacer cualquier cosa, si conviene a sus intereses.

La pálida mano de Victoria acaricio el bajo del vestido. Pero de pronto, como si no hubiese sido capaz de
contener aquel volcán que parecía a punto de estallar en su interior, tomo la prenda bruscamente con
intención de tirarla al suelo. Antes de que aquello ocurriera—tras lo cual, Jaejoong estaba seguro, se
pondría a saltar sobre el vestido para arruinarlo del todo—la agarró por el brazo para impedirlo.

—No lo hagas. Eso no va a solucionar nada, y ese vestido debe costar lo que cobro yo durante dos años…
Quizás incluso más, teniendo en cuenta mi contrato como becario.

—¿Y qué más da? Ella se encargaría de comprar otro y listo. Nunca se preocuparía por tales minucias. Como
lo que su hija quiere, por ejemplo.

—¿Has hablado con ella? —Victoria negó con la cabeza, y de pronto Jaejoong sintió verdadera compasión
por ella. Quizás fuese porque él mismo había comprobado lo que era tener que estar junto a alguien por
obligación –Dios sabía que solo eso le ataba a Yunho—o quizás era solo el hecho de no soportar ver el
sufrimiento en aquel rostro. Nunca había sido capaz de dar la espalda al sufrimiento ajeno.

—No serviría de nada. Cree que es hora de que me busque un esposo rico al que “echar el lazo”, según sus
palabras textuales. —Volviendo a dejar el vestido en su sitio, colgado de una percha y a buen resguardo en
aquel inmenso armario, la chica empezó a pasearse en círculos por su habitación—¿Sabes por qué les odié a
ti y a Junsu antes si quiera de conocerlos? Fue por ella. Me dijo que eran unos caza fortunas. Bueno
francamente, eso fue lo mejor que salió por sus labios. Su lengua puede ser de lo más venenosa cuando se
empeña. Y yo le creí. ¿Por qué no hacerlo? Todo parecía tan extraño y las circunstancias no hacían más que
darle la razón a mi madre.

209
—Yo no busco dinero de tu primo, te lo aseguro.

—¡Ya lo sé! Pero me enteré demasiado tarde. Lo siento Jaejoong, a veces puedo llegar a ser una molestia,
pero escuché una conversación entre Yunho y tú hace más o menos una semana. Estaban discutiendo sobre
el desfile, y entonces él dijo aquello… “Me importa un carajo lo que te interese, tu harás lo que yo te diga,
que para eso te pago. Recuerda tu lugar, Jaejoong, eres simplemente mi empleado, y por ahora, mi conejillo
de indias”. Nunca olvidaré aquello.

Jaejoong también recordaba. Y no era de extrañar. Cada vez que Yunho y él discutían, parecía que el
moreno era incapaz de restregarle su miserable condición por la cara. Jaejoong se sentía en ocasiones, tan
frustrado, que las ganas de llorar eran irreprimibles.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Aceptarás tu compromiso así como así? —Preguntó solo para cambiar de tema.

—¿Y qué más me queda? No puedo llegar a la fiesta y delante de todos negarme a cumplir con lo pactado
por mi madre. Y falta demasiado poco para la fiesta como para arreglar antes las cosas. Ni siquiera sé con
quién me ha prometido.

El tono lastimero de Victoria, hizo que la mirase fijamente. Era tan extraño en ella que la posibilidad de
encontrar algún rastro de falsedad en su rostro no era algo a descartar. Y sin embargo, o bien Victoria era
una actriz consumada, o era sincera.

—Intenta convencer a tu madre. Después de todo, eres su hija.

—No funcionará, la conozco demasiado bien, y créeme, eso no la detendrá en su afán por conseguir más y
más poder.

Jaejoong lo pensó por un momento. ¿Cómo podía alguien hacerle aquello a su propia hija? Pero la respuesta
era terriblemente clara, después de todo estaba hablando de Mihwa. Y desgraciadamente Jaejoong, en el
poco tiempo que llevaba viviendo en la mansión, había sido capaz de conocer a la mujer demasiado bien.
Nada la detendría, ni siquiera el hecho de amargar la vida de su hija…

—¿Pero… no podría comprometerte si ya tuvieses pareja, verdad? —dijo de pronto, con una idea
rondándole.

—¿Cómo? Yo no tengo pareja Jaejoong…

—Ya, pero… ¿Y si la tuvieras? Tu madre no podría comprometerte con nadie más.

Los ojos negros de la mujer parecieron iluminarse, algo extraño en aquel color oscuro. Una sonrisa pícara se
extendió por sus labios mientras que una de sus manos palmeaba su muslo rítmicamente.

—¡Claro! Es una idea magnifica. No sé cómo no se me había ocurrido antes… Solo tendría que encontrar
un novio que mi madre aprobara.

—Eh... Siento romper tu burbuja, pero eso no creo que sea algo fácil.

210
—Te equivocas. Llévale un niño rico y con una familia antigua y ella estará feliz.

Jaejoong se guardó para sí mismo todo comentario irónico. Si Victoria creía que los hombres así crecían de
las piedras, allá ella. Después de todo era bella y rica. Podría encontrar a alguien en poco tiempo.
Levantándose dispuesto a despedirse de ella para dirigirse a su propio cuarto, Jaejoong se giró hacía la rubia,
y sin embargo, la mirada de Victoria le hizo dar un paso atrás.

—¿Por qué me miras así?

—¡Tú podrías ser mi novio! Después de todo eres un hombre…

—Ni hablar —dijo rotundamente. Y sin embargo un intenso sonrojo se había apoderado de sus mejillas.
¿Meterse en más líos? Podría ser ingenuo en algunas ocasiones, pero no llegaba a tanto—Ya tengo
bastante…

—¡Venga, no será tanto…! Solo te pido que finjas un poco más. Ya tienes que estar acostumbrado. Aquello
le dolió. No es como si a él, el hecho de mentir, le causara satisfacción alguna. Ya bastante tenía que
soportar a diario.

—Lo siento, pero no puedo hacer eso. Además, Yunho me mataría si se enterase…—La imagen mental que
entonces se lo formó, hizo que un involuntario estremecimiento le recorriera cada uno de sus miembros

—Yunho no tiene porque enterarse.

Una verdadera sonrisa se extendió entonces por sus labios. ¿Acaso aquella mujer no conocía a su primo?

—Eso es ridículo. Se enteraría. Y entonces tanto tú como yo nos veríamos en graves problemas.

Victoria se levantó de la cama para acercarse hasta él. Cuando las manos de la mujer cogieron las suyas, para
apretárselas afectuosamente—Demasiado afectuosamente a su parecer—todo el rostro de Jaejoong se volvió
aun más colorado. Victoria estaba demasiado cerca, y le miraba con aquello intensos ojos casi suplicantes.

—Pues entonces ayúdame a buscar a alguien. Tú, en la compañía, tienes que conocer gente. Si traigo alguno
de mis amigos... mi madre se reirá de mí en mi propia cara.

Quiso decir que no. Realmente esa era su intención. Y sin embargo el antiguo Jaejoong, aquel inocente y
tímido chico que últimamente había creído desaparecido casi por completo, surgió en todo su esplendor.
Incapaz de hablar, solo asintió con la cabeza.

—Está… Está bien. Pero no prometo nada. Allí solo soy un becario. Además, con mi mano en este estado,
no creo que Heechul me soporte mucho tiempo por allí dando la vara.

Victoria sonrió felizmente, mientras sus manos soltaban las de Jaejoong para abrazarle fuertemente. Sin
saber dónde meterse, el rubio simplemente subió sus propios brazos para devolverle el abrazo de forma
vacilante.

211
—Gracias, no sabes lo bien que me viene eso. Yo si quieres puedo ir contigo, así no gastarás dinero en
autobús y tiempo. Seré tu chofer—La mirada maliciosa que de pronto apareció en sus ojos negros, le hizo
preguntarse dónde demonios se había metido y sin embargo las siguientes palabras de la chica le hicieron
ahogar una exclamación de sorpresa—Y como recompensa yo te ayudaré con mi primo. Tú me consigues
una pareja aceptable, yo consigo que tu pareja deje de verte con esos ojos burlones que suele usar mi primo
para mirar al resto del mundo.

Jaejoong no pudo asentir. Ni siquiera negar, como debía haber hecho. Pero Victoria no necesitaba una
respuesta por su parte. Aquella mujer era un Jung después de todo, y hacía y deshacía a su antojo sin pedir
ninguna clase de permiso para ello. Aun cuando hablásemos de la propia vida de Jaejoong.

Si lo pensaba bien, aquello era ridículo. ¿Cómo había pasado en menos de una semana de estar aguantando
los agudos insultos de la mujer, para convertirse en una especie de cómplice? Y aunque Jaejoong intentase no
ser pesimista, sabía de sobra que Victoria podría encontrar un novio ella sola, sin ninguna clase de ayuda.
Jaejoong sentía que se había metido en la boca del lobo, y desgraciadamente no había tenido el coraje de
verlo a tiempo.

—Yo... Yo tengo que irme —murmuró entrecortadamente, muy nervioso de pronto.

—Está bien. Nos veremos mañana para ir a ver a Yunho. Le dije a Changmin que iría con ustedes.

Jaejoong no articuló palabra, y con una desazón solo comparable a su desaliento, en su pecho, se dirigió a su
cuarto. ¿Dónde se había metido? Cada vez estaba más seguro que el hecho de que su vida fuese un carajo,
solo era culpa suya. Después de todo parecía ser que tenía un don para buscar problemas.

Una vez llegó a su cuarto, tras haber recorrido al menos cinco larguísimos pasillos, abrió la puerta para
entrar. Lo primero que vio fue la inmensa cama de matrimonio que adornaba el centro de una de las
paredes. La oscura colcha que la cubría, pulcramente estirada sobre las sabanas de seda, parecía gritar a los
cuatro vientos a quien pertenecía aquella habitación. Y entonces, la ausencia de Yunho, no pudo ser más
notoria.

El cuarto aun parecía impregnado con el olor del magnate, limpio y sensual. Y el gran escritorio, donde
tantas veces había visto a Yunho trabajar, se le hacía más grande y tenebroso que de costumbre.

Con un suspiro, fue directamente hacía la cama, dejándose caer completamente, con su mirada clavada en el
techo. ¿De verdad podía echar de menos a Yunho? Desde luego que su presencia siempre conseguía alterar
su vida de una forma alarmante, pero por aquello mismo, el hecho de tener unos días de paz debía aliviarlo.
Y no era así.

Volviendo la cabeza, inhaló profundamente, impregnándose del olor de Yunho que aún conservaba la
almohada. Era increíble el pensar que ellos habían compartido aquella cama tantas veces. Y sin embargo era
cierto. Últimamente el estar tan cerca del magnate era una tortura, ya que las noches parecían hacerse
eternas, esperando algún movimiento por parte del moreno—Movimiento que obviamente, nunca venía—
mientras sus manos empezaban a sudar.

212
Pero después de aquel incidente en la cocina, Yunho nunca había dado señales de que él existía si quiera. Las
noches que había dormido en su propio apartamento, Jaejoong se había visto a si mismo extrañando la
presencia del moreno a su lado, y aquello le había terminado por trastornar.

Durante las últimas semanas se había esforzado tanto en ocultarse a si mismo lo que sentía, que casi había
terminado por creérselo, pero de una forma u otra, aquel accidente que aun tenía al moreno postrado en
una cama, le había hecho abrir los ojos.

Le gustaba Yunho. Ahí estaba, una gran vedad. Tan grande como una catedral y tan difícil de ver para él.
Había tardado tanto en negarse a si mismo lo que sentía, que ahora simplemente no sabía cómo actuar. Y es
que, se viese por donde se viese, allí no había futuro alguno.

Pero la cuestión no es que solamente le gustaba. Es que le gustaba demasiado. Ya no se trataba de que le
atrajesen sexualmente los hombres, se trataba de que se estuviera obsesionando con Jung Yunho.

Yunho nunca aceptaría sus sentimientos. El magnate tenía bien claro lo que Jaejoong valía, según su punto de
vista. Nada. Y nada de lo que él hiciese podría cambiar eso, por lo que él solo pensar en sus sentimientos
pudieran tener un receptor, le hacía sentirse francamente estúpido. Y lo peor era que el muy pendejo lo
sabía. Bien lo había demostrado aquella noche en plena cocina, jugando con él como si de algún muñeco se
tratase. Yunho en ocasiones podría ser un bastardo sin corazón.

Solo le quedaba el consuelo de que realmente, sus sentimientos podían definirse como “gustar”. No quería ni
imaginar lo que llegaría a pasar si algún día se enamoraba de él. Ya podía imaginarse al magnate riéndose de
él, mientras cruelmente se jactaba de lo que nunca podría llegar a tener. Es decir, a Yunho.

¿Victoria quería ayudar en que Yunho se fijara en él? El problema era que Jaejoong no quería que Yunho se
enterase de nada, porque entonces su infierno particular empeoraría un más. Ya podía imaginarse como las
escenas como la de la cocina empezaban a repetirse, humillándole sin ninguna consideración. Según él, ya se
había rebajado bastante hacía años. No volvería a pasar por lo mismo otra vez. Cansado de darle vueltas a lo
mismo, y con una sensación de derrota tras admitir ante sí mismo lo inadmisible, se levantó de la cama para
quitarse la ropa y cambiarse. Necesitaba ponerse su pijama para dormir pronto. El médico ya le había
quitado aquellas horribles pastillas que le hacían dormitar durante todo el día, pero aun así, el cansancio que
sentía por todo el cuerpo no desaparecía.

Dirigiéndose a su armario, tomó el primer pijama que encontró en los grandes cajones, sin querer mirar a
los numerosos pijamas de seda de Yunho, que estaban junto a los suyos. Maldiciendo por escayola, que le
dificultaba bastante la tarea de poder desvestirse, tardó más de diez minutos en cambiarse de ropa.

Cuando terminó, se dirigió al baño, y como de costumbre, empezó a quitarse los rastros del maquillaje que
aun quedaban en su rostro. Menos mal que no le hacía falta mucha pintura. Lavándose los dientes, se fijó en
las pequeñas ojeras que le habían salido y en las que antes, no se había fijado.

213
Aquella fue una noche larga, y para su desgracia, llena de sueños cuyo protagonista—Un moreno sexy y
frío—sacaba todo lo que hasta ese momento Jaejoong había podido ver de él. Sueños húmedos, pesadillas, el
magnate podía hacerle soñar tantas cosas…

A la mañana siguiente, Victoria se despertó de muy mal humor. No era normal en ella, quien a pesar de su
mal carácter, en algunas ocasiones, podría decirse que era demasiado orgullosa como para mostrarse en
aquellas condiciones. Pero aquel día sería la excepción, y todo empezó con la mañanera visita de su madre.

Victoria aun sentía como su furia hervía al recordar el modo terminante en el que le había prohibido ir a ver
a su primo—Como si estuviese en el derecho de hacerlo…—y le había recriminado el comportamiento de
la noche anterior. Aun recordaba como hacía cerca de una semana, había escuchado aquella conversación
entre su primo y su “novia”. Al principio, su primer impulso había sido el de irle a su madre con el cuento. Y
era lo que tenía pensado hacer hasta que al llegar al despacho de su padre escucho otra conversación. Esta
vez mucho más seria, y que cambiaría su forma de ver a su madre para siempre.

Que ciega había estado. Se había dejado envenenar por su madre, quien la había puesto en contra de
Jaejoong y Junsu. Cada vez que recordaba cómo había tratado a ambos, la vergüenza que sentía era tal, que
no podía evitar sentir asco de sí misma. ¿Cómo alguien puede equivocarse así?

Su madre se había encargado bien de “informarla” de todo. Según Mihwa, Jaejoong no era más que una caza
fortunas que había encandilado a su primo. Aquello por si solo quizás no le hubiese hecho odiar al muchacho.
Pero Mihwa sabía cómo lavar el cerebro de la gente, manipulando poco a poco hasta conseguir que todos
bailaran a su compás.

Y ella había sido mala. Tenía que reconocer que su carácter nunca había sido demasiado bueno. Pero
realmente se había portado de una forma cruel con aquellas dos personas que en realidad nada malo habían
hecho. Y se había dado cuenta en el momento en que encontró al rubio en el suelo, con el rostro bañado con
su propia sangre y bajo el cuerpo de su primo Yunho. Nunca olvidaría el susto que se llevó aquel día.

Por otra parte, tenía decidido el hacerse amiga de ambos. Puede que le costase ganarse su confianza, pero
sobretodo con Jaejoong, iba por el buen camino. Al chico se le veía buena persona, y si bien no muy
sociable, al menos no con ese carácter endiablado del pelirrojo.

Y por si fuera poco, había conseguido su ayuda para encontrar un “novio provisional”. Aun no entendía como
no se le había ocurrido antes aquella idea. Pero lo cierto era que, aun sin necesitar la ayuda de Jaejoong,
pensaba usar la oportunidad para acercarse más al chico. Era un soplo de aire fresco entre tanta gente falsa.

Sus ojos se abrieron lentamente, mientras que un ligero pinchazo le hacía girar la vista hacía donde suponía,
estaba su brazo. Como si de una señal se hubiese tratado, un millar de agujas se clavaron en su nuca,
mientras que la punzante luz quemaba sus pupilas.

Parpadeando, por fin logró enfocar, lo que debía ser la figura de una enfermera. Preguntándose por qué una
enfermera se inclinaba sobre él, abrió la boca para reclamarle, y sin embargo por sus labios no salió ni el

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mínimo sonido. Anonadado, Yunho sacudió la cabeza para despejarse. Fue mala idea, enseguida el dolor en
su nuca se incrementó, sacándole esta vez, un ahogado gemido.

—No se mueva —murmuró en voz sedosa la enfermera. Ahora que la podía ver mejor, se fijó en el austero
moño que sujetaba sus lacios cabellos negros, y en aquellas horribles gafas que colgaban casi precariamente
de una nariz respingona y puntiaguda. —Ahora mismo le quito la vía.

—¿Qué ha pasado? —Logro decir, y hasta para él, su voz sonó horriblemente ronca.

—Un accidente. Pero ahora no se preocupe por eso. Allá afuera esperan tres parientes. Pasarán en unos
instantes.

En ese mismo momento, como si alguien hubiese estado esperando esas palabras, la puerta se abrió. Yunho
solo miró algo aturdido aun como su primo Changmin entraba en el cuarto. Seguido por Victoria, y por
Jaejoong, quien no despegaba la vista del suelo de delante de sus pies.

—¡Hey! ¿Cómo estás? ¡Ya le dije yo a la doctora que siendo como eres no durarías mucho más en esa cama!
—Cuando Changmin se acercó hasta su cama, Yunho simplemente gruño por lo bajo a modo de saludo. Sus
ojos no se apartaron de Jaejoong, y es que los recuerdos habían vuelto bruscamente en cuanto le vio
traspasar el umbral de la puerta.

—Tienes a toda la familia estresada, primo —dijo Victoria acercándose también.

—¿Cuánto ha pasado?

—¿Qué...? ¡Oh, pues cuatro días solo! Jaejoong salió ayer mismo del hospital. —Sus ojos se abrieron
incrédulos ante el error de su primo. ¡Acababa de llamar a Jaejoong por su verdadero nombre! Pero cuando
sus perspicaces ojos se clavaron en la figura de su prima, se dio cuenta de que muchas cosas debían haber
pasado mientras dormía. Victoria no estaba nada sorprendida por aquello.

—Puede alguien explicarme qué demonios ha pasado. ¿¡Jaejoong!?

El rubio, que vestía con su típica peluca y un elegante vestido por debajo de las rodillas, acompañado de una
fina chaqueta de color azul pálido, le miró asustado.

—¡Por el amor de Dios, no voy a comerte! Creí que ya habíamos dejado eso atrás…

No pudo contener su sonrisa cínica al ver como su espalda se volvía rígida y sus hombros se cuadraban.
Jaejoong acababa de perder toda su vacilación. Ya veríamos cuanto duraba aquello.

—Tu prima Victoria nos encontró en el desfile, fue ella la que llamó al hospital. Me reconoció al momento.

Asintiendo gravemente, miró a su prima con seriedad.

—No dirás ni una palabra de ello Victoria. Si no…

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—Tranquilo primo, guárdate tus amenazas para tus socios… No he dicho nada a nadie, y no pienso hacerlo.
Pero no soy la única que lo sabe…. —Los labios de la mujer se extendieron hasta formar una mueca.
Temiéndose lo peor, Yunho se preparó para recibir alguna mala noticia.

—Junsu vino a verlos. Entró en el cuarto de Jaejoong antes de que pudiese detenerle alguien... él tampoco
dirá nada.

Maldición. Cada vez más gente estaba enterada de su engaño. Solo esperaba que su abuelo fuese el último en
darse cuenta de todo... él sería el más difícil de controlar. De mantener en silencio.

—¿Estás seguro? —Fue todo lo que dijo.

—Sí.

—Bien. ¿Cuándo me dan el alta? Tengo que salir hoy mismo de aquí.

—Bueno, yo no pediría tanto, aunque quizás si sigues las recomendaciones del médico te dejen irte a casa
pronto.

—¿Cuánto?

—Ni idea. La doctora dijo que no tardaría en volver. Ella nos lo dirá.

—¿Y a ti qué demonios te ha ocurrido? —dijo mirando el brazo enyesado de Jaejoong.

—No... No es nada. Una fractura. En unos dos meses curará.

—Entiendo. Ahora largo. —Cuando los tres se quedaron mirándole perplejos, lanzó un improperio
mientras les miraba con furia—¿Es que no me han oído? Quiero hablar a solas con Changmin.

Victoria agarró por el hombro a Jaejoong, empujando al sorprendido muchacho al exterior del cuarto.
Aquella intimidad entre ellos le hizo alzar una de sus finas cejas.

—Acaba Victoria, nuestra prima Vic, de casi abrazar a Jaejoong.

—Sí

—Ya…—Ante la sonrisa divertida y llena de burla de su primo, Yunho alzó una mano dispuesto a pegarle
un zape. Y sin embargo las fuerzas le fallaron. Maldiciendo su debilidad, tuvo que conformarse con mirarle
de mal modo.

—Te sorprenderás, pero Victoria parece haber cambiado completamente de opinión respecto a nuestros
queridos cónyuges. Está en proceso de amistad con los dos

Murmurando por lo bajo lo que opinaba de ello, me acomodé mejor en la almohada para poder
incorporarme un poco.

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—¿Hay alguna posibilidad de que sea sincera?

—En efecto. Aun no ha dicho nada a nadie de Jaejoong. Me he asegurado de ello. Además en verdad parecía
preocupada por la salud de ustedes dos.

—No me gusta. No me gusta nada que anden por ahí esos dos…

—¿Celoso acaso?

—No seas estúpido. Tengo que hablarte de algo serio. No fue un accidente. Me dispararon, dos veces. Estoy
seguro de que era a mí.

Changmin soltó una exclamación, pero se mantuvo sereno. Yunho se alegró de aquello. Si se lo contaba a
Changmin era precisamente porque sabía que su primo no volcaría a la histeria.

—¿Estás seguro?

—Sí. Y eso no es todo. Jaejoong lo sabía. Estaba mirando hacía la persona que disparó antes si quiera de que
se produjeran los disparos… Creo que él está metido en todo este asunto.

—¡Pero eso no puede ser! Jaejoong también salió herido.

—Eso solo fue un accidente.

Changmin empezó a negar con la cabeza. Y le entendió. No era fácil imaginarse a Jaejoong como un asesino.
Cualquier persona que estuviese con el chico más de dos días seguidos, se convencería de su inocencia de
inmediato. Pero él lo había visto.

—Mira, no puedo estar seguro. Pero yo sé lo que vi. Solo digo que le tengamos vigilado.

—¿Por qué no le preguntas directamente? Quizás solo vio a la persona, pero no sabía nada.

—No. Si fuera culpable, le daríamos ventaja. Voy a atraparlo Changmin, o a atraparlos… Ahora más que
nunca debo hacerlo, porque quizás la próxima vez no tenga tanta suerte.

—Pero… Es Jaejoong….

Con un gesto de cabeza, le indicó que le dejase solo. Ya lo sabía. Era ridículo el imaginarse a Jaejoong
metido en todo aquello. Había sido él mismo quien se encargó de meter al rubio en su vida. Y sin embargo
estaba la sospecha. Y mientras no estuviese seguro de su inocencia, no podría quitarle los ojos de encima.

En un principio se negó a aceptar aquello. Jaejoong no podía estar implicado, Y sin embargo Jaejoong se
había vuelto demasiado misterioso. Aun tenía en su mente la imagen de Jaejoong saliendo del comedor con
una inmensa caja. ¿Qué era aquella caja? Antes había sentido curiosidad, pero ahora iba más allá. Quizás toda
aquella inocencia no fuera más que fachada.

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Primero debía llamar a su detective. Jack lograría averiguar qué escondía tan celosamente Jaejoong. Solo
entonces podría estar tranquilo.

Maldiciendo el día en que decidió meter en su vida al rubio, intentó levantarse. Fracasando por supuesto en
el intento. Por muy increíble que pareciese, le dolía pensar en Jaejoong como un traidor. Después de todo,
el rubio había traspasado aquella barrera que el mismo erigió para protegerse de la gente, mandando al
infierno su férreo control de sus propias emociones.

Pero no podía dejar que aquello influyese. Si Jaejoong era culpable, Jaejoong pagaría.

Los días pasaron rápidamente. Nadie en la casa era ajeno a la tensión generada por Yunho. El moreno estaba
más iracundo que nunca, maldiciendo a diestro y siniestro sin importar quien se pusiera en su camino. Tras
lograr su alta con un sustancioso soborno, se instaló en la casa como si no le importase para nada la opinión
de su familia sobre ello.

Por no decir las miradas fulminantes que le echaba a Jaejoong cada vez que el pobre intentaba hablar con él.
Solo Changmin sabía lo que sucedía con el moreno magnate, y sin embargo nada podía hacer por alegrar el
carácter de Yunho.

Dos semanas pasaron sin ningún cambio aparente. Jaejoong iba a trabajar, y aunque no podía dibujar,
Heechul se encargaba de mantenerlo ocupado de una forma u otra. Unas veces tenía que tomar decisiones
que le correspondían al mismo Heechul, otras supervisando el trabajo de los modelos y otras simplemente lo
tenía para entretenerse un rato y tener con quien hablar.

Heechul estaba seguro que, si daba responsabilidades al chico, poco a poco terminaría teniendo más
confianza en sí mismo. Y llevaba razón. Si bien al principio sus órdenes eran vacilantes y siempre llevaban un
por favor, al acostumbrarse terminó siendo más firme, y aunque siempre mantuvo la buena cara, se notaba
el cambio gradual que estaba teniendo.

Como becario que era, nadie le tomaba demasiado en serio, por lo menos hasta que Heechul decidió
intervenir, avisando que las decisiones de Jaejoong eran las suyas, como una especie de portavoz. Si bien
Jaejoong sabía que no era cierto. Prueba tangible era las horas que le había llevado decidirse para decidir cuál
de los tres modelos seleccionados sería el que se encargaría de la sección de ropa interior.

Aunque por suerte, Heechul siempre parecía estar allí, ayudándole a elegir bien y tomando él las decisiones
más importantes. Si bien el ambiente en la casa era cada vez más tenso, por lo menos allí podía olvidarse por
un rato de los problemas. Y así, sin cambios, pasó más de un mes.

Dos días, faltaban dos días para su cumpleaños y aquella vez no podría celebrarlo con su hermana, como era
su costumbre.

Apesadumbrado, miró de nuevo dentro de su armario, sin saber muy bien que coger de él. Aquella noche
tendría lugar una fiesta importante, donde él, como “novia oficial” de Jung Yunho, debía de asistir. Pero el
saber que era su obligación no hacía las cosas más sencillas.

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Llevaba casi dos meses intentando saber que le ocurría a Yunho con él. Bien sabía que aun antes del
accidente, la actitud del moreno no era exactamente buena con él, pero por lo menos creía haber avanzado
algo desde aquellas primeras semanas, en las cuales el moreno no abría la boca más que para criticarle.

Pero ahora era aun peor. No se trataba que fuese cruel. Lo que ocurría era que desde el accidente,
prácticamente le ignoraba. Y aunque tenía que reconocer que las cosas habían mejorado un poco en los dos
meses—al principio casi ni le miraba—Aun no había conseguido saber qué era lo que había hecho al moreno
volver a su fría coraza.

En aquel tiempo él y Junsu se habían hecho aun más amigos. El pelirrojo le había llevado a su barrio, para
demostrarle que—según palabras textuales—“el no era uno de esos ricachones, más bien no tenía casi donde
caerse muerto”. Y Jaejoong conoció a su familia.

Por otra parte Kyuhyun se había empeñado en que Jaejoong debía cederle uno de sus días a la semana. Según
él, ya que vivía en la casa no era demasiado complicado. Y cada martes, cuando Jaejoong volvía del trabajo,
el moreno ya le esperaba con alguno de sus planes. Por lo general se quedaban en la casa, en aquella sala
gigante de juegos en las que a veces se les unían Junsu o los niños. Pero otras simplemente salían por ahí.
Aun recordaba la magnífica tarde que habían pasado hacía dos semanas. Primero una sesión de cine—Aun
podía recordar perfectamente las caras de esos horribles zombis que le hicieron tener durante tres noches
consecutivas, pesadillas…—más tarde fueron a comer hamburguesas y después… bueno después se había
empecinado a ir a uno de las tantos clubs nocturnos que brillaban estridentemente todas las noches. Había
sido muy divertido.

Los otros dos primos también eran un caso. Changmin se había proclamado su defensor, y cada vez que
estaban los tres solos (él, Changmin y Yunho) se encargaba de que Yunho no le dirigiera ni una sola mirada
de reproche. No es como si lo consiguiera, pero realmente era tranquilizante tenerle en ocasiones a su lado.
Yunho podía llegar a dar miedo.

Y Victoria… Victoria estaba en pleno acto de buscar un novio. Y no era algo sencillo, como
desgraciadamente había descubierto Jaejoong. La mujer era de lo más exigente, y no perdonaba casi ningún
fallo en sus posibles novios. Jaejoong no se cansaría nunca de decirle que daba igual que fuesen o no
perfectos, de cualquier forma no es como si fuesen a ser su pareja de verdad.

Pero no se podía quejar. La compañía de Victoria se había convertido en algo gratificante. Se había dado
cuenta del trato que le daba Yunho, y no perdía oportunidad para restregarle al moreno por la cara lo “buena
novia” que tenía. Sobra decir que esto al magnate nunca le sentaba demasiado bien.

Entre todos ellos, Jaejoong se sentía más a gusto en la casa. Casi como si se hubiesen convertido en una
segunda familia. Y eso era algo que nunca podría agradecer lo suficiente. Los días junto a aquellos cuatro
eran algo agotador, y a la vez, capaz de distraerle de sus problemas de una manera impresionantemente
rápida.

Pero como era de esperar, no todo funcionaría bien por siempre. Y el día anterior tuvo la prueba de ello.
Todo empezó cuando, en un descuido, entró en el baño de su habitación mientras Yunho se estaba

219
duchando. No es como si lo hubiese hecho a propósito, simplemente no tenía ni idea de que el moreno se
encontraba en aquellos momentos dándose un relajante baño. Y sin embargo aquello había desencadenado
una de las peores peleas que Jaejoong recordaba…

FLASH BACK

Aquel había sido un día agotador, tras horas y horas de lidiar con los modelos, había tenido que sufrir la ira
de Heechul—Al diseñador siempre le ponían de mal humor las juntas con otros diseñadores…—y sin
embargo, el llegar a la mansión fue todo un alivio.

Sin pararse a saludar a nadie, se dirigió directamente a su cuarto, dispuesto a disfrutar del baño más largo de
la historia. Y sin embargo aquello nunca llegó a suceder.

Como cada día, empezó a quitarse la ropa en el cuarto, quedando simplemente cubierto por sus
insignificantes calzoncillos. Cogiendo una toalla del armario, agarró el pomo de la puerta, girándolo sin
percatarse si quiera del suave sonido del agua al caer.

Su corazón saltó en su pecho cuando frente a él, metido en la inmensa bañera y completamente desnudo,
apareció Yunho. El magnate tenía los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el borde de la tina. Parecía
completamente relajado. Hasta que escuchó su exclamación.

Sabía que lo más saludable sería correr. Escapar de allí antes que fuera tarde. Y sin embargo sus pies estaban
clavados en el suelo.

—¿Ahora también te dedicas a mirarme desnudo? —Preguntó en voz monótona mientras le miraba. No se
movió ni un ápice.

—Lo... Lo siento, no sabía que estabas aquí.

Tras un bochornoso momento en silencio, el amago de una sonrisa apareció en los labios del moreno.

—¿Vas a quedarte ahí todo el día? Quizás quieras compartir el baño conmigo…

Y ahí si reaccionó. Dando un paso atrás, se dispuso a huir hacía algún rincón oscuro y perdido de la mansión,
y sin embargo, Yunho eligió ese momento para levantarse de la tina, mostrando en todo su esplendor aquel
magnifico cuerpo totalmente mojado.

Jaejoong lo intentó. De verdad que sí. Y sin embargo huir fue lo último que hizo. Tragando saliva, sus ojos
cafés recorrieron por entero el cuero del moreno. Deteniéndose en su entrepierna. Sin poder evitarlo, se
sonrojó.

—Ya veo lo que quieres… —dijo el moreno, pero Jaejoong no le escuchaba. Ya su mente se encontraba
completamente absorta en la contemplación de aquel liso vientre, de su bronceada piel, de su apretado y
redondeado… trasero…. —Aunque quizás necesites algo de ayuda.

220
Y sin que nadie se lo pidiese, Yunho pasó sus largas piernas sobre el borde de la bañera, saliendo de la misma
para acercarse hasta el rubio con andares felinos. Jaejoong quiso detenerle. Su boca se abrió para decirle que
parara, y sin embargo antes de poder articular silaba alguna Yunho ya se encontraba junto a él.

—¿Qué… qué haces? —Exclamó con una voz demasiado aguda para ser suya.

—Bueno, es obvio que tú no estás en condiciones de irte, así que decidí moverme yo.

—Yo... Yo tengo que irme.

Con rapidez, agarró el pomo de la puerta para abrirla de nuevo y salir de allí. Pero los fuertes brazos de
Yunho se lo impidieron. Con una mano le agarró de los cabellos bruscamente, haciéndole volverse para
quedar frente a frente, apoyando además la otra mano en la puerta, justo al lado de la cabeza de Jaejoong. Le
había arrinconado.

—¿Tan pronto?

—Su… suéltame…

El muy maldito solo sonrió. Para después soltarle el cabello y posar su mano en su mejilla.

—No te mientas a ti mismo, Jaejoong. Dímelo, ¿Qué quieres que haga ahora?

Negó frenéticamente con la cabeza, pero aquello pareció no importar al moreno. Cuando su mano bajó hasta
su cuello, un estremecimiento recorrió todo su cuerpo. Tuvo que morderse los labios cuando notó como la
excitación empezaba a causar efectos indeseados por su ingle.

Con una sonrisa cruel, Yunho acercó su boca hasta el punto que unía su cuello con el hombro, para dejar sus
labios a escasos centímetros de la piel.

—Eres todo un misterio Jaejoong…. —Temblando, notó como los labios del morenos se posaban en su
piel. Su cálido aliento hizo que todo su vello se erizara. Cuando la húmeda lengua de Yunho le lamió,
dejando una estela de fuego por allí donde pasaba, sus rodillas flaquearon y sin pensar en lo que hacía, llevó
sus manos hasta el pecho de él, para apoyarse en algún sitio.

Un jadeo escapó de sus labios y sin poder contenerse sus manos se abrieron por completo, acariciando
aquella piel tersa y suave. Su mirada bajó hasta el vientre de Yunho, siguiendo la fina línea de vello moreno
hasta llegar a su ingle.

—No deberías mirarme así, ratita —murmuró Yunho, haciendo que los ojos cafés subiesen de inmediato
hasta el apuesto rostro del magnate, completamente humillado. —Al menos si no piensas terminar lo que
empezaste.

Quizás nunca sabría qué fue lo que le llevó a moverse, pero de pronto el deseo de besar aquellos finos labios
le hizo ponerse de puntillas, y pegando su cuerpo completamente al del moreno, le besó.

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No fue un beso apasionado, ni siquiera húmedo. Pero Jaejoong sintió como todo él se derritió cuando sus
labios capturaron el labio inferior de Yunho besándolo suavemente y casi sin moverse.

Yunho ni se inmutó, pero Jaejoong pudo ver como la sorpresa se colaba por unos instantes en ese
inexpresivo rostro. Pero mientras él sentía como todo su estómago se retorcía, el moreno estaba tan
impasible como hacía cinco minutos.

Sintiéndose ridículo, se apartó de él con brusquedad. No podía mirarlo y sus ojos escocían por las lágrimas
que no pensaba derramar. No allí, delante de él.

—Lo sient….

—Patético… No sirves ni para esto. Aunque debí imaginármelo. —Herido, Jaejoong se abrazó a sí mismo.
–“No lloraré” Se prometió, y sin embargo sus ojos estaban anegados en lágrimas. —Y dime... ¿Ahora qué
piensas hacer? Ni siquiera has logrado excitarme.

El moreno se alejó de él, mostrando la evidencia de que decía la verdad.

—Lo siento… no se qué me paso…

Caminando elegantemente, aun con su desnudez, el moreno tomó una toalla para colocársela alrededor de
su cintura.

—¿Es acaso esto parte de tu plan? Seducirme para tenerlo más fácil. Pues déjame decirte que eres tan malo
en ello como en el resto de las cosas.

—No se dé que hablas. —Y era verdad. ¿Plan? ¿De qué estaba hablando Yunho?

—Vamos Jaejoong, lo supe desde el día del telón. Estoy cansado de buscar sin encontrar nada. Dime…
¿Qué sacas tu de todo esto? Porque no creo que sea algo personal, ni siquiera nos conocíamos antes para que
intentases matarme. Una horrorizada exclamación fue todo lo que salió por sus labios. ¿Matarle había dicho?
¿Cómo demonios había podido llegar a aquella conclusión? El bochorno dio paso de pronto a algo muy
distinto.

—Estás loco. Yo no…

—¡Cállate! Tú lo sabías. Sabías que alguien iba a disparar. Pero ahora eso no importa, me vas a decir quién
es tu cómplice ahora mismo, y quizás… quizás me lo piense dos veces antes de mandarte de cabeza a la
cárcel.

—¡Yo no tuve nada que ver con eso! Te recuerdo que yo también salí herido.

—Los dos sabemos que eso fue un accidente. Los disparos eran para mí.

—¡Pero yo no fui. Ni sabía que algo así iba a pasar!

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—¡Mientes! Te lo voy a repetir, ya que por lo visto tu cerebro no te llega para más. Te vi, Jaejoong. Te vi
mirando a la persona que disparó antes de que todo pasara, por lo que debías saber que estaba allí. Deja de
fingir de una vez y habla.

—No puedo creer que pienses así de mí…. ¿De verdad crees que yo intentaría matarte?

—¿Por qué no? Sé muy bien lo que es capaz la gente por dinero. Y tu Jaejoong… a ti no es que te sobre.

—¡Pero no soy un asesino! Nunca he hecho nada malo para ganar dinero, y creo que lo he demostrado
esforzándome en el trabajo.

—¿Tengo cara de estúpido?

—Te repito que yo…

—¡Respóndeme! ¿Tengo cara de estúpido?

—¡Claro que no!

—¡Entonces no intentes hacerme pasar por uno! —Ninguno de los dos parecía darse cuenta de que sus
tonos de voz hacía ya rato que habían subido más de lo normal. Se estaban prácticamente gritando. —
¿Cómo te las ingeniaste Jaejoong? ¿Cómo lograste sobrevivir y además meter a tu hermana en un hospital? ¡Y
ni se te ocurra decirme que con trabajo! Vamos Jaejoong, ¿En serio quieres que confíe en ti cuando todo te
apunta?

—Eso no tiene nada que ver

—¡Y un carajo que no! ¡Vamos, dímelo! Demuéstrame que estoy equivocado.

Pero Jaejoong no podía hacer algo así. Era inadmisible el solo pensar en contarle algo de eso. Tenía que
convencer a Yunho de alguna forma, pero ahora necesitaba estar solo para poder lamer sus heridas. El hecho
de que Yunho pudiese si quiera sospechar de él algo así, era como si le clavasen un puñal en el estómago.

—Piénsalo Yunho, yo no fui quien se metió en todo esto. Estoy viviendo contigo obligado por tus amenazas.

Una mueca se formó en el rostro de Yunho. Con dos pasos el moreno volvió a estar junto a él, imponente y
aterrador.

—Ya lo pensé. Pero por si no te acuerdas tu me viste. Algo tenía que hacer así que es posible que todo
estuviese planeado desde un principio.

—Te has vuelto un paranoico

—Bueno, después de que alguien intente dos veces matarme, creo que puedo darme el lujo de volverme lo
que me dé la gana.

223
—¡Pero no contra mí! ¡Llevo meses haciendo solo lo que te da la gana bajo tus amenazas, creo que no me
merezco esto!

—Pues entonces demuéstramelo. Dime de dónde demonios sacaste dinero. ¿No timarías a alguien o te
encargarías de algún trabajo sucio, como ahora?

—¡No! Puede que no me sienta especialmente orgulloso de mí, está bien. Pero nunca haría algo tan sucio.
Jung, puedes creer lo que te dé la gana, Dios sabe que si ya has decidido tu veredicto, yo no podré hacerte
cambiar de idea, pero creo que estás siendo muy cruel. Además yo…

—¿Tu qué? —Jaejoong guardó silencio. ¿Acababa de intentar decirle lo que sentía por él? Realmente
quedaría fuera de contexto en aquella discusión. Pero se olvidaba de con quién estaba hablando, y Yunho no
había llegado hasta donde estaba por ser precisamente tonto. —Te gusto, ¿Verdad? Ahora me dirás que te
has enamorado de mí. ¿Muy oportuno, no? Pues guárdatelo, porque aunque me lo creyera—Cosa que
obviamente no sucederá—me vendría sin cuidado.

—Bien, me rindo. —Bajando la cabeza para que no viera las lágrimas que ahora sí, caían sin ningún control,
escapó hasta la puerta. Pero el comentario de Yunho le paró en seco

—Sí, eso. Ve a hacerte la victima a otro lado. Puedes ir a intentar meterte en la cama de algún otro que sí te
crea. ¡Alguno de mis primos por ejemplo! No tienen tanto dinero, pero has estado haciendo últimamente un
gran trabajo para conseguirlo.

—¡Hijo de la gran puta! —Más furioso de lo que nunca había estado, se volvió hacía Yunho, olvidándose por
completo de sus lágrimas, y en un acto de valor completamente impropio de él, le lanzó un puñetazo. Dio
directamente en su cara, y aunque Jaejoong sabía que no tenía demasiada fuerza, le alegró saber que dejaría,
al menos, su marca.

Yunho se llevó una mano hacía su pómulo izquierdo mientras le miraba completamente paralizado.

—¡Métete tu dinero por donde te entre! ¡Yo me voy de aquí aunque me amenaces con lo que quieras! —
gritó mientras salía corriendo del baño, cerrando de un portazo. Aquella noche durmió en su propio
apartamento.

Lo que no vio fue como Yunho, nada más salir, pegó un fuerte puñetazo contra los azulejos del baño.

FIN FLASH BACK

Pero el descanso que tuvo aquella noche, llena de lamentos, duró poco. Al día siguiente Yunho había ido a
buscarle, y sin pronunciar una palabra le había agarrado arrastrándole hasta su coche. De nada sirvieron los
gritos de Jaejoong. No le había vuelto a ver desde que le dejó en el cuarto que ambos compartían en la
mansión, encerrándole con llave y diciéndole que o se vestía para la ocasión por sí mismo, o él se ocuparía
de ello.

224
Por supuesto, la idea de que Yunho se encargara de “Meterlo en la ducha y tallarle hasta dejarle brillante”—
Como bien le había dicho el magnate—era una idea aterradora, por lo que decidió desistir en su intento de
rebelión.

Y ahora allí estaba, a punto de ir a una maldita fiesta a la que tenía tantas ganas de acudir como de agarrar la
gripe, y encima debería estar al lado del moreno toda la noche. Vamos una velada espectacular….

Eligiendo uno de los tantos vestidos “aceptables” para ocasiones como aquella, que Yunho le había
comprado, decidió ducharse de una vez. No quería que Yunho le cayera aun sin haber empezado ya que las
consecuencias serían de temer. Cogiendo una suave toalla amarilla del armario, se encaminó hasta el baño.
No tardó casi nada, y dado que su peluca estaba en perfectas condiciones, también se ahorraba tener que
peinarse. Lo que más le costó fue pintarse para la ocasión, aunque tras darle algunas vueltas, decidió optar
por lo de siempre (El maquillaje necesario únicamente).

Heechul le había dado para la ocasión un precioso bolso, que aunque él como hombre nunca llevaría, como
diseñador debía de apreciar. Y sin embargo era lo bastante pequeño como para que solo pudiese llevar una
pequeña cartera y su celular. Acordándose de que aun no había metido lo último, ya que por la mañana se
había quedado sin batería y debió de cargarlo, fue hasta el enchufe para cogerlo.

En cuanto lo encendió, la luz parpadeante y la suave melodía de los mensajes empezó a sonar.
Preguntándose quién sería, abrió su buzón de entrada, para encontrarse un número desconocido.

—Pero qué…—Sus ojos se desplazaron por las letras con incredulidad—¿Cómo demonios consiguió este
número?

Y sin embargo aquello era lo menos importante. Desesperado, volvió a leer el mensaje, y esta vez con más
atención. Debía de haber algún error.

Y ya está. Tan simple y a la vez tan desastroso. Sabía quién era, y sin embargo, las consecuencias de aquel
mensaje eran tales, que le impedían aceptarlo. No, definitivamente Hyunjoong no podía ir a verle por su
cumpleaños. Solo debía tratarse de un error…

Pero él nunca se había mentido a sí mismo, por lo que solo le quedaba esperar y rezar para que todo aquello
no fuera una broma estúpida por parte de Hyunjoong. El reloj de la mesilla empezó a sonar, anunciando que
ya eran las ocho en punto. Sobresaltado se dio cuenta de que ya iba tarde. Había quedado a las ocho en el
salón con Yunho… ¿Por qué, entre todas las personas que había sobre la Tierra, le tenía que tocar a él lidiar
con el ser más exasperante qué existía? Hasta donde podía recordar, nunca había hecho algo suficientemente
malo, como para merecerse semejante carga. Y casi literalmente hablando…

Con un suspiro de impaciencia, Junsu miró por décima vez la impecable figura de su esposo.

—Por el amor de Dios, Changmin, vamos a una maldita fiesta. Hasta donde yo tenía entendido, la gente
para estas ocasiones no tarda en prepararse dos horas. Eres peor que una mujer.

—¡Cállate! Tengo que estar impresionante hoy.

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—¿Pero por qué? Llevas dos horas comiéndome la cabeza para que te diga que estás perfecto, pero tú nunca
te has preocupado tanto por tu aspecto… ¿Qué demonios tienes hoy?

Su esposo pareció realmente avergonzado por un momento, pero al instante sus mejillas se hincharon como
si se tratase de un niño de cuatro años, para después volverse hacia él olvidándose del espejo.

Con unos pantalones lisos negros y una camisa del mismo color, con los tres botones superiores
desabrochados, Changmin estaba, en una palabra, arrebatador. Una gruesa cadena de oro, de la que colgaba
una bonita cruz egipcia, se podía ver por el cuello de su camisa. Aunque mucho lamentó que no fuera eso
precisamente lo que llamara la atención sobre Changmin aquella noche.

La morena piel parecía brillar en contraste con la oscura camisa, y su cabello, peinado casi
despreocupadamente, le daba un toque sexy que remataba su imagen. Y sin embargo, estaba nervioso. Sus
manos no paraban de abrirse y cerrarse a sus costados, mientras apresaba su labio inferior entre sus dientes.
Junsu temió que terminara sangrándolo.

—Es por esa tonta revista… El año pasado fui acompañado de una estúpida que nada más llegar no se lo
ocurrió otra cosa que ir a liarse con otro. No es que me hubiese importado en otra ocasión, después de todo
no es como si hubiésemos sido pareja o algo similar. Pero un fotógrafo la cacho en pleno acto, y me
ridiculizaron completamente. Solo la influencia de Yunho evitó que me trataran de cornudo el resto del
año…

Sorprendido por la historia, no atinó a pronunciar palabra. Aquello sí que era inesperado.

—¿Me estás diciendo que estás así por unos periodistas? ¿Tu, que cada vez que sales a la calle pareces tener
alguna clase de meta para armar un escándalo?

—¡Me humillaron! ¿Sabes acaso lo que se siente el ver tu foto en plena portada mientras no hacen más que
calumniarte? Estoy acostumbrado a que la prensa hable de mí, pero normalmente no son tan crueles.
Además de que suelen llevar razón.

No lo pudo evitar, pero aquella situación se le hacía de pronto tan ridícula, que no pudo contener la
carcajada que pugnaba por salir de sus labios. Haciendo caso omiso a la mirada irritada del moreno, se acercó
hasta agarrarle por el cuello de la camisa para atraerlo hacia él.

—Escúchame, imbécil, esta noche vas a tener a todo el mundo babeando tras de ti, así que deja de decir
tonterías…. ¡Tú, que eres más creído que una adolescente en plena función hormonal!

—¡Yo no soy creído! —dijo con una graciosa mueca, bañando con su cálido aliento el rostro de Junsu. —
Simplemente realista.

Abriendo la boca para decirle cuatro verdades, tuvo que tragarse sus palabras cuando la boca de Changmin se
abatió ansiosa sobre la suya. Los labios demandantes de su esposo no tuvieron que instarle a abrir los suyos y
llevando una de sus manos a la barbilla de su esposo, Junsu le acarició cariñosamente mientras profundizaba
el beso.

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Sabía tan bien. Aunque pasasen diez años, probablemente no lograría olvidar aquel sabor. Y Dios, como
besaba… A veces se preguntaba cuanto habría practicado para llegar a derretirle con un solo roce de su
lengua.

Cuando las manos de Changmin se deslizaron por su cintura hasta aprisionar su trasero, se dio cuenta de que
aquel no era el momento apropiado para dar rienda suelta a su pasión. Por lo que disgustado por las
circunstancias, apartó la cabeza para cortar el húmedo beso.

—Espera. Tenemos que bajar ahora mismo. Toda la familia debe estar esperando—Desembarazándose por
completo de sus brazos, sin importarle el gemido lastimero de Changmin, se acercó hasta coger las dos
chaquetas que estaban sobre la silla del rincón. Entregándole a Changmin la suya.

—Tú también estas muy guapo —dijo de pronto Changmin, abrazándole por detrás mientras le besaba la
sien. Con una sonrisa, Junsu abrió la puerta para bajar al salón principal. —¡Hey, deberías mostrar
agradecimiento! Aunque bueno... nunca llegué a pensar que me gustaría tanto el color gris.

Cuando Junsu se giró para mirarle por encima de su hombro, le agarro con la vista clavada en su trasero y
una sonrisa impúdica en los labios. Y sin embargo, el enfado que habría sentido hacia un mes, no hizo acto de
presencia.

—Déjate de tonterías, que tenemos cosas que hacer.

Conteniendo el gesto de burla al escuchar su carcajada, por fin llegaron al salón. Allí ya estaba reunida casi
toda la familia, menos Jaejoong. Junsu miró impresionado a los gemelos, parecían algún cuadro de un pintor
famoso.

Con un traje completamente blanco, Kyuhyun daba el aspecto de ser alguna especie de ángel caído. Aquellos
pícaros ojos que no dejaban de sonreír y sus rebeldes cabellos no hacían sino reforzar esa imagen. Y ella…
ella estaba espectacular con un largo vestido marrón oscuro. El vestido llegaba hasta la mitad de sus
pantorrillas y tenía un escote que dejaba ver perfectamente una buena porción de sus generosos pechos.

Y sin embargo, ambos daban una imagen de elegancia innata. Al igual que el resto de la familia. Yunho
también vestía de negro, al igual que Changmin, y sin embargo, aun con el parecido entre ambos, no lograba
provocar en él ni una mínima parte de lo que provocaba Changmin. Cada vez que miraba últimamente a su
marido, podría jurar que se hundía en aquellos profundos ojos negros.

Por fin, la persona que faltaba hizo su aparición. Junsu sonrió ante la recatada imagen que daba “Jae”. O
Jaejoong, como había descubierto hacía unos meses. Era una pena que tuviese que ir vestido de chica, ya que
Junsu le encontraba bastante más atractivo como hombre. Y no por su reciente inclinación sexual.

Siempre había admirado aquellos inmensos ojos cafés de su amigo. Rodeados por espesas pestañas, llamaban
la atención en aquella pálida cara. Pero si bien la peluca rubia le sentaba bastante aceptable, con sus cabellos
rubios parecía acentuar el contraste. Aquello, junto a los sensuales labios del muchacho—Junsu no podía

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recordar haber visto unos así antes—hacían del rostro de Jaejoong algo definitivamente llamativo. Era una
pena que pocos pudiesen verlo.

Una gran sonrisa se extendió por su rostro al ver la actitud de Jaejoong. Estaba contento por él, ya que en el
tiempo que le conocía, Jaejoong había cambiado para bien. Seguía conservando aquel aire de pureza y
timidez que tanto le caracterizaba, y sin embargo, Junsu le encontraba ahora mucho más abierto y decidido.
El hecho de que mirara a la familia a la cara, y no al suelo como solía hacer era ya sorprendente por sí solo.

Cuando Jaejoong se reunió con Yunho, entre ambos casi pudo tocarse la tensión. El rubio nunca miró a
Yunho a los ojos, y este no paraba de lanzarle miradas de algo que no pudo definir. Quizás fuera odio. Pero
Junsu dudaba que Yunho pudiese odiar a Jaejoong.

—¡Por fin! ¡Creí que nunca nos iríamos! —Exclamó Mihwa del brazo de su esposo. La mirada desdeñosa
que le dedico a Jaejoong no paso desapercibida a nadie. Y sin embargo aquella vez Yunho no dijo ni una
palabra para parar a su tía.

—Vamos mama, son las ocho ahora mismo —dijo Kyuhyun acercándose hasta Jaejoong para cogerle una de
sus manos, y en un acto Dantesco, acercársela a los labios para depositar un casto beso en sus nudillos.
Jaejoong se sonrojo hasta la raíz de su pelo, bien oculta por la peluca, y Junsu no pudo contener la risa al ver
la escena. —Estás… encantadora. Siento el deseo de robarte… ¿Me oyes Yunho? Si no te andas con
cuidado, te la quitaré.

El aludido solo alzó una ceja, para después acercarse hasta Jaejoong y agarrarle por el brazo. Cuando colocó
la mano del rubio sobre su propio brazo, Jaejoong no mostró expresión alguna.

—Si se dejan de tonterías quizás lleguemos hoy a la fiesta.

Su abuelo, imponiéndose, le dio la razón. Y todos salieron sin decir una palabra más de la casa. Junsu vio con
molestia, como tres coches lujosos y supuestamente nuevos, ocupaban parte del camino que unía la inmensa
mansión con la calle.

—¿Cómo nos repartimos? —Preguntó Changmin cogiéndole por el brazo. Junsu no pudo evitar sonreír, y
después, sentirse como un verdadero idiota. Sabía que en aquellos últimos dos meses su comportamiento
con Changmin había sido cada vez más dependiente. En aquellos momentos se sentía realmente feliz de
poder besar y acariciar al moreno cuando le diese la gana. Además, Changmin se portaba de lo más cariñoso
con él.

Pero no se engañaba. Después de todo, Changmin seguía siendo Changmin, y aunque estuviese portándose
bien, en cualquier momento le pegaría la puñalada por la espalda. No quería ser duro con él, pero
ciertamente no iba a ser el inocente que después saliera herido. Aprovecharía lo que pudiese, y cuando
llegase la hora de marcharse… solo rogaba tener fuerzas suficientes para hacerlo sin dejar ninguna parte de sí
mismo en aquella mansión.

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—Mihwa, vete con tu marido y tus hijos en el primer coche—Ante la orden en tono imperioso del anciano
Jung, la mujer simplemente asintió mientras se dirigía al coche. —Tú Changmin, irás en el segundo con tu
esposo, y yo acompañare a Yunho y su novia.

Nadie criticó, era una tontería y una pérdida de tiempo. Y ni Yunho, nada contento de que le diese ordenes
alguien, dijo palabra alguna. Una vez subió en el coche, lo último que vio antes de que el chofer arrancase
fue la mirada vacilante y precavida de Jaejoong mientras se subía al tercer coche seguido de Yunho.

—¿Sabes que ha pasado entre Jaejoong y tu primo? —Preguntó sin rodeos y a sabiendas que el conductor no
les escucharía, gracias al cristal que separaba la parte delantera de la trasera, opacando la imagen y el sonido.

—Ni idea—Fue toda respuesta. —Pero cada vez parece ir a peor.

—Yunho es muy cruel cuando quiere, Jaejoong no se merece ese trato. Es demasiado… bueno para
defenderse por él solo.

La súbita carcajada de Changmin le hizo alzar una ceja. Gesto adquirido de su esposo.

—No es tan indefenso como crees. Puede que al principio si lo fuera, pero ha aprendido a hacer frente a
Yunho. Tenías que haber visto anoche a mi primo. Estaba que se lo llevaban los demonios Y a juzgar por el
morado del ojo, y que había discutido a gritos momentos antes con Jaejoong, me da que nuestro pequeño
ratoncito tiene más agallas de las que pensábamos. No todo el mundo se atreve a golpear a Yunho. Más bien
aseguraría que hace mucho que nadie le pone un solo dedo encima.

—¿En... en serio? —Incrédulo, se preguntó si su esposo no se estaría riendo de él. Pero la expresión de
Changmin era ahora clara y bastante transparente.

—Sí. No puedo estar seguro, ya que cuando le paré para preguntarle simplemente me empujó hasta casi
hacerme caer al suelo y se fue de la casa hecho una furia. Hacía tiempo que no le veía así.

—Es un alivio. —Changmin le miró sorprendido y entonces, dándose cuenta de lo que había dicho, se
apresuró a aclarar:—No, que Yunho se fuera hecho una furia no, me refiero a que Jaejoong esté cogiendo
más confianza en sus propios actos.

—Ese chico es una mina. Yunho no sabe lo que hace.

—¿Y te has fijado en él? Es realmente guapo. Pero no creo que muchos se den cuenta.

—Junsu, cariño, soy un adorador de la belleza. Ese chico tiene unos labios espectaculares, y sus ojos son
preciosos. Creo que a ello ayudan esas largas y tupidas pestañas. No le saca todo el partido que pudiera a su
aspecto, y es una lástima.

—De todos modos eso no importa. Tu primo no le miraría más fuese como fuese. A veces creo que Yunho
se preocupa de verdad por él. Sus gestos, sus miradas fugaces. Y sin embargo, otras, creo que lo aborrece.
Es una persona complicada.

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—Sí… Si…. —Junsu se detuvo de pronto en su arrebato de rabia por su amigo para mirar fijamente a su
esposo. Una sonrisa ladina asomó a sus labios al comprobar la mirada deseosa de Changmin.

—Vaya, eso fue muy convincente… si, con ese discurso podrías llegar a ser presidente—Su burla no caló, y
al instante el ágil y esbelto cuerpo de Changmin estaba sobre él suyo. No pudo sino dar gracias a la amplitud
del asiento, que le permitió salir airoso del empujón dado por su marido. —Más te vale no arrugarme la
ropa, o despeinarme un solo pelo.

Sonriendo, Changmin simplemente bajó su cabeza para unir sus labios. Y a Junsu todo lo demás le dejó de
importar. Los besos de Changmin tenían ese perturbador efecto en él, y una vez vencida la vacilación inicial,
había decidido entregarse—solo en cuerpo, claro—a aquella tórrida relación. Changmin era un gran
amante.

Sus manos fueron directamente al trasero de Changmin—que ciertamente le encantaba—para apretar el


cuerpo de su marido contra el suyo. En aquella posición, con sus piernas medio salidas del asiento y
Changmin sin tumbarse completamente, le fue difícil.

Cuando la boca de Changmin abandonó la suya para empezar a besar la zona más sensible de su cuello, no
pudo evitar el largo y lastimero gemido que escapó de entre sus labios. Instintivamente, su espalda se arqueó
contra aquel cuerpo que tanto placer le proporcionaba.

—Es una pena que no tengamos mucho tiempo—Susurró el moreno a su oreja, para después capturar el
lóbulo y lamerlo sensualmente—Aun que puedo ayudarte con esto, antes de que nos bajemos.

La mano de Changmin se posó sobre su miembro, casi completamente erguido, para masajearlo sobre la
ropa Con un gruñido, Junsu le pellizcó el trasero.

—Siempre tan impaciente…

Esperando que la mano de su esposo se introdujera entre su ropa, casi saltó del asiento al ver a Changmin
descender por su cuerpo. Sus dedos desabrocharon el pantalón y sus dientes se encargaron de bajar su ropa
interior. Para cuando su miembro quedó libre, estaba completamente excitado.

—Perfecto —murmuró Changmin, para instantes después lamer toda la longitud de su excitación. Sin
percatarse de lo que hacía, sus dedos se enredaron en aquellas suaves hebras negras y al sentir como
Changmin se metía su miembro casi por completo en su boca, solo pudo rezar para que el chofer no parara
aun.

Bombeando de modo experto, ayudándose con una de sus manos mientras con la otra acariciaba los muslos
de Junsu, Changmin no tardó en conseguir lo que quería.

—¡Ahhh, Changmin quítate! Me voy a correr….

Sin embargo el moreno no pareció escucharlo, aumentando el ritmo mientras masajeaba sus testículos. Junsu
ahogó un gemido y sin poder contenerse más, terminó por derramarse en la boca de su amante.

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Jadeando y satisfecho, se incorporó sobre el asiento para abrocharse los pantalones, pero las manos de
Changmin ya estaban en ello.

—No deberías haber hecho eso. —dijo al percatarse del rastro blanquecino que había dejado su semen en
los labios del moreno. Pero para su consternación Changmin se limitó a lamérselos sensualmente mientras le
lanzaba una mirada lujuriosa.

—No tenemos pañuelos, y no creo que la “Alta sociedad” vea con buenos ojos que lleguemos con las camisas
manchadas de semen.

—¡Oh, Dios! —Exclamó de pronto acercándose hasta agarrar la cabeza del moreno entre sus manos,
moviéndola de un lado a otro, sus ojos mostraron el horror que empezaba a sentir—Tu pelo serviría como
nido para las palomas…

—¡Dios no lo quiera! Odio a esas ratas con alas.

Changmin rió ante su propia broma. Mirándole con ceño fruncido, intentó colocarle los cabellos más o
menos en su sitio. Tras unos minutos Changmin estuvo “más o menos decente”

—Parece que acabas de tener sexo. —Pero lo cierto es que ahora se veía aun más sexy.

—Pues tendré que pasarme la noche ahuyentando a las zorras.

—Sí, tú tómatelo a broma… Cuando tu abuelo te vea, te va a matar—Changmin se paso los dedos por los
mechones que se escapaban por su frente, restándole importancia.

—Como si él nunca hubiese cogido…—Abriendo la boca para replicar, tuvo que guardarse sus palabras
cuando los labios de Changmin volvieron a reclamar los suyos. La intrépida lengua del moreno pronto
estuvo lamiendo cada rincón de su boca.

—Eres imposible—Separándose de él, le alejó empujándole firmemente. Changmin no pareció ofenderse.

—Pero me adoras.

Poniendo los ojos en blanco, se limitó a mirarle con fingido desdén.

—Yo nunca he dicho eso.

—¡Oh, sí que lo has hecho! ¿O acaso tengo que recordarte lo de anoche, mientras te lamía en…?

—Ni se te ocurra decirlo—Con un furioso sonrojo, se apresuró a taparle la boca. —O te arrepentirás…

Su amenaza solo le hizo reír, pero por suerte guardó silencio. No tardaron en llegar hasta la entrada del gran
palacete donde se celebraría la famosa fiesta. Aunque el evento se trataba—como no…—de una
oportunidad para que la gente se mostrara ante los ricos con sus joyas y vestidos carísimos, la excusa que esta
vez habían puesto era la exhibición de las obras de una famosa galería de arte. Solo “la créme de la créme”

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acudiría aquella noche al palacete. (El cual había sido donado “desinteresadamente” para la ocasión, por la
familia Park)

¿Y cómo sabía él todo esto? Bueno, no es como si aquel fuera un tema interesante para él, pero Mihwa,
durante las últimas cuatro cenas, no había parado de parlotear sobre la dichosa exposición.

Cuando el chofer les abrió la puerta, Changmin se apresuró a salir, seguido de inmediato por el pelirrojo.
Sus ojos se abrieron de la impresión. Ante él, erguido orgullosamente, se encontraba el edificio más
imponente que nunca hubiese visto. Con una fachada inmensa, de un color blanco, y estilo Victoriano, con
amplias ventanas, era simplemente magnifico. La estructura tenía dos pisos, aunque debían tener los techos
sumamente altos, a juzgar por la altura de la fachada. Pero aquello por si solo quizás no le hubiese logrado
impresionar, si no fuera por el inmenso jardín, lleno de luces y fuentes. Creaban un espectáculo a la vista del
público.

Agarrando el borde de su chaqueta con algo de nerviosismo, miró sus pantalones para cerciorarse de que
todo estuviese en su sitio. Después, se situó junto a su esposo, que le esperaba con una mirada divertida.

—No te rías. Es la primera vez que veo algo así. —Ante él, una sucesión de personas elegantemente
vestidas, entraban por la puerta principal del lugar. Nadie parecía prestarles atención, demasiado
concentrados como estaban en posar bien ante las numerosas cámaras que luchaban por tomar las mejores
fotos de la noche.

—Tranquilízate. Ya todos están aquí.

Y efectivamente, en aquel momento se unieron a ellos el resto de la familia. Junsu advirtió totalmente
perplejo, como los periodistas se afanaban en llegar hasta ellos. Pronto comprendió que los Jung, ya fuese
por un gran escándalo, o simplemente para marcar tendencia, siempre eran carne de portada. Por suerte los
numerosos guardaespaldas se hicieron cargo de la situación, y fueron pocos los fotógrafos que pudieron
tomar imágenes de toda la familia junta.

Jung Myungsoo, como cabeza de familia que era, encabezó la marcha, Changmin le agarró suavemente del
codo para quedarse los últimos. Mirando hacia delante, pudo comprobar que no era la única persona
nerviosa. Jaejoong parecía a punto de desmayarse.

Sacudiendo la cabeza, se agarró a su marido y decidió entrar de una vez. Total, solo serían unas horas. ¿Qué
podía pasar en tan poco tiempo?

Firmemente sujeto por el brazo de Yunho, Jaejoong miró desesperadamente la cantidad de gente que había
en el lugar. Tras quedarse literalmente paralizado por el terror fuera de aquel palacete, entrar en el interior
no sirvió de mucho. Parecía que Yunho y él eran el centro de las miradas. Y eso a Jaejoong le ponía de los
nervios.

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Intentando aparentar una tranquilidad que estaba lejos de sentir, miró los cuadros que había colgados en la
pared junto a la que estaban paseando el moreno y él. Eran hermosos, y aun sin saber demasiado de arte,
imaginó que debían de ser de pintores famosos.

Se fijó especialmente en uno de ellos. Con dos figuras desnudas y entrelazadas, representaba, según la nota
del autor, la esperanza. Jaejoong en aquel momento dudaba mucho que la esperanza viniese de la mano de
alguien…

Varias personas se pararon a hablar con ellos. Yunho conversaba educadamente con todos, y por suerte,
después de presentarle a la mayoría de ellos, se dedicaba a ignorarle. Jaejoong no tenía ni idea de que tema
podría compartir con aquellos snobs.

Alisándose las arrugas inexistentes de su chaqueta, aspiró lentamente intentando frenar el rápido batir de su
corazón. Necesitaba algo de aire fresco. Sus ojos se posaron en una chica joven y bella que se acercaba a
ellos. Era muy bajita, con una abundante cabellera rojiza unos bonitos ojos negros. Tuvo que ponerse de
puntillas para besar a Yunho en la mejilla.

Jaejoong entrecerró los ojos al ver como los labios de la mujer rozaban la comisura de los de Yunho. Pero el
magnate no dio muestra de notarlo. Siendo ignorado por completo y repentinamente dolido por algo
demasiado cercano a los celos, decidió mirar hacia otra parte.

—Esta es Jaena, mi prometida—Agarrándole por el brazo, Yunho le hizo volverse hacia ellos. La pelirroja,
tras una mirada despreciativa, se acercó para besarle también. Aquella vez los labios de la joven casi no
tocaron la piel.

—Nunca hubiese imaginado que tus gustos iban… por ahí —dijo la mujer. Pero al notar la mirada
congelada del magnate, intentó hacerlo pasar por una broma riéndose falsamente.

—No creo que me conozcas lo suficiente como para saber algo así.

—Cierto. Pero…—La mirada insinuante dejó claro lo que iba a decir a continuación. Pero para alivió de
Jaejoong, Yunho decidió cortar en seco aquella conversación.

—Nana, lo siento pero debemos irnos. Mi primo lleva buscándonos un buen rato. —Si la brusquedad de
Yunho la incomodó, no dio muestra de ello. Con una sonrisa cordial se despidió de ambos, para luego
marcharse al lado de un apuesto joven.

—Ven—Sin pararse a mirar si lo seguía o no, el magnate empezó a caminar hacia el siguiente pasillo de la
exposición. Jaejoong aun se encontraba furioso con él por lo sucedido el día anterior, y casi fue un alivio que
las únicas palabras que le dirigiera fueran monosílabos destinados a darle ordenes. No es que a Jaejoong le
gustara obedecerle, pero era aquello o armar un escándalo. Cosa que nunca haría frente a tanta gente.

La velada pasó bastante tranquila. La gente parecía empeñada en captar la atención de Yunho. Ya fuera
sexualmente, o por asuntos de negocios. Nadie parecía notar su presencia. Si hubiesen sido otras
circunstancias, si su relación hubiese estado basada en algo más que mentiras, quizás hubiese hecho algo para

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solucionarlo. Pero metiéndose en su papel de víctima ofendida, no abrió la boca ante nada. Por lo menos
hasta que llegaron a uno de los tantos pasillos repleto de cuadros.

No lo pudo evitar, pero su memoria corrió hacia años atrás, cuando su desesperación había sido tal, que le
había llevado a cometer uno de sus peores errores. Con una mano en los labios, intentando ahogar la
exclamación de horror que pugnaba por salir de su boca, miró con los ojos abiertos de par en par el cuadro
que colgaba frente a él.

En sí misma, la pintura era bastante normal. El pintor, de bastante talento, había plasmado de una forma
muy realista la imagen desnuda de la parte trasera de una persona. La línea de la espalda, las delgadas
piernas, el redondeado trasero… tan familiares que le hicieron tragar en seco.

Mirando el nombre del autor, aunque no le hiciese ninguna falta, descubrió que sus temores eran bien
fundados Allí, en una de las esquinas inferiores y en letra elegante, el nombre de Kim Hyunjoong parecía
condenarle. Y es que Jaejoong nunca olvidaría los cuadros que aquella persona pintó de su cuerpo desnudo.
Cada uno de ellos…

—Interesante... Aunque después de lo de anoche, no debería sorprenderme el descubrirte mirando un


cuerpo desnudo con la boca abierta.

La burlona voz de Yunho le hizo saltar sobresaltado. Y lo hizo literalmente. Sus atemorizados ojos se
clavaron en los del moreno, que se entrecerraron suspicaces.

—¿Qué ocurre?

—Na… nada, ¿Podemos irnos a otro sitio? —Yunho frunció el ceño volviendo su mirada hacia el cuadro. La
tentación de cogerle la cara para girársela hacia otro lado era demasiada.

Disimuladamente, Jaejoong miró hacia el resto de los cuadros de la zona que pertenecía a las pinturas de
Hyunjoong. Por suerte ninguna más era de él. Y sin embargo, una terrible idea hizo que sus manos
temblaran incontrolablemente. ¿Y si estaba allí? Después de todo, prácticamente la totalidad de los autores
de aquellas obras habían acudido aquella noche.

Su respiración se hizo trabajosa mientras su cabeza empezaba a dar vueltas. Antes de caerse allí redondo, las
manos de Yunho le agarraron firmemente por la cintura, acercándolo a su cuerpo.

—Ja… ¡Jae! ¿Qué ocurre? —Jaejoong no pudo contestar. La visión se le había nublado.

De pronto, el agarre desapareció, y Jaejoong se vio arrastrado entre la multitud. No sabría decir durante
cuánto tiempo estuvieron andando, pero pronto pudo sentir como el aire fresco inundaba sus sentidos.

Yunho le apoyó contra una columna mientras se inclinaba sobre él. Poco a poco la vista se aclaró y unos ojos
preocupados—y demasiado cercanos—fue lo primero que pudo ver.

—¿Mejor?

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—Sí… Lo siento…

—No te preocupes. —Por increíble que pareciese, Yunho estaba siendo amable. Una de sus manos se había
apoyado en su hombro, como si temiese que se fuera a caer de un momento a otro.

—Cuéntamelo Jaejoong. ¿Qué te ha sucedido?

—No es nada… Solo un simple mareo—La excusa le sonó tan falsa que no se sorprendió cuando Yunho
frunció el ceño y dijo:

—Vamos Jaejoong. Tenías miedo. Tus ojos casi lo gritaban.

—Que estupidez…

—No, espera. Mira Jaejoong, es obvio que tienes un problema. Solo quiero saber si puedo ayudar….

—¿Ayudar? —El cinismo que de pronto impregnó su voz, pareció dejar algo descolocado a Yunho, que de
pronto se irguió confundido, como si no creyese lo que acababa de decir él mismo. —¿Y eso por qué sería?
Después de todo, para ti soy un asesino. Y además, una puta.

Yunho se apartó de él con brusquedad, como si le hubiesen golpeado. Pero tras un instante, estuvo de nuevo
casi pegado a su cuerpo.

—Quiero que me lo demuestres. Demuéstrame que me equivoco. —Fue a abrir la boca, Pero con un gesto,
Yunho le detuvo—No, escucha. En lo que llevo de vida demasiada gente ha querido hacerme daño,
simplemente soy así Jaejoong.

—Pero es que yo no tengo por qué demostrar nada. Pensé que me conocías mejor. Y si no es así, pues
entonces tendrás que quedarte con tus propias conclusiones, porque yo... yo ya estoy cansado.

Sintiendo que su cuerpo ya se había recuperado, se apartó de un movimiento, para después empezar a
caminar hacia el interior.

—Voy a buscar a Junsu y Changmin, los vi antes de salir. —Cuando Yunho se dispuso a seguirle, alzó una
mano—Solo, por favor. Después nos vemos. Necesito… estar solo.

Yunho le miró por un momento furioso, pero se entonó de hombros y tras una mirada de desdén se marchó
de la amplia terraza a la que le había conducido. Jaejoong miró a su alrededor apesadumbrado,
contemplando el pulido suelo que parecía ser una especie de tarima flotante y el grueso muro, bellamente
tallado, que separaba la terraza de la calle.

Sus ojos se perdieron por unos instantes en la oscuridad que le rodeaba, inmerso en sus propios
pensamientos ni notó que el tiempo pasaba mientras él simplemente se quedaba allí, parado.

No fue hasta que escuchó una risa ronca y grave que salió de su cavilación.

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—Pero miren que tenemos aquí —dijo una voz a sus espaldas, sobresaltado, se giró para quedar frente a
frente con su peor pesadilla. —Te ves… bien, Jaejoong. Si hubiese sabido lo bien que te sentaban los
disfraces de mujer te habría pintado con uno. Aunque… siempre preferí tu cuerpo desnudo.

—Hyunjoong…—Podía sonar idiota, pero nada más salió de sus labios. Aquello no podía estar pasando.
Llevaba tanto tiempo intentando olvidarse de aquel hombre, que el que apareciera de pronto ante él era algo
que no podía admitir ni ante sí mismo.

—El mismo… —Con su cabello castaño oscuro y su metro ochenta, era lo suficientemente imponente
como para hacerle retroceder. El pelo le llegaba hasta los hombros, y lo llevaba recogido en una coleta baja.
Sus rasgos, atractivos y a la vez afilados, daban a su moreno rostro un aura de poder. Pero lo que más
nervioso le ponía eran aquellos ojos negros.

Con pasos largos, se acercó hasta donde estaba él. Y Jaejoong se encontraba tan conmocionado que no
retrocedió. Alzando una mano, le acarició la mejilla. En seguida el asco le hizo apartar la cara.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó levantando el mentón, sin dejarse intimidar... él ya no era aquel desvalido
muchacho que tan fácilmente cayó en sus garras.

—He sido invitado como artista que soy. Mis obras están ahí dentro. —Jaejoong se estremeció, y como si
pudiese leerle sus pensamientos, una sonrisa cruel se extendió por los finos labios de Hyunjoong—¿Los has
visto, verdad? ¿Te ha gustado el tuyo? Me preguntó qué dirían todos esos ricos si supieran que eres tú el de
la pintura… sería todo un entretenimiento lo que se subiría.

—Tú no vas a decir nada—Si hubiese estado menos nervioso, habría sonreído de suficiencia—Sabes que
podría hundirte si lo haces.

Hyunjoong pareció sorprendido ante el tono de su voz. Pero pronto se recuperó.

—Has cambiado. Y aunque debo reconocer que echaré de menos aquel gatito asustadizo, también me gusta
que arañes. —Asqueado, dio un paso atrás—Pero de todos modos, tienes razón, no voy a decir nada. Y no
por tu amenaza si no porque eso terminaría con toda mi diversión.

Si dejarle responder, le agarró por los hombros para atraerlo hacia su cuerpo. Jaejoong se retorció
intentando liberarse, pero Hyunjoong era mucho más fuerte que él. Y el muy maldito lo sabía.

—¿Qué te ocurre Jaejoong? No es como si fuera la primera vez que te toco así.

—¡Eres un cerdo! ¡Suéltame!

—Te me escapaste Jaejoong y tengo que decir que me quedé con unas ganas terribles de terminar lo que
empecé.

—¡Nunca me acostaría contigo, enfermo!

—Ah, pero si lo harás. Porque en realidad te gusto tanto como tú a mí.

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Y Jaejoong rió. Nunca sabría qué fue lo que le llevó a hacer semejante estupidez, pero el hecho es que no
pudo evitarlo. —Era un niño, y me engañaste. Pero ya no lo soy. ¡Aleja tus manos de mí!

Hyunjoong frunció el ceño y cogiéndole por la nuca le atrajo bruscamente hacia él. Cuando aquellos labios se
posaron sobre los suyos, casi se desmayó.

—Cuando te fuiste, no me lo podía creer. Nunca habían escapado antes de poder hacerlos míos. Quizás por
eso me obsesioné contigo. Vamos Jaejoong, quieres ser libre, pues entrégate a mí. Sé que lo vas a disfrutar.
—Cuando le lamió el labio inferior, Jaejoong reaccionó. Empujándole fuertemente, le hizo tropezar, y al
momento Hyunjoong estaba sentado en el suelo mirándole incrédulo. —Maldito seas, Jaejoong. ¿Por qué
demonios te pones así? Sé que eres homosexual, después de todo, estás con ese Jung.

Aquello Dolió. No sabía exactamente por qué, pero de algún modo enrevesado y confuso, el hecho de que
le recordara que “estaba” con Jung, dolía. Furioso de pronto y con los brazos cruzados, le miró con el ceño
fruncido.

—Tú no sabes nada de mí, así que olvídate de que existo y déjame en paz.

Dando un rodeo para no pasar junto a él, empezó a caminar en dirección a las puertas que conducirían al
salón. Por suerte, por ellas solo se veía uno de tantos pasillos vacíos. No imaginaba lo que hubiera sucedido
si alguien hubiese visto la escena que había montado Hyunjoong.

—¡Tú no vas a ninguna parte! —Sobresaltado, miró la mano que le agarraba por su rodilla. Hyunjoong se
levantó del suelo rápidamente, para después agarrarle de un brazo y arrastrarlo hacia una de las paredes que
quedaban fuera de la vista de la puerta. La maldita terraza era demasiado grande.

Una exclamación ahogada salió por sus labios cuando su espalda choco brutalmente contra la fría pared,
dejándolo momentáneamente sin aire.

—¿Y ahora qué, Jaejoong? ¿Vas a gritar en busca de ayuda? —Por el tono burlón de su voz, se dio cuenta de
que Hyunjoong sabía la verdad. No lo haría. —En realidad no has cambiado nada. Primero era yo, y ahora
Jung.

—¡No le compares contigo!

—¿Por qué no? ¿Es él acaso mejor que yo?

—¡Por supuesto! ¡Yunho te da mil vueltas en cualquier cosa que haga! — Aquello pareció enfurecer a
Hyunjoong, que colocando uno de sus brazos en su garganta, le miró con crueldad.

—¿En serio? Veremos si sigues diciendo lo mismo después…—Y sus labios volvieron a abatirse sobre los de
Jaejoong. El rubio se resistió, intentando girar la cara, pero una de sus manos tenía agarrada fuertemente la
mandíbula mientras que su brazo seguía haciendo presión sobre su cuello.

237
Casi sin poder respirar, Jaejoong sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas. Cuando Hyunjoong le mordió
el labio inferior con demasiada fuerza (Jaejoong estuvo seguro de que sangraba en aquellos momentos),
gritó. Pero todo sonido fue acallado cuando la lengua del pintor se introdujo en su boca, asfixiándole.

No lo soportaba, otra vez no. Pero para su consternación la mano del hombre se dirigió hacia su falda,
levantándola sin ninguna dificultad. Al comprender que estaba a punto de ser violado, sintió como su
corazón se detenía. Y sin embargo nada pudo hacer cuando Hyunjoong le volvió de espaldas sin ninguna
contemplación.

—Tendría que prepararte, pero después de todo, debes estar ya bastante acostumbrado viviendo con ese
hombre.

—¡No! ¡Hyunjoong no lo hagas! Por favor… Haré lo que quieras. Pero no me hagas esto—Suplicó llorando
mientras trataba frenéticamente de soltarse. Sin embargo los brazos fuertes de Hyunjoong no se lo
permitieron. Cuando sintió algo húmedo sobre su trasero, supo que hiciese lo que hiciese, no serviría de
nada. Con las lágrimas rodándole sin ningún control sobre su cara, cerró los ojos mientras sus suplicas se
apagaba—Por favor…

—Demasiado tarde—Hyunjoong soltó una risa estridente junto a su oído y Jaejoong se estremeció mientras
sus sollozos se hacían más audibles. Pero de pronto, toda presión desapareció de su cuerpo, que cayó de
rodillas cuando sus piernas no le sostuvieron.

—¡Hijo de puta! —Aquel grito, proveniente de una voz conocida, le hizo girarse con brusquedad, solo para
ver como un puñetazo mandaba a Hyunjoong contra la balaustrada de la terraza. —Te voy a matar…

—Yunho…—Susurró con voz ronca—¡Yunho…!

Los ojos del moreno se posaron por un momento en él, recorriendo su cuerpo semidesnudo. Con un
gruñido, se volvió hacia Hyunjoong para volver a cogerle por las solapas de la camisa y pegarle un rodillazo
en la ingle. Aquello debió doler, ya que Hyunjoong cayó al suelo gritando y retorciéndose de dolor.
Olvidándose de Hyunjoong, Yunho caminó hasta Jaejoong, y con suavidad le puso de pie. No pudo evitar
que su cuerpo siguiera temblando, ni que sus lágrimas rodaran por sus mejillas. Pero Yunho simplemente le
colocó bien la falda, que había quedado enganchada en su ropa interior, mientras le agarraba por la cintura.

—¡Dios mío, Jaejoong! —dijo con voz entrecortada. Jaejoong supo que por primera vez, el magnate se veía
afectado por algo. Y no era para menos. —Estaba esperando y oí tus gritos… No sabía que pasaba y cuando
le vi… ¿Cómo estás? ¿Te hizo…?

Paró de hablar al verle negar con la cabeza. Agarrándole suavemente la cara con sus finas manos, Yunho le
obligó a mirarle a los ojos. Y sin embargo, se sentía tan humillado, tan sucio, que no pudo aguantarlo.

—Vete —murmuró entre sollozos mientras se daba la vuelta. Aun podía sentir los brazos de Hyunjoong
acorralándolo, tocándolo sin ningún tipo de consideración.

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—No pienso dejarte así. —Una de las manos de Yunho le hizo volverse. ¿Qué pasó? No vi a nadie venir
hasta aquí, pero él…

—Me habrá seguido…

—¿Le conocías? —Jaejoong se mordió el labio, pero aun así no logró silenciar su llanto. —Jaejoong,
mírame. ¿Quién era ese hombre?

—Él…él... —Pero no podía. No podía contarle nada, porque entonces el magnate tendría algo más con lo
que humillarle.

Cogiendo una de las manos temblorosas de Jaejoong entre las suyas, Yunho le miró fijamente.

—Tranquilo Jaejoong, él ya se ha ido. No dejaré que se acerque a ti de nuevo.

Era tan bueno. Jaejoong sabía que Yunho solo se comportaba así por la situación, y sin embargo no pudo
evitar echarse en sus brazos y romper a llorar aun con más fuerza. Cuando los brazos de Yunho le rodearon,
Jaejoong supo que ese hombre, aunque nunca sería para él, siempre quedaría guardado en su memoria.

—Él... él es pintor. —Empezó con voz entrecortada y la cara metida entre los pliegues de la chaqueta negra
de Yunho—Cuando mis padres murieron, yo no tenía dinero. Pero necesitaba para hacerme cargo de mi
hermana y poder vivir. El departamento en el que vivíamos con mis padres era de alquiler, así que en cuanto
no pude pagar, me echaron de allí. Estaba desesperado Yunho, de verdad no sabía qué hacer. — Tuvo que
toser para no ahogarse con aquel discurso dicho casi sin respirar. Cuando miró a Yunho, vio que el moreno
tenía el ceño fruncido, pero no era odio y burla lo que empañaba aquellos almendrados ojos. Era compasión.
No soportándolo, volvió a bajar la cabeza mientras sus hombros se sacudían por el llanto.

—No sabía qué hacer. Busque trabajos, pero ni trabajando en tres empleos a la vez me daba para pagar todo.
Y entonces le conocí—Un estremecimiento sacudió su cuerpo al recordarlo. Era como revivir una pesadilla.
—Hyunjoong estaba buscando un modelo. Le gustaba pintar a jóvenes, y yo, viendo el dinero que me
ofrecía por posar para algunos cuadros, acepté. Era la solución a mis problemas. Y no veía nada de malo en
que me pintase.

Guardando silencio por unos momentos, se preguntó cómo seguir. Probablemente Yunho sintiera asco de él
después de enterarse de todo. Él mismo lo sentía cada vez que recordaba lo estúpido que había sido.

—Pero cuando fui a su estudio, él me dijo que tenía que desnudarme. Al principio me negué, siempre he
sido muy tímido y no quería que nadie me dibujara así. Y sin embargo en aquel momento me dijeron que la
única oportunidad de mi hermana era ingresarla en un hospital privado. La suma que me pedían era tal, que
simplemente me derrumbé. Vi a Hyunjoong como mi única salida, así que le pedí aun más dinero por posar
desnudo. Y así empezó todo.

Yunho le apartó de él por un momento para mirarle a los ojos.

—El cuadro que viste antes era de él, ¿verdad?

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Sonriendo tristemente, negó con la cabeza.

—No es solo que fuese suyo. Yo era el modelo. —Al ver a Yunho asentir, tragó fuertemente para seguir
con su relato—Al principio todo era más o menos tranquilo. Me daba mucha vergüenza, pero después de
todo, solo serían unos meses. Pero pronto aquello cambió. Yo lo sabía. En el fondo notaba aquellas miradas
extrañas que me dirigía por encima del lienzo. Pero no sabía que más hacer, así que simplemente lo dejaba
pasar. Hasta que un día ya no solo fueron miradas.

Estremeciéndose de nuevo, sintió como las lágrimas volvían a caer por su rostro. Se sentía tan miserable.

—Un día, después de desnudarme, él me abrazó. Yo estaba tan sorprendido que no supe cómo reaccionar.
Pero cuando él me beso quise irme de allí. Hyunjoong no lo tomó muy bien y me dijo que no podía irme.
Dijo que yo le gustaba y que solo serían unos besos. Si me negaba, no me pagaría por los cuadros, ni siquiera
por los que ya había terminado. Y estando pendiente las facturas de mes y medio de mi hermana, no podía
dejarlo. —Suspirando entrecortadamente, recordó aquellos difíciles días—Pero él mentía. No lo quería ver,
pero cada vez iba más y más lejos. Cuando empezó a tocarme… por allí, bueno… no pude aguantarlo más.
Pero de pronto—Sin poder aguantarlo, rompió a llorar más fuerte. Se sentía tan débil y ridículo llorando
allí, pero simplemente no pudo parar.

Soltándose de Yunho se separó de él. Quizás si no le tocaba pudiese calmarse un poco. Pero no funcionó.
Sus rodillas cedieron y cayó al suelo.

—De pronto él dijo que no llegaría más lejos—Una sonrisa cruel, destinada a sí mismo, se extendió en sus
labios, mientras sus ojos, completamente vacíos, parecían ver de nuevo aquellas escenas —dijo que quería
pintarme puro, pero que después…—Sollozando, se llevó las manos hasta la cara, intentando ocultar su
rostro—¡Era un niño Yunho! ¡Solo un niño! Y no tenía a nadie que me ayudase. Tuve que aguantar dos
meses más mientras él me tocaba cada vez que quería. Por suerte nunca pasó de eso. ¡Pero era tan asqueroso
y me sentía tan sucio! —Yunho se agachó junto a él, agarrando sus manos para que dejara de clavarse las
uñas en la cara—No duró mucho. Llegué a un punto donde estaba ya tan desesperado que decidí dejarlo.
Pero quizás en ese momento la suerte decidió volcarse por una vez en mi favor, y él ya había terminado sus
pinturas. Me pagó ese mismo día y me dijo que aquella noche iba a ir a mi casa para… bueno para terminar
todo.

Sentándose en el suelo, Yunho le agarró para ponerlo sobre su regazo, mientras le abrazaba. Los brazos del
magnate estaban tensos y su rostro mostraba una frustración que Jaejoong no llegó a entender. Sin embargo
no pudo dejar de hablar, necesitaba contarle a alguien por primera vez todo lo sucedido.

—Después de salir de su estudio fui al hospital de mi hermana y les entregué todo el dinero que me había
dado. Con ello tendría para algo más de un año de estancia. Y tras despedirme de ella huí de la ciudad
prometiéndola volver lo antes posible a visitarla. Fue muy difícil, no tenía dinero y tuve que buscar un
trabajo que me diera un techo bajo el que dormir. Pero era demasiado pequeño, y poco pude encontrar. Los
primeros meses fui de aquí para allá, hasta estuve en un alberge de indigentes una temporada. Hasta que en
un golpe de suerte, encontré alguien que quería compartir departamento. Era tan empobrecido que entre

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ambos podíamos permitirnos pagar el alquiler. Busqué un trabajo y me matricule en la escuela. Me prometí
a mi mismo sacarme una carrera para no volver a pasar hambre. — Extrañamente, después de haberlo
soltado todo, sentía como si un peso que cargaba desde hacía tiempo hubiese desaparecido. Sin importarle la
embarazosa posición en la que estaban, recargó su cabeza contra el pecho de Yunho. Sabía que aquel
comportamiento era consecuencia de la lástima, y que una vez que se recuperara de la sorpresa, el moreno
nunca volvería a ser tan amable. Pero no le importó, simplemente cerró los ojos y aspiró el limpio y
agradable perfume de Yunho.

—Yo… Lo siento —dijo de pronto el magnate. Haciéndole levantar la vista de inmediato. Pocas veces en su
vida se habría disculpado el moreno.

—¿Cómo?

—He sido muy injusto contigo. Te acusé de intentar matarme y… yo lo…

—Está bien —dijo posando unos de sus dedos sobre los labios de Yunho. —Tú no sabías nada de esto.

—Pero no tenía ningún derecho a acusarte así.

Limpiándose el rastro de lágrimas con la manga, se levantó a desgana. El moreno le miró por un momento
sorprendido, para después también ponerse en pie.

—Será mejor que vaya al baño a ponerme decente. Pareceré de todo menos una dama.

Yunho le miró en silencio durante lo que pareció ser una eternidad.

—Bien —dijo mientras asentía y le agarraba por el pliegue del codo. Su mirada se había vuelto fría, pero de
algún modo sabía que aquello no estaba dirigido a él. —No tienes de que preocuparte Jaejoong. Él no te
tocará más, yo me encargaré de eso—. Cuando le miró, un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Yunho
tenía una sonrisa cínica en su rostro, aquella misma que le había dirigido a él mientras le chantajeaba al
principio. —Después de todo, esa es mi especialidad.

—Yo… Yo no quiero que te metas en líos por mi culpa. Simplemente déjalo así. No podrá volver a
acercarse pronto.

—No seas idiota. Porque lo hará. —Pero Jaejoong supo que de alguna forma, se sentía en deuda con él por
las hirientes palabras que el día anterior le había dicho.

Sin una palabra más, le condujo hasta uno de los baños del palacete. Uno muy apartado del salón de
exposiciones y donde casi no había posibilidad de ser vistos por alguien. Cuando Jaejoong entró en el baño
de señoras y se miró al espejo, una maldición escapó de sus labios.

Su traje se encontraba irremediablemente arrugado. Y su maquillaje se había corrido casi por completo.
Agachándose sobre uno de los elegantes grifos, lo abrió hasta dejar salir un pequeño chorro de agua. Con las
manos ahuecadas, tomó toda la que pudo para después lavarse la cara. Prefería ir sin maquillaje que con el
estropicio que tenía hecho.

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Su traje no fue tan fácil de arreglar, pero tras unos minutos consiguió adecentarlo lo suficiente como para
que la gente no se quedara mirándolo por ello. Cuando salió de baño, vio a Yunho apoyado en la pared
contraria, mirándolo fijamente.

Sonrojándose por todo lo ocurrido, bajó la vista mientras empezaba a caminar hacia la exposición. Los
pesados pasos que le siguieron le aseguraron que el moreno iba con él. No podía imaginarse momento peor
para estar solo.

Cuando las luces y el alboroto de la fiesta se hicieron presentes, Jaejoong se tensó. No estaba preparado para
ver a Hyunjoong. Sus manos empezaron a temblar mientras que sus ojos buscaban ansiosos entre la multitud
la alta figura morena del pintor.

—No hagas eso —dijo Yunho, colocándose a su lado. El rubio miró sus manos, fuertemente apretadas en
puños a sus costados y después frunció el ceño. —Ven—Momentos después era arrastrado de nuevo entre
la multitud.

—¡Jaejoong, Yunho! —La voz de Changmin le hizo mirar sobre el hombro del moreno, para después
colocarse junto a él. Cuando Yunho paró sus pasos, Jaejoong había chocado contra su espalda. —¿Dónde se
habían metido?

—Estábamos viendo cuadros—Respondió Yunho sin soltar su brazo en ningún momento.

Sus ojos se fijaron en la firme figura del magnate, pero la sensación de sentirse observado le hizo desviar la
mirada. Los ojos de Kyuhyun estaban clavados en él, recorriéndole desde su peluca algo despeinada hasta sus
zapatos con el ceño fruncido y una mirada perspicaz.

Sintiéndose descubierto, dio un paso atrás, pero Kyuhyun desvió la vista hacia Yunho para mirarlo igual de
intensamente. No hace falta decir que el moreno ni se inmutó, devolviéndole la mirada tranquilamente.

—Jaejoong y yo nos vamos ya —dijo entonces el magnate, haciendo que tanto sus dos primos como Junsu
protestasen.

—¿Qué? ¡Eso no es justo! Todos queremos irnos, pero…

—Sí, Jaejoong. Quédate un rato más—Cortó Junsu a su esposo. Él le miró un momento con los ojos
entrecerrados, para después volverse hacia Yunho.

—¿Por qué tan pronto, de todas formas?

—Estoy cansado.

Nadie creyó aquello, y dos pares de cejas se alzaron en señal de incredulidad. Kyuhyun abrió la boca con la
intención de protestar también, pero de pronto sus ojos volvieron a Jaejoong. No dijo ni una palabra.

—Pues vete tú, pero deja a Jaejoong con nosotros. Nos vamos a divertir…

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—Si él se queda sin Yunho, mi madre hará un escándalo, y lo sabes—Aquello no tenía por qué ser cierto,
pero los demás tomaron el argumento de Kyuhyun como válido.

—Nosotros esperaremos hasta que se vaya el resto de la familia, será mejor que se vayan antes de que les
vean, si no será difícil salir de aquí.

A Yunho aquello no debió de importarle mucho, porque una sonrisa divertida se extendió por sus labios. Era
obvio que el moreno no tenía ningún miedo a las amenazas o chantajes de su abuelo, y mucho menos a los de
su tía.

Cuando terminaron de despedirse de los tres, se dirigieron hacía uno de los pasillos traseros del lugar.
Intrigado, vio como le conducía por una serie de largos y elegantes corredores completamente desiertos.

Tras unos cinco minutos, llegaron a una puerta negra y amplia y sin más, Yunho la abrió. Mientras el
moreno sacaba su celular para marcar el número de su chofer, Jaejoong miró incrédulo el inmenso garaje
que se extendía ante sus ojos. Allí habría cientos de coches, y todos ellos de la mejor calidad. Un ladrón se
pondría bien las botas…

—¿Cómo sabes de este lugar? —Le pregunto a Yunho tras verle colgar el teléfono. El moreno le miro y se
bajo de hombros.

—Es bueno tener contactos.

—Gracias—Acercándose hasta quedar frente a él, lo miró a los ojos. No había rastro del usual temor, ni
siquiera enfado o vergüenza. Simplemente pura y sincera gratitud.

—No me las des… No quiero pensar en lo que hubiera pasado si de verdad me hubiese ido. Creí que te
perderías por los pasillos antes de encontrar la exposición.

—Nunca me había alegrado tanto de verte—Intentó bromear para dejar de pensar en aquello. La imagen
mental de lo que hubiese sucedido si Yunho no hubiese llegado a tiempo, era aterradora. Se había sentido tan
indefenso, tan inútil…

—Cuando te oí gritar, lo último que esperaba era aquello. Pensé que te habías mareado y te habías caído.
Nunca… Dios, ese tipo se merece pudrirse en la cárcel.

—Eso ya da igual. No sé cómo se ha atrevido si quiera a tocarme. Sabe muy bien que puedo hundirle con
unas cuantas palabras. —Las luces brillantes de un coche acercándose le indicaron que pronto podría salir de
aquel lugar. —No creo que a la policía le hiciera mucha gracia saber que el famoso pintor es un pederasta
que engaña a los niños para llevárselos a la cama.

Sin decir nada más, quizás por la incomodidad del momento, ambos vieron como el flamante mercedes gris
se paraba ante ellos. La mano de Yunho se posó en la base de su espalda, para conducirle hasta la puerta
trasera del auto. Una vez estuvieron dentro, con una simple orden del moreno, partieron rumbo a la
mansión.

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Clavando sus ojos en la figura que se perdía por las escaleras que conducían a su propio cuarto, Yunho
suspiró hondamente, tratando de eliminar aquella persistente sensación de malestar. No sirvió de nada.

Con pasos rápidos y largos, se dirigió a la cocina para preparar una manzanilla a Jaejoong. Asombrándose de
sí mismo, sonrió brevemente al darse cuenta de que aquella sería la primera vez que preparara una infusión
con sus propias manos. Y sin embargo Jaejoong no lograría dormir nada en toda la noche.

Cuando llegó a su destinó, buscó entre los numerosos cajones, el lugar donde estuviesen guardadas las
cacerolas. Cuando lo encontró, sacó la más pequeña para ir a llenarla de agua. Su mente volvió otra vez al
momento preciso en que había escuchado a Jaejoong gritar, y un estremecimiento le hizo apretar los dientes.
¿Qué hubiese pasado si hubiese estado más alejado del lugar? La respuesta era tan clara y horrible que no
quería pensar en ello.

Por primera vez en su vida, se sentía miserable. El arrepentimiento se mezclaba dentro de él con un
sentimiento recién descubierto y que aun no había sabido clasificar. Pero lo que si tenía claro era el hecho de
que aquel muro que tan cuidadosamente había construido a su alrededor para protegerse de la gente, había
caído bruscamente en el mismo instante en que sus ojos se posaron en la figura de Jaejoong, tirada en el
suelo y semidesnuda. Los ojos del chico, aterrados e inundados en lágrimas, habían provocado que todos sus
cimientos se viniesen abajo.

Y por si aquello fuese poco, más tarde, escuchando su triste y desgarradora historia, se había sentido como el
ser más rastrero de la Tierra. Le había llamado asesino, le había acusado de pagar el hospital de su hermana
valiéndose de engaños y trampas, y después, al saber la verdad, simplemente no había podido con el
sentimiento de culpa que le había embargado.

Y simplemente no había podido impedir aquel impulso de consolarle. No sabía si era por la culpa, pero el
hecho es que no le gustaba verle derrotado y ahogándose en sus propias lágrimas. Colocando el cazo en el
fuego, esperó que empezara a hervir mientras buscaba la manzanilla. Debía haber por algún lado de aquella
inmensa cocina. Una vez encontró las cajas, un improperio salió de sus labios al ver los más de 10 sabores
diferentes. ¿A quién demonios le importaba a que sabía si solo servía para tranquilizarse?

Eligiendo una de lo que parecía ser menta, sacó dos bolsitas para dirigirse a la Vitro cerámica. Sus manos se
crisparon al recordar de nuevo el rostro de aquel maldito pintor. Pero las cosas no quedarían así... él mismo
se encargaría de hacerle ver lo que podía suceder si se jugaba con fuego.

Cuando las primeras burbujas empezaron a asomar por la lisa superficie del agua, retiró el cazo del fuego,
para después volcar el líquido en una tetera que encontró en la gran estantería que colgaba sobre la mesa.
Metiendo las dos bolsitas de manzanilla para después tapar la tetera, tomó una bandeja y decidió subirle algo
ligero también para que comiera.

Una sarcástica carcajada pudo escucharse por toda la cocina. Aquello era ridículo. …él, que se vanagloriaba
de ser insensible y frío, estaba cuidando de Jaejoong como si fuese su madre. Vamos, completamente
ridículo. Y sin embargo, siguió buscando algo para comer. Tras unos minutos indeciso de que subir, empezó
a coger un poco de todo. Fruta, zumo, yogures, pan y todo lo que entró en la bandeja.

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No debería hacer aquello. Jaejoong se podría llevar una impresión equivocada. Recordando el desdén que
había mostrado cuando, sin ningún tipo de compasión, casi se rió de los sentimientos de Jaejoong en su cara,
maldijo por lo bajo. ¿Quién le mandaba a él ser tan cruel? A veces creía seriamente que algo estaba mal con
su carácter. Después de todo estábamos hablando de Jaejoong, la persona más retraída que conocía…

Proponiéndose ser amable por aquella noche, sin pararse a pensar si aquello era fruto o no de la lástima que
sentía por el chico, llegó por fin a la puerta de su cuarto, y sin llamar, entró. Jaejoong se encontraba en
pijama y ya metido entre las sabanas de seda de su cama. A principios de junio como estaban, era imposible
dormir con algo más que aquellas finas extensiones de suave tela, que casi acariciaban su cuerpo.

—He traído… Bueno un poco de todo. —Acercándose a la cama e ignorando a propósito la expresión
repentinamente divertida que mostraba Jaejoong, le colocó la bandeja a su lado. —Y no te acostumbres,
esto de hacer de criado no es lo mío.

Jaejoong sonrió divertido para después mirar con expresión estupefacta la bandeja.

—Esto… ¿No creerás que me voy a comer todo esto, verdad?

—Pues no te vendría mal, estás escuálido —dijo sin inmutarse, y sorpresivamente a Jaejoong aquello no le
sentó mal. No había malicia en las palabras—Pero no, supongo que no te comerás eso de golpe. Pero no
sabía que traer, así que come lo que quieras.

Y así lo hizo. Contemplándolo comer, se fijo una vez más en los labios de Jaejoong, sonrosados y húmedos
por el jugo de la naranja que estaba comiendo. ¿Y es que cómo no reparar en aquellos suculentos labios?
Yunho recordó el beso que Jaejoong le había dado. Aquel que él se había negado a responder en pleno ataque
de furia.

Podría haberse sentido algo culpable por tratarle así, pero recordar el golpe que le propinó—Y que dolió
más a su orgullo que a su cara—no se lo permitió. Y sin embargo aun se sorprendía al recordar aquel acto.
Nunca se lo hubiese esperado de Jaejoong. Y el moreno había dado una imagen tan patéticamente
lamentable, que casi le daba pena.

Sacudiendo la cabeza, dejó de pensar en aquellos confusos recuerdos. Veía como poco a poco su disposición
estaba cambiando, y quizás aquella misma noche hubiese dado todo un irreversible giro. Mirando de nuevo a
su “invitado”, reparó en lo vulnerable que parecía. Aquella pálida cara, que ahora marcaba señales de dolor,
sus ojos, hinchados y enrojecidos por las lágrimas, y aquel aire inocente que siempre había tenido. Maldita
sea, aquel muchacho en ocasiones era como un niño pequeño, al que daban ganas de abrazar y asegurarle de
que todo va a salir bien.

Guardándose aquella vergonzosa debilidad, simplemente se quedó mirando como terminaba con la fruta,
para después tomarse la manzanilla. Yunho, que había rechazado su ofrecimiento de compartir la comida, se
dio cuenta de que de pronto se sentía hambriento.

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Alargando una de sus manos, tomó uno de los yogures de sabor de piña, mientras buscaba la cucharilla que
había traído. Cuando la encontró simplemente empezó a comer ante la mirada atenta de Jaejoong.

—¿Por qué no le denunciaste en su momento? —Preguntó sin poder contener su curiosidad, una vez
terminaron de comer.

Se esperaba que el rubio no quisiera hablar de ello, y por eso se sorprendió cuando Jaejoong empezó a
contestarle en un tono calmado.

—Tenía miedo de que me quitaran el dinero que había ganado.

—¿Y por qué dejaste entonces todo el dinero para el hospital de tu hermana? Huiste de la ciudad sin un won
cuando podrías haberte guardado algo para ti y volver después a pagar el hospital.

Una triste sonrisa adornó los labios de Jaejoong, y Yunho se vio de nuevo contemplándolos.

—No quería volver. Tenía tanto miedo de que si volvía, él me atraparía, que quise mantenerme lo más lejos
posible mientras pudiese. Por eso di todo mi dinero y salí de la ciudad. No volví hasta que el plazo se
cumplió y tras ver a mi hermana, que me hizo prometer ir a visitarla (La pobre se sentía muy abandonada, y
yo completamente culpable por ello), empecé a visitarla periódicamente. Una vez al mes, y nunca me
quedaba allí, aunque tuviese que viajar de noche. Odiaba aquella ciudad. Dentro de dos días iré a visitarla de
nuevo. Ella se empeñó en que pasara mí cumpleaños a su lado. Cree que debo estar realmente solo. Y hasta
que vine aquí, tenía razón.

Golpeándose mentalmente, se reprendió por haberse olvidado por completo del cumpleaños de Jaejoong.
Sabía la fecha, ya que se había estudiado su ficha, y sin embargo había estado tan centrado en sus propias
cosas que no se había percatado de lo cerca que estaban del cumpleaños. —Cumples 22, ¿Cierto?

—Sí—Los ojos del rubio se iluminaron mientras unía sus manos en su regazo, sobre las sabanas—tengo
muchas ganas de ver a mi hermana.

—Yo iré contigo.

—¿Qué...? No hace falta…

—Tengo una deuda pendiente. Nuestro acuerdo implicaba que a cambio de tu colaboración, yo ayudaría a
tu hermana. Es hora de que veamos qué podemos hacer por ella.

La gratitud que empañaron aquellos ojos cafés hizo que ninguna palabra fuese necesaria. Y sin embargo, todo
su cuerpo se tenso, cuando Jaejoong en pleno arrebato emocional, se tiró literalmente a sus brazos.

Queriendo separarse, y refrenándose para no herir aun más al muchacho, las mismas imágenes que llevaban
atormentándole desde que había puesto un pie en aquella maldita terraza vinieron a su cabeza. Fue incapaz
de rechazarle.

—Vamos… Vamos—Intentó con voz algo vacilante—Después de todo es lo acordado.

246
Jaejoong subió la mirada desde su pecho, y Yunho se perdió en aquellos lagos cafés. Maldiciendo su
repentina debilidad, le agarró por lo hombros para alejarle.

—Ahora acuéstate y duerme. Lo necesitas.

Pero el rubio no lo hizo. Cuando Jaejoong miró fijamente sus labios, Yunho sintió como todo se le iba de las
manos. Cuando el rubio se acercó, Yunho le empujó suavemente sobre las mantas, y besando brevemente su
frente, se apartó.

—Descansa, tengo que hacer unas cosas antes de dormir.

Y con eso salió del cuarto. Sin volver a mirarlo. Yunho llevaba dos meses investigando a Jaejoong.
Debatiéndose entre culparlo de asesino y la inocencia que brillaba con luz propia en el muchacho. Horas y
horas había malgastado en intentar poner en orden sus pensamientos, haciendo caso omiso a la punzada que
sentía al pensar en Jaejoong como alguien que intentaba matarlo.

Y entonces todo se había desbordado el día anterior en el baño. La frustración y la furia le habían llevado a
decir puras barbaridades. Y no solo con respecto a sus acusaciones de asesinato, sino que además le había
acusado de querer acostarse con sus primos. Dios… sabía que aquello era ridículo, y sin embargo, mientras
veía como la relación del rubio mejoraba cada día más con sus primos, su enfado fue creciendo más y más.

En aquel mismo momento deseo no haber metido a Jaejoong en su vida. Deseo poder seguir igual que
siempre, con sus barreras alzadas a cualquier intruso. Y sin embargo el rubio había logrado en unos meses lo
que a sus primos les había llevado una vida.

Maldiciendo a Jaejoong, bajó hasta el salón de la casa. Necesita alejarse, necesitaba buscar a alguien con
quien desahogarse. Y estaba decidido a no pensar más en Jaejoong. Al día siguiente el chico estaría
recuperado del shock y él podría volver a su rutina. Sin sentimientos contradictorios que le pusiesen de mal
humor. Después de dos meses sin poder centrar sus propios sentimientos, se lo merecía.

Su lengua, cálida y húmeda, descendió sobre la tersa piel del abdomen de su amante. Sintiendo como la
esbelta espalda se arqueaba en busca de un mayor contacto, jugueteó por unos instantes con el ombligo para
después subir por su torso dejando una estela de ardientes besos.

Cuando uno de los rosados pezones fue atrapado por sus labios, el largo y sensual gemido de su amante le
hizo rozarlo con sus dientes, sintiendo como se endurecía mientras el pecho subía y bajaba cada vez más
rápido, al compás de su jadeante respiración.

—¡Esto no es junto! ¡Suéltame! —Casi grito el moreno que tenía debajo suya mientras movía
frenéticamente las manos.

Junsu solo pudo sonreír.

—Nada de eso, ahora yo tengo el mando… —Su cabeza subió hasta situarse a escasos centímetros de la de
Changmin—Además, por nada del mundo dejaría escapar esta oportunidad.

247
Deslizando sus manos por los brazos de Changmin, hasta enlazar sus dedos, miró divertido las finas pulseras
que le ataban al cabecero de la cama. Cuando sus ojos volvieron al rostro del moreno, el poco control que
aun tenía sobre su cuerpo se esfumó. Changmin le miraba con una mezcla de lujuria y enfado que solo logró
excitarle aun más.

Posando sus labios sobre los de su esposo, le obligó a abrir la boca para él, deslizando su lengua entre
aquellos carnosos labios. Notando la presión que la entrepierna del moreno ejercía sobre su vientre, subió
una de sus piernas para restregarla contra su ingle. En seguida, Changmin empezó a ondularse contra su
muslo, en busca de más contacto.

—Eres un maldito desgraciado. —Jadeo contra sus labios mientras dejaba escapar un lago y agónico gemido.

Junsu sonrió mientras mordía el cuello de Changmin juguetonamente. Cuando su esposo se arqueó,
clavando aun más su entrepierna en el muslo de Junsu, el pelirrojo pudo sentir como todos los músculos de
aquel bello cuerpo se tensaban.

—Ah no, cariño… Aun no hemos ni empezado. —Deslizando su lengua de nuevo por el pecho de
Changmin, hizo caso omiso de los intentos del moreno por soltarse de su atadura. Sin ningún éxito, claro.

Cuando su boca llegó a la ingle de Changmin, este apretó las manos en puños para después estirar los dedos
nerviosamente.

—¡Maldita sea Junsu! ¡Hazlo de una vez! —Exclamó cuando la lengua del pelirrojo empezó a deslizarse
alrededor de su miembro, sin llegar a tocarle.

—¿Hacer? ¿Y qué es lo que tengo que hacer?

—¡Deja de jugar! Voy a…

—No. Ya te he dicho que aun no—Agarrando con su mano la base del pene, apretó con fuerza para evitar le
eyaculación. Changmin soltó un grito ahogado mientras le miraba extático.

—¡Eso duele! T e voy a matar en cuanto tenga las manos libres—Junsu solo sonrió, y enfadado, Changmin
abrió la boca para seguir gritándole. Eres un… ¡Ahhh... Oh Dios sí…!

Introduciéndose la punta del palo entre los dientes, Junsu presionó suavemente, para después deslizar su
lengua por todo el prepucio. Cuando soltó la base del miembro, las primeras gotas blanquecinas se
perdieron en su boca, sin que aquello le importara.

Las piernas de Changmin se abrieron para darle más acceso y colocándose entre ellas, empezó a bombear
rítmicamente el miembro de Changmin en su boca. Los gemidos del moreno hicieron que pronto él mismo
se encontrara dolorosamente excitado, pero lejos de quitarse su ropa interior, llevó una de sus manos hacia
los testículos de Changmin, acariciándolos apretándolos suavemente.

Cuando su boca se separó del miembro excitado, Changmin gruño algo incoherente para después mover las
manos frenéticamente, intentando soltarse.

248
—Levanta ese lindo trasero, cariño —dijo divertido ante la atónita mirada de su esposo. Pero cuando le
mordió juguetonamente el interior del muslo, muy cerca de su ingle, le hizo caso.

—¿Qué... qué haces? —Preguntó casi en un grito cuando Junsu le colocó un almohadón debajo de su
trasero.

—Así es... más fácil—Tuvo que contenerse para no reír al ver la mirada aterrada de Changmin.

—¡Hey, hey! Espera… ¡Suéltame ahora mismo!

—¿Qué pasa cariño, acaso no te gusta lo que te hago? —Changmin no contestó, la lengua de Junsu, que
lamía de nuevo su miembro le hizo perder el hilo de la conversación. Por lo menos hasta que sintió como
una de más manos del pelirrojo le abría las nalgas.

—¡Quita! ¿Qué crees que haces? ¡Yo no soy pasivo! —Junsu levantó su cabeza para mirarle por unos
instantes para después simplemente sonreír.

—¿Asustado?

—¡Esto es violación! —Exageró mientras sacudía los brazos. Y sin embargo, casi se ahogo al sentir como la
lengua de su esposo bajaba hasta su esfínter. Cuando la húmeda lengua lamió aquella parte, rodeándola sin
entrar en ella, una exclamación escapó de sus labios.

—No te tenses, Changmin —murmuró lo suficientemente alto como para ser escuchado por el moreno.

Junsu, por las reacciones del moreno, supo que nunca antes le habían hecho aquello. En un principio Junsu
nunca se habría visto dispuesto a hacerlo, pero después de que Changmin le descubriera el placer que
producía la lengua en aquella parte del cuerpo, no pudo evitar desear ver el rostro de su esposo cuando
llegara al orgasmo.

Su lengua jugueteo por unos momentos más alrededor del esfínter, para después presionar con la punta de la
lengua para meterla lo que pudiese. El grito ahogado de su esposo hizo que su excitación palpitara
dolorosamente.

—Esta me la pagas —dijo Changmin arqueando la espalda y mordiéndose los labios.

Sin dignarse a contestar, llevó una de sus manos hasta el miembro de Changmin, para después empezar a
bombearlo con fuerza. Todos los músculos del cuerpo del moreno se tensaron, y momentos después pudo
sentir como el semen de su esposo bañaba sus dedos.

El rostro de Changmin, con la frente perlada de sudor, las mejillas sonrojadas, los labios húmedos y abiertos
en busca de aire, era algo digno de recordar. Conteniendo el impulso de buscar una cámara para grabarlo, se
levantó para quitarse todo lo que cubría su excitado cuerpo.

—Ahora es mi turno—Ronroneo Changmin mientras sus ojos devoraban cada centímetro de piel del cuerpo
de Junsu—Suéltame.

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—No. Esta vez tú estarás abajo.

El rostro de verdadero horror de Changmin hizo que su ceño se frunciera.

—Ni hablar. Yo no soy pasivo.

—¿Y porque tengo que ser yo siempre?

—Bueno... tu eres… eres más pequeño que yo.

—Solo es por unos centímetros. —Changmin abrió la boca para hablar, pero Junsu se apresuró a añadir—
¿Es que acaso el gran Jung tiene miedo?

—¡No he dejado que nadie me penetre nunca! ¡Ya te he dicho que yo no soy pasivo!

—¡Pero es que yo tampoco lo era hasta hace unos meses! ¡Maldita sea, yo ni siquiera soy gay!

Aquello, inclinado entre las piernas abiertas de su esposo y completamente excitado, sonaba fuera de lugar.
Pero no le importó ya que las palabras de Changmin le habían sentado francamente mal.

—Junsu… Yo no quiero…

Una sonrisa cruel se extendió entonces por los labios de Junsu, que mirando fijamente a su esposo, alzó una
de sus cejas. Dios, se estaba convirtiendo en uno de ellos.

—Está bien, no lo haré a menos que seas tú mismo quien me lo pida.

Changmin pareció relajarse, por lo menos hasta que la boca de Junsu descendió hasta su pecho, para pasar su
lengua su abdomen, depositando pequeños besos. Cuando su boca llegó a uno de sus pezones, le rodeo con
sus labios para tirar suavemente mientras succionaba sensualmente.

Un largo gemido pudo escucharse perfectamente en todo el cuarto, y para consternación del moreno, el
miembro de Changmin empezó a crecer de nuevo. Maldiciendo el haberse limpiado el semen de las manos,
bajó su boca hasta el sexo de Changmin, para después de mirarlo con lujuria, metérselo casi de lleno en su
húmeda cavidad.

Completamente excitado, Changmin arqueó su espalda mientras intentaba no emitir sonido alguno. Sin
conseguirlo. Cuando su boca empezó a bombear, Changmin se agarró con fuerza a los gruesos barrotes del
cabecero de su cama mientras apretaba los dientes. Jadeando, Changmin reprimió un gruñido cuando Junsu
se apartó de él. Con una sonrisa libidinosa, Junsu mojó sus dedos con el semen que se había escapado del
miembro de Changmin, para después, ante la mirada incrédula de su marido, llevarlos hasta su entrada.

Evitando los forcejeos de su esposo por cerrar las piernas, Junsu presionó su dedo índice, hasta que se
adentró en el interior de Changmin. El moreno se tensó mientras gruñía.

—¿Qué haces? ¡Eso duele!

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Sin hacer caso a sus lamentos, Junsu empezó a mover su dedo, metiéndolo y sacándolo con cuidado. Viendo
que Changmin no se relajaba, llevó su otra mano al miembro del moreno para acariciarlo lentamente.

Cuando sintió que sus músculos se relajaban, metió un segundo dedo, a la vez que aceleraba el ritmo de su
mano sobre la entrepierna de Changmin. Visiblemente excitado, Changmin jadeó su nombre mientras los
dedos de Junsu se movían en círculos en su interior.

—¡Ahh, diablos te voy a matar! —murmuró el moreno con la cabeza girada hacia un lado, sin querer mirar
a Junsu. Este solo sonrió mientras dejaba de bombear el miembro de Changmin, moviendo con más rapidez
sus dedos. Para su satisfacción, Changmin aun respiraba entrecortadamente y no había emitido ni un sonido
de protesta.

Por lo menos hasta que, retirando sus dedos, se colocó sobre él conduciendo su propio sexo hasta la entrada
del moreno.

—¡No! ¡Espera Junsu, yo…!

Con un fiero beso, Junsu le calló. Restregándose contra el cuerpo de Changmin, notó como su excitación se
friccionaba contra su abdomen. Changmin se impulsó hacia arriba en busca de más contacto, y entonces
Junsu aprovechó para introducir la punta de su sexo en su interior.

—¡Ahh! ¡Hijo de puta! ¡Sal! ¡Diablos, duele como mil demonios!

—No seas llorón —dijo Junsu entrecortadamente, intentando no correrse ante la presión que ejercía
Changmin sobre su miembro. Estaba tan excitado que dolía. Y Changmin era tan condenadamente estrechó,
que aunque solo fuera la punta, se sentía a punto de explotar.

Llevando su mano de nuevo al miembro de Changmin, empezó a masturbarlo para hacer que se relajara.

—Esta me la pagas—Susurró el moreno con su aliento bañándole su rostro. Con un estremecimiento, Junsu
se hundió más en su interior. La exclamación de dolor de su esposo le hizo contenerse y no hundirse hasta el
fondo.

Notando el leve movimiento de Changmin, acompasando su cuerpo al ritmo de la mano de Junsu, el


pelirrojo se dio cuenta de que Changmin se había vuelto olvidar del dolor. Sin poder evitarlo, penetró hasta
la base de su miembro, haciendo a Changmin arquearse. No supo si de dolor o placer, pero el moreno no se
quejó.

Empezando con un lento vaivén, buscó aquel punto que tanto placer provocaba al ser golpeado. Y no tardo
demasiado. En una de sus embestidas, los ojos del moreno se abrieron, mientras que gemía desesperado.
Cambiando de águalo para tener mejor acceso, se concentró en dar más veces a la próstata.

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Los jadeos de Changmin se hicieron más acusados mientras tiraba de las esposas. Cuando sintió como los
músculos alrededor de su miembro se tensaban, no pudo evitar el terminar dentro de su esposo. Que no
tardó tanto nada en seguirle, rociando sus estómagos con su semen.

Dejándose caer sobre el pecho de Changmin, Junsu suspiró hondamente, intentando normalizar su
respiración. Los rápidos latidos de su esposo le hicieron sonreír presuntuoso.

—¿No ha estado mal, eh? —dijo mientras levantaba la vista—Es que no haces más que quejarte…

—Pero se supone que tú eres el pasivo en esta relación.

—Sí claro, lo que tú quieras.

Estirando el brazo, llegó hasta la alta mesilla colocada junto a la cama para coger la pequeña llave de las
esposas. Con movimientos perezosos, soltó a su esposo del agarre para después tirar las esposas al suelo, sin
ningún cuidado.

En seguida los brazos de Changmin le rodearon la cintura, sin ninguna intención de moverse. Junsu cerró los
ojos cansado y un sonoro bostezo fue todo lo que salió de sus labios antes de quedarse completamente
dormido.

—Eres como una tormenta, vienes y lo cambias todo —murmuró Changmin antes de descansar él también.
El día siguiente sería muy largo y seguramente se divertirían en el cumpleaños de Jaejoong.

La montaña de papeles acumulados sobre la mesa de su escritorio clamaba por atención. Con un suspiro de
cansancio, dejó que su cuerpo se recostara en el cómodo y mullido respaldo de su silla forrada en cuero
mientras apretaba con insistencia sus sienes, intentando mitigar el palpitante dolor que le aquejaba.

Con los diez días que se había tomado de vacaciones, por orden expresa de su abuelo, las tareas pendientes
eran muchas. Los accionistas, preocupados por su dinero, no habían hecho más que llamarle constantemente
para seguir la pequeña crisis en la bolsa que había provocado un descenso leve en las acciones de su empresa.

Pasando su mano por la lisa superficie de la mesa, suprimió una maldición mientras cogía el primer paquete
de hojas de la pila. Era una ruptura con una de las empresas filiares que había dejado de dar beneficio. Nunca
le había gustado compartir su capital con ninguna otra organización, por el simple motivo de que su carácter
cínico no le permitía confiar si no en sus propias cualidades para manejar sus finanzas.

Pero en un mundo capitalista donde mantenerse en un buen puesto en el mercado era cada vez más difícil,
pocas opciones quedaban. La ampliación de capital era costosa y arriesgada, y por lo tanto de alguna manera
tenía que buscar la forma de protegerse. Si para ello tenía que vender un paquete de acciones a alguna otra
empresa, lo haría, siempre y cuando el número de acciones no significaba ceder su puesto como presidente y
principal accionista.

Mirando la estantería que estaba colocada frente a él, observó la foto de dos personas que sonreían
falsamente a la cámara. Sus ropas elegantes y evidentemente costosas, solo acentuaban aquella aura de poder

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que ambos emanaban. Entrecerrando sus afilados ojos, miró a la mujer. Morena, alta y con una buena figura,
su madre había sido una de las tantas “esposas perfectas” que habían pasado por la familia Jung.

Aquella imagen era perfecta, tal y como se esperaba de un matrimonio de conveniencia. El aspecto serio y
formal de su padre solo complementaba la frivolidad y astucia de su madre. También moreno y con unos
ojos capaces de detectar los engaños con una simple mirada, su padre era alguien a temer.

Sonriendo con cinismo, pensó en su propio aspecto. Nadie podría decir nunca que Jung Yunho no se parecía
a sus padres. Con el cabello negro de Jung Yoonhak y aquellos fríos ojos. Pero lo demás era heredado de su
madre. Las finas facciones, sus ojos almendrados y aquellas finas cejas. Su cuerpo esbelto y no fornido como
el de su padre. Miranda Jung había hecho su trabajo a la perfección. Había traspasado su belleza e inteligencia
a su hijo, y una elegante apariencia al apellido Jung.

Firmando el documento que tenía entre sus manos, pasó al siguiente intentando dejar de pensar en sus
progenitores, ya muertos hacía siete años. Yunho aun podía recordar el escándalo que se había creado tras el
trágico accidente que se había llevado la vida de tres Jung. Sus padres, y la madre de Changmin. Su primo
había llorado y maldecido durante meses. Él sin embargo no fue capaz de sentir nada. La perdida de aquellos
que fueron su familia más cercana solo le causo quebraderos de cabeza.

Junto a aquella foto, otras más se podían contemplar desde su silla. Sus tíos. Sus primos, y hasta sus abuelos
tenían en aquel despacho su propio espacio para ser recordados. Muchas veces la tentación de dar la vuelta a
los retratos casi había ganado la partida, pero debía demostrarse a sí mismo que sus padres, desde la tumba,
ya no tenían ningún poder sobre él.

Con más calor de lo habitual, sacudió su fina camisa de manga corta mientras miraba sus pantalones cortos
con consternación. ¿Acaso debía ir desnudo por la casa para poder estar a gusto? El maldito aire
acondicionado parecía no hacer ningún efecto contra la ola de calor que había asolado la ciudad aquel día.

Sonriendo por primera vez en el día, recordó a Jaejoong dando vueltas por todo su cuarto desesperado en
busca de alivio para el ambiente abrasador que se cocía dentro de su cuarto. Finalmente, y casi asustado por
el gruñido que emitió Yunho desde la cama, el chico había ido al cuarto de baño a ducharse con agua fría.

Por suerte, Jaejoong parecía estar mucho más tranquilo aquel día. Yunho había temido que lo sucedido el día
anterior hubiese sido demasiado para alguien como Jaejoong. Pero sorpresivamente el chico se había
mantenido firme y sereno durante la mañana. Había leído una revista mientras desayunaba un zumo de
naranja junto a algunas tostadas casi bañadas en mermelada de fresa.

Aun no sabía cómo debía afrontar el asunto de aquel pintor. Las ansias que el día anterior había sentido por
matarle, habían desaparecido al hacer acto de presencia su habitual comportamiento razonable. Debía
asegurarse que aquel hombre no se acercara más a Jaejoong, pero para ello debía buscar algo con lo que
chantajearle. No usaría a Jaejoong, que era el único testigo que conocía de los “negocios” del pintor, ya que
aquello hundiría al rubio, por lo que debía encontrar a algunas de sus víctimas para asegurarse mantener en
su lugar al hombre.

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El recordatorio de los sucesos del día anterior le trajo a su memoria inevitablemente la pésima noche que
había pasado. Con un humor de perros y un dolor espantoso de cabeza, había llegado a uno de los tantos
clubes selectivos que visitaba en busca de algo de diversión. Y la había encontrado. Pero de nada sirvió. La
imagen de Jaejoong derrotado y hundido en su propia miseria no parecía tener intención de abandonarle.

Cuando volvió a la casa, eran cerca de las cuatro de la madrugada, y al entrar silenciosamente en su cuarto y
encontrarse a Jaejoong hecho un ovillo en su cama, lo único que pudo sentir fue remordimiento por haberle
dejado solo en aquellas condiciones.

Pero demonios, él no era así. Nunca se preocupaba por los demás, y desde luego no iba a empezar ahora.
Jaejoong había puesto su mundo de cabeza, y eso no era algo agradable. Aunque por ahora no podía
deshacerse de él. Por lo menos hasta que encontrara a su asesino. Y Yunho endureció su rostro al acordarse
de aquel asunto. Tras eliminar su teoría de Jaejoong como cómplice (Y gracias a Dios, debía añadir), estaba
casi como al principio. ¿Cómo podía encontrar a alguien del que no tenía pista alguna? Sus tres asistentes
estaban trabajando en ello, pero su punto fuerte no era la investigación criminalista. Yunho había desechado
cada una de las personas sospechosas que le habían mostrado. Unos por improbables, y otros por
completamente imposibles.

Una vez terminó con toda la montaña de papeles, los guardo en el archivador que debía llevar el lunes
siguiente a la empresa sin falta para después volver a su sitio y sacar del primer cajón de su escritorio una
carpeta mucho más pequeña con apenas un par de hojas dentro. Cuando la abrió, frunció el ceño ante la idea
de que aquello no era muy propio de él. Y sin embargo no le importó. Sacando el primer papel, miró las
letras grandes y festivas del encabezado: “Organizador de tu fiesta” . Abajo enumeraba las distintas opciones
y su precio. Yunho había decidido celebrar el cumpleaños de Jaejoong en la casa, junto al resto de la familia.
En un principio pensó en llevarle a algún sitió a cenar como regalo, pero más tarde se dio cuenta de que
Jaejoong se sentiría más cómodo allí, junto al resto de la familia. Y los niños. Aquello le haría estar
disfrazado, pero no dudaba que aquello quedara relegado a segundo plano frente a la idea de pasar su
cumpleaños con lo que parecía considerar su familia.

Frunciendo el ceño, se preguntó que podía regalarle Y de nuevo la idea de que se estaba volviendo loco le
asaltó. Ya no solo se preocupaba por él, si no que le organizaba fiestas. Aquello estaba saliéndose de sus
manos. Y sin embargo, sabiendo que en los últimos 5 o 6 años sabía que Jaejoong había celebrado su
cumpleaños solo, con una pequeña tarta y sentado miserablemente en el reducido salón de su casa. Yunho se
lo podía imaginar perfectamente, tan patético y triste. No permitiría que aquel año fuese igual.

Su concentración se perdió al escuchar un suave murmullo detrás de la puerta. Su primer impulso fue gritar
a quien quiera que fuera, que se largara. Y sin embargo, en cuanto se levantó de su silla y se encaminó hasta
la pesada puerta de roble, pudo escuchar perfectamente el lastimero sollozo de alguien.

Preguntándose qué pasaría, abrió la puerta mientras miraba a su alrededor, tuvo que contenerse para no dar
un paso atrás con la imagen que apareció ante él. Era la niña. Minji, según recordaba. Nunca había hablado

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con ella. Él no era una persona sociable, y mucho menos si hablaba de niños. Y sin embargo se quedó allí
paralizado con la mano aun en el pomo de la puerta.

En medio del pasillo y mirando hacia ambos lados, la pequeña rubia, con su larga cabellera rizada y
completamente revuelta sollozaba calladamente. En sus manos traía un raído oso de peluche y sus
desenfocados ojos, inundados en lágrimas, parpadeaban continuamente, como para contenerse.

Iba vestida con un delgado camisón verde pálido y se veía realmente frágil. Preguntándose qué le pasaba,
carraspeó suavemente, para que la niña supiera que estaba allí. En seguida la cabecita rubia giró en su
dirección, sin ser capaz de enfocarle.

—¿Qué haces por aquí pequeña? —dijo con lo que intentó ser una voz suave. La niña pareció encogerse ante
aquella voz no conocida, pero enseguida sus mejillas se sonrojaron mientras bajaba la cabeza.

—Yo... yo me perdí—Después de un incomodo silencio, la pequeña volvió a subir el rostro con una
expresión curiosa—¿Eres el novio de Jae, verdad?

Yunho se sorprendió un poco, pero sin perder tiempo se acercó hasta ella para inclinarse.

—Sí. ¿Por qué estás aquí sola? —Los ojos de la niña se volvieron a llenar de lágrimas.

—Me perdí. Iba al baño pero… Creo que me confundí del pasillo y no sabía volver.

Parecía realmente apenada, y Yunho sintiendo pena por aquella chiquilla que había perdido la vista a tan
temprana edad, la tomó de la mano para adentrarla en su despacho. Al notar la brusquedad de su
movimiento, Minji pareció encogerse por unos instantes.

—Aquí también hay un baño. Puedes usarlo.

Abriendo la puerta del baño, la llevó hasta la taza. Subiendo la tapa, le mostró a la niña donde debía sentarse.
Y sin embargo Minji se quedó allí de pie, como si no fuese capaz de decir nada. Dándose cuenta de su
torpeza en temas de niños, supo que debía ayudarla. Además, aquella niña acababa de perder la vista hacia
apenas unos meses. Sintiéndose más incomodo de lo que imaginaba, levantó el camisón de la pequeña para
después bajarle las rosadas braguitas adornadas con un pequeño lazo. Cuando la colocó sobre la taza, la
pequeña sonrió agradecida. Momentos más tarde su manita se estiró.

—Puedo limpiarme yo sola—Susurró avergonzada, aunque se notaba algo de cierto orgullo en su tono.

Cuando al fin salieron del baño, Yunho reprimió un suspiro de alivio. Aquello no era lo suyo, y eso que solo
fue a hacer pis. No quería ni imaginarse lo que sucedería si algún día tenía que ayudarla a bañarse o algo así...
Y sin embargo imaginó que debía llevar a la chica hasta su cuarto, donde contaba con la ayuda de la
enfermera que habían contratado para ayudarla a acostumbrarse a su condición. Yunho aun podía recordar el
rostro demacrado y sin vida de la rubia cuando llegó a la mansión. En los meses que llevaba viviendo con
ello, parecía haber mejorado su estado de ánimo.

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—Cree… ¿Cree que pueda recuperar los ojos algún día? —El murmullo le sacó de sus cavilaciones,
haciéndole sentir violento. Lo suyo era el chantaje, la extorsión. Pero por lo visto últimamente aquello no le
importaba a nadie, obligado como era a consolar a personas…

—Esperemos que sí. Dentro de poco iremos a visitar al médico y él nos lo dirá

—Yo... ¿Me mandarán a algún lado si no puedo ver más?

—¿Qué? ¿Por qué dices eso?

—Mi tía decía que una inútil como yo no servía para nada. Solo era un estorbo.

Aun con los ojos de nuevo anegados en lágrimas, Minji intentaba contenerse para no derrumbarse, y aquella
actitud le hizo tanto recordar su propia infancia que sin pensarlo demasiado cargó a la niña para dirigirse a la
mesa. La rubia emitió un corto chillido, para después callar al sentir como la sentaban sobre algo fresco y
duro.

Dejándola sobre su escritorio, Yunho también se dejó caer en su propia silla, sin apartar demasiado las
manos de la pequeña figura de Minji.

—Escúchame, nunca dejes que nadie te diga algo así. Solo las personas envidiosas y sin ningún carácter son
capaces de meterse con alguien más débil. Por eso, nunca dejes que te afecten lo que te digan. Tu tía ahora
mismo debe estar revolcándose por el suelo por haberlos perdido, y se lo merece.

Sus duras palabras no la tranquilizaron, por lo que Yunho decidió cambiar de técnica. Viendo como la niña
giraba la cabeza en una dirección y otra sin fijar sus ojos en nada en particular, le hizo cerrar los ojos por
unos instantes. Era una imagen tan cruel y dura.

—Minji, espero que puedas recuperar la vista, de verdad —dijo haciéndola sonreír esperanzada, pero
también tenía que ser realista, una desilusión a los 5 años, y de tal magnitud, no le haría nada bien—Pero
aunque no fuera así, no tienes de que preocuparte, porque podrás llevar una vida normal si trabajas en ello.

Y en aquel preciso momento supo que decía la verdad. Él mismo se encargaría de que la pequeña pudiese
seguir adelante con o sin vista. Se la veía tan desamparada, como un cachorro al que acaban de abandonar y
no sabe qué hacer. —Y ahora, ¿Qué te parecería ayudarme a organizar la fiesta de cumpleaños de Jae? Es
mañana.

—Pero… yo no puedo ver, no podría ayudarte…

—¿Y eso que tiene que ver? Me ayudarás a elegir los colores y más. ¿Por qué recuerdas como eran los
colores, cierto?

—Sí—La expresión ilusionada de Minji le hizo sonreír a él también.

—Pues entonces listo. Vamos a hacer la mejor fiesta de todas.

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—¿Puedes… puedes decirme como eres? —La dulce voz de la niña le hizo recordar a Jaejoong por unos
instantes. En un principio el chico se había mostrado tan inseguro como aquella muchacha de 5 años.

—Claro. Soy… moreno, alto. Mis ojos son marrones y llevo el pelo algo corto. —La niña alargó los brazos,
y exaltado se dio cuenta de lo que quería. Con algo de vacilación, la tomó para sentarla sobre sus piernas, de
modo que sus dedos pudiesen deslizarse entre su cabello.

La pequeña sonrió ante el suave tacto de las hebras, para después deslizar sus manos por su rostro. A Yunho
le dolió ver la concentración de la niña. Nadie tan pequeño debía sufrir algo así. Está bien que él mismo se
tomase por alguien sin sentimientos, pero nadie podría mantenerse inmune ante aquella niña infeliz y
desvalida.

Tras unos minutos, la chica se dio por satisfecha, pero no se movió de su regazo. Sin importarle aquello,
Yunho sacó de nuevo las hojas que momentos antes había estado leyendo.

—Veamos, podemos contratar a gente para hacerle una gran fiesta —dijo mirando la primera hoja. Sabía
que a tan poco tiempo del cumpleaños sería difícil que alguna compañía aceptara el trabajo, pero él se
encargaría de ello. Después de todo el dinero todo lo podía. —También no podemos dejar sin decorar la
casa y traer mucha comida.

Está bien, no era bueno en aquello. Después de todo era la primera vez que hacía algo así, por lo que
tampoco es como si se fuera a deprimir por no saber que opción elegir. Pero Minji lo decidió por él.

—¿Por qué no ponemos algunos globos y una gran pancarta, como esas que salen en la tele?

—Mmmm, sabía que serías de mucha ayuda. ¿Y la comida? ¿Qué comida te gustaría a ti?

—Pues... — El rostro se iluminó mientras una sonrisa traviesa adornaba su boca—¡Pizza! La pizza le gusta a
todo el mundo.

—¿Pizza, eh? Pues así será. ¿Algo más?

—Eh… ¿Hamburguesas?

Yunho sonrió al imaginarse la cara que pondría su digna tía si llegaba a ver lo que pretendía subir Minji. Pero
eso a él no le importaba, porque de cualquier forma la fiesta era para Jaejoong. Y no podía encontrar
persona más sencilla que su becario.

—Bien. Así que ya tenemos la decoración, y la comida. ¿Algo más?

—¡Claro! —Exclamó con una mueca, como si le hubiese preguntado algo tonto.

—¿En serio?

—¡El regalo! Esa siempre era mi parte favorita. Cuando mama y papa me daban… —Minji guardó silencio
mientras su mirada se entristecía. Yunho no supo que decir. Él también había perdido a sus padres, pero

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nunca había sentido la necesidad de ser consolado, por lo que no tenía ni idea de que debía decir. —¿Crees
que mama y papa estén en el cielo? ¿Nos estarán viendo?

—Estoy seguro. Y se sentirán muy orgullosos de ti y tus hermanos por ser tan buenos.

Una sonrisa, que no llegó a iluminar sus ojos, hizo aparición. Yunho maldijo su poco tacto mientras buscaba
que más decir.

—Mama siempre decía que teníamos que portarnos muy bien. Aunque Sungmo y Moonbin no lo hacían.
Sobretodo Moonbin, mama siempre estaba tras de él. Decía que un día terminaría rompiéndose la cabeza
contra un mueble.

—¿Tu hermano? Parece muy bueno—Una risilla le mostró que ya no estaba a punto de llorar.

—Un día, saltando en la cama de mama, se cayó al suelo, pero se dio en la frente contra la mesita. Mama se
puso a llorar al ver toda la sangre y después le castigó sin ver dibujos.

Yunho se puso en pie. Necesitaba ahogar esa sensación de pesar que se había instalado en su pecho. Dejó a
Minji sentada en la silla, pero en cuanto lo hizo la pequeña empezó a mover frenéticamente los brazos.
Yunho se dio cuenta de que tenía miedo de que la dejara sola. —Tranquila, no me voy a ir a ningún lado.

Aferrándose fuerte a su viejo oso, la niña se sentó con las piernas flexionadas bajo su barbilla. Yunho se
acercó hasta donde guardaba el alcohol para servirse un Whisky. Solo llenó un poco de la gran copa, pero lo
necesitaba.

—¿Qué estás bebiendo? —Sorprendido, se dio cuenta de que Minji le había escuchado perfectamente. Era
impresionante que los demás sentidos se desarrollaran de esa forma al perder la vista.

—Es solo para mayores. ¿Tienes sed?

—Dentro de poco iremos a comer —dijo mientras negaba con la cabeza. Los despeinados rizos parecieron
revolverse aun más.

—Bueno, entonces… ¿Qué crees que podamos regalarle a Jae?

La niña guardó silencio pensativa, mientras una de sus puños restregaba sus ojos.

—¿No sabes algo que le guste mucho?

—La verdad es que no. —¿Regalo para Jaejoong? Ciertamente era algo difícil de imaginar. ¿Qué podía
regalarle él a alguien a quien había chantajeado, injuriado e insultado hasta el cansancio?

¿Y de todos modos desde cuando le preocupaba a él tal minucia? Por Dios, estaba hablando de Jaejoong. Si a
la ratita le regalaba una libreta seguramente sería feliz con eso. Además de que él no tenía por qué
molestarse en todo aquello. Era el maldito sentimiento de culpa que le carcomía lo que le llevaba a meterse
en tantos quebraderos de cabeza.

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—¡Ya se! —Minji intentó ponerse en pie, pero terminó enganchándose, y si no fuera por la rapidez de
Yunho, que llegó a frenar su caída, se hubiese ido directamente al suelo de cabeza. Pero la chica, lejos de
asustarse, estaba tan emocionada con su nueva idea que simplemente levantó la cabeza para decir:—Puedes
regalarle un disco de Linkin Park, dijo que era su grupo favorito.

Yunho meditó por un momento aquella información. ¿Música? El caso es que le sonaba a tan poca cosa, que
no se imaginaba a si mismo regalando un simple disco. Una sonrisa cínica se apoderó de sus labios mientras
una idea comenzaba a cobrar forma en su mente.

—¿Vas a regalarla eso?

—Bueno… Es una sorpresa. Ya te enterarás mañana.

La niña bostezó sonoramente, para momentos después estrujar su peluche contra su pecho. Cogiéndola por
la mano, le dijo que era mejor volver de una vez. Todos estarían ya por comer y buscando a la niña como
locos.

Cuando salió de su despacho, lo primero que hizo fue mirar hacia ambos lados para percatarse de que nadie
le vería ser así de amable, y después se encaminó hasta el cuarto de los niños. La niña iba hablando sobre lo
que habían hecho ella y sus hermanos desde que llegaron a la casa gesticulando de forma exagerada y con la
inocencia que solo podía tener un niño.

Cuando llegaron a la puerta del cuarto de Minji, Yunho la soltó para decirle que la enfermera estaba dentro
del cuarto. Pero la niña no se movió y en lo que pareció un arranque de valentía y seguridad se agarró a su
cintura para mirar hacia donde supuso, imaginaba que estaba su cara.

—Muchos dicen que no eres simpático. Pero yo creo que eres muy bueno y amable.

Y se fue. Simplemente se fue dejándole a él con un vacío de estomago del tamaño de aquella maldita
mansión. ¿Acababa de decirle que era bueno y amable? Desde luego le había calificado de muchas cosas a lo
largo de su vida, pero podía apostar sus dos manos, y no perder, a que era la primera vez que le decían algo
así.

Aun impactado, y viendo por la puerta entreabierta como Minji hablaba con su morena enfermera, se retiró.
Malditos niños y maldito Jaejoong. Estaban consiguiendo volverle alguien que no era. O quizás lo único que
sucedía es que no habían tenido ninguna dificultad en derribar todas sus defensas, para colarse directamente
en un hueco de su vacío corazón.

Sacudiendo la cabeza ante los cursis e inútiles pensamientos, llegó hasta el comedor principal, y como
suponía, allí ya se encontraba la mayor parte de la familia. Sus ojos se fijaron en el sitio vacío de Jaejoong,
preguntándose si bajaría. La respuesta no tardó en venir. Una de las criadas, nerviosa por tener que hablar a
su malvado jefe le informó de que Jaejoong comería en su cuarto. La señorita Jaena no se encontraba bien,
por lo que pedía disculpas por su ausencia.

259
La criada se quedó parada esperando una respuesta, y contrariado, la echó con un gesto brusco de su mano.
La mujer pegó un ligero salto para momentos después desaparecer del salón. Yunho ni se molestó por
aquella actitud. ¿Por qué habría de cambiar él para empezar, si todos los demás ni se molestaban en juzgarle
por sus actos, si no por lo que todos decían de él? Hubo un tiempo en el que estuvo dispuesto a cambiar, a
dejar de lado aquel comportamiento cruel, pero pronto se había dado cuenta de que una vez se pasa al lado
oscuro, era muy difícil volver. Y para ello su familia hacía un buen trabajo. Él era, en pocas palabras, el hijo
de su padre, y como tal, debía ser al menos, tan cabrón como él. Yunho había tardado exactamente seis años
en darse cuenta de cuál era su misión en la vida. Arruinar la de los demás. Y había sido el primer día que su
padre le había dedicado la suficiente atención como para dirigirle más de dos palabras. A partir de aquello,
todo fue a peor y Yunho se convirtió en aquello que quería su padre. Un digno heredero.

¿Por qué entonces debían llegar a su vida personas para volverlo todo del revés? Él era como era, y aunque
no fuese feliz, al menos su vida era estable y segura. Había logrado todo lo que se había propuesto y nada
podía pararle. ¿Así que por qué en aquel preciso momento tenía que aparecer alguien a mostrarle que a pesar
de todo, seguía siendo humano?

Sintiéndose indispuesto de pronto, decidió que después de todo, él tampoco comería con su familia.

—Lo siento, pero creo que comeré con Jaena. Tengo cosas que hablar con ella.

Las reacciones fueron tan variadas que Yunho casi termina riéndose de todos ellos. Por una parte sus primos
se mostraron incrédulos, incapaces de creerse que en verdad fuera a comer a solas con Jaejoong. Por otra
parte Kyuhyun le miraba divertido, con aquella odiosa expresión de: Yo sé algo que tu eres demasiado
estúpido para ver. Y su tía simplemente le miraba con desdén y casi asco. Los únicos que se mantenían
neutros eran su tío y su abuelo.

Sin esperar a que se recuperaran de la sorpresa, se levantó para salir del salón. Sus manos fueron a sus
bolsillos del pantalón mientras su mirada indiferente recorría a toda su familia. Cuando sus ojos se posaron
en Junsu, el chico alzó una ceja al puro estilo de Changmin. Estuvo tentado de imitarle, pero guardándose su
innecesario gesto, simplemente abandonó el salón.

No tardó más que unos minutos en llegar a su cuarto, y sin pararse a llamar, abrió la puerta. Sus ojos
recorrieron el cuarto en busca del chico, pero no vio a nadie. Por un momento, la idea de que se hubiese
marchado le hizo tensar cada uno de sus músculos, pero viendo la bandeja casi vacía de comida sobre la
cama, dedujo que no andaría muy lejos.

En aquel momento, el ruido del agua le llamó la atención. Pronto se percató de que su escurridizo empleado
estaba en la ducha. Acercándose a la cama, apartó la bandeja para colocarse a su gusto y coger el mando del
televisor. Pero en aquel horario no echaban nada interesante, Aburrido, se acostó casi por entero a esperar a
que Jaejoong saliera del baño. Sus ojos se perdieron en el techo mientras que sus traicioneros pensamientos
iban de nuevo a la historia que Jaejoong le había contado. ¿Tanto le había impactado que no podía quitársela
de la cabeza? La respuesta era horriblemente simple. Sí.

260
Y es que, aunque lo había intentado, no podía imaginarse al retraído y tímido Jaejoong aceptando un
chantaje sexual. Dejándose besar y acariciar por las manos de un acosador. Y lo peor de todo es que las
imágenes que su mente le dibujaban, era terriblemente reales. Quizás se debiera al hecho de que
efectivamente había visto a Jaejoong junto a aquel hombre, a punto de ser violado.

Sintiendo su cabeza a punto de estallar y sin estar dispuesto a admitir más idioteces por aquel día, decidió
pensar en cualquier otra cosa. Y en eso estaba cuando sus ojos empezaron a cerrarse, cayendo en un
profundo sueño sin poder evitarlo.

Aquel día le recibió como cualquier otro. Soleado y terriblemente caluroso. Abriendo los ojos y llevándose
uno de los brazos hasta los ojos, para cubrirse de los persistentes rayos solares. Las sabanas oscuras que
cubrían su cuerpo semi desnudo se habían deslizado, y ahora la suave brisa fresca creada por el aire
acondicionado le rozaba el pecho aliviando un poco su calor. Por desgracia, Jaejoong había cogido la
costumbre de quitarse la parte superior del pijama en mitad de la noche. Era algo que no podía evitar, y que
sin embargo le había traído más de un problema.

Todo estaría bien si el arrogante moreno que dormía a su lado, no lo hiciera únicamente con su diminuta
ropa interior. Aun podía recordar los cuatro días que había despertado con su cuerpo casi pegado al de su
jefe. Probablemente nunca podría olvidar la sensación de su pecho desnudo tocando el de Yunho. Y menos
la vergüenza que sintió al descubrir que su jefe estaba despierto, y le miraba con un ceño feroz que le hizo
casi saltar de la cama.

Desde aquel día había intentado dormir lo más alejado de él posible. Pero de nada servía. Y en algún
momento de la noche su traicionero sueño le hacía quitarse la camisa aun medio dormido para no asfixiarse.
Desde luego su cuerpo era más listo que su cerebro…

Girando el rostro hacía su derecha, vio la bronceada espalda del moreno. Sus cabellos, revueltos y esparcidos
por la almohada, tentaban a enredar los dedos entre ellos. Por supuesto, él no iba a hacer nada parecido.

Suspirando con cansancio, sacó sus piernas de la cama para levantarse de una vez. Intentando moverse lo
menos posible, calzó sus pies en las rojas zapatillas de andar por casa para después dirigirse directamente al
baño. En la cama ni un sonido pudo ser escuchado.

Diez minutos después, y mucho más relajado tras una templada ducha, tomó del armario su peluca para
colocársela correctamente frente al gran espejo que adornaba la puerta de aquel inmenso mueble. Cuando
estuvo seguro de que cada uno de sus pelos negros se encontraban escondidos, sacó también uno de sus
holgadas camisas—para disimular su falta de curvas—junto con una falda suelta de color verde. Desde
luego, mientras trabajara para Heechul, no sería por ropa si llegaban a descubrirle.

Un movimiento en la cama le hizo darse la vuelta, solo para ver como el magnate levantaba su cabeza de la
almohada y miraba algo desorientado hacia donde se encontraba Jaejoong.

—¿Qué hora es? —Preguntó mientras bostezaba.

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—Las nueve. Quería ir pronto a ver a mi hermana.

—¿Por qué no me despertaste? Ya te dije que yo te llevaría. Jaejoong se encogió de hombros. Lo cierto es
que se le había olvidado por completo. Y es que se encontraba demasiado nervioso por los posibles
resultados del médico. ¿Qué pasaría si no podían hacer nada por su hermana? Aquella era una idea en la que
no quería detenerse demasiado.

Sus pensamientos fueron sustituidos por un espacio en blanco al ver salir de la cama a Yunho. Su esbelto
cuerpo, cubierto solamente por unos ajustados bóxers, parecía brillar con luz propia. Su pecho lampiño, su
piel bronceada y tersa, su vientre firme, su perfecto trasero, su gran… Viendo donde se dirigía su vista,
enseguida apartó los ojos completamente sonrojado. ¿Acababa de mirarle el paquete estando Yunho justo en
frente y viéndole?

Violento, tomó una bolsa de buen tamaño y oscura, para meter en ella unos pantalones cortos y un polo
blanco. No iba a visitar a su hermana vestido de mujer. Por suerte Yunho no dijo nada de su vergonzoso
comportamiento, y simplemente se metió en el cuarto de baño a ducharse también.

Cuando tuvo todo listo, se ajustó bien la falda, comprobando que nada estuviese fuera de su lugar. Una vez
convencido, agarró la bolsa para bajar a desayunar. En aquellos instantes nada le habría obligado a esperar a
su jefe. Lo único que le faltaba era tener que verle húmedo y tapado con una mini toalla.

Enseguida pudo escuchar las voces de Changmin y Junsu procedentes del salón. Aliviado de no tener que
desayunar a solas con Yunho, se llevó los dedos al pelo, tocando frustrado su peluca. Cuando llegó al
comedor, vio también a Vic comiendo y sin pensarlo mucho fue a sentarse junto a ella, frente a los esposos.

—¡Buenos días, Jae! —dijo Junsu sonriendo alegremente. Por algún motivo el pelirrojo parecía demasiado
contento, no así su marido, que se mantenía extrañamente tieso en su asiento.

—Hola—Saludó en general. Vic le sonrió, mientras que Changmin se limitó a dedicarle un gesto brusco con
la cabeza.

—¿Vas a algún lado tan temprano? —dijo Vic mirándole con los ojos aun empañados de sueño.

—Sí. Tengo que ir al hospital, a ver a mi hermana. —Los tres sabían ya la condición de su hermana.
Jaejoong se los había contado hacía dos meses, cuando Changmin y Kyuhyun le cacharon saliendo casi a
escondidas con la ropa de hombre. Sabiendo que la mentira no era lo suyo, termino por contarles
brevemente la grave situación de Sunhwa.

—¿Quieres que te acompañe? —Se ofreció Junsu con expresión seria. Jaejoong le sonrió mientras negaba
con la cabeza.

—No hace falta. Yunho me va a llevar. Pero gracias de todos modos.

Junsu asintió y entonces Changmin habló por primera vez.

—Al final parece que tú y Yunho terminaran siendo más que simple compañeros de trabajo.

262
Las ganas de reír ante la ironía de aquello fueron fuertes. ¿Pero cómo decirles que el hecho de que Yunho le
acompañara formaba parte del chantaje que le había llevado a aquella casa?

—No… No digas tonterías —dijo sin embargo avergonzado. La mirada pícara del moreno, demasiado
parecido a Yunho para su tranquilidad, consiguió ponerle nervioso.

—¡Qué lindo! Se ha sonrojado.

—¡Eso no es cierto!

—Claro… ese rojo brillante es solo porque se te ha pegado el color del pelo de Junsu.

Bajando la cabeza hasta su plato, maldijo su estúpido comportamiento. Y sin embargo el ruido de una
palmada le hizo subir de nuevo la vista.

—Deja de mortificarle, a menos que quieras ir a hacer ejercicio hoy conmigo—Changmin le fulminó con la
mirada, y Jaejoong no supo si era por la palmada recibida o por las palabras del pelirrojo. Encogiéndose de
hombros, Junsu se volvió hacía él—Ni al caso. ¡Se me olvidaba! ¡Felicidades!

El pelirrojo abandonó su silla para acercarse casi corriendo y tirarse literalmente a sus brazos.

—Gra… Gracias —murmuró aun dentro del gran abrazo.

—¿Y cuántos cumple nuestra princesa?

—22—Jaejoong se arrepintió de haberle dicho en cuanto el pelirrojo empezó a tirarle 22 veces de la oreja.
Enseguida Vic se unió, abrazándole y prometiéndole que le había comprado el mejor regalo de todos.
Extrañado, miró a Changmin levantarse de la silla para acercarse a él. Intentó no mirar sus piernas, pero
Changmin andaba francamente raro aquella mañana.

—Eres todo un hombre… mujer —dijo el moreno palmeándole la espalda y con una verdadera sonrisa. —
Si eso, mujer…

—Gracias chicos —murmuró conmovido. Hacía mucho tiempo que no recibía tantas felicitaciones. Los tres
siguieron bromeando en cuanto a su edad y lo viejo que estaba ya. Aun siendo el más joven de allí.

No hizo falta demasiado tiempo para que Yunho se uniera a ellos, sentándose junto a su primo Changmin. Si
a alguien aquello le pareció extraño, no dio muestra alguna de ello. En aquel momento Jaejoong se dio
cuenta de que el moreno se había olvidado de su cumpleaños, y cabizbajo se rió de sí mismo por ser tan
ingenuo como para pensar que el moreno se molestaría en felicitarle.

Las finas manos de Yunho se alargaron hasta su taza de café, sin mirar a ninguno de los ocupantes de la mesa.
Se veía tan serio, tan frío e inalcanzable que le dolía el alma con solo mirarlo.

263
¿Desde cuándo le afectaba así el comportamiento del moreno? Fácil, desde que fue capaz de admitir que
sentía algo por él ante sí mismo. Se dio cuenta de que Vic miraba a Yunho con el ceño fruncido, pero aquello
no parecía importar demasiado al hombre, que con parsimonia, bebía su café excesivamente cargado.

Divertido, se dio cuenta de los diferentes gustos que tenían los dos primos. Changmin se estaba bebiendo un
batido de vainilla. Cogiendo su propia taza de chocolate templado, se la llevó a los labios dejando que el
intenso sabor a cacao llenara sus papilas gustativas.

—Y dime Jae, ¿Qué fue de ese viaje que tanta ilusión te hacía ir con tu jefe?

Jaejoong se dio cuenta de lo que hablaba Changmin enseguida. Con su fractura no había estado seguro de
poder ir a las islas paradisíacas con Heechul, pero por lo visto aquel problema estaba ya solucionado.

—Iremos para finales de junio o principios de julio.

—¡Menos de un mes! Que envidia —murmuró Junsu, para enseguida sonreír pícaramente—¿No tendrás un
hueco por tu maleta, verdad? Playas paradisíacas, modelos en bikini… es un sueño.

Changmin fulminó a su esposo con la mirada para después clavar su vista en Jaejoong.

—Puedes llevártelo si le ahogas y lo haces parecer un accidente. Yo mismo pagaré su viaje.

Riendo, Jaejoong sacudió la cabeza.

—Sí que habrá muchos modelos… Espero que me quede algo de tiempo libre tras el trabajo.

—Hay, ¡Yo quiero ir! —dijo Vic—Y dime, ¿Van muchos modelos guapos?

Jaejoong sonrió mientras intentaba recordar las personas que irían. Pronto sus ojos se iluminaron.

—Tendríais que venir. Hay tres chicos, Vic, que seguro que te gustarían. Son muy simpáticos, y guapos.

—¿Son tus amigos? —Preguntó esta vez Changmin con un extraño fulgor en los ojos.

—Sí. Tenemos que trabajar muchos días juntos.

—Se ve que te han caído muy, muy bien —dijo el de ojos negros despacio. Cuando sus ojos se desviaron
hacia Yunho, Jaejoong se dio cuenta de lo que pasaba por la cabeza de Changmin.

—Decidido. Yo me uno al viaje. Aunque tendré que convencer a mi madre para que me lo pague. Después
de comprarme aquella casa en la playa me quedé con poco dinero… Mejor a mi padre, el nunca me niega
nada. O quizás a Kyuhyun… el muy pendejo siempre tiene dinero—Decía Vic más para sí misma que a los
demás.

—¿Vas a ir? ¿Y cuanto valdría? —preguntó Junsu ilusionado. Pero tras la exorbitante cifra que señaló Vic, su
rostro se ensombreció. Nunca podría pagarse algo así, y todos en aquella mesa lo sabían.

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—Changmin, ¿Por qué no van ambos como luna de miel? No han hecho ninguna que yo sepa. —Vic miró
ilusionada a su primo.

Changmin negó con la cabeza mientras fruncía el ceño.

—Vamos… No puedo creerme que estés celoso de verdad de unos cuantos modelos. ¡Tú también lo eres
después de todo!

—¡Nadie está celoso! —dijo exaltado por el comentario de su prima. Después sonrió malignamente—O
por lo menos yo no.

—¡Bueno ya está bien! Jaena, nos vamos—Yunho había terminado su café, para después ponerse en pie y
apartarse de la mesa—Ese es un viaje de trabajo, y no toleraré que vayan a molestar.

—Vamos Yunho. ¿Acaso no tienes miedo de que un guapo y simpático modelo te quite a tu novia? —Yunho
fulminó a Changmin para después mirarle con las cejas arqueadas.

—Déjalo ya, Changmin.

Jaejoong terminó también su chocolate y se apresuró a seguir la figura de Yunho, que casi había llegado a la
puerta del comedor principal, que daba directamente al recibidor de la casa.

Contradictoriamente, la tristeza que sentía por el evidente desdén del moreno hacia su persona, se
compenetraba a la perfección con el nudo en el estómago que se le formaba cada vez que Yunho se acercaba
demasiado. Jaejoong empezaba a temer el ser masoquista o algo parecido. ¿Cómo podía querer tener cerca
de alguien que le hería con su sola presencia? Era demasiado complicado.

Acelerando el paso para no perder de vista a su jefe, que ni se había molestado en mirar si le seguía o no, se
colocó junto a él sin decir una palabra. Al menos el moreno mantenía su palabra de acompañarle.

Estrujando la bolsa llena de ropa contra su pecho y dejando entrever una ligera sonrisa, recordó el
comportamiento de Yunho hacia ya dos días. Aun sentía su cuerpo estremecer ante la extraña amabilidad
que había hecho acto de presencia en el moreno.

Aun temblaba al recordar la escena con Hyunjoong, pero no sabía que le sorprendía más, si aquello o que el
moreno se hubiese preocupado así por él. Jaejoong sabía que debajo de toda esa fachada de insensible y mal
nacido, Yunho era una persona después de todo. Simplemente no había encontrado nada que le hiciese dejar
de lado aquella arrogante y defensiva actitud.

En los meses que llegaba con él, había aprendido a reconocer las distintas señales que mostraban su estado
anímico. Como por ejemplo el momento exacto en el que estaba a punto de saltar por el enfado, cuando un
casi imperceptible tic movía la comisura izquierda de sus labios, o como sus ojos se suavizaban cuando estaba
divertido por algo.

Era fácil también saber cuando se encontraba exasperado, ya que sus ojos mostraban un cinismo aun mayor
al normal en él. En definitiva, hasta una persona que restringía tanto sus propios sentimientos, podía llegar a

265
comprenderse con la debida atención. Y puede que otra cosa no, pero Jaejoong últimamente había estado
muy atento a Yunho.

Aliviado comprobó que el moreno pedía su Mercedes, sin la compañía de ningún chofer. Y ni siquiera
hicieron falta cinco minutos para que ambos estuviesen ya montados en el lujoso coche y rumbo a otra
ciudad. Agarrado como de costumbre al asiento, para mitigar el vértigo causado por la alocada velocidad, se
dedicó a admirar el aristócrata perfil de su jefe. Su nariz recta, sus cabellos lisos y suaves. Jaejoong envidiaba
aquello, él mismo tenía el pelo más rebelde, aunque quizás se debiera a que el suyo era más largo que el de
Yunho.

Los altos edificios de la ciudad pasaban como borrones en las ventanillas. Los reflejos que causaban los rayos
solares al chocar contra los altos rascacielos de oficinas, con sus grandes ventanales, eran casi cegadores.
Girando por calles y más calles, que se encargaban de separar el barrio bien del resto de la ciudad, Yunho
condujo hasta su apartamento.

La modesta fachada, tan acorde con el ambiente que se respiraba en aquella zona, parecía desagradar
sobremanera a Yunho, que miraba ceñudo a su alrededor. Sin dejarse intimidar por aquello, simplemente
bajó del coche para dirigirse hasta la puerta del bajo edificio.

—No tardes—Fue todo lo que dijo el moreno, sin apartar la mirada del periódico que había sacado de la
guantera. Aun así, asintió como respuesta mientras se apresuraba.

Las blancas y conocidas paredes del hospital les condujeron por pasillos amplios e impolutos hasta la planta
donde se encontraba Sunhwa. Con impaciencia, sus zancadas se volvieron más largas y veloces a medida que
se acercaba a la habitación número 302.

A su lado, la silenciosa e imponente figura de Yunho era tranquilizante de algún extraño modo. Mirando su
cuerpo como para volver a cerciorarse de que todo su disfraz había desaparecido, coló sus manos en los
estrechos bolsillos del pantalón mientras que sus ojos se desviaban hacia la fila de bancos donde familiares de
ingresados esperaban noticias de sus enfermos.

Aquella planta, dedicada a los niños con problemas como el de su hermana (Parálisis, enfermedades en los
huesos…) se encontraba completa. El accesible ingreso era un buen aliciente para que familias de clase
media baja llevasen allí a sus familiares.

Cuando al fin vio la puerta de su hermana, se paró ante ella para después golpear levemente la madera dos
veces. La voz de su hermana no se hizo esperar, señalando que entrase.

—¡Jaejoong! ¡Felicidades! —Fue lo primero que dijo. Extendiendo los brazos invitando a su hermano a
refugiarse en ellos. Sin perder tiempo, el chico casi corrió hacia ella. La calidez y el cariño de su hermana
eran para él como un bálsamo.

—¿Qué tal te encuentras, Sun?

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—Bien. Aunque esta semana la comida ha sido un asco. —Sus ojos claros pronto se fijaron en la figura del
magnate, abriéndose ante la sorpresa para después mirarle sonriente—¡Buenos días!

Yunho se acercó hasta la cama, y para asombro del rubio saludó cordialmente con la cabeza. No había
sonreído, ni siquiera había pronunciado palabra alguna. Pero se había portado de forma casi amable.

—¿Y qué cuentas? ¿Cómo te va en el trabajo ahora que te recuperaste?

—Heechul me está haciendo trabajar por dos, pero después de no poder dibujar durante casi dos meses,
tampoco me importa.

—Vaya, es un explotador—Jaejoong sonrió, dándole la razón a su hermana. Aunque sabía que Heechul le
estaba ofreciendo la oportunidad de su vida.

—Jaejoong, voy abajo un momento. Después les busco —dijo de pronto Yunho. Sobresaltado, Jaejoong se
dio la vuelta para mirarle consternado. Sabía que iría a hablar con los médicos que se ocupaban de su
hermana.

—Seguramente salgamos al jardín —dijo sin embargo, manteniéndose cuerdo frente a Sunhwa.

El moreno asintió para después abandonar la habitación con una última mirada a la chica. Cuando Jaejoong se
volvió hacia la cama, no le gusto verla sonrojada y mirando por donde instantes antes había salido Yunho.

—Olvídate de él, Sun. Te aseguro que no te conviene fijarte en Jung.

—Pero es tan guapo —Su mirada soñadora le impidió decir nada desagradable. Total, su hermana sentía
simplemente la admiración ciega de toda la población femenina hacia los Jung. ¿Y cómo decir algo de
cualquier modo, cuando él mismo había sucumbido también?

—¿Quieres dar una vuelta? Hace un día estupendo.

—¿En serio? Últimamente el calor no me deja ni dormir. Pero es bastante temprano, así que dudo que nos
asemos ahí fuera.

Cogiendo la silla de ruedas, la acercó hasta dejarla junto a la cama. Para después ayudar a su hermana a
subirse en ella. Sunhwa le agarró las manos por un momento, apretándolas como si quisiera agradecerle de
alguna manera, y tras depositar un casto beso en su mejilla, Jaejoong empezó a empujar la silla hacia el
exterior de la habitación.

—¿Te han regalado ya algo? —Volteando la cabeza, su hermana le miró interrogante.

—No, aun no. Pero por algunos comentarios creo que me voy a llevar más de una sorpresa. —Y sabía que
sería así. No quería imaginarse que podrían haberle comprado los gemelos, o incluso Junsu y Changmin…
Le daba terror solo imaginar que se les habría ocurrido a sus… “ especiales” amigos.

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—Me alegro por ti, Jaejoong—La seriedad que de pronto se había colado en el tono de voz de su hermana le
hizo mirarla extrañado.

—¿Cómo?

—No sé lo que te ha pasado, pero no lo dejes escapar. Antes eras la viva imagen de la tristeza, Jaejoong—
Suspirando, Sunhwa tomó una de las manos de Jaejoong, quien detuvo su avance, quedando ambos en medio
de un solitario pasillo. —Antes, cada vez que me visitabas, me preguntaba cómo debía ser tu vida. Aunque
intentaras animarme, en ocasiones sentía que eras tú el que necesitaba algo de ánimo en la vida. Pero... Has
cambiado. No sabría decirte exactamente cómo, pero lo que sí puedo decir es que ha sido para bien. Te ves
más relajado, más feliz.

—No... No sabes lo que dices, Sun.

—Claro que lo sé. Llevo años viendo como cada día tus ojos se veían más y más apagados. Estaba muy
preocupada. Pero ahora… Ahora es diferente.

Jaejoong sintió sus ojos aguarse, y para no ser descubierto bajó la cabeza, tapando con su flequillo aquella
evidente muestra de debilidad. ¿En serio se veía feliz? Cualquiera que supiera su verdadera condición, no
diría algo tan incoherente, pero allí estaba su hermana, recordándole su siempre fiel soledad. —Jaejoong, lo
siento.

—No te disculpes, no has hecho nada malo.

—Pero siempre termino hablando de más. —Con un apretón cariñoso a sus dedos su hermana le miró
dulcemente. —Tengo algo para ti.

Sacando una pequeña bolsa del bolsillo de su ropa, Sunhwa le entregó lo que supuso sería, un regalo. Y no se
equivocaba. Con algo de impaciencia, vio el papel azulado con listones dorados que envolvía algo más o
menos cuadrado. Sus dedos delgados y pálidos los desenvolvieron, para momentos después sostener una
hermosa caja de madera oscura. El acabado era realmente bonito, y Jaejoong supo que Sun se había
esforzado mucho para conseguirlo.

—Ábrela—Susurró su hermana, y Jaejoong lo hizo. Sus ojos se abrieron como platos al encontrar en su
interior una foto. Era la única foto que había visto de toda su familia junta. —Creí que te gustaría tenerla.

Después del accidente, Jaejoong había sido echado de la casa alquilada donde había vivido con sus padres.
Pero jamás pudo perdonar a su casero, quien en una muestra de insensibilidad poco propia de un ser
humano, tiró a la basura todo lo que quedaba en la casa que no tuviera valor económico. Jaejoong había
perdido aquella tarde no solo a sus padres, si no todo lo que pudiese recordarlos.

Y ahora, entre sus manos la imagen de sus sonrientes padres parecía traer de vuelta sus confortables voces.
La figura larguirucha de su padre, la sonrisa eterna de su madre. Y él y Sunhwa entre ambos.

—Gracias Sun —murmuró como pudo, con la voz ronca y entrecortada—¿Cómo... cómo la conseguiste?

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—Pedí un pequeño favor. No tenemos familia, pero papa y mama tenían amigos. Por suerte aun guardaban
alguna imagen de ellos.

—Pero tu….

—Es mi regalo Jaejoong, acéptalo.

Asintiendo, y con un último vistazo a la fotografía, la guardo a buen resguardo dentro de la bonita caja.
Colocándola en el regazo de su hermana, que la tomó como si se tratase de un tesoro, empezó de nuevo a
conducir la silla hasta el jardín de la clínica.

Ambos estuvieron durante más de tres cuartos de hora hablando de banalidades. ¿Cómo eran los modelos
con los que trabajaba, simpáticos o insufribles? ¿Se había echado alguna novia? ¿Iría aquel año de vacaciones a
alguna parte?

La mayoría de las respuestas eran fáciles y nada comprometedoras, por lo que se sintió tranquilo durante
todo el tiempo. Por lo menos hasta que Yunho llegó, apareciendo con sus andares felinos por las puertas
deslizantes que separaban el centro de aquel jardín. El moreno enseguida les divisó, acercándose a ellos.
Contrariado se dio cuenta de que la expresión de Yunho era tan cerrada como siempre, imposible saber por
ella si la charla con el médico había tenido o no éxito.

—¿En serio vas a viajar a las islas Seychelles? —Preguntó Sunhwa mirándole incrédula.

—Sí. La promoción para este verano será fotografiada allí. Según me dijo Heechul, nos hospedaríamos en
Vic, que es la capital y está en la isla Mahé. Heechul dijo además, que era la única ciudad de las islas, y que
desde allí visitaríamos los sitios donde tomaríamos las fotografías.

—Que envidia… —Sunhwa, viendo que Yunho no había abierto la boca desde su llegada hacia apenas dos
minutos, decidió meterle en la conversación—¿Tu también vas a ir? Eras compañero de Jaejoong, así que…

—No. Mi trabajo está… en otra área de la empresa.

No fue hasta dos horas y media después, que Yunho y él salieron de la clínica. Algo sorprendido por la
paciencia mostrada por su jefe, que había contestado amablemente a cada una de las preguntas—a veces
indiscretas—de Sun. El moreno se las había ingeniado para contestar solo mentiras a medias, totalmente
creíbles y que habían dejado satisfecha a su hermana.

Sin poder aguantar su nerviosismo, nada más salir del cuarto de Sun, Jaejoong había mirado suplicante a su
jefe, esperando que este le contara de su conversación con los doctores. La explicación rápida del moreno le
dejó aun más ansioso.

—“Los médicos me recomendaron una clínica en Suiza que tiene grandes avances en este área. Es muy cara,
pero eso no es el problema. Su médico de cabecera me ha asegurado que aun no saben si es recomendable un
viaje tan largo para tu hermana, pero que lo discutirán entre más especialistas. Nos hemos vuelto a citar

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dentro de una semana.” Y aquello había sido todo. Jaejoong estaba seguro, que aquella semana sería una de
las más largas de su vida.

Antes de ir a la mansión, ambos pararon en el apartamento de Jaejoong, para que volviera a vestirse con su
traje de mujer. Yunho solo había entrado dos veces en su apartamento, una en el principio de la farsa, para
asegurarse que su disfraz estaba en condiciones de engañar a todo el mundo, y la otra hacia no tanto, cuando
le había sacado a rastras de su casa tras la pelea que habían tenido en el baño.

Aquella vez Yunho también entró, pero sin ningún motivo aparente. Simplemente se sentó en el viejo sillón
que ocupaba gran parte de su pequeño salón, para esperarle. Verle allí, rodeado de pobreza, era algo a lo
que probablemente nunca se acostumbraría. Y sin embargo parecía que Yunho, estuviese donde estuviese,
siempre mostraba aquella faceta de poderoso y superior.

Cuando Jaejoong estuvo listo, le ofreció tomar alguna bebida. Pero Yunho solo se negó, alegando que antes
de ir a casa debían pasar por su propio apartamento para recoger algunos informes de la empresa que debía
revisar antes del lunes.

Jaejoong se hubiese negado, quedándose a descansar en su casa. Pero lo cierto es que el moreno no le había
dado oportunidad de elegir, agarrándole por el brazo y casi arrastrándole hasta el coche.

—No toques nada y quédate sentado en el sillón hasta que vuelva.

Estupefacto, miró como el moreno se perdía por una de las puertas de su apartamento. Habían tardado unos
veinte minutos en llegar, y Jaejoong aun estaba recuperándose del shock que había supuesto ver donde vivía
el moreno. Si bien la mansión Jung impactaba por su imponencia y majestuosidad, como un recordatorio de
la antigüedad y poder de la familia Jung, el espacioso y lujoso apartamento de Yunho era el síncope de la
innovación y el dinero.

El edificio, ya desde fuera era impresionante, con sus paredes blancas e inmaculadas, unas ventanas
inmensas, y una altura considerable. El diseño parecía decir: “Mírame, porque estoy aquí y seguramente
nunca puedas tener algo igual”.

Nada más entrar por el portal, un portero les había dado los buenos días, extendiéndole a Yunho una
pequeña tarjeta. No tuvo que preguntar para qué servía, ya que momentos después Yunho la usaba para abrir
las puertas del lujoso ascensor que se encontraba en el recibidor del edificio.

Recuperándose del shock, solo alcanzó a lanzarle a Changmin una mirada de verdadero agradecimiento. El
moreno pronto se vio imitado por los demás miembros de la familia que estaban presentes, y Jaejoong se vio
envuelto en los brazos de Junsu, Kyuhyun e Vic antes de poder recuperar el control sobre sus emociones.

—¡Felicidades, Jae! —Detrás de los mayores, las tres pequeñas figuras de Sungmo, Moonbin y Minji
aparecieron con una inmensa sonrisa. Viéndoles vestidos con unos graciosos trajes medio informales, medio
de vestir, solo pudo agacharse junto a ellos para abrazarlos.

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—No te lo esperabas, ¿verdad? —dijo Moonbin mientras con una sonrisa picara escondía algo tras la
espalda. Soltando una leve risita, Jaejoong negó con la cabeza a expensas de saber que más dirían los
muchachos.

—No sabíamos que regalarte, pero esto nos gusto a los tres—Sungmo, en su papel de hermano mayor, y
para desgracia de los otros dos, demasiado dominante, quito a su hermano el paquete que escondía en la
espalda para entregárselo a Jaejoong.

Ante la mirada alentadora de Junsu y Kyuhyun, que se habían agachado a su lado, desenvolvió el papel
dorado y negro que estaba adornado con un gran pompón de color blanco. Una inmensa sonrisa estiró sus
carnosos labios al comprobar que el regalo no era ni más ni menos que un enorme peluche con forma de
tigre blanco. Jaejoong vio que al menos media un metro de largo y le llegaba más arriba de las rodillas en su
pose de reposo.

—¿Te gusta? —La ansiosa voz de Minji le sacó de su contemplación, para después cogerle las dos pequeñas
manos y apretarlas con delicadeza en señal de agradecimiento.

—Es precioso. No va a salir de mi cama—Aseguró, consiguiendo que la rubia sonriera feliz.

—¡Lo ves! ¡Y tú que querías comprarle un libro! ¿Quién va a querer un libro como regalo? —El grito de
Moonbin, dirigido a su hermano, solo obtuvo como respuesta una mirada fulminante de este.

—No han dejado que ninguno les ayudásemos. Ahorraron con sus pagas para comprártelo—Los niños no se
tomaron a mal que Junsu revelase su secreto.

Después de que los niños le abrazasen al menos cuatro veces cada uno, asegurando que le quería muchísimo,
Changmin y Junsu le entregaron un pequeño paquete.

—Es de los dos, espero que te guste—Junsu aguardó impaciente a que Jaejoong abriera el papel. Y cuando
lo hizo solo pudo sonreír al ver como se le iluminaban los ojos.

Dentro de una bonita caja, se encontraba un reloj. Pero no uno de los que él estaba acostumbrado. Parecía
ser de plata, con una fina correa según pudo comprobar, marcaba tanto la hora como la fecha, el mes y solo
Dios sabe que más. La marca casi invisible del reloj le dijo lo muy caro que podía llegar a ser. Cartier ponía
en el reverso, y por muy pobre que fuera, cualquiera conocía aquella famosa marca de joyería.

—Muchas gracias. —Abrazándoles a ambos, sintió como el nudo de su garganta empeoraba. Pero después
de ellos fue el turno de Kyuhyun, y ante la sonrisa cínica del muchacho, Jaejoong supo que no le iba a gustar
el regalo. Y aunque aquello no era preciso, cerca estuvo…

—Esto es de mi parte, prima—Cogiendo con recelo el paquete que le entregaba, lo abrió. En seguida volvió
a taparlo con el papel plateado que lo envolvía. Con su rostro completamente sonrojado, miró con enfado a
Kyuhyun.

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—¡Pero cómo me regalas esto! —Exclamó intentando que los niños no le oyesen. Ante la mirada curiosa de
los demás, solo escondió el regalo a sus espaldas.

—¿Y por qué no? Yo lo veo muy útil.

Dispuesto a subir y guardarlo, ya que veía descortés el tirarlo, lo metería en el rincón más alejado de su
armario, bajo montones y montones de ropa. Se giró hacia la puerta del salón, pero antes de poder dar un
solo paso, Changmin le quitó el paquete.

Las carcajadas no se hicieron esperar. Y Jaejoong no se extrañaba. En sus manos, el moreno tenía el set más
completo para instruirle en el arte del amor homosexual. Un libro de posturas, videos con vete a saber qué
grabado… Y una caja con un aspecto muy sospechoso. Por el dibujo que tenía en la tapa, mucho temía que
se tratasen de juguetes sexuales. Y todo en un maletín de tamaño compacto…

—Creo que nuestra querida Jaena va a estar muy ocupada… —dijo Junsu mirándole divertido, Jaejoong
solo les arrebató el maletín para llevárselo a su cuarto. Pero de pronto, y salido de la nada, Yunho apareció a
su lado. Arrebatándole el regalo, simplemente le echó un vistazo para después salir él mismo del cuarto.
Jaejoong no supo como tomarse aquello, pero tampoco tuvo demasiado tiempo, ya que Vic se acercó a él
con una gran sonrisa también.

—Creo que falto yo…—La despampanante rubia le entrego una pequeña caja. En ella poco podía entrar, y
sin embargo, al abrirla, se quedó sin respiración.

Una llave. Y no una cualquiera. Una llave claramente perteneciente a un automóvil y con la marca de
mercedes en el centro.

—Victoria… —murmuró por lo bajo, apenas sin voz. Pero la rubia solo le agarró del brazo obligándole a
caminar. Los demás pronto les siguieron, y Jaejoong se vio conducido hasta la puerta principal de la casa.
Cuando Vic la abrió, lo primero que sus ojos vieron fue un flamante mercedes gris plateado. Su forma
elegante y bella le hizo abrir los ojos como platos.

—¿Qué esperas? Ábrelo—Al parecer, impaciente ante el estado anonadado de Jaejoong, Victoria tomó la
llave, abriendo la puerta en unos instantes. Jaejoong de nuevo se vio empujado hacia aquel vehículo que
valdría más que su propio apartamento…

Cuando le sentó dentro, pudo ver que los asientos eran de un suave cuero, con cuidado, casi como si se
fuera a romper, tomo el volante entre las manos. A Jaejoong le encantaba, pero además de ser
excesivamente caro, había otro pequeño problema….

—Vic, no puedo aceptarlo. Además, no tengo licencia. —En aquel momento, y sorprendiéndole aun más,
la rubia sacó un papel de sus bolsillos para entregárselos. Jaejoong enseguida pudo distinguir que era. —
¿Una matrícula?

—Claro, ya sabía que no tenías permiso de conducción, así que te he apuntado a una autoescuela.

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—Pero… es demasiado… yo…

—¡No! Es mi regalo y quiero que lo aceptes. Te aseguro que para mí, esto no es demasiado…

En el fondo sabía que era verdad. ¿Pero que iba a hacer él con aquel coche cuando volviera a su rutinaria
vida? Era demasiado lujoso y llamaba la atención de lejos.

—Por favor Jaejoong. Es lo menos que puedo hacer por ti. Además…—Vic se acercó para que nadie más
les oyera—No te preocupes por el seguro, ya me he encargado yo también.

Y entonces algo se rompió dentro de él. Sin poder contenerse, se echó a los brazos de la bella mujer,
conteniendo a duras penas las ganas de llorar. Se había sentido toda su miserable vida tan solo, que aquel día
se sintió como si le hubiesen arrancado algo del pecho.

—Muévete, lo llevaré al garaje y allí se quedará hasta que te saques el práctico.

Jaejoong asintió, pasando al asiento del copiloto. Cuando Victoria se subió y cerró la puerta, Jaejoong esperó
que la mujer saliera casi volando como parecía ser costumbre en aquella familia. Pero quizás debido a que la
puerta del garaje se encontraba a unos 2 metros, Vic no corrió.

—Precioso, ¿Verdad? —dijo la mujer una vez hubo aparcado en uno de los sitios libres del garaje de la
mansión. Entregándole la llave a Jaejoong, ambos salieron del vehículo para encaminarse de nuevo a la casa.
—Me costó horrores decidirme por uno. Todos me gustaban para ti, hasta estuve por comprarte un
descapotable deportivo que me enamoró. Pero fue ver este, y supe que era para ti…

—No sé ni cómo agradecértelo.

—Simplemente sigue siendo tu mismo, con eso tengo suficiente.

Ante el tono melancólico de su voz, Jaejoong se giró para verla. Vic le miraba con algo demasiado conocido
para él.

—Vic…

—No te preocupes Jaejoong. —Una de las manos de la rubia subió hasta su mejilla, acariciándola con
suavidad. —Yo sé dónde está tu corazón, y donde no debe estar el mío. Pero eres tan bueno y tan especial
que no he podido evitar el enamorarme de ti…

Jaejoong bajó los ojos, sintiéndose realmente mal. Nunca se había visto en una situación similar, porque
francamente nadie nunca se le había medio declarado de aquella forma. Ni siquiera su única novia, a la que él
mismo había pedido salir.

—Yo… lo siento.

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—No lo hagas. En realidad, creo que es la primera vez que me pasa. Pena que el que te guste sea Yunho,
sino… sino, lucharía por ti. La mujer le soltó, para darse la vuelta y empezar a caminar rumbo a la salida del
garaje, pero Jaejoong la agarró del brazo para detenerla.

—No sabes lo honrado que me siento. Eres una mujer maravillosa, y no te lo digo solo como cumplido.
Estoy seguro que encontrarás a alguien a quien querer, alguien mejor que yo. Y él también te
corresponderá. El amor, si no es correspondido, resulta demasiado doloroso.

—Somos un par de desgraciados, —murmuró Vic con un toque de humor en su voz. —Pero tú conseguirás
a Yunho, porque si alguien ha conseguido que salga de esa concha que se creó para esconderse del mundo,
ese has sido tú.

—Él nunca me verá de esa forma. Créeme.

Agarrándole de la mano, Vic volvió a caminar. El agradable silencio pronto se vio interrumpido por todos
los sonidos de la fiesta. Eran pocas personas, pero pareciese que estuvieran allí al menos 5 individuos
intentando averiguar quién podía gritar más alto.

Soltando su mano, Jaejoong entró al salón. Allí, Kyuhyun, Junsu y Moonbin peleaban por poner la música
que a cada uno le gustaba. Changmin por su parte se encontraba con Minji, Jaejoong no podía oír lo que el
moreno estaba contándola, pero lo cierto es que la muchacha reía de lo más divertida. Sungmo, por otra
parte, estaba dando buena cuenta de la comida servida en la larga mesa. Que prácticamente consistía en
golosinas de lo más variadas.

Y por último, apoyado en una pared y mirando a Changmin y Minji de forma indescifrable, Yunho parecía
alejado de todos ellos. Jaejoong de algún modo sabía que el moreno desearía estar en cualquier otro lado, y
no en su cumpleaños. Apenado, se dijo que al menos aún estaba allí. Además, le había felicitado…

—Pareciera como si en cualquier momento fuese a salir huyendo. Si va a estar así, no sé porque viene. Se ve
que no quiere estar en la fiesta.

Vic se sorprendió visiblemente, para después sonreír de nuevo.

—No digas esto. Después de todo, la fiesta fue idea suya. Él mismo organizó todo.

Aquello sí que le agarro por sorpresa. ¿Yunho? ¿En serio todo aquello era obra suya?

—No puede ser. Tienes que estar equivocada. Yunho casi ni se acordaba de mi cumpleaños…

—Fue él. Y Minji. La pequeña no para de decir que “el simpático moreno”. Como le llama ella, le pidió
ayuda para organizar la fiesta. Está muy contenta.

Si le hubiesen dicho que en realidad ella era un súper héroe con poderes paranormales, no se habría
sorprendido más. Mirando de nuevo a Yunho, se sorprendió cuando la mano de Vic de nuevo le acarició
cariñosamente la mejilla. Muchas veces la mujer le había abrazado cariñosamente y él no le había dado mayor

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importancia. Pero ahora, al tanto de sus sentimientos, Jaejoong sintió su corazón palpitar ante el
nerviosismo.

Intentando que no se notara, pasó uno de sus brazos por los hombros de Vic para pedirla que le acompañase
a la mesa a comer algo. La gran pancarta, justo encima de ellos, no hacía más que recordarle el papel que
supuestamente había tenido Yunho en la fiesta.

Y así paso el tiempo. Jaejoong se divirtió como nunca. Todos los Jung, a excepción de Yunho, por supuesto,
parecían empeñados en hacerle reír. Pronto se olvido de su incomoda conversación con la rubia, ya que
Victoria se comportaba como siempre. Los niños le hicieron prometer, al menos cinco veces, que les subiría
en su coche cuando se sacara la licencia.

Pero no fue hasta tres horas después, que Jaejoong se llevó la mayor sorpresa de todas. Todas las luces del
salón se apagaron, y por una de las puertas empezaron a entrar un grupo de personas. Temiendo por qué se
les habría ocurrido a aquella panda de locos, Jaejoong simplemente deseó que no fuera nada demasiado
malo. Pero cuando el sonido de una guitarra eléctrica empezó a sonar, con una melodía muy conocida para
él, tuvo que agarrarse a la mesa para no caer de rodillas.

Las luces entonces se encendieron, y Jaejoong pudo comprobar sus sospechas. Allí, solo a unos metros de él,
se encontraba su grupo favorito cantando en directo el día de su cumpleaños. Linkin Park.

El vocalista, Chester, o como se le llamaba, Chazy Chaz o The Chemist, le sonrió saludándole con la cabeza.

—¿Cómo… Cómo han podido….?

Incapaz de hablar, agradeció con toda su alma que Junsu contestara sin prestar demasiada atención,
embelesado como estaba en admirar a los cantantes.

—Esto no es cosa nuestra. Tendrás que preguntárselo al organizador de la fiesta… — Sin poder creérselo,
desvió la mirada hacia donde momentos antes había estado apoyado el magnate, para solo encontrar el sitio
vacía. ¿Dónde demonios se había metido? Cuando Junsu le agarró por los hombros para ponerse a cantar la
canción, acompañando al grupo, se olvidó por el momento de su jefe, centrándose en la versión desafinada
del pelirrojo, que pronto siguió el mismo.

Y así, durante las dos horas siguientes, Jaejoong pasó el mejor cumpleaños de su vida. El grupo entero se
despidió de él, felicitándole y regalándole su último CD. Jaejoong ya lo tenía comprado, pero de cualquier
forma, el hecho de que estuviese dedicado para él expresamente, le hizo terriblemente feliz.

Para cuando quiso darse cuenta la fiesta estaba llegando a su fin. Los niños pronto tendrían que irse a dormir
y Jaejoong pensó tristemente, que ojala durara aquel día para siempre.

—¡Hasta mañana, Jae! Ha sido el mejor cumpleaños al que he ido—Jaejoong abrazó a los tres niños
mientras sonreía a Sungmo en respuesta. No podía estar más de acuerdo con él.

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Minji le dio un gran beso para después retirarse con su niñera. Cuando se quedaron solos los adultos,
Jaejoong se preparó para agradecerles a todos, pero por lo visto la noche aun era joven.

—Muchas gracias, chicos —murmuró junto a Kyuhyun mientras sus traicioneros ojos se aguaban. Pero el
moreno le tomó por los hombros para después reír sonoramente.

—No Jaejoong. Todavía no ha acabado. —Ante la mirada de interrogación del moreno, Kyuhyun se separó
de él para dirigirse hacia el armario donde se guardaban las bebidas. De uno de los cajones sacó una bolsa. —
Toma, eso es para ti.

Abriéndola, comprobó que era ropa de hombre.

—Pero…

—Tú solo ven conmigo.

Atónito, solo pudo mirar cómo era arrastrado por Kyuhyun. Los demás pronto les siguieron y Kyuhyun, sin
mucho cuidado, le metió en un coche negro, subiéndose él al volante mientras Vic se sentaba junto a
Jaejoong.

Por las ventanillas pudo ver como en otro coche casi idéntico subían Yunho, Junsu y Changmin. Antes de
poder preguntar si quiera, Kyuhyun arrancó el coche, y Jaejoong se vio obligado a abrocharse rápidamente el
cinturón.

Jaejoong en seguida reconoció el lugar donde se detuvieron. Era el apartamento de Yunho.

—Ven con nosotros, ellos esperarán en su coche. —dijo Kyuhyun señalando a Vic con la cabeza. Los
gemelos le llevaron hasta la puerta del edificio, donde el portero les recibió educadamente. Pronto llegaron
al piso de Yunho.

—¿Pero qué hacemos aquí?

—Vamos a vestirte, por supuesto—Vic, en un arranque de desvergüenza, empezó a desnudarle. De nada


sirvieron las quejas de Jaejoong, ya que ambos gemelos no le hicieron ni caso. Pronto se vio en su ajustada
ropa interior, frente a dos miradas apreciativas—Hoy vamos a hacer que babeen por ti.

Casi veinte minutos después, Jaejoong se miraba atónito al espejo. La indecente ropa que le habían dado
consistía en unos vaqueros que se ajustaban a su trasero de forma impúdica y que moldeaban a la perfección
sus delgadas piernas. La camisa, que no tenía mangas y un cuello en pico bastante abierto, dejaba al
descubierto una buena porción de su blanco pecho, mientras que la tela negra quedaba bastante ajustada a su
torso.

Las letras “Fuck me” en plateado, parecían llamar especialmente la atención. Una cadena plateada, con una
bonita cruz, el reloj que le habían regalado, y un grueso cinturón de cuero eran todo adorno que llevaba
encima.

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Pero por si las ropas no fueran suficiente, Jaejoong miró consternado su cabello. Kyuhyun había logrado, a
base de gel fijador, que sus mechones tuviesen un aire sensual que resaltaba los rasgos buenos de su cara.
Jaejoong nunca había estado tan… tan sexy.

Tras el escrutinio de los gemelos y la amplia aprobación de ambos, por fin bajaron de nuevo. Cuando
estuvieron en el coche, Jaejoong se aseguró de nuevo el cinturón mientras que Vic mencionaba entusiasmada
el éxito que iba a tener aquella noche Jaejoong.

Recorrieron buena parte de la cuidad, y para cuando el coche volvió a detenerse, eran más de las 11.
Jaejoong pocas veces había salido a aquellas horas. Con su única novia, que se había empeñado en llevarle a
discotecas, había visitado algún que otro sitio nocturno, pero realmente pocos eran los recuerdos que
guardaba de aquellos días.

En cuanto bajó del coche, Junsu estuvo a su lado, tirándose sobre él para estrujarlo fuertemente.

—¡Diablos, estas buenísimo! —El pelirrojo le tocó el trasero mientras reía picadamente, y su esposo pronto
estuvo junto a ellos. Esperando que Changmin le quitara a Junsu de encima, Jaejoong casi se calló al suelo al
ver como también el moreno se les unía en el abrazo.

—¿Qué te parecería hacer un trío, Junsu?

El pelirrojo retiró sus manos del trasero del moreno para volverse hacia Changmin con una enorme sonrisa.

—Eso sería una idea magnífica. ¿Qué opinas, Jaejoong?

Ante el bochorno del moreno, Kyuhyun alejó al matrimonio mientras él mismo abrazaba a Jaejoong.

—Nada de eso. Ustedes ya tienen para pasarla a gusto, déjennos algo a los demás. Vamos Jaejoong, tenemos
que buscar a dos chicas lindas que nos alegren la noche.

Aquel comentario trajo toda una polémica. Changmin y Junsu se empecinaron en que si debían buscar algo,
sería un chico. Mientras que Vic se reía de todos ellos. El grupo empezó a caminar hacia la inmensa puerta
de la discoteca, guardada por dos tipos que se asemejaban demasiado a gorilas vestidos de negro.

Jaejoong se dio cuenta entonces, de que Yunho estaba solo unos pasos detrás de él.

—Gracias—Fue todo lo que dijo colocándose a su lado, pero ante la ceja arqueada del magnate, que estaba
arrebatadoramente atractivo con un traje completamente negro, Jaejoong aclaró: —ya me dijeron que fuiste
tú quien organizó la fiesta. Y supongo que también lo de Linkin Park.

El moreno se encogió de hombros, y sin embargo le miró de arriba abajo mientras una sonrisa irónica
surcaba sus labios.

—Nunca creí que llegaría a verte así vestido.

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—Créeme, yo tampoco. —Incomodo ante lo poco comunicativo del moreno, empezó a retorcerse las
manos nerviosamente. Quería hablar con él, hacerle saber lo importante que había sido aquel gesto suyo.
Pero el moreno parecía tan inalcanzable como siempre. —Ha sido la mejor fiesta que he tenido nunca.
Hacía mucho que yo no… bueno que no celebraba con gente mi cumpleaños.

—Lo sé. Es por ello que lo hice.

Sin saber qué contestar a aquello. O mejor dicho, sin saber si quiera lo que quería decir con esas palabras,
simplemente le acompañó en silencio, algo que ya era casi un ritual cuando del moreno se trataba. El resto
de los Jung ya habían entrado en la discoteca, y cuando él mismo llegó junto a la rubia, los dos gorilas ni
siquiera les dijeron palabra. Las luces de neón, cegadoras y brillantes, daban todo tipo de color al interior. El
lugar, medianamente grande, estaba lleno de gente. La limitada luz le impedía ver con precisión, pero si no
se equivocaba, no conocía a nadie allí.

Sin embargo, pronto supo que aquello no era verdad. Habría casi cincuenta personas allí, y nada más entrar
pudo ver como algunas se acercaban a él. Sonriendo, comprobó como su malhumorado jefe, Heechul,
llegaba junto a otro hombre que Jaejoong no conocía. El famoso diseñador se paró junto a él, para después
besarle en ambas mejillas y felicitarle.

—Estás increíble, ratita —dijo, mirándole desde su peinado hasta sus zapatillas. —Creo que a partir de
ahora te voy a hacer ir así a la oficina…

—Entonces todos los días tendrías que perdonar mi retraso, porque dudo mucho que yo solo, tardara poco
en peinarme así…

Heechul rió, para después recordarle las muchas veces que había ayudado a arreglar a los modelos.
Estuvieron un rato hablando y Jaejoong se dio cuenta, divertido, que aunque Yunho quería irse a otro lado,
las continuas preguntas de Heechul no se lo permitían. Pronto unas voces conocidas le hicieron sonreír
encantado.

—¡Jaejoong! ¡Jaejoong! —Una bola se le echó encima, casi tirándole al suelo, cuando pudo separarse un
poco, los ojos negros de Dan a tan solo unos centímetros de los suyos, le sonrieron. —¡Felicidades!

Su moreno amigo siguió abrazado a él hasta que los dos modelos que faltaban llegaron. Tanto Siwon como
Yoseob, ambos morenos y con sonrisas arrebatadoras, separaron al modelo moreno para poder felicitar
también a Jaejoong.

—¡Estás increíble! —exclamó Dan. —Seguro que te ligas a todas las que quieras. —Con una sonrisa de
pilluelo, Dan se acercó hasta susurrarle al oído: —mira aquellas de allí, nos están comiendo con los ojos.

Jaejoong miró donde su amigo señalaba, para encontrarse un grupo de tres atractivas jóvenes que miraban
hacia donde ellos estaban. Dudando que le mirasen a él, Jaejoong solo puso los ojos en blanco ante el
comportamiento irremediable de Dan.

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—Te hemos comprado entre los tres un regalo —dijo Siwon, apartando a Dan de un empujón sin
importarle la mirada fulminante del moreno. —Ya sabes que no tenemos demasiado dinero, así que tuvimos
que reunir ahorros. Pero te lo llevaremos al trabajo, aquí seguro y se rompe.

Jaejoong asintió agradeciéndoles el gesto. De pronto junto a ellos apareció una mujer, alguien a quien
Jaejoong conocía bien y que desgraciadamente, hacía tiempo que no podía ver demasiado.

—¡Felicidades, Jaejoong!

—¡Hyosun! —Abrazándose a la mujer, sonrió verdaderamente feliz. Hyosun llevaba su bonito pelo negro
suelto, llegándole casi hasta la cintura. —¡No sabes cómo me alegro de verte, hacia mucho que no teníamos
tiempo para hablar!

La mujer miró fugazmente a Yunho y Heechul, que ahora hablaban algo apartado de ellos.

—Bueno, desde que fuiste ascendido no te veo demasiado.

Había pesar en su voz, y Jaejoong supo que la mujer se debía aburrir mucho allí sola.

—Bueno... eso de ascender… Sigo siendo un becario.

La siguiente media hora la pasó conversando alegremente con sus cuatro amigos. Después de presentarlos, y
tener que parar a Dan, que creía haberse enamorado de Hyosun —Jaejoong ya había advertido a su amiga
que el modelo se enamoraba cada vez que veía a alguien atractivo, y más si llevaba falda—fueron a tomarse
algo. Yoseob se había empeñado en que Jaejoong bebiera con ellos, por lo que, ya con su tercer trago, se
encontraba bastante mareado. Nunca bebía, y aquello estaba bien justificado. Su cuerpo no era muy
tolerante al alcohol.

Hyosun le invitó a bailar, y no supo como negarse, por lo que inmediatamente se vio conducido a la pista
por la achispada mujer. Allí la música cadenciosa y sensual les hizo moverse con los cuerpos muy pegados
por casi diez minutos. Cuando pasó la canción, Jaejoong la pidió ir a sentarse de nuevo. Su vista se había
nublado y las cosas parecían no querer parar de dar vueltas.

Se encaminaron a la barra, donde estaban los tres modelos, pero a solo unos metros de su objetivo
Changmin, Junsu e Vic les interceptaron.

—¡Jaejoong! ¿Dónde te habías metido? —preguntó Junsu mientras le sonreía. Jaejoong enseguida les
presentó a Hyosun. La mujer no parecía demasiado impresionada al enterarse del apellido de los primos.

—¿Enserio bailaste? —preguntó Vic mirándole algo divertida. Jaejoong estaba visiblemente borracho.

Junsu se rió mientras se acercaba al moreno.

—¿Qué has bebido, Jaejoong?

—Bueno… no estoy seguro —dijo, mirando hacia la barra. —Yo no los pedí.

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Antes de que pudiese seguir hablando, todos fueron hasta donde se encontraban Yoseob, Siwon y Dan.
Después de las presentaciones volvieron a beber. Era obvio que los demás si controlaban la bebida, pero fue
evidente que después de hora y media de risas y tragos, todos se encontraban, al menos, medio borrachos.

En la fiesta también estaban los amigos de Junsu, los de Changmin y los de Vic. Junsu le presentó a una chica
muy simpática de la que no podía recordar el nombre, y Heechul. Kyuhyun y Yunho se les unieron en algún
momento de la noche, y también empezaron a beber. Jaejoong, en su estado, no se percataba ya de gran
cosa. Por lo que no pudo ver como Kyuhyun, Con una sonrisa cómplice, hablaba con el camarero por unos
instantes para después coger la copa que le tendió. El chico se la entregó a Yunho, que aunque se negó a
beberla, terminó por hacerlo ante la pesadez de Kyuhyun. A la segunda copa, Yunho estaba tan borracho
como todos los demás, solo que a él no se le notaba tanto.

Jaejoong bailó con Junsu, con Changmin, también bailó con Dan cuando el chico le vino deprimido por el
rechazo de una de las chicas, bailó de nuevo con Hyosun, y para entonces se lo estaba pasando tan bien, que
había olvidado por completo sus problemas.

—¡Jaejoong, ahora me toca a mí! —dijo una Victoria bastante ebria. Jaejoong solo asintió para ir con ella
hasta la pista. Todos los hombres miraban a la rubia con lujuria, y a Jaejoong no le extrañaba. Vic era la
mujer más bella que había conocido. —Vamos allí —gritó Vic para hacerse oír por encima de la música,
mientras señalaba un espacio de la pista.

Ambos llegaron, e inmediatamente Vic empezó a bailar, arrastrándole a él. Todo hubiese ido bien de no ser
porque pronto la canción terminó, empezando una canción lenta. Jaejoong se iba a separar, para volver con
los demás, pero Victoria simplemente se agarró a él, empezando a bailar demasiado juntos…

—Sabes Jaejoong… —susurró la chica mientras le miraba con ojos soñadores. Algo que no la pegaba para
nada. —Hoy estás muy guapo.

—No digas tonterías. Tu sí que estás linda. —Con caras casi idiotas, ambos rieron.

—¿Te lo estás pasando bien?

—Sabes que sí. Es el mejor cumpleaños de toda mi vida.

Victoria guardó silencio. Mirándole con una intensidad que hizo a Jaejoong sentirse incómodo. De pronto, la
situación se volvió tensa.

—Vic… yo….

—Tshhh —le silenció, para después colocar su cabeza en el hombro de Jaejoong, que era casi de su estatura.
—Me gustas.

Jaejoong hubiese querido estar en cualquier otro lado. Sobretodo, cuando en un acto completamente
inesperado, Victoria subió su rostro, uniendo los labios de ambos en un beso. La rubia no abrió la boca,

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intentando ahondar el beso, simplemente beso delicadamente los labios de Jaejoong, como si tuviesen todo
el tiempo del mundo.

Cuando Jaejoong por fin reaccionó, se separó con algo de brusquedad, mirándola completamente sonrojado
y en shock.

—Lo siento —murmuró Victoria, mirándole con los ojos cargados de pesar. Jaejoong no supo que decir, y
solo se quedó viendo como Victoria desaparecía de su vista.

Llevándose una mano a los labios, frunció el ceño, rogando que nadie les hubiera visto. Tambaleante, se
volvió hacia donde se encontraban sus amigos, suspirando aliviado al comprobar que ninguno le miraba.
Uniéndose a los demás, pronto se olvidó de lo sucedido. Pero la ausencia de Yunho le llamó la atención.

Después de terminar, el que sería su último trago en la noche, se levantó de su silla, diciéndole a Junsu, que
se encontraba junto a él, que iba al baño. Sus pasos vacilantes y tambaleantes fueron hasta uno de los
rincones más apartados de la discoteca, donde sabía que estaban los baños. Pero al llegar, algo le hizo parar
en seco.

Con los ojos abiertos como platos y un dolor indescriptible en el pecho, contempló a Yunho. El moreno se
encontraba apoyado en una pared, y junto a él, o mejor dicho, sobre él, un joven moreno parecía intentar
comerse sus labios. Yunho, aparentemente ajeno a todo, apretaba sus manos sobre el trasero del chico,
mientras sus ojos abiertos estaban fijos en un punto indefinido.

Sintiendo como el aire le abandonaba y las lágrimas se agolpaban en sus ojos, apretó los puños, furioso con
su jefe. Sin soportar por más tiempo el espectáculo que estaban dando aquellos dos, se acercó hasta ellos, y
con una fuerza que le sorprendió hasta a él, agarró al moreno por el cuello de la camisa para tirarlo hacia
tras.

—¡¿Pero qué demonios crees que haces?! —gritó el chico después de casi caer al suelo, pero Jaejoong,
demasiado enfadado, se tiró hacia él, dispuesto a pelearse con aquel estúpido.

Y sin embargo aquello nunca sucedió. La garra de Yunho se clavó en su brazo, apretando con sus dedos
cruelmente. Jaejoong se giró para decirle que le soltara, pero la mirada de odio de Yunho le dejó
literalmente sin habla.

—¡Largo! —Ordenó el moreno con voz dura. Jaejoong supuso que era a él, pero cuando el agarre no se
aflojó, supo que Yunho se refería al otro chico.

—Eh… ¡Pero… Jung, fue él quien…!

—He dicho que largo. —Jaejoong vio satisfecho como el otro se marchaba compungido, no sin antes
mirarle con furia. A Jaejoong no le importó, odiaba a aquel tipo. —Y ahora… ¿Se puede saber quién te
crees que eres?

—Yo… ¿Por qué dices eso ahora…?

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—¿Crees que puedes llegar y portarte cómo te dé la gana?

—No, yo solo…

—¡Eres un estúpido anormal! —Yunho se puso en pie, y Jaejoong casi gritó de asombro al verle balancearse
mareado, para después enfocar sus ojos en él. Estaba borracho.

Seguramente fue por el alto contenido de alcohol que en aquel momento circulaba por su sangre, pero
enderezándose y sin sentir miedo, se encaró al moreno.

—¡Tú eres el estúpido! ¿Cómo se te ocurre besuquearte con cualquiera aquí, donde todo el mundo podría
verte?

—Y dime… según tú, ¿Por qué no debería “besuquearme” con alguien? —preguntó, falsamente calmado.

—¡Por qué no! Tú… tú eres…

—¿El qué? ¿Tu novio? —La voz hiriente y burlona hizo a Jaejoong morderse el labio inferior para no gritar
de frustración.

—¡Nadie en su sano juicio sería tu novio! ¡Eres insoportable!

Mirando a su alrededor, Yunho le arrastró hasta la puerta del baño, para una vez dentro, cerrarla con
cerrojo. Percatándose de que estaban solos, Jaejoong pegó su espalda a la pared.

—¿Qué pasa? ¿No y que era insoportable? ¿Ahora te vas a poner a temblar de miedo?

—¡No! —Enderezándose, se volvió a encarar a él, cansado de las bromas que siempre le lanzaba el magnate.
—Siempre con ese aire de, “Yo soy el mejor”. — Pues entérate, ¡nadie puede soportarte!

—¿En serio? ¿Y a quién sí puedes soportar? ¿A Vic? —La cólera, brillante y aterradora en aquellos fríos ojos,
le hizo retroceder —¡Contesta! ¿Tanto te ha gustado vivir en una mansión que ahora vas por Vic? No
podrías caer más bajo…

—¡Cállate! No sé por qué dices eso, pero….

—Oh, sí. Quizás tendría que habértelo dicho mientras se divertían bailando…

—¡Eso fue ella!

Yunho rió. Y no lo hizo de forma agradable. Con su andar felino se colocó a menos de un suspiro de él, para
inclinarse y dejar que sus ojos quedaran a la altura de los que Jaejoong.

—Mi prima es bella, rica y puede tener a quien quiera. Dime... ¿Por qué se iba a fijar en alguien tan
insignificante cómo tú? —Su aliento apestaba a alcohol, y Jaejoong tuvo que contenerse para no apartar el
rostro.

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Quizás, con unas diez copas menos, nunca se hubiese atrevido a hacerlo. Pero levantando una mano, dejó
que su puño cayera con furia sobre el rostro del magnate. Y Yunho, completamente paralizado, le miró sin
entender cómo se había atrevido a levantarle de nuevo la mano.

En un instante, Yunho le empujó, hasta que Jaejoong soltó una exclamación de dolor al haberse clavado
brutalmente el manillar de la puerta en la base de la espalda.

—Ya te dije una vez que no volvieras a golpearme… —Dirigiendo una mano al cuello de Jaejoong, el
moreno empezó a apretar con sus dedos. —Y más te vale alejarte de mi prima.

—No fui yo quien la beso, —murmuró entrecortadamente—bastardo.

Sus manos le empujaron por los hombros al sentir como se ahogaba. —¡Suéltame!

—Pídelo por favor… y me lo pensaré.

—Vete al diablo.

Yunho le miró confundido por un momento, para después echarse a reír.

—Jaejoong, estás irreconocible borracho. Pero eres igual que siempre.

Jaejoong le sonrió de modo angelical, y eso dejó tan descolocado al moreno. Así que, cuando uso sus manos
para empujarle y librarse así de su agarre, lo consiguió. Por algún motivo, se sentía excitado, y no
sexualmente. Era como si se hubiese tomado cinco cafés cargados…

—¿Patético, eh? ¿Y qué hay de ti? ¡Nadie puede aguantar tu carácter amargado y cínico!

—¿Nadie? Pues estaba muy bien acompañado hasta que llegaste tú.

Aquello dolió, pero sin dejarse amilanar, elevó el mentón mirándole con furia.

—Bueno, después de todo, aún con tu horrible forma de ser, no tienes un mal cuerpo. ¿Por qué si no iba a
querer alguien estar contigo?

En el momento que las palabras salieron de sus labios, supo que nunca debió decir algo así. Pero ya era
demasiado tarde como para retractarse. Cuando Yunho levantó su mano, cerró los ojos, esperando el golpe.

Pero éste nunca llegó.

—¿Crees que voy a pegarte? Eres tan insignificante que te mataría de un solo golpe. Mírate, al final has
conseguido lo que querías, ¿verdad? Te vistes así y tienes a mi prima tras de ti… Eres un busca fortunas que
no tiene ningún reparo en andar detrás de cualquiera.

—¡Cállate de una vez! —gritó tapándose los oídos, pero las duras palabras llegaban a él como puñaladas.

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—¿Me vas a decir que no es verdad? Hace nada te tiraste encima de mí, supuestamente te gustaba, y ahora
con mi prima… despreciable. —Acercándose aun más, quedando sus rostros a un palmo de distancia, la
sonrisa cruel de Yunho le hirió en lo más hondo. —Pero no vas a conseguir nada. Eres demasiado poca
cosa… ¡Nunca vas a conseguir nada! —Con la respiración agitada, el moreno se rió de él.

Nada habría podido prepararle para lo que pasó a continuación. En un acto de arrebato, tomó al moreno del
cuello de su camisa, y poniéndose de puntillas, le atrajo hacia si para poder capturar sus labios. Y aquella vez
no fue un roce corto y tímido.

Apretando sus labios contra la boca fina y fría del magnate, recorrió su labio inferior con la punta de su
lengua, para después besarle con ansias. Yunho no se movió, pero cuando Jaejoong se separó, comprobó que
su estado estaba cerca estaba de la estupefacción.

Dando un paso atrás, dejó que una sonrisa de suficiencia asomara en su rostro. La vista se le nubló por unos
instantes, pero cuando se recupero pudo ver que el moreno ya había vuelto a la normalidad. Y le fulminaba
con su helada mirada.

—¡Maldita sea! —gritó, ya fuera de sí. —Esto es tu culpa. ¡Eres tan jodidamente complicado que no se por
donde llegarte! —El moreno pareció sorprendido, y dio un paso hacia Jaejoong, pero pronto se paró,
tambaleándose levemente. —Te portas como el mayor pendejo que conozco, me insultas, me desprecias,
me chantajeas y te ríes de mi todo lo que quieres. Y después vas y me celebras una fiesta por mi cumpleaños
o te pones a hacerme una manzanilla…

Frustrado y ya sin poder parar, solo dejó que todo lo que había acumulado saliera a la luz. Con un poco de
suerte ninguno de ellos se acordaría al día siguiente de lo sucedido. Y si no era así… Si no era así solo le
quedaría encomendar a Dios su alma... Y su salud.

—Creo que deberías ir a un psicólogo. En serio, no creo que este todo bien ahí dentro… —señalando su
cabeza, comprobó que el magnate estaba completamente inmóvil. —¿Es qué no te enseñaron tus padres un
poco de humanidad? Tratas a todos mal y parece no importarte nada. Por lo menos la mayoría de las veces,
ya que después vas y nos sorprendes a todos con….

De una sola zancada, Yunho estuvo pegado a él. Las manos del moreno le empujaron contra la pared otra
vez, dejándole momentáneamente sin respiración.

—¡Cállate! —grito Yunho, mientras sus puños se cerraban sobre la ajustada camisa de Jaejoong para
estamparle aun más contra los fríos azulejos oscuros. —¡Maldita sea, solo cállate!

Y le beso. Jaejoong ahogo una exclamación cuando inesperadamente, los labios de Yunho estuvieron sobre
los suyos. Fue un beso demandante, donde los dientes del magnate casi hicieron sangrar sus labios en su
intento de que Jaejoong abriese la boca.

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Una mano del moreno se coló en sus cabellos, tirando cruelmente. Cuando Jaejoong abrió los labios para
gritar, la lengua de Yunho le invadió, impidiendo que cualquier sonido escapara. Yunho aflojó el agarre,
pero inclinó su cabeza hacia tras para profundizar el beso.

Sus cuerpos, completamente pegados, pronto empezaron a moverse y ondularse en busca de una placentera
fricción. Pero no fue hasta que el moreno subió la pierna de Jaejoong, de modo que quedase doblada
alrededor de su cintura, que el rubio unió su lengua a la del magnate, en imitación de lo que ambos
empezaban a ansiar.

En aquella postura, cada ondulación del cuerpo del moreno se clavaba en el suyo, haciéndole jadear y
arquear la espalda en busca de más contacto. Sus manos se clavaron en los antebrazos de Yunho, arañando
con fuerza para reprimir el largo gemido que pugnaba por escapar de sus labios.

No era un beso dulce. Al contrario, los movimientos del moreno eran furiosos y desesperados. Pero allí se
quedaron besándose hasta que sus labios dolieron y sus pulmones suplicaron por un poco de aire. Para
cuando se dio cuenta, las manos de su jefe estaban bajo su camisa, acariciando su vientre y después su espalda
con rudeza. Pero a Jaejoong no le importó. Todo había dejado de existir en el momento exacto que Yunho
le había aprisionado contra aquella pared.

Podía notar la dureza del moreno en su cintura. Mientras que Yunho agarraba sus nalgas para pegar aun más
sus cuerpos. Ahora que sus labios estaban libres, las respiraciones entrecortadas y jadeantes eran aun más
evidentes.

Y todo hubiese salido bien si el constante movimiento no se la hubiese jugado. En cuanto sintió a su
estómago contraerse, para después dar un desagradable vuelco, empujó al moreno lejos de si para correr
hasta uno de los retretes. Estuvo con la cabeza allí metida y el pelo torpemente sujeto por su propia mano
durante casi cinco minutos, y cuando al fin salió del cubículo, Yunho había desaparecido literalmente
hablando.

—¡Diablos! —exclamó mientras se dirigía hacia el lavamanos. Allí se enjuagó la boca lo mejor que pudo con
agua. Para después meterse no de los chicles que llevaba en el bolsillo. La imagen que le devolvió el espejo
casi le hizo reír miserablemente.

Sus cabellos se encontraban despeinados y sus labios hinchados y rojos por los besos. Pero su piel tenía un
enfermizo tono cetrino. Mojándose con abundante agua, para volver a dar algo de color a su rostro, dejó que
las refrescantes gotas escaparan hacia su cuello, perdiéndose por el cuello de la camisa. Después de haber
echado todo lo que su estómago contenía, su cabeza se encontraba mucho más despejada. Y con ello vino el
horror de sus actos. Había besado de nuevo a Yunho. Había insultado y gritado al magnate.

Y Yunho le había besado. Metiéndole además, la lengua hasta la campanilla. Si aquello no era algo irreal, que
viniese Dios y lo viera.

285
La puerta del lavabo se abrió, y por ella entró un muchacho que Jaejoong no conocía. Y si se lo habían
presentado a lo largo de la noche, evidentemente no se acordaba. El moreno le miró brevemente, para
después salir de su vista tras la puerta de uno de los retretes.

Sintiéndose enfermo y decaído, miró por última vez su reflejo para después abandonar el baño. Una vez
fuera, las luces y el estridente ruido le hicieron detenerse por unos instantes. Por suerte, cerca de donde se
encontraba, la figura inconfundible de Junsu, con ese llamativo cabello, le hizo caminar hasta una de las
columnas que rodeaban la pista de baile, para reunirse con él.

—¡Jaejoong! ¿Dónde te habías metido? —le saludó mientras se giraba para mirarle a la cara. Junsu se
encontraba completamente borracho y Jaejoong se avergonzó al darse cuenta de que él mismo había estado
igual hacía no demasiado tiempo. —Mira mi esposo… ¿Tu te crees qué el muy pendejo ya ha bailado con
cinco chicas al menos?

Mirando hacia donde le señalaba, Jaejoong pudo comprobar la causa del ceño de Junsu. Se querido y fiel
esposo se estaba refregando con dos lindas morenas sin ningún signo —al menos ninguno evidente—de
vergüenza o culpa.

—¿Y qué haces tú qué no bailas?

—¡Jaejoong! —los ojos brillantes de Junsu debieron advertirles, pero instantes después ambos se
encontraban en la pista bailando. Una vez su cabeza se despejó, no solo había traído de vuelta su sentido
común, si no la vergüenza a hacer el ridículo.

Pero Junsu no le dio tiempo para pensar en aquellas minucias, y simplemente se dejó arrastrar hasta casi el
centro de la pista, donde bailó con Junsu de forma casi despreocupada. Su cabeza le daba vueltas. O quizás
fuese su cuerpo, que parecía una pirinola sobre la resbaladiza pista de baile. Pero aquello no tenía
importancia. No. Lo único que importaba en aquellos instantes eran las ganas de asesinar a su esposo que de
pronto le habían entrado.

¿Cómo se atrevía Changmin a restregarse con esas chicas frente así? ... él bien sabía que ellos no eran una
verdadera pareja, pero de ahí a mostrarle en sus narices como podía casi coger con dos mujeres a la vez
mientras bailaba en una pista de baile… aquello era ir demasiado lejos.

Cogiendo uno de los brazos de su actual pareja de baile, Jaejoong, le hizo dar una vuelta sobre sí mismo,
siguiendo el ritmo de la canción que en aquellos momentos se escuchaba. Se sentía mareado y sabía que había
bebido más de lo aconsejable. Aun podía recordar perfectamente lo ocurrido la última vez que había bebido
tanto. Quizás si hubiese evitado el beber aquella vez, no se encontraría en la situación en la que se
encontraba….

Echando un vistazo de reojo hacía Changmin, vio que ahora bailaba con una rubia pegada completamente a
él. Los celos le hicieron apretar los dientes hasta casi hacerlos rechinar. Pero se contuvo. Si Changmin le
veía, sería insoportable durante, al menos, tres semanas.

286
Pero el problema es que Junsu se veía a sí mismo en unas condiciones pésimas. Se estaba encariñando de una
manera muy peligrosa de Changmin. Aquellos celos bien lo demostraban. Y quedaba demasiado poco para
que su contrato terminase. ¿Qué pasaría entonces?

Mirando de nuevo a Changmin, pero ahora de forma fija, se dio cuenta de que no recibiría una oferta de
quedarse con él. No si aquello significaba hacer verdadero su matrimonio. Changmin seguía siendo
Changmin de todos modos, y Junsu no le importaba lo suficiente como para hacer algo así. Prueba de ello
era la escena que se estaba dando frente a sí.

Tras lo que fueron más de treinta minutos bailando con Jaejoong, un chico moreno y muy guapo se acercó
hasta ellos. Junsu pudo ver que solo iba algo achispado, y también pudo recordarle de la presentación que
había hecho Jaejoong hacia horas. Era uno de los tres modelos amigos suyos. Pero por desgracia no
recordaba su nombre. Sonriendo, pasó su vista por el escultural cuerpo del chico, estaba buenísimo.

—¡Siwon! —El grito de Jaejoong, recordándole además, el nombre del modelo, le hizo parar de moverse.
Jaejoong se soltó de él cuando Siwon se acercó hasta ellos.

—¿Qué tal te lo estás pasando? —le preguntó el modelo a Jaejoong. Este sonrió y Junsu se sintió un poco
fuera de lugar.

—Muy bien. Aunque no conozco ni a la mitad de las personas de la fiesta, creo que me han presentado a casi
todas.

Jaejoong rió, y de pronto, como recordando su presencia, se volvió hacia él para después girarse hasta Siwon
con una mirada casi calculadora. En realidad hubiese jurado que era completamente calculadora de no
haberse tratado de Jaejoong…

—Bueno chicos, ya que se conocen y yo necesito descansar… ¿Qué tal un cambio de parejas?

Abrió la boca para negarse cortésmente, pero no tuvo tiempo. Antes de pronunciar palabra, Jaejoong los
había dejado solos. Volviéndose hacia el modelo, le sonrió algo avergonzado.

—Esto… —Eran pocas las veces que Junsu se sentía cortado, pero aquella era una de las peores…

—¿Bailamos entonces? —Viendo como Siwon le tendía una mano y escuchando la música sensual que
acababa de empezar, no pudo resistirse a aquella preciosa sonrisa. Malditos todos los modelos y sus
demasiado atractivas fracciones.

Jaejoong no le había dicho a nadie que él y Changmin estaban casados, y sinceramente no sabía si la noticia
había llegado a los oídos de Siwon. Pero Junsu supuso que no cuando unas manos grandes se posaron en su
trasero.

Y sin embargo, recordando a su esposo y el espectáculo que había estado montando, simplemente contestó a
la sonrisa pícara que le estaba dirigiendo con otra similar.

287
—Qué alivio —dijo Siwon mientras pegaba su cuerpo al de Junsu casi por completo, Junsu casi se cayó al
suelo por el repentino movimiento, que hizo a la pista girar ante sus ojos de forma alarmante. Cuando se
recuperó, intentó enfocar el rostro de su acompañante, sin demasiado éxito—No sabía si eras hetero…
Habría sido un oso equivocarme. Aunque verte bailar con Jaejoong me hizo pensar que quizás tenía alguna
oportunidad.

Está bien… Siwon estaba ligando con él. Y sus estúpidos reflejos no hacían gran cosa por ayudarle. Se
encontraba demasiado desilusionado con Changmin como para parar a Siwon. —¿No tendrás pareja, verdad?

Junsu le miró agrandando sus ojos. Aquello debió verse demasiado estúpido, pero no pudo evitarlo.

—Pues... la verdad es que… —En aquel momento miró a Changmin, que seguía con aquella oxigenada
agarrada a su cuello como si de una lapa se tratase. Las manos de su esposo en el trasero de la mujer no
ayudaron demasiado. —No creo que nadie pueda llamar a lo que tengo relación…

—Eh… ¿Un free? —preguntó interesado Siwon. Junsu tuvo ganas de reír. ¿Un free? Casi se podía describir
así su matrimonio, y aquello era verdaderamente triste.

—Bueno, algo así… —Un movimiento le hizo callar de pronto. La música seguía sonando, y ellos bailando
demasiado juntos, moviendo las caderas al compás. Pero alguno de los dos había errado en su ritmo, y
consecuentemente sus cuerpos se habían friccionado de un modo definitivamente peligroso.

Junsu, a excepción de Changmin, nunca se había acercado de aquel modo a ningún hombre. Antes de
casarse, realmente creía ser heterosexual. No es que tuviese nada contra los homosexuales, simplemente
nunca se había parado a pensar en si él podía serlo. Pero se mirase por donde se mirase, después de las
numerosas sesiones de sexo que habían compartido su esposo y él, no podía negar que se sentía fuertemente
atraído por su propio sexo.

Como tampoco podía negar el que se acababa de excitar con aquel imponente moreno.

—Ven —dijo de pronto Siwon, cogiéndole de la mano y señalando con la cabeza los baños.

Junsu podía ser muchas cosas, y reconocía que la mayoría de ellas no muy buenas, pero no era tonto. Sabía
muy bien lo que ocurriría si acompañaba a Siwon. Él mismo se había perdido en algunos oscuros rincones
con “amigas ocasionales”.

Y probablemente nunca hubiese aceptado de no haber mirado a su esposo. Changmin se encontraba bailando
con la misma rubia que antes, agarrados y lo bastante borrachos ambos como para parecer dos idiotas
enamorados. Y Junsu perdió la poca paciencia que le quedaba.

Con un gruñido de irritación, fue él mismo quien arrastró a Siwon tras de sí hasta las oscuras puertas de los
baños para caballeros. No le importó las miradas curiosas de algunos conocidos, así como no le importaron
tampoco los posibles comentarios. No iba a quedarse allí quieto viendo como Changmin se lo pasaba en
grande.

288
Junsu debía haber estado preparado para que algo así sucediese. Porque durante los últimos meses, él no
había sido el único con quien Changmin se había acostado. Aun recordaba aquellas noches en las que su
esposo volvía oliendo a algún perfume desconocido. Pero nunca había dicho nada ya que había sido él mismo
el que decidió separar las cosas desde un principio. Ellos serían amantes, y los sentimientos quedarían de
lado.

Pero todo aquello sonaba mucho mejor cuando uno no lo veía por sí mismo. Que cierta era la frase aquella
de “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Oh, sí. Se podría decir que aquella noche aprendió lo que
significaba aquel dicho en toda su maldita extensión.

Cuando llegaron a la puerta, no se paró a recapacitar sobre lo que hacía. Su furia, mezclada con el dolor le
volvió ciego para cualquier otra cosa que no fuese herir a su marido como Changmin lo estaba hiriendo a él.

No le importó el sonido secó de la puerta del retrete cuando Siwon la cerró tras de sí, ni siquiera en que
hicieron ambos al chocar contra la pared resbaladiza del pequeño espacio.

Lo único que le importó en aquel instante fue aquella boca ansiosa que se abalanzó contra la suya, pidiéndole
pasó con la lengua para fundirse con él en un profundo beso. Pero aquel no era el sabor de Changmin.

Un gruñido, suavizado por la excitación del momento, escapó de sus labios al notar el cariz que habían
tomado sus pensamientos. Subiendo una mano hasta la mejilla de Siwon, le acarició mientras abría una y otra
vez sus labios a su invasión. Aspirando el limpio aroma de su cuello, besó aquel punto que unía la elegante
columna con el torso, girándose sobre sí mismo para apoyar al modelo contra la pared. Siwon solo sonrió,
mientras sus manos se enredaban en los cortos y ensortijados cabellos pelirrojos.

Besando su cuello, Junsu adentró su mano bajo la camisa de Siwon, acariciando la lampiña y suave piel
mientras con la otra se encargaba de desabrochar la bragueta de los holgados vaqueros. El gemido largo y
sensual que soltó Siwon, le excitó.

—Espera... No hace falta que…

—No pasa nada —le contestó mientras sacaba diestramente su miembro de los apretados boxers. No iba a
usar su boca, pero su mano pronto se encargó de bombardear aquel erguido miembro que clamaba por
atención. Sus labios volvieron a los de Siwon para cubrir con su boca cualquier sonido que pudiese emitir el
modelo. Acelerando el ritmo de su mano al notar los músculos de Siwon tensarse, se percató de que pronto
terminaría.

Siwon rompió el beso, echando hacia tras la cabeza, y finalmente se derramó en la mano de Junsu. El
pelirrojo se limpió los restos de su mano, para después verse atrapado en otro ardiente beso. Siwon aun
estaba excitado, y qué decir de Junsu.

Cambiando las posiciones de nuevo, Siwon le agarró por las nalgas, haciendo que las piernas del pelirrojo le
rodeasen por la cintura mientras ondulaba su cadera. Junsu gimió, besando y lamiendo su oreja, para
después atrapar de nuevo su boca.

289
Los movimientos de Siwon se hicieron más rápidos y erráticos, y la fricción se hizo casi insoportable. Sus
respiraciones jadeantes se encontraron por unos breves instantes, para después fundirse en una sola en un
apasionado y largo beso. Junsu tensó sus piernas, apretando a su amante contra él.

Y sin embargo la vista de un mechón de pelo moreno, de un color demasiado similar al de Changmin, hizo
que su cabeza se llenase de recuerdos de su esposo y él. Changmin besándole, Changmin abrazándole,
Changmin y él haciendo el amor. Changmin, Changmin y de nuevo Changmin.

Sus ojos se abrieron de la impresión al darse verdadera cuenta de lo que estaba haciendo, y sintiéndose sucio
al instante. Estaba a punto de tener sexo con un completo extraño por despecho a su esposo... él no era así.
Él nunca había sido así de retorcido. Por lo menos antes de mudarse a aquella infernal mansión.

Su excitación bajó de tal forma que fue imposible que Siwon no lo notase. Incapaz de mirarle a los ojos,
Junsu ocultó su rostro en el hueco del cuello del modelo, dejando que sus lágrimas se derramasen
libremente. Sintiéndose miserable.

—Lo siento… Lo siento… —Dicen que los borrachos o ríen como idiotas, o lloran por insignificancias.
Junsu no sabía si aquello último era cierto, pero poco importó.

—¿Junsu? ¡Junsu, qué ocurre? —Siwon había parado todo movimiento, intentando que le mirase a los ojos.
Pero no pudo despegar al pelirrojo de su cuello.

—Lo siento. Soy de lo peor. —Cuando al fin alzó el rostro, encontrarse con los ojos de Siwon mirándole
preocupados no ayudó a tranquilizarle.

El modelo le bajó de su cuerpo, colocándole la ropa con cuidado para después arreglarse él mismo. Junsu se
dejó caer en la tapa del inodoro para después enterrar la cabeza entre sus manos. Siwon se agachó junto a él.

—¿Qué te ocurre? —Era obvio que el moreno no sabía bien qué hacer. Indeciso si aquello no estaría
ocasionado simplemente por el alcohol o si Junsu se encontraba verdaderamente mal.

—Soy una persona horrible. —murmuró Junsu sin levantar la vista. Siwon no esperaba que le contase nada,
y sin embargo Junsu parecía haberse olvidado de su presencia. —En realidad estoy casado. Bueno si es que a
eso puede llamársele matrimonio.

Ahogándose de pronto, Siwon le miró horrorizado. ¿Acababa de agasajarse con un hombre casado?

—Pero todo es su culpa, Changmin no hace más que jugar conmigo. —Y sin conocer si quiera a ese
muchacho dolido, escuchó toda su historia. Junsu le contó cómo había conocido al que después se
convertiría en su marido. Como le había chantajeado y como, tras una de las peores borracheras que había
agarrado en toda su vida, se había acostado con él.

Le contó todo. Desde lo que sintió después de aquello, hasta lo que estaba ocurriendo ahora. Como
Changmin, a pesar de comportarse muy bien con él y tener magnificas y numerosas sesiones de sexo, seguía
viendo a otros. Junsu sabía que no podía reprocharle nada, pero dolía. Y Siwon le entendió.

290
—¡No quería portarme así, de verdad! —Exclamó Junsu mirando a Siwon con sus ojos inundados en
lágrimas. Él no lloraba fácilmente, pero sentía como un gran peso desaparecía de su interior. —¡Pero él
estaba ahí, bailando y restregándose con quien le daba la gana y yo… no pude evitar estar celoso!

—Tranquilo... Tú no tienes la culpa de nada. Si tu esposo tiene otros amantes, no puede reprocharte nada.

—Pero yo no soy así. Me estoy convirtiendo en una persona horrible. Y lo odio.

—No digas tonterías. No has hecho nada malo. Yo quería esto, así que no tienes porque sentir culpa de
nada. Tienes que hablar, además, con tu esposo. Cuéntale como te sientes.

La irónica carcajada que escapó entonces por los labios de Junsu, no la pudo evitar.

—No conoces a Changmin. Simplemente lo usaría para su propio beneficio. Es la persona más egoísta que
conozco. Yo… yo creí que no me importaba que se acostara con otros. Pero verlo… eso es demasiado
pedir. Sé que a él no le importaría que me acostara con alguien más. Bueno quizás su orgullo sí que lo
sintiera. Pero me siento como si fuese una basura.

—Vamos —dijo Siwon, poniéndose en pie y agarrando una de las manos de Junsu. —Lavaremos esa bonita
cara y después saldremos a bailar y divertirnos.

—Pero…

—Nada de pero. No hay motivo para que no te diviertas hoy. Además a Jaejoong le apenaría mucho verte
así. Con lo que es, seguramente se sentaría aquí contigo lamentándose… Ese muchacho es caso aparte. —La
mirada dulce y el tono de voz le dijeron a Junsu que Siwon no había dicho aquello a modo de insulto. Y
también le mostró el cariño que le tenía al moreno. Sonriendo, se imaginó perfectamente la imagen de
Jaejoong haciendo exactamente lo que decía el modelo.

—Está bien. —Imitando a Siwon, se dirigió hacia los lavamanos para refrescar su cara y limpiar todo rastro
de lagrimas de sus ojos. Después de algunos minutos mojándose, se dio cuenta de que era inútil esperar que
nos e notara su estado, pero con surte lo achacarían a su ebriedad.

La mano de Siwon le rodeó la cintura, guiñándole el ojo cuando le miró sorprendido.

—Quizás a tu esposo le venga bien un escarmiento. Sea o no mentira…

Y sonrió. Junsu mostró su habitual sonrisa mientras se pegaba al cuerpo del modelo. Al salir, la luz le dañó
en los ojos, pero tras parpadear un par de veces, pudo al fin ver algo. Siwon y él se dirigieron a la pista, más
o menos donde antes habían estado bailando. Y enseguida pudo comprobar que Changmin seguía allí.

Su esposo estaba bailando aquella vez con un chico, y para sorpresa de Junsu sus miradas se encontraron no
bien puso un pie en la pista. La aguda mirada de Changmin pasó de su rostro al brazo que le rodeaba la
cintura, para después clavarse en Siwon.

291
Siwon apretó su agarré mientras se inclinaba lentamente sobre el oído del pelirrojo, haciendo que los ojos de
Changmin se entrecerrasen peligrosamente. Changmin, después de todo, era una persona demasiado
posesiva. Lástima que no fuera algo que él mismo se aplicara a sus acciones. —¿Y tú dices que a él no le
importas? Creo que está intentando inventar la forma de matarme con la mirada.

Junsu no pudo evitar reírse ante aquello, mirando a Siwon y olvidándose momentáneamente de la intensa
mirada de su esposo.

—No te tenía yo por cobarde… No señor.

—Ah, por un dulce muchacho como tú, no me quedará otra que enfrentarme al malvado dragón.

Echando una falsa mirada aterrorizada hacia Changmin, Siwon se estremeció exageradamente.

—¡Oh, eres todo un héroe! —Riéndose, se acercaron hacia una de las columnas y empezaron a bailar. Junsu
intentó no mirar a Changmin. Lo intentó con todas sus fuerzas. Y fracasó miserablemente. ¿Cómo se atrevía
a mirarle de aquella forma cuando él mismo tenía entre sus brazos a un atractivo muchacho?

—Me voy a empezar a preguntar si mi encanto ha desaparecido como sigas sin hacerme caso. —La voz de
Siwon hizo que casi saltara sobresaltado. Como al niño que atrapan en medio de una travesura.

—Nahhh… Tienes razón, eres demasiado guapo como para estar mirando hacia otro lado.

Siwon, en una muestra de lo poco que le importaba lo que la gente dijera, le hizo dar vueltas y vueltas,
haciendo reír a Junsu mientras le mareaba moviéndole de aquí para allá.

—Eres un bailarín estupendo —jadeó el pelirrojo una vez pudo plantar los pies firmemente.

—Sí. Ya me lo habían dicho.

Siguieron bailando hasta que, sedientos, tuvieron que parar. Siwon le dijo que iría en un momento a por un
par de botellas de agua. Ya habían bebido demasiado alcohol. Junsu se apoyó en la columna mientras asentía
agradecido. Cuando Siwon se perdió de vista, sus ojos fueron inmediatamente hacia el lugar que momentos
antes había ocupado Changmin. Encontrándolo vacío.

El nudo que se formó entonces en su estómago le impidió respirar.

—¿Interrumpo?

Volviéndose sobresaltado, se encontró con Changmin a escasos centímetros de distancia. Su rostro, tan
cercano y conocido, le hizo pegarse a la columna en un vano intento de mantener su espacio personal.

—¡Changmin! ¿Qué haces aquí? —¿Qué haces aquí? Desde luego no iba a ganar el premio nobel por su
poder de conversación…

—¿Acaso ya te olvidaste de que también estaba en la discoteca? Y no es que te culpe... tan ocupado que has
estado.

292
El reproche en su tono de voz hizo que el agobio de Junsu se transformara en furia.

—¿Perdón? ¿Qué demonios quieres decir? Se claro Changmin, por una maldita vez, di lo que quieras decir
sin rodeos.

—Creo que soy bastante claro. Después de todo, no es como si hubieses escondido nada, aquí en mitad de la
pista con ese…

Junsu no esperó a que insultara a Siwon. Cogiéndole por el cuello de la camisa, le atrajo hacia él para mirarlo
con odio.

—No te atrevas a decirlo, Jung Changmin. Ni se te ocurra. No tienes ningún maldito derecho a
reprocharme nada. No cuando llevas casi dos horas restregándote con media discoteca. —Changmin frunció
el ceño.

—¿No estarás celoso, verdad?

—¿Yo? —Una sonrisa cínica adornó los labios de Junsu, y Changmin le miró con furia contenida. —¿No lo
estás tú? Después de todo, yo no he ido a molestarte.

—¿Y ahora molesto? ¡Vaya!, parece que en el único sitio en el que estás a gusto conmigo es en la cama.

—Sí, se ve que tengo debilidad por los morenos.

No debió decir aquello. Se dio cuenta en cuanto la mirada de Changmin se hizo fría y sus ojos se clavaron en
su cuello. Temiéndose lo peor, llevó su mano directamente a la zona que miraba Changmin.

—Así que lo único que han hecho no ha sido bailar. Y por el tamaño del chupetón, debiste disfrutarlo
mucho.

—¡Cállate! ¡No tienes derecho a decirme nada! Tu mismo te has estado acostando con quién te ha dado la
gana.

—¡Pero eso a ti no te importa!

—Siempre he sabido que eras un niño mimado y egoísta, pero Changmin, acabas de superarte a ti mismo…

—Espera… —Sin hacer caso a la mirada de culpa de Changmin, sacudió su brazo al notar como el moreno
le agarraba.

—¡Suéltame!

—¡Diablos Junsu, me has entendido mal! No me refería a eso. Es que pareces siempre tan indiferente a
cualquier cosa que no sea el sexo…

—¿Qué demonios estás diciendo?

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—¡No! Diablos tampoco quería decir eso. —Changmin se pasó la mano entre sus cabellos, como si le
costara encontrar las palabras adecuadas. Pero como si de pronto desistiera, sus hombros se encorvaron y
una sonrisa de disculpa afloró en su bella boca. —Mira Junsu, dejaste bien claro que no querías nada fuera de
una relación de amantes. ¿Pero qué pasa después? ¿Qué pasará cuando todo acabe?

—¿Y eso qué tiene que ver ahora?

—¡Pues todo! ¡No te importo absolutamente nada!

Junsu se quedó literalmente sin palabras. ¿Cómo podía si quiera insinuar qué no le importaba? Cerrando los
ojos por un momento, respiró hondamente para calmarse.

—Veamos. ¿Te estás acostando con quien te da la gana y te manoseas con quien quieres delante de mi…
porque a mí me da exactamente igual lo que tú hagas?

—Bueno, visto así…

—¡Pero es que no tiene sentido alguno! Mira Changmin, mejor será dejar esta conversación cuando lleves
unos cuantos tragos de menos. O mejor, cuando ambos estemos lo bastante sobrios. Hasta entonces,
procura tener tu bocota cerrada, porque sinceramente, no eres muy elocuente en este estado.

Changmin le miró como si se hubiese vuelto loco de pronto, incluso abrió la boca como si fuese a protestar,
pero en el último momento se arrepintió, y con un simple encogimiento de hombros y un “Como quieras”,
se marchó, dejando a Junsu agotado mentalmente.

Pasaron algunos minutos hasta que la voz de Siwon pudo oírse a su lado. De algún modo fue reconfortante el
no estar solo.

—¿Estás bien? —preguntó el modelo, y ante el asentimiento de Junsu, Siwon se colocó frente a él. —No
quería interrumpir, así que me quedé algo lejos.

—Quizás interrumpir era lo mejor que podrías haber hecho. Este chico, cuando está borracho, es aun más
imbécil de lo normal. Siwon dejó escapar una carcajada para después ofrecerle la botella de agua. Sediento
de pronto, la abrió para llevársela inmediatamente a la boca y dar buena cuenta de ella. Para cuando dejó de
beber, la botella se encontraba más vacía que llena.

—Y ahora —dijo Siwon con una exagerada reverencia, —¿Baila usted conmigo?

—Por supuesto. Faltaría más.

La noche pronto dio paso a la mañana. Y a todos los invitados de la fiesta, aquello significo el volver a sus
casas con una tremenda resaca. La fiesta había dado tanto de que hablar, que en algún pun